Thursday 9 September 2010 | Actualizada : 2010-08-31 
Inicio > Biblia > Apócrifo - 6º antiguas leyendas Judas Iscariote, María Magdalena, da Vinci
   » Inicio
   » Presentación
   » Aborto
   » Apologética
   » Apologética - 2º
   » Biblia
   » Ciencia y Fe
   » Filosofía
   » Filosofía - 2º
   » Familia
   » Demonio
   » Dolor
   » Eucaristia
   » Islam
   » Islam - 2º
   » Leyendas Negras
   » Leyendas Negras - 2
   » Links católicos
   » Magisterio
   » María
   » Mujer
   » Patrología
   » Revista
   » Revista - 2º
   » Temas Católicos
   » Temas Católicos - 2º
   » Turismo religioso
   » Valores
   » Valores - 2º



only search Conocereis de Verdad





Contacto



Estamos en línea:
13

«Vendrá un tiempo en que los hombres no soportarán la doctrina sana, sino que, arrastrados por sus propias pasiones, se harán con un montón de maestros por el prurito de oír novedades; apartarán sus oídos de la verdad y se volverán a las fábulas» (2 Tm 4,3-4)

 

+++

 

La búsqueda apologética no es otra cosa que la búsqueda de la Verdad: sobre Dios, sobre el Hombre, sobre la Historia. No, por tanto, un oficio más entre muchos, sino el primer trabajo que se le pide al creyente. No al de hoy, al de siempre: la primera entre todas las obras de caridad es proclamar la Verdad.

 

+++

 

 

Biblia - Un libro histórico -como son Los Evangelios por ejemplo- merece credibilidad cuando reúne tres condiciones básicas: ser auténtico, verídico e íntegro. Es decir, cuándo el libro fue escrito en la época y por el autor que se le atribuye (autenticidad), cuando el autor del libro conoció los sucesos que refiere y no quiere engañar a sus lectores (veracidad), y, por último, cuando ha llegado hasta nosotros sin alteración sustancial (integridad).

 

+++

 

Biblia - Frente a las amputaciones protestantes que están programadas, sobretodo en el quirófano del iluminismo americanista, la Iglesia de Cristo seguirá siempre defendiéndola  para que, inalterable –desde hace dos mil años- la interpretación fiel siga siendo de alimento al pueblo de Dios y a todas las personas de buena voluntad.

 

+++

 

BIBLIA - La revelación que la Sagrada Escritura contiene y ofrece ha sido puesta por escrito bajo la inspiración del Espíritu Santo. La Santa Madre Iglesia, fiel a la fe de los Apóstoles, reconoce que todos los libros del Antiguo y del Nuevo Testamento, con todas sus partes, son sagrados y canónicos, en cuanto que, escritos por inspiración del Espíritu Santo, tienen a Dios como autor, y como tales han sido confiados a la Iglesia. En la composición de los libros sagrados, Dios se valió de hombres elegidos, que usaban de todas sus facultades y talentos; de este modo, obrando Dios en ellos y por ellos, como verdaderos autores, pusieron por escrito todo y sólo lo que Dios quería. Como todo lo que afirman los hagiógrafos, o autores inspirados, lo afirma el Espíritu Santo, se sigue que los libros sagrados enseñan sólidamente, fielmente y sin error la verdad que Dios hizo consignar en dichos libros para salvación nuestra. Por tanto, toda la Escritura, inspirada por Dios, es útil para enseñar, reprender, corregir, instruir en la justicia; para que el hombre de Dios esté en forma, equipado para toda obra buena.
Dios es el autor que inspira los libros de ambos Testamentos, de modo que el Antiguo encubriera el Nuevo, y el Nuevo descubriera el Antiguo. Pues, aunque Cristo estableció con su sangre la Nueva Alianza, los libros íntegros del Antiguo Testamento, incorporados a la predicación evangélica, alcanzan y muestran su plenitud de sentido en el Nuevo Testamento y, a su vez, lo iluminan y lo explican.

Constitución Dei Verbum, 11.16 – Concilio VATICANO II

 

+++

María Magdalena - Taddeo Crivelli -1469ca.Italia Ferrara.

 

Toda la Escritura divina es un libro y este libro es Cristo, "porque toda la Escritura divina habla de Cristo, y toda la Escritura divina se cumple en Cristo" (Hugo de San Víctor, De arca Noe 2,8: PL 176, 642; cf. Ibid., 2,9: PL 176, 642-643).

135 "La sagrada Escritura contiene la palabra de Dios y, en cuanto inspirada, es realmente palabra de Dios" (DV 24).

136 Dios es el Autor de la Sagrada Escritura porque inspira a sus autores humanos: actúa en ellos y por ellos. Da así la seguridad de que sus escritos enseñan sin error la verdad salvífica (cf. DV 11).

137 La interpretación de las Escrituras inspiradas debe estar sobre todo atenta a lo que Dios quiere revelar por medio de los autores sagrados para nuestra salvación. Lo que viene del Espíritu sólo es plenamente percibido por la acción del Espíritu (Cf Orígenes, hom. in Ex. 4,5).

138 La Iglesia recibe y venera como inspirados los cuarenta y seis libros del Antiguo Testamento y los veintisiete del Nuevo.

139 Los cuatro evangelios ocupan un lugar central, pues su centro es Cristo Jesús.

140 La unidad de los dos Testamentos se deriva de la unidad del plan de Dios y de su Revelación. El Antiguo Testamento prepara el Nuevo mientras que éste da cumplimiento al Antiguo; los dos se esclarecen mutuamente; los dos son verdadera Palabra de Dios.

141 "La Iglesia siempre ha venerado la Sagrada Escritura, como lo ha hecho con el Cuerpo de Cristo" (DV 21): aquellas y éste alimentan y rigen toda la vida cristiana. "Para mis pies antorcha es tu palabra, luz para mi sendero" (Sal 119,105; Is 50,4).

 

+++

 

P-Tengo dos amigos: uno dice que María Magdalena no existió, ni Magdala; otro dice que en realidad era María de Betania, la hermana de Lázaro. En realidad coinciden en que no aparece en el Evangelio tal cual. ¿Usted qué opina?

 

R-Es verdad, era la hermana de Lázaro y no se dice que fuera una prostituta, aunque sí que estuvo poseída. El personaje es histórico, sin duda.

Dr. CÉSAR VIDAL. 05.IX.2006-L.D.ESP.

 

+++

 

La semana pasada dijo usted que María Magdalena y María de Betania eran la misma persona. ¿En que argumento se basa para hacer esa afirmación?

 

Pues hombre, si María Magdalena era hermana de Lázaro de Betania y Lázaro de Betania tenía una hermana que se llamaba María que era María de Betania digo yo que serían la misma persona... o que se volvían locos en casa para saber a qué María se dirigían. Al respecto el Evangelio de Juan es muy claro.

Diálogo con César Vidal tuvo lugar entre las 17:00hs. y las 18:00 del martes 12 de septiembre 2006.

 

+++ 

 

P: En su opinión, ¿hay alguna base racional basado en hechos concretos que permita afirmar que María Magdalena fue esposa de Jesús? ¿Tuvieron descendencia? A la muerte de Jesús, ¿ella y sus hijos huyeron de Israel con destino Francia y fundaron sus descendientes la dinastía merovingia?

 

R: 1. No existe la menor referencia en las fuentes históricas. 2. Ni siquiera sabemos si María Magdalena la tuvo con que fíjese para afirmar que el padre fuera Jesús. 3. Eso ya es una majadería de dimensiones colosales. De los parientes de Jesús se sabe que el último fue Conón y que murió mártir en el siglo II en Asia. Lo demás es un camelo.

 

+++

 

LOS NOMBRES DE JESÚS Y MARÍA  - “El nombre de Jesús era un nombre muy común. En las obras de de Flavio Josefo por ejemplo, aparecen 21 Jesús diferentes. El nombre de María era más corriente aún, tanto que a veces cuesta trabajo diferenciar las Marías del Evangelio.

 

+++

 

LITERATURA PSEUDOHISTÓRCA

 

"No podemos permitir que el silencio de los creyentes sea tomado por vergüenza y que la buena fe (¿o la necedad?) de millones de personas sea burdamente manipulada por los medios de comunicación sin levantar un grito de protesta en nombre no sólo de la fe, sino también del sentido común y de la sana razón".

 

En su predicación del Viernes Santo 2006 en la Basílica de San Pedro, el Predicador de la Casa Pontificia, P. Raniero Cantalamessa, ofmcap., antes de entrar en el tema propio de la celebración litúrgica dijo la siguientes palabras, que, por su momento y contexto, revelan la trascendencia del asunto:


«¡Sed, cristianos, más firmes al moveros!»

«Vendrá un tiempo en que los hombres no soportarán la doctrina sana, sino que, arrastrados por sus propias pasiones, se harán con un montón de maestros por el prurito de oír novedades; apartarán sus oídos de la verdad y se volverán a las fábulas» (2 Tm 4,3-4)

Esta palabra de la Escritura --sobre todo la alusión al prurito de oír cosas nuevas-- se está realizando de modo nuevo e impresionante en nuestros días. Mientras nosotros celebramos aquí el recuerdo de la Pasión y Muerte del Salvador, millones de personas son inducidas por hábiles retocadores de antiguas leyendas a creer que Jesús de Nazaret nunca fue, en realidad, crucificado. En los Estados Unidos hay un best seller del momento, una edición del Evangelio de Tomás, presentado como el evangelio que «nos evita la crucifixión, hace innecesaria la resurrección y no nos obliga a creer en ningún Dios llamado Jesús» [1].

«Existe una percepción penosa en la naturaleza humana --escribía hace años el mayor estudioso bíblico de la historia de la Pasión, Raymond Brown: cuanto más fantástico es el escenario imaginado, más sensacional es la propaganda que recibe y más fuerte el interés que suscita. Personas que jamás se molestarían en leer un análisis serio de las tradiciones históricas sobre la pasión, muerte y resurrección de Jesús, son fascinadas por cada nueva teoría según la cual Él no fue crucificado y no murió, especialmente si la continuación de la historia incluye su fuga con María Magdalena hacia La India... [o hacia Francia, según la versión más actualizada]… Estas teorías demuestran que cuando se trata de la Pasión de Jesús, a pesar de la máxima popular, la ficción supera la realidad y frecuentemente, se pretenda o no, es más rentable» [2].

Se habla mucho de la traición de Judas, y no se percibe que se está repitiendo. Cristo sigue siendo vendido, ya no a los jefes del Sanedrín por treinta denarios, sino a editores y libreros por miles de millones de denarios... Nadie conseguirá frenar esta ola especulativa que, es más, registrará una crecida con la inminente salida de cierta película; pero habiéndome ocupado durante años de Historia de los Orígenes Cristianos, siento el deber de llamar la atención sobre un equívoco descomunal que está en el fondo de toda esta literatura pseudohistórica.

Los evangelios apócrifos sobre los que se apoya son textos conocidos de siempre, en todo o en parte, pero con los que ni siquiera los historiadores más críticos y hostiles hacia el cristianismo pensaron jamás, antes de hoy, que se pudiera hacer historia. Sería como si dentro de algún siglo se pretendiera reconstruir la historia actual basándose en novelas escritas en nuestra época.

El error garrafal consiste en el hecho de que se utilizan estos escritos para hacerles decir exactamente lo contrario de lo que pretendían. Estos forman parte de la literatura gnóstica del siglo II y III. La visión gnóstica --una mezcla de dualismo platónico y de doctrinas orientales revestida de ideas bíblicas-- sostiene que el mundo material es una ilusión, obra del Dios del Antiguo Testamento, que es un dios malo, o al menos inferior; Cristo no murió en la cruz porque jamás había asumido, más que en apariencia, un cuerpo humano, siendo éste indigno de Dios (docetismo).

Si Jesús, según el Evangelio de Judas, del que se ha hablado mucho estos días, ordena Él mismo al apóstol que le traicione es porque, muriendo, el espíritu divino que está en Él podrá finalmente liberarse de la implicación de la carne y volver a subir al cielo. El matrimonio orientado a los nacimientos hay que evitarlo (encratismo); la mujer se salvará sólo si el «principio femenino»

(thelus) personificado por ella se transforma en el principio masculino, esto es, si deja de ser mujer [3].

¡Lo cómico es que actualmente hay quien cree ver en estos escritos la exaltación del principio femenino, de la sexualidad, del pleno y desinhibido goce de este mundo material, en polémica con la Iglesia oficial que, con su maniqueísmo, siempre habría conculcado todo ello! El mismo equívoco que se observa a propósito de la doctrina de la reencarnación. Presente en las religiones orientales como un castigo debido a culpas precedentes y como aquello a lo que se anhela poner fin con todas las fuerzas, aquella es acogida en occidente como una maravillosa posibilidad de volver a vivir y a gozar indefinidamente de este mundo.

Son asuntos que no merecerían tratarse en este lugar y en este día, pero no podemos permitir que el silencio de los creyentes sea tomado por vergüenza y que la buena fe (¿o la necedad?) de millones de personas sea burdamente manipulada por los medios de comunicación sin levantar un grito de protesta en nombre no sólo de la fe, sino también del sentido común y de la sana razón. Es el momento, creo, de volver a oír la advertencia de Dante Alighieri:

«Sed, cristianos, más firmes al moveros:
no seáis como pluma a cualquier soplo,
y no penséis que os lave cualquier agua.

