Tuesday 23 May 2017 | Actualizada : 2017-03-29
 
Inicio > Leyendas Negras > Europa - 9º historia textos cristianos biblioteca legado universal cristianismo

Aquellos que niegan las raíces cristianas de Europa no pecan contra la Iglesia, sino contra la Historia.

 

+++


«¿No es una arrogancia hablar de verdad en cosas de religión y llegar a afirmar haber hallado en la propia religión la verdad, la sola verdad, que por cierto no elimina el conocimiento de la verdad en otras religiones, pero que recoge las piezas dispersas y las lleva a la unidad?». Card. + Joseph Ratzinger, en el siglo S.S. Benedicto PP XVI - Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe - Fragmento de «La Unicidad y la Universalidad salvífica de Jesucristo y de la Iglesia»

 

+++

 

 

La superstición es una religión que ha crecido incongruente con la inteligencia.

 

+++

 

El Monasterio de San Millán de la Cogolla en La Rioja-España, contiene  miles de manuscritos en su biblioteca y en el archivo. En la catalogación han hallado documentos fechados desde el año 759 hasta 1900, sin contar los del siglo XX. Gracias a la labor oculta y benévola de los monjes, junto al compromiso de la Iglesia Católica de preservar este patrimonio universal, podemos hoy gozar de este conjunto de bienes que engrandece el conocimiento de cualesquiera lo desee. MM.

 

+++

 

El Real Monasterio de Santes Creus es una abadía cisterciense erigida a partir del siglo XII, que se sitúa en del término municipal de Aiguamurcia, en la provincia de Tarragona-España. Fue declarado Monumento Nacional por Real Orden de 13 de Julio de 1921. El origen del Monasterio se remonta al año 1150. Durante siglos fue acumulando en su biblioteca una riqueza en libros, códices, etc. Durante los siglos XVII y XVIII se siguen efectuando obras de ampliación y reforma, añadiendo nuevas dependencias exteriores. Esta continua actividad se ve truncada bruscamente en 1835 con la desamortización de Mendizábal, momento en que el monasterio sufre el abandono obligatorio por parte de la comunidad cisterciense, y se ve abocado a la ruina. Su patrimonio bibliotecario fue disperso y nuevamente la arrogancia de unos iluminados y masones, dio por perdido una parte del saber de la humanidad que durante tantos siglos, la Iglesia católica con sus monjes, habían conservado para el florecimiento de la cultura universal.  Declarado Monumento Nacional en 1921, ha sido objeto de sucesivas obras de restauración y acondicionamiento, siendo hoy lugar de manifestaciones culturales de variada índole bajo gestión de la Generalidad de Cataluña – España.

 

+++

 

«La obediencia a la verdad no significa renunciar a la búsqueda y a la fatiga de pensar». S.S. Benedicto Pont.Max. XVI. Discurso del Papa ante la Comisión Teológica Internacional 2008.XI.05

 

«La ley natural constituye la verdadera garantía que tenemos todos de vivir libres, respetados y defendidos de cualquier pretensión de manipulaciones ideológicas y de cualquier abuso perpetrado en base a la ley del más fuerte». S.S. Benedicto Pont.Max. XVI. Discurso del Papa ante la Comisión Teológica Internacional 2008.XI.05

 

+++

 

“Verdaderamente libre, según el Evangelio y la tradición de la Iglesia, es aquella persona, aquella comunidad o aquella institución que responde plenamente a su propia naturaleza y a su propio fin, y la vocación de la Universidad es la formación científica y cultural de las personas para el desarrollo de toda la comunidad”

S.S. Benedicto Pont.Max. XVI. Vat. 01.XII.2008

 

+++

 

«Si se quiere que un ambiente humano mejore. es necesario ante todo que cada uno comience con reformarse a sí mismo, corrigiendo aquello que puede hacer daño al bien común u obstaculizarlo en algún modo». S.S. Benedicto Pont.Max. XVI. Vat. 01.XII.2008

 

+++

 

Al concepto de reforma Benedicto XVI vinculó el de libertad. San Pedro Damián quería que la Iglesia fuese más libre, a nivel espiritual y a nivel histórico. “Análogamente, la validez de una reforma de la Universidad no puede tener como verificación sino su libertad: libertad de enseñanza, libertad de investigación, libertad de la institución académica con respecto a los poderes económicos y políticos. Esto no significa aislamiento de la Universidad de la sociedad, ni autoreferencialidad, ni tanto menos perseguir intereses privados aprovechando los recursos públicos. ¡Ciertamente no es esta la libertad cristiana! Verdaderamente libre, según el Evangelio y la tradición de la Iglesia, es aquella persona, aquella comunidad o aquella institución que responde plenamente a su propia naturaleza y a su propio fin, y la vocación de la Universidad es la formación científica y cultural de las personas para el desarrollo de toda la comunidad social y civil”. (S.L.) (Agencia Fides 1/12/2008.-

S.S. Benedicto Pont.Max. XVI. Vat. 01.XII.2008

 

+++

 

Una afirmación del filósofo Paul Feyerabend dice que: «en la época de Galileo la Iglesia fue mucho más fiel a la razón que Galileo, y que el juicio que la Iglesia le hizo a Galileo fue razonable y justo». La Comunidad científica acepta solo demostraciones y las hipótesis* siempre quedan a demostrar.

*hipótesis. (Del lat. hypoth?sis, y este del gr. ?π?θεσις).1. f. Suposición de algo posible o imposible para sacar de ello una consecuencia.

 

+++

 

La prestigiosa y respetada Universidad de ‘La Sapienza’ fue fundada por el Papa S.S. Bonifacio VIII en 1303, y fue además visitada en las últimas décadas por S.S. Pablo VI y S.S. Juan Pablo II Magno. A inicios del años 1200 la Iglesia fundaba escuelas de altos estudios, ateneos y Universidades, proponiendo el estudio profundo y el confronto de las ciencias. Manifestaba así que la obediencia a la verdad no significa renuncia a la investigación y a fatiga de pensar.

 

+++

 

 

El Monasterio de Santa María de Sobrado, aparece citado ya en documentos de finales del siglo X, con el nombre de "San Salvador". La historia de los 150 primeros años de vida del Monasterio no está suficientemente estudiada; sabemos que a principios del siglo XII el Monasterio se encuentra abandonado. En 1142 Bernardo de Fontaines, que hoy conocemos como san Bernardo, envía desde Claraval (Francia), de donde es abad, una comunidad de monjes. Así, el 14 de febrero de 1142, comienza en Santa María de Sobrado la vida monástica cisterciense. (Para conocer más sobre la Orden Cisterciense E.O., pulse aquí ).
Durante el resto del siglo XII y el siglo XIII el Monasterio desarrolla una gran actividad espiritual y económica. Después, como la mayoría de los Monasterios de España y Europa, conoce una etapa de decadencia que se detiene el año 1498, al incorporarse el Monasterio a la Congregación de Castilla. El Monasterio recupera gran parte de su grandeza; la mayoría de los edificios que actualmente se conservan, comienzan a construirse a partir de esta nueva época. La monumental iglesia se termina a finales del siglo XVII y en el año 1708 se consagró solemnemente.
Santa María de Sobrado sufre una nueva etapa de decadencia, que culmina en 1834: el 21 de setiembre de 1834 se suprime por real orden el Monasterio. Al año siguiente, 1835, la mayor parte de los Monasterios de España son también suprimidos, por una orden general y definitiva de desamortización. El Monasterio de Santa María de Sobrado, sus edificios y posesiones son vendidos a personas no relacionadas con la institución religiosa o eclesiástica.
Su patrimonio bibliotecario fue disperso y nuevamente la arrogancia de unos iluminados y masones, dio por perdido una parte del saber de la humanidad que durante tantos siglos, la Iglesia católica con sus monjes, habían conservado para el florecimiento de la cultura universal.  Se inicia un deterioro progresivo de los edificios que acaban convirtiéndose en un enorme montón de ruinas y piedras.
En el año 1954, por encargo del cardenal Quiroga, Arzobispo de Santiago de Compostela, el Monasterio Cisterciense de Viaceli, situado en la localidad de Cóbreces (Cantabria) comienza la enorme tarea de reconstrucción del Monasterio; y en el mes de julio de 1966 envía una comunidad de monjes. El 25 de julio de 1966, solemnidad del apóstol Santiago, comienza nuevamente la vida monástica cisterciense en el Monasterio de Santa María de Sobrado.

 

+++

 

El cristianismo es directo responsable de algunos de los conceptos que hoy nos parecen irrenunciables: la dignidad y la igualdad de todos los seres humanos, y el derecho a la vida de todos y cada uno de ellos, desde el vientre materno a la muerte natural.

 

+++


 

En el siglo trece surgieron las órdenes mendicantes, llamadas así porque buscaban la ayuda de la gente para poder vivir y cumplir su misión. Las más conocidas fueron los franciscanos y los dominicos, fundados por Francisco de Asís y Domingo de Guzmán, respectivamente, los cuales supieron enfrentarse a los desafíos de la Iglesia de su época. Frente a la pretensión de algunos que, anhelando una vida cristiana más autentica, se alejaban de la comunión eclesial, demostraron que era posible vivir la pobreza evangélica sin separarse de la Iglesia. Se entregaron con incansable celo a la predicación, a la enseñanza y al acompañamiento espiritual de los fieles, satisfaciendo la necesidad que sentían de una vida espiritual más intensa. Supieron también adaptarse con flexibilidad a las necesidades pastorales provocadas por el crecimiento de las ciudades en detrimento de las zonas rurales. Participando activamente en la vida cultural de su tiempo, llegaron a incidir significativamente en el desarrollo del pensamiento. En definitiva, la aparición de las órdenes mendicantes es un ejemplo concreto de cómo los santos son los auténticos reformadores de la Iglesia, capaces de promover una renovación eclesial estable y profunda.

 

 

+++

 

“La virtud consiste en en un término medio, de conformidad con la razón” pensamiento-síntesis de origen aristotélico y persistentemente recordado por el monaquismo antiguo cristiano, siglos antes de las invasiones árabo-islámicas. La intelectualidad monasterial iba tomando y conformando la razón en base a la filosofía aristotélica. Una filosofía como fruto de la razón natural y el monaquismo en proceso lento y sólido, la coloca al servicio de la doctrina cristiana; pensar filosófico desde el mundo Helénico-Egeo hasta el Persa y, como dos alas, hasta la Hispania.

 

“Si ya es difícil ser sabio, tanto más oir al sabio” Dos pensamientos consuetudinarios en las bibliotecas monacales antiguas cristianas.

 

+++

 

 

El cristianismo hizo, "desde los albores de la historia", una elección clara entre el pensamiento mítico y la filosofía, a favor de la segunda.

La fe cristiana debe ser descendida a una experiencia histórica concreta que alcance al hombre en la verdad más profunda de su existencia. La comprensión del cristianismo como real transformación de la existencia del hombre, si por un lado empuja a la reflexión filosófica a un nuevo acercamiento a la religión, por otro la anima a no perder la confianza en poder conocer la realidad.

 

+++

 

... sabía usted… y conviene recordar que…

 

La salvación de las obras históricas y literarias latinas y griegas, en gran parte fue posible gracias a la acción de la Iglesia…

 

La sismología se llamaba hasta hace poco la ciencia jesuítica, pues fueron los miembros de esta orden de la Iglesia católica, asentados en la América española los que establecieron los primeros sismógrafos.

 

El primer reloj mecánico conocido lo construyó en 996 un sacerdote que luego fue el Papa Silvestre II.

 

Los monasterios benedictinos al inicio del medioevo y progresivamente, –en cumplimiento de la regla ora et labora- eran empresas y centros de formación e investigación; construyeron criaderos de salmón, descubrieron el champán, elaboraron queso y realizaron los primeros cruces de ganado.

