Monday 27 March 2017 | Actualizada : 2017-03-03
 
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En el libro sobre ‘Los españoles y la religión’ no aparece el dato de que durante la guerra civil los republicanos (socialistas-comunistas), intentaron suprimir la voz "adiós".

 

Imponer el tradicional "adiós". Como en tantas otras cosas, dos generaciones después se vuelve a registrar la decadencia del "adiós". La gente joven se inclina más por el "chao" o el "hasta luego". MMVI

 

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Comunismo y nazismo - Octubre rojo - «De ahí la absolución ética que disfruta hoy una doctrina, el marxismo-leninismo, que comenzó a asesinar mucho antes que el nazismo, que asesinó infinitamente más que el nazismo y que aún sigue asesinando ahora mismo». (José García Domínguez*-‘L.D.ESP.’ 2007.X)

 

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La envidia: un sentimiento individualmente desdichado y socialmente demoledor, que carece de funcionalidad positiva y que es la disimulada raíz de la mayor parte de los movimientos políticos igualitarios. Se ha dicho que la envidia es la «lepra nacional», y Fernández de la Mora se inclina a considerarla como el vicio capital de los hispanos y como la causa decisiva de sus caídas históricas. La inferioridad de los españoles no sería, pues, intelectual, sino emotiva: es la envidia la que frustra las grandes capacidades personales, sobre todo, en las acciones colectivas. Frente a la envidia igualitaria, la emulación creadora: hay que estimular a ser más, y no a rebajar al otro. Tal es la empresa moral que se propone a los gobernantes y a los educadores.

 

 

 

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Judíos y protestantes en la República -

El historiador César Vidal abordó ayer en una ponencia el caso de dos minorías religiosas, los judíos y los protestantes, durante la República. «Había unos 10.000 judíos y unos 20.000 protestantes. Y cuando se estudia su caso queda claro que la II República no fue el periodo dorado de libertades que algunos dicen. No se modifica su situación respecto al periodo anterior e, incluso, algunos de ellos fueron fusilados, pero más por su pertenencia a la masonería que por ser judíos». Vidal revela cómo la sinagoga de Barcelona fue quemada en 1936 y muchos judíos dejaron España durante la guerra porque eran comunidades jóvenes que apenas estaban enraizadas. «La mayoría de los judíos apoyaron a Franco. Incluso destinaron sus ayudas sólo a su causa, algo que el propio Franco reconoció en 1950 cuando señaló que sin el apoyo de los judíos de Tetuán no habrían podido desembarcar en la Península Ibérica». Vidal explica el motivo que llevó a esta minoría religiosa a conceder sus ayudas a un régimen que en principio estaba respaldado por la Alemania nazi: «Temían la deriva comunista del Frente Popular». 2006-11-25-L.R.ESP.

 


España - El mando comunista del XXIII Cuerpo de ejército dio orden de formar pelotones de "probados antifascistas" para hacer una "limpia" de enemigos en retaguardia, en el pueblo de Turón, de Granada: "Llegan a  Turón los designados y matan a 80 personas, entre la cuales la mayoría no era desafecta y mucho menos peligrosa, dándose el caso de que elementos de la CNT, del partido socialista y de otros sectores mataron a compañeros de su propia organización, ignorando que eran tales y creyendo que obraban en justicia como les habían indicado sus superiores.
También hay casos de violación de las hijas (que se ofrecían) para evitar que sus padres fueran asesinados. Y lo más repugnante fue la forma de llevar a cabo dichos actos, en pleno día y ante todo el mundo, pasando una ola de terror trágico por la comarca". Obsérvese que para el informante todo habría estado muy bien si las víctimas hubieran sido realmente de derechas.
Tales eran los "defensores de la democracia", si hemos de tragarnos la propaganda hoy al uso. Abundan también los testimonios de torturas y crímenes en las checas, no sólo contra derechistas, sino también contra izquierdistas.
¿Para cuándo la rehabilitación y la recuperación de la dignidad de esas personas? Puestos a memorizar la historia, es decir, los hechos más siniestros y odiosos de la historia, por los que tanta predilección muestran ustedes, ¿no urge ya crear una comisión para investigar a fondo estos crímenes perpetrados entre las propias izquierdas?". 2008

 

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Aunque el "culto" a Hitler era algo más sobrio que el aplicado a Stalin: "El camarada Mirónof tocó una tonada y todos nos unimos en la cantinela familiar: Cantemos una canción, camaradas/ al más grande de los hombres/ al más grande y el más amado/ A Stalin cantemos una canción" (1). Se esperaba incluso, y en gran medida se cumplía, al menos externamente, que las propias víctimas de Stalin le profesaran casi adoración, algo que los hitlerianos no llegaban a exigir.

- La actitud soviética hacia España ha sido objeto de debate. Bastantes historiadores dan por buena la versión oficial soviética de que Stalin solo quería contener a Hitler mediante la defensa de la democracia española y la alianza con las democracias europeas. Por supuesto, quería eso, pero también mucho más. El análisis de su postura exige tomar en cuenta otros factores: las ideas soviéticas sobre los "países imperialistas", sus tácticas de frentes populares, su desconfianza radical de las democracias, y su política concreta en España, que persiguió por sistema el adueñamiento del poder por los "demócratas" comunistas. Y la democracia española había dejado de existir antes de la guerra civil, debido en parte menor, pero no desdeñable, a la política del PCE


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El régimen de Franco después de 1939 fue, por supuesto, muy severo. Las fotografías de la entrada del ejército en los pueblos blancos de Andalucía en 1936 son tan desgarradoras como las de los prisioneros republicanos, pongamos, en el monasterio de Celanova. Pero como todas las políticas, estas cosas tienen su explicación. Una razón de la represión después de la guerra, por ejemplo, la dio el cardenal Segura a finales de la década de 1940, cuando le dijo a un diplomático británico que la clase media había sufrido tanto a manos de los comunistas y sus aliados que hallaba imposible el perdón. Muchos conocían demasiado bien las brutalidades de las checas que tan extraordinariamente habían florecido bajo la República después del 19 de julio de 1936. Paracuellos no fue la única atrocidad, aunque sí la más sensacional. Varios ministros de Franco conocían por experiencia propia las cárceles republicanas.

 

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Ayer, con motivo de la retirada de reconocimientos a Franco en el Ayuntamiento de Madrid, tuve ocasión de decir en El gato al agua  unas cuantas cosas que actualmente no pueden decirse en casi ninguna parte, buena señal de que estamos en una democracia enferma. Hoy, en España, se puede exaltar en los grandes medios a los separatistas, socialistas, comunistas o anarquistas que llevaron a España a la guerra civil, pero no a Franco, que los derrotó; se puede exaltar al maquis que intentó reanudar la misma guerra unos años más tarde, pero no defender a quien lo venció y libró a España de un nuevo y grave desastre; se puede hasta exaltar a Hitler, que según Preston y algunos chiflados fue quien impidió la entrada de España en la guerra mundial, pero no a quien verdaderamente salvó al país de una calamidad que habría multiplicado los sufrimientos de la guerra civil; se puede simpatizar abiertamente con dictaduras totalitarias o con personajes como Che Guevara, y en cambio se ataca con dureza obsesiva y mil falsedades a una dictadura autoritaria en un tiempo en que no existían prácticamente demócratas --no hay muchos tampoco ahora--, y cuyo balance es inmensamente positivo, el más positivo de cualquier régimen español en varios siglos; se puede exaltar a los antifranquistas como si ellos hubieran (hubiéramos) sido demócratas y liberales, y en cambio no se puede reconocer que la democracia actual, o lo que queda de ella, viene justamente del franquismo... Y así sucesivamente.

Anoche en El gato al agua - 30 de Junio de 2009 - 07:49:23 - Pío Moa blog libertaddigital.com 

 

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Diario ya entrevista a Stanley Payne y Jesús Palacios, autores del libro "franco, mi padre", que incluye el testimonio de la única hija del caudillo

Stanley Payne: "La izquierda republicana no era nada demócrata, ni siquiera los moderados"

 

 

Los autores, en un momento de la entrevista

 

Rafael Nieto. 09 de diciembre 2008

"Franco, mi padre", el testimonio de la única hija del Generalísimo convertido en libro por los historiadores Stanley Payne y Jesús Palacios ha alcanzado ya su segunda edición, lo que demuestra que la figura histórica del Caudillo sigue interesando a los españoles. Diario YA ha querido conocer de primera mano qué impresión ha dejado en ellos el relato en primera persona de Carmen Franco, y para ello mantuvimos la siguiente entrevista en el hall del Hotel Conde Duque, de la capital de España, en una tarde fría y lluviosa de invierno, con sabor a memoria histórica.

Antes que nada, enhorabuena por su magnífico libro. La primera pregunta tiene que ver con el personaje del que hablamos, un hombre que murió hace 33 años y que sin embargo sigue suscitando grandes polémicas..., ¿a qué creen que se debe esto?

 

Payne: Por dos o tres cosas fundamentales, primero por haber mantenido la dictadura por tanto tiempo, consecuencia de una terrible guerra civil, esto tampoco se olvida, y esto igualmente acompañado por una represión bastante fuerte, son cosas de bastante peso, y es inevitable que sea así.

 

Palacios: Hay que situarlo en las pasiones humanas, y ahora en las bajas pasiones humanas, en el sentido de que Franco fue el vencedor absoluto de una guerra civil que fue una guerra ideológica contra un proceso revolucionario marxista. Y de alguna forma, aún con el paso del tiempo cuando eso se tiene que enfriar, y es cierto que en los años ´80 eso estaba ya superado por las nuevas generaciones, pero brota de nuevo por el resentimiento que se trae a los nuevos aires políticos, de confrontación y de crispación, de volver a situar de nuevo en la lucha política de los partidos, que posiblemente nada tienen que ver con los partidos de entonces, los años posteriores a la guerra civil española. De ahí que la figura de Franco siga siendo controvertida y por lo tanto no resuelta históricamente.

 

 

Sobre Francisco Franco se han escrito obras hagiográficas u otras que se centran casi exclusivamente en los aspectos más negros de la dictadura, ¿faltan obras más objetivas y equilibradas?

 

Payne: Bueno, eso es lo que hemos intentado hacer en este libro, hacerlo con más objetividad, un estudio más profesional, aislado de las pasiones políticas, y bueno los lectores podrán decir si lo hemos conseguido.

 

¿Ustedes creen que ya se ha contado todo sobre la figura política de Franco, o aún quedan cosas?

 

Payne: Bueno, la realidad es que estamos en una situación en que Franco no ha dejado sus papeles personales, siempre habrá cosas que investigar o cosas que decir, no puede ser de otra manera, porque no estamos en una situación de que hay un gran archivo. Esto será, como casi todas las cuestiones importantes en la Historia, una página abierta para los historiadores durante bastante tiempo.

 

Palacios: Cuando hay una importante pugna por el conocimiento de hechos históricos, nunca se puede agotar. Y Franco, o la época de Franco, ha consumido ya centenares, posiblemente millares de volúmenes. Pero no se resolverá en tanto en cuanto eso deje de ser un espacio sereno de exposición del debate sobre las ideas en la Historia, no de la confrontación política. Todavía estamos viendo sobre la figura de Napoleón en la Guerra de la Independencia, con el bicentenario hay un aluvión de volúmenes que se siguen editando, es algo inevitable también.

 

Hablemos propiamente del libro, ¿fue fácil convencer a la Duquesa de Franco para que hiciera estas declaraciones?

 

Payne: Realmente, fue una oferta de parte de ella, nosotros no tuvimos que convencerla, porque no hacía falta, ni siquiera lo habíamos intentado. Para mí fue una sorpresa este ofrecimiento por parte de ella. ¿Por qué ha sido ahora mismo? Bueno, yo creo que es porque a su edad, nunca había hablado de esto, y a la edad de 81 años pues era el momento de repasar la memoria, ella creía que ya había llegado el momento de hacerlo.

Palacios: Lo que dice el profesor Payne es absolutamente cierto. Fue una sorpresa para nosotros el hecho de que coincidiera en la misma búsqueda de objetivos. Porque es cierto que nosotros queríamos ponernos en contacto con ella, y comentarle que teníamos idea de escribir un gran libro o una semblanza biográfica sobre su padre, y queríamos su testimonio. Porque como ya hemos comentado, él no dejó escritas sus memorias, aunque escribió mucho, pero datos íntimos y profundos que reflejaran su personalidad, su sentimiento, lo que pensaba sobre los distintos aspectos, y tampoco su mujer, después su viuda, Carmen Polo. Nadie había hablado, salvo alguna excepción, un primo, su primo Pacón, que había escrito algunas referencias directas que le iba relatando su primo. Por eso es tan importante este testimonio, es la primera vez después de más de treinta años en que ella ha roto su silencio, es un testimonio único.

 

Franco siempre fue reacio a participar en el levantamiento del 18 de Julio, y lo que le impulsa a dar el paso adelante fue el asesinato de Calvo Sotelo, ¿puede considerarse el desencadenante?

 

Payne: Es cierto que fue el detonante final, porque el levantamiento se produjo horas después de que hubieran tenido noticias de este hecho. El hecho de que Calvo Sotelo hubiera sido secuestrado por policía oficial del Estado, es decir, con la complicidad de elementos del Estado, hizo que la postura de Franco en esto fuera de que era más peligroso no rebelarse que rebelarse, esto yo creo que fue para él el fundamento de la cosa.

 

Palacios: Franco era un militar, y estaba sometido a la disciplina militar de sus superiores, y al acatamiento de las órdenes de la legalidad política de cada momento. Lo fue sin duda en el tiempo en que sirvió a Alfonso XIII y a la monarquía, y después cuando se estableció y se proclamó la Segunda República. Durante cinco años, Franco fue más leal a la República que en distintos periodos lo puedo ser Indalecio Prieto o Azaña. Aún en la primavera del ´36, Franco ofrece una colaboración, en una famosa carta, al ministro de la guerra y presidente del consejo, Casares Quiroga, cuando ya la República estaba en un proceso casi revolucionario, con muchos grupos que pedían prácticamente hacer la revolución, una colaboración estricta para pacificar la República. Francoration: underline;"> pensaba que la República podía tener solución, y de hecho la colaboración militar era para corregir la República. Después, la deriva al radicalizarse mucho más las posiciones, y ser una guerra de aniquilación del adversario, eso ya fue completamente diferente.

 

Payne: Lo que también es difícil de estudiar es esa radicalización política de Franco, durante los seis primeros meses de la Guerra Civil, porque no ha dejado papeles. Pero sí que empezó con la misma voluntad que Mola de rectificar la República.

