Wednesday 8 September 2010 | Actualizada : 2010-08-31 
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La comunidad cristiana de Roma está estrechamente ligada a Pedro, pero ciertamente este apóstol no es su fundador. Generalmente se suele fechar la llegada de Pedro ‘primer Obispo de Roma’ en el año 42.

 

 

Arqueología – Museos vaticanos - Antigüedades de Tierra Santa -

En la segunda sección del Museo Gregoriano Egipcio se hallan expuestos materiales arqueológicos procedentes de Palestina, de los cuales algunas se remontan exactamente a los años de la dominación romana (del 63 a.C.), una época de grandes transformaciones políticas, culturales y religiosas, cuyo momento central es la vida terrena de Nuestro Señor. Numerosas instituciones católicas, en particular el Pontificio Instituto Bíblico, el Studium Biblicum Franciscanum y la École Biblique, han dedicado grandes esfuerzos al estudio de la arqueología de Tierra Santa, con el propósito de preservar y valorizar los Lugares Santos, cuya custodia está confiada a los Padres Franciscanos, y de iluminar con la ciencia arqueológica y epigráfica el contexto histórico, cultural y económico en el que tuvo lugar la Encarnación. Se trata de una tarea ardua, ya que la ciencia non puede interferir en el campo de la fe, aunque ayude a comprender la palabra de las Escrituras. Los hallazgos expuestos nos muestran los objetos de la vida diaria en la época de Jesús, aquellos que a menudo aparecen mencionados en sus parábolas; por ello, conocer cuáles eran nos sirve para aferrar el mensaje de salvación y redención que Él nos ha dirigido.

 

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Alrededor del año 58 de nuestra era vivían en Jerusalén varios miles de judíos creyentes, miembros de la Iglesia Católica recién fundada por Jesucristo que le ordenó ser “Católica y catolizante”. Así lo afirmaban los responsables de la Iglesia a Pablo: "Ya ves, hermano, cuantos miles de judíos son ahora creyentes y todos son fieles observantes de la Ley" (Hch 21,20).

 

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¿Qué opinión tiene sobre el libro The egyptian civilization escrito por el británico L. Waddell, donde se sostiene que la civilización egipcia fue fundada por los sumerios y por pueblos europeos, entre otros los libios de la época (que eran blancos)? Creo que el antropólogo Coon también sostuvo esta tesis.

 

No es imposible, sobre todo cuando se examina el periodo pre-dinástico.

Dr. E historiador don C.VIDAL.2005.07.12

 

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Es el primer testigo de la existencia de una Biblia Latina, a pesar de que frecuentemente traducía, de una Biblia en griego, mientras escribía. Zahn niega que Tertuliano haya poseído una traducción latina de la Biblia, sin embargo, su opinión ha sido comúnmente rechazada, ya que Santa Perpetua tenía una en Cartago en 203.

 

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La roca de Moisés

El Itinerario de Egeria es un diario de viaje a Tierra Santa que, con las Constituciones Apostólicas, se considera uno de los documentos más sobresalientes del siglo IV, por su contenido litúrgico (en él se relata la liturgia de Jerusalén bajo el pontificado de Cirilo). Pudo encontrarse con Casiano el mes de enero del año 382, en el monasterio de los Pastores, en las cercanías de Belén. Este es un fragmento de la crónica del viaje:
«Cuando íbamos caminando, nos avisó un presbítero del lugar y nos dijo: Si queréis ver el agua que sale de la roca, es decir, la que les dio Moisés a los hijos de Israel sedientos, podéis verla, si os imponéis el trabajo de apartaros del camino aproximadamente seis millas. Cuando nos dijo esto, nosotros deseamos ardientemente ir, e inmediatamente, desviándonos del camino, seguimos al presbítero. Allí en medio, entre la iglesia y la ermita, mana de la roca agua abundante, muy clara y cristalina, de delicioso sabor (...) Y dando gracias renovadas a Dios que, sin merecerlo, se dignaba mostrarnos todo lo que deseábamos ver, nos dispusimos a retomar nuestro camino como cada día».

 

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La Iglesia primitiva ‘católica porque era y es universal’, en el siglo II, tomó tres decisiones: ante todo establecer el canon, subrayando así la soberanía de la Palabra y explicando que no sólo el Antiguo Testamento es "hai grafai", sino que, juntamente con él, el Nuevo Testamento constituye una sola Escritura y de este modo es para nosotros nuestro verdadero soberano. Pero, al mismo tiempo, la Iglesia formuló la sucesión apostólica, el ministerio episcopal, consciente de que la Palabra y el testigo van juntos, es decir, que la Palabra está viva y presente sólo gracias al testigo y, por decirlo así, recibe de él su interpretación, y que recíprocamente el testigo sólo es tal si da testimonio de la Palabra. Y, por último, la Iglesia añadió un tercer elemento:  la "regula fidei", como clave de interpretación.

La Tradición engendra la Escritura: “Así pues, hermanos, manteneos firmes y conservad las tradiciones que habéis aprendido de nosotros, de viva voz o por carta”.
-II Tesalonicenses 2,15

 

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Paleoceno, na.(De paleo- y el gr. καινός, nuevo).1. adj. Geol. Se dice de la primera época del período terciario, que abarca desde hace 65 millones de años hasta hace 58 millones de años.

 

Paleo-. (Del gr. παλαιός, antiguo).1. elem. compos. Significa en general ´antiguo´ o ´primitivo´, referido frecuentemente a eras geológicas anteriores a la actual. Paleocristiano,

 

Paleocristiano, na.(De paleo- y cristiano).1. adj. Se dice del arte cristiano primitivo hasta el siglo VI.

 

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Vasijas en vidrio, romanas sc. I al III ca.

 


«Al visitar las catacumbas -explicó el Papa S. S. Juan Pablo II Magno, en su discurso a la Comisión--, el peregrino puede volver con la mente a los gestos de los primeros cristianos, que organizaron una suerte de "caja común" para asegurar una sepultura digna a todos los hermanos».

«Como fundamento de esta elección pusieron los valores de la solidaridad y aquel, todavía mayor, de la caridad. La estructura misma de las catacumbas subraya el profundo arraigo de tales valores en la vida de aquellos primeros hermanos en la fe», añadió el pontífice.

«El peregrino moderno --dijo--, con frecuencia desorientado y vacilante, al recorrer los itinerarios seguidos por los primeros cristianos y al hacer propios sus gestos de devoción, puede llegar a redescubrir con mayor facilidad la propia identidad religiosa y a decidirse con entusiasmo renovado a seguir a Cristo, como hicieron tantos mártires de los primeros siglos del cristianismo».

El sucesor del apóstol Pedro agradeció también el esfuerzo de la Comisión vaticana de
Arqueología Sacra para abrir las catacumbas de San Lorenzo en el Verano y, «a pesar de las dificultades y la complejidad de las situaciones, las de San Pancracio y de los Santos Marcelino y Pedro». 12 junio 2001

 

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Roma - 180 d. C.

 

Comisión de Arqueología Sacra - Ciudad del Vaticano, 30/8/2004.- Juan Pablo II ha aceptado la renuncia del cardenal Francesco Marchisano como presidente de la Pontificia Comisión de Arqueología Sacra y ha nombrado como sucesor al obispo Mauro Piacenza -actualmente presidente de la Pontificia Comisión para los Bienes Culturales de la Iglesia-, confirmó el sábado la Santa Sede.

Dicha Comisión fue instituida por Pío IX «para custodiar los sagrados cementerios antiguos», su conservación, ulteriores exploraciones, investigaciones y estudios y proteger las más antiguas memorias «de los primeros siglos cristianos, los monumentos insignes» y las Basílicas en suelo romano y en las demás diócesis de acuerdo con sus respectivos obispos.

De hecho, la Comisión de Arqueología Sacra fue creada por sugerencia de un arqueólogo romano, Giovanni Battista de Rossi, a fin de organizar mejor las excavaciones, restauraciones y tutela del gran complejo de catacumbas que estaba saliendo a la luz en la Via Appia.

Este experto aportó las bases científicas de la arqueología cristiana, estudiando y excavando las catacumbas romanas, según un moderno método topográfico que toma en consideración simultáneamente las fuentes históricas y los monumentos.

