Monday 27 March 2017 | Actualizada : 2017-03-03
 
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Biblioteca. (Del lat. bibliothēca, y este del gr. βιβλιοθκη).1. f. Institución cuya finalidad consiste en la adquisición, conservación, estudio y exposición de libros y documentos.2. f. Local donde se tiene considerable número de libros ordenados para la lectura.3. f. Mueble, estantería, etc., donde se colocan libros.4. f. Conjunto de estos libros.5. f. Obra en que se da cuenta de los escritores de una nación o de un ramo del saber y de las obras que han escrito. La biblioteca de don Nicolás Antonio.6. f. Colección de libros o tratados análogos o semejantes entre sí, ya por las materias de que tratan, ya por la época y nación o autores a que pertenecen. Biblioteca de Jurisprudencia y Legislación. Biblioteca de Escritores Clásicos

 

 

Casiodoro Magno Aurelio, fue un filósofo, pensador, monje y escritor latino, consultado por los reyes y gobernantes de su época. Nació en el año 468 D.C., en Squillace y murió después de 562. Fue ministro de Teodorico el Grande. En el año 538 se retiró y fundó una orden monacal, precursora de la de San Benito (benedictinos), consagrada sobre todo a la conservación y copia de manuscritos antiguos.

 

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Desde siempre la Iglesia sostiene y promueve el mundo del arte, convencida de que su lenguaje es un vehículo privilegiado de progreso humano y espiritual. Vale la pena recordar también en esta circunstancia la inscripción que mi venerado predecesor Benedicto XIV hizo grabar en la puerta de ingreso del Museo cristiano:  "Ad augendum Urbis splendorem et asserendam religionis veritatem" ("Para promover el esplendor de la ciudad de Roma y afirmar la verdad de la religión cristiana"). Benedicto PP XVI.El 16.XII.MMVI.

 

 

 

 La Edad Media guarda numerosas sorpresas a todo el que desea correr la aventura de adentrarse por sus intimidades. Siglo oscuro y ruidos de armas. Señores feudales con sus mesnadas guerreras. Castillos defensores con puentes levadizas y celadas astutas por las encrucijadas de los caminos. Invasión de los bárbaros, en una palabra, que ha preparado este precario estado de cosas y ha liquidado una cultura decadente y cansada. Brilla ahora mucho más el ejercicio de las armas que el conocer la cultura clásica. Y entre los nobles llega a ser un timbre de gloria el ser analfabeto: "El señor no firma porque es noble", terminan algunos documentos del tiempo.

 Pero la ciencia no ha desaparecido. Se ha refugiado en los monasterios. La Iglesia, por los monjes sobre todo, es la gran y única educadora de los pueblos. Clérigo y letrado, son ahora palabras sinónimas. Para penetrar, pues, bien la Edad Media es preciso conocer también la vida apretada y fecunda de los monasterios. Entrar en ellas con el ánimo purificado y sereno, dócil y abierto a toda sugerencia. Descalzarse, previamente, de toda predisposición a lo complicado y vertiginoso, a las velocidades supersónicas y a las carreras contra reloj. Para sorprender mejor a aquellos hombres, enjambres de Dios elaborando, en, sus celdas, la miel dulcísima de las ciencias del espíritu para el bien de las almas, progreso de la humanidad y búsqueda de una felicidad radicada en el diálogo entre el alma y Dios.

 

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Hace falta toda la canallesca indecencia de un demagogo para decir que Galileo Galilei fue condenado a muerte. O se atiene a la historia registrada o se es un dudoso charlatán, tejedor de leyendas negras.

 

1303 - Universidad romana de La Sapienza - Histórica institución, cuyo origen está en una Bula del Papa Bonifacio VIII, de 1303.

 

La Iglesia Católica sembró de Universidades en Europa, precisamente en el medioevo. - Ciertamente la universidad debería ser un lugar privilegiado para practicar la razón sin prejuicios ni vetos ideológicos, un lugar en el que afrontar todos los aspectos de la realidad más allá de esquemas preconcebidos, pero precisamente en este ámbito vemos que con frecuencia, no domina ese coraje del razón al que invoca diariamente el Papa Benedicto XVI-  Obispo de Roma 2008.

 

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"La Iglesia de la época de Galileo se atuvo más a la razón que el propio Galileo, y tomó en consideración las consecuencias éticas y sociales de la doctrina galileana" filósofo agnóstico Paul Feyerabend.-

 

Un discurso pronunciado por el cardenal Ratzinger en Parma hace dieciocho años (en 1990), y que por cierto, retomó en Madrid en un encuentro con intelectuales con motivo del XIV Centenario del III Concilio de Toledo.

En dicho discurso, Ratzinger – probablemente el más grande intelectual viviente-2008), afrontaba la crisis de la fe en la ciencia como uno de los rasgos culturales del momento presente, y para ello realizó una sugerente cala sobre el famoso (y generalmente manipulado) "caso Galileo", para mostrar que se ha producido una inversión en el modo de juzgarlo por parte de los filósofos de la ciencia. Y para ello, Ratzinger cita al filósofo agnóstico Paul Feyerabend, quien afirma que "la Iglesia de la época de Galileo se atuvo más a la razón que el propio Galileo, y tomó en consideración las consecuencias éticas y sociales de la doctrina galileana". Por este motivo, el laico Feyerabend sostenía (para escándalo de estos presuntos científicos de La Sapienza) que el juicio contra Galileo "fue racional y justo, y sólo se puede justificar su revisión por motivos de oportunismo político". El propio Ratzinger mostraba su sorpresa ante esta toma de posición, y advertía que la fe nunca puede crecer a partir del rechazo de la racionalidad. Sin embargo la cita de Feyerabend era útil para ilustrar hasta qué punto es profunda la puesta en cuestión que la modernidad, la ciencia y la técnica hacen de sí mismas.

 

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«Vuestro arte es tomar del cielo del espíritu sus tesoros y revestirlos de palabra, de colores, de formas... y nosotros debemos dejar a vuestras voces el canto libre y potente del que sois capaces». S.S. PABLO VI -1964. A LOS ARTISTAS.

 

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«La Iglesia católica  no desea privilegios: busca tan sólo el modo de cumplir su misión ‘exigida por Cristo’, al servicio de la sociedad del modo jurídicamente más seguro y pastoralmente más eficaz, sabiendo poner en el centro -el hombre-, en el diálogo -las soluciones. La Iglesia sabe que la fe tiene necesidad de la razón para no caer en la superstición, y la razón tiene necesidad de la fe para no caer en la desesperación. Entonces indicaba que la ignorancia es el peor enemigo de Dios sobre la tierra; ¡así fue y así es hoy!.

...propter veritatem, quae permanet in nobis,
et nobiscum erit in aeternum.

...en razón de la verdad, que permanece en nosotros,
y estará con nosotros eternamente.
2 San Juan 2.

 

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A la valentía de la fe debe corresponder la audacia de la razón.

 

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Los hombres de la Iglesia son, desde siglos, custodios y favorecedores del ‘Patrimonio artístico como historia de la humanidad’.

 

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Los falsarios de la historia y amantes de leyendas negras recurren a la ‘Damnatio memoriae’; es una expresión latina que, literalmente, significa condena de la memoria. Era una práctica frecuente en la antigua Roma, que consistía en proscribir el recuerdo de una persona tras su muerte, si ésta era considerada enemiga del Estado. Se decretaba oficialmente la condena de su recuerdo, mediante una serie de medidas como la retirada o destrucción de sus imágenes, el borrado de su nombre de las inscripciones en piedra, o la condena explícita de su nombre familiar mediante la prohibición a sus descendientes de usarlo.

 

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El primer «teólogo del cuerpo»

Además de un genio artístico, Miguel Ángel era un teólogo extraordinario que meditaba durante días y semanas los textos de la Biblia antes de representarlos de modo visible. El pintor exponía su teología con imágenes, en lugar de escribir tratados.

Para concebir el techo de la Capilla Sixtina, que representa escenas del Antiguo Testamento, Miguel Ángel contó con el asesoramiento del círculo de teólogos del Papa Julio II pero, sobre todo, con su lectura directa. El artista plasmaba sus ideas, sin dejarse dominar por los gustos de algunos cardenales entrometidos o criticones, que terminarían satirizados en sus frescos. Según Juan Pablo II, «Miguel Ángel se guiaba por las palabras evocadoras del libro del Génesis, que al relatar la creación del ser humano precisa que «El hombre y su mujer estaban desnudos, pero no sentían vergüenza». La Sixtina es precisamente el santuario de la teología del cuerpo».

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La tentación de Eva gira en torno a un higo, como relata un midrash, y no una manzana, típica de la tradición cristiana.

 

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UNA EUROPA RENOVADA-LA ÉPOCA ROMÁNICA

 

 

      Es difícil marcar el inicio y el final de una edad histórica. El tiempo es continuo y sólo pueden notarse las diferencias entre dos periodos con una mirada de conjunto desde una perspectiva distante. La Alta Edad Media se caracteriza por el predominio de la vida rural sobre la urbana y por el protagonismo consiguiente de los monasterios sobre las catedrales. En España el culto se regía por las normas establecidas en los concilios toledanos y los documentos y libros se escribían en una letra nacional, la visigoda o mozárabe. En la Baja Edad Media la población, más abundante, se concentra, la vida urbana adquiere gran protagonismo y con ella las catedrales, pero el signo cultural más distintivo es la aparición de las universidades. Si la creatividad fue escasa en la Alta Edad Media, preocupada fundamentalmente por la conservación de los textos y de la doctrina, en la Baja Edad Media aumentaron las obras originales firmadas por su autor, tanto en latín como en las lenguas vernáculas.

     Queda entre ambos períodos otro intermedio, al que llamamos ‘románico’ porque en él triunfó el estilo artístico de este nombre y con él iniciamos la exposición.

     Doblado el cabo del milenio, que tantos terrores había producido ante el inminente y temido fin del mundo, unificada la Iglesia por la política enérgica del

pontificado, perdido el temor a la fuerza del Islam, Europa emprendió una marcha en el camino del progreso que se reflejó en un continuo aumento de la población y en la mejora de las condiciones de vida. Creció la producción del campo, desapareció la exclusiva tendencia al autoabastecimiento en las explotaciones agrarias y se variaron los cultivos, atendiendo, sin abandonar los cereales que continuaron siendo esenciales, a los que pudieran comercializarse, como los hortícolas, la vid y las especies industriales, tales el lino y el cáñamo. Un aumento de los animales de las granjas trajo, por un lado, una mayor fuerza de trabajo y, por otro, una dieta alimenticia más abundante y rica para los hombres.

      La expansión económica del campo dio lugar al renacimiento de las ciudades, postradas desde la invasión de los bárbaros en el siglo quinto, a las que confluyó el exceso de población rural y el de la mano de obra. Los campesinos y comerciantes acudían a ellas para vender en los mercados semanales o en las ferias anuales, y allí compraban los productos de una naciente artesanía. Se generalizó el comercio, se constituyeron sociedades para operaciones de gran envergadura dedicadas al tráfico con lejanas tierras, y aparecieron cambistas y prestamistas para facilitar los medios de pago.

      El poder político residía en teoría en el emperador que presidía el Sacro Imperio Germánico, pero a su lado había monarquías independientes, como la capeta, débil, que en Francia había heredado el poder de los carolingios; los reinos que se repartían los territorios de la Península Ibérica, empeñados en su lucha secular contra el Islam, la monarquía inglesa, dominada por los normandos, como el reino de Sicilia. Estas gentes del norte, después de haber saqueado las costas de Francia, Inglaterra y la Península Ibérica, obtuvieron de los reyes franceses un amplio territorio, el ducado de Normandía, desde el que conquistaron Inglaterra y la isla de Sicilia, donde presidieron una sociedad culta, que hablaba árabe, griego y latín, y facilitó el conocimiento en Europa del pensamiento escrito en lengua árabe. En una situación marginal se mantenía el Imperio Bizantino, que sobrevivía, como era su destino, resistiendo.

      La urbanización sacó la vida cultural de los monasterios y facilitó su asentamiento en las ciudades, donde las escuelas catedralicias, con otras aparecidas a la sombra de los municipios, promovieron un renacimiento cultural. Junto a ellas surgió una población estudiantil y apareció la figura del maestro famoso, que ya no es un monje, sino un miembro del clero secular, que se desplazaba de una ciudad a otra impartiendo enseñanzas.

      Se despertaron nuevas inquietudes intelectuales y se estudiaron con profundidad la dialéctica y la lógica, que condujeron a la filosofía. También experimentó un cambio la retórica, que no pretendía formar oradores (oratio se entendía como plegaria, no como discurso), sino enseñar a escribir con corrección pues cada vez estaba más generalizada la expresión escrita para disposiciones de la autoridad, administrativas, contratos y cartas. Paralelamente se desarrollaron con empuje los estudios de medicina y derecho.

      Las lecturas y comentarios de los monjes encerrados en sus monasterios se orientaban exclusivamente a su perfección espiritual y buscaban su salvación. En cambio, los que enseñaban en los centros urbanos, además de buscar su propia salvación, tenían preocupaciones pastorales y se preocupaban de la de los demás mediante la predicación y la preparación para los sacramentos. También, en profundizar en sus conocimientos religiosos y seglares.

      El deseo de saber que sentían los profesores se sació con traducciones de obras árabes, realizadas en Palermo, en la Sicilia normanda, y fundamentalmente en Toledo, gracias, en gran parte, al patrocinio de sus arzobispos. Precisamente por haber coincidido en Toledo durante largo tiempo personas interesadas en conocer la ciencia árabe y en darla a conocer al resto de Europa, se popularizó el concepto de Escuela de Traductores de Toledo, que no se entiende como una institución, sino como un movimiento intelectual. Sin embargo, en Toledo hubo una escuela ligada al arzobispo, como en otras sedes, en la que se utilizaron los libros traducidos y los traductores probablemente impartieron lecciones.

      Toledo fue la primera de las grandes ciudades musulmanas reconquistadas, al finalizar el siglo once, por los cristianos, al cabo de tres siglos y medio largos. Conservaba una gran tradición cultural ininterrumpida desde la época visigoda y abundaban los hombres sabios, los libros y las bibliotecas. Allí coincidían y se entendían los miembros de las tres grandes religiones occidentales, musulmanes, judíos y cristianos, y, además, había muchas personas bilingües, que hablaban árabe y romance.

      Uno de los frutos de este entendimiento fue la labor traductora, que normalmente se llevó a cabo vertiendo el texto árabe al romance, que el traductor pasaba al latín escrito. El sistema parece tosco y produjo párrafos oscuros, poco o nada inteligibles. Normalmente eran traducciones de la más estricta literalidad, palabra a palabra, por un concepto erróneo de la traducción y por el respeto que inspiraban los textos escritos y que los buenos copistas, con buen acuerdo, no osaban corregir, aunque sospecharan que estaban errados. Introdujeron necesariamente nuevas palabras procedentes del árabe cuando en latín no existía la conveniente para designar el concepto. Con todo, los resultados fueron aceptables por la propiedad e incluso elegancia que algún traductor supo darle a su prosa latina. Después de todo, no se trataba de traducir textos literarios, sino obras de pensamiento para las que bastaba un lenguaje denotativo e inteligible.

      Dos centros de interés guiaron a los traductores: la ciencia y la filosofía. Trataban de conocer el pensamiento griego, de gran prestigio, pero mal representado en la literatura latina medieval. En vez de acudir a las fuentes directas en Bizancio, presente en el sur de Italia, con el que Roma siempre estuvo en contacto y con el que tuvieron buenas relaciones los Otones del Sacro Imperio, prefirieron llegar a él a través de los comentaristas árabes porque éstos lo habían analizado con detenimiento y lo habían completado con aportaciones persas, indostánicas y propias. Quizá también porque a los bizantinos les interesó más la literatura, desconocida por los árabes, que el pensamiento científico.

      El inglés Roger Bacon en el siglo trece, cuando ya eran numerosas las obras traducidas en Toledo, manifestaba que era preciso descubrir los secretos de la filosofía estudiando las obras árabes. La importancia de este caudal de traducciones fue reconocida por Renán, en el siglo XIX, cuando manifestó que estas traducciones dividen la historia de la ciencia de la filosofía en dos épocas enteramente diferentes.

      Los europeos tenían conciencia de que formaban parte de una comunidad política y religiosa, presidida por los emperadores germanos y por los pontífices romanos. La doble jefatura religiosa y política originó un grave conflicto porque un grupo de clérigos de Roma se afanó por la reforma de la Iglesia y por independizarla del poder temporal.

