Monday 27 March 2017 | Actualizada : 2017-03-03
 
Inicio > Leyendas Negras > Borja - 1º Lucrecia y Rodrigo Borgia, Alejandro VI Calixto III Martín Pío

 

El 9 de abril de 1455 Elegido Papa, con el nombre de Calixto III, el cardenal español Alonso de Borja.

 

 

Rodrigo de Borja: buena parte la leyenda negra que le envuelve no es más que la consecuencia de las impertinencias, charlatanerías e injurias que sus muchos enemigos hicieron circular por la Roma de comienzos del siglo XVI.

 

«No podemos negar ni excusar la sensualidad de Rodrigo de Borja, pero lo cierto es que una vez nombrado Papa su comportamiento en este terreno fue más cauto y sus problemáticas relaciones con Giulia Farnese son todavía objeto de debate por los historiadores. Presentarle pecando públicamente sin ningún rubor, como hace el film [X.2006], se basa sólo en los rumores y habladurías que circulaban en la Roma de aquel tiempo y no en hechos históricamente probados».

 

Lo que no se cuenta:
   - Como cardenal, Rodrigo de Borja trajo a España el renacimiento italiano. En 1472 llegó a Valencia acompañado por Francesco Pagano y Paolo de San Leocadio que dejaron en el presbiterio de la catedral las primeras pinceladas de este nuevo estilo.
   - Como Pontífice, fue un hombre de estado. Fortaleció los territorios vaticanos para lograr la independencia de la Iglesia frente a las presiones de los nobles romanos dentro del complejo rompecabezas de la Italia de
la época. Promovió la evangelización de América y la reforma de las órdenes religiosas.
   - Fue un gran mecenas de las artes y contó con los servicios de Miguel Ángel y Pinturicchio. Su hijo Cesar contrató a Leonardo da Vinci y Lucrecia protegió a Ticiano
   - Cesar Borja fue un gran amigo de Maquiavelo quien se inspiró en su forma de gobernar -con firmeza pero a la vez magnánimo- para escribir «El príncipe».

 

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Una mujer al frente del poder papal: Lucrecia Borgia

 

LA LEYENDA NEGRA HA OCULTADO DURANTE SIGLOS LA VERDADERA IMAGEN DE LA ÚNICA MUJER QUE FUE GOBERNADORA DE LOS ESTADOS PONTIFICIOS

20.09.MMIX

 

Víctor Hugo (1802-1885) reavivó con su existosa obra Lucrèce Borgia (1833) la leyenda negra acerca de esta importante dama de la historia de la Iglesia. No fue el primero en verter acusaciones sobre ella, pues Franceso Guicciardini en su célebre Historia de Italia datada en el siglo XVI fue quien sentó los odiosos infundios contra Lucrecia que hicieron escuela. Pero Victor Hugo aprovechó el personaje, ya muy discutido, para elaborar toda una nueva imagen, más siniestra si cabe: Sobre una Lucrecia Borgia debilitada por algunos comentarios maliciosos e infundados lanzados por los enemigos políticos del papa Alejandro VI (su padre), Victor Hugo construye toda una leyenda negra venenosa y calumniosa hasta lo irreal y absurdo. Gracias a su obra de teatro el bajo pueblo sacia sus oídos ávidos de morbosidad. Desalentado por sus infructuosas investigaciones deseosas de encontrar nombres y datos de los asesinatos ordenados o perpetrados por Lucrecia Borgia, el novelista cita a varios… ¡escogidos al tuntún!

En la introducción a Thèatre, de Víctor Hugo (Garnier-Flammarion, parís, 1979) el profesor de la Universidad de Lovaina Raymond Pouilliar afirma: “Tomasi había escrito un libro, tres veces editado en francés, las Memorias para servir a la historia de César Borgia, duque de valentinois; muy tarde, casi en el momento de su redacción, Víctor Hugo encontró uno de estos ejemplares en la biblioteca real. Los nombres italianos estaban afrancesados por el traductor de Tomasi; la Biografía Universal de Michaud los da en su forma original…” Esto es, toma los nombres de una Biografía universal que por muy grande que fuera no podía mencionar a todas las víctimas que le carga a Lucrecia. Más delante señala: “Hugo inventa parientes próximos para asegurar la existencia de vengadores". Toma algunos de entre los enemigos de Alejandro VI. En el colmo del peor dramón de su carrera literaria y el colmo de la ficción antihistórica, Victor Hugo hace que Lucrecia, en el último acto, envenene a su hijo Juan y a cinco amigos suyos… ¡y su hijo moribundo, en un acto de estremecedora justicia, la apuñala, matándola!

 

Lo malo de esto es que pese al relativo poco éxito que tuvo la obra en Francia (estrenada el 2 de febrero de 1833), en el extranjero tuvo tal acogida que para diciembre ya la habían convertido en ópera. Hugo demanda a Felice Romani -libretista- por plagiar de forma literal su obra. Donizzeti compuso la música y la estrenó en la misma Scala de Milán. Hugo impide que se estrene en París. La ópera es reconstruida y retitulada La Rinnegata (La Repudiada) y se estrena en 1845. Otro colega de Victor Hugo, Alejandro Dumas, padre, también las emprende contra Lucrecia y le agrega todo el mito del veneno, extendiéndolo a ser un uso común en la familia. Un excéntrico Manuel Fernández y González (1821-1888) publica un folletón titulado Lucrecia Borgia, Memorias de Satanás. Y así por delante. Lucrecia era, a ojos de todos, el mismo demonio en persona. Pasada la moda de desprestigiarla, aparece en 1941 un panfleto con forma de libro titulado Lucrecia Borgia, la princesa de los venenos…

 

De nada habían servido los esfuerzos de un Giusepe Campori quien en 1866 publicó un hiperdocumentado estudio titulado “Una vittima della Storia: Lucrezia Borgia". Como si faltasen más pruebas, Ferdinand Gregorovius (Lucrecia Borgia, Stuttgart, 1874), renombrado experto en historia romana, añade nada menos que setenta y cinco nuevos documentos para acabar con el mito.

 

Las más recientes investigaciones publicadas demuestran que Lucrecia Borga no sólo no fue la infiel esposa como se dice (y aún sería poco esperable dada la vergonzosa corrupción de costumbres del Renacimiento) sino que jamás utilizó ni mandó utilizar un puñal, espada ni arma alguna. Tampoco utilizó el mítico veneno d elos Borgia (la cantarella). Es más, en palabras del inmortal historiador inglés William Thomas Walsh, “Lucrecia (…) según la historia, documentos y memorias dignas de fe, era en su época una d elas mujeres más virtuosas y dignas de alabanza” (cfr. Isabel La Cruzada, Espasa Calpe Argentina, 1945)

El amor a la verdad exige ser rigurosos y abiertos a todas las posibilidades que los hechos y sanos razonamientos nos vayan presentando ante los ojos. Por ello repasaremos brevemente la verdad histórica que envolvió a Lucrecia y a Alejandro VI. Como origen debemos remontarnos poco antes, cuando el papa Calixto III (1378-1458) es entronizado en Roma. De origen español -obispo de Valencia- hizo frente a la invasión turca y a la agresión de las tropas otomanas. Rehabilitó la memoria de Juana de Arco mediante un nuevo proceso (1456). El problema comienza con las justificadas acusaciones levantadas en su contra por las numerosas pruebas que dio de sostener nepotismo exagerado, al conceder muchos cargos y privilegios a los miembros de su familia, en especial a su sobrino Rodrigo de Borja, el futuro papa Alejandro VI (1431-1503).

 

Éste, español como su tío provenía de la familia Borja. Italianizaron su apellido adoptando el de tradicional Borgia. Prefecto de Roma, bajo Sixto IV fue nombrado legado papal, reconcilió a Enrique IV de Castilla con su hermana Isabel (1472). Logró rechazar a Carlos VIII de Francia de los Estados Pontificios, y después se alió con Luis XII. En 1493 promulgó una bula fijando la línea alejandrina, que determinó la divisoria del Nuevo Mundo entre Castilla y Portugal. Favoreció a sus hijos (habidos sacrílegamente de Vanozza Catanei), en especial a César y a Lucrecia.

 

De Alejandro VI se ha dicho demasiado y se ha calumniado tanto su memoria como a la de su hija. Las calumnias, básicamente, se popularizaron cuando el radical y exaltado Savonarola predicaba su reforma moral, que algunos han considerado precursora del puritanismo protestante, comenzó a gritar por las calles que todo quien siguiera al papa era enemigo de Cristo y profetizaba por doquier. “Yo os aseguro, in verbo Domine, que este Alejandro no es en absoluto Papa y no debe ser tratado como tal", sostenía. Llegó a sostener que había comprado el cargo y que ni siquiera creía en Dios. La gente sencilla se escandalizaba, pero la verdad es que pese a sus pecados personales, la doctrina que enseñó fue fidelísima a la Tradición y a la Revelación y aún manifestaba una gran y tierna devoción por la Santísima Virgen.

 

Recordemos que ya nos encontramos en el Renacimiento y que las luchas de poderes se daban ya no por motivos religiosos sino por motivos viles, materiales y humanos. Las “familias” o Casas asesinaban, calumniaban, corrompían o exiliaban conforme necesitaban para asegurar y aumentar su poder. Por eso los enemigos políticos de la casa de los Borgia (favorecida en demasía, como ya hemos dicho, desde el gobierno de Calixto III) azuzaban al pueblo con historias de simonía, de inmoralidad y de corrupción. Vicios creíbles en tanto que eran harto frecuentes en esa época.

 

Pero lo que originó las gravísimas e infamantes calumnias dirigidas contra sus hijos César y Lucrecia, fue el haber iniciado el plan de centralización y de unificación de Italia, conforma se estilaba en la Europa del momento. Esto significó, de paso, arrasar con las noblezas y poderes corruptos que oprimían duramente al pueblo. Así actuó Luis XI en Francia, Enrique VII en Inglaterra, Isabel y Fernando en España. Trayendo orden a la anarquía renacentista, los nobles y reyezuelos despojados, nada creyeron demasiado vil como para decir del Papa y su familia.

Lucrecia fue víctima de las intrigas, la casaron y descasaron según conveniencias de la política circunstancial. La primera boda se concertó con Juan Sforza, sobrino del Duque de Milán cuando apenas tenía 13 años y duró nada más que dos escasos años ya que, tras trasladarse a Pesaro, el propio Papa se encargaría de intentar liquidar al duque mediante el burdo asesinato. Alertada por su propio hermano, Lucrecia no dudó en poner en guardia a su esposo de forma que el Papa no tuvo más remedio que quitárselo de en medio anulando (a pesar de no ser verdad) el matrimonio a través de la anulación de votos debido a la no consumación de la unión-

 

La tristeza con la que recibió esta noticia Lucrecia le hizo sumirse en un estado de depresión y se enclaustró en un convento comunicándose únicamente con su padre por medio de un mensajero. Se dice que fue a raíz de este acontecimiento cuando surgió el sórdido relato que rodeó a esta familia. Con el inesperado embarazo de Lucrecia una vez sin marido y enclaustrada, muchos fueron los rumores referentes a la paternidad del futuro niño. Hay versiones que dicen que el padre era el mensajero que se había hecho amante de la princesa (un tal Pedro), otras dicen más bien que el niño era producto de las supuestas relaciones que mantenía Lucrecia con su padre o con su hermano.

 

Un segundo matrimonio se realizaría con el príncipe de Aragón Alfonso de Biscaglie, como estrategia de apoyo al Papa a partir de esta nueva alianza con el Reino de Nápoles que terminaría siendo paradójicamente adversa a los Borgia. El príncipe Alfonso es apuñalado y al borde de la muerte es la propia Lucrecia quien lo cuida y lo cura temiendo más atentados contra su vida. A pesar de encontrar en este hombre el que se dice que fue su verdadero amor, la ambición de los Borgia de nuevo la dejarían viuda.

En el año 1501, Lucrecia Borgia asume temporalmente la dirección de la Iglesia por mandato de su padre el Papa Alejandro VI, quien debe ponerse al frente de sus ejércitos para defender las tierras del Papado. Alejandro VI otorgó a Lucrecia el título de Vicariesa. A pesar de la férrea oposición de la Iglesia ante este nombramiento, el hecho de que Lucrecia dominase el español, el griego, el italiano, el francés, el latín y pudiese escribir en todos esos idiomas fueron herramientas determinantes para una espléndida gestión del cargo.

Las ambiciones políticas de la familia Borgia harían concertar un tercer y último matrimonio entre Lucrecia y, esta vez, el príncipe y heredero del reino de Ferrara. Sería, por consecuencia, Alfonso d’Este quien otorgaría el título de duquesa de Ferrara a la cortesana. A partir de este momento, sus coetáneos hablan de una Lucrecia buena como esposa y madre de cuatro niños, aunque al mismo tiempo, mantuviera un romance platónico con el poeta Pietro Bembo. Con 22 años falleció su padre y en su persona sufrió la terrible lucha por el poder que muchas otras familias igual de corruptas mantuvieron. El final de la familia Borgia como poderosos gobernantes llegaría a su fin para pasar a una vida de retiro y de tristeza.?Quizá fue frívola y ligera como las mujeres de su época. Pero ya con su tercer matrimonio se dedica a asistir al teatro, a leer mucho, a divertir con su presencia: era elegante, culta (hablaba italiano, español, latín y griego), bella, y con mucha clase. Se dedicaba a obras de caridad, visitaba hospitales y hospicios, asistiendo personalmente a los desdichados y enfermos. Les levantaba la moral con sus cuidados, sus dádivas y alegre presencia.

