Friday 28 April 2017 | Actualizada : 2017-03-29
 
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"La fe y la razón son como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad" (Fides et ratio, 1). Frente a la crisis de la razón, característica de gran parte de la cultura actual, la fe debe asumir la responsabilidad de un suplemento de esfuerzo, convirtiéndose en "samaritana de la razón", para que esta se recupere plenamente, con su originaria capacidad metafísica y sapiencial.

 

 

 

heteromancia o heteromancía.(De hetero- y -mancia, por alus. al vuelo de las aves a uno u otro lado).1. f. Adivinación supersticiosa por el vuelo de las aves

 

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Hay que poner de manifiesto que -y no solo- durante la época de Alfonso X, el Sabio, la astrología, rozando o reuniendo diversas disciplinas, gozaba de carácter científico (sabiduría y astrología llegaron a ser sinónimos en su época); ver la obra astromágica del Rey (Lapidario, Picatrix, Liber Racielis, Libro de las Formas, etc.). Alfonso X, el Sabio (1252-1284).

 

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El nombre de ‘leyenda negra’ es relativamente reciente. Pero el nombre es lo de menos. Importa el hecho. Desde el siglo XVI, se desarrolla en muchos países de Europa una campaña de descrédito contra España y, ciertamente, la ofensiva del protestantismo contra la Iglesia Católica. A partir del siglo XVIII, la campaña contra la reputación  de España y de la religión católica, entra a formar parte de la habitual propaganda de las distintas formaciones masónicas, hasta hoy mismo: 2006-

 

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«Las catástrofes naturales nos sitúan en la verdad. A pesar de tantos progresos, no estamos en grado de poder gobernar la realidad en su totalidad. No encontramos respuesta a estos hechos porque hemos perdido el sentido de la grandeza de Dios»

 

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Médium. (Del lat. med?um, medio).1. com. Persona a la que se considera dotada de facultades paranormales que le permiten actuar de mediadora en la consecución de fenómenos parapsicológicos o de hipotéticas comunicaciones con los espíritus.

 

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[La Iglesia y hombres de ciencia bregaban contra las supersticiones. Por ello,  estaban bajo el fuego de muy malas lenguas, que les ametrallaba con noticias distorsionadas y confundía a quienes no tenían sólidas bases formativas espirituales e intelectuales].

heteromancia o heteromancía. (De hetero- y -mancia, por alus. al vuelo de las aves a uno u otro lado).1. f. Adivinación supersticiosa por el vuelo de las aves

 

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La claridad es siempre católica. La confusión, no.

 

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…BRUJOS, PITONISAS Y BRUJERÍAS…

de oráculos y manifestaciones preternaturales.  

 

La religiosidad del pueblo, en su núcleo, es un acervo de valores que responde con sabiduría cristiana a los grandes interrogantes de la existencia. La sapiencia popular católica tiene una capacidad de síntesis vital; así conlleva creadoramente lo divino y lo humano; Cristo y María, espíritu y cuerpo; comunión e institución; persona y comunidad; fe y patria, inteligencia y afecto. Esa sabiduría es un humanismo cristiano que afirma radicalmente la dignidad de toda persona como hijo de Dios, establece una fraternidad fundamental, enseña a encontrar la naturaleza y a comprender el trabajo y proporciona las razones para la alegría y el humor, aun en medio de una vida muy dura. Esa sabiduría es también para el pueblo un principio de discernimiento, un instinto evangélico por el que capta espontáneamente cuándo se sirve en la Iglesia al Evangelio y cuándo se lo vacía y asfixia con otros intereses (Documento de Puebla, 1979, nº 448; cf EN 48).

 

Desde el acontecimiento bíblico (Génesis cap.3º), los males que sufre la humanidad son fruto de su apertura al demonio por el pecado. Una forma extrema de esa relación es la brujería [magia, fatalismo, dominio, opresión]. Se llega a pactar con el demonio y buscar su intervención. La enseñanza de la Biblia, los Padres de la Iglesia y la tradición concuerdan progresivamente en que la brujería es real y digna de condenación. Jesucristo vino para vencer y ceñir al demonio. Con frecuencia se enfrentó directamente con él para reprimir su actividad sobre sus víctimas. El tiempo entre la primera y segunda venida del Señor son de gran batalla espiritual que envuelve a todos. Por muchos siglos y en muchas naciones la ignorancia, la crueldad y falta de justos procesos judiciales llevaron a terribles persecuciones, falsas acusaciones y la matanza de muchos acusados de brujería. Hechos injustificados y deplorables, en el contexto histórico de hoy. Al estudiar la historia, se suele hacer desde los prejuicios de la mentalidad actual, cosa que esteriliza la  labor principal del historiador. Con frecuencia en los análisis históricos se peca de falta de objetividad por juzgar con valores actuales los sucesos del pasado. Esto no significa relativizar el juicio valórico de los sucesos, sino extirpar ciertos moralismos actuales que no son reales, que suponen una "moral" moderna y postmoderna que juzga enloquecidamente las cosas. Desde una perspectiva objetiva tenemos que condenar sin reserva los errores ocurridos en el período analizado, pero sin rasgar vestiduras. No podemos dar a conocer unos hechos del pasado sin antes reflejar el imaginario colectivo de la época donde tuvieron lugar. El gran Montalembert escribía: «Para juzgar el pasado deberíamos haberlo vivido; para condenarlo no deberíamos deberle nada». Todos, creyentes o no, católicos o laicos, nos guste o no, tenemos una deuda con el pasado y todos, en lo bueno y en lo malo, estamos comprometidos con él. Es bueno valorar acontecimientos y hechos que han sucedido en el pasado, reflexionar sobre ellos, para caminar con los talentos de la historia como bastón de guía. Decía S. S. Juan Pablo II, discurso del 01 de Septiembre 1999: “La Iglesia no tiene miedo a la verdad que emerge de la historia y está dispuesta a reconocer equivocaciones allí donde se han verificado, sobre todo cuando se trata del respeto debido a las personas y a las comunidades. Pero es propensa a desconfiar de los juicios generalizados de absolución o de condena respecto a las diversas épocas históricas. Confía la investigación sobre el pasado a la paciente y honesta reconstrucción científica, libre de prejuicios de tipo confesional o ideológico, tanto por lo que respecta a las atribuciones de culpa que se le hacen como respecto a los daños que ella ha padecido".

 

 

Clarifiquemos algunos conceptos:

Adivinación y magia - Dios puede revelar el porvenir a sus profetas o a otros santos. Sin embargo, la actitud cristiana justa consiste en entregarse con confianza en las manos de la providencia en lo que se refiere al futuro y en abandonar toda curiosidad malsana al respecto. Sin embargo, la imprevisión puede constituir una falta de responsabilidad.

Todas las formas de adivinación deben rechazarse: el recurso a Satán o a los demonios, la evocación de los muertos, y otras prácticas que equivocadamente se supone ‘desvelan’ el porvenir (cf Dt 18, 10; Jr 29, 8). La consulta de horóscopos, la astrología, la quiromancia, la interpretación de presagios y de suertes, los fenómenos de visión, el recurso a ‘mediums’ encierran una voluntad de poder sobre el tiempo, la historia y, finalmente, los hombres, a la vez que un deseo de granjearse la protección de poderes ocultos. Están en contradicción con el honor y el respeto, mezclados de temor amoroso, que debemos solamente a Dios.

Todas las prácticas de magia o de hechicería mediante las que se pretende domesticar potencias ocultas para ponerlas a su servicio y obtener un poder sobrenatural sobre el prójimo -aunque sea para procurar la salud -, son gravemente contrarias a la virtud de la religión. Estas prácticas son más condenables aún cuando van acompañadas de una intención de dañar a otro, recurran o no a la intervención de los demonios. Llevar amuletos es también reprensible. El espiritismo implica con frecuencia prácticas adivinatorias o mágicas. Por eso la Iglesia advierte a los fieles que se guarden de él. El recurso a las medicinas llamadas tradicionales no legítima ni la invocación de las potencias malignas, ni la explotación de la credulidad del prójimo.

 

Androginia - no es hermafroditismo, es decir, la presencia de características físicas de los dos sexos en una persona, sino una conciencia de la presencia de los elementos masculinos y femeninos en cada persona. Se describe como un estado equilibrado de armonía interior del animus y el anima. En la Nueva Era, es un estado resultante de una nueva conciencia de este modo doble de ser y existir característico de todo hombre y de toda mujer. Cuanto más se difunda, más ayudará a transformar la conducta interpersonal. La androginia es frecuente entre adivinos.  

 

Astrología - (Del lat. astrolog?a, y este del gr. ?στρολογ?α).1. f. Estudio de la posición y del movimiento de los astros, a través de cuya interpretación y observación se pretende conocer y predecir el destino de los hombres y pronosticar los sucesos terrestres.

 

Chamanismo - prácticas y creencias vinculadas a la comunicación con los espíritus de la naturaleza y con los espíritus de los muertos mediante la posesión ritual del chamán (por parte de los espíritus), a los que éste sirve de médium. El atractivo de estas prácticas en los círculos de la Nueva Era se debe a que ponen el acento en la armonía con las fuerzas de la naturaleza y en la sanación. A ello se añade también una imagen « romántica » de las religiones indígenas y de su cercanía a la tierra y a la naturaleza.  

 

Esotérico, ca. - (Del gr. ?σωτερικ?ς).1. adj. Oculto, reservado.2. adj. Dicho de una cosa: Que es impenetrable o de difícil acceso para la mente.3. adj. Se dice de la doctrina que los filósofos de la Antigüedad no comunicaban sino a corto número de sus discípulos.4. adj. Dicho de una doctrina: Que se transmite oralmente a los iniciados.

 

 

Espiritismo - si bien siempre ha habido intentos de establecer contacto con los espíritus de los muertos, se considera que el espiritismo del siglo XIX es una de las corrientes que desembocan en la Nueva Era. Se desarrolló en el ambiente de las ideas de Swedenborg y Mesmer, y llegó a convertirse en una nueva religión. Madame Blavatsky era una médium, por lo que el espiritismo ejerció gran influjo en la Sociedad Teosófica, aunque en este caso el acento recaía en el contacto con entidades del pasado remoto más que con personas que habían muerto recientemente. Allan Kardec influyó en la difusión del espiritismo en las religiones afro-brasileñas. En algunos nuevos movimientos religiosos de Japón se dan también elementos espiritistas.   

 

Gnosis - en sentido amplio, una forma de conocimiento no intelectual, sino visionaria o mística, que se cree revelada y capaz de unir al ser humano con el misterio divino. En los primeros siglos del cristianismo, los Padres de la Iglesia lucharon contra el gnosticismo, por cuanto se oponía a la fe. Algunos ven un renacer de las ideas gnósticas en gran parte del pensamiento de la Nueva Era, algunos de cuyos autores de hecho citan el gnosticismo primitivo. Sin embargo, la acentuación del monismo e incluso del panteísmo o panenteísmo típico de la Nueva Era lleva a algunos a utilizar el término neo-gnosticismo para distinguir la gnosis de la Nueva Era del gnosticismo antiguo.  

 

Idolatría - el primer mandamiento condena el politeísmo. Exige al hombre no creer en otros dioses que el Dios verdadero. Y no venerar otras divinidades que al único Dios. La Escritura recuerda constantemente este rechazo de los ‘ídolos, oro y plata, obra de las manos de los hombres’, que ‘tienen boca y no hablan, ojos y no ven...’ Estos ídolos vanos hacen vano al que les da culto: ‘Como ellos serán los que los hacen, cuantos en ellos ponen su confianza’ (Sal 115, 4-5.8; cf. Is 44, 9-20; Jr 10, 1-16; Dn 14, 1-30; Ba 6; Sb 13, 1-15,19). Dios, por el contrario, es el ‘Dios vivo’ (Jos 3, 10; Sal 42, 3, etc.), que da vida e interviene en la historia.

La idolatría no se refiere sólo a los cultos falsos del paganismo. Es una tentación constante de la fe. Consiste en divinizar lo que no es Dios. Hay idolatría desde el momento en que el hombre honra y reverencia a una criatura en lugar de Dios. Trátese de dioses o de demonios (por ejemplo, el satanismo), de poder, de placer, de la raza, de los antepasados, del Estado, del dinero, etc. ‘No podéis servir a Dios y al dinero’, dice Jesús (Mt 6, 24). Numerosos mártires han muerto por no adorar a ‘la Bestia’ (cf Ap 13-14), negándose incluso a simular su culto. La idolatría rechaza el único Señorío de Dios; es, por tanto, incompatible con la comunión divina (cf Gál 5, 20; Ef 5, 5).

La vida humana se unifica en la adoración del Dios Único. El mandamiento de adorar al único Señor da unidad al hombre y lo salva de una dispersión infinita. La idolatría es una perversión del sentido religioso innato en el hombre. El idólatra es el que ‘aplica a cualquier cosa, en lugar de a Dios, la indestructible noción de Dios’ (Orígenes, Cels. 2, 40).