 

Augusto, moneda - año 4 d.C. Roma

 

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Siete descubrimientos arqueológicos del siglo XX

 

El cristiano sabe que tanto la fe como la razón son dones de Dios, y que ambos le han sido dados para el conocimiento de la verdad; sabe además que la fe y la razón no pueden contradecirse, porque la verdad no puede contradecir a la verdad. Por eso no teme que los avances de la ciencia puedan dañar la verdad de la doctrina cristiana. Esta proposición de orden general se aplica también al caso particular de las investigaciones arqueológicas relacionadas con el Nuevo Testamento. Éstas, lejos de dañar la fe cristiana, no hacen sino reforzar con argumentos racionales su credibilidad. Probaremos esta afirmación presentando brevemente siete de los muchos descubrimientos arqueológicos del siglo XX que confirman la historicidad de diversos aspectos de los escritos neotestamentarios. Para ello utilizaremos como fuente principal a Vittorio Messori, Hipótesis sobre Jesús, Ediciones Mensajero, Bilbao 1978, complementándola con algunos datos extraídos de varios sitios de Internet.

 

 

  • Año 1920, Desierto del Medio Egipto:

Bernard Grenfell descubre un papiro, que es redescubierto en 1934 por C. H. Roberts en la Biblioteca John Rylands de Manchester. Un año después Roberts publica su hallazgo: El papiro en cuestión es el fragmento de manuscrito más antiguo conocido del Nuevo Testamento hasta ese momento. Se lo denomina papiro P52 o papiro Rylands griego. Contiene un texto del Evangelio de Juan (18,31-33.37-38) y está datado en el período 100-125.

Se reconoce unánimemente que el Evangelio de Juan fue el último evangelio en ser escrito. Muchos de los estudiosos no cristianos del Nuevo Testamento ("críticos" o "mitólogos", según la terminología de Messori), sostenían que este evangelio había sido compuesto entre los años 150 y 200 o aún después. Sólo así se habría dispuesto de suficiente tiempo para la formación del "mito cristiano", que estaría expresado en la teología de Juan, claramente más desarrollada que la de los tres evangelios sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas). El descubrimiento del papiro P52 deshizo de un solo golpe todo un cúmulo de teorías contrarias a la fe cristiana (cf. V. Messori, o.c., 127).

  • Año 1927, Jerusalén:

El arqueólogo francés L. H. Vincent descubre el Litóstrotos o Gabbata, el patio empedrado de la Torre Antonia, de aproximadamente 2.500 metros cuadrados, donde Poncio Pilatos pronunció la condena de Jesús.

"Pilatos sacó fuera a Jesús y se sentó en el tribunal en el lugar llamado Litóstrotos, en hebreo Gabbata" (Juan 19,13).

"Litóstrotos" es una palabra griega que significa "empedrado"; "Gabbata" es una palabra aramea que significa "elevación"... Para los enemigos de la historicidad de los Evangelios, se trataba solamente de símbolos mitológicos acerca de los cuales se tejieron muchas especulaciones... hasta que se comprobó que se trataba de un verdadero patio, empedrado al estilo romano (cf. Ibidem, pp. 167-168).

  • Año 1939, Herculano:

Se descubre la marca de una cruz en una pared de la parte reservada a los esclavos en una casa patricia de esta ciudad, destruida por la erupción del Vesubio del año 79. En torno a la cruz estaban también los clavos que servían para fijar el nicho y el toldo que ocultaban el símbolo del culto cristiano. Este descubrimiento demuestra que el cristianismo llegó a Italia muy rápidamente y hace históricamente creíble el texto de Hechos 28,14, que supone la existencia de cristianos en Pozzuoli (cerca de Nápoles), ya en el año 61 (cf. Ibidem, 128).

  • Circa Año 1960, Jerusalén:

Se descubre la piscina de cinco pórticos llamada Betzata. Es un cuadrilátero irregular de unos 100 metros de largo y de una anchura de 62 a 80 metros, rodeado de arcadas en sus cuatro lados y dividida al medio por una quinta arcada.

"En Jerusalén, junto a la puerta probática, hay una piscina, llamada en hebreo Betzata, que tiene cinco pórticos" (Juan 5,2).

"Es imposible enumerar las interpretaciones mitológicas a que dieron ocasión estas pocas palabras. Estaba fuera de duda... que para los desmitificadores "la piscina de los cinco pórticos" no tenía valor histórico sino simbólico. Las cinco tribus de Israel; los primeros cinco libros de la Escritura (el Pentateuco); un símbolo de la cabalística hebrea, para la que el número 5 representa las facultades del alma humana; los cinco dedos de la mano de Yahvé; las cinco puertas de la Ciudad Celeste... Son algunas entre las infinitas hipótesis ideadas por los mitólogos, que trataron también de establecer osados paralelos con religiones y cultos orientales. Cualquier explicación era buena...; sólo se excluían las hipótesis de que pudiera tratarse del simple recuerdo de un lugar real", hasta que "de los pesados volúmenes de los mitólogos alemanes, la piscina vino a parar a los planos de Jerusalén de los turistas" (Ibidem, 167).

El filósofo y exégeta Claude Tresmontant ha llamado la atención acerca de un detalle importante del versículo citado aquí. El redactor del cuarto evangelio utiliza el tiempo presente para decir que en Jerusalén "hay" una piscina llamada Betzata. Esto es un claro indicio de que dicho evangelio fue escrito antes de la destrucción de Jerusalén en el año 70, o sea mucho antes de lo que supone la gran mayoría de los expertos, los que sitúan la fecha de composición de esta obra hacia el año 95.

  • Año 1961, Cesarea del Mar:

Una expedición italiana descubre una lápida calcárea de 80 cm de altura y 60 cm de anchura, con una inscripción que confirma que Poncio Pilato fue prefecto de Judea en tiempos de Jesús, bajo el Emperador Tiberio.

"En el secular debate sobre los orígenes del cristianismo no faltó siquiera quien puso en duda que Pilato fuera en realidad administrador de Palestina en el momento en que Jesús fue condenado a muerte. Y ¿los escritores no cristianos que hablan de ese funcionario? "Interpolaciones de copistas cristianos", respondía despectiva cierta crítica" (Ibidem, 169).

  • Año 1962, Cesarea del Mar:

El arqueólogo Avi Jonah descubre una lápida de mármol negro del siglo III AC, con una inscripción que menciona la localidad de Nazaret.

"También sobre Nazaret y el calificativo de Nazareno aplicado a Jesús, se desencadenó toda una tormenta de interpretaciones. Un mito, con toda seguridad: un nombre simbólico de una ciudad imaginaria", hasta que "en la fosa de los excavadores israelitas quedaban enterradas las innumerables teorías elaboradas para explicar las razones por las que los evangelistas habían inventado una localidad llamada Nazaret" (Ibidem, 168-169).

  • Año 1968, Cafarnaum:

Se descubre la casa de San Pedro bajo el pavimento de una iglesia del siglo V dedicada al apóstol. "Se trata de una pobre vivienda, igual en todo a las que las rodean excepto en un detalle: las paredes están cubiertas de frescos y grafitti (en griego, siríaco, arameo y latín) con invocaciones a San Pedro en que se pide su protección. Es cosa averiguada que la casa fue transformada en lugar de culto desde el siglo primero: es, pues, la iglesia cristiana más antigua que se conoce. Y testimonia que, ya antes del año 100..., no sólo prosperaba el culto de Jesús, sino que llegaba a maduración la "canonización" de sus discípulos, invocados ya como "santos" protectores" (Ibidem, 128).

 

 

Conclusiones:

"Confesaba el P. Lagrange a sus ochenta años, después de cincuenta años de estudio en Palestina con la sola preocupación de confrontar los detalles que proporcionan los evangelios, con la realidad de las costumbres, historia y arqueología del propio terreno: "El balance final de mi trabajo es que no existen objeciones "técnicas" contra la veracidad de los evangelios. Todo cuanto refieren los evangelios, hasta los últimos detalles, encuentra confirmación precisa y científica". No son palabras de apologética huera. Los centenares de severos fascículos de la rigurosa Revue Biblique, dirigida por el propio P. Lagrange, lo confirman.

Como ha observado el célebre orientalista inglés, sir Rawlinson: "El cristianismo se distingue de las demás religiones mundiales precisamente por su carácter histórico. Las religiones de Grecia y Roma, Egipto, India, Persia, del Oriente en general, fueron sistemas especulativos que no trataron siquiera de darse una base histórica. Exactamente lo contrario del cristianismo". (Ibidem, 158-159).