 

Palacios: Franco, cuando se había sentido tentado por colegas militares para rebelarse, por ejemplo en el año 1932, había rechazado siempre las llamadas de sus colegas militares, porque era una persona leal y fiel a la República. ¿Cuándo se puede decir que la legalidad republicana queda absolutamente rota? Cuando el propio Estado rompe lo que es un estado de derecho, cuando los funcionarios policiales del propio gobierno se dedican a la aniquilación del adversario, como es el de Calvo Sotelo. Uno de los miembros del comando ejecutor del asesinato de Calvo Sotelo formaba parte de la seguridad del propio Prieto. En ese momento, no hay legalidad que poder defender. Entonces es el paso decisivo, el Rubicón que Franco pasa para poder rebelarse y ponerse de parte de la insurrección militar.

 

Algunos historiadores, como Ricardo de la Cierva, mantienen que cuando se produjo el levantamiento militar del 18 de Julio de 1936 ya no había legitimidad en el gobierno republicano…, ¿comparten esta tesis?

 

Payne: Sí, en gran parte. Lo que pasa es que el proceso jurídico en la Segunda República en España, durante los meses de la primavera y verano del ´36, es un caso único, porque no existe otro caso de un estado moderno europeo que cayó en un estado de descomposición legal e institucional en tiempos de paz. Esto suele pasar a veces en casos de guerra, con los vencidos o con los que han ganado. Es un caso que no tiene equivalente. Es verdad que no había existido un gobierno republicano, fue un gobierno que no quería aplicar la ley. Eso es una cuestión que siempre va a estar un poco abierta ante la Historia, porque todavía existían las instituciones, pero en parte habían dejado de funcionar. Es decir, es algo que no se puede contestar 100%. Pero en la cuestión de aplicar la ley, por ejemplo, en el mes de mayo, las elecciones en Cuenca y Granada, evidentemente fueron elecciones fraudulentas, sin libertad.

 

Se ha hablado mucho de la religiosidad de el Caudillo, que era declaradamente católico y pensaba que debía seguir la doctrina que llegase desde el Vaticano, pero ¿pensaba Franco que la guerra contra Rusia y el marxismo era una cruzada?

 

Payne:Sí, no durante la primera semana, pero sí luego, con todas las dimensiones de la Guerra Civil, con la gran destrucción, con la pérdida de vidas, la intervención de la URSS, la revolución en la zona republicana, la ola de atentados tan terriblemente violentos…, y luego con el resurgir del catolicismo en la zona nacional, después de eso sí pensó que era una verdadera cruzada. La cruzada es una cruzada cuando los cruzados creen que es una cruzada.

 

Palacios: Y es más como consecuencia de la carta colectiva de los obispos, hasta entonces no se había definido en ese aspecto como tal, sí como guerra contra el marxismo. 

 

En el libro también se habla de las relaciones de Franco con la Iglesia, ¿acabó muy decepcionado con la actitud de la mayoría de los obispos españoles?

  

 Payne: Durante la última etapa, claro que sí. Creía que era casi como una puñalada por la espalda. Con la liberalización, hubo una disminución del apoyo político sobre todo de los obispos más jóvenes, y la participación de altos miembros de la Iglesia, que él pensaba que le habían traicionado hasta cierto punto.

 

Palacios: Pero eso es ya en la mitad de la década de los sesenta y primeros setenta…

 

Payne: Sí, en los últimos diez años de su vida…

 

Palacios: Claro, cuando tiene una confrontación casi abierta entre otros con Monseñor Tarancón, cuando asume la jerarquía eclesiástica.

 

Payne: Pero en cambio, en lo que Franco no tenía ninguna duda era en cuanto a la independencia de la iglesia. Había aconsejado años atrás a Perón en Argentina que abandonase su lucha con la Iglesia. Su frase fue: “Juan Domingo, no olvides que nuestros regímenes son temporales, pero la Iglesia es eterna”. Aún así, es cierto que estuvo bastante desilusionado en los últimos años.

 

Palacios: Él estuvo muy satisfecho en el periodo con Pío XII, él tuvo una relación muy fructífera y muy buena, después del concordato, no le importaba que dijeran que su política exterior descansaba en relación a lo que podía ser aceptable o no aceptable para el Vaticano. Es decir, estaba en plena sintonía de identidad de criterios. Pero a partir del aggiornamiento, del Concilio de Vaticano II, a partir de ahí la jerarquía de la Iglesia y muchos seglares empiezan a ver con mucha menos simpatía al régimen y a desengancharse de él.

 

 

Payne: Tampoco podemos olvidar que durante los cinco primeros años del Régimen, hasta el año 1941, hubo una cierta tensión con el Vaticano por saber si el Régimen iba a ser de tipo fascista, con los que el Vaticano se sentía más que desilusionado. También quería saber si iba a haber una influencia alemana, nazi en España.

 

Se ha hablado mucho de la ideología de Franco, ¿cómo definirían ustedes a Franco ideológicamente?

 

Payne: hay historiadores y comentaristas que dicen que Franco no tenía ideología, que estaba cambiando según las circunstancias lo que era más provechoso para él. Yo creo que Franco tenía una filosofía autoritaria, católica, nacionalista, imperialista cuando podía, y hacía una cierta política económica. Pero esto ha cambiado bastante según las circunstancias, porque en los primeros años practicaba una política semi-fascista, no totalmente fascista, pero sí semi-fascista, con los rasgos del régimen italiano y el partido único, se parecía más al modelo italiano que al alemán, porque el modelo alemán él no lo entendió nunca. Pero ya se veía en el año ´43 que eso no funcionaba, y fue necesario entonces crear un régimen ajustado a otros principios políticos que mantenía también a título personal. Y ya a partir del año 1945, con el fin de la Guerra Mundial, el régimen no podía presentarse como autoritario, como dictadura, sino como algo diferenciado, y por eso surgió la frase casi inventada por Salvador de Madariaga de la “democracia orgánica”, en vez de “democracia inorgánica”.

 

Palacios: Ideológicamente, él tuvo una influencia muy grande de Víctor Pradera, eso sin duda. Posiblemente, él parte de unos postulados, porque eran más frescos y juveniles, y novedosos, de José Antonio Primo de Rivera y de Falange, pero luego va cambiando en función de las distintas vicisitudes por las que va pasando el régimen. No es lo mismo el régimen de Franco con la victoria total y absoluta de la Guerra Civil, que desde el ´43 al ´45, y luego del ´45 en adelante, que es un régimen de supervivencia para superar el bloqueo y el acoso de las democracias occidentales. Pero hay tres rasgos que definen el pensamiento político de Franco: 1) su aversión a la democracia liberal, porque piensa que ha sido la gran culpable del colapso de la República, de la confrontación y de la Guerra Civil, 2) un comunismo antimarxismo activo, y 3) una posición muy acentuada contra la masonería. Esos son los tres rasgos principales que definen el franquismo a lo largo de toda su vida.

 

Uno de los datos que parece confirmado en el libro es que Franco huía del modelo masculino que encarnaba su padre, que había abandonado a su mujer y a sus hijos ¿no es así?

 

Payne: Bueno, lo que adoptó del modelo masculino de su padre fue el servicio militar, el ser militar, eso sí. Pero luego al modo de comportarse en términos individuales, sobre todo respecto a la sexualidad, a la familia…, rechazó totalmente la práctica de su padre.

 

Palacios: Podemos decir que hubo más influencia de la madre en ese aspecto, igual que en la religiosidad.

 

La hija del Caudillo dice con el paso de los años probablemente ocurra con su padre lo mismo que con otros personajes históricos, como Napoleón Bonaparte, que "se hará justicia" con el paso del tiempo, ¿están de acuerdo?

 

Payne: Es posible que haya más equilibrio y más objetividad. En cambio, los puntos negros de Franco y su régimen probablemente son cosas que no serán olvidados nunca. Pero por ejemplo, si surgiera una catástrofe, si España se disgregara, entonces sí habría mucha gente que hablaría de Franco como el último gran español que mantuvo la unidad de la patria, pero esperemos que esta catástrofe no tenga lugar. Y si se mantiene más o menos la misma situación que tenemos actualmente, los puntos negros no se olvidan con facilidad.

 

Palacios: Es una cuestión de escalas. Ahora estamos en una escala muy acentuada sobre el asunto de la represión por la Ley de Memoria Histórica y estas iniciativas políticas, y naturalmente se quiere poner el acento en lo que fue la represión, que no fue unilateral, fue una guerra de aniquilamiento con exterminación del adversario, de los dos bandos. Si con el tiempo el acento se pusiera en lo que supuso de pacificación y de equilibrio de la sociedad española, de desproletarización también, de abandono de sensaciones de activismo revolucionario, de modernización de España y de desarrollo, tendríamos otra perspectiva del régimen de Franco. Pero es que las dos conjugan, las dos se dan.

 

¿Cómo ven la Ley de Memoria Histórica?

 

Payne: La única parte que yo veo que es válida es la cuestión de excavar fosas que no han sido excavadas, porque es un deber de cualquier país civilizado si hay restos humanos que pueden ser rescatados así para recibir una sepultura digna. Esta es la parte que vale de la Ley de Memoria Histórica, porque por lo demás es algo de costumbres soviéticas, los gobiernos democráticos no pueden legislar la Historia. El mismo término es muy desafortunado, porque no hay memoria histórica, no hay memoria de la Historia, la memoria es individual, es subjetiva, en cambio la Historia es la obra de los historiadores, es un estudio científico, una actividad objetiva, disciplinada, que se basa no en memorias, que son frágiles y subjetivas, sino en el estudio de los documentos, de los artefactos de la Historia. La memoria no es Historia, y la Historia no se basa en la memoria. Otra cosa también es la intención de esta ley, se ve que es de falsificar la Historia, y de bautizar de demócratas a todos los sectores republicanos. No fue así, la parte de los republicanos no fue nada demócrata, ni mucho menos, ni siquiera los moderados. La izquierda republicana había demostrado muy poco respeto por las normas democráticas.

 

Palacios: Hubo un oportunismo en la anterior legislatura de presentar esta ley, que demuestra que es una operación política, forma parte de una operación política. Pero no tiene nada que ver con el resarcimiento de rescatar los cadáveres de personas desaparecidas, porque sobre eso ya se había legislado, había leyes aprobadas en años anteriores y existe el derecho de los herederos de poder rescatar, si es que saben dónde están, eso nadie lo puede discutir ni poner en duda. La cuestión está en si a través de la Ley de Memoria Histórica se quiere volver a rescatar de nuevo el espíritu de la Guerra Civil en la sociedad actual y en el tiempo actual. Y eso no es solamente una aberración y un absurdo, sino que es muy peligroso.

 

Payne: Bueno, y abundando un poco en este punto, es caer otra vez en la diferenciación de buenos y malos, un maniqueísmo, y realmente en cuanto al modo de librar esa guerra, mi opinión es que era más bien algo de malos contra malos.

 

 

¿Consideran que Zapatero quiere ganar ahora la guerra que perdieron las izquierdas en el ´39?


Payne: Bueno, no en términos literales, porque eso es imposible, y él lo sabe bien, pero sí quiere hacer una cierta reinterpretación de la guerra, maniqueísta, de buenos y malos, para reforzar su posición política. Trata de instrumentalizar una interpretación de la guerra como palanca política. Y también trata de imponer una interpretación oficial de la guerra.

 

Palacios: Forma parte del "agit prop" definido por Antonio Gramsci como uno de los grandes ideólogos del marxismo revolucionario, que es la penetración

en las capas sociales que hasta ese momento son más resistentes a través de distintas fases, y aquí estamos ahora en la fase del rescate de los huesos y de los cadáveres y de los antepasados, y lo relacionan con la palabra “paz”, en términos de justicia y solidaridad. Es ganar humanamente en ese aspecto, captar la atención de la sociedad en algo que es muy fácilmente ganable en ese sentido. Es ganar la propaganda para que su ideología sea la prevalente, y luego afirmarse desde el poder. Ni Zapatero ni nadie puede corregir un hecho que está claro en la Historia, y es que el bando frentepopulista republicano perdió la guerra y Franco la ganó de manera absoluta. Pero sí desde una forma de propaganda puede situarla en el sentido de los buenos y de los malos, de que la democracia era bonancible en tiempos de la República, y que el bando que ganó fue el que pisoteo la legalidad, la legitimidad, los que atacaron la democracia. En ese sentido puede intentar dar la vuelta para que quede la idea de ganar la guerra en la propaganda.

 

 

Payne: Aquí también hay una dimensión más amplia, de la cual parece que poca gente en España se da cuenta. Me refiero a la nueva ideología dominante. Es la primera vez en la historia de que hay una ideología universal que no tiene nombre. En España se llama el “buenismo”, en Estados Unidos la “corrección política”, o el “pensamiento dominante”. En esta ideología uno de sus rasgos fundamentales es la crítica y el rechazo del pasado, la negación del pasado, la utilización del pasado únicamente en términos negativos, en términos de crítica para afirmarse a sí misma como superior al pasado, todo el pasado fue malo y negativo, lo actual es lo positivo porque es lo opuesto al pasado.  2008.XII.09 ‘diario ya madrid’

http://www.diarioya.es/content/stanley-payne-la-izquierda-republicana-

no-era-nada-demócrata-ni-siquiera-los-moderados

 

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También existen en la democracia partidos abiertamente antidemocráticos como son no sólo los separatistas, sino también los marxistas, nacionalsocialistas o asimilados, islamointegristas, colaboradores del terrorismo, etc. La democracia puede y debe tolerarlos mientras no se vuelvan demasiado potentes y agresivos, y por tanto peligrosos para la libertad de todos o para la integridad nacional. Llega un momento en que, por esa razón, la tolerancia se vuelve suicida.

La cuestión radica en evitar llegar a esos extremos, y esto sólo puede lograrse mediante una labor activa de denuncia y crítica de tales opciones, de modo que se mantengan siempre en un nivel poco dañino. 2008-XII.

 

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España - 1934/6 - Franco-,comunistas,

Hitler historia 2º democracia

  

 

P:¿Cuál es el número aproximado de mártires asesinados por el Frente Popular antes y durante la Guerra Civil?¿ y las del régimen de Franco? ¿Por qué tanto empeño en salvaguardar la memoria de las víctimas de Franco y no se hace nada por estas otras victimas?

 

R:Sacerdotes y religiosos en torno a los 7.000, pero, claro está, hubo muchos más laicos fusilados por el Frente Popular. En conjunto, creo que los asesinados durante la guerra por el Frente popular debieron andar entre los 70 y los 80.000 (quizá más) y los fusilados por los alzados entre los 50 y los 60.000.{2005.03.}

 

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P: ¿Qué persona, a su juicio, contribuyó más a que se desencadenara la guerra civil?

