Thursday 25 August 2016 | Actualizada : 2016-08-03
 
Inicio > Valores > Depresión - 1º Enrique Rojas Catedrático de Psiquiatría Tony Anatrella


Cuando me refiero a la Psiquiatría (= ciencia del alma) y no a la Siquiatría (= ¿ciencia de los higos?), opto por esa misteriosa psijé (= alma). Alguien matiza que, originariamente, psijé significa "mariposa". De ahí pasó a "cosa sutil", "viento alado" y por fin "alma". Ignoraba esa desviación y me enriquece mucho hacerla mía. ¡Gran intuición la de considerar el alma como una mariposa! Ahora entiendo la dulcísima metáfora de Juan Ramón Jiménez: "mariposas blancas". MMVI.II

 

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“Quien sufre perturbación anímica producida por una dañina idea fija, es capaz de ver o hacer patente en cualquier imagen, su propia agitada anormalidad” 

 

Dos tentaciones frecuentes amenazan la oración: la falta de fe y la acedia que es una forma de depresión debida al relajamiento de la ascesis y que lleva al desaliento.

 

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Las posibles peticiones de muerte por parte de personas que sufren gravemente, como demuestran las encuestas realizadas entre los pacientes y los testimonios de clínicos cercanos a las situaciones de los moribundos, casi siempre constituyen la manifestación extrema de una apremiante solicitud del paciente que quiere recibir más atención y cercanía humana, además de cuidados adecuados, ambos elementos que actualmente a veces faltan en los hospitales. Resulta hoy más verdadera que nunca la consideración ya propuesta por la Carta de los agentes sanitarios:  "El enfermo que se siente rodeado por la presencia amorosa, humana y cristiana, no cae en la depresión y en la angustia de quien, por el contrario, se siente abandonado a su destino de sufrimiento y muerte y pide que acaben con su vida. Por eso la eutanasia es una derrota de quien la teoriza, la decide y la practica" (n. 149).

 

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Cuando se excluye o niega a Cristo, se reduce nuestra visión del sentido de la existencia humana; y cuando esperamos y aspiramos a algo inferior, la esperanza da paso a la desesperación, y la alegría a la depresión. Se produce también una profunda desconfianza en la razón y en la capacidad humana de captar la verdad; incluso se pone en tela de juicio el mismo concepto de verdad. La fe y la razón, al empobrecerse recíprocamente, se separan, degenerando respectivamente en el fideísmo y en el racionalismo (cf. Fides et ratio, 48).

 

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LA DEPRESIÓN: CÓMO CURAR LA MELANCOLÍA

 

ENRIQUE ROJAS, Catedrático de Psiquiatría

BIlbao, 31 de enero de 2000

 

 

Yo voy a hablarles hoy de la depresión, que es una enfermedad importante porque, en este momento, España en concreto, uno de los países importantes de la Unión Europea, tiene entre 6 y 8 millones de personas al año que la padecen; es decir, que es un índice significativo. Hay matices diferenciales, ya que tiene una larga historia desde el punto de vista semántico. Para dar cuenta de ello, les voy a tratar esta tarde como si fueran mis alumnos en la Facultad de Medicina de Madrid, para que puedan seguirme con cierto orden y, luego, después de mis palabras, hagan comentarios, observaciones y críticas a mis afirmaciones didácticas o docentes.

Vamos a hablar de cuatro aspectos: historia de la depresión, cosa no reciente, como vamos a ver enseguida; etiología, el por qué de su aparición, cuáles son las causas; síntomas, es decir, aquellos criterios clínicos que nos ponen sobre el tapete que estamos ante una persona que tiene esta enfermedad, y, finalmente, el tratamiento, el cual, puesto que la psiquiatría avanza muchísimo hoy día, se ha visto enorme y positivamente modificado en los últimos años. Yo diría que prácticamente el 90% de las depresiones endógenas óhay otras que son exógenas, como veremos enseguidaó se curan. Por lo tanto, el pronóstico es muy favorable. Ha habido un giro copernicano en la evolución terapéutica.

Vamos a ver, antes de entrar en la historia de la depresión, que esta palabra tiene una polisemia. Son muchos los conceptos que se arremolinan en torno a este poliedro, y yo diría los siguientes. En primer lugar, hablamos de ella en el lenguaje coloquial, lenguaje de la calle. Yo recuerdo, de mi época de estudiante de medicina, la palabra histeria. Entonces, era un término que estaba de moda: ´estoy histérico´, ´estoy histérica´, ´me puse histérico ante tal reacción´; hoy es al revés. La palabra depresión se usa en el lenguaje común con una gran frecuencia; tanto, que es una forma de entenderse, y hablamos, en ese sentido, de la depresión política, de la depresión económica, de la depresión social. La gente joven, sin ir más lejos, habla de la depre. Es decir, que hay como una especie de cercanía de este concepto. La psiquiatría alemana, por ejemplo, en los últimos años, ha preferido, al hablar de depresión clínica, hablar de melancolía, tomando el concepto hipocrático de que era una enfermedad del humor, del ánimo.

En segundo lugar, comprendemos la depresión como estado de ánimo normal. Hay una expresión que lo sintetiza: ´estoy deprimido porque me han suspendido un examen´, o ´me ha dejado mi novia y estoy deprimido´; es algo que ha ocurrido.

En tercer lugar, y como contraste, observamos la depresión como estado de ánimo anormal, es decir, una reacción excesiva. Nosotros vamos a verlo dentro de un rato, con los paisajes del alma. Vamos a entrar en el cuarto de máquinas de la personalidad. Bajamos a bucear en lo que hay dentro de cada uno de nosotros. Yo me paso muchas horas a la semana viendo gente que está triste, que está deprimida, que ha perdido un poco el sentido de su vida, no sólo en un aspecto antropológico, psicológico, sino también en un aspecto clínico. Sabemos que, muchas veces, la depresión tiene, incluso, el gran riesgo del suicidio. Por lo tanto, sería un tercer concepto como estado de ánimo anómalo o patológico.

En cuarto lugar, está la depresión como tipo de personalidad. Es decir, nosotros comprobaremos óluego lo veremos en el diagnóstico diferencialó que hay un tipo de personalidad que es depresiva ¿Qué diferencia hay entre la depresión clínica y la persona depresiva? La diferencia es que la persona que tiene una depresión arranca, desde un momento determinado, de un estado de ánimo negativo, mientras que la personalidad depresiva es una personalidad triste y pesimista desde siempre, es decir, tiende a captar la realidad de una forma sesgada, hacia abajo. Esto es distinto, y hay que tenerlo en cuenta porque, muchas veces, yo veo pacientes en Madrid que vienen con una personalidad depresiva pensando que lo cura una medicación, y ese caso tiene otra terapia que luego comentaré.

En quinto lugar, la depresión es, también, un síntoma. Hay síntomas depresivos que se pueden dar en muchas enfermedades: en la diabetes, en una enfermedad degenerativa, en un tumor. Es decir, es muy frecuente que, en enfermedades somáticas generales graves, se asocie a la constelación clínica sintomática algún tono depresivo.

En sexto lugar, está la depresión como síndrome. ëSíndromeí significa, en psicología y en medicina, ´conjunto de síntomas´. Entonces, la depresión tiene una serie de manifestaciones sintomáticas que son muy ricas y que afectan, fundamentalmente, al aspecto físico, psicológico, mental, etc.

En séptimo lugar, existe la depresión como enfermedad. Es el último concepto, que significa que la depresión tiene una etiología, es decir, unas causas que la producen. Antaño, se pensaba que la enfermedad depresiva era una cosa misteriosa, una cosa mágica; hoy sabemos que -lo vamos a ver luego en alguna diapositiva que quiero mostrarles- es una enfermedad cerebral. La depresión cerebral significa que tiene una patología, una patogenia, es decir, que tiene un mecanismo de acción, un pronóstico. Ahora que la gente sabe tanto de psiquiatría, o que le interesa tanto, nos encontramos con que el enfermo nos pregunta: ´Doctor, ¿cuánto va a durar esto?´, ´øQué piensa usted?, ¿esto tiene arreglo o no tiene arreglo?´. El pronóstico es el destino de la enfermedad, y, derivado de aquél, surge el tratamiento, del que volveremos a hablar hacia el final de la charla, cuestionándonos qué hacemos nosotros frente a una persona que tiene esta patología.

Así que, sin más dilación, pasemos a la historia de este padecimiento, cuya existencia, como decía al principio, se ha dado desde siempre. Ciertamente, hay descripciones muy antiguas. La primera que conocemos, la más importante, está en Hipócrates, y es la melancolía fuera de los humores, pero sabemos que, en Egipto, por ejemplo -saben ustedes que las dos culturas más remotas de lo que es Europa son las dos culturas fluviales, la cultura egipcia, que descansa sobre el Nilo, y la mesopotámica, que se mueve entre los dos ríos, el Tigris y el Eufrates-, ya hay descripciones burdas, elementales, primarias, muy sencillas, de lo que era dicha melancolía. Hipócrates, como digo, habla en su libro Las epidemias de la bilis negra, donde el síntoma más importante es la tristeza; se trata de una persona que está triste, que está abatida, en cuyo caso la vida no tiene una proyección hacia adelante, sino retrospectiva. Después, también hacen referencia a ello Celso -si Hipócrates es del siglo IV o V antes de nuestra era, Celso es del siglo I- y Areteo de Capadocia, quien describe la depresión de la siguiente manera: ´Congoja del espíritu fijada al pensamiento sin fiebre´.No olvidemos que la fiebre ha sido siempre un síntoma importante en medicina.

Por su parte, Galeno, en el siglo II, describe tres modalidades de melancolía: la melancolía cerebral, la digestiva y la generalizada. Y es interesante que, en esta historia, también haya una nota a pie de página para un monje del siglo V, Casiano, que describe lo que él llamó la enfermedad de los monjes. Consistía en una especie de
taedium vitae -él le dio el nombre de acedía, que significaba ´aburrimiento´- y tenía dos notas clínicas muy sobresalientes; una referente al espacio, es decir, el espacio se hacía pesado, la sensación de la celda monástica era terrible; otra, a la lentitud del tiempo, porque, como ya sabemos, éste tiene un ritmo. Normalmente, si uno está viendo una película apasionante que le interesa mucho, lamenta que pase rápidamente; sin embargo, éste alude a lo contrario, al tiempo que no acaba de pasar, con una descripción muy bonita del ritmo, de la temporalidad exterior. Dos siglos más tarde, en el siglo VII, será San Isidoro de Sevilla quien describa en su libro De los sinónimos la melancolía, a la que definirá como ´Angustia del alma, acumulación de espíritus demoníacos, ideas negras, ausencia de futuro y una profunda desesperanza´. Habrá después otro libro, De melancolía, publicado por Constantino el Africano y otra autora, que ya es un puente hacia un sentido un poco más científico de lo que era esta enfermedad.

Transcripción de la conferencia del psiquiatra Enrique Rojas - 2

Abandonando esa primera época, señalemos que se ha considerado al Renacimiento como una de las etapas más marcadas por la melancolía óCelso hablaba de esta enfermedad como un dolor moraló, y un médico de ese momento histórico, médico de cabecera de Enrique IV, la describe explicando los síntomas. Dice que una de las cosas que caracterizaban a dicho monarca era, por ejemplo,la dificultad para levantarse por la mañana; es decir, padecía esta astenia matutina que es tan propia de la depresión. En ese mismo periodo, Jacques Dubois, otro médico francés, describe esta enfermedad y recomienda las siguientes terapias: mejora del aire, contacto con la naturaleza y esparcir en los aposentos rosas, violetas y nenúfares. Se habla ya, en algunos de estos textos, del riesgo del suicidio, pero sigamos enumerando. Otro médico de la época, Francesco Gerossa, en su libro Magia, hace un análisis prolijo de estos síntomas y propone la utilización de un jarabe con cerca de 100 ingredientes. Es decir, ya aparece esta idea, que luego vamos a ir viendo a medida que pasa el tiempo, de cómo la depresión se va a curar desde el punto de vista farmacológico. El inglés Robert Burton, un clérigo filósofo y profesor que habla de la Anatomía de la melancolía, tal es el título de su libro, era hipocondriaco, y ya saben ustedes que el hipocondriaco es una submodalidad de la depresión. A la hipocondria, le llamaban los médicos franceses de finales del XIX -que mencionaré enseguida- ´Le malade de le petit papier´, ´La enfermedad del papelito´, porque el hipocondriaco, el hipocondriaco auténtico -habría que establecer aquí una escala según los tipos- es el que va al médico con un papel y lleva todos los síntomas apuntados.

Tiene miedo. A propósito de esto, recuerdo haber visto, cuando empezaba a trabajar como médico en el Hospital Clínico de Madrid, algún hipocondriaco que me decía: ´Doctor, usted tan joven, no creo que pueda comprender esta enfermedad que es tan complicada´. Entonces, venía una lista de 30 síntomas: ´por la mañana me levanto, tengo los pies fríos, las manos calientes, tengo un pellizco que no es pellizco, que es tirantez, que no es tirantez, que...´. Es decir, es el matiz del matiz: ´dolor de cabeza que no es dolor, sino que es una sensación de peso pero que no es peso, que es como tener la cabeza ocupada...´; el paciente va describiendo una geografía de síntomas que recorren todo su cuerpo. Burton, como digo, describe esta modalidad, y señala que, para él, es una forma de depresión. Pero será una figura muy interesante de esta época, Right, quien escriba, a finales del siglo XVI, un tratado sobre la melancolía; o sea que es la primera monografía seria que se escribe sobre la misma. Es este hombre quien pone de moda la utilización de vapores y comprueba, así, cómo el clima del ambiente puede provocar una mejoría, además de recomendar la utilización de purgantes y vomitivos. Hay un personaje español poco conocido, Francisco Vallés, del mismo siglo que el anterior, que también incide en las causas ambientales de la depresión. Por otro lado, en lo que respecta a los métodos para remediar semejante padecimiento, se propondrá, posteriormente, la silla giratoria, una silla circular sobre la que se ponía a los depresivos para que se marearan, lo que producía un gran impacto.