 

 

Inquisición – (Del lat. inquisit?o, -?nis). Acción y efecto de inquirir. Inquirir = indagar, averiguar o examinar cuidadosamente algo. Dicha tarea hoy la realiza la ‘policía investigadora, o policía judiciaria, o servicios secretos’, etc. que hacen diligencias para descubrir algo o aclarar la conducta de ciertas personas sospechosas de actuar ilegalmente. Esa función de inquirir la ejercitaba la inquisición, sea en algunos casos dependiente del poder secular o poder regio, en otros era cómputo de un clérigo; y en muchos casos las diligencias se realizaban -en común acorde- a la facultad legislativa secular y religiosa: católica o protestante. Inquisidor era quien hacía trámite de un asunto administrativo y constancia escrita de haberlo efectuado; inquisidor era el hombre que hace indagación de algo para comprobar su realidad y sus circunstancias. Inquisidor también era, lo que hoy vemos como la actuación del secretario judicial en un procedimiento criminal o civil; o el tribunal [con derecho o potestad de modulaciones en aplicar leyes] que daba sentencia [dicho grave y sucinto que encierra doctrina o moralidad] definitiva, y orden de ejecutar el dictamen o resolución del juez. Tribunal era, sin profundas variantes a hoy, un lugar destinado a los jueces para administrar justicia y dictar sentencias; tribunal era el oficio central que tenía a su cargo examinar y censurar leyes posibles de violar el orden público, la moral pública y las cuentas como deberes de las dependencias del estado y/o religiosas; tribunal era asiento de las personas investigadoras, o del ministro o ministros que ejercen la justicia y pronuncian la sentencia; tribunal era el conjunto de jueces ante el cual se efectúan exámenes, oposiciones y otros certámenes o actos análogos; tribunal podía ser colegiado porque se forma con tres o más individuos, por contraposición al tribunal unipersonal; tribunal unipersonal era con un juez que podía ser eclesiástico y que conocía de las causas de fe; también el tribunal de la inquisición [cuerpo o código de leyes], era el que entiende de los errores, defectos, quebrantamientos o infracciones de ley alegados contra los fallos de instancias y, por modo excepcional, de errores sobre hecho y prueba. Y finalmente:

a) el tribunal de la inquisición pudo ser a menudo discreto y dotado de sensatez, otras, impertinente, invasor o petulante como carecer de claridad en sus indagaciones. Excesivamente puntual, escrupuloso e, intentando discurrir entre dilatadas minuciosidades y enfrentamientos, aplicó la prisión preventiva en forma no tan desproporcionada a los primeros aleteos del tercer milenio: Fray Luis de León estuvo en la cárcel preventiva casi cinco años-desde el 27 de marzo de 1572 hasta el 07 de diciembre de 1576-; de esa época son estos dos brevísimos versos: “Aquí la envidia y mentira me tuvieron encerrado”.

b) el tribunal de la inquisición, que la leyenda negra protestante-masónica y anti-católica, hizo siempre sospechoso de prepotencia, no tuvo todas las debidas respuestas a los problemas socio-jurídicos-éticos-morales de aquel momento, como no tienen satisfacción a símiles preocupaciones, los tribunales a los que hoy estamos sometidos, -por ley- subordinados. (¡Con nuestros impuestos se financia el crimen del aborto!etc.)

 

c) el tribunal de la inquisición no rehusó, ni esquivó, ni omitió, ni ejercitó el derecho de retracto, para investigar a eminentes personalidades de la Iglesia católica y de la más alta integridad moral y nivel cultural, como «entre muchos» el caso del ya citado gran escritor Fray Luis de León [1527 + 1591] monje agustino; en 1560-profesor y doctor en Teología en la augusta Universidad de Salamanca. (El proceso, que duró cinco años, finalizó el 11 de diciembre de 1576 con una sentencia absolutoria para el profesor. Fray Luis también escribió poesía, perteneciente a la tradición renacentista. En este género, donde la lira es la forma métrica más empleada, se distinguen tres etapas: una de poesías originales; otra de traducciones profanas y una tercera de versiones de los textos sagrados. La inspiración la hallaba en los grandes clásicos latinos. Lope de Vega, Cervantes y Quevedo admiraron la obra de este hombre de gran saber y virtud).Todo ese bagaje de prestigio, autoridad, integridad moral y relevada cultura, no era influencia válida para evitar indagaciones judiciales del tribunal de la inquisición ¡Y que no es una simpleza! Alguien dijo que eran tiempos de la plenitud, en suma, entrega total; -un darse en fidelidad que ocupaba tanto a Teresa de Ávila, bajo el ojo circundante de la inquisición.-

 

 

 

Intimidación - (Del lat. cristiano intimid?re).1. tr. Causar o infundir miedo.2. prnl. Entrarle o acometer a alguien el miedo. Es una perversa agresión contra la persona a través del miedo o presiones psicológicas; su uso es frecuente entre los hechiceros con actos de acometer a alguien para herirle, hacerle daño, extorsionarle, mutilarle o matarle.

 

Hermetismo - prácticas y especulaciones filosóficas y religiosas vinculadas a los escritos del Corpus Hermeticum y a los textos alejandrinos atribuidos al mítico Hermes Trismegistos. Cuando se conocieron por primera vez durante el Renacimiento se pensó que revelaban doctrinas pre-cristianas, sin embargo estudios posteriores han demostrado que datan del primer siglo de la era cristiana [Cf. Susan Greenwood, « Gender and Power in Magical Practices, en Steven Sutcliffey Marion Bowman(eds.), Beyond New Age. Exploring Alternative Spirituality, Edinburgo (Edinburgh University Press) 2000, p. 139].  El hermetismo alejandrino es una fuente fundamental del esoterismo moderno, con el que tienen mucho en común: el eclecticismo, la refutación del dualismo ontológico, la afirmación del carácter positivo y simbólico del universo, la idea de la caída y posterior restauración de la humanidad. La especulación hermética ha reforzado la creencia en una antigua tradición fundamental, la llamada philosophia perennis, falsamente considerada común a todas las tradiciones religiosas. Las formas elevadas y rituales de la magia se desarrollaron a partir del hermetismo renacentista.  

 

Magia - (Del lat. mag?a, y este del gr. μαγε?α).1. f. Arte o ciencia oculta con que se pretende producir, valiéndose de ciertos actos o palabras, o con la intervención de seres imaginables, resultados contrarios a las leyes naturales.2. f. Encanto, hechizo o atractivo de alguien o algo.

 

Ocultismo - el conocimiento oculto (escondido) y las fuerzas de la mente y la naturaleza se hallan en la base de las creencias y prácticas vinculadas a una supuesta « filosofía perenne » oculta, derivada, por una parte, de la magia y la alquimia griega antigua, y de la mística judía por otra. Se conservan ocultas mediante un código secreto impuesto a los iniciados en los grupos y sociedades que conservan el conocimiento y las técnicas que implican. En el siglo XIX, el espiritismo y la Sociedad Teosófica introdujeron nuevas formas de ocultismo que, a su vez, han influido en varias corrientes de la Nueva Era.   

 

Reencarnación - en el contexto de la Nueva Era, la reencarnación está vinculada al concepto de la evolución ascendente hasta convertirse en un ser divino. A diferencia de religiones de la India, o derivadas de ellas, la Nueva Era concibe la reencarnación como el progreso del alma individual hacia un estado más perfecto. Lo que se reencarna es esencialmente algo inmaterial o espiritual; más exactamente, es la conciencia, la chispa de energía que en la persona comparte la energía cósmica o « crística ». La muerte no es sino el paso del alma de un cuerpo a otro. A los espíritus re-encarnados, hace referencia la charlatanería (oráculo) de espiritistas y pitonisas. 

  

Superstición - es la desviación del sentimiento religioso y de las prácticas que impone. Puede afectar también al culto que damos al verdadero Dios, por ejemplo, cuando se atribuye una importancia, de algún modo, mágica a ciertas prácticas, por otra parte, legítimas o necesarias. Atribuir su eficacia a la sola materialidad de las oraciones o de los signos sacramentales, prescindiendo de las disposiciones interiores que exigen, es caer en la superstición (cf Mt 23, 16-22).

 

Wicca - antiguo término inglés para designar a las brujas, aplicado a un resurgir neopagano de algunos elementos de la magia ritual. Acuñado en 1939 por Gerhard Gardner en Inglaterra: se basaba en algunos textos eruditos, según los cuales la brujería europea medieval era una antigua religión natural perseguida por los cristianos. Con el nombre « the Craft », se extendió rápidamente en Estados Unidos durante los años 1960, donde se vinculó con la « espiritualidad de las mujeres».

 

 

Habiendo aclarado algunos conceptos, hagamos un ligero repaso histórico:

 

El último juicio por brujería en Alemania fue en 1749 en Wurzburg, pero en Suiza una niña fue ejecutada ‘como bruja’, en el Cantón protestante de Glarus en 1783.

 

Pueblos primitivos, generalmente desde la antigüedad, han condenado la brujería, las maldiciones, hechicería: por ejemplo en la Biblia Éxodo 22:17.

 

El Rey Babilónico Hammurapi (ca. 1500 antes de Cristo) había condenado las falsas acusaciones de brujería.

 

Al inicio de la era cristiana - de magias, sectas, brujerías, doctrinas extrañas y la vana palabrería:

 

Al tiempo inmediato a la Ascensión de Jesús a los cielos (año 33ca.?), en los primerísimos pasos de la Iglesia Católica fundada por Jesucristo, un tal Simón practicaba la ‘magia’ (¿brujería?) y nada de nada a ver con la acción del Espíritu Santo. Como sabemos, los “Hechos de los apóstoles” añaden un episodio, del que debemos hacer al menos una alusión, porque demuestran cuán elevada concepción del Espíritu Santo tenían los predicadores evangélicos y cuán lejos de supersticiones  y creencias extrañas a la fe religiosa y contrarias a la razón.

En aquella ciudad de Samaría, antes de la venida de Felipe, “había ya de tiempo atrás un, hombre llamado Simón que practicaba la magia y tenía atónito al pueblo de Samaría y decía que él era algo grande. Y todos, desde el menor hasta el mayor, le prestaban atención...” (Hch 8, 9-10). ¡Cosas de todos los tiempos! “Pero cuando creyeron a Felipe que anunciaba la Buena Nueva del Reino de Dios y el nombre de Jesucristo, empezaron a bautizarse hombres y mujeres. Hasta el mismo Simón creyó y, una vez bautizado, no se apartaba de Felipe; y estaba atónito al ver las señales y grandes milagros que se realizaban” (Hch 8, 12-13).

Cuando en Jerusalén supieron que también “Samaría había aceptado la Palabra de Dios” predicada por Felipe, los Apóstoles “les enviaron a Pedro y a Juan. Estos bajaron y oraron por ellos para que recibieran el Espíritu Santo; pues todavía no había descendido sobre ninguno de ellos; únicamente habían sido bautizados en el nombre del Señor Jesús. Entonces les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo” (Hch 8, 14-17).

Fue entonces cuando Simón, deseoso de adquirir también él el poder de “conferir el Espíritu”, como los Apóstoles, mediante la imposición de las manos, les ofreció dinero para obtener a cambio aquel poder sobrenatural. (De aquí deriva la palabra “simonía”, que significa comercio en cosas sagradas). Pero Pedro reaccionó con indignación ante aquel intento de adquirir con dinero “el don de Dios”, que es precisamente el Espíritu Santo (Hch 8, 20; cf. 2, 38; 10, 45; 11, 17; Lc 11, 9. 13), amenazando a Simón con la maldición divina.

Los dos Apóstoles volvieron luego a Jerusalén, evangelizando las aldeas de Samaría por donde pasaron; Felipe, en cambio, bajó hacia Gaza e, impulsado por el Espíritu Santo, se acercó a un funcionario de la reina de Etiopía que pasaba por el camino en su carro, y “se puso a anunciarle la Buena Nueva de Jesús” (Hch 8, 25-26. 27. 35) y a esto siguió el bautismo. “Y en saliendo del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe...” (Hch 8, 39).

Como se ve, Pentecostés se difundía y fructificaba abundantemente [la Iglesia se hace universal catolizando], suscitando adhesiones al Evangelio y conversiones en el nombre de Jesucristo. Los Hechos de los Apóstoles son la historia del cumplimiento de la promesa de Cristo: es decir, que el Espíritu Santo, mandado por Él, debía descender sobre los discípulos y realizar su obra cuando Él, terminada su “jornada de trabajo” (cf. Jn 5, 17), concluida con la noche de la muerte (cf. Lc 13, 33; Jn 9, 4), volviera al Padre (cf. Jn 13, 1; 16, 28). Esta segunda fase de la obra redentora de Cristo comienza con Pentecostés.

 

Los Apóstoles vieron inmediatamente la aparición de movimientos que se oponían a la "Ekklesia" de Cristo. Estas "hairesis" o "sectas" se presentaban como opositoras al Evangelio del Señor y a su Iglesia: cambiaban el mensaje evangélico deformando la realidad del misterio de Jesucristo y erigían a la vez comunidades "separadas" y al "margen" de la Comunidad apostólica. Estos grupos que se escindían del tronco eclesial ("secta", del latín "seco" = cortar y "sequor" = ir en pos de, seguir) no solamente sustentaban doctrinas contrarias a la verdad enseñada por el Maestro, sino que seguían autoridades extrañas a la jerarquía dejada por el mismo Jesús; los sectarios iban detrás de nuevos líderes que no respondían al magisterio instituido por el Salvador. He aquí las principales notas características de la etimología bíblica del término secta (cf. Schlier, H., "Hairesis", en Kittel, R., ed. Grande Lessico del Nuovo Testamento, vol. I., trad. it., Brescia, 1965, col. 485-498).

 

San Pedro menciona en su segunda epístola la aparición de "sectas" que niegan al Señor y perjudican el camino de la verdad: «Hubo también en el pueblo falsos profetas, como habrá entre vosotros falsos maestros que introducirán herejías (sectas) perniciosas que, negando al Señor que los adquirió, atraerán sobre sí una rápida destrucción. Muchos seguirán su libertinaje y, por causa de ellos, el Camino de la verdad será difamado» (2 Pe. 2, 1-2).

El apóstol san Pablo, al despedirse de sus fieles de Éfeso, deja traslucir el drama de las divisiones y de los falsos líderes que arrastrarían a los creyentes al margen de la verdad apostólica: «Yo sé que, después de mi partida, se introducirán entre vosotros lobos crueles que no perdonarán el rebaño; y también que de entre vosotros mismos se levantarán hombres que hablarán cosas perversas, para arrastrar a los discípulos detrás de sí» (Hech. 20, 29-30).

La naciente Iglesia debió afrontar las más diversas ideologías que intentaban interpretar y vivir el cristianismo escindidos de la ortodoxia y autoridad apostólica. Estas tendencias provenían de ambiente tanto judío como pagano. Las principales "hairesis" de los siglos I-II se enmarcaban dentro de la corriente judaizante y del mundo del gnosticismo. Las comunidades cristianas sufrieron la tensión y división de estos grupos heterodoxos que pretendían incorporar elementos incompatibles con la doctrina divina y su Institución, la Iglesia. Por otra parte, el Imperio romano experimentaba en aquella época una silenciosa y progresiva invasión de sectas, originarias del oriente y de otras regiones conquistadas por las legiones. Las "hairesis" asumían sincretísticamente algunas de estas creencias desfigurando el Evangelio. Aquí cabe destacar entre ellas: la idolatría el escatologismo, la magia y el esoterismo, el gnosticismo helénico, la heterodoxia judaizante y el maniqueísmo.