 

R: Creo que fue Alcalá-Zamora. Junto a él, Largo Caballero. Largo representaba el deseo y la preparación de la guerra civil, pero si, después de haber fracasado en 1934, Alcalá-Zamora no hubiera abierto las puertas a la revolución, la guerra pudo haberse evitado.

 

P: Resúmame en algunas líneas por qué el régimen de Franco no fue un régimen fascista en sentido estricto.

 

R: Había en él un elemento fascista ligado a la Falange, pero la Falange nunca fue más que un componente del régimen. El fascismo se distinguía por un cierto aire paganoide, por la deificación del estado, la movilización de las masas, etc., y esas cosas nunca cuajaron en aquel régimen. Además no unió nunca su suerte al de los regímenes fascistas, como es sabido.

Sr. Pío MOA- escritor e historiador - 2004-10-14 – L. D. Esp.

 

P: ¿Cuál cree que está siendo la trascendencia de sus hallazgos históricos?

 

R: El problema clave de la guerra es quiénes y por qué la iniciaron. Según la propaganda izquierdista que se había asentado como historiografía en España en los últimos veinte años, los causantes habían sido las derechas porque no toleraban las reformas republicanas. Creo haber demostrado, definitivamente, que fueron las izquierdas porque para ellas la democracia no tenía verdadero valor. Las reformas republicanas las echó abajo el pueblo en 1933, al votar por gran mayoría contra ellas.

 

P: ¿Qué opina de la Asociación para la defensa de la Memoria Histórica y de sus operaciones arqueológicas en busca de fosas comunes? ¿Dónde cree que hubo más víctimas y más ensañamiento?

 

R: Es la clásica "recuperación de los odios y los rencores históricos". Llevan cinco años con esa historia, han encontrado 200 cadáveres, aunque afirman por las buenas que hay 30.000, Muchos de esos cadáveres son seguramente caídos en combate. Han tenido fiascos como el enorme "paracuellos" que creyeron encontrar en Granada y que resultó un osario de animales... En fin, un desastre. El número de víctimas por los dos lados fue muy parecido, aunque resulta proporcionalmente mayor el de las izquierdas, ya que sólo pudieron actuar en la mitad del país. Y quedan los verdaderos olvidados: las víctimas de izquierdas asesinadas por las izquierdas.

 

P: Aún no he comprado su libro pero tengo una pregunta: algunos profesores de Historia me insinuaron el curso pasado que la revolución del 34 no era lícita pero si legítima y la sublevación del 36 ninguna de las dos cosas. ¿Qué les diría usted?

 

R: La rebelión del 34 fue contra un gobierno moderado, plenamente democrático y legítimo. La rebelión del 36 fue contra un gobierno que procedía de unas elecciones anómalas y que se había deslegitimado al no haber cumplido ni hecho cumplir la ley. Debe huirse de esa palabrería sobre los pobres y las injusticias sociales, con las que siempre encubren las izquierdas sus ataques a la democracia. Las soluciones que ellas dan a la pobreza y las injusticias son mucho peores que los males que dicen querer superar.

 

P: ¿Puede decirme su opinión sobre Rafael Alberti como persona, escritor y político?

 

R: Como persona, un señorito bastante despreciable, como escritor, no malo, como político, siniestro.

 

P: ¿Fue realmente la ayuda soviética tan importante o exageró Franco?

 

R: Sin la ayuda soviética la guerra habría terminado en cuatro o cinco meses. Hasta entonces las intervenciones exteriores habían sido en pequeña escala y la lucha había sido entre columnas irregulares. A partir de la intervención soviética la guerra se alargó, se hizo de divisiones y cuerpos de ejército, y la intervención exterior se volvió masiva en algunos aspectos. Esa importancia tuvo.

 

P: La humillación a la que sometió Franco a tantos españoles obligándoles a emigrar a Cataluña y Vascongadas para buscar trabajo podría ser un intento de españolizar más estas regiones?

 

R: Franco no obligó a emigrar a nadie a ningún sitio. Fue el desarrollo económico el que llevó a miles de españoles a marchar del campo a la ciudad (no sólo a Barcelona o Bilbao, también, y no menos, a Madrid, Valencia, Vigo, Valladolid, Sevilla, etc. etc., así como a los países europeos). Esas regiones no necesitaban ser españolizadas, pues son parte de España desde tiempo inmemorial.

 

P: ¿Cuáles eran en el 34 las diferencias entre el PSOE y el PCE?

 

R: El PCE consideraba al PSOE "social-fascista" y decía que toda su propaganda en pro de la guerra civil era un engaño a los trabajadores. Su política práctica era casi idéntica, y los dos participaron juntos en la revolución de octubre.

 

P: ¿Podría decirme que les pasó, en Francia, a los soldados republicanos españoles que según el Lancero de la Mancha, liberaron a Francia del nazismo? ¿No fueron tratados miserablemente por Francia, en campos de refugiados?

 

R: Francia trató muy mal a los refugiados, cierto. Por otra parte casi tres cuartas partes de ellos volvieron a España ya en 1939. Muchos de los que quedaron se enrolaron en el ejército francés y luego combatieron, muy bien por cierto, en la liberación de Francia. Pero su papel fue realmente muy secundario, como no podía ser de otro modo. Quienes liberaron Francia fueron los "useños"(norte-americanos USA.). En la resistencia hubo también muchos españoles.

Sr. Pío MOA- escritor e historiador - 2004-X-14 – L. D. Esp.

 

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-Los políticos no deben administrar la memoria histórica.
   

-¿No cree que a la derecha española se le exigen responsabilidades históricas por la Guerra Civil mientras que la izquierda nunca se ha dado por aludida? ¿No es hora que también haga un sincero mea culpa?
   -Toda la izquierda sabe muy bien, y no debería olvidarlo, que en la zona republicana se cometieron muchos crímenes y grandes errores. Las checas de Madrid, Paracuellos, la actuación de los anarquistas en Barcelona y en muchas otras ciudades son conocidas. No hablaré de número de muertos y represaliados, pero hay que reconocer que la tragedia fue para los dos lados. Hay que partir de ese hecho porque quienes conocen y vivieron aquello lo saben.
-.-

Es triste reconocerlo, pero las cosmovisiones utópicas y optimistas siempre han terminado en terribles matanzas. Es el caso innegable del socialismo y de los nacionalismos. Lo es también de la masonería. Convencidos de que las masas –entendidas como tales las que siguen las consignas de izquierdas– o las naciones –reales o supuestas– tienen algo incomparablemente bueno en su interior, estas visiones ideológicas han terminado produciendo experimentos extraordinariamente cruentos, como los impulsados por Lenin, Stalin, Mao o Hitler.

 

Al fin y a la postre, ni las masas ni las naciones se comportaban según ese patrón de lo bueno y acababan siendo objeto de castigos ejemplares por negarse a actuar de acuerdo con su supuesta esencia. El Gulag, Auschwitz, la guillotina durante el Terror de la Revolución Francesa, los campos de concentración de Castro, las acciones de Pol Pot o la revolución cultural de Mao son sólo episodios que demuestran cómo el optimismo antropológico y la utopía han causado más muertes y sufrimiento que cualquier otra cosmovisión.

 

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La Iglesia que se quiso aniquilar

 

Comentario a: Vicente Cárcel Ortí, "La Gran persecución. España, 1931-1939", Barcelona,ESPAÑA- Planeta, 370 páginas.

 

La beatificación de mártires católicos –como la que tuvo lugar el domingo pasado en la plaza de San Pedro en Roma– sigue provocando resquemores en ciertos sectores de la población española. Razones para esa reacción ciertamente no faltan. El asesinato de cerca de siete mil sacerdotes y religiosos durante la revolución y la guerra civil española deja de manifiesto que los crímenes no pueden imputarse sólo al bando vencedor y, para colmo, en el otro –el políticamente correcto– se cebó en un sector de la población cuyo único delito había sido el de profesar una religión concreta. No fueron muertos en la guerra sino mártires de una persecución religiosa bien concreta. Que las víctimas fueran sencillas monjas de clausura, sacerdotes dedicados al cuidado de niños abandonados o docentes de menesterosos resultaba indiferente. Más que un episodio de la lucha de clases –el origen de la mayoría de los sacerdotes asesinados difícilmente pudo ser más humilde– se trató realmente de una persecución religiosa cuyo parangón debe buscarse en la Roma de Diocleciano más incluso que en la Rusia leninista.

 

Aunque este trágico episodio ha sido historiado muy correctamente en obras como la de Antonio Montero Moreno –un libro que el autor se negó a reeditar durante años para no reabrir heridas del pasado–, la presente aportación de Vicente Cárcel Ortí merece la pena de ser leída y repasada. En ella, se analiza no sólo cómo la propia constitución republicana contenía unas notas abiertamente anticlericales que imposibilitaban la convivencia de todos los españoles, sino también cómo la revolución siempre acarició la idea del exterminio de los fieles católicos tal; esto quedó de manifiesto en la Asturias de 1934, donde se produjeron los primeros asesinatos de clérigos. Cárcel Ortí se adentra además en temas espinosos pero bien tratados como el que la iglesia pidiera perdón por su participación en la guerra civil sin que se haya producido una solicitud recíproca por sus muertos; o las razones de su gratitud hacia Franco que, a fin de cuentas, la salvó del exterminio. Escrito de manera sencilla pero muy bien documentada, constituye un libro ideal para salvarse del mal del olvido y de las maniobras demagógicas de aquellos que lo utilizan para sus propios intereses.

La libertad digital, 13.III.2001 – Dr. en historia antigua César VIDAL.

 

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P: Dejando a un lado los motivos del levantamiento del año 36, ¿qué opina del gobierno del general Franco y de su régimen de "libertades"?

 

R: Fue una dictadura que experimentó variaciones notables con el paso de las décadas pasando de una visión económica propia del socialismo nacional que representaba la Falange a una cierta liberalización en 1959, clave del desarrollo de los 60. Precisamente ese desarrollo y la voluntad de ir hacia un régimen monárquico permitieron realizar la Transición en los años 70.

César VIDAL, dr. en historia, filosofia. 2004-11-09 – L.D. España

 

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GUERRA Y FRANCO 1934/6

 

15. ¿Es cierto, como algunos dicen, que la única culpable de la guerra civil fue la II República?

 

No la República sino los políticos que se sublevaron contra ella. Empezando por los anarquistas, con tres insurrecciones, Sanjurjo, los socialistas, comunistas y nacionalistas catalanes que se sublevaron en el 34 contra un gobierno legítimo o el propio Azaña, que al perder las elecciones intentó dos golpes de Estado. Se olvida que Franco fue el último en sublevarse. Si todos los políticos hubieran hecho como él, la Guerra Civil no habría llegado. Esto suena asombroso debido a la desvirtuación imperante, pero los hechos son así.

 

16. ¿El resultado de la revolución del 34 habría sido un régimen al estilo soviético?¿que habría ocurrido con los republicanos burgueses tipo Lerroux o incluso Azaña?

 

La intención de los socialistas declarada textualmente era una Guerra Civil para imponer una revolución de tipo soviético. Lerroux habría sido liquidado inmediatamente y a Azaña quizás le hubieran dejado como una figura decorativa.

 

17. ¿Cree usted que el alzamiento de julio del 36 se hubiese producido sin la reforma militar de Azaña?

 

No tiene nada que ver con ella. El mismo Franco dijo que estaba bien concebida.

 

21. Aunque supongo que criticar a la republica ya le bastaría para ganarse las iras de la izquierda ¿era necesario -o justificado- hacer una defensa "explícita" de franco? Con ello le ha dado a los "republicanos" una excusa para desviar el meollo del libro

 

Si en la República había un peligro revolucionario como indiscutiblemente lo había es evidente que Franco nos salvó de él. Después hubo una larga dictadura, pero no todas las dictaduras son iguales. De la de Franco España salió como un país muy próspero y maduro para la democracia. De la de Fidel Castro, por ejemplo, Cuba saldrá como un país arruinado donde la democracia será difícil de implantarse.

 

22. He leído su libro con detalle abrumado por la cantidad de fuentes, ¿como es posible que tantos nos hallan engañado tanto tiempo? al menos 25años...está seguro de todo? Gracias

 

Yo empecé mis libros partiendo de las tesis hoy en boga, al investigar las fuentes pude constatar cómo la mayor parte de dichas tesis son falsas. Y lo son hasta un grado que a mí me ha sorprendido mucho. Concuerdo con Paul Johnson en que es uno de los sucesos del siglo XX sobre el que más se ha mentido.

 

23. ¿Cree Vd. que aquella guerra fue algo inevitable e incluso necesario (aunque suene terrible), o por el contrario los problemas que habían en el año 36 se podían haber resuelto de otra forma?

 

La guerra, posiblemente, se pudo haber evitado si Alcalá Zamora, un derechista, hubiera permitido a la CEDA terminar la legislatura. Al impedirlo en el momento de mayores odios en el país hizo prácticamente imposible evitar lo que ocurrió. Creo que él y Largo Caballero son los principales responsables de aquella guerra.

 

24. ¿Qué opinión le merece la obra de Edward Malefakis sobre la Ley Azaña de Reforma Agraria de 1932? A muchos que nos considerábamos socialistas en el franquismo nos vacunó al hacernos ver como una constante que los socialistas españoles nunca han sabido estar a la altura de las circunstancias históricas.

 

La obra de Malefakis es muy buena, aunque no se libra de algunos desenfoques de tipo progresista. Ciertamente, el PSOE tiene una historia con tremendos puntos negros.

 

26. Se suele considerar que, dentro del PSOE, Besteiro representaba la moderación y Largo Caballero el radicalismo. ¿Donde situaría a Indalecio Prieto?

 

Prieto fue uno de los principales causantes de la guerra al inclinarse por Largo Caballero y contribuir a la marginación de Besteiro, que era el único que entonces defendía un socialismo moderado y democrático.

 

27. ¿El nacionalismo español no desvirtúa la historia?

 

Todos los nacionalismos suelen desvirtuar la historia, unos en mayor medida que otros.

 

29. Buenas tardes, Sr. Moa. He leído hoy que dirigentes del PSOE presentaban a Largo Caballero como un "pacifista". ¿Qué opina? Gracias por su respuesta.

 

Si es así, lo dice todo sobre esos dirigentes del PSOE.

 

30. Buenas tardes. En su opinión, que otros historiadores han escrito de manera más veraz sobre la Guerra Civil española?

 

Los hermanos Salas Larrazabal, Martinez Bande, Bolloten, Stanley Payne, Richard Robinson, entre los que pudiéramos llamar clásicos. Se puede incluir a Ricardo de la Cierva, cuyos trabajos, tan criticados, se acercan mucho más a la verdad que los de sus críticos.

