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“La difamación también consiste en la difusión de informaciones inexactas o en la publicación de hechos históricos falsos o fantasiosos que afectan a la Iglesia de manera no veraz, tendenciosa o con datos erróneos”.

Siempre la calumnia lleva al enfrentamiento odioso entre hermanos, como triunfo del demonio.

 

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   Los herreros no dan abasto en la fragua de la calumnia, pero no hay peligro de que se pare el fuelle. Lo dijo Karol Wojtyla cuando aún no era Juan Pablo II, pero entonces ya lo sabía: la antipalabra tiene un programa, que es el de nuestro tiempo. Avanza hacia las tinieblas y lo oscurece todo a su paso: la dignidad del hombre, la naturaleza del matrimonio, el bien de la familia, la libertad en la educación... Pero cuando la noche es más cerrada y parece dominarlo todo, sucede algo que atraganta la risa sardónica del demonio.
   La Iglesia también lo sabe, pero es respetuosa con los plazos. Sábado Santo, tiempo de espera al lado de la Virgen. Aún no es el tercer día; hay que tener paciencia. Mirad a los guardias junto a la tumba. Mañana tendrán que inventar una historia porque la muerte ha sido vencida.
   La vía dolorosa que conduce al Calvario es el camino de la historia. Una mujer lo recorre. Cada día le dan muerte y cada día se la encuentran de nuevo. Sufre persecución y le tienden trampas. No saben qué hacer con ella: es la Iglesia. 2005.03 - David AMADO – Esp.

 

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No debemos convertirnos en jueces de nuestros hermanos a través de la murmuración y las habladurías. Lo dijo el Papa Francisco en la misa de este viernes. ??"Aquellos que viven juzgando el prójimo, hablando mal del prójimo, son hipócritas, porque no tienen la fuerza, el coraje de mirar los propios defectos. Sobre esto el Señor no dice tantas palabras. Luego dirá, más adelante, que aquel que en su corazón guarda un poco de odio contra el hermano es un homicida... También el Apóstol Juan, en su primera Carta, lo dice, claramente: aquel que odia a su hermano, camina en las tinieblas; quien juzga al hermano, camina en las tinieblas". "Un cristiano homicida ... No lo digo yo, ¿eh?, lo dice el Señor.

 

Publicado el 13/09/2013

 

 

 

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CALUMNIA - Nos hemos habituado a convivir con su presencia cenagosa, a respirar su aliento fétido, y ni siquiera nos damos cuenta de cómo nos va infectando por dentro, cómo nos pudre el alma y nos encharca los sentimientos. La calumnia campea sobre nuestras vidas, su mancha invasora se infiltra en nuestra sangre y se funde con nuestras células, hasta convertirse en sustancia de nosotros mismos. Hemos consagrado la presunción de inocencia como principio elemental de nuestras modernas democracias, pero cada día pisoteamos ese principio y nos limpiamos el barro de los zapatos en él, como si se tratase de un felpudo. La malicia popular, azuzada por los medios de comunicación, ha consagrado la calumnia como herramienta impune y risueña. Así se despachan honras, se allanan virtudes, se airean intimidades y se destruyen prestigios. Vivirnos instalados en un clima de degradación moral irrespirable, y la calumnia, ese monstruo anaerobio, parásita nuestra convivencia. 2005-07-


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Confiemos en que el sentido común no deje de asistirnos a la hora de distinguir el blanco del negro y que la civilización se imponga, con las solas armas de la razón, a la barbarie. Porque la verdad, como el agua, sale siempre a flote; de arriba hacia abajo, de abajo hacia arriba ‘siempre triunfante’. Aunque le fastidie a muchos la verdad. Porque no resuelven sus dificultades o necedades, en ellos no confiemos.

 

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En cuanto a la Iglesia, cualquier consideración debe tener en cuenta dos hechos sustanciales:

a) su larga duración a través de dos milenios en que ha padecido y superado profundas crisis internas y largas persecuciones de sus enemigos; los cuales una y otra vez han pasado y desaparecido, para resurgir otros nuevos;

b) su inspiración y contribución a la civilización occidental en su arte, pensamiento, ciencia, etc. Esto en gran parte, gracias al monaquismo cristianismo que también colaboró destacadamente en la transmisión de Aristóteles, las artes y diversas ciencias.


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Con la cuestión de que en latín no hay tildes. No, no las hay, pero, al trasladar alguna frase latina, le podemos poner las tildes correspondientes a las reglas del español. Por ejemplo, renta per cápita. Es un uso muy frecuente en la lengua culta. Por lo mismo, el referéndum exige la tilde.

 

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Poner las referencias exactas en los textos es obligado en escritos científicos, pero no lo es en artículos de divulgación, de prensa, de revistas generales. Pueden comprobar lo dicho en muchos diarios y revistas. Y ése es el caso de tantos artículos presentes en “conocereisdeverdad.org”.

 

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No podemos entender bien lo que está pasando hoy si no sabemos lo que pasó ayer. La ignorancia del pasado tiene consecuencias enormes en la vida -social, económica, política, religiosa, personal, familiar-, del presente. Muchos errores se cometen por ignorancia de la historia y esa ignorancia sirve de arma tanto defensiva como ofensiva a quienes no están interesados en el conocimiento de la verdad sino más bien en la confusión entre verdad y error, entre el bien y el mal.

 

Impera, como advierte con lucidez antigua y nueva el actual Papa Benedicto, la dictadura del relativismo, lo cual, deriva con frecuencia, por pura lógica, hacia el odio a la verdad de los hechos. Todos sabemos que los hechos son «tozudos». Por eso al relativista vehemente, al que interesa que la realidad no sea lo que es, se empeñe también en que los hechos sean de otra manera. Y si el sujeto es de natural agresivo, entonces agredirá a los hechos, los distorsionará, o, si puede, los aniquilará de la memoria histórica.

 

Por eso la Iglesia, que a pesar de los pesares - flaquezas, errores y pecados de los hombres y de las mujeres que estamos en la tierra, dentro de la Iglesia - es fiel a la misión ineludible de conducir a los fieles a la Verdad que salva, de hecho, casi podríamos decir necesariamente, es objeto de ataques continuos.

 

Si impera el relativismo, si no se tolera la verdad objetiva, es preciso acabar con la Iglesia, como han intentado -inútilmente por cierto- tantos, desde hace veinte siglos.

 

Como los medios a disposición de esas corrientes opuestas a la verdad objetiva son muchos y poderosos y la verdad sólo puede y debe imponerse por la fuerza de la misma verdad, sin violencias de ningún género, es preciso conocerla bien.

 

Nos va en ello tanto la propia paz interior como la capacidad de razonar con los demás, para ayudarles a conocer y reconocer sin miedo la verdad de los hechos, cosa que siempre es mejor que la ignorancia y el error. También harían bien en interesarse en "lo que puede haber de verdad" en la interpretación que hace la Iglesia de los acontecimientos: lo que dice y entiende de sí misma, de sus cosas, de su historia. Es lo que suelen hacer las personas inteligentes cuando desean hacer uso de su razón para comprender a sus semejantes, sin lo cual poco se comprenderían a sí mismos. No somos ostras. Todo tiene que ver con todo. 2005

 

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Contra la calumnia y la difamación (pública o secreta) vale recordar como  escribe San Basilio, gran  Padre de la Iglesia de Oriente, en su obra El bautismo, "ni siquiera el placer de un instante que contamina el pensamiento debe turbar a quien se ha configurado con Cristo en una muerte semejante a la suya" (Opere ascetiche, Turín 1980, p. 548). Los cristianos debemos rechazar el mal con rigor y firmeza.