 

El primer hombre que voló fue un monje llamado Eilmer a principios del siglo XI.

 

Los abades cistercienses se reunían una vez al año para intercambiar conocimientos.

 

El primer estudio de los fósiles y los estratos geológicos lo efectuó un sacerdote en el siglo XVII.

Gran parte de esta obra fue arrasada en los países en los que triunfó la Reforma, desde la Inglaterra anglicana a la Suecia luterana. La justicia protestante destruyó las bibliotecas catedralicias, los archivos monacales, escritos antiquísimos del saber.

 

La enumeración anterior demuestra el interés de los hombres de Dios por la ciencia, el conocimiento, y la sabiduría, así como su transmisión al mundo entero.

El impulso provenía de su fe: un universo racional cuyas reglas debían conocer como obra divina que era y el mandamiento de amar al prójimo.

 

El nacimiento de las ‘Universidades’, la formación del ‘Derecho internacional’ y las instituciones de caridad, que en ciertos casos hoy pueden llamarse ‘ONG’, son obras de los hijos de la Iglesia católica.

 

+++


S. S. Benedicto XVI nos ha recordado varias veces que, si la razón y la fe avanzan juntas de un modo nuevo; si superamos la limitación impuesta por la razón misma a lo que es empíricamente verificable, generaremos así nuevos horizontes. 

La dignidad humana es un concepto que engloba no pocas de las características definitorias de lo humano. Pero la dignidad humana también es una pregunta que nos remite a un presupuesto anterior; la pregunta por la dignidad humana, y las consecuencias que se derivan de su respuesta, es hoy una exigencia cultural del catolicismo. Si la acción humana, como nos recordaba el profesor David L. Schindler, «sólo llega a ser dramática penetrando a fondo en la vida hasta llegar al encuentro de la Fuente divina del ser, el eco del fiat mariano y del canto del Magnificat que brota del centro de la criatura humana es un encuentro que debe desarrollarse como completo modo de vida». 2007

 

+++

  

Es difícil calificar una institución –como la Iglesia Católica que, en sus dos mil años- nos ofrece con sus bibliotecas, monasterios y universidades, nada menos que el ‘patrimonio intelectual de la humanidad’.

 

+++

 

 

La misión de la Iglesia su orden de Cristo, es anunciar la salvación a la ‘nación’ de los pobres, marginados, excluidos y manipulados, primeramente.

 

+++

 

Los jesuitas prestan servicios en los campos más diversos de la sociedad, especialmente en los de acción social y educación. 
En la acción social sus objetivos, proclaman, son impregnar las estructuras de la vida humana con una expresión más plena de amor y justicia, lo que les lleva a estar presentes en centros de estudio y publicaciones, en asociaciones de cooperación al desarrollo, en el voluntariado y en proyectos de apoyo a las clases más necesitadas.
La educación la asumen como participación en la misión evangelizadora de la Iglesia. Tienen instituciones en todos los niveles educativos: universidades, colegios, centros de formación profesional y redes educativas.    Tienen centros en 69 países: 207 instituciones de Educación Superior (universidades), 472 de secundaria, 165 de primaria y 78 de profesional o Técnica, donde estudian 2,5 millones de alumnos. 
En España disponen de 67 colegios, en los que estudian unos 70.000 alumnos y nueve universidades -Pontificia de Comillas, de Madrid; Deusto, en Bilbao; Teología de Granada; INEA en Valladolid; ESADE en Barcelona; ETEA en Córdoba; E.U. Magisterio SAFA en Úbeda; CESTE en Santander e IQS en Cataluña- con 50.000 jóvenes.  

También tienen prestigiosas universidades, como la Gregoriana de Roma. 

[2008.I.]

 

+++

 

 

¡Omitir voluntariamente la realidad, es peor que la ignorancia!

«Europa ha nacido de la cruz, del libro y del arado» Pablo PP. VI.

"La construcción europea necesita la voluntad y la determinación de las autoridades para basar la Unión sobre valores comunes que se funden en las raíces cristianas de los distintos pueblos, que son una realidad incuestionable de la historia y cultura europeas". "La aportación decisiva del cristianismo y de la visión cristiana del hombre a la historia y a la cultura de diferentes países forma parte del tesoro común, y parece lógico que esto sea inscrito en el proyecto de la Convención Europea", explicó Juan Pablo II, en palabras de su portavoz, Navarro Valls. 01.XI.2002

 

+++


Europa descansa sobre tres colinas: la Acrópolis, el Capitolio y el Gólgota. Como ha hecho notar Brandmuller, buena parte   de las catástrofes del siglo XX -desde los conflictos bélicos de la Primera Guerra Mundial a los campos de extermino del Tercer Reich y el Archipiélago Gulag- son el resultado de la ruptura de Europa con sus orígenes. Jerusalén representa la concepción de que la Humanidad y el mundo existen en relación con Dios, el Creador. Atenas representa la primacía del intelecto. Roma, la arquitectura jurídica que vertebra las grandes creaciones normativas. El olvido de estas elementales verdades recuerda aquellas palabras de Qinto Septimio Severo: «Hay dos clases de ceguera que se combinan fácilmente: la de aquellos que no ven lo que es y la de los que ven lo que no es».

La tradición judeo-cristiana ha aportado a Europa el básico patrimonio común de derechos fundamentales. Los derechos del hombre no comienzan con la Revolución Francesa. Norberto Bobbio insiste en este punto, cuando afirma que el gran cambio en el reconocimiento del hombre como persona «tuvo inicio en Occidente con la concepción cristiana de la vida, según la cual todos los hombres son hermanos en cuanto hijos de Dios».

 

+++

 

THOMAS E. WOODS JR.: CÓMO LA IGLESIA CONSTRUYÓ LA CIVILIZACIÓN OCCIDENTAL. Ciudadela (Madrid), 2007, 280 páginas. Prólogo del CARDENAL CAÑIZARES.

 

CÓMO LA IGLESIA CONSTRUYÓ

LA CIVILIZACIÓN OCCIDENTAL

 

 

Un mundo católico

Por Juan Ramón Rallo

Ciudadela acaba de publicar la traducción del magnífico libro del historiador liberal Thomas Woods Cómo la Iglesia construyó la civilización occidental. Acostumbrados a oír que el catolicismo ha supuesto un freno para el desarrollo intelectual, científico, jurídico y artístico de Occidente, resulta gratificante recorrer las páginas de esta obra y dar con contribuciones esenciales de la Iglesia de Roma a nuestra sociedad.

 

Sin embargo, voy a empezar esta recensión con una discrepancia con el autor; en concreto, con el título que ha puesto a la obra. Woods afirma que la Iglesia construyó la civilización, lo cual me parece bastante erróneo, incluso ingenuo. Occidente no sólo no es el fruto de un diseño deliberado de Roma, es que ésta tampoco planeó las consecuencias que sus principios teológicos y sus acciones caritativas iban a tener sobre la sociedad. De hecho, la grandeza de este libro es que muestra cómo la Iglesia se convirtió en un pilar fundamental del desarrollo de Occidente sin que ella misma diseñara esa civilización ni impusiera su voluntad mediante la fuerza.

 

Esto no significa, claro está, que la historia de la Iglesia sea impoluta, o que nunca haya aprovechado su relación con el Estado para tratar de imponer su moral particular, sino, más bien, que sus grandes contribuciones tuvieron lugar sin que mediara el empleo de violencia alguna y sin que, repito, la propia Iglesia previera el enorme alcance de sus actuaciones, guiadas por sus dogmas de fe y no por oportunismos proselitistas.

 

El primer ejemplo que ofrece Woods es el de los monasterios, cuyo origen se encuentra tanto en el retiro espiritual que buscaban ciertos cristianos para alcanzar a Dios como en la consagración de algunas vírgenes (las futuras monjas) al cuidado de pobres y enfermos. Los monasterios, por tanto, surgieron del amor cristiano hacia Dios y el prójimo, pero su influencia sobre la civilización fue mucho más allá. Por hacer una enumeración no exhaustiva, los monjes iniciaron el cruce de ganados, descubrieron cómo fermentar la cerveza, cultivar frutas, elaborar quesos; crearon el champán, mejoraron los viñedos, perfeccionaron la metalurgia e inventaron los  relojes de ruedas dentadas (en concreto, el futuro papa Silvestre II).

 

Muchas de estas innovaciones las desarrollaron para su propio provecho. Por ejemplo, el vino lo necesitaban para la Eucaristía, y dieron en incrementar la productividad agrícola y ganadera porque habitaban las tierras menos fértiles, que nadie más quería.

 

Los monasterios fueron decisivos en la conservación de casi toda la literatura antigua que ha llegado a nuestros días. Autores como Aristóteles, Cicerón, Virgilio, Horacio, Marcial, Suetonio, Ovidio o Quintiliano probablemente habrían caído en el olvido si no hubieran acudido los monjes a su rescate.

 

De nuevo, esta tarea de conservación no fue casual. Los cristianos, como recordaba Ratzinger en su Introducción al cristianismo, pronto entendieron que la filosofía clásica podía compatibilizarse con la relevación cristiana, ya que ambas buscaban la verdad mediante la razón (como más tarde intentaron San Agustín con Platón y Santo Tomás con Aristóteles). De ahí que los monjes se dedicaran a estudiar con profundidad los textos antiguos.

 

El capítulo dedicado a la ciencia es una de los más interesantes. En el caso de la astronomía, para muchos la bestia negra de la Iglesia, el profesor Woods destaca algunos hechos contundentes.

 

Copérnico accedió al sacerdocio y fue requerido por el V Concilio de Letrán para que colaborara en la reforma del calendario. Los jesuitas inventaron los telescopios reflectores –de hecho, hay 35 cráteres lunares que llevan el nombre de otros tantos miembros de la Compañía–. El astrónomo Giovanni Cassini verificó la hipótesis de Kepler sobre la órbitas elípticas valiéndose del observatorio de la Basílica de San Petronio. Varias catedrales se construyeron para que hicieran también las veces de observatorios solares –para poder determinar la fecha exacta de la Pascua–, y sirvieron de base para múltiples observaciones (sólo en la de San Petronio se realizaron más de 4.500 en menos de cien años).

 

El caso Galileo, con ser uno de los episodios negros de la Iglesia, es sumamente matizado por Woods. Por ejemplo, cuando aquél publicó sus Cartas sobre las manchas solares, en las que defendía por primera vez la teoría heliocéntrica de Copérnico, recibió múltiples felicitaciones, incluso del futuro papa Urbano VIII, quien, ya como Sumo Pontífice, le obsequió con dos medallas y le describió como "un hombre cuya fama brilla en el cielo y se extiende por todo el mundo".

 

El problema vino de que Galileo estableciera el sistema copernicano como verdad irrefutable y no como hipótesis de trabajo, sin aportar, además, prueba alguna. La Iglesia demandó a Galileo que cesara de considerarla como tal, si bien le autorizó a seguir estudiándola y presentándola como hipótesis. Pero el científico se negó; la Iglesia, entonces, recurrió a la censura.

 

En otras palabras, el caso Galileo fue más un deseo de la Iglesia por mantener el método científico de contraste empírico que un desesperado intento por su parte de conservar el sistema de Ptolomeo. Varias autoridades eclesiásticas afirmaron que, si se probaba que el Sol era el centro del Universo (como postulaban Copérnico y Galileo), no tendrían inconveniente en releer las Escrituras a la luz de la verdad.