 

33. El final de su libro parece una apología del régimen que siguió a la guerra civil. ¿Cual es su opinión sobre el régimen franquista?. Gracias.

 

No es una apología, sino un recordatorio de numerosos hechos que están siendo ocultados por una propaganda sectaria. La historiografía debe ir a los hechos y analizar críticamente la propaganda. Creo que el franquismo, aún siendo una dictadura, evitó una dictadura de tipo soviético mucho más dura. Piense usted que las propias izquierdas terminaron sublevándose contra Negrín y los comunistas, a pesar de que Franco no les prometió clemencia. Entre Negrín y Franco eligieron a Franco. Así terminó la Guerra Civil. Si eligieron a Franco es porque tenían una experiencia de lo que eran los comunistas.

 

28. ¿Cuántos muertos debemos a la derecha reaccionaria en el mundo? ¿O de ésos no hay cálculos?

 

Si por derecha reaccionaria quiere decir los nazis, se le deben todos los muertos en los campos de concentración, que entre judios, y otras minorías y prisioneros soviéticos deben ascender a unos 8 millones. A parte, los muertos de la Guerra Mundial se deben fundamentalmente también al nazismo. Otros regímenes reaccionarios causaron bastantes muertos, pero en general a una enorme distancia de los nazis o los comunistas.  PIO MOA  04.2003

 

34. Sr Moa ¿ideologicamente se considera una persona reaccionaria?

 

En el sentido de que trato de reaccionar contra ciertas ideologías, que se presentan como progresistas y que progresan hacia el abismo, sí.

 

38. Cuando en el programa del Sr. Dávila afirmó que la represión franquista no es nada comparable con la sovietica tras la segunda guerra mundial ¿Quiere restar crueldad a la represión franquista? ¿No son para usted bastante 22000 fusilados entre 1939-1942?

 

Para mí y para cualquiera, 22.000 fusilados son muchos, pero, claro, millones son muchos más. ¿Le quita o le pone esto crueldad en su opinión?

 

40. Señor Moa, durante la Guerra Civil una parte de España estaba en manos de Stalin. Durante el franquismo, mejoramos nuestra situación gracias a EEUU. Ahora volvemos a alinearnos con EE.UU. ¿Estamos condenados a vivir entre los yanquis y el soviet, como decía Maeztu?

 

No creo que mejoráramos gracias a EE.UU. Nuestra democracia es de las pocas de Europa que no debe nada a los norteamericanos. Ha llegado un poco tarde, pero ha llegado bien. Como decía Madariaga, la URSS intenta degollar nuestra libertad y USA degollar nuestra cultura. En fin, hay mucho que discutir sobre eso.

 

41. Sr Moa, sin la guerra contra los que querían instalar un régimen Leninista, cree usted que los Españoles seríamos hoy los vendedores de la farola en Francia?

 

Muy probablemente.

 

44. Tras leer su "introducción" he de decir que me ha encantado la parte en la que las izquierdas no aceptan el resultado de las urnas y a continuación la derecha hace una represión "escasamente sangrienta" que culmina con la sublevación del 17 Julio. Todo ello tras esbozar el concepto de caciquismo, pero sin entrar, astutamente, en su repercusión electoral. Las guerras siempre están llenas de mentiras y para prueba la actual. Pero caer ya en la introducción en lo mismo que se critica a los historiadores precedentes no deja de tener su miga...

 

Las elecciones de 1933 fueron dirigidas por un gobierno de centro-izquierda y las de 1936 por un gobierno de centro hostil a las derechas. El caciquismo no tuvo la menor intervención en ello. Salvo casos excepcionales, probablemente inferiores a los resultantes del empleo de la violencia por las izquierdas, tema reconocido por el propio Azaña.

PIO MOA  2003.04.09 «EL MUNDO»

 

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¿Por qué ganó Franco?

 

NUEVO MAZAZO DE CÉSAR VIDAL A LOS MISTIFICADORES

Por Pío Moa

 

César Vidal continúa, con su gran sentido de la oportunidad, publicando libros que son otros tantos mazazos sobre las versiones de la Guerra Civil, cada vez más degradadas desde el punto de vista historiográfico, que venían imponiéndose desde la izquierda y con abundante aporte de fondos públicos. Imponiéndose con insolencia que hoy, cuando su quiebra comienza a hacerse evidente, nos parece increíble.

 

La cuestión de por qué ganó Franco la guerra venía siendo despachada por esa historiografía de tres al cuarto con referencias a la intervención alemana e italiana y a la "traición" de las democracias a la España "republicana", otra democracia perfectamente legítima, si hemos de dar crédito a tales historietas. Como político o militar, Franco no pasaría de ser un tiranuelo inepto y muy poco inteligente (aunque "astuto", con "astucia aldeana", etcétera), con lo cual los ilustrados republicanos habrían sido vencidos por una especie de idiota.

 

Salvo por algunas críticas contradictorias a la URSS, esta explicación recuperaba la más simplona de las propagandas puestas en marcha por la Comintern para consumo de las masas, y pretendía elevarla al rango de memoria consolidada y definitiva de la guerra… a pesar de que incluso en los años 30-40 los comunistas realizaban análisis bastante menos estúpidos, para su propia ilustración.

 

En años próximos estaremos en condiciones de valorar hasta qué punto decayó en los últimos veinte años la historiografía española, contaminada por la necedad y el sectarismo progresistas, que, entre otras hazañas, logró casi arrumbar de la universidad a autores muy superiores pero, a juicio de estas izquierdas, algo "reaccionarios", tales como los hermanos Salas Larrazábal, Bolloten, Martínez Bande o Ricardo de la Cierva. Afortunadamente, esa lamentable época está tocando a su fin.

 

El libro de Vidal empieza con un acierto clave, al encuadrar la guerra de España dentro de las guerras civiles causadas por los avances revolucionarios en Europa y en Méjico durante el primer tercio del siglo XX. Esto tiene la máxima importancia a la hora de enfocar de forma inteligible la guerra de España, que no tuvo nada que ver con un enfrentamiento entre democracia y fascismo, como viene pretendiendo una historiografía tan descaminada como políticamente interesada. Fue una pugna entre revolución y contrarrevolución, la más importante y sangrienta de la época si exceptuamos la guerra civil que siguió en Rusia a la toma del poder por Lenin.

 

Este enfoque nos permite eludir las mil contradicciones y el continuo forzamiento de los datos a que obliga la versión hasta hace poco predominante. Pues, ¿cómo podía una democracia componerse de comunistas, socialistas y anarquistas fundamentalmente, además de los racistas del PNV y los nacionalistas catalanes promotores de la guerra civil en 1934, o de unas izquierdas republicanas que nunca aceptaron unas elecciones adversas? ¿Cómo podían los supuestos demócratas practicar una política de exterminio contra la Iglesia que recuerda, si bien en proporciones menores, a la practicada por los nazis contra los judíos? ¿Y el pueblo? ¿No estaba la mitad del pueblo, por lo menos, del lado de sus "opresores fascistas"? ¿Y cómo lograron éstos ayudas de las democracias tan sustanciales como el petróleo de Usa (de una compañía useña)? Y así sucesivamente. Al final todo queda como una conspiración de traidores a la "república" española, tan modélica, según nos cuenta un buen número de intelectuales ignorantes o malintencionados que, "con orgullo, con modestia y con gratitud", la reivindican en un manifiesto reciente.

 

Las cosas quedan incomparablemente más claras con el enfoque de este libro. La democracia, en efecto, no jugó ningún papel en la guerra, porque el proyecto de una república de democracia liberal había sido hecho trizas en los años anteriores. La habían hecho trizas, precisamente, aquellas izquierdas que, tuteladas al final por Stalin, se presentaban en la guerra como republicanas y democráticas. A partir de ahí, la lucha se jugaba entre una salida totalitaria-revolucionaria y una dictadura autoritaria.

 

La cuestión de por qué ganó la segunda tiene interés, porque, en un principio y durante bastante tiempo, lo lógico habría sido su aplastamiento, dada la desproporción de fuerzas. Incluso cuando, contra toda expectativa, las escasas columnas de Franco llegaban a Madrid y estaban a punto de ganar la guerra en sólo cuatro o cinco meses, la situación no estuvo lejos de invertirse dramáticamente, con una derrota completa de los nacionales. Hasta entonces las aportaciones exteriores habían sido de escasa enjundia, pero ese fue el momento en que la intervención soviética se volvió masiva, dando pie a una intervención germano-italiana también masiva y a la sustitución de las columnas irregulares por la movilización general y la formación de grandes ejércitos, con sus brigadas, divisiones y cuerpos de ejército, empleo de masas considerables de aviones y carros, etc.

 

Vidal estudia las sucesivas campañas, ofensivas y contraofensivas hasta el final hundimiento del Frente Popular en medio de una guerra civil entre sus propias fuerzas, y examina las explicaciones que los vencidos dieron entonces de su derrota, algo más inteligentes que las simplezas con que hoy nos obsequian tantos historiadores. Tienen especial interés las observaciones de Prieto sobre las causas de la pérdida de la región cantábrica, a finales de 1937, que determinó el cambio definitivo en el cariz de la guerra, al pasar a Franco la superioridad material. Prieto insistía sobre todo en las rivalidades entre partidos, la actitud del PNV (y eso que no conocía en toda su amplitud la traición de éste), la insuficiente represión de retaguardia, el desprestigio del mando militar por los políticos, etc.

 

El análisis puede aplicarse al conjunto de la contienda, y, en realidad, todas esas causas podrían reducirse a la primera: el Frente Popular no había conseguido la unidad política y militar, la unidad de mando que sus contrarios sí habían alcanzado en los primeros meses de guerra, y por ello gran parte de su potencia se dispersaba en pugnas y sabotajes internos, y en la dificultad para aplicar los planes de forma disciplinada. Ello no significa que su conducción de la guerra fuese un continuo desastre: lograron formar un ejército potente y lanzar ofensivas bien diseñadas y muy peligrosas, gracias, sobre todo, a la creciente hegemonía comunista. Porque los comunistas fueron los únicos que tenían una verdadera estrategia general, política y militar, y, auxiliados por el común temor al enemigo, sometieron a sus aliados, a menudo con métodos terroristas, a una considerable unidad de acción, nunca suficiente, empero.

 

El general Rojo hizo también algunas precisiones acertadas en noviembre de 1938, aunque partiendo de un optimismo absolutamente desbocado sobre sus posibilidades de ganar la guerra a esas alturas. La cuestión básica era la "unidad absoluta en lo político y en la dirección de la guerra", de la cual derivarían la "disciplina absoluta" en el frente y la retaguardia, los abastecimientos, una reorganización militar y "social", y la importación de armamentos. Si todo aquello no era posible –y no lo era, salvo bajo la dictadura plena y desembozada de los comunistas–, Rojo propugnaba pedir la paz, con cuatro puntos, incluyendo la "entrega de las personas responsables".

 

Especial interés tiene su punto tercero: "Evacuación de la masa responsable para evitación de represalias". Se refería probablemente a los miles o decenas de miles de personas implicadas en el terror contra las derechas, y a las cuales pensaban los nacionales ajustar cuentas muy estrechas. Como es sabido, los dirigentes del Frente Popular se desentendieron por completo de esta elemental medida de protección de los suyos, a quienes dejaron completamente a merced de los nacionales. Sólo se preocuparon de asegurar su propia fuga y exilio, asegurado éste con inmensos tesoros expoliados al patrimonio artístico e histórico nacional y a particulares, incluyendo los bienes depositados por las familias pobres en los montes de piedad.

 

Esto no es una apreciación demagógica en modo alguno, sino un resumen preciso de los hechos. Con razón alude Vidal a la corrupción como uno de los factores de la derrota "republicana".

 

Como resume Vidal, las causas de la victoria franquista están muy lejos de las seudoexplicaciones propagandísticas tan en boga hasta hace poco. Consistieron básicamente en la unidad de mando; en el mucho mejor empleo de la ayuda extranjera, pagada además en condiciones mucho mejores que la del Frente Popular y sin el componente de corrupción que tuvo éste; en su mejor utilización de la baza diplomática; y en el factor moral y religioso, muy movilizador entre grandes masas de la población. Además, Franco, por estas cosas y otras, demostró ser un militar brillante, capaz de superar la situación casi desesperada del principio y de transformar las ofensivas enemigas en contraofensivas demoledoras. A menudo se le ha comparado, en contra suya, con Napoleón. No fue un Napoleón, en efecto, pero no debe olvidarse que Franco ganó su guerra, mientras que Napoleón terminó perdiendo las suyas.

 

Creo, en suma, que el libro de Vidal es una pésima noticia para los promotores de la falsificación de la historia, tanto como lo es buena para la historiografía seria, que, ya iba siendo hora, está desplazando por fin a las simplezas propagandísticas predominantes durante tanto tiempo.  2006-08-01- L.D.ESP.

-César Vidal: La guerra que ganó Franco. Planeta, 2006; 600 páginas.

 

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Hay dictadores que "lo dejan" (al poder-Chile), como Pinochet 10.XII.2006. Y hay otros de los que medio mundo dice que no son dictadores, sino demócratas, que convierten una democracia formal en una dictadura, y no tienen pinta de querer dejarlo, por ejemplo, Chávez-Venezuela-1999-2009...
Franco no podía dejarlo. No por ningún código genético, sino porque no fue sólo un dictador, sino el general que ganó una guerra civil, y
el único vencedor del comunismo; de Stalin, nada menos. Eso es algo de lo que uno nunca puede escapar. No hay rincón del mundo a donde Franco pudiese haberse retirado que le hubiese librado de ser asesinado. Eso lo tenía que saber perfectamente. Se libró de ser asesinado varias veces porque su servicio de información iba cien pasos por delante de sus enemigos, porque fue un recluso del Pardo, porque cada vez que viajaba por España, en el itinerario de su viaje había un guardia civil cada pocos metros, porque la mayor parte de España le quería y porque tenía baraka (el ángel de la guarda del que habla Arrow).

http://blogs.libertaddigital.com/presente-y-pasado/dificultades-de-la-ley-4538/

 

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La unidad siempre es un bien y la división un mal. No en vano, Jesús, en su despedida, pidió al Padre el don de la unidad para sus seguidores, a fin de que el mundo creyera. En cambio, el demonio es conocido como el «señor de la división».

 

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Companys, los socialistas y la Guerra Civil

 

Por Álex Rosal

Companys fue un mal demócrata que en 1934 se sumó a una sublevación armada dirigida por el PSOE.

