Friday 28 April 2017 | Actualizada : 2017-03-29
 
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P: ¿Cuáles fueron las inquisiciones más duras y letales por países?

 

R: Si se refiere a instituciones de carácter religioso, posiblemente la inquisición en Francia no ha sido superada ni por la española en la época de hegemonía europea. Si utiliza el término en un sentido figurado, cualquier inquisición fue una excursión de jesuitinas comparada con los aparatos creados por Lenin y Hitler.

 

 

En la Inglaterra de hoy —tan modélica y proclive a la defensa de los derechos del hombre— hubo una época en la que claramente no se respetó la libertad de conciencia de los ciudadanos y, aunque las medidas adoptadas para la represión del culto católico eran las frecuente y lastimosamente usadas en las demás naciones cuando habían de sofocar asuntos políticos, militares o religiosos que supusieran traición, pueden verse aún hoy en los archivos del Estado que la causa de aquellas muertes fue siempre religiosa bajo el disimulo de traición. Y, después de la sentencia condenatoria, los llevaban a la horca, siempre acompañados por un pastor protestante en continua perorata para impedirles hablar con los amigos o rezar en paz. Así son las cosas.

 

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Fueron hombres y mujeres, clérigos y laicos católicos, que dieron su vida por la fe entre los años 1535 y 1679 en Inglaterra.

 

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En agosto del año 1537 la Iglesia Católica crea la primera diócesis de América del Sur, la de Cuzco, en Perú.-

 

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UNO de los testimonios dados en favor de la Reforma, fue la protesta presentada por los príncipes cristianos de Alemania, ante la dieta de Spira, el año 1529. Esta protesta dio a la iglesia reformada el nombre de protestante; y sus principios son "la verdadera esencia del protestantismo."

Separada de la Iglesia fundada por Jesucristo, el protestantismo inicia su andar dividiéndose constante e inarrestablemente. 2006.

 

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En el siglo XVI, mientras los colonos franceses e ingleses intentaban comprar pieles a los indios norteamericanos, en América Latina se edificaban universidades: Santo Domingo (1538), San Marcos de LIma (1551), México (1551), La Plata (1552), Santiago de la Paz (1558), Santa Fe de Bogotá (1580), San Fulgencio de Quito (1586)... En el siglo XVII, una mexicana como sor Juana Inés de la Cruz o el obispo Palafox de Puebla tenían bibliotecas con más de 4.000 volúmenes. Gramáticas, evangelios y otros libros se editaban e imprimían en latín, español o lenguas indígenas y las órdenes religiosas se planteaban una y otra vez el aislar a los indígenas de los colonos, considerados un mal ejemplo que impedían la evangelización. Es la historia de un Nuevo Mundo que nace con imparable originalidad en el periodo llamado "del Imperio Hispánico" aunque las autoras prefieren la denominación, más exacta, de Monarquía Hispánica, de 1474 a 1700.

 

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Los protestantes odiaban a la Virgen María -aùn hoy dìa-. En 1538, la furia iconoclasta del miserable Enrique VIII, fundador del anglicanismo, acabó con la famosa Virgen de Walsingham, que fue trasladada a Chelsea e inmolada públicamente. Nueve hombres que se negaron a destrozar la estatua fueron ejecutados publicamente. Pero es sólo un ejemplo de la ira exterminadora extendida por Europa durante al menos un siglo: muchas imágenes de la Virgen fueron destrozadas y exhibidas en burdeles antes de ser destruidas con un odio demoniaco.

 

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Un protestante y la Inquisición

 

Parece que al escritor Emilio Monjo, apologista del protestantismo, le ha disgustado mi libro España contra España, del que dice

 

(http://www.protestantedigital.com/ES/Magacin/articulo/5253/Pio-moa-y-la-actualidad-de-la-inuisicion),

 

con aire acusador, que “acepta un pasado y rechaza otro”.

 

Naturalmente, como hace él y cualquier historiador crítico. Otra cosa es que se pueda justificar en datos y argumentos una tesis sobre ese pasado. Mi libro, a su entender, “renueva sus opiniones (las mías) sobre lo que es y no es España, y quién alcanza el bien moral frente a la enfermedad moral que supone la hispanofobia”. Aquí mezcla dos cosas: la naturaleza, por así decir, de España,  no constituye una opinión moral, en principio. Lo moral, aquí, radica en la honestidad intelectual con que intente fundarse la opinión. Así, es un hecho histórico indudable que en los siglos XVI y XVII, principalmente, España debió enfrentarse a los expansionismos protestante, francés y otomano, a menudo aliados entre sí para aplastar a la España católica. Para el historiador se trata simplemente  de un dato, en principio ni moral ni inmoral, aunque al señor Monjo, a quien no le gusta un pelo el catolicismo, le parezca moralmente detestable, y por tanto lo oscurezca o niegue de forma poco honrada. La hispanofobia, por otra parte, puede considerarse una enfermedad moral en España –no entre los protestantes, los islámicos o incluso los franceses, entre quienes puede resultar incluso lógica-- por dos razones al menos: porque nada serio puede construirse en una sociedad que tiene fobia a sus raíces históricas, como hemos podido comprobar de modo doloroso en el siglo XX y lo que va de este; y porque, sobre todo, falsea deshonestamente la historia real. Creo haber demostrado ampliamente esto último.

 

 Dramatiza el señor Monjo: “Como tantas veces, una España moral contra otra”. Pues no. Solo estamos ante un debate intelectual, máxime en unos tiempos en los que en España hay –todavía—considerable libertad de expresión y algo de democracia, y en que, precisamente, las tendencias hispanófobas del más variado origen (protestante, marxista, separatista, etc.) se han venido imponiendo de forma poco respetuosa con la verdad. Pero, en su afán moralizante, el señor Monjo me acusa de presentar y defender la Inquisición como “el punto supremo de la ortodoxia y la expresión final del cristianismo”. Él, por el contrario, se arroga virtuosamente el papel de defensor de una sociedad “de todos”, entendiendo por “todos” a los que rechazan “ese modelo de cristianismo” inquisitorial que me atribuye por las buenas. Pasando a un tono algo poético, el señor Monjo dice aspirar a “una España de libertad, donde la libertad no sea un sueño, sino que cada uno pueda soñar sin temor”. Diríase que viviéramos en un régimen marxista o cosa así, donde al señor Monjo y “todos” los suyos se les impidiera soñar, no digamos ya expresarse, reunirse u organizarse para defender sus ideas. Pero existe o subsiste cierta libertad en esos terrenos; libertad que, me parece, no la debemos al señor Monjo ni a sus “todos”.

 Claro que la libertad de exponer ideas no quiere decir que estas sean equivalentes, o que una falsedad o una bobada dejen de serlo por poder expresarse. Y la pretensión de que yo defiendo la Inquisición como modelo cristiano y actual ya pasa de la falsedad para entrar en el terreno de la majadería. Pero ese es un nivel de “debate” muy extendido en el país, según vengo comprobando desde hace años.

 

   Como buen protestante, mi crítico tiene a la Inquisición por el mal absoluto. Durante siglos,  protestantes y otros han acusado a dicho organismo de haber asesinados a decenas o cientos de miles de personas, hasta de haber despoblado media España, de haber practicado la tortura de forma sistemática e inaudita, de impedir el pensamiento y la cultura, etc. Sospecho que el señor Monjo sabe muy bien que todo ello es o falso o muy exagerado, como han demostrado estudios empíricos abundantes, españoles y extranjeros, y resumo en mi libro y en Nueva historia de España. Digo que debe de saberlo, porque no insiste en tales patrañas, tan difundidas aún hoy. Pero, para mantener su tesis, enarbola una serie de textos que, fuera de contexto y de contraste con los hechos, dan una impresión absolutamente tenebrosa. Es un método corriente en propaganda, y yo diría que poco moral cuando se intenta pasar por juicio historiográfico.

Además, no solo el señor Monjo olvida muchos textos inquisitoriales que no le vienen bien, sino que deja de lado el contexto histórico internacional. La propaganda protestante pinta implícita o explícitamente a los suyos, en aquellos siglos, como personas pacíficas, tolerantes y amantes de la libertad, perseguidas ferozmente por el “fanatismo papista”, cuando la realidad es la opuesta. En Nueva historia de España he condensado la teoría y la práctica de Lutero y Calvino. El protestantismo causó innumerables guerras civiles cuando Europa estaba amenazada por el Imperio Otomano y defendida por España. Guerras y trastornos que Lutero encomió y alentó sin rebozo, incitando a “lavarnos las manos en la sangre” de Roma. Las represiones contra los católicos causaron muchas más víctimas en menos tiempo que la Inquisición, aparte de confiscaciones de propiedades particulares, expolio de propiedades eclesiásticas y mil abusos más. Hay datos más que suficientes sobre todo ello, que no es preciso exponer aquí. Por consiguiente, las acusaciones a la Inquisición desde el punto de vista protestante recuerdan a las hechas al “imperialismo yanqui” por los comunistas.

 

Y, como he explicado, no todo es negativo en la Inquisición. Por ejemplo, libró a España de la caza y quema de brujas que causó en los países protestantes muchísimas más víctimas y mucho más inocentes que la Inquisición española; o eayudó a evitar a nuestro país las muy crueles guerras religiosas nacidas de la agresividad protestante contra la “Sodoma romana”. Al decir esto no hago apología de la Inquisición ni del fanatismo, ni mucho menos propugno la vuelta de ella, como, ¿insidiosamente?, viene a sugerir mi crítico. Solo expongo unos hechos constatables, que lamento molesten a la moral del señor Monjo. Porque la historiografía debe alejarse de la propaganda.

 

http://www.intereconomia.com/blog/presente-y-pasado/un-protestante-y-inquisicion-aborto-y-enfermedad-social-20130109

 

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“Oh desdichada España! Revuelto he mil veces en la memoria tus antigüedades y anales y no he hallado por qué causas seas digna de tan porfiada persecución.”
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Francisco de Quevedo.

 

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La paz es un valor deseable, incluso primordial, pero no absoluto

 

Lunes de Pascua del año 1.536. El monarca español Carlos V comparece ante el Papa Pablo III, sus cardenales y embajadores, para someter a su arbitraje las diferencias que tenía con Francisco I, rey de Francia, y exponer las continuas “traiciones” de éste en la consecución de “la paz y el sosiego de la cristiandad”. Después de recordar al auditorio las ocasiones en las que el rey francés se puso de acuerdo con los turcos, Carlos V termina su discurso con el siguiente desafío: “Por tanto, yo prometo a Vuestra Santidad delante deste sacro collegio, y de todos estos cavalleros que presentes están, si el rrey de Francia se quiere conducir conmigo en armas de su persona a la mía, de conducirme con él armado, o desarmado, en camisa, con espada o puñal, en tierra, en mar, en una puente, o en ysla, en campo cerrado, o delante de nuestros exercitos; o doquiera, o como quiera que el querrá y justo sea”.

Se nos dirá que el texto es divertido, y que refleja quizá mejor que otros la manera como se entendía la “diplomacia” poco después de la Edad Media, pero si hay algo que nos parece especialmente significativo de esta referencia histórica es el profundo sentido de Estado que demostró el protagonista de la misma. Un sentido de Estado que cobra aún mayor dimensión si tenemos en cuenta que Carlos V no era español de nacimiento, y que apenas sabía nada de nuestro país cuando se produjo el hecho arriba descrito.

 

Siempre ha habido guerras, y nos tememos que las seguirá habiendo. La paz es un valor deseable, incluso primordial, pero no absoluto. No todo debe hacerse para conseguir la paz. En el discurso antes aludido, el emperador repitió en varias ocasiones que su deseo fundamental era conseguir “la paz de toda la cristiandad” (entre la que, como es lógico, se contaba Francia), pero ese anhelo no le impidió mostrar la determinación y el coraje político que todos esperaban de un monarca español.

 

Hoy ningún mandatario pondría su piel por delante para salvaguardar los intereses de su país. Evidentemente, los tiempos no son los mismos, pero de ningún mandatario se espera ahora otra cosa que lo mínimo para justificar el salario generoso que le procuran los presupuestos generales. No sólo eso: cuando un presidente se muestra implacable en la defensa de los intereses de su pueblo, no faltan voces que le acusen de “prepotencia”. Indudablemente, Carlos V sería hoy un monarca fascista, condenado por la totalidad de la opinión pública.

 

Y sin embargo, un sano escalofrío de orgullo le atraviesa al lector el espinazo al recordar pasajes tan gloriosos de nuestra ya no tan reciente Historia.

17 Agosto del 2008-

 

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ROMA - La Plaza Navona, con la Iglesia de Santiago de los Españoles, era uno de los puntos neurálgicos durante los dos siglos de predominio político de nuestro país, junto con la Plaza de España, donde reside la Embajada más antigua del mundo, creada en el año 1480 por el rey Fernando de Aragón para coordinar su política mediterránea frente a los Estados Pontificios.

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Ya en 1533 –en México- los franciscanos tenían una escuela pública para la población. El colegio sirvió para educar a generaciones de nobles indígenas mexicanos en humanidades, arte y filología.

 

 

«Mientras los eruditos europeos aprendieron griego para leer los textos originales, los árabes los tradujeron a su lengua. El cristianismo es la única religión que conozco que ha respetado las demás tradiciones y las ha integrado como distintas». Cita del filósofo francés Rémi Brague; pronunció una conferencia en la Universidad de Navarra – 2005

 

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Giordano Bruno (1548-1600) no sólo fue condenado por la Iglesia católica, sino también por la luterana y la protestante.

Con dureza fue excomulgado por el Concilio Calvinista debido a su actitud irrespetuosa hacia los líderes de esa iglesia y fue obligado a abandonar la ciudad. De ahí fue a Toulouse, Lyon y -en 1581- a París.

 

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El siglo XX fue, con gran diferencia, «el siglo de los mártires», pues su número superó a la suma de los diecinueve siglos anteriores debido a las inmensas tragedias de Rusia, Alemania, España, México y varios países de Extremo Oriente. En España hubo unos diez mil mártires, cuyos procesos no eran oportunos mientras permanecían abiertas las heridas de la Guerra Civil. A partir de 1987, Juan Pablo II empezó a darles curso, hasta sumar actualmente 11 santos y 479 beatos.[2005]

La Congregación para las Causas de los Santos recibió el pasado mes de febrero 2005 el proceso de «Eustaquio Nieto y Martín y 935 compañeros mártires», promovido por la provincia eclesiástica de Toledo, al que se añaden de 21 mártires promovido por la diócesis de Valencia y varias causas menores procedentes de otras diócesis.

 

Eustaquio Nieto y Martín, obispo de Sigüenza-Guadalajara, fue el primer prelado víctima de la persecución religiosa de 1936 a 1939. Aunque los procesos de santidad los han promovido siempre las diócesis o las familias religiosas individualmente, la causa de «Eustaquio Nieto y Martín y 935 compañeros mártires» ha sido la primera en la historia de la Iglesia promovida por una provincia eclesiástica, la de Toledo, que suma también las diócesis de Sigüenza, Albacete, Cuenca y Ciudad Real.

 

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Elizabeth II

 

El anglicanismo destruyó innumerables obras de arte y de la historia de la humanidad -  ANGLICANO - Sin embargo, el momento de verdadera reforma, de ruptura profunda con la doctrina católica vendría en las dos fases siguientes: la primera bajo el mandato de su hijo Eduardo VI, que bajo el consejo de Cranmer – el cual mantuvo correspondencia con Calvino -, se destruyeron innumerables obras de arte, se abolió el celibato (1.549) y se impuso el Common Prayer Book (1.552), prescrito como libro litúrgico oficial para toda Inglaterra.

De los sacramentos sólo quedaba el bautismo, ya que la Cena se entendía al modo de Calvino; del resto, nada. Se mantuvo una estructura episcopal con el rey como cabeza de la Iglesia.

La segunda fase vino con la hija de Enrique, Isabel I, con la que se difundieron por la isla las ideas de Calvino y Lutero. Promulgó la Ley de Uniformidad de Culto en 1.559, con lo que se constituían oficialmente, la Anglican Church, la Reformed Church of England y The Established Chuch. La reina sustituyó el título de cabeza suprema de la Iglesia por el de director supremo de la Iglesia, quedando los sacramentos y el culto fuera de su jurisdicción y por último, prohibió al Parlamento que se inmiscuyera en los asuntos de la Iglesia.

 

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"Europa tiene su base en la única fuerza que es capaz de aunar la herencia cultural helénica, el derecho romano y el avance de la Ciencia: el Cristianismo". Esta es la conclusión del historiador Luis Suárez, catedrático emérito de la Universidad Autónoma de Madrid. Suárez recuerda que el progreso europeo fue posible gracias al Cristianismo. En efecto, la creación de bibliotecas en territorio europeo por Isidoro de Sevilla, fueron impulsadas gracias a los padres de la Iglesia como Benito o Alejandro Magno, quienes consideraron que el progreso se basaba en el conocimiento, no en el atesoramiento de riquezas.

 Además, Suárez recordó que los derechos humanos no nacieron con la revolución francesa de 1789, sino que fueron inicialmente formulados por el Papa Clemente VI, quien, en 1346, pronunció por vez primera los derechos humanos de la libertad, la vida y la propiedad. En este contexto, negar las raíces cristianas de Europa, como pretende Francia y Bélgica, en el tratado constitucional parece un intento de construir una Europa de mercaderes, en lugar de una comunidad humana. "El término Europa fue inicialmente pronunciado por San Beda el Venerable en el siglo VII para referirse al territorio en el que el Cristianismo había llegado a arraigarse", concluye Suárez.  2004-02-27 – Agradecemos a Hispanidad.com

 

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Mártires Ingleses –

INQUISICIÓN PROTESTANTE

 

Fueron hombres y mujeres, clérigos y laicos que dieron su vida por la fe entre los años 1535 y 1679 en Inglaterra.

Ya habían surgido dificultades entre el trono inglés y la Santa Sede que ponían los fundamentos de una previsible ruptura.-

Luego vinieron los problemas de ruptura con Roma en tiempos de Enrique VIII, con motivo del intento de disolución del matrimonio con Catalina de Aragón y su posterior unión con Ana Bolena, a pesar de que el rey inglés había recibido el título de Defensor de la Fe por sus escritos contra la herejía luterana en el comienzo de la Reforma.-

Pero fue sobre todo en la sucesión al trono, después de la muerte de María, hija legítima de Enrique VIII y Catalina de Aragón, cuando comienza a reinar en Inglaterra Isabel, cuando se desencadenan los hechos persecutorios a cuyo término hay que contar 316 martirios entre laicos hombres, mujeres y clérigos.-

Primero fueron dos leyes: El Decreto de Supremacía, y el Acta de Uniformidad (1559). Por ellas el Trono se arrogaba la primacía en lo político y en lo religioso. Así la Iglesia dejaba de ser «católica» -universal- pasando a ser nacional -inglesa- cuya cabeza, como en lo político era Isabel.-

Fue interpretado como una desvinculación de Roma, una herejía, una cuestión de renuncia a la fe que no podía aceptarse en conciencia. De este modo, quienes se negaban al mencionado juramento o quienes lo rompían quedaban ipso facto considerados como traidores al rey y eran tratados como tales por los que administraban la justicia.-

Vino la excomunión a la reina por el papa Pío V (1570). Se endurecían las presiones hasta el punto de quedar prohibido a los sacerdotes transmitir al pueblo la excomunión de la Reina Isabel I.
En Inglaterra se emanó un Decreto (1585) por el que se prohibía la misa y se expulsaba a los sacerdotes.-


Bastaba con sorprender una reunión clandestina para decir misa, unas ropas para los oficios sagrados descubiertas en cualquier escondite, libros litúrgicos para los oficios, un hábito religioso o la denuncia de los espías y de malintencionados aprovechados de haber dado hospedaje en su casa a un misionero para acabar en la cuerda.-

No se relatan aquí las hagiografías de Juan Fisher, obispo de Rochester y gran defensor de la reina Catalina de Aragón, o del Sir Tomás Moro, Canciller del Reino e íntimo amigo y colaborador de Enrique VIII, -por mencionar un ejemplo de eclesiástico y otro de seglar.-

Ana Line fue condenada por albergar sacerdotes en su casa; antes de ser ahorcada pudo dirigirse a la muchedumbre reunida para la ejecución diciendo: «Me han condenado por recibir en mi casa a sacerdotes. Ojalá donde recibí uno hubiera podido recibir a miles, y no me arrepiento por lo que he hecho». Las palabras que pronunció en el cadalso Margarita Clitheroe fueron: «Este camino al cielo es tan corto como cualquier otro».

Margarita Ward entregó también la vida por haber llevado en una cesta la cuerda con la que pudo escapar de la cárcel el padre Watson. Y así, tantos y tantas... murieron mártires de la misa y del sacerdocio.