Concluimos que la ciencia brinda un sólido apoyo a la doctrina católica sobre el carácter histórico de los Evangelios: "La santa madre Iglesia ha defendido siempre y en todas partes, con firmeza y máxima constancia, que los cuatro Evangelios mencionados, cuya historicidad afirma sin dudar, narran fielmente lo que Jesús, el Hijo de Dios, viviendo entre los hombres, hizo y enseñó realmente para la eterna salvación de los mismos hasta el día de la ascensión" (Concilio Vaticano II, constitución dogmática sobre la Divina Revelación, Dei Verbum, 19).

Por Daniel Iglesias Grèzes

Tomado de www.feyrazon.org

CDV: Agradecemos al autor - 2006-02-02 - http://www.catolicosecumenicos.com/

 

 

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Cardenal John Henry Newman (1801-1890) presbítero , fundador del Oratorio de S. Felipe Neri en Gran Bretaña - PPS 2,10 

 

“Mis ojos han visto tu salvación...” (Lc 2,30) -      “El Señor entra en su templo, el Señor que vosotros buscáis.” (cf Mi 3,1) Hoy se nos recuerda la acción silenciosa de la providencia de Dios. Los acontecimientos, previstos desde antiguo, se realizan en el transcurso de la historia. Al mismo tiempo, las visitas el Señor son imprevisibles y misteriosas...
     En la escena de hoy no hay, a todas luces, nada extraordinario ni impresionante. En el mundo, la gente como los padres de Jesús, pobres, y estos dos viejos, Simeón y Ana, no llaman la atención de nadie y todo el mundo pasa de largo. Sin embargo, se trata de la realización solemne de una profecía antigua y prodigiosa. El niño que es llevado en brazos es el Salvador del mundo, el heredero auténtico que viene bajo los signos de un desconocido a visitar la propia casa. El profeta había dicho: “¿Quién resistirá el día de su venida?”(Mi 3,2). He aquí que viene a tomar posesión de lo suyo. Además, el viejo Simeón se llena de los dones del Espíritu: alegría, acción de gracia, esperanza, mezcladas misteriosamente con temor, con espanto y dolor. Ana también profetiza, y estos testimonios a quienes ella se dirige son el auténtico Israel que espera con fe la redención del mundo según las promesas... “La gloria que llenará este templo es mayor que la antigua” había anunciado otro profeta. (cf Ag 2,9) Aquí está esta gloria: un niño pequeño con sus padres, dos ancianos y una asamblea sin nombre ni relieve. “La llegada del reino no se deja ver.” (Lc 17,20).
       Esta es la manera de Dios en sus visitas, lo ha sido siempre....: el silencio, la irrupción, la sorpresa según el mundo, a pesar de las predicciones conocidas por todos, las profecías de las que la Iglesia comprende el sentido y espera su cumplimiento... No puede ser de otro modo. Los avisos de Dios son claros, pero el mundo continúa su curso. Comprometidos en sus actividades, los hombres no saben discernir el sentido de la historia. Confunden grandes acontecimientos con hechos sin importancia y valoran las realidades según una perspectiva del todo humana... El mundo permanece ciego, pero la providencia oculta de Dios se realiza día tras día.

 

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Espléndida copa romana, existente años estadía San Pedro en Roma.

 

MENSAJE DEL PAPA JUAN PABLO II
A LA COMISIÓN PONTIFICIA DE
ARQUEOLOGÍA SACRA
CON OCASIÓN DEL 150 ANIVERSARIO DE SU FUNDACIÓN

 

Al venerado hermano
Mons. FRANCESCO MARCHISANO
Presidente de la Comisión pontificia
de arqueología sacra

1. Han pasado ciento cincuenta años desde que mi predecesor, el beato Pío IX, hizo realidad el primer proyecto articulado de la Comisión pontificia de
arqueología sacra, instituida poco tiempo antes para ampliar la recolección de antigüedades cristianas, reunirlas en un local adecuado y formar con ellas un museo, que tomaría luego el nombre de museo Pío Cristiano.

La tarea que confió a esa Comisión fue la de ocuparse con sabio discernimiento "de que permanezcan posiblemente en su lugar, en las catacumbas, todas las cosas que, sin peligro de deteriorarse, podrían (...) edificar a los devotos al traer a la memoria la sencillez de las catacumbas mismas" (en:  Archivio della Società romana di storia patria, 91 [1968] 259). Al publicar las disposiciones de aquel venerado Pontífice, el entonces cardenal secretario de Estado Giacomo Antonelli, el 6 de enero de 1852, comunicó la definitiva composición de  la  Comisión, que comprendía a ilustres y clarividentes estudiosos, entre los cuales figuraban el padre Giuseppe Marchi, s.j., y Giovanni Battista De Rossi.

En este feliz aniversario, he pedido al señor cardenal Angelo Sodano, mi secretario de Estado, que transmita a los miembros de esa benemérita Comisión pontificia de
arqueología sacra mi saludo cordial y mi ferviente aliento, para que sigan conservando, estudiando y dando a conocer la valiosa herencia de las venerandas memorias de la Iglesia, especialmente de las catacumbas de la ciudad de Roma y de Italia.

2. ¡Cómo no destacar, en esta circunstancia, la esmerada solicitud con que los Romanos Pontífices han conservado las memorias de la comunidad cristiana esparcidas por la ciudad de Roma y por la península italiana desde los comienzos!

Es digna de mención, por ejemplo, la decisión del Papa Ceferino, el primero que quiso crear una catacumba en la vía Appia, confiando su gestión al diácono Calixto. Esta catacumba, la mayor, tomaría luego el nombre de Calixto, convertido en Papa y sucesor de Ceferino. Otro Pontífice muy comprometido en la valoración de las catacumbas fue el Papa Dámaso, que, durante su pontificado, se dedicó a investigar las tumbas de los mártires, para decorarlas con espléndidos epígrafes métricos, en memoria de las gestas de los primeros testigos de la fe.

Durante el siglo pasado, al confirmar y actualizar las disposiciones de sus inmediatos predecesores, el Papa Pío XI, con el motu proprio "I primitivi cemeteri", amplió y reforzó la Comisión de
arqueología sacra, "a fin de que los antiguos monumentos de la Iglesia se conserven del mejor modo posible para el estudio de los doctos, así como para la veneración y la ardiente piedad de los fieles de todos los países" (AAS 17 [1925] 621). La próvida iniciativa de aquel gran Pontífice se situó en el marco especial del Año santo de 1925, durante el cual acudieron multitudes de peregrinos para rendir homenaje a las memorias de la Iglesia de Roma. Por tanto, como siempre, fue principalmente la finalidad pastoral-espiritual la que llevó a los Sucesores del apóstol san Pedro a impulsar aún más la Comisión pontificia de arqueología sacra.

3. 
Las catacumbas, en todas las épocas, han representado para los creyentes un estímulo a la piedad y a la unidad. En ellas se conservan y veneran afectuosamente testimonios elocuentes de la santidad de la Iglesia, que recuerdan la comunión que une a los vivos y a los difuntos, la tierra y el cielo, el tiempo y la eternidad. En aquellos lugares sagrados esperan la venida gloriosa de Cristo cuantos fueron marcados por el sello del bautismo y, a menudo, dieron el testimonio supremo del Evangelio con el derramamiento de su sangre.

Me complace citar en su forma completa, entre otros, el admirado epígrafe que el Papa san Dámaso compuso en honor de san Saturnino mártir, cuya memoria litúrgica se celebra hoy. Son palabras que pueden aplicarse a muchos que, por Cristo, dieron la vida y ahora descansan en paz, esperando el día sin fin, cuando el Señor vuelva en la gloria. Es un homenaje que queremos rendir a estos hermanos y hermanas nuestros en la fe: 

"Incola nunc Christi fuerat Chartaginis ante.
Tempore quo gladius secuit pia viscera Matris,
sanguine mutavit patriam, vitamque, genusque
Romanum civem Sanctorum fecit origo.

Mira fides rerum:  docuit post exitus ingens.
Cum lacerat pia membra, fremit Gratianus ut hostis;
posteaquam fellis vomuit concepta venena,
cogere non potuit Christum te, sancte, negare;
ipse tuis precibus meruit confessus abire.

Supplicis haec Damasi vox est:  venerare sepulcrum.
[Solvere vota licet castasque effundere preces,
Sancti Saturnini tumulus quia martyris hic est].
Saturnine tibi martyr mea vota rependo".

(Ahora ciudadano de Cristo, lo fue antes de Cartago.
En el tiempo en que la espada traspasó el piadoso seno de la madre
por mérito de su sangre cambió patria, nombre y linaje,
el nacimiento a la vida de los santos lo hizo ciudadano romano.

