Tuesday 21 February 2017 | Actualizada : 2017-02-03
 
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Confiemos en que el sentido común no deje de asistirnos a la hora de distinguir el blanco del negro y que la civilización se imponga, con las solas armas de la razón, ala barbarie. Porquela verdad, como el agua, sale siempre a flote; de arriba hacia abajo, de abajo hacia arriba ‘siempre triunfante’. Aunque le fastidie a muchosla verdad. Porqueno resuelven sus dificultades o necedades, en ellos no confiemos.

 

 

 

 

En 1974 Turquía invadió y sigue ocupando agresivamente, un tercio al norte de la El isla de Chipre*, y la declaró unilateralmentela "República Turcade Chipre del Norte". (El 80% eran griegos cristianos, 18% musulmanes, 2% otros). La isla ha quedado desde entonces, dividida por un muro y en un estado de guerra civil suspendida. En la parte ocupada por los mahometanos turcos, prácticamente todas las iglesias han sido o destruidas, incendiadas, saqueadas; y en su lugar, han instalado albergues, restaurantes, clubes nocturnos, locales de mala vida, etc. Mientras callala hipócrita Europay no solo, los sumisos guerreros del caudillo Mahoma asesinan, con tenaz insistencia, a los que ellos consideran ‘infieles’. Además, en Chipre, antiquísimas obras del arte greco-chipriota «patrimonio de la humanidad», han sido profanadas y destruidas por musulmanes. (Para memoria de tales sucesos, entregósele hoy a S.S. Benedicto PP. XVI, un álbum ‘histórico fotográfico documentado. 2006-XI-10).

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* El apóstol San Pablo cambió su nombre de Saulo por el de Pablo, en honor de su primer gran convertido, el gobernador de Chipre, que se llamaba Sergio Pablo.

 

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900 AÑOS DE LA SOBERANA ORDEN DE MALTA. En febrero de 2013 y durante todo el presente año, la Soberana Orden de Malta, la más extendida universalmente entre las obras asistenciales, está celebrando un significativo aniversario. Han transcurrido 900 años desde la promulgación por el Papa Pascual II del Solemne Privilegio que reconoció oficialmente a la comunidad monástica de los Hospitalarios de San Juan de Jerusalén. El documento, identificado con las palabras iniciales de su texto, Pie Postulatio Voluntatis, estableció en 1113 la base legal de la soberanía e independencia de la Orden de San Juan de Jerusalén, conocida actualmente como la Soberana Orden de Malta, y constituyó un elemento fundamental para su desarrollo. Con su Solemne Privilegio, el Papa reconocía que la Orden tenía derecho a asegurar su continuación eligiendo, a su debido tiempo, a un sucesor del fundador, el Beato Gerardo. Desde entonces se despliega, por nueve siglos, una heroica historia de fidelidad a Dios y a la Iglesia a través de la atención hospitalaria y espiritual a los necesitados, que ha logrado superar las adversidades más variadas: La salida de Tierra Santa y las pérdidas de las islas mediterráneas de Rodas y de Malta, los ataques de ejércitos y escuadras superiores y, actualmente, el golpe de los terremotos, inundaciones, tifones, pestes, guerras civiles y diversas catástrofes; siempre teniendo como objetivo el fortalecimiento de la fe de sus miembros y la ayuda a “nuestros señores” los pobres y enfermos.

 

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1283: el 3 de mayo en el combate naval de Malta, la escuadra aragonesa de Roger de Lauria derrota a la francesa.

 

 

Roma, año 1198. El diecisiete de diciembre, el Papa Inocencio III firmala Bula Operantedivine dispositionis, por la que el Sumo Pontífice aprueba la Orden dela Santísima Trinidady de la Redención de Cautivos, que desde ese momento y durante siglos será conocida como orden de los Trinitarios. En plena Edad Media, gracias a la regla establecida por su fundador -el francés Juan de Mata-, la Iglesia católica cuenta con la primera institución oficial dedicada al servicio de los presos cristianos que sufrían cautividad por su fe.

 

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Las Cruzadas fueron expediciones emprendidas, en cumplimiento de un solemne voto, para liberar los Lugares Santos de la dominación mahometana. El origen de la palabra remonta a la cruz hecha de tela y usada como insignia en la ropa exterior de los que tomaron parte en esas iniciativas.

 

 

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Con la llegada del guerrero Mahoma e irrupción del mahometismo (islamismo-musulmán) en el siglo VII, no ha cesado el ataque a la civilización, a los fundamentos judeo-cristianos de Europa. A una nueva concepción de libertad, deberes y derechos; del cristianismo, el alzar y valorar la inalienable dignidad de todo ser humano ‘hombre como mujer’. Esos hechos nos brindan una posibilidad de interpretar las Cruzadas como lo que fueron: una lucha por la supervivencia de Occidente, con la Cristiandad a la cabeza, por sus valores y méritos que progresivamente vamos gozando.

 

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En Amarante, lugar de Portugal, beato Gonzalo, presbítero de Braga, que después de una larga peregrinación por Tierra Santa ingresó en la Orden de Predicadores y más tarde se retiró a una ermita, ayudando a construir un puente y trabajando en bien de los habitantes del lugar con su oración y predicación y enseñando (ca. año †1259).

 

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"Sabedlo:  el Señor hizo milagros en mi favor, y el Señor me escuchará cuando lo invoque" (Sal 4, 4). Estas palabras del Salmo responsorial expresan el secreto de la vida del bienaventurado Nuno de Santa María, héroe y santo de Portugal. Los setenta años de su vida se enmarcan en la segunda mitad del siglo  XIV y la primera del siglo XV, cuando esa nación consolidó su independencia de Castilla y se extendió después a los océanos -no sin un designio particular de Dios-, abriendo nuevas rutas para favorecer la llegada del Evangelio de Cristo hasta los confines de la tierra. ?San Nuno se sintió instrumento de este designio superior y se enroló en la militia Christi, o sea, en el servicio de testimonio que todo cristiano está llamado a dar en el mundo. Sus características fueron una intensa vida de oración y una confianza absoluta en el auxilio divino. Aunque era un óptimo militar y un gran jefe, nunca permitió que sus dotes personales se sobrepusieran a la acción suprema que venía de Dios. ?San Nuno se esforzaba por no poner obstáculos a la acción de Dios en su vida, imitando a la Virgen, de la que era muy devoto y a la que atribuía públicamente sus victorias. En el ocaso de su vida, se retiró al convento del Carmen, que él mismo había mandado construir. Me siento feliz de señalar a toda la Iglesia esta figura ejemplar, especialmente por una vida de fe y de oración en contextos aparentemente poco favorables a ella, lo cual prueba que en cualquier situación, incluso de carácter militar y bélico, es posible actuar y realizar los valores y los principios de la vida cristiana, sobre todo si esta se pone al servicio del bien común y de la gloria de Dios.

El día 26 de abril 2009, tercer domingo de Pascua, el Papa Benedicto XVI canonizó a cinco beatos, cuatro de ellos italianos y uno portugués. Son:  el presbítero Arcángel Tadini, fundador de la congregación de las Religiosas Obreras de la Santa Casa de Nazaret; Bernardo Tolomei, abad fundador de la congregación de Santa María de Monte Oliveto, de la Orden benedictina; Gertrudis Comensoli, virgen, fundadora del instituto de las Religiosas del Santísimo Sacramento; Catalina Volpicelli, virgen, fundadora de la congregación de las Esclavas del Sagrado Corazón; y Nuno de Santa María Álvares Pereira, religioso de la Orden de los Hermanos de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo. El rito tuvo lugar durante la misa celebrada en la plaza de San Pedro, a las diez de la mañana. Concelebraron con el Papa los cardenales José Saraiva Martins, c.m.f., prefecto emérito de la Congregación para las causas de los santos; Crescenzio Sepe, arzobispo de Nápoles; José da Cruz Policarpo, patriarca de Lisboa; y John Njue, arzobispo de Nairobi; once arzobispos y obispos, y treinta y cuatro sacerdotes y religiosos, entre ellos el abad general de la Congregación Olivetana, padre Michelangelo M. Tiribilli, y el prior general de los Carmelitas, padre Fernando Millán Romeral.

Actuaron de cardenales diáconos Renato Raffaele Martino, presidente del Consejo pontificio Justicia y paz, y Angelo Comastri, arcipreste de la basílica vaticana. La procesión entró en la plaza por el portón de Bronce. Postuló la canonización el prefecto de la Congregación para las causas de los santos, monseñor Angelo Amato, s.d.b., arzobispo titular de Sila -acompañado de los cinco postuladores-, que leyó una breve biografía de cada uno de los nuevos santos. Después del canto de las letanías de los santos, Benedicto XVI pronunció la fórmula de canonización; monseñor Amato dio las gracias al Papa e intercambió con él un abrazo fraterno. La primera lectura se hizo en portugués; la segunda, en inglés; el salmo responsorial, en italiano; y el evangelio, en latín y griego, como en las grandes solemnidades. A continuación, Su Santidad pronunció la homilía que publicamos. Distribuyeron la comunión ciento sesenta sacerdotes. Los cantos corrieron a cargo de la Capilla Sixtina, dirigida por el maestro Giuseppe Liberto. Además del coro guía "Mater Ecclesiae", apoyaron a la asamblea las corales de las causas de canonización de los nuevos santos:  Botticino Sera, Bottino Mattina, San Gallo, Verolanuova Brescia, San Francesco, Instituto "Cardenal Ferrari de Cantù", y Catalina Volpicelli, coordinados por fray Matteo Ferraldeschi, o.f.m.

 

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ENFERMERA MEDIEVAL

 

En 1198, el Papa Inocencio III estableció en Roma lo que se proponía ser una institución modelo pare la atención de los enfermos, llamada "Hospital del Santo Espíritu". Los ciudadanos influyentes que visitaban al Sumo Pontífice eran invitados a visitar el funcionamiento y se les propondría que organizaran instituciones similares en sus ciudades. Esta idea fue adoptada por Alemania como "Heilige Geist" (Espiritu Santo) y en Francia como "Hotel Dieu" (Case de Dios).

En la imagen, túnica larga negra de manga larga, sobrevestido blanco con escote a la caja y sin mangas, mandil largo blanco, sin tirantes, verdugo blanco e inmensa cota blanca con terminación a modo de alas.

 

Caballero Hospitalario 

 

En el S. XII, los monjes del Hospital San Juan de Jerusalén tuvieron que servir a los intereses de los Cruzados. Montados a caballo salían del monasterio pare ayudar en la batalla contra los musulmanes y, una vez cumplido, volvían al hospital para proseguir con sus labores de Enfermería. Por ello, se les conocía como Caballeros Hospitalarios u Ordenes Militares de Enfermería

 

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Para no caer en el anacronismo, es necesario tener la humildad y la inteligencia de leer los hechos del pasado no con las categorías mentales de hoy, más, dentro el marco histórico temporal en que se efectuaron.  

 

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Al igual que ocurre con cualquier otra expresión de la mente humana, quizás la objetividad plena es imposible, pero lo que se le pide a cualquier intelectual honrado es que, cuando menos, haga el esfuerzo de buscarla, tenga la valentía de acercarse serena y responsablemente al mayor grado de objetividad histórica posible.

 

 

 

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En el año 807 fuerzas mahometanas ocuparon la provincia bizantina de Chipre, y el patrimonio cristiano (obras de arte, manuscritos, traducciones) fue saqueado; la patrimonialidad provenía nada menos que época de Pablo de Tarso.

