Friday 28 April 2017 | Actualizada : 2017-03-29
 
Inicio > Leyendas Negras > Miente - 1º calumnia, inventa, difama acusa con mentecatez y maldad;

Cada vez que nos instruimos con honestidad y apertura intelectual, podemos distinguir dónde se esconde enmascarada una mentira insidiosa. Un capítulo menos en la leyenda negra, tan falaz como voluminosa, valga la antítesis, pues no siempre una mentira se convierte en realidad, por muchas veces que se repita.... si sabemos desenmascararla, si con habilidad la descubrimos.


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Una persona se define por como habla de sus amigos. Pero se define mucho más, se autorretrata – en su grandeza y en su bajeza, en su nobleza y en su mezquindad – sobre todo por como habla de los antiguos amigos y de sus enemigos.


 

Lo peor no es la mentira. Lo peor es instalarse en la confusión mental y difundir alrededor esa neblina de la inteligencia en la cual ya no hay ni verdad ni error. Y es que, donde no hay error, tampoco hay verdad. Si no se admite que hay juicios falsos, tampoco se sabe ya qué podrán significar los ciertos. Pero quien denuncie que algo oficialmente establecido no es verdadero, será acusado de derrotismo. Y muchos se sentirán obligados a creer tal censura, porque viene marcada por el solemne sello de la autoridad. Tal es la estrategia del totalitarismo. Consiste en mantener que todo es política, en excluir cualquier ámbito de la realidad que no esté sometido a la aspiración de dominio. Nada queda fuera de una retórica hecha de apelaciones a la emotividad, de gestos y sonrisas, más que de argumentos. Pero ya Platón hizo ver que, cuando la retórica se convierte en la más alta instancia, lo que se busca con ella no es el conocimiento, sino el poder. Ya no se trata de hacer verosímil lo verdadero, sino de hacer verosímil lo que interese en cada caso a los poderosos. Lo cual ni siquiera merece el nombre de retórica: es sofística. Quienes no se sometan a los lugares comunes establecidos por este simulacro de razonamiento, quedarán fuera del discurso dominante y se verán excluidos de una cultura tan superficial como fácil de digerir. 2008

 

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La educación ha sido una de las principales preocupaciones de quienes han aportado algo a la civilización. Platón, Aristóteles, Tomás de Aquino, Alberto el grande, Locke; todos ellos conciben el proceso educativo como algo diferente de la instrucción. Educación es cortesía y urbanidad que dice, usa y profesa siempre la verdad; un proceso inverso a la disciplina falsa del mentiroso. 

 

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La ignorancia es la madre del odio.

El odio trastorna, nútrese del falso.

El demonio es el padre de la mentira.

 

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El Mal. el gran enemigo que se encarniza contra las criaturas de Dios, hunde a la razón en una oscuridad impenetrable, lleva a sus extremas consecuencias el desprecio de la vida y parece imponerse. Pero la última palabra pertenece a Cristo, no al padre de la mentira.

 

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"LEER LOS DISCURSOS DE BIN LADEN ES COMO LEER EL MEIN KAMPF DE HITLER" - Muchas y demasiado muertes aún vendrán, pero la sangre de los inocentes será  razón que derrumbará el muro mental construido con ladrillos de odio, resentimientos, conflictos inútiles, violencias, temores y terrorismos islamitas, tan a la vista, hoy.

Una religión de extermino responde a los peores instintos y nos interroga, aunque venga practicada por muchos seguidores del caudillo Mahoma. MMVI.

 

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Ante todo esto: los creyentes tienen que armarse de un amor a toda prueba, capaz de resistir a la violencia siguiendo el ejemplo del Señor.

 

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En dos mil años de historia, la Iglesia ha recorrido de muchos modos el camino de la belleza a través de obras de arte sacro, que han acompañado la oración, la liturgia, y la vida de las familias y de las comunidades cristianas. Espléndidas obras maestras:  arquitectura, pintura, escultura, miniaturas, obras musicales, literarias y teatrales, además de otras obras de arte injustamente consideradas "menores", constituyen auténticos tesoros, que nos ayudan a comprender, con el lenguaje de la belleza y de los símbolos, la profunda sintonía que existe entre fe y arte, entre creatividad humana y obra de Dios, autor de toda belleza auténtica.

3. ¿Podría la humanidad de hoy disfrutar de un patrimonio artístico tan amplio si la comunidad cristiana no hubiera animado y sostenido la creatividad de numerosos artistas, proponiéndoles, como modelo y fuente de inspiración, la
belleza de Cristo, resplandor del Padre?

Sin embargo, para que
la belleza brille en todo su esplendor, debe estar unida a la bondad y a la santidad de vida, es decir, es necesario hacer que resplandezca en el mundo, a través de la santidad de sus hijos, el rostro luminoso de Dios bueno, admirable y justo.
Es lo que pide Jesús a sus discípulos en el sermón de la montaña:  "Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos" (Mt 5, 16). Si se quiere que el testimonio de los cristianos influya también en la sociedad actual, debe
alimentarse de belleza para que se convierta en elocuente transparencia de la belleza del amor de Dios.

 

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En Cristo encontramos la belleza de la verdad y la belleza del amor; pero, como sabemos, el amor implica también la disponibilidad a sufrir, una disponibilidad que puede llegar incluso a la entrega de la vida por aquellos a quienes se ama (cf. Jn 15, 13).

Cristo, que es "
la belleza de toda belleza", como solía decir san Buenaventura (Sermones dominicales 1, 7), se hace presente en el corazón del hombre y lo atrae hacia su vocación, que es el amor. Gracias a esta extraordinaria fuerza de atracción, la razón sale de su entorpecimiento y se abre al misterio. Así se revela la belleza suprema del amor misericordioso de Dios y, al mismo tiempo, la belleza del hombre que, creado a imagen de Dios, renace por la gracia y está destinado a la gloria eterna.

 

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Llevad la luz de Cristo a todos los ambientes sociales y culturales en los que vivís. El impulso misionero es una confirmación del radicalismo de una experiencia de fidelidad, siempre renovada, al propio carisma, que lleva a superar cualquier encerramiento, cansado y egoísta, en sí mismos.
Iluminad la oscuridad de un mundo trastornado por los mensajes contradictorios de las ideologías.
No hay
belleza que valga si no hay una verdad que reconocer y seguir, si el amor se reduce a un sentimiento pasajero, si la felicidad se convierte en un espejismo inalcanzable, si la libertad degenera en instintividad. ¡Cuánto daño puede producir en la vida del hombre y de las naciones el afán de poder, de posesión, de placer!

Llevad a este mundo turbado el testimonio de la libertad con la que Cristo nos ha liberado (cf.
Ga 5, 1). La extraordinaria fusión entre amor de Dios y amor al prójimo embellece la vida y hace que vuelva a florecer el desierto en el que a menudo vivimos. Donde la caridad se manifiesta como pasión por la vida y por el destino de los demás, irradiándose en los afectos y en el trabajo, y convirtiéndose en fuerza de construcción de un orden social más justo, allí se construye la civilización capaz de frenar el avance de la barbarie. Sed constructores de un mundo mejor según el ordo amoris en el que se manifiesta la belleza de la vida humana.

 

La intercesión de María, a la que invocamos como la Tota pulchra, la "Toda hermosa", un ideal de belleza que los artistas siempre han tratado de reproducir en sus obras, la "Mujer vestida del sol" (Ap 12, 1), en la que la belleza humana se encuentra con la belleza de Dios.

 

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Cómo sintetizar en pocas palabras, y para las diversas expresiones del arte, el poder creativo de los largos siglos del medievo cristiano? Una entera cultura, aunque siempre con las limitaciones propias de todo lo humano, se impregnó del Evangelio y, cuando el pensamiento teológico producía la Summa de Santo Tomás, el arte de las iglesias doblegaba la materia a la adoración del misterio, a la vez que un gran poeta como Dante Alighieri podía componer "el poema sacro, en el que han dejado su huella el cielo y la tierra", como él mismo llamaba la Divina Comedia.

