Monday 27 March 2017 | Actualizada : 2017-03-03
 
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La Iglesia, por su parte, no puede menos de mirar con estima, confianza, respeto y esperanza a la ciencia, que tiene su razón de ser en la serena, libre, objetiva búsqueda de la verdad. Como afirmaba San Agustín, "si Sapientia Deus est, per quem facta sunt omnia..., verus philosophus est amator Dei" ("Si Dios, por quien ha sido hecho todo, es la Sabiduría..., el verdadero filósofo, es decir, el verdadero hombre de ciencia, es quien ama a Dios": DeCivitate Dei, 8, 1). 

 

El secreto de los archivos: Si consentimos en la destrucción, como pretenden, de rastros que son instrumentos de búsqueda de la verdad histórica, hasta los mejor dispuestos serían confundidos. Sin unos archivos documentales veraces quedaría desasistido todo esfuerzo por esclarecer la historia y quedaríamos a merced de sus falsificaciones, dando crédito a una concepción manipulada de la verdad. 2005.

 

 

 

Casiodoro Magno Aurelio, fue un filósofo, pensador, monje y escritor latino, consultado por los reyes y gobernantes de su época. Nació en el año 468 D.C., en Squillace y murió después de 562. Fue ministro de Teodorico el Grande. En el año 538 se retiró y fundó una orden monacal, precursora de la de San Benito (benedictinos), consagrada sobre todo a la conservación y copia de manuscritos antiguos.

 

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Aquellos que niegan las raíces cristianas de Europa no pecan contra la Iglesia, sino contra la Historia.

 

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Santa Fabiola  399 - Fue una de las damas patricias romanas que siguieron el camino de la santidad bajo la influencia de San Jerónimo. Sin embargo durante un tiempo Fabiola vivió al margen de la Iglesia pues se divorció civilmente de su disoluto esposo y se unió a otro hombre.
Pero finalmente ordenó su vida de acuerdo con la ley de Dios, pidió perdón públicamente en la basílica de Letrán y fue admitida nuevamente en la Iglesia. Desde ese momento se dedicó de lleno al ejercicio de la caridad destinando íntegramente su fortuna para tal fin.
A ella se debe un hecho significativo en la historia de nuestra civilización: fundó en Roma el primer hospital cristiano, público y gratuito en todo el Occidente. Murió santamente el año 399.

 

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El cristianismo es directo responsable de algunos de los conceptos que hoy nos parecen irrenunciables: la dignidad y la igualdad de todos los seres humanos, y el derecho a la vida de todos y cada uno de ellos, desde el vientre materno a la muerte natural.

 

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San Isidoro, amigo del Papa Gregorio Magno, fue el hermano menor de san Leandro, al que sucedió en la Sede episcopal de Sevilla el año quinientos noventa y nueve. Es considerado el último de los Padres cristianos de la antigüedad. Poco después de su muerte, acaecida en el año seiscientos treinta y seis, el Concilio de Toledo lo definió como “gloria de la Iglesia católica”. Isidoro, que en su infancia conoció el exilio, se educó en un ambiente de disciplina y estudio. Su casa contaba con una nutrida biblioteca repleta de obras clásicas, paganas y cristianas. En su vida personal experimentó un permanente conflicto interior entre el deseo de dedicarse únicamente a la meditación de la Palabra de Dios y las exigencias procedentes de la caridad por los hermanos, de cuya salvación, como Obispo, se sentía encargado. La vastedad de su cultura le permitió confrontar continuamente la novedad cristiana con la herencia clásica greco-romana. Más que dado a la síntesis, Isidoro poseyó el don de la collatio, es decir, de la recopilación, siendo admirable su preocupación por no descuidar nada de lo que la experiencia humana había producido en la historia de su patria y del mundo entero.

 

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Desde la Edad Media, la Iglesia fundando las universidades, recuerda que ‘la Universidad’ jamás debe perder de vista su vocación particular a ser una "universitas", en la que las diversas disciplinas, cada una a su modo, se vean como parte de un unum más grande. ¡Cuán urgente es la necesidad de redescubrir la unidad del saber y oponerse a la tendencia a la fragmentación y a la falta de comunicabilidad que se da con demasiada frecuencia en nuestros centros educativos! El esfuerzo por reconciliar el impulso a la especialización con la necesidad de preservar la unidad del saber puede estimular el crecimiento de la unidad europea y ayudar al continente a redescubrir su "vocación" cultural específica en el mundo de hoy. Sólo una Europa consciente de su propia identidad cultural puede dar una contribución específica a otras culturas, permaneciendo abierta a la contribución de otros pueblos. 2007

 

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El restaurado -2008- Colegio de los Bernardinos (Collège des Bernardins) Paris, tiene una gran historia. Se trata de un conjunto arquitectónico fundado en el año 1245 por un monje cisterciense por indicación del Papa Inocencio IV, convencido de que la renovación de la Iglesia debía pasar por el estudio. La preocupación por las ciencias queda evidente y, en el interés de la Iglesia para la educación popular, pues precisamente en tales años, se creaba la excelentísima Universidad católica de ‘La Sorbona’ de Paris- France-

Pasaron los siglos, se enriqueció de una importantísima biblioteca el Colegio, hasta que en el año 1790, los revolucionarios confiscaron el Colegio, saquearon los bienes importantes incluyendo los manuscritos, papiros, archivos y códices de la antigüedad. Todo el complejo de edificios fue vendido a la Ville de Paris que lo utilizará sucesivamente desde granero para la sal, hasta cuartel y depósito para bomberos, entre otras utilizaciones.

 

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La Iglesia eleva serena y firme, clara y sencilla su voz: allí donde se alzan nuevos muros entre la fe y la razón, o entre la fe y el compromiso de construir un mundo mejor.

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Es preciso ofrecer la totalidad del hecho cristiano, sin recortes ni fáciles adaptaciones.  La opción por los pobres no puede ser ideológica sino que debe nacer del Evangelio. Esto implica ciertamente comprender y combatir las causas estructurales de las situaciones de injusticia, pero no puede detenerse ahí: es preciso bajar al propio corazón del hombre y luchar en él con contra las raíces profundas del mal. Y si bien es necesario responder con eficacia a las necesidades apremiantes de los pobres, también lo es llevarles a Cristo, el único que realmente cura y responde a la necesidad última y radical que ellos experimentan como todo hombre.

 

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«La Iglesia se acoge al derecho que asiste a toda institución, asociación o grupo, a ejercer la libertad de opinión y expresión. Se diría que para algunos ese derecho sólo tendría una exclusión: la Iglesia católica».

 

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Desde los primeros siglos, la Iglesia ha tenido experiencia de la importancia de la pastoral del pensamiento —baste evocar a San Justino [griego, año 120  160/5 ca.] y a San Agustín— y han sido innumerables sus iniciativas en este sector.

 

 

  

 

La abadía de Monte Oliveto Maggiore, cerca de Siena-Italia, custodia en su bibolioteca, protegida por la Iglesia desde el siglo XIV, casi 40.000 volúmenes de altísimo valor cultural, rarísimos opúsculos, ensayos excepcionales e incunables, notas, escritos, siempre básicos a las ciencias. Entonces como hoy son consultados en las Universidades europeas, fundadas en el luminoso medioevo por la Iglesia Católica. MMIX.

 

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¡Quien logre borrar 21 siglos de Historia!, borrar las raíces cristianas de Europa; cuando haga desaparecer centenares de universidades, monasterios, catedrales, parroquias, capillas, cruces, colegios en todos los rincones de Europa; cuando logre erradicar del corazón de millones de personas el recuerdo y la influencia de Jesucristo, entonces y sólo entonces, el Papa,- Vicario suyo -habrá desaparecido y no tendrá papel alguno que jugar en la vida política, social, religiosa, cultural de Europa. Va para largo.

Tendrán que aceptar, le guste o no, la realidad y la Historia que no se pueden cambiar. De ello dan fe, el papel relevante que han tenido y siguen teniendo, desde siglos, todos los Papas de la Iglesia, de S. Pedro a Benedicto XVI. 2005.

 

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"La historia ha sido el campo de la imperfección humana, lo es aún y nada indica que dejará de serlo". (Víctor Massuh)

 

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A pesar de la largísima lista de grandes científicos creyentes, mucha gente cree que Cristianismo y Ciencia son enemigos irreconciliables ¿Qué se puede decir?

 

Que no se caracterizan por su conocimiento de la Historia. La revolución científica hubiera sido imposible sin el impulso de la universidad de la Edad Media -surgida a impulsos del cristianismo y constante esfuerzo a favor de la educación por parte de la Iglesia Católica.

 

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“El conocimiento de la historia de la Iglesia, desde Jesucristo a la fecha, equivale a la desaparición cierta aunque lenta, del protestantismo y todas las nuevas sectas que siguen apareciendo.”

 

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El cristianismo, ¿un "aporte colonialista"?

 

A las 11:46 AM, por José Luis Aberasturi 21.05.2016 

El pasado 17 de Mayo, el diario La Croix, afín a la Conferencia episcopal francesa, publicó una amplia entrevista con el papa Francisco, en la que se abordaron diversos temas de actualidad, rabiosa o no.

Entre esos temas, le preguntaron sobre las “raíces cristianas de Europa", a lo que Francisco contestó: “Hay que hablar de raíces en plural, porque hay muchas. En este sentido, cuando oigo hablar de raíces cristianas de Europa, temo a veces el tono, que puede ser triunfalista o vengativo. Esto se convierte entonces en colonialista”. Y me he quedado de piedra.

Luego, prosigue: “Juan Pablo II hablaba de ellas en un tono tranquilo". Y me he convertido en un muro de hormigón de tamaño más que notable, descomunal. Luego comentaré estas cosas.

Y remata: “Europa, sí, tiene raíces cristianas. El cristianismo tiene el deber de regarlas, pero en un espíritu de servicio, como en el lavatorio de pies. El deber del cristianismo hacia Europa es el servicio (…): el aporte cristiano a una cultura es el de Cristo con el lavatorio de pies, es decir, el servicio y el don de la vida. No debe ser un aporte colonialista".

Todo tal como lo acaban de leer: que yo simplemente estoy copiando. Ahora voy a tratar de “explicarme” -a mí mismo, a ustedes- lo que, sinceramente lo digo, me deja estupefacto. Este modo de decir, y de decir lo que dice -creo que entiendo el castellano: me he formado en él-, se me hace profunda y amargamente incomprensible.

Tradicionalmente, se señalan como raíces de Europa, la filosofía griega, el derecho romano, y el cristianismo. Estas acuñaron Europa enraizadas y amalgamadas por siglos en y desde Roma; porque los aportes de los pueblos “´barbaros", vinieron ya sobre una civilización asentada, la romana, que había tomado muchas cosas de los griegos; y luego del cristianismo, el cual había encontrado en la filosofía griega el mejor instrumento para la “explicación” y la formación de la “doctrina” cristiana que para más inri se hizo vida presente, desde muy temprano, en la misma casa del César. Las persecuciones, con su intento de arrasar la naciente Religión, contrariamente a su fin propio, sirvió para asentarla, expandirla y acrecentarla, pues “la sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos” (Tertuliano). Como así fue.

Hasta ahora nunca me había encontrado una descripción de la evangelización y conversión de Europa por parte de la Iglesia Católica como la que se recoge en La Croix: “…el tono, que puede ser triunfalista o vengativo. Esto se convierte entonces en colonialista". Nunca. Más bien parecen -y ahí sí encajarían- reproches a la Iglesia desde fuera, desde sus enemigos. Porque, que a mí me hayan llegado, nunca he leído ese tipo de opiniones, de “tonos", hablando del tema que no ha sido, por cierto, tanto “éxito” de la Iglesia Católica como de Jesucristo: del ESPLENDOR DE LA VERDAD que es Cristo mismo.

Lo del “tono tranquilo” de Juan Pablo II, no lo he pillado en absoluto: para todos los que estuvimos allí, en Santiago de Compostela, o lo vimos por la TV, fue un auténtico GRITO del Papa a tumba abierta para “despertar” -con el vozarrón que podía soltar cuando se lo proponía- a todo un continente, que se había/estaba “adormilado", como los Apóstoles en el Huerto de los Olivos, y no supieron orar con Jesús. Y así les fue. La prensa no dudó en señalar que el Discurso del Papa formaba ya parte, desde entonces, de la historia del Continente.