 

Otras contribuciones científicas relevantes fueron la anticipación de la idea de inercia, a cargo de Jean Buridan; el desarrollo de la estratigrafía, a cargo de Nicolaus Steno; la creación de microscopios, a cargo de los jesuitas. Éstos, además, teorizaron sobre la circulación sanguínea, dieron inicio a los estudios de sismología y a la teoría atómica y descubrieron la difracción de la luz.

 

La concepción trascendente de Dios sentó las bases para la investigación científica. Para los católicos, Dios no se encuentra en ningún espacio físico, por lo que no forma parte de la naturaleza; ésta queda, pues, despersonalizada y pasa a estar regida por la causalidad. Los cambios en el mundo no son atribuidos a un deseo expreso de Dios, sino a leyes regulares, discernibles mediante la razón.

 

La Iglesia, y especialmente la Escuela de Salamanca, tuvo una importancia decisiva en el desarrollo de la economía y del Derecho Internacional. El Padre Vitoria sentó las bases del Derecho Internacional al reflexionar sobre el trato que merecían los pueblos indígenas, mientras que Martín de Azpilcueta, Juan de Lugo, Luis de Molina, Domingo de Soto, Tomás de Mercado, Diego de Covarrubias y Juan de Mariana, entre otros, elaboraron teorías económicas muy avanzadas y que aún hoy son una fuente extraordinaria de conocimiento.

 

El Derecho Internacional se asienta en la idea de la dignidad de todos los seres humanos. El hombre ha sido creado a imagen y semejanza de Dios, por lo cual es sujeto de derechos naturales frente a cualquier tipo de agresión. En cuanto a las contribuciones económicas, parten de una concepción subjetivista del valor –a diferencia de la de teóricos mucho más reputados, como Adam Smith– que entronca con los hallazgos científicos de la Escuela Austriaca. Los católicos no conferían tanta importancia como los protestantes al trabajo como fruto de toda prosperidad, de ahí que no incurrieran en teorías erróneas como la del valor trabajo, en la que sí creyeron economistas como David Ricardo y, sobre todo, Karl Marx.

 

Podríamos seguir enumerando ejemplos de aportaciones de la Iglesia Católica a la civilización occidental, como las universidades, los hospitales, el mecenazgo, la idea del derecho de restitución o la creación de una excelente red de caridad para enfermos, viudas y huérfanos de calidad muy superior a la tan cacareada como intervencionista Ley de Dependencia.

 

La Iglesia Católica transformó decisivamente a Occidente, pero no porque tuviera un plan para ello. Repito que el único fallo que encuentro en esta obra es que figure el verbo construir en el título; ahora bien, el propio autor me ha informado de que con ello sólo pretendía transmitir la enorme importancia que ha tenido el catolicismo en el desarrollo de nuestra civilización.

 

Ninguno de los progresos que hemos descrito fueron ideados con el propósito y la forma que finalmente adoptaron. Fueron los individuos quienes, haciendo uso de su libertad, los acogieron para mejorar sus vidas. Precisamente de ahí emana la grandeza de la Iglesia: cuando –y porque– ha sido autónoma del Estado y no ha tratado de imponer su moral, ha logrado convertirse en la base de la civilización más avanzada y libre que haya conocido la Humanidad. 2007-05-24

  

THOMAS E. WOODS JR.: CÓMO LA IGLESIA CONSTRUYÓ LA CIVILIZACIÓN OCCIDENTAL. Ciudadela (Madrid), 2007, 280 páginas. Prólogo del CARDENAL CAÑIZARES.

 

+++

  

El empeño de contraponer la ciencia con la trascendencia es moderno. Hasta que fuimos hijos de la Ilustración, no hubo problemas por aceptar que a la verdad se llegaba por el telescopio y por el corazón. Si es la ciencia el pasaporte para cualquier precepto, nunca tendremos razones para creer en el amor, porque lo más importante no tiene ecuación que lo defina. Nunca podremos entender el anhelo de infinito de nuestro corazón, porque la ciencia no trabaja con lo indemostrable. Ahora bien, si creemos pensando que la ciencia no tiene nada que decirnos, tampoco entenderemos aquello que intuimos. El dossier publicado en la revista Il Timone nos acerca al dilema.

 

+++

 

DIOS NO ES PROBLEMA

 

Roberto Lanzilli 

Muchos creyentes, a menudo eclesiásticos, han sido insignes científicos. Eso demuestra que entre ciencia y fe no hay oposición 

 

Ya que cada vez con más frecuencia se quiere afirmar con obstinación que la Iglesia ha sido enemiga de la ciencia, es importante mostrar la fuerte vinculación positiva, o mejor, vital, que hay entre ciencia y fe, sobre todo si se trata de la fe católica. Es más, en la historia, ha sido justamente esta relación la que ha permitido el nacimiento y el desarrollo de las ciencias y de la técnica en una perspectiva de conocimiento de lo creado y de búsqueda del bien común.
Veamos, pues, algunos nombres escogidos más significativos, seguidos, si son sacerdotes o religiosos, del símbolo de la cruz.
Ya en el «¿oscuro?» Medioevo podemos señalar en Hildegarda de Bongen † (1098-1179), benedictina, a la primera naturalista del mundo por sus estudios de botánica, que incluían el uso curativo de las hierbas. Leyendo a Dante, comprendemos que los medievales sabían que el ángulo de inclinación del eje terrestre determina la alternancia de las estaciones, hecho decisivo para la vida del planeta Tierra.

No olvidemos a san Alberto Magno † (1200-1280), gran biólogo, filósofo y maestro de Sto. Tomás de Aquino, conocido como Doctor Universalis y proclamado patrono de los cultivadores de las ciencias naturales en 1941.
Prosiguiendo, damos con Roberto da Grossatesta † (1168-1253), precursor del método experimental, y con Rogelio Bacone † (1214-1292/4), alumno suyo, conocido por sus estudios de matemáticas y de óptica. Precursores del heliocentrismo y de la gravedad son Nicolás de Oresme † (1323-1382) y Juan de Buridano †, que siguieron a Aristóteles. Continuando con los eclesiásticos: Mateo Ricci † (1552-1610), que fue científico poliédrico y profundo conocedor de la cultura china; Nicolás Copérnico †, que dio nombre al sistema heliocéntrico; Nicolás Stenone † (1638-1686), que se distinguió en anatomía y geología; el conocido biólogo Spallanzani † (1729-1799); y el insigne astrónomo, contemporáneo suyo, José Piazzi †.
Otros científicos creyentes fueron Pascal, Galileo, Descartes, Leibnitz, Newton, Galvani y Volta.

Pero prosigamos con Ángel Secchi † (1818-1878), pionero de la astrofísica; Eugenio Barsanti †, inventor del motor de explosión, y el poliédrico Faá di Bruno †. ¿Y qué decir del genial Gregorio Mendel †, que, aplicando el álgebra, puso las bases de la genética? El vulcanólogo y sismólogo más insigne fue José Mercalli † (1850-1914), del que toma nombre su escala. Pensemos en Francisco Dezza †, precursor de la meteorología; en Jorge Lemaître †, que modificó las ecuaciones de campo gravitacional de Einstein; en Florenskij †, considerado el Leonardo da Vinci ruso; en D. Perignon †, el famoso enólogo; en Heisenberg; en Einstein, no católico pero creyente; en Maxwell. Sin olvidar los premios Nobel Fermi, Eccles y Carrel.
Es fácil, en este momento, intuir que la lista podría continuar aún, pero consideramos que lo dicho es más que suficiente para demostrar que ciencia y fe son conciliables.

CIENCIA Y FE

«Una de las cosas que nos han pedido indagar [está hablando uno de los más prestigiosos intelectuales chinos] es qué ha permitido el éxito, o mejor, el primado de Occidente sobre el resto del mundo. [...] Al principio pensamos que tal vez porque teníais armas más potentes que las nuestras. Luego pensamos que teníais un sistema político mejor. Después pensamos que debido a vuestro sistema económico. Pero en los últimos veinte años hemos comprendido que el corazón de vuestra cultura es vuestra religión: el cristianismo. He ahí por qué Occidente es tan poderoso. Las bases morales cristianas de la vida social y cultural han sido las que han permitido que surgiera el capitalismo y luego la exitosa transición hacia políticas democráticas. De esto no tenemos ninguna duda».
Rodney Stark 2008.IX

 

+++

  

 

LA IGLESIA VERDADERA AMIGA DE LA CIENCIA

 

Giacomo Samek Ludovico
Desmentimos el lugar común sobre la Iglesia oscurantista y hostil a la ciencia. El mensaje cristiano ha dado un impulso extraordinario a la ciencia y a la técnica. Han sido innumerables los científicos creyentes, muchos de ellos eclesiásticos.

 

Según uno de los más frecuentes lugares comunes, entre ciencia y fe cristiana hay una oposición y hostilidad, y la Iglesia ha sido enemiga del desarrollo científico.
Para rectificar esta falsedad, haría falta, obviamente, mucho espacio, pero podemos dar alguna idea.
De hecho, desde el punto de vista de las ideas, la Iglesia ha proclamado un mensaje que ha dado un gran impulso a la ciencia y a la tecnología. Lo podemos ver mediante un inventario mínimo y forzosamente incompleto.


Las ideas cristianas que han impulsado a la ciencia

1. Como ha subrayado recientemente el prestigioso sociólogo de las religiones Rodney Stark, el secreto de la superioridad científico-tecnológica de la que se ha ufanado Europa durante muchos siglos reside en su extraordinaria confianza en la razón, que ha producido tantos desarrollos culturales, sociales y científicos. Y esta victoria de la razón es mérito inestimable del cristianismo.
La valoración cristiana de la razón ha sido realmente innovadora, porque las demás religiones sólo enfatizaban el sentido del misterio y aspiraban a un conocimiento no racional y discursivo, recibido por iluminación divina y por intuición. Para el cristianismo, la razón tiene un valor extraordinario porque: a) es una imagen de la razón divina; b) es un gran regalo de Dios. Por eso la razón ha de aplicarse y progresar en todos los ámbitos, incluido el científico.

2. Las culturas antiguas casi siempre estaban invadidas por una visión negativa del mundo o al menos de la materia (piénsese en el orfismo, en los presocráticos, en Platón, y, todavía en el s. III d. C., en Plotino, etc.; la única excepción importante es Aristóteles). Esta maldad del mundo (o de la materia) conlleva una actitud de desinterés hacia él y no lo hace merecedor de investigación y estudio.
En cambio, para la Iglesia, el mundo y toda la materia son buenos, y hay que indagarlos y estudiarlos a fondo: a) porque los ha creado Dios (la idea de la creación no la conocieron nunca los griegos); b) porque Dios se encarnó en el mundo.

3. Dado que Dios se refleja en el mundo (aun siendo diferente de él) como un pintor se expresa en el cuadro, estudiar el mundo significa descubrir la magnificencia de Dios y su poder: "Los cielos narran la gloria de Dios y el firmamento anuncia la obra de sus manos" (Salmo 18). Galileo decía que la naturaleza es uno de los dos libros escritos por Dios (el otro es la Biblia).

4. Dado que Dios es el Autor del mundo, estudiarlo equivale a honrar a su Autor.

5. Para muchas culturas antiguas y para la filosofía griega (a excepción de los pitagóricos), la materia es irracional y, por tanto, no es inteligible, no es comprensible para la mente humana ni para la ciencia.
En cambio, para la Iglesia, la materia es inteligible, potencialmente cognoscible por el pensamiento humano, porque ya fue pensada y luego creada por un Pensamiento Creador, el de Dios. Es más, la racionalidad de las estructuras del mundo, su cognoscibilidad por parte de la mente humana, es un dato de hecho que remite a Dios como su causa.