 

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Isaías 5:20

"Ay de los que á lo malo dicen bueno, y á lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo!"

 

Proverbios 17:15

 

"El que justifica al impío, y el que condena al justo, ambos son igualmente abominación al SEÑOR."

 

Este último proverbio deberíamos grabarlo y no dejar de repetirlo durante un par de años para hacer frente al veneno del "buenismo".

 

Son legión los cristianos que se creen "mejores" por andar perdonando -ellos- a todo pecador, pero la Palabra misma dice que son abominación. Obviamente hacen el trabajo de Satanás frente a la Justicia. 2012

 

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Benedicto XVI:

«A la cultura diabólica de la calumnia y la mentira le decimos no»

 

En la Basílica de San Juan de Letrán

 

El Papa Benedicto XVI explicó que a la cultura diabólica del mundo de hoy de la calumnia y la mentira, los católicos deben decir siempre no, ya que por ser bautizados pertenecen a Dios y por ello deben vivir en la verdad.

 

Según señala el diario vaticano L´Osservatore Romano, así lo indicó el Santo Padre en una extensa reflexión de 30 minutos de duración que no leyó y que dio en la Basílica de San Juan de Letrán (Roma), en ocasión de la inauguración del congreso eclesial de la diócesis de Roma. El Papa hizo una profunda reflexión sobre la realidad del Bautismo y su actualidad para los cristianos de hoy.

 

Tras explicar algunas realidades propias del sacramento, el Pontífice se refirió a las tres renuncias que se hacen durante el rito bautismal. Sobre la renuncia "a las seducciones del mal para no dejarse dominar por el pecado", Benedicto XVI recordó que en el pasado la pregunta era distinta y se refería a la "renuncia a la pompa del diablo".

 

"La pompa del diablo era sobre todo los grandes espectáculos crueles, en los que la crueldad se convertía en diversión, en los que matar a los hombres era una cosa espectacular: era un espectáculo la vida y la muerte de un hombre. Estos espectáculos crueles, esta diversión del mal es la ‘pompa del diablo’, donde aparece con aparente belleza y, en realidad, aparece con toda su crueldad".

 

El Papa explicó luego que "además de este significado inmediato de las palabras ‘pompa del diablo’, se quería hablar de un tipo de cultura, de una way of life (modo de vida), en el que no cuenta la verdad sino la apariencia, no se busca la verdad sino el efecto, la sensación, y bajo el pretexto de la verdad, en realidad, se destruyen hombres, se quieren destruir y crear solo a sí mismos como vencedores".

 

Entonces, prosiguió, "esta renuncia era muy real: era la renuncia a un tipo de cultura que es una anticultura, contra Cristo y contra Dios" que en el Evangelio de San Juan es llamada "este mundo".

 

"Con ‘este mundo’, naturalmente, Juan y Jesús no hablaban de la creación de Dios, del hombre como tal, sino de una cierta criatura que es dominante y se impone como si fuese este el mundo y como si fuese este el modo de vivir que se impone. Dejo a cada uno de ustedes reflexionar sobre esta ‘pompa del diablo’, sobre esta cultura a la cual decimos ‘no’".

 

El Papa dijo luego que "ser bautizados significa sustancialmente un emanciparse, un liberarse de esta cultura. Conocemos también hoy un tipo de cultura en el que no cuenta la verdad, incluso si también aparentemente se quiere hacer aparecer toda la verdad, cuenta solo la sensación y el espíritu de calumnia y destrucción".

 

Se trata de "una cultura que no busca el bien, en el que el moralismo es en realidad una máscara para confundir, para crear confusión y destrucción. A esta cultura, en la que la mentira se presenta como verdad e información, a esta cultura que busca solo el bienestar material y niega a Dios, le decimos ‘no’".

 

Sobre la renuncia "al pecado para vivir en la libertad de los hijos de Dios", el Papa resaltó que "hoy la libertad y la vida cristiana, la observancia de los mandamientos de Dios, van en direcciones opuestas: ser cristiano es considerado como una esclavitud, mientras que la libertad sería emanciparse de la fe cristiana, emanciparse a fin de cuentas, de Dios".

 

Tras señalar que en el mundo de hoy la palabra "pecado" le parece a muchos "casi ridícula" y que ya casi no se toma en cuenta, el Santo Padre explicó que "en realidad, esta aparente libertad de la emancipación de Dios se convierte de pronto en una esclavitud".

 

Sobre la renuncia a Satanás, la tercera del rito bautismal, Benedicto XVI resaltó que "esto nos dice que hay un ‘sì’ a Dios y un ‘no’ al poder del Maligno, que coordina todas estas actividades y se quiere hacer dios de este mundo, como dice también San Juan. Pero no es Dios, es solo el adversario, y no nos sometemos a su poder, decimos ‘no’ porque decimos ‘sì’, un ‘sí’ fundamental, el ‘sí’ del amor y la verdad".

 

El Papa explicó también que a estas tres renuncias le siguen tres confesiones de fe: creer en Dios Padre, en Dios Hijo y en el Espíritu Santo y la Iglesia.

 

"La confesión de fe no es solo algo que se debe entender, una cosa intelectual o por memorizar –aunque esto es cierto– (…) sino que toca especialmente a nuestro vivir. Y esto me parece muy importante. No es una cosa intelectual, una pura fórmula. Es un diálogo de Dios con nosotros, una acción de Dios con nosotros, es una respuesta nuestra, es un camino", explicó.

 

Benedicto XVI resaltó luego que "la verdad de Cristo se puede comprender solo si se comprende su camino. Solo si aceptamos a Cristo como camino comenzamos realmente a caminar el camino de Cristo y podemos también comprender la verdad de Cristo".

 

"La verdad no vivida no se abre. Solo la verdad vivida, la verdad aceptada como modo de vivir, como camino, se abre también como verdad en toda su riqueza y profundidad".

 

El Papa dijo además que "entonces, esta fórmula es un camino, es una expresión de nuestra conversión, de una acción de Dios. Y nosotros realmente queremos tener presente esto también en toda nuestra vida: que estamos en comunión de camino con Dios, con Cristo".

 

"Y así estamos en comunión con la verdad: viviendo la verdad, la verdad se hace vida y viviendo esta vida encontramos también la verdad".

13 junio 2012

 

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"No dejemos para mañana lo que podemos hacer hoy. Del bien de después están llenos los sepulcros; además, ¿quién nos dice que viviremos mañana?" (Santo Padre Pio de Pietrelcina)

 

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Abriendo a los estudiosos los ‘Archivos Históricos’, la Iglesia

expone los documentos de época para estudiar y así averiguar,

por el ejercicio de las facultades intelectuales, la naturaleza,

cualidades y relaciones de las cosas. Las fábulas como las

leyendas se desmoronan en su propia ignorancia, por falta de

ciencias, letras y noticias como de honestidad intelectual.  

 

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Miente – 1º miente que algo queda

 

Cómo crear una leyenda negra o la estrategia anticristiana.


Un famoso escritor de novelas anticristianas, conocido por sus trabajos sobre los "grandes crímenes de la Iglesia" es abordado en un tradicional café parisino por un dirigente católico español. A través de un diálogo imaginario, ambos personajes despliegan detalladamente los mecanismos secretos de la propaganda anticatólica, sus efectos y consecuencias. ¿Cómo se crean los mitos y leyendas contra la Iglesia? Gracias a la valiosa cooperación del sociólogo francés D. Abraham Cohen-Mosheban desarrollamos un esclarecedor documento de estudio y reflexión para todos nuestros lectores.

 

El tradicional café parisino se encontraba atestado de turistas que aprovechaban de inmortalizar en una fotografía pequeñas escenas de la vida cotidiana francesa para extranjeros. Muchos de quienes se encontraban sentados a las mesas eran clientes habituales o bien personas que deseaban detenerse un segundo para apreciar el tradicional savoir vibre de París.