Admirable fue su fe:  lo demostró luego su heroica muerte.
Ruge Graciano como enemigo, mientras desgarra sus piadosos miembros;
 pero, aunque derramó todo el veneno de su bilis,
no pudo inducirte, oh santo, a renegar a Cristo;
más aún, él mismo por tus plegarias mereció morir cristiano.

Esto es lo que Dámaso te sugiere:  ¡venera este sepulcro!
[Aquí se pueden cumplir los votos y elevar santas plegarias
porque este es el sepulcro del mártir san Saturnino].
A ti, oh mártir Saturnino, cumplo mis votos).

(Epigrammata Damasiana, A. Ferrua, Roma 1942, pp. 188-189).


A la luz de estos inspirados versos, no se puede negar que las catacumbas son uno de los símbolos históricos de la victoria de Cristo sobre el mal y sobre el pecado. Las catacumbas testimonian que las tempestades que se abatieron contra la Iglesia jamás pueden alcanzar su objetivo de destruirla, porque está fundada en la promesa del Señor:  "Las puertas del infierno no prevalecerán contra ella" (Mt 16, 18).

4. Me complace recordar, asimismo, que la Comisión que usted preside dignamente no sólo se ocupa de conservar de modo apropiado estos "vestigios del pueblo de Dios", sino que también se esfuerza por recoger y difundir el mensaje religioso y cultural que evocan. En efecto, la aportación de cuantos colaboran con vosotros abarca aspectos técnicos, científicos y epigráficos, así como antropológicos, teológicos y litúrgicos. Esto permite a la Iglesia conocer cada vez mejor el patrimonio que legaron las generaciones de los primeros cristianos. Y, también gracias al constante mensaje que este patrimonio proclama silenciosamente, se ayuda al pueblo cristiano a permanecer fiel al depositum fidei, recibido como tesoro valioso que hay que conservar con cuidado.

Las cualificadas intervenciones de los expertos de la Comisión, durante los ciento cincuenta años transcurridos, han sido y siguen siendo importantes no sólo por su carácter científico, sino también, y especialmente, por el religioso y eclesial. En esta feliz circunstancia jubilar deseo expresar mi más profunda gratitud por el vasto y generoso compromiso con el que cada uno de ellos contribuye a incrementar esta obra histórica y pastoral.

Espero asimismo que el trabajo de esa Comisión pontificia sea cada vez más conocido, para que cumpla el deseo de cuantos quieren acercarse a los testimonios de quienes los han precedido en el signo de la fe. Las jóvenes generaciones, al ponerse en contacto, a través de esos monumentos y memorias, con la firmeza de la fe de los primeros cristianos, podrán sentirse estimuladas eficazmente a vivir con coherencia el Evangelio, incluso a costa de sacrificios personales.

Con estos sentimientos, le confirmo a usted, venerado hermano, a los miembros de la Comisión pontificia de
arqueología sacra, a sus colaboradores y a cuantos participen en las celebraciones programadas, mi constante afecto y, a la vez que encomiendo a cada uno a María, Madre de la Iglesia, de corazón imparto a todos una especial bendición apostólica, propiciadora de abundantes favores celestiales.

Vaticano, 12 de febrero de 2002, memoria de san Saturnino y compañeros mártires

 

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Vendimiadores: magnífica pintura mural romana, año 109 d.C.

 

... 2. "Sanguis martyrum, semen christianorum", afirmaba Tertuliano (Apol. 50, 13), para indicar que la fecundidad de la adhesión incondicional a Cristo ha contribuido a la construcción del magnífico edificio vivo que es precisamente la Iglesia. Este testimonio, que se ha expresado también a través de la multiforme variedad de monumentos literarios, arquitectónicos y pictóricos realizados en tantos siglos, es herencia elocuente de innumerables "soldados desconocidos" de la gran causa de Dios. La comunidad de los fieles no puede permitir que se pierda este rico patrimonio espiritual.

A este propósito, me complace recordar lo que mi santo predecesor Dámaso, cuya memoria litúrgica se celebra hoy, recomendaba a los fieles. Los exhortaba a venerar los lugares que custodiaban las reliquias de quienes "Christum per astra secuti... aetherios petiere sinus et regna piorum" (Carm. IX:  PL 13, 382-383). Conocer la herencia de las generaciones cristianas pasadas permite a las generaciones sucesivas mantenerse fieles al depósito recibido, de modo que en todo tiempo y en todo lugar resuene el único Evangelio que salva y da vida.

La vasta actividad literaria, cultural y académica, así como la intensa obra de preservación y conocimiento de los monumentos de la Roma cristiana, que vuestro benemérito instituto realiza desde hace 75 años, han dado una valiosa contribución a la Iglesia, tanto en los campos litúrgico, patrístico, hagiográfico, canónico y teológico, como en el sector de la construcción sagrada.

3. Aunque el objetivo principal del Instituto de
arqueología cristiana es el estudio de los vestigios de la vida eclesial a lo largo de los siglos, no se puede olvidar la influencia benéfica que ha ejercido en la investigación de las huellas dejadas por las demás culturas antiguas, que han contribuido al nacimiento y al desarrollo de las formas expresivas del cristianismo de los primeros tiempos. Así, la actividad académica de esa institución ha entablado un intenso diálogo científico con cuantos estudian las civilizaciones del primer milenio cristiano, aportando ulteriores conocimientos y recibiendo valiosas enseñanzas, en una relación de ósmosis cordial y fecunda. Espero que prosiga el clima de confrontación serena de los decenios pasados y que contribuya al crecimiento de una actitud de sincera búsqueda de la verdad. En efecto, es posible alcanzar notables objetivos científicos y humanos, superando actitudes de enfoque superficial de acontecimientos y obras que no pueden menos de mostrar en su estructura íntima las huellas de las pasiones, de los ideales, de los errores y de las concepciones de sus artífices. Y gracias a la libertad, la honradez, la perseverancia y la humildad del estudioso actual se puede llevar a cabo una investigación capaz de llegar a conocimientos cada vez más profundos de cuanto nos ha legado la antigüedad.

4. Además de los resultados científicos, por lo demás importantes, vuestro instituto puede dar también una provechosa contribución al conocimiento y a la profundización de la fe. Efectivamente, el estudio de los "vestigios del pueblo de Dios" facilita la reflexión sobre los contenidos de su fe y sobre el intenso proceso de su inculturación en el arco de muchos siglos. Este aspecto demuestra que la Iglesia es en verdad un estandarte elevado entre las naciones, constituida por quienes "son raza bendita del Señor" (Is 61, 9).

Ojalá que la oportuna celebración del aniversario del Instituto de
arqueología cristiana, valioso instrumento académico que colabora con la Comisión pontificia de arqueología sacra, sea para las generaciones jóvenes motivo de renovado interés por el estudio de la noble tradición que nos han dejado tantos cristianos como testamento de su adhesión a Cristo.

A la vez que deseo el mayor éxito a los promotores, a los relatores y a los participantes en ese significativo acontecimiento, os encomiendo a cada uno a María, Madre de la Iglesia, y de corazón le imparto a usted, venerado hermano, a los prelados, a los estudiosos y a cuantos asistan a la manifestación conmemorativa, una especial bendición apostólica, prenda de mi constante benevolencia.

Vaticano, 11 de diciembre de 2000, memoria de san Dámaso, Papa

 

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Diseño de San Pedro con dos de sus símbolos:

El gallo y la cruz invertida – 2007 Portugal-Vila das Aves.

 

Existe un escrito apócrifo pertenece a ambientes católicos; en muchas iglesias de la antigüedad se leía durante las celebraciones, pero nunca formó parte de los libros canónicos. La datación no es exacta, los estudiosos proponen distintas fechas. Se conoce con certeza citaciones de este libro hechas en el año 235. Allí se lee lo siguiente:

"Y Pedro, habiéndose acercado a la cruz, dijo: ´Dado que mi Señor Jesús, quien bajó del cielo a la tierra, fue elevado en una cruz de pie, y quien decidió llamarme a mí, que soy terreno, a los cielos, mi cruz debe plantarse cabeza abajo, con mis pies hacia arriba, porque no soy digno de ser crucificado como mi Señor´. De modo que dieron vuelta la cruz y lo clavaron con los pies hacia arriba".

