Thursday 27 April 2017 | Actualizada : 2017-03-29
 
Inicio > Leyendas Negras > Europa - 6º Galileo - Universidad herencia y presencia de la Iglesia Católica

Por último, ya es hora de que se deje de buscar una confrontación sensacionalista entre ciencia y fe en el caso de Galileo. Estudios históricos rigurosos muestran la complejidad de relaciones personales y rivalidades de orden científico entre los personajes de aquel entonces, sin que haya una dicotomía simplista de buenos y malos. Pero Galileo jamás pasó un minuto en las cárceles de la Inquisición, ni fue sometido a tortura o vejación alguna. Su condena, por no cumplir su compromiso de enseñar el heliocentrismo como una hipótesis (aunque él, equivocadamente, creía poder demostrarlo), fue solamente el imponerle estar en su casa y decir algunas oraciones. Y murió atendido por una hija religiosa, y con la bendición papal, mientras se confesaba hijo fiel de la Iglesia.
Manuel Carreira, S.J. - 2005-05-10

 

 

El hombre, cuando se entrega a las diferentes disciplinas de la Filosofía, la Historia, las Matemáticas y las Ciencias naturales, y se dedica a las artes, puede contribuir muchísimo a que la familia humana se eleve a más altas concepciones de la verdad, el bien y la belleza y a un juicio de valor universal, y así sea iluminada con mayor claridad por la admirable Sabiduría, que desde la eternidad estaba con Dios disponiendo todas las cosas con Él, jugando en el orbe de la tierra, considerando entre sus delicias el estar con los hijos de los hombres. Con ello mismo, el espíritu humano, más libre de la esclavitud de las cosas, puede elevarse más fácilmente al culto y a la contemplación del Creador. Ciertamente, el progreso actual de las ciencias y de la técnica que, en virtud de su método, no pueden penetrar hasta las razones íntimas de las cosas, puede fomentar cierto fenomenismo y agnosticismo cuando el método de investigación utilizado por estas disciplinas se considera, sin razón, como la regla suprema para hallar toda la verdad. Más aun, existe el peligro de que el hombre, confiando demasiado en los modernos inventos, crea que se basta a sí mismo y no busque ya cosas más altas. Sin embargo, estos lamentables resultados no deben inducirnos a la tentación de no reconocer valores como el estudio de las ciencias y fidelidad exacta a la verdad en las investigaciones científicas, la necesidad de trabajar conjuntamente en equipos técnicos, el sentido de la solidaridad internacional, la conciencia cada vez más viva de la responsabilidad de los expertos para ayudar e incluso proteger a los hombres, la voluntad de hacer más favorables para todos las condiciones de vida, especialmente para aquellos que sufren privación de responsabilidad o pobreza cultural. Todo lo cual puede aportar alguna preparación para recibir el mensaje del Evangelio, que puede ser animada con la caridad divina por Aquel que vino a salvar al mundo. Constitución Gaudium et spes, 57 – VATICANO II.

 

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En síntesis, puede decirse que las fuerzas comunistas y anárquicas de la República acabaron (la mayor parte, durante las dos primeras semanas del comienzo de la guerra) con 500 iglesias, lo que quiere decir que desaparecieron, incendiadas o arrasadas por dentro, todas las iglesias de la diócesis de Barcelona-España. Todas, menos diez, entre las que se encuentran la abadía de Montserrat y la catedral). Fueron incendiados 464 retablos: más de dos kilómetros de obras de arte, si fueran expuestos todos juntos, así como pinturas, esculturas, piezas de orfebrería y órganos, entre los que se encontraban el de Santa María, uno de los más importantes de Europa.

 

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El cristianismo no es la vía de escape para los deseos insatisfechos, sino el testimonio de un Dios que es Razón creadora, y al mismo tiempo, Razón que es Amor. El gran peligro del mundo occidental hoy es precisamente la autocomplacencia en su saber y su poder, que le empuja a despreciar la cuestión de la verdad. Y sin embargo siempre habrá hombres y mujeres que no acepten esa terrible mutilación, que peregrinan buscando en medio de la niebla para salir del laberinto del nihilismo. Quiera Dios que puedan encontrar el abrazo de una Iglesia que no teme compartir con ellos el camino de la vida, como nos ha enseñado Benedicto XVI.

 

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«La obediencia a la verdad no significa renunciar a la búsqueda y a la fatiga de pensar». S.S. Benedicto Pont.Max. XVI. Discurso del Papa ante la Comisión Teológica Internacional 2008.XI.05

 

«La ley natural constituye la verdadera garantía que tenemos todos de vivir libres, respetados y defendidos de cualquier pretensión de manipulaciones ideológicas y de cualquier abuso perpetrado en base a la ley del más fuerte». S.S. Benedicto Pont.Max. XVI. Discurso del Papa ante la Comisión Teológica Internacional 2008.XI.05

 

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“Verdaderamente libre, según el Evangelio y la tradición de la Iglesia, es aquella persona, aquella comunidad o aquella institución que responde plenamente a su propia naturaleza y a su propio fin, y la vocación de la Universidad es la formación científica y cultural de las personas para el desarrollo de toda la comunidad

S.S. Benedicto Pont.Max. XVI. Vat. 01.XII.2008

 

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«Si se quiere que un ambiente humano mejore. es necesario ante todo que cada uno comience con reformarse a sí mismo, corrigiendo aquello que puede hacer daño al bien común u obstaculizarlo en algún modo». S.S. Benedicto Pont.Max. XVI. Vat. 01.XII.2008

 

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Al concepto de reforma Benedicto XVI vinculó el de libertad. San Pedro Damián quería que la Iglesia fuese más libre, a nivel espiritual y a nivel histórico. “Análogamente, la validez de una reforma de la Universidad no puede tener como verificación sino su libertad: libertad de enseñanza, libertad de investigación, libertad de la institución académica con respecto a los poderes económicos y políticos. Esto no significa aislamiento de la Universidad de la sociedad, ni autoreferencialidad, ni tanto menos perseguir intereses privados aprovechando los recursos públicos. ¡Ciertamente no es esta la libertad cristiana! Verdaderamente libre, según el Evangelio y la tradición de la Iglesia, es aquella persona, aquella comunidad o aquella institución que responde plenamente a su propia naturaleza y a su propio fin, y la vocación de la Universidad es la formación científica y cultural de las personas para el desarrollo de toda la comunidad social y civil”. (S.L.) (Agencia Fides 1/12/2008.-

S.S. Benedicto Pont.Max. XVI. Vat. 01.XII.2008

 

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Una afirmación del filósofo Paul Feyerabend dice que: «en la época de Galileo la Iglesia fue mucho más fiel a la razón que Galileo, y que el juicio que la Iglesia le hizo a Galileo fue razonable y justo». La Comunidad científica acepta solo demostraciones y las hipótesis* siempre quedan a demostrar.

