Thursday 27 April 2017 | Actualizada : 2017-03-29
 
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Historia, calumnia e ignorancia - Abundan aún los ejemplos de casos en que juzgamos y decidimos, tomamos riesgos y los hacemos correr a los demás, convencemos al prójimo y le incitamos a decidirse, fundándonos en informaciones que sabemos que son falsas, o por lo menos sin querer tener en cuenta informaciones totalmente ciertas, de que disponemos o podríamos disponer si quisiéramos. Hoy, como antaño, el enemigo del hombre está dentro de él. Pero ya no es el mismo: antaño era la ignorancia, hoy es la mentira. MMVI

 

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Oscar Wilde abrazó la Iglesia Católica

tras su paso por la cárcel

 

 

La obra de Pearce recoge cómo el camino decadente

del autor acabó en la fe en Cristo

 

El biógrafo Joseph Pearce aborda en un nuevo libro la conversión del escritor homosexual
Por David Amado

 

Barcelona-ESPAÑA- Oscar Wilde vivió los últimos años de su vida como un paria. Tras pasar dos años en la cárcel de Reading, la sociedad puritana que había reído sus gracias le dio totalmente la espalda. Acosado y sin apenas amigos, Wilde se retiró a París. Allí murió en una buhardilla, enfermo y acosado por las deudas. La suya habría sido la muerte de un infeliz de no ser porque poco antes de expirar le administraron el bautismo y la unción de los enfermos. La pregunta que surge ante semejante decisión es clara: ¿Tuvo ese último acto algo que ver con su vida?
   Acaba de aparecer en castellano el libro de Joseph Pearce titulado «Oscar Wilde, la verdad sin máscaras» (Ciudadela Libros). Esta obra propone una revisión de la vida de un autor aclamado por muchos como un liberador sexual progresista. No se cuestiona la homosexualidad del gran escritor inglés, ni sus promiscuas relaciones. Lo que Pearce hace es desvelar al hombre que se oculta tras el icono de Wilde y mostrar sus verdaderas aspiraciones y deseos. Wilde, desde los primeros años de su vida, percibió que en el catolicismo había una belleza que no podía equipararse con ninguna otra del mundo. Sin embargo, luchó por resistirse al atractivo de la que llamaba la «Gran Ramera». Durante años le pudo su «dandismo», su hablar afectado y su deseo de éxito entre la alta sociedad londinense. Mientras su corazón se carcomía, el mundo aplaudía sus aforismos y se escandalizaba por sus atuendos extravagantes. El cinismo superficial del autor estuvo a punto de destruir su profunda conciencia interior. Acostumbrado a vivir con la máscara puesta, Wilde sólo llegó a conocer la verdad de su vida cuando unos desgraciados incidentes lo llevaron a la cárcel. Con la sospecha de pervertir a menores y de práctica homosexual, fue condenado a dos años de trabajos forzados. Y fue allí se reencontró con Jesucristo.
   En los últimos años de su vida llegó a decir: «¿Quiere saber mi secreto? Se lo diré… he encontrado mi alma. Estaba feliz en prisión porque encontré mi alma». En la cárcel, Oscar Wilde leía los Evangelios en griego. Y señaló al respecto: «Es una manera deliciosa de comenzar la jornada (…) Las infinitas repeticiones a todas horas han marchitado para nosotros la frescura y el encanto poético de los Evangelios». La lectura de los Evangelios y la experiencia del sufrimiento desmoronaron su falsa fachada. En obras como «De Profundis», una carta amarga dirigida a Alfred Douglas (el amante que arruinó su vida), o «La Balada de Reading», el niño prodigio del decadentismo inglés encuentra un camino de redención y comprende que la verdad del arte está en Cristo.
   Para Wilde, el camino de la decadencia acabó en el de la cruz. «Todos estamos en la cloaca -dice lord Darlington en «El Abanico de lady Windermere»-, pero algunos miramos hacia las estrellas». Por eso, como señala Pearce, «buscar a Wilde en la cloaca, sea para revolcarse con él en el fango o para señalarle con el dedo del desprecio farisaico, es no entenderlo. Aquellos que deseen conocer con mayor profundidad a este hombre tan enigmático no deberían mirarle a él en la cloaca, sino mirar con él hacia las estrellas». 2006-03-01-L.R.ESP.

 

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Su biógrafo Joseph Pearce cuenta sus últimos momentos, en su obra biográfica "Oscar Wilde: La verdad sin máscaras", del que tomamos algunos párrafos:

  

Un año antes de su muerte le dice al corresponsal de Daily Chronicle: "Gran parte de mi oblicuidad moral se debe al hecho de que mi padre no me permitió hacerme católico. La faceta artística de la Iglesia habría curado mis degeneraciones. Tengo la intención de ser admitido en su seno en breve"......Ros  fue a buscar enseguida a un sacerdote y, finalmente encontró al P.  Cuthbert Dunne, un pasionista que, como el moribundo, era natural de Dublín. Cuando Ros y el Padre Dunne llegarón a la habitación de Wilde, pidieron a los que allí estban que se marcharan. Ros se arrodilló junto a la cama y ayudó lo mejor que pudo, mientras el sacerdote le administraba a Wilde el bautismo condicional. A continuación Ros fue dando respuesta a los responsos mientras el Padre

 

dunne le daba a Wilde la extremaunción y recitaba las oraciones para los muribundos. El Padre Dunne no se atrevió a administrar el santo viático debido al estado de estrema gravedad de Wilde, pero se sintió totalmente satisfecho de que Wilde estuviera ´compos mentis´ y comprendiera que estaba siendo admitido en el seno de la Iglesia Católica y recibiendo los últimos sacramentos. ´ Por las señales que dio , así como por las palabras que trató de decir, me quedé tranquilo de haber recibido su consentimiento pleno. Y cuando repetí cerca de su oñido los nombres sagrados, los actos de contrición, fe, esperanza y caridad, con muestras de humilde resignación a la voluntad de Dios, trató todo el rato de repetir conmigo las palabras´. 