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Dice Kempis: “Cuantas veces desea el hombre alguna cosa desordenadamente, pierde la tranquilidad” (Imitación de Cristo, VI).

 

El que es esclavo de apegos o afectos desordenados, dice el P. Ignacio Bojorge, S.J.:

no siente lo que debe sentir, no piensa lo que debería ni cómo debería pensar, no juzga rectamente, no hace lo que debe hacer, no va a donde debe ir ni está donde debe estar. Es evidente que en esta situación no puede ni debe tomar decisiones ni entrar en elecciones, porque en ese ofuscamiento del juicio y la razón proliferan incontroladamente los actos injustos.

 

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Misa del Papa en Santa Marta

La calumnia destruye

 

La calumnia  destruye la obra de Dios, porque nace del odio. Es hija del «padre de la mentira» y quiere aniquilar al hombre, alejándolo de Dios. La calumnia es una brisa, cantaba Basilio en el «Barbero de Sevilla», para el Papa Francisco la calumnia es un fuerte viento. Lo dijo el lunes 15 de abril 2013 por la mañana durante la habitual misa celebrada en la capilla de la  Domus Sanctae Marthae.  Entre los presentes, empleados y responsables de los Servicios de teléfonos y Servicio internet de la Gobernación del Estado de la Ciudad del Vaticano, con el padre Fernando Vérgez Alzaga, director de la Dirección de telecomunicaciones de la Gobernación, que concelebró con el Papa, y algunos familiares del cardenal argentino Eduardo Francisco Pironio, fallecido en 1998.

 

La calumnia es tan antigua como el mundo y de ella ya se encuentra referencia en el Antiguo Testamento. Basta pensar en el episodio de la reina Jezabel con la viña de Nabot, o el de Susana con los dos jueces. Cuando no se podía obtener algo «por un camino justo, un camino santo», se utilizaba la calumnia, que destruye. «Esto nos hace pensar —comentó el  Papa— que todos nosotros somos pecadores: todos. Hemos pecado. Pero la calumnia es otra cosa». Es un pecado, pero es algo más, porque «quiere destruir al obra de Dios y nace de algo muy malo: nace del odio. Y quien origina el odio es Satanás». Mentira y calumnia van a la par, porque una tiene necesidad de la otra para seguir adelante. Y no cabe duda, agregó el Pontífice, que «donde está la calumnia está Satanás, precisamente él». El Papa Francisco se inspiró luego en el Salmo 118 de la liturgia del día, para explicar el estado de ánimo del justo calumniado: «Aunque los nobles se sienten a murmurar de mí, tu siervo medita tus decretos; tus preceptos son mi delicia». El justo, en este caso es Esteban, el protomártir, a quien hacía referencia la primera lectura tomada de los Hechos de los Apóstoles.  Esteban «mira al Señor y obedece la ley». Él es el primero de una larga serie de testigos de Cristo que han colmado la historia de la Iglesia. No sólo en el pasado, sino también en nuestros días hay muchos mártires. «Aquí en Roma —agregó el Santo Padre— tenemos numerosos testimonios de mártires, comenzando por Pedro. Pero el tiempo de los mártires no se ha acabado: también hoy podemos decir, en verdad, que la Iglesia tiene más mártires que en los primeros siglos».

 

La Iglesia, en efecto, «cuenta con muchos hombres y mujeres que son calumniados, perseguidos, asesinados por odio a Jesús, por odio a la fe». Algunos son asesinados porque «enseñan el catecismo», otros porque «llevan la cruz». La calumnia tiene lugar en muchos países, donde los cristianos son perseguidos. «Son hermanos y hermanas nuestros —subrayó— que hoy sufren, en este tiempo de  mártires. Debemos pensar en esto».

 

El Pontífice destacó también que nuestra época se caracteriza por tener «más mártires que en la época de los primeros siglos. Perseguidos por el odio: es precisamente el demonio quien siembra el odio en aquellos que realizan las persecuciones».

 

Hablando aún de Esteban, el Papa recordó que era uno de los diáconos ordenados por los apóstoles. «Se muestra lleno de gracia y de poder —agregó— y hacía grandes prodigios, grandes signos entre el pueblo, y llevaba adelante el Evangelio. Algunos, entonces, empezaron a discutir con él sobre Jesús: si Jesús era el Mesías o no». Esa discusión llegó  a ser violenta y quienes «discutían con él no lograban resistir a su poder, a su sabiduría, a su ciencia». ¿Y qué han hecho?, se preguntó el Papa. En lugar de pedirle explicaciones, pasaron a la calumnia para destruirlo. «Como no resultaba la lucha limpia —dijo—,  la lucha entre hombre buenos, pasaron al camino de la lucha sucia: la calumnia». Encontraron testigos falsos, que dijeron: «Este individuo no para de hablar contra el lugar santo y la ley de Moisés, contra esto, contra aquello». Lo mismo habían hecho con Jesús.

 

En nuestra época caracterizada por «tantas turbulencias espirituales» el Papa invitó a reflexionar sobre un icono medieval de la Virgen.  La Virgen que «cubre con su manto al pueblo de Dios». También la primera antífona latina de la Virgen María es Sub tuum presidium. «Nosotros pedimos a la Virgen que nos proteja —afirmó—, y en tiempos de turbulencia espiritual el sitio más seguro se encuentra bajo el manto de la Virgen».  Es, en efecto, la madre que cuida a la Iglesia. Y en este tiempo de mártires, ella es, en cierto sentido, la protagonista de la protección: es la mamá».

 

El Papa invitó a tener confianza en María, a dirigirle la plegaria, que inicia con «Bajo tu amparo», y a recordar el icono antiguo donde «con su manto cubre a su pueblo: es la mamá». Es la cosa más útil en este tiempo de «odio, de persecución, de turbulencia espiritual», porque —concluyó— «el sitio más seguro se encuentra bajo el manto de la Virgen».

 

16 de abril de 2013

 

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La calumnia

 

Había una vez un hombre que calumnió grandemente a un amigo suyo, todo por la envidia que le tuvo al ver el éxito que este había alcanzado. Tiempo después se arrepintió de la ruina que trajo con sus calumnias a ese amigo, y visitó a un hombre muy sabio a quien le dijo: "Quiero arreglar todo el mal que hice a mi amigo. ¿Cómo puedo hacerlo?", a lo que el hombre respondió: "Toma un saco lleno de plumas ligeras y pequeñas y suelta una donde vayas".

 

El hombre muy contento por aquello tan fácil tomó el saco lleno de plumas y al cabo de un día las había soltado todas. Volvió donde el sabio y le dijo: "Ya he terminado", a lo que el sabio contestó: "Esa es la parte más fácil. Ahora debes volver a llenar el saco con las mismas plumas que soltaste. Sal a la calle y búscalas". El hombre se sintió muy triste, pues sabía lo que eso significaba y no pudo juntar casi ninguna.

 

Al volver, el hombre sabio le dijo: "Así como no pudiste juntar de nuevo las plumas que volaron con el viento, así mismo el mal que hiciste voló de boca en boca y el daño ya está hecho. Lo único que puedes hacer es pedirle perdón a tu amigo, pues no hay forma de revertir lo que hiciste".

 

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Grave falta se comete al mentir para dañar el buen nombre del prójimo o manifestar sin causa justa sus pecados y defectos, aunque sean verdad.

 

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Dice el Antiguo Testamento que el profeta que se equivoca en una profecía es reo de muerte. Si se aplicara al pie de la letra, pronto nos quedábamos sin astrólogos...