*hipótesis. (Del lat. hypothĕsis, y este del gr. πθεσις).1. f. Suposición de algo posible o imposible para sacar de ello una consecuencia.

 

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La prestigiosa y respetada Universidad de ‘La Sapienza’ fue fundada por el Papa S.S. Bonifacio VIII en 1303, y fue además visitada en las últimas décadas por S.S. Pablo VI y S.S. Juan Pablo II Magno. A inicios del años 1200 la Iglesia fundaba escuelas de altos estudios, ateneos y Universidades, proponiendo el estudio profundo y el confronto de las ciencias. Manifestaba así que la obediencia a la verdad no significa renuncia a la investigación y a fatiga de pensar.

 

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La Historia de las relaciones entre fe y ciencia

 

Con respecto a la historia de las relaciones entre la Iglesia y la ciencia, conviene recordar hechos innegables. Los únicos que se esforzaron por salvar el acervo cultural de Grecia y Roma fueron los monjes de los monasterios de Occidente: no sólo para preservar libros de filosofía, sino para transmitir toda la riqueza literaria y científica de aquellas épocas previas al cristianismo. Silenciar esto es tergiversar la Historia.
Las universidades europeas,
centros de trabajo intelectual en los que se apoya nuestro sistema educativo superior, fueron una institución de la Iglesia, donde se desarrolló la base de toda la cultura moderna. Aun las ciencias experimentales, en la medida en que eran posibles, se apreciaron y cultivaron: san Alberto Magno es el más conocido de aquellos filósofos naturales precursores de los científicos modernos. Y al llegar al Renacimiento, el nombre de Copérnico –esgrimido a veces como un emblema de un cambio de punto de vista progresista– es el nombre de un eclesiástico, un canónigo polaco.
Los jesuitas del Colegio Romano fueron astrónomos serios y originales: ellos construyeron el primer refractor astronómico basado en los cálculos teóricos de Kepler, logrando un telescopio superior al de Galileo, modelo de todos los grandes refractores hasta el presente. También construyeron el primer telescopio refractor. Y fue un jesuita el primero en construir una montura ecuatorial. También fueron los estudios astronómicos de los jesuitas los que sentaron las bases para la reforma gregoriana del calendario.
En polémicas con Galileo, los jesuitas correctamente identificaron la naturaleza astronómica de los cometas, en contra de las hipótesis de nubes de la alta atmósfera que sostenía Galileo. Más tarde, ya en el siglo XIX, el padre Secchi sentó las bases de la astrofísica con su clasificación espectral de las estrellas.
En el siglo XX, el abate Lemaitre, sacerdote belga, fue el primero en proponer la hipótesis de la Gran Explosión (Big Bang), como consecuencia de la teoría de la relatividad de Einstein, sugiriendo la edad del universo y su expansión en una forma que todavía encuentra un apoyo reciente en las ideas de expansión acelerada sugeridas hace muy pocos años.
En otro campo distinto, recordemos también que las bases de la genética moderna se encuentran en los trabajos de Mendel, un monje agustino del siglo XIX.


Por último, ya es hora de que se deje de buscar una confrontación sensacionalista entre ciencia y fe en el caso de Galileo. Estudios históricos rigurosos muestran la complejidad de relaciones personales y rivalidades de orden científico entre los personajes de aquel entonces, sin que haya una dicotomía simplista de buenos y malos. Pero Galileo jamás pasó un minuto en las cárceles de la Inquisición, ni fue sometido a tortura o vejación alguna. Su condena, por no cumplir su compromiso de enseñar el heliocentrismo como una hipótesis (aunque él, equivocadamente, creía poder demostrarlo), fue solamente el imponerle estar en su casa y decir algunas oraciones. Y murió atendido por una hija religiosa, y con la bendición papal, mientras se confesaba hijo fiel de la Iglesia.
Manuel Carreira, S.J. - 2005-05-10

 

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Otra falsedad sobre la Edad Media - ¿era la tierra plana? Otras curiosidades las encontraremos, por ejemplo al tratar sobre el mito de que en la Edad Media creían que la tierra era plana. Pues no, muy pocos eran los que afirmaban tal cosa: «Durante los primeros quince siglos de la era cristiana (solamente) cinco autores parecen haber negado la esfericidad de la Tierra, y unos cuantos más se mostraron ambiguos y poco interesados en el tema. Pero casi toda la opinión académica afirmaba la esfericidad de la Tierra, y en el siglo XV habían desaparecido todas las dudas al respecto».

´Guía políticamente incorrecta de la Ciencia´, por Tom Bethell - 2008

 

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La relación entre la fe y la ciencia
«¿Qué sentido tiene el universo?»