 

Los últimos años de su vida se retiraba con frecuencia a pasar largas temporadas al convento de San Bernardino. Cuando ya habían muerto su padre el Papa y su hermano Cesare, el famoso Príncipe de Machiavelo, ella, muy sufrida por la muerte de su anterior esposo asesinado, Don Alfonso de Aragón, Duque de Bisceglie, probó ser una magnífica esposa para Alfonso d’ Este, Duque de Ferrara, a quien dio siete hijos, entre ellos a Hércules d’Este, su sucesor. Lucrecia fue una mujer de los más nobles sentimientos, muy graciosa e ilustrada. Su gran amigo fue el veneciano Pietro Bembo, insigne poeta y promotor, para todos los tiempos, como gramático, del italiano literario. Pietro Bembo escribió la obra “Gli Asolani ”, diálogos sobre el amor platónico caballeresco, que dedicó a Lucrecia Borgia, por quien profesaba un enamoramiento poco secreto. Otro gran veneciano que admiraba a Lucrecia fue el pintor Bartolomeo Veneto que trabajó en la decoración del palacio de los duques de Ferrara.

Su muerte fue producida por un alumbramiento complicado. Una sietemesina fue la causa de su muerte. Tras nueve días de fiebre, murió con el consuelo de los sacramentos y rodeada del amor familiar que comenzaba a disfrutar.

 

Alberto Royo Mejía   Sacerdote de la diócesis de Getafe (Madrid). Infocatolic.com

 

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Cuánta protervia en el mal uso de la libertad, necesitan las sectas y leyendas.

LIBERTAD: he aquí la palabra predilecta de los malhechores. Puede que la libertad

sea el mayor bien en manos de hombres de bien; pero, desde luego, el mayor 

mal del mundo es la libertad en manos de malhechores y gente corrompida.

Una libertad que no sabe hacia dónde va es peor que la ausencia de libertad, del

mismo modo que la sofística es peor que la ausencia de filosofía o la superstición

es peor que la ausencia de religión. Creerse iluminado para interpretar a

capricho las Escrituras Sagradas, es base de tantas sectas. 

 ‘Cuando se encasquilla la razón se disparan las sectas’.

 

"EL PRÍNCIPE DEL RENACIMIENTO"

José Catalán desmitifica César Borgia en su último libro - MMVIII

 

  "Cesar Borgia es un caso típico de tergiversación histórica.  A ello han contribuido una ingente cantidad de libros, películas y novelas que han difundido grandes mentiras en torno a esta familia renacentista. Ya desmintió los tópicos y clichés difundidos sobre Alejandro VI, el Papa Borgia en su libro ´El Papa Borgia´ (2004). Ahora, el periodista y escritor José Catalán Deus explicó, en una entrevista con Europa Press, su intención de "acabar con la leyenda negra vertida sobre el supuesto hijo de este Papa", César Borgia, con su nuevo libro "El Príncipe del Renacimiento: vida y leyenda de César Borgia" (Debate).

 

L D (Europa Press) "Para empezar, no se sabe con seguridad que César Borgia fuese hijo del Papa", sentenció. Catalán explicó que, aunque lo fuese a todos los efectos, todavía no se ha encontrado ningún documento que permita afirmarlo. Aún y todo el periodista señaló que en aquella época era normal que los Papas y cardenales tuviesen hijos y con toda seguridad hubo cuatro o cinco Papas "mucho más terribles" que los citados Borgia.

 

"Muchos de los vicios que se le atribuyen tanto a él como a la familia son falsos", comentó. Como ejemplo, Catalán citó las relaciones incestuosas de César con su hermana Lucrecia y las de ésta con su padre, "relaciones nunca probadas y siempre repetidas". Tampoco es verdad que los Borgia se dedicasen a envenenar "a diestro y siniestro" a sus enemigos. El veneno era un método que usaban todos, pero ni tanto ni en exclusiva por esta familia como se cree, apuntó. De hecho, se cree que tanto Alejandro VI como César murieron envenenados por sus enemigos.

 

La familia Borgia no era el sumun de pecados y excesos de su época como nos quieren hacer entender. "Por supuesto --señaló Catalán-- no eran ni mucho menos los peores. Serían equiparables a lo que hoy conocemos como familia mafiosa, un clan que se hizo con el poder en el Renacimiento italiano y desde el Papado ejerció una influencia, a menudo positiva, extraordinaria en los asuntos de estado".

 

Catalán siguió echando por la borda todos los clichés del personaje histórico, sobre todo, cuando resaltó sus virtudes, menos conocidas y resaltadas en la actualidad. Primera afirmación sorprendente: "César Borgia hizo mucho más por la Iglesia que sus enemigos clericales". Catalán defendió que sin él, la Iglesia hubiese perdido todo lo que era su poder temporal: sus estados. Cuando César Borgia al llegar al poder, controla a los distintos vicarios que gobiernan sus territorios, que se habían sublevado, no pagaban impuestos e influían en el nombramiento de Papas.

 

Su visión de la política era compleja --continuó--, muy consciente de la necesidad de que el Papado sobreviviese entre dos potencias enemigas que lo quieren tener controlado, España y Francia. Segunda afirmación desconcertante: "César Borgia fue un adelantado de la unificación italiana, quizá el primero que empezó a planteársela". En el plano militar, fue un caudillo fantástico que sustituyó en las batallas entre feudos el uso de tropas mercenarias por el de ejércitos propios estables, bien pagados y  uniformados. Incorporó tácticas novedosas en caballería; las primeras armas de fuego; y el juego de la artillería y las fortificaciones ayudado por Leonardo Da Vinci. Asimismo, fue innovador en la gestión de sus tierras creando una estructura administrativa en los territorios que iba conquistando con gran rapidez.

 

Tercera sentencia positiva: César Borgia fue un humanista, un coleccionista de arte, un intelectual instruido al que le gustaba rodearse de poetas y que contrató a leonardo Da Vinci en su Corte. EL propio Maquiavelo quedó fascinado por su personalidad hasta convertirlo en objeto de su principal obra, ´El Príncipe´. En definitiva, César Borgia fue un hombre que sólo vivió 31 años,  pero en los que llegó a más alto cargo en la Iglesia, como cardenal y que, tras dimitir, alcanzó el más alto al nivel político, apoderándose de toda Italia central en tres años y al más alto rango militar, como capitán general de los Ejércitos Pontificios.

 

Catalán indicó que como en el caso de Borgia, mucha de la historia que se nos ha enseñado está totalmente equivocada, a veces a propósito, otras veces por falta de capacidad intelectual o de investigación o por desconocimiento de fuentes. En el caso de los Borgia esto lo incrementaron sus propios enemigos que a su muerte se dedicaron a fomentar difundir mentiras sobre ellos. Pero también la novela histórica que se ha creado en torno a ellos o las películas que vuelven a incidir en los tópicos  de siempre. Hay muy pocos libros históricos que aborden esta parte de la historia con seriedad.

 

2008.VI.26 - http://www.libertaddigital.com/noticias/noticia_1276333589.html


 

 

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Celebramos al bisnieto de Alejandro VI y sobrino de Lucrecia Borgia


La Iglesia entera, y muy especialmente la Compañía de Jesús, han comenzado las celebraciones del año jubilar con ocasión del quinto centenario del nacimiento de San Francisco de Borja, un personaje fascinante del periodo de la contrarreforma católica, y esto por muchas razones. En primer lugar, su vida es toda una aventura y muestra cómo la carrera del poder terreno no necesariamente llena el corazón de los que la siguen; en segundo lugar, como Prepósito General de La Compañía de Jesús dejó una huella profunda en aquella institución; por otro lado es muy interesante estudiarlo como típica figura de la contrarreforma, en relación otros santos de la época que fueron sus amigos: Santa Teresa de Jesús, San Ignacio, San Carlos Borromeo, San Roberto Bellarmino, etc…

Pero el aspecto que más me impresiona de Francisco de Borja y Aragón, el que fue Duque de Gandía y Marqués de Llombay, además de Grande de España y Virrey de Cataluña, es cómo de una familia tan poco ejemplar pudo florecer un tal ejemplo de santidad. Los Borja, que en Italia se convirtieron en Borgia por cuestiones de pronunciación, fueron al menos, por ponerlo suavemente, una familia controvertida, por no decir cosas peores (que muchos historiadores han dicho, aunque no esté yo de acuerdo con toda esa leyenda negra). Pues que en esa familia surgiese la santidad es, por lo menos, admirable, aunque no es un caso único. Poco después, en otra familia "controvertida" como la de los Gonzaga surgió un ejemplo sublime de santidad como fue San Luis Gonzaga.


Pues bien, la carrera, conversión y ascenso hasta la santidad de Francisco de Borja adquiere mayor valor a la luz de sus orígenes familiare. Su abuelo, Juan Borja, el Segundo hijo de Alejandro VI, fue asesinado en Roma el 14 de junio de 1497 por un asesino desconocido, pero su familia siempre creyó que había sido César Borgia (Borja). Rodrigo Borgia, electo papa en 1402 bajo el nombre de Alejandro VI, tenía ocho hijos. El mayor, Pedro Luis, obtuvo en 1485 el hereditario ducado de Gandía en el reino de Valencia, el cual, a su muerte, pasó a su hermano Juan, quien estaba casado con María Enríquez de Luna. Habiendo quedado viuda debido al asesinato de su marido, María Enríquez renunció a su ducado y se dedicó piadosamente a la educación de sus dos hijos, Juan e Isabel. Luego del matrimonio de su hijo en 1509, siguió el ejemplo de su hija, quien había retirado al convento de las Clarisas Pobres en Gandía y fue mediante estas dos mujeres que la santidad entró a la familia Borja y en la Casa de Gandía había empezado el trabajo de reparación que Francisco de Borja habría de culminar. Biznieto de Alejandro VI por vía paterna, era, por el lado de su madre, biznieto del Rey Católico Fernando de Aragón. Este monarca había procurado el nombramiento de su hijo natural, Alfonso al Arzobispado de Zaragoza, a la edad de nueve años. De Ana de Gurrea, Alfonso tuvo dos hijos, quienes lo sucedieron en su sede arquiepiscopal y dos hijas, una de las cuales, Juana, se casó con el duque Juan de Gandía y se convirtió en la madre de nuestro santo. De este matrimonio Juan tuvo tres hijos y cuatro hijas. De un segundo, contraído en 1523, tuvo cinco hijos y cinco hijas. El mayor de todos y heredero al ducado era Francisco.


Piadosamente criado en una corte que sentía la influencia de las dos Clarisas, madre y hermana del duque reinante, Francisco perdió a su propia madre cuando tenía diez. En 1521, una sedición entre el populacho puso en peligro la vida del niño y la posición de la nobleza. Cuando el disturbio fue suprimido, Francisco fue enviado a Zaragoza a continuar su educación en la corte de su tío, el arzobispo, un ostentoso prelado que nunca había sido consagrado y ni siquiera ordenado sacerdote. A pesar de que en esta corte se mantenía la católica fe española, caía, sin embargo, en la laxitud permitida por los tiempos y Francisco no podía evitar notar la relación que tenía su abuela con el fallecido arzobispo, a pesar de que estaba en deuda con ella por su temprano entrenamiento religioso. Mientras estuvo en Zaragoza, Francisco cultivó su mente y llamó la atención de sus parientes por su fervor. Ellos, deseosos de asegurar la fortuna del heredero de Gandía, le enviaron a los doce años a Tordesillas como paje de la Infanta Catalina, la hija menor y compañera en soledad de la infortunada reina, Juana la Loca.


 En 1525 la infanta se casó con el rey Juan III de Portugal y Francisco regresó a Zaragoza a completar su educación. Finalmente, en 1528, la corte de Carlos V fue abierta para él y un futuro brillante apareció ante él. En su camino a Valladolid, mientras pasaba, brillantemente escoltado, por Alcalá de Henares, Francisco encontró a un pobre hombre a quien los asociados de la Inquisición llevaban a prisión. Era Ignacio de Loyola. El joven noble intercambió una mirada de emoción con el prisionero, sin pensar que algún día estarían unidos por lazos estrechos. El emperador y la emperatriz recibieron a Borja más como amigo que como súbdito. Tenía diecisiete, dotado con múltiples encantos, acompañado por un magnífico tren de seguidores y, luego del emperador, su presencia era la más galante y caballerosa en la corte. En 1529, por deseo de la emperatriz, Carlos V le dio la mano de Leonor de Castro en matrimonio, haciéndolo al mismo tiempo, Marqués de Lombay y Escudero de la emperatriz y nombrando Camarera Mayor a Leonor. El recién creado Marqués de Lombay disfrutó de una posición privilegiada. Cuando el emperador viajaba o conducía una campaña, le confiaba al joven escudero el cuidado de la emperatriz y a su regreso a España lo trataba como confidente y amigo. En 1535 Carlos V guió la expedición a Túnez sin la compañía de Borja, pero al año siguiente el favorito siguió a su monarca a la desafortunada campaña en Provenza. Además de sus virtudes que lo hacían el modelo de la corte y los atractivos personales que le adornaban, el marqués de Lombay poseía un refinado gusto musical. Se deleitaba sobre todo, en composiciones eclesiásticas y testificando la habilidad del compositor, se puede asegurar que en el siglo XVI y antes de Palestrina, Borja fue uno de los principales restauradores de la música sacra.


En 1538 un octavo niño nació de los marqueses de Lombay y el 1 de mayo del año siguiente, la emperatriz Isabel murió. El escudero fue comisionado para llevar sus restos a Granada, donde fueron enterrados el 17 de mayo. La muerte de la emperatriz causó el primer revés en la brillante carrera de los Marqueses de Lombay. Los alejó de la corte y le enseñó al noble la vanidad de la vida y de sus grandezas. San Juan de Ávila predicó el sermón funerario y Francisco, haciéndole saber su deseo de reformar su vida, regresó a Toledo resuelto en ser un perfecto cristiano. El 26 de junio de 1539, Carlos V nombró a Borja virrey de Cataluña y la importancia del cargo probó las genuinas cualidades del cortesano. Instrucciones precisas determinaron su curso de acción. Fue a reformar la administración de justicia, poner en orden las finanzas, fortificar la ciudad de Barcelona y reprimir a los que estaban fuera de la ley. A su llegada a la virreinal ciudad, el 23 de agosto, procedió de inmediato, con una energía que no podía derrumbar la oposición, a edificar los rampantes, limpiar el país de las bandas que lo asolaban, reformar los monasterios y desarrollar el aprendizaje. Durante su virreinato se mostró juez inflexible y sobre todo cristiano ejemplar. Pero una serie de graves pruebas estaban destinadas a desarrollar en él el trabajo de santificación iniciado en Granada.


