Monday 27 March 2017 | Actualizada : 2017-03-03
 
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Casiodoro Magno Aurelio, fue un filósofo, pensador, monje y escritor latino, consultado por los reyes y gobernantes de su época. Nació en el año 468 D.C., en Squillace y murió después de 562. Fue ministro de Teodorico el Grande. En el año 538 se retiró y fundó una orden monacal, precursora de la de San Benito (benedictinos), consagrada sobre todo a la conservación y copia de manuscritos antiguos.

 

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ZURICH… corrían los años 1525…

lo que hacía Zwinglio ‘el protestante’ con los anabptistas. Los metía en barcas que dirigía hacia medio del lago, y entonces las hundía.

Pero claro, de eso no se habla mucho en los libros de historia sobre la Reforma protestante.

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El segundo edicto emitido por el consejo de Zúrich, en el cual los anabaptistas son amenazados con la muerte, 1530 d.C. Mucho fueron arrestados y entregados a las autoridades protestantes y, tantos de ellos, fueron condenados a muerte.

 

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Para penetrar la ‘inquisición´1º

La interpretación de la historia, contexto y personas

 

 

El juicio histórico y el juicio teológico de la historia de la Iglesia

 

4. JUICIO HISTÓRICO Y JUICIO TEOLÓGICO

La identificación de las culpas del pasado de las que enmendarse, implica ante todo un correcto juicio histórico, que sea también en su raíz una valoración teológica. Es necesario preguntarse: ¿qué es lo que realmente ha sucedido?, ¿qué es exactamente lo que se ha dicho y hecho? Solamente cuando se ha ofrecido una respuesta adecuada a estos interrogantes, como fruto de un juicio histórico riguroso, podrá preguntarse si eso que ha sucedido, que se ha dicho o realizado, puede ser interpretado como conforme o disconforme con el evangelio, y, en este último caso, si los hijos de la Iglesia que han actuado de tal modo habrían podido darse cuenta a partir del contexto en el que estaban actuando. Solamente cuando se llega a la certeza moral de que cuanto se ha hecho contra el Evangelio por algunos de los hijos de la Iglesia y en su nombre habría podido ser comprendido por ellos como tal, y en consecuencia evitado, puede tener sentido para la Iglesia de hoy hacer enmienda de culpas del pasado.

La relación entre "juicio histórico" y "juicio teológico" resulta por tanto compleja en la misma medida en que es necesaria y determinante. Se requiere, por ello, llevarla a cabo evitando los desvaríos en un sentido y en otro: hay que evitar tanto una apologética que pretenda justificarlo todo, como una culpabilización indebida que se base en la atribución de responsabilidades insostenibles desde el punto de vista histórico. Juan Pablo II ha afirmado respecto a la valoración histórico-teológica de la actuación de la Inquisición: "El Magisterio eclesial no puede evidentemente proponerse la realización de un acto de naturaleza ética, como es la petición de perdón, sin haberse informado previamente de un modo exacto acerca de la situación de aquel tiempo. Ni siquiera puede tampoco apoyarse en las imágenes del pasado transmitidas por la opinión pública, pues se encuentran a menudo sobrecargadas por una emotividad pasional que impide una diagnosis serena y objetiva... Esa es la razón por la que el primer paso debe consistir en interrogar a los historiadores, a los cuales no se les pide un juicio de naturaleza ética, que rebasaría el ámbito de sus competencias, sino que ofrezcan su ayuda para la reconstrucción más precisa posible de los acontecimientos, de las costumbres, de las mentalidades de entonces, a la luz del contexto histórico de la época" (34).

 

4.1. La interpretación de la historia

¿Cuáles son las condiciones de una correcta interpretación del pasado desde el punto de vista del conocimiento histórico? Para determinarlas hay que tener en cuenta la complejidad de la relación que existe entre el sujeto que interpreta y el pasado objeto de interpretación (35), y en primer lugar se debe subrayar la recíproca extrañeza entre ambos. Eventos y palabras del pasado son ante todo "pasados"; en cuanto tales son irreductibles totalmente a las instancias actuales, pues poseen una densidad y una complejidad objetivas, que impiden su utilización únicamente en función de los intereses del presente. Hay que acercarse, por tanto, a ellos mediante una investigación histórico-crítica, orientada a la utilización de todas las informaciones accesibles de cara a la reconstrucción del ambiente, de los modos de pensar, de los condicionamientos y del proceso vital en que se sitúan aquellos eventos y palabras, para cerciorarse así de los contenidos y los desafíos que, precisamente en su diversidad, plantean a nuestro presente.

En segundo lugar, entre el sujeto que interpreta y el objeto interpretado se debe reconocer una cierta mutua pertenencia, sin la cual no podría existir ninguna conexión y ninguna comunicación entre pasado y presente; esta conexión comunicativa está fundada en el hecho de que todo ser humano, de ayer y de hoy, se sitúa en un complejo de relaciones históricas y necesita, para vivirlas, de una mediación lingüística, que siempre está históricamente determinada. ¡Todos pertenecemos a la historia! Poner de manifiesto la mutua pertenencia entre el intérprete y el objeto de la interpretación, que debe ser alcanzado a través de las múltiples formas en las que el pasado ha dejado su testimonio (textos, monumentos, tradiciones...), significa juzgar si son correctas las posibles correspondencias y las eventuales dificultades de comunicación con el presente, puestas de relieve por la propia comprensión de las palabras o de los acontecimientos pasados; ello requiere tener en cuenta las cuestiones que motivan la investigación y su incidencia sobre las respuestas obtenidas, el contexto vital en que se actúa y la comunidad interpretadora, cuyo lenguaje se habla y a la cual se pretenda hablar. Con tal objetivo es necesario hacer la precomprensión refleja y consciente en el mayor grado posible, que de hecho se encuentra siempre incluida en cualquier interpretación, para medir y atemperar su incidencia real en el proceso interpretativo.

Finalmente, entre quien interpreta y el pasado objeto de interpretación se realiza, a través del esfuerzo cognoscitivo y valorativo, una ósmosis ("fusión de horizontes"), en la que consiste propiamente la comprensión. En ella se expresa la que se considera inteligencia correcta de los eventos y de las palabras del pasado; lo que equivale a captar el significado que pueden tener para el intérprete y para su mundo. Gracias a este encuentro de mundos vitales la comprensión del pasado se traduce en su aplicación al presente: el pasado es aprehendido en las potencialidades que descubre, en el estímulo que ofrece para modificar el presente; la memoria se vuelve capaz de suscitar un nuevo futuro.

A una ósmosis fecunda con el pasado se accede merced al entrelazamiento de algunas operaciones hermenéuticas fundamentales, correspondientes a los momentos ya indicados de la extrañeza, de la co-pertenencia y de la comprensión verdadera y propia. Con relación a un "texto" del pasado, entendido en general como testimonio escrito, oral, monumental o figurativo, estas operaciones pueden ser expresadas del siguiente modo: "1) comprender el texto, 2) juzgar la corrección de la propia inteligencia del texto y 3) expresar la que se considera inteligencia correcta del texto" (36). Captar el testimonio del pasado quiere decir alcanzarlo del mejor modo posible en su objetividad, a través de todas las fuentes de que se pueda disponer, juzgar la corrección de la propia interpretación significa verificar con honestidad y rigor en qué medida pueda haber sido orientada, o en cualquier caso condicionada, por la precomprensión o por los posibles prejuicios del intérprete; expresar la interpretación obtenida significa hacer a los otros partícipes del diálogo establecido con el pasado, sea para verificar su relevancia, sea para exponerse a la confrontación con otras posibles interpretaciones.

 

4.2. Indagación histórica y valoración teológica

Si estas operaciones están presentes en todo acto hermenéutico, no pueden faltar tampoco en la interpretación en que se integran juicio histórico y juicio teológico; ello exige en primer lugar que en este tipo de interpretación se preste la máxima atención a los elementos de diferenciación y extrañeza entre presente y pasado. En particular, cuando se pretende juzgar posibles culpas del pasado, hay que tener presente que son diversos los tiempos históricos y son diversos los tiempos sociológicos y culturales de la acción eclesial, por lo cual, paradigmas y juicios propios de una sociedad y de una época podrían ser aplicados erróneamente en la valoración de otras fases de la historia, dando origen a no pocos equívocos; son diversas las personas, las instituciones y sus respectivas competencias; son diversos los modos de pensar y los condicionamientos. Hay que precisar, por tanto, las responsabilidades de los acontecimientos y de las palabras dichas, teniendo en cuanta el hecho de que una petición eclesial de perdón compromete al mismo sujeto teológico, la Iglesia, en la variedad de los modos y del grado en que los individuos singulares representan a la comunidad eclesial y en la diversidad de las situaciones históricas y geográficas, con frecuencia muy diferentes entre sí. Debe evitarse cualquier tipo de generalización. Cualquier posible pronunciamiento en la actualidad debe quedar situado y debe ser producido por los sujetos más directamente encausados (Iglesia universal, Episcopados nacionales, Iglesias particulares etc.).

 

En segundo lugar, la correlación de juicio histórico y juicio teológico debe tener en cuenta el hecho de que, para la interpretación de la fe, la conexión entre pasado y presente no está motivada solamente por los intereses actuales y por la común pertenencia de todo ser humano a la historia y a sus mediaciones expresivas, sino que se fundamenta también en la acción unificante del Espíritu de Dios y en la identidad permanente del principio constitutivo de la comunión de los creyentes, que es la revelación. La Iglesia, por razón de la comunión producida en ella por el Espíritu de Cristo en el tiempo y en el espacio, no puede dejar de reconocerse en su principio sobrenatural, presente y operante en todos los tiempos, como sujeto en cierto modo único, llamado a corresponder al don de Dios en formas y situaciones diversas por medio de las opciones de sus hijos, aun con todas las carencias que puedan haberlas caracterizado. La comunión en el único Espíritu Santo es el fundamento también diacrónico de una comunión de los "santos", en virtud de la cual los bautizados de hoy se sienten vinculados a los bautizados de ayer y, así como se benefician de sus méritos y se nutren de su testimonio de santidad, igualmente se siente en el deber de asumir el posible peso actual de sus culpas, tras haber hecho un discernimiento atento tanto desde el punto de vista histórico como teológico.

Gracias a este fundamento objetivo y trascendente de la comunión del pueblo de Dios en sus varias situaciones históricas, la interpretación creyente reconoce al pasado de la Iglesia un significado totalmente peculiar para el momento presente: el encuentro con ese pasado, que se produce en el acto de la interpretación, puede revelarse cargado de paniculares valencias para el presente, rico en una eficacia "performativa" que no siempre puede calcularse de modo previo. Obviamente el carácter fuertemente unitario del horizonte hermenéutico y del sujeto eclesial interpretante deja más fácilmente expuesta la consideración teológica al riesgo de ceder a lecturas apologéticas o instrumentales; es aquí donde el ejercicio hermenéutico dirigido a aprehender los sucesos y las palabras del pasado y a medir la corrección de su interpretación para el presente se hace más necesario. La lectura creyente se sirve con tal objetivo de todas las aportaciones que puedan ofrecer las ciencias históricas y los métodos de interpretación. El ejercicio de la hermenéutica histórica no deber impedir a la valoración de la fe la interpelación de los textos según su peculiaridad, haciendo, por tanto, que puedan interactuar presente y pasado en la conciencia de la unidad fundamental del sujeto eclesial implicado en ellos. Esto pone en guardia frente a todo historicismo que relativice el peso de las culpas pasadas y que considere que la historia es capaz de justificarlo todo. Como observa Juan Pablo II, "un correcto juicio histórico no puede prescindir de un atento estudio de los condicionamientos culturales del momento... Pero la consideración de las circunstancias atenuantes no dispensa a la Iglesia del deber de lamentar profundamente las debilidades de tantos hijos suyos" (TMA 35). La Iglesia, en resumen, "no tiene miedo a la verdad que emerge de la historia y está dispuesta a reconocer equivocaciones allí donde se han verificado, sobre todo cuando se trata del respeto debido a las personas ya las comunidades. Pero es propensa a desconfiar de los juicios generalizados de absolución o de condena respecto a las diversas épocas históricas. Confía la investigación sobre el pasado a la paciente y honesta reconstrucción científica, libre de prejuicios de tipo confesional o ideológico, tanto por lo que respecta a las atribuciones de culpa que se le hacen como respecto a los daños que ella ha padecido"(37). Los ejemplos ofrecidos en el capítulo siguiente lo podrán demostrar de modo concreto.

NOTAS

(34) Discurso a los participantes en el Simposio Internacional sobre la Inquisición, promovido por la Comisión Teológico-Histórica del Comité Central del Jubileo, n.4 (31-10-1998).

(35) Cf., para cuanto sigue, H. O. GADAMER, Verdad y método (Salamanca 1977).

(36) B. LONERGAN, Il metodo in teologia (Brescia 1975) 173.

(37) JUAN PABLO II, "Discurso del 1 de septiembre de 1999": L ‘Osservatore Romano (2-9-1999) 4.

http://www.apologetica.org/juicio-historico-teologico-pasado.htm

 

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HECHOS HISTÓRICOS - Se perfilan así diversos interrogantes: ¿se puede hacer pesar sobre la conciencia actual una culpa vinculada a fenómenos históricos irrepetibles, como las cruzadas o la inquisición? ¿No es demasiado fácil juzgar a los protagonistas del pasado con la conciencia actual (como hacen escribas y fariseos, según Mt 23,29-32), como si la conciencia moral no se hallara situada en el tiempo? ¿Se puede acaso, por otra parte, negar que el juicio ético siempre tiene vigencia, por el simple hecho de que la verdad de Dios y sus exigencias morales siempre tienen valor? Cualquiera que sea la actitud a adoptar, ésta debe confrontarse con estos interrogantes y buscar respuestas que estén fundadas en la revelación y en su transmisión viva en la fe de la Iglesia. La cuestión prioritaria es, por tanto, la de esclarecer en qué medida las peticiones de perdón por las culpas del pasado, sobre todo cuando se dirigen a grupos humanos actuales, entran en el horizonte bíblico y teológico de la reconciliación con Dios y con el prójimo.  

 

La identificación de las culpas del pasado de las que enmendarse implica, ante todo, un correcto juicio histórico, que sea también en su raíz una valoración teológica. Es necesario preguntarse: ¿qué es lo que realmente ha sucedido?, ¿qué es exactamente lo que se ha dicho y hecho? Solamente cuando se ha ofrecido una respuesta adecuada a estos interrogantes, como fruto de un juicio histórico riguroso, podrá preguntarse si eso que ha sucedido, que se ha dicho o realizado, puede ser interpretado como conforme o disconforme con el Evangelio, y, en este último caso, si los hijos de la Iglesia que han actuado de tal modo habrían podido darse cuenta a partir del contexto en el que estaban actuando. Solamente cuando se llega a la certeza moral de que cuanto se ha hecho contra el Evangelio por algunos de los hijos de la Iglesia y en su nombre habría podido ser comprendido por ellos como tal, y en consecuencia evitado, puede tener sentido para la Iglesia de hoy hacer enmienda de culpas del pasado.

 

La relación entre «juicio histórico» y «juicio teológico» resulta, por tanto, compleja en la misma medida en que es necesaria y determinante. Se requiere, por ello, ponerla por obra evitando los desvaríos en un sentido y en otro: hay que evitar tanto una apologética que pretenda justificarlo todo, como una culpabilización indebida que se base en la atribución de responsabilidades insostenibles desde el punto de vista histórico. Juan Pablo II ha afirmado respecto a la valoración histórico-teológica de la actuación de la Inquisición: «El Magisterio eclesial no puede evidentemente proponerse la realización de un acto de naturaleza ética, como es la petición de perdón, sin haberse informado previamente de un modo exacto acerca de la situación de aquel tiempo. Ni siquiera puede tampoco apoyarse en las imágenes del pasado transmitidas por la opinión pública, pues se encuentran a menudo sobrecargadas por una emotividad pasional que impide una diagnosis serena y objetiva... Ésa es la razón por la que el primer paso debe consistir en interrogar a los historiadores, a los cuales no se les pide un juicio de naturaleza ética, que rebasaría el ámbito de sus competencias, sino que ofrezcan su ayuda para la reconstrucción más precisa posible de los acontecimientos, de las costumbres, de las mentalidades de entonces, a la luz del contexto histórico de la época» 

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Para no caer en el anacronismo, es necesario tener la humildad y la inteligencia de leer los hechos del pasado no con las categorías mentales de hoy, más, dentro el marco histórico temporal en que se efectuaron. 

 

Al igual que ocurre con cualquier otra expresión de la mente humana, quizás la objetividad plena es imposible, pero lo que se le pide a cualquier intelectual honrado es que, cuando menos, haga el esfuerzo de buscarla, tenga la valentía de acercarse serena y responsablemente al mayor grado de objetividad histórica posible.

 

¿Quién ignora, que son innumerables las personas de uno, y otro sexo, a quienes contiene, para que no suelten la rienda a sus pasiones el temor del qué dirán? Este temor ya no subsistirá en el caso de que no haya murmuradores en el mundo, que son los que dicen, los que hablan, y aun los que acechan los pecados ajenos. Luego esos innumerables de uno, y otro sexo, faltando el freno de la infamia, o descrédito a que los expone la murmuración, desenfrenadamente se darán a saciar sus criminales pasiones.

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Historia e Iglesia - Lo que tiene lejos a ciertas personas de la Iglesia institucional son, en la mayoría de las ocasiones, los defectos, las incoherencias, los errores de los líderes: inquisición, procesos, mal uso del poder y del dinero, escándalos. Todas cosas, lamentablemente, ciertas, si bien frecuentemente exageradas y contempladas fuera de todo contexto histórico.

 

Los ministros de la Iglesia son «elegidos entre los hombres» y están sujetos a las tentaciones y a las debilidades de todos. Jesús no intentó fundar una sociedad de perfectos. ¡El Hijo de Dios –decía el escritor escocés Bruce Marshall-- vino a este mundo y, como buen carpintero que se había hecho en la escuela de José, recogió los pedacitos de tablas más descoyuntados y nudosos que encontró y con ellos construyó una barca –la Iglesia-- que, a pesar de todo, resiste el mar desde hace dos mil años!

Hay una ventaja en los sacerdotes «revestidos de debilidad»: están más preparados para compadecer a los demás, para no sorprenderse de ningún pecado ni miseria, para ser, en resumen, misericordiosos, que es tal vez la cualidad más bella en un sacerdote. A lo mejor precisamente por esto Jesús puso al frente de los apóstoles a Simón Pedro, quien le había negado tres veces: para que aprendiera a perdonar «setenta veces siete».

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SUCESOS - Es bueno valorar acontecimientos y hechos que han sucedido en el pasado, reflexionar sobre ellos, para caminar con los talentos de la historia como bastón de guía.

 

Precisamente en cuanto cada acto humano pertenece a quien lo hace, cada conciencia individual y cada sociedad elige y actúa en el interior de un determinado horizonte de tiempo y espacio. Para comprender de verdad los actos humanos y los dinamismos a ellos unidos, deberemos entrar, por tanto, en el mundo propio de quienes los han realizado; solamente así podremos llegar a conocer sus motivaciones y sus principios morales. Y esto se afirma sin perjuicio de la solidaridad que vincula a los miembros de una específica comunidad en el discurrir del tiempo. MM.

 

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En entrevista concedida a ACI Prensa el historiador René Millar Carvacho, profesor en la Pontificia Universidad Católica de Chile, especializado en el tema de la Inquisición en el virreinato peruano, explicó que "gran parte de toda la leyenda negra de esta época gira en torno a la tortura, pero es que la tortura, como medio de prueba, formó parte del método de castigo de la época". V. 2012

 

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Una hermosa indicación de Juan Pablo II hablando de la memoria histórica: La memoria se configura como un derecho que corresponde a cada grupo humano (sociedad, Iglesia, partidos y sindicatos) para profundizar en la propia identidad, pero es esencial que esa memoria no sea selectiva y sesgada, ni intente imponer a todos una visión uniforme, sino que se desarrolle a partir de una aproximación «abierta, objetiva y científica» a los hechos.

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…[…]… «¡Sí que reivindicó el derecho de cada colectivo!, ‘la Iglesia católica, una congregación religiosa, un partido político, un sindicato, una institución académica’, a rememorar su historia para profundizar «en su identidad». Monseñor Ricardo Blázquez, Obispo de Bilbao-Esp. 2007.XI.

 

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Historiadores serios, responsables investigadores, sanos intelectuales deben estudiar la historia. La Iglesia universal está muy por encima de circunstancias coyunturales, y debe ser capaz de transmitir un mensaje de fe y de esperanza. La historia tiene que quedar en manos de los historiadores porque nadie tiene derecho a imponer una «verdad oficial», propia de los sistemas totalitarios. En el marco de la razón y el sentido común, el recuerdo de los antecesores -en este caso, de quienes dieron la vida por la fe ‘mártires de la Iglesia Católica’- refuerza la propia identidad y ayuda a comprender el complejo mundo en que vivimos. 2007-XI

 

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¿Subsistirán la libertad, la igualdad, los derechos, la democracia, sin los supuestos cristianos en que descansan y a los que debe la civilización europea el ser la única liberal y universalista que ha existido?. El declive del cristianismo europeo, ¿forma parte de la crisis o decadencia intelectual, moral y política de Europa o se trata de fenómenos independientes? ¿Puede ser la crisis del cristianismo una causa principal de la descivilización europea o es la descivilización de Europa la causa del marasmo a aquel? ¿Qué influencia tiene el estatismo neutral y agnóstico y en buena medida nihilista, acosado por poderes indirectos de toda laya, en la situación del cristianismo? MMVI

 

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P: ¿Cuáles fueron las inquisiciones más duras y letales por países?