Cruzaba el salón del hotel bicentenario nuestro primer personaje: un varón católico militante, de mirada lúcida y paso decidido. Español, a más luces, el señor F. se encontraba de paso por la Ciudad Luz por asuntos de trabajo.
Sentado en un cómodo sillón, se encuentra nuestro segundo personaje. De corte de cabello impecable, vestido con la cuidada desprolijidad de las modas postmodernas, el señor J. leía con aire displicente un periódico local mientras bebía un café.
Nuestro diálogo se abre de manera casual, en cuanto casual puede ser todo encuentro entre la Luz y las tinieblas. El señor F. pasa frente a la mesa del señor J. y la que en un principio fue una mirada curiosa de pronto se vuelve fija, como reconociéndolo. Una viva emoción muda su expresión y cortésmente se acerca. Extendiendo una tarjeta de presentación, le saluda. El saludado devuelve el gesto con la amplia sonrisa de quienes esperan ansiosamente ser reconocidos y lo logran "pese" a sus "esfuerzos" por pasar desapercibidos.
Sr. F.: "Disculpe usted, señor... pero su rostro se me antoja conocido. ¿No es acaso el autor de X, de Y y de Z y de esos otros libros que hoy inundan las librerías populares como éxito editorial?"


El saludado no cabe en sí de orgullo. Se acomoda en su sillón, retrocede la cabeza y sonriendo con fingida modestia admite su autoría: "En efecto, mi estimado señor... (mira la tarjeta)... señor F. En efecto: yo soy el autor de esas obras... (respira profundamente, complacido) ¿Le han gustado? ¿Desea que le autografíe alguna?"
Sr. F.: "No, señor. En absoluto. Faltaba más. Yo detesto sus obras. Me parecen producciones de pésima calidad literaria y vacías de contenido o seriedad. Al anticatolicismo rabioso suma usted esa carga de ácido cinismo que caracteriza a los sin Dios"
Sorprendido por tan caballerosa franqueza, el autor invita a nuestro amigo a sentarse. Éste acepta gustoso viendo en esto una oportunidad de reparar el silencio de tantos que callaban ante las barbaridades que escribía o pronunciaba por doquier el escritor.


El señor F. continúa: "No piense usted que aceptando su cortés invitación quedo dispuesto a transigir mis principios. Por todo lo demás, descuide usted que deseo conversar con usted. De hecho, su obra me intriga profundamente"
El escritor, algo más incómodo que al principio, replica: "Quien me intriga es usted, señor. Críticas he recibido, pero todas de un argumento, calibre o tono que me hacen reír y sólo me sirven para abanicarme en mi casa de campo. Pero su comentario abierto y sin vueltas me deja desconcertado. ¿Está seguro usted de ser católico?... no se apure en responder... sólo razono en voz alta... protestante no ha de ser, porque entre contradicciones y fanatismo me habría saltado encima con aires de mesías iluminado... pero tampoco tiene usted sabor a católico de los que me encuentro habitualmente por la calle o en charlas... ellos tienen un aire más acomplejado, hablan con vergüenza y antes me conceden el derecho a escribir como escribo... pero usted se muestra afablemente intransigente..."
El señor F. le interrumpe: "Como es de esperar de cualquier buen hijo de Dios... no se extrañe usted de mi, sino de esas pobres almas. Aquí lo de extrañar es usted, señor. Me intriga enormemente la desfachatez suya como para escribir de lo que no sabe, sosteniendo lo que no es cierto y abusando de un arte que no domina. Y pese a eso conquista tal puesto entre los hombres que le llaman ‘escritor’, le llenan de dinero y hasta le conceden algún lugar en universidades de prestigio"
Tras una gruesa risotada, el escritor invita una taza de café a nuestro amigo y convidándole un buen habano, le mira con detenimiento y aire divertido.
"Le responderé, señor F., pero antes me prometerá usted no revelar el secreto de mi éxito", pide el autor.


"En absoluto puedo comprometerme a eso. Disculpe usted, pero sólo si es algo lícito, con gusto preservaré su secreto aún cuando continúe denunciándole como farsante, mentiroso y anticatólico. Si su maña es ilícita, me veré además en la obligación de alertar sobre su plan."
"Menudo católico es usted", responde el escritor, riéndose. "Nunca he confiado en quienes prometen cosas que soplan sus principios. Esos no son de fiar. Le contaré a usted sobre mi varita mágica del éxito".
Mirándole a los ojos, continuó, "No se extrañe, se lo ruego. Tampoco desconfíe. A esta altura de mi éxito poco daño puede hacerme usted. Yo tengo al gran público de mi parte, y en una época donde la verdad está de parte del que acapara mas popularidad, llevo las de ganar"

 


El secreto del éxito
Bebiendo pausadamente su café y disfrutando de su habano, el escritor meditó un momento y prosiguió con la explicación: "Me propuse ganarme al mundo. Decidí, así nada más, escribir de filosofía y enriquecerme."
"¡Cáscaras! ¿Cómo de filosofía si Ud. no sabe ni el abecedario? ¿Quién compraría sus obras?" replicó nuestro amigo.
"La serie de libros de filosofía más populares del mundo. Tan exitosos que me los compraría todo el mundo. Y no estoy loco: prueba tiene usted en que mis libros se agotan edición tras edición y en casi todos los idiomas.", respondió el autor.
"¡Usted está loco! Sus libros no son de filosofía.. aunque... bien le comprendo ahora. Usted escribe de filosofía con apariencia de novela, relato o ciencia ficción. Queda advertido el lector con sus declaraciones y sin embargo toma gato por liebre", dijo el señor F. "¡Vaya trampa tiende usted!"
Aún sonriente, el señor J. continuó: "Pero ahí no está mi secreto. Eso que dice usted es cierto, pero no todos esos intentos tienen igual aceptación. Si me concede un minuto, se lo revelaré con todas sus letras: mi secreto consiste en escribir libros que todas las malas gentes gustan leer. Pero no se trata de esas obras vergonzosas que hasta algunos años las personas se cuidaban de no exhibir en público. Se trata de obras que ellos aún pueden mostrar públicamente y aparentar ser inteligentes o hasta citar como referencia. Esta es, señor mío, la clave de mi éxito"
Nuestro amigo guardó silencio mientras meditaba. Y respondió: "Pese a todo, no acabo de comprenderle. ¿Cómo hace usted para saber lo que le gusta a la gente? Nadie sabe eso. La prueba está en que si lo supiese sería dueño de sus bolsillos y corazones."


El literato echó una carcajada apagada y miró pícaramente al señor F. Señalando un grupo de recortes de periódicos en que se le citaba como el hombre del momento, líder en ventas, premiado sin pausa y reclamado como conferencista infaltable, respondió todo. Pero se dio el gusto de decirlo en palabras. "Cualquiera puede hacerlo. ¡Nada más fácil! Se lo tomando a mis propias obras como ejemplo. ¿Las conoce usted?"
"No las he leído. Pero tengo las elogiosas referencias y recomendaciones que la mala prensa hace de ellas. Con esto y los comentarios autorizados de sus críticos me basta y sobra", respondió el aludido.
"Para su postura, hace usted bien. No he creado nada que usted ya no conozca si ha estudiado historia. Mi única novedad es presentar todo como novedad. Algo tan viejo como la mentira", replicó un poco ofuscado el escritor. Y prosiguió: "Mire usted cómo van las cosas. Aquí comenzaremos... desde el principio".