      El renacimiento del poder de la Iglesia produjo una renovación del fervor religioso, que empapó toda la sociedad y se manifestó, por ejemplo, en romerías y

cofradías, así como en un afán de proselitismo, impulsor de la evangelización del este y norte europeos y de la lucha contra la herejía porque la inquietud religiosa facilitó la aparición de herejías, como las de cátaros y albigenses, y de órdenes religiosas. Una explosión en este sentido, apoyada en la conciencia de poder de los reinos cristianos, fueron las Cruzadas, serie de expediciones militares iniciadas al finalizar el siglo once para liberar los Santos Lugares en manos de los infieles musulmanes desde hacía cuatro siglos.

 

 

      Se iniciaron con una espontánea expedición desorganizada compuesta de aventureros y gentes ingenuas impulsadas por el fervor religioso que atizaban predicadores voluntarios y fue deshecha por los musulmanes sin gran esfuerzo. Luego vinieron hasta ocho en las que intervinieron monarcas y caballeros, cuyos resultados fueron la conquista temporal de Jerusalén y de algunas ciudades más. La cuarta cambió el rumbo por intereses comerciales y sus bárbaros guerreros asaltaron Constantinopla, quemaron libros y bibliotecas, y causaron un gran daño al Imperio Bizantino, que con dificultades se defendía de los musulmanes. Se despertó en Europa un cierto interés por el exotismo oriental, pero fue pequeño el poso cultural que dejaron. Ni unos se interesaron por los escritos árabes, ni los otros por los latinos.

      Se produjeron reacciones ascéticas, como la impulsada por la nueva orden de los cartujos, creada, 1084, por San Bruno en las soledades del valle de Grande Chatreuse, que tuvo influencias en la difusión del libro, pues como estaban obligados a guardar silencio y no podían servir a la religión predicando o enseñando, se dedicaron, después de meditar y orar, a la copia de libros rindiendo así un gran servicio a la comunidad cristiana. Para ello en sus celdas individuales los cartujos disponían de pergamino, plumas y tinta.

      Igualmente pusieron interés en la copia de libros los miembros de la orden de San Agustín, integrada por clérigos seculares que vivían en común y atendían a lo prescrito en su regla. Renunciaron a los trabajos manuales y a la oración para dedicarse más al estudio, a la actividad intelectual y a la labor pastoral. Un parecido con los agustinos tenían los premonstratenses, de la orden de San Norberto, cuya primera casa estuvo en Prémonté en la Lorena y cuya actividad principal se orientó a la labor misionera.

     Mayor importancia que las tres tuvieron los cistercienses. Su orden fue creada, 1098, por Roberto de Milesme en Citeaux, cerca de Dijon, y su principal miembro fue el fogoso San Bernardo de Clairveaus. Pretendían volver a la simplicidad primera de San Benito en el vestido, en la comida, en los edificios y en la ornamentación de los templos, y renunciaron a los objetos lujosos, entre ellos los libros con hermosas ilustraciones y encuadernaciones. Vivían en lugares solitarios y disponían de hermanos legos, conversi, sin formación intelectual, para las labores agrarias y oficios artesanales, lo que permitía a los monjes disponer de más tiempo para la misa, el coro, la meditación y la copia de libros, que debían estar escritos con tinta de un solo color. Vetados quedaban metales preciosos y joyas en las encuadernaciones.

      El arte románico, que da nombre al período de los siglos once y doce, se caracteriza por su robustez y por su nobleza. Es la expresión del poder económico conseguido por la sociedad medieval y de la fuerza de la Iglesia, que llenó Europa de nobles y sólidos edificios de piedra. Los canteros se esforzaron en reflejar representaciones de monstruos exóticos, figuras religiosas llenas de majestad al servicio del adoctrinamiento del pueblo y escenas religiosas y de la vida civil, especialmente de actividades agrícolas. Después de los canteros los ilustradores de los libros mejoraron el tratamiento de las figuras divinas y humanas, hasta este tiempo envueltas en amplios ropajes, como sacos, que sólo dejaban ver caras y dedos de las manos, aunque de gran expresividad.

      Siguen los escritorios de los monasterios ocupando un primer lugar, en los que los copistas, con cuidado y paciencia, venían trazando las letras, casi podíamos decir dibujando, para reponer los libros litúrgicos gastados por el uso en el oficio, y los escasos de perfeccionamiento espiritual que precisaban los monjes. Pero junto a ellos tomaron impulso algunos escritorios catedralicios, en los que trabajaban junto a clérigos profesionales laicos. También son frecuentes, aunque en monasterios, las mujeres, sorores, dedicadas a la preparación de los materiales trabajando al lado de los fratres. Con independencia de los imprescindibles libros litúrgicos, destacan por su número, volumen y riqueza una buena cantidad de Biblias, entre las que abundan las monumentales, en varios volúmenes. Van destinadas, más que a la lectura privada, a su exhibición en los altares y a su uso en las ceremonias de las fiestas solemnes. Obras de gran aliento y duración, como la construcción de sus catedrales, llevan atractivas iniciales, en cuyo interior puede haber escenas.

      Los textos escritos se enriquecen con obras de los Padres de la Iglesia (los santos Ambrosio, Jerónimo, Agustín y Gregorio Magno), las de Prudencio, Beda, San Isidoro, Casiodoro e Hilarlo de Tours, más las de los autores contemporáneos, cuya nómina muestra el resurgir intelectual, representados principalmente por San Anselmo, San Bernardo, Abelardo, Gilberto de la Porré, Pedro de Auxeme y Pedro Lombardo. Se puede observar, igualmente, un mayor interés por autores de la Antigüedad, como Terencio, Flavio Josefo y Plinio.

      España sufrió una profunda transformación en el siglo once. La lucha secular a la defensiva contra el Islam cambió de signo y los reyes de taifas, minúsculos estados en los que se fragmentó el todopoderoso califato del siglo anterior, se vieron obligados a sufrir las correrías de los cristianos y a pagarles tributos, las parias. No acabó inmediatamente la lucha porque de África pasaron sucesivamente a la península dos poderosas fuerzas, los imperios almorávide y almohade, que obligaron a castellanos, navarros y aragoneses a llevar a cabo sus propias cruzadas.

      Se produjo, al mismo tiempo un cambio cultural decisivo, la renuncia a consecuciones tradicionales muy queridas y la adopción de modas europeas, referentes a la letra, sustitución de la vieja escritura visigoda por la carolingia, y del culto mozárabe por el romano, que imponían los cluniacenses al servicio del pontífice buscando la unidad de la Iglesia. Los monarcas españoles, y de forma destacada Alfonso VI, espoleados por los monjes franceses, se afanaron, no sin encontrar resistencia en el clero y en la caballería, por borrar viejas tradiciones y dar un aire nuevo a la liturgia.

 

 

2. LA BAJA EDAD MEDIA. LAS UNIVERSIDADES

      Los últimos siglos medievales, los que configuran la Baja Edad Media, se caracterizan por el poder alcanzado por los diferentes reinos, así como por la decadencia del Imperio Germánico, que es simplemente una potencia europea más. Francia interviene en la política de la Iglesia y consigue trasladar el pontificado de Roma a Aviñón, 1305, dando lugar a una grave crisis en la Cristiandad, el Cisma de Occidente, 1378-1418, porque llegó a haber dos papas, no sin escándalo para los fieles, uno en Aviñón y otro en Roma. Hay un largo conflicto, como lo indica su nombre, la Guerra de los Cien Años, entre Francia e Inglaterra, por cuestiones feudales, pues los reyes de Inglaterra tenían posesiones en Francia y eran vasallos

de los franceses. Al finalizar la contienda los duques de Borgoña terminan sumando a sus dominios los Países Bajos, donde florece una conjunto de ciudades notables, y constituyen un estado poderoso, rico y culto.

      También adquieren un protagonismo destacado por su fuerza política, su riqueza y su cultura algunas ciudades italianas septentrionales, como Venecia, Génova y Florencia, convertidas en repúblicas aprovechando la debilidad del Imperio mientras que el sur de Italia y Sicilia son presas fáciles para invasores extranjeros La Península Ibérica se encuentra dividida en cinco reinos, Castilla, el más poderoso, Aragón, al que la finalización de su tarea reconquistadora le impulsó a expediciones y acciones en Grecia y en Italia, Navarra, encerrada entre sus poderosos vecinos, Portugal, nuevo reino que también siente el atractivo de las empresas marineras, y Granada, último bastión de al-Andalus que va a resistir a los cristianos hasta el final de siglo quince, 1492.

      El aumento de los conocimientos y el desarrollo de la metodología, por un lado, y, por otro, el crecimiento del número de alumnos y profesores dieron lugar a la aparición, ya en el siglo XIII, de las universidades, que en un principio se entendían como asociaciones de maestros y, a veces, también, de alumnos, como en Bolonia, que, al igual que cualquier gremio, se orientaban al autogobierno, es decir, a la independencia de los obispos y de las autoridades laicas, y a la facultad de conceder licencia de enseñanza, mediante estatutos otorgados por el Pontífice, con lo cual la cultura universitaria perdió localismo, ganó universalidad y sirvió para la unidad intelectual de la Iglesia.

      Antes de acabar la tercera década del siglo trece estaban funcionando varias universidades. La de París recibió el estatuto en 1215 y poco después las de Montpellier y Toulouse, en Francia. En Inglaterra, las primeras fueron las de Oxford y Cambridge; en España las de Palencia, trasladada después a Valladolid, y la de Salamanca, que iniciaron sus actividades en 1212 y 1215, respectivamente, y en Italia las de Padua y Nápoles, aparte de las de Bolonia y Salerno, cuya actividad como escuelas se inició en el siglo doce, la primera especializada en derecho, la segunda en medicina.

     Se dividieron en facultades, dirigidas por decanos y dedicadas a una rama de la enseñanza: derecho, medicina, teología y artes. Esta última, cuyos estudios comprendían gramática, lógica, aritmética, geometría, música y astronomía, es decir, las

artes liberales, y la filosofía, era la más concurrida. Sus estudios duraban seis años, cursados por los alumnos normalmente entre los catorce y los veinte años, concedía el título de bachiller, el nivel inferior de estudios. El superior correspondía a la teología, materia en la que la universidad de París sobresalió sobre todas las demás.

      Los profesores más importantes de las universidades no eran principalmente ni monjes de monasterios ni miembros del clero regular. Normalmente pertenecían a las nuevas órdenes mendicantes, franciscanos y dominicos, fundadas a principios del siglo trece por San Francisco de Assís y San Domingo de Guzmán. Se alojaban en sus casas, conventos, en las ciudades, se dedicaban a la predicación y a la enseñanza y viajaban de casa en casa y de universidad en universidad, siguiendo las instrucciones de sus superiores. Habían surgido para combatir la herejía mediante instrumentos intelectuales y escribieron grandes tratados, Summae, cuya denominación indica el deseo de dar visiones globales, bien trabadas y sistemáticas, de diversas cuestiones, naturalmente religiosas.

      Los rectores de los dominicos estaban tan interesados en la formación intelectual de sus miembros que les autorizaban a adquirir libros y a conservarlos en su poder. Es más, aunque a algunos les permitían dedicarse a la copia de libros, a otros les incitaban a no perder tiempo en esta tarea y a encargársela a copistas profesionales. Daban más importancia a la corrección del texto que a la ilustración con miniaturas e iniciales adornadas. Los libros no deberían ser para ellos objetos de lujo, sino simples instrumentos de trabajo.

      Con independencia de su labor universitaria y para el mejor cumplimiento de su tarea evangélica, sus superiores se preocuparon por proporcionar a los padres instrumentos útiles, como manuales para la predicación, colecciones de sermones, concordancias bíblicas y exempla, anécdotas y sucesos moralizantes sacados de biografías de los santos y de la vida corriente. Labor complementaria de la predicación fueron las confesiones, que los sermones generaban en gran número y la dirección espiritual de reyes, nobles y personas de consideración. Para todo lo cual prepararon material escrito.

      Las enseñanzas se impartían en latín, claro está, y el instrumento básico era el libro, que se utilizaba para la lectura de textos de autoridades famosas, que, a continuación, comentaba el profesor en la clase por lo que las universidades fueron la principal causa del crecimiento de la producción de libros.

      Los estudios médicos medievales descansaron en las doctrinas de Hipócrates y Galeno, los grandes médicos de la Antigüedad, a los que se sumaron después los médicos árabes que habían recibido la herencia de los griegos y la enriquecieron con sus experiencias y los conocimientos aportados por otros pueblos incorporados a la comunidad islámica, sirios, persas e indios, como Compendio de al-Razí, Canon de Avicena y Collige de Averroes. Traducidos al latín fueron utilizados en las universidades cristianas, incluso después de la invención de la imprenta. Una obra importante a lo largo de toda la Edad Media en Bizancio, en el Islam y en el Occidente Europeo fue Materia médica del griego Pedacio Dioscórides Anazardeo.

      El estudio del derecho tenía su base en el llamado Corpus iuris civilis, conjunto de disposiciones que el emperador Justiniano mandó preparar, bajo la dirección de Cayo Triboniano, entre los años 528 y 534. Consta de cuatro partes, el código, doce libros, las lnstitutiones, cuatro libros, un manual para los estudiantes, Digesta o Pandectas, cincuenta libros, que contenían de forma abreviada el antiguo derecho, ius vetus, y las Novellae, con las nuevas disposiciones imperiales. Su estudio lo inició en Italia a mediados del siglo doce Guarnerio, que pasa por ser uno de los fundadores de la que después sería Universidad de Bolonia. Entre los comentaristas que le siguieron sobresalió Francisco Acursio, el Glosador por antonomasia, cuya obra se denomina Glossa ordinaria.

      La base de la enseñanza del derecho eclesiástico fue Corpus iuris canonici, cuya sistematización inició también en el siglo doce un oscuro personaje, Graciano, monje camandulense que reunió cánones y decretos esparcidos por distintos libros, añadió, luego, citas de los Santos Padres y organizó la obra en dos partes, una visión general del derecho y una serie de causas o casos legales. Al trabajo preliminar, llamado generalmente Decretum Gratiani o simplemente Decretum, se sumaron disposiciones pontificias posteriores, decretales, emanadas principalmente de Clemente V, Bonifacio XI y Juan XXII, y los comentarios o glosas que suscitaron.

      Los textos jurídicos estaban escritos en códices enormes y muy pesados hasta el extremo de que no era sorprendente ver que los profesores y alumnos requirieran la ayuda de algún trabajador para el traslado de los pesados volúmenes a las aulas, donde su utilización era necesaria. Los textos ocupaban el centro de la página y a su alrededor se escribían en letra menor los comentarios o glosas. Incluso

éstos eran rodeados de otros comentarios o notas, en letra más informal, hechos por los mismos propietarios. La gran producción de manuscritos jurídicos tuvo lugar en la universidad de Bolonia

      Los estudios más importantes se referían a la teología, cuyas clases se consagraban en los primeros años al estudio de la Biblia, tradicionalmente presentada en volúmenes de gran tamaño. Su destino era reposar en un atril para consultas ocasionales y principalmente para su lectura en voz alta durante las comidas. Su texto podía ir acompañado de glosas para una mejor interpretación de la palabra divina.

      En España destacan algunas biblias, como la que se conserva en la Academia de la Historia, en dos volúmenes y folio mayor, escrita en el siglo trece a dos columnas y letra gótica con abundantes abreviaturas en pergamino. Contiene ilustraciones de página entera e incluso de doble página. El rey Martín el Humano, Último de la dinastía aragonesa, culto y aficionado a las humanidades, encargó una biblia en tres volúmenes, que se guarda en la Biblioteca de Cataluña. Escrita a finales del siglo catorce o principios del quince a dos columnas en letra gótica clara, está pensada para la lectura, como muestran las ilustraciones, que son ornamentales.

      Como consecuencia del crecimiento de los estudios bíblico a finales del siglo doce y comienzos del trece se produjo un cambio, casi revolucionario, en la presentación de la Biblia. Surgió un nuevo tipo en París de pequeño formato, escrito en vitela muy fina a dos columnas con letras pequeñas y tinta negra. Sólo lleva una cabecera de página y unas iniciales sencillas, en rojo y azul, para señalar el inicio de los diversos libros, a los que se les anteponen los prefacios atribuidos a San Jerónimo. Se fijó entonces la sucesión de los diversos libros y se los dividió en capítulos a los que se asignaron números divisorios, que aun perduran, idea atribuida al profesor de la universidad parisina Esteban de Langton. Al final llevaba un diccionario de los nombres hebreos en latín.

