Thursday 27 April 2017 | Actualizada : 2017-03-29
 
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Sin embargo, son pocos –acaso ninguno– los que caen en la cuenta de que ideologías como el socialismo, que tanto en su vertiente nazi como comunista son radicalmente ateas, han generado hítleres y estálines que han asesinado a millones de personas, y en algunos sitios siguen produciendo muertos y privaciones de libertad de escándalo dados los tiempos que corren.

 

 

Ahora que tantos gobiernos están dispuestos a hacer del crimen del aborto y de la eutanasia una actividad pública prioritaria y permanente, lo más importante es no bajar la guardia ni un milímetro en la defensa de la verdad y de la vida. Los grandes exterminios del siglo XX fueron posibles no sólo por la perversión de gobernantes satánicos, sino también por la omisión de quienes no mantuvieron siempre la cabeza bien alta dispuestos a todo menos a transigir con el horror. Ahora más que nunca no podemos permitir que nadie, absolutamente nadie, en nuestras casas, en nuestras escuelas, en nuestros medios de comunicación, pueda lo más mínimo contemporizar con esta barbarie. Porque si lo permitimos, Dios puede que nos lo perdone, pero la historia venidera no nos lo perdonará. MMVIII

 

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Es difícil calificar una institución –como la Iglesia Católica que, en sus dos mil años- nos ofrece con sus bibliotecas, monasterios, universidades y archivos, nada menos que el ‘patrimonio intelectual de la humanidad’.

 

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En el ejercicio de su oficio de padre y pastor, sean los obispos en medio de los suyos como los que sirven; buenos pastores, que conocen a sus ovejas y a quienes ellas también conocen; verdaderos padres, que se distinguen por el espíritu de amor y solicitud para con todos, y a cuya autoridad, conferida desde luego por Dios, todos se someten de buen grado. De tal manera congreguen y formen a la familia entera de su grey, que todos, conscientes de sus deberes, vivan y actúen en comunión de caridad.
Téngase solicitud particular por los fieles que, por la condición de su vida, no pueden gozar suficientemente del cuidado pastoral, común y ordinario de los párrocos o carecen totalmente de él, como son la mayor parte de los emigrantes, los exiliados y prófugos, los navegantes por mar o aire, los nómadas y otros por el estilo. Promuévanse métodos espirituales adecuados para fomentar la vida espiritual de quienes, por razón de vacaciones, se trasladan temporalmente a otras regiones. Las Conferencias de los obispos, señaladamente las nacionales, estudien diligentemente los más urgentes problemas que afectan a las personas susodichas y, con instrumentos e instituciones adecuadas, atiendan y fomenten su vida espiritual con voluntad concorde y unión de las fuerzas, atendiendo ante todo a las normas de la Sede Apostólica, convenientemente acomodadas a las circunstancias de tiempos, lugares y personas.
Decreto Christus Dominus, 16.18 – CONCILIO VATICANO II

 

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OBISPOS VICTIMAS DE FRECUENTES CALUMNIAS

 

Sandinistas piden perdón a la Iglesia por persecución de los ‘80s

 

MANAGUA, 22 Jul. 2003 (ACI).-El Secretario General del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) y ex presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, pidió públicamente perdón a la Iglesia y los obispos por los “excesos” de su gobierno en la década del ’80 contra los católicos.
En el discurso que ofreció el 19 de julio en la Plaza de la Fe, en ocasión del 24º aniversario de la Revolución Sandinista, Ortega pidió perdón por los “errores” de su administración.
Como se recuerda, en la década 1980, los sacerdotes nicaragüenses sufrieron persecución y maltrato por parte dirigentes sandinistas. En uno de los episodios de mayor bajeza, las autoridades desnudaron ante los medios de comunicación a Mons. Bismarck Carballo, en un intento del FSLN por desprestigiar a la Iglesia Católica.
El gobierno expulsó a otros 18 sacerdotes del país, los obispos fueron víctimas de frecuentes calumnias y se censuró la documentación de la Santa Sede y la Conferencia Episcopal de Nicaragua.
El encargado de negocios de la Nunciatura Apostólica en Nicaragua, Mons. Francisco César García Magán, aseguró a la prensa local que informará a la Santa Sede sobre el pedido de perdón.
“Una de las tareas de cualquier embajada o misión diplomática, es poner en conocimiento de sus gobiernos de los hechos relevantes que hay en el país en donde esa misión está acreditada. Entonces, claro que (este pedido) llegará”, afirmó el sacerdote al diario La Prensa.
Mons. García expresó su confianza en que este “arrepentimiento” facilite un acercamiento entre la Iglesia Católica y el FSLN, y respaldó al Cardenal Miguel Obando y Bravo, Arzobispo de Managua, y a su Obispo Auxiliar, Mons. Eddy Montenegro, por creer en Ortega.
“Cuando Pedro le preguntó a Jesús: Maestro, cuántas veces tengo que perdonar a mi hermano. Jesús le dijo setenta veces siete”, recordó Mons. García y agregó que “si anunciamos la misericordia de Dios y experimentamos esa misericordia de Dios, tenemos que ser también testigos de esa misericordia y Dios da siempre a cada uno, en lo personal, una segunda y tercera oportunidad”.
Asimismo, dijo que prefiere no escuchar a quienes sostienen que el pedido de Ortega responde a intereses de popularidad de cara a los próximos comicios. “Respeto todas las opiniones y los distintos análisis que se puedan producir del tema, pero cuando una persona o una institución tiene una palabra o tiene un gesto, hay que presuponer siempre que surge desde la sinceridad y desde la veracidad”, indicó.
En efecto, en algunos sectores vinculados al oficialismo hay escepticismo sobre la sinceridad de Ortega y dentro del sandinismo hay malestar por el pedido, pues muchos sandinistas son férreos opositores al catolicismo.

 

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Gracias a hombres y mujeres obedientes al Espíritu Santo, han surgido en la Iglesia muchas obras de caridad, dedicadas a promover el desarrollo: hospitales, universidades, escuelas de formación profesional, pequeñas empresas. Son iniciativas que han demostrado, mucho antes que otras actuaciones de la sociedad civil, la sincera preocupación hacia el hombre por parte de personas movidas por el mensaje evangélico. Estas obras indican un camino para guiar aún hoy el mundo hacia una globalización que ponga en el centro el verdadero bien del hombre y, así, lleve a la paz auténtica. Con la misma compasión de Jesús por las muchedumbres, la Iglesia siente también hoy que su tarea propia consiste en pedir a quien tiene responsabilidades políticas y ejerce el poder económico y financiero que promueva un desarrollo basado en el respeto de la dignidad de todo hombre. Una prueba importante de este esfuerzo será la efectiva libertad religiosa, entendida no sólo como posibilidad de anunciar y celebrar a Cristo, sino también de contribuir a la edificación de un mundo animado por la caridad. En este esfuerzo se inscribe también la consideración efectiva del papel central que los auténticos valores religiosos desempeñan en la vida del hombre, como respuesta a sus interrogantes más profundos y como motivación ética respecto a sus responsabilidades personales y sociales. Basándose en estos criterios, los cristianos deben aprender a valorar también con sabiduría los programas de sus gobernantes.

 

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Nicaragua, Honduras, El Salvador y Guatemala son países que se distinguen por haber acogido desde hace cinco siglos el mensaje salvífico de Jesucristo, lo cual ha formado un rico patrimonio espiritual, que es parte de su idiosincrasia y ha modelado sus costumbres y modo de vivir. Estas naciones tienen una población mayoritariamente joven, lo cual supone un caudal de esperanza de cara al futuro. Aunque sus tierras son potencialmente ricas, sin embargo muchas de sus gentes viven aún en la pobreza, agravada por el peso de la deuda externa, que hipoteca tan seriamente su futuro. MM

 

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Tras el descubrimiento del nuevo mundo, la gran cuestión que surgió y que los entendidos discutieron fue:  "Dime qué es un hombre. ¿Los indios tienen alma?". Hoy, recorriendo el mundo entero, ¿quién podría pretender que no se formule aún con tanta urgencia, con tanta extrañeza? Frente a los puntos de referencia que se desplazan o se esfuman, el hombre moderno titubea, duda de sí mismo, y el combate antirracista llega a un punto muerto. Este combate es como una guerra de desgaste; es, sin duda alguna, el más duro de todos los combates por los derechos del hombre.
Tiene por objeto la igualdad fundamental de todos los hombres, y constituye una especie de desafío del espíritu contra la naturaleza, puesto que en los hombres se acentúa más la diversidad que la igualdad. Reconocer que el otro, en su diversidad, es verdaderamente igual a mí, resulta difícil y entraña innumerables consecuencias. Nada más natural que decir "todo hombre es mi hermano", y vivir esta fraternidad, sobre todo cuando la Biblia, en el relato de Caín y Abel, revela nuestro origen:  todos somos descendientes de un criminal fratricida.

