Thursday 9 September 2010 | Actualizada : 2010-08-31 
Inicio > Biblia > Apócrifo - 5º "¿Porqué forman parte de la Biblia? Por Dave Armstrong
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“Las Escrituras no se pueden interpretar solo con los instrumentos de la ciencia de la exégesis –como hacen los protestantes-, mas va leída a la luz de la Tradición del Magisterio”. “En la Iglesia, las Sagradas Escrituras, cuya comprensión crece bajo la inspiración del Espíritu Santo, y el misterio de la interpretación auténtica, dado a los apóstoles, pertenecen el uno al otro en modo indisoluble. Y entonces, allí donde la Sagrada Escritura viene separada de la voz viviente de la Iglesia, vemos que esa cae prisionera a las disputas de los expertos”.

2005-05-07 – S. S. Benedicto XVI – San Juan de Letrán.

 

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¿Por qué los evangelios apócrifos no fueron incluidos en el canon de la Biblia? ¿Qué diferencia hay entre los evangelios apócrifos y los evangélicos?

 

La Iglesia fundada por Jesucristo que escribe una parte del Segundo Testamento, así lo enseña: «no eran libros inspirados»; además evidentemente, eran muy posteriores a los hechos narrados, porque no derivaban de ningún apóstol o discípulo de éstos y porque contenían elementos fabulosos. 2- Sustancialmente porque no eran libros inspirados, como siempre ha señalado la Madre Iglesia.

 

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La Iglesia es tan bíblica como "eclesiástica" es la Biblia. La Iglesia es notablemente lógica y notablemente bíblica: en tanto que su razón de existir, su composición, sus funciones y su papel son enseñados y defendidos por la Escritura. La Iglesia es bíblica en tanto que enseña la doctrina cristiana basándose en la Biblia. La Biblia es "eclesiástica": En tanto que (el N.T.) fue escrito por Apóstoles y maestros de la Primitiva Iglesia Cristiana. Es "eclesiástica" en tanto que es compilada, ordenada, traducida, preservada y difundida por la -Iglesia Cristiana universal ‘católica’. Y es "eclesiástica" en tanto que reconoce y somete la interpretación de sus textos a la Iglesia, el instrumento de Dios para enseñar la fe.

 

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18 Biblias traducidas al español del hebreo y el griego, pertenecientes al periodo comprendido entre los siglos XIII y XV y halladas, fundamentalmente, en el archivo de El Escorial.

 

Desde el siglo XIII - Los expertos han optado por abarcar todos estos textos desde el siglo XIII hasta la actualidad para completar el estudio y el conocimiento del idioma ‘español’. Al no centrarse sólo en la Edad Media han decidido ampliar la denominación del proyecto a «Biblias Hispánicas» y no utilizar el de romanceamientos bíblicos o biblias romanceadas, que es como se conoce a las Biblias circunscritas en la época medieval. Con todo ello, se pretende continuar con el espíritu que emana de los monasterios riojanos de San Millán de la Cogolla, antiguos centros de poder político y cultural donde se cultivó la filología. 2006.

 

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Los libros apócrifos del Antiguo y Nuevo Testamento.

Visión general de los libros que no fueron incluidos en el canon bíblico.

 

Tomado de "Introducción a la Biblia" de Tuya-Salguero
BAC Madrid 1967, pp. 381-406

 

1. Nociones preliminares

I. Nombre.‑El término apócrifo, etimológicamente, proviene del griego άπόκρυφον, que se deriva del verbo άποκρύπτω = «esconder», «ocultar», «sustraer a la vista». Por consiguiente, el sustantivo apócrifo significa oculto, escondido [52].

Entre los paganos se llamaban libros apócrifos los escritos de ciertas sectas que contenían doctrinas secretas, esotéricas, conocidas únicamente por los iniciados [53]. Los judíos también consideraban ciertos libros como apócrifos, tal como se desprende del libro de Daniel [54]. Pero no hemos de confundir estos libros apócrifos con los genuzim, «escondidos», «separados», que, debido a la antigüedad en el uso o a la deteriorización o mutilación, no servían para el uso litúrgico en la sinagoga, y, como no podían ser destruidos, eran retirados en un lugar separado llamado Gueniza [55].

Entre los Padres de la Iglesia, apócrifos se llamaban generalmente a los libros que habían sido colocados fuera del canon por la Iglesia, por el hecho de no ser inspirados, aunque frecuentemente se presentaran como tales. De donde se sigue que decir libros apócrifos era lo mismo que decir libros no canónicos, no inspirados [56]. También se llamaban apócrifos los libros que no eran admitidos en la lectura pública llevada a cabo en el culto divino [57]. Y como en la liturgia sólo se solían leer los libros canónicos o inspirados, de ahí que apócrifo pasase a significar lo mismo que no canónico, no inspirado [58]. Otras veces apócrifo designaba los libros que contenían cosas contrarias a la fe o nocivas al pueblo cristiano [59].

Entre nosotros es frecuente llamar apócrifos a aquellos libros que se presentan como obra de un autor que en realidad no los escribió ni tuvo parte alguna en ellos [60]. Hay que advertir, sin embargo, que muchos libros apócrifos fueron escritos por hombres de buena fe, que exponían doctrinas buenas y sanas, y las ponían en boca de algún personaje importante del Antiguo o del Nuevo Testamento para darles mayor autoridad. A esta clase pertenecen la Oración de Manasés, los libros 3‑4 de Esdras, que se suelen editar como apéndices en la Vulgata.

No obstante, los Padres y los escritores eclesiásticos antiguos acostumbran rechazar los libros apócrifos por considerarlos como escritos de índole religiosa incierta y de origen desconocido, que contenían muchas cosas falsas mezcladas con otras verdaderas. En la práctica, apócrifo terminó por ser tomado en sentido peyorativo, viniendo a significar en los escritores antiguos lo mismo que libro sospechoso o herético.

2. Definición.‑Teniendo en cuenta lo que acabamos de decir, se puede dar una definición de apócrifo, diciendo: «Es todo escrito de autor desconocido que, por el título o por el argumento, presenta ciertas afinidades con los libros de la Sagrada Escritura y que en la antigüedad fue tenido por algunos por inspirado, pero que no ha sido recibido por la Iglesia en el canon bíblico» [61].

Advertencia.‑Conviene tener presente que los protestantes llaman libros apócrifos a los escritos deuterocanónicos del Antiguo Testamento que no se encontraban en el canon hebraico de los judíos. Y los libros que nosotros llamamos apócrifos, los protestantes los designan con el nombre de pseudoepígrafos, es decir, inscritos con un nombre falso. Por lo que se refiere a los apócrifos del Nuevo Testamento, coinciden católicos y protestantes.

3. División de los apócrifos.‑Se dividen, al igual que los libros canónicos, en apócrifos del Antiguo y del Nuevo Testamento. Y para esto hay que fijarse en el argumento o en las personas a las cuales son atribuidos, que pueden pertenecer a uno u otro Testamento.

En la antigüedad existió gran número de libros apócrifos. Pero ante la severa actitud de la Iglesia, que perseguía su difusión, por considerarlos como un peligro para la fe, muchos de ellos desaparecieron, y hoy sólo los conocemos de nombre [62].

4. Finalidad de los apócrifos.‑Se proponen obtener varios fines. Los apócrifos judíos unas veces se proponen reforzar la Ley mosaica con nuevas prescripciones legales provenientes de los rabinos. Son los escritos que forman la literatura halákica, o sea la interpretación jurídica de la Ley [63]. Otras veces se trata de relatos morales o narraciones ficticias creadas por la fantasía en torno a hechos o personajes bíblicos. Así se fue creando la literatura haggádica [64], que constituye la interpretación dogmática y moral de la Ley. Y, finalmente, otros escritos apócrifos, presentados como obra de algún patriarca o profeta, anuncian como próxima la liberación mesiánica de Israel para infundir ánimos a los judíos. Forman éstos la literatura llamada apocalíptica, que se esforzaba por descubrir a los hombres lo que Dios solo, o los seres celestiales, conocen, es decir, los sucesos futuros referentes al pueblo de Dios y a la venida de los tiempos escatológicos [65].

Los apócrifos cristianos pretendían frecuentemente satisfacer la piadosa curiosidad de los fieles, que deseaban saber muchas cosas de la vida de Jesús, de la Santísima Virgen, de los Apóstoles y de otros personajes del Nuevo Testamento que no son narradas en los escritos neotestamentarios. Con este fin se inventaron muchas anécdotas, a veces hasta pueriles y ridículas, sobre la infancia de Cristo, sobre su vida pública, su descenso a los infiernos; sobre el nacimiento de la Santísima Virgen María, sobre su matrimonio con San José, sobre su muerte y asunción; y también sobre los viajes misioneros de los apóstoles, sobre sus doctrinas y conversiones obtenidas.

5. Importancia de los apócrifos.‑Algunos de los libros apócrifos gozaron de gran consideración entre los Padres, e incluso fueron colocados entre los libros canónicos en algunos códices antiguos. Muchos de los apócrifos pueden ser leídos aún hoy con gran utilidad. La misma liturgia nos presenta muchos textos tomados de los libros apócrifos:, como, por ejemplo, el introito de la misa de réquiem que proviene del 4 Esd 2, 34‑35 [66]; el introito de la misa del martes después del domingo de Pentecostés, tomado igualmente del 4 Esd 2,36; el versículo «Adhuc pusillum, et tolletur iniquitas a terra et ¡ustitia regnabit in vos», que se repite en la vigilia de Navidad, procede también del 4 Esd 16,53. El responsorio segundo después de la lección de la Escritura propia de los domingos cuarto al noveno después de Pentecostés, proviene igualmente del salmo 151,3b -4 [67].

Los autores modernos dan gran importancia al estudio de los apócrifos por varias razones:

a) En primer lugar, porque los apócrifos del Antiguo Testamento nos ayudan a conocer las ideas religiosas y morales de los judíos en tiempo de Cristo, y esto nos sirve grandemente para una mejor inteligencia del Nuevo Testamento y de la Iglesia primitiva. Los apócrifos del Nuevo Testamento son, a su vez, de gran valor para el conocimiento de las doctrinas y de las opiniones tanto de los fieles como de los herejes de los primeros siglos de la Iglesia [68].

b) En segundo lugar, porque refieren hechos o doctrinas relacionados con la dogmática cristiana y con la historia de la Iglesia primitiva, que no encontramos en documentos anteriores. Es famoso el relato que nos da el apócrifo Tránsito de María (del s. IV) sobre la asunción corporal de la Santísima Virgen María a los cielos. De él dependerán en gran parte los escritores eclesiásticos posteriores [69].

c) En tercer lugar, porque contienen muchas cosas dignas de fe que pueden servir para la historia eclesiástica. El Protoevangelio de Santiago (del s.II), por ejemplo, es el primer documento que nos da los nombres de los padres de la Santísima Virgen, y los de los tres Reyes Magos[70]. El evangelio apócrifo del Pseudo‑Mateo nos describe minuciosamente la presentación de María en el templo, a la edad de tres años, y su matrimonio con San José [71]. En estos textos debió de inspirarse la liturgia para la institución de la fiesta de la Presentación de María en el Templo.

 d) Los pintores, escultores y literatos cristianos se han servido de muchos relatos de los apócrifos para sus obras de arte. La representación, por ejemplo, de San José, anciano y con el bastón florido, nos recuerda el relato del Pseudo-Mateo [72].

e) Además, en la epístola de San Judas se alude, según parece, al libro de Henoc [73]. Y muchos Padres y escritores antiguos citan ciertos apócrifos con reverencia.

f) Finalmente, el estudio de los apócrifos servirá para compararlos con los libros canónicos de la Sagrada Escritura. De esta comparación resultará que los libros canónicos son muy superiores a los apócrifos tanto por el contenido religioso como incluso por los méritos literarios. La narración sencilla al par que emocionante de la anunciación en San Lucas contrasta fuertemente con el estilo amanerado y el contenido legendario de los evangelios apócrifos de la infancia [74].

II. Apócrifos del Antiguo Testamento 

Por razón de las analogías y semejanzas que tienen estos apócrifos con los Libros Sagrados del Antiguo Testamento, se suelen dividir en tres clases: apócrifos históricos, didácticos y proféticos.

a) Apócrifos históricos.‑Entre éstos se suelen enumerar los siguientes:

I. Libro de los Jubileos, que también es llamado «Pequeño Génesis», porque da un comentario sobre el Génesis, o también «Apocalipsis de Moisés» por el hecho de tratar de Moisés, de quien recibió las revelaciones contenidas en el libro. Trata de la historia del mundo, desde la creación hasta la salida de los hebreos de Egipto, tomada de Gén 1‑Ex 12, pero adornada con muchas narraciones fabulosas. La historia está dispuesta por períodos de Jubileos, de cuarenta y nueve años cada uno, por cuya razón se le llama «Libro de los Jubileos». Fue escrito en hebreo y en Palestina por un judío fariseo hacia mediados del siglo II a.C. En las grutas de Qumrân se han encontrado varios fragmentos en hebreo del Libro de los Jubileos [75].

2. Libro III de Esdras.‑Narra la historia del templo desde el reinado de Josías (+609) hasta su reconstrucción después del destierro y la reanudación de los servicios divinos bajo Esdras. Es un conglomerado de trozos tomados del 2 Crón y de Esd‑Neh. Del 2 Crón toma los dos últimos capítulos [76]; de Esd toma casi todo el libro[77]  y de Neh dos capítulos [78]. Lo que tiene de propio el 3 Esd son los capítulos 3,1‑5,6, en que se narra una disputa legendaria entre los guardias del rey Darío sobre la cuestión: «¿Quién es más fuerte: el vino, el rey, la mujer o la verdad?» Vence Zorobabel afirmando que la verdad supera en fortaleza a todos [79]. El 3 Esd es designado como Esdras A, o sea, primero de Esdras, en los Setenta y en las versiones Vetus Latina, Siro‑hexaplar, Etiópica, Armena; mientras que los libros canónicos de Esd‑Neh son unidos juntamente bajo el título de Esdras B o segundo de Esd.

El origen de este libro es muy discutido entre los críticos. Para unos el 3 Esd sería una compilación griega o una versión que habría sido hecha en el siglo ii ó i a.C. de los libros canónicos de Esd‑Neh [80]. Para otros, el 3 Esd sería la versión original de los libros canónicos de Esd‑Neh llevada a cabo por los Setenta, mientras que Esdras B representaría la versión de esos mismos libros canónicos hecha por Teodoción [81]. Tal vez sea más exacto considerar el 3 Esd como una versión griega hecha sobre un texto hebreo o arameo, que difería del texto masorético actual, y el pasaje de los capítulos 3, 1 ‑ 5, 6 habría sido tomado de alguna otra fuente [82].

También presenta cierta dificultad la cuestión referente a su valor canónico. Bastantes Padres griegos y latinos, como Orígenes [83], San Basilio [84], San Atanasio [85], San Cipriano [86], San Ambrosio [87], lo citan como libro inspirado. Los concilios de Hipona y el III y IV de Cartago también lo admiten en su canon [88]. Sin embargo, hay que advertir que este reconocimiento no fue universal ni constante. La mayor parte de los Padres, como Melitón de Sardes, San Gregorio Nacianceno, San Cirilo de Jerusalén, San Epifanio, Rufino, San jerónimo, San Agustín, Leoncio Bizantino, Junilio Africano, consideran como canónico el 1‑2 de Esd, es decir, nuestros dos libros actuales de Esd-Neh.

El libro fue compuesto en el siglo I, o quizá antes, en un ambiente alejandrino, con fines apologéticos. Se encuentra como apéndice en nuestras ediciones de la Vulgata. La liturgia hace uso del 3 Esd 5,40 en el ofertorio de la misa «Pro eligendo Summo Pontifice».

3. Libro III de los Macabeos. -Fue escrito en griego por un judío alejandrino a principios de la era cristiana. El título es impropio, ya que no trata para nada de los Macabeos. Se le ha designado así porque en muchos códices de los Setenta está colocado después de los dos libros canónicos de los Macabeos. Narra una persecución del rey Ptolomeo IV Filometor (221‑204 a.C.) contra los judíos de Alejandría y su milagrosa liberación. Toda la narración parece fabulosa. En Occidente permaneció casi desconocido [89].

4. La Ascensión de Isaías. ‑Fue compuesto parte en el siglo i y parte en el siglo ii de nuestra era. Consta de tres partes. La primera narra el martirio de Isaías (1,1‑3, 12; 5,1‑14), afirmando que el profeta fue aserrado en dos partes por mandato del rey Manasés. La segunda parte, intercalada en la primera (3,13‑4,18, es una apcalipsis cristiana que refiere una serie de visiones de Isaías sobre la encarnación, pasión, resurrección, ascensión, misión de los apóstoles y parusía del Mesías. Esta parte es obra de un cristiano de fines del siglo i. La tercera parte, escrita también por un cristiano, en la primera mitad del siglo ii, describe el viaje de Isaías por los siete cielos. Gozó de bastante popularidad en los primeros siglos. La epístola a los Hebreos 11,37 parece aludir a la Ascensión de Is. 5, 1. 11, y tal vez i Cor 2,9 a la Ascensión de Is. 11,34. Es mencionada por varios Padres, como Orígenes [90], San Ambrosio [91], San Epifanio [92], San Jerónimo [93]. En la Ascensión de Isaías (4,3) se encuentra el testimonio más antiguo sobre el martirio de San Pedro en Roma bajo el emperador Nerón [94].

5. Testamento de Salomón. ‑Es una obra cristiana del siglo III. Salomón exhorta a todos a no seguir tras de los amores ¡lícitos, que le hicieron perder a él el poder mágico sobre los demonios, recibido de Miguel44.

6. Documento Sadoquita. ‑Parece ser anterior al año 70 d.C. Consta de dos partes. En la primera (1‑9) se refiere cómo el «Maestro de Justicia», con sus seguidores, los «hijos de Sadoc», se retiraron a Damasco. En la segunda parte (10‑20) se dan prescripciones legales y morales referentes a dicha secta. Los documentos descubiertos en las cavernas de Qumrân han demostrado que los «hijos de Sadoc» formaban una comunidad muy afín, si no idéntica, a la de Qumrân. En la cuarta caverna de Qumrân se han encontrado fragmentos bastante extensos de siete mss. muy semejantes al encontrado en la Gueniza de El Cairo en el año 1897. El más antiguo es de fines del siglo I a.C.45  En la caverna sexta se encontraron también cinco fragmentos de este documento. El fragmento quinto no se encuentra en las partes hasta ahora conocidas del Documento Sadoquita o Documento de Damasco (CD), como ordinariamente se le designa hoy día46.

7. Historia y sabiduría de Ajikar. ‑Proviene de una obra del siglo V a.C. Contiene diversas narraciones y dichos, que posteriormente fueron aumentadas con interpolaciones.

8. Carta de Aristea. ‑Fue escrita por un judío alejandrino hacia el año 100 a.C. Narra la historia maravillosa de la traducción griega de la Biblia hebrea, llevada a cabo por 72 peritos en 72 días. a petición de Ptolomeo II Filadelfo (285‑247 a.C.). El autor pone de relieve la superioridad de la sabiduría judía sobre la pagana y la excelencia de la Ley mosaica47.

b) Apócrifos didácticos. ‑Son muchos. Nosotros enumeramos los más importantes:

I. Testamentos de los 12 patriarcas. ‑Es una obra que fue compuesta en hebreo probablemente por un judío cristiano hacia el año 100 d.C. Contiene las últimas palabras que los 12 hijos de Jacob, a imitación de su padre48, habrían dirigido a sus hijos antes de morir. Cada discurso se compone de tres partes: la autobiografía del patriarca, una exhortación moral y una profecía referente al destino futuro de la tribu. El tema es ético, y la moral judía aparece en él bajo su forma más elevada49. Es citado por Orígenes50 y San Jerónimo51.