6. En gran parte de las culturas arcaicas, en la filosofía griega (y todavía en ciertas culturas africanas y asiáticas), el tiempo tiene una marcha circular, cíclica, en la cual todo se repite por necesidad. Está claro que esta concepción fatalista resulta frustrante para cualquier espíritu de iniciativa, de emprendimiento, científico o no: si todo ha sucedido ya, toda aparente iniciativa nueva es en realidad una repetición en el engranaje implacable del tiempo.
En cambio, para la Iglesia, el tiempo tiene una marcha rectilínea, y cualquier suceso es una novedad (aunque se dan semejanzas con el pasado); una visión que da impulso a la innovación, a la investigación, al descubrimiento.

7. Al mismo tiempo, Dios no es un déspota arbitrario, que cambia en todo momento las leyes de la naturaleza. Así, las leyes que descubrimos un día valen todavía al día siguiente.

8. Para la Iglesia, la investigación científica y su aplicación tecnológica son una forma de obediencia al mandato de Dios: a) porque en la parábola de los talentos, el Señor dice que cada uno ha de explotar todas las habilidades que ha recibido, y, por tanto, también la de estudiar científicamente el mundo; b) porque, más en general, la razón es un don de Dios y hay que ejercitarla lo más posible en la búsqueda de la verdad.

9. Para los griegos y los romanos, sólo el trabajo intelectual es estimable y noble; en cambio, para la Iglesia, cualquier trabajo tiene su dignidad, incluso el manual-tecnológico que transforma el mundo. De hecho, el Dios cristiano: a) interviene en el mundo; b) trabaja durante treinta años como carpintero en Nazaret.

10. Muchas culturas religiosas antiguas y modernas y algunos filósofos griegos (por ejemplo, Tales, Anaximandro, Jenófanes, etc.) son panteístas (Dios coincide con el mundo), o bien animistas (el mundo tiene un alma). Por eso la actitud más correcta respecto al mundo es la veneración, la contemplación, pero no el estudio y la intervención transformadora-tecnológica. Viceversa, la Iglesia ha desacralizado el mundo, explicando que no coincide con Dios ni tiene un alma, por lo que se puede estudiar a fondo y se puede intervenir en él. Al mismo tiempo, el mundo es creado por Dios, por lo que no pertenece al hombre, que lo ha de guardar y cultivar y no puede devastarlo.

11. En muchas formas culturales antiguas (por ejemplo, el orfismo y el gnosticismo) y para muchos filósofos (Heráclito, Platón, Aristóteles), hay aspectos del saber que se han de guardar y no se han de revelar sino a pocos. En cambio, para la Iglesia, el conocimiento debe compartirse y ponerse en común. Está claro que cuanto más se ponen en común los descubrimientos, tanto más puede progresar el saber humano porque, como dice el medieval Bernardo de Chartres, «somos enanos a hombros de gigantes». Los gigantes son las grandes mentes que nos han precedido, en cuyos descubrimientos podemos apoyarnos y ver más lejos, avanzar en el conocimiento.

Mientras la doctrina de la creación y las consiguientes ideas que se derivan de ella (la 3, la 4 y la 8) son exclusivamente cristianas, las otras ideas (algunas de las cuales las ha destacado P. Hodgson) del presente inventario no son novedad sin algún precedente en el cristianismo, porque hay raros indicios extendidos ya precedentemente. Pero sólo la Iglesia las ha proclamado todas juntas, dando así un impulso formidable a la ciencia y a la investigación científica.


Innumerables creyentes han hecho numerosos descubrimientos científicos
Pero no sólo desde el punto de vista teórico, sino también en concreto, los creyentes e incluso los eclesiásticos han hecho importantes y significativos descubrimientos científico-técnicos. Por ejemplo, desde comienzos del Medioevo, los monasterios fueron centros de férvida innovación tecnológica, desde la construcción de edificios, a la agricultura, al sector textil, a la relojería, a la metalurgia, a la grabación. Lo documenta Torresani en este dossier. Y la existencia, de la que habla Lanzilli, también en este dossier, de innumerables científicos creyentes, a menudo eclesiásticos, es la confirmación más indiscutible de la plena compatibilidad entre ciencia y fe. Ciertamente, en la historia de la Iglesia ha habido momentos de dificultad en la relación con la ciencia. No es este el lugar para hablar de ellos. La historiografía honrada ha documentado que si se reconstruyen bien casos como el de Galileo y semejantes, se puede quedar uno sorprendido al descubrir que quizá la Iglesia no tenía toda la culpa, como se repite continuamente. Pero, como hemos dicho, aquí no es posible demostrarlo.

La ciencia puede ayudar a la fe

A
nosotros nos queda espacio para decir al menos que sólo la fe cristiana ha dado impulso a la ciencia, pero que, recíprocamente, la buena ciencia puede ser de ayuda a la fe, porque puede proporcionar datos que valen como apoyo para emprender una demostración, por ejemplo, de la existencia de Dios y del alma. Puede ofrecer hipótesis que (al menos hasta que no sean desmentidas) constituyen, junto con la observación de la naturaleza, un punto de partida del que puede asisse el razonamiento filosófico que trata de las pruebas de la existencia de Dios (las más conocidas son las de santo Tomás, pero se hallan formulaciones en Sócrates, Platón, Aristóteles, san Agustín, Descartes, Leibnitz y muchos otros autores), que deducen la existencia de Dios partiendo de las características del mundo y de los entes que lo constituyen.

 

Diferencia entre ciencia y fe

Pero tienen que estar claras también algunas de las diferencias ireducibles entre ciencia y filosofía/teología.

1. La ciencia estudia sólo lo que es cuantificable y medible; la filosofía y la teología estudian lo que excede lo cuantificable/medible, por ejemplo el alma y Dios.

2. La ciencia estudia cómo suceden las cosas, es decir, las leyes de los fenómenos físicos (por ejemplo, cómo sucede la caída de un objeto o la síntesis clorofílica); la filosofía y la teología indagan el sentido y la finalidad de un suceso. En El hombre sin cualidades, de Musil (que sabía mucho de ciencia), al marido, que llora la muerte repentina e inesperada de su mujer, y que, gimiendo, pregunta: "¿Por qué estás muerta?", el científico responde de un modo frío, científicamente exacto y humanamente absurdo: "Su mujer ha muerto por parada cardíaca". La respuesta es correcta, pero insuficiente, porque no da un sentido de la muerte, que sólo pueden dar la filosofía y la teología.

3. La ciencia no es capaz, de por sí, de disciplinar su propio ejercicio, por ejemplo, de decidir si detenerse o seguir ante una experimentación letal para el hombre, porque no es capaz en sí de distinguir el bien y el mal; filosofía y teología pueden autodisciplinarse, porque el bien y el mal son uno de sus ámbitos de estudio. Como decía Novalis, un paso adelante en la técnica exige tres pasos adelante en la ética, en la capacidad de dirimir los complejos problemas éticos que emergen (piénsese, por ejemplo, en la fecundación artificial, en los trasplantes, en la clonación, etc.).

CIENCIA Y FE


«Si el éxito de Occidente se funda en las victorias de la razón, el ascenso del cristianismo fue sin duda el evento más importante de la historia europea. De hecho, fue la Iglesia quien dio testimonio constante de la posibilidad del progreso» (Rodney Stark).

 

+++

 

 

MEDIOEVO CIENTIFICO Y TECNOLOGICO

Alberto Torresani

¿Medioevo tenebroso y oscurantista? Es falso. Fue una época rica en descubrimientos científicos y en extraordinarios progresos tecnológicos, realizados a menudo por eclesiásticos. Era el cristianismo quien los impulsaba.


Los historiadores del Medioevo, activos en la primera posguerra, tenían a su disposición documentos relativamente abundantes por lo que respecta a temas religiosos, filosóficos y teológicos, pero advertían una carencia casi absoluta de documentos relativos a la vida cotidiana, las máquinas y los instrumentos de trabajo, la técnica de fusión de los metales, etc. Fueron los historiadores franceses, que dieron vida a la revista "Annales", por ejemplo, Lucien Fèbvre o Marc Bloch, los que descubrieron una fuente inédita de noticias de primera mano: las miniaturas que decoraban los códices medievales. La letra que formaba el incipit de cada capítulo se adornaba con una miniatura que, con admirable verismo, ilustraba la labranza, la poda, la herradura de los caballos, el taller del artesano, el agua del río que mueve las palas de un molino flotante o el accionado por un pequeño canal de madera que cae directamente sobre las palas de la rueda de un molino de tierra firme, etc. Dado que el artista tenía bajo ante sus ojos los verdaderos talleres presentes en el convento, no necesitaba inventar nada de lo que dibujaba, y así nos ha dado a conocer los aparatos empleados por la tecnología medieval. Hay que decir inmediatamente que esta tecnología es muy importante todavía hoy: a las poblaciones primitivas de los países más pobres no se les pueden entregar motores eléctricos o mecánicos u otros productos cuyo mantenimiento no pueden asegurar. Es mejor enseñar la tecnología medieval, que aprovecha la fuerza motriz del agua, la polea, el uso de las palancas, la fragua del hierro en hornos de carbón, los engranajes de madera, o sea, todo lo que con un mínimo de diligencia es posible aprender en breve. Después, cuando ya dominan esos aparatos, se pueden afrontar otros más complicados.
La polémica sobre el Medioevo dura ya tres siglos, desde cuando los iluministas definieron su época como moderna e iluminada, tildando de oscurantismo el llamado Medioevo. El intento de negarle a Europa la presencia de raíces cristianas ha inducido al sociólogo americano Rodney Stark a escribir un abultado volumen titulado La victoria de la razón. Cómo el cristianismo ha producido libertad, progreso y riqueza, aclarando que los resultados del Iluminismo fueron posibles porque antes había existido el Medioevo, una época que sólo tuvo a la Iglesia como fuente de cultura.


La institución más significativa del Medioevo es ciertamente el monasterio, que tiene orígenes lejanos en Egipto y Siria, pero que sólo en Occidente, con san Benito, asume la función de oasis de racionalidad, de familia bien ordenada, abierta a viandantes y peregrinos, asilo de los pobres y de los perseguidos. Para hacer frente a todas estas necesidades, el trabajo de los monjes tenía que asegurar excedencia de víveres y de otras manufacturas, puestos a la venta en los mercados más cercanos. Un monasterio alto medieval como San Vicente de Volturno en Molise (Italia), sacado a la luz por los arqueólogos del Insituto Sor Úrsula Benicasa de Nápoles, se asemejaba a una pequeña ciudad que rodeaba una iglesia, junto a la cual se asoman una cincuentena de comercios dedicados a actividades específicas. Por eso es ingenuo pensar que los monjes se dedicaran únicamente a miniar y transcribir viejos códices. En realidad tenían que atender las necesidades de una comunidad trabajadora que podía llegar a algunos centenares de personas que se habían sometido voluntariamente a la disciplina del monasterio y por eso trabajaban diligentemente. Con todo, eran una comunidad de personas libres, que se consideraban hermanos entre ellos y por eso ninguno podía ser explotado. Había que encontrar artefactos capaces de aliviar el esfuerzo del hombre que trabaja. El mundo antiguo, aunque creó una ciencia más bien desarrollada, no elaboró una tecnología a la altura del nivel científico alcanzado. El motivo hay que buscarlo en la praxis de encomendar el trabajo a los esclavos. El mundo antiguo fue inventor solamente por lo que respecta a la tecnología militar, las máquinas para el asedio, la construcción de puentes y carreteras, utilizando el trabajo de los soldados. En cambio, por las miniaturas, sabemos que en el Medioevo, desde el siglo XI, se usaba el arado pesado con reja de hierro, que se apoyaba en un eje con dos ruedas y era arrastrado por una o más yuntas de bueyes. Por eso el surco era profundo y la cosecha posterior resultaba más abundante. La experiencia enseñó a alternar el tipo de cultivo porque, como ahora sabemos, algunas plantas consumen ciertas sales de la tierra que son restituidas por las raíces de otras plantas, por ejemplo las habas y las judías. Eso significa que se conservaban medidas precisas del trabajo y de los resultados del mismo.
El aumento de tierras destinadas al cultivo y el transporte a terreno duro de los productos agrícolas exigía que pezuñas y uñas de los animales de carga fueran protegidas del desgaste excesivo. Desde el siglo VIII aparecen la silla con arzón, los estribos largos, la brida de los caballos, pero sobre todo el collar rígido para caballos y mulos con la finalidad de descargar la carga transportada a lomos del animal, sin comprimir los pulmones, como hacían las fajas pectorales empleadas por los antiguos.