 

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Pasto de las fieras:

Dos modos de memoria histórica

 

por Luis María Sandoval

En el año de la Memoria Histórica (con mayúsculas) el autor se permite aportar un par de ejemplos concretos, tanto del modo de su construcción como de las realidades españolas que pueden recordarse:

La que hoy vemos denominada ‘memoria histórica’ es algo verdaderamente agradecido. A poco que se exagere, y mejor si se hinchan vaguedades, o se acumulan invenciones, se pueden vender muchos libros o revistas, con el resultado de enriquecer a los inventores al tiempo que se calumnia a los adversarios con una mancha que se extienda hasta los rivales próximos en el aquí y ahora.

Ya se sabe que la calumnia siempre deja poso, tanto porque la ingenuidad también la de los oídos- no se recupera nunca, como porque hay cómodos razonadores para los que es dogma infalible que “si el río suena agua lleva”, aunque se le muestren después los efectos audiovisuales o de manipulación afectiva con los que se han creado los ficticios ríos en cuestión.

La memoria histórica de una colectividad viene a ser la conciencia genérica que un grupo humano adquiere de lo que considera su pasado. Y, esto es importante, puede coincidir con aquel o no. La memoria de las colectividades, como la de los individuos, nos falla por errores de percepción, la lejanía en el tiempo, o cuando interfieren factores afectivos que se refieren a nosotros mismos o a nuestros allegados. La historia puede llegar a establecer hechos concretos y balances generales; la memoria, a partir de determinados detalles diversamente adquiridos y fijados, proporciona recuerdos y un sentido general de la propia identidad, a veces a costa de distorsionar las propias vivencias.

Tratándose de la ‘memoria histórica’ que nos ocupa hay dos enfoques antitéticos de aproximarse a ella.

* De una parte, la elevación de algunas memorias subjetivas, distorsionadas por el tiempo y la parcialidad, a datos incontrovertidos de partida, por mucho que fechas, lugares y números, por no hablar de los nombres, queden en la nebulosa de la memoria en vez de la claridad de los documentos. Es habitual que un vago recuerdo, de cifra imprecisa y dicho al paso, sirva ya para establecer una base incontestable de memoria histórica. Esta forma de proceder, si bien es inconcreta respecto a las víctimas, suele ir acompañada de un fuerte sentimiento vindicatorio: se dirige a promover la condena de los presentados como malhechores.

* Al contrario, sin duda con menor efectividad pero sí con mayor honestidad, el otro enfoque para engendrar una memoria histórica es establecer una verdad factual, crítica con las fuentes y bien circunstanciada, hasta los nombres propios. Y luego, alcanzar conclusiones de validez más general susceptibles de divulgarse, a partir de los hechos establecidos, no entraña menos dificultad de análisis, juicio y equidad. Y este proceder alcanza su máxima cota en los procedimientos de beatificación de la Iglesia Católica, que son por principio renuentes a la glorificación acrítica, pero buscan más el ensalzamiento de las figuras de los mártires y de sus virtudes que el vilipendio de sus matarifes.

* Por supuesto, esa polaridad de modelos no se suele encontrar pura en la práctica, aunque en España nos estemos acercando a ello.

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Del modo de crear ‘memoria histórica’, aprovechando las afirmaciones al paso, es buen ejemplo el periódico El Mundo, que en su necrológica del General Alfredo Stroessner, gobernante de Paraguay entre 1954 y 1989, escribía hace unos meses (17 de agosto de 2006) las siguientes líneas: “Ya en la jefatura del Estado, empeñado en purgar a la pequeña nación de elementos subversivos, reales o imaginarios, Stroessner encarceló, ejecutó o arrojó vivos a un foso lleno de cocodrilos a más de 2.000 paraguayos”.

Quien sin más lo leyera quedaría sobrecogido por una nueva constatación de la crueldad de los dictadores derechistas. Aunque para un lector más crítico, los heterogéneos sumandos de la redonda cifra más parecen un modo de hinchar la cantidad de los ejecutados, y de relacionar una cifra lo más elevada posible con el detalle morboso. Cuando más de dos mil paraguayos corresponden en conjunto a la triple alternativa de encarcelados, ejecutados, o pasto de los cocodrilos de un foso al efecto, cabe preguntarse si debemos contar seiscientos sesenta y seis por categoría, o mil novecientos muertos y cien presos, o un centenar de ejecuciones y mil novecientos prisioneros (proporción más habitual), o cualquier otro par de valores complementarios.

En cuanto a los cocodrilos atribuidos a Stroessner, tienden a desviar la atención de la vaguedad de las cifras, y a impresionar de forma duradera la memoria afectiva. Pero ni siquiera son originales. Tratándose de exagerar los denuestos contra los dictadores sudamericanos, a El Mundo se le había anticipado ya El País, que actuaba como compañero de viaje de los comunistas, a la caída de Somoza en Nicaragua.

Reproducimos íntegramente el impagable texto que publicó El País el 24 de julio de 1979 bajo el título “Presos políticos, arrojados a los leones y las serpientes”:

«EFE - Bogotá

«EL PAÍS - Internacional - 24-07-1979

«El general Anastasio Somoza alimentaba sus leones y serpientes que mantenía en su búnker con carne de los combatientes sandinistas, según fuentes diplomáticas. El plan brutal de torturas se cumplía en los túneles del búnker de Somoza, hasta donde llevaban a los sandinistas para hacerlos confesar.

«El secretario de la embajada de Colombia en Nicaragua, Fabio Avella, reveló que en una mazmorra subterránea encontraron doscientos presos políticos que habían sido cruelmente torturados.

«Avella descubrió ese horripilante sitio gracias a las declaraciones de un oficial de la Guardia Nacional que buscó asilo en la embajada de Colombia en Managua.

«El lugarteniente de Somoza indicó que el dictador lanzaba a los rebeldes a una fosa de leones y, posteriormente, los sacaba semidestrozados para que concluyeran sus confesiones.

«El miembro de la Guardia Nacional, conocido por el apodo de Teniente Muerte, reveló que Somoza, con risa irónica, lanzaba los cuerpos destrozados de los combatientes sandinistas a la fosa de leones y serpientes. «Este era uno de sus principales pasatiempos», dijo. Añadió que «no menos de quinientos rebeldes murieron allí salvajemente torturados».

Ahora bien, Anastasio Somoza sería un dictador más o menos terrible, pero lo que se le atribuye posee una verosimilitud escasa, tanto sea en cuanto a cifras, lugares y nombres, cuanto en la coherencia interna del relato: sacar un cuerpo semidestrozado de entre las garras de un león para arrancarle confesiones es algo sólo superable en dificultad a sobrevivir con capacidad para confesar a los zarpazos y dentelladas de un león –o de ser asfixiado, mordido o deglutido por una serpiente-. Desde luego los ancianos del lugar, que leímos aquella noticia, seguimos preguntándonos hasta hoy cuál fue la suerte de las fieras de Somoza privadas de alimentos, pero la prensa de aquellas fechas no volvió a proporcionarnos ningún detalle más, por mucho que los buscamos.