En la Inglaterra de hoy tan modélica y proclive a la defensa de los derechos del hombre hubo una época en la que no se respetó la libertad de conciencia de los ciudadanos y, aunque las medidas adoptadas para la represión del culto católico eran las frecuente y lastimosamente usadas en las demás naciones cuando habían de sofocar asuntos políticos, militares o religiosos que supusieran traición, pueden verse aún hoy en los archivos del Estado que las causas de aquellas muertes fue siempre religiosa bajo el disimulo de traición.-

Y, después de la sentencia condenatoria, los llevaban a la horca, siempre acompañados por un pastor protestante en continua perorata para impedirles hablar con los amigos o rezar en paz.-

 

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22.06.1535 – Muere en el patíbulo, condenado por la inquisición protestante, el Obispo Juan FISHER, victima de su oposición a Enrique VIII de Inglaterra, y luego santo de la Iglesia católica.

 

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La Iglesia es evangélica porque evangeliza en la universalidad (católicos) de su misión. Y lo hace con el Evangelio que es en primer lugar, la Obra de Cristo, lo que predica y lo que hace Jesucristo. Dar la vida por el Evangelio es lo mismo darla por Cristo Jesús. Y este Evangelio que es la Obra de Jesús, debe ser predicado en el mundo entero Mc. 13,10; 16,15. La Iglesia -solo ella con las palabras de Pedro en la sucesión apostólica- predica al mundo: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo” Mt.16,18. Y por esta verdad absoluta, ‘las sectas manipuladoras de la Biblia’, o ‘las idolatrías εδωλολατρεία contemporáneas’, la acosan, la persiguen sin tregua hasta el derramamiento de sangre. Como un yunque, en el que se han gastado tantos martillos durante 2000 años, la Iglesia ‘nuevo pueblo de Dios’ (Mc.6,30), -ofrece la salvación- teniendo como destinatarios a todos los pueblos. Esa es su misión católica y catolizante, para quien pregunte: ¿Quién es éste?, lo descubra con Pedro que le confiesa como Mesías (Mc 8,29). Es Jesús que con su obra, nos ha conseguido la salvación. Siendo luz, buena sal y fermento en el mundo, evangeliza la Iglesia.

 

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En el camino de la historia, con frecuencia oscuro para la Iglesia, los mártires son la gran luz que refleja mejor a Aquel hacia quien ella "continúa su peregrinación en medio de las persecuciones del mundo y de los consuelos de Dios" (Lumen gentium, 8), nuestro Señor Jesucristo.

 

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“Las cadenas del hábito son generalmente demasiado débiles para que las sintamos, hasta que son demasiado fuertes para que podamos romperlas”.

 

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"Poned empeño en conservar la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz" (Ef 4, 3).

 

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La gran mayoría de la gente cree que Galileo Galilei (1564-1642) murió quemado en la hoguera por el Tribunal del Santo Oficio (conocido como Inquisición). Sin embargo, pocos saben que este científico murió cómodamente en su cama. Galileo nunca renegó de su fe. Galileo tuvo arresto domiciliario, pero no la pena corporal que muchos creen que recibió.

2) Otros piensan que el famoso médico español Miguel de Servet (1511-1553), uno de los padres de la Anatomía moderna, fue otra víctima de la Inquisición católica. Pero esto es completamente falso: Servet fue incinerado por la
Inquisición protestante, concretamente por la instaurada por Calvino (1509-1564) en la ciudad de Ginebra. ¿Inquisición protestante? ¿Existió una Inquisición protestante? La verdad es que casi nadie lo sabe, la mayoría de la gente asocia la palabra Inquisición única y exclusivamente con la Iglesia católica.

 

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LOS MÁRTIRES - A los sacerdotes, religiosos y seglares que entregaron sus vidas por Dios el pueblo comenzó a llamarles mártires porque no tuvieron ninguna implicación política ni hicieron la guerra contra nadie. Por ello, no se les puede considerar caídos en acciones bélicas, ni víctimas de la represión ideológica, sino mártires de la fe.

 

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La necesidad de custodiar la memoria de los mártires. Su testimonio no debe ser olvidado. Ellos son la prueba más elocuente de la verdad de la fe, que sabe dar un rostro humano incluso a la muerte más violenta y manifiesta su belleza aun en medio de atroces padecimientos. Es preciso que las Iglesias particulares hagan todo lo posible por no perder el recuerdo de quienes han sufrido el martirio.
Al inicio del tercer milenio, la Iglesia que camina en España está llamada a vivir una nueva primavera de cristianismo, pues ha sido bañada y fecundada con la sangre de
tantos mártires. Sanguis martyrum, semen christianorum! ¡La sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos! (TERTULIANO, Apol., 50,13: CCL 1,171). Esta expresión, acuñada durante las persecuciones de los primeros siglos, debe hoy llenar de esperanza vuestras iniciativas apostólicas y esfuerzos pastorales en la tarea, no siempre fácil, de la nueva evangelización. Contáis para ello con la ayuda inigualable de vuestros mártires. Acordaos de su valor, "fijaos en el desenlace de su vida e imitad su fe. Jesucristo es el mismo ayer y hoy y siempre" (Hb 13,7-8).

Que María, Reina de los mártires, nos ayude a escuchar e imitar a su Hijo. A Ella, que acompañó a su divino Hijo durante su existencia terrena y permaneció fiel a los pies de la Cruz, le pedimos que nos enseñe a ser fieles a Cristo en todo momento, sin decaer ante las dificultades; nos conceda la misma fuerza con que los mártires confesaron su fe - S.S. Juan Pablo II – Magno, 11.III. MMI

 

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La secularización contemporánea va acompañada de una fragmentación y de un empobrecimiento de la vida interior espiritual del hombre. Así la secularización debilita aún más la comunión espiritual entre los cristianos. Por eso, juntos debemos unir hoy la búsqueda de la santidad de la vida cristiana con la realización de la unidad cristiana. Bajo esta luz y desde esta perspectiva del ecumenismo de la santidad, que nos han demostrado los mártires y los confesores de la fe del siglo XX, es preciso que nosotros, como pastores de la Iglesia, primeros responsables de la unidad de la fe y de la vida cristiana, guiemos ahora, en el siglo XXI, al clero y a nuestros fieles, y sobre todo a los jóvenes de las escuelas de teología que forman a los sacerdotes y misioneros.

 

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"El Señor Jesucristo transformará nuestra condición humilde, según el modelo de su condición gloriosa" (Flp 3,21). Estas palabras de San Pablo que hemos escuchado en la segunda lectura de la liturgia de hoy, nos recuerdan que nuestra verdadera patria está en el cielo y que Jesús transfigurará nuestro cuerpo mortal en un cuerpo glorioso como el suyo. El Apóstol comenta así el misterio de la Transfiguración del Señor que la Iglesia proclama en este segundo domingo de Cuaresma. En efecto, Jesús quiso dar un signo y una profecía de su Resurrección gloriosa, en la cual nosotros estamos llamados también a participar. Lo que se ha realizado en Jesús, nuestra Cabeza, tiene que completarse también en nosotros, que somos su Cuerpo.
Éste es un gran misterio para la vida de la Iglesia, pues no se ha de pensar que la transfiguración se producirá sólo en el más allá, después de la muerte. La vida de los santos y el
testimonio de los mártires nos enseñan que, si la transfiguración del cuerpo ocurrirá al final de los tiempos con la resurrección de la carne, la del corazón tiene lugar ya ahora en esta tierra, con la ayuda de la gracia.
Podemos preguntarnos: ¿Cómo son los hombres y mujeres "transfigurados"? La respuesta es muy hermosa: Son los que siguen a Cristo en su vida y en su muerte, se inspiran en Él y se dejan inundar por la gracia que Él nos da; son aquéllos cuyo alimento es cumplir la voluntad del Padre; los que se dejan llevar por el Espíritu; los que nada anteponen al Reino de Cristo; los que aman a los demás hasta derramar su sangre por ellos; los que están dispuestos a darlo todo sin exigir nada a cambio; los que -en pocas palabras- viven amando y mueren perdonando.

 

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Mártires y transfiguración - Lo que se ha realizado en Jesús, nuestra Cabeza, tiene que completarse también en nosotros, que somos su Cuerpo. Éste es un gran misterio para la vida de la Iglesia, pues no se ha de pensar que la transfiguración se producirá sólo en el más allá, después de la muerte. La vida de los santos y el testimonio de los mártires nos enseñan que, si la transfiguración del cuerpo ocurrirá al final de los tiempos con la resurrección de la carne, la del corazón tiene lugar ya ahora en esta tierra, con la ayuda de la gracia. Podemos preguntarnos: ¿Cómo son los hombres y mujeres "transfigurados"? La respuesta es muy hermosa: Son los que siguen a Cristo en su vida y en su muerte, se inspiran en Él y se dejan inundar por la gracia que Él nos da; son aquéllos cuyo alimento es cumplir la voluntad del Padre; los que se dejan llevar por el Espíritu; los que nada anteponen al Reino de Cristo; los que aman a los demás hasta derramar su sangre por ellos; los que están dispuestos a darlo todo sin exigir nada a cambio; los que -en pocas palabras- viven amando y mueren perdonando.

 

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Mártires. Sanguis martyrum, semen christianorum! ¡La sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos! (Tertuliano, Apol., 50,13: CCL 1,171). Esta expresión, acuñada durante las persecuciones de los primeros siglos, debe hoy llenar de esperanza vuestras iniciativas apostólicas y esfuerzos pastorales en la tarea, no siempre fácil, de la nueva evangelización. Contáis para ello con la ayuda inigualable de vuestros mártires. Acordaos de su valor, "fijaos en el desenlace de su vida e imitad su fe. Jesucristo es el mismo ayer y hoy y siempre" (Hb 13,7-8).

Que María, Reina de los mártires, nos ayude a escuchar e imitar a su Hijo. A Ella, que acompañó a su divino Hijo durante su existencia terrena y permaneció fiel a los pies de la Cruz, le pedimos que nos enseñe a ser fieles a Cristo en todo momento, sin decaer ante las dificultades; nos conceda la misma fuerza con que los mártires confesaron su fe.

 

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Debe observarse la antigua tradición de colocar bajo el altar fijo reliquias de Mártires o de otros Santos, según las normas litúrgicas.

 

Las almas de los mártires, bajo el altar, invocan al Señor con grandes gritos: ´¿Hasta cuándo, Dueño santo y veraz, vas a estar sin hacer justicia por nuestra sangre a los habitantes de la tierra?´ (Ap 6, 10). En efecto, los mártires deben alcanzar la justicia al fin de los tiempos. Señor, ¡apresura, pues, la venida de tu Reino! (Tertuliano, or. 5).

 

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El Salmo 143 concluye con las palabras:”Dichoso el pueblo cuyo Dios es el Señor". Dios es el bien de los bienes, la condición de todos los demás bienes. Sólo un pueblo que conoce a Dios y defiende los valores espirituales y morales puede realmente ir hacia una paz profunda y convertirse también en una fuerza de paz para el mundo, para los demás pueblos. Y, por tanto, puede entonar con el salmista el "cántico nuevo", lleno de confianza y esperanza. Viene espontáneamente a la mente la referencia a la nueva alianza, a la novedad misma que es Cristo y su Evangelio.
Es lo que nos recuerda san Agustín. Leyendo este salmo, interpreta también las palabras: ”tocaré para ti el arpa de diez cuerdas". El arpa de diez cuerdas es para él la ley compendiada en los diez mandamientos. Pero debemos encontrar la clave correcta de estas diez cuerdas, de estos diez mandamientos. Y, como dice san Agustín, estas diez cuerdas, los diez mandamientos, sólo resuenan bien si vibran con la caridad del corazón. La caridad es la plenitud de la ley. Quien vive los mandamientos como dimensión de la única caridad, canta realmente el "cántico nuevo". La caridad que nos une a los sentimientos de Cristo es el verdadero "cántico nuevo" del "hombre nuevo", capaz de crear también un "mundo nuevo". Este salmo nos invita a cantar "con el arpa de diez cuerdas" con corazón nuevo, a cantar con los sentimientos de Cristo, a vivir los diez mandamientos en la dimensión del amor, contribuyendo así a la paz y a la armonía del mundo (cf. Esposizioni sui salmi, 143, 16:  Nuova Biblioteca Agostiniana, XXVIII, Roma 1977, p. 677).

 

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Supresión de los Monasterios

Ingleses por Enrique VIII

 

Desde cualquier punto de vista, la destrucción de los monasterios ingleses por Enrique VIII debe ser recordado como uno de los acontecimientos más relevantes del siglo dieciséis. Estos eran vistos en Inglaterra, en el tiempo de la ruptura de Enrique con Roma, como uno de los mayores baluartes del sistema papal. Los monjes habían sido llamados "el gran ejército permanente de Roma". Uno de los primeros resultados prácticos de la asunción de los más altos poderes espirituales por el rey, fue la supervisión por decreto real de las visitas oficiales episcopales, y el nombramiento de un laico – Tomás Cromwell – como el vicario general del rey en asuntos espirituales, con autoridad especial para visitar los monasterios, y de llamarlos al orden con respecto a las nuevas modalidades de las cosas. Esto fue en 1534; y, algún tiempo antes de diciembre de aquel año, fueron hechos los arreglos para un régimen sistemático de visitas. Un documento, fechado el 21 de enero de 1535 permitía a Cromwell liderar las visitas a través de "comisarios" – en lugar de personalmente – dado que el ministro decía estar en dicho tiempo demasiado ocupado con "los asuntos del reino entero". Actualmente está prácticamente admitido que, más aún que la cuestión de estas comisiones de visitas, el proyecto de suprimir algunos, si no fuera posible todos, de los establecimientos monásticos del país, no sólo había sido abordado, sino que se convirtió en parte de las políticas prácticas de Enrique. Es bueno recordar esto, dado que arroja una interesante y en cierta medida inesperada luz sobre las primeras disoluciones: los monasterios estaban condenados con anterioridad a estas visitas, y no como consecuencia de éstas, como estamos acostumbrados a creer de acuerdo con la historia tradicional. El Parlamento había de reunirse temprano en el próximo año, 1536, y, con el doble objeto de revitalizar un agotado Tesoro Público y de anticipar oposiciones de parte de los religiosos debido a los cambios eclesiásticos propuestos, de acuerdo con designios reales, los Comunes fueron movidos a reconocer a Enrique la posesión de al menos los monasterios más pequeños. Sin embargo, esto debió haber sido percibido por el astuto Cromwell, a quien es atribuida la primera concepción del proyecto, que para lograr el éxito, un proyecto de este tipo debía estar sustentando por poderosas aunque simples razones calculadas para atraer a la opinión pública. Algún pretexto decente debía ser encontrado para presentar la medida propuesta de la supresión y confiscación para la nación; difícilmente pueda ser objeto de duda que el recurso de difamar las personalidades de los monjes y monjas fue deliberadamente infundado.

Las visitas comenzaron aparentemente en el verano de 1535, a pesar de que las facultades de visitación de los obispos no fueron suspendidas sino hasta el 18 de septiembre siguiente. Los predicadores fueron asimismo comisionados a recorrer el país en los principios del otoño, a fin de que, por medio de sus invectivas, fuesen educando a la opinión pública en contra de los monjes. Estos oradores fueron de tres clases:

"difamadores", quienes declamaban contra los religiosos como "hipócritas, hechiceros y frívolos, etc.",

"predicadores", quienes decían que los monjes "hicieron a la tierra improductiva", y

aquellos que decían a la gente que , "si las abadías desaparecen, el rey nunca más querrá cobrar ningún impuesto"

Este último fue un argumento favorito de Cranmer, en sus sermones en La Cruz de San Pablo. Los hombres empleados por Cromwell – los agentes encargados de las tareas de recolectar la evidencia requerida – eran principalmente cuatro, Layton, Leigh, Aprice, y London. Ellos estaban bien capacitados para su trabajo, y los cargos que se imputaron contra el buen nombre de por lo menos algunos de los monasterios, por estos emisarios elegidos por Cromwell, son, debe ser confesado, suficientemente atroces, a pesar de que aún sus reportes no confirman la moderna noción de corrupción masiva.

Las visitas parecen haber sido llevadas adelante sistemáticamente, y haber atravesado tres etapas claramente definidas. Durante el verano las casas del Este de Inglaterra fueron objeto de examen, y esta fracción del trabajo llegó a su término para Septiembre, cuando Layton y Leigh llegaron a Oxford y Cambridge respectivamente. En Octubre y Noviembre los visitadores cambiaron el rumbo de sus tareas hacia los distritos del Este y Sudeste, y en Diciembre encontramos a Layton avanzando a través de los condados centrales hacia Lichfield, donde se topó con Leigh, quien había terminado su trabajo en las casas religiosas de Huntingdon y Lincolnshire.. De allí en más ellos prosiguieron juntos hacia el Norte, y llegaron a la ciudad de York el 11 de enero de 1536. Pero con toda prisa, urgidos para ello por Cromwell, ellos no fueron muy lejos en sus trabajos de inspección en el norte antes de la reunión del Parlamento.

De tanto en tanto, mientras desarrollaban sus tareas de visitación, los visitadores, principalmente London y Leigh, enviaron breves reportes a sus empleadores. Prácticamente todas las acusaciones hechas en contra del buen nombre de los monjes y monjas están contenidas en las cartas enviadas en este contexto por los visitadores, y en el documento, o documentos, conocidos como la "Comperta Monastica", los cuales fueron preparados en dicho momento por los mismos visitadores y reenviados a su jefe, Cromwell. No hay disponible ninguna otra evidencia acerca del estado de los monasterios en dicho momento, y la investigación de la verdad de las acusaciones está fundada, en el fondo, sobre el valor de estas palabras de los visitadores. Es fácil, por supuesto, descartar testigos inconvenientes como carentes de mérito, pero en este caso, un más profundo estudio de estas cartas y documentos es más que suficiente para sembrar la duda sobre estos testimonios como completamente carentes de credibilidad.

Es, por supuesto, imposible penetrar en los detalles de las visitaciones. Debemos, entonces, pasar al segundo escalón de esta disolución. El Parlamento se reunió el 4 de febrero de 1536, y el principal asunto que fue mencionado para tratar fue la consideración y sanción de la ley de supresión de las más pequeñas casas religiosas. Puede resultar bueno puntualizar exactamente qué es conocido acerca de este tema. Sabemos, por cierto, que el propósito del rey de suprimir las pequeñas casas religiosas dio origen a un extenso debate en la Cámara Baja, y que el Parlamento dio paso a la medida con gran renuencia. Es más que destacable, por otra parte, que en el preámbulo de la misma Acta, el Parlamento es cuidadoso en deslindar la entera responsabilidad de la medida en el rey, y en declarar, si las palabras significan algo, que tomaban la verdad de los cargos en contra del buen nombre de los religiosos, exclusivamente sobre la "declaración" del rey, quien debía conocer la veracidad de los cargos. Además debe ser recordado que un simple hecho prueba que las actuales acusaciones o "comperta" -- tanto en los formularios de los visitadores, o en el mítico "Libro Negro"-- nunca habían sido presentadas ante el Parlamento para su consideración en detalle, menos aún para su examen crítico y juicio.. Tenemos los documentos "Comperta" – los hallazgos de los visitadores, cualquiera sea su valor, mientras hacían sus rondas, entre los papeles estatales – y puede verse fácilmente que no se hace ninguna distinción en ellos entre las casas grandes y las pequeñas. Todas están, para usar una expresión familiar, "cortadas por la misma tijera", esto significa, que todas están igualmente manchadas por las groseras afirmaciones de Layton y Leigh, de London y Aprice. "La idea de que los pequeños monasterios en mayor medida que los grandes estaban particularmente plagados de vicio", escribe el Dr. Gairdner, el editor de los diarios del Estado de este período, "no surge a partir de la ´Comperta´." Más aún, el preámbulo de la misma Acta, que suprimió los pequeños monasterios debido a las viciadas condiciones de vida, declara positivamente que "en los grandes y solemnes Monasterios del reino", la religión era bien observada y Dios era bien servido. ¿Puede ser imaginado por un momento que esta afirmación puede haber encontrado su camino dentro del Acta del Parlamento, han sido los reportes, "o Comperta", de los visitadores puestos sobre la mesa de la Casa de los Comunes para la inspección de sus miembros? Estamos, en consecuencia, conminados por este hecho a aceptar como histórica la consideración dada en el preámbulo de la primer Acta de Disolución: que la medida fue tomada por la presión de la "declaración" del rey acerca de que los cargos contra las casas pequeñas eran verdaderos, y eso es todo solamente.