El problema más importante de aquellos siglos fue el drenaje regular de los terrenos. Todas las plantas necesitan agua, pero muchas sufren su embalsamiento. El molino de viento fue inventado probablemente en Oriente y traído a España por los árabes, desde donde llegó al resto de Europa, convirtiéndose en símbolo de Holanda, que debe miles de hectáreas de tierra a bombas de desecación movidas por los molinos de viento con engranajes de madera. El molino de agua permitía moler los cereales en medida creciente con ahorro de energía humana, simplemente aprovechando la corriente del río mediante una rueda de palas que accionaba una muela. Hay miniaturas que muestran molinos de agua construidos en serie en los ríos.

Para uso litúrgico, se perfeccionó el órgano de tubos, ya presente en la época de Carlomagno, y, poco después del siglo XI, apareció una notación musical plenamente fiable.
Ya que hacía falta conocer con precisión la medida del tiempo, se hicieron notables progresos en la construcción de los relojes de torre unidos a una campana, una máquina bastante fiable desde el siglo XIII.
Un indicio importante de progreso humano es la invención de los lentes, que permiten la lectura a los obligados a la liturgia de las horas: eso significa que el pulimiento de las lentes había alcanzado un buen nivel de fiabilidad.


El telar es una invención antiquísima. Se hilaba y se tejía desde hacía milenios. Fue novedosa la invención de martillos hidráulicos para abatanar y afeltrar las piezas de tela mediante batanes que alzaban los martillos con la fuerza de los molinos de viento. La calidad de los tejidos producidos con estas máquinas resultaba excelente y conquistaba mercados cada vez más lejanos. Las pinturas medievales muestran hombres y mujeres luciendo vestimentas elegantes y coloreadas, con sombreros de formas extrañas que contradicen la idea común de un Medioevo poblado por gente triste a la espera del fin del mundo.
En el Medioevo se inventaron también las chimeneas: los campesinos romanos se reunían alrededor del fuego y el humo subía a través de un agujero del techo, mientras en la ciudad no existía tal agujero en el techo y el humo circulaba dentro de las casas; por eso, gracias a las chimeneas, se respiró mejor y se estaba más caliente en invierno.
Según una tradición muy antigua, la brújula fue inventada por Flavio Gioia, un amalfitano, pero quizá fue aún más importante la técnica de construcción de las naves redondas, con timón central de rueda y bodega, movidas solamente por velas y no por remeros. En el Mediterráneo, un mar siempre lleno de piratas, tal nave no tuvo el éxito que merecía, contrariamente a lo que sucedió en el Báltico, donde floreció la Liga del Hansa, que reunía a todos los puertos del norte con un código comercial único, con pesas y medidas estándar y con monedas unificadas.
Si los textos escritos del Medioevo se muestran comedidos y serios, dedicados solamente a temas solemnes como el derecho, la teología y la filosofía, las miniaturas de los códices de la misma época nos revelan un mundo del trabajo más bien evolucionado, con la utilización de instrumentos de trabajo y máquinas muy avanzadas respecto al mundo antiguo.
Eso significa que la tecnología había avanzado mucho, aunque se transmitía de artesano a aprendiz sin pasar por la comunicación escrita. 


Las corporaciones de mercaderes tenían estatutos muy rigurosos, capaces de controlar calidad y cantidad de lo que se producía para defensa de los intereses comunes. Las corporaciones de artes y oficios, a su vez, se organizaban como sociedades de ayuda mutua, con una caja común para hacer frente a accidentes de trabajo y para pagar los funerales del socio difunto, cuyos hijos eran acogidos como aprendices de taller antes que los extraños. Los viajes de las mercancías eran organizados subdividiendo los riesgos de pérdida de la carga, recurriendo a sistemas de aseguración que configuran las sociedades de comercio medievales como muy semejantes a las modernas. Armando Sapori, un gran maestro de historia de la economía de la pasada generación, afirmaba sentirse más solidario con los mercaderes del siglo XIII que con los banqueros del siglo XVI, a los que se suele atribuir el desarrollo del capitalismo moderno.
En fin, es verdad lo que dice G. Samek Lodovici en este dossier: la Iglesia y los eclesiásticos han dado un gran impulso a la ciencia y a la técnica, ya a partir del injustamente llamado "oscuro" Medioevo.

CIENCIA Y FE

«Ha sido el cristianismo quien creó la civilización occidental. [Sin su influencia], la mayor parte de nosotros no habría aprendido a leer y los demás leerían aún papiros escritos a mano [...]. El mundo entero estaría hoy más o menos donde las sociedades no europeas estaban, digamos, en 1800: un mundo lleno de astrólogos y alquimistas, no de científicos. Un mundo de déspotas, sin universidades, bancos, fábricas, lentes [...]. Un mundo donde la mayor parte de los niños no cumple los cinco años de vida y muchas mujeres mueren dando a luz, un mundo que vive realmente en siglos oscuros».
Rodney Stark - 2008.IX.06

http://www.elsentidobuscaalhombre.com/v_portal/informacion/ informacionver.asp?cod=285&te=201&idage=3

 

+++

 

 

pesca milagrosa...

 

FRENTE AL MILAGRO

 

Giuseppe Tanzell-Nitti
A la ciencia no le compete indagar los milagros, pero puede reconocer un suceso inusitado, que sorprende mucho más allá de un simple desconocimiento actual de sus causas.

Algunos de los sucesos que subjetivamente (y sinceramente) consideramos milagros podrían tener una explicación que no requiera ninguna causa sobrenatural. En efecto, es posible que una curación inesperada, pedida con corazón sincero a Dios por parte de un creyente, se haya realizado gracias a la sola capacidad de recuperación del organismo del enfermo.
Pero aplicar esta lectura a lo que la teología llama milagro es un error. La encarnación de Cristo y los milagros realizados por él o por otros en su nombre, son, como toda la historia de la salvación, una irrupción de Dios en la existencia de los hombres. Los milagros se presentan con el carácter de la inmediatez, como sucesos instantáneos que se colocan por encima del curso de la naturaleza, situando al hombre frente a su responsabilidad de reconocer en ellos la presencia y la huella del Creador.

El milagro no es objeto de la ciencia. El juicio de «reconocimiento» del milagro no le corresponde a la ciencia, dado que el milagro no es objeto suyo, sino de la teología y de la religión. En efecto, cualquier definición de «milagro» contendrá siempre una referencia a Dios como sujeto agente, lo cual dispensa a la ciencia del peso de la prueba, tratándose de un agente que no pertenece a su dominio de investigación.

La ciencia y los hechos milagrosos

Frente a un suceso cuyas características, causas, modo de suceder, etc. conoce bien la ciencia, y que, sin embargo, se ha realizado de modo diverso a lo habitual, con características que le resultan inexplicables, la ciencia:
1) puede llegar a la conclusión de hallarse ante un suceso cuyas causas le son desconocidas;
2) puede ir un poco más allá. De hecho, en algunos casos el reconocimiento científico puede concluir que se halla ante un suceso inusitado, que contradice la experiencia común, que sorprende mucho más allá de lo que sugeriría una simple ignorancia de las causas de un hecho: es lo que sucede, por ejemplo, en la curación instantánea de una grave malformación congénita o cuando un fenómeno irreversible se vuelve reversible (por ejemplo, si un muerto vuelve a la vida).
En cambio, si las características del suceso en cuestión no son, en general, bien conocidas, el científico podrá expresar un juicio prudente y afirmar simplemente que, en base a los conocimientos adquiridos hoy, un cierto hecho resulta inusitado e inexplicable.

Estamos llamados a tomar posición

Ante el milagro, el individuo ha de tomar una decisión, colocándose, con su conciencia y su responsabilidad, frente al misterio de la existencia de Dios. La persona puede reconocer un hecho inusitado como suficiente o insuficiente para determinar una revelación de Dios, pero si asume su correspondiente responsabilidad. Esta será tanto mayor cuanto más claro aparezca el signo propuesto a su atención. De hecho, hay sucesos cuya causa hoy no se conoce, pero podría conocerse en el futuro; otros que se imponen por su carácter inmediato y contrario a la experiencia común, y otros que no podrán explicarse ni hoy ni nunca recurriendo a causas naturales, sino que se imponen como una acción de Dios en la historia. Este es el caso, fundamental y esencial, de la resurrección de Jesucristo, acción de Dios por excelencia, frente a la cual todo hombre ha de tomar posición responsablemente. En general, cada uno, en su corazón, es libre de reconocer la intervención de Dios en un hecho extraordinario y no explicable naturalmente, sobre todo si ha sido testigo de él. No creer en él no sería una falta de fe, ya que el objeto de la virtud de la fe es Dios, no los milagros.
Pero, justamente porque el objeto de la fe es Dios, por lo que respecta a Jesucristo y a los milagros realizados por él, existe un deber de creer. Como decía Kerkegaard, «el hecho que se te haya anunciado el cristianismo significa que tú has de formarte una opinión sobre Cristo [...]; es la decisión de toda la existencia». Podemos evitar preguntarnos sobre cuestiones irrelevantes, pero no podemos dejar de interrogarnos sobre este tema, ya que de él depende el sentido de toda la existencia. Jesús mismo pide a sus discípulos creer en Él, al menos a causa de las obras que ven.

Disposiciones de ánimo para creer en los milagros

Para reconocer un milagro, es necesario un corazón humilde. Los que albergan prejuicios o aversión contra Dios no podrán reconocerlos, como les sucedía a algunos contemporáneos de Jesús, los cuales veían sus intervenciones prodigiosas, pero no creían en él como Hijo de Dios, pensando, a causa de la dureza de su corazón, que estos prodigios dependían de Satanás o de otras fuerzas.

Hechos inexplicables para la ciencia

Para
volver a ejemplos de sucesos que la ciencia no puede ni podrá explicar nunca, en Lourdes la Iglesia ha reconocido unas sesenta curaciones milagrosas. Entre las más conocidas, hay que mencionar la de Marie Ferrand, una enferma de peritonitis tubercular, seguida personalmente por el médico agnóstico Alexis Carrel (1873-1944), premio Nobel de medicina en 1912, testigo ocular en 1902 del suceso, que luego se revelaría determinante para su conversión al cristianismo.
Las curaciones inexplicables, en los casos más frecuentes, se relacionan con diversos tipos de neoplaxias, esclerosis y tuberculosis pulmonares, pero también se registran curaciones inmediatas de fracturas abiertas y de ceguera.
Alfred Läpple ha reconstruido más de veinte milagros sucedidos en varios lugares, de los cuales se tiene documentación histórica.
Para poner sólo tres ejemplos, podemos citar la resurrección del adolescente de catorce años Girolamo Gerin, que se ahogó en 1623 en Ornay, cerca de Ginebra, sucedida al día siguiente del hallazgo del cuerpo, después de pedir la intercesión de san Francisco de Sales (1561-1622). Es un milagro que el papa Alejandro VII (1655-1667) pudo formalizar con ocasión de la canonización del santo francés. Es muy conocido también e históricamente bien documentado por autoridades gubernativas y civiles el milagro de Calanda (Teruel), del que fue protagonista en 1640 un joven español, Miguel Juan Pellicer, al cual le creció de un modo inexplicable la pierna derecha, tres años después de habérsele amputado a causa de un grave accidente.
Por la amplitud de la devoción y la relativa inexplicabilidad del fenómeno, hay que recordar también la insólita formación de la imagen de la Virgen de Guadalupe, aparecida en 1531 en un tejido burdo de tela de yute como prueba de los mensajes de conversión espiritual entregados al indio Juan Diego, y que hasta hoy permanece en buenísimo e inexplicable estado de conservación.