 

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CRUZADAS, HASTA AÑO 1199

 

 

Las Cruzadas fueron expediciones emprendidas, en cumplimiento de un solemne voto, para liberar los Lugares Santos de la dominación mahometana. El origen de la palabra remonta a la cruz hecha de tela y usada como insignia en la ropa exterior de los que tomaron parte en esas iniciativas. Escritores medievales utilizan los términos crux (pro cruce transmarina, Estatuto de 1284, citado por Du Cange s.v. crux), croisement (Joinville), croiserie (Monstrelet), etc. Desde la edad media el significado de la palabra cruzada se extendió para incluir a todas las guerras emprendidas en cumplimiento de un voto, y dirigidas contra infieles, ej. contra mahometanos, paganos, herejes, o aquellos bajo edicto de excomunión. Las guerras emprendidas por los españoles contra los moros constituyeron una cruzada incesante del siglo XI al XVI; en el norte de Europa se organizaron cruzadas contra los prusianos y lituanos; el exterminio de la herejía albigense se debió a una cruzada, y, en el siglo XIII los papas predicaron cruzadas contra Juan Lackland y Federico II. Pero la literatura moderna ha abusado de la palabra aplicándola a todas las guerras de carácter religioso, como, por ejemplo, la expedición de Heraclio contra los persas en el siglo VII y la conquista de Sajonia por Carlomagno. La idea de la cruzada corresponde a una concepción política que se dio sólo en la Cristiandad del siglo XI al XV; esto supone una unión de todos los pueblos y soberanos bajo la dirección de los papas. Todas las cruzadas se anunciaron porla predicación. Despuésde pronunciar un voto solemne, cada guerrero recibía una cruz de las manos del Papa o de su legado, y era desde ese momento considerado como un soldado dela Iglesia. Alos cruzados también se les concedían indulgencias y privilegios temporales, tales como exención de la jurisdicción civil, inviolabilidad de personas o tierras, etc. De todas esas guerras emprendidas en nombre de la Cristiandad, las más importantes fueron las Cruzadas Orientales, que son las únicas tratadas en este artículo.

 

DIVISION

Ha sido habitual el describir las Cruzadas como ocho en número:
- la primera, 1095-1101;
- la segunda, encabezada por Luis VII, 1145-47;
- la tercera, conducida por Felipe Augusto y Ricardo Corazón de León, 1188-92;
- la cuarta, durante la cual Constantinopla fue tomada, 1204;
- la quinta, que incluyó la conquista de Damietta, 1217;
- la sexta, en la que Federico II tomó parte (1228-29); así como Teobaldo de Champaña y Ricardo de Cornualles (1239);
- la séptima, liderada por San Luis, 1249-52;
- la octava, también bajo la dirección de San Luis, 1270.
Esta división es arbitraria y excluye muchas expediciones importantes, entre ellas las de los siglos XIV y XV. En realidad las Cruzadas continuaron hasta fines del siglo XVII, la cruzada de Lepanto ocurrió en 1571, la de Hungría en 1664, y la cruzada del duque de Borgoña a Candía, en 1669. Una división más científica se basa en la historia de las colonias cristianas en Oriente; por consiguiente el tema se tratara en el siguiente orden:
I. Origen de las Cruzadas;
II. Fundación de estados cristianos en Oriente;
III. Primera destrucción de los estados cristianos (1144-87);
IV. Intentos de restaurar los estados cristianos y la cruzada contra San Juan de Acre (1192-98);
V. La cruzada contra Constantinopla (1204);
VI. Las cruzadas del siglo XIII (1217-52);
VII. Pérdida final de las colonias cristianas de Oriente (1254-91);
VIII. La cruzada del siglo XIV y la invasión otomana;
IX. La cruzada en el siglo XV;
X. Modificaciones y persistencia de la idea de cruzada.

 

 

I. ORIGEN DE LAS CRUZADAS


El Origen de las Cruzadas remonta directamente a la condición moral y política dela Cristiandad Occidentalen el siglo XI. En aquel tiempo Europa estaba dividida en muchos estados cuyos soberanos estaban absortos en tediosas y fútiles disputas territoriales mientras el emperador, en teoría la cabeza temporal de la Cristiandad, gastaba su energía en disputas sobre Investiduras. Solo los papas habían mantenido una justa noción de unidad cristiana; Ellos veían a que grado los intereses de Europa eran amenazados por el imperio Bizantino y por las tribus mahometanas, y solo ellos tenían una política extranjera cuyas tradiciones se formaron bajo León IX y Gregorio VII. La reforma efectuada en la Iglesia y el papado bajo la influencia de los monjes de Cluny había aumentado el prestigio del romano pontífice ante todas las naciones cristianas; por tanto nadie sino el Papa podía inaugurar el movimiento internacional que culminó en las Cruzadas. Pero a pesar de su eminente autoridad nunca habría podido el Papa persuadir a los pueblos occidentales de armarse para la conquista dela Tierra Santade no haber sido por que las relaciones inmemoriales entre Siria y Occidente favorecieron su plan. Los europeos escucharon la voz de Urbano II porque sus propias inclinaciones y tradiciones históricas los impulsaban hacia el Santo Sepulcro. Desde fines del siglo V no había habido ninguna ruptura en su comunicación con Oriente. Desde el primer período cristiano colonias de sirios habían introducido las ideas religiosas, arte, y cultura de Oriente en las grandes ciudades de Galia y de Italia. Los cristianos occidentales a su vez viajaron en grandes cantidades a Siria, Palestina, y Egipto, sea para visitar los Lugares Santos o para seguir la vida ascética de los monjes de la Tebaida o del Sinaí. Aun existe el itinerario de un peregrinaje de Burdeos a Jerusalén, que data de 333; en 385 San Jerónimo y Santa Paula fundaron los primeros monasterios latinos en Belén. Ni siquiera la invasión bárbara pareció desalentar el ardor por las peregrinaciones a Oriente. El Itinerario de Santa Silvia (Etheria) muestra la organización de esas expediciones, que eran dirigidas por clérigos y escoltadas por tropas armadas. En el año 600, San Gregorio el Grande hizo erigir un hospicio en Jerusalén para el alojamiento de los peregrinos, envió sus designios a los monjes del Monte Sinaí ("Vita Gregorii" in "Acta SS.", marzo 1I, 132), y, aunque la condición deplorable dela Cristiandad Orientaldespués de la invasión árabe hizo esta comunicación más difícil, de ninguna manera ceso.

 

Ya desde el siglo VIII anglosajones sufrieron las más grandes dificultades para visitar Jerusalén. El viaje de San Willibaldo, obispo de Eichstädt, tomó siete años (722-29) y proporciona una idea de las variadas y severas tribulaciones a las que los peregrinos eran sometidos (Itiner. Latina, 1, 241-283). Después de su conquista de Occidente, los Carolingias trataron de mejorar la condición de los latinos establecidos en Oriente; en 762 Pipino el Breve entró en negociaciones con el Califa de Bagdad. En Roma el 30 de noviembre de 800, el mismo día en el que León III invocó el arbitraje de Carlomagno, embajadores de Haroun al-Raschid entregaron al rey de los Francos las llaves del Santo Sepulcro, el estandarte de Jerusalén, y unas preciosas reliquias (Einhard, "Annales", ad un.800, in"Mon. Germ. Hist.: Script.", I, 187); esto fue un reconocimiento del protectorado franco sobre los cristianos de Jerusalén. Que se edificaron iglesias y monasterios pagados por Carlomagno es certificado por una especie de censo de los monasterios de Jerusalén de 808 ("Commemoratio de Casis Dei" in "Itiner. Hieros.", I, 209). In 870, al momento del peregrinaje de Bernardo el monje (Itiner. Hierosol., I, 314), esas instituciones eran todavía muy prósperas, y se ha demostrado con abundancia que se enviaban limosnas periódicamente de Occidente a Tierra Santa . En el siglo X justo cuando el orden político y social de Europa estaba más perturbado, caballeros, obispos, y abades, actuando por devoción y gusto de la aventura, estaban acostumbrados a visitar Jerusalén y orar en el Santo Sepulcro sin ser vejados por los mahometanos. De repente, en 1009, Hakem, el Califa fatimí de Egipto, en un ataque de locura ordenó la destrucción del Santo Sepulcro y de todos los establecimientos cristianos en Jerusalén. Por años después de esto los cristianos fueron cruelmente perseguidos. (Ver la relación de un testigo ocular, Iahja de Antioquía, enla "Epopéebyzantine" de Schlumberger, II, 442.) En 1027 el protectorado Franco fue derrocado y reemplazado por el de los emperadores bizantinos, a cuya diplomacia se debió la reconstrucción del Santo Sepulcro. Incluso se cercó el barrio cristiano con un muro, y unos comerciantes Amalfi, vasallos de los emperadores griegos, construyeron hospicios para peregrinos en Jerusalén, ej. el Hospital de San Juan, cuna de la Orden de los Hospitalarios.

 

 

 

En vez de disminuir, el entusiasmo de los cristianos occidentales por el peregrinaje a Jerusalén pareció más bien aumentar durante el siglo XI. No solos príncipes, obispos, y caballeros, sino aun hombres y mujeres de las más humildes clases emprendieron la jornada santa (Radulphus Glaber, IV, vi). Ejércitos enteros de peregrinos cruzaron Europa, y en el valle del Danubio se establecieron hospicios donde podían completar sus provisiones. En 1026 Ricardo Abad de Saint-Vannes, condujo 700 peregrinos a Palestina con gasto de Ricardo II, duque de Normandía. En 1065 más de 12,000 alemanes que cruzaron Europa bajo el mando de Günther, obispo de Bamberg, en su camino a Palestina tuvieron que buscar refugio en una fortaleza en ruinas, donde se defendieron contra una banda de beduinos (Lambert de Hersfeld, en "Mon. Germ. Hist.: Script.", V, 168). Así es evidente que a fines del siglo XI la ruta de Palestina le era bastante familiar a los cristianos occidentales que tenían al Santo Sepulcro como a la reliquia más venerada y estaban listos a afrontar cualquier peligro para visitarlo. El recuerdo del protectorado de Carlomagno aun vivía, y un rastro de él se encuentra en la leyenda medieval del viaje de este emperador a Palestina (Gaston Paris in "Romania", 1880, pág. 23). El ascenso de los turcos seleúcidas, sin embargo, comprometió la seguridad de los peregrinos e incluso amenazó la independencia del imperio bizantino y de todala Cristiandad. En1070 Jerusalén fue tomada, y en 1091 Diógenes, el emperador griego, fue derrotado y hecho cautivo en Mantzikert. Asia Menor y toda Siria se volvieron la presa de los turcos. Antioquía sucumbió en 1084, y para 1092 ni una de las grandes sedes metropolitanas de Asia permanecía en posesión de los cristianos. Aunque separados de la comunión de Roma desde el cisma de Miguel Cerulario (1054), los emperadores de Constantinopla suplicaron por la ayuda de los papas; en 1073 se intercambiaron cartas sobre el asunto entre Miguel VII y Gregorio VII. El papa seriamente contempló el liderar una fuerza de 50,000 hombres a Oriente para restablecer la unidad cristiana, repeler a los turcos, y rescatar el Santo Sepulcro. Pero la idea de la cruzada constituía sólo una parte de este magnífico plan. (Las cartas de Gregorio VII están en P. L., CXLVIII, 300, 325, 329, 386; cf. discusión crítica de Riant in Archives de l´Orient Latin, I, 56.) El conflicto sobre las Investiduras en 1076 obligó al papa a abandonar sus proyectos; los emperadores Nicéphoro Botaniates y Alejo Comneno eran desfavorables a una unión religiosa con Roma: finalmente la guerra estalló entre el imperio bizantino y los Normandos de las Dos Sicilias.

