Monday 27 March 2017 | Actualizada : 2017-03-03
 
Inicio > Leyendas Negras > Cruzadas - 2º agredidos y agresores; islam violento y conquista del poder

 

 

¿Quien fue agredido y quien es el agresor? Cuando en 638 el califa Omar conquista Jerusalén, ésta era, desde hacía más de tres siglos, cristiana. Poco después, secuaces del señor Mahoma, invaden y destruyen las gloriosas iglesias, primero de Egipto y, después, de todo el norte de África, llevando la extinción del cristianismo en lugares que habían tenido obispos como Santo Agustín.

 

 

Para no caer en el anacronismo, es necesario tener la humildad y la inteligencia de leer los hechos del pasado no con las categorías mentales de hoy, más, dentro el marco histórico temporal en que se efectuaron.

 

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Al igual que ocurre con cualquier otra expresión de la mente humana, quizás la objetividad plena es imposible, pero lo que se le pide a cualquier intelectual honrado es que, cuando menos, haga el esfuerzo de buscarla, tenga la valentía de acercarse serena y responsablemente al mayor grado de objetividad histórica posible.

 

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«La guerra no es un derecho y, si está dictada por la necesidad de defender al inocente, debe ser sometida a reglas precisas compatibles con la dignidad humana».  2007 Mensaje Vat.

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04 diciembre - En 1110, Balduino de Bolougne conquista durante la Primera Cruzada la ciudad de Sidón, en Líbano, en la que por cierto, llegó a poner pie Jesús de Nazaret.


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Es importante «recordar al mundo que la cultura y civilización árabes no se identifican con el Islam, ya que los cristianos han jugado un papel esencial en la elaboración de lo que fue el gran Renacimiento árabe de los siglos IX y X, introduciendo el pensamiento griego en todas sus formas (medicina, matemáticas, filosofía, etc.), lo que suscitó un movimiento intelectual prodigioso, que comprendía la teología musulmana».
Además, según el experto el padre Samir Khalil Samir, S.J., director del Centro de Documentación e Investigaciones Árabes Cristianas [CEDRAC] de Beirut (el Líbano), «este movimiento permitió un auténtico intercambio entre musulmanes y cristia
nos» basado en la razón.
El objetivo del CEDRAC es «hacer conocer mejor su propio patrimonio a los mismos árabes --cristianos y musulmanes--.
Un patrimonio inmenso todavía casi inédito y totalmente desconocido, muy variado puesto que integra todas las tradiciones del Oriente cristiano: las Iglesias siríacas (caldea, siríaca, maronita), la Iglesia bizantina, la Iglesia copta y aun las Iglesias armena y latina».

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1095 – el 27 de noviembre en el Concilio de Clermont, el Papa Urbano II, frente a la invasión, ocupación, ultraje y prohibición a los cristianos de visitar los Lugares Santos de Jerusalén (Tierra Santa), predica la primera cruzada. Cuando Urbano II murió hacía dos semanas que Occidente había recuperado la libertad de Jerusalén.

1091 – Sicilia quedó enteramente libre de los musulmanes, después de una ocupación y devastación de gran parte del Patrimonio religioso cristiano y cultural de la Isla.

 

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Muchos errores se cometen por ignorancia de la historia y esa ignorancia sirve también de arma tanto defensiva como ofensiva de quienes no están interesados en el conocimiento de la verdad sino en la confusión entre verdad y error, entre el bien y el mal.

 

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Confiemos en que el sentido común no deje de asistirnos a la hora de distinguir el blanco del negro y que la civilización se imponga, con las solas armas de la razón, a la barbarie. Porque la verdad, como el agua, sale siempre a flote; de arriba hacia abajo, de abajo hacia arriba ‘siempre triunfante’. Aunque le fastidie a muchos. Porque no resuelven sus dificultades o necedades, en ellos no confiemos.

 

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Todo el mundo habla de Las Cruzadas. Cuando el reciente discurso de Benedicto XVI en Ratisbona, alguno de los “nuestros” argumentó que el Papa podía haberse referido a las Cruzadas en vez de citar lo que citó del Islam. Lo cierto es que, como dice Belloc, los nuestros son los que fueron a intentar recuperar los Santos Lugares para, de paso, salvar la Cristiandad.

Se olvida con frecuencia que los musulmanes estaban disgregando el Imperio de Bizancio, la parte Oriental del cristianismo y de la incipiente Europa. Que los cruzados básicamente recuperaron tierra originalmente cristiana y que, en fin, en aquella época no existían todos esos intereses espurios por los que hoy se va a la guerra o uno se vuelve pacifista.
La literatura ha divulgado la Tercera Cruzada, sobre todo porque en ella participó Ricardo Corazón de León, y el cine ha destrozado lo poco que de cierto podía haber en el imaginario común. La Cruzada más importante fue la primera, predicada por el Papa Urbano II y que alcanzó a conquistar Jerusalén. A partir de ahí se estableció un reinado que vino a durar bastante poco.  

Belloc trata de todo ello apuntando las razones del fracaso, entre las que están la falta de una visión geopolítica amplia, impensable en aquella época, y la misma estructura feudal, que conllevaba ciertas rivalidades entre los caballeros cruzados. También, y no es poco importante, el recelo del Emperador Alejo, deseoso de recuperar sus tierras pero que no movió ni un dedo a favor de la Cruzada.
Este libro permite redituar la Cruzada. Belloc es honesto y, desde el principio muestra todas sus cartas. Eso lo hace más vulnerable a las críticas, pero también más recomendable para quienes sabemos que en el callejón de la historia es bueno entrar de la mano de personas amigas.

LAS CRUZADAS - Hilaire Belloc
Homo Legens - 272 páginas - 2007-01-19

 

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Gracias a hombres y mujeres obedientes al Espíritu Santo, han surgido en la Iglesia muchas obras de caridad, dedicadas a promover el desarrollo: hospitales, universidades, escuelas de formación profesional, pequeñas empresas. Son iniciativas que han demostrado, mucho antes que otras actuaciones de la sociedad civil, la sincera preocupación hacia el hombre por parte de personas movidas por el mensaje evangélico.

 

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ISLAM: UNAS PREGUNTAS

 

Messori expone una reflexión haciendo algunas preguntas: «Todavía hoy: ¿qué país musulmán reconoce a los otros que no sean los suyos, los derechos civiles o la libertad de culto? ¿Quién se indigna ante el genocidio de lo armenios ayer y de los sudaneses cristianos hoy? El mundo, según los devotos del Corán, ¿no está dividido en "territorio del Islam" y "territorio de la guerra", esto es, todos los lugares todavía no musulmanes que deben serlo, por las buenas o por las malas?».

 

«Un simple repaso a la historia --escribe Messori-- incluso en sus líneas generales, confirma una verdad evidente: una cristiandad en continua postura defensiva respecto a una agresión musulmana, desde los inicios hasta hoy (en Africa, por ejemplo, está en curso una ofensiva sangrienta para islamizar a las etnias que los sacrificios heroicos de generaciones de misioneros habían llevado al bautismo). Admitido --y probablemente no concedido-- que alguno, en la historia, deba pedir excusas a otro ¿deberán ser quizá los católicos quienes se hagan perdonar por aquel acto de autodefensa, por aquel intento de tener al menos abierta la vía de la peregrinación a los lugares de Jesús que fue el ciclo de las Cruzadas?».  MMII

 

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P: ¿En qué consistieron las cruzadas y qué valoración hace de ellas?

 

R:En intentos de recuperar los santos lugares del cristianismo invadidos por el islam. No es fácil valorar las cruzadas en un par de frases. Algunas como la cuarta se desviaron totalmente del fin original. Otras se dedicaron a luchar contra el islam perdiendo su primera finalidad como fue el caso de las protagonizadas por san Luis de Francia. No se puede hacer un juicio global.

Dr.César VIDAL. 2006-02-28 l.d.esp.

 

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P:¿Cuáles han sido las mayores masacres de los musulmanes en la historia?

 

R:Podría usted comenzar por el exterminio de tribus judías de la península arábiga ordenado por el propio Mahoma. Desde entonces el guión se ha venido representando sin pausas. Por cierto, nadie está diciendo nada de los cristianos a los que se está asesinando en naciones islámicas durante estas semanas:Febrero y Marzo 2006.

Dr.César VIDAL. 2006-02-28 l.d.esp.

 

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Dos mil años de evangelización - En el monte de los Olivos, el día de la Ascensión, antes de subir al Padre, Jesús pronunció la profecía de la evangelización: «Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura» (Mc 16, 15).

«En estas palabras está contenida la proclama solemne de la evangelización» Juan Pablo II. Los discípulos del divino Redentor acogieron esta consigna y desde entonces, a lo largo de la historia y en todos los meridianos del orbe, la Iglesia se torna católica catolizando, y no ha hecho otra cosa que ejecutar el mandato de su Señor: evangelizar. «Evangelizare Iesum Christum»: «Anunciar a Jesucristo» (cf. Ga 1, 16), como se expresa san Pablo con frase lapidaria y emblemática.

 

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No estamos hablando de la época de las cruzadas…

TURQUÍA 2006 no ha rectificado la vieja política otomana de destrucción y expolio del patrimonio religioso en el territorio chipriota que ocupan sus tropas. Nicosia acaba de denunciar en la ONU la intención de Ankara de convertir en hotel parte del monasterio del Apóstol San Andrés. Según cálculos contrastados, los turcos han convertido 77 iglesias en mezquitas y 18 en barracones militares; un total de 133 recintos sagrados ortodoxos han sido profanados, e innumerables iconos, mosaicos y piezas de arte han sido robados y vendidos en el extranjero. No estamos hablando de la época de las cruzadas sino de hechos registrados en los últimos treinta años. …[…]… Francisco de Andrés – ABC. 2006-12-08-Esp

 

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Guibert de Nogent y la llamada a la primera cruzada

 

He aquí la arenga que [el papa Urbano II] pronunció, si no en los mismos términos, al menos en el mismo espíritu:


"Si entre las iglesias repartidas por el mundo entero, unas ameritan más respeto que las otras, en razón de las personas o del lugar (en razón de las personas, digo, atendiendo a que otorgamos más privilegios a las sedes apostólicas; en razón de los lugares, teniendo en cuenta que a las ciudades reales, como por ejemplo la ciudad de Constantinopla, se deben conceder las mismas distinciones que a las personas), debemos, pues, testimoniar por sobre todo un respeto muy particular por aquella Iglesia de donde nos vino la gracia de la Redención, y que es la cuna de toda la Cristiandad. Si es verdad, como dice el Señor, que la salvación viene de los judíos (Jn 4,22), y que el Señor de los ejércitos nos ha entregado una simiente, a fin de que nunca seamos como Sodoma, y que tampoco nos asemejemos a Gomorra, Cristo es esa simiente en la cual están contenidas la salvación y la bendición de todas las naciones; y la tierra y la ciudad que Él habitó, y donde sufrió, son llamadas santas, conforme al testimonio de las Escrituras. En efecto, leemos en las páginas sagradas y proféticas que esta tierra es la herencia de Dios, y el templo, santo, incluso antes de que el Señor la hubiese hollado con sus pies y hubiese allí sufrido. ¿Qué acrecentamiento en su santidad, qué nuevos títulos en lo que a nosotros respecta, ha obtenido desde que Dios, en su majestad, allí se encarnó, alimentó, educó, la recorrió en todos los sentidos, viviendo una vida corporal; cuando, para resumir en una concisión digna de su objeto todo lo que podría ser dicho en largos discursos, la sangre del Hijo de Dios, más santa que el cielo y la tierra, fue allí derramada; cuando su cuerpo, en medio de la agitación de los elementos, allí reposó en paz en un sepulcro? Si, poco después de la muerte de Nuestro Señor, y cuando los judíos todavía estaban en posesión de ella, esta ciudad fue llamada santa por el evangelista, que dijo: "Muchos cuerpos de santos que estaban muertos han resucitado; y, habiendo dejado sus sepulcros, después de su resurrección, entraron en la ciudad santa, y fueron vistos por muchas personas" (Mt 27,52-53); y si el profeta Isaías ya había dicho: "Su sepulcro será glorioso" (Is 11,10), ¿cómo esta santidad podría en lo sucesivo ser aniquilada, sean cuales fueren los males que sobrevengan?, como es igualmente cierto que la gloria del santo sepulcro no podrá ser destruida. ¡Oh, mis hermanos queridos!, si es verdad que aspiráis al autor de esa santidad y esa gloria, si queréis ardientemente conocer los lugares de aquella tierra donde se encuentran sus huellas, es a vosotros a quienes corresponde hacer grandes esfuerzos, con la ayuda de Dios, que marchará delante de vosotros, y combatirá por vosotros, a fin de purgar aquella ciudad santa y aquel glorioso sepulcro, de las humillaciones que allí acumulan los gentiles con su presencia, tanto más cuanto que está en su poder. Si la piedad de los Macabeos ameritó ya los más grandes elogios, porque combatían por las ceremonias y por el templo; así como se os permite, caballeros cristianos, tomar las armas para defender la libertad de la patria, y si estimáis que es un deber realizar los más grandes esfuerzos para visitar los templos de los apóstoles o de cualquier otro santo, ¿por qué tardáis en exaltar la Cruz, la sangre, el monumento del Señor, de visitarlo, de consagraros a tal servicio por la salvación de vuestras almas? Hasta ahora habéis hecho guerras injustas, en vuestros furores insensatos os habéis lanzado recíprocamente sobre vuestras casas los dardos de la codicia y de la soberbia, y habéis por ello atraído sobre vosotros las penas de la muerte eterna y de un daño verdadero. Ahora os proponemos guerras que tienen en sí mismas la gloriosa recompensa del martirio, que serán por siempre objeto de elogio, para los tiempos presentes y para la posteridad. Supongamos por un momento que Cristo no murió, ni fue enterrado en Jerusalén, y que tampoco vivió allí; ciertamente, si todo ello nos falta, este solo hecho, que la ley provenga del Libro, y la Palabra del Señor de Jerusalén, debería ser suficiente para impulsaros a marchar en auxilio de la tierra y de la ciudad santas. En efecto, si Jerusalén es la fuente desde la cual se derrama todo lo que se remite a la predicación del cristianismo, los pequeños arroyos que se han diseminado por todas partes y sobre toda la faz de la tierra, deben remontar dentro de los corazones de todos los fieles católicos, a fin de que se compenetren correctamente de todo aquello que deben a tan abundante fuente. Si las corrientes retornan al lugar de donde han surgido, es a fin de que se derramen igualmente (Ecles 1,7). Según el lenguaje de Salomón, os debe parecer glorioso esforzaros en purificar el lugar de donde ciertamente os ha venido el bautismo que purifica y las enseñanzas de la fe. He aquí además otra consideración a la cual debéis otorgar máxima importancia, y es que Dios, actuando por vosotros, emplea vuestros esfuerzos para hacer reflorecer el culto cristiano en la iglesia, madre de todas las iglesias; es posible que eso sea con la intención de restablecer la fe en algunas porciones del Oriente, para hacerlas resistir en los tiempos del Anticristo, que se avecinan; pues es claro que no será ni contra los Judíos ni contra los gentiles que el Anticristo hará la guerra; sino que, conforme a la etimología misma de su nombre, atacará a los cristianos; y si no encuentra cristianos en esos lugares, como en el presente que no se encuentra casi ninguno, no habrá quién le resista, o a quien tenga para atacar; así, según el profeta Daniel, y san Jerónimo, su intérprete, alzará sus tiendas en el monte de los Olivos. Es cierto, pues el apóstol lo dijo, que tomará asiento en Jerusalén en el templo de Dios, queriendo pasar por un dios (2 Tes 2, 4), y el mismo profeta Daniel dijo además que, sin duda, tres reyes, a saber, los de Egipto, Africa y Etiopía, serán los primeros asesinados por él, en razón de su fe en Cristo (Dan 7,2). Y, ciertamente, ello no podrá ocurrir si el cristianismo está establecido en los lugares donde reina ahora el paganismo. Si, pues, en vuestro celo por estos píos combates, os esforzáis, después de haber recibido de Jerusalén los principios del conocimiento de Dios, en restablecerlos en esos mismos lugares, en signo de reconocimiento, con el fin de trabajar en expandir ampliamente el nombre católico, ¿quién debe resistir a las pérfidas intenciones del Anticristo y de los anticristianos, quién podría dudar que Dios, cuyo poder es superior a todas las esperanzas de los hombres, abrasa esos campos cubiertos con las cañas del paganismo, con la ayuda de la llama encendida de vuestros corazones, a fin de que Egipto, Africa y Etiopía, que no están en comunión con nuestras creencias, sean constreñidas por las reglas de dicha ley, y que el hombre del pecado, el hijo de la perdición, encuentre nuevos rebeldes? El Evangelio nos grita que Jerusalén será pisoteada por las naciones, hasta que el tiempo de las naciones sea consumado (Lc 21,24). Esas palabras, "el tiempo de las naciones", pueden entenderse de dos maneras. Quiere decir que las naciones han dominado a los cristianos a su amaño y se han revolcado, según el ardor de las pasiones, en el fango de todas las ignominias sin encontrar obstáculo alguno; por eso se dice ordinariamente que es a su tiempo que todas las cosas resultarán según sus votos, como dice este ejemplo: "Mi tiempo no ha llegado todavía, pero el tiempo está siempre propio a vosotros" (Jn 7,6); y se dice habitualmente a los voluptuosos: "Tendréis vuestro tiempo".
O bien estas palabras, "el tiempo de las naciones", significan la totalidad de las naciones, que serán llamadas a la fe antes de que Israel sea salvado; puede ser, oh, hermanos queridos, que ese tiempo se cumpla cuando los poderes paganos sean expulsados por vosotros, con la ayuda de Dios; porque el fin del siglo se aproxima, y las naciones cesan de ser convertidas al Señor, ya que hará falta, según las palabras del apóstol, "que la revuelta llegue previamente" (2 Tes 2, 3). No obstante, y conforme a las palabras de los profetas, es necesario que antes de la venida del Anticristo el Imperio del Cristianismo sea renovado en esos lugares, por vosotros, o por quienes plazca a Dios que lo hagan, a fin de que el señor de todos los males, aquél que establecerá el trono de su reino, encuentre algún rastro de fe contra el cual combatir. Pensad que el Todopoderoso puede haberos destinado para levantar a Jerusalén del estado de envilecimiento en el cual se encuentra pisoteada; ¿y, os lo demando, juzgad cuántos corazones gozarían de alegría si vemos la Ciudad santa elevada por vuestra ayuda, y aquellos oráculos proféticos, o mejor dicho divinos, cumplidos en nuestro tiempo? Recordad además estas palabras que Dios mismo dijo a la Iglesia: "Yo conduciré vuestros hijos del Oriente, y reuniré los de Occidente" (Is 63,5). Dios ha conducido a los hijos del Oriente, porque aquel territorio del Oriente ha doblemente producido los primeros príncipes de nuestra Iglesia, y los reúne de Occidente reparando los males de Jerusalén por los brazos de aquellos que han recibido las últimas enseñanzas de la fe, es decir, por los occidentales, porque creemos que tales cosas las podéis hacer vosotros, con la ayuda del Señor. Que si las palabras de las Escrituras no os determinan, si nuestra invitación no llega al fondo de vuestra alma, que al menos la extrema miseria de todos aquellos que desean visitar los santos lugares, os toque y conmueva. Tened en cuenta a aquellos que emprenden aquella peregrinación, y van a aquel país a través de las tierras: si son ricos, a cuántas exacciones y violencias son sometidos; casi a cada milla de la ruta son obligados a pagar tributos e impuestos; en cada puerta de la ciudad, a la entrada de iglesias y templos, los hacen pagar un precio; y cada vez que se transportan de un lugar a otro, por una acusación cualquiera, se ven forzados a pagar un rescate a precio de plata, y al mismo tiempo, los gobernadores de los gentiles no cesan de castigar cruelmente con golpes a quien rehúse hacerles presentes. ¿Qué decir de aquéllos que, no teniendo nada, confiados en su indigencia absoluta, emprenden aquel viaje porque les parece no tener nada que perder en su propia persona? Se les somete a suplicios intolerables para quitarles lo que no tienen; se les despedaza, se les abren los talones para ver si por azar no tienen algo cosido por debajo, y la crueldad de estos malvados va todavía más lejos. En el convencimiento de que estos desgraciados pueden haber tragado oro o plata, los hacen beber escamonea hasta obligarlos al vómito, o incluso hasta hacer rendirse a sus órganos vitales; o, lo que es más horrible aún, les abren el vientre a punta de hierro, haciendo salir las envolturas de los intestinos, y pinchando con afrentosas incisiones hasta en los repliegues más secretos del cuerpo humano. Tened en consideración, os ruego, a tantos millones de hombres que han muerto de la manera más deplorable; tomad enseguida partido por los santos lugares, de donde os han llegado los primeros elementos de la piedad, y creed sin duda que Cristo marchará delante de aquellos que vayan a hacer la guerra por Él, que Él será vuestro porta estandarte, y servirá de precursor a cada uno de vosotros".


Cuando este hombre tan eminente hubo finalizado su discurso, dio la absolución, por el poder del bienaventurado Pedro, a todos cuantos hicieron voto de partir, y la confirmó en virtud de su autoridad apostólica.


GUIBERT DE NOGENT, Histoire des Croisades, II, Éd. Guizot, 1825, Paris, pp. 46-52. Trad. al francés por  José MARÍN R.

viernes, mayo 26, 2006 www.apologeticahistorica.blogspot.com

 

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Agredidos y agresores:

una historia para ser reescrita

 

«Corriere della Sera: Vittorino Messori»

 

Siempre fue llamada "plaza de las Cruzadas". Hace poco más de un año es "plaza Paulo VI". El cambio de nombre del emplazamiento milanés, junto a la insigne basílica de San Simpliciano, no es ajeno a la Facultad Teológica de la Italia Septentrional que se abre hacia ella. Dicen que hubo presiones clericales para que se cambiase el nombre de aquel espacio. Sentían que era embarazoso, mucho más para ciertos medios católicos que para las autoridades laicas.
Este acontecimiento milanés no es si no una confirmación, entre tantas, de un hecho desconcertante: después de dos siglos de propaganda incesante, la "leyenda negra" construida por los iluministas como arma de la guerra psicológica contra la Iglesia Romana, terminó por instalar un "problema de conciencia" en la ‘intelligentzia’ católica, aparte de hacerlo en imaginario popular.


Fue, en realidad, en el siglo dieciocho europeo que, completando la obra de la reforma, se afirmó el rosario, convertido en canónico, de las "infamias romanas".


En lo que dice respecto a las cruzadas, la propaganda anticatólica llegó hasta invadir el nombre, como el término "Edad Media", excogitado por la historiografía "iluminista". Los que hace novecientos años tomaron por asalto Jerusalén considerarían estúpidos a lo que les hubiesen dicho que daban cumplimento a aquello que seria llamado como "primera Cruzada". Para ellos, era iter, peregrinatio, succursus, passagium.


Los "panfletarios", en suma, inventan un nombre y construyen al rededor una "leyenda negra": Y no es sólo eso: será esa misma propaganda europea la que "revelará" al mundo musulmán el haber sido "agredido".


En Occidente, la obscura invención "cruzada" terminó por impregnar con sentimiento de culpa a ciertos hombres de la misma Iglesia, ignorantes de como ocurrieron las cosas.


¿Quien fue agredido y quien es el agresor? Cuando en 638 el califa Omar conquista Jerusalén, ésta era, desde hacía más de tres siglos, cristiana. Poco después, secuaces del Profeta invaden y destruyen las gloriosas iglesias, primero de Egipto y, después, de todo el norte de África, llevando la extinción del cristianismo en lugares que habían tenido obispos como Santo Agustín. Después le tocó su turno a España, a Sicilia, a Grecia, a aquella que será llamada ‘Turquía’, donde las comunidades fundadas por el mismo San Pablo se convirtieron en montes de ruinas. En 1453, después de siete siglos de asalto, capitula y es islamisada la misma Constantinopla, la segunda Roma. El tornado islámico alcanza los Balcanes, y, como por milagro, es detenido y obligado a retirarse de las puertas de Viena.