2. Oración de Manasés.‑Es una especie de poema penitencial que se apoya en 2 Crón 33,11‑13, en donde se narra que Manasés, conducido cautivo a Babilonia, hizo penitencia y se arrepintió. Un piadoso autor, probablemente un judío helenista, compuso esta hermosa y conmovedora oración para suplir una especie de vacío del texto sagrado. Debió de ser escrita en griego a principios de nuestra era. Se encuentra en muchos códices manuscritos de los LXX como apéndice al libro de los Salmos. Casi todas las versiones antiguas la tienen. En los códices antiguos de la Vulgata está puesta después del 2 Par. También se halla como apéndice en la Vulgata Sixto‑Clementina52.

3. Salmos de Salomón. ‑Consta esta obra de 18 cánticos o salmos atribuidos a Salomón por razones desconocidas para nosotros. Son muy parecidos a los del Salterio davídico. Expresan bajo la forma más sencilla y más noble los sentimientos de la fe y de la esperanza tradicionales en Israel. Son gritos del alma dirigidos a Dios que expresan el ardiente deseo de la llegada del Mesías, para que libre a su pueblo de la opresión de los paganos y de la infidelidad del sacerdocio oficial. Fueron compuestos en hebreo o en arameo por un piadoso judío poco después que Pompeyo tomó a Jerusalén (año 63 a.C.) y entró en el santo de los santos del templo53. En muchos códices griegos del Antiguo Testamento se encuentran estos salmos entre los libros de la Sab y el Eclo.

4. Salmo 151. ‑Es llamado también «salmo idiográfico de David», es decir, «escrito de propia mano». En él David se gloría de su elección divina y de la victoria obtenida sobre el filisteo Goliat. Se encuentra en griego en los LXX después del salmo 15054. Debió de ser compuesto en los últimos siglos a.C.

5. Manual de disciplina de Qumrân (1QS). ‑También se le designa con el nombre «Regla de la comunidad de Qumrân». Fue encontrado en la primera caverna. Expone de un modo preciso los deberes y obligaciones de los miembros y de la comunidad de Qumrân. La finalidad de esta comunidad es el buscar a Dios siguiendo las prescripciones de la Ley de Moisés y de los profetas. La comunidad constaba de sacerdotes de la estirpe de Aarón y Sadoc, de levitas y de laicos. Toda la vida de la comunidad estaba regulada por minuciosas prescripciones. El gobierno era democrático. El jefe se llamaba mevaqqer. Después de dos años de noviciado y, probablemente, uno de postulantado, los candidatos eran admitidos en la comunidad en forma solemne55.

6. Comentario de Habacuc de Qumrân (1QpHab). ‑Ha sido hallado también en la primera caverna de Qumrân. Consta de 13 columnas. Se trata de una acomodación de la profecía de Habacuc a la situación concreta de la comunidad de Qumrân. El protagonista es el «Maestro de Justicia», al que combaten el sacerdote impío, la casa de Absalón y los hombres traidores contemporáneos del autor que rechazan las palabras del «Maestro de Justicia»56.

7. Himnos de acción de gracias de Qumrân (iQH).‑Son unos 35 himnos encontrados igualmente en la primera caverna. En ellos, un justo desconocido, que con bastante probabilidad ha de ser identificado con el «Maestro de Justicia», expresa sus sentimientos de gratitud, de humildad, de dolor y de confianza en Dios. El estilo imita al de los Salmos, de los cuales toma muchas expresiones, y es personal y autobiográfico. La escatología de estos himnos es muy parecida a la que encontramos en el libro de la Sabiduría [95]. Estos himnos debieron de ser compuestos en la primera mitad de nuestra era. Son, por lo tanto, un poco posteriores al Manual de disciplina, cuya composición es colocada hacia el año 150‑125 a.C. y del Comentario de Habacuc, que debió de ser escrito entre los años 50-I a.C. [96].

8. Odas de Salomón.‑Son 42 cánticos que alaban a Cristo, el cual colma al alma fiel con sus infinitos beneficios. Eran conocidas de Lactancio [97], de Nicéforo Constantinopolitano [98] y de la obra gnóstica Pistis Sophia. Fueron compuestos probablemente en griego por algún cristiano gnóstico del siglo II [99].

9. Libro IV de los Macabeos.‑También es llamado, a causa del argumento, el libro del «Dominio de la razón». El autor intenta demostrar que la razón, dirigida por la piedad, es lo suficientemente fuerte para dominar las pasiones. Este tema es ilustrado con ejemplos bíblicos tomados de la época de los Macabeos: valor de Onías, martirio de Eleazar y de los siete hermanos Macabeos. El autor demuestra tener conocimiento de la retórica griega y de la filosofía estoica. Fue compuesto en lengua griega por un judío helenista, probablemente en los comienzos de la era cristiana. Varios Padres lo conocen [100]. No hay razón suficiente para afirmar, con Eusebio [101] y San Jerónimo [102], que el autor de este libro fue Josefo Flavio [103].

c) Apócrifos proféticos, o apocalípticos.‑Son también muy numerosos:

1. Libro de Henoc.-‑Es una colección de escritos compuestos en diversas épocas. Por eso no tiene unidad literaria. El único vínculo entre las diversas partes es la persona de Henoc, que recibe de Dios diversas revelaciones. Todos los diferentes escritos que lo componen fueron compuestos por autores judíos en los siglos II-I a.C., en lengua hebrea (c.i‑5.37‑108) y en aramea (c.6‑36) [104]. Es de suma importancia para el conocimiento de las creencias religiosas y morales, mesiánicas y escatológicas, del pueblo judío en los comienzos de nuestra era [105]. La influencia del Libro de Henoc fue muy grande entre los escritores de la Iglesia primitiva. Comprende tres libros:

1) Libro de Henoc etiópico.‑Se llama etiópico porque fue hallado el libro íntegro en una versión etiópica [106]. Antes se conocían solamente ciertas partes de la obra. El libro se compone de seis partes. La primera abarca los capítulos 1‑36: es el libro angelológico, que nos habla de la caída y del castigo de los ángeles y de un viaje que hace Henoc a través del universo, del infierno y del paraíso, conducido por un ángel que le va explicando los misterios de aquellos lugares. La segunda parte es llamada el libro de las parábolas (c.37‑71), en donde se describe la suerte futura de los justos y de los pecadores. El juicio será llevado a cabo por el Anciano de días y por el Hijo del hombre [107]. Esta parte es la más importante del libro. La tercera parte o libro astronómico (c.72‑82) habla del curso del sol, de la luna, de las estrellas y de los vientos. La cuarta parte, llamada libro de las visiones (c.83‑90), narra la historia del mundo desde Adán hasta el Mesías. La quinta parte, conocida como libro de las exhortaciones (c.91‑105), nos presenta una serie de recomendaciones de tipo moral dirigidas al justo para que permanezca firme en su fe. Al mismo tiempo, reprocha a los impíos sus pecados y les amenaza con terribles castigos. En esta quinta parte se halla intercalado el libro de las diez semanas (C.91,12‑17; 93), que divide la historia del mundo en diez períodos de semanas. De estos diez períodos siete ya han pasado, y los otros tres están para venir. Un epílogo (c.106‑108), que contiene fragmentos de un libro de Noé, cierra el Libro de Henoc. La redacción final de estas diversas partes se llevó a cabo en el siglo I antes de Cristo. Posteriormente ha sufrido algunas interpolaciones cristianas.

Es citado como escritura sagrada por la Epístola de Bernabé [108], y es probable que también la epístola de San Judas 14s cite nuestro libro, como sostienen muchos autores. Entre los Padres fue tenido en mucha estima el Libro de Henoc, y frecuentemente lo citan [109]. Es, sin duda alguna, el más importante de todos los apócrifos del Antiguo Testamento.

2) Libro de Henoc eslávico ó Libro de los secretos de Henoc.‑Describe las visiones tenidas por Henoc en su viaje a través de los siete cielos, a las que se agregan diversas lecciones morales. Es mucho más breve que el Henoc etiópico. Y parece ser una refundición de éste. Fue escrito en hebreo o en arameo en la primera mitad del siglo I d.C.; después fue traducido al griego y más tarde al eslavo, en cuya versión se nos ha conservado [110].

3) Libro de Henoc hebreo.‑Trata de revelaciones de cosas secretas hechas a Henoc. Las diversas partes del libro fueron compuestas en distintos tiempos, entre el año 70 d.C. y el siglo III d.C. Nos ha sido conservado en hebreo, de ahí su nombre [111].

2. Libro IV de Esdras‑También es llamado «Apocalipsis de Esdras». Sobresale por su estilo, elocuencia y doctrina. En él se expresan con acentos emotivos el dolor y el escándalo experimentado por un judío ante el espectáculo de la ruina de Jerusalén y del templo. Comprende nuestro libro siete visiones o revelaciones referentes al Mesías y al juicio futuro, que el ángel Uriel hizo a Esdras. De los 16 capítulos de que se compone, sólo los capítulos 3‑14 pertenecen al texto original judío. Las tres primeras visiones [112] hacen referencia a la suerte triste de Israel, dominado por las naciones paganas. Pero Dios hará justicia a su pueblo por medio del Mesías, el cual aparece y reina cuatrocientos años sobre la tierra. Después morirá con todos los hombres; pero pasados siete días tendrá lugar la resurrección universal y el juicio, con la correspondiente retribución. La visión cuarta (9,27‑10,60) describe la gloria de la futura Jerusalén. La quinta visión (11‑12) nos muestra un águila que con sus grandes alas cubre toda la tierra (el Imperio romano), pero es juzgada por el León (el Mesías). La sexta visión (c.13) predice que el Mesías exterminará a sus enemigos con su aliento y reunirá a las diez tribus de Israel en un tiempo futuro aún indeterminado. La séptima visión (c.14) narra cómo Esdras, lleno, de sabiduría divina, dictó a cinco escribas, durante cuarenta días, los libros de la Ley, quemados y dispersos en la destrucción de Jerusalén [113].

Los capítulos 1‑2, llamados frecuentemente 5 de Esdras, y los capítulos 15‑16, conocidos también por 6 de Esdras, fueron escritos por un autor cristiano y añadidos posteriormente (hacia el s.III) al libro. Los dos primeros capítulos amenazan con grandes castigos a los judíos que hayan rehusado abrazar el cristianismo; a los convertidos, en cambio, promete luz y paz. Los capítulos 15‑16 inculcan el temor de los castigos divinos [114].

El texto original hebreo (c.3‑14) fue obra de un judío palestinense que escribió a fines del siglo I d.C., probablemente después del año 70. Ningún otro apócrifo judío ha gozado de una tan amplia y duradera difusión entre los cristianos como el libro IV de Esdras. Es citado con frecuencia por los Padres [115]. Sin embargo, no fue recibido universalmente como canónico. San Jerónimo lo rechaza expresamente como apócrifo [116]. La liturgia [117] romana se sirve de él en ciertas fiestas. Se encuentra como apéndice en las ediciones de nuestra Vulgata.

3. Asunción de Moisés.‑También es llamada esta obra «Ascensión de Moisés» ó «Testamento de Moisés». Contiene el testamento de Moisés a Josué, su sucesor, en el que le revela los destinos futuros del pueblo elegido, su entrada en la tierra prometida, el cisma de las diez tribus, la destrucción de Jerusalén y del templo, el destierro y el regreso de los desterrados, la impiedad de los reyes y de los sacerdotes, y el juicio del cielo que hará justicia a los judíos y castigará a sus enemigos. [118]

Es obra de un judío palestinense, que lo habría compuesto en hebreo o arameo en el siglo I d.C., después de la deposición de Arquelao el año 6. En la epístola de San Judas 9 se habla del altercado entre San Miguel y el demonio sobre el cuerpo de Moisés, que según Orígenes era narrado en la Asunción de Moisés [119]. Esto supondría que Judas usó este libro apócrifo, como lo afirman, por otra parte, bastantes autores antiguos [120].

4. Regla de la Guerra de Qumrân (IQM).‑Es un rollo de 19 columnas encontrado en la primera caverna de Qumrân el año 1948. Antes era llamado «La Guerra de los hijos de la luz contra los hijos de las tinieblas». En él se dan normas para la última guerra, la escatológica. Los hijos de la luz son los miembros de la tribu de Judá, de Leví y de Benjamín; los hijos de las tinieblas son los de Edom, Moab, Amón y todos los demás paganos. La última batalla será contra los Kittim. Después de diversas y afortunadas vicisitudes, los hijos de la luz, con el auxilio divino, lograrán la victoria. No se trata de una verdadera guerra, sino de una guerra ideal, santa, escatológica. El documento es como una especie de manual del combatiente, con minuciosas prescripciones, con cánticos de victoria y de acción de gracias. La fecha probable en que fue compuesto ha de colocarse entre el año 50 y I a.C. [121]

5. Apócrifo del Génesis (IQGenAp).‑Antes fue llamado «Apocalipsis de Lamec». Contiene narraciones apócrifas sobre el Génesis: el nacimiento admirable de Noé, la descripción de la hermosura de Sara, etc. En general, las narraciones siguen el mismo orden del libro del Génesis. Fue encontrado también este documento en la primera caverna de Qumrân. Su composición la colocan los peritos en la última mitad del siglo I a.C.

6. Apocalipsis siríaca de Baruc.‑Es un escrito de origen palestinense en lengua hebrea o aramea, pero que nos ha sido conservado en una versión siríaca. Se propone describir las revelaciones hechas a Baruc en el momento de la destrucción de Jerusalén (586 a.C.) por los babilonios, sobre la historia del mundo, el reino del Mesías, el juicio futuro y la resurrección. El libro fue escrito en los comienzos del siglo II d.C., después del 4 Esd [122].

También existe otra Apocalipsis griega de Baruc que completa el anterior. Describe lo que vio Baruc en su viaje a través de los cinco cielos [123]. Es una obra judía del mismo tiempo que la anterior; pero en muchos lugares tiene interpolaciones hechas por un cristiano [124].

7. Oráculos sibilinos. ‑Desde el siglo v a.C. circulaban por Grecia y el Asia Menor oráculos atribuidos a las sibilas que eran considerados como inspirados por la divinidad. Los judíos helenistas, principalmente los alejandrinos, utilizaron también este medio de propaganda religiosa. Querían demostrar que no eran en modo alguno inferiores a los paganos en cultura, y con este fin compusieron a partir del siglo II a.C. oráculos sibilinos para defender o propagar sus creencias religiosas. Los cristianos emplearían también más tarde el mismo procedimiento. La colección de los Oráculos sibilinos está compuesta de 14 libros, de los cuales se han perdido los libros 9 y 10. Los elementos que componen estos cánticos son muy heterogéneos: unos son paganos, otros judíos y otros cristianos. La mayoría de los autores es hoy de parecer que el libro 3° es de origen auténticamente judío. Debió de ser escrito en Alejandría (Egipto hacia el año 140 a.C. Echa contra los idólatras, amenazándoles) con toda clase de castigos. Anuncia el castigo divino de los enemigos del pueblo judío, la llegada del Mesías y su victoria final. También el libro 4°, de finales del siglo I d.C., es de cuño, e inspiración judía, aunque debió de ser retocado posteriormente por una mano cristiana. Predice los castigos que Dios mandará contra Asia y Europa, y exhorta a los habitantes de estas regiones a convertirse a Dios, de lo contrario la tierra será destruida por el fuego. «Día aquel, día de ira‑dice dicho libro‑en que el mundo quedará reducido a cenizas, según David y la Sibila» [125]. El libro 5° tal vez sea en parte de proveniencia judía, si bien fue posteriormente retocado por algún autor cristiano. Contiene varios relatos sobre la batalla de las estrellas en la que el mundo será incendiado. Los libros 1° y 2° constituyen una combinación de elementos judíos y cristianos. Tratan de la historia del mundo desde la creación hasta su fin. Los demás libros son de proveniencia cristiana, compuestos entre los siglos II-IV, en parte por autores gnósticos. Describen en general, por boca de la Sibila, la vida terrena de Cristo y su segunda venida para juzgar a todos los hombres [126].

Todos los Oráculos sibilinos fueron escritos en hexámetros griegos. Los escritores cristianos del siglo II, San Justino, Atenágoras, Taciano, Clemente Alejandrino y San Teófilo Antioqueno, se inspiraron en ellos [127]. También fueron utilizados por Lactancio, Commodiano [128] y San Agustín [129]. La liturgia también hace uso de ellos en la sequentia de la misa de difuntos.

III. Apócrifos del Nuevo Testamento

Del mismo modo que los apócrifos del Antiguo Testamento fueron divididos siguiendo los grupos formados por la literatura canónica, así también haremos con los apócrifos del Nuevo Testamento. Puesto que éstos tratan de imitar a los libros canónicos neotestamentarios, podemos dividirlos en evangelios apócrifos, actos o hechos, epístolas y apocalipsis.

La mayor parte de los apócrifos del Nuevo Testamento se publicaron en los siglos II y III d.C. Muchos de ellos fueron compuestos con el fin de satisfacer la curiosidad de los fieles. Como los evangelios canónicos hablan generalmente con mucha sobriedad sobre la vida de Jesús, los cristianos deseaban tener mayores detalles sobre la vida del Salvador. Este fue el motivo de que muchos autores tratasen de llenar estas lagunas inventando nuevas historias sobre Jesús, o bien recogiendo las tradiciones populares que corrían [130].

Aquí daremos una breve síntesis de los apócrifos neotestamentarios más importantes93.

a) Evangelios apócrifos.‑Entre los más importantes se pueden contar:

1. Evangelio según los hebreos‑Es el más importante de los evangelios apócrifos. Muchos Padres94 lo mencionan con frecuencia. San Jerónimo lo tradujo en griego y en latín del arameo, y afirma que muchos lo consideraban como el auténtico evangelio de San Mateo95. Sin embargo, Clemente Alejandrino, Orígenes y Eusebio distinguen claramente el uno del otro96. Los autores no están acordes sobre el origen de este evangelio apócrifo. Es bastante probable que este evangelio sea una adaptación y una revisión del evangelio canónico de San Mateo, con cortes y añadiduras legendarias de proveniencia incierta97. Fue usado por los nazareos, que procedían de aquellos cristianos que antes de la destrucción de Jerusalén el año 70 d.C. habían huido a Transjordania. Por eso, también es llamado «evangelio de los nazareos»98. Debió de ser escrito a finales del siglo I, pues es posible que San Ignacio Mártir († 107) lo cite99, como afirma el mismo San Jerónimo100. Hasta nosotros han llegado sólo fragmentos.

2. Evangelio de los ebionitas‑Es de origen judío‑cristiano. Parece haber sido compuesto hacia la mitad del siglo II. El autor se ha servido mucho del evangelio de San Mateo, pero mutilándolo y falsificándolo101. También ha tomado bastantes cosas de Lc y Jn. Es probable que sea el mismo que el apócrifo llamado «Evangelio de los doce Apóstoles», del cual nos habla Orígenes102. Lo usaban los herejes ebionitas, y esto explica los errores de esta secta que se encuentran en el libro. Condena el uso de carnes, y, en consecuencia, también reprueba el culto del Antiguo Testamento, que se servía de los sacrificios cruentos103. Sólo poseemos algunos fragmentos.