 

Notemos que se trataba entonces, al igual que en nuestros días, de sectas con tinte religioso, en las cuales el misterio o lo sobrenatural no se niega directamente sino que viene falsificado. No estamos ante la indiferencia y el ateísmo sino ante la manipulación y la caricatura de lo divino. He aquí la paradoja del drama sectario: se despoja al hombre de lo divino en el nombre del mismo Dios que le llama a esta vocación sublime de comunicar con el mundo sobrenatural. Se niega la realidad deformándola.

Estas ideologías sectarias o "hairesis" se ubican entre aquellos que perturban a los fieles y «quieren transformar el Evangelio de Cristo» (Gál. 1, 7); usurpan su nombre y se autoproclaman Mesías (cf. Mt. 24, 4-5). Se trata de "falsos profetas" (cf. 1 Jn. 4, 1-3), "doctores falaces" (cf. 2 Pe. 3, 3-4) y "seductores" (2 Jn. 7) que se "introducen solapadamente" (cf. Jds. 4) negando en definitiva el misterio de Jesucristo (cf. 2 Jn. 7). De ahí la proclamación paulina «Ayer como hoy, Jesucristo es el mismo y lo será siempre. No os dejéis seducir por doctrinas varias y extrañas» (Hebr. 13, 7). Y el apóstol San Juan, al concluir su primera epístola: «Nosotros estamos en el Verdadero, en su Hijo Jesucristo. Éste es el Dios verdadero y la vida eterna. Hijos míos, guardaos de los ídolos» (1 Jn. 5, 20b-21).

 

La verdad de la palabra de Dios nos vuelve libres (cf. Jn. 8, 32. 36), mientras que las sectas (brujerías-fraudes y dolos), "apariencia de sabiduría" y "piedad afectada" (Col. 2, 23), imponen a sus seguidores un yugo esclavizante ajeno a la vida de Cristo. «Mirad —dice san Pablo— que nadie os esclavice mediante la vana falacia de una filosofía, fundada en tradiciones humanas, según los elementos del mundo y no según Cristo» (Col. 2, 8).

Los líderes sectarios «hombres de mente corrompida», «descalificados en la fe» (2 Tim. 3, 8) se arrogaban una autoridad que no les pertenecía, irrumpiendo en el mundo de lo sagrado fuera de los designios providenciales señalados por Dios en la historia de la salvación. Las sectas (supercherías, embaucadores y adivinos) pretendían así sustituir la Iglesia de Jesucristo, su amada esposa, fruto del sacrificio del mismo Salvador.

Las doctrinas sectarias implicaban en segundo lugar una invasión irreverente en el ámbito de la divina revelación; una racionalización indebida del misterio que conllevaba en sí una deformación de su propia entidad y, por tanto, un cambio del "depositum fidei". La "hairesis" constituía de este modo una ideología contradictoria a la palabra de Dios. La gnosis se colocaba por encima del misterio, o, dicho de otro modo, se convertía la fe en una forma privilegiada de gnosis. La inteligencia humana se erigía sobre todo, encerrando en sí, cuando no creando, el mismo conocimiento de Dios con sus propias fuerzas. La creencia en el seno de las sectas se convertía en una cuestión fundamentalmente humana y en una "especialidad" de una élite selecta. Estos, en el decir de san Pablo, «están siempre aprendiendo y no son capaces de llegar al pleno conocimiento de la verdad» (2 Tim. 3, 7).

 

La ideología sectaria irrumpía por ultimo en el campo religioso para su autoafirmación: no tanto para dar gloria a Dios e intimar en amistad con el Señor de todo, sino más bien con el fin de apropiarse de los poderes divinos (cf. Hech. 8, 9-24). He aquí la mutación sectaria: se convierten los carismas en fuerzas mágicas, lo sobrenatural en fuerzas preternaturales, lo soteriológico en esoterismo y el misterio en ocultismo. Los Apóstoles tuvieron que hacer frente a los cultores de fuerzas ocultas y paranormales y a los fabricantes de ídolos, rivalizando con la magia, la superstición (cf. Hech. 13, 6-12), el ocultismo (cf. Hech. 16, 16-24; Hech. 19, 11-17) y la idolatría (cf. Hech. 19, 23-30; 1 Cor. 10, 14).

 

San Pablo alerta sobre las "doctrinas extrañas" y la "vana palabrería", reservando palabras duras para los que tergiversan y deforman el Evangelio y la gracia de Cristo: «Si alguno enseña otra cosa, y no se atiene a las sanas palabras de nuestro Señor Jesucristo y a la doctrina que es conforme a la piedad, está cegado por el orgullo y no sabe nada; sino que padece la enfermedad de las disputas y contiendas de palabras, de donde proceden las envidias, discordias, maledicencias, sospechas malignas, discusiones sin fin propias de gentes que tienen la inteligencia corrompida, que están privados de la verdad y que piensan que la piedad es un negocio» (1 Tim. 6. 3-5).

 

Los escritos apostólicos llaman a la «vigilancia» (cf. Fil. 3, 2), para no dejarse «seducir» (cf. Gál. 1, 8-9; 3, 1), y a la fortaleza, para no caer ante las «intimidaciones» de los adversarios del Evangelio (cf. Fil. 1, 27-30). Es el anhelo de San Pablo «que permanezcáis sólidamente cimentados en la fe, firmes e inconmovibles en la esperanza del Evangelio» (Col. 1, 23). El Apóstol busca que sus fieles «alcancen en toda su riqueza la plena inteligencia y perfecto conocimiento del Misterio de Dios, en el cual están ocultos todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia» (Col. 2, 2-3). Y su solicitud permanente para con ellos «para que nadie les seduzca con discursos capciosos» (Col. 2,4).

 

El alerta se repite: «Que nadie os engañe con vanas razones, pues por eso viene la cólera de Dios sobre los rebeldes» (Ef. 5, 6). El desorden y exceso de especulación aleja de la sana doctrina: «todo el que se excede y no permanece en la doctrina de Cristo, no posee a Dios» (2 Juan 9).

 

El espíritu anticristiano, el espíritu del anticristo, reinaría en medio de las sectas: «prodigios engañosos», «todo tipo de maldad que seducirán», presencia de «un poder seductor que les hace creer en la mentira» (2 Tes. 2, 9.13; cf. 1 Jn. 4, 1-3). «El Espíritu dice claramente que en los últimos tiempos algunos apostatarán de la fe entregándose a espíritus engañadores y a doctrinas diabólicas, por la hipocresía de embaucadores" (1 Tim. 4, 1; cf. Jds. 17-18). El sobreaviso sobre «los falsos apóstoles» y «operarios engañosos" (cf. Apoc. 2, 2b) se hace tanto más necesario cuanto que «se disfrazan de apóstoles de Cristo» al modo como «Satanás se disfraza de ángel de luz» (cf. 2 Cor. 11, 13-14).

 

El engaño de las "hairesis" encerraba en sí el fraude, la falsificación y la confusión: manifestaciones preternaturales, palabras y escritos presentados como auténticamente divinos. En la epístola a los Tesalonicenses leemos: «no os dejéis alterar tan fácilmente en vuestros ánimos, ni os alarméis por alguna manifestación profética, por algunas palabras o por alguna carta presentada como nuestra, que os haga suponer que está inminente el Día del Señor. Que nadie os engañe de ninguna manera» (2 Tes. 2, 2-3).

 

Los sectarios, al igual que los falsos profetas, utilizaban los oráculos, se valían igualmente de los textos sagrados «reinterpretándolos» de acuerdo con sus ideologías. San Pedro nota, refiriéndose a los epístolas paulinas: «en ellas hay cosas difíciles de entender, que los ignorantes y los débiles interpretan torcidamente —como también las demás Escrituras— para su propia perdición» (2 Pe. 3, 16). Y el mismo Apóstol advierte que la divina palabra no puede caer bajo la libre interpretación individualista: «ante todo tened presente que ninguna profecía de la Escritura puede interpretarse por cuenta propia; porque nunca profecía alguna ha venido por voluntad humana, sino que hombres movidos por el Espíritu Santo, han hablado de parte de Dios» (2 Pe. 1, 20-21).

 

El carácter sagrado y la altísima dignidad de la palabra y revelación divinas han de inspirar el máximo respeto; y, aunque misteriosas, no deben caer bajo las maniobras tergiversantes. San Juan advierte duramente en el Apocalipsis: «Si alguno añade algo sobre esto, Dios echará sobre él las plagas que se describen en este libro. Y si alguno quita algo a las palabras de este libro profético, Dios le quitará su parte en el árbol de la Vida y en la Ciudad Santa, que se describen en este libro» (Apoc. 22, 18-19).

 

La ideología sectaria irrumpía por ultimo en el campo religioso para su autoafirmación: no tanto para dar gloria a Dios e intimar en amistad con el Señor de todo, sino más bien con el fin de apropiarse de los poderes divinos (cf. Hech. 8, 9-24). He aquí la mutación sectaria: se convierten los carismas en fuerzas mágicas, lo sobrenatural en fuerzas preternaturales, lo soteriológico 1º en esoterismo y el misterio en ocultismo. Los Apóstoles tuvieron que hacer frente a los cultores de fuerzas ocultas y paranormales y a los fabricantes de ídolos, rivalizando con la magia, la superstición (cf. Hech. 13, 6-12), el ocultismo (cf. Hech. 16, 16-24; Hech. 19, 11-17) y la idolatría (cf. Hech. 19, 23-30; 1 Cor. 10, 14).

 

 

La persecución de las brujas comienza con el poder secular:

 

El Imperio Romano, en el siglo III, castigaba con la pena de la hoguera a los que causaran la muerte de alguien con sus encantamientos (Julius Paulus, "Sent.", V, 23, 17). En el siglo IV, la legislación eclesiástica quiso atenuar la severidad del estado. El Concilio de Elvira (306), Canon 6, rehusó el Viáticum a aquellos que matasen con una encantación (per maleficium) y añade que la razón por tal crimen no podía efectuarse "sin idolatría"; ya que el culto al demonio es idolatría. El canon XXIV del Concilio de Ancyra (314) impone cinco años de penitencia a los que consulten magos. Penas similares fueron establecidas por el concilio oriental en Trullo (692).

 

Las intervenciones del Magisterio de la Iglesia para expresar su pensamiento en relación con determinadas doctrinas filosóficas, oráculos o creencias embaucadoras - mistificadoras, no son sólo recientes. Como ejemplo baste recordar, a lo largo de los siglos, los pronunciamientos sobre las teorías que sostenían la preexistencia de las almas [Cf. Sínodo de Constantinopla, DS 403.], como también sobre las diversas formas de idolatría, brujería y de esoterismo supersticioso contenidas en tesis astrológicas[Cf. Concilio de Toledo I, DS 205; Concilio de Braga I, DS 459-460; Sixto V, Bula Coeli et terrae Creator (5 de enero de 1586): Bullarium Romanum 4/4, Romae 1747, 176-179; Urbano VIII, Inscrutabilis iudiciorum (1 de abril de 1631): Bullarium Romanum 6/1, Romae 1758, 268-270];sin olvidar los textos más sistemáticos contra algunas tesis del averroísmo latino, incompatibles con la fe cristiana. [Cf. Conc. Ecum. Vienense, Decr. Fidei catholicae, DS 902; Conc. Ecum. Laterano V, Bula Apostolici regiminis, DS 1440.].

 

En el año 787 el Emperador Carlomagno condenó las creencias en hombres lobos y brujas como las leyes de linchamiento.

En Inglaterra en el siglo IX, la Ley de los Sacerdotes Northumbrian decía que si alguien "...en cualquier forma amara a la brujería, o el culto a ídolos, aunque sea un representante del Rey, háganle pagar X medios marcos; la mitad a Cristo y la mitad al Rey. Tenemos que todos amar y adorar a un solo Dios, y estrictamente adherirse a una cristiandad, así renunciando a todo paganismo”.

Año 906 el Canon Episcopi (ley eclesiástica) describe a la brujería como "totalidad de ilusiones y fantasías, por ello, pagano y hereje”.

En el trabajo "De ecclesiasticis disciplinis" atribuido a Regino de Prum (906 d.C.), en la sección 364, critica a "ciertas mujeres" que "seducidas por ilusiones y fantasmas de demonios, creen y abiertamente profesan que en plena noche ellas viajan sobre ciertas bestias junto con la diosa pagana Diana y una cantidad innumerable de mujeres, y que en estas horas de silencio vuelan sobre vastas expansiones de terreno y la obedecen como señora..."  Regio se lamenta que ellas llevan a esas fantasías y por lo tanto al paganismo a mucha gente (innumera multitudo). Concluye que es "el deber de los sacerdotes enseñar a la gente que estas cosas son absolutamente falsas... implantadas por el maligno"

 

 

De acusaciones y crueldades contra presuntos brujos y brujas:

 

Lamentablemente no siempre se siguió el consejo de Regino de Prum. La brujería se convirtió en escape para culpar de cualquier cosa, hasta desastres naturales y epidemias. Pero existieron otras razones, entre ellas el poder y el interés de crear causa contra enemigos.  El resultado fue la persecución y "caza de brujas" en el que se enjuiciaron y condenaron a muerte injustamente a muchas personas, casi siempre las más indefensas. Quizás el caso más famoso es el de Santa Juana de Arco quién, acusada de bruja, murió quemada. Nos sirve para elucidar los intereses de poder, venganza y maldad que daban lugar a las persecuciones de brujas.

 

En los primeros trece siglos de la era cristiana no se dieron por lo general las crueles persecuciones y cazas de hechiceros que aparecieron más tarde.  Mientras el estado permitía la tortura contra los hechiceros, el Papa Nicolás I (año 866) la prohibió. Una ordenanza similar aparece en los Decretos Pseudo-Isidoros. Pero la Iglesia no pudo eliminar la tortura y otros abusos que están arraigados en el corazón del hombre. Llevar el nombre de cristiano no es suficiente para comportarse como tal.