Entretanto, hasta el siglo XIX, todo el Mediterráneo y todas las costas de los países cristianos que le miran, son "reservas" de carne humana: navíos y países serán asaltados por incursiones islámicas, que retornan a las guaridas magrebíes llenos de botines, de mujeres y de jóvenes para los placeres sexuales de los ricos y de los esclavos obligados a morir de agotamiento o para ser rescatados a precios altísimos por los Mercedarios y Trinitarios. Exécrese, con justicia, la masacre de Jerusalén en 1099, pero no se olviden de Muhamad II, en 1480, en Otranto, simple ejemplo de un cortejo sanguinario de sufrimientos. Aún hoy: ¿qué países musulmanes reconocen a los otros que no sean los suyos, los derechos civiles o la libertad de culto? ¿Quien se indigna con el genocidio de los armenios, antes y de los sudaneses cristianos, hoy?
El mundo, según los devotos del Corán, ¿no está aún hoy dividido en "territorio del Islam" y "territorios de guerra:, todos los lugares, aún no musulmanes, pero que deben convertirse en tales, de buenas o malas maneras? ¿No es esta la ideología sobreentendida por muchos en la inmigración masiva rumbo a Europa?


Una simple revisión de la historia, incluso en sus líneas generales, confirma una verdad evidente: una Cristiandad en continua posición de defensa en relación a una agresión musulmana, desde el comienzo hasta hoy (en África, por ejemplo, está en curso una ofensiva sanguinaria para islamizar las etnias que los sacrificios heroicos de generaciones de misioneros habían llevado al bautismo).


Admitido que alguien, en la historia, debiese pedir disculpas a otro, ¿deberían ser los católicos los que deberían pedir perdón por un acto de autodefensa, por la tentativa de haber por lo menos abierto el camino de la peregrinación a los lugares de Jesús, como fue el ciclo de las cruzadas?

Agradecemos al autor -

http://www.churchforum.org/info/leyendas_negras/las_cruzadas.htm

 

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´Las almas auténticas se nutren del único alimento: el Absoluto... y desconocen el veneno de la calumnia´

 

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Muchos errores se cometen por ignorancia de la historia y esa ignorancia sirve también de arma tanto defensiva como ofensiva de quienes no están interesados en el conocimiento de la verdad sino en la confusión entre verdad y error, entre el bien y el mal.

 

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Alrededor del año 58 de nuestra era vivían en Jerusalén varios miles de judíos creyentes, miembros de la Iglesia Católica recién fundada por Jesucristo que le ordenó ser “Católica y catolizante”. Así lo afirmaban los responsables de la Iglesia a Pablo: "Ya ves, hermano, cuantos miles de judíos son ahora creyentes y todos son fieles observantes de la Ley" (Hch 21,20).

 

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“Es imposible convencer a alguien mediante razonamientos, de que cambie una convicción a la que no ha llegado mediante el razonamiento”. Kart POPPER.

 

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«La dominante cultura cínica de la amnesia se mueve en la abstracción de prescindir sistemáticamente del pasado, de la realidad, de la Historia y de la tradición, lo que le confiere empero un falso carácter innovador. Es una cultura neutral en la que está ausente la imaginación creadora. Ésta se suple, justamente, con el olvido o el rechazo de la realidad y de la tradición, para que parezca nuevo todo lo que produce. Y eso explica los absurdos proyectos y programas educativos vigentes, que parten del supuesto de que toda la cultura anterior carece de valor y debe ser desechada. Trátase de una inane y pervertida reproducción de la eterna polémica entre los antiguos y los modernos en la que el Estado como tal no solía tomar parte y que, por ende, impulsaba la cultura».

 

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El único momento histórico en que Europa tuvo su unidad fue con la cristiandad medieval. Era la Europa católica. La cristianitas de la Europa medieval era la patria común. La reforma luterana destruyó todo esto, separó a los países y creó los nacionalismos.

Vittorio Messori; escritor, periodista, comentarista e investigador histórico. MMV.

 

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Gracias a la Iglesia Católica, antes del 1300, había fundadas en Europa cuarenta y cuatro Universidades, en las que se forja un individuo especial dotado de cierta uniformidad: homo Scholasticus.

 

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Es bueno valorar acontecimientos y hechos que han sucedido en el pasado, reflexionar sobre ellos, para caminar con los talentos de la historia como bastón de guía.

 

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Islam… ese acoso que no cesa. Que el Islam moderado alienta opciones que no sean el odio contra el quehacer de Occidente está por ahora fuera de toda duda, pero al solaparse el terrorismo islamista y cierta complicidad del Islam europeo emergen incertidumbres hondas y desesperanzadas... 2005-07-

 

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Para conocer una historia es necesario, pero no suficiente, conocer los hechos, pues es preciso también conocer el espíritu, o si se quiere la intención que animó esos hechos, dándoles su significación más profunda.

 

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El cristiano está advertido de que es necesario conocer la historia para distinguir los hechos. El cristiano a sus hermanos advierte que es imprescindible estudiar la historia para comprender el contexto histórico de los hechos. El cristiano nota que conociendo la historia, se percibe la riqueza de la Tradición, repara la grandeza del Magisterio y la magnanimidad de la salvación en la Escritura enseñada por la Iglesia.

 

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“Vivir es sentirse fatalmente forzado a ejercitar la libertad, a decidir lo que vamos a ser en este mundo. Ni un solo instante se deja descansar nuestra actividad de decisión. Incluso, cuando desesperados nos abandonamos a lo que quiera venir, hemos decidido no decidir.” [Don José Ortega y Gasset].

 

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«La Iglesia no es santa por sí misma, sino que de hecho está formada por pecadores, lo sabemos y lo vemos todos», pero ésta «viene santificada de nuevo por el amor purificador de Cristo». «Dios no sólo ha hablado, nos ha querido (...) hasta la muerte de su propio hijo». Además, Benedicto XVI dijo estar «contento» por la presentación ayer del «Compendio» del Catecismo de la Iglesia Católica, «una nueva guía para la transmisión de la fe, que nos ayude a conocer mejor e incluso a vivir mejor la fe que nos une». «No se puede leer este libro como se lee una novela», advirtió el Pontífice, subrayando que «requiere meditarlo con calma en sus partes y permitir que su contenido, mediante las imágenes, penetre en el alma». «Espero que sea acogido de este modo y pueda convertirse en una buena guía para la transmisión de la fe», aseveró. El volumen, presentado ayer, de doscientas páginas, recoge en 598 preguntas y respuestas la síntesis de ese «Catecismo» que fue promulgado en 1992 por el Papa Juan Pablo II. El «Compendio» no ofrece añadidos ni cambios al contenido de aquel volumen de unas 700 páginas. 2005-06-29.

 

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El cristianismo, como es sabido, no nació en Europa, sino en Asia Menor, en la encrucijada de tres continentes, el asiático, el africano y el europeo. Por este motivo, la interculturalidad de las corrientes espirituales de estos tres continentes pertenece a la forma originaria del cristianismo. Solo la difusión del Islam sustrajo al cristianismo de Oriente próximo gran parte de su fuerza vital, mientras echaba a las comunidades cristianas de Asia; en cualquier caso, a partir de entonces el cristianismo se convirtió en una religión europea. 2003-07-18 Cardenal + Joseph RATZINGER - Al día: S. S. BENEDICTO XVI  - P.M. - 2005

 

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La historia de la Iglesia es una historia de muchos y diversos movimientos de reforma. Ver el libro de san Cipriano, De lapsis, escrito poco después de la persecución de Decio del 250-251

 

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«Conocer y profundizar el pasado de un pueblo es afianzar y enriquecer su propia identidad. ¡No rompáis con vuestras raíces cristianas! Sólo así seréis capaces de aportar al mundo». S. S. Juan Pablo II – Madrid. 2003.05

 

Visión objetiva: Con frecuencia en los análisis históricos se peca de falta de objetividad por juzgar con valores actuales los sucesos del pasado. Esto no significa relativizar el juicio valórico de los sucesos, sino extirpar ciertos moralismos actuales que no son reales, que suponen una "moral" moderna y postmoderna que juzga enloquecidamente las cosas. Desde una perspectiva objetiva tenemos que condenar sin reserva los errores ocurridos en l período analizado, pero sin rasgar vestiduras por la "monstruosa" noticia del descubrimiento y civilización europea en América, maldiciendo la hora en que se produjo al estilo del cuestionado activista verde Jacques Cousteau quien declaró en 1992 que la llegada de la Colón a América "fue un desastre peor que la lluvia de meteoritos que acabó con los dinosaurios en la prehistoria".

Aquí la premisa tribalista de "cada uno en su tierra sin invadir otra" queda desvanecida por el absurdo ante el dinamismo y realidad de la historia. Toda civilización es el fruto de una mezcla frecuentemente nada pacífica. La misma epopeya del Pueblo de Dios suponía conquistar una tierra prometida ocupada por tribus locales. Los mismos europeos provienen de invasiones y nuevas invasiones que mezclaron sus sangres e hicieron nacer las distintas culturas que dan alma al Viejo Mundo.

 

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"El cristianismo no teme a la cultura sino a la media cultura. Teme la superficialidad, los eslóganes, las críticas de oídas; pero quien puede hacer la ‘crítica de la cultura puede volverlo a descubrir o seguir siendo fiel" JEAN GUITTON –filósofo fr. 2000.

 

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La tradición occidental desde las antiguas Atenas, Jerusalén y Roma, no se ha movido entre la represión o la descarga del impulso, sino que ha peleado por la libertad interior, que pasa por el dominio de sí, pues sin ésta difícilmente el hombre puede hablar de libertad, ya que no se trata simplemente de la ausencia de coacción externa, sino de capacidad para poder determinarse en orden al bien.

 

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ISLAM: lo que lo define es la conquista del poder mezclado con un elemento religioso. La ideología marxista hacía lo mismo, sólo que ésta rechazaba a Dios.

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Sabios no tan sabios.Otro problema serio es que la enseñanza islámica la llevan a cabo los ulemas (sabios) que en realidad son «sabios» solo en un pequeño ámbito del saber: han aprendido el Corán de memoria, han tomado los viejos dichos atribuidos a Mahoma (Sunna) y centenares de miles de respuestas jurídicas de otros imanes. Pero no han estudiado matemáticas, sociología, psicología; la Historia para ellos se limita al mundo islámico; el estudio de las religiones se hace sólo con función apologética, por si el islam es atacado. Es como si nuestros sacerdotes hubieran estudiado sólo la Biblia y además, partiendo de comentarios antiguos.

 

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Los historiadores distinguen tres inquisiciones: la medieval, ejercida por los obispos locales, o por la Santa Sede con carácter puntual y esporádico (por ejemplo, la Cruzada contra los Albigenses); la española (y más tarde, por imitación, la portuguesa), creada a finales de 1400 por los Reyes Católicos con el beneplácito y bulas papales, con actuación restringida al territorio de la Corona española (y Portuguesa), o sea, también en América y en los territorios europeos (en particular italianos) dependientes de ella; y una tercera inquisición, la romana, la más moderna, fundada por el Papa Pablo III en 1542 e inspirada en el modelo centralista español, pero con ámbito teóricamente universal.

Y permanecen todas las otras ‘inquisiciones’ ejercidas por poderes - político como religioso - a ejemplo, la protestante. 

 

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Los breves pensamientos expuestos y el siguiente escrito, tienen como finalidad darnos unas pautas para comprender aquel momento histórico.