Buen enseñamiento para indicarnos que, antes de usar con insensatez la lengua, pensemos durante toda una vida.

 

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LAS TRES BARDAS

 

 

Se cuenta que un discipulo llego muy agitado a la casa de Socrates y empezo a hablar de esta manera:

* Maestro, quiero contarte como un amigo tuyo estuvo hablando de ti con malevolencia...
Socrates lo interrumpio diciendo:

- !Espera! Ya hiciste pasar a traves de las Tres Bardas lo que me vas a decir?
- ¿Las Tres Bardas?
- Si- replico Sócrates- La primera es la VERDAD Ya examinaste cuidadosamente si lo que me quieres decir es verdadero en todos sus puntos?
- No....lo oí decir a unos vecinos...

- Pero al menos lo habrás hecho pasar por la segunda Barda que es la BONDAD
Lo que me quieres decir es por lo menos bueno?
- No, en realidad no; al contrario...

- !Ah!- interrumpió Sócrates- Entonces vamos a la ultima barda
¿ Es necesario que me cuentes eso?
- Para ser sincero, no; necesario no es.

- Entonces -sonrió el sabio- Si no es verdadero, ni bueno, ni necesario
..... Sepultemoslo en el Olvido !!!

 

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También Jenofonte y Platón se hicieron anti-demócratas tras ver cómo el voto popular condenaba a Sócrates a muerte.

 

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Las ofensas a la verdad

 

2475 Los discípulos de Cristo se han ‘revestido del Hombre Nuevo, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad’ (Ef 4, 24). ‘Desechando la mentira’ (Ef 4, 25), deben ‘rechazar toda malicia y todo engaño, hipocresías, envidias y toda clase de maledicencias’ (1 Pe 2, 1).

2476 Falso testimonio y perjurio. Una afirmación contraria a la verdad posee una gravedad particular cuando se hace públicamente. Ante un tribunal viene a ser un falso testimonio (cf Pr 19, 9). Cuando es pronunciada bajo juramento se trata de perjurio. Estas maneras de obrar contribuyen a condenar a un inocente, a disculpar a un culpable o a aumentar la sanción en que ha incurrido el acusado (cf Pr 18, 5); comprometen gravemente el ejercicio de la justicia y la equidad de la sentencia pronunciada por los jueces.

2477 El respeto de la reputación de las personas prohíbe toda actitud y toda palabra susceptibles de causarles un daño injusto (cf CIC can. 220). Se hace culpable:

– de juicio temerario el que, incluso tácitamente, admite como verdadero, sin tener para ello fundamento suficiente, un defecto moral en el prójimo;

– de maledicencia el que, sin razón objetivamente válida, manifiesta los defectos y las faltas de otros a personas que los ignoran;

de calumnia el que, mediante palabras contrarias a la verdad, daña la reputación de otros y da ocasión a juicios falsos respecto a ellos.

2478 Para evitar el juicio temerario, cada uno debe interpretar, en cuanto sea posible, en un sentido favorable los pensamientos, palabras y acciones de su prójimo:

Todo buen cristiano ha de ser más pronto a salvar la proposición del prójimo, que a condenarla; y si no la puede salvar, inquirirá cómo la entiende, y si mal la entiende, corríjale con amor; y si no basta, busque todos los medios convenientes para que, bien entendiéndola, se salve (S. Ignacio de Loyola, ex. spir. 22).

2479 La maledicencia y la calumnia destruyen la reputación y el honor del prójimo. Ahora bien, el honor es el testimonio social dado a la dignidad humana y cada uno posee un derecho natural al honor de su nombre, a su reputación y a su respeto. Así, la maledicencia y la calumnia lesionan las virtudes de la justicia y de la caridad.

2480 Debe proscribirse toda palabra o actitud que, por halago, adulación o complacencia, alienta y confirma a otro en la malicia de sus actos y en la perversidad de su conducta. La adulación es una falta grave si se hace cómplice de vicios o pecados graves. El deseo de prestar un servicio o la amistad no justifica una doblez del lenguaje. La adulación es un pecado venial cuando sólo desea hacerse grato, evitar un mal, remediar una necesidad u obtener ventajas legítimas.

2481 “La vanagloria o jactancia constituye una falta contra la verdad. Lo mismo sucede con la ironía que trata de ridiculizar a uno caricaturizando de manera malévola tal o cual aspecto de su comportamiento.

2482 ‘La mentira consiste en decir falsedad con intención de engañar’ (S. Agustín, mend. 4, 5). El Señor denuncia en la mentira una obra diabólica: ‘Vuestro padre es el diablo... porque no hay verdad en él; cuando dice la mentira, dice lo que le sale de dentro, porque es mentiroso y padre de la mentira’ (Jn 8, 44).

2483 La mentira es la ofensa más directa contra la verdad. Mentir es hablar u obrar contra la verdad para inducir a error al que tiene el derecho de conocerla. Lesionando la relación del hombre con la verdad y con el prójimo, la mentira ofende el vínculo fundamental del hombre y de su palabra con el Señor.

2484 La gravedad de la mentira se mide según la naturaleza de la verdad que deforma, según las circunstancias, las intenciones del que la comete, y los daños padecidos por los que resultan perjudicados. Si la mentira en sí sólo constituye un pecado venial, sin embargo llega a ser mortal cuando lesiona gravemente las virtudes de la justicia y la caridad.

2485. La mentira es condenable por su misma naturaleza. Es una profanación de la palabra cuyo objeto es comunicar a otros la verdad conocida. La intención deliberada de inducir al prójimo a error mediante palabras contrarias a la verdad constituye una falta contra la justicia y la caridad. La culpabilidad es mayor cuando la intención de engañar corre el riesgo de tener consecuencias funestas para los que son desviados de la verdad.

2486 La mentira, por ser una violación de la virtud de la veracidad, es una verdadera violencia hecha a los demás. Atenta contra ellos en su capacidad de conocer, que es la condición de todo juicio y de toda decisión. Contiene en germen la división de los espíritus y todos los males que ésta suscita. La mentira es funesta para toda sociedad: socava la confianza entre los hombres y rompe el tejido de las relaciones sociales.

2487 Toda falta cometida contra la justicia y la verdad entraña el deber de reparación, aunque su autor haya sido perdonado. Cuando es imposible reparar un daño públicamente, es preciso hacerlo en secreto; si el que ha sufrido un perjuicio no puede ser indemnizado directamente, es preciso darle satisfacción moralmente, en nombre de la caridad. Este deber de reparación se refiere también a las faltas cometidas contra la reputación del prójimo. Esta reparación, moral y a veces material, debe apreciarse según la medida del daño causado. Obliga en conciencia

 

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La Iglesia y la crítica

 

Manuel Antonio Altamira S.J.

 

El laicismo radical y agresivo estaría dispuesto a tolerar a la Iglesia, siempre y cuando ella no se salga de la sacristía en defensa de sus principios sociales y morales. Se pretende así imponerle un bozal a los voceros de la verdad, bloqueando su definición de caminos en busca del bien auténtico.