3. Evangelio según los egipcios‑Fue compuesto hacia mediados del siglo II y es de tendencia gnóstica. El lugar de composición fue Egipto. Estaba en uso entre ciertas sectas heréticas (encratitas, valentinianos, sabelianos y naasenos), que se servían de él como base de sus herejías104. El escrito mismo era de índole herética, como se ve por el coloquio de Cristo con Salomé, que nos ha sido transmitido por Clemente Alejandrino105. Condenaba el matrimonio y contenía muchas otras cosas absurdas106.

4. Evangelio de Pedro‑Fue escrito en griego en Siria hacia el año 150 d.C. Su autor debió de ser un doceta que emplea los evangelios canónicos, pero añadiendo muchas cosas fabulosas. Eusebio107 afirma que Serapión, obispo de Antioquía (hacia el año 200), había permitido la lectura de este apócrifo a los fieles de la parroquia de Rhosos, pero que, cuando Serapión leyó el libro más tarde y vio que contenía herejías de carácter docético, prohibió su lectura. Es mencionado por Orígenes108. En el año 1886 fue encontrado en Akmin, ciudad del alto Egipto, un códice del siglo VIII‑XII, que contiene el mayor fragmento hasta ahora conocido de este evangelio, o sea la mayor parte de la historia de la pasión y resurrección de Cristo109.

5. Protoevangelio de Santiago.‑También es llamado «historia de la natividad de María». Fue escrito por un cristiano ortodoxo que se presenta bajo el nombre de Santiago, hermano del Señor. El libro, tal como se encuentra hoy, es una compilación del siglo IV. Sin embargo, la parte más antigua (c.1‑21) tal vez provenga del siglo II. El Protoevangelio, tal como ha llegado hasta nosotros, consta de tres partes bien distintas: 1.ª, vida de María hasta el nacimiento de Jesús (c.1‑16); 2.ª, nacimiento de Jesús y maravillas que lo acompañan (c.17‑21) ; 3.ª, matanza de los Inocentes por Herodes y martirio de Zacarías (c.22‑24). El último capítulo (c.25) es un epílogo. En la primera parte, el autor ensalza la virginidad y la juventud de María. Sus padres, Joaquín y Ana, son estériles, pero un ángel les anuncia el nacimiento de María. A los tres años es presentada en el templo para que, viviendo en el colegio de vírgenes que allí había, fuese educada. El sumo sacerdote tiene un cuidado muy especial de María y le escoge como esposo, entre todos los viudos de la región de Judea, a aquel cuyo bastón floreciere (c.8‑9). Después María se convierte en Madre de Dios de una manera totalmente sobrenatural (c.9). El Protoevangelio de Santiago fue compuesto, al parecer, con una finalidad apologética: el defender el honor y la virginidad de María. A este fin van ordenados todos los episodios ya desde el principio. El autor aduce toda una serie de pruebas en favor de la virginidad de María. Su virginidad antes del parto es manifestada por la prueba del agua (c.16); en el parto es constatada por una comadrona (c.19‑20), y después del parto se deduce de la explicación que da sobre los hermanos de Jesús, que no serían sino hijos de un primer matrimonio de San José (c.18,1).

El Protoevangelio de Santiago estuvo muy difundido en la Iglesia primitiva, siendo traducido a muchos idiomas. Es posible que ya lo conociesen San Justino110 y Clemente Alejandrino111. Orígenes habla de un «libro de Santiago» que probablemente es nuestro Protoevangelio112. Ha tenido un gran influjo en la tradición eclesiástica, la cual ha tomado de nuestro Protoevangelio varios detalles, que han sido considerados por muchos escritores como históricos: la natividad milagrosa de María; presentación y estancia en el templo hasta su matrimonio; elección milagrosa de José para esposo y guardián de María; nacimiento de Jesús en una cueva. Los poetas y pintores de la Edad Media y de épocas posteriores se han inspirado frecuentemente en el Protoevangelio de Santiago. La liturgia también ha tomado de este libro la presentación de María en el templo, instituyéndola como fiesta el día 21 de noviembre113. La lengua griega de nuestro libro es bastante pura. De éste dependen varios otros apócrifos, como el «Evangelio del Pseudo‑Mateo» o «Libro del nacimiento de la Virgen María y la Infancia del Salvador» (s.v‑vj), el «Evangelio de la Infancia de nuestro Señor Jesús» o «Evangelio de Tomás», y el «Evangelio de la Natividad de María» (s.ix).

6. Evangelios de Tomás, Matías, Felipe, judas, Bartolomé, Bernabé. Todos estos escritos han llegado hasta nosotros sólo fragmentariamente. Fueron compuestos en el siglo iii con una finalidad propagandística. Narran episodios maravillosos y a veces hasta pueriles de la vida de Jesús. Contienen errores principalmente gnósticos, por lo cual la Iglesia los rechazó.

El Evangelio de Tomás tal vez haya sido escrito en el siglo ii por un gnóstico, y en el siglo II corregido de los errores por un católico. Es mencionado por Orígenes [131], San Hipólito [132], San Ireneo [133], San Efrén [134]. Describe los milagros de Jesús niño desde los cinco hasta los ocho años.

El Evangelio de Matías es mencionado por Clemente de Alejandría y Orígenes. Fue escrito en el siglo iii.

El Evangelio de Felipe es de principios del siglo iii. Es citado por San Epifanio, y la obra gnóstica Pistis Sophia (s.iii) parece aludir a él.

El Evangelio de Judas era usado por la secta gnóstica de los cainitas, según afirman San Ireneo y San Epifanio.

El Evangelio de Bartolomé [135] debió de ser compuesto en el siglo iv en Egipto. Es mencionado por San Jerónimo.

El Decreto Gelasiano menciona el Evangelio de Bernabé, pero poco más sabemos de este escrito.

7. El Evangelio de Nicodemo, llamado también Actas de Pilatos, se compone de dos partes, que en un principio formaron dos obras independientes: Actas de Pilatos (c.1‑16) y Descenso de Jesús a los infiernos (c.17‑27). La primera parte habla de la causa de la condena a muerte de Jesús y de su resurrección. Probablemente esta parte fue escrita en el siglo IV por un cristiano que quería confutar las actas de Pilatos propagadas por los paganos en tiempo de Diocleciano [136]. Sin embargo, tenemos los testimonios de San Justino [137], Tertuliano [138] y de San Epifanio [139], que nos hablan de actas de Pilatos. Tal vez sean otros escritos, o bien la forma‑más antigua de las Actas de Pilatos, que, como ya dejamos dicho, tal como nos han llegado parecen del siglo IV [140].

8. Evangelio de Juan.‑Fue encontrado el año 1942 en la Biblioteca Ambrosiana de Milán en un manuscrito arábigo. El texto árabe, escrito el año 1342 d.C., se dice que fue traducido del texto siríaco, que no ha llegado hasta nosotros. Parece que las cosas que se dicen de Cristo en dicho apócrifo proceden de una pluma que escribe guiada por fin recto [141].

9. Tránsito de María o Dormición de la Santísima Madre de Dios.-Es obra griega del siglo IV-V. Contiene la historia de la dormición y de la asunción de la Santísima Virgen, adornada con varios milagros. El relato es atribuido a San Juan Apóstol [142].

10. Historia de José carpintero.‑Fue compuesto en lengua griega, en Egipto, en el siglo IV-V. Era muy usado por los monofisitas egipcios. En treinta y dos capítulos narra, en forma de una conversación de Jesús con sus apóstoles, la vida de José el carpintero y su muerte bienaventurada entre los brazos de Jesús y de María. Su cuerpo permanecerá incorrupto «hasta el día del convite de los dos mil años» (26,1). El relato es sustancialmente ortodoxo. Tal vez era leído en los monasterios coptos con motivo de la fiesta de San José, pues consta que los cristianos egipcios fueron los primeros en celebrar dicha festividad [143].

b) Actas apócrifas.‑Los Actos o Hechos, bajo la forma literaria de «Actas, Viajes, Milagros, Predicación, Martirio», tratan de llenar las lagunas de los libros canónicos acerca de la vida y de la actividad misionaria de los apóstoles. Muchos de estos escritos fueron compuestos por herejes en apoyo de sus doctrinas; y más tarde fueron revisados y expurgados de sus errores por manos cristianas. Los principales son:

1. Actas de Pedro.‑Es una especie de novela histórica de tipo popular, compuesta a fines del siglo II en Asia Menor por un gnóstico, como se ve por los errores que contiene, como, por ejemplo, la celebración de la Eucaristía con pan y agua (C.2). Consta de dos partes: 1.a, los Actos de Pedro con Simón Mago [144], en los que se narra que Cristo se aparece a Pedro en Jerusalén y le ordena ir a Roma para combatir allí los errores de Simón Mago (c.5‑32) [145]. Con sus oraciones consigue que un día en que Simón con sus artes mágicas se había elevado por los aires, caiga a tierra y muera; 2.a, el Martirio de Pedro refiere que el apóstol, viéndose en peligro a causa de su predicación, huye de Roma, pero a la salida de la ciudad se le aparece el Señor. Entonces Pedro le pregunta: «Domine, quo vadis?» «Señor, ¿adónde vas?» Y el Señor le contesta: «Vengo a Roma para ser de nuevo crucificado». Pedro comprende entonces lo que tiene que hacer. Regresa a Roma y allí es apresado y crucificado cabeza abajo (c.33‑41). Es probable que haya sido usado por Clemente Alejandrino [146]. También lo conocen Eusebio [147] y San Jerónimo [148].

2. Predicación de Pedro (Kerygma Petri).‑Tuvo gran importancia y autoridad en la antigüedad. Fue escrito por un autor ortodoxo antes del año 150 d.C., probablemente en Egipto [149]. Contiene una serie de instrucciones misioneras encuadradas en el relato de los viajes apostólicos. Es citado por Clemente Alejandrino [150], el cual nos ha transmitido algún fragmento de él. También lo conocen Orígenes [151], Eusebio [152] y San Jerónimo [153].

3. Actas de Pablo‑Debieron de formar una obra bastante extensa. Nicéforo afirma que comprendían tres mil seiscientas líneas. Fueron compuestas estas actas por un presbítero ortodoxo del Asia Menor, gran admirador de San Pablo [154], hacia el año 170 d.C. Consta de tres partes: 1.a Actos de Pablo y de Tecla, en los que se refiere que Tecla, impresionada por la predicación de San Pablo en Iconio, se convirtió al cristianismo y decidió consagrar a Dios su virginidad, rompiendo su compromiso con Thamyris. Por este motivo, el Apóstol es llevado a juicio, azotado y desterrado. Tecla, a su vez, fue condenada a ser quemada, pero el fuego se apagó milagrosamente. Se encaminó después a Antioquía, en donde se hallaba Pablo, y no queriendo casarse con Alejandro, siriarca de aquella provincia, fue condenada a las bestias salvajes, que no le causaron ningún daño. Después de otras muchas pruebas volvió a Iconio, y más tarde se fue a Seleucia en Isauria, donde murió. 2.a El Martirio de Pablo forma la segunda parte de esta obra. En él se narra cómo San Pablo convirtió al copero de Nerón, Patroclo, después de haberlo resucitado, y a otros de la casa del emperador. Por lo cual Nerón condenó a muerte a Pablo. 3.a Correspondencia entre San Pablo y los corintios. Los corintios escriben a Pablo preguntándole muchas cosas [155], y San Pablo responde a sus dudas [156].

San Efrén considera las cartas de la tercera parte como canónicas, y las explica en su comentario a las epístolas paulinas. Clemente Alejandrino hace uso de las Actas de Pablo [157]. Orígenes también las cita [158]. Eusebio las coloca entre los escritos controvertidos o entre los falsos [159].

El escrito llamado Actas de Pedro y de Pablo, compuesto a principios del siglo III por un autor católico, es una refundición de las Actas de Pedro con las de Pablo. La finalidad de este escrito era poner de relieve la fraterna concordia que había existido entre ambos apóstoles, y, al mismo tiempo, quería apartar a los fieles de la lectura de las actas gnósticas de Pedro [160].

4. Actas de JuanEs una narración legendaria de la vida, de los viajes apostólicos y de los extraordinarios milagros obrados por San Juan Apóstol. Curó a muchos enfermos, resucitó a muchos muertos y, cierto domingo, después de reunir a los fieles para decirles adiós salió a las afueras de la ciudad de Efeso, en donde mandó que dos hombres le excavaran una tumba. Una vez cavada, entró en ella, y, dicha una plegaria de acción de gracias, murió [161]. La obra fue compuesta hacia mediados del siglo II por un tal Leucio Carino, de tendencias gnósticas. Su obra fue muy leída y estimada por varias sectas heréticas: los encratitas, maniqueos y priscilianos [162]. En el siglo V fue retocada por el diácono Prócoro, siendo muy estimada en la Iglesia griega. Parece probable que el autor de esta obra sea el mismo que el de las Actas de Pedro.

5. Actas de Andrés‑El escrito originario, del siglo II y de carácter gnóstico, se ha perdido. Nos quedan adaptaciones de la obra hechas por autores católicos: Actas de Andrés y Matías, en las que se narra que Andrés Apóstol fue a la ciudad de los antropófagos y allí libró de la cárcel a Matías [163]. Actas de Pedro y Andrés, que describen la predicación de ambos hermanos en la ciudad de los bárbaros. Martirio de San Andrés Apóstol, que nos cuenta la muerte en cruz de Andrés en Acaya [164]. Según San Epifanio [165], eran muy leidas por los encratitas, los apostólicos, los maniqueos y los priscilianos. Eusebio [166], San Agustín [167] y San Inocencio I aluden a las Actas de Andrés.

6. Actas de Tomás‑Fueron escritas en siríaco en el siglo III por un autor que parece debió de pertenecer a la escuela de Bardesanes. Nos describen los viajes del apóstol en la India, su predicación, sus milagros y su martirio. Era usado, según el testimonio de San Epifanio, por los encratitas, los apostólicos e incluso por los maniqueos, como afirma San Agustín [168].

c) Epístolas apócrifas.‑Son varias las cartas apócrifas, sobre todo las atribuidas a San Pablo. Nosotros nos limitaremos a recordar las principales.

1. Carta de Abgar a Jesús y de Jesús a Abgar‑Eusebio nos refiere que el rey de Edesa, Abgar, habiendo oído los grandes milagros que Jesús obraba en Palestina, le escribió rogándole que fuera a Edesa para curarle de una grave enfermedad. Jesús le habría respondido que no le era posible desplazarse hasta allí, pero le promete mandarle después de su ascensión un discípulo suyo para curarle [169]. Estas cartas no son evidentemente auténticas, aunque Eusebio pensase lo contrario [170]. Fueron compuestas en el siglo II ó III con motivo de la conversión al cristianismo del rey de Edesa, Abgar IX (188‑216).

2. Doctrina de Addai.‑También es llamada Acta de Tadeo (Adda¡ = Tadeo). Narra en forma más amplia lo mismo que la Carta de Abgar. Pero añade que Tadeo Apóstol fue el enviado de Jesús a Edesa para curar al rey; logrando, además, convertir a los edesenos a la fe cristiana. También dice que la santa cruz de Cristo había sido descubierta por Protonice, mujer de Claudio César, y que una imagen pintada de Jesús había sido llevada a Edesa. La obra fue compilada en lengua siríaca hacia el año 400, no antes del año 326, en que Santa Elena encontró la santa cruz [171].

3. Carta de los apóstoles‑Fue escrita después del año 150 d.C. por un gnóstico [172]. Es una carta circular o encíclica de los apóstoles dirigida a todas las Iglesias. En ella se refieren los últimos coloquios que Cristo habría tenido con sus discípulos después de la resurrección, acerca de la suerte de la Iglesia, de las señales de la parusía, de la resurrección, del juicio y de la retribución eterna. Por lo cual, también es llamada esta carta «Diálogos del Señor con sus discípulos»156. Contiene óptimos preceptos morales.

4. Tercera epístola de San Pablo a los Corintios‑Al hablar de las Actas de Pablo157 hemos hecho ya mención de la correspondencia de Pablo con los fieles de Corinto.

5. Epístola de Pablo a los Laodicenses.‑Parece ser una obra del siglo IV. El autor, tomando pie de Col 4, 16, en donde San Pablo habla de una carta suya enviada a los laodicenses, compone dicha carta, compilándola con palabras y expresiones tomadas casi por entero de otras cartas de San Pablo, especialmente de la epístola a los Filipenses. El Fragmento de Muratori cita una carta a los Laodicenses, usada por los discípulos de Marción. Pero no parece ser la nuestra, ya que el texto latino que ha llegado hasta nosotros no contiene nada herético158. La carta a los Laodicenses en su texto latino se encuentra en varios códices antiguos de la Vulgata, como en el códice Fuldense (siglo VI)159.

6. Correspondencia entre Séneca y San Pablo.‑Comprende ocho cartas del filósofo Lucio Anneo Séneca a San Pablo y seis de Pablo a Séneca. Parece que fueron compuestas en latín en el siglo IV, pues son conocidas por San Jerónimo160 y por San Agustín161. Séneca admira grandemente la doctrina del Apóstol, pero deplora la imperfección literaria con la que es expresada. Las cartas, sin embargo, son de pocos vuelos literarios, compuestas en un estilo rudo y bastante imperfecto162.

d) Apocalipsis apócrifos.‑También hay apocalipsis apócrifos atribuidos a casi todos los apóstoles. Los más importantes son éstos:

1. Apocalipsis de Pedro‑Es una obra escrita en griego en el siglo II. Gozó de gran autoridad en los primeros siglos de la Iglesia, como vemos por las alusiones de Clemente Alejandrino163, San Metodio164, Eusebio165 y San Jerónimo166, que la consideran apócrifa. El texto completo de este apocalipsis se nos ha conservado en una versión etiópica, publicada por primera vez en el año 1910 por S. Grébaut167. Desarrolla los siguientes temas: Jesús está sentado sobre el monte de los Olivos, y sus discípulos le ruegan que les indique las señales del fin del mundo y de la parusía168. Les responde anunciándoles que su venida se llevará a cabo con gran majestad, y les recuerda la parábola de la higuera169, explicándosela con mucho detalle. Les predice que Enoc y Elías serán enviados al fin del mundo para resistir al anticristo, y les describe las horribles señales que han de preceder a la resurrección y al juicio final. Después muestra a sus discípulos los tormentos infligidos en el infierno a los pecadores, y la gloria y felicidad de los elegidos en el cielo. Finalmente, Jesucristo sube al cielo en compañía de Moisés y Elías170.

2. Apocalipsis de Pablo‑Como su autor pretende que el escrito fue descubierto durante el reinado de Teodosio (379‑395) en una caja de mármol encontrada en los cimientos de la casa de San Pablo de Tarso, es probable que haya sido compuesto a fines del siglo IV. La obra es conocida por San Agustín171 y rechazada como apócrifa por el Decreto Gelasiano. Según Sozomeno172 era muy leída por los monjes en su tiempo. El autor toma pie de las palabras de San Pablo en 2 Cor 12,2‑4, según el cual, al ser arrebatado al cielo, había oído «palabras inefables que el hombre no puede decir», y pretende manifestar las cosas oídas por el Apóstol. Presenta a Pablo visitando, acompañado de un ángel, la morada de los justos en el otro mundo, en donde ve a la Santísima Virgen, a los patriarcas, a Moisés, a los profetas. Después es conducido por el ángel a ver un río de fuego en donde los malvados son castigados. Pablo obtiene para los condenados en el infierno que un día al año, el día de Pascua, cesen los tormentos [173] . Esta obra sobresale por sus vuelos poéticos. Era muy leída en la Edad Media. Dante se sirvió de ella para la composición de la Divina Comedia [174].