 

¿Por qué el mundo es como es? ¿Existe vida en otros planetas? ¿Para qué nacemos y morimos? ¿Tiene sentido la vida? Si hay preguntas en el mundo que recorran a la misma velocidad caminos de tierra y autopistas; si existen reflexiones que tengan el mismo espacio en el alma de cualquier raza o cultura, si hay palabras que no distingan la lengua o la censura…, son estas cuestiones fundamentales, enraizadas en lo más hondo del ser humano, en su ansia de verdad, que, desde que el hombre es hombre, surgen buscando respuestas definitivas. «La sed de verdad está tan radicada en el corazón del hombre, que tener que prescindir de ella comprometería la existencia», escribe Juan Pablo II en su encíclica Fides et ratio. Y es que no son pocos los que han dado su vida buscando o defendiendo la verdad que han encontrado y a la que no han querido renunciar.
Sin embargo, el término verdad, hoy, es una palabra caída en desuso. La verdad para la sociedad occidental del siglo XXI es relativa, parcial, subjetiva, fragmentada, criticada, despreciada, denostada. Cada cual ha de tener una verdad, sea la que sea, con tal de que se ajuste a su forma particular de entender la vida, y todos estamos obligados a respetar esa verdad, sin cuestionarla ni mostrar indicios de tener un argumento en contra. Lo contrario sería de personas intolerantes, y nadie quiere ser intolerante hoy en día.
En el ámbito de la ciencia y de la filosofía pasa lo mismo. Son ámbitos de conocimiento que no escapan a las tendencias de nuestros tiempos, y por eso nos encontramos con modos de pensamiento que se tienen por científicos y filosóficos que ya no parten del ansia de verdad, ni tienen como fin último el respeto a la vida humana, porque la reducción del progreso a las nuevas tecnologías ha ido mostrando al hombre como el que tiene poder para hacer y deshacer a su antojo.
Según un informe, recogido por Aciprensa, de los historiadores Edward Larson y Larry Witham, de la Universidad de Georgia y del Instituto Discovery de Seatle, respectivamente, hoy en día el 45% de los científicos en Estados Unidos niega la existencia de Dios y se declara ateo; el 15% se declara agnóstico; y el 40% cree en un ser supremo y en la existencia de la vida después de la muerte.
No es más que un fiel reflejo de la sociedad en la que vivimos. Los científicos no son personas especiales. Pero sí que es cierto que la ciencia, tal como está planteada hoy día, puede influir sobre los hombres y su destino, más que cualquier otra profesión.

¿Son compatibles ciencia y fe?

¿Pero, es compatible la fe con la ciencia? ¿Cómo explica la fe hechos comprobados y aceptados por la Iglesia como la evolución? ¿Cómo explicar la magnitud del universo, la existencia del hombre, y la no existencia del mismo durante tanto tiempo?
En contra de lo que muchos puedan creer e incluso manifestar abiertamente, como en el caso del último best seller de Dan Brown, Ángeles y demonios, la realidad es que la historia de la Iglesia está íntimamente ligada con el estudio de la ciencia. De hecho, uno de los centros astronómicos más antiguos del mundo, el Observatorio Vaticano, fue fundado por el Papa León XIII en 1891. Pero ya mucho antes el Papa Gregorio XIII había creado una comisión científica, en el año 1582, encargada de estudiar los elementos necesarios para la realización de la reforma del calendario litúrgico. Desde entonces, la Iglesia ha apoyado constantemente la investigación científica. Tres han sido los Observatorios que han fundado diferentes Papas desde el siglo XVIII: el Observatorio del Colegio Romano (1774-1878), el Observatorio del Capitolio (1827-1870) y la Espécula Vaticana (1789-1821), todo ello con resultados tan notorios como la primera clasificación de las estrellas, según su espectro, por parte del jesuita Angelo Secchi.
El crecimiento de la ciudad de Roma y la contaminación provocaron que se tomara la decisión, en el año 1957, de trasladar el Observatorio, originariamente a la sombra de la cúpula de San Pedro, a 35 kilómetros de distancia, en Castelgandolfo. Una vez allí, fue confiado a los jesuitas. Pero, con el tiempo, también este Observatorio acusó los efectos de la contaminación luminosa, por lo que, en 1993, el mundo científico pudo dar la bienvenida al Vatican Observatory Research Group, situado en Tucson, Arizona (Estados Unidos). Hoy es uno de los centros astronómicos más importantes del mundo. Una biblioteca, en Castel Gandolfo, con más de 22.000 volúmenes de incalculable valor, becas para estudiantes, revistas especializadas, y el apoyo de instituciones privadas dispuestas a financiar los proyectos de investigación promovidos por el Observatorio Vaticano, son algunas de las pruebas que parecen dejar sin argumentos a quienes sostienen que la Iglesia está en contra de la investigación científica.

Realidades complementarias

Y es que, teología y ciencia, si bien son realidades muy distintas, también son realidades complementarias. Este argumento lo sostiene el padre jesuita Manuel Carreira, astrofísico, colaborador de organismos como la NASA y el Observatorio Vaticano. «Debe ser obvio –afirmó este científico en el transcurso de una conferencia pronunciada en la Universidad San Pablo CEU, en noviembre de 2002– que, del estudio de la materia en su actividad, uno no puede extraer ninguna consecuencia fuera de decir cómo actúa la materia. Por tanto, preguntar si dice la ciencia que Dios existe o no, es tan absurdo como preguntarme si la mecánica del automóvil me dice si El Quijote es una obra de gran valor literario o no. La ciencia no tiene nada que decir de lo que no es actividad de la materia. Por lo tanto, quien mantenga que la ciencia dice que Dios no existe, tiene inmediatamente que explicar con qué experimento se determina si Dios existe o no. No va a haber respuesta. Por otra parte, la teología no me va a decir nada del comportamiento de la materia. Ni me va a decir si la materia comenzó hace más miles de millones de años o menos, ni si comenzó caliente o fría, en alta densidad o en poca. No le toca. La Revelación no es para evitarme a mí el trabajo científico. Hay una frase de san Agustín, que repitió el cardenal Baronio cuando el problema de Galileo: La Biblia no me dice cómo van los cielos, sino cómo se va al cielo».
Tras esta clara diferenciación del ámbito de estudio de la ciencia y de la teología, el padre Carreira sostiene: «¿Qué relación puede haber entre ciencia y teología? Una relación de complementariedad. Esa sí, porque cada una habla de una realidad parcial. Y, con diversas visiones parciales, se obtiene una visión más completa de la totalidad. Por ejemplo: ¿en qué puede la teología completar a la ciencia? Puede completarla con ayuda de raciocinios filosóficos acerca de las preguntas más básicas, como la que trata del origen del universo». Y a partir de aquí, comienza el debate sobre la creación. El padre Carreira afirma, en este sentido, que la idea de la creación nos lleva a un pensamiento filosófico, porque la creación como tal no puede pertenecer al campo científico, ya que «todo problema científico se resuelve solamente a partir de condiciones iniciales y leyes de desarrollo. Si la condición inicial es cero, no puede haber física ni puede haber desarrollo. Ahí es donde la filosofía y la teología dan una respuesta que va más allá de la metodología experimental».
«¿Qué sentido tiene el universo? –se pregunta este científico–. No se lo pregunte a un físico. Pregúnteselo a un filósofo y a un teólogo. Y allí encontrará una respuesta hermosa».
El mundo acaba de asistir a la lenta agonía de Terri Schiavo, una mujer en estado vegetativo, condenada a morir de inanición por decisión de su marido y de unos jueces, basándonse en el argumento de la muerte digna, una tesis sentimental y engañosa que provoca la falsa compasión y la identificación inmediata con la víctima y con sus familiares, que generalmente viven en una situación de dolor que parece interminable. El miedo al sufrimiento y, especialmente, la falta de profundización en los términos eutanasia, o cuidados paliativos, provocan que las personas apoyen estas medidas, considerando que quien rechaza la eutanasia está, en realidad, apoyando el sufrimiento y justificando las muertes lentas y dolorosas, cuando no es así de ninguna manera. Sin embargo, parece haber intereses en mantener esta confusión, que pone en primer plano la pregunta: «¿Puede el hombre decidir sobre la vida o la muerte de otros hombres?» En un mundo cada vez más materialista y con una visión nada trascendente de la vida, la respuesta, de hecho, resulta afirmativa. Por eso la ciencia auténtica y la fe tienen mucho que aportar en el destino final del hombre, y Juan Pablo II aludía a esto en la Fides et ratio, cuando decía: «En el ámbito de la investigación científica se ha ido imponiendo una mentalidad positivista que, no sólo se ha alejado de cualquier referencia a la visión cristiana del mundo, sino que, y principalmente, ha olvidado toda relación con la visión metafísica y moral. Consecuencia de esto es que algunos científicos, carentes de toda referencia ética, tienen el peligro de no poner ya en el centro de su interés la persona y la globalidad de su vida».