      Por último el texto fue cotejado y corregido cuidadosamente, tarea en la que intervinieron los estacionarios, muy interesados en la cuestión, y los dominicos que acababan de establecer casas en las ciudades universitarias de París, Oxford y Bolonia. El nuevo formato, que respondía a las necesidades del clero secular y de los miembros de las nuevas órdenes mendicantes, tuvo un éxito enorme en toda Europa, que corrobora el gran número de códices supervivientes.

      Los últimos años de la enseñanza de la teología se destinaban a comentar las sentencias, conjunto de materiales de escritores antiguos y modernos al servicio de los estudios teológicos, ordenados por Pedro Lombardo, profesor de la catedral de Notre Dame y luego obispo de París, cuya obra, Setentiarum Libri IV o Magna Glossatura, está dividida en cuatro partes y trata de la Trinidad y de Dios, de la creación y de los ángeles, de la salvación y de los sacramentos. Fue, por su clara exposición, tan utilizada que los ejemplares de las Sentencias se multiplicaron hasta el extremo de ser la obra de la que han llegado a nosotros más manuscritos del siglo trece y también fue acicate para la aparición de numerosas obras con los comentarios de los profesores en clase.

      Destacó entre todos el dominico Santo Tomás de Aquino, el Doctor Angélico, autor prolífico y responsable máximo de la doctrina escolástica, durante siglos la oficial de la Iglesia Católica. Aparte de comentarios sobre las obras de Pedro Lombardo y Aristóteles, de la Catena Aurea, comentarios a los Evangelios con citas de los Santos Padres, y de la Summa contra gentiles, su obra principal fue la voluminosa, aunque inacabada, Summa Theologiae, según un copista medieval la obra más larga, prolija y tediosa. Muestran la importancia de Santo Tomás durante la Edad Media los casi dos mil manuscritos de sus obras que han sobrevivido, aunque fue sobrepasado por los de Aristóteles, dos mil doscientas en latín.

 

 

3. EL LIBRO GÓTICO

      El libro gótico, característico de la Baja Edad Media y cuya producción ocupa los tres últimos siglos medievales, se caracteriza por los tipos de letra y por el estilo artístico de las ilustraciones. En él encontramos ejemplares cuyo valor reside exclusivamente en el contenido, pero también otros apetecidos por su presentación, bondad de la materia escritoria, caligrafía cuidada y riqueza de las ilustraciones, que les convierten en pequeñas obras de arte capaces de enorgullecer a sus poseedores, como los muebles, las armas los ropajes o las joyas. Antes de este tiempo los libros lujosos y caros se creaban para una iglesia, un monasterio o un soberano poderoso. A partir de estos tiempos de mayor riqueza, aspiran a su posesión los miembros de la alta nobleza.

     Cada vez hay más libros pequeños, delicados, de carácter secular o destinados a los rezos de los laicos. Aparecen, por otro lado, cambios temáticos en la ilus

tración, que se orienta a lo temporal y tiende a olvidar el simbolismo que caracterizó a los tiempos anteriores. Dada la intercomunicación entre las actividades artísticas al servicio de la religión y en manos de religiosos, el estilo de la ilustración se asemeja al que domina y caracteriza la arquitectura, la escultura y la pintura góticas.

      Se prestó mucha atención a los motivos decorativos y la ilustración siguió más al texto. Se generalizó el texto rodeado por bandas decoradas, y esta disposición gustó tanto que perduró hasta tiempos de la imprenta. En los fondos pueden admirarse, como es natural, construcciones góticas y poco a poco van apareciendo pequeñas escenas laterales, graciosas y preciosas, testimonio valioso de la época.

      Una serie de hechos condujeron a una gran actividad escrituraria y a una creciente demanda de libros; el desarrollo de la enseñanza y la manera de impartirla, que exigía la toma de apuntes y un número de libros superior a los que venían utilizándose en Europa; el crecimiento de la actividad comercial y contable y el de la documentación administrativa, debido a que las autoridades tenían que difundir sus decisiones ya que el desarrollo del derecho obligaba a más pruebas documentales en los actos jurídicos.

      La producción de libros se realizará, además de dentro de las comunidades religiosas, prácticamente las únicas productoras de libros en la Alta Edad Media, fuera de ellas en servicios creados en las universidades, estaciones, y en talleres laicos, cuyos artesanos, como los de las otras actividades laborales, llegan a formar gremios para defensa de sus intereses. También son escritos e ilustrados por clérigos o estudiantes que desean ganar un sueldo complementario o conseguir los libros que precisaban.

      Se llama gótica la escritura utilizada en Europa durante los tres últimos siglos medievales. La denominación de gótica se la dieron, en sentido peyorativo, los humanistas del Renacimiento para mostrar hacia ella la repugnancia que les inspiraba la arquitectura de esa época. A ellos les gustaba la carolingia, a la que llamaban romana. En realidad la letra gótica no es más que una evolución de la carolingia.

     Los primeros síntomas de esta evolución aparecieron en el siglo doce, en el nordeste de Francia, cuando las letras, por la precisión de escribir con más rapidez, fueron perdiendo redondeces y tendiendo a ser angulosos sus perfiles curvos.

Luego se generalizaron rasgos caligráficos y ornamentales innecesarios, buscando la belleza del conjunto.

      Precisamente la característica común, a pesar de la variedad de estilos, es el sacrificio de la individualidad de cada letra por la armonía del conjunto. A Petrarca le pareció una escritura más para la contemplación que para la lectura, pues, frente a la carolingia de letras claras, separadas y bien definidas, la gótica, por las numerosas abreviaturas y la ambigüedad, artificiosidad y recargamiento, resulta difícil de desentrañar.

      Así como la unidad del tipo de letra puede obedecer a influencia de las universidades, su variedad dentro de la unidad se puede explicar por la extensión geográfica, por la categoría de los escritos y por la competencia de los escribas. Los monjes escribían en los siglos anteriores sólo por la salvación de su alma. Ahora las cosas han cambiado, pues, aunque hay escribas profesionales que se ganan su vida al servicio de las universidades o de las cortes, otros actúan por libre y tienen que conseguir clientes mostrando la variedad y belleza de su trabajo y su disposición a adaptarlo a los deseos de los que pagan.

      Con las universidades aparecen numerosas personas que precisan los libros para sus estudios y posteriormente para el ejercicio de la actividad profesional, ya fuera el derecho, la medicina, la cátedra o la predicación.

      El libro no es ya sólo un depósito de la inmutable sabiduría antigua, sino, además, un instrumento para conocer las nuevas ideas. Aparecen nuevos grupos sociales interesados en la lectura, que gustan de los libros por su contenido, aunque también hay grandes príncipes bibliófilos que encargan para ellos libros bellamente escritos, e ilustrados y redactados en lenguas vernáculas, pues no dominan el latín, coto cerrado de una escasa minoría. Por unas y otras razones fue preciso reinventar la industria y el comercio del libro, hecho que se produce precisamente en las universidades, por la conveniencia de contar con textos correctos.

      Se crearon estaciones o librerías, confiadas a un estacionario o librero, cuya necesidad en cada estudio general, como entonces se decía, o universidad, como ahora diríamos, reconocen Las Partidas que ordenan que los estacionarios tengan en sus estaciones libros buenos y legibles, con textos y glosas correctos, para alquilarlos a los escolares a fin de que los copien o puedan rectificar los errores, co

tejándolos. de los ejemplares propios. El estacionario debe ser autorizado por el rector, quien sólo le concederá la licencia después de haber ordenado que personas doctas examinen los libros del aspirante para saber si son buenos, legibles y correctos. Los rectores también fijarán el precio que, por alquiler, debía de cobrar al lector el estacionario, quien, además, tenía que responder de los libros cuya venta le confiaban y respetar la comisión señalada para la venta.

      El alquiler y copia de la obra se hacía por el sistema de la pecia, pieza o trozo, nombre que se daba a cada uno de los pliegos o cuadernos en que se fragmentaba el exemplar o modelo, texto corregido y aprobado por la universidad. La pecia consistía normalmente en un binión, una piel doblada dos veces para que ofreciera ocho páginas. El propio estudiante, o el profesor, podían realizar personalmente la copia de sus libros. Pero los que disponían de dinero pasaban el encargo al estacionario, que contaba con los elementos precisos para la fabricación: preparación de las pieles, realización de las copias, corrección o colación, encuadernación y, en caso preciso, iluminación.

      El sistema de la pecia, aparte de evitar la difusión de los errores de la copia, tenía la ventaja de que varias personas podían estar copiando simultáneamente el mismo libro, lo que permitía que se acelerara su acabado en el caso de que varios copistas trabajaran en la misma obra, o que varias personas copiaran para sí la misma obra al mismo tiempo.

      La abundancia de papel motivó una nueva modalidad de consecución de libros en las universidades, que empezó a sustituir a la pecia en la segunda mitad del siglo catorce, la pronunciatio, en virtud de la cual el profesor, u otra persona por encargo suyo, dictaba para su copia los libros de uso obligatorio por los alumnos.

      Los escribas o amanuenses, ya pertenecieran al clero, ya fueran simplemente laicos, se unieron para la defensa de sus intereses en gremios, especialmente cuando actuaban por libre. Los que trabajaban en las curias pontificias, reales o señoriales, así como los de las universidades, estaban respectivamente bajo la dirección del papa, de los reyes, de los señores o del rector.

      El papel, como sabemos, fue usado en la España musulmana en mayor proporción que el pergamino cuando, a partir del siglo diez, el establecimiento de fábricas lo permitió. Pronto se consolidó la industria papelera y fue capaz de produ

cir una mercancía de buena calidad en los molinos cordobeses, junto al Guadalquivir, y toledanos, al borde del Tajo.

      Su empleo tardó en difundirse en la España cristiana y en Europa, en parte porque la producción de pergamino era suficiente, dada la escasa utilización de la escritura; en parte también porque se pensaba que su duración era corta y, en parte, finalmente, porque no parecía una materia escritoria noble, y así Pedro el Venerable, abad de Cluny, en su Tractatus contra judaeos, escrito a mediados del siglo doce, compara despectivamente con los libros que estaban en uso entre los cristianos y que, por tanto, parecían nobles, los hechos de papel, rasuris veterum pannorum, de desechos de paños viejos, que parece identificar con libros en árabe y en hebreo que habría visto en su visita a España. Esta falta de consideración social se refleja en que se usó para borradores y notas, como las tabletas de cera, para documentos privados y para algunos manuscritos mezclado con pergamino cuando éste escaseaba.

      El libro cristiano más antiguo, de los que han llegado a nosotros, escrito en España sobre papel, es un Misal del rito toledano o mozárabe, conservado en el monasterio de Silos, que quizá data del siglo once, y que es descrito como "de pergamino de trapos" en un inventario de los libros del monasterio del siglo trece, conservado en la Nacional francesa. De los 157 folios de que consta, solo treinta y ocho son de papel; los ciento diecinueve restantes, de pergamino. Sus dimensiones, 190 x 134 mm, aunque originariamente debieron de ser algo mayores, pues ha de haber sufrido varios cortes. El papel es grueso y resistente, y las fibras de lino poco refinadas. Las hojas están encoladas con una fuerte capa de almidón. El satinado era absolutamente necesario para que no se embotara el cálamo con la pelusa del papel ni la tinta calara como en un papel secante.

      Se conservan algunos documentos del siglo doce escritos en papel en el Archivo Histórico Nacional y en el Diocesano de Toledo. Son contratos privados de ventas, donaciones y finiquitos de cuentas, y representan una escasa minoría frente a los numerosos procedentes de Toledo de estos tiempos escritos sobre pergamino. El papel, llamado papyro toledano, procedería de los molinos de paños o trapos existentes junto al Tajo, sobre cuya existencia hay noticias documentales.

     El reconocimiento oficial del papel como materia escritoria figura en La Partida III, donde se indica qué documentos deberían escribirse en pergamino tradi

cional y cuáles en el nuevo pergamino de paño. En general, los documentos importantes, los que debían durar, irían en pergamino; en cambio, los que fueran una autorización o una orden de corta vida y los dirigidos a numerosos destinatarios, deberían ir en papel.

      En el Levante español adquirió, en tiempos musulmanes, fama como lugar productor de papel de alta calidad la ciudad de Játiva y todavía en Marruecos se llama satbí, jativense, al papel antiguo y de calidad. Después de la conquista, 1244, su actividad prosiguió sometida a la regulación de los reyes aragoneses, que imponían las tasas oportunas a la producción, vigilaban su calidad y reglamentaban su comercio. La producción de Játiva, pero también la de otros lugares de Cataluña de cuyos molinos tenemos noticias desde principios del siglo trece, fue tan importante, que en la segunda mitad de este siglo, y gracias a la proximidad del mar, se exportaba a Bizancio, Sicilia, Narbona, Perpiñá, Marsella, Túnez y otras ciudades mediterráneas. Precisamente este papel español era utilizado por los notarios del sur de Francia a mediados del siglo trece.

      En el siglo catorce la gran producción de papel pasó de España a Italia, donde se importaba desde el siglo doce y donde el rey normando Roger de Sicilia, 1145, y el emperador Federico II, 1231, prohibieron su uso en las cancillerías para diplomas y documentos públicos, temiendo su carácter perecedero.

      La localidad italiana de Fabriano se convirtió en el siglo catorce en un gran centro papelero. Sus industriales introdujeron novedades como la sustitución de las ruedas de los molinos por paletas, lo que permitió una pasta más uniforme, o el cambio de las colas vegetales por otras animales, que mejoró el satinado. Los italianos exportaron enseguida a Europa, incluso a España, por la calidad superior de su papel y por la agresividad comercial de los papeleros lombardos, que emplearon por primera vez, siglo trece, un dibujo grabado en la hoja, la filigrana o marca del fabricante, que se conseguía con los hilos del entramado. La filigrana ha servido para la datación de manuscritos sin fecha y para la fijación de su procedencia.

      Pudo atenderse la demanda creciente del papel por la extensión del cultivo de plantas textiles, cáñamo y lino, y el aumento de los desechos de cordeles y sacos, así como el de telas, cuyo uso se generalizó frente al anterior, casi exclusivo, de la lana.

      En la segunda mitad del siglo catorce aparecen molinos papeleros en la proximidad de otras ciudades italianas, como Padua, Génova y Venecia. El transporte del papel resultaba caro por el peso y cuando la exportación no se podía hacer por navegación fluvial o marítima y había un buen mercado, como en las proximidades de París, los emprendedores comerciantes italianos crearon o favorecieron la creación de molinos fuera de Italia, en Troyes y París, primero, y ya en el siglo quince, en los Países Bajos, Inglaterra, Alemania y Austria. La demanda de desechos de trapos fue tan grande que obligó a poner los molinos cerca de grandes urbes donde abundaban, así como a la organización de la recogida, que algunos consiguieron en exclusiva de las autoridades para determinadas regiones.

 

 

4. EL LIBRO EN LATÍN

      La gran mayoría de los libros continuaron escribiéndose en latín. El primer puesto es para los litúrgicos, que usaban a diario los sacerdotes para sus obligaciones religiosas. Fueron muy leidos los salterios, que suelen tener una apariencia sencilla porque sirvieron para enseñar la lectura a los novicios y muchos fueron copiados por sus propietarios. Sin embargo, desde los tiempos carolingios, algunos se ilustraron bellamente para los emperadores y los grandes duques. Una pieza notable es el Salterio Anglo-catalán, que se inició, al comienzo del siglo trece, en Canterbury, se terminó en Cataluña y hoy se guarda en la Nacional francesa.

      El contenido del breviario, formado por oraciones, himnos y salmos, de uso diario por sacerdotes, monjes y monjas puede variar entre las órdenes religiosas y las diócesis. Suelen ser de pequeño tamaño para sostenerlos en las manos y con frecuencia los copiaron sus propietarios. Pero no faltaron breviarios de mayor tamaño, bellamente ilustrados para personas ricas, laicos y eclesiásticos.

      Un misal notable de principios del siglo quince es el Misal de Santa Eulalia, catedral de Barcelona-ESPAÑA, encargado por el obispo Armengol al ilustrador Rafael Destorrent. Del final del período y de estilo renacentista es el Misal rico de Cisneros, siete volúmenes y 1.560 hojas de 46 x 33 cm, escritos e iluminados en Toledo, con gran riqueza de colores y oro, orlas, franjas laterales, letras de gran tamaño, medianas con salida, peones e iniciales pequeñas. Desde el siglo pasado se encuentra en la Nacional. Otro notable misal, aunque ligeramente de menor tamaño, pero del mismo estilo, es el Misal del Infantado, el más valioso de los hechos en España para una persona privada. Igualmente fue destacado el encargado por la reina Isabel para la catedral de Granada. Otra joya del arte renacentista, con profusión de oro y color, es el Libro de los Prefacios de la catedral toledana realizado en la primera mitad del siglo dieciseis. La decoración es muy rica y variada, candelabros, escudos, medallones, motivos vegetales, animales y angelotes o putti. Las hermosas ilustraciones tienen más espíritu pagano que evangélico pues incluso las escenas humildes, como el nacimiento de Jesús o la adoración de los pastores, muestran una riqueza más propia de los prelados toledanos que del humilde hijo de María.