 

 

Fue el Papa Urbano II quien asumió los planes de Gregorio VII y les dio una forma más definida. Una carta de Alejo Comneno a Roberto, conde de Flandes, registrada por los cronistas, Guibert de Nogent ("Historiens Occidentaux des Croisades", ed. por la Académie des Inscriptions, IV, 13l) y Hugues de Fleury (in "Mon. Germ. Hist.: Script.", IX, 392), parece dar a entender que la cruzada fue instigada por el emperador bizantino, pero esto se ha probado falso (Chalandon, Essai sur le règne d´Alexis Comnène, appendix), Alejo sólo había querido enrolar quinientos caballeros flamencos en el ejército imperial (Anna Comnena, Alexiada, VII, iv). El honor de iniciar la cruzada se ha atribuido también a Pedro el Ermitaño, un solitario de Picardía, quien, después de un peregrinaje a Jerusalén y una visión en la iglesia del Santo Sepulcro, fue a ver a Urbano II y fue comisionado por él para predicarla cruzada. Sinembargo, aunque testigos oculares de la cruzada mencionan su predicación, no le atribuyen el papel tan importante que le asignan mas tarde varios cronistas, ej. Alberto de Aix y sobre todo Guillermo de Tiro. (Ver Hagenmeyer, Peter der Eremite Leipzig, 1879.) La idea de la cruzada se atribuye principalmente al Papa Urbano II (1095), y los motivos que lo llevaron actuar son claramente mostrados por sus contemporáneos: "Observando el enorme daño que todos, clero o pueblo, causaron a la fe cristiana. . . a la noticia de que las provincias rumanas habían sido tomadas de los cristianos por los turcos, conmovido con compasión e impulsado por el amor de Dios, cruzó las montañas y descendió en la Galia" (Foucher de Chartres, I, in "Histoire des Crois.", III, 321). Por supuesto es posible que para aumentar sus fuerzas, Alejo Comneno haya solicitado ayuda en Occidente; sin embargo, no fue él sino el papa quien incitó al gran movimiento que llenó a los griegos de ansiedad y terror.

 

II. FUNDACIÓN DE LOS ESTADOS CRISTIANOS DE ORIENTE

 

Después de viajar a través de Borgoña y el sur de Francia, Urbano II convocó un concilio en Clermont-Ferrand, en Auvernia. Asistieron catorce arzobispos, 250 obispos, y 400 abades; también un gran número de caballeros y hombres de todas condiciones vinieron y acamparon en la llanura de Chantoin, al este de Clermont, del 18 al 28 de noviembre de 1095. El 27 de noviembre el papa se dirigió a las multitudes congregadas, las exhortó a ir adelante y rescatar el Santo Sepulcro. Entre un entusiasmo maravilloso y gritos de "¡Dios lo quiere!" todos corrieron hacia el pontífice a obligarse por voto a partir para Tierra Santa y recibir la cruz de material rojo que llevarían en el hombro. Al mismo tiempo el papa envió cartas a todas las naciones cristianas, y el movimiento rápidamente avanzó en toda Europa. Predicadores de la cruzada aparecieron por dondequiera, y por todos lados surgieron desorganizas, indisciplinadas, hordas sin dinero, casi sin equipo, que, saliendo hacia el este por el valle del Danubio, pillaron a lo largo del camino y asesinaron a los judíos en las ciudades alemanas. Una de esas bandas, encabezada por Folkmar, un clérigo alemán, fue asesinada por los húngaros. Pedro el Ermitaño, sin embargo, y el caballero alemán, Walter Sin-un-cinco (Gautier Sans Avoir), llegaron por fin a Constantinopla con sus desorganizadas tropas. Para preservar la ciudad del pillaje Alejo Comneno los mandó llevar a través del Bósforo (agosto, 1096); en Asia Menor volvieron a saquear y fueron casi todos masacrados por los turcos. Entretanto se organizaba la cruzada regular en Occidente y, según un bien concebido plan, los cuatro ejércitos principales debían reunirse en Constantinopla.

 

Godofredo de Bouillon, duque de Baja Lorena a la cabeza del pueblo de Lorena, los alemanes, y los franceses del norte, siguió el valle del Danubio, cruzó Hungría, y llegó a Constantinopla el 23 de diciembre de 1096.

 

Hugo de Vermandois, hermano del rey Felipe I de Francia, Roberto Courte-Heuse, duque de Normandía, y el conde Esteban de Blois, llevaron bandas de franceses y normandos por los Alpes y echaron vela de los puertos de Apulia para Dyrrachium (Durazzo o Durrës), de donde tomaronla "Via Egnatia" hacia Constantinopla y se reunieron allí en mayo de 1097.

 

Los franceses del sur, bajo la dirección de Raimundo de San-Gilles, conde de Tolosa, y de Ademar de Monteil, obispo de Puy y legado papal, empezaron a avanzar batallando por los valles longitudinales de los Alpes Orientales y, después de conflictos sangrientos con los eslavos, llegaron a Constantinopla a fines de abril de 1097.

 

Por último, los Normandos de Italia del sur, atraídos por el entusiasmo de las bandas de cruzados que pasaban por su país, embarcaron para Epiro bajo el mando de Bohemundo y Tancredo, uno era el hijo mayor, el otro el sobrino, de Roberto Guiscardo.

 

 

 

Cruzando el imperio bizantino, consiguieron llegar a Constantinopla el 26 de abril de 1097. La aparición de los ejércitos cruzados en Constantinopla creó la más grande inquietud, y provocó los futuros e irremediables malos entendidos entre los cristianos griegos y los latinos. La invasión no pedida de estos últimos alarmó a Alejo, quien trató de prevenir la concentración de todas esas fuerzas en Constantinopla transportando a Asia Menor cada ejército occidental en el orden de su llegada; además, él trató de arrancar de los jefes de la cruzada la promesa de que restaurarían al imperio griego las tierras que iban a conquistar. Después de resistir a las súplicas imperiales durante el invierno, Godofredo de Bouillon, confinado en Pera, aceptó al fin tomar el juramento de fidelidad. Bohemundo, Roberto Courte-Heuse, Esteban de Blois, y los otros jefes cruzados sin dudar hicieron la misma promesa; Raimundo de St-Gilles, sin embargo, permaneció firme.

 

 


Transportados a Asia Menor, los cruzados sitiaron la ciudad de Nicea, pero Alejo negoció con los turcos, que le entregaron la ciudad, y prohibió entrar a los cruzados (1 de junio de 1097). Después de vencer a los turcos en la batalla de Dorilea el 1 de julio de 1097, los cristianos entraron en las mesetas altas de Asia Menor. Sin cesa hostigados por un implacable enemigo, agobiados por el extremo calor, y abatidos bajo el peso de sus armaduras de cuero cubiertas de placas de hierro, sus sufrimientos eran casi intolerables. En septiembre 1097, Tancredo y Balduino, hermanos de Godofredo de Bouillon, dejaron el grueso del ejército y entraron en territorio armenio. En Tarsus una pelea casi estalla entre ellos, pero afortunadamente se reconciliaron. Tancredo tomó posesión de las ciudades de Cilicia, mientras Balduino, llamado por los armenios, cruzó el Eufrates en octubre, 1097, y, después de casarse con una princesa armenia, fue proclamado Señor de Edesa. Entretanto los cruzados, reaprovisionados por los armenios de la región de Taurus, fueron a Siria y el 20 de octubre, 1097, llegaron a la ciudad fortificada de Antioquía, que estaba protegida por una pared flanqueada de 450 torres, abastecida por el ámel Jagi-Sian con inmensas cantidades de provisiones. Gracias a la ayuda de carpinteros e ingenieros de una flota genovesa que había llegado a la boca del Orontes, los cruzados pudieron construir arietes e iniciaron el sitio dela ciudad. Por fin, Bohemundo negoció con un jefe turco que entregó una de las torres, y en la noche del 2 de junio, 1098, los cruzados tomaron Antioquía por asalto. Al mismo día siguiente fueron sitiados dentro de la ciudad por el ejército de Kerbûga, ámel de Mosul. Plaga y hambre cruelmente diezmaron sus rangos, y muchos de ellos, entre otros Esteban de Blois, escaparon bajo cubierto dela noche. El ejército estaba al borde del desaliento cuando de repente se reanimó su valor por el descubrimiento dela Lanza Santa, resultado del sueño de un sacerdote provenzal llamado Pedro Bartolomé. El 28 de junio de 1098, el ejército de Kerbûga fue efectivamente rechazado, pero, en lugar de marchar sin retraso a Jerusalén, los jefes gastaron varios meses en disputas por a la rivalidad entre Raimundo de San-Gilles y Bohemundo, ambos exigiendo el derecho a Antioquía. No fue sino hasta abril, 1099, que empezó la marcha hacia Jerusalén, Bohemundo quedo en posesión de Antioquía mientras que Raimundo tomó Trípoli. El 7de junio los cruzados empezaron el sitio de Jerusalén. Su dificultad habría sido seria, en efecto, de no haber sido por la llegada de otra flota genovesa a Jaffa y, como en Antioquía, suministró los ingenieros necesarios para un sitio. Después de una procesión general que los cruzados hicieron descalzos alrededor de las murallas de la ciudad entre insultos y encantamientos de hechiceros mahometanos, el ataque comenzó el 14 de julio, 1099.

Al día siguiente los cristianos entraron en Jerusalén por todos lados y asesinaron a sus habitantes sin consideración de edad ni sexo. Habiendo cumplido su peregrinaje al Santo Sepulcro, los caballeros eligieron como señor de la nueva conquista a Godofredo de Bouillon, quien se llamó a sí mismo "Defensor del Santo Sepulcro". Tuvieron entonces que rechazar un ejército egipcio, que fue derrotado en Ascalón, el 12 de agosto, 1099. Su situación era sin embargo muy insegura. Alejo Comneno amenazó el principado de Antioquía, y en 1100 Bohemundo mismo fue hecho prisionero por los turcos, mientras que la mayor parte de las ciudades en la costa estaban todavía bajo control mahometano. Antes de su muerte, el 29 de julio, 1099, Urbano II una vez más proclamóla cruzada. En1101 tres expediciones cruzaron Europa bajo la dirección del conde Esteban de Blois, del duque Guillermo IX de Aquitania, y de Welf IV, duque de Baviera. Los tres lograron llegar a Asia Menor, pero fueron masacrados por los turcos. A su salida de prisión Bohemundo atacó al imperio bizantino, pero fue rodeado por el ejército imperial y forzado a aceptar ser el vasallo de Alejo. A la muerte de Bohemundo en 1111, sin embargo, Tancredo se negó a respetar el tratado y retuvo Antioquía. Godofredo de Bouillon murió en Jerusalén el 18 de julio, 1100. Su hermano y sucesor, Balduino de Edesa, fue coronado rey de Jerusalén en la Basílica de Belén el 25 de diciembre, 1100. En 1112 con la ayuda de Noruegos bajo el mando de Sigurd Jorsalafari y el apoyo de flotas genovesa, pisana, y veneciana, Balduino inició la conquista de los puertos de Siria, que completó en 1124 con la captura de Tiro. Solo Ascalón mantuvo una guarnición egipcia hasta 1153.