 

Durante la transición democrática los políticos de casi todas las tendencias llegaron a la sabia decisión de «pasar página» con el asunto Guerra Civil. No resucitarla, vamos. Dejarla muerta y bien muerta. Olvidar el pasado, las afrentas, los odios e intentar perdonar y mirar hacia adelante.

 

No había más remedio si queríamos reconstruir una España en donde todos: rojos, verdes, azules o blancos tuvieran cabida. Creo que esos políticos –que deben pasar a las páginas de nuestra Historia con honor y reconocimiento– lo consiguieron no sin grandes esfuerzos de generosidad personal. Que pudieran compartir mesa el comunista Carrillo con el ex ministro Fraga, era todo un síntoma. El edificio político de la reconciliación nacional se ha mantenido firme durante muchos años.

 

Desgraciadamente, ahora, con los socialistas en el poder esa estructura ejemplar empieza a resentirse por los martillazos de unos insensatos que todavía no se han percatado de las consecuencias que pueda tener para la convivencia de los ciudadanos si esa construcción se resiente lo más mínimo. El último episodio ha sido el del homenaje de Estado a Companys, y los socialistas tienen la jeta de hablar de «acto de reconciliación».

 

Hombre, no, no nos tomen por gilipollas, por favor. Si quieren hacer un acto de exaltación del dirigente de ERC, adelante, pero encima no nos quieran vender la burra como si fuera un caballo.

 

Companys, para empezar, fue un mal demócrata. En 1934, con las derechas de la CEDA en el poder, legítimamente elegidas, el amigo Companys, pasándose por el forro la legalidad, se sumó a la sublevación armada dirigida por el PSOE y proclamó la independencia de Cataluña.

 

Salvador de Madariaga, historiador y ministro de la II República, escribiría años más tarde, ya en el exilio, que las izquierdas habían perdido toda legitimidad de condenar la sublevación de 1936 con el alzamiento en armas de 1934. Companys, además, no era una hermanita de la caridad. La alianza de su partido ERC con la CNT desató ya en 1936 una oleada de terror por toda Cataluña. Companys favoreció los fusilamientos, las torturas y los robos no sólo de sus enemigos políticos sino de otra muchísima gente por el sólo hecho de ser católicos, tener una fábrica o algo de patrimonio.

 

Companys fue fusilado en 1940 por las tropas de Franco. Era la post guerra y no hubo perdón.  Mala política para la reconstrucción de un país. El odio acumulado hacia Companys por miles de catalanes que lo culpaban de los asesinatos de sus familiares, los famosos «paseos» que se generalizaron por todo Cataluña y no por «incontrolados republicanos» como dice el bendito Maragall, sino como directriz perfectamente pensada por los mandamases del Frente Popular, pesó y mucho en la precipitada decisión de aplicar esa pena de muerte. En fin, Companys, fue fusilado en las mismas fosas del castillo de Motjuic en donde meses antes morían miles de catalanes fusilados por los llamados «rojos» sin que nuestro protagonista hiciera nada por frenar esos asesinatos en masa.

 

¿Qué quiero decir con esto? Pues que hay que olvidar y perdonar. Si es por afrentas, no creo que ninguna familia española se salve del horrible recuerdo de tener «caídos» en la Guerra Civil. También en la mía y muchos. Pero si queremos tener la fiesta en paz, perdonemos a nuestros enemigos, miremos hacia adelante y recuperemos el talante de la transición. Arrojándonos  a la cara homenajes por los «caídos» de uno y otro bando no cerraremos heridas. Es más, las abriremos sin remisión. Dejemos a los muertos en paz y viviremos nosotros en paz. 2004-10-19

 

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El antifranquista soy yo

 

Juan Luis CALLEJA

Carlos Semprún Maura publicó en LA RAZÓN un interesante alegato con ese título. Carlos Semprún es un veterano de la izquierda, campo donde ha ido de un lado para otro, un tanto zarandeado por los disparates del propio campo. Fue agente comunista y es ahora pregón anticomunista. Es antifranquista con larga historia que mira y alude de reojo a los que, sin haberlo sido, presumen de ello. Todo eso, y otras cosas, sabe explicarlo con un estilo despierto, hablando de su vida y de su familia.

   A Carlos Semprún Maura no lo conozco ni de vista y nada tenemos en común, salvo, esto es curioso, un poco de esa familia: unos sobrinos con apellidos de su madre y de la mía. El actual duque de Maura, por ejemplo, es hijo de un sobrino de Semprún y de una de mis primas hermanas. ¿Cómo Semprún pudo hacerse comunista? No lo sé. En cuanto a sus motivos para apuntarse a la coreografía contra Franco, me parecen más teóricos que prácticos, en un sentido; y mucho más prácticos que justos, en otros. No voy a discutirlos. Sólo intentaré explicarle por qué yo, contemporáneo y «recontrapariente» suyo, no he sido, no soy, ni seré antifranquista. Me lo impiden la memoria, la gratitud y el entendimiento.

   Mi memoria: al mismo día siguiente de invadirnos la República, 1931, vi cómo se ahorcaba a un enorme muñeco igual que Alfonso XIII, entre chuflas y risotadas. Al mes siguiente, desde un alto balcón de Goya 95, vi las manchas de humo saliendo de iglesias y conventos incendiados. Poco después, un tío carnal, jesuita, fue echado de España, por jesuíta. Un día de aquéllos, al llegar a mi colegio, creí que habían expulsado también a todos los marianistas porque parecían sustituidos por maestros civiles. Pero no era tanto. La República democrática sólo había prohibido los hábitos religiosos en la enseñanza, generosamente. Tenía yo ocho años.


   Un verano más tarde, el de 1932, masas «republicanas» de Santander respondieron al general Sanjurjo apedreando y quemando el Club Marítimo, enfrente de donde yo vivía. Aquellas larguísimas llamas (el club era, casi todo, de madera) nos hicieron huir a casa de mis abuelos.

   Octubre de 1934. Madrid. Se refugian entre nosotros los primos Cernuda, escapados de la revolución de Asturias. Ya no nos asombra lo que nos cuentan, aunque es espantoso. También en Cataluña se sublevan contra España. Otro tío mío que trabaja allí preocupa a mi padre, que sufre un infarto de miocardio. Quiso Dios que saliera adelante.


   1936: huelgas, asaltos, tiroteos, muertes. Por si fuera poco, Largo Caballero amenazó con «cerros de muertos y ríos de sangre» si sus planes socialistas se frenaban. Teníamos miedo. Yo iba al colegio llevando en el revés de la solapa una tarjeta con mi nombre y mis señas, algo así como la chapa de identificación militar en tiempo de guerra. Ya tenía 13 años y ya discutía de política, como todos los chicos de mi edad que veían muy claro, y lo decían, que se iba a armar la gorda. Gil Robles, amenazado, se va a Francia.

   14 de julio de 1936: bombazo congelador: Calvo Sotelo ha aparecido muerto a las tapias de un cementerio. Lo han tirado allí los guardias de asalto que lo sacaron de su casa. ¿Guardias de asalto de la República! Como dijo más tarde Gil Robles, ya no era posible la paz. Lo veíamos hasta los niños.

   Rompió el Alzamiento. No pudo cogernos de sorpresa. Algo así esperábamos como inevitable. Pero la reacción de la izquierda radical, crecida allí donde el Movimiento fracasó, fue satánica.


   En 1936, mis padres se habían mudado al Paseo de Rosales, junto al parque del Oeste y no lejos de la cárcel Modelo. Aún tengo en los oídos el estruendo de las matanzas en la cárcel, y los tiros nocturnos en el parque. Mataron de todo: curas, civiles y militares; monárquicos y republicanos; hombres y mujeres; familias enteras, como la de mi condiscípulo Arizcun. Gracias a que mi abuelo materno nació en Cuba, mi padre logró el pasaporte cubano para mi madre y sus hijos, que salimos para Alicante, rumbo al «Gipsy», destructor británico que nos llevaría a Marsella. Aún me angustia recordar a mi padre quedándose solo en el andén de Atocha mientras el tren nos arrancaba de su lado. Mi padre nunca se había metido en política. Como editor, había publicado obras de izquierdistas de gran relieve, como Pérez de Ayala y Azaña. Sin embargo, hubo de pedir asilo en la Embajada de Méjico (Méjico, con jota) y su casa de Rosales fue saqueada, vaciada, con la fontanería rota por quienes hasta en las tuberías buscaron escondites. No dejaron ni un libro. Y hablando de libros: mientras esto escribo, no voy detrás de literaturas. Sólo me gustaría contar aquello como lo habría hecho el chaval que entonces era yo. En Alicante, unos agentes, de no sé qué, expropiaron a mi madre el poco dinero que llevaba encima. En Marsella, pudo arreglárselas gracias a Maurice Robert, editor francés, para ir en tren a San Juan de Luz, donde nos esperaban mis tíos Peña que habían escapado, a tiempo, de «la que se va a armar». Mi tía Elvira, la estoy viendo en la estación, esperaba un niño que resultó niña y que es, hoy, la duquesa viuda de Maura, madre de los sobrinos que yo comparto con Carlos Semprún Maura. Gracias a la ascendencia cubana, o al muy previsor transplante a Francia o a las piernas escuetas, Escudo arriba, casi toda mi familia de Santander se salvó. De los nueve que no escaparon, seis fueron asesinados. Seis.


   Diciembre de 1936: paso a zona nacional con mi madre y hermanos. Efecto sedante. La bandera de siempre era otra vez la bandera. Las calles respiraban tranquilas y limpias. Las iglesias abiertas. Curas y monjas, con sus hábitos. Mi tío jesuita, vuelto. Todo funcionaba. Había ya un «Auxilio Social», germen de la Seguridad Social. Fue entonces, en Burgos, cuando nació la ONCE. Mi hermano menor y yo hicimos tres cursos del Bachillerato, de un Bachillerato muy mejorado en plena guerra, con más sosiego y más tranquilidad que antes, en Madrid. La zona nacional parecía en paz. Sólo la variedad y abundancia de uniformes y los heridos recordaban la guerra, en la retaguardia. Y, claro es, las noticias; buenas, casi siempre. Cuando oímos el último parte y terminada la guerra volvimos a Madrid, lo encontré como ennegrecido, triste, pobre. Además, todas mis cosas de niño habían desaparecido, robadas de nuestro saqueado piso en Rosales. Queda mucho sin contar de aquel tiempo. Dejémoslo. Pronto hirvió el de la Guerra Mundial. Y nos libramos de ella. ¿Nos damos bien cuenta? Con Franco, nos libramos de ella. Sí, ya sé: todo lo bueno que se hizo en su régimen, se atribuye a otros. Franco era un dictador espantoso, terrible, que dejaba de serlo cuando quería entrar en la guerra, o rechazar la industrialización, o frustrar la ONCE o fastidiar al obrero. En casos así, sus equipos, los equipos nombrados por él, no le hacían ni caso y resolvían como les daba la gana. ¿Bueno!


   Hay una célebre fotografía de Hitler envejecido, encorvado, con cara de frío y el cuello subido del capote, ante unos soldados, en los finales de aquel horror. Hitler da unas palmaditas en la mejilla de uno de ellos, casi niños de no más de quince años. Alemania se había quedado sin hombres de diecisiete a cincuenta. Y esto habría sucedido aquí, si hubiéramos entrado en las guerra. Es decir, que millones de españoles actuales fueron concebidos, paridos y criados gracias a la paz mantenida por aquel hombre que, además dejó a España en el puesto noveno entre los adelantados del mundo. La memoria, la gratitud y el entendimiento no me dejan apuntarme al bando de Carlos Semprún Maura, mi admirado y desconocido «recontrapariente».

   Tengo en la memoria aquel fantoche ahorcado como Alfonso XIII, la quema de los conventos, los horrores de Austria y Cataluña, el asesinato por agentes oficiales del jefe de la oposición, las orgías de sangre en la Modelo, nuestra huida a Francia, los seis asesinados de mi familia, mi padre solo y amontonado en la embajada de Méjico con otros cientos de refugiados en peligro... Siento gratitud por el triunfo redentor sobre tanta lágrima; por el pasmoso quiebro torero ante Hitler de un diestro apodado el Caudillo, a quien debieron la vida las quintas de aquel tiempo y se la deben sus descendientes de hoy: millones; y siento pasmada gratitud por la increíble carrera de España hasta el noveno puesto mundial. Sin apenas impuestos. Con gratitud y memoria, mi entendimiento dice que no, que el antifranquista no puedo ser yo. No me gustan nada los antifranquismos oportunistas que tampoco entusiasman a Semprún Maura, si leo bien sus siempre palpitantes artículos. A quien mi entendimiento cree comprender es a Su Majestad el Rey Don Juan Carlos I cuando nos habla de trabajar y discutir en Democracia, con el futuro en la cabeza y dejando en paz a Franco. Que nadie lo ataque en su presencia. Que le debemos mucho.

2003-XI-06 – LA RAZÓN. ESP.

 

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Así han visto a España

 

Las reflexiones acerca de España de algunos de sus más ilustres hijos aparecen recogidas en el libro Voces de España. Antología de autores españoles, editado por la Fundación Tomás Moro y por la Fundación Altadis. Ésta es una muestra:

 

Pues creemos, ciertamente, que nadie podría encontrar malo esto, ya que nosotros lo hacemos, en primer lugar, por Dios, en segundo lugar para salvar a España, y en tercer lugar para que nosotros y vosotros adquiramos buena fama y gran nombre por haber salvado España. Y, por la fe que debemos a Dios, puesto que el de Cataluña es el mejor reino de España, y el más honrado y el más noble.

Jaime I, el Conquistador

 

Nunca he experimentado mayor placer que la primera vez que saboreé la libertad de pensar… Pagué exorbitantes precios por cualquier libro irreligioso francés… Sospecho que, de esta manera, he adquirido de mis maestros franceses algunas ideas falsas y mal fundadas. Pero mis circunstancias me impiden tener la calma y el juicio desapasionado que debiera. Exasperado por la necesidad diaria de someterme externamente a doctrinas y personas que detesto y desprecio, mi alma está inundada de amargura. Aunque reconozco las ventajas de la moderación, al ver que los demás no las usan conmigo, me encuentro con que, de hecho, y a pesar de mi mejor juicio, me estoy haciendo un fanático de mis propias ideas.

Blanco White

en Cartas de España

 

El humanismo español es una fe profunda en la igualdad esencial de los hombres… A los ojos del español, todo hombre, sea cual sea su posición social, su carácter, su nación o su raza es siempre un hombre; por bajo que se muestre, el rey de la creación. No hay pecador que no pueda redimirse, ni justo que no esté al borde del abismo. Este humanismo español es de origen religioso. Es la doctrina del hombre que enseña la Iglesia católica. Pero ha penetrado tan profundamente en las conciencias españolas, que la aceptan, con ligeras variantes, hasta las menos religiosas. No hay nación más reacia que la nuestra a admitir la superioridad de unos pueblos sobre otros, o de unas clases sociales sobre otras.

