Tuesday 23 May 2017 | Actualizada : 2017-03-29
 
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En dos mil años de historia, la Iglesia ha recorrido de muchos modos el camino de la belleza a través de obras de arte sacro, que han acompañado la oración, la liturgia, y la vida de las familias y de las comunidades cristianas. Espléndidas obras maestras:  arquitectura, pintura, escultura, miniaturas, obras musicales, literarias y teatrales, además de otras obras de arte injustamente consideradas "menores", constituyen auténticos tesoros, que nos ayudan a comprender, con el lenguaje de la belleza y de los símbolos, la profunda sintonía que existe entre fe y arte, entre creatividad humana y obra de Dios, autor de toda belleza auténtica.

 

 

3. ¿Podría la humanidad de hoy disfrutar de un patrimonio artístico tan amplio si la comunidad cristiana no hubiera animado y sostenido la creatividad de numerosos artistas, proponiéndoles, como modelo y fuente de inspiración, la belleza de Cristo, resplandor del Padre?

Sin embargo, para que la belleza brille en todo su esplendor, debe estar unida a la bondad y a la santidad de vida, es decir, es necesario hacer que resplandezca en el mundo, a través de la santidad de sus hijos, el rostro luminoso de Dios bueno, admirable y justo.
Es lo que pide Jesús a sus discípulos en el sermón de la montaña:  "Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos" (Mt 5, 16). Si se quiere que el testimonio de los cristianos influya también en la sociedad actual, debe alimentarse de belleza para que se convierta en elocuente transparencia de la belleza del amor de Dios.

 

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Marzo 2014 

La Iglesia Católica hace por los necesitados en el mundo... sin contar las obras de Caritas de cada parroquia en el mundo: 

 

71.482 ESCUELAS INFANTILES frecuentadas por 6.720.545

94.411 ESCUELAS PRIMARIAS con 31.939.415 alumnos

43.777 INSTITUTOS SECUNDARIOS con 18.952.976 alumnos?Las Escuelas Superiores educan 2.494.111 y las Universidades Católicas a 3.039.684 estudiantes universitarios

 

5.435 HOSPITALES con mayor presencia en América (1.701) y África (1.284);

17.524 DISPENSARIOS, la mayor parte en África (5.398), América (5.211) y Asia (3.828) 

567 LEPROSERIAS distribuidas principalmente en Asia (281) y África (211) 

15.784 CASAS DE CUIDADO para ancianos, enfermos crónicos y minusválidos,distribuidos la mayor parte en Europa (8.271) y América (3.913); 

10.534 ORFANATOS (+652) de los de los que casi un tercio están en Asia (3.911); 

11.592 GUARDERIAS; ?15.008 CONSULTORIOS MATRIMONIALES distribuidos en gran parte en América (6.230) y Europa (5.819); 

40.671 CENTROS DE EDUCACIÓN o reeducación social y 4 instituciones de otros tipos. 

(Información tomada de la información estadística de la Iglesia el 2012 publicada por Agenzia fidez)

 

Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos? Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos. No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos. Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego. Así que, por sus frutos los conoceréis” (Mateo 7,16-20)  

El Organo de informacion de las Obras Misionales Pontificias desde 1927 es Agenzia Fidez. En su Web se recoge un resumen de esta información. http://www.fides.org/ 

 

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…de los bienes de la Iglesia y ayuda a políticos que roban en la pública administración…

 

 

 

Sabía que se iba a liar. En cuanto se conoció la noticia según la cual la iglesia griega habría ofrecido su ayuda al estado para superar la grave crisis económica, supe que rápidamente se alzarían voces en España pidiendo que, en estos difíciles momentos, la iglesia se desprendiera de sus bienes y los ofreciera generosamente como una colaboración especial para ayudar a la nación a superar los difíciles momentos por los que pasamos.

 

Pues bien, dicho esto, quisiera ofrecer algunas consideraciones a mis lectores.

 

 

 

PRIMERA. La iglesia griega ha dejado claro que no piensa vender bienes a pesar de gozar de un importante patrimonio. Vender, nada. Ofrecen, pues una ayuda, que no está concretada ni mucho menos.

 

 

 

SEGUNDA. La iglesia española, ante la crisis, ofrece una primera ayuda que consiste en vivir de los que los fieles aportan, bien sea en las propias iglesias, bien marcando la crucecita en la declaración de la renta. No así Grecia, cuyos popes cobran su paga directamente del estado. Una primera ayuda que podría ofrecer la iglesia griega sería renunciar a esas pagas y vivir únicamente de las aportaciones de los fieles.

 

 

 

TERCERA. Además de que en España la iglesia se autofinancia, esta misma iglesia, como respuesta a la crisis, mantiene abierta una red de Cáritas parroquiales que fue capaz de atender a más de dos millones y medio de personas en el año 2014,gracias a los locales que ofrecen desinteresadamente las parroquias y a los miles de voluntarios comprometidos con el tema. La iglesia griega en este punto no nos llega a la suela de los zapatos.

 

 

 

CUARTA. No hace falta que nadie recuerde a la iglesia española la necesidad de ayudar en tiempos de crisis. Ya se está haciendo en la medida en que la autofinanciación es una realidad y en la atención a tantas personas desfavorecidas.

 

 

 

QUINTA. En España la grave crisis económica que padecemos tiene su origen en la mala administración de caudales públicos y en la rapiña constante de todo tipo de desaprensivos de la hacienda pública. Basten los ejemplos del fraude de los ERES y la formación en Andalucía, el caso Gürtel, los negocios de los Pujol… y tantas y tantas corruptelas, para irnos a MÁS DE DIEZ MIL MILLONES DE EUROS. Me pregunto por qué la iglesia tiene que hacer frente a eso. Lo que se hace necesario es que devuelvan ese dinero quienes se lo llevaron.

 

 

 

SEXTA. La voluntad de los donantes debe ser sagrada en todos los ámbitos.Para empezar, para el propio Estado que ha de saber que lo que cada contribuyente aporta lo hace para sanidad, educación, defensa… pero no para enriquecimientos de jefes y amiguetes. Lo mismo es aplicable a las donaciones que recibe la iglesia: son para culto, clero, educación y obras de caridad, jamás para tapar los agujeros dejados por cualquier chorizo, independientemente de la marca que ostente. Los dos euros de doña Pura o los dos millones de doña Justa entregados a la iglesia habría que preguntarles si están de acuerdo en que se gasten en tapar los agujeros dejados por cualquier desaprensivo.

 

 

 

SEPTIMA. Lo de enajenar bienes de la iglesia para fortalecer las arcas del estado se ha experimentado varias veces en España. La más sonora en 1837 protagonizaba por Mendizábal, que supuso dejar a los pobres igual de pobres, enriquecer más a los ricos vendiéndoles a precio de saldo un enorme patrimonio, y acabar con una parte importantísima de patrimonio histórico que acabó deshaciéndose por falta de voluntad de mantener y sacar adelante lo que de verdad hubiera merecido la pena.

 

 

 

Es igual. Que la Iglesia venda y se lo dé a los pobres. Claro, a los de la Gurtel, a los de Andalucía, a la saga Pujol, que tapemos los agujeros dejados en la hacienda pública por toda esa cohorte de chorizos malnacidos. Pues no.

 

 

 

Nosotros, como Iglesia, a autofinanciarnos, ayudar a los pobres y predicar, sí, sobre todo predicar la honradez y el exacto cumplimiento del séptimo: no robar.

 

15.04.2015. info.católica

 

 

 

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La Iglesia es mucho más que una ONG - MMVIII

En agosto de 2007, la revista The Economist exigió abiertamente, en una de sus editoriales semanales, que la Iglesia «renuncie a su estatus diplomático especial y se defina como lo realmente es: la Organización No Gubernamental (ONG) más grande del mundo».