"Ni Dios ni infierno"
"Comienzo por lo más básico: niego que Dios exista. Aquí lo hago afirmándolo explícitamente, acá desarrollando todo como si Dios no existiera, allá verá usted que pongo en duda todas sus concepciones. No continuaré mostrándole las muchas formas que se puede decir lo mismo, pero mi primer gancho de venta es este: decir que Dios no existe"
"Con esto me gano la compra de todos aquellos que quieren que no lo haya, porque poca gracia les hace que exista un ser que para otros es padre mientras que para ellos será juez. Negándolo se quitan obligaciones y deberes, sólo quedan derechos a escala humana. No quieren responder ante nada ni nadie y aquí les vendo la oportunidad"
"Y como la venta sería incompleta si acaso no sacara el complemento apropiado, en todas estas citas que le destaco verá mi segunda afirmación: no hay castigo a los crímenes, no hay infierno. Imagine usted a la multitud de bribones que son capaces de darlo todo con tal de que no hubiera castigo seguro a sus crímenes y maldades. Todos ellos compran gustosos mis obras, quedando luego con la alegría de tener respaldo para sus perversiones que anhelan cometer impunemente."
El cristiano caballero saltó de su silla y le imprecó: "Señor J. esto es absolutamente irritante. La desfachatez con que relata su complicidad con los criminales y el bajo precio que les cobra por ampararlos. Su fortuna no es mal habida sólo por ganarla aprovechándose de el dudoso sentido crítico de la mala prensa que es capaz de calificarle como artista y escritor... ¡usted vende tranquilidad de conciencia a los malvados!"


"Cálmese usted, que aún no he terminado, señor F", continuo el autor. "Esto me hace ganar tan sólo a los que tienen memoria de Dios y de Su justicia. Queda más."
"El parentesco del mono y sus libertades"
"Poco adelantaría mi obra si no llego a quienes ya viven como si Dios no existiera y delinquen como si el infierno no llegara. Necesito llegar a ellos y nada más fácil que pintarles el cuadro a su gusto. Si me hace el favor, mire estas frases que destacan estos periódicos. Como ve usted, no lo digo con rodeos: El hombre no es más que un animal hijo del mono y por tanto no es libre en sus acciones."
La taza de café había quedado suspendida en las manos de nuestro amigo. "No se queda usted en ayunas, señor J. Con eso que afirma llega más lejos de lo que el mismo lector podría llegar por si mismo. Pero en este punto no hay tu tía: son necedades propias de un loco. ¿Quién podría querer creer en esos disparates?"
"Poco importa si son necedades. Ya ve usted que son millares los que se abalanzan en las librerías para comprar mis obras, deseosos de ser monos o emparentarse con ellos con tal de no responder de sus actos como hombres. Y vea que esta idea tiene un precioso complemento de oferta: ‘Si usted es tan animal como un mono, la conciencia es un molesto fantasma al que no hay que hacerle caso’. Me ahorro comentarios sugiriéndole no ya los millares sino los millones de compradores que darían una un ojo y una mano con tal de quitarse de encima el peso de la conciencia."
"Si duda usted le ruego examine estos informes de especialistas literarios que reportan las estratosféricas cifras de venta en los últimos años, a más de las ofertes de películas y edición por fascículos"
La impresión causada en el señor F. no le quitaba agudeza al pensamiento. Casi de inmediato replicó. "No acaba usted de persuadirme de que su éxito se deba sólo a eso."

 

 

 

"Aguda observación", responde el escritor, "no alcaza sólo con eso, pero el resto no es más que esto, aplicado en sus consecuencias. Observe usted.... "No hay más vida que la presente (...) No hay otro cielo que el que cada cual se proporciona en este mundo (...) La virtud y el vicio son palabras vacías, y el bien y el mal son palabras huecas, pues sólo es malo lo que disgusta y bueno lo que causa placer... etc. Y mire que útil es esto que lo coloco en labios de un nuevaerista tanto como en los de un liberal, ateo, joven rebelde, anarquista o ciudadano común, y en todos calza admirablemente con tan sólo un retoque allí o allá"
"Y así atraigo a tanto público como dólares en mis cuentas. El materialismo que he inyectado a mis libros es delicia para los apetitos de cuanto egoísta, vividor, vicioso o avaro se arrastre por el mundo. Éstos son los que me han traducido a 30 idiomas y mantienen las ventas en la cumbre"
"No quiero darle lata, señor F. pero el resto de las páginas contienen afirmaciones similares, como que la propiedad es un robo, que tenemos derecho a hacer nuestra voluntad sin estorbos, a decir lo que se nos antoje, que somos hijos de los genes y que a ellos hay que culparlos de nuestros crímenes y vicios, etc. Como ve, nada muy distinto que lo que han dicho los llamados filósofos y vanguardistas de otros tiempos, sólo que presentado en lenguaje y tono apropiado al lector moderno"

 


Los ataques al catolicismo
"Vale su explicación, señor J. La tomo como verdadera y respondo con indignación a su farsantería, cinismo y maldad. Mal habida es su fama y fortuna, sin duda, y necios quienes le aclaman como iluminado y personaje encumbrado del mundillo de pseudo intelectuales permanentes en la mala prensa. Pero aún reconociendo que tiene razón con todo esto, algo no termina de cerrar en mi cabeza. ¿Cómo es posible que su éxito no tenga cortapisa ni conozca barrera alguna? Aún con lo suyo no dejan de ser verdaderos y santos los mandamientos y el magisterio de la Santa Iglesia. De parte nuestra somos mil millones de católicos y algo menos son los autodenominados cristianos, voluntariamente separados de la Iglesia a causa del protestantismo, pero no por ello abandonan del todo la Ley de Dios. ¿Cómo es posible que nada de ello cuente?"
Pidiendo una segunda taza de café para ambos, el escritor, complacido con haber capturado la atención de su oponente, apoyó su espalda en el respaldo del sillón y acomodándose el pantalón, prosiguió: "Cuenta, pero ya no importa. No tiene el peso de quien tiene autoridad sobre los suyos. El tiempo y las ideas nada nuevas que ahora presento en mis libros han suprimido de entre los fieles de la Iglesia el sentido forzoso de coherencia en todo y para todo con los principios de su fe. Y se lo digo con franqueza: buena parte de mis lectores son católicos que gustosos compran mis libros. ¿Sabe por qué? Porque mi secreto se compone de dos partes. La primera es formalizar el divorcio con Dios y Su Iglesia. La segunda es satisfacer el síndrome del divorciado."


Nuestro amigo le miró extrañado. "¿Síndrome del divorciado? ¿Qué patraña es esa?", preguntó.
El autor sonrió con ironía y dijo sonriendo con la sonrisa de quienes revelan algo que el otro no había visto: "Entiendo que usted no viva la cuestión del divorcio. Pero no puede serle extraña la conducta de lo que usted llama pecador. Y en el caso de los divorciados, es esperable que con tal de que no se le culpe a él o a ella por haber traicionado al otro, se ponga a hablar mal del defraudado. A eso llamo yo el "síndrome del divorciado", es decir, quitarse la culpa culpando al otro. Esto hago yo para quitarle la culpa a los que compraron mis libros por obra de la primera parte de mi secreto."
Miró atentamente la reacción del señor F., quien asintiendo le dio a entender que comprendía a donde iba, pero que deseaba más abundamiento.
Contento por haberse explicado bien, el popular artista prosiguió. "El punto está, mi querido señor F., en disponer de un prodigioso invento del cual lamentablemente no soy autor. Se trata de una simple regla mecánica de creación de leyendas negras contra la Iglesia".


"¡Ahí tiene usted! ¡Por fin el lobo se saca la careta! Ya sabía yo que su rostro me recordaba mucho más que unos simples libros de venta popular. Usted además es el autor de esa vergonzosa serie de títulos sensacionalistas que pretenden contar toda la verdad que la Iglesia pretendidamente oculta. Lo que aún no me explico es cómo no se detiene usted ante las denuncias de quienes sí saben del tema y que le acusan fundadamente de farsante, mentiroso y calumniador. Y eso por no decir liviano e hipócrita". La voz de nuestro amigo no era de quien gritaba por enfado, sino de aquellos que con firmeza expresan una convicción.
El escritor no acusó recibo. Continuó con su explicación: "Dirá usted lo que quiera, o denuncie lo que le parezca, pero el hecho irrefutable es que mis ventas crecen día a día y mi palabra tiene más peso que la de cualquiera de sus sabios. Bien sabe que para el gran público una ironía de mis labios derrumba toda una campaña de parte de ustedes para desprestigiarme. Las leyendas negras tienen muchos objetivos, pero el principal siempre es quitarle credibilidad y autoridad a la Iglesia. Usted y los suyos no son creíbles, porque lo primero que nos encargamos de garantizar es que siempre aparezcan como defendiendo el poder que por siglos acumularon y al que hoy se aferran con uñas y dientes".


