Wednesday 29 March 2017 | Actualizada : 2017-03-03
 
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Una sociedad sana sabe distinguir a los mejores y guardar la memoria de quienes merecen máxima gratitud. La democracia es el único régimen político legítimo, pero la aristocracia es la única forma posible para la transmisión del saber. Del maestro al discípulo. Del sabio al ignorante. Del buen profesor al alumno bien dispuesto.

«La España que pudo ser, la que se hubiera mantenido a la altura de sus exigencias, sin degradaciones ni caídas, coincide con la España que podrá ser si no renuncia a lo más propio y creador, a lo más valioso y original que ha aportado al mundo». Julián MARIAS + MMV.XII.XV

 

 

Siempre hemos creído que si la democracia no está inspirada por el liberalismo, por la llamada a la libertad, por su constante estímulo, pierde su justificación y acaba por convertirse en un mecanismo -más poderoso que otros- de opresión. La justificación inicial del Poder -su origen impecablemente democrático- tranquiliza respecto a la forma de su ejercicio; y entonces se convierte en prepotencia, esa combinación de alarde del Poder y abuso de él.

 

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Richelieu [1585+1642] se preguntaba «si se debe dejar que el pueblo viva a su gusto»; el pueblo acaba por advertirlo, quizá con irritación. Cuando en un país hay que realizar ciertas operaciones -por ejemplo económicas- urgentes, indispensables, penosas, hay que cumplir tres condiciones. La primera, explicarlas, justificarlas, conseguir la aceptación de la inmensa mayoría. La segunda, no ir al mismo tiempo en sentido contrario: por ejemplo, no sumar a la austeridad de unos el despilfarro de otros, no intenta convertir al país en una minoría de trabajadores y una mayoría de parásitos. La tercera, la más importante, no provocar fricciones que hagan imposible el asentimiento; no hostigar, una tras otra, a las fracciones del cuerpo social para convertirlo en otra cosa, en lugar de dejarlo inventar, proyectar, realizar con holgura y espontaneidad las transformaciones que broten de su fondo creador y fecundo.

 

 

Los grandes incendios nacen de las chispas pequeñas. Richelieu

 

Dadme dos líneas escritas a puño y letra por el hombre más honrado, y encontraré en ellas motivo para hacerlo encarcelar. Richelieu

 

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Para no caer en el anacronismo, es necesario tener la humildad y la inteligencia de leer los hechos del pasado no con las categorías mentales de hoy, más, dentro el marco histórico temporal en que se efectuaron. 

 

Al igual que ocurre con cualquier otra expresión de la mente humana, quizás la objetividad plena es imposible, pero lo que se le pide a cualquier intelectual honrado es que, cuando menos, haga el esfuerzo de buscarla, tenga la valentía de acercarse serena y responsablemente al mayor grado de objetividad histórica posible.

 

¿Quién ignora, que son innumerables las personas de uno, y otro sexo, a quienes contiene, para que no suelten la rienda a sus pasiones el temor del qué dirán? Este temor ya no subsistirá en el caso de que no haya murmuradores en el mundo, que son los que dicen, los que hablan, y aun los que acechan los pecados ajenos. Luego esos innumerables de uno, y otro sexo, faltando el freno de la infamia, o descrédito a que los expone la murmuración, desenfrenadamente se darán a saciar sus criminales pasiones.

 

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"El mundo está sostenido por cuatro pilares: el conocimiento de los doctos, la justicia de los mejores, las oraciones de los virtuosos y el valor de los valientes". Esta inscripción se encontraba sobre la entrada de las Universidades españolas desde el Medioevo. 


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FRANCO Y EL PALIO  

Y lo del palio es otra ignorancia de Sopena de la que ya hemos hablado varias veces. No es que la Iglesia entrara a Franco en sus templos por agradecimiento, admiración, exigencia del Generalísimo o simple pelotillerismo. Sólo hacía lo que tradicionalmente se venía haciendo con los Jefes del Estado Español. Tradición que se conservó hasta los primeros días del rey Don Juan Carlos. 

 

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Comunistas y socialistas destruyendo el patrimonio cultural... bibliotecas, museos, etc.…


Les recordaremos que "memoria histórica" es el brutal cerco al que fue sometido Oviedo en la Revolución del 1934 y en la Guerra del 1936; Los comunistas y socialistas no escapen a la "memoria histórica": son los bombardeos que durante un año asolaron Oviedo; la voladura de la Cámara Santa y la torre de la Catedral; la quema de la Universidad y de su biblioteca, de la Audiencia y de su archivo.

Millares de libros y antiquísimos códices –conservados por la Iglesia Católica- fueron desvastados por el fuego y algunos robados…. Innumerables obras de arte fueron destruidas con los saqueos de iglesias, además de los asesinatos de sacerdotes, religiosos y fieles católicos por el simple hecho de serlo, dentro de la mayor persecución religiosa de la historia; y un largo etcétera que todavía muchos ovetenses, con muy buena "memoria histórica" recuerdan. 2008.V.

 

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Cristo, con los brazos abiertos, invitando a todos hacia él. Iniciada en 1944, la actual obra del monumento al Sagrado Corazón de Jesús estuvo lista en 1965. 
Es una réplica algo mayor que la que inauguró en 1919 el rey Alfonso xiii, en el centro geográfico de España. En 1923, por inspiración divina, santa Maravillas de Jesús, carmelita descalza, emprendió la fundación de un convento en el Cerro de los Ángeles para acompañar al Sagrado Corazón de Jesús en su soledad y pedir por la salvación de las almas. 
La primera comunidad carmelita inició allí su vida de oración en la solemnidad de Cristo Rey de 1926. Como otros muchos lugares del territorio español, el Cerro de los Ángeles, en la localidad madrileña de Getafe, sufrió la persecución religiosa; entre sus devotos se cuentan numerosos testigos de la fe. El monumento al Corazón de Jesús fue fusilado el 7 de agosto de 1936, primer viernes de mes. En 1939 se realizó un acto de desagravio y surgió la idea de volver a levantar un monumento al amor de Jesús. Forman parte del conjunto actual cuatro grupos escultóricos:  la Iglesia militante, la Iglesia triunfante, la España defensora de la fe y la España misionera. La basílica del Sagrado Corazón sirve de base al monumento. En eje vertical, la escultura exterior del Corazón del Jesús coincide con el altar. La gran explanada, o lonja de las peregrinaciones, forma parte del monumento del Cerro de los Ángeles. 
En el mismo espacio natural se encuentra la Casa de Nuestra Madre la Virgen; se estima que fue edificada a inicios del siglo xi -cuando Alfonso vi conquistó la villa de Madrid- sobre una atalaya que ya los árabes consideraban el centro geométrico de España. Esta humilde ermita, consagrada a Nuestra Señora de los Ángeles, fue destruida a finales del siglo xiv. La actual se levantó en el mismo punto. En ella se custodia a la santísima Virgen en su advocación de Nuestra Señora de los Ángeles, patrona de Getafe. La imagen mariana, tallada en madera, es de 1610. Junto a la ermita se alza el seminario diocesano de Getafe, la diócesis más joven de Europa. 

Cosa bien rara, ahora los progresistas tan partidarios de la protesta religiosa-política contra el antiguo régimen Franquista, en estos momentos estos mismos progresistas se quejan de que la Iglesia se meta contra el Gobierno. Su misma incoherencia los delata. 2009

 

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El Valle de los Caídos y los neochekistas

5 de Febrero de 2010 - 12:17:22 - Pío Moa


Mañana, en el comentario que tengo con Luis del Pino, entre 8,30 y 9,00 de la mañana, en Es-Radio, hablaré del Valle de los Caídos y  la persistente ofensiva de los neochekistas del gobierno contra él. Son los equivalentes en España de los talibanes, y son chekistas porque han elaborado una exaltación de los asesinos en su ley totalitaria de memoria antihistórica, y porque han sido los mayores colaboradores de los asesinos etarras en toda la historia de esta organización. Si pudieran, volarían el Valle de los Caídos como hicieron los talibanes con las estatuas de Buda. De hecho, algunos afines ideológicos al gobierno ya han colocado allí varias bombas, y Gibson y otros han manifestado su deseo de destruirlo.

  El Valle de los Caídos es uno de los monumentos más notables del siglo XX en todo el mundo, impresionante y severo  pero al mismo tiempo armonioso, integrado en el paisaje, muy superior artísticamente a, por ejemplo, el monumento a la batalla de Stalingrado o a tantos otros conmemorativos de una guerra en Europa. Es, además, un monumento a la reconciliación nacional, cierto que bajo el signo de la cruz, algo que repugna en extremo a quienes atacan a la nación española, en la que no creen, y se sienten herederos de los que destruyeron todas las cruces durante la contienda civil y arrasaron y robaron cuanto pudieron del patrimonio histórico-artístico español, llegando en su desvergüenza a presentar como “salvamento” uno de sus más sucias fechorías contra el Museo del Prado, bien denunciada por Azaña o por Madariaga. ??El Valle de los Caídos es parte muy importante de nuestro patrimonio histórico y artístico, y su conservación no es solo asunto de los monjes, a quienes el gobierno está hostigando para que se vayan, a fin de que el conjunto se vaya arruinando o puedan transformarlo  en alguna mamarrachada neochekista de las suyas. Es asunto de todos los que se sientan españoles y demócratas. Por ello es preciso movilizarse y acosar a los acosadores,

entre otras cosas llevándolos a los tribunales por  ataques al patrimonio común de la nación, en lo que son tan especialistas.

    Como es propio de su mentalidad, empezaron hace unos años su campaña a base de falsedades: que si el monumento había sido construido por 20.000 presos políticos en régimen de  trabajos forzados, con numerosos muertos y enfermos debido a las pésimas condiciones, etc. etc. Hace poco Juan Blanco publicó un libro con los datos reales de la obra, que nada tienen que ver con  esas leyendas. Trabajaron allí muy pocos centenares de presos, condenados por crímenes diversos, en condiciones de redención de penas por el trabajo y cobrando el sueldo correspondiente, muchos de los cuales siguieron como obreros libres cuando cumplieron la condena. Uno de los condenados fue el padre de Peces Barba, el colaborador de los negocios Gobierno-ETA contra las víctimas del terrorismo. Peces Barba padre estaba allí por formar parte de los “tribunales populares”, que ni eran tribunales ni populares y que cometieron mil desmanes. La gran mayoría de las condenas a cadena perpetua de entonces no duraron más de seis años.

  ?  Pero el libro de Blanco apenas ha recibido publicidad y difusión,  porque quienes debieran dársela o bien con cómplices de hecho de la memoria chekista, como el PP, o son tan timoratos que se sienten justificados con solo enterarse, sin hacer un poco de campaña. En cambio los neochekistas sí saben moverse, y no solo porque dispongan hoy de muchos más medios y de una caterva de periodistas corruptos o fanatizados. También se movían mucho más cuando no disponían de todo eso.

   Pero, insisto, o quienes nos sentimos españoles y demócratas debermos oponernos a  los talibanes neochekistas, o estos se saldrán una vez más con la suya.   

Leo: “No veíamos nada parecido desde los viejos tiempos en los que la censura franquista dejaba en blanco retales de los periódicos por los artículos suprimidos” Rara vez habrá pasado eso en el franquismo. Pasaba mucho, en cambio, en la república, como puede comprobarse en cualquier hemeroteca.


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...[...]...

Opino que no se puede juzgar a Churchill o a Roosevelt solo ni principalmente por actos criminales como los bombardeos sobre la población civil, como no se puede juzgar a Franco solo ni principalmente por la represión de posguerra, donde cayeron bastantes inocentes (aunque también muchos culpables, abandonados por sus jefes) un crimen en todo caso infinitamente menor que los citados bombardeos. En el balance pesa la contribución de Churchill a liberar a Europa del nacionalsocialismo. Como pesa el hecho de que Franco liberó a España de un proceso revolucionario que habría contagiado a otros países; y lo hizo con mucha menos crueldad y acciones criminales que Churchill y Roosevelt. La idea de que era posible en España establecer a continuación una democracia solo pueden sustentarla quienes no tienen idea de las condiciones históricas, de la calidad de los "demócratas" del momento y, probablemente, de la propia democracia. Obsérvese que las acusaciones de crueldad a Franco proceden muy principalmente de la propaganda comunista (Stalin y sus agentes en España, como Carrillo, eran moderados y bondadosos, como es sabido). Y esa propaganda, grotesca por venir de quienes viene, ha sido adoptada por muchos no comunistas deseosos de demostrar su talante "progresista" o bien su "imparcialidad". Pio MOA. 30.04.2009
http://blogs.libertaddigital.com/presente-y-pasado/en-cuanto-a-la-crueldad-4757/


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Una opinión sobre Franco - "Durante la mayor parte de su larga carrera Franco fue plenamente consciente del papel que le habían asignado como ogro por excelencia de la Europa occidental. Resulta instructivo comparar a este respecto las actitudes hacia Franco con las actitudes hacia Tito a partir de 1945. Tito, como Franco, se había hecho con el poder en una guerra civil en la que –a pesar de la propaganda en sentido contrario– dedicó más energía a luchar contra otros yugoslavos que contra los alemanes e italianos. El baño de sangre que sufrió Yugoslavia en 1945 fue comparativamente mucho mayor que el ocurrido en España en 1939, y la nueva dictadura mucho más dura y represiva (...) Hasta el final mismo de la vida de Tito el régimen yugoslavo siguió siendo más exhaustivamente controlado y represivo que el de España (...) y no consiguió el progreso económico, social y cultural logrado por el régimen español. Tras la muerte de Tito no se produjo una democratización, sino una forma colegiada de dictadura. Sin embargo, Tito es aclamado con frecuencia (...) como un gran reformador e innovador, una especie de hito del logro progresista y, debido a circunstancias internacionales concretas, obtuvo más ayuda occidental y en una época más temprana".

(Stanley Payne, historiador e hispanista useño).

16 de Marzo de 2009 - 08:11:49 - Pío Moa

 

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Urge superar la amnesia histórica:

Lo que la democracia española debe a la Iglesia. 2008.

 

España 1931...  Cuando nos acusan a los obispos (y en realidad a todos los católicos) de no ser demócratas y sentir nostalgia del franquismo, recurren siempre al mismo argumento: «La Iglesia católica española estuvo identificada durante 40 años con el régimen de Franco». Esto en parte es verdad, y por tanto no podemos entrar a discutirlo. Pero tampoco se puede hacer esta afirmación sin tener en cuenta las razones y precedentes de este comportamiento. Nada se puede entender sin empezar en 1931.

* La Iglesia, oficialmente, no se alineó ni como monárquica, ni republicana, ni de izquierdas, ni de derechas. Desde febrero hasta julio de 1936, fueron incendiadas 400 iglesias en España, sin defensa alguna por parte del Gobierno, y desde el alzamiento hasta 1937 fueron ejecutados 14 obispos, 7.000 sacerdotes y religiosos y se calcula que cerca de 20.000 laicos fieles, tan sólo por el hecho de serlo.

* Todos estos datos no se suelen mencionar cuando acusan a la Iglesia de haberse acogido al régimen de Franco. Esto es cierto, pero hay que decir la palabra verdadera:
la Iglesia no se acogió, se refugióen el régimen de Franco, porque en la zona republicana los estaban matando por la calle, los montes, las carreteras, como conejos.
 

( …y cuando como conejo te matan por las calles, como rata apedreada para los cuervos te identifican,  refugiase –y bien hecho-donde amparo te dan… si es que la razón no has perdido aún…).

* Un dato fundamental para clarificar la intervención de la Iglesia católica en la transición política es el Concilio Vaticano II. En el Concilio hubo dos documentos que infundieron especialmente la reconsideración de la situación política por parte de los católicos. Uno fue la Constitución Gaudium et spes (donde hay un hermoso capítulo sobre la Iglesia y la Comunidad política). Y otro fue una pequeña Declaración, impulsada por el entonces cardenal Wojtyla, Dignitatis humanae, sobre la libertad religiosa, que estaba elaborada pensando sobre todo en la condenación de los regímenes totalitarios. Pero de rebote era una Declaración que denunciaba la situación del Régimen confesional español, donde no se reconocía la libertad religiosa. 