Después, en el siglo XVIII, nos encontramos con un médico de origen árabe, Rufat, sobre el cual existen varias tesis doctorales en España, que describe la enfermedad de Fernando VI: manía melancolía. Fernando VI pasaba temporadas muy activo, con verborrea, sin parar de hablar, con una gran fuerza, y otras temporadas durante las que se metía en la cama. Así pues, este médico describió dicha enfermedad, que sabemos que se ha llamado psicosis maniacodepresiva y que, en la actualidad ópuesto que la palabra psicosis es demasiado duraó, se denomina depresión bipolar, es decir, depresión que tiene dos polos, uno ascendente, de euforia, con todo lo que eso significa, y otro descendente, que es depresión o melancolía

Más tarde, en el siglo XIX, aparece ya la psiquiatría francesa, con tres o cuatro grandes médicos muy importantes que subrayan la importancia de esta patología. Uno de ellos es Pinel, quien, en su libro Tratado médico-filosófico, habla de la alienación mental y afirma que esta enfermedad es un juicio falso sobre uno mismo y sobre la realidad. Como decía Quevedo, ´nada es verdad ni mentira, todo es según del color del cristal con que se mira´; el cristal, la perspectiva con la que el depresivo ve el mundo, el propio y el ajeno, es enormemente negativa. A finales de dicho siglo, nos encontramos con otro de éstos, un alemán que describe esta enfermedad diciendo que las enfermedades depresivas son enfermedades del cerebro, primera idea que contrasta con todo el historial mágico que ésta arrastraba. Y también está Krepeling ócuando explico Historia de la Psiquiatría suelo dedicarle casi media lección a este autor germanoó, quien describe la locura maniacodepresiva. La palabra locura, sin embargo, ya la hemos quitado del mapa, porque, lógicamente, es una palabra peyorativa. Al enfermo, del tipo que sea, no se le puede llamar loco, sino que es una persona que tiene un déficit en algún área de su conducta.

En la transición del XIX al XX, dos investigadores italianos describen el electroshock, aplicación de la corriente eléctrica en zona frontotemporal bajo anestesia -antes se hacía sin anestesia y producía ataques epilépticos-, método que, hoy día, prácticamente no manejamos pero que provocaba un cambio enorme en el mapa cerebral, en las sustancias productoras de la depresión.

Y, por último, ya en el siglo XX, hay que reseñar que el estudio de esta patología es impresionante. Muchos de los grandes investigadores de la psiquiatría no ven enfermos por la enorme complejidad que se produce dentro de este campo. De tal manera es así que, incluso en los dos o tres países más importantes del mundo en investigación, como son Estados Unidos, Japón o Canadá, muchos psiquiatras se dedican sólo a un área concreta de la psiquiatría, como, por ejemplo, a investigar sólo la anorexia, bulimia o trastornos del sueño. Les voy a contar una anécdota que me pasó a mí la primera vez que estuve en la Universidad de Nueva York, la NYU, con el Jefe de Psiquiatría, que era una persona muy abierta pero con una socarronería un poco inglesa.

Esta Universidad tiene en la 1™ Avenida, esquina con la calle 27, un hospital muy célebre, muy antiguo, de los más viejos de Nueva York, el Belbio, que tiene veintitantas plantas, de las cuales tiene 10 de psiquiatría. Entonces él me preguntó ´¿Cuál es su especialidad?´, y le dije ´Me dedico sobre todo a las depresiones´, a lo que él replicó ´Pero ¿a todas? , y yo le volví a contestar ´Sobre todo a las del adulto´, y él volvió a preguntar ´Pero ¿a todas las del adulto?´ - es decir, la especialización es terrible -. Días más tarde, con un poco más de confianza, le interrogué: ´Profesor, ¿cuál es su especialidad?´, y me dijo ´Yo me dedico a tratar sólo a psiquiatras neuróticos´, y yo, a su manera, le pregunté de nuevo ´Pero ¿a todos?´. En la ciudad de Nueva York los psiquiatras tienen fama de no estar muy centrados, es una especie de clima general, y me hizo gracia que se dedicara sólo a tratar este tipo de pacientes.

Pero dejemos estos asuntos aparte y centrémonos en la depresión, puesto que ya tenemos un pequeño mapa. Hay una historia enorme que nosotros estudiamos con unos criterios muy operativos, es decir, muy prácticos, de tal manera que seguimos unas líneas magistrales que nos dan pie para saber si estamos o no ante esta enfermedad. Si nos preguntamos por lo que es, habrá que responder que es un padecimiento del estado de ánimo, que puede ser debida, fundamentalmente, a causas neurobioquímicas, en el caso de la depresión endógena, o a causas psicológicas, en el de la depresión exógena o reactiva. Por lo tanto, hay dos modalidades, y la primera de ellas es esencialmente hereditaria. De hecho, para reconocer el tipo de dolencia de una persona, lo primero que hacemos es estudiar este aspecto, si ha habido antecedentes familiares, personales...; es decir, rastreamos retrospectivamente esa historia personal. En cambio, la depresión exógena nos habla de reacciones depresivas, ya que la vida nos ofrece a todos, permanentemente, momentos en los que está uno triste.

Pensemos en la competitividad que hay a cualquier nivel, en lo difícil que es la vida, en su complejidad. Muchas veces, cuando en la televisión, por ejemplo, que es el gran vanalizador de este tiempo nuestro, que lo convierte a todo en divertido, en penoso, en lamentable, el
speaker se despide y dice ´Que sean felices´, miren ustedes, debemos entender que la felicidad es el resultado, la suma y compendio de lo que yo he hecho con mi vida, de acuerdo con lo que proyecté; por lo tanto, es una resultante. No soy feliz; puedo tener momentos felices, pero la felicidad tiene un calado enorme de fuerza, y eso lo he dicho yo, en otro tono, en multitud de ocasiones, en algún libro mío reciente, como en este de La ilusión de vivir. La felicidad consiste en tener buena salud y mala memoria; es decir, en la capacidad para pasar las páginas negativas del pasado, lo que indica buena salud mental. Eso es muy importante. Cuando uno está atrapado en los recuerdos negativos, uno necesita una ayuda psicológica. Así pues, la tristeza debida a algo sería la reacción depresiva y la tristeza depresiva, tristeza de la enfermedad; hablamos de las depresiones exógenas y endógenas, respectivamente.

 Transcripción de la conferencia del psiquiatra Enrique Rojas - 3

¿Qué diferencias hay?, pues mire usted, cuántas veces le preguntamos a la gente ´¿tú cómo te encuentras de ánimo?, ¿cómo estás por dentro?´, y cuántas veces decimos ´estoy triste´, ´estoy decaído´, ´no me encuentro bien´ o ´estoy bajo de tono´. Son expresiones. Hay un estudio que hice yo algunos años atrás, en una muestra de pacientes en Madrid, sobre los sustantivos que empleaban los enfermos según los niveles sociales o socioculturales. Era curioso, porque las personas de nivel social más alto, las que tenían más estudios, más capacidad, utilizaban expresiones psicológicas como triste, aburrido, deprimido, decaído, mientras que las personas de menos nivel sociocultural utilizaban expresiones somáticas como sin gana, sin fuerza, sin energía.

De hecho, muchas veces preguntas a gente de menos nivel sociocultural cómo está de ánimo y te responden ´no tengo ganas de comer´; así, una pregunta psicológica es respondida de una forma somática. Pero en realidad, las diferencias que voy a establecer
grosso modo las pueden ustedes encontrar en alguno de mis libros, y es un asunto muy bonito, porque indica la pericia del psiquiatra, que se mete, que ahonda en los entresijos de la personalidad del otro.

La tristeza psicológica es motivada por algo, estoy triste por algo. La melancolía puede ser causada por una cosa pequeña, lo que los americanos denominan life evens, acontecimientos de la vida, o puede ser un sumatorio de cosas: es esto, es aquello, es lo otro, es lo de más allá... Sin embargo, la tristeza depresiva suele ser, generalmente, inmotivada, hay pocos motivos o ninguno ¿Qué significa esto?, significa que, muchas veces, de cosas insignificantes, esa persona hipertrofia, agranda o desproporciona el agente causal.

Además está el sentido: en la tristeza psicológica es comprensible, se comprende que uno esté triste, y comprender es aliviar, es ponerse en el lugar del otro, pero en la tristeza depresiva es incomprensible. Yo he visto muchas depresiones tras el éxito, tras una subida profesional, un ascenso, o aquéllas en las que no había motivo, no tenía sentido que aquello se produjera.

Si, por otro lado, atendemos a su vivencia, la habida en la tristeza psicológica es más superficial, se muestra con lágrimas o bien se guarda dentro -también depende del tipo de personalidad-, mientras que la tristeza depresiva es muy profunda, es densa, compacta, pétrea, consistente, cala a fondo.

En lo que respecta a su intensidad, la tristeza normal es una tristeza menor, aunque, naturalmente, depende mucho de los acontecimientos: no es lo mismo la muerte trágica de una persona querida o un revés de la fortuna que otros acontecimientos. Y, miren ustedes, aquí yo haría una pequeña incisión, válida hasta hace años. En nuestro medio, en la sociedad occidental, la mujer suele ser especialmente sensible a las frustraciones afectivas y el hombre es especialmente sensible a las profesionales, pero esto está cambiando. Piensen ustedes que, en la Universidad Complutense de Madrid, por ejemplo, en Medicina, el 60% de los alumnos hoy son mujeres, y en Derecho, el 70%.

En el siglo XVIII y principios del XIX, se decía que la mujer era menos lista porque tenía menos masa encefálica. Hoy sabemos que la masa encefálica de la mujer es la misma que la del hombre, y que no es que sea más lista, sino que el hecho es que está ahí. Hace unos días pedía yo diez voluntarios para hacer un trabajo en la Facultad de Madrid y los diez eran mujeres. Vivir para ver. Es decir, el sexo débil se ha vuelto fuerte y el fuerte se ha debilitado. Se ha producido un cambio de roles. Pero sigamos con otras diferencias entre estas dos tristezas.

La tristeza psicológica es una tristeza que generalmente no se plasma en el plano somático; lo más, como decía antes, es que haya lágrimas o que una persona cambie la cara, tenga una cara mustia, melancólica. No ocurre lo mismo, en cambio, con la tristeza en la enfermedad depresiva: en este caso sí se somatiza. Es decir, se marca sintomáticamente a través de dolores de cabeza con una topografía compleja. Pueden ser frontales, frontotemporales, en la zona occipital...; pueden ser dolores difusos, etéreos, vagos, pocos concretos; pueden ser específicos... Además, en el plano respiratorio, pueden ir acompañados de una sensación de opresión, de falta de aire, de la sensación de dificultad para respirar.

Por no hablar del plano digestivo, en el que son muy frecuentes las quejas de la persona depresiva, que va recorriendo médicos hasta que uno, un médico de atención primaria o un interno que conoce la psiquiatría le dice: ´Mire usted, si usted lo que tiene es una depresión; tiene una molestia somática, pero eso no es digestivo´. Esto es como aquel dicho que se oía mucho en otra época, en la gente castellana, del pueblo: ´Tengo los nervios en el estómago´. No sé si se decía aquí, pero recuerdo que había que aclararlo: ´Mire usted, esto no son nervios, es el estómago. Usted tiene una depresión, lo que pasa es que la depresión se manifiesta de esta manera´.

Con todo ello, ya tendríamos una primera definición de este padecimiento como enfermedad del estado de ánimo, enfermedad del humor debida a causas biológicas, resultado de un transtorno de la neurona, o causas psicológicas. Atendiendo de manera más amplia al primer caso, les quiero explicar que nosotros, en los últimos años, medimos y pesamos la depresión, al igual que uno mide el nivel de glóbulos rojos en sangre y sabemos si una persona tiene anemia, o tiene colesterol alto, o tiene un índice de glucosa de tal o cual calibre... Utilizando una muestra de 290 pacientes, hemos visto qué serie de variables afectan más en la depresión. Es decir, hay aquí un manejo distinto de los sustantivos anteriormente nombrados que constituyen el mapa de esta patología. Lo que es importante es que ustedes sepan que la depresión endógena es una enfermedad producida por un trastorno cerebral. Nosotros tenemos un procesador, un pequeño microprocesador en el cerebro, que es la neurona.