3. Dos apocalipsis de la Santísima Virgen María‑El primero fue compuesto en griego en el siglo IX. Presenta a la Santísima Virgen visitando el infierno, y por su intercesión se concede a los condenados poder glorificar a la Santísima Trinidad en el día de Pentecostés. El segundo apocalipsis, escrito en etíope en el siglo VII, nos muestra a la Virgen María, orando sobre el Gólgota, que ve a los condenados en el infierno, y les obtiene la mitigación de las penas desde la víspera del viernes hasta la mañana del lunes. Parece depender del Apocalipsis de Pablo [175].

4. Apocalipsis de Tomás‑Por los fragmentos que poseemos de esta obra se ve que fue compuesta por un gnóstico‑maniqueo en el siglo IV. Contiene las palabras que Jesucristo dirigió a Tomás acerca de las señales que anunciarían el fin del mundo. Estas señales están distribuidas en siete días [176].

5. Apocalipsis de Juan‑Existen tres apocalipsis de Juan. El primero comprende las respuestas de Cristo a San Juan a propósito del anticristo, de la resurrección, del estado de los hombres después de

la resurrección, de la destrucción del mundo por el fuego y de su renovación. El segundo también contiene respuestas de Jesús a preguntas que le había dirigido Juan. Las respuestas tratan de los pecados de apostasía, de incesto, de profanación del día de domingo, del ayuno, del significado de las ceremonias litúrgicas, del honor que se ha de tributar a los sacerdotes, del bautismo, de la

caridad [177]. El tercero narra que Juan fue llevado al cielo sobre las alas de los querubines y allí le fue mostrado el paraíso terrestre, el estado de Adán antes y después de la caída, el orden del mundo y las fuerzas ocultas por las que se rige la naturaleza [178].

Existen todavía otros apocalipsis apócrifos de menor importancia, como el Apocalipsis de Bartolomé, de Esteban, de Zacarías, de Daniel, de Esdras.

IV. Los ágrafa

Los ágrafa (άγραφα) no han de ser confundidos con los apócrifos. Agraphon, etimológicamente, designa «toda palabra aislada atribuida a Jesús por el cauce de la Tradición y no registrada en nuestros evangelios canónicos» [179]. Según el evangelio de San Juan [180], no todo lo que hizo y enseñó Jesús está escrito... Por este motivo se puede pensar razonablemente que muchas frases de Cristo hayan podido ser conservadas y propagadas oralmente.

Encontramos «ágrafa» de nuestro Señor en diversos escritos antiguos. En el Nuevo Testamento‑fuera de los evangelios tenemos un solo ejemplo de «ágrafa» cierto; es el que nos refiere San Pablo en su sermón a los ancianos de Efeso: «Conviene recordar las palabras del Señor Jesús, que él mismo pronunció: Mejor es dar que recibir» [181]. Es también posible que el dicho de San Pablo: «Digno es el obrero de su salario» y «no pondrás bozal al buey que trilla» [182], se refiera no a una cita del evangelio de San Lucas (10,7), sino a un dicho del Señor que conocía por tradición. En el códice De del siglo VI se introduce este «ágraphon»: «Mas vosotros haced por crecer (partiendo) de lo pequeño, y no por disminuir (partiendo) de lo más grande» [183]. El mismo códice en Lc 6,4 tiene este dicho: «Habiendo visto Jesús a uno que trabajaba en sábado, le dijo: ´Hombre, si te das cuenta de lo que haces, dichoso de ti; pero, si no, maldito eres y transgresor de la ley´».

Los escritos de los Padres nos ofrecen también numerosos «ágrafa». Sin embargo, son pocos los que parecen ser auténticos. A. Resch admitió 74 «ágrafa» auténticos en un principio [184] ; pero en la segunda edición de su obra los redujo a sólo 36 [185]. Ropes considera como auténticos 22 [186], y L. Vaganay cree que tan sólo cuatro tienen visos de ser auténticos [187]. De donde se puede concluir que son extremadamente raras las palabras de Jesús que hayan llegado hasta nosotros a través de un cauce distinto del evangélico. Como ejemplos de los ágrafa transmitidos por los Padres, damos los siguientes: «Así, dice, los que pretenden verme a mí y conseguir mi reino, han de alcanzarme a fuerza de tribulaciones y sufrimientos» [188]. «Justamente, pues, la Escritura, en su deseo de que nos hagamos dialécticos de esta categoría, nos exhorta: ´Sed banqueros expertos, rehusando lo (malo) y reteniendo lo bueno´» [189]. «Dice, pues, Jesús: ´Me hice débil por los débiles, y pasé hambre por los hambrientos, y sed por los sedientos´» [190]. «Por lo cual dice el Salvador: ´El que anda cerca de mí, anda cerca del fuego; mas el que está lejos de mí, lejos está de (mi) reino´» [191]. «Se ha dicho también acerca de esto: ´Que sude la limosna en tus manos hasta tanto que sepas a quién se la vas a dar´» [192]

También se encuentran numerosos ágrafa en escritores ascéticos musulmanes. Pero son en general de época muy tardía (s.xi y xii) y, en consecuencia, tienen pocas probabilidades de ser auténticos. La colección más completa de estos dichos fue publicada por Miguel Asín Palacios en la Patrologia Orientalis [193].

Los críticos modernos se guían por tres criterios para determinar la autenticidad de los ágrafa: a) que el dicho tenga en su favor no uno, sino diversos testimonios que sean entre sí independientes; b) que estos diversos testimonios sean dignos de fe; c) que la enseñanza del «ágraphon» esté conforme con la enseñanza auténtica de Jesús [194].

V. Los «logia»

Entendemos por logia (λόγια) supuestos dichos o frases breves de Jesús descubiertos recientemente en fragmentos de papiro, encontrados principalmente en Egipto. La primera colección de logia fue hallada en Oxyrinco (hoy Behnesan) el año 1897 por B. P. Grenfell y A. S. Hunt, de la Egypt Exploration Fund; después se fueron encontrando otras colecciones de logia en Oxyrinco y en otros lugares [195]. Algunos de estos dichos muestran mucha semejanza con palabras y frases de Jesús tal como se encuentran en los sinópticos. Otros, en cambio, parecen ser opuestos al espíritu del Evangelio. Los críticos hoy día creen que los logia provienen de colecciones privadas de dichos del Señor, hechas a manera de florilegio, apoyándose en algún escrito evangélico. Harnack y Preuschen piensan que ese escrito evangélico sería el Evangelio de los Egipcios. Sin embargo, a esto se oponen Batiffol y White que señalan el Evangelio de los Hebreos como la fuente de los logia [196].

Como muestra de los logia, vamos a aducir algunos ejemplos tomados de una hoja de papiro del siglo II‑iii encontrada en Oxyrinco en 1897. «Dice Jesús: ´Si no hacéis abstinencia del mundo, no encontraréis el reino de Dios; y si no observáis el sábado, no veréis al Padre´». Otro dicho: «Dice Jesús: ´Estuve en medio del mundo y me dejé ver de ellos en carne; y encontré a todos ellos ebrios y no di con ninguno que estuviera sediento entre ellos´». Otro logia: «Dice Jesús: ´Donde hay uno solo yo estoy con él. Levanta la piedra, y allí me encontrarás; hiende el leño, y yo allí estoy´».

NOTAS

[52] La bibliografía sobre los apócrifos se puede ver en la p. 321s.

[53] Cf. Clemente Alej., Stromata 1,15,69: MG 8,773‑776.

[54] Cf. Dan 8,26; 12,4; 4 Esd 14,6.44‑47.

[55] Cf. H. Höpfl‑L. Leloir, o.c., p. 183 n.268; Mishna, Sab 9,6; Sanh. 10,6.

[56] Cf. J. Ruwet, De canone, en Institutiones Biblicae I n.66.

[57] Rufino,  Expos. symb. apost. 38: ML‑ 21,374.

[58] Cf. San Jerónimo, Prol. gal.: ML 28,556.

[59] Cf. San Agustín, De civ. De¡ 15,23,4: ML 41,470; Contra Faustum 11,2: ML 42,245.

[60] Según esto, decía San Jerónimo: «Caveat omnia apocrypha... sciat non corum esse, quorum titulis praenotentur» (Epist. 107 ad Laetam 12: ML 22,877). Y San Agustín escribe a su vez: «(scripturae) apocryphae, nuncupantur eo, quod earum occulta origo non claruit patribus» (De civ. De¡ 15,23,4: ML 41,470).

[61] Cf. Höpfl-L. Leloir, o.c., p.184 n.271.

[62] Nos ofrecen catálogos de libros apócrifos las Constituciones de los apóstoles 6,16: MG 1,949‑956; el Decreto Gelasiano: ML 59,157-180; el Pseudo-Atanasio, Synopsis Scripturae Sacrae: MG 28,284‑437.

[63] Halaka proviene del verbo hebreo halakh, que significa «ir, caminar». De ahí que halaka sea lo mismo que camino, norma. Por eso, la Halaka es la interpretación jurídica de la Ley, que ha de servir como norma para todos los judíos.

[64] El término Hággada deriva del verbo hebreo nagad = «narrar, explicar, enseñar». De donde se deduce que hággada es igual que narración, exposición, de la Ley.

[65] La palabra griega apocalipsis es lo mismo que revelación de cosas ocultas.

[66] Cf. U. Holzmeister, «Requiem aeternitatis», dona eis Domine et «lux perpetua» luceat eis (4 Esd 2,34s): VD 17 (1937) 321‑328; Marbach, Carmina Scripturarum, scil. antiph. et respons. ex S. Scriptura in libris liturgicis derivata (Estrasburgo 1907) 537.

[67] Cf. A. Vaccari: Bi 3 (1922) 51.

[68] Cf. J. B. Frey, De libris apocryphis, en Institutiones Biblicae n.72; Id., Apocryphes de l´Ancien Testament: DBS, I 354‑460.

[69] Cf. San Jerónimo, Epist. 107 ad Laetam: MI‑ 22,877; A. Vitti, De B. V. Annuntiatione ¡uxta evangelia apocrypha: VD 3 (1923) 67‑74; I. Gomá Civit, La causa del diluvio en libros apócrifos judíos: EstBibl 3 (1943) 25‑54; L. Turrado, María en los apócrifos Evangelios: CultBibl II (1954) 380‑390.

[70] Cf. Proloevangelio de Santiago I,I;21.

[71] Cf. Evangelio del Pseudo‑Mateo 4,1‑8,1ss.

[72] Cf. Evangelio del Pseudo‑Mateo 8,1ss.

[73] Cf. Jds 14.

[74] Cf. Lc 1,26ss. Véanse R. Rabanos, Propedéutica bíblica (Salamanca 1960) P.139; Ricciotti, Vida de Jesucristo (Barcelona 1944) p.105 n.94

[75] Cf. F. Martín, Le livre des Jubilés. But et procédés de l´auteur. Ses doctrines: R‑B 8 (1911) 321‑344.502‑533; E. Tisserant, Fragments syriaques du L. Jub.: RB 30 (1931) 55ss.

[76] Cf. 2 Crón 35,1‑36,21.

[77] Cf. Esd. 1,1‑11; 4,7‑24; 2,1‑4,5; 5,1‑10,44.

[78] Cf. Neh 7,73‑8,13a.

[79] El texto griego se puede ver en H. B. Swete, The 0. T. in Greek According to the Septuagint II (Cambridge 1907) 129‑161; A. Rahlfs, Septuaginta (Stuttgart 1935) P.873‑903.

[80] Cf. E. Schürer, Geschichte des jüdischen Volkes im Zeitalter Jesu Christi III 444‑49.

[81] Cf. H. H. Howorth, The Apocryphal Book Esdras and the Septuagint: Proceedings of the Society of Biblical Archaeology 22 (1901) 147‑159.305‑325; 24 (1902) 147‑172.322‑40; 25 (1903) 15‑22.90‑98; J. Fischer, Das apokryphe und das kanonische Esrabuch: BZ 2 (1904) 351‑364.

[82] Cf. M. J. Lagrange: RB II (1914) 302‑304; E. Bayer, Das 3. Esdras und sein Verhältnis zu Esd‑Neh: BS 16,1 (1911) 135‑138.

[83] Cf. MG 12,879.

[84] Adv. Eunom. 5,4: MG 29,757.

[85] Cf. MG 26,189.

[86] Cf. ML 3,1134.

[87] ML 16, 1087.

[88] Cf. H. H. Howorth, The Modern Roman Canon and the Book of Esdras: JTS 7 (1905s) 343‑354.

[89] Cf. H. Willrich, Der historische Kern des III Makkabäerbuches: Hermes 39 (1904) 244‑58; C. W. Emmet, The Third and Fourth Books ofMacabees (Londres 1918); B. Motzo, Esame storico‑critico del III libro dei  Maccabei: Entaphia in memoria di Emilio Pazzi (Turín 1913) 209‑251.

[90] Cf. MG 13,223.881.

[91] Cf. ML 15,1372.

[92] Cf. MG 41, 680.

[93] Cf. Comm. in Is 64,4: ML 24,622.

[94] Cf. C. Clemen, Die Himmelfahrt des Jesaja, ein ältestes Zeugnis für das römische Martyrium des Petrus: Zeitschrift für wissenschaftliche Theologie 39 (1896) 388‑415; 40 (1897) 455‑465; R. H. Charles, The Ascension of Isaiah (Londres 1900); E. Tisserant, Ascension d´Isaiae (París 1909).

44 Cf. C. C. McCown, The Testament of Solomon (Leipzig 1922).

45 Cf. J. T. Milik, Dieci anni di scoperte nel deserto di Giuda (Marietti, Turín 1957) p.47ss; A. G. Lamadrid, Los descubrimientos de Qumrân (Madrid 1956) p.112‑116.

46 Cf. M. Baillet, Fragments du Document de Damas. Qumrân, Grotte 6: RB 63 (1956) 513‑523.

47 Cf. A. Vaccari, La lettera di Aristea sui LXX interpreti nella letteratura italiana: CivCatt 3 (1930) 308‑326; R. Tramontano, La lettera di Aristea a Filocrate (Nápoles 1931).

48 Cf. Gén 49.

49 Cf. R. Eppel, Le piétisme juif dans les Testaments des 12 patriarches (París 1930); N. Greitemann, De Messia eiusque regno in Testamentis 12 patriarcharum: VD II (1931) 156‑160. 184‑192; L. Vagaggini, Testamenti Apocrifi: Enciclopedia Cattolica 12 (1954) 19s; E. J. Bikerman, The Date of the Testaments of the Twelve Patriarchs: JBL 69 (I950) 245‑260; J. T. Milik, Le Testament de Lévi en araméen. Fragment de la Grotte 4 de Qumrân: RB 62 (1955) 398‑406; M. de Jonge, The Testaments of Twelve Patriarchs (Assen 1953).

50 Cf. In Ios hom. 15,6: MG 12,904.

51 Cf. G. Morin, Anecdota Maredsolana III (1903) 22s.

52 Cf. A. Rahlfs, Septuaginta (Stuttgart 1935) II 181s; P. de Lagarde, Libri V. T. apocryphi syriace (Leipzig 1861) 29s.

53 Cf. Viteau-Martin, Les Psaumes de Salomon (París 1911); A. da Alpe, Christologia in Psalmis Salomonis: VD 11 (1931) 56‑59.84‑88.110‑120; Id., La redenzione nei Salmi di Salomone (Roma 1934); A. Penna, Salmi di Salomone: Enciclopedia Cattolica 10 (1953) 1694s.

54 Cf. J. B. Frey, De Ps 151 apocrypho: VD 5 (1925) 200‑202.

55 Cf. M. Burrows‑J. C. Trever‑W. H. Brownlee, The Dead Sea Scrolls of St. Mark´s Monastery, I: The Isaiah Manuscript and the Habakkuk Commentary (New Haven 1950). II: Plates and Transcription of the Manual of Discipline (ibid. 1951); P. Wernberg‑Moller, The Manual of Discipline (Leiden 1957); J. T. Milik, Manuale Disciplinae: VD 29 (1951) 129‑158; G. Lambert, Le Manuel de Discipline de la grotte de Qumrân: RRTh 73 (1951) 938‑975; J. van der Ploeg, Le Manuel de Discipline des rouleaux de la Mer Morte: BiOr 8 (195 1) 115‑ 126; J. Audet, Affinités littéraires et doctrinales du Manuel de Discipline: RB 59 (1952) 219‑238; 60 (1953) 41‑82.

56 Cf. W. H. Brownlee, The Jerusalem Habakkuk Scroll: BASOR 112 (1948) 8‑18; 114 (1949) 9‑10; 116 (1949) 14‑16; S. A. Birnbaum, The Date of the Habakkuk Cave Scroll: JBL 68 (1949) 161‑168; A. Dupont‑Sommer, Le Commentaire d´Habacuc découvert prés de la Mer Morte: RevHistRel 137 (1950) 129‑176; C. Rabin, Notes on the Habakkuk Scroll and the Zadokite Document: VT 5 (1955) 148‑162; J. Cantera Ortiz de Umna, El comentario de Habacuc de Qumrân (Madrid 1960).

[95] Cf. G. Vermés, La secte juive de la Nouvelle Alliance d´aprés ses hymnes récemment découverts: Cahiers Sioniens (1950) 178‑202; M. Wallenstein, Hymns from Judaen Scrolls; (Manchester 1950); J. T. Milik, Duo cantica ex volumine Hymnorum nuper invento ad Mare Mortuum: VD (1950) 362‑371; C. Lambert, Traduction de quelques «psaumes» de Qurmân et du,«pêsher» d´Habacuc: NRTh 74 (1952) 284‑297.

[96] Cf. S. A. Birnbaum, The Date of the Hymn Scroll: JBL 71 (1952) 94‑103; Id., The Hebrew Scripts (Londres 1954).

[97] Cf. Instit. 4,12: ML‑ 6,479.

[98] Cf. Index stichometricus: MG 100,105,1060.

[99] Cf. R. Abramowski, Der Christus der Salomooden: ZNTW 35 (1936) 44‑69; J. M. Bover, La Mariología en las Odas de Salomón: EstEcl 3 (1931) 349‑363.

[100] Cf. San Ambrosio, De Jacob et vita beata 2,IOS: ML‑ 14,632‑636; San Gregorio Nacianceno, Oratio 15 in Machab. laudem: MG 35,912‑933.

[101] Cf. Hist. Eccl. 3,10,6: MG 20,244.

[102] Cf. De viris illustr. 13: MI‑ 23,630.

[103] Cf. G. Morin, Passio Mach.: RevBen (1914‑19) 83s.

[104] Cf. J. T. Milik, The Dead Sea Scrolls Fragment of the Book of Enoch: Bi 32 (1951) 393‑400.

[105] Cf. F. Mari, Le idée eschatologiche del libro di Enoch: Rivista storico‑critica delle scienze teologiche 5 (1909) I‑II.173‑198; G. Kuhn, Beiträge zur Erklärung des Buches Henoch: ZATW 39 (1921S) 240‑275; B. Brinkmann, Die Lehre ven der Parusie beim hl. Paulus in ihrem Verhältnis zu den Anschamingen des Buches Henoch: Bi 12 (1931) 315‑334.418‑434; CH. KAPLAN, Angels in the Book of Enoch: AnglTheolRev 12 (1930) 423ss.

[106] Cf. R. H. Charles, The Ethiopic Version of the Book of Enoch: Anecdota Oxoniensia. Semitic, Series XI (Oxford 1906); A. Vitti, Ultime critiche su Enoc etiopico: Bi (1932) 316‑25.