 

R: Si se refiere a instituciones de carácter religioso, posiblemente la inquisición en Francia no ha sido superada ni por la española en la época de hegemonía europea. Si utiliza el término en un sentido figurado, cualquier inquisición fue una excursión de jesuitinas comparada con los aparatos creados por Lenin y Hitler. Y seguimos viendo las consecuencias nefastas en el castrismo, chavismo, etc. 2007, que no es el siglo XV o XVI.

 

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«El aspecto más llamativo de visión del mundo medieval es su sentido de enclaustramiento, su totalidad. El hombre está al centro del universo, que, a su vez, está cercado en su esfera más externa por Dios, el Movedor Inamovible. Dios es la entidad única que en la terminología de Aristóteles es pura realidad. Todas las demás entidades están provistas de un objetivo, siendo parcialmente reales y parcialmente potenciales. Por lo tanto, la meta del fuego es moverse hacia arriba, la de la tierra (materia) moverse hacia abajo y la de las especies reproducirse. Todo se mueve y existe de acuerdo a un objetivo divino...Como resultado, este mundo, a final de cuentas, es incambiable, pero al ser un enigma con un propósito, lo es excepcionalmente significativo». Hecho y valor, epistemología y ética son idénticos. ¿Qué es lo que sé? ¿Cómo debo vivir? son la misma pregunta2. De allí entonces que la época medieval encuentre su explicación en lo teleológico, todo menos Dios está en proceso de llegar a ser, y en donde al hombre, especialmente, le fue asignado una posición con un fin determinado en un universo que no necesitaba de un acto de su voluntad. «En la Edad Media el significado estaba asegurado política y religiosamente. La Iglesia era la única referencia cuando uno buscaba la explicación del fenómeno, ocurriese éste en la naturaleza o en la vida humana. Más aún, el orden cobraba sentido en una forma directa y personal. La justicia y el poder político eran administrados en términos de lealtad y apego -vasallo a un señor, siervo a la tierra, aprendiz a su maestro-, y el sistema, como resultado, poseía pocas abstracciones. Si desde nuestro punto de vista, la Edad Media nos parece estar herméticamente sellada, ella tuvo la ventaja (a pesar de la inestabilidad extrema producida por las plagas y los desastres naturales) de ser sicológicamente tranquilizadora para sus habitantes»

 

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En la Edad Media, un rey de Francia, Felipe IV, llegó a falsificar las bulas pontificias para desacreditar al Papa Bonifacio VIII. Y cómo no recordar que a finales del siglo XIX, durante el Concilio Vaticano I, durante la discusión sobre la infalibilidad pontificia, hubo fugas de documentos usados como base para una serie de artículos firmados con seudónimo, las “Cartas de Quirino” publicados en Alemania: fueron usadas para desacreditar el Concilio.

 

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De hombres, hechos, notas y acontecimientos de tal época para comprender el contexto:

 


San Alberto Magno

 

Perfil Histórico

San Alberto nace en el seno de la noble familia de los Ingollstad en Lauingen, Diócesis de Augsburgo en la Baviera Alemana en 1.206.
Desea cursar la carrera de Leyes por lo que sus padres le envían primero a Bolonia, que más tarde será cumbre de los estudios juristas; pasa más adelante a Venecia, para terminar en Padua. En 1.223 conoce a su compatriota el Bto. Jordán de Sajonia que sucederá a Santo Domingo de Guzmán en el gobierno de la Orden Dominicana. Queda prendado por la predicación y las cualidades de este hombre; recibe la llamada de Dios y decide ingresar en la Orden de Predicadores en 1.224. La oposición de su familia es frontal, pero él permanece fiel a su decisión.
En 1.228 es enviado a su Patria como profesor y enseña, primero en Colonia, con posterioridad en Hildesheim, Friburgo, Ratisbona, Estrasburgo y en la Sorbona de París, donde tendrá como discípulo predilecto a Santo Tomás de Aquino.
En 1.248 le encontramos, de nuevo, en Colonia dirigiendo el Estudio General de la Orden en esta ciudad. En los años 1.254 a 1.257 es elegido Provincial de la Provincia de Teutonia. En 1.256 está en Roma y allí, con San Buenaventura, franciscano, defiende los derechos de las Ordenes Mendicantes, frente a Guillermo de San Amor y otros profesores, el derecho de enseñar en las Universidades de entonces. San Alberto Magno es profesor en la Curia Pontificia.
Cuatro años más tarde el Papa Alejandro IV le nombra Obispo y, a pesar de su oposición, es consagrado Obispo de Ratisbona; organizó la Diócesis. A los dos años, con nostalgia de su vida conventual dominicana, el Papa Urbano IV le acepta la renuncia. De 1.261 al 1.263 es nombrado Predicador de la Cruzada y profesor de la Curia Pontificia.
Destaca San Alberto Magno por su capacidad, sagacidad y equilibrio en solucionar casos conflictivos como el del Obispo de Wurzburgo con sus fieles. Su misión y su campo es la enseñanza, la investigación por la que sigue dictando su sabiduría en las Cátedras Wurzburgo, Estrasburgo y Lyon. Participa en el II Concilio de Lyon, donde media para que sea reconocido como Rey de Alemania Rodolfo de Augsburgo.
En 1.279 se debilita física y mentalmente. Ese mismo año redacta su testamento y muere, con serenidad y paz, sobre su mesa de trabajo. Era el 15 de noviembre de1.280.
El Maestro General de la Orden Dominicana, Humberto de Romans, nos ha dejado estas pinceladas: "Era de buena talla y bien dotado de formas físicas. Poseía un cuerpo formado con bellas proporciones y perfectamente moldeado para todas las fatigas del servicio de Dios".
San Alberto es Magno por la grandeza de su espíritu. Era un hombre abierto a lo universal; escritor y profesor incansable. Como naturalista era un hombre de vocación analítica y observador nato. En sus obras destacan afirmaciones talas como: "Yo lo observé" "Yo hice el experimento" "Esto me lo han referido pescadores o cazadores expertos".
Pero es preciso destacar que San Alberto estudia, investiga, analiza todo en función de la
Santa Predicación; por eso utiliza tanto las Ciencias Naturales, Biología, Botánica, Química, Zoología, Arqueología, como la Filosofía y la Teología.
Semblanza Espiritual
San Alberto es un científico, pero ante todo es un teólogo, observante y mortificado, hombre de oración ininterrumpida. Pasa muchas noches en la oración, amante de la Eucaristía: "Celebraba los Misterios Divinos con la más grande pureza y el más ardiente amor".
Pero San Alberto Magno es un místico que descubre a Dios en el encanto de la creación. Y un místico mariano, con una sencilla y profunda devoción a la Virgen María. Su amor a la Virgen es ingenuo y profundo a la vez.
Fue canonizado por Pio Xl el 16 de diciembre de 1.931. Pio XII, en 1.941, lo declara Patrono de los científicos. La gran gloria de San Alberto es sin duda su discípulo Santo Tomás de Aquino.

 

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La orden fundada en 1212 por Santa Clara de Asís, “la primera mujer a quien la Iglesia aprobó una regla propia”, se estableció en España en 1228 al fundarse el primer monasterio en Pamplona, España.

 

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De hombres, hechos, notas y acontecimientos de tal época para comprender el contexto:


 

San Felipe Benicio (1233 1285)

«Dilexit Ecclesiam» amó a la Iglesia Católica

 

Nació en Florencia, Italia.  Después de estudiar medicina, ingresó en la recién creada Orden de los servitas.  Fue superior general desde los treinta y tres años hasta su muerte.  Se le consideraba uno de los hombres más santos y capaces de su época.  Cuando murió el papa Clemente IV todos los indicios apuntaban a Felipe como su sucesor natural.  Pero éste se escondió en la montaña y no se le volvió a ver hasta que desapareció el peligro.

 

En cierta ocasión se encontró con dos prostitutas llamadas Elena y Flora que le ofrecieron sus servicios.  Felipe les habló de la necesidad de abandonar su profesión, y ellas se sintieron tan conmovidas que prometieron no ejercerla en los tres días siguientes.  Este fue el principio de su conversión. Las dos acabaron por ser las fundadoras de las Servitas enclaustradas, congregación que se instituyó poco tiempo después de este episodio.

 

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San Simón Stock (1265) Inglés

«Dilexit Ecclesiam» amó a la Iglesia Católica

 

Este santo inglés, nacido en Aylesforth, Kent, fue un ermitaño  que se unió más tarde a un grupo de carmelitas que venían huyendo del dominio musulmán en Palestina. En 1245 fue elegido prior general de la orden, y bajo su mandato ésta efectuó una gran transformación, modificando su regla para adaptarse a un género de vida muy distinto;  se trataba nada menos que de renunciar a sus orígenes eremíticos para habitar en conventos dentro de ciudades y ponerse al servicio directo de los fieles.

 

La reforma suscitó una grave crisis, hubo muchos descontentos, y en este difícil período se sitúa la aparición de la Santísima Virgen  a Simón Stock concediendo al escapulario de la orden el privilegio de que quien muriera con él tenía asegurada la salvación (ésta es una de las devociones más extendidas entre los católicos y más recomendadas también por la Iglesia).

 

Tras veinte años de gobierno- durante los cuales fundó nuevos conventos en las grandes ciudades universitarias, como Cambridge, Oxford, París y Bolonia-, murió en Burdeos, de donde es patrón, y sus reliquias, que se salvaron durante la Revolución Francesa fueron trasladadas a Aylesforth en 1951.

 

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Universidad y Cristianismo en Europa


La síntesis del saber teológico, filosófico y de otras ciencias realizada por las Universidades en los siglos XIII y XIV, en que se forma el Humanismo, es impensable sin el cristianismo.

El pasado 19 de julio, en el patio del palacio apostólico de Castelgandolfo, Juan Pablo II recibió a 1.500 participantes en el simposio europeo que se celebra en Roma con motivo del séptimo centenario de la universidad más antigua de la urbe, La Sapienza. El tema del simposio, al que asisten rectores, profesores y estudiantes, así como obispos y sacerdotes de todo el Viejo Continente es: "Universidad e Iglesia en Europa".

La relación entre la Iglesia y las universidades, dijo el Papa, "nos lleva directamente al corazón de Europa, donde su civilización se ha expresado en una de sus instituciones más emblemáticas. Nos encontramos en los siglos XIII y XIV: la época en que se forma el Humanismo, como síntesis feliz entre el saber teológico, el filosófico y otras ciencias. Síntesis impensable sin el cristianismo y por tanto sin la secular obra de evangelización llevada a cabo por la Iglesia en el encuentro con las múltiples realidades étnicas y culturales del continente".

La universidad juega un papel irreemplazable en la fundación de la perspectiva cultural del presente y del futuro de Europa, agregó el Santo Padre, subrayando que "la universidad es por excelencia el lugar donde se busca la verdad" y "si bien deba insertarse en el tejido social y económico, no puede rebajarse a sus exigencias, so pena de extraviar su propia naturaleza, que es eminentemente cultural".

Juan Pablo II observó que la Iglesia puede ofrecer su propia contribución a la universidad con "la presencia de profesores y estudiantes -dijo- que sepan unir la competencia y el rigor científico con una intensa vida espiritual" y con "universidades católicas, en las que se actualiza la herencia de las antiguas universidades, nacidas "ex corde Ecclesiae" (del corazón de la Iglesia)".

Después recalcó la importancia de los "laboratorios culturales (...) en los que se lleva a cabo un diálogo constructivo entre fe y cultura, entre ciencia, filosofía y teología, y la ética se considera una exigencia intrínseca de la investigación para un servicio auténtico al ser humano".

Al final, el Papa pidió a todos que empleasen bien los talentos recibidos y afirmó que esperaba que colaborasen "siempre en la promoción de la vida y la dignidad del ser humano".

Tras los saludos en francés, inglés, alemán, español y polaco, el Santo Padre encendió una antorcha que se llevará a la iglesia de San Ivo alla Sapienza (en la sede de la antigua universidad romana) y desde allí a otras sedes universitarias de Roma. Cfr. VIS 030721 (420)

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CRISTIANISMO, ELEMENTO CENTRAL EN LA HISTORIA EUROPEA


CIUDAD DEL VATICANO, 20 JUL 2003 (VIS).-Esta mañana en su residencia veraniega, el Santo Padre rezó el Angelus con los peregrinos llegados a Castelgandolfo y dedicó unas palabras a la futura constitución europea y a los fuertes lazos del continente con el cristianismo.

El Papa recordó que los últimos meses habían estado dedicados a elaborar la nueva constitución, "cuya versión definitiva será aprobada por la Conferencia intergubernamental a partir del próximo mes de octubre. A esta tarea tan importante, que interesa a todos los elementos de la sociedad europea, también la Iglesia quiere ofrecer su aportación propia".

La Iglesia, prosiguió Juan Pablo II, "recuerda entre otras cosas, como observé en la exhortación apostólica post-sinodal "Ecclesia in Europa", que "Europa ha sido impregnada amplia y profundamente por el cristianismo", que constituye, en la compleja historia del continente, un elemento central y calificador, que se ha consolidado sobre la base de la herencia clásica y de las diversas aportaciones ofrecidas por los flujos étnicos-culturales que se han sucedido a lo largo de los siglos".

"Podríamos decir que la fe cristiana ha plasmado la cultura europea y se ha entrelazado con su historia, y a pesar de la dolorosa separación entre Oriente y Occidente, el cristianismo se ha afirmado como "la religión de los europeos". Su influjo ha sido notable también en la época moderna y contemporánea, no obstante el fenómeno, fuerte y difundido, de la secularización".

El Santo Padre concluyó sus palabras subrayando que "la Iglesia sabe que su interés por Europa brota de su misma misión. En cuanto depositaria del Evangelio, ha fomentado los valores que han hecho universalmente apreciada la cultura europea. Este patrimonio no puede disiparse. Al contrario, hay que ayudar a la nueva Europa a "construirse a sí misma, revitalizando las raíces cristianas que le han dado origen"". VIS 030721 (320) Agradecemos a:
www.arvo.net  2003-07-23

 

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San Ivo, Patrono de los abogados-año 1303

«Dilexit Ecclesiam» amó a la Iglesia Católica

 

Al cual los juristas de muchos países tiene como Patrono, nació en la provincia de Bretaña ( Francia). Su padre lo envió a estudiar a la Universidad de París, obtuvo su doctorado como abogado.

"Ciertos malos espíritus no se alejan sino con la oración y la mortificación" (Mc. 9,29), oyó estas palabras de Jesús y se propuso dedicar buen tiempo cada día a la oración y mortificarse, en las miradas, en las comidas, el lujo en el vestir, y en descansos que no fueran necesarios. Empezó a abstenerse de comer carne y nunca tomaba bebidas alcohólicas. Vestía pobremente y lo que ahorraba, lo dedicaba a ayudar a los pobres.

Al volver a Bretaña fue nombrado juez del tribunal y en el ejercicio de su cargo se dedicó a proteger a los huérfanos, defender a los más pobres. Su gran bondad le ganó el título de "Abogado de los pobres"

Visitaba las cárceles y llevaba regalos a los presos y les hacía gratuitamente memoriales de defensa a los que no podían conseguirse un abogado. San Ivo no aceptó jamás ni el más pequeño regalo de ninguno de sus clientes. Cuando le llevaban un pleito, él se esmeraba por tratar de obtener que los dos litigantes arreglaran todo amigablemente en privado, sin tener que hacerlo por medio de demandas públicas.

Muchos litigantes terminaban siendo amigos y se evitaban los grandes gastos de los pleitos judiciales. Después de trabajar bastante tiempo como juez, San Ivo fue ordenado sacerdote, los últimos quince años de su vida los dedicó totalmente a la predicación y a la administración de los sacramentos.

De muchas partes llegaban personas litigantes a obtener que San Ivo hiciera las paces entre ellos y él lograba con admirable facilidad poner de acuerdo a los que antes estaban alegando. Y aprovechaba de todas estas ocasiones para predicar a la gente acerca de la Vida Eterna y de lo mucho que debemos amar a Dios y al prójimo.

Alguien le aconsejó que hiciera ahorros para cuando llegara a ser viejo y él le respondió: - “... ¿quién me asegura que voy a llegar a ser viejo? En cambio lo que sí es totalmente seguro es que el buen Dios me devolverá cien veces más lo que yo regale a los pobres".

El 19 de mayo del año 1303 estaba tan débil que no podía mantenerse de pie y necesitaba que lo sostuvieran. Sin embargo celebró así la Santa Misa. Después de la Misa se recostó y pidió que le administraran la Unción de los enfermos y murió plácidamente. Tenía 50 años. Sus vecinos le compusieron un epitafio bien especial que dice: San Ivo era bretón. Era abogado y no era ladrón.

 

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Medieval - El único momento histórico en que Europa tuvo su unidad fue con la cristiandad medieval. Era la Europa católica. La cristianitas de la Europa medieval era la patria común. La reforma luterana destruyó todo esto, separó a los países y creó los nacionalismos.

Vittorio Messori; escritor, periodista, comentarista e investigador histórico. MMV.

 

La síntesis del saber teológico, filosófico y de otras ciencias realizada por las Universidades en los siglos XIII y XIV, en que se forma el Humanismo, es impensable sin el cristianismo.

Quién, sino la Iglesia, a través de los monasterios, salvó la ciencia de los clásicos y la transmitió para el futuro; quién creó las universidades, sino la Iglesia; quién fue mecenas del arte y de la mejor cultura de Europa, sino la Iglesia; quién lo sigue siendo.

 

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Gracias a la Iglesia Católica, antes del 1300, había fundadas en Europa cuarenta y cuatro Universidades, en las que se forja un individuo especial dotado de cierta uniformidad: homo Scholasticus.

 

La Universidad y, de modo más amplio, la cultura universitaria constituyen una realidad de importancia decisiva. En su ámbito se juegan cuestiones vitales, profundas transformaciones culturales, de consecuencias desconcertantes, suscitan nuevos desafíos. La Iglesia no puede dejar de considerarlos en su misión de anunciar el Evangelio.

La Universidad es, en su mismo origen, una de las expresiones más significativas de la solicitud pastoral de la Iglesia. Su nacimiento está vinculado al desarrollo de escuelas establecidas en el medioevo por obispos de grandes sedes episcopales. Si las vicisitudes de la historia condujeron a la « Universitas magistrorum et scholarium » a ser cada vez más autónoma, la Iglesia continúa igualmente manteniendo aquel celo que dio origen a la institución.3 Efectivamente, la presencia de la Iglesia en la Universidad no es en modo alguno una tarea ajena a la misión de anunciar la fe. « La síntesis entre cultura y fe no es sólo una exigencia de la cultura, sino también de la fe... Una fe que no se hace cultura es una fe que no es plenamente acogida, enteramente pensada o fielmente vivida ».4 La fe que la Iglesia anuncia es una fides quaerens intellectum, que debe necesariamente impregnar la inteligencia del hombre y su corazón, ser pensada para ser vivida. La presencia eclesial no puede, pues, limitarse a una intervención cultural y científica. Tiene que ofrecer la posibilidad efectiva de un encuentro con Jesucristo.

Concretamente, la presencia y la misión de la Iglesia en la cultura universitaria revisten formas diversas y complementarias. Primeramente está la tarea de apoyar a los católicos comprometidos en la vida de la Universidad como profesores, estudiantes, investigadores o colaboradores. La Iglesia se preocupa luego por el anuncio del Evangelio a todos los que en el interior de la Universidad no lo conocen todavía y están dispuestos a acogerlo libremente. Su acción se traduce también en diálogo y colaboración sincera con todos aquellos miembros de la comunidad universitaria que estén interesados por la promoción cultural del hombre y el desarrollo cultural de los pueblos.

 

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"Europa tiene su base en la única fuerza que es capaz de aunar la herencia cultural helénica, el derecho romano y el avance de la Ciencia: el Cristianismo". Esta es la conclusión del historiador Luis Suárez, catedrático emérito de la Universidad Autónoma de Madrid. Suárez recuerda que el progreso europeo fue posible gracias al Cristianismo. En efecto, la creación de bibliotecas en territorio europeo por Isidoro de Sevilla, fueron impulsadas gracias a los padres de la Iglesia como Benito o Alejandro Magno, quienes consideraron que el progreso se basaba en el conocimiento, no en el atesoramiento de riquezas.

 Además, Suárez recordó que los derechos humanos no nacieron con la revolución francesa de 1789, sino que fueron inicialmente formulados por el Papa Clemente VI, quien, en 1346, pronunció por vez primera los derechos humanos de la libertad, la vida y la propiedad. En este contexto, negar las raíces cristianas de Europa, como pretende Francia y Bélgica, en el tratado constitucional parece un intento de construir una Europa de mercaderes, en lugar de una comunidad humana. "El término Europa fue inicialmente pronunciado por San Beda el Venerable en el siglo VII para referirse al territorio en el que el Cristianismo había llegado a arraigarse", concluye Suárez.  2004-02-27 – Agradecemos a Hispanidad.com

 

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Medioevo - La gran figura histórica del emperador Carlomagno evoca las raíces cristianas de Europa, remitiendo a cuantos la estudian a una época que, a pesar de los límites humanos siempre presentes, se caracterizó por un imponente florecimiento cultural en casi todos los campos de la experiencia. Al buscar su identidad, Europa no puede prescindir de un esfuerzo enérgico de recuperación del patrimonio cultural legado por Carlomagno y conservado durante más de un milenio. La educación en el espíritu del humanismo cristiano garantiza la formación intelectual y moral que forma y ayuda a la juventud a afrontar los serios problemas planteados por el desarrollo científico-técnico. En este sentido, también el estudio de las lenguas clásicas en las escuelas puede ser una valiosa ayuda para introducir a las nuevas generaciones en el conocimiento de un patrimonio cultural de inestimable riqueza.