 

La mente es una complicada estructura, situada físicamente en el cerebro, que recibe influencias de todo el organismo. Se encuentra en continua actividad y sólo durante el sueño entre en una fase de reposo relativo, ya que continúa funcionando a niveles mínimos.. El funcionamiento psíquico es realmente complicado. La actividad mental, la vida psíquica, radica en el cerebro y el resto de las estructuras del sistema nervioso central. Nuestra mente es una máquina que piensa, está atenta, se orienta, tiene memoria, es inteligente, nos comunica con el exterior, se mantiene consciente…


Tenemos, aproximadamente, cien mil millones de neuronas y, a su vez, cada neurona tiene entre diez mil y cien mil conexiones con las neuronas vecinas, por lo que se produce una central eléctrica o telefónica de altísima complejidad, de tal manera que hay unas relaciones tremendamente interesantes. La neurona tiene tres partes fundamentales: el cuerpo, el axón, que es una terminación larga, abotonada, y luego una zona que son las dendritas, que son unas terminaciones que se bifurcan en distintos aspectos. Incluso podríamos decir que nuestra mente funciona como un ordenador: recibimos información, que puede ser verbal, visual, auditiva...; luego hay un segundo momento, que es el procesamiento o el almacenamiento, la sistematización de ese material recibido óéste y el anterior serían el input, en el lenguaje informáticoó, y un tercero, que son los registros de salida óel output. De hecho, siguiendo este esquema podríamos definir, también, qué es inteligencia. Inteligencia es la capacidad para utilizar de forma correcta la información recibida, procesarla de forma adecuada y dar respuestas eficaces.

Desde luego, sería una definición un tanto computerizada, porque la inteligencia es, ya que he entrado en el tema, bastante más que eso: es capacidad para captar la realidad en su complejidad y en sus conexiones, es capacidad de síntesis, es saber distinguir lo accesorio de lo fundamental. Allí donde hay compresión lógica o racional, ahí hay una persona inteligente. Por lo tanto, tiene que ver con la neurona y tiene que ver con muchas más cosas ¿Por qué?, pues miren ustedes, porque toda la conducta humana descansa sobre dos esquemas: la herencia y el ambiente, es decir, el equipaje genético y el entorno. Uno puede haber recibido un gran potencial intelectual por parte de su familia, o un potencial depresivo, pero el entorno es otro de los factores influyentes óya sabemos la importancia que tiene la educación, por ejemploó. Y dentro de ese espacio neuronal donde se desarrolla todo lo dicho, nos vamos a encontrar con una zona intermitente, entre una neurona y otra, que se llama espacio sináptico, lugar donde se ocasiona, en este caso, la depresión endógena, debida, fundamentalmente óhay más aspectos, pero no quiero complicar el temaó, a tres sustancias que transmiten los impulsos nerviosos dentro del cerebro, en un intercambio muy complejo: serotonina, dopamina y noradrenalina.

Así pues, podemos decir que la depresión endógena es una enfermedad neurobioquímica. Yo recuerdo cuando antiguamente se hablaba del
médico de los locos, del psiquiatra como médico: ´Mire usted si estuvo mal que tuvo que ir al psiquiatra´. Hoy, en algunos países del mundo, en Estados Unidos, en Australia, en Japón, el psiquiatra es como el médico de cabecera. Nadie queda descalificado por ir al dentista dos veces a la semana, ni al psiquiatra, porque no es sinónimo de locura. Es una enfermedad importante, como digo, de naturaleza endógena óya hemos visto que la exógena tenía otras característicasó. 

Transcripción de la conferencia del psiquiatra Enrique Rojas - 4

Por otra parte, yo diría que los tres aspectos que más afectan son, además de la ya nombrada inteligencia, la afectividad y la personalidad, junto con nuestro cuerpo, que es nuestro vehículo. La personalidad es, por definirla de una forma rápida o muy sencilla, aquel conjunto de pautas, de conductas actuales y potenciales que se hospedan dentro de nosotros. O aquel conjunto de ingredientes físicos, psicológicos, sociales y culturales que dan lugar a una forma de ser. Por eso la personalidad se quiebra cuando está deprimida; comienzan a dar señales de vida aspectos muy negativos de la misma.

En cuanto a la inteligencia, debemos destacar óya que antes nos hemos referido a ella en líneas generalesó que hay muchos tipos. Nosotros, los psiquiatras, sabemos que decir eso de ´Esta persona es muy inteligente´ es poco; hay que matizar. Hay una inteligencia teórica, que es la del intelectual; una práctica, que es la de la persona operativa ógeneralmente, éstas están a la gresca, y de este hecho deriva, precisamente, la figura del sabio distraído: esas personas que son muy inteligentes para los aspectos conceptuales y no son prácticas para la vidaó; otra social, la de las relaciones públicas; otra analítica, otra sintética, otra discursiva, es decir, la capacidad para expresar ideas en público; la matemática, por la que se expresa el mundo en lenguaje cuantitativo, y la instrumental -a ésta le he dedicado yo un libro-, que es la voluntad, un ingrediente básico, la capacidad para hacer algo sin encontrar un resultado inmediato, para aplazar la recompensa, y que tiene como fundamentos el orden, la constancia, la motivación. Además, junto a esta lista enumerada, hay una inteligencia de las inteligencias, una mayor: la inteligencia para la vida -ésta es punto y aparte, y yo le dedicaría toda la noche-, la facultad para saber gestionarla bien. Yo conozco mucha gente muy lista que tiene una vida muy caótica, y conozco gente que, con una inteligencia moderada, en cambio, ha sabido pilotar muy bien su conducta.

La tercera y última es la afectividad, aquella parcela de nuestro patrimonio psicológico donde aparecen los grandes asuntos afectivos: los sentimientos, las emociones, las pasiones, las motivaciones, que nos resuenan como en una sinfonía, cada una con voz propia, dicho lo cual, entro ya en la tercera parte de mi exposición.

¿Cuáles son los principales síntomas de la depresión? Yo diría que tiene, fundamentalmente, cinco estirpes de síntomas, que luego, cada uno, se desparraman, se subclasifican y, al mismo tiempo, se entrecruzan; son los físicos, los afectivos, los de conducta, los cognitivos y los aseverativos. Ya decía Letamendi, aquel médico español tan célebre, que no hay enfermedades, sino enfermos. Una cosa son los libros y otra cosa es la realidad clínica. A mí, lo que no me han enseñado los primeros me lo han enseñado los segundos, porque el enfermo es un libro abierto en el que uno aprende la complejidad, lo variopinto, lo kafkiano, lo surrealista de los cuadros clínicos; cada uno tiene un curso curioso y sorprendente, y, realmente, no sigue lo que dicen los textos. Así que, partiendo de esta premisa, voy a explicarles qué significa cada uno de dichos síntomas brevemente.

En primer lugar, están los físicos, de los cuales, el más importante es el dolor de cabeza. De hecho, antiguamente, hace 20 años, se hablaba de las depresiones enmascaradas, cuya apariencia era fundamentalmente somática, no psicológica. Los alemanes le llamaban a esto ´depressio sine depressione´, ´depresión sin tristeza´, durante la que aparecen síntomas somáticos como dichos dolores de cabeza, molestias digestivas o molestias difusas por la geografía corporal, en forma de dolores mal estructurados. Además, hay dos síntomas físicos que no hay que perder de vista: uno, la impotencia sexual en el hombre -es muy rara una depresión en la que la sexualidad funciona bien- y el vaginismo en la mujer; otro, el transtorno del ritmo del sueño, ya que una de las cosas que refleja más salud psicológica o más salud general es dormir bien. El insomnio es otra constante en la depresión; son muy raras, en cambio, las depresiones normosómnicas, en la que el enfermo duerme bien. Se puede tratar de dificultad para coger el sueño, sueño intermitente, sueño no reparador o sueños con contenidos oníricos angustiosos; es decir, hay una gran variedad de dificultades en el sueño. Las personas que duermen bien no saben con lo que cuentan; ´no se sabe lo que se tiene hasta que se pierde´ dice el refrán castellano.

En segundo lugar, están los síntomas psicológicos o afectivos. Los síntomas afectivos son la esencia de lo que es la depresión. Ahí está la tristeza, en esa variedad que yo he comentado antes de formas de estar triste, y lo contrario, cómo no, es la alegría. Kafka, este gran escritor que fue conocido a través de su albacea de testamento, en su libro Conversaciones con Hanus, dice lo siguiente: ´El corazón del hombre es una casa con dos estancias; en una está la alegría y en otra, la tristeza. Y dice la leyenda que no conviene nunca reír demasiado fuerte, porque se corre el riesgo de despertar a la tristeza, que está en la región vecina´. Es decir, los sentimientos están muy cercanos, contrapuestos. Lo dice el lenguaje de la calle: ´del amor al odio no hay más que un paso´. Lo estamos viendo hoy, en esta epidemia que asola a Occidente de crisis conyugales, junto a otras dos que cierran este final de siglo: el SIDA y la droga. Hay una auténtica mancha de aceite que se extiende por el mundo, sin que se pueda cortar fácilmente, por lo que parece.

Y lo vemos ahí, en personas que se han querido mucho: de pronto, hay un giro contrario en la afectividad. Aquí, precisamente, es donde entra esa variedad. Muchas veces no es sólo tristeza, es también aburrimiento. La palabra aburrimiento, en alemán, por ejemplo, es
langebeile, que significa, literalmente, ´momento largo´; es decir, el tiempo se alarga. Cuántas veces he oído yo a algún paciente mío decir ´Doctor, las mañanas son interminables. Miro el reloj una y otra vez ¿Se habrá parado el reloj? El tiempo no corre´; ocurre lo contrario cuando uno está enamorado, cuando está feliz de la vida: no hay tiempo para nada, está uno desbordado. Pero también existe lo que llaman los alemanes sbermut, que es ´pesadez del cuerpo´. Hay, por tanto, una sensación física y somática a la vez. Pesa el cuerpo y pesa la psicológico, como una sensación elefantiásica, para dar un paso adelante. Yo he visto muchos enfermos depresivos que están sentados en la cama sin poder levantarse y que tienen, a lo mejor, un libro a tres metros. Y hay una especie de diálogo consigo mismo; ´ahora lo cojo´, dicen, aunque pueden pasar tres horas. Es una sensación terrible.

En tercer lugar, están los síntomas de conducta, aquéllos que se manifiestan en el comportamiento externo, por lo que, dentro de éstos, hay muchos aspectos: la disminución de palabras por minuto en una persona que está hablando y no dice nada salvo respuestas monosilábicas, o el rictus de la cara, el espejo del alma, a la que vienen los paisajes del alma; es decir, que lo que llevamos dentro sale al exterior. No en vano, muchas veces decimos ´no me gustó su cara´, ´tenía mala cara´, o ´dio la cara´. Así pues, la cara es programática, como la vida, y manifiesta nuestro interior en sus dos partes: la cara romántica y la cara clásica. La cara romántica son los ojos -dice tanto la mirada!-, que pueden estar tristes, melancólicos, apagados, fijos, un poco estáticos, y la boca, que tiene su propia fisonomía. La clásica es ese semáforo de señales que emite, en general. Claro que la conducta también se manifiesta en el resto del cuerpo. Todo ello para reflejar síntomas depresivos que, como digo se desparraman por aquí y por allí. 

Transcripción de la conferencia del psiquiatra Enrique Rojas - 5

En cuarto lugar, están los síntomas cognitivos. La palabra cognitivo -quiero hacerles una pequeña advertencia- significa la manera en que nosotros almacenamos todo lo que recibimos en nuestra cabeza, a través de esquemas. Es decir, muchas veces la gente funciona con éstos. Hace un rato, una periodista me decía ´¿Ir al psiquiatra es sinónimo de estar loco?´ Bueno, esto ocurre en la gente con muy poca cultura. Ésa es una idea que todavía deambula y circula por la calle, pero esto no es así. Conceptos esquemáticos como ´Me han dicho que las depresiones, una vez que tienes la primera, ya no se arreglan´ o como ´ésa tiene que tener depresiones siempre´, son falsos, negativos. Es como si uno habla de los políticos y dice ´todos los políticos son corruptos´. Conocemos muchísimos políticos que son extraordinarios.

Es evidente que la generalización de cualquier cosa da lugar a estos esquemas falsos. Pues bien, el depresivo, en los síntomas cognitivos, lo que hace es una falsa interpretación de sí mismo. Entonces, si yo pierdo, por ejemplo, la funda de mis gafas ótoda la conducta humana se mueve entre un binomio estímulo-respuestaó, la reacción, la respuesta a la pérdida de la funda de las gafas tiene que ser proporcionada al estímulo. El depresivo permanentemente deforma la realidad, la agranda, la hipertrofia, y se produce esta situación tremenda. Me decía un enfermo mío ´Doctor, no sé qué es lo que me pasa que, cuando subo al autobús en Madrid, siempre me fijo en alguien al que le pasa algo negativo, una persona que está coja, que tiene un defecto en la cara, que tiene...´. Hay una capacidad selectiva para captar lo negativo.

Y en quinto y último lugar, están los síntomas asertivos. La palabra ëasertividadí óëasertoí, en castellano, significa ´afirmación´ó, en este contexto, significa que la depresión afecta a la habilidad en el contacto interpersonal. Es decir, una persona depresiva no está especialmente florida para hablar, para comunicarse con la gente, sino que está callada, en silencio, introvertida, con pensamientos negativos que circulan en su cabeza y que no salen al exterior. Hay, por lo tanto, un cierre hermético en el contacto con el otro.

Esto sería, a grandes rasgos, el paisaje, los síntomas, las manifestaciones clínicas más importantes, pero sí quisiera hacer, llegado este punto, un diagnóstico diferencial con tres entidades clínicas que, aunque muy parecidas, no son depresión. Lo haré de manera sencilla, para que ustedes lo entiendan. No hace falta que sean médicos ni personas expertas.