 

+++

 

 

LA MENTE, UNA ENTIDAD ESPIRITUAL

 

Roberto Beretta
La mente o alma es distinta del cerebro, aunque se sirva de él o esté influenciada por él. En definitiva, no es material, sino espiritual e incorpórea. Nos lo explica el ingeniero Angelo Bellussi.

 

«¿Pero qué tienes en la cabeza?» Si supiéramos responder de verdad, no seríamos esos distraídos o esos necios a los que profesores y padres se referían cuando nos planteábamos retóricamente la pregunta...
¿Qué es, pues, el cerebro? ¿Dónde tiene su sede la conciencia? ¿Cuál es la relación entre inteligencia y alma? El pensamiento o la memoria ¿son sólo cuestión de neuronas? ¿Dónde habita el «espíritu»?... Son preguntas dificilísimas, puestas en el filo de navaja que separa la fe y la ciencia, o mejor, entre modos distintos de entender la ciencia. El ingeniero Angelo Bellussi -una vida dedicada a la construcción, y, por tanto, a la solución de cuestiones eminentemente prácticas- ha afrontado preguntas como estas en su libro ¿Vivimos por casualidad? Reflexiones sobre el significado de nuestra existencia (Cis Editore, pp. 204). Y del análisis de los rigurosos resultados de la ciencia ha sacado importantes consecuencias filosóficas y éticas.

Profesor, usted separa ante todo la mente y el cerebro. ¿Cómo puede explicarnos a los profanos su diferencia de un modo sencillo? ¿Y por qué es tan importante distinguirlos?

La mente es una entidad espiritual, o sea, escapa a una valoración en términos de concreción física, es inmaterial, aun estando inserta en la realidad, que es capaz de condicionar vistosamente con la realización de obras de importancia excepcional (ciudades enteras, transatlánticos, naves espaciales, etc.). Las prerrogativas fundamentales de la mente, cada una de las cuales se articula en múltiples aspectos particulares, son: la autoconciencia; la voluntad; la memoria secundaria; la capacidad de utilizar parámetros de valor innatos que le permiten apreciar la armonía y la belleza del mundo. En cambio, el cerebro consiste en un conjunto de aparatos de naturaleza totalmente física, dispuestos a captar y a descifrar las informaciones externas que le llegan a través de los sentidos.

¿La inteligencia dónde está: en el cerebro o en la mente?

La mente es capaz de utilizar varios aparatos, en particular la inteligencia, la cual es una función capaz de asociar y coordinar los elementos cognoscitivos que le llegan; función que se halla, de un modo más o menos desarrollado, en los animales superiores. La mente evalúa y memoriza las informaciones proporcionadas por la inteligencia, y, en base a ellas, elabora los programas operativos que pretende alcanzar. Explica su voluntad independientemente de las estimulaciones instintivas y de los condicionamientos emotivos debidos a la acción del sistema nervioso central, y a veces en oposición a ellos.
Es importante destacar que la mente tiene facultad de intervenir en las disposiciones neurológicas del cerebro, aportándoles notables modificaciones anatómicas y funcionales. Este fenómeno, definido "plasticidad del cerebro", comporta la instauración de nuevas ramificaciones, añadidas a las ya existentes en el patrimonio genético originario. De ese modo, una persona tendrá facultades para llegar a médico, abogado, piloto aéreo, jugador de rugby, etc. El cerebro, en fin, y en particular la inteligencia, es un instrumento a disposición de la mente, que tiene la facultad de plasmarlo dentro de determinados límites. En definitiva, la distinción entre mente y cerebro es comparable a la que hay entre un técnico informático y su ordenador, o entre un piloto y su bólid.

El cerebro es materia, y la mente es espíritu. ¿Es correcto? ¿Cómo se puede demostrar científicamente?

El argumento que lo prueba mejor consiste en el hecho que, a pesar de las profundas investigaciones efectuadas con los medios más modernos y eficientes -en particular, el microscopio electrónico, capaz de mostrar las estructuras moleculares de las neuronas-, no ha surgido nada que pueda justificar remotamente las funciones fundamentales de la mente.
Estas no dependen de actividades eléctricas presentes en los circuitos del cerebro, ni como producto de carácter químico. Existe, sin embargo, una prueba clínica de notable relieve referible a la memoria secundaria, una de las funciones fundamentales de la mente; tal memoria constituye un poderoso archivo que, en una persona adulta y de cultura, tiene la consistencia de una auténtica enciclopedia y comprende tanto los recuerdos personales como los conocimientos científicos más complejos.
Pues bien, la memoria secundaria no se localiza en ninguna parte de las estructuras cerebrales. Hay casos en los que una persona, por una enfermedad o un trauma, sufre una pérdida parcial de la corteza cerebral, con la consiguiente amnesia más o menos marcada; pero luego, aunque sea después de un tiempo prolongado, se produce la plena readquisición de la memoria. Este hecho sucede porque algunos módulos corticales son capaces de proceder a la formación de nuevos circuitos, que sustituyen a los destruidos; se crean, pues, nuevos canales que permiten la recuperación de los recuerdos conservados en la mente. Eso significa que las neuronas no son la "sede" de la memoria, el centro de producción de la actividad mnemónica secundaria, tesis sostenida por autores materialistas. Si fuera así, con la destrucción del tejido neuronal originario, totalmente sustituido por el nuevo, los recuerdos se destruirían para siempre.

La inteligencia como conjunto de impulsos eléctricos y reacciones químicas: así la describe la ciencia materialista. Por tanto, incluso la parte más "humana" del hombre (las emociones, los recuerdos, los sentimientos, la voluntad...) no sería otra cosa que una serie de interacciones entre moléculas. ¿Cómo responde usted a esta objeción?

La inteligencia puede, indudablemente, reducirse a un aparato de una excepcional complejidad funcional que, como hemos dicho, lo utiliza la mente. Pero, mientras los recuerdos y la voluntad son características específicas de la persona humana y por tanto forman parte de las prorrogativas de la mente, las emociones y los sentimientos dependen del sistema nervioso central. Por tanto, las emociones, entendidas como estados de ánimo provocados por situaciones contingentes externas e internas, son producto de reacciones endocrinas provocadas por la producción de moléculas particulares por parte del sistema nervioso central. Luego es la voluntad la que interviene para mitigarlas y racionalizarlas.

¿Qué analogías hay entre el cerebro y un ordenador?

Analogías notables; porque cuanto más se afinan las soluciones técnicas introducidas en los ordenadores, más nos acercamos a las capacidades operativas del cerebro humano, aunque a niveles enormemente inferiores.
Con todo, la mente del hombre tiene capacidades que el ordenador no posee: la de crear nuevas ideas y teorías científicas.

La mente, según dice usted, es un principio espiritual. ¿Podemos decir, usando el lenguaje teológico, que es el alma?

Sí. La mente es indudablemente una realidad espiritual y, en términos teológicos, se puede definir con la palabra "alma". Es verdad que no se puede demostrar "científicamente", porque el hecho que la mente sea espíritu escapa a una experimentación científica en sentido estricto. Pero se puede llegar racionalmente, reflexionando sobre los datos científicos.

CIENCIA Y FE


«Los fenómenos del mundo material son causas necesarias pero no suficientes para explicar las experiencias conscientes y mi "yo" en cuanto sujeto de experiencias conscientes. Hay argumentos válidos que llevan al concepto religioso del alma y de su creación especial por parte de Dios».
(Sir John Eccles, Premio Nobel de Medicina)

 

+++

 

 

 

 

‘Biblioteca divina’

‘Filología e historia de los textos cristianos’.

Giovanni Maria Vian-Ediciones Cristiandad

 

Por JUAN MANUEL DE PRADA. Escritor

LEO en estos días un libro que fervorosamente les recomiendo, recién publicado en España por Ediciones Cristiandad bajo el título de Filología e historia de los textos cristianos. Su autor, Giovanni Maria Vian, con quien compartí semanas inolvidables en el último abril romano, traza la vertiginosa historia de los textos cristianos, desde sus orígenes a nuestra época; lo hace, además, con una vocación de amenidad que no se riñe con la erudición y permite al lector pasearse por sus páginas como si estuviera presenciando episodios de una fulgurante epopeya. Y como epopeya, en verdad, debe calificarse el esfuerzo de tantos hombres sabios que, alumbrados por el quod divinum horaciano, acometieron la empresa de fijar por escrito las enseñanzas del Mesías; empresa que, a la postre, amén de fundar una colección de libros de Dios -bibliotheca divina-, salvaría la cultura occidental. Frente al furor biblioclasta de otras religiones, que apenas hubieron alcanzado cierto grado de hegemonía se dedicaron a destruir el patrimonio que las precedía, el cristianismo nació con el muy diverso propósito de resguardar, asimilar y enriquecer el pensamiento y la literatura grecolatinos, pese a proceder de una cultura «enemiga» que lo había perseguido con ferocidad. ¿Por qué el cristianismo, en lugar de arrasar ese legado, se encargó de su protección y estudio? El libro de Vian, al dilucidar este enigma, explica la genealogía misma de la cultura occidental (que es tanto como decir cristiana), preservada por la fe en la Palabra que ha caracterizado a los discípulos de Jesús.

Esta misión providencial del cristianismo ya se nos anticipa en el prólogo del Evangelio de Juan, donde se identifica a Jesús con el logos, término que generalmente se ha traducido como Verbo, pero que alude a un ser divino preexistente, creador del mundo, que sin embargo se hace carne y acampa entre nosotros. La identificación de ese Dios cristiano con el logos establece, ya desde sus inicios, la especial vinculación del cristianismo con la palabra. Saulo de Tarso, que con el renovado nombre de Pablo se convertiría en el gran propagandista de la religión naciente, sentó con su predicación a los gentiles los cimientos de esta fecunda epopeya de difusión cultural. San Pablo escribió además en griego una serie de epístolas que formarían el primer corpus textual cristiano. Sus seguidores, imitando este ejemplo de ecumenismo, adoptarían como propia la llamada Biblia de los Setenta; de este modo, al releer la ley mosaica en la lengua de Platón, el cristianismo multiplicó ad infinitum sus posibilidades de influencia cultural.

El siguiente paso en este prodigioso proceso de salvamento cultural consistiría en injertar las ramas de la cultura pagana en el tronco cristiano. San Justino aseguró que las semillas del logos (el Verbo cristiano) eran innatas al género humano y, por lo tanto, ya habían alumbrado con sus destellos a los filósofos y poetas paganos. Una vez integrada en el patrimonio cultural cristiano, la teoría de Justino decretaría la absolución de unos textos que, de lo contrario, habrían corrido una suerte aciaga y propiciaría, por ejemplo, que la cuarta égloga de Virgilio fuese leída como un anuncio de la llegada del Mesías. Muchos siglos después, Dante elegiría a Virgilio como guía en su viaje de ultratumba, completando de este modo la «canonización» del paganismo.