Lo realizable y lo admisible

Podría parecer evidente que el interés principal de la ciencia es el hombre y la vida... Pero, si esto mismo empieza a discutirse..., ¿qué pasa a ser lo importante, entonces, para un científico? Juan Pablo II, en la mencionada encíclica Fides et ratio, argumenta que, si el cristianismo insiste en la necesidad de acercarse a las doctrinas de pensamiento actuales, es para prevenir «los peligros que se esconden en algunas corrientes, hoy muy difundidas» de pensamiento. En primer lugar, menciona el eclecticismo, para designar la actitud «de quien adopta ideas de diferentes corrientes filosóficas sin fijarse en su coherencia o conexión, o contexto histórico». Otro peligro, para Juan Pablo II, es el cientificismo, una «corriente filosófica que no admite como válidas otras formas de conocimiento que no sean las propias de las ciencias positivas». Y «esto lleva al empobrecimiento de la reflexión humana, que se ve privada de los problemas de fondo que el animal rationale se ha planteado constantemente, desde el inicio de su existencia terrena. En esta perspectiva, al marginar la crítica proveniente de la valoración ética, la mentalidad cientificista ha conseguido que muchos acepten la idea según la cual lo que es técnicamente realizable llega a ser, por ello, moralmente admisible». Éste ha sido el caso de Terry Schiavo y la eutanasia, y es el caso del aborto, de la manipulación de embriones, de la clonación...
Finalmente, la encíclica Fides et ratio señala como un peligro, en el pensamiento actual, el «pragmatismo, actitud propia de quien, al hacer sus opciones, excluye el recurso a reflexiones teoréticas o a valoraciones basadas en principios éticos. Las consecuencias derivadas de esta corriente son notables. En particular, se ha ido afirmando un concepto de democracia que no contempla la referencia a fundamentos de orden axiológico y, por tanto, inmutables. La admisibilidad o no de un determinado comportamiento se decide con el voto de la mayoría parlamentaria. Las consecuencias de semejante planteamiento son evidentes: las grandes decisiones morales del hombre se subordinan, de hecho, a las deliberaciones tomadas cada vez por los órganos institucionales».
Por eso, sin referencias éticas y morales, fuertemente arraigadas en el corazón del hombre, la Humanidad puede dar pasos que considere como grandes progresos, cuando, en realidad, estos mismos pasos pueden significar, en un futuro, una gran derrota.
A. Llamas Palacios – 2005.05

 

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Científico y creyente

 

¿Qué sentido tiene el universo?» «No se lo pregunte a un físico. Pregúnteselo a un filósofo y a un teólogo.
Y allí encontrará una respuesta hermosa.
¿Es incompatible ser científico y creer en Dios? Hemos acudido a prestigiosos investigadores de nuestro país, y les hemos hecho estas preguntas:
1. ¿En qué consiste su trabajo como científico?
2. ¿Cómo vive su fe desde su profesión?
3. ¿Cree que los descubrimientos científicos alejan hoy al hombre de Dios?
 

