Friday 28 April 2017 | Actualizada : 2017-03-29
 
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Un capítulo menos en la leyenda negra, tan falaz como voluminosa, valga la antítesis, pues no siempre una mentira se convierte en realidad, por muchas veces que se repita.... si sabemos desenmascararla.

 

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El nombre de ‘leyenda negra’ es relativamente reciente. Pero el nombre es lo de menos. Importa el hecho. Desde el siglo XVI se desarrolla en muchos países de Europa una campaña de descrédito contra España y, ciertamente, la ofensiva del protestantismo contra la Iglesia Católica. A partir del siglo XVIII, la campaña contra la reputación  de España y de la religión católica, entra a formar parte de la habitual propaganda de las distintas formaciones masónicas, hasta hoy mismo: 2006-

 

La leyenda negra contra España es anticatólica, sobretodo.

 

No existiría «leyenda negra» si España no hubiera sido tan importante en el mundo, o si hubiera traicionado a la Verdad como lo hicieron las demás potencias, en lugar de servirla heroicamente como España lo hizo.

La «leyenda negra» es a la vez anticatólica y antiespañola. Se generó y se desarrolló en Inglaterra y Francia; primera y principalmente en Inglaterra, en el curso de la lucha entre España y la Inglaterra de los Tudor.

 

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Para no caer en el anacronismo, es necesario tener la humildad y la inteligencia de leer los hechos del pasado no con las categorías mentales de hoy, más, dentro el marco histórico temporal en que se efectuaron. 

 

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"Las fuentes" pueden dar "frases" que hay que interpretar en el contexto y con sus consecuencias a tenor de la Historia que solo años después se pueden ver en contexto.

 

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No sólo las sectas utilizan y auspician, porque necesitan la manipulación histórica. Las instituciones de la Iglesia ‘sin complejos’ están contra la desmemoria impuesta desde el poder de turno; el periodismo independiente cuando no fundamenta lo que escribe o dice, fomentando embustes y falacias. Deseando, con buena voluntad se puede, asombrosamente, resumir complicadísimos pasajes históricos con toda sencillez. Solo se requiere: amor a la verdad y objetividad histórica. Contra la manipulación histórica, el rigor de los que saben.

 

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¡Parece como que los periodistas –gran parte- hayan estudiado algo!...

¿Cuantas verdades supuestamente científicas son bulos divulgados acríticamente por la prensa? Algunas cosas que no están claras deberían revisarse…

“Parece como si los científicos gozaran de cierta inmunidad”

 

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El valor de la palabra - Cambiar el sentido de las palabras es el primer paso para deformar la realidad. Es una trampa que puede acarrear graves daños para millones de ciudadanos que nos podemos sentir arrastrados por el cambio inadvertido del lenguaje.

 

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La leyenda negra

Oliver Cromwell era una pieza de cuidado. Era comandante del invencible Nuevo Ejército Modelo, vencedor de la Guerra Civil, azote de Irlanda, Lord Protector de la «Commonwealth», terror de tiranos, defensor de la fe; en resumen, una de las peores personas que han vivido en Inglaterra. Pero él no lo hubiera creído así, ni tampoco aquellos que le escuchaban mientras hablaba al Parlamento inglés el 17 de septiembre de 1656. No, el «gran enemigo», el enemigo «de todo lo divino que cada uno de vosotros tiene» eran «los españoles».

 

Pocos de los puritanos de cabezas redondas que le escuchaban en el Parlamento aquel día habrían estado en desacuerdo con él: España era el imperio malvado, una cruel, codiciosa, intolerante raza de semi-bárbaros que imponía su dominio con la prisión, la hoguera y el potro de tormento de la Inquisición. No estaban contentos con suprimir a sus propios pobres ciudadanos con el yugo de la superstición e idolatría sino que también querían esclavizar al mundo entero. «En verdad» —Cronwell dijo a su audiencia— «los españoles están interesados en vuestras entrañas».

 

Esa ha sido la opinión de muchos durante los últimos cuatrocientos años. La Leyenda Negra —la imagen de España como una nación intolerante y cruel y la Inquisición como el colmo de la intolerancia— ha sido tan verdadera como el evangelio en muchas partes del mundo y la palabra Inquisición se ha convertido en sinónimo de caza de brujas, juicios-farsa, regímenes opresivos e intolerancia supersticiosa. ¿Cómo comenzó la Leyenda Negra? ¿Cuánto hay de verdad en sus acusaciones?.

 

La Inquisición española fue fundada por los reyes Isabel de Castilla y Fernando de Aragón en 1480 para probar la buena fe de los conversos, los judíos convertidos al cristianismo. En el reino de los reyes católicos, la ortodoxia equivalía a lealtad política y, por tanto, usaron la Inquisición como un instrumento de la monarquía para asegurarse de ella. Bajo Tomás de Torquemada, la Inquisición cometió serios errores y en ocasiones fue más allá de lo justo en perseguir a los conversos, algunos de los cuales fueron entregados a la Inquisición por vecinos envidiosos de su riqueza o de su posición social. Durante los 15 primeros años de la Inquisición fueron ejecutados alrededor de 2,000 personas, pero hacia 1500, bajo un nuevo jefe, la Inquisición fue reformada considerablemente.

 

Desde aquel momento se convirtió en el más benévolo tribunal de toda Europa. A lo mucho, sentenció a muerte a 60 personas durante todo el siglo XVI, algo admirable en una época en que la gente podía ser condenada a muerte por crímenes triviales y cuando otras naciones quemaban en la hoguera a decenas de miles de mujeres inocentes acusadas de practicar la brujería. Inglaterra, bajo las reinas María e Isabel I, ejecutaron a más de 400 herejes de la forma más cruel imaginable, y excesos semejantes tuvieron lugar a lo largo y ancho de la Europa católica y protestante. Los extensos archivos de la Inquisición muestran que de las más de 7000 personas que fueron llevadas ante su tribunal en Valencia, sólo 2% fueron torturadas y sólo durante 15 minutos cada uno. Esto era una nonada en comparación con las doncellas de hiero, el potro de tortura, los azotes y la rueda aplastadora usada por los sistemas judiciales usados en los primeros años en la mayoría de las naciones modernas. Sin embargo la imaginación popular asocia irrevocablemente a la Inquisición española con verdugos encapuchados, torturas sádicas y malolientes calabozos. ¿Por qué ha sido España tan maltratada por la historia cuando otras naciones han sido mucho peores?.

 

La respuesta está en la Reforma protestante, en el poder bélico de España y en la imprenta, que acababa de ser inventada. En 1517 Lutero prendió el fuego de la revuelta protestante a lo ancho del norte de Europa. La guerra inicial de palabras se convirtió en guerra sangrienta, pero el ejército de los príncipes protestantes no fue un enemigo suficientemente poderoso para las tropas de Carlos V, emperador de Alemania y rey de España. Derrotados en el campo de batalla, los protestantes recurrieron a la guerra de palabras a través de la imprenta. En 1567 publicaron un folleto, traducido del inglés, al alemán, francés y flamenco, titulado Descubrimiento y simple declaración de las acendradas y sutiles prácticas de la santa Inquisición española. El autor, que escribe con el pseudónimo de Montanus, pretendía haber sido él mismo víctima de la Inquisición. Este folleto es considerado como el inicio de la Leyenda negra y fue el golpe de propaganda más sensacional del milenio. La mayoría de las tan conocidas patrañas tuvieron origen en él. Se esparció con rapidez por la Europa protestante, terreno fértil pare recibir la semilla de la mala propaganda contra un enemigo al que odiaban y temían por razones tanto políticas como religiosas. Felipe II, hijo de Carlos V, gobernó en un imperio en el «que no se ponía el sol» y las décadas siguientes fueron testigo de un choque espectacular entre la Inglaterra protestante y la España católica, que culminó con la derrota de la Armada Invencible de España en 1588.

 

Mientras tanto, los propagandistas anti-españoles estaban atareados tejiendo otros dos hilos de la Leyenda Negra: que la Inquisición tenía un inmenso poder político y que la Inquisición había matado a cientos de miles de personas. En 1569, don Carlos, hijo de Felipe II, murió en un misterioso accidente y los enemigos de Felipe atacaron inventando una historia, repetida docenas de veces, hasta que adquirió carácter lapidario en el siglo XIX a golpe de pluma y batuta de Schiller y Verdi. La trama presentaba a don Carlos como mártir heroico de la libertad de conciencia. Por el contrario, Felipe II era un monstruo moral, empujado por el Gran Inquisidor a matar a su propio hijo para «salvar a la nación». Esta imagen de la Inquisición como la eminencia gris detrás del trono y de su poder policíaco que oprimía a la entera nación, ha tenido una larga vida.

 

Nada está más lejos de la verdad. La Inquisición nunca fue numerosa pues constaba solamente de dos o tres inquisidores y de un grupo de empleados en cada uno de los 20 tribunales que se encargaban de toda España. Tenían poder en los pueblos y ciudades, es verdad, pero su poder era limitado, con frecuencia controlado por asociaciones civiles, otras autoridades eclesiásticas y magistrados locales. En el campo, en el que vivían cuatro de cada cinco españoles, tenía poco poder. Los historiadores aseguran que la gran mayoría de los campesinos de las áreas rurales nunca habrían visto a un inquisidor en su vida.

 

El segundo hilo tiene origen en un folleto publicado en 1570. Era presentado como una carta a los inquisidores dándoles instrucciones para acabar con poblaciones enteras sospechosas de herejía. Hace tiempo ya se ha demostrado que es un documento falso, pero la leyenda sigue viva: la odiada Inquisición torturaba y mataba a miles, no, millones, de víctimas inocentes. La verdad es que la Inquisición sentenció aproximadamente a 4,000 personas durante sus 350 años de existencia, con lo cual es, con mucho, el tribunal nacional más benigno de Europa durante el mismo período.

 

«Todo se vale en el amor y en la guerra», escribió Shakespeare en aquella época, pero después de 400 años ya es tiempo de gritar: «¡Ya basta!» Sin embargo, el daño ya está hecho y la mayor lección de la Leyenda negra es el poder de la prensa. El norte de Europa, especialmente Inglaterra, usó la imprenta con mucha más frecuencia y eficacia que España. Sirva como ejemplo que entre los cuarenta autores más traducidos a lo largo de 25 años de historia, veinticinco con de lengua inglesa y ni uno solo es español. Los grandes de España consideraban indigno de un caballero responder a las acusaciones contra su país tramadas por la máquina protestante de propaganda. De ser posible, preferían decidir la contienda en un duelo. Está muy bien, pero tales caballeros murieron hace cuatro siglos, mientras la imagen pintada por sus enemigos sigue adornando los salones de la cultura popular en todo el mundo. La historia la escriben los vencedores y el vencedor ha sido la pluma, no la espada. 2008-06-06 Agradecemos: Matthew Brock. www.conoze.com

 

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Lo que nunca se permitió ningún tribunal de la Inquisición, precisamente por ser una justicia que deseaba tener perfecto conocimiento de causa, y llegar a valorar una justa pena y de equidad posible, la más plena…hace varios siglos ya.

Mientras que hoy en el siglo XXI vemos unos ‘Jueces sustitutos’ - jueces sustitutos son simples licenciados en Derecho que ven en esta vía una oportunidad de promoción profesional prescindiendo del principio del mérito y de la capacidad.

En la edición de anteayer 22.IV, este periódico se hizo eco de uno de los graves problemas que sufre nuestra Administración de Justicia y que, sin embargo, pasa desapercibido para la generalidad de los ciudadanos. Me refiero a la existencia de los denominados jueces sustitutos, jueces que no son de carrera pero que cuentan con una previsión legal en la LOPJ para casos extraordinarios de ausencia de titular. Sin embargo, esta figura ha conseguido confundirse en el hábitat natural de los juzgados hasta convertirse en una pieza autóctona. En la mayoría de los casos, estos jueces sustitutos son simples licenciados en Derecho que ven en esta vía una oportunidad de promoción profesional prescindiendo del principio del mérito y de la capacidad, cualidades que sólo poseen quienes ganan una oposición a la carrera judicial tras años de duro esfuerzo y sacrificio. ‘ABC’ 2008-04-23

 

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«La Iglesia se acoge al derecho que asiste a toda institución, asociación o grupo, a ejercer la libertad de opinión y expresión. Se diría que para algunos ese derecho sólo tendría una exclusión: la Iglesia católica».

 

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Comunistas y socialistas destruyendo el patrimonio cultural... bibliotecas, museos, etc.…

Les recordaremos que "memoria histórica" es el brutal cerco al que fue sometido Oviedo en la Revolución del 1934 y en la Guerra del 1936; Los comunistas y socialistas no escapen a la "memoria histórica": son los bombardeos que durante un año asolaron Oviedo; la voladura de la Cámara Santa y la torre de la Catedral; la quema de la Universidad y de su biblioteca, de la Audiencia y de su archivo.

Millares de libros y antiquísimos códices –conservados por la Iglesia Católica-  fueron desvastados por el fuego y algunos robados…. Innumerables obras de arte fueron destruidas con los saqueos de iglesias, además de los asesinatos de sacerdotes, religiosos y fieles católicos por el simple hecho de serlo, dentro de la mayor persecución religiosa de la historia; y un largo etcétera que todavía muchos ovetenses, con muy buena "memoria histórica" recuerdan. 2008.V.

 

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¿En que momento concreto de la historiografía se empezó a designar a los reyes de España mediante el numero ordinal que acompaña actualmente a su nombre?. ¿Qué criterios se siguieron para designar a posteriori a los reyes anteriores a dicho momento?

 

Con los reyes católicos que se restaura la unidad nacional. A partir de ese momento, todos los reyes usan el numeral que permite, por ejemplo, que Felipe II tenga un Felipe I anterior que fue el Hermoso casado con Juana la loca. Las numeraciones anteriores hacen referencia a los distintos reinos.

 

¿Podría resumir en una escueta frase por qué la unidad de España es incuestionable?

 

Por razones históricas, políticas, sociales, económicas y constitucionales. Dicho esto, ¿podría usted resumir en una escueta frase porque es cuestionable? Dr. César VIDAL. 2005-07-05 L.D. ESP.