Wilde había llegado al momento de su muerte, al único en toda la vida en que los hechos y la verdad se reunen en indiscutible unidad. Enfrentado a esta realidad postrera, a este momento de la verdad, todas las ilusiones y los engaños pasaron al reiono d ela insignificancia. Las ´bon mots´, las ocurrencias, habían dejado paso a la ´bonne mort´, la buena muerte. La sublime importancia de los últimos ritos que se le administraron quedó expresada con belleza y elocuencia en el poema ´ Extreme Unction´ del amigo y colega decadentista de Wilde, Ernest Dowson, que había alcanzado el mismo momento de la verdad unos meses antes.

 

´ Sobre los ojos, labios y pies,

en todos los pasajes sensoriales,

el óleo expiatorio se unge como dulce

renovación de la perdida inocencia.

 

Los pies, que últimamente corrieron tan rápido

para cumplir los deseos, quedan tranquílamente sellados;

los ojos, que tan a menudo se posaron

sobre la vanidad, son tocados y sanan.

 

Con visiones turbulentas y sonidos liberados;

en ese instante de aliento crepuscular,

¿ repasará uno su vida, o verá,

entre sombras, el veraz rostro d ela muerte?

 

¡Ampollas misericordiosas! ¡ Aceites santificadores!

No sé ni dónde ni cuándo marcharé,

ni con qué andanzas y esfuerzos,

para implorarte el viático.

 

Mas, empero, si las paredes de carne flaquecen,

en una hora así, bien puede ser que,

a través de la niebla y la oscuridad, entre la luz,

y que cada ungido sentido vea.

 

 

Para Wilde, el camino de la decadencia acabó en el de la cruz. «Todos estamos en la cloaca -dice lord Darlington en «El Abanico de lady Windermere»-, pero algunos miramos hacia las estrellas». Por eso, como señala Pearce, «buscar a Wilde en la cloaca, sea para revolcarse con él en el fango o para señalarle con el dedo del desprecio farisaico, es no entenderlo. Aquellos que deseen conocer con mayor profundidad a este hombre tan enigmático no deberían mirarle a él en la cloaca, sino mirar con él hacia las estrellas».

 

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Oscar Wilde: "Hay personas que crean felicidad allí donde van; otras, cuando se van".

 

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P-¿Qué decir de Miguel Servet, como científico y también teólogo? ¿Y qué decir que Calvino autorizó la quema dictada por las autoridades protestantes?

 

R-Como dedicado a las ciencias del cuerpo humano, fue realmente notable en el conocimiento de la circulación sanguínea; todo lo contrario fue como teólogo, una calamidad por su incapacidad. Debido a sus herejías teológicas, el Tribunal de la Inquisición deseaba interrogarle y huye por varios países. La Inquisición protestante en Ginebra [hoy Suiza] le ubica y dicta sentencia a muerte en la hoguera, con la aprobación de Calvino. La ciudad a orillas del lago Leman que le vio arder, colocó una piedra con una placa en el mismo lugar. Europa aprendió que nunca se debe quemar a la gente por sus ideas, al menos mientras no nos impongan la ley mahometana de la ‘sharía’.

 

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CONSIDERADO ICONO DEL MUNDO GAY, SIEMPRE BUSCÓ A DIOS Y RECONOCIÓ EN UNA OCASIÓN SER UN «ENCENDIDO PAPISTA»

Oscar Wilde se convirtió al catolicismo antes de morir


El escritor Paolo Gulisano, autor de biografías sobre Tolkien, Lewis, Chesterton o Belloc, desvela en su libro «El retrato de Oscar Wilde» cómo este gran dramaturgo cumplió el deseo que años antes había expresado: «El catolicismo es la religión en la cual moriré». Wilde tuvo una personalidad compleja que no le impidió aspirar siempre a lo verdadero.

 

(Antonio Gaspari/Zenit) A pesar de su fama, son muchos los aspectos de la personalidad Oscar Wilde (1854 – 1900) poco conocidos por sus seguidores. Este escritor irlandés, autor de célebres obras como «El retrato de Dorian Gray» y de cuentos como «El ruiseñor y la rosa» o «El Gigante Egoísta», fue al mismo tiempo un buscador inagotable de lo Bello, de lo Bueno, pero también de aquel Dios al que nunca se opuso y de quien se hizo abrazar plenamente tras la dramática experiencia de la cárcel.

 

Un genial dramaturgo, el icono del mundo gay, murió en París en comunión con la Iglesia Católica, tal como había escrito varios años antes de su partida: «El catolicismo es la religión en la cual moriré».

 

Paolo Gulisano, escritor y ensayista, experto del mundo británico y autor de diversos volúmenes sobre Tolkien, Lewis, Chesterton y Belloc, ha publicado recientemente el libro en italiano «El retrato de Oscar Wilde», «Il Ritratto di Oscar Wilde» (Editrice Ancora).