 

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En oro y vidrio - 370 ca. d.C. Roma

 

COMISIÓN PONTIFICIA DE ARQUEOLOGÍA SACRA

(07 de junio de 1996)

 

El 7 de junio de 1996, el Santo Padre recibió en audiencia a los responsables, miembros y obreros de la Comisión pontificia de arqueología sacra, juntamente con los directores de las cinco catacumbas de Roma, y les dirigió el discurso que reproducimos a continuación , en el cual puso de relieve el "alto significado histórico y espiritual" de las catacumbas, como asimismo el "lugar privilegiado de oración y de peregrinación" que les corresponderá en el gran jubileo del año 2000, debiendo representar "una meta irrenunciable para los peregrinos".

"Ilustres señores y señoras; amadísimos hermanos y hermanas:

1. Los saludo cordialmente a todos ustedes, responsables, miembros y obreros de la Comisión pontificia de arqueología sacra que, junto a los directores de las cinco catacumbas abiertas en Roma, han querido visitarme hoy.
Agradezco al arzobispo, monseñor Francesco Marchisano, presidente de la Comisión pontificia para los bienes culturales de la Iglesia y de la Comisión pontificia de arqueología sacra, las palabras que acaba de dirigirme también en nombre de ustedes. Expreso mi agradecimiento a todos ustedes por el trabajo que realizan con esmero, conscientes del alto significado histórico y espiritual que tienen los monumentos de los que ustedes se ocupan.

La fe de las antiguas comunidades cristianas
Los felicito por la obra que la Comisión pontificia, de la que ustedes forman parte, realiza para proteger, organizar y estudiar las catacumbas cristianas de la cuenca del Mediterráneo. Su labor más importante se realiza en Italia, y de modo especial en Roma y sus alrededores. Para darse cuenta de la meritoria actividad de ustedes, basta pensar en las cinco catacumbas romanas de San Calixto, San Sebastián, Santa Domitila, Santa Priscila y Santa Inés, actualmente abiertas al público y meta significativa de tantas peregrinaciones que llegan a la Ciudad eterna.

2. Visitando estos monumentos, nos ponemos en contacto con sugestivas huellas del cristianismo de los primeros siglos y, por así decir, se puede palpar la fe que animaba a aquellas antiguas comunidades cristianas. Recorriendo las galerías de las catacumbas, se observan muchos signos de la iconografía de la fe: el pez, símbolo de Cristo; el ancla, imagen de la esperanza; la paloma, representación del alma del creyente y a menudo, junto a los nombres en los sepulcros, el deseo "in Christo". Se trata de testimonios del fervor espiritual que animaba a las primeras generaciones cristianas. Acercándose a ese mundo, los cristianos de hoy pueden encontrar motivos de estímulo para su vida y para un compromiso más incisivo en la nueva evangelización.
¿Cómo no conmoverse ante los vestigios, humildes pero tan elocuentes, de esos primeros testigos de la fe? ¿Cómo no sentirse edificados, por ejemplo, ante el sepulcro de la joven Inés en la vía Nomentana o ante el del diácono Lorenzo en las catacumbas del Verano?
Desde el principio del cristianismo, mis predecesores se interesaron por las catacumbas. El Papa Ceferino fue el primero que creó una en la vía Appia para la comunidad de Roma, confiando su administración al diácono Calixto, quien, cuando llegó a ser Papa, vinculó su nombre al que se convertiría en el mayor complejo romano de catacumbas.
Durante su pontificado, el Papa san Dámaso buscó las tumbas de los mártires para adornarlas, y compuso espléndidos epígrafes métricos que exaltan las gestas de esos valientes testigos del Evangelio.
A pesar de que, a causa de las invasiones bárbaras, las catacumbas conocieron una especie de abandono forzoso, algunas de ellas siguieron siendo meta ininterrumpida de peregrinaciones. Durante los siglos del alto medioevo, las áreas donde se conservan los sepulcros de los mártires se convirtieron en lugares de devoción para los peregrinos procedentes de Italia, de Europa y de la cuenca del Mediterráneo.

3. Pero el redescubrimiento de las catacumbas, como objeto de estudio y reflexión espiritual, se produjo a partir de finales del siglo XVI, cuando un grupo de eruditos formó un activo círculo cultural en torno a la gran personalidad de san Felipe Neri. El "Cristóbal Colón de las catacumbas romanas" -como lo llamaron- fue el arqueólogo maltés Antonio Bosio, que localizó treinta de los sesenta cementerios cristianos de la Urbe.

Importantes descubrimientos
Desde entonces, el interés por las catacumbas no ha decaído jamás, y alcanzó su apogeo hacia mediados del siglo XIX cuando, por el encuentro feliz de dos grandes personalidades, el Pontífice Pío IX y el arqueólogo romano Giovanni Battista de Rossi, nacieron la arqueología cristiana, como disciplina histórica y científica, y la Comisión de arqueología sacra, instituida el 6 de enero de 1852 para una tutela y una vigilancia más eficaces de los cementerios y de los antiguos edificios cristianos de Roma y de los suburbios, y para realizar una excavación y exploración sistemáticas de los mismos cementerios.
Los resultados recompensaron esos esfuerzos tan generosos. El Papa Pío IX, impresionado por los importantes descubrimientos realizados por el arqueólogo de Rossi durante esos años en el complejo de San Calixto -donde se había encontrado el cubículo que acogía las tumbas de numerosos Pontífices del siglo III-, quiso visitar personalmente las excavaciones y, recogiéndose en oración ante esas tumbas santas, se conmovió hasta las lágrimas.
El Papa Pío XI, con un motu proprio del año 1925, definió las competencias de la Comisión pontificia de arqueología sacra, cuya acción referente a las catacumbas fue precisada después con normas oportunamente concordadas con las autoridades italianas (cf AAS. Inter Sanctam Sedem et Italiam conventiones 18 feb., 15 nov. 1984, Ciudad del Vaticano 1985, art. 12, 2).

4. La mirada se proyecta ahora hacia la histórica cita del gran jubileo, durante el cual la catacumbas de Roma serán lugar privilegiado de oración y de peregrinación. Recorriendo las galerías de esos lugares sagrados, los visitantes podrán percibir el clima de las primeras conversiones al Evangelio; podrán orar ante las tumbas de los primeros testigos de Cristo y de su mensaje de salvación.

La protección de María, Reina de los mártires
Para que esto pueda realizarse plenamente, ustedes ya han comenzado a trabajar en colaboración con otras instituciones, como el Ayuntamiento de Roma y la Superintendencia arqueológica, en perfecta sintonía con los proyectos y la actividad del Comité central para el gran jubileo del año 2000.
Junto con las grandes basílicas romanas, las catacumbas deberán representar una meta irrenunciable para los peregrinos del Año santo. Doy las gracias a la Comisión pontificia de arqueología sacra porque está trabajando activamente para ello. En particular, está haciendo lo posible para que se tenga acceso a nuevas catacumbas y a otros monumentos. Con mucho gusto aprovecho esta ocasión para manifestar mi profunda estima a los responsables y a los miembros de la Comisión pontificia de arqueología sacra, así como a los directores de las catacumbas de Roma, con un pensamiento especial para los obreros, los excavadores, que con pericia y entrega desarrollan su delicado trabajo.
A todos manifiesto mi viva gratitud. Gracias por su esfuerzo y la contribución cualificada que, con su actividad, dan a la evangelización.
Encomiendo a ustedes y su obra a la protección materna de María Reina de los mártires, mientras les imparto de corazón a cada uno de ustedes y a sus familias una bendición apostólica especial.

(L´Osservatore Romano, ed. en lengua española, 14 de junio de 1996, p. 11)

 

 

PERENNE ESCUELA DE FE, ESPERANZA Y CARIDAD

 

Amadísimos hermanos y hermanas:

1. Me alegra encontrarme con vosotros con ocasión de la asamblea plenaria de la
Comisión pontificia de arqueología sacra. Os saludo cordialmente a cada uno y agradezco, en particular, a monseñor Francesco Marchisano las palabras con que se ha hecho intérprete de vuestros sentimientos y ha presentado el importante objeto de vuestros trabajos: Las catacumbas cristianas y el Año santo.
Deseo, ante todo, expresar mi aprecio y mi gratitud por el importante servicio que estáis realizando y que, con vistas al jubileo, se ha hecho más intenso aún.
Me refiero a los descubrimientos arqueológicos y a las restauraciones, así como a las iniciativas orientadas directamente al Año santo. Las catacumbas, como se ha subrayado muchas veces, revisten gran importancia en relación con el jubileo del año 2000.