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Acabada la guerra, la Santa Sede no quiso reconocer el régimen de Franco hasta 1938, porque en Roma no gustaban las buenas relaciones del alzamiento con el régimen fascista de Mussolini, y con el nazismo de Hitler. Poco a poco, Franco, al ir institucionalizando el nuevo Estado, concede a la Iglesia un régimen, ciertamente, de privilegio jurídico, cuya última sanción fue el Concordato de 1953.

* Los obispos españoles, en cuanto volvieron del Concilio, promulgaron dos documentos. Uno, en 1966, firmado todavía en Roma, titulado
La Iglesia y el orden temporal a la luz del Concilio. Y en 1968 publicaron un documento sobre la libertad religiosa, que provocó un enfado muy grande por parte del régimen. En 1973, los obispos publicaron un documento de suma importancia: La Iglesia y la comunidad política, donde tomaron la iniciativa de renunciar a todos los privilegios que Franco les había concedido en el Concordato de 1953. Piden el paso de la confesionalidad a la no confesionalidad. Comienzan los conflictos con el régimen, que no sale de su asombro, y no entiende por qué, después de haber protegido a la Iglesia católica, ahora les sale respondona.

* En abril de 1975, los obispos hablan de reconciliación. Franco, en su visión política de las cosas, mantuvo, en la sociedad española, la escisión, la herida abierta de la Guerra Civil, negándose a cualquier medida de reconciliación y reconocimiento de cualquiera de los derechos de los republicanos: ni mutilados, ni familiares de muertos… Ésta fue una de las grandes consignas, junto con el documento de 1977 sobre la participación política.

* La Iglesia universal aportó doctrina, iluminación e impulso a la sociedad española, para salir pacífica y consensuadamente de la dictadura.

 

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Las vidas humanas inocentes, tantas fueron

asesinadas por los republicanos al salir de las iglesias.


«En la base de todos los derechos humanos está el derecho a la vida».

 

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...[...]... Según transcurre la conversación, el profesor Payne se muestra cada vez más locuaz, didáctico y afable. Como decía Julián Marías, no es la cara, sino el gesto, claro y transparente en el caso de este maestro de maestros, el espejo del alma.

 

Franco y Hilter es su tercer libro sobre España en cuatro años, algo verdaderamente sorprendente.

 

Como en obras anteriores, usted hace hincapié en las importantes diferencias entre el régimen de Franco y el nazismo. ¿Cuáles fueron los elementos principales de separación entre al autoritarismo franquista y el totalitarismo hitleriano?

 

Hay que tomar en cuenta el racismo y el ateísmo de Hitler y no caer en reduccionismos. También hubo muchas diferencias entre Hitler y Mussolini. El franquismo es algo que no se puede entender totalmente debido al propio personaje de Franco. Por ejemplo, al principio de la Guerra Civil Franco no tenía ningún modelo fascista en mente. Estaba más próximo a un sistema de derechas como el de Portugal. Fue después que se radicalizó y creo un régimen nuevo parecido al italiano, no al alemán.

 

No podemos decir que el franquismo fuera totalitario en el sentido exacto de la palabra. De ahí el disgusto de Hitler, que lamentaba que Franco no fuera un revolucionario. Como mucho, podríamos decir que, en los primeros años, el franquismo fue un régimen semifascista, y más en la forma que en el fondo. Fue un sistema sui generis.

 

En los últimos años, el papel de Franco en el Holocausto ha sido objeto de algunas investigaciones. ¿Cuál es su veredicto al respecto?

 

En primer lugar, de ninguna manera se puede asignar a Franco un papel de perpetrador en el Holocausto. El régimen de Franco carecía de una doctrina racial, eso no existía aquí. Tampoco era antisemita a la manera nazi. Había un cierto antijudaísmo tradicional, pero nada que ver con el antisemitismo alemán. Incluso hubo cierto filosefardismo. Es por eso que Franco permitió el paso por España de refugiados judíos. No se sabe el número exacto, pero fueron bastantes, y jamás se devolvió a ninguno. También es importante señalar que 2.000 sefardíes fueron rescatados de territorio alemán. Finalmente, hay que mencionar la labor del diplomático Sanz Briz en Hungría cuando comenzó el Holocausto en ese país.

 

Por lo tanto, el balance de Franco es en general positivo. De todas formas, presentar a Franco y a su régimen como amigos de los judíos tampoco es cierto. No hubo grandes iniciativas a favor de los judíos. España fue un espectador, mejor que algunos, como Irlanda. Cualquier intento de convertir a Franco en un perpetrador es ridículo, pura inquina política para estigmatizar.

 

De todas formas, llama la atención que, mientras en España siguió una política de reducción de penas y de liberación de muchos presos del Frente Popular, Franco no hiciera nada por sacar a los republicanos de los campos de concentración nazis.

 

Es difícil saber si Franco podría haberlos salvado, porque el asunto no era fácil, debido a las autoridades alemanas. Pero, efectivamente, no lo intentó. No hubo ningún intento serio para liberar a esas personas.

 

Si no le importa, me gustaría que me diera su opinión sobre algunos asuntos de actualidad en España. Hace unos años usted entró en la denominada "querella de los historiadores" defendiendo algunas tesis de Pío Moa y César Vidal sobre la Segunda República y su derecho a investigar y publicar sus estudios. ¿Se siente usted parte de esta "querella", o prefiere ser considerado un mero espectador?

 

Un historiador tiene que ser siempre participante. Otra cosa es la lucha partidista. Pero cuando se trata de cuestiones historiográficas importantes, por supuesto que soy participante. Por desgracia, esta polémica ha derivado en una degeneración del lenguaje, y al final no ha habido un debate serio. Muchas personas no están interesadas en la auténtica confrontación, sino en el insulto. Se ha perdido una gran oportunidad para enriquecer el conocimiento que de su propia historia tienen los españoles.

 

Como estudioso del fascismo, ¿qué le parece la generalización del término fascista en la política de los últimos tiempos?

 

Eso es mero insulto. La palabra fascista ha ido perdiendo todo su sentido específico, y se usa sin el menor sentido analítico y serio. Ni siquiera pertenece al análisis político, sino al mero insulto. Se usa para estigmatizar, sobre todo en un país como España. Muchos están más interesados en estigmatizar al adversario que en discutir sus ideas. De esa forma se elimina al rival político. 2008.III.

 

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La Iglesia no falta al respeto de la autoridad civil cuando se muestra contraria a una determinada legislación, sino que se limita a recordar que hay determinados bienes vinculantes ante los que no cabe la negociación y el consenso. Si el hombre cree en la Verdad, entonces actuará como si ese destino configurase sus decisiones morales y políticas. El Santo Padre ofrece al creyente algo tan lúcido como realizar un anclaje de su vida en la visión bíblica del hombre, cuyo destino es la comunión con Dios.

Pero si Benedicto XVI se ha mostrado renuente al discurso de la praxis política es, en segundo lugar, porque al igual que existen cuestiones innegociables, también hay libertad en los demás asuntos, siempre que estén conducidos por criterios católicos.

El anuncio del Evangelio y, por tanto, la misión, es la gran tarea de la Iglesia. Esto produce una actividad pública cristiana absolutamente ajena a las “categorías políticas laicas”. No tiene sentido una Iglesia considerada sólo desde un punto de vista político. Si realizásemos esa opción es cuando la Iglesia quedaría hipotecada por el pragmatismo político, sumergida en la fractura y la disgregación, y el cristianismo se convertiría en una ideología. La Iglesia, después de todo, no puede entenderse a sí misma como parte o función de la sociedad, sino que constituye un pueblo cuya parte más importante ya no se encuentra sobre esta tierra.

Esta quien prefiere que la Iglesia se esconda. Y claro, no podemos esconder la luz, sino intentar que ilumine a todos los hombres. En numerosas ocasiones, el Episcopado ha exhortado a restaurar la vida social y política, inspirados en el amor de Dios revelado en Jesucristo. Si Dios me ama, entonces no hay que permitir cuanto contradiga o rompa mi unión con Él. Todo problema humano contiene una referencia a Dios.

Aquí, creo yo, reside la auténtica reforma o renovación de la Iglesia. En ¿Por qué permanezco en la Iglesia?,Joseph Ratzinger utiliza una imagen sacada de los Padres de la Iglesia para valorar su auténtica misión y naturaleza. La luna es símbolo de fragilidad y caducidad, pero también de esperanza o renacimiento. Es la imagen de la existencia humana. La luna representa el mundo de los hombres, que recibe su fecundidad del sol. La luna, es decir, la vida del hombre, es oscuridad completa sin el sol, es decir, sin Dios. Lo mismo ocurre con la Iglesia. Es oscuridad y luz. Da luz en virtud de quien refleja la luz, que es Jesucristo. Dándonos a Cristo, la Iglesia da a los hombres una luz, una norma y un apoyo para comprender y transformar el mundo. El error está en suplantar la Iglesia del Señor por la Iglesia de cada uno. Haciendo esto, ¿a quién podría ya interesar la Iglesia?

…[…]…Roberto Esteban Duque 2008-VI-09

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Casi toda la historiografía sobre el siglo XX de España desde los años 1930, se construye sobre una falsedad clamorosa a poco que se repare en ella: la de que un bando de la república y la guerra, compuesto de marxistas radicales, anarquistas, stalinistas, racistas y golpistas, representaban a la república, a la que en realidad destruyeron, y a la democracia y las libertades, cuyos máximos enemigos fueron desde principios del siglo.

 

La osadía y tosquedad de la falsificación, y su éxito a lo largo de tantos años, nos plantea algunos problemas con respecto a la política y la cultura en general. ¿Qué puede esperarse de una sociedad en la que predomina el embuste sobre su pasado? O, previamente, ¿tiene la verdad histórica efectos prácticos actuales?


Me gustaría exponer sus efectos tanto en el terreno político como en el cultural. A resultas de esa falsificación, muchos partidos y personajes simpatizan con el Frente Popular e incluso se declaran herederos de él. ¿Se trata de demócratas despistados que, por una información o reflexión deficientes, se identifican con los enemigos de las libertades? En algunos casos ocurre así, pero no en la mayoría. De otro modo aceptarían la evidencia o, al menos, el debate, pero basta ver su oposición, realmente fanática, a aclarar la cuestión, sus llamamientos a la censura y su aplicación de la misma allí donde pueden, sus amenazas y ataques personales a quienes estamos documentando la realidad histórica, para comprender que no se trata de un error, sino de una identificación a conciencia y sabiendo, en el fondo, de qué se trata. Y aquí tiene importancia menor el hecho de que tantos de ellos procedan, directamente o por familia, de la dictadura de Franco. 2007-10-19

 

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Hoy sabemos que elnúmero real de muertos en España, entre el frente y la retaguardia y después de casi tres años de lucha entre ejércitos de más de un millón de hombres cada uno, no llegó a los 300.000.  2007.XI.22. Pío MOA.




 

LO QUE INGLATERRA Y USA DEBEN A FRANCO

En Años de hierro se me planteó la cuestión de la trascendencia internacional de la neutralidad española. Churchill reconoció en varias ocasiones el gran valor que había tenido para su país la permanencia de España al margen del conflicto mundial, tema tratado a menudo por los historiadores, aunque rara vez a fondo. Pero hay otro aspecto clave nunca mencionado, que yo sepa: la ventaja de la estabilidad española, al terminar el conflicto europeo, para  el plan anglosajón de asentar democracias en la Europa occidental.

Suelen olvidarse, en efecto, las arduas condiciones de aquel proyecto: multitudes hambrientas, estancamiento económico, extraordinario prestigio popular de la Unión Soviética y de Stalin, milicias comunistas armadas… En Italia* y en Francia la guerra mundial se había desdoblado en sendas guerras civiles, cuyas brasas podían dar lugar a nuevas llamaradas, como ocurría ya en Grecia, donde recomenzaba una guerra intestina larga y costosa. Allí tuvo que intervenir Inglaterra, y poco después Usa, ante el agotramiento económico inglés.

Una situación pareja a la griega en España habría echado por tierra la estabilización democrática de Europa occidental.  De Gaulle lo vio con claridad: “Una guerra civil en España es la guerra civil en Francia”. Por entonces no existían en nuestro país fuerzas democráticas, ni en el franquismo ni en la oposición, y la estabilidad interna de la nación, y con ella de Francia e Italia, solo podía ser garantizada por el franquismo, como efectivamente ocurrió. Pese a lo cual tanto el gobierno useño como el inglés se dedicaron durante años a hostigar a dicho régimen y a promover aventuras que habrían terminado desastrosamente para ambos.  

05 de Noviembre de 2007 - 08:48:52 - Pío Moa

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*En Italia fueron millares los crímenes mayormente cometidos por los partisanos comunistas, anarquistas, socialistas (admiradores de Stalin y del socialismo real), donde sufrieron el martirio tantos sacerdotes y fieles católicos, por el solo hecho de serlo.… Y tales ejecuciones fueron hasta el año 1949[CDV].-

 

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El punto de vista del historiador

 

Es llamativo que entre la abundante bibliografía sobre Franco y su régimen no haya aparecido hasta ahora una obra de síntesis en torno a sus rasgos principales. Eso he intentado hacer yo en mi último libro, y, consciente de los riesgos de las síntesis, he propuesto en él un debate sobre la dictadura por encima de los furores todavía presentes, muchos de ellos artificiosos. Podemos y debemos contemplar con serenidad nuestro pasado.

César Alonso de los Ríos, en un artículo titulado «El gran error de Pío Moa», pone el dedo en la llaga al observar cómo el problema del franquismo es el de la democracia en España. De ahí concluye que mi libro «defiende» al franquismo y constituye una «condena indirecta de la democracia». A su juicio, «una cosa es que el recuerdo de la República y de la guerra llevase a millones de españoles a temer la inseguridad de cualquier cambio político, y otra cosa es justificar el autoritarismo, el desprecio a los derechos humanos y, en definitiva, el sacrificio de la voluntad general a unos intereses personales y de grupo (...) Quiero recordar que la Generación del 36, los Laín y los Ridruejo, los Aranguren y los Tovar, los Areilza y los Ruiz Jiménez, nunca se arrepintieron de haberse adherido al alzamiento porque lo consideraron un hecho históricamente necesario. Lo que nunca justificaron fue la resistencia de Franco y sus sucesivos equipos a encontrar salidas».
Este planteamiento mejora los habituales en el mundillo autodeclarado progresista, tan próximo a los totalitarismos de izquierda y tan empeñado en hacernos comulgar con ruedas de molino tales como las excelencias de la República o la defensa de la libertad por los marxistas, los anarquistas, los racistas del PNV o los golpistas de Companys y Azaña, bajo el protectorado de Stalin. Tales absurdos han formado el nervio de una historiografía tan vasta como basta, con pretensiones académicas y persistente aún hoy, si bien harto debilitada.

Con todo, Alonso de los Ríos escribe desde el punto de vista (lícito, claro) del ideólogo, mientras que yo lo hago como historiador. El ideólogo «condena», «defiende», «justifica» o «deplora», lo cual no es negativo por principio, pero constituye un peligro para el historiador, que debe evitar la tentación de erigirse en juez del pasado y distribuir sentencias a diestra y siniestra. La historia y la vida humana son demasiado misteriosas, y nuestro conocimiento de los hechos demasiado insuficiente, y de ahí la vanidad de tales juicios. El historiador debe examinar los personajes y partidos desde el punto de vista de su coherencia ideológica y comparándolos con sus actos y con las alternativas en el contexto real, no con algún desiderátum ético ideal.
Así, los partidos de izquierda, consecuentes con sus ideas mesiánicas, destruyeron la democracia en dos fases: la insurrección del 34 y el Frente Popular. Esa destrucción causó la guerra, y no a la inversa. Franco no se alzó contra una democracia, sino contra un proceso revolucionario. El ideólogo puede lamentar que la derrota de la revolución no se debiera a un líder o partido democrático, pero el historiador ve enseguida la imposibilidad de tal cosa, porque: a) un sistema de libertades no puede funcionar si opta por subvertirlo el grueso de la izquierda (o de la derecha, pero en el caso español fue aquella); y b) porque había muy pocos demócratas y liberales a aquellas alturas de la experiencia republicana. Por ello la victoria de Franco originó un sistema autoritario, pero muy preferible, sospecho, a la alternativa totalitaria opuesta. Alguien debía enfrentarse a la revolución, y si ese alguien fue Franco, eso cuenta en el balance, y eso debe agradecérsele, como concluía cuerdamente el gran liberal Gregorio Marañón.