La vivacidad cultural de las comunidades cristianas, entre las que circulaban y se traducían los códices con rapidez, sería favorecida por la actividad de Orígenes, quien fundó en Cesarea una biblioteca que competía con las famosas y nutridas de la Antigüedad y en la que se alternaban los textos cristianos y paganos; biblioteca que, por desgracia,
sería vituperada y quemada por los invasores árabes en 638. El gran heredero espiritual de aquella biblioteca de Cesarea fue San Jerónimo, símbolo por excelencia de la síntesis entre el amor a las letras y el deseo de Dios. En una de sus cartas, al defenderse de quienes lo acusan de citar a autores profanos en sus obras, Jerónimo nos recuerda que el apóstol Pablo también incorporó en sus epístolas a diversos poetas griegos. Jerónimo nos demuestra que los autores cristianos estaban ya en condiciones de enfrentarse de igual a igual con un universo cultural ajeno a la Iglesia cristiana, pero del que ésta no podía (ni quería) prescindir, si en verdad deseaba asumir un destino cultural imperecedero. A esta decisiva mediación cultural añadirá Jerónimo la titánica empresa de una traducción al latín de la Biblia, llamada desde el siglo XVI Vulgata, que acabará por erigirse en el texto canónico de todo Occidente.

San Jerónimo, por cierto, tuvo ocasión de conocer una nueva forma de vida cristiana venida de Oriente. Nos estamos refiriendo, claro está, al monaquismo, uno de los fenómenos más importantes, duraderos y característicos del cristianismo desde comienzos del siglo IV. La opción monástica, que se configuró como un intento radical de imitatio Christi, fue también la principal vía de conservación y propagación de la palabra escrita. Quizá el más hermoso y perdurable emblema de la significación del cristianismo como argamasa que favoreció la transmisión de la cultura nos lo brinde aquel famoso pasaje de las Confesiones donde San Agustín nos narra, con estupefacta y reverencial perplejidad, el efecto que le causó descubrir que su mentor, San Ambrosio, era capaz de leer en silencio, sin bisbisear ni mover los labios, algo completamente insólito en la Antigüedad. La figura titánica de San Agustín (quien, antes de su conversión, había sido maestro de retórica) revela, por cierto, un espíritu curioso, capaz de acoger la cultura clásica con generosidad, pero también de juzgarla y superarla, inventando ideas y formas de las que se nutrirían los cristianos venideros.

De nuestro San Isidoro, autor de unas Etymologiae que sintetizan y ordenan todo el saber antiguo, rescata Vian unos versos que condensan el espíritu de coexistencia pacífica del cristianismo y la cultura clásica: «He aquí muchos escritos sagrados, he aquí muchos escritos profanos. De ellos, si amas la poesía, toma, lee. Verás prados llenos de espinas y muchas flores. Si no quieres las espinas, coge las rosas». Si el cristianismo no se hubiera preocupado de cuidar ese prado florido, hoy contemplaríamos un yermo invadido por la niebla. Esta misión providencial se hará todavía más patente en los siglos posteriores, injustamente tachados de oscuros. En los scriptoria de los monasterios medievales («alegres fábricas del saber», en luminosa acuñación de Umberto Eco), miles de monjes amanuenses se quemarían las pestañas para transcribir un legado que, a la postre, vencería las asechanzas del fuego y la vesania de los hombres. Luego, los humanistas del Renacimiento recogerían esa gran herencia medieval, propiciando un nuevo e inagotable diálogo con la Antigüedad pagana.

Giovanni Maria Vian nos ofrece una historia cultural del cristianismo, concebido como biblioteca divina -«libros que se buscaron y se encontraron, se leyeron y se tradujeron, se copiaron y se transmitieron»- que ampara, estimula y enriquece la incesante biblioteca humana. El invento de Gutenberg aguardaba, fragante de tinta fresca, el momento de multiplicar aquel inabarcable legado que el cristianismo había librado de la incuria o la mera disgregación en el olvido. La luz del Verbo había alumbrado la singladura de las palabras a través de océanos procelosos y arrecifes de sombra, hasta dejarlas, quince siglos después, en la orilla segura y benéfica de la imprenta. Nuestra genealogía cultural no se puede explicar (ni siquiera se puede concebir) sin esta epopeya emocionante; una epopeya que algunos falsificadores con mando en plaza pretenden negar y -lo que aún resulta más oprobioso- hurtar a nuestros hijos. 2006-03-17’ABC’ESP.

 

+++

 

 

Ofrecer cursos en las universidades sobre la ética en sus perspectivas de civilidad en el pluralismo y la globalidad, para que los valores cristianos obtengan el lugar que les corresponde en nuestra cultura. Urge revisar seriamente la imagen o idea del hombre que se ofrece en los programas de estudios de los seminarios, enfocándolos más expresamente en la línea de los derechos humanos en toda su extensión y profundidad, individual, familiar y cívica. Cultivar el bien común y la solidaridad en la caridad de Cristo.

 

+++


Europa y América - A un honesto y serio historiador nunca le interesan solo los colores blancos y negros, sino los matices grises. Al desdramatizar la historia de ambos imperios y las respectivas sociedades coloniales y buscar ante todo ‘los matices’, aparece al mismo tiempo lo positivo y lo negativo. Es muy importante que los lectores tomen conciencia de que no todo es blanco o negro, que el mundo tiene muchos colores y muchos matices grises. Si ello disgusta a algunos, qué le vamos a hacer.

 

Las Américas siempre han sido una proyección de Europa, que presentó unos espacios enormes, donde existió la posibilidad de crear una mejor civilización, realizar sueños, crear nuevas utopías. América fue la gran esperanza, lo que quería ser Europa y no podía ser, representaba una extensión de Europa, pero de una ‘Europa imaginada’. Como tantas veces sucede, se movilizan los escenarios pero no mudan los artistas. Las inquietudes continentales de aquí fueron para las continentales de allá. Eso explica que desde el siglo XVI la preocupación por la justicia de la Conquista fuera tan fundamental para los españoles, o que las independencias de la América británica y luego de la española pretendieran recuperar ese componente utópico.

-Especialmente en América del Norte, donde las ideas de la libertad, el desarrollo del individuo, la búsqueda de la felicidad, como dice la Declaración de Independencia norteamericana, la posibilidad de un nuevo mundo, mejor y más justo, fueron fundamentales.

-Pero ese proyecto de libertad también era muy visible en la América española, donde se difundía, como en el caso del mexicano Clavigero o el chileno Molina, el sentido de una libertad americana distinta de la europea.

-Hubo un rechazo fuerte de la corrupción europea en aquel momento de fundación de los Estados Unidos y las repúblicas hispanoamericanas, pero aquella era, a fin de cuentas, una tradición del Nuevo Mundo. Ya en el siglo XVI había frailes españoles que «fueron a México huyendo del escándalo de la guerra entre príncipes cristianos y la corrupción de tantos hijos (consagrados y legos) de la Iglesia», querían edificar una sociedad inocente. Sin embargo, en las nuevas repúblicas hispanoamericanas aparecían tintas masónicas, litigios odiosos, divisiones prepotentes y lastres ya conocidos en Europa; reforzados todos por la leyenda negra y los estereotipos sobre el mundo hispánico habituales entre los angloparlantes.

 

-Europa y su historia imperial. ¿Es posible hacer una historia de Europa que no contemple la historia de los europeos acontecida en ultramar?

-No, en absoluto, se trata de una dimensión histórica importantísima, escondida porque estamos en un momento de auto-culpabilización. Culparnos a nosotros mismos también es deformar la historia, Europa hizo enormes contribuciones a otras partes del mundo y cometió enormes atrocidades. Hay que tomar en cuenta los dos aspectos de la expansión europea. Siempre los humanos somos capaces de lo mejor y lo peor.

 

-Existen nacionalismos emergentes -el escocés en Gran Bretaña, el catalán o el vasco en España- que parecen querer obviar este aspecto imperial de su historia.

-Es algo absurdo. En el imperio británico, los escoceses mandaron en todos lados. El imperio español en América fue mucho más un imperio castellano, pero en el siglo XVIII catalanes y vascos fueron muy importantes, como en la Cuba del XIX.

 

-Hemos vivido demasiado tiempo con modelos deterministas prestados especialmente de las ciencias sociales, que prescinden de las personalidades. La nueva generación de historiadores está descubriendo, de nuevo, la importancia de las personas, su influencia en los acontecimientos. Es importantísimo, por ejemplo, que Washington o San Martín renunciaran al poder, lo que en cambio no hizo Bolívar. De ahí la trascendencia de ese factor humano, libre, personal e intransferible. MMVI.

 

+++


María, la Madre por excelencia, nos ayuda a comprender las palabras clave del misterio del nacimiento de su Hijo divino: humildad, silencio, asombro y alegría. 


Nos exhorta, ante todo, a la humildad, para que Dios encuentre espacio en nuestro corazón, no oscurecido por el orgullo y la soberbia. Nos indica el valor del silencio, que sabe escuchar el canto de los ángeles y el llanto del Niño, sin ahogarlos con el alboroto y la confusión. Junto a ella nos presentaremos ante el belén con íntimo asombro, saboreando la alegría sencilla y pura que este Niño trae a la humanidad.

 

+++

 

 

II Corintios 10,1 - 11,6 - La Iglesia o convocación del pueblo de Dios

San Cirilo de Jerusalén

Catequesis 18,23-25

 

La Iglesia se llama católica o universal porque está esparcida por todo el orbe de la tierra, del uno al otro confín, y porque de un modo universal y sin defecto enseña todas las verdades de fe que los hombres deben conocer, ya se trate de las cosas visibles o invisibles, de las celestia­les o las terrenas; también porque induce al verdadero culto a toda clase de hombres, a los gobernantes y a los simples ciudadanos, a los instruidos y a los ignorantes; y, finalmente, porque cura y sana toda clase de pecados sin excepción, tanto los internos como los externos; ella po­see todo género de virtudes, cualquiera que sea su nom­bre, en hechos y palabras y en cualquier clase de dones espirituales.

 Con toda propiedad se la llama Iglesia o convocación, ya que convoca y reúne a todos, como dice el Señor en el libro del Levítico: Convoca a toda la asamblea a la entra­da de la tienda del encuentro. Y es de notar que la prime­ra vez que la Escritura usa esta palabra «convoca» es pre­cisamente en este lugar, cuando el Señor constituye a Aarón como sumo sacerdote. Y en el Deuteronomio Dios dice a Moisés: Reúneme al pueblo, y les haré oír mis pa­labras, para que aprendan a temerme. También vuelve a mencionar el nombre de Iglesia cuando dice, refiriéndose a las tablas de la ley: Y en ellas estaban escritas todas las palabras que el Señor os había dicho en la montaña, desde el fuego, el día de la iglesia o convocación; es como si dijera más claramente: «El día en que, llamados por el Señor, os congregasteis». También el salmista dice: Te daré gracias, Señor, en medio de la gran iglesia, te alabaré entre la multitud del pueblo.

 Anteriormente había cantado el salmista: En la iglesia bendecid a Dios, al Señor, estirpe de Israel. Pero nuestro Salvador edificó una segunda Iglesia, formada por los gentiles, nuestra santa Iglesia de los cristianos, acerca de la cual dijo a Pedro: Y sobre esta piedra edificaré mi Igle­sia, y el poder del infierno no la derrotará.

 En efecto, una vez relegada aquella única iglesia que es­taba en Judea, en adelante se van multiplicando por toda la tierra las Iglesias de Cristo, de las cuales se dice en los salmos: Cantad al Señor un cántico nuevo, resuene su alabanza en la iglesia de los fieles. Concuerda con esto lo que dijo el profeta a los judíos: Vosotros no me agradáis –dice el Señor de los ejércitos–, añadiendo a continua­ción: Del oriente al poniente es grande entre las nacio­nes mi nombre.