En primer lugar, tenemos la personalidad depresiva, aquélla cuya conducta, desde siempre, desde que se conoce, tiene las características fundamentales del pesimismo, la introversión, la tendencia patológica al orden, vivir hacia el pasado, dificultad para hablar con los demás; es minuciosa, obsesiva, hipersensible, etc. Hace unos días, veía en Madrid a un señor de sesenta y tantos años largos; venía con su mujer -tienen varios hijos y están todos casados-, y ésta me decía: ´Mire usted, doctor, ha tomado de todo. Le he traído a usted una lista. Yo creo que ha tomado 50 pastillas; todo lo que está en el vademécum´.

A raíz de esta conversación, durante dos días, nos dedicamos a estudiar su personalidad con entrevistas directas, hablando con él, preguntándole qué tipo de vida hacía. Me impresionó cuando yo entré dentro de este hombre y ví que él, de siempre, ha sido un hombre triste. Ya me lo indicaba la mujer: ´Mire usted, yo me enamoré de él porque me sorprendió un hombre tan callado, que no hablaba nada; entonces pensé "algo tendrá dentro" ó-Ortega y Gasset decía que una de las cosas que más enamoran es bucear en la intimidad del otro-, y luego proseguía ´Yo fui buscando y vi que no había nada. Cuando ya me casé, dije, "bueno, este hombre es así"´ -en concreto, lo calificaba de ´soso integral´-. Entonces, yo le aclaré: ´su marido no tiene nada, el tratamiento no es farmacológico. Hemos estado dos días trabajando con él y su marido tiene una personalidad depresiva´, a lo que ella contestó ´ya decía yo que mi marido no era normal´. Para terminar, le expliqué: ´lo que vamos a hacer es darle unas pautas psicológicas para intentar, a pesar de los sesenta y tantos abriles que tiene, cambiar un poco su personalidad´. Éste es un ejemplo claro de ese primer tipo de personalidad, a la que se le trataba de forma incorrecta.

El segundo tipo, la vida depresiva, se refiere a aquella vida que está presidida por la monotonía. Y esto lo ve uno en gente de todas las clases; puede ser de pueblo o puede ser de ciudad. Piensen ustedes en una ciudad como Madrid, con cinco millones de habitantes. La persona que en Madrid está sola, está supersola. Porque uno está solo en un pueblo de Zamora y sale a la calle, y hay mil habitantes, o tres mil, y uno conoce a la gente; sin embargo, en Madrid es dramático ódigo Madrid como podría decir Nueva York o las grandes ciudades del mundoó. Entonces, hay que tener claro que dicha vida depresiva no se arregla con pastillas; hace falta cambiar en ese tipo de vida, llenarla de contenido. La felicidad consiste en ilusión, pero, -ojo!, no es su contenido, sino su envoltorio: metas, retos, planes, objetivos, cosas por delante que hacer...; ésa es la felicidad. Normalmente, pasamos el tiempo pensando en el día de mañana, cosa muy necesaria que no ocurre en la vida depresiva: no hay día de mañana, hay hoy y ahora. A una persona que le da lo mismo que sea lunes que fin de semana, siempre se le ocurrirá hacer lo mismo, por lo que hay que hacerle comprender que esta clase de vida forma, ya, parte su conducta y es muy negativo.

Por último, está la tercera modalidad de la confusión, que también requiere, como digo, un diagnóstico preciso por parte del psiquiatra; es lo que se ha dado en llamar la distimia depresiva. La palabra distimia es una palabra antigua retomada por la American Psyquiatric Association desde hace unos años, a través de los glosarios psiquiátricos que utiliza, que se llaman en inglés DSM4. Son las siglas, en inglés, de Disismental Estatistical Four óla cuarto ediciónó, es decir, un glosario en el que vienen todos los síntomas. Y la distimia se define de la siguiente manera: ´dícese de aquel cuadro clínico que alberga en su seno dos cuadros clínicos: uno, una depresión propiamente dicha, y, otro, un trastorno de la personalidad´. La verdad es que, en estos casos, hay un fenómeno muy curioso: yo veo muchas personas con distimia, muchas, y me impresiona cuando le pregunto al paciente ´oigame, el médico anterior, los médicos que le han visto, ¿le han hecho psicoterapia?´, y me responde, ´no, mire usted, el médico decía que no tenía tiempo mas que para darme pastillas´. ¿Qué es lo que ha ocurrido aquí?, pues nada más y nada menos que una hipertrofia de lo que yo llamaría, con cierto desdén, la pastilloterapia. Si tienes depresión, una pastilla; si estás arriba, otra pastilla; si estás decaído, otra; si esto, si lo otro, otra pastilla.

Cuántas veces va a la consulta un chico con un fracaso escolar, tres o cuatro años sin hacer nada, y te dice la madre: ´Doctor, ¿no habría alguna pastilla para que mi hijo estudiara?´. A eso le respondo yo ´Sí, una que se llama voluntad´. La voluntad es la joya de la corona. Una persona sin voluntad es un desastre, mientras que otra poseedora de la misma, llega en la vida más lejos, incluso, que una persona inteligente; por eso hay que fomentarla.
Mutatis mutandi, hechos similares ocurren aquí con la distimia, así que ø por dónde empezar?, øqué hacer? Pues hay que hacer dos cosas. En primer lugar, ver qué tipo de personalidad tiene. Los síntomas más importantes de la personalidad o del transtorno de la depresión son los siguientes óa grandes rasgos, como digo, porque habría mucha tela que cortar aquíó: en primer lugar, el síntoma más importante es el complejo de inferioridad, ya que una persona que tiene un desajuste de la personalidad suele ser una persona acomplejada óhaciendo un inciso, hay que aclarar que el complejo es mental; o sea, yo puede tener complejo por ser demasiado alto o demasiado bajo, o por tener demasiada delantera, en el caso de la chica, o demasiado trasero. No hay más que ver la desgraciada moda de la anorexia: todas, incluso las escuálidas, se encuentran gordasó; en segundo lugar, la inseguridad, síntoma clave en la personalidad no ajustada y aspecto subjetivo.

Hace unos días veía yo a un chico de un pueblo de Toledo que trabaja en el campo óel padre tiene una vaqueríaó y no sabe leer ni escribir, y se justificaba de la siguiente forma: ´Mire usted, yo no sé más que firmar, pero yo no soy tonto. Tengo una gran seguridad en mí mismo porque yo he tenido un negocio de vacas. Empecé con tres o cuatro y tengo hoy cuarenta en el pueblo´. Es decir, una persona puede ser médico, ingeniero, arquitecto o profesor de algo y estar acomplejado porque se compara con el otro. Pero continuemos señalando otros síntomas, como la hipersensibilidad psicológica, propia de individuos que necesitarían estar al lado de un diplomático de carrera para que dijera la frase, la palabra justa óes casi imposibleó, o como aquel otro, bastante frecuente, en el que la persona queda atrapada en los recuerdos negativos del pasado. Nosotros, en estos temas en concreto, hacemos una psicoterapia de apoyo; es decir, una persona que no supera el pasado negativo se convierte en neurótica, y una persona neurótica es una persona agria, amargada, resentida, torcida, echada a perder. Sabemos, además, que esta patología se contagia: en una familia donde hay varias personas neuróticas o una gran neurótica, hasta el perro se convierte en neurótico. El perro, de pronto, le da un bocado al amo, o a alguna de las personas que más quiere, porque ya no sabe qué hacer. En todo caso, y dejando ya aparte esta enumeración, en consecuencia con estos síntomas que acabo de mencionar, nosotros hacemos una psicoterapia, que es restablecer, mediante una serie de pautas de conducta, el equilibrio; además, le asociamos medicación, pero nunca hacemos de ésta primer y único elemento. Como las depresiones que se dan en las enfermedades somáticas pueden ser, como decía antes, muchas y diversas, la asignación de una pequeña medicación puede ser suficiente.
 

Transcripción de la conferencia del psiquiatra Enrique Rojas - 6

Y, finalmente, entramos en la última parte de la charla: el tratamiento. El tratamiento de la depresión tiene, fundamentalmente, tres grandes áreas: la bioterapia, la psicoterapia y la socioterapia. Debemos tener en cuenta que la medicina es ciencia y es arte; es decir, no sólo está el vademécum, el libro donde vienen todos los fármacos, sino también la personalidad del médico, una de las cosas que más cura. Éste se pone al lado del enfermo para ayudarle, siguiendo una forma de terapia esencial que es amar, el amor al otro. Decía Marañón que una de las formas más sugerentes de amistad es la relación médico-enfermo, que está poco descrita y es enormemente rica ¿Por qué?, pues mire usted, porque el psiquiatra -el médico, en general, también, pero el psiquiatra más- es el médico más humano.

Su secreto profesional es tan grande que, muchas veces, no tiene capacidad para recibir tanta información como tiene del otro, ya que, en el mundo moderno, nadie tiene tiempo para nadie, y es el psiquiatra quien tiene que darse al paciente para entrar en su intimidad, de tal manera que vayan aflorando los principales aspectos de la vida de éste. En relación con esto, precisamente, es curioso comprobar cómo salen los grandes asuntos de nuestra vida personal cuando hacemos balance existencial de nuestra vida ólo que suele ocurrir durante una enfermedad, en una desgracia, o en un momento especial de nuestra vida...ó. Es el haber y el debe. Muchas veces no salen las cuentas, y, otras veces, las ganancias compensan las pérdidas. Cuando uno ve vidas con una trayectoria coherente óno una coherencia perfecta, ya que eso se da en el otro barrio, sino una cierta coherenciaó, es porque se trata de vidas con una solidez antidepresiva. Son personas recias, compactas, sólidas, consistentes, con criterios de verdad en la vida, a las que no les importa ir contracorriente en una sociedad como la nuestra; eso es una fórmula antidepresiva. Pero pasemos a enumerar las tres grandes áreas arriba mencionadas.

En primer lugar, tenemos la bioterapia, la farmacoterapia. Los psicofármacos, antes llamados timoanalépticos, hoy antidepresivos, son aquéllos que actúan liberando una serie de sustancias que son los neurotransmisores cerebrales y que dan lugar a que se recapten esas sustancias y dinamicen el cerebro. Fíjense ustedes en si esto es tan importante que hoy se suele dedicar una mesa redonda para hablar, únicamente, de serotonina y depresión, para ver cómo alguno de esos neurotrasmisores cerebrales modifican el estado de ánimo. Además, dos antidepresivos pueden actuar de forma complementaria.

Hay fármacos que actúan sobre la serotonina, sobre la dopamina, sobre la adrenalina o sobre otras sustancias. Por ejemplo, hoy sabemos que existen las endorfinas, que son las morfinas endógenas; es decir, que nuestro organismo fabrica sustancias que corrigen, quitan, suprimen o disuelven el dolor. Hoy, los antidepresivos tienen una riqueza extraordinaria. Cuando estamos hablando con un paciente óyo creo que, en realidad, es un hecho
ex opere operato que ocurre en nuestra mente cuando estamos ante un enfermoó, ya vamos viendo qué tipo de fármaco le damos. Por ejemplo, se ha puesto de moda en los últimos años, como ustedes saben, un fármaco óen Estados Unidos, los pacientes venían a la consulta pidiéndoloó: el Prozac, que es fluexetina. La fluexetina es un fármaco muy eficaz, tiene la gran ventaja de que es muy desinhibidor, es decir, produce un gran movimiento de la conducta, y, por otra parte, adelgaza, es decir, frena el apetito y mueve el agua retenida en los tejidos. Ni qué decir tiene que su eficacia es extraordinaria. No olvidemos que la anorexia o la bulimia ya no se dan en los adolescentes.

Yo veo muchas anoréxicas con 35 ó 40 años, antiguas anoréxicas que se han medio curado y que están ahí todavía. Son esas personas que se pesan 3 veces al día, han engordado dos kilos y están preocupadísimas. No llegan a ser anoréxicas porque no lo son, pero, de hecho, ahí hay un tema latente, rumiando en su cabeza. Pero cambiando de asunto, les quiero aclarar que, ante todo enfermo depresivo, hay que hacer, desde el punto de vista farmacológico, tres cosas importantes. En primer lugar, hay que dar una medicación antidepresiva siendo muy selectivo en la elección. No olvidemos que todos los antidepresivos tienen efectos secundarios, por lo que hay que ver exactamente el tipo de persona que tenemos delante, qué fármacos ha tomado, qué otros fármacos ha tomado algún familiar, si esto es así, etc. En segundo lugar, habría que recetar ansiolíticos o psicorrelajantes. Es muy frecuente la depresión asociada a la ansiedad, y ésta es inquietud, desasosiego, anticipación de lo peor. Es una sensación subjetiva que se manifiesta a través de taquicardias, sudoración, dificultad respiratoria...; es decir, hay un acordeón de sensaciones temerosas que van circulando por la mente del sujeto cuando la ansiedad es muy grande. Los ingleses hablan de dos formas de ansiedad: el
free frigthing ansiede, la ansiedad flotante, una sensación de malestar, de inquietud, y el panic attack, que es la crisis de ansiedad.