También plantea Alonso de los Ríos, implícitamente, la duración del franquismo. Él mismo responde al mencionar la Generación del 36. Pero ésta ¿qué representaba? Casi nada, y por ello, por querer influir algo, algunos de sus hombres entraron en montajes comunistas (¡unos demócratas!) como el «Pacto para la libertad». Y podrían hacérseles críticas más severas, como indico en el apéndice sobre el episodio Solyenitsin.
La dictadura se mantuvo porque no tuvo alternativa razonable. Los vencidos en el 39 jamás hicieron el menor examen de sus responsabilidades, y siguieron siempre encarnando unas políticas que Azaña describe como demenciales. En cuanto a la monarquía, sólo podía traerla el propio franquismo, y lentamente, pues la izquierda la detestaba, y la mayoría de la derecha no la apreciaba. El PCE, única oposición real y algo influyente,... era comunista. Y para qué hablar de ETA. El franquismo no tuvo oposición democrática de alguna entidad, y eso debe constatarlo el historiador como el hecho que es, sin lamentaciones vacuas. Así, la democracia nunca pudo venir de la oposición real, y terminó trayéndola el sector reformista del régimen, otro hecho histórico evidente, pero a menudo mal comprendido.

Para don César, el franquismo supuso «el sacrificio de la voluntad general a unos intereses personales y de grupo». No sé si «la voluntad general» existió alguna vez, pero, por interés particular o no, el franquismo venció a la revolución, libró a España de los horrores de la Guerra Mundial, y dejó un país próspero y ajeno a las pasiones de antaño. Estos son también hechos constatables, no opiniones, y gracias a ellos hemos tenido luego treinta años de libertades... amenazadas hoy por orates que quieren derrotar a Franco y dicen que representan «voluntades generales».
Valgan estos apuntes para iniciar un posible debate. Y ahora, saliéndome del papel del historiador, aseguro a mi crítico, cuyos trabajos aprecio mucho, que soy demócrata, y por ello celebro que la democracia llegara en buenas condiciones y sin rupturas que nos hubieran devuelto a la epilepsia republicana. También me alegro de que, aunque las libertades políticas hayan llegado más tarde que en el resto de Europa occidental, las debamos a nosotros mismos, y no a la intervención de USA como casi todos los demás países europeos.
Pío Moa, es historiador y escritor - España, Madrid. – ‘ABC’ MMV.XII.XVI

 

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Réplica al Anti Moa - Franco ante Hitler

Pío Moa

La carta de Hitler destruye además la retorcida pretensión de que en la conferencia de Hendaya, dos meses y medio antes, Hitler no había mostrado mayor interés ni presionado a Franco para que entrase en la guerra. El propio Führer lo aclara sin lugar a dudas: "Cuando nos reunimos, mi prioridad era convencerle a Vd., Caudillo, de la necesidad de una acción conjunta de aquellos Estados cuyos intereses, al fin y al cabo, están indisolublemente asociados". Una prioridad.

Pero Franco pensaba de otro modo. Hizo llegar a Berlín un memorando con desorbitadas peticiones de material de guerra, cereales y vehículos, y sólo contestó a Hitler veinte días más tarde, aplazando todavía otros diez días la entrega de la carta. La cual, con extraña insolencia ante quien tanto le había insistido en la importancia del factor tiempo, empezaba así: "Su carta del 6 de febrero me induce a contestarle de inmediato". El resto, pese a las protestas de lealtad y fe en la victoria germana, no podía causar mayor decepción a Hitler.

El dictador alemán se había molestado en demoler la argumentación dilatoria de Franco: "Alemania ya se declaró dispuesta a suministrar también alimentos –cereales– en las máximas cantidades posibles tan pronto España se comprometiera a entrar en la guerra (...) Porque, Caudillo, sobre una cosa debe haber absoluta claridad: estamos comprometidos en una lucha a vida o muerte y en estos momentos no podemos hacer regalos ¡Por ello sería una falsedad afirmar que España no pudo entrar en la guerra porque no recibió prestaciones anticipadas!" (subrayado en el original). Ofrecía de inmediato cien mil toneladas de cereales y señalaba la poca solidez de las excusas de Franco. Éste había insistido en la necesidad de alimentos, pero, recuerda Hitler, "cuando yo volví a hacer constar que Alemania estaba presta a comenzar el envío de cereales, el almirante Canaris recibió la respuesta definitiva de que tal suministro no era lo decisivo, pues no podía alcanzar un efecto práctico su transporte por ferrocarril. Luego, tras haber dispuesto nosotros baterías y aviones de bombardeo en picado para las islas Canarias, se nos dijo que tampoco esto era decisivo, ya que las islas no podrían sostenerse más de seis meses, por la escasez de provisiones". Con lógica y cierta exasperación, Hitler había concluido: "Que no se trata de asuntos económicos sino de otros intereses queda patente en la última declaración, pretendiendo que también por causas meteorológicas no podría realizarse un despliegue [en España] en esta época del año (...) No puedo entender cómo sería imposible por razones meteorológicas lo que antes se quiso considerar imposible por razones económicas (...) No creo que el ejército alemán se vea dificultado en un despliegue de enero por el clima, que para nosotros no tiene nada de extraño".


La argumentación hitleriana era bien clara, pero Franco, en su respuesta, la pasaba simplemente por alto, reiterando que la economía "es la única responsable de que hasta la fecha no se haya podido fijar el momento de la intervención de España". E interpretaba de forma casi ofensiva las frases de Hitler sobre la pérdida de tiempo y de ocasiones estratégicas: "El tiempo transcurrido hasta ahora no es tiempo totalmente perdido. Desde luego que no hemos recibido tanta cantidad de cereales como la que Vd. nos ofrece (...) pero sí una parte de las necesidades diarias del pueblo para el pan cotidiano". Exponía el deseo de que "las negociaciones se aceleren todo lo posible. Para este fin le he enviado hace unos días algunos datos sobre nuestras necesidades" (las exageradas peticiones recientes), y añadía, para mayor injuria: "Estos datos se pueden revisar de nuevo, ordenar, justificar y volver a tratar sobre ellos", con el fin de "llegar a una decisión rápida" (¡!). Con auténtico descaro explicaba su observación sobre la meteorología como "solamente una respuesta a su indicación, pero en ningún caso un pretexto para aplazar indefinidamente lo que en el momento adecuado será nuestro deber". Mostraba su acuerdo con el cierre de Gibraltar, pero exigía el simultáneo de Suez. Negaba que sus reivindicaciones coloniales fueran abusivas, "mucho menos cuando se tienen en cuenta los enormes sacrificios del pueblo español en una guerra que fue precursora de la guerra actual". En fin, "el acta de Hendaya, permítame que se lo diga (...) debe considerarse hoy como obsoleta". El acta especificaba el compromiso español de entrar en guerra, aunque sin fecha definida.

Según la peculiar interpretación de Preston, la carta de Franco "revela entusiasmo por la causa del Eje". Hitler, desde luego, la entendió de otro modo, y no es de extrañar. Aun más curiosa esta consideración del historiador inglés: "El 26 de febrero Franco respondió por fin a la carta de Hitler de hacía tres semanas. Con la caída de Yugoslavia y Grecia ante el general Rundstedt y con Rommel reforzando las fuerzas del Eje en el norte de África, Franco estaba de humor para volver a la subasta, pero su precio se había elevado". La situación era la contraria. Las campañas de Rundstedt y Rommel no comenzarían hasta casi un mes y medio más tarde, y en aquel momento el Eje se hallaba ante el fracaso de la batalla de Inglaterra y las tremendas derrotas italianas en África. Precisamente estos hechos impulsaban en mayor medida a Hitler a buscar la intervención de España.

La carta de Franco obliga a replantearse sus verdaderas motivaciones. Tenía por fuerza que estar de acuerdo con Hitler en que sus intereses caían del lado del Eje, en que las democracias "nunca le perdonarían su victoria" en la guerra civil, y en que la derrota alemana significaría el fin del franquismo. Sabía que Alemania solo podía abastecerle parcialmente, pero también que una Inglaterra acosada estaba en la misma situación, y además interesada en reducir a España a la penuria, como realmente hacía.


Y no solo contaban los intereses generales, sino también la máxima probabilidad, por entonces, de la victoria germana. Hitler había fracasado, al menos de momento, en la invasión de Inglaterra, pero Churchill no podía pensar siquiera en invadir el continente para vencer a su enemigo. Solo podía tratar de ganar tiempo hasta que interviniera Estados Unidos, y antes de que ello ocurriera podía haber recibido tales golpes que se viera obligado a pedir la paz. Sin duda la contienda traería a España hambre masiva y la probable pérdida de las Canarias y otros daños, pero, en la perspectiva de una victoria final del Eje, serían sacrificios pasajeros, que no podían preocupar a un dictador sediento de sangre e insensible a los sufrimientos de las masas, según suele presentársele (contra muchas evidencias). Por otra parte, la promesa churchilliana de sangre, sudor, esfuerzo y lágrimas, valía también para España en una situación extrema. Por tanto, entrar en guerra permitiría a Franco participar en el Nuevo Orden europeo, mientras que abstenerse le llevaría a chocar con un Führer defraudado y hostil, que lo derrocaría sin mucho trabajo.

Parece poco creíble, pues, la imagen de un Caudillo empeñado en preservar la no beligerancia, como le han presentado algunos franquistas posteriormente. Todas las razones militaban para él, en principio, a favor de la guerra. Y seguramente era sincero cuando la prometía al Führer. Entonces, ¿por qué no cumplía? Probablemente era menos sincero cuando afirmaba que no pensaba dejar que alemanes e italianos corrieran con la sangre y los sacrificios para sacar tajada en el último momento. En realidad era eso, justamente, lo que quería, como él había indicado a Serrano Súñer: guerra corta, sí, sin vacilar; guerra larga, solo cuando estuviera prácticamente resuelta. Y como la guerra se prolongaba, había que esperar el momento oportuno. De una guerra larga España podría salir vencedora al lado de Alemania, pero exhausta y destrozada, y por ello supeditada por completo al auténtico vencedor. Franco tenía constancia de las ambiciones nazis de satelizar España, y eso nunca lo aceptó, aunque se viera obligado a hacer concesiones ocasionales. Él quería llegar al Nuevo Orden con la mayor fortaleza posible, y sus exigencias coloniales en África formaban parte de ese designio.


Por supuesto, Franco no podía ignorar los muy graves contratiempos que ocasionaba a sus amigos, y no cabe pensar que deseara sabotearlos. Pero obraba en la confianza de que no les causaba perjuicios irreversibles. Por otra parte le interesaba la victoria hitleriana... pero no tan apabullante que redujera al resto del continente a la impotencia. Así, pese a desear hacerse con varias colonias francesas, le convenía una Francia potente, como contrapeso a la hegemonía alemana. Y una Italia fuerte, a pesar de que sus planes sobre el Magreb entrasen en conflicto con los españoles. Algo parecido cabe decir de Inglaterra, con la cual procuraba mantener relaciones aceptables, a pesar de todo. De ahí que su política se nos presente como una serie de medidas contradictorias. Hacía ofertas y promesas a Berlín, y al mismo tiempo buscaba acuerdos y créditos en Londres y Washington; proclamaba su amistad con Mussolini, pero tomaba medidas en Tánger y Marruecos contra los intereses italianos; exigía parte del imperio francés, pero procuraba mantener buenas relaciones con la Francia de Vichy; afirmaba que su acercamiento a Portugal perseguía alejar a éste de la órbita inglesa, cuando cualquiera podía entender lo contrario...

En realidad, la situación no podía ser más compleja, y creo que solo teniendo en cuenta los embrollados y contradictorios intereses en juego se pueden entender las aparentes contradicciones de la política franquista. El eje de ella consistía en entrar en la guerra solo en el momento oportuno y con los menores sacrificios para España; mientras tanto, procuraba ganar tiempo y no perder bazas, lo cual implicaba asumir serios riesgos, como el de una invasión de la Wehrmacht o un asfixiante bloqueo británico. Al final, el momento oportuno nunca llegaría, y este cálculo oportunista demostró ser, finalmente, el más prudente y beneficioso para todos. Menos, paradójicamente, para sus amigos del Eje. L.D.ESP. 2006-12-16

 

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P: Mi pregunta, aunque la actualidad vaya por otro sitio, es sobre la guerra civil. ¿Me podría decir, como se financió Franco y como pagó esta financiación un país arruinado?


R: La financiación durante la guerra fue muy variada. Curiosamente el primer empréstito se lo negoció un cónsul judío; hubo intereses del área del dólar y de la libra de enorme relevancia y, por supuesto, se gestionó bastante aceptablemente la producción nacional. Durante la posguerra, el punto de inflexión fue el plan de estabilización a finales de los 50.

Este diálogo con el doctor historiador y filósofo don César Vidal tuvo lugar entre las 17.00 y las 18.00 del martes 09 de enero 2007. L.D. Esp.

 

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Creo que no hay mayor signo de inteligencia que saber conservar aquello que merece la pena ser conservado

 

Dice el cantautor católico Martín Valverde que los hombres somos especialistas en colocar lápidas sobre las personas: «Éste es progre; éste es carca». Y no hay quien mueva un milímetro esa pesada piedra. La vieja máxima que invita a escuchar la verdad sin mirar de dónde viene ha caído, desde hace ya tiempo, en desuso.
   Recientemente, un amigo me dio la posible solución a este problema en crecimiento: aprender del pasado sin vivir anclado en él. Aprender, conocer y quedarse con lo bueno del pasado, pero sin necesidad de que ese mismo pasado se convierta en una camisa de fuerza o en un peaje infranqueable.
   En el caso de la Iglesia, hay formas, maneras, usos y costumbres que pueden cambiar sin que se altere la esencia. Es como escanciar un vaso de buen vino: se pasa de la botella al vaso. Sigue siendo el mismo vino, pero en un recipiente distinto. Eso sí, aquellos que quieren cambiar el licor generalmente sólo logran empeorarlo. Y los que no se atreven ni siquiera a abrir la botella, puede que descubran más adelante que su vino, ese que han preferido dejar intacto demasiado tiempo, se ha convertido en vinagre... 2006

 

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¿Cómo se realizó la cruz de los caídos?

 

Por César Vidal – 22.10.2000

 

Corría el vigésimo año de la Victoria. Para aquel entonces, Franco no sólo había ganado la guerra civil sino que además había logrado sortear con éxito el bloqueo internacional y convertirse en uno de los aliados de Estados Unidos en el Mediterráneo occidental. Podía ahora inaugurar con la mayor tranquilidad un monumento que ensalzaba su triunfo de una manera innegable.

 

Corría el mes de abril de 1959. Franco pronunciaba el discurso de inauguración del Valle de los Caídos. En sus palabras no cabía la menor duda acerca de quiénes eran los representados en aquel gigantesco sepulcro. Tras referirse a la necesidad de impetrar la "protección divina para nuestros Caídos", mencionó la "presencia de las madres y esposas de nuestros Caídos" y se refirió a la "inspiración… precisa para cantar las heroicas gestas de nuestros Caídos". Por si cupiera alguna duda sobre la identificación ideológica de los sepultados, Franco insistió igualmente en que "en todo el desarrollo de nuestra Cruzada hay mucho de providencial y milagroso" o en que "la principal virtualidad de nuestra Cruzada de Liberación fue el habernos devuelto a nuestro ser, que España se haya encontrado a si misma".