2. Ya desde hace algunos años estáis trabajando en la restauración y preparación de numerosas catacumbas cristianas situadas en el territorio italiano. Los trabajos se han realizado especialmente en las catacumbas de Roma abiertas al público, es decir, las de San Calixto, San Sebastián, Domitila, Priscila y Santa Inés, donde se han efectuado o están a punto de efectuarse intervenciones que facilitarán la afluencia de peregrinos. Además, para aumentar las posibilidades de los cementerios visitables, se están llevando a cabo los trámites a fin de abrir una sexta catacumba, la de San Pedro y San Marcelino en la vía Casilina.
Vuestra atención se dirige, oportunamente a la valoración pastoral de esos insignes monumentos de la antigüedad cristiana. Con esa finalidad, se está preparando de manera adecuada a los guías de los peregrinos. En efecto, las visitas, ilustradas con apropiadas explicaciones, exactas y actualizadas en el aspecto didáctico, científico y espiritual, se convierten también en un eficacísimo momento de catequesis, capaz de suscitar una profunda reflexión sobre el mensaje evangélico. Este regreso a los orígenes, a través de los más antiguos cementerios ideados por los primeros cristianos, se enmarca perfectamente en el proyecto de la «nueva evangelización», en el que está comprometida toda la Iglesia en el camino hacia el tercer milenio.

3.
Las catacumbas, a la vez que presentan el rostro elocuente de la vida cristiana de los primeros siglos, constituyen una perenne escuela de fe, esperanza y caridad.
A1 recorrer las galerías, se respira una atmósfera sugestiva y conmovedora. La mirada se detiene en la innumerable serie de sepulturas y en la sencillez que las caracteriza. Sobre las tumbas se lee el nombre de bautismo de los difuntos. Cuando se leen esos nombres, se tiene la impresión de oír otras tantas voces que responden a una llamada escatológica, y vienen a la memoria las palabras de Lactancio: «Entre nosotros no hay ni siervos ni señores; el único motivo por el que nos llamamos hermanos es que nos consideramos todos iguales» (Divinae Instit. 5, 15).
Las catacumbas hablan de la solidaridad que unía a los hermanos en la fe: las ofrendas de cada uno permitían la sepultura de todos los difuntos, incluso de los más indigentes, que no podían afrontar el gasto de la compra o la preparación de la tumba. Esta caridad colectiva representó una de las características fundamentales de las comunidades cristianas de los primeros siglos y una defensa contra la tentación de volver a las antiguas formas religiosas.

4. Las catacumbas, por consiguiente, sugieren al peregrino este sentimiento de solidaridad unido indisolublemente a la fe y a la esperanza. La misma definición de coemeteria, «dormitorios», aclara que las catacumbas se consideraban verdaderos lugares comunitarios de descanso, donde todos los hermanos cristianos, independientemente de su clase y de su profesión, descansaban en un amplio abrazo solidario, esperando la resurrección final. Por eso, no eran lugares tristes, sino que se decoraban con frescos, mosaicos y esculturas, como queriendo alegrar los rincones oscuros y anticipar, con las imágenes de flores, pájaros y árboles, la visión del paraíso esperado al fin de los tiempos. La significativa fórmula «in pace», que aparece a menudo sobre los sepulcros de los cristianos, sintetiza bien su esperanza.
Los símbolos sobre las losas que cubrían las tumbas son sencillos y, a la vez, llenos de significado. El ancla, la barca y el pez expresan la firmeza de la fe en Cristo. Se ve la vida del cristiano como una travesía por un mar tempestuoso, hasta el puerto añorado de la eternidad. El pez se identifica con Cristo y alude al sacramento del bautismo, como lo recuerda Tertuliano, quien compara a los fieles con los pececillos (pisciculi), que logran la salvación naciendo y permaneciendo en el agua (De baptismo, 1, 3).

5. Las catacumbas conservan, entre otras cosas las tumbas de los primeros mártires, testigos de una fe límpida y solidísima, que los llevó, como «atletas de Dios», a salir victoriosos de la prueba suprema. Muchos sepulcros de los mártires se conservan aún dentro de las catacumbas, y generaciones de fieles se han recogido en oración delante de ellos.
También los peregrinos del jubileo del año 2000 irán a las tumbas de los mártires y, elevando sus oraciones a los antiguos campeones de la fe, dirigirán su pensamiento a los «nuevos mártires», a los cristianos que en el pasado próximo y también en nuestros días sufren violencias, abusos e incomprensiones, porque quieren permanecer fieles a Cristo y a su Evangelio.
En el silencio de las catacumbas, el peregrino del año 2000 puede reencontrar o reavivar su identidad religiosa en una especie de itinerario espiritual que, partiendo de los primeros testimonios de la fe, lo lleve hasta las razones y las exigencias de la nueva evangelización.
Queridos hermanos, la conciencia de estos valores apenas esbozados, pero que vosotros conocéis bien, os sostenga en vuestro característico servicio eclesial y cultural.
Con esta finalidad, a la vez que invoco sobre vosotros la asistencia solícita de María santísima, os imparto de corazón a todos una especial bendición apostólica, que extiendo también a vuestros seres queridos.

(L´Osservatore Romano, ed. en lengua española, 6 de febrero de 1998, p. 7

 

Arte romano - 150 d.C. hallada en Asia menor.

 

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En pocas palabras: si Cristo fundó una Iglesia y el diablo la corrompió y luego tuvo que venir Lutero para "reformarla": ¿Qué papel hace Cristo prometiendo una Iglesia invencible? Y si eso fuera posible: ¿Cuál de las miles de divisiones del protestantismo heredó el "Espíritu de Verdad" del que Cristo habla y que promete con tanta certeza?.

 

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"El relativismo es una auténtica dictadura que no conoce nada como definitivo, y deja como última medida ´el falso yo´ y sus pasiones"

 

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PASADO HISTORIA - La inscripción del templo de Delfos, que inspiró a Sócrates: conócete a ti mismo. Se trata de una verdad fundamental: conocerse a sí mismo es típico del hombre. En efecto, el hombre se distingue de los demás seres creados sobre la tierra por su capacidad de plantearse la cuestión del sentido de su propia existencia. Gracias a lo que conoce del mundo y de sí mismo, el hombre puede responder a otro imperativo que nos ha transmitido también el pensamiento griego: llega a ser lo que eres.

Por tanto, el conocimiento tiene una importancia vital en el camino que el hombre recorre hacia la realización plena de su humanidad: esto es verdad de modo singular por lo que atañe al conocimiento histórico. En efecto, las personas, como también las sociedades, llegan a ser plenamente conscientes de sí mismas cuando saben integrar su pasado.

 

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Historia - Para conocer una historia es necesario, pero no suficiente, conocer los hechos, pues es preciso también conocer el espíritu, o si se quiere la intención que animó esos hechos, dándoles su significación más profunda.

 

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Historia - El cristiano está advertido de que es necesario conocer la historia para distinguir los hechos. El cristiano a sus hermanos advierte que es imprescindible estudiar la historia para comprender el contexto histórico de los hechos. El cristiano nota que conociendo la historia, se percibe la riqueza de la Tradición, repara la grandeza del Magisterio y la magnanimidad de la salvación en la Escritura enseñada por la Iglesia.

 

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«La escritura de la historia se ve obstaculizada a veces por presiones ideológicas, políticas o económicas; en consecuencia, la verdad se ofusca y la misma historia termina por encontrarse prisionera de los poderosos. El estudio científico genuino es nuestra mejor defensa contra las presiones de ese tipo y contra las distorsiones que pueden engendrar» (1999).
S.S. JUAN PABLO II – MAGNO

 

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Historia - Iglesia y la libertad - ¿O de los mártires de la persecución religiosa en España de 1936 a 1939; o del totalitarismo nazi? No está de más recordar lo que de éste escribió el judío Albert Einstein, en el Time Magazine de diciembre de 1940: «Por ser un amante de la libertad, cuando tuvo lugar la revolución en Alemania (la llegada de Hitler) miré con confianza hacia las universidades, sabiendo que siempre se habían enorgullecido de su devoción a la causa de la verdad. Pero las universidades permanecieron en silencio. Entonces miré a los grandes editores de periódicos que en ardientes editoriales proclamaban su amor por la libertad. Pero también ellos, como las universidades, se redujeron al silencio, sofocados en el curso de pocas semanas. Solamente la Iglesia se opuso plenamente a la campaña de Hitler que pretendía suprimir la verdad. Nunca había tenido un interés especial por la Iglesia, pero ahora siento por ella un gran amor y admiración, porque solamente la Iglesia tuvo el coraje y la perseverancia de defender la libertad intelectual y la libertad moral. Debo confesar que aquello que antes había despreciado, ahora lo admiro incondicionalmente». Albert Einstein

