Saturday 29 April 2017 | Actualizada : 2017-03-29
 
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No hace mucho leí a cierto historiador (García Carcel) decir que las loas a España de Alfonso X el Sabio no se puede determinar rasgo alguno de nacionalidad o algo relacionado con lo que sería la "nación española", ya que, según él, son meras alabanzas a la propia tierra, no a España como comunidad nacional o concepto unitario. ¿Qué opina?

 

Que anda muy, pero que muy equivocado. Basta leer el libro para ver hasta qué punto Alfonso X sí que creía en esa nación y hasta qué punto la identificaba con la totalidad de la Península Ibérica. Por cierto, que no era original. Isidoro de Sevilla pensaba lo mismo.

César VIDAL-Dr.historia antigua, filosofía, teología; es abogado,escritor-2005.01.18

 

 

Buenas tardes Don Cesar. ¿Porque se ofreció mas resistencia a Roma que a la invasión del Islam? Tengo entendido que la segunda fue muy rápida y que muchos pueblos se unieron a los invasores

 

La verdad es que los musulmanes vieron muy facilitada su labor por las calzadas romanas, por la ayuda de una quinta columna española que no se imaginaba lo que iba a suceder y por el colapso del estado visigodo. Con todo y con eso, tardaron años y algunas zonas no llegaron a dominarlas. En el caso de Roma, hubo que ir eliminando una tras otra distintas unidades políticas. Dr. César VIDAL. 2005-07-05 L.D. ESP.

 

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Quién, sino la Iglesia, a través de los monasterios, salvó la ciencia de los clásicos y la transmitió para el futuro; quién creó las universidades, sino la Iglesia; quién fue mecenas del arte y de la mejor cultura de Europa, sino la Iglesia; quién lo sigue siendo.

 

 

 

La batalla de las Navas de Tolosa en julio de 1212 en el norte de Andalucía, fue una ofensiva cristiana de los reinos de Navarra, Castilla y Aragón frente a las tropas almohades que constituye «un antes y un después» para España, así como la conquista de Navarra en 1512 por parte de las tropas del Duque de Alba, cuando se conforma el presente de la Navarra foral y española, cuando empieza a entenderse lo que hoy es nuestro régimen foral con una ‘plena integración’ en la España constitucional.

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16 de Julio de 1212 – Batalla de Las Navas de Tolosa: los ejércitos de Castilla, Navarra y Aragón, mandados por Alfonso VIII, vencen a los árabes mahometanos e impiden así la expansión del islam que ya ocupaba a sangre y fuego parte de la península ibérica.

 

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711, el 27 de abril en la Península Ibérica, mientras Rodrigo se enfrenta a los vascones, Táriq ibn Ziyad llega a Tarifa (Cádiz) con 7000 hombres y derrota a las fuerzas de Sancho, sobrino de Rodrigo, comenzando así la ocupación musulmana del territorio.

 

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Del origen y significado de la palabra "ojalá"

 

            Si hace ya unos días analizábamos el origen y significado de la palabra “amén(pinche aquí si desea recordarlo), y luego el de la palabra “aleluya(pinche aquí), y luego el de la palabra “hosanna(pinche aquí), vamos a analizar hoy el de otra palabra muy curiosa y en este caso, entre las lenguas occidentales, muy particular del español: “ojalá”.

 

            “Ojalá” es una de los muchos arabismos que impregnan el español, producto de una convivencia que no fue buena, como muchos quieren hacernos creer ahora, pero que está indisolublemente adherida a nuestra historia y de la que, a pesar de su inestabilidad, sería un suicidio antropológico renegar, porque de ella resultaron muchos logros para la historia del género humano y desde luego para la modelación y forja del carácter español tal como lo conocemos y tal como nos identifica ante el mundo. Un cuerpo lingüístico, el de los arabismos, que podrían ascender hasta cuatro mil en su conjunto. Entre ellos, es “ojalá” uno de los más evidentes en cuanto uno de los que ha conservado mejor su “aspecto” árabe, pues a nadie se le escapa que “ojalá” es una palabra que no corresponde a ningún modelo morfológico español: una sonoridad muy árabe, un agudo en “á”…

 

            El Diccionario de la Real Academia nos ofrece esta definición del término:

 

             “Ojalá. (Del árabe hispano “law šá lláh”, si Dios quiere).

            1. interj. Denota vivo deseo de que suceda algo.”

 

            Proviene, pues, “ojalá” del del árabe “law sha’a Allah” (“?? ??? ???”), traducible como “quiera Dios” o “si Dios quisiera”, y no, como acostumbran a decirse, de “in sha’a Allah”, que significa, pequeña diferencia de matiz, “si Dios quiere”.

 

            Del interesante blog http://etimologias.dechile.net/ extraigo esta información:

 

            “La fórmula se pronunciaba en el dialecto árabe andalusí “lawsha’allâh”, luego “ioshalâ”, y el castellano antiguo la tomó con aféresis de la ele inicial, “oxalâ”, que dio lugar al español ojalá”

 

            Según explica el prestigioso arabista español Federico Corriente [Doctor en Filología Semítica por la Universidad Complutense de Madrid], hay en árabe una frase piadosa (“la’awhasa llahu”) que suelen usar los árabes de religión islámica y vendría a significar “haga Dios que no se sienta nostalgia [de tal cosa]”, o sea, más o menos, “no [nos] aflija Dios sin [tal cosa deseada]” lo que equivale a decir “permita Dios que [suceda tal cosa]”. Esta frase, usual en el árabe de Oriente y Occidente, en el árabe andalusí habría sufrido una adaptación lo cal que de “la’awhasa llahu” por medio de una contracción “l(a’)aw(ha)sa llahu” habría hecho “lawsa’a llahu”, que es la que significa “si Dios quiere”, y habría dado lugar al español antiguo “oxalá”, moderno ojalá y portugués “oxalá””.

 

            El significado se corresponde con el existente en otros idiomas: en inglés marida bien con el término “hopefully”, en francés con la expresión “Dieu veille que” o “pourvue que”; en italiano con “magari”. Especialmente interesante es la relación que mantiene, en este caso, con esa lengua tan hermana que es el portugués, donde como bien se señala arriba, “ojalá” se dice “oxalá”, -no en balde, la Reconquista es uno de los muchos procesos históricos que compartimos con “os nossos amaveis irmãos portuguêses”- dando una hermosa palabra que da base al tema que tan melódicamente canta el gratificante grupo musical portugués “Madredeus” con el que por hoy me despido de Vds..

13.01.2014

http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=33293&mes=&ano=

Luis Antequera ©L.A.

 

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ESPAÑA CON ALTA CULTURA

Serafín Banjul: …

España* dispone de uno de los mayores patrimonios artísticos del planeta; en Europa sólo Italia* aventaja a nuestro país. Igualmente, el caudal de archivos, museos y grandes bibliotecas –ay, por lo general antiguas– es enorme. Una historia larga, una afluencia y enraizamiento de culturas distintas y un poder imperial, que fue hegemónico durante bastante tiempo, han dotado a nuestras tierras de una riqueza artística que se nos antoja inagotable, no deja de sorprendernos y, en todo caso, constituye un testimonio incomodísimo de la grandeza pasada para quienes, ahora mismo, intentan arrasar y desmontar la nación.

*[Italia y España – dos países de raíces profundamente católicas con mayor patrimonio de la humanidad, según la UNESCO.]

 

…Con todo, amigo lector, sálgase de las carreteras principales y aun secundarias, atrévase a maltratar la suspensión de su auto o a quedarse sin taller de reparaciones y obtendrá como premio el prodigio de las ermitas románicas de Lugo y Orense, de la plateresca y renacentista Baeza o del gótico abrumador y aéreo en cualquier poblacho del siglo XV y no se me enojen los de Colmenar Viejo si cito su pueblo como ejemplo. Toda nuestra geografía rebosa de semejantes prendas y lo mismo puede decirse de los archivos antiguos. Pero nuestro objetivo no es escribir un folleto turístico ni uno de esos panegíricos hueros de exaltación patriótica que tanto nos aburren, tan sólo recordar que si todo eso existe es porque aquí hubo un país que –a veces pienso– muchos españoles actuales no se merecen…MMV.XI.XIII

 

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Pecio. (Del b. lat. pecium).1. m. Pedazo o fragmento de la nave que ha naufragado.2. m. Porción de lo que ella contiene.3. m. Derechos que el señor del puerto de mar exigía de las naves que naufragaban en sus marinas y costas.

 

Hispania románica

Hallan un pecio romano de más de dos mil años en Cartagena

 

R.C. - Madrid
El Ministerio de Cultura ha mostrado su satisfacción por el hallazgo en la bahía de Cartagena de los restos de un pecio romano bien preservado y datado aproximadamente en el siglo I a.C.

…[…]…

1.500 ánforas de vino -    Fruto del proyecto en el que trabajan conjuntamente el Museo Nacional de Arqueología Marítima y el Centro Nacional de Investigaciones Arqueológicas Submarinas es el hallazgo hecho público ayer en el que sobresale los restos del citado pecio romano, bien preservado y datado aproximadamente en el siglo I a.C. Pudo transportar de 1.000 a 1.500 ánforas en su interior, lo que significa que fue una nave de gran tonelaje dedicada a la carga de vino y aceite desde la Bética, la antigua región meridional de la Península Ibérica, hasta Roma. Así lo manifestó ayer a Efe el director del Museo Nacional de Arqueología Marítima, Rafael Azuar, quien aseguró que el pecio fue encontrado a un centenar de metros de profundidad, aunque no reveló el lugar exacto por «medidas de protección».

http://www.larazon.es/noticias/noti_viv34192.htm  2007-08-24

 

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Todas las escuelas son públicas, están las estatales y las no estatales. Siempre y cuando las no estatales estén abiertas a todos los ciudadanos. En esta categoría no entran las ‘escuelas islámicas’ o ‘madrazas’ donde, por racismo religioso, son exclusivas a los mahometanos. Se entiende por escuela: establecimiento público donde se da a los niños la instrucción primaria y respetando los derechos humanos donde toda vida humana es sagrada desde el vientre materno.

 

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“La fe tiene necesidad de la razón para no caer en la superstición. La razón tiene necesidad de la fe para no caer en la desesperación”. S.S. JUAN PABLO PP. II.

 

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El nombre de ‘leyenda negra’ es relativamente reciente. Pero el nombre es lo de menos. Importa el hecho. Desde el siglo XVI se desarrolla en muchos países de Europa una campaña de descrédito contra España y, ciertamente, la ofensiva del protestantismo contra la Iglesia Católica. A partir del siglo XVIII, la campaña contra la reputación  de España y de la religión católica, entra a formar parte de la habitual propaganda de las distintas formaciones masónicas, hasta hoy mismo: 2006-

 

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1194 – el 20 de abril - El rey de León, Alfonso IX, y el de Castilla, Alfonso VIII, firman el tratado de Tordehumos.

 

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Insólita en su época, la miniatura del folio 5r del Axedrez, Dados et

Tablas de Alfonso X, muestra un grupo de mujeres en el ejercicio

de la actividad intelectual por excelencia: el juego del ajedrez.

 La inteligencia no es prerrogativa de ningún sexo; también

 en esto fue el Rey un adelantado en su tiempo.

 

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Hay que poner de manifiesto que -y no solo- durante la época de Alfonso X, el Sabio, la astrología, rozando o reuniendo diversas disciplinas, gozaba de carácter científico (sabiduría y astrología llegaron a ser sinónimos en su época); ver la obra astromágica del Rey (Lapidario, Picatrix, Liber Racielis, Libro de las Formas, etc.). Alfonso X, el Sabio (1252-1284).

 

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El nombre de ‘leyenda negra’ es relativamente reciente. Pero el nombre es lo de menos. Importa el hecho. Desde el siglo XVI, se desarrolla en muchos países de Europa una campaña de descrédito contra España y, ciertamente, la ofensiva del protestantismo contra la Iglesia Católica. A partir del siglo XVIII, la campaña contra la reputación  de España y de la religión católica, entra a formar parte de la habitual propaganda de las distintas formaciones masónicas, hasta hoy mismo: 2006-

 

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"Europa tiene su base en la única fuerza que es capaz de aunar la herencia cultural helénica, el derecho romano y el avance de la Ciencia: el Cristianismo". Esta es la conclusión del historiador Luis Suárez, catedrático emérito de la Universidad Autónoma de Madrid. Suárez recuerda que el progreso europeo fue posible gracias al Cristianismo. En efecto, la creación de bibliotecas en territorio europeo por Isidoro de Sevilla, fueron impulsadas gracias a los padres de la Iglesia como Benito o Alejandro Magno, quienes consideraron que el progreso se basaba en el conocimiento, no en el atesoramiento de riquezas.

 Además, Suárez recordó que los derechos humanos no nacieron con la revolución francesa de 1789, sino que fueron inicialmente formulados por el Papa Clemente VI, quien, en 1346, pronunció por vez primera los derechos humanos de la libertad, la vida y la propiedad. En este contexto, negar las raíces cristianas de Europa, como pretende Francia y Bélgica, en el tratado constitucional parece un intento de construir una Europa de mercaderes, en lugar de una comunidad humana. "El término Europa fue inicialmente pronunciado por San Beda el Venerable en el siglo VII para referirse al territorio en el que el Cristianismo había llegado a arraigarse", concluye Suárez.  2004-02-27 – Agradecemos a Hispanidad.com

 

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Medioevo - La gran figura histórica del emperador Carlomagno evoca las raíces cristianas de Europa, remitiendo a cuantos la estudian a una época que, a pesar de los límites humanos siempre presentes, se caracterizó por un imponente florecimiento cultural en casi todos los campos de la experiencia.Al buscar su identidad, Europa no puede prescindir de un esfuerzo enérgico de recuperación del patrimonio cultural legado por Carlomagno y conservado durante más de un milenio. La educación en el espíritu del humanismo cristiano garantiza la formación intelectual y moral que forma y ayuda a la juventud a afrontar los serios problemas planteados por el desarrollo científico-técnico. En este sentido, también el estudio de las lenguas clásicas en las escuelas puede ser una valiosa ayuda para introducir a las nuevas generaciones en el conocimiento de un patrimonio cultural de inestimable riqueza.