«Investigar es descubrir la grandeza de Dios»
1 Mi actividad de gestión en la Universidad San Pablo-CEU ha variado desde el primero de septiembre del pasado año, fecha desde que tengo el enorme honor de ser Decano de la Facultad de Farmacia de esta Universidad. Previamente he tenido actividad de gestión, tras ser durante los dos años previos Vicedecano, pero sin duda a otro ritmo y con menores responsabilidades. Esta actividad de gestión he de compatibilizarla con mi labor docente e investigadora en las áreas de Ecología y de Biología Vegetal.
2 Creo que, siendo científico, la fe se puede vivir igual, si no mejor, que desde cualquier otra faceta profesional. Hay una idea, que desde luego yo no comparto, en virtud de la cual ciencia y fe son antagónicas, excluyentes, divergentes. Creo que esto es un error: el problema de ese presunto antagonismo no sería por causa de la fe ni de la ciencia, sino más bien de algunos científicos, quienes rechazan el dato revelado y se declaran ateos, con sus consecuentes prejuicios y vicios metodológicos. Hace poco leía que algunos científicos suelen adoptar el ateísmo como una postura natural del quehacer científico, cuando en realidad es un vicio de método que ha llevado a desarrollar la ciencia en términos materialistas a lo largo del siglo pasado. La ciencia nos da el modo de conocer la naturaleza mediante observaciones, intuición, hipótesis, experimentos, razonamientos, y la fe es una invitación personal desarrollada a partir de la experiencia del amor de Dios. Desde mi punto de vista, como científico, han de caminar juntas. La ciencia y la fe son dos visiones complementarias. Ambas tienen origen en una realidad que las trasciende y que, por lo mismo, es capaz de unirlas en su fin.
3 Mi percepción es justo la contraria. Mi campo de estudio es la Ecología, una disciplina joven en la que se abordan las interacciones de los seres vivos entre sí y con el medio abiótico en el que se desarrollan. Es una ciencia de síntesis que se apoya en muchas otras, y que da una visión holística de la naturaleza. Es un campo de estudio que permite encontrar la bella perfección de la naturaleza, y de ahí su origen primero. Para mí, el estudio de sistemas complejos (ecosistemas) que contienen a su vez otros sistemas complejos (organismos) muestra, con su avance, la necesaria ausencia del azar en el Origen Primero del universo. Y esto es válido para lo pequeño (átomos y partículas subatómicas, física) y para lo grande (el universo, cosmología y astrofísica), o para escalas intermedias (organismos y ecosistemas, biología y ecología). Hay muchas y valiosas aportaciones a este respecto de grandes científicos actuales y del pasado, como Einstein, Heisemberg, Schördinger, Newton, Copérnico, Kepler, o (por citar algunos mas próximos a mi disciplina) Darwin, Linneo, o Von Liebig (quien, por cierto, definió la Ley de los Factores Limitantes de aplicación en ecología).
Investigar, descubrir pequeños fragmentos del funcionamiento de la vida, de los sistemas que la articulan por encima y por debajo del nivel organístico, es conocer la grandeza de la obra de Dios, y creo que puede (y debe) hacerse sin miedo.

Agustín Probanza Lobo - 2005-05-10
Decano de la Facultad de Farmacia, de la Universidad San Pablo-CEU

 

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La libertad de pensamiento y de expresión constituye la gran conquista occidental, que hoy día es patrimonio del mundo entero. Todo intento de constreñir ese pensamiento que se atiene exclusivamente a la evidencia supone un atentado contra la dignidad de la persona humana. Confundir la enseñanza con el adoctrinamiento y la información con la propaganda implica un retroceso en lo que constituye la base de nuestra civilización. Donde está el espíritu, allí se encuentra la libertad.

 

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Nuestra herencia cristiana

 

por Max Silva Abbott

Si no conocemos nuestras raíces, quedamos completamente a la deriva y nos hace fácilmente embaucables y dominables.

 

Puesto que las burlas, fantasías y puestas en duda de todo lo que se refiere al cristianismo están de moda, parece útil y justo señalar algunas cosas en su favor, puesto que da la impresión que para algunos, éste fuera casi un accidente en la historia occidental, cuando no una increíble y habilísima maquinación que busca embaucar e incluso dominar a los sujetos, movido por un desmesurado afán de poder.

En realidad, Occidente es tal y posee su esencia gracias al cristianismo, por mucho que diversos tratados internacionales se esfuercen en negarlo. No sólo porque basta con echar un rápido y desprejuiciado vistazo a lo que ha sido la historia de esta parte del mundo (piénsese en el arte, la literatura, la filosofía, la arquitectura), sino porque el cristianismo fue el gran responsable de que esta cultura en la cual estamos insertos, surgiera.

En efecto, luego de la caída del Imperio Romano (476 d.C.), sólo la Iglesia quedó en pie como institución organizada, lo cual fue fundamental para lograr que poco a poco los restos de la civilización grecolatina se fusionaran con los en ese entonces toscos y salvajes germanos. Y la tarea no fue nada fácil, en atención a la enorme distancia cultural que los separaba. Si pudiera hacerse un símil hoy, es algo así como si Europa occidental cayera en manos de los musulmanes del norte de África: como puede verse, es casi como mezclar el agua con el aceite; y eso fue lo que logró el cristianismo, limando asperezas, influyendo en las costumbres y modos de pensar de la época.

Otro punto interesante es que gracias a la Iglesia surgirían primero las escuelas y posteriormente, en el siglo XI, las universidades –uno de sus legados más valiosos–, lo cual muestra de paso que la llamada “Edad Media” no era ni tan oscura ni tan primitiva como se pretende hacer creer hoy. Y de hecho, la filosofía y la teología alcanzaron en esos siglos uno de sus pináculos más altos en la historia occidental.

Pero además de su mensaje salvífico, tal vez el aspecto más importante que Occidente debe al cristianismo es el concepto de “Persona”, noción eminentemente cristiana, ligada al dogma de la Santísima Trinidad y también a Cristo mismo, perfecto Dios y perfecto hombre. Gracias a la obra de los primeros teólogos y filósofos, así como a diversos concilios, se llegó a la conclusión de que el hombre poseía una dignidad inherente que lo posicionaba muy por encima del resto de la creación, lo cual obligaba a tratarlo con respeto, o como diríamos hoy, que posee ciertos derechos fundamentales. Este concepto de persona, actualmente dado por descontado, no existiría como tal sin el aporte cristiano. Basta ver cómo son tratados muchas veces los hombres y en particular las mujeres en otras culturas, para darse cuenta que en este aspecto, y aun cuando falte todavía mucho por hacer, Occidente está sin duda bastante más adelantado que sus vecinos. Con todo, es en parte por el olvido de sus raíces que actualmente este concepto, que se creía afianzado para siempre luego de la Segunda Guerra Mundial –en particular referido al derecho a la vida–, se encuentra hoy en un peligroso retroceso.

Son sólo algunos puntos que conviene aclarar, para no tergiversar e incluso falsificar la historia, lo cual es importante, puesto que si no conocemos nuestras raíces, quedamos completamente a la deriva, lo cual de paso –aquí sí–, nos hace fácilmente embaucables y dominables.

Agradecemos a: Max Silva Abbott  http://www.arbil.org/107abbo.htm 2006-X-05

 

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Es difícil calificar una institución –como la Iglesia Católica que, en sus dos mil años- nos ofrece con sus bibliotecas, monasterios y universidades, nada menos que el ‘patrimonio intelectual de la humanidad’.