 

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Durante el luminoso medioevo - En términos cuantitativos, las catedrales góticas son tan asombrosas como las Pirámides egipcias. Sólo en Francia, durante noventa años, desde 1180 a 1270, se vio la construcción de 80 catedrales y casi 500 abadías.

 

UNIVERSIDADES - La síntesis del saber teológico, filosófico y de otras ciencias realizada por las Universidades en los siglos XIII y XIV, en que se forma el Humanismo, es impensable sin el cristianismo.

 

Iglesia - entre 1200 y 1400 se fundaron en Europa 52 universidades, 29 de ellas a carácter «pontificias». Según orden de antigüedad, no en importancia, puesto que la de París fue la más destacada, las fechas de fundación parecen ser las siguientes: Palencia (1208-12), Oxford (1214), París (1215), Padua (1222), Nápoles (1224), Salamanca (1228), Toulouse (1229), Bolonia (1230). Valladolid fue fundada a mediados del S. XIII (1250).

 

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Quién, sino la Iglesia, a través de los monasterios, salvó la ciencia de los clásicos y la transmitió para el futuro; quién creó las universidades, sino la Iglesia; quién fue mecenas del arte y de la mejor cultura de Europa, sino la Iglesia; quién lo sigue siendo.

 

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Moyen Age - Nos ancêtres n´étaient pas nécessairement meilleurs que nous au point de vue moral. Ils pouvaient même manifester des faiblesses qui nous laissent croire que nous serions meilleurs. Mais ils vivaient assurément le mystère du Christ avec plus de profondeur et d´intensité que nous ne le faisons. Surtout, leur univers intérieur était tout baigné de la lumière de la foi. Le monde de la foi, pour eux, était aussi réel que le monde matériel qui les entourait. D´où une joie et une espérance, nourries par la contemplation des vérités de la foi, qui se traduisaient naturellement dans l´expression de la beauté.

 

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Reforma protestante - Entre las religiones cristianas, originadas en la Reforma Protestante están: la Luterana (fundada por Lutero), la Reformada (por Calvino), la Presbiteriana (por John Knox). Luego fueron fundadas la Anglicana (por Enrique VIII), la Bautista (por John Smith), de donde se derivan las Evangélicas. Existen muchas, tantas más sectas y asociaciones, todas fundadas por hombres, y en gran parte de origen americano. Ninguna fundada por Cristo, siendo sólo la Iglesia Católica a la que Cristo le prometió –hace 2000 años- asistencia hasta el final de los tiempos.

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El lunes [2005-08-08] en EWTN en el programa de Marcus Grodi [USA.] se mencionó la cifra: 30.000 denominaciones protestantes y se dijo que surgen cinco nuevas denominaciones por semana. Pero la verdad es que nadie sabe ya cuantas hay... la estimación cauta de las Naciones Unidas hace ya un tiempo era de mas de 20.000 (hace ya casi veinte años). Los protestantes no se ponen de acuerdo o mejor dicho, no logran controlar las apariciones de nuevos sectas para saber exactamente cuántas  hay actualmente [2006], dando lugar a un panorama variadísimo de denominaciones y tendencias. ¿Es que existe algún registro protestante mundial indicando cuántas sectas aparecen y desaparecen anualmente?. Pero, por ahora, baste lo dicho para mostrar claramente por cuántos caminos el modernismo conduce al ateísmo y a suprimir toda religión. El primer paso lo dio el protestantismo; el segundo corresponde al modernismo; muy pronto hará su aparición el ateísmo… y lo tenemos ya bajo un relativismo y su parafernalia de sectas que impregna todas las capas de la sociedad.

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De acuerdo a los datos vistos 2006.01 al sitio protestante en Internet «sectas» www.christianitytoday.com; la lista “crece vertiginosamente” para incluir hoy a más de doce mil denominaciones distintas de grupos protestantes en los Estados Unidos, desde donde vienen todas ellas a granel.

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“Al fin y al cabo, desde que el hombre habitaba en cavernas, hasta que se asomó al espacio, los historiadores y antropólogos han censado más de de 100.000 religiones. Se afirma, incluso, que existe un gen que predispone a los humanos a buscar a Dios”
Carlos Alberto MONTANER. ‘ABC’ III.XII.MMV – ESP.

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Todas las religiones buscan a partir del hombre hacia Dios; en Cristo, es Dios quien se rebaja a la nturaleza humana y va al encuentro del hombre. Cristo acoge al hombre en su Iglesia.

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En pocas palabras: si Cristo fundó una Iglesia y el diablo la corrompió y luego tuvo que venir Lutero para "reformarla"; ¿Qué papel hace Cristo prometiendo una Iglesia invencible? Y si eso fuera posible; ¿Cuál de las miles de divisiones del protestantismo heredó el "Espíritu de Verdad" del que Cristo habla y que promete con tanta certeza.

 

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San Luis Rey de Francia 1214 1270

«Dilexit Ecclesiam» amó a la Iglesia Católica

 

San Luis fue un hombre excepcional dotado por Dios de una gran sabiduría para gobernar, una enorme bondad que le atraía las simpatías de la gente, y una generosidad inmensa para ayudar a los necesitados, unido todo esto a una profundísima piedad que lo llevó a ser un verdadero santo.-

Era un hijo del rey Luis VIII de Francia, y nació en 1214. Toda su vida sintió una gran veneración por la Iglesia donde fue bautizado y allá iba cada año a darle gracias a Dios por haberle permitido ser cristiano.-

A los 12 años quedó huérfano de padre, y su madre Blanca asumió el mando del país mientras el hijo llegaba a mayoría de edad. Al cumplir sus 21 años fue coronado como rey, con el nombre de Luis IX.-

Padre y esposo. A los 19 años contrajo matrimonio con Margarita, una mujer virtuosa que fue durante toda su vida su más fiel compañera y colaboradora. Su matrimonio fue verdaderamente feliz. Tuvo cinco hijos y seis hijas. Sus descendientes fueron reyes de Francia mientras ese país tuvo monarquía, o sea hasta el año 1793 (por siete siglos) hasta que fue muerto el rey Luis XVI, al cual el sacerdote que lo acompañaba le dijo antes de morir: "Hijo de San Luis, ya puedes partir para la eternidad". A sus hijos los educó con los más esmerados cuidados, tratando de que lo que más les preocupara siempre, fuera el tratar de no ofender a Dios.-

La gran cruzada.
Sabiendo que era un hombre extraordinariamente piadoso, le hicieron llegar desde Constantinopla la Corona de Espinas de Jesús, y él entusiasmado le mandó construir una lujosa capilla para venerarla. Y al saber que la Tierra Santa donde nació y murió Jesucristo, era muy atacada por los mahometanos, dispuso organizar un ejército de creyentes para ir a defender el País de Jesús. Esto lo hacía como acción de gracias por haberlo librado Dios de una gran enfermedad.-

Organizó una buena armada y en 1247 partió para Egipto, donde estaba el fuerte de los mahometanos. Allí combatió heroicamente contra los enemigos de nuestra religión y los derrotó y se apoderó de la ciudad de Damieta. Entró a la ciudad, no con el orgullo de un triunfador, sino a pie y humildemente. Y prohibió a sus soldados que robaran o que mataran a la gente pacífica.-

Pero sucedió que el ejército del rey San Luis fue atacado por la terrible epidemia de tifo negro y disentería. Y el mismo rey cayó gravemente enfermo. Entonces los enemigos aprovecharon la ocasión y atacaron y lograron tomar prisionero al santo monarca.-
Rescate costoso. Los mahometanos le exigieron como rescate un millón de monedas de oro y entregar la ciudad de Damieta para liberarlo a él y dejar libre a sus soldados. La reina logró conseguir el millón de monedas de oro, y les fue devuelta la ciudad de Damieta. Pero los enemigos solamente dejaron libres al rey y a algunos de sus soldados. A los enfermos y a los heridos los mataron, porque la venganza de los musulmanes ha sido siempre tremenda y sanguinaria.

 

El rey aprovechó para irse a Tierra Santa y tratar de ayudar a aquel país de las mejores maneras que le fue posible. El ha sido uno de los mejores benefactores que ha tenido el país de Jesús. A los 4 años, al saber la muerte de su madre, volvió a Francia.-
Obras de caridad admirables. En su tiempo fue fundada en París la famosísima Universidad de La Sorbona, y el santo rey la apoyó lo más que pudo. El mismo hizo construir un hospital para ciegos, que llegó a albergar 300 enfermos. Cada día invitaba a almorzar a su mesa a 12 mendigos o gente muy pobre. Cada día mandaba repartir en las puestas de su palacio, mercados y ropas a centenares de pobres que llegaban a suplicar ayuda. Tenía una lista de gentes muy pobres pero que les daba vergüenza pedir (pobres vergonzantes) y les mandaba ayudas secretamente, sin que los demás se dieran cuenta. Buscaba por todos los medios que se evitaran las peleas y las luchas entre cristianos. Siempre estaba dispuesto a hacer de mediador entre los contendientes para arreglar todo a las buenas.-

Su testamento. Dictó entonces su testamento que dice: "Es necesario evitar siempre todo pecado grave, y estar dispuesto a sufrir cualquier otro mal, antes que cometer un pecado mortal. Lo más importante de la vida es amar a Dios con todo el corazón. Cuando llegan las penas y los sufrimientos hay que ofrecer todo por amor a dios y en pago de nuestros pecados. Y en las horas de éxitos y de prosperidad dar gracias al Señor y no dedicarse a la vanagloria del desperdicio. En el templo hay que comportarse con supremo respeto. Con los pobres y afligidos hay que ser en extremo generosos. Debemos dar gracias a Dios por sus beneficios, y así nos concederá muchos favores más. Con la Santa Iglesia Católica seamos siempre hijos fieles y respetuosos". Estos consejos dichos por todo un rey, son dignos de admiración.-

Santa muerte. El 24 de agosto del año 1270 sintió que se iba a morir y pidió los santos sacramentos. De vez en cuando repetía: "Señor, estoy contento, porque iré a tu casa del cielo a adorarte y amarte para siempre". El 25 de agosto a las tres de la tarde, exclamó: "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu", y murió santamente.-
El Sumo Pontífice lo declaró santo en el año 1297.-

Quiera Dios enviarnos muchos gobernantes tan santos y tan caritativos y buenos católicos, como San Luis rey de Francia.-
Oración . Señor, tú que elevaste a San Luis de los cuidados de un reino terreno a la gloria del reino celestial, concédenos, ayudados por su intercesión, que, por medio del desempeño de nuestras tareas humanas, tendamos constantemente hacia tu reino eterno.
Por Nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.-

 

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ESPAÑA 1271- «La tradición histórica, enraizada en la antigüedad, afirmaba en las mentes de los hombres cultos de todos los reinos cristianos de la Península esa concepción unitaria de Hispania, vencedora de su fraccionamiento político ya secular. Queda dicho antes que los catalanes sintieron con tanta vivacidad como los demás españoles la superior unidad peninsular. Abundan los testimonios de la realidad de tal sentimiento. En la mente y en el corazón de los dos más grandes reyes de la dinastía catalana, Jaime I y Pedro III, anidaba con fuerza. Hace poco he recordado que en 1271, a la salida del concilio de Lyon, tras haber ofrecido la cooperación de sus hombres y de su flota para emprender una cruzada, al retirarse de la asamblea Jaime I exclamó: "Barones, ya podemos marcharnos; hoy a lo menos hemos dejado bien puesto el honor de España". Y queda también dicho que Pedro III juzgó que había salvado el honor de España al acudir, tan heroica como novelescamente, a Burdeos para batirse con Carlos de Anjou, manteniendo su palabra. Jaime I y Pedro III no pensaron en esos dos momentos de su vida en sus reinos peculiares, no pensaron que con sus actos habían honrado a los pueblos que regían; pensaron que sus hechos honraban a la superior comunidad histórica, vital y afectiva de que formaban parte sus estados.

España constituía para esos dos reyes catalanes de la Corona de Aragón, no sólo una unidad geográfica, sino una entidad humana, cerrada y unitaria, frente al resto de la cristiandad occidental.

No por la honra sino en interés de esa comunidad histórica y vital -"para salvar a España", esas fueron sus palabras- Jaime I intervino en Murcia y sometió a los moros murcianos alzados contra Alfonso el Sabio. Esa comunidad vital e histórica tenía problemas atañentes a todos sus hijos; por ello otro gran rey catalán, Jaime II, al conocer la muerte de Sancho el Bravo y la subida al trono de Castilla del niño rey Fernando IV, pudo decir que iba a recaer sobre él la carga toda de España. Y el gran historiador catalán Muntaner reclamaba una política conjunta de los cuatro reyes de España, "que son -escribe- d´una carn e d´una sang".

Muntaner hubiera podido extender esa unidad a los pueblos regidos por esos reyes, porque en verdad todos ellos eran de una carne y de una sangre. Y de un espíritu y de una sensibilidad, habría podido decir también. »

 

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Humberto de Romans + 1277 - Concluido el noviciado, fue enviado al convento de Lyón donde en 1226, lo encontramos como lector de teología; más tarde, en 1235, enviado por el prior del convento, como negociador en una disputa entre el convento y los canónigos de Lausanne, —lo que indica su conocimiento del derecho y su capacidad de negociación—, no tardando en ser elegido prior (1236). Durante el tiempo de su permanencia en Lyón, florecieron en el convento de Lyón tres grandes figuras del dominicanismo del siglo XIII: Guillermo Peyrault (c. 1199-1271), Pedro de Tarantaise, quien llegaría al solio pontificio con el nombre de Inocencio V (c. 1224-1276), y Esteban de Bourbon (†1261). Más tarde, elegido Humberto provincial de la Provincia Romana (1241), se granjeó la confianza y respeto de la Curia pontificia, tanto así, que fue enviado por el papa Gregorio IX a Tierra Santa, que se refleja en su Opusculum tripartitum:

1241
“Estos inmundos sarracenos tienen ocupado, sucio y profanado, no solamente el templo del Señor, sino también su sepulcro y todos los santos lugares en esa región e innumerables sacrosantas iglesias dedicadas el culto del Dios vivo y Señor nuestro Jesucristo en todas las tierras que han ocupado. Yo he visto con mis propios ojos, una santa capilla, el la cual se alojaron los Sarracenos que iban con el señor Federico, y decían como algo cierto, que por las noches yacían con sus mujeres frente al crucifijo, cometiendo el más abominable de los actos”.

 

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Abierto al público el pasadizo de los Papas - El pasadizo que comunica el Vaticano con el castillo de Sant´Angelo en Roma, antigua tumba del emperador Adriano, construido en 1277 para que los Papas pudiesen utilizarlo en caso de peligro, se ha abierto al público tras una compleja labor de restauración. El pasadizo fue utilizado durante siglos por los Pontífices para escapar de los invasores. Tal es el caso de Clemente VII, que en 1527 se refugió en el castillo de Sant´Angelo para huir del saqueo de Roma por parte de las tropas del emperador español Carlos V.
Los visitantes de la Ciudad Eterna pueden ahora recorrer un tramo de ochocientos metros del pasaje, conocido como Corredor del Borgo, debido al nombre del barrio que atraviesa. La obras de restauración, que empezaron con motivo del gran Jubileo del año 2000, han logrado recuperar un monumento único, que formaba parte de una muralla que rodeaba la originaria basílica de San Pedro para proteger la tumba del santo en los primeros siglos del cristianismo.

2003-julio.

 

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El origen del poder temporal del Papa, hoy día Soberano del «Stato della Cittá del Vaticano» se encuentra en la obra y en la actividad benedictina de San Gregorio Magno. Su consolidación corresponde a San León III. Ambos pontífices eran romanos de nacimiento. A Pío XI correspondió la elaboración del actual «statu quo» mediante el Tratado de Letrán. El Principado de Andorra es un Estado de peculiar carácter, el más antiguo de Europa en el mantenimiento de un mismo territorio de soberanía, cuya constitución -también Constitución en el marco del derecho político y del derecho internacional- está firmada y sellada el día 8 de septiembre de 1278 por sentencia arbitral entre el Obispo de Urgel, Pere d´Urg, y el Conde de Foix, Roger Bernardo III, conocida como «Pareatges», y autorizada por el Rey Pedro III el Grande mediante la presencia y firma de su gobernador de Solsona, Poncio. El Papa Martín IV la confirmó, mediante su bula de 7 de octubre de 1282. La situación permanece igual hasta 1793. Preocupados los andorranos por la pérdida de su peculiar régimen, por renuncia de la Revolución Francesa a ejercer los derechos reales derivados de los condales, lograron al fin que el Emperador Napoleón se hiciera cargo de la anterior situación, desde el 27 de marzo de 1806. Esta fue reconocida también por su contemporáneo Co-Príncipe, el Obispo Francisco de la Dueña y Cisneros que «aunque indigno Obispo de Urgel -decía- y como tal (soy) Príncipe de los Valles de Andorra, como lo han sido por títulos antiquísimos de propiedad y de sucesión inherente a esta dignidad episcopal y de tiempos muy remotos, mi más dignos predecesores, [y] tengo consiguientemente el singular honor de ser co-soberano en los dichos Valles del Emperador Napoleón».

 

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La fiesta de la Inmaculada Concepción se celebró en

Barcelona, España- ya en el año 1281.

      
     La conferencia de monseñor Tena también recordará que la parroquia más antigua del barrio del Ensanche fue la primera de Barcelona en llevar este título mariano, la actual parroquia de la Concepción. La ponencia se celebrará precisamente en el camerín de esta iglesia, el 15 de noviembre, y tratará los aspectos teológico-pastorales de la tradición inmaculista de Barcelona, España.
     
     La segunda sesión se centrará en los aspectos filosófico-teológicos de esta tradición y en la bula "Ineffabilis Deus", y la pronunciará Josep Gil, de la Academia de Doctores de Barcelona, el 22 de noviembre en el Paraninfo de la
Universidad de Barcelona, donde el académico recordará que esta universidad, a semejanza de otras europeas, realizó el juramento inmaculista y nombró como patrona a la Inmaculada, en 1618.

 

Por último, el profesor de historia Joan Bada ofrecerá una sesión sobre la historia inmaculista de Barcelona y de su ayuntamiento, el 29 de noviembre, en el Salón de Ciento del consistorio, donde señalará que los consejeros del Consejo de Ciento pertenecían desde el año 1313 a la primera cofradía de la Inmaculada, fundada por el rey Alfonso II. -Barcelona, España 2004-10-26

 

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Rusia - Príncipe Oleg de Brian.Rusia

 

3 oct. (20 sep. Cal. Ecl.).

El verdadero creyente Oleg Romanovich, en el bautizo Leontio, príncipe de Brian, era el nieto del príncipe Miguel de Chervígorsk, martirizado en Orden por tártaros. San Oleg era indiferente hacia las riquezas y honores mundanos, sobretodo le atraía la vida monástica. Por ello cedió el trono a su hermano, y tomó el hábito de monje, después de lo cual tomó el nombre de Basilio. San Oleg se conoció por la rigurosa vida monástica que llevó. En paz terminó sus días en un monasterio cerca de 1289. Sus reliquias yacen en el monasterio de San Pedro y San Pablo en Briansk construido por él.

 

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Roma - "Roma tiene un influjo importante en la concepción y desarrollo del Pontificado, la Roma martirial e imperial". Por eso varios títulos la califican: "Roma mártir", "Roma artista", "Roma pecadora", “Roma cristiana”, “Roma santa”, “Roma docta” “Roma petrina”, “Roma crucificada”, “Roma victoriosa”, “Roma evangélica”, “Roma evangelizante”, “Roma depositaria de la fe cristiana”, “Roma católica”, “Roma apostólica”, “Roma universal”, “Roma materna”, “Roma bondadosa”, etc.  

 

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vasija - Atenas, 340 a.C.

 

Barlaam o Varlaam – Grécia

 

(Seminara, c. 1290-Gerace, 1350) Monje basilio. Se opuso a algunos monjes del monte Athos, representados por Gregorio Palamás, y dio lugar a la controversia de los hesicastas. Condenado por el sínodo de 1341, se unió a la Iglesia Católica y fue obispo de Gerace, en Calabria.

 

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La Iglesia Católica es «santa» en su doctrina, en su moral, en sus medios de santificación -los sacramentos- y en sus frutos. No quiere esto decir que todos los católicos sean santos. Esto es imposible dado la libertad humana.

 

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«La Iglesia no es santa por sí misma, sino que de hecho está formada por pecadores, lo sabemos y lo vemos todos», pero ésta «viene santificada de nuevo por el amor purificador de Cristo». «Dios no sólo ha hablado, nos ha querido (...) hasta la muerte de su propio hijo», S. S. Benedicto XVI – 29 Junio 2005 Festividad de San Pedro y Pablo; ambos mártires de la Iglesia católica, 64/7ca. en Roma. ITALIA.

 

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La Iglesia una, santa, católica y apostólica». «Catolicidad significa universalidad, multiplicidad que se convierte en unidad; unidad que sin embargo sigue siendo multiplicidad».Que Dios nos guíe hacia la plena unidad de modo que el esplendor de la verdad, que sólo puede crear la unidad, sea de nuevo visible en el mundo». S. S. BENEDICTO XVI - 2005-06-29.