Lo dijo Cicerón: "Si ignoras lo que ocurrió antes de que nacieras, siempre serás un niño".

 

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Durante el luminoso medioevo - En términos cuantitativos, las catedrales góticas son tan asombrosas como las Pirámides egipcias. Sólo en Francia, durante noventa años, desde 1180 a 1270, se vio la construcción de 80 catedrales y casi 500 abadías.

 

UNIVERSIDADES - La síntesis del saber teológico, filosófico y de otras ciencias realizada por las Universidades en los siglos XIII y XIV, en que se forma el Humanismo, es impensable sin el cristianismo.

 

Iglesia - entre 1200 y 1400 se fundaron en Europa 52 universidades, 29 de ellas a carácter «pontificias». Según orden de antigüedad, no en importancia, puesto que la de París fue la más destacada, las fechas de fundación parecen ser las siguientes: Palencia (1208-12), Oxford (1214), París (1215), Padua (1222), Nápoles (1224), Salamanca (1228), Toulouse (1229), Bolonia (1230). Valladolid fue fundada a mediados del S. XIII (1250).

 

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La unidad siempre es un bien y la división un mal. No en vano, Jesús, en su despedida, pidió al Padre el don de la unidad para sus seguidores, a fin de que el mundo creyera. En cambio, el demonio es conocido como el «señor de la división».

 

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AL-ANDALUS SÓLO ES UNA LEYENDA

Al-Andalus sólo es una leyenda y tanta mentira

 

-¿Y en Castilla?

-Castilla era lo más avanzado de Europa, por donde entraban las cosas. Hay latín, se traduce luego al francés, al inglés... Cierto, la castellana es una vía, porque también está la vía directa del latín, por la que entraron muchas novelas. La historia del sabio Secundo, que estaba tan desengañado del mundo que decía que no quería hablar, que todo era tan desagradable que lo mejor era callarse. Tenía unas historias tremendas con las mujeres; decía que todas eran prostitutas, excepto su madre, y ni siquiera ella... El emperador Adriano le manda un speculator para hacerle preguntas: «¿Qué es el mundo, qué es Dios, que es la vida, qué la muerte?» Esta cultura llegó por la vía del griego, al latín, al castellano. Pero está esta otra vía: griego, árabe, latín, castellano. O como, en el caso del «Calila», la vía persa, árabe, latín, castellano. La gente se cree que toda esta literatura se producía en Al Andalus y esto no es verdad. Es una leyenda. De estos cuatro libros, tres están traducidos en Bagdad, y el cuarto, «Los bocados de Oro», en El Cairo. Los de Al Andalus los compraban y leían, bueno, a partir de ahí, ellos trabajaban y hacían sus cosas, Averroes trabajó sobre Aristóteles, pero los textos los traían de Oriente. Esa es la historia. En general, en el mundo árabe sólo ha habido pequeños grupos intelectuales. Era una sociedad muy limitada. «ABC» XIV. VII. MMII – ESPAÑA.

 

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La religión del Islam

3. La Iglesia mira también con aprecio a los musulmanes que adoran al único Dios, viviente y subsistente, misericordioso y todo poderoso, Creador del cielo y de la tierra, que habló a los hombres, a cuyos ocultos designios procuran someterse con toda el alma como se sometió a Dios Abraham, a quien la fe islámica mira con complacencia. Veneran a Jesús como profeta, aunque no lo reconocen como Dios; honran a María, su Madre virginal, y a veces también la invocan devotamente. Esperan, además, el día del juicio, cuando Dios remunerará a todos los hombres resucitados. Por ello, aprecian además el día del juicio, cuando Dios remunerará a todos los hombres resucitados. Por tanto, aprecian la vida moral, y honran a Dios sobre todo con la oración, las limosnas y el ayuno.

Si en el transcurso de los siglos surgieron no pocas desavenencias y enemistades entre cristianos y musulmanes, el Sagrado Concilio exhorta a todos a que, olvidando lo pasado, procuren y promuevan unidos la justicia social, los bienes morales, la paz y la libertad para todos los hombres

 

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El 30 de noviembre de 1831 – tratado entre Francia e Inglaterra para suprimir la trata de negros; mientras el tráfico -consistente en vender seres humanos como esclavos- continuaba entre los mahometanos sub-saharianos hacia los países de Arabia y algunos de Oriente, bien entrado el siglo XX.

 

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En la Batalla de Ostia, que en el año 849, vio enfrentarse las tropas de León IV (pontífice desde 847 hasta 855) con las hordas de los Sarracenos que ultrajaron, violentaron y robaron en la misma Basílica vaticana.

 

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La tolerancia sin verdad es hipocresía.

 

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Gracias a la Iglesia Católica, antes del 1300, había fundadas en Europa cuarenta y cuatro Universidades, en las que se forja un individuo especial dotado de cierta uniformidad: homo Scholasticus.

 

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Durante el luminoso medioevo - En términos cuantitativos, las catedrales góticas son tan asombrosas como las Pirámides egipcias. Sólo en Francia, durante noventa años, desde 1180 a 1270, se vio la construcción de 80 catedrales y casi 500 abadías.

 

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Quién, sino la Iglesia, a través de los monasterios, salvó la ciencia de los clásicos y la transmitió para el futuro; quién creó las universidades, sino la Iglesia; quién fue mecenas del arte y de la mejor cultura de Europa, sino la Iglesia; quién lo sigue siendo.

 

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Es bueno valorar acontecimientos y hechos que han sucedido en el pasado, reflexionar sobre ellos, para caminar con los talentos de la historia como bastón de guía.

 

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A nadie se le escapa que la gran amenaza a que se enfrenta Occidente es el Islam. Evidentemente, esto no es del todo cierto, porque hay quien piensa aún que la religión del Corán sólo predica el amor al prójimo y trata a las mujeres como las feministas desearían. Nada más lejos de la realidad: la yihad pretende exterminar a los infieles para, en las cenizas de la civilización occidental, erigir el Imperio de Mahoma. MMVI

 

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Reconvertir las religiones en una fuerza de paz y respeto mutuos; señalar y separar los elementos fundamentalistas que provocan conflicto y división entre los hombres’.

Los fanatismos y las reacciones violentas dentro de la sociedad actual no tienen un origen religioso de manera exclusiva, aunque se sigan presentando con fundamentos de este tipo. En concreto, los grupos islamistas de la línea de Ben Laden y Al Qaeda concitan entre –no todos los representantes musulmanes- una descalificación absoluta, sincera y total. La simplificación que representa asociar ‘terrorismo a una religión’ no es justa, a pesar que algunos islamistas tienden a maquillarse de motivaciones mahometanas recurriendo a falsificar la historia hasta el absurdo.


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En el siglo VII los musulmanes invadieron a griegos, romanos, godos, judíos, iranios, indios. Los consideraban decadentes, como ahora a nosotros. Traían una cultura cerrada y dogmática, una teocracia de guerreros que, si morían, iban al paraíso. 2005.

 

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ISLAM:lo que lo define es la conquista del poder mezclado con un elemento religioso. La ideología marxista hacía lo mismo, sólo que ésta rechazaba a Dios.

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Sabios no tan sabios.Otro problema serio es que la enseñanza islámica la llevan a cabo los ulemas (sabios) que en realidad son «sabios» solo en un pequeño ámbito del saber: han aprendido el Corán de memoria, han tomado los viejos dichos atribuidos a Mahoma (Sunna) y centenares de miles de respuestas jurídicas de otros imanes. Pero no han estudiado matemáticas, sociología, psicología; la Historia para ellos se limita al mundo islámico; el estudio de las religiones se hace sólo con función apologética, por si el islam es atacado. Es como si nuestros sacerdotes hubieran estudiado sólo la Biblia y además, partiendo de comentarios antiguos.

 

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La causa del terrorismo islamista es el islamismo, como la causa del terrorismo comunista es el comunismo, como la causa del terrorismo nacionalista es el nacionalismo. Ideologías todas que desandan el camino de considerar al hombre como un ser digno de derecho y que consideran que el individuo debe someterse al colectivo. Ideologías del mal.

 

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¿Qué representa mayor peligro para usted, lo que supuso el comunismo, la izquierda o el islamismo?

 

El comunismo causó más de cien millones de muertos y todavía es la causa de la opresión de centenares de millones de seres humanos. El islamismo es también opresor y lo malo es que el daño que puede hacer a Occidente no sólo están en el pasado sino también en el futuro.

Dr. César VIDAL, historiador, filósofo, teólogo protestante-2005-11-08-Esp.

 

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San Fernando lll

«Dilexit Ecclesiam» (amó a la Iglesia Católica).

 

 

 

 

 

Autor: P. FELIPE SANTOS

 

Rey de Castilla y León

 

Etimológicamente significa” hombre ilustre”. Viene de la lengua alemana.

Aunque nació de forma ilegítima debido al incesto de Alfonso IX y su sobrina Berenguela, el Papa Inocencio III lo legitimó. Cuando vino al mundo al final del siglo XII, nadie podía imaginar la altura a la que llegaría en su vida profesional y en la escala que lleva a la santidad.

La muerte de su tío Enrique I le permitió acceder al trono. En el gran monasterio de Las Huelgas Reales, en Burgos, el obispo le armó caballero de Cristo, pues estos eran sus deseos.

Poco después heredó el reino de León. Y las grandes obsesiones que ocupaban su mente y corazón eran la justicia, la piedad religiosa y la unidad de España. Para ello vino a Andalucía para reconquistarla y volverla al cristianismo.

Además de la espada, cuidaba sobremanera la parte cultural fundando la Universidad de Salamanca, la construcción de catedrales y dando cobijo y protección a los buenos artistas.

No descuidaba a la parte humilde y pobre de su reino. Comía con ellos, les servía la comida y les lavaba los pies al estilo de Jesús Nazareno.

Solía repetir:"Más temo la maldición de una pobre vieja que todos los ejércitos juntos de los moros".

Fue una persona entregada plenamente a sus deberes reales, humanos y guerreros. Pero lo que más le honra es ser "caballero de Cristo, siervo de María y alférez de Santiago. Por esta razón los Papas lo calificaron como el "atleta de Cristo y campeón invicto de Jesucristo". Estos Papas fueron Gregorio IX e Inocencio IV.

Su hijo Alfonso X el Sabio decía de su padre que "no conoció el vicio ni el ocio".

¿Cómo logró todo esto?

No descuidaba sus deberes de creyente. Durante las noches dedicaba grandes ratos para entrar en contacto con Dios mediante la oración, participando en la Eucaristía y teniendo una gran devoción a la Virgen María. La Virgen de las Batallas se conserva hoy día en la catedral de Sevilla. La llevaba siempre en todas sus empresas.
Cuando se fue haciendo mayor y cayó enfermo, pidió el sacramento de la Unción de los Enfermos. Al poco tiempo entregaba su alma a Dios. Era el 30 de mayo de 1252.
Sus restos se veneran en la catedral de Sevilla.

 

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SAN FERNANDO III DE CASTILLA Y LEÓN († 1252)

«Dilexit Ecclesiam» amó a la Iglesia Católica

¡Laudetur Iesus Christus!

 

 

San Fernando (1198?-1252) es, sin hipérbole, el español más ilustre de uno de los siglos cenitales de la historia humana, el XIII, y una de las figuras máximas de España; quizá con Isabel la Católica la más completa de toda nuestra historia política. Es uno de esos modelos humanos que conjugan en alto grado la piedad, la prudencia y el heroísmo; uno de los injertos más felices, por así decirlo, de los dones y virtudes sobrenaturales en los dones y virtudes humanos.

 A diferencia de su primo carnal San Luis IX de Francia, Fernando III no conoció la derrota ni casi el fracaso. Triunfó en todas las empresas interiores y exteriores. Dios les llevó a los dos parientes a la santidad por opuestos caminos humanos; a uno bajo el signo del triunfo terreno y a otro bajo el de la desventura y el fracaso.

 Fernando III unió definitivamente las coronas de Castilla y León. Reconquistó casi toda Andalucía y Murcia. Los asedios de Córdoba, Jaén y Sevilla y el asalto de muchas otras plazas menores tuvieron grandeza épica. El rey moro de Granada se hizo vasallo suyo. Una primera expedición castellana entró en África, y nuestro rey murió cuando planeaba el paso definitivo del Estrecho. Emprendió la construcción de nuestras mejores catedrales (Burgos y Toledo ciertamente; quizá León, que se empezó en su reinado). Apaciguó sus Estados y administró justicia ejemplar en ellos. Fue tolerante con los judíos y riguroso con los apostatas y falsos conversos. Impulsó la ciencia y consolidó las nacientes universidades. Creó la marina de guerra de Castilla. Protegió a las nacientes Ordenes mendicantes de franciscanos y dominicos y se cuidó de la honestidad y piedad de sus soldados. Preparó la codificación de nuestro derecho e instauró el idioma castellano como lengua oficial de las leyes y documentos públicos, en sustitución del latín.