 

LA PEREGRINACIÓN DE LA IGLESIA

 

(… y con la presencia del islam en Tierra Santa)

 

… 12. En comunión con su Señor, también la Iglesia, pueblo mesiánico, se halla en camino hacia la ciudad futura y permanente (72), transciende los tiempos y las fronteras, orientada enteramente hacia aquel Reino cuya presencia ya es operante en todas las regiones del mundo. Éstas han recibido la semilla de la palabra de Cristo (73) y han sido regadas también por la sangre de los mártires, testigos del Evangelio. Como hicieron san Pablo y los Apóstoles, las calzadas consulares e imperiales, las pistas de las caravanas, las rutas marítimas, las ciudades y los puertos del Mediterráneo fueron recorridos por los misioneros de Cristo que, en Oriente y en Occidente, tuvieron que enfrentarse bien pronto con las diversas culturas y tradiciones religiosas, expresándose ya no sólo en hebreo y arameo, sino también en griego y en latín, y, más tarde, en las diversas lenguas, algunas ya anunciadas en la escena de Pentecostés (74): el árabe, el siríaco, el etiópico, el persa, el armenio, el gótico, el eslavo, el hindi y el chino.
Las etapas de esta peregrinación de los mensajeros de la palabra divina se ramificaron de Asia menor a Italia, de África a España y las Galias, y, a continuación, de Germania a Britania, de los países eslavos a la India y China. Prosiguieron en los tiempos modernos hacia nuevos países y nuevos pueblos en América, África, Oceanía, tejiendo así «el camino de Cristo a través de los siglos» (75).

13.
Durante los siglos IV y V,
comienzan en la Iglesia las diversas experiencias de vida monástica. La «emigración ascética» y el «éxodo espiritual» representan dos de los motivos fundamentales que la impulsaron. En esta perspectiva, algunas figuras bíblicas asumen en la literatura patrística y monástica un papel paradigmático. La referencia a Abraham se conjuga con el tema de la xeniteia (la experiencia del extranjero: la conciencia de quien se sabe huésped, emigrante), que constituye, por lo demás, el tercer peldaño de la Escalera espiritual de san Juan Clímaco. La figura de Moisés, que guió el éxodo de la esclavitud de Egipto hacia la Tierra prometida, pasa a ser un tema característico de la literatura cristiana antigua, sobre todo gracias a la Vida de Moisés de san Gregorio de Nisa. Elías, en fin, que sube al Carmelo y al Horeb, encarna los temas de la huida al desierto y del encuentro con Dios. Ambrosio, por ejemplo, se siente fascinado por el profeta Elías y considera que en él se realizó el ideal ascético de la fuga saeculi.
La concepción de la vida cristiana como peregrinación, la búsqueda de la intimidad divina precisamente a través del alejamiento del tumulto de las cosas y de los acontecimientos, la veneración de los santos lugares, mueven a san Jerónimo y a sus discípulas Paula y Eustoquia a abandonar Roma y marchar a la tierra de Cristo. Allí, junto a la gruta de la Natividad en Belén fundan un monasterio. Es un eslabón más en la serie de tantos eremitorios, lauras y cenobios de Tierra Santa, difundidos también en otras regiones, particularmente en la Tebaida de Egipto, en Siria y en Capadocia. En este sentido, la peregrinación al desierto o al lugar santo se convierte en símbolo de otra peregrinación: la interior. San Agustín recordaba: «Entra en ti mismo: la verdad habita en el corazón del hombre». Pero, no te quedes en ti mismo; «ve más allá de ti mismo» (76), pues tú no eres Dios: Él está más al fondo y es más grande que tú. La peregrinación del alma, evocada ya en la tradición platónica, adquiere ahora una dimensión nueva, que el mismo Padre de la Iglesia define y concreta así en su tensión hacia el infinito de Dios: «Se busca a Dios para encontrarlo con mayor dulzura, se le encuentra para buscarlo con mayor ardor» (77).
El pensamiento de que «el lugar santo es el alma pura» (78) se convertirá en una llamada constante para que la práctica de la peregrinación a los santos lugares sea signo del progreso en la santidad personal. Los Padres de la Iglesia llegan incluso a relativizar la peregrinación «física», con la intención de superar todo exceso y malentendido. San Gregorio de Nisa, de modo particular, proporciona el principio fundamental para una correcta valoración de la peregrinación. A pesa de haber visitado devotamente Tierra Santa, afirma que el verdadero camino que debe emprenderse es el que conduce al fiel de la realidad física a la espiritual, de la vida en el cuerpo a la vida en el Señor, y no el viaje de Capadocia a Palestina (79). San Jerónimo insiste en el mismo principio. En la Carta 58 recuerda que ni san Antonio ni los monjes visitaron Jerusalén y, sin embargo, las puertas del Paraíso se abrieron igualmente para ellos de par en par. Y afirma que para los cristianos es motivo de alabanza el haber vivido santamente, y no el haber estado en la ciudad santa (80).
En este itinerario interior de luz en luz (81), en la senda del llamamiento de Cristo a ser «perfectos como es perfecto nuestro Padre celestial» (82), se dibuja un perfil de la peregrinación particularmente apreciado por la tradición espiritual bizantina, y que constituye el aspecto «extático» que se desarrollará sobre la base de la doctrina mística de Dionisio el Areopagita, de Máximo el Confesor y de Juan Damasceno.
La divinización del hombre es la gran meta del largo viaje del espíritu que lleva al creyente hasta el corazón mismo de Dios, realizando así las palabras del Apóstol: «Con Cristo quedé crucificado y ya no vivo yo, vive en mí Cristo» (83), y para quien «vivir es Cristo» (84).

14. En el siglo IV, cuando cesaron las persecuciones del imperio romano, los lugares de martirio fueron abiertos a la veneración pública y se inició la tupida red de peregrinaciones, con testimonios documentados, como son los diarios de viaje de los mismos peregrinos, en especial de los que se dirigieron a Tierra Santa, entre los que destaca el testimonio de Eteria, a inicios del siglo V.
La peregrinación concreta, que recorre los caminos del mundo, se ramificó aún más. Mientras la conquista árabe de Jerusalén, en el año 638, hizo más difícil ir a visitar los recuerdos cristianos de Tierra Santa, en Occidente se abrieron nuevos itinerarios. Roma, lugar del martirio de Pedro y de Pablo, y sede de la comunión eclesial en torno al sucesor de Pedro, se convirtió en una meta fundamental. Surgieron las múltiples «vías romeras» ad Petri sedem, entre las que destaca la Vía Francigena, que atraviesa toda Europa rumbo a la nueva ciudad santa. Pero también el sepulcro de Santiago en Compostela se transforma en meta importante de peregrinaciones. Como lo van siendo, por lo demás, los santuarios marianos de la Santa Casa en Loreto, de Jasna Gora en Czestochowa, los grandes monasterios medievales, fortalezas del espíritu y de la cultura, los lugares que encarnan la memoria de grandes santos, como Tours, Canterbury o Padua. Uniendo todos estos puntos, se va tejiendo en Europa un red que «promovió el mutuo entendimiento entre pueblos y naciones tan diversas» (85).
Aunque con algunos excesos, este extenso fenómeno que interesó a grandes masas populares, animadas de convicciones simples y arraigadas, alimentó la espiritualidad, acrecentó la fe, estimuló la caridad y animó la misión de la Iglesia. Los palmeros, los romeros, los peregrinos, con sus hábitos específicos, constituyeron casi un «ordo» bien definido que recordaba al mundo la naturaleza peregrinante de la comunidad cristiana, dirigida hacia el encuentro con Dios y hacia la comunión con él.
La aparición del movimiento cruzado, en los siglos XI-XIII, confirió a la peregrinación una configuración peculiar. El antiguo ideal religioso de peregrinar a los santos lugares de la sagrada Escritura, se entrecruza con los valores y las ideas de aquella época histórica, es decir, con la formación de la clase caballeresca, con las tensiones sociales y políticas, con el despertar de las empresas comerciales o culturales orientadas hacia Oriente,
con la presencia del islam en Tierra Santa
.
Los conflictos de poder o de intereses prevalecieron sobre el ideal espiritual y misionero, dotando con perfiles diversos a las diferentes cruzadas, mientras entre las Iglesias de Oriente y de Occidente surgía el muro de la división. La misma práctica de la peregrinación quedó afectada por estas circunstancias y reveló algunas ambigüedades, que fueron muy bien subrayadas por san Bernardo de Claraval. Él había sido el ardiente predicador de la segunda cruzada, pero no dudaba en celebrar también la Jerusalén espiritual, presente en el monasterio cristiano, como meta ideal de la peregrinación: «Claraval es esta Jerusalén unida a la Jerusalén celestial por su piedad profunda y radical, por su conformidad de vida y por cierta afinidad espiritual» (86). Un himno medieval, presente aún hoy en la liturgia, exaltaba con claridad la Jerusalén celestial que se edifica en la tierra a través de la consagración de una iglesia: «?Jerusalén, ciudad dichosa!, ?Jerusalén, visión de paz! Sobre los cielos te levantas, alta ciudad de piedras vivas» (87).

15. En aquel mismo contexto surgió san Francisco, que con sus hermanos tendrá una presencia secular en Tierra Santa, en la custodia de los lugares sagrados de la cristiandad -en una convivencia no siempre fácil con las otras comunidades eclesiales de Oriente- y en la acogida de los peregrinos. En torno al año 1300 se constituía una Societas peregrinantium pro Christo, que consideraba la peregrinación como una obra también de carácter misionero. Precisamente entonces, en el año 1300, en Roma se proclamó el jubileo, que debería hacer de la ciudad eterna una Jerusalén hacia la que se dirigieran infinidad de peregrinos, como de hecho sucederá a lo largo de la serie sucesiva de Años santos. La unidad cultural y religiosa del Occidente europeo se vio alimentada también por estas experiencias espirituales. Y sin embargo, lentamente se iba caminando hacia nuevos modelos, más complejos, que afectaron incluso a la naturaleza de la peregrinación.

16. La revolución copernicana cambió la condición del hombre peregrino en un mundo inmóvil, haciéndolo partícipe de un universo en camino perenne. El descubrimiento del nuevo mundo sentó las premisas de la superación de una visión eurocéntrica, con la aparición de culturas diferentes y con los extraordinarios movimientos de gentes y de grupos. La cristiandad de Occidente perdió su unidad, centrada en Roma, y las divisiones confesionales hicieron más difíciles las peregrinaciones, criticadas incluso «como ocasión de pecado y de desprecio de los mandamientos de Dios (...). En efecto, acontece que se va de peregrinación a Roma, gastándose cincuenta o cien florines o más, y se deja a la mujer y a los hijos, y tal vez a algún otro pariente, en casa en la más absoluta miseria» (88). En el derrumbe de la imagen clásica del universo, el peregrino se sentía cada vez menos caminante en la casa común del mundo, entonces parcelada en Estados e Iglesias nacionales. De este modo, surgieron metas más reducidas y alternativas, como las de los montes sagrados y de los santuarios marianos locales.

17. A pesar de cierta visión estática, que impregnó la comunidad cristiana de los siglos XVIII y XIX, la peregrinación continuó presente en la vida de la comunidad cristiana. En algunas partes, como en América Latina y Filipinas, fue el apoyo de la fe del pueblo creyente a lo largo de generaciones; en otras, se abrió a una nueva espiritualidad, con nuevos centros de fe surgidos a raíz de apariciones marianas y de devociones populares. De Guadalupe a Lourdes, de Aparecida a Fátima, del Santo Niño de Cebú a San José de Montreal, se multiplicó el testimonio de la vitalidad de la peregrinación y del movimiento de conversión que provoca. Mientras tanto, la renovada consciencia de ser el pueblo de Dios en camino estaba a punto de ser reconocida por el concilio Vaticano II como la imagen más expresiva de la Iglesia reunida

72 Cf Lumen gentium, 9.
73 Cf. Hch 8, 4.
74 Cf. Hch 2, 7-11.
75 Tertio millennio adveniente, 25.
76 Cf. san Agustín, De vera religione 39, 72: CCL 32, 234; PL 34, 154.
77 San Agustín, De Trinitate 15, 2, 2: CCL 50, 461; PL 42, 1.058.
78 Orígenes, In Leviticum XIII, 5: SCh 287, 220; PG 12, 551.
79 Cf. san Gregorio de Nisa, Carta 2, 18: SCh 363, 122; PG 46, 1.013.
80 Cf. san Jerónimo, Carta 58, 2-3: CSEL 54, 529-532; PL 22, 580-581.
81 Cf. Sal 36, 10.
82 Cf. Mt 5, 48.
83 Ga 2, 20.
84 Flp 1, 21.
85 Juan Pablo II, Discurso durante la visita a Viena (10 de septiembre de 1983): AAS 76 (1984) p. 140.
86 San Bernardo, Carta al obispo de Lincoln: Carta 64, 2: PL 182, 169 ss
87 «Urbs Ierusalem beata, dicta pacis visio, quae construitur in coelis, vivis ex lapidibus». Brev. Rom., Comm. de Dedic. Eccl., Himnus ad Vesp.
88 M. Lutero, A la nobleza de la nación alemana, (1520), WA 6, 437.