A dos décadas de la peor guerra civil sufrida por los españoles, era obvio que el Régimen estaba especialmente preocupado por mantener una dialéctica de vencedores -protegidos por la Providencia por más señas- y vencidos. Esta circunstancia podría resultar chocante en la actualidad y, sin duda, colisiona con las versiones que atribuyen al monumento un ánimo fundamentalmente renconciliador. Sin embargo, resulta comprensible en el contexto de la guerra civil y de la inmediata posguerra. De hecho, aquel monumento a la victoria había tenido un precedente en el proyecto ideado por el escultor Manuel Laviada, el arquitecto Luis Moya y el vizconde de Uzqueta mientras se hallaban ocultos en el Madrid rojo de finales de 1936. Habían soñado en aquellos difíciles días con un arco del triunfo y una pirámide hueca de dimensiones similares a la de Keops en Gizah. Su proyecto no pudo ser, primero, porque habían pensado asentarlo en las cercanías del Hospital Clínico y, segundo, porque el carácter religioso que había ido adquiriendo la guerra aconsejaba otro tipo de simbología.

El 1 de abril de 1940, justo al año de concluir el conflicto, se promulgó un decreto para levantar "el templo grandioso de nuestros muertos, en que por los siglos se ruegue por los que cayeron en el camino de Dios y de la Patria… en que reposen los héroes y mártires de la Cruzada". Como enclave del monumento religioso alzado en honor de los vencedores, se designaba en el artículo 1 del decreto la finca de Cuelgamuros, un terreno comprendido entre las altitudes 985 y 1.758 metros sobre el nivel del Mediterráneo en Alicante.

Franco deseaba que las obras de la cripta hubieran concluido en el plazo de un año para inaugurarlas en abril de 1941 y que en cinco se terminaran todas las demás edificaciones incluidos los jardines. Los deseos del Caudillo podían ser vehementes pero, como algunas otras de sus concepciones de entonces, no tenían punto de contacto con la realidad. Hasta dos décadas más tarde no se podría inaugurar el monumento. No fue por falta de medios ni de talento. Tampoco puede decirse que la obra se caracterizara por un centralismo regional. El arquitecto era un vasco, llamado Pedro Muguruza Otaño, que ya en 1935 había declarado que la arquitectura del futuro desconocería las calles, los patios y las ventanas, iba a ser el cerebro de la construcción. Por su parte, el trazado de la carretera de acceso fue entregado a los hijos de un contratista catalán llamado Banús.

Finalmente, de la perforación de la cripta, con la extracción de millones de metros cúbicos del risco de la Nava, se encargó la empresa San Román, de Madrid, una filial de Agromán, y de la construcción del monasterio, la empresa Molán. La mano de obra -en el sentido más literal- vino proporcionada, en primer lugar, por gente empujada por la desesperante necesidad de la posguerra. Acuciados por la necesidad de sobrevivir, por el Valle pasaron, por ejemplo, los Rabal ya fueran padres, hijos o nietas sin excluir a Paquito, el que luego sería actor. También lo harían trabajadores a los que Juan Banús miraba la boca y tanteaba los músculos para asegurarse de que podrían cumplir con su deber. A éstos se sumaron presos republicanos -la población penitenciaria a inicios de 1940 superaba las 270.000 personas- a los que se había prometido una reducción de condena por jugarse la vida en la construcción del monumento dedicado a los Caídos de la Cruzada.

Como señalaría el padre José María López Riocerezo, "la obra de redención de penas por el trabajo es el mejor exponente del espíritu en que se inspiró la Cruzada española". Mientras las condenas a muerte se pronunciaban por millares sobre los vencidos, no pocos contemplaron el trabajo en aquel faraónico monumento como una tabla de salvación. Gregorio Peces-Barba, padre del que luego sería presidente del Congreso, fue uno de esos penados que, a finales de 1943, alcanzaban una cifra cercana a los seiscientos. Trabajaron bien. De hecho, Muguruza estaba tan satisfecho que el 20 de noviembre de aquel año les comunicó que solicitaría del Patronato la redención extra de un mes de condena y autorizó una visita extraordinaria de familiares. Las fugas fueron raras pero no faltaron. A un mexicano y un argentino, miembros de las Brigadas internacionales, se sumaron, por ejemplo, Nicolás Sánchez Albornoz o Manuel Lamana y en una de ellas colaboraron Norman Mailer y Barbara Probst Salomon.

La muerte de Muguruza provocó su sucesión por Diego Méndez que duplicó las dimensiones de la cripta. En 1950, Huarte se hacía con la concesión de las obras de la gigantesca Cruz. Al año siguiente, el escultor Juan de Ávalos firmaba el contrato para la realización de las estatuas, nueve en total, que representarían a la Piedad, los cuatro evangelistas y las cuatro virtudes teologales. En 1957 se creó la Fundación de la Santa Cruz del Valle de los Caídos y en 1958 se llegaba a un acuerdo con los benedictinos para que establecieran una abadía en el lugar.

La inauguración se produciría finalmente al siguiente año convirtiéndose en una apoteosis de los vencedores. Al monumento se trasladaron de manera casi inmediata los restos de José Antonio Primo de Rivera que habían reposado hasta entonces en El Escorial. La obra había costado la cifra exacta de 1.086.460.331,89 pesetas de aquel entonces así como la vida de una docena de trabajadores en accidentes y la muerte lenta de otra cincuentena que contrajo en su construcción la silicosis. Sería visitada por unas setenta mil personas hasta la muerte de Franco, su segundo huésped ilustre.

A partir de entonces entraría en un período de decadencia que no ha logrado superar en la actualidad quizá porque desde el principio quedó marcada por la mácula del enfrentamiento entre españoles.

 

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De nuevo el Valle de los Caídos

1 de Octubre de 2009 - 07:57:51 - Pío Moa

Leo que, en su sagrada misión de rescatar los odios antiguos, las Cortes debaten sobre "los republicanos del Valle de los Caídos", y Garzón y otros individuos envenenados de rencor –o de ganas de hacer negocio, porque todo va junto– lanzan ahora una campaña sobre el enterramiento "ilegal" de imaginarios republicanos bajo la cruz del valle. Durante años se negó la existencia de izquierdistas en aquel lugar, para quitarle su carácter de monumento a la reconciliación, ahora se trata de que, como dice una de esas personas, "mi madre no se explica por qué su padre está (enterrado) con su verdugo". Aparte de que este tipo de testimonios hay que mirarlos con lupa, porque la falsificación de la propia biografía se ha convertido en un deporte en la izquierda, vale la pena observar la irreconciliable mala leche concentrada en tan breve frase.??

¿Verdugo? Las izquierdas se sublevaron contra la república en 1934 y comenzaron la guerra civil, mientras que el "verdugo" defendió la legalidad. Luego las izquierdas destrozaron la legalidad republicana a partir de febrero del 36 y trataron de imponer una revolución, y con todo ello provocaron la reanudación de la guerra. El "verdugo" consiguió vencerlas, algo que los rencorosos jamás le perdonarán. Y en el Valle de los Caídos el "verdugo" ordenó que se enterrasen no solo soldados y otras víctimas de su bando, sino también del bando contrario, en señal, ¡precisamente!, de reconciliación. Es cierto que el "verdugo" los enterró a todos bajo una gran cruz, símbolo de un cristianismo que las izquierdas quisieron erradicar hasta del recuerdo, destrozando incluso las cruces de los cementerios, como ahora pretenden borrar el pasado con su "memoria histórica" estilo Gran Hermano. Y que están enterrados todos bajo el común epígrafe "Por Dios y por la patria", lo que no deja de resultar una ironía, cuando las izquierdas lucharon contra la religión y también contra la patria. Pero una ironía reconciliadora, a fin de cuentas. Como señalaban Besteiro o Marañón, en definitiva ganaron los mejores, y lo manifiesta el propio monumento a los caídos de los dos bandos. Algo que jamás habrían hecho sus enemigos, a quienes recomendaba la Pasionaria utilizar los cadáveres de los nacionales como abono de los campos.??

Muchas veces he recordado que, contra la pretensión de muchos cínicos de izquierda e hipócritas de la derecha (aquí se han invertido las tornas de la definición de Drieu La Rochelle) la reconciliación no se alcanzó en la transición, sino que la transición fue posible porque la reconciliación estaba alcanzada desde mucho tiempo antes: muy pocos fuimos los que nos opusimos al franquismo, y aún menos los que luchamos de verdad. Reconciliación odiada con un fervor ciego por los locos de siempre, que no se resignan a que los españoles convivamos en paz.??----------------------------------------

Fuera de España se emplea mucho el término "nacionalista" para caracterizar a los franquistas durante la guerra civil (que tampoco se llamaban a sí mismos "franquistas"). En realidad la propaganda del Frente Popular se hizo aún más nacionalista que en el bando contrario, probablemente por motivos de ocasión, para movilizar a la gente (contra la invasión extranjera, etc.), aunque con perfecta insinceridad. Pero los de Franco se llamaron "nacionales" y evitaron el término "nacionalistas", porque consideraban que defendían a la nación pero, en la tradición derechista española, veían el nacionalismo como una doctrina anticristiana, que hacía de la nación una especie de dios nuevo. El lema básico era "Por Dios y por la patria", como aparece en los recordatorios de los caídos. En primer lugar Dios, y en segundo lugar la patria. En cambio desapareció el tercer término del lema tradicionalista: "Por Dios, por la patria y el rey", siempre por ese orden de importancia. La guerra civil no se libró por la monarquía, como tuvo ocasión Franco de recordarle a Don Juan. 

http://blogs.libertaddigital.com/presente-y-pasado/


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…En rigor todos vienen del franquismo, salvo los comunistas y los terroristas. Las dos amnistías de la Transición liberaron a los presos políticos, a las víctimas, si así queremos llamarlas, de aquel régimen: en torno a cuatrocientos, comunistas y terroristas en su casi totalidad. Esas víctimas y sus partidos jamás hubieran traído la democracia, por más que no apearan la palabra de sus labios, como hacía Stalin, o como Hitler hablaba de paz todos los días.    

La democracia vino del franquismo, concretamente de su  sector reformista, desde el rey hasta las Cortes, y sólo podía venir de él. Y de él vino la Constitución más generosa y consensuada de la historia de España, en torno a la cual se agrupó una clase política de distintos partidos, no brillante, pero sí sensata. Hoy, sin embargo, por una perversión repetida en la España del siglo XX, se ha producido un nuevo reagrupamiento: los corruptos  enterradores de Montesquieu, los comunistas residuales, los separatistas y los terroristas, unidos en el delirante empeño de derrotar a Franco. Pero no nos dejemos engañar: el delirio es pura comedia. A quien quieren derrotar es a la Constitución,  a la convivencia en paz y en libertad tan difícilmente conseguidas  después de tantas convulsiones.

Quien recuerde sus orígenes, lo entenderá: lo marxistas siempre fueron los peores enemigos de la democracia, y para qué hablar de los asesinos etarras. En cuanto al franquismo, no dejó de ser una dictadura, y es lo peor de ella, la parte más falsaria y enemiga de las libertades,  la que ahora se ha  aliado con aquellos. Menos extraño de lo que parece… Pio MOA-2006.04.08 LD.ESP.

 

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El 2 de abril del año 1940 – Publicación de «Poeta en Nueva York», de Federico Garcia Lorca, español.

 

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Lorca murió a manos de parientes lejanos,

según un documental

 

El documental ´Lorca. El mar deja de moverse´, que se estrenará en los cines en septiembre, desvela que la muerte de Federico García Lorca en 1936, en el contexto de las represalias entre los bandos contendientes al inicio de la Guerra Civil, "nació en el entorno familiar". Juan Luis Trescastros Medina, casado con una prima del padre del poeta y dramaturgo de Fuentevaqueros, habría sido el autor material de su muerte.

 

Los motivos del asesinato estarían fundamentados, principalmente, en las rencillas entre las familias de los García Rodríguez, los Roldán y los Alba. Así pues, el odio, la política y la homofobia habrían sido los elementos clave que condujeran al trágico desenlace del que ahora se cumplen 70 años.

El director del documental, Emilio R. Barrachina, explicó hoy en Madrid que han hecho falta dos años y medio de trabajos para realizar este filme, basado en las investigaciones del hispanista Ian Gibson y las más recientes y "desveladoras" realizadas por Miquel Caballero y Pilar Góngora, a raíz de nuevos documentos aparecidos en los últimos cinco años, que no habían visto antes la luz.

Las investigaciones de Gibson ya involucraban a la familia Rosales en la muerte de Lorca el 19 de agosto de 1936, un mes después del alzamiento de los ´nacionales´.

Pero ahora se confirma que, en efecto, su muerte "nace en el entorno familiar", como dijo hoy Barrachina. Caballero, que junto a Góngora ha biografiado a la familia de Lorca desde el siglo XVIII, analizó las causas de la muerte y pudo tener acceso a archivos que aún no se habían revisado.

Hoy explicó que las rencillas familiares entre las tres familias fueron el detonante que puso fin a la vida del poeta.

El autor material de los hechos: Juan Luis Trescastros Medina, no tenía problemas en ir contando que le había pegado "dos tiros en el culo por maricón". Como es sabido, no actuó solo en el ´piquete´ de fusilamiento del autor de ´Poeta en Nueva York´, miembros "todos ellos" de su familia y Acción Popular, como matizó Caballero, quien añadió que, Trescastros está enterrado en un panteón de la familia Lorca.

En el documental se recogen las palabras de 25 personas, entre otras, las del propio Gibson, las de Laura García Lorca (sobrina del escritor andaluz) o las grabaciones de Paúl Preston. También están las declaraciones del bailarín Rafael Amargo, familiar de Lorca, quien no tuvo problemas en asegurar que "a Lorca lo mataron sus primos". "El run, run popular de que los familiares eran los instigadores, ahora se confirma", indicó el director del documental.

La homosexualidad de Lorca y haber escrito ´La casa de Bernarda Alba´, una obra escrita "con mucha retranca y mala leche y donde hace una radiografía de los Alba, parientes de los Roldán", fueron elementos detonantes de su muerte. Un asesinato que la familia Lorca siempre ha considerado "tabú" y del que nunca se ha hablado, según contó Laura García Lorca al director del documental.

En cuanto al lugar donde reposan los restos de Lorca, un asunto que la familia nunca ha querido remover, el documental desvela también un audio hasta ahora inédito que Gibson grabó en 1966 de voz de su enterrador: Manolo ´el comunista´ y en el que se asegura que el cuerpo de Lorca se encuentra en el barranco de Víznar y no en la Huerta de San Vicente ni en Nerja, como habitualmente se ha especulado.

2006-07-27. ‘ABC’ Esp.

 

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Que Lorca ha sido durante décadas uno de los personajes más chuleados de la Historia española no admite discusión. Hace no tantos años, un conocido comunicador pidió el voto para el PSOE para evitar votar a «los asesinos de Lorca» y sabido es cómo hay gente, incluso venida de allende el mar, que se ha dedicado a vivir de Lorca y especialmente de su fusilamiento como el que se dedica a la fabricación de automóviles o a la extracción de materias primas procedentes de las entrañas de la tierra. Llama por eso la atención que la última obra dedicada –y extraordinariamente bien documentada– a la muerte del poeta llegue a la conclusión de que Lorca no fue pasado por las armas por razones políticas sino por odios familiares. Las rencillas venían de lejos y el propio Lorca arrojó leña al fuego al escribir «La casa de Bernarda Alba» pintando un cuadro negro y cruel de la otra familia que, desde luego, no era como la reflejada en el extraordinario drama rural. De no haber estallado una guerra civil, de haber pasado años desde la redacción de la obra, de haber estado en otro lugar, incluso de haber transcurrido ya unos meses desde el inicio del conflicto fratricida, Lorca seguramente habría salvado la vida.  Sin embargo, las circunstancias en su contra se acumularon. El odio, que venía de atrás, se había exacerbado recientemente; la revolución y la contrarrevolución habían abierto las puertas a cualquier ajuste de cuentas y la flor negra de la ambición más vil germina en ese tipo de situaciones.