Tenéis el antiguo y nuevo Testamento,
y el pastor de la Iglesia que os conduce;
y esto es bastante ya para salvaros…

¡Sed hombres, y no ovejas insensatas!». [4]

 

+++

 

En la encíclica Deus Caritas est, Benedicto XVI ha señalado que la caridad es un rasgo esencial de la Iglesia: “El amor es el servicio que presta la Iglesia para atender constantemente los sufrimientos y las necesidades, incluso materiales, de los hombres” (n. 19). MMVI.

 

+++

 

DISCERNIR - A todos se les pide el saber cultivar un atento discernimiento y una constante vigilancia, madurando una sana capacidad crítica ante la fuerza persuasiva de tantos medios de comunicación que no cesan de inventar, suponer o repetir ‘leyendas negras’, difamaciones o mentiras históricas… mienten sabiendo de mentir.

Los que escuchan no deben ser obligados a imposiciones ni compromisos, engaño o manipulación. Jesús enseña que la comunicación es un acto moral “El hombre bueno, del buen tesoro saca cosas buenas y el hombre malo, del tesoro malo saca cosas malas. Os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres darán cuenta en el día del Juicio. Porque por tus palabras serás declarado justo y por tus palabras serás condenado” (Mt 12, 35-37). “Por tanto, desechando la mentira, hablad con verdad cada cual con su prójimo, pues somos miembros los unos de los otros. […]No salga de vuestra boca palabra dañosa, sino la que sea conveniente para edificar según la necesidad y hacer el bien a los que os escuchen” (Ef 4, 25.29).

[Se juzga la institución por las personas. Nadie dice que la democracia es mala porque haya políticos corruptos, pero sí ‘capciosamente’ se acepta que la Iglesia es mala porque hay malos sacerdotes].

 

+++

 

P: Quiénes y cuándo compusieron el Nuevo Testamento? ¿Cuánto se piensa hoy que es cierto en los Evangelios y cuánto falso? ¿Cuánto se piensa hoy que es cierto en los Evangelios "no admitidos" y cuánto falso?

 

R: 1. Es opinión extendida que el NT estaba concluido para el año 70 d. de C. pero hay especialistas que retrasarían esa fecha hasta el 90. Los autores son los que figuran en cada uno de sus libros, es decir, apóstoles y discípulos de apóstoles.

 

2. En indudable que los Evangelios son documentos históricos total y absolutamente fiables. Si, por ejemplo, uno compara Lucas con Tácito o Suetonio es mucho más exacto y, de hecho, desde las excavaciones de William Ramsay parece obvio que cuando Lucas discrepa con algún historiador clásico siempre tiene razón.

 

3. Los Evangelios apócrifos son muy tardíos y, en general, su contenido es delirantemente legendario. Puede admitirse que algún dato contenido en los mismos tenga valor histórico pero –se llega a ver- son obras que carecen de él y que tienen más utilidad para analizar la evolución histórica del cristianismo que para proporcionarnos datos fidedignos sobre la vida de Jesús.

 

+++  

 

Messori explica lo que se sabe y

lo que no se sabe de Judas

 

ROMA, 16 Abr.2006 (ACI).-“La Herejía del Iscariote benemérito” es el título de un artículo en el que el polemista católico italiano Vittorio Messori demuestra el absurdo que subyace sobre la idea de un Judas “bondadoso” que sostiene el polémico documental “El evangelio de Judas”, difundido el Domingo de Ramos por National Geographic.Messori, autor de “Informe sobre la Fe” y del libro-entrevista con el Papa Juan Pablo II “Cruzando el Umbral de la Esperanza”, escribe en el diario Corriere della Sera que “hace ya dieciocho siglos la Iglesia condenó una herejía gnóstica entre muchas, aquella de los ‘cainitas’ que valorando en clave antijudía las figuras negativas de la Escritura, planteaba la hipótesis de un Iscariote benéfico, traidor a pedido del mismo Jesús”.

Messori se sorprende que un texto que ya era conocido hace mil 800 años y condenado por los Padres de la Iglesia haya merecido el “clamor mediático sospechoso de intereses comerciales” que en realidad “no revela nada de nuevo, salvo algunos de los textos precisos sobre los cuales cayó la condena católica”.No sin ironía, el polemista italiano señala que “si ninguno habla de las infinitas ridiculeces heterodoxas de textos apócrifos del Nuevo Testamento, tal vez es no sólo porque los periodistas saben poco, sino porque ninguna empresa ha pensado en aprovecharlos para vender revistas, libros y DVDs”. “Y también porque aún no se ha decidido (al menos por ahora, aunque se está acercando el momento) insertarse en el grotesco filón pseudo-biblico del cual Dan Brown es apenas el proveedor más afortunado”, agrega.

Messori sí reconoce que entre los exegetas católicos existen legítimas discrepancias sobre lo que movió a Judas a traicionar a Jesús.

En el Triduo Pascual, opina el autor, Benedicto XVI se adhiere a la tesis que señala que Judas traicionó porquevaloraba a Jesús según las categorías del poder y del éxito: para él el amor no cuenta, sólo el poder y el éxito son realidad”.

Esta interpretación severa de la traición de Judas, dice Messori, se fundamenta en que Judas, como los hebreos de su tiempo esperaba un Mesías vencedor; “pero la desilusión comenzó a crecer, frente al rechazo de Jesús de asumir un papel político”.Judas, entonces, habría traicionado no por las treinta monedas –que eran el precio de un esclavo de poco valor– sino que era “la manera, pensaba, de poner a Jesús con la espalda contra la pared, de presionar a aquel Mesías temeroso y tardo en desplegar su poder: para no ser capturado habría finalmente mostrado cuál es el poder de Dios que lo había enviado”.

El fracaso del proyecto de Judas, señala Messori, explican su desesperación y “la crisis que los llevó al suicidio”. Aunque el Papa se adhiere a esta postura, sigue siendo una hipótesis y por ello la Iglesia no ha definido las motivaciones del traidor. Pero de lo que no cabe duda, es que se trató de un acto conciente, maligno y libre.“Sólo Dios sabe qué es lo que pasó en el corazón de aquel desventurado, y cuáles fueron las motivaciones profundas de la decisión fatal”.Sin embargo, Messori concluye señalando que, incluso respecto de Judas, la Iglesia mantiene su postura: de nadie puede afirmarse que se ha condenado con absoluta certeza, ni siquiera de quien Jesús dijo que “más le valdría no haber nacido”.

 

+++

 

 

HECHOS HISTÓRICOS - Se perfilan así diversos interrogantes: ¿se puede hacer pesar sobre la conciencia actual una culpa vinculada a fenómenos históricos irrepetibles, como las cruzadas o la inquisición? ¿No es demasiado fácil juzgar a los protagonistas del pasado con la conciencia actual (como hacen escribas y fariseos, según Mt 23,29-32), como si la conciencia moral no se hallara situada en el tiempo? ¿Se puede acaso, por otra parte, negar que el juicio ético siempre tiene vigencia, por el simple hecho de que la verdad de Dios y sus exigencias morales siempre tienen valor? Cualquiera que sea la actitud a adoptar, ésta debe confrontarse con estos interrogantes y buscar respuestas que estén fundadas en la revelación y en su transmisión viva en la fe de la Iglesia. La cuestión prioritaria es, por tanto, la de esclarecer en qué medida las peticiones de perdón por las culpas del pasado, sobre todo cuando se dirigen a grupos humanos actuales, entran en el horizonte bíblico y teológico de la reconciliación con Dios y con el prójimo.  

 

La identificación de las culpas del pasado de las que enmendarse implica, ante todo, un correcto juicio histórico, que sea también en su raíz una valoración teológica. Es necesario preguntarse: ¿qué es lo que realmente ha sucedido?, ¿qué es exactamente lo que se ha dicho y hecho? Solamente cuando se ha ofrecido una respuesta adecuada a estos interrogantes, como fruto de un juicio histórico riguroso, podrá preguntarse si eso que ha sucedido, que se ha dicho o realizado, puede ser interpretado como conforme o disconforme con el Evangelio, y, en este último caso, si los hijos de la Iglesia que han actuado de tal modo habrían podido darse cuenta a partir del contexto en el que estaban actuando. Solamente cuando se llega a la certeza moral de que cuanto se ha hecho contra el Evangelio por algunos de los hijos de la Iglesia y en su nombre habría podido ser comprendido por ellos como tal, y en consecuencia evitado, puede tener sentido para la Iglesia de hoy hacer enmienda de culpas del pasado.

 

La relación entre «juicio histórico» y «juicio teológico» resulta, por tanto, compleja en la misma medida en que es necesaria y determinante. Se requiere, por ello, ponerla por obra evitando los desvaríos en un sentido y en otro: hay que evitar tanto una apologética que pretenda justificarlo todo, como una culpabilización indebida que se base en la atribución de responsabilidades insostenibles desde el punto de vista histórico. Juan Pablo II ha afirmado respecto a la valoración histórico-teológica de la actuación de la Inquisición: «El Magisterio eclesial no puede evidentemente proponerse la realización de un acto de naturaleza ética, como es la petición de perdón, sin haberse informado previamente de un modo exacto acerca de la situación de aquel tiempo. Ni siquiera puede tampoco apoyarse en las imágenes del pasado transmitidas por la opinión pública, pues se encuentran a menudo sobrecargadas por una emotividad pasional que impide una diagnosis serena y objetiva... Ésa es la razón por la que el primer paso debe consistir en interrogar a los historiadores, a los cuales no se les pide un juicio de naturaleza ética, que rebasaría el ámbito de sus competencias, sino que ofrezcan su ayuda para la reconstrucción más precisa posible de los acontecimientos, de las costumbres, de las mentalidades de entonces, a la luz del contexto histórico de la época» 

 

La interpretación de la historia

 

¿Cuáles son las condiciones de una correcta interpretación del pasado desde el punto de vista del conocimiento histórico? Para determinarlas hay que tener en cuenta la complejidad de la relación que existe entre el sujeto que interpreta y el pasado objeto de interpretación; en primer lugar se debe subrayar la recíproca extrañeza entre ambos. Eventos y palabras del pasado son ante todo «pasados»; en cuanto tales son irreductibles totalmente a las instancias actuales, pues poseen una densidad y una complejidad objetivas, que impiden su utilización únicamente en función de los intereses del presente. Hay que acercarse, por tanto, a ellos mediante una investigación histórico‑crítica, orientada a la utilización de todas las informaciones accesibles de cara a la reconstrucción del ambiente, de los modos de pensar, de los condicionamientos y del proceso vital en que se sitúan aquellos eventos y palabras, para cerciorarse así de los contenidos y los desafíos que, precisamente en su diversidad, plantean a nuestro presente.

 

En segundo lugar, entre el sujeto que interpreta y el objeto interpretado se debe reconocer una cierta copertenencia, sin la cual no podría existir ninguna conexión y ninguna comunicación entre pasado y presente; esta conexión comunicativa está fundada en el hecho de que todo ser humano, de ayer y de hoy, se sitúa en un complejo de relaciones históricas y necesita, para vivirlas, de una mediación lingüística, que siempre está históricamente determinada. ¡Todos pertenecemos a la historia! Poner de manifiesto la copertenencia entre el intérprete y el objeto de la interpretación, que debe ser alcanzado a través de las múltiples formas en las que el pasado ha dejado su testimonio (textos, monumentos, tradiciones...), significa juzgar si son correctas las posibles correspondencias y las eventuales dificultades de comunicación con el presente, puestas de relieve por la propia comprensión de las palabras o de los acontecimientos pasados; ello requiere tener en cuenta las cuestiones que motivan la investigación y su incidencia sobre las respuestas obtenidas, el contexto vital en que se actúa y la comunidad interpretadora, cuyo lenguaje se habla y a la cual se pretenda hablar. Con tal objetivo es necesario hacer refleja y consciente en el mayor grado posible la precomprensión, que de hecho se encuentra siempre incluida en cualquier interpretación, para medir y atemperar su incidencia real en el proceso interpretativo.

 

Finalmente, entre quien interpreta y el pasado objeto de interpretación se realiza, a través del esfuerzo cognoscitivo y valorativo, una ósmosis («fusión de horizontes»), en la que consiste propiamente la comprensión. En ella se expresa la que se considera inteligencia correcta de los eventos y de las palabras del pasado; lo que equivale a captar el significado que pueden tener para el intérprete y para su mundo. Gracias a este encuentro de mundos vitales, la comprensión del pasado se traduce en su aplicación al presente: el pasado es aprehendido en las potencialidades que descubre, en el estímulo que ofrece para modificar el presente; la memoria se vuelve capaz de suscitar nuevo futuro.