[107] Cf. L. Gry, Les paraboles d´Hénoch et leur messianisme (París 1910); N. Messel, Der Menschensohn in den Bilderreden des Henoch. Beiheft zur ZATW 35 (Giessen 1922).

[108] Cf. Ep. Bernabé 4,3; 16,5s: MG 2,731s.773.

[109] Es citado por Clemente Alejandrino (Eclogae propheticae 53,4: MG 9,724), Orígenes (De princ. 1,3,3: MG 1 M48), Tertuliano (De cultu fem. 1,3; 210: ML 1,1307s.1328), San Jerónimo (De viris illustr. 4,7: ML 23,614ss) y San Agustín (De civ. De¡ 18,38: ML‑ 41,598).

[110] Cf. A. Vaillant, Le livre des sécrets d´Hénoch. Texte slave et traduction française (París 1952). Cf. R. H. Charles: JTS 22 (1920s) 161‑163.

[111] Cf. H. Odebreg, 3 Enoch or the Hebrew Book of Enock, Introd., Comm. (Cambridge 1928).

[112] La primera visión abarca los c.3,4‑5,19; la segunda, los c.5,20‑6,34, y la tercera, los c.6,35‑9,25.

[113] Cf. L. Vaganay, Le probléme eschatologique dans 4 Esd (Lyón 1906); J. Keulers, Die eschatologische Lehre des vierten Esrabuches: BS 20,2‑3 (1922); J. Mazerski, Libri IV Esdrae doctrina hamartologica: VD 12 (1932) 374‑376; 13 (1933) 84‑90.215‑222.247‑250; E. Ellwein, Die Apokalypse des IV Esdras un das urchristliche Zeugnis ven Jesus dem Christus: Heim-Festgabe (Berlín 1934) 29‑47; B. M. Pelaia: VD 11 (1931) 244‑249.310‑318.

[114] Cf. J. Labourt, Le cinquième livre d´Esdras: RB 6 (1909) 412‑434.

[115] Así Clemente Alej. (Strom. 3,16,100: MG 8,1200), San Ambrosio (De bono mortis 10s: ML‑ 14,560‑563; De excessu Satyri 1,64: ML 16,1310).

[116] Dice de él San Jerónimo: «Nec quemquam moveat, quod unus a nobis liber (Esdrae) editus est, nec apocryphorum tertii et quarti somniis delectetur» (Praef. in Esd.: ML 28,1403).

[117] 4 Esd 2,34‑35 es empleado en el introito de la misa de difuntos; 4 Esd 2,37, en el introito de la misa del martes después del domingo de Pentecostés.

[118] Cf. C. Sigwalt, Die Chronologie der Assumptio Mosis: BZ 8 (1910) 372‑376; G. Hölscher, Ueber die Entstehungszeit der Hirnmelfahrt Moses: ZNTW 17 (1916) 108‑127.149‑158; M. Abraham, Légendes juives apocryphes sur la vie de Mose (París 1925).

[119] Cf. Orígenes, De Princ. 3,2,1: MG 11,303.

[120] Así, por ejemplo, Clemente Alejandrino (Adumbr. in Iud.: MG 9,733), Dídimo (Enarrat. in lud. 9: MG 39, 18 15) y otros.

[121] Cf. J. Carmignac  La Règle de la Guerre des Fils de lumière contre les Fils de ténèbres (París 1958); J. Van der Ploeg, Le Rouleau de la Guerre (Leiden 1959); P. Boccaccio-G. Behardi, Bellum filiorum lucis contra filios tenebrarum. Transcriptio et versio latina (Fani 1956); M. Delcor, La guerre des fils de lumière contre les fils de ténèbres ou le Manuel du perfait combattant: NRTh (1955) 372‑399.

[122] Cf. C. Sigwalt, Die Chronologie der syrischen Baruchapokalypse: BZ o (1911) 397s; M. A. Vallisoleto, Christologia in Apocalypsi Baruch Syriaca: VD II (1931) 212‑221.

[123] Según Orígenes, serían siete cielos (cf. De princ. 2,3,6: MG II,195).

[124] Cf. M. R. James, Apocrypha Anecdota II (Cambridge 1899) p.84‑94.

[125]  «Dies irae, dies illa, solvet saeclum in favilla, teste David cum Sibylla» (Oráculos Sibilinos I.4,172‑179). Este verso pasó a la liturgia en la sequentia de la misa de difuntos. También en este 4º libro se encuentra el más antiguo testimonio del Nerón redivivo, que volverá al frente de un ejército del otro lado del Eufrates (cf. A. Pincherle, Oracoli sibillini, en Enciclopedia Italiana, de G. Treccani 31 [1936] 648s).

[126] Cf. N. Fernández, Los libros sibilinos: Sal Terrae 9 (1920) 901‑904; A. Kurfress, Sibyllinische Weissagungen: TQ 117 (1936) 351‑366; ID., Sibyllinische Weissagungen. Urtext und Uebersetzung (Munich 1951); ID., Sibyllarum carmina chromatico tenore modulata: Aevum 26 (1952) 385‑394; ID Zu den Oracula Sibyllina: Colligere Fragmenta (Beuron 1952) 75‑83; ID., Alte lateinische Sibyltinenverse: TQ 133 (1953) So‑96; F. Furlani, Sibilla, en Enciclopedia Catt. II (1953) 506ss.

[127] Cf. E. Amann, Sybillins (livres): DTC 14 (1939) 2027‑2032.

[128] Ibid., 2031s.

[129] Cf. De civ. Dei 18,23: ML41,579s.

[130] Cf. A. de Santos Otero, Los Evangelios apócrifos (BAC, Madrid 1956); J. Bonacorsi, Vangeli Apocrifi (Florencia 1948); E. Hennecke, Neutestamentliche Apocryphen (Tubinga 1924); E. A. Wallis Budge, Coptic Apocrypha in Dialectic... (Londres 1913).

93 Para más abundantes noticias, véanse J. B. Frey, De libris Apocryphis, en Instit. Biblicae I 191‑210 n.116‑I37; A. Vitti, Evangelia apocrypha: VD 3 (1923) 20‑27.

94 San Hegesipo (MG 20,384), San Ireneo (MG 7,686s.884), Clemente Alej. (MG 8,981), Orígenes (MG 14,132), San Epifanio (MG 41,428).

95 Cf. ML 23,570.609ss; 26,78.

96 Véanse lugares citados en nota 94.

97 Cf. H. Höpel‑L. Leloir, o.c., p.201 n.297.

98 Cf. M. J. Lagrange, L´Évangile selon les Hébreux: RB 31 (1922) 161‑181.321‑349.

99 Cf. Epist. ad Smyrn. 3,2: MG 5,709.

100 Cf. De viris ill.: ML 23,633.

101 Cf. San Epifanio, Haer. 30,3,13ss: MG 41,408s‑428ss.441ss.

102 Cf. MG 13,1803.

103 Cf. E. Revillout: RB (1904) 167‑187.321‑355; A. Baumstark: RB (1906) 245ss; H. Waitz, Das Evangelium der 12 Apostel: ZNTW 13 (1912) 338‑48; 14 (1913) 38s.117.

104 Cf. Orígenes, Hom. in Lc 1,1: MG 13,1803; San Hipólito, Philos. 5,7: MG 16,3,3130; San Epifanio, Haer. 62,2: MG 41,1052.

105 Cf. Strom. 3,9,63; 3,13,93: MG 8, 1165. 1193.

106 Cf. A. de Santos Otero, Los Evangelios apócrifos p.57‑61; F. Preuschen, Antilegomena, Die Reste der ausserkanonischen und urchristlichen Ueberlieferungen (Giessen 1905) p.2s; De Ambroggi, Egiziani (Vangelo degli), en Enciclopedia Cattolica 5 (1950) 181.

107 Cf. Hist. Eccl. 6,12,3‑6: MG 20,545.

108 Cf. Comm. in Mt t.10,17: MG 13,876.

109 Cf. A. de Santos Otero, o.c., p.68‑71; L. Funk, Fragmente des Evangeliums und der Apokalipse des Petrus: TQ 75 (1893) 255‑288; L. Vaganay, L´Évangile de Pierre: EB (París 1930); E. B. Allo: RB 40 (1931) 435‑442; E. Klostermann, Reste des Petrusevangeliums (Berlín 1933).

110 Cf. Apol. I 33; Diál. con Trifón 78.100: MG 6,381.657‑661.709‑712.

111 Cf. Adumbr. in Iud. I; Strom. 7,16,93: MG 9,731.529.

112 Cf. Comm. in Mt: MG 13,876s.

113  Si bien el relato de la presentación de María en el templo es históricamente discutible, sin embargo, permanece siempre verdadero el símbolo. Una criatura tan extraordinaria como María tuvo que estar consagrada al Señor desde la primera infancia. Y este hecho puede ser objeto de culto (cf. G. M. Perrella, o.c., p.187). La literatura sobre el Protoevangelio de Santiago es muy abundante. Nosotros anotamos las obras siguientes: E. Amann, Le Protévangile de Jacques et ses remaniements latins (París 1910); E. Pistelli, Il Protovangelo di Jacomo. Prima traduzione italiana e note (Lanciano 1919); J. Lorber, Die Jugend Jesu. Das Jakobus-Evangelium vom Vater des Lichts auf neue Kundgegeben (Bietigheim 1936); E. González Blanco, Los Evangelios apócrifos I (Madrid 1934); P. Vannutelli, Protevangelium Iacobi synoptice (Roma 1940‑1949); F. Amiot, Évangiles Apocryphes (París 1953); M. R. James, Latin Infancy Gospels (Cambridge 1952); A. de Santos Otero, Los Evangelios apócrifos (BAC, Madrid 1956) p.135‑188; E. Amann, Apocryphes du Nouveau Testament: DBS I (1928) 482‑483; M. J. Kispaugh, The Feast of the Presentation of the Virgin Mary in the Temple. An llistorical and Literary Study (Washington 1941); C. Cecchelli, Mater Christi III (Roma 1954); L. M. Peretto, La Vergine Maria nel pensiero di uno scrittore del secondo secolo (La Mariologia del Protovangelo di Giacomo): Mar 16 (1954) 228-265.

[131] Cf. MG 13,1803.

[132] Cf. MG 16, 3, 3134.

[133] Cf. Adv. Haer. 1,20,1: MG 7,653.

[134] Cf. A. Merk: ZKT 47 (1923) 324s; 48 (1924) 54s.

[135] Cf. U. Morica, Un nuovo testo dell´Evangelo di Bartolomeo: RB 30 (1921) 481‑516; 31 (1922) 20‑30.

[136] Cf. Eusebio, Hist. Eccl.: MG 20,805ss.

[137] Cf. MG 6,384‑400.

[138] Cf. ML 1,290.402s.

[139] Cf. MG 41,885.

[140] Cf. E. von Dobschütz, Der Process, Jesu nach den Acta Pilati: ZNTW 3 (1902) 84‑114; P. Vannutelli, Actorum Pilati textus synoptici (Roma 1938) 17‑48.

[141] Cf. Bi (1943) 194s.

[142] Cf. A. Vitti, Libri apocryphi de Assumptione B. M. V.: VD 6 (1926) 225‑234.

[143] Cf. Tillemont, Mémoires pour servir à l´histoire ecclésiastique I p.1.135; P. Peeters, Évangiles Apocryphes I (París 1911); A. de Santos Otero, Los Evangelios apócrifos p.358‑378.

[144] Cf. L. Vouax, Les actes de Pierre (París 1922) 228‑397; G. Bottomley, The Acts of St. Peter (Londres 1933); C. H. Turner, The Latin Acts of Peter: JTS 32 (1930s) 119‑133.

[145] Los capítulos 1‑4 tratan del viaje de San Pablo desde Roma a España.

[146]  Cf. Strom. 7, 11,63: MG 8,488.

[147] Cf. Hist. Eccl. 3,3,2: MG 20,217.

[148]  Cf. De viris illustr. I: ML 23,609.

[149] Cf. E. von Dobschütz, Das Kerygma Petri hritisch untersucht: Texte und Untersuchungen zur Geschichte der altchristlichen Literatur 11,1 (1893).

[150] Cf. Strom. 6,5,6,15: MG 8,257‑264.

[151] Cf. Comm. in Io. 7.13,17: MG 14,424.

[152] Cf. MG 20,217.

[153] Cf. ML 23,609.

[154] Cf. San Jerónimo, De viris illustr. 7: ML 23,619ss; Tertuliano, De bapt. 17: ML 1,1219.

[155] Cf. I Cor 7,1.

[156] Cf. I Cor 5,9.

[157] Cf. MG 9,264.

[158] Cf. MG 14,600.

[159] Cf. MG 20,217.269. Véase D. de Bruyne, Un nouveau manuscritt de la troisième leerte de S. Paul aux Corinthiens: RevBen 25 (1908) 431‑434; ID., Un quatrième manuscrit latin de la correspondance apocryphe de S. Paul avec les Corinthiens: RevBen 45 (1933) 189‑,95.

[160] Cf. A. van Lantschoot, Contribution aux «Actes de S. Pierre et de S. Paul»: Mus 68 (1955) 17‑46.219‑233.

[161] Cf. M. R. James, The Apocryphal New Testament (Oxford 1924) P.228‑270.

[162] Cf. San Epifanio, Haer. 47,1: NIG 41,852; San Agustín, C. advers. legis et prophetarum 1,20,39: ML 42,626; Epist. ad Idac. et Cepon. 5: ML 54,694.

[163] Cf. F. Blatt, Die lateinischen Bearbeitungen der Acta Andreae et Matihiae apud anthropophagos, mit sprachlichem Konirnentar: BZNTW 12 (1930).

[164] J. Flamion, Les Actes apocryphes de l´Apôtre André (Lovaina 1911).

[165] Cf. MG 41,852.1040.

[166] Cf. MG 20,269.

[167] Cf. ML 42,626. Véase San Inocencio I, Ep. ad Exup.: ML 20,501s.

[168] Cf. MG 41,852.

[169] Cf. De serm. Domini in Monte 1,20,65: ML 34,1263.

[170] Cf. Eusebio, Hist. Eccl. 1,13,6‑22: MG 20,121. Estas cartas tuvieron una gran difusión en la antigüedad, por el hecho de creer que su texto‑principalmente el de la carta de Jesús‑era una especie de talismán que defendía contra las enfermedades y las guerra. Cf. G. Philipps, The Doctrine of Addai, the Apostle (Londres 1876) J. Tixeront, Les origines de l´Église d´Edesse et la légende d´Abgar (París 1888); E. Von Dobschütz, Der Briefwechsel zwischen Abgar und Jesus: Zeitschrift für wissenschaftliche Theologie 43 (1900) 422‑486; S. Grébaut, Les relations entre Abgar et Jésus: Revue de l´Orient Chrétien (1918‑19) 73‑91.190‑203.352‑360; E, Lascaris, Apócrifa carta de Jesucristo: Oriente 2 (Madrid 1950) 33‑36; A. Santos Otero, o.c., p.703‑11.

[171] Cf. G. Bardy: RB 30 (1921) 110‑134; G. M. Perrela, I Luoghi Santi (Piacenza 1936) 397.

[172] Cf. J. Delazer, De tempore compositionis Epist. Apostolorum: Ant 4 (1929) 257‑92. 387-430

156 Cf. G. Bardy: RB (1921) 110‑34; A. Vitti, Epistula Apostolorum apocrypha: VD 3 (1923) 367‑73; 4 (1924) 210‑18; J. Delazer, Disquisitio in Epist. Apost.: Ant 3 (1928) 369‑406.

157 Cf. supra p.398ss.

158 Cf. E. Tisserant, La version mozarabe de 1´épître aux Laodicéens: RB 7 (1910) 249‑53.

159 El texto se puede ver en E. Nestle, Novum Testamentum graece et latine (Stuttgart 1937) p.XII. Cf. también K. Piny, Die pseudo‑paulinischen Briefe: Bi 6 (1925) 179‑200.

160 Cf. De viris illustr. 12: ML 23,629.

161 Cf. Epist. 153,14: ML 33,659; De civ. Dei 6,10,1: ML 41,190.

162 Cf. A. Fleury, Saint Paul et Sénéque I‑II (París 1853); K. Deissner, Paulus und Seneca (Gütersloh 1917); E. Liénard, Sur la correspondance apocryphe de Sénéque et de S. Paul: Rev. belge de philologie et d´histoire II (1932) 5‑23; A. Kurfess, Zu dem apokryphen Briefwechsel zwischen Seneca und Paulus: Aevum 26 (1952) 42‑48.

163 Cf. en Eusebio, Hist. Eccl. 6;14,1: MG 20,549.

164 Cf. Symposion 9,1: MG 18,180.

165 Cf. MG 20,269. Según Sozomeno (Hist. Eccl. 7,19: MG 67,1477) se leía todavía en el siglo V en Palestina en el día de Parasceve.

166 Cf. De viris illustr. I: ML 23,609.

167 Littérature éthiopienne pseudo‑clémentine: Rev. de I´Orient chrétien 15 (1910) 198‑214.307.425.

168 Cf. Mt 24,3.

169 Cf Mt 24,32s.

170 Cf. F. Nau, Note sur un nouveau texte de l´Apocalypse de St. Pierre: Revue de l´Orient chrétien 15 (1910) 441s; M. R. James, The Apocryphal New Testarnent p.505‑521; K. Prümm, De genuino Apocalypsis Petri textu: Bi 10 (1929) 62‑80; F. Spitta, Die Petrusapokalypse und der zweite Petrusbrief: ZNTW 12 (1911) 237‑242; P. de Ambroggi, Apocrifi di S. Pietro, en Enciclopedia Cattolica 9 (1952) 1421‑1423.

171 Cf. In Ioann. tr.98,8: ML 35,1885; Enarr. in Ps.105 n.2: ML 37,1406.

172 Cf. Hist. Eccl. 7,19: MG 67,1477.

[173] Cf. A. Cabassut, La mitigation des peines de 1´enfer d´aprèe les livres liturgiques: RHE 23 (1927) 65‑70; A. Landgraf, Die Linderung der Höllenstrafen nach der Lehre dor Frühscholastik: ZKT 6o (1936) 299‑370; R. P. Casey, The Apocalypse of St. Paul: JTS 34 (1933) 1‑32.

[174] Cf. Divina Comedia: Inf. 2,28. Véase G. Ricciotti, L´Apocalissi di Paolo siriaca. I: Introduzione, testo e commento. II La cosmologia della Bibbia e la trasmissione fino a Dante (Brescia 1932).

[175] Cf. Manson, Miscellanea apocalyptica: JTS (1945) 41‑45.

[176] Cf. E. Hauler, Zu den neuen lateinischen Bruchstücken der Thomasapohalypse: Wiener Studien 30 (1908) 308‑340; P. Bullmeyer, Un texte non interpolé de l´Apocalypse de Thomas: RevBen 28 (1911) 270‑282.

[177] Cf. Fr. Nau, Une deuxième Apocalypse apocryphe grecque de S. Jean: RB (1914)209‑221.

[178] Cf. Wallis Budge, Coptic Apocrypha in the Dialect of Upper Egypt (Londres 1912) 59ss.

[179] Cf. L. Vaganay, Agrapha: DBS I (1928) 162.

[180] Cf. Jn 21,25.

[181] Cf. ACt 20,35.

[182] Cf. I Tim 5, 18.

[183] Cf. Codex Bezae en Mt 20,28. Véase H. J. Vogels: BZ 12 (1914) 369‑390.