 

Se trata de una radiografía del escritor que representa toda la compleja personalidad, describe algunos de los escenarios en los que recitó en el gran teatro de la vida, de sus pasiones, de sus intereses, de su imaginario, de su atención a los problemas sociales y de su sentimiento religioso.

 

Gulisano aseguró que Wilde «representa un misterio que no se ha descubierto todavía; un hombre y un artista de la personalidad poliédrica, compleja, rica». «No sólo un inconforme que quería sorprender a la sociedad conservadora de la Inglaterra victoriana, sino también un lúcido analista de la Modernidad con sus aspectos positivos y sobretodo inquietantes», dice el escritor.

 

Por encima del Londres moderno??Por ejemplo, su novela «El retrato de Dorian Gray» narra cómo el hombre moderno busca desesperadamente una eterna juventud, con un profundo miedo a la muerte, a la cual se propone vencer o al menos engañar.

 

El autor deja ver en Wilde un alma que va más allá de los salones londinenses, «un hombre que, tras la máscara de la anormalidad se preguntaba e invitaba a hacerse la pregunta sobre lo que era correcto o equivocado, verdadero o falso, incluso en su mayoría de comedias de enredos».

 

El autor destaca también otros valores de Wilde: «Amó profundamente a su esposa, con quien tuvo dos hijos, a quienes había siempre amado tiernamente y a quienes desde niños, había dedicado algunas de las más bellas fábulas nunca escritas, como “El Gigante egoísta” o “El príncipe feliz”».

 

Gulisano se refiere también al proceso judicial en el que estuvo acusado debido a sus actos homosexuales. Wilde fue condenado a realizar trabajos forzados durante dos años: «El proceso fue un lío al que llegó por haber demandado por difamación el Marqués de Queensberry, padre de su amigo Bosie, -con quien tuvo una íntima amistad-, que lo había acusado de actuar como sodomita».

 

«Frente al proceso de Wilde estuvo el abogado Carson, que odiaba a los irlandeses y a los católicos y su condena no fue el resultado sólo de la homofobia vitctoriana», aclaró Gulisano.

 

La conversión de Wilde

 

El autor indica que la búsqueda espiritual de Wilde «puede también ser vista como un largo y difícil itinerario de conversión al catolicismo». Gulisano asegura que el escritor pensó e incluso aplazó por mucho tiempo su adhesión a la fe católica. También hace alusión a una de sus paradojas: «Wilde afirmó un día a quien le preguntaba si no se estaría acercando demasiado peligrosamente a la Iglesia Católica»: «Yo no soy un católico, yo soy simplemente un encendido papista».

 

«Detrás de la batuta, está la complejidad de la vida que puede ser vista como una larga y difícil marcha de acercamiento al Misterio, a Dios», indica el escritor. Incluso amigos cercanos de Wilde también terminaron convirtiéndose: «Amigos como Robbie Ross, Aubrey Beardsley, e incluso John Gray, quien lo inspiró para la figura de Dorian Gray», aclara. Gray entró al Seminario en Roma, fue ordenado sacerdote y ejerció su ministerio en Escocia con el aprecio de gran parte de sus feligreses.

 

«También el hijo menor de Wilde se volvió católico», recuerda el escritor. Guilisano concluye su diálogo diciendo que, pese a la cultura secularista y anticatólica de Inglaterra, en autores como Newman, Chesterton, Tolkien y el mismo Wilde, se puede encontrar «una vacuna útil contra los males espirituales de nuestro tiempo».

 

Publicado el 2 Julio 2009 - 5:42pm

http://www.religionenlibertad.com/noticias/oscar-wilde-convirtio-catolicismo-antes-morir

 

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Tras una noche de dura fatiga sin ningún resultado, Jesús invita a Pedro a remar mar adentro y a echar de nuevo la red. Aun cuando esta nueva fatiga parece inútil, Pedro se fía del Señor y responde sin dudar: «Señor, en tu palabra, echaré la red» (Lc 5,4). La red se llena de peces, hasta el punto de romperse. Hoy, después de dos mil años de trabajo en la barca agitada de la Historia, la Iglesia es invitada por Jesús a «remar mar adentro», lejos de la orilla y las seguridades humanas, y a tirar de nuevo la red. Es hora de responder de nuevo con Pedro: «Señor, en tu palabra, echaré la red».

 

El Papa Pío XII indicó una vez que no era apropiado referirse a nuestra religión con el término “cristianismo”:

Para alcanzar estos fines, la Iglesia no obra sólo como un sistema ideológico. Sin duda se le define también como tal sistema, cuando se utiliza la expresión “catolicismo”, que no le es habitual ni plenamente adecuada. La Iglesia es mucho más que un sistema ideológico; es una realidad, como la naturaleza visible, como el pueblo o el Estado. Es un organismo plenamente vivo con su finalidad y su vida propios [Pío XII, Discurso al X Congreso Internacional de Ciencias históricas, 1955].-  

Efectivamente, y sin censurar el uso vulgar, lo cierto es que el sufijo ?ismo remite, en castellano, bien a unos estudios especializados, bien a algún género de ideología. Y el empleo de un solo sustantivo (cristianismo) y de un solo adjetivo (cristiano) puede conducir a la confusión, ciertamente grave, de que cristiano es el que participa de las ideas del cristianismo, y no el seguidor de Cristo, como es su verdadero sentido.