 

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Ciencia y fe: un problema moral - 1 Soy catedrático de Zoología. Realizo una función docente (enseñanza y asesoramiento) y otra de investigación tanto pura como aplicada.
2 Vivo la fe en mi profesión con normalidad. Compagino y uno en mi vida el trato con Dios, el estudio y la investigación en el campo que cultivo. No encuentro contradicciones entre fe y ciencia. Pienso que, cuando aparecen esas contradicciones, suelen responder a un reduccionismo científico, y desaparecen cuando se estudian seriamente áreas afines al problema planteado, como la Filosofía o la Teología. Respecto a problemas éticos, éstos no dependen de la ciencia, sino de la concepción que se tenga del hombre.
3 La ciencia como explicación y dominio del mundo tiene un origen cristiano. Más bien pienso lo contrario, la ciencia experimental responde a muy pocas preguntas importantes sobre el hombre o sobre el universo. La ciencia nos ayuda a conocer mejor el universo y, por tanto, a su Creador; nos ayuda a mejorar nuestra vida en múltiples aspectos. Si la ciencia se utiliza mal, depende, no de la ciencia, sino del concepto que se tenga del hombre. Opino que el saber científico es en sí mismo indiferente. Lo importante es lo que se haga con él, es un problema moral.
Rafael Jordana - 2005-V-10
Catedrático de Zoología de la Universidad de Navarra

 

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“Lo que no se le perdona a España, es haber llevado el Evangelio al Nuevo Mundo”.

España - Los hechos históricos de una nación con un pasado tan rico como la nuestra no pueden ser entendidos si se prescinde de que fueron protagonizados por personas, con sus virtudes y debilidades, sus errores y aciertos, en definitiva, sin el componente humano, que es lo que da sentido a una sucesión de acontecimientos que de otra forma resultarían incomprensibles, por más que se esfuercen quienes apuntan a la lucha de clases como clave interpretativa de los fenómenos históricos.

Somos lo que somos, por más que le pese a los ingratos y a los ignorantes ideologizados. España no es un invento de Franco, sino un conjunto de pueblos que inicia su historia compartida tres mil años atrás, cuando arribaron a nuestras costas los primeros visitantes mediterráneos y ya se referían a nosotros con un término común. En estos tres mil años ha habido de todo: cosas malas, cosas buenas, incluso episodios sublimes que llenan de orgullo a quienes no renunciamos a nuestro derecho de reconocernos herederos de esa tradición. Fuimos (sí, fuimos) los primeros en circunnavegar el planeta y los primeros en ir a América para conquistarla. Cualquiera que no se avergüence de, por ejemplo, esos dos jalones de nuestro pasado disfrutará enormemente leyendo este libro.

Ante tanta miseria contemporánea, reconciliarse con nuestra historia común es casi una necesidad espiritual. Nosotros, los españoles cumple sobradamente esta función balsámica. Es un libro no solamente brillante y extraordinariamente bien escrito, sino algo mucho más importante, en estos tiempos que corren: necesario.

FERNANDO DÍAZ VILLANUEVA: ‘NOSOTROS, LOS ESPAÑOLES’- Áltera (Barcelona), España- 2008, 318 páginas.

 

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«La ciencia puede ser un sólido apoyo a la fe»


1 La Facultad de Medicina de la Universidad San Pablo-CEU imparte las Diplomaturas en Enfermería, Fisioterapia y Podología, y las Licenciaturas en Medicina y Odontología, esta última desde el próximo curso académico 2005-2006. La organización de programas docentes, teóricos y prácticos, en perfecta sincronía, requiere una gran disciplina y respeto a la distribución establecida de espacios y tiempos, especialmente a los de los demás, y ello es posible gracias a poder contar con un profesorado de larga experiencia anterior, en ésta u otras universidades. Pero esto sólo no sería suficiente; es necesaria la discreta y eficaz colaboración de un importante equipo de administración y de servicios de apoyo que son los silenciosos ejecutores de los numerosos trámites intermedios imprescindibles para que el conjunto funcione con eficacia.
La armonía en que se desenvuelve la actividad de este centro docente radica, en gran medida, en las cualidades personales y profesionales de cada uno de sus integrantes, pero llegado el momento del esfuerzo integrador, de obtener el rendimiento correspondiente al trabajo de un equipo, es indudable que el factor aglutinante que subyace es la coincidencia generalizada en los principios inspiradores del humanismo cristiano. Éste es el estimulante entorno de trabajo en que se desarrolla nuestra actividad.
2 Soy de la opinión que la ciencia no sólo no es un obstáculo, sino que puede representar, en sus más variadas proyecciones, un sólido bastión de apoyo al desarrollo de la fe vivida en plenitud. Es una cuestión de convicciones, que no está en absoluto reñida con la disposición más permeable al conocimiento científico y su arrollador avance. Bien es cierto que hay que entender la fe como un don de Dios, pero que, a su vez, debemos exigirnos, cuando menos, el esfuerzo personal y la disposición positiva del análisis y revisión de nuestra posición propia ante cada una de las circunstancias variables que en el orden intelectivo, emocional, espiritual o racional puro conforman nuestro entorno.
3 La ciencia en general, los fenómenos científicos como hechos puntuales ni son, ni tienen que ser vistos como antagónicos a la fe. El avance imparable del conocimiento científico, que nos permite comprender cada día un poco mejor los más íntimos mecanismos del funcionamiento de los seres vivos, o del comportamiento de la materia, enriquecerá la capacidad de comprensión e interpretación de los hechos por la mente humana; pero no entiendo por qué el mejor conocimiento ha de resultar empobrecedor para la fe. Antes al contrario, me inclino a pensar que la mayor capacidad de introspección del razonamiento científico en lo anteriormente incomprendido o inextricable de los fenómenos naturales debe ser, por su propia esencia, un mejor punto de apoyo para el entendimiento, aun cuando resulta parcial o menor, de la inmensa obra de Dios como Creador.
Eduardo López de la Osa - 2005-05-10
Decano de Medicina de la Universidad San Pablo-CEU

 

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«El mundo creado es otro libro sagrado»