¿Y qué había dicho? “Desde Santiago te lanzo, vieja Europa, un grito lleno de amor: Vuelve a encontrarte. Sé tú misma. Descubre tus orígenes. Aviva tus raíces. Revive aquellos valores auténticos que hicieron gloriosa tu historia y benéfica tu presencia en los demás continentes".

Era un programa de futuro: “Reconstruye tu unidad espiritual en un clima de respeto al as otras religiones y a las genuinas libertades. Da al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios".

En la Europa de 1982, dividida aún por el Telón de Acero -hecho de opresión, injusticia, esclavitud y muerte-, en la que estaba sumida la misma Polonia, su Patria, se inició una confrontación entre dos mundos irreconciliables: el marxismo, que negaba al hombre, y la Iglesia Católica, nacida para el servicio y salvación del hombre. Y ganó la Iglesia.

¿Este decir y hacer de la Iglesia en/desde su misma Cabeza es algo que puede catalogarse de “triunfalista", “vengativo” o “colonialista". ¿El mandato de Cristo de ir por todas partes hasta los confines del mundo es “triunfalista", “vengativo” y “colonialista"? ¿No se pueden colocar otras etiquetas más que estas? ¿Más de 2000 años de Iglesia se resumen en esto? ¿Y sin ningún matiz?

Pues a ese GRITO de san Juan Pablo II -que me da que no casa nada con el “lavatorio de los pies” como referente de lo que tiene que hacer la Iglesia con las personas, las culturas y la sociedad-, como al sonido de las trompetas en Jericó, le siguió la caída del Muro: en Berlín y en toda la Europa del Este: aunque les suene a “triunfalista” o a "colonialista" a algunas personas, especialmente a las que piensan que quien sobra en la sociedad es la Iglesia, como otros ¿piensan? que quien sobra en la tierra es el propio hombre.

Pues eso. Y ya.

http://www.infocatolica.com/blog/nonmeavoluntas.php

 

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Los pueblos bárbaros –

Los bárbaros eran pueblos rurales o nómadas que carecían de literatura escrita y apenas conocían la organización política, más allá de la lealtad debida al jefe. De acuerdo con algunas teorías etimológicas, lo único que los romanos lograban entender de las diversas lenguas de estas tribus era «bar, bar, bar», de ahí el nombre de bárbaros’.

Loa bárbaros eran pueblos guerreros que asombraban a los romanos por sus costumbres y conductos salvajes. En palabras de Christopher Dawson: «La Iglesia hubvo de asumir la tarea de introducir la ley del Evangelio y la ética del Sermón de la Montaña entre gentes para quienes el homicidio era la más honrosa de las ocupaciones y la venganza era sinónimo de justicia».

Cuando los visigodos saqueron roma, en el año 410, San Jerónimo experimentó una impresión y una tristeza muiy profundas: «Ha llegado del Oeste un terrible rumor. Roma está bajo asedio; los ciudadanos salvan la vida a cambio de oro. Una vez despojados de todo, vuelven a sufrir el cerco y parecen luego de haber perdido sus riquezas. Mi voz se quiebra: los sollozos interrumpen mi dictado. Se ha tomado la ciudad que tomó el mundo moderno» (J.N.Hillgarth, ed. Christianity and Paganism, 350-750: The Conversión of Western europe, University of Pennsylvania Press, Filadelfia, 1986, p.69). «Ved cuánta muerte ha caído súbitamente sobre el mundo», escribió Orientio con motivo de la invasión de la Galia, en la primera década del siglo V, «cuántas vidas se ha cobrado la violencia de la guerra. Ni los salvajes y densos bosques, ni las altas montañas, ni los ríos que se precipitan en rápidas cascadas, ni las ciudadelas en alturas remotas, ni las ciudades protegidas por sus murallas, ni la barrera del mar, ni la triste soledad del desierto, ni las grutas del suelo o las cuevas bajo impresionantes acantilados pudieron escapar a los ataques de los bárbaros» » (J.N.Hillgarth, ed. Christianity and Paganism, 350-750: The Conversion of Western europe, University of Pennsylvania Press, Filadelfia, 1986, p.70).

El renacimiento carolingio

La Iglesia tomó la importante decisión de apartarse de los emperadores de Constantinopla y procurar la protección y la colaboración de los francos, un pueblo aún semi-bárbaro, convertido al catolicismo sin pasar por el arrianismo. En el siglo VIII, la Iglesia bendijo el traspaso oficial del poder de la dinastía merovingia a la familia de los carolingios: la familia de Charles Martel, famosa por haber derrotado a los musulmanes en Tours en 732, y en última instancia de Carlos el Grande o Carlomagno, quien acabaría siendo conocido por el padre de Europa.

Los carolingios supieron beneficiarse del declive de los merovingios. Pasaron a ocupar el puesto hereditario de mayor de palacio, un cargo similar al de primer ministro. Los mayores de palacio carolingios, mucho más hábiles y sofisticados que los propios reyes, asumieron cada vez más competencias en el gobierno cotidiano del reino de los francos. Mediado el siglo VIII, ya en posesión de buena parte del poder ejercido por los reyes, se propusieron alcanzar el título de soberano. Pepino el Breve, mayor de palacio en 751, escribió al papa Zacarías I para dilucidar si era bueno que un hombre con poder se viera privado de dicho título. Plenamente consciente de las intenciones de Pepino, el Pontífice replicó que ésa no era una buena situación y que los nombres de las cosas debían corresponder a la realidad. Dicho lo cual, y haciendo uso de su reconocida autoridad espiritual, el Papa dio su bendición al cambio de dinastía en el reino de los francos. El último rey merovingio se retiró discretamente a un monasterio.

Fue así como, llegado el ocaso de los merovingios, la Iglesia facilitó la transferencia pacífica del poder a los carolingios, con quienes trabajaría estrechamente en los años venideros a fin de restaurar los valores de la vida civilizada. Bajo la influencia de la Iglesia, este pueblo bárbaro se transformó en constructor de la civilización. Carlomagno (aprox.768-814), acaso el más famoso de los francos, pasó a ser la encarnación de este ideal. (El reino franco, junto con las anexiones territoriales de Carlomagno, se extendía por aquel entonces desde la llamada Marca Hispánica, al Este, hasta el norte de Italia, Suiza y gran parte de Alemania, a través de todo lo que hoy se conoce como Francia). Carlomagno, que no sabía escribir –si bien una leyenda popular, a buen seguro apócrifa, lo describe corrigiendo traducciones de la Biblia en su último año de vida-, dio un fuerte impulso a la educación y a las artes, solicitando el concurso de los obispos para organizar escuelas en torno a sus catedrales. Según explica el historiador Joseph Lynch: «La escritura, la copia de libros, el arte, las obras arquitectónicas y el pensamiento de los hombres educados en la catedral y en las escuelas monásticas, propiciaron un importante cambio cualitativo y cuantitativo de la vida intelectual»,(Joseph H.Lynch, The Medieval Church: A Brief History, Longman, Londres, 1992, p.89).

El resultado de este aliento de la educación y de las artes es lo que se conoce como el Renacimiento carolingio, que abarcó desde el reino de Carlomagno hasta el de su hijo, Luis el Piadoso (aprox.814-840). Puede que la principal figura intelectual del ^Renacimiento carolingio fuese el anglosajón Alcuino de York, discípulo de Beda el Venerable, el gran santo e historiador eclesiástico, poseedor de una de las mentes más extraordinarias de su época. Alcuino fue diácono y director de la escuela de la catedral de York, antes de convertirse en abad del monasterio de San Martín de Tours.  Fue nombrado para el cargo por el propio Carlomagno en 781, cuando ambos se conocieron con motivo de un breve viaje de Alcuino a Italia. Además de por sus propios conocimientos en muy diversas materias, Alcuino destacaba como profesor de latín, luego de asimilar los excelentes métodos de sus predecesores irlandeses y anglosajones. La correcta enseñaza de la gramática latina al pueblo germánico- un destreza difícil de adquirir en los inciertos siglos VI y VII-, constituyó una de las piezas claves del Renacimiento carolingio. El conocimiento del latín permitía el estudio tanto de los padres de la Iglesia latina como del mundo de la Antigüedad clásica. A decir verdad, las copias más antiguas de la literatura romana que han llegado hasta nosotros datan del siglo IX, momento en que los intelectuales carolingios las rescataron del olvido. «La gente no siempre es consciente –dice Kenneth Clark- de que actualmente sólo existen tres o cuatro manuscritos antiguos de autores latinos: todo nuestro conocimiento de la literatura antigua es debido a la labor de recopilación y transcripción iniciada durante el reinado de Carlomagno, y casi la totalidad de los textos clásicos que lograron sobrevivir hasta el siglo VIII siguen vivos en la actualidad.» (Kenneth Clark, Civilisation, Alianza Editorial, Madrid 1979).

 

P: ¿Colaboraron los monasterios en la importante innovación de la escritura carolingia?

 

La esencia de la educación carolingia es la de los antiguos modelos romanos, en los que descubrieron las siete artes liberales. Eran éstas el ‘quadrivium’ de astronomía, música, aritmética y geometría, y el ‘trivium’ de lógica, gramática y retórica. Dada la especial urgencia de una buena alfabetización, el ‘quadrivium’ se abordó de manera sólo superficial en los primeros años de este renacimiento pedagógico. No obstante, esas fueron las bases sobre las que habría de asentarse el futuro progreso intelectual.

Otro logro sustancial del Renacimiento carolingio fue una importante innovación en la escritura, que se ha dado a conocer como la ‘minúscula carolingia’. El aislamiento geográfico había contribuido a la proliferación de distintas escrituras en todo el Occidente de Europa, a tal punto que en ocasiones la gente tenía dificultades para desentrañar un texto. Las diversas escrituras en uso antes del nacimiento de la minúscula carolingia no eran fáciles de leer, y su trazo exigía amplias dosis de paciencia; no existían las letras de caja baja, los signos de puntuación ni los espacios entre palabras.

La intervención de Fredegiso, sucesor de Alcuino en la abadía de San Martín, resultó decisiva en lo que respecto al desarrollo y la introducción de la minúscula carolingia. El Occidente de Europa pasó a tener una caligrafía que podía ser leída y escrita con relativa facilidad. La introducción de las letras mayúsculas, los espacios entre palabras y otros elementos destinados a mejorar la legibilidad de los textos aceleraron tanto la lectura como la escritura. Dos intelectuales han descrito recientemente su «luminosidad y gracia insuperables, aspectos a buen seguro decisivos para la supervivencia de la literatura clásica, que puso así plasmarse en una forma que todos podían leer con tanta facilidad como placer». «No sería extraño, escribe Philippe Wolff, relacionar esta innovación con la invención de la imprenta como los dos avances decisivos para el progreso de una civilización basada en la palabra escrita» (Philippe Wolff, The Awakenning of Europe, Penguin Books, Nueva York, 1968, p.57).  La minúscula carolingia, desarrollada por los monjes católicos, fue la clave de la alfabetización en la civilización occidental.

 

 

P: ¿Anhelaban los monjes el nacimiento de una civilización igual o, quizá, aún más gloriosa que las de Grecia y Roma?

 

Los historiadores de la música se refieren a menudo a la «ansiedad de influencia» que padecían los compositores, desafortunadamente prestos a seguir a los genios y los prodigios. En el breve pero intenso periodo del Renacimiento carolingio se observa un fenómeno similar. Así, Einhard, el biógrafo de Carlomagno, modela claramente su trabajo a semejanza de Suetonio en ‘Vidas de los césares’, llegando a plagiar párrafos enteros del clásico latino. ¿Cómo podía él, un pobre bárbaro, albergar la aspiración de superar la elegancia y la maestría de una civilización tan rica y plena?