A decir verdad, aunque orientado hacia otros matices, parte del reclamo de esa revista de conocida orientación anti-católica, parece ser una opinión más o menos generalizada, incluso entre algunos de los miembros de la Iglesia misma. Es fácil escuchar o leer acusaciones sin fundamento sobre que la Iglesia católica lucra con el dinero. En consecuencia nacen espontáneas interrogantes sobre el destino de las aportaciones que los creyentes hacen. Es, por tanto, necesario dar respuesta a estas tres preguntas:¿a dónde va a parar el destino del dinero que los fieles aportan?, ¿qué hace la Iglesia por los necesitados? y ¿qué diferencia a la Iglesia de una ONG?.

La Iglesia católica destina parte de sus recursos económicos principalmente a cinco áreas: 1) sostener al clero y a sus ministros, 2) al ejercicio de su apostolado en diversas formas y en distintos ámbitos de la vida pública, 3) mantener el culto y las actividades religiosas (se incluye la conservación de los templos y obras que la Iglesia administra así como el sueldo de los laicos contratados para ayudar en ello) y 4) a acciones pastorales, caritativas, formativas y de promoción social. Centrémonos en este último punto pues suele ser el más olvidado.

 

La acción del Papa y de la Iglesia

Posiblemente la mayor tragedia de los pobres, marginados, enfermos, desvalidos, ancianos, etc., es la de no poder hacer escuchar su voz ante quienes pueden ayudar a paliar o cambiar su situación. En este sentido, el Papa presta uno de los servicios más nobles e importantes al ser la voz de los que no la tienen. Precisamente por ello, constantemente en audiencias, discursos, mensajes y cartas a líderes políticos y económicos, tanto Benedicto XVI como muchos de sus antecesores, han abordado de frente el tema de la pobreza promoviendo y potenciando proyectos que ayuden a quienes la padecen, incluso y sobre todo en foros gubernamentales. Alzar la voz por quienes no la tienen y perseverar en ese servicio, posee ya un gran mérito. Pero no es lo único que hace el Papa. También está su ayuda monetaria real a nombre de la Iglesia universal.

La Santa Sede ha institucionalizado su ayuda caritativa. Desde 1971 tiene el Pontificio Consejo Cor Unum, un organismo creado por Pablo VI para expresar la solicitud de la Iglesia católica hacia los necesitados para que se favorezca la fraternidad humana. Uno de los objetivos de este dicasterio romano es el de ser el instrumento ejecutivo del Papa cuando él desea emprender iniciativas humanitarias en caso de calamidad o en el campo de la promoción humana (y ahí están como ejemplos los donativos de más de 100 dólares para los afectados por el terremoto de agosto de 2007 en Perú y para las víctimas del reciente conflicto bélico en Georgia).

 

Es Cor Unum la encargada de seguir, coordinar y acompañar la actividad de Caritas Internacional, la confederación de más de 160 organismos caritativos esparcidos por el mundo. Entre 2005 y 2007, Cor Unum-Caritas han donado más de 15 millones de dólares en obras de caridad. Pero no es todo. Juan Pablo II creó en 1984 la Fundación Juan Pablo II para el Sahel (fundación que lucha contra la sequía y la desertización y ayuda a los afectados) y la Fundación Popolorum Progressio al servicio de la población indígena, mestiza, afroamericana y de los campesinos pobres de América Latina y del Caribe. Ambas están vinculadas a Cor Unum.

 

La acción de católicos comprometidos y otros organismos de la Iglesia en el mundo

Pero la acción de la Iglesia católica es mucho más amplia y diversa. Conferencias episcopales, diócesis, órdenes y congregaciones religiosas, movimientos eclesiales, asociaciones de fieles y laicos comprometidos, han echado a andar diferentes iniciativas de promoción y ayuda a los más necesitados.

 

Los Caballero de Colón son una de esas asociaciones. En la 125° Convención Anual de la organización laical católica más grande del mundo, el caballero supremo declaró en su informe que en 2007 habían hecho donativos para obras de caridad en todo el mundo por un concepto de 143 millones de dólares. Sin embargo, lo más importante para ellos son las 68.200.000 horas de voluntariado y la filiación de 1,7 millones de miembros varones.

 

Manos Unidas es otra de las organizaciones estrechamente vinculadas a la Iglesia Católica que se preocupa por las personas que padecen hambre. Nació en 1960 con el nombre de «Campaña contra el hambre», aunque en 1978 adoptó el actual. Su fin principal es la financiación de proyectos de desarrollo en el Tercer Mundo. Obtiene los recursos de donativos y subvenciones. En 2007 destinó más de 30 millones de euros a iniciativas contra el hambre, especialmente en África.

 

La asociación Ayuda a la Iglesia Necesitada (www.ain-es.org) es otro de los organismos que más contribuyen a nombre de la Iglesia. Tan solo en 2007 destinaron casi 165 millones de euros para iniciativas en 136 países, algunos de ellos de mayoría musulmana como Pakistán, Irán e Iraq. Otra organización que cada vez se está posicionando como un referente de la caridad cristiana para los más necesitados es la Fundación Altius (www.altius.org). Altius ha desarrollado especialmente numerosas obras educativas a favor de personas de escasos recursos (www.centrosmanoamiga.org) así como otros programas como los CIDECO (pequeñas «ciudades» para los afectados por catástrofes naturales), centro de salud y atención médica, etc. Actualmente Altius opera en más de 15 países.

 

No son las únicas obras, es verdad, pero sí dejan ver un poco de la gran magnitud del trabajo que realizan. Tampoco es el único campo pues también están el educativo (guarderías, escuelas, universidades, centros de postgrado, escuelas de educación especial y de readaptación social), el sanitario (hospitales, centros de salud, ambulatorios, dispensarios médicos), el asistencial (orfanatos, asilos de ancianos, centro para atención de discapacitados, a madres solteras, para niños down, centros de consultoría familiar, juvenil, de atención a la mujer, etc.) y espiritual (pastoral penitenciaria en las cárceles, pastoral de la familia, de la juventud y de la niñez, etc.).

 

Es un hecho: ninguna otra institución en el mundo lleva adelante una actividad social, de ayuda humanitaria y asistencia como la Iglesia católica. Los lugares más recónditos son atendidos por religiosos o laicos católicos y esto es posible gracias a la generosidad de quienes dan su sí a Cristo como de aquellos que les ayudan con bienes materiales.

Muchas entidades han nacido y funcionan por su raíz católica y su perseverancia en la fidelidad a esos principios que les dieron origen. La Iglesia no es una ONG porque, más allá de sus acciones, es ante todo la «conciencia moral del mundo». La mayor aportación de la Iglesia no son únicamente sus obras sino también sus palabras y su perseverancia en la defensa de ellas: de la ley natural, de la ética, etc. La Iglesia no es una ONG porque no es fruto del voluntarismo ni es una iniciativa humana. Como dijo Benedicto XVI en su visita a Austria, « el cristianismo es algo más que un sistema moral, es el regalo de una amistad que incluye una gran fuerza moral que tanto necesita hacer frente a los desafíos de nuestra época». Esa amistad de la que habla el Papa, es con Cristo. Una amistad que se hace viva en las demás personas y que precisa de la oración para ser más fecunda. Con razón decía la madre Teresa: «sin oración, la atención a los desheredados quizá se pueda aguantar unos días, unas semanas, pero no de forma permanente entregando la propia vida».