 

A una ósmosis fecunda con el pasado se accede merced al entrelazamiento de algunas operaciones hermenéuticas fundamentales, correspondientes a los momentos ya indicados de la extrañeza, de la copertenencia y de la comprensión verdadera y propia. Con relación a un «texto» del pasado, entendido en general como testimonio escrito, oral, monumental o figurativo, estas operaciones pueden ser expresadas del siguiente modo: «1) comprender el texto, 2) juzgar la corrección de la propia inteligencia del texto y 3) expresar la que se considera inteligencia correcta del texto» 66. Captar el testimonio del pasado quiere decir alcanzarlo del mejor modo posible en su objetividad, a través de todas las fuentes de que se pueda disponer; juzgar la corrección de la propia interpretación significa verificar con honestidad y rigor en qué medida pueda haber sido orientada, o en cualquier caso condicionada, por la precomprensión o por los posibles prejuicios del intérprete; expresar la interpretación obtenida significa hacer a los otros partícipes del diálogo establecido con el pasado, sea para verificar su relevancia, sea para exponerse a la confrontación con otras posibles interpretaciones.

 

Para que la Iglesia realice un adecuado examen de conciencia histórico delante de Dios, con vistas a la propia renovación interior y al crecimiento en la gracia y en la santidad, es necesario que sepa reconocer las «formas de antitestimonio y de escándalo» que se han presentado en su historia, en particular durante el último milenio. No es posible llevar a cabo una tarea semejante sin ser conscientes de su relevancia moral y espiritual. Ello exige la definición de algunos términos clave, además de la formulación de algunas precisiones necesarias en el plano ético. MM.

 

+++

 

 

María Magdalena en «El Código Da Vinci»

 

Diversos libros que han analizado hasta qué punto "El Código Da Vinci" es fiable respecto a la historia del cristianismo, abordan lo que dice sobre María Magdalena. Un rápido repaso de lo que nos dice Dan Brown.

 

Aceprensa 19/04/2006

Religión - 19-04-2006 041/06 

Diversos libros que han analizado hasta qué punto "El Código Da Vinci" es fiable respecto a la historia del cristianismo, abordan lo que dice sobre María Magdalena. En "Descodificando a Da Vinci" (Ed. Palabra, 2004), Amy Welborn (1) escribe: 

Hagamos un rápido repaso de lo que nos dice Dan Brown sobre María Magdalena.

Según Brown, era una mujer judía de la tribu de Benjamín, que se casó con Jesús y dio a luz a su hijo. Jesús trató de dejar a la Iglesia en sus manos, esa Iglesia iba a devolver la "deidad femenina" a la vida humana y al conocimiento general. Después de la crucifixión de Jesús, María Magdalena huyó a la comunidad judía de Provenza, donde ella y su hija Sarh hallaron refugio. Su vientre es el "Santo Grial". Sus huesos descansan bajo la pirámide de cristal a la entrada del Louvre. El Priorato de Sión y los Caballeros Templarios se dedicaron a proteger su historia y sus reliquias. El Priorato le da culto "como Diosa... y como Madre Divina".

(...) Considerando que los Evangelios mencionan a María de Magdala en escasas ocasiones, ¿de dónde proceden esas ideas? La respuesta está exactamente en la novela, cuando Teabing, nuestro notable erudito muestra su biblioteca (...). Y cita "La Revelación de los Templarios" y "El enigma sagrado" –dos obras de pedante pseudohistoria y teoría conspiratoria–, "The Goddess in the Gospels" ("Las diosas en los evangelios", en castellano) y "The Woman With the Alabaster Jar" ("María Magdalena, ¿esposa de Jesús?", en castellano), de Margaret Starbird, quien, entre otros medios, emplea la numerología –la suma de los números de su nombre– para llegar a la conclusión de que María Magdalena fue venerada como diosa en la primitiva cristiandad.

(…) Bien; detengámonos unos momentos para reflexionar sobre todo lo que nos han dicho en esta novela: que los Evangelios no deben consultarse o leerse en sentido literal, y que ni por un momento nos podemos creer que transmiten cualquier verdad sobre los sucesos que relatan. Pero ¿no nos han dicho también que transmiten en código que los primeros cristianos consideraban una diosa a María Magdalena?

Bien; si la consideraban como una diosa, ¿por qué no lo difundieron? ¿Por qué fastidiar con ese buen Jesús crucificado-resucitado, cuando podían dar culto a la Magdalena, si era lo que deseaban hacer? No es que hubiera alguna censura política, social o cultural hacia los que deseaban dar culto a una diosa. Seguramente no serían arrestados, encarcelados y ejecutados por profesar una fe centrada en otra persona que permanecerá sin nombre y que, supuestamente, no recibirá culto hasta el siglo IV. (…)

¿La Magdalena demonizada? 

Esto adquiere gran importancia en "El Código Da Vinci", que a menudo se refiere a la identificación de María Magdalena con una prostituta como parte de una maliciosa conjura tramada por la Iglesia para hacer frente a cualquier sospecha, o incluso (se dice) evidencia histórica, del liderazgo de María Magdalena en el cristianismo primitivo.

Dos puntos: en primer lugar, la asociación de María Magdalena con la prostitución se extendió durante siglos en el cristianismo occidental (aunque no en el oriental). Sin embargo, no hay pruebas de que se hiciera, como afirman Brown y sus fuentes, por maldad, por misoginia o por temor a la autoridad femenina.

(…) Brown insinúa repetidamente que María Magdalena fue marginada y demonizada por el cristianismo tradicional, que la pintó, dice, como una mujer libertina, una prostituta, etc., con el propósito, se supone, de rebajar su importancia.

Como mucho de lo que encontramos en Brown, esto no solo es falso... es sencillamente una insensatez.

El cristianismo, tanto oriental como occidental, ha honrado a María Magdalena como santa. Los cristianos han puesto su nombre a iglesias, han rezado ante la supuesta tumba donde reposan sus reliquias y le atribuyen milagros. ¿Es posible llamar demonizar a eso?

En cuanto al tema de la prostitución, incluso quienes relacionan a María Magdalena con "la mujer... que era una pecadora" de Lucas 7, no ahondan en sus culpas. El cristianismo no hace hincapié en el pecado tras el arrepentimiento. Ese es el resultado de la fe en Jesús. No; María Magdalena, como lo atestigua la leyenda sobre ella, es recordada esencialmente por su papel como testigo de la resurrección de Jesús.

Antes del Renacimiento, las imágenes de María Magdalena eran bastante serenas. Solo a partir de entonces nos la encontramos como una arrepentida, desaliñada, medio desnuda y con el cabello suelto. Los artistas del Renacimiento mostraban un interés creciente por una presentación más naturalista de la forma humana, y por una integración más explícita de las emociones en las representaciones artísticas. Esas imágenes de María Magdalena tienen más que ver con intereses artísticos que con el modo en que la Iglesia cristiana hablaba de ella.

El partido de la Magdalena 

La estudiosa Jane Schaberg y otras expertas feministas contemporáneas, como Karen King de la Harvard Divinity School, han aprovechado el papel prominente de María Magdalena en algunos escritos gnósticos del siglo II en adelante para insinuar una lucha por el poder entre el partido de Pedro y el de María Magdalena en el interior del cristianismo. (…)

Veamos ahora los problemas lógicos que se derivan sobre ello, tal y como están expresados en la novela:

Si el partido de Pedro –al que podemos suponer vencedor, según manifiesta repetidamente Brown en su novela– fuera tan poderoso como para depurar a María y rebajar su importancia, ¿por qué iba a destacar su papel primordial en los relatos de la resurrección, como el de la primera persona que recibió la Buena Noticia?

Brown nos ha dicho anteriormente que, antes de que Constantino llevara a cabo su perversa hazaña en 325 d.C., los cristianos de cualquier lugar creían que Jesús era un "hombre mortal". En este caso, ¿quiénes formaban exactamente el partido de Pedro? Presumiblemente eran los "vencedores", lo que significa que tenían que haber creído en la divinidad de Jesús, porque esta fue la doctrina que "venció". Pero, si no se inventó la divinidad de Jesús hasta el 325 d.C., ¿dónde estuvieron todo ese tiempo? (…)

¿Existen pruebas de que una parte de la ortodoxia cristiana luchara por la supremacía sobre el partido de Magdalena, y degradaran su figura durante el proceso?

No. Se trata de una pura especulación basada en la lectura, ideológicamente motivada, de unos textos fechados por lo menos cien años después de la vida de Jesús. Así lo hicieron algunas sectas gnóstico-cristianas que surgieron a finales del siglo II, y que atribuían a María Magdalena un papel preponderante. En los pasajes de los escritos gnósticos del siglo I no hay datos que indiquen una intimidad entre Jesús y María Magdalena, ni que proporcionen argumentos teológicos que apoyen su versión del cristianismo y rebajen el papel de Pedro y los apóstoles.

¿Esposa de Jesucristo? 

"El Código Da Vinci" dice que Jesús se casó con María Magdalena y que eso está "documentado históricamente". En "El engaño Da Vinci" (Ed. Palabra, 2006), Mark Shea y Edward Sri comentan:

Entre los miles de páginas escritas por los primeros cristianos no aparece un solo texto que hable de que Jesús estuviera casado con María Magdalena. Ni en los Evangelios del Nuevo Testamento, ni en las cartas de san Pablo, ni en los Padres de la Iglesia. ¡Ni tampoco en los evangelios gnósticos!

Todas las pruebas apuntan en otra dirección: que Jesús no se casó nunca. Por ejemplo, si Jesús hubiera tenido una esposa, ciertamente, los evangelios tuvieron muchas oportunidades para hablarnos de ello. Aunque mencionan frecuentemente a sus parientes (su padre, su madre, sus primos), nunca nos hablan de una esposa. Esto resulta muy raro si realmente Jesús hubiera estado casado.

Además, el Nuevo Testamento nunca menciona a María Magdalena como "esposa de Jesús". Las mujeres en los evangelios se asocian a menudo con hombres importantes que están junto a ellas si, de hecho, existen esos hombres en sus vidas. Lo llamativo es que el nombre de María Magdalena se suele unir a los de otras mujeres cuyas vidas están relacionadas con hombres conocidos, como "María (la Madre) de Jesús" y "María, mujer de Cleofás" (Juan 19, 25) y "Juana, la mujer de Cusa" (Lucas 8,3). Pero lo que destaca en María Magdalena es que, cada vez que se menciona su nombre, se suele identificar con su lugar de nacimiento, Magdala, pero nunca con un hombre. (...) Este pequeño detalle lo dice todo. Indica que María Magdalena no estuvo casada, y mucho menos casada con Jesucristo.

____________________ 

(1) De esta misma autora es "Descodificando a María Magdalena. Verdad, leyendas y mentiras", publicado en Ediciones Palabra. Agradecemos a Arvo net. 2006-04-21

 

+++

 

 

El Código da Vinci

 

Un montaje millonario para sacar cuartos a los ingenuos y de paso confundirles al máximo las ideas sobre Cristo y la Iglesia (o/y viceversa). De carcajada, si no fuera por la sacralidad de lo que se trata.

 

Un conglomerado

La novela ‘El Código Da Vinci’ es un conglomerado de arqueología, simbología, misterio, datos reales y colosales invenciones. Todo ello tramado en un relato bastante bien escrito que llega a encubrir la falta de verdad y quien sabe si también las intenciones menos confesables.

El autor ya había ensayado este procedimiento en novelas anteriores, especialmente en la última, Ángeles y Demonios, una historia en la que se mezclan simbología, religión y secretos misteriosos; tuvo una acogida más bien limitada.

En ésta que comentamos da un salto descomunal e involucra en su trama todo aquello que más revuelo puede causar, a personas tan relevantes como Jesús de Nazaret y la Magdalena [...]

La novela parte de un crimen extraño que se comete en el Louvre: la víctima es un sucesor de Leonardo da Vinci y de Isaac Newton que se lleva a la tumba “el fabuloso secreto” del Santo Grial y la verdad sobre Cristo. A partir de este suceso Brown entreteje una trama confusa de peripecias fantásticas para dar con ese supuesto secreto.

Al llegar el cambio de milenio sin haberlo descubierto se movilizan los poderes interesados en poseer esas pruebas, y llevan a cabo una serie de estratagemas, en las que no falta el chantaje y hasta el crimen, con tal de hacerse con el curioso secreto. Éste es en síntesis el contenido del libro.

Consciente de que el escrito atañe a elementos muy enraizados en el alma de hipotéticos lectores, presenta sus fuentes de información. Para apoyar la verdad sobre Jesús, incluso esa invención del matrimonio con la Magdalena y la supuesta hija de ambos, habla de unos evangelios apócrifos, pero silencia que todo el apoyo de esta burda quimera es una frase del evangelio gnóstico de Tomás: “Y (Magdalena) subirá a mi tálamo...”, y, por supuesto, se calla que los gnósticos entendían el tálamo nupcial en sentido místico, nunca en sentido literal, y que ningún comentarista serio interpreta dicha expresión gnóstica como lo hace Brown influido por “La última tentación de Cristo” y algunos escritores sensacionalistas de “teología ficción” [...]

Sobre la Iglesia católica que termina siendo el blanco último de sus envenenados dardos, no menciona ni un solo documento de sus dirigentes jerárquicos ni de los innumerables comentaristas e historiadores bien intencionados.