 Parece cada vez más claro históricamente que el florecimiento jurídico, literario y hasta musical de la corte de Alfonso X el Sabio es fruto de la de su padre. Pobló y colonizó concienzudamente los territorios conquistados. Instituyó en germen los futuros Consejos del reino al designar un colegio de doce varones doctos y prudentes que le asesoraran; mas prescindió de validos. Guardó rigurosamente los pactos y palabras convenidos con sus adversarios los caudillos moros, aún frente a razones posteriores de conveniencia política nacional; en tal sentido es la antítesis caballeresca del "príncipe" de Maquiavelo. Fue, como veremos, hábil diplomático a la vez que incansable impulsor de la Reconquista. Sólo amó la guerra bajo razón de cruzada cristiana y de legítima reconquista nacional, y cumplió su firme resolución de jamás cruzar las armas con otros príncipes cristianos, agotando en ello la paciencia, la negociación y el compromiso. En la cumbre de la autoridad y del prestigio atendió de manera constante, con ternura filial, reiteradamente expresada en los diplomas oficiales, los sabios consejos de su madre excepcional, doña Berenguela. Dominó a los señores levantiscos; perdonó benignamente a los nobles que vencidos se le sometieron y honró con largueza a los fieles caudillos de sus campañas. Engrandeció el culto y la vida monástica, pero exigió la debida cooperación económica de las manos muertas eclesiásticas y feudales. Robusteció la vida municipal y redujo al límite las contribuciones económicas que necesitaban sus empresas de guerra. En tiempos de costumbres licenciosas y de desafueros dio altísimo ejemplo de pureza de vida y sacrificio personal, ganando ante sus hijos, prelados, nobles y pueblo fama unánime de santo.

 Como gobernante fue a la vez severo y benigno, enérgico y humilde, audaz y paciente, gentil en gracias cortesanas y puro de corazón. Encarnó, pues, con su primo San Luis IX de Francia, el dechado caballeresco de su época.

 Su muerte, según testimonios coetáneos, hizo que hombres y mujeres rompieran a llorar en las calles, comenzando por los guerreros.

 Más aún. Sabemos que arrebató el corazón de sus mismos enemigos, hasta el extremo inconcebible de lograr que algunos príncipes y reyes moros abrazaran por su ejemplo la fe cristiana. "Nada parecido hemos leído de reyes anteriores", dice la crónica contemporánea del Tudense hablando de la honestidad de sus costumbres. "Era un hombre dulce, con sentido político", confiesa Al Himyari, historiador musulmán adversario suyo. A sus exequias asistió el rey moro de Granada con cien nobles que portaban antorchas encendidas. Su nieto don Juan Manuel le designaba ya en el En-xemplo XLI "el santo et bienaventurado rey Don Fernando".

 Más que el consorcio de un rey y un santo en una misma persona, Fernando III fue un santo rey; es decir, un seglar, un hombre de su siglo, que alcanzó la santidad santificando su oficio.

 Fue mortificado y penitente, como todos los santos, pero su gran proceso de santidad lo está escribiendo, al margen de toda finalidad de panegírico, la más fría crítica histórica: es el relato documental, en crónicas y datos sueltos de diplomas, de una vida tan entregada al servicio de su pueblo por amor de Dios, y con tal diligencia, constancia y sacrificio, que pasma. San Fernando roba por ello el alma de todos los historiadores, desde sus contemporáneos e inmediatos hasta los actuales. Físicamente, murió a causa de las largas penalidades que hubo de imponerse para dirigir al frente de todo su reino una tarea que, mirada en conjunto, sobrecoge. Quizá sea ésta una de las formas de martirio más gratas a los ojos de Dios.

 Vemos, pues, alcanzar la santidad a un hombre que se casó dos veces, que tuvo trece hijos, que, además de férreo conquistador y justiciero gobernante, era deportista, cortesano gentil, trovador y músico. Más aún: por misteriosa providencia de Dios veneramos en los altares al hijo ilegítimo de un matrimonio real incestuoso, que fue anulado por el gran pontífice Inocencio III: el de Alfonso IX de León con su sobrina doña Berenguela, hija de Alfonso VIII, el de las Navas.

 Fernando III tuvo siete hijos varones y una hija de su primer matrimonio con Beatriz de Suabia, princesa alemana que los cronistas describen como "buenísima, bella, juiciosa y modesta" (optima, pulchra, sapiens et pudica), nieta del gran emperador cruzado Federico Barbarroja, y luego, sin problema político de sucesión familiar, vuelve a casarse con la francesa Juana de Ponthieu, de la que tuvo otros cinco hijos. En medio de una sociedad palaciega muy relajada su madre doña Berenguela le aconsejó un pronto matrimonio, a los veinte años de edad, y luego le sugirió el segundo. Se confió la elección de la segunda mujer a doña Blanca de Castilla, madre de San Luis.

 Sería conjetura poco discreta ponerse a pensar si, de no haber nacido para rey (pues por heredero le juraron ya las Cortes de León cuando tenía sólo diez años, dos después de la separación de sus padres), habría abrazado el estado eclesiástico. La vocación viene de Dios y Él le quiso lo que luego fue. Le quiso rey santo. San Fernando es un ejemplo altísimo, de los más ejemplares en la historia, de santidad seglar.

 Santo seglar lleno además de atractivos humanos. No fue un monje en palacio, sino galán y gentil caballero. El puntual retrato que de él nos hacen la Crónica general y el Septenario es encantador. Es el testimonio veraz de su hijo mayor, que le había tratado en la intimidad del hogar y de la corte.

 San Fernando era lo que hoy llamaríamos un deportista: jinete elegante, diestro en los juegos de a caballo y buen cazador. Buen jugador a las damas y el ajedrez, y de los juegos de salón.

 Amaba la buena música y era buen cantor. Todo esto es delicioso como soporte cultural humano de un rey guerrero, asceta y santo. Investigaciones modernas de Higinio Anglés parecen demostrar que la música rayaba en la corte de Fernando III a una altura igual o mayor que en la parisiense de su primo San Luis, tan alabada. De un hijo de nuestro rey, el infante don Sancho, sabemos que tuvo excelente voz, educada, como podemos suponer, en el hogar paterno.

 Era amigo de trovadores y se le atribuyen algunas cantigas, especialmente una a la Santísima Virgen. Es la afición poética, cultivada en el hogar, que heredó su hijo Alfonso X el Sabio, quien nos dice: "todas estas vertudes, et gracias, et bondades puso Dios en el Rey Fernando".

 Sabemos que unía a estas gentilezas elegancia de porte mesura en el andar y el hablar, apostura en el cabalgar dotes de conversación y una risueña amenidad en los ratos que concedía al esparcimiento. Las Crónicas nos lo configuran, pues, en lo humano como un gran señor europeo. El naciente arte gótico le debe en España, ya lo dijimos, sus mejores catedrales.

 A un género superior de elegancia pertenece la menuda noticia que incidentalmente, como detalle psicológico inestimable, debemos a su hijo: al tropezarse en los caminos, yendo a caballo, con gente de a pie torcía Fernando III por el campo, para que el polvo no molestara a los caminantes ni cegara a las acémilas. Esta escena del séquito real trotando por los polvorientos caminos castellanos y saliéndose a los barbechos detrás de su rey cuando tropezaba con campesinos la podemos imaginar con gozoso deleite del alma. Es una de las más exquisitas gentilezas imaginables en un rey elegante y caritativo. No siempre observamos hoy algo parecido en la conducta de los automovilistas con los peatones. Años después ese mismo rey, meditando un Jueves Santo la pasión de Jesucristo, pidió un barreño y una toalla y echóse a lavar los pies a doce de sus súbditos pobres, iniciando así una costumbre de la corte de Castilla que ha durado hasta nuestro siglo.

 Hombre de su tiempo, sintió profundamente el ideal caballeresco, síntesis medieval, y por ello profundamente europea, de virtudes cristianas y de virtudes civiles. Tres días antes de su boda, el 27 de noviembre de 1219, después de velar una noche las armas en el monasterio de las Huelgas, de Burgos, se armó por su propia mano caballero, ciñéndose la espada que tantas fatigas y gloria le había de dar. Sólo Dios sabe lo que aquel novicio caballero oró y meditó en noche tan memorable, cuando se preparaba al matrimonio con un género de profesión o estado que tantos prosaicos hombres modernos desdeñan sin haberlo entendido. Años después había de armar también caballeros por sí mismo a sus hijos, quizá en las campañas del sur. Mas sabemos que se negó a hacerlo con alguno de los nobles más poderosos de su reino, al que consideraba indigno de tan estrecha investidura.

 Deportista, palaciano, músico, poeta, gran señor, caballero profeso. Vamos subiendo los peldaños que nos configuran, dentro de una escala de valores humanos, a un ejemplar cristiano medieval.

 De su reinado queda la fama de sus conquistas, que le acreditan de caudillo intrépido, constante y sagaz en el arte de la guerra. En tal aspecto sólo se le puede parangonar su consuegro Jaime el Conquistador. Los asedios de las grandes plazas iban preparados por incursiones o “cabalgadas" de castigo, con fuerzas ágiles y escogidas que vivían sobre el país. Dominó el arte de sorprender y desconcertar. Aprovechaba todas las coyunturas políticas de disensión en el adversario. Organizaba con estudio las grandes campañas. Procuraba arrastrar más a los suyos por la persuasión, el ejemplo personal y los beneficios futuros que por la fuerza. Cumplidos los plazos, dejaba retirarse a los que se fatigaban.

 Esta es su faceta histórica más conocida. No lo es tanto su acción como gobernante, que la historia va reconstruyendo: sus relaciones con la Santa Sede, los prelados, los nobles, los municipios, las recién fundadas universidades; su administración de justicia, su dura represión de las herejías, sus ejemplares relaciones con los otros reyes de España, su administración económica, la colonización y ordenamientos de las ciudades conquistadas, su impulso a la codificación y reforma del derecho español, su protección al arte. Esa es la segunda dimensión de un reinado verdaderamente ejemplar, sólo parangonable al de Isabel la Católica, aunque menos conocido.

Mas hay una tercera, que algún ilustre historiador moderno ha empezado a desvelar y cuyo aroma es seductor. Me refiero a la prudencia y caballerosidad con sus adversarios los reyes musulmanes. "San Fernando —dice Ballesteros Beretta en un breve estudio monográfico— practica desde el comienzo una política de lealtad”. Su obra "es el cumplimiento de una política sabiamente dirigida con meditado proceder y lealtad sin par”. Lo subraya en su puntual biografía el padre Retana.

Sintiéndose con derecho a la reconquista patria, respeta al que se le declara vasallo. Vencido el adversario de su aliado moro, no se vuelve contra éste. Guarda las treguas y los pactos. Quizá en su corazón quiso también ganarles con esta conducta para la fe cristiana. Se presume vehementemente que alguno de sus aliados la abrazó en secreto. El rey de Baeza le entrega en rehén a un hijo, y éste, convertido al cristianismo y bajo el título castellano de infante Fernando Abdelmón (con el mismo nombre cristiano de pila del rey), es luego uno de los pobladores de Sevilla. ¿No sería quizá San Fernando su padrino de bautismo? Gracias a sus negociaciones con el emir de los benimerines en Marruecos el papa Alejandro IV pudo enviar un legado al sultán. Con varios San Fernandos, hoy tendría el África una faz distinta.

Al coronar su cruzada, enfermo ya de muerte, se declaraba a sí mismo en el fuero de Sevilla caballero de Cristo, siervo de Santa María, alférez de Santiago. Iban envueltas esas palabras en expresiones de adoración y gratitud a Dios, para edificación de su pueblo. Ya los papas Gregorio IX e Inocencio IV le habían proclamado "atleta de Cristo” y "campeón invicto de Jesucristo". Aludían a sus resonantes victorias bélicas como cruzado de la cristiandad y al espíritu que las animaba.

Como rey, San Fernando es una figura que ha robado por igual el alma del pueblo y la de los historiadores. De él se puede asegurar con toda verdad —se aventura a decir el mesurado Feijoo— que en otra nación alguna non est inventus similis illi.

Efectivamente, parece puesto en la historia para tonificar el espíritu colectivo de los españoles en cualquier momento de depresión espiritual.

Le sabemos austero y penitente. Mas, pensando bien, ¿qué austeridad comparable a la constante entrega de su vida al servicio de la Iglesia y de su pueblo por amor de Dios?

Cuando, guardando luto en Benavente por la muerte de su mujer, doña Beatriz, supo mientras comía el novelesco asalto nocturno de un puñado de sus caballeros a la Ajarquía o arrabal de Córdoba, levantóse de la mesa, mandó ensillar el caballo y se puso en camino, esperando, como sucedió, que sus caballeros y las mesnadas le seguirían viéndole ir delante. Se entusiasmó, dice la Crónica latina: “ irruit... Domini Spiritus in rege". Veían los suyos que todas sus decisiones iban animadas por una caridad santa. Parece que no dejó el campamento para asistir a la boda de su hijo heredero ni al conocer la muerte de su madre.

Diligencia significa literalmente amor, y negligencia desamor. El que no es diligente es que no ama en obras, o, de otro modo, que no ama de verdad. La diligencia, en último término, es la caridad operante. Este quizá sea el mayor ejemplo moral de San Fernando. Y, por ello, ninguno de los elogios que debemos a su hijo, Alfonso X el Sabio, sea en el fondo tan elocuente como éste: “no conoció el vicio ni el ocio”.

Esa diligencia estaba alimentada por su espíritu de oración. Retenido enfermo en Toledo, velaba de noche para implorar la ayuda de Dios sobre su pueblo. "Si yo no velo —replicaba a los que le pedían descansase— ¿cómo podréis vosotros dormir tranquilos?" Y su piedad, como la de todos los santos, mostrábase en su especial devoción al Santísimo Sacramento y a la Virgen María.