 

El resultado final fue el fusilamiento de Federico García Lorca. Semejante dato priva a los partidarios del mito político de una bandera, pero nos permite ahondar provechosamente en la realidad de una guerra civil. Tras la capa de la represión perpetrada en nombre de la revolución de los pobres o de la defensa del catolicismo, se ocultó no pocas veces el deseo de no pagar una deuda, de vengarse de una afrenta, de saldar la amargura de un desaire amoroso, de calmar la sed provocada por el resentimiento. Se fusilaba al sacerdote o al falangista, pero, en realidad, el motivo era la envidia y el rencor. Se acribillaba al socialista o al anarquista, pero, en verdad, la causa era el miedo y el odio.  Es cierto que en las guerras civiles hay héroes e idealistas. Es cierto que no faltan las gentes nobles e incluso los que perdonan al prójimo. Es cierto que no escasean los que se juegan la vida y creen en su causa de todo corazón.  Pero, al mismo tiempo, agazapados en los lugares más siniestros, reptan los que ansían, como dijo aquel socialista, fusilar a todo el que sepa más que la regla de tres o, como señaló alguno de los encantados con la muerte de Lorca, «meterle un tiro por el culo a ese maricón». La manera en que la guerra –y, en especial, las civiles– nos enfrenta con lo más abyecto de la naturaleza humana debería estar presente en nuestros corazones y en nuestras mentes más allá de las falacias de la Memoria histórica y de cualquier otro adefesio nacido del sectarismo. Ciertamente, de esa manera, muchos se quedarán sin sus mitos más queridos, pero conocerán una verdad que no puede ser pasada por alto.

César VIDAL. 01. VIII. MMXI. Larazon.es

 

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-¿Por qué había tanto odio a Lorca en Granada?-Hay que conocer la Granada de la época, con críticas y envidias. Pero eso no fue sólo con Lorca. También lo sufre su familia. Castigaron al padre, un terrateniente rico de la Vega, por celos. Los odios, cuando se produce una situación de guerra civil, desencadenan venganzas alegando motivos políticos.


Federico García Lorca: setenta años de dudas y

silencios sobre el crimen echan por tierra varios mitos

 

La hija de uno de los enterradores del poeta asegura que se colocó un distintivo en su cuerpo por si algún día se recuperaran sus restos
Por Víctor Fernández

 

Barcelona- En noviembre de 1937 ya habían llegado al cuartel de Franco los rumores sobre el asesinato de Lorca. El caudillo calificaba los hechos, en entrevista con un periodista chileno, como uno de esos «accidentes naturales de la guerra», concluyendo que «queda dicho que nosotros no hemos asesinado a ningún poeta». Setenta años más tarde sabemos algo más y el «accidente» estaba mucho más controlado de lo que nos imaginábamos. Las recientes investigaciones, especialmente las que Miquel Caballero y Pilar Góngora han realizado para el todavía inédito documental de Emilio Ruiz Barrachina «Lorca: el mar deja de moverse», parece que aportan más luz sobre los enfrentamientos familiares que desembocarían en el asesinato. Pero hay más datos, algunos de ellos demasiados preocupantes porque echan por tierra varios mitos.
   El 16 de agosto de 1936, García Lorca era detenido en una aparatosa operación militar dirigida por el diputado de la CEDA, Ramón Ruiz Alonso, y uno de los matones de las Escuadras Negras, Juan Luis Trescastro. Ruiz Alonso se habría encargado de redactar una denuncia contra el poeta en la que se incluían cargos como su homosexualidad o su amistad con Fernando de los Ríos. Pero el llamado «obrero amaestrado de Gil Robles» no fue el único denunciante. Lorca se encontraba alojado en la casa familiar de su amigo Luis Rosales. Sus hermanos, todos ellos destacados miembros de Falange, habían tenido un delicado papel en la conspiración de 1936. Ahora sabemos por Gerardo Rosales hijo de su tío Antonio, llamado «el Albino» y de planteamientos radicales, habría denunciado también al poeta. Se da el caso que Antonio afirmaría en 1941, durante el proceso de Responsabilidades Políticas incoado a Lorca, que «durante su estancia en mi domicilio, su conducta fue verdaderamente cristiana y ejemplar». Lo sorprendente es que Antonio Rosales no llegó a ver a Lorca nunca al negarse a coincidir con él en la casa de los Rosales. También sigue siendo triste que el escritor y académico Luis Rosales no escribiera línea alguna sobre todo aquello.


   La tumba encontrada. Lorca, como cientos de granadinos víctimas inocentes de la represión, está enterrado en algún lugar entre Víznar y Alfacar. Este diario ha podido recabar dos testimonios vinculados con el grupo de enterradores del poeta. Uno de ellos es Fernando García Noguerol, íntimo amigo de Manuel Castilla Blanco, uno de los enterradores de Lorca y fallecido en 1995. García Noguerol es el propietario de la imagen del grupo que aparece en estas páginas, fotografía de 1936, que le entregó Castilla Blanco poco antes de su muerte. Según Noguerol, la madre de su amigo llegó a trabajar en casa de los Lorca. En julio de 1936, Castilla, a quien muchos llamaban por esas fechas Manolo «el comunista» pudo salvar la vida gracias a un amigo convirtiéndose en uno de los responsables de los entierros de las víctimas de Víznar y Alfacar. El hombre, entonces un muchacho de 18 años, le diría a García Noguerol que reveló el paradero de la tumba a un estudioso «por presiones de un investigador extranjero, aunque él no sabía nada. Fueron muchos detrás de él, pero no recordaba el paradero de la tumba». El investigador habría sido, según otras fuentes recogidas por este diario, Agustín Penón a quien Castilla le debía mucho dinero. Sin embargo no parecen tan claras esas dudas, pese a las supuestas coacciones de Penón, porque Manuel Castilla Blanco indicó el mismo lugar a Ian Gibson y al periodista Eduardo Molina Fajardo.


Castilla Blanco, en el centro sujetando un niño, junto al resto de enterradores de

 La Colonia - fotografía de 1936


 

   LA RAZÓN pudo hablar ayer con una familia de Granada, los H. R., que prefirieron mantener el anonimato. Dos miembros de esta familia, que habían pertenecido a la masonería de la ciudad de la Alhambra, pudieron escapar del pelotón de ejecución trabajando como enterradores en Víznar y Alfacar. Allí coincidieron con Manuel Castilla Blanco y otros masones, todos ellos identificados como la Escuadra de Juan Simón, nombre que tomaron irónicamente de la canción «La hija de Juan Simón». La noche del 18 al 19 de agosto de 1936 supieron que estaban dando sepultura a Federico García Lorca junto a otras víctimas. Algunos de los trabajadores de la Escuadra de Juan Simón reconocieron al poeta y decidieron conservar un distintivo en el cuerpo de Lorca por si alguna vez podían ser rescatados sus restos. Nunca se removió esa tierra, según esta fuente.
   A Lorca lo asesinaron junto a dos bandilleros, Joaquín Arcollas Cabezas y Francisco Galadí Melgar, y un maestro de escuela de Pulianas, Dióscoro Galindo González.
Los familiares de estos dos últimos han reclamado la exhumación de la fosa, mientras que los herederos del poeta se niegan a que eso se lleve a cabo. La pasada semana la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica anunció que solicitará judicialmente que se identifiquen y recuperen los restos de Galindo y Galadí. Nadie más ha reclamado el cuerpo de algún pariente enterrado en este espacio, hoy tumba de centenares de granadinos asesinados por orden de José Valdés Guzmán, gobernador civil de la ciudad.
   El lugar parece que hoy se ha salvado, pese a que el ayuntamiento socialista de Alfacar, dirigido por Juan Caballero Leyva, en su momento quiso construir un campo de fútbol sobre esa tumba. A no muy lejana distancia de ese fúnebre lugar, bajo el consentimiento del consistorio de Alfacar, hay un restaurante llamado la Ruta de Lorca, donde se sirven platos de pésimo nombre como lorquianitos, brocheta lorquiana o la ensalada Doña Rosita. Un acto que demuestra una escasez de conocimientos por aquellos que se creen admiradores del poeta.

2006-08-18

 

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García Lorca fue asesinado en una de esas brutales venganzas de ciudades pequeñas so pretexto de política. El franquismo no tenía ninguna razón real para asesinarlo, y la derecha se ha sumado después a los actos de homenaje al escritor.

Ramiro de Maeztu o Muñoz Seca, entre otros, fueron asesinados por razones exclusivamente políticas. Que, por lo visto, se mantienen: las izquierdas, incluso después de Franco, han rehusado cualquier homenaje o desagravio por tales crímenes. Peor, si surge la ocasión añaden el vituperio y la burla a las víctimas.

Entre quienes más utilizaron y manipularon políticamente el asesinato de Lorca estuvo Rafael Alberti, que por entonces combinaba sus labores de poetastro revolucionario con las de la cheka de Bellas Artes.

Y ahora sale por ahí un fulano con la penúltima manipulación: Lorca somos todos, titula su engendro. El fulano ha mandado "a la mierda a la puta España" y deseado que "les exploten los cojones a los españoles". No sobra recordar que el grito "¡Viva España!" se hizo sospechoso durante la república, y subversivo en el Frente Popular. Bastaba para llevar a una persona a la cheka más próxima. El fulano en cuestión no tiene nada que ver con Lorca, tan español. Se parece mucho más a Alberti.

http://blogs.libertaddigital.com/presente-y-pasado/archivo-2006-08.html  PIO MOA

 

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Federico García Lorca

 

Por Julián Marías, de la Real Academia Española

Publicado en el diario ABC de Madrid, el 11 de junio de 1998

Nos hemos acostumbrado, gracias a la longevidad actual, a celebrar los centenarios de los nacimientos cuando las personas recordadas están aún vivas o poco menos. En el caso de Federico García Lorca el centenario de su nacimiento en 1898 parece extrañamente lejano, ya que su temprana muerte en 1936 -a consecuencia de la doble criminalidad desatada durante la guerra civil lo relegó a la memoria hace tantos años.

Asistí a la mayor parte de la vida literaria de Lorca; lo conocí personalmente, en breves encuentros en la revista «Cruz y Raya», de la que fui colaborador a los veinte años, y en las actuaciones del grupo teatral La Barraca; asistí a las representaciones iniciales de algunas de sus obras teatrales. Tengo las primeras ediciones de algunos de sus libros: «Mariana Pineda» (en La Farsa, 1928), «Canciones» (1929), «Poema del cante jondo» (1931), «Canciones» (1930). . .

En 1949 -reténgase la fecha- escribí un largo artículo sobre él en el «Diccionario de Literatura Española» de la Revista de Occidente. Allí me planteé un examen general de su obra, de lo que había aportado a la poesía y al teatro, parte insustituible de la cultura de su breve tiempo en este mundo.

Conviene recordar que García Lorca fue un autor minoritario, como todos los poetas de su generación e incluso de las dos anteriores. La popularidad de la poesía se quebró ya desde la del 98 -Unamuno, los Machado, incluso Rubén Darío, salvo un puñado excepcional de poemas-; se acendró, se depuró, alcanzó cimas inigualables, pero dejó de estar en la memoria de casi todos. Algo análogo se puede decir del teatro de Lorca, tan innovador -después de su evidente preludio en Valle-Inclán-; no había dificultad para tener entradas en las primeras representaciones de sus obras, en teatros rara vez llenos. El único libro suyo realmente popular fue el «Primer romancero gitano» (1928), publicado, como la mayoría de los libros poéticos de su generación, por la Revista de Occidente. En cuanto al teatro, su gran éxito en vida fue «Bodas de sangre».

Todo esto se alteró a consecuencia de su muerte, que lo convirtió en un «símbolo», lo vinculó de manera permanente al ámbito de la política, originó un entusiasmo previo y automático por todo lo suyo. Sería deseable que volviera a reintegrarse a la literatura, que fuese leído como el genial escritor que fue, valorado por lo que hizo y no por la terrible muerte que le infligieron, como a tantos españoles a los dos lados de las trincheras fratricidas.

Mis preferencias en la poesía van a esos libros mencionados, «Canciones», «Poema del cante jondo» y su culminación en el «Romancero gitano»; creo que esto es lo que asegurará su perduración, sin perjuicio del valor del resto de su obra poética. Análogamente, en la escena admiro particularmente «Doña Rosita la soltera», «Mariana Pineda», «La zapatera prodigiosa», «Bodas de sangre», más que «Yerma» y, por supuesto, «La casa de Bernarda Alba», ensalzada después de su muerte, con el automatismo a que me he referido.

Lorca fue el representante más certero de la tendencia dominante en la poesía española de la primera mitad de este siglo: la transformación exquisita y refinada de lo popular, sin perderlo -Falla es el gran ejemplo musical-; esto lo llevó a partir de lo andaluz sin «andalucismo», a acentuar el «divertimento», el mundo de los niños, y, a la vez, sabiamente combinado, lo dramático, lo misterioso e inquietante.

A diferencia de otros poetas, por ejemplo Antonio Machado, usó la metáfora con un talento excepcional:«Por el olivar venían, / bronce y sueño, / los gitanos. » «La noche se puso íntima / como una pequeña plaza. » «De cuando en cuando sonaban / blasfemias de cresta roja. » No resisto a la tentación de citar la presentación de este «Pueblo» traspuesto en notas vitales, en una asombrosa multiplicación de perspectivas: «Sobre el monte pelado, / un calvario. / Agua clara / y olivos centenarios. / Por las callejas, / hombres embozados, / y en las torres, / veletas girando. / Eternamente girando. / ¡Oh, pueblo perdido, / en la Andalucía del llanto. »

«Poesía pura, «ma non troppo» -había escrito Jorge Guillén-. La de Lorca era decididamente «impura», con dramatismo, sensualidad, referencias reales concretas, locuciones populares, modismos, evocaciones múltiples, alusiones a cosas «consabidas». Pero con todos esos «materiales» hace Lorca poesía en el más estricto sentido de la palabra, con un refinamiento que no aparece en la legión de sus imitadores. Temo que la estimación expresada por críticos y comentaristas de otras formas de su poesía lo llevó a olvidar o relegar lo que a mi juicio es su más valiosa aportación literaria en sus primeros libros.

Algo semejante se podría decir de su obra teatral. Siguiendo las huellas de Valle-Inclán, recordó que el teatro ha sido siempre «poesía dramática». Se olvida demasiado que durante siglos el teatro se ha escrito en verso, que la prosa era una excepción, una extraña «innovación», sin duda justificada pero que había que justificar. Benavente había sido un gran renovador del teatro en España, que se repitió demasiado, hasta el punto de ser desdeñado, no sin pérdida. Valle-Inclán llevó al extremo una nueva manera de hacer teatro, hasta el punto de que hizo difícil su representación. He señalado que incluyo como parte esencial las «acotaciones», que no se «dicen» en escena sino que son leídas en un texto escrito, y ha sido menester el acierto de hacerlas «sonar» en la sala mediante un personaje imaginario o una voz añadida para que la representación se «complete» y sea eficaz.

Lorca recoge mucho de esto y lo asimila en el texto mismo: conserva el lirismo necesario -en la prosa o en versos diestramente deslizados-, no pierde de vista la sustancia dramática, presente incluso en las farsas más divertidas; lo burlesco lleva dentro una dosis de emoción lírica enmascarada. De igual modo, Valle-Inclán no se queda en el «esperpento», sino que en sus últimas obras lo envolvió en lirismo, melancolía, nostalgia de formas de vida evocadas magistralmente.

Lorca aprovechó el Romanticismo -directamente en «Mariana Pineda», en las formas de la evocación arcaizante en «Doña Rosita la soltera»-. Tuvo la tentación de orientarse hacia la abstracción y el esquematismo, ya en «Yerma» pero más en «La casa de Bernarda Alba». Apela a ciertas fuerzas elementales, como la sangre, el sexo, la maternidad o su imposibilidad, a un lado oscuro y primitivo de lo humano. El peligro está en rehuir la concreción, lo inmediato; lo que introduce un riesgo de inoportuna «deshumanización».