      En España hay unos conjuntos de libros de coro sobresalientes, como los encargados para el monasterio de El Escorial, 219 volúmenes de 108 x 75 cm, que tiene numerosas, grandes y muy bellas ilustraciones, viñetas, orlas, iniciales mayores y peones, más variada y rica decoración como orlas, medallones, óvalos, putti, pájaros, insectos, jugosas frutas, guirnaldas florales, lámparas, bacantes e incluso carros romanos, toda una locura de paganismo. Su principal artista fue Fray Julián de Fuente el Saz, que también hizo para el mismo monasterio otra obra notable, aunque de menores dimensiones, el Capitulario. Entre las varias colecciones de libros de coro destaca la del monasterio de Guadalupe, hecha primeramente en el siglo quince y posteriormente rehecha en el dieciséis.

      En la Baja Edad Media se despertó gran interés por los libros de horas destinados a los laicos, hombres pero principalmente mujeres, que contenían textos evangélicos y de meditación, distribuidos por las horas de su lectura. Los destinatarios eran reyes, reinas, miembros de la alta nobleza, pero también mercaderes enriquecidos. Su tamaño, pequeño, permitía sostenerlos con la mano y leerlos en cualquier lugar, dentro de la casa o en el campo. Normalmente eran ejemplares personalizados, hechos para una persona determinada, cuyo nombre podía figurar en el libro. Además, los textos evangélicos eran los del breviario de su diócesis y entre los santos que aparecían en las ilustraciones figuraban los de su devoción particular. En la base de su aceptación se encuentra el auge de la devoción a María, que merecía en ellos un trato especial, razón por la que se les llamaron horas u oficios de la Virgen María.

      Estaban escritos con letra clara, de fácil y atrayente lectura, y muy ilustrados hasta el extremo de que las ilustraciones ocupaban más espacio que el propio

texto. Abundaban los detalles ornamentales, como portadas que parecían retablos, iniciales adornadas, orlas con medallones, motivos florales y zoomorfos. Las escenas religiosas, como es natural, con graciosos anacronismos, se repiten en gran parte en unos y en otros porque ilustran los mismos textos evangélicos y se refieren fundamentalmente a la vida de Jesús y de la Virgen. También pueden aparecer leyendas medievales, vidas de santos y motivos paganos referentes al calendario con las actividades agrícolas propias de cada uno de los meses. Pueden considerarse enciclopedias gráficas en imágenes.

      Bellamente encuadernados, están escritos sobre pergamino excelente, con bellos colores, entre los que no solía faltar el oro, aunque también se utilizó la técnica de la grisalla, que emplea blancos, negros y grises para conseguir calidad de relieve en piedra, de gran delicadeza. Pronto se convirtieron en objetos de lujo, como las joyas o las pieles, más para mostrar y hojear que para leer. Por ello se utilizaron para regalos en fiestas familiares, como bautizos y bodas.

      Los ilustraron profesionales que, como artesanos, se agrupaban en gremios y para acceder a ellos tenían que presentar una obra que debía ser aprobada por sus futuros colegas. Hay grandes artistas, incluso pintores de caballete, que no desdeñaron este trabajo, en apariencia inferior. Pero los jefes de los talleres, en su afán por acumular ganancias o hacerlas mayores, con frecuencia emplearon peores materiales o hicieron el trabajo con excesiva rapidez.

      El descenso de calidad que a veces se produce, así como la repetición mecánica, se debió al aumento de la demanda entre los burgueses y la pequeña nobleza, que no podían abonar las elevadas cantidades de la alta nobleza o los reyes. De todas formas, algunos de estos modestos ejemplares muestran la huella de una lectura frecuente. La atracción por los libros de horas no decayó con la llegada de la imprenta y los impresores continuaron imprimiéndoles durante bastantes años, iluminados como los manuscritos.

      El mayor y más rico libro de horas y una de las obras más bellas de la miniatura medieval, hoy en el Museo Condé de Chantilly, es Tres riches heures du duc de Berry. El titular de la obra, Juan, hermano del rey de Francia Carlos V, fue un gran coleccionista que reunió en sus castillos animales exóticos y trescientos manuscritos, entre ellos dieciocho breviarios, dieciséis salterios y quince libros de horas, como otro notable, Petites Heures.

      No abundaron los libros de horas en España, pero algunos notables produjeron, entre otros, Bernat Martorell, Archivo municipal de Barcelona, Francisco Flórez, capilla real de Granada, y Leonardo Crespí, que iluminó el Salterio-Libro de Horas de Alfonso V el Magnánimo, British Library, con viñetas, orlas y miniaturas de página entera.

      Nos queda por ver un grupo formado por los destinados a la formación espiritual, que se leían de forma ocasional, no diariamente como los anteriores. Unos, no muchos, eran traducciones de los escritores griegos. Otros corresponden a los Padres de la Iglesia latina.

      Aparecieron libros que llegaron a ser populares y tener gran difusión. El espejo de salvación humana está compuesto de unos cinco mil versos en latín duro y fue escrito con la pretensión de mostrar que la vida de Jesús estaba prefigurada en el Antiguo Testamento y por ello, en las ediciones ilustradas, suelen aparecer enfrentadas escenas de uno y otro. Su popularidad fue tan grande que se conservan más de doscientos códices. También gozó de popularidad Vitae sanctorum a predicatore quodam, más conocida como La leyenda áurea o dorada. Su autor, oculto en el predicatore quodam, un dominico, fue Jacobo de la Vorágine, que llegó a ser arzobispo de Génova y redactó la obra en el siglo trece recogiendo tradiciones orales y escritas. Es un ameno santoral, del que se conserva una traducción castellana en El Escorial hecha para los Reyes Católicos.

      Notable fue la fama de la obra de Guyart des Moulins, Bible Historiale, adaptación al francés de la Historia scholastica, que a su vez lo era de la historia bíblica, realizada en la segunda mitad del siglo trece por Pedro Comestor, discípulo de Pedro Lombardo. Tuvo mucha difusión por su carácter histórico y se conservan más de setenta manuscritos, muchos bellamente ilustrados por haber sido lectura favorita de reyes y grandes señores. A todas ha superado en popularidad y pervivencia lmitatio Christi que ha sido atribuida a Tomás Kempis, y que no ha cesado desde que se escribió, en el siglo quince, porque, traducida a la mayoría de las lenguas, tras la aparición de la imprenta ha continuado imprimiéndose hasta nuestros días.

      De la historiografía castellana destacamos dos historias hechas para Doña Berenguela, madre de Fernando III, Chronicon mundi, de Lucas de Tuy, el Tudense, e Historia Gothica, de Rodrigo Jiménez Rada, arzobispo de Toledo, hombre de gran cultura y servidor del rey en empresas importantes

      Los comentarios al Apocalipsis de San Juan, reunidos en el siglo octavo por Beato de Liébana, a los que se llama beatos, merecieron un puesto destacado en la Alta Edad Media por la belleza de sus expresionistas ilustraciones, una de las páginas más brillantes del arte español. Siguieron copiándose fuera de España en letra carolingia iluminados en un estilo muy alejado del mozárabe de la Alta Edad Media. Destaca por su arte el Apocalipsis figurado de los duques de Saboya, que se conserva en El Escorial. Obra sobresaliente por sus ilustraciones, que inició en 1432 Jean Bapteur y acabó seis décadas más tarde Jean Colombe, no tiene relación alguna con la tradición mozárabe, pero es una aportación al arte de su tiempo.

      El deseo de adoctrinar a la población ignorante, que no sabía leer o tenía dificultades en la comprensión del texto, dio lugar a las llamadas biblias moralizadas, en las que la ilustración ocupa más espacio que el texto y parecen consecuentemente biblias gráficas. Las ilustraciones, encerradas en medallones ordenados en sendas columnas, ocupan la casi totalidad de la página, quedando el texto reducido a unas pocas líneas estrechas con una inicial destacada. Parecen aclaraciones de la ilustración, algo así como los pies que en los actuales libros llevan las figuras. Las biblias moralizantes, por su riqueza, eran caras y estaban destinadas a los reyes o a los miembros de la alta nobleza. Pero el afán de divulgación gráfica se extendió al finalizar la Edad Media a lo que se llama Biblia pauperum, algunas de las cuales fueron posteriormente impresas. No iban, no obstante el nombre, destinadas a pobres de dinero, sino de conocimientos. Son de corta extensión y las ilustraciones del Antiguo y Nuevo Testamento se limitan a unos pocos episodios.

      Señalemos que en el siglo trece se advierte una resurrección de la poesía latina religiosa, de carácter anónimo, en general, aunque se conocen o sospechan los nombres de algunos autores, como Jacopone da Todi y Tomás Celano, a los que se atribuyen respectivamente la autoría de dos muy populares, Stabat mater dolorosa y Dies irae, dies illa.

      La otra cara de la moneda se encuentra en las creaciones desvergozadas de los goliardos, vagabundos con algunos estudios, que sonaban en las tabernas (meum est propositum in taberna mori). La secularización en el siglo diecinueve de los bienes eclesiásticos permitió encontrar un códice con una antología de estos poetas, que se denominan Carmina Burana por haberse encontrado en el monasterio alemán de Beuron.

 

 

5. LAS LITERATURAS VERNÁCULAS

      Característica de la Baja Edad Media es la literatura en lenguas vernáculas, las habladas en diversos territorios por las gentes, que tratan de abrirse un hueco en el campo de la comunicación escrita, anteriormente dominada de forma exclusiva por la lengua latina, que utilizaba la escritura más que la palabra oral. En cambio, las primeras composiciones en lenguas vernáculas fueron orales y sus autores, juglares, trovadores y escaldas las recitaban en las cortes y en las plazas para recreo de grandes y chicos, hombres y mujeres de toda condición que no dominaban la escritura, sólo accesible a unos pocos. No tenían una finalidad estética, aunque debían ser entretenidas para despertar y mantener el interés de la audiencia. Su función principal resultó ser la cohesión de los vínculos sociales, la participación en actitudes, mediante la narración de acciones referidas a personajes muy famosos, míticos, con los que se identificaba la comunidad.

      En Europa se advierten dos corrientes, la nórdica, que se desarrolla en tierras que no fueron romanizadas, y la meridional, característica de los reinos formados en el desaparecido Imperio Romano, que hablaban, en principio, el latín, y terminaron evolucionando a una serie de lenguas románicas.

      En las tierras escandinavas existieron desde los primeros siglos de nuestra era manifestaciones literarias, los Edda, tradiciones poéticas recogidas por escrito en el siglo trece. También unas narraciones en prosa denominadas Saga, con las aventuras de personajes como Eirich, que viajó a Groenlandia o el rey ostrogodo Teodorico, conquistador de Italia, llamado Teodorico de Bern, Verona, donde estableció la capital de su reino y cuya fama llegó hasta tan lejanas tierras.

      El documento más antiguo de las literaturas germánicas es la traducción de la Biblia hecha en el siglo IV o V, que se conserva en la Biblioteca Universitaria de Upsala. Es el famosísimo Codex Argenteus, escrito en Bizancio sobre pergamino teñido de rojo con letras doradas y plateadas, que corresponden a un alfabeto original basado en las runas nórdicas y con influencias de los alfabetos griego y latino. No es un texto popular, autóctono, sino importado y el instrumento para que el pueblo godo conociera los fundamentos de la nueva religión cristiana a la que se habían convertido los dirigentes.

      También en Germania e Inglaterra clérigos cultos pusieron por escrito en fecha temprana cantares populares, como Cantar de Hildebrando, compuesto en el siglo octavo, en el que un padre en un desafío mata a su hijo, desconociendo el parentesco que los unía, o el de Boewulf, personaje histórico que luchó en el siglo sexto contra los francos, y en el cantar, que tiene cuatro mil versos, murió en lucha contra un dragón.

      En la Romania, la Europa surgida de la descomposición del Imperio Romano, la mayoría de la gente tampoco sabía leer, y entre los pocos que sabían, sólo una parte reducida de clérigos era capaz de entender el latín, la lengua escrita. Recurrieron a notas o glosas con la traducción de palabras del texto a la lengua hablada por ellos, el árabe en al-Andalus y los primeros balbuceos del castellano en los monasterios del norte.

      A partir de finales del siglo once algunos escritores recogieron las composiciones populares, las centraron en unas pocas acciones dramáticas y las dieron forma definitiva al consignarlas por escrito. Son los llamados cantares de gesta o hazañas, como la Chanson de Roland, sobre la retirada de Carlornagno y la muerte a manos de los musulmanes españoles en Roncesvalles del joven protagonista. La fama de la Chanson de Roland se extendió por toda Europa, aunque no llegan a diez los manuscritos supervivientes, todos de presentación sencilla y sin ilustraciones. El texto escrito, destinado a un círculo minoritario, no alcanzó la difusión de las composiciones orales, aunque fue admirado en los escritorios. Sólo en el siglo diecinueve, al ser impreso, pudo conocerlo el gran público.

      El Poema del Cid, otro gran cantar de gesta europeo, fue escrito a mediados del siglo doce por un poeta desconocido y su único manuscrito está en la actualidad en la Biblioteca Nacional. El público no pudo conocerlo hasta que a finales del siglo dieciocho lo editó el bibliotecario Tomás Antonio Sánchez y lo imprimió Antonio Sancha dentro de una Colección de poesías castellanas.

      También en Alemania, a principios del siglo trece, un autor anónimo escribió, basándose en leyendas anteriores, el Cantar de los Nibelungos, Nibelungenlied, historia de Sigfrido y de la pretensión de rescatar el tesoro arrojado al Rin. En el Cantar, a cuyo conocimiento generalizado en los tiempos moderno han contribuido las óperas de Wagner, intervienen, mitificados personajes históricos, como Atila y el rey Teodorico.

      Frente a los cantares de gesta, eminentemente populares, se escribieron narraciones, roman curtois o novela cortés, aunque roman significaba simplemente lengua romance, es decir, francés. Un lugar destacado le corresponde a la serie sobre temas del rey Artús y tiene por escenario Bretaña, y de ahí el nombre de materia de Bretaña que se da al conjunto. Se narran acciones fantásticas, con trama amorosa y espíritu caballeresco, como las aventuras de Perceval y la búsqueda del Santo Grial, la copa que Jesús utilizó en la última cena, y los trágicos amores de Tristán e Isolda, sobre los que se escribieron varias versiones en alemán y francés. Al principio, los autores de estas obras, origen de las novelas de caballerías, utilizaron el verso, pero terminaron escribiendo en prosa.

      Enorme popularidad alcanzó el largo poema, más de veinte mil versos, Roman de la Rose, cuyos primeros cuatro mil los escribió Guillermo de Lorris en la primera mitad del siglo trece, y fue acabado, cuarenta años más tarde, por Jean Copinete o de Meun. Es la narración de un sueño y, para Petrarca, la obra literaria francesa más importante. En la Biblioteca de la Universidad de Valencia se guarda un códice del siglo catorce con 177 ilustraciones muy bellas, que perteneció a los duques de Calabria, descendientes de Alfonso el Magnánimo.

      Probablemente los libros estaban en un atril y eran leídos en voz alta por un servidor en las reuniones familiares. Había una gran variedad de temas que atraían a los nobles, a la alta burguesía adinerada, a profesionales que habían estudiado en las universidades y a comerciantes prósperos, por ejemplo, la poesía trovadoresca en Francia y de los Minnesinger en Alemania, que cantaban canciones de amor destinadas principalmente a las damas, narraciones históricas, anoveladas y centradas en dos temas principales, la guerra de Troya y las hazañas de Alejandro Magno. También por obras de viajes a tierras exóticas, la caza, relaciones amorosas, animales, como los bestiarios, plantas, como los hervales, caballos y torneos, juegos, heráldica, fábulas, astrología, agricultura, química, música, cocina y pintura.

      En Italia se produjo un distanciamiento de la cultura escolástica, cuyo epicentro estaba en la Universidad de París. Siguiendo la tendencia general, aunque con algún retraso con relación a Francia y a España, brotó con gran fuerza una literatura en romance, a la que se llamó Stil nuovo, que llegó a las cumbres más elevadas con Dante Alighieri, 1265-1321, en Vita Nuova, serie de poesías líricas en las que canta a Beatriz, a la que conoció en su infancia, y especialmente en el gran

poema Comedia, que él denominó así porque empezaba con terror y acababa felizmente y porque estaba escrita en lengua vulgar, no en latín.