 

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«La Iglesia no es santa por sí misma, sino que de hecho está formada por pecadores, lo sabemos y lo vemos todos», pero ésta «viene santificada de nuevo por el amor purificador de Cristo». «Dios no sólo ha hablado, nos ha querido (...) hasta la muerte de su propio hijo». Además, Benedicto XVI dijo estar «contento» por la presentación ayer del «Compendio» del Catecismo de la Iglesia Católica, «una nueva guía para la transmisión de la fe, que nos ayude a conocer mejor e incluso a vivir mejor la fe que nos une». «No se puede leer este libro como se lee una novela», advirtió el Pontífice, subrayando que «requiere meditarlo con calma en sus partes y permitir que su contenido, mediante las imágenes, penetre en el alma». «Espero que sea acogido de este modo y pueda convertirse en una buena guía para la transmisión de la fe», aseveró. El volumen, presentado ayer, de doscientas páginas, recoge en 598 preguntas y respuestas la síntesis de ese «Catecismo» que fue promulgado en 1992 por el Papa Juan Pablo II. El «Compendio» no ofrece añadidos ni cambios al contenido de aquel volumen de unas 700 páginas. 2005-06-29.

 

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Iglesia - El cristianismo, como es sabido, no nació en Europa, sino en Asia Menor, en la encrucijada de tres continentes, el asiático, el africano y el europeo. Por este motivo, la interculturalidad de las corrientes espirituales de estos tres continentes pertenece a la forma originaria del cristianismo. Solo la difusión del Islam sustrajo al cristianismo de Oriente próximo gran parte de su fuerza vital, mientras echaba a las comunidades cristianas de Asia; en cualquier caso, a partir de entonces el cristianismo se convirtió en una religión europea. 2003-07-18 Cardenal + Joseph RATZINGER - Al día: S. S. BENEDICTO XVI  - P.M. - 2005

 

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Historia - La historia de la Iglesia es una historia de muchos y diversos movimientos de reforma. Ver el libro de san Cipriano, De lapsis, escrito poco después de la persecución de Decio del año 250-251

 

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Historia - «Conocer y profundizar el pasado de un pueblo es afianzar y enriquecer su propia identidad. ¡No rompáis con vuestras raíces cristianas! Sólo así seréis capaces de aportar al mundo». S. S. Juan Pablo II – Madrid. 2003.05

 

Visión objetiva: Con frecuencia en los análisis históricos se peca de falta de objetividad por juzgar con valores actuales los sucesos del pasado. Esto no significa relativizar el juicio valórico de los sucesos, sino extirpar ciertos moralismos actuales que no son reales, que suponen una "moral" moderna y postmoderna que juzga enloquecidamente las cosas. Desde una perspectiva objetiva tenemos que condenar sin reserva los errores ocurridos en l período analizado, pero sin rasgar vestiduras por la "monstruosa" noticia del descubrimiento y civilización europea en América, maldiciendo la hora en que se produjo al estilo del cuestionado activista verde Jacques Cousteau quien declaró en 1992 que la llegada de la Colón a América "fue un desastre peor que la lluvia de meteoritos que acabó con los dinosaurios en la prehistoria".

Aquí la premisa tribalista de "cada uno en su tierra sin invadir otra" queda desvanecida por el absurdo ante el dinamismo y realidad de la historia. Toda civilización es el fruto de una mezcla frecuentemente nada pacífica. La misma epopeya del Pueblo de Dios suponía conquistar una tierra prometida ocupada por tribus locales. Los mismos europeos provienen de invasiones y nuevas invasiones que mezclaron sus sangres e hicieron nacer las distintas culturas que dan alma al Viejo Mundo.

 

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Historia - "El cristianismo no teme a la cultura sino a la media cultura. Teme la superficialidad, los eslóganes, las críticas de oídas; pero quien puede hacer la ‘crítica de la cultura puede volverlo a descubrir o seguir siendo fiel" JEAN GUITTON –filósofo fr. 2000.

 

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Mártires Príncipe Miguel y Boyardo Teodoro. 

3 oct. (20 sep. Cal. Ecl.).

Cerca de mediados del 1237-1244, Rusia fue invadida por mongoles. Primeramente saquearon el principado de Riazan y de Vladimir, luego en la parte sur de Rusia fueron destruidas las ciudades de Periaslv, Chernigov, Kiev, y otras. Los pobladores de estos principados perecieron en sangrientas batallas; las iglesias fueron saqueadas, y vituperadas, el famoso monasterio de Kiev destruido y los iconos esparcidos por los bosques

En resumen todas estas penurias eran consecuencia de invasiones de salvajes ordas, para quienes la guerra era necesaria para el saqueo. Los mongoles generalmente obraban del mismo modo con todas las religiones. Su manera de actuar se regía por Iasa (libro de prohibiciones), conteniendo las grandes reglas del Gran Chenguiskan. Uno de los preceptos de Iasa, obligaba a respetar y temer a todos los dioses, sean de quien fueren. Por ello en la orda Dorada se celebraban ritos de diferentes religiones. Y los mismos Janes no fallaban en las celebraciones cristianas, musulmanas, budistas y otros ritos.

Pero, procediendo con indiferencia y con respeto hacia el cristianismo, los Janes obligaban hasta a nuestros príncipes al cumplimiento de algunos ritos supersticiosos, como ej: pasaje por fuego purificador, antes de presentarse ante el Jan reverenciar representaciones de extintos Janes, al sol, o a matorrales. Para la concepción cristiana esto significaba ofensa a la fe verdadera, algunos de nuestros príncipes prefirieron soportar la muerte, antes de cumplir con estos ritos paganos. Entre ellos corresponde citar al príncipe Miguel de Chernigov y su boyardo Teodoro, atormentados en la orda en el 1246.

Cuando el jan Batuí, reclamó al príncipe Miguel de Chernigov, este fue bendecido por su padre espiritual el obispo Juan, prometiéndole morir por Cristo y por la santa fe antes que adorar a los ídolos. Lo mismo prometió el boyardo Teodoro. El obispo los afianzó en esta decisión y les dio los dones Divinos orientándolos hacia la vida eterna. Antes de la entrada en las filas del jan los sacerdotes mongoles obligaron a príncipes y boyardos a adorar hacia el sur hacia la sepultura de Chenguiskan, además del fuego a ídolos de fieltro. Miguel contestó: "El cristiano tiene que adorar al Creador y no a lo Creado."


Conocido por Batuí esto, lo enardeció y obligó a Miguel a elegir uno de dos, : o cumplir con pedidos de los sacerdotes o la muerte. Miguel contestó: el estaba decidido a reverenciar al jan, a quién el mismo Dios entregó su poder, pero no puede cumplir con lo que piden los sacerdotes. El nieto de Miguel el príncipe Boris, y los boyardos de Rostov le imploraron cuidara de su vida , ofreciéndole llevar sobre si y el pueblo la penitencia por su pecado. Miguel no quería escuchar a nadie. Arrojó de los hombros la capa de piel principesca y dijo: "No sucumbirá mi alma, me alejaré del mundo perecedero." Mientras llevaron la respuesta al jan, el príncipe Miguel y el boyardo entonaban salmos , y uniéronse a los santos Dones dados por el obispo. Pronto llegaron los asesinos. Tomaron a Miguel y comenzaron a pegarle con los puños y palos en el pecho, lo colocaron con el rostro hacia el suelo pisándolo , finalmente le cortaron la cabeza. Su ultima palabra fue: "Soy cristiano." Luego de la misma manera fue martirizado su boyardo. Sus santas reliquias permanecían en el monasterio de Arjanguelsk en Moscú.

Al comienzo del siglo 14 (1313), los janes adoptaron el islamismo, quienes se destacaron por su impaciencia y su fanatismo. En resumen los janes permanecían actuando de la misma manera en relación a los rusos bajo la ley de Chenjiskan y sus costumbres ancestrales—y no solo no perseguían al cristianismo en Rusia sino que patrocinaban la iglesia Rusa. A esto ayudaron muchos príncipes rusos y prelados de la iglesia rusa a quién el Señor elegía para ello en este duro momento para Rusia.

 

Tropario: Sus vidas martirizadas ofrecidas, con coronas confesas adornadas, hacia los cielos fluyeron, Miguel el Sabio con Teodoro, orad a Cristo Dios por nuestra patria y todos los cristianos ortodoxos, con Tu gran misericordia.

 

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Pontífice - En la homilía de San Juan de Letrán, S. S. Benedicto XVI - P. P. explicó de manera insuperable el ministerio del Papa y de los obispos como garantía de que esa red de testigos que es la Iglesia, extendida en el espacio y en el tiempo, permanece fiel a su origen y fuente que es Cristo. Ninguna comunidad (tampoco la Iglesia), ningún hombre (tampoco el Papa) “posee la Verdad”, ni puede imponerla a persona alguna. Y sin embargo los cristianos sabemos que la Verdad no es una idea, sino el Misterio de Dios que se ha revelado en la carne y ha montado su tienda entre nosotros, para ser accesible a todos los hombres. Para la Iglesia, Cristo no es una posesión que se defiende, sino la presencia viva de Dios que continuamente le da forma, le mueve a cambiar, le saca de la tentación de fosilizarse, le llama a una conversión muchas veces dolorosa, y le urge a comunicar su tesoro a los hombres de todo tiempo y lugar. 2005-04

 

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El Papa no es un soberano absoluto que lo que piensa y quiere es ley. Al contrario, su ministerio es garantía de la obediencia hacia Cristo y a su Palabra. Él no debe proclamar sus propias ideas, mas debe vincularse constantemente él propio y la Iglesia a la obediencia hacia la Palabra de Dios, en frente a todos los tentativos de acomodamientos y diluentes, como así también afrontar cualquier oportunismo”. 

2005-05-07 – S. S. Benedicto XVI – San Juan de Letrán.

 

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Tradición y libertad - La tradición occidental desde las antiguas Atenas, Jerusalén y Roma, no se ha movido entre la represión o la descarga del impulso, sino que ha peleado por la libertad interior, que pasa por el dominio de sí, pues sin ésta difícilmente el hombre puede hablar de libertad, ya que no se trata simplemente de la ausencia de coacción externa, sino de capacidad para poder determinarse en orden al bien.

 

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ISLAM: lo que lo define es la conquista del poder mezclado con un elemento religioso. La ideología marxista hacía lo mismo, sólo que ésta rechazaba a Dios.

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Biblia - Un libro histórico -como son Los Evangelios por ejemplo- merece credibilidad cuando reúne tres condiciones básicas: ser auténtico, verídico e íntegro. Es decir, cuándo el libro fue escrito en la época y por el autor que se le atribuye (autenticidad), cuando el autor del libro conoció los sucesos que refiere y no quiere engañar a sus lectores (veracidad), y, por último, cuando ha llegado hasta nosotros sin alteración sustancial (integridad).

 

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Sabios no tan sabios. Otro problema serio es que la enseñanza islámica la llevan a cabo los ulemas (sabios) que en realidad son «sabios» solo en un pequeño ámbito del saber: han aprendido el Corán de memoria, han tomado los viejos dichos atribuidos a Mahoma (Sunna) y centenares de miles de respuestas jurídicas de otros imanes. Pero no han estudiado matemáticas, sociología, psicología; la Historia para ellos se limita al mundo islámico; el estudio de las religiones se hace sólo con función apologética, por si el islam es atacado. Es como si nuestros sacerdotes hubieran estudiado sólo la Biblia y además, partiendo de comentarios antiguos.

 

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Historia - Es preciosa la homilía de Benedicto XVI en la apertura del Sínodo sobre la Eucaristía, con su diagnóstico certero sobre el mundo moderno: “queremos poseer el mundo de manera ilimitada, Dios nos estorba y hacemos de Él una simple frase devota, o lo desterramos de la vida pública… Pero donde el hombre se convierte en el único dueño del mundo y en propietario de sí mismo, no puede haber justicia”. Varios medios han tildado esta afirmación, tan evangélica y tan realista, de apocalíptica, cuando se trata de una lectura inteligente de la historia del mundo, y especialmente del siglo que acabamos de dejar atrás. Es una advertencia especialmente adecuada para esta hora que nos toca vivir, aunque provoque sarpullido a los bienpensantes de turno. 2005-10-10

 

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Historia - "En el siglo que acabamos de dejar atrás hemos visto revoluciones, cuyo programa era de no esperar más la intervención de Dios y tomar en sus manos el destino del mundo (...) La verdadera revolución consiste en acercase sin reservas a Dios que es la medida de lo justo y al mismo tiempo del amor eterno. ¿Qué nos puede salvar si no es el amor?", S. S. Benedicto XVI – P.M. - 2005.08

 

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Una sociedad sin valores profundos es pasto para todo género de sectas y violencias.

 

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Inquisiciones - Los historiadores distinguen tres inquisiciones: la medieval, ejercida por los obispos locales, o por la Santa Sede con carácter puntual y esporádico (por ejemplo, la Cruzada contra los Albigenses); la española (y más tarde, por imitación, la portuguesa), creada a finales de 1400 por los Reyes Católicos con el beneplácito y bulas papales, con actuación restringida al territorio de la Corona española (y Portuguesa), o sea, también en América y en los territorios europeos (en particular italianos) dependientes de ella; y una tercera inquisición, la romana, la más moderna, fundada por el Papa Pablo III en 1542 e inspirada en el modelo centralista español, pero con ámbito teóricamente universal.

Y permanecen todas las otras ‘inquisiciones’ ejercidas por poderes - político como religioso - a ejemplo, la protestante, tan cruel en algunas zonas de Europa: ejemplo [Alemania].

 

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Ignorancia de la historia - Muchos errores se cometen por ignorancia de la historia y esa ignorancia sirve también de arma tanto defensiva como ofensiva de quienes no están interesados en el conocimiento de la verdad sino en la confusión entre verdad y error, entre el bien y el mal.

 

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LOS HABSBURGO EN ALEMANIA

 

La lucha secular por el "Dominium mundi" entre el pontificado y el Imperio, que caracterizó la historia de occidente durante los siglos XI y XII, agotó a ambas potencias. La muerte de Federico II Staufen (1250) abrió en Alemania el largo y triste período conocido con el nombre de "Gran interregno" cinco lustros (1250 – 1273) sin monarca efectivo, veintitrés años de anarquía y luchas intestinas, dieron al traste con el prestigio de la autoridad imperial.

Conrado IV, hijo de Federico II, vio su autoridad disputada por el emperador güelfo, Guillermo de Holanda, levantado por el Papa Inocencio IV. A la muerte de ambos rivales (Conrado 1254 Guillermo 1256), otros dos príncipes, ambos extranjeros, Ricardo de Cornualles, hermano del rey Ingles Enrique III, y Alfonso X El Sabio, de Castilla, hijo de una hermana de Federico II, presentaron su candidatura a la corona imperial.

Pero ni el castellano, ni el ingles consiguieron jamás reunir la mayoría necesaria. El país se habituó a no tener emperador, en beneficio de los príncipes locales; incluso las ciudades se adaptaron a la situación creando grandes ligas regionales.


El pontificado, deseaba la reinstauración del imperio, desde luego de un imperio que no abrigara pretensiones sobre Italia y que se mostrara sumiso a la obediencia de Roma. Por eso fue el mismo Papa Gregorio X, quien en 1270 patrocinó la candidatura de un oscuro señor austriaco Rodolfo de Habsburgo, cuya insignificancia, logró los votos de los electores en 1273.

Hábil político y buen guerrero, Rodolfo consiguió tallarse un considerable lote patrimonial, Austria, Estira, y Carniola, y puso fin a la Anarquía política de Alemania, procurando respetar a los príncipes locales, y renunciando a cualquier pretensión sobre Italia. En realidad, el imperio restaurado, no pasaba de ser un imperio estrictamente Alemán, sin ninguna pretensión universalista, (incluso se abandonó el Latín como idioma y adoptaron el Alemán), pero aun así, los progresos de la autoridad de Rodolfo, alarmaron a los príncipes, que a su muerte no eligieron a su hijo, sino, a Adolfo de Nassau, (1291), solamente, cuando este se mostró mas peligroso que los Habsburgo, los príncipes prestaron su apoyo a Alberto, quien pudo quitarse a su rival hasta 1298. A la muerte de Alberto en 1308, los Alemanes eligieron emperador, al representante de una nueva casa, la de Luxemburgo, en la persona de Enrique VII (1308 – 1313), quien, por cierto, renovó las viejas pretensiones imperiales sobre Italia, aunque sin el menor resultado. A su muerte, nuevo intertignio, y nuevas guerras civiles entre los candidatos: Luis de Baviera y Federico de Austria.

Durante el siglo XIV, el imperio dejó de ser una realidad, ya no solamente como imperio Europeo, si no como Imperio Alemán. Las instituciones locales: El Tribunal del Imperio, La Dieta del Imperio, y el Consejo de los Siete Electores, eran puras entelequias. La verdadera autoridad estaba en manos de los príncipes laicos o eclesiástico y de los gobiernos municipales.


Luis de Baviera, Luis IV (1314 – 1347), resucitó el gibelismo Staufen en Italia, aprovechando la ausencia de los papas en Aviñón; sus aspiraciones acabaron desastrosamente. A su muerte, los electores, dieron su voto nuevamente a la casa de Luxemburgo en la persona de Carlos IV (1347 – 1378), príncipe de formación francesa que institucionalizo la separación del imperio y el pontificado, consumando así el triunfo del espíritu nacionalista de Alemania. En efecto, la celebre "Bula de Oro" (1356) consagró la división política da Alemania, el principio vigente hasta ahora por costumbre, de la elección de los siete y la limitación de la consagración papal al Rey de los Romanos designado por los electores; es decir, correspondía al papa consagrar emperador, paro solo al rey de Romanos elegido por los príncipes.

Bajo los inmediatos sucesores de Carlos IV, su hijo Wenceslao (1378 – 1400) y Ruperto de Baviera (1400 – 1410), acabó de ponerse de relieve la absoluta impotencia de la autoridad imperial. La decadencia era tan manifiesta, que Wenceslao no pudo impedir la separación de los cantones Suizos (1388). En 1410, la dignidad imperial regreso a los Habsburgo, apartada del trono alemán desde un siglo antes (1308), el nuevo emperador Segismundo (1410 – 1437), era un monarca mucho mas poderoso que sus antecesores, ya que a sus dominios patrimoniales Austríacos, agregó por matrimonio, la corona de Hungría, sin embargo aunque puso el peso de su prestigio, al servicio de la solución del gran cisma de Occidente, ello no añadió nada a su autoridad en Alemania. Menos aún lo consiguieron sus sucesores. Alberto II (1438 – 1439) y Federico III (1439 – 1493), ambos Habsburgo, quienes terminaron por desentenderse de Alemania atentos solo al engrandecimiento de su casa mediante una oportunísima política matrimonial.

Federico III, soberano tímido y vacilante, casó a su heredero Maximiliano, con María de Borgoña, la mas rica heredera de Occidente (1477), así pudo mandar gravar en su vajilla AEIOU, que lo mismo en latín (Austria Est Imperare Orbi Universo) que en alemán (Alles Erdreich Ist Oesterreich Unterthan), expresaba su orgullosa confianza en el glorioso destino de su casa. Sin embargo, durante su reinado, de mas de medio siglo, el imperio se mostró totalmente incapaz de defender a Europa de las invasiones turcas por el valle del Danubio, después de la caída de Constantinopla (1453). Aun en sus propios dominios patrimoniales, Federico III, no logró evitar la separación de Hungría y Bohemia ni la invasión de sus estados hasta los mismos barrios orientales de Viena por el caudillo Húngaro Matias Corvino (1485), quien apostilló irónicamente las pretensiones de los Habsburgo con el celebre dístico "Deja que otros hagan la guerra; tu Austria feliz, cásate, que lo que a otros les de Marte, a ti te lo da Venus".

Así al finalizar el Medioevo, el imperio no era mas que un nombre y los auténticos soberanos de Alemania seguían siendo los grandes príncipes, los grandes obispos, y las grandes repúblicas municipales enriquecidas por las actividades económicas.

 

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«La escritura de la historia se ve obstaculizada a veces por presiones ideológicas, políticas o económicas; en consecuencia, la verdad se ofusca y la misma historia termina por encontrarse prisionera de los poderosos. El estudio científico genuino es nuestra mejor defensa contra las presiones de ese tipo y contra las distorsiones que pueden engendrar» (1999). S.S. JUAN PABLO II – MAGNO

 

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Análisis histórico - Con frecuencia en los análisis históricos se peca de falta de objetividad por juzgar con valores actuales los sucesos del pasado. Esto no significa relativizar el juicio valórico de los sucesos, sino extirpar ciertos moralismos actuales que no son reales, que suponen una "moral" moderna y postmoderna que juzga enloquecidamente las cosas. Desde una perspectiva objetiva tenemos que condenar sin reserva los errores ocurridos en l período analizado, pero sin rasgar vestiduras por la "monstruosa" noticia del descubrimiento y civilización europea en América, maldiciendo la hora en que se produjo al estilo del cuestionado activista verde Jacques Cousteau quien declaró en 1992 que la llegada de la Colón a América "fue un desastre peor que la lluvia de meteoritos que acabó con los dinosaurios en la prehistoria"

Aquí la premisa tribalista de "cada uno en su tierra sin invadir otra" queda desvanecida por el absurdo ante el dinamismo y realidad de la historia. Toda civilización es el fruto de una mezcla frecuentemente nada pacífica. La misma epopeya del Pueblo de Dios suponía conquistar una tierra prometida ocupada por tribus locales. Los mismos europeos provienen de invasiones y nuevas invasiones que mezclaron sus sangres e hicieron nacer las distintas culturas que dan alma al Viejo Mundo.