La juventud de Lorca, muerto a los treinta y ocho años, permitía esperar una obra excepcionalmente rica y valiosa. Se abrían ante él diversos caminos, descubrimientos y también tentaciones. No podemos saber cuál hubiera sido su obra madura, que se hubiera podido prolongar a lo largo de este siglo que va a terminar. Tenemos que atenernos a lo que existió.

Urge desprender a Lorca de la política, del doloroso desenlace de su vida, para volverse a esta misma, a lo que hizo en ella. No fue un poeta «único», sino uno de los insustituibles creadores de su generación, a la que hay que ver en una admirable sucesión que asegura la continuidad de la que nos nutrimos y de la cual podemos partir hacia nosotros mismos.

(c) 1998 Prensa Española S. A.


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LOS NIÑOS DE LA GUERRA,

UNA TRAGEDIA ESPAÑOLA

 

 

Un grupo de los niños de la guerra, recién llegados a la URSS,

posa frente a un bosque de abedules, árbol nacional ruso

  

Privados de todo contacto con sus familias, serían explotados por el régimen soviético para su propia propaganda

 

En la noche del 23 de septiembre de 1937, ha hecho ahora 67 años, varios desvencijados autobuses en los que viajaban centenares de niños acogidos a los orfelinatos gijonenses cruzaban un Gijón silencioso en dirección al puerto de el Musel. Una solitaria bombilla sería la única luz visible del muelle, en el que un buque francés, sucio y triste, tripulado por marineros chinos, les esperaba para conducirlos hacia lo que parecía un destino feliz: Rusia, la patria del proletariado. Uno de aquellos niños, José‚ Fernández Sánchez, evocaría muchos años después esta memorable jornada en un conmovedor texto titulado “Memorias de un niño de Moscú”: “En el puerto una sola bombilla amarrada a un poste se bamboleaba al viento como un incensario. La máquina del barco se puso en marcha, pero yo seguí viendo durante mucho tiempo por la pequeña escotilla su leve resplandor....”

 

Esta expedición de niños asturianos sería una más de las cinco que entre marzo de 1937 y octubre del 38 llevarían hasta la Unión Soviética a unos aproximadamente 4.000 niños. Lo que a muchos de ellos iba a ocurrirles a lo largo de los siguientes y dramáticos años constituye, visto desde hoy, una de las mayores tragedias de nuestra historia contemporánea. Privados de todo contacto directo con sus familias, serían explotados para sus propias necesidades propagandísticas por el régimen soviético, y sufrirían los efectos de una guerra terrible, la II Mundial, para ser finalmente convertidos en moneda de cambio de unas frías negociaciones comerciales entre su patria de origen y la de adopción.

  

Por sorprendente que ahora pueda parecer, la primera denuncia de su situación en el país que se suponía tutelar, la realizarían antiguos y desengañados dirigentes comunistas españoles, cuyos testimonios publicados en los años cincuenta constituyeron y siguen constituyendo fuentes testimoniales ineluctables: “Mi fe se perdió en Moscú”, de Enrique Castro Delgado, fundador del mítico Quinto Regimiento, artífice de la defensa de Madrid; “El país de la gran mentira", de Jesús Hernández, ministro de la República; “Españoles en Rusia", de Rafael Miralles, miembro del Comité Central Comunista en España, “Un anticomunista en Rusia", de Valentín González, “el Campesino", uno de los mitos comunistas de la guerra española.

 

Las fuentes que hoy pueden manejarse, con la apertura de los archivos soviéticos, no hacen sino abundar en lo que ellos denunciaron en su día y permiten afirmar que al margen de cualquier consideración humanitaria, y al igual que en los aspectos militar y cultural, la participación soviética en el conflicto del 36 no fue otra cosa que un proyecto fríamente calculado y dirigido en su totalidad por el Comité Central del Partido Comunista. No es dato irrelevante al respecto conocer que todas las expediciones de los niños fueron dirigidas y controladas por el servicio de contraespionaje soviético (Daniel Kowalski: “La Unión Soviética y la guerra civil española”). Denostados durante decenas de años como vendidos al capitalismo, aquellos primeros cronistas denunciaban realmente la impostura en la que gustosamente se adormecía la inteligencia occidental.

 

Desde el momento de su llegada a Rusia, en donde fueron recibidos en loor de multitudes, los niños iban a ser adoctrinados en un sistema de valores sociopolíticos que nada tenían que ver con sus raíces culturales. Y si éstas no llegaron a perderse definitivamente, cabe atribuirlo a la abnegada, y en ocasiones heroica, labor de los maestros españoles que los acompañaban y de los que quienes aún viven siguen guardando imperecedera memoria.

 

En 1938, el encargado de Negocios de la República, don Vicente Polo, acaso el español que, con los maestros, más se preocupó por los niños, informaba al gobierno de la República de la carencia de libros españoles. Se le dio la callada por respuesta, lo que implícitamente significaba la concesión de carta blanca al Kremlin para que siguiese adelante con su proceso educativo. Este admirable don Vicente volvería a jugar un papel igualmente inútil, pero más trascendente. A finales de 1939 se dirigió de nuevo al Gobierno haciéndose eco de los deseos de los maestros de volver a España, “pues no quieren permanecer aquí si se pierde la guerra”. A tal efecto comenzó inmediatamente a preparar los pasaportes. Nadie pareció prestarle la menor atención. De hecho, incluso en un determinado momento se le advierte de que se limite a informar sobre la situación de los niños de vez en cuando, puntualizándole, con gélida frialdad que “el problema tiene muchas facetas y es conveniente descargar de usted esta responsabilidad”.

 

El final de la guerra en España y el casi inmediato comienzo de la Mundial significaría para los jóvenes expatriados no sólo la pérdida de su posición de privilegio, sino de sus esperanzas de retorno a España. Al igual que millones de ciudadanos rusos, se van a ver obligados a luchar por su vida. En sus memorias, Fernández Sánchez explica también cómo sus problemas comienzan en ese momento con la llegada de los dirigentes comunistas españoles. “Dolores lbárruri recorría impetuosa y contundente las casas de niños repartiendo críticas. En una le pareció que el coro tenía carácter profesional y ordenó suspenderlo. En otra descubría a una muchacha con las uñas pintadas y levantándole el brazo gritó: ¡Estas no son las manos de la hija de un proletario!” La trágica realidad de la guerra se imponía y dos años después de su llegada los jóvenes trasterrados emprenderían una nueva y también dramática evacuación. En el mejor de los casos, su destino serían los llamados koljós de trabajo colectivo, en lugares remotos que iban de Samarkanda, en el Asia central, hasta las estribaciones de los Urales. Y en el peor, el trabajo prácticamente de esclavo en las fábricas de armamento. Alberto Fernández Arrieta, fallecido en Moscú, al que nunca se le permitió regresar a España y que fue presidente del Centro Español de Moscú, le relató al periodista Luis Matías López su terrible peripecia personal de este tiempo: “A mi hermano le destinaron, de los primeros, a una fábrica en 1942. Nunca más pude saber de él. A mí me sacaron de la casa de niños en 1943 y con 14 años me llevaron a una fábrica de morteros en la que nos juntamos hasta 60 españoles, sometidos a un trabajo agotador de 18 horas diarias...” (El País, 9-2003).

 

Estos años y los siguientes marcarían para siempre la vida de quienes ya dejaban de ser niños. En 1947, dos años después de haber acabado la guerra y con ocasión del décimo aniversario de su llegada a la URSS, unos dos mil supervivientes son reunidos en el teatro Stanislavski de Moscú, en donde masivamente manifiestan -fácil es deducir en qué coactivas circunstancias- su deseo de permanecer en ella.

 

El resto, hasta los cuatro mil que llegaron en el 37, o se negaba a ser dirigido, o había muerto en la guerra y en los gulags. En su texto “Los niños españoles en la URSS” uno de sus varios autores ofrece un dato escalofriante: un diez por ciento de ellos estuvo encarcelado y otro cuarenta murió en los frentes de batalla.

 

Hay un terrible episodio que retrata hasta qué punto había llegado su situación, y es el que protagonizan los hermanos Meana Carrillo, cuyos apellidos hacen pensar en una procedencia gijonesa. Uno de ellos se suicidaría bebiéndose una botella de  ácido sulfúrico, y el otro, convencido de que la Pasionaria era el principal obstáculo para el regreso de ambos a España, intentó acuchillarla en su alojamiento del hotel Lux, a partir de cuyo momento se pierde su rastro (César Vidal: “Enigmas histéricos al descubierto”).

 

No se equivocaba, desde luego, el joven Meana. Ni Dolores Ibárruri ni el Partido Comunista estuvieron nunca dispuestos al regreso de los expatriados. Jesús Hernández, que abandonó la URSS en 1944, transcribe en su libro “El país de la gran mentira” las siguientes crueles palabras de la secretaria general del partido: “No podemos devolverlos a sus padres convertidos en golfos y prostitutas”. Muchos años después, Francisco Baragaño, hoy con 78 años, que participó en el año 2000 en una caravana organizada por la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, le diría al periodista de “El País” Francisco Perejil: “cuando terminó la guerra civil y nuestros padres nos reclamaban, ella no movió ni un dedo por nosotros. Nos decían ella y el partido que Franco no permitía nuestro regreso. Y era mentira. Nos jodió a todos la vida. No hizo nada ni en 1945 cuando quedó claro que no era Franco quien impedía nuestro regreso, sino el partido”.

 

España, en efecto, no les había olvidado. En febrero de 1947, el diplomático español señor Tarrasa inicia en Ginebra unos contactos con el capitán suizo Schaerer, que actuaba en nombre de la Unión Soviética, de la que era agente. El propósito del contacto era negociar no sólo acuerdos comerciales interesantes para ambos países, sino incluso, y aunque parezca increíble, una alianza militar. En unas notas manuscritas dirigidas por Carrero Blanco a Franco sobre estos contactos, éste deja claro ante el Generalísimo que nada puede ni debe hacerse sin antes resolver la situación de todos los españoles que “en contra de su voluntad aún permanecían en Rusia: los prisioneros de la División Azul, los niños evacuados, los pilotos republicanos que durante la guerra realizaban prácticas en Moscú y los tripulantes de los mercantes internados también durante ella en los puertos soviéticos” (Luis Suárez Fernández:“Franco y la URSS”).

 

Habrían de pasar otros cinco años hasta que en 1954 las autoridades del Kremlin liberasen a los divisionarios, que llegan a Barcelona a bordo del buque Semiramis a mediados de agosto. Era la señal para el retorno de los otros tres grupos de españoles, lo que ocurriría entre finales de 1956 y comienzos de 1957, un periodo del que se conocen al menos cuatro expediciones de repatriados. Dado que toda la operación había sido rígidamente controlada por las autoridades soviéticas, la reacción de las españoles no fue todo lo jubilosa que cabría esperar. Franco y alguno de sus colaboradores sospechaban que entre ellos vendrían inevitablemente infiltrados algunos agentes comunistas. ¿Pero cómo negarse a recibir a quienes habían sido víctimas inocentes de una situación límite?

 

Los gobernadores civiles reciben entonces instrucciones para que a los retornados se les ofrezcan trabajo y vivienda dignos. En Gijón, concretamente en la Fábrica de Moreda, encuentran acomodo, según recuerdan trabajadores hoy jubilados, una escribiente, un empleado del economato, otras del garaje, un experto en hornos de acero y una química. Gabriel Amiana, que trabajaría en Madrid como traductor y redactor de “Arriba”, le diría a un redactor de “El Alcázar” (28-10-76): “Aquí, en España, supe por primera vez lo que era vivir en una habitación individual, acostumbrado a hacerlo en Rusia con dos y tres familias”.

 

En 1970 regresaría, por fin, a España, el niño de Ablaña que cuarenta y tres años antes había salido del Musel llevando en sus pupilas el oscilante reflejo de una bombilla. En sus conmovedoras memorias se pregunta a sí mismo tras el final de su relato: “¿Cuándo he perdido el derecho a volver a mi patria? He caminado toda mi vida de puntillas para no hacer ruido, con la cabeza vuelta para no ver, para no dar un pretexto que pudiera perjudicarme a la hora del regreso”. Toda una vida en media docena de líneas. La misma vida que con José Fernández Sánchez compartieron miles de niños separados de sus familias en circunstancias que hoy nos parecen inimaginables. En esta hora de supuesta recuperación de la memoria histórica nadie parece, sin embargo, estar dispuesto a pedir responsabilidades.

 

Juan Ramón PÉREZ LAS CLOTAS - Agradecemos al autor

 

Artículo publicado en el Boletín trimestral de la Fundación" número 99 (JUL-SEP 2004)

http://www.ctv.es/USERS/fnff/ninosmoscu.htm

 

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¿Fue Franco un antisemita?

 

Por César Vidal

 

Como en tantos otros aspectos relacionados con su persona, la visión que Franco tenía de los judíos y, especialmente, la actitud frente a episodios tan trascendentales como el Holocausto ha sido objeto de una acalorada —y nada imparcial— controversia. A más de veinticinco años de su muerte, resulta una de las cuestiones que merecería una respuesta lo más objetiva posible. ¿Fue Franco un antisemita?

 

La cuestión del antisemitismo de Franco ha sido, como tantas cuestiones relacionadas con su persona, uno de los campos de Agramante de partidarios y adversarios. Para autores que rayan la apología de Franco como Luis Suárez o Ricardo de la Cierva, no sólo no fue un antisemita sino que además se distinguió en la salvación de judíos durante el Holocausto. Para autores contrarios, Franco habría sido un antisemita a escasa distancia —si es que la hubo— de los mismos nazis.

Los antecedentes y el contexto social e ideológico de Franco era ciertamente proclive al antisemitismo. Sustentado fundamentalmente en un catolicismo que consideraba a los judíos “pérfidos” en la liturgia del Viernes Santo y que enseñaba que la acusación de asesinato ritual se correspondía con la realidad histórica, Franco compartía una visión negativa en general de los judíos y no dudó hasta el final de sus días en ligarlos a la conspiración masónica internacional. Esa circunstancia y el hecho de haber recibido una ayuda temprana —y, posiblemente, decisiva— de Hitler en julio de 1936 no eran, desde luego, el mejor contexto para escapar de un antisemitismo cultural de siglos.

Por ello, no debería extrañar que hasta 1943 las autoridades franquistas no dudaran en devolver a la Gestapo a bastantes de los judíos que llegaron hasta territorio español lo que explica, por ejemplo, el suicidio de Walter Benjamin en la frontera española, temeroso de que la policía franquista lo entregara a los nazis. La misma Falange —el sector más descaradamente fascista del bando vencedor— elaboró listas de judíos con vista a posibles deportaciones.

Tampoco debería sorprender que la España de Franco se negara a reconocer al estado de Israel —un hecho en el que la culpa estuvo bastante repartida entre ambos países— y que todavía a inicios de los setenta, la Amistad judeo-cristiana, en la que participaban católicos como el P. Vicente Serrano o el judío Samuel Toledano, denunciara la existencia de multitud de textos de enseñanza plagados de prejuicios antisemitas. Sin embargo, equiparar a Franco con Hitler no pasa de ser una grosera identificación que, no por repetida, deja de ser disparatada.

El antisemitismo de Franco tenía una base religiosa y no racial como el nazi y, precisamente esa circunstancia le permitió articular excepciones que beneficiaron a los judíos. Durante su época de la guerra de África, por ejemplo, consintió a poblaciones judías de Marruecos la posibilidad de llevar calzado o de coger agua directamente del río sin tener que adquirirla de sus dominadores marroquíes. En apariencia, no se trataba de mucho pero desde ese mismo instante las relaciones entre Franco y los judíos del norte de África resultaron fluidas y, en términos generales, muy cordiales.