Compárese esto con los mahometanos, cuya religión recibe el nombre de islam, y lo a ella referente de islámico, en tanto que el término “islamistas” se aplica sólo a los convictos de “islamismo” (o a los expertos occidentales en la religión mahometana) [Y se da el caso de que en el islam esa riqueza terminólogica es menos necesaria que en la Religión Cristiana, por cuanto el “islamismo”, en cuanto ideología extremista, está contenido expresamente en el propio Corán, en tanto que los musulmanes ‘moderados’ poco pueden argumentar en favor de su postura además de una cómoda e incongruente -aunque sin duda más que razonable- inaplicación de parte de las aleyas coránicas].

 

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CON DINERO SE COMPRA:

 

Placer, Pero No El Amor,

Atención, Pero No El Amor,

Asombro, Pero No Respeto,

Diversión, Pero No Felicidad,

Un Esclavo, Pero No Un Amigo,

Una Mujer, Pero No Una Esposa,

Una Casa, Pero No Un Hogar,

Una Cama, Pero No El Sueño,

Alimentos, Pero no El Apetito,

Medicinas, No La Salud,

Diplomas, Pero No La Cultura,

Un Reloj, Pero No Tiempo,

Adornos, Pero No La Belleza,

Libros, Pero No La Inteligencia;

Escuelas, Pero No La Educación,

Pólizas De Seguros, Pero No Paz,

Tranquilizantes, Pero No La Paz;

Un Crucifijo, Pero No Un Salvador,

La Indulgencia, Pero No El Perdón;

La Tierra, Pero No Se Compra El Cielo."

"El dinero es como el estiércol, si se amontona, huele."

(Oscar Wilde.)

 

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«Por ejemplo, desmentir rotundamente el aburridísimo

caso Galileo, que ni fue torturado, ni encarcelado,

ni se le prohibió trabajar»

 

La masonería como las sectas protestantes, pregonan y recomiendan

las más aberrantes difamaciones contra la Iglesia de Jesús. 

Urge una «liga de antidifamación católica»


Vittorio MESSORI, escritor e investigador de la historia.

En septiembre de 2002 señalaba en el «Corriere della Sera» los errores históricos y las mentiras de una película inglesa, «Las hermanas de la Magdalena», proyectada aposta para dar una imagen odiosa de la educacion católica (quien quiera leerlo o releerlo, puede encontrarlo en el sitio de internet www.vittoriomessori.it).

 

   Viendo al público aplaudir al término de la proyección de aquel cúmulo de calumnias me di cuenta de que la culpa no era suya, sino de la falta de información, una información que nadie se había preocupado de darles. No sabían cómo ocurrieron de verdad las cosas en aquellas cárceles femeninas de la Irlanda de los años cincuenta, dependientes del Estado y gestionadas por monjas; tomaron por verdadera la tendenciosidad del director y por «valiente denuncia» la típica perspectiva del típico ex seminarista que decide vengarse de su pasado. Por tanto, su aplauso era justificado, creían que habían visto una historia verdadera. Confirmé entonces -así lo escribí en el periódico- que el catolicismo necesita hoy más que nunca de una «Antidefamation League» (Liga de Antidifamación) a imagen y semejanza de la (a menudo implacable) «League» que tienen los judíos desde hace tanto tiempo.
   No tengo la tentación, faltaría más, de coartar o intimidar la libertad de expresión de nadie, pero sí una «tolerancia cero» ante las mentiras, las imprecisiones interesadas, los errores de hecho. Debemos contrastar, por tanto, no las opiniones, sino las falsedades históricas sobre las cuales se basan demasiado a menudo esas opiniones. Por poner un ejemplo, entre los muchos posibles: a propósito del eterno, aburridisimo «caso Galileo», no podemos dejar de desmentir precisa y rotundamente a quien afirma que Galileo Galilei fue torturado, que fue encarcelado, que se le prohibió trabajar. Y(por citar otro lugar común) quien afirma que las víctimas de la Inquisición fueron millones y otras tantas las que fueron quemadas en la hoguera por brujería, o los homosexuales quemados por orden eclesiástica, debe ser puesto de inmediato ante la realidad de los hechos.
   Réplica a la mentira. Es lo que yo, y otros muchos que escriben en éste y otros periódicos, hemos hecho y seguimos haciendo: pero como algo privado, aislado, sin posibilidad de replicar a todo. Lo que necesitaríamos es una estructura. Pero, por favor, no otra burocracia eclesial más, sino algo pequeño, ágil, motivado, informado, en condiciones de replicar (o de hacer replicar) punto por punto a todas las noticias falsas que cada día nos llegan desde los medios de comunicación. ¿Por qué sólo a la Iglesia y su historia pueden ser difamadas sin que nadie intervenga para desmentirlo? La Iglesia católica (a pesar de todo) no carece de historiadores informados, de personas de indudable valor cultural, en condiciones de aclarar, de precisar y de desmentir.
   La deseada «Liga» debería servir como instrumento de acuerdo para intervenir en primera persona o, más a menudo, para hacer intervenir oportunamente a la persona adecuada. El «staff» debería estar flanqueado por un equipo de buenos abogados. Porque muchos creen que los desmentidos sobre datos importantes son confiados al buen corazón o a la honestidad de la dirección de los periódicos cuando, en realidad, existen leyes precisas que dan derecho de réplica y establecen la visibilidad con la que los desmentidos deben ser publicados: no es necesario pedir nuevas leyes, se trata de conocer bien y aplicar las que ya existen.
   La mentira, cuando es demostrable como tal, no tiene derecho de ciudadanía ni aunque lo pida el legislador estatal. Está claro que, si la estructura tuviera que comenzar en Italia, podría actuar solo a nivel nacional, pero podría servir de ejemplo y de estímulo para la creación de organizaciones parecidas en todos los países. La ganancia no sería solo para los creyentes y para la honorabilidad de la Iglesia, sino para la verdad «tout court», la verdad que es condición indispensable para hacernos libres a todos, también a los no creyentes y a los no cristianos. Y la ganancia sería también para los muchos que siempre escriben y hablan por hablar: saber que alguien vigila e interviene -como nos enseña la «Antidefamation League» judía- inspira prudencia y lleva a informarse mejor. Iniciativa propia. La Iglesia no ha sido nunca -y no lo será, gracias a Dios- como los regímenes comunistas o fascistas de infausta memoria, donde todo venía de lo Alto -el Estado, el partido el Gobierno- y los súbditos obedecían pasivamente. En la Iglesia católica ha estado siempre activo aquel «principio de subsidiariedad» que ahora Europa ha descubierto y que lleva a los individuos a hacer todo lo que puedan hacer solos y que sea útil al bien de la comunidad. ¿Acaso los santos, empezando por aquellos llamados «sociales», han esperado a que se moviese «el Vaticano» para proyectar, fundar, gestionar sus obras extraordinarias? De la jerarquía esperaban sólo la aprobación, o en el peor de los casos, esperaban que no les pusieran trabas (cuando no persecuciones).
   Apoyo económico. Por tanto, también la Liga de la que hablo puede -quizá debe- nacer por iniciativa «privada», como obra de un grupo de creyentes. Pero la intervención de la Iglesia puede ser decisiva, al menos en los primeros momentos, para exhortar, aconsejar, y quizá también ayudar económicamente. El voluntariado no basta para una obra de semejante calibre y delicadeza. Desde hace años se oye hablar mucho de un «proyecto cultural» cuyos contenidos concretos escapan a muchos, quizá por su culpa, o quizá por una información demasiado difusa. De ese «proyecto», que me dicen que será costoso, ¿no podría formar parte también la atención a una Roman Catholic Antidefamation League? 2006-03-01