 

Recomendamos ver íntegramente el texto en: http://www.vatican.va/roman_curia/pontifical_councils/migrants/ documents/rc_pc_migrants_doc_19980425_pilgrimage_sp.htm

 

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La Cuarta Cruzada, herida entre católicos y ortodoxos

 

Entrevista el autor de un libro histórico sobre el argumento

VARESE (ITALIA), lunes, 20 septiembre 2004).- Historiadores de todo el mundo se dieron cita en agosto en Estambul, lugar de la sangrienta batalla de la Cuarta Cruzada (1204) para participar en el congreso organizado por la Society for the Study of the Crusades and the Latin East (SSCLE), con el título «Sobre la Cuarta Cruzada, antes y después».

Durante el congreso, los estudiosos elogiaron el libro de Marco Meschini sobre esta cruzada: «1204: La incompleta. La cuarta cruzada y las conquistas de Constantinopla» (1204: L’incompiuta. La quarta crociata e le conquiste di Costantinopoli» (<A
HREF="http://www.ancoralibri.it">Editorial Ancora).

Hace ochocientos años, la Cuarta Cruzada supuso la conquista de Constantinopla, capital del Imperio bizantino cristiano-ortodoxo. Fue un acontecimiento dramático, a menudo evocado entre las razones que todavía hoy separan a católicos y ortodoxos. ¿Pero qué sucedió exactamente?

Zenit la ha preguntado a Marco Mechini, historiador de la Universidad Católica de Milán y autor del libro.

--¿La conquista de Constantinopla estaba en los objetivos de la cruzada?

--Meschini: No. La cruzada era una peregrinación armada con el fin de defender la cristiandad: reconquistar los Santos Lugares en Tierra Santa o bien la lucha contra los musulmanes en España.
En el 1198 el Papa Inocencio III quería que una expedición reconquistara Jerusalén, caída en 1187. La desviación a Constantinopla fue algo excepcional, que no estaba previsto.

--¿Por qué se quedó «incompleta» la Cuarta Cruzada?

--Meschini: Cuando el cuerpo de la expedición principal de la Cruzada llegó a Venecia en el año 1202, faltaban hombres y dinero para ir a Egipto y de allí a Tierra Santa, como estaba programado. Los venecianos propusieron entonces la conquista de una ciudad cristiana, Zara, que se había rebelado.

Los comandantes cruzados, a pesar de la oposición de muchos, aceptaron la idea con el objetivo de cubrir sus deudas. El Papa después excomulgó a los venecianos y a una parte de los cruzados.

--Pero, ¿por qué llegaron hasta Constantinopla?

--Meschini: Después de la conquista de Zara se presentó Alejo IV, un joven pretendiente al trono bizantino, cuyo padre había sido depuesto.

Alejo hizo esta propuesta: si le ayudaban a convertirse en emperador, extinguiría las deudas de los cruzados y ayudaría a reconquistar Jerusalén. Los venecianos y los jefes cruzados aceptaron, dejando atrás a los que no se podían oponer.

--¿Y el Papa?

--Meschini: Estaba en contra, pues, según él, la Cruzada no tenía que entrometerse en los turbios asuntos bizantinos. Pero fue incapaz de hacer valer su posición y no fue escuchado. Así pues, en 1203, los cruzados conquistaron Constantinopla a beneficio de Alejo IV.

--¿1203? Entonces, ¿por qué se habla del 1204?

--Meschini: Porqué Alejo IV no consiguió pagar lo prometido y los bizantinos lo eliminaron, eligiendo un nuevo emperador, Alejo V. Este desafió a venecianos y cruzados, pero perdió: el 12 de abril del 1204 estos últimos tomaron la capital y fundaron el Imperio Latino de Oriente.

--Se dice que la conquista acarreó una masacre horrible…

--Meschini: Lamentablemente hubo muertos por ambas partes. Pero la masacre desenfrenada de la que tanto se ha hablado no encuentra confirmación en las fuentes que conocemos. Sobre todo no ha podido verificar la voluntad de provocar víctimas inocentes. De todos modos, la ciudad fue saqueada y devastada por un incendio.

--Y Jerusalén, ¿cayó en el olvido?

--Meschini: Algunos cruzados, sobretodo los que se opusieron a las conquistas de Zara y Constantinopla, llegaron a Tierra Santa.

Pero eran demasiado pocos para obtener resultados importantes. Sin embargo, su comportamiento cambia profundamente nuestro juicio sobre los acontecimientos: no es verdad que el Occidente católico hubiera querido conquistar la capital de la Ortodoxia: fue un error grave, por parte de algunos, pero no tenían el título como para representar a todo el catolicismo.

--Y, sin embargo, parece que los ortodoxos no consiguen perdonar aquel desastre a los católicos.

--Meschini: El problema es doble. Primero, los nuevos jefes eligieron a un emperador y a un patriarca latinos, sin tener en cuenta el hecho de que ya existía un patriarca ortodoxo, y, sobre todo, que el jefe de la ortodoxia era precisamente el emperador. Con lo cual no fueron aceptados por los bizantinos, aunque se dieron intentos.

--¿Y el segundo factor?

--Meschini: El Papa fue arrollado por los acontecimientos. Inocencio III no había querido aquella extraña conclusión de la Cruzada, y sin embargo Dios --según la mentalidad medieval-- parecía haberla querido.

De este modo aceptó el hecho acontecido, con la esperanza de que la Iglesia bizantina se sometiera a la romana.

Ahora bien, el primado del Papa es precisamente una de las cuestiones más delicadas entre católicos y ortodoxos, y la Iglesia bizantina se opuso. La unión no puede ser impuesta, debe ser consensuada y libre.

--¿Hay esperanza para el futuro?

--Meschini: La completa reconciliación entre catolicismo y ortodoxia es uno de los retos más altos para la Iglesia del Tercer Milenio. Me parece que el camino a seguir ya está trazado: Pablo VI y el Patriarca ecuménico Atanágoras revocaron en 1965 la famosa excomunión del 1054 y Juan Pablo II, en mayo del 2001, pidió perdón a los ortodoxos por los excesos del 1204. Purificar la memoria a la luz de la verdad y, sobre todo, amar al hermano en la comunión que viene de Cristo es lo que nos toca a nosotros hoy en día.
ZS04092008

 

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Nuevos hallazgos sobre las cruzadas (I)

 

Thomas Madden, historiador estadounidense, desenmascara los mitos

SAN LUIS (Missouri) , lunes, 25 octubre 2004 (ZENIT.org).-Los cruzados no eran ávidos depredadores o colonizadores medievales, como afirman algunos libros de historia, afirma un experto al concluir un estudio con nuevas revelaciones.

Thomas Madden, profesor asociado de la Facultad de Historia de la Universidad de San Luis (Estados Unidos) y autor de «A Concise History of the Crusades» («Breve Historia de las Cruzadas»), sostiene que los cruzados representaban una fuerza defensiva que no aprovechaba las propias empresas para ganar con ello riquezas terrenas o territorios.

Madden ha recorrido con Zenit los mitos más difundidos sobre los cruzados y los nuevos descubrimientos históricos que los privan de fundamento.

--¿Cuáles son los errores historiográficos más comunes sobre las cruzadas y sobre los cruzados?

--Madden: Algunos de los mitos más comunes y las razones de su falta de fundamento son los siguientes:

Mito número 1: Las cruzadas eran guerras de agresión no provocadas contra un mundo musulmán pacífico.

Esta afirmación es completamente errónea. Desde los tiempos de Mahoma, los musulmanes habían intentado conquistar el mundo cristiano. E incluso habían obtenido éxitos notables. Tras varios siglos de continuas conquistas, los ejércitos musulmanes dominaban todo el norte de África, Oriente Medio, Asia Menor y gran parte de España.

En otras palabras, a finales del siglo XI, las fuerzas islámicas habían conquistado dos terceras partes del mundo cristiano. Palestina, la tierra de Jesucristo; Egipto, donde nace el cristianismo monástico; Asia Menor, donde san Pablo había plantado las semillas de las primeras comunidades cristianas. Estos lugares no estaban en la periferia de la cristiandad sino que eran su verdadero centro.

Y los imperios musulmanes no acababan allí. Siguieron expandiéndose hacia Occidente, hacia Constantinopla y más allá llegando hasta los mismos confines de Europa. Las agresiones provenían por tanto de la parte musulmana. Llegados a un cierto punto, la parte que quedaba del mundo cristiano no tenía más remedio que defenderse, si no quería sucumbir bajo la conquista islámica.

Mito número 2: Los cruzados llevaban crucifijos pero lo único que les interesaba era conquistar riquezas y tierras. Sus intenciones piadosas eran sólo una cobertura bajo la que se escondía una avidez rapaz.

Hace tiempo, los historiadores afirmaban que en Europa se había producido un aumento demográfico que llevó a un número excesivo de nobles segundones, adiestrados en las artes de la guerra caballeresca pero privados de la herencia de tierras feudales. Las cruzadas por tanto eran vistas como una válvula de escape que impulsaba a estos hombres guerreros a salir de Europa, hacia tierras por conquistar a expensas de otros.

La historiografía moderna, con la ayuda de la llegada de las bases de datos computerizadas, ha destruido este mito. Hoy sabemos que eran más bien los primogénitos de Europa los que respondieron al llamamiento del Papa en 1095 y a la consiguiente Cruzada.

Ir a una cruzada era una operación muy costosa. Los señores se veían obligados a vender o hipotecar las propias tierras para conseguir los fondos necesarios. Muchos de ellos, además, no tenían interés en constituir un reino de ultramar. Más o menos como los soldados de hoy, los cruzados medievales se sentían orgullosos de cumplir con su deber, pero al mismo tiempo deseaban volver a casa.

Tras los éxitos espectaculares de la primera cruzada, con la conquista de Jerusalén y de gran parte de Palestina, prácticamente todos los cruzados volvieron a casa. Sólo una mínima parte se quedó para consolidar y gobernar los nuevos territorios.

Asimismo el botín era escaso. Aunque los cruzados hubieran soñado con grandes riquezas en las opulentas ciudades orientales, prácticamente casi ninguno logró ni siquiera recuperar los gastos. Sin embargo, el dinero y la tierra no eran el motivo para lanzarse a la aventura de una cruzada. Iban a expiar los pecados y ganarse la salvación mediante las buenas obras en una tierra lejana.

Afrontaban gastos y fatigas porque creían que, yendo a socorrer a sus hermanas y hermanos cristianos en Oriente, habrían acumulado riquezas donde ni el orín ni la polilla las corroen.

Eran bien conscientes de la exhortación de Cristo, según la cual, quien no toma su cruz no es digno de Él. Recordaban también que «nadie tiene un amor más grande que quien da la vida por los amigos».

Mito número 3: Cuando los cruzados conquistaron Jerusalén, en 1099, masacraron a todos los hombres, mujeres y niños de la ciudad, hasta inundar las calles de sangre.

Esta es una de las historias preferidas por quien quiere demostrar la naturaleza malvada de las cruzadas.

Ciertamente es verdad que muchas personas en Jerusalén encontraron la muerte después que los cruzados conquistaran la ciudad. Pero este aspecto se debe considerar en el contexto histórico.

El principio moral aceptado en todas las civilizaciones europeas o asiáticas premodernas era que una ciudad que se había resistido a la captura y había sido tomada por la fuerza, pertenecía a los vencedores. Y esto no incluía sólo los edificios y los bienes, sino los habitantes. Por esta razón, cada ciudad o fortaleza tenía que sopesar cuidadosamente si podía permitirse resistir a los sitiadores. Si no, era más sabio negociar los términos de la rendición.