 

 

 

En ese período los estados cristianos formaban un territorio extenso y continuo entre el Eufrates y la frontera egipcia, e incluían cuatro principados casi independientes: el reino de Jerusalén, el condado de Trípoli, el principado de Antioquía, y el condado de Rohez (Edesa). Estos pequeños estados eran, por así decir, la propiedad común de toda la Cristiandad y, como tal, estaban subordinados a la autoridad del papa. Además, los caballeros franceses y comerciantes italianos establecidos en las recientemente conquistadas ciudades pronto predominaron. La autoridad de los soberanos de estos diferentes principados estaba restringida por los dueños-de-feudos, los vasallos, y los sub-vasallos que constituían la Corte de Lieges, o Suprema Corte. Esta asamblea tenía total autoridad en asuntos legislativos; ningún estatuto ni ley se podía proclamar sin su acuerdo; ningún barón podía ser privado de su feudo sin su decisión; su jurisdicción se extendía por encima de todos, incluso el rey, y también controlaba la sucesión al trono. Una "Corte de Burgueses" tenía jurisdicción similar sobre los ciudadanos. Cada feudo tenía un tribunal igual compuesto de caballeros y ciudadanos, y en los puertos había policía y cortes mercantiles (ver ASSIZES DE JERUSALÉN). La autoridad de la Iglesia también ayudaba a limitar el poder del rey; las cuatro sedes metropolitanas de Tiro, Cesarea, Bessan, y Petra estaban sujetas al Patriarca de Jerusalén, de la misma manera siete sedes subordinadas y un número de abadías, entre ellas el Monte Sión, el Monte de los olivos, el Templo, Josafat, y el Santo Sepulcro. A través de ricas y frecuentes donaciones el clero se volvió el más grande dueño de propiedades del reino; también recibió de los cruzados importantes propiedades en Europa.

A pesar de las antes mencionadas restricciones en el siglo XII el rey de Jerusalén tenía un gran ingreso. Los impuestos aduanales establecidos en los puertos y administrados por nativos, los peajes impuestos a las caravanas, y el monopolio de ciertas industrias eran una fecunda fuente de ingresos. Desde un punto de vista militar todo vasallo debía un servicio de tiempo ilimitado al rey, aunque éste estaba obligado a indemnizarlos, pero para llenar las líneas del ejército era necesario enrolar nativos que recibían una anualidad a vida (fief de soudée). De esta manera se reclutó la caballería ligera de los "Turcoples", armados ala manera Sarracena. Entotal estas fuerzas eran poco mas de 20,000 hombres, y aún así los vasallos poderosos que las comandaban eran casi independientes del rey. Fue la gran necesidad de tropas regulares para defender los dominios cristianos la que provocó la creación de una institución única, las órdenes religiosas de caballería, a saber: los Hospitalarios, que al principio cumplían su deber en el Hospital de San Juan fundado por los antes citados comerciantes de Amalfi, y fueron organizados luego por Gerardo du Puy como una milicia que podía luchar contra los Sarracenos (1113); y los Templarios, nueve de quienes en 1118 se congregaron con Hugues de Payens y recibieron la Regla de San Bernardo. Estos miembros, ya sea caballeros de la nobleza, alguaciles, empleados, o capellanes, pronunciaron los tres votos monacales pero era sobre todo para la guerra contra los Sarracenos a lo que se comprometían. Siendo favorecidos con muchos privilegios espirituales y temporales, fácilmente ganaron reclutas entre los hijos más jóvenes de casas feudales y adquirieron tanto en Palestina como en Europa una considerable propiedad.

Sus castillos, construidos en los principales puntos estratégicos, Margat, El Krak, y Tortosa, eran ciudadelas fuertes protegidas por varios cercos concéntricos. En el reino de Jerusalén estas órdenes militares virtualmente formaron doscomunidades independientes. Finalmente, en las ciudades, se dividió el poder público entre los ciudadanos nativos y los colonos italianos, genoveses, venecianos, pisanos, y también los marselleses a quienes, a cambio de sus servicios, se les dio poder supremo en ciertos distritos en pequeñascomunidades autogobernadas que tenían sus cónsules, sus iglesias, y en las orillas sus granjas, utilizadas para el cultivo de algodón y caña de azúcar. Los puertos sirios eran visitados regularmente por flotas italianas que obtenían allí las especias y sedas traídas por caravanas de Extremo Oriente. Así, durante la primera mitad del siglo XII los estados cristianos de Oriente estaban completamente organizados, y aun eclipsaron en riqueza y prosperidad a la mayor parte de los estados occidentales.

 

 

III. PRIMERA DESTRUCCION DE LOS ESTADOS CRISTIANOS (1144-87)

Muchos peligros, por desgracia, amenazaban esa prosperidad. En el sur los Califas de Egipto, en el este los ámeles seleúcidas de Damasco, Hama y Alepo, y en el norte los emperadores bizantinos, ávidos de realizar el proyecto de Alejo Comneno de tener a los estados latinos bajo su poder. Además, en presencia de tantos enemigos los estados cristianos faltaban de cohesión y disciplina. La ayuda que recibían de Occidente era demasiado dispersa e intermitente. Sin embargo esos caballeros occidentales, aislados en medio de mahometanos y forzados, debido al tórrido clima, a llevar una vida muy diferente de aquella a la que estaban acostumbrados en casa, desplegaron valentía y energía admirables en su esfuerzo por preservar las colonias cristianas. En 1137 Juan Comneno emperador de Constantinopla, se presentó delante de Antioquía con un ejército, y obligó al Príncipe Raimundo a rendirle homenaje. A la muerte de este potentado (1143),

 

Raimundo trato de quitarse ese molesto yugo e invadió el territorio bizantino, pero fue encerrado por el ejército imperial y obligado (1144) a humillarse en Constantinopla delante del emperador Manuel. El Principado de Edesa, completamente aislado de los otros estados cristianos, no pudo resistir a los ataques de Imad-al-Din Zangi, el príncipe, o atabek, de Mosul, que forzó su guarnición a capitular el 25 de diciembre de 1144. Después del asesinato de Imad-al-Din Zangi, su hijo Nur-al-Din continuo las hostilidades contra los estados cristianos. Ante estas noticias, Luis VII de Francia,la reina Leonorde Aquitania, y un gran número de caballeros, conmovidos por las exhortaciones de San Bernardo, se enrolaron bajo la cruz (Asamblea de Vézelay, 31 de marzo de 1146). El Abad de Claraval se convirtió en el apóstol de la cruzada y concibió la idea de instar toda Europa a atacar a los infieles simultáneamente en Siria, en España, y más allá del Elba.

Al principio encontró una fuerte oposición en Alemania. Finalmente el emperador Conrado III accedió a su deseo y adoptó el estandarte de la cruz en la Dieta de Spira, el 25 de diciembre de 1146. Sin embargo, no había el entusiasmo que predominó en 1095. Al mismo tiempo que los cruzados comenzaban su marcha, el rey Roger de Sicilia atacó al imperio bizantino, pero su expedición sólo frenó el progreso de la invasión de Nur-al-Din. Los sufrimientos soportados por los cruzados mientras cruzaban Asia Menor les impidió el avanzar a Edesa. Se contentaron con acosar Damasco, pero fueron obligados a retirarse al cabo de varias semanas (julio, 1148). Esta derrota causó gran descontento en Occidente; además, los conflictos entre los griegos y los cruzados sólo confirmaron la opinión general de que el imperio bizantino era el obstáculo principal al éxito de las Cruzadas. Sin embargo, Manuel Comneno trató de fortalecer los vínculos que unían el imperio bizantino a los principados italianos. En 1161 se casó con María de Antioquía, y en 1167 dio la mano de una de sus sobrinas a Amaury, rey de Jerusalén. Esta alianza dio por resultado el frustrar el progreso de Nur-al-Din, que, habiendo llegado a ser amo de Damasco en 1154, se abstuvo desde entonces de atacar los dominios cristianos.

 

 

 

El rey Amaury aprovechó esa tregua para intervenir en los asuntos de Egipto, puesto que los únicos representante restantes de la dinastía fatimí eran niños, y dos visires rivales se disputaban el poder supremo en medio de condiciones de anarquía absoluta. Uno de esos rivales, Shawer, siendo desterrado de Egipto, se refugio con Nur-al-Din, que envió a su mejor general, Shírkúh, a reinstalarlo. Después de su conquista del Cairo, Shírkúh trató de poner Shawer en desgracia con el califa; Amaury, aprovechándose de esto, se alío con Shawer. En dos ocasiones, en 1164 y 1167, forzó Shírkúh a salir de Egipto; un cuerpo de caballeros francos fue estacionado en una de las puertas del Cairo, y Egipto pagó un tributo de 100,000 dináres al reino de Jerusalén. En 1168 Amaury hizo otro intento de conquistar Egipto, pero falló. Después de ordenar el asesinato de Shawer, Shírkúh se proclamó a sí mismo Gran Visir. A su muerte el 3 de marzo de 1169, su sucesor fue su sobrino, Salah-al-Din (Saladino). Durante ese año Amaury, ayudado por una flota bizantina, invadió Egipto una vez más, pero fue derrotado en Damietta. Saladino tuvo total control de Egipto y no nombró ningún sucesor al último califa fatimí, que murió en 1171. Además, Nur-al-Din murió en 1174, y, mientras sus hijos y sobrinos se disputaban la herencia, Saladino tomó posesión de Damasco y conquistó toda Mesopotamia excepto Mosul. Así, cuando Amaury murió en 1173, dejando el poder real a Balduino IV, "el Leproso", un niño de trece años, el reino de Jerusalén estaba amenazado por todos lados. Al mismo tiempo dos facciones, conducidas respectivamente por Gui de Lusiñan, cuñado del rey, y Raimundo, conde de Trípoli, competían por el poder. Balduino IV murió en 1184, y fue pronto seguido a la tumba por su sobrino Balduino V. A pesar de una viva oposición, Gui de Lusiñan fue coronado rey, el 20 de julio de 1186. Aunque la lucha contra Saladino estaba ya en marcha, fue desgraciadamente conducida sin orden ni disciplina. A pesar de la tregua concluida con Saladino, Renaud de Châtillon, un poderoso señor feudal de la región transjordanica, que incluía al dominio de Montreal, el gran castillo de Karak, y Aïlet, un puerto en el Mar Rojo, buscó desviar la atención del enemigo atacando las ciudades santas de los mahometanos. Navíos sin remos fueron traídos a Aïlet a lomo de camello en 1182, y una flotilla de cinco galeras recorrió el Mar Rojo por un año entero, asolando las costas hasta Adén; un cuerpo de caballeros incluso intentó tomar Medina. Al fin esa flotilla fue destruida por Saladino, y, al gran júbilo de los mahometanos, mataron a los prisioneros francos enla Meca. Atacadoen su castillo en Karak, Renaud por dos veces rechazó las fuerzas de Saladino (1184-86). Una tregua se firmó entonces, pero Renaud la rompió de nuevo y se apoderó de una caravana en la que iba la propia hermana del sultán. En su exasperación Saladino invadió el reino de Jerusalén y, aunque Gui de Lusiñan reunió todas sus fuerzas para rechazar el ataque, el 4 de julio de 1187, el ejército de Saladino aniquiló el de los cristianos en las orillas del Lago Tiberíades. El rey, el gran maestro del Templo, Renaud de Châtillon, y los hombres más poderosos del reino fueron hechos prisioneros. Después de matar a Renaud con sus propias manos, Saladino marchó sobre Jerusalén. La ciudad capituló el 17 de septiembre, y Tiro, Antioquía, y Trípoli fueron los únicos lugares en Siria que permanecieron en poder de los cristianos.