Los anteriores son dos buenos ejemplos de cómo los progresistas construyen morbosas memorias históricas, secuestrando sentimientos adversos a sus enemigos mediante detalles que impresionan. Luego, los verdaderos detalles bien circunstanciados, así como las cifras y, mejor aún, los nombres, no terminan de concretarse. ¿Para qué, si la llamada memoria histórica ha cumplido ya su misión? La crueldad de los derechistas ya puede extenderse con esa base, no sólo hasta Franco, sino hasta el PP, por mucho que este último se diga liberal y sea consolidador del aborto y de cuantos ‘avances sociales’ haga falta.

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Son de lamentar estos comportamientos de nuestra prensa, porque existen modos menos creativos pero más firmes de construirse una idea del pasado, bien que pueden no ser tan de interés para los diarios progresistas españoles, aunque también van de hombres y mujeres entregados como pasto de fieras, y no en lugares remotos, sino en la Barcelona de 1936:

En la primera edición de la Historia de la persecución religiosa en España 1936-1939 de Mgr. Antonio Montero (Madrid, BAC, 1961) leemos en la nota 33 de la página 63:

La M. Apolonia Lizárraga, general de las Hermanas Carmelitas de la Caridad, asesinada en la cárcel de San Elías, de Barcelona, fue, alguna versión, devorada por unos cerdos, previamente descuartizada. (Proceso de beatificación de la diócesis de Barcelona p. 563-565).”

Efectivamente, en el mismo libro, más adelante (pág. 161), se reproduce literalmente dicha fuente, apostillada con una interesante nota:

“Actualmente se han encontrado testigos que nos refieren que estando ellos presos en la cárcel de San Elías en el año 1936 era de dominio público que el jefe de la checa, un tal «Jorobado», cebaba en total unos trescientos cerdos con carne humana. Que muchos presos eran echados a dichas piaras y que la general de las Carmelitas de la Caridad, Madre Sacramento Lizárraga, fue una de dichas víctimas que aserraron, la descuartizaron (en cuatro partes) y luego en trozos más pequeños fue devorada por dichos animales que en la citada checa engordaban en número de 42”.

La nota del autor a lo transcrito dice así: “Art 653-65 del proceso de beatificación de la diócesis de Barcelona (separata relativa a la M. Apolonia Lizárraga). A la difícil credibilidad del asunto se suma, en este caso, una contradicción en la cifra de estos animales, aparte de no justificarse y resultar forzada la estancia allí de la M. Lizárraga” y en otra nota posterior (pág. 534) mantiene el mismo criterio: “El H. Joaquín Donato, vicepostulador del proceso de beatificación de la M. Lizárraga, supone a esta Madre en San Elías y añade sobre su ejecución algunos detalles monstruosos que no vemos suficientemente probados”.

Pero no sólo sonaba el río en ese caso aislado: César Alcalá, en el libro Persecución en la retaguardia. Cataluña 1936-1939 (Madrid, Actas, 2001) vuelve sobre análogo tema con diferentes testimonios (págs. 28-29 y 119-120) :

Se ocupa de la suerte de dos afiliados carlistas: Eusebio Cortés Puigdengoles (empleado de banca, de 48 años, casado con cinco hijos) y de su sobrino Ramón Cortés Jubert (carpintero, 29 años, casado con un hijo), que huyeron de Igualada a Barcelona tras el asesinato de sendos hermanos de cada uno de ellos el 4 de agosto, y que allí fueron detenidos el 2 de septiembre y trasladados a la Checa de San Elías, de la que fueron ‘sacados’ el día 10, y cuyos cadáveres nunca aparecieron. Transcribe el testimonio de un hijo de Eusebio Cortés, el sacerdote Juan Cortés Tossal:

“Cuando supimos que los habían sacado de la checa, mi madre, que era una mujer fuerte y valiente como pocas, removió Roma con Santiago para encontrarlos. Nunca supimos donde los llevaron y asesinaron. Buscando archivos fotográficos y de recortes de ropa ella encontró muchos otros de Igualada; pero mi padre y mi primo nunca los enconcontramos. De manera que no sabemos dónde están sus restos mortales

“Se sabe que por aquellas fechas se hicieron monstruosidades, como dar carne humana a los cerdos... Nunca hemos podido constatarlo fidedignamente, pero mi madre y mi hermano mayor tenían sobre el particular pistas sólidas. [...]

“Como podéis comprender, el fin dramático de los restos de mi padre mártir era un tema tabú en casa. Mi madre nos subió a los cinco hijos con grandes trabajos y dificultades económicas, y no era cuestión de marcarnos psicológicamente con detalles escabrosos. Así y todo tengo presente una conversación de ella con cierta persona, a la cual le explicaba veladamente el fin de los restos de mi padre, como una, no sólo posibilidad, sino realidad. Resulta ser que un policía de Igualada en activo durante aquellos tiempos, pero de alma “blanca” se lo había explicado, añadiendo que incluso en la prensa de aquellos días había constatado el hecho con una nota que, una vez realizada la macabra operación, se había castigado a los culpables”.

Y en un nuevo libro (César Alcalá, Checas de Barcelona, Barcelona, Belacqva, 2005), el historiador barcelonés no sólo completa el testimonio del sacerdote hijo de la víctima (págs. 133-137):

“Aparte de esto, mi hermano mayor, también sacerdote y misionero muy conocido y popular, aun manteniendo entre nosotros la temática como ‘tabú’, en alguna ocasión, en temas de comunidades de base o de cursillos de formación, lo había dicho públicamente, pero en círculos reducidos. Esto yo lo sé por personas amigas suyas que me lo han comentado. Él murió santamente, después de un inmenso trabajo apostólico aquí y en Colombia, el 15 de diciembre de 1981.

“Con referencia a mi primo Ramón, evidentemente, tampoco hay ninguna certeza. Pero parece que salieron juntos. Ese policía hablaba de la misma suerte para el tío y el sobrino, que salieron de la checa el mismo día. Si de todo esto hacéis alguna reseña escrita, sed moderados y no digáis más de lo que un servidor os ha dicho”.

Además, César Alcalá, en el mismo libro (págs. 140-141) nos da esta otra información:

“El beato Pedro Rivera Rivera nació en Villacreces (Valladolid) el 3 de septiembre de 1912. No se conoce con certeza la forma de martirio que sufrió. Según afirman algunos, fue conducido a Montcada Bifurcación, donde lo tiraron vivo a un pozo, como hicieron con muchos, o lo fusilaron, y enterraron en el cementerio de la misma localidad. Otros sostienen que lo mataron en la carretera de l’Arrabassada de Barcelona. Mientras que unos terceros aseguran que su cuerpo, no saben si vivo o muerrto, fue entregado como pasto y comida a una piara de cerdos que la FAI había instalado en el convento de San Elías, donde se encontraba la famosa checa. No se ha podido saber nada más sobre la muerte de Pedro Rivera, ni se ha encontrado o identificado su cadáver. Es cierto, y ésta ha sido siempre la voz de la Provincia religiosa y de la gente que le conocía en Granollers y Barcelona, que fue asesinado por ser sacerdote y religioso. El Martirologio de la Diócesis de Barcelona dice sucintamente: «Fusilado en la Rabasada (Barcelona), el seis de septiembre de dicho año (1936)”

Efectivamente, el sacerdote franciscano Pedro Rivera Rivera O.F.M. Conv., jovencísimo y ya superior del convento de Granollers fue beatificado por Juan Pablo II el 11 de marzo de 2001, junto con otros doscientos treinta y dos mártires de la persecución española de 1936-1939. Y César Alcalá no ha hecho sino transcribir la información biográfica que podemos encontrar en internet, al final de la página www.franciscanos.org/santoral/alfonsolopez.html, elaborada principalmente a partir de las actas del Proceso de beatificación por el P. Valentín Redondo para la revista Vida Nueva nº. 2294 (13-I-2001).

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Deliberadamente hemos querido contraponer dos formas de abordar una misma crueldad en materia de crímenes políticos: arrojar cadáveres como pasto de animales.

La prensa progresista ofrece afirmaciones morbosas, de pasada pero categóricamente, siempre sobre represiones derechistas, con cifras abultadas y redondas y ausencia de circunstanciación y verosimilitud.