Se limita a repetir los viejos tópicos sobre las Cruzadas, la inquisición, la condena del racionalismo o cientifismo, etc., y cuando se refiere a la época contemporánea, alude, siempre de modo negativo, al Banco Ambrosiano y a las finanzas del Vaticano, al supuesto afán de dominio o a la escasa valoración de la mujer en la Iglesia. Con todo esto el libro aporta mucha información aparente, pero con incorrecciones y errores de bulto que no resisten la crítica más elemental.

Un relato deforme

Todo en el relato es ampuloso y deforme. La figura de Jesús es tratada con menosprecio. Además de negar su divinidad se le describe como un hombre cualquiera, acosado de pasiones y cargado de problemas menos nobles. No se oculta su condición de maestro y líder, pero siempre en un plano horizontal y achatado. Su matrimonio con la Magdalena y el trato con su hija son elementos básicos para rebajar su condición espiritual y su condición divina, y vulgarizar lo más posible su comportamiento.

Al referir sucesos en los que intervienen miembros del Opus Dei los trazos se hacen más gruesos, se describen como habituales actitudes aberrantes y se deforma la personaldiad de los protagonistas hasta extremos insospechables. A lo largo del libro se presenta una figura tan deforme del Opus Dei que ni los enemigos más enconados podrán aceptar, por inverosímil.

La Obra es, según la novela, una especie de secta fanática, formada por monjes que desprecian su cuerpo y hacen penitencias increíbles; someten y oprimen a la mujer, fomentan los valores más conservadores del catolicismo y adoptan agresivos métodos de reclutamiento, como drogar a los jóvenes con mezcalina. Eso sí, es una empresa de gran potencial económico, construye un rascacielos en Manhattan, el prelado viaja en jet privado y ostenta joyas fabulosas, etc.

En el mismo clima de exageraciones se dice que obtuvo de la Santa Sede la forma jurídica de Prelatura a cambio de enjugar el déficit de la banca vaticana que sobrevino tras la quiebra del Banco Ambrosiano (¡mil millones de dólares! costó la broma).

La presentación deforme y siempre negativa del comportamiento del personaje siniestro, un monje albino y desequilibrado, miembro del Opus Dei, llega al extremo cuando relata que cometió varios asesinatos, mató a su padre, a la monja que conocía aspectos de su vida e incluso llega a amenazar de muerte al Prelado.

Demasiada invención

Demasiada invención, demasiada maldad, demasiada perversión como para ser ni siquiera verosímil, pero los lectores más inocentes pueden quedarse con la idea de que el Opus Dei es una institución poco fiable.

La Iglesia Católica es, como hemos indicado, el centro de su demencial condena. La idea que deja traslucir sobre el Opus Dei repercute necesariamente en la Iglesia y en su jerarquía, puesto que es una institución aprobada y apreciada. Pero además la novela contiene invectivas directas, tan graves como falsas.

La Iglesia es, en la novela, la gran mentira histórica, nacida como consecuencia de una invención del emperador Constantino, que buscaba una religión única para el imperio; hasta entonces era una simple creencia de origen oriental que giraba en torno a un profeta judío llamado Jesús que había enseñado una doctrina atractiva mientras convivía con una mujer de nombre María Magdalena y con su hija Sarah.

Constantino

El propio Constantino convocó el Concilio de Nicea donde sometió a votación y se declaró como dogma la divinidad de Jesús. Desde entonces el que era un hombre sencillo fue encumbrado a la dignidad de Hijo de Dios. Semejante innovación obligó a destruir los antiguos evangelios y reescribirlos de nuevo mostrando el carácter divino de Jesús. Estos nuevos relatos manipulados ya no mencionan a la Magdalena como mujer de Jesús.

A partir de entonces la Iglesia católica se ha convertido en una institución poderosa que no ha dudado en cometer crímenes horrendos para conservar su prepotencia. Por conservar el secreto, base de la ficción de la novela, la Iglesia es capaz de todo tipo de atropellos, de todo tipo de falacias.

En este contexto se valoran negativamente las cruzadas (campañas militares de la Iglesia para recopilar y destruir información sobre el secreto de los orígenes vergonzantes del cristianismo), se exageran los crímenes cometidos por la Inquisición, se ridiculizan las condenas del racionalismo, etc.

Lo que se opone a la Iglesia es presentado como auténtico y digno de aprecio; lo que está a favor, es deforme y engañoso.

Por más que el autor intenta enmascarar estos disparates con múltiples referencias históricas, religiosas o artísticas, cualquier lector medianamente informado se sentirá herido y tomado por estúpido.

Santiago Ausín - Profesor de Sagrada. Escritura

 

+++

 

Ignorancia de la historia - Muchos errores se cometen por ignorancia de la historia y esa ignorancia sirve también de arma tanto defensiva como ofensiva de quienes no están interesados en el conocimiento de la verdad sino en la confusión entre verdad y error, entre el bien y el mal.

Lo dijo Cicerón: "Si ignoras lo que ocurrió antes de que nacieras, siempre serás un niño".

 

+++

 

Hechos históricos - Es flaqueza humana querer interpretar hechos históricos sin hacer un esfuerzo leal a fin de llegar a la mayor objetividad alcanzable con soluciones inteligentes y razonables. Aún haciéndolo con rigor, ánimo y vigor, nuestra percepción estará siempre condicionada en el marco de los actuales conocimientos y experiencias. Este condicionamiento propio de la aventura humana no nos exime de ser fidedignos, verídicos y fieles en el trato o en el desempeño con el estudio de hechos puntuales que la historia nos muestra. Comprender que otras culturas –en otras épocas, con otros lenguajes, delante de otras cuestiones de otros hombres- han hecho también sus propias afirmaciones.

 

+++

 

PASADO - El gran Montalembert escribía: «Para juzgar el pasado deberíamos haberlo vivido; para condenarlo no deberíamos deberle nada». Todos, creyentes o no, católicos o laicos, nos guste o no, tenemos una deuda con el pasado y todos, en lo bueno y en lo malo, estamos comprometidos con él.

 

+++

 

La mentira y el error están en desacuerdo con la realidad. Cuando un mundo se construye contra la realidad, ese mundo está abocado a la ruina, y mientras ésta llega va arruinando a los hombres.

 

+++

Convicción -«Apelar a la tolerancia para desacreditar la posibilidad de convicciones fuertes es un error de bulto, pues la tolerancia se apoya y alimenta de una convicción. La tolerancia no implica relativismo, más bien al contrario.» MMV

 

+++

 


 Tesis fundamentales del Código da Vinci
Por José Miguel Cejas

 

 ¿Cuáles son las afirmaciones fundamentales del mensaje del Código da Vinci?

 

  • Jesús no es Dios.
  • Jesús tuvo una mujer, que fue María Magdalena; y sus hijos, los portadores de su sangre, son el Santo Grial (sangre de rey = sang real = Santo Grial), que fueron los fundadores de la dinastía Merovingia en Francia y antepasados de la protagonista de la novela.
  • Jesús y María Magdalena representaban la dualidad masculina-femenina (como Marte y Atenea, Isis y Osiris) y los primeros seguidores de Jesús adoraban "el sagrado femenino", hasta que Constantino y la Iglesia acabaron con esa realidad sustituyéndola por “leyendas”.
  • Ha llegado el momento de descubrir las falsedades de la Iglesia Católica -dice Brown- y conocer el "verdadero mensaje de Cristo".

 

¿Qué consecuencias tiene el mensaje que propone El Código con respecto a Cristo?

 

  • p. 331. Brown afirma que la versión de la historia de Jesús que propone la Iglesia es inventada. Construye una figura de Jesús “políticamente correcta” para cierta mentalidad actual, y lo presenta como un hombre que no plantea ningún tipo de exigencia moral ni vital.
  • Estos son los rasgos del “Cristo de Dan Brown” Cristo no es Dios.Hasta aquel momento de la historia Jesús era visto por sus discípulos como un profeta mortal, un poderoso y un gran hombre, pero un hombre nada más. Un mortal”. Y ataca a la Iglesia por devaluar la humanidad de Cristo.

     
    Señala Welborn: "La afirmación de El Código Da Vinci de que el cristianis­mo tradicional devalúa la humanidad de Jesús es abso­lutamente falsa. Los Evangelios nos lo presentan sistemáticamente como un personaje real, muy humano, opuesto a la bastante etérea figura que encontramos en los escritos gnósticos. Muchas de las discusiones teológicas y de los conflictos en los primeros cuatro siglos de la historia del cristianismo reflejan la determinación de los Padres cristianos de ser fieles a los relatos del Evangelio, y de permanecer firmemente unidos a la perfecta humanidad de Jesús".

 

  • Jesús fue el primer feminista, dice Brown, que lanza esta firmación sorprendente: Pretendía que el futuro de su iglesia estuviese en manos de María Magdalena".

    Jesús estuvo casado.

    Brown afirma que los Evangelios silencian el matrimonio de Jesús porque ese estado era el habitual de cualquier judío; y no se consideraba lo bastante importante como para mencionarlo. Además –dice Brown por boca de un personaje- el matrimonio era absolutamente normativo para un hombre judío en tiempos de Jesús, especialmente para un rabino como él: un Jesús soltero habría necesitado defenderse.
  • Meier rebate este argumento del silencio, porque los Evangelios no ocultan otras relaciones de Jesús. Los Evangelistas mencionan a sus padres y a otros parientes; se habla de las mujeres que le seguían, prestándole ayuda, etc.

    No hay motivos para no mencionar a una posible esposa. Además, Jesús no era un rabino: sus discípulos le llamaban «rabbi», que significa «maestro», pero eso no significa que fuera un rabino en el sentido formal o institucional.

    Y no es cierto que todos los rabinos se casaran: en aquella época hubo al menos una secta judía –los esenios- que permanecían célibes.

 

Con respecto a la Iglesia Católica

  • p.288 Brown niega la inspiración divina de la Biblia, la divinidad de Cristo y afirma que el cristianismo es un invento de Constantino adaptado de las simbologías paganas.
     
  • p.290. Afirma -en contra de los testmonios que se conservan- que hasta el Concilio de Nicea, Jesús era considerado un hombre corriente. Al divinizarlo -dice Brown- se tuvieron que reescribir los libros sagrados, quemando los antiguos, que se conservan en Qumrán.
  • La Iglesia Católica -afima Brown- es una gran asesina que ha matado para ocultar su vicio de origen.
     
  • Esto le lleva a lanzar las teorías más fantásticas: las Cruzadas fueron para Brown unas campañas militares de la Iglesia, organizadas para recopilar y destruir información sobre el secreto de la falsedad de los orígenes del cristianismo.

 

¿Qué afirma Brown sobre el catolicismo y los católicos?

 

  • Los Cuatro Evangelios

    Para Brown los Cuatro Evangelios -objeto de investigación histórica durante siglos- son un simple montaje de Constantino. Y no da más datos, como de costumbre, para avalar su información.

    La tesis de Brown se contradice frontalmente con la realidad histórica: los apóstoles y otros discípulos fueron testigos de la predicación de Jesús, de su muerte y su resurrección. Guardaron lo que habían visto y oído y lo transmitieron. 
  • Aparecieron otros textos, gnósticos, que no tuvieron credibilidad para la gran masa de los cristianos. Como recuerda Introvigne, en la época del Canon Muratoriano -que data aproximadamente del 190 después de Cristo- el reconocimiento de cuatro evangelios como canónicos y la exclusión de textos gnósticos era un proceso que ya se encontraba sustancialmente completo: ¡noventa años antes de que naciese Constantino!
     
  • Sin embargo, para Brown el Nuevo Testamento no merece ser considerado como fuente de información fidedigna. «La Biblia no nos llegó impuesta desde el cielo», dice un personaje de la novela. Afirma que la formación de la Escritura fue un proceso oscuro en el cual se aceptaron o se negaron pasajes de la vida de Jesús en función de los intereses de unas gentes movidas por el deseo de poder. 
     
  • Pero la historia sobre el establecimiento del Canon de la Sagrada Escritura –que está científica y seriamente estudiado- muestra claramente que eso no sucedió así. Jesús dejó una Iglesia: los apóstoles, María, y otros discípulos (hombres y mujeres) que sólo aceptaron los textos que se escribieron en la primera época apostólica.
     
  • Esos discípulos conservaron con exactitud las palabras y los hechos de Jesús; eran palabras que se empleaban en la liturgia, la predicación y la enseñanza para comunicar fielmente la fe en Jesús a toda la comunidad cristiana.
     
  • Por el contrario, los textos gnósticos en los que Brown centra su teoría nunca fueron considerados canónicos, ni se consideraron fiables y dignos de crédito.. 
     
  • Dice un estudioso del "Código da Vinci": “Tenemos que pensar con lógica y seriedad sobre esto. ¿Qué provecho obtendrían los apóstoles y los primeros cristianos por ocultar la verdad? ¿Les proporcionaría honra y alabanzas? ¿Les haría más ricos? ¿Les haría ganar poder? Puesto en lugar de ellos, ¿soportaría uno los mismos padecimientos de los primeros cristianos si supiera que era una mentira? Y, además de todo lo anterior, ¿qué sucedió al final con Jesús? ¿Acaso no resucitó?
     