En el caso de Jerusalén, se intentó la defensa hasta el último momento. Se calculaba que las formidables murallas de la ciudad habrían detenido a los cruzados hasta la llegada de una fuerza proveniente de Egipto. Pero estaban en un error. Y cuando la ciudad cayó, fue saqueada. Se dio muerte a muchos habitantes pero otros muchos fueron rescatados o liberados.

Según el criterio moderno, esto puede parecer brutal. Pero un caballero medieval podría hacer notar que un número mucho mayor de hombres, mujeres y niños inocentes mueren cada día mediante las modernas técnicas de guerra, comparados con el número de personas que podían caer bajo la espada durante uno o dos días. Hay que observar que en las ciudades musulmanas que se rindieron a los cruzados, la gente no fue atacada. Se incautaban sus propiedades y se les dejaba libres de profesar la propia fe.

Mito número 4: Las cruzadas eran una forma de colonialismo medieval revestido de oropeles religiosos.

Es importante recordar que, en la Edad Media, Occidente no era una cultura poderosa y dominante que se aventuraba en una región primitiva y retrasada. En realidad quien era potente, acomodado y opulento era el Oriente musulmán. Europa era el Tercer Mundo.

Los Estados Cruzados, fundados tras la primera cruzada, no eran nuevos asentamientos de católicos en un mundo musulmán, semejantes a las colonizaciones británicas en América. La presencia católica en los estados cruzados era siempre muy reducida, en general inferior al 10% de la población. Eran gobernantes y magistrados, comerciantes italianos y miembros de las órdenes militares. La gran mayoría de la población de los estados cruzados era musulmana.

No eran por tanto colonias en el sentido de plantaciones o fábricas, como en el caso de la India. Eran puestos de avanzadilla. La finalidad última de los estados cruzados era defender los santos lugares en Palestina, especialmente Jerusalén, y proporcionar un ambiente seguro para los peregrinos cristianos que visitaban aquellos lugares.

No había un país de referencia de los Estados cruzados con el que pudieran mantener relaciones económicas, ni los europeos obtenían beneficios económicos de estos estados. Por el contrario, los gastos de las cruzadas para mantener el Oriente latino gravaban fuertemente sobre los recursos europeos. Como posiciones de vanguardia, los Estados cruzados tenían un carácter militar.

Mientras los musulmanes combatían entre ellos, los estados cruzados estaban a salvo pero, cuando los musulmanes se unieron, fueron capaces de derrumbar las fortificaciones, tomar las ciudades, y en 1291 expulsar completamente a los cristianos.

Mito número 5: Las cruzadas se hicieron también contra los judíos.

Ningún Papa ha lanzado jamás una cruzada contra los judíos. Durante la primera cruzada, una numerosa banda de malhechores, no pertenecientes al ejército principal, invadieron las ciudades de Renania y decidieron depredar y asesinar a los judíos que allí residían. Esto se produjo en parte por pura avidez y en parte por una errónea concepción por la que los judíos, en cuanto responsables de la crucifixión de Cristo, eran objetivos legítimos de la guerra.

El Papa Urbano II y los Papas sucesivos condenaron enérgicamente estos ataques contra los judíos. Los obispos locales y los otros eclesiásticos y laicos trataron de defender a los judíos aunque con poco éxito. De modo parecido, durante la fase inicial de la segunda cruzada, un grupo de renegados asesinó a muchos judíos en Alemania, antes de que San Bernardo lograra alcanzarlos y detenerlos.

Estas desviaciones del movimiento eran un indeseado subproducto del entusiasmo de las cruzadas pero no eran el objetivo de las cruzadas. Para usar una analogía moderna, durante la segunda guerra mundial algunos soldados estadounidenses cometieron crímenes mientras se encontraban en ultramar. Fueron arrestados y castigados por tales crímenes pero el motivo por el que habían entrado en guerra no era el de cometer crímenes. ZS04102509

 

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Nuevos hallazgos sobre las cruzadas (II)


Habla el historiador estadounidense Thomas Madden

SAN LUIS (Missouri), martes, 26 octubre 2004.- La actual tensión entre Occidente y los países musulmanes tiene muy poco que ver con las Cruzadas, dice el historiador Thomas Madden, profesor asociado de la Facultad de Historia de la Universidad de San Luis (Estados Unidos) y autor de «A Concise History of the Crusades» («Breve Historia de las Cruzadas»).

Afirma que, desde la perspectiva musulmana, a las Cruzadas no se les dió tanta importancia. La cosa cambió cuando, en el siglo XIX, los revisionistas empezaron a reconsiderar las Cruzadas como guerras imperialistas

--¿Piensa que la lucha entre Occidente y el mundo musulmán es en cierto modo una reacción a las Cruzadas?

--Madden: No. Puede parecer una extraña respuesta si consideramos que Osama Bin Laden y otros islamistas a menudo se refieren a los estadounidenses como «Cruzados».

Es importante recordar que durante la Edad Media, en realidad hasta finales del siglo XVI, la superpotencia del mundo occidental era el Islam. Las civilizaciones musulmanas gozaban de gran bienestar, eran sofisticadas e inmensamente poderosas. Lo que hoy llamamos Occidente era atrasado y relativamente débil.

Hay que hacer notar que, con la excepción de la Primera Cruzada, prácticamente el resto de las Cruzadas lanzadas por Occidente --y hubo centenares-- no tuvieron éxito.

Las Cruzadas pueden haber frenado el expansionismo musulmán pero de ningún modo lo detuvieron. El imperio musulmán continuó expandiéndose hacia territorios cristianos, conquistando los Balcanes, gran parte de la Europa del Este e incluso la mayor ciudad cristiana del mundo, Constantinopla.

Desde la perspectiva musulmana, no tuvieron tanta importancia. Si usted le hubiera preguntado a alguien del mundo musulmán por las Cruzadas en el siglo XVIII, no sabría nada del tema. Eran importantes para los europeos porque fueron esfuerzos masivos que fracasaron.

Sin embargo, durante el siglo XIX, cuando los europeos empezaron a conquistar y colonizar países de Oriente Medio, muchos historiadores --especialmente escritores franceses nacionalistas o monárquicos-- empezaron a denominar a las Cruzadas como el primer intento de Europa por llevar los frutos de la civilización occidental al mundo musulmán atrasado. En otras palabras, las Cruzadas fueron transformadas en guerras imperialistas.

Estas historias se enseñaban en las escuelas coloniales y se convirtieron en el punto de vista normalmente aceptado en Oriente Medio y más allá. En el siglo XX, el imperialismo fue desacreditado. Islamistas y algunos nacionalistas árabes asumieron la visión colonial de las Cruzadas, denunciando que Occidente era responsable de su miseria porque había depredado a los musulmanes desde las Cruzadas.

Se dice a menudo que la gente en Oriente Medio tiene una memoria duradera; es verdad. Pero en el caso de las Cruzadas, tiene una memoria reconstruida, fabricada por sus conquistadores europeos.

--¿Hay semejanzas entre las Cruzadas y la actual guerra contra el terrorismo?

--Madden: Junto al hecho de que los soldados de ambas guerras deseaban servir a alguien más grande que ellos mismos y que deseaban volver a casa en cuanto acabaran, no veo otras semejanzas entre los cruzados medievales y la guerra contra el terror. Las motivaciones de la sociedad secular de después de la Ilustración son muy diferentes a las del mundo medieval.


--¿En qué se diferencias las Cruzadas de la yihad islámica o de otras guerras de religión?

--Madden: El objetivo fundamental de la yihad (guerra santa) es extender el «Dar al-Islam» (la Morada del Islam). En otras palabras, la yihad es expansionista, busca conquistar a los no musulmanes e imponerles el régimen musulmán.

A quienes son conquistados se les da una sola posibilidad. Para los que no son del Pueblo del Libro --en otras palabras, los que no son cristianos o judíos-- la única opción es convertirse al Islam o morir. Para los que pertenecen al Pueblo del Libro, la opción es someterse al régimen musulmán y a la ley islámica o morir. La expansión del Islam, por tanto, estaba directamente ligada al éxito militar de la yihad.

Los cruzados eran otra cosa. Desde sus inicios la Cristiandad ha siempre prohibido la conversión forzada de cualquier tipo. La conversión por la espada, por consiguiente, no era posible para la Cristiandad. Al contrario de la yihad, el objetivo de los Cruzados no era extender el mundo cristiano ni ensanchar la Cristiandad mediante conversiones forzadas.

Los cruzados eran una respuesta directa y relacionada con los siglos de conquistas musulmanas de tierras cristianas. El acontecimiento que hizo estallar la Primera Cruzada fue la conquista turca de toda Asia Menor de 1070 a 1090.

La Primera Cruzada fue convocada por el Papa Urbano II en 1095 en respuesta a una urgente petición de ayuda del emperador bizantino de Constantinopla. Urbano hizo un llamamiento a los caballeros de la Cristiandad para que acudieran a ayudar a sus hermanos de Oriente.

Asia Menor era cristiana. Formaba parte del imperio bizantino y fue en primer lugar evangelizada por San Pablo. San Pedro fue el primer obispo de Antioquia. Pablo escribió su famosa carta a los cristianos de Éfeso. El credo de la Iglesia fue redactado en Nicea. Todos estos lugares están en Asia Menor.

El emperador bizantino suplicó a los cristianos de Occidente ayuda para recuperar estas tierras y expulsar a los turcos. Las Cruzadas fueron esta ayuda. Su objetivo, sin embargo, no era sólo reconquistar Asia Menor sino recuperar otras tierras antiguamente cristianas perdidas a causa de las yihads islámicas. Incluida la Tierra Santa.

En pocas palabras, por tanto, la mayor diferencia entre Cruzada y yihad es que la primera fue una defensa contra la segunda. Toda la historia de las Cruzadas en Oriente es una respuesta a la agresión musulmana.

--¿Tuvieron algún éxito los cruzados en convertir al mundo musulmán?

--Madden: Quiero hacer notar que en el siglo XIII algunos franciscanos iniciaron una misión en Oriente Medio para tratar de convertir a los musulmanes. No tuvieron éxito, en gran parte porque la ley islámica castiga la conversión a otra religión con la pena capital.

Este intento, sin embargo, era una cosa distinta de las Cruzadas que no tenían nada que ver con la conversión. Y fue un intento de persuasión pacífico.

--¿Cómo asimiló la Cristiandad su derrota en las Cruzadas?

--Madden: De la misma manera que los judíos del Antiguo Testamento. Dios negó la victoria a su pueblo porque era pecador. Esto llevó a un movimiento devocionista de gran escala en Europa, cuyo objetivo era purificar totalmente la sociedad cristiana.
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La organización de la sociedad

 

Fuente: Para salvarte

Autor: P. Jorge Loring

 

10. También entran en este mandamiento las relaciones entre superiores y subordinados, patronos y obreros, etc.

La organización de la sociedad exige que haya quien mande y haya quien obedezca. Por eso, el poder de la autoridad viene de Dios, y también por eso la autoridad debe ejercerse según la ley de Dios. Los que mandan deben hacerlo con justicia y delicadeza; y los que obedecen, con respeto, fidelidad y sumisión.

Lo mismo que los súbditos tienen la obligación de obedecer, las Autoridades tienen la obligación de mandar según la Moral.

Es decir, consagrarse a procurar el bien común, no el propio; vigilar que se cumpla la justicia y guardarla a su vez, por ejemplo, otorgando cargos a personas idóneas, y empleando bien el dinero de los ciudadanos, atendiendo a lo más urgente y necesario.

«La implantación en el mundo de la doctrina social de la Iglesia es una aspiración de todo buen cristiano (...)