A imitación de los caballeros de su tiempo, que llevaban una reliquia de su dama consigo, San Fernando portaba, asida por una anilla al arzón de su caballo, una imagen de marfil de Santa María, la venerable "Virgen de las Batallas" que se guarda en Sevilla. En campana rezaba el oficio parvo mariano, antecedente medieval del santo rosario. A la imagen patrona de su ejército le levantó una capilla estable en el campamento durante el asedio de Sevilla; es la “Virgen de los Reyes", que preside hoy una espléndida capilla en la catedral sevillana, Renunciando a entrar como vencedor en la capital de Andalucía, le cedió a esa imagen el honor de presidir el cortejo triunfal. A Fernando III le debe, pues, inicialmente Andalucía su devoción mariana. Florida y regalada herencia.

La muerte de San Fernando es una de las más conmovedoras de nuestra Historia. Sobre un montón de ceniza, con una soga al cuello, pidiendo perdón a todos los presentes, dando sabios consejos a su hijo y sus deudos, con la candela encendida en las manos y en éxtasis de dulces plegarias. Con razón dice Menéndez Pelayo: "El tránsito de San Fernando oscureció y dejó pequeñas todas las grandezas de su vida". Y añade: "Tal fue la vida exterior del más grande de los reyes de Castilla: de la vida interior ¿quién podría hablar dignamente sino los ángeles, que fueron testigos de sus espirituales coloquios y de aquellos éxtasis y arrobos que tantas veces precedieron y anunciaron sus victorias?"

San Fernando quiso que no se le hiciera estatua yacente; pero en su sepulcro grabaron en latín, castellano, árabe y hebreo este epitafio impresionante:

"Aquí yace el Rey muy honrado Don Fernando, señor de Castiella é de Toledo, de León, de Galicia, de Sevilla, de Córdoba, de Murcia é de Jaén, el que conquistó toda España, el más leal, é el más verdadero, é el más franco, é el más esforzado, é el más apuesto, é el más granado, é el más sofrido, é el más omildoso, é el que más temie a Dios, é el que más le facía servicio, é el que quebrantó é destruyó á todos sus enemigos, é el que alzó y ondró á todos sus amigos, é conquistó la Cibdad de Sevilla, que es cabeza de toda España, é passos hí en el postrimero día de Mayo, en la era de mil et CC et noventa años."

Que San Fernando sea perpetuo modelo de gobernantes e interceda por que el nombre de Jesucristo sea siempre debidamente santificado en nuestra Patria.

JOSÉ Mª. SÁNCHEZ DE MUNIÁIN

 

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Las motivaciones religiosas de

Fernando III “El Santo”

 

Por Víctor Manuel Dávila Vegas

 

Una aproximación a la figura histórica de Fernando III “el Santo” en la que se mezclan los aspectos biográficos más descriptivos de su personalidad con las principales decisiones políticas de su reinado, incidiendo especialmente en el pensamiento religioso del monarca. Es una forma de rememorar sus conquistas desde la perspectiva de su propia fe, incluyendo por tanto las manifestaciones externas de ésta, como su devoción mariana, el respeto por las imágenes, su afán de cruzada y la forma de afrontar su muerte. Referimos además algunas anécdotas piadosas que se le atribuyen y cuál ha sido su repercusión posterior en la historiografía española y en el culto popular

 

La figura histórica de Fernando III, conocido popularmente como “el Santo” tras su muerte, se acerca al ideal caballeresco bajomedieval de lo que debía ser un buen rey cristiano, implicado abiertamente como “crucesignatus” en el proceso reconquistador peninsular. Una tradición afirma que se armó a sí mismo caballero en 1219, tres días antes de su primera boda, tras velar una noche las armas en el monasterio burgalés de Las Huelgas. Otros relatos indican que fueron su madre o el obispo Mauricio los que le armaron caballero, ciñéndole simbólicamente la espada de Fernán González. Se negó siempre a combatir contra otros reyes cristianos, agotando en estos casos las vías negociadoras. Sí que tuvo que hacer frente a varias revueltas nobiliarias para consolidar su autoridad, tanto al recibir la corona castellana en 1217 como al unificar los reinos de Castilla y León en 1230. Cuando dirigió la guerra contra las posesiones islámicas apenas tuvo que recurrir a levas obligatorias, pues la esperanza de participar en los posteriores repartimientos de tierras y de bienes animaba a sus soldados. El rey fue extremadamente afortunado en sus campañas militares, hasta el punto de no conocer la derrota, a menos que consideremos como tal el levantamiento temporal de varios cercos, como por dos veces el de Jaén, ciudad que finalmente conquistó en 1246. Esta suerte en las armas se contrapone a las desdichadas cruzadas de su primo, el rey Luis IX de Francia, que enfermó de peste y murió por causa de la desastrosa expedición tunecina de 1270. Al igual que Fernando III, este rey francés fue posteriormente canonizado, concretamente en 1297 por el Papa Bonifacio VIII.

No existe ningún relato contemporáneo al reinado de Fernando III que abarque éste en toda su extensión. Las crónicas latinas contemporáneas se centran principalmente en los acontecimientos acaecidos hasta la conquista de Córdoba en 1236. Es el caso de la “Crónica Latina de los Reyes de Castilla”, atribuida al canciller real Juan, obispo de Osma, y el “Chronicon Mundi” del obispo Lucas de Tuy. El Libro IX de “De Rebus Hispaniae” del arzobispo de Toledo Rodrigo Jiménez de Rada hace además mención del período comprendido entre 1236 y 1243, pero de forma muy concisa. Acontecimientos posteriores, como la conquista de las ciudades de Jaén y Sevilla, son narrados por crónicas más tardías, escritas a partir de la segunda mitad del siglo XIII, y que son en su mayoría continuaciones de la crónica de Jiménez de Rada, con un posible origen común en la llamada “Traducción Ampliada del Toledano”. Una crónica que manifiesta su abierta hostilidad hacia la dinastía castellana es la “Crónica de 1344”, refundida hacia 1400, y atribuida al conde de Barcelos, hijo bastardo del rey Dinis de Portugal. El resto de las crónicas exaltan a Fernando III, subrayando su legitimidad mientras tratan, de forma diversa, los conflictos nobiliarios de inicios de su reinado. La homogeneidad narrativa es mayor a partir de la referencia a la conquista de Córdoba, prueba de la existencia de una fuente común. La “Primera Crónica General de España” nos aporta la versión oficial del conjunto del reinado de Fernando III, así como el de sus antecesores. En los siglos XIV y XV los relatos, ya muy distanciados de los hechos, incorporan hazañas nobiliarias y milagros realizados por Fernando III, lo que hace sospechar seriamente de su veracidad. La “Crónica del Santo Rey Don Fernando”, impresa en Sevilla en 1526, supone el enlace entre fuentes medievales adornadas con dudosos aditamentos y las obras de exaltación previas al proceso de canonización del monarca.

Fernando III nació en el monasterio cisterciense de Valparaíso, cerca de la localidad zamorana de Peleas de Arriba, en un descanso realizado por la corte itinerante. El monasterio, del que ya no queda prácticamente nada, tuvo su origen en un albergue fundado para atender a los transeúntes y peregrinos de la Vía de la Plata. Actualmente hay en el lugar un pequeño monumento cuyos azulejos aluden a que allí nació el rey. La fecha de su nacimiento es incierta, oscilando según las fuentes entre 1198 y 1201. Sus padres fueron el rey Alfonso IX de León y doña Berenguela, sobrina de éste e hija del rey Alfonso VIII de Castilla. Este matrimonio fue declarado nulo por no contar con la dispensa papal, pero sí que se consideró legítimos a sus hijos. Cuando se produjo en 1212 la victoria de la coalición cristiana en Las Navas de Tolosa, Fernando era todavía un adolescente. Dicha batalla contribuyó al resquebrajamiento de las estructuras de poder andalusíes, favoreciendo las futuras conquistas de Fernando III. En 1214 ocupó el trono castellano el joven Enrique I, hermano de doña Berenguela, el cual se vio afectado por los manejos de la nobleza. Este rey murió en 1217 a consecuencia de las heridas causadas por una teja que le cayó en la cabeza mientras jugaba en el patio del castillo episcopal de Palencia. Doña Berenguela llamó entonces a su lado a su hijo Fernando, que se había educado principalmente en el reino leonés, y una vez proclamada en Valladolid reina de Castilla abdicó en él. El rey de León, Alfonso IX, montó en cólera al saber el modo en que se había resuelto la sucesión castellana, e inició una expedición militar de castigo que dañó especialmente a la Tierra de Campos palentina. Acaeció entonces uno de los primeros episodios que fraguaron entre el pueblo la aureola de bondad de Fernando. El recién proclamado rey castellano se negó a combatir abiertamente contra su padre, enviando a éste una carta conciliadora. Alfonso IX aceptó las explicaciones de su hijo y se retiró de Castilla a cambio del pago de una indemnización de once mil maravedíes, extremo acordado en la llamada Paz de Toro. Fue precisamente en esta localidad donde murió por entonces uno de los nobles castellanos más levantiscos, el conde Álvaro Núñez de Lara. Revueltas nobiliarias menores estallaron en 1220 y 1221, encabezadas respectivamente por el señor de Cameros y el señor de Molina. Progresivamente se consolidó el poder real de Fernando, gracias en gran medida al apoyo de las ciudades y los obispados. Estos últimos, que litigaban con la corona castellana por el señorío de villas o la propiedad de bienes, aceptaron de buen grado los usos piadosos del monarca con la esperanza de verse favorecidos.

El reinado de Fernando III supuso la reunificación definitiva de los reinos de Castilla y León. Este acontecimiento se produjo en 1230, año de la muerte de Alfonso IX, ocurrida cuando se dirigía a Compostela tras la conquista de Mérida. Alfonso IX, despechando a su hijo Fernando, dejó como herederas del reino de León a las infantas Sancha y Dulce, hijas de su primer matrimonio con Teresa de Portugal, matrimonio que al igual que el contraído luego con doña Berenguela había sido anulado por las autoridades eclesiásticas. Esta decisión sucesoria parecía una locura destinada a sembrar la inestabilidad en el reino leonés, tanto por el hecho de no haber un único heredero como por no respetar el juramento que las Cortes de León habían expresado hacia Fernando cuando éste era adolescente, reconociéndole como futuro rey. Al conocer la muerte de Alfonso IX, doña Berenguela instó a su hijo Fernando a que marchase a León para reclamar este reino. Fernando III, acompañado por su madre, entró en el reino de León, donde algunas poblaciones le aclamaron como soberano. Doña Berenguela se entrevistó con Teresa de Portugal, la cual fue posteriormente canonizada por la Iglesia, tanto por su vida conventual como por su decisiva actuación en estos momentos. Teresa, viendo los conflictos que podrían derivarse del mantenimiento de la separación de los reinos de Castilla y León, aceptó la renuncia del derecho al trono de sus hijas, las cuales recibieron como compensación grandes rentas. Dicha renuncia se hizo efectiva en el Tratado de Benavente. Cuando Fernando III entró como nuevo rey en la ciudad de León no estaban allí para recibirle algunos de los principales dignatarios del reino, como el arzobispo de Santiago y otros obispos, seguramente contrarios a dicha elección. También se le oponía el merino mayor, que aun así fue ratificado en su puesto. Es decir, Fernando III no quiso alterar el funcionamiento normal de las instituciones leonesas para encontrar así mayores apoyos. Fue en Galicia donde la clase señorial se mostró más reacia a la unión política con Castilla, lo que se tradujo en algunas revueltas.

El rey Fernando III se casó en dos ocasiones. En la concertación de ambos matrimonios fue determinante el consejo de su madre doña Berenguela. En 1219 se casó con la alemana Beatriz de Suabia, nieta del emperador cruzado Federico I “Barbarroja”. Los cronistas la describen como “optima, pulchra, sapiens et pudica”. Con ella el monarca castellano-leonés tuvo siete hijos varones y una hija. La reina Beatriz murió en 1234, año en que el rey no encabezó expediciones contra los territorios musulmanes, centrándose en la represión de algunas revueltas nobiliarias en el Norte de Castilla. Algunas de las grandes conquistas meridionales del monarca se produjeron tras guardar durante un tiempo luto por su esposa Beatriz. En 1237 Fernando III se casó con la francesa Juana de Ponthieu, en cuya elección intervino la madre del rey francés Luis IX, doña Blanca de Castilla. Con la reina Juana tuvo Fernando III otros cinco hijos.

Las frases o circunstancias milagrosas atribuidas a Fernando III aparecen principalmente en crónicas tardías alejadas de los hechos y que recogen diversas tradiciones legendarias, por lo que hemos de citarlas con cierto escepticismo. El poner frases casi literales en boca de personajes históricos fue algo muy del gusto de la historiografía decimonónica y anterior, lo que daba un cierto toque novelado a dichas obras. Lo más probable es que la mayoría de esas frases no se dijeran, o que la idea expresada se dijera con otras palabras, pero en todo caso son frases ya casi petrificadas que reflejan la personalidad y el carácter de las figuras históricas a las que se les atribuyen. Una de las tradiciones milagrosas relacionadas con Fernando III indica que cuando tenía diez años se puso muy enfermo, sin poder comer ni dormir. Su madre llevó entonces al niño al monasterio burgalés de Oña. Rezó y lloró durante una noche entera ante una imagen de la Virgen, hasta que el niño se durmió. Despertó sano y pidiendo algo de comer. Todavía esta historia (importante para entender la devoción mariana que luego tuvo el rey) era contada en la década de 1950 por algunos jóvenes frailes del monasterio de Oña en el catecismo impartido a los niños de los pueblos cercanos.