En 1543, a la muerte de su padre, se convirtió en Duque de Gandía y fue nombrado por el emperador Director de la Casa del príncipe Felipe de España, quien se había casado con la princesa de Portugal. Este nombramiento parecía indicar que Francisco sería el primer ministro del futuro reinado, pero los reyes de Portugal se opusieron al nombramiento. Francisco, entonces, se retiró a su ducado de Gandía y durante tres años esperó la terminación del disgusto que lo alejaba de la corte. Se dedicó por placer, a reorganizar su ducado, a encontrar una universidad para obtener el grado de Doctor en Teología y a buscar un grado aún más alto de virtud. En 1546 su esposa murió. El duque había invitado a los jesuitas a Gandía y se convirtió en su protector y discípulo e incluso en ciertos casos, en su modelo. Pero deseaba aún más y el 1 de febrero de 1548 se hizo uno de ellos al pronunciar el solemne voto de religión, aunque fue autorizado por el Papa a permanecer en el mundo, hasta que hubiera cumplido sus obligaciones hacia sus hijos y sus estados –sus obligaciones como padre y gobernante.


 El 31 de agosto de 1550, el duque de Gandía abandonó sus estados para no verlos nunca más. El 23 de octubre arribó a Roma, se puso a los pies de San Ignacio y edificó mediante su rara humildad especialmente a aquellos que recordaban el antiguo poder de los Borja. Rápido para concebir grandes proyectos, incluso entonces urgió a San Ignacio a fundar el Colegio Romano. El 4 de febrero de 1551, dejó Roma, sin dar a conocer la intención de su partida. El 4 de abril llegó a Azpeitia en Guipúzcoa y eligió como residencia la ermita de Santa Magdalena cerca de Oñate. Habiéndole permitido Carlos V renunciar a sus posesiones, abdicó a favor de su hijo mayor, fue ordenado sacerdote el 25 de mayo y de inmediato comenzó a predicar una serie de sermones en Guipúzcoa, la cual revivió la fe del país. Nada se habló más en España que este cambio de vida y Oñate se convirtió en lugar de intenso peregrinaje. El neófito fue obligado a apartarse de la oración con el fin de predicar en las ciudades que lo llamaban y a las cuales sus ardientes palabras, su ejemplo e incluso su mera presencia, marcaban profundamente. En 1553 fue invitado a visitar Portugal. La corte le recibió como mensajero de Dios y le rindió, por lo tanto, una veneración que se ha preservado. A su regreso de esta jornada, Francisco supo que, a petición del emperador, el Papa Julio III lo nombraba al cardenalato. San Ignacio logró que el Papa reconsiderara esta decisión, pero dos años más tarde el proyecto fue renovado y Borja ansiosamente si, en conciencia, se podría oponer al Papa. San Ignacio de nuevo lo relevó de esta carga al pedirle que pronunciara los solemnes votos de profesión, por los cuales se comprometió a no aceptar ninguna dignidad salvo bajo orden formal del Papa. De este modo, el santo se reaseguró. Pío IV y Pío V lo amaron demasiado como para imponerle una dignidad que le hubiera causado sufrimiento. Gregorio XIII, sin embargo, parecía resuelto, en 1572 para ignorar este rechazo, pero en esta ocasión la muerte le salvó de la elevación que tanto había temido.


 El 10 de junio de 1554, San Ignacio nombró a Francisco de Borja comisario general de la Compañía en España. Dos años más tarde le confió el cuidado de las misiones de las Indias Orientales y Occidentales, es decir de todas las misiones de la Compañía. Hacer esto fue confiarle a un recluta el futuro de su orden en la península, pero al hacer esto el fundador demostró su raro conocimiento de los hombres, dado que en siete años Francisco transformaría las provincias confiadas a él. Las encontró con pocos súbditos, con unas cuantas casas y poco conocidos. Las dejó fortalecidas por su influencia y ricas en discípulos obtenidos de los más altos grados de la sociedad. Estos últimos, cuyo ejemplo les había atraído mucho, se reunían principalmente en su noviciado en Simancas y fueron suficientes para numerosas fundaciones. Todo le ayudó a Borja –su nombre, santidad, su notorio poder de iniciativa y su influencia con la princesa Juana, quien gobernó Castilla en ausencia de su hermano Felipe. El 22 de abril de 1555, la reina Juana la Loca murió en Tordesillas, asistida por Borja. A la presencia del santo se le atribuye la serenidad de la reina en sus últimos momentos. La veneración que inspiraba se incrementó, entonces y aún más su extrema austeridad, el cuidado que prodigaba a los pobres en los hospitales, las maravillosas gracias con las que Dios rodeaba su apostolado, contribuyeron a aumentar un renombre que él aprovechaba para ayudar el trabajo de Dios. En 1565 y 66 fundó las misiones de Florida, Nueva España y Perú, extendiendo así al Nuevo Mundo los efectos de su celo insaciable.


 En diciembre de 1556 y en otras tres ocasiones, Carlos V se encerró en Yuste. De inmediato convocó a su antiguo favorito, cuyo ejemplo había hecho mucho para inspirarlo en el deseo de abdicar. En agosto siguiente lo envió a Lisboa con varios asuntos relacionados con la sucesión de Juan III. Cuando el emperador murió el 21 de septiembre de 1558, Borja no pudo estar presente a su lado, pero fue uno de los ejecutores testamentarios nombrados por el monarca y fue quien, en los solemnes servicios en Valladolid, pronunció la elegía del soberano muerto. Este periodo de éxitos sería cerrado por una prueba. En 1559 Felipe II regresó a reinar a España. Prejuiciado por varias rezones (prejuicio fomentado por muchos envidiosos de Borja, algunos de cuyos interpelados trabajos habían sido recientemente condenados por la Inquisición), Felipe pareció haber olvidado su antigua amistad con el Marqués de Lombay y manifestó hacia él un disgusto que se incrementó cuando supo que el santo había ido a Lisboa. Indiferente a esta tormenta, Francisco continuo por dos años en Portugal su predicación y sus fundaciones y entonces, a solicitud del papa Pío IV, fue a Roma en 1561. Pero las tormentas tienen su misión providencial. Podría cuestionarse si por la desgracia de 1543, el duque de Gandía se había hecho religioso y si, por la prueba que lo ausentó de España, pudo realizar el trabajo que le esperaba en Italia. En Roma no pasó mucho antes de que atrajera la atención del público. Los cardenales Otho Truchsess, arzobispo de Augsburgo, Stanislaus Hosius y Alejandro Farnesio le manifestaron una sincera amistad. Dos hombres principalmente se regocijaron con su llegada. Fueron Michael Chisleri, futuro papa Pío V y Carlos Borromeo, a quien el ejemplo de Borja ayudó a convertirse en santo.


 El 16 de febrero de 1564, Francisco de Borja fue nombrado asistente general en España y Portugal y el 20 de febrero de 1565, fue nombrado vicario general de la Compañía de Jesús. Fue elegido general el 2 de julio de 1565 por 31 votos de 39, para suceder al Padre Santiago Laynez. A pesar de estar muy debilitado por sus austeridades, desgastado por ataques de gota y una afección del estómago, el nuevo general aún poseía mucha fortaleza, la cual, añadida a su abundancia de iniciativa, su atrevimiento en la concepción y ejecución de vastos designios y la influencia que ejercía sobre los príncipes cristianos y en Roma, le hicieron de inmediato un modelo ejemplar y cabeza providencial de la Compañía.


Completó en Roma la casa e iglesia de S. Andre en el Quirinal en 1567. Ilustres novicios se apacentaron ahí, entre ellos Estanislao Kotska (m. 1568) y Rodolfo Acquaviva. Desde su primer viaje a Roma, Borja había tenido la preocupación de fundar un colegio romano y mientras estuvo en España, había apoyado generosamente el proyecto. En 1567, construyó la iglesia del colegio, le aseguró un ingreso de seis mil ducados y al mismo tiempo trazó la regla de estudios, la cual, en 1583, inspiró a los compiladores del Ratio Studiorum de la Compañía. Siendo un hombre de oración como lo era de acción, el santo general, a pesar de sus inmensas ocupaciones, no permitía que su alma se distrajera de la continua contemplación. Fortalecida por tan vigilante y santa administración, la Compañía no pudo sino desarrollarse. España y Portugal sumaron muchas fundaciones; en Italia San Francisco creó la provincia romana y fundó varios colegios en el Piamonte. Francia y las provincias del norte fueron, sin embargo, al mayor campo de sus triunfos. Durante los siete años de su gobierno, Borja introdujo tantas reformas en la Compañía como para merecer ser llamado su segundo fundador. Tres santos de esta época trabajaron incesantemente para ayudar al renacimiento del catolicismo; ellos fueron San Francisco de Borja, San Pío V y San Carlos Borromeo.


 El pontificado de Pío V y el generalato de Borja comenzaron con un intervalo de unos cuantos meses y terminaron casi al mismo tiempo. El papa santo tenía entera confianza en el general santo, quien correspondía con inteligente devoción a cada deseo del pontífice. Fue él quien inspiró al papa la idea de exigir de las Universidades de Perugia y Bolonia y eventualmente, de todas las universidades católicas, una profesión de fe católica. Fue también él quien, en 1568, deseó que el papa nombrara una comisión de cardenales encargados de promover la conversión de infieles y herejes, la cual fue el germen de la Congregación para la Propagación de la Fe, establecida más tarde por Gregorio XV en 1622. Una fiebre pestilente invadió Roma en 1566 y Borja organizó métodos de alivio, estableció ambulancias y distribuyó a cuarenta de sus religiosos para tal propósito, de manera que habiendo terminado la epidemia dos años después, fue a Borja a quien el papa confió la seguridad de la ciudad.


 Francisco de Borja siempre había amado las misiones extranjeras. Reformó aquellas de la India y el Extremo Oriente y creó las de América. En unos cuantos años tuvo la Gloria de tener entre sus hijos a sesenta y seis mártires, los más ilustres de los cuales fueron los 53 misioneros de Brasil quienes con su superior, Ignacio Acevedo, fueron masacrados por corsarios hugonotes. Sólo le quedaba a Francisco terminar su Hermosa vida con un espléndido acto de obediencia al Papa y devoción a la Iglesia.


Entre otros felices resultados, logró del rey, Don Sebastián, pedir en matrimonio la mano de Margarita de Valois, la hermana de Carlos IX. Este era el deseo de San Pío V, pero, habiendo sido formulado demasiado tarde, fue frustrado por la reina de Navarra, quien mientras tanto había asegurado la mano de Margarita para su hijo. Una orden del Papa expresó su deseo de que la embajada también llegara a la corte francesa. El invierno prometía ser severo y sería fatal para Borja. Aún más fatal para él fue el espectáculo de la devastación que había causado la herejía en el país, lo cual hirió gravemente el corazón del santo. En Blois, Carlos IX y Catalina de Médicis le dieron a Borja la recepción debida a un Grande de España, pero al cardenal legado, así como a él le dieron solo palabras amables con poca sinceridad. El 25 dejaron Blois.


Para cuando llegaron a Lyon, los pulmones de Borja ya estaban afectados. Bajo estas condiciones el paso del monte Cenis, sobre caminos nevados fue extremadamente doloroso. Haciendo acopio de todas sus fuerzas, el inválido llegó a Turín. En el camino la gente salía de las villas clamando: “Queremos ver al Santo”. Advertido de la condición de su primo, Alfonso de Este, duque de Ferrar, mandó por él a Alejandría y lo llevó a su ciudad ducal donde permaneció del 19 de abril al 3 de septiembre. Desesperaron de su recuperación y se dijo que no sobreviviría al otoño. Deseando morir en Loreto o en Roma, partió en una litera el 3 de septiembre, pasó ocho días en Loreto y luego, a pesar de los sufrimientos causados por el más mínimo brinco, ordenó a los porteadores que se dirigieran con mayor velocidad a Roma. Se esperaba que en cualquier instante vería el final de su agonía. Alcanzó la “Porta del Popolo” el 28 de septiembre. El moribundo detuvo su litera y agradeció a Dios que había sido capaz de completar este acto de obediencia. Fue trasladado a su celda, la cual pronto fue invadida por cardenales y prelados. Durante dos días Francisco de Borja, completamente consciente, esperó la muerte, recibiendo a todos los visitantes y bendiciendo, mediante su hermano menor, Tomás de Borja, a todos sus hijos y nietos. Poco después de la media noche del 30 de septiembre, su hermosa vida llegó a un hermoso e indoloro final. En la Iglesia Católica él ha sido uno de los más notables ejemplos de la conversión de las almas luego del Renacimiento y para la Compañía de Jesús había sido el protector escogido por la Providencia a quien, luego de San Ignacio, le debe más.


 En 1607, el duque de Lerma, ministro de Felipe III y nieto de San Francisco de Borja, habiendo visto a su nieta milagrosamente curada por intercesión de Francisco, causó que iniciara el proceso de canonización. El proceso ordinario comenzó de inmediato en varias ciudades y fue seguido, en 1637, por el proceso Apostólico. En 1617 Madrid recibió los restos del santo. En 1624 la Congregación de los Ritos anunció que se procedería a su beatificación y canonización. La beatificación fue celebrada en Madrid con esplendor incomparable. Puesto que Urbano VIII había decretado, en 1631, que un Santo no podría ser canonizado sin un nuevo procedimiento, se inició otro proceso. Estaba reservado para Clemente X firmar la Bula de canonización de San Francisco de Borja el 20 de junio de 1670. Librado del decreto de José Bonaparte quien, en 1809, ordenó confiscar todos los santuarios y objetos preciosos, el relicario de plata que contiene los restos del santo, luego de varias vicisitudes, fue llevado, en 1901, a la iglesia de la Compañía de Jesús en Madrid, donde es honrado actualmente.