En su forma final la primer medida de supresión simplemente promulgaba que todas las casas religiosas que no poseyesen un ingreso de más de 200 libras al año debían ser cedidas a la Corona. Los superiores de tales casas habrían de recibir pensiones, y los religiosos, a pesar de que se alegaba que varios de ellos eran depravados, habrían de ser admitidos en los monasterios mayores y más observantes, o si no habrían de ser licenciados para actuar como sacerdotes seculares. La infame medida fijada por el Acta fue , de este modo, una medida pecuniaria. Todos los establecimientos monásticos que cayesen por debajo del promedio de "buena vida" de ingresos de 200 libras al año habrían de ser dados al rey para ser dispuestos según su "agrado, por el honor de Dios y la riqueza del reino".

Este límite de dinero prestó de inmediato lo necesario, como un primer paso en la dirección de la disolución, para averiguar cuales casas estaban al alcance de la acción del Acta.. Tan pronto como en abril de 1536 (menos de un mes desde la vigencia de la medida), podemos encontrar comisiones mixtas de oficiales y caballeros de la ciudad congregados en consecuencia para realizar inspecciones en las casas religiosas, e instrucciones emitidas para su orientación. Los resultados obtenidos por estos comisionados son de la mayor importancia en la determinación del estado moral de las casas religiosas en el momento de su disolución. Actualmente está bajo disputa que las acusaciones de los visitadores de Cromwell fueron hechas con antelación a, y no después (como la mayoría de los escritores han supuesto erróneamente), la constitución de estas comisiones mixtas de nobles y oficiales. El principal propósito por el cual los comisionados fueron nominados fue, por supuesto, para encontrar cuáles casas poseían ingresos menores a 200 libras por año, y apoderarse de ellas en nombre del rey, como legalmente pertenecientes a Su Majestad, en virtud del Acta. Los nobles y los oficiales fueron instruidos, sin embargo, para investigar y reportar sobre el estilo de vida de los religiosos, o en otras palabras estaban dirigidos especialmente a examinar sobre el estado moral de las casas visitadas. Desafortunadamente, actualmente se conoce de la existencia de comparativamente pocos de estos reportes de las comisiones mixtas, a pesar de que algunos habían sido descubiertos, los cuales eran desconocidos para el Dr. Gairdner cuando realizó su "Calendario" de los documentos de 1536. Sin embargo, afortunadamente, los reportes existentes trataban expresamente de algunas de las mismísimas casas contra las cuales Layton y Leigh habían hecho sus pestilenciales insinuaciones. Una vez que la supresión fue resuelta y hecha legal, no les importó a Enrique o Cromwell que los residentes pudieran ser descriptos como "riñones del mal"; y entonces los nuevos comisionados rehabilitaron a los religiosos de las mismas casas como reales observantes de "un virtuoso estilo de vida", y esto, no sólo en el caso de una casa o distrito, sino, como Gairdner dice, "la reputación de los residentes es casi uniformemente buena"

Para prepararse para la recepción del esperado botín, fue establecida la que se conoció con el nombre de Oficina de Aumentos, y el señor Tomás Pope fue nombrado como su primer tesorero, el 24 de abril de 1536. En ese mismo día algunas instrucciones fueron emitidas para la guía de las comisiones mixtas en el trabajo de disolver los monasterios. De acuerdo con dichas directivas, los comisionados, habiendo entrevistado al superior y mostrándole el "Acta de Disolución", debían lograr que todos los oficiales de la casa jurasen contestar con la verdad a cualquier pregunta que se les hiciera. . Ellos debían luego examinar tanto el estado moral y financiero de los establecimientos, y reportar acerca de ellos, así también como acerca del número de religiosos y "el estilo de vida que llevaban". Después de eso, se debía tomar un inventario de todos los bienes, muebles y platería, y un "aprendiz" u homólogo de lo mismo debía ser dejado con el superior, fechando a partir del 1 de marzo de 1536, porque a partir de tal fecha todo había pasado a posesión del rey.. De allí en adelante, el superior habría de ser considerado responsables por la custodia de la propiedad del rey. Al mismo tiempo, los comisionados emitirían sus órdenes hacia las cabezas de las casas tendientes a no recibir ninguna renta en nombre del convento, ni a gastar más dinero, excepto para las expensas más necesarias, hasta que la voluntad del rey fuese conocida. Ellos quedaban, sin embargo, estrictamente ligados a continuar el cuidado de las tierras, y "sembrar y cultivar" como antes, hasta tanto algún granjero del rey fuera citado y los relevaran en dicha tarea. En cuanto a los monjes, al oficial le fue dicho "que mandase a aquellos que permanecerían en el estado religioso a otras casas con cartas a los gobernadores, y a aquellos quienes deseasen volver al mundo al Lord de Canterbury y al Lord canciller" a fin de que recibiesen algunos beneficios o viáticos que pudiesen ser encontrados para ellos.

Un hecho curioso acerca de la disolución de los monasterios más pequeños merece una especial atención. Ni bien el rey hubo obtenido la posesión de estas casas al valor de 200 libras por año, luego comenzó a refundar algunos "a perpetuidad" bajo un nuevo estatuto. En este sentido no menos de cincuenta y dos casas religiosas en varias partes de Inglaterra ganaron un respiro temporario con respecto a la extinción, El costo, sin embargo, era considerable, no sólo para los religiosos, sino también para sus amigos. La propiedad fue nuevamente confiscada y los religiosos fueron finalmente erradicados, antes de que hubieran sido capaces de devolver las sumas prestadas con vistas a adquirir este muy estrecho favor de manos del poder legal y real. Hablando en plata, el tesorero de la Oficina de Aumentos admite haber recibido, como simple "parte de pago de las cuantiosas sumas de dinero debidas al rey por multas o componendas por la tolerancia y continuidad" de parte de sólo treinta y uno de esos monasterios refundados, alrededor de 5948 libras 6s. 8d. o algo menos, probablemente, que 60.000 equivalentes en moneda de 1910. Sir Tomás Pope, el mismo tesorero de la Oficina de Aumentos, ingeniosamente agregó que él no había tenido en cuenta los atrasos adeudados a la oficina bajo su mandato, "ya que todos y cada uno de los citados monasterios, antes del cierre de las cuentas, han ingresado en las manos del rey por rendición, o por la autoridad del Parlamento han sido agregadas al aumento de los ingresos reales." "Por esta razón", agrega él, "el rey ha remitido todas las sumas de dinero aún adeudadas a él, como el residuo (residue) de las multas originadas por su protección real". Las sumas pagadas por las nuevas fundaciones "en perpetuidad", las cuales en realidad, tal como mostraron los hechos, significaron sólo una tregua de un puñado de años aproximadamente, variaron considerablemente. A modo de regla estas representaban acerca de tres veces los ingresos anuales de la casa, pero en ocasiones, como en el caso de Santa María, Winchester, la cual fue multada con 333 libras 6s. 8d., para dejarla continuar, ella fue reestablecida con la pérdida de algunas de sus más valiosas posesiones.

Es en cierta manera difícil de estimar correctamente el número de casas religiosas que pasaron a posesión del rey en virtud del Acta del Parlamento de 1536. La estimación de Stowe es en general apreciada como suficientemente cerca de la cifra, y él afirma: "el número de casa suprimidas entonces fue de 376". Con respecto al valor de las propiedades, la estimación de Stowe también resultaría ser sustancialmente correcta cuando indica unas 30.000 libras, o algo así como 300.000 libras equivalentes en moneda de 1910, como el ingreso anual derivado de las confiscaciones de tierra. No puede ser dudado, empero, que subsecuentemente las promesas de altos ingresos anuales de parte de los viejos estados religiosos resultaron ilusorios, y con todo esto, a pesar de las míseras rentas de las granjas de la Corona, las parcelas produjeron menos dinero para la cartera real que lo que previamente lo habían hecho bajo la frugal administración y supervisión personal de sus dueños anteriores.

Para la valuación de los tesoros provenientes de las arruinadas y desmanteladas casas, donde el derroche era en todas partes tan grande, es naturalmente difícil de estimar la valuación de la platería, y joyas que fueron enviadas en especies hasta la tesorería del reino, y los beneficios derivados de la venta de plomo, campanas, existencias, mueblería, y hasta los edificios conventuales. Es, sin embargo, razonablemente cierto que Lord Herbert, siguiendo a Stowe, haya situado la cantidad realmente recibida en una cifra muy superior. No, por supuesto, que tales bienes no hayan valido bastante más que alrededor de 100.000 libras, tal como él las estimó, pero nada similar a dicha suma fue realmente recibida o reconocida por Sir Tomás Pope, como tesorero de la Oficina de Aumentos. La corrupción, sin lugar a dudas, existía en todas partes, desde el menor de los vigilantes de las comisiones de visitantes hasta el más alto oficial de la Corte. Pero de acuerdo con las innumerables maneras en las cuales las posesiones de los monasterios pudieron ser saqueadas en el proceso de transferencia hacia su nuevo poseedor, no puede estar muy por debajo de la cifra, para valuar esas "Pequeñas migajas de Robin Hood", tal como Stowe los llama, de alrededor de 1.000.000 de libras en moneda de 1910.

Algo debe necesariamente ser dicho acerca del corriente proceso que fue seguido por los agentes de la Corona en la disolución de estos monasterios menores. Fue más de lo mismo en todos los casos, y fue de algún modo un prolongado proceso, dado que el trabajo no fue todo realizado en un día. Las actas, enviadas a la Oficina de Aumentos por los comisionados, mostró que era frecuentemente cuestión de esperar seis o siete semanas antes que cualquiera de las casas fuera finalmente desmantelada y sus ocupantes hubieran sido todos echados fuera.. El jefe de los comisionados asistió en dos visitas oficiales a la escena de las operaciones durante el transcurso del trabajo. En el primer día ellos reunieron al superior y a sus subordinados en la Casa Capitular, anunciaron a la comunidad y a sus dependientes su inminente destino, requirieron y ajaron el sello del convento, el símbolo de la existencia corporativa, sin la cual ningún negocio puede ser realizado; profanaron la iglesia, tomaron posesión de la mejor platería y vestiduras para uso del rey; midieron el plomo sobre el techo y calcularon su valuación posterior a la fundición, contabilizaron las campanas, y estimaron las mercaderías y los bienes muebles de la comunidad. Más tarde ellos pasaron a la escena de sus siguientes operaciones, dejando tras ellos ciertos oficiales subordinados y trabajadores para llevar a cabo la designada destrucción removiendo los techos y demoliendo las canaletas; fundiendo el plomo en cerdos y forraje, tirando abajo las campanas, destruyéndolas con mazas y envasando el metal en barriles listos para la visita de los especuladores y sus ofertas por los tesoros. Esto fue complementado por la tarea de recolección de los muebles y su venta, juntamente con los marcos de las ventanas, postigones, y puertas por subasta pública u ofertas privadas. Cuando todo esto había sido hecho, los comisionados regresaron para auditar las cuentas y para autosatisfacerse en general de que el trabajo de devastación había sido alcanzado de acuerdo con los allegados del rey. – que el nido había sido destruido y los pájaros ahuyentados – que lo que había sido un monumento de belleza arquitectónica en el pasado era ahora un "coro desnudo y sin techo, donde luego las dulces aves cantaron."

Ni bien hubo comenzado el proceso de destrucción simultáneamente por todo el país, la gente comenzó finalmente a darse cuenta de que los beneficios que se esperaban acumular para ellos como resultado de los saqueos eran ampliamente ilusorios. Cuando esto fue entendido, fue primeramente elevada la propuesta de presentar una petición al rey desde los Lords y los Comunes, denunciando el daño evidente que debía ocurrir al país entero si la medida fuese llevada a cabo completamente, y requiriendo que el Acta de Supresión debería ser detenida inmediatamente, y que las casas menores, que no hubieran sido disueltas bajo la autoridad del Acta de 1536, deberían ser conservadas.. Nada, por supuesto, ocurrió con este intento. El apetito de Enrique fue abierto por lo que había ya recibido, y él sólo ambicionaba más de los tesoros de la Iglesia y de los pobres. La acción del Parlamento en 1536 de permitir que la primer medida se convirtiera en ley, hizo en realidad mucho más difícil para Enrique la retractación, y en muchos sentidos no hizo más que preparar el terreno para las disoluciones generales. Aquí y allá, en todo el país, se organizó activa resistencia contra el trabajo de destrucción, y en el caso de Lincolnshire, Yorkshire, y el Norte en general, el levantamiento popular de la "peregrinación de gracia" fue causado mayoritariamente, o al menos en gran medida, por el deseo de la gente de salvar las casas religiosas de la despiadada destrucción. El fracaso de la insurrección de la "Peregrinación de Gracia" fue celebrada a través de la ejecución de doce abades, y, para utilizar las propias palabras de Enrique, a través de un masivo "paro forzoso" de monjes.. Por un nuevo e ingenioso proceso, llamado apropiadamente "Disolución por Proscripción", una abadía era considerada por los consejeros reales de caer en las manos del rey por la supuesta o tácita traición de sus superiores. De este modo, varias de las más grandes abadías, con todas sus rentas y posesiones, cayeron en manos de Enrique como consecuencia de la "Peregrinación de Gracia".

El Parlamento de 1536, debe ser recordado, había reconocido a Enrique la posesión solamente de aquellas casas cuya valuación anual fuera menor a 200 libras. Lo que ocurrió durante los siguientes tres años que sucedieron a la entrada en vigencia del Acta fue sintéticamente esto: el rey estaba insatisfecho con los actuales resultados de lo que él había supuesto se iría a convertir en una verdadera mina de oro. Personalmente, tal vez, él no había ganado tanto como había esperado de las disoluciones que habían tenido lugar. La propiedad de los monjes de algún modo parecían malditas por su origen, ya que pasaron de su control hacia otras mil y una directivas, y él pronto estuvo sediento por un premio mayor, el cual, como quedó en evidencia, fue igualmente incapaz de guardar para sus usos particulares. Por sus instrucciones, los visitadores fueron una vez más puestos en marcha en contra de las grandes abadías, en las cuales, de acuerdo con el Acta de 1536, la religión era "rectamente observada". No habiendo recibido ningún mandato del Parlamento para autorizar la extensión de sus procedimientos, los agentes reales, ansiosos de ganarse un lugar en los favores del rey, estuvieron muy ocupados a lo largo de todo el país, engatusando, coercionando, ordenando y amenazando a los miembros de las casas religiosas de modo de forzarlos a renunciar a sus monasterios y dejarlos a merced de la Majestad del rey. Tal como el Dr Gairdner lo apunta: "a través de varios recursos y medios los superiores de estos establecimientos fueron inducidos a la rendición, y ocasionalmente cuando un abad era encontrado culpable, como en el caso de Woburn, de haber cometido traición en el sentido en que lo estipulaban los recientes estatutos, la casa (por una extensión de las leyes tiránicas) era expropiada en favor del rey por su proscripción. Pero los casos de proscripción eran ciertamente la excepción, las rendiciones eran la regla general."

El otoño de 1537 vio el comienzo de la caída de los frailes en Inglaterra.. Por alguna razón, posiblemente por su poderío, ellos no habían sido alcanzados bajo el Acta de 1536. Por el lapso de un año después de la "Peregrinación de Gracia" pocas disoluciones de casas, aparte de aquellas que pasaron a manos del rey a través de la proscripción de sus superiores, son recordadas. Con la fiesta de San Miguel, en 1537, sin embargo, además de los conventos de frailes, por algunos medios u otros, las rendiciones de las casas más grandes ocurrieron rápidamente. Las instrucciones proporcionadas a los agentes reales son claras. Estos debían, por todos los métodos conocidos para ellos, tener a los religiosos "deseosos de consentir y acordar" su propia extinción. Solamente recién cuando ellos descubrieron "algunos de esos líderes y conventos, tan apenados por ser disueltos, tan testarudos y obstinados que no irían a entrar en razón" para acordar con firma y sello sus propias garantías de muerte, fue que los comisionados fueron autorizados por instrucciones de Enrique a "tomar posesión de la casa" y su propiedad por la fuerza. Y mientras todo esto era pergeñado, los agentes reales fueron ordenados a declarar que el rey no tenía designios de cualquier tipo sobre la propiedad monástica o un sistema similar, o ningún deseo de asegurar la supresión total de las casas religiosas. Ellos fueron instruidos de que a cualquier precio pusieran fin a tales rumores, los cuales eran naturalmente abundantes a lo largo de todo el país en dicho momento. Esto hicieron ellos, y el inescrupuloso Dr. Layton declaró que él le había dicho a la gente de todos los sitios que "en esto ellos calumniaron completamente al Rey, su señor natural". El les ordenó no creer tales reportes, y el "mandó a que los abades y priores les fueran puestos cepos" por haber relatado tales cosas alejadas de la verdad. Era, sin embargo, tal como puede imaginarse, más que difícil de suprimir el rumor mientras la propia situación estaba continuando. En 1538 y 1539 unos 150 monasterios de hombres fueron detectados de haber firmar la cesación su existencia corporativa y su propiedad, y por un acto formal cedido todos sus derechos al rey.

Cuando el trabajo hubo progresado lo suficiente el nuevo Parlamento, que se reunió en Abril de 1539, después de haber observado que diversos abades y otros habían rendido sus casas a manos del rey, "sin apremios, coerción, u compulsión", confirmó esas rendiciones y destinó todas las posesiones de los monasterios así obtenidas en manos de la Corona. Finalmente en el otoño de aquel año, el triunfo de Enrique sobre las órdenes monásticas fue completado por medio de las horribles muertes por traición tácita de los tres grandes abades de Glastonbury, Colchester, y Reading. Y así, tal como ha dicho un escritor, "antes de que el invierno de 1540 se hubiera establecido, la última de las abadías había sido añadida a las ruinas con las cuales la tierra había sido sembrada desde un extremo hasta el otro."

Es difícil, por supuesto, estimar el número exacto de religiosos y casas religiosas suprimidas en aquel tiempo en Inglaterra. Poniendo todas las fuentes de información juntas, pareciera ser que los monjes y canónicos regulares expulsados de los más grandes monasterios fueron unos 3.200 de número, los frailes 1.800, y las monjas, 1.560. Si a esto debe ser sumado el número de aquellos afectados por la primera Acta del Parlamento, sería probablemente no lejano a la verdad decir que el número de religiosos hombres y mujeres expulsados de sus casas por la supresión eran, en números redondos, cerca de 8000. Además de ellos, por supuesto, han habido probablemente más diez veces esa cifra de personas derivadas de su rumbo quienes eran sus dependientes, o contrariamente habían obtenido su pasar en su servicio.

Si ya resulta difícil determinar, con alguna certeza, el número de los religiosos en la Inglaterra monástica para la época de las disoluciones de los monasterios, es aún más difícil brindar alguna estimación precisa de las propiedades involucradas. Velozmente calculada, la valuación anual de la totalidad de las propiedades que pasaron a manos de Enrique fue de unos 171.312 libras. Otras valuaciones la han situado aún más arriba, y así es que un cálculo moderno de la valuación anual en aproximadamente 200.000 libras, o unos 2.000.000 de libras en moneda de 1910, probablemente no es excesivo. Por lo tanto, como una estimación aproximada, puede ser tomado en cuenta que con la caída de los monasterios, un ingreso de cerca de dos millones de libras esterlinas por año, según la valuación monetaria de 1910, fue extraído de la Iglesia y los pobres, y transferido a las arcas reales.

Debe ser, sin embargo, inmediatamente señalado que Enrique evidentemente nunca obtuvo nada equivalente a dicha suma de la transacción. La valuación del capital fue tan disminuida por concesiones gratuitas, ventas de tierras a valor nominal, y por numerosas otras maneras, que en realidad, durante los once años comprendidos entre 1536 to 1547, la contabilidad de la Oficina de Aumentos mostraba que el rey solamente recibió un promedio anual de ingresos de 37.000 libras, o 370.000 libras en moneda equivalente de 1910, por propiedades que, en las manos de los monjes, hubieran probablemente producido cinco veces dicha cifra. Hasta donde puede inferirse a partir de las cuentas aún existentes, el total recibido por el rey debido a las confiscaciones de los monasterios desde abril de 1536, hasta la Sanmiguelada de 1547, era de alrededor de trece millones y medio en moneda de 1910, a lo cual debe ser añadido cerca de un millón de esterlinas, debido al valor de la fundición de la platería de los monasterios. De esta suma, sin contar la vajilla y las joyas, unos tres millones fueron gastados por el rey personalmente, 600.000 libras fueron gastadas en los palacios reales, y cerca de medio millón en los gastos domésticos del Príncipe de Gales. Más de cinco millones en esterlinas son imputadas bajo el rubro de gastos de guerra, y casi 700.000 libras fueron gastadas en la defensa de las costas. Las pensiones concedidas a personas religiosas sumaron unos 330.000 libras, y un curioso ítem de 6.000 libras es imputado como gasto "para asegurar la rendición de la Abadía de Abingdon."