No obstante sus notorias carencias, los católicos de la época de Carlomagno anhelaban el nacimiento de una civilización aún más gloriosa que las de Grecia o Roma, pues, según señalaba el gran Alcuino, los hombres del siglo VIII y IX poseían algo que sus antepasados nunca tuvieron: la fe católica. Se modelaban a imagen de la antigua Atenas, mas no perdían la convicción de que la suya sería una Atenas aún más grande, puesto que poseían la valiosa perla que sus predecesores griegos, pese a todos sus logros, jamás llegaron a conocer. Tal era el entusiasmo de Alcuino, que se atrevió a escribir a Carlomagno, en términos extravagantes, sobre las cumbres de la civilización que a su juicio estaban a punto de conquistar:

Si son muchos los que se contagian de vuestros propósitos, crearemos en Francia una nueva Atenas, una Atenas más grande que la antigua, pues, ennoblecida por las enseñanzas de Cristo, la nuestra excederá en sabiduría a la Academia. No teniendo más disciplinas que las de su maestro Platón, bien que inspirados por las siete artes liberales, su esplendor fue radiante: pero el nuestro recibirá además la séptupla plenitud del Espíritu Santo e irradiará toda la dignidad de la sabiduría secular. (Philippe Wolff, The Awakenning of Europe, Penguin Books, Nueva York, 1968, p.77).

 

Pese a sufrir el azote de los invasores vikingos, magiares y musulmanes en los siglos IX y X, el espíritu del Renacimiento carolingio jamás llegó a extinguirse. Aun en los días más aciagos de estas invasiones, el espíritu de aprendizaje estuvo siempre vivo en los monasterios, lo que permitió su pleno renacimiento en tiempos de mayor estabilidad.  De igual importancia para el desarrollo de la civilización occidental fue la aportación del gran Alcuino. Alcuino de York, escribe David Knowles, «insistió en la necesidad de realizar buenas copias de los mejores modelos en el campo de los libros de textos, y él mismo organizó excelentes ‘scriptoria’ en numerosos lugares», dando así «un nuevo impulso a la técnica de la copia de manuscritos; esta práctica continuó sin pausa en multitud de monasterios, más metódicamente y con un enfoque más amplio que anteriormente; y en la minúscula carolingia, sin duda gran deudora de la escritura de Irlanda y de Nortumbria, hallo una herramienta de gran poder.

Con Alcuino se inició el gran período de la transcripción de los manuscritos latinos, tanto patrísticos como clásicos, y esta acumulación gradual de libros escritos con claridad (y mayor corrección) resultó de inestimable valor cuando, dos siglos más tarde, se produjo el Renacimiento global».

Tras la muerte de Carlomagno, la iniciativa de difundir el conocimiento recayó progresivamente en la Iglesia. Los concilios locales solicitaron la apertura de escuelas, al igual que el sínodo de Baviera (798) y los concilios de Chalons (813) y Aix (816). Teodulfo, amigo de Alcuino, obispo de Orleáns y abad de Fleury, auspició análogamente la expansión de la educación: «Los sacerdotes abrirán escuelas en pueblos y ciudades». Si alguno de los fieles les confía a sus hijos para que aprendan las letras, no se negarán a instruir a estos pupilos con absoluta claridad… Los sacerdotes desempeñarán esta tarea sin pedir pago alguno por ella y, caso de recibirlo, no aceptarán de los padres más que pequeños obsequios». (David Knosles, op.cit.p.66).

Fue así como los monjes anhelaron, fortificaron y lograron transmitir el saber al pueblo, a través de las copias y transcripción de obras de los clásicos latinos, griegos y de los Santos Padres.

 

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"La civilización occidental le debe a la Iglesia el sistema universitario, las obras de beneficencia, el derecho internacional, las ciencias y principios jurídicos fundamentales...  La deuda de la civilización occidental con la Iglesia católica es mucho mayor de lo que la mayoría de la gente cree –católicos incluidos... En realidad, la Iglesia creó la civilización occidental". 

El cristianismo implica siempre verdad e historia. Una de las tentaciones recurrentes de los cristianos a lo largo y ancho de los tiempos ha sido convertir la fe en ideología; el movimiento interior del espíritu en promesa exterior de materia y materialización. Cuando la santidad desaparece, nace la utopía. Demasiados son los que, en estos tiempos, olvidan que gran parte de las fundamentales instituciones de la civilización occidental son fruto de la originalidad cristiana.

 

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Santuario de Mariazell. Este santuario tuvo su origen en el año 1157, cuando un monje benedictino de la cercana abadía de San Lambrecht, enviado a predicar en ese lugar, experimentó la prodigiosa ayuda de María, de quien llevaba una pequeña estatua de madera. La celda ("zell") en la que el monje puso la estatuilla se convirtió después en meta de peregrinaciones y, en el correr de dos siglos, se construyó un importante santuario, donde todavía hoy se venera a la Virgen de las Gracias, llamada "Magna Mater Austriae".

 

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Quizá uno de los pocos acontecimientos políticos positivos para Occidente en aquella época fue la reunificación de los reinos peninsulares con los Reyes católicos y la conclusión de la Reconquista en España en 1492.

No resulta extraño que el Viejo Mundo, desgarrado en sus luchas internas y amenazado por su implacable enemigo islámico, deseara encontrarse a sí mismo. Intentó lograrlo cruzando los océanos, y lo hizo casi con ritmo febril. Durante el siglo XV se mejoró la cartografía, se perfeccionaron la brújula y el sextante, se pasó de la navegación de cabotaje a la de alta mar. De 1419, en que llegaron al archipiélago de Madeira, a 1487, en que Bartolomé Díaz dobló el cabo de Buena Esperanza, los portugueses marcharon en cabeza de ese esfuerzo exploratorio. A partir de 1492 y del descubrimiento de América, ese puesto fue ocupado por los españoles, y de él no se verían desalojados hasta, como mínimo, el siglo XVIII.

 

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«Europa no es geográficamente un continente aprehensible con claridad, más bien un concepto cultural e histórico. Más aún, es un acontecimiento espiritual».

 

«Dimensión religiosa de Europa: Europa comienza a nacer, en el fondo, con el encuentro entre fe y razón, entre auténtica ilustración y religión».

 

«¿Será cristiana la Europa de mañana?... lo será siempre que se mantenga en sus raíces», en consonancia con el alegato europeísta que Juan Pablo II lanzó en Santiago de Compostela en 1982: «Europa encuéntrate a ti misma. Sé tú misma».


«El futuro de Europa, se quiera o no se quiera, se encuentra en la fe, no puede encontrarse en modo alguno en una cultura de la nada, del vacío, de la libertad sin límites y sin contenido, del relativismo o del escepticismo falsamente considerado como conquista intelectual, como parece ser la atención fundamental de los países europeos». «O Europa tiene el valor de afrontar de nuevo las preguntas sobre el significado de la vida y los fundamentos de la moralidad, y en consecuencia apoyarse sobre la “eunomia”, o posiblemente verá como reviven viejos fantasmas, viejos conflictos, debiendo afrontar las “cosas nuevas de hoy” con viejas ideas, que se han manifestado estériles».


«Se confunde frecuentemente, al menos en España, entre neutralidad y laicidad, entre lo que es un Estado no confesional, neutral, y un Estado laico, de confesión laicista en definitiva; o entre “libre pensamiento” y secularidad, o se contrapone la fe y la razón, la religiosidad y la ciencia, como si la fe y la religiosidad fuesen algo que hay que superar, que queda sólo para la individualidad y la intimidad, que no es universalizable en la organización social y útil para el progreso y que, obviamente, debe dejar todo el espacio a la razón humana abandonada a sí misma o a la ciencia y sus propios avances».MMVI.

 

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Lo que no se puede confundir es la tolerancia (= respecto de las ideas o conductas de otros) con la permisividad (= comulgar con ruedas de molino, aceptar las ideas o las conductas de otros cuando pueden ser dañinas).

 

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El expolio de obras de arte cristianas, consumado por el comunismo, nazismo y más ahora ‘el islamismo’, son causas de una pérdida irreparable al patrimonio artístico - intelectual de la humanidad.2008.

 

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A pesar de los errores cometidos tantas veces por los hombres de Iglesia, la historia del humanismo desarrollado sobre la base de la fe cristiana demuestra que ésta es una instancia para la razón pública

 

Es irracional que la antropología y la moral que están en la base de la cultura occidental sean excluidas del ámbito de la razón debido a su pecado original de haber nacido en el campo de la tradición cristiana. El arte, la filosofía y el derecho que se han desarrollado en Europa en los últimos veinte siglos tienen esa inequívoca matriz, y resulta cuando menos aventurado decretar que, en lo sucesivo, el cristianismo ya no podrá contribuir a generar el tejido ético-cultural de nuestra sociedad. Y es que el argumento histórico (aunque no sea definitivo) no es un tema menor.

A todo esto responde lúcidamente la lección de Benedicto XVI dirigida a la Universidad de La Sapienza, de la que, por cierto, el mundo intelectual español, tan generalmente ramplón, provinciano y cicatero, apenas ha llegado a enterarse. En este sentido, el Papa critica que en nombre de una racionalidad a-histórica, la sabiduría de las grandes tradiciones religiosas, que ha dado sustento y orientación a tantas generaciones, sea tirada impunemente a la papelera. Y para ello se apoya nada menos que en John Rawls, icono del positivismo jurídico, quien reconoce que la experiencia histórica es un criterio de racionalidad que no puede despreciarse sin más.

Siguiendo esa estela, el Papa afirma que en la comunidad cristiana ha madurado a lo largo de los siglos una determinada sabiduría de la vida, un tesoro de conocimiento y de experiencia ética que es importante para toda la humanidad, y por eso la voz de la Iglesia interviene en el debate público representando con todo derecho una razón ética que merece ser escuchada. Impresionante respuesta a la burda exclusión que esgrime el ‘progresismo izquierdista europeo, casi sin tregua.

Benedicto XVI se pregunta (y pregunta al mundo universitario): "¿cómo se establecen los criterios de justicia que hacen posible una libertad vivida conjuntamente y sirven al hombre para ser bueno?"

En este punto el Papa se refiere a los procesos democráticos de formación de la opinión, y apela a la sugerencia de Jürgen Habermas, para quien no basta la lucha por las mayorías aritméticas, sino que es preciso "un proceso de argumentación sensible a la verdad". El Papa reconoce que está bien dicho, aunque sea muy difícil transformar esto en una praxis política, pero en todo caso es decisivo para el futuro de nuestras democracias volver a insertar el concepto de verdad en del debate filosófico y político. Y para ello es preciso que en ese proceso de formación de la opinión sobre la justa convivencia, sean escuchadas instancias diferentes de los partidos y de los grupos de interés, sin que eso signifique querer restarles importancia.

La pregunta acuciante en el debate público sería ésta: ¿tiene la Iglesia católica, con su sabiduría de siglos, sus obras y realizaciones históricas, carta de ciudadanía para contribuir al proceso democrático que da forma a nuestra convivencia civil? Benedicto XVI nos ha regalado una imprevista respuesta en su preciosa lección de La Sapienza: a pesar de los errores cometidos tantas veces por los hombres de Iglesia, la historia del humanismo desarrollado sobre la base de la fe cristiana demuestra que ésta es una instancia para la razón pública. El mensaje cristiano, disponible siempre al debate racional y por tanto a la crítica, y encarnado en el testimonio público de los creyentes, impide que se cierre en nuestra sociedad la sensibilidad hacia la verdad de lo humano, y actúa como una fuerza contra la presión del poder y de los intereses particulares. ¿A quién le interesa prescindir de esto?

2008-

 

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Una hermosa indicación de Juan Pablo II hablando de la memoria histórica: La memoria se configura como un derecho que corresponde a cada grupo humano (sociedad, Iglesia, partidos y sindicatos) para profundizar en la propia identidad, pero es esencial que esa memoria no sea selectiva y sesgada, ni intente imponer a todos una visión uniforme, sino que se desarrolle a partir de una aproximación «abierta, objetiva y científica» a los hechos.

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…[…]… «Sí que reivindicó el derecho de cada colectivo, «la Iglesia católica, una congregación religiosa, un partido político, un sindicato, una institución académica», a rememorar su historia para profundizar «en su identidad». Monseñor Ricardo Blázquez, Obispo de Bilbao-Esp. 2007.XI.