Cuando esta última es muy fuerte pero, a la vez, recortada, breve, dura unos minutos, hay tres aspectos amenazadores en la cabeza del sujeto: temor a la muerte, temor a la locura y temor a perder el control. Son tres manifestaciones un poco extrañas, como digo, que nosotros descubrimos en la entrevista clínica. Muchas veces, el enfermo sin cultura no las expresa así; sin embargo, nosotros hacemos una exégesis de su discurso y la sacamos. Además, hay antidepresivos, ansiolíticos y fármacos que corrigen el insomnio, cuestión muy importante. Como decía hace un rato, es frecuente que, entre los síntomas depresivos, aparezca el insomnio, Y, para acabar con este problema, tenemos que andar con mucho cuidado porque, a veces, la medicación para dormir es excesiva. Si antes, en cualquier casa, de cualquier pueblo, había despensas de comidas óyo recuerdo los jamones y tal, en Castillaó, hoy, hay despensas de fármacos. Uno abre una compuerta y dice: ´¿Qué quieres? ¿Quieres para la depresión, para la ansiedad, para los nervios?´. La automedicación en psiquiatría es terriblemente negativa, ya que los fármacos tienen efectos secundarios y pueden producir graves trastornos. Por lo tanto, como digo, hay que andar con mucho cuidado.

Después, tenemos la psicoterapia. La psicoterapia es el arte, el modo, la manera, la gracia, el estilo con el que el psiquiatra óel médico en general también lo haceó cambia los mecanismos neuróticos negativos de la personalidad del otro. Al contrario de lo que ocurre con el tratamiento anterior, más rápido, en la psicoterapia, uno se remanga, porque es lenta y requiere arte, oficio, saber adentrarse en el cuarto de máquinas del otro. Y cuando no hay psicoterapia, es terrible: solamente podemos recurrir a la medicación. Pero centrándonos en este ámbito, debo decirles que hay muchas modalidades; desde la psicoterapia implicata, aquélla que está inscrita en el acto médico, hasta la psicoterapia de apoyo, la psicoterapia psicoanalítica. En cualquier caso, este tratamiento, lo que tiene que hacer es intentar reducir el número de manifestaciones psicológicas neuróticas, raras, extrañas, patológicas, enfermizas. Yo le digo a alguien ´Mira, en la psicoterapia, lo que pretendo contigo es que te encuentres a tí mismo, que estés en paz contigoª. Bien es cierto que la paz absoluta se da en el otro mundo; aquí, se da una paz relativa. Aún así, ésta es, yo diría, el puente elevadizo que lleva al castillo de la felicidad. Tener paz por dentro es tenerlo casi todo.

Y, en tercer lugar, debemos hablar de la socioterapia. La socioterapia no es otra cosa que la terapia sociológica. Nosotros vemos mucha gente sola, aislada, incomunicativa, sin contacto con los demás, y es en dicha gente en la que procuraremos reactivar su vida, mediante psicoterapia de grupo, psicoterapia de contacto con los demás, enseñándole técnicas asertivas, técnicas comunicativas..., y para esto hay libros ólos americanos son en esto especialistas. Me acuerdo de uno que se titula Qué decir después de decir -hola!-. Porque es cierto que, a la gente muy tímida, muy retraída, no se le ocurre nada.

Hace un par de años, estando yo en Finlandia, me comentaba un psiquiatra que daba muy mala imagen, en los países del norte de Europa, que la gente estuviera todo el rato, dos personas o tres, sin parar de hablar, que era muy bonito estar diez minutos sin decirse nada, y yo le aclaraba: ´Mire usted, en los países latinos como España, diez minutos sin hablar en una persona es rarísimo. Hay que pensar en algo. Si es un matrimonio, es que aquello está con el electroencefalograma plano´. Lo que quiero decir es que son distintas modas y costumbres; para nosotros, los latinos, estar sin hablar es angustioso. Uno sube en el ascensor diez pisos con otra persona y siempre comenta la rapidez, la lentitud, el clima de fuera, algo, porque mira al otro, mira arriba y no sabe qué hacer.

Así pues, todo lo hasta ahora dicho constituye el esquema que yo les he querido traer sobre este asunto: tristeza versus alegría. Hay tres sentimientos positivos, a los cuales les tomamos el pulso con mucha frecuencia, que son el placer, la alegría y la felicidad. Son tres grandes notas positivas, tres sorbos de vida grande. El placer es la manifestación concreta de algo positivo que inunda en un momento nuestra vida -son muchos los placeres que podemos tener-, la alegría es la satisfacción por algo que ha salido bien y la felicidades el grado superior a los dos estados anteriores. La felicidad, como decía antes, es la suma y compendio de lo que yo he hecho con mi vida de acuerdo con un cierto proyecto previo. Decía Don Quijote: ´La felicidad no se da en la posada, sino en medio del camino´. La felicidad es una forma de mirar la vida, un estilo de captar la realidad. La felicidad, he dicho antes, consiste en ilusión, y, para ser feliz, yo creo que hacen falta dos cosas fundamentales: tener una personalidad con un cierto equilibro y, en segundo lugar, tener un proyecto de vida con tres grandes temas que se mueven en su seno: amor, trabajo y cultura. La felicidad es, para mí, una tetralogía en donde uno mide, registra, pesa, capta su propia forma de ser, el amor, ócuánto habría que hablar de esoó, el trabajo y la cultura.

A modo de conclusión, sólo diré que aquí estamos, en Bilbao. El mar está aquí al lado, el Cantábrico, esta maravilla. Ayer disfrutaba yo del Guggenheim con ese paisaje de titanio de este genio arquitectónico que es Gery. Quizá pueda haber dado una imagen pesimista del tema, inevitablemente la depresión tiene un tono melancólico, pero lo que hace falta en la vida es tener capacidad para remontar las dificultades y crecerse uno ante ellas. Frente al mar, hay un velero que convierte el navegar en un reto. Eso es la vida. El pesimista se queja del viento, el optimista espera a que cambie y el realista ajusta las velas.

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Desde el corazón de la Iglesia fluyen las palabras de esperanza del Adviento: ¡El Señor está cerca!

Deseo compartir hoy esta esperanza con los que tienen más necesidad de ella. Que, tras las palabras, venga la Luz e ilumine la oscuridad de la existencia humana, incluso de la más difícil. Que venga la Gracia y revele la dignidad humana, que se deriva del misterio del nacimiento de Dios. Que cada uno de los hombres se levante de cualquier depresión en que se encuentre. Alma Redemptoris Mater! Succurre!

 

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Pero existe un antídoto contra la depresión. ¿Cuál? Tener en el corazón un gran ideal, valores auténticos, que permitan dar un sentido a la propia vida.

2. Esta es la condición del verdadero cristiano. Puede cultivar un optimismo confiado, porque tiene la certeza de no caminar solo. Al enviarnos a Jesús, el Hijo eterno hecho hombre, Dios se ha acercado a cada uno de nosotros. En Cristo se ha convertido en nuestro compañero de viaje. Aunque el tiempo avance inexorablemente, quebrantando a menudo también nuestros sueños, Cristo, Señor del tiempo, nos da la posibilidad de una vida siempre nueva.

 

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LA DEPRESIÓN

 

Queridos hermanos en el episcopado y en el sacerdocio;
queridos amigos: 

1. Me alegra encontrarme con vosotros, con ocasión de la Conferencia internacional organizada por el Consejo pontificio para la pastoral de la salud sobre el tema de "la depresión". Agradezco al cardenal Javier Lozano Barragán las amables palabras que me ha dirigido en nombre de los presentes.

Saludo a los ilustres especialistas, que han venido a ofrecer el fruto de sus investigaciones sobre esta patología, con el fin de favorecer un conocimiento exhaustivo de ella, para lograr mejores tratamientos y una asistencia más idónea tanto para los interesados como para sus familias.
Asimismo, pienso con aprecio en cuantos se dedican al servicio de los enfermos de depresión, ayudándoles a tener confianza en la vida. El pensamiento naturalmente se extiende también a las familias que acompañan con afecto y delicadeza a sus seres queridos.

2. Vuestros trabajos, queridos congresistas, han mostrado los diferentes aspectos de la depresión en su complejidad:  van desde la enfermedad profunda, más o menos duradera, hasta un estado pasajero asociado a acontecimientos difíciles -conflictos conyugales y familiares, graves problemas laborales, estados de soledad...-, que conllevan un resquebrajamiento o, incluso, la ruptura de las relaciones sociales, profesionales y familiares. A menudo, la enfermedad va unida a una crisis existencial y espiritual, que lleva a no percibir ya el sentido de la vida.

La difusión de los estados depresivos ha llegado a ser preocupante. En esos estados se revelan fragilidades humanas, psicológicas y espirituales que, al menos en parte, son inducidas por la sociedad. Es importante tomar conciencia de las repercusiones que tienen en las personas los mensajes transmitidos por los medios de comunicación social, que exaltan el consumismo, la satisfacción inmediata de los deseos y la carrera hacia un bienestar material cada vez mayor. Es necesario proponer nuevos caminos, para que cada uno pueda construir su personalidad cultivando la vida espiritual, fundamento de una existencia madura. La participación entusiasta en las Jornadas mundiales de la juventud muestra que las nuevas generaciones buscan a Alguien que ilumine su camino diario, dándoles razones para vivir y ayudándoles a afrontar las dificultades.

3. Como habéis puesto de relieve, la depresión es siempre una prueba espiritual. El papel de los que cuidan de la persona deprimida, y no tienen una tarea terapéutica específica, consiste sobre todo en ayudarle a recuperar la estima de sí misma, la confianza en sus capacidades, el interés por el futuro y el deseo de vivir. Por eso, es importante tender la mano a los enfermos, ayudarles a percibir la ternura de Dios, integrarlos en una comunidad de fe y de vida donde puedan sentirse acogidos, comprendidos, sostenidos, en una palabra, dignos de amar y de ser amados. Para ellos, como para cualquier otro, contemplar a Cristo y dejarse "mirar" por él es una experiencia que los abre a la esperanza y los impulsa a elegir la vida (cf. Dt 30, 19).

En este itinerario espiritual pueden ser de gran ayuda la lectura y la meditación de los salmos, en los que el autor sagrado expresa en la oración sus alegrías y sus angustias. El rezo del rosario permite encontrar en María una Madre amorosa que enseña a vivir en Cristo. La participación en la Eucaristía es fuente de paz interior, tanto por la eficacia de la Palabra y del Pan de vida como por la inserción en la comunidad eclesial. Consciente de cuánto esfuerzo cuesta a la persona deprimida lo que a los demás resulta sencillo y espontáneo, es necesario ayudarle con paciencia y delicadeza, recordando la advertencia de santa Teresa del Niño Jesús:  "Los niños dan pasitos".

En su amor infinito, Dios está siempre cerca de los que sufren. La enfermedad depresiva puede ser un camino para descubrir otros aspectos de sí mismos y nuevas formas de encuentro con Dios. Cristo escucha el grito de aquellos cuya barca está a merced de la tormenta (cf. Mc 4, 35-41). Está presente a su lado para ayudarles en la travesía y guiarlos al puerto de la serenidad recobrada.

4. El fenómeno de la depresión recuerda a la Iglesia y a toda la sociedad cuán importante es proponer a las personas, y especialmente a los jóvenes, ejemplos y experiencias que les ayuden a crecer en el plano humano, psicológico, moral y espiritual. En efecto, la ausencia de puntos de referencia no puede por menos de contribuir a hacer que las personalidades sean más frágiles, induciéndolas a considerar que todos los comportamientos son equivalentes. Desde este punto de vista, el papel de la familia, de la escuela, de los movimientos juveniles y de las asociaciones parroquiales es muy importante por el influjo que esas realidades tienen en la formación de la persona.

El papel de las instituciones públicas también es significativo para asegurar condiciones de vida dignas, en especial a las personas abandonadas, enfermas y ancianas. Igualmente necesarias son las políticas para la juventud, encaminadas a dar a las nuevas generaciones motivos de esperanza, preservándolas del vacío y de las peligrosas formas de colmarlo.

5. Queridos amigos, a la vez que os aliento a un renovado compromiso en un trabajo tan importante junto a los hermanos y hermanas afectados por la depresión, os encomiendo a la intercesión de María santísima, Salus infirmorum. Que cada persona y cada familia sientan su solicitud materna en los momentos de dificultad.

A todos vosotros, a vuestros colaboradores y a vuestros seres queridos imparto de corazón la bendición apostólica.

Viernes14 de noviembre de 2003 – S.S. Juan Pablo II Magno

 

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«NO A LA SOCIEDAD DEPRESIVA»

 

"Estamos apesadumbrados. La sociedad está enferma de desesperanza. La recesión, el paro, la inseguridad no son razones suficientes para explicar este abatimiento de ánimo".

 

ENTREVISTA CON TONY ANATRELLA,
PSIQUIATRA, AUTOR DEL LIBRO
«NO A LA SOCIEDAD DEPRESIVA»

Estamos apesadumbrados. La sociedad está enferma de desesperanza. La recesión, el paro, la inseguridad no son razones suficientes para explicar este abatimiento de ánimo. Si las crisis económicas se basan a veces en la pérdida de confianza, el sentimiento depresivo de la sociedad contemporánea hunde sus raíces más profundas en una crisis espiritual. Esta es la tesis que defiende el psiquiatra Tony Anatrella en su libro "Non à la société dépressive", (Flammarion, Paris, 1993). Para este psiquiatra, una sociedad donde el aborto, el divorcio, la homosexualidad, la toxicomanía y el suicidio son aceptados como fenómenos inevitables, es una sociedad enferma, al borde del abismo. ¿Es el olvido de Dios la causa de la crisis?

En su libro "No a la sociedad depresiva" hace un balance muy duro de la sociedad. Dice que los hombres y mujeres de nuestra época han abdicado de sus ideales.


En estos últimos años se han degradado los ideales de las personas. Sólo nos buscamos a nosotros mismos y nos hemos metido en un callejón sin salida. Vivimos en una sociedad deprimida, sin horizontes.

--¿Hasta tal punto que esta falta de ideales es casi tan grave como un problema de salud pública?