FRANCIS AIDAN GASQUET
Transcrito por Marie Jutras
Traducido por Christian Longarini

 

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El protestantismo y la imprenta, junto con otras condiciones históricas, van a ocasionar en el libro cristiano cambios muy profundos. De una parte, los libros se van a multiplicar rápidamente, y de otra, el libre examen subjetivista va a erosionar notablemente el aprecio por la Tradición eclesial y por el Magisterio apostólico, colocando a los teólogos por encima de los pastores en la determinación y predicación de la fe cristiana.

En el mismo campo católico, vemos con alarma que a partir del XVI no pocas veces la mediocridad cuantitativa va prevaleciendo sobre la excelencia cualitativa, y que cualquier Despertador de conciencias dormidas, o cosa semejante, alcanza a veces mayor difusión que las obras de un San Juan de la Cruz. Cuando exploramos las bibliotecas importantes de estos siglos, en conventos o universidades, nos quedamos abrumados al ver la cantidad de piadosa morralla allí acumulada desde la invención de la imprenta. Encontramos también en ellas, sin duda, las obras excelentes, pero están semiocultas en la abundancia de la vulgaridad. Se hace patente ya un cambio muy marcado con respecto a las bibliotecas antiguas. Ahora la cantidad predomina sobre la calidad. La calidad está perdida entre la cantidad.

 

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La contribución de la Iglesia: 

perdón y reconciliación


En este marco, podemos preguntarnos cuál ha de ser la contribución específica que la Iglesia católica está llamada a dar, no sólo a la actual Conferencia de Durban, sino también, más en general, a la lucha contra el racismo, la discriminación racial, la xenofobia y la intolerancia.
La primera respuesta, obligada, es que,  dado  que  del corazón del hombre nacen los asesinatos, las maldades, la envidia, la soberbia y la insensatez (cf. Mc 7, 21), en este nivel es donde la contribución de la Iglesia católica, con sus constantes llamadas a la conversión personal, es más importante e insustituible.

En efecto, es preciso ante todo dirigirse al corazón del hombre, porque es el primero que necesita purificarse para que no reinen en él ni el miedo ni el espíritu de dominio, sino la apertura a los demás, la fraternidad y la solidaridad. De ahí el papel fundamental de las religiones y, en particular, de la fe cristiana, que enseña la dignidad de todo ser humano y la unidad del género humano. Y, si la guerra o situaciones graves convirtieran a otros hombres en enemigos, el primer mandamiento cristiano, y el más radical, es precisamente el del amor al enemigo y responder al mal con el bien.

Al cristiano no se le permite tener propósitos o comportamientos racistas o discriminatorios, aunque, por desgracia, esto no siempre se vive en la práctica, y no siempre se ha cumplido a lo largo de la historia. A este respecto, el Papa Juan Pablo II quiso que el Año jubilar 2000 se caracterizara por repetidas peticiones de perdón en nombre de la Iglesia, a fin de que la memoria de la Iglesia fuera purificada de todas las "formas de antitestimonio y de escándalo" (Tertio millennio adveniente, 33) que se sucedieron en el decurso del milenio pasado.

En efecto, en ciertas situaciones acontece que el mal sobrevive a quien lo ha realizado, a través de las consecuencias de los comportamientos, y estos últimos pueden convertirse en pesadas cargas que gravan sobre la conciencia y la memoria de los descendientes. Entonces resulta necesaria una purificación de la memoria:  "Purificar la memoria significa eliminar de la conciencia personal y común todas las formas de resentimiento y de violencia que la herencia del pasado haya dejado, sobre la base de un juicio histórico-teológico nuevo y riguroso, que funda un posterior comportamiento moral renovado (...), con vistas al crecimiento de la reconciliación en la verdad, en la justicia y en la caridad entre los seres humanos y, en particular, entre la Iglesia y las diversas comunidades religiosas, culturales o civiles con las que entra en relación" (Comisión teológica internacional, Memoria y reconciliación:  la Iglesia y las culpas del pasado, n. 1).

La petición de perdón afecta en primer lugar a la vida de los cristianos que forman parte de la Iglesia; sin embargo, "es legítimo esperar que los responsables políticos y los pueblos, sobre todo los que se hallan implicados en conflictos dramáticos, alimentados por el odio y el recuerdo de heridas a menudo antiguas, se dejen guiar por el espíritu de perdón y reconciliación testimoniado por la Iglesia, y se esfuercen por resolver sus contrastes mediante un diálogo leal y abierto" (Juan Pablo II, Discurso a los participantes en un congreso internacional sobre la Inquisición, 31 de octubre de 1998, n. 5:  L´Osservatore Romano, edición en lengua española, 6 de noviembre de 1998, p. 2).

El perdón, acto de amor gratuito, tiene sus exigencias:  es necesario reconocer el mal que se ha realizado y, en la medida de las posibilidades, remediarlo. Por consiguiente, la primera exigencia es el respeto a la verdad. En efecto, la mentira, la deslealtad, la corrupción, la manipulación ideológica o política hacen imposible entablar relaciones sociales pacíficas. De ahí la importancia de procesos que permitan establecer la verdad, procesos necesarios pero delicados, pues la investigación de la verdad corre el peligro de transformarse en sed de venganza.

1998

 

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Recomendamos vivamente: ‘Historia de la Inquisición en España y América’ – El conocimiento científico y el proceso histórico de la Institución (1478-1834). Obra dirigida por don Joaquín PÉREZ VILLANUEVA y Bartolomé ESCANDELL BONET. Es una elevada tarea historiográfica con planteamientos científicos, bases documentales, tratamiento y lenguaje actuales.

Editorial: BAC- Centro de estudios inquisitoriales- Madrid-España.

 

La Inquisición – la institución, quizás más polémica de cuantas han existido –porque el formidable proceso de secularización moderna la fue convirtiendo paulatinamente en una de las muestras de la mentalidad pretérita más incomprensibles para nuestra sociedad, de valores normativos antitéticos a los de aquella lógica histórica, y porque, por otra parte, ha sido siempre el arma preferida para la batalla ideológica contra determinadas realidades históricas-, no había sido objeto de una Historia amplia, por parte de los españoles, desde la obra del afrancesado José Antonio Llorente, aparecida en los primeros lustros del siglo XIX.

 

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Inquisición. (Del lat. inquisitĭo, -ōnis).1. f. Acción y efecto de inquirir.

Inquirir. (Del lat. inquirĕre).1. tr. Indagar, averiguar o examinar cuidadosamente algo.

Inquisición proviene precisamente de inquirir, función primordial, como lo es hoy, de un tribunal.

El comisario de la Inquisición en España, podía ser un comisario político-regio como en otros casos un religioso; el Consejo de la Inquisición podía estar compuesto por religiosos pero no necesariamente todos y, según los períodos, estaba encaminado -bajo las directivas reales- para controlar al máximo las estructuras del Santo Oficio, con normativas a fines políticos o privilegios reales.

 

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Inquisición - “Criticar a la Iglesia actual con el viejo argumento de la Inquisición es igual que atacar a los indígenas de México por sacrificios humanos de hace más de 500 años.

En el caso de la Inquisición hay que decir que instituciones semejantes hubo tantas como religiones había. No sólo hubo una Inquisición católica. Además, para esas épocas, un ataque a la religión de un país -sea católica, luterana, anglicana o calvinista- suponía un acto de desestabilización del gobierno, como hoy pueden serlo el terrorismo o las guerrillas.

En cuanto a la Inquisición española, considerada la más terrible, en su momento de mayor auge, entre 1540 y 1700, los condenados a la hoguera fueron 1.346, que representan un 1,9% de todos los procesados (investigación de Heningsen y Contreras). En cambio, la Revolución Francesa, tan alabada hasta el día de hoy, en pocos días, llevó a la guillotina cifras muy superiores al período citado; además, por ejemplo, exterminó a prácticamente todos los habitantes de la región de la Vandeé y arrasó con gran cantidad de edificios y objetos de arte religiosos de enorme valor cultural. Todo eso en nombre de la libertad, igualdad y fraternidad.

Mi intención con esta carta no es exculpar a la Inquisición de nada y a modo de “empate” condenar la Revolución Francesa; sólo pongo algunos hechos sobre la mesa para hacer ver que fácil es lanzar frases fuera de contexto y condenar ciertas épocas e instituciones; y, al mismo tiempo, pasar por alto otros períodos más afines desde un punto de vista ideológico”.
Gonzalo Verbal Stockmeyer - Estudiante de Licenciatura en Historia
Universidad de los Andes. Chile - Lunes, abril 24, 2006

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“La Ilustración procuró entender y definir las normas morales fundamentales desde la afirmación de que tales normas serían válidas «etsi Deus non daretu» aun en el caso de que Dios no existiera... Llevar al extremo nuestro intento de comprender al hombre prescindiendo totalmente de Dios nos conduce cada vez más al borde del abismo, o sea, a prescindir completamente del hombre. Por tanto, tendremos que dar la vuelta al axioma de los ilustrados y afirmar que aun el que no logra encontrar el camino de la libre aceptación de Dios debería tratar de vivir y organizar su vida «veluti si Deus daretur», como si Dios existiera. Que ése es el consejo que da Pascal a su amigo agnóstico: empieza con la locura de la fe, y terminarás en el conocimiento”.

 

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Medioevo - Se podría decir que, en cierto modo, la Edad Media sí estaba sumida en la oscuridad; pero no porque fuese oscura en sí misma, sino por lo poco que de ella se sabía. Entre los siglos XVII y XIX comenzó una lenta pero progresiva valorización del Mundo Medieval, a medida que se publicaban grandes colecciones de fuentes y documentos (las Acta Sanctorum, la Monumenta Germaniae Historica, el Rerum Italicarum Scriptorum, el Corpus Scriptorum Historiae Byzantinae, o las Patrología Griega y Latina, entre otras).
En los últimos años los estudios históricos de la época que cubre desde el siglo V al XV han hecho progresos notables; aplicando nuevas metodologías de estudio y recurriendo a ciencias auxiliares de la historia (arqueología y filología, entre otras), los estudiosos Marc Bloch, Henri Pirenne, Louis Halphen, Georges Duby, Régine Pernoud, Jacques Le Goff, por nombrar algunos, y, en nuestro país, los trabajos de Héctor Herrera Cajas- han develado ante nuestros ojos un mundo enteramente nuevo, donde no solamente comparecen hechos de carácter político, sino también de índole social o económica, un mundo lleno de matices, aproximándose a la vida cotidiana y a la mentalidad de la época.
Hoy podemos comprender los tiempos medievales como una rica etapa histórica durante la cual se formó nuestra Civilización Cristiana Occidental a partir de diversos aportes culturales del Mundo Antiguo, del judeo-cristianismo y, por cierto, del Mundo Bárbaro (germanos, esteparios, musulmanes, etc.).

El concepto de Edad Media según José Marín - domingo, mayo 07, 2006

Apologética Histórica

"Afortunadamente, el cristianismo, a diferencia de las ideologías, tiene siempre una doctrina buena, cierta y definitiva que le permite rectificar los errores prácticos en los que pueden incurrir algunos de sus miembros: el Evangelio". Beatriz Comella.

 

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De hombres, hechos, notas y acontecimientos de tal época para comprender el contexto:

 

San Carlos Borromeo

«Dilexit Ecclesiam» amó a la Iglesia Católica

¡Laudetur Iesus Christus!


SAN CARLOS BORROMEO 1538-1584, nacido en 1538 en la ribera del Lago Mayor (Lombardía), fue llamado a Roma en 1558 por su tío el Papa Pío IV, que le confió el gobierno de los negocios eclesiásticos, nombrándole cardenal. A sus veintidós años, Borromeo se convertía en el primer Secretario de Estado en el sentido moderno de la función.-

Como tal trabajó con denuedo por llevar a buen fin las últimas sesiones del Concilio de Trento (1562-1563). Al morir Pío IV (1565), Carlos Borromeo pasó a Milán, de donde había sido nombrado arzobispo dos años antes. El joven prelado no tuvo en adelante otro anhelo que hacer poner en práctica en su Iglesia las prescripciones del Concilio.-

El cardenal Borromeo realizó plenamente el modelo de obispo postulado por el Concilio de Trento: reformador del clero por medio de sínodos y con la fundación de los primeros seminarios, restaurador de las costumbres del pueblo con sus visitas pastorales, que se extendían hasta los valles suizos, creador de múltiples obras sociales, padre de la ciudad hasta llegar a ofrecer su propia vida por ella con ocasión de la peste de 1576, vivo ejemplo de hombre evangélico...

Si es cierto que resultaba de austera apariencia y de mano a veces dura era porque primero se exigía a si mismo. Es comprensible que Milán le haya concedido un puesto de privilegio junto a San Ambrosio entre sus padres en la fe. Pero el influjo de San Carlos superó las fronteras de Lombardía: todos los obispos reformadores trataron de reproducir el modelo de su acción pastoral. Murió en 1584.

 

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El Obispo es el pastor de la Iglesia.

El Obispo de Roma es el Sumo pontífice - primus inter pares

 

S.TOMÁS DE VILLANUEVA, OBISPO 14881555

«Dilexit Ecclesiam» amó a la Iglesia Católica


Tomás García y Martínez de Castellanos nació en Fuenllana, aun cuando sus padres vivían normalmente en Villanueva de los Infantes (Ciudad Real, 1488), dentro de una familia de molineros que sabían distribuir el pan, en su más literal sentido, con los necesitados.-

Esta lección constante de la limosna, aprendida desde la cuna, le acompañaría durante toda la vida a Tomás. En 1516 ingresó entre los ermitaños de San Agustín, en Salamanca. Consagrado a la predicación, más aún con el testimonio de su vida que con la palabra, se conservan aún seis volúmenes de sus sermones, que hacen ver "la enorme fatuidad" son sus palabras de los que pretenden resplandecer mucho con la lámpara de la cultura desprovista del óleo de la caridad.-

Pero Dios quería que la lámpara de Tomás fuera colocada en un lugar más alto para que iluminara a mayor distancia en la casa del Señor: prior, provincial y comisario de su Orden, y finalmente arzobispo de Valencia (1545).-

En todos estos pasos siguió entregando todo a todos y entregándose a sí mismo por medio de su predicación, de las constantes visitas a parroquias, hospitales y cárceles y abriendo su propio hogar a todos los necesitados. «Amad, ricos, a los pobres, hermanos vuestros, redentores vuestros», decía a todos aquellos que habían recibido algún talento y sentían la tentación de enterrarlo.-

Y el santo arzobispo caminaba delante con su ejemplo llevado del «espíritu de caridad que le impulsó a entregarse constantemente por la iglesia». Cristo, María y los sacramentos eran el constante alimento que nutría tal espíritu.-

Sintiendo ya la urgencia de la muerte, pidió a los que le atendían que se apresurasen en la distribución de los pocos bienes que le quedaban, llegando a desprenderse del propio lecho en que reposaba. Así, vacío del todo para llenarse de Dios, moría el 8 de septiembre de 1555.-

Castellano de la tierra de Don Quijote, serio, obstinado, consciente, dulce e inflexible, Tomás de Villanueva es uno de esos espíritus maravillosos que en la época de Lutero hacen la Reforma al revés, con fidelidad a la Iglesia, con una caridad sin límites, con una enorme exigencia, primero consigo mismo y luego con los demás.-

La Reforma según el mundo aspira a organizarlo mejor, según Cristo empieza por la propia santificación.
Deja la universidad por el claustro y se hace agustino, como Lutero, cambia la cátedra por el púlpito y resulta un predicador de fuego, pero sobrio, ajustado, exigente «Tomás no pide nunca, siempre ordena», decía de él el Emperador, que le quiso por consejero, valeroso y decidido, pero humilde en todas sus cosas.-

Este hombre múltiple, como su siglo, lo hizo todo: profesor, predicador, místico, reformador, asceta, limosnero, quizá sea en esta última faceta como más se le recuerde, sobre todo desde que le obligaron a aceptar una dignidad arzobispal, la de Valencia, que puso en sus manos grandes medios económicos que se apresuró a gastar íntegramente no sin escándalo de los que le rodeaban.-

¿Y la dignidad de un arzobispo? Su idea de la dignidad era otra, y antes de morir quiso haber repartido hasta el último céntimo, hasta el jergón en que descansaba su cuerpo enfermo: «No me moriré hasta que sepa que no me queda nada en este mundo», avisó, porque no quería irse sin su misión cumplida, darlo todo para hacerse pobre y desnudo ante Dios.-

Pero quizá la anécdota que mejor retrata al agustino Tomás, el anti-Lutero, es su proceder con los que se rebelaban contra la Iglesia, encerrarse con ellos en su despacho de arzobispo y flagelarse las espaldas ante un crucifijo diciéndoles: «Hermano, mis pecados tienen la culpa de todo, es justo que sea yo quien sufra el castigo».-

 

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I. El evangelismo en Francia desde 1521 a 1538

 

Hacia la elaboración de un concepto

 

El proceso de confesionalización fue más bien laborioso. Antes de que los límites entre las dos formaciones fueran definitivos, pasó un largo período de tiempo. Tanto los fieles a la Iglesia de Roma como la comunidad de disidentes, no eran dos galaxias sin comunicación. En el interior de la Iglesia romana había una Theologische Unklarheit, que matizaba las posiciones; en el otro lado había un frente siempre en movimiento.

Imbart de la Tour ha definido con el término de evangelismo un período, el que va desde 1521 a 1538, en el que todo estaba aún en juego[10]. Antes de llegar a una separatio oppositorum se creó una zona intermedia, una especie de tercera vía o tercer partido. Las características salientes del movimiento fueron el cristocentrismo, la acentuación de la sola fides, el recurso muy marcado a la Escritura, el rechazo —o al menos la no consideración— hacia el culto de los santos, hacia las reliquias, hacia las indulgencias... Elemento común de aquéllos que pertenecían a este partido era el no querer romper con la Iglesia, quizás por un apego a la unidad, quizás porque eran favorecedores de una religión interior, personal, simplificada, libre, que no tiene necesidad de reconocimiento y no se realiza en la pertenencia.

2. El Cenáculo de Meaux

El centro de esta tendencia en Francia fue Meaux, en torno al obispo Guillaume Briçonnet (+1534), el cual había querido a Lefèvre d’Etaples como su vicario general. Se había empeñado en proponer una renovación interior basada en el Evangelio, en una vida de fe y de amor. El programa era de retorno al cristianismo primitivo.

En el palacio episcopal, donde se podían leer distintas obras de Lutero, habían sido acogidos F. Vatable, M. Masurier, J. Pavant, M. de Aranda, G. Roussel, P. Caroli y G. Farel —que en 1523 llegaría a Basilea y se haría protestante—.

Los franciscanos, que habían tenido distintos problemas con el obispo[11], acusaron a Lefèvre de herejía. El vicario general huyó con otros compañeros a Estrasburgo desde Capitone, agravando la propia posición. Los huidos pudieron, al cabo del tiempo, retornar con la protección del rey, pero, entretanto, el círculo ya se había disuelto.

3. En torno a Margarita de Navarra

El evangelismo fue protegido por Margarita de Navarra, hermana del rey. Manifestó su originalidad en la producción de libros de piedad. La preocupación de estos humanistas —no olvidemos que eran humanistas— era la de transmitir el Evangelio y ponerlo a disposición de todos.

Cierta historiografía ha acusado a estos autores de nicomedismo[12], de falta de valentía. Pero, en realidad, hay que considerar dos cosas:

-Para ellos era más importante la unidad de la Iglesia que no la pertenencia o distinción confesional.

-Para los miembros del evangelismo era importante actuar una reforma a través de la cultura: consideraban esencial para esto defender la Sagrada Escritura; anhelaban un cristianismo simplificado, adogmático, interior.

De hecho, se encontraron en mala posición entre las luchas de partido. No se reconocían ni en los unos ni en los otros, y desde ambos lugares eran vistos con sospecha.


II. El evangelismo en Italia

En Italia la difusión de la Reforma fue bastante precoz. Muchos estudios se han orientado hacia los “herejes”, es decir, los núcleos antitrinitarios, los espiritualistas y los anabaptistas; sobre la estela de Delio Cantimori y Aldo Stella vinieron a ser estudiadas las diásporas de Polonia, Transilvania, Moravia. El carácter de estos autores, fuera de toda obediencia, ha sido una clara manifestación de personas que estaban contra, más que con. También se han estudiado aquellos autores que, refugiados en el exterior, tuvieron un papel de primer plano en el interior de las varias confesiones, como Mattia Flacio Illirico, Pier Martire Vermigli, Celio Secondo Curione, Pier Paolo Vergerio.

1. La zona franca

Hay también en la península itálica una zona intermedia que merece particular atención. Ha sido definida como evangelismo, un término vago, muy reciente, mas quizás precisamente por esto apropiado. Un exiliado italiano, Francesco Negri, escribía contra quienes pretendían constituir «una nueva escuela de un cristianismo ordenado a su modo, donde ellos no niegan que la justificación del hombre sea por Jesucristo, mas no quieren admitir las consecuencias que necesariamente se siguen; por lo que quieren, así, sustentar el papado, quieren tener las misas, quieren observar miles de supersticiones papistas e impiedades contrarias a la verdadera piedad cristiana; imaginándose, no sé en qué modo, que estas cosas puedan tener conveniencia juntas. Mas, por gracia, decidme qué conveniencia puede tener la luz con las tibieblas. ¿Y Cristo con Belial?»