 

 

 

IV. INTENTOS DE RESTAURAR LOS ESTADOS CRISTIANOS Y LA CRUZADA CONTRA SAN JUAN DE ACRE

 

Las noticias de estos eventos causaron gran consternación en la Cristiandad, y el Papa Gregorio VIII se esforzó en poner fin a todas las disensiones entre los príncipes cristianos. El 21 de enero de 1188, Felipe Augusto, rey de Francia, y Enrique II, Plantagenet, se reconciliaron en Gisors y tomaronla cruz. El27 de marzo en la Dieta de Mainz, Federico Barbarroja y un gran número de caballeros alemanes hicieron un voto para defender la causa cristiana en Palestina. En Italia, Pisa hizo la paz con Génova, Venecia con el rey de Hungría, y Guillermo de Sicilia con el imperio bizantino. Además, una armada escandinava de 12,000 guerreros navegando por las costas de Europa, al pasar por Portugal, ayudó a recuperar Alvor de los mahometanos. El entusiasmo por la cruzada era de nuevo de un alto nivel; pero, en cambio, la diplomacia y los planes de reyes y príncipes tenían cada vez más importancia en su organización. Federico Barbarroja inició negociaciones con Isaac Angelus, emperador de Constantinopla, con el sultán de Iconium, y aun con el mismo Saladino. Era, además, la primera vez que se unían bajo un solo jefe todas las fuerzas mahometanas; Saladino, mientras se predicaba la guerra santa, organizó contra los cristianos algo así como una contra cruzada. Federico Barbarroja, que fue el primero en prepararse para la empresa, y a quien los cronistas atribuyen un ejército de 100,000 hombres, salió de Ratisbona, el 11 de mayo de 1189. Después de cruzar Hungría tomó los estrechos balcánicos por asalto y trató de flanquear los movimientos hostiles de Isaac Angelus atacando Constantinopla. Finalmente, después del saqueo de Adrianópolis, Isaac Angelus se rindió, y entre el 21 y el 30 de marzo de 1190, los alemanes consiguieron cruzar el Estrecho de Gallípoli. Como de costumbre, la marcha a través de Asia Menor fue muy difícil. Con la idea de reabastecerse en provisiones, el ejército tomó Iconium por asalto. A su llegada a la región de Taurus, Federico Barbarroja trató de cruzar el Selef (Kydnos) a caballo y se ahogó. En seguida, muchos príncipes alemanes regresaron a Europa; los otros, conducidos por el hijo del emperador, Felipe de Suabia llegaron a Antioquía y prosiguieron luego a San Juan de Acre. Fue delante de esta ciudad que al fin todas las tropas cruzadas se reunieron. En junio de 1189, el rey Gui de Lusiñan, que había sido liberado de cautividad, se presentó allí con el resto del ejército cristiano, y, en septiembre del mismo año, llegó la armada escandinava, seguida por las flotas inglesa y flamenca, comandadas respectivamente por el Arzobispo de Canterbury y Jacques d´Hvesnes. Este heroico sitio duró dos años. En la primavera de cada año llegaban refuerzos de Occidente, y una verdadera ciudad cristiana surgió fuera de las murallas de Acre. Pero los inviernos fueron desastrosos para los cruzados, cuyas líneas eran diezmadas por enfermedades traídas por las inclemencias de la estación lluviosa y la falta de comida. Saladino vino a ayudar a la ciudad, y comunicó con élla por medio de palomas mensajeras. Máquinas lanza misiles (pierrières), impulsadas por poderosas maquinarias, fueron utilizadas por los cruzados para demoler las murallas de Acre, pero los mahometanos también tenían artillería poderosa. Este sitio famoso había durado ya dos años cuando Felipe Augusto, rey de Francia, y Ricardo Corazón de León, rey de Inglaterra, llegaron ala escena. Despuésde largas deliberaciones habían salido juntos de Vézelay, el 4 de julio de 1190. Ricardo embarcó en Marsella, Felipe en Génova, y se reunieron en Messina. Durante su estancia en ese lugar, que duró hasta marzo, 1191, casi se pelean, pero finalmente concluyeron un tratado de paz. Mientras Felipe llegaba a Acre, Ricardo naufragó en la costa de Chipre, entonces independiente bajo Isaac Comneno. Con ayuda de Gui de Lusiñan, Ricardo conquistó esta isla. La llegada de los reyes de Francia e Inglaterra delante de Acre provocó la capitulación de la ciudad, el 13 de julio de 1191. Pronto, sin embargo, la disputa de los reyes francés e ingles estalló de nuevo, y Felipe Augusto dejó Palestina, el 28 de julio. Ricardo fue entonces el jefe de la cruzada, y, para castigar a Saladino por no cumplir con las condiciones del tratado dentro del tiempo estipulado, mandó matar a los rehenes mahometanos. Luego, pensó atacar Jerusalén, pero, luego de engañar a los cristianos durante las negociaciones, Saladino trajo muchas tropas de Egipto. La empresa falló, y Ricardo compensó sus reveses con brillantes pero inútiles hazañas que hicieron su nombre legendario entre los mahometanos. Antes de partir vendió la Isla de Chipre, primero a los Templarios, que fueron incapaces de establecerse allí, y después a Gui de Lusiñan, que renunció al reino de Jerusalén en favor de Conrado de Montferrat (1192). Después de una última expedición para defender Jaffa contra Saladino, Ricardo declaró una tregua y embarcó para Europa, el 9 de octubre de 1192, pero no llegó a su reino inglés hasta después de haber sufrido una humillante cautividad en las manos del duque de Austria, quien vengó de esta manera los insultos que se le hicieron frente a San Juan de Acre.

 

Mientras Capetos y Plantagenets, olvidandola Guerra Santa, arreglaban en casa sus disputas territoriales, el emperador Enrique VI, hijo de Barbarroja, tomó a su cargo la dirección suprema de la política cristiana en Oriente. Coronado rey de las Dos Sicilias, el 25 de diciembre de 1194, tomó la cruz en Bari, el 31 de mayo de 1195, y preparó una expedición que, pensó, recuperaría Jerusalén y arrebataría Constantinopla al usurpador Alejo III. Ansioso de ejercer su autoridad imperial hizo a Amaury de Lusignan rey de Chipre y a León II rey de Armenia. En septiembre de 1197, los cruzados alemanes partieron para Oriente. Desembarcaron en San Juan de Acre y marcharon sobre Jerusalén, pero fueron detenidos delante del pequeño pueblo de Tibnin de noviembre,1197, afebrero de 1198. Al levantar el sitio, supieron que Enrique VI había muerto, el 28 de septiembre, en Messina, donde había reunido la armada que iba a llevarlo a Constantinopla. Los alemanes firmaron una tregua con los Sarracenos, pero su futura influencia en Palestina fue asegurada por la creación de la Orden de los Caballeros Teutónicos. En 1143 un peregrino alemán había fundado un hospital para sus compatriotas; los religiosos que lo servían se trasladaron a Acre y, en 1198, se organizaron imitando el proyecto de los Hospitalarios, su regla siendo aprobada por Inocente III en 1199.

 

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Ricardo Corazón de León

 

Javier Paredes

El protagonista del día es Ricardo Corazón de León, que murió en Châlus, Limousin (Francia) el 6 de abril de 1199. Fue rey de Inglaterra desde 1189 hasta su muerte. Y era hijo de Enrique II de Inglaterra y de Leonor de Aquitania.

Junto con el Cid, probablemente, no haya en la Edad Media dos personalidades con tanta inspiración como las suyas, hasta el punto de que en muchos casos hasta las leyendas más exageradas se dan por buenas cuando se refieren a ellos. Así dicen unos, que lo de “Corazón de León”, le sobrevino por la bravura demostrada en la Tercera Cruzada, otros argumentan que el alias se debe a que en singular pelea con un león, le metió todo el brazo por la garganta hasta llegar al corazón, le agarró la víscera, se la arrancó y se la sacó por la boca. Y cuentan las crónicas inglesas que el animal, es decir el león, murió en el acto. ¿Verdad o exageración? Desde luego que resulta más probable lo del Cid, del quien dicen que ganó una batalla después de muerto, y tratándose del Cid tiene toda la pinta de que fue verdad y, por supuesto que yo me creo antes lo del castellano que lo del inglés.

El Papa Clemente III (1185-1187), consiguió por la mediación del cardenal Albano que Felipe II de Francia y Ricardo I de Inglaterra se reconciliasen y participasen en la Tercera Cruzada, que había iniciado Federico Barbarroja de Alemania. Eran los tres reyes más poderosos de Europa, que tomaban la Cruz, para conquistar los Santos Lugares en poder de Saladino. Y fue con este motivo, cuando el Papa Clemente III para dar mayor realce a la liturgia de la misa al adorar los fieles a Jesucristo, dispuso que se elevara la sagrada Forma y el Cáliz después de la consagración.

El líder de los cruzados, Federico Barbarroja murió ahogado el 11 de junio de 1190, cuando se bañaba en las gélidas aguas del río Salep de Anatolia. Y de inmediato surgieron los roces y las disputas por el liderazgo entre Ricardo y Felipe. A pesar de todo consiguieron tomar Messina y Chipre. Y al colocar cada uno su estandarte en la torre más alta, Ricardo pisoteó el del duque Leopoldo de Austria, que era otro de los participantes en la Tercera Cruzada. Pisotón que le iba a costar caro al rey inglés, como veremos, porque hay reyes tan cristianos que ni perdonan, ni olvidan.

Pero sigamos con la historia de la Tercera Cruzada. Con el pretexto de una fingida enfermedad, el rey de Francia con casi todo su ejército abandonó la Cruzada. Y de regreso a Francia se alió con el hermano de Ricardo Corazón de León, Juan sin Tierra que conspiraba para ocupar el trono de Inglaterra durante la ausencia de su hermano.

De este modo, el rey inglés se quedó sin competencia, pero también sin aliados, y así poco podía hacer contra el poderoso ejército de Saladino. No obstante, Ricardo obtuvo alguna victoria sobre Saladino, rey de Siria, Egipto y Palestina. Pero al tener noticias de que su hermano, con ayuda del rey francés, quería usurpar su trono, firmó un pacto con Saladino, según el cual Jerusalén seguiría en manos de los musulmanes, si bien los cristianos podrían visitar la Ciudad Santa y ser respetados. Y de vuelta a casa, Leopoldo de Austria, en venganza por la afrenta hecha a su estandarte, hizo prisionero a Ricardo Corazón de León, durante casi un año y sólo fue puesto en libertad después de que su madre Leonor de Aquitania, pagara un elevado rescate por su libertad.

Y hasta aquí hemos hablado sólo de la política de los reyes cristianos del momento, sin entremeternos en sus vidas privadas, no vaya a ser que algún nostálgico, partidario de eso de que “cualquier tiempo pasado fue mejor”, deje de leer esta sección por provocarle una profunda depresión, que no están los tiempos ni para perder lectores, ni este empleo en el diario Ya.

http://www.diarioya.es/content/ricardo-corazón-de-león

 

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De hombres, hechos, notas y acontecimientos de tal época para comprender el contexto:

 

 

 

SANTA ISABEL DE PORTUGAL – Reina (1271 +1336)

 

Santa Isabel de Portugal - así llamada por haber sido reina de este país - nació en Zaragoza, en el hermoso palacio de la Aljafería. Era hija de Pedro III el Grande, nieta de Jaime el Conquistador y sobrina nieta de Santa Isabel de Hungría. Desde niña fue muy inclinada a la piedad y más atenta a las virtudes de su tía abuela que a las hazañas de su padre y abuelo.

Pronto empiezan a llegar embajadas pidiendo la mano de Isabel. Príncipes lejanos han sido deslumbrados por su belleza y también por el poder de la casa de Aragón. Su padre se decide por el joven rey de Portugal, don Dionís. A Isabel parece que no le entusiasma el matrimonio. Además es casi una niña que tiene apenas doce años, pero algo sabe ya de intrigas cortesanas. Isabel se deja llevar. Sale de Zaragoza y llega a Braganza.

Isabel llenó la corte portuguesa con el suave perfume de sus virtudes. Todos resaltan la dulzura de su trato, la gracia de su sonrisa, su admirable vida de piedad y su generosidad con los necesitados.