Así, Franco aceptó, por ejemplo en julio de 1936, la ayuda de judíos contrarios al Frente popular, como el banquero Salama, al que condecoraría en su momento. Curiosamente, el católico PNV encontró tal “filojudaísmo” de Franco intolerable y en un texto dirigido a la Santa Sede a finales de 1937 justificó el no haberse sumado al bando sublevado, entre otras razones, en la ayuda judía que recibía. Los nacionalistas vascos demostraban así ser más antisemitas de lo que pudiera serlo Franco.

De la misma manera, a partir de 1943 Franco permitió que un número nada despreciable de judíos cruzara España huyendo del Holocausto. El número de judíos salvados por ese medio quizá no pueda evaluarse nunca con exactitud, pero con certeza se trató de una cifra de cinco dígitos al menos. Naturalmente, se puede objetar que Franco limitó formalmente la protección diplomática española a los judíos de origen sefardí, pero lo cierto es que, en la práctica, el auxilio humanitario se hizo extensible a todo tipo de judíos. Así, nadie puso reparos a que diplomáticos como Ángel Sanz Briz con destino en Budapest ampliara la protección a los judíos askenazíes.

Es difícil saber si semejante ampliación partió de Franco, pero lo cierto es que no puede negarse que estuvo totalmente informado y, que sabedor de la existencia de las cámaras de gas donde se estaban exterminando a millones de judíos, no se opuso en absoluto a ella. La labor de los diplomáticos españoles —de los que sólo se recuerda y esto tardíamente a Sanz Briz— significó también la salvación de millares de judíos. Si se examina, por lo tanto, la documentación histórica referente al antisemitismo de Franco hay que indicar que, en términos generales, Franco —que tanto debía a Hitler y que brindó su protección a no pocos criminales de guerra después de 1945— fue un antisemita católico prototípico.

Creía que los judíos no podían ser ciudadanos de pleno derecho, los consideraba sumidos en el error e incluso los relacionaba con imaginarias conspiraciones. Sin embargo, al mismo tiempo estaba dispuesto a reconocerles cierta libertad (sobre todo en el Norte de África), a recompensar a los más fieles e incluso a prestarles cierta ayuda en cuestiones humanitarias. Cuando la iglesia católica —de la que se consideraba fiel hijo— fue ampliando sus miras de cara a los judíos, también lo hizo Franco. Así, la libertad de culto plena —y la construcción de sinagogas— se produjo una vez que el concilio Vaticano II abogó en favor de la libertad religiosa. En absoluto racista pero profundamente religioso, Franco vino a recoger en su actitud frente a los judíos las peculiaridades éticas del catolicismo preconciliar. 16.02.2001

http://revista.libertaddigital.com/articulo.php/637

 

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Ignorancia de la historia - Muchos errores se cometen por ignorancia de la historia y esa ignorancia sirve también de arma tanto defensiva como ofensiva de quienes no están interesados en el conocimiento de la verdad sino en la confusión entre verdad y error, entre el bien y el mal.

 

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PASADO - El gran Montalembert escribía: «Para juzgar el pasado deberíamos haberlo vivido; para condenarlo no deberíamos deberle nada». Todos, creyentes o no, católicos o laicos, nos guste o no, tenemos una deuda con el pasado y todos, en lo bueno y en lo malo, estamos comprometidos con él.

 

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La mentira y el error están en desacuerdo con la realidad. Cuando un mundo se construye contra la realidad, ese mundo está abocado a la ruina, y mientras ésta llega va arruinando a los hombres.

 

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PASADO HISTORIA - La inscripción del templo de Delfos, que inspiró a Sócrates: conócete a ti mismo. Se trata de una verdad fundamental: conocerse a sí mismo es típico del hombre. En efecto, el hombre se distingue de los demás seres creados sobre la tierra por su capacidad de plantearse la cuestión del sentido de su propia existencia. Gracias a lo que conoce del mundo y de sí mismo, el hombre puede responder a otro imperativo que nos ha transmitido también el pensamiento griego: llega a ser lo que eres.

Por tanto, el conocimiento tiene una importancia vital en el camino que el hombre recorre hacia la realización plena de su humanidad: esto es verdad de modo singular por lo que atañe al conocimiento histórico. En efecto, las personas, como también las sociedades, llegan a ser plenamente conscientes de sí mismas cuando saben integrar su pasado.

 

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Historia - Para conocer una historia es necesario, pero no suficiente, conocer los hechos, pues es preciso también conocer el espíritu, o si se quiere la intención que animó esos hechos, dándoles su significación más profunda.

 

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Historia - El cristiano está advertido de que es necesario conocer la historia para distinguir los hechos. El cristiano a sus hermanos advierte que es imprescindible estudiar la historia para comprender el contexto histórico de los hechos. El cristiano nota que conociendo la historia, se percibe la riqueza de la Tradición, repara la grandeza del Magisterio y la magnanimidad de la salvación en la Escritura enseñada por la Iglesia.

 

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UNA IDEA DE ESPAÑA

 

FRANCISCO JOSÉ MARTÍN

Pocos ejemplos más claros para entender el «exilio interior» que el que nos proporcionan la vida y la
obra de Julián Marías.
Sus dificultades con el régimen de Franco son bien conocidas: el suspenso de su tesis doctoral fue sólo el preludio de una suerte de condena más amplia que le negaba espacio docente en la universidad española. No por falta de cualidades, desde luego, sino por su fidelidad intelectual al proyecto orteguiano. Su ejemplo muestra bien claramente cómo uno de los principales objetivos culturales de aquel régimen fue el desmantelamiento del orteguismo.

No le faltaron, sin embargo, foros universitarios -y de prestigio- en los que ejercer su magisterio. Pero nunca abandonó España para establecerse cómodamente en uno de ellos. Quiso hacer de aquella España hostil su «circunstancia». Fue ésta una decisión eminentemente ética, sobre todo porque sabía -lo aprendió joven- que su destino concreto consistía precisamente en la «reabsorción» de la circunstancia. Y no reparó -no quiso- en el menoscabo de su obra y en el ninguneo de su pensamiento. Sabía que la suya, como la de su maestro, era una carrera de fondo.

España le «dolía», indudablemente. Pero nunca se rasgó por ello las vestiduras ni alimentó el gesto trágico de los hombres del 98. No hizo literatura del dolor, sino reflexión a partir de él. Su pensar «en» España es también, y muy principalmente, un «pensar España». Su mejor fruto, en este sentido, es España inteligible.

Marías se coloca en la línea abierta por Ortega con España invertebrada. Y si entonces fue importante cerrar el «problema de España» e integrar aquella presunta especificidad hispánica en un movimiento más amplio y general, como era el «problema de Europa» o «crisis de la modernidad», ahora se trabaja en el conocimiento histórico de la «España real», se insiste en contra del tópico de la «anormalidad» de la historia de España y se lucha contra la imagen de su carácter conflictivo, irracional y enigmático.

Marías corrige al maestro, sobre todo en aquella idea de la «decadencia» española tan arraigada durante la Restauración, e intenta completarlo, además, buscando un sentido moderno, actual, fuera de los tópicos al uso, al hispanismo, a esos lazos, tan evidentes como problemáticos, que unen España con la América de lengua española.

Pero la idea central expresa bien su inserción en el proyecto orteguiano: la fuerza de cohesión de las naciones no reside en el pasado, en los valores de la tierra y de la sangre, sino en el futuro, en la capacidad para forjar un proyecto sugestivo de vida en común. El «particularismo» seguía siendo para él un peligro y una amenaza. No a ninguna unidad que hubiera que mantener porque así había sido hasta ahora, sino por la intrínseca limitación que alberga en la configuración de horizontes amplios y de proyectos de futuro. A la postre, la «razón histórica» de las Españas desvela la capital importancia del proyecto. Ser desde la apertura de lo que queremos ser, no desde el cierre de lo que hemos sido. Ser desde la levedad y ligereza del proyecto por hacer, no desde el peso y la gravedad de lo alcanzado. Ser futuro. Querer ser futuro. ‘ABC’ ESPAÑA. MMV.XII.XVI

 

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OFENSA  - Ofensa a Dios - Se plantea la razón cómo puede afectarle a Dios inmutable el pecado del hombre; por qué hablamos de pecado en relación a Dios; qué sentido tiene decir que se le ofende.

Dice Carlos Cardona: "Precisamente a Dios le ofende mi pecado sólo porque me ama. Si no me amase, todos mis actos le serían perfectamente indiferentes (ni siquiera existirían). Pero como me ama, intencionalmente se ha identificado conmigo, yo soy ya su alter ego, y mi mal se hace suyo en mí, de manera que se puede decir con propiedad que a Dios le "duele" mi pecado. Y el que no entienda esto es que no entiende el amor, nada sabe de esa transferencia que el amor obra. El que piensa que nuestros pecados no "afectan" para nada la inmutabilidad divina, ignora la "mutabilidad electiva", la vulnerabilidad que el amor comporta. Dios, al amarme, se ha hecho vulnerable en mí " (C. CARDONA, La metafísica del bien y del mal, Ed. Eunsa, Pamplona 1987, p. 125)

 

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LA ESENCIA DE LA MANIPULACIÓN INFORMATIVA: Una de las necesidades más básicas para manipular no es encontrar una mentira que divulgar, sino contar con verdades útiles. El perverso requiere ser creíble, o no contará con arrastre y no será oído. Por eso buscan con afán verdades para deformarlas, exagerarlas, recortarlas y desfigurarlas hasta hacerlas irreconocibles en su sentido, pero idénticas en apariencia.

La verdad tiene no sólo el derecho, sino la obligación de defenderse de la mentira, adquiera ésta la forma que sea.

 

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“El que se venga será victima de la venganza del Señor, que le pedirá cuenta rigurosa de sus pecados.

Perdona la injuria a tu prójimo, y entonces, si suplicas, te serán perdonados tus pecados.

Si un hombre alimenta rencor contra otro, ¿cómo podrá pedir al Señor perdón?.

Si no tiene misericordia de su semejante, ¿cómo podrá suplicar por sus pecados?”

Sirácida. Cap. 28, 1-5

"No se les ha dado a los hombres otro SALVADOR, fuera de Él,   que les pueda salvar"(Hechos 4, 12) JESÚS – EL CRISTO.

 

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Secularización. Ante la «disminución del sentido de lo sagrado» en Occidente, los obispos exhortan a «reavivar el gozo de pertenecer a la comunidad católica, ya que en ciertos países se multiplican los abandonos» y reclaman vencer los «graves problemas» derivados del relativismo con un «gran trabajo evangelizador de padres, pastores y catequistas».


África olvidada. El Sínodo tiene palabras de esperanza para uno de los continentes «que más sufre el olvido de la opinión pública mundial». La asamblea sinodal denuncia «los sufrimientos causados por las guerras, el hambre y el terrorismo, que afectan a la vida cotidiana de millones de seres humanos». Además, pide a los gobiernos que «aseguren a todos el bien común y promuevan la dignidad de cada persona».


Comunión de divorciados. Aunque el arzobispo neozelandés Jonh Dew pidió en su intervención que los divorciados vueltos a casar pudiesen comulgar, las conclusiones de los obispos vuelven a negar esta posibilidad y aseguran que estas personas «no son excluidas de la Iglesia», pues «estamos cercanos con la oración y la solicitud pastoral». Además, invitan a los divorciados a participar en la eucaristía «para que alimenten su vida de fe, de caridad y de conversión».


«Excesos litúrgicos». Los prelados señalan que la eucaristía es «la fuente» de la vida de la Iglesia. Por eso, y a la luz de las reformas litúrgicas llevadas a cabo en el Concilio Vaticano II, aseguran que «es importante cultivar los frutos positivos» del Concilio, «y corregir los abusos que se hayan introducido en la liturgia», de la que «nadie es dueño».


Falta de sacerdotes. El escaso número de sacerdotes en el mundo –aunque las vocaciones van poco a poco en aumento–, «nos invita a rezar y a promover más activamente las vocaciones sacerdotales», aseguran los obispos. Además, sugieren «promover y explicar mejor» la «comunión espiritual» que ayudaría a paliar el problema en ciertas regiones.


Familia. Los obispos también han dialogado sobre el matrimonio, que consideran llamado a la santidad como cualquier otra vocación. El Sínodo pide a los padres que no se desanimen «en el esfuerzo por educar a los hijos en la fe», y a los políticos «que promuevan leyes respetuosas del derecho natural respecto al matrimonio y a la familia».


Diálogo ecuménico. «Queremos intensificar los contactos respetuosos y fraternos entre todos, para conocernos mejor y amarnos, respetando y apreciando nuestras diferencias y valores comunes», asegura el mensaje final de los obipos. El Sínodo se reafirma en que «todos somos responsables de esa unidad», pues «sentimos el dolor de la separación».


Celibato sacerdotal. Los obispos piden una «vida sacerdotal coherente, fiel al amor del Señor» y muestran su alegría por «el aumento de vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada en varias partes del mundo». O lo que es lo mismo, que el celibato sacerdotal sigue siendo insustituible.


Jóvenes. La Asamblea Sinodal trae de nuevo al presente el mensaje que Benedicto XVI dejó a los jóvenes el pasado agosto en Colonia: «¡No tengáis miedo de Cristo! Él no quita nada, y lo da todo». Los obispos piden a los jóvenes que no dejen de «beber en la fuente de la Sagrada Eucaristía para realizar las transformaciones necesarias» de todo lo «injusto y violento» que existe alrededor del mundo.
   

Pobres y enfermos. El Sínodo reconoce que el sufrimiento de pobres y enfermos compromete «a obrar por la justicia y la transformación del mundo de manera activa y consciente, a partir de la enseñanza social de la Iglesia que promueve la dignidad de la persona».
   
Juan Pablo II. Por supuesto, el fallecido Pontífice es recordado por los obispos, que se muestran «profundamente agradecidos a Dios» por su pontificado «y por su última encíclica “Ecclesia de Eucharistia”».


Recuerdo para China. El Sínodo no ha olvidado a los cuatro prelados chinos que no han podido asistir por la negativa del Gobierno de Pekín: «Las Iglesias particulares en China, y sus obispos que no han podido unirse a nuestros trabajos, han ocupado un lugar especial en nuestros pensamientos y oraciones».

No» a políticas proabortistas. Aunque el mensaje final de los obispos no hace referencia expresa a las medidas sociales encaminadas a legalizar el aborto, sí pide a los legisladores que «promuevan la dignidad de cada persona, desde su concepción hasta su muerte natural». Además, se sabe que la proposición número 46 entregada a Benedicto XVI hace referencia a este punto. En ella se pide que los obispos de cada diócesis traten este tema con «dureza y prudencia, teniendo en cuenta las situaciones concretas».
2005-10-23 – Basílica de San Pedro sobre la tumba de Pedro

 

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No saber lo que ha sucedido antes de nosotros es como ser incesantemente niños. Cicerón

 

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«Duc in altum» (Lc 5,4) dijo Cristo al apóstol Pedro en el Mar de Galilea.

 

Como contra toda obra buena, la Serpiente Antigua levantó toda clase de engaños y oposiciones a la Iglesia de Cristo. Unas veces insinuando falsas doctrinas o valiéndose de las bajas pasiones para combatir por el derramamiento de sangre y las prohibiciones, Satanás pretendía apagar la fuente radiante de santidad de la Iglesia.

El mismo Apóstol de Gentiles prevendrá a sus contemporáneos de este peligro. En efecto, San Pablo en sus epístolas repite frecuentemente a la vigilancia contra la falsa doctrina: "pseudónymos gnôsis" (I Tim. VI, 20). "Huid", dice, "de las cuestiones impertinentes, las genealogías y las fábulas vanas e inútiles" (I Tim. III, 4; Tito, III, 9).

 

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«Haced lo que Dios quiere y quered lo que Dios hace»

 

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´Para conseguir la perfección, solo conozco un medio: el amor.´ -Santa Teresa de Lisieux-

 

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No a la guerra significa ´No al aborto´, SÍ a saber siempre defender la vida humana.