El coloquio nocturno de San Pablo fuori le mura entre Pole y Carafa reveló que también en la vertiente opuesta se había advertido la presencia de hombres que no querían agruparse, pero que manifestaban simpatías por doctrinas consideradas “luteranas”.

Ya Ranke había intuido agudamente que personajes como Pole, Cortese, Morone, Contarini..., se habían acercado a posiciones protestantes, sin compartirlas totalmente. El evangelismo de estos pesonajes era, por tanto, “de frontera” —mas de hecho—, en el interior del mundo católico, que intentaban renovar.

Más recientemente Jedin ha retomado este concepto. Considerando el evangelismo como un terreno sustancialmente no infectado, se juzgó Pole como un defensor de la ortodoxia, que salvó a Vittoria Colonna y a M.A. Flaminio del valdesianismo, y, asimismo, se juzgó el Beneficio de Cristo como un libro sin abiertas herejías.

El tema mayor de este evangelismo sería el de la justificación por la fe imputada al pecador. La formulación más moderada de la “doble justificación” —por fe imputada, la cual va continuada de la justificación infusa o santificación—, fue defendida por Contarini en Ratisbona y por Seripando en Trento. Era una doctrina presente en el círculo viterbés en torno a Pole, Flaminio, Carnesecchi y, sobre todo, en el Beneficio de Cristo.


2. Valdés y los círculos afines

Para captar el evangelismo es importante entender quién fue Juan de Valdés (1498-1541). En 1529 había publicado El diálogo de doctrina cristiana, en el cual se fundían temas erasmianos, paulinos y principios queridos por los alumbrados. Puesto en el Índice (1531), marchó a Italia, primero a Roma (1531-1534) y después a Nápoles (1534-1541). En torno a él se formó un cenáculo rico en contactos, estímulos, lecturas: Galeazzo Caracciolo —que después se hará calvinista—, Caterina Cybo —sobrina de Inocencio VIII y León X—, Vittoria Colonna, Giulia Gonzaga, Marcantonio Flaminio, Pier Martire Vermigli —uno de los mayores teólogos de la Reforma—.

Valdés, que había leído a Lutero y Bucero, negaba el libre albedrío: «Judas no podía sino vender a Cristo». Sobre la línea de los reformadores, por cuanto concierne a la justificación imputada —aunque en algunos pasajes hablaba, como Melanchthon, de justicia infusa—, daba importancia a la iluminación interior, como los espiritualistas. Sostenía que la Sagrada Escritura es útil a los principiantes, mas a quien ha progresado basta el Espíritu Santo.

Extraordiario es el relieve de Vittoria Colonna (1490-1547), casada (1509) y después viuda (1525) de Ferrante d-Avalos, marqués de Pescara; amiga de Giberti, había tomado contacto con Valdés en Nápoles en 1530. Favorecida por sus ingresos en Roma, apoyó a los capuchinos, en los que había visto una esperanza de reforma; les ayudó a superar la enorme tormenta que se les vino en torno a 1534, cuando fueron forzados a entrar en los observantes y después fueron expulsados de Roma.

La marquesa de Pescara marchó en 1537 a Ferrara, cerca de Ercole II d’Este y su mujer Renata de Francia, que había abrazado la Reforma y acogido el año anterior a Calvino en la ciudad estense. Ferrara formaba parte del ducado estense con Módena, donde era obispo Morone, quien había hecho imprimir el Beneficio de Cristo y había llamado a Vermigli «a predicar para extirpar esta herejía —luterana—». Renata, en un segundo tiempo, fue forzada a la abjuración, pero quedó en contacto con Calvino. En la ciudad estense Vittoria conoció probablemente a Margarita de Navarra, encontró de nuevo a Ochino, que escuchó en Pisa, donde había sido invitado por la hija natural de Carlos V, Margarita de Austria.

Vittoria se acercó después a Lucca, que tenía otro cenáculo de la Reforma. En 1541 Vittoria se establece en Viterbo, cerca del convento de Santa Caterina, donde estaba asociado el cardenal Pole. Viterbo habría sido el lugar de la difusión del valdesianismo. Valdés, convencido de la verdad del principio de la justificación por la sola fe, habría intentado de hacerlo aprobar por el inminente concilio. Y, por tanto, a través de Carnesecchi y Flaminio, habría tratado de llegar a Pole y Morone, y por medio de ellos, a Trento.

3. El Beneficio de Cristo

El estudio del Beneficio de Cristo es, como se ve, central. Escrito por el benedictino Benedetto —Fontanini— de Mantua en 1540 o poco antes, el texto fue revisado por primera vez por Marc’Antonio Flaminio (1540). Circuló manuscrito en los ambientes del evangelismo italiano. Poco después fue revisado y corregido por Flaminio, y en 1543 se dio a la imprenta en Venecia.

¿Está influenciado de luteranismo —Miegge—, valdesianismo —Croce— o calvinismo —Bozza—? La línea interpretativa que han recorrido Prosperi e Ginzburg pasa a través del estudio de las primeras confutaciones. Dos son los elementos que impresionan: la acusación de “pelagianismo” y la ausencia de confutaciones en textos calvinistas. Quiere decir que la primera redacción de Fontanini era profundamente distinta de la revisión de Flaminio, que en los capítulos V y VI introdujo muchos pasajes sacados de Calvino. El Beneficio de Fontanini era, en realidad, una obra “dulce” —es decir, una obra de espiritualidad nacida en ambiente benedictino—, así definida poque parecía facilitar la vía de la salvación.

En un momento de crisis de las instituciones eclesiásticas la obra venía al encuentro de una necesidad concreta de salvación, y lo resolvia en un modo que un dominico austero y atento como Catarino lo juzgaba pelagiano. ¿Fue Flaminio el que introdujo amplios retoques inspirados en Calvino? ¿Mas, qué Calvino era? Flaminio (1498-1550), amigo de Giberti, con él dejó Roma en 1527 y lo siguió a Verona en 1538. Dos años habría sido molestado por tener libros luteranos. En 1540 va a Nápoles, donde conoce a Valdés y Carnesecchi. En la confesión que éste hará ante el tribunal de la Inquisición, estamos en conocimiento de una revisión hecha por Flaminio, que introdujo pasajes sobre la justificación por fe, como si fuera doctrina católica. Murió en Roma asistido por Carafa, en cuyas manos hizo una profesión de fe clara y explícita, mientras Carnesecchi preferirá la muerte a la abjuración.

Podemos decir que nos encontramos en el interior de un debate, dentro del cual se encuentran dos tendencias: una más conservadora, de Carafa, Cervini, Ghislieri; otra más abierta, de Morone, Pole, Cortese, Fregoso, Sadoleto, que, también en la fidelidad a la Iglesia, no parecía desdeñar una apertura a tesis reformadas, como demuestra la propuesta de la doble justificación.

III. La Inquisición Romana

El Santo Oficio nace como respuesta a la difusión del protestantismo en Italia, mas también para poner un freno a la incertidumbre que creaba el evangelismo. Era, en su origen, un procedimiento de emergencia y provisional; pero, de hecho, ha durado hasta nuestros días. Si hablamos de “nacimiento” es porque la Inquisición medieval era ya una máquina fuera de uso. Los obispos, a los que por principio habría debido competir la reprensión de la herejía, a causa de una molicie propagada, no estaban en grado de hacerlo.

Clemente VII había hecho alguna tentativa para despertar la inercia de una aparato pasivo, nombrando a Callisto da Piacenza inquisidor general para Italia en 1532. La situación se presentaba dramática: de muchas partes venían a Roma noticias de infiltraciones reformadas.

El problema del control de la doctrina no era, en realidad, un problema sólo intraeclesial. Implicaba relaciones más amplias. Carlos V, en los Países Bajos, había procedido a emanar, por cuenta propia, algunas normas contra los herejes —los famosos “placards”, emanados de 1521 en adelante—. En 1529 prohibió leer los libros de Lutero y otros herejes; discutir sobre la Sagrada Escritura, excepto para los teólogos; quitar imágenes sagradas; dar hospedaje a los herejes. Se acordaba para los culpables un tiempo de arrepentimiento; si se continuaba en los errores, la pena era la espada, y para los reincidentes, el fuego. De hecho, se daba una distinción importante: el crimen de herejía quedaba en la competencia de la jurisdicción eclesiástica; contravenir los edictos era, sin embargo, competencia de la justicia laica; en la práctica se ponían las bases para un conflicto entre las dos jurisdicciones. La dieta de Spira (1529) y la de Augsburgo (1530) habían tomado medidas contra los anabaptistas.

También en Francia los procedimientos antiheréticos fueron tomados por la justicia real. En 1521 el Parlamento de París había emanado un decreto contra los libros luteranos y en 1529 había condenado a Barquin. En 1540 el crimen de herejía había sido llevado a los juicios reales. El 29 de julio de 1543 el rey promulgó como regla de ortodoxia los 29 artículos de fe de la Sorbona.

En Milán, en junio de 1541, el marqués del Vasto, gobernador de la ciudad por cuenta de Carlos V, había hecho cerrar el convento agustino de Tortona y había protestado ante el papa por la debilidad de la Inquisición. La autoridad eclesiástica era apremiada por la política. ¿Lutero y Zwinglio no habían hecho recurso al poder del príncipe?

En el consistorio del 15 de julio de 1541 se decide concentrar los poderes inquisitoriales en una comisión de dos cardenales, Carafa y Aleandro. El 14 de enero de 1542, con un motu proprio, el papa abolió exenciones e indultos, que habían sustraído eclesiásticos y laicos a la Inquisición. Por fin, el 21 de julio de 1542, fue promulgada la bula Licet ab initio, que daba nueva forma a la Inquisición y creaba una comisión de 6 cardenales. En la introducción, Pablo III afirmaba que se habían demorado estos procedimientos tan graves porque esperaba en un retorno espontáneo de los errantes. Nombró «generales y generalísimos inquisidores» a los cardenales Carafa y Juan Toledo, a quienes venían añadidos Pier Paolo Parisio, Bartolomeo Guidiccioni, Dionisio Laurerio y Tommaso Badia. Carafa estaba tan deseoso de comenzar en seguida, que a sus expensas adquirió una casa para la Inquisición.

La competencia jurisdiccional de la comisión cardenalicia no tenía límites. Se extendía a toda la cristiandad y, aún más importante, también a la Curia Romana. Se hacían precisiones sobre procedimientos y sobre penas. El único límite venía de los arrepentidos, para los que se abogaba el derecho de gracia por el papa.

Dos fueron las novedades: la centralización en Roma del organismo y las amplísimas facultades de proceder dondequiera y contra quienquiera. Extendió gradualmente sus poderes a otros ámbitos, aunque la fase represiva de la herejía viniera a menos[13]. Permitió al papado retomar el definitivo control del colegio cardenalicio. En este momento, todo cardenal podía ser perseguido. Hubo procesos contra cardenales[14]. Fue fácil golpear a cualquier candidato al pontificado con pérfidas acusaciones y sospechas, lo cual favoreció la carrera hacia la tiara de cardenales inquisidores —Ghislieri, Peretti, Cervini, Castagna...—. Así, la Inquisición, además de ser un elemento de control externo, se hacía un órgano de inmenso poder. La congregación del Santo Oficio llegaba a “primera” congregación.


[1]Sin embargo, no todo era tranquilo en el interior. Matteo da Bascio dejó la orden, mientras Ludovico fue depuesto y alejado en 1536.

[2]Hacia la mitad del siglo XVII ya se fundaron monasterios en México por parte de religiosas provenientes de Toledo.

[3]San Cayetano era protonotario apostólico y tenía beneficios curiales; Carafa acumulaba los episcopados de Chieti y Brindisi.

[4]“Teatino” era un apelativo que se daba a una persona austera, fiel a las reglas.

[5]Un breve de Clemente VII en 1529 concedía a aquéllos que debían predicar, estudiar o dedicarse al servicio de los enfermos, la facultad de conmutar el oficio divino con el rezo de siete salmos.

[6]Sin embargo, para la vocación de muchachas llamadas a ejercitar una irradicación directa en el mundo, sólo la obediencia al “maestro interior” habría podido asegurar autonomía y recta intención.

[7]Normalmente los cardenales no italianos —españoles, franceses, ingleses, imperiales— se habían reducido, de 9 sobre 18 en el cónclave de 1458, a 2 sobre 23 en el de 1492, y a 3 sobre 39 en 1521.

[8]Alejandro VI, por ejemplo, hizo cardenal a un hijo, a tres sobrinos y a un cuñado; es decir, 5 familiares; Julio II elevó a 3 familiares; León X a 12, entre familiares y amigos florentinos; Pablo III a 4; Pablo IV y Julio III a uno respectivamente, los cuales se manifestaron muy indignos —Carlo Caraffa, delincuente que acabó ajusticiado, e Innocenzo del Monte, un libertino—.

[9]Estos grupos tuvieron un largo período movimentista, y no se institucionalizaron sin gran esfuerzo.

[10]En 1521 el parlamento de París había condenado a Lutero. El rey mantenía posiciones titubeantes; tanto que la ejecución de Louis Berquin en 1529 fue posible sólo gracias a su ausencia. Después del asunto de los manifiestos —placards—, escritos anónimos que contenían un ataque violento contra la presencia real en la Eucaristía —recientemente se les ha atribuido a un pastor de Neuchâtel, Antoine Marcourt—, Francisco I tomó posiciones claras contra la Reforma.

[11]Como la prohibición de representar a san Francisco con los estigmas.

[12]Es la actitud de Nicodemo en el Evangelio: simular lo que realmente se piensa; llevar un comportamiento oculto.

[13]Nuevos ámbitos para actuar fueron la superstición, la blasfemia, la poligamia, la invitación a realizar actos torpes, la sodomía, el bestialismo.

[14]Entre los cuales tenemos a Morone y a Carranza.

 

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Iglesia – “Cada cual mira a la Iglesia según el estado de su propio corazón: Unos ven en la Iglesia solo pecadores y la condenan. Otros miran a sus santos con la esperanza de llegar a ser como ellos. Prefiero mirar a los santos, sabiendo que, de pecadores que eran, Cristo los transformó en hombres nuevos. Esa es la grandeza incomparable de la Iglesia”. Pbro. Jordi Rivero

 

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Iglesia - San Agustín a sus fieles: «Los santos mismos no están libres de pecados diarios. La Iglesia entera dice: Perdónanos nuestros pecados. Tiene, pues, manchas y arrugas (Ef 5,27). Pero por la confesión se alisan las arrugas, por la confesión se lavan las manchas. La Iglesia está en oración para ser purificada por la confesión, y estará así mientras vivieren hombres sobre la tierra» (Sermo 181, 5,7 en PL 38, 982)

 

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La Iglesia "...no tiene miedo a la verdad que emerge de la historia y está dispuesta a reconocer equivocaciones allí donde se han verificado, sobre todo cuando se trata del respeto debido a las personas y a las comunidades. Pero es propensa a desconfiar de los juicios generalizados de absolución o de condena respecto a las diversas épocas históricas. Confía la investigación sobre el pasado a la paciente y honesta reconstrucción científica, libre de prejuicios de tipo confesional o ideológico, tanto por lo que respecta a las atribuciones de culpa que se le hacen como respecto a los daños que ella ha padecido". Juan Pablo II, discurso del 1 de Septiembre 1999

 

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Iglesia - Alrededor del año 58 de nuestra era vivían en Jerusalén varios miles de judíos creyentes, miembros de la Iglesia Católica recién fundada por Jesucristo que le ordenó ser “Católica y catolizante”. Así lo afirmaban los responsables de la Iglesia a Pablo: "Ya ves, hermano, cuantos miles de judíos son ahora creyentes y todos son fieles observantes de la Ley" (Hch 21,20).

 

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Iglesia - "Erit enim tempus cum sanam doctrinam non sustinebunt sed ad sua desideria coacervabunt sibi magistros prurientes auribus, et a veritate quidem auditum avertent ad fabulas autem convertentur" (2 ad Thimoteum 4, 3-4).

"Pues vendrá un tiempo en que no soportarán la sana doctrina, sino que de acuerdo con sus pasiones se rodearán de maestros que halaguen sus oídos, y apartarán, por una parte, el oído de la verdad, mientras que, por otra, se volverán a los mitos". San Pablo que, con otros apóstoles siendo Iglesia Católica, también escribieron la Biblia.

 

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Iglesia - En pocas palabras: si Cristo fundó una Iglesia y el diablo la corrompió y luego tuvo que venir Lutero para "reformarla": ¿Qué papel hace Cristo prometiendo una Iglesia invencible? Y si eso fuera posible: ¿Cuál de las miles de divisiones del protestantismo heredó el "Espíritu de Verdad" del que Cristo habla y que promete con tanta certeza?.

 

Lo que nadie nos ha podido explicar es: ¿que tiene que ver los pecados de un pontífice con su acierto o no en la doctrina?
O lo que es lo mismo ¿qué tiene que ver el tocino con la velocidad?

Seguimos sin comprender, o más bien: siguen sin comprender y siguen dividiéndose entre ellos los protestantes engendrando sectas. Porque carecen de ‘autoridad’ echan de menos al ‘Magisterio’ y cada uno interpreta la doctrina según ha dormido la noche anterior. [bautistas no hay menos de 19 y los jehovistas, mormones, baptistas, adventistas, etc.]

 

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Iglesia - Cristo nos dijo: «Confiad, yo he vencido al mundo» (Jn 16, 33). «Yo estoy con vosotros hasta el fin del mundo» (Mt 28, 20). «Las puertas del infierno no prevalecerán» (cf. Mt 16, 18). Son estas palabras que las sectas no soportan.
Son palabras de Dios. Son palabras que ningún hombre podrá jamás borrar. Con esta íntima certeza, -en la Iglesia- miremos serenos al futuro, sin dejar de orar y trabajar por un mundo mejor. Ciertamente, en el mundo hay quienes hablan de violencia y de muerte. Pero, juntamente con el Papa, nosotros queremos gritar al mundo: «¡El amor es más fuerte que la muerte!
¡El amor triunfará!».

 

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Quién, sino la Iglesia, a través de los monasterios, salvó la ciencia de los clásicos y la transmitió para el futuro; quién creó las universidades, sino la Iglesia; quién fue mecenas del arte y de la mejor cultura de Europa, sino la Iglesia; quién lo sigue siendo.

 

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Gracias a la Iglesia Católica, antes del 1300, había fundadas en Europa cuarenta y cuatro Universidades, en las que se forja un individuo especial dotado de cierta uniformidad: homo Scholasticus.

 

La Universidad y, de modo más amplio, la cultura universitaria constituyen una realidad de importancia decisiva. En su ámbito se juegan cuestiones vitales, profundas transformaciones culturales, de consecuencias desconcertantes, suscitan nuevos desafíos. La Iglesia no puede dejar de considerarlos en su misión de anunciar el Evangelio.

La Universidad es, en su mismo origen, una de las expresiones más significativas de la solicitud pastoral de la Iglesia. Su nacimiento está vinculado al desarrollo de escuelas establecidas en el medioevo por obispos de grandes sedes episcopales. Si las vicisitudes de la historia condujeron a la « Universitas magistrorum et scholarium » a ser cada vez más autónoma, la Iglesia continúa igualmente manteniendo aquel celo que dio origen a la institución.3 Efectivamente, la presencia de la Iglesia en la Universidad no es en modo alguno una tarea ajena a la misión de anunciar la fe. « La síntesis entre cultura y fe no es sólo una exigencia de la cultura, sino también de la fe... Una fe que no se hace cultura es una fe que no es plenamente acogida, enteramente pensada o fielmente vivida ».4 La fe que la Iglesia anuncia es una fides quaerens intellectum, que debe necesariamente impregnar la inteligencia del hombre y su corazón, ser pensada para ser vivida. La presencia eclesial no puede, pues, limitarse a una intervención cultural y científica. Tiene que ofrecer la posibilidad efectiva de un encuentro con Jesucristo.

Concretamente, la presencia y la misión de la Iglesia en la cultura universitaria revisten formas diversas y complementarias. Primeramente está la tarea de apoyar a los católicos comprometidos en la vida de la Universidad como profesores, estudiantes, investigadores o colaboradores. La Iglesia se preocupa luego por el anuncio del Evangelio a todos los que en el interior de la Universidad no lo conocen todavía y están dispuestos a acogerlo libremente. Su acción se traduce también en diálogo y colaboración sincera con todos aquellos miembros de la comunidad universitaria que estén interesados por la promoción cultural del hombre y el desarrollo cultural de los pueblos.