 

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Historiadores serios, responsables investigadores, sanos intelectuales deben estudiar la historia. La Iglesia universal está muy por encima de circunstancias coyunturales, y debe ser capaz de transmitir un mensaje de fe y de esperanza. La historia tiene que quedar en manos de los historiadores porque nadie tiene derecho a imponer una «verdad oficial», propia de los sistemas totalitarios. En el marco de la razón y el sentido común, el recuerdo de los antecesores -en este caso, de quienes dieron la vida por la fe ‘mártires de la Iglesia Católica’- refuerza la propia identidad y ayuda a comprender el complejo mundo en que vivimos. 2007-XI

 

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“No, hermano mío, no crea que digo esto por el gusto de declamar; es mi dolor el que habla.” [San Pedro Crisólogo]

 

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Un archivo secreto con mucha historia – En Europa, el moderno archivo de la Santa Sede nace por iniciativa de Pablo V Borghese aproximadamente en 1610, aunque las raíces de su historia se remontan a tiempos mucho más lejanos. Desde los tiempos de los Apóstoles, los Papas conservaban cuidadosamente los escritos relativos al ejercicio de su actividad, que se conservaban en el «Scrinium Sanctae Romanae Ecclesiae» que normalmente siguió a los Papas hasta sus distintas residencias; sin embargo, la fragilidad del papiro, utilizado habitualmente en la cancillería pontificia hasta el siglo XI, los traslados y los cambios políticos provocaron la pérdida de casi todo el material archivístico anterior a Inocencio III. El saqueo, robo, incendio y profanación por parte de los mahometanos en el año 846, causó una gran pérdida a los archivos vaticanos, la Basílica de San Pedro como al patrimonio histórico de la humanidad. Desde el siglo XVII el Archivo conoció considerables ampliaciones. En 1810 fueron desastrosamente trasladados por orden de Napoleón a París, ciudad de la que volvieron con numerosas pérdidas, a causa de los robos, inaptitud de los militares, confusión de los depredadores, osadías incendiarias de las autoridades napoleónicas e irreflexividad de las turbas. En el siglo XIX se abrió para que los estudiosos lo pudieran consultar libremente y convertirse así en uno de los centros de investigaciones históricas más importantes del mundo. Finalmente, en el año 2000 se derogó el límite establecido para la consulta de documentos del archivo. MMVI.X.

 

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Hanna Arendt, una de las voces que con más hondura ha clamado contra los totalitarismos del siglo XX. «El totalitarismo -escribió- busca no la dominación despótica de los hombres, sino un sistema en el que los hombres sean superfluos».

 

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‘El mito del Papa de Hitler’, del rabino David G. Dalin. Su subtítulo: Cómo Pío XII salvó a los judíos de los nazis, resume sus 230 sugestivas páginas. El autor demuestra que jamás Pío XII tuvo una alianza con Hitler, y revela que sí hubo un clérigo en alianza con el dictador nazi, el gran Muftí de Jerusalén, Hajj al-Husseini. Son páginas, impactantes por su impresionante documentación, que van desmontando los mitos y falsedades históricas en torno a Pío XII, a la vez que detallan la tradición histórica de los Papas a favor de los judíos desde el año 500. Libro lleno de interés para quien desee conocer la realidad en un momento en el que medios de comunicación en Occidente no dejan de intentar denigrar a Pío XII y a la Iglesia católica, burda campaña que empezó con la propaganda comunista, descalificadora del sólido anticomunismo de aquel gran Pontífice. MMVI.

 

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La Iglesia ha demostrado de sobra su protagonismo

en la historia bimilenaria de occidente

 

El laicismo repite el tópico diciendo que la Iglesia pierde el tren de la historia. Pero se tratará en todo caso de la pequeña historia, o quizá historieta, que algunos quieren fabricar como sea manipulando la libertad de la gente. Por el contrario, la Iglesia ha demostrado de sobra su protagonismo en la historia bimilenaria de occidente, primero mediante el ejercicio responsable de la liberad de millones y millones de fieles católicos que cumplen sus deberes familiares, profesionales y sociales. Pero además, la Iglesia como institución a cuya cabeza está el Papa, sea Juan Pablo II o Benedicto XVI, convocó hace ahora cuarenta años el Concilio Vaticano II para revisar los planteamientos pastorales, morales y doctrinales, en abierto diálogo con el mundo actual. Un somero repaso sobre la temática de los principales documentos indica la envergadura de esta puesta a punto. La Constitución Lumen Gentium, sobre la Iglesia como nuevo pueblo de Dios y camino de salvación para todos; la Constitución Gaudium et Spes sobre la Iglesia en el mundo actual, proponiendo soluciones para los problemas referentes a la familia, la cultura, la vida social, la solidaridad internacional y la paz. La Constitución Sacrosanctum Concilium que ha renovado la liturgia y las celebraciones en la Iglesia  acercándolas a la sensibilidad actual pero sin menoscabar la sacralidad de los sacramentos instituidos por Jesucristo. El Decreto sobre el Ecumenismo que ha dado tantos frutos visibles, como el cerrado aplauso al Patriarca ortodoxo Teoctits en la Plaza de San Pedro abarrotada de fieles. El Decreto que defiende y fundamenta la Libertad religiosa que asiste a todo hombre y mujer para no ser impedido en buscar la verdad religiosa y moral, y poder vivir conforme a ella, sin intromisiones del poder. Y, para no cansar, la Declaración Nostra Aetate sobre las relaciones de la Iglesia con otras religiones no cristianas, que hemos visto encarnada en los gestos de Juan Pablo II con los rabinos judíos, asistiendo a sus sinagogas o al Museo del holocausto, y también con la juventud musulmana en un estadio en Egipto.

 

          En contraste con esa renovación de la Iglesia hecha por el Vaticano II, todavía se esperan para muchas instituciones como son partidos políticos, sindicatos, escritores, o intelectuales orgánicos. Porque muchos de ellos se han movido en estos cuarenta años por un pragmatismo ramplón, arrastrados por los acontecimientos mientras se aferraban a unas ideologías periclitadas, que tan sólo han logrado hacer un cierto maquillaje externo, como aquel «socialismo de rostro humano». En realidad, un poco de tiempo como estos años confirma que la posmodernidad, con el relativismo y el escepticismo, sólo puede  hacer un mundo fragmentado que pierde el norte vital. Sencillamente porque no se puede apartar a Dios del corazón de los hombres ni de la vida social, y a la vez pretender crecer en justicia, en verdad y en libertad. Por aquí habrá que buscar la raíz de tantos problemas que aquejan a la sociedad española, más hondos que los de la política, pero también a la identidad europea o a los otros países democráticos occidentales. MMV.XII.

 

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«Toda forma de adivinación debe ser rechazada. Consultar horóscopos, astrólogos, lectura de la mano, recurrir a los mediums, son prácticas que esconden el deseo de poder sobre el tiempo, la historia y, por último, sobre los seres humanos. Un comportamiento correcto cristiano consiste, en cambio, en ponerse en las manos de la Providencia».

 

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¿Dejará Europa que en el futuro sólo hablen del cristianismo las piedras?

«Allí donde está Dios, allí hay futuro». En ese futuro, es, por tanto, esencial la responsabilidad de los cristianos, que no proponen sólo «una moral», sino «el don de la amistad» con Cristo. Desde esa óptica, el Papa anima a releer el Decálogo del Sinaí... Es ante todo un sí a Dios, a un Dios que nos ama y nos guía, que nos apoya y que además nos deja nuestra libertad; es más, la transforma en verdadera libertad. Es un sí a la familia, un sí a la vida, un sí a un amor responsable, un sí a la solidaridad, a la responsabilidad social y a la justicia; un sí a la verdad, y un sí al respeto del prójimo y a aquello que le pertenece. En virtud de la fuerza de nuestra amistad con el Dios viviente, nosotros vivimos este múltiple sí , y al mismo tiempo lo llevamos como indicador del recorrido por nuestro mundo en esta hora».

 

«Si para el hombre no existe una verdad, en el fondo, no puede ni siquiera distinguir entre el bien y el mal. Entonces los grandes y maravillosos conocimientos de la ciencia se hacen ambiguos: pueden abrir perspectivas importantes para el bien, para la salvación del hombre, pero también -y lo vemos- pueden convertirse en una terrible amenaza, en la destrucción del hombre y del mundo», explicó. «Nuestra fe -dijo- se opone decididamente a la resignación que considera al hombre incapaz de la verdad, como si ésta fuera demasiado grande para él».
La propuesta del Santo Padre estaba impregnada de realismo:

 

«Europa ha vivido y sufrido también terribles caminos equivocados. Forman parte de ellos: restricciones ideológicas de la filosofía, de la ciencia e incluso de la fe, el abuso de religión y razón con fines imperialistas, la degradación del hombre mediante un materialismo teórico y práctico y, en fin, la degradación de la tolerancia en una indiferencia privada de referencias y valores permanentes».
Ahora bien, aunque los mismos cristianos en la Historia hayan cometido abusos, esos abusos no son el cristianismo. Se llega a ser cristiano cuando se descubre en Dios la fuente de la vida y a Cristo como el único Salvador. «Esto no significa de ninguna manera que despreciemos a las otras religiones ni que seamos soberbios de pensamiento». Y no duda el Papa en afirmar: «Necesitamos la verdad... Pero tenemos miedo de que la fe en la verdad comporte intolerancia». Por eso, «si este miedo, que tiene sus buenas razones históricas, nos asalta, es tiempo de contemplar a Jesús» hecho niño.
Y al contemplarle -dijo-, se puede descubrir que «la verdad no se afirma mediante un poder externo, sino que es humilde y sólo es aceptada por el hombre a través de su fuerza interior: por el hecho de ser verdadera». Viena. 07/09-IX.2007- Benedicto PP. XVI. Obispo de Roma

 

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El texto cristiano más antiguo de la península

Ibérica es traducido a nueve idiomas


L. R. R.

Barcelona-ESPAÑA- El documento cristiano más antiguo de la península Ibérica ya está al alcance de casi todos. Se trata de las auténticas «Actas del martirio de los santos Fructuoso, obispo, y Augurio y Eulogio, diáconos», que fueron originariamente escritas en latín y que ya han sido traducidas a nueve idiomas modernos -desde el francés e inglés hasta el árabe y el turco-.
   Esta labor se ha realizado gracias al proyecto de la Asociación Cultural San Fructuoso que ha contado además con el apoyo del arzobispo metropolitano de Tarragona, monseñor Jaume Pujol Balcells.
   Cabezas visibles. Los documentos relatan los pormenores de la detención, juicio y muerte de estos tres santos mártires tarraconenses, que fueron sacrificados en el año 259, durante la persecución decretada por el emperador romano Valeriano. Bajo su imperio sucumbieron también las principales cabezas visibles de la Iglesia católica de aquellos primeros siglos, como fue el caso de los papas san Esteban I y san Sixto II o el obispo de Cartago san Cipriano.
   Además del latín y las traducciones al español y al catalán, las actas cuentan incluso con versiones en los idiomas francés, inglés, italiano, rumano, turco, árabe y amazig (bereber).
   Pero la labor de traducción no se queda ahí solamente, puesto que está previsto que las actas estén pronto disponibles en otros tantos idiomas como el alemán, el húngaro, el polaco, el chino, el ruso y el griego moderno. Efe – LR.ESP. 2006

 

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Los comienzos de España

 

Por gentil deferencia de la editorial EUNSA, que agradecemos, recogemos en esta página, por su evidente interés y actualidad, algunos fragmentos del libro que el profesor Luis Suárez Fernández acaba de publicar bajo el título Los creadores de Europa. Benito, Gregorio, Isidoro y Bonifacio

 

Es sintomático que el anónimo monje mozárabe que, en torno al 748, se empeñaba en continuar con nuevas noticias la Crónica de san Isidoro, acudiese a dos expresiones que hemos recogido para definir los profundos cambios que su generación hubo de presenciar. En primer término, la pérdida de España; se refería tanto al derrumbamiento del reino de los godos –según el cronista tenían méritos más que suficientes para este castigo– como a la destrucción de aquella Cristiandad que un siglo antes diera muestras de tanta madurez. Pues los musulmanes, que relegaron la Cristiandad a la sumisión, destruyeron en la práctica cuanto pudieron de las antiguas estructuras, incluyendo el espacio y el nombre mismo de España. Lo que se ha producido no es únicamente la ruina de la monarquía goda, sino la de algo más importante, Spaniae, para decirlo con el nombre que escoge después la Crónica de Alfonso III.
Se abría paso la conciencia de que el pacto del año 418 no había sido un simple contrato de servicios, sino una transmisión de legitimidad. Por eso no había cambiado de nombre. Algunas veces se emplean los términos de Hesperia o de Iberia, nunca el de Gotia. La desaparición de la monarquía visigoda, que no fue tan completa como las primeras generaciones imaginaran, estuvo acompañada, primero, de la sumisión y, luego, del aniquilamiento de la comunidad cristiana.
La conquista musulmana fue consecuencia de una falta de decisión por parte de la población cristiana. Algunos potentes como Oppas, obispo de Toledo, los hijos de Witiza, Teodomiro que gobernaba el sudeste, o los descendientes de Casio en el Ebro, optaron por la sumisión. Y, sin embargo, la nación española no desapareció. Desde una fecha que podemos situar en torno al año 740, a causa principalmente de una rebelión berberisca, los musulmanes renunciaron ya a la idea de dominar y someter toda la Península y fijaron sus fronteras.
Al otro lado de la vasta línea estaban ya los núcleos de resistencia consolidados, todo lo largo del litoral cantábrico y algunos valles del Pirineo. No es extraño que una escaramuza despertara, de pronto, ecos de epopeya. Eso es Covadonga. En el lado de acá estaba al-Ándalus, lejano oeste para una sociedad que se vinculaba al olivo, la vid y el naranjo. En el otro comenzaba Europa. Así lo afirmaban Beda y el anónimo monje mozárabe que escribía en algún lugar de las afueras de Córdoba.