En muchas ocasiones el clero habló con autoridad para evitar las acusaciones fanáticas y abusivas. Entre ellos San Agobardo, arzobispo de Lyon (m. 841) quien escribió "Contra insulsam vulgi opinionem de grandine et tonitruis" (contra las necias creencias de la gente sobre el granizo y el rayo) (P.L., CIV, 147). El Papa Gregorio VII en 1080 escribió al Rey Harold de Denmark prohibiendo que las brujas sean sentenciadas a muerte.

 

El Rey Coloman de Hungría en el siglo XI se rehusó a dictar leyes contra las brujas simplemente "porque no existen".; confundiendo la existencia de las personas que practicaban magias y adivinaciones con lo que predecían.

Durante el siglo XII John de Salisbury se refirió a la idea de fiestas de brujas como un "fabuloso sueño". Sueño peligroso y manipulable, carente de toda realidad o fundamento, sueño al fin utilizado también hoy, Es evidente que en la brujería hay acción diabólica, que la gente ignorante y supersticiosa ha creado muchísimas fábulas y supersticiones: brujas que vuelan sobre una escoba, encantaciones que transforman a la víctima en un sapo...  Estas fantasías no son causadas por la religión, sino al contrario, ocurren por faltar la auténtica fe, por la ignorancia en la doctrina cristiana, y tergiversar el orden y forma con que se llevan a cabo las ceremonias de culto.  

 

En la Edad Media, la relación entre Liturgia y piedad popular es constante y compleja. En dicha época se puede notar un doble movimiento: la Liturgia inspira y fecunda expresiones de la piedad popular; a la inversa, formas de la piedad popular se reciben e integran en la Liturgia. Esto sucede, sobre todo, en los ritos de consagración de personas, de colación de ministerios, de dedicación de lugares, de institución de fiestas y en el variado campo de las bendiciones.

 

Sin embargo se mantiene el fenómeno de un cierto dualismo entre Liturgia y piedad popular. Hacia el final de la Edad Media, ambas pasan por un periodo de crisis: en la Liturgia por la ruptura de la unidad cultual, elementos secundarios adquieren una importancia excesiva en detrimento de los elementos centrales; en la piedad popular, por la falta de una catequesis profunda, las desviaciones y exageraciones amenazan la correcta expresión del culto cristiano. Intencionalmente la brujería usa -ayer y hoy- en su escenario, elementos de la liturgia cristiana como conjunto de circunstancias que rodean a una persona o un suceso, para apartar, o causar daño y trastorno, a los fieles cristianos.

 

Con todo, en Europa, hasta casi llegar al siglo XIV hubo casos aislados de personas acusadas de hechicería y ejecutadas; hechos antes del 1300 son raros los registrados y hace difícil detectar un patrón entre ellos. ¡Que los hubo y cuántos incendios, agresiones, envenenamientos, actos de terrorismo y muertes!  ¿No era una ingerencia humanitaria el procedimiento judicial indispensable frente a la oscuridad de las actuaciones infames de la brujería?

 

 

 

Elaboración medieval de la ´concepción religiosa de la conciencia’:

 

Una reflexión capital a tener en cuenta acerca de la elaboración medieval del ‘concepto moral’, para penetrar –en parte- aquellos siglos y sus instituciones históricas. “En la tradición cristiana posterior prevalece en un principio la concepción de la voz de Dios y como centro unificante de la persona, como interioridad que define al hombre, según subrayará san Agustín. Pero lo que da el tono de las discusiones medievales en torno a la conciencia es la polémica entre la teología monástica y el análisis escolástico. Polémica que se puede central en la mantenida entre Bernardo de Clairvaux y Abelardo a propósito de la conciencia errónea, considerada culpable por el primero, pero no por Abelardo para el que si cuando se estima hacer mal, aún obrando bien, se concluye que la acción es mala, también habrá que defender la bondad de una acción cuando se cumple con buena fe, aunque fuese en sí misma mala. Es decir, Abelardo insistía en el papel central de la intención, que es el que acabará triunfando con Tomás de Aquino, por más matices que éste introdujera a propósito de la posible responsabilidad de la propia ignorancia. Para entonces, el concepto de conciencia se había intelectualizado progresivamente. Y con la paulatina pérdida de esa noción integradora y religiosa de conciencia que había defendido la teología monástica se implantará un análisis más articulado de la misma que tendría, sin embargo, el riesgo de abocar al fragmentarismo. Sobre todo se distingue ahora entre sindéresis (el termino syntheresis del que procede lo introduce por primera vez san Jerónimo) como conciencia originaria, suprema y fundamental del hombre, también llamada conciencia habitual o protoconciencia, que otorga a los seres humanos su capacidad para abrirse a los valores morales, a los principios más universales del orden práctico, y la conscientia como acto que aplica esa unitaria intuición a los casos y acciones concretas (conciencia actual). Una conciencia que, en santo Tomás, se revaloriza en cuanto no se limita a la aplicación mecánica de principios a la diversidad de situaciones, sino que ha de responder creativamente a las mismas. Será sobre esta conciencia como función sobre la que recaerá la mayor parte de los análisis posteriores que, no obstante, sobre todo en la teología postridentina, se volverá cada vez más un órgano de resonancia de una ley moral concebida como dato. Con lo que la noción de conciencia se fosiliza, envuelta en una polvareda de controversias, y tiende hacia un mero cálculo de la probabilidad de las obligaciones morales al servicio de la ley”[Carlos Gómez en ‘conciencia moral’ nº 7-pág.20/21-evd-1994]. En tales vientos agitados, pasaron con sus incidencias, entre tantos: Lutero, las tensiones  entre los católicos y los calvinistas franceses, alimentada por los intereses políticos de la Casa de Valois y la Casa de Guisa, las conveniencias regias, uso de las instituciones por una lógica histórica del poder, el rigorismo jansenista, dominicos, jesuitas, Louis Chardon, Pascal, conflictos morales mezclados de agitaciones políticas, el insidioso acecho mahometano, nuevas e infinitas fronteras geográficas, duros enfrentamientos dialécticos éticos-religiosos, el saber universitario, otras incidencias históricas aquí no incluibles, etc. que todo nos lleva rumbo de la contendida modernidad. Lo que nos permite -con otras críticas discutibles-, afirmar hoy lo que ayer no era tan claro: la libertad ‘y religiosa’ necesita de la libertad de expresión, no simplemente de la propia expresión, sino la del que cree de manera diferente a la mía, pues negar la libertad de conciencia de otros es negar la conciencia en el ser humano, por tanto, también la propia y, con ella, la posibilidad misma de la religión, que solamente es pensable en los seres libres. Esta sensibilidad –por carencia- no estaba proclive en comportamiento doctrinal ni era conocimiento cabal del tribunal. Con todo, nunca es fácil arbitrar y menos despejar a los hombres de tomar la brujería-magia por medicina.   

 

La Inquisición:

 

En la segunda mitad del siglo XIII, la recién instituida Inquisición Papal comenzó a ocuparse con cargos de hechicería. Alejandro IV, ordenó (1258) que los inquisidores deben limitar su intervenciones a casos con alguna clara presunción de creencias heréticas (manifeste haeresim saparent). Pero como la brujería, con sus prácticas diabólicas, está muy ligada a la herejía, la persecución de brujas no se evitó.

En Toulouse, cede de la herejía de los Cátaros, fue donde en 1275  se dio el primer caso conocido de una bruja llevada a la hoguera por la sentencia jurídica de un inquisitor (Hugues de Baniol (Cauzons, "La Magic", II, 217).  La mujer, "confesó" haber dado a luz un monstruo, resultado de su relación carnal con espíritus malignos y haberlo alimentado con carne de infantes [niños que raptaba] la cual les procuraba en expediciones nocturnas.  La posibilidad de relaciones carnales entre seres humanos y demonios era aceptado por algunos grandes teólogos como Santo Tomas y San Buenaventura, sin embargo, en la Iglesia prevalecía el sentir contrario. Un testigo poco amistoso a la Iglesia, Riezler (Hexenprozesse en Bayern, p. 32) reconoce que "entre los representantes oficiales de la Iglesia, esta tendencia más saludable prevaleció hasta los umbrales de la epidemia del juicio de brujas, o sea, hasta avanzado el siglo XVI".  En el Sínodo Provincial de Salzburg de 1569 (Dalham, "Concillia Salisburgensia", p. 372), hay una fuerte tendencia a prevenir la imposición de la pena de muerte en acusaciones de brujería, insistiendo que estas son ilusiones diabólicas.

 

Pero no hay duda de que en el siglo XIV algunas constituciones papales de Juan XXII y Benedicto XII (cf. Hansen, "Quellen und Untersuchungen", pp. 2-15) estimularon mucho el enjuiciamiento por brujería y otras prácticas mágicas por parte de los inquisitores, especialmente en el sur de Francia. En un juicio a gran escala en Toulouse en 1334, de 63 personas acusadas de ofensas de este tipo, 8 fueron entregadas al poder secular para ser quemadas. El resto fueron a prisión de por vida o con largas sentencias. Dos de las condenadas, ambas mujeres mayores, después de ser torturadas, confesaron haber asistido a un aquelarre de brujas, haber allí adorado al demonio y ser culpable de indecencias con él y otras personas presentes y haber comido carne de infantes. (Hansen, "Zauberwahn", 315; y "Quellen und Untersuchungen", 451). En 1324 Petronilla de Midia fue quemada en Irlanda por recomendación de Richard, Obispo de Ossory.  Durante este período, las cortes seculares acusaban y enjuiciaban por brujería con igual o mayor severidad que los tribunales eclesiásticos. Se usaba la tortura y la hoguera [la horca en Bretaña].

 

No se conoce que enjuiciamientos de este tipo se llevaran a cabo en Alemania por inquisitores papales durante los siglos XIII y XIV. Alrededor del año 1400 encontramos muchos enjuiciamientos de brujas en Berne, Suiza por manos de Pedro de Gruyères, que, a pesar de lo que dice Riezler, era sin lugar a dudas un juez secular (Hansen, "Quellen, etc.", 91 n.). También jueces seculares en Valais (1428-1434) mataron 200 brujas y en Briancon en 1437 más de 150. Las víctimas de los inquisitores, ej. en Heidelberg en 1447; o Savoya en 1462, parecen no haber sido tan numerosas.

 

Algunos escritores han pensado que la Bula, "Summis desiderantes affectibus", del Papa Inocencio VIII (1484) fué responsable por la fiebre contra las brujas. Esto no es cierto ya que las campañas anti-brujas preceden a esta Bula la cual no contiene nada nuevo. Su efecto fue más bien el de ratificar el poder ya conferido a los inquisitores Enrique Institoris y Santiago Sprenger, para tratar con crímenes de brujería y herejía y pedir al Obispo de Strasburg que apoye a los inquisitores. Esta Bula Papal, sin embargo, no pronuncia ninguna decisión dogmática. Quizás el libro "Malleus Maleficarum" (el martillo de las brujas), publicado unos dos años después por los mismos inquisitores, fue el que más incitó al enjuiciamiento de brujas. Pero los enjuiciamientos de brujas en los siglos XVI y XVII fueron en su mayoría hechos por el poder secular.

 

Muchas veces las autoridades civiles como eclesiásticas se oponían a la cacería de brujas pero siempre la Iglesia condenaba la superstición, o formas de fe desmedida o valoración excesiva respecto de algo, por estar en contrario a la recta razón, a la ciencia y, teológicamente, por idolatría.

La brujería, en su visión torcida y caprichosa de los hechos, se caracterizaba en un rechazo del saber de la ‘ciencia que expone sus leyes, modos y formas del conocimiento científico’. Con la brujería, el hombre tiende a replegarse cada vez más en sí mismo, a encerrarse en un microcosmos existencial asfixiante, en el que ya no tienen cabida los grandes ideales, abiertos a la trascendencia, a Dios.

La Iglesia Católica, "en el siglo XIII, tomó la posición explicita que la creencia en la brujería era un creer en una ilusión”, o en el engaño de los sentidos, o vil negocio con finalidades fraudulentas.

También sabemos que hasta el siglo XIV más o menos, la ley secular no contenía comúnmente párrafos que tratara sobre la brujería, mientras que en el siglo XV se perfilan cambios.

 

La conducta equívoca de la brujería «como poder mágico», entre espantos y temores, se extendía formando una malsana transformación social en regiones por la Europa medieval, causando diversos daños –sean físicos, psíquicos y económicos- sobre los más indefensos y afectando a las personas más débiles. A la brujería se les atribuían poderes ocultos y maléficos, visiones ridículas, espantosas, en fin: un conjunto de prácticas mágicas o supersticiosas. ¡Con cuánta facilidad dichos temores y prejuicios se mezclaron con consideraciones familiares, resentimientos sociales, envidias locales, reyertas tribales o intereses económicos!. Las sentencias de los hechiceros y mentirosos, muchas veces se  descargaron con maldad sobre grupos minoritarios, y estos se convirtieron en chivos expiatorios de todos los males!

Otras veces, con enfermiza imaginación, anulando la excelsa dignidad de la persona humana, los brujos obligaban aislar a las personas quitándole toda relación social; ahora que el hombre es, en efecto, por su íntima naturaleza, un ser social, y no puede vivir ni desplegar sus cualidades sin relacionarse con los demás.

Suele olvidarse que la capacidad de ocasionar daño a la sociedad, «por el  ridículo, infundado, extravagante y falto de razón», de tales maléficas personas, aumentó y, la sobria actitud hacia la brujería -como ya indicamos-, cambió gradualmente al final de la edad media; era en el siglo XIV e inicios del siglo XV.

 

Así aparecieron un sinnúmero de escritos, abundantes discursos, o los tratados críticos-analíticos y teológicos sobre los males de la brujería, por ejemplo el Formicarius (Anthill) del monje dominicano John Nider (1380-1438). Fue así como la sociedad se iba sirviendo de leyes para atacar la brujería y gradualmente las ejecuciones por agorerías y supersticiones se hicieron más comunes desde los finales del siglo XIV.