El caso de las víctimas barcelonesas de la violencia al presunto servicio de la ‘legalidad republicana’ es muy diferente: se tratan de casos muy concretos, pero, igualmente y por ello, muy bien circunstanciados hasta el nombre propio, cuya verosimilitud se acrecienta por la coincidencia de fuentes diversas hacia un mismo y limitado lugar, la checa barcelonesa de San Elías, y un corto espacio de fechas a comienzos de septiembre de 1936 (en su apéndice Mgr. Montero da para el martirio de la Madre Lizárraga la fecha del día 8 (pág. 826), Eusebio y Ramón Cortés fueron ‘sacados’ el día 10, en tanto que el martirologio diocesano de Barcelona ofrece para el martirio del P. Rivera el día 6 del mismo mes). Y, sin embargo, ni se hinchan cifras, ni se subraya la morbosidad (¿cómo quedaría en un informe de memoria histórica la afirmación en el título ‘En la España Republicana más de seis mil sacerdotes fueron fusilados o dados como pasto a los cerdos’?) y aun se cuestiona la verosimilitud, se quiere limitar el alcance de los hechos, y se da eco a la posible censura por parte de los poderes frentepopulistas de tales procedimientos.

Se nos dirá que hemos escogido deliberadamente casos extremos en torno a un mismo asunto, en los que las afirmaciones de los voceros izquierdistas actúan con diferencia diametral de los procedimientos de los estudiosos católicos y de la Iglesia. Y lo reconocemos así.

Pero al lector toca, de ahora en adelante, comprobar hasta qué punto persiste o no la coincidencia con las tendencias opuestas que nuestros ejemplos apuntan entre la forma de elaborar la memoria histórica de las víctimas izquierdistas de la represión de la justicia militar de Franco, y las reseñas martiriales de las víctimas católicas de aquella persecución ‘autogestionada’ por los partidos políticos a la sombra del manto republicano, algunos de los cuales, con continuidad de identidad y denominación y sin mediar declaración de arrepentimiento ni petición de perdón, gobiernan hoy en España y la comunidad autónoma catalana, e impulsan las leyes de ‘memoria histórica’.

http://www.arbil.org/110pini.htm
Agradecemos al autor: Don Luis María Sandoval - 2007-02-13

 

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"Señor, quiero comprender algo de la verdad que mi corazón cree y ama, por ello no quiero comprender para creer, sino que creo para poder comprender

"Haz, te lo ruego, Señor que yo sienta con el corazón lo que toco con la inteligencia"

(San Anselmo - Nació el año 1033 en Aosta (Piamonte). Ingresó en el monasterio benedictino de Le Bec, en Normandía, y enseñó teología a sus hermanos de Orden, mientras adelantaba admirablemente por el camino de la perfección. Trasladado a Inglaterra, fue elegido obispo de Canterbury combatió valientemente por la libertad de la Iglesia, sufriendo dos veces el destierro. Escribió importantes obras de teología. Murió el año 1109.

 

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Un dato empírico: la ciencia –y la democracia y otras cosas–, se han desarrollado de modo consistente y sistemático en las sociedades occidentales y solo en ellas, aunque haya atisbos considerables en las demás civilizaciones. Las sociedades occidentales han sido y son todavía en gran parte sociedades cristianas. ¿Se han desarrollado la ciencia y demás a partir del cristianismo o a pesar de él? Pregunta no bien planteada en un sentido tan drástico: la historia muestra que se han desarrollado a partir del cristianismo, pero también en conflicto con él. ¿Qué es lo fundamental, el acuerdo o el conflicto?

Desde el siglo XVIII las sociedades occidentales se han ido descristianizando parcialmente. En el siglo XX la descristianización alcanzó su ápice, con una auténtica oposición masiva y radical a la religión; oposición que se autoatribuye, en exclusiva,  la ciencia y la democracia. Tal pretensión no es un dato empírico, sino una especulación harto dudosa, aunque no le falten algunos argumentos. En cambio es un hecho empírico que las corrientes antirreligiosas han protagonizado la mayoría de las matanzas, genocidios y totalitarismos que han conmovido ese siglo. Pero los anticristianos, aquí poco científicos, se resisten con uñas y dientes a analizar esta curiosa coincidencia. 

 

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Empírico, ca.(Del lat. empirĭcus, y este del gr. μπειρικς, que se rige por la experiencia).1. adj. Perteneciente o relativo a la experiencia.2. adj. Fundado en ella.3. adj. Que procede empíricamente. U. t. c. s.4. adj. Partidario del empirismo filosófico.

 

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«Cristo ayer y hoy / Principio y fin / alfa y omega / suyo es el tiempo / y la eternidad / a Él la gloria y el poder / por los siglos de los siglos» (Cirio en Vigilia Pascual).

 

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Si la Iglesia mirara para otro lado y no dijera nada en cuestiones como el aborto, la eutanasia, divorcio, la manipulación genética, la equiparación de las parejas de hecho con las familias o la adopción de niños por homosexuales, se libraría de una parte considerable de los ataques que sufre. Pero hay que preguntarse si, en caso de obrar así, estaría siendo fiel a Jesucristo y aportando algo valioso a la sociedad.
   Muchas veces se nos ha reprochado, algunas con razón, no haber sido más tajantes en la condena de la esclavitud o en el rechazo de la violencia en situaciones como las Cruzadas o la Inquisición. Pues bien, hoy hay nuevas esclavitudes y nuevas torturas, que son, curiosamente, aplaudidas y defendidas por los que condenan las de antaño. La Iglesia, precisamente para no cometer los errores del pasado, tiene el deber de defender la familia y la vida. Si no lo hiciera, estoy seguro de que dentro de unos años sería acusada de no haber hablado proféticamente contra la ideología mayoritaria imperante en este momento. Y hasta es posible que se lo echaran en cara los sucesores ideológicos de los que hoy la acusan de no estar al día. Por eso tiene que actuar como lo está haciendo. Aunque se quede sola en la defensa del más débil. Aunque le cueste la persecución. Esa será su gloria y la historia terminará por reconocerlo.

 

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La persona, fin en sí misma, no de sí misma

 

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"El viento de la soberbia arrastra toda virtud. La humildad es la base de las buenas obras". (S. Agustín).

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«La historia es el testimonio de los tiempos, la luz de la verdad, la vida de la memoria, la maestra de la vida y nuncio de la antigüedad». Cicerón

 

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Vocación: Dios es quien llama, y el hombre es el convocado. La llamada es siempre a amar, es decir, a servir, y también a hacer rendir los talentos. Está en la naturaleza del hombre este deseo de conocer y responder a la vocación, deseo que tiene implicaciones también sociales: una sociedad en la que los hombres no pueden ejercer aquello a lo que se sienten llamados será muy defectuosa, como detectaba ya Platón en La República.

 

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"Es más fácil desintegrar un átomo que un pre-concepto" - Albert Einstein.

 

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Un libro histórico -como son los evangelios por ejemplo- merece credibilidad cuando reúne tres condiciones básicas: ser auténtico, verídico e íntegro. Es decir, cuándo el libro fue escrito en la época y por el autor que se le atribuye (autenticidad), cuando el autor del libro conoció los sucesos que refiere y no quiere engañar a sus lectores (veracidad), y, por último, cuando ha llegado hasta nosotros sin alteración sustancial (integridad).

 

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 NICARAGUA: POBREZA, CULTURA DE

CONSUMISMO Y CAMINOS DE ESPERANZA

 

Santiago de ANITUA, S.J.
Granada, Nicaragua

1. Hacia una pastoral de la cultura

En nuestras circunstancias nicaragüenses especialísimas —pobreza extrema de la mayoría de la población y polarización política, producto de una revolución sangrienta y de una dictadura marxista y opresora— el ideal es, para los pobres, la supervivencia; y, para las clases industriales y rectoras, el progreso económico y la democracia. De ahí que los ideales del hombre sean la riqueza —verdadera obsesión— y la adquisición del poder político, quizá como medio para obtener la riqueza. Otros ideales podemos decir que no existen, por lo menos a nivel macrosocial. Hay artistas, pero no ideal de arte, como valor en sí; se busca la formación profesional, pero en orden al mejoramiento económico. Las carreras humanistas no tienen demanda.