 

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DISCERNIR - A todos se les pide el saber cultivar un atento discernimiento y una constante vigilancia, madurando una sana capacidad crítica ante la fuerza persuasiva de tantos medios de comunicación que no cesan de inventar, suponer o repetir ‘leyendas negras’, difamaciones o mentiras históricas… mienten sabiendo de mentir.

Los que escuchan no deben ser obligados a imposiciones ni compromisos, engaño o manipulación. Jesús enseña que la comunicación es un acto moral “El hombre bueno, del buen tesoro saca cosas buenas y el hombre malo, del tesoro malo saca cosas malas. Os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres darán cuenta en el día del Juicio. Porque por tus palabras serás declarado justo y por tus palabras serás condenado” (Mt 12, 35-37).

“Por tanto, desechando la mentira, hablad con verdad cada cual con su prójimo, pues somos miembros los unos de los otros. […]No salga de vuestra boca palabra dañosa, sino la que sea conveniente para edificar según la necesidad y hacer el bien a los que os escuchen” (Ef 4, 25.29).

 

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Europa e Iglesia - ¿Subsistirán la libertad, la igualdad, los derechos, la democracia, sin los supuestos cristianos en que descansan y a los que debe la civilización europea el ser la única liberal y universalista que ha existido?. El declive del cristianismo europeo, ¿forma parte de la crisis o decadencia intelectual, moral y política de Europa o se trata de fenómenos independientes? ¿Puede ser la crisis del cristianismo una causa principal de la descivilización europea o es la descivilización de Europa la causa del marasmo a aquel? ¿Qué influencia tiene el estatismo neutral y agnóstico y en buena medida nihilista, acosado por poderes indirectos de toda laya, en la situación del cristianismo? MMVI

 

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Europa - Las viejas ideologías se han revelado ineficaces para dar respuesta a los interrogantes más profundos del hombre. El vacío dejado por las ideologías lo ocupa una razón desencantada, que no se atreve a mirar a la verdad de frente, que se contenta con soluciones parciales a los problemas del hombre, y que en definitiva no resuelven nada. En esta encrucijada histórica, el Evangelio se presenta como la única alternativa posible capaz de crear una cultura nueva que responda a las expectativas más hondas del hombre, y por tanto, devolverle la esperanza.
La Universidad, como lugar privilegiado de creación de cultura y de forja de pensamiento, tiene una importancia estratégica para la Iglesia en esta hora. La Iglesia, que ha creado la Universidad, tiene mucho que aportar: un modelo de universidad humanista, que busque no sólo informar, sino formar; no sólo tener más, sino ser mejor; que ofrezca no sólo conocimiento, sino también sabiduría. Una universidad libre de la esclavitud de las ideologías o de la economía, capaz de abrirse al hombre concreto y al mundo.

 

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Evangelización para la dignidad de la persona. - En Santo Toribio descubrimos el valeroso defensor o promotor de la dignidad de la persona. Frente a intentos de recortar la acción de la Iglesia en el anuncio de su mensaje de salvación, supo defender con valentía la libertad eclesiástica.

El fue un auténtico precursor de la liberación cristiana en vuestro país. Desde su plena fidelidad al Evangelio, denunció los abusos de los sistemas injustos aplicados al indígena; no por miras políticas nί por móviles ideológicos, sino porque descubría en ellos serios obstáculos a la evangelización, por fidelidad a Cristo y por amor a los más pequeños e indefensos.

Así se hizo el solícito y generoso servidor del indígena, del negro, del marginado. E supo ser a la vez un respetuoso promotor de los valores culturales aborígenes, predicando en las lenguas nativas y haciendo publicar el primer libro en Sudamérica: el catecismo único en lengua española, quechua y aymara.

Es éste un válido ejemplo al que habéis de mirar con frecuencia, queridos hermanos, sobre todo en un momento en el que la nueva evangelización ha de prestar gran atención a la dignidad de la persona, a sus derechos y justas aspiraciones. Febrero 02 del 1985 – S.S. Juan Pablo II – Magno

 

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HISTORIA - Para adentrarse en la época de la gran gesta hispánica [1492-1592] y analizar la magnitud del descubrimiento, es necesario penetrarlo estudiando el contexto histórico; solo así podremos llegar a un discernimiento moderado y con el sentimiento sano del deber o de una conciencia objetiva. Con este objetivo presentamos tantos temas y acontecimientos -aparentemente- en discontinuidad.

 

Para no caer en el anacronismo, es necesario tener la humildad y la inteligencia de leer los hechos del pasado no con las categorías mentales de hoy, más, dentro el marco histórico temporal en que se efectuaron. 

 

Al igual que ocurre con cualquier otra expresión de la mente humana, quizás la objetividad plena es imposible, pero lo que se le pide a cualquier intelectual honrado es que, cuando menos, haga el esfuerzo de buscarla, tenga la valentía de acercarse serena y responsablemente al mayor grado de objetividad histórica posible.

 

¿Quién ignora, que son innumerables las personas de uno, y otro sexo, a quienes contiene, para que no suelten la rienda a sus pasiones el temor del qué dirán? Este temor ya no subsistirá en el caso de que no haya murmuradores en el mundo, que son los que dicen, los que hablan, y aun los que acechan los pecados ajenos. Luego esos innumerables de uno, y otro sexo, faltando el freno de la infamia, o descrédito a que los expone la murmuración, desenfrenadamente se darán a saciar sus criminales pasiones.

 

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SUCESOS - Es bueno valorar acontecimientos y hechos que han sucedido en el pasado, reflexionar sobre ellos, para caminar con los talentos de la historia como bastón de guía.

 

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La Leyenda Negra nació a partir de la década de 1560

Durante siglos, los reyes, los diplomáticos y los militares españoles ganaron todas las batallas, salvo la de la propaganda. Desde la Reconquista de Granada en 1492 a la guerra de Sucesión, concluida en 1714, las armas del Imperio español vencieron a todos sus enemigos, con muy pocas derrotas. Sólo perdieron, de manera absoluta, la guerra de las mentes. La Leyenda Negra nació a partir de la década de 1560, cuando España combatía contra los ingleses y los rebeldes holandeses. Las primeras traducciones de la Brevísima Relación de la Destrucción de las Yndias, del obispo Bartolomé de las Casas, se publicaron en Amberes. ¿Deseo de ilustrarse o campaña de desprestigio? El historiador norteamericano Philip Powell describe en La Leyenda Negra. Un invento contra España cómo surge esa campaña en el mismo siglo XVI y cómo se extiende por el mundo y perdura hasta hoy. “Dudo de que haya materia extranjera enseñada en nuestras universidades y escuelas tan cargada de prejuicios inhibidores como la cultura hispánica”, escribe el autor. Los intelectuales, periodistas y políticos que no se atreven a decir una palabra sobre el Islam, el colonialismo, los judíos o los negros que no esté aprobada por la corrección política, para no mostrarse como racistas o ignorantes, repiten tópicos centenarios sobre la Inquisición, los conquistadores y los misioneros, las causas del atraso de Iberoamérica y el ser de los hispanos. El autor, nacido en California, conocía ampliamente el mundo anglosajón y el hispano, y con su obra universitaria trató de remover los prejuicios que impedían a los anglosajones relacionarse con españoles e iberoamericanos. Como acicate para sus compatriotas, les recuerda que, desde el final de la Segunda Guerra Mundial, los Estados Unidos son víctimas del mismo mecanismo propagandístico. El español el único pueblo del mundo que ha asumido las mentiras, las exageraciones y los insultos que sus enemigos han dicho sobre él. El primer paso para liberarnos de este peso es conocer la verdad. Philip Powell (California, 1913-1987) fue doctor en Historia y profesor en la Universidad de California y se dedicó al conocimiento del mundo hispánico. La Administración de Estados Unidos contó con sus conocimientos como experto en el mundo hispánico y el Gobierno español le nombró en febrero de 1976 miembro de la Orden de Isabel la Católica. LA LEYENDA NEGRA. Autor: Philip W. Powell 2008

 

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La leyenda negra anticatólica y antihispanista

 

No existiría «leyenda negra» si España no hubiera sido tan importante en el mundo, o si hubiera traicionado a la Verdad como lo hicieron las demás potencias, en lugar de servirla heroicamente como España lo hizo.


La «leyenda negra» es a la vez anticatólica y antiespañola. Se generó y se desarrolló en Inglaterra y Francia; primera y principalmente en Inglaterra, en el curso de la lucha entre España y la Inglaterra de los Tudor.

El antihispanismo llegó a ser parte integral del pensamiento inglés. Escritores y libelistas se esforzaron por inventar mil ejemplos de la vileza y perfidia española, y difundieron por Europa la idea de que España era la sede de la ignorancia y el fanatismo, incapaz de ocupar un puesto en el concierto de las naciones modernas.

Tal idea se generalizó por la Europa secularizada y petulante del oscurantismo «ilustrado» y enciclopedista, señalando a la Iglesia como causa principal de semejante «degradación» cultural española.

Esta idea se difundió después por todo al ámbito anglosajón y naturalmente entre los yanquis.

El buen historiador norteamericano William S. Maltby, entre algunos otros, en su bien documentado libro titulado "La leyenda Negra en Inglaterra" (1982), dice esto: «Como muchos otros norteamericanos, yo había absorbido antihispanismo en películas y literaturas populares mucho antes de que este prejuicio fuese contrastado desde un punto de vista distinto en las obras de historiadores serios, lo cual fue para mi toda una sorpresa; y cuando llegué a conocer las obras de los hispanistas, mi curiosidad no tuvo límites. Los hispanistas han atribuido desde hace mucho tiempo este prejuicio y sentimiento mundial antiespañol, a las tergiversaciones de los hechos históricos cometidas por los enemigos de España».

Según muchos hispanistas, las raíces del antihispanismo deben buscarse en documentos del siglo XVI, como la apología de Guillermo de Orange y otros muchos que constituyen lo que Juderías llamó «la tradición protestante», y que pintan a España como cruel opresora cuyo enorme poderío estaba al servicio de la causa de la ignorancia y la superstición.

Los cínicos agentes panfletistas de la «leyenda negra» -cínicos por cuanto acusan a España de vilezas y crímenes que sólo ellos cometieron- y sus respectivos pueblos que asimilaron borreguilmente el fanatismo antiespañol, en particular el mundo anglosajón, no sólo tergiversaron la Historia española y la grandeza de la empresa española en América, sino que a la vez silenciaron sus sistemas coloniales que del siglo XVII al XIX exterminaron casi por completo a los aborígenes de Norteamérica y sometieron a tantos pueblos africanos, asiáticos y oceánicos a una casi total esclavitud. Silencian la permanencia actual de las razas aborígenes en los países colonizados por España, así como el intenso mestizaje que desmiente toda mentalidad racista.

 

Y también naturalmente silencian que las intervenciones pontificias en defensa de los indígenas, obedecieron a peticiones de la Corona española que, ya con anterioridad, había dictado normas humanitarias como esa gloria jurídica de España que son las leyes de Indias y el Derecho de gentes.

Hay ahora una caterva de pseudointelectuales dóciles a las viles corrientes ideológicas que hoy se venden, que con motivo de a la conmemoración del V Centenario de América quisieron generar una extraña sensación de mala conciencia, de recuerdo molesto, como de historia vergonzante. Intención más torcida aún, es la que pretende borrar cualquier huella de Dios en este muy noble y bellísimo acontecimiento realizado por los españoles. Algunos conminaron a España para que pidiera perdón y "devolviera lo robado"... A esta altura del tiempo, es de lamentar que el documento emitido por la Comisión «Justicia et Pax» el mes de noviembre de 1988, titulado la iglesia ante el racismo, en su punto 3, da lugar a interpretar que España inventó el racismo en la gran empresa americana. ¡También yerra y peca el alto clero!. Este burdo error pudiera contribuir a crear un falso problema de conciencia o un injusto y absurdo sentimiento de culpabilidad en la mente de muchas personas de lengua española, que son la mitad de la gente católica del Orbe, si no fuera porque el mismo vicepresidente de la citada Comisión Pontificia, Monseñor Jorge Mejía, hizo pública rectificación el 31 de marzo en Pamplona, y porque todos los Papas han tenido menciones muy honoríficas para la singular acción evangelizadora y civilizadora de España en el mundo. Nuestro Papa actual Juan Pablo II ha insistido muy reiteradamente en esta hermosa realidad; y en su visita a España en Santiago de Compostela el 19 de agosto de 1989, ha destacado con gran amor y claridad la enorme proyección espiritual y cultural positiva del Concilio III de Toledo, y entre otras cosas dijo: «En más de una ocasión he tenido la oportunidad de reconocer la gesta misionera sin par de España en el Nuevo Mundo». Y en su despedida en Covadonga dijo: «agradecemos a la Divina Providencia, a través del corazón de la Madre de Covadonga, por este gran bien de la identidad española, de la fidelidad de este gran pueblo a su misión. Deseamos para vosotros, queridos hijos e hijas de esta gran Madre, para España entera, una perseverancia en esta misión que la Providencia os ha confiado».

 

En los procesos colonizadores realizados por las potencias de Occidente, allí donde estuvo presente la Iglesia no hubo racismo. Este es el caso de España y de Hispanoamérica. Donde estuvo presente el mundo protestante hubo racismo y exterminio de los aborígenes.

Cabe otra consideración sobre «leyenda negra» altamente significativa. Esta. Sólo España tiene leyenda negra y no la tiene, en cambio, ninguna nación del ámbito protestante; ¿por qué? Sólo existe una posible respuesta. La importancia española en el mundo llegó a ser enorme durante los siglos XVI al XVIII. Su influencia cultural, política y militar fue universal y benéfica para el Orbe porque todas sus acciones estuvieron inspiradas y movidas por la doctrina y el espíritu católico. Pero después triunfó la herejía y el error en gran parte del mundo económicamente fuerte de Occidente, con su espíritu protestante y racionalista. Y fue naturalmente este mundo triunfante del error y del antihumanismo el autor del prejuicio mundial, injusto e inicuo que se llama «leyenda negra» y que es sólo y a la vez anticatólica y antiespañola. No existe en cambio leyenda negra enemiga de las potencias protestantes. Este hecho tiene una significación decisiva para cualquier mente honrada que pretenda valorar con justicia los hechos históricos de las naciones.