»Después de la conversión del emperador romano Constantino se fueron convirtiendo al cristianismo los diversos pueblos del norte de Europa que culminó con la conversión del sajón Otón y la fundación del Sacro Imperio Romano-Germánico, columna vertebral de la Edad Media»

«Durante la Edad Media el orden temporal se estructura según los principios del Evangelio. A esto se denomina Cristiandad, término que a partir del siglo IX, entró a integrar el vocabulario corriente»

«La sociedad medieval fue una sociedad anclada en la fe. (...) Lo que creía el aldeano era lo que creía el emperador y el papa»

«La generalidad de los autores coinciden en ver en el siglo XIII el siglo de oro medieval»

Característico de la Edad Media fueron las Cruzadas y las Órdenes Militares.

«Las Órdenes Militares nacieron con fines no estrictamente militares o guerreros, sino más bien caritativos y benéficos: para proteger y dar morada a los peregrinos. (...) La primera de ellas, cronológicamente hablando, fue la de los Caballeros Hospitalarios de San Juan.(...)
La segunda fue la de los Templarios, fundada también para la protección de los peregrinos que llegaban a Tierra Santa»


Muchos peregrinos morían a manos de los musulmanes que dominaban la zona.

Digamos algo de Las cruzadas.
A partir de la fundación del Islam por Mahoma, el año 622, empezó el expansionismo de los mahometanos que llegaron hasta Austria y sitiaron a Viena.

Jerusalén fue tomada por Omar, que levantó su mezquita en la explanada del templo.

Los musulmanes hostigaban y hasta martirizaban a los cristianos que peregrinaban a Tierra Santa. Pedro el Ermitaño peregrinó a Jerusalén, y al ver la triste situación en que se encontraban los Santos Lugares, al volver, convenció al Papa Urbano II que era necesario reconquistar los Santos Lugares para que los cristianos pudieran peregrinar a ellos sin peligro de su vida.

El Papa Urbano II convocó un concilio en Clermont-Ferrand en 1095 del que surgió la Primera Cruzada.

La consigna de las cruzadas era «Dios lo quiere».
Como en todas las cosas humanas, en las cruzadas se mezclaron las luces con las sombras. Pero tomadas en conjunto fueron la manifestación del espíritu cristiano de la época, y la ocasión de innumerables actos de heroísmo.

Vittorio Messori en su libro Leyendas negras de la Iglesia, hablando del Profesor de Historia y Sociología de la Universidad de Bruselas Moulin, uno de los intelectuales más prestigiosos de Europa, cita estas palabras:

«Haced caso de este viejo incrédulo, que sabe lo que dice: la obra maestra de la propaganda anticristiana es haber logrado crear en los cristianos, sobre todo en los católicos, una mala conciencia, infundiéndoles la inquietud, cuando no la vergüenza, por su propia historia. A fuerza de insistir, desde la Reforma hasta nuestros días, han conseguido convencernos de que sois los responsables de todos, o casi todos, los males del mundo. (...)

Habéis permitido que todos os pasaran cuentas, a menudo falseadas, casi sin discutir. No ha habido problema, error o sufrimiento histórico que no se os haya imputado. Y vosotros, casi siempre, ignorantes de vuestro pasado, habéis acabado por creerlo. Hasta el punto de respaldarlos.

En cambio, yo (agnóstico, pero también historiador que trata de ser objetivo) os digo que debéis reaccionar en nombre de la verdad. (...) Tras un balance de veinte siglos de cristianismo las luces prevalecen ampliamente sobre las tinieblas»

En el clima de cristiandad de su tiempo se explica la Inquisición.
No es justo juzgar a la Inquisición con los criterios de hoy. Hay que hacerlo con los criterios de entonces.

«En una sociedad en la que la fe constituía la base y garantía de la convivencia, el que atentaba contra la fe era el equivalente de lo que para nosotros es el terrorista. (...) Actualmente consideramos bienhechores a los que previenen epidemias físicas. Pero cuando se pone en primer lugar la salvación del espíritu, se consideran bienhechores a los que combaten las enfermedades del alma»

http://es.catholic.net/escritoresactuales/251/466/articulo.php?id=8157

 

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Las diferencias entre guerra santa,

Jihad, y las cruzadas

 

Entrevista con el historiador Jean Flori


CARNAC, jueves, 13 mayo 2004.- Aunque aparentemente no se vean las diferencias, no es lo mismo ni mucho menos las cruzadas medievales, o la guerra santa o jihad islámica, constata un historiador.

Jean Flori (Lillebonne, 1936), medievalista, director de investigación en el CNRS (Centro Nacional de Investigación Sociológica) y del Centro de Estudios Superiores de Civilización Medieval de Poitiers (Francia), es autor de «La Guerra santa. La formación de la idea de cruzada en el Occidente Cristiano», editado por
Editorial Trotta y por la Universidad de Granada.

Ante la pregunta sobre si es posible comparar las cruzadas con la jihad islámica, el profesor Flori responde en declaraciones a Zenit: «Es una cuestión difícil de tratar en pocas palabras. Podría responder que, no si se trata de la jihad contemporánea tal y como es predicada y lamentablemente practicada por los musulmanes fanáticos que nosotros llamamos "islamistas"».

«En efecto, estos asumen una política de terror ciego y golpean indiscriminadamente poblaciones occidentales, sin otro objetivo que la venganza, el odio racial o religioso», reconoce el historiador.

Ahora bien, aclara, «una cruzada, por horrible y condenable que fuera, tenía como objetivo la recuperación y defensa del Santo Sepulcro de Jerusalén, primer lugar santo de la cristiandad, que estaba en manos musulmanas desde el 738 dc.», recuerda.

En cierto sentido, opina, «se puede comparar la cruzada con la jihad» en la Edad Meda, «ya que una y otra dieron lugar a masacres y atrocidades. Una y otra fueron consideradas como guerras santas que procuraban el paraíso a los guerreros en combate».

«Sin embargo, existen diferencias notables --reconoce--.
La jihad ha sido practicada desde el origen por Mahoma, el fundador del islam. Jesús, al contrario, rechaza en sus actos y en su predicación todo recurso a las armas y a la violencia».

«La jihad, en su forma guerrera, se admite desde el origen, en el islam. Fue anterior a la guerra santa cristiana, que fue una desviación doctrinal. La jihad tenía como objetivo la conquista de territorios que no habían sido poblados por el islam, los llamados territorios de la guerra, con el fin de establecer la ley del islam, y no para convertir a sus habitantes».

«La cruzada, en cambio, tenía como fin la reconquista de los lugares santos y de los antiguos territorios cristianos, habitados todavía por numerosas poblaciones cristianas --explica el historiador--. Se podría decir, de manera genérica, que la cruzada sería lo equivalente a una jihad que tuviera como objetivo la liberación de la Meca o de Medina, en caso que estos lugares santos musulmanes hubieran caído en manos de los cristianos».

Hoy, constata Flori, algunos quieren disfrazar la guerra promovida por el presidente George W. Bush con el término de «cruzada» y los islamistas están muy contentos, ya que definen sus objetivos con términos como judíos --denominación racial--, cruzadas --denominación religiosa-- o traidores y tiranos --denominación política--».

«Si en la reacción bélica de la administración Bush hay dimensiones de integrismo religioso, esto es lamentable, pero no se puede asimilar esta guerra a una cruzada, ni a una guerra santa», aclara.

«Esta guerra no se ha predicado en nombre de una religión, ni promete ninguna recompensa espiritual a los que se comprometen en ella. Y estos serían elementos definitorios de guerra santa», subraya.

«Sólo las autoridades religiosas podrían proclamar una guerra santa --concluye--. Una proclamación de este tipo sólo es posible en una sociedad controlada y dirigida por religiosos, como fue el caso de la sociedad cristiana medieval, y como es el caso todavía hoy en estados musulmanes cada vez más numerosos». ZS04051309

 

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SAN AGUSTÍN COMENTA Ef. 5,15-20

 

Ef 5,15-20: La maldad y la miseria humana hacen los días malos

 

En la lectura del Apóstol oísteis o, mejor, oímos todos que nos decía: Estad atentos a vivir cautamente, no como necios, sino como sabios, rescatando el tiempo porque los días son malos. Se habla de días malos a causa de la maldad y miseria de los hombres. Por lo demás, en cuanto respecta al correr del tiempo, estos días son ordinarios: se suceden, constituyen el tiempo, sale el sol, se pone, pasan los días. ¿A quién molestaría el tiempo, si los hombres no se molestasen entre sí? Como dije, dos cosas hacen los días malos: la miseria y la malicia de los hombres. La miseria es común a todos, pero no debe serlo la malicia. Desde que pecó Adán y fue expulsado del paraíso, nunca hubo días buenos, sólo malos. Preguntemos a los niños que nacen por qué comienzan llorando, dado, que también pueden reír. Nada más nacer, lloran; después, ignoro cuántas veces reirán. Al llorar en el momento de nacer, el niño se convierte en profeta de su calamidad, pues las lágrimas son el testimonio de su miseria. Aún no habla y ya profetiza. ¿Qué? Que ha de vivir en medio de fatigas o de temores. Y aunque viva santamente, siendo justo, con toda certeza temerá siempre, puesto que se halla en medio de tentaciones. 

 

Rescatemos el tiempo, porque los días son malos. Quizá esperéis saber de mí en qué consiste el rescatar el tiempo. Voy a decir lo que pocos escuchan, pocos soportan, a lo que pocos se comprometen y pocos realizan; no obstante lo diré, porque incluso esos pocos que me han de escuchar viven en medio de los malos. Rescatar el tiempo consiste en que, si alguien te provoca a litigar, pierdas algo a fin de vacar para Dios, no para las contiendas. Pierde pues; de lo que pierdes obtienes el precio del tiempo. Cuando tus necesidades te obligan a ir al mercado público, das monedas y compras pan, o vino, o aceite, o madera, o algún utensilio; das y recibes; pierdes algo para conseguir otra cosa; eso es comprar. Pues si posees algo que antes no poseías sin perder nada, o lo encontraste, o te lo regalaron o lo recibiste en herencia. Cuando pierdes una cosa para adquirir otra es cuando compras; a lo que pierdes se le llama precio. Del mismo modo, pues, que pierdes monedas para comprar algo, pierde también monedas para comprarte el reposo. Eso es rescatar el tiempo. 

 

Hay un célebre proverbio púnico, que os diré en latín, porque no todos conocéis aquella lengua. Es ya muy antiguo: «La peste busca una moneda; dale dos, y que se vaya». ¿No da la impresión de que el proverbio ha nacido del evangelio? Pues ¿qué otra cosa sino rescatando el tiempo dijo el Señor con estas palabras: Si alguien quiere litigar judicialmente contigo para quitarte la túnica, déjale también el manto? (Mt 5,40). Con el litigar judicialmente contigo para quitarte la túnica quiere apartarte de tu Dios mediante disputas: estará inquieto tu corazón, tu ánimo no quedará tranquilo, te alejarás de tus pensamientos y te irritarás contra tu mismo adversario. Advierte cómo perdiste el tiempo. ¡Cuánto mejor es que pierdas una moneda y rescates el tiempo!  

 

Hermanos míos, cuando venís a que haga de juez en vuestros juicios y en vuestros negocios, al cristiano acostumbro a decirle que pierda algo de lo suyo para rescatar el tiempo. ¡Con cuánto mayor cuidado y con cuánta mayor confianza debo decirle que devuelva lo ajeno! Escucho a dos que son cristianos. El fraudulento, el que quiere enjuiciar al otro y quitarle algo, aunque sea mediante arreglos, se pone eufórico ante estas palabras. Dijo el Apóstol: Rescatando el tiempo porque los días son malos. «Levanto, pues, una calumnia contra aquel cristiano; dado que oyó al obispo, algo me dará para rescatar el tiempo». Dime, si a él he de decirle: «Pierde, para ganar tiempo», ¿no he de decirte a ti: «calumniador; hijo perdido del diablo, por qué te esfuerzas por quitar las cosas ajenas? No tienes razón y rebosas calumnia». Si le digo a él: «Dale algo, para que cese en su calumnia», ¿te hallarás presente tú, que te sirves de la calumnia para obtener dinero? Tolera los días malos quien, para evitar la calumnia, rescata el tiempo de ti; tú, en cambio, que te alimentas de calumnias, tendrás días malos y en el día del juicio, los tendrás peores. Quizá te rías hasta de esto, porque con la rapiña te llenas de dinero. Ríe, sigue riendo y despreciándome; yo seguiré dando; ya llegará quien pida cuentas. Sermón 167,1.3-4

 

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“La ciencia es un magnífico mobiliario para el piso superior de un hombre, siempre y cuando su sentido común esté en la planta baja”, escribió Oliver Wendell Holmes.