Los mercenarios de la palabra, al verse interpelados por la moral cristiana, insinúan que no todo huele a incienso dentro de la Iglesia y cuestionan su competencia para terciar en asuntos diversos, achacándole a los ‘‘curas’’ vivir aún aferrados al pleistoceno que los ancla en el pasado.
Su estilo de dar estocadas a la gran fuerza moral de la Iglesia, es esparcir a los cuatro vientos los pecados reales de algunos consagrados, -como si por eso fueran impecables- callando alevosamente la fragilidad humana de los propios denunciantes, menos interesados en sanear el ambiente que en aumentar sus haberes. Denuncian la incongruencia de enfrentar el aborto en defensa de la vida sin trabajar con más ahínco para que muchos puedan vivir esa misma vida con mayor equidad y justicia social, como si únicamente en sus manos se resolviera el problema.
Deberían investigar y preguntarse qué otra cosa están haciendo los miles de religiosos esparcidos por el mundo, con misiones erizadas de peligros defendiendo a los abusados. Hay en el seno de la Iglesia infinidad de Teresas de Calcuta -por canonizar aún- entregando su existencia a los pobres más pobres, con humildad y dulzura, y hay héroes silenciosos dedicados en cuerpo y alma a los marcados por el flagelo de las drogas, del SIDA o del alcohol, otros luchando en favor de los marginados sin techo y sin trabajo, acudiendo a los discapacitados, preocupados por la rehabilitación de los presos, fomentando la acogida a los refugiados, atentos al cuidado de los enfermos marginales y promocionando socialmente la seguridad de las mujeres maltratadas, que no es cosas exclusivas de remotos tiempos. La Iglesia enciende la lumbre de su hogar así a los abandonados que comienzan la vida, como a los abatidos por ella a punto ya de abandonarla.

La caridad impresionante del Cristianismo -de la que sus detractores no suelen hablar-, abre sus brazos donde el amor auténtico la reclama.

Pero más que por las críticas encendidas por sus adversarios, la Iglesia ve comprometido su futuro por la epidemia de agnosticismo que amenaza su fuerza interior. El es su principal enemigo cuando los que tienen el cinismo de llamarse cristianos, viven una fe impregnada de secularismo y permisividad, distorsionados por falsos valores y refugiados en hipócritas simulaciones que nada tienen que ver con la transparencia evangélica.
Quienes acusan a la Iglesia de no acomodarse a los falsos progresos, no entienden que ser católico consiste precisamente en oponerse a la mentalidad dominante, en conquistar un ámbito de fortaleza y libertad interior que impulsado por la fe, permita nadar a contracorriente para ganar la orilla. 2005-03-09

 

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El "ethos" del Evangelio y la "praxis" humana

 

1. Durante nuestros numerosos encuentros de los miércoles hemos hecho un análisis detallado de las palabras del sermón de la montaña en las que Cristo hace referencia al "corazón" humano. Como ya sabemos, sus palabras son exigentes. Cristo dice: "Habéis oído que fue dicho: No adulterarás. Pero yo os digo que todo el que mira a una mujer deseándola, ya adulteró con ella en su corazón" (Mt 5, 27-28). Esta llamada al corazón pone en claro la dimensión de la interioridad humana, la dimensión del hombre interior, propia de la ética y más aún, de la teología del cuerpo. El deseo, que surge en el ámbito de la concupiscencia de la carne, es al mismo tiempo una realidad interior y teológica, que, en cierto modo, experimenta todo hombre "histórico". Y precisamente este hombre —aún cuando no conozca las palabras de Cristo— debe plantearse continuamente la pregunta acerca del propio "corazón". Las palabras de Cristo hacen particularmente explícita esta pregunta: ¿Se acusa al corazón o se le llama al bien? Y ahora intentamos considerar esta pregunta, al final de nuestras reflexiones y análisis, unidos con la frase tan concisa y a la vez categórica del Evangelio, tan cargada de contenido teológico, antropológico y ético.

Al mismo tiempo se presenta una segunda pregunta, más "práctica": ¿cómo "puede" y "debe" actuar el hombre que acoge las palabras de Cristo en el sermón de la montaña, el hombre que acepta el ethos del Evangelio y, en particular, lo acepta en este campo?

2. Este hombre encuentra en las consideraciones hechas hasta ahora la respuesta, al menos indirecta, a las dos preguntas: ¿cómo "puede" actuar, eso es, con qué puede contar en su "intimidad", en la fuente de sus actos "interiores" o "exteriores"? Y además: ¿cómo "debería" actuar, es decir, de qué modo los valores conocidos según la "escala" revelada en el sermón de la montaña constituyen un deber de su voluntad y de su "corazón", de sus deseos y de sus opciones? ¿De qué modo le "obligan" en la acción, en el comportamiento, si, acogidas mediante el conocimiento, le "comprometen" ya en el pensar y de alguna manera, en el "sentir"? Estas preguntas son significativas para la "praxis" humana, e indican un vínculo orgánico de la "praxis" misma con el ethos. La moral viva es siempre ethos de la praxis humana.

3. Se puede responder de diverso modo a dichas preguntas. Efectivamente, tanto en el pasado, como hoy se dan diversas respuestas. Esto lo confirma una literatura amplia. Más allá de las respuestas que en ella encontramos, es necesario tener en consideración el número infinito de respuestas que el hombre concreto da a estas preguntas por sí mismo, las que, en la vida de cada uno, da repetidamente su conciencia, su conocimiento y sensibilidad moral. Precisamente en este ámbito se realiza continuamente una compenetración del "ethos" y de la "praxis". Aquí viven la propia vida (no exclusivamente "teórica") cada uno de los principios, es decir, las normas de la moral con sus motivaciones elaboradas y divulgadas por moralistas, pero también las que elaboran —ciertamente no sin una conexión con el trabajo de los moralistas y de los científicos— cada uno de los hombres, como autores y sujetos directos de la moral real, como co-autores de su historia, de los cuales depende también el nivel de la moral misma, su progreso o su decadencia. En todo esto se confirma de nuevo en todas partes y siempre, ese "hombre histórico", al que habló una vez Cristo, anunciando la Buena Nueva evangélica con el sermón de la montaña, donde entre otras cosas dijo la frase que leemos en Mt 5, 27-28: "Habéis oído que fue dicho: No adulterarás. Pero yo os digo que todo el que mira a una mujer deseándola, ya adulteró con ella en su corazón".


4. El enunciado de Mateo se presenta estupendamente conciso con relación a todo lo que sobre este tema se ha escrito en la literatura mundial. Y quizá precisamente en esto consiste su fuerza en la historia del ethos. Es preciso, al mismo tiempo, darse cuenta del hecho de que la historia del ethos discurre por un cauce multiforme, en el que cada una de las corrientes se acerca o se aleja mutuamente. El hombre "histórico" valora siempre, a su modo, el propio "corazón", lo mismo que juzga también el propio "cuerpo": y así pasa del polo del pesimismo al polo del optimismo, de la severidad puritana al permisivismo contemporáneo. Es necesario darse cuenta de ellos, para que el ethos del sermón de la montaña pueda tener siempre una debida transparencia en relación a las acciones y a los comportamientos del hombre. Con este fin es necesario hacer todavía algunos análisis.

5. Nuestras reflexiones sobre el significado de las Palabras de Cristo según Mateo 5, 27-28 no quedarían completas si no nos detuviéramos —al menos brevemente— sobre lo que se puede llamar el eco de estas palabras en la historia del pensamiento humano y de la valoración del ethos. El eco es siempre una transformación de la voz y de las palabras que la voz expresa. Sabemos por experiencia que esta transformación a veces está llena de misteriosa fascinación. En el caso en cuestión, ha ocurrido más bien lo contrario. Efectivamente, a las Palabras de Cristo se les ha quitado más bien su sencillez y profundidad y se les ha conferido un significado lejano del que en ellas se expresa; a fin de cuentas, un significado incluso que contrasta con ellas. Pensamos ahora en todo lo que apareció, al margen del cristianismo, bajo el nombre de maniqueísmo [1]1, y que ha intentado también entrar en el terreno del cristianismo por lo que respecta precisamente a la teología y el ethos del cuerpo. Es sabido que, en su forma originaria, el maniqueísmo, surgido en Oriente fuera del ambiente bíblico y originado por el dualismo mazdeísta, individuaba la fuente del mal en la materia, en el cuerpo, y proclamaba, por lo tanto, la condena de todo lo que en el hombre es corpóreo. Y puesto que en el hombre la corporeidad se manifiesta sobre todo a través del sexo, entonces se extendía la condena al matrimonio y a la convivencia conyugal, además de a las esferas del ser y del actuar, en las que se expresa la corporeidad.