En medio de su palacio, Isabel vivía con el fervor de una monja. Oía Misa y rezaba el breviario. Ayunaba y pasaba muchas noches en oración. Disfrutaba sobremanera ayudando a los pobres. Por ellos se deshacía de sus mismas joyas. ¡Madre, madre!, clamaban los mendigos apenas la veían.

Su amor a los pobres no disminuía el amor a su marido. Le ayudaba en sus empresas, le acompañaba por los pueblos y con su dulzura lograba que dominase sus arrebatos y que triunfasen en él los nobles sentimientos.

Don Dionís amaba a su mujer, pero era débil y enamoradizo. Era trovador y galanteador. A veces los cortesanos le acusaban ante la reina de sus infidelidades. Isabel callaba. Se refugiaba en la capilla y rezaba. Se entretenía con el huso y la rueca preparando ropas para los pobres.

Su heroica resignación le llevaba hasta preocuparse de los bastardos de su marido. Esto exasperaba a los hijos legítimos. El mayor no lo podía tolerar. Discutía con su madre que le pedía paciencia y esperar.

Hasta que un día el hijo se declaró en rebelión contra su padre. Estalló la guerra civil. Isabel lloraba. Amaba a su hijo, pero se mantenía como fiel esposa. Era un alma llena de paz y la comunicaba a los demás. Había reconciliado a muchos enemigos, y ahora tenía que presenciar aquella guerra entre los dos hombres que más amaba en el mundo.

Cuando el padre y el hijo iban a entrar en batalla, Isabel tuvo una feliz inspiración. Se presentó en el campo de batalla montada en un caballo blanco y enarbolando un estandarte con el signo de la cruz. Este gesto les desconcertó. Padre e hijo se abrazaron y firmaron la paz.

Dos año más tarde se reanudaron las hostilidades. Isabel fue recluida en la fortaleza de Alamquer. Allí rezaba y sufría. Otra vez se presenta en la batalla y logra la reconciliación definitiva entre padre e hijo.

Los últimos años de su vida los pasó el rey recluido en palacio, acosado de grave depresión. Isabel le cuidó como la más fiel y amante de las esposas, sin apartarse un momento de su lado, consolándole y animándole.

El rey murió en 1325. Delante del cadáver Isabel se viste el hábito de la Tercera Orden de San Francisco y empieza una vida completamente consagrada a Dios, a los pobres y a los enfermos. Se hace peregrina, llega a Compostela, y ante el Apóstol deja todas sus insignias reales. Visita hospitales y mientras besa a los apestados va sembrando milagros. Madura ya para el cielo, exhala el último suspiro invocando a la Virgen María.

 

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San Gregorio X -  

Por más que parezca que la Iglesia Católica está dirigida por hombres, eso sólo es una apariencia, porque a la Iglesia de Jesucristo la dirige el Espíritu Santo. Es más, y ni siquiera el Espíritu Santo abandona a su Iglesia cuando permite que los miembros de su jerarquía saquen los pies del tiesto. Y es que es tan de Dios la Iglesia, que sigue firme después de dos mil años, a pesar de todos los intentos que ha habido para destruirla, que no han sido pocos.

Y, por supuesto, la asistencia del Espíritu Santo, se manifiesta de un modo especial en los cónclaves en los que se eligen los Papas, como fue el caso de nuestro protagonista del día, San Gregorio X, que falleció el 10 de enero de 1276.

Tan divididos estaban los cardenales que el interregno duraba casi tres años. Las autoridades civiles les presionaron encerrándoles en el palacio y amenazándoles con retirarles la comida. Así las cosas y con esas apreturas, eligieron a Teobaldo Visconti, un laico con reputada fama de canonista que se encontraba con Eduardo de Inglaterra en Tierra Santa. Teobaldo conoció la noticia en San Juan de Acre, desde donde regresó. En Roma recibió las órdenes de presbiterado y episcopado, para acceder a la cátedra de San Pedro con el nombre de Gregorio X. Y aunque todas las circunstancias descritas apuntan a que su designación tenía que ser un desastre, sucedió que las cosas salieron muy bien. Tanto que Teobalbo, Gregorio X, fue un gran Papa y, además, se encuentra entre el número de los santos de la Iglesia. 

 

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ESPAÑA 1271- «La tradición histórica, enraizada en la antigüedad, afirmaba en las mentes de los hombres cultos de todos los reinos cristianos de la Península esa concepción unitaria de Hispania, vencedora de su fraccionamiento político ya secular. Queda dicho antes que los catalanes sintieron con tanta vivacidad como los demás españoles la superior unidad peninsular. Abundan los testimonios de la realidad de tal sentimiento. En la mente y en el corazón de los dos más grandes reyes de la dinastía catalana, Jaime I y Pedro III, anidaba con fuerza. Hace poco he recordado que en 1271, a la salida del concilio de Lyon, tras haber ofrecido la cooperación de sus hombres y de su flota para emprender una cruzada, al retirarse de la asamblea Jaime I exclamó: "Barones, ya podemos marcharnos; hoy a lo menos hemos dejado bien puesto el honor de España". Y queda también dicho que Pedro III juzgó que había salvado el honor de España al acudir, tan heroica como novelescamente, a Burdeos para batirse con Carlos de Anjou, manteniendo su palabra. Jaime I y Pedro III no pensaron en esos dos momentos de su vida en sus reinos peculiares, no pensaron que con sus actos habían honrado a los pueblos que regían; pensaron que sus hechos honraban a la superior comunidad histórica, vital y afectiva de que formaban parte sus estados.

España constituía para esos dos reyes catalanes de la Corona de Aragón, no sólo una unidad geográfica, sino una entidad humana, cerrada y unitaria, frente al resto de la cristiandad occidental.

No por la honra sino en interés de esa comunidad histórica y vital -"para salvar a España", esas fueron sus palabras- Jaime I intervino en Murcia y sometió a los moros murcianos alzados contra Alfonso el Sabio. Esa comunidad vital e histórica tenía problemas atañentes a todos sus hijos; por ello otro gran rey catalán, Jaime II, al conocer la muerte de Sancho el Bravo y la subida al trono de Castilla del niño rey Fernando IV, pudo decir que iba a recaer sobre él la carga toda de España. Y el gran historiador catalán Muntaner reclamaba una política conjunta de los cuatro reyes de España, "que son -escribe- d´una carn e d´una sang".

Muntaner hubiera podido extender esa unidad a los pueblos regidos por esos reyes, porque en verdad todos ellos eran de una carne y de una sangre. Y de un espíritu y de una sensibilidad, habría podido decir también».

 

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Jaime el Conquistador, Liberador de Valencia

 

por José Luis Orella

En el aniversario de la liberación de Valencia de la opresión musulmana

 

Jaime “el Conquistador” es el rey de mayor renombre en la historia de la Corona de Aragón. Durante el siglo XIII que le tocará vivir, el monarca concluirá la reconquista de la España islámica e iniciará una expansión talasocrática por el Mediterráneo, que le llevará al control de las rutas comerciales del viejo Mare Nostrum.

Nacido en Montpellier, pierde a su padre, el rey Pedro II, en 1213 en la batalla de Muret. Cuando el reino de Francia decide extirpar la herejia albigense y de camino, la influencia aragonesa en el Languedoc y el Midi galo.

Un año antes, el rey aragonés había participado en la derrota de los benimerines en las Navas de Tolosa.

El huérfano Jaime estuvo retenido por el vencedor de su padre, Simón de Montfort, y cuando pudo volver a Aragón, se educó con los caballeros templarios. Ellos fueron responsables de su alto nivel cultural, formación caballeresca y misión de cumplir con la reconquista.

Después de domeñar a la nobleza aragonesa, en 1229 decidió tomar la isla de Mallorca, foco de la piratería de Abi Yahia contra el comercio catalán. La ciudad condal financió parte de la expedición, y los catalanes fueron protagonistas del control de la isla. Después fue colonizada con ampurdaneses y sirvió de base para la recuperación de Menorca e Ibiza.

Con el control de las islas, el rey Jaime decidió la prolongación de las campañas hacia el sur.

El reino de Valencia era uno de las taifas más importantes de la España islámica.

La liberación se inició en 1232 con la toma de Ares y Morella, a las que siguió todo el norte de la actual provincia de Castellón. Cuatro años después continuó por la huerta y la albufera valenciana, recuperándose la ciudad del Turia el 9 de octubre de 1238. Llegando la nueva frontera hasta la línea del Júcar. Y entre 1239 y 1245 se prosiguió la reconquista de toda la demarcación sur, de la actual provincia de Alicante.

En 1266, aumentará su fama de guerrero, con la toma del reino de Murcia, que cederá por el acuerdo de Almizra de 1244, a la corona de Castilla. Muestra de la unidad de objetivos de los diferentes reinos cristinos: librar España de los moros

La conquista se realizaba tendiendo primero a someter las posiciones principales, dejando para después la campiña, luego se acompañaba de una política colonizadora, que en Morella, se realizó con turolenses, y en Burriana, con tortosinos y leridanos. La ayuda de las órdenes militares (templarios y hospitalarios) fue recompensada con amplias donaciones de terrenos.

A pesar de las repoblaciones, en 1270 habían llegado a Valencia unos 30.000 cristianos de Teruel, Lérida y Montpellier, principalmente. La mayoría poblacional del reino se mantenía mudéjar (población musulmana bajo dominio cristiano) que provocará en 1247 una fuerte rebelión y otra más en los años finales del monarca conquistador.

La salida de más de 100.000 musulmanes del reino valenciano, después de la revuelta de 1247, ayudará a equilibrar la población. En cuanto al nuevo reino, el maestrazgo montañés se transformará en un centro ganadero de importancia que tendrá su salida comercial por el puerto de Valencia. La rica huerta valenciana, originada por los romanos, proseguirá su desarrollo con los cristianos. Sin embargo, su constitución como reino provocará con Pedro III, hijo de Jaime I, que el justicia general del nuevo reino recaiga en un caballero aragonés, al no mantenerse el territorio como prolongación del viejo reino pirenáico.

No obstante, el sentido patrimonial que tenían los reyes ibéricos, provocará el reparto de sus dominios entre sus hijos, establecido mediante el testamento de 1247. En dicho documento,

Jaime I legaba a Alfonso, hijo de su primer matrimonio con Leonor de Castilla, el reino de Aragón; para Pedro, fruto de su unión con Violante de Hungría, el condado de Barcelona, el reino de Mallorca y el condado de Ribagorza; y a Jaime y Fernando, hermanos de éste, respectivamente el reino de Valencia y el condado de Rosellón.

Después de una revuelta nobiliaria, solventada por las cortes de Alcañiz en 1250, en las que se estableció que a Alfonso le correspondían Aragón y Valencia; a Pedro, Cataluña y a Jaime el reino de Mallorca y el señorío de Montpellier. La cuestión aun no quedará resuelta. En 1260 fallecía el infante Alfonso, debiendo organizarse de nuevo la herencia de los territorios de Jaime I. Así, quedaban para su hijo Pedro los reinos de Aragón y Valencia y el condado de Barcelona; y le correspondían a Jaime el reino de Mallorca y los condados de Rosellón, Colliure, Conflent y Cerdaña. Dos años antes, Jaime I reconocía por el Tratado de Corbeil el fin de la reclamación de los territorios al norte de los Pirineos (Languedoc y Provenza). Siempre en todos los repartos, Valencia mantendrá una personalidad diferenciada de Cataluña, que no se correspondía con Mallorca, colonizada por ampurdaneses.