No existiría «leyenda negra» si España no hubiera sido tan importante en el mundo, o si hubiera traicionado a la Verdad como lo hicieron las demás potencias, en lugar de servirla heroicamente como España lo hizo.

 

La revolución protestante y racionalista, además de proclamar la destrucción de la Iglesia, a la que profesaban un odio creciente, se mostraban como enemigos radicales del orden establecido. El espíritu de la reforma protestante se transmitió después a los poderes públicos, que Lutero expresó con la conocida frase de «cuius regio eius religio». Con lo que no antepuso la religión al Estado sino a la inversa, y reconoció a los príncipes derecho a imponer la creencia a sus súbditos. La ruptura se hizo definitiva e irremediable; y con la paz de Westfalia, en 1648, el bando protestante logró la victoria sobre casi todo el ámbito del centro y norte de Europa, quedando a salvo España y la mayor parte del mundo latino.

Muchos historiadores contemporáneos sitúan en la revolución protestante la grave crisis que padece el hombre «moderno» en su conciencia histórica, así como sus mil nefastas secuelas en las diversas formas de materialismo que hoy el mundo padece de manera evidente y trágica. Y como fueron vencedores, escribieron durante mucho tiempo la historia volcando su tremenda carga de prejuicios y de odios con mentiras y calumnias que en muchos casos llegan a lo fantasmagórico. La diana de todos sus ejercicios de tiro fue, en primer lugar, la Iglesia católica. Y también la historia de España, es decir, España misma, por haber sido la campeona generosa y heroica de la causa católica durante siglos.

 

El protestantismo separó lo espiritual de lo temporal. Ha llegado la teología protestante a separar del todo la fe de la historia. Lo natural, afirmó, ha perdido su sentido por el pecado. Con la Redención no hay verdadera curación y elevación del hombre. Tampoco puede haber Iglesia como sociedad visible. Si la actividad humana no es elevada desde dentro por la gracia que cura y eleva al hombre, el Evangelio queda ajeno a la vida civil. Tal es la clave del pesimismo protestante y de su mundo triste y aberrante.

Para la mentalidad protestante, que hace caminar el espíritu por distinto rumbo que el dominio de la naturaleza, no es posible entender la obra de «evangelizar civilizando y civilizar evangelizando» como hizo España en América. Fue justamente en el ambiente protestante donde se generó la llamada «leyenda negra», que marcó durante un tiempo no pocos estudios historiográficos, concentró prevalentemente la atención sobre aspectos de violencia y explotación que se dieron en la sociedad civil durante la fase sucesiva al Descubrimiento. «Prejuicios políticos, ideológicos y aun religiosos, han querido también presentar sólo negativamente la historia de la Iglesia en este continente» (Juan Pablo II en Santo Domingo).

 

La «leyenda negra», con una valoración de los hechos no iluminada por la fe, ha dejado un ambiente de absurdo sentimiento de culpa en algunos españoles, que se manifiesta en un querer desvirtuar la grandiosa empresa en sus motivos esenciales de evangelización y civilización, en la pérdida de la perspectiva general de la obra, con la consiguiente trivialización de los méritos individuales y colectivos, y en la falta de valoración de la hondura y anchura de las conversiones. Querría esto decir que no se ha captado lo que es Hispanoamérica. Por disposición de la Providencia divina los pueblos que fueron conquistados, al convertirse a la fe y recibir la cultura cristiana en lengua de Castilla, no se conservaron como tales pueblos primitivos, sino que dieron lugar a la nación hispanoamericana, que es heredera de ellos tanto como lo es de España.

 

Para esta empresa ha tenido Juan Pablo II el más reciente aliento, en ese «¡Gracias España!, porque la parcela más numerosa de la Iglesia de hoy, cuando se dirige a Dios, lo hace en español». Y entre las mil cosas grandes, dio vida a las Universidades más antiguas del Continente americano.

Casi todos los Papas han hecho en algún momento un gran elogio de la gran epopeya y de la gloriosa misión realizada por España en América. Pío XII fue el más infatigable debelador de las calumnias que arrojara España el mito de la «leyenda negra». De su pluma salieron 129 textos acerca del «espíritu universal y católico de la gran epopeya misionera (...). La epopeya gigante con que España rompió los viejos límites del mundo conocido, descubrió un continente nuevo y le evangelizó para Cristo». Se ha dicho que la calumnia entra como ingrediente necesario en toda gloria verdadera. Y él mismo fue uno de los Pontífices más calumniados de la Historia.

No menos sectarios y falsos son los juicios que la historiografía protestante, marxista y masónica ha hecho con frecuencia sobre la Inquisición española.

 

La Inquisición medieval fue creada por Gregorio IX en 1231, con motivo de las primeras grandes herejías que vinieron a turbar la paz religiosa de la Cristiandad. El Derecho entonces vigente contenía leyes severísimas contra los herejes. En 1220 el emperador Federico II promulgó una ley declarando que la herejía debía considerarse como delito de lesa majestad, lo que significaba el más grave crimen político que en todos los códigos vigentes se castigaba con la muerte en la hoguera.

-«El Papa se asustó, porque si la autoridad secular tenía en sus manos la declaración de tal delito, no sólo se habría producido una intrusión del Estado en las funciones de la Iglesia, sino que los monarcas podrían acusar a sus enemigos, falsamente, de desviaciones en la fe, convirtiendo así la disidencia política en asunto religioso. Un canon aprobado en 1215 por el IV Concilio de Letrán ordenaba a los obispos entregar a los herejes convictos y no arrepentidos al "brazo secular". El papa no tenía facultad para modificar el canon de Letrán, ni tenía potestad para impedir que el emperador promulgase leyes extremando el rigor del castigo contra los herejes. Decidió, interpretando correctamente el texto conciliar, que las autoridades laicas, en uso de su "potestas", estaban en condiciones de castigar a los herejes, pero retiró a los obispos la directa responsabilidad de declarar el delito. Cuando se declarase la herejía o la existencia de herejes, el obispo del lugar, y sólo el obispo, debería nombrar un tribunal, compuesto exclusivamente por dominicos, el cual se encargaría de "inquirir", esto es, comprobar si efectivamente existía el mencionado delito. De esta palabra, que designaba un procedimiento u oficio, nació el nombre de Inquisición. Los tribunales inquisitoriales usaron procedimientos acordes con las costumbres del tiempo, y contra lo que se ha dicho, fueron mucho más benignos y humanos que los tribunales civiles de su tiempo. La Inquisición no era un tribunal ni un organismo sino tan sólo un procedimiento que debía seguirse en los casos de sospecha de herejía. Lógicamente despertó, en siglos posteriores, gran animadversión cuando la herejía, triunfante, retrotrajo sus protestas: de ahí que nunca se haya planteado la cuestión de manera correcta.

 

En los reinos de Castilla, Portugal e Inglaterra, la Inquisición medieval no fue establecida por el escaso interés que tenían los reyes. Pasados los primeros decenios de rigor, la Inquisición medieval se convirtió en una mera rutina y perdió importancia. Por eso los reyes de España, Fernando e Isabel, instauraron una Inquisición "nueva", con tribunales designados por la Corona aunque estuviesen compuestos por eclesiásticos.

Como al final sería la reforma protestante la vencedora en gran parte de Europa, se ha dado la impresión de que sólo la Inquisición española se ocupaba de estos menesteres: pero los investigadores más concienzudos y recientes piensan que el procedimiento inquisitorial era mucho menos riguroso y cruel que los tribunales aparentemente civiles que funcionaban en otras partes»-

(Luis Suárez Fernández, Raíces cristianas de Europa, págs. 101 y ss.).

La Inquisición española salvó muchas vidas de judíos españoles de las matanzas de que éstos eran objeto en su tiempo. Fueron cortadas de raíz las luchas sangrientas entre «cristianos viejos» y conversos o «cristianos nuevos», con lo que se ahorraron vidas humanas. El poder inquisitorial sólo se extendía a los bautizados y nada podía contra los judíos que conservaban públicamente su religión. Fue el más humano de los tribunales de su época y evitó las luchas religiosas, no la existencia en España de otras religiones. Es de tener también presente que el más rico y asombroso despliegue doctrinal y literario que se conoce en la Historia -el Siglo de Oro español, o la Edad de Oro como la llama Menéndez Pelayo porque duró casi dos siglos- coincidió con la existencia de la Inquisición, la cual no supuso ningún freno para el genio creador español. En muchos aspectos esenciales la Inquisición significó un auténtico progreso social.

 

En indudable que la Inquisición eclesiástica cometió abusos en todo el mundo y, sobre todo, que provocó un clima de suspicacias que hizo sufrir a muchos inocentes, incluso a santos canonizados luego por la Iglesia. Pero es imposible formular un juicio que pretenda ser mínimamente equitativo, si no se acierta a entender lo que significaba la defensa de la fe, en una sociedad donde la verdad religiosa se tenía por supremo valor. No olvidemos que en Ginebra - La Meca de Protestantismo-, Juan Calvino no dudó en mandar a la hoguera a ilustre descubridor de la circulación de la sangre, nuestro compatriota Miguel Servet. Y es que la Verdad cristiana, salvadora del hombre, se tenía entonces por el máximo bien; y la herejía, que podía perder a los hombres y a los pueblos, como el peor de los crímenes. Esto le cuesta comprenderlo al «hombre moderno», a quien no chocará en cambio que la protección de la salud sea actualmente preocupación primordial de la autoridad pública y justifique no pocas molestias y restricciones. Pues el hombre religioso europeo puso en la lucha contra la herejía el mismo apasionado interés que el «hombre moderno» pone en la lucha contra el cáncer, la contaminación, o en la defensa de la salud física o la democracia. Y esto, a la vez que asesina a millones de seres humanos inocentes no nacidos.

Las investigaciones verdaderamente científicas y cada vez más decantadas de españoles y extranjeros, se pronuncian hoy con veredicto unánime y favorable a la labor positiva y magnánima de España en el mundo, a la vez que se apagan con las luces puras de la verdad, los últimos vestigios del mito de la «leyenda negra» antiespañola, que fue alimentada durante mucho tiempo por la mentira y el odio.

Agradecemos - Fuente: Alvaro de Maortua. REVISTA ARBIL


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"El relativismo es una auténtica dictadura que no conoce nada como definitivo, y deja como última medida ´el falso yo´ y sus pasiones"

 

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P: ¿Cuál es la diferencia que usted establece entre Napoleón y los conquistadores españoles de América para considerar asesino al primero y libertadores a los segundos? ¿Es que acaso todo lo que hicieron nuestros ancestros debe ser ciegamente elogiado?

 

R: ¿Es que acaso todo lo que hicieron debe ser neciamente condenado? España incorporó a la civilización occidental, entonces y ahora la más avanzada del mundo, a todo un continente que ni siquiera se conocía a sí mismo. Lo que Roma hizo con Hispania, hizo España con América. Napoleón simplemente deshizo una España no muy inferior a la Francia de entonces, salvo en poderío militar. O sea, que la diferencia es obvia para el que no la quiere obviar.

 

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Historia e Iglesia - Lo que tiene lejos a ciertas personas de la Iglesia institucional son, en la mayoría de las ocasiones, los defectos, las incoherencias, los errores de los líderes: inquisición, procesos, mal uso del poder y del dinero, escándalos. Todas cosas, lamentablemente, ciertas, si bien frecuentemente exageradas y contempladas fuera de todo contexto histórico. Los sacerdotes somos los primeros en darnos cuenta de nuestra miseria e incoherencia y en sufrirla.

Los ministros de la Iglesia son «elegidos entre los hombres» y están sujetos a las tentaciones y a las debilidades de todos. Jesús no intentó fundar una sociedad de perfectos. ¡El Hijo de Dios –decía el escritor escocés Bruce Marshall-- vino a este mundo y, como buen carpintero que se había hecho en la escuela de José, recogió los pedacitos de tablas más descoyuntados y nudosos que encontró y con ellos construyó una barca –la Iglesia-- que, a pesar de todo, resiste el mar desde hace dos mil años!

Hay una ventaja en los sacerdotes «revestidos de debilidad»: están más preparados para compadecer a los demás, para no sorprenderse de ningún pecado ni miseria, para ser, en resumen, misericordiosos, que es tal vez la cualidad más bella en un sacerdote. A lo mejor precisamente por esto Jesús puso al frente de los apóstoles a Simón Pedro, quien le había negado tres veces: para que aprendiera a perdonar «setenta veces siete».

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Historia y pasado - «La dominante cultura cínica de la amnesia se mueve en la abstracción de prescindir sistemáticamente del pasado, de la realidad, de la Historia y de la tradición, lo que le confiere empero un falso carácter innovador. Es una cultura neutral en la que está ausente la imaginación creadora. Ésta se suple, justamente, con el olvido o el rechazo de la realidad y de la tradición, para que parezca nuevo todo lo que produce. Y eso explica los absurdos proyectos y programas educativos vigentes, que parten del supuesto de que toda la cultura anterior carece de valor y debe ser desechada. Trátase de una inane y pervertida reproducción de la eterna polémica entre los antiguos y los modernos en la que el Estado como tal no solía tomar parte y que, por ende, impulsaba la cultura».

 

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Historia - I.- Los contemporáneos no tenemos ninguna culpa de los males acaecidos en la Historia, por la sencilla razón de que no existíamos.

II.- ¿Por qué, pues, debemos tener y alimentar resentimientos unos contra otros si no tenemos ninguna responsabilidad de lo acontecido en la Historia?

III.- Eliminados estos absurdos resentimientos, ¿por qué no ser amigos y así poder trabajar juntos para construir globalmente un mundo más solidario y gratificante para nuestros hijos y nosotros mismos?