 

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Rotundamente NO a la guerra y a la pena de muerte; pero también rotundamente NO al aborto. Si inocentes son los que mueren en la guerra, también son inocentes los concebidos en el seno materno, con el agravante, en este segundo caso, de que es la propia madre la autora del crimen o asesinato.
   No soy yo, sino prestigiosos ginecólogos de todo el mundo quienes lo certifican, entre ellos el más cruel de todos, arrepentido ante Dios y la sociedad entera de todos cuantos abortos provocó. 2003-02-22

 

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´La grandeza de un alma se mide por lo que ama.´ -San Bernardo-

 

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Perdón - Perdonemos siempre, con la sonrisa en los labios. Hablemos claramente, sin rencor, cuando pensemos en conciencia que debemos hablar. Y dejemos todo en las manos de Nuestro Padre Dios, con un divino silencio—lesus autem tacebat (Mt 26, 63), Jesús callaba—, si se trata de ataques personales, por brutales e indecorosos que sean. Preocupémonos sólo de hacer buenas obras, que El se encargará de que brillen delante de los hombres (Mt 5, 16)

San Josemaría Escrivá de Balaguer. Es Cristo que pasa.

 

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´Tendremos que arrepentirnos en esta generación no tanto de las acciones de la gente perversa sino de los pasmosos silencios de la gente buena.´ -M. Luther King-

 

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´La fuerza es el derecho de las bestias.´ -Marco Julio Ciceron—

 

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Mi testimonio coherente y cristiano alimentará la alegría de los excluidos, despertará esperanzas, seminará bondades.. 

 

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“¿Cómo es posible imaginar un consejo o una confederación mundial cristiana, en la que cada uno de sus miembros pueda, hasta en materia de fe, conservar su sentir y juicio propio aún estos contradigan al juicio y sentir de los demás?... Entre tan grande diversidad de opiniones, no sabemos cómo se podrá abrir camino para conseguir la unidad de la Iglesia, unidad que no puede nacer más que de un solo magisterio, de una sola ley de creer y de una sola fe de los cristianos... De esa diversidad de opiniones es fácil es fácil el paso al menosprecio de toda religión, o "indiferentismo", y al llamado "modernismo", con el cual los que están desdichadamente inficionados, sostienen que la verdad dogmática no es absoluta sino relativa, o sea, proporcionada a las diversas necesidades de lugares y tiempos, y a las varias tendencias de los espíritus, no hallándose contenida en una revelación inmutable, sino siendo de suyo acomodable al a vida de los hombres... Porque la unión de los cristianos no se puede fomentar de otro modo que procurando el retorno de los disidentes a la única y verdadera Iglesia de Cristo, de la cual un día desdichadamente se alejaron; a aquella única y verdadera Iglesia que todos ciertamente conocen y que por la voluntad de su Fundador debe permanecer siempre tal cual EL mismo la fundó para la salvación de todos... No puede adulterar la Esposa de Cristo; es incorruptible y fiel. Conoce una sola casa y custodia con casto pudor la santidad de una sola estancia... Vuelvan los hijos disidentes, no ya con el deseo y al esperanza de que La Iglesia de Dios vivo, la columna y el sostén de la verdad, abdique de la integridad de su fe, y consienta los errores de ellos, sino para someterse al magisterio y al gobierno de ella...” [“Mortalium Animos”, ¿cómo fomentar la verdadera unidad de los cristianos?, de S.S. Pió XI, 1928]

 

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Los humildes obedecen, los obedientes se salvan. En una punta Jesús y en la otra María, la primera mujer perfectamente obediente. La que dijo que al Espíritu en su aldea de Belén y luego en el cuarto aquel de Jerusalén en el Pentecostés.

En la primera vez nació Jesús, en la segunda: la Iglesia. La Madre es la misma.

 

Y Judas se mete en el juego de Dios pensando que puede sacar ventajas como nosotros creemos que podemos arreglar la radio con un destornillador y la terminamos de romper. Pero nosotros no somos mucho menos tarambanas que él. Como siempre: Dios sabe todo lo que está pasando y nunca se le escapa un detalle. Así tienes –ahí- a los charlatanes en las sectas bautistas, jehovistas, mormones, etc. y creen que la Iglesia ha estado equivocada dos mil años hasta que ellos abrieron una Biblia y se pusieron a "interpretar". Hasta esa suprema mentecatez superará Jesús porque no hay quien se le resista en eso de salvar almas.

Es que le ves a Él, y te enamoras de Su gracia y como siempre pasa en el amor: naces de nuevo. Para nacer hace falta una madre y para eso está María.

 

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Cuiden de sí mismos y de todo el rebaño en el que el Espíritu Santo les ha colocado como Obispos [“episkopos”]: pastoreen la Iglesia del Señor, que ÉL [Jesucristo] adquirió con su propia sangre. 29Sé que después de mi partida se introducirán entre ustedes lobos voraces que no perdonarán al rebaño [y querrán acabar con La Iglesia]. 30De entre ustedes mismos surgirán hombres que enseñarán doctrinas falsas [deformarán la sana doctrina cristiana] e intentarán arrastrar a los discípulos tras sí. 31Estén, pues, atentos, y recuerden que durante tres años no he dejado de aconsejar a cada uno de ustedes noche y día, incluso entre lágrimas.” [San Pablo - Hechos Cap. 20]

 

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«La historia no está en manos de potencias oscuras, del azar o de opciones humanas» S. S. Benedicto XVI P.P.


«Ante el desencadenamiento de energías malvadas, ante la irrupción vehemente de Satanás, ante tantos azotes y males, se eleva el Señor, árbitro supremo de las vicisitudes de la historia».

«Dios no es indiferente ante las vicisitudes humanas, sino que penetra en ellas realizando sus "caminos", es decir, sus proyectos y sus "obras" eficaces».


«Esta intervención divina tiene un fin preciso: ser un signo que invita a todos los pueblos de la tierra a la conversión. Las naciones deben aprender a "leer" en la historia un mensaje de Dios».

Para S. S. Benedicto XVI «la aventura de la humanidad no es confusa y carente de significado, ni está sometida a la prevaricación de los prepotentes y perversos» y, de hecho, «existe la posibilidad de reconocer la acción de Dios en la historia».

El Concilio Ecuménico Vaticano II, en la constitución pastoral «Gaudium et spes», invita al creyente «a escrutar, a la luz del Evangelio, los signos de los tiempos para ver en ellos la manifestación de la acción misma de Dios».

«Esta actitud de fe lleva al ser humano a reconocer la potencia de Dios que actúa en la historia, y a abrirse así al temor del nombre del Señor», «temor» que no es «miedo», sino «el reconocimiento del misterio de la trascendencia divina».

«Gracias al temor del Señor no se tiene miedo del mal que irrumpe en la historia y se retoma con vigor el camino de la vida», repitiendo las últimas palabras de Jesús sobre la tierra: «¡Ánimo! yo he vencido al mundo».

Papa Juan XXIII, solía repetir: «el que cree no tiembla, pues el que cree no debe tener miedo del mundo ni del futuro».

S. S. Benedicto XVI P.P. 2005-05-11 – Vat. Roma – Italia

 

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Cuando nació el cristianismo en la primera mitad del siglo I hubiera sido difícil imaginar qué pasaría de ser un reducido movimiento judío. Sin embargo, ofreció esperanza a sectores sociales como las mujeres, los esclavos, los desposeídos o los enfermos. Durante la Edad Media, creó la Universidad y sentó las bases de la revolución científica. En el siglo XVI la Reforma proporcionó el concepto de libertades políticas, la recuperación del papel del individuo o la necesidad de controlar públicamente al poder mediante resortes democráticos. Durante los siglos siguientes combatió la esclavitud, defendió a los indígenas y apuntó hacia los peligros de un capitalismo salvaje o de la utopía marxista. Así fue modelando un ámbito de justicia y libertad a lo largo de la Historia.

 

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El Consejo Mundial de Iglesias (CMI) es una comunidad de 341 Iglesias* de más de 100 países de los cinco continentes y de la mayor parte de las tradiciones cristianas. La Iglesia católica no es miembro, pero mantiene relaciones de cooperación con esta institución, sobre todo a partir del Comité Fe y Constitución.

*Denominación de ‘iglesias’ generalizando e incluyendo grupos, asociaciones, etc. Solo la Iglesia Católica fundada por Cristo, lleva de historia 2000 años, gracias al Señor, las demás son desprendimientos, sectas, etc.2003.09.03 - Ginebra-Suiza.

 

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“Las Escrituras no se pueden interpretar solo con los instrumentos de la ciencia de la exégesis –como hacen los protestantes-, mas va leída a la luz de la Tradición del Magisterio”. “En la Iglesia, las Sagradas Escrituras, cuya comprensión crece bajo la inspiración del Espíritu Santo, y el misterio de la interpretación auténtica, dado a los apóstoles, pertenecen el uno al otro en modo indisoluble. Y entonces, allí donde la Sagrada Escritura viene separada de la voz viviente de la Iglesia, vemos que esa cae prisionera a las disputas de los expertos”.

2005-V-07 – S. S. Benedicto XVI – San Juan de Letrán.

 

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"Obras todas del Señor, bendecid al Señor".

 

 

 

Las maravillas de la creación (313-386)

"Quisiera más bien que contemplaras la primavera, reteniendo la variedad de sus flores que todas son iguales y a la vez distintas: el púrpura de la rosa y la excelsa blancura del lirio. Pues, aunque ambos proceden de la misma lluvia y del mismo suelo, ¿quién es el que las hace distintas y las construye? Quisiera también que consideraras qué habilidad del único artífice es la que hace que árboles de la misma clase sirvan a veces para dar sombra y a veces para desparramarse en frutos diversos. Una parte de la vid se destina a la quema, otra a convertirse en renuevos, otra en follaje, otra en horquillas y, por fin, una última en uvas. Asómbrate también, en una caña, de la amplitud del espacio que su autor puso entre sus nudos. En un mismo terreno salen serpientes, jumentos, árboles, alimentos, oro, plata, cobre, hierro, piedra. Una es la sustancia de las aguas, y salen de ellas las especies de los peces y de las aves, de manera que unos nadan en el agua mientras las aves vuelan en el aire.

 «Ahí está el mar, grande y de amplios brazos, y en él, el hervidero innumerable de animales, grandes y pequeños» (Sal 104, 25). ¿Quién podrá exponer la hermosura de los peces que ahí viven? ¿Quién la magnitud de los cetáceos o la naturaleza de los animales anfibios que viven tanto en la tierra árida como en el agua? ¿Quién puede exponer la profundidad y la hondura del mar o el inmenso ímpetu de las olas? Se mantiene, sin embargo, dentro de los límites que le ha fijado quien le dijo: «Llegarás hasta aquí, no más allá..., aquí se romperá el orgullo de tus olas» (Job 38,11). Explica claramente el mandato que se le ha impuesto el hecho de que las olas, al retirarse, dejan una línea visible en las orillas. A los que la ven se les indica así que el mar no habrá de pasar de los límites establecidos.

¿Quién puede captar la naturaleza de las aves del cielo? ¿Cómo es que unas poseen una lengua experta en el canto, mientras otras poseen una gran variedad de colores en sus plumas y algunas, como las aves de presa, se mantienen, en medio del vuelo, inmóviles en el aire? Pues es por mandato de Dios por lo que «el halcón emprende el vuelo, despliega sus alas hacia el sur» (Job 39,26). ¿Qué hombre percibe cómo «se remonta el águila» a «las alturas» (cf Job 39,27). Pues si con toda tu capacidad de pensar no puedes darte cuenta de cómo las aves se elevan a lo alto, ¿cómo podrás entonces abarcar con tu mente al autor de todas las cosas?

¿Quién ha llegado a saber simplemente los nombres de todas las fieras? ¿Y quién se ha dado cuenta de la naturaleza de cada una de ellas y de su fuerza? Pero si ni siquiera conocemos sus nombres, ¿cómo podremos abarcar a su autor?

Uno fue el precepto de Dios, por el que dijo: «Produzca la tierra animales vivientes de cada especie: bestias, sierpes y alimañas terrestres de cada especie» (Gén 1,24). Por un único mandato brotaron, como de una única fuente, las diversas clases de animales: la mansísima oveja, el león carnicero. Por su parte, movimientos diversos de animales irracionales reflejan una variedad de inclinaciones humanas: la zorra, por ejemplo, expresa la perfidia humana; la serpiente, a los que hieren a sus amigos con dardos venenosos; el caballo que relincha, a jóvenes voluptuosos(cf Jr 5,8). Sin embargo, la hormiga diligente sirve para estimular al negligente y al perezoso. Pues cuando alguien, en su juventud, vive en la desidia y el ocio, los mismos animales irracionales le estimulan según el mismo reproche que recoge la Escritura: «Vete donde la hormiga, perezoso, mira sus andanzas y te harás sabio» (Prov 6,6). Pues cuando veas que guarda alimentos para el tiempo oportuno, imítala y recoge para ti mismo como tesoros, para la vida futura, los frutos de las buenas obras. Por otra parte: «Ponte a la obra y aprende qué trabajadora es» (Prov 6,8). Observa cómo, recorriendo toda clase de flores, produce miel para tu servicio, para que también tú, haciendo el recorrido por las Sagradas Escrituras, consigas tu salvación eterna y, saciado por ellas, digas: «¡Cuán dulce al paladar me es tu promesa, más que miel a mi boca!» (Sal 119,103).

¿Acaso, pues, no es el Creador digno de toda alabanza? ¿O es que, porque tú no conozcas la naturaleza de todas las cosas, han de ser por ello inútiles los seres creados? ¿Puedes, quizá, llegar a conocer las cualidades de todas las hierbas? ¿O eres capaz de aprender qué utilidad tiene lo que proviene de cualquier animal? Pues es cierto que incluso de las víboras venenosas proceden ciertos antídotos para la salud de los mortales. Pero me dirás: las serpientes son cosa horrenda. Teme al Señor y no podrá hacerte daño. El escorpión cobra fuerza al picar: teme al Señor y no te picará. El león está sediento de sangre: teme al Señor—como en cierta ocasión Daniel (Dan 6,23)— y (el león) permanecerá tranquilo junto a ti. Realmente son de admirar las fuerzas de los mismos animales: unos clavan con el aguijón, mientras la fuerza de otros reside en sus dientes; los hay que luchan con sus garras; la fuerza, por último, del basilisco reside en su mirada.

Por las diversas cualidades de su obra puedes, pues, comprender la capacidad del Creador".

Cirilo de Jerusalén, 313 + 386 ca. - Catequesis bautismal, 9,10-15

 

 

 

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«Una democracia sin valores degenera en dictadura encubierta». Benedicto XVI

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Iglesia católica, sus casi 300 antes de Constantino - En ese salto que va de "Hechos de los Apóstoles" a esa "iglesia oficial y corrupta" que algunos protestantes y neo-gnósticos sitúan en el 325, con Constantino, pasan unos 250 años de vida cotidiana, de los que sabemos bastantes cosas; las suficientes, al menos, para desmontar historietas neopaganas, gnosticoides y demás morralla en la estela de El Código da Vinci y otras revisiones fantasiosas de los evangelios apócrifos. 2006?

Recomendamos vivamente:‘Filología e historia de los textos cristianos’.

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Recomendamos: ‘El legado del cristianismo en la cultura occidental’

Dr.César VIDAL, Editorial: Espasa-bolsillo.

 

Recomendamos: Título: ‘Repensar la ciencia’?Autor: Natalia López Moratalla - Editorial: EIUNSA 

“Conocereisdeverdad.org” no se identifica necesariamente con todas las opiniones y matices vertidos por los autores en los artículos aquí publicados, sin embargo, estima que son dignos de consideración en su conjunto.  

«Con sencillez y de corazón, di simplemente: «Creo, Señor, ayuda a mi incredulidad» (Mc 9,23). Pero si crees que tienes fe, aunque todavía de modo imperfecto, es necesario que tú también digas con los Apóstoles: «Señor, auméntanos la fe» (cf. Lc 17,5). Pues ya tienes algo en ti, pero recibirás algo de lo mucho que en Él se contiene». San Cirilo de Jerusalém año 313.      


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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).