 

Cuentas claras: último balance económico de la Santa Sede

El pasado mes de julio de 2008, el arzobispo Velasio De Paolis, C.S., presidente de la Prefectura de Asuntos Económicos de la Santa Sede, hizo público el balance económico de la Santa Sede correspondiente al año 2007. Es el balance más actual. En ese informe se refleja un déficit (número rojos) de 9 millones de euros, es decir, algo más de 14 millones de dólares. Durante el año 2007 la Santa Sede tuvo entradas por 236.737. 207 euros y salidas por 245.805.167 euros. El balance depende de las entradas directas de donativos de diócesis, congregaciones religiosas y fieles de todo el mundo. Sus servicios sólo generan gastos. En la curia romana, por ejemplo, trabajan en total 2.748 personas (44 más que en 2006). Hay 929 jubilados. Aunque no es el único, uno de los motivos del déficit se debe a la pérdida del valor del dólar estadounidense pues buenas parte de las entradas de dinero que recibe son en esa moneda. Es ejemplar que, año con año, la Santa Sede haga público su balance económico de manera que cualquier persona o investigador pueda saber de dónde vinieron sus entradas de dinero y a qué fueron destinadas. 2008-IX-04

Jorge Enrique Mújica es un religioso mexicano de la congregación de los legionarios de Cristo. Ha cursado estudios en los centros de formación de la congregación en Monterrey, México; Salamanca, Madrid y Ontaneda, España; y en Roma, Italia. Tiene diplomados en Humanidades clásicas y ciencias de la comunicación oral y escrita. Ha sido director espiritual y profesor de moral y religión en uno de los colegios de su familia religiosa en Monterrey. Además de su labor pastoral, colabora como periodista y escritor con varios medios de comunicación, especialmente en temas como: Mujer; Iglesia, ecumenismo y religión; medios de comunicación, arte y cultura y literatura española.

 

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…”Reconozco que tengo una aguda sensibilidad para la mentira. La verdad me importa hasta tal grado, que la mentira me deprime y entristece. Por desgracia, su frecuencia es inquietante, y en personas individuales o grupos ha adquirido un carácter que se podría llamar "profesional": se puede contar con la mentira con la seguridad de que no falte…
La historia es objeto preferente de esa operación, lo que resulta fatigoso y encierra quizá los peligros más graves que nos amenazan. Todo lo que se haga para establecer –o restablecer– la verdad histórica me parece tan precioso como necesario. Pero, aunque existen, se cuentan con los dedos los que se entregan a fondo a esa urgente tarea…

Creo que mentir descalifica al que lo hace, y debe tener la consecuencia inmediata de su desprestigio. Cuando alguien lo hace, los que lo saben deben tomar nota y obrar en consecuencia. Hay que tener en claro a quién se puede estimar, en quién se puede confiar. No es infrecuente el caso de quienes, en cierto momento de su vida, han cedido a las tentaciones dominantes y han renunciado a decir la verdad; ese día han perdido su condición de intelectuales y se han convertido en "militantes" de lo que sea”…

Por Julián Marías, de la Real Academia Española
Publicado en el diario ABC de Madrid, el 16 de enero de 1997

 

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«La caridad de la Iglesia no es labor de ONG»


Rafael RUBIO DE URQUÍA

El catedrático de Teoría Económica de la Universidad San Pablo-CEU y director de la Cátedra de Doctrina Social del Instituto de Humanidades Ángel Ayala, Rafael Rubio de Urquía, afirmó durante su intervención en la Mesa Redonda organizada por LA RAZÓN que «la encíclica de Benedicto XVI guarda estrecha relación tanto con la Doctrina Social de la Iglesia como con la pregunta de la naturaleza del tipo cristiano de acción.
   Conviene analizarla desde el punto de vista de la doctrina de la Iglesia, en especial a partir de dos encíclicas de Juan Pablo II: “Centessimus Annus” y “Sollicitudo rei Socialis”. Recuerdo a este respecto que una de las múltiples cosas que destacan de la doctrina de Juan Pablo II es la caracterización de en qué consiste el tipo cristiano de acción. Lo matiza en varios ángulos distintos, aunque voy a referirme a la parte económica y social. Se plantean varias cuestiones: el tipo cristiano de acción, ¿indica algo o no? La acción económica del cristiano, ¿se diferencia en algo de la del resto? Claramente sí. El tipo cristiano de acción es muy característico porque su estructura está centrada en la caridad. Por tanto, la empresa cristiana, el trabajo cristiano, la escuela cristiana son sumamente distintas, y generan realidades sociales también distintas.
   En el número 25 de “Dios es amor”, la encíclica nos recuerda que las tareas de la Iglesia son el anuncio de la Palabra, la celebración de los sacramentos y el servicio de la caridad. Esto lo repite el Papa en varias ocasiones. Por tanto, una de las tareas más importantes de la Iglesia es el servicio de la caridad. Hasta el extremo de que el Papa recuerda que es una de las cosas que competen a los obispos.
   La Doctrina Social de la Iglesia argumenta desde la razón y el Derecho Natural. Y en la encíclica se afirma que “no es tarea de la Iglesia que ella misma haga valer políticamente esa doctrina... Debe insertarse en ella (la lucha por la Justicia) a través de la argumentación racional y debe despertar las fuerzas espirituales, sin las cuales la justicia, que siempre exige también renuncias, no puede afirmarse ni prosperar”.
   La caridad cristiana es, ante todo, la respuesta a una necesidad inmediata ante una determinada situación. La actividad caritativa cristiana ha de ser independiente de partidos políticos e ideologías. El Pontífice hace alusión a que el Estado generosamente reconozca y apoye, de acuerdo con el principio de subsidiariedad, las iniciativas que resulten de las diversas fuerzas sociales.
   Saco dos conclusiones principales. La primera tiene que ver con la Doctrina: estamos ante una situación en la que los cristianos tenemos por objetivo prioritario la producción intelectual ordenada a la caridad. Hay múltiples preguntas prácticas que atañen a todas las ciencias humanas, que pueden ser iluminadas por la confesión de fe de la Iglesia, siempre y cuando se saquen las consecuencias lógicas. Hay que procurar por todos los medios reconstituirnos como cuerpo pensante. Nos compete pensar soluciones teóricas y prácticas a lo que implica el servicio de la caridad. La segunda conclusión es que tenemos que compaginar simultáneamente el despliegue de la acción caritativa individual y grupal -según se propone desde distintas asociaciones-, con la acción caritativa de la Iglesia. La acción caritativa de la Iglesia no es solamente la labor de una ONG, es la acción transformadora de los cristianos en el mundo del trabajo, en la enseñanza, en la empresa, etc. Y es, ante todo, la acción trasformadora de los cristianos en su propio corazón. La acción cristiana, normada por la caridad, es generadora de tipos distintos de los actuales de sociedad y de existencia humana». Agradecemos al autor - MMVI.II.XV-ESP.

 

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Muere el arzobispo Paul Marcinkus, el «banquero de ´IOR´»

…Y fue jefe del Instituto para las Obras de Religión (IOR) del Vaticano en la época en que Roberto Calvi llevó a la bancarrota al Banco Ambrosiano de Milán

ROMA. «Era una persona buena, pero mal aconsejada», podría ser el epitafio del arzobispo americano Paul Marcinkus, jefe del Instituto para las Obras de Religión (IOR) del Vaticano en la época en que Roberto Calvi llevó a la bancarrota al Banco Ambrosiano de Milán, arrastrando en el escándalo al Vaticano, que terminaría pagando millones de dólares a las víctimas de una quiebra fraudulenta pilotada por la logia masónica desviada «Propaganda 2».