      Por otra parte, surgió un movimiento intelectual, el humanismo, cuyos miembros sentían enorme interés por el estudio de la lengua latina, pero se desinteresaban del pensamiento medieval. Les entusiasmaba y se sentían orgullosos de su pasado romano y consideraban el latín como su lengua, en la que encontraban el encanto de su dulzura y sonoridad, y al que trataban de liberar de su exclusiva dedicación a la Iglesia, porque el grupo estaba constituido mayoritariamente por laicos que vivían de su trabajo como profesores o en las cancillerías, aunque, al final, en él se integraron hombres con altas posiciones en la Iglesia.

      Característica común de todos ellos fue su obsesiva búsqueda de obras perdidas de la Antigüedad romana. Registraron personalmente bibliotecas y, cuando no les resultaba posible hacerlo personalmente, encargaron a otros que buscaran por ellos. Celebraron cada hallazgo con un triunfo. Se adueñaron de los códices que pudieron y, si esto no era posible, los copiaron y revisaron cuidadosamente. Llegaron a poseer buenas bibliotecas personales. Pero su bibliofilia era especial pues copiado y corregido el texto, cesaba el interés por los viejos manuscritos y, en muchos casos, los dejaron perder, normalmente cuando, unos años más tarde, se hicieron ediciones impresas.

      El movimiento lo inició Francesco Petrarca, 1304-1374, autor de unas famosísimas poesías, Cancionero, escritas en italiano, que él no tuvo en mucho, pues de lo que se sintió orgulloso fue de sus escritos, prosa y verso, latinos. Fue el primer hombre que en los tiempos modernos formó una biblioteca particular de autores clásicos latinos.

      No estaba interesado ni por la lógica ni por la metafísica ni por las ciencias naturales. Se sentía, por consiguiente, alejado de la escolástica y de Aristóteles, y próximo a Platón ya San Agustín. Le preocupaban los valores humanos y el alma, la humanitas frente a laferitas, y entendía la primera como filantropía, aunque sus sucesores llamaron a los estudios que había emprendido Petraca sobre la AntigÜedad studia humanitatis, de ahí el origen de la palabra humanista, similar a legista o jurista, para designar a la persona dedicada a los estudios de gramática, retórica, historia, poesía y filosofía moral.

      Boccaccio, 1331-1375, gran admirador de Petrarca, cultivó el latín, aunque la fama posterior le vino por sus narraciones ligeras, cortas, frívolas y con aire moralizante escritas en italiano en el Decameron. Su amor a los viejos códices hizo que se le saltaran las lágrimas al ver el estado de abandono en que se encontraban los de Montecasino. Sus obras en italiano y traducidas a las lenguas europeas fueron muy leídas.

      Notable cazador de manuscritos fue Poggio Bracciolini, que en cuatro viajes pudo sacar o copiar de las bibliotecas francesas, suizas y alemanas (Cluny, Saint Gall, Fulda, catedral de Colonia, entre otras) en su calidad de secretario pontificio, valiosos manuscritos. A él se debe la instauración de la letra humanística, como imitación de la carolingia, que Poggio y sus colegas llamaban littera antiqua. Finalmente debemos recordar a Lorenzo Valla, 1407 -1457, al que se debe el adjetivo gótico en sentido despectivo e injurioso, que ha sido aplicado a la escritura y al arte posteriores al románico.

      Al comienzo del siglo trece vivió a dos pasos de aquí en el Monasterio de San Millán de la Cogolla Gonzalo de Berceo, el primer escritor castellano de nombre conocido y autor de poemas en honor de la Virgen y también sobre Alejandro Magno. Deseaba escribir para el pueblo, de forma clara y sencilla, utilizando la técnica poética, de cuyo dominio se sentía orgulloso. Sin embargo, sus obras tuvieron escasa difusión hasta el siglo dieciocho cuando fueron publicadas por Tomás Antonio Sánchez.

      Figura señera en la cultura española, y en el libro, fue el rey Alfonso X que ha recibido por su labor el calificativo de El Sabio. Nacido en Toledo e hijo de Fernando III, se sintió atraído por el estudio y se preocupó de conocer y dar a conocer el pensamiento encerrado en los libros escritos en árabe, siguiendo la trayectoria de los que vinieron a la ciudad en la centuria anterior. En realidad, al rey le preocupaba la felicidad de sus súbditos y esta es la explicación de su gran labor editora, pues su papel en los libros que se le atribuyen no fue el de autor, sino el de editor porque se preocupó de seleccionar las obras, de reunir los colaboradores, traductores y redactores, pagados y acogidos por él, y de hacer un conjunto bibliográfico que iba desde la ciencia, la historia, la doctrina y ordenamientos jurídicos a las simples obras de entretenimiento.

      Como su pretensión era dotarles de instrumentos intelectuales, escogió como medio de expresión su querido castellano, en vez del latín que se usaba en toda Europa, y era entendido, pero mal, por las personas de formación superior. Por otra parte, ya su padre había ordenado que los documentos salidos de la real cancillena, salvo algunas excepciones, fueran redactados en castellano para conocimiento de sus oficiales y del pueblo.

      Pasando por alto las obras científicas o pseudocientíficas y las de entretenimiento, nos limitamos a recordar cuatro. La que tuvo más difusión y estima fue Las Siete Partidas, cuya finalidad era recoger y actualizar la legislación de sus reinos. No tanto éxito tuvieron sus importantes obras históricas, Grande e general Estoria, historia universal, intento demasiado ambicioso, y Estoria de Espanna, conocida posteriormente como Primera Crónica General y terminada en el reinado de su hijo Sancho IV, que tuvo la originalidad de incluir prosificados leyendas y cantares de gesta.

      La obra más personal, que muchos se inclinan a pensar que fue redactada por el propio rey, es las Cantigas, conjunto de poesías en honor de la Virgen en gallego, que se conservan en cuatro códices, uno en la Nacional madrileña, otro en Florencia y dos en El Escorial, de éstos el denominado Códice Príncipe es, desde el punto de vista literario, el más completo y valioso con 427 cantigas en 361 folios, escrito y quizá ilustrado por Gundisalvo en el siglo trece en letra gótica a dos columnas con algunas palabras en rojo e iniciales con rasgos salientes. Su ilustración es escasa. En cambio, en el otro códice, de 256 hojas, aunque de menos cantigas, 193, la ilustración es muy rica, con series de seis u ocho escenas por página en las que se narran gráficamente cada uno de los milagros. El conjunto es un documento muy valioso para conocer aspectos de la vida en el siglo trece y desde el punto de vista artístico, la obra maestra de la miniatura de la Baja Edad Media española, como la de los beatos es la de la Alta Edad Media.

      El rey contó con un taller en la corte para copiar sus obras, en delicado pergarnino y con caligrafía cuidada, taller que continuaron sus sucesores y en los que se produjeron obras de lujo para el entretenimiento, como La Crónica Troyana, Libro del Caballero Cifar y Libro de la montería de Alfonso XI, o de la literatura sapiencial, como Los castigos del rey don Sancho, y obras legislativas, como el Ordenamiento de Alcalá. Frente a estos libros al servicio de la corte, un clérigo toledano Juan Ruiz, escribió una de las obras más destacadas de la literatura españo

la, Libro de Buen Amor; alegre canto a la vida que se ofrecía en el reino de Toledo donde convivían las tradicionales culturas medievales españolas. Se conserva en tres códices sencillos y permaneció inédito hasta finales del siglo dieciocho cuando lo publicó el benemérito bibliotecario Tomás Antonio Sánchez.

      Una obra sobresaliente por su tamaño, presentación cuidada e ilustraciones es la llamada Biblia de Alba, que se guarda en la casa ducal, escrita en castellano y cuya traducción fue encargada por Don Luis de Guzmán, gran maestre de la orden de Calatrava, al judío Mose Arragel de Guadalajara.

 

 

6. LA LECTURA Y LAS BIBLIOTECAS

      La urbanización del final de la Alta Edad Media trajo un aumento considerable de lectores, de libros y de bibliotecas. Las escuelas catedralicias mantuvieron colecciones de libros, de no muchos volúmenes y no faltaron profesores que se interesaran por la posesión de algunos libros sobre los temas de su particular interés. Aumentó el número de bibliotecas a partir del siglo trece con la aparición de las universidades al servicio de profesores y alumnos. Reunieron mayor número de libros que las monacales y catedralicias porque fueron concebidas como instrumentos de trabajo y las enseñanzas se apoyaban en la lectura y comentario de un texto.

      Las bibliotecas universitarias estaban fragmentadas en colecciones pertenecientes a las facultades o colegios. La consulta y lectura estaba reglamentada y en general los libros se dividían en dos secciones, libraria magna, con libros de consulta, que no se podían prestar y debían ser consultados al pie de la estantería pues, además, estaban encadenados, libri catenati, y la libraria parva con los destinados al préstamo, libri distribuendi. Es fácil imaginar que entre ellos no había libros lujosos por sus ilustraciones y adornos.

      Los profesores, especialmente los miembros de las nuevas órdenes mendicantes, dominicos y franciscanos, que se orientaron principalmente a la enseñanza, dispusieron de libros propios y de bibliotecas en sus conventos proporcionadas por la orden. También poseían libros los que, tras estudiar en las universidades, ejercían actividades liberales, como la medicina y el derecho, la mayoría referentes a su profesión, pero otros de temas religiosos, filosóficos, históricos o literarios, de acuerdo con sus aficiones.

      A partir del siglo trece, como hemos visto, experimentan un desarrollo las literaturas vemáculas, que cada vez contaban con un público más amplio entre los que sabían leer, pero no eran capaces de entender el latín. Este es el caso de reyes, nobles y muchas damas aristocráticas, que encargaban libros bellamente ilustrados, no escritos en latín, que leían directamente o, con más frecuencia, encargaban a un capellán o a un criado que se los leyera.

      Una de las grandes bibliotecas del siglo trece, por la cantidad, pero principalmente por la riqueza de los volúmenes, fue la que reunieron Alfonso X el Sabio y su hijo Sancho IV para que sus colaboradores pudieran preparar y escribir las obras unidas a sus nombres. Los códices no debieron de estar todos juntos ordenados en una sala. Eran trasladados, como el equipaje, con el rey cuando este cambiaba de residencia y normalmente se guardaban en arcones. Sus sucesores acrecentaron la biblioteca y muchos de estos volúmenes llegaron a poder de Isabel la Católica y Felipe II. Entre las bibliotecas de la nobleza, destaca la del marqués de Santillana, poeta y bibliófilo, que encargó códices muy bellos en Italia, bastantes de los cuales se encuentran hoy en la Biblioteca Nacional.

      Los reyes franceses, empezando por San Luis, fueron amantes de los libros, muy en particular de los bellamente ilustrados. Uno de ellos, Carlos V, los guardaba en una torre del Louvre, se sentía atraído por las obras narrativas e históricas en francés, menos por las escritas en latín, y ordenó la traducción de Padres de la Iglesia, como San Agustín, de filósofos de la Antigüedad, como Aristóteles, e incluso de autores modernos, como Petrarca. También fueron buenos bibliófilos sus hermanos, Luis de Anjou, que llegó a ser rey de Nápoles, Juan de Berry y Felipe el Atrevido, duque de Borgoña.

      El prototipo de la biblioteca bajomedieval al servicio de la aristocracia es la de los duques de Borgoña, que gobernaban Borgoña y el Franco Condado, al este de Francia, y los Países Bajos al noroeste. En Dijon Juan sin Miedo había reunido unos doscientos cincuenta códices y su hijo y sucesor, Felipe el Bueno, aumentó la colección de modo considerable hasta superar los ochocientos. Al duque le gustaba escuchar a diario la lectura en voz alta de sus libros escritos en francés, ya fueran obras originales o traducciones, unas y otras copiadas con una clara letra bastarda y adornadas con bellísimas ilustraciones. El rey Felipe II, propietario y admirador de la colección, ordenó que quedara instalada en Bruselas como biblioteca real.

      Bibliotecas importantes fueron las de los normandos en Sicilia, favorecedores de las traducciones del árabe y del griego, con obras en latín, griego y árabe, la papal de Aviñon, Avenionensis, que llegó a reunir dos mil volúmenes y se disolvió cuando cesó el cisma. También fue rica y selecta la del rey Matías Corvino en Budapest, que tuvo corta vida pues en 1526 fue conquistada la capital por los turcos.

      Pero, sin género de dudas, las más notables fueron las surgidas en Italia, cuyos creadores, por un lado, buscaban manuscritos latinos antiguos y griegos rescatados de Bizancio. Por otro, encargaban libros lujosos bellamente ilustrados por los mejores artistas. Aunque no se puede dudar de su amor a la cultura escrita, estaban motivados fundamentalmente por la presunción.

      En Florencia reunió un millar de volúmenes Coluccio Salutati, muerto al iniciarse el siglo quince, cantidad superior a la conseguida por su paisano y contemporáneo Niccolo Niccoli. Les superó Cósimo de Medici el Viejo, primera mitad del siglo quince, fundador de varias bibliotecas, y cuyos descendientes, entre los que destaca Lorenzo el Magnífico que da forma definitiva a la que sería llamada Laurenziana Medicea, se preocuparon igualmente de reunir libros valiosos. Otros bibliófilos notables fueron el cardenal Bessarion, bizantino radicado en Italia, que donó su magnífica biblioteca, en la que había más de quinientos manuscritos griegos, a la ciudad de Venecia y fue el origen de la Biblioteca de San Marcos o Marciana.

      Nicolás V, uno de los más afamados cazadores de manuscritos, recreó en la segunda mitad del siglo quince la Biblioteca Vaticana, pues aunque desde los primeros tiempos había habido una biblioteca en la residencia papal, los libros fueron dispersados repetidamente por avatares históricos. Los papas siguientes, Gregorio IV y Sixto IV, se preocuparon de aumentar la colección y de instalarla dignamente. Así los escasos trescientos volúmenes que reunió Nicolás V se transformaron en más de tres mil al finalizar la centuria. Posteriormente continuó creciendo en calidad y cantidad hasta convertirse hoy en una de las más ricas del mundo.

      Otra biblioteca notable fue la creada por los reyes aragoneses en Nápoles formada por códices lujosos ilustrados por los mejores artistas, que además de códices griegos, latinos e italianos tenía bastantes en castellano. Al caer el reino de Nápoles en poder de los franceses, 1495, éstos se llevaron a París más de un millar. Otros códices han terminado en la Biblioteca Universitaria de Valencia, en donde

se estableció el duque de Calabria, hijo del último rey de Nápoles, y algunos llegaron a la Biblioteca escurialense.

      Merece una mención entre las otras bibliotecas renacentistas, la formada por Federico de Montefeltro, duque de Urbino, más apasionado por los bellos códices que por la lectura. Llegó a superar el millar de códices, entre los que no permitió que se pusiera ningún libro impreso.

 

 

7. LA ENCUADERNACIÓN

      La encuadernación, que fue necesaria cuando cambió la forma del libro del rollo al códice, se perfeccionó con dos planchas, las tapas, una delante y otras detrás, y con el lomo por la parte del cosido. Las tapas al principio eran simples pieles; después fueron de madera recubierta de piel y más adelante, cuando se generalizó el uso del papel, normalmente se acabó sustituyendo la madera por cartón. Cuando algunos libros eran tenidos en gran estima, la piel se adornaba con grabados repujados, simples dibujos geométricos o también signos religiosos como la cruz e incluso con joyas.

      La decoración fue enriqueciéndose con el paso del tiempo y de los motivos geométricos y vegetales se pasó en la Baja Edad Media a representar personas y animales y a la inclusión de motivos heráldicos y simbólicos. La nueva técnica de repujar se vio favorecida por inventos, la rueda o rodillo, que permitía hacer una larga incisión, y la plancha, cuya impresión ocupaba una amplia superficie. A este tipo de encuadernación sencillo, se le viene llamando monástica por haberse generalizado su uso en los monasterios y se caracterizaba, en ocasiones, al no llevar cuero, por estar la madera de pino o de nogal al descubierto.