Luis Suárez Fernández – MMV. XI. XI. ESP.

 

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 La Edad Media guarda numerosas sorpresas a todo el que desea correr la aventura de adentrarse por sus intimidades. Siglo oscuro y ruidos de armas. Señores feudales con sus mesnadas guerreras. Castillos defensores con puentes levadizas y celadas astutas por las encrucijadas de los caminos. Invasión de los bárbaros, en una palabra, que ha preparado este precario estado de cosas y ha liquidado una cultura decadente y cansada. Brilla ahora mucho más el ejercicio de las armas que el conocer la cultura clásica. Y entre los nobles llega a ser un timbre de gloria el ser analfabeto: "El señor no firma porque es noble", terminan algunos documentos del tiempo.

 Pero la ciencia no ha desaparecido. Se ha refugiado en los monasterios. La Iglesia, por los monjes sobre todo, es la gran y única educadora de los pueblos. Clérigo y letrado, son ahora palabras sinónimas. Para penetrar, pues, bien la Edad Media es preciso conocer también la vida apretada y fecunda de los monasterios. Entrar en ellas con el ánimo purificado y sereno, dócil y abierto a toda sugerencia. Descalzarse, previamente, de toda predisposición a lo complicado y vertiginoso, a las velocidades supersónicas y a las carreras contra reloj. Para sorprender mejor a aquellos hombres, enjambres de Dios elaborando, en, sus celdas, la miel dulcísima de las ciencias del espíritu para el bien de las almas, progreso de la humanidad y búsqueda de una felicidad radicada en el diálogo entre el alma y Dios.

 

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Una deuda con la Iglesia

 

Santiago Martín.- (09/VII/2003)
Una de las cosas que más me molesta de los demagogos, especialmente de los políticos demagogos, es su obsesión por encontrar la paja en el ojo ajeno sin ver la viga en el propio. Por ejemplo, cuando atacan a la Iglesia porque justificó las Cruzadas en la Edad Media, o cuando la acusan de torturadora debido a la Inquisición. Lo primero que hacen es sacar las cosas de contexto; lo segundo, fijarse sólo en lo negativo; por último, nunca dicen nada de sus propios errores. Así, poco a poco, la opinión pública va acostumbrándose a la idea de que la Iglesia es la causa de todos los males pasados, presentes y futuros. Me río por no llorar cuando escucho a políticos de izquierda exigir a los obispos españoles que pidan perdón por el comportamiento de la Iglesia durante la Guerra Civil y la posguerra. ¿Han pedido ellos perdón alguna vez por los sacerdotes fusilados, las monjas violadas, los templos incendiados? Su demagogia sólo es comparable a su caradura.

   Por eso me ha parecido magnífica la conferencia pronunciada por monseñor Cañizares en el acto en que fue investido académico de honor de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de Granada. El primado habló de la deuda que los derechos humanos tienen con la herencia cristiana. Algunos, en su ignorancia culpable, llegan a creer que los derechos humanos son un invento de los filósofos de la Ilustración. ¿Y de dónde bebieron ellos? ¿Por qué no surgieron los derechos humanos en los desiertos de Arabia o en los vericuetos intrincados de India o China? Sin Cristo y su Evangelio, sin la Iglesia que lo ha transmitido fielmente, ni siquiera los ateos y comecuras occidentales serían lo que son. Hasta ellos tienen una deuda con aquel que dijo, con toda razón, que Él era el Camino, la Verdad y la Vida.

  

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Todos estamos obligados a informarnos amplia y correctamente, enterarnos bien antes de escribir, principio básico para todo escritor. Ser atento y de recta conciencia para no manipular y tanto menos calumniar. Saber que manipular la información es rara vez alterarla, y es casi siempre omitir en parte la verdad del facto e ignorar el contexto. Texto sin contexto, es puro pretexto. Fray Luis de León decía: “Para hacer el mal, cualquiera es poderoso.”

 

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Una de las necesidades más básicas para manipular, no es encontrar una mentira que divulgar, sino contar con verdades útiles.

 

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Una historia incorrecta y deforme no corrige ni prepara al hombre destinado a la felicidad y a la belleza. No amonesta e inicia un proceso ulceroso y largo; infectada de mentiras y capciosidades, enferma los pueblos más indefensos.

 

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Sólo el mitómano crea fábulas o inventa (su) historia, donde todo es verosímil pero casi nada es verdadero.

 

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La calumnia es tan oportunista, sustituye la inteligencia, demuestra una ausencia del pensamiento y se encuadra en un raciocinio avieso, con la finalidad vil de ser «autosuficiencia sobre los otros», engendrando preconceptos  y regateando nobles aspiraciones.

 

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Cuando el hombre pierde el sentido común, crea una factoria de ideas donde todo o casi está permitido.

 

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S. S. Juan Pablo II: "Cualquiera que, conociendo el Antiguo y el Nuevo Testamento, lee el Corán, ve con claridad el proceso de reducción de la Divina Revelación que en él se lleva a cabo. Es imposible no advertir el alejamiento de lo que Dios ha dicho de Sí mismo, primero en el Antiguo Testamento por medio de los profetas y luego de un modo definitivo en el Nuevo Testamento por medio de su Hijo. Toda esa riqueza de la autorrevelación de Dios, que constituye el patrimonio del Antiguo y del Nuevo Testamento, en el islamismo ha sido de hecho abandonada.

 

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"Mientras el Evangelio nos obliga a los cristianos a amar y a perdonar. No nos obliga a ser ingenuos"

 

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Encuentros marcados por el miedo. Una pesadilla que anida en el ánimo y la mente de quienes nacieron bajo el signo de Alá y su profeta Mahoma pero han decidido seguir a Cristo. Son conscientes de que la apostasía en el Islam no es un simple sustantivo, sino la posibilidad de una condena a muerte, pero hay quien está decidido a desafiar al terror. Son fieles cristianos y ciudadanos europeos que se sienten discriminados y temen por su vida. Hasta hoy han sobrevivido huyendo de cualquier manifestación pública de su fe. Ahora reivindican su derecho a vivirla abiertamente. Magdi Allam /Mar Velasco - Roma.- 2003-10-29

 

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Como escribe el Papa Juan Pablo II a los obispos de Asia. “Aunque la Iglesia reconoce con gusto cuanto hay de verdadero y de santo en las tradiciones religiosas del Budismo, del Hinduismo y del Islam -reflejos de aquella verdad que ilumina a todos los hombres-, sigue en pie su deber y su determinación de proclamar sin titubeos a Jesucristo, que es “el camino, la verdad y la vida”... El hecho de que los seguidores de otras religiones puedan recibir la gracia de Dios y ser salvados por Cristo independientemente de los medios ordinarios que Él ha establecido, no quita la llamada a la fe y al bautismo que Dios quiere para todos los pueblos.”La Virgen nos asista en esta misión a nosotros encomendada.S. S. JUAN PABLO II – MAGNO  -  2003.

 

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El cristianismo, como es sabido, no nació en Europa, sino en Asia Menor, en la encrucijada de tres continentes, el asiático, el africano y el europeo. Por este motivo, la interculturalidad de las corrientes espirituales de estos tres continentes pertenece a la forma originaria del cristianismo. Solo la difusión del Islam sustrajo al cristianismo de Oriente próximo gran parte de su fuerza vital, mientras echaba a las comunidades cristianas de Asia; en cualquier caso, a partir de entonces el cristianismo se convirtió en una religión europea. 2003-07-18 Cardenal + Joseph RATZINGER

 

 

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César Vidal es historiador, novelista, tertuliano y mil cosas más, pero en este ámbito sus conocimientos vienen avalados por su Enciclopedia de las religiones.

Responde: Dr. CÉSAR VIDAL MANZANARES, hsitoriador. ESP.Autor de más de 100 libros.

 

¿Cree usted que el Islam tiene más dificultades que el cristianismo para sostener sociedades abiertas y tolerantes?

 

Sin ningún género de dudas. Conceptos como derechos humanos o democracia resultan absolutamente ajenos al Islam, a diferencia de lo que sucede con el cristianismo.

 

 ¿No cree, sin embargo, que en épocas pasadas hubo países islámicos notablemente más tolerantes que sus coetáneos europeos?

 

No, eso es una leyenda. En la misma Al Andalus, los periodos de cierta tolerancia se alternaron con matanzas y persecuciones. Piense que a partir del s. XI los judíos empiezan a emigrar hacia los reinos cristianos. A fin de cuentas, ellos y los cristianos sólo pueden ser dhimmíes.

  

¿Es de recibo que se siga recurriendo a la Inquisición para "demostrar" que el Islam y el Catolicismo son religiones equivalentes y que los europeos, simplemente, hemos llegado antes a la civilización de la libertad individual?

 

El Islam y el Catolicismo –a pesar de la Inquisición y de las cruzadas– no son religiones equivalentes. Por ejemplo, el catolicismo siempre ha conservado una veta pacifista (aunque fuera minoritaria) y no cree en la guerra santa por sistema, pero además afirma la individualidad frente al concepto de ummah islámico.

  

Perdone mi ignorancia islámica, pero... ¿cual es el concepto de ummah?

 

Frente a la idea de persona individual propia del cristianismo –en mucha menor medida del judaísmo– el Islam preconiza sobre todo la inserción en la comunidad de los creyentes o ummah. Ésta es verdaderamente la sujeto de deberes y obligaciones.

  

Entonces, ¿cabría pensar en el Islam como en un colectivismo, con todo lo que han conllevado los colectivismos en la historia (especialmente la del siglo pasado: comunismo, fascismo, nazismo...)?

 

En buena medida, sí; de ahí el desafío que supone para las sociedades democráticas. Por ejemplo, las dictaduras en el este de Europa o en la América hispana han podido ser seguidas por un proceso de transición, pero semejante proceso es implanteable en el mundo islámico... aún tenemos a Sadam Hussein  miércoles 26 – 2002

 

Dr. César Vidal – historiador, filósofo, teólogo, dr. en derecho, escritor

 

+++.

 

 

 

P: ¿Cómo se explica que la "Granada de las 3 culturas" (árabe, judía y cristiana) no se repita en ninguna comunidad islámica? ¿O es que nunca existió tal tolerancia religiosa en Al-Andalus?

R: Jamás existió esa tolerancia. Para ser sinceros ni siquiera entre los musulmanes, porque la historia de Al-Andalus es prácticamente la de una guerra civil continuada entre los distintos grupos musulmanes. Imagínese la suerte de los judíos y no digamos ya la de los mozárabes.

 

P: No le parece hipócrita llamar "antisemita" a la izquierda cuando el Holocausto lo provocó la extrema derecha, y el actual gobierno está formado por los descendientes de los que temían "al sionismo y la masonería"?

 

R: No, es una realidad histórica como se vio, por ejemplo, durante el affaire Dreyfus en que había un antisemitismo de izquierdas y otro de extrema derecha. Al final, una y otra están más cerca de lo que parece y son antiamericanas, antisemitas, antiliberales, estatalistas...