 

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La conciencia renacentista e ilustrada era mucho menos cristiana que la conciencia medieval. La conciencia de aquellos cristianos toleró la esclavitud más o menos como la conciencia actual de muchos cristianos e ilustrados filántropos ha resistido que el comunismo haya matado más de cien millones de hombres, sin mayores aspavientos, o como tolera que la matanza de los niños inocentes, por el aborto, se haya hecho legal y subsidiada.

 

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DISCERNIR - A todos se les pide el saber cultivar un atento discernimiento y una constante vigilancia, madurando una sana capacidad crítica ante la fuerza persuasiva de tantos medios de comunicación que no cesan de inventar, suponer o repetir ‘leyendas negras’, difamaciones o mentiras históricas… mienten sabiendo de mentir.

Los que escuchan no deben ser obligados a imposiciones ni compromisos, engaño o manipulación. Jesús enseña que la comunicación es un acto moral “El hombre bueno, del buen tesoro saca cosas buenas y el hombre malo, del tesoro malo saca cosas malas. Os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres darán cuenta en el día del Juicio. Porque por tus palabras serás declarado justo y por tus palabras serás condenado” (Mt 12, 35-37).

“Por tanto, desechando la mentira, hablad con verdad cada cual con su prójimo, pues somos miembros los unos de los otros. […]No salga de vuestra boca palabra dañosa, sino la que sea conveniente para edificar según la necesidad y hacer el bien a los que os escuchen” (Ef 4, 25.29).

 

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Derechos - Señor del mundo, Padre de todos los hombres, por medio de tu Hijo nos has pedido amar a los enemigos, hacer bien a los que nos odian y orar por los que nos persiguen. Muchas veces, sin embargo, los cristianos han desmentido el Evangelio y, cediendo a la lógica de la fuerza, han violado los derechos de etnias y pueblos; despreciando sus culturas y tradiciones religiosas: muéstrate paciente y misericordioso con nosotros y perdónanos. Por Cristo nuestro Señor. R. Amén.

 

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EL ORDO DE 1250: UN RITUAL DE

CORONACIÓN ALTOMEDIEVAL [1] (fragmentos)

  

El “despertar” del Rey y su introducción al lugar sagrado

 

1.      Comienza el ritual para la consagración y coronación del Rey.

2.      En primer lugar se prepara un solio en medio del coro. Cuando el Rey se levanta del lecho, la siguiente oración es dicha por uno de los obispos.

          Omnipotente sempiterno Dios, que te has dignado elevar a tu siervo N.  al vértice del Reino, concédele, te pedimos, que durante el decurso de este mundo, de tal manera disponga lo común para el provecho de todos,  que no se aparte del camino de tu verdad. Por [Cristo...].

3.      Luego es conducido procesionalmente a la iglesia, cantando este responsorio:

          He aquí que envío mi ángel, para que te preceda y custodie siempre; observa y oye mi voz y seré enemigo de tus enemigos y afligiré a los que te aflijan. Y mi ángel te precederá[2].

4.      Versículo]

          Israel, si me oyeras, no habrá en ti un nuevo dios y no adorarás otro dios, pues yo soy el Señor. Y te precederá...

5.      Ante la puerta de la iglesia esperen el arzobispo y los obispos. Y el arzobispo diga la siguiente oración:

          El Señor esté con vosotros.

          Oremos

          Dios, que sabes que el género humano no puede subsistir por sus propias fuerzas, concede propicio, que este siervo tuyo N. al que quisiste poner al frente de tu pueblo, de tal modo sea sostenido por [tu] ayuda, que en la medida que los pudo presidir, también  pueda serles de provecho. Por [Cristo...]

 

Preparación del espacio y de los elementos “consecratorios”

participación de los distintos estamentos del Reino

8.      Después que se ha cantado [la hora] prima, el Rey debe ir a la iglesia antes de que se bendiga el agua, y deben prepararse sedes alrededor del altar, en las que se sentarán honoríficamente los arzobispos y obispos, y los pares del Reino se sentarán aparte, del otro lado del altar. Entre [la hora] prima y la tercia, el abad de San Remigio de Reims debe traer con suma reverencia la Sagrada Ampolla[3] procesionalmente con cruces y cirios, bajo un palio de seda con cuatro varas, sostenido por cuatro monjes revestidos con albas. Cuando el arzobispo llega al altar, él mismo o bien alguno de los obispos, en nombre de todos y de todas las iglesias que le están sujetas, debe solicitar al Rey que prometa y afirme bajo juramento que observará no sólo los derechos de los obispos, sino también el de las iglesias hablando de este modo:

 

Interrogatorio y juramento del Rey. Asentimiento del Pueblo

 

9.      Os solicitamos que nos otorguéis  a nosotros y a nuestras iglesias el privilegio canónico, y que conservéis y defendáis la debida ley y la justicia.

10.  Respuesta del Rey.

          Os prometo, que observaré en favor vuestro y de vuestras iglesias el privilegio canónico y la debida ley y justicia. Y defenderé, en cuanto esté en mi poder, con la ayuda de Dios, como un Rey debe hacer según la justicia en su Reino, a cada obispo y a las iglesias a ellos encomendadas.

11.  Después de esto dos obispos pidan en alta voz el asentimiento del Pueblo, obtenido el cual, canten el “Te Deum”. Y [el Rey] póstrese hasta el fin del “Te Deum”. Una vez cantado el “Te Deum laudamus”, el Rey sea levantado del suelo por los obispos y bajo promesa diga lo siguiente:

12.  Estas tres cosas prometo en el nombre de Cristo al pueblo cristiano a mí sometido: En primer lugar, que todo el pueblo cristiano conservará en todo tiempo, por nuestra voluntad, la verdadera paz de la Iglesia de Dios. En segundo lugar, que prohibiré todo tipo de rapacidad e iniquidad. En tercer lugar, que en todos los juicios observaré la equidad y la justicia. Todos digan: Amén.

13.  Luego, el Rey se postra humildemente por completo en forma de cruz con los obispos y presbíteros postrados aquí y allí. Mientras los demás brevemente cantan en el coro la letanía que sigue:

14.  Señor ten piedad...

20.  Terminada la letanía, pónganse de pie. Levantado el príncipe, sea interrogado de este modo por el señor metropolitano:

          ¿Quieres retener la santa fe que te ha sido entregada por los santos varones y observarla con obras justas? Respuesta del Rey: Quiero.

          Nuevamente [pregunta] el metropolitano: ¿Quieres ser el protector y defensor de las santas iglesias y de sus  ministros? Respuesta del Rey: Quiero.

          Nuevamente [pregunta] el metropolitano: ¿Quieres regir y defender tu Reino, concedido por Dios, según la justicia de tus padres? Respuesta del Rey: Quiero. Y en cuanto gozare de la ayuda divina y contare con el consuelo de todos los suyos, prometo fielmente que así lo haré en todas las cosas...

 

Entrega de las insignias regias y unción real

 

24.  Después, puestos sobre el altar la corona real, la espada en la vaina, las espuelas de oro, el cetro dorado y una vara de cuarenta y cinco centímetros o más, la cual tendrá encima una mano de marfil. Del mismo modo, sandalias de seda tejidas bordadas por completo con jacintos y lirios de oro, y una túnica del mismo color  obra, con la forma de la túnica que viste el subdiácono en la misa. También un manto enteramente hecho con el  mismo color y obra, el cual debe hacerse  casi a modo de una capa de seda sin capucha. Todo lo cual debe traer de su monasterio a Reims el abad de san Dionisio de París[4], y debe custodiarlas estando de pie junto al altar.

25.  El Rey, de pie ante el altar, deja sus vestiduras, salvo la túnica de seda bien abierta por delante en el pecho y detrás en la espalda. Esto es, con las aberturas de la túnica entre los hombros unidas entre sí con  pasadores de plata. Entonces, en primer lugar allí sea calzado el Rey con dichas sandalias por el gran Camarero de Francia. Y luego se le ciñan en los pies, y se le sujeten al punto las espuelas por el duque de Borgoña. Luego, el rey sea ceñido solo por el arzobispo con la espada con su vaina. Ceñida la cual, inmediatamente el arzobispo extrae la espada de la vaina, y puesta la vaina sobre el altar, le es dada [la espada] en sus manos por el arzobispo, la cual el Rey debe llevar humildemente al altar. Y a continuación retomarla de manos del obispo. Y darla seguidamente al Senescal[5] de Francia para que la lleve delante de sí, en la iglesia hasta el final de la misa, y después de la misa cuando va hacia el palacio.

26.  Hechas estas cosas, estando preparado sobre el altar el crisma sobre una patena consagrada, el arzobispo debe abrir sobre el altar la sacrosanta Ampolla, y de allí, con una aguja de oro sacar un poco del óleo enviado desde el cielo, y mezclarlo diligentemente con el crisma preparado para ungir al Rey, el cual es el único entre todos los reyes de la tierra que resplandece con este glorioso privilegio, de ser ungido de forma singular con un óleo enviado desde el cielo. Entonces desprendidos los pasadores de las aberturas de delante y de detrás, y puestas las rodillas en tierra, el arzobispo en primer lugar unge al Rey en la extremidad de la cabeza, en segundo lugar en el pecho, en tercer lugar entre las espaldas, en cuarto lugar en las espaldas, en quinto lugar en la articulación de los brazos, diciendo:

27.  Te unjo como rey con óleo santificado, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo[6]. Todos digan: Amén...

 

Entrega de la espada

 

39.  Luego reciba la espada de los obispos[7] y según las palabras antes dichas, sepa que con la espada se le confía todo el Reino para que lo rija fielmente, mientras el metropolitano dice:

Recibe la espada a través de las manos de los obispos, que  aunque indignas, están consagradas en lugar y con la autoridad de los apóstoles, y que te es impuesta regiamente y con la bendición de nuestro oficio, divinamente destinada a defender la Santa Iglesia de Dios. Y recuerda lo que profetizó el salmista diciendo: “ciñe con poder  la espada sobre tu pierna”[8], para que desempeñes tu función por la misma fuerza de la equidad, destruyas potentemente  la mole de la iniquidad, y defiendas y protejas a la Santa Iglesia de Dios y a sus  fieles, y también  para que abomines y destruyas guiado por la fe a los enemigos falsos que se ocultan bajo el nombre de cristianos, para que ayudes y defiendas con clemencia a las viudas y a los niños, restaures las cosas desoladas, conserves las restauradas, castigues las cosas injustas, confirmes las cosas bien dispuestas, hasta que, haciendo tales cosas, glorioso por el triunfo de la virtud y como cultor egregio de la justicia, merezcas reinar sin fin con el Salvador del mundo cuya imagen llevas en el nombre. El cual con el Padre etc.

 

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Faltas del pasado - No podemos ocultar que muchos que profesaban ser discípulos de Jesús han cometido errores a lo largo de la historia. Con frecuencia, ante problemas graves, han pensado que primero se debía mejorar la tierra y después pensar en el cielo. La tentación ha sido considerar que, ante necesidades urgentes, en primer lugar se debía actuar cambiando las estructuras externas. Para algunos, la consecuencia de esto ha sido la transformación del cristianismo en moralismo, la sustitución del creer por el hacer. Por eso, mi predecesor de venerada memoria, Juan Pablo II, observó con razón: «La tentación actual es la de reducir el cristianismo a una sabiduría meramente humana, casi como una ciencia del vivir bien. En un mundo fuertemente secularizado, se ha dado una “gradual secularización de la salvación”, debido a lo cual se lucha ciertamente en favor del hombre, pero de un hombre a medias, reducido a la mera dimensión horizontal. En cambio, nosotros sabemos que Jesús vino a traer la salvación integral»[Enc.Redemptoris missio.]

S.S. Benedicto PP XVI: MMVI.

 

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Santa Gertrudis 1254 1301

«Dilexit Ecclesiam» amó a la Iglesia Católica

“Maestro, que pueda ver”


En ti, oh Dios vivo,
Retozan mi corazón y mi carne (Sl 84,3)
¿Cuándo te verán mis ojos, oh Dios, mi Dios?
¿Cuándo colmarás los deseos de mi alma
por la manifestación de tu gloria?
Dios mío, tu eres mi heredad, escogida entre todas,
Mi fuerza y mi gloria!
¿Cuándo, en lugar de la tristeza, me vestirás
con un traje de liberación, (Is 61,10)
para que, unida a los ángeles,
todo mi ser te ofrezca un sacrificio de alabanza? (Sl 27,6)
¿Quién conoce la gloria de tu majestad,
quién se saciará de la claridad de tu luz?
¿Cómo bastarán los ojos humanos para verte
y el oído humano para escucharte,
admirados de la gloria de tu rostro?
¡Feliz y bienaventurado aquel que ya desde ahora
contempla la gloria de tu semblante.

 

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MONGOLES - IGLESIA - 1250 - RUSIA

 

La invasión móngola supuso el inicio de una etapa de transición en la historia de toda Europa oriental en general y de Rusia en particular, que se desarrolló desde mediados del siglo XIII hasta la mitad del XIV y cuya principal característica es la escasez de documentación escrita. Los mongoles o tártaros consolidaron sus conquistas en Rusia tras la muerte de Alexander Nevski (1263), estableciendo un particular sistema de dominio, basado en la colaboración de los propios príncipes eslavos. Así, los hijos de Alexander Nevski, Basilio y Demetrio, y sus hermanos Andrés y Yaroslav lucharon entre sí para hacerse con el titulo de gran príncipe de Vladimir (1277-1304), pero acataron la autoridad de los tártaros. La administración mongola estaba encabezada por el khan de la Horda de Oro (referencia a la primitiva tienda dorada utilizada por los khanes en sus campamentos ambulantes), cuya residencia, tras el abandono del nomadismo, quedó fijada en Sarai. Este dependía en teoría de la autoridad del gran khan de Karakorum, si bien en la práctica su autonomía era total. Los principados rusos siguieron existiendo, aunque bajo el protectorado del khan, quien exigía la participación de levas eslavas en sus ejércitos, en calidad de tropas auxiliares, y el pago de una serie de impuestos como el "jasag" o "desjatinnaja" (tasa sobre la propiedad de la tierra), la tamga (gravamen sobre las transacciones) y algunos tributos extraordinarios.


En un principio, LOS MÓNGOLES contaron con agentes fiscales (baskakes) en las principales poblaciones eslavas, pero hacia finales del siglo XIII la recaudación de los impuestos fue delegada en manos de los propios príncipes, como así lo demuestran los testamentos de algunos mandatarios como el de Vladimir de Volinia (1287). En opinión de C. J. Halperin, los baskakes serían sustituidos por representantes sin responsabilidades administrativas (droga) y por enviados especiales (posoly). Los khanes promulgaron ciertos privilegios fiscales, cuya principal receptora fue la Iglesia ortodoxa, muy favorecida por su trato tolerante. Los dignatarios mongoles utilizaron una arma diplomática muy efectiva a la hora de mantener el control sobre los príncipes; éstos, envueltos en constantes disputas por conseguir el título de gran príncipe o gran duque, que les otorgaba un derecho de preeminencia sobre sus iguales, necesitaban recibir a tal efecto un documento de confirmación (jarlyk) de manos del khan. Dicho argumento fue utilizado por los mongoles para intervenir en los conflictos internos entre 1273 y 1297, aunque, tras la consecución del título de gran duque en propiedad por parte de Iván I de Moscú (1328-1340) en 1328, perdió su razón de ser. Este se apoderó de la dignidad tras desembolsar una fuerte suma en oro, procedente de la recaudación de los impuestos tártaros; su maniobra le valió el sobrenombre de "Kalita" (Bolsa de oro). Las disputas entre la Horda de Oro y la Horda de Nogai terminaron por descomponer el dominio efectivo de los mongoles sobre Rusia, a pesar de que, bajo el khan Ozbeg (1313-1341), su Imperio vivió su ultimo momento de apogeo. Las campanas de Tamerlan (1336-1405) dieron la puntilla a la Horda de Oro. La invasión mongola provocó una serie de desplazamientos demográficos desde finales del siglo XIII, que, a su vez, produjeron una condensación poblacional en la franjas sureste y noreste del territorio ruso. Los focos más favorecidos fueron Tver, Moscú y el curso superior del Volga. La irrupción mongola, sin embargo, no trastocó la vida económica de la región, ni alteró los intercambios comerciales. En 1270 el khan Möngkä Temür concedió una serie de privilegios a los mercaderes de Riga y de otras ciudades de formación germana del Báltico. Durante los siglos XIV y XV la vida mercantil del mundo eslavo oriental fue revitalizada por genoveses, griegos y armenios, quienes empezaron a contar con la competencia de comerciantes moscovitas (gosti-surozane) en Crimea. Hoy en día, el análisis de la aportación mongola a la cultura y a la sociedad rusas continúa siendo un campo abierto a la polémica y a la discusión. Sin embargo, para una gran mayoría de autores el papel asignado a la invasión por parte de la historiografía anterior ha sido magnificado.


Así, el desplazamiento del eje político desde Kiev hacia el Noreste no sería consecuencia directa de la irrupción mongola, sino fruto del desarrollo de una tendencia observable ya desde el siglo XII; igualmente, la diversificación lingüística y cultural de lo que hoy conocemos como Rusia no arrancaría de la disgregación de mediados del siglo XIII, sino de la pervivencia de particularismos ancestrales y del avance de otras culturas, como la lituana por la llamada Rusia Negra. La influencia mongola quedaría limitada al campo de la fiscalidad y de la redistribución demográfica de los eslavos orientales. Según Halperin, su papel en la formación y crecimiento del principado moscovita no ha sido suficientemente analizado, hasta tal punto que aún no se ha estudiado la integración de algunas familias de origen tártaro (Uvarov, Apraksin, Rostopchin) en la vida política moscovita de finales del siglo XIV. Tras las epidemias de peste que afectaron a Moscú durante los años 1352-1353 y 1360-1366, el principado resurgió como así lo demuestran el desarrollo de la actividad artesanal, las primeras acuñaciones de monedas y la proliferación de nuevos edificios, civiles y religiosos. La pujanza moscovita se asentó sobre bases económicas, en las que jugó un papel principal la colonización de las zonas de bosque por parte del campesinado. La presencia del colono libre o "colono negro" fue mayoritaria en el proceso de roturación emprendido en la segunda mitad del siglo XIV. En otras regiones como Novgorod, incorporada al principado moscovita en época más tardía (1478), el protagonismo colonizador recayó en la Iglesia y en la nobleza (boyardos), que controlaban el desbroce de los bosques a través de sus funcionarios (slobodciki). Las nuevas comunidades rurales (volost´), encabezadas por el colono más anciano (starosta), se dedicaron al cultivo del centeno de invierno, sustituto del mijo como cereal principal, siendo complementada dicha actividad con la ganadería mayor, la pesca, la caza y la recolección de productos del bosque. El desarrollo moscovita en particular y el ruso en general también se asentaron sobre otras actividades como la artesanía, la minería y el comercio. Así, las minas de hierro de Ingria y Carelia o las salinas del Mar Blanco aumentaron su producción a lo largo de los siglos XIV y XV.


El comercio de pieles, cera y productos de lujo occidentales capitalizaron la vida económica de ciudades como Moscú, Novgorod, Pskov y Tver, que alcanzaron en el siglo XV una población superior a los 10.000 habitantes. Este crecimiento urbano no dio lugar al desarrollo de las instituciones municipales como en otras regiones europeas, debido a la radicalización de la autoridad del gran príncipe y de los boyardos. Novgorod, ciudad independiente hasta 1478, fue una de las bases comerciales más importantes de la Hansa, al contar con un "peterhof", recinto amurallado propio con aduana, almacenes, viviendas e iglesia. El ascenso de los grandes príncipes moscovitas se vio confirmado con el traslado del metropolitano de Vladimir Theognost a Moscú. A partir de este momento la actuación de la Iglesia ortodoxa rusa se verá sumamente comprometida con la política ducal. Tras la muerte del gran duque de Moscú, Iván II (1359), el metropolitano Alejo (1357-1378) consiguió retener el título, pese a las presiones procedentes de otros principados. El heredero de Iván II, Demetrio Ivanovic (1362-1389), menor de edad hasta 1363, incorporó nuevos territorios, como el principado de Sazdal´-Niznij-Novgorod, y forzó al príncipe Miguel de Tver a reconocer la superioridad moscovita. Demetrio, junto a su fiel colaborador Alejo, ocupó también algunos lugares controlados por la Horda de Oro, aprovechándose de las luchas fratricidas entre el khan de Sarai y su competidor Mamai. Esta ultima acción desencadenó un conflicto abierto con los tártaros, derrotados por el gran duque en la batalla de Kulikovo (1380), en las proximidades del río Don. Sin embargo, la victoria, que le valió a Demetrio el apelativo de "Donskoj" (del Don), no fue óbice para que en 1382 la capital moscovita fuera saqueada por el khan Tuqtamis. Los ataques tártaros sobre la ciudad se sucedieron, sobre todo durante las campañas del khan Edigu durante el invierno de 1408-1409. No obstante, la belicosidad de los mongoles decayó poco a poco, sobre todo tras la apertura de otro frente en Lituania, desde donde el príncipe Witoldo (fallecido en 1430) atacó repetidamente sus posiciones. La muerte de Basilio I, sucesor de Demetrio, ocasionó una grave disputa por el poder en el seno de la familia ducal, al haber designado como heredero del titulo de gran príncipe a su hijo Basilio, menor de edad, marginando a su hermano Yuri de Galic. Moscú sufrió una importante crisis, presidida por las luchas entre Basilio II y Yuri y agravada por las epidemias de peste y los periodos de hambruna (1417-1427).