He dicho que el afán de riquezas es casi una obsesión y una enfermedad. Quien pudiendo enriquecerse, aunque sea ilícitamente, no lo hace, no es honorable, sino tonto. Diríamos que el hombre honesto es un anormal. Eso a nivel social. En el orden individual quizá haya honrosas excepciones.

Desde las autoridades del Ejecutivo, pasando por el Legislativo y terminando en el Poder Judicial, la deshonestidad económica es patente y generalizada. Tenemos una cultura de consumismo en un ambiente de pobreza extrema generalizada. Ni siquiera se busca la industrialización como medio de riqueza, sino la riqueza fácil: robo, soborno, utilización de influencias o negocios internacionales.

Paradójicamente, nuestra clase gobernante y los miembros de la alta sociedad se profesan abiertamente católicos; más aún, son públicamente practicantes, como reacción a los gobernantes del régimen anterior, que era ateo y hacía gala de ateísmo. Así se da un contraste entre práctica religiosa y conducta moral, que ha denunciado pública y expresamente la Jerarquía. Me atrevería a afirmar que la profesión católica es también una bandera política.

Un ejemplo del deterioro moral es la inestabilidad de la familia. El sacramento del matrimonio es una ceremonia casi exclusiva de la clase alta. La clase pobre no se casa por la Iglesia. La inmensa mayoría de los niños que se bautizan son ilegítimos. En los tiempos de la Revolución abundaron las uniones de camaradas de guerra —matrimonio por las armas— con las consiguientes desuniones posteriores. Incluso se aceptó el divorcio por petición unilateral, que es un verdadero adefesio jurídico.

La educación sexual, que se dio desde los primeros grados de educación primaria y se generalizó por medio de la televisión especialmente para jóvenes y niños —a las tres de la tarde— era más que formación una incitación a la experiencia sexual. Por otra parte la separación de los cónyuges por razón de exilio, hizo que familias sacramentales se dividieran. Cada cónyuge buscó rehacer su vida individualmente; y los hijos, perdidos en grandes megalópolis extranjeras, adoptaron las libertades de estas ciudades y no precisamente las virtudes.

Hemos de notar también que en el tiempo de la Revolución nuestros colegios católicos dieron una formación más social que religiosa, reduciendo las clases de religión a la necesidad de solidaridad con los pobres. La teología de la liberación hizo de Nicaragua, con apoyo del gobierno, un laboratorio de experimentación revolucionaria.

Después de la Revolución han florecido, como una industria floreciente, los Autoteles o Moteles, lujosos y anunciados públicamente por la televisión. Ha proliferado la prostitución, masculina y femenina, incluso desde la misma pubertad. Notemos que los bajos salarios de quienes tienen trabajo —maestros, empleados de la salud— apenas llegan a los dos dólares diarios. Esto incita a ganar el dinero fácil.

Por otra parte, las telenovelas mexicanas y brasileñas ponen el vicio como el modo corriente, normal y ordinario de vivir en la sociedad contemporánea. Estas telenovelas son vistas por la mayoría de las mujeres y aún de los niños y niñas: su horario corre desde las diez de la mañana hasta las ocho de la noche.

Hay organizaciones no gubernamentales (ONG), con mucha ayuda económica, que se dedican exclusivamente a «la salud femenina»: eufemismo para señalar la planificación familiar mediante anticonceptivos e incluso abortos por absorción: Profamilia, Ixchen. Otra asociación se dedica a la propagación del sexo seguro, proporcionando preservativos a homosexuales: Netzahualcoyotl.

Hay una campaña tenaz por legalizar el aborto y otra en pro de los derechos de los homosexuales. Estas corrientes se hicieron más explícitas con motivo de la Conferencia sobre la Familia en El Cairo.

 

2. Caminos de esperanza

La esperanza está en nuestros niños y en los jóvenes de edad escolar: 0-20 años. La generación intermedia habría que darla por perdida.

Los padres de familia de la clase pudiente favorecen la práctica religiosa —lo notamos antes— incluso por política. En nuestras iglesias abundan los niños, que vienen de la mano de sus padres, y se nota un aumento de grupos juveniles, coros parroquiales, equipos de acólitos. Sin embargo, los padres de familia ricos desconfían de la enseñanza de los colegios religiosos por el papel que estos jugaron durante el período sandinista. Prefieren una educación laica bilingüe a un colegio de religiosos o religiosas. Por esto la educación religiosa de nuestros jóvenes deja mucho que desear, y debe hacerse extracurricularmente, en las parroquias o en movimientos juveniles católicos.

Sin embargo, ha surgido una Universidad Católica, que da mucha importancia a la pastoral universitaria. Se han recuperado las escuelas parroquiales, que antes estaban en manos del gobierno, y en las que se educan los niños de las clases populares. Y ha nacido un nuevo colegio expresamente católico con mucho prestigio, llevado por laicos comprometidos.

De ahí ha brotado espontáneamente un hambre de retiros, cursos de evangelización, líderes juveniles. Entre los adultos se han generalizado las comunidades de vida cristiana, el ejercicio de los ministerios laicales, la evangelización casa por casa. Desgraciadamente, nuestro clero es aún muy escaso, la aglomeración de barrios marginados en la capital y en las cabeceras departamentales imposibilita una organización pastoral estable, y el trabajo de los sacerdotes es inmenso, aún sin buscar nuevos campos. Los seglares suplen bastante a los sacerdotes, con el peligro consiguiente de desviaciones doctrinales y provisionalidad de la pastoral.

 

3. Pastoral cultural

No existe. Notamos al comienzo que la política y el enriquecimiento son hoy las prioridades. La gente pobre tiene suficiente con sobrevivir. Hay cursos de «Educación para la democracia», para «El desarrollo sostenible» etc., no de temas culturales.

Se está haciendo a nivel del Ministerio de Educación —gracias al Sr. Ministro, que es un católico practicante y sincero— un intento de evangelización de los maestros. Ya hay unos 6.000 maestros evangelizados en apenas 18 meses. Se tiene una misa en el Ministerio en el comienzo y a final de curso y con motivo de otras festividades: día de la madre, del maestro, etc. Paralelamente, se dan cursos periódicos de formación sobre el Magisterio, sobre todo en las áreas de filosofía y de ética. En estos cursos colaboran algunos sacerdotes. La evangelización explícita ha tenido muy buena acogida, y pienso que el fruto ha sido notable, gracias a Dios. Para acompañar este proceso evangelizador el Ministerio publica un boletín mensual del maestro. También se han editado libros de texto sobre «Educación Cívica», y se están preparando los textos de filosofía y ética para los dos cursos últimos del bachillerato. Por ahora, es todo lo que se puede hacer.

03.02.2000

 

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Acordaos, ¡oh piadosísima Virgen María! que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a vuestra protección, implorado vuestra asistencia y reclamado vuestro socorro, haya sido abandonado de Vos. Animado con esta confianza, a Vos también acudo, ¡oh Madre, Virgen de las vírgenes! Y aunque gimiendo bajo el peso de mis pecados, me atrevo a comparecer ante vuestra presencia soberana. No desechéis, ¡oh Madre de Dios!, mis humildes súplicas, antes bien, inclinad a ellas vuestros oídos y dignaos atenderlas favorablemente.

 

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Los cristianos de la Iglesia de la antigüedad en Grecia, Egipto, Antioquía, Efeso, Alejandría y Atenas acostumbraban llamar a la Santísima Virgen con el nombre de Auxiliadora, que en su idioma, el griego, se dice con la palabra "Boetéia", que significa "La que trae auxilios venidos del cielo".

 

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“CREO EN LA SANTA IGLESIA QUE ES UNA, SANTA, CATÓLICA Y APOSTÓLICA, COMO EL CRISTO LA FUNDÓ SEGÚN CONSTATAMOS EN LA SANTA BIBLIA” (Cristo funda su Iglesia ‘una’; Cristo es la cabeza por tanto es ‘santa’; Cristo la envía a predicar a todos los confines del orbe, por tanto es ‘católica’; Cristo ordena el pregón del anuncio evangélico a los apóstoles, por tanto es ‘apostólica’. La Iglesia es cristiana porque proclama a Cristo; es evangélica y evangelizadora porque revela a Cristo... y un largo etc. de adjetivos le son propios.