  • Lo cierto es que, a lo largo de los siglos, los cristianos fueron arrestados, torturados y encarcelados, pero no por seguir simplemente a un maestro. Fueron castigados porque, tal y como se entendía el cristianismo, daban culto a Dios, encarnado en Jesús de Nazaret, con una fidelidad que les impedía honrar a César como señor o como dios, aunque eso les acarrease el martirio. Su visión de un mundo en el que Dios reinaba como Señor del universo era, con absoluta certeza, una traición para los demás”.

 Otras instituciones y personajes

 

  • La Magdalena.

    Brown afirma que María Magdalena fue demonizada por el cristianismo tradicional, que la pintó como una prostituta, con el propósito de injuriarla. Pero eso no es cierto: jamás ha sido demonizada: el cristianismo la honra como santa y los cristianos han puesto su nombre a iglesias y le atribuyen milagros.
  • Y si los seguidores de Pedro –los "manipuladores", según Brown- depuraron la figura de María Magdalena ¿por qué destacaron su actuación en los relatos de la resurrección, mostrando que fue la primera persona –una mujer- que recibió la Buena Noticia del mismo Jesús resucitado?
     
  • Cinco millones de brujas (¡!)

    Es una cifra absurda, además de un error táctico por parte del autor que busca el desprestigio a toda costa de la Iglesia Católica, ya que fue precisamente en los países protestantes donde la caza de brujas fue más larga y virulenta, a diferencia de los países católicos.
     
  • Leonardo y el Código.

    Judith Verónica Field, profesora de la Universidad de Londres y presidenta de la Leonardo Da Vinci Society, niega cualquier tipo de "código" en el pintor italiano.
     
  • La Gioconda.

    Giuseppe Pallanti
    ha demostrado que no era una cortesana ni una amante de Leonardo, como afirma Brown, sino un personaje bien documentado: se llamaba monna Lisa Gherardini, una mujer que vivió en Florencia, ciudad en la que nació –concretamente, en la Via Maggio en el 1479- y era esposa de un amigo de la familia de Leonardo, comerciante en sedas.
     
  • El cuadro de La Última Cena.

    Brown afirma que este cuadro está lleno de códigos que apuntan a un Jesús casado con María Magdalena, porque el personaje que se ha considerado como el de Juan es en realidad María Magdalena; por la postura de Jesús y de esta supuesta María Magdalena; por una mano sin cuerpo, supuestamente la de Pedro, que esgrime un cuchillo; y porque allí no hay cáliz: si no lo hay, ese cáliz tiene que ser la propia María Magdalena. 
     
  • Pero este cuadro no representa el momento de la institución de la Eucaristía, sino el momento en que Jesús anuncia que alguno de sus discípulos le va a traicionar.

    Por eso Leonardo sitúa a los personajes al mismo lado de la mesa.
    Como de costumbre, los presupuestos de Brown son falsos.
     
  • La crítica de arte Elizabeth Levy afirma en el libro "Descodificando a da Vinci":

    «Brown aprovecha el rostro de suaves rasgos y la figura de un Juan imberbe del cuadro de Leonardo para presentarnos su fantástica afirmación de que se trata de una mujer. Por otra parte, si realmente San Juan fuera Mana Magdalena, hemos de preguntamos por el apóstol que falta en aquel crítico momento.

El problema real es el resultado de nuestra falta de familiaridad con los "tipos". En su Tratado de la Pintura, Leonardo explica que cada personaje debe ser pintado con arreglo a su edad y condición. Un hombre sabio tiene ciertas características, una anciana otras y los niños otras. Un tipo clásico, como en muchos cuadros del Renacimiento, es el "estudiante".

El favorito, el protegido o el discípulo son siempre hombres muy jóvenes, totalmente afeitados y de cabello largo, con objeto de transmitir la idea de que aún no han madurado lo suficiente como para haber encontrado´ su camino. A lo largo del Renacimiento, los artistas pintaron así a San Juan: es el estudiante ideal; es el "discípulo amado", el único que permanecerá al pie de la cruz. Y lo representaron siempre como un joven imberbe, sin la fisonomía dura y resuelta del hombre.

La Última Cena de Ghirlandaio o de Andrea del Castagno nos muestran al mismo dulce y joven Juan» (de un artículo en www.zenit.org).

  • Como escribe el critico de arte Bruce Boucherel 3 de agosto del 2003 en el New York Times , la mano misteriosa sin cuerpo que, según Brown, amenaza a María Magdalena tiene también una explicación:

«... pero no es una mano sin cuerpo. El dibujo preliminar y las copias posteriores de La Última Cena demuestran que la mano y el cuchillo pertenecen a Pedro: una referencia al pasaje del Evangelio de San Juan en el que Pedro saca la espada en defensa de Jesús».
 

  • Los documentos de la Biblioteca de París. Según Introvigne, “Se trata de los famosos documentos en parte “redescubiertos” en 1975 en la Biblioteca Nacional de París, y en parte transmitidos anteriormente al escritor Gérard de Sède. Los documentos, sin embargo, han sido “redescubiertos” por las mismas personas que los habían escondido en la Biblioteca Nacional de París: Plantard y sus amigos. Y es completamente cierto que no se trata de documentos antiguos sino de documentos falsos modernos. 
     
  • El principal autor de los documentos falsos, Philippe de Chérisey -muerto en 1985- ha confesado haber participado en su falsificación, lamentándose incluso de haberlos utilizado sin que se le pagara la debida compensación, hecho sobre el que existen cartas del abogado de Chérisey. 
  • ¿El Tíber o el Sena? "A la mayoría los quemaban en la hoguera y los arrojaban al Tíber sin más ceremonias." (Pág. 357) Dice una estudiosa: “Se equivocó de río. Si se refiere a la famosa ejecución del gran maestre de Molay y de su compañero de Charney en 1314, como fueron quemados en París el río era el Sena. Si quiere hacer una referencia al papado, debería haber escrito el Ródano puesto que en esos años, la sede papal no era Roma sino Avignon".
     
  • Opus Dei. Cualquier parecido entre lo que cuenta Brown del Opus Dei y esta realidad de la Iglesia Católica es pura coincidencia. 
  • ¿Quién fundó París? "Los merovingios fundaron París." – afirma Brown con gran seguridad en la página. 275.
    • Los escolares franceses saben que París fue fundada por una tribu céltica, los Parisii, en el siglo III antes de Cristo.
       
    • Los merovingios convirtieron a París en la capital de los francos unos siglos más tarde, en el 508 después de Cristo.

 

Una curiosa omisión

  • “En “El Código Da Vinci”, Brown insiste en que en los dos mil últimos años el cristianismo ha sido ferozmente patriarcal y está dispuesto a honrar todo indicio de lo «sagrado femenino» en cualquier lugar que surja.

    Aparentemente -y resulta asombroso-, Brown nunca ha oído hablar de María, la Madre de Jesús. Si realmente uno desea apreciar la distancia que hay entre las afirmaciones de esta novela y la realidad del cristianismo, debe reflexionar un momento sobre esta patente y extraña omisión: hay que preguntarse cuál es la causa. Y sólo podemos llegar a la conclusión de que la enorme importancia de María en el pensamiento y las manifestaciones cristianas socavan los argumentos de Brown sobre el temor que el cristianismo siente por lo «sagrado femenino»; en consecuencia, Brown decide que lo mejor es pretender que nunca existió. Pero existió.

    Los cristianos a lo largo de la historia han afirmado siempre que María es la Madre Virginal del Hijo de Dios encarnado; a través de su papel en la salvación -al decir «sí» a Dios, su fiat-, su vida nos revela la fidelidad de Dios, su compasión y la magnitud de su amor, como se manifiesta a través del amor de una madre.”

 

¿Hay algo positivo en todo esto?

 

  • El “fenómeno Da Vinci” pone de relieve el interés de muchas personas por los grandes temas: Cristo, los primeros cristianos, la Iglesia, el sentido de la vida.
  • Manifiesta de forma patente la gran ignorancia religiosa actual, fruto de décadas de una catequesis muy deficiente por parte de los católicos medianamente formados. Afirma Welborn:

"En el centro de estos temas aparece uno que no es un tema, sino que es una persona: Jesús de Nazaret. Estoy convencida de que el motivo de que muchos de los nuestros hayan aceptado las afirmaciones de El Código Da Vinci con tanta credulidad se debe a que no hemos intentado tratar de conocer seriamente a Jesús.
 

  • Tanto si vamos a la Iglesia como si no, nos hemos mantenido a distancia de Él, dejando que sean los demás quienes nos digan lo que hemos de pensar, sin molestarnos en leer ni un solo Evangelio desde el principio hasta el fin. Y, en consecuencia, asumimos la conclusión, tan común en nuestra cultura, de que, en cualquier caso, se trata de un tema opinable, sin una auténtica seguridad en el fondo.

Pues bien, como aclaran brillantemente los testimonios de los primeros apóstoles, no se trata de opiniones, de mitos o de metáforas. Pedro, Pablo y, sí, María Magdalena no dieron sus vidas a una metáfora. Conocieron a Jesús como ser humano y misteriosamente, gloriosamente, como algo más, y le entregaron sus vidas literalmente, unas vidas en plenitud de la gracia que les invadía".

  • Este libro plantea, para las personas amantes de la verdad y para los cristianos, la necesidad acuciante de transmitir de forma amena y sencilla -como la ha hecho Brown- las verdades históricas y las verdades de fe.
  • Muestra cuáles deben ser las prioridades en la Evangelización: hablar de Cristo y de su mensaje, con una doctrina seriamente fundamentada en la historia, en la teología y enraizada en un conocimiento de la cultura.

 

José Miguel Cejas - http://www.conelpapa.com/codigo/index.htm

RELACIONADOS:

Para saber más:
El CÓDIGO DA VINCI EN DIEZ MINUTOS
Investiga los secretos que no te contó Dan Brown. En html. Pulsa aquí

García Noblejas. Un experto analiza la estructura literaria del Código

Gnosticismo y Código da Vinci

Grial, Caballeros Templarios y Código da Vinci

Catholic News Service: sobre el Código Da Vinci

Ciencia en El Código da Vinci

Circo de Vinci. Novela y película. ABC

Constantino, Emperador en el Código da Vinci: ¿Quién fue? ¿Qué dice la historia?

Leonardo da Vinci y el Código da Vinci: ¿Quién fue realmente? El secreto de un genio

Leonardo da Vinci según Dan Brown y el mensaje escondido en sus cuadros

Controversias sobre El Código da Vinci

Cristo, según la historia

Críticas en periódicos de EE.UU. y de Inglaterra sobre "El Código da Vinci "
María Magdalena y el Código da Vinci: datos históricos fidedignos

María Magdalena: toda la verdad sobre Jesús y la Magdalena

María Magdalena según el Código da Vinci: ¿quién fue realmente?

Matud, Álvaro: análisis de El Código da Vinci

Merovingios: ¿quiénes crearon la dinastía de los merovingios?

Misterios paganos y misterios cristianos: ¿Qué relación hay?

Mortificación: Cilicio, disciplinas... ¿Qué sentido tiene?

Mortificación: preguntas y respuestas sobre la mortificación (word)
Mujer e Iglesia Católica: luces y sombras

Mujer: opiniones del Prelado del Opus Dei (word)

Mujer: opiniones del Prelado del Opus Dei (pdf)

Mujer: The feminist mystique
Navarro Valls: acerca de El Código da Vinci: no es eso
Película Código da Vinci. Responsable de la relación del Opus Dei con medios internacionales: "Vamos a convertir el limón en limonada" 12 de enero de 2006.

Película Código da Vinci. Opus Dei. Comunicado de Prensa: "mantenemos la esperanza de que no haya referencias que pueden herir a los católicos" 14 de febrero de 2006.

El blog de John Wauck sobre el Código da Vinci(inglés)

Opus Dei: ¿Qué es y qué persigue realmente?

Olson: la verdad sobre El Código da Vinci

Opiniones sobre el libro y la película Código da Vinci
Opus Dei: críticas

Opus Dei and women. Sobre la visión del Código da Vinci

Opus Dei. El Código da Vinci y el verdadero rostro del Opus Dei
Opus Dei: datos poco conocidos

Opus Dei: declaración de la Oficina Información de Estados Unidos sobre el Código da Vinci
Opus Dei: direcciones en todo el mundo
Opus Dei: dossier sobre Escrivá
Opus Dei y franquismo

Opus Dei
Opus Dei: respuesta a la película sobre el Código da Vinci

Opus Dei: informe
Master Opus Dei

Mortificación corporal en el Opus Dei

Opus Dei and corporal mortification

¿Secta católica?

¿Una institución hambrienta de poder?

Opus Dei and cult allegations (Sobre el Código da Vinci)

Opus Dei´s focus and secular life
Catholics leaders defend Opus Dei (sobre el Código da Vinci)
What about the criticism Opus Dei?

Roeser, Thomas. Crítica en el Chicago Sun Times sobre el Código da Vinci
"Sagrado Femenino", en el Código da Vinci. Mujer y sexualidad

Secreto de El Código da Vinci, El.
The Times de Londres: un valoración sobre el Código da Vinci

2006-04-21-Agradecemos a ‘arvo.net’ 

 

+++

 

En el laberinto de las sectas puedes quedar enmarañado: ora e instrúyete.