A la muerte de Yuri, el enfrentamiento fue retomado por sus hijos, Basilio Kosoj y Demetrio Semjaka. Pese a las disensiones internas, la administración del gran ducado se fue consolidando a lo largo de la primera mitad del siglo XV. El sistema administrativo (Kormleu´e), encabezado por el príncipe, se basaba en la división del territorio en distritos (vezdy) y subdistritos (stany), dirigidos por gobernadores (namestniki) y representantes ducales (volosteli), respectivamente. Desde el punto de vista religioso-cultural, el periodo de crecimiento del ducado moscovita estuvo marcado por la reforma monástica de San Sergio de Radonez (1314-1392) de mediados del siglo XIV, fundamentada en el cenobitismo y en la pobreza personal. La proliferación de monasterios en las regiones septentrionales (monasterios de la Trinidad, del Salvador, de la Natividad de la Virgen, de la Virgen de la Montana, etc.) hizo prosperar en mayor medida la colonización de las zonas boscosas, en donde se extendió la propiedad monástica desde la segunda mitad del siglo XIV hasta mediados del XV. La Iglesia secular vio aumentado su protagonismo social y cultural, sobre todo tras su condena del Concilio de Ferrara-Florencia (1439), que sellaba la reconciliación entre las Iglesias griega y latina en vísperas de la caída de Constantinopla en manos de los turcos islámicos- mahometanos. De esta forma el metropolitano de Moscú se erigía en patriarca de una comunidad cristiana independiente. Basilio II, tras liberarse de sus adversarios internos, inició una política de acercamiento al príncipe de Tver para poder imponer sin oposición su hegemonía sobre otras ciudades y principados. En 1456, después de un infructuoso ataque sobre Novgorod, se hizo con la tutela del duque de Riazan, menor de edad; más tarde consiguió integrar dentro de las posesiones moscovitas los principados de Yaroslav y Rostov. En 1469 la ciudad de Pskov reconoció la autoridad del gran duque Iván III el Grande (1462-1505), aunque mantuvo su autonomía hasta 1510. Novgorod, en donde existía un fuerte partido lituano favorable a su integración en los dominios de Casimiro IV de Polonia, terminó por caer en manos moscovitas. En 1485 el duque de Tver, Miguel Borisovic, huyó del principado ante la amenaza de Iván III, quien expropió a los principales terratenientes de la Corte en beneficio propio y de los boyardos moscovitas. El gran duque, al ver asentadas sus bases políticas, decidió negarse oficialmente a pagar más impuestos a la Horda de Oro, que vivía por aquel entonces sus peores años de decadencia. El khan Ahmed trató de impedir la secesión moscovita, pero fue derrotado por Iván en 1480 en el enfrentamiento del río Ugra, batalla que sella el final definitivo de la dominación tártara para la historiografía tradicional. Iván III intentó zanjar la rivalidad con Lituania por la cuenca superior de los ríos Oka y Desna mediante el matrimonio de su hija Helena con Alejandro, duque de Lituania desde 1492 y rey de Polonia desde 1501.


Sin embargo, tras aliarse con el khan de Crimea, Iván, prosiguiendo su política expansionista, ocupó los mencionados territorios en 1503. Años más tarde, la Corona polaco-lituana también perdería Smolensko en favor del ducado moscovita (1514) y se vería seriamente amenazada por los pactos entre los Habsburgo y Moscú. El gran duque también estableció relaciones diplomáticas con Roma, Milán, Venecia y las ciudades hanseáticas, con el objeto de asentar sus conquistas y conseguir apoyos en el Occidente europeo. Iván III, soberano y autócrata de toda Rusia (el título de zar no aparecerá en la documentación hasta la coronación de Iván IV -1533-1584- en 1547), proclamó co-regente a su higo Demetrio en 1498, para asegurar su sucesión tras el fallecimiento de su primogénito Iván Ivanovic. Pero, en 1502, designó heredero en la persona de Basilio, fruto de su matrimonio con la hija del último emperador bizantino, Sofía Paleólogo. Con esta maniobra el príncipe pretendió vincular el Estado moscovita a la idea imperial, reforzada por las visiones del metropolitano Zósima y del monje Filoteo de Moscú como "Nueva Constantinopla" o "Tercera Roma". Iván III inició una serie de reformas, que pretendían hacer gobernable un principado que había crecido desmesuradamente, al alcanzar unos 6-8.000.000 de súbditos y unos 2.000.000 de kilómetros cuadrados. Así, favoreció los derechos de la nobleza sujeta a servicio, imponiendo el "pomest´e", sistema de bienes y compensaciones relacionados con la lealtad al gran duque; fortaleció el ejército, cuya base siguió siendo feudal; trató de apoderarse de algunas propiedades monásticas con miras a obtener nuevos recursos, apoyándose en algunos movimientos negadores de las riquezas temporales de la Iglesia, encabezados por Nil Sorskij o Vassian Patrikeev, o en la secta anticlerical de los "judaizantes" (1471-1504); amplió las competencias del tesoro ducal (kazna) y la de los secretarios (d´jaki); por último, impulsó la codificación del derecho consuetudinario (Colección de Sudebnik, 1497) y el protagonismo político de la "duma" o asamblea de príncipes vasallos y boyardos. Durante la segunda mitad del siglo XV, el principado de Moscú experimentó un fuerte crecimiento demográfico, fundamentado en el desarrollo generalizado de la economía. El comercio, fomentado por la desaparición de algunas aduanas interiores, se centró en el sector textil, en las exportaciones de lino, cáñamo y sebo y en las importaciones de tejidos de lana, algodón y seda. La artesanía dirigió su producción a los mercados turcos y asiáticos, que reclamaban cuero, armas y herramientas de hierro en grandes cantidades. Sin embargo, la condición campesina se vio empeorada por las epidemias y devastaciones que asolaron el campo durante algunos años del siglo XV. La dependencia campesina se generalizó al desaparecer de las tierras roturadas la figura del "colono negro" y al ser monopolizada la fuerza de trabajo por las propiedades monásticas. El desplazamiento del eje político ruso hacia el Este repercutió también en el campo de las manifestaciones culturales. Kiev, centro de la cultura ortodoxa, cedió el testigo a Moscú y a su área de influencia, sobre todo tras los sucesivos traslados de la sede metropolitana a Vladimir y a la propia ciudad de los grandes duques. Sin embargo, algunos rasgos de la anterior etapa perduraron como la influencia de algunos eclesiásticos eslavos ajenos al ámbito ruso. Este es el caso del búlgaro Gregorio Sinaites (muerto en 1346), introductor del movimiento eremítico conocido como Hesycharsm; de Gregorio Camblak, abad moldavo del monasterio de Sucava (1401-1402), y del serbio Paxomij Logofet, monje del monasterio de Cirilo Belozerskij entre 1430 y 1460 y autor de diversas hagiografías, himnos y panegíricos. No cabe duda de que los monasterios tuvieron un gran protagonismo en la difusión y expansión de la cultura rusa bajomedieval. Así, algunos de los cenobios surgidos tras la reforma monástica de san Sergio se convirtieron en auténticos focos de irradiación cultural.


El de la Trinidad contó con una gran biblioteca en la que tenían cabida, junto a los manuscritos de carácter religioso y teológico, algunos textos científicos y médicos; sus fondos crecieron gracias a las inquietudes de algunos de sus abades como Nikon (1392-1428), Savva (1428-1432) o Zinovij (1432-1443). Desde mediados del siglo XV surgió una importante disputa en el seno de los claustros entre los llamados "intransigentes", partidarios de una mayor presencia de la vida en común y de la liturgia, y los conocidos como "starets", apegados al eremitismo de influencia griega. Entre 1471 y 1504 la polémica encendida entre los partidarios de la secta de los judaizantes y los defensores de la ortodoxia dio lugar a una importante producción literaria. Los fautores de la herejía, negadores de la Trinidad y de la jerarquía eclesiástica, plasmaron sus ideas en obras anónimas como el "Secreta Secretorum", mientras que sus detractores, encabezados por los obispos Iosif Volocki y Gennadij, dedicaron diversos escritos y epístolas a rebatir sus errores. Las manifestaciones artísticas, entre las que destaca la conclusión de las obras del Kremlin (fortaleza) en tiempos de Iván III, estuvieron marcadas por las influencias bizantinas, procedentes de las últimas posesiones griegas en Crimea (Cherson). Estas aumentarían tras el matrimonio entre Iván III y Sofía Paleólogo. A lo largo del siglo XV brilló con luz propia la escuela inaugurada por el pintor de iconos Andrés Rublyov.

Agradecemos a: artehistoria.com MMIII

 

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Giordano Bruno (1548-1600) no sólo fue condenado por la Iglesia católica, sino también por la luterana y la protestante.

Fue excomulgado por el Concilio Calvinista debido a su actitud irrespetuosa hacia los líderes de esa iglesia y fue obligado a abandonar la ciudad. De ahí fue a Toulouse, Lyon y (en 1581) a París.

 

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¿Se puede rehabilitar al filósofo que

murió en la hoguera por herejía?

 

Intervienen sobre el caso el cardenal Poupard y el teólogo pontificio.

 

Cuatrocientos años después, la muerte de Giordano Bruno sigue suscitando debate. Él próximo 17 de febrero se cumplirá el aniversario de su ejecución en la hoguera del Campo de las Flores en Roma, tras haber sido condenado por el tribunal eclesiástico que le consideró un hereje. Dentro y fuera de la Iglesia han surgido propuestas para pedir su «rehabilitación». Con este motivo, tuvo lugar ayer en la sede de la revista italiana «La Civiltà Cattolica» un interesante debate en el que participó, entre otros, el cardenal Paul Poupard, presidente del Consejo Pontificio para la Cultura.

Distinción importante Según el purpurado francés, si se analiza atentamente el «caso Bruno» el problema no es el de su «rehabilitación», pues su pensamiento, su filosofía, no eran cristianas. No constituyen «el objeto inmediato de la atención de la Iglesia, quien deja esta tarea a los historiadores y filósofos».

«Se trata más bien de analizar la actitud que tuvo la Iglesia con él --aclaró el «ministro» de Cultura de la Santa Sede--. Una vez constatada la incompatibilidad de la filosofía de Bruno con el pensamiento cristiano, es necesario confirmar el respeto por la persona y su dignidad. La quema en el Campo de las Flores es ciertamente uno de esos momentos históricos, de esas acciones que hoy día sólo pueden ser deploradas con claridad».

El cardenal reconoció que «la acción de la Iglesia contra la persona de Giordano Bruno es uno de esos antitestimonios de los que se arrepiente hoy la Iglesia, pidiendo el perdón del Señor y de los hermanos».


Giordano Bruno (1548-1600) no sólo fue condenado por la Iglesia católica, sino también por la luterana y la protestante. Era un sacerdote dominico que abandonó la orden a causa de sus dudas de fe y sus ganas de explorar los mundos culturales de la Europa renacentista. Sus primeras obras«De umbris idearum» o «Cantus circaeus» son ya manifestación de un monismo panteísta. Tras haber publicado libros en París, Londres y Frankfurt (escribió desde diálogos hasta poemas latinos), regresó a su país natal, Italia donde fue juzgado por el tribunal eclesiástico, condenado como hereje y quemado vivo.

El teólogo de la Casa Pontificia y secretario de la Comisión Teológica Internacional, Georges Cottier, ha confirmado en declaraciones al diario «Avvenire» la posición del cardenal Poupard. «Bruno no puede ser rehabilitado como pensador católico pues simplemente su pensamiento no lo era: desde el inicio negaba ideas como el dogma de la Trinidad, o la unicidad del alma personal...». En su caso, «la petición de perdón a Dios por parte de la Iglesia afecta a los medios que se utilizaron para la defensa de la verdad. La Iglesia siempre debe apoyar la fe, peor no con el poder secular».

De hecho, el proceso fue jurídicamente regular. «Duró siete años y se hizo según las normas, con la voluntad de salvar al imputado», dice Cottier quien es también dominico al igual que lo fue Bruno. Se trata de un caso muy diferente al de Galileo. «Este último era un creyente y fue acusado por posiciones científicas que en aquella época eran consideradas como incompatibles con la visión cristiana del mundo. Pero con él nunca se afrontaron cuestiones de fe. No se puede decir lo mismo del caso Bruno.


La muerte de Bruno le dio una notoriedad inesperada y se ha convertido en la bandera de corrientes anticlericales e incluso de algunos exponentes cristianos. El teólogo Drewermann, por ejemplo, se identifica con sus tesis. «Bruno pensaba que las religiones eran un hecho social que se equivalían entre sí --comenta el teólogo pontificio--. Pero no se trata de un signo de modernidad. Es mas, hoy la razón se vuelve a encontrar con la fe».

Cottier constata que Bruno tuvo también serios problemas con la Reforma calvinista en Suiza y después con los protestantes en Alemania. Pero, «de todos modos, ahora, los católicos son los únicos que hacen autocrítica».

Por su parte, el historiador italiano Giuseppe Galasso, al intervenir en el debate celebrado en la «La Civiltà Cattolica», reconoció que el caso Bruno ha tomado dimensiones históricas a causa de la manera en que murió. Según el derecho de la época, no tiene sentido discutir sobre la condena --añade--: el derecho canónigo y el civil (la herejía era comparada a alta traición) eran claros y Bruno sabía a lo que se exponía. En este sentido «la determinación heroica con que afrontó la hoguera para defender "su" verdad hizo que se convirtiera en uno de los símbolos de la tradición de la libertad de conciencia europea».

El debate en torno a Bruno ciertamente continuará, pero el cardenal Poupard pidió que se haga «en un clima de absoluta seriedad y objetividad».

MMM

Agradcecemos al autor - http://www.conoze.com/doc.php?doc=870 

 

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Giordano Bruno  Filósofo y poeta renacentista italiano cuya dramática muerte dio un especial significado a su obra. Había nacido Bruno en Nola, cerca de Nápoles. Su nombre de pila era Filippo, pero adoptó el de Giordano al ingresar en la orden de predicadores; con estos frailes estudió la filosofía aristotélica y la teología tomista. Pensador independiente de espíritu atormentado, abandonó la orden en 1576 para evitar un juicio en el que se le acusaba de desviaciones doctrinales e inició una vida errante que le caracterizaría hasta el final de sus días. Visitó Génova, Toulouse, París y Londres, donde residió dos años, desde 1583 hasta 1585, bajo la protección del embajador francés y frecuentando el círculo del poeta inglés sir Philip Sidney. Fue el periodo más productivo de su vida ya que durante estos años escribió La cena de las cenizas (1584) y Del Universo infinito y los mundos (1584), así como el diálogo Sobre la causa, el principio y el uno (1584). En otro poético diálogo, Los furores heroicos (1585), ensalza una especie de amor platónico que lleva al alma hacia Dios a través de la sabiduría. En 1585 Bruno volvió a París, y viajó después a Marburgo, Wittenberg, Praga, Helmstedt y Frankfurt, donde pudo arreglárselas para imprimir la mayor parte de sus obras. Por invitación del noble veneciano, Giovanni Moncenigo, que se erigió en su tutor y valedor privado, Bruno volvió a Italia. En 1592, sin embargo, Moncenigo denunció a Bruno ante la Inquisición que le acusó de herejía. Fue llevado ante las autoridades romanas y encarcelado durante más de ocho años mientras se preparaba un proceso donde se le acusaba de blasfemo, de conducta inmoral y de hereje. Bruno se negó a retractarse y en consecuencia fue quemado en una pira levantada en Campo dei Fiori el 17 de febrero del año 1600. En el siglo XIX se erigió una estatua dedicada a la libertad de pensamiento en el lugar donde tuvo lugar el martirio. Las teorías filosóficas de Bruno combinan y mezclan un místico neoplatonismo y el panteísmo. Creía que el universo es infinito, que Dios es el alma del universo y que las cosas materiales no son más que manifestaciones de un único principio infinito. Bruno es considerado como un precursor de la filosofía moderna por su influencia en las doctrinas del filósofo holandés Baruch Spinoza y por su anticipación del monismo del siglo XVII.

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… y parte de sus textos:

“Contempla en la vela que lleva este candelero, a quien doy a luz, aquello que clarificará ciertas sombras de ideas... No hace falta que te instruya en mi creencia. El tiempo todo lo da y todo lo quita; todo cambia pero nada perece. Uno solo es inmutable, eterno y dura para siempre, uno y el mismo consigo mismo. Con esta filosofía mi espíritu crece, mi mente se expande. Por ello, no importa cuán oscura sea la noche, espero el alba, y aquéllos que viven en el día esperan la noche. Por tanto, regocíjate, y mantente íntegro, si puedes, y devuelve amor por amor. "

 

“Todo este orbe, esta estrella, no estando sujeta a la muerte, y siendo imposibles la disolución y la aniquilación en la Naturaleza, de tanto en tanto se renueva a sí mismo cambiando y alterando todas sus partes. No hay un arriba o abajo absolutos, como enseñó Aristóteles; ninguna posición absoluta en el espacio; sino que la posición de un cuerpo es relativa a las de los otros cuerpos. En todos lados hay un incesante cambio relativo de posición a través del universo, y el observador siempre está en el centro. "

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Fue excomulgado por el Concilio Calvinista debido a su actitud irrespetuosa hacia los líderes de esa iglesia y fue obligado a abandonar la ciudad. De ahí fue a Toulouse, Lyon y (en 1581) a París.

 

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Evangelización para la dignidad de la persona. - En Santo Toribio descubrimos el valeroso defensor o promotor de la dignidad de la persona. Frente a intentos de recortar la acción de la Iglesia en el anuncio de su mensaje de salvación, supo defender con valentía la libertad eclesiástica.

El fue un auténtico precursor de la liberación cristiana en vuestro país. Desde su plena fidelidad al Evangelio, denunció los abusos de los sistemas injustos aplicados al indígena; no por miras políticas nί por móviles ideológicos, sino porque descubría en ellos serios obstáculos a la evangelización, por fidelidad a Cristo y por amor a los más pequeños e indefensos.

Así se hizo el solícito y generoso servidor del indígena, del negro, del marginado. E supo ser a la vez un respetuoso promotor de los valores culturales aborígenes, predicando en las lenguas nativas y haciendo publicar el primer libro en Sudamérica: el catecismo único en lengua española, quechua y aymara.

Es éste un válido ejemplo al que habéis de mirar con frecuencia, queridos hermanos, sobre todo en un momento en el que la nueva evangelización ha de prestar gran atención a la dignidad de la persona, a sus derechos y justas aspiraciones. Febrero 02 del 1985 – S.S. Juan Pablo II – Magno

 

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De hombres, hechos, notas y acontecimientos de tal época para comprender el contexto:


 

San Camilo de Lelis 1550 1614

«Dilexit Ecclesiam» amó a la Iglesia Católica

¡Laudetur Iesus Christus!

 

La situación en los hospitales era calamitosa en higiene y atenciones. No era una excepción el hospital del Espíritu Santo, donde Camilo y los suyos derrochaban entrega y dedicación total a enfermos y moribundos. Camilo se reservaba siempre lo más difícil. Cuando había pestes, que era frecuente, llegaban al heroísmo. Muchos morían atendiendo a los apestados.

San Camilo de Lelis, presbítero (1550-1614) Después de una profunda conversión cambió su vida militar por el cuidado de los enfermos. Ordenado sacerdote, fundó la Orden los Ministros de los Enfermos, llamados también Hermanos de la Buena Muerte por su atención a los moribundos. Murió en Roma el año 1614

San Camilo nació en el 1550 (Italia). en Bucchianico, en la costa del Adriático, donde su padre acampaba como militar. Fue el día de Pentecostés, del Año Santo 1550. Era hijo único, y ya tardío, que vino a llenar de alegría el hogar. Camilo tenía un carácter duro y resuelto, muy batallador, como su padre.

Este muchacho, cuya estatura se aproximaba a los dos metros, de una vitalidad excepcional, se creyó llamado a la carrera de las armas, sucumbiendo pronto al desenfreno. De los veinte a los veinticinco años llevó una vida disoluta, que le condujo al hospital de Santiago de los Incurables, de Roma.

La llaga se cura y reaparece. Un mal vicio se apodera de él: el juego. Alguna vez se jugó hasta la camisa. Se ofrece como soldado. Participa en Túnez y en otras batallas. Arriesga la vida y las ganancias las pierde en el juego. A veces tiene que pedir limosna. Después trabaja en un convento capuchino como albañil.

Un día, mientras caminaba de un convento a otro, una luz le iluminó. Sintió la llamada de Dios y cayó en el suelo llorando. Pidió el hábito capuchino. Tres veces empieza el noviciado y otras tantas se le abre la llaga y marcha a Roma. Allí, la tercera vez, descubre su vocación.

Desde octubre de 1589 se entrega a los enfermos para toda la vida. Intenta fundar una cofradía para los enfermos. Le ponen trabas. Ni siquiera San Felipe Neri, que le apreciaba mucho, le entendió. Aprovecha ratos libres y estudia teología en el Colegio Romano. En 1584 es ordenado sacerdote.

Sale del hospital y con un pequeño grupo se establece junto a la iglesia de la Magdalena. Sixto V les aprueba como sociedad sin votos para dedicarse a los enfermos. "Los Camilos", encima de la sotana, llevaban una cruz roja.