--Vivimos en el imperio de lo efímero, en una sociedad que sólo mira el presente, incapaz de arriesgarse a construir el futuro. Esta carencia de perspectivas nos lleva a la desesperanza, a una cultura de muerte, depresiva y nefasta. El drama de la sociedad actual es querer vivir en una eterna adolescencia, sin recuerdos del pasado, sin tensión de futuro, sin Historia.

--Según usted, este vivir sin raíces ni referencias nos lleva a un callejón sin salida.

--Sin ideales, una sociedad no tiene futuro. Existe, por ejemplo, un complejo a reconocer nuestras raíces cristianas. Sentimos vergüenza de nuestros padres, de nuestros orígenes. Si no somos capaces de asumir nuestro pasado, no tendremos impulso para afrontar el futuro. Los filósofos del siglo XVIII, ilustrados y racionalistas, jamás pensaron en renegar de sus raíces cristianas. Hoy día, si los niños saben menos catecismo no es únicamente por razones religiosas, sino porque los adultos no creen en su papel educativo, no tienen esperanza y han abdicado de formar la inteligencia y la interioridad de sus hijos.


NO ES UNA FATALIDAD

--¿Cómo hemos llegado a esta situación?

--La sociedad depresiva no es una fatalidad. La hemos construido paso a paso, al volvernos cada vez más individualistas, vaciando de contenido la moral y la religión, allí donde se reflexiona sobre el sentido de nuestra existencia. Al creer que nos bastamos a nosotros mismos, hemos fabricado nuestras propias leyes y valores, como si no existieran unos valores universales. Este relativismo nos aísla: sin valores comunes a todos los hombres no hay comunicación posible.

--Es curioso que emplee usted la palabra moral, que nadie quiere utilizar hoy día.

--Hemos creído ingenuamente que podríamos vivir sin apelar a una dimensión moral. La moral es el arte de elegir actitudes o comportamientos a la luz de unas referencias que no dependen de nosotros mismos. El hecho de confrontar nuestra vida con unas reglas morales favorece el desarrollo de nuestra interioridad y la capacidad de elegir entre las mejores opciones. Sólo los que no han superado sus complejos viven la moral como una Imposición, como un límite. El siglo XX nos ha liberado de muchas imposiciones, pero nos ha dejado colgados de un péndulo, en un mundo sin referencias.

--¿Cómo explica usted la astenia y la fatiga de la que todo el mundo se queja?

--Si nuestra sociedad es depresiva es porque ha perdido la confianza en sí misma. El único horizonte es el triunfo y el bienestar personal. La gente se siente estafada, sin valores y se sumergen en la tristeza vital. Nos falta espiritualidad y coraje para enfrentamos a la vida. No podemos ir superando los retos cotidianos sin un sentido global de nuestra existencia. Este baile en la cuerda floja es agotador y frustrante.

INFANTILISMO SEXUAL

--En su libro usted habla de la sexualidad de nuestra época: un terreno en el que la gente tiene la impresión de actuar sin limitaciones de ningún tipo.


--Hemos pasado de un extremo a otro. En el siglo XIX, bajo la influencia de Rousseau, se desconfiaba de la sexualidad, que estaba hipercontrolada. El siglo XX acabó con estas actitudes, pero se ha pasado al extremo opuesto. Las conductas perversas han aumentado: el incesto, el abuso de los niños, crecen por doquier. Se ha erotizado, en extremo, el mundo infantil y adolescente. Todo ha llevado a un infantilismo del sexo: la gente cree que el impulso tiene su fin en sí mismo. No hay madurez sexual.

--También se muestra muy crítico con la educación sexual, tal como se imparte hoy día.

--La educación sexual es necesaria, pero no puede limitarse a una simple labor de adiestramiento. Son los padres los primeros que deben educar la sexualidad de sus hijos, con el ejemplo de su amor, contestando sus preguntas, explicándoles el porqué de las cosas, el sentido de la dignidad humana. La educación sexual que se imparte desde hace unos años está manipulando la sexualidad juvenil, más que una educación es una simple incitación.

EL NIÑO ES UNA PERSONA

--Según usted, la liberalización del aborto acarrea graves problemas psicológicos y contribuye a deprimir más a nuestra sociedad.


--El aborto introduce la muerte en el proceso de dar la vida y eso supone un desequilibrio desde el punto de vista psicológico y moral. Pero nadie quiere reflexionar sobre sus consecuencias. Una cosa es evitar el embarazo, y otra actuar directamente sobre el embrión humano. Estoy convencido de que, dentro de unos años, apareceremos a las generaciones venideras como unos bárbaros, similares a aquellos pueblos en los que era costumbre abandonar a los lactantes en las plazas públicas o en los bosques hasta que, por influencia del cristianismo, se llegó a la conclusión de que el niño era una persona. En la medida en que una sociedad respeta al mundo de la infancia, respeta también a la vida humana.

Tener un hijo no es un derecho, como se nos quiere hacer creer, sino un deber que hay que asumir. La mayoría de las religiones, desde el judaísmo, el cristianismo y el islamismo, rechazan el aborto en nombre del respeto a la vida. Incluso los que no reconocen que el embrión sea un ser humano íntegro están convencidos de que, al menos, es un ser humano en potencia. Hoy, las cifras de abortos en el mundo ascienden a millones. No es un debate que pueda considerarse cerrado, desde luego.

--La legalización del aborto en los países democráticos es uno de los acontecimientos totalmente nuevos en la historia. ¿Qué interpretación le da a esos millones de abortos legales en todo el mundo?

--El niño es el signo de «el otro». La inseguridad que existe en nuestra sociedad está muy relacionada con la incertidumbre que rodea el nacimiento. El querer seleccionar las características y atributos del hijo (el sexo, el color de los ojos...), junto con el poder demiúrgico de los padres que deciden si el embarazo iniciado continúa o no, han provocado esta situación: la incapacidad de reconocer en el hijo a un ser diferente a uno mismo, pero que merece todo el respeto y el amor de nuestra parte.

EL SIDA PUEDE PREVENIRSE

--¿Es el sida el drama de nuestra sociedad moderna?


--Es un drama real y hay que ayudar a los enfermos. Juan Pablo II, en Africa habló del sentido del amor humano, como corresponde a su deber de abordar el tema desde un punto de vista moral. De todas formas, es ridículo atacar al Papa porque habla de la sexualidad humana en toda su profundidad, sin ceñirse, estrictamente, a un problema técnico o sanitario. El sida no es una fatalidad: puede prevenirse, y hay que luchar por erradicarlo. Pero la distribución de preservativos en los colegios es el signo de la dimisión de los adultos, que no tienen nada que decir a los niños y a los adolescentes sobre el amor y la sexualidad.

--¿No se ha convertido la homosexualidad en el reflejo de una sociedad permisiva?

--Es una de las manifestaciones de nuestra sociedad depresiva. Cuando el imperativo de la reproducción de la especie se debilita o desaparece del ideal social, la homosexualidad aumenta. Cada vez que la sociedad está en crisis, la homosexualidad se fortifica. No tendría sentido que un contrato entre dos homosexuales tuviera los mismos derechos que el matrimonio. Aunque una sociedad depresiva como la nuestra tienda a medir todo por el mismo rasero.

LO QUE HABRÍA QUE DEBATIRSE

--¿Y la droga? ¿La sitúa también en la cuenta de la sociedad depresiva?


--Sí. Es una enfermedad que surge de un estado depresivo y trae consigo una inhibición progresiva de las funciones esenciales de la vida psíquica. Las verdaderas causas de la drogodependencia son la confusión del adolescente frente a su maduración. El objeto del debate no debería ser la droga, sino el aprendizaje de la vida, los ideales, la moral y la fe. Perdemos un tiempo precioso hablando de la droga, en vez de pensar en un proyecto pedagógico coherente. Sería absurdo legalizar la droga cuando el drogadicto es, ante todo, un enfermo. No podemos dar placer (y qué placer) a un toxicómano, tolerando que se inyecte heroína que le conducirá inexorablemente hacia la muerte.

--¿Cómo explica usted el aumento del número de suicidios?

--La tasa de suicidios es el revelador de la salud mental de una sociedad. Constituye la primera causa de mortalidad en Europa.

SALIDA AL FUTURO

--¿Cómo ve usted el futuro? ¿No hay salidas para escapar a esta sociedad deprimida?


--El drama de nuestra sociedad no ha empezado ayer, se remonta al siglo XVIII. La crisis actual es moral. Algunos quieren hacemos creer que estamos desligados de una moral del deber. Nos predican, desde hace tiempo, el fin de la religión, como si pudiéramos desembarazarnos de los valores que han nacido gracias al cristianismo y que son la base de nuestra civilización. El hombre ha podido tomar conciencia de sí mismo a partir de su relación con la trascendencia. Sin ese Dios que es el que da sentido al otro ¿se puede pensar en el ser y la moral?

También se habla de «la muerte de Dios». De hecho, la enseñanza elude toda referencia religiosa y los niños carecen de las más elementales nociones del catecismo.

Desde el punto de vista antropológico está demostrado que la dimensión religiosa forma parte de la estructura del hombre. La muerte de Dios se anunció en los años 60. La Europa Occidental se ha acostumbrado a vivir como si Dios no existiera. Se observa un resurgir del esoterismo y la brujería, y un desarrollo de las sectas. Videntes curanderos, visionarios, echadores de cartas tejen sus redes irracionalistas sobre unos hombres y mujeres que no quieren creer en Dios, pero sí en el brujo más famoso. Esto es lo malo: los adolescentes que no han recibido una educación religiosa están dispuestos a creer lo que sea: es como una vuelta del paganismo. Por eso, la formación religiosa de los niños es indispensable para desarrollar sus creencias y acceder al patrimonio cultural y espiritual.

--¿No teme que le acusen de clericalismo, acusación que suele hacerse al Papa Juan Pablo II?
--La religión, y en particular el cristianismo, tienen una importante dimensión social –no solamente privada como preconizan los laicistas–, que no puede sustituirse por la cultura ni la política. El judeocristianismo no debe tratarse como una simple arqueología: es el fundamento de nuestra sociedad, un factor de integración social, el sustrato de nuestros valores y olvidarnos de esto equivale a sumergirnos en la locura. Y si la Iglesia reivindica, con razón, su deber de influir en la sociedad no lo hace con el afán de constreñir las libertades, sino en nombre de su capacidad de humanización y progreso entre los hombres.

Actuamos como si la Iglesia no debiera existir, como si no la tuviéramos en cuenta. Muchos sectores de la sociedad desean, por una parte, que la Iglesia se pronuncie sobre todo, y, por otra, crítica con acidez su discurso. Observo, además, un ocultamiento de las fiestas cristianas importantes, que han configurado nuestra existencia durante siglos. A veces sabemos más cosas del Ramadán y su comienzo, que del Miércoles de Ceniza, que abre el período de Cuaresma para los cristianos. Estamos paganizando las fiestas: ¡Todos los Santos no es el día de los crisantemos ni Navidad la fiesta de los juguetes! Esto es una mentira cultural. Negar las referencias cristianas y la dimensión social de lo religioso que presidieron la fundación de nuestra cultura es suicida. i a sociedad corre hacia la ruina cuando desatiende los tres campos donde se reflexiona sobre la vida: el político, el moral y el religioso.
Robert SERROU
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Les racines du problème
(http://www.drogue-danger-debat.org/interview/interview_archives.htm)

Damien Meerman : Tony Anatrella, dans votre dernier essai (La liberté détruite, Flammarion, décembre 2000) vous stigmatisez l"aveuglement intellectuel et moral d"une société qui fait de la consommation de drogues un symbole de liberté, un véritable droit de l"homme. comment expliquez-vous une telle cécité ?

Tony Anatrella : Nous sommes dans le même aveuglement que celui de la libération sexuelle dont nous mesurons actuellement les effets déstructurants sur les personnalités et la société (Cf. La différence interdite, Flammarion). La drogue est souvent présentée et vécue comme une nouvelle liberté pour affirmer l"individualisme régnant et un subjectivisme sans limite. La tendance actuelle valorise les sensations et les émotions au détriment de la raison et de la pensée. La façon de parler est symptomatique de l"éclipse de la raison au bénéfice de ce qui est éprouvé. On dit : " je ressens " au lieu de " je pense ". Nous fabriquons ainsi un homme narcissique, replié sur lui-même et qui réduit la réalité extérieure à ce qu"il éprouve. Seul ce qui est ressenti existe. Il faut donc créer toujours plus de sensations avec l"aide de psychostimulants.

Damien Meerman : Vous consacrez de nombreuses pages au cannabis, dont vous signalez la toxicité. Beaucoup de gens ignorent la dangerosité de ce stupéfiant, considéré comme festif et sans risque de dépendance. Mais vous dites aussi que " le problème principal de la toxicomanie ne réside pas dans la drogue elle-même, mais dans ce qui conduit un individu à se droguer ". Que voulez-vous dire ?