 

La posición oficial de las autoridades seculares, las eclesiásticas católicas junto a las protestantes después, tuvieron sus variantes y condicionamientos. Anteriormente en general, el poder o las autoridades, no estaban muy interesadas en la persecución de la brujería y la hechicería, por el hecho de no creer en la existencia de quimeras, enredos, fingidas historias, cuentos, cuchicheos, fábulas, chismes, bulos, falsedades o rumores populares sin exactitud o justificación.

 

La peligrosidad de la brujería y las víctimas que aumentaban entre la población, motivó en el año 1484 al Papa Inocencio VIII emitir una Bula [Documento pontificio relativo a materia de fe o de interés general] que llego a ser ley para toda Europa y fue la base legal para que la Justicia pudiera castigar la brujería-hechicería. Tres años después, el manual de la Inquisición ‘Malleus Maleficarum’ aparece; fue un comentario legal sobre la Bula y libro de instrucciones para magistrados, utilizado por miembros de la Justicia, investigadores e inquisidores en como tratar con las brujas. Fue publicado por dos monjes dominicanos alemanes, Henry Institoris y Jacob Sprenger. Al año 1699 este manual había llegado a 28 ediciones. Otros manuales sobre el tema habían sido publicados, por ejemplo, el del inquisidor italiano Guaso ‘Compendium Maleficarum’ año 1608.

 

En la América recién descubierta, también para combatir la magia, brujería, fanatismos, opresiones, en el año 1546 el Papa Pablo III creó ya la diócesis de Popayán-Colombia, dando, por así decirlo, forma canónica a la gesta evangelizadora realizada por intrépidos misioneros y celosos obispos en las primeras décadas que siguieron al descubrimiento del Nuevo Mundo. Aquellos insignes evangelizadores sembraron allí la semilla de la fe, enseñando la doctrina y las costumbres cristianas a un pueblo que se abrió generosamente a la Palabra de Dios y se incorporó a la Iglesia; misioneros que construían escuelas, asilos y centros sanitarios favoreciendo a los pobladores y educándoles acerca de rituales vengativos o conjunto de prácticas mágicas-supersticiosas del miedo, que llevan a las personas al fatalismo o la angustia porque están desconectadas de la realidad o carentes del debido sentido crítico.  Ayer como hoy, evangelizar la cultura también significa apagar las hogueras incandescentes de la contracultura de la muerte, y crear, con todos los hombres de buena voluntad, esta civilización del amor en la que los hombres de todas las culturas sabrán vivir como hermanos, si les ayudamos a descubrirse de nuevo en Jesucristo hijo de Dios Amor, Padre de todos los hombres, a igual dignidad.

 

 

 

La Reforma Protestante ante la caza de brujas:

 

Lutero y Calvino y sus seguidores acentuaron la creencia popular en el poder del demonio en la brujería y otras prácticas mágicas. Lutero, basado en su interpretación del mandamiento Bíblico, abogó por la exterminación de las brujas. "La Historia del Pueblo Alemán" de Janssen, argumenta con muchas pruebas (capítulos IV y V, del último volumen -vol. XVI de la edición inglesa), que una gran responsabilidad por la caza de brujas recae en los Reformadores.

 

El código penal conocido como "Carolina" (1532), decretó que la hechicería debe ser tratada como una ofensa criminal en el imperio Alemán y si causó daño a alguna persona, la bruja debía ser quemada. Hubo mayor actividad de cacería de brujas en los distritos Protestantes de Alemania que en las provincias católicas. Ejemplos de ello son Osnabruck y Wolfenbuttenl. En  Osnabruck, en 1583, 121 personas fueron quemadas en tres meses. En Wolfenbuttenl, en 1593 hasta diez brujas fueron quemadas en un día. No fue hasta el 1563 que se le hizo una resistencia eficaz a la persecución por medio de un protestante de Cleues, Juan Weyer. Se le unieron las protestas de Ewich y Witekind.

 

En el debate sobre las brujas, había católicos y protestantes en ambos lados. Quizás la protesta más efectiva contra la caza de brujas fue la del jesuita Friedrich von Spee, quién en 1631 publicó "Cautio criminalis".

 

Así, no solamente los Obispos católicos apoyaban a la localización de tan perniciosas personas y extirparlas de la sociedad con restricciones y limitaciones mas o menos severas y hasta capitales, (por otros motivos disciplinas idénticas aún vigentes en algunos países en el sc. XXI); sino también –como ya indicamos- los reformistas Protestantes como Lutero (1483-1546) y Calvino (1509-1564) querían sin ninguna piedad, ver a todas las brujas "quemadas" (Lutero) o "exterminadas" (Calvino).

Cazadores de brujas tales como el Ingles William Perkins (1555-1602) fue famoso.

 

 

De la misma forma que en los estados de derecho en el siglo XXI, se establecen para determinados individuos "ordenes de alejamiento" –y se castiga su incumplimiento, con independencia de las intenciones del infractor a la hora de infringirlas–, así supo  regularse el tribunal de la inquisición, aunque no impidió ribetes que hoy llamaríamos ‘abusos’, infinitamente inferiores a los ‘despotismo’ de la sharía, ¡eso sí!.

 

Las autoridades seculares y políticas dieron a publicar manuales de lucha contra la brujería, por ejemplo el erudito francés Jean Bodin (De la démonomanie des sorciers 1580, 17 ediciones hasta 1603) o el Anglicano Rey Jaime de Inglaterra (Demonology 1597).  Códigos de ley secular tales como el famoso ‘Carolina’ (el Constitutio Criminalis Carolina del Emperador Carlos V. de 1532) ahora incluiría leyes contra la brujería, en su mayoría recomendando la pena de muerte.

 

Los métodos de lucha contra los hechiceros, brujería, falsos adivinos y embusteros, se alteraba o diferenciaba según el lugar, acorde a las autoridades seculares del momento o la concepción protestante o católica regente. En algunos sitios –por clemencia- casi se salvaban completamente, mientras otros, como en la zona alemana protestante, murieron en gran número. En la parte continental de Europa, para la mayoría de las ‘definitivamente condenadas’, era la hoguera, mientras en Inglaterra y sus colonias era la horca.

 

Cuesta creer que, los primeros críticos por los métodos de lucha contra las brujas, fueran aún  ridiculizados o, a su vez, acusados de simpatizar con la brujería. Entre los críticos mas prominentes de la época se encuentra el medico John Weyer (1515-1588) y el sacerdote católico –antes mencionado- jesuita Friedrich von Spee (1591-1635).  

 

El Papa Gregorio XV, en su constitución "omnipotentis" (1623), recomendó un procedimiento más clemente y en 1657 una Instrucción de la Inquisición amonestó con eficacia la crueldad de las persecuciones.  Al final del siglo XVII la persecución comenzó a reducirse en casi en todo el mundo y al principio de  XVIII prácticamente cesaron. El último juicio por brujería en Alemania fue en 1749 en Wurzburg, pero en Suiza una niña fue ejecutada como bruja en el Cantón Protestante de Glarus en 1783.

 

En los Estados Unidos, Cotton Mather, en su "Maravillas del Mundo Invisible" (1693), cuenta que 19 ejecuciones de brujas ocurrieron en Nueva Inglaterra. En la actualidad Estados Unidos celebra Halloween el 31 de octubre (la víspera del día de todos los santos) en que se recuerdan las historias de brujas de una forma fantasiosa. Se acostumbra a disfrazarse, preferiblemente de brujas, duendes, monstruos o cualquier cosa que de miedo, se reviven los cuentos de brujas.  En el ambiente materialista de la actualidad se hace de todo ello una broma, pero en el fondo opera también un deseo pagano de llenar un vacío espiritual.

No hay pruebas para las alegaciones de que algunas mujeres fueron enjuiciadas formalmente en México a finales del siglo XIX (ver Stimmen aus Maria-Laach, XXXII, 1887, p. 378).

 

En un gran número de enjuiciamientos, las confesiones de haber participado en toda clase de horrores satánicos, fueron hechas espontáneamente y aparentemente sin amenaza o miedo de tortura.  Además el pleno reconocimiento de culpa parece constantemente haber sido confirmado justo antes de la ejecución, cuando el acusado no tenía nada que ganar o perder con la confesión. Esto puede atribuirse en muchos casos a razones psicológicas.

 

A inicios del siglo XVIII, se concibe la creencia en los brujos, como una superstición, sin mayor daño para la colectividad; [algo similar o peor ocurre hoy inicio del XXI: en la actualidad hemos caído en el extremo opuesto: se niega la realidad de la actividad satánica y con ella, la brujería]. De allí, las autoridades seculares removieron las leyes relacionadas con la lucha contra la brujería. Entre las últimos de estos cambios esta el ‘Act to Repeal the Witchcraft Act of 1735’ en Inglaterra (Ley de Brujería). ... En Junio 22 de 1951 la Ley de Brujería de 1735 fue abolida.

El último juicio por brujería en Alemania fue en 1749 en Wurzburg, pero en Suiza una niña fue ejecutada ‘como bruja’ en el Cantón Protestante de Glarus en 1783.

 

 

En el siglo XVIII también se debe recordar la actividad de Luis Antonio Muratori, que supo conjugar los estudios eruditos con las nuevas necesidades pastorales y en su célebre obra Della regolata devozione dei cristiani, propuso una religiosidad que tomara de la Liturgia y de la Escritura su sustancia y se mantuviese lejana de la superstición y de la magia. También fue iluminadora la obra del Papa Benedicto PP XIV (Prospero Lambertini) a quien se debe la importante iniciativa de permitir el uso de la Biblia en lenguas vernáculas.

 

 

Algunos ven el esoterismo del siglo XIX como algo totalmente secularizado. La alquimia, la magia, la astrología y otros elementos del esoterismo tradicional se habían integrado completamente con aspectos de la cultura moderna, incluyendo la búsqueda de las leyes causales, el evolucionismo, la psicología y el estudio de las religiones. Alcanzó su forma más clara en las ideas de Helena Blavatsky, una médium rusa que, junto con Henry Olcott, fundó la Theosophical Society en Nueva York en 1875. Esta sociedad tenía por objeto fundir elementos de las tradiciones orientales y occidentales en una forma de espiritismo evolucionista. Tenía tres objetivos principales:   

1. « Formar un núcleo de la Fraternidad Universal de la Humanidad, sin distinción de raza, credo o color ». 

2. « Promover el estudio comparativo de la religión, la filosofía y la ciencia ». 

3. « Investigar las leyes desconocidas de la Naturaleza y los poderes latentes del hombre ».   

 

 

 

Esoterismo, magia y ocultismo:

 

Resulta útil distinguir entre el esoterismo, o búsqueda de conocimiento, y la magia, u ocultismo: esta última es un medio para obtener poder. Algunos grupos son a la vez esotéricos y ocultistas. En el centro del ocultismo hay una voluntad de poder basada en el sueño de volverse divino. Las técnicas de expansión de la mente tienen por objeto revelar a las personas su poder divino. Utilizando ese poder, preparan el camino para la Era de la Iluminación. Esta exaltación de la humanidad, cuya forma extrema es el satanismo, subvierte la correcta relación entre el Creador y la criatura. Satán se convierte en el símbolo de una rebelión contra las convenciones y las reglas, símbolo que con frecuencia adopta formas agresivas, egoístas y violentas. Algunos grupos evangélicos han manifestado su preocupación por la presencia subliminal de lo que consideran simbolismo satánico en algunas variedades de música rock, que ejercen una profunda influencia en los jóvenes. En cualquier caso, dista mucho del mensaje de paz y armonía que se encuentra en el Nuevo Testamento y con frecuencia es una de las consecuencias de la exaltación de la humanidad cuando implica la negación de un Dios trascendente. 

Pero no se trata solamente de algo que afecte a los jóvenes. Los temas básicos de la cultura esotérica también están presentes en los ámbitos de la política, la educación y la legislación[Sobre este punto, cf. Michael Schooyans, L´Évangile face au désordre mondial, con un prefacio del Cardenal Joseph Ratzinger,París (Fayard) 1997].  Esto se aplica especialmente a la ecología. Su fuerte acentuación del biocentrismo niega la visión antropológica de la Biblia, según la cual el hombre es el centro del mundo por ser cualitativamente superior a las demás formas de vida natural. El ecologismo desempeña hoy un papel destacado en la legislación y en la educación, a pesar de que de este modo infravalora al ser humano. La misma matriz cultural esotérica puede hallarse en la teoría ideológica subyacente a la política de control de la natalidad y los experimentos de ingeniería genética, que parecen expresar el sueño humano de re-crearse a sí mismos. Se espera lograr este sueño descifrando el código genético, alterando las reglas naturales de la sexualidad y desafiando los límites de la muerte. 

 

Cuando la cultura dominante se topa con una nueva minoría cultural, a la que no comprende, intenta clasificarla según las categorías sociales que conforman su visión del mundo. Así, los Gitanos son clasificados como ‘vagabundos’, parecidos a salteadores de caminos que asaltan y roban a las personas sedentarias. El Gitano es visto como culpable de todo lo que va mal en los alrededores. El temor primordial a lo misterioso y desconocido, que fascina al grupo dominante, pronto se centra en este pueblo desconocido que de repente aparece en la vecindad saliendo de la nada y que por desconocidas razones desaparece sin destino fijo. A los gitanos se les atribuían poderes ocultos y brujería. ¡Con cuánta facilidad estos temores y prejuicios se mezclan con consideraciones raciales y con las crisis socio-económicas o políticas de una nación, y se descargan en un grupo minoritario que se convierte en chivo expiatorio de todos los males! El racismo nazi, por ejemplo privó a los Gitanos de toda protección legal, al igual que hizo con los judíos. Los Gitanos estaban fuera de toda consideración legal. Según un autor reciente, Grabrielle Tyrnauer, “Las consecuencias no se hicieron esperar: esterilización forzosa, deportación para trabajo de esclavos y a los campos de extermino, sometidos a experimentaciones médicas y, finalmente, exterminio masivo bajo las balas o el gas”[2]. Se estiman en unos 500.000 los Gitanos que cayeron víctimas del racismo nazi[3]. ¡Con cuánta simpleza se etiquetaba a ciertas personas de poseer poderes ocultos o perniciosos a la sociedad, procurando o casi forzando que el tribunal de justicia aplique una grave investigación exhaustiva; y cuántos procuran testigos falsos y juramentos comprados! ¡Cuántos así también se comportaron cinco siglos antes!