IV.- Es fructuoso conocer la Historia lo más posible. Pero vemos que no podemos volverla hacia atrás. Vemos, también, que si la Historia hubiera sido distinta -mejor o peor-, el devenir habría sido diferente. Se habrían producido a lo largo de los tiempos otros encuentros, otros enlaces; habrían nacido otras personas, nosotros no. Ninguno de los que hoy tenemos el tesoro de existir, existiríamos. Esto no quiere insinuar en absoluto que los males desencadenados por nuestros antepasados no fueran realmente males. Los censuramos, repudiamos y no hemos de querer repetirlos.

La sorpresa de existir facilitará que los presentes nos esforcemos con alegría para arreglar las consecuencias actuales de los males anteriores a nosotros.

V.- Los seres humanos, por el mero hecho de existir -pudiendo no haber existido-, tenemos una relación fundamental: ser hermanos en la existencia. Si no existiéramos, no podríamos siquiera ser hermanos consanguíneos de nadie. Percibir esta fraternidad primordial en la existencia, nos hará más fácilmente solidarios al abrirnos a la sociedad.

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España - Grandeza en su historia.

 

Ejemplos de cómo una Nación se plantea la moralidad de una acción política o militar

Por Alvaro Maortúa

Afirma Ortega y Gasset, en sus "Meditaciones del Quijote", que: "Desdichada la raza que no hace un alto en la encrucijada antes de proseguir su ruta, que no siente la necesidad heroica de justificar su destino, de volcar claridades sobre su misión en la historia". Pues bien: sólo España ha realizado tal operación en la historia

 

Ha habido en la historia de España dos ocasiones en las que se planteó la legitimidad, y lo que es más, la moralidad de determinadas acciones políticas o militares cuya transcendencia se entrevió con mayor o menor claridad, pero con seguridad. La primera fue la conquista de América; la segunda, la guerra de España de 1936 a 1939.

En ambos casos teólogos y juristas estudiaron la cuestión de la existencia o no existencia de justos títulos que legitimaran la conquista en el primer caso, y el alzamiento del 18 de julio de 1936 en el segundo.

Esta preocupación por la moralidad de acciones políticas y militares, de si en conciencia, podían justificarse o no, constituye un hecho único en la historia de las naciones. Por lo general, los pueblos suelen moverse en la vida política más por razones de Estado que por cuestiones de conciencia.

El carácter misionero de la obra realizada por España en América fue explícitamente sancionado desde su origen por la autoridad del Papa Alejandro VI mediante las Bulas de 3 y 4 de mayo de 1493 con que se proveyó efectivamente a la evangelización. Así los conquistadores españoles tomaban posesión legítima de las tierras descubiertas no en nombre propio, ni por inicua "razón de Estado" como las otras potencias lo hicieran después, sino en nombre del Rey de España y con el respaldo de la dicha legitimidad moral.

Pero además del respaldo pontificio, eminentes teólogos y juristas examinaron y se pronunciaron sobre la cuestión. Así, y no sólo a causa de las denuncias, sino por el mismo dinamismo de la labor evangelizadora, y como dijo el Papa Juan Pablo II en su discurso en Santo Domingo al Celam, "se suscitó un profundo y vasto debate teológico-jurídico que con Francisco de Vitoria y su Escuela de Salamanca analizó a fondo los aspectos éticos de la conquista y colonización. Esto provocó la publicación de leyes de tutela de los indios e hizo nacer los grandes principios del derecho internacional".

Además de nuestros grandes pensadores y de muchos hispanistas, casi todos los Papas de la Edad Moderna y contemporánea han tenido cálidos elogios para la obra de España en América. Para esa empresa ha tenido Juan Pablo II el más reciente aliento, en ese "¡Gracias España!, porque la parcela más numerosa de la Iglesia de hoy, cuando se dirige a Dios, lo hace en Español". Y entre las mil cosas grandes, dio vida a las Universidades más antiguas del continente americano.

El descubrimiento de América es una de las aventuras más bellas de la humanidad, "el hecho de por sí más grande entre los hechos humanos", como señaló el Papa León XIII.

A partir de 1520 se produce una serie asombrosa de hechos de los más impresionantes de toda la historia universal. En 1520 se produce una verdadera explosión de vitalidad conquistadora que causa la admiración de todos los historiadores españoles y extranjeros. Los hechos son perfectamente conocidos; pero nadie ha conseguido aún explicar cómo pudieron producirse. El resultado es que hacia 1540 todo el inmenso espacio comprendido entre el norte de México y Santiago de Chile había sido conquistado por unos pocos miles de españoles.

El conquistador realizó su empresa por iniciativa propia, pero nunca en nombre propio. Lo primero que hace es poner el nuevo territorio bajo la soberanía del Rey de España. El Estado tuvo que realizar luego una gran labor –y la realizó– menos espectacular pero tan decisiva para la historia universal: la religiosa y cultural (las misiones, escuelas y Universidades), la político-administrativa (los virreinatos) y la económica (la explotación del metal precioso).

El gran hispanista norteamericano Charles F. Lummis, en su magnífica historiografía titulada "Los exploradores españoles del siglo XVI", escribe esto:

"El honor de dar América al mundo pertenece a España; no solamente el honor del descubrimiento, sino el de una exploración que duró varios siglos y que ninguna otra nación ha igualado en región alguna. Es una historia que fascina (_). Amamos la valentía,la exploración de las Américas por los españoles, fue la más grande, la más larga y la más maravillosa serie de valientes proezas que registra la historia (_) Había un Viejo Mundo grande y civilizado: de repente se halló un Nuevo Mundo, el más importante y pasmoso descubrimiento que registran los anales de la humanidad. Era lógico suponer que la magnitud de ese acontecimiento conmovería por igual la inteligencia de todas las naciones civilizadas, y que todas ellas se lanzarían con el mismo empeño a sacar provecho de lo mucho que entrañaba ese descubrimiento en beneficio del género humano. Pero en realidad no fue así. El espíritu de empresa de toda Europa se concentró en una nación, que no era por cierto la más rica o la más fuerte. A una nación le cupo en realidad la gloria de descubrir y explorar América, de cambiar las nociones geográficas del mundo y de acaparar los conocimientos y los negocios por espacio de un siglo y medio. Y esa nación fue España.

"Ocurrió ese hecho un siglo antes de que los anglosajones pareciesen despertar y darse cuenta de que realmente existía un nuevo mundo; durante ese siglo la flor de España realizó maravillosos hechos.

"Españoles fueron los que vieron y sondearon el mayor de los golfos; españoles los que descubrieron los ríos más caudalosos; españoles los que por primera vez vieron el océano Pacífico; españoles los primeros que supieron que había dos continentes en América; españoles los primeros que dieron la vuelta al mundo. Eran españoles los que se abrieron camino hasta las interiores y lejanas reconditeces de nuestro propio país, y los que fundaron sus ciudades miles de millas tierra adentro, mucho antes de que el primer anglosajón desembarcase en nuestro suelo. Aquel temprano anhelo español de explorar era verdaderamente sobrehumano.

"No sólo fueron los españoles los primeros conquistadores del Nuevo Mundo, sino también sus primeros civilizadores. Ellos construyeron las primeras ciudades, las primeras iglesias, escuelas y Universidades; montaron las primeras imprentas y publicaron los primeros libros; escribieron los primeros diccionarios, historias y geografías, y trajeron los primeros misioneros. Una de las cosas más asombrosas de los españoles, es el espíritu humanitario y progresivo que desde el principio hasta el fin caracterizó sus instituciones. Algunas historias han pintado a esa heroica nación como cruel para los indios; pero la verdad es que la conducta de España en este particular a nosotros debería avergonzarnos. La Legislación española referente a los indios de todas partes, era incomparablemente más extensa, comprensiva, sistemática y humanitaria que la de Gran Bretaña, la de las Colonias y la de los Estados Unidos juntas. Aquellos primeros maestros enseñaron la lengua española y la religión cristiana a mil indígenas por cada uno de los que nosotros aleccionamos en idioma y religión. Ha habido en América escuelas españolas para los indios desde el año 1524. Tres Universidades españolas tenían casi un siglo de existencia cuando se fundó la de Harward. Sorprende el número de hombres educados en colonias que había entre los exploradores españoles; la inteligencia y el heroísmo corrían parejos en los comienzos de la colonización del Nuevo Mundo" (págs. 22,23).

En cuanto a la epopeya española del 18 julio de 1936, a fines de 1938 se creó una Comisión,compuesta en su mayor parte por juristas, que elaboró un dictamen que fue publicado en 1939, concluyendo que, en el sentido jurídico penal del término, el calificativo de "rebelde" no podía aplicarse a los que se alzaron el 18 de julio.

Se debe señalar la preocupación que hubo de examinar –o si se prefiere, de legitimar– desde la Teología y el Derecho lo que estaba ocurriendo. Lo cual quiere decir que existió un sentido religioso tan profundo que ni siquiera con la "Carta colectiva del episcopado" o las pastorales de Pla y Deniel o de otros obispos, se consideró zanjado el tema.

Probablemente, la razón de que todavía, a los más de sesenta años de iniciarse la guerra de España, siga apasionando hasta el punto de que el torrente de publicaciones, lejos de haber cesado, siga aumentando sin que lleve trazas de detenerse, sea la que de modo tan claro señaló en febrero de 1937 Hilarie Belloc: "fue esencialmente una guerra en defensa de la religión, una guerra entre defensores y adversarios de la religión cristiana. Por eso sigue apasionando tanto" (Federico Suárez).

Es pues España la única nación en el mundo que como decía Ortega, "ha sentido la necesidad heroica de justificar su destino, de volcar claridades sobre su misión en la Historia".

No nos engañemos, así son las cosas. Ahora muchos quieren verlas de otra manera distinta; y la gente retrae un pensamiento actual a un pensamiento antiguo, pero miente. Porque tal operación es científicamente falsa y así jamás se podrá entender la Historia y mucho menos juzgarla sin cometer tergiversación e injusticia graves.

Alvaro Maortúa - 2003-05-03 – ARBIL Nº58

 

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Un congreso desmiente la leyenda negra

de la inquisición en España

 

Marta Borcha - Madrid.-
«La inquisición se ha visto afectada históricamente por esa visión simplista de que la España de finales del siglo XV era un país de convivencia idílica entre judíos, moros y cristianos, y en el que la Inquisición se impuso de repente», señaló el profesor José Antonio Escudero, que ha coordinado el III Congreso Internacional sobre la Inquisición, «Los problemas de la intolerancia: Orígenes y etapa fundacional», en el que han participado 60 historiadores de universidades de todo el mundo, y que se ha celebrado este fin de semana en Madrid y Segovia. «Con independencia del rechazo de la sociedad hacia lo herético, o los graves problemas entre los judíos y cristianos», mantiene Escudero, la inquisición no irrumpió como una fenómeno nuevo en la época de los Reyes Católicos: «La Inquisición española hay que inscribirla dentro de un proceso histórico que ya tenía sus antecedentes». Escudero insiste en defender que «es necesario entender la inquisición española dentro del contexto en que existió» y añade como datos de interés
y a modo de ejemplo que frente a las 600 personas que murieron en la hoguera en España durante los siglos XVI y XVII, «en Alemania fueron quemadas más de 70.000 mujeres acusadas de brujería».

2004-02-23 – LA RAZÓN. ESP.

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Las acusadas de brujería en Alemania fue en la zona practicamente toda protestante.

 

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P: Dice Marvin Harris que durante tres siglos se quemaron en Europa 500.000 personas por brujería. ¿Ese dato es de fiar, o es una más de las exageraciones que este antropólogo suele dejar caer en sus escritos?

 

R: Me parece un disparate total... como casi todo lo que se dice sobre la persecución de las brujas.

2004-02-04 – Dr. CÉSAR VIDAL. Hitoriador, filósofo, teólogo, licenciado en derecho.

 

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José Antonio Marina, al final de su Ética para náufragos, explica que los hombres han estado mayoritariamente de acuerdo en colosales disparates. Y así, conocemos consensos tan absolutos como injustos, que han durado milenios: el antiguo consenso sobre la esclavitud, sobre la movilidad del Sol y la inmovilidad de la Tierra, sobre la carencia de derechos del niño y de la mujer. Por eso, el simple acuerdo no garantiza la validez de lo acordado. El problema no es nuevo. Hace siglos que Francisco de Vitoria lo planteó al hablar de los sacrificios humanos en México: «No es obstáculo el que todos los indios consientan en esto, y que no quieran en esto ser defendidos por los españoles. Pues no son en esto dueños de sí mismos ni tienen derecho a entregarse a sí mismos y a sus hijos a la muerte». Y concluye Marina: «Los consensos puramente fácticos no bastan para legitimar nada».

 

 

Pues bien, no es la Monarquía el garante de la unidad. Ninguna Monarquía ha garantizado la unidad de un país, nunca jamás. Lo que garantiza la unidad de un colectivo humano es la adhesión de la mayoría de sus miembros a los principios que dieron origen a ese país. En el caso de España, fue el Cristianismo el que mantuvo la unidad de la patria, porque fue el Cristianismo, en lucha con el Islam, quien forjó este Estado, plurinacional o no. En consecuencia, el abandono es esos principios cristianos sí que puede romper España. Los Reyes Católicos, tan denostados hoy, no suspiraban por una España unida, sino por una España cristiana. El testamento de Isabel la Católica no habla tampoco de una América unida, ni de un imperio iberoamericano, sino de una hispanidad cristiana, y por eso exige respeto a los indígenas, porque, argumenta la Católica, son hijos de Dios, tan hijos como los españoles (si sería reaccionaria, la individua, que hablaba de filiación divina. No sé donde vamos a parar...). 2004.

 

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Reacciones que provocan las palabras y acciones

 

Autor: Michael Ryan Grace

Ser consciente de que tus palabras y/o acciones pueden provocar reacciones que nunca pretendiste y que nunca imaginaste.

El hecho es fácilmente constatable porque todos lo hemos experimentado: ya sea porque nos hemos sentido heridos por algo que nos han dicho o hecho, o porque otros nos han malentendido por
algo que hemos dicho o hecho con la más buena intención. En el matrimonio los casos se multiplican.

* Después de un día lleno de problemas de trabajo y no habiendo ni siguiera comido, llego a casa con mucha ilusión y encuentro que ella no está y que no hay nada preparado para la cena. Me sentí muy solo.