 

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Medioevo - La gran figura histórica del emperador Carlomagno evoca las raíces cristianas de Europa, remitiendo a cuantos la estudian a una época que, a pesar de los límites humanos siempre presentes, se caracterizó por un imponente florecimiento cultural en casi todos los campos de la experiencia. Al buscar su identidad, Europa no puede prescindir de un esfuerzo enérgico de recuperación del patrimonio cultural legado por Carlomagno y conservado durante más de un milenio. La educación en el espíritu del humanismo cristiano garantiza la formación intelectual y moral que forma y ayuda a la juventud a afrontar los serios problemas planteados por el desarrollo científico-técnico. En este sentido, también el estudio de las lenguas clásicas en las escuelas puede ser una valiosa ayuda para introducir a las nuevas generaciones en el conocimiento de un patrimonio cultural de inestimable riqueza.

 

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Durante el luminoso medioevo - En términos cuantitativos, las catedrales góticas son tan asombrosas como las Pirámides egipcias. Sólo en Francia, durante noventa años, desde 1180 a 1270, se vio la construcción de 80 catedrales y casi 500 abadías.

 

UNIVERSIDADES - La síntesis del saber teológico, filosófico y de otras ciencias realizada por las Universidades en los siglos XIII y XIV, en que se forma el Humanismo, es impensable sin el cristianismo.

 

Iglesia - entre 1200 y 1400 se fundaron en Europa 52 universidades, 29 de ellas a carácter «pontificias». Según orden de antigüedad, no en importancia, puesto que la de París fue la más destacada, las fechas de fundación parecen ser las siguientes: Palencia (1208-12), Oxford (1214), París (1215), Padua (1222), Nápoles (1224), Salamanca (1228), Toulouse (1229), Bolonia (1230). Valladolid fue fundada a mediados del S. XIII (1250).

 

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LA HISTORIOGRAFÍA DE LAS CONFESIONES NO CATÓLICAS

1        La historia de la iglesia en la controversia de los siglos XVI – XVII

 

Hay dos temas importantes para el historiador, los cuales encuentra cuando debe afrontar la historia dramática de la división de la Iglesia entre 1517 y 1648.

El primero es el del uso de la historia para la controversia religiosa. Por parte de los reformadores se debía demostrar que el Papado era el anticristo, mientras la verdadera herencia de la época apostólica estaba en posesión de los protestantes. Aquí está un serio enfrentamiento con los autores católicos, que por la historia eclesiástica habrían querido  obtener el argumento de la Tradición, mientras los protestantes trataban de demostrar el retornar a los orígenes, no materialmente, sino espiritualmente. Todo esto explica las Centurias de Magdeburgo y los Annales ecclesiastici de César Baronio.

Si al inicio para los reformadores era casi más importante hacer historia de la Iglesia que no historia de sus respectivas confesiones, era porque intentaban probar con aquélla la verdad de los asuntos de los reformadores. No se debe olvidar que la historia de la Iglesia se consideraba como historia santa, por lo que se pretendía obtener, desde la narración de los hechos, los argumentos para las tesis a demostrar.

El segundo tema es propiamente el de la exposición del sucederse de los acontecimientos y el juicio crítico sobre las vicisitudes y los protagonistas de la historia de las respectivas confesiones. Este argumento lo podemos explorar en dos direcciones. La primera se fija en aquello que precede .las causas.; la segunda, en cambio, tiene una orientación contraria, y sigue los desarrollos.

II. Mirada historiográfica sobre las causas

Cuando estalló la protesta de Lutero se formuló un doble juicio: el movimiento era una herejía que no tenía ninguna justificación; la reforma era algo inevitable por la corrupción de la Iglesia, que había introducido .novedades., por lo que era necesario su reforma.

De aquí derivaron dos tipos de lectura sobre la situación de la Iglesia: una lectura negativa, que explicó la reforma como emanada por la corrupción; contra esta interpretación se reafirmó otra más positiva. Al interior de la primera lectura se puso en evidencia una serie de causas tendentes a explicar lo inevitable, o casi inevitable, del movimiento luterano. Si la Iglesia estaba corrompida, si la teología era poco clara, si los abusos estaban así difundidos, si la autoridad del magisterio era despreciada, era comprensible la explosión de la reforma.

Por esto García Villoslada clasificaba así las causas:

-Raíces de tipo moral y eclesiástico:

1) Debilitamiento de la autoridad pontificia.

2) Nacionalismo antirromano.

3) Abusos.

-Raíces teológicas:

1) Decadencia de la teología.

2) Nominalismo ockhamista.

3) Agustinismo.

4) Biblismo.

-Raíces espirituales y religiosas.

1) Situación política.

2) Situación social.

3) Mentalidad de angustia y temor.

La tesis opuesta veía la Iglesia antes de la Reforma en condiciones prósperas. Johannes Janssen escribe que «esta época fue una de las más ricas de ideas y una de las más fértiles de la historia alemana». No negando los abusos, sin embargo sostiene que la Iglesia era fuerte y estaba reformándose cuando interviene Lutero, quien arruinó el plano de restauración.

La lectura que privilegiaba los abusos prevalece netamente, mas con significativas particularidades. En el iluminismo la historiografía dibuja a Lutero como el que trae la libertad y la razón. La causa principal de la Reforma era reconducir las actitudes antiliberales e integristas de la Iglesia de Roma. Consideraciones que fueron echadas por tierra durante el Romanticismo, más sensible a los valores de la tradición, admiradores del medievo.

El momento crucial viene con von Ranke, que evitó la lectura apologética o polémica, y trató de colocar la Reforma en su tiempo, llegando a reconocer la sinceridad de la renovación católica.

El marxismo de Engels presentó la Reforma como una etapa de la lucha de clases; por ello se buscaron las causas económicas que, más que cualquier otro factor, habrían provocado y explicado la Reforma.

Lortz ha escrito, retomando a Newman, que los católicos fueron tan culpables como los protestantes del cisma del siglo XVI. Se duele de que no hubiera en el seno de la Iglesia católica la posibilidad de una verdadera protesta que fuese considerada, o desembocase de hecho en una insubordinación y una renuncia a la unidad.

Iserloh, retomando a Lortz, ha puesto de relieve cómo la causa principal fue la falta de claridad teológica, para lo cual Lutero habría combatido posiciones que consideraba católicas, mientras en realidad estaban influidas por el nominalismo de Biel, descubriendo posiciones que, en cambio, eran seguramente católicas.

Actualmente las posiciones de Janssen son acogidas como propias por Bernd Moeller, que en 1970 escribe: «Soy de la opinión de que los decenios precedentes a 1517 o 1520 habían representado en Alemania un período de un fervor religioso extraordinario también para el medievo. Este fervor... se confió a la Iglesia y sus instituciones y lo sostuvo». En sustancia, Moeller, que es protestante, ha sostenido que no era verdad que todo gritase: ¡reforma!. Ésta fue una ruptura, de la que Lutero fue el responsable. De hecho, como prueban P. Prodi y P. Johanek, entre 1480 y 1517 desaparecieron de Alemania los movimientos heréticos. El fervor alemán era enorme, las iglesias muy abundantes.

Mas el problema reside en esta pregunta: ¿qué sucede para que los adoradores de imágenes se transformasen en iconoclastas? La respuesta nos la da Johanek: «Parece que la Iglesia, la práctica religiosa por ella mediada y la cura de las almas por ella regulada, no habían encontrado la respuesta justa a la necesidad religiosa; seguía dando respuestas parciales». Lutero, sin embargo, conseguía ser más eficaz: sus teorías aparecían como totalmente nuevas, como reflejo incontaminado del cristianismo primitivo. Esto sólo pudo ser posible por dos motivos: la grave carencia en la cura de almas; y las graves sombras en la jerarquía. Dado que la gente esperaba y la reforma no venía, esto creó un clima favorable a la reforma. La carencia en la cura de almas derivaba por causas conocidas como acumulación de beneficios, irresidencia, nombramientos que no llevaban cuenta de la cualidad de la persona[13]. Lo mismo se puede decir de los nombramientos episcopales, los cuales no se regían por consideraciones de carácter pastoral, sino sólo político. Esto era debido al carácter particular de las diócesis alemanas, que eran pocas y muy grandes. Subían al episcopado figuras caricaturescas y muy mundanas. Las pertenencias papales eran muy criticadas. La fiscalidad de la curia había originado continuos conflictos con los señores, que, en cambio, concebían la ingerencia como natural consecuencia de sus derechos de soberanía. El escrito A la nobleza aparece como consecuencia de abrir los ojos sobre la posibilidad de liberarse de la rémora romana. Johanek tiene el mérito de interpretar la Reforma no como un punto de pertenencia o una revolución, sino como el punto central de un proceso de más amplio espectro, que no tiene nada de confesional.

Muy importante es la obra de Heiko A. Oberman, el cual ha tratado de comprender la génesis y el significado de la Reforma, tomando como punto de observación la universidad de Tubinga, un centro cultural muy vivo, tanto para la reforma de la Iglesia como de la sociedad, donde por primera vez los estudiantes de teología no fueron presionados a tomar las órdenes sagradas. Después este autor trató de individuar en Gregorio de Rímini la inspiración de la teología de Lutero[14]. Otro de los protagonistas de la llamada por algunos .prerreforma. fue Lefévre d.Etaples. Lutero usó su Quintuplex Psalterium y su edición de las cartas paulinas. Este personaje ha sido estudiado, subrayando las semejanzas, por Ph. E. Hughes, y las diferencias por G. Bedouelle. ¿Fue, en efecto, un artífice o un espectador de la Reforma? Es la pregunta que se hace Staufer y que aguarda una respuesta.

Erasmo representa un nudo esencial para comprender el clima que ha preparado la Reforma. H. Holeczek ha reeditado el Novum Instrumentum, editado en 1516 por Froben. Su versión grecolatina del Nuevo Testamento, de la que hoy se conocen todos los defectos, se presentó como el instrumento definitivo de una nueva teología. Tendrá 230 ediciones y una enorme difusión para su tiempo.

III. Historiografía de las confesiones protestantes

Hacer la historia de la historiografía es un modo de afrontar la historia de la Reforma. Nos revela cómo las generaciones sucesivas han visto, revisado e interpretado el acontecimiento matriz. Es esencial, por tanto, conocer el área de proveniencia de los distintos autores .católica, protestante, laica., sus presupuestos y el clima cultural en el que plantean sus trabajos.

1. El primer siglo (1517-1617)

La producción de crónicas y comentarios era muy comprometida. No había distancia, no había la intención de una reconstrucción orgánica, no se daba la confrontación con la otra parte. Característica común de esta producción es la tendencia hagiográfica, unida a la pretensión de reducir los acontecimientos al combate entre personas, con un estilo fuertemente polémico, denigratorio de los adversarios, hasta contener calumnias y habladurías, o llegar a inventar hechos. No olvidemos que la imprenta, de reciente invención, permitía la difusión rápida de escritos, manifiestos, viñetas muy eficaces para la propaganda, mas poco atendibles.

Las biografías de los reformadores eran construidas como las Vidas de los Santos en el medievo, a fin de sacar a la luz el ejemplo, por el que se podía conseguir una demostración. No  existía el empeño de analizar, sino de discutir. Por esto las vidas debían crear un .typus., en el que se buscasen argumentos para la demostración. Según su origen nos encontraremos de frente a hechos positivos o negativos, a comportamientos ejemplares o innobles, a milagros o mistificaciones. La muerte de los reformadores era descrita como una apoteosis de los reformadores, o una desesperación .vista así por los opositores. en la que el olor de santidad de la tradición católica se sustituía por el hedor de la muerte de Calvino. En el fondo, la historiografía de ese tiempo no intentaba conocer la .verdad., sino sistematizar los hechos en función apologética. Desde los ambientes de la Reforma provenían juicios admirativos, expresados en categorías proféticas y veterotestamentarias.

La primera biografía de un reformador fue la de Miconio .esto es, Olwald Gaisshüssler, 1488-1552., sobre Zwinglio, que apareció en 1532. Para poder escribir esta vida .confesaba él mismo. sería necesario poseer el genio de Plutarco o el de Cicerón. En esta confesión se revela el juicio, el modo de acercarse a la historia que consiste en narrar la vida de .un gran hombre.. Miconio reivindicaba un conocimiento del personaje muy profundo, aunque, de hecho, carece de particularidades interiores. No hay drama, sino una serie de luchas para vencer a los enemigos. Hay algo particular que merece atención: después de haber narrado la muerte del reformador y la suerte de su cadáver, cuenta que tres días después sus discípulos vinieron a buscar alguna reliquia y «apareció el corazón .por milagro., en medio de las cenizas, íntegro e ileso».

Lutero fue considerado como el .Moisés alemán., el .ángel del Apocalipsis., el .quinto evangelista., el .nuevo apóstol., el .profeta de Dios. o .profeta de Alemania., .hombre divinamente inspirado.. Con frecuencia, la iconografía lo retrataba con la paloma del Espíritu junto a Cristo, el cual señala la Biblia .su autor es Cranach.. Melanchthon lo llamaba .santo de Dios., .nuevo Elías.. Flacio Ilírico interpretaba el papel de Lutero como el de liberador «desde las tinieblas de Egipto a la luz del Evangelio».

Las primeras biografías tienen el género literario de las celebraciones evocativas o del sermón doctrinal, más que el de narración biográfica. La vida de Melanchthon está más próxima al discurso litúrgico y a la meditación que a la historia. La de Matesio es de hecho un conjunto de sermones organizados para demostrar la conformidad de doctrina y vida. Lutero era un personaje desbordante. Los juicios de los contemporáneos del reformador estaban, por tanto, repletos de superlativos. Los teólogos de la ortodoxia luterana presentaron al reformador como un santo y como un hombre lleno de los dones de Dios.

Distinto es el caso de Calvino. Aun en vida salieron libelos acusadores contra él, lo cual indujo a réplicas. Era necesario evitar caer en la exaltación unilateral del personaje. La biografía de Beza, puesta como prefacio al comentario de Calvino al libro de Josué, tuvo sucesivos retoques, debidos a Nicolás Colladon. Considerada la cercanía de la muerte, la biografía se presenta más bien como una oración celebrativa del «mayor hombre que ha habido en el mundo.. Beza se presentaba como el sucesor, y a este propósito citaba la asunción de Elías en el carro de fuego, para significar que la partida del profeta no dejaba desguarnecida a la comunidad de discípulos, que para siempre tuvo a Eliseo. El resultado final es el de una apología y el de una celebración, según el modelo de las vidas de los santos.

Por parte católica las apreciaciones fueron exactamente lo contrario. Lutero viene juzgado por Cocleo en 1549 como el precursor del Anticristo, el instrumento del diablo, el hereje que ha llevado multitudes a la perdición; aquél que por justificar su corrupción moral llevó a la Iglesia al cisma; un vil y un hipócrita. Según él, Lutero habría desencadenado la disputa de las indulgencias por envidia hacia los dominicos, que habían recibido el monopolio de la predicación; y habría muerto después de una comilona. Juan Pistorio juzgó a Lutero como poseído por siete demonios.

Calvino encontró parecidos .Cocleos. en François Baudouin, Bolsec y Gabriel Dupréan, que acumularon sobre las espaldas del reformador ginebrino la acusación de libertinaje juvenil, de cobardía, dureza, autoritarismo, de haber fallado en la previsión de una .resurrección. y de la .muerte de Herodes., demacrado mientras invocba a los demonios. Bolsec publicó una vida de Calvino después de un choque con el reformador en 1551. En la descripción de Bolsec, Calvino es dibujado como irremediablemente aburrido y malicioso, frustrado y sediento de sangre; convencido como era de que su palabra fuese palabra de Dios, había consentido en que lo adorasen como a Dios. Desde el punto de vista moral, el cuadro de Bolsec es aún más sombrío: además de caer víctima de sus tendencias homosexuales, tenía el hábito de atentar contra la virtud de cualquier mujer que encontrase por la calle. Según Bolsec, Calvino renunció a su beneficio eclesiástico en Noyon en cuanto salió una denuncia pública de su actividad homosexual»[15]. Florimond de Raemond, en 1605, une los dos reformadores en un extraño cálculo, por el cual conseguía el número 666, que es el de la bestia del Apocalipsis.

Todo esto estaba en la base de la controversia, la cual no pudo arreglarse de cualquier modo. No debemos olvidar que en la base había una enorme confianza en el uso de la razón, que inducía a estos escritores, católicos o reformadores, a considerar el poder de persuadir a los adversarios con argumentos racionales correctos. Como ha observado Elisabeth Labrousse, el enfrentamiento tuvo origen en controversias dominadas por el .punto de honor., al que ningún adversario podía sucumbir, en el sentido de que más que una cuestión de fe se hacía una cuestión personal. Eran entonces inútiles, desde el momento en que se invitaba al adversario a la búsqueda imparcial de la verdad, que, sin embargo, se sabía ya ser la propia. No se debe, sin embargo, olvidar que la controversia estaba destinada no a los adversarios, para quienes estaba prohibido tener cualquier tipo de estas obras, sino al público de la propia facción.

2. El segundo siglo: de 1617 a 1750

La constante polémico-confesional continúa en todo este período. Muchos historiadores compusieron amplias narraciones para exaltar tal figura o linaje, y así recogieron documentos. Particularmente prolíficos fueron los calvinistas, que intentaron así celebrar las victorias conseguidas en varios países.

La visión apologética comenzó a modificarse con L. von Seckendorf (1626-1692), que tuvo el mérito de poner el acento no sobre los últimos años de Lutero .los de la inexorable división., sino en sus primeros siete años de reformador.

No se debe olvidar sin embargo que, en este período, había dos tendencias dominantes: la del empirismo inglés y la del racionalismo francés. En los ambientes protestantes se tenía una doble reducción de la fe a sentimiento o a razón. Lutero había escrito que «sentir y creer son cosas de naturaleza distinta; la fe es de tal naturaleza, que no siente nada; es más, renuncia a la razón..., se confía sólo a la Palabra y la sigue a vida o muerte. Por eso el sentimiento está contra la fe y la fe contra el sentimiento». Por la fe en la razón viene el doctrinarismo dogmático. Por la acentuación de la experiencia viene el pietismo. Ph. Sepener (1635-1705) quería que el cristianismo fuera visto más como experiencia espiritual de oración íntima, que no como confrontación crítica y dogmática. El Lutero que privilegiaba el pietismo no era el de la madurez, el rebelde, sino el Lutero joven, el de las luchas interiores, de la oración, no el de Tischreden, sino el de los cantos religiosos. En esta contraposición se señaló G. Arnold (1666-1714), que pone de relieve los dichos del reformador, hasta el punto de negarse a llamarlo santo. Trastoca los conceptos tradicionales de ortodoxia y de herejía, escribiendo: «Aquéllos que dijeron herejes a los otros, son ellos los verdaderos herejes, y los que son llamados herejes son las verdaderas personas santas». La verdadera fe, entonces, la encuentra en los herejes perseguidos y no en la Iglesia tradicional.

Está claro que la posición de Lutero era distinta. La fe para él era construida sobre una alteridad absoluta ..Sub contraria specia... Para los pietistas era importante, en cambio, experimentar los signos del .nuevo nacimiento.. Para Lutero es el Evangelio el que convierte, crea la fe y hace santo al hombre; para los pietistas el esquema es opuesto: el hombre santo se  abstiene de los malos hábitos, vive en la justicia y cree en el Evangelio.

Pierre Bayle (1647-1707) era calvinista, mas sus posiciones no eran sectarias, tanto que escribe que la religión no hace a los hombres necesariamente mejores. Se ocupó en varias ocasiones de la reforma. Demostró sentido crítico y distante. Retiró los libelos calumniosos de la polémica católica, reconocía el desinterés de los reformadores, mas juntamente criticó a los reformadores por el recurso al brazo secular y por su intransigencia e integrismo. Confirmó la fórmula de Ecclesia semper reformanda en el sentido de que también después de Lutero y Calvino la reforma continúa.

3. El iluminismo

Desde la mitad del siglo XVIII los iluministas hicieron una doble operación: vaciaron la reforma protestante de su contenido teológico para exaltar cuanto había obrado en favor de la razón y de la libertad, extrapolando el significado. Lessing, por ejemplo juzgaba como verdaderos herederos de los reformadores no a los fieles representantes de las respectivas confesiones, sino a cuantos luchaban por la libertad y la tolerancia.

Federico II juzgó a Lutero y a Calvino como .pobres diablos., si bien reconocía el mérico histórico de haber liberado a Alemania del yugo papal. En el clima de aquel tiempo no se podían captar los elementos dogmáticos. Por eso se prefería subrayar en los reformadores las cualidades domésticas: hombres modestos, súbditos modélicos, y .en sintonía con la polémica iluminista contra .el inútil celibato.. padres de familia. Otro aspecto concitaba la simpatía de los reformadores, el cual estaba en conexión con otro mito de aquel tiempo: la educación. Se reconocía a los dos reformadores, Lutero y Calvino, el haber contribuido con fuerza a crear las respectivas lenguas nacionales.