 

El termino "evangélico" es un termino que adoptaron algunas sectas protestantes [metodistas, bautistas, presbiterianos, etc.] al concluir una propia conferencia, en la ciudad de Panamá en el año de 1906, donde se dieron cuenta del escándalo que producía seguir llamándose cada uno por su nombre, [pentecostales, testigos, adventistas, episcopales, metodistas, bautistas, etc., etc., etc]; complicando con ello a los Latino-Americanos en su proyecto de proselitismo, que veían con sospecha la variedad y la diversidad de doctrinas y creencias entre los protestantes que invadían nuestras tierras desde los USA.

Es como decir "gillette" para denominar una navaja de rasurar; "shampoo" para denominar el liquido con el cual se lava el cabello. ¡Una secta para cada gusto!.

-..-

"Las sectas protestantes dicen que solamente la Biblia es fuente de revelación. ¿Podrían ustedes con la sola Biblia dar el capítulo y versículo donde se afirma que S. Mateo, S. Marcos, S. Lucas y S. Juan son los autores de los Evangelios que llevan su nombre y certificarlo de forma apodíctica, sin tener que recurrir a la Tradición de la Iglesia Católica?. Esto es sumamente importante, ya que más del 90 % de lo que sabemos acerca de Jesús, está en estos cuatro (4) sagrados documentos del origen del cristianismo y –siguiendo vuestra tesis-, no encontrando en la Biblia tal afirmación, no son dignos de considerarlos Palabra Divina con todas sus consecuencias." ¿Hay algún protestante que pueda responder a esta pregunta?

 

Dice Tomás de Aquino que omnis error ex superbia causatur (todo error tiene por causa la soberbia)

 

Protestantismo - Desgraciadamente, lo que el ‘protestantismo’ ha hecho es exaltar y tratar como algo sagrado al rebelde y disidente juicio privado considerándolo como un dogma de fe, y las consecuencias de esto se han hecho manifiestas. ¡No funciona! La Enciclopedia Cristiana Mundial (Publicación de la Universidad de Oxford, 1983) estima que hay mas de 20,000 denominaciones en existencia, y la aplastante mayoría de ellas – todas excepto por un puñado de ellas – han sido creadas en los últimos 500 años y son denominaciones ‘protestantes’. Ese es el fruto de la doctrina de juicio privado.

Podemos ver, desde nuestro punto de observación 500 años después de la Reforma, las consecuencias devastadoras de esta doctrina, como actúa como un martillo para machacar y hacer trizas a las iglesias haciéndolas más y más pequeñas con el pasar del tiempo. Sin embargo, las gentes de aquel tiempo debieron haber podido prever estas consecuencias, y de hecho así lo hicieron. Los Católicos de aquel periodo abiertamente predijeron el caos; mismo que ahora ha florecido en el mundo Cristiano, y los Reformistas mismos vieron lo que pasaría. Los Reformistas por eso tomaron medidas para mitigar esta situación y desacelerar el número de denominaciones que estaban siendo creadas.

 

¿Y las humanas doctrinas de los predicadores protestantes con esas sectas que se multiplican como hongos parasitarios? [sectas bautistas –norte y sur- tenemos no menos de 19].¡Que muchos viven a costa ajena y sin mayores escrúpulos! Sí, con mucha charlatanería... y Biblia bajo el brazo.

 

+++

 

Dijo Jesús: “conoceréis la verdad y la verdad os hará libres” (San Juan, 8, 32). Hace veinticinco años (04/03/1979) lo recordaba Juan Pablo II: “Jesucristo sale al encuentro del hombre de toda época, también de nuestra época, con las mismas palabras: Conoceréis la verdad y la verdad os librará. Estas palabras encierran una exigencia y una advertencia: la exigencia de una relación honesta con la verdad, como condición de una auténtica libertad; y la advertencia de que se evite cualquier libertad aparente, cualquier libertad superficial y unilateral, cualquier libertad que no profundice en toda la verdad sobre el hombre y sobre el mundo”. (Redemptor hominis, 12.3). “Veritatis Splendor”: (06/08/1993): “en algunas corrientes ateas del pensamiento moderno se ha llegado a exaltar la libertad hasta el extremo de considerarla como la fuente de los valores”.

Conocida clerecía protestante predicando la maldad, la división, el sectarismo, el fanatismo, la mentira y el error, pululando los pueblos con disparidad de sectas y cultos por doquier, sin que los protestantes de bien los señalen; eso en mi lengua se llama ‘complicidad’ = [participante o asociado en crimen o culpa imputable a dos o más personas].

 

+++

 

Los Evangelios fueron escritos por hombres que pertenecieron al grupo de los primeros que tuvieron fe (cf. Mc 1, 1; Jn 21, 24) y quisieron compartirla con otros. Habiendo conocido por la fe quién es Jesús, pudieron ver y hacer ver los rasgos de su Misterio durante toda su vida terrena. Desde los pañales de su natividad (Lc 2, 7) hasta el vinagre de su Pasión (cf. Mt 27, 48) y el sudario de su resurrección (cf. Jn 20, 7), todo en la vida de Jesús es signo de su Misterio. A través de sus gestos, sus milagros y sus palabras, se ha revelado que "en él reside toda la plenitud de la Divinidad corporalmente" (Col 2, 9). Su humanidad aparece así como el "sacramento", es decir, el signo y el instrumento de su divinidad y de la salvación que trae consigo: lo que había de visible en su vida terrena conduce al misterio invisible de su filiación divina y de su misión redentora.

 

+++

 

El Espíritu Santo, intérprete de la Escritura

109 En la Sagrada Escritura, Dios habla al hombre a la manera de los hombres. Por tanto, para interpretar bien la Escritura, es preciso estar atento a lo que los autores humanos quisieron verdaderamente afirmar y a lo que Dios quiso manifestarnos mediante sus palabras (cf. DV 12,1).

110 Para descubrir la intención de los autores sagrados es preciso tener en cuenta las condiciones de su tiempo y de su cultura, los "géneros literarios" usados en aquella época, las maneras de sentir, de hablar y de narrar en aquel tiempo. "Pues la verdad se presenta y se enuncia de modo diverso en obras de diversa índole histórica, en libros proféticos o poéticos, o en otros géneros literarios" (DV 12,2).

111 Pero, dado que la Sagrada Escritura es inspirada, hay otro principio de la recta interpretación , no menos importante que el precedente, y sin el cual la Escritura sería letra muerta: "La Escritura se ha de leer e interpretar con el mismo Espíritu con que fue escrita" (DV 12,3).

El Concilio Vaticano II señala tres criterios para una interpretación de la Escritura conforme al Espíritu que la inspiró (cf. DV 12,3):

112 1. Prestar una gran atención "al contenido y a la unidad de toda la Escritura". En efecto, por muy diferentes que sean los libros que la componen, la Escritura es una en razón de la unidad del designio de Dios , del que Cristo Jesús es el centro y el corazón, abierto desde su Pascua (cf. Lc 24,25-27. 44-46).

El corazón (cf. Sal 22,15) de Cristo designa la sagrada Escritura que hace conocer el corazón de Cristo. Este corazón estaba cerrado antes de la Pasión porque la Escritura era oscura. Pero la Escritura fue abierta después de la Pasión, porque los que en adelante tienen inteligencia de ella consideran y disciernen de qué manera deben ser interpretadas las profecías (S. Tomás de A. Expos. in Ps 21,11).

113 2. Leer la Escritura en "la Tradición viva de toda la Iglesia". Según un adagio de los Padres, "sacra Scriptura pincipalius est in corde Ecclesiae quam in materialibus instrumentis scripta" ("La Sagrada Escritura está más en el corazón de la Iglesia que en la materialidad de los libros escritos"). En efecto, la Iglesia encierra en su Tradición la memoria viva de la Palabra de Dios, y el Espíritu Santo le da la interpretación espiritual de la Escritura ("...secundum spiritualem sensum quem Spiritus donat Ecclesiae": Orígenes, hom. in Lev. 5,5).

114 3. Estar atento "a la analogía de la fe" (cf. Rom 12,6). Por "analogía de la fe" entendemos la cohesión de las verdades de la fe entre sí y en el proyecto total de la Revelación.

El sentido de la Escritura

115 Según una antigua tradición, se pueden distinguir dos sentidos de la Escritura: el sentido literal y el sentido espiritual; este último se subdivide en sentido alegórico, moral y anagógico. La concordancia profunda de los cuatro sentidos asegura toda su riqueza a la lectura viva de la Escritura en la Iglesia.

116 El sentido literal. Es el sentido significado por las palabras de la Escritura y descubierto por la exégesis que sigue las reglas de la justa interpretación. "Omnes sensus (sc. sacrae Scripturae) fundentur super litteralem" (S. Tomás de Aquino., s.th. 1,1,10, ad 1) Todos los sentidos de la Sagrada Escritura se fundan sobre el sentido literal.

117 El sentido espiritual. Gracias a la unidad del designio de Dios, no solamente el texto de la Escritura, sino también las realidades y los acontecimientos de que habla pueden ser signos.

1.      El sentido alegórico. Podemos adquirir una comprensión más profunda de los acontecimientos reconociendo su significación en Cristo; así, el paso del Mar Rojo es un signo de la victoria de Cristo y por ello del Bautismo (cf. 1 Cor 10,2).

2.      El sentido moral. Los acontecimientos narrados en la Escritura pueden conducirnos a un obrar justo. Fueron escritos "para nuestra instrucción" (1 Cor 10,11; cf. Hb 3-4,11).

3.      El sentido anagógico. Podemos ver realidades y acontecimientos en su significación eterna, que nos conduce (en griego: "anagoge") hacia nuestra Patria. Así, la Iglesia en la tierra es signo de la Jerusalén celeste (cf. Ap 21,1-22,5).

118 Un dístico medieval resume la significación de los cuatro sentidos:

"Littera gesta docet, quid credas allegoria,
Moralis quid agas, quo tendas anagogia"

(Agustín de Dacia, Rotulus pugillaris, I: ed. A. Walz: Angelicum 6 (1929), 256)

119 "A los exegetas toca aplicar estas normas en su trabajo para ir penetrando y exponiendo el sentido de la Sagrada Escritura, de modo que con dicho estudio pueda madurar el juicio de la Iglesia. Todo lo dicho sobre la interpretación de la Escritura queda sometido al juicio definitivo de la Iglesia, que recibió de Dios el encargo y el oficio de conservar e interpretar la palabra de Dios" (DV 12,3):

Ego vero Evangelio non credere, nisi me catholicae Ecclesiae commoveret auctoritas (S. Agustín, fund. 5,6).

 

+++

 

 

De algunas intervenciones doctrinales.- No puede dejar de presentarse al espíritu una dificultad. Algunas decisiones de la autoridad eclesiástica, por cuanto exigen asentimiento y obediencia, han retrasado la propagación de ciertas verdades científicas o históricas. La cosa es indiscutible y el caso de Galileo es un ejemplo 
espectacular. Los hay menos conocidos del gran público. Aunque tales medidas no sean infalibles -como es el caso en el asunto de Galileo-, algunos permanecen inquietos y hostiles. ¿Cómo iban a conservar la estima a la autoridad de la Iglesia en presencia de estos hechos? Si nos detenemos en esta dificultad que no es nueva, es porque es una ocasión de volver a tratar del papel de la autoridad de la Iglesia.
Se lamentará -y hay que lamentarlo- que en tal o cual época unos hombres de Iglesia no hayan sido bastante clarividentes para anticiparse a su tiempo y comprender que la explicación científica de las revoluciones astrales, por ejemplo, no tenían una relación esencial con las verdades de la Revelación, que ciertos 
descubrimientos no eran contrarios a la doctrina católica, y que, por ejemplo, era posible en ciertas condiciones entender en un sentido cristiano la hipótesis de la evolución. Pueden lamentarse también los retrasos así aportados a la divulgación de alguna verdad, a causa del mal que se ha hecho la Iglesia a si misma en el espíritu 
de los hombres competentes. Se podrá además y se deberá, si se procura ser realista, atenuar la propia amargura distinguiendo lo posible de lo imposible en tal época considerada. Todo esto es legítimo, pero por encima de toda otra consideración hay que volver a lo esencial, es decir al sentido de la autoridad en la Iglesia. Ésta no tiene por misión esencial hacer avanzar la ciencia, ni siquiera entre los teólogos. No tiene tampoco por misión dar la interpretación técnica y adecuada de tal o cual autor, cuando se rechaza o condena su pensamiento, sino que tiene por misión preservar la integridad de la fe y el fervor de la caridad en el pueblo 
cristiano, en presencia de ciertas doctrinas. Así pues, rechaza los conceptos heterodoxos, no haciendo su exégesis, sino tal como son comprendidos por el pueblo cristiano en las circunstancias presentes, tal como corren el riesgo de ser comprendidos por gentes que no son aptas para clasificar las cosas. Así procedió el 
concilio de Trento en el caso de Lutero. Obrando así, la Iglesia es fiel a su misión, obedece a las invitaciones de la prudencia cristiana, aun cuando las prohibiciones formales tengan por resultado retrasar la difusión de tal o cual hipótesis que el futuro revelará haber sido exacta -a menos que revele lo contrario-. La Iglesia, 
repitámoslo, no tiene la misión de estar en la vanguardia del progreso en materia de saber, sino de dirigir la fe del pueblo cristiano en su conjunto hacia la Verdad. Si ciertas afirmaciones de Loisy sobre la revelación no pueden ser comprendidas y asimiladas sin peligro para la fe en la época en que Loisy escribe, deben esperar. El futuro y la reflexión dirán si hay que tener o no por verdad definitiva tal novedad científica. Imponiendo demoras a la enseñanza de estos descubrimientos, aun cuando sean de orden religioso, la Iglesia no falta a su misión esencial. Se limita a adoptar una conducta prudencial. Tal vez en esta conducta prudencial los hombres de Iglesia han sido a veces demasiado prudentes o no bastante inteligentes. Es más que verosímil. Que haya habido a veces en las intervenciones demoradoras, motivos menos honorables y consideraciones demasiado humanas, es también cierto, puesto que el hombre sigue siendo siempre hombre. Que estas intervenciones hayan creado en aquellos que alcanzaban situaciones extremadamente dolorosas, ya lo sabemos, puesto que las ha habido en cada época de la Iglesia.
Pero reconocido y deplorado esto, hay que comprender por qué la Iglesia no puede ni debe mostrar una manía prematura por los descubrimientos humanos, aun cuando se arriesgue a ser tachada de espíritu reaccionario u oscurantismo. En efecto, lo que está en juego es mucho más serio. Se trata de no dejar corromper la Verdad que Dios mismo confió a las manos de la Iglesia. La prudencia es aquí más valiente y más sobrenatural que las osadías intempestivas. La Eternidad es superior al tiempo, la Verdad total a las claridades parciales.