Ramiro de Maeztu

en Defensa de la Hispanidad

 

Los males inveterados de España obedecen, a mi ver, a tres condiciones principales. A que cada institución o clase social se estima como un fin y no como un medio, creciendo viciosa e hipertróficamente a expensas del Estado. A que, salvo contadas excepciones, nadie ocupa su puesto: los altos cargos políticos, militares y administrativos se adjudican a gentes sin adecuada preparación, con tal de pertenecer al partido imperante, por donde aviene su rápido desprestigio. A que, cualquiera que sean los fracasos, jamás se les inflinge ninguna sanción. Sólo en la desventurada España, según se ha repetido hasta la saciedad, se da la monstruosa paradoja de galardonar con ascensos las derrotas, imprevisiones e insensateces de los próceres de la política o de la milicia.

Santiago Ramón y Cajal

en Charlas de café

 

Siendo un hombre dispuesto a destruir todo lo que estorbe la marcha del régimen republicano, soy quizá el español más tradicionalista. Pero ¿de qué tradición hablo yo? Yo hablo de la tradición humanista y liberal española. España no ha sido siempre un país inquisitorial, ni un país intolerante, ni un país fanatizado… Ha habido siempre, durante siglos, un arroyuelo murmurante de gentes descontentas, del cual arroyuelo nosotros venimos y nos hemos convertido en ancho río… Liberalismo no es más que humanismo, es decir, libertad de conciencia, libertad de pensamiento, anchura de espíritu para recibir en él todas las experiencias de la vida y elaboradas en un sentido propio.

Manuel Azaña

en Discurso en Bilbao: 9-IV-1933

 

Desde principios del siglo XIX han vivido en el área nacional dos Españas. Una España detenida, aferrada a lo antiguo, cristalizada muchas veces en lo tradicional, entendida, por otra parte, la tradición muchas veces en formas viciosas y mezquinas; España opuesta, casi sistemáticamente, a toda novedad.

Otra España, por el contrario, desconocedora o poca estimadora de los valores de la raza, ajena al sentido íntimo de nuestra peculiar constitución nacional. Fácil en admirar la ideología o las instituciones de otros países…

¿Dos Españas? ¿No será más exacto decir tres Españas? Sí, siempre ha habido una tercera España. Una España, de un lado, tradicional, sabia y genuinamente tradicional en lo que existe en nuestra historia, en nuestra ideología y en nuestras instituciones de definitivo y eterno. Y, por otro, ampliamente progresiva, deseosa de recibir y adaptar las enseñanzas de otros pueblos.

Ángel Herrera Oria

en Meditación sobre España

 

Yo quisiera que España fuera muy moderna, persistiendo en su línea antigua; yo quisiera que reuniera el estoicismo de Séneca y la serenidad de Velázquez, la prestancia del Cid y el brío de Loyola. En ese foco de civilización hispánica, me gustaría ver el País Vasco como un núcleo no latino, como una fuente de energía, de pensamiento y de acción, que representara los instintos de la vieja y obscura raza nuestra, antes de ser saturada de latinidad y de espíritu semítico.

Pío Baroja

en Divagaciones apasionadas

 

Un pueblo se constituye al singularizarse y afirmarse frente a otros; y el que adquiera luego dimensión histórica depende de su justificada pretensión de ser más, no de su apego a formas milenarias de entrojar el grano o conjurar el mal de ojo… Los españoles fueron el resultado de la voluntad y del esfuerzo de ciertos habitantes de la Península, interesados en constituirse como grupo social y político. Lo lograron, sobre todo, por medio de la guerra, aunque ya en el siglo XI Portugal se desgajó para siempre de aquel conjunto. La unidad de los restantes pueblos de la Península se realizó plenamente en unos casos, y en otros no.

Américo Castro

en La realidad histórica de España

 

Contribuimos eficazmente a crear la civilización occidental y nos consagramos a su servicio. En ese servicio se forjó nuestro estilo de vida, pero nos agotamos y llegamos a vivir al margen del ímpetu creacional de Europa. Asistimos a la crisis de la sociedad y de la cultura occidentales. España, los españoles pueden enfrentarla con más confianza que los otros pueblos de Occidente, precisamente, por lo relativamente singular de nuestra herencia temperamental… Necesitamos ante todo tener fe en España y en nosotros mismos. No dudar de la capacidad de los españoles para hacer lo que hayan hecho y hagan los pueblos más inteligentes de la tierra. Y para, olvidados de nuestras supuestas frustraciones creacionales, aplicar todo el potencial humano que existe en nosotros a renovar la vida hispana.

Claudio Sánchez Albornoz

en España, un enigma histórico

 

Los españoles insistimos en afirmar que somos demasiado diferentes de los demás humanos, para que se nos pueda medir por el mismo rasero que a los demás. En el interior de España, un afán idéntico empuja a varios grupos regionales a demostrar y poner exageradamente de relieve las diferencias que distinguen a sus regiones respectivas del resto de las regiones españolas… Las verdades, a fuerza de exagerarse, se falsean. Claro que somos diferentes. Pues ¿quién no es diferente en este mundo? ¿Quién no lo es, muy singularmente, en esta Europa y esta España nuestras, tan pequeñas y tan homogéneas, y al mismo tiempo tan variadas, tan compartimentadas por la geografía, por la Historia, por la cultura? A fuerza de querer cargarnos de razón, la perdemos y quedamos en ridículo.

José Miguel Azaola

en El quehacer cultural de los vascos de nuestro tiempo

 

Comenzó España siendo una sed, la inmensa, descomunal, infinita sed de horizontes nuevos y realidades plenarias que van constituyendo sus nunca enteramente logradas empresas: la unidad política de sus tierras, la conquista y la colonización cristiana del Nuevo Mundo, la mística aventura interior de sus santos, la unidad católica de Europa, el quijotesco sueño de una Humanidad trabada por la fraternidad y regida por la justicia. ¿No dijo Nietzsche que lo propio de España –de la España cuya historia termina en Rocroi– fue precisamente haber querido demasiado?

Sin haber dejado de ser una sed, la vida española se hizo pronto y ha seguido siendo un conflicto, pintoresco unas veces y dramático otras. Pero nuestro indudable conflicto, ¿no llevará en su seno la indecisa posibilidad de una vida futura?

Pedro Laín Entralgo

en A qué llamamos España -

 

2004. Feb. Alfa y Omega nº 390 - Esp.

 

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Antifranquismo y democracia

 

Pío Moa

Carta abierta a los grupos parlamentarios, menos al del PP

 

Como ciudadano corriente y deseoso, al igual que  tantos otros,  de restañar viejas heridas en bien de la convivencia, y como aficionado al estudio de la historia, debo manifestarles mi sorpresa por su proyecto de homenajear en las Cortes,  y con motivo del 25 aniversario de la Constitución, a las víctimas de franquismo en calidad de defensoras “de la libertad y la democracia”. Creo legítimo, entiéndase bien, que cada grupo  rinda tributo, como asunto de partido, a aquellos con quienes se sienta más identificado, pero pretender hacer de ello un acto institucional que presuntamente implicaría y representaría al conjunto de los españoles, me parece una perfecta usurpación y una grave manipulación histórica y política.

 

Como ustedes saben, en la guerra civil la democracia no fue un punto en cuestión, salvo en la propaganda. Pues nadie creerá en serio que defendían la democracia los comunistas,  agentes de Stalin y muy orgullosos de serlo. O  los socialistas  de entonces,  que en octubre de 1934 se habían rebelado contra un gobierno salido de las urnas, con el propósito explícito de comenzar una guerra civil e instaurar un gobierno revolucionario. O  los nacionalistas catalanes, que participaron en la misma intentona antidemocrática y guerracivilista. O los anarquistas, que despreciaban explícitamente la democracia. O los republicanos de Azaña, que respondieron a las elecciones de 1933 intentando dos golpes de estado. O el PNV, entonces todavía más empecinadamente racista que ahora…

 

A estas alturas, insisto, no pueden creer ustedes,  honesta y sinceramente, que aquellos partidos lucharan por la democracia y la libertad. ¡Y sin embargo intentan hacérselo creer a los ciudadanos, en especial a los jóvenes, que por unas u otras razones ignoran buena parte de nuestra historia reciente! 

 

Tampoco armoniza con la  reconciliación, sobre la que se ha levantado nuestra democracia, el tenaz empeño por recordar los horrores de la guerra y la represión sólo en lo que afectaron a un bando.  Las viejas heridas están afortunadamente cerradas para la mayoría de los españoles, pero tales empeños buscan reabrirlas y sembrar un rencor que sólo puede servir a los propósitos de los fanáticos. Contra lo que  los promotores de esas campañas afirman, la reconciliación y la democracia españolas no se han cimentado sobre un olvido que ellos vendrían a subsanar, sino precisamente sobre una memoria muy viva de los sucesos, y la decisión de no recaer en ellos.

 

Los viejos antifranquistas invocaban la libertad y la democracia, cierto, pero basta observarlos para percibir el equívoco. El eje  de la oposición y único partido que luchó contra aquel régimen desde el principio al final, fue el comunista. Y en la estrategia comunista los lemas democráticos servían de encubrimiento y palanca para empujar la sociedad a un régimen como el simbolizado por el Muro de Berlín o el Gulag.     

 

En los años 40, la forma principal de dicha oposición fue el “maquis”, hoy glorificado muy antidemocráticamente, pues consistió en un intento, patrocinado y patroneado por los comunistas, de reanudar la guerra civil, y que no encontró siquiera el apoyo de los partidos y gobiernos no comunistas en el exilio. Y  siguieron siendo los comunistas los principales opositores al franquismo en las décadas posteriores,  aunque en la de los sesenta, cuando la dictadura se había liberalizado notablemente, entraron en liza el nacionalismo terrorista de ETA y otros extremismos. Naturalmente, muchos comunistas y terroristas  sufrieron la represión de Franco, pero ¿son por eso apóstoles de la libertad?  Una vez más, es imposible que ustedes lo crean, y sin embargo intentan hacerlo creer a la ciudadanía.      

 

Hubo, desde luego, una oposición no comunista ni terrorista, pero resultó muy llevadera para la dictadura, y apenas tuvo víctimas propiamente hablando, en el sentido de los  “largos años de cárcel, fusilamientos”, etc.,  mencionados en su convocatoria. La oposición al franquismo fue, como también saben todos ustedes, muy minoritaria. Seguramente  no participó en ella la inmensa mayoría de ustedes, entre los que por edad pudieron hacerlo; o participó de forma tan suave que Franco no se dio por enterado. Seguramente, al morir éste,  habría muy pocos presos políticos del PNV, del PSOE, de CiU  y de tantos otros grupos firmantes del homenaje.    

 

Un claro objetivo de su homenaje es poner al PP contra las cuerdas: “Si el PP no firma –vienen a decir–, queda en evidencia que viene del franquismo y no defiende la democracia”.  Insisto,  la  democracia defendida por  los comunistas y los nacionalismos terroristas,  o antes de ellos los anarquistas, los antiguos socialistas y demás, no es en modo alguno la democracia en que queremos vivir casi todos los ciudadanos. Y la inmensa mayoría de ustedes también viene del franquismo, al menos en el sentido de que no lucharon contra él en cualquier forma que valga la pena mencionar, y asimismo en sentido más estricto.  Por ironía, quizás haya en el PP, ahora mismo, más personas que sí combatieron a la dictadura, incluso en grupos extremistas,  que entre  ustedes, tan amigos de  dar  grandes lanzadas al moro muerto.      

 

Ciertamente fue una dictadura el régimen de Franco, pero no debe ocultarse que de ella,  al revés que de otras dictaduras defendidas por gran parte de sus enemigos, salió una sociedad próspera y  políticamente moderada,  muy distinta de la que sufrió la guerra civil. Sobre esa prosperidad y moderación ha sido posible edificar  un régimen de libertades que dura ya un cuarto de siglo. Si observamos los  peligros que ha corrido y corre nuestra democracia, vemos que en su mayor parte proceden de quienes, justificándose en un antifranquismo a deshora, falsean la realidad histórica.   

 

Estos falseamientos de la memoria colectiva sólo pueden producir monstruosidades políticas, y de ningún modo asentar la democracia y la reconciliación, ni siquiera  la simple convivencia en paz. ¿En qué otra cosa, si no, se apoya el asesinato sistemático practicado por un sector del nacionalismo vasco? ¿O la opresión y el miedo que han anulado prácticamente las libertades en las Vascongadas, o que, con menor virulencia, llevan a una masa importante de los catalanes a no sentirse representada en ningún partido? ¿O los actuales y peligrosos intentos de disgregar el país?  Por sus frutos los vamos conociendo.   

 

Comprendo que los comunistas de Izquierda Unida, o los secesionistas del PNV, siempre dispuestos, los últimos, a obtener réditos del terrorismo, promuevan tales convocatorias,  pero no puedo, o al menos no quiero,  creer que la mayoría  de los firmantes del homenaje,  aspiren a la clase de “libertad” implícita en sus palabras. Sería realmente dramático.

 

No habría motivo para esta carta si ese juego de usurpaciones e imposturas se limitase a una especulación caprichosa sobre el pasado. Pero sus repercusiones en la política actual son demasiado graves para dejarlo pasar por alto. Me alarma en especial que estas maniobras ocurran en un momento histórico en que los enemigos de la  libertad y  la unidad de España nos lanzan a todos su desafío. Parece como si  estuviésemos retrocediendo muchos años, a la vieja  alianza  que abrió el camino a la guerra civil. Me gustaría hacérselo ver a ustedes, y  sobre todo a los ciudadanos preocupados por lo que ocurre,  a quienes se intenta desconcertar con estos juegos de sombras. Es mucho lo conseguido en los últimos veinticinco años, y no debemos permitir que lo arruine la demagogia.

2003-11-24 – LIBERTAD DIGITAL

 

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¿Quién ganó las elecciones de abril de 1931?

 

Por César Vidal

Aunque la propaganda republicana presentaría posteriormente las elecciones municipales de abril de 1931 como un plebiscito popular en pro de la República, no existió jamás ningún tipo de razones para interpretarlas de esa manera. En ningún caso su convocatoria tuvo carácter de referéndum ni —mucho menos— se trató de unas elecciones a Cortes constituyentes.