¡2000 años sobre la tumba del apóstol Pedro y protegida por la promesa del Señor!  

 

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La Iglesia católica –que también es de este mundo– puede y debe muchas veces  proclamar su punto de vista a un asunto que no es dogmático, ni tampoco afecta al Depósito de la Fe; pero a la luz de la Doctrina Social de la Iglesia, considera que puede ofrecer un juicio sobre una cuestión que afecta para bien o para mal a millones de personas. En tales casos, no emite la Iglesia una declaración dogmática, ni tan siquiera un magisterio vinculante para el pueblo católico –en el que legítimamente se puede discrepar–, pero argumenta los bienes que resultan de una convivencia conjunta ante ciertas leyes discriminatorias, injustas, amorales y éticamente perversas, o impregnadas de fanatismo sea este religioso, político o militar. Leyes que son capaces de tener a las personas, las sociedades o al mundo en estado de ansiedad e inseguridad; leyes tejidas de un nihilismo que corrompe las costumbres buenas, sobornan el orden, la paz y sano estado habitual de las cosas

 

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La unión de la familia humana se fortalece mucho y se completa con la unidad, fundada en Cristo, de la familia de los hijos de Dios. Ciertamente, la misión propia que Cristo confió a su Iglesia no es de orden político, económico o social, pues el fin que le asignó es de orden religioso. Pero precisamente de esta misma misión religiosa fluyen tareas, luz y fuerzas que pueden servir para constituir y fortalecer la comunidad de los hombres según la ley divina.
Además, en virtud de su misión y su naturaleza, no está ligada a ninguna forma particular de cultura humana o sistema político, económico o social. Por ello, la Iglesia, desde esta su universalidad, puede ser un vínculo muy estrecho entre las diferentes comunidades humanas y naciones, a condición de que éstas confíen en ella y reconozcan realmente su verdadera libertad para cumplir esta misión suya. Por esta razón, la Iglesia aconseja a sus hijos, pero también a todos los hombres, que, en este espíritu familiar de hijos de Dios, superen todas las desavenencias entre naciones y razas, y den firmeza interior a las asociaciones humanas justas. El Concilio considera con gran respeto todo lo verdadero, bueno y justo que se encuentra en las variadísimas instituciones que el género humano ha fundado para sí y continúa fundando sin cesar. Declara, además, que la Iglesia quiere ayudar y promover todas estas instituciones, en la medida que esto dependa de ella y pueda conciliarse con su misión. Nada desea más ardientemente que poder desarrollarse libremente al servicio del bien de todos bajo cualquier régimen que reconozca los derechos fundamentales de la persona y de la familia y los imperativos del bien común.

Constitución Gaudium et spes, 42 – VATICANO II

 

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«Duc in altum» (Lc 5,4) dijo Cristo al apóstol Pedro en el Mar de Galilea.

Tras una noche de dura fatiga sin ningún resultado, Jesús invita a Pedro a remar mar adentro y a echar de nuevo la red. Aun cuando esta nueva fatiga parece inútil, Pedro se fía del Señor y responde sin dudar: «Señor, en tu palabra, echaré la red» (Lc 5,4). La red se llena de peces, hasta el punto de romperse. Hoy, después de dos mil años de trabajo en la barca agitada de la Historia, la Iglesia es invitada por Jesús a «remar mar adentro», lejos de la orilla y las seguridades humanas, y a tirar de nuevo la red. Es hora de responder de nuevo con Pedro: «Señor, en tu palabra, echaré la red».

 

AFIRMABA Chesterton, refutando a quienes sostienen que la religión católica abruma y aflige a los hombres, que los únicos países de Europa en los que todavía se canta y se baila son aquellos donde aún es fuerte la influencia de la Iglesia de Roma. «La doctrina y la disciplina católicas son muros, si se quiere -escribía en Ortodoxia-; pero son muros de un teatro de regocijos». Y, a continuación, esbozaba una alegoría de plena vigencia: «Imaginémonos que un corro de niños juega sobre la florida cumbre de una isla eminente: mientras haya un muro que cerque la cumbre, pueden entregarse a sus locos juegos y poblar el sitio de rumores. Supongamos ahora que el muro se derrumba, dejando a la vista los precipicios: los niños no caen necesariamente; pero cuando, poco después, venimos a buscarlos, los hallamos amontonados en el vértice de la isla cónica, mudos de horror. Ya no se les oye cantar». Esa imagen de unos niños asomados a un abismo de angustias que nos proponía Chesterton representa como ninguna al hombre contemporáneo, más concretamente al hombre occidental. Ha derribado los muros que cimentaban su existencia, creyendo que así accedería a una forma de vida más libre; pero, en su lugar, se ha topado con ese indescifrable malestar que nos corroe cuando nos hallamos a la intemperie, sin vínculos ni asideros que nos ayuden a combatir ese hastío metafísico que empieza a ser el principal signo de identidad de los países prósperos, ensimismados en su bienestar.

Hay quienes sostienen que el cristianismo encarna una mentalidad premoderna, atrasada, que nos devuelve a las eras de oscuridad. Si la gente, en lugar de leer las majaderías que escriben los «modernos», se dedicara a leer un poco a los maestros, descubriría que el cristianismo fue la luz que impidió que Europa se extinguiese, como antes se extinguieron Asiria o Babilonia. En una época de decadencia y acabamiento como la nuestra, el pensamiento cristiano vuelve a erigirse en muro de salvación que nos abriga de la intemperie. Frente al inventario caótico de dulces incertidumbres con que nos anestesia el relativismo, frente a esa convicción cada día más extendida según la cual el hombre se convierte en un ser desvinculado (de Dios, de la moral, de la Historia), el cristianismo nos enseña que no estamos necesariamente condenados a vivir en un mundo fragmentario, ininteligible, sin vínculos con el pasado. El humanismo cristiano muestra una forma diversa y más exigente de ser moderno, una nueva «vinculación» con la realidad -revitalizada por el encuentro con Cristo- que restituye al hombre su genealogía espiritual.

Intentar comprender la realidad sin contar con la trascendencia, como pretende el relativismo, es un despropósito. La historia humana, a la postre, se resume en la búsqueda afanosa de Dios; todo lo demás es cronología y tedio. Una época como la nuestra, que se pavonea de haber desterrado la trascendencia, es como una casa sin ventilación: quizá vista desde fuera, su fachada resulte muy lustrosa e incitante; pero en su interior se retuercen las serpientes de la asfixia. Los muros del cristianismo quizá parezcan ásperos, inexpugnables en su grosor milenario; pero son muros, como nos enseñaba Chesterton, de un teatro de regocijos. La aventura de la ortodoxia cristiana es una magnífica alternativa al hastío metafísico que el relativismo nos vende como marchamo de modernidad (cuando en realidad es síntoma de rigor mortis); y se trata, además, de la única aventura moderna que aún podemos vivir en una Europa marchita, vetusta, podrida, decrépita, fiambre.

Por Juan Manuel de Prada - ABC, 19 de agosto 2005

 

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Lo dijo claramente Benedicto XVI a la comunidad musulmana en Colonia: «El creyente –y todos nosotros, como cristianos y musulmanes, somos creyentes– sabe que puede contar, no obstante su propia fragilidad, con la fuerza espiritual de la oración». Quienes no reconocen esta fuerza, quienes la reducen a la intimidad de la conciencia, quienes, en definitiva, desconfían del poder infinito de Dios, necesariamente tienen que acudir a las solas fuerzas de sus propias manos. Cuando se trata de imponer la fe por la fuerza –o la no fe, como hace el laicismo imperante en la Europa empeñada en romper con sus raíces cristianas– es que ya se ha dejado de tener verdadera fe en Dios, única fuente de la auténtica libertad y del verdadero progreso. Benedicto XVI se lo dijo también a los jóvenes, durante la Vigilia de oración de la Jornada Mundial de Colonia, recordando las revoluciones del pasado siglo XX, «cuyo programa común fue no esperar nada de Dios, sino tomar totalmente en las propias manos la causa del mundo para transformar sus condiciones». De este modo, «la absolutización de lo que no es absoluto se llama totalitarismo. No libera al hombre, sino que lo priva de su dignidad y lo esclaviza». El problema de nuestro mundo, evidentemente, no sólo está en Turquía. Desgajados de la Raíz, ¿qué clase de futuro puede esperar a Europa, y al resto del mundo? Las raíces cristianas, ciertamente, no son un hecho menor. 2005.