 Con razón España y la Iglesia veneran en San Francisco de Borja a un gran hombre y un gran santo. Los más altos nobles de España están orgullosos de descender de él o de tener conexión con él. Por su penitencia y vida apostólica reparó los pecados de su familia y dio gloria a un nombre que, de no ser por él, habría permanecido siendo fuente de humillación para la Iglesia. Su fiesta se celebra el 3 de octubre.  2009.X.

http://www.religionenlibertad.com


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La naturaleza es expresión de un proyecto de amor y de verdad. Ella nos precede y nos ha sido dada por Dios como ámbito de vida. Nos habla del Creador (cf. Rm 1,20) y de su amor a la humanidad. Al caer la tarde es propicio momento a la meditación.


Para no caer en el anacronismo, es necesario tener la humildad y la inteligencia de leer los hechos del pasado no con las categorías mentales de hoy, más, dentro el marco histórico temporal en que se efectuaron. 

 

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Al igual que ocurre con cualquier otra expresión de la mente humana, quizás la objetividad plena es imposible, pero lo que se le pide a cualquier intelectual honrado es que, cuando menos, haga el esfuerzo de buscarla, tenga la valentía de acercarse serena y responsablemente al mayor grado de objetividad histórica posible.

 

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Lutero también escribía: “Los herejes deben ser condenados sin oírlos”… fue el cuerpo y la disposición a la terrible e intolerante inquisición protestante.

 

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"Afortunadamente, el cristianismo, a diferencia de las ideologías, tiene siempre una doctrina buena, cierta y definitiva que le permite rectificar los errores prácticos en los que pueden incurrir algunos de sus miembros: el Evangelio". Beatriz Comellas.

 

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1492 – El 11 de agosto el Cardenal Rodrigo de BORJA es elegido sucesor de Pedro, Papa con el nombre de Alejandro VI, segundo español que sube al solio pontificio.

 

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El veleidoso pontificado de Alejandro VI, el Papa de la liviandad, coincide con un periodo crucial en la Historia de España: el mismo año que ocupó la silla de Pedro, Colón descubrió América. Alejandro VI fue el miembro más notable de una dinastía de origen valenciano, los Borgia, que la literatura se ha complacido en perfilar con los rasgos de un monstruo. Aun reconociendo sus excesos, que los hubo, no es posible juzgar sus acciones sin considerar las circunstancias de su época.


Italia, amenazada por las guerras contra Francia, ofrecía la mejor de sus caras en las expresiones artísticas del Renacimiento; pero, al igual que una moneda, no podía ocultar su cruz, representada por la decadencia moral de una sociedad en crisis. En esa sociedad, los Borgia no fueron, tal vez, ni mejores ni peores que sus poderosos enemigos. Desde luego, ellos no inventaron el crimen ni el nepotismo.

 

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Numismática papal en plata: ALEJANDRO VI. CECA ROMA.

 

Lucrecia Borgia restaurada

 

 La famosa familia Borgia tiene su origen en este hombre de origen setabense llamado Rodrigo de Borja que adoptó el nombre de Alejandro VI cuando fue elegido papa. Ya su elección vino acompañada de polémica debido a su conducta licenciosa, producto de la cual tenía un hijo llamado César. Precisamente fue César el beneficiario de la concesión de un amplio número de territorios eclesiásticos para su disfrute personal, lo que motivó que Alejandro VI fuera tildado de nepotismo y criticado abiertamente por Savonarola.

 

Acusada de todos los crímenes y pecados imaginables para la carne y el espíritu, esta noble renacentista - junto con Alejandro VI - ha sido blanco de una campaña de desprestigio a la Iglesia que no ha ahorrado mentiras ni calumnias. ¿Cuál es la verdad sobre ella?

El 9 de abril de 1455 Elegido Papa, con el nombre de Calixto III, el cardenal español Alonso de Borja.

 

Rodrigo de Borja: buena parte la leyenda negra que le envuelve no es más que la consecuencia de las impertinencias, charlatanerías e injurias que sus muchos enemigos hicieron circular por la Roma de comienzos del siglo XVI.

 

«No podemos negar ni excusar la sensualidad de Rodrigo de Borja, pero lo cierto es que una vez nombrado Papa su comportamiento en este terreno fue más cauto y sus problemáticas relaciones con Giulia Farnese son todavía objeto de debate por los historiadores. Presentarle pecando públicamente sin ningún rubor, como hace el film [X.2006], se basa sólo en los rumores y habladurías que circulaban en la Roma de aquel tiempo y no en hechos históricamente probados».

 

Lo que no se cuenta:
   - Como cardenal, Rodrigo de Borja trajo a España el renacimiento italiano. En 1472 llegó a Valencia acompañado por Francesco Pagano y Paolo de San Leocadio que dejaron en el presbiterio de la catedral las primeras pinceladas de este nuevo estilo.
   - Como Pontífice, fue un hombre de estado. Fortaleció los territorios vaticanos para lograr la independencia de la Iglesia frente a las presiones de los nobles romanos dentro del complejo rompecabezas de la Italia de
la época. Promovió la evangelización de América y la reforma de las órdenes religiosas.
   - Fue un gran mecenas de las artes y contó con los servicios de Miguel Ángel y Pinturicchio. Su hijo Cesar contrató a Leonardo da Vinci y Lucrecia protegió a Ticiano
   - Cesar Borja fue un gran amigo de Maquiavelo quien se inspiró en su forma de gobernar -con firmeza pero a la vez magnánimo- para escribir «El príncipe».

 

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Nueva infamia televisiva. Falacias: parecen

verdades y son mentiras para hundirnos.

Dos emisiones en Antena 3 sobre los Borgia.

 

Una película del año 2006 que se ha emitido dos días consecutivos en Antena3 en horario de máxima audiencia. La verdad no vende, pero el escándalo y la procacidad sí. Si al menos se dijera claramente que se trata de una novela, no de una recreación histórica, tendrían un pase las licencias morbosas, pero al mezclar interesada y maliciosamente hechos históricos con inventos novelescos salen malparadas la verdad y la historia, y como consecuencia, la Iglesia, la Patria y la Civilización cristiana. No interesa un Papa Alejandro VI que era frugal y morigerado en sus costumbres, aunque celebrase algunas fiestas fastuosas en consonancia con las costumbres de la época; pero en las que no se daban escenas pornográficas en directo. Un Papa que siéndolo no tuvo relaciones pecaminosas que puedan sostenerse por los historiadores, puesto que puso fin a su relación con Vannozza de Catanei doce años antes de ser nombrado Papa. De ella tuvo 4 hijos que mantuvo cerca de sí siendo Papa, dándoles honores y distinciones frente a otras familias rivales, que no aceptaban de buen grado la influencia y el poder de una familia española.

Es completamente falso que Alejandro VI sostuviese relaciones con Giulia Farnese, casada con Orsino Orsini, como se ve en la película. Ni la sospecha maliciosa de relaciones incestuosas con su hija Lucrecia ni de esta con su hermano César, como se deja caer sin desmentirlo. Tampoco es verdad que Lucrecia engendrara un hijo en un convento con un criado y que éste fuera asesinado por César ante el Papa. Ni que el Papa asistiera a la consumación del primer matrimonio de su hija, luego anulado (aunque esta asistencia de autoridades a la consumación de los matrimonios principales para certificar el hecho fuera frecuente a fin de salvaguardar los gravísimos intereses en juego, herencias, reinos, etc., no pocas veces fuente de conflictos terribles). Tampoco tiene fundamento que César matara a su propio hermano, cosa que entristeció mucho al Papa, sin que se pudiera descubrir a los criminales. Tampoco tiene razón de ser que el Papa se dedicara a asesinar a sus rivales y no se le puede atribuir ningún crimen. La condena de Savonarola fue la de un fanático visionario y fantástico que arrastró a graves enfrentamientos y que impuso una dictadura teocrática en Florencia, aunque Alejandro VI le trató con gran condescendencia hasta que se hizo imposible moderarlo y hacerle entrar en razón.


Rodrigo de Borja (1431-1503), Papa Alejandro VI desde 1492, fue el Papa del Descubrimiento de América, el que puso los límites para las exploraciones y conquistas de España y Portugal con la bula "Inter caetera" de 1493, que se ratificaron en el Tratado de Tordesillas. Otorgó a Isabel y a Fernando el título de "Reyes Católicos" y les concedió el Águila de San Juan para el escudo que los buenos patriotas españoles seguimos ostentando. Fue un Papa renacentista que protegió a los artistas de la época, contratando a Miguel Ángel. Su hijo César contrató a Leonardo da Vinci y Lucrecia protegió a Tiziano. Engrandeció el Vaticano y Santa María la Mayor. Levantó iglesias como Santa María de Montserrat, la Trinidad del Monte y Santa María del Ánima. También edificó el Palacio de la Cancillería. Instauró la ceremonia de la "Puerta Santa" los años jubilares y reforzó el rezo del "Ángelus", creado por su tío Calixto III, Borja también. Promovió una Cruzada para rechazar las invasiones turcas, a la que sólo respondió España, pero que logró contenerlos. En continuidad con sus predecesores, reforzó la unidad de los Estados de la Iglesia, que culminó su sucesor Julio II, a pesar de las fuertes presiones de los reyes de Francia y de España, venciendo la actitud levantisca y feudal de los múltiples señores del territorio. Administró justicia personalmente, concediendo audiencia todos los martes a quienes quisieran exponerle sus agravios. Erradicó la criminalidad con la que se encontró, pues en el breve lapso de tiempo desde que cayó enfermo el papa anterior habían tenido lugar 220 homicidios en Roma.

Rodrigo de Borja era un hombre distinguido y culto, erudito y refinado, curtido en la diplomacia y en los asuntos de gobierno cuando fue elegido Papa, piadoso y sincero creyente, ortodoxo en su doctrina y celoso del bien de la Iglesia. Su mala fama proviene de la vida amorosa que mantuvo de los 30 a los 50 años, empezando cuando era Cardenal pero no tenía órdenes sacerdotales, habiendo engendrado varios hijos, 4 de los cuales tuvo junto a sí cuando era Papa. Los libelos y murmuraciones frecuentes en la época renacentista en las ciudades italianas y entre las familias rivales fueron tejiendo una leyenda negra llena de procacidades, pero sin fundamento real ni prueba histórica, al modo con el que hoy se difunden tantas calumnias por internet, mediante anónimos. Cuando su hijo César se quejaba de ello y quería perseguirlo, Alejandro VI, mucho más indulgente que muchos autoproclamados tolerantes y democrátas de ahora, decía: "que Roma era una ciudad libre, en la que cada cual puede escribir y decir lo que le dé la gana. Ya se habla mal incluso de mí, pero yo dejo correr el agua". "Yo hubiera podido condenar a muerte al vicecanciller (Ascanio Sforza) y a Juliano de la Róvere (futuro Julio II); sin embargo, no quise hacer daño a ninguno y perdoné a catorce de los mayores señores".


La vida de esta familia quedó luego en el olvido hasta que fue resucitada en el siglo XIX por los "románticos". Víctor Hugo escribe una "Lucrecia Borgia" plagada de falsedades, pero que tuvo éxito y fue llevada a la ópera por Donnizetti. A la leyenda se sumó Alejandro Dumas, padre, inventándose el veneno en los crímenes de Lucrecia, que nunca existieron, ni tampoco su veneno. En España otro farsante se sumó a la ceremonia de la confusión, el escritor Manuel González y Fernández, que se libró de sus vulgares apellidos con su novela "Lucrecia Borgia, memoria de Satanás". Por el contrario, como demuestra el ilustre hispanista William Thomas Walsh en su "Isabel la Cruzada", Lucrecia fue una mujer cristiana, virtuosa y digna de alabanza. Otros autores llevaron a cabo una completa tarea de investigación, desmitificando esas leyendas, pero no parecen haber servido de mucho. Giusepe Campori publicó en 1866 "Una víctima de la historia: Lucrecia Borgia". Por su parte, el erudito Ferdinand Gregorovius publicó en Stuttgar, en 1874, 75 nuevos documentos para desmontar el mito.

Pero aquí están el cine y la televisión para perpetuarlo, siempre con la secreta intención de desprestigiar a la Iglesia. Ellos juzgan y denigran a todo el mundo, pero nadie puede juzgarles a ellos. Por ahora.

José Luis Corral  - I.2008

http://www.edicionescatolicas.com/articulo3.asp?Id=1931

 

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En la familia Borgia floreció, sorprendentemente, la santidad


 

Corrían los turbulentos años del gobierno anticatólico de Napoleón Bonaparte.Las apariencias conservadoras no disimulaban la infernal parodia que intentaba hacer del Sacro Imperio. El espíritu de la Revolución Francesa se afianzaba con fingidos retrocesos e intimidantes golpes que la institucionaban poco a poco los principios anticristianos.

 

Pero la violencia no conquista corazones. A lo sumo impone formas de vida que más tarde o más temprano van impregnándose en las mentes y se va asumiendo todo como normal. Pero no crea una cultura, una forma particular de ser, de pensar y de sentir que tenga resonancia con el deseo del opresor.

 

Es así como la agresión anticatólica se divide - como siempre - con ofertas que van desde los moderados y hasta pseudo-conservadores a los más radicales y exagerados. Ambos extremos están destinados a desaparecer por la línea del medio, la que no quiere a los extremos pero no se opone al mal que se le propone.

 

Es así como el mal se sirve de las armas de apariencia más inofensiva, como son las artes. ¿Quién exige, acaso, rigor histórico, moral o fidelidad doctrinaria a una obra de arte? "¡Pero si están hechas para divertiros!", dirá el hombre moderno. Y sin embargo, sonreirá el artista, toda obra de arte expresa una idea, una idea cargada de simbolismo e ideología, de fuerza para cambiar e impactar al observador.

 

Victor Hugo y su creación de Lucrecia Borgia

 

El renombrado escritor francés Víctor Hugo (1802-1885) ingresa en escena. El mayor exponente del romanticismo decimonónico, lanza su teoría de lo grotesco como opuesto a lo bello. Tras su "Hernani", pone en las tablas la exitosa Lucrèce Borgia (1833). Intentó con dos obras más pero el fracaso de la última le alejó del teatro. Sin embargo serán Les Misérables (1862) y Notre-Dame de Paris (novela «gótica», 1831) los que le llevarán a la inmortalidad. Dejamos al lector el estudio y juicio sobre semejantes panfletos desbordante de anti-catolicismo. Son bellísimas obras de arte cargadas de veneno. No negamos su valor artístico: sólo cuestionamos su recalcitrante espíritu anticatólico para que se abandone el espíritu de falsa inocencia con que se contempla el arte.