* Mi marido no se fija nunca en mi arreglo personal o, mejor dicho, no lo expresa. Pero sí me comenta el de otras personas. Esto me molesta mucho.

* La última explosión que tuvimos fue en una ocasión en que no pude acompañarla al supermercado porque tenía que estudiar. Ella lo tomó como una evasión de una responsabilidad que debía ser compartida. Los dos trabajamos y, desde su punto de vista, es muy fácil decir “tengo que estudiar; tú encárgate del súper y de los niños”.

Suponemos que en estos casos no hay malicia ni deseos de herir y sin embargo hay reacciones negativas. La lección principal que quisiera derivar de todo esto es la siguiente: para que haya diálogo y buena comunicación con los tuyos, tienes que estar dispuesto a aceptar que tus palabras y tus conductas puedan, sin querer, afectar negativamente a las personas a quienes amas. Ojalá puedas aprender a manejar esto de forma constructiva: cuando alguien te "acuse" en este sentido, debes estar abierto a escuchar. Tú no debes sentir que se acaba el mundo sólo porque te digan algo así. Es muy normal que hiramos a los demás sin querer pues no somos perfectos, ni siempre precisos y atentos. Además, no depende todo de nosotros: las personas son muy "especiales" y a veces están pasando por momentos difíciles. Pero el hecho de que estés disponible para escuchar ayudará mucho a tu relación porque permitirá que todos puedan decir con sinceridad lo que realmente sientan. Esto suele descargar cualquier ambiente negativo y además, cuando conoces cómo están las cosas, tienes la posibilidad de mejorar la situación en el futuro.

 

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Un pueblo cristiano - Para la evangelización de las Indias, Dios formó en la España del XVI un pueblo fuerte y unido, que mostraba una rara densidad homogénea de cristianismo. Y es que, como escribe Mario Hernández Sánchez-Barba, «en la historia del Cristianismo hay épocas en las que el creyente es cristiano con naturalidad y evidencia... Esta es la situación clave para la mayoría de los hombres de la sociedad cristiana latina occidental, durante la Edad Media y siglos después. El individuo crece en un ambiente cristiano unitario y en él inmerge totalmente su personalidad... Este es el concepto eclesial vigente en la época del Descubrimiento (1480-1520) y de la Conquista (1518-1555)» (AV, Evangelización 675).

 

Si la España del XVI floreció en tantos santos, éstos no eran sino los hijos más excelentes de un pueblo profundamente cristiano. Alturas como la del Everest no se dan sino en las cordilleras más altas y poderosas.

 

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 Continúan a sonar las leyendas negras anti-católicas...

 

 Francisco de Vitoria, lo que separa

y lo que une a los hombres: 1539

 

La alegoría de la guerra y la esperanza de la paz. Las pinturas representan la victoria del hombre sobre los males del mundo. Lo que separa a los hombres es la guerra, el odio, la crueldad, la venganza, la injusticia, la esclavitud. Lo que los une es la paz, la liberación de la esclavitud, el espíritu de igualdad y de concordia.

 

Código de verdades fundamentales, principios jurídicos y conclusiones morales, la conferencia de Francisco de Vitoria sobre el derecho de guerra, pronunciada en la Universidad de Salamanca el 19 de junio de 1539, es el documento más representativo de su doctrina de paz, por su perfección técnica, por su influencia histórica y por su proceso de reflexión académica sobre la política del emperador Carlos V. Su teoría de la guerra justa se integra en este código moral de paz:

 

- El concepto de paz dinámica: la paz es el fin natural de la Humanidad. Todos los hombres y todos los pueblos tienen derecho a vivir en paz. Es un fin en sí mismo, tiene un valor absoluto. Pero Vitoria no reducía la paz a simple ausencia de guerra, a pura combinación de intereses nacionales, o a frágil equilibrio de alianzas diplomáticas y militares. De acuerdo con el concepto agustiniano define la paz por la tranquilidad en el orden de la justicia y la libertad, pero en cuanto posibles. Las condiciones de paz pueden ser distintas, según sean distintas sus condiciones históricas.

 

- La paz esencialmente es dinámica. Y su dinamismo exige la revisión constante de opciones y actitudes; es el resultado de la justicia y de la equidad, de la moderación y de la prudencia política. Hay que saber ceder de sus propios derechos en bien de la paz, «porque muchas leyes justas en sí mismas no son convenientes en razón del bien común», no sólo del Estado sino también de la Comunidad internacional. Las leyes de la Comunitas Orbis son universales y obligan por igual a todos sus miembros con independencia de su poder, religión o cultura.

 
- La guerra, en cambio, no es un fin en sí misma; es justa en cuanto puede ser un medio necesario de paz; su legitimidad y validez moral deriva de la necesidad, a veces, de recurrir a las armas para defender o restablecer la justicia internacional. La guerra por naturaleza es una institución histórica sometida a las normas generales del derecho natural y de gentes. Y, en virtud de este derecho, la competencia legítima para hacer la guerra corresponde, en última instancia, a la autoridad del Orbe. Por voluntad o común acuerdo de las naciones, Vitoria preveía la posibilidad de llegar a la derogación de la guerra como medio legítimo en la solución de conflictos.
- La causa de la guerra justa trasciende los intereses privativos del monarca y aun del propio Estado, ya que dice relación al bien común de la comunidad política, y por solidaridad natural al bien común de la Comunidad del Orbe, de la que el Estado forma parte. Vitoria había excluido ya como causas de guerra la diversidad de religión, la expansión territorial del imperio y la gloria o el interés personal del Príncipe. La injuria, recibida, realizada y consumada, dice Vitoria, es la única causa justa de guerra. Se hace la guerra para castigar el crimen del agresor actualmente culpable. Es inicua, por tanto, la guerra preventiva contra un agresor meramente posible.

 
- Por razones de paz y por el bien común de la Humanidad reconoce, sin embargo, la legitimidad de la guerra en defensa de la patria, para el castigo de los criminales y para venganza y satisfacción de la injuria recibida. Los príncipes o Jefes de Estado tienen el deber de garantizar la paz y seguridad de sus pueblos. Vitoria reconoce a todo pueblo el derecho a su propia existencia y a vivir en paz; el derecho a defender su propio territorio y a la seguridad de fronteras. Sin embargo, «si para recuperar un territorio han de seguirse mayores males para el bien común, es indudable que el gobernante está obligado a ceder de sus derechos y aun abstenerse de recurrir a la guerra».
- En virtud de la solidaridad universal, un Estado tiene derecho a intervenir en defensa de los aliados, víctimas de la agresión injusta, cuando expresamente ellos lo pidan. En el caso, sin embargo, de que sean lesionados derechos fundamentales de las personas, lícitamente cualquier Estado puede intervenir, aun contra la voluntad de los oprimidos. Pero sólo para defenderlos y protegerlos hasta su liberación y seguridad futura.

 
- «Supuesto que los príncipes son quienes tienen autoridad para hacer la guerra, el primero de sus deberes consiste en no andar buscando ocasiones y pretextos para la guerra, sino desear, en cuanto puedan, vivir en paz con todos los pueblos. Porque es de extremo salvajismo buscar motivos, y alegrarse de que existan, para matar y destruir a los hombres que Dios creó y por los que murió Cristo. Por fuerza y contra su voluntad los príncipes deben sentirse obligados a acudir a la guerra».

 
- Vitoria reconoce la moralidad de la guerra, a condición de que la gravedad del crimen sea proporcional a la gravedad de los males que necesariamente desencadena la guerra; cuando la guerra sea un medio indispensable contra la agresión, se hayan agotado previamente los caminos posibles de solución pacífica; se utilice únicamente para garantizar la paz y la seguridad; y exista esperanza razonable de victoria, capaz de restablecer y garantizar una paz justa. No basta la justicia de la causa; es necesario también la utilidad del sacrificio.

 
- Los gobernantes o Jefes de Estado que se creen víctimas de la agresión están obligados a examinar diligentemente los motivos que les inducen a tomar las armas, a escuchar los argumentos y razones del adversario, y, si ellos lo piden, están obligados a celebrar congresos y conferencias para discutir cara a cara el litigio en cuestión. No basta que la guerra pueda ser legítimamente declarada por la autoridad competente del Estado agredido, no basta que esa guerra sea un medio necesario, en cuanto que no hay otro remedio para contener la agresión. No se crea que una vez estallada la guerra, ya por lo mismo todo es lícito entre los beligerantes. La potencia de las armas no legitima cualquier uso para fines políticos y militares.

 
- «Declarada ya por causas justas la guerra, es preciso emprenderla no para exterminio del pueblo contra el que se lucha, sino para la recuperación del propio derecho y para defensa de la patria, de suerte que de esa guerra el resultado final sea la paz y la seguridad». Nadie puede ser excusado de violar las normas del Derecho natural por cualquier razón que sea. Las autoridades subalternas y hasta los simples soldados tienen el deber se negarse a colaborar en una guerra claramente injusta.

 
- «Terminada la guerra se debe usar de la victoria con moderación y prudencia cristiana». Es superinicuo que pague el pueblo los delirios de sus gobernantes.
Luciano Pereña. VII. MMII.   ALFA Y OMEGA – Esp.

 

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La leyenda negra del Imperio español

 

La leyenda negra del Imperio español resurge cada cierto tiempo, coincidiendo casi siempre con períodos de incertidumbre política. Don José Antonio Vaca de Osma, embajador de España y prestigioso historiador, arroja luz sobre este tema en su último libro Imperio y leyenda negra (Rialp); le agradecemos la gentileza de adelantar lo esencial de su Introducción

 

No cabe duda que el poder hegemónico de un país, sobre todo si es firme y duradero, produce una reacción adversa en sus rivales potenciales, producto de una mezcla de envidia y de temor. Es algo que ha ocurrido en todos los tiempos. Es algo inevitable. El poder por sí ya presupone la utilización de medios difícilmente graduables, por muy buena voluntad que se ponga. No hay frontera definida entre justicia e injusticia, y ciertas limitaciones de libertad producen odios y resentimiento. Son cosas que no ocurrirían en un mundo ideal, pero la realidad nos prueba que son el producto del destino y de la necesidad, lo que a veces se concreta en esa palabra tan precisa y tan equívoca que es imperio. Un imperio que, como nos recordaba Ortega y Gasset, sigue el indeclinable camino del sol, de Oriente a Occidente, China, India, Persia, Grecia, Roma, España, Inglaterra, Estados Unidos...

 

La resistencia y la crítica a esos poderes, grandes, universales, sucesivos, se limitó en el tiempo a los que a ellos se sentían subordinados, pero cesaban a partir del momento en que cesaba la hegemonía. Lo que puede parecer sorprendente es lo que ha ocurrido con el que algunos llaman imperio español; la animadversión, más que contemporánea, viene a posteriori, se exacerba durante la decadencia y renace en cualquier momento a impulsos de la mínima coyuntura internacional en que nos veamos implicados, más aún si destacamos en ella. A menudo, también por motivaciones políticas del día.
¿Por qué lo ecos de la leyenda negra resucitan en cuanto España empieza a jugar un papel de relieve en la escena internacional? ¿Por qué, en cuanto se manifiestan con cierta virulencia las corrientes disgregadoras internas? ¿Por qué resurgen, con disfraz o sin disfraz, en cuanto revive la tradición católica española frente a la crisis moral y de valores que pretende corroer a las nuevas generaciones?
Ha habido un detonante que me lleva a escribir estas líneas. Se trata de la publicación, con gran aparato propagandístico, de un libro titulado imperio, del que es autor un escritor británico nacido en Rangún (Birmania), que reside en Barcelona desde 1992. El propósito de este autor, Henry Kamen, no puede estar más claro: «En este libro –escribe– pretendo deconstruir el papel de España». Lo hace en más de setecientas páginas; de ellas extraigo solamente dos frases: «Los historiadores españoles del siglo XVI engañan, adornan y falsean»; y «Fuera de Castilla, todo el mundo sabe que España no existe». Dos perlas de sabiduría histórica y de talento político, que no son sino una muestra de otros grandes logros del brillante hispanista.
Kamen es un concienzudo investigador. Lo malo es que todo lo interpreta de un modo agresivo, retorciendo los argumentos, machacando con insistencia en los tópicos antiespañoles y llevando de la verdad a la mentira. El imperio –que da título al libro– es un término equívoco, pues el poder de España en los siglos XVI y XVII nunca tuvo carácter imperial. Ya en el subtítulo de la obra, Henry Kamen se contradice: «La forja de España como potencia mundial». ¿No quedábamos en que España no existía?
La parte fundamental de este libro se dedica a recordar algo muy conocido, sobre lo que han escrito los más ilustres y bien documentados historiadores españoles y extranjeros: la verdad de la hegemonía de los siglos XVI y XVII. De unos dominios que no acabaron en Rocroi ni en el Tratado de Utrecht. Y de un señorío de los mares que duró hasta Trafalgar, un imperio que se mantuvo hasta principios del siglo XIX. Es una hegemonía universal sin parangón, por su extensión y por su duración, y distinta de cualquier otra por el distinto modo de imperar hispánico. Pues bien, desde su origen, con los Reyes Católicos, esta hegemonía ha ido unida a una leyenda negra que, bajo varios disfraces y matices, empieza entonces y no acaba. Siempre artera, inteligente, si inteligencia puede ser una mezcla bien dosificada de verdad y mentira.
La obra de Kamen es prueba de la continuidad de tal leyenda, pues ya en ella aparecen alusiones directas o subliminales a las dos facetas más frecuentes y dañinas, que en nuestros días aún pueden seguir deformando, tergiversando y engañando. Me refiero a los enfoques politizados que, con pretendidas o torcidas bases históricas, tratan de justificar ambiciones secesionistas.
Y no quiero dejar en el olvido a quienes quieren dar la vuelta al siglo XX español, presentándonos una falsificación llena de tópicos y rencores, resucitando viejas heridas, siempre con una determinada tendencia. No es casualidad, ni mucho menos, que estas correintes disolventes y progresistas coincidan con lo argumentos y métodos de la vieja leyenda negra. Hay que rebatirla, en sus bases antiguas y recientes, con la verdad de la hegemonía española de pasados siglos y con los datos auténticos de los tiempos recientes.
José Antonio Vaca de Osma -
2004-04-17

 

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I.- Los contemporáneos no tenemos ninguna culpa de los males acaecidos en la Historia, por la sencilla razón de que no existíamos.