 

De hecho, la primera fase de las elecciones municipales celebrada el 5 de abril se cerró con los resultados esperados, es decir, salieron elegidos 14.018 concejales monárquicos y tan sólo 1.832 republicanos. Con ese resultado electoral, en el que las candidaturas monárquicas fueron votadas siete veces más que las republicanas, no puede extrañar que tan sólo pasaran a control republicano un pueblo de Granada y otro de Valencia. Como era lógico esperar, en aquel momento, nadie hizo referencia a un plebiscito popular y menos que nadie los republicanos, que habían sido literalmente aplastados por el veredicto de las urnas.

 

El 12 de abril de 1931 se celebró la segunda fase de las elecciones. De nuevo, los resultados fueron muy desfavorables para las candidaturas republicanas. De hecho, frente a 5.775 concejales republicanos, los monárquicos obtuvieron 22.150, es decir, el voto monárquico prácticamente fue el cuádruplo del republicano. Desde cualquier lógica democrática, los republicanos deberían haber reconocido su clara derrota y prepararse para las futuras elecciones a Cortes en las que, dicho sea de paso, no podía esperarse que obtuvieran grandes resultados. Sin embargo, lo que sucedió fue totalmente distinto. A pesar de los clarísimos datos electorales, los políticos monárquicos, los miembros del gobierno (salvo dos), los consejeros de palacio y los dos mandos militares decisivos —Berenguer y Sanjurjo— consideraron que el resultado era un plebiscito y que además implicaba un apoyo extraordinario para la república y un desastre para la monarquía.

 

El hecho de que la victoria republicana hubiera sido urbana —como en Madrid donde el concejal del PSOE Saborit hizo votar por su partido a millares de difuntos— pudo contribuir a esa sensación de derrota pero no influyó menos en el resultado final la creencia de que los republicanos podían dominar la calle y arrastrar al país a una cruenta revolución. Semejante apreciación no se correspondía con la realidad dada la muy limitada fuerza republicana pero tuvo un peso decisivo sobre el desarrollo de los acontecimientos sobre los que pesaba, de manera muy consciente, la sombra de lo que había sucedido en Rusia tan sólo catorce años antes.

 

Durante la noche del 12 al 13 de abril, el general Sanjurjo, a la sazón al mando de la Guardia Civil, dejó de manifiesto por telégrafo que no contendría un levantamiento contra la monarquía. Aquella afirmación constituía una gravísima dejación de los deberes encomendados pero quizá más grave fue el hecho de que los dirigentes republicanos supieran inmediatamente lo que pensaba hacer el general gracias a los empleados de correos adictos a su causa. Batidos incuestionablemente en el terreno electoral, los republicanos eran conscientes de que se enfrentaban con un sistema que se negaba a defender las propias instituciones encargadas legalmente de esa tarea. Ese conocimiento de la debilidad de las instituciones constitucionales explica sobradamente la reacción republicana cuando Romanones y Gabriel Maura —con el expreso consentimiento del rey— ofrecieron al comité revolucionario unas elecciones a cortes constituyentes.

 

A esas alturas, sus componentes habían captado el miedo del adversario y no sólo rechazaron la propuesta sino que exigieron la marcha del rey antes de la puesta del sol del catorce de abril sabedores de que si la monarquía se reponía de aquel espejismo nunca se proclamaría una república cuyos candidatos habían sido derrotados clamorosamente en las elecciones celebradas unas horas antes. Para caldear el ambiente, los dirigentes republicanos convocaron manifestaciones que presentaron a los políticos monárquicos como espontáneas e incontrolables y cuya finalidad era aterrorizar a cualquiera que pretendiera hacerles frente.

 

Por añadidura, Alfonso XIII no manifestó voluntad de resistir, sumido como estaba en la depresión más profunda a causa de la muerte de su madre unos meses antes y viendo cómo su esposa se hallaba lógicamente aterrada ante la posibilidad de acabar como la familia imperial rusa —parientes suyos, por otro lado—, fusilada por un pelotón revolucionario. Al fin y a la postre, los políticos constitucionalistas se rindieron ante los republicanos y con ellos el monarca, que no deseaba bajo ningún pretexto el estallido de una guerra civil. De esa manera, el sistema constitucional desaparecía de una manera más que dudosamente legítima y se proclamaba la Segunda república.

 

Aunque la proclamación de la Segunda república estuvo rodeada de un considerable entusiasmo de una parte de la población, lo cierto es que, observada la situación objetivamente y con la distancia que proporciona el tiempo, no se podía derrochar optimismo. Los vencedores de la revolución se iban a sentir hiperlegitimados para tomar decisiones futuras que pasaran por encima del resultado de las urnas y no dudarían en reclamar el apoyo de la calle cuando el sufragio les fuera hostil. Semejante comportamiento tenía una lógica innegable porque, a fin de cuentas, ¿no había sido en contra de la aplastante mayoría de los electores como habían alcanzado el poder? A ese punto de arranque iba a unirse que, globalmente considerados, los vencedores de la revolución estaban constituidos por un pequeño y fragmentado número de republicanos que procedían en su mayoría de las filas monárquicas; dos grandes fuerzas obreristas —socialistas y anarquistas— que contemplaban la república como una fase hacia la utopía que debía ser surcada a la mayor velocidad; los nacionalistas —especialmente catalanes— que ansiaban descuartizar la unidad de la nación y que se apresuraron a proclamar el mismo 14 de abril la República catalana y el Estado catalán y una serie de pequeños grupos radicales de izquierdas que acabarían teniendo un protagonismo notable como era el caso del partido comunista.

 

En su práctica totalidad, su punto de vista era utópico, bien identificaran esa utopía con la república implantada, con la consumación revolucionaria posterior o con la independencia; en su práctica totalidad, carecían de preparación política y, sobre todo económica, para enfrentarse con los retos que tenía ante sí la nación y, por añadidura, adolecían de un virulento sectarismo político y social que no sólo excluía de la vida pública a considerables sectores de la población española sino que también plantearía irreconciliables diferencias entre ellos. Así, la república iba a nacer de una absoluta falta de legitimidad democrática y, por añadidura, estaría inficionada desde su nacimiento con una serie de males que acabarían determinando su fracaso y, finalmente, el estallido de una cruenta guerra civil.

 

No puede sorprender a nadie semejante resultado, ya que aquellas elecciones municipales de abril de 1931 los republicanos no las habían ganado sino que, por el contrario, las habían perdido estrepitosamente.

2004-03-27.L.D.ESP.

 

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La pasión española del espía que unió a Hitler y Franco

  



Una biografía del almirante Wilhelm Canaris desvela

 como conectó al nazismo con el bando nacional
«El Palacio Episcopal de Salamanca, en octubre de 1936, resonaba por los ecos de las enérgicas ordenes y los chasquidos de las espuelas contra la piedra. Aquí, en este gran recinto de la masonería española, se habían reunido y almacenado todos los materiales precisos para una rebelión armada (...). En este momento Franco se encuentra en Salamanca: se ha citado para comer con cierto americano -argentino, según sus documentos- llamado Juan Guillermo. Por fortuna, el vuelo que, a gran altura, lo trae desde Stuttgart no ha necesitado detenerse a repostar en Francia. El asiento del señor Guillermo se encuentra rodeado de bidones de combustible, en una cabina desmontada para lograr la máxima cabida. Na­turalmente, el «señor Guillermo» no es otro que Wilhelm Canaris.
   Dos meses antes, en Tetuán, Franco había solicitado a dos alemanes -a Johannes Bernhardt, un empresario, y Adolf Langenheim, presi­dente del partido nazi en Marruecos- que le ayudaran a organizar un vuelo intercontinental entre Tetuán y Sevilla. Las fuerzas de Franco ca­recían de buques y medios de transporte para cruzar el Estrecho. La aviación se había declarado a favor del Gobierno, y en la Marina las tri­pulaciones -de mayoría comunista- habían masacrado a los oficiales. (...)»


   Emisarios y nibelungos. «Cuan­do Bernhardt y Langenheim llegaron a Berlín en un vuelo de Lufthansa, con una misiva de Franco a Hitler, su recibimiento fue clara­mente frío. En el Ministerio de Asuntos Exteriores de los días anteriores a Ribbentrop, la diplomacia alemana todavía se regía por los principios de la cautela y la discreción. (...)
   Pero no debemos pasar por alto que los dos emisarios alemanes fue­ron enviados a los cuarteles del partido, donde el gauleiter Böhle, de la sección de Asuntos Exteriores, les presentó a Rudolf Hess, quien hizo que tres oficiales los acompañaran a Bayreuth, donde Hitler asistía a una representación del ciclo wagneriano de ´El anillo de los nibelungos´. Langenheim y Bernhardt tuvieron que esperar hasta el termino de aquella épica escenificación dirigida por Wilhelm Furtwangler; sólo entonces se les permitió entregar a Hitler la misiva de Franco. Hitler los recibió cordialmente y, a pesar de lo tardío de la hora, convocó de inmediato a Göring, Blomberg y Canaris -que también asistían a la ópera- para discutir las diversas posibilidades de contribuir a la rebelión del general español.
   Tanto Blomberg como Göring se mostraron escépticos respecto de una intervención, aunque más adelante Göring -de un modo un tanto artificial, cabe decir- recordó que se trataba de una excelente oportunidad de completar la instrucción de sus aviadores. Göring, que no perdía de vista las relaciones con los países occidentales, quería evitar el riesgo de crear grandes disensiones con Francia y Gran Bretaña. Sólo Canaris optó, desde el primer momento, por apoyar a Franco. Era el experto en España y estaba más al tanto que los otros de los acontecimientos de las últimas semanas. A juzgar por los datos de inteligencia que había recogido, no le cabía duda de que Stalin pretendía revolucio­nar España con la ascensión al poder de los comunistas. Si Stalin triunfaba en su empeño -dijo Canaris- toda la Europa suroriental se perdería en manos del Kremlin. Como Francia ya agonizaba bajo el Gobierno de un frente popular, los comunistas amenazarían Alemania muy pronto.
   Con pareja tranquilidad y decisión, Canaris continuó construyendo una completa argumentación a favor de la intervención de Alemania. (...)


   De modo gradual, la fluidez y poder de convencimiento de Canaris empezaron a hacer mella en el ánimo general. Si primero había planta­do en Hitler la semilla de cierta simpatía personal por Franco, pasó a desarrollar con presteza las ventajas financieras de colaborar con su rebelión. El suministro de armas -indicó Canaris con segura tranquili­dad- ofrecía una posibilidad de ingresar una cantidad ´no despreciable´ de divisas. En este terreno, el secuaz de Zaharoff, Juan March y Ullmann se movía como pez en el agua. Era buen conocedor de la lo­gística del contrabando y el comercio clandestino en la Península Ibérica. La red de Canaris cubría todas las ciudades europeas, sin excluir Londres. Según los datos de sus espías, Franco contaba ya con el respaldo financiero de algunos relevantes intereses financieros de Londres; y esos intereses estarían dispuestos a comprar la colaboración y el armamento de Alemania. España era un país de grandes recursos, que por tanto podría devolver una contribución generosa, en caso de victoria.
   Como un mago capaz de extraer conejos de un sombrero, Canaris se había reservado un as en la manga. Existía el riesgo adicional de que, si Alemania se negaba a auxiliar a Franco, Mussolini terminara por ayudar a los ´nacionales´ para así extender la esfera de su influencia en el Mediterráneo; y ello, claro está, sin intervención de Alemania.(...)
   Desde el punto de vista de Canaris, el apoyo de Alemania a Franco le situaría a él en el centro de las relaciones hispano-germanas; y este hecho tuvo consecuencias de gran alcance estratégico una vez entrado el año 1940. Para la solución de los posibles conflictos, además, Hitler se veía obligado a ponerse en manos tanto del conocimiento que Canaris había adquirido del país como de su relación con Franco. Eso permitiría a Canaris cimentar mejor sus propias relaciones con el ´Führer´, a la vez que le haría ganar la confianza de Franco. Por otro lado, le relacionaría con la inteligencia británica, cuya red de contactos a lo largo y ancho del Mediterráneo occidental era -lógicamente- muy amplia. (...)»


   Apoyo nacional. «Göring, Blomberg y Canaris se movieron con rapidez para garan­tizar el apoyo al bando nacional. El Ejército, como era de esperar, recibió la idea con cautela. El jefe del Estado Mayor, Beck, rechazó de plano la posibilidad de una intervención directa, de la forma que fuere. Y resulta obvio que el comandante general Von Fritsch estaba voceando el escepticismo de la mayoría de los generales de formación prusiana cuando, al ajustarse el monóculo y analizar en un mapa de España los medios de transporte, exclamó con incredulidad: ´Singular... vaya país más extraño, parece que no dispone de un solo tren´.
   Mientras los oficiales del alto mando se peleaban con sus mapas y los horarios de los trenes europeos, la Abwehr pasó a la acción. Se activó de nuevo la antigua red de espías de Canaris en España, para que ofrecie­ran informes claros respecto de la fuerza militar, los arsenales de arma­mento y las municiones de la República. Se establecieron compañías testaferro a través de las cuales se canalizó el programa de ayuda. (...) No eran empresas de capital exclusivamente alemán. En Londres no faltaba el capital dispuesto a financiar el levantamiento franquista. La banca mercantil de Gran Bretaña, de mentalidad internacional, estaba dispuesta a canalizar los fondos a través de Augusto Miranda, viejo conocido de Canaris, que se convertiría en el agente armamentístico de Franco en Londres y, naturalmente, estaba muy vinculado a otro antiguo conocido de Canaris: Basil Zaharoff y su imperio Vickers. Hacía mucho que Vickers codicia­ba el mercado de España, con un interés pronunciado por un país que estaba virando a la derecha.(...)


   Aunque el Partido Laborista simpatizaba con los republicanos y Clement Attlee había advertido que convocaría una huelga ante la mínima muestra de comprensión de Londres hacia los insurgentes, en la capital británica no escaseaba el interés ora por una España debilitada, ora por una que requiriera armamento. Tampoco es de extrañar, ya que fue justo en Londres donde se sellaron la mayoría de acuerdos financieros entre Franco y Alemania. La aristocracia española poseía amigos de relevancia en la ´City´ y los semejantes de Juan March no eran precisamente desconocidos en la ´Milla Cuadrada´.
   En la epoca en que Canaris llegó a Salamanca, era palpable el ambiente de optimismo y no se hablaba más que de la ofensiva contra Madrid, prevista para el mes siguiente. Habían caído ya las afueras de la capital, así como Toledo; Oviedo estaba sitiada. Durante la comida, Franco, su hermano Nicolás y el general Luis Orgaz -responsable de la instrucción militar- se decantaron por una rápida conclusión de la guerra. Sólo la reciente y ominosa irrupción de tanques soviéticos en Esquivias -al mando de un general ruso, Pávlov- arrojaba una sombra sobre el futuro, puesto que habían causado un gran daño a la caballería nacional. El alemán permaneció callado, atendiendo con cuidado a toda la conversación, pero sin realizar más comentario que alguno meramente superficial hasta quedarse solo con Franco. Entonces, con la misma destreza intuitiva con la que había persuadido a Hitler de la necesidad de intervenir en España, convenció a Franco de que no podría prescindir del apoyo alemán, aportando un informe apabullante respec­to de las intenciones que Francia y Rusia albergaban para el conflicto español.