 

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P-¿Qué hay de verdad en que Lutero abogó por la expulsión y exterminio de los judíos?

 

R- La actitud de Lutero hacia los judíos fue muy cambiante. Inicialmente, compasiva o respetuosa, después muy negativa-odiosa. Lutero leyó un escrito judío en el que se acusaba a la Santísima Virgen María de ser una prostituta que había concebido a Jesús ejerciendo su oficio. En ese momento, Lutero redactó un escrito en el que abogaba por aplicar a los judíos –literalmente– un decreto de expulsión como el promulgado por los reyes católicos, cuyo ejemplo cita expresamente. Dado que Lutero carecía de poder político el elector de Sajonia –que era protestante y era su príncipe– no le hizo ni caso. Por otro lado, el escrito fue muy criticado por personas cercanas a Lutero como el propio Melanchthon que consideraba que el ejemplo español no podía seguirse bajo ningún concepto. Es de notar que si Lutero hubiera cultivado las virtudes de la prudencia y humildad, a ejemplo de los Reyes Católicos, probablemente no hubiera llegado a diatribas tan injuriosas contra los judíos, cosa igual nunca se oyó en boca de los Reyes Católicos. 

 

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Llamados a salvar la cultura


Card. Ricardo Mª CARLES – Barcelona - ESPAÑA

Dios anuncia a Moisés que va a morir. La reacción de Moisés siempre me ha impresionado. Nada pide para él. Sólo dice: «Que Yahvé ponga un hombre al frente de esta comunidad, para que no quede la comunidad de Yahvé como rebaño sin pastor». Impresiona más ver que, siglos después, «al ver Jesús a las gentes se compadecía de ellas, porque estaban como ovejas que no tienen pastor». Y es esta frase la que toma Benedicto XVI como tema en su mensaje para la Cuaresma, que comienza hoy, y que nos brinda exigencia y esperanza. «Mientras el tentador nos mueve a desesperarnos, hoy el Señor escucha también el grito de las multitudes hambrientas de alegría, de paz y de amor». Ciertamente hay tentadores que nos empujan al desánimo, que pueden inducir a los católicos a una falta de fe en el futuro, cuando el presente camina hacia el crecimiento de la Iglesia. No hace mucho se nos comunicó a algunos cardenales que el número de creyentes había llegado a mil ciento sesenta millones, lo que supone un aumento notable en poco tiempo. A aquellos que ven la Iglesia con pesimismo, les invitaría a recordar la afirmación contundente de Jesús: «Yo estaré con vosotros, cada día, hasta el fin de los tiempos». El hecho de que los doce primeros hayan crecido hasta esta cifra, nos permite pensar que el Señor ha hecho buena su palabra. Los doce, que se enfrentaban a la conversión del Imperio Romano, no deben entender ciertos temores acerca de la situación actual de la Iglesia. Cierto que el Papa, hombre de gran experiencia y alto nivel espiritual e intelectual, tiene esperanza en el futuro, pero apela insistentemente, a propósito de la crisis del mundo occidental, a que sean los creyentes esa minoría que se precisa para salvar una cultura. Ello supone una actitud de conversión. Y, en su mensaje de Cuaresma, nos subraya que «nuestra mirada sobre el hombre –y sobre nosotros mismos– se asemeje a la de Cristo». Y nos recuerda que «teniendo en cuenta la victoria de Cristo sobre todo mal que oprime al hombre, la Cuaresma nos quiere guiar precisamente hacia esa salvación integral». «Aunque parezca que domine el odio, el Señor no permite que falte nunca el testimonio luminoso de su amor». 2006-03-01