El Vaticano defendió su inocencia y se negó a acceder a los requerimientos del fiscal del Estado. Tras un largo proceso judicial, el Tribunal Supremo de Italia dio la razón total definitiva y universal a la Santa Sede en junio de 1988.
Marcinkus, de 84 años de edad, hijo de inmigrantes lituanos en un barrio pobre de Chicago, falleció por causa natural el pasado lunes en Sun City, a 25 kilómetros de Phoenix (Arizona), donde vivía retirado y ayudando a la parroquia de San Clemente.
«Era una persona buena, pero mal aconsejada», comentó hace años el banquero italiano Angelo Caloia,
uno de los encargados de componer el desaguisado que Marcinkus dejó en el IOR por haberse fiado de un verdadero delincuente: el banquero Roberto Calvi.
La logia «Propaganda 2» Roberto Calvi
El presidente del Banco Ambrosiano era miembro de la logia «Propaganda 2» y depositario del dinero de Cosa Nostra, un «privilegio» que le llevaría a pagar con la vida el haber defraudado a la mafia siciliana... La quiebra fraudulenta del Banco Ambrosiano, en 1981, con un agujero de 1.400 millones de dólares -empequeñecido en la historia reciente de Italia por otros posteriores hasta llegar al de Parmalat[2004], diez veces mayor-, se convirtió en un episodio de «crónica negra» a medida que se suicidaban o morían en extrañas circunstancias los principales colaboradores de Roberto Calvi, quien a su vez apareció ahorcado bajo el puente londinense de Blackfriars en junio de 1982. Su colega Michele Sindona, en cambio, murió envenenado en 1986 con un café en la cárcel en que cumplía cadena perpetua por el asesinato de un inspector de banca... El Instituto para las Obras de Religión (IOR) no era ni es exactamente un banco, sino una financiera que utiliza el Estado de la ciudad del Vaticano para recogida de fondos, transferencias internacionales y custodia de patrimonios y donativos, que invierte sobre todo en títulos estatales y divisas fuertes (euro, yen y dólar) para evitar riesgos.
La bancarrota
…c
uando Marcinkus era su jefe, el IOR invertía también en acciones, y era uno de los principales propietarios del Banco Ambrosiano, una entidad privada de origen católico bajo la advocación de San Ambrosio, obispo de Milán. Como accionista, el IOR perdió todo su dinero en la bancarrota del Ambrosiano.
Por desgracia para la Santa Sede, Marcinkus había respaldado por amistad a Calvi en varias operaciones dudosas, e incluso había escrito «cartas de patrocinio» en las que aseguraba la solvencia del Ambrosiano. Fueron precisamente esas cartas las que llevaron al Vaticano a pagar millones de dólares USA.a las víctimas de la quiebra, a pesar de que los tribunales habían eximido de responsabilidad al IOR…  …en esas circunstancias, el Papa Juan Pablo II retuvo a Marcinkus al frente del IOR hasta 1989, mientras cuatro grandes banqueros internacionales hacían limpieza en la entidad y le daban nuevos estatutos en 1990... Monseñor Marcinkus se retiró a Estados Unidos y terminó fijando su residencia en Arizona, donde viene de fallecer. 2006-02-21 EE.UU.

 

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El Evangelio indica al demonio como ´padre de la mentira´

 

…”La tendencia dominante en la actualidad a la impunidad en todos los aspectos adquiere particular gravedad cuando se trata de la mentira. Es lo que puede llamarse la impunidad verbal, el que la mentira circule y pase sin corrección ni apenas conciencia de su existencia. El influjo de la mentira cuando está potenciada por la organización y los «medios de confusión» es enorme, y rara vez hay reacción contra ella. Se puede llamar «decretazo» a lo que no es un decreto, sino una ley votada en Cortes por una mayoría legítima, y un jurista «famoso» puede invitar a la desobediencia civil contra ella.

Cada día, en los periódicos, en los coloquios, en los programas de radio o televisión, se pueden contar mentiras evidentes, flagrantes, a las cuales no se pone coto ni rectificación.

Esta impunidad es particularmente grave. Las mentiras se van acumulando; en algunos países se depositan unas sobre otras durante años, y perturban su realidad de manera que resulta insuperable. Y ocurre que la mentira es fácil de descubrir y mostrar. Basta con enfrentarla con la verdad, con decir lo que ha ocurrido y ocurre, con ver la tergiversación o la ocultación de la realidad. Personas que tienen una vida pública, especialmente aquellas cuya personalidad consiste en eso, adquieren influjo, crédito y hasta a veces estimación porque no se muestra que su palabra es habitualmente vehículo de la falsedad.

Hay personas que cuando abren la boca -salvo para ingerir alimentos- mienten sistemáticamente. Bastaría con mostrarlo, tomar nota de ello, recordar lo que se debería decir en su lugar. Esto acarrearía el inmediato desprestigio, la imposibilidad de perseverar en esa actitud. El resultado final sería la eliminación de la vigencia del estado que la mentira provoca”...

 

…Si cada mentira tuviera la respuesta fácil y elemental de su confrontación con los hechos, quedaría inmediatamente desvirtuada, sería inoperante y nada peligrosa. Pero esto no se hace sino muy excepcionalmente.

La profanación de las palabras es uno de los recursos habituales, se llama una realidad con una expresión que quiere decir otra cosa, y el oyente o el lector inadvertido acepta la falsedad sin darse cuenta. Un hecho importante de los últimos años, quizá de un par de decenios, es el envilecimiento del lenguaje. La grosería, el ascenso hasta la expresión normal, hablada o escrita, de vocablos y giros que hace poco tiempo no se oían, y por supuesto no se escribían, es un hecho notorio, cuyas consecuencias casi nunca se advierten. Es increíble cómo expresiones que han sido siempre graves insultos que no se toleraban, se han convertido por extraños mecanismos que no se entienden bien en elogios con los que se califica y ensalza cualquier cosa. Recuérdese el uso, elogioso y admirativo, de la palabra «capullo» hace unos decenios, y cómo se ha convertido en una radical descalificación.

Hay «prestigios» fundados en ese tipo de conductas, nutridos de la falsificación deliberada de lo real. Esto se puede evitar fácilmente: basta con señalarlo, mostrarlo y tenerlo en cuenta. Nada contribuiría más al saneamiento de la vida colectiva, a dejar abierto el camino de lo que es conveniente, a cerrar el paso a las formas solapadas de destrucción. Porque de eso se trata. Si se mira bien, se advierte que hay equipos enteros, bien organizados y con abundantes recursos, dedicados afanosamente a la destrucción. ¿De qué ? Habría que decir: de todo. El campo de aplicación es dilatadísimo; no se limita a las cuestiones estrictamente políticas, en las cuales es inevitable cierta dosis de partidismo; se extiende a todo lo que significa acierto, creación, excelencia. Marco Aurelio, el gran Emperador romano, recordaba con gratitud lo que había recibido de diversas personas; de su abuelo Vero el no haber sido «ni verde ni azul», refiriéndose al partidismo deportivo bizantino. Esta actitud de partidismo tiene consecuencias inmensamente mayores y virulentas en el deporte actual, pero se extiende a muchas más cosas.