Tony Anatrella : Le cannabis est un produit dangereux qui peut avoir les mêmes conséquences que le tabac et développer le cancer des poumons. Un " joint " équivaut à quatre ou cinq cigarettes ou encore à l"ingestion de deux verres de whisky. La consommation de ce produit entraîne, notamment, des effets sur les cellules sexuelles, comme l"appauvrissement de la spermatogenèse selon les études de l"lnserm (Unité 26) menées sous la direction de Marcel Bessis dans les années 80. Elle a aussi des conséquences neurologiques et psychologiques : altération de la vigilance, de la concentration, de la mémoire, des perceptions sensorielles et cognitives, distorsion du temps, de l"espace et des sons. Il suffit d"observer le comportement des adolescents qui viennent de consommer du cannabis pour avoir la confirmation de tous ces symptômes. Ils somnolent en classe et ont du mal à se concentrer. Des séquences dépressives peuvent aussi se présenter ou encore activer un noyau psychotique chez des personnalités fragiles. C"est parce que le cannabis est un sédatif qu"il donne l"impression d"être bien. Mais ce bien être est artificiel et sans continuité puisqu"il ne repose pas sur une cohérence et une dynamique psychique. C"est pourquoi le problème essentiel est de savoir ce qui conduit un individu à se droguer. Comment se fait-il qu"en l"espace de 40 ans la consommation de drogue soit devenue le fait des jeunes et maintenant des enfants qui commencent dès 12 ans ? Les raisons sont multiples outre l"état d"esprit narcissique dans lequel nous sommes. Le recours à un tranquillisant comme le cannabis est le signe d"un manque de ressources intérieures pour arriver à calmer ses tensions internes, ses anxiétés et ses angoisses. Pire même : cela veut dire que l"on ne sait plus trouver des ressources dans la culture, dans la religion et dans la morale pour vivre et se construire.

La libéralisation des drogues

Damien Meerman : Tous les arguments invoqués par les défenseurs de la libération des drogues tiennent en un seul : le problème de la drogue ne viendrait pas de la toxicité des produits (il suffit de distinguer, comme le fait la Mildt, usage et abus ) mais il viendrait de la répression des petits consommateurs, considérés comme de véritables délinquants, passibles ( au regard de la loi de 1970 ) de peines de prison. Que répondez-vous à ceux qui réclament la dépénalisation de l"usage, comme vient de le faire la Belgique et comme le réclamait le rapport Roques en 1998 ?

Tony Anatrella : Le problème de la drogue vient non seulement de la toxicité des produits mais aussi des conséquences psychologiques et sociales sur les sociétés occidentales qui se mettent sous la dépendanœ de produits psychostimulants pour vivre. Cela traduit un malaise dans la civilisation et dans l"éducation des jeunes. La dépénalisation serait dangereuse car elle viendrait légitimer les motivations et les attitudes toxicomaniaques. Mais la dépénalisation existe de fait, ce qui montre bien à quel point la société est ambivalente par rapport au sens de la loi qui n"aurait plus à réguler les pratiques sociales. D"ailleurs la sémantique utilisée par la Miltd masque la réalité ; il est toujours possible de tricher avec les mots. La distinction entre usage et abus ne tient pas face aux raisons qui conduisent à vouloir se droguer. Ce n"est pas une question de quantité mais d"attitude d"esprit.

Damien Meerman : Du point de vue d"une simple écologie humaine, on assiste aujourd"hui à une véritable contradiction : d"un côté on réclame partout la libéralisation des drogues et de l"autre on exige l"interdiction de tout ce qui pourrait comporter le moindre risque alimentaire. En quoi le recours systématique au principe de précaution est-il, selon vous, symptomatique d"un malaise ?

Tony Anatrella : Le principe de précaution est une notion de peur, fabriquée dans un monde dominé par les techno-sciences et par les technocrates de l"agroalimentaire qui ont été de mauvais conseillers pour les agriculteurs. La production intensive de produits qui sont devenus plus des " alimédicaments " que des aliments a été faite dans l"imprévoyance la plus complète. C"est une des caractéristiques des décideurs et des politiques actuels qui ne cherchent pas à mesurer les conséquences, à long terme, des actes qu"ils posent. Vingt ou trente ans après, on se réveille en se demandant pourquoi nous en sommes arrivés à ce point, alors que c"était prévisible. Mais on ne voulait pas entendre. Tous les barbarismes de langage que l"on invente actuellement dans la suite de l"instrumental " principe de précaution " comme " la traçabilité ", " la faisabilité " ou encore " la viandabilité " montrent bien que les réalités que nous avons créées nous échappent. Le principe de précaution est venu après une période où l"on se croyait libéré de toutes les contingences. Nous aurions sans doute été davantage inspirés d"avoir plutôt recours à la vertu de prudence. Mais il est vrai que la norme sanitaire remplace la norme morale. Actuellement on veut bien appliquer " le principe de précaution " à tout ce qui concerne l"alimentation mais il n"en est pas question pour les drogues et les nombreux comportements à risques qui se multiplient dans de nombreux domaines en particulier au plan sexuel. Au nom du principe de précaution, on entretient une vaste hypocrisie sociale qui impose un ordre sanitaire qui paralyse intellectuellement les individus.

Damien Meerman : Ne faudrait-il pas au contraire appliquer le principe de précaution de manière plus cohérente et cesser toute tolérance à l"égard des drogues dites " douces ", conformément aux recommandations de nombreux scientifiques ?

Tony Anatrella : La distinction entre drogue douce et drogue dure ne tient pas. Là aussi nous sommes devant une manipulation du langage: la drogue reste toujours de la drogue qui agit directement sur les neurotransmetteurs au point de les altérer. Il est inexact de prétendre que le tabac et l"alcool, qui agissent aussi autrement sur l"organisme, sont plus nocifs que le cannabis. Tenir ce genre de propos est irresponsable et annule tous les messages de prévention. Bien entendu le tabac et l"alcool provoquent des maladies mortelles. Mais n"oublions pas que les effets du cannabis sont neurophysiologiques et modifient le comportement. Quelqu"un qui conduit une voiture après avoir consommé du cannabis sera plus dangereux que quelqu"un qui a fumé une cigarette. La consommation de drogue relève d"abord d"une problématique psychologique dans laquelle le sujet cherche à calmer des angoisses et à se stimuler là où il n"y parvient pas par lui-même. Il cherche une satisfaction dont il croit manquer ou qu"il croit avoir perdue, alors qu"il ne l"a jamais connue et ne la connaîtra jamais de cette façon. Il s"imagine être parvenu au terme de son attente alors qu"il rate son objectif. C"est tout le drame de la toxicomanie : la drogue aide paradoxalement le sujet à ne pas identifier et à fuir ses désirs. Le cannabis est devenu l"opium du bonheur.

La politique de prévention.

Damien Meerman : Depuis quelques années, les pouvoirs publics conduisent une politique dite de " réduction des risques ". L"an dernier, la Mildt a lancé une campagne officielle d"information sur les stupéfiants: " Savoir plus, risquer moins ". Partant du constat qu" " une société sans drogue ça n"existe pas ", la Mildt se propose d"apprendre aux jeunes à " maîtriser " des consommations théoriquement interdites par des conseils sanitaires. Comment analysez-vous un tel discours ?

Tony Anatrella : Les pouvoirs publics manquent de courage politique face à la drogue. Là où il faudrait s"interroger sur les raisons de cette pratique, ils organisent les symptômes. Nous sommes dans la croyance qu"il suffit d"expliquer aux jeunes la nature des produits et leurs dangers pour qu"ils puissent s"arrêter de se droguer. C"est l"inverse qui se passe. Plus les produits sont expliqués et plus les jeunes sont incités à les consommer. La réponse qu"ils font à leurs éducateurs confirment cette attitude quand ils affirment "oui, je sais " tout en continuant à consommer du cannabis ou d"autres substances.

Damien Meerman : La politique dite de " réduction des risques " en matière de drogue, n"est-elle pas l"héritage des années Sida ? La campagne de la Mildt s"avère davantage une campagne de propagande pour une meilleure consommation des drogues qu"une véritable campagne de prévention. Entre la politique du préservatif et la politique de la Mildt, n"y a-t-il pas de nombreux points communs ?

Tony Anatrella : La prévention est un échec puisque la drogue se banalise dans une société qui ne sait plus éduquer ses enfants et rappeler les interdits structurants. Les adultes sont impuissants à dire l"interdit vis-à-vis de la drogue. Ils rationalisent leur inhibition face à la loi en prétendant qu"il n"est pas possible de nommer cet interdit. Si tel est le cas, cela signifie que l"on ne peut énoncer aucun interdit dans l"éducation d"un enfant ? Comment s"étonner de voir plus en plus de jeunes qui ne parviennent pas à se réguler et à se contrôler intérieurement. Les adultes d"aujourd"hui restent marqués par les idées soixante-huitardes d"une liberté sans frontière où tout serait possible. Les politiques tiennent, au sujet de la drogue, le même discours que celui de la libération sexuelle quand on prétendait que les enfants et les adolescents pouvaient s"exprimer sexuellement et même avoir des activités sexuelles avec des adultes. La pilule du lendemain et l"avortement autorisé à des mineures sans le consentement de leurs parents va dans ce sens.

De la même façon, face au sida, on n"a pas voulu s"interroger sur le sens des comportements sexuels. Au nom de la norme sanitaire du préservatif tout a été uniformisé et validé en assurant, en plus, la promotion de l"homosexualité. Une égalité a été établie entre le couple formé entre un homme et une femme et une relation entre partenaires de même sexe qui ne peut pas représenter une relation de couple et n"a aucun sens par rapport à la conjugalité et à la parenté. Nous sommes toujours dans la même mentalité de propagande. Cet aveuglement est aussi grave que les discours que certains tenaient, il n"y a pas si longtemps, en militant pour la pédérastie (des relations sexuelles entre mineurs et adultes). Ceux qui à l"époque les contestaient passaient pour des fachos ou des ringards. La société se trouve une fois plus anesthésiée. D"ici quelque temps, après les dégâts psychiques provoqués par la drogue, on jouera aux étonnés en se demandant ce qui s"est passé, pourquoi on a laissé faire et pourquoi personne n"a osé parler. Pourtant les paroles sont dites, mais la société veut-elle entendre? La société a toujours les politiques qu"elle mérite ; ils sont à son image. Une fois de plus le temps viendra où l"on cherchera des coupables, on fera des procès et l"on se dira " plus jamais ça ". La société oublie qu"elle est manipulée. Nous restons dans le déni au lieu de voir les problèmes.

Damien Meerman : Peut-on espérer, un jour, un monde sans drogue ?

Tony Anatrella : La drogue a toujours existé. Mais elle était le fait d"une minorité d"adultes. Le drame d"aujourd"hui c"est qu"elle concerne les 12-40 ans et en particulier les adolescents qui s"abîment à consommer du cannabis et d"autres poisons. Cela témoigne d"une crise de leur intériorité ils ne savent pas comment occuper leur espace intérieur; d"une crise de leur image corporelle, ils ont du mal à intégrer leur corps pubertaire; d"une crise du sens de leur vie, ils sont dans une dépression existentielle en ne sachant pas comment rejoindre les réalités ; d"une crise du sens de soi, ils ont peur des émotions et des sensations qui naissent des expériences de la vie, ils s"en protègent à travers des sensations artificielles. Une société sans drogue est possible si les adultes tiennent leur rôle et ont le sens de l"éducation et de la transmission. Ce qui n"est pas le cas aujourd"hui puisque l"éducation a été remplacée par la relation intrasubjective entre adultes et enfants. Les enfants et les adolescents sont donc renvoyés constamment à eux-mêmes et bouclés dans un univers clos et sans horizon spirituel et moral. Un défi éducatif est à relever pour faire cesser une ambiance maniaque de plus en plus régressive et suicidaire.
Propos recueillis par Damien Meerman

 

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¿De qué depresión estamos hablando?

 

(Por: Juan Pablo Díaz, siquiatra, Revista Ya (El Mercurio), 2003-12-2002)

Llamar "depresión" a una reacción de pena o dolor se ha convertido en una experiencia generalizada y cotidiana, tan corriente como el resfrío común, y tal vez, por eso mismo, sea el motivo de consulta más frecuente en la práctica sicológica y siquiátrica.

Cualquiera puede sentirse deprimido, que no es lo mismo que padecer una depresión. ¿Será la depresión una condición sicopatológica inherente a la modernidad, como fueron la peste, las enfermedades infecciosas o el cáncer en otras épocas? Sinceramente, espero que no.

El sufrimiento constituye una característica esencial de la naturaleza humana, tal vez la más humana de todas. Nos permite apreciar y distinguir entre el dolor y el placer y desde el momento que nacemos, aprendemos a escapar del sufrimiento y a perseguir la satisfacción y el gozo.

El estado de ánimo en cada momento es una resultante compleja de numerosos factores biológicos internos y externos, lo que lo hace esencialmente variable y dinámico.

La depresión guarda directa relación con la alteración del estado de ánimo, pero para hablar de depresión se requiere no sólo de una baja del ánimo, sino de la evolución de éste en el transcurso del tiempo; incluso sus variaciones durante los distintos momentos del día. Un duelo puede durar días, semanas o meses, pero se trata de una reacción adaptativa y proporcional a una situación de pérdida y no la llamamos depresión.

Si el estado de ánimo, es discordante, o "se queda pegado" o pierde su modulación, estamos probablemente frente a un cuadro clínico de depresión. Y uno de los componentes más dolorosos de una depresión es la presencia de la angustia. Tanto la angustia como la depresión pueden existir separadamente, pero cuando se juntan, se potencian mutuamente hasta límites intolerables. Inútil es clasificar a las variadas formas de depresión, pero es importante distinguir aquello que constituye la reserva de sanidad de la naturaleza humana, de una reacción anormal o una alteración del ánimo.