 Acerca de esta misma santa Iglesia católica, escribe Pa­blo a Timoteo: Quiero que sepas cómo hay que conducirse en la casa de Dios, es decir, en la Iglesia del Dios vivo, columna y base de la verdad.

 

+++

la barca de la Iglesia que Cristo fundó, triunfará…, portae inferi non praevalehunt) (Matth. 16,18) las puertas del infierno no prevalecerán, le dijo Cristo a su Iglesia Católica

 

II Corintios 11,7-29 - La Iglesia es la esposa de Cristo

San Cirilo de Jerusalén

Catequesis 18,26-29

«Católica»: éste es el nombre propio de esta Iglesia santa y madre de todos nosotros; ella es en verdad esposa de nuestro Señor Jesucristo, Hijo unigénito de dios (porque está escrito: Como Cristo amó a su Iglesia y se entregó a si mismo por ella, y lo que sigue), y es figura y anticipo de la Jerusalén de arriba, que es libre y es nuestra madre, la cual, antes estéril, es ahora madre de una prole nume­rosa.

 En efecto, habiendo sido repudiada la primera, en la segunda Iglesia, esto es, la católica, Dios –como dice Pablo– estableció en el primer puesto los apóstoles, en el segundo los profetas, en el tercero los maestros, después vienen los milagros, luego el don de curar, la beneficen­cia, el gobierno, la diversidad de lenguas, y toda clase de virtudes: la sabiduría y la inteligencia, la templanza y la justicia, la misericordia y el amor a los hombres, y una paciencia insuperable en las persecuciones.

 Ella fue la que antes, en tiempo de persecución y de an­gustia, con armas ofensivas y defensivas, con honra y deshonra, redimió a los santos mártires con coronas de paciencia entretejidas de diversas y variadas flores; pero ahora, en este tiempo de paz, recibe, por gracia de Dios, los honores debidos, de parte de los reyes, de los hom­bres constituidos en dignidad y de toda clase de hombres. Y la potestad de los reyes sobre sus súbditos está limi­tada por unas fronteras territoriales; la santa Iglesia ca­tólica, en cambio, es la única que goza de una potestad ilimitada en toda la tierra. Tal como está escrito, Dios ha puesto paz en sus fronteras.

 En esta santa Iglesia católica, instruidos con esclareci­dos preceptos y enseñanzas, alcanzaremos el reino de los cielos y heredaremos la vida eterna, por la cual todo lo toleramos, para que podamos alcanzarla del Señor. Por­que la meta que se nos ha señalado no consiste en algo de poca monta, sino que nos esforzamos por la posesión de la vida eterna. Por esto, en la profesión de fe, se nos en­seña que, después de aquel artículo: La resurrección de los muertos, de la que ya hemos disertado, creamos en la vida del mundo futuro, por la cual luchamos los cris­tianos

 Por tanto, la vida verdadera y auténtica es el Padre, la fuente de la que, por mediación del Hijo, en el Espíritu Santo, manan sus dones para todos, y, por su benignidad, también a nosotros los hombres se nos han prometido verídicamente los bienes de la vida eterna.

 

+++

 

 

 

"Obras todas del Señor, bendecid al Señor".

 

+++

 

Alégrese la madre naturaleza
con el grito de la luna llena:
que no hay noche que no acabe en día,
ni invierno que no reviente en primavera,
ni muerte que no dé paso a la vida;
ni se pudre una semilla
sin resucitar en cosecha.

 

+++

 

“Cuando contemplo el cielo, obra de tus manos, 
la luna y las estrellas que has creado, 
¿qué es el hombre para que te acuerdes de él, 
el ser humano, para darle poder? 
Lo hiciste poco inferior a los ángeles, 
lo coronaste de gloria y dignidad”(Ps. 8).   

 

+++

 

Dios habla al hombre a través de la creación visible. El cosmos material se presenta a la inteligencia del hombre para que vea en él las huellas de su Creador (cf Sb 13,1; Rm 1,19-20; Hch 14,17). La luz y la noche, el viento y el fuego, el agua y la tierra, el árbol y los frutos hablan de Dios, simbolizan a la vez su grandeza y su proximidad.

 

+++

 

Dijo Dios: «Produzca la tierra animales vivientes según su especie: ganados, reptiles y bestias salvajes según su especie». Y así fue. Dios hizo las bestias de la tierra, los ganados y los reptiles campestres, cada uno según su especie. Vio Dios que esto estaba bien. Gen. 1, 24-25

 

La naturaleza canta las glorias del Creador y el hombre sepa gozar en armonía con todo lo creado.

 

¡Hoy la tierra y los cielos me sonríen
hoy llega hasta el fondo de mi alma el sol
hoy la he visto... la he visto y me ha mirado
Hoy creo en Dios!

 

¡Que tu conducta nunca sea motivo de injustificada inquietud a la creación, en la que tu eres el rey!

 

El ecologismo espiritual nos enseña a ir más allá de la pura «protección» y del «respeto» de la creación; nos enseña a unirnos a la creación en la proclamación de la gloria de Dios.

 

«La belleza podrá cambiar el mundo si los hombres consiguen gozar de su gratuidad» Susana Tamaro – católica, escritora - 2004.12.

 

¡Oh galaxias de los cielos inmensos, alabad a mi Dios porque es omnipotente y bueno! ¡Oh átomos, protones, electrones! ¡Oh canto de los pájaros, rumor de las hojas, silbar del viento, cantad, a través de las manos del hombre y como plegaria, el himno que llega hasta Dios!»

 

+++

 

Señor Jesús, queremos recoger la lección de S. Francisco que aprendió de la Iglesia.
Como él queremos verte en tus obras y a través de ellas llegar a Ti.
Que todo el universo sea para nosotros un cántico de alabanza en tu honor.
Que a través de nuestras buenas obras, los demás también Te glorifiquen y juntos construyamos esa fraternidad universal, de la cual el mundo entero está necesitado. AMÉN.

 

+++

 

Se multiplican los diagnósticos desesperados sobre el estado de la tierra:  "un hormiguero que se resquebraja", "un planeta que agoniza"... La ciencia describe cada vez con más detalles el posible escenario de la disolución final del cosmos. Se enfriarán la tierra y los demás planetas; se enfriarán el sol y las demás estrellas; se enfriará todo... Disminuirá la luz y aumentarán en el universo los agujeros negros... Un día, la expansión se agotará y comenzará la contracción; al final se asistirá al colapso de toda la materia y de toda la energía existente en una estructura compacta de densidad infinita. Se producirá entonces el "Big Crunch", o gran implosión, y todo volverá al vacío y al silencio que precedió a la gran explosión, o "Big Bang", de hace quince mil millones de años.

Nadie sabe si las cosas sucederán realmente así o de otro modo. Pero la fe nos asegura que, aunque fuese así, ese no sería el final total. Dios no ha reconciliado consigo al mundo para luego abandonarlo a la nada; no ha prometido permanecer con nosotros hasta el fin del mundo para luego retirarse, él solo, a su cielo, en el momento en que llegue ese fin. "Te he amado con un amor eterno", dijo Dios al hombre en la Biblia (Jr 31, 3) y las promesas de "amor eterno" de Dios no son como las del hombre.

 

+++

 

«Las catástrofes naturales nos sitúan en la verdad. A pesar de tantos progresos, no estamos en grado de poder gobernar la realidad en su totalidad. No encontramos respuesta a estos hechos porque hemos perdido el sentido de la grandeza de Dios»

 

+++

 

‘Si la técnica no se reconcilia con  la naturaleza, ésta se rebelará’ 12 nov.2000 S. S. Juan Pablo II - Magno

 

+++

 

Crisis ecológica y crisis moral - La crisis ecológica contemporánea es un aspecto preocupante de una más profunda crisis moral y es efecto de una equivocada concepción de un desarrollo desmedido que no tiene en cuenta el ambiente natural, sus límites, sus leyes y su armonía, especialmente en cuanto se refiere al uso-abuso del progreso científico-tecnológico. La tierra sufre a causa del egoísmo del hombre.

 

+++

 

San Pedro Crisólogo (380 ca. 450 ca.) en el Segundo discurso sobre el ayuno: "Son grandes las obras del Señor". Pero esta grandeza que vemos en la grandeza de la creación, este poder, es superado por la grandeza de la misericordia. En efecto, el profeta dijo:”Son grandes las obras de Dios"; y en otro pasaje añade:”Su misericordia es superior a todas sus obras". La misericordia, hermanos, llena el cielo y llena la tierra. (...) Precisamente por eso, la grande, generosa y única misericordia de Cristo, que reservó cualquier juicio para el último día, asignó todo el tiempo del hombre a la tregua de la penitencia. (...) Precisamente por eso, confía plenamente en la misericordia el profeta que no confiaba en su propia justicia:  "Misericordia, Dios mío —dice— por tu bondad" (Sal 50, 3)" (42, 4-5:  Discursos 1-62 bis, Scrittori dell area santambrosiana, 1, Milán-Roma 1996, pp. 299. 301).
Así decimos también nosotros al Señor:  "Misericordia, Dios mío, por tu bondad".

 

+++

 

«El cosmos creado ha sido confiado por Dios al ser humano» - En un libro sagrado, muy querido para millones de creyentes, se lee que, en el comienzo de los tiempos, Dios creó el universo en todos sus maravillosos aspectos: el cielo, la tierra, el mar y, al final, creó al hombre como rey de este cosmos, confiándolo a sus cuidados. Es la narración del Génesis.

La visión de la Iglesia católica, y de la Santa Sede en particular, sobre los problemas que se debaten aquí, se inspira en esas páginas de la Biblia. Permítanme que, por un breve momento, recordemos estas páginas que pertenecen al patrimonio de la humanidad. Ellas nos dicen que el cosmos creado ha sido confiado por Dios al ser humano, que ocupa un lugar central en el mundo, para que lo gobierne con sabiduría y responsabilidad, respetando el orden que Dios ha establecido en su creación (cf. Juan Pablo II Discurso a la Pontificia Academia de las ciencias, 22 de noviembre de 1991, n. 6).

 

+++

 

“Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones” Biblia. Evangelio según San Lucas Cap.1º vs. 48. La Iglesia, hace XXI siglos fundada por Tu Hijo, te alaba, ¡Oh Madre plena de dicha y felicidad!

 

 

Gracias por visitarnos

 

VERITAS OMNIA VINCIT

LAUS TIBI CHRISTI.

‘CÓMO LA IGLESIA CONSTRUYÓ LA CIVILIZACIÓN OCCIDENTAL’

Ninguna institución ha hecho más para dar forma a la civilización occidental que la Iglesia Católica, y en modos que muchos de nosotros hemos olvidado o nunca sabido. Como la Iglesia construyó la civilización occidentales una lectura esencial para redescubrir esta relegada verdad. De un modo senillo y muy atractivo. 2007.

Autor: Thomas E. WOODS Jr. -

Editorial: CIUDADELA. 


Recomendamos: Dr.César VIDAL, Editorial: Espasa-bolsillo.

‘El legado del cristianismo en la cultura occidental’

Mediante los gestos de amor de quienes siguen a Jesús se hace visible la verdad según la cual "(Dios) nos ha amado primero y sigue amándonos primero; por eso, también nosotros podemos corresponder con el amor" (Deus caritas est, 17). Jesús dice: "Tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero, y me acogisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a verme" (Mt 25, 35-36). Y concluye: "Cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis" (v. 40). Al escuchar estas palabras, ¿cómo no sentirse verdaderamente amigos de aquellos en los que el Señor se reconoce? † 

Imprimir   |   ^ Arriba

'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).