 

Volvamos a nuestro asunto. Sobre una Lucrecia Borgia debilitada por algunos comentarios maliciosos e infundados lanzados por los enemigos políticos del papa Alejandro VI (su padre), Victor Hugo construye toda una leyenda negra venenosa y calumniosa hasta lo irreal y absurdo.

 

Gracias a su obra de teatro el bajo pueblo sacia sus oídos ávidos de morbosidad. Desalentado por sus infructuosas investigaciones deseosas de encontrar nombres y datos de los asesinatos ordenados o perpetrados por Lucrecia Borgia, el novelista cita a varios... ¡escogidos al tuntún!

 

En la introducción a Thèatre, de Víctor Hugo (Garnier-Flammarion, parís, 1979) el profesor d ela Universidad de Lovaina Raymond Pouilliar afirma: "Tomasi había escrito un libro, tres veces editado en francés, las Memorias para sevir a la historia de César Borgia, duque de valentinois; muy tarde, casi en el momento de su redacción, Victor Hugo encontró uno de estos ejemplares en la biblioteca real. Los nombres italianos estaban afrancesados por el traductor de Tomasi; la Biografía Universal de Michaud los da en su forma original..." Esto es, toma los nombres de una Biografía universal que por muy grande que fuera no podía mencionar a todas las víctimas que le carga a Lucrecia. Más delante (nota a la página 76) señala: "Hugo inventa parientes próximos para asegurar la existencia de vengadores". Toma algunos de entre los enemigos de Alejandro VI. En el colmo del peor dramón de su carrera literaria y el colmo de la ficción antihistórica, Victor Hugo hace que Lucrecia, en el último acto, envenene a su hijo Juan y a cinco amigos suyos... ¡y su hijo moribundo, en un acto de estremecedora justicia, la apuñala, matándola!.

 

Lo malo de esto es que pese al relativo poco éxito que tuvo la obra en Francia (estrenada el 2 de febrero de 1833), en el extranjero tuvo tal acogida que para diciembre ya la habían convertido en ópera. Hugo demanda a Felice Romani - libretista - por plagiar de forma literal su obra. Donizzeti compuso la música y la estrenó en la misma Scala de Milán. Hugo impide que se estrene en París. La ópera es reconstruida y re-titulada La Rinnegata (La Repudiada) y se estrena en 1845.

 

Otro colega de Victor Hugo, Alejandro Dumas, padre, también las emprende contra Lucrecia y le agrega todo el mito del veneno, extendiéndolo a ser un uso común en la familia. Un exéntrico Manuel Fernández y González (1821-1888) publica un folletón titulado Lucrecia Borgia, Memorias de Satanás. Y así por delante. Lucrecia era, a ojos de todos, el mismo demonio en persona. Pasada la moda de desprestigiarla, aparece en 1941 un panfleto con forma de libro titulado Lucrecia Borgia, la princesa de los venenos...

 

De nada habían servido los esfuerzos de un Giusepe Campori quien en 1866 publicó un muy documentado estudio titulado "Una vittima della Storia: Lucrezia Borgia". Como si faltasen más pruebas, Ferdinand Gregorovius (Lucrecia Borgia, Stuttgart, 1874), renombrado experto en historia romana, añade nada menos que setenta y cinco nuevos documentos para acabar con el mito.

 

Las más recientes investigaciones publicadas demuestran que Lucrecia Borga no sólo no fue la infiel esposa como se dice (y aún sería poco esperable dada la vergonzosa corrupción de costumbres del Renacimiento) sino que jamás utilizó ni mandó utilizar un puñal, espada ni arma alguna. Tampoco utilizó el mítico veneno de los Borgia (la cantarella). Es más, en palabras del inmortal historiador inglés William Thomas Walsh, "Lucrecia (...) según la historia, documentos y memorias dignas de fe, era en su época una d elas mujeres más virtuosas y dignas de alabanza" (cfr. Isabel La Cruzada, Espasa Calpe Argentina, 1945)

 

Situándola en el marco de la historia

 

El amor a la verdad exige ser rigurosos y abiertos a todas las posibilidades que los hechos y sanos razonamientos nos vayan presentando ante los ojos. Por ello repasaremos brevemente la verdad histórica que envolvió a Lucrecia y a Alejandro VI.

 

Como origen debemos remontarnos poco antes, cuando el papa Calixto III (1378-1458) es entronizado en Roma. De origen español - obispo de Valencia - hizo frente a la invasión turca y a la agresión de las tropas otomanas. Rehabilitó la memoria de Juana de Arco mediante un nuevo proceso (1456). El problema comienza con las justificadas acusaciones levantadas en su contra por las numerosas pruebas que dio de sostener nepotismo exagerado, al conceder muchos cargos y privilegios a los miembros de su familia, en especial a su sobrino Rodrigo de Borja, el futuro papa Alejandro VI (1431-1503).


Éste, español como su tío provenía de la familia Borja. Italianizaron su apellido adoptando el de tradicional Borgia. Prefecto de Roma, bajo Sixto IV fue nombrado legado papal, reconcilió a Enrique IV de Castilla con su hermana Isabel (1472). Logró rechazar a Carlos VIII de Francia de los Estados Pontificios, y después se alió con Luis XII. En 1493 promulgó una bula fijando la línea alejandrina, que determinó la divisoria del Nuevo Mundo entre Castilla y Portugal. Favoreció a sus hijos (habidos sacrílegamente de Vanozza Catanei), en especial a César y a Lucrecia.


De Alejandro VI se ha dicho demasiado y se ha calumniado tanto su memoria como a la de su hija. Las calumnias, básicamente, se popularizaron cuando el hereje y apóstata Savonarola predicaba un miserabilismo pre-calvinista comenzó a gritar por las calles que todo quien siguiera al papa era enemigo de Cristo y profetizaba por doquier. "Yo os aseguro, in verbo Domine, que este Alejandro no es en absoluto Papa y no debe ser tratado como tal", sostenía. Llegó a sostener que había comprado el cargo y que ni siquiera creía en Dios. La gente sencilla se escandalizaba, pero la verdad es que pese a sus pecados personales, la doctrina que enseñó fue fidelísima a la Tradición y a la Revelación y aún manifestaba una gran y tierna devoción por la Santísima Virgen.


Recordemos que ya nos encontramos en el Renacimiento y que las luchas de poderes se daban ya no por motivos religiosos sino por motivos viles, materiales y humanos. Las "familias" o Casas asesinaban, calumniaban, corrompían o exiliaban conforme necesitaban para asegurar y aumentar su poder. Por eso los enemigos políticos de la casa de los Borgia (favorecida en demasía, como ya hemos dicho, desde el gobierno de Calixto III) azuzaban al pueblo con historias de simonía, de inmoralidad y de corrupción. Vicios creíbles en tanto que eran harto frecuentes en esa época.


La verdad es que lejos de ser electo por simonía (comprar el cargo), Alejandro VI fue proclamado por unanimidad tras haber servido  como fiel y sagaz Canciller del Papa. Unió, como dijimos, a Europa contra los turco e inició un programa de reformas para Iglesia. Si pecó, fue de favorecer demasiado a su familia, según la costumbre de la época.


Pero su mayor pecado, que terminó en las gravísimas en infamantes calumnias dirigidas contra sus hijos Césas y Lucrecia, fue el haber iniciado el plan de centralización y de unificación de  Italia, conforma se estilaba en la Europa del momento. Esto significó, de paso, arrasar con las noblezas y poderes corruptos que oprimían duramente al pueblo. Así actuó Luis Xi en Francia, Enrique VII en Inglaterra, Isabel y Fernando en España. Trayendo orden a la anarquía renacentista, los nobles y reyezuelos despojados, nada creyeron demasiado vil como para decir del Papa y su familia.


Lucrecia fue víctima de las intrigas, la casaron y descasaron según conveniencias de la política circunstancial. Salvó de la muerte a su primer marido, se enamoró y vivió feliz con el segundo que le designaron, soportó las infidelidades del tercero con dignidad... y el final de su vida fue ejemplar.


Quizá fue frívola y ligera como las mujeres de su época. Pero ya con su tercer matrimonio se dedica a asistir al teatro, a leer mucho, a divertir con su presencia: era elegante, culta (hablaba italiano, español, latín y griego), bella, y con mucha clase. Se dedicaba a obras de caridad, visitaba hospitales y hospicios, asistiendo personalmente a los desdichados y enfermos. Les levantaba la moral con sus cuidados, sus dádivas y alegre presencia. Los últimos años de su vida, se retiraba con frecuencia a pasar largas temporadas al convento de San Bernardino.


Su muerte fue producida por un alumbramiento complicado. Una sietemesina fue la causa de su muerte. Tras nueve días de fiebre, murió con el consuelo de los sacramentos y rodeada del amor familiar que comenzaba a disfrutar.

 

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Los periodistas Lola Galán y José Catalán Deus

Desvelan en un libro la verdad sobre el Papa Borgia

 

Rodrigo Borgia (1430-1503), el valenciano de Xativa sobrino de Calixto III que se convirtió en el Papa Alejandro VI, fue "un gran Papa" cuya huella fue tergiversada por sus sucesores, como su enemigo el Papa Julio II, manifestaron los periodistas Lola Galán y José Catalán Deus, autores del libro "El Papa Borgia".

 

L D (EFE) El libro, publicado por Aguilar con el subtítulo "Un inédito Alejandro VI liberado al fin de la leyenda negra", intenta dar una imagen equilibrada de esta figura, cuyos logros, en opinión de los autores, fueron tergiversados por su enemigo Julian della Rovere, sobrino de Sixto IV, vicecanciller durante el Pontificado de Inocencio VIII y posteriormente Papa con el nombre de Julio II.

Lola Galán y José Catalán Deus explicaron que, tras la leyenda negra creada en torno a la figura de Alejandro VI, sobretodo en tiempos de sus sucesores, es necesario rescatar fuentes más independientes como las del embajador de Venecia en Roma, Antonio Giustinian. Rodrigo Borgia, destinado por su familia a la Iglesia a los siete años, fue, en opinión de los autores, un "pedazo de hombre sensual y pasional" que "se italianizó", pero que defendió siempre "los intereses del Vaticano sin dejarse llevar por las preferencias por su origen español, ni siquiera en el caso del Tratado de Tordesillas".

Los autores consideran asimismo que el cisma luterano, ocurrido después de su muerte, hubiera quizá tenido otro tratamiento si en el Papado se hubiera contado con el Papa Alejandro VI. En cierto modo, señalaron, a la actividad política de Alejandro VI deben su actual configuración Francia y España, pues fue Rodrigo Borgia el que autorizó el divorcio de Luis XII para que se casara con Ana de Bretaña y el matrimonio entre Fernando e Isabel.

 

La verdad sobre su muerte

Si bien fue sobrino del Papa Calixto III, comentaron, era una situación corriente en aquel momento, pues el Papado era entonces "como una monarquía no hereditaria, en la que cada Papa necesitaba rodearse de familiares para mantener el poder y defenderse de los grupos rivales". Respecto a la paternidad de sus hijos, entre ellos los famosos César y Lucrecia, los autores puntualizaron que era corriente que los Papas de la época tuvieran hijos, caso de Pío II, Sixto IV, Inocencio VIII y el propio Julio II.

Su muerte, que tradicionalmente se cree efecto de un envenenamiento, es, en opinión de los autores, fruto de una de las epidemias que asolaban Roma en aquel momento y que causó bastantes muertes entre los miembros de la Curia. Durante once años de pontificado, Rodrigo Borgia dio a la Iglesia una independencia política y un territorio estable, situación que no existía cuando accedió al Papado, pero, a su muerte, se intentaron borrar las huellas de su pontificado, abandonando sus restos y destruyendo restos asociados a su estancia en el Vaticano como los suelos valencianos de los apartamentos pontificios.

Su hijo César, que fue cardenal y estuvo afectado por el "mal francés", se refugió a la muerte de su padre en Nápoles con El Gran Capitán y fue Fernando el Católico el que le ordenó que lo encarcelara y lo mandará a España. Con motivo del aniversario de su muerte, Alejandro VI su figura ha comenzado a ser recuperada por medio de exposiciones, al rehabilitación de la capilla donde se encuentra su sepulcro por la Generalitat valenciana o la puesta en marcha de un proyecto para recuperar sus documentos en 40 volúmenes.

2004-03-19. L.D. ESP.

 

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1506 - Este año (2006) estamos conmemorando algunos acontecimientos significativos acaecidos en 1506, hace exactamente quinientos años:  el descubrimiento del grupo escultórico del Laocoonte, al que se remonta el origen de los Museos vaticanos; la colocación de la primera piedra de esta basílica de San Pedro, reconstruida sobre la de Constantino; y el nacimiento de la Guardia Suiza pontificia.
Hoy queremos recordar de modo especial este último acontecimiento. En efecto, el 22 de enero de hace 500 años los primeros 150 guardias llegaron a Roma por petición expresa del Papa Julio II y entraron a su servicio en el palacio apostólico. Aquel Cuerpo elegido tuvo que demostrar muy pronto su fidelidad al Pontífice:  en 1527 Roma fue invadida y saqueada, y el 6 de mayo 147 guardias suizos murieron por defender al Papa Clemente VII, mientras los restantes 42 lo pusieron a salvo en el castillo del Santo Ángel.
¿Por qué recordar hoy esos hechos tan lejanos, ocurridos en una Roma y en una Europa tan diversas de la situación actual? Ante todo, para rendir homenaje al cuerpo de la Guardia Suiza, que desde entonces ha sido confirmado siempre en su misión, incluso en 1970, cuando el siervo de Dios Pablo VI suprimió todos los demás cuerpos militares del Vaticano. Pero al mismo tiempo y sobre todo recordamos esos acontecimientos históricos para sacar una lección a la luz de la palabra de Dios. A ello nos ayudan las lecturas bíblicas de la liturgia de hoy, y Cristo resucitado, a quien celebramos con especial alegría en el tiempo pascual, nos abre la mente a la inteligencia de las Escrituras (cf. Lc 24, 45), para que podamos reconocer el designio de Dios y seguir su voluntad. […] S.S. Benedicto PP. XVI.