II.- ¿Por qué, pues, debemos tener y alimentar resentimientos unos contra otros si no tenemos ninguna responsabilidad de lo acontecido en la Historia?

III.- Eliminados estos absurdos resentimientos, ¿por qué no ser amigos y así poder trabajar juntos para construir globalmente un mundo más solidario y gratificante para nuestros hijos y nosotros mismos?

IV.- Es fructuoso conocer la Historia lo más posible. Pero vemos que no podemos volverla hacia atrás. Vemos, también, que si la Historia hubiera sido distinta -mejor o peor-, el devenir habría sido diferente. Se habrían producido a lo largo de los tiempos otros encuentros, otros enlaces; habrían nacido otras personas, nosotros no. Ninguno de los que hoy tenemos el tesoro de existir, existiríamos. Esto no quiere insinuar en absoluto que los males desencadenados por nuestros antepasados no fueran realmente males. Los censuramos, repudiamos y no hemos de querer repetirlos.

La sorpresa de existir facilitará que los presentes nos esforcemos con alegría para arreglar las consecuencias actuales de los males anteriores a nosotros.

V.- Los seres humanos, por el mero hecho de existir -pudiendo no haber existido-, tenemos una relación fundamental: ser hermanos en la existencia. Si no existiéramos, no podríamos siquiera ser hermanos consanguíneos de nadie. Percibir esta fraternidad primordial en la existencia, nos hará más fácilmente solidarios al abrirnos a la sociedad.

VI.- Al organizar en la actualidad las nuevas estructuras sociales que se consideran oportunas para construir una sociedad más firme y en paz, es peligroso, muchas veces, basarlas sobre otras estructuras antiguas, aunque en su momento las vieran convenientes. Es más sólido fundamentar las nuevas estructuras sobre unidades geográficas humanas. Sin embargo, evitando el riesgo de que éstas se encierren en sí mismas, ya que ello desemboca, casi siempre, en desavenencias de toda índole y hasta en guerras.

VII.- El ser humano es libre, inteligente y capaz de amar. El amor no se puede obligar ni imponer, tampoco puede existir a ciegas sino con lucidez. Surge libre y claramente o no es auténtico. Siempre que coartemos la libertad de alguien o le privemos de la sabiduría, estaremos impidiendo que esta persona pueda amarnos. Por consiguiente, defender, favorecer, desarrollar la genuina libertad de los individuos -que entraña en sí misma una dimensión social corresponsable- así como su sabiduría, es propiciar el aprecio cordial entre las personas y, por tanto, poder edificar mejor la paz.

VIII.- Los representantes actuales de las instituciones que han perdurado en la Historia, no son responsables de lo sucedido en el pasado, pues ellos no existían. Sin embargo, para favorecer la paz, esos representantes han de lamentar públicamente, cuando sea prudente, los males e injusticias que se cometieron por parte de esas instituciones a lo largo de la Historia. Así mismo, han de resarcir en lo posible, institucionalmente, los daños ocasionados.

IX.- Los progenitores son responsables de haber dado la existencia a otros seres. Por tanto, con la colaboración solidaria de la sociedad, tienen que propiciar, hasta la muerte de sus hijos (en especial los discapacitados psíquicos o los de voluntad débil), los medios y apoyos suficientes -principalmente dejarles en herencia un mundo más en paz- para que éstos desarrollen su vida con dignidad humana, ya que no han pedido existir.

Por otra parte, los jóvenes tienen derecho a ser motivados y entusiasmados en la alegría de existir, por el ejemplo de sus padres, familia y la sociedad. Igualmente, para trabajar ahondando en las técnicas y ciencias, a fin de ellos poder, a su vez, colaborar para conseguir un mundo más en paz.
Así mismo, es evidente que no se podrá construir la paz global mientras en el seno de la sociedad e incluso dentro de las familias, exista menosprecio hacia más de la mitad de sus integrantes: mujeres, niños, ancianos y grupos marginados. Por el contrario, favorecerá llegar a la paz el reconocimiento y respeto de la dignidad y derechos de todos ellos.

X.- Un creciente número de países reconocen ya en la actualidad, que todos tenemos el derecho a pensar, expresarnos y agruparnos libremente, respetando siempre la dignidad y los derechos de los demás. Pero igualmente, cada ser humano tiene el derecho a vivir su vida en este mundo de modo coherente con aquello que sinceramente piensa.

Las democracias, pues, han de dar un salto cualitativo para defender y propiciar, también, que toda persona pueda vivir de acuerdo con su conciencia sin atentar nunca, por supuesto, a la libertad de nadie ni provocar daños a los demás ni a uno mismo.

Sin resentimientos, desde la libertad, las evidencias y la amistad, puede construirse la paz.
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Posdata:
Es tarea de los gobernantes concentrar sus miras al bien de los contemporáneos, pues ya existen y tienen derecho a vivir la vida con dignidad humana, sin que el bien de los presentes hipoteque el equilibrio ecológico del futuro.

Si una nación, gracias a sus políticos, va de bien en mejor, las relaciones entre sus ciudadanos actuales transcurrirán de una manera más suave y gratificante, e irán naciendo unos hijos, los cuales podrán alegrarse de que el país haya ido progresando, pues gracias a ello se habrán dado las condiciones precisas para los encuentros de los adultos que posibilitaron el existir de esos hijos. Sin embargo, si algunas naciones están menos bien gobernadas, las relaciones interpersonales de los adultos que ahora viven se desarrollarán de otra manera más dificultosa; de ahí otros encuentros, relaciones, etc. y nacerán otros seres, distintos de los que hubieran nacido de ir la nación mejor. Los que han nacido en estas otras circunstancias, podrán alegrarse igualmente de que las cosas hayan ido en sus países de modo menos pujante, pues si no, ellos precisamente no habrían sido engendrados. Claro es que estos nuevos ciudadanos deberán esforzarse para mejorar la situación cuando sean mayores.

Es evidente, pues, que en cualquier país los ciudadanos del mañana, sean quienes sean -si están contentos de existir-, se alegrarán siempre de lo que los respectivos gobernantes de hoy hayan hecho -mejor o peor- ya que, gracias a eso, ellos existen. Por lo tanto, el bien de los contemporáneos es el objetivo más importante de los gobernantes.

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Biblia monasterio de Ripoll

 

El monasterio de Ripoll es el gran centro librario del Nordeste peninsular. Las relaciones con los centros ultrapirenaicos son conocidas, y fáciles de comprender si se tiene en cuenta su permanente vinculación a los condes de Cerdaña y Besalú. En Ripoll, desde su principio gran cenáculo cultural, los manuscritos ocupan un lugar destacado, bien en su biblioteca bien como productos de su escriptorio22. Además, por una serie de razones que no son ahora del caso, los abades suelen ser al mismo tiempo obispos de Vich, una sede que con este motivo adquiere grandes responsabilidades en el terreno cultural y literario. Es bien sabido que ya por los sesenta del siglo X corre por el mundo carolingio, al menos el aquitano, la noticia de que en Ripoll se encuentran latinadas obras arábigas que introducen en nuevos saberes. De hecho desde aquí se extienden noticias sobre el astrolabio, desconocido en otras partes, y nuevas versiones de textos astronómicos que comienzan a hacer furor. Por si fuera poco, un obispo de Vich, Atón, aparece como especialmente ducho en cuestiones matemáticas. Todo ello provoca a un monje de Aurillac, de nombre Gerberto, a venir a Vich y Ripoll para aprender nuevas técnicas en relación con los saberes matemáticos árabes. El prestigio ripollés aumenta sin cesar desde que Gerberto confiesa una y otra vez su nostalgia por el fructuoso tiempo pasado en la Marca Hispánica, sobre todo después de que asciende al solio pontificio como Silvestre II.

      A la vez que desde los ambientes ripolleses se difunde la nueva ciencia, llegan a Ripoll nuevos manuscritos con obras carolingias de primera clase, y otros que son copiados sobre modelos romanos o norditalianos. El cúmulo de manuscritos es tal que a mediados del siglo XI rebasa el centenar el número de códices guardados en la biblioteca de Ripoll, para uso y provecho de los numerosísimos monjes que allí siguen la vía monacal (se dice que más de doscientos, número que puede ser real, pero que no deja de chocar cuando recordamos que también en 950 se decía que eran doscientos los monjes de Albelda). La escuela que funciona en el monasterio tenía que ser excelente, por los medios de que disponía, pero sobre todo por los frutos que produjo: no sólo Oliba, el hijo de los condes de Cerdaña, monje, abad de Ripoll y obispo de Vich, fue capaz de escribir poemas de calidad, oraciones notables y cartas de contenidos diversos, sino que otros muchos monjes como Poncio y Juan escribían con soltura y elegancia cartas. y puede asegurarse que casi todos los notarios de la región, clérigos o no, tenían algo que ver con la escuela ripollesa.

      Con tal fondo, se entiende que estos notarios presenten un dominio, a veces desaforado, de recursos especiales en que interviene sobre todo el léxico, aquí transido de helenismos, el origen y fundamento de cuyo aprecio todavía no ha sido analizado. Con frases y vocabulario de rebuscado preciosismo se busca deslumbrar, incluso a costa de la comprensión. Este manierismo afectado ha sido señalado frecuentemente, porque contrasta con la aparente sencillez de otros textos literarios muy elaborados, como poemas y cartas del propio Oliba, en que el cuidado y la atención del escritor van más orientados a la claridad y diafanidad de la expresión, ya la elegancia del buen decir.

      No pocos notarios estaban capacitados para obtener un ornato especial en sus cartas. No sólo se practica con cierta frecuencia y notable habilidad la inserción de frases rítmicas, a veces supuestos hexámetros, en textos de cualquier clase, sino que se retuercen, complican y abrillantan las frases con vocablos rebuscadísimos. Habrá que buscar qué clase de glosarios han servido de guía a estos tabeliones ilustrados para crear sus textos, verdaderamente llamativos. Parece conveniente ilustrar mediante unos ejemplos las direcciones antes señaladas, con especial atención a la glosística.

      En un primer caso, en documento de 978 - 23, se formulan así los deseos sobre la familia del futuro abad Oliba de Ripoll:

Pro remedio igitur anime predicti comitis et pro salute tam animarum quam corporum meorum fidelium in hac terra degencium qui in illo cenobio aliquod prestiterint beneficium ceu pro statu celsitudinis siue salute dompni Olibani comitis sueque coniugis suorumque filiorum quorum uitas
omnipotens deus multis protelare dignetur temporibus ut uiuant deo felices longo feliciter evo,
et post huius uite excursum
celeste mereantur perfruere regnum,
in quo detineant magnarum gaudia rerum,
gaudia que nullus uiuens decernit ocellus
nec aliquis uigili poterit comprehendere corde,
quod deus in terris uluit promittere sanctis
et residens celos uoluit concedere iustis.

      Se trata mediante la inclusión de hexámetros, bastante regulares24, en el preámbulo de desarrollar la idea de la felicidad presente y futura ganada por los bienes concedidos al monasterio. Para entender mejor los mecanismos de amplificación y amaneramiento, pueden compararse los últimos versos con su fuente, 1 Cor 2,9: sicut scriptum est quod oculus non uidit nec auris audiuit nec in cor hominis ascendit quae praeparauit deus his qui diligunt illum.

      Este texto se sitúa, por consiguiente, en la línea del ornato rítmico que habíamos encontrado por la misma época en Celanova, bien que aquí con mayor dominio del procedimiento métrico. La solemnidad del documento explica que se hayan introducido como variaciones del pensamiento paulino estos buenos hexámetros que ennoblecen el texto. A pesar de que la calidad del recurso podría hacer suponer que se mantuviera largamente (incluso por el procedimiento de introducir pequeñas variaciones en estos párrafos manteniendo su tenor sustancial), va a ser otro el mecanismo que vamos a encontrar repetidamente en Ripoll y su entorno en unas cuantas actas, que me ocuparán a continuación.

      Muy llamativa para nosotros es el Acta de elección del abad de Serrateix de 993 - 25, que se inicia así:

Cum priscorum multiformis etas series oppido subsolaribus prelongum sine legibus consumeret aeuum cumque exiciale cuncti subirent periculum, sacrum quoque mortale genus inuaderet letum, cumque miseratus deus suum plasma uoluisset pociori iure uti statuissetque preesse qui apciora legerent sancita ne sua racionalis factura periret errabunda dechorosque diuersi ordinis sublimasset gradus in quibus uelut in supemis astris aurea effulgeret helencorum speciositas...,

frases rebuscadas con las que se quiere ponderar las ventajas de la aparición de leyes y principios de autoridad queridos por Dios para evitar la destrucción del hombre, criatura suya.

      Y en relación con ésta, pero acorde con el mayor fausto del acto, se dice en las primeras líneas del Acta de elección de Oliba como abad de Ripoll, en 1008, documento en que se hace gala de grandes prendas de omato26:

Cum ab omnipotentis luciformi sancione chosmus se diuerteret omnis sticeque subnexa ruine prorui in baratro se ipsam doleret humana mortalitas, cumque nec scita legalia tenens mundus oberraret inermis et loetale uenenosi anguis distillaret uirus in omnes cumque celsus deus eulogetos in omnia manens orribilem a suis uoluisset diuellere cultum terrisque a damnis creaturam suam liberaret, ipse misertus uoluit ut seductor qui ante ceu doxasmenon uidebatur lautus a suis...

      Merece la pena comparar frase a frase este preámbulo con el citado de Serrateix para comprender mejor las técnicas de enriquecimiento, con la abundancia aquí de términos griegos, diestramente repartidos, junto con elementos y usos léxicos derivados de glosarios de diverso tipo. Es lástima que todavía no hayan sido valoradas retóricamente de la manera debida todas estas demostraciones de dominio de los recursos.