De la educación religiosa de Fernando III se ocupó su madre doña Berenguela. A ella unió la formación en otros saberes y en prácticas caballerescas, como el manejo de las armas, la equitación, la caza, la música y los juegos de salón. Alternaba la plácida vida cortesana con algunas penitencias. Las prácticas piadosas no centraban su vida, sino que se integraban como un elemento más de la misma. Las fuentes describen en general a Fernando como caballero apuesto, pero hay también alguna referencia malintencionada a que pudo ser un poco bizco. Cuentan que, yendo a caballo acompañado de más caballeros, al encontrarse con los caminantes, torcía por el campo para que la polvareda no les molestase. Un Jueves Santo pidió un barreño y una toalla, y se puso a lavar los pies de doce personas pobres. Este gesto fue repetido por algunos de sus sucesores en el trono castellano. La guerra quiso sólo reservarla para la conquista de las posesiones islámicas, con afán casi de misión, pues no se conformaba con ningún territorio, ni se detenía mucho en la reorganización de las nuevas tierras, sino que proyectaba sin cesar más campañas. Esta actitud contrasta con la de otros reyes castellanos posteriores, que se acostumbraron acomodaticiamente al cobro de parias al reino de Granada, realentizando la reconquista, si bien es verdad que tuvieron que hacer frente a problemas políticos internos y a la articulación administrativa eficaz de los nuevos dominios.

Los relatos hagiográficos que se ocupan de Fernando III indican que no sólo no se consideraba superior a nadie, sino que además pensaba que de todos podía recibir sugerencias acertadas. Se rodeaba de doce varones sabios, origen del Consejo de Castilla. Dicen que temía más la maldición de una viejecita pobre de su reino que a los ejércitos de los mahometanos, y que confiaba más en las oraciones de los religiosos que en el valor de sus soldados. Consideraba que en las batallas era la Virgen María la que peleaba y la que vencía, por lo que a ella le reservaba los honores del triunfo. Compartía con sus soldados las incomodidades de las campañas, velaba en ocasiones junto a los guardias y centinelas, y visitaba a los heridos tras cada batalla. Fue clemente con los adversarios que se le rendían, pero castigó con el destierro a los que le presentaron resistencia. En la administración de justicia no se dejó arrastrar por las reclamaciones de los más ricos frente a los más pobres, sino que procuraba defender los derechos de estos últimos. No buscó con sus conquistas la gloria personal, de modo que simplemente se declaraba “Caballero de Cristo, siervo de Santa María y alférez de Santiago”. Un relato legendario indica que, cuando unos nobles le comentaron que no convenía que un príncipe se sujetase y obedeciese tanto a su madre, él respondió que dejaría de obedecer cuando dejase de ser hijo.

Con respecto a los herejes, Fernando III suavizó la legislación, cambiando la pena de muerte por el destierro. Promovió la traducción del “Liber Iudiciorum” o Fuero Juzgo al castellano, dando así rango legislativo a dicha lengua, que se empezó a usar además en los documentos oficiales. El Fuero Juzgo fue entregado como fuero municipal a muchas de las ciudades reconquistadas, mientras que a otras se les aplicó el Fuero de Cuenca. Fernando III proyectó unificar y refundir la legislación existente, tarea que llevó finalmente a cabo su hijo y sucesor Alfonso X. Apoyó también el desarrollo de las escuelas episcopales y del Estudio General de Salamanca, fundado hacia 1218 por su padre Alfonso IX, y que fue la segunda universidad instaurada en España. La primera había sido la de Palencia, abierta hacia 1210. En el reinado de Fernando III se organizó un poco mejor la actividad cultural desplegada por los llamados “traductores”, algunos de los cuales se establecieron en Toledo. Continuó en auge la lírica popular galaico-portuguesa, muchas de cuyas cantigas fueron luego recopiladas en el reinado de Alfonso X bajo el patrocinio de éste. Fernando III favoreció la incipiente arquitectura gótica, iniciándose en su reinado la construcción de las catedrales de Burgos, Toledo, León y Palencia. Permitió la actuación de las recién creadas órdenes mendicantes, cuya espiritualidad se contraponía a las ambiciones patrimoniales del clero oficial. Fue él quien reunió en 1250 por vez primera las Cortes unificadas de Castilla y de León, signo de la preocupación por encontrar formas consensuadas de gobierno en sus heterogéneos dominios.

La victoria de Alfonso VIII de Castilla frente al califa almohade al-Nasir en la batalla de Las Navas de Tolosa en 1212 supuso la apertura y el control de los pasos que comunican la Meseta y Andalucía, invitando así a los ejércitos cristianos a emprender nuevas campañas reconquistadoras. Éstas experimentaron un gran impulso en el reinado de Fernando III, si bien el tipo de colonización realizado supuso la expansión del feudalismo castellano y favoreció el desarrollo del sistema latifundista. La conquista de grandes ciudades y las cesiones realizadas en favor de las instituciones eclesiásticas contribuyeron al renombre y fama de santo que el rey tuvo tras su muerte, pero no bastan para explicar el arraigo popular de la veneración expresada hacia Fernando III. La distorsión historiográfica bajomedieval de su figura, aderezada con leyendas, milagros y acciones admirables tuvo que tener como base la sincera religiosidad del monarca.

Una vez pacificado el reino catellano, Fernando III reemprendió las acciones militares meridionales, recibiendo para ello por escrito el apoyo espiritual del Papado. La muerte del califa almohade al-Mustansir en 1224 abrió una crisis sucesoria que supuso la fragmentación del territorio andalusí en varios reinos. El rey de Baeza al-Bayasí, vasallo del monarca castellano, es responsabilizado por las crónicas islámicas de haber incitado a Fernando III a luchar contra los otros reinos andalusíes. Cuando al-Bayasí fue asesinado por sus súbditos en 1226, Fernando III se apoderó de Baeza. Fue ocupando en años sucesivos fortalezas menores y suscribió algunas treguas, como la que obligaba al gobernador de Sevilla Abu l-Ula a entregar ingentes cantidades de dinero. Los otros reinos cristianos peninsulares también aprovecharon por entonces la inestabilidad andalusí para llevar más al Sur sus fronteras. Fernando III fracasó por dos veces en el asedio de Jaén, y tuvo que retirarse en 1230 para hacer valer sus derechos al trono leonés. Durante los años que el rey dedicó a la consolidación de su gobierno en el ámbito leonés, emprendieron la reconquista de pequeñas ciudades las órdenes militares, el arzobispo de Toledo Rodrigo Jiménez de Rada y algunos miembros de la nobleza. En 1233 Fernando III se desplazó nuevamente al espacio andalusí, obteniendo la capitulación de Úbeda. El año siguiente el rey no hizo incursiones en las tierras musulmanas, tanto por la muerte de su esposa Beatriz como por el estallido de algunas revueltas nobiliarias.

Con la toma de Córdoba en 1236 se inició la llamada época de las grandes conquistas, en las que el rey participó de forma directa. El gobierno de los reinos tradicionales fue encargado a miembros de la familia regia, especialmente a la madre del monarca, doña Berenguela, y a su hermano Alfonso, señor de Molina, que debían además enviar recursos para financiar las campañas andaluzas. Fernando III acudió con sus huestes a Córdoba al saber que unos caballeros cristianos habían ocupado las torres de la Ajarquía. Tras cinco meses de cerco, la antigua capital califal capituló, lo que supuso un gran golpe propagandístico. La mezquita fue transformada en iglesia y se restauró la vieja diócesis, aunque subordinada a la de Toledo. Hubo también alborozo en la Curia romana, que concedió a Fernando III más fondos, prebendas y derechos de presentación de los rectores de las nuevas iglesias. Córdoba experimentó tras su conquista penurias y escaseces, lo que obligó al envío de fondos desde los territorios del Norte. El rey permaneció algún tiempo en Burgos tras su matrimonio en 1237 con Juana de Ponthieu. Villas y castillos de la campiña cordobesa se fueron entregando mediante pactos. En 1243 el rey de Murcia entregó su territorio al infante Alfonso que, un año después, firmó con Jaime I de Aragón el tratado fronterizo de Almizra. En virtud de dicho acuerdo, Alicante quedó reservado para la Corona de Castilla, si bien en 1304 se cederá al reino de Valencia por el tratado de Campillo. Todavía uno de los castillos de la ciudad de Alicante recibe el nombre de San Fernando. En 1246 capituló Jaén ante los ejércitos castellanos encabezados por el rey tras seis meses de asedio. Se trataba de una cesión del nuevo rey de Granada, al-Ahmar, que además tuvo que hacerse vasallo y comprometerse al pago anual de grandes subsidios. Dos años después se trasladó la sede episcopal de Baeza a Jaén.

En la conquista de Sevilla, acaecida en 1248 tras quince meses de cerco, fue decisivo el control de los accesos fluviales a la ciudad por medio de una flota mandada por Ramón Bonifaz, y en gran parte construida para tal efecto en los astilleros del Norte. Las circunstancias del asedio son conocidas con gran detalle, signo de que las crónicas valoraron la toma de Sevilla como un hecho culminante en el proceso reconquistador. Primeramente fueron capitulando las fortalezas cercanas a la ciudad, y cuando ya la situación era insostenible para los sitiados se iniciaron las negociaciones de paz. Fernando III rechazó varias de las propuestas recibidas, exigiendo la entrega total de la ciudad y el éxodo de su población islámica en el plazo de un mes. Así se acordó, de modo que los musulmanes se fueron marchando escalonadamente con sus pertenencias o con el dinero recibido por la venta de sus bienes muebles. Sevilla, a pesar de verse demográficamente diezmada, se convirtió en sede de la corte y en cabecera del reino castellano-leonés hasta la muerte del monarca en 1252. Allí se desarrolló en los últimos años de su reinado una intensa actividad judicial, resolviéndose en presencia del rey muchos litigios institucionales y entre particulares. Desde Sevilla se organizaron nuevas campañas que se saldaron con la conquista de algunas ciudades más, como Jerez.

Para repoblar las ricas tierras andaluzas se siguió el sistema de los repartimientos, en el que pueden rastrearse algunos de los elementos que desembocarán en el latifundismo andaluz. Los donadíos supusieron la entrega de bienes inmuebles a las aristocracias civiles, militares y eclesiásticas, mientras que los heredamientos implicaron el reparto de tierras entre los verdaderos pobladores, procedentes de los territorios cristianos septentrionales, y entre los que había tanto caballeros como campesinos. Los bienes que estos dejaron en el Norte peninsular fueron rápidamente fagocitados por los concejos o por las instituciones nobiliarias y eclesiásticas. Los repartimientos consolidaron en definitiva las diferencias sociales existentes entre los que participaron en ellos. Fueron a la larga un desacierto de Fernando III en cuanto a la búsqueda de una mayor justicia social, pero satisficieron de forma urgente las ansias de recompensa de los promotores de la reconquista.

La intensidad actual del culto mariano en Andalucía tiene a Fernando III como uno de sus primeros adalides históricos. El rey hacía llevar siempre consigo en las campañas en que participaba imágenes marianas. Así, la toma de Córdoba en 1236 la efectuó en compañía de una imagen llamada la Virgen de Linares, conservada ahora en el santuario del mismo nombre, situado a 12 kilómetros de la ciudad. En el caso del asedio de Sevilla el rey se hizo acompañar de tres imágenes de la Virgen María. Una de ellas es la llamada Virgen de los Reyes, que presenta en el pie derecho una flor de lis, y que fue la que entró triunfalmente en Sevilla en lugar del rey cuando se consumó la conquista de la ciudad. Por deseo del rey dicha imagen se encuentra cerca de su sepulcro, en la catedral de Sevilla. Otra de las tres imágenes mencionadas es una Virgen de plata, la cual está en medio del retablo de la iglesia Mayor de Sevilla. La tercera imagen es la llamada Virgen de las Batallas, una pequeña talla de marfil que el rey llevaba en su caballo sobre el arzón de la silla, y que también se conserva en la catedral sevillana. La devoción mariana de Fernando III pudo suponer un elemento más de contraposición a los valores e ideales defendidos por la cultura islámica, por lo que su introducción en Andalucía estaría al servicio de la renovación religiosa deseada. Dicha devoción se atisba además por una cantiga que se atribuye al rey y por los nombres dados a algunos de los templos que se habilitaron o construyeron durante su reinado en el ámbito andaluz. Entre ellos está la capilla mudéjar de Nuestra Señora de Valme en el municipio de Dos Hermanas, cuya advocación alude a una supuesta rogativa del rey en el asedio de Sevilla: “Valedme, Señora”. En campaña rezaba el oficio parvo mariano, una especie de antecedente del rosario. Con el asunto de las imágenes fue el rey escrupuloso, pues no quiso que se le erigiese en vida ninguna estatua ni que se cincelase estatua yacente para su sepulcro, y en cambio movilizó a muchas personas para cubrir los oficios que se le debían dispensar a la imagen de la Virgen de los Reyes. Veía por tanto en las imágenes un signo casi vivo de exaltación y glorificación que reservaba para lo sagrado.