 

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Análisis histórico - Con frecuencia en los análisis históricos se peca de falta de objetividad por juzgar con valores actuales los sucesos del pasado. Esto no significa relativizar el juicio valórico de los sucesos, sino extirpar ciertos moralismos actuales que no son reales, que suponen una "moral" moderna y postmoderna que juzga enloquecidamente las cosas. Desde una perspectiva objetiva tenemos que condenar sin reserva los errores ocurridos en l período analizado, pero sin rasgar vestiduras por la "monstruosa" noticia del descubrimiento y civilización europea en América, maldiciendo la hora en que se produjo al estilo del cuestionado activista verde Jacques Cousteau quien declaró en 1992 que la llegada de la Colón a América "fue un desastre peor que la lluvia de meteoritos que acabó con los dinosaurios en la prehistoria"

Aquí la premisa tribalista de "cada uno en su tierra sin invadir otra" queda desvanecida por el absurdo ante el dinamismo y realidad de la historia. Toda civilización es el fruto de una mezcla frecuentemente nada pacífica. La misma epopeya del Pueblo de Dios suponía conquistar una tierra prometida ocupada por tribus locales. Los mismos europeos provienen de invasiones y nuevas invasiones que mezclaron sus sangres e hicieron nacer las distintas culturas que dan alma al Viejo Mundo.

 

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La Iglesia "...no tiene miedo a la verdad que emerge de la historia y está dispuesta a reconocer equivocaciones allí donde se han verificado, sobre todo cuando se trata del respeto debido a las personas y a las comunidades. Pero es propensa a desconfiar de los juicios generalizados de absolución o de condena respecto a las diversas épocas históricas. Confía la investigación sobre el pasado a la paciente y honesta reconstrucción científica, libre de prejuicios de tipo confesional o ideológico, tanto por lo que respecta a las atribuciones de culpa que se le hacen como respecto a los daños que ella ha padecido". Juan Pablo II, discurso del 1 de Septiembre 1999

 

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P:1¿Ha sufrido la Biblia cambios a lo largo de los siglos? 2¿Podemos estar seguros de que el mensaje no ha sido tergiversado por el hombre? 3¿Cuáles son las copias más antiguas que se conservan?

 

R;1. No. 2. Sí. 3. En el caso del Nuevo Testamento estamos hablando de manuscritos redactados en el propio siglo I, a los que hay que añadir otros de los primeros siglos. En el caso del Antiguo Testamento, lo más antiguo que tenemos procede de Qumrán y, de manera significativa, coincide con el texto masorético.

 

P:¿En qué lenguas fueron escritos los textos del Antiguo y Nuevo Testamento? Si fue el griego (en dialecto koiné) la lengua escrita del Nuevo, ¿quiere decir eso que, por ejemplo, San Marcos escribió en griego? ¿No fue en su lengua materna: hebrea o aramea?

 

R:1. El Antiguo Testamento en hebreo con algunos pasajes –muy pocos– en arameo. 2. El Nuevo Testamento en griego. En contra de lo que piensa la gente, el griego era lengua de Palestina al menos desde el s. IV a. de C. Para un muchacho como Jesús, Pedro o Marcos era una lengua más que conocida ya que, como mínimo, eran bilingues... como en la Cataluña* anterior a Pujol.

Este diálogo con César Vidal tuvo lugar entre las 17.00 y las 18.00 del martes 31 de octubre 2006

*Zona de España nord-oriental.

 

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Pintura en las catacumbas romanas.

 

Domus Aurea, el palacio Del emperador Nerón – ROMA

Catacumbas de Domitila, designadas así en memoria de Flavia Domitila, una patricia martirizada durante el mandato de Domiciano.

 

Un combate subterráneo

 POR JUAN MANUEL DE PRADA

 

HE visitado las excavaciones arqueológicas que se están realizando en la Domus Aurea, el palacio que el emperador Nerón ordenó erigir sobre la zona de Roma devastada por el incendio que quizá él mismo provocó. Poseído por un rapto de soberbia, Nerón llegó a creerse el fundador de una nueva era: como tantos otros gobernantes fatuos que en el mundo han sido (y siguen siendo), concibió la idea demencial de que la historia volvía a fundarse con él. En su quimérico empeño, ordenó a sus arquitectos remozar por completo el aspecto de Roma, pues abominaba de una ciudad que se le antojaba cochambrosa y maloliente. Quiso que las paredes de su palacio relumbraran como el mismo sol, de tal modo que sus huéspedes, al penetrar en sus estancias, quedasen anonadados, como si se hallasen en presencia de Dios. Para ello, sus arquitectos diseñaron vastos patios de amplios ventanales por los que irrumpía la luz que luego, al reflejarse sobre las paredes recubiertas de oro, producía un efecto cegador. Así, en medio de tanto esplendor, aparecía el inquilino del palacio sentado en su trono, provocando el arrobo de sus huéspedes, a quienes obligaba a arrodillarse ante él.

Nada queda apenas de aquella edificación megalómana. Los emperadores que sucedieron a Nerón se esforzaron por borrar la memoria de aquel déspota desquiciado, reduciendo a escombros sus delirios arquitectónicos. Adriano sepultó bajo tierra la Domus Aurea, no sin antes despojarla de todos aquellos elementos ornamentales -mármoles y mosaicos, sobre todo- que pudieran ser útiles en la construcción de las termas que mandó erigir sobre el palacio inhumado. La visita subterránea a la Domus Aurea apenas nos brinda una pálida visión de lo que debió de ser aquel recinto fastuoso: las paredes desnudas, desmigajadas por la humedad, nos evocan el sueño presuntuoso -vanitas vanitatis- y demencial de un degenerado que se creyó Dios. Tal vez todavía vague por estos corredores que amenazan derrumbamiento su espíritu, como un demonio presto a lanzar su dentellada.

A unos pocos kilómetros de allí, el viajero puede completar su visita a la Roma subterránea recorriendo las catacumbas de Domitila, designadas así en memoria de Flavia Domitila, una patricia martirizada durante el mandato de Domiciano. La imaginación romántica quiso convertir estas galerías laberínticas en escondrijos donde las primitivas comunidades cristianas se refugiaban de las persecuciones decretadas por los emperadores romanos; la verdad, mucho más prosaica, es que las catacumbas fueron meros cementerios donde los cristianos enterraban a sus difuntos, casi siempre en modestos lóculos (concavidades excavadas horizontalmente en las paredes de las galerías que luego se sellaban con tejas) o (si la familia del difunto era más adinerada) en arcosolios, tumbas en forma de sarcófago protegidas por un arco enlucido de estuco y ornamentado con pinturas murales. Algunos de estos arcosolios conservan todavía su decoración originaria, en la que se repiten los símbolos empleados por los primitivos cristianos: así, por ejemplo, las palomas que picotean grano, que no son símbolo (como los guías atiborrados de memeces contemporáneas sostienen) de la paz, sino de las almas que se alimentan de los frutos de la Redención; o que -como aquella que Noé envió de emisaria tras el diluvio- sostienen en el pico una rama, símbolo de la proximidad del Paraíso. Después de visitar la subterránea Domus Aurea de Nerón, el paseo por las catacumbas adquiere también una resonancia simbólica: es algo así como un descenso ad inferos, como si la fe que entonces empezaba a propagarse hubiese querido triunfar primero allá donde las culturas antiguas situaban el Averno. Chesterton nos propone en El hombre eterno que Jesús nació en una cueva para significar que había venido a la tierra para mantener un combate sin tregua contra el inquilino subterráneo; ese combate se prolonga simbólicamente en el subsuelo de Roma, encarnados sus contendientes en la Domus Aurea de Nerón y en las catacumbas paleocristianas. Es un combate encarnizado que se seguirá sosteniendo mientras dure el mundo: la luz nueva invadiendo intrépidamente los dominios del Averno, exponiéndose a recibir sus dentelladas, una y otra vez herida de muerte pero nunca derrotada. ‘ABC’ 2007-VIII-13

 

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Iglesia - Cristo nos dijo: «Confiad, yo he vencido al mundo» (Jn 16, 33). «Yo estoy con vosotros hasta el fin del mundo» (Mt 28, 20). «Las puertas del infierno no prevalecerán» (cf. Mt 16, 18). Son estas palabras que las sectas no soportan.