1 Me incorporé a la Universidad de Navarra para iniciar la tesis doctoral en Bioquímica, hace casi 40 años. He enseñado desde entonces la Biología molecular, especialmente humana. Desarrollo embrionario, Evolución y Cerebro humano han sido siempre mis asignaturas preferidas. He investigado la producción de energía en los seres vivos, inmunología del cáncer, enfermedades autoinmunes, y ahora células madre de los tumores y tolerancia de la madre al embrión. Mi actividad se centra en estudios interdisciplinares de Antropología y Biología humana y Bioética.
2 Intento que mi fe sea lo suficientemente firme y viva como para que llene de luz mi trabajo como investigadora y profesora; mi fe está pensada en el día a día. Soy muy consciente del don de la fe recibida. La realidad de mi experiencia personal es que, no sólo no he tenido dudas, o contradicciones, sino que la fe ha sido la razón por la que he comprendido en profundidad la unidad de sentido que es cada ser humano. A veces a solas con Dios, otras veces en diálogo con colegas y estudiantes, esas preguntas eternas de cada hombre acerca de nuestro origen, del alma, quiénes somos o qué nos espera después..., han ido teniendo una respuesta que llena de paz, no sólo el corazón, sino toda la actividad profesional.
3 No. Las verdades acerca del mundo natural y de los hombres que se descubren con el método de las ciencias llevan, de hecho, a comprender mejor las obras de Dios, a darle adoración y alabanza. El mundo creado es, de hecho, y no metafóricamente, otro libro sagrado que habla del amor de Dios al hombre. Cuando la ciencia es ciencia, ayuda a descubrir el sentido natural, el designio de Dios. Otra cosa es cuando los hombres, empachados del poderío técnico que esos conocimientos permiten, se quieren convertir en creadores de sentido a su gusto. Las cuestiones importantes de la vida como la felicidad, la paternidad, el sufrimiento, la muerte, se confían sólo a las soluciones técnicas, como si las personas sólo fuéramos un saco de moléculas. No deja de sorprenderme que, ante este tipo de cuestiones, se convoque a opinar y dar veredictos y soluciones a expertos científicos a los que no se les exige rigor ni en el uso de los datos científicos, ni mucho menos en su formación intelectual y filosófica. Como no deja de ser sorprendente que se descalifique la opinión de un científico simplemente porque es creyente y se le suponen prejuicios religiosos. No existen conflictos fe-ciencia, sino una mentalidad materialista y cientifista que reduce la realidad a los procesos materiales y toda la verdad (y todo el misterio del hombre) a lo que la ciencia experimental diga.
Natalia López Moratalla  - catedrática de Bioquímica y Biología Molecular, de la Universidad de Navarra -
2005-05-10-Alfa y omega. España

 

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La ciencia, para el hombre, no al revés

 

La ciencia, que brota como un precioso tesoro de la inteligencia humana, ha traído bienes incontables a la Humanidad, precisamente cuando es humana cien por cien, no a medias, puesto que el ser humano es indivisible: cuerpo y alma, mente y corazón indisolublemente unidos. En su más honda verdad, es imagen misma de Dios. En el momento en que se rompe esta unidad, todo lo que surge del hombre, y la ciencia de un modo especialísimo, termina por volverse contra el propio hombre. La Constitución Gaudium et spes, sobre la Iglesia en el mundo actual, del Concilio Vaticano II, lo expresó nítidamente. Tras poner de manifiesto la «aspiración más profunda y más universal» de los seres humanos, que «anhelan una vida plena y libre, digna del hombre», en la que tengan «a su propio servicio todas aquellas cosas que el mundo moderno puede ofrecerles tan abundantemente», observa con todo realismo cómo «el mundo actual se muestra, al mismo tiempo, poderoso y débil, capaz de realizar lo mejor y lo peor, pues tiene ante sí el camino hacia la libertad o la esclavitud, el progreso o el retroceso, la fraternidad o el odio», y es al hombre «a quien corresponde dirigir correctamente las fuerzas que él mismo ha desencadenado, y que pueden oprimirle o servirle».
La historia de la Humanidad, y particular y dramáticamente la del último siglo, el de los avances espectaculares de la ciencia y de la técnica, más allá de lo imaginable, ¡bien que lo pone de manifiesto! Ahí están la penicilina que cura enfermedades, o la bomba atómica que destruye pueblos enteros… Cada día que pasa, ¿no se pone más y más de manifiesto hasta qué punto el hombre, dividido y enfermo de la peor de las enfermedades, ¡la pérdida de la conciencia de sí mismo!, en lugar de poner las fuerzas que ha desencadenado, precisamente con la capacidad recibida del Creador, al servicio de su auténtico bien, se está dejando oprimir por ellas? Ahí están las bombas, más estremecedoramente destructivas incluso que las atómicas, por mucho que se quieran revestir de progreso, modernidad y tolerancia, que matan a los niños en el vientre de su madre, e incluso antes, intentando fabricarlos cuando su dignidad sagrada exige engendrarlos, y atreviéndose a manipularlos, y destruirlos a capricho, ya desde su primer estado embrionario. Nada tiene ya de extraño, pues, que tamaña barbaridad se reproduzca con los que llegan a su estado de vejez, o de cualquier otra debilidad, pasando por todo tipo de abusos de los más poderosos sobre los más indefensos. ¿Qué otra consecuencia lógica podría tener el olvido de la fe, sino el deterioro de la razón, hasta su práctica anulación? ¿No es acaso la fe la luz que ilumina, en cada ser humano, la conciencia de sí mismo? Y, a oscuras, no podía suceder otra cosa que el hombre se quedara, no ya sin conciencia, sino sin lo más elemental de su humanidad, es decir, sin inteligencia, y sin corazón. La consecuencia no podía ser otra que los totalitarismos –los más fuertes disponiendo de la vida de los más débiles–, que marcaron trágicamente el pasado siglo XX, y amenazan con marcar más trágicamente aún el inmediato futuro. Los signos son clamorosos.
La fe, ciertamente, no es un mero añadido que mejora al hombre –¡la ceguera ha llegado hasta pensar que lo estropea!–, es la quintaesencia misma de lo humano. Ya en el siglo II, san Ireneo afirmaba del ser humano, frente a la filosofía griega que lo consideraba compuesto de cuerpo y alma, que en realidad eran tres sus elementos constitutivos: cuerpo, alma y Espíritu Santo. No hace falta ningún acto de fe ciega para reconocerlo como una plena evidencia. Basta con el recto uso de la razón, que nos dice algo tan elemental como que la ciencia, y todo, es para el hombre, y no al revés. La ceguera se produce cuando la razón, ¡admirable ventana para contemplar la realidad, que nos desborda infinitamente!, se encierra en sí misma, reduciéndose, como si fuera la medida de la realidad –todo lo contrario del misterio infinito que tenemos ante los ojos–. La esperanza, pues, antes que nada, está en el recto uso de la razón. Una esperanza a la que nos alienta el nuevo Papa Benedicto XVI, expresada con una clarividencia extraordinaria, de palabra y de obra, en el comentario –recogido en la contraportada de nuestro número especial, de la semana pasada– que hizo hace ya años, cuando siendo el cardenal Prefecto para la Doctrina de la Fe caminaba por la Plaza de San Pedro, a quienes se le hicieron el encontradizo: «Para mí, como amigo de la razón, toda pregunta tiene que tener una respuesta; y como sacerdote, todo ser humano tiene el derecho a ser atendido». No hacen falta más comentarios.
2005-05-10