La situación en los hospitales era calamitosa en higiene y atenciones. No era una excepción el hospital del Espíritu Santo, donde Camilo y los suyos derrochaban entrega y dedicación total a enfermos y moribundos. Camilo se reservaba siempre lo más difícil. Cuando había pestes, que era frecuente, llegaban al heroísmo. Muchos morían atendiendo a los apestados.

Camilo tuvo muchos conflictos, externos e internos, en su tarea. Hasta dejó el generalato de su Orden. Pero mantuvo siempre el carisma. Servir a Cristo en los enfermos. Por este servicio se nos juzgará.

La vida de Camilo "ponía espanto". Con su herida, con una hernia, con dos forúnculos, con un débil estómago, pasaba horas largas con los enfermos, cuidándoles como una madre, ayudándoles a bien morir, olvidándose de sí mismo, sin apenas comer ni dormir. Así vivía su sacerdocio.

Recogía a los apestados y andrajosos por las calles de Roma. Se dolía de ver así aquellos sagrados miembros de Cristo. Les trataba como si fueran príncipes. Les cubría con su manto. A veces quince sastres trabajaban para sus pobres.

No cosían ropas, según él, sino ornamentos sagrados. Un día caminaba con un novicio. El sol ardía. - Hermano, le dijo, camina detrás de mí. Yo soy muy alto. Así te haré sombra y te librarás del sol. Y caminaba ajustándose a la esfera del sol para que los rayos no atacaran al novicio. Camilo era feliz porque podía regalar incluso su sombra.

Consideraba el servicio a los enfermos como una acción litúrgica. Tomaba en sus brazos al enfermo como si manejara el cuerpo de Cristo. Acariciaba el rostro del enfermo, como si fuera el sagrado rostro del Señor.

Totalmente agotado, cayó enfermo de gravedad. El 16 de julio de 1614 volaba al cielo "su patria", como él decía. Benedicto XIV lo canonizó el 1746. Junto con San Juan de Dios, es patrono de los enfermos y enfermeros.

 

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San Andrés Dung-Lac, presbítero de la Iglesia

Católica, y compañeros mártires en Vietnam

 

 

Durante el siglo XVI y los siguientes, el pueblo del Vietnam escuchó el mensaje evangélico, predicado, en primer lugar, por misioneros pertenecientes a diferentes Ordenes religiosas. El pueblo vietnamita recibe la predicación de los misioneros con gran piedad y alegría. Pero no tardó en sobrevenir la persecución. Durante los siglos XVII, XVIII y XIX muchos vietnamitas fueron martirizados, entre los cuales se cuentan obispos, presbíteros, religiosos y religiosas, catequistas de uno y otro sexo y hombres y mujeres laicos de distintas condiciones sociales.

 

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La Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Decana de América, fundada el 12 de Mayo de 1551, fue el inicio de la historia universitaria del continente. Los dominicos en sus conventos del Cuzco, principal ciudad peruana en el siglo XVI, y de Lima, estudiaban Artes y Teología para ejercitar a los antiguos miembros y preparar a los novicios de la Orden.

El incremento de los estudios superiores determinó que, en el capítulo del célebre convento Cusqueño (01/07/1548), Fray Tomás de San Martín solicitase fundar una Universidad o Estudio General en Lima o también llamada ciudad de los reyes. La iniciativa eclesiástica fue acogida y recibió un poderoso impulso laico del Cabildo limeño. Se nombraron dos procesadores, civil y eclesiástico, los que al término de una feliz gestión determinaron la fundación de la Universidad. La cual fue hecha por Real Cédula firmada por el rey Carlos V en la ciudad de Valladolid, el 12 de Mayo de 1551.

La Universidad inició funciones el 2 de Enero de 1553 en la sala Capitular del Convento del Rosario de la Orden de los Dominicos, con la concurrencia de la Real Audiencia presidida por el licenciado Andrés Cianca y el enviado de la Corona D. Cosme Carrillo, primer miembro laico del cuerpo docente.

Durante la época virreinal las facultades fueron cinco. En el período republicano, hasta 1969 llegaron a diez. Al inaugurase los estudios de la Universidad sus asignaturas iniciales correspondían a las facultades de Teología y Arte. Con la incorporación de graduados en Derecho aparece la Facultad de Cánones. Luego se crea la Facultad de Leyes. La Facultad de Medicina funcionó en el siglo XVII. Con el Reglamento de Instrucción Pública de 1850 surgen dos facultades efímeras: Matemáticas y Ciencias Naturales, las cuales fueron unificadas en 1862 bajo el nombre de Facultad de Ciencias Naturales y Matemáticas, posteriormente en 1876 toma el nombre de Facultad de Ciencias. En este año también se crea la Facultad de Ciencias Económicas y Comerciales. Es así como ya en el siglo XIX, San Marcos tenía seis facultades: Teología, Letras, Derecho, Medicina, Ciencias Políticas y Administrativas y la facultad de Ciencias.

En el presente siglo fueron organizadas cinco nuevas facultades, cuatro en el área de Ciencias: Farmacia y Bioquímica, Odontología, Medicina Veterinaria, Química y una en el área de humanidades: Educación. La de Teología adquirió un régimen distinto en 1935 y dejó de formar parte de San Marcos. En consecuencia, en 1969 sólo existían tres facultades que procedían de la época colonial: Letras y Ciencias Humanas (ex facultad de Artes), Derecho (Leyes y Cánones) y Medicina. La Universidad Nacional Mayor de San Marcos es la única de América que presenta una continuidad ininterrumpida. Desde su inicio con el rector Fray Juan Bautista de la Roca hasta nuestros días, han guiado su destino 210 rectores.


En los claustros sanmarquinos se han formado muchas de las figuras más notables del arte, ciencia y política del Perú y América, y de sus aulas han egresado la mayoría de profesionales y estudiosos que prestan sus servicios en las principales universidades, así como en empresas e instituciones nacionales y extranjeras.

Nuestra Universidad ha transitado, desde su fundación, por cinco diferentes locales: tres durante el siglo XVI, uno desde la segunda mitad del siglo XIX y posteriormente, en este último siglo, en la Ciudad Universitaria. El primer local fue el Convento de Nuestra Señora del Rosario de la Orden de los Dominicos, el segundo local se situó casi a extramuros en la parte de San Marcelo, donde poco antes había funcionado el Convento de la Orden de San Agustín. En 1575 ocupó su tercer local, situado en la primitiva Plaza del Estanque, después llamada de la Inquisición, actual local del Congreso. Posteriormente se trasladó al local del antiguo Convictorio de San Carlos (Parque Universitario) durante el gobierno de Manuel Pardo y finalmente hoy en día, ocupa la Ciudad Universitaria ubicada entre la Avenida Venezuela y la Avenida Universitaria.

http://www.unmsm.edu.pe/Sanmarcos/Index.htm 

 

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Perú - El incremento de los estudios superiores determinó que, en el capítulo del célebre convento Cusqueño (01/07/1548), Fray Tomás de San Martín solicitase fundar una Universidad o Estudio General en Lima o también llamada ciudad de los reyes. La iniciativa eclesiástica fue acogida y recibió un poderoso impulso laico del Cabildo limeño. Se nombraron dos procesadores, civil y eclesiástico, los que al término de una feliz gestión determinaron la fundación de la Universidad. La cual fue hecha por Real Cédula firmada por el rey Carlos V en la ciudad de Valladolid, el 12 de Mayo de 1551. Mientras que solamente en el 1635 es fundada en Boston – Norte América, la primera escuela secundaria.

 

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De hombres, hechos, notas y acontecimientos de tal época para comprender el contexto:


 

San Simón de Rojas 1552 1624 España

«Dilexit Ecclesiam» amó a la Iglesia Católica

¡Laudetur Iesus Christus!

  

San Simón de Rojas, a quien Lope de Vega compara con san Bernardo por su gran amor a la Virgen, nació en Valladolid (España), el 28 de octubre de 1552.

De pequeño, Simón era introvertido, no muy bueno para los estudios y tenía un defecto para hablar por el que se burlaban de él. Aventajaba a los demás en la devoción a la Virgen. Tenía trece años cuando pidió ingresar en el convento trinitario de Valladolid. Dado que la orden admitía a la profesión religiosa hasta los veinte años cumplidos, la preparación de Simón fue muy larga. Hechos los votos marchó a Salamanca para estudiar humanidades clásicas, filosofía y teología, en su célebre universidad. De camino a Salamanca se detuvo unos días en el santuario trinitario de Nuestra Señora de las Virtudes. Al reemprender el viaje a Salamanca los demás se dieron cuenta de que ya no tartamudeaba. Todos coincidieron que había sido un milagro de la Virgen.

Fue ordenado sacerdote en el año 1577 y comenzó a ejercer el ministerio como capellán de las monjas trinitarias de Villoruela, pueblo agrícola de las cercanías de Salamanca, recorriendo también otros lugares de la comarca salmantina. En 1581 fue destinado al convento de Toledo como profesor de filosofía y teología. Entre sus alumnos estuvo Juan Bautista Rico, quien sería reformador de la orden trinitaria, y canonizado en 1975.

Desde 1579 fue superior de diversas comunidades, visitador y ministro provincial. Aunque algunas de las comunidades que le tocó regir fueron muy numerosas, nunca se limitó a trabajar en el ámbito de los conventos. Dedicaba mucho tiempo a la predicación, al confesionario, a visitar a enfermos y asistir pobres y necesitados. Los temas más frecuentes de su predicación eran la santísima Virgen, la pasión del Señor y el amor de Dios.

El rey de España, Felipe III, pidió que lo trasladaran a la corte real de Madrid, donde permaneció veinte años. Allí desarrolló una gran labor en favor de los pobres, para quienes organizó colectas y la Congregación de Esclavos del Dulcísimo Nombre de María, para ayudar a los pobres. En ella se inscribieron el rey Felipe III y la familia real, como también muchos nobles, que no despreciaron ver sus nombres al lado del de gente del pueblo sencillo. El padre Simón, que fue educador del príncipe y las infantas y confesor de la reina, nunca usó su influencia sino para ayudar a la gente humilde.

La popularidad del padre Rojas era enorme, especialmente en los arrabales de Madrid, donde abundaban los pobres y reinaba la miseria. Por eso, cuando murió, el 29 de septiembre de 1624, un alud de gente se precipitó hacia el convento de los trinitarios. Su cadáver estuvo expuesto al público durante doce días porque todos querían verlo y tocarlo por última vez. Los funerales se asemejaron más a una canonización popular que a una despedida. Fue beatificado por el papa Clemente XIII el 13 de mayo de 1766 y canonizado el 3 de julio de 1988 por el papa Juan Pablo II.

 

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San José de Calasanz 1556 1648 España

«Dilexit Ecclesiam» amó a la Iglesia Católica


San José Calasanz. Fundador de los Escolapios. Año 1648. Nuestro santo fue sepultado un 26 de agosto del año 1648. Nació en Aragón, España, en 1556, hijo del gobernador de la región.-

Su padre deseaba que fuera militar, pero los religiosos que lo instruyeron en su niñez lo entusiasmaron por la vida sacerdotal, y pidió que le dejaran hacer estudios eclesiásticos. Desde muy pequeño su gran deseo era poder alejar el mal y el pecado de las almas de los demás.-

Su padre deseaba que José fuera el heredero administrador de sus muchos bienes y riquezas. Pero en una gravísima enfermedad, el joven le prometió a Dios que si le concedía la curación, se dedicaría únicamente a trabajar por la salvación de las almas. El joven curó de la enfermedad, y entonces el papá le permitió cumplir su promesa, y fue ordenado sacerdote. Ya antes se había graduado de doctor en la universidad de Alcalá.-

Cargos importantes. Como tenía fama de gran santidad y de mucha sabiduría, el señor obispo le fue concediendo puestos de mucha responsabilidad. Primero lo envío a una región montañosa donde la gente era casi salvaje y muy ignorante en religión. Allá, entre nieves y barrizales y por caminos peligrosos, se propuso visitar familia por familia para enseñarles la religión y el cambio total.-

Renuncia a todo. Pero él sentía una voz en su interior que le decía: "¡Váyase a Roma! ¡Váyase a Roma!" Y en sueños veía multitudes de niños desamparados que le suplicaban se dedicara a educarlos. Así que renunciado a sus altos puestos, y repartiendo entre los pobres las grandes riquezas que había heredado de sus padres, se dirigió a pie a la Ciudad Eterna.-

Educador de los pobres. En Roma se hizo socio de una cofradía que se dedicaba a enseñar catecismo a los niños y se dio cuenta de que la ignorancia religiosa era total y que no bastaba con enseñar religión los domingos, sino que era necesario fundar escuelas para que los jovencitos tuvieran educación e instrucción durante la semana.

En ese tiempo los gobiernos no tenían ni escuelas ni colegios, y la juventud crecía sin instrucción. Se reunió con unos sacerdotes amigos y fundó entonces su primera escuela en Roma. Su fin era instruir en la religión y formar buenos ciudadanos. Pronto tuvieron ya cien alumnos. Tenían que conseguir profesores y edificio, porque los gobiernos no costeaban nada de eso. Pronto fueron llegando nuevos colaboradores y los alumnos fueron ya setecientos. Más tarde eran ya mil los jóvenes que estudiaban en las escuelas dirigidas por José y su amigos.

En sus ratos libres se dedicaban a socorrer enfermos y necesitados, especialmente cuando llegaban la peste o las inundaciones. Con su amigo San Camilo eran incansables en ayudar.-

A sus institutos educativos les puso por nombre "Escuelas Pías" y los padres que acompañaban al padre Calasanz se llamaron Escolapios. Después de un par de años ya había "Escuelas Pías" en muchos sitios de Italia y en muchos países. Ahora los padres Escolapios tienen 205 casas en el mundo, dedicadas a la educación, con 1630 religiosos. Son estimadísimos como educadores.-

La persecución. Recibió el padre Calasanz como colaborador a un hombre ambicioso y lleno de envidia, el cual se propuso hacerle la guerra y quitarle el cargo de Superior General. Por las calumnias de este hombre y de varios más, nuestro santo fue llevado a los tribunales y solamente la intervención de un cardenal obtuvo que no lo echaran a la cárcel. Él repetía: "Me acusan de cosas que no he hecho, pero yo dejo a Dios mi defensa". El envidioso logró a base de calumnias que a San José Calasanz le quitaran el cargo de Superior General, y después las acusaciones mentirosas llegaron a tal punto que la Santa Sede determinó acabar con la congregación que el santo había fundado. San José al escuchar tan triste noticia, repitió las palabras del Santo Job: "Dios me lo dio, Dios me lo quitó, bendito sea Dios". –

Afortunadamente, después se supo la verdad y al Fundador le fueron restituidos sus cargos y la Comunidad volvió a ser aprobada y ahora está extendida por todo el mundo.-

El 25 de agosto del año 1648, a la edad de 92 años pasó este gran apóstol a la eternidad, a recibir el premio de sus grandes obras apostólicas y de sus muchísimos

sufrimientos

 

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De hombres, hechos, notas y acontecimientos de tal época para comprender el contexto:


 

San Lorenzo de Brindisi, presbítero y

doctor de la Iglesia (15591619)

«Dilexit Ecclesiam» amó a la Iglesia Católica

  

San Lorenzo nació en Bríndisi el año 1559.  Hijo de noble familia, recibió en el bautismo el nombre sonoro de Julio César.  Muy aguerrido era de niño y se cuenta que ya a los seis años,  admiró a todos hablando de Dios.  Muerto su padre, César se refugia con su madre en Venecia.  En Verona consagra su corazón a Jesucristo en la Orden Capuchina, con el nombre de Lorenzo.

 

Recibió una extensa y profunda formación teológica y bíblica.  Además de los principales idiomas modernos, conocía bien el griego, el hebreo, el arameo, el caldeo y el siríaco.  Recorre toda Italia y, con la fama de religioso austero, hombre cultísimo, predicador iluminado y polemista eficaz, se dirige a Viena con doce compañeros.  Se establece sucesivamente en Viena, en Graz y en Praga.

 

El Papa Clemente VIII lo envía también como animador espiritual en la guerra contra los turcos que amenazaban conquistar Austria, Italia y toda Europa.  Fue un admirable capellán militar que a todos animaba, consolaba y estimulaba con su ejemplo. 

 

Además de su admirable predicación, San Lorenzo dejó multitud de obras editadas en quince volúmenes, once de los cuales contienen más de ochocientos sermones, sobre el Año Litúrgico, los Santos y la Virgen María.  Se muestra también un buen exegeta en su "EXPLANACIÓN DEL GÉNESIS".

 

A pesar de que había conseguido tantos éxitos en todos los campos, siempre se mantuvo humilde y sencillo; virtudes propias de la espiritualidad franciscana.

 

Permaneció siempre fiel a su costumbre de dormir sobre tablas, de levantarse durante la noche a alabar al Señor, de ayunar con frecuencia a pan y verdura, de disciplinarse duramente y, sobre todo, de meditar asiduamente en los sufrimientos de la Pasión del Señor.

 

Muere el 22 de julio de 1619.  Había recorrido varias veces Europa predicando y consolando.  Ya podía descansar el buen operario.  Su cuerpo fue enterrado en Villafranca del Bierzo, en León, en el convento de las monjas franciscanas.

Fue canonizado por el Papa León XIII el año 1881.  Su Santidad Juan XXIII lo declaró Doctor de la Iglesia el año de 1959.

 

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San Buenaventura 1218 1274 Italia

«Dilexit Ecclesiam» amó a la Iglesia Católica

 

San Buenaventura, Obispo y doctor de la Iglesia (1218-1274) Nació en Bagnoregio, cerca de Viterbo (Italia) en 1218. Pronto destacó por su capacidad intelectual. Estudió filosofía y teología en París. Ya Maestro, enseñó estas mismas ciencias a sus compañeros franciscanos. Ocupó el cargo de Superior General de su Orden ejerciéndolo con sabiduría y prudencia. Al final de su vida fue elegido cardenal obispo de Albano. Murió en Lyon en el año 1274. Dejó a la posteridad obras filosóficas, teológicas y espirituales.

Contaba veintidós años cuando, en 1243, recibía el sayal franciscano tomando el nombre de Buenaventura. Desde su adolescencia le había seducido el ideal del Pobre de Asís, cuyo historiador sería un día. Asimismo, se encontraría también un día al frente de la familia de Francisco (1257-1273) esforzándose por conciliar dentro de ella las exigencias de la vida evangélica con la indispensable organización de una Orden extendida por el mundo.

No tardó Buenaventura en mostrarse como un espíritu de una hondura poco común. Como estudiante, y más tarde como profesor en la Universidad de París, intentó elaborar una síntesis del saber a la luz de Cristo. Su maestro fue San Agustín. Por consiguiente, dentro a un mismo tiempo de la escuela agustiniana y del espíritu de San Francisco, descubrió el Itinerario de la mente hacia Dios. A aquel que se adentre por esta senda, le aconseja que dé «menos importancia a la lengua que a la alegría interior; que mire menos a las palabras y a los libros que al don de Dios, es decir, al Espíritu Santo».

En 1273, Buenaventura fue nombrado cardenal obispo de Albano y, al año siguiente hubo de intervenir en el Concilio de Lyon, que intentaría reunir a las Iglesias griega y latina. Luego de haber trabajado en favor de esta efímera unión, murió en Lyon (1274). ¿Alguna vez advertiste que la mayoría de la gente rica y famosa tiende a casarse con otra gente rica y famosa? Se postulan un montón de razones, entre ellas que es más fácil para alguien ya famoso soportar las presiones de la vida de celebridad.

A menudo la razón real es sobreseída: la gente tiende a enamorarse de la gente con quien se asocia. Como Mark Twain humorísticamente lo expuso: «La familiaridad se reproduce.» Dado que la gente rica y famosa tiende a apuntarse con otra gente rica y famosa, es natural que sus vidas se entrelacen.
Lo mismo sucede con los santos. No sólo tienden a asociarse unos con otros, sino que también tienden a influenciarse entre sí. San Buenaventura conoció a dos de los más grandes santos del mundo: San Francisco de Asís y Santo Tomás de Aquino.

De joven, San Francisco lo curó de una grave enfermedad. Luego, mientras estudiaba en la Universidad de París, se hizo amigo de Tomás de Aquino. Ambos recibieron al mismo tiempo su graduación como doctores en teología. Dado que sabemos que eran amigos, podemos suponer que ambos grandes santos compartirían y hablarían a menudo de su fe. Se hicieron amigos espirituales así como compañeros sociales.

Hablar de la fe con un amigo espiritual puede ser un gran consuelo. Nuestros amigos pueden reforzamos en momentos de prueba y animamos en tiempos de duda. Pueden dar brillantez a nuestras vidas y hacer que resulte más fácil de andar el camino hacia la madurez espiritual

 

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De hombres, hechos, notas y acontecimientos de tal época para comprender el contexto:

 

INQUISICIÓN DE IZQUIERDA-COMUNISTAS:

SIGLO XX - Quema de conventos...

 y de bibliotecas y aulas y arte

 

  

UNA VISIÓN CRÍTICA SOBRE LA REPÚBLICA

Y LA GUERRA CIVIL

Quema de conventos... y de bibliotecas y aulas

 

Tampoco menciona casi ninguno de esos historiadores la gran cantidad de libros y bienes culturales e históricos quemados por tan "populares" delincuentes, amparados de hecho por el Gobierno; acaso porque esa realidad suscita dudas sobre el mito de unos republicanos muy intelectuales y decididos elevar el nivel cultural de la población.