Son palabras de Dios. Son palabras que ningún hombre podrá jamás borrar. Con esta íntima certeza, -en la Iglesia- miremos serenos al futuro, sin dejar de orar y trabajar por un mundo mejor. Ciertamente, en el mundo hay quienes hablan de violencia y de muerte. Pero, juntamente con el Papa, nosotros queremos gritar al mundo: «¡El amor es más fuerte que la muerte!
¡El amor triunfará!».

 

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San Agustín (354-430) obispo de Hipona, doctor de la Iglesia Católica
Sobre la santa virginidad,5

María, madre de Cristo, madre de la Iglesia.

Aquel que es fruto de las entrañas de una única Virgen es la gloria y el honor de todas las demás vírgenes santas, porque ellas son también, como María, madres de Cristo si cumplen la voluntad de su Padre. La gloria y la dicha de ser la madre de Jesucristo resaltan en las palabras del Señor: “Quien cumple la voluntad de mi Padre que está en los cielos, éste es mi hermano, mi hermana y mi madre.” (Mt 12,50)     Así indica el parentesco espiritual que los incluye en el pueblo que ha sido rescatado. Sus hermanos y sus hermanas son los hombres y las mujeres santos que participan con él en la herencia celestial. Su madre es la Iglesia entera, porque ella, por la gracia de Dios, engendra los miembros de Cristo, es decir, a los que le son fieles. Su madre es también cada alma santa que cumple la voluntad de su Padre y cuya caridad fecunda se manifiesta en aquellos que ella engendra para él, hasta que Cristo quede formado en ellos. (cf Gal 4,19)...

María es, ciertamente, la madre de los miembros del Cuerpo de Cristo, de todos nosotros, porque por su caridad ella ha cooperado en la generación de los fieles en la Iglesia, que son miembros de la cabeza divina, Cristo, de manera que ella es verdaderamente mi madre según la carne.

 

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Los malos pastores: aseglarados, no aman, como esposa su breviario


"¡ Oh hija queridísima! Estos miserables de los que he hablado no tienen para consigo mismos ninguna consideración. Si la tuviesen, no caerían en tantos vicios, sino que vivirían como los que viven virtuosamente, que prefieren la, muerte antes que ofenderme y manchar su alma o disminuir la dignidad en que yo los he puesto, sino que aumentan la dignidad y belleza de sus almas. No que la dignidad del sacerdote en sí pueda crecer por la virtud o menguar por algún pecado, como te he dicho. Pero las virtudes son un adorno y una dignidad para el alma encima de la belleza que el alma tiene desde su principio, cuando yo la creé a imagen y semejanza mía. Los que así viven, conocen la verdad de mi bondad, su belleza y dignidad, porque la soberbia y el amor propio no los han ofuscado ni quitado la luz de la razón. Por no tener este amor propio, me aman a mí y desean la salud de las almas. Pero estos desgraciados, privados totalmente de la luz, van de vicio en vicio tranquilamente, hasta que caigan en el hoyo.

Del templo de su alma y de la santa Iglesia, que es un jardín han hecho establo de animales. ¡Oh carísima hija! ¡Cuán abominable es en mi presencia que sus casas, que deberían ser hospedaje de mis siervos y de los pobres, tener en ellas como esposa a su breviario, y por hijos los libros de la santa Escritura, y deleitarse en ellos para exhortar a su prójimo a emprender una santa vida, las hayan convertido en guarida de personas inmundas y malvadas !

Su esposa no es el breviario. Más bien trata a esta esposa del breviario como a adúltera. Es un demonio en cuerpo de mujer la que inmundamente vive con él. Sus libros los constituyen la manada de sus hijos, y sin ninguna vergüenza se deleita con los hijos que ha tenido con tanta deshonestidad y maldad.

Las pascuas y días solemnes, en los que debería dar gloria y alabanza a mi Nombre con el Oficio divino y ofrecerme el incienso de humildes y devotas acciones, los pasa en el juego y entretenimiento con estas criaturas del demonio y se divierte con los seglares cazando, como si fuese un seglar más o un señor de corte.

¡ Oh hombre miserable, a qué estado has llegado ! Lo que tú debes cazar son las almas para gloria y alabanza de mi Nombre y estar en el jardín de la santa Iglesia, y no andar de caza por los bosques. Pero te has hecho bestia ; dentro de ti tienes los animales de muchos pecados mortales. Por esto eres cazador de bestias y el huerto de tu alma está lleno de maleza y de espinas, porque has tomado el gusto de ir por lugares desiertos buscando las bestias salvajes. Avergüénzate y considera tus pecados. Motivo tienes para avergonzarte a cualquier parte que te vuelvas. Pero tú no te avergüenzas, porque has perdido el santo y verdadero temor de mí. Como la mujer pública, que ha perdido el pudor, te vanagloriarás de tener inmejorable posición en el mundo, de tener mucha familia y muchos hijos.

Y, si no los tienes, procuras tenerlos para que sean tus herederos. Eres salteador y ladrón, porque tú sabes perfectamente que no les puedes dejar tus bienes; tus herederos son los pobres y la santa Iglesia.

i Oh demonio encarnado, espíritu sin luz ! Buscas lo que no debes buscar. Te precias y vanaglorias de lo que debería ser para ti motivo de confusión y de vergüenza delante de mí, que veo lo más íntimo de tu corazón, y delante de las criaturas. Estás ciego en verdad, y los cuernos de tu soberbia no te permiten ver tu misma ceguera.

i Oh queridísima hija ! Yo te he puesto sobre el puente de la doctrina de mi verdad para que os sirviera a vosotros, peregrinos, y os administrara los sacramentos de la santa Iglesia, mas él permanece en el río miserable debajo del puente y en el río de los placeres y miserias del mundo. Allí ejerce su ministerio, sin percatarse de que le llega la ola que le arrastra a la muerte y se va con los demonios, señores suyos, a los que ha servido y de los que se ha dejado guiar, sin recato alguno, por el camino del río. Si no se enmienda, llegará a la condenación eterna, con tan gran reprensión y reproche, que tu lengua no sería capaz de referirlo. Y él, por su oficio de sacerdote, mucho más que cualquier otro seglar. Por donde una misma culpa es más castigada en él que en otro que hubiera permanecido en el mundo. Y en el momento de la muerte, sus enemigos le acusarán más terriblemente, como te he dicho."


Santa Catarina de Siena, Doctor de la Iglesia: El Diálogo, CXXX.

 

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¡Que tu conducta nunca de motivos de injustificada inquietud a la creación, de la que tú eres el rey!

 

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Dijo Dios: «Produzca la tierra animales vivientes según su especie: ganados, reptiles y bestias salvajes según su especie». Y así fue. Dios hizo las bestias de la tierra, los ganados y los reptiles campestres, cada uno según su especie. Vio Dios que esto estaba bien. Gen. 1, 24-25

 

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“Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones” Biblia. Evangelio según San Lucas Cap.1º vs. 48. La Iglesia, hace XXI siglos fundada por Tu Hijo, te alaba, ¡Oh Madre plena de dicha y felicidad!

 

 

Gracias por venir a visitarnos

VERITAS OMNIA VINCIT

LAUS TIBI CHRISTI.

 

Recomendamos: “ROMA, DULCE HOGAR”, Scott Hahn y su esposa Kimberly cuentan el largo viaje que les llevó de evangélicos calvinistas, hasta la casa paterna en la Iglesia Católica. Un camino erizado de dificultades, pero recorrido con gran coherencia y docilidad a la gracia, y cuyo motor era el amor a Jesucristo y a su Palabra en la Sagrada Escritura.

Recomendamos: “LO PRIMERO ES EL AMOR”, Scott Hahn muestra de nuevo una de sus mejores cualidades como autor: su gran capacidad para explicar las verdades esenciales de la Iglesia Católica fundada por Jesucristo, de un modo accesible y atrayente. En esta obra el incentivo es esta pregunta: ¿Qué clase de amor y qué clase de familia satisfacen nuestros más íntimos anhelos?. Con su clara prosa desarrolla una idea central de la fe cristiana: Dios, la Trinidad de Personas Divinas, es una familia que vive en una comunión de amor. Expone también Hahn la íntima conexión entre la familia divina, la familia de la fe, que es la Iglesia, y las familias de la tierra formadas por un hombre y una mujer. Ed. Patmos – Libros de espiritualidad-225.-

 

 

El Evangelio de Cristo del siglo I al XXI la Iglesia Católica fielmente proclama.


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