   Retomando el tono tranquilo y moderado que tan eficaz resulta con los hombres de la milicia, Canaris actualizó los datos de espionaje de Franco. No eran tranquilizadores. El general entendía que la guerra avanzaba según sus deseos, pero la Unión Soviética, el Comintern, Francia y Gran Bretaña estaban en movimiento y acudía hacia la Península un total de cincuenta mil voluntarios dispuestos a integrarse en las formidables Brigadas Internacionales.(...)
   En un principio, Franco observaba a su interlocutor con impasible escepticismo, pero Canaris había realizado a conciencia el trabajo previo a su visita. Podía nombrar los ocho buques rusos que, cargados de suministros, habían cruzado los Dardanelos durante el último mes; en realidad, podía incluso proporcionar una lista detallada de sus cargamentos. El Kurak, por ejemplo, había descargado en Barcelona cuarenta camiones, doce transportes acorazados, seis piezas de artillería, cuatro aviones, setecientas toneladas de munición y unas mil quinientas toneladas de alimentos. El Komsomol, otro buque soviético, había dejado ocho tanques más, dos mil toneladas de munición y cien toneladas de material médico.(...)


   Canaris, por descontado, conocía bien el carácter de Franco y no se le escapaba que esa interferencia foránea en los asuntos de España despertaría una respuesta particularmente acre. La réplica de Franco fue pronta: "Esos mercenarios internacionales intentan imponer a España una ideología extranjera y someterla al dominio de Moscú". Cuando asumió que necesitaría un refuerzo para combatirlos, resultó que ese nuevo Ejército sólo podía ser armado por Alemania, y quizá por Italia. Canaris era consciente de que Franco se resistiría a aceptar un respaldo extranjero tan significativo, por lo que hizo hincapié en que el apoyo de Hitler no comprometería en absoluto la independencia de España. Sin embargo, el alemán precisó de inmediato que Berlín sólo pedía una cosa: que la guerra se enfocara de un modo menos metódico y dubitativo. Berlín deseaba que se emprendiera una acción decisiva contra Madrid, que condujera a un pronto reconocimiento del nuevo gobierno nacional por parte de Berlín, Roma y Lisboa; eso justificaría, a su vez, que Berlín organizara un más ambicioso programa de cooperación.»(...)
   Placer secreto. «Pero cuando la guerra civil española se aproximaba a su fin, apenas unas semanas antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial, la Pe­nínsula fue escenario de una serie de movimientos sísmicos de las placas diplomáticas continentales. Mientras Hitler centraba su ambición en Centroeuropa, España se convirtió en una útil fuente de tensiones con­tinuadas. Como declaró Hitler durante la conferencia militar de 5 de noviembre de 1937, "no conviene a los intereses alemanes una victoria plena de Franco; lo que más responde a nuestro interés es que la guerra se prolongue". (...)


   Cuando la tormenta europea comenzó a arreciar, Canaris fue ha­llando cada vez más placer en sus paseos por España. España era una distracción bienvenida con respecto a la creciente crisis de Centroeuropa. Para Canaris, España representaba un «constante alborozo». Amaba el país, pero no por su belleza o sus paisajes, sino porque sentía un vínculo especial con su espíritu y su carácter. Sus colaboradores se daban cuenta de lo bien que le sentaban los viajes a la Península. Las ruinosas carreteras de España y las condiciones de un subdesarrollo que, en oca­siones, bordeaba el feudalismo, se le antojaban remotas en comparación con su patria, la moderna Alemania...
   Y sin embargo, la indudable maestría en el manejo de la lengua, su aspecto nada teutónico y su inte­ligencia le permitían pasar por un español, nativo justamente de aquellas iglesias sin ventanas, de aquellos pueblos de adobe».
Datos
Título: «El enigma del almirante Canaris»
Editorial: Memoria Crítica - Páginas: 328

LR.ESP. 2006.0326

 

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Ojo con abrir el melón

 

La verdad es que la Constitución, en sí misma, entendida como documento que contiene las normas de convivencia de los españoles, me deja más o menos frío. Supongo que estas normas podrían ser otras y no pasaría nada. Pero el caso es que son las que son y que, desde su aprobación, en 1978, han posibilitado el periodo de mayor paz, libertad y prosperidad que recuerda este país en los últimos siglos, acaso en toda su historia. O sea, que mucho ojo con abrir el dichoso melón.

 

A la Historia me remito. En el siglo largo que media entre 1833 y 1936, el balance de España es abrumador: 130 gobiernos, 9 constituciones, 5 guerras civiles y 3 destronamientos. Por si alguien se aburría, hay que sumar varias decenas de regímenes provisionales y en torno a 2.000 revoluciones. Es decir, un promedio de un intento de derribar el poder establecido cada 17 días. Luego vino la Guerra Civil y 36 añitos de dictadura. Visto lo visto, todo apunta a que las demandas de modificar el texto constitucional han de ser analizadas, cuando menos, con suma prudencia.

 

No hablo, es evidente, de cuestiones menores, que pueden –y deben- ser cambiadas cuando las circunstancias lo aconsejen, sin mayores traumas. Pero entrar en modificaciones esenciales ya es harina de otro costal. No, insisto, porque el texto sea sagrado o poco menos, sino porque se ha revelado como un instrumento de producción de bienestar de enorme utilidad. Cambiar lo que funciona no suele ser recomendable. Máxime si se considera que una medida así significaría un rotundo éxito para los muchachos de las pistolas, y a ver quién les convence luego de que lo más adecuado para lograr sus objetivos es la vía política y tal y cual.

 

Ojo con abrir el melón, que a lo peor se nos indigesta. La Constitución no es un texto intocable, pero los resultados que ha dado hasta este momento son muy apreciables. Y, puestos a embarcarse en aventuras de dudosa viabilidad, parece claro que el cupo ya fue agotado por nuestros antepasados de los siglos XIX y XX. Me quedé sin un abuelo –de izquierdas y pacífico él- en la represión de Octubre del 34 y ya no me quedan más abuelos que perder.    Pablo Alvarez . España

2003-11-22

 

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Católica y catolizante - La carta a los Efesios nos presenta a la Iglesia como un edificio construido "sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, siendo la piedra angular Cristo mismo" (Ef 2, 20). Jesús es el pastor escatológico, que reúne a  las ovejas perdidas de la casa de Israel y va en busca de ellas, porque las conoce y las ama (cf. Lc 15, 4-7 y Mt 18, 12-14; cf. también la figura del buen pastor en Jn 10, 11 ss). A través de esta "reunión" el reino de Dios se anuncia a todas las naciones:  "Manifestaré yo mi gloria entre las naciones, y todas las naciones verán el juicio que voy a ejecutar y la mano que pondré sobre ellos" (Ez 39, 21). Y Jesús sigue precisamente esta línea profética. El primer paso es la "reunión" del pueblo de Israel, para que así todas las naciones llamadas a congregarse en la comunión con el Señor puedan ver y creer.
De este modo, los Doce, elegidos para participar en la misma misión de Jesús, cooperan con el Pastor de los últimos tiempos, yendo ante todo también ellos a las ovejas perdidas de la casa de Israel, es decir, dirigiéndose al pueblo de la promesa, cuya reunión es el signo de salvación para todos los pueblos, el inicio de la universalización de la Alianza.
Lejos de contradecir la apertura universalista de la acción mesiánica del Nazareno, la limitación inicial a Israel de su misión y de la de los Doce se transforma así en el signo profético más eficaz. Después de la pasión y la resurrección de Cristo, ese signo quedará esclarecido:  el carácter universal de la misión de los Apóstoles se hará explícito. Cristo enviará a los Apóstoles "a todo el mundo" (Mc 16, 15), a "todas las naciones" (Mt 28, 19; Lc 24, 47), "hasta los confines de la tierra" (Hch 1, 8).* Y esta misión continúa. Continúa siempre el mandato del Señor de congregar a los pueblos en la unidad de su amor. Esta es nuestra esperanza y este es también nuestro mandato:  contribuir a esta universalidad, a esta verdadera unidad en la riqueza de las culturas, en comunión con nuestro verdadero Señor Jesucristo.

*[Así es la Iglesia de Cristo católica y catolizante cuya catolicidad salva al mundo]

 

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‘UT IN OMNIBUS GLORIFICETUR DEUS’

 

«Cristo ayer y hoy / Principio y fin / alfa y omega / suyo es el tiempo / y la eternidad / a Él la gloria y el poder / por los siglos de los siglos» (Cirio en Vigilia Pascual).

 

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Si la Iglesia mirara para otro lado y no dijera nada en cuestiones como el aborto, la eutanasia, divorcio, la manipulación genética, la equiparación de las parejas de hecho con las familias o la adopción de niños por homosexuales, se libraría de una parte considerable de los ataques que sufre. Pero hay que preguntarse si, en caso de obrar así, estaría siendo fiel a Jesucristo y aportando algo valioso a la sociedad.

   Muchas veces se nos ha reprochado, algunas con razón, no haber sido más tajantes en la condena de la esclavitud o en el rechazo de la violencia en situaciones como las Cruzadas o la Inquisición. Pues bien, hoy hay nuevas esclavitudes y nuevas torturas, que son, curiosamente, aplaudidas y defendidas por los que condenan las de antaño. La Iglesia, precisamente para no cometer los errores del pasado, tiene el deber de defender la familia y la vida. Si no lo hiciera, estoy seguro de que dentro de unos años sería acusada de no haber hablado proféticamente contra la ideología mayoritaria imperante en este momento. Y hasta es posible que se lo echaran en cara los sucesores ideológicos de los que hoy la acusan de no estar al día. Por eso tiene que actuar como lo está haciendo. Aunque se quede sola en la defensa del más débil. Aunque le cueste la persecución. Esa será su gloria y la historia terminará por reconocerlo.

 

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La persona, fin en sí misma, no de sí misma

 

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"El viento de la soberbia arrastra toda virtud. La humildad es la base de las buenas obras". (S. Agustín).

 

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«La historia es el testimonio de los tiempos, la luz de la verdad, la vida de la memoria, la maestra de la vida y nuncio de la antigüedad». Cicerón

 

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Vocación: Dios es quien llama, y el hombre es el convocado. La llamada es siempre a amar, es decir, a servir, y también a hacer rendir los talentos. Está en la naturaleza del hombre este deseo de conocer y responder a la vocación, deseo que tiene implicaciones también sociales: una sociedad en la que los hombres no pueden ejercer aquello a lo que se sienten llamados será muy defectuosa, como detectaba ya Platón en La República.

 

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"Es más fácil desintegrar un átomo que un pre-concepto" - Albert Einstein.

 

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Un libro histórico -como son los evangelios por ejemplo- merece credibilidad cuando reúne tres condiciones básicas: ser auténtico, verídico e íntegro. Es decir, cuándo el libro fue escrito en la época y por el autor que se le atribuye (autenticidad), cuando el autor del libro conoció los sucesos que refiere y no quiere engañar a sus lectores (veracidad), y, por último, cuando ha llegado hasta nosotros sin alteración sustancial (integridad).

 

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"Da gracias continuas a Dios por ser hijo de la Iglesia, a ejemplo de tantas almas que nos han precedido en el feliz tránsito". (Santo Padre Pio de Pietrelcina)

 

 

 

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"Obras todas del Señor, bendecid al Señor".-

Las leyes, sin embargo, no bastan para modificar los comportamientos. Un cambio de actitud exige «un empeño personal y la convicción ética del valor de la solidaridad», así como «una relación equitativa entre los países ricos y los pobres, imponiendo especiales deberes a las estructuras industriales a gran escala, ya sea en los países desarrollados, como en aquellos en vías de desarrollo, para que tomen en serio medidas para la defensa medioambiental».   Una actitud más atenta respecto a la naturaleza, comentó, puede ser además alcanzada y mantenida mediante la educación y una «campaña de conciencia constante».  «Cuantas más personas conozcan los diversos aspectos de los desafíos medioambientales que afrontan, mejor se podrá responder». Arzobispo Celestino Migliore, observador permanente de la Santa Sede ante Naciones Unidas. 2007.X.31

 

 

Gracias por venir a visitarnos

 

Recomendamos vivamente:

Título: ‘Históricamente incorrecto. Para acabar con el pasado único’.
Autor: Jean Sévilla - Editorial: Ciudadela

 

Recomendamos vivamente: “El cristiano en la crisis de Europa. Por S.S. Benedictoi XVI, al siglo ‘Joseph Ratzinger’. Ediciones Cristiandad. Este título recoge tres textos de Benedicto XVI, compuestos inmediatamente antes de su elección y publicados por vez primera en forma de libro y bajo su supervisión una vez elegido Papa. Nos encontramos, por tanto, ante lo que puede considerarse la primera obra del nuevo Pontífice. En ellos, vuelve el Papa sobre argumentos que le son especialmente queridos: el sentido de Europa, el contraste cultural y su armonía, la exigencia del compromiso cristiano en el presente.

Benedicto XVI enuncia una tesis deslumbrante: el juicio sobre la realidad no debe hacerse calculando su valor con independencia de si Dios existe, sino apreciándola como don divino. Sólo esta perspectiva permite superar la quiebra de fundamentos éticos en la que ha desembocado la Ilustración.  MMVI

Recomendamos: ‘Desafíos cristianos de nuestro tiempo’, editado por Rialp. El autor, sacerdote, repasa algunos de los problemas más habituales a los que se enfrentan los cristianos hoy. Toca, por ejemplo, la cuestión del evolucionismo y el creacionismo para explicar de qué manera son complementarios, apoyándose en el magisterio de los distintos Papas. Otro tema de actualidad que no soslaya es la presencia del mal en el mundo. Y tampoco evita el cómo enfrentarse al dolor y a la muerte.  En opinión del autor, «la crisis del amor constituye el mar de fondo de las tormentas que agitan las aguas del Primer Mundo», y corresponde a los cristianos retomar el mandamiento nuevo del Señor. El laicismo intransigente en que vivimos anima a tomar ejemplo de los mártires y a hacernos presentes en la vida pública.

 

La libertad de persuadir vale para todos, creyentes y no creyentes.

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).