6. A un oído no habituado, la evidente severidad de ese sistema podía parecerle en sintonía con las severas palabras de Mateo 5, 29-30, en las que Cristo habla de "sacar el ojo" o de "cortar la mano", si estos miembros fuesen la causa del escándalo. A través de la interpretación puramente "material" de estas locuciones, era posible también obtener una óptica maniquea del enunciado de Cristo, en el que se habla del hombre que ha "cometido adulterio en el corazón..., mirando a una mujer para desearla". También en este caso, la interpretación maniquea tiende a la condena del cuerpo, como fuente real del mal, dado que en él, según el maniqueísmo, se oculta y al mismo tiempo se manifiesta el principio "ontológico" del mal. Se trataba, pues, de entrever y a veces se percibía esta condena en el Evangelio, encontrándola donde, en cambio, se ha expresado exclusivamente una exigencia particular dirigida al espíritu humano.

Nótese que la condena podía —y puede ser siempre— una escapatoria para sustraerse a las exigencias propuestas en el Evangelio por Aquel que "conocía lo que en el hombre había" (Jn 2, 25). No faltan pruebas de ello en la historia. Hemos tenido ya la ocasión en parte (y ciertamente la tendremos todavía) de demostrar en qué medida esta exigencia puede surgir únicamente de una afirmación —y no de una negación o de una condena— si debe llevar a una afirmación aún más madura y profunda, objetiva y subjetivamente. Y a esta afirmación de la feminidad y masculinidad del ser humano, como dimensión personal del "ser cuerpo", deben conducir las palabras de Cristo según Mateo 5, 27-28. Este es el justo significado ético de estas palabras. Ellas imprimen en las páginas del Evangelio una dimensión peculiar del ethos para imprimirla después en la vida humana.

Trataremos de reanudar este tema en nuestras reflexiones sucesivas.


Notas

[1] El maniqueísmo contiene y lleva a maduración los elementos característicos de toda "gnosis", esto es, el dualismo de los principios coeternos y radicalmente opuestos y el concepto de una salvación que se realiza sólo a través del conocimiento (gnosis) o la autocomprensión de si mismos. En todo el mito maniqueo hay un solo héroe y una sola situación que se repite siempre: el alma caída está aprisionada en la materia y es liberada por el conocimiento.

La actual situación histórica es negativa para el hombre, porque es una mezcla provisoria y anormal de espíritu y de materia, de bien y de mal, que supone un estado antecedente. original, en el cual las dos sustancias estaban separadas e independientes. Por esto, hay tres "tiempos": el "initium", o sea, la separación primordial; el "medium", es decir, la mezcla actual; y el "finis" que consiste en el retorno a la división original, en la salvación, que implica una ruptura total entre espíritu y materia.

La materia es, en el fondo, concupiscencia, apetito perverso del placer, instinto de muerte, comparable, sino idéntico, al deseo sexual, a la "libido". Es una fuerza que trata de asaltar a la luz; es movimiento desordenado, deseo bestial, brutal, semi-inconsciente.

Adán y Eva fueron engendrados por dos demonios; nuestra especie nació de una sucesión de actos repugnantes de canibalismo y de sexualidad y conserva los signos de este origen diabólico, que son el cuerpo, el cual es la forma animal de los "Arcontes del infierno", y la "libido", que impulsa al hombre a unirse y a reproducirse, esto es, a mantener al alma luminosa siempre en prisión.

El hombre, si quiere ser salvado, debe tratar de liberar su "yo viviente" (noûs) de la carne y del cuerpo. Puesto que la materia tiene en la concupiscencia su expresión suprema, el pecado capital está en la unión sexual (fornicación), que es brutalidad y bestialidad y que hace de los hombres los instrumentos y los cómplices del mal por la procreación.

Los elegidos constituyen el grupo de los perfectos, cuya virtud tiene una característica ascética, realizando la abstinencia mandada por los tres "sellos": el "sello de la boca" prohíbe toda blasfemia y manda la abstención de la carne, de la sangre, del vino, de toda bebida alcohólica, y también el ayuno; el "sello de las manos" manda el respeto de la vida (de la "luz") encerrada en los cuerpos, en las semillas, en los árboles y prohíbe recoger los frutos, arrancar las plantas, quitar la vida a los hombres y a los animales; el "sello del seno" prescribe una continencia total (cf. H. Ch. Puech, Le Manichéisme: son fondateur-sa doctrine, París, 1949 [Musée Guimet, tomo LVI] págs. 73-88; H. Ch. Puech, Le Manichéisme, en "Histoire des Religions", Encyclopédie de la Pleiade, II), Gallimard, 1972, págs. 522-645; J. Ries, Manichéisme, en "Catholicisme hier, aujourd´houi, demain", 34 Lila, 1977, Letouzey- Ané, págs. 314-320).

Miércoles 15 de octubre de 1980

S. S. Juan Pablo II – Magno

 

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ALGUNOS PENSAMIENTOS ACERCA DE LA VERDAD

 

 

 

Sócrates es mi amigo, pero soy más amigo de la verdad.Aristóteles....Los hechos no dejan de existir solo porque sean ignorados.T. H. Huxley...El que busca la verdad corre el riesgo de encontrarla. Manuel Vicent...El hombre es el ser que necesita absolutamente de la verdad y, al revés, la verdad es lo único que esencialmente necesita el hombre, su única necesidad incondicional. José Ortega y Gasset...
08/07/2003:

 

 

 

Sócrates es mi amigo,
pero soy más amigo de la verdad.
Aristóteles

Cuando mientes para evitar un esfuerzo,
la manta bajo la que te escondes
se vuelve un poco más grande
hasta que te ahogas debajo.
Rafik Schami

Los hechos no dejan de existir
solo porque sean ignorados.
T. H. Huxley

La verdad, si no es entera,
se convierte en aliada de lo falso.
J. Sádaba

La peor verdad solo cuesta un gran disgusto.
La mejor mentira cuesta muchos disgustos pequeños
y al final, un disgusto grande.
Jacinto Benavente

Al hombre de cada siglo
le salva un grupo de hombres
que se oponen a sus gustos.
G. K. Chesterton (1874-1936). Escritor británico.

En las montañas de la verdad
nunca escalas en vano.
Anónimo

El que busca la verdad
corre el riesgo de encontrarla.
Manuel Vicent

La auténtica verdad es pacato amor hecho realidad.

A.R.

Prefiero molestar con la verdad
que complacer con adulaciones.
Lucio Anneo Séneca. Moralista y filósofo latino.

Lo peor que puede hacer una persona en su vida,
es huir de sí mimo;
tarde o temprano se alcanzará,
y además cansado.
Anónimo

Una necedad,
aunque la repitan millones de bocas,
no dejan de ser una necedad.
Anatole France

Es fácil hablar claro
cuando no va a decirse toda la verdad.
Rabindranath Tagore. Dramaturgo, poeta y filósofo indio.