 

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La calumnia

 

Rubén Darío

 

 

 

Puede una gota de lodo
sobre un diamante caer;
puede también de este modo
su fulgor obscurecer;
pero aunque el diamante todo
se encuentre de fango lleno,
el valor que lo hace bueno
no perderá ni un instante,
y ha de ser siempre diamante
por más que lo manche el cieno.

 

 

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P: ¿Qué le parece las teorías que he oído últimamente, apoyadas en estudios genéticos de la Pompeu Fabra, acerca del prácticamente nulo intercambio genético entre la península y las razas árabes –y viceversa– en la época de ocupación musulmana? Washington Irvin dijo en sus "Cuentos de la Alhambra" que no había cultura más aniquilada que la árabe en España. ¿No nos dejaron tanto como se cree?

 

R: 1. La verdad es que árabes hubo muy pocos y siempre fueron una aristocracia reducida y sanguinaria, odiada por los musulmanes bereberes, eslavos o hispanos. 2. Dejarnos nos dejaron más bien poco. En parte, porque mucho de lo que se les ha atribuido (casas, baños, etc) venía de la romanización y en parte porque lo que se conserva se debe a que los vencedores fueron los cristianos. Todos conocemos la Alhambra y la Giralda pero no nos han quedado palacios en Damasco o Bagdad por la sencilla razón de que los destruyeron los musulmanes que vencieron a sus ocupantes también musulmanes.  2003-11-18 Dr. historiador don CÉSAR VIDAL

 

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P: No se si estará de acuerdo, pero creo que el Islam es indiferente a la democracia y en muchos aspectos contraria a ella. Desde este punto de vista, si para algunos la democracia es el único régimen legítimo los países islámicos tendrán que renunciar a ella, porque como usted sabrá el Islam para un musulmán consecuente no es algo privado, sino que se extiende a todas las facetas de la vida.

 

R: Totalmente de acuerdo. Esa es una de las tesis principales de mi "España frente al islam" que, Dios mediante, se publicará en enero 2004.

2003-11-06 – César VIDAL – Dr. en Historia antigua, filosofía, teología, licenciado en derecho, escritor con mas de 100 libros, articulista, comentarista. LIBERTAD DIGITAL.

 

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Todas las acciones de terroristas islamistas degradan y corrompen el débil tejido en el que se basa la civilización; el que diferencia civiles de militares, iglesias y campos de batalla.

 

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Por ley mahometana, todos los seguidores de Mahoma

que se conviertan al cristianismo u otra religión,

deben ser condenados a muerte, obligatoriamente

 

 

P: ¿Cree que es posible el dialogo interreligioso con el Islam?

 

R: Depende de lo que entienda por diálogo interreligioso. Comentar ciertas cosas con un musulmán significa –literalmente– jugarse la vida.

 

P: ¿Por qué muchos musulmanes jóvenes que viven entre nosotros hablan con tanta convicción sobre que el Corán es un libro de paz y su religión está llena de ética y de moral, etc? No entiendo muy bien esto. Leyendo sus citas del mencionado libro, nada más lejos de la realidad, es más, ese panfleto radical sólo inspira odio, envidia, y un sinfín número de maldades parecidas... ¿Qué se les puede contestar?

 

R: Sería ideal que leyeran el Corán para saber de qué hablan y también que pudieran leer la Biblia para comparar.

Dr. César VIDAL - historiador, filósofo, teólogo, abogado y escritor. 2004.11.

 

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Los terroristas palestinos musulmanes profanaron y con vanagloria, la Iglesia de la Natividad (2003) lugar presumible de la gruta del nacimiento de Cristo- uno de los lugares sacros más caros al cristianismo.

 

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“Hoy no es aceptable para quien quiere participar verdaderamente en la sociedad de las Naciones en sentido pleno, y no sólo fingir que reconoce principios para después pensarse si éstos no son conformes al Corán”. 

“También es preocupante el caso de la India, «donde se deben defender los derechos no sólo de la comunidad cristiana, una minoría, sino también los de la comunidad islámica»,  Cardenal Roberto Tucci” - 2004-02-27.

 

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Humberto de Romans + 1277Concluido el noviciado, fue enviado al convento de Lyón donde en 1226, lo encontramos como lector de teología; más tarde, en 1235, enviado por el prior del convento, como negociador en una disputa entre el convento y los canónigos de Lausanne, —lo que indica su conocimiento del derecho y su capacidad de negociación—, no tardando en ser elegido prior (1236). Durante el tiempo de su permanencia en Lyón, florecieron en el convento de Lyón tres grandes figuras del dominicanismo del siglo XIII: Guillermo Peyrault (c. 1199-1271), Pedro de Tarantaise, quien llegaría al solio pontificio con el nombre de Inocencio V (c. 1224-1276), y Esteban de Bourbon (†1261). Más tarde, elegido Humberto provincial de la Provincia Romana (1241), se granjeó la confianza y respeto de la Curia pontificia, tanto así, que fue enviado por el papa Gregorio IX a Tierra Santa, que se refleja en su Opusculum tripartitum:

“Estos inmundos sarracenos tienen ocupado, sucio y profanado, no solamente el templo del Señor, sino también su sepulcro y todos los santos lugares en esa región e innumerables sacrosantas iglesias dedicadas el culto del Dios vivo y Señor nuestro Jesucristo en todas las tierras que han ocupado. Yo he visto con mis propios ojos, una santa capilla, el la cual se alojaron los Sarracenos que iban con el señor Federico, y decían como algo cierto, que por las noches yacían con sus mujeres frente al crucifijo, cometiendo el más abominable de los actos”.

 

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ISLAM – seguidores de Mahoma - Según la ley islámica en vigor en Irán, las personas consideradas culpables de asesinato, robo a mano armada, violación, tráfico de droga o blasfemia contra el Islam son condenadas a muerte. Las ejecuciones, generalmente públicas, suscitan la reprobación de la Unión Europea (UE), que en diciembre pasado inició un diálogo político con Irán sobre Derechos Humanos. 2003-05-11 LA RAZÓN. ESP.

 

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Un odio religioso que viene de lejos... islam y esclavitud...

Los cristianos en Sudán han sido objeto de persecución desde principios de siglo. Se calcula que entre 2 y 3 millones de personas han sido víctimas, desde entonces, de ese acoso. Crucifixiones en masa, quema de iglesias y de aldeas enteras cristianas y secuestros de niños vendidos como esclavos son algunos de los ejemplos del sufrimiento de esta comunidad en el país a lo largo de este tiempo.
La "guerra silenciada" de Sudán tiene como principal ingrediente el odio religioso que practican los musulmanes del norte del país, con los desiertos de Libia y del Sahara influyendo en el entorno natural, contra los cristianos que residen en el sur.
  2003-05-12 www.e-cristians.net 


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Suele suceder que los musulmanes se sientan despreciados en occidente lo que no es verdad. Simplemente tienen que vivir en una sociedad abierta y pluralista que no está dispuesta a dejarles ser ciudadanos de primera mientras que los demás son de segunda. ¿Por qué no ha libertad de culto en países como Arabia Saudita, y en tantos otros islamistas hay apenas una tolerancia religiosa que ello no significa libertad?.

 

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Encuentros marcados por el miedo. Una pesadilla que anida en el ánimo y la mente de quienes nacieron bajo el signo de Alá y su profeta Mahoma pero han decidido seguir a Cristo. Son conscientes de que la apostasía en el Islam no es un simple sustantivo, sino la posibilidad de una condena a muerte, pero hay quien está decidido a desafiar al terror. Son fieles cristianos y ciudadanos europeos que se sienten discriminados y temen por su vida. Hasta hoy han sobrevivido huyendo de cualquier manifestación pública de su fe. Ahora reivindican su derecho a vivirla abiertamente. Magdi Allam /Mar Velasco - Roma.- 2003-10-29

 

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"Obras todas del Señor, bendecid al Señor".-

“¡Señor, dueño nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra!” (Sal 8, 2).

 

La belleza de la naturaleza nos recuerda que Dios nos ha encomendado la misión de "labrar y cuidar" este "jardín" que es la tierra (cf. Gn 2, 8-17).

 

La señal luminosa de la Virgen María elevada al cielo brilla aún más cuando parecen acumularse en el horizonte sombras tristes de dolor y violencia. Tenemos la certeza de que desde lo alto María sigue nuestros pasos con dulce preocupación, nos tranquiliza en los momentos de oscuridad y tempestad, nos serena con su mano maternal. Sostenidos por esta certeza, prosigamos confiados nuestro camino de compromiso cristiano adonde nos lleva la Providencia. Sigamos adelante en nuestra vida guiados por María Madre de nuestro Salvador.

Su fe indefectible que sostuvo la fe de Pedro y de los demás Apóstoles, durante más de dos mil años, siga sosteniendo la de las generaciones cristianas, aquella y siempre misma fe. Reina de los Apóstoles, ruega por nosotros. Amen ¡Gracias!

 

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Gracias de la visita

¡Laudetur Iesus Christus!

 

«La cultura y la civilización árabes no son musulmanas», asegura Khalil. «Yo soy cristiano y soy árabe. Lo musulmán también forma parte de mi cultura, del mismo modo que para un ateo español lo católico es parte sustancial de su cultura, aunque no comparta ni practique esa fe. Lo que en Occidente no se sabe es que el Renacimiento que entra en Europa por la recuperación del pensamiento helenístico que traen los árabes a España, es un renacimiento cultural que se debe en su gran mayoría a los cristianos árabes, no a los musulmanes. En el siglo X, el noventa por ciento de los médicos árabes eran cristianos. Quienes tradujeron del griego al árabe a los pensadores, filósofos y matemáticos griegos, fueron los cristianos. Ellos aportaron al mundo musulmán algo que éste no tenía: el humanismo que surge del uso de la razón, no de la lectura del Corán. El islam es una religión pensada para el control del poder político, y el progreso de la cultura árabe se debió siempre a la presencia de los cristianos en todos los niveles».

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Recomendamos vivamente estos libros, necesarios para un conocimiento esencial del mahometismo, arcaísmo islámico, racismo y organización religiosa musulmanas: 

 

«Cien preguntas sobre el Islam» Doctor y Pbro. árabe don Samir Khalil Samir, Sin prejuicios y sin ingenuidad. Editado por ‘encuentro-actualidad’.

Señor doctor Samir Khalil Samir, sacerdote católico jesuita profesor de la Universidad St. Joseph de Beirut y del Pontificio Instituto Oriental de Roma, es hoy en día uno de los mayores especialistas en relaciones entre cristianismo e islam.  – 2005.

 

«El lenguaje político del islam» Bernard Lewis. Editado por ‘taurus’

«La crisis del islam» Bernard Lewis. Editado  por ‘B’ (Argentina, etc.).

«El conflicto del islam» Marc Ferro. Editado por ‘cátedra’.

«España frente al islam» Dr. César Vidal. Editado por ‘la esfera de los libros’.

«El valor distinto de las religiones» José Morales. ‘Editado por Rialp’.

«Verdad, valores, poder» Joseph Ratzinger. ‘Editado por Rialp’.

«El islam entre nosotros» José Luis Sánchez Nogales. Editado por BAC  

«Al-Andalus contra España» Serafín Banjul. ‘Editado por Siglo XXI editores’.

«Raíces culturales y espirituales de Europa» G. Reale. Editado por Herder’.

«Fe, verdad y tolerancia» Joseph Ratzinger. ‘Editado por SÍGUEME’

«La Iglesia» Joseph Ratzinger» ‘Editado por San Pablo’.

«Introducción al cristianismo» Joseph Ratzinger. ‘Editado por Sígueme’.

«Leyendas negras de la Iglesia» V. Messori. ‘Editado por Planeta-Testimonio’.+

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).