La réplica no se hizo esperar: "Eso es una infamia. ¿Acaso no cuenta usted con que existen principios firmes sobre los que se basa la verdad? ¿Qué hay con quienes actúan por consecuencia de sus ideales?".
La respuesta fue frontal: "Poco importa. Es más, nada importa. Ideales, principios y fundamentos no son más que peligrosos resabios que alertan sobre el fundamentalismo. Esa es, si no me equivoco, la tercera o cuarta leyenda negra que les lanzamos en el rostro. Hoy la gente no puede pensar en que otro actúe sólo por ideales. ‘Piensa mal y acertarás’ es el lema posmoderno. Nadie les creerá tan desprendidos como para vivir de una fe, y la única explicación posible es querer aferrarse al poder, manipular, enriquecerse, etc. Pero le ruego me permita explicarle bien cómo funcionan las leyendas negras y qué ganancias sacamos de ellas. Y hablo en plural no por asemejarme a esos grandes filósofos que me precedieron, sino por unirme a ellos en fama e intención". Diciendo esto abrió un finísimo porta-documentos de cuero y extrajo una lámina que reproducía en facsímil un dibujo del siglo XVI que mostraba a un grupo de sacerdotes sonrientes que bendecían a los verdugos que alegremente quemaban a inocentes ciudadanos en hogueras enormes donde les torturaban hasta morir. Acercándosela a nuestro amigo, prosiguió su explicación.

 


Leyendas negras: no sólo agravio gratuito, sino intención deliberada
"Mire usted este grabado que me ha hecho llegar un querido amigo. Como sociólogo se interesa mucho en coleccionar todas las leyendas negras lanzadas ya desde el siglo I, pero su área de especialización está más que nada a partir de los escritos protestantes. En esa época podemos fijar el inicio de la "industria de la mitificación". El trabajo no ha sido difícil. Siempre hay mala gente dispuesta a escuchar cualquier cosa que les justifique apartarse de la ley de Dios y entregarse sin culpas a sus crímenes. Es más, ellos han sido quienes con sus entusiasmos colectivos nos han financiado por siglos. Yo soy tan sólo, lo digo con humildad, uno de los últimos y más fieles exponentes.
No se apure usted que ya me explico: al principio las leyendas eran muy burdas, pero extraordinariamente creídas por todos los paganos que no querían aceptar la doctrina de Cristo. En esa época se decía que los cristianos adoraban una cabeza de burro, que sacrificaban niños, que practicaban canibalismo, etc. Poco importaba que el vecino fuera cristiano y nunca le hubieran visto hacer eso. La leyenda negra siempre sirve para dar excusas y no aceptar los principios que propone la Iglesia. Con el tiempo fueron cambiando en la medida en que perdían el impacto. Por ejemplo, se les acusó de haber quemado Roma en la época de Nerón, de haber conspirado para producir tormentas y de practicar hechicería para impedir la continuación del Imperio. Los cristianos siempre fueron, a fin de cuentas, un grupo de hipócritas que con apariencia de buenos practicaban aberraciones sin par.
Si le he dicho que con el protestantismo se industrializa, no es para culpar a ese grupo de autodenominados cristianos como exclusivos responsables de predisponer a la gente en contra de la Iglesia. Lo he dicho porque con el furor con que difundían toda clase de mentiras sobre los católicos, se hicieron más famosas sus calumnias y quedaron por primera vez asentadas en libros traducidos una y otra vez a los distintos idiomas. Ya desde antes los renacentistas habían hecho correr murmuraciones contra la Iglesia, en particular contra un papado que les reprochaba sus excesos. Recuerde usted por ejemplo el famoso caso Borgia. ¿Quién se ha ocupado de estudiar cuán ciertas eran esas acusaciones? Nadie, porque no importa. Siempre se trata de un "hecho sabido", y que por lo tanto no es preciso comprobar porque vale por sí mismo: si todos lo creen, debe ser cierto.
¿Y que se gana con esto? Muchísimo y en muchos planos. Lo primero que se gana es desacreditar a la Iglesia. Sin crédito, nada de lo que diga o haga será creíble o tendrá importancia. No importa cuanto esfuerzo o qué beneficios traiga al mundo. Es una gran asociación de hipócritas dirigida por manipuladores y seguida por borregos.

 

En segundo lugar logramos hacer decaer el ánimo de los católicos, tanto de quienes por todas partes encuentran rechazo y desconfianza como de aquellos que después de mucho insistir acaban cediendo a nuestras presiones y acaban creyendo parcial o totalmente en esas leyendas negras.


En tercer lugar obtenemos algo precioso, mi estimado señor F. Algo que en la era de las comunicaciones es vital: mala prensa. Volver a la prensa contraria a la Iglesia es una de las consecuencias más provechosas que podemos sacar. Hoy en día lo que la prensa busca es impactar, provocar ventas o audiencia. ¿Y qué mejor que atacar a la Iglesia? La Iglesia no se defiende, el público no investiga, si se desmiente pasa desapercibido. Pero no se quede usted corto: la mala prensa no sirve sólo para desprestigiar, porque cumple un papel mucho más importante, esto es, asfixiar a los católicos sin dejarles respiro ni campo libre. Vayan donde vayan, actúen en lo que sea, siempre encontrarán prensa enemiga permanentemente mal dispuesta hacia todo lo que sea católico. Le concedo que aún en esa prensa encontrará notas que llamaré neutras, por no decir favorables. Pero el contenido de esas líneas siempre será sobre temas políticamente correctos. Habitualmente no pasan de narrar obras de beneficencia social, actos de piedad o declaraciones extractadas en sus puntos más populares.


La cuarta consecuencia es muy interesante: una leyenda negra siempre logra causar división y desconfianza entre los católicos. Nadie confía en su par, ni en su superior, ni en quienes están a su cargo. Todos sospechan de todos. Comienzan las acusaciones mutuas, las querellas y las divisiones internas.


La quinta y la sexta van unidas, porque lo que indudablemente podemos notar tras una mirada que supere las apariencias iniciales es que las leyendas negras causan preocupación e inquietud entre los católicos y a un mismo tiempo arrojan sobre ellos el vergonzoso fardo de la mala reputación".

 


Los efectos que buscan los calumniadores
A esta altura de la conversación, el sol ya se ponía y daba a París ese dorado maravilloso que sólo se puede apreciar en la ciudad luz. Ambos contertulios se detuvieron un momento para encender otro cigarro y continuaron con la charla.
"Con todo lo anterior" continuó el intelectual "tiene usted lo que podríamos llamar ‘efectos fundamentales’ y son: primero, crear consecuencias externas a la Iglesia, es decir, animadversión y desconfianza. Es la mala reputación que tienen los católicos en el mundo. El segundo se extiende por las venas de los católicos y les afecta en su propia imagen. Los verá usted desmoralizados, desmotivados, con poca iniciativa, o bien actuando tan solo en aquellos campos en que saben que no tendrán críticas y que cosecharán aplausos fáciles. El tercero daña en el comportamiento de los católicos: usted los ve poco activos, desertando, escabulléndose de sus responsabilidades, procurando encontrar excusas para no militar bajo las banderas de Cristo, sino tan solo "participando" de actividades socio-religiosas".