 

A este punto en el tercer milenio:

 

¡A inicios del tercer milenio las conductas no cambiaron. El fenómeno de la brujería se hizo muy sofisticado y en realidad sólo tiene fines de tipo económico y control social, pero guardando las peores características del pasado! Hoy funciona a través de la televisión y se transmite por los teléfonos inalámbricos o emplea los canales tradicionales. {Valga una referencia africana «Los Luba»: viven en la región de Kasai-Katanga. Son esencialmente agricultores y están organizados en grandes conglomerados urbanos (kabinda), divididos en linajes (tshoto) con un anciano (mukulu) como jefe, guardián del fetiche colectivo. Esta población pertenece al grupo lingüístico bantú y, a diferencia de los grupos limítrofes, posee una estructura social patrilineal con residencia patrilocal y virilocal. La religión de los Luba se basa en la creencia de Efile, Señor del Universo, reconocido también como primer antepasado. Además de los antepasados (personas difuntas al inicio del tiempo), esta población venera también a los mani, los difuntos conocidos de vivos y a los musuki, guardianes de las aldeas, de los cuales cada familia posee un altar. Muy difundida es la brujería que se basa en la intervención de dos tipos de poder mágico: el innato buci, identificado como fuerza interior ubicada entre el estómago y el corazón, que se transmite a través de la leche materna, y el exterior masendé, del que se puede apropiar quienquiera sacándolo de la fuerza sobrenatural de los espíritus de los muertos. A estas dos fuerzas mágicas hacen referencia los miembros reunidos en las sociedades secretas -organizaciones en las que se apoya incluso el poder político- para ejercer, a través del temor provocado al mostrar las máscaras iniciáticas, su función coercitiva y de control social sobre la población}.

 

 

 

Un buen número de cristianos africanos van a misa, en realidad no para buscar la vida de Dios en el sacramento de la Eucaristía, sino por otras intenciones totalmente humanas, por razones totalmente sociales. Y en las horas sombrías de sus vidas, van hacia los sacrificios paganos o hacia la magia negra [brujerías] para buscar ahí la vida y la paz. Esas personas, se encuentran entonces, con el sincretismo religioso buscando la vida del lado de la muerte. Esto significa que su fe en la Eucaristía, fuente de vida, se detuvo a medio camino. Si la formación catequética, doctrinal y espiritual, la formación continua, no están bien aseguradas, es una catástrofe a nivel de la evangelización de África. Así, la brujería ilusoria asegurada, y puede arrastrarse por el camino de la magia, en el cual África tiene el triste record de ser especialista.

 

 

Máscara facial de tipo kifwebe siglos XIX-XX
Madera dura con grabados de color blanco.
República Democrática del Congo.
Población: Songe orientales.
Inv. 101064- museos vaticanos

 

Las máscaras bifwebe (singular, kifwebe) forman parte de los objetos ceremoniales de una sociedad homónima que, incluso hoy, desempeña un papel de gran prestigio entre los Songe orientales. Son miembros los basha masende, poseedores del conocimiento necesario para interactuar con los dioses. Las máscaras bifwebe, que se usan junto con un traje y barba de fibra vegetal largos, aparecen durante las ceremonias más importantes. Ésta es una máscara femenina que, a diferencia de la masculina kilume (plural, bilume), no tiene la cresta colocada en la cima de la cabeza, con el rostro cubierto de ligeros grabados, pintados de blanco. Máscaras, colores y trajes poseen un significado simbólico. Cada parte del rostro de la máscara está asociada a determinados animales -como el león, la cebra, el cocodrilo o el puercoespín- de los cuales la máscara coge las características de los comportamientos. Además, a través de los colores se expresan diferentes aspectos del carácter o disposición del espíritu. Por ejemplo, el color blanco simboliza los aspectos positivos como pureza, paz, luna y luz; el rojo, en cambio, está asociado a la sangre, al fuego, al coraje y a la fuerza, y también al daño y a la magia negativa. Las máscaras femeninas reflejan fundamentalmente las fuerzas positivas, apareciendo sobre todo en las danzas nocturnas, durante las ceremonias lunares más importantes o con ocasión de una investidura o el fallecimiento de un jefe.

 

 

 

Europa y las plagas del ocultismo:

 

Son las brujerías, sectas y perversidades satánicas.

Evitar los riesgos siempre latentes de la superstición y la magia, y convertirse en una fe plenamente conforme a las exigencias de la Revelación y a las instancias auténticas del humanum.

Haciendo referencia a Europa, precisamente a España, preferimos presentar unos conceptos de P. Martín Gelabert, O.P., Decano de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer”, Valencia, España.2003/4:

“Cabe afirmar que los principales movimientos a los que se alude en la presente cuestión son dos: el de las religiones alternativas y el de los movimientos y cultos satánicos. El fenómeno de la brujería es muy sofisticado y en realidad sólo tiene fines de tipo económico.

Si por “religiones alternativas” se entiende –no el hecho de la presencia en nuestro suelo de las grandes religiones universales: Hinduismo, Budismo, Islam, Judaísmo, etc.– sino el hecho de la religiosidad sincretista, con cada vez más fuerte carácter institucionalizado como son los llamados a veces “Nuevos Movimientos Religiosos” –y en un sentido peyorativo “Sectas”–, entonces hay que afirmar que en nuestra realidad están muy presentes y bien implantados desde las décadas de los años 60 y 70 del siglo XX. Incluso antes de la proclamación de la Constitución Española –ya en el período democrático–, la Ley reguladora del derecho al ejercicio de la libertad religiosa de 1967 supuso un cambio en el panorama religioso español.

Y en este grupo es necesario distinguir una variedad en extremo plural que cabría presentar del modo siguiente:

–     Religiones alternativas clásicas: Testigos de Jehová, Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (o Mormones) y ciertos grupos Adventistas que se han separado de la "Iglesia Adventista del Séptimo Día".

–     Religiones alternativas orientales: Asociación para la Conciencia de Krishna, Misión de la Luz Divina, Ananda Marga, Bhagwan Rajneesh, etc.

–     Religiones alternativas o sectas de juventud: Asociación para la Unificación del Cristianismo Mundial (Moon); Familia del Amor (Niños de Dios), La Comunidad, etc.

–     Religiones alternativas de pensamiento y de conciencia: Sociedad Teosófica Española, Iglesia de Cristo Científico, Fraternidad Rosa-Cruz, Cienciología, etc.

Las causas son difíciles de definir con exactitud. Pero en una seria descripción deberán tenerse en cuenta los siguientes factores: 1) El desplazamiento de la sensibilidad religiosa de hoy (se valora más la búsqueda religiosa que la adhesión a la verdad religiosa, más la experiencia y emoción religiosa que la reflexión conceptual); 2) El auge de la doble pertenencia o doble fidelidad, sancionado por algunos de estos grupos que invitan a no abandonar la vieja pertenencia eclesial pero a ingresar en los NMR enriqueciendo la experiencia religiosa –según dicen– por la nuevas formas que ellos aportan; 3) El clima de espera milenarista que ante las crisis sociales de todo tipo empuja a pensar un fin catastrófico del actual estado de cosas y la venida inminente de un nuevo orden; 4) Las crisis de las tres grandes instituciones que en el pasado reciente dieron estabilidad social, pero que sufren hoy –muchas veces magnificadas de modo desorbitado por los MCS– desarreglos evidentes: crisis del Estado, crisis de las Iglesias, crisis de la Familia tradicional; y 5) La necesidad de ruptura (secare) y seguimiento (sequitur) que muchos sienten y que hace abandonar las viejas instituciones religiosas –como vacías de sentido– y a la vez la necesidad de seguir a líderes que les aporten la seguridad que ni las sociedades ni los grupos tradicionales religiosos ofrecen.

Los movimientos y cultos satánicos crecen en España y en la Comunidad Valenciana de manera evidente. Uno de los expertos de la Iglesia Católica en España, el profesor Manuel Guerra, afirma que los rituales satánicos se están generalizando en este país, habiendo catalogado hasta el presente 54 sectas satánicas. El número exacto, sin embargo, es difícil de determinar, ya que “tratan de permanecer ocultas, desconocidas, a no ser por sus mismos miembros... Prefieren dividirse y subdividirse a formar un grupo numeroso, que estaría más expuesto a las denuncias, con la consiguiente localización e identificación de sus adeptos, su represión y disolución”.

Las zonas del país donde tienen mayor implantación son, en primer lugar, la zona del Mediterráneo español –desde Barcelona hasta Valencia–, las grandes ciudades –Madrid– y algunas poblaciones costeras de Murcia y Málaga.

El citado especialista da como razón del auge del satanismo “la profunda crisis de los principios y de los valores tanto religiosos como éticos. Una crisis agravada por el permisivismo, el consumismo y el laicismo, promovido a veces por los gobiernos”.

3.2. Respecto a las religiones alternativas –tal y como quedaron explicadas en la cuestión precedente– cabe afirmar de modo general que tanto sus actividades como su misma presencia están estabilizadas; en cambio –según los especialistas– hay un auge de los ritos satánicos. Pero teniendo en cuenta que tal apreciación puede ser un tanto engañosa si hacemos caso a la afirmación de Manuel Guerra de que existe un interés de ocultamiento por parte de los grupos satánicos. [...]

3.5. La Iglesia Católica en España publicó hace años –a través de la Comisión Episcopal de Relaciones Interconfesionales– (organismo de la CEE), un Comunicado sobre las Sectas y Nuevos Movimientos Religiosos (5 diciembre 1989), sumamente abierto y comprensivo que se hacía eco, pastoralmente hablando, del Informe Progresivo-Desafíos Pastorales: Sectas y Nuevos Movimientos Religiosos, que en mayo de 1986 publicaron varios Secretariados romanos y el Consejo Pontificio para la Cultura. Ambos textos han tenido una modesta difusión en este país, pero han llegado a grupos selectos de católicos y han ayudado a ofrecer cursos en centros de estudios y en grupos parroquiales en orden a formar a los fieles en esta temática. Ignoramos que se hayan emprendido a niveles de Iglesia local intentos de acercamiento sistemático a los adeptos de estos grupos en orden a anunciarles el evangelio.

3.6. Posiblemente nuestro verdadero problema es la descristianización de los cristianos. Por otra parte, si la Iglesia no va como nos gustaría no es sólo por lo que nos atacan, sino por muchas cosas que pertenecen a nuestro propio examen de conciencia”[4].

 

Las formas independientes de brujería, el satanismo, los grupos paganos masónicos, las sectas generalmente gravosas a la salud psíquica, hoy siguen existiendo habiendo personas que de ellas se sirven, a fines personales, políticos o económicos. [Curanderos, brujos, santeros y pitonisas, emplean en sus artificiosos engaños o venden a sus victimas, sobre todo a fines de sanación: variedad de plumas, pesuñas, estiércoles, piedras, huesos, insectos, tallas de imágenes, barros, materias en descomposición, hierbas, protuberancias [puntiaguda] de rinoceronte, caracoles, empleo de cristales (cristaloterapia), metales (metaloterapia), música(musicoterapia) o colores (cromoterapia), sales, polvos, agujas, mezclas de sustancias más o menos extravagantes o de líquidos excrementicios, etc. El satanismo recomienda elementos sacros, y no es extraño que la procura se proyecta casi unicamente robando en templos católicos].

 

Entonces, “frente a la situación actual, rica de posibilidades y esperanzas, pero no exenta de tensiones y amenazas, la pregunta por el hombre, su ser y su vida, su sentido y su futuro, adquiere una amplitud nueva. En esta encrucijada histórica, en el umbral del tercer milenio, la Iglesia presenta un modelo de humanismo nuevo y perenne a la vez, cuya novedad brota de la fuente inextinguible del Evangelio. La Iglesia, como lugar de creación de comunidades donde se hace visible el amor que supera la muerte y el odio, se convierte en esta etapa de la historia una vez más en madre y maestra de civilizaciones y pueblos, creadora de una cultura nueva”. París, en la UNESCO, 3 y 4 mayo 1999 – Consejo Pontificio de la cultura.

 

Sabemos que el hombre no puede ser ajeno a las exigencias de su propio ser, ontológicamente determinado por dimensiones que le son propias. Por ello, requiere su remisión a una realidad trascendente que otorgue las posibilidades de dar a su existencia ese sello de plenitud. Ante la carencia de los parámetros por la Iglesia señalados, en un mundo en el que las ideologías del bienestar pretenden llenar el vacío de una concepción axiológica y de la dimensión trascendente del hombre, aparecen las más diversas corrientes religiosas, la mayoría de procedencia oriental. Aparecen sectas de los más diversos talantes que ofrecen el hombre de hoy su mensaje salvador. Todo este panorama, que va desde la hechicería, la magia o la brujería, pasando por todas las formas posibles del esoterismo, hasta las más refinadas presentaciones de las sectas cristianas, contribuye a agrandar la brecha de la ruptura con las más propias tradiciones culturales, filosóficas y religiosas de nuestras sociedades (europeas e ibero-americanas].

 

El hombre es naturalmente capax Dei (Summa Theologiae, I. II, 113, 10; san Agustín, De Trinit. XIV, 8:  PL 42, 1044), creado para vivir en comunión con su Creador; es individuo inteligente y libre, insertado en la comunidad con deberes y derechos propios; es lazo de unión entre los dos grandes sectores de la realidad, el de la materia y el del espíritu, perteneciendo con pleno derecho tanto al uno como al otro. El alma es la forma que da unidad a su ser y lo constituye como persona. En el hombre, observa santo Tomás, la gracia  no  destruye la naturaleza, sino que lleva a plenitud sus potencialidades:  "gratia non tollit naturam, sed perficit" (Summa Theologiae, I, 1, 8 ad 2).