Siempre se ayuda la mentira de lo cierto
para atacar a la verdad.
Séneca

No somos nosotros los que creamos la verdad,
los que la dominamos y la hacemos valer.
Es la verdad la que nos posee.
Alejandro Llano

Una vez que tienes el valor de mirar al mal cara a cara,
de verlo por lo que realmente es y de darle su verdadero nombre,
carece de poder sobre ti y puedes destruirlo.
Lloyd Alexander

Nada me inspira más veneración y asombro
que un anciano que sabe cambiar de opinión.
Santiago Ramón y Cajal. Médico español, premio Nobel de Medicina.

Una palabra de verdad
vale más que el mundo entero.
Aleksander Solzenytsin

Una conducta desarreglada
aguza el ingenio y falsea el juicio.
De Bonald

Tener una mente abierta
es como tener la boca abierta:
no es un fin, sino un medio.
Y el fin es cerrar la boca sobre algo sólido.
G. K. Chesterton (1874-1936). Escritor británico.

El camino del hombre hacia la verdad es,
en un noventa por ciento, tarea de descubrir mentiras.
Jesús Arellano

No se accede a la verdad
sino a través del amor.
San Agustín

Los hombres fácilmente se persuaden de que es falso,
o al menos dudoso,
aquello que no desearían que fuese verdadero.
Pío XII

El que tiene la verdad en el corazón
no debe temer jamás que a su lengua
le falte fuerza de persuasión.
John Ruskin

El signo más evidente
de que se ha encontrado la verdad
es la paz interior.
Amado Nervo

Basta a menudo cambiar de modo de vivir
para creer en la verdad que se negaba.
Hugo de Lamennais

La verdad desnuda
no es toda la verdad.
Jean Dolent

Si tu intención es describir la verdad,
hazlo con sencillez
y la elegancia déjasela al sastre.
Albert Einstein

La verdad puede ser eclipsada,
pero nunca se extingue.
Tito Livio

Los mentirosos más nocivos
son aquellos que se deslizan sobre el borde de la verdad.
Julius Charles Hare

Hay que tener el valor de decir la verdad,
sobre todo cuando se habla de la verdad.
Platón

¿Puede haber en el mundo algo más despreciable
que la elocuencia de un hombre que no dice la verdad?
T. Carly

Desde que existe el hombre,
es decir, desde que el mundo es mundo,
la mejor manera de entenderse
es llamar a las cosas por su nombre.
Miguel Maura

La verdad
no admite sustituto útil.
Leonardo Polo

El hombre es el ser que necesita absolutamente de la verdad
y, al revés, la verdad es lo único que esencialmente necesita el hombre,
su única necesidad incondicional.
José Ortega y Gasset

La primera pequeña mentira que se contó en nombre de la verdad,
la primera pequeña injusticia que se cometió en nombre de la justicia,
la primera minúscula inmoralidad en nombre de la moral,
siempre significarán el seguro camino del fin.
Vaclav Havel

La verdad padece,
pero no perece.
Santa Teresa de Ávila

Toda verdad, dígala quien la diga,
viene del Espíritu Santo.
Santo Tomás de Aquino

 

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«Aquí está la mayor paradoja del hombre. La felicidad no se alcanza en el afán de hacer lo que uno quiere, sino al contrario, olvidándose de ello, para darse a los demás. Tomás de Aquino reconduce las virtudes cardinales al amor del fin último y éste al amor de Dios, y lo hace de modo sorprendente y también paradójico. El hombre, dice el santo de Aquino, por su misma naturaleza, está ordenado a amar a Dios más que a sí mismo. De manera que cuando se ama a sí mismo sobre todas las cosas, sucede que fracasa en la realización de su ser, no se ama adecuadamente a sí mismo.»

 

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Si el hombre no puede hacer obras buenas, es claro que entonces está sometido a un fatal determinismo hacia el mal: se ponía en juego la libertad humana y, con ello, la vida moral. Erasmo salió en defensa de la libertad con su breve tratado De libero arbitrio. Lutero enfurecido le respondió con un extenso libro, De servo arbitrio. Niega la libertad. La voluntad humana está en medio como un jumento: si la cabalga Dios la voluntad quiere y va a donde quiere Dios. Si la cabalga Satán va a donde quiere Satán, y no está en su mano buscar a uno u otro jinete. En consecuencia, Dios destina al cielo o al infierno sin contar con los méritos de cada uno. Para Lutero, el hombre es la cosa de Dios, de la que Dios hace lo que bien le viene sin la menor consideración, le condena o le salva porque sí, nunca mira al hombre como a un hijo objeto de sus ternuras (G. M. Cottier).

 

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La Divina Providencia no niega los auxilios necesarios para la salvación a los que sin culpa por su parte no llegaron todavía a un claro conocimiento de Dios, y sin embargo se esfuerzan ayudados por la gracia divina, en conseguir una vida recta (GS 16).

 

 

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San Cipriano (hacia 200-258) obispo de Cartagena, mártir de la Iglesia Católica - Tratado sobre la envidia y los celos, 12-15; CSEL 3, pag. 427-430

 

El cumplimiento de la ley: el amor operante -     Revestir el nombre de Cristo sin seguir el camino de Cristo ¿no es traicionar el nombre divino y abandonar el camino de la salvación? Porque el mismo Señor enseña y declara que el hombre que guarda sus mandamientos entrará en la vida. (Mt 19,17) Que el que escucha sus palabras y las pone en práctica es un sabio, (Mt 7,24) y que aquel que las enseña y conforma su vida según ellas será llamado grande en el reino de los cielos. Toda predicación buena y saludable no aprovechará al predicador si la palabra que sale de su boca no se convierte luego en actos.
       Así que ¿hay un mandamiento que el Señor haya enseñado con más insistencia a sus discípulos que este de amar los unos a los otros con el mismo amor con que él nos ha amado? (Jn 13,34) ¿Se encontrará entre los consejos que conducen a la salvación y entre los preceptos divinos un mandamiento más importante para guardar y observar?
Pero como el que por la envidia se ha vuelto incapaz de actuar como un hombre de paz y de corazón ¿podrá guardar la paz o el amor del Señor?      
      
Por esto, el apóstol Pablo proclamó también los méritos de la paz y de la caridad. Afirmó con fuerza que ni la fe ni las limosnas ni siquiera los sufrimientos del martirio no le servirían de nada si no respetara los lazos de la caridad. (cf 1Cor 13,1-3).

 


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Están los que dicen; “no hay religiones mejores ni peores”, lo cual es mucho decir, sobre todo si tenemos en cuenta que en la historia de las religiones nos encontramos con que algunas han admitido los sacrificios humanos, la esclavitud, las castas  o la prostitución sagrada, sólo por poner algunos ejemplos, sin necesidad de preguntar a las mujeres.

 

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«La Iglesia, por una tradición apostólica, que trae su origen del mismo día de la Resurrección de Cristo, celebra el misterio pascual cada ocho días, en el día que es llamado con razón "día del Señor" o domingo. En este día los fieles deben reunirse a fin de que, escuchando la palabra de Dios y participando en la Eucaristía, recuerden la Pasión, la Resurrección y la gloria del Señor Jesús y den gracias a Dios, que los “hizo renacer a la viva esperanza por la Resurrección de Jesucristo de entre los muertos" (I Pe, 1,3). Por esto el domingo es la fiesta primordial, que debe presentarse e inculcarse a la piedad de los fieles, de modo que sea también día de alegría y de liberación del trabajo. No se le antepongan otras solemnidades, a no ser que sean de veras de suma importancia, puesto que el domingo es el fundamento y el núcleo de todo el año litúrgico».