[184] Resch, Agrapha. Aussercanonische Evangelienfragmente: Texte und Untersuchungen zur Geschichte der a1tchristlichen Literatur 5,4 (Leipzig 1889).

[185] Id., Aussercanonische Schriftfragmente gesammelt und untersucht und in zweiter völlig neubearbeiteter durch Alttestamentliche Agrapha vermeheter Auflage: ibid., 30,3 (1906).

[186] Cf. J. H. Ropes, Die Sprüche Jesu, die in den kanonischen Evangelien nicht überliefert sind: ibid., 14,2 (1896).

[187] Cf. L. Vaganay, Agrapha: DBS 159ss.

[188] Cf. Epist. de Bernabé 7, 11.

[189] Cf. Clemente Alejandrino, Strom. 1,28,177,2: MG 8,924; Orígenes, In Mt t.27; San Cirilo de Jerusalén, Catech. 6,26; San Basilio, In Is 1,22. Véase J. Ruwet, Les Agrapha dans les oeuvres de Clément d´Alexandrie: Bi 30 (1949) 133‑160.

[190] Cf. Orígenes, In Mt 13,2: MG 13,1097.

[191] Cf. Dídimo, In Ps 88,8: MG 39,1488.

[192] Cf. Didajé 1,6.

[193] Cf. Patrologia Orientalis 13,3 (1916); 19,4 (1926); Asin Palacios, In opus cui titulus, ´Logia et Agrapha Domini lesu apud Moslemicos scriptores, asceticos praesertim usitata´ animadversiones: RB 36 (1927) 76‑83; R. Dunkerley, The Muhammedan Agrapha: ExpTim 39 (1927‑1928) 167‑171.230‑234.

[194] Cf. G. M. Perrella, O.C., P.192 ri.176. Véase también B. Jackson, Twenty‑Five Agrapha or Extra‑Canonical Sayings of Our Lord (1900); E. Mangenot, Agrapha: DTC I 625‑627; E. Klostermann, Zu den Agrapha: ZNTW 6 (1905) 104‑106; E. Nestle, Ein früher Agrapha‑ Sammler: ZNTW II (1910) 86‑87; N. Noguer, Los dichos de Jesús llamados ´Logia´y´Agrapha´: Razón y Fe 5, (1918) 19‑29.204‑226; E. Jacquier, Les sentences du Seigneur extracanoniques: RB 15 (1918) 93‑135; L. G. Da Fonseca, Agrapha: VD 2 (1922) 271‑280; E. Besson, Les Logia Agrapha: Paroles du Christ qui ne se trouvent pas dans les Évangiles canoniques (Bihorel‑lez‑Rouen 1923); T. Schneider, Das prophetische ´Agraphon´ der Epistola Apostolorum: ZNTW 24 (1915) 151‑154; R. Dunkerley, The Unwritten Gospel Ana and Agrapha of Jesus (Londres 1925); L. Vaganay, Agrapha: DBS I (1928) 159‑198; J. J. Gómez, Logia o dichos del Señor extraevangélicos (Murcia 1935); U. Holzmeister, Un logion de Jesús... : VD 21 (1941) 69‑73; J. Ruwet, Les Agrapha dans les oeuvres de Clément d´Alexandrie: Bi 30 (1949) 133‑160; F. Amiot, Évangiles Apocryphes (París 1952) 28‑36; A. Santos Otero, Los Evangelios apócrifos (BAC, Madrid 1956) 115‑130.

[195] Cf. P. B. Grenfell ‑A. S. Hunt, Sayings of Our Lord (Londres 1897); ID., The Oxyrhynchus Papyri I (Londres 1898) I..3 n.I; P. Batiffol, Les logia du papyrus de Behnesa: RB 6 (1897) 501‑5I5; Id., Nouveaux fragments évangeliques de Behnesa: RB (1904) 481‑493; M. J. Lagrange: RB 5 (1908) 538‑553.

[196] Cf. B. P. Grenfell - A. S. Hunt, New Sayings of Jesus and Fragment of a Lost Gospel from Oxyrhynchus, edited with translation and commentary (Londres 1904); A. Hilgenfeld, Neue gnostische Logia Jesu: Zeitschrift für wissenschaftliche Theologie 47 (1904) 414‑418. 567‑573; E. Preushen, Antilegomena (19052) 22‑26; Ch. Taylor, The Oxyrhynchus Sayings of Jesus Found in 1903 with the Sayings Called ´Logia´ Found in 1897: A Lecture (Oxford 1905); Id., The Oxyrhynchus and Other Agrapha: JTS 7 (1906) 546‑562; E. Jacquier, Les sentences du Seigneur extracanoniques: RB 15 (1918) 93‑135; N. Noguer, Los dichos de Jesús llamados Logia y Agrapha: Razón y Fe 51 (1918) 19‑29.204‑226; J. A. Robertson, Sayings of Jesus of Nazareth (Londres 1920); H. G. Evelyn White, The Sayings of Jesus from Oxyrhynchus (Cambridge 1920); M. J. Lagrange, Une des paroles attribuées à Jésus. RB 30 (1921) 233‑237; Id., La seconde parole d´Oxyrhynque: RB 31 (1922) 427‑433; W. Schubart, Das zweite logión Oxyrhynchus: ZNTW 20 (1921) 215‑223; Bartlet Vernon, The Oxyrhynchus Sayings of Jesus in a New Light: Expositor 48 (1922) 136‑159; A. Deissmann, Licht vom Osten (19233) 363; A. T. Robertson, The Christ of the Logia (Nueva York 1924); J. H. Jenkinson, The Unwritten Sayings of the Lord (Londres 1925); E. Buonaiutti, Detti extracanonici di Gesù (Roma 1925); J. J. Gómez, Logia o dichos del Señor extraevangélicos (Murcia 1935); Bonaccorsi, Vangeli Apocrifi I (1948) XIX‑XX.48‑57; A. de Santos Otero, Los Evangelios apócrifos (BAC, Madrid 1956) 92‑101.

 

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390 a.Cristo - Éfesos - Grecia

 

Los "Apócrifos": ¿Porqué forman parte de la Biblia?

 

 

Tomado de Evidencia Bíblica para el catolicismo


Por Dave Armstrong

Tradujo Luis Fernando Perez

 

El Antiguo Testamento en las Biblias Católicas contiene siete libros más de los que se encuentran en las Biblias protestantes (46 y 39, respectivamente). Los Protestantes llaman a esos libros Apócrifos y los Católicos los conocen como los libros Deuterocanónicos. Estos siete libros son: Tobit, Judit, 1ª y 2ª Macabeos, Sabiduría de Salomón, Eclesiástico (o Sirac), y Baruc. También, las Biblias Católicas contienen seis capítulos adicionales (107 versículos) en el libro de Ester y otros tres en el libro de Daniel (174 versículos). Estos libros y capítulos fueron encontrados en manuscritos de la Biblia escritos solo en griego, y no fueron parte del Canon Hebreo del Antiguo Testamento, tal y como determinaron los judíos.

Todos ellos fueron reconocidos dogmáticamente como Escritura en el Concilio de Trento en 1548 (lo cual significa que desde entonces no se permitió a los católicos cuestionar su canonicidad), aunque la tradición de su inclusión en el canon era antigua. Al mismo tiempo, el Concilio rechazó 1ª y 2ª de Esdras y la Oración de Manasés como parte de la Sagrada Escritura (a menudo son incluidos en las colecciones de los "Apócrifos" como una unidad separada)

 La perspectiva católica sobre este tema es ampliamente desconocida. Los protestantes acusan a los católicos de "añadir" libros a la Biblia, mientras que los católicos replican que los protestantes han "eliminado" parte de la Escritura. Los católicos pueden ofrecer argumentos muy sólidos y razonables en defensa del estatus escritural de los libros deuterocanónicos. Estos argumentos pueden ser resumidos de la siguiente manera:

 1) Fueron incluidas en la Septuaginta (la traducción griega del Antiguo Testamento realizada el s.III A.C), la cual fue la "Biblia" de los Apóstoles. Ellos citaron generalmente las escrituras del Antiguo Testamento (en el texto del Nuevo Testamento) a partir de la Septuaginta

 2) Casi todos los Padres de la Iglesia aceptaron la Septuaginta como el estándar del Antiguo Testamento. Los libros deuterocanónicos no fueron diferenciados de los otros libros de la Septuaginta, y fueron considerados generalmente como canónicos. San Agustín creyó que la Septuaginta fue apostólicamente sancionada e inspirada, y ese fue el consenso en la Iglesia primitiva

3) Muchos Padres de la Iglesia (como San Ireneo, San Cipriano, Tertuliano) citan estos libros como Escritura sin distinción del resto. Otros, mayoritariamente de Oriente (por ejemplo, San Atanasio, San Cirilo de Jerusalén, San Gregorio Nacianceno) reconocen cierta distinción pero sin embargo citan habitualmente los libros deuterocanónicos como Escritura. San Jerónimo, que tradujo la Biblia Hebrea al latín (la Vulgata, a primeros del siglo V), fue la excepción a la regla (la Iglesia nunca ha mantenido que los Padres son individualmente infalibles)

4) Los Concilios de la Iglesia en Hipona (393) y Cartago (397, 419), enormemente influenciados por San Agustín, listaron los libros deuterocanónicos como Escritura, lo cual fue simplemente el visto bueno de lo que se había convertido en el consenso general de la Iglesia en Occidente y en la mayor parte del Oriente. De esta manera, el Concilio de Trento reiteró en términos mas fuertes lo que ya había sido decidido once siglos y medio antes, y que no había sido rebatido seriamente hasta el nacimiento del Protestantismo.

5) Dado que estos Concilios también ultimaron los 66 libros canónicos que son aceptados por todos los Cristianos, es bastante arbritario el que los Protestantes eliminen selectivamente siete libros del Canon autorizado. Esto resulta aún más curioso cuando se comprende la complicada y polémica historia del canon del Nuevo Testamento.

6) El Papa Inocencio I estuvo de acuerdo y sancionó las decisiones canónicas de los anteriores Concilios (Carta a Esuperio, Obispo de Toulouse) en el 405.

7) Algunos de los más antiguos manuscritos griegos del Antiguo Testamento, como el Códice Sinaítico (siglo cuarto), y el Códice Alejandrino (c 450) incluyen todos los libros deuterocanónicos mezclados con los otros y no separados.

8) La práctica de recopilar estos libros en un unidad separada data no antes del 1520 (en otras palabras, fue una total innovación del Protestantismo). Esto es admitido, por ejemplo, en la protestante New English Bible (Oxford UNiversity Press, 1976), en su "Introducción a los Apócrifos" (p. iii)

9) El Protestantismo, siguiendo a Martín Lutero, quitó los libros deuterocanónicos de sus Biblias debido a la clara enseñanza de doctrinas que acababan de haber sido repudiadas por los Protestantes, como las oraciones por los muertos (Tobit 12:12, 2ª Macabeos 12:39-45 ss; cf 1ª Corintios 15:29), la intercesión de los santos muertos (2ª Macabeos 15,14; cf Apocalipsis 5:8; 8:3-4), y la intercesión mediadora de los ángeles (Tobit 12:12,15; cf Apocalipsis 5:8, 8:3-4). Sabemos esto por las propias declaraciones de Lutero y otros Reformadores.

10) Lutero incluso no se contentó con dejar las cosas así, y procedió a lanzar dudas sobre muchos otros libros de la Biblia que eran aceptados como canónicos por los Protestantes. Consideró que Job y Jonás eran meras fábulas, y que Eclesiastés era incoherente e incompleto. El deseaba que Ester (junto con 2ª Macabeos) "no existieran", y quería "arrojarlos al río Elba"

11) Al Nuevo Testamento no le fue mucho mejor bajo la mirada de Lutero. Rechazó del canon del Nuevo Testamento ("libros capitales") Hebreos, Santiago ("epístola de paja"), Judas y Apocalipsis, a los cuales puso al final de su traducción, como "Apócrifos" del Nuevo Testamento. Estimó que no eran apostólicos. Del libro de Apocalipsis dijo, "Cristo no es enseñado o conocido en ese libro". Estas opiniones se encuentran en los Prefacios de Lutero a los libros bíblicos, en su traducción al alemán del 1522.

12) Aunque el Nuevo Testamento no cita directamente ninguno de estos libros, refleja detenidamente el pensamiento de los deuterocanónicos en muchos pasajes. Por ejemplo, Apocalipsis 1:4 y 8:3-4 parece hacer referencia a Tobías 12:15 :

Apocalipsis 1:4 Juan .... gracia y paz a vosotros .....de parte de los siete Espíritus que están ante su trono (ver también 3:1, 4:5, 5:6)

Apocalipsis 8:3-4 Otro Ángel vino y se puso junto al altar con un badil de oro. Se le dieron muchos perfumes con las oraciones de los santos. Y por mano del Ángel subió delante de Dios la humareda de los perfumes con las oraciones de los santos. (ver también Apocalipsis 5:8)

Tobías 12:15 Yo soy Rafael, uno de los siete ángeles que están siempre presentes y tienen entrada a la Gloria del Señor.

San Pablo, en 1ª Corintios 15:29 parece haber tenido en mente 2ª Macabeos 12:44: Este dicho de Pablo es uno de los más difíciles de interpretar para los Protestantes en el Nuevo Testamento, dada la teología de estos.

1ª Corintios 15:29 De no ser así ¿a qué viene el bautismo por los muertos) Si los muertos no resucitan en manera alguna ¿porqué bautizarse por ellos?

2ª Macabeos 12:44 Pues de no esperar que los soldados caídos resucitarían, habría sido superfluo y necio rogar por los muertos.

Este pasaje de San Pablo muestra que era la costumbre de la Iglesia primitiva el velar, orar y ayunar por las almas de los muertos. In la Escritura, ser bautizado es a menudo una metáfora que señala aflicción o (en el entendimiento católico) penitencia (por ejemplo, Mateo 3:11, Marcos 10:38-39, Lucas 3:16, 12:50). Dado que aquellos que están en el cielo no tienen necesidad de oración, y aquellos que están en el infierno no se pueden beneficiar de las oraciones, estas prácticas, sancionadas por San Pablo, deben de ser dirigidas directamente hacia aquellos en el purgatorio. En caso contrario, las oraciones y penitencias por los muertos no tendrían sentido, y esto parece que es, de largo, lo que Pablo está intentando manifestar. La "interpretación de penitencia" está contextualmente apoyada por los siguientes tres versículos, donde San Pablo habla de ¿Porque nos ponemos en peligro a todos horas?... cada día estoy en peligro de muerte, y así sucesivamente.

Como tercer ejemplo, Hebreo 11:35 refleja el pensamiento de 2ª Macabeos 7:29 :

Hebreos 11:35 Las mujeres recobraron resucitados a sus muertos. Unos fueron torturados, rehusando la liberación por conseguir una resurrección mejor.

2ª Macabeos 7:29 No temas a este verdugo, antes bien, mostrándote digno de tus hermanos, acepta la muerte, para que vuelva yo a encontrarte con tus hermanos en la misericordia (de Dios) {una madre hablando a su hijo. Ver 7:25-26}

13) Irónicamente, en varios de los mismos versículos donde el Nuevo Testamento está citando virtualmente los "Apócrifos" las doctrinas que son enseñadas son las que son rechazadas por el Protestantismo, y son las que fueron la razón principal de que los libros deuterocanónicos fueran "degradados" por ellos. Consiguientemente, no fue tan fácil eliminar estas controvertidas doctrinas de la Biblia como se suponía (y se supone), y los Protestantes deben todavía pelear con datos del Nuevo Testamento que no se "portan bien" con sus creencias.

14) A pesar de la degradación del estatus de los libros deuterocanónicos por el Protestantismo, todavía fueron ampliamente mantenidos separadamente en las Biblias Protestantes por un largo período de tiempo (al revés de la práctica prevaleciente hoy). John Wycliffe, considerado un precursor del Protestantismo, los incluyó en su traducción inglesa. El mismísimo Lutero los mantuvo separadamente en su Biblia, describiéndoles generalmente (aunque sub-escriturales) como "útiles y buenos para leer". Zwinglio y los Protestantes Suizos, y los Anglicanos los mantuvieron en un segundo plano. La Geneva Bible inglesa (1560) y la Bishop´s Bible (1568) los incluyeron como una unidad. Incluso la Authorized, o King James Version de 1611 contenía de hecho los "Apócrifos". Y hasta el tiempo presente, muchas Biblias Protestantes continúan con esta práctica. La revisión de la King James Version (completada en 1895) incluía estos libros, como también lo hacían la Revised Standard Version (1957), la New English Bible (1970), y la Goodspeed Bible (1939), entre otras.

15) Los libros deuterocanónicos son leídos regularmente en la adoración pública en el Anglicanismo, y también entre los Ortodoxos orientales, y la mayoría de los Protestantes y Judíos aceptan completamente su valor como documentos históricos y religiosos, útiles para la enseñanza, aunque deniegan su pleno estatus canónico.

Por tanto, es aparente que el "bando" Católico a favor de estos libros de la Escritura pesa muchísimo, ciertamente tanto como poco pesa el punto de vista Protestante.

Copyright 1996 by Dave Armstrong. All rights reserved.
Copyright 2000 de la traducción al español por Luis Fernando Pérez.
Traducido con permiso del autor

(Versículos de la Biblia: B. Jerusalén)

Agradecemos vivamente al autor - http://www.catolicosecumenicos.com/ 2005-09-

 

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La verdad es que los evangelios gnósticos son de una lucidez extraordinaria pero ¿no le parece que les falta el "alma", es decir son un tanto fríos en relación con los canónicos de la Iglesia Católica?

 

A decir verdad ni me parecen lúcidos ni interesantes salvo para especialistas. Y sí, comparados con los incluidos en el Nuevo Testamento... es que no tienen punto de comparación.

 

¿Qué le respondería a aquella persona que declara inventadas las Sagradas Escrituras, fruto de la necesidad angustiosa del hombre de querer conocer su origen y su fin?

 

Yo creo que no son un fruto sino la solución a esa necesidad angustiosa. Por otro lado, habría que ser tonto de remate –además de genial– para ir inventando durante siglos una mentira que sumar a la angustia ya sentida.

 

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- EVANGÉLICOS Y BIBLIA -

 

La Santa Madre Iglesia ha defendido siempre y en todas partes, con firmeza y máxima constancia, que los cuatro evangelios, cuya historicidad afirma sin dudar, narran fielmente lo que Jesús, el Hijo de Dios, viviendo entre los hombres, hizo y enseñó realmente para la eterna salvación de los mismos hasta el día de la Ascensión. Después de este día, los Apóstoles comunicaron a sus oyentes esos dichos y hechos con la mayor comprensión que les daban la resurrección gloriosa de Cristo y la enseñanza del Espíritu de la verdad. Los autores sagrados compusieron los cuatro evangelios escogiendo datos de la tradición oral o escrita, reduciéndolos a síntesis, adaptándolos a la situación de las diversas Iglesias, conservando el estilo de la proclamación: así nos transmiteron siempre datos auténticos y genuinos acerca de Jesús. Sacándolo de su memoria o del testimonio de los «que asistieron desde el principio y fueron ministros de la Palabra», lo escribieron para que conozcamos la verdad de lo que nos enseñaban.
El canon del Nuevo Testamento, además de los cuatro evangelios, comprende las cartas de Pablo y otros escritos apostólicos inspirados por el Espíritu Santo. Estos libros, según el sabio plan de Dios, confirman la realidad de Cristo, van explicando su doctrina auténtica, proclaman la fuerza salvadora de la obra divina de Cristo, cuentan los comienzos y la difusión maravillosa de la Iglesia, predicen su consumación gloriosa. El Señor Jesús asistió a sus Apóstoles, como lo había prometido, y les envió el Espíritu Santo, que los fuera introduciendo en la plenitud de la verdad.
Concilio VATICANO II - Constitución Dei Verbum, 19-20

 

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Los judíos cuentan 24 libros en su Biblia, a la que llaman Tanak, palabra formada con las iniciales de Tôrah, " Ley ", Nebiîm, " Profetas ", y Ketubîm, otros " Escritos ". La cifra de 24 queda frecuentemente reducida a 22, número de las letras del alfabeto hebreo. En el canon cristiano, esos 24 o 22 libros corresponden a los 39, llamados protocanónicos. La diferencia se explica por el hecho de que los judíos consideran como un solo libro bloques de escritos que en el canon cristiano figuran como libros distintos: por ejemplo, los escritos de los doce Profetas menores.