      En cambio los ejemplares destinados al culto que tenían que reposar en el altar a la vista de lo fieles, fueron enriquecidos con tapas de marfil, láminas metálicas, o de cuero decorado con elementos metálicos, y piedras preciosas y con grabados en relieve de temas religiosos, que a través de una artística composición dieron belleza y magnificencia al libro. La encuadernación lujosa se inició en Bizancio y como después se desarrolló en Europa Occidental se la llama bizantina y también de orfebrería o de altar porque recordaban el lujo de los relicarios bizantinos. Normalmente la tapa embellecida es la superior, la que se presenta al públi

co. Ésta y la inferior, suelen llevar clavos de cabeza gorda o bollones, para preservar la piel cuando el libro debía pennanecer abierto. Fue relativamente corriente, cuando se disponía de ellas, la utilización en ejemplares lujosos de placas de marfil romanas. A veces, al finalizar la Edad Media la piel de la encuadernación se recubrió de terciopelo, brocados y seda.

      En el Islam el libro fue más objeto de uso que de lujo y en los libros de lujo se puso la atención preferentemente en la caligrafía. Al libro, destinado a la lectura, se le pedía que fuera manejable y resistente. La piel podía ser de cabra, que se trabajaba muy bien en Córdoba, y de ahí el nombre de cordobán, o de carnero, más basta y de menor calidad. Los musulmanes tuvieron dos tipos de encuadernación, caja y carpeta. En la primera, la tapa de arriba cierra sobre pestañas laterales; en la segunda, sobresale la piel de la tapa superior, que dobla y se cierra como un sobre o una carpeta. La superficie de la tapa se adornó con decoración vegetal o geométrica, encerrada en recuadros hechos con hierros calientes. El libro se cerraba con un broche o manecilla y también con un simple lazo.

      Una encuadernación muy rica de tipo bizantino es la realizada, a finales del siglo diez, en el monasterio de Richenau para el Evangeliario de Otón III. Está cuajada de joyas y en el centro lleva una placa de marfil con una escena religiosa,

hoy en la Biblioteca Bávara.

      Se conservan algunas tapas españolas de encuadernaciones lujosas de los siglos doce y trece, como la de Evangeliario de la reina Felicia de Aragón y algunas en las catedrales de Gerona y Tortosa ilustradas con la Crucifixión y el Pantocrator. En el siglo trece las grabaciones exteriores de las tapas tienden a asemejarse a las interiores. Aparecen edificios y escenas de la vida, animales fantásticos y reales, y continúan los motivos geométricos de origen musulmán.

      En España se generalizó una decoración nacional llamada mudéjar, porque había sido realizada por artesanos mudéjares, musulmanes que vivían entre los cristianos. Utilizaban el estezado, humedeciendo previamente la piel para que recibiera bien la impresión, y el gofrado, impresión en seco mediante hierros calientes. Los motivos mudéjares, geométricos, tienen origen copto, y fueron heredados por los musulmanes. El color de la piel suele ser leonado, rojo oscuro, morado e incluso negro. El cierre se hacía con tiras de la misma piel que enganchaban en ojales o pletinas. Después se impusieron broches metálicos, que recibían un tratamiento

artístico como las cantoneras, los bollones y los clavos protectores. Al final de estos tiempos, se colorearon los cortes, en los que solía ponerse el título, en vez de en el lomo, como se hizo unos siglos después.

 

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Situación Histórica:

Marco Geográfico: El imperio Bizantino surgió de la necesidad en que se vieron los romanos de asegurar la defensa de sus posiciones orientales contra la presión que ejercían los bárbaros germánicos y los exclavos en el danubio, y los persas en el Eúfrates. Era preciso dotar al Imperio de un nuevo centro político y militar.

Constantinopla, edificada a orillas del Bósforo en el extremo de una península fácil de fortificar, tenía la ventaja de encontrarse en el cruce de las dos rutas marítimas del Ponto Euxino y de los Dardanelos y el Mediterráneo, así como de las dos vías continentales procedentes de Europa y de Asia Menor y Siria.

El imperio comprendía tres extensos conjuntos territoriales:

1. La península balcánica.

2. Los territorios asiáticos.

3. Las posesiones africanas, fundamentalmente el granero de trigo egipcio.

 

Marco Histórico: La crisis general que el Imperio Romano atraviesa en el S.III había llevado a una fragmentación del poder político. Al mismo tiempo la distinta estructura económica de las regiones occidentales y de las orientales hacia cada vez más visibles las diferencias entre ambas.

Al convertir Constantino Bizancio en capital del Imperio Oriental, no hace sino culminar un proceso que aseguraba la pervivencia del Imperio de Oriente. La separación de ambas partes del Imperio se consumará a la muerte del emperador Teodosio, así como la división definitiva del extenso imperio entre sus dos hijos Honorio y Arcadio.

Primera Etapa: La primera etapa comprende desde la época de la dinastía Teodosia hasta mediados del S.IX, destacando el reinado de Justiniano.

Los fundamentos culturales serán basicamente el derecho y la administración romana, el idioma y la civilización griega y las creencias y las costumbres cristianas.

Desde el punto de vista del poder político se va consolidando la posición autocrática poniendo en práctica el cesaropapismo (intervención del emperador en asuntos religiosos), el griego desplaza definitivamente al latín como lengua oficial y las diferencias con Roma se ven acrecentadas. Las querellas teológicas culminan con el movimiento iconoclasta. En el año 726 se dicta la prohibición de exhibir y reproducir imágenes, postura que cesará en el año 843.

Segunda Etapa: A fines del S. X se alcanza la victoria sobre los búlgaros y extiende su influencia hasta el Danubio y el Adriático. La dinastía Macedónica consigue relanzar el poderío bizancio, y el aparato administrativo sufre un proceso intenso de burocratización.

Tercera Etapa: Desde mediados del S. XI hasta la caída de Constantinipla, el Imperio Bizantino recorrerá una etapa de progresiva decadencia. El proceso de feudalización y el incremento de la propiedad territorial latifundista irán minando las bases fiscales y militares del Imperio. El poder central pierde autoridad y el territorio se verá atacado por normandos, venecianos, cruzados y turcos.

En 1054 se produce el cisma de la Iglesia Oriental. Las persecuciones contra los católicos justificarán la intervención de los comerciantes venecianos.

 

El Libro en Bizancio:

El Códice: El tipo de soporte más utilizado en Bizancio fue el Códice de piel, que se impulsó con la formación de Constantinopla.

El códice es un libro manuscrito compuesto por un conjunto de hojas de material flexible - papel, pergamino, papiro - unidas entre sí por el margen interno y protegido por una cubierta.

La producción de los códices se va a centrar en :

- Los escriptorios del Palacio Imperial del Patriarca

- Centros de enseñanza superior

- Producciones privadas a cargo de copistas que realizaban copias para particulares

- Los monatreios

La letra utilizada en los manuscritos era la Uncial hasta el siglo XVIII, cuando se impulsó la letra minúscula reservándose la Uncial para Documentos solemnes.

El libro y la iglesia: El libro va atener un carácter sagrado y su contenido va a mostrar la voluntad de Dios y las experiencias de las generaciones pasadas.

En Bizancio se había extendido el conocimiento de la escritura y la lectura, pero pocos sabían leer textos escritos en otra lengua.

El acceso a los libros va a estar muy limitado:

- Resultaban caros

- No todas las bibliotecas eran de acceso público

El público lector estaba limitado a:

-Personas eclesiásticas

-y una minoría laica

La temática era muy variada, eran frecuentes los libros de uso práctico como los de medicina, farmacia, derecho militar y canónico, ciencia militar. Muy característicos y de mayor lectura eran los libros referentes a la astronomía, magia, enigmas, etc.

Las personas con menor formación intelectual leían: libros de educación moral y litúrgicos, libros clásicos, obras recreativas y algunas producciones bizantinas.

La lectura principal de los monasterios la componían libros litúrgicos, cuya lectura se hacía en voz alta.

Aportaciones culturales de Bizancio: La enseñanza será una de las bases principales del desarrollo cultural.

Van a existir las escuelas elementales, escuelas medias y escuelas superiores admás de las escuelas que existían dentro de los monasterios, para la formación de clérigos.

Su aportación a la humanidad en el campo literario no fue de gran importancia, cultivaron tanto la prosa (dedicada a la teología) como la poesía (dedicada a la lírica litúrgica). Los bizantinos fueron muy aficionados a los debates y a la oratoria.

Los cultivadores alcanzaron alta calidad, cultivaron tanto la historia secular, como la universal y la iglesia. En el género bibliográfico destacaron las vidas de santos con las que se formaban los Menólogos.

La filisofía va a contar con grandes representantes, cuyas obras se extendieron por los países de Europa occidental.

Lo más característico de la literatura bizantina es la epopeya Digenis Acritas. Al ser la mayoría d la población analfabeta existe una literatura oral, que se daba a conocer a través de los juglares.

El papel histórico de Bizancio: El papel reservado a la cultura de Bizancio fue el de transmisor de la cultura antigua y de sus propias creaciones.

 

Miniaturas:

Concepto: El término miniatura procede del latín miniare, de mínimum, el rojo de plomo. De ahí que en las pinturas destaque este color, junto con el azul y el oro.

La miniatura es el arte de realizar pinturas de pequeñas dimensiones en papel, pergamino, marfil, etc, que forma parte de la tradición de la ilustración y decoración de los manuscritos del Mundo Clásico.

Esta práctica se realizaba en tallereds constantinopolitanos, monásticos o seglares, lo que favoreció una mayor libertad temática, y para una clientela imperial o para las bibliotecas de los monasterios.

La iluminación del códice tuvo una escasa difusión ya que se realizaba únicamente para una élite social, cultural y religiosa, y se trataba de una actividad fundamentalmente anónima, lo que dificulta los estudios sobre la materia.

Origen: La fecha 512 marca el comienzo documentado de la miniatura bizantina con la copia de un tratado de medicina.

Por otra parte, la tradición paleocristiana siria permanece en un grupo de códices denominados "purpúreos", relacionados con el taller imperial, en los que destaca el clasicismo en sus representaciones.

La relación con una procedencia oriental, quizá siria, se refleja en los Evangelios del S. VI, caracterizados por una mayor simplicidad de la figura humana.

Por el contrario, el estilo bizantino persiste en los Evangelios de Rábula, en el S.VI, con composiciones independientes del texto, donde los colores ganan expresividad y se muestra una realidad más simplificada.

El explendor de los manuscritos bizantinos: En el S.IX y a lo largo de los siguientes doscientos años se produce el gran desarrollo de la miniatura bizantina, con una serie de manuscritos religiosos y la decoración de códices de carácter científico.

Los grandes centros de iluminación ubicados en Constantinopla, en torno a los grandes monasterios o incluso en talleres alejados de la metrópoli, desarrollaron diferentes estilos que van desde un helenismo acusado, un expresionismo orientalizante o un mayor clasicismo bizantino.

En el período Macedónico, en el S.IX se evidencia un regreso a los modelos helenísticos, con la creación de numerosas ediciones bíblicas de lujo y los salterios denominados "aristocráticos".

Ya en el S. X se presenta, a modo excepcional, un manuscrito en rollo, el Rollo de Josué, cuya composición continua señala una gran dependencia de modelos clásicos.

Durante los siglos XI y XII se produce un equilibrio mayor entre la inspiración de la Antigüedad y la estética bizantina.

En tiempos de la dinastía Conmena, y sobre todo a partir del año 1100, el estilo retorna de nuevo a la Antigüedad, pero con un naturalismo expresivo que proporciona expontaneidad y frescura a las escenas.

Otro aspecto muy característico de la miniatura de la segunda Edad de Oro es la atención prestada a la decoración de márgenes que, libre de ligaduras religiosas, se vuelca en un repertorio de temas profanos y de fantasía.

La conquista de Constantinopla por los cruzados supuso la interrupción del trabajo de los grandes scriptorias, que no volverían a brillar con el explendor alcanzado antes de 1204. Pero el contacto de los pintores latinos con esta tradición artística fue definitivo para que la influencia bizantina se extendiera a toda Europa.

Durante la dinastía Paleóloga la producción de manuscritos no alcanzó la importancia del período anterior, por el carácter elitista de los códices y las dificultades económicas del momento. Pero a pesar de ello nos han llegado obras del S. XIV que demuestran la persistencia de una actividad miniaturista.

 

Las Bibliotecas en Bizancio:

El libro en Bizancio gozó de gran estima y debido a ello dio lugar a la aparición de bibliotecas en las instituciones políticas, religiosas y educativas.

También existían bibliotecas privadas, pues había un gran número de personas cultas, aunque sólo se limitaban a un par de docenas de libros. Los estudios superiores se cursaban en la cristiana Constantinopla, pero en numerosos puntos de imperio se podía recibir una enseñanza elemental.

Los libros resultaban muy caros, debido a que la mano de obra era muy cara y a la escasez de materiales, por lo que en los monasterios borraban los textos antiguos para realizar los pergaminos.

La producción de los libros se limitaba a la copia por encargo, por lo que sólo los emperadores podían permitirse ese lujo. Los profesores y estudiantes copiaban personalmente los libros que precisaban, al igual que la iglesia en los monasterios.

Una biblioteca importante fue la del Obispo Focio, que fue patriarca de Constantinopla. Su biblioteca constaba de varios miles de libros. También destacaron por sus bibliotecas el obispo León el Matemático, el obispo de Cesarea Aretas y Eustacio, arzobispo de Tesalónica.

La biblioteca más importante fuera de la capital fue la del monasterio de San Juan de Patmos.

 

Las encuadernaciones en Bizancio:

La forma primitiva de las encuadernaciones tenía forma cuadrada, especialmente si constaba de más de un cuadernillo, de que algún modo se uniesen o protegiesen, para ello utilizaban na tablilla de madera, comúnmente de cedro, con unas bandas de cuero para envolverlas y una correa que lo sujetase todo. Las encuadernaciones eran llamados ligatores librorum.

Desde el S. IV en adelante, la encuadernación del libro aparece ya caracterizada con todo lujo oriental del estilo bizantino. Frecuentemente se decoraban las cubiertas con oro, piedras preciosas y esmaltes. El ejemplar más antiguo es el Evangeliario, cubierto de plata y pedrería.

Pero pronto hicieron aparición las encuadernaciones en las que las tapas de los libros aparecían recubiertas de cuero, decoradas con la técnica del gofrado, sin oro ni piedras preciosas.

Agradecemos al autor - Texto llegado anonimamente. 2006

 

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Libro. (Del lat. liber, libri).1. m. Conjunto de muchas hojas de papel u otro material semejante que, encuadernadas, forman un volumen.

2. m. Obra científica, literaria o de cualquier otra índole con extensión suficiente para formar volumen, que puede aparecer impresa o en otro soporte. Voy a escribir un libro. La editorial presentará el atlas en forma de libro electrónico.

3. m. Cada una de ciertas partes principales en que suelen dividirse las obras científicas o literarias, y los códigos y leyes de gran extensión.