 

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«El valor de las opiniones se ha de computar por el peso, no por el número de las almas. Los ignorantes, por ser muchos, no dejan de ser ignorantes».

 

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El Sabbat, culminación de la obra de los "seis días". El texto sagrado dice que "Dios concluyó en el séptimo día la obra que había hecho" y que así "el cielo y la tierra fueron acabados"; Dios, en el séptimo día, "descansó", santificó y bendijo este día (Gn 2, 1-3). Estas palabras inspiradas son ricas en enseñanzas salvíficas:

346 En la creación Dios puso un fundamento y unas leyes que permanecen estables (cf Hb 4, 3-4), en los cuales el creyente podrá apoyarse con confianza, y que son para él el signo y garantía de la fidelidad inquebrantable de la Alianza de Dios (cf Jr 31, 35-37, 33, 19-26). Por su parte el hombre deberá permanecer fiel a este fundamento y respetar las leyes que el Creador ha inscrito en la creación.

347 La creación está hecha con miras al Sabbat y, por tanto, al culto y a la adoración de Dios. El culto está inscrito en el orden de la creación (cf Gn 1, 14). "Operi Dei nihil praeponatur" ("Nada se anteponga a la dedicación a Dios"), dice la regla de S. Benito, indicando así el recto orden de las preocupaciones humanas.

348 El Sabbat pertenece al corazón de la ley de Israel. Guardar los mandamientos es corresponder a la sabiduría y a la voluntad de Dios, expresadas en su obra de creación.

349 El octavo día. Pero para nosotros ha surgido un nuevo día: el día de la Resurrección de Cristo. El séptimo día acaba la primera creación. Y el octavo día comienza la nueva creación. Así, la obra de la creación culmina en una obra todavía más grande: la Redención. La primera creación encuentra su sentido y su cumbre en la nueva creación en Cristo, cuyo esplendor sobrepasa el de la primera (cf MR, vigilia pascual 24, oración después de la primera lectura).

 

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Creemos firmemente que Dios es el Señor del mundo y de la historia. Pero los caminos de su providencia nos son con frecuencia desconocidos. Sólo al final, cuando tenga fin nuestro conocimiento parcial, cuando veamos a Dios "cara a cara" (1 Co 13, 12), nos serán plenamente conocidos los caminos por los cuales, incluso a través de los dramas del mal y del pecado, Dios habrá conducido su creación hasta el reposo de ese Sabbat (cf Gn 2, 2) definitivo, en vista del cual creó el cielo y la tierra.

 

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La obra maestra de la Creación, el ser humano. Dios le presta una particular atención ya desde su primer momento de vida, cuando le “tejía en el seno materno”, como dice el salmista. Ya entonces, Dios se fija en él con amor para completar su designio en esta obra prodigiosa que es el hombre. De cada uno conoce todo, su pasado y su futuro, sin descuidar nada ni a nadie. Por eso, como decía san Gregorio Magno, por pequeños e informes que sean, no se apartan del amor a Dios y al prójimo según sus posibilidades, contribuyendo a su modo a la edificación de la Iglesia. Este es, pues, un mensaje de esperanza, que se dirige también a los que aún son débiles en la vida espiritual. S. S. Benedicto P.P. XVI – MMV.XII.XXVIII

 

El creyente es animado a ver la gloria de Dios en el mundo creado, una gloria que eleva una naturaleza que ha sido redimida. Además, el cristianismo, tanto en la teología oriental como occidental, anima a la humanidad a encontrar el amor y la bondad de Dios en el orden creado.

Esta visión, no obstante, no lleva a una suerte de optimismo fácil sobre la naturaleza y la economía de la vida y la muerte. El cristiano contemplaría el mundo con ojos imbuidos de amor.
Esta visión va más allá de la elaborada máquina de los deístas o de la visión mecanicista de la modernidad. Un cristiano ve el mundo en su belleza y terror, y en su primera y última verdad: no sólo naturaleza, sino creación.

En cuanto al mal y al sufrimiento, que también producen las catástrofes como los sucesos infaustos de la naturaleza, el pensamiento cristiano da otra dimensión a estos acontecimientos. Dios puede hacerlos ocasiones para cumplir sus fines buenos, aunque no sean en sí bienes morales. Además, el Evangelio enseña que Dios no puede ser derrotado y que la victoria sobre el mal y la muerte ya ha sido ganada.
Pero es una victoria que no ha alcanzado su cumplimiento, debemos esperar hasta la venida final de Dios.

Para los cristianos que realmente tienen fe en esta promesa, la realidad de la muerte y el sufrimiento no debería presentarse como un obstáculo insuperable. Es, de hecho, mucho más que una piedra de tropiezo para un optimismo superficial o un fatalismo pagano. Los creyentes cristianos, por el contrario, abrazan la esperanza en la victoria final de Dios.

 

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A ti, Padre omnipotente,
origen del cosmos y del hombre,
por Cristo, el que vive,
Señor del tiempo y de la historia,
en el Espíritu que santifica el universo,
alabanza, honor y gloria
ahora y por los siglos de los siglos. Amén.

 

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El respeto de la integridad de la creación

Catecismo de la Iglesia Católica

 

2415 El séptimo mandamiento exige el respeto de la integridad de la creación. Los animales, como las plantas y los seres inanimados, están naturalmente destinados al bien común de la humanidad pasada, presente y futura (cf Gn 1, 28-31). El uso de los recursos minerales, vegetales y animales del universo no puede ser separado del respeto a las exigencias morales. El dominio concedido por el Creador al hombre sobre los seres inanimados y los seres vivos no es absoluto; está regulado por el cuidado de la calidad de la vida del prójimo incluyendo la de las generaciones venideras; exige un respeto religioso de la integridad de la creación (cf CA 37-38).

2416 Los animales son criaturas de Dios, que los rodea de su solicitud providencial (cf Mt 6, 16). Por su simple existencia, lo bendicen y le dan gloria (cf Dn 3, 57-58). También los hombres les deben aprecio. Recuérdese con qué delicadeza trataban a los animales san Francisco de Asís o san Felipe Neri.

2417 Dios confió los animales a la administración del que fue creado por él a su imagen (cf Gn 2, 19-20; 9, 1-4). Por tanto, es legítimo servirse de los animales para el alimento y la confección de vestidos. Se los puede domesticar para que ayuden al hombre en sus trabajos y en sus ocios. Los experimentos médicos y científicos en animales, si se mantienen en límites razonables, son prácticas moralmente aceptables, pues contribuyen a cuidar o salvar vidas humanas.

2418 Es contrario a la dignidad humana hacer sufrir inútilmente a los animales y sacrificar sin necesidad sus vidas. Es también indigno invertir en ellos sumas que deberían remediar más bien la miseria de los hombres. Se puede amar a los animales; pero no se puede desviar hacia ellos el afecto debido únicamente a los seres humanos.

 

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Consecuencias ambientales:

21. Las desigualdades en la distribución de la propiedad de las tierras desencadenan un proceso de degradación del medio ambiente difícilmente reversible,(15) a lo que se añade el deterioro del suelo, la disminución de su fertilidad, el riesgo de inundaciones, la disminución de la capa freática, el aterramiento de los ríos y de los lagos y otros problemas ecológicos.

A menudo se fomenta, con facilidades fiscales y de crédito, la deforestación de amplios territorios para dejar sitio a la cría extensiva del ganado, a las actividades mineras o el manufacturado de las maderas, pero sin prever planes de rehabilitación del medio ambiente y si están previstos no se aplican.