(31) La Iglesia católica cuenta 46 libros en su canon del Antiguo Testamento, 39 protocanónicos y 7 deuterocanónicos, llamados así porque los primeros fueron aceptados en el canon sin grandes debates o sin ningún debate, mientras que los segundos (Sirácida, Baruc, Tobías, Judit, Sabiduría, 1 y 2 Macabeos y ciertas partes de Ester y de Daniel) no fueron definitivamente aceptados más que después de varios siglos de hesitación (por parte de ciertos Padres de la Iglesia oriental así como de Jerónimo). Las Iglesias de la Reforma los llaman apócrifos.

(32) En su Contra Apión (1.8), escrito entre 93 y 95, Josefo se acerca mucho a la idea de un canon de las Escrituras, pero su vaga referencia a unos libros a los que todavía no se ha puesto nombre (designados más tarde como "Escritos") permite ver cómo el judaísmo no había llegado todavía al estadio de una colección de libros claramente definida.

(33) La que suele llamarse Asamblea de Yamnia tuvo más bien el carácter de una escuela o una academia, instalada en Yamnia entre los años 75 y 117. No consta que tomaran la decisión de establecer una lista de libros. Hay motivos para pensar que el canon de las Escrituras judías no fue fijado de manera rígida antes del final del siglo II. Las discusiones de escuela a propósito del estatuto de algunos libros se prolongaron hasta el siglo III.

(34) Si la Iglesia primitiva hubiera recibido de Alejandría un canon cerrado o una lista cerrada, sería de esperar que los manuscritos de los Setenta todavía existentes y las listas cristianas de libros del Antiguo Testamento tendrían todos una extensión virtualmente idéntica a ese canon. Pero ese no es el caso. Las listas veterotestamentarias de los Padres de la Iglesia y de los primeros concilios no manifiestan ese tipo de unanimidad. No son pues los judíos en Alejandría los que han establecido un canon exclusivo de las Escrituras, sino la Iglesia a partir de los Setenta.

 

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CONVERSIÓN DE EVANGELISTA A LA IGLESIA

CATÓLICA FUNDADA POR CRISTO hace 2000 mil años 

 

 

 

 

MI ODISEA DEL EVANGELICALISMO AL CATOLICISMO

 

Por Dave Armstrong

 

Fui recibido en la Iglesia Católica en febrero de 1991 por el padre John Hardon SJ., un hecho que un año antes me hubiese parecido completamente inconcebible. No mucho en mi vida habría indicado este giro sorprendente de hechos, pero tal cuestión fue muestra de la siempre inescrutable misericordia y providencia de Dios.

Mi primer conocimiento sobre la Cristiandad vino en la Iglesia Metodista Unida, la denominación en la que yo fui educado. La iglesia a la que nosotros asistíamos, en un barrio obrero de la ciudad de Detroit (Michigan, Estados Unidos), me parecía a mí, así como a cualquier niño en los comienzos de la década de 1960, que estaba en el declive, sociológicamente hablando, tanto así que la media de edad de los miembros era aproximadamente cincuenta o más años. En mis estudios años después como evangélico, yo aprendí que la reducción y el envejecimiento de las congregaciones eran uno de los signos visibles del deterioro del protestantismo de corriente.

Como pudo resultar, nuestra iglesia se plegó en 1968, y después de eso, yo asistía raramente a la iglesia en los siguientes nueve años. Mi temprana educación religiosa no era del todo gratis, sin embargo, a medida de que yo iba ganando respeto por Dios lo que yo nunca abandoné fue la comprensión de Su amor para la humanidad, y una apreciación para el sentido de los mandatos morales básicos y sagrados.

De todos modos, por cualquier razón, yo no tuve un interés creciente en la Cristiandad en este momento. En 1969, a la edad de once, yo entré en contacto por vez primera con el llamado altar quintaesencial de la cristiandad fundamentalista en una Iglesia bautista que nosotros visitamos dos o tres veces.  Yo me fui al frente para ser “salvo”, de forma absolutamente sincera, pero sin el conocimiento o la fuerza de voluntad requeridas (por las normas evangélicas más solícitas) para llevar a cabo esta resolución temporal.

Durante este período, me fasciné con lo sobrenatural, pero desgraciadamente, entró los terrenos de un ocultismo vago, para todo. Yo me unté, con gran seriedad de ESP, telepatía, los Ouija, la proyección astral, incluso la brujería vudú (con maestro vicioso de gimnasio en mente!). Yo leía sobre Houdini (1) y Uri Séller (2), entre otros.

Entretanto, mi hermano Gerry que es diez años mayor que yo, se convirtió, en 1971, al Evangelicalismo del Jesús Loco (3), una tendencia que estaba en su apogeo en ese momento. Él sufrió una transformación realmente notable, saliendo del círculo cultural del típico roquero drogadicto y pendenciero, y empezó a predicar en una forma celosa a nuestra familia. Éste era un espectáculo nuevo para mí. Yo ya me había influenciado por la contracultura hippie, y como siempre había sido de alguna forma anticonformista, el “Jesus Movement” (Movimiento de Jesús) tuvo una fascinación extraña para mí, aunque yo tenía ninguna intención de unírmeles.

Yo me sentía orgulloso de mi "moderación" con respecto a las cuestiones religiosas. Como la mayoría de los cristianos nominales e incrédulos sinceros, yo reaccioné a cualquier despliegue de Cristiandad seria y devota con una mezcla de miedo, burla y condescendencia, mientras pensaba que tal conducta era "impropia", fanática, y fuera de la corriente principal la cultura americana.

A principios de los años 1970 yo visité la Iglesia luterana el Mesías de vez en cuando en Detroit a dónde mi hermano asistía, junto con sus amigos melenudos del "Jesús Freak", y me retorcería en mi asiento bajo la convicción de los sermones poderosos del pastor Dick Bieber, un personaje del tipo de esos de los que yo nunca había oído. Yo recuerdo que pensaba que lo que él estaba predicando era indisputablemente la pura verdad, y si se trataba de la cuestión del “ser salvo" no habría ningún lugar para los de la tierra del medio o para los cobardes. Por consiguiente, yo era renuente, para decirlo de alguna forma, porque yo pensé que sería el fin de la diversión y la convivencia con mis amigos. Debido a mi rebeldía y orgullo, Dios tenía que usar los métodos más drásticos para mi despertar.

En 1977 yo experimenté una depresión severa durante seis meses lo cual era totalmente atípico en mi temperamento antes. Las causas inmediatas eran las presiones en la última adolescencia, pero de forma retrospectiva está claro que Dios me estaba llevando a la casa el último sin sentido de mi vida - - una demanda individualista vacua y fútil por felicidad sin el propósito o la relación con Dios. Yo fui traído, tambaleándome, al fin de mí mismo. Era una crisis existencial aterradora en la que yo no tenía ninguna otra salida sino clamar a Dios. Él respondió rápido.

Pasó que en la Pascua de 1977 la extraordinaria película Jesús de Nazaret de Franco Zeffirelli (todavía mi película cristiana favorita) estaba en la televisión. Yo siempre había disfrutado películas de la Biblia, como Los Diez Mandamientos.  Ellos dieron a las personalidades bíblicas vida, y el elemento de drama (como forma de arte) comunicó la vitalidad de la Cristiandad de una manera única y eficaz. Jesús, como fue retratado en esta película, dejó una impresión extraordinaria en mí, y el tiempo no podría ser mejor. Él aparecía como el último anticonformista que me apelaba.

Yo me maravillé de la manera como Él trató a las personas, y te daba la sensación de cosas que tu nunca pudieras esperar de lo que Él diría o haría siempre algo con una visión o impacto incomparables. Yo empecé a comprender, con la ayuda de mi hermano, el razón del evangelio por primera vez: lo qué la Cruz y la Pasión significaban, y algunos de los puntos básicos de teología y soteriología (la Teología de Salvación) que yo nunca hubiera pensado antes. También aprendí que ese Jesús no sólo era el Hijo de Dios, sino Dios el Hijo, la Segunda Persona del Trinidad algo que, increíblemente, yo no había oído previamente, o simplemente no comprendí si yo lo hubiera oído. Yo empecé a leer seriamente por primera vez  en mi vida la Biblia (la traducción de la Biblia Viviente que es la paráfrasis más informal).

Era la combinación de mi depresión y conocimiento nuevo de la Cristiandad que causó mi decisión de seguir a Jesús como mi Señor y Salvador de una forma mucho más seria, en julio de 1977 lo que yo todavía consideraría una "conversión a Cristo", y lo que la visión evangélica como la experiencia "el nuevo nacimiento" o de "salvos." Yo continúo viendo esto como un paso espiritual válido e indispensable, aunque, como católico, yo habría, claro, de interpretarlo de una manera algo distinta de la que yo tenía anteriormente. A pesar de mi estallido inicial de celo, yo me conformé de nuevo en la tibieza durante tres años hasta agosto de 1980, cuando yo rendí mi ser entero finalmente a Dios, y experimenté una "renovación" profunda en mi vida espiritual.

A lo largo de los años ochenta yo asistí a Iglesias luteranas, a las “Asamblea de Dios” (4), y a sectas no denominacionales con fuertes conexiones con el "Jesús Movement", caracterizadas por la juventud, la espontaneidad de culto, música contemporánea, y el compañerismo caluroso. Muchos de mis amigos eran antiguos Católicos (apostatas) (5). Yo supe poco de Catolicismo hasta los inicios de la década de 1980. Yo lo consideraba como una "denominación" exótica, austera, e innecesariamente ritualistica que no tenía mucho atractivo para mí. Yo no estaba atraído por naturaleza a la liturgia, y no creía en absoluto en los sacramentos, aunque yo siempre tenía gran reverencia para la “Cena del Señor” y creí que algo real se impartía en ella.

Por otro lado, yo nunca fui públicamente anticatólico. Habiendo tenido parte activo en trabajos apologéticos anticultos (especializando en russelismo o testigos de Jehová), yo comprendí rápidamente que el Catolicismo era completamente  diferente de los cultos, en eso de que tenía “doctrinas centrales” correctas, como la de la Trinidad y la Resurrección corporal de Cristo, así como una legitimidad histórica admirable; totalmente cristiana, aunque inmensamente inferior al evangelicalismo (6).

Yo era, tu podrías decirlo, un típico evangélico de la especie que tenía cierto interés teológico un poco mayor del promedio. Yo me hice familiar con las obras de muchos de los “grandes”: C.S. Lewis, Francis Schaeffer, Josh McDowell, A.W. Tozer, Billy Graham, Hal Lindsey, John Stott, Chuck Colson, la revista Christianity Today, Keith Green y Ministerios “Last Days”, la Jesus People en Chicago y revista Cornerstone, la hermandad Cristiana Inter.-Varsity (una organización universitaria), así como la escena de la música cristiana: del todo, influencias bastante beneficiosas como para no ser sentirse arrepentido del todo en absoluto.

Mi fuerte interés en la evangelización y la apologética me llevó a volverme, con el permiso de mi iglesia, misionero en los campuses de la universidad durante cuatro años. Yo también me involucré en el movimiento pro vida, y en la Operación Rescate.

Se me hizo claro rápidamente que los rescatadores católicos eran tan comprometidos a Cristo y piadosos como los evangélicos. En forma retrospectiva, no hay ningún suplente para la extendidamente cerrada observancia de los Católicos devotos. Yo me había encontrado con un sinnúmero de evangélicos que exhibían lo que yo pensé era un camino serio con Cristo, pero raramente con la intensidad como en la vida los Católicos. Yo empecé a hacerme amigo de mis hermanos católicos de los Rescates, y a veces en la cárcel, incluso sacerdotes y monjas. Aunque todavía escéptico teológicamente, mi admiración personal para con los católicos ortodoxos despegó como un misil Tomahawk.

En el 1990 de enero yo empecé en un grupo de discusión ecuménico que yo moderaba. Tres amigos católicos conocedores del movimiento del Rescate, John McAlpine, Leno Poli, y Don McSween, empezaron a asistir. Sus reclamos para la Iglesia, particularmente lo concerniente a la infalibilidad papal y conciliar, me llevaron a zambullirme en un proyecto masivo de la investigación en ese asunto. Yo creí que yo había encontrado muchos errores y contradicciones a lo largo de la historia. Después yo comprendí, sin embargo, que mis muchos "ejemplos" no entraron en la categoría de declaraciones infalibles ni siquiera, como lo definido por el Concilio Vaticano de 1870. Yo también era un poco deshonesto porque yo pasaría por alto hechos históricos que confirmaban fuertemente la posición católica, como la aceptación temprana extendida de la Presencia Real, a sabiendas la autoridad del Obispo, y la comunión de los santos.

Entretanto, yo estaba leyendo libros exclusivamente católicos (y todos los tratados cortos de las Respuestas Católicas (7) ), con una mente abierta, y mi respeto y entendimiento del Catolicismo crecieron por lo alto. Yo empecé (providencialmente) con El Espíritu del Catolicismo por Karl Adam, un libro demasiado extraordinario como para resumir adecuadamente aquí. Es, yo creo, un libro casi perfecto sobre el Catolicismo como un mundo y un estilo de vida, sobre todo porque una persona familiarizada con la teología católica básica. Yo leí los libros de Christopher Dawson, un gran historiador cultural, Joan Andrews (una heroína del movimiento del Rescate), y Thomas Merton, el famoso monje trapista, todos los cuales me impresionaron sumamente.

Mis tres amigos de nuestro grupo de discusión continuaron respondiendo serenamente a casi los centenares de preguntas mías. Yo estaba asombrado por darme cuenta de que el Catolicismo parecía haber sido “bien pensado” - era un maravilloso y complejo sistema de creencias consistente incomparable con cualquier porción de evangelicalismo.

En este momento yo me puse tremendamente preocupado por la aceptación protestante (y mi propia) aceptación libre y fácil de la contraconcepción. Yo vine a creer, de acuerdo con la Iglesia que una vez uno considera el placer sexual como un fin en sí mismo, entonces el llamado derecho al “aborto" no está lógicamente lejos. Mis amigos evangélicos de pro de-vida podrían ser fácilmente la excepción, pero el menos espiritualmente-dispuesto no habría hecho eso, como se ha confirmado por completo por la revolución sexual en total auge desde que el uso extendido de la Píldora empezó alrededor de 1960.

Una vez una pareja piensa de que ellos pueden frustrar el deseo de Dios en el asunto de una posible concepción, entonces la noción de terminar un embarazo se sigue por una cierta lógica diabólica desprovista de la guía espiritual de la Iglesia.  En esto, como en otras áreas tales como el divorcio, la Iglesia es el innegablemente sabia y verdaderamente progresiva. G.K. Chesterton y Ronald Knox, los grandes apologistas, ya pudieron ver los graffitis en la pared alrededor de los años treinta.

Yo estaba absolutamente asustado por el hecho de que ningún cuerpo cristiano había aceptado el anticoncepcionismo hasta que los anglicanos en 1930 lo hicieron, y la inevitable progresión en las naciones del anticoncepcionismo al aborto, como había sido mostrado irrefutablemente por el padre Paul Marx. Finalmente, un libro intitulado La Enseñanza de "Humanae Vitae" por John Ford, Germain Grisez, et al, me convenció de la distinción moral entre el anticoncepcionismo y la Planificación de la Familia Natural y me puso al borde.

Yo acepté ahora una creencia muy "no-protestante", pero todavía incluso ni siquiera soñaba con hacerme católico (qué es, claro, inconcebible para un evangélico). Todavía yo era la presa cayendo al principio de conversión Chesterton - - ese que uno no puede ser justo con el Catolicismo sin empezar a admirarlo y comenzar a convencerse de él.

Entretanto, mi esposa Judy que fue educada como católica y se volvió protestante antes de que nosotros nos conociéramos, también se había convencido independientemente de la equivocación del anticoncepcionismo. Ella se devolvió a la Iglesia el día en que yo fui recibido. ¡Que linda es la unidad! Entonces, en julio de 1990, yo ya estaba convencido de que el Catolicismo tenía la mejor teología moral que la de cualquier otro cuerpo cristiano, y grandemente respeté su sentido de comunidad, devoción, y contemplación.

La teología moral y los elementos místicos intangibles empezaron a danzar el baile de la conversión para mí, y cada vez más se arraigaban profundamente dentro de mi alma; más allá de, pero no opuestos, a los cálculos racionales de mi mente - - lo qué el Cardenal Newman (8) llamó " El Sentido Ilativo”.

Mi amigo católico, John, cansado de mi lata constante sobre los errores católicos y de adiciones a través de los siglos, sugirió que yo leyera el Ensayo sobre el Desarrollo de Doctrina Cristiana del Cardenal Newman. Este libro demolió completamente el esquema entero de historia de la Iglesia que yo había construido. Yo pensé, típicamente, esa Cristiandad temprana era protestante y ese Catolicismo era una corrupción tardía (aunque yo colocaba el derrumbamiento en la tardía Edad media en vez del tiempo usual de Constantino en el siglo IV).

Martín Lutero, yo reconocía, había descubierto en Sola Scriptura los medios para limpiar los percebes católicos acumulados en la originalmente limpia e inmaculada nave cristiana. Newman, en contraste, explotó la noción de una nave sin percebes. Las naves siempre tienen percebes. La pregunta real era si la nave llegaría a su destino. La Tradición, para Newman, era como un timón y un volante, y era completamente necesaria para la guía y dirección. Como una carta de navegación.

Newman demostró las características de los verdaderos desarrollos brillantemente, como opuesto a las corrupciones, dentro de la Iglesia visible e históricamente instituida por Cristo. Yo me encontré incapaz y sin voluntad de refutar su razonamiento, y un pedazo crucial del enigma se había puesto en el lugar - - la Tradición era ahora creíble y evidente a mí. Así empezó lo que de alguna forma se llamaba un "cambio del paradigma." Mientras leía el Ensayo yo experimenté un peculiar, intenso, e inexpresablemente sentimiento místico de reverencia para la idea de una Iglesia "Una, Santo, Católica y Apostólica." El Catolicismo era ahora pensable y yo caí de repente en una crisis intensa. Yo creía ahora en la Iglesia visible y sospechaba de que también era infalible. Una vez yo acepté la eclesiología católica, la teología siguió su curso como un asunto, y yo la acepté sin dificultad (incluso las doctrinas Marianas).

Mis amigos católicos habían estado cultivando las tierras rocosas de mi voluntad y mi mente tan tercas durante casi un año, mientras plantaban las “Semillas Católicas”, que ahora rápidamente tomaron raíz y crecieron, para su gran sorpresa. ¡Yo había luchado lo más duro justamente antes de leer a Newman, en un esfuerzo desesperado por salvar mi Protestantismo, tanto como un hombre ahogándose sólo antes de que él sucumba! Yo continué la lectura, mientras intentaba activamente ahora persuadirse totalmente del Catolicismo, pasando por la autobiografía de Newman, el libro de Tom Howard El Evangelicalismo no es suficiente, que me ayudó a apreciar al genio de la liturgia por vez primera, y dos libros de Chesterton (9) acerca del Catolicismo.