 

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Cuando se encasquilla la razón, se disparan las sectas y todo ofrecen al gusto del cliente. Bien dice Tertuliano, “si la falsedad es una corrupción de la verdad, la verdad debe precederla”, por eso la Iglesia Católica precede a las sectas y la historia es testigo.

 

- "Como hubo falsos profetas en el pueblo, también entre vosotros habrá falsos maestros que promoverán sectas perniciosas. Negarán al Señor que los rescató y atraerán sobre sí una ruina inminente. Otros muchos se sumarán a sus desvergüenzas, y por su culpa será difamado el camino de la verdad. En su codicia querrán traficar con vosotros a base de palabras engañosas. Pero hace tiempo que está decretada su condena y a punto de activarse su perdición…" 2ª carta de S. Pedro, cap. 2

 

- "El Espíritu dice expresamente que en los últimos tiempos algunos apostatarán de su fe y prestarán oído a espíritus seductores y doctrinas diabólicas. Esta será la obra de impostores hipócritas de conciencia insensible…" 1ª Carta de S. Pablo a Timoteo, cap. 4

 

- "Predica la Palabra, insta a tiempo y a destiempo, corrige, reprende y exhorta usando la paciencia y la doctrina. Pues llegará el tiempo en que los hombres no soportarán la sana doctrina, sino que, llevados de sus propios deseos, se rodearán de multitud de maestros que les dirán lo que quieren oír; apartarán los oídos de la verdad y se volverán a las fábulas." 2 Timoteo: 4: 2-5

 

- "…Porque sabemos que Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que los arrojó a las cavernas tenebrosas del abismo y allí los retiene para el juicio… No libró de la destrucción a Sodoma y Gomorra sino que las redujo a cenizas… libró en cambio al justo Lot, que abrumado por la conducta lujuriosa de aquellos disolutos, sentía torturado día tras día su buen espíritu por las perversas acciones que oía y veía. Y es que el Señor sabe librar de la prueba a los que viven religiosamente y reservar a los inicuos para castigarlos el día del juicio; sobre todo a los que corren en pos de sucios y desordenados apetitos y a los que desprecian la autoridad de Dios."  2 Pedro 2

 

- "Atrevidos y arrogantes, no tienen recato en denigrar a los seres gloriosos… son como animales irracionales, destinados por su naturaleza a ser cazados y degollados. Injurian lo que desconocen y como bestias perecerán." 2 Pedro 2: 7-13

 

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«Señor: Dame una buena digestión y naturalmente alguna cosa que digerir. Dame la salud del cuerpo con el buen humor necesario para mantenerla. Dame un alma sana, Señor, que tenga siempre ante los ojos lo que es bueno y puro, de manera que frente al pecado no me escandalice, sino que sepa encontrar la forma de ponerle remedio. Dame un alma que no conozca el aburrimiento, los refunfuños, los suspiros y los lamentos y no permitas que me tome demasiado en serio esa cosa tan invasora que se llama "yo". Dame el sentido del humorismo, dame el don de saber reír de un chiste, a fin de que sepa traer un poco de alegría a la vida y hacer partícipes a los otros. Amén». Tomás Moro (1478-1535)


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Libro de Horas de Alejandro VI "Papa Borgia"

 

· Custodiado en la Bibliothèque Royale de Belgique. Ms. IV 480.
· Realizado por encargo de Rodrigo de Borja, “Papa Borgia”.
· Contiene infinidad de imágenes decoradas con motivos florales, animales, frutales, arquitectónicos y medallones de piedad de vivos colores, sobre fondo en oro, formando un conjunto de gran policromía.

 

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El Renacimiento y la Reforma han configurado el individuo occidental moderno, que no se siente agobiado por cargas externas, como la autoridad meramente extrínseca y la tradición. Hay muchos que sienten cada vez menos la necesidad de «pertenecer» a las instituciones (pese a lo cual, la soledad sigue siendo en gran medida un azote de la vida moderna), y no se inclinan a dar a las opiniones «oficiales» mayor valor que a las suyas propias. Con este culto a la humanidad, la religión se interioriza, de manera que se va preparando el terreno para una celebración de la sacralidad del yo; en el plano del análisis histórico, se cultiva el caldo del relativismo atenuando las responsabilidades importantes. Lo que importa señalar aquí y ahora es que, en ciertas prácticas de algunos grupos protestantes y la masonería en general, gustan recurrir constantemente a la mentira, a la desfiguración de los hechos quitándoles del contexto, o insisten recurrir llana y repetitivamente «sin vergüenza alguna» a las conocidas ‘leyendas negras’.

 

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La historia de más de cien años de la familia Borja es, sin leyenda ni mito, una peripecia difícilmente imaginable si no fuera del todo real: una familia de la pequeña aristocracia valenciana que en menos de medio siglo da dos Papas, Calixto III y Alejandro VI, y una docena de cardenales a la Iglesia, que ocupa durante largos años el centro de poder de la misma Iglesia, que casa a sus hijos en familias reinantes, se convierte en protagonista de las luchas por el poder en Italia, da origen a un cúmulo de infamias y leyendas negras de factura protestante -como jamás ha vuelto a conocer el Papado, y más tarde cierra el increíble círculo produciendo un gran Santo, San Francisco de Borja, General de la Compañía de Jesús en plena contrarreforma.

 

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El gran hispanista norteamericano Charles F. Lummis, en su magnífica historiografía titulada "Los exploradores españoles del siglo XVI", escribe esto:

 

"El honor de dar América al mundo pertenece a España; no solamente el honor del descubrimiento, sino el de una exploración que duró varios siglos y que ninguna otra nación ha igualado en región alguna. Es una historia que fascina (_). Amamos la valentía,la exploración de las Américas por los españoles, fue la más grande, la más larga y la más maravillosa serie de valientes proezas que registra la historia (_) Había un Viejo Mundo grande y civilizado: de repente se halló un Nuevo Mundo, el más importante y pasmoso descubrimiento que registran los anales de la humanidad. Era lógico suponer que la magnitud de ese acontecimiento conmovería por igual la inteligencia de todas las naciones civilizadas, y que todas ellas se lanzarían con el mismo empeño a sacar provecho de lo mucho que entrañaba ese descubrimiento en beneficio del género humano. Pero en realidad no fue así. El espíritu de empresa de toda Europa se concentró en una nación, que no era por cierto la más rica o la más fuerte. A una nación le cupo en realidad la gloria de descubrir y explorar América, de cambiar las nociones geográficas del mundo y de acaparar los conocimientos y los negocios por espacio de un siglo y medio. Y esa nación fue España.

 

"Ocurrió ese hecho un siglo antes de que los anglosajones pareciesen despertar y darse cuenta de que realmente existía un nuevo mundo; durante ese siglo la flor de España realizó maravillosos hechos.

"Españoles fueron los que vieron y sondearon el mayor de los golfos; españoles los que descubrieron los ríos más caudalosos; españoles los que por primera vez vieron el océano Pacífico; españoles los primeros que supieron que había dos continentes en América; españoles los primeros que dieron la vuelta al mundo. Eran españoles los que se abrieron camino hasta las interiores y lejanas reconditeces de nuestro propio país, y los que fundaron sus ciudades miles de millas tierra adentro, mucho antes de que el primer anglosajón desembarcase en nuestro suelo. Aquel temprano anhelo español de explorar era verdaderamente sobrehumano.

 

"No sólo fueron los españoles los primeros conquistadores del Nuevo Mundo, sino también sus primeros civilizadores. Ellos construyeron las primeras ciudades, las primeras iglesias, escuelas y Universidades; montaron las primeras imprentas y publicaron los primeros libros; escribieron los primeros diccionarios, historias y geografías, y trajeron los primeros misioneros. Una de las cosas más asombrosas de los españoles, es el espíritu humanitario y progresivo que desde el principio hasta el fin caracterizó sus instituciones. Algunas historias han pintado a esa heroica nación como cruel para los indios; pero la verdad es que la conducta de España en este particular a nosotros debería avergonzarnos. La Legislación española referente a los indios de todas partes, era incomparablemente más extensa, comprensiva, sistemática y humanitaria que la de Gran Bretaña, la de las Colonias y la de los Estados Unidos juntas. Aquellos primeros maestros enseñaron la lengua española y la religión cristiana a mil indígenas por cada uno de los que nosotros aleccionamos en idioma y religión. Ha habido en América escuelas españolas para los indios desde el año 1524. Tres Universidades españolas tenían casi un siglo de existencia cuando se fundó la de Harward. Sorprende el número de hombres educados en colonias que había entre los exploradores españoles; la inteligencia y el heroísmo corrían parejos en los comienzos de la colonización del Nuevo Mundo" (págs. 22,23).

 

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De los Papas en aquel periodo:


203.-  S.S. Bonifacio IX (1389-1404)

Nació en Nápoles. Elegido el XI.1389, murió el 1.X.1404. No resolvió la cuestión cismática. También el 2º antipapa aviñonés rechazó la paz. Celebró el 3º y 4º Año Santo (1390-1400) durante los cuales desde Provenza se infiltró la "secta de los blancos".

 

204.- Pont. Max. Inocencio VII (1404-1406)

Nació en Sulmona. Elegido el 11.XI.1404, murió el 6.XI.1406. Hombre de cultura pero de carácter débil trató de solucionar el cisma y las trágicas condiciones en que se encontraba el Estado y la Iglesia pero sin lograr ninguna solución. Amplió las facultades de griego y medicina.

205.- Gregorio PP. XII (1406-1417)(renunciò Julio 4, 1415)

Renuncio para permitir la eleccion de su sucesor. Nació en Venecia. Elegido el 19.XII.1406, murió el 18.X.1417. Fue el período más triste del cisma de Occidente. Se llegó a 3 obediencias: la romana, aviñonense y la pisana. El Emperador Segismundo proclamó el 16º Concilio Ecuménico. Espontáneamente renunció al pontificado.

206.- Martin V (1417-1431)

Nació en Roma. Elegido el 21.XI.1417, murió el 20.II.1431. Fue un protector de las artes mientras empezaba el "Renacimiento". Celebró el 5º Año Santo(1423) y por primera vez se abrió una Puerta santa en la basílica de S. Juan en Laterano.

207.- Eugenio IV (1431-1447)

Nació en Venecia. Elegido el 11.III.1431, murió el 23.II.1447. Proclamó el 17º Concilio Ecuménico en Basilea, pero por miedo lo trasladó a Ferrara y más tarde a Florencia. habiendo decidido la supremacía del Papa sobre el Concilio los adversario eligieron el antipapa Felipe V, fue el último de la historia.

208.- Nicolás V (1447-1455)

Nació en Sarzana. Elegido el 19.III.1447, murió el 24.III.1455. Inició la construcción de la actual Basílica de S. Pedro. Reorganizó políticamente Francia e Inglaterra. Ayudó a España a expulsar definitivamente a los Sarracenos. Fundó la Biblioteca Vaticana. Celebró el 6º Año Santo (1450).

209.- Calixto III (España) (1455-1458)

Nació en Jativa (España). Elegido el 20.VIII.1455, murió el 6.VIII.1458. Ordenó tocar las campanas a las 12 de todos los días. Hizo florecer el cristianismo en Suecia, Noruega y Dinamarca. Instituyó la fiesta de la "Transformación".

210.- Pío II (1458-1464)

Nació en Siena. Elegido el 3.IX.1458, murió el 15.VIII.1464. Para las provincias oprimidas por los turcos en Mantova confirmó la liga entre los Reyes de Francia Borgoña, Hungría y Venecia. Murió participando
en una Cruzada.

211.- Pablo II (1464-1471)

Nació en Venecia. Elegido el 16.IX.1464, murió el 26.VII.1471. Decidió que solo los Cardenales podían llevar la birreta amaranto para que cada generación pudiese obtener el perdón convirtió en 25 años el intervalo de los Años Santos: de aquí que empezó a llamarse también "Jubileo".

212.- Sixto IV (1471-1484)

Nació en Savona. Elegido el 25.VIII.1471, murió el 12.VIII.1484. Fue experto político y mercante. celebró el 7º Jubileo en 1475 que prolongó hasta la Pascua de 1476. Fijó la fiesta de San José el 19 de marzo. Construyó la Capilla Sixtina decorada por Miguel Ángel.

213.- Inocencio VIII (1484-1492)

Nació en Génova. Elegido el 12.IX.1484, murió el 25.VII.1492. Concluyó la obra de pacificación entre los estados católicos. Castigó inexorablemente el mercado de los esclavos y ayudó a Cristóbal Colón en el descubrimiento de América.

214.- P.P. Alejandro VI (España) (1492-1503)

Nació en Jativa (España). Elegido el 26.VIII.1492, murió el 18.VIII.1503. Favoreció el descubrimiento de América. Celebró el 8º jubileo (1500). Abrió por primera vez una Puerta Santa en S, Pedro, S. Pablo y S. María Mayor. 


215.- Pío III (1503)

Nació en Siena. Elegido el 8.X.1503, murió el 18.X.1503. Aceptó su elección después de varias presiones a causa de su precaria salud. La gota le obligó a celebrar la misa de su coronación sentado. Hizo poco, por la brevedad de su pontificado que duró solo 10 días.

 

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Locusta fue quizá la primera toxicóloga: experimentaba con sustancias, y se hizo tan famosa en la Roma del siglo I que el patriciado de la Ciudad Eterna se rifaba sus servicios. Otra italiana, Lucrecia Borgia, recogió el testigo de Locusta siglos más tarde. La influyente dama renacentista se especializó en eliminar a los contrincantes de su ilustre linaje, que eran muy numerosos. Para ello encargó a un orfebre un curioso anillo, que iba equipado una cápsula superior donde depositaba la ponzoña. Aprovechando su condición femenina y sus encantos vertía el veneno en copas de vino que fulminaban al desafortunado comensal en pocos minutos.