4. m. libreto (ǁ obra dramática).5. m. Contribución o impuesto. No he pagado los libros. Andan cobrando los libros.6. m. Der. Para los efectos legales, en España, todo impreso no periódico que contiene 49 páginas o más, excluidas las cubiertas.7. m. Zool. Tercera de las cuatro cavidades en que se divide el estómago de los rumiantes.~ amarillo.1. m. libro blanco.~ antifonal, o ~ antifonario.1. m. El de coro en que se contienen las antífonas de todo el año.~ azul.1. m. libro blanco.~ blanco.1. m. El que contiene documentos diplomáticos y que publican en determinados casos los gobiernos, para información de los órganos legislativos o de la opinión pública.~ borrador.1. m. borrador (ǁ en el que los comerciantes hacen sus apuntes).~ copiador.1. m. El que en las casas de comercio sirve para copiar en él la correspondencia.~ de acuerdos.1. m. El que recoge las resoluciones que se toman en las sesiones del ayuntamiento o de otras corporaciones.~ de asiento.1. m. El que sirve para anotar o escribir lo que importa tener presente.~ de becerro.1. m. becerro (ǁ libro de las iglesias).2. m. becerro (ǁ libro de las comunidades).~ de caballerías.1. m. Género novelesco en que se cuentan las hazañas y hechos fabulosos de caballeros aventureros o andantes.~ de cabecera.1. m. El que se tiene a la cabecera de la cama para frecuentar su lectura.2. m. libro por el que se manifiesta extraordinaria preferencia.~ de caja.1. m. El que tienen los hombres de negocios y comerciantes para anotar la entrada y salida del dinero.~ de coro.1. m. libro grande, cuyas hojas regularmente son de pergamino, en que están escritos los salmos, antífonas, etc., que se cantan en el coro, con sus notas musicales.~ de cuentas ajustadas.1. m. Prontuario de contabilidad elemental, dispuesto en diversidad de tablas de uso fácil.~ de escolaridad.1. m. El que recoge las calificaciones obtenidas por el alumno en cada curso.~ de estilo.1. m. Conjunto de normas que regulan los usos expresivos de un medio de comunicación.~ de familia.1. m. Aquel en que constan los datos de una familia referentes al estado civil de los esposos y al nacimiento de los hijos.~ de fondo.1. m. Entre los libros que tiene de venta un librero, cada uno de los que ha impreso por su cuenta, o cuya propiedad ha adquirido en gran número, a distinción de los de surtido.~ de horas.1. m. libro en que se contienen las horas canónicas.~ de inventarios.1. m. Com. Aquel en que periódicamente se han de hacer constar todos los bienes y derechos del activo y todas las deudas y obligaciones del pasivo de cada comerciante, persona natural o jurídica, y balance general de su giro.~ de las cuarenta hojas.1. m. coloq. Baraja de naipes.~ de la vida.1. m. Rel. Conocimiento que Dios tiene de los elegidos, en el cual se consideran como inscritos los predestinados a la gloria, ya de una manera irrevocable, por estar ordenados a ella como fin, o de modo revocable, por estar ordenados a ella por la gracia.~ de lo salvado.1. m. libro en que se sentaban y registraban las mercedes, gracias y concesiones que hacían los reyes.~ de mano.1. m. El que está manuscrito.~ de memoria.1. m. El que sirve para apuntar en él lo que no se quiere fiar a la memoria.~ de misa.1. m. libro con que los fieles van siguiendo el texto y orden de la misa.~ de música.1. m. El que tiene escritas las notas para tocar y cantar las composiciones musicales.~ de oro.1. m. El que contenía el registro de la nobleza veneciana.~ de surtido.1. m. Cada uno de los que reciben los libreros para venderlos por comisión.~ de texto.1. m. El que sirve en las aulas para que estudien por él los escolares.~ diario.1. m. Com. Aquel en que se van asentando día por día y por su orden todas las operaciones del comerciante relativas a su giro o tráfico.~ entonatorio.1. m. El que sirve para entonar en el coro.~ maestro.1. m. libro principal en que se anotan y registran las noticias pertenecientes al gobierno económico de una casa.2. m. Mil. El que contiene las filiaciones y también las partidas que recibe el soldado, y se confrontan con las libretas.~ mayor.1. m. libro maestro.2. m. Com. Aquel en que, por debe y haber, ha de llevar el comerciante, sujetándose a riguroso orden de fechas, las cuentas corrientes con las personas u objetos bajo cuyos nombres estén abiertas.~ moral.1. m. Cada uno de los cinco libros de la Sagrada Escritura denominados en particular los Proverbios, el Eclesiastés, el Cantar de los Cantares, la Sabiduría y el Eclesiástico, que abundan en máximas sabias y edificantes. U. m. en pl.~ penador.1. m. En algunos pueblos, el que tiene la justicia para sentar las penas a que condena a quienes rompen con el ganado los cotos y límites de las heredades y sitios vedados.~ procesionario.1. m. El que se lleva en las procesiones, y donde están las preces y oraciones que se deben cantar.~ ritual.1. m. El que enseña el orden de las sagradas ceremonias y administración de los sacramentos.~ rojo.1. m. libro blanco.~ sagrado.1. m. Cada uno de los de la Sagrada Escritura recibidos por la Iglesia. U. m. en pl.~ sapiencial.1. m. libro moral. U. m. en pl.~ talonario.1. m. El que solo contiene libranzas, recibos, cédulas, billetes u otros documentos, de los cuales, cuando se cortan, queda una parte encuadernada para comprobar su legitimidad o falsedad y para otros varios efectos.~ verde.1. m. coloq. libro o cuaderno en que se escriben noticias particulares y curiosas de algunos países y personas, y en especial de los linajes, y de lo que tienen de bueno o de malo.2. m. coloq. Persona dedicada a semejantes averiguaciones.gran ~.1. m. El que llevan las oficinas de la deuda pública para anotar las inscripciones nominativas de las rentas perpetuas a cargo del Estado, pertenecientes a comunidades, corporaciones, instituciones o personas particulares.ahorcar, o colgar, los ~s.1. frs. coloqs. Abandonar los estudios.cantar a ~ abierto.1. fr. Cantar de repente una composición musical.de ~.1. loc. adj. Perfecto, que no le falta ningún detalle.hablar como un ~.1. fr. Hablar con corrección, elegancia y autoridad. U. t. en sent. irón.hacer alguien ~ nuevo.1. fr. coloq. Empezar a corregir sus vicios con una vida arreglada.2. fr. coloq. Introducir novedades.meterse alguien en ~s de caballerías.1. fr. Mezclarse en lo que no le importa o donde no le llaman.no estar una materia en los libros de alguien.1. fr. coloq. Serle extraña, o ser ajena a su manera de pensar.no haber necesidad de, o no ser menester, abrir ni cerrar ningún ~ para algo.1. frs. coloqs. No requerir meditación ni estudio por ser muy claro, sencillo o fácil.quemar alguien sus ~s.1. fr. Esforzar la propia opinión o contrariar la ajena.

 

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Como tampoco hoy -ni dentro de 500 años- podemos poner en tela juicio el gran valor de la ‘democracia’, porque haya policías corruptos, existan jueces pervertidos, sectas embusteras o hijos que esclavizan a sus padres. De allí, para combatir tales desvíos, la Iglesia promovió siempre el alto saber, educando en las diversas ciencias a sus presbíteros. Luego estos, sea en torno de sus parroquias en medio del y con el pueblo llano o en las escuelas superiores de los monasterios, estudiaban y enseñaban para que sepan lograr todos en común la virtud, ampliar el entendimiento, usar la inteligencia, procurar la justicia, dar testimonio cristiano. MM.

 

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Armenia - La fe cristiana, llevada por los apóstoles Bartolomé y Tadeo y alimentada también con la colaboración de las Iglesias de Capadocia, Edesa y Antioquía, ha plasmado la cultura armenia, al igual que la cultura armenia ha contribuido a enriquecer la comprensión de la fe cristiana con expresiones nuevas y únicas. Durante estos días, la liturgia armenia celebra la memoria de los santos traductores Sahak y Mashtots. La creación de un alfabeto nacional por obra del monje Mashtots fue un paso significativo hacia la formación de una nueva cultura cristiana en Armenia. La creación del alfabeto armenio (año 406), gracias a un monje católico.

Traducción de la Biblia antes del 440 - Tras volver a Armenia, Mesrop, con un puñado de alumnos, se consagró a una fecunda labor. Se tradujeron al armenio la  Biblia, en forma casi íntegra, y otros libros religiosos, se abrieron escuelas en distintas zonas del país y Mesrop se dedicó personalmente a predicar entre el pueblo. Realizó actividades culturales en Georgia y Albania. 

[Invención del alfabeto armenio - En esta empresa colaboraron con Mesrop el rey Vramshapuh y el catolicós Sahak Partev, lo que significa que el problema de tener letras propias era una preocupación fundamental para la Iglesia y el Estado. Mesrop inventó los caracteres armenios con tanta perfección y precisión, que no solamente satisfizo los requerimientos del sistema fonético del idioma armenio, sino que hasta hoy no han sufrido modificación fundamental alguna. Posteriormente se agregaron las letras o (o) y fe (efe)]. Mesrop Mashtóts falleció el 17 de febrero del 440 y fue enterrado en la aldea de 0shakán. Después de su muerte el hazarapet Vahán Amatuni hizo erigir sobre su tumba un templo a la memoria del gran maestro, que con el nombre de Santo Traductor ha sido lugar de peregrinación para el pueblo.

El pueblo armenio considera a Mesrop no sólo el inventor del alfabeto armenio, sino el fundador de la cultura armenia escrita, el primer maestro de armenio y el primer traductor, cuya colosal obra dio origen al luminoso renacimiento del siglo V conocido como Siglo de Oro e iluminó toda la historia nacional.

 

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Medieval - El único momento histórico en que Europa tuvo su unidad fue con la cristiandad medieval. Era la Europa católica. La cristianitas de la Europa medieval era la patria común. La reforma luterana destruyó todo esto, separó a los países y creó los nacionalismos.

Vittorio Messori; escritor, periodista, comentarista e investigador histórico. MMV.

 

La síntesis del saber teológico, filosófico y de otras ciencias realizada por las Universidades en los siglos XIII y XIV, en que se forma el Humanismo, es impensable sin el cristianismo.

Quién, sino la Iglesia, a través de los monasterios, salvó la ciencia de los clásicos y la transmitió para el futuro; quién creó las universidades, sino la Iglesia; quién fue mecenas del arte y de la mejor cultura de Europa, sino la Iglesia; quién lo sigue siendo.

 

Medioevo cristiano - Cómo sintetizar en pocas palabras, y para las diversas expresiones del arte, el poder creativo de los largos siglos del medievo cristiano? Una entera cultura, aunque siempre con las limitaciones propias de todo lo humano, se impregnó del Evangelio y, cuando el pensamiento teológico producía la Summa de Santo Tomás, el arte de las iglesias doblegaba la materia a la adoración del misterio, a la vez que un gran poeta como Dante Alighieri podía componer "el poema sacro, en el que han dejado su huella el cielo y la tierra", como él mismo llamaba la Divina Comedia.

 

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La síntesis del saber teológico, filosófico y de otras ciencias realizada por las Universidades en los siglos XIII y XIV, en que se forma el Humanismo, es impensable sin el cristianismo.

 

La Iglesia católica porque es universal, siembra la Europa, y la América recién descubierta, con el saber y la universalidad de la ciencia en las ‘universidades’.

 

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Gracias a la Iglesia Católica, antes del 1300, había fundadas en Europa cuarenta y cuatro Universidades, en las que se forja un individuo especial dotado de cierta uniformidad: homo Scholasticus.

 

La Universidad y, de modo más amplio, la cultura universitaria constituyen una realidad de importancia decisiva. En su ámbito se juegan cuestiones vitales, profundas transformaciones culturales, de consecuencias desconcertantes, suscitan nuevos desafíos. La Iglesia no puede dejar de considerarlos en su misión de anunciar el Evangelio.

La Universidad es, en su mismo origen, una de las expresiones más significativas de la solicitud pastoral de la Iglesia. Su nacimiento está vinculado al desarrollo de escuelas establecidas en el medioevo por obispos de grandes sedes episcopales. Si las vicisitudes de la historia condujeron a la « Universitas magistrorum et scholarium » a ser cada vez más autónoma, la Iglesia continúa igualmente manteniendo aquel celo que dio origen a la institución.3 Efectivamente, la presencia de la Iglesia en la Universidad no es en modo alguno una tarea ajena a la misión de anunciar la fe. « La síntesis entre cultura y fe no es sólo una exigencia de la cultura, sino también de la fe... Una fe que no se hace cultura es una fe que no es plenamente acogida, enteramente pensada o fielmente vivida ».4 La fe que la Iglesia anuncia es una fides quaerens intellectum, que debe necesariamente impregnar la inteligencia del hombre y su corazón, ser pensada para ser vivida. La presencia eclesial no puede, pues, limitarse a una intervención cultural y científica. Tiene que ofrecer la posibilidad efectiva de un encuentro con Jesucristo.

Concretamente, la presencia y la misión de la Iglesia en la cultura universitaria revisten formas diversas y complementarias. Primeramente está la tarea de apoyar a los católicos comprometidos en la vida de la Universidad como profesores, estudiantes, investigadores o colaboradores. La Iglesia se preocupa luego por el anuncio del Evangelio a todos los que en el interior de la Universidad no lo conocen todavía y están dispuestos a acogerlo libremente. Su acción se traduce también en diálogo y colaboración sincera con todos aquellos miembros de la comunidad universitaria que estén interesados por la promoción cultural del hombre y el desarrollo cultural de los pueblos.

 

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Universidad, Iglesia: La Biblioteca es una institución que, con su existencia misma, testimonia el desarrollo de la cultura. En efecto, está constituida por un tesoro de obras escritas, en las que el hombre manifiesta su creatividad, su inteligencia, su conocimiento del mundo y de los hombres, así como su capacidad de autodominio, de sacrificio personal, de solidaridad y de trabajo en favor del desarrollo del bien común (cf. Centesimus annus, 51). Se trata de una colección de libros, organizada sistemáticamente, en la que a los antiguos manuscritos e incunables se han añadido libros nuevos y periódicos. En conjunto constituye un signo elocuente de la unidad de las generaciones que se han sucedido, formando, a través de la variedad de tiempos y cuestiones, un patrimonio común de cultura y ciencia. MM.

 

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La Iglesia católica erige universidades para la cultura de los pueblos. 

UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE SANTO DOMINGO – UASD

Primada de América - Fundada el 28 de Octubre de 1538

La Universidad de Santo Tomás de Aquino, hoy Universidad Autónoma de Santo Domingo, fue fundada bajo el reinado de Carlos I de España y V de Alemania por la Bula in Apostolatus Culmine. "Academia de Santo Tomás de Aquino en el Imperial Convento de la Isla Hispaniola".

 

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En Macao-CHINA, con la creación del prestigioso Colegio universitario San Pablo, se erigió la primera universidad de estudios del Extremo Oriente ya en 1594, es decir, apenas treinta y nueve años después de que los navegantes portugueses desembarcaran por primera vez en Macao.

[La primera universidad en la historia de la educación moderna de China

Fundada el 2 de octubre de 1895, la Universidad de Tianjin fue denominada originalmente "Escuela de Beiyang". En 1951, se renombró como la Universidad de Tianjin. Exactamente 300 años después que los católicos fundaran en Macao-China].

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Por otra parte, desde el inicio de la Evangelización, la Iglesia emitió una palabra enérgica, que parece que de propósito se esconde. El Papa Paulo III, asumiendo aportaciones desde Nueva España, el 2 de junio de 1537 declaró a favor de los indígenas: “verdaderos hombres que son... no están privados ni hábiles para ser privados de su libertad ni del dominio de sus cosas, más aún, pueden libre y lícitamente estar en posesión y gozar de tal dominio y libertad y no se les debe reducir a esclavitud... capaces de la fe cristiana... se acercan a ella con muchísimo deseo” (Bula Sublimis Deus).

 

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Joya época romana - en oro del 370ca. d.C.

 

ESPAÑA - LA SEMILLA DE LA FE

Pero, como sabéis, aquel Imperio era pagano; sin embargo, en ese Imperio se empieza a preparar el Cristianismo desde Judea, desde Israel, se empieza a propagar y aquí llegan dos apóstoles, San Pablo y Santiago Apóstol. San Pablo aparece confirmado en Las Escrituras y Santiago confirmado por la tradición (todas las tradiciones, primero, son orales hasta que luego se escriben. Llega un momento que se escribe algo, pero antes se conserva en el oído, se transmite de persona a persona). Y aquella Fe, que va a costar mucho trabajo implantarse en España, luego va a ser aceptada por este pueblo con una generosidad, con una entrega, con unas cualidades verdaderamente tremendas. Eso va a producir numerosos mártires de las persecuciones del Imperio Romano, que van a robustecer, van a afirmar todavía más esa Fe. No olvidemos el hecho de La Virgen del Pilar, nuestra Patrona, que según la tradición se aparece a Santiago; estaba desolado, cansado, abatido, porque no veía conversiones, no veía que le hicieran caso las gentes de estos pueblos. Esa es una buena señal; cuando alguien enseguida con mucha frivolidad se apunta a lo que sea, pues mala señal; cuando le cuesta más, lo examina, lo estudia y, por fin, se convence y da el paso, esa persona normalmente lo hace con mucha mayor consecuencia y así fue con los españoles; no se entregaron fácilmente al Cristianismo, pero luego lo hicieron con verdadera fuerza. La promesa que está en la tradición es que mientras ese Pilar esté ahí, que estará hasta el final de los tiempos, hasta el fin del mundo, pues no se perderá la Fe en éstas tierras, lo cual no significa que predomine siempre, pero, por lo menos, no se perderá. Y, desde luego, precisamente en Zaragoza se habla de los innumerables mártires de Zaragoza, cesaraugustanos.

 

FIN DEL IMPERIO ROMANO: LOS GODOS Y III CONCILIO DE TOLEDO

Por fin, cae el Imperio Romano, después de su Conversión, por las invasiones de los pueblos bárbaros. Llegan aquí los godos y traen consigo una herejía cristiana que es el Arrianismo, que negaba la divinidad de Nuestro Señor Jesucristo. Esto provocó guerras y tensiones hasta el III Concilio de Toledo en el año 589 en el que se convierte Recaredo y a partir de ese momento gozamos de la Unidad Católica como pueblo. Lo cual fue un gran bien.