Más o menos en este tiempo yo tuve una conversación con un viejo amigo, Al Kresta que también había sido mi pastor durante unos años y cuyas opiniones teológicas yo tenía en muy alta consideración. Yo admití ante él que yo estaba tremendamente en problemas con ciertos elementos de Protestantismo, y podría, quizás (pero era una noción improbable) estar pensando en volverme Católico. Para mi asombro, él me dijo que él también, estaba yéndose en la misma dirección, citando, en particular, el problema que la formulación y declaración del Canon de la Escritura tienen para las protestantes y su premisa de "Sólo Biblia".

Estos tipos de eventos raros "confirmados" ayudaron a crear un sentimiento fuerte de que algo extraño simplemente estaba siguiéndose durante el período desconcertante antes de mi total conversión. Al estaba en tal crisis teológica (como estaba yo), que él renunció a su pastoral a los dos meses de nuestra conversación.

También en este momento yo tuve el gran privilegio de encontrarme con el padre John Hardon, el eminente catequista jesuita, y empecé asistiendo a sus clases informales sobre la espiritualidad. Esto me dio la oportunidad de aprender personalmente de un sacerdote católico autoritativo, que también es un hombre deleitable y humilde. Después de siete semanas del tiempo de cuestionar mi sanidad alternadamente y llegar a nuevas cúspides de inmenso descubrimiento, el último soplo de muerte vino justo en la forma que yo había estado sospechado. Yo supe que si yo debía rechazar el Protestantismo, entonces yo tenía que examinar sus raíces históricas: la autodenominada Reforma protestante. Yo había leído previamente algún material acerca de Martín Lutero, y lo consideré uno de mis héroes más grandes. Yo acepté el mito normal de Lutero como el intrépido, el rebelde virtuoso contra la oscuridad de la tiranía católica y la superstición añadida a la “Temprana Cristiandad”.

filosofía fue liberal, acabó siendo un conservador y fundó un diario para exponer sus opiniones con su amigo el escritor Hilaire Belloc, también conservador. El estilo brillante, vigoroso y agudo de Chesterton le hizo muy famoso. Aunque no se convirtió al catolicismo hasta 1922, casi todas sus obras lo defienden, al igual que la ortodoxia en general. (Tomado de MS Encarta 2003). Pero cuando yo estudié una gran porción del libro biográfico de seis volúmenes sobre Martín Lutero, Luther, del jesuita alemán Hartmann Grisar mi opinión de Lutero fue puesta patas arriba. Grisar me convenció de que los principios fundamentales de la Revolución protestante eran en total débiles. Yo siempre había rechazado las nociones de Lutero sobre la predestinación absoluta y la depravación total de humanidad. Ahora yo comprendí que si el hombre tuviera un libre albedrío, él no tenía porque ser declarado virtuoso meramente en un sentido judicial, abstracto, pero podría participar activamente en su redención y realmente podría hacerse virtuoso por la Gracia de Dios. Éste, de alguna forma, es el debate clásico sobre la Justificación.

Yo aprendí muchos hechos desfavorablemente perturbadores acerca de Lutero; por ejemplo, su metodología existencial sumamente subjetiva, su desdén para la razón y el precedente histórico, y su intolerancia dictatorial hacia los puntos de vista contrarios, incluyendo aquéllos provenientes de sus compañeros protestantes (10). Éstos y otros descubrimientos me estaban aturdiendo, y me convenció más allá de toda duda de que él realmente no era un "reformador" de la Iglesia "pura" y pre-Nicena, sino mejor un revolucionario que creó una nueva teología en muchos, aunque no todos, los aspectos. El mito fue aniquilado.

Ahora yo estaba "escéptico" con el concepto protestante común de la iglesia invisible, "redescubierta." Al final, mi amor innato por la historia jugó una parte crucial en mi abandono del Protestantismo, que tiende a prestar muy poca atención a la historia (como de hecho es necesario para retener cualquier nivel de verdad plausible en contra del Catolicismo).

A estas alturas, se volvió, en mi opinión, un deber moral e intelectual el abandonar el Protestantismo en su forma evangélica. Aún no era fácil. Los viejos hábitos y percepciones mueren difícilmente, pero yo me negué a permitir que los sentimientos y prejuicios interfirieran con el proceso maravilloso de iluminación en el que predominó la gracia de Dios. Yo esperé expectante el último ímpetu para rendirme totalmente. El curso imprevisible de conversión llegó a su culminación el 6 de diciembre de 1990, mientras yo estaba leyendo la meditación del Cardenal Newman sobre “La Esperanza en Dios Creador" y en un momento comprendí de forma resuelta que yo ya debía de oponer resistencia alguna a la Iglesia Católica. Al final, como en la mayoría de las experiencias de los conversos, un miedo heladísimo toma su lugar, similar a los de los temblores de ante del matrimonio. En un momento, este último obstáculo desapareció, y una paz emocional y teológicamente tangible prevaleció.

En los siguientes tres años desde mi conversión, han ocurrido algunas cosas asombrosas en nuestro círculo de amigos (yo no reclamo crédito para mi en éstos casos, tal vez una influencia pequeña, sino, la forma tan maravillosa en que Dios mueve los corazones de las gentes). Cuatro personas se han devuelto a la Iglesia de su niñez y tres, como yo, nos hemos convertido del protestantismo de toda la vida. Éstos incluyen a mi anterior pastor, Al y su esposa, Sally, uno de mis más buenos amigos y compañero frecuente en la comunidad evangélica y su esposa Lori; el amigo de toda la vida de Dan, Joe Polgar quien había estado virtualmente en el paganismo por unos años; otro amigo, Terri Navarra, y la hija de un amigo, Tom McGlynn, Jennifer. Adicionalmente, otra pareja que nosotros conocemos se habían convertido a la Ortodoxia Oriental, un segundo está pensando en serio sobre el mismo hecho, y una tercera pareja puede convertirse al Catolicismo. No es necesario decir, que muchos de nuestros amigos protestantes ven estos sucesos con trepidación enmudecida. ¡Uno de mis anteriores pastores, en el encuentro más acalorado que tuve desde que mi conversión, me llamó "blasfemo" porque yo creí que había más en la Tradición Cristiana que simplemente lo que es contenido en la Biblia! ¡Otro amigo buen que es un ministro bautista dice que aunque yo había cometido un error terrible, yo todavía estoy salvo debido a su creencia en la seguridad eterna! Después de todo, agradecidamente a Dios, ha sido una experiencia bastante suave entre nuestros amigos protestantes evangélicos. Muchos ignoran nuestro Catolicismo del todo. Yo creo que todos los Católicos pueden compartir estas experiencias que experimenté que he estado describiendo, en el sentido que cada nuevo descubrimiento de alguna verdad católica es igualmente estimulante. A medida en que todos nosotros crezcamos en nuestra fe, alegrémonos en los abundantes manantiales de deleite, así como en los tiempos instructivos de sufrimiento que

Dios nos provee en su Cuerpo, totalmente manifestado en la Iglesia Católica. Yo me siento muy en casa en ella, tanto como podría esperarse en este lado de cielo.

AD MAIOREM GLORIAM DEI

Notas

1 Famosísimo mago norteamericano de principios de siglo XX.

2 Británico de origen israelí que dobló una cuchara sin tocarla, solo con la mente, en vivo y en directo (¡que berraco!)

3 “Jesus Freak”, con el perdón de los lectores e incluso de la persona de Dave, otro de tantos inventos norteamericanos e ingleses para convencer a la gentes sobre la soberanía de Jesucristo Nuestro Señor en nuestras vidas, pero cayendo en un sincretismo que raya con lo pagano y lo vicioso. La persona de Jesús no necesita de tales espectáculos y doctrinas tan showbiz para ser proclamado. (nota del traductor)

4 Grupo sectario pentecostal. Es considerado en toda Europa como secta peligrosa y es prohibido en Rusia. John Ashcroft pertenece a esta secta y su nombramiento como Fiscal General de EEUU causó gran conmoción en los medios (en el Tercer Mundo no, ¿porqué?)

5 Sin más ni más. Este fenómeno se está dando mucho en América Latina, pues no hay educación al respecto de las sectas pentecostales. Se hacen llamar así mismos como cristianos aún en mella de la verdadera Fe Universal en Jesucristo.

6 (??????)

7 John Keating´s Catholic Answers. www.Catholic.com (debería haber una sección en español )

8 El Venerable John Henry Newman, escritor inglés. Campeón del Catolicismo en Inglaterra. Cardenal de la Iglesia en 1877. Su motto cardenalicio: Ex umbris et Imanigibus ad Veritatem (De las sombras y las imágenes a la Luz que da la Verdad)

9 Gilbert Keith Chesterton (1874-1936), escritor inglés, nacido en Londres. Aunque al principio su

10 Entre otras cosas, mandó a quemar anabaptistas y a su líder Thomas Müntzer y a colgarlos de los capiteles de los templos (¿?). Escribió un manual sobre como hacer una Noche de los Cristales Rotos y genocidios. 400 años después su hijo espiritual lo hizo en Alemania. Abandonó a los campesinos y se unió al Estado (Tomado de My Beliefs de Hermman Hesse) (Nota del traductor, quien también lo consideraba un héroe).

Agradecemos vivamente al autor - http://www.catolicosecumenicos.com/ 2005-09-

 

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“Omnia instaurare in Christo”

La Iglesia, desde el inicio, es católica,

esta es su esencia más profunda, dice Pablo.

 

“El nuevo pueblo de Dios, la Iglesia, es un pueblo que proviene de todos los pueblos. La Iglesia, desde el inicio, es católica, esta es su esencia más profunda. San Pablo explica y destaca esto en la segunda lectura, cuando dice:  "Porque en un solo Espíritu hemos sido todos bautizados, para no formar más que un cuerpo, judíos y griegos, esclavos y libres. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu" (1 Co 12, 13). La Iglesia debe llegar a ser siempre nuevamente lo que ya es: debe abrir las fronteras entre los pueblos y derribar las barreras entre las clases y las razas. En ella no puede haber ni olvidados ni despreciados. En la Iglesia hay sólo hermanos y hermanas de Jesucristo libres”. S. S. Benedicto XVI – P.P. 2005

 

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Iglesia: Es la comunidad, la comunión (koinonia), al mismo tiempo espiritual y visible, de aquellos que acogen con fe la evangelización; comparten la misma esperanza en el Reino y participan a la misma caridad. Se entra a formar parte de la Iglesia a través del Bautismo, que sella la conversión. Principio de la comunión íntima con Dios - conocido y amado como Padre - es el Espíritu Santo: Espíritu filial de Jesucristo. El principio visible de unidad de los fieles de una Iglesia particular es el Obispo; en cambio, sobre el plano universal de la comunión de todos los fieles, el fundamento de unidad es el Romano Pontífice. Éste es el sucesor de Pedro y cabeza de la comunidad cristiana de Roma que "preside en la caridad" (San Ignacio de Antioquía). El principio sacramental de la unidad de la Iglesia es la Eucaristía: celebración memorial del misterio pascual, en donde los bautizados, unidos a sus legítimos pastores, se unen a Cristo y entre ellos, mediante los signos del pan y del vino consagrados. El Credo profesa la Iglesia una, santa, católica y apostólica. El Espíritu de Amor, donado por Cristo a su Iglesia, la transforma necesariamente en una (cf. UR 4,3) y santa (cf. LG 39,1). Así el Espíritu de Verdad la hace católica y apostólica, manteniéndola fiel a la tradición (Parádosis) de los apóstoles y a su misión de difundir, a todos los hombres y en todos los tiempos, toda la plenitud (Plêrôma) de verdad y santidad que se encuentra en Jesucristo. Esta prerrogativa de indefectibilidad se concede a la Iglesia concreta guiada por el Papa y por los Obispos en comunión con Él, en donde subsiste la única Iglesia de Cristo (cf. LG 8,2). No obstante, ésta debe purificarse y convertirse constantemente para hacer brillar, siempre mejor, la gloria de su Señor, para recuperar la plena unidad con los hermanos separados y para adquirir mayor credibilidad en su misión ad gentes (cf. AG 6;  EN 77; RM 50; UUS 23; 98).

 

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La misión de la Iglesia tiene como fin la salvación de los hombres, la cual hay que conseguir con la fe en Cristo y con su gracia. Por tanto, el apostolado de la Iglesia y de todos sus miembros se ordena en primer lugar a manifestar al mundo, con palabras y obras, el mensaje de Cristo y a comunicar su gracia. Todo esto se lleva a cabo principalmente por el ministerio de la palabra y de los sacramentos, encomendando de forma especial al clero, y en el que los seglares tienen que desempeñar también un papel de gran importancia. Son innumerables las ocasiones que tienen los seglares para ejercitar el apostolado de la evangelización y de la santificación. El mismo testimonio de la vida cristiana y las obras buenas realizadas con espíritu sobrenatural tienen eficacia para atraer a los hombres hacia la fe y hacia Dios. Lo avisa el Señor: «Así ha de lucir vuestra luz ante los hombres, que, viendo vuestras buenas obras, glorifiquen a vuestro Padre, que está en los cielos». Este apostolado, sin embargo, no consiste sólo en el testimonio de vida. El verdadero apóstol busca ocasiones para anunciar a Cristo con la palabra, ya a los no creyentes, para llevarlos a la fe; ya a los fieles, para instruirlos, confirmarlos y estimularlos a mayor fervor de vida: «Porque la caridad de Cristo nos constriñe». En el corazón de todos deben resonar aquellas palabra del Apóstol: «¡Ay de mí si no evangelizare!» Mas, como en nuestra época se plantean nuevos problemas y se multiplican errores gravísimos que pretenden destruir desde sus cimientos la religión, el orden moral e incluso la sociedad humana, este santo Concilio exhorta de corazón a los seglares a que cada uno, según las cualidades personales y la formación recibida, cumpla con suma diligencia la parte que le corresponde, según la mente de la Iglesia, en aclarar los principios cristianos, difundirlos y aplicarlos certeramente a los problemas de hoy. Decreto Apostolicam actuositatem, 6 – VATICANO II

 

San Agustín (345-430) obispo de Hipona-África, doctor de la Iglesia Católica
Discurso sobre el salmo 95, 14-15

 

“...los pescadores la sacan a la playa, se sientan, seleccionan los buenos en estos, y tiran los malos.” (Mt 13,48)


       “Regirá el orbe con justicia y los pueblos con rectitud.” ¿Qué significa esta justicia y esta rectitud? En el momento de juzgar reunirá junto a sí a sus elegidos y apartará de sí a los demás, ya que pondrá a unos a la derecha y a otros a la izquierda. ¿Qué más justo y equitativo que no esperen misericordia del juez, aquellos que no quisieron practicar la misericordia antes de la venida del juez? En cambio, los que se esforzaron en practicar la misericordia serán juzgados con misericordia. Dirá, en efecto, a los de su derecha: “Venid, vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo: “ Y les tendrá en cuenta sus obras de misericordia: “Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber”, y lo que sigue.
      ¿Acaso, porque tú eres injusto, el juez no será justo? O, ¿por qué tú eres mendaz, no será veraz el que es la verdad en persona? Pero, si quieres alcanzar misericordia, sé tú misericordioso antes de que venga. Perdona los agravios recibidos, da de lo que te sobra. Lo que das ¿de quién es sino de él?
Si dieras de lo tuyo, sería generosidad, pero porque das de lo suyo es devolución. ¿Tienes algo que no hayas recibido? Éstas son las víctimas agradables a Dios: la misericordia, la humildad, la alabanza, la paz, la caridad. Si se las presentamos, entonces podremos esperar seguros la venida del juez que “regirá el orbe con justicia y los pueblos con rectitud.”

 

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San Juan de la Cruz (1542-1591) carmelita descalzo, poeta, doctor de la Iglesia Católica - Cántico Espiritual 36-37


      Y esta espesura de sabiduría y ciencia de dios es tan profunda e inmensa que, aunque más el alma sepa de ella, siempre puede entrar  más adentro, por cuanto es inmensa y sus riquezas incomprensibles, según exclama  San Pablo diciendo: “Oh alteza de riquezas de sabiduría y ciencia de Dios, cuán incomprehensibles son sus jucios e incomprehensibles sus vías.” (Rom 11,33)

        Pero el alma en esta espesura e incomprehensiblilidad de juicios y vías desea entrar porque muere en deseo de entrar en el conocimiento de ellos muy adentro, porque el conocer en ellos es deleite inestimable que excede todo sentido....¡Oh, si se acabase ya de entender cómo no se puede llegar a la espesura y sabiduría de las riquezas de Dios –que son de muchas maneras- si no es entrando en la espesura del padecer de muchas maneras, poniendo en eso el alma su consolación y deseo!..Porque para entrar en estas riquezas de su sabiduría la puerta es la cruz, que es angosta, y desear entrar por ella es de pocos, mas desear los deleites a que se viene por ella es de muchos.

 

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“Alegraos en el Señor siempre; lo repito: alegraos. Que vuestra bondad sea notoria a todos los hombres. El Señor está cerca. No os inquietéis por cosa alguna, sino más bien en toda oración y plegaria presentad al Señor vuestras necesidades con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa toda inteligencia, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. Por lo demás, hermanos, considerad lo que hay de verdadero, de noble, de buena fama, de virtuoso, de laudable; practicad lo que habéis aprendido y recibido, lo que habéis oído y visto en mí, y el Dios de la paz estará con vosotros.” San Pablo en su carta a los Filipenses 4, 4-9vs.

 

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¡Que tu conducta nunca dé motivos de injustificada inquietud a la creación, de la que tú eres el rey!

 

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Dijo Dios: «Produzca la tierra animales vivientes según su especie: ganados, reptiles y bestias salvajes según su especie». Y así fue. Dios hizo las bestias de la tierra, los ganados y los reptiles campestres, cada uno según su especie. Vio Dios que esto estaba bien. Gen. 1, 24-25

 

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“Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones” Biblia. Evangelio según San Lucas Cap.1º vs. 48. La Iglesia, hace XXI siglos fundada por Tu Hijo, te alaba, ¡Oh Madre plena de dicha y felicidad!

 

 

 

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VERITAS OMNIA VINCIT

LAUS TIBI CHRISTI.

 

Debido a la existencia de páginas excelentes sobre apologética y formación,  lo que se pretende desde aquí es contribuir muy modestamente y sumarse a los que ya se interesan por el Evangelio de Cristo de manera mucho más eficaz.

 

Recomendamos vivamente:

1º ‘Jesús, el Evangelio de Dios’ Edibesa - editorial. Es, sin lugar a dudas, una obra madura de un experimentado pastor y teólogo y un libro oportuno sobre Jesucristo, el protagonista de máxima trascendencia y de permanente actualidad. 2008.-

2º ‘María mujer, madre, amiga’ Edibesa – editorial - Monseñor Francisco Cerro Cháves, obispo de Coria-Cáceres-España escribió estas deliciosas 346 págs.2008

3º Jesús de Nazaret– al siglo, Joseph Cardenal Ratzinger: ‘Benedicto XVI’. 2007

Ser cristiano’- al siglo, Joseph Cardenal Ratzinger: ‘Benedicto XVI’- dedicó «a Romano Guardini, con gratitud y admiración». Editor: Desclée De Brouwer.

 


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