Esta forma de perturbación a la que me refiero, la verbal, es el germen de otras más graves y perniciosas. Es la más fácilmente superable y a la vez aquella cuyo descubrimiento y mostración es más clara y evidente. Hay un viejo refrán español que dice que «por la boca muere el pez, y el hombre por la palabra». ¿Por qué no tomar en serio el acierto de esa expresión popular? ¿Por qué no exigir al que habla o escribe la responsabilidad de su palabra? Otras impunidades, jurídicas, económicas, políticas, son más resistentes. Casi todas ellas proceden de la verbal, y la superación de esta está al alcance de la más elemental perspicacia y de un mínimo de decisión y valentía. Por Julián MARÍAS, de la Real Academia Española- En ABC, 21.II.2002

 

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APERTURA A LA VERDAD

 

Por Julián Marías

Cada vez me parece más confirmada mi vieja idea de «las raíces morales de la inteligencia». Mi convicción de que sin una considerable dosis de bondad se puede ser «listo», pero no verdaderamente inteligente. Y esto responde, más que a una preocupación moral, a una evidencia intelectual: la de que la inteligencia consiste sobre todo en abrirse a la realidad, dejar que ella penetre en la mente y sea aceptada, reconocida, poseída. Es frecuente que la agudeza, la «listeza», coincida con la maldad, a veces se las asocia; pero si se mira bien se ve que no se trata de inteligencia, es decir, de comprensión de la realidad, sino de su utilización o manipulación.

Por eso hay que estar atento al grado de apertura o cerrazón de las personas, sobre todo de aquellas que pretenden manejar lo real, interpretarlo o explicarlo. Es característico del hombre inteligente el «esperar», no precipitarse, dejar que lo que aparece ante los ojos o intenta penetrar por el oído se manifieste por entero, exhiba sus títulos de justificación, sea examinado por varios lados, desde distintos puntos de vista. Ésta es la razón de que las mujeres, cuando de verdad lo son, quiero decir cuando son fieles a su condición propia, resulten sumamente inteligentes, proporcionalmente más que los hombres, tantas veces apresurados.

Cuando leo a un escritor, lo primero que siento es la posible impresión de apertura. En sus páginas, tal vez desde las primeras líneas, se percibe que algo nuevo está entrando, que se está agregando algo a lo que ya se sabía, o se está dando relieve a un aspecto desatendido. De ahí la impresión de enriquecimiento, que suscita gratitud.

Son los escritores que merecen ser leídos, porque hacen generosa donación de su realidad, nos brindan descubrimientos que han hecho en soledad, o han hecho vivir aspectos mal conocidos de la vida humana, o han hecho vibrar, con una expresión afortunada o una metáfora, facetas de la realidad que empiezan a irradiar belleza.

Otras veces la impresión es bien distinta. El autor aparece encastillado en algunas ideas, rara vez suyas, casi siempre recibidas, que precisamente se interponen entre él y lo que las cosas son –no digamos si se trata de personas-, con lo cual nos priva de todo posible enriquecimiento, de toda dilatación de nuestra propia mente.

El buen catador, quiero decir el buen lector que ha leído, año tras año, muchas páginas y sabe distinguir, se da cuenta pronto de esa diferencia decisiva. Ve que no puede esperar nada, que no va a recibir ninguna innovación. En esta época en que la producción de escritos es ingente, en todas sus formas, en que es inabarcable, no ya el contenido de lo que se publica sobre cualquier cuestión, sino los simples títulos, la capacidad de distinguir es salvadora, acaso la única forma de sobrevivir a la inundación que por todas partes nos acosa.

Hay autores que nos producen la impresión de que «no se enteran de nada», de que, pase lo que pase, se diga lo que se diga, permanecerán en sus trece, repetirán lo que oyeron o leyeron hace largo tiempo, lo que manifestó su error o su falsedad. Recuerdan el cuento de aquel general tan valiente que no se rendía ni a la evidencia.

A veces la cerrazón se debe a la escasez de inteligencia, a la incapacidad de reflexionar sobre lo que se ha leído u oído, incluso lo que se ha pensado en algún momento y ha sido desmentido por los hechos o por una visión más amplia. La pereza, casi siempre olvidada, explica muchas cosas.

Pero hay una forma de cerrazón más profunda y que merece examinarse. No es simple cerrazón, obturación de la mente frente a lo que intenta penetrar en ella. Tiene un carácter defensivo, es una resistencia a lo real, como si fuese una agresión o una amenaza. Por eso esta forma de cerrazón es hostil, casi siempre polémica, beligerante.

El que habla o escribe se siente en peligro, inquieto, agredido, no por una tesis distinta u opuesta, sino por la realidad misma. Es decir, defiende lo que en el fondo sabe que no es verdad, se identifica con ello, como si fuera él mismo, rechaza lo distinto.

No se comprende bien esta actitud. ¿Cómo puede ser «enemiga» la realidad? ¿No es aquello que nos rodea, con lo que tenemos que hacer nuestra vida? La estructura efectiva del mundo, la historia que en realidad ha acontecido, la consistencia de lo humano, las condiciones de la personalidad, ¿cómo puede ser eso algo «adverso», que hay que combatir y rechazar? Si se mira bien, es la expresión máxima de inseguridad, el temor a ver disiparse lo que se ha tomado, sin motivo, como fundamento de la propia vida.

Esa impresión de que hay muchos que «no se enteran de nada», que persisten imperturbables en nociones que no resisten un minuto de reflexión y análisis, de confrontación con los hechos, es descorazonadora. Es particularmente frecuente cuando interviene el apasionamiento político, casi siempre asociado con la mentira –a diferencia de la política noble, que busca, como decía Fichte, «declarar lo que es»–; hay formas extremas que están rigurosamente montadas sobre la falsificación, para las cuales lo real es un veneno mortal.

Pero al lado de esa cerrazón hay síntomas alentadores de apertura; muy en especial entre personas que no tienen grandes pretensiones, que no intentan definir, que no creen que lo saben todo. Son aquellas que buscan precisamente «enterarse» –es decir, integrarse–, que sienten alegría y gratitud cuando se les muestra algo que no habían visto o con lo que no habían contado.

Y esa magnitud es máxima si descubren que estaban en un error, si se ven obligadas a rectificar, es decir, a instalarse en la verdad que se les había escapado. Sienten que son mejores, más reales, que se ha producido un incremento de su propia persona. He aludido a la diferencia entre hombres y mujeres, debida a la diversidad de su forma de vida, y por tanto de su variedad de razón. Se podría investigar la apertura o cerrazón a lo largo del tiempo, según las edades en cada momento, lo que obligaría a pensar en diferencias generacionales. No cabe duda de que ha habido alguna que ha sido sometida a un riguroso tratamiento de «cerrazón» que ha gravitado pesadamente sobre ella, de la que con el paso de los años acaso se ha ido liberando. Creo percibir síntomas de apertura en los jóvenes, que a veces adopta la forma de la desorientación, quizá porque tienen que combatir las tentaciones de cerrazón para intentar ser ellos mismos, aquello que en el fondo desean ser. Si no me equivoco, esto es lo más esperanzador del horizonte.

 

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EL DESPRECIO A LA VERDAD

 

Por Julián Marías, de la Real Academia Española


Yo quisiera que se despertara alguna sensibilidad para la verdad. Temo que sea muy escasa, con diferencias entre los diversos países, y por supuesto mucho mayores entre personas. En conjunto no es mucha, y esto es increíblemente peligroso. Habría que poner en esta cuenta una enorme proporción de los males de nuestro tiempo.

Sobra información, falta tiempo. Atonía.

Por supuesto, también de otros; pero temo que esta dolencia se ha intensificado enormemente, por causas muy precisas. Al hombre actual «le dicen» muchas más cosas que al de ninguna otra época de la Historia. Lo bombardean o lo ametrallan con dichos constantes, muchos cada día, con recursos que no habían existido hasta ahora. Lee más que nunca, oye voces ajenas todo el tiempo, acompañadas de la imagen y el gesto. Se solicita su atención desde la publicidad, la política, las campañas, las consignas. En multitud de casos no tiene medio de decidir si lo que se le dice es verdadero o falso; aun cuando esto es posible, se siente aturdido por múltiples solicitaciones, no tiene tiempo ni calma para reaccionar a ellas.