Existe una leyenda relativa a la decisión tomada por Fernando III de mantener la corte en Sevilla tras la conquista de la ciudad y hasta su muerte. Según esta leyenda, un truhán o juglar que mezclaba los donaires con las advertencias, viendo que los cortesanos tenían casi convencido al rey para que abandonase con su séquito Sevilla, rogó a éste que subiese con él a una torre alta para ver la hermosura de la ciudad. Una vez allí le pidió que no la desamparase, por si su mediana población no fuese suficiente para conservarla. El relato indica que el rey prometió no abandonar ya nunca Sevilla. El caso es que Sevilla se convirtió en algo así como la capital castellano-leonesa hasta la muerte del rey, que quiso ser allí sepultado. Sevilla es la ciudad en que la devoción hacia San Fernando es más fuerte, hasta el punto de tenerlo como patrono. Son diversos los ritos que sirven para recordar y honrar al monarca, como la procesión de su espada por las naves de la catedral sevillana cada 23 de Noviembre, aniversario de la toma de la ciudad. La espada es paseada por el alcalde, que ha de cogerla por la punta. El día del Corpus uno de los pasos sacados en procesión por Sevilla es el de San Fernando. Se trata de una escultura hecha por Pedro Roldán en 1671, año de la canonización del rey, y que lleva al cuello una medalla de la Virgen de los Reyes. Existe también en Sevilla una estatua ecuestre de San Fernando, en la llamada Plaza Nueva, mirando hacia el Ayuntamiento. Es obra de Joaquín Bilbao y se integra como remate en un monumento finalizado en 1924. El nombre de San Fernando está además presente en numerosas instituciones sevillanas, así como en menor medida en otras instituciones y lugares de España e Hispanoamérica.

En cuanto a la iconografía, se aprecia cierta diferenciación entre las imágenes religiosas de San Fernando y las imágenes historicistas del monarca. Estas últimas, características de las obras historiográficas antiguas, suelen ser retratos ecuestres o entronizados del rey, en ocasiones recibiendo el vasallaje de reyes islámicos o sosteniendo símbolos de poder, como la espada, el cetro y la bola coronada por una cruz, alusión a la lucha por la extensión universal de la fe cristiana. Las imágenes piadosas presentan en algunos casos a San Fernando mirando al cielo en actitud de súplica o mezclándose entre los pobres con limosnas. La primera imagen religiosa de San Fernando, obra de Claude Audane “el Viejo”, data de 1630. Posteriormente, en 1633, Francisco Pacheco representó en un cuadro la entrada de Fernando III en Sevilla.

No son muchos los tipos monetarios que se adjudican con seguridad al reinado de Fernando III, pues existen todavía importantes lagunas en el estudio numismático de este período, en el cual se extenderían los llamados dineros burgaleses, así como las piezas conocidas como doblas o castellanos, si bien estas últimas son mucho más frecuentes en el reinado de su sucesor, Alfonso X. Las monedas mejor conocidas del reinado de Fernando III son las piezas de vellón acuñadas en territorio leonés. En La Coruña se emitieron dineros cuyo anverso lo formaba una cruz florenzada que partía la gráfila interior y que presentaba veneras en los cuadrantes. Y es que la venera era el símbolo característico de la ceca coruñesa. En el reverso iba un león mirando a la izquierda. En León se acuñaron óbolos y dineros que presentaban en el anverso una cruz patada con veros heráldicos sobre vástagos en los cuadrantes, mientras que en el reverso iba una pequeña cruz sobre un árbol flanqueado por leones. La leyenda más propia de todas estas acuñaciones era la de “Moneta legionis”, es decir, “Moneda de León”, omitiéndose el nombre del rey, a diferencia de lo que solía ser normal en reinados anteriores y posteriores. Esta omisión del nombre del soberano dificulta la identificación de los tipos monetarios propios del reinado de Fernando III, y en ella podría verse tal vez un signo más de la humildad que las crónicas le atribuyen. Fernando III estuvo entre los monarcas que decidieron que su imagen no fuera representada en las monedas, pues tales imágenes eran de ínfima calidad y aclaraban poco acerca del verdadero aspecto de los reyes. Y además Fernando III mostró siempre aversión hacia toda representación suya hecha para glorificarle, prefiriendo exhibir en las victorias o en la iconografía oficial los antiguos símbolos territoriales.

En el modo de morir se refleja también la extrema religiosidad manifestada por Fernando III, que quiso humillarse conscientemente a pesar de su condición de rey. Su teatralidad la entendemos como nacida de la fe y no de la falsedad. Entre las últimas enfermedades que le acometieron se encontraba la hidropesía, dolencia consistente en el derrame o acumulación de líquidos en tejidos u órganos internos. Viendo que se acercaba su muerte en la Sevilla reconquistada, Fernando III se despreocupó de los asuntos de gobierno y se centró en los cuidados espirituales de su tránsito. Tomó los últimos sacramentos con gran devoción. Antes de comulgar se postró en tierra con un crucifijo entre la manos sobre un montón de cenizas (como haría años después para morir su primo San Luis), y se colocó una soga al cuello, dando muestras de gran arrepentimiento por sus pecados. Pidió además perdón a los circunstantes por los agravios que hubiera podido causarles, a lo que estos respondieron que sólo mercedes habían recibido. Hizo retirar de la sala todos los adornos y las insignias que pudieran recordar su calidad de rey o sus victorias, queriéndose así desprender simbólicamente de todo ante el poder igualador de la muerte. Se despidió de su segunda esposa y de sus hijos dándoles algunos consejos, especialmente al infante don Alfonso, que pronto reinaría con el título de Alfonso X y el sobrenombre popular de “el Sabio”. El rey tuvo después la sensación de que su alma se iba a salvar y pidió por ello con alegría que le encendiesen una vela en representación del Espíritu Santo. Sus últimas palabras aludieron a que desnudo había nacido y desnudo se ofrecía a la tierra. Murió entre los rezos y cantos religiosos de quienes le acompañaban, seguramente al amanecer del jueves 30 de mayo de 1252, si bien en su epitafio sepulcral se alude al “postrimero día de mayo”. El día 30 de mayo fue posteriormente instaurado como el de San Fernando, coincidiendo ahora su festividad con la de la santa francesa Juana de Arco, quemada en la hoguera en Ruán en 1431 bajo la acusación de brujería, y luego canonizada en 1920 por el Papa Benedicto XV.

El cuerpo de Fernando III fue según la tradición envuelto en ricas telas arabigoandaluzas y colocado en un sepulcro de la capilla real de la catedral de Sevilla, santuario en el que todavía permanece. Allí mandó poner el nuevo rey Alfonso el siguiente epitafio, cuya redacción (que aquí transcribimos en castellano moderno) se le atribuye: “Aquí yace el muy honrado Fernando, señor de Castilla y de Toledo y de León y de Galicia, de Sevilla, de Córdoba, de Murcia, de Jaén, el que conquistó toda España, el más leal, el más verdadero, el más franco, el más esforzado, el más apuesto, el más granado, el más sufrido, el más humilde, el que más teme a Dios, el que más le hace servicio, el que quebrantó y destruyó a todos sus enemigos, el que alzó y honró a todos sus amigos y conquistó la ciudad de Sevilla, que es cabeza de toda España”.

Nada más morir empezó a crecer su fama de santo, de modo que en los aniversarios de su muerte se paralizaba la actividad normal en Sevilla, concentrándose la gente con insignias, cirios y ofrendas en torno al sepulcro del rey. El soberano islámico de Granada envió cien representantes nobles para que participasen en las exequias de Fernando III portando antorchas encendidas. Las hagiografías fernandinas han querido ver en este gesto que incluso los reyes islámicos sentían pesar por su muerte, pero es más lógico pensar que experimentaron alivio, ya que Fernando III había dado un impulso mayor del esperado a la reconquista cristiana de la península. Incluso llegó a enviar un ejército al Norte de África, y las crónicas aluden a su deseo de trasladar la guerra a África para debilitar más aún a los enfrentados reinos islámicos. En el proceso abierto en el siglo XVII para su beatificación y canonización se estudiaron los supuestos milagros atribuidos por los fieles al rey, “muchos más realizados en muerte que en vida”, destacando entre ellos los relacionados con la defensa y amparo de los presos por razones de guerra o de causas injustas, en lo que se quiere ver un reflejo de la piedad mostrada en vida por el rey hacia sus enemigos capturados. Pero todo esto se escapa de la certeza histórica, entrando en el ámbito de las conjeturas o de la fe.

Entre los elementos tenidos en cuenta en los procesos de beatificación y canonización de Fernando III estuvo el estado de conservación de su cadáver. Su sepulcro fue por primera vez abierto para examinar el cuerpo en 1631, y más tarde se volvió a abrir en 1668. Los médicos y cirujanos, delante de las autoridades eclesiásticas, comprobaron que el cuerpo había experimentado un proceso de momificación natural, conservándose su piel, tejidos y articulaciones, salvo en una pierna que dejaba los huesos al descubierto desde la rodilla hasta el pie. Sorprendió el hecho de que no desprendiese mal olor. Su estado contrastaba con el de otros cuerpos de la familia real también depositados en la catedral de Sevilla, los cuales se encontraban mucho más corrompidos y desbaratados. En la actualidad el cuerpo del rey se encuentra dentro de una urna de plata, dentro de la cual ha continuado su proceso de lenta destrucción, provocada por microlepidópteros y coleópteros que atacan los tejidos momificados.

Uno de los hijos de Fernando III, el infante Felipe, tal vez influido por la piedad manifestada por su padre, inició la carrera eclesiástica y cursó estudios en la universidad de París. Una vez conquistada Sevilla, se restauró su sede arzobispal, y al frente de la misma fue colocado el infante Felipe. Pero algunos años después de la muerte de su padre, Felipe renunció a la dignidad pastoral, casándose con la princesa Cristina de Noruega. Esto podría interpretarse como que la profunda educación religiosa recibida en la corte de Fernando III por deseo de éste, hizo a uno de sus hijos confundir su verdadera vocación. Otros dos hijos varones del rey abrazaron el estado eclesiástico, y una de sus hijas, llamada Berenguela, permaneció como monja en el monasterio burgalés de Las Huelgas.

Con respecto a los reyes islámicos de los territorios andalusíes, la actitud de Fernando III consistió en el cumplimiento leal de los acuerdos suscritos, si bien es cierto que las condiciones de dichos acuerdos solía fijarlas siempre el soberano castellano-leonés de forma muy favorable a sus intereses gracias a la fortuna en las armas, incluyendo la prestación de vasallaje por parte de los derrotados o intimidados reyes meridionales. Guardando las treguas y los pactos reintrodujo un componente caballeresco casi ya olvidado en las luchas intestinas que agitaban al espacio andalusí. El rey islámico de Baeza, al-Bayasí, entregó antes de morir a Fernando III como rehén a uno de sus hijos, el cual, no sabemos si por conveniencia o de forma sincera, se convirtió al cristianismo y fue bautizado como Fernando Abdelmón, pasando a integrarse luego en la nueva nobleza sevillana. La adopción del nombre de Fernando y la concesión del título castellano de infante parecen indicar que el rey Fernando III fue su padrino de bautismo. Incluso es posible que el propio al-Bayasí se hiciera cristiano siendo ya un jeque anciano, lo que refieren con vergüenza los cronistas musulmanes. No hubo por tanto en Fernando III ningún atisbo de racismo, aunque estaba clara su actitud integrista en materia religiosa, propia de un rey cruzado. Ejemplo de la diplomacia fernandina es la intercesión para que el Papa pudiera enviar un legado al sultán de los benimerines de Marruecos. El cronista musulmán al-Himyari, a pesar de lamentar los avances reconquistadores del monarca castellano-leonés, alude a él como “un hombre dulce, con sentido político”.

Una de las actuaciones historiográficamente más criticadas de Fernando III es el hecho de que prácticamente vaciase de población musulmana las ciudades de Córdoba, Jaén y Sevilla tras su conquista. Era tanto un castigo por la resistencia ofrecida como un aviso a las ciudades que todavía estaban por someter. Además esta expulsión dejaba al rey una mayor libertad para reorganizar el funcionamiento de los territorios conquistados, evitando posibles revueltas religiosas. Posteriormente el rey permitía el regreso de parte de la población musulmana, la cual debía integrarse en la nueva estructuración de las grandes ciudades. Fernando III acompañaba por tanto sus acciones militares con otras encaminadas a debilitar la fe islámica en territorio peninsular, lo que indica su concepción de la reconquista como cruzada. Parte de la población musulmana expulsada pasaba a otros territorios peninsulares todavía controlados por los poderes islámicos, y una parte menor cruzaba a África, aminorando así la tensión religiosa en las regiones reconquistadas. El historiador tunecino Ibn Jaldún, descendiente de emigrados, hace referencia con dolor a este éxodo sufrido por la población hispanomusulmana. La nostalgia por la progresiva pérdida de al-Ándalus estuvo presente en la poesía y en la historiografía árabe, y constituye aún hoy en día un tema recurrente.

Desde poco después de su muerte e incluso antes de la misma, Fernando III fue ensalzado por diversas personalidades, empezando por su hijo y sucesor Alfonso X, que le describió como lleno de virtudes, gracias y bondades. El monje benedictino y ensayista español Benito Jerónimo Feijoo (1676-1764) quedó cautivado por la biografía del monarca, hasta el punto de decir que en ninguna parte se ha encontrado alguien semejante a él. El Papa Gregorio IX (“1227-1241”), cuando aún vivía el rey, le proclamó “Atleta de Cristo”, y el Papa Inocencio IV (“1243-1254”), deslumbrado por sus victorias y por la humildad con la que las recibía, le llamó “Campeón invicto de Jesucristo”. Fernando III fue canonizado el 4 de febrero de 1671 por el Papa Clemente X. La documentación de los procesos de beatificación y canonización se conserva en los fondos de la catedral de Sevilla, junto a otros elementos relacionados con el monarca, como su espada, las llaves de la ciudad de Sevilla, sellos medievales, el epistolario…Muchos de estos objetos fueron expuestos en el trascoro de la catedral en el año 2002 con motivo del 750 aniversario de su muerte. También ese año se celebró en Sevilla un congreso internacional sobre su figura, y en cuya inauguración participaron los reyes de España.