Jaime I, no tuvo momentos de paz en sus últimos años, tuvo que aplastar revueltas de la levantisca nobleza aragonesa y de los musulmanes murcianos, falleciendo en 1276 en su querida Valencia, la ciudad que había recuperado para la Cristiandad. La recuperación de Valencia por los cristianos significó para sus habitantes, su desarrollo económico al enlazar con las rutas comerciales mediterráneas. La región valenciana se convertirá en una sociedad de pequeños propietarios y la ciudad consolidará una fuerte clase media comercial que recuperará el papel emprendedor que había tenido antes del dominio islámico.
José Luis Orella – Arbil nº 98

 

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«La historia es el testimonio de los tiempos, la luz de la verdad, la vida de la memoria, la maestra de la vida y nuncio de la antigüedad».
Cicerón.

 

 

Portugal, Monasterio LOS JERÓNIMOS, Lisboa.

  

 

PENSANDO EN MALTA SOBRE EL CRISTIANISMO

 

 

 

 

Por FRANCISCO RODRÍGUEZ ADRADOS de las Reales Academias Española y de la Historia/

 

 

HE pasado la Semana Santa en Malta. ¡Qué belleza la isla, desde los templos megalíticos, gigantes, al barroco esplendoroso! Todo olía a misa solemne, a procesión casi española, a un tiempo «otro», casi solo perturbado por nosotros, los profanos. Rendíamos honor, de todos modos, a lo que entraba por la vista y por los sentidos.

El viejo catolicismo, emotivo, profundo, que une tiempos y edades, domina la isla. Como dominaba la vieja Sicilia, la vieja España. Mucho de ello queda aquí y allá, aunque a veces lo veamos como difuminado y borroso.

Nosotros, algunos, somos ya casi de otro mundo, hemos visto, pensado, sentido demasiadas cosas. Pero estamos unidos emotivamente a este, todavía. Visitando ruinas, oteando paisajes, con el tiempo medido, sentíamos remordimiento de no ser uno más en las procesiones. Nos contentábamos con contemplar el barroco de un inigualable decorado. Y con recordar los mitos antiguos, unidos a la isla.

Y nos uníamos a todo este ambiente desde la historia: desde las iglesias y fuertes y albergues de los caballeros hospitalarios, que defendieron la isla y nos defendieron a todos del musulmán. ¡Qué honor ver su bandera flamear todavía!

Aquí en Malta han dejado su recuerdo los aragoneses, los castellanos, los Borbones de Nápoles. Y fue el virrey español D. García de Toledo quien salvó a La Valeta del gran sitio de los turcos, en 1564. Pero, sobre todos, el primero es el recuerdo de los caballeros de San Juan del Hospital, luego llamados caballeros de Malta. No lograron salvar del musulmán el Krak de los Caballeros en Siria, fuerte fabuloso (cayó ante el mameluco Baibar en 1251); ni Acre, fuerte no menos fabuloso (cayó ante los mamelucos en 1291), ni Rodas (cayó ante Solimán el Magnífico en 1522), pese a su heroísmo. Lugares donde los recordé en otros momentos. Todo fue inútil.

Y entonces Carlos V, en 1530, trajo a los caballeros a Malta. ¡Qué emoción visitar sus albergues en Vittoriosa, en La Valeta! ¡Sus tumbas en la concatedral de San Juan en La Valeta, con sus bellas inscripciones latinas! Recordar sus proezas, sus victorias. En tiempos en que los turcos se llevaban los cautivos por millares de Ciudadela, de Villajoyosa. En que secuestraban a Cervantes y a tantos otros, ya habían inventado este lucrativo y desalmado negocio.

Los caballeros, como antes los cruzados y las varias órdenes de caballería, son la Europa más primigenia, antes de esta descorazonada de ahora.

Hay quien no quiere recordar nada de esto. Y, sin embargo, el fanatismo musulmán (no el pueblo musulmán, entiéndase) nos ataca de nuevo. Sus bombas son sus alfanjes de entonces, sus mártires suicidas y sus secuestros son los mismos de entonces. Muchos, repito, no quieren enterarse, nos infectan con mentirosos mitos. Están fuera de la Historia y de nuestro mundo, fuera de la realidad.

Pero a mí, yendo más a lo hondo, todo esto me hacía pensar en la historia, conflictiva y al final (como al principio) sincrética, de Cristianismo y Humanismo. Se reconozca o no, ambos están vivos en nuestro universo. Sólo en él han podido nacer la democracia, la igualdad y la creatividad sin límites. Donde quiera que hay algo de esto, es herencia nuestra. Y no se nos perdona porque, inevitablemente, erosiona otras culturas. Este es el origen de la contraofensiva de lo más radical y fanático del Islamismo.

No nos engañemos. Lo peor es que crea un clima detestable para todo intento de entendimiento humano, que ha habido muchas veces.

Como siempre, lo importante es conocer la Historia. Dentro de un mundo conflictivo y desorientado, dominado por el presente, el éxito y el placer, sin fe, no disímil del de hoy, es decir, dentro del mundo de la Antigüedad helenística y romana, nació el Cristianismo. Mejor: en él se difundió, había nacido en el judaísmo, se había desarrollado en la diáspora judía, en contacto con los griegos. El poder romano necesitaba una doctrina que integrara a los hombres, que sosegara los espíritus: esta doctrina fue el Cristianismo, triunfó frente a otras más o menos paralelas. Y la nueva fe, la nueva sensibilidad religiosa y humana aspiraba a un implante social y aun político. Hubo una confluencia.

Cristianismo: tras la gran apertura intelectual de los griegos, algo que había de cambiar el mundo pero que estaba preñado al final de dudas y de angustia, nació. Magnífico sistema para polarizar el pensamiento y la carne en una dirección única, para ordenar y santificar la vida humana con los sacramentos, el año con las fiestas, el día con las campanas, la imaginación con el modelo de Cristo, la Virgen y los Santos. Era el poder como la vía de Dios, el intento de un Cielo en la Tierra: luego un Cielo ( y un Infierno) lo completaba.

Era el fin de las dudas. Había el Bien y el Mal con líneas fijas, el Premio y el Castigo, y también el perdón. Los cristianos eran, se proponía, una comunidad justa, unida por una fe común. Todo perfecto, con líneas firmes y previsibles. Bajo un doble poder coordinado, religioso y político, que en definitiva aspiraban a lo mismo. Y rodeado de fervor, belleza y esperanza.

Mediante la renuncia, se creaba un nuevo mundo dentro del mundo, se aspiraba a un Cielo que se construía poco a poco en la Tierra y, luego culminaba, ya decididamente, en el Cielo verdadero. Era la perfección del hombre a que habían aspirado los filósofos. Haciéndolo, poco a poco, criatura celestial. O condenándolo al Infierno, si no había más remedio.

Pero todo esto implicaba también un cierre de ventanas para el hombre, una prohibición de salirse de unos límites marcados, de un pequeño paraíso más bien aparencial. El refugio, a veces, se siente como prisión. El hombre es inquieto, quiere siempre más, quiere explorar, aunque sea en el riesgo. Por lo menos, el hombre occidental que, nacido de Grecia y cristianizado, expandido luego a otras culturas, llega hasta hoy. No todas las culturas son iguales, como dicen por ahí.

Al cabo del tiempo, el hombre intentó recuperar el sentido de la libertad, de la igualdad, de la tragedia, del conocimiento sin límites. Se inspiraba en lo antiguo y en la propia apertura de su razón y su espíritu. Es el conflicto entre Cristianismo y Humanismo (y luego Ilustración, Socialismo y demás movimientos). Comenzó desde muy pronto, en él estamos sin remedio.

Al final, el Cristianismo perdió la guerra contra el tiempo. Unido al Humanismo, ya en la Antigüedad, luego mucho más tarde, se molificó, se abrió. A la fe muchos preferían ver y pensar y crear y dudar. No sin añorar un bello -aunque difícil- ideal. Ni sin que el Cristianismo cayera, también él, en la represión y la guerra, como caen, al final, todos los idealismos. Ni sin que tuviera que admitir, al final también, una igualdad, al menos en lo político y social, de todas las doctrinas. ¡Después de haberse proclamado, a través de los siglos, portador de una Verdad única!

Pero es bella y esperanzada esta conciliación. Sufre ahora una ofensiva terrible de quienes no han llegado a ella.

Esta es, muy abreviada, la historia que yo recordaba en Malta. El Cristianismo elevaba, entre misas, cantos y procesiones, su voz en el debate. Pero todo está ya tan mezclado y confuso, es tan difícil ver lo que es compatible y lo que no, la vía de la historia.

En todo caso, allí estaban los caballeros defendiendo a Europa, a todas las varias Europas y existentes y posibles. Abrían, para Europa, la vía del futuro. A ellos y a los demás que lucharon como ellos debemos nuestro ser. Todos los europeos: unos y otros. Hemos de recordarlo.~2004-05-04 ABC. ESPAÑA

 

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La Iglesia católica no desea privilegios: busca tan sólo el modo de cumplir su misión ‘exigida por Cristo’, al servicio de la sociedad del modo jurídicamente más seguro y pastoralmente más eficaz, sabiendo poner en el centro -el hombre-, en el diálogo -las soluciones-’

 

 

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La Orden de Malta: diez siglos al servicio de los pobres

 

Gonzalo de Alvear
Madrid- La Orden de Malta, la más antigua de las Órdenes militares, ha experimentado en los últimos años un renacer en España, volviendo sus ojos a su espíritu fundacional: la caridad, entendida como el amor al prójimo más necesitado, sin importar su credo.
   Fundada en Jerusalén a principios del siglo XI, mantuvo su carácter hospitalario con los peregrinos, enfermos y pobres hasta que en el siglo XII, empujada por la belicosidad de los sarracenos en Tierra Santa, se vio obligada a ceñir la espada para defender sus propiedades y obras. Durante siglos, estos caballeros fueron errando de Jerusalén a Chipre, Rodas y finalmente a Malta, de donde fueron expulsados por Napoleón. Desde ese momento, sin un Estado propio, vagaron hasta fijar la sede en Roma.
   El concepto actual de hospital proviene del significado dado por la orden de San Juan de Jerusalén, de Rodas y de Malta, conocida en nuestros días por la Orden de Malta. En la actualidad, los caballeros de Malta no lucen las armaduras de antaño pero nada ha cambiado en su espíritu: viven la fe católica amando a los pobres, a los débiles y a los enfermos. Prueba de ello es el comedor abierto en el barrio de Simancas de Madrid, donde de lunes a viernes dan de comer a más de 70 sin techo, la mayor parte de ellos inmigrantes.
   Vicente Salgado es uno de estos caballeros. Cada lunes por la tarde se junta con otros voluntarios en el comedor de la calle Virgen de la Oliva y preparan una gran comida. A las cinco de la tarde se abren las puertas y entran decenas de vagabundos. La inmensa mayoría hombres, de distintas nacionalidades y colores. Pero no todo es de color de rosa: vasos que desaparecen bajo las ropas de los recién comidos, actitudes exigentes más propias de un restaurante de lujo y miradas torvas que son enfrentadas con caridad, «que no solidaridad, sino algo mucho más profundo que quiere ser un reflejo del amor de Cristo por los hombres» ¬asevera Vicente mientras prepara decenas de café, el producto más demandado¬.
   «A la gente joven le cuesta mucho venir como voluntario, quizá porque se agobian pensando que al adquirir el compromiso les ata para siempre, y no es así». En Malta entienden el voluntariado como un compromiso supeditado a las obligaciones que puedan surgir a lo largo del tiempo. 2004-06-16 España

  

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Al recibir al gran maestro, Fra Andrew Bertie

 

CIUDAD DEL VATICANO, martes, 22 junio 2004 - Juan Pablo II manifestó este martes el aprecio que siente por la labor evangelizadora que realiza la Soberana Orden de Malta, especialmente a favor de los más necesitados, al recibir en audiencia al príncipe y gran maestro, Fra Andrew Bertie.
«Aprovecho con gusto esta ocasión para hacer llegar mi saludo a todos los miembros de esta benemérita institución que opera en varias partes del mundo», afirmó el Santo Padre en el discurso que dirigió a su huésped.