Esto va causando en grandes mayorías una actitud de atonía e indiferencia. La verdad y la falsedad desaparecen del horizonte, y el hombre queda inerme frente a esta última. En época de elecciones esto es aterrador. Algunos políticos -no todos- usan la mentira como instrumento primario, sin el menor escrúpulo, con evidente delectación. No todos, al menos con gran desproporción. Pero lo grave es que esto no tiene demasiadas consecuencias. Si existiera eso que echo de menos, sensibilidad para la verdad, respeto a ella, la falsedad sistemática bastaría para descalificar a quien la usase y asegurar su derrota. Temo que no sea así, que se pueda usar la mentira con impunidad. En ciertos medios hay incluso un extraño placer en ella, se paladea el «ingenio» del que la usa, se admira la habilidad para pasar por encima de la verdad y pisotearla.

Llevar la veracidad al primer plano

Casi siempre tengo la impresión de que no se plantean bien las cuestiones, de que se las toma a medias y no en su raíz. Las cuestiones políticas, por ejemplo, parten ya de una fase secundaria, dejan atrás su verdadera raíz. ¿No se podría iniciar una campaña con un esfuerzo por llevar la veracidad al primer plano? Creo que, si esto tuviera éxito, casi todo lo demás se daría por añadidura.

La política es el campo en que el desprecio a la verdad es más visible; pero hay otros en que acaso sea más grave: los que tienen que ver con lo que se llama vida intelectual. Hay que distinguir entre lo que es «mera» literatura -poesía, ficción- y aquellos escritos en que se afirma o niega algo, es decir, los que tienen «pretensión de verdad». Los primeros tienen un valor mayor o menor, que puede ser altísimo o nulo. Los escritos del otro carácter, si cumplen esa pretensión, tienen valor, pero si no la cumplen, tienen un valor «negativo», no una mera carencia de mérito.

Si el historiador falta a la verdad, si cuenta lo que no ha sucedido, o calla lo que efectivamente ha acontecido, o lo desfigura, no es que tenga «poco valor», es que comete un delito intelectual. Lo mismo puede decirse del que extrae consecuencias falsas de un descubrimiento científico, o da por establecido lo que no pasa de ser una hipótesis o toma por incontrovertible lo que no se puede justificar con facilidad.

Estos usos, tan frecuentes, deberían acarrear una inmediata descalificación; no ocurre así. Hay autores que faltan a la verdad sistemáticamente, a lo largo de muchos años, y no pasa nada; quiero decir nada negativo, porque acaso gozan de éxito y fama. Es muy frecuente que dentro de la obra de un autor se prefiera la que es falsa, tal vez porque es la más polémica, porque se ha enzarzado con otros de tal manera que la primera víctima ha sido la verdad. Se olvidan las cosas justas que ha escrito, se retienen las desfiguraciones que se ha permitido para atacar a un adversario que acaso ha hecho lo mismo.

Lo más próximo al suicidio

Me pregunto cuál es la verdadera raíz del desprecio a la verdad. Creo que es el desprecio a uno mismo. La verdad va de tal modo unida a la condición humana, que el faltar deliberadamente a ella es lo más próximo al suicidio. El que miente a sabiendas -no, claro está, el que se equivoca- está atentando contra sí mismo, se está hiriendo, mancillando, profanando. Y, por supuesto, lo sabe. Por eso se puede advertir en el que miente -intelectual, o político o lo que sea- un inmenso descontento. Hay una amargura, la más grave de todas, que no procede de lo que a uno le pasa, sino de lo que es.

Se la puede descubrir, muy especialmente en los jactanciosos, en los que parecen particularmente satisfechos de sí mismos; por eso ese descontento acompaña tantas veces al éxito, a la fama, el poder o el enriquecimiento. Se pone un cuidado máximo en encubrir ese desprecio que se siente por el que se es, se intenta convencer a los demás de la propia excelencia, con la esperanza de que lo persuadan a uno, pero esto es particularmente difícil, porque no hay en ello ingenuidad, sino que el que desprecia la verdad sabe muy bien que lo hace, y por qué. Hay una extraña y siniestra «lucidez» en todo esto, que le da su mayor gravedad.

En la vida intelectual es esto especialmente claro. El respeto a la verdad suele ser algo todavía más intenso: entusiasmo por la verdad, fascinación ante ella. El que lo siente se «abre» a la verdad, se deja penetrar por ella, la busca sin condiciones previas, cuando la descubre ve que se «apodera» de él, y eso lo llena de gratitud y de alegría.

Por el contrario, hay una variedad de hombre dedicado al pensamiento que extrema la agudeza para minar la verdad cuando se le impone, para descubrir los flancos por los que se la puede atacar o negar; aprovecha las briznas de verdad parcial que parecen desvirtuarla en su conjunto. Para el que admira la destreza y siente hostilidad a la verdad, este tipo de intelectual es el ideal.

Carece de toda ingenuidad, de toda «inocencia»; está siempre «de vuelta» -hay que preguntar: ¿de qué?, ¿de dónde? acaso de la verdad entrevista-. Casi siempre se trata de alguien que no tiene esperanza de alcanzar ninguna verdad importante, y no se da cuenta de que todas lo son, de que la más modesta, si es verdad, es una adquisición fabulosa. Tiene una alta idea de lo que desea ser, y una muy pobre de lo que realmente sabe que es, y no se da cuenta de que la medida de cada uno está en lo que efectivamente hace, y que el hombre de dotes modestísimas puede ser una persona cumplida, lograda, llena de realidad, plenamente satisfactoria.

Examínense los males que nos afligen, que han caído sobre el mundo en el espacio de nuestras vidas, de los que tenemos experiencia real y la necesaria evidencia. Pregúntese cuáles de ellos nacen del desprecio a la verdad.

 

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Decálogo de Tales de Mileto

Tales de Mileto, uno de los Siete Sabios Filósofos y estadistas griegos, de los siglos VII y VI a. C.; el primero en explicar los eclipses de sol; el que ideó las estaciones del año y asigno a éste 365 días; el primero en defender la inmortalidad del alma... Sus discípulos le formularon las siguientes preguntas :
   1.- Qué era lo difícil. Respondió: «Conocerse a sí mismo».
   2.- Qué era lo fácil. Confesó: «Dar consejos a los demás».
   3.- Qué era lo más placentero.. Manifestó: «El éxito».
   4.- Qué era gobernar. Enseñó: «Nunca gobernarás bien a los demás... si no empiezas por gobernarte bien a ti mismo».
   5.- Preguntado sobre la belleza dijo: «Si la belleza de tu rostro te abre las puertas… la belleza de tu interior, de tus costumbres... te las mantendrá siempre abiertas».
   6.- Sobre el dominio de la lengua y de las palabras solía repetir: «Cuida tus palabras... que ellas no levanten jamás un muro entre ti y los que contigo viven».
   7.- Añadía con singularidad: «Muchas palabras... nunca indican mucha sabiduría».
   8.- Sobre la esperanza proclamaba: «La esperanza representa el único bien que es común a todos los hombres... e incluso en aquellos que no sienten ninguna esperanza... aunque la tienen todavía».
   9.- Sobre la familia exponía: «Feliz la familia que sin poseer grandes riquezas... no sufre, sin embargo, la pobreza».
   10.- Sobre el tiempo declaraba: «Si buscas una buena solución y no la encuentras, consulta al tiempo. El tiempo... es la máxima sabiduría».