2003-10-08 – LIBERTAD DIGITAL. Dr. César VIDAL- historiador, filósofo, teólogo, abogado, escritor de mas de 100 libros, comentarista, articulista.

 

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P: ¿Cree que no se valora suficientemente el papel de los mozárabes en la reconquista, que fueron determinantes en la superioridad de los reinos cristianos del norte, y también deja sin documentos a muchos musulmanofilos ensoñados con el Al-Andalus?

 

R: No tengo la menor duda de que los mozárabes fueron un fenómeno de una importancia verdaderamente excepcional. A dos siglos de la invasión islámica seguían conservando el romance y una cultura que los musulmanes se empeñaron en exterminar adoptando medidas verdaderamente genocidas. ¡Como para creer en la estupidez esa de la convivencia de las tres religiones! CÉSAR VIDAL. 2003-10-21 - LIBERTAD DIGITAL.

 

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Desde el más escrupuloso respeto a las creencias de todos los hombres de buena voluntad, hay que concluir que diálogo, sí; mano tendida, siempre. Pero para entendernos, para colaborar, tenemos que empezar por tener claras nuestras diferencias. - Tomás Salas Fernández. 2003.06.27

 

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Suele suceder que los musulmanes se sientan despreciados en occidente lo que no es verdad. Simplemente tienen que vivir en una sociedad abierta y pluralista que no está dispuesta a dejarles ser ciudadanos de primera mientras que los demás son de segunda. ¿Conoce usted algún país islámico donde podría tener estos Diálogos en libertad? CÉSAR VIDAL - LIBERTAD DIGITAL. 2003-06-24

 

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P: Tras leerle semanalmente he deducido que no ve en la ocupación de España por los árabes los beneficios que afirmaban mis libros en EGB, ¿es así?, ¿se puede afirmar que nos habría ido mejor sin esa ocupación?

R: Sin ningún género de dudas. Nos cercenaron de la Europa a la que pertenecíamos durante siglos obligándonos a una lucha por la supervivencia verdaderamente salvaje. Va a ser el tema de mi próximo libro, Dios mediante.

 

P: ¿Por qué dicen que los musulmanes descienden de Ismael, hijo de Abraham, del mismo modo que los judíos lo hacen de Isaac?

R: No los musulmanes sino los árabes.2003-07-17 Dr. CÉSAR VIDAL. ESP. L.D. 

 

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P: ¿Qué destacaría de Juan Pablo II positiva y negativamente? ¿Es quizás el mejor Papa de la historia?

 

R: 1. Positivamente, su firmeza frente a los regímenes comunistas y la teología de la liberación y su fidelidad al mensaje católico posterior al Vaticano II. Desde una perspectiva meramente católica, sinceramente no veo las tachas que puedan señalarse. 2. Es difícil decirlo pero sin duda es uno de los más importantes.

 

P: ¿Conoce el libro "Los sutras de Jesús"? En cualquier caso, ¿qué opina del sistema / filosofía "zen"?

 

R: 1. El libro me parece un completo disparate. 2. El zen no es una filosofía –aunque se quiera vender así para consumo de occidentales despistados– es la versión japonesa del budismo chang y, por tanto, una religión. 2003-10-29. L.D.

 

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MAHOMA:  ‘Y Juro que hallarás que los peores enemigos de los creyentes son los judios’

 

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Hay un capítulo que produce especial hipo: el dedicado al programa islámico de penetración en Occidente, que nos recuerda las palabras de monseñor Giuseppe Bernardini, arzobispo de Esmirna (Turquía), en el Sínodo del 99: «Durante un encuentro oficial sobre diálogo islámico-cristiano, un autorizado personaje musulmán, dirigiéndose a los participantes cristianos, dijo: Gracias a vuestras leyes democráticas os invadiremos; gracias a nuestras leyes religiosas os dominaremos». Título: Los nuevos perseguidos. Autor: Antonio Socci. Editorial: Ediciones Encuentro. 2003-07-11 Esp.

 

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I.- Los contemporáneos no tenemos ninguna culpa de los males acaecidos en la Historia, por la sencilla razón de que no existíamos.

II.- ¿Por qué, pues, debemos tener y alimentar resentimientos unos contra otros si no tenemos ninguna responsabilidad de lo acontecido en la Historia?

III.- Eliminados estos absurdos resentimientos, ¿por qué no ser amigos y así poder trabajar juntos para construir globalmente un mundo más solidario y gratificante para nuestros hijos y nosotros mismos?

IV.- Es fructuoso conocer la Historia lo más posible. Pero vemos que no podemos volverla hacia atrás. Vemos, también, que si la Historia hubiera sido distinta -mejor o peor-, el devenir habría sido diferente. Se habrían producido a lo largo de los tiempos otros encuentros, otros enlaces; habrían nacido otras personas, nosotros no. Ninguno de los que hoy tenemos el tesoro de existir, existiríamos. Esto no quiere insinuar en absoluto que los males desencadenados por nuestros antepasados no fueran realmente males. Los censuramos, repudiamos y no hemos de querer repetirlos.

La sorpresa de existir facilitará que los presentes nos esforcemos con alegría para arreglar las consecuencias actuales de los males anteriores a nosotros.

V.- Los seres humanos, por el mero hecho de existir -pudiendo no haber existido-, tenemos una relación fundamental: ser hermanos en la existencia. Si no existiéramos, no podríamos siquiera ser hermanos consanguíneos de nadie. Percibir esta fraternidad primordial en la existencia, nos hará más fácilmente solidarios al abrirnos a la sociedad.

VI.- Al organizar en la actualidad las nuevas estructuras sociales que se consideran oportunas para construir una sociedad más firme y en paz, es peligroso, muchas veces, basarlas sobre otras estructuras antiguas, aunque en su momento las vieran convenientes. Es más sólido fundamentar las nuevas estructuras sobre unidades geográficas humanas. Sin embargo, evitando el riesgo de que éstas se encierren en sí mismas, ya que ello desemboca, casi siempre, en desavenencias de toda índole y hasta en guerras.

VII.- El ser humano es libre, inteligente y capaz de amar. El amor no se puede obligar ni imponer, tampoco puede existir a ciegas sino con lucidez. Surge libre y claramente o no es auténtico. Siempre que coartemos la libertad de alguien o le privemos de la sabiduría, estaremos impidiendo que esta persona pueda amarnos. Por consiguiente, defender, favorecer, desarrollar la genuina libertad de los individuos -que entraña en sí misma una dimensión social corresponsable- así como su sabiduría, es propiciar el aprecio cordial entre las personas y, por tanto, poder edificar mejor la paz.

VIII.- Los representantes actuales de las instituciones que han perdurado en la Historia, no son responsables de lo sucedido en el pasado, pues ellos no existían. Sin embargo, para favorecer la paz, esos representantes han de lamentar públicamente, cuando sea prudente, los males e injusticias que se cometieron por parte de esas instituciones a lo largo de la Historia. Así mismo, han de resarcir en lo posible, institucionalmente, los daños ocasionados.

IX.- Los progenitores son responsables de haber dado la existencia a otros seres. Por tanto, con la colaboración solidaria de la sociedad, tienen que propiciar, hasta la muerte de sus hijos (en especial los discapacitados psíquicos o los de voluntad débil), los medios y apoyos suficientes -principalmente dejarles en herencia un mundo más en paz- para que éstos desarrollen su vida con dignidad humana, ya que no han pedido existir.

Por otra parte, los jóvenes tienen derecho a ser motivados y entusiasmados en la alegría de existir, por el ejemplo de sus padres, familia y la sociedad. Igualmente, para trabajar ahondando en las técnicas y ciencias, a fin de ellos poder, a su vez, colaborar para conseguir un mundo más en paz.
Así mismo, es evidente que no se podrá construir la paz global mientras en el seno de la sociedad e incluso dentro de las familias, exista menosprecio hacia más de la mitad de sus integrantes: mujeres, niños, ancianos y grupos marginados. Por el contrario, favorecerá llegar a la paz el reconocimiento y respeto de la dignidad y derechos de todos ellos.

X.- Un creciente número de países reconocen ya en la actualidad, que todos tenemos el derecho a pensar, expresarnos y agruparnos libremente, respetando siempre la dignidad y los derechos de los demás. Pero igualmente, cada ser humano tiene el derecho a vivir su vida en este mundo de modo coherente con aquello que sinceramente piensa.

Las democracias, pues, han de dar un salto cualitativo para defender y propiciar, también, que toda persona pueda vivir de acuerdo con su conciencia sin atentar nunca, por supuesto, a la libertad de nadie ni provocar daños a los demás ni a uno mismo.

Sin resentimientos, desde la libertad, las evidencias y la amistad, puede construirse la paz.

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Posdata:
Es tarea de los gobernantes concentrar sus miras al bien de los contemporáneos, pues ya existen y tienen derecho a vivir la vida con dignidad humana, sin que el bien de los presentes hipoteque el equilibrio ecológico del futuro.

Si una nación, gracias a sus políticos, va de bien en mejor, las relaciones entre sus ciudadanos actuales transcurrirán de una manera más suave y gratificante, e irán naciendo unos hijos, los cuales podrán alegrarse de que el país haya ido progresando, pues gracias a ello se habrán dado las condiciones precisas para los encuentros de los adultos que posibilitaron el existir de esos hijos. Sin embargo, si algunas naciones están menos bien gobernadas, las relaciones interpersonales de los adultos que ahora viven se desarrollarán de otra manera más dificultosa; de ahí otros encuentros, relaciones, etc. y nacerán otros seres, distintos de los que hubieran nacido de ir la nación mejor. Los que han nacido en estas otras circunstancias, podrán alegrarse igualmente de que las cosas hayan ido en sus países de modo menos pujante, pues si no, ellos precisamente no habrían sido engendrados. Claro es que estos nuevos ciudadanos deberán esforzarse para mejorar la situación cuando sean mayores.

Es evidente, pues, que en cualquier país los ciudadanos del mañana, sean quienes sean -si están contentos de existir-, se alegrarán siempre de lo que los respectivos gobernantes de hoy hayan hecho -mejor o peor- ya que, gracias a eso, ellos existen. Por lo tanto, el bien de los contemporáneos es el objetivo más importante de los gobernantes.

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«La escritura de la historia se ve obstaculizada a veces por presiones ideológicas, políticas o económicas; en consecuencia, la verdad se ofusca y la misma historia termina por encontrarse prisionera de los poderosos. El estudio científico genuino es nuestra mejor defensa contra las presiones de ese tipo y contra las distorsiones que pueden engendrar» (1999). S.S. JUAN PABLO II

 

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La historia es la Historia de la Libertad

 

 

 

Por Javier Paredes - Titular de Historia Contemporánea
Universidad de Alcalá

 

Por honradez intelectual he de manifestar que el título con el que he encabezado este artículo lo he tomado prestado; dichas palabras están entresacadas de un texto de Gonzalo Redondo, quien a su vez parafrasea a lord Acton, según él mismo indica en uno de sus últimos trabajos, sin duda uno de los libros más importantes en la historiografía de los últimos años. Y si he elegido estas palabras, no ha sido porque la frase sea brillante o rotunda -que evidentemente lo es-, si lo he hecho así es sobre todo por no haber encontrado hasta ahora una definición más concisa y precisa como ésta: la Historia es la historia de libertad.

Sin duda, la larga introducción -127 páginas de apretadas líneas- de este libro al que me referí en el párrafo anterior está escrita con agudeza y claridad notables. Resulta tan difícil parafrasear sus definiciones sin cambiar su mensaje, ya que en todas ellas además de no sobrar ni faltar ninguna palabra se usan de un modo muy preciso, que es preferible citar textualmente: La Historia -sostiene Redondo- es el estudio y correspondiente comprensión de la libertad del hombre, pues el objeto propio de la Historia es el estudio de los actos humanos, y no hay acto humano sin libertad. También corresponde a la Historia el análisis de la acción libre del hombre ante lo que se presenta como imperado, ya sean los actos que se derivan de naturaleza animal -los que suelen denominarse actos biológicos o actos del hombre- o de los que guardan relación con la influencia que sobre él ejercen los demás hombres o cosas que le rodean y con los que mantiene un obligado contacto y trato. (...) La Historia es la historia de libertad. Es la historia del progresivo conocimiento que el hombre tiene de lo que es su libertad; de la progresiva querencia de su libertad; de los esfuerzos humanos por la ampliación progresiva del marco en que el hombre pueda vivir su libertad .