Voltaire se ocupó de la reforma, mas sin particular agudeza. Sus informaciones eran de segunda mano. Personalmente estaba condicionado por los prejuicios iluministas, que querían .laicizar. la historia y reducirla a categorías puramente políticas. Todo el mérito de Lutero estaría en haber conseguido sustraer la mitad de Europa a la Iglesia romana. La controversia dogmática era para él un litigio de hermanos, y en esto, cuando podía, se dejaba llevar de frases polémicas, concluyendo que era una guerra de .caníbales.. Liquidaba la sublevación de los campesinos con estas palabras lapidarias: «Reclamaban los derechos del género humano, mas lo pretendían con la ferocidad de las fieras». Hablando después de Calvino, Voltaire, que no tenía mucha simpatía por el reformador, después de haber acumulado y retenido como buenas las calumnias de la libelística católica, concluía así: Calvino «pedía la tolerancia para sí en Francia, porque de ella tenía necesidad, y, mientras tanto, se armaba de intolerancia en Ginebra».

4. Siglos XIX y XX

En el romanticismo se ven revalorizados el sentimiento y la fe, lo irracional, la nostalgia del infinito, el retorno al medievo. Este movimiento coincide con la recuperación de la identidad nacional germana. Por eso Novalis preconizó una nueva reforma para un retorno a la unidad medieval, mas a un nivel superior, el de la .verdadera religión.. J.G. Herder (+1803) alabó a Lutero como un buen patriota y un genio de la nación germánica. Fichte exaltó en él .el hombre alemán. contra la invasión napoleónica, mientras con ocasión de las celebraciones para el aniversario de las tesis (1817) glorificó al héroe de la fe contra Roma. Esta línea patriótica fue seguida durante todo el siglo y se manifestó en el combate nacionalista prusiano, que estalló en la guerra de 1866 y 1870 contra las dos potencias católicas, es decir, Austria y Francia.

Zwinglio, a su vez, fue presentado en el XIX como un precursor de la democracia liberal, tanto que August Ebrard escribía: «Zwinglio es más cercano a nuestro tiempo que al suyo». Este juicio, en el contexto del resurgimiento político alemán, fue echado por tierra, imputando al reformador de Zurich haber sido un factor de disgregación de la autoridad del Imperio. Por esto, Julius Stahl afirmó de modo perentorio: «Donde la reforma de Zwinglio es original, no es evangélica, y donde es evangélica, no es original».

Esta distorsión de significado no perdonó tampoco a Calvino, alabado como el padre de la democracia, el inspirador del capitalismo, llevando a un segundo plano su precisa enseñanza.

Se comprende, por tanto, la reacción nacionalista antiprotestante, sobre todo antiluterana, entre el final del XIX y la I Guerra Mundial. En Francia, sean los católicos, como también los librepensadores, desencadenaron una propaganda antiprotestante motivándola no con la .doctrina herética., o como se prodría pensar de parte de los laicistas como .oscurantismo religioso., sino con unos presuntos contenidos antinacionales o sediciosos. Oponerse al protestantismo y a Lutero deviene de un deber patriótico, y esto, no obstante que el liberalismo crítico de Renan, Taine y Le Play fue favorable al protestantismo, siendo juzgada por ellos como la única religión posible en la era de la ciencia.

Los protestantes franceses fueron considerados responsables de la ruina de 1870, después de haber apoyado la política colonial inglesa, dado que Gran Bretaña protegía sus misiones. En la época del primer desembarco en Madagascar (1883-1885) fueron numerosos los ataques contra los hugonotes. También el caso Dreyfuss tenía apariencias de polémica antiprotestante.

La derecha católica acentuó sus ataques, presentando el catolicismo como .la religión de los antepasados. y la herencia de una sociedad precapitalista. La reforma fue considerada como «la revuelta contra el orden establecido y la tradición del respeto y de la autoridad». Los protestantes habrían, pues, desarmado ideológicamente la sociedad contra las .subversiones socialistas.. Sobre esta línea fue Maurras. Según él la época moderna se resume en tres palabras: reforma, romanticismo y revolución. Con Lutero Europa entró en la cueva de una civilización primordial. Superadas las guerras de religión, Francia «entró en el gran siglo de su genio y de su pensamiento, apogeo de su orden y de sus riquezas: un estado monárquico, una religión católica». El protestantismo era nacido de una revolución, por lo que todo Estado dominado por el protestantismo sería permeable a la revolución. Por esto, la restauración del orden natural debería pasar por una condena sin apelación de la reforma.

Sin embargo, en el siglo XIX se da un cambio decisivo: se tiene por primera vez la necesidad de publicar ediciones críticas de las obras de los reformadores. En este siglo los estudios sobre la reforma beneficiaron la renovación de los estudios históricos. Uno de los fundadores de la historia científica y del historicismo fue Leopold Ranke (1795-1886). Tarea del historiador es encontrar las fuentes .ciencia eurística., en modo de fundar objetivamente .ciencia imparcial y objetiva. nuestro conocimiento del pasado. Las fuentes deben ser posiblemente capaces de conducirnos a la comprensión de las intenciones y de las motivaciones de los protagonistas .memorias, informes, cartas..... El punto de llegada es una reconstrucción del pasado como realmente se ha desarrollado, en el que un papel esencial es desempeñado por grandes individualidades .no sólo personajes, sino también estados, gobiernos, oligarquías., que tienen una irrepetible peculiaridad. Personalmente era un admirador de la monarquía prusiana y de su función histórica. Esta concesión la transfirió en su comprensión del pasado. Los estados son .entidades espirituales. que obedecen a reglas propias. Por eso manifiestan su naturaleza peculiar en su política exterior. Estudió, pues, la .política exterior. y esto le permitió trazar de modo equilibrado un gran dibujo del período de la reforma. Estudió con atención y sin prejuicios el papado y la historia alemana en la época de la Reforma.

Una tendencia divergente es la del .protestantismo liberal.. F.D.E. Schleiermacher (1768-1834) sostenía que Lutero era un .héroe de la religión.. Su revuelta fue una conquista importante, porque demostró cómo se debía rebelar a las imposiciones autoritarias. Todavía basándose en el principio de que «la reforma continúa», refutó los puntos claves de Lutero sobre la gracia, sobre la Iglesia, sobre la fe. En esta postura fue seguido por Adolf von Harnach (1851-1930), según el cual el anuncio central y esencial del Evangelio es el de la paternidad de Dios. Este mensaje se había corrompido hasta la llegada de Lutero. El haberlo descubierto fue el verdadero y único mérito del reformador. El resto, es decir, la teología, los sacramentos, las concesiones de la Iglesia, ha sido por él rechazado.

Para Lutero este siglo ha sido un período fecundo de estudios. Fueron publicadas las decisivas biografías de Köstlin-Kawerau, Otto Schell, Heinrich Böhmer. Fundamental ha sido el papel de Karl Holl. Después que Harnach hubiera sacado a la luz los residuos .católicos. de Lutero .por ejemplo la inerrancia bíblica y sus sacramentos., que, según él, deberían ser superados «continuando la reforma», su discípulo Holl, con un profundo conocimiento de las fuentes, ha iniciado la Lutherforschung. Holl ha reaccionado contra la interpretación .medieval. del reformador, propuesta por Troeltsch, haciendo ver la actualidad del pensamiento luterano para nuestro tiempo.

Contra esta tendencia salió Lucien Febvre con su excitante y penetrante biografía de Lutero, que estudió al .joven Lutero. y lo falso de su destino de reformador, colocado en su tiempo. Para un retorno a la modernidad, el americano R.H. Bainton asoció al reformador a los movimientos radicales. En Italia ha habido, después de la biografía de Buonaiuti, una excelente de Giovanni Miegge. M. Brecht ha escrito una amplísima biografía destinada a ser un esencial libro de referencia.

IV. Historiografía católica sobre Lutero

Una contribución notable para el progreso de los estudios sobre Lutero han sido protagonizados por autores católicos, que han puesto de un modo nuevo algunos interrogantes y perspectivas. Es importante ver cómo los católicos han evolucionado en el conocimiento de Lutero, lo cual favorecerá un recíproco progreso por parte de los mismos protestantes hacia el catolicismo.

El fundador de esta lectura católica de Lutero fue el dominico Heinrich Denifle (1844-1905). Era un gran erudito, e hizo valer su preparación en una investigación conducida con mucha acritud sobre las fuentes y el ambiente en el que se formó Lutero. Las tesis que sostiene son dos:

-Lutero llega a reformador porque era moralmente corrupto.

-Lutero no fue original. Influenciado por Ockham el reformador no conoció los valores de la Escolástica ni de la teología católica. Ningún autor católico interpretó la justicia de Dios en el sentido de justicia punitiva.

La conclusión es que en Lutero no había nada de divino, por lo que invitaba a sus lectores a un retorno a la Iglesia.

A su primera tesis respondió Otto Scheel, mientras que fue Karl Holl quien refutó la segunda tesis, demostrando cómo la interpretación de Rm 1,17 significaba un redescubrimiento de san Agustín y una nueva comprensión de Dios.

El jesuita Hartmann Grisar (1845-1932), en sus estudios explicaba la revuelta reformista de Lutero no como una crisis moral, sino psicológica. Lutero habría sido un psicópata, un hombre dotado de una conciencia patológicamente escrupulosa.

Un autor muy notorio, que ha influido profundamente sobre el mundo católico del período Entreguerras, ha sido Jacques Maritain. Sus Tres reformadores no es importante para la investigación histórica; uno de sus censores le reprocha el no haber leído una línea del reformador. El interés para nosotros es de otro género: nos hace conocer el modo de acercarse al problema de Lutero por parte de sectores representativos del mundo católico. Los tres reformadores son Lutero, Descartes y Rousseau.

La primera parte está titulada: Lutero, o el advenimiento del yo. Los juicios sobre el reformador los realiza sobre tres planos: la persona, el pensamiento y la obra. Lutero, según Maritain, era un hombre orgulloso, centrado sobre sí, por una forma de hipertrofia del yo. Vienen, por tanto, retomados los lugares comunes de la polémica denifliana.

Para el pensamiento, el filósofo francés sacaba a la luz una especie de pelagianismo de la desesperación. El .descubrimiento. de Lutero habría nacido por la imposibilidad de vencerse, como un abandono pesimista a la animalidad. El ex-monje de Wittenberg no habría liberado a la persona humana, sino la habría abandonado al individualismo, al naturalismo, a la inmoralidad.

Si acoge a Denifle, sin embargo el filósofo francés se separa sosteniendo que la caída de Lutero fue de origen místico. Después de ella habría venido el incendio de la carne.

Karl Holl respondió a Maritain, sosteniendo que no se podía eliminar el .Christus in nobis. de la teología de Lutero, en la que el reformador ha valorado la idea paulina del Cristo presente en nosotros, el primero que habría descubierto al Señor en persona presente en la fe del creyente. Maritain, en respuesta a Holl ha concedido que Cristo esté presente en teoría, mas no de hecho en la teología de Lutero.

Una revalorización del reformador comenzó en Alemania por parte católica con F.X. Kiefl en 1917. Precisó que la actitud de Lutero no podía ser explicada más que con razones de orden teológico. «El hermano de Wittenberg fue impresionado por la idea bíblica de la omnipotencia divina. Pero esta omnipotencia la concibió de modo unilateral: considerando que Dios sólo podía obrar en el espacio de la redención, es conducido a negar el libre albedrío, a afirmar la corrupción radical del hombre, a sostener la doctrina de la justicia imputada, a rechazar una Iglesia que pretendía ser mediación de salvación». Contra Denifle, Kiefl ha considerado que no se puede negar el redescubrimiento en Lutero de la doctrina de la justificación por la sola fe. La protesta de Lutero no fue la revuelta de un libertino. El individuo en Lutero no es lo mismo que entendemos nosotros. En la controversia con Erasmo el hermano agustiniano habría manifestado una comprensión bíblica mucho más profunda que Erasmo. En sustancia, según el autor, Lutero manifiesta un genio literario indudable, unido a una sincera religiosidad y a una voluntad indómita.

Otro artífice de la renovación de los estudios sobre Lutero fue Joseph Lortz. Considera en el fraile sajón a un genio, siempre difícil de definir. Tenía una naturaleza desbordante, era una síntesis de elementos opuestos. Fue, ante todo, un hombre religioso, cuya vida no puede ser comprendida más que en una perspectiva teológica. «Lo que descubrimos en él y reconocemos en él como el fondo de su ser, es el homo religiosus. Mas no el homo religiosus de cualquier cristianismo secularizado, sino el confesor de la teología de la cruz, el evangelista que anuncia a Jesucristo, el Crucificado, y que proclama su religión de la salvación y de la gracia. El hecho de que Lutero haya entrado en un convento severo, y que, en aquél, sin duplicidad y sin ventajas personales, haya combatido las luchas interiores que debían liberarlo desde su pecado y hacerle encontrar un Dios misericordioso; el modo como se introdujo en la Escritura, ratificando una alianza ejemplar para la profundidad e intimidad con el libro de los libros; el modo como ha comentado el Magnificat, que siempre ha considerado el deber de confesar; el modo como ha predicado la fe, con potencia y con fuego; la intransigencia con que ha defendido la presencia real de Cristo en la Eucaristía...» Todo esto, según Lortz, muestra al homo religiosus.

Ilustrados los lados positivos, Lortz avanza dos series de críticas al reformador:

-Lutero no fue un Vollhörer, un oyente atento de la Palabra de Dios en su integridad. Fue incapaz de comprender la Revelación en su complejidad y interioridad, porque fue discípulo de Ockham. Por esto rechazó un catolicismo que no era católico. La Reforma viene, por tanto, de un .malentendido..

-El segundo punto deriva del hecho de que Lutero interpretó la Biblia en función de sus necesidades personales. Admitía ciertamente que Lutero no fue impulsado por una preocupación egocéntrica, sino que se fundó sobre otro objetivo: Jesucristo; pero este objetivo habría debido de comportar la admisión de un magisterio infalible.

Importantes fueron las contribuciones de Jerte y Hessen. El primero estudió a Juan Cocleo y demostró cómo todas las biografías católicas fueron debidas a las calumnias de este sacerdote, en un primer tiempo favorable a Lutero, y después su acérrimo enemigo.

Johannes Hessen refutó la tesis de Lortz de un Lutero subjetivista. Su experiencia fundamental fue objetivizante, en cuanto llegó a un encuentro con la realidad de Dios. No fue, por tanto, un individualista, sino «un reformador, en el sentido más pleno del término, es decir, un restaurador que no tenía otro objetivo que el de retornar la Iglesia al puro Evangelio, del que ella se había alejado». Para entenderlo es necesario leerlo a la luz del profetismo del Antiguo Testamento.

Por lo que se refiere al descubrimiento reformador de la sola fides, Hessen la ilumina desde cuatro puntos de vista:

-Desde el punto de vista dogmático, Lutero se debe colocar sobre el plano de la piedad, más bien que sobre el del dogma. Su experiencia no comportaba, según él, ninguna ruptura dogmática.

-Desde el punto de vista de las obras, Lutero no quería abolir la moral, sino sacar a la luz cómo todo viene desde Dios en la obra de la salvación.

-Desde el punto de vista de la sacramentología, Lutero no habría descuidado los medios de la gracia, es decir, los sacramentos.

-Desde el punto de vista eclesiológico, Lutero habría descuidado la realidad de la Iglesia.

De hecho, Lutero, según Hessen, habría tenido el mérito de rebelarse contra cuatro tendencias:

-Contra el intelectualismo, que consideraba la fe como una adhesión a las fórmulas, más que como un contacto vivo con la revelación.

-Contra el moralismo, que subordinaba el Evangelio a la ley, anteponiendo las obras del hombre a la misericordia de Dios.

-Contra el sacramentalismo, que olvidaba el principio de la interioridad.

-Contra el institucionalismo, que consideraba que una pertenencia también exterior a la Iglesia bastaba para la salvación.

El benedictino T. Sartory ha sacado a la luz cuatro aspectos de Lutero. Bajo el perfil psicológico, Lutero no fue un rebelde, ni un corrupto. Por el contrario, avanza la pregunta de si no podría pensarse en una investidura divina. Desde la vertiente histórica admite las raíces ockhamistas y la oscuridad teológica, mas advierte también que el concilio de Trento, no condenando nominalmente al reformador, quería dejar una rendija, que en un futuro habría podido permitir a la Iglesia romana abrir la puerta a las ideas reformadas. Si nos ponemos sobre la vertiente teológica, el autor pone de relieve el hecho de que Lutero, como Newman, no hacía consideraciones abstractas, sino muy concretas, del Dios viviente, que tiene en frente un hombre concreto. En el centro está la Palabra de Dios; es ella quien rige al creyente y lo juzga. No existe, entonces, espacio para el individualismo burgués. Para un acercamiento ecuménico, el valor del reformador no está en un Lutero .católico., sino en «el Lutero que habla de la existencia cristiana del hombre, que expresa su experiencia personal de Dios, que explica la Biblia, que anuncia la Palabra con una fuerza inagotable, que en sus cantos traduce su adoración».

La conclusión de Sartory es que no se debe cometer el error de un vuelco de perspectiva. Lutero no es el Evangelio, ni para los católicos ni para los protestantes. Los católicos se pueden acercar al reformador para escuchar su palabra, en el sentido de que es testimonio del Evangelio. Por eso Karl Rahner, aun considerando los noes que se deben decir a Lutero, admitirá que en su enseñanza hay muchos elementos útiles para el católico. Es más, «no existe un juicio oficial de la Iglesia que pueda vincular al católico».

V. Los otros reformadores

Para los estudios sobre Zwinglio podemos delinear el siguiente cuadro.

Emil Egli, fundador del museo zwingliano de Zurich, ha sido seguido por Walter Köhler, que, sin embargo, ha interpretado al reformador zurigués como un humanista sucesor de Erasmo, con algunos elementos reformadores. Este enfoque tiene el grave defecto de separar los aspectos humanistas de los teológicos. Los estudios más recientes han puesto de manifiesto cómo en Zwinglio el humanismo es tan sólo una película protectora, mientras el centro de su pensamiento está puesto en la justificación por la gracia mediante la fe. «El criterio teológico fundamental de Zwinglio es su concepción de la obra del Espíritu Santo, su doctrina del Pneuma divino, su pneumatología. El Espíritu Santo, para la teología reformada de Zwinglio, es, al mismo tiempo, indicador y clave»[16].

Interesante es un estudio reciente de M. Hauser sobre el ministerio en Zwinglio. Cuando en 1522 le ocurre el conflicto con el obispo de Constanza, Zwinglio no se pone en actitud de dependencia, por cuanto pretende también para sí la función episcopal de vigilar sobre la predicación en Zurich, pues estaba convencido de que la esencia del ministerio estaba en la predicación y no en la función del sacerdocio ministerial. En aquellos años Zwinglio estaba convencido de que el laicado podía acercarse de modo autónomo, con tal que fuera competente, a la Escritura.

Para obtener su objetivo buscó implicar a las autoridades. Cuando en los Estados de 1523 se dieron motines sociales .que además tuvieron de revueltas religiosas en cuanto eran llevados al pago del diezmo., Zwinglio rechazó las tesis de los radicales, que pretendían actuar una reforma anabaptista, aunque no constituirse en secta separada. Zwinglio prefirió escoger un camino distinto. Se separó de los campesinos, pero, al mismo tiempo, maduró una concepción distinta del ministerio. Por aquel momento no insiste más sobre el derecho-deber de los laicos de apropiarse de la Escritura, sino sobre la formación de los pastores. Por eso instituyó una escuela de lenguas bíblicas. En tal manera sustraía la predicación a los anabaptistas, que usaron contra él los mismos argumentos por él usados contra Roma.

Se dio, por tanto, el paso de una concepción congregacionalista de los primeros años a una idea de iglesia más jerarquizada, casi más .católico-jerárquica., para la que se sustraía el nombramiento de los pastores a la elección autónoma de las comunidades locales. Por eso consideró la imposición de manos como un .sacramento., junto al bautismo y la cena.

[13]Los campesinos de un pequeño pueblo se lamentaban en 1490 de que un sacerdote era tan pobre, que se había llevado por el beneficio de la iglesia, un abrigo, que después troceó para hacer un vestido a su mujer y sus hijos. Siempre fue criticado el nombramiento de un párroco que escuchaba las confesiones borracho, tumbado en un banco junto al fuego.

[14]Conviene citar la colección Spaetmittelalter und Reformation. Texte und Untersuchungen, dirigida por el mismo Oberman, quien publica los escritos de los maestros que han influido en Lutero, como Ugolino de Orvieto, Gregorio de Rímini, Juan von Pfalz y Staupitz.