 

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Por muy bajo que caigamos ¡no desesperemos nunca! La bondad de Dios está por encima de todo mal posible. “Aunque vuestros pecados como la escarlata, quedarán blancos como la nieve.” (cf Is 1,18) No hay ningún momento en nuestra vida en que no fuera posible empezar una existencia nueva...separada como por un muro de nuestras infidelidades pasadas.

 

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Bartholomew Kiely (teólogo jesuita) afirma que hoy muchos “desean que se reconozcan entre los derechos fundamentales del hombre la contracepción, el aborto, la eutanasia y el suicidio. El contenido de estos derechos es perverso porque no respeta el objeto de las acciones humanas, sino que intenta justificar la acción con independencia del fin (la muerte de un ser humano)”. 28.11.2003. Murcia. Esp.

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La conciencia debe estar informada, formada y disciplinada por valores auténticos.

 

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Mientras hablamos de la Segunda Venida de Cristo la mitad del mundo nunca ha escuchado de la Primera – Oswald J. SMITH

 

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“La enfermedad depresiva puede ser un camino para descubrir otros aspectos de uno mismo y nuevas formas de encuentro con Dios”

 

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Un día un mendigo acudió a la Madre Teresa y le dijo: "Todo el mundo te da algo, yo también quiero darte algo". Y le regaló dos piastras. Dice Madre Teresa: "Si aceptaba el dinero, él no tendría para comer, pero si no lo hubiese aceptado lo habría hecho infeliz. Y acepté. Sentí en mí que ese regalo tenía más valor que el premio Nobel, pues él había dado todo lo que tenía. Vi en su cara la alegría de dar."

 

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«La ética, sin un fundamento sólido y universal, dejaría de ser lo que es»

 

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Sobre los altares es suficiente con que brille la Hostia Sagrada. Sino, como dijo san Hilario + 367 ca., construiríamos iglesias para destruir la fe.

 

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"Obras todas del Señor, bendecid al Señor".-

“¡Señor, dueño nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra!” (Sal 8, 2).

 

La belleza de la naturaleza nos recuerda que Dios nos ha encomendado la misión de "labrar y cuidar" este "jardín" que es la tierra (cf. Gn 2, 8-17).

 

Que nos guíe y acompañe siempre con su intercesión, la Santísima Madre de Dios.

Su fe indefectible que sostuvo la fe de Pedro y de los demás Apóstoles, durante más de dos mil años, siga sosteniendo la de las generaciones cristianas, aquella y siempre misma fe. Reina de los Apóstoles, ruega por nosotros. Amen

 

 

Gracias por venir a visitarnos; gracias por elegirnos, por sugerirnos ideas y comentarios.

 

‘CÓMO LA IGLESIA CONSTRUYÓ LA CIVILIZACIÓN OCCIDENTAL’

Ninguna institución ha hecho más para dar forma a la civilización occidental que la Iglesia Católica, y en modos que muchos de nosotros hemos olvidado o nunca sabido. Como la Iglesia construyó la civilización occidental es una lectura esencial para redescubrir esta relegada verdad. De un modo senillo y muy atractivo. 2007.

Autor: Thomas E. WOODS Jr. -

Editorial: CIUDADELA. 

 

Recomendamos: ‘Desafíos cristianos de nuestro tiempo’, editado por Rialp. El autor, sacerdote, repasa algunos de los problemas más habituales a los que se enfrentan los cristianos hoy. Toca, por ejemplo, la cuestión del evolucionismo y el creacionismo para explicar de qué manera son complementarios, apoyándose en el magisterio de los distintos Papas. Otro tema de actualidad que no soslaya es la presencia del mal en el mundo. Y tampoco evita el cómo enfrentarse al dolor y a la muerte.  En opinión del autor, «la crisis del amor constituye el mar de fondo de las tormentas que agitan las aguas del Primer Mundo», y corresponde a los cristianos retomar el mandamiento nuevo del Señor. El laicismo intransigente en que vivimos anima a tomar ejemplo de los mártires y a hacernos presentes en la vida pública.

 

Salm. 24, 1-4 - Ad te levávi ánimam meam: Deus meus, in te confído, non erubéscam: neque irrídeant me inimici mei: étenim univérsi, si, qui te exspécant, non confundéntur. Ps.ibid., 4. Vias tuas, Dómine, demónstra mihi: et sémitas tuas édoce me.Glória Patri, et Fílio, et Spirítui Sancto. Sicut era in princípio, et nunc, et semper, et in saécula saeculórum. Amen. - Ad te levávi…

A ti Señor, levanto mi alma; Dios mío, en ti confío; no sea avergonzado, ni se burlen de mí mis enemigos; pues cuantos en ti esperan, no quedarán confundidos. Ps. Muéstrame, Señor, tus sendas. V. Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén. – A ti, Señor, levanto mi alma.

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).