Fernando III, al igual que otros personajes relevantes de la historia española, tuvo su sitio, bajo el signo del interés, en la didáctica franquista, caracterizada en gran medida por la recopilación resumida de biografías ejemplarizantes. Una colección de tebeos mexicana publicada por la editorial Novaro y titulada “Vidas Ejemplares” dedicó en 1965 uno de sus números a San Fernando. En él el rey es descrito como un perfecto caballero cristiano centrado en la empresa reconquistadora. Para fascinar al público infantil el tebeo incide especialmente en los episodios militares, y recoge además la leyenda de que el rey entró en secreto en Sevilla durante su asedio para rezar a la escondida imagen de la Virgen de la Antigua, imagen que en cambio otros consideran que fue la que el rey hizo entrar triunfalmente en Jaén. Actualmente la figura de Fernando III sigue despertando sentimientos encontrados, debido principalmente a la interrelación que hizo de política y religión. En todo caso el devoto rey, hijo de su tiempo, cambió la faz del territorio ibérico, unificando dos reinos cristianos y haciendo retroceder con ardor inesperado los dominios del Islam.

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Víctor Manuel Dávila Vegas – ARBIL Nº 86 - 2004

Blibliografía
- Álvarez Burgos, Fernando; Catálogo de la moneda medieval castellano-leonesa. Siglos XI al XV; Madrid; 1998.
- Ansón, Francisco;
Fernando III. Rey de Castilla y León; Madrid; 1998.
- González, Julio; “Las conquistas de Fernando III en Andalucía”;
Hispania nº 25; 1946.
- González, Julio;
Reinado y diplomas de Fernando III; 3 Volúmenes; Córdoba; 1980-1986.
- González Jiménez, Manuel;
En torno a los orígenes de Andalucía: la repoblación del siglo XIII; Sevilla; 1980.
- González Jiménez, Manuel;
La conquista de Sevilla; Madrid; 1985. - Iradiel, Paulino – Moreta, Salustiano – Sarasa, Esteban; Historia medieval de la España cristiana; Madrid; 1989.
- Rodríguez López, Ana;
La consolidación territorial de la monarquía feudal castellana. Expansión y fronteras durante el reinado de Fernando III; Madrid; 1994.
- Sánchez de Muniáin, José María; “San Fernando III de Castilla y León”;
Año Cristiano; Tomo II; Madrid; 1959.
- Solano, F. P.; Fernando III el Santo; Madrid; 1959.

 

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S. S. Juan Pablo II: "Cualquiera que, conociendo el Antiguo y el Nuevo Testamento, lee el Corán, ve con claridad el proceso de reducción de la Divina Revelación que en él se lleva a cabo. Es imposible no advertir el alejamiento de lo que Dios ha dicho de Sí mismo, primero en el Antiguo Testamento por medio de los profetas y luego de un modo definitivo en el Nuevo Testamento por medio de su Hijo. Toda esa riqueza de la autorrevelación de Dios, que constituye el patrimonio del Antiguo y del Nuevo Testamento, en el islamismo ha sido de hecho abandonada.

 

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"Mientras el Evangelio nos obliga a los cristianos a amar y a perdonar. No nos obliga a ser ingenuos"

 

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Encuentros marcados por el miedo. Una pesadilla que anida en el ánimo y la mente de quienes nacieron bajo el signo de Alá y su profeta Mahoma pero han decidido seguir a Cristo. Son conscientes de que la apostasía en el Islam no es un simple sustantivo, sino la posibilidad de una condena a muerte, pero hay quien está decidido a desafiar al terror. Son fieles cristianos y ciudadanos europeos que se sienten discriminados y temen por su vida. Hasta hoy han sobrevivido huyendo de cualquier manifestación pública de su fe. Ahora reivindican su derecho a vivirla abiertamente. Magdi Allam /Mar Velasco - Roma.- 2003-10-29

 

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Como escribe el Papa Juan Pablo II a los obispos de Asia. “Aunque la Iglesia reconoce con gusto cuanto hay de verdadero y de santo en las tradiciones religiosas del Budismo, del Hinduismo y del Islam -reflejos de aquella verdad que ilumina a todos los hombres-, sigue en pie su deber y su determinación de proclamar sin titubeos a Jesucristo, que es “el camino, la verdad y la vida”... El hecho de que los seguidores de otras religiones puedan recibir la gracia de Dios y ser salvados por Cristo independientemente de los medios ordinarios que Él ha establecido, no quita la llamada a la fe y al bautismo que Dios quiere para todos los pueblos.” La Virgen nos asista en esta misión a nosotros encomendada. S. S. JUAN PABLO II – MAGNO  -  2003.

 

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El cristianismo, como es sabido, no nació en Europa, sino en Asia Menor, en la encrucijada de tres continentes, el asiático, el africano y el europeo. Por este motivo, la interculturalidad de las corrientes espirituales de estos tres continentes pertenece a la forma originaria del cristianismo. Solo la difusión del Islam sustrajo al cristianismo de Oriente próximo gran parte de su fuerza vital, mientras echaba a las comunidades cristianas de Asia; en cualquier caso, a partir de entonces el cristianismo se convirtió en una religión europea. 2003-07-18 Cardenal + Joseph RATZINGER

 

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César Vidal es historiador, novelista, tertuliano y mil cosas más, pero en este ámbito sus conocimientos vienen avalados por su Enciclopedia de las religiones.

Responde: Dr. CÉSAR VIDAL MANZANARES. historiador - ESP.Autor de más de 100 libros.

 

¿Cree usted que el Islam tiene más dificultades que el cristianismo para sostener sociedades abiertas y tolerantes?

 

Sin ningún género de dudas. Conceptos como derechos humanos o democracia resultan absolutamente ajenos al Islam, a diferencia de lo que sucede con el cristianismo.

  

¿No cree, sin embargo, que en épocas pasadas hubo países islámicos notablemente más tolerantes que sus coetáneos europeos?

 

No, eso es una leyenda. En la misma Al Andalus, los periodos de cierta tolerancia se alternaron con matanzas y persecuciones. Piense que a partir del s. XI los judíos empiezan a emigrar hacia los reinos cristianos. A fin de cuentas, ellos y los cristianos sólo pueden ser dhimmíes.

  

¿Es de recibo que se siga recurriendo a la Inquisición para "demostrar" que el Islam y el Catolicismo son religiones equivalentes y que los europeos, simplemente, hemos llegado antes a la civilización de la libertad individual?

 

El Islam y el Catolicismo –a pesar de la Inquisición y de las cruzadas– no son religiones equivalentes. Por ejemplo, el catolicismo siempre ha conservado una veta pacifista (aunque fuera minoritaria) y no cree en la guerra santa por sistema, pero además afirma la individualidad frente al concepto de ummah islámico.

 

Perdone mi ignorancia islámica, pero... ¿cual es el concepto de ummah?

 

Frente a la idea de persona individual propia del cristianismo –en mucha menor medida del judaísmo– el Islam preconiza sobre todo la inserción en la comunidad de los creyentes o ummah. Ésta es verdaderamente la sujeto de deberes y obligaciones.

  

Entonces, ¿cabría pensar en el Islam como en un colectivismo, con todo lo que han conllevado los colectivismos en la historia (especialmente la del siglo pasado: comunismo, fascismo, nazismo...)?

 

En buena medida, sí; de ahí el desafío que supone para las sociedades democráticas. Por ejemplo, las dictaduras en el este de Europa o en la América hispana han podido ser seguidas por un proceso de transición, pero semejante proceso es implanteable en el mundo islámico... aún tenemos a Sadam Hussein  miércoles 26 – 2002 - César Vidal – historiador, filósofo, teólogo, dr. en derecho, escritor

 

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P: ¿Cómo se explica que la "Granada de las 3 culturas" (árabe, judía y cristiana) no se repita en ninguna comunidad islámica? ¿O es que nunca existió tal tolerancia religiosa en Al-Andalus?

R: Jamás existió esa tolerancia. Para ser sinceros ni siquiera entre los musulmanes, porque la historia de Al-Andalus es prácticamente la de una guerra civil continuada entre los distintos grupos musulmanes. Imagínese la suerte de los judíos y no digamos ya la de los mozárabes.

 

P: No le parece hipócrita llamar "antisemita" a la izquierda cuando el Holocausto lo provocó la extrema derecha, y el actual gobierno está formado por los descendientes de los que temían "al sionismo y la masonería"?

 

R: No, es una realidad histórica como se vio, por ejemplo, durante el affaire Dreyfus en que había un antisemitismo de izquierdas y otro de extrema derecha. Al final, una y otra están más cerca de lo que parece y son antiamericanas, antisemitas, antiliberales, estatalistas...

 

 

2003-10-08 – LIBERTAD DIGITAL. Dr. César VIDAL- historiador, filósofo, teólogo, abogado, escritor de mas de 10libros, comentarista, articulista.

 

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España año 1609 –

P: ¿Fue la expulsión de los moriscos nuestro Kosovo? ¿Se empleó el ejército contra la población civil? ¿No constituyó un desastre económico para algunas regiones?

R: 1. No, la expulsión fue necesaria y dadas las circunstancias de la época incluso se produjo con clemencia. En ese sentido apuntan hoy, desde luego, la mayoría de los historiadores. 2. Tampoco es cierto que se empleara al ejército contra la población civil ni que fuera un desastre económico porque a esas alturas los moriscos significaban ya bien poco. L.D. ESP. 2003-09-25 – CÉSAR VIDAL.

 

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P: ¿Cree que no se valora suficientemente el papel de los mozárabes en la reconquista, que fueron determinantes en la superioridad de los reinos cristianos del norte, y también deja sin documentos a muchos musulmanofilos ensoñados con el Al-Andalus?

 

 

R: No tengo la menor duda de que los mozárabes fueron un fenómeno de una importancia verdaderamente excepcional. A dos siglos de la invasión islámica seguían conservando el romance y una cultura que los musulmanes se empeñaron en exterminar adoptando medidas verdaderamente genocidas. ¡Como para creer en la estupidez esa de la convivencia de las tres religiones! CÉSAR VIDAL. 2003-10-21 - L.D.

 

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Desde el más escrupuloso respeto a las creencias de todos los hombres de buena voluntad, hay que concluir que diálogo, sí; mano tendida, siempre. Pero para entendernos, para colaborar, tenemos que empezar por tener claras nuestras diferencias. - Tomás Salas Fernández. 2003.06.27

 

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Suele suceder que los musulmanes se sientan despreciados en occidente lo que no es verdad. Simplemente tienen que vivir en una sociedad abierta y pluralista que no está dispuesta a dejarles ser ciudadanos de primera mientras que los demás son de segunda. ¿Conoce usted algún país islámico donde podría tener estos Diálogos en libertad?.Dr.CÉSAR VIDAL - LIBERTAD DIGITAL. 2003-06-24

 

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P: Tras leerle semanalmente he deducido que no ve en la ocupación de España por los árabes los beneficios que afirmaban mis libros en EGB, ¿es así?, ¿se puede afirmar que nos habría ido mejor sin esa ocupación?

R: Sin ningún género de dudas. Nos cercenaron de la Europa a la que pertenecíamos durante siglos obligándonos a una lucha por la supervivencia verdaderamente salvaje. Va a ser el tema de mi próximo libro, Dios mediante.

 

P: ¿Por qué dicen que los musulmanes descienden de Ismael, hijo de Abraham, del mismo modo que los judíos lo hacen de Isaac?

R: No los musulmanes sino los árabes.

2003-07-17 DR.CÉSAR VIDAL. ESP. LIBERTAD DIGITAL

 

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2003-10-29 – LIBERTAD DIGITAL

P: La OLP y Siria son culpables de la destrucción de la independencia y la democracia libanesa, única en el mundo árabe, y de crímenes contra la comunidad cristiana. ¿Cuando tendrán estos hechos el mismo valor que las desgracias de sus vecinos palestinos?

 

R: Me lo pregunto todos los días varias veces. Por ejemplo, ¿por qué no se habla de las violaciones colectivas y de los asesinatos en masa protagonizados por la OLP en el Shuf libanés?

 

P: ¿Qué destacaría de Juan Pablo II positiva y negativamente? ¿Es quizás el mejor Papa de la historia?

 

R: 1. Positivamente, su firmeza frente a los regímenes comunistas y la teología de la liberación y su fidelidad al mensaje católico posterior al Vaticano II. Desde una perspectiva meramente católica, sinceramente no veo las tachas que puedan señalarse. 2. Es difícil decirlo pero sin duda es uno de los s importantes.

 

P: ¿Conoce el libro "Los sutras de Jesús"? En cualquier caso, ¿qué opina del sistema / filosofía "zen"?

 

R: 1. El libro me parece un completo disparate. 2. El zen no es una filosofía –aunque se quiera vender así para consumo de occidentales despistados– es la versión japonesa del budismo chang y, por tanto, una religión. 2003-10-29.

 

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MAHOMA: ‘Y Juro que hallarás que los peores enemigos de los creyentes son los judios’

 

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Hay un capítulo que produce especial hipo: el dedicado al programa islámico de penetración en Occidente, que nos recuerda las palabras de monseñor Giuseppe Bernardini, arzobispo de Esmirna (Turquía), en el Sínodo del 99: «Durante un encuentro oficial sobre diálogo islámico-cristiano, un autorizado personaje musulmán, dirigiéndose a los participantes cristianos, dijo: Gracias a vuestras leyes democráticas os invadiremos; gracias a nuestras leyes religiosas os dominaremos». Título: Los nuevos perseguidos. Autor: Antonio Socci. Editorial: Ediciones Encuentro. 2003-07-11 Esp.