 

INVASIÓN MUSULMANA

Después vino la Invasión Musulmana. Otra gran lección histórica porque las luchas por el Poder, al ser la Monarquía electiva, debilitaron al Estado, a la Nación, aquel Reino Visigodo. Lo debilitaron, de tal manera que un pequeño grupo de musulmanes, unos pocos miles nada más, entran en la Península y en poquísimos años se adueñan de toda ella y arrasan completamente los vestigios de culto cristiano, hasta el punto de que no veréis ahora ninguna iglesia anterior a la dominación musulmana en toda España (porque es un camelo eso de la convivencia feliz entre las Tres Culturas). Aquella apertura de las puertas de las ciudades es atribuible, en gran medida, a los judíos; de estas cosas España no perdió memoria histórica, se acordó muy bien. Que no era bueno tener una Monarquía electiva, por eso, vino luego el asegurar el modo de sucesión con la Monarquía Hereditaria. Que tampoco era bueno el que hubiera diversas religiones porque traían enfrentamientos y problemas. Que la postura de los judíos era un peligro, porque estaban enquistados dentro del Estado y en cualquier momento podían traicionar. Todo esto lo aprendió España, lo aprendieron los españoles y se fue transmitiendo desde entonces.

  

LA RECONQUISTA

Comienza una larga etapa de Reconquista, que la empiezan unos poquitos porque como tantas otras veces la inmensa mayoría de la población se somete, de mejor o de peor grado, al dominio que se ejerce sobre ella, como nos pasa ahora con la democracia; la mayoría de los católicos la aceptan tranquilamente, complacientemente, como pasó con la Invasión Napoleónica y con tantas cosas. La mayoría de la gente acepta, puede tener un momentito de heroísmo y luego se acomoda y se adapta. Sólo unos pocos, una minoría, son los que resisten, los que plantan cara y se enfrentan. Eso pasó en Covadonga, otra vez con la ayuda de La Virgen, Nuestra Señora, que según aquellos cristianos se les apareció y ayudó a que la Batalla de Covadonga fuera una victoria para los cristianos, inferiores en número, en armamento y en todo. Se instaura un pequeño Reino Asturiano, entre las montañas, que poco a poco a base de combatir se va extendiendo; lo mismo ocurre por el lado de los Pirineos, con algunos cristianos que van rehaciéndose sobre el terreno y se acogen a la protección del Imperio Carolingio, de Carlomagno y compañía. Y durante ocho siglos, la Reconquista para cumplir, otra vez, el ideal de una España unida, cristiana, caballeresca. Esos lances, esa lucha continua, FORJAN NUESTRO GENIO Y NUESTRO CARÁCTER: De manera especial, porque es una vida de batallas, es una vida de afirmación de la propia personalidad cristiana frente a otras personalidades judías y musulmanas. Claro, no es lo mismo creer en el matrimonio monógamo que creer en el harén, no es lo mismo creer en la fiabilidad de la palabra dada, en la honradez del que presta y espera recibir luego lo mismo, que la cultura de la usura, del dinero y de la competencia desleal y del fingimiento que practican los judíos secularmente y que se atrae los odios del resto de los españoles. De manera que La Reconquista conforma todo nuestro carácter y es una Obra gigantesca de España durante ocho siglos.

 

LA UNIDAD NACIONAL

Reconquista que finaliza, como sabéis, en 1492 con la Toma de Granada, produciéndose, poco después, la pacífica anexión de Navarra, que era el único Reino que quedaba. Cabe reseñar a este respecto que la existencia de diversos reinos no es otra cosa que el hecho de que cada uno empieza a reconquistar como puede y desde donde puede, pero todos con la común conciencia de ser cristianos y con la común conciencia de rehacer España, todos ellos se llamaban Regis Hispaniæ, tanto los castellanos como los aragoneses. Decir que nunca hubo un reino catalán, que nunca hubo un reino vasco, frente a las pretensiones actuales del separatismo, nunca hubo nada de eso. Por fin se consigue la unidad nacional geográficamente, pero eso lleva implícito el anhelo de obtenerla verdaderamente, no sólo porque pertenecen al Estado todos los territorios de la península, sino porque también se dé una unidad de propósitos, de creencias y de ideales. Quedan unas comunidades que pronto se perciben como comunidades extrañas al ser nacional que tienen que ser expulsadas; concretamente los judíos son expulsados en el mismo 1492, el 31 de Marzo, y quizá lo que más dolió a los judíos, históricamente de esa expulsión, es la conversión de la mayoría de ellos que decidieron quedarse en España convertidos; algunos, pocos, falsamente convertidos que fueron perseguidos por La Inquisición (porque vuelve a ser interesante recordar que La Inquisición sólo tenía jurisdicción sobre los bautizados, nunca sobre los judíos no bautizados, sobre los musulmanes no bautizados; sobre los falsos judíos bautizados y que actúan como falsos cristianos, sobre esos sí tenía jurisdicción porque se habían bautizado, porque La Inquisición no era otra cosa que un Tribunal en defensa de la Fe, que determinaba si las personas eran o no consecuentes con su fe y no por el lado del pecado, de que pecaran, sino por el lado de la fidelidad doctrinal e ideológica a esa religión; lo averiguaba, lo inquiría, de ahí lo de la Santa Inquisición, inquirir, investigar y como aquello traía graves trastornos al orden social, el Poder temporal establecía unas penas para los delincuentes en esas materias de Religión y era el Poder temporal el que castigaba algunas veces, pocas, con la pena de muerte mediante los tormentos, las penas de la época, que podía ser la hoguera o el ajusticiamiento de otra manera cualquiera...)

De forma que ese anhelo se produce en 1492. Los judíos a diferencia de otras naciones, por ejemplo, en Portugal, donde se les trató de mala manera porque no se les daba opción, se les confiscaba todo y no se les permitía tampoco marcharse y se tenían que convertir casi a la fuerza, pues era una situación verdaderamente desagradable o como en otros países, donde sufrieron persecuciones; en España también habían sufrido persecución sangrienta un siglo antes, pero con los Reyes Católicos, que les trataron benignamente y que les querían proteger, no se les persiguió cruelmente, se les dio un tiempo de plazo para que se fueran (tres meses), se les dejó vender sus posesiones y que se llevaran con ellos aquello que no formara parte del Patrimonio Nacional y se establecieron en muchos sitios y tuvieron mayor o menor fortuna, dependiendo de las circunstancias y se convirtieron luego en un enemigo histórico muy poderoso contra nosotros porque se instalaron, sobre todo en los Países Bajos, Alemania e Inglaterra, urdiendo constantemente todas las guerras que tuvimos posteriormente en esas zonas y se establecieron también en Turquía y también atizaron al turco en la lucha contra la Cristiandad y lo respaldaron; tampoco era extraño porque los judíos verdaderamente siempre han procurado estar cerca del Poder constituido en cada sitio y procurando apoyarle, sacar ventajas de él y a su vez inducirle a determinados actos, eso también es bastante normal.

 

DESCUBRIMIENTO, CONQUISTA Y EVANGELIZACIÓN DE AMÉRICA

Se produce un hecho providencial en ese momento, que es el Descubrimiento de América y, por tanto, la conquista y evangelización de la misma; América, que es la gran hazaña de España, todavía más que La Reconquista, que nos había dejado con el espíritu combativo, firme, convencidos, audaces, en un estado nada aburguesado, nada cómodo, nada tranquilo, sino bien dispuesto a las mayores empresas. Y en ese momento, como un premio de la Providencia, parece que Se fija en España para descubrir un Mundo Nuevo, un Mundo Nuevo, que nosotros vamos a llamar el Nuevo Mundo. Porque España desde el primer momento se propone hacer ahí un Nuevo Mundo; con una facilidad tremenda los españoles, un puñado de hombres, se apoderan de imperios enteros porque es el choque de una cultura muy superior contra una cultura neolítica, de la edad de piedra; estaban atrasadísimos no conocían el arco en arquitectura, no conocían la rueda, no conocían multitud de adelantos que aquí teníamos, la brújula, etc... Sin embargo, lo que sí practicaban eran aberraciones como los sacrificios humanos en cantidades enormes, como enterrar a los siervos vivos con los caciques muertos, la esclavitud, el canibalismo, los harenes, la poligamia, las guerras crudelísimas matando a los prisioneros, el dominio de otros pueblos. Éstas cosas tienen su fin con la llegada de los españoles, que, inmediatamente se plantean qué hacer con aquella gente y esto es objeto de las más duras discusiones de los mejores teólogos de la época, que en Salamanca dan nacimiento al llamado derecho de gentes, el derecho que tienen los pueblos a vivir pacíficamente, a no ser conquistados por otros, etc... Se estudia porque es un fenómeno completamente nuevo y ya los reyes, desde el primer momento, quieren proteger a los indios; es famoso a este respecto el testamento de Isabel La Católica, que todos lo debiéramos conocer, donde manda que se proteja y se cuide benignamente a sus hijos, los indios. Después se van a promulgar una serie de Leyes de Indias que son todo un monumento jurídico para proteger a aquellas gentes. No se permiten los trabajos excesivos, no se permite la esclavitud. En cuanto España se vea debilitada, en la época de los Borbones, se va a volver a introducir la esclavitud y no digamos nada en las zonas portuguesas, inglesas, holandesas y demás; yendo a África, directamente a cazar negros y a llevarlos como esclavos a América. España se va a oponer cuando es una España cristiana con monarcas cristianos, que quieren gobernar en cristiano, se va a oponer a todo eso. Y además, España, no quiere que allí vaya cualquiera, no dejan ir gitanos, no dejan ir prostitutas, no dejan ir ladrones, delincuentes; al revés que Inglaterra, que, precisamente, a los delincuentes los expulsaba todos a Nueva Zelanda, especialmente, pues España no quiere que aquello se contamine, quiere empezar con las leyes del Evangelio un verdadero Mundo Nuevo, el Nuevo Mundo. Y, tampoco, deja que vayan sacerdotes de las parroquias, sólamente mandan a religiosos, a los mejores religiosos de las mejores órdenes, empiezan por los franciscanos y luego dominicos, y otras órdenes; más adelante, los jesuitas y va a haber experiencias como las de las reducciones de los jesuitas del Paraguay, que no sólo estaban en el Paraguay, sino en zonas de Argentina, en zonas de Bolivia, hasta el Perú, Ecuador, en fin, llegaron a muchos sitios estas reducciones y son un ejemplo maravilloso de civilización; de cómo cogen a los salvajes de la selva los reducen a un estado de civilización, a un lugar fijo donde habitar, les enseñan oficios artesanales y aquellos indios desarrollan todas las artes con la misma capacidad que los europeos, pero, además, sin ningún explotador, sin nadie que se aproveche de ellos; esto no podría ser consentido más adelante por la Masonería y toda esta gente que quiere tener esa mano de obra barata, sus esclavos, esas riquezas naturales y esos territorios y se van a quedar y van a destruir a sangre y fuego la Obra de las Reducciones de los jesuitas en el Paraguay. No sólo los jesuitas las hicieron, también los franciscanos y otros. Pero, especialmente, los jesuitas fueron los iniciadores y los que lo llevaron a su máxima plenitud porque la Compañía de Jesús nació en España por un vasco y español universal, Ignacio de Loyola. Es una orden prodigiosa que estuvo a la cabeza de todas las necesidades de La Iglesia. La Compañía de Jesús fue maravillosa, tenía los mejores talentos, la gente más preparada, con un método de disciplina de un verdadero ejército al servicio de La Iglesia. Por eso, la odiaron tanto los enemigos del Cristianismo y se empeñaron en suprimirla y destruirla. Así que España consigue crear allí una verdadera Civilización. Monta universidades, hospitales, catedrales, monasterios; verdaderamente América es un prodigio de cultura; América en muchas cosas era otra Europa renovada, muy superior, por supuesto, toda la América Española a lo que eran los Estados Unidos de Norteamérica que entonces no eran todavía eso, eran colonias inglesas y todavía se dedicaban, en cabañas de madera, a cazar indios, cortarles la cabellera y vivir como salvajes con un revólver al cinto. En América durante esos tres siglos de dominio español reina una verdadera pax hispánica, una paz española, sólo rota por las incursiones de los piratas ingleses y holandeses, que ambicionaban y envidiaban todo aquello y cometían ataques a nuestras colonias; únicamente había guarniciones para defenderse de éstos ataques. El resto, con la excepción de los araucanos en Chile, los indios, se sujetaron pacíficamente, aceptaron perfectamente la dominación, no hubo sublevaciones de importancia, no hubo que mantener ejércitos de conquista y cuando se produce la independencia (por obra, también, de la Masonería traidora en el siglo XIX después de la Invasión Napoleónica, aprovechando el momento en que España y su Reino, han quedado debilitados como consecuencia de aquella Invasión Napoleónica) son los indios los que van a defender la permanencia de América ligada a la Corona Española, porque los indios sabían muy bien que España es la que les podía defender mucho mejor que aquellos ambiciosos colonos, que estaban cerca de ellos y que se querían quedar con sus tierras y explotarlos y matarlos y, efectivamente, todavía a principios del siglo XIX, había un 20% de población indígena y ahora mismo, apenas es el 10%, ha disminuido mucho la población indígena porque la han ido exterminando. Se nos han atribuido, por envidia, para borrar nuestros grandes méritos una serie de leyendas negras; la Leyenda Negra ha intentado atacar a España como principal campeona de La Iglesia, como la portaestandarte de un modelo de civilización y de cultura católicos. Se han expandido leyendas negras increíbles sobre la Inquisición española, sobre lo que España ha podido hacer en las diversas partes de Europa y en América. Leyenda Negra que verdaderamente es eso, es una leyenda con el objeto de mancillar nuestra Historia que, por desgracia, hoy en día, muchos españoles la repiten como si eso fuera verdad. Y, sin embargo, es una hazaña gloriosísima la que llevó a cabo España en América.

 

GUERRAS POR LA FE Y EL SIGLO DE ORO

Otra cosa que tiene que hacer España en aquellos siglos XVI y XVII son las guerras en defensa de la Fe. España, por ser la potencia más grande del mundo se ve obligada a hacer frente al Protestantismo y a los turcos. Esto a España la va desangrar y especialmente a Castilla, que era la que generosamente se brindaba para todas las empresas porque el Reino de Aragón, especialmente Cataluña, siendo ricos no querían colaborar y apenas prestaban colaboración a la común empresa. Y España se desangró en estas guerras tremendas, pero consiguió gracias a eso salvar a la Iglesia Católica; si España no hubiera defendido a La Iglesia el Protestantismo se habría extendido hasta el Sur de Europa sin una oposición seria.

Y los turcos, lo mismo; precisamente cuando España consigue culminar su Reconquista, completar la unidad nacional, por el otro extremo de Europa, los turcos, los musulmanes, consiguen entrar en Europa. Es en 1453 cuando se produce la Caída de Constantinopla, que es la Roma de Oriente, del Oriente europeo, la otra cabeza del Imperio Romano, Bizancio, actual Estambul, y desde ahí penetran como una flecha por todos los Balcanes y se acercan a Viena, al mismo corazón de Europa; llegan en Italia a Otranto, amenazan todo el Mediterráneo, Creta, Chipre, etc. Todo lo amenazan. Y frente a eso, nuevamente, España, y además, el Sacro Imperio Romano-Germánico, desde Alemania, también combate, y conseguimos parar a los musulmanes a las puertas de Viena; especialmente importante es la Batalla de Lepanto, en 1571, día del Rosario, 7 de Octubre, las armas combinadas de la escuadra cristiana, al mando de Don Juan de Austria, el hermano bastardo de Felipe II, consiguen derrotar a los musulmanes. De esa época también es la gran Guerra de Las Alpujarras que va a culminar con la expulsión de bastantes moriscos y será ya en el siglo XVII cuando se expulse definitivamente a los moriscos. En todo ese tiempo España no dejó de sostener guerras y guerras. Mientras tanto, la política de alianzas matrimoniales había culminado con la incorporación de Portugal a la común Corona Española, porque Portugal también es España; no digo que pertenezca al Estado Español, sino que es España con el mismo derecho que el resto de España, porque España era todo y ya lo dice Camoens en Las Luisiadas "Portugueses y castellanos, que Españoles somos todos", como diciendo, no os llaméis vosotros solos españoles, porque españoles somos todos. (En Las Luisiadas se cuenta la gran gesta de los descubrimientos, conquistas y avances de Portugal por todos los océanos. Las hazañas de Portugal, de La Lusitania).

 

LA DECADENCIA

Y en 1640, se produce una cosa terrible, que para una España exhausta supone la derrota definitiva y va a suponer, a mi juicio, a partir de ese momento, la derrota que todavía estamos viviendo nosotros, pero, además