 

¡Cuán iluminadora es esta verdad para el hombre del tercer milenio, en continúa búsqueda de su autorrealización! En la encíclica «Fides et ratio» S.S. Juan Pablo II, analiza los factores que constituyen obstáculos en el camino del humanismo. Entre los más recurrentes se debe mencionar la pérdida de confianza en la razón y en su capacidad de alcanzar la verdad, el rechazo de la trascendencia, el nihilismo, el relativismo, el olvido del ser, la negación del alma, el predominio de lo irracional o del sentimiento, el miedo al futuro y la angustia existencial. Para responder a este gravísimo desafío, que afecta al futuro del humanismo mismo, el Papa ha indicado cómo el pensamiento de santo Tomás, con su firme confianza en la razón y su clara explicación de la articulación de la naturaleza y de la gracia, puede proporcionarnos los elementos básicos para una respuesta válida. El humanismo cristiano, como lo ilustró santo Tomás, tiene la capacidad de salvar el sentido del hombre y de su dignidad. Esta es la exaltante tarea encomendada hoy a sus discípulos (y no solo). ??”El cristiano sabe que el futuro del hombre y del mundo está en manos de la divina Providencia, y esto constituye para él un motivo constante de esperanza y de paz interior. Pero el cristiano sabe también que Dios, movido por el amor que siente hacia el hombre, pide su colaboración para mejorar el mundo y gobernar los acontecimientos de la historia. En este difícil inicio del tercer milenio muchos advierten, con una claridad que raya en el sufrimiento, la necesidad de maestros y testigos capaces de señalar caminos válidos hacia un mundo más digno del hombre. Corresponde a los creyentes la tarea histórica de mostrar que Cristo es "el camino" por el cual es preciso avanzar hacia la humanidad nueva que está en el proyecto de Dios. Por eso, está claro que una prioridad de la nueva evangelización consiste precisamente en ayudar al hombre de nuestro tiempo a encontrarse personalmente con Cristo, y a vivir con él y para él”. Palabras de S.S. Juan Pablo II Castelgandolfo, 20 de septiembre de 2003

 

 

«Hablar de Dios y hablar con Dios siempre deben marchar conjuntamente. El anuncio de Dios es guía para la comunión con Dios en la comunión fraterna, fundada y vivificada por Cristo. Por esto la liturgia (los sacramentos) no es un tema junto a la predicación del Dios viviente, sino la puesta en práctica de nuestra relación con Dios. En este contexto quisiera hacer una observación general sobre la cuestión litúrgica. Muchas veces nuestro modo de celebrar la liturgia es demasiado racionalista. La liturgia se vuelve enseñanza, cuyo criterio es: hacerse entender - la consecuencia es con frecuencia hacer banal el misterio, la preponderancia de nuestras palabras, la repetición de la fraseología que parece más accesible y más agradable a la gente. Pero esto es un error no solamente teológico, sino también psicológico y pastoral. La moda del esoterismo, la difusión de técnicas asiáticas de distensión y de auto-vaciamiento demuestran que en nuestras liturgias falta algo. Justamente en nuestro mundo actual tenemos necesidad del silencio, del misterio por encima del individuo, de la belleza. La liturgia no es la invención del sacerdote que celebra o de un grupo de especialistas; la liturgia ("el rito") ha crecido en un proceso orgánico durante los siglos, porta consigo el fruto de la experiencia de la fe de todas las generaciones. Aunque si los participantes no entienden quizá cada una de las palabras, perciben el significado profundo, la presencia del misterio, que trasciende todas las palabras. No es el celebrante el centro de la acción litúrgica; el celebrante no está delante del pueblo en su nombre - no habla de sí y para sí, sino "in persona Cristi". No cuentan la capacidad personal del celebrante, sino sólo su fe, en la que se hace transparente Cristo. "Es necesario que Él crezca y que yo disminuya" (Jn 3, 30). Cardenal Joseph RATZINGER»-en el siglo S.S. Benedicto PP XVI-2005.

 

Por último, practicando en todo para que prevalezca el respeto y amor a los adversarios, memoricemos este texto de la Iglesia Católica:

“28. Quienes sienten u obran de modo distinto al nuestro en materia social, política e incluso religiosa, deben ser también objeto de nuestro respeto y amor. Cuanto más humana y caritativa sea nuestra comprensión íntima de su manera de sentir, mayor será la facilidad para establecer con ellos el diálogo.

Esta caridad y esta benignidad en modo alguno deben convertirse en indiferencia ante la verdad y el bien. Más aún, la propia caridad exige el anuncio a todos los hombres de la verdad saludable. Pero es necesario distinguir entre el error, que siempre debe ser rechazado, y el hombre que yerra, el cual conserva la dignidad de la persona incluso cuando está desviado por ideas falsas o insuficientes en materia religiosa. Dios es el único juez y escrutador del corazón humano. Por ello, nos prohíbe juzgar la culpabilidad interna de los demás.

 

 

Como cristianos debemos seguir el camino de Jesucristo quién rechaza el pecado pero ama al pecador. La enseñanza de Jesús en el caso de la mujer sorprendida en adulterio se aplica también a la brujería como a cualquier pecado. El camino de Jesús no es la condenación al estilo de los que se proponían apedrearla. Tampoco es el la actitud de los que hoy pretenden que no existe el pecado. Eso sería abandonarla sumida en su desgracia. El camino de Jesús es el amor que defiende de la crueldad y  llama a una vida nueva, libre de pecado.  El mal no se vence matando sino ayudando con amor y verdad a salir del pecado.  El Señor nos enseña a amar a nuestros enemigos.  El amor de Dios es más fuerte que la maldición de todos los brujos del mundo. Una gota de su Preciosa Sangre tiene poder para disipar el más enfurecido ataque diabólico.

 

La doctrina de Cristo pide también que perdonemos las injurias. El precepto del amor se extiende a todos los enemigos. Es el mandamiento de la Nueva Ley: «Habéis oído que se dijo: "Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo". Pero yo os digo: "Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian y orad por lo que os persiguen y calumnian"» (Mt 5,43-44).” GAUDIUM ET SPES - Roma, en San Pedro, 7 de diciembre de 1965. Yo, PABLO, Obispo de la Iglesia Católica

 

Notas

1- El argumento soteriológico con el que el Concilio de Nicea explicó la encarnación, enseñando que el Hijo, consubstancial al Padre, se hizo hombre, " por nosotros los hombres y por nuestra salvación", halló nueva expresión en la defensa de la verdad íntegra sobre Cristo, tanto frente al arrianismo como contra el apolinarismo, por parte del Papa Dámaso y del Concilio de Constantinopla. En particular, respecto de los que negaban la verdadera humanidad del Hijo de Dios, el argumento soteriológico fue presentado de un modo nuevo: para que el hombre entero pudiera ser salvado, la entera (perfecta) humanidad debía ser asumida en la unidad del Hijo: "quod non est assumptum, non est sanatum" (cf. S. Gregorio Nacianceno, Ep. 101 ad Cledon.).

2-Citado por Robert A. Graham, “The Other Holocaust.The True Face of Nazi Racism”, en: Zingari oggi tra storia e nuove esigenze pastorali, Atti del IV Convegno Internazionale della Pastorale per gli Zingari, Roma 6-8 giugno 1995 (Città del Vaticano: Pontificio Consiglio della Pastorale per i Migranti e gli Itineranti), p. 38.

3-Ibid p. 40

4- http://vatican.mondosearch.com/cgi-bin/MsmGo.exe?   grab_id=0&page_id=71732&query=BRUJERIA&SCOPE=

SpanishUI&hiword=BRUJERIA%20

Agradecemos igualmente algunos conceptos extraídos: 2006-03-03-al Sr. Pbro.

Don Jordi Rivero-http://www.corazones.org/apologetica/practicas/brujeria.htm

 

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La pitonisa de Endor

Por monseñor José Ignacio Munilla Aguirre, obispo de Palencia

PALENCIA, sábado, 7 de marzo de 2009-.- Publicamos el artículo que ha escrito monseñor José Ignacio Munilla Aguirre, obispo de Palencia, sobre esoterismo, horóscopos, y otras formas de adivinación.

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Supongo que el título elegido para este artículo puede resultar extraño para algunos lectores. La pitonisa de Endor es un personaje bíblico, que aparece en el capítulo 28 del Primer Libro de Samuel. La historia bíblica narra que el rey Saúl, aterrado ante la inminencia del ataque del ejército filisteo, y no sabiendo qué hacer, recurrió furtivamente a consultar a una adivina, la pitonisa de Endor, a pesar de que, anteriormente, él mismo había ordenado expulsar del país a todos los nigromantes y videntes. La desconfianza, y aquel silencio de Dios que le resultaba insufrible, hicieron que el rey Saúl cayera en la tentación de acudir al método de adivinación que él mismo había reprobado para sus súbditos. Es un pasaje bíblico de un gran dramatismo que, acaso, tiene más actualidad de la que cabe suponer (1Samuel 28).

De horóscopos, tarots y mediums

No estamos ante un hecho menor... Baste comprobar que muchos medios de comunicación, ante la disminución de la publicidad comercial, están recurriendo al negocio esotérico para salvar sus maltrechos balances. A diferencia de lo que ocurre en otros ámbitos de la economía, los momentos de crisis son la ocasión propicia para que algunos hagan fortuna, explotando los miedos, supersticiones, angustias y ansiedades de los que sufren.

He aquí uno de los contrastes más llamativos de esta cultura occidental, que tanto alardea de no aceptar más dogma que las ciencias experimentales. Estamos ante uno de esos fenómenos inconfesables, que tienen mayor incidencia que la que estamos dispuestos a declarar en público. La ideología laicista y positivista se siente incómoda a la hora de reconocer esta paradoja: vivimos en una sociedad materialista, que hace alarde de su increencia, pero que, sin embargo, termina construyendo su peculiar "espiritualidad" a base de recetas esotéricas.

El esoterismo y el ateísmo son dos cosmovisiones con muchos vasos comunicantes. En el fondo y en la práctica, la superstición es tan contraria a la fe, como lo es el ateísmo. Queda patente que la "credulidad" y la "increencia", lejos de ser dos fenómenos opuestos e incompatibles, son dos ramas de un mismo tronco: la desconfianza en Dios.

El hombre moderno recurre al intento de adivinación del futuro, para liberarse de sus incertidumbres y aplacar sus miedos. Estamos ante una nueva edición del mismo pecado de desconfianza de Saúl. El auténtico antídoto contra esta tentación lo hemos recibido de Jesucristo: "La actitud cristiana justa consiste en entregarse con confianza en las manos de la providencia en lo que se refiere al futuro y en abandonar toda curiosidad malsana al respecto" (Catecismo de la Iglesia Católica 2115).

El consejo que la tradición cristiana atribuye a San Ignacio es muy significativo: "Haz las cosas como si sólo dependiesen de ti, y luego espera y confía como si sólo dependiesen de Dios".

De rumores, filtraciones y cotilleos...

Aunque se trata de un "género inferior", los rumores, filtraciones y cotilleos pertenecen a la misma especie del esoterismo; o, cuando menos, son "parientes". Se trata de una tentación que está bien reflejada en el refrán que dice: "La información es poder". Es indudable que existe en nosotros una atracción morbosa hacia las "informaciones privilegiadas" o las noticias "en exclusiva". Los motivos pueden ser diversos: desde el deseo de protagonismo, hasta el ansia de curiosidad o el intento de superar las incertidumbres. Lo cierto es que ese afán desmedido de novedades, genera fácilmente una dinámica que nos aboca a multitud de "cotilleos", "vaticinios", "rumores", "filtraciones", "suposiciones"...

Sin embargo, no es verdad que el acceso a determinados "secretos" nos preserve del riesgo de cometer errores. Muchas veces sucede lo contrario: cuanto más dispersos y ávidos de novedades estamos, más descentrados y alejados vivimos de nuestra propia realidad y del momento presente.

La conclusión que extraemos es clara: La fidelidad a la verdad exige la renuncia a la pretensión de conocer y controlarlo todo. En esta cultura tan marcada por la ansiedad, me atrevería a destacar la importancia de los siguientes rasgos de madurez: Callar sobre lo que no se sabe; renunciar a curiosidades indiscretas que no son de nuestra competencia; no hablar de los ausentes, y si fuera necesario, hacerlo con discreción; renunciar a ejercer de profetas sin serlo; no preocuparse a destiempo; relativizar los problemas; practicar el "santo abandono"...

He aquí una oración inspirada en los escritos de San Pío de Pietrelcina, muy adecuada para todos aquellos que, como Saúl, estamos tentados -de una u otra forma- a acudir a la pitonisa de Endor: "Señor, el pasado lo arrojo a tu misericordia. El futuro lo confío a tu providencia. Y sólo me reservo el momento presente para vivirlo y ofrecértelo en intensidad de amor".

 

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HISTORIA: -Según una definición no menos acertada que otras, la historia es el conjunto de todos los hechos ocurridos en tiempos pasados.

Según otra más prolija, puede considerarse la historia, y es también definición que muchos historiadores consideran válida, como la narración y el estudio de los hechos del pasado, públicos y privados, pero trascendentes, merecedores de recuerdo, y su relación con el hombre civilizado y las sociedades humanas.

Pero algunos historiadores prefieren el término investigación a narración. Recogen la opinión de Volney: «La palabra historia parece haber sido empleada por los antiguos en una acepción muy diferente de la de los modernos; los griegos, sus autores, entendían por ella una persquisición, una investigación hecha con cuidado. Y en ese sentido la emplea Herodoto».

Hay otras definiciones del término historia, supongo que muchas, mas para entendernos en la divagación con que hoy pienso perder el tiempo, creo que con estas dos tenemos bastante.

Recientemente ha surgido de manera todavía imprecisa este otro término: retrohistoria, que algunos utilizan humorísticamente y otros, que lo toman más en serio, lo entienden como opuesto a la historia, pero en realidad no es así, sino que significa un modo diferente de describir o investigar -o quizás simplemente de ordenar para su estudio- los acontecimientos históricos.

La retrohistoria es opuesta a la historia, tal como a la historia se la ha entendido hasta ahora, pero no la niega ni la rechaza sino que la complementa. Y pretende dotarla de mayor eficacia. Esta es su intención y lo que impulsa a los historiadores partidarios de esta tendencia.

En la historia destaca, y esta es la voluntad del historiador, la narración (o investigación) de la sucesión de los hechos, de su encadenamiento desde el remoto ayer hasta el presente, sin adentrarse vanamente en las incógnitas del insondable futuro.