 

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La mezquita

 

 

 

Por IGNACIO SÁNCHEZ CÁMARA

 

NO existe acaso en España paisaje comparable al de la Alhambra recortándose sobre el fondo de Sierra Nevada y dominando el Albaicín. Hace poco más de cinco siglos, exactamente quinientos once años, España recuperaba para sí y para la Cristiandad el reino de Granada. Quedaba consumada, con perdón, la obra de la Reconquista y comenzaba, con perdón, la epopeya americana. Anteayer, por primera vez desde la derrota y la expulsión, se inauguraba en Granada, en el Albaicín, una mezquita, al parecer, la más grande de Europa. Más que «de» Europa, tal vez habría que decir «en» Europa.

Está bien. En España se garantiza la libertad religiosa, reconocida por la Constitución. Sólo cabe elogiar la coexistencia y tolerancia entre confesiones religiosas. Aquí el Estado es neutral. Allí, no. En esto, entre otras cosas, reside la superioridad de la civilización occidental. En la libertad. No en vano los países democráticos son, casi sin excepción, países de tradición y convicciones mayoritarias cristianas. Donde el cristianismo no germinó, impera la tiranía. Cristianismo y civilización liberal son casi indiscernibles. La tolerancia es hija de la fortaleza y de la generosidad. Es el derecho que la inquebrantable verdad concede al error. Por lo demás, una civilización superior, mientras lo sea, nada debe temer de otra inferior. Su fuerza expansiva atraerá hacia sí incluso a sus enemigos. El odio del fundamentalismo islámico a Occidente es hijo del resentimiento y de la inferioridad. Sin embargo, existe un límite. Una civilización no puede sobrevivir cuando degenera y pierde el sentido de la autoestima, cuando se enajena y renuncia a la defensa de sus valores. Una cosa es la generosa tolerancia y otra la anomia y la pérdida de las propias convicciones.

Está muy bien la mezquita granadina. No tanto quizá el torvo gesto de algunos rostros ni cierto exhibicionismo algo petulante. Pero está muy bien que haya una mezquita en Granada. Lo malo es la falta de reciprocidad. Los que aquí predican la convivencia y la tolerancia, allí imponen la hegemonía y la exclusión. Mientras no sea posible que se erija una catedral en Damasco o en Riad, más que de tolerancia habrá que hablar de impostura. Acaso se diga que allí no hay cristianos. Razón de más para la reflexión sobre la falta de atractivo de unas sociedades. Tal vez nos encontremos ante una tolerancia unidireccional y hemipléjica.


Cabe esperar una pronta y radical reacción del radicalismo laicista en contra de semejante exhibición pública de confesionalidad religiosa. No habrá progresista hispano que no se convierta en atento vigilante de las enseñanzas que se profesen en la mezquita granadina para comprobar su compatibilidad con los valores y principios constitucionales. Podemos estar seguros de que velarán sin descanso por la denuncia de la menor desviación de los principios laicistas o de la igualdad entre los sexos. Imanes y sultanes pondrán todo su cuidado para evitar las denuncias y los recursos de inconstitucionalidad que interpondrían a buen seguro los paladines laicos de la Ilustración. Mas, por si acaso decayeran en su celo progresista, desde aquí llamamos a nuestras autoridades a que exijan el cumplimiento de las leyes y el respeto a los valores y principios constitucionales. Y también a que, en su caso, exijan el respeto al principio de reciprocidad. Está muy bien que en la Granada cristiana y democrática se ejerza la tolerancia bajo la forma de mezquita. Pero la tolerancia no obliga a la renuncia de las propias convicciones ni al abandono del imperio de la ley.

ABC. 2003-VII-12 ESP.

 

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la aurora y el ocaso del sol, momentos religiosos típicos en todos los pueblos, ya convertidos en sagrados en la tradición bíblica por la ofrenda matutina y vespertina del holocausto (cf. Ex 29, 38-39) y del incienso (cf. Ex 30, 6-8), representan para los cristianos, desde los primeros siglos, dos momentos especiales de oración.

 

Libia, Marruecos y Malasia financian una mezquita en Granada, pero impiden el cristianismo en sus países

 

Estas naciones imponen la pena de muerte a todo musulmán que se convierta al catolicismo La predicación del Evangelio está castigada con largas penas de prisión

 

La inauguración de la gran mezquita del Albaicín culmina un periodo de la historia de España dominado por las complejas relaciones interreligiosas cristiano-musulmanas, que han atravesado diversas fases desde el enfrentamiento, la guerra, las razzias, la expulsión y el mutuo desconocimiento. El centro religioso musulmán ha sido objeto durante los 22 años que se ha demorado su construcción, de numerosos debates y polémicas. Su apertura es una señal inequívoca de la tolerancia cristiana de España, que no tiene equivalente en el mundo islámico.

 

Pedro Canales - Granada.-


El proyecto de la mezquita del Albaicín fue pilotado por el movimiento islámico «Al Murabitun», un grupo fundamentalista de oscuras intenciones organizado por un jeque escocés de nombre Ian Dallas y de adopción Abdelkader El Murabit e integrado por un grupo de españoles conversos algunos de los cuales se dejaron ver en Chiapas intentando «islamizar» a los indios rebeldes contra el poder central mexicano. Aun así, las autoridades españolas haciendo gala de una permisividad sin parangón permitieron a la Comunidad Islámica en España «Al Murabitun» finalizar el proyecto con los fondos provenientes de Marruecos, Malasia, Libia y sobre todo el emirato de Sharja, uno de los integrantes en la federación de los Emiratos Árabes Unidos (EAU).

 

Nula reciprocidad

 

En ninguno de los países que han aportado los cuatro millones de euros que ha costado el proyecto existe esta misma tolerancia. En Marruecos, como en los Emiratos, un converso al cristianismo puede ser condenado a muerte. El Islam no permite a sus fieles abrazar otras religiones. Hace años en la ciudad marroquí de Nador fueron sentenciados a muerte un grupo de marroquíes bahais, que sólo pretendían lograr un sincretismo entre cristianismo e Islam. Recientemente, han sido condenados a penas de cárcel y expulsión del país un sorprendido grupo de jóvenes cristianos norteamericanos que sólo pretendían distribuir Biblias en Casablanca. La susodicha tolerancia de la que hacen gala las autoridades marroquíes es sólo de culto para los extranjeros residentes, americanos, ingleses, españoles o franceses, pero en absoluto es algo que pudiéramos llamar libertad religiosa. En los países musulmanes las comunidades cristianas, a menudo órdenes religiosas, curas, hermanos y monjas, son bien recibidas para ocuparse de leprosos, enfermos de sida, pobres, desahuciados o bebés abandonados, pero incurrirán en las penas máximas del Código Penal si se les ocurre hacer proselitismo. A principios de los años 80, «Al Murabitun» compró un solar en lo alto del Albaicín, frente a la Alhambra. Su objetivo era construir una mezquita más alta que la iglesia que conmemoraba la toma de Granada por los Reyes Católicos y la derrota del reino nazarí. El desafío era evidente: se trataba de una reconquista espiritual de Al Andalus. En el barrio morisco hubo en esos tiempos 26 mezquitas; con la reconquista, doce de ellas fueron convertidas en iglesias, las otras destruidas. Veinte años después de iniciarse el proyecto, haciendo gala de una madurez sin igual en el entendimiento de la libertad religiosa, las autoridades españolas aceptarán la mezquita, aunque su minarete tuvo que ser recortado para no sobrepasar el campanario de San Nicolás. El movimiento «Al Murabitun» se estableció hace dos décadas en Granada y pidió ayuda al rey Hassan II de Marruecos y a los Emiratos Árabes. El monarca alauí concedió un discreto sostén, al comprender que no podía controlar como hubiese querido al grupo islamista. En Granada abundan las asociaciones islámicas, hay diez registradas legalmente en el Ministerio de Justicia. Algunas albergan en su seno cristianos conversos al Islam, pero la mayoría son de musulmanes afincados por estudios o trabajo. A mediados de los 90, cuando la crisis financiera para la construcción de la gran mezquita del Albaicín era más aguda, todas estas comunidades junto con asociaciones de estudiantes musulmanes y algunos movimientos del Islam político presentes entre los universitarios aceptaron sumarse al movimiento de «Al Murabitun» siempre que la gestión de la futura mezquita fuese colectiva. El movimiento del jeque escocés quería acaparar el proyecto, pero al final tuvo que aceptar la colaboración de los otros grupos, lo que permitió convencer al sultán de Saryaj, Ben Mohamed Al Qasimi, para que diera los tres millones de dólares que se necesitaban para finalizar el proyecto. La condición fue formar una Fundación Mezquita de Granada que preside el converso Malik Abderramán Ruiz. LA RAZÓN. ESP. 2003-07-16

 

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¡Rememos mar adentro! Esa es nuestra respuesta como cristianos:

«Duc in altum» (Lc 5,4) dijo Cristo al apóstol Pedro en el Mar de Galilea

 

Hay un capítulo que produce especial hipo: el dedicado al programa islámico de penetración en Occidente, que nos recuerda las palabras de monseñor Giuseppe Bernardini, arzobispo de Esmirna (Turquía), en el Sínodo del 99: «Durante un encuentro oficial sobre diálogo islámico-cristiano, un autorizado personaje musulmán, dirigiéndose a los participantes cristianos, dijo: Gracias a vuestras leyes democráticas os invadiremos; gracias a nuestras leyes religiosas os dominaremos». Título: Los nuevos perseguidos. Autor: Antonio Socci. Editorial: Ediciones Encuentro. 2003-07-11 Esp.

 

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P: ¿Cree que Expaña debe pedir perdón por la actuación de la Inquisición al pueblo judío, como ya han hecho el Vaticano y países como Francia e Italia por la colaboración de sus gobiernos y parte de su población en el Holocausto? ¿Fue derogada explícitamente la pragmática de los Reyes Católicos de 1492 que expulsaba a los judíos?

 

R: He perdido la cuenta de las veces que se ha pedido perdón y se ha derogado explícitamente el decreto de marras pero, como mínimo, mínimo, han sido tres. Ya está bien, ¿no le parece? Porque Inglaterra no ha armado tanto jaleo y expulsó a los judíos antes.

 

P: Me gustaría saber si las fuentes judías confirman la intervención de los mandatarios judíos en la condena a muerte de Jesucristo. Gracias

 

R: Sí, incluso existe alguna fuente talmúdica que les atribuye en exclusiva la condena. El dato no es correcto pero sí significativo. 2004-01-27 – Dr. César Vidal, historiador, filósofo, licenciado en derecho.

 

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“Estemos alerta, no renunciemos a nuestros derechos fundamentales y, en todo momento, demos con serenidad y confianza razones de nuestra esperanza en Cristo, sabiendo que todo lo podemos en Aquel que nos conforta".

 

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"Obras todas del Señor, bendecid al Señor".-

“¡Señor, dueño nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra!” (Sal 8, 2).-

Preguntaba el monje: "Todas estas montañas y pájaros, y estos ríos y la tierra

y las estrellas… ¿de dónde vienen?".

Y preguntó el maestro: "Y de dónde viene tu pregunta?":¡Busca en tu interior!

 

 

Gracias por elegirnos. Gracias por seguirnos. Gracias por leernos y por sugerirnos ideas y comentarios. Si eres cristiano se tiene que ver tu fe.

 

Recomendamos vivamente: ‘Guía políticamente incorrecta del islam (y de las Cruzadas)’. Por Robert Spencer

Dos ejemplos entre tantos:

– Las mujeres son inferiores a los hombres, y deben ser gobernadas por éstos: "Los hombres tienen autoridad sobre las mujeres porque Alá los ha hecho superiores a ellas" (Corán, 4: 34).

– Indica a los maridos que golpeen a sus esposas desobedientes: "Las mujeres virtuosas son las verdaderamente devotas, que guardan la intimidad que Alá ha ordenado que se guarde. Pero a aquellas cuya animadversión temáis, amonestadlas, y luego dejadlas solas en el lecho; luego pegadles" (4: 34).

 

Puede ser que individualmente algunos los musulmanes respeten y honren a las mujeres, pero el islam no lo hace.


Recomendamos vivamente: ‘Historia de la Inquisición en España y América’ – El conocimiento científico y el proceso histórico de la Institución (1478-1834). Obra dirigida por don Joaquín PÉREZ VILLANUEVA y Bartolomé ESCANDELL BONET. Es una elevada tarea historiográfica con planteamientos científicos, bases documentales, tratamiento y lenguaje actuales. Y:

La inquisición española - Editorial: BAC- Centro de estudios inquisitoriales- Madrid-España. Autora:(Comella Beatriz.- Rialp, Madrid) Breve-óptimo libro.

 

La Inquisición – la institución, quizás más polémica de cuantas han existido –porque el formidable proceso de secularización moderna la fue convirtiendo paulatinamente en una de las muestras de la mentalidad pretérita más incomprensibles para nuestra sociedad, de valores normativos antitéticos a los de aquella lógica histórica, y porque, por otra parte, ha sido siempre el arma preferida para la batalla ideológica contra determinadas realidades históricas-, no había sido objeto de una Historia amplia, por parte de los españoles, desde la obra del afrancesado José Antonio Llorente, aparecida en los primeros lustros del siglo XIX.


AL-ANDALUS CONTRA ESPAÑA – LA FORJA DEL MITO. Autor Serafín FANJUL – Editorial SIGLO VEINTIUNO DE ESPAÑA EDITORES. Apto para deshacer los tópicos, falsedades y supercherías de diverso género sobre la herencia islámica y convivencia de cristianos en el suelo peninsular. MMII.

 

Señor, que mis obras sean conformes con mis palabras.

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).