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«PASTOR DE HERMAS» - El «Pastor de Hermas» es un libro que fue muy apreciado en la primitiva Iglesia, hasta el punto de que algunos Padres llegaron a considerarlo como canónico, esto es, perteneciente al conjunto de la Sagrada Escritura. Sin embargo, gracias al Fragmento Muratoriano (un pergamino del año 180 que recoge la lista de los libros inspirados, descubierto y publicado en el siglo xv), sabemos que fue compuesto por un tal Hermas, hermano del Papa Pío I, en la ciudad de Roma; por tanto, entre los años 141 a 155. Otros catálogos eclesiásticos posteriores confirman esta noticia. Es el escrito más largo de la época post-apostólica.

El libro refleja el estado de la cristiandad romana a mediados del siglo II. Tras una larga pausa de tranquilidad sin sufrir persecución, parece que no era tan universal el buen espíritu de los primeros tiempos. Junto a cristianos fervorosos, había muchos tibios; junto a los santos, no faltaban los pecadores, y esto en todos los niveles de la Iglesia, desde los simples fieles a los ministros sagrados. No es de extrañar, pues, que el libro gire en torno a la necesidad de la penitencia.

Se trata de un escrito perteneciente al género apocalíptico: el autor presenta sus ideas como si le hubiesen sido reveladas (apocalipsis=revelación, en griego) por dos personajes misteriosos: una anciana y un pastor. Precisamente de este último personaje toma nombre todo el libro.

En la primera parte, el autor ilustra la doctrina de la penitencia por medio de una serie de Visiones o revelaciones. Se le aparece una anciana matrona que va despojándose poco a poco de la vejez para mostrarse al final como una novia engalanada, símbolo de los elegidos de Dios. Esa matrona, como ella misma explica, es la Iglesia: parece anciana porque es la criatura más antigua de la creación, y porque la afean los pecados de los cristianos; pero se renueva gracias a la penitencia, hasta aparecer sin fealdad alguna. En la segunda parte, los Mandamientos, el ángel de la penitencia enseña a Hermas un resumen de la doctrina moral. En la tercera, llamada Comparaciones o semejanzas, se resuelven algunas cuestiones que inquietaban a los cristianos de aquella época.

En las siguientes lineas se recogen dos textos de esta obra. En el primero, correspondiente a la tercera visión, la anciana explica a Hermas el significado de una torre que se construye con piedras, de las que algunas son desechadas. Es una bella imagen para señalar la construcción de la Iglesia, en la que los cristianos—como decía San Pedro— son piedras vivas edificadas sobre el fundamento que es Cristo. Y para ser piedra viva, tiene una importancia fundamental la penitencia por los pecados. LOARTE

 

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El llamado Pastor, de Hermas, es un escrito complejo y extraño, compuesto en el género apocalíptico y visionario, probablemente hacia la primera mitad del siglo ll, aunque pudiera haber en él elementos de diversas épocas. Consta de una serie de visiones, comparaciones o alegorías, algunas de ellas de sentido bastante confuso, que se refieren a diversos aspectos de la vida cristiana.

Según se desprende del escrito, Hermas, su autor, era un cristiano sencillo y rudo, pero lleno de preocupaciones religiosas y con una particular conciencia de sus propias faltas morales de diversa índole. Pesa sobre él especialmente el remordimiento por no haber sabido mantener debidamente las relaciones familiares con su mujer y sus hijos, y por no haber sabido hacer buen uso de sus bienes de fortuna, que había perdido. Correspondiendo a esta conciencia de culpabilidad, sobresale en el escrito el tema de la penitencia y del perdón que, contra lo que se suponía en concepciones rigoristas, podía ser obtenido al menos una vez después del bautismo, si uno se arrepentía sinceramente. Hermas, simple laico, tiene conciencia de que esto se oponía a la enseñanza de ciertos doctores de la Iglesia que no admitían posibilidad de perdón al que hubiere pecado gravemente después del bautismo, y presenta sus ideas como un anuncio especial de un mensajero de Dios que se aparece en forma de pastor, y que es el que dio a este escrito su nombre.

Además del tema de la penitencia, es prominente en el Pastor, de Hermas, el tema de la Iglesia, la cual aparece balo la alegoría de una torre en construcción, de la que pueden venir a formar parte diversas clases de piedras, que son diversos géneros de fieles. Algunas piedras son temporalmente rechazadas para la construcción, otras lo son definitivamente, representando los fieles que podrán o no a su tiempo hacer penitencia.

Otros muchos temas van apareciendo a lo largo del escrito: de particular interés pueden ser los que se refieren al peligro de las riquezas, a las relaciones entre ricos y pobres, o a la necesidad de saber distinguir los signos de la influencia del bueno o del mal espíritu en nosotros o en los demás. En este último aspecto Hermas encabeza la copiosa literatura cristiana acerca del "discernimiento de espíritus".

El Pastor, de Hermas, muestra cierta audacia imaginativa, pero tiene en general poca profundidad teológica y se mantiene más bien en una actitud meramente moralística. Sin embargo, es interesante como reflejo de los problemas religiosos y morales que podia tener entonces un cristiano ordinario.  JOSEP VIVES

 

* * * * *

Piedras para construir la Iglesia

(Visión lll, nn. 2-7)

Dicho esto, [la anciana] hizo ademán de marcharse; mas yo me postré a sus pies y le supliqué por el Señor que me mostrara la visión que me había prometido. Y ella me tomó otra vez de la mano, me levantó y me hizo sentar en el banco a su izquierda. Tomó asiento también ella, a la derecha, y, levantando una vara brillante, me dijo:

—¿Ves una cosa grande?

—Señora—le contesté—, no veo nada.

—¡Cómo!—me replica—; ¿no ves delante de ti una torre que se está construyendo sobre las aguas con brillantes sillares?

En un cuadrilátero, en efecto, se estaba construyendo la torre, por mano de aquellos seis jóvenes que habían venido con ella; y, juntamente, otros hombres por millares y millares, se ocupaban en acarrear piedras —unas de lo profundo del mar, otras de la tierra—y se las entregaban a los seis jóvenes. Estos las tomaban y edificaban.

Las piedras sacadas de lo profundo del mar las colocaban todas sin más en la construcción, pues estaban ya labradas y se ajustaban en su juntura con las demás piedras; tan cabalmente se ajustaban unas con otras, que no aparecía juntura alguna y la torre semejaba construida como de un solo bloque.

De las piedras traídas de la tierra, unas las tiraban, otras las colocaban en la construcción, otras las hacían añicos y las arrojaban lejos de la torre. Había, además, gran cantidad de piedras tiradas en torno de la torre, que no empleaban en la construcción, pues de ellas unas estaban carcomidas, otras con rajas, otras desportilladas, otras eran blancas y redondas y no se ajustaban a la construcción. Veía también otras piedras arrojadas lejos de la torre, que venían a parar al camino, pero que no se detenían en él, sino que seguían rodando del camino a un paraje intransitable; otras caían al fuego y allí se abrasaban; otras venían a parar cerca de las aguas, pero no tenían fuerza para rodar al agua por más que deseaban rodar y llegar hasta ella.

Una vez que me mostró todas estas cosas, quería retirarse. Le digo:

—Señora, ¿de qué me sirve haber visto todo eso, si no sé lo que significa cada cosa?

Me respondió diciendo:

—Astuto eres, hombre, queriendo conocer lo que se refiere a la torre.

—Sí, señora—le respondo—; quiero conocerlo para anunciarlo a los hermanos y que así se pongan más alegres. Y, una vez que hayan conocido estas cosas, reconozcan al Señor en mucha gloria.