 

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Él está en la barca; Él nunca se ha ido, ni se va,

ni se irá de la barca de su Iglesia  †

 

Verdad y mentira - No siempre es fácil descubrir las tretas del padre de la mentira, pero tenemos la afirmación rotunda de la Luz: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida» [Jn 14, 6]. El Camino se inicia en la humildad de una gruta. En Belén acuden a adorar los Magos, hombres sabios, poderosos, que se postran ante la Verdad [Mt 2, 11].  El diablo no puede postrarse ante la verdad, por la sencilla razón de que «no tiene rodillas». Así se representaba antiguamente al diablo, sin rodillas, según he leído en un artículo del entonces cardenal Ratzinger. El padre de la mentira no tiene rodillas, no es capaz de arrodillarse ante la Verdad. La soberbia es impermeable, finge diálogo, pero no logra más que un monólogo ególatra.

Las verdades parciales, fragmentarias, pueden parecer duras, difíciles de entender, comprender o asimilar, pero la Verdad es siempre luminosa: es la Luz, y la Luz es Vida y la vida es Sabiduría y la Sabiduría es Amor. Desde ella se comprende que toda verdad es un bien que conduce a la vida plena. Juan Pablo II solía utilizar con insistencia la expresión «verdad del hombre», «verdad del mundo», «verdad de Dios», verdad, en fin, de lo que fuera tema de su discurso. Toda verdad conduce a la Verdad Primera, y desde la Verdad Primera se puede volver a contemplar las verdades segundas y entonces se ven con una nueva dimensión, con una nueva belleza, en plenitud de sentido. Conocer y amar no son actividades independientes. El amor a la verdad es, en muchos casos el único recurso para discernir, e identificar –con la mano en el corazón- al padre de la mentira y a la Palabra de la Verdad. Humildad y amor se confabulan en el encuentro luminoso de la Verdad fascinante.

 

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Servicio y alegría - En la vida de la Iglesia la fe tiene una importancia fundamental, porque es fundamental el don que Dios hace de sí mismo en la Revelación, y esta autodonación de Dios se acoge en la fe. Aparece aquí la relevancia de vuestra Congregación que, en su servicio a toda la Iglesia, y en particular a los obispos como maestros de la fe y pastores, está llamada, con espíritu de colegialidad, a favorecer y recordar precisamente la centralidad de la fe católica, en su expresión auténtica. Cuando se debilita la percepción de esta centralidad, también el entramado de la vida eclesial pierde su vivacidad original y se gasta, cayendo en un activismo estéril o reduciéndose a astucia política de sabor mundano. En cambio, si la verdad de la fe se sitúa con sencillez y determinación en el centro de la existencia cristiana, la vida del hombre se renueva y reanima gracias a un amor que no conoce pausas ni confines, como recordé también en mi reciente carta encíclica «Deus caritas est».

La caridad, desde el corazón de Dios, a través del corazón de Jesucristo, se derrama mediante su Espíritu en el mundo, como amor que lo renueva todo. Este amor nace del encuentro con Cristo en la fe: "No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva" («Deus caritas est», 1). Jesucristo es la Verdad hecha Persona, que atrae hacia sí al mundo. La luz irradiada por Jesús es resplandor de verdad. Cualquier otra verdad es un fragmento de la Verdad que es él y a él remite. Jesús es la estrella polar de la libertad humana: sin él pierde su orientación, puesto que sin el conocimiento de la verdad, la libertad se desnaturaliza, se aísla y se reduce a arbitrio estéril. Con él, la libertad se reencuentra, se reconoce creada para el bien y se expresa mediante acciones y comportamientos de caridad.

Por eso Jesús dona al hombre la plena familiaridad con la verdad y lo invita continuamente a vivir en ella. Es una verdad ofrecida como realidad que conforta al hombre y, al mismo tiempo, lo supera y rebasa; como Misterio que acoge y excede al mismo tiempo el impulso de su inteligencia. Y nada mejor que el amor a la verdad logra impulsar la inteligencia humana hacia horizontes inexplorados. Jesucristo, que es la plenitud de la verdad, atrae hacia sí el corazón de todo hombre, lo dilata y lo colma de alegría. En efecto, sólo la verdad es capaz de invadir la mente y hacerla gozar en plenitud.
Esta alegría ensancha las dimensiones del alma humana, librándola de las estrecheces del egoísmo y capacitándola para un amor auténtico. La experiencia de esta alegría conmueve, atrae al hombre a una adoración libre, no a un postrarse servil, sino a inclinar su corazón ante la Verdad que ha encontrado.