[15]A.E.McGrath, Giovanni Calvino. Il riformatore e la sua influenza sulla cultura occidentale. Torino 1990, 32.

[16]F. Schmidt-Clausing, Zwinglio, Riformatore, teologo e estatista della Svizzera tedesca. Torino 1978, 124.

2003. Agradecemos al autor – mercaba.org

 

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LA IGLESIA EN EL 1518 ABRE

ESCUELAS EN PALESTINA

 

Las primeras escuelas a la sombra de los santuarios
La Iglesia Católica había confiado a los franciscanos, en 1342, la custodia de los Santos Lugares. Los frailes comprenden muy pronto que éstos tendrían poca importancia sin las "piedras vivas" que son los cristianos.
Surgen así, junto a los Santuarios, las parroquias y las escuelas. Por eso en la primera mitad del siglo XVI, quizás hacia el 1518, los franciscanos abren las primeras escuelas en Tierra Santa, en Belén primero y en Jerusalén después; en el siglo siguiente se abrirá otra en Nazaret.

En estas escuelas, muy modestas y que se pueden llamar escuelas parroquiales, además de dar a los chicos una enseñanza primaria y los primeros rudimentos de la religión, se impartían lenguas, en especial el italiano y el francés, y posteriormente el turco y el inglés, además del árabe. La finalidad de la enseñanza de lenguas extranjeras no se basaba en criterios colonialistas, sino que tenía un carácter eminentemente social. Durante el período de la dominación otomana, los no-turcos, en especial los cristianos, estaban excluidos de las altas funciones del Estado y de otras ocupaciones, no podían tener propiedades y estaban obligados a pagar fuertes tributos. Para los cristianos era fundamental el estudio de las lenguas extranjeras para trabajar como intérpretes o como guías de peregrinos. Se creó así un grupo de cristianos cualificados que hizo posible también su supervivencia en circunstancias tan duras. No fue una época fácil para las escuelas, ya que los avatares políticos y la penuria económica de los franciscanos, hacían difícil cualquier proyecto. La enseñanza era gratuita y los frailes daban de comer a los niños, a mediodía. En este contexto social hay que destacar la creación en Jerusalén, en 1740, de una escuela de "Artes y Oficios", para que los cristianos pudieran ganarse la vida y sobrevivir con un trabajo digno.

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La ´esperanza´ es anuncio de coraje y lealtad.

 

San Juan de Ávila, sacerdote (15001569)

«Dilexit Ecclesiam» amó a la Iglesia Católica


Nació en Almodóvar del Campo. Hizo estudios de Teología y Derecho en Salamanca y Alcalá. Ya sacerdote en 1525, mira como posibilidad la difusión del Evangelio en las Indias y mantiene contacto con los dominicos -principalmente con Garcés.-

Pero el sur de España fue su parcela de siembra. En Écija comienza su predicación y a leer públicamente las epístolas de san Pablo, reúne niños en la misma casa donde se hospeda para enseñarles el catecismo, a los mayores les comenta la Pasión y junta a un grupo de sacerdotes celosos, predicadores y austeros.-

Lo mismo hizo en Alcalá de Guadaira. Su actividad poco común, y la claridad en la doctrina conjugada con la ascética personal más dura le valieron la envidia; por eso no pudo publicar con su firma el conjunto de libros espirituales, entre ellos uno sobre el modo de rezar el rosario; la traducción del Kempis que por largo tiempo se atribuyó al también dominico Luis de Granada.

Su actividad se traslada a Córdoba y luego a Granada donde, ya como maestro, tiene sitio y parte apostólica activa en la universidad recién creada por el arzobispo don Gaspar de Ávalos. Es ya todo un movimiento sacerdotal de predicadores y confesores cuyo director es el Maestro Ávila que les inculca frecuencia en la confesión, amor a la Eucaristía, oración, contemplación de la Pasión de Cristo y familiaridad con las Sagradas Escrituras.

Tan popular es su figura, tan evangélico su mensaje, tan claro su ejemplo, tan sincera su entrega y tan cargado de frutos su celo que el jesuitismo incipiente se plantea seriamente incorporarlo a sus filas para el bien de la Iglesia y del Reino.-

Llegaron las enfermedades con su compañía de achaques, limitación y dolores que ya no desaparecerán hasta la muerte. Entonces se plantea Juan dejar a la Compañía la herencia de hombres y colegios, pero la persecución del cardenal Silíceo, obliga a tomar precauciones a la Compañía ante los conversos y cristianos nuevos.
Murió Juan de Ávila el 10 de mayo de 1569 con humildad y piedad ejemplar, repitiendo los nombres de Jesús y María. Fue beatificado en 1894; Pío XII lo proclama patrón del clero español y lo canoniza Pablo VI en 1970, el 31 de mayo.

 

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Evangelio según San Juan (3,16-18)

En aquel tiempo Jesús dijo a Nicodemo: «Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él, no es juzgado; pero el que no cree, ya está juzgado, porque no ha creído en el Nombre del Hijo único de Dios».

La fuente del amor - En la liturgia del día la segunda lectura, de la segunda carta de San Pablo a los Corintios, es la que más directamente evoca el misterio de la Santísima Trinidad: «La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo estén con todos vosotros». Pero ¿por qué los cristianos creen en la Trinidad? ¿No es ya bastante difícil creer que existe Dios, para añadirnos también el enigma de que él es «uno y trino»? Hay hoy día algunos a los que no les disgustaría dejar aparte la Trinidad, también para poder así dialogar mejor con judíos y musulmanes, que profesan la fe en un Dios rígidamente único.

¡Los cristianos creen que Dios es trino porque creen que Dios es amor! Es la revelación de Dios como amor, hecha por Jesús, la que ha obligado a admitir la Trinidad. No es una invención humana. Dios es amor, dice la Biblia. Así que está claro que si es amor debe amar a alguien. No existe un amor al vacío, no dirigido a alguien. Entonces nos preguntamos: ¿a quién ama Dios para ser definido amor? Una primera respuesta podría ser: ama a los hombres. Pero los hombres existen desde hace algunos millones de años, no más. Antes de entonces, ¿a quién amaba Dios? No puede de hecho haber comenzado a ser amor en cierto punto del tiempo, porque Dios no puede cambiar. Segunda respuesta: antes de entonces amaba el cosmos, el universo. Pero el universo existe desde hace algunos miles de millones de años. Antes de entonces, ¿a quién amaba Dios para poderse definir amor? No podemos decir: se amaba a sí mismo, porque amarse a sí mismo no es amor, sino egoísmo o, como dicen los psicólogos, narcisismo.
Y he aquí la respuesta de la revelación cristiana. Dios es amor en sí mismo, antes del tiempo, porque desde siempre tiene en sí mismo un Hijo, el Verbo, a quien ama con un amor infinito, esto es, en el Espíritu Santo. En todo amor hay siempre tres realidades o sujetos: uno que ama, uno que es amado y el amor que les une.

El Dios de la revelación cristiana es uno y trino porque es comunión de amor. La teología se ha servido del término «naturaleza» o «sustancia» para indicar en Dios la unidad, y del término «persona» para indicar la distinción. Por esto decimos que nuestro Dios es un Dios único en tres personas. La doctrina cristiana de la Trinidad no es una regresión, un compromiso entre monoteísmo y politeísmo. Es un paso adelante que sólo Dios mismo podía hacer que diera la mente humana.

Pasemos ahora a algunas consideraciones prácticas. La Trinidad es el modelo de toda comunidad humana, desde la más sencilla y elemental, que es la familia, a la Iglesia universal. Muestra cómo el amor crea la unidad en la diversidad: unidad de intenciones, de pensamiento, de voluntad; diversidad de sujetos, de características y, en el ámbito humano, de sexo. Y vemos precisamente qué puede aprender una familia del modelo trinitario.

Si leemos con atención el Nuevo Testamento, observamos una especie de regla. Cada una de las tres personas divinas no habla de sí, sino de la otra; no atrae la atención sobre sí, sino sobre la otra. Cada vez que el Padre habla en el Evangelio lo hace siempre para revelar algo del Hijo. Jesús, a su vez, no hace sino hablar del Padre. El Espíritu Santo, cuando llega al corazón de un creyente, no enseña a decir su nombre, que en hebreo es «Rûah», sino que enseña a decir «Abbà», que es el nombre del Padre.

Intentemos pensar qué produciría este estilo si se transfiriera a la vida de una familia. El padre, que no se preocupa tanto de afirmar su autoridad como la de la madre; la madre, que antes de enseñar al niño a decir «mamá» le enseña a decir «papá». Si este estilo fuera imitado en nuestras familias y comunidades, éstas se convertirían verdaderamente en un reflejo de la Trinidad en la Tierra, lugares donde la ley que rige todo es el amor. ZS05052002

 

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BONDAD: “naturalmente para mí bondad implica también la capacidad de decir «no», porque una bondad que deja pasar todo no hace bien al otro; alguna vez la forma de la bondad puede ser también decir «no» y arriesgarse así incluso a la contradicción. Pero incluso esto debe estar realmente alimentado no por sentido de poder, de reivindicación, sino que debe provenir de una bondad última, del deseo de hacer bien al otro”. Cardenal Ratzinger 2001.

 

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“La Iglesia es siempre joven y el futuro siempre pertenece a la Iglesia. Todos los otros regímenes que parecían muy fuertes han caído, ya no existen, sobrevive la Iglesia; siempre un nuevo nacimiento pertenece a las generaciones. Confianza, ésta es realmente la nave que lleva a puerto”. Cardenal Ratzinger 2001.

 

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San Juan Crisóstomo (hacia 345-407) obispo de Antioquia

y Constantinopla, doctor de la Iglesia Católica

 

“¿Me amas más que a éstos? – Apacienta mis corderos.” (Jn 21,15)

      ¡Imitemos a los apóstoles en sus virtudes y no nos quedaremos atrás! En efecto, no son sus milagros que los constituyeron en apóstoles, sino la santidad de su vida. En ella se reconoce al discípulo de Cristo. El Señor mismo nos ha señalado con este signo. Cuando quiso hacer el retrato de sus discípulos y revelar el signo que los distinguiría, dijo: “En esto reconocerán que sois mis discípulos”. ¿Sería por los prodigios que obraban, por los muertos que resucitaban? De ninguna manera. Entonces ¿por qué? “Por el amor que os tengáis los unos a los otros reconocerán todos que sois discípulos míos.” (Jn 13,35).
       Ahora bien, el amor no es cuestión de milagros sino simplemente de virtud: “El amor cumple todo la ley.” (Rm 13,10) ... Tened amor unos a los otros y así os pareceréis a los apóstoles, estaréis en el primer puesto. “Si tú me amas, dice Jesús a Pedro, apacienta mis corderos”. Aquí, prestad atención, se valora la virtud, el celo, la compasión, el trabajo de guiar, el olvido de los propios intereses, la preocupación por cumplir con la tarea de la carga pastoral; todo esto es fruto de la virtud, del amor, no de los milagros y prodigios sino del amor.

 

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“Lo contrario del matrimonio, que es la unión legal de los homosexuales”.

 

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…como Pedro y Pablo, afrontar mares y romper confines anunciando a Cristo…

«Duc in altum» (Lc 5,4) dijo Cristo al apóstol Pedro en el Mar de Galilea.

 

Conversión a Cristo - Recientemente en una de las secciones fijas de la página de opinión de este diario, se publicó un artículo, en el que el autor narraba su experiencia en una misa de cuerpo presente, cuando el sacerdote que la oficiaba invitó a los fieles a comulgar, no sin antes advertir, que para hacerlo tenían que estar debidamente preparados.

Agrega, que se llevó una sorpresa, ya que nadie se levantó a comulgar.

Lo curioso en esta narración, fue el comentario, hecho por el sacerdote al finalizar la Eucaristía y fuera del templo, de que jamás había oficiado una misa ante tantos pecadores.

En principio me causó mucha gracia la forma tan ocurrente como planteó el referido autor este hecho. Pero a seguidas, se refirió la moda actual de anunciar la conversión a Cristo, la saturación manoseada del lenguaje religioso y la facilidad con la que fauna pecadora nacional e internacional anuncian que se han abrazado al Señor.

Esta afirmación, me obligó a revisar de nuevo un libro que consulto con frecuencia por la riqueza espiritual que contiene, sobre todo en el campo de la sabiduría. En el mismo, se refiere sobre el mal de fondo que constituye la ambigüedad de vida de los que se dicen seguidores del Evangelio.

El quid del asunto está, en aquellos que habiendo hecho la más grande y sublime de las opciones, que es seguir a Cristo con todas las consecuencias que se derivan de ello, les falte coherencia para materializarla, y acaban por contagiarse de la mediocridad moral que vive la mayoría de los seres humanos.

El problema no radica en las continuas caídas y las miserias que gobiernan nuestras vidas, porque la conversión a Dios consiste siempre en descubrir su misericordia.

El mayor obstáculo que encontramos para ordenar nuestra vida es la ambigüedad de corazón, que nos hace vivir en una contradicción permanente entre lo que decimos profesar y lo que en realidad hacemos. Juan Francisco Puello Herrera – 2005.05

 

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Lo primero que hay que decir sobre la humildad es que no se trata de apocamiento, o, como diría Clive Lewis, no se tata de hombres inteligentes intentando creer que son tontos y mujeres bellas haciendo ímprobos esfuerzos por creerse feas. La humildad -Santa Teresa dixit- es la verdad. Un hombre no es soberbio por el hecho de considerarse el mejor de su círculo social (si en verdad lo es). Es más, puede ser un gran humilde si está convencido de su superioridad y, a renglón seguido, deja de pensar en ello.

 

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«Las catástrofes naturales nos sitúan en la verdad. A pesar de tantos progresos, no estamos en grado de poder gobernar la realidad en su totalidad. No encontramos respuesta a estos hechos porque hemos perdido el sentido de la grandeza de Dios»

 

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‘Si la técnica no se reconcilia con  la naturaleza, ésta se rebelará’ 12 nov.2000 S. S. Juan Pablo II - Magno

 

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San Pedro Crisólogo (380 ca. 450 ca.) en el Segundo discurso sobre el ayuno: "Son grandes las obras del Señor". Pero esta grandeza que vemos en la grandeza de la creación, este poder, es superado por la grandeza de la misericordia. En efecto, el profeta dijo:”Son grandes las obras de Dios"; y en otro pasaje añade:”Su misericordia es superior a todas sus obras". La misericordia, hermanos, llena el cielo y llena la tierra. (...) Precisamente por eso, la grande, generosa y única misericordia de Cristo, que reservó cualquier juicio para el último día, asignó todo el tiempo del hombre a la tregua de la penitencia. (...) Precisamente por eso, confía plenamente en la misericordia el profeta que no confiaba en su propia justicia:  "Misericordia, Dios mío —dice— por tu bondad" (Sal 50, 3)" (42, 4-5:  Discursos 1-62 bis, Scrittori dell area santambrosiana, 1, Milán-Roma 1996, pp. 299. 301).
Así decimos también nosotros al Señor:  "Misericordia, Dios mío, por tu bondad".

 

 

Gracias por venir a visitarnos; gracias por elegirnos, por sugerirnos ideas y comentarios.

 

Inquisición ´gay´ - SIDA: La Iglesia es muy clara al respecto: nos dice que el preservativo no es seguro al 100 por cien, que el único método seguro para no contagiarse es la abstinencia y que lo más aconsejable es la fidelidad. Sería muy interesante sacar las estadísticas de los contagiados por esta enfermedad para poder afrontar realmente el problema y no utilizarla en manera perversa para atacar una vez más a la Iglesia. Se podría hacer un estudio de los verdaderos motivos de su propagación, analizando qué porcentaje de enfermos son homosexuales, qué porcentaje son drogodependientes, qué porcentaje son promiscuos y qué porcentaje se han contagiado por seguir la doctrina de la Iglesia. Sólo en este caso podremos confiar en que todos queremos dedicar nuestros esfuerzos de verdad a tratar de atajar este mal y no aprovecharlo para otros fines interesados. Don Luis Ortiz-Echagüe, Madrid. Esp. 03.12.2005.ABC

 

Recomendamos vivamente: “DIOS Y EL MUNDO por Joseph Ratzinger, al día S. S. BENEDICTO XVI. Creer y vivir en nuestra época… con un estilo palpitante, a la vez que inteligente y provocador, esta obra afirma que la Iglesia no es una institución del pasado; que la doctrina de Cristo es una enseñanza vigente y una guía irrenunciable para la existencia personal y para la vida en sociedad. En forma de una larga entrevista, ‘Dios y el mundo’ constituye un auténtico manifiesto que reclama un nuevo despertar de los católicos para enfrentarse a los peligros y controversias de nuestro tiempo. Temas tan polémicos como la manipulación genética o tan fundamentales como el origen del mundo son abordados por el cardenal J.Ratzinger*  quien hace un llamamiento a la lucha por la solidaridad, la libertad y la justicia, y afirma que la Iglesia debe apoyar sobre todo a los pobres, a los débiles y a los desposeídos de sus derechos. [Editorial Galaxia Gutemberg-Círculo de lectores].

Todos los libros del Cardenal J. Ratzinger son aconsejables y aconsejados.

*hoy S. S. Benedicto XVI – Pont. Max. MMV.

 

Recomendamos vivamente:

1º Título: ´La fe en la Edad de la Razón´, de Jonathan Hill - Un recorrido, no muy profundo pero sí sintético, sobre las implicaciones históricas de la Ilustración sobre la fe. - Editorial Jonathan Hill - San Pablo - Madrid 2007 - 208 páginas

2º Título: Europa y la Fe’. Editor: Ciudadela Libros. Autor: Hilaire Belloc.
Páginas: 237 - ISBN: 978-84-96836-23-5 -

En esta obra se trata con un realismo histórico apabullante el tema de Europa y su relación con la fe católica. No se debería desconocer este ensayo histórico admirable en que su autor explica cómo la Iglesia católica ayudó a salvar a Occidente, en las Edades oscuras, preservando lo mejor de la civilización griega y romana, y cómo los europeos, todavía hoy, nos beneficiamos de instituciones sociales y de forma políticas de indudable origen católico como los Parlamentos. Es muy posible que no se haya escrito una mejor visión de conjunto de la civilización occidental que este libro.

3º Título: El Evangelio según San Lucas´, La Biblia comentada por los Padres de la Iglesia. - En la época patrística, los comentarios nacían de la predicación, y eran vivos, mucho más pastorales que hoy. - A.A. Just Jr. Ed. Española a cargo de Marcelo Merino - Ciudad Nueva - Madrid 2006 - 559 páginas

Las ilustraciones que adornan un expuesto, no son obligatoriamente alusivas al texto. Estando ya públicas en la red virtual, las miramos con todo respeto y sin menoscabo debido al ‘honor y buena reputación de las personas’. De allí, hayamos acatado el derecho a la intimidad, a la dignidad-mérito-honra-respetabilidad-pundonor, a la propia imagen y a la protección de datos. Tomadas de Internet, las estampas, grabados o dibujos que adornan o documentan este sitio web ‘CDV’, no corresponden ‘necesaria e ineludiblemente’ al tema presentado; sino que tienen por finalidad –a través del arte- hacer agradable la presentación. Tributamos homenaje de sumisión y respeto a todas las personas, particularmente cuyas imágenes aparecen publicadas, gracias.-

Si de manera involuntaria se ha incluido algún material protegido por derechos de autor, rogamos que se pongan en contacto con nosotros a la dirección electrónica, indicándonos el lugar exacto- categoría y URL- para subsanar cuanto antes tal error. Gracias. ‘CDV’.-

“CDV” intenta presentar la fe cristiana para la gente más sencilla (catequistas, etc.), en especial para los estratos aparentemente más bajos. ¿La razón? Simple: «Son ellos quienes más necesitan conocer la alegría de Cristo».-

Este sitio web ‘CDV’ no pretende ser un campo en el que eruditos intelectuales, ya desde los ámbitos de la teología y la filosofía, señalen el camino para descubrir a Cristo. Sí tiene como objeto mostrar desde un punto de vista elemental, respetuoso y claro, el hermoso rostro del Salvador. Poner en el tapete los problemas del hombre de hoy, de una sociedad cada vez más individualista, y volcada en el consumismo. Y todo ello con un lenguaje comprensible, claro y atractivo.

Debido a la existencia de páginas excelentes sobre apologética y formación, lo que se pretende desde ‘CDV’ es contribuir muy modestamente, y sumarse a los que ya se interesan por el Evangelio de Cristo de manera mucho más eficaz. ‘CDV’ Gracias.-

“Conocereisdeverdad.org = CDV” no necesariamente se identifica con todas las opiniones y matices vertidos por autores y colaboradores en los artículos publicados; sin embargo, estima que son dignos de consideración en su conjunto. ‘CDV’ Gracias.-

Grüss Gott. Salve, oh Dios.

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).