Nuestro amigo interrumpió las últimas palabras con un cortés "perdóneme usted", continuando con la palabra: "Hasta ahora todo suena bien, y le reconozco el mérito de la astucia, ya que todo lo que ha dicho es cierto, funciona así y causa esos efectos. Dígamelo a mí, que como dirigente católico debo lidiar día a día con ese estado espiritual y con el falso optimismo. Pero le reprocho a usted que gozando de su aguda visión, no capte el centro del problema, que no está en la inteligencia de sus medios, sino en la progresiva apostasía de las filas católicas. Se trata de un problema no tanto de la efectividad aparente de sus métodos, sino de la falta de fidelidad de los nuestros. De nada servirían sus astucias, sus mentiras, sus calumnias, si los fieles estuviesen dispuestos a defender la verdad a cualquier costo, si tuviesen la valentía de cuestionarles públicamente, si por amor de Dios prepararan obras y métodos paralelos y lícitos para explicar a los incautos las maquinaciones de los malos".


Una carcajada contenida detuvo a nuestro amigo. El autor respondió socarronamente: "Eso es muy bello en el papel, es muy lindo para los teóricos, pero la realidad, la práctica nos dice algo muy diferente. Y es que los hombres no viven sólo en la Iglesia, sino que pasan por la Tierra relacionándose con otros hombres, otros pensamientos y otras sociedades. Sobre ese mundo es que hemos trabajado, preparando una cultura ya varias veces centenarias que fue adoptando como ciertas nuestras leyendas, y fue desgastando poco a poco la fibra de alma católica, no en la persona individual, sino colectiva. Por lo tanto, esos fieles que a usted se le antojan momentáneamente desmotivados han sido formados por décadas y hasta siglos con formas de pensamiento contrarias a su fe, o que la niegan abiertamente".


Las leyendas negras
"Permítame citarle tan sólo las principales armas que hemos lanzado contra la ciudad que usted defiende. Y no se moleste usted si soy irónico, pero en verdad me causa mucha gracia la corta visión de tantos de sus hermanos de fe.
Vea por ejemplo la cuestión de las Cruzadas. Cuando escribí sobre ellas no me compliqué perdiendo el tiempo con investigaciones. Me bastó tan solo describir a un par de personajes ambiciosos, dos o tres jerarcas de la Iglesia corruptos y un grupillo de fanáticos religiosos dispuestos a creerlo todo con tal de que se les garantizara la entrada al cielo a cambio de llevar una vida ingrata en la tierra. Sobre los musulmanes no me extendí mucho, ya que corría el riesgo de dar la impresión de que las Cruzadas podían ser una reacción al fanatismo musulmán (similar al que ha sufrido Occidente hace unos meses). Los árabes eran unos muchachos simpáticos y alegres que recorrían sus tierras entusiasmados con su nueva fe. Los Cruzados eran unos tipos malvados, borrachos y corruptos, que querían apropiarse de todo lo que encontraban en el camino. El resto lo imaginará usted... Y lo mismo se aplica en tantas otras leyendas.


La Inquisición es otro ejemplo sobre lo mismo, me bastó tomar tan sólo datos del enemigo, descontextualizar algunas citas de eclesiásticos, quitar maldad a los malos y agregársela a los otros, y ya tenía escritas las escenas más repulsivas que usted pudiera imaginar. A fin de cuentas, ¿quién investigaría? ¿quién pediría precisión de datos? ¿quién me preguntaría sobre la fidelidad de mis fuentes? Ya ve usted que me di el gusto intelectual de citar tan sólo enemigos de la Iglesia del momento, gente interesada en desprestigiarla por razones políticas, religiosas o militares. Y como los grabados son de data antigua, parecen documentos auténticos al modo de una fotografía presentada por un periódico moderno a sus lectores. Es el mismo caso que la Evangelización americana. Tomo dibujos y citas de gente a esta altura completamente desacreditada por los expertos, pero que gozan de gran aceptación entre los morbosos y personas de mal espíritu. ¿Acaso no cree usted que citar una obra de tres o cuatro siglos atrás no es argumento suficiente para el lector promedio? Me causa risa: hasta los expertos me toman en cuenta como un colega más en esas cuitas.


Y recuerde que esto que le menciono es sólo una parte de la gran estrategia utilizada. ¿Ha visto usted, para ejemplificar, cómo en las películas incluso se da color o lobreguez dependiendo de si son los que se quiere ensalzar o defenestrar? Siempre se hunde a los católicos, por supuesto. Y si la historia no tiene nada de real, ¿qué importa? Imagine que un escritor de buena reputación le cuenta que en 1746, los católicos asesinaron sin piedad a los protestantes de Australia en lo que se llamó "La noche de los cuchillos verdes". A eso agregue algo de bibliografía de los mismos protestantes, un cuadro de católicos armados y pobres protestantes escondidos, y ya tiene usted una nueva leyenda. Ah, ¿cómo? ¿no es cierto? ¿y quién va a descubrirlo si nadie lo investiga?


Hoy en día todos creen que los católicos cazaban brujas, que la Iglesia protegía a los nazis y que quemaba a quienes defendían a la ciencia, que esclavizaban a los campesinos, que tuvieron una papisa, que el Papa se sienta en un retrete de oro, que todas las mafias son católicas, que se traficaban reliquias, que los sacerdotes atemorizaban a la población con los eclipses, que se prohibía la enseñanza de la escritura en la Edad Media, etc., etc.
Creo, amigo mío, que la partida está ganada... Quédese usted con sus ideales, que yo me quedo aquí con mis triunfos y riquezas".

 


La insensatez de los sensatos
Nuestro amigo se puso de pie. Serio, pero con cortesía, cerró la conversación: "Quien se equivoca es usted. A fin de cuentas, todos los hombres sensatos han triunfado por ideales y no por maquinaciones. Por veinte siglos la Iglesia ha conocido toda clase de ataques, conspiraciones y amenazas, pero recuerde siempre que la Iglesia no fue fundada por hombres, sino por Dios mismo, y en Él basa su superioridad y eterna permanencia.
Ahora le veo confiado, como he visto confiados a emperadores, filósofos y dictadores. Mientras dura su hora, se ensoberbecen en el éxito de sus planes, pero ninguno ha podido superar dos o tres generaciones sin ver que sus conjuraciones se derrumbaban por tierra.


Esto no me deja, por cierto, tranquilo. Ni me inspira un optimismo que paralice mis manos. Por el contrario: lo único que falta para que el mal triunfe es que los buenos no hagan nada".
El escritor quedó clavado sobre su sillón y se despidió amablemente. A continuación sacó su billetera y se adelantó para pagar la cuenta. Sin embargo, no alcanzó a llegar a tiempo: nuestro amigo ya había pagado por él. Interrogándole con la mirada, el escritor se consideró por primera vez en el encuentro profundamente ofendido: "¿Acaso cree que mi dinero no vale lo que el suyo?". "No, no lo vale. Dios no permita que en el día de su juicio deba comparecer llevando sobre mí el peso de haber recibido siquiera un vaso de agua comprado con dineros mal habidos y más aún obtenidos a costa de mentiras, engaños y ofensas a su Iglesia".
Diciendo esto, se retiró meditando gravemente en los absurdos de quienes sólo ven los aspectos naturales de la vida e ignoran el poder de la gracia y la influencia de Dios sobre el curso de la historia... y la cooperación de los buenos con esos designios trazados por la Divina Providencia.«MMI»

 

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La educación ha sido una de las principales preocupaciones de quienes han aportado algo a la civilización. Platón, Aristóteles, Rousseau, Locke; todos ellos conciben el proceso educativo como algo diferente de la instrucción.

El mens sana in corpore sano era el objetivo básico de los clásicos y se lograba a través de la enseñanza de la música, la gimnasia, las matemáticas, la lectura y la dialéctica, entre otras. Educar se concebía como el proceso de transmisión y asimilación de costumbres, normas, técnicas e ideas; para ello, el educador debía ayudar al educando a elevarse por encima de la manera vulgar de ver las cosas y descubrir lo que hay detrás de ellas.

Educar se entendía como un proceso de desalienación por el cual el individuo adquiría las destrezas necesarias para aprender a reflexionar, profundizar y decidir sobre cualquier asunto que en un futuro se le planteara.