Las directrices prácticas.- Las palabras del papa y de los obispos no versan únicamente sobre las afirmaciones de la fe o de la moral. Precisamente en virtud de la misión sobrenatural que el Señor le ha confiado, la Iglesia no puede dispensarse de querer que el orden temporal se establezca según la justicia, según una justicia cada vez más próxima a la caridad, ley suprema de la existencia humana. 
La Iglesia desea, pues, se esfuerza por insertar en la ciudad terrestre las virtudes cristianas, por encarnarlas en ella. La Iglesia quiere con esto elevar las realidades temporales a convertirse en condiciones favorables para la fe de los cristianos y para la conversión de los no cristianos. La Iglesia no puede olvidar que la Voluntad de Dios debe cumplirse «así en la tierra como en el cielo», y no puede permitir a sus hijos que descuiden los medios de este cumplimiento.
Con este fin, la Iglesia propone y a veces impone directrices para la acción. A veces, vitupera y prohíbe. A veces, estimula o exhorta con instancia. A veces, prescribe. Así, desde el siglo XIX, a medida que la invasión industrial modificaba las relaciones entre los hombres, la Iglesia multiplicaba sus intervenciones en materia temporal, por medio de los papas o de los obispos. Recordemos, a título de ejemplos, las protestas contra la violencia internacional, la aprobación de las aspiraciones a la independencia entre los pueblos colonizados, la puesta en guardia contra unas 
nacionalizaciones intempestivas, la afirmación del derecho de propiedad en ciertas condiciones, la prohibición de pertenecer al partido comunista, la condenación del nacional-socialismo alemán... Se citarían otros muchos, en los terrenos político, económico, social, internacional.
Cualquiera que fuese la forma de estas intervenciones, la jerarquía no las da sino en la medida en que se hallan afectados los principios de la fe y de la moral cristianas. La única razón de las directrices eclesiásticas no puede ser sino ordenar hacia el Señor la marcha del pueblo cristiano -y con él de la humanidad entera-, más segura y eficazmente. Pero esta marcha se halla comprometida cada vez que se instaura un orden temporal que se opone directamente a los valores sobrenaturales o que rechaza un valor simplemente natural, aun sin atacar directamente los valores 
cristianos. En efecto, los valores naturales y los valores sobrenaturales o que rechaza un valor simplemente natural, aun sin atacar directamente los valores cristianos. En efecto, los valores naturales y los valores sobrenaturales no son absolutamente

independientes unos de otros. Rechazar la indisolubilidad del matrimonio, negar la igualdad de las razas humanas, es cerrar el acceso a las realidades sobrenaturales. La sumisión al orden natural es una condición necesaria para que el hombre entienda las invitaciones del Espíritu Santo y les sea dócil. Ahora bien, es cierto que las estructuras de un orden temporal pueden anestesiar las conciencias, ahogarlas, deformarlas, sea por el miedo, sea por el bienestar. Hay ejemplos históricos de ello. Ante tales peligros, ante el desprecio o la ignorancia de la voluntad de Dios, la Iglesia no puede callarse. Debe hablar, así que piense poder dar un consejo útil en la dirección de los asuntos humanos. ¿Quién podría, además, hacerlo mejor que ella? Es la única que tiene un conocimiento completo y desinteresado del hombre y de su destino real.
En todo caso, estas intervenciones en el orden temporal no constituyen directamente el ejercicio del magisterio. Como directrices para la acción concreta, no pueden ser, pues, infalibles. Reclaman sin embargo un consentimiento respetuoso. Exigen también la obediencia, si el cristiano está en condiciones de obrar, y la exigen con más o menos urgencia según la gravedad de lo que está en juego.

Matices necesarios. - Conviene sin embargo, en esta materia, evitar una suerte de «inflación» de la autoridad de gobierno. El pensamiento cristiano, hemos dicho, reconoce en los jefes eclesiásticos los representantes de Cristo. No hay que deducir de ello: la decisión de la autoridad sobre un punto particular es idéntica a la revelación inmediata de un designio de Dios, como fue el caso de Abraham, al oír que Dios le mandaba: «Sal de tu tierra ... ». No se puede ni se debe pretender que las decisiones de la jerarquía sean idénticas a las que tomaría Cristo en circunstancias semejantes. Los miembros de la jerarquía son causas segundas. Y 
siguen siéndolo irremediablemente, ya que no obran con la inteligencia, la competencia, la habilidad que Dios les ha dado o negado, y el Señor no transforma milagrosamente en cualidades sus defectos o sus imperfecciones. Los compensa -¡cosa muy diferente!- por caminos y medios que nosotros distinguimos mal o no distinguimos. A pesar de sus insuficiencias, secretas o flagrantes, por estos intermediarios gobierna Cristo su Iglesia. Por ellos aplica el designio de la Redención; por ellos transmite a los subordinados orientación y movimiento hacia la realización del Reino de Dios.

 

+++

 

Citar continuamente la Biblia, allí es donde está el triunfo de la fe en Jesucristo, enseñada por su ‘única y católica Iglesia’ hace dos mil años ininterrumpidos.

 

+++

 

Desde hace 2000 años. -y a pesar de tanta calumnia, mentira y desprecio- hacia la Iglesia de Jesucristo, vemos que: “El cariño de Dios nos sostiene en el desierto de la historia” S.S. Juan Pablo II – Magno – Pontifex Max.

 

+++

 

“Cada vez que nos hacemos la señal de la Cruz tenemos que acordarnos de no responder a la injusticia con injusticia, a la violencia con otra violencia; sino vencer al mal con el bien”. No es extraño que, tras atribuir estas cualidades a la Cruz de Cristo, el mismo Benedicto XVI afirme que ésta es “la nueva arma que Jesús pone en nuestras manos”. 2006-04-09

 

+++

 

ERROR - Pan nuestro de cada día es el error. Errar es humano, han repetido los clásicos hasta hoy. Sería complicado intentar rebatirlo. Perseverar en el error es diabólico, se añade a veces. Porque igualmente es cierto que nadie quiere el error por el error y menos aún que le engañen. Por eso los sabios se han preguntado siempre por las causas del error, ese «parto monstruoso» de la mente, que decía Tomás de Aquino. El error y la injerencia del no-ser en el discurso es una temática abordada por los principales filósofos desde Platón, pasando por Aristóteles, Tomás, hasta Kano y los analistas del lenguaje.

 

+++

 

PEREZA - «El conocimiento verdadero, conocido en cuanto verdadero, gracias o mediante la reflexión crítica, requiere de una diligente y sutil investigación. Ésta es la que falta en el pensamiento perezoso. Bien vista, la pereza no es causa del error, sino la ausencia de la causa de la verdad. Para que tenga lugar de hecho la verdad de nuestro conocimiento hemos de limitarnos a dejarnos llevar por el objeto. Este dejarse llevar no es en modo alguno una actitud pasiva. Por el contrario, como venimos diciendo, la preponderancia del objeto en su relación con nuestro conocimiento requiere de la reflexión crítica, esto es, de seguir la atenta marcha del conocimiento del objeto para detectar toda aquella influencia no cognoscitiva, que inhiera, perturbándola, en esta relación. La reflexión crítica, al detectar intenciones extrañas al objeto, incita a la voluntad para que las deseche, a veces con violencia, protegiendo la fuerza objetiva, conditio sine qua non del conocimiento verdadero. Esta limpieza de la inteligencia se realiza con denuedo, especialmente cuando se trata de desechar la información y la memoria, desviándonos a otros conocimientos análogos pero diferentes, y las pretensiones subjetivas del propio yo, que pretende engañarse a sí mismo pensando que sus circunstancias reales no son como son, sino como quiere que sean.

«En la pereza falta este denuedo, es decir, la lucha caracterológica para que las otras potentes fuerzas del alma no opaquen a la del objeto. La pereza es la causa más peligrosa del error, precisamente porque para que se dé no hay que hacer nada. Basta dejar que todas las demás fuerzas anímicas campeen libremente en el limpio espacio que se da que ha de darse entre el conocimiento y el objeto. Falta el dominio caracterológico que coloca en su lugar y en su función a cada uno de los movimientos del espíritu. Al dejarlas al desgaire, las desordenadas influencias que inhieren en nuestros naturales procesos, perturban la función que a cada uno de ellos le corresponde dentro del orgánico conjunto de la vida espiritual humana.

«Las consecuencias de ello en el conocimiento son graves. Siendo el conocimiento la tarea suprema del alma, todas las demás, dependientes de ella, se descomponen sin remedio hasta tanto no se logre que el proceso noético se someta dócilmente a las manifestaciones de la realidad objetiva. De ahí que el hombre afectado de pereza no es un individuo de fiar, pues le falta la primera cualidad que pedimos al ser humano como nota mínima en que se fundamenta toda personalidad. El perezoso es veleta movida por el viento de las circunstancias, es decir, carente del dominio de sí.»

 

+++

 

Capítulo 2 de la Segunda Epístola de San Pedro, obispo en Roma de la Iglesia Católica:
Hubo también en el pueblo falsos profetas, como habrá entre vosotros falsos maestros que introducirán herejías perniciosas y que, negando al Dueño que los adquirió, atraerán sobre sí una rápida destrucción. Muchos seguirán su libertinaje y, por causa de ellos, el Camino de la verdad será difamado. Traficarán con vosotros por codicia, con palabras artificiosas; desde hace tiempo su condenación no está ociosa, ni su perdición dormida”. ¡De allí las sectas mienten! No oyen la Biblia.

 

+++

 

LA CALIDAD de las personas, como la de las sociedades, se disimula bien en la opulencia, pero se desnuda en la desgracia. Cuando las cosas van bien, es fácil sonreír y parecer alegre. Cuando sobra, es fácil dar y queda bien. Lo verdaderamente difícil es sonreír cuando las cosas van mal, pensando en los otros en vez de en uno mismo. O compartir cuando andamos con lo justo. Se ve que la supuesta civilización, la cultura que muchos ostentan, se queda en mera cáscara, incapaz de soportar la adversidad. No ha sido invadida por los bárbaros, sino por sí misma, esa realidad nuestra –tambaleante- que carece de calidad.

 

+++

 

-Usted es prefecto para la Congregación para la Doctrina de la Fe, lo que antes se llamaba la Inquisición. Mucha gente desconoce los dicasterios vaticanos. Creen que es un lugar de condena. ¿En qué consiste su trabajo?

--Cardenal Ratzinger*: Es difícil responder a esto en dos palabras. Tenemos dos secciones principales: una disciplinar y otra doctrina.

La disciplinar tiene que ocuparse de problemas de delitos de sacerdotes, que por desgracia existen en la Iglesia. Ahora tenemos el gran problema de la pederastia, como sabéis. En este caso, debemos sobre todo ayudar a los obispos a encontrar los procedimientos adecuados y somos una especie de tribunal de apelación: si uno se siente tratado injustamente por el obispo, puede recurrir a nosotros.