Por eso el servicio a la fe, que es testimonio de Aquel que es la Verdad total, es también un servicio a la alegría, y esta es la alegría que Cristo quiere difundir en el mundo: es la alegría de la fe en él, de la verdad que se comunica por medio de él, de la salvación que viene de él. Esta es la alegría que experimenta el corazón cuando nos arrodillamos para adorar a Jesús en la fe. Este amor a la verdad inspira y orienta también el acercamiento cristiano al mundo contemporáneo y el compromiso evangelizador de la Iglesia, temas que habéis estudiado durante los trabajos de la plenaria. La Iglesia acoge con alegría las auténticas conquistas del conocimiento humano y reconoce que la evangelización exige también afrontar realmente los horizontes y los desafíos que plantea el saber moderno. En realidad, los grandes progresos del saber científico realizados en el siglo pasado han ayudado a comprender mejor el misterio de la creación, marcando profundamente la conciencia de todos los pueblos. Sin embargo, los progresos de la ciencia han sido a veces tan rápidos que ha sido bastante complejo descubrir si eran compatibles con las verdades reveladas por Dios sobre el hombre y sobre el mundo. A veces, algunas afirmaciones del saber científico se han contrapuesto incluso a estas verdades. Esto ha podido provocar cierta confusión en los fieles y también ha constituido una dificultad para el anuncio y la recepción del Evangelio. Por eso, es de vital importancia todo estudio que se proponga profundizar el conocimiento de las verdades descubiertas por la razón, con la certeza de que no existe "competitividad alguna entre la razón y la fe" («Fides et ratio», 17).

No debemos tener ningún temor de afrontar este desafío: en efecto, Jesucristo es el Señor de toda la creación y de toda la historia. El creyente sabe bien que "todo fue creado por él y para él, (...) y todo tiene en él su consistencia" (Col 1, 16. 17). Profundizando continuamente el conocimiento de Cristo, centro del cosmos y de la historia, podemos mostrar a los hombres y a las mujeres de nuestro tiempo que la fe en él tiene relevancia para el destino de la humanidad: más aún, es la realización de todo lo que es auténticamente humano. Sólo desde esta perspectiva podremos dar respuestas convincentes al hombre que busca. Este compromiso es de importancia decisiva para el anuncio y la transmisión de la fe en el mundo contemporáneo. En realidad, ese compromiso constituye una prioridad urgente en la misión de evangelizar. El diálogo entre la fe y la razón, entre la religión y la ciencia, no sólo ofrece la posibilidad de mostrar al hombre de hoy, de modo más eficaz y convincente, la racionalidad de la fe en Dios, sino también la de mostrar que en Jesucristo reside la realización definitiva de toda auténtica aspiración humana. En este sentido, un serio esfuerzo evangelizador no puede ignorar los interrogantes que plantean también los descubrimientos científicos y las cuestiones filosóficas actuales.

El deseo de verdad pertenece a la naturaleza misma del hombre, y toda la creación es una inmensa invitación a buscar las respuestas que abren la razón humana a la gran respuesta que desde siempre busca y espera: "La verdad de la revelación cristiana, que se manifiesta en Jesús de Nazaret, permite a todos acoger el "misterio" de la propia vida. Como verdad suprema, a la vez que respeta la autonomía de la criatura y su libertad, la obliga a abrirse a la trascendencia. Aquí la relación entre libertad y verdad llega al máximo y se comprende en su totalidad la palabra del Señor: "Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres" (Jn 8, 32)" («Fides et ratio», 15).

La Congregación encuentra aquí el motivo de su compromiso y el horizonte de su servicio. Vuestro servicio a la plenitud de la fe es un servicio a la verdad y, por eso, a la alegría, una alegría que proviene de lo más íntimo del corazón y brota de los abismos de amor que Cristo ha abierto de par en par con su corazón traspasado en la cruz y que su Espíritu difunde con inagotable generosidad en el mundo. Desde este punto de vista, vuestro ministerio doctrinal puede definirse, de modo apropiado, "pastoral". En efecto, vuestro servicio es un servicio a la plena difusión de la luz de Dios en el mundo. Que la luz de la fe, expresada en su plenitud e integridad, ilumine siempre vuestro trabajo y sea la "estrella" que os guíe y os ayude a dirigir el corazón de los hombres a Cristo. Este es el difícil y fascinante compromiso que compete a la misión del Sucesor de Pedro, en la cual estáis llamados a colaborar. Gracias por vuestro trabajo y por vuestro servicio. Con estos sentimientos, os imparto a todos mi bendición. 28.II.2006. Vat.

 

 

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Unos jóvenes de una parroquia escribieron el siguiente manifiesto: «Nosotros que vamos a recibir el sacramento de la Confirmación, denunciamos:

   –Un mundo corrompido por el odio, el egoísmo, la violencia...
   –El racismo y la opresión ejercida por los más fuertes.
   –La melancolía, la tristeza y la apatía que restan calidad de vida.
   –La negatividad y la manipulación de medios de comunicación.
   –La falta de espíritu de sacrificio y de esperanza frente a la comodidad.
   –La carencia de fe, que si se posee puede «mover montañas».
   Por lo tanto, deseamos:
   –Encontrar la verdadera luz... que guíe nuestras vidas.
   –Defender la libertad y nuestros derechos para que lo sean también de otros.
   –Ser alegres y serviciales... para los que están a nuestro lado.
   –Una vida de manos tendidas, corazón abierto y deseos nobles.
   –Queremos una Iglesia amiga que nos dé a Jesús, que ayuda y salva.
   –Amar, compartir, sentirnos útiles... porque ello transmite vida y felicidad.
   –Que las personas vivan la Paz en su interior y que sepan manifestarla en su exterior.
   Para conseguir todo esto, nos comprometemos a:
   – Compartir la alegría, el gran secreto de los cristianos.
   –Escuchar, aceptar y ayudar a quienes nos topamos.
   –Defender la verdad y no dejar que nos laven el cerebro.
   –Aunque tropecemos y caigamos, nos levantaremos.
   –Transmitir el mensaje de Jesús que no es otro que nos amemos, el amor.