Sostener que la Historia es la historia de la libertad equivale a adoptar una posición, califíquese a ésta como se quiera: doctrinal, ideológica, intelectual o filosófica. Y en principio, no parece que sea ilegítimo hacerlo. Salvo que se juzgue conveniente emprender el recorrido histórico de un modo errático, habrá que servirse de algunos puntos de referencia. Así pues, resulta que siempre hay que tomar postura, porque en el núcleo del objeto de la Historia se encuentra inevitablemente la libertad. Y para poder conceptuar la noción de libertad es imprescindible creer en ella, tomar postura aunque sea por una determinada especie de libertad, se apellide ésta como cada uno lo crea conveniente.

Claro que esto obliga a definir en qué libertad cree cada uno; o si se quiere, por estar indisolublemente unido, qué concepción del hombre se encuentra en las categorías mentales de cada historiador. Esto es, si el investigador concibe al hombre como individuo, como parte de un colectivo o como persona. Sin duda, de comprender al hombre de uno de estos tres modos se hará una Historia u otra. Pues bien, a definir todos estos conceptos dedicaremos las próximas páginas.

Junto con estos tres conceptos habrá que analizar también el ámbito sobre el que opera la libertad, que no es otro que esa herencia recibida que los hombres en uso del libre albedrío pueden rechazar frontalmente, transformarla o conservarla intacta. Semejante exigencia dirigirá nuestra atención hacia las nociones de tradición y tradicionalismo.

1.- Los presupuestos ideológicos de las sociedades contemporáneas.

Frente al corporativismos del Antiguo Régimen, a finales del siglo XVIII se formularon unas nuevas propuestas de organización social. En términos generales, se puede afirmar que tras el ensayo del individualismo decimonónico, se recurrió a la experiencia colectivista del siglo XX. En definitiva, si intentaron organizar dos modelos de sociedad, que partían de unas determinadas maneras de entender lo que era el hombre.

En nuestra cultura occidental sólo caben tres posibilidades o tres modos de autocomprenderse el hombre: o uno se sabe persona, o individuo o partícula de un colectivo. Por lo tanto, nos detendramos a analizar estas tres concepciones del hombre pero de un modo conjunto, porque la descripción de cada una ellas nos servirá mejor para entender las otras dos. La razón es bien sencilla, en buena medida las propuestas que cada una hace de como se debe entender al hombre son a la vez la negación de lo que proponen las otras.

Por lo demás, este es el debate crucial de nuestro mundo contemporáneo. Y en él las diferencias son tan importantes, como en algunos casos irreconciliables, desde un punto de vista teórico. Que esas diferencias deriven a veces en radicalismos que levanten -por desgracia- la bandera de la intolerancia y de la exclusión es cuestión tan lamentable como antigua, y en la que no es caso entrar en este momento. Baste decir, que las tres concepciones mencionadas, en las que cabe matizar todo lo que se quiera, invitan necesariamente a la elección. Y, naturalmente, las consecuencias que se derivan de adoptar una u otra concepción engendran mundos bien distintos y en ocasiones antagónicos.

Procedamos, pues, a definir cada una de estas tres concepciones, no sin antes hacer una advertencia sobre el estilo con el que se redactan las próximas páginas. Entraremos en los párrafos siguientes en las zonas próximas al pensamiento filosófico, donde el análisis discurrirá por derroteros puramente teóricos, radicales si se quiere en el sentido propio de este término porque tratan de buscar las raíces nutricias de los conceptos filosóficos. La Historia es más compleja, más humana, y por lo tanto distinta, por cuanto el hombre -su protagonista- no es un ente de razón. Ahora bien, no cabe duda que su comportamiento obedece a pautas teóricas, que no hay modo de expresarlas más que de una forma descarnada, teórica o radical, según se la quiera llamar.

2.- El individualismo

Como es sabido, la concepción del hombre como individuo se gesta a través de un largo proceso cultural, que culmina y triunfa políticamente en el siglo XIX, con la implantación del sistema liberal, o si se quiere en beneficio de una mayor precisión con el asentamiento de la ideología liberal-progresista, a la que igualmente se puede uno referir con la designación de la cultura de la Modernidad.

Pues bien, autocomprenderse como individuo exige la aceptación de los siguientes presupuestos:

a.- El hombre es un ser autónomo e independiente, y por lo tanto se puede dar a sí mismo sus propias leyes sin necesidad de consultar a instancias superiores, por la sencilla razón de que no se admite la existencia de esas instancias.

b.- El hombre-individuo no recibe de nadie su naturaleza, pues se hace en la constante realización de actos libres; o si se quiere, la naturaleza del individuo se identifica con la libertad, lo que equivale a afirmar que el hombre es libertad, no que tenga libertad. Matiz éste último, que los filósofos consideran definitivo y diferenciador.

c.-Si el hombre-individuo, en principio no es nada, puesto que su esencia es la libertad y su naturaleza consiste en ser pura posibilidad en el origen, en consecuencia se realizará en el tiempo al compás de la ejecución de sus propios actos. Y en total concordancia con lo anterior, no admitirá ninguna responsabilidad que le frene en la acción, puesto que cree realizarse en mayor grado, como hombre, en la medida que realice un mayor número de actos.

d.-Al mismo tiempo, el hombre-individuo actúa con la seguridad de que haga lo que haga nunca se equivoca -de otro modo, el temor al fracaso restringiría su activismo-, dado que parte del principio de que la Humanidad camina, indefectiblemente, hacia el progreso.

Entre historiadores, pocos como Gonzalo Redondo se han ocupado con tanta agudeza de esta cuestión. La cita literal de esta autor es obligada y casi inevitable, pues no es posible alterar una línea sin cambiar las nociones que se quieren expresar: En la autocomprensión del hombre como individuo se opera un cambio sencillamente capital. Pues el hombre llega a pensarse como puro ámbito de incomunicabilidad -precisamente uno de los elementos constitutivos de la persona-; pero nada más que como dicho ámbito incomunicable. Ni depende de nadie, ni tiene obligaciones respecto a nadie. A lo más, en el mejor de los casos, cabría admitir una dependencia inicial, creativa; pero en modo alguno una dependencia actual y constante. La negación -o la inoperatividad- de la relación originaria, el rechazo de un Creador implica de forma obligada el rechazo de la naturaleza inmutable y de la similitud de su naturaleza con la de los demás hombres.

En consecuencia, la libertad -vinculada a la naturaleza en el caso del hombre-persona, aunque distinta de tal naturaleza- viene de alguna forma a ocupar el lugar de esa naturaleza negada. Por más que no exactamente. Pues el hombre, cuando se entiende como individuo, elimina la libertad como medio de desarrollar su naturaleza -de ser cada vez más íntegramente persona- y pasa a considerarse como haz apretado de múltiples actos libres: actos libres, sin embargo, de obligada realización por cuanto justamente al realizarlos "se realiza", llega a ser real el hombre. Pues previamente no es nada. El hombre como individuo es un simple e inevitable fieri.

Como consecuencia derivada de los planteamientos anteriores, la sociedad compuesta de este tipo de hombres no puede ser otra que el caos -dicho sin ningún tono peyorativo-. Me refiero al caos de la sociedad en sentido propio, por cuanto el hombre-individuo rechaza de plano cualquier ordenación previa, tanto en el orden personal como social. En pura lógica, en la cultura de la Modernidad, por no admitirse ninguna norma superior o exterior que establezca una mínima homogeneidad, con valor universal entre sus componentes, por cuanto se concibe al individuo como un ser radicalmente autónomo, el conjunto no puede ser un sumando por tratarse de cantidades heterogéneas.

En esta línea de pensamiento, en la que queda excluida la norma superior y transcendente al hombre, no pueden acampar las verdades universales e inmutables , admitidas por todos los hombres sobre la base de poseer una misma naturaleza común, como sostiene el hombre-persona. Así las cosas, las verdades inmutables se sustituyen por una concepción dialéctica, en la que la verdad sólo lo es de un modo coyuntural, por reconocerla sólo categorías sociológicas.

En consecuencia, la teoría del conocimiento de este sistema desplazará a la verdad, para que ocupe su lugar la opinión. Según René Rémond, es justamente su teoría del conocimiento lo que permite calificar al liberalismo como una filosofía: El liberalismo cree en el descubrimiento progresivo de la verdad por la razón individual. La mente individual debe buscar la verdad y se desprenderá entonces poco a poco, por la confrontación de pareceres, una verdad común y variable. Una vez establecida esta verdad se la podrá desbancar por otra y el proceso se podrá repetir cuando veces se considere oportuno, puesto que se opera en el reino, no de la verdad, sino de la opinión.

Por su parte, -sostiene Redondo- la consecuencia última y no sorprendente de este planteamiento es el rechazo, por parte del hombre-individuo, de toda responsabilidad posible, por cuanto cualquier responsabilidad que se le pudiera imponer (incluso como consecuencia de uno de los actos libres a realizar obligadamente) implicaría una limitación en el momento siguiente de su actuar. En ese momento siguiente podría hacer todo, menos precisamente aquello a lo que ya hubiera quedado vinculado. Al irle la realización de su vida de la plenitud de un hacer siempre libre, no puede correr el riesgo de quedar ligado a nada. Cualquier ligazón, cualquier responsabilidad implicaría una disminución en su ser hombre.

3.- El colectivismo.

La realidad social y política mostró la imposibilidad de establecer cualquier tipo de organización social armónica, a base de yuxtaponer elementos incomunicables. Esto fue lo que forzó el cambio de rumbo de las sociedades liberales, en torno a la segunda mitad del siglo pasado. Por entonces, se dejó ver en toda su crudeza la contradicción intrínseca de la ideología liberal-progresista. La convivencia y el orden fueron imposibles entre individuos radicalmente libres. Comenzó, entonces, a admitirse como una posible solución al conflicto la afirmación de que el individuo era sólo la parte de un todo. Quedaba así planteada la conexión y, en definitiva, la vía abierta a la evolución del individualismo hacia el colectivismo.

Al igual que el hombre-individuo, el hombre-colectivo en origen no es nada, por lo que igualmente es preciso negar el concepto de creación divina. Ahora bien, así como anteriormente veíamos que el hombre-individuo se realizaba en la ejecución de una serie de actos libres, el hombre-colectivo encuentra esa misma realización en el conjunto de obligaciones que debe asumir o de necesidades que se le imponen para que llegue a ser.

En el caos del hombre-colectivo, -seguimos de nuevo a Redondo- la radicalización de sus presupuestos nos permite ver que las necesidades aludidas tienen dos notas que las configuran. Son primero, necesidades de un orden estrictamente natural. Eliminando en este planteamiento (y esta eliminación es obligación imperiosa) todo resto de sentido transcendente, cabrá entender tantas necesidades definitorias como puntos de vista desde los que sea considerado lo natural humano: necesidad que se deriva del puesto que el hombre ocupa en el proceso productivo de bienes materiales; o necesidad en razón de su vinculación a una raza; o bien -tercera posibilidad, aunque no última-, necesidad en cuanto manifestación de lo que la colectividad sienta de forma instintiva. En cualquier caso, todas estas necesidades proclamadas hacen patente su común raíz natural, materialista.

La segunda nota que afecta a esta necesidad imperada es que -sea cual sea- se presentará al hombre como la norma, pauta o ley a la que obligadamente ha de sujetarse si es que quiere algún día llegar a ser dentro del colectivo (y permitir así que este mismo colectivo sea). La norma transcendente que afectaba al hombre como persona, se ha transformado en norma inmanente; y, como tal, de más rígido e inexorable acatamiento. Tanto es así, que se le podrá compelir a que la cumpla, a que acate la necesidad proclamada. Y todo procedimiento será bueno para obligar al hombre-colectivo a esta aceptación. Incluso, si es preciso, la eliminación física en razón de su condición de partícula asocial que se opone al crecimiento armónico del gran todo colectivo.

Fue a partir del período de entreguerras cuando se aplicó en todo su rigor la interpretación colectivista. Dicha concepción, en sus distintas modalidades políticas, coincidieron en anular a la persona, por considerar sólo objeto de su interés lo colectivo: la clase, la nación, la raza, el partido y, en definitiva, el Estado. En beneficio de la unidad, la intolerancia agostó el pluralismo, por cuanto la verdad dejó de ser la meta a la que se debería tender objetiva e imparcialmente, para convertirse en una fórmula, dictada oficialmente desde el poder, y ante la que no cabía más actitud que la del acatamiento.