La otra sección, más conocida, es doctrinal. En este sentido, Pablo VI definió nuestra tarea como «promover» y «defender» la fe. Promover, es decir, ayudar el diálogo en la familia de los teólogos del mundo, seguir este diálogo, y alentar las corrientes positivas, así como ayudar a las tendencias menos positivas a conformarse con las tendencias más positivas. La otra dimensión es defender: en el contexto del mondo de hoy, con su relativismo, con una oposición profunda a la fe de la Iglesia en muchas partes del mundo, con ideología agnóstica, atea, etc., la pérdida de la identidad de la fe tiene lugar con facilidad. Tenemos que ayudar a distinguir auténticas novedades, auténticos progresos, de otros pasos que implican una pérdida de identidad de la fe.

Tenemos a disposición dos instrumentos muy importantes para este trabajo, la Comisión Teológica Internacional, con 30 teólogos propuestos por cinco años a propuesta de los obispos; y la Comisión Bíblica, con 30 exegetas, también ellos propuestos por los obispos. Son foros de discusión para los teólogos para encontrar por así decir un entendimiento internacional incluso entre las diferentes escuelas de teología, y un diálogo con el Magisterio.

Para nosotros es fundamental la colaboración con los obispos. Si es posible, deben resolver los problemas los obispos. Pero con frecuencia se trata de teólogos que tienen fama internacional y, por tanto, el problema supera las posibilidades de un obispo, de modo que es llevado a la Congregación. Aquí promovemos el diálogo con estos teólogos para llegar, si es posible, a una solución pacífica. Sólo en poquísimos casos se da una solución negativa. Roma 2002.11.30

*en el siglo S.S. Benedicto PP: XVI

 

+++

«Duc in altum» (Lc 5,4) dijo Cristo al apóstol Pedro en el Mar de Galilea.

Separar al Espíritu Santo de Cristo, presente en la estructura institucional de la Iglesia, pondría en peligro la unidad de la comunidad cristiana, que es precisamente un don del Espíritu. Se traicionaría la naturaleza de la Iglesia como Templo vivo del Espíritu Santo (cf. 1 Co 3, 16). En efecto, es el Espíritu quien guía a la Iglesia por el camino de la verdad plena y la unifica en la comunión y el servicio del ministerio (cf. Lumen gentium, 4). Lamentablemente, la tentación de «ir por libre» continúa. Algunos hablan de su comunidad local como si se tratara de algo separado de la así llamada Iglesia institucional, describiendo a la primera como flexible y abierta al Espíritu, y la segunda como rígida y carente de Espíritu.

La Iglesia por Cristo fundada está segura en su Señor.

«Duc in altum» (Lc 5,4) dijo Cristo al apóstol Pedro en el Mar de Galilea.

 

Cardenal John Henry Newman (1801-1890) sacerdote, fundador del Oratorio de S. Felipe Neri en Inglaterra, teólogo de la Iglesia católica

 

“Rabí, ¿cuándo has llegado aquí?..Lo que Dios espera...es que creáis...! (Jn 6,28ss) -   Cristo no da testimonio de sí mismo ni dice quién es ni de dónde viene. Él está entre sus contemporáneos como el que sirve (cf Lc 22,27) Aparentemente, sólo después de la resurrección, y sobre todo, después de su ascensión, cuando el Espíritu ya había venido, los apóstoles comprendieron quién era aquel que había estado con ellos. Cuando todo lo demás había acabado, no antes, ellos lo supieron. De manera que aquí vemos, creo yo, la manifestación de un principio general que se presenta ante nosotros a menudo, tanto en la Escritura como en la vida del mundo: No reconocemos la presencia de Dios en el instante que está con nosotros, sino después, cuando volvemos la mirada sobre los acontecimientos pasados.
       Acontecimientos agradables o dolorosos: no sabemos en el momento su significado. No vemos en ellos la mano de Dios. Si tenemos fe, confesamos lo que no vemos y acogemos todo lo que nos acontece como venido de su mano. Con todo, tanto si lo aceptamos con espíritu de fe como no, no hay otro medio de aceptarlo que la fe. No vemos nada. No comprendemos cómo puede suceder tal cosa o a qué sirve tal otra. Un día, Jacob exclama: “Todo se vuelve contra mí.” (Gn 42,36) Realmente parece que fuera así... Y no obstante, todas sus desventuras se habían de trocar en bienes. Considerad su hijo José, vendido por sus hermanos, llevado a Egipto, encarcelado de cuerpo y de espíritu, esperando que el Señor se compadeciera de él. Repetidamente dice el texto sagrado: “El Señor estaba con José.” ... Una vez pasada la calamidad, comprendió lo que en su momento resultaba tan incomprensible y dijo a sus hermanos: “Dios me envió delante de vosotros para salvar vuestras vidas...No fuisteis vosotros quienes me enviasteis a este lugar sino Dios.” (Gn 45,7).
      ¡Prodigiosa providencia, silenciosa y no obstante tan eficaz, constante e infalible! Ella destruye las maquinaciones del diablo. Satanás no puede conocer la mano de Dios que obra en el curso de los acontecimientos.

Cardenal John Henry Newman (1801+1890)

 

+++

 

No hay vida humana sin libertad, se entiende no sin una absoluta sino sin cierta dosis, mayor o menor, de ella. Sí cabe vida humana sin libertad política. Defender la libertad, amarla, tomársela no es sólo un asunto político. Pero existe otra forma de corromper la libertad aún más peligrosa y consiste, cosa bastante usual, en entenderla como ausencia de normas o ideales, e incluso como pura insumisión. En una de sus versiones, se pretende que sólo la inexistencia de la verdad en sentido religioso o moral permitiría la libertad. Según esta paradójica pretensión, y en contra de la idea cristiana, sería la verdad lo que nos haría siervos. En suma, que la libertad vendría a ser el ilimitado derecho a hacer nuestra real gana, por utilizar la hispánica expresión.

 

Solo la verdad puede hacernos libres, como lo enseña Jesucristo.

 

+++

 

Sobre la libertad, a la cual nos llama la gracia del Salvador, no debe hablarse de paso y negligentemente, dice San Agustín. Consejo de hombre de tanta autoridad intelectual no es bueno que caiga en saco roto.

 

+++

 

 "Obras todas del Señor, bendecid al Señor".

 

Alégrese la madre naturaleza
con el grito de la luna llena:
que no hay noche que no acabe en día,
ni invierno que no reviente en primavera,
ni muerte que no dé paso a la vida;
ni se pudre una semilla
sin resucitar en cosecha.

 

+++

 

“Cuando contemplo el cielo, obra de tus manos, 
la luna y las estrellas que has creado, 
¿qué es el hombre para que te acuerdes de él, 
el ser humano, para darle poder? 
Lo hiciste poco inferior a los ángeles, 
lo coronaste de gloria y dignidad”(Ps. 8).   

 

+++

 

Cuando la Iglesia celebra el Misterio de Cristo, hay una palabra que jalona su oración: ¡Hoy!, como eco de la oración que le enseñó su Señor (Mt 6,11) y de la llamada del Espíritu Santo (Hb 3,7-4,11; Sal 95,7). Este "hoy" del Dios vivo al que el hombre está llamado a entrar, es la "Hora" de la Pascua de Jesús que es eje de toda la historia humana y la guía:

La vida se ha extendido sobre todos los seres y todos están llenos de una amplia luz: el Oriente de los orientes invade el universo, y el que existía "antes del lucero de la mañana" y antes de todos los astros, inmortal e inmenso, el gran Cristo brilla sobre todos los seres más que el sol. Por eso, para nosotros que creemos en él, se instaura un día de luz, largo, eterno, que no se extingue: la Pascua mística (S. Hipólito, pasc. 1-2).

 

Cuando meditamos, oh Cristo, las maravillas que fueron realizadas en este día del domingo de tu santa Resurrección, decimos: Bendito es el día del domingo, porque en él tuvo comienzo la Creación...la salvación del mundo...la renovación del género humano...en él, el cielo y la tierra se regocijaron y el universo entero quedó lleno de luz. Bendito es el día del domingo, porque en él fueron abiertas las puertas del paraíso para que Adán y todos los desterrados entraran en él sin temor (Fanqîth, Oficio siriaco de Antioquía, vol 6, 1ª parte del verano, p.193b).

 

+++

 

«El cosmos creado ha sido confiado por Dios al ser humano» - En un libro sagrado, muy querido para millones de creyentes, se lee que, en el comienzo de los tiempos, Dios creó el universo en todos sus maravillosos aspectos: el cielo, la tierra, el mar y, al final, creó al hombre como rey de este cosmos, confiándolo a sus cuidados. Es la narración del Génesis.

La visión de la Iglesia católica, y de la Santa Sede en particular, sobre los problemas que se debaten aquí, se inspira en esas páginas de la Biblia. Permítanme que, por un breve momento, recordemos estas páginas que pertenecen al patrimonio de la humanidad. Ellas nos dicen que el cosmos creado ha sido confiado por Dios al ser humano, que ocupa un lugar central en el mundo, para que lo gobierne con sabiduría y responsabilidad, respetando el orden que Dios ha establecido en su creación (cf. Juan Pablo II Discurso a la Pontificia Academia de las ciencias, 22 de noviembre de 1991, n. 6).

 

+++

 

“Alegraos en el Señor siempre; lo repito: alegraos. Que vuestra bondad sea notoria a todos los hombres. El Señor está cerca. No os inquietéis por cosa alguna, sino más bien en toda oración y plegaria presentad al Señor vuestras necesidades con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa toda inteligencia, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. Por lo demás, hermanos, considerad lo que hay de verdadero, de noble, de buena fama, de virtuoso, de laudable; practicad lo que habéis aprendido y recibido, lo que habéis oído y visto en mí, y el Dios de la paz estará con vosotros.” San Pablo en su carta a los Filipenses 4, 4-9vs.

 

+++

 

¡Que tu conducta nunca de motivos de injustificada inquietud a la creación, de la que tú eres el rey!

 

+++

 

Dijo Dios: «Produzca la tierra animales vivientes según su especie: ganados, reptiles y bestias salvajes según su especie». Y así fue. Dios hizo las bestias de la tierra, los ganados y los reptiles campestres, cada uno según su especie. Vio Dios que esto estaba bien. Gen. 1, 24-25

 

+++

 

“Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones” Biblia. Evangelio según San Lucas Cap.1º vs. 48. La Iglesia, hace XXI siglos fundada por Tu Hijo, te alaba, ¡Oh Madre plena de dicha y felicidad!

 

 

Gracias por venir a visitarnos

VERITAS OMNIA VINCIT

LAUS TIBI CHRISTI.

 

Debido a la existencia de páginas excelentes sobre apologética y formación,  lo que se pretende desde aquí es contribuir muy modestamente y sumarse a los que ya se interesan por el Evangelio de Cristo de manera mucho más eficaz.

 

Compendio del Catecismo de la Iglesia católica
La fe de los sencillos - Una síntesis fiel y segura del Catecismo de la Iglesia católica. Contiene, de modo conciso, todos los elementos esenciales y fundamentales de la fe de la Iglesia. 2005. ¡No falte en el bolsillo de cada cristiano para aprenderlo!

Creer, celebrar, vivir y orar, esta y no más es la fe cristiana desde hace 2000 años, enseñada por la Iglesia Católica sin error porque Cristo la ilumina y sólo Él la guía.

 

Recomendamos vivamente:

1ª) LEYENDAS NEGRAS DE LA IGLESIA. Autor Vittorio MESSORI – Editorial “PLANETA-TESTIMONIO” 10ª EDICIÓN – Óptimo libro para defenderse del cúmulo de opiniones arbitrarias, deformaciones sustanciales y auténticas mentiras que gravitan sobre todo en lo que concierne a la Iglesia.

 2ª) NUEVE SIGLOS DE CRUZADAS. Autor el argentino-español Luis María SANDOVAL PINILLOS – Editorial CRITERIO-LIBROS. Idóneo para denunciar o aclarar invenciones contra la Iglesia, como para hacer, junto a una necesaria crítica, una apología sin complejos del derecho que asistía a los cristianos de defenderse.

 3ª) AL-ANDALUS CONTRA ESPAÑALA FORJA DEL MITO. Autor Serafín FANJUL – Editorial SIGLO VEINTIUNO DE ESPAÑA EDITORES. Apto para deshacer los tópicos, falsedades y supercherías de diverso género sobre la herencia islámica y convivencia de cristianos en el suelo peninsular. MMII.

-.-

Recomendamos vivamente: -La vida cotidiana de los primeros cristianos-
Adalbert G. Hamman
Trad. Manuel Morera - Ediciones Palabra, 1999 - Colección Arcaduz - 294 pág.

Iglesia católica, sus casi 300 antes de Constantino - En ese salto que va de "Hechos de los Apóstoles" a esa "iglesia oficial y corrupta" que algunos protestantes y neo-gnósticos sitúan en el 325, con Constantino, pasan unos 250 años de vida cotidiana, de los que sabemos bastantes cosas; las suficientes, al menos, para desmontar historietas neopaganas, gnosticoides y demás morralla en la estela de El Código da Vinci y otras revisiones fantasiosas de los evangelios apócrifos. 2006
 

Aspiramos a superarnos, a corregirnos, a hacer bien lo que todavía hacemos mal, a dejar de hacer mal lo que ya deberíamos hacer mejor que nadie. Tenemos aún muchos defectos, y por ello pedimos públicamente disculpas a nuestros lectores.


Imprimir   |   ^ Arriba