 

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500 años de cultura - Los Museos Vaticanos surgieron hace quinientos años en los jardines vaticanos, cuando el Papa Julio II colocó el grupo de mármol del Laocoonte, descubierto el 14 de enero de 1506, en un viñedo cerca al Coliseo. «Se trata de un aniversario que quiere recordar la historia de siglos de cultura y de arte que los pontífices romanos promovieron con constancia y competencia, recogiendo las obras del pasado para preservarlas del olvido y de la destrucción, destinándolas a las generaciones sucesivas». 

«En momentos en que se habla de los museos como lugares de encuentro, de contacto y diálogo, de madurez y de reflexión entre religiones, culturas, experiencias y distintas concepciones del mundo, los Museos Vaticanos interpretan hoy, más que nunca y de manera ejemplar, este papel»

Por este motivo, recordó, Juan Pablo II los definía «una de las más significativas puertas de la Santa Sede abiertas al mundo». MMVI.II

 

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LA REFORMA QUE FALTA

Las luces y las sombras de los Borja (Borgia)

 

Joan Francesc Mira, escritor y profesor de Griego en la Universidad Jaume I de Castellón, es el autor de Los Borja, familia y mito (ed. Bromera), una interesante incursión desapasionada, fruto de cinco años de investigación en los archivos romanos, de una de las páginas hasta ahora consideradas negras del Papado: la increíble ascensión de una relativamente humilde familia valenciana hasta el solio pontificio, su esplendor y su posterior caída, cerrando el ciclo sorprendentemente con uno de los mayores santos de aquella época, san Francisco de Borja I. A.

 

 

Hablar de Borgia ha significado durante mucho tiempo sacar a relucir oscuras historias de venenos, intrigas políticas, poder, satanismo, violencia y todo tipo de degeneraciones sexuales en los bellos y decadentes palacios de la Roma renacentista, de manos de un Papa que ha pasado a la Historia como encarnación del Anticristo. Sin embargo, esta visión panfletaria es fruto de una venganza particular de Giovanni Sforza, rechazado primer marido de la famosa Lucrecia Borgia, hija natural de Alejandro IV. Pero ni la mitad de las acusaciones que se vierten sobre los Borja (o Borgia) han sido corroboradas por las investigaciones, ni los hechos confirmados difieren mucho de las prácticas habituales en todas las cortes reinantes de Europa. Lo verdaderamente sorprendente, como señala el mismo autor, es que en menos de cien años una familia valenciana de orígenes más bien modestos, aunque de refinada inteligencia y habilidad política, haya dado a la Historia nada menos que dos Papas y docena larga de cardenales, amén de emparentar con la nobleza más depurada de Europa. Y, finalmente, uno de los santos más importantes de la Contrarreforma. En lo tocante a la actividad de los Papas Borja, Calixto III y Alejandro VI, su protagonismo en la historia de Europa es innegable:

 

el primero, cuando no era más que el canónigo Alfonso de Borja, contribuyó a la conclusión del cisma de Aviñón, obteniendo la abdicación voluntaria del último Papa de Peñíscola, Clemente VIII. Como Papa, frenó la invasión de los otomanos venciéndolos ante las puertas de Belgrado; intentó independizar el poder papal de las influencias de su tiempo, fundamentalmente de Aragón y Francia –obviamente convirtiendo a Roma en otro poder–; intentó sanear la economía y la seguridad de una Roma que entonces en nada se parecía a la de Miguel Ángel; e instituyó la práctica del rezo del Ángelus. Su sobrino Rodrigo, el controvertido Alejandro VI, es también el impulsor de la evangelización de la recién descubierta América y el que sentó las bases del Tratado de Tordesillas; es el ejecutor de Savonarola, el protector de los primeros artistas del Renacimiento (Leonardo da Vinci era ingeniero militar de su hijo César) y autor de los primeros edificios emblemáticos de la Urbe, el impulsor de la Academia Romana y, en fin, el protector de Alessandro Farnese, el futuro Pablo III, quien convocaría el Concilio de Trento, encargaría la Capilla Sixtina a Miguel Ángel y aprobaría la Compañía de Jesús, de la que un descendiente de Alejandro VI, san Francisco de Borja, sería General y figura insigne durante el Concilio.

 

Para la mentalidad de la época, era compatible una vida más o menos disoluta con la perfecta observancia de la ortodoxia en la fe, en un tiempo turbulento en el que se creaban los Estados modernos y se combatía a los turcos (MUSULMANES) , en el que el poder temporal de la Iglesia era un pilar fundamental para la existencia de Europa, con sus luces y sus sombras.

 

Joan Francesc Mira ya ganó, entre otros, el Premio Nacional de la Crítica por su novela Borja Papa. Ahora prepara una obra mucho más extensa, Diplomatario Borgia: unos 50 volúmenes, con toda la documentación oficial y la correspondencia conservada de esta singular familia española. 2001.

 

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Roma acoge una exposición que atenúa

la leyenda negra de los Borgia

 

ROMA. CRISTINA CABREJAS

Los Borgia vuelven a la ciudad que les vio amasar su poder para desmitificar su imagen de hombres sin escrúpulos. «Los Borgia. El arte del Poder», es el nombre de la muestra que, desde el 3 de octubre al 23 de febrero de 2003, reconstruirá, en el Palacio Rúspoli, aspectos desconocidos de una de las familias más poderosas de la historia: los Borja de Játiva, conocidos en el mundo con su nombre italianizado, los Borgia.

A la exposición, realizada con la colaboración de la Generalitat de Valencia y la Fundación Memmo, le faltan algunas de las obras que fueron expuestas en Valencia en 2000 en ocasión del «Año Borgia» proclamado por las Cortes Valencianas, pero ha sido enriquecida con muchos otros detalles de la época y la vida de Rodrigo Borgia, que en 1492 se convirtió en el Papa Alejandro VI, y de sus dos hijos más famosos, los «malvados» Lucrecia y César. Pero la exposición, describe uno de los comisarios, el ex director del Museo del Prado, Felipe Garín Llombart, «demuestra que los Borgia eran hombres de su tiempo».

La muestra refleja que Alejandro VI no fue ni mejor ni peor que los anteriores papas que protagonizaron el periodo del 400 al 500, pero a diferencia de ellos, su amor por el poder, el lujo y la búsqueda de la gloria hicieron de él un importante mecenas. «Desconocidos» artistas de entonces, como Miguel Ángel o Bramante, fueron llamados a Roma para trabajar en la construcción de importantes obras arquitectónicas. Por ello en el espectacular montaje de la muestra se encuentran las obras de Botticelli, Filippino Lippi, Benozzo Gozzoli, Della Robbia o el Pinturicchio. De este último es una de las joyas de la exposición, el cuadro «La Virgen de las Fiebres», cedido para la muestra por el Museo de Bellas Artes de Valencia.

También una gran variedad de documentos, medallas, manuscritos, armaduras y armas, procedentes de museos europeos, sobre todo del Vaticano y de la colección del Palacio Venecia de Roma, describen una época en la que la guerra y la lucha por el poder eran algo normal.

La primera sección describe la época de Alejandro VI a través de manuscritos, retratos y objetos de un periodo en el se sentaban las bases de una Europa moderna, dejando atrás la Edad Media. El resto de las secciones cuentan, mediante las obras de arte, la historia de la familia. Desde un bellísimo retrato de Inocenzo da Imola que representa a Vanozza Cattanei, la amante del entonces cardenal Borgia, a las cartas que la dama le escribía para saber de sus hijos Lucrecia y César. También hay cuadros de este último hijo de Alejandro VI, la figura más perversa de la familia, que utilizó todo su poder para realizar sus objetivos e inspiró a Maquiavelo para «El príncipe». Uno de los cuadros representa juntos a los dos personajes más enigmáticos del siglo XVI.

«Lucrecia fue utilizada por su padre y su hermano para conseguir el poder. Era una mujer a merced de las circunstancias; pero las leyendas no se olvidan y continuará siendo la malvada Lucrecia por los siglos de los siglos», comenta la comisaria Carla Alfano. Cartas al papa León X reflexionando sobre su vida dos días antes de morir, o el retrato anónimo de una Lucrecia madre de nueve hijos, ya felizmente casada con el Duque D´Este de Ferrara, borran el mito de la calculadora y cruel hija del papa. ABC. 1 OCTUBRE 2002. ESP.

 

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Travesía por la vida de un santo

 

 

 

En este mes de octubre hemos celebrado la fiesta de San Francisco de Borja, un ejemplo de santidad en la vida pública

A
brió los ojos en aquella inmensa habitación. La luz se colaba por una rendija de la ventana de madera impecable. Respiró hondo. Ya llegaba el olor del desayuno que seguramente habían empezado a preparar las cocineras desde primera hora de la mañana. Francisco se levantó de un salto y se calzó las zapatillas. Abrigado para no congelarse entre las enormes habitaciones que atravesaría hasta llegar a la cocina, fue dando saltos hasta darse de bruces con su padre. Su gesto serio le atemorizó:
«Ya es hora de que dejes de ser un niño. Nada de juegos, a partir de hoy comenzarás a prepararte para ser un hombre».
Los ojos asustados del muchacho se llenaron de lágrimas ante la perspectiva de dejar de ser un niño antes de tiempo. Las amas de llaves se lo llevaron en seguida. Le bañaron, le vistieron, rezaron sus oraciones con él. Francisco miraba el crucifijo: «¿Quién eres Tú, Señor?» Pero no había tiempo para más reflexiones. Aquel día había dejado de ser un niño.
Desde entonces hasta los 18 años, su vida había sido una continua preparación para alcanzar la educación que, según sus padres, sus profesores y todo el personal de la casa, debía tener alguien de su condición. En pequeños ratos libres, desde la ventana de su habitación, aquella ventana de madera, Francisco veía los campos de su Gandía natal, y sentía que todo aquello estaba de más para él. A esa edad fue presentado en la Corte de Castilla como un caballero más. Sin embargo, Carlos V e Isabel II pronto alcanzaron a ver en él algo distinto de la frivolidad e hipocresía de todos los cortesanos que les rodeaban. La simpatía de los reyes hacia Francisco se convirtió en una presencia cada vez más frecuente en la Corte, y un año más tarde Francisco contraía matrimonio con doña Leonor, la mujer con la que congenió en seguida por compartir con él esa inocencia y bondad natural. Fueron 17 años de matrimonio que dieron como fruto 8 hijos y mucha felicidad. Francisco resultaba ser un gran trabajador, con dotes para la organización, y con un encanto especial que arrasaba, porque sabía alentar a la gente, era responsable y honesto, cualidades que convencían a los que con él trataban.
Sin embargo, la muerte de Isabel II, aquella con la que había alcanzado tanta confianza, aquella a la que había servido con esmero y entrega, aquella que había sido joven y bella, cambió su vida. Ante su cadáver, Francisco leyó en su corazón que nunca volvería a servir a nadie más que a Dios, sin riquezas ni boatos, sin superficialidades que le apartaran de lo esencial.
Cuando parecía que su vida volvía a normalizarse, sucedía la fatal muerte de su mujer, en plena juventud. Poco a poco, aquellos sueños de su juventud comenzaron a resurgir de nuevo. Durante un tiempo de virreinato en Cataluña, había tenido la oportunidad de conocer a algunos jesuitas y especialmente a san Ignacio de Loyola, quien le había causado una excepcional impresión. Y fue en ese tiempo de duelo, tras la muerte de su mujer, cuando el padre Pedro Fabro le visitó en Gandía. Largas conversaciones y Ejercicios espirituales dieron como resultado la aceptación de Francisco de la voluntad de Dios, y pidió entonces la admisión en la Compañía de Jesús.
Era la confirmación de que la renuncia es posible.
Francisco era Francisco de Borja, descendiente de los poderosos y ricos Borgia, familia de Papas como Calixto III y Alejandro VI; Duque de Gandía y señor de innumerables tierras. Su renuncia a las riquezas y su aceptación de una vida sencilla de pobreza, trabajo y obediencia causó gran impresión en esos días; su ejemplo y sus palabras cambiaron muchas vidas.
Aceptó con igual humildad unos primeros años barriendo, fregando o ayudando en las cocinas de sus comunidades, que siendo el Apóstol de Guipúzcoa, como le llamaron durante su predicación en tierras del norte, o durante sus últimos años como General de la Compañía. Su legado perdura para la eternidad.
De niño había soñado con una vida distinta, un aspirar a más que desconocía, que se encontraba latiendo en el fondo de su alma, esperando el momento para brotar lleno de sentido, en el momento preciso. «Sólo necesito a Jesús», dijo san Francisco de Borja cuando fallecía, el 1 de octubre de 1572.
A. Llamas Palacios – 2004.10.

 

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La Colegiata de Xàtiva 2004-11-18 ha abierto el Centro de Estudios Borgianos, con el fin de fomentar investigaciones históricas, ediciones de libros y encuentros anuales de especialistas que "contribuyan a acabar con la leyenda negra de los Borja", según indicó hoy a la agencia AVAN el abad de la Colegiata, Arturo Climent.
     
      Según Climent, tanto el archivo borgiano como las conferencias y seminarios "servirán para acabar con la leyenda que identifica a la familia Borja con un prototipo de corrupción, a pesar de que los más recientes estudios realizados por especialistas confirman su importante labor en la sociedad de su tiempo y su relevancia en la historia e Iglesia universal".
     
      El centro de estudios cuenta ya con un archivo con documentos papales que se conservan en la Colegiata y más de medio centenar de libros sobre la familia Borja, "que se estableció en la diócesis de Valencia en el siglo XIII y fue artífice de la prosperidad de la Colegiata de Xàtiva".
     
      Para Climent, "la importancia de la Familia Borja trasciende nuestra diócesis por su relevancia mundial y formación intelectual".
     
      La biblioteca y el archivo del Centro de Estudios se encuentran provisionalmente en el edificio anexo de la Colegiata (donde se encuentra también el archivo colegial), hasta que finalice la restauración del Palau de LìArdiaca, precedente del antiguo palacio episcopal de Xàtiva, que se convertirá en la futura sede del Centro de Estudios Borgianos.
     