Aun siendo opuestas, en algo se asemejan la historia y la retrohistoria: en ambas se trabaja con materiales inexistentes. Inexistentes en el momento en que alguien se dispone a trabajar sobre ellos. No se diferencian en la calidad de dichos materiales sino en el orden en que se narra su aparición y su fugaz existencia.

Puede aceptarse la idea, sostenida por algunos comentaristas actuales, de que el concepto de retrohistoria ha surgido de la necesidad de estudiar no sólo los acontecimientos históricos sino, casi podría afirmarse que muy primordialmente, las respectivas causas de esos acontecimientos.

Poco importa al hombre conocer lo que ha sucedido o lo que está sucediendo, para bien o para mal, si desconoce el porqué del suceso, su causa. Al no conocerse las causas de los acontecimientos la historia pierde lo que puede tener para el ser humano de enseñanza provechosa y quedarse en mero entretenimiento.

Esta causa siempre necesariamente fue anterior al acontecimiento. El investigador histórico debe, por consiguiente, retroceder en el tiempo en vez de avanzar o de quedarse quieto o de saltarse varios siglos de un golpe o de embarcarse con Herbert George Wells en viajes al futuro. Pero he aquí que la causa suele ser al mismo tiempo un acontecimiento y, por lo tanto, el investigador histórico, si es consciente y riguroso, deberá investigar también la causa de este acontecimiento, retrocediendo, por lo tanto, en el tiempo histórico; y al proceder así sucesivamente se hallará inmerso en plena retrohistoria. Y para ello habrá utilizado un cambio radical de perspectiva.

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“De la grandeza y hermosura de las criaturas se llega, por analogía, a contemplar a su Autor”. S. S. Benedicto XVI. P.M. – MMV.XI.X.

 

“Dios no aparece en la Biblia como un Señor impasible e implacable, ni es un ser oscuro e indescifrable, como el hado, con cuya fuerza misteriosa es inútil luchar”.

 

Dios se manifiesta «como una persona que ama a sus criaturas, que vela por ellas, les acompaña en el camino de la historia y sufre por la infidelidad de su pueblo «a su amor misericordioso y paterno».

«El primer signo visible de esta caridad divina hay que buscarlo en la creación»: «los cielos, la tierra, las aguas, el sol, la luna y las estrellas».

«Incluso antes de descubrir a Dios que se revela en la historia de un pueblo, se da una revelación cósmica, abierta a todos, ofrecida a toda la humanidad por el único Creador»

«Existe, por tanto, un mensaje divino, grabado secretamente en la creación», signo de «la fidelidad amorosa de Dios que da a sus criaturas el ser y la vida, el agua y la comida, la luz y el tiempo».

«De las obras creadas se llega a la grandeza de Dios, a su amorosa misericordia».


El Papa acabó su discurso, dejando a un lado sus papeles, comentó un pensamiento de san Basilio Magno, doctor de la Iglesia, obispo de Cesárea de Capadocia, quien constataba que algunos, «engañados por el ateísmo que llevaban dentro de sí, imaginaron el universo sin un guía ni orden, a la merced de la casualidad».

«Creo que las palabras de este padre del siglo IV son de una actualidad sorprendente», reconoció S. S. Benedicto XVI preguntándose: «¿Cuántos son estos "algunos" hoy?».

«Engañados por el ateísmo, consideran y tratan de demostrar que es científico pensar que todo carece de un guía y de orden».

«El Señor, con la sagrada Escritura, despierta la razón adormecida y nos dice: al inicio está la Palabra creadora. Al inicio la Palabra creadora --esta Palabra que ha creado todo, que ha creado este proyecto inteligente, el cosmos-- es también Amor».

El Papa concluyó exhortando a dejarse «despertar por esta Palabra de Dios» e invitando a pedirle que «despeje nuestra mente para que podamos percibir el mensaje de la creación, inscrito también en nuestro corazón: el principio de todo es la Sabiduría creadora y esta Sabiduría es amor y bondad». S. S. Benedicto PP XVI. MMV.XI.X.

 

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Historia, calumnia e ignorancia - Abundan aún los ejemplos de casos en que juzgamos y decidimos, tomamos riesgos y los hacemos correr a los demás, convencemos al prójimo y le incitamos a decidirse, fundándonos en informaciones que sabemos que son falsas, o por lo menos sin querer tener en cuenta informaciones totalmente ciertas, de que disponemos o podríamos disponer si quisiéramos. Hoy, como antaño, el enemigo del hombre está dentro de él. Pero ya no es el mismo: antaño era la ignorancia, hoy es la mentira. MMVI

 

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PASADO HISTORIA - La inscripción del templo de Delfos, que inspiró a Sócrates: conócete a ti mismo. Se trata de una verdad fundamental: conocerse a sí mismo es típico del hombre. En efecto, el hombre se distingue de los demás seres creados sobre la tierra por su capacidad de plantearse la cuestión del sentido de su propia existencia. Gracias a lo que conoce del mundo y de sí mismo, el hombre puede responder a otro imperativo que nos ha transmitido también el pensamiento griego: llega a ser lo que eres.

Por tanto, el conocimiento tiene una importancia vital en el camino que el hombre recorre hacia la realización plena de su humanidad: esto es verdad de modo singular por lo que atañe al conocimiento histórico. En efecto, las personas, como también las sociedades, llegan a ser plenamente conscientes de sí mismas cuando saben integrar su pasado.

 

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«Gloria a Dios Padre y al Hijo, Rey del universo.
Gloria al Espíritu,
digno de alabanza y santísimo.
La Trinidad es un solo Dios
que creó y llenó cada cosa:
el cielo de seres celestes
y la tierra de seres terrestres.
Llenó el mar, los ríos y las fuentes
de seres acuáticos,
vivificando cada cosa con su Espíritu,
para que cada criatura honre
a su sabio Creador,
causa única del vivir y del permanecer.
Que lo celebre siempre más que cualquier otra
la criatura racional
como gran Rey y Padre bueno ».(9)

(9) Poemas dogmáticos, XXXI, Hymnus alias: PG 37, 510-511.

 

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El nacimiento de Jesús en Belén no es un hecho que se pueda relegar al pasado. En efecto, ante Él se sitúa la historia humana entera: nuestro hoy y el futuro del mundo son iluminados por su presencia. Él es « el que vive » (Ap 1, 18), « Aquél que es, que era y que va a venir » (Ap 1, 4). Ante Él debe doblarse toda rodilla en los cielos, en la tierra y en los abismos, y toda lengua debe proclamar que Él es el Señor (cf. Flp 2, 10-11). Al encontrar a Cristo, todo hombre descubre el misterio de su propia vida.(1)

Jesús es la verdadera novedad que supera todas las expectativas de la humanidad y así será para siempre, a través de la sucesión de las diversas épocas históricas. La encarnación del Hijo de Dios y la salvación que Él ha realizado con su muerte y resurrección son, pues, el verdadero criterio para juzgar la realidad temporal y todo proyecto encaminado a hacer la vida del hombre cada vez más humana.

 

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San Luís M. Grignion de Montfort (1673-1716) predicador, fundador de comunidades religiosas - Tratado sobre la verdadera devoción a la Virgen María

 

“El Poderoso hacho maravillas por mí.” (Lc 1,49) -      María vivió una vida muy escondida...Su humildad fue tan grande que no experimentó en la tierra ninguna atracción mayor y más continua que la de esconderse ante si misma y ante toda criatura, para ser conocida de sólo Dios...Dios Padre consintió que ella no hiciera ningún milagro en su vida, o por lo menos ningún milagro espectacular... Dios Hijo consintió que ella no hablara apenas, aunque el le había comunicado su sabiduría. Dios Espíritu Santo consintió en que sus apóstoles y evangelistas hablaran muy poco de ella, siendo necesario para dar a conocer a Jesucristo, aunque ella fuera su Esposa fiel.
      María es la obra maestra acabada del Altísimo quien se reservó para sí el conocerla y poseerla... María es el manantial sellado y la Esposa fiel del Espíritu Santo donde él sólo tiene entrada. María es el santuario y el reposo de la Santísima Trinidad donde Dios mora con una magnificencia y divinidad mayor que en cualquier otro lugar del universo, sin exceptuar su morada sobre los querubines y serafines. A ninguna criatura le es permitida, por muy pura que sea, entrar en este santuario sino es por un gran privilegio.
      Digo con los santos: María es el paraíso terrestre del nuevo Adán...Es el mundo grande y divino de Dios donde hay bellezas escondidas y tesoros inefables. Es la magnificencia del Altísimo, donde escondió, como en su seno, al Hijo único y con él todo lo que hay de excelente y precioso en el mundo. Oh, qué cosas tan grandes y escondidas ha hecho Dios en esta criatura admirable, como ella misma se ve obligada a confesar, a pesar de su humildad profunda: “El Poderoso hacho maravillas por mí.” (Lc 1,49) El mundo no los conoce porque es incapaz e indigno de ello.

 

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A la condena inicua se añade el ultraje de la flagelación.
Entregado en manos de los hombres, el cuerpo de Jesús es desfigurado.
Aquel cuerpo nacido de la Virgen Maria,
qué hizo de Jesús "el más bello de los hijos de Adán",
qué dispensó la unción de la Palabra
- "la gracia está derramada en tus labios" (Sal 45, 3)-,
ahora es golpeado cruelmente por el látigo.
El rostro transfigurado en el Tabor es desfigurado en el pretorio:
rostro de quién, insultado, no responde;
de quién, golpeado, perdona;
de quién, hecho esclavo sin nombre,
libera a cuantos sufren la esclavitud.
Jesús camina decididamente por la vía del dolor,
cumpliendo en carne viva, hecha viva voz, la profecía de Isaías:
"Ofrecí la espalda a los que me golpeaban,
la mejilla a los que mesaban mi barba.
No oculté el rostro a insultos y salivazos" (Is 50, 6).
Profecía que se abre a un futuro de transfiguración.

 

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"Obras todas del Señor, bendecid al Señor".

 

 

 

Alégrese la madre naturaleza
con el grito de la luna llena:
que no hay noche que no acabe en día,
ni invierno que no reviente en primavera,
ni muerte que no dé paso a la vida;
ni se pudre una semilla
sin resucitar en cosecha.

 

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“Cuando contemplo el cielo, obra de tus manos, 
la luna y las estrellas que has creado, 
¿qué es el hombre para que te acuerdes de él, 
el ser humano, para darle poder? 
Lo hiciste poco inferior a los ángeles, 
lo coronaste de gloria y dignidad”(Ps. 8).   

 

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Dios habla al hombre a través de la creación visible. El cosmos material se presenta a la inteligencia del hombre para que vea en él las huellas de su Creador (cf Sb 13,1; Rm 1,19-20; Hch 14,17). La luz y la noche, el viento y el fuego, el agua y la tierra, el árbol y los frutos hablan de Dios, simbolizan a la vez su grandeza y su proximidad.

 

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Dijo Dios: «Produzca la tierra animales vivientes según su especie: ganados, reptiles y bestias salvajes según su especie». Y así fue. Dios hizo las bestias de la tierra, los ganados y los reptiles campestres, cada uno según su especie. Vio Dios que esto estaba bien. Gen. 1, 24-25

 

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“Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones” Biblia. Evangelio según San Lucas Cap.1º vs. 48. La Iglesia, hace XXI siglos fundada por Tu Hijo, te alaba, ¡Oh Madre plena de dicha y felicidad!

 

VERITAS OMNIA VINCIT

LAUS TIBI CHRISTI.

 

 

 

Gracias por venir a visitarnos y pregonarnos. 

 

Dos mil años de evangelización - En el monte de los Olivos, el día de la Ascensión, antes de subir al Padre, Jesús pronunció la profecía de la evangelización: «Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura» (Mc 16, 15).

«En estas palabras está contenida la proclama solemne de la evangelización» Juan Pablo II. Los discípulos del divino Redentor acogieron esta consigna y desde entonces, a lo largo de la historia y en todos los meridianos del orbe, la Iglesia se torna católica catolizando, y no ha hecho otra cosa que ejecutar el mandato de su Señor: evangelizar. «Evangelizare Iesum Christum»: «Anunciar a Jesucristo» (cf. Ga 1, 16), como se expresa san Pablo con frase lapidaria y emblemática.

 

 

 

Debido a la existencia de páginas excelentes sobre apologética y formación,  lo que se pretende desde aquí es contribuir muy modestamente y sumarse a los que ya se interesan por el Evangelio de Cristo de manera mucho más eficaz.

 

La masonería invisible. Ricardo de la Cierva. Ed. Fénix - serie máxima

S. Juan de la Cruz. Claves para un acercamiento filosófico. Ed. Monte Carmelo

La gran persecución. España 1931-1939. Vte. Cárcel Ortí. Ed. Planeta +Testimonio

Al-Andalus contra España. Serafín Fanjul. Ed. Siglo veintiuno de España editores.

Y la Iglesia también. Varios autores. Ed. BAC. 2000

El coraje de ser católico. George Weigel. Ed. Planeta

Los desafíos del católico. Vittorio Messori. Ed. Planeta+Testimonio

Dios en la acción. François Régis Wilhélem. Ed. BAC – espiritualidad

Inquisición. Rdo. García Cárcel y Doris Moreno Martínez. Ed. Temas de hoy.

El nuevo pueblo de Dios.Joseph Ratzinger. Ed. Biblioteca Herder

Los evangelios. 2000 dudas resueltas. Jorge Loring S.J. Ed. Planeta +Testimonio

Quién es quién en el Cristianismo. L. Cohn. Sherbock. Ed. Acento

Isabel la católica. Alfredo Alvar Ezquerra. Ed. Temas de hoy – historia

Dios y el mundo.Joseph Ratzinger. Ed. Galaxia Gutenber/Círculo de lectores

Genética y bioética. Juan Ramón Lacadena. Ed. Desclée De Brouwer

Los mitos de la guerra civil. Pío Moa. 5ta. Edición. Ed. La esfera e historia.

 

Fortalecer la encarnación de la fe cristiana en la vida de los pueblos que tienen una larga tradición histórica de fe y espiritualidad. La fe se encarna en comunidades vivas que tienen su propia cultura".   

 

 

 

 

 

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).