      Puede, en efecto, apenas descubrirse, tras tanta frase alambicada, el tenor no siempre simple, pero desde luego menos agobiante, del texto usual, que podemos considerar representado por el preámbulo semejante de otra elección, tampoco carente de medios retóricos pero incomparablemente menores en número y variedad: la del abad de San Felíu de Guíxols, que dice así27:

Tocius creature conditor atque omnium seculorum auctor omnipotens deus, cum in primordio seculi uniuersam conderet machinam mundi, hominemfecit cui cuncta creata subegit atque ut ille homo factus ad similitudinem dei immaginis non tumeret fastu elationis alios decreuit preficere aliis...

      He querido destacar algunas muestras de cómo se conseguía, por diversos procedimientos léxicos y rítmicos, producciones de efectos sorprendentes, que los entendidos gustaban y apreciaban. No es menester decir que al lado de los autores de estas elaboraciones en que se consumía ingenio y saber, y se ponían en juego muchos y diversos materiales, cuidadosamente analizados y utilizados, había otros muchos capaces de escribir textos fácilmente comprensibles, adaptados a las exigencias de estilo y vocabulario de cada género literario, para lo que contaban con modelos diversos que se empleaban sin cesar.

      Pero el interés de las muestras presentadas reside en el hecho de que los artificios son indicio de una nueva disposición de los espíritus, en que se empieza a prestar atención a la forma, aunque sea ésta distorsionada por la acumulación desmedida de recursos y procedimientos. Frente a la anterior obsesión por la doctrina, que requería más profundidad en los conocimientos, lo que implicaba una minoría de interesados y capaces, esta nueva dedicación a la forma, preciosista y amanerada, nos lleva a los primeros efectos de un resurgimiento de la escuela, de una valoración positiva de sus procedimientos, de una demostración de la incorporación de muchos a los niveles convenientes del triuium.

      Desde el Occidente al Oriente de la Península, el siglo X significa, en efecto, el momento de inflexión en que se expanden las escuelas; la cultura, al menos en grados medios, llega a muchísimos clérigos y laicos, ufanos de poseerla. Los eclesiásticos se cuidan de mejorar  sus condiciones de poner en práctica sus conocimientos con mecanismos y recursos diferentes de los que se habían empleado en la Península desde el siglo VII. Las relaciones entre las regiones peninsulares y ultrapirenaicas entran en un período de normalidad y frecuencia impensable en los primeros siglos de la Reconquista. Los libros, sobre todo, constituyen el soporte de toda formación e información: al lado de los tradicionales, en que se conserva el saber heredado de los tiempos godos (que son el inevitable paradigma peninsular hasta cerca del año 1000), aparecen en flujo continuo las obras de grandes escritores del mundo carolingio, las limitadas y poco novedosas del mundo mozárabe, pero sobre todo comienzan a expandirse las obras de dos mundos diferentes: las obras de ciertos autores clásicos, más ricos y variados que los anteriormente leídos, y ya no mediatizados por sistemas escolares que reducían su valor; y las obras traducidas o adaptadas del mundo árabe, que introducen nuevas técnicas originadas casi siempre en Al-Andalus, y que además ofrecen el aliciente de sus campos inéditos, más en conexión con la Naturaleza que comienza a ser descubierta.

      No son siglos oscuros. Son solamente siglos difíciles, en que la vida cotidiana, personal y social, absorbe mucho esfuerzo, en detrimento de las exigentes actividades intelectuales. Por razones del ambiente, son los libros la fuente suprema y el único camino hacía la sabiduría, que se sitúa en Dios, origen y fin del universo. El estudio ensimismado de los libros llevó a una especie de involución literaria, en que aparece como subproducto interesante toda esta digamos literatura, que en diversos géneros he procurado explicar y poner al descubierto. Como siempre, el manierismo representa el final enloquecido de una época, que intuye o descubre que otra surge dispuesta a sustituirla. Por suerte, no se agotaba con estos juegos la capacidad de los ilustrados. Hubo otras inquietudes y se pusieron en boga otras doctrinas y conocimientos que prepararon el terreno para que poco a poco la cultura latina hispana se fuera situando al nivel de todas las otras regiones europeas, ya desde el siglo XII, cuando comenzó el gran despertar de los estudios, la gran literatura latina y vernacular, el cambio radical en la estructura y aprecio de los saberes.

 

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Noticias hinchadas: en el XVI como en el XXI

 

Por JUAN MANUEL DE PRADA

 

HAY que distinguir la noticia hinchada hasta la hipertrofia de la noticia apócrifa, urdida por la imaginación del periodista que, ante una actualidad rácana o estéril, se saca de la manga fabulaciones con visos de verosimilitud o, mejor todavía, decididamente inverosímiles. Pertenece a la mitología del periodismo radiofónico aquella emisión en la que Orson Welles se inventó una invasión alienígena que desató la histeria entre sus oyentes. Más modestamente, Mariano de Cavia, aquel cronista mitológico cuyas hazañas etílicas excedían a las de Rubén Darío, describió con gran acopio de detalles un incendio en el Museo del Prado, para rellenar una página de periódico que, de lo contrario, hubiese aparecido lastrada de paparruchas municipales. El último representante de esta estirpe de periodistas falsarios ha sido el ocurrente Jayson Blair, reportero del «New York Times», que durante seis meses estuvo colando noticias ficticias, nacidas de su calenturiento caletre, al periódico más prestigioso del mundo; sin salir de su apartamento, el cachondo de Blair se inventaba entrevistas tensas de emoción y patetismo a las madres de los soldados destinados en Irak, aderezándolas incluso con digresiones paisajísticas que añadían sabor local a la superchería. Tan convincentes resultaban sus camelos que una de las madres, entrevistada por sugestión o telepatía, llegó a escribir una carta al director del «New York Times», agradeciendo al reportero la fidelidad y el mimo con que había transcrito sus declaraciones nunca pronunciadas. Carta que el director publicó con orgullo, para regocijo del falsario Blair.

Menos divertida se nos antoja otra práctica periodística cada vez más divulgada, consistente en hinchar noticias triviales o anodinas. Aquí la inventiva es suplantada por un regodeo en la nadería que causa fatiga y empacho. La información deportiva incurre en esta práctica con risueña y metódica desfachatez; basta con que tal o cual estrellita o asteroide del balompié sufra, no sé, un desgarro de frenillo, para que los noticiarios televisivos le dediquen un cuarto de hora en el que, tras enunciarse el notición, comparecen ante la cámara la estrellita lesionada (aún dolorida por el percance), el médico que le detectó la lesión (que aprovechará para endilgarnos con todo tipo de precisiones mentecatas su diagnóstico) y el entrenador pavisoso, que se refiere a la estrellita con desgarro de frenillo con la misma compungida desolación con que un oficial del ejército mencionaría la muerte de uno de sus soldados en acto de servicio. No contento con endosarnos este repertorio de declaraciones inanes, el noticiario televisivo aún dedicará como corolario unos minutos a la pura especulación, anticipando que la estrellita lesionada no podrá participar en tal o cual partido que su equipo tiene contratado para la próxima semana; si bien -se especifica, para tranquilidad de los aficionados- su sustituto podrá ocupar su puesto sin grave deterioro de la estrategia diseñada por el entrenador pavisoso. Con un poco de suerte, incluso, podremos escuchar las impresiones del sustituto, que -según él mismo nos aclara- nunca padecerá esa lesión, puesto que ha sido circuncidado. Y, mientras tanto, se nos escamotean otras noticias de mayor fuste.

Cuando agosto impone su tiranía sesteante, estas noticias hinchadas adquieren magnitudes de gangrena y tumefacción. Vean, si no, el tratamiento que se le está concediendo a la gira asiática del Real Madrid. Cualquier gol logrado en una pachanguita de chicha y nabo sirve para abrir un telediario, como si de una hecatombe o armisticio se tratase. Y eso que Beckham aún no ha sufrido desgarro de frenillo; ese día interrumpen la programación y nos endosan un monográfico de veinticuatro horas.ABC. 2003-08-09 ESP.

 

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El escándalo de los plagios de Stephan Ambrose

quiebra la carrera del más popular historiador de EE.UU.

 

 

NUEVA YORK. Alfonso Armada, corresponsal

Stephen Ambrose formaba parte de esa pléyade de historiadores minuciosos, «ratas de biblioteca», como a menudo son despiadadamente descritos, que se queman las pestañas rastreando datos y componiendo sus libros: mucho trabajo, pocos lectores. Hasta que en 1994, con «El dia D», una emotiva reconstrucción de las vidas de soldados y oficiales estadounidenses en la II Guerra Mundial, hizo diana. Fue un superventas. La fama se multiplicó cuando fue llamado por Steven Spielberg para supervisar históricamente la película «Salvar al soldado Ryan» y finalmente eligió con Tom Hanks «El dia D» para realizar una miniserie de televisión («Banda de hermanos»). Ambrose ha sido puesto en el disparadero al descubrirse que había copiado párrafos de otro historiador sin descender al enojoso empleo de las comillas.

UN LIBRO CADA DOS AÑOS

El extraordinario éxito de sus libros llevo a Ambrose a crear Ambrose & Ambrose Inc., con sede en la ciudad de Helena, estado de Montana, tras incorporar a sus cinco hijos en su maquinaria de fabricación de superventas, al ritmo de un libro cada dos años. Con la ayuda de la familia se convirtió en el historiador más prolífico y desde luego el más vendido de Estados Unidos, y todo sin perder el respeto del gremio. Hasta que un periódico literario sacó a relucir hace unos días que fragmentos enteros de su nueva obra en lo alto de las listas de ventas, «The wild blue (El indómito azul)», habían sido trasladadas sin comillas a partir de «Las alas de la mañana», obra de otro historiador, Thomas Childers, mucho menos conocido, pero acaso con más escrúpulos.

Aunque el autor, y sobre todo su editorial, Simon and Shuster, esgrimieron una primera línea de defensa, asegurando que «The wild blue» y su autor eran citados en el libro, el propio Ambrose reconoció el pasado sábado que había obrado incorrectamente y prometió restituir lo debido a Thomas Childers. Pero un minucioso rastreo por parte de «The New York Times» volvió a proporcionar sorpresas: «al menos en otros cinco lugares Ambrose había tomado prestadas palabras, frases y pasajes de libros de otros historiadores», en concreto «La fuerza aérea en la Segunda Guerra Mundial», publicado en 1949 por Wesley F. Craven y J. L. Cate, y «El despegue del poder aéreo americano», obra que Michael S. Sherry publicó en 1987. Ambrose volvió a admitir sus «errores» y prometió enmendarlos en nuevas ediciones.

Ambrose, nacido hace 66 años, decidido a seguir la carrera de su padre, se matriculo en la universidad de Wisconsin para estudiar medicina, pero luego de un curso de historia de los Estados Unidos con William B. Hesseltine, cambio de carrera.Entre 1960 y 1995, Ambrose enseñó en varias universidades, una experiencia que el propio historiador recuerda así: «No hay nada como estar de pie frente a cincuenta estudiantes a las ocho de la mañana, hablando sobre lo que ocurrió hace cien años, porque en sus rostros se puede leer un «a ver si puedes mantenerme despierto». Uno aprende rápidamente las palabras que funcionan y las que no». Algo que sin duda le sirvió de entrenamiento.

PALINODIA

«Ojala hubiera puesto las comillas, pero no lo hice», se lamenta el propio escritor en declaraciones a «The New York Times» el pasado viernes. «Yo no ando por ahí robando los escritos de otra gente. Si estoy redactando un pasaje y es una historia que quiero relatar y funciona y forma parte de un escrito de otro, la transcribo tal cual y pongo una nota a pie de página. Lo que quiero saber es de dónde diablos procede». El diario neoyorquino, fuente de «inspiración» para periodistas de todo el mundo, señala que el propio Ambrose desafió inicialmente a cualquiera a que encontrara frases tomadas prestadas sin citar en los 30 libros que lleva publicados, antes de que le fueran mostrados pasajes del «Indómito azul» pasados de contrabando. Lo que sí parece claro es que antes de que Ambrose reclutara a sus propios hijos, especialmente a Hugh, a quien califica de «extraordinario investigador» y denomina «socio», hasta el punto de que figurará en la cubierta de su próxima obra, es que sus métodos de trabajo cambiaron de forma rotunda desde las primeras obras que cimentaron su prestigio en el gremio de los historiadores: sus biografías de Eisenhower (dos volúmenes) y Nixon (tres tomos), aunque en la biografía del presidente marcado por el Watergate y en una obra dedicada a «Caballo Loco y Custer» otros historiadores han encontrado «préstamos» sin atribución, es decir, plagios, que han enturbiado, quizá con una mancha imborrable, su reputación para siempre.«ABC. XIV.I.MMII-ESPAÑA)

 

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Hoy en día se persigue y fustiga a los católicos con impunidad escandalosa. Y se les condena a tener que aceptar ‘en silencio y de manos atadas’ toda calumnia, injuria y sospecha. No sea que además de todas sus afrentas se les acuse de prepotentes por replicar conforme al derecho de toda persona a defender su honra.

 

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«La escritura de la historia se ve obstaculizada a veces por presiones ideológicas, políticas o económicas; en consecuencia, la verdad se ofusca y la misma historia termina por encontrarse prisionera de los poderosos. El estudio científico genuino es nuestra mejor defensa contra las presiones de ese tipo y contra las distorsiones que pueden engendrar» (1999).
S.S. JUAN PABLO II

 

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«La Iglesia os mira con confianza y amor. Rica en un largo pasado, posee la fuerza y el encanto de la juventud. Miradla, y veréis en ella el rostro de Cristo.
Así esperamos que la Iglesia se manifieste: un pueblo que se pone a la escucha de la Palabra de Dios» 1965. Concilio Vat. II

 

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Iglesia – “Cada cual mira a la Iglesia según el estado de su propio corazón: Unos ven en la Iglesia solo pecadores y la condenan. Otros miran a sus santos con la esperanza de llegar a ser como ellos. Prefiero mirar a los santos, sabiendo que, de pecadores que eran, Cristo los transformó en hombres nuevos. Esa es la grandeza incomparable de la Iglesia”. P. Jordi Rivero

 

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Iglesia - San Agustín a sus fieles: «Los santos mismos no están libres de pecados diarios. La Iglesia entera dice: Perdónanos nuestros pecados. Tiene, pues, manchas y arrugas (Ef 5,27). Pero por la confesión se alisan las arrugas, por la confesión se lavan las manchas. La Iglesia está en oración para ser purificada por la confesión, y estará así mientras vivieren hombres sobre la tierra» (Sermo 181, 5,7 en PL 38, 982)

 

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La gracia es el auxilio que Dios nos da para responder a nuestra vocación de llegar a ser sus hijos adoptivos. Nos introduce en la intimidad de la vida trinitaria.