J. Mª ALIMBAU -2006.II.22

 

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Eusebio de Cesarea (hacia 265-340) obispo DE LA Iglesia Católica, teólogo e historiador - Comentario sobre Isaías 40; PG 24, 365-368

 

“¿Qué habéis ido a ver al desierto?” (Lc 7,24) -       “Voz del que clama en el desierto: Preparad una ruta al Señor, allanad los caminos de nuestro Dios.” (Is 40,3) Esta palabra muestra claramente que los acontecimientos profetizados no se cumplieron en Jerusalén sino en el desierto. La gloria del Señor aparecerá en el desierto. Allí todo el mundo conocerá la salvación de Dios. (cf Is 40,5) Esto es lo que aconteció realmente, literalmente cuando Juan Bautista proclamó en el desierto del Jordán que la salvación de Dios se iba a manifestar. Ahí apareció la salvación de Dios. En efecto, Cristo en su gloria se dio a conocer a todos cuando fue bautizado en el Jordán...
       El profeta hablaba de esta manera porque Dios tenía que residir en el desierto, este desierto que es inaccesible al mundo. Todas las naciones paganas eran desiertos del conocimiento de Dios, inaccesibles a los justos y a los profetas de Dios. Por esto, la voz clama para preparar el camino a la Palabra de Dios, de allanar la ruta inaccesible y pedregosa para que nuestro Dios que viene a habitar entre nosotros pueda avanzar por ella...
       “Súbete a un monte elevado, mensajero de Sión; alza tu voz con brío, mensajero de Jerusalén...” (Is 40,9) ¿Quién es esta Sión,...la que los antiguos llamaron Jerusalén?...¿No es, más bien, una manera de designar al grupo de los apóstoles, escogidos de entre el pueblo?  No es la que le tocó en herencia la salvación de Dios,...ella misma, situada en lo alto de la montaña, es decir, fundada sobre el Verbo único de Dios?  A ella encomienda...anunciar a todos los hombres la Buena Noticia de la salvación.

 

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La Santa Madre Iglesia ha defendido siempre y en todas partes, con firmeza y máxima constancia, que los cuatro evangelios, cuya historicidad afirma sin dudar, narran fielmente lo que Jesús, el Hijo de Dios, viviendo entre los hombres, hizo y enseñó realmente para la eterna salvación de los mismos hasta el día de la Ascensión. Después de este día, los Apóstoles comunicaron a sus oyentes esos dichos y hechos con la mayor comprensión que les daban la resurrección gloriosa de Cristo y la enseñanza del Espíritu de la verdad. Los autores sagrados compusieron los cuatro evangelios escogiendo datos de la tradición oral o escrita, reduciéndolos a síntesis, adaptándolos a la situación de las diversas Iglesias, conservando el estilo de la proclamación: así nos transmiteron siempre datos auténticos y genuinos acerca de Jesús. Sacándolo de su memoria o del testimonio de los «que asistieron desde el principio y fueron ministros de la Palabra», lo escribieron para que conozcamos la verdad de lo que nos enseñaban.
El canon del Nuevo Testamento, además de los cuatro evangelios, comprende las cartas de Pablo y otros escritos apostólicos inspirados por el Espíritu Santo. Estos libros, según el sabio plan de Dios, confirman la realidad de Cristo, van explicando su doctrina auténtica, proclaman la fuerza salvadora de la obra divina de Cristo, cuentan los comienzos y la difusión maravillosa de la Iglesia, predicen su consumación gloriosa. El Señor Jesús asistió a sus Apóstoles, como lo había prometido, y les envió el Espíritu Santo, que los fuera introduciendo en la plenitud de la verdad. Concilio VATICANO II - Constitución Dei Verbum, 19-20

 

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Fe y alegría - En la vida de la Iglesia, la fe tiene una importancia fundamental, pues es fundamental el don que Dios hace de sí mismo en la Revelación, y esta autoentrega de Dios es acogida en la fe. Cuando la fe pierde este carácter central, también el tejido de la vida eclesial pierde su vivacidad original y se deteriora, cayendo en un activismo estéril y reduciéndose a habilidad política de estilo mundano. Si la verdad de la fe se pone con sencillez y decisión en el centro de la existencia cristiana, la vida del hombre queda vivificada por un amor que no conoce pausas ni confines, como he podido recordar en mi reciente Carta encíclica Deus caritas est.
Jesús es la estrella polar de la libertad humana: sin Él pierde su orientación, pues sin el conocimiento de la verdad la libertad se degenera, se aísla y se reduce a libre albedrío estéril. Con Él, la libertad recupera su razón de ser, se reconoce como hecha para el bien y se expresa en acciones y comportamientos de caridad. Jesucristo, que es la plenitud de la verdad, atrae hacia sí el corazón de todo hombre, lo dilata, lo llena de alegría. Sólo la verdad es capaz de invadir la mente del hombre y de hacerle gozar plenamente. Esta alegría ensancha las dimensiones del espíritu humano, levantándole de las angustias del egoísmo, haciéndole capaz de amor auténtico.
Por este motivo, el servicio a la fe, que es testimonio de Quien es la verdad entera, es también un servicio a la alegría, y es ésta la alegría que Cristo quiere difundir en el mundo: ¡es la alegría de la fe en Él, de la verdad que, por medio de Él, se comunica, de la salvación que viene de Él! ¡Ésta es la alegría que experimenta el corazón cuando nos arrodillamos para adorar en la fe a Jesús!

(9-II-2006) S.S. Benedicto P.P. XVI -

 

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«Una investigación histórica, libre de prejuicios y vinculada únicamente con la documentación científica es insustituible para derrumbar las barreras entre los pueblos» (Juan Pablo II)

 

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En la antigüedad, después de la puesta del sol, al encenderse los candiles en las casas, se producía un ambiente de alegría y comunión. También la comunidad cristiana, cuando encendía la lámpara al caer la tarde, invocaba con gratitud el don de la luz espiritual. Se trataba del "lucernario", es decir, el encendido ritual de la lámpara, cuya llama es símbolo de Cristo, "Sol sin ocaso". En efecto, al oscurecer, los cristianos saben que Dios ilumina también la noche oscura con el resplandor de su presencia y con la luz de sus enseñanzas. Conviene recordar, a este propósito, el antiquísimo himno del lucernario, llamado Fôs hilarón, acogido en la liturgia bizantina armenia y etiópica:  "¡Oh luz gozosa de la santa gloria del Padre celeste e inmortal, santo y feliz, Jesucristo! Al llegar al ocaso del sol y, viendo la luz vespertina, alabamos a Dios:  Padre, Hijo y Espíritu Santo. Es digno cantarte en todo tiempo con voces armoniosas, oh Hijo de Dios, que nos das la vida:  por eso, el universo proclama tu gloria". También Occidente ha compuesto muchos himnos para celebrar a Cristo luz.

 

“De la grandeza y hermosura de las criaturas se llega, por analogía, a contemplar a su Autor”. S. S. Benedicto XVI. P.M. – MMV.XI.X.

 

“Dios no aparece en la Biblia como un Señor impasible e implacable, ni es un ser oscuro e indescifrable, como el hado, con cuya fuerza misteriosa es inútil luchar”.

 

Dios se manifiesta «como una persona que ama a sus criaturas, que vela por ellas, les acompaña en el camino de la historia y sufre por la infidelidad de su pueblo «a su amor misericordioso y paterno».

«El primer signo visible de esta caridad divina hay que buscarlo en la creación»: «los cielos, la tierra, las aguas, el sol, la luna y las estrellas».

«Incluso antes de descubrir a Dios que se revela en la historia de un pueblo, se da una revelación cósmica, abierta a todos, ofrecida a toda la humanidad por el único Creador»

«Existe, por tanto, un mensaje divino, grabado secretamente en la creación», signo de «la fidelidad amorosa de Dios que da a sus criaturas el ser y la vida, el agua y la comida, la luz y el tiempo».