Se había llegado así a la culminación de un proceso cultural, que por entonces sólo entendía de soluciones absolutas y definitivas: el Reich nazi de los mil años, o el sempiterno y universal comunismo de Rusia. Sería excesivo y falso atribuir toda la responsabilidad a personajes individualizados como Hitler o Stalin; en algún sitio he escrito que ni el primero fue un loco que engañó a muchos cuerdos, ni el segundo un tirano sin cómplices. Europa, en su debilidad, les dejó hacer, afectada parte de ella como estaba de los mismos principios filosóficos, que en aquellos años se hicieron realidad política con la mayor crudeza y radicalismo imaginables.

4.- La concepción del hombre como persona.

Se suele calificar a la persona -utilizo una vez más párrafos de la comunicación de Gonzalo Redondo en el Congreso Internacional sobre Las individualidades en la Historia- mediante dos notas determinantes: la persona es un ámbito de incomunicabilidad -es ella y no otra-; y a la vez, por paradoja, obligadamente comunicable. Se es persona en la relación de donación, en la transcendencia, en el salir de sí.

Cuando el hombre se autoentiende como persona, se sabe en posesión de una naturaleza inmutable -el ámbito de incomunicabilidad que le hace precisamente hombre y no otra cosa- y a la vez dotado de una libertad -en unión íntima con la naturaleza indicada, pero distinta de ella- mediante la cual se relaciona con todo lo demás que existe en torno a él: Dios y el mundo.

Por cuanto no se da el hombre la naturaleza a sí mismo -no se puede dar el ser cuando aún no es-, el hombre como persona entiende que la naturaleza de que dispone es recibida. El hombre puede participar, colaborar, en la producción de la naturaleza del otro; pero no crear a se la naturaleza propia ni la ajena. La identidad esencial que tan fácilmente se capta entre las naturalezas de los distintos hombres permite deducir -y se ha de disculpar lo sintético del razonamiento- un Creador común para todas ellas -Dios- y una ordenación básica -común también- que afecta por igual a todos los hombres: ley, norma, pauta, etc.

En consecuencia, frente a la concepción individualista, la persona se sabe criatura y por lo tanto se considera un ser dependiente de Dios, su creador, a quien debe su existencia. Y a la vez que reconoce que su naturaleza es recibida, percibe esa identidad esencial en el resto de los demás hombres; o lo que es lo mismo, descubre la existencia de un Creador común para todos. La deducción es inmediata: existe, también, una ley común para todos. Por tanto, y frente a los planteamientos de la cultura de la Modernidad, que afirman que el hombre es libertad, la persona sostiene que "tiene" libertad, no que su esencia, que su naturaleza en definitiva sea la libertad.

Pues bien, autocomprenderse como persona equivale a asumir que se tiene una libertad posible, ni omnímoda ni radical, y que por lo tanto se pueden realizar actos propios, a los cuales queda ligada la persona y obligada en virtud de la responsabilidad. En este sentido, se afirma que la persona es agente de la Historia, por cuanto en la aceptación o modificación de la herencia recibida ella misma, en su actuar libre, se incorpora al curso de la Historia y se engancha a ella por medio de unas realizaciones, que siendo suyas, no se confunden con ella, es decir con su naturaleza como sucedía en ese fieri del hombre individuo.

Por otra parte, autocomprenderse como persona implica que tampoco el hombre se disuelve en el colectivo, al tener que acatar una norma impuesta desde la inmanencia y expresada en sus términos precisos por hombres bien concretos, que por lo demás suelen utilizar métodos más drásticos que el de la simple persuasión o el debate intelectual. La persona se guía por medio de su conciencia, es decir su capacidad de conocer y de poner en práctica lo común a todos los hombres desde su individualidad. En consecuencia, la concepción del hombre como persona implica que sus derechos fundamentales emanan de su naturaleza y son invariables, sin que haya necesidad de que autoridad política alguna se los conceda por cuanto ya los posee, cosa distinta es que que dicha autoridad se los reconozca y los proteja.
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1 Historia de la Iglesia en España 1931-1939. Tomo I. La Segunda República 1931-1936. Madrid 1993. Editorial Rialp
2 Redondo, G.; Historia de la Iglesia... Tomo I. Ob. cit., Pp. 15-16.
3 : Redondo, Gonzalo. La persona agente de la Historia en Las individualidades en la Historia.
Actas de las II Conversaciones Internacionales de Historia. Pamplona 1985.

 

 

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Otra falsedad sobre la Edad Media - ¿era la tierra plana? Otras curiosidades las encontraremos, por ejemplo al tratar sobre el mito de que en la Edad Media creían que la tierra era plana. Pues no, muy pocos eran los que afirmaban tal cosa: «Durante los primeros quince siglos de la era cristiana (solamente) cinco autores parecen haber negado la esfericidad de la Tierra, y unos cuantos más se mostraron ambiguos y poco interesados en el tema. Pero casi toda la opinión académica afirmaba la esfericidad de la Tierra, y en el siglo XV habían desaparecido todas las dudas al respecto».

´Guía políticamente incorrecta de la Ciencia´, por Tom Bethell - 2008

 

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Los hombres de la Iglesia son, desde siglos, custodios y favorecedores del ‘Patrimonio artístico como historia de la humanidad’.

 

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¡COMUNISMO: El Gobierno del régimen comunista de Rumania saqueó, quemó, robo y destruyo millares de ‘todo tipo de obras de arte del milenario patrimonio cultural del país’, incluyendo soberbias obras del arte religioso pertenecientes a la Iglesia ortodoxa rumana, patrimonio de la historia de la humanidad. También el déspota régimen nacional-socialista comunista, confiscó en 1948 ciertos cuadros para exponerlos en el Museo Nacional de Bucarest. Entre ellos se cuentan piezas excepcionales como «La Crucifixión», de Antonello da Messina; «San Jerónimo», de Lorenzzo Lotto; dos retratos de «Donadores», de Hans Memling; «El hombre del gorro azul», de Jan van Eyck, y «La matanza de los inocentes», de Brueghel «el Viejo».

 

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P-Quisiera pedirle consejo sobre algún libro que trate sobre los verdaderos aportes a la civilización árabe, de la India, de Persia y de Bizancio.

 

R-Bernard Lewis tiene un libro sobre el legado del islam que está bastante bien. Con todo, yo cada vez veo más claro que el islam tan sólo absorbió lo que ya existía ya fuera en España o en Persia. Dr. CÉSAR VIDAL. 05.IX.2006-L.D.ESP.

 

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P-No cree que se está fomentando en los medios una falsa idea acerca de la presencia islámica en España durante la Edad Media? ¿Por qué no se estudia en los colegios que los cristianos tenían que hacer sus iglesias en cuevas y que hubo varias insurreciones de cristianos?

 

R-Estoy totalmente de acuerdo con lo que dice y lo he abordado en libros míos como España frente al islam, España frente a los judíos o El médico de Sefarad. El problema es que si a la cerrilidad de la izquierda le suma usted la del islam el panorama es desolador. Dr. CÉSAR VIDAL. 05.IX.2006-L.D.ESP.

 

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 - "El Señor es el fin de la historia humana, punto de convergencia hacia el cual tienden los deseos de la historia y de la civilización, centro de la humanidad, gozo del corazón humano y plenitud total de sus aspiraciones... Vivificados y reunidos en su Espíritu, caminamos como peregrinos hacia la consumación de la historia humana, la cual coincide plenamente con su amoroso designio: Restaurar en Cristo todo lo que hay en el cielo y en la tierra. (/Ef/01/10). He aquí que dice el Señor: Vengo presto, y conmigo mi recompensa, para dar a cada uno según sus obras. Yo soy el alfa y la omega, el primero y el último, el principio y el fin (/Ap/22/12-13)". (_VAT-II.Gaudium et Spes, 45)

 

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Rudyard Kipling del poema «If»: «Si pones en ti mismo una fe que te niegan/ y no desprecias nunca las dudas que ellos tengan/ si te acosa el engaño y en ti no deja huella/ si eres blanco del odio y al odio no das paso/ y además no alardeas ni presumes de ser santo/ Si tropiezas al triunfo, si llega tu derrota/ y a los dos impostores tratas de igual forma/ si puedes escuchar la verdad que has hablado/ hecha trampa de pícaros para engañar incautos/ si arriesgas en un golpe y lleno de alegría tus ganancias de siempre a la suerte de un día/ y pierdes y te lanzas de nuevo a la pelea/ sin decir nada a nadie de lo que es y lo que era».

 

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La verdad no tiene nada de qué avergonzarse, sino sólo de que no se la saque a luz 2. Tetuliano

 

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La humanidad no puede liberarse de la violencia más que por medio de la no violencia. Mahatma Gandhi

 

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Nada perturba tanto la vida humana como la ignorancia del bien y el mal. Cicerón

 

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Toda persona tiene derecho a la libertad religiosa (...) de tal manera que, en materia religiosa, ni se obligue a nadie a obrar contra su conciencia, ni se le impida que actúe conforme a ella en privado y en público, solo o asociado con otros. Concilio Vaticano II

 

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«Donde está Dios... no falta nada» - 

Los maestros de vida interior suelen constatar que: «Donde hay fe y esperanza... hay amor. / Donde hay amor... hay paz. / Donde hay paz... está Dios... Y «donde está Dios...no falta nada».
   Tomás de Kempis (1340+1471), monje alemán, escribía:: «Dios anda con los sencillos. Dios se revela y se deja descubrir por quienes son humildes y da conocimiento y entendimiento a los pequeños. Es Dios quien alumbra a las almas puras y quien esconde su gracia a los curiosos y a los soberbios».
   El beato P. Palau decía: «Qué bien cuidado está... el que se fía de Dios».
   Es lo de Santa Teresa de Jesús, doctora de la Iglesia: «Nada te turbe.../ Nada te espante... / Todo se pasa... / Dios no se muda... / La paciencia / todo lo alcanza...; / Quien a Dios tiene... / nada le falta... / Sólo Dios basta».

 

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Si eres cristiano se tiene que ver tu fe.

 

"Obras todas del Señor, bendecid al Señor".-

“¡Señor, dueño nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra!” (Sal 8, 2).-

“En la grandeza y hermosura de las criaturas, proporcionalmente se puede contemplar a su Hacedor original… Y si se admiraron del poder y de la fuerza, debieron deducir de aquí cuánto más poderoso es su plasmador...; si fueron seducidos por su hermosura, ... debieron conocer cuánto mejor es el Señor de ellos, pues es el autor de la belleza quien hizo todas estas cosas”.

 

  

 

gracias por venir a visitarnos

CÓMO LA IGLESIA CONSTRUYÓ LA CIVILIZACIÓN OCCIDENTAL’

Ninguna institución ha hecho más para dar forma a la civilización occidental que la Iglesia Católica, y en modos que muchos de nosotros hemos olvidado o nunca sabido. Como la Iglesia construyó la civilización occidentales una lectura esencial para redescubrir esta relegada verdad. De un modo senillo y muy atractivo. 2007.

Autor: Thomas E. WOODS Jr. -

Editorial: CIUDADELA.  

Recomendamos: ‘Desafíos cristianos de nuestro tiempo’, editado por Rialp. El autor, sacerdote, repasa algunos de los problemas más habituales a los que se enfrentan los cristianos hoy. Toca, por ejemplo, la cuestión del evolucionismo y el creacionismo para explicar de qué manera son complementarios, apoyándose en el magisterio de los distintos Papas. Otro tema de actualidad que no soslaya es la presencia del mal en el mundo. Y tampoco evita el cómo enfrentarse al dolor y a la muerte.  En opinión del autor, «la crisis del amor constituye el mar de fondo de las tormentas que agitan las aguas del Primer Mundo», y corresponde a los cristianos retomar el mandamiento nuevo del Señor. El laicismo intransigente en que vivimos anima a tomar ejemplo de los mártires y a hacernos presentes en la vida pública. 2007 

Grüss Gott. Salve, oh Dios.

 

Que María, Madre de Dios y Madre nuestra, estrella de la esperanza, nos lleva siempre a Jesús.  Grüß Gott  †   

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).