 

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En la antigüedad, después de la puesta del sol, al encenderse los candiles en las casas se producía un ambiente de alegría y comunión. También la comunidad cristiana, cuando encendía la lámpara al caer la tarde, invocaba con gratitud el don de la luz espiritual. Se trataba del "lucernario", es decir, el encendido ritual de la lámpara, cuya llama es símbolo de Cristo, "Sol sin ocaso". En efecto, al oscurecer, los cristianos saben que Dios ilumina también la noche oscura con el resplandor de su presencia y con la luz de sus enseñanzas. Conviene recordar, a este propósito, el antiquísimo himno del lucernario, llamado Fôs hilarón, acogido en la liturgia bizantina armenia y etiópica:  "¡Oh luz gozosa de la santa gloria del Padre celeste e inmortal, santo y feliz, Jesucristo! Al llegar al ocaso del sol y, viendo la luz vespertina, alabamos a Dios:  Padre, Hijo y Espíritu Santo. Es digno cantarte en todo tiempo con voces armoniosas, oh Hijo de Dios, que nos das la vida:  por eso, el universo proclama tu gloria". También Occidente ha compuesto muchos himnos para celebrar a Cristo luz.

 

"Cristo, alfa y omega” "El Señor es el fin de la historia humana, el punto en el que convergen los deseos de la historia y de la civilización, centro del género humano, gozo de todos los corazones y plenitud de sus aspiraciones". "Vivificados y reunidos en su Espíritu, peregrinamos hacia la consumación de la historia humana, que coincide plenamente con el designio de su amor:  "Restaurar en Cristo todas las cosas del cielo y de la tierra" (Ef 1, 10)" (n. 45). A la luz de la centralidad de Cristo, la Iglesia interpreta la condición del hombre contemporáneo, su vocación y dignidad, así como los ámbitos de su vida:  la familia, la cultura, la economía, la política, la comunidad internacional. Esta es la misión de la Iglesia ayer, hoy y siempre:  anunciar y testimoniar a Cristo, para que el hombre, todo hombre, pueda realizar plenamente su vocación.

La Virgen María, a quien Dios asoció de modo singular a la realeza de su Hijo, nos obtenga acogerlo como Señor de nuestra vida, para cooperar fielmente en el acontecimiento de su reino de amor, de justicia y de paz.

 

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καθολικος [kazolikós (pronunciando th como en inglés, o como la z española), que significa universal].

En los tres primeros siglos de la Iglesia, los cristianos decían "cristiano es mi nombre, católico mi sobrenombre". Posteriormente se usó el término "Católica", para distinguirse de quienes se hacían llamar cristianos, pero habían caído en herejías.

La Iglesia es católica porque la Fe de Jesucristo es católica: universal.

 

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“Las cadenas del hábito son generalmente demasiado débiles para que las sintamos, hasta que son demasiado fuertes para que podamos romperlas”.

 

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"Poned empeño en conservar la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz" (Ef 4, 3).

 

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El Espíritu Paráclito fue enviado a María y a los discípulos.

Desde allí la Buena Nueva se difundió por el mundo porque, llenos del

Espíritu Santo, «predicaban la Palabra de Dios con valentía Hch 4, 31). Desde entonces -es historia-, la Iglesia ‘una, santa, católica y apostólica, parece estar siempre contra las cuerdas, pero es la única que persiste a lo largo de los siglos: 2000 años, solo ella. ‘Las sectas, falazmente instaladas –construidas con patrañas después-, usan la Sagrada Escritura. Crean expectativas apocalípticas del fin del mundo, regularmente desmentido por los hechos. Con singulares oradores, aprovechan a inventarse interpretaciones inspiradas por antojo, vertiendo a través de ellos, infundios y tergiversaciones, denigrando sobre todo a la Iglesia fundada por Cristo. La constitución de la Iglesia se consumó el día de Pentecostés, y a partir de entonces comienza propiamente su historia. Las sectas llegaron siglos y siglos después y continúan apareciendo. Que una persona en una secta, esté errada doctrinalmente no prejuzga nada de su condición moral. Pero siempre ‘cuando se encasquilla la razón se disparan las sectas’.

 

San Juan Crisóstomo (hacia 345-407) obispo de Antioquia y Constantinopla, doctor de la Iglesia Católica - Homilía 15 sobre la carta a los romanos; PG 60, 543-548 

 

“A los pobres los tenéis siempre con vosotros.” (Jn 12,8) -         “El Padre no perdonó a su propio Hijo” (Rm 8,32); tú que no das ni siquiera un trozo de pan al que fue entregado e inmolado por ti. El Padre, por ti, no le perdonó; tú pasas con desprecio al lado de Cristo que tiene hambre, cuando no vives sino por la bondad y la misericordia del Padre... El fue entregado por ti, inmolado por ti, vive en la miseria por ti, quiere que la generosidad sea una ventaja para ti, y aún así, tú no das nada. ¿Hay una piedra más dura que vuestros corazones ante la interpelación de tantas razones? No fue bastante que Cristo padeció la cruz y la muerte; quiso ser pobre, mendigo y desnudo, encarcelado (Mt 25,36) para que al menos ante esta realidad te dejes conmover. “Si no me das nada para mis dolores, por lo menos ten piedad de mí en mi pobreza. Si no me tienes piedad por mi pobreza, que mis enfermedades te ablanden, mis cadenas te enternezcan. Si todo esto no te conmueve, ¡muévate al menos la insignificancia de mi petición. No te pido nada costoso sino pan, un techo y unas palabras amistosas... Fui encadenado por ti y lo estoy todavía por ti para que, conmovido por mis cadenas pasadas o actuales, tengas misericordia de mí. He pasado hambre por ti y sigo sufriendo el hambre por ti. Tuve sed cuando estuve colgado en la cruz y sigo teniendo sed en los pobres a fin de atraerte hacia mí para tu salvación”...
         Jesús dice, en efecto: “Quien acoge a uno de estos pequeños, me acoge a mí.” (Mc 9,37)... Te podría premiar sin esto, pero yo quiero hacerme tu deudor para que lleves tú la corona segura. Por esto, aunque yo me podría alimentar yo mismo, voy mendigando aquí y allí, me presento a tu puerta y tiendo la mano. Quiero que me des de comer tú, porque te amo ardientemente. Mi felicidad consiste en estar sentado en tu mesa.”

 

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Santifiquemos nuestro corazón, hagamos modestos nuestro ojos, guardemos la lengua de las murmuraciones, hagamos penitencia por nuestros pecados, disipemos las dudas, depongamos la insensatez, troquemos nuestra pereza en celo. Ayunemos, perseveremos en la oración. Estemos prontos para la beneficencia, ejercitemos virtudes con las obras. Hagámonos niños en lo malo, y en la fe, por el contrario, perfectos. Así nos haremos en todas las virtudes dignos del augusto y gran misterio. Con gran deseo y pureza consumada gustaremos entonces el santísimo y vivificador Cuerpo y Sangre de Nuestro Señor Jesucristo; a Él sea dada la gloria y el poder por toda la eternidad. Amén.

JUAN MANDAKUNI - AÑO 415  + 490 ca. ¡Armenia siempre cristiana!

 

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"Si no aprendemos a limitar drásticamente nuestros deseos y demandas y subordinar nuestros intereses a criterios morales, nosotros, la humanidad, sencillamente nos desgarraremos, ya que los peores aspectos de la naturaleza humana sacarán a relucir sus colmillos; en las circunstancias cada vez más complejas de nuestra modernidad, el imponernos límites a nosotros mismos es la única senda que verdaderamente hará posible nuestra preservación," afirmaba Solyenitsin 1993

 

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“Con razón sostiene Santo Tomás que la verdad de la naturaleza humana encuentra su plenitud de realización mediante la gracia santificante, en cuanto ésa es perfección de la naturaleza racional creada (Quodlib., 4,6). Qué iluminadora es esta verdad para el hombre del tercer milenio, en continua búsqueda de su propia autorealización”. S. S. JUAN PABLO II – PONT. MAX.

 

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“No son pocos los que quieren ser testigos del Señor de la paz, mientras todo les va conforme a sus deseos. Quieren de buena gana ser santos, pero sin trabajo, sin tedio, sin tribulaciones, sin perjuicios. Desean, pues, conocer a Dios, saborearlo, sentirlo, pero sin amargura. Si efectivamente deben trabajar, si les produce amargura, tristeza, tinieblas y arduas tentaciones, si Dios se les esconde y se ven desprovistos de consuelos interiores o exteriores, al instante se desvanecen sus buenos propósitos. No son los verdaderos testigos que el Señor exige.

¿Quién hay que no busque la paz, quién que no quiera tener la paz en todo lo que hace? Y, sin embargo, este modo de buscar esta paz debe sin duda ser descartado. Debemos esforzarnos en tener paz en todo tiempo, incluso en las adversidades con no poco esfuerzo. De ahí debe nacer la verdadera paz, estable, segura. Verdaderamente cualquier otra cosa que busquemos, o queramos será un engaño. Si, en cambio, nos esforzamos, en cuanto nos sea posible, en estar alegres en la tristeza y mantenernos tranquilos en la turbación, sencillos en complicación y alegres en la angustia, entonces seremos verdaderos testimonios de Dios y de nuestro Señor Jesucristo.

A tales discípulos el mismo Cristo vivo y resucitado de entre los muertos auguraba la paz. Éstos en su vida terrena nunca encontraron una paz externa; pero se les dio una paz esencial, la verdadera paz en las tribulaciones, la felicidad en los insultos, la vida en la muerte. Se alegraban y exultaban cuando los hombres los odiaban, cuando los entregaban a los tribunales, cuando eran condenados a muerte. Tales son los verdaderos testigos de Dios.”

 

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“Ser bueno no es aburrido” e instó a rechazar la idea de que se están perdiendo algo si no pecan. “Pensamos que tratar con el diablo reservándonos una pequeña autonomía frente a Dios es, después de todo, bueno o incluso necesario. Pero mirando al mundo alrededor nuestro podemos ver que no es así”: S. S. Benedicto XVI. El MMV.XII.VIII. Piazza Spagna-Roma.Italia.

 

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Cada día debe subir al cielo nuestra alabanza. Es nuestra acción de gracias, que florece al despuntar la aurora, en la oración de Laudes, para bendecir al Señor de la vida y la libertad, de la existencia y la fe, de la creación y la redención.

 

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Hoy en día se persigue y fustiga a los católicos con impunidad escandalosa. Y se les condena a tener que aceptar ‘en silencio y de manos atadas’ toda calumnia, injuria y sospecha. No sea que además de todas sus afrentas se les acuse de prepotentes por replicar conforme al derecho de toda persona a defender su honra.

 

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   –Para los amantes de san Pablo, ¿cómo se puede traducir hoy aquella recomendación paulista: «Mirad que nadie os engañe con filosofías y vanas falacias»?


   –Las palabras de san Pablo hoy podemos entenderlas como un mandato que está, si cabe, más vigente que nunca. Y mucho más si tenemos en cuenta que algunos aspiran a filósofos y no paran de pronunciar vaciedades y cursilerías.

 

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«Una investigación histórica, libre de prejuicios y vinculada únicamente con la documentación científica es insustituible para derrumbar las barreras entre los pueblos» (Juan Pablo II)

 

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"Obras todas del Señor, bendecid al Señor".-

¡Gloria y alabanza a ti, Santísima Trinidad, único y eterno Dios!

San Juan Crisóstomo (†14 de septiembre de 407) meditando el libro del Génesis, guía a los fieles de la creación al Creador, que es el Dios de la condescendencia, y por eso llamado también «padre tierno», médico de las almas, madre y amigo afectuoso. Une a Dios Creador y Dios Salvador, ya que Dios deseó tanto la salvación del hombre que no se reservó a su único Hijo. Comentando los Hechos de los Apóstoles propone el modelo de la Iglesia primitiva, desarrollando una utopía social, casi una «ciudad ideal». Trataba de dar un rostro cristiano a la ciudad, afrontando los principales problemas, especialmente las relaciones entre ricos y pobres, a través de una inédita solidaridad.

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El «boom» de Benedicto XVI. Especialmente significativo es el ascenso que han experimentado los libros escritos por el cardenal Ratzinger antes de ser nombrado Pontífice. Desde el momento de su elección, el pasado 19 de abril, las librerías de todo el mundo llenaron los estantes con los libros publicados por el purpurado. Nueve meses después, sus obras siguen siendo éxitos de venta en todo el mundo, también en nuestro país.
   Entre sus libros más destacados se encuentran «Dios y el mundo» (Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores) y «La sal de la tierra» (Ediciones Palabra), ambos escritos en colaboración con el periodista Peter Seewald. El escritor va presentando distintas preguntas sobre un mundo alejado de la fe, a las que Benedicto XVI responde con meridiana claridad. El tercer libro del Papa que ha triunfado estas semanas en las librerías religiosas españolas es «Mi vida» (Ediciones Encuentro), una obra en la que el cardenal Ratzinger abre su corazón al lector para contarle sus distintas experiencias vitales…2006.I

 

Recomendamos vivamente:

 

CÓMO LA IGLESIA CONSTRUYÓ LA CIVILIZACIÓN OCCIDENTAL’

Ninguna institución ha hecho más para dar forma a la civilización occidental que la Iglesia Católica, y en modos que muchos de nosotros hemos olvidado o nunca sabido. Como la Iglesia construyó la civilización occidental es una lectura esencial para redescubrir esta relegada verdad. De un modo senillo y muy atractivo. 2007.

Autor: Thomas E. WOODS Jr. -

Editorial: CIUDADELA. 

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In Obsequio Jesu Christi.

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).