Esfuerzo, hábito y método han sido, durante siglos, las claves para entender que es menester haber aprendido mucho para llegar a saber un poco (Montesquieu). Partiendo de estas premisas, grandes pensadores como Locke tenían claro que, para educar, no debe ocuparse todo el tiempo en dar lecturas y dictar magistralmente al alumno aquello que debe observar y respetar. Escucharlo a su debido tiempo y acostumbrarlo a razonar sobre lo que se propone le darán mayor aprecio por el estudio y la instrucción.
Si educar es el camino que nos otorga libertad, la instrucción se convierte en el aprendizaje de los conocimientos que necesitamos para cumplir una función social. Esto sí que lo hemos comprendido en nuestro tiempo.

Parece que la educación, hoy, se orienta prioritariamente al estudio de contenidos que el alumno debe aprender para luego demostrar, por medio de un examen, lo que sabe, aunque sea memorísticamente.

Quienes rechazan las políticas sobre educación orientadas por evaluaciones estandarizadas, afirman que el teach to the test, es decir, enseñar para ser examinado, es un gran fracaso educativo.

Está claro que la instrucción es necesaria, pero las leyes que sólo tengan a ésta en cuenta, no lograrán formar una sociedad educada. MMV.

 

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El timo de la tumba del hermano de Jesús...

...miente, inventa, difama que algo queda...

 

Marcial Iraola Artola - 2005-02-02

 

¿Se acuerdan de cómo hace poco más de dos años se dio el notición de que se había descubierto en Israel una urna funeraria con una inscripción en arameo en la que se leía: «Jacob, hijo de José, hermano de Jesús»?  

El hallazgo tuvo una gran resonancia porque parecía demostrar que la Virgen María tuvo más hijos. A partir de ahí se creaba un clima de desconfianza hacia la predicación tradicional de la Iglesia. El hallazgo dio lugar a múltiples críticas, fue caldo de cultivo para la extensión de la novela esotérica anticatólica, e incluso, en EL DIARIO VASCO, motivó que algún teólogo -Rafael Aguirre- escribiese un artículo dando por bueno que Jesús pudiese tener más hermanos.
Un tribunal israelí acaba de condenar a Oded Golan, rico coleccionista, por haber falsificado aquella urna funeraria, haciendo creer que era una reliquia bíblica. La noticia de ahora no alcanzará ni la décima parte del eco que en su día tuvo la difusión del engaño. 
 

Así se hace la historia, y así se manipulan las conciencias.

 

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SAN AGUSTÍN COMENTA Ef. 5,15-20

 

Ef 5,15-20: La maldad y la miseria humana hacen los días malos

 

En la lectura del Apóstol oísteis o, mejor, oímos todos que nos decía: Estad atentos a vivir cautamente, no como necios, sino como sabios, rescatando el tiempo porque los días son malos. Se habla de días malos a causa de la maldad y miseria de los hombres. Por lo demás, en cuanto respecta al correr del tiempo, estos días son ordinarios: se suceden, constituyen el tiempo, sale el sol, se pone, pasan los días. ¿A quién molestaría el tiempo, si los hombres no se molestasen entre sí? Como dije, dos cosas hacen los días malos: la miseria y la malicia de los hombres. La miseria es común a todos, pero no debe serlo la malicia. Desde que pecó Adán y fue expulsado del paraíso, nunca hubo días buenos, sólo malos. Preguntemos a los niños que nacen por qué comienzan llorando, dado, que también pueden reír. Nada más nacer, lloran; después, ignoro cuántas veces reirán. Al llorar en el momento de nacer, el niño se convierte en profeta de su calamidad, pues las lágrimas son el testimonio de su miseria. Aún no habla y ya profetiza. ¿Qué? Que ha de vivir en medio de fatigas o de temores. Y aunque viva santamente, siendo justo, con toda certeza temerá siempre, puesto que se halla en medio de tentaciones.

 

Rescatemos el tiempo, porque los días son malos. Quizá esperéis saber de mí en qué consiste el rescatar el tiempo. Voy a decir lo que pocos escuchan, pocos soportan, a lo que pocos se comprometen y pocos realizan; no obstante lo diré, porque incluso esos pocos que me han de escuchar viven en medio de los malos. Rescatar el tiempo consiste en que, si alguien te provoca a litigar, pierdas algo a fin de vacar para Dios, no para las contiendas. Pierde pues; de lo que pierdes obtienes el precio del tiempo. Cuando tus necesidades te obligan a ir al mercado público, das monedas y compras pan, o vino, o aceite, o madera, o algún utensilio; das y recibes; pierdes algo para conseguir otra cosa; eso es comprar. Pues si posees algo que antes no poseías sin perder nada, o lo encontraste, o te lo regalaron o lo recibiste en herencia. Cuando pierdes una cosa para adquirir otra es cuando compras; a lo que pierdes se le llama precio. Del mismo modo, pues, que pierdes monedas para comprar algo, pierde también monedas para comprarte el reposo. Eso es rescatar el tiempo.

 

Hay un célebre proverbio púnico, que os diré en latín, porque no todos conocéis aquella lengua. Es ya muy antiguo: «La peste busca una moneda; dale dos, y que se vaya». ¿No da la impresión de que el proverbio ha nacido del evangelio? Pues ¿qué otra cosa sino rescatando el tiempo dijo el Señor con estas palabras: Si alguien quiere litigar judicialmente contigo para quitarte la túnica, déjale también el manto? (Mt 5,40). Con el litigar judicialmente contigo para quitarte la túnica quiere apartarte de tu Dios mediante disputas: estará inquieto tu corazón, tu ánimo no quedará tranquilo, te alejarás de tus pensamientos y te irritarás contra tu mismo adversario. Advierte cómo perdiste el tiempo. ¡Cuánto mejor es que pierdas una moneda y rescates el tiempo!

 

Hermanos míos, cuando venís a que haga de juez en vuestros juicios y en vuestros negocios, al cristiano acostumbro a decirle que pierda algo de lo suyo para rescatar el tiempo. ¡Con cuánto mayor cuidado y con cuánta mayor confianza debo decirle que devuelva lo ajeno! Escucho a dos que son cristianos. El fraudulento, el que quiere enjuiciar al otro y quitarle algo, aunque sea mediante arreglos, se pone eufórico ante estas palabras. Dijo el Apóstol: Rescatando el tiempo porque los días son malos. «Levanto, pues, una calumnia contra aquel cristiano; dado que oyó al obispo, algo me dará para rescatar el tiempo». Dime, si a él he de decirle: «Pierde, para ganar tiempo», ¿no he de decirte a ti: «calumniador; hijo perdido del diablo, por qué te esfuerzas por quitar las cosas ajenas? No tienes razón y rebosas calumnia». Si le digo a él: «Dale algo, para que cese en su calumnia», ¿te hallarás presente tú, que te sirves de la calumnia para obtener dinero? Tolera los días malos quien, para evitar la calumnia, rescata el tiempo de ti; tú, en cambio, que te alimentas de calumnias, tendrás días malos y en el día del juicio, los tendrás peores. Quizá te rías hasta de esto, porque con la rapiña te llenas de dinero. Ríe, sigue riendo y despreciándome; yo seguiré dando; ya llegará quien pida cuentas.

Sermón 167,1.3-4

 

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La calumnia

 

Rubén Darío

 

Puede una gota de lodo
sobre un diamante caer;
puede también de este modo
su fulgor obscurecer;
pero aunque el diamante todo
se encuentre de fango lleno,
el valor que lo hace bueno
no perderá ni un instante,
y ha de ser siempre diamante
por más que lo manche el cieno.

  

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Grave falta se comete al mentir para dañar el buen nombre del prójimo o manifestar sin causa justa sus pecados y defectos, aunque sean verdad.

 

«La mentalidad fundamentalista se reconoce en la propensión a meter en el mismo plano lo principal y lo secundario, dando una importancia desproporcionada a elementos marginales. El mal que los fundamentalistas sienten el deber de combatir es siempre un mal cuyos culpables son siempre los otros». Card. Cottier. 2004.