«La Santa Sede aprecia a los numerosos servicios que rinde a la causa de la evangelización y, en particular, las múltiples iniciativas de bien que promueve constantemente a favor de los necesitados».
La Orden de Malta es una de las más antiguas órdenes religiosas católicas, siendo fundada en Jerusalén alrededor del año 1050. Al mismo tiempo, goza del reconocimiento de las naciones de identidad independiente (con soberanía propia) de Derecho Internacional.

La Orden, cuya misión se define en el lema «La defensa de la fe y el servicio a los pobres» comenzó administrando una hospedería para cuidar y albergar a los peregrinos que iban a Tierra Santa.
Hoy día ña mayor parte de los 10.000 Caballeros y Damas de la Orden son miembros laicos. «Aunque no hayan profesado ningún voto religioso, todos están dedicados al ejercicio de las virtudes y caridad cristianas, comprometidos a desarrollar su espiritualidad en el ámbito de la Iglesia y dedicar sus energías a servir al prójimo», aclaran sus superiores.

La Orden se convirtió en militar para proteger a los peregrinos y a los enfermos y para defender los territorios cristianos en Tierra Santa. Después de la pérdida de Malta (1798) la Orden dejó de ejercer esta función.
La Orden de Malta trabaja en el campo de la asistencia médica y social y de la ayuda humanitaria, en más de 110 países, apoyada por las relaciones diplomáticas que mantiene actualmente con 92 estados.

Tiene hospitales, centros médicos, ambulatorios, residencias para ancianos y minusválidos, y centros para enfermos terminales. En muchos países, voluntarios de la Orden prestan primeros auxilios, servicios sociales, e intervienen en acciones humanitarias en emergencias.
El ECOM («Emergency Corps of the Order of Malta») es un cuerpo especial que actúa en primera línea en catástrofes naturales y conflictos bélicos.

Desde hace más de 40 años, la Orden, a través de su fundación CIOMAL («Comité International de L´Ordre de Malte»), trabaja activamente en el tratamiento de la lepra, una enfermedad que desgraciadamente sigue afectando a diversas zonas del mundo. CIOMAL también interviene en la lucha contra otros tipos de enfermedades y discapacitaciones y ha iniciado programas para madres y niños en el Tercer Mundo que padecen de SIDA.
En los últimos años, sus misiones más significativas se han llevado a cabo en Kosovo, Ex República Yugoslava de Macedonia, Mozambique, la región de los Grandes Lagos en África, en Turquía, El Salvador y la India.

Después de la pérdida de la Isla de Malta, la Orden se estableció en Roma, Italia. Sus dos sedes gozan de extraterritorialidad. Puede emitir pasaportes, acuñar moneda y sellos, como una nación.
De acuerdo con el Derecho Internacional Público, la Orden mantiene relaciones diplomáticas plenas con 92 países a través de sus embajadas. Tiene el estatus de Observador Permanente ante las Naciones Unidas y la Comisión de la Unión Europea, y ante 16 organizaciones internacionales tales como la FAO y la UNESCO.
Las relaciones diplomáticas permiten que la Orden pueda intervenir con rapidez y eficacia en casos de desastres naturales o conflictos bélicos. Debido a su neutralidad, imparcialidad y carácter apolítico, la Orden puede actuar como mediadora cuando un Estado requiera su intervención para resolver una disputa.
Más información en http://www.orderofmalta.org.

 

 

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"Las sectas protestantes dicen que solamente la Biblia es fuente de revelación. ¿Podrían ustedes con la sola Biblia dar el capítulo y versículo donde se afirma que S. Mateo, S. Marcos, S. Lucas y S. Juan son los autores de los Evangelios que llevan su nombre y certificarlo de forma apodíctica, sin tener que recurrir a la Tradición de la Iglesia Católica?. Esto es sumamente importante, ya que más del 90 % de lo que sabemos acerca de Jesús, está en estos cuatro (4) sagrados documentos del origen del cristianismo y –siguiendo vuestra tesis-, no encontrando en la Biblia tal afirmación, no son dignos de considerarlos Palabra Divina con todas sus consecuencias." ¿Hay algún protestante que pueda responder a esta pregunta?

 

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“La libertad de matar no es verdadera libertad, sí una tiranía que reduce al ser humano en esclavitud” 2005-05-07 – S. S. Benedicto XVI – San Juan de Letrán.

 

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“Las Escrituras no se pueden interpretar solo con los instrumentos de la ciencia de la exégesis –como hacen los protestantes-, mas va leída a la luz de la Tradición del Magisterio”. “En la Iglesia, las Sagradas Escrituras, cuya comprensión crece bajo la inspiración del Espíritu Santo, y el misterio de la interpretación auténtica, dado a los apóstoles, pertenecen el uno al otro en modo indisoluble. Y entonces, allí donde la Sagrada Escritura viene separada de la voz viviente de la Iglesia, vemos que esa cae prisionera a las disputas de los expertos”.

2005-V-07 – S. S. Benedicto XVI – San Juan de Letrán.

 

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“El Papa no es un soberano absoluto que lo que piensa y quiere es ley. Al contrario, su ministerio es garantía de la obediencia hacia Cristo y a su Palabra. Él no debe proclamar sus propias ideas, mas debe vincularse constantemente él propio y la Iglesia a la obediencia hacia la Palabra de Dios, en frente a todos los tentativos de acomodamientos y diluentes, como así también afrontar cualquier oportunismo”. 

2005-V-07 – S. S. Benedicto XVI – San Juan de Letrán.

 

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Recordar la primigenia índole misionera de la Iglesia significa testimoniar esencialmente que la tarea de la inculturación, como difusión integral del Evangelio y de su consiguiente adaptación al pensamiento y a la vida, sigue aún hoy y constituye el corazón, el medio y el objetivo de la "nueva evangelización". Para una tarea tan elevada resuena siempre la promesa de Jesús: "Y he aquí que yo estoy con vosotros", allí donde la palabra y los signos del Evangelio encuentran al hombre de cualquier edad, condición y cultura: "Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo" (Mt 28, 20). «Duc in altum» (Lc 5,4) dijo Cristo al apóstol Pedro en el Mar de Galilea.

 

1. Significación y uso de la palabra «católico»

a) La palabra «católico», compuesta de las griegas kato y holon significa general, universal, total (lat. secundum totum: San Agustín). En el griego clásico los filósofos llamaban katholikon a una proposición universal. También los universales se llamaron katholika. Los dioses astrales sirios fueron llamados katholikoi (véase H. de Lubac, Katholizismus, 44).

 

Ignacio de Antioquía fue el primero que usó la palabra katholikos para la Iglesia de Cristo (Carta a los Esmirnotas 8, 2). Dice: «Donde está Jesucristo, está la Iglesia católica.» La palabra significa, evidentemente, en este texto lo mismo que universal. En el mismo sentido es usada tres veces en el Martirio de San Policarpo (Introducción; 8, 1; 19, 2). En este escrito aparece una vez en el sentido de la Iglesia que cree rectamente (16, 2). Desde fines del siglo ii la palabra aparece con las dos significaciones. Desde el siglo iii es usada también como nombre propio a modo de sustantivo. Este uso parece haber sido normal hasta el siglo vri. Incluso en Bernardo de Claraval es llamada a veces la Iglesia de Cristo la Católica sin más (Explicación del Cantar de los Cantares 64, 8; PL 183, 1068).

 

b) La palabra implica varias significaciones. Se puede distinguir una catolicidad externa y otra interna. La catolicidad externa se refiere tanto al espacio como al tiempo. Respecto al espacio quiere decir que la Iglesia de Cristo está destinada a todo el mundo, a todos los pueblos y a todos los hombres de todos los tiempos. Por tanto, la catolicidad externa se puede llamar también personal (que afecta a las personas que pertenecen a la Iglesia). La interna se refiere a la plenitud de la verdad y de los bienes de salvación. Se la puede llamar también salvífico-ontológica..

 

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Pero la culpa no es de la sociedad, sino de los propios católicos que viven desganados y apáticos.

 

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“Para que el testimonio cristiano sea eficaz, sobre todo en temas delicados y controvertidos, es importante realizar un esfuerzo especial en explicar con rigor las razones de la posición de la Iglesia, subrayando que no se trata de imponer a los no creyentes una visión que nace de la fe, sino de interpretar y defender los valores enraizados en la misma naturaleza del hombre”. JUAN PABLO II - MAGNO

 

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No hay mayor culpa que ser indulgente con los deseos. Lao-Tsê

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«Son totalmente indispensables sólidos conocimientos de las lenguas latina y griega, sin los cuales se impide el acceso a las fuentes de la tradición eclesiástica. Sólo con su ayuda es posible también hoy redescubrir la riqueza de la experiencia de vida y de fe que la Iglesia, bajo la guía del Espíritu Santo, ha venido acumulando en los dos mil años pasados» S.S. Juan Pablo II – 04.2004 Vat.

 

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Sobre los altares es suficiente con que brille la Hostia Sagrada. Sino, como dijo san Hilario + 367 ca., construiríamos iglesias para destruir la fe.

 

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«Una investigación histórica, libre de prejuicios y vinculada únicamente con la documentación científica es insustituible para derrumbar las barreras entre los pueblos» (Juan Pablo II)

 

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"Obras todas del Señor, bendecid al Señor".-

“¡Señor, dueño nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra!” (Sal 8, 2).

 

La belleza de la naturaleza nos recuerda que Dios nos ha encomendado la misión de "labrar y cuidar" este "jardín" que es la tierra (cf. Gn 2, 8-17).

 

La señal luminosa dela Virgen Maríaelevada al cielo brilla aún más cuando parecen acumularse en el horizonte sombras tristes de dolor y violencia. Tenemos la certeza de que desde lo alto María sigue nuestros pasos con dulce preocupación, nos tranquiliza en los momentos de oscuridad y tempestad, nos serena con su mano maternal. Sostenidos por esta certeza, prosigamos confiados nuestro camino de compromiso cristiano adonde nos llevala Providencia. Sigamosadelante en nuestra vida guiados por María Madre de nuestro Salvador.

Su fe indefectible que sostuvo la fe de Pedro y de los demás Apóstoles, durante más de dos mil años, siga sosteniendo la de las generaciones cristianas, aquella y siempre misma fe. Reina de los Apóstoles, ruega por nosotros. Amen ¡Gracias!

 

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Gracias por venir a visitarnos; gracias por elegirnos, por sugerirnos ideas y comentarios.

 

Carta I de San Pablo a los Corintios 15,1-8.
Hermanos, les recuerdo la Buena Noticia que yo les he predicado, que ustedes han recibido y a la cual permanecen fieles. Por ella son salvados, si la conservan tal como yo se la anuncié; de lo contrario, habrán creído en vano. Les he trasmitido en primer lugar, lo que yo mismo recibí: Cristo murió por nuestros pecados, conforme a la Escritura. Fue sepultado y resucitó al tercer día, de acuerdo con la Escritura. Se apareció a Pedro y después a los Doce. Luego se apareció a más de quinientos hermanos al mismo tiempo, la mayor parte de los cuales vive aún, y algunos han muerto. Además, se apareció a Santiago y de nuevo a todos los Apóstoles. Por último, se me apareció también a mí, que soy como el fruto de un aborto.

In Obsequio Jesu Christi.

“De la grandeza y hermosura de las criaturas se llega, por analogía, a contemplar a su Autor”. S. S. Benedicto XVI. P.M. – MMV.XI.X. †      

 

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).