«De las obras creadas se llega a la grandeza de Dios, a su amorosa misericordia».


El Papa acabó su discurso, dejando a un lado sus papeles, comentó un pensamiento de san Basilio Magno, doctor de la Iglesia, obispo de Cesárea de Capadocia, quien constataba que algunos, «engañados por el ateísmo que llevaban dentro de sí, imaginaron el universo sin un guía ni orden, a la merced de la casualidad».

«Creo que las palabras de este padre del siglo IV son de una actualidad sorprendente», reconoció S. S. Benedicto XVI preguntándose: «¿Cuántos son estos "algunos" hoy?».

«Engañados por el ateísmo, consideran y tratan de demostrar que es científico pensar que todo carece de un guía y de orden».

«El Señor, con la sagrada Escritura, despierta la razón adormecida y nos dice: al inicio está la Palabra creadora. Al inicio la Palabra creadora --esta Palabra que ha creado todo, que ha creado este proyecto inteligente, el cosmos-- es también Amor».

El Papa concluyó exhortando a dejarse «despertar por esta Palabra de Dios» e invitando a pedirle que «despeje nuestra mente para que podamos percibir el mensaje de la creación, inscrito también en nuestro corazón: el principio de todo es la Sabiduría creadora y esta Sabiduría es amor y bondad».
S. S. Benedicto XVI. P.M. MMV.XI.X.

 

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Alabemos con las poéticas palabras del teólogo san Gregorio Nacianceno, doctor de la Iglesia Católica, año 330+390:

 

« Gloria a Dios Padre y al Hijo,
Rey del universo.
Gloria al Espíritu,
digno de alabanza y santísimo.
La Trinidad es un solo Dios
que creó y llenó cada cosa:
el cielo de seres celestes
y la tierra de seres terrestres.
Llenó el mar, los ríos y las fuentes
de seres acuáticos,
vivificando cada cosa con su Espíritu,
para que cada criatura honre
a su sabio Creador,
causa única del vivir y del permanecer.
Que lo celebre siempre más que cualquier otra
la criatura racional
como gran Rey y Padre bueno ».

(9) Poemas dogmáticos, XXXI, Hymnus alias: PG 37, 510-511

 

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Dulce lumen et delectábile est óculis vidére solem’ (Eclesiastés, 11,7)

Dulce es la luz y cosa deleitosa a los ojos, ver el sol

« Y vio Dios que era bueno » en las páginas del Génesis…

 

 

«Cuando digo a un joven: mira, allí hay una estrella nueva, una galaxia, una estrella de neutrones, a cien millones de años luz de lejanía. Y, sin embargo, los protones, los electrones, los neutrones, los mesones que hay allí son idénticos a los que están en este micrófono (...). La identidad excluye la probabilidad. Lo que es idéntico no es probable (...). Por tanto, hay una causa, fuera del espacio, fuera del tiempo, dueña del ser, que ha dado al ser, ser así. Y esto es Dios (...). «El ser, hablo científicamente, que ha dado a las cosas la causa de ser idénticas a mil millones de años-luz de distancia, existe. Y partículas idénticas en el universo tenemos 10 elevadas a la 85a potencia... ¿Queremos entonces acoger el canto de las galaxias? Si yo fuera Francisco de Asís proclamaría: ¡Oh galaxias de los cielos inmensos, alabad a mi Dios porque es omnipotente y bueno! ¡Oh átomos, protones, electrones! ¡Oh canto de los pájaros, rumor de las hojas, silbar del viento, cantad, a través de las manos del hombre y como plegaria, el himno que llega hasta Dios!» Por Enrico Medi  2005.

 

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A ti, Padre omnipotente,
origen del cosmos y del hombre,
por Cristo, el que vive,
Señor del tiempo y de la historia,
en el Espíritu que santifica el universo,
alabanza, honor y gloria
ahora y por los siglos de los siglos. Amén.

 

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El respeto de la integridad de la creación

Catecismo de la Iglesia Católica

 

2415 El séptimo mandamiento exige el respeto de la integridad de la creación. Los animales, como las plantas y los seres inanimados, están naturalmente destinados al bien común de la humanidad pasada, presente y futura (cf Gn 1, 28-31). El uso de los recursos minerales, vegetales y animales del universo no puede ser separado del respeto a las exigencias morales. El dominio concedido por el Creador al hombre sobre los seres inanimados y los seres vivos no es absoluto; está regulado por el cuidado de la calidad de la vida del prójimo incluyendo la de las generaciones venideras; exige un respeto religioso de la integridad de la creación (cf CA 37-38).

2416 Los animales son criaturas de Dios, que los rodea de su solicitud providencial (cf Mt 6, 16). Por su simple existencia, lo bendicen y le dan gloria (cf Dn 3, 57-58). También los hombres les deben aprecio. Recuérdese con qué delicadeza trataban a los animales san Francisco de Asís o san Felipe Neri.

2417 Dios confió los animales a la administración del que fue creado por él a su imagen (cf Gn 2, 19-20; 9, 1-4). Por tanto, es legítimo servirse de los animales para el alimento y la confección de vestidos. Se los puede domesticar para que ayuden al hombre en sus trabajos y en sus ocios. Los experimentos médicos y científicos en animales, si se mantienen en límites razonables, son prácticas moralmente aceptables, pues contribuyen a cuidar o salvar vidas humanas.

2418 Es contrario a la dignidad humana hacer sufrir inútilmente a los animales y sacrificar sin necesidad sus vidas. Es también indigno invertir en ellos sumas que deberían remediar más bien la miseria de los hombres. Se puede amar a los animales; pero no se puede desviar hacia ellos el afecto debido únicamente a los seres humanos.

 

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Consecuencias ambientales:

21. Las desigualdades en la distribución de la propiedad de las tierras desencadenan un proceso de degradación del medio ambiente difícilmente reversible,(15) a lo que se añade el deterioro del suelo, la disminución de su fertilidad, el riesgo de inundaciones, la disminución de la capa freática, el aterramiento de los ríos y de los lagos y otros problemas ecológicos.

A menudo se fomenta, con facilidades fiscales y de crédito, la deforestación de amplios territorios para dejar sitio a la cría extensiva del ganado, a las actividades mineras o el manufacturado de las maderas, pero sin prever planes de rehabilitación del medio ambiente y si están previstos no se aplican.

La pobreza también está vinculada al deterioro medio ambiental en un círculo vicioso cuando los pequeños agricultores, expropiados del latifundio, y los pobres sin tierra, en busca de nuevas tierras, se ven obligados a ocupar las tierras estructuralmente frágiles, como por ejemplo los terrenos pendientes y a erosionar el patrimonio forestal para poder cultivar.

 

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“Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones” Biblia. Evangelio según San Lucas Cap.1º vs. 48. La Iglesia, hace XXI siglos fundada por Tu Hijo, te alaba, ¡Oh Madre plena de dicha y felicidad!

 

VERITAS OMNIA VINCIT

LAUS TIBI CHRISTI.

 

 

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Recomendamos vivamente:

1º ‘CÓMO LA IGLESIA CONSTRUYÓ LA CIVILIZACIÓN OCCIDENTAL’. Ninguna institución ha hecho más para dar forma a la civilización occidental que la Iglesia Católica, y en modos que muchos de nosotros hemos olvidado o nunca sabido. Como la Iglesia construyó la civilización occidental es una lectura esencial para redescubrir esta relegada verdad. De un modo senillo y muy atractivo. 2007.

Autor: Thomas E. WOODS Jr. -  Editorial: CIUDADELA. 

Vivir amando... para encontrar el Tesoro: ‘Cristo’.

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).