 

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Pero lo verdaderamente importante es que la Iglesia renueva sin cesar su fe en la presencia real de Cristo en la Eucaristía. Porque de eso estamos hablando: de una persona, de un ser vivo, y no de una cosa o una idea. La Eucaristía es Él. Y todos, en la Iglesia, vivimos por Él, con Él y gracias a Él, y soñando con unirnos algún día plenamente a Él. O al menos, así debería ser.

 

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«Sobre el misterio eucarístico se funda el celibato que los presbíteros han recibido como don precioso y signo del amor indiviso hacia Dios y hacia el prójimo».

 

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Benedicto XVI animó a los laicos a hacer de la Eucaristía el «motor interior de toda actividad» y recordó que «ninguna dicotomía es admisible entre la fe y la vida». 2005-10-23, al cerrar el Sínodo de los Obispos y el año de la Eucaristía.

 

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Dijo Dios: «Produzca la tierra animales vivientes según su especie: ganados, reptiles y bestias salvajes según su especie». Y así fue. Dios hizo las bestias de la tierra, los ganados y los reptiles campestres, cada uno según su especie. Vio Dios que esto estaba bien. Gen. 1, 24-25

 

La naturaleza canta las glorias del Creador y el hombre sepa gozar en armonía con todo lo creado.

 

¡Hoy la tierra y los cielos me sonríen
hoy llega hasta el fondo de mi alma el sol
hoy la he visto... la he visto y me ha mirado
Hoy creo en Dios!

 

¡Que tu conducta nunca sea motivo de injustificada inquietud a la creación, en la que tu eres el rey!

 

El ecologismo espiritual nos enseña a ir más allá de la pura «protección» y del «respeto» de la creación; nos enseña a unirnos a la creación en la proclamación de la gloria de Dios.

 

«La belleza podrá cambiar el mundo si los hombres consiguen gozar de su gratuidad» Susana Tamaro – católica, escritora - 2004.12.

 

¡Oh galaxias de los cielos inmensos, alabad a mi Dios porque es omnipotente y bueno! ¡Oh átomos, protones, electrones! ¡Oh canto de los pájaros, rumor de las hojas, silbar del viento, cantad, a través de las manos del hombre y como plegaria, el himno que llega hasta Dios!»

 

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Señor Jesús, queremos recoger la lección de S. Francisco que aprendió de la Iglesia.
Como él queremos verte en tus obras y a través de ellas llegar a Ti.
Que todo el universo sea para nosotros un cántico de alabanza en tu honor.
Que a través de nuestras buenas obras, los demás también Te glorifiquen y juntos construyamos esa fraternidad universal, de la cual el mundo entero está necesitado. AMÉN.

 

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«Las catástrofes naturales nos sitúan en la verdad. A pesar de tantos progresos, no estamos en grado de poder gobernar la realidad en su totalidad. No encontramos respuesta a estos hechos porque hemos perdido el sentido de la grandeza de Dios»

 

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‘Si la técnica no se reconcilia con  la naturaleza, ésta se rebelará’ 12 nov.2000 S. S. Juan Pablo II - Magno

 

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San Pedro Crisólogo (380 ca. 450 ca.) en el Segundo discurso sobre el ayuno: "Son grandes las obras del Señor". Pero esta grandeza que vemos en la grandeza de la creación, este poder, es superado por la grandeza de la misericordia. En efecto, el profeta dijo:”Son grandes las obras de Dios"; y en otro pasaje añade:”Su misericordia es superior a todas sus obras". La misericordia, hermanos, llena el cielo y llena la tierra. (...) Precisamente por eso, la grande, generosa y única misericordia de Cristo, que reservó cualquier juicio para el último día, asignó todo el tiempo del hombre a la tregua de la penitencia. (...) Precisamente por eso, confía plenamente en la misericordia el profeta que no confiaba en su propia justicia:  "Misericordia, Dios mío —dice— por tu bondad" (Sal 50, 3)" (42, 4-5:  Discursos 1-62 bis, Scrittori dell area santambrosiana, 1, Milán-Roma 1996, pp. 299. 301).
Así decimos también nosotros al Señor:  "Misericordia, Dios mío, por tu bondad".

 

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“Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones” Biblia. Evangelio según San Lucas Cap.1º vs. 48. La Iglesia, hace XXI siglos fundada por Tu Hijo, te alaba, ¡Oh Madre plena de dicha y felicidad!

 

VERITAS OMNIA VINCIT

LAUS TIBI CHRISTI.

 

 

Por venir a visitarnos, nuestro agradecimiento.

Anno Domini 2007 - "In Te, Domine, speravi; non confundar in aeternum!".

Mane nobiscum, Domine! ¡Quédate con nosotros, Señor!

 

Recomendamos 4 libros : Joseph +cardenal Ratzinger, al día S. S. BENEDICTO XVI P.M.: Fe, verdad y tolerancia; Introducción al cristianismo; La fraternidad de los cristianos; Un canto nuevo para el Señor; Ediciones SIGUEME -

 

 

 

"Darse del todo al Todo, sin hacernos partes"

 

"Juntos andemos Señor, por donde fuisteis, tengo que ir;
por donde pasastes, tengo que pasar"

 

"Todo el daño nos viene de no tener puestos los ojos en Vos,
que si no mirásemos otra cosa que el camino, pronto llegaríamos..."

 

"Es imposible... tener ánimo para cosas grandes, quien no entiende que está favorecido de Dios"

TERESA DE JESÚS – doctora e hija fiel de la Iglesia Católica †

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).