Nadie puede discutir las ventajas y beneficios que implica el uso de los medicamentos antidepresivos en los cuadros diagnosticados correctamente. Muy distinta es la creencia popular, bastante masificada, incluso entre profesionales de la salud, que los antidepresivos aliviarían la pena y el dolor o regularían la intensidad de los afectos.Por eso, si está pasando un momento triste, resista la tentación de automedicarse o aceptar esa pastillita "quitapena" milagrosa.
Confíe en los mecanismos naturales propios. Son infalibles.

2003-12-10

 

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Decálogo contra la depresión

 

Alex ROSAL
Hay momentos en nuestra vida que parece que todo lo que hacemos no sólo va mal, sino que, incluso, puede ir peor. «¿Qué inútil soy!», decimos en voz alta. No damos una de derechas y lo negro se apodera de nuestra mente. Estamos en la antesala de la depresión. Un estado de ánimo que se ha generalizado tanto en los últimos años que habita en cualquier casa de nuestra ciudad. Está claro que no hemos aprendido a vivir. Sí, sí, mucha coña marinera con los masters, la informática, el inglés del niño o la play-station, pero saber vivir con la sabiduría de ese abuelo que todos hemos conocido, cuidador de cabras, sin un duro, ceporro él hasta la boina en eso de los «avances del mundo», pero sobresaliente, cum laude, en saber de que va la vida, y el secreto para ser el más feliz del mundo. En fin, aquí va un decálogo contra la depresión escrito por el gran Paco Cerro, director de la revista «Agua viva». Creo que le ayudará a combatir las causas que nos llevan a la depresión:
   1.- Aceptaré lo que no puedo cambiar, y cambiaré lo que no debo aceptar.
   2.- Cada día me levantaré con la alegría de que todo puede ir bien.
   3.- Pensaré en lo positivo de todas las cosas, y hasta encontrarlo no pararé.
   4.- Sonreiré siempre, aunque a veces no tenga ganas, porque la sonrisa puede cambiar muchas cosas.
   5.- Sólo por hoy y en estos momentos intentaré ser lo más feliz posible.
   6.- Dejaré el pasado a la Misericordia de Dios, pues no puedo cambiarlo pero sí aceptarlo.
   7.- Abandonaré el futuro en manos de Dios, pues no debe ser fuente de preocupación cuando Dios es Padre y yo soy su hijo querido.
   8.- Descansaré y me tomaré la vida con más calma, pues yo no soy la Divina Providencia.
   9.- Tendré sentido del humor y me reiré mucho, pues es bastante sano.
   10.- Cuando no pueda más, pensaré que todavía Tú... ¿menos mal que estás siempre ahí, Señor!

2004-02-18

 

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Dídimo, apellidado "el Ciego," se destaca entre los jefes de la escuela catequética de Alejandría en el siglo IV. Nacido hacia el año 313, perdió la vista a la edad de cuatro años, según nos informa Paladio (Hist. Lausiac. 4). La alta estima de que gozó en vida brotó en parte de la espontánea admiración provocada por un hombre que, a pesar del enorme impedimento de una ceguera que le duró toda la vida, allegó un asombroso tesoro de erudición, y ello sin haber ido nunca a la escuela ni haber aprendido siquiera a leer. Fue un verdadero prodigio de conocimientos enciclopédicos, pero no fue, bajo ningún concepto, una inteligencia brillante u original. Se mantuvo al margen de las controversias religiosas de su tiempo, y, sin embargo, ejerció una influencia realmente fuerte en el pensamiento teológico contemporáneo. Atanasio no dudó en colocarle en un cargo de extremada responsabilidad como jefe de la escuela catequética de Alejandría (Rufino, Hist. eccl. 2,7). Fue el último de sus ilustres maestros, pues la famosa escuela se cerró poco después de su muerte. Sus discípulos más conocidos son San Jerónimo y Rufino. El primero menciona repetidas veces a Dídimo como su magister (Epist. 50,1; 84,3; Comm. in Osee proph. pról.; Comm. in epist. ad Ephes. pról.), ensalza su saber y da fe de la influencia que ejercía sobre los teólogos de su tiempo, tanto occidentales como orientales (Liber de Spir. Sancto, Praef. ad Paulin.). El segundo le llama "profeta" y "hombre apostólico" (Rufino, Apol. in Hier. 2,25). Pero Dídimo no se granjeó la admiración de sus contemporáneos solamente por su saber. Su ascetismo le valió un renombre igual. Vivió una vida casi eremítica. San Antonio, padre del monaquismo, le visitó varías veces en su celda, y Paladio le hizo allí cuatro visitas en un período de diez años (Hist. Lausiac. 4). Tenía ochenta y cinco años de edad cuando murió hacia el año 398.

4)La Iglesia

El que, en la Iglesia fundada por Cristo, distribuye las distintas gracias, es el mismo Espíritu Santo:

Fundó su Iglesia sobre los ríos, haciéndola, por decreto divino, capaz de recibir el Espíritu Santo, de quien fluyen, como de un manantial, las variadas gracias, que son otros tantos ríos de agua viva (In Ps. 23,2).

Es también por el mismo Espíritu por quien la Iglesia se convierte en madre de todos aquellos hijos a quienes ha engendrado en su seno virginal y da a luz en la fuente bautismal:

La piscina (bautismal) de la Trinidad es taller para la salvación de todos los hombres fíeles. Libra de la picadura de la serpiente a todos los que se lavan en ella y, permaneciendo virgen, se hace madre de todos por el Espíritu Santo (De Trin. 2,13).

Así, pues, es en Alejandría, con Dídimo el Ciego, donde, al parecer, por primera vez, encontramos descrita la fuente misma bautismal como la madre siempre virgen de los bautizados, fecundada por el Espíritu Santo. Es muy lógico que en otra ocasión llamara a la Iglesia, no sólo esposa de Cristo (De Trin. 2,6,23; In Ps. 1369AB; 1372A; 1465C), sino también nuestra Madre (In Prov. 1624C), probablemente siguiendo una idea de su maestro Orígenes. Sin embargo, es aún más pronunciada su doctrina de la Iglesia como Cuerpo místico de Cristo (In Ps. 1281C); en este punto es mucho más claro que San Atanasio.

 

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la depresión y la manía no son enfermedades mentales en sentido estricto, son enfermedades del estado del ánimo, de la afectividad. Dicho estado ayuda al fácil engaño de las sectas.  Cuando se encasquilla la razón, se disparan las sectas y todo ofrecen al gusto del cliente. Bien dice Tertuliano, “si la falsedad es una corrupción de la verdad, la verdad debe precederla”, por eso la Iglesia Católica precede a las sectas y la historia es testigo.

 

Debemos practicar la caridad fraterna según el ejemplo de Cristo 

"Nada nos anima tanto al amor de los enemigos, en el que consiste la perfección de la caridad fraterna, como la grata consideración de aquella admirable paciencia con la que aquel que era «el más bello de los hombres», entregó su atractivo rostro a las afrentas de los impíos, y sometió aquellos ojos, cuyo parpadear rige todas las cosas, a ser velados por los inicuos; aquella paciencia con la que presentó su espalda a la flagelación, y su cabeza, temible para los principados y potestades, a la aspereza de las espinas; aquella paciencia con la que se sometió a los oprobios y malos tratos; con la que, en fin, admitió pacientemente la cruz, los clavos, la lanza, la hiel y el vinagre, sin dejar de mantenerse en todo momento suave, manso y tranquilo. En resumen, como cordero fue llevado al matadero, como una oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca.

¿Habrá alguien que al escuchar aquella frase admirable, llena de dulzura, de caridad, de inmutable serenidad: «Padre, perdónalos», no se apresure a abrazar con toda su alma a sus enemigos? «Padre», dijo, «perdónalos». ¿Quedaba algo más de mansedumbre o de caridad que pudiera añadirse a esta petición?

Sin embargo, se lo añadió. Era poco interceder; quiso también excusarlos. «Padre», dijo, «perdónalos, porque no saben lo que hacen». Son desde luego grandes pecadores, pero muy poco perspicaces; por tanto, Padre, perdónalos. Crucifican; pero no saben a quién crucifican, porque «si lo hubieran sabido, nunca hubiesen crucificado al Señor de la gloria»; por eso, «Padre, perdónalos». Piensan que se trata de un prevaricador de la ley, de alguien que se cree presuntuosamente Dios, de un seductor del pueblo. Pero yo les había escondido mi rostro, y no pudieron conocer mi Majestad; por ello, «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen».

En consecuencia, para que el hombre se ame rectamente a sí mismo, procure no dejarse corromper por ningún atractivo mundano. Pero para no sucumbir ante semejantes inclinaciones, trate de orientar todos sus afectos hacia la suavidad de la naturaleza humana del Señor. Luego, para sentirse serenado más perfecta y suavemente con los atractivos de la caridad fraterna, trate de abrazar también a sus enemigos con un verdadero amor.

Pero para que este fuego divino no se debilite ante las injurias, considere siempre con los ojos de la mente la serena paciencia de su amado Señor y Salvador."

De la obra Espejo de caridad, del beato Aelredo, abad (Libr. 3, 5: PL 195, 582)

 

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«Duc in altum» (Lc 5,4) dijo Cristo al apóstol Pedro en el Mar de Galilea.

 

“Alegraos en el Señor siempre; lo repito: alegraos. Que vuestra bondad sea notoria a todos los hombres. El Señor está cerca. No os inquietéis por cosa alguna, sino más bien en toda oración y plegaria presentad al Señor vuestras necesidades con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa toda inteligencia, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. Por lo demás, hermanos, considerad lo que hay de verdadero, de noble, de buena fama, de virtuoso, de laudable; practicad lo que habéis aprendido y recibido, lo que habéis oído y visto en mí, y el Dios de la paz estará con vosotros.” San Pablo en su carta a los Filipenses 4, 4-9vs.

 

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«Decálogo católico» sobre ética y ambiente

 

Presentado por el Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz- ROMA, 08.11.2005  expresa la enseñanza –síntesis- de la doctrina social de la Iglesia católica sobre el ambiente.
 
1) La Biblia tiene que dictar los principios morales fundamentales del designio de Dios sobre la relación entre hombre y creación.

2) Es necesario desarrollar una conciencia ecológica de responsabilidad por la creación y por la humanidad.

3) La cuestión del ambiente involucra a todo el planeta, pues es un bien colectivo.

4) Es necesario confirmar la primacía de la ética y de los derechos del hombre sobre la técnica.

5) La naturaleza no debe ser considerada como una realidad en sí misma divina, por tanto, no queda sustraída a la acción humana.

6) Los bienes de la tierra han sido creados por Dios para el bien de todos. Es necesario subrayar el destino universal de los bienes.

7) Se requiere colaborar en el desarrollo ordenado de las regiones más pobres.

8) La colaboración internacional, el derecho al desarrollo, al ambiente sano y a la paz deben ser considerados en las diferentes legislaciones.

9) Es necesario adoptar nuevos estilos de vida más sobrios.

10) Hay que ofrecer una respuesta espiritual, que no es la de la adoración de la naturaleza.

 

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En la creación del mundo y del hombre, Dios ofreció el primero y universal testimonio de su amor todopoderoso y de su sabiduría, el primer anuncio de su "designio benevolente" que encuentra su fin en la nueva creación en Cristo.

316 Aunque la obra de la creación se atribuya particularmente al Padre, es igualmente verdad de fe que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son el principio único e indivisible de la creación.

317 Sólo Dios ha creado el universo, libremente, sin ninguna ayuda.

318 Ninguna criatura tiene el poder Infinito que es necesario para "crear" en el sentido propio de la palabra, es decir, de producir y de dar el ser a lo que no lo tenía en modo alguno (llamar a la existencia de la nada) (cf DS 3624).

319 Dios creó el mundo para manifestar y comunicar su gloria. La gloria para la que Dios creó a sus criaturas consiste en que tengan parte en su verdad, su bondad y su belleza.

320 Dios, que ha creado el universo, lo mantiene en la existencia por su Verbo, "el Hijo que sostiene todo con su palabra poderosa" (Hb 1, 3) y por su Espirita Creador que da la vida.

321 La divina providencia consiste en las disposiciones por las que Dios conduce con sabiduría y amor todas las criaturas hasta su fin último.

322 Cristo nos invita al abandono filial en la providencia de nuestro Padre celestial (cf Mt 6, 26-34) y el apóstol S. Pedro insiste: "Confiadle todas vuestras preocupaciones pues él cuida de vosotros" (I P 5, 7; cf Sal 55, 23).

323 La providencia divina actúa también por la acción de las criaturas. A los seres humanos Dios les concede cooperar libremente en sus designios.

324 La permisión divina del mal físico y del mal moral es misterio que Dios esclarece por su Hijo, Jesucristo, muerto y resucitado para vencer el mal. La fe nos da la certeza de que Dios no permitiría el mal si no hiciera salir el bien del mal mismo, por caminos que nosotros sólo coneceremos plenamente en la vida eterna.

 

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Dijo Dios: «Produzca la tierra animales vivientes según su especie: ganados, reptiles y bestias salvajes según su especie». Y así fue. Dios hizo las bestias de la tierra, los ganados y los reptiles campestres, cada uno según su especie. Vio Dios que esto estaba bien. Gen. 1, 24-25

 

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“Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones” Biblia. Evangelio según San Lucas Cap.1º vs. 48. La Iglesia, hace XXI siglos fundada por Tu Hijo, te alaba, ¡Oh Madre plena de dicha y felicidad!


 

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In Obsequio Jesu Christi.

Como decía un viejo marinero griego, del único lugar de donde no se vuelve es del ridículo… dada la chusma de algunos escribas…

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).