La pobreza también está vinculada al deterioro medio ambiental en un círculo vicioso cuando los pequeños agricultores, expropiados del latifundio, y los pobres sin tierra, en busca de nuevas tierras, se ven obligados a ocupar las tierras estructuralmente frágiles, como por ejemplo los terrenos pendientes y a erosionar el patrimonio forestal para poder cultivar.

 

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El mensaje biblico - El cuidado de la creación

22. La primera página de la Biblia relata la creación del mundo y de la persona humana: « Creó, pues, Dios al ser humano a imagen suya: a imagen de Dios le creó; macho y hembra los creó » (Gn 1, 27). Palabras solemnes expresan la tarea que Dios les confía: « Sed fecundos y multiplicaos y henchid la tierra y sometedla; mandad en los peces del mar y en las aves de los cielos y en todo animal que serpea sobre la tierra » (Gn 1, 28).

La primera tarea que Dios les encomienda —es evidente que se trata de una tarea fundamental— se refiere a la actitud que deben tener con la tierra y con todos los seres vivientes. « Henchir » y « dominar » son dos verbos que se pueden malentender con facilidad e incluso pueden parecer una justificación de ese dominio despótico y desenfrenado que no se preocupa por la tierra y por sus frutos y hace estragos con ella a su propio favor. En realidad « henchir » y « dominar » son verbos que, en el lenguaje bíblico, sirven para describir la dominación del rey sabio que se preocupa por el bienestar de todos sus súbditos.

 

El hombre y la mujer tienen que cuidar la creación, para que ésta les sirva y para que esté a disposición de todos y no sólo de algunos.

23. La naturaleza profunda de la creación es la de ser un don de Dios, un don para todos, y Dios quiere que se quede así. Por eso la primera orden que Dios da es la de conservar la tierra respetando su naturaleza de don y bendición, y de no transformarla en instrumento de poder o motivo de conflictos.

El derecho-deber de la persona humana de dominar la tierra nace del hecho de ser imagen de Dios: corresponde a todos y no sólo a algunos la responsabilidad de la creación. En Egipto y en Babilonia este privilegio era sólo de algunos. En la Biblia, en cambio, el dominio pertenece a la persona humana por ser tal y, por lo tanto a todos. Es más, es la humanidad conjuntamente la que se debe sentir responsable de la creación.

Dios deja al hombre en el jardín para que lo labre y lo cuide (cf. Gn 2, 15) y para que se alimente de sus frutos. En Egipto y en Babilonia el trabajo es una dura necesidad impuesta a los hombres en beneficio de los dioses: en realidad, en beneficio del rey, de los funcionarios, de los sacerdotes y de los terratenientes. En la narración bíblica, en cambio, el trabajo es algo para la realización de la persona humana.

 

La tierra es de Dios quien la ofrece a todos sus hijos

24. El israelita tiene el derecho de propiedad de la tierra, que la ley protege de muchas formas. El Decálogo prescribe: « no codiciarás la casa de tu prójimo, su campo, su siervo o su sierva, su buey o su asno: nada que sea de tu prójimo » (Dt 5, 21).

Se puede decir que el israelita se siente verdaderamente libre y plenamente israelita sólo cuando posee su parcela de tierra. Pero la tierra es de Dios, insiste el Antiguo Testamento, y Dios la ha dado en herencia a todos los hijos de Israel. Se debe por lo tanto repartir entre todas las tribus, clanes y familias. Y el hombre no es el verdadero dueño de su tierra sino que es más bien un administrador. El dueño es Dios. Se lee en el Levítico: « La tierra no puede venderse para siempre, porque la tierra es mía, ya que vosotros sois para mí como forasteros y huéspedes » (25, 23).

En Egipto la tierra pertenecía al faraón y los campesinos eran sus esclavos y de su propiedad. En Babilonia había una estructura feudal: el rey entregaba las tierras a cambio de servicios y de fidelidad. No hay nada parecido en Israel. La tierra es de Dios que la ofrece a todos sus hijos.

 

25. De ahí derivan varias consecuencias. Por un lado, nadie tiene el derecho de quitar la tierra a la persona que la cultiva, en caso contrario se viola un derecho divino; ni siquiera el rey puede hacerlo.(16) Por otro lado, se prohibe toda forma de posesión absoluta y arbitraria a propio favor: no se puede hacer lo que se quiere con los bienes que Dios ha dado para todos.

Sobre esta base la legislación ha ido añadiendo, impulsada siempre por situaciones concretas, muchas restricciones al derecho de propiedad. Algunos ejemplos: la prohibición de recoger los frutos de un árbol durante los cuatro primeros años (cf. Lv 19, 23-25), la invitación a no cosechar la miés hasta el borde del campo y la prohibición de recoger los frutos y las espigas olvidados o caídos, porque pertenecen a los pobres (cf. Lv 19, 9-10; 23, 22; Dt 24, 19-22).

A la luz de esta visión de la propiedad se entiende la severidad del juicio moral expresado por la Biblia sobre los abusos de los ricos, que obligan a los pobres y a los campesinos a ceder sus fundos familiares. Los Profetas son los que más condenan estos abusos. « ¡Ay, los que juntáis casa con casa, y campo con campo anexionáis! » grita Isaías (5, 8). Y su contemporáneo Miqueas añade: « Codician campos y los roban, casas, y las usurpan; hacen violencia al hombre y a su casa, al individuo y a su heredad » (2, 2).

 

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“Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones” Biblia. Evangelio según San Lucas Cap.1º vs. 48. La Iglesia, hace XXI siglos fundada por Tu Hijo, te alaba, ¡Oh Madre plena de dicha y felicidad!

 

VERITAS OMNIA VINCIT

LAUS TIBI CHRISTI.

 

 

Por venir a visitarnos, os agradecemos.-

Benedicto PP XVI: 2008.I.01 ‘Día mundial de la paz’ como cada primero de enero. Familia humana: comunidad de paz’ lema 01 enero para el 2008. 40 aniversario de la celebración de la primera Jornada Mundial de la Paz (1968-2008) ‘la celebración de esta Jornada, fruto de una intuición providencial del Papa Pablo VI’.-

Anno Domini 2008 - Mane nobiscum, Domine! ¡Quédate con nosotros, Señor!.

En el frontispicio de todas las iglesias de los jesuitas, en innumerables libros, en los anuncios de sus disputationes y en sus programas catequéticos, campea siempre el lema que resume lacónicamente los fines de la Orden: O.A.M.D.G. (Omnia ad maiorem Dei gloriam: «todo a mayor gloria de Dios»).

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Recomendamos vivamente:

1º ‘Jesús, el Evangelio de Dios’ Edibesa - editorial. Es, sin lugar a dudas, una obra madura de un experimentado pastor y teólogo y un libro oportuno sobre Jesucristo, el protagonista de máxima trascendencia y de permanente actualidad. 2008.-

2º ‘Identidad cristiana’ - La bandera del logos - Coloquios universitarios - Autor: Antonio Aranda (ed.) - Editorial: EUNSA – 2008 - Estamos en el tiempo de la dialéctica: Logos frente a ideología; palabra frente a sistema; razón frente a voluntad de pasión, de sentimiento, de poder público y privado; realidades básicas frente a necesidades sometidas a la pulsión freudiana. Benedicto XVI ha asumido una responsabilidad histórica, en un mundo en que la palabra debe recuperar su dignidad básica, siempre en relación con la realidad y en referencia con el pensamiento. Uno de los problemas acuciantes del pensamiento cristiano, y de la necesaria pregunta por la identidad, es lo fragmentario y lo especializado. La praxis existencial de un cristiano, y de una institución cristiana, es la de la contribución a que los demás descubran la importancia de mantener una relación positiva con la verdad.

3º Jesús de Nazaret– al siglo, Joseph Cardenal Ratzinger: ‘Benedicto XVI’. 2007

Ser cristiano’- al siglo, Joseph Cardenal Ratzinger: ‘Benedicto XVI’- dedicó «a Romano Guardini, con gratitud y admiración». Editor: Desclée De Brouwer.

‘Te ergo, quaesumus tuis famulis subveni, quos pretioso sanguine redemisti’, ‘Socorre, Señor, te rogamos, a tus hijos, a los que has redimido con tu sangre preciosa’.

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).