      A las bibliografías que se conservan en la biblioteca sobre el papa Calixto III (quien regaló el cáliz de plata que conserva en la actualidad la Colegiata) y sobre quien fuera superior de los jesuitas en España san Francisco de Borja, biznieto del papa Alejandro VI, se incorporarán durante los próximos meses nuevos volúmenes y estudios sobre el papa Alejandro VI.
     
      Asimismo, la Seo de Xàtiva tiene prevista la edición de dos libros sobre los Borja -que aparecerán respectivamente en diciembre y febrero-: "Homenaje a Alejandro VI", escrito por el abad de la Colegiata, Arturo Climent, en el que se analiza su influencia en la cultura y el arte en la Iglesia Universal; y "Cardenales de Xàtiva", del sacerdote y profesor de la Universitat de València Vicente Pons sobre los cardenales nacidos en Xàtiva vinculados a la familia Borja.
     
      En la actualidad también existe otro centro de estudios borgianos en el Palacio Santo Duque de Gandia que dirige la Orden religiosa de los jesuitas. 2004-11-18

 

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ALEJANDRO VI - P.P.

«Dilexit Ecclesiam» amó a la Iglesia Católica

 

(España)(1492-1503) Nació en Jativa (España). Elegido el 26.VIII.1492, murió el 18.VIII.1503. Favoreció el descubrimiento de América. Celebró el 8º jubileo (1500). Abrió por primera vez una Puerta Santa en S, Pedro, S. Pablo y S. María Mayor.

 

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1506 – colocación de la primera piedra de la Basílica de San Pedro, en Roma, por el Papa Julio II. Construida sobre la tumba del Apóstol San Pedro en la colina vaticana, Italia.

 

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recorrer caminos para sembrar la Palabra de Dios

 

 

CRONOLOGÍA DE SAN FRANCISCO JAVIER

 

7-4-1506. Nace en el Castillo de Javier (Navarra, España).

1525. Marcha a París para estudiar en la Sorbona.

15-8-1534. Hace los votos de Montmartre con Ignacio y otros cinco compañeros.

24-6-1537. Ordenado sacerdote en Venecia.

1540. Destinado a las Indias.

7-4-1541. El mismo día de su 35 cumpleaños sale de Lisboa.

6-5-1542. Llega a Goa. Desde allí, durante unos 7 años evangeliza buena parte del sur de la India, Ceilán, Malaca, etc.

15-8-1549. Llega a Kagoshima, Japón.

1551. Regresa a la India y hace nuevos proyectos.

3-12-1552. Muerte en la isla de Sanchón, frente a las costas de China.

12-3-1622. Es canonizado junto a San Ignacio, Santa Teresa, San Isidro Labrador y San Felipe Neri por el Papa Gregorio XV.

1904. San Pío X le nombra Patrono de las Misiones.

 

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Sócrates es mi amigo, pero soy más amigo de la verdad. Aristóteles

Los hechos no dejan de existir solo porque sean ignorados. T. H. Huxley

El que busca la verdad corre el riesgo de encontrarla. Manuel Vicent.

El hombre es el ser que necesita absolutamente de la verdad y, al revés, la verdad es lo único que esencialmente necesita el hombre, su única necesidad incondicional. José Ortega y Gasset...

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"Los cristianos viven con los otros, pero no como los otros".

 

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"Vuestra severidad es útil porque asegura nuestra tranquilidad, nuestra intercesión es útil porque templa vuestra severidad" San Agustín

 

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Para conocer la bondad de una acción, además de considerar el acto propiamente dicho, hay que ver también la finalidad que se pretende.

 

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Es bueno valorar acontecimientos y hechos que han sucedido en el pasado, reflexionar sobre ellos, para caminar con los talentos de la historia como bastón de guía.

 

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La Palabra del Señor, escuchada en el Evangelio, nos ha recordado que en el amor se resume toda la ley divina. El doble mandamiento del amor de Dios y del prójimo encierra los dos aspectos de un único dinamismo del corazón y de la vida. Jesús lleva así a cumplimiento la revelación antigua, no agregando un mandamiento inédito, sino cumpliendo en sí mismo y en su propia acción salvífica la síntesis viviente de las dos grandes palabras de la antigua Alianza: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón...» y «Amarás a tu prójimo como a ti mismo».
En la Eucaristía nosotros contemplamos el Sacramento de esta síntesis viviente de la Ley: Cristo nos entrega en sí mismo la plena realización del amor por Dios y del amor por los hermanos. Y su amor Él nos lo comunica cuando nos alimentamos de su Cuerpo y de su Sangre. Entonces puede cumplirse en nosotros lo que san Pablo escribe a los Tesalonicenses en la segunda Lectura de hoy: «Os convertisteis a Dios, tras haber abandonado los ídolos, para servir a Dios vivo y verdadero».
Esta conversión es el principio del camino de santidad que el cristiano está llamado a realizar en la propia existencia. El santo es aquel que está tan fascinado por la belleza de Dios y por su perfecta verdad que queda progresivamente transformado. Por esta belleza y verdad está dispuesto a renunciar a todo, incluso a sí mismo. Le es suficiente el amor de Dios, que experimenta en el servicio humilde y desinteresado del prójimo, especialmente de aquellos que no tienen la capacidad de corresponder.

(23-X-2005) S. S. Benedicto XVI – P.M.

 

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Eucaristía: Pan vivo para la paz del mundo, una paz llena de esperanza.

 

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El obispo, cualificado por la plenitud del sacramento del Orden, es el administrador de la gracia del sumo sacerdocio, sobre todo en la Eucaristía que él mismo celebra o manda celebrar, por la que la Iglesia vive y se desarrolla sin cesar. Esta Iglesia de Cristo está verdaderamente presente en todas las legítimas comunidades locales de fieles, unidas a sus pastores. Éstas, en el Nuevo Testamento, reciben el nombre de Iglesias, ya que son, en efecto, en su lugar el nuevo pueblo que Dios llamó en el Espíritu Santo y en todo tipo de plenitud. En ellas se reúnen los fieles por el anuncio del Evangelio de Cristo y se celebra el misterio de la Cena del Señor, para que por el alimento y la sangre del Señor quede unida toda la fraternidad del cuerpo. En toda comunidad en torno al altar, presidida por el ministerio sagrado del obispo, se manifiesta el símbolo de aquel gran amor y de la unidad del Cuerpo místico sin la que no puede uno salvarse. En estas comunidades, aunque muchas veces sean pequeñas y pobres o vivan dispersas, está presente Cristo, quien con su poder constituye a la Iglesia una, santa católica y apostólica. En efecto, la participación en el cuerpo y la sangre de Cristo hace precisamente que nos convirtamos en aquello que recibimos. - Constitución Lumen gentium, 26 – VATICANO II

 

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“El permisivismo es negación de libertad, porque libertad significa ante todo dominio, señorío de sí, y permisivismo supone abandono, sometimiento de la razón a lo irracional y de la voluntad libre a la pasión sin norma y sin cauce”. (A. Orozco)

 

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"Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est"

Toda verdad, dígala quien la diga, viene del Espíritu Santo.

(Sano Tomás de Aquino)

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Medioevo: un jeme es la medida que establece la distancia entre el dedo índice y el pulgar, separados todo lo posible. Así es en las Vegas Bajas del Guadiana y en toda tierra de garbanzos. No se debe confundir con el palmo, la distancia entre el meñique y el pulgar, con la mano abierta todo lo posible. Aproximadamente, un jeme = 17 cm., un palmo = 22 cm. Antes de esa gran invención que fue el metro, la gente se entendía con mediciones corporales como pulgadas (la falangeta del dedo gordo), jemes, palmos, pies, codos, pasos (yardas). Una legua = 5,5 kilómetros, 6.000 pasos o 20.000 pies. Es la distancia que recorre caminando un hombre en una hora. Cinco leguas es lo que se recorre usualmente en una jornada. Por esa razón es la distancia convencional entre dos ciudades. Por ejemplo, entre Medina del Campo y Tordesillas, entre Tordesillas y Toro, entre Toro y Zamora, etc.

 

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Al portal del medioevo - San Agustín (345-403) obispo de Hipona- África, doctor de la Iglesia Católica - Sermón 155,6

 

La nueva ley “escrito no sobre tablas de piedra sino...sobre los corazones” (cf 2Cor 3,3)


      Dios bajó sobre el monte Sinaí en medio del fuego, tal como está escrito, llenando de estupor al pueblo que se mantenía al pie del monte. Dios, escribiendo la ley sobre la piedra y no en los corazones. Al contrario, cuando el Espíritu Santo descendía sobre la tierra, los discípulos estaban todos juntos en un mismo lugar, y en lugar de espantarlos desde lo alto de una montaña, entró en la casa donde estaban reunidos (Ac 2,1) Un ruido bajó del cielo como el ruido de un viento recio, pero este ruido no espantaba a nadie. 
        Habéis oído el ruido, veis el fuego, porque en la montaña, se podía distinguir también estos dos fenómenos: el ruido y el fuego. En el monte Sinaí el humo rodeó el fuego; aquí, en cambio, el fuego es de una claridad brillante: “Vieron, dice la Escritura, como lenguas de fuego que se posaron sobre cada uno de ellos”. (cf Ac 2,3ss) ¿Es un fuego que provoca el espanto? De ninguna manera: “y comenzaron a hablar en lenguas extrañas, según el Espíritu Santo los movía a expresarse.” (Ac 2,4) ¡Escuchad esta lengua que habla y comprenderéis que es el Espíritu Santo quien escribe, no sobre piedra sino en el corazón. Así pues, la ley del espíritu de vida, escrita en el corazón y no sobre piedra, la ley del espíritu de vida que anima a Jesucristo en el que la Pascua ha sido celebrado en toda verdad, os ha liberado de la ley del pecado y de la muerte.

 

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Las Cruzadas fueron expediciones emprendidas, en cumplimiento de un solemne voto, para liberar los Lugares Santos de la dominación mahometana. El origen de la palabra remonta a la cruz hecha de tela y usada como insignia en la ropa exterior de los que tomaron parte en esas iniciativas.

 

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borrascosa había estado la mar…  “Maestro, dice Pedro, hemos estado toda la noche faenando y no hemos cogido nada , pero puesto que Tú lo dices, echaré las redes.” (Lc 5,5)

 

Es sabido que quien manipula las palabras busca manipular el pensamiento.

 

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TOLERANCIA CERO.

 

La tolerancia consiste en permitir la discrepancia, no en castigar al discrepante.

 

Y es que no andan muy claras las ideas sobre lo que significa la tolerancia. Consiste en permitir y respetar las opiniones, ideas, creencias y formas de vida distintas de las nuestras. De hecho, surgió en el Occidente moderno para detener los desastrosos efectos de las luchas de religión, de manera que se permitiría que cada cual profesara la que tuviera por conveniente o propia, sin interferencias o imposiciones. Por ejemplo, cabe discutir si hay que tolerar o no la publicación de opiniones o ideas racistas, pero no cabe ni siquiera hablar de tolerancia sobre la práctica del descuartizamiento de semejantes o los asesinatos en serie. No tolerar la quema de bosques suena un poco ridículo, más que nada porque es imposible tolerarla.

Nadie atenta contra el derecho de los demás al discrepar. La tolerancia consiste en permitir la discrepancia, no en castigar al discrepante. Quizá haya que tener «tolerancia cero» con la intolerancia. 2004.

 

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Entre las asociaciones cristianas, originadas en la Reforma Protestante están: la Luterana (fundada por Lutero), la Reformada (por Calvino), la Presbiteriana (por John Knox). Luego fueron fundadas la Anglicana (por Enrique VIII), la Bautista (por John Smith), de donde se derivan las Evangélicas. Existen muchas, muchas más sectas y asociaciones, todas fundadas por hombres, y en gran parte de origen americano. Ninguna fundada por Cristo, siendo sólo la Iglesia Católica a la que Cristo le prometió –hace 2000 años- asistencia hasta el final de los tiempos.

 

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"Obras todas del Señor, bendecid al Señor".-

“¡Señor, dueño nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra!” (Sal 8, 2).

 

La belleza de la naturaleza nos recuerda que Dios nos ha encomendado la misión de "labrar y cuidar" este "jardín" que es la tierra (cf. Gn 2, 8-17).

 

La señal luminosa de la Virgen María elevada al cielo brilla aún más cuando parecen acumularse en el horizonte sombras tristes de dolor y violencia. Tenemos la certeza de que desde lo alto María sigue nuestros pasos con dulce preocupación, nos tranquiliza en los momentos de oscuridad y tempestad, nos serena con su mano maternal. Sostenidos por esta certeza, prosigamos confiados nuestro camino de compromiso cristiano adonde nos lleva la Providencia. Sigamos adelante en nuestra vida guiados por María Madre de nuestro Salvador.

Su fe indefectible que sostuvo la fe de Pedro y de los demás Apóstoles, durante más de dos mil años, siga sosteniendo la de las generaciones cristianas, aquella y siempre misma fe. Reina de los Apóstoles, ruega por nosotros. Amen ¡Gracias!

 

 

Gracias por venir a visitarnos

Recomendamos vivamente esta semana: “El cristiano en la crisis de Europa. Por S.S. Benedictoi XVI, al siglo Joseph Ratzinger. Ediciones Cristiandad. Este título recoge tres textos de Benedicto XVI, compuestos inmediatamente antes de su elección y publicados por vez primera en forma de libro y bajo su supervisión una vez elegido Papa. Nos encontramos, por tanto, ante lo que puede considerarse la primera obra del nuevo Pontífice. En ellos, vuelve el Papa sobre argumentos que le son especialmente queridos: el sentido de Europa, el contraste cultural y su armonía, la exigencia del compromiso cristiano en el presente.

Benedicto XVI enuncia una tesis deslumbrante: el juicio sobre la realidad no debe hacerse calculando su valor con independencia de si Dios existe, sino apreciándola como don divino. Sólo esta perspectiva permite superar la quiebra de fundamentos éticos en la que ha desembocado la Ilustración. 

 

Una democracia sin valores degenera en dictadura encubierta. Benedicto XVI.

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).