 

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Redactado por uno de los siete sabios de Grecia, allá por el siglo sexto antes de Cristo, y veintiséis centurias antes de este momento de desorientación en el que tantos nos encontramos. Biante de Priena, que tal era el nombre del susodicho sabio, decía lo que sigue: «Con esfuerzo lograrás memoria, con oportunidad precaución, con carácter nobleza de ánimo, con fatiga templanza, con capacidad de discurso persuasión, con silencio compostura, con cabeza justicia, con audacia valentía, con acción poder, con fama hegemonía».

 

Los llamados siete sabios o antiguos sabios pertenecen a una generación anterior a los primeros filósofos. Vivieron en torno al siglo VI a. C., en zonas cercanas a la costa de Asia Menor (Eolia y Jonia), en las sociedades arcaicas pero progresistas de las polis emergentes, donde el valor de un hombre se cotizaba mediante un patrón lejano del de la época heroica: ya no se consideraba prestigioso el triunfo a través de las armas, sino a través de la habilidad y la inteligencia en el trato civilizado. Por eso, en tiempos en que los héroes pretéritos de la épica -solitarios y guerreros- resultaban inadecuados como ejemplo a seguir, ellos supusieron un buen y útil paradigma cívico. Los siete sabios son exponentes de una sabiduría vital que está al margen de los libros y es anterior a la fijación del saber por escrito, es decir, de una sabiduría de tradición oral. Se les consideraba sabios porque dominaban una técnica o porque profesaban la excelencia de un arte o porque eran políticos que sabían manejar los asuntos de la polis con trato civilizado... En cualquier caso su "sabiduría", propia de un discernimiento amplio que incluye también un aspecto moral, era una sabiduría o una inteligencia prácticas, porque sus máximas están destinadas a la vida privada y advierten con el espíritu utilitario contra las ilusiones ingenuas o una confianza demasiado crédula. Se valen de sentencias escuetas ("sabiduría en píldoras"), condensada en unas pocas frases indiscutibles y concluyentes. El contenido de estos dichos es reflejo de una mentalidad astuta, calculadora, que exhorta a una moral basada en la prudencia y a la búsqueda de beneficios materiales. Desde este punto de vista se les consideraba útiles para la economía de las ciudades y se reclamaba para ellos honores públicos como los que recibían, con menores méritos, los atletas victoriosos de los grandes juegos.

 

Ø Se distinguieron por su actitud ejemplar y por su actuación al servicio de la polis en conjunto, convirtiéndose en precursores de una concordia ciudadana muy difícil. Esta actitud les granjeó la fama de constructores de un orden social, de maestros de prudencia y de cordura. Buscaban el orden, la paz y la conciliación, el provecho comercial y la moderación. Ellos mismos eran gente de paz y de diálogo, de ciudad y de justicia.

Ø Sin duda su actuación estimuló el aprecio hacia los pensadores que, al margen de los cultos religiosos tradicionales, favorecieron el desarrollo de la cultura en beneficio de todos.

Ø Finalmente, representaban un tipo de ciudadanos que traspasaban su entorno local y se perfilaban como portavoces de un espíritu panhelénico y, por vez primera, de clara intención cosmopolita.

 

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‘Donde no hay Dios, despunta el infierno, y el infierno persiste sencillamente a través de la ausencia de Dios’. Cardenal  Ratzinger, al día S. S. Benedicto XVI - PONT. MAX.

 

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“Nunca se puede matar a una persona para que otra pueda vivir mejor”.

Crear vida para después matarla es una “aberración”

 

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El Señor no es indiferente, como un emperador impasible y aislado, a las vicisitudes humanas”.

“Es más, su mirada es fuente de acción, porque interviene y derriba los imperios arrogantes y opresivos, abate a los orgullosos que le desafían, juzga a los que perpetran el mal”.

 

Dios se hace presente en la historia, poniéndose de la parte de los justos y de las víctimas. S. S. JUAN PABLO II – Magno - 2003-12-10

 

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…como Pedro y Pablo, afrontar mares y romper confines anunciando a Cristo…

«Duc in altum» (Lc 5,4) dijo Cristo al apóstol Pedro en el Mar de Galilea.

 

La gran pasión de nuestro tiempo es la utilidad. Todo vale si es útil. He ahí la máxima moral dominante. La utilidad ha situado su trono en medio de la cultura europea y la ha empapado de afán codicioso. 2003.

 

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Hoy en día se persigue y fustiga a los católicos con impunidad escandalosa. Y se les condena a tener que aceptar ‘en silencio y de manos atadas’ toda calumnia, injuria y sospecha. No sea que además de todas sus afrentas se les acuse de prepotentes por replicar conforme al derecho de toda persona a defender su honra.

 

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"Se recurre con frecuencia a la calumnia, la mentira, el infundio, sin preocuparse de contrastar la información para comprobar su veracidad. Ello obedece a la táctica de que se sabe que una vez vertida una información negativa sobre algo o alguien, cosa que es muy fácil, demostrar la verdad requiere un gran esfuerzo y tiempo y gran parte del daño queda hecho de todas maneras." (Jesús Sáiz Luca de Tena y Mercedes Soto Falcó)

 

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"Obras todas del Señor, bendecid al Señor".-

Alégrese la madre naturaleza
con el grito de la luna llena:
que no hay noche que no acabe en día,
ni invierno que no reviente en primavera,
ni muerte que no dé paso a la vida;
ni se pudre una semilla
sin resucitar en cosecha.

Ad maiorem Dei gloriam.

 


gracias por venir a visitarnos

 

Recomendamos vivamente: ‘Historia de la Inquisición en España y América’ – El conocimiento científico y el proceso histórico de la Institución (1478-1834). Obra dirigida por don Joaquín PÉREZ VILLANUEVA y Bartolomé ESCANDELL BONET. Es una elevada tarea historiográfica con planteamientos científicos, bases documentales, tratamiento y lenguaje actuales. Y:

La inquisición española - Editorial: BAC- Centro de estudios inquisitoriales- Madrid-España. Autora:(Comella Beatriz.- Rialp, Madrid) Breve-óptimo libro.

 

La Inquisición – la institución, quizás más polémica de cuantas han existido –porque el formidable proceso de secularización moderna la fue convirtiendo paulatinamente en una de las muestras de la mentalidad pretérita más incomprensibles para nuestra sociedad, de valores normativos antitéticos a los de aquella lógica histórica, y porque, por otra parte, ha sido siempre el arma preferida para la batalla ideológica contra determinadas realidades históricas-, no había sido objeto de una Historia amplia, por parte de los españoles, desde la obra del afrancesado José Antonio Llorente, aparecida en los primeros lustros del siglo XIX.

 

Recomendamos vivamente:

1ª) LEYENDAS NEGRAS DE LA IGLESIA. Autor Vittorio MESSORI – Editorial “PLANETA-TESTIMONIO” 10ª EDICIÓN – Óptimo libro para defenderse del cúmulo de opiniones arbitrarias, deformaciones sustanciales y auténticas mentiras que gravitan sobre todo en lo que concierne a la Iglesia.

 2ª) NUEVE SIGLOS DE CRUZADAS. Autor el argentino-español Luis María SANDOVAL PINILLOS – Editorial CRITERIO-LIBROS. Idóneo para denunciar o aclarar invenciones contra la Iglesia, como para hacer, junto a una necesaria crítica, una apología sin complejos del derecho que asistía a los cristianos de defenderse.

 3ª) AL-ANDALUS CONTRA ESPAÑA – LA FORJA DEL MITO. Autor Serafín FANJUL – Editorial SIGLO VEINTIUNO DE ESPAÑA EDITORES. Apto para deshacer los tópicos, falsedades y supercherías de diverso género sobre la herencia islámica y convivencia de cristianos en el suelo peninsular.

Vivir amando... para encontrar el Tesoro.

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).