 

Por Pío Moa

 

La mayoría de la gente tiene hoy la imagen de la República proyectada por una historiografía muy politizada: un régimen de izquierdas llegado con la misión de solucionar una serie de problemas ancestrales nacidos de la incuria y los privilegios de la derecha. La realidad, como recordará el lector, es harto diferente.

Fueron los políticos derechistas Alcalá-Zamora y Maura quienes unieron a los republicanos y los impulsaron a tomar el poder, y lo hicieron con el fin no de cumplir supuestas "misiones", sino de instaurar una democracia normal, con posibilidad de alternancia entre derechas e izquierdas y solución de los problemas según dictase el voto mayoritario. La iniciativa de dichos dos políticos tuvo otro doble efecto de alcance: debilitó a los monárquicos y calmó la desconfianza de gran parte de la opinión pública ante los conocidos mesianismos republicanos. Gracias a ello la República "advino" entre el entusiasmo de unos, la confianza de otros y sin ninguna oposición significativa (salvo la de los comunistas, muy pocos por entonces).

 

Maura y Alcalá-Zamora conocían el mesianismo y las manías antirreligiosas de las izquierdas, pero creían poder neutralizarlas mediante el establecimiento de unas libertades generales, elecciones libres y la participación activa de las derechas en el proceso republicano. Y había otro hecho alentador: el PSOE constituía, con gran diferencia, la fuerza más potente, organizada y disciplinada del nuevo régimen, tanto en la izquierda como en la derecha. Debía esa ventaja, como hemos observado, a su colaboración con la dictadura de Primo de Rivera.

 

Pues bien, bajo la dictadura los socialistas habían renunciado en la práctica a sus violentos extremismos anteriores, inclinándose por la moderación socialdemócrata. Lógicamente, esa tendencia debía acentuarse en la República, un régimen más afín a sus aspiraciones, convirtiendo al PSOE en un decisivo factor de equilibrio.

 

Esas expectativas razonables iban a recibir enseguida un tremendo golpe: la llamada "quema de conventos". El 11 de mayo, antes de un mes desde la ocupación del poder por los republicanos, las turbas izquierdistas comenzaron en Madrid una oleada de incendios de edificios religiosos, tras un frustrado intento de asaltar el diario monárquico ABC.

 

Típicamente, la agresión comenzó fabricando un incidente por la supuesta emisión de la Marcha Real desde un piso de monárquicos (algo perfectamente legítimo, si realmente ocurrió), y difundiendo bulos sobre el imaginario asesinato de un trabajador por el marqués de Luca de Tena. Métodos usados desde las matanzas de frailes del siglo XIX, so pretexto de que envenenaban las fuentes públicas.

 

Todo indica que, como el 13 de abril, los incendiarios salieron del Ateneo, convertido desde meses atrás en centro de agitación republicano con fuerte influencia masónica.

 

Los incendios cundieron los días siguientes por Andalucía y Levante, dejando un balance final de unos cien edificios destruidos, incluyendo iglesias, varias de gran valor histórico y artístico, centros de enseñanza como la escuela de Artes y Oficios de la calle Areneros, donde se habían formado profesionalmente miles de trabajadores, o el colegio de la Doctrina Cristiana de Cuatro Caminos, donde recibían enseñanza cientos de hijos de obreros; escuelas salesianas, laboratorios, etc. Ardieron bibliotecas como la de la calle de la Flor, una de las más importantes de España, con 80.000 volúmenes, entre ellos incunables, ediciones príncipe de Lope de Vega, Quevedo o Calderón, colecciones únicas de revistas, etcétera; o la del Instituto Católico de Artes e Industrias, con 20.000 volúmenes y obras únicas en España, más el irrecuperable archivo del paleógrafo García Villada, producto de una vida de investigación. Quedaron reducidas a cenizas cuadros y esculturas de Zurbarán, Valdés Leal, Pacheco, Van Dyck, Coello, Mena, Montañés, Alonso Cano, etcétera, así como artesonados, sillerías de coro, portadas y fachadas de gran antigüedad y belleza… Un desastre casi inconcebible.

 

Pero lo más revelador fue la reacción del Gobierno y de las izquierdas. Azaña paralizó en seco cualquier intento de frenar los disturbios, arguyendo: "Todos los conventos de Madrid no valen la vida de un republicano". Alcalá-Zamora, jefe del Gobierno provisional, escribe con amargura en sus memorias: "La furiosa actitud de Azaña planteó, con el motín y el crimen ya en la calle, la más inicua y vergonzosa crisis de que haya memoria". Pero omite su propia actitud contemporizante y amedrentada, reseñada en cambio por Maura. A los pocos días, en una reacción final muy desmesurada cuando el mal estaba hecho, el Gobierno declaró el estado de excepción y movilizó al Ejército, cesando instantáneamente los desmanes. Unas pocas compañías de la Guardia Civil habrían bastado para impedirlos.

 

Las izquierdas en general justificaron las tropelías atribuyéndolas "al pueblo", y culpando a las derechas por haber "provocado a los trabajadores". El Socialista amenazaba: "Si de algo han pecado los representantes de la revolución victoriosa es de excesivas contemplaciones con los vencidos" (no habían vencido a nadie, los monárquicos les habían regalado el poder).Viejo talante, que identificaba al pueblo con unas turbas de delincuentes y, lógicamente, a las mismas izquierdas con semejante "pueblo". Aún más graves que los incendios resultó esta clara inclinación de las izquierdas a vulnerar la ley y amparar las violencias so pretexto de un pretendido carácter popular.

 

La Iglesia y los católicos protestaron, pero sin violencia. Ello no aplacaría a las izquierdas, que lo interpretaron como signo de flojera y mantuvieron su agresividad. Contra toda evidencia, siguieron acusándolos de violentos e intolerantes, manifestando al mismo tiempo burla y desprecio hacia ellos y sosteniendo, con sorna contradictoria, que la misma Iglesia había provocado adrede los disturbios, para desprestigiar a la República.

 

Pero la casi increíble mansedumbre de la reacción derechista, debida en parte a su desorganización, no impidió que en aquel momento se abriese una grieta profunda en la opinión pública. Quienes desconfiaban del nuevo régimen vieron confirmados sus temores, y muchos que lo habían recibido con tranquilidad, incluso con alborozo, mostraron su preocupación. Entre ellos Ortega. Empezaron también las conspiraciones monárquicas en el Ejército, aunque tan irrelevantes como las republicanas anteriores.

 

No cabe exagerar las consecuencias políticas, bien descritas, tardíamente, por Alcalá-Zamora: los incendios crearon a la República "enemigos que no tenía; quebrantaron la solidez compacta de su asiento; mancharon un crédito hasta entonces diáfano; motivaron reclamaciones de países tan laicos como Francia o violentas censuras de Holanda. Se envenenó la relación entre los partidos". Calla otro efecto, oculto pero no menos trascendental: su pusilánime gestión de la crisis al frente del Gobierno le hizo perder el liderazgo moral y político de la derecha, y esa frustración le llevaría a sabotear a los nuevos líderes de Acción Popular, con efectos finalmente trágicos.

 

En cuanto a Maura, ministro de Gobernación, había intentado atajar a tiempo los desmanes, sin conseguirlo, por la oposición de Azaña y las izquierdas y la indecisión de Alcalá-Zamora. A partir de entonces, "dejé prácticamente de ser ministro de un Gobierno para pasar a ser cabo de vara o loquero mayor de un manicomio suelto y desbordado", empeñado en "la lucha a brazo partido con las bandas de insensatos que estaban hiriendo de muerte a un régimen recién nacido, régimen que les había devuelto las libertades y derechos".

 

Cualquier historiador de mediana solvencia ha de dar a estos hechos su importancia política y psicológica, pero no suele ser así. Beevor los menciona muy de pasada, tergiversándolos y sin entrar en detalles:

 

"Estos disturbios obligaron finalmente al gobierno provisional a decretar la ley marcial y reprimir con dureza a los revoltosos. Pero la derecha no olvidaría nunca la frase que se atribuyó a Azaña de que todas las iglesias de España no valían la vida de un solo republicano".

 

Por algo el grupo Prisa y Santos Juliá han promocionado con tanto fervor el libro de Beevor. Todavía lo empeora Javier Redondo en la historia publicada por El Mundo:

 

"La tensión se extiende por toda España y el Gobierno es censurado por monárquicos y católicos por su debilidad. En la mañana del día 11 los disturbios se recrudecen y la ira popular se concentra contra la Iglesia y particularmente contra los jesuitas. Arden varios conventos, iglesias y centros religiosos".

 

Redondo llama "ira popular" a las tropelías de grupos de criminales, identificando (es tradición, como hemos visto) al pueblo con la delincuencia. Bennassar, más drástico, simplemente ignora el crucial episodio, refiriéndose meramente a la "indiferencia" de Azaña ante los incendios. Desde luego, queda muy en cuestión su aserto de un Azaña dedicado a "gobernar con la razón". Otros, incluso de derecha, atribuyen a la Iglesia una "reacción excesiva"…

 

Ninguno observa la reacción pacífica de los católicos ante agresión tan brutal y premonitoria, ni la crisis abierta en la opinión pública, ni las consecuencias políticas generales. Tengo la impresión de que estas omisiones encajan con el presupuesto de que, en definitiva, las izquierdas tenían cierto derecho a sus violencias, pues venían a resolver grandes problemas del país y la Iglesia constituía un obstáculo a sus bellos proyectos. Esos historiadores simpatizan, más o menos claramente, con los mesianismos de entonces y, de un modo u otro, hacen suya la democrática advertencia del periódico izquierdista La Época a las derechas: "Callen y aguanten. La vida es así. Y hay que aceptarla como es".

 

Tampoco menciona casi ninguno de esos historiadores la gran cantidad de libros y bienes culturales e históricos quemados por tan "populares" delincuentes, amparados de hecho por el Gobierno; acaso porque esa realidad suscita dudas sobre el mito de unos republicanos muy intelectuales y decididos elevar el nivel cultural de la población. Quede ese tema para otro artículo.  Agradecemos al autor – L.D.com. España 2006-02-03

 

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edEs preciosa la homilía de Benedicto XVI en la apertura del Sínodo sobre la Eucaristía, con su diagnóstico certero sobre el mundo moderno: “queremos poseer el mundo de manera ilimitada, Dios nos estorba y hacemos de Él una simple frase devota, o lo desterramos de la vida pública… Pero donde el hombre se convierte en el único dueño del mundo y en propietario de sí mismo, no puede haber justicia”. Varios medios han tildado esta afirmación, tan evangélica y tan realista, de apocalíptica, cuando se trata de una lectura inteligente de la historia del mundo, y especialmente del siglo que acabamos de dejar atrás. Es una advertencia especialmente adecuada para esta hora que nos toca vivir, aunque provoque sarpullido a los bienpensantes de turno. 2005-10-10

 

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"En el siglo que acabamos de dejar atrás hemos visto revoluciones, cuyo programa era de no esperar más la intervención de Dios y tomar en sus manos el destino del mundo (...) La verdadera revolución consiste en acercase sin reservas a Dios que es la medida de lo justo y al mismo tiempo del amor eterno. ¿Qué nos puede salvar si no es el amor?", S. S. Benedicto XVI – P.M. - 2005.08

 

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El Alma:
1. Señor, no soy digno de tu consolación ni de ninguna visita espiritual; y por eso justamente lo haces conmigo cuando me dejas pobre y desconsolado. Porque aunque yo pudiese derramar un mar de lágrimas, aún no merecería tu consuelo. Por eso yo soy digno de ser afligido y castigado; porque te ofendí gravemente y muchas veces, y pequé mucho, y de muchas maneras. Así que, bien mirado, no soy digno de la menor consolación. Mas Tú, Dios clemente y misericordioso, que no quieres que tus obras perezcan, para manifestar las riquezas de tu bondad en los vasos de tu misericordia aun sobre todo merecimiento, tienes por bien de consolar a tu siervo de un modo sobrenatural. Porque tus consolaciones no son ilusorias como las humanas.

2. ¿Qué he hecho, Señor, para que Tú me dieses ninguna consolación celestial? Yo no me acuerdo haber hecho ningún bien; sino que he sido siempre inclinado a vicios, y muy perezoso para enmendarme. Esto es verdad, y no puedo negarlo. Si dijese otra cosa, Tú estarías contra mí, y no habría quien me defendiese. ¿Qué he merecido por mis pecados, sino el infierno y el fuego eterno? Conozco en verdad que soy digno de todo escarnio y menosprecio; ni merezco ser contado entre tus devotos. Y aunque me incomode este lenguaje, no dejaré de acusar mis pecados contra mí, y en favor de la verdad, para que más fácilmente merezca alcanzar tu misericordia.

3. ¿Qué diré yo pecador, y lleno de toda confusión? No tengo boca para hablar sino sola esta palabra: Pequé, Señor, pequé; ten misericordia de mí; perdóname. Déjame un poco para que llore mi dolor, antes que vaya a la tierra tenebrosa y cubierta de obscuridad de muerte. ¿Qué es lo que principalmente exiges del culpable y miserable pecador, sino que se convierta y se humille por sus pecados? De la verdadera contrición y humildad de corazón nace la esperanza de ser perdonado, se reconcilia la conciencia turbada, reparase la gracia perdida, se defiende el hombre de la ira venidera, y se juntan en santa paz Dios y el alma contrita.

4. Señor, el humilde arrepentimiento de los pecados es para Ti sacrificio muy acepto, que huele más suavemente en tu presencia, que el incienso. Este es también el ungüento agradable que Tú quisiste que se derramase sobre tus sagrados pies; porque nunca desechaste el corazón contrito y humillado. Allí está el lugar del refugio para el que huye del enemigo; allí se enmienda y limpia lo que en otro lugar se erró y se manchó.

 

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El Evangelio de Cristo del siglo I al XXI la Iglesia Católica fielmente proclama.

 

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Jesucristo:
1. Hijo, si buscas la paz en el trato con alguno para tu entretenimiento y compañía, siempre te hallarás inconstante y embarazado. Pero si vas a buscar la verdad que siempre vive y permanece, no te entristecerás por el amigo que se fuere o se muriere. En Mí ha de estar el amor del amigo, y por Mí se debe amar cualquiera que en esta vida te parece bueno y muy amable. Sin Mí no vale ni durará la amistad, ni es verdadero ni limpio el amor en que yo no intervengo. Tan muerto debes estar a las aficiones de los amigos, que habías de desear (por lo que a ti te toca) vivir lejos de todo trato humano. Tanto más se acerca el hombre a Dios, cuanto se desvía de todo gusto terreno. Y tanto más alto sube a Dios, cuánto más bajo desciende en sí, y se tiene por más vil.

2. El que se atribuye a sí mismo algo bueno, impide que la gracia de Dios venga sobre él; porque la gracia del Espíritu Santo siempre busca el corazón humilde. Si te supieses perfectamente anonadar y desviar de todo amor criado, yo entonces te llenaría de abundantes gracias. Cuando tú miras a las criaturas, apartas la vista del Criador. Aprende a vencerte en todo por el Criador, y entonces podrás llegar al conocimiento divino. Cualquier cosa, por pequeña que sea, si se ama o mira desordenadamente, nos estorba gozar del sumo bien, y nos daña.

 

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San Beda el Venerable (hacia 673) monje, doctor de la Iglesia
Homilías sobre los evangelios, I, 21; CCL 122, 149-151

 

“Sígueme!” (Mt 8,22) -      “Jesús vio a un hombre sentado al mostrador de los impuestos...” Su nombre era Mateo. “Sígueme” le dice. Lo vio más con la mirada interna de su amor que con los ojos corporales. Jesús vio al publicano y, porque lo amó, lo eligió, y le dijo: “Sígueme, que quiere decir: “Imítame”. Le dijo: Sígueme, más que con sus pasos, con su modo de obrar. Porque, quien dice que permanece en Cristo debe vivir como vivió él. (cf Jn 2,6)...
      Mateo “se levantó y lo siguió”. No hay  que extrañarse del hecho de que aquel recaudador de impuestos, a la primera indicación imperativa del Señor, abandonase su preocupación por las ganancias terrenas y, dejando de lado todas sus riquezas, se adhiriese al grupo que acompañaban a aquel que él veía carecer en absoluto de bienes. Es que el Señor, que lo llamaba por fuera con su voz, lo iluminaba de un modo interior e invisible para que lo siguiera, infundiendo en su mente la luz de la gracia espiritual, para que comprendiese que aquel que aquí en la tierra lo invitaba a dejar sus negocios temporales era capaz de darle en el cielo un tesoro incorruptible.

 

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Pedro oye a Cristo y le sigue, dejando su faena en el mar de Galilea


fendamos la creación y respetemos al ser humano

 

“Alegraos en el Señor siempre; lo repito: alegraos. Que vuestra bondad sea notoria a todos los hombres. El Señor está cerca. No os inquietéis por cosa alguna, sino más bien en toda oración y plegaria presentad al Señor vuestras necesidades con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa toda inteligencia, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. Por lo demás, hermanos, considerad lo que hay de verdadero, de noble, de buena fama, de virtuoso, de laudable; practicad lo que habéis aprendido y recibido, lo que habéis oído y visto en mí, y el Dios de la paz estará con vosotros.” San Pablo en su carta a los Filipenses 4, 4-9vs.

 

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¡Que tu conducta nunca de motivos de injustificada inquietud a la creación, de la que tú eres el rey!

 

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Dijo Dios: «Produzca la tierra animales vivientes según su especie: ganados, reptiles y bestias salvajes según su especie». Y así fue. Dios hizo las bestias de la tierra, los ganados y los reptiles campestres, cada uno según su especie. Vio Dios que esto estaba bien. Gen. 1, 24-25

 

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“Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones” Biblia. Evangelio según San Lucas Cap.1º vs. 48. La Iglesia, hace XXI siglos fundada por Tu Hijo, te alaba, ¡Oh Madre plena de dicha y felicidad!

 

 

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VERITAS OMNIA VINCIT

LAUS TIBI CHRISTI.

 

Debido a la existencia de páginas excelentes sobre apologética y formación,  lo que se pretende desde aquí es contribuir muy modestamente y sumarse a los que ya se interesan por el Evangelio de Cristo de manera mucho más eficaz.

 

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Recomendamos vivamente:

1º Jesús de Nazaret – Al siglo Joseph Cardenal Ratzinger ‘Benedicto XVI’. 2007

2º ‘CÓMO LA IGLESIA CONSTRUYÓ LA CIVILIZACIÓN OCCIDENTAL’. Ninguna institución ha hecho más para dar forma a la civilización occidental que la Iglesia Católica, y en modos que muchos de nosotros hemos olvidado o nunca sabido. Como la Iglesia construyó la civilización occidental es una lectura esencial para redescubrir esta relegada verdad. De un modo senillo y muy atractivo. 2007.

Autor: Thomas E. WOODS Jr.-Editorial: CIUDADELA. 

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Recomendamos: ‘Desafíos cristianos de nuestro tiempo’, editado por Rialp. El autor, sacerdote, repasa algunos de los problemas más habituales a los que se enfrentan los cristianos hoy. Toca, por ejemplo, la cuestión del evolucionismo y el creacionismo para explicar de qué manera son complementarios, apoyándose en el magisterio de los distintos Papas. Otro tema de actualidad que no soslaya es la presencia del mal en el mundo. Y tampoco evita el cómo enfrentarse al dolor y a la muerte.  En opinión del autor, «la crisis del amor constituye el mar de fondo de las tormentas que agitan las aguas del Primer Mundo», y corresponde a los cristianos retomar el mandamiento nuevo del Señor. El laicismo intransigente en que vivimos anima a tomar ejemplo de los mártires y a hacernos presentes en la vida pública. 2007

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: ‘Inquisición’  historia crítica - Autores: Catedrático e historiador ‘Ricardo García Cárcel’ y la licenciada en Historia por la Universidad Autónoma de Barcelona-España ‘Doris Moreno Martínez’, investigadora. (Editado por Ediciones Temas de Hoy. Esp.). Cerca de doscientos años después de que Juan Antonio Llorente redactara su clásica ‘Historia crítica de la Inquisición’, los autores de este libro han querido escribir una nueva historia crítica del Santo Oficio, elaborada con la intención de huir del resentimiento, del morbo, los sectarismos, pero con fiel memoria –racional y sentimental- de las victimas de aquella institución, que fue muchas cosas al mismo tiempo: tribunal con jurisdicción especial, empresa paraestatal, instrumento aculturador, símbolo de representación y de identificación ideológica, arma en manos de otros poderes, poder en sí mismo. En este libro se examina la poliédrica identidad de la Inquisición y se responde a muchas preguntas que han inquietado a los historiadores: ¿por qué y para qué se creó el Santo Oficio?. ¿Por qué duro tanto? ¿Fueron los inquisidores hombres o demonios? Los procedimientos penales de la Inquisición ¿fueron normales o excepcionales?. ¿Cuántas víctimas hubo?. ¿Fue la Inquisición culpable del atraso cultural español respecto a Europa?. ¿Gozó de la complicidad o del rechazo de la sociedad?.

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5º: ‘LEYENDAS NEGRAS DE LA IGLESIA’. Autor Vittorio MESSORI – Editorial “PLANETA-TESTIMONIO” 10ª EDICIÓN – Óptimo libro para defenderse del cúmulo de opiniones arbitrarias, deformaciones sustanciales y auténticas mentiras que gravitan sobre todo en lo que concierne a la Iglesia.


In Obsequio Jesu Christi. +


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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).