Y ella me dijo:

—Oírlas, las oirán muchos; pero, después de oídas, unos se alegrarán y otros llorarán. Sin embargo, aun éstos, si oyeren y se arrepintieren, se alegrarán también. Escucha, pues, las comparaciones acerca de la torre, pues voy a revelártelo todo. Y ya no me molestes más pidiéndome revelación, pues estas revelaciones tienen un término, puesto que están ya cumplidas. Sin embargo, tú no cesarás de pedir revelaciones, pues eres importuno.

Ahora bien, la torre que ves que se está edificando, soy yo misma, la Iglesia, la que se te apareció tanto ahora como antes. Así, pues, pregunta cuanto gustes acerca de la torre, que yo te lo revelaré, a fin de que te alegres junto con los santos (...).

Le pregunté entonces:

—¿Por qué la torre está edificada sobre las aguas, señora?

—Ya te dije antes—me replicó—que eres muy astuto y que inquieres con cuidado; inquiriendo, pues, hallas la verdad. Ahora bien, escucha por qué la torre está edificada sobre las aguas. La razón es porque vuestra vida se salvó por el agua y por el agua se salvará; mas el fundamento sobre el que se asienta la torre es la palabra del Nombre omnipotente y glorioso y se sostiene por la virtud invisible del Dueño.

Tomando la palabra, le dije:

—Señora, esto es cosa grande y maravillosa. Y los seis jóvenes que están construyendo, ¿quiénes son, señora?

—Éstos son aquellos santos ángeles de Dios que fueron creados los primeros, y a quienes el Señor entregó su creación para acrecentar y edificar y dominar sobre la creación entera. Así pues, por obra de éstos se consumará la construcción de la torre.

—Y los otros que llevan las piedras, ¿quiénes son?

—También éstos son ángeles santos de Dios; pero aquellos seis los superan en excelencia. Por obra de unos y otros se consumará, pues, la construcción de la torre, y entonces todos se regocijarán en torno de ella, y glorificarán a Dios porque se terminó su construcción.

Hícele otra pregunta:

—Señora, quisiera saber el paradero de las piedras y qué significación tiene cada una de ellas.

Me respondió diciendo:

—No es que seas tú más digno que nadie de que se te revele, porque otros hay primero y mejores que tú a quienes debieran revelárseles estas visiones. Mas, para que sea glorificado el nombre de Dios, se te han revelado a ti, y se te seguirán revelando, por causa de los vacilantes, de los que oscilan en sus discursos consigo mismos sobre si estas cosas son o no son. Diles que todas estas cosas son verdaderas y nada hay en ellas que esté fuera de la verdad, sino que todo es firme y seguro y bien asentado.

Escucha ahora acerca de las piedras que entran en la construcción. Las piedras cuadradas y blancas, que ajustaban perfectamente en sus junturas, representan los apóstoles, obispos, maestros y diáconos que caminan según la santidad de Dios, los que desempeñaron sus ministerios de obispos, maestros y diáconos pura y santamente en servicio de los elegidos de Dios. De ellos, unos han muerto, otros viven todavía. Éstos son los que estuvieron siempre en armonía unos con otros, conservaron la paz entre sí y se escucharon mutuamente. De ahí que en la construcción de la torre encajaban ajustadamente sus junturas.

—Y las piedras sacadas de lo hondo del mar y sobrepuestas a la construcción, que encajaban en sus junturas con las otras piedras ya edificadas, ¿quiénes son?

—Éstos son los que sufrieron por el nombre del Señor.

—Quiero saber, señora, quiénes son las otras piedras, traídas de la tierra.

Respondióme:

—Los que entraban en la construcción sin necesidad de labrarlos son los que aprobó el Señor, porque caminaron en la rectitud del Señor y cumplieron sus mandamientos.

—Y las que eran traídas y puestas en la construcción, ¿quiénes son?

—Éstas son los neófitos, nuevos en la fe, pero creyentes; son amonestados por los ángeles a obrar el bien, pues se halló en ellos alguna maldad.

—Y los que rechazaban y tiraban, ¿quiénes son?

—Éstos son los que han pecado, pero están dispuestos a hacer penitencia; por esta causa, no se los arrojaba lejos de la torre, pues cuando hicieren penitencia serán útiles para la construcción. Los que tienen intención de hacer penitencia, si de verdad la hacen, serán fortalecidos en la fe; a condición, sin embargo, de que hagan penitencia ahora, mientras se está construyendo la torre. Mas si la edificación llega a su término, ya no tienen lugar a penitencia. Sólo se les concederá estar puestos junto a la torre.

¿Quieres conocer las piedras que eran hechas trizas y se las arrojaba lejos de la torre? Éstos son los hijos de la iniquidad; se hicieron creyentes hipócritamente y ninguna maldad se apartó de ellos. De ahí que no tienen salvación, pues por sus maldades no son buenos para la construcción. Por eso se les hizo pedazos y se los arrojó lejos. La ira del Señor pesa sobre ellos, pues le han exasperado.

Respecto a las otras, que viste tiradas en gran número por el suelo y que no entraban en la construcción, las piedras carcomidas representan a los que han conocido la verdad, pero no perseveraron en ella ni se adhirieron a los santos. Por eso son inútiles.

—¿Y a quiénes representan las piedras con rajas?

—Éstos son los que guardan unos contra otros algún resentimiento en sus corazones y no mantienen la paz mutua. Cuando se hallan cara a cara, parecen tener paz; mas apenas se separan, sus malicias siguen tan enteras en sus corazones. Éstas son, pues, las hendiduras que tienen las piedras.

Las piedras desportilladas representan a los que han creído y mantienen la mayor parte de sus actos dentro de la justicia, pero tienen también sus porciones de iniquidad. De ahí que están desportillados y no enteros.

—Y las piedras blancas y redondas y que no ajustaban en la construcción, ¿quiénes son, señora?

Me respondió diciendo:

—¿Hasta cuándo serás necio y torpe, que todo lo preguntas y nada entiendes por ti mismo? Éstos son los que tienen, sí, fe; pero juntamente poseen riqueza de este siglo. Cuando sobreviene una tribulación, por amor de su riqueza y negocios, no tienen inconveniente en renegar de su Señor.

Le respondí, por mi parte:

—Señora, ¿cuándo serán, pues, útiles para la construcción?

 

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"Obras todas del Señor, bendecid al Señor".-

“¡Señor, dueño nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra!” (Sal 8, 2).

 

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La naturaleza respetada atentamente, dona a manos llenas sus riquezas. El corazón se dilata y surge espontáneo cantar las alabanzas a Dios: «Obras todas del Señor, bendecid al Señor» (Dn 3, 57).

Es característico que en nuestro tiempo, frente a lo que ha sido señalado como el peligro del holocausto ambiental, haya surgido un gran movimiento cultural, que mira a la defensa y redescubrimiento del ambiente natural.

Es necesario sensibilizar especialmente a los jóvenes en esto. El gozo respetuoso de la naturaleza debe considerarse un elemento importante de su proceso educativo. Quien quiere verdaderamente encontrarse a sí mismo, debe aprender a gustar de la naturaleza, cuyo encanto se relaciona mediante íntima afinidad con el silencio de la contemplación. Las modulaciones de la creación constituyen otros tantos recorridos de belleza extraordinaria, a través de los cuales el ánimo sensible y creyente no se cansa de recibir el eco de la belleza misteriosa y superior, que es Dios mismo, el Creador, de quien toda realidad recibe su origen y vida.

 

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María: "No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios: concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande y será llamado Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará eternamente sobre la casa de Jacob y su Reino no tendrá fin. (Lucas 1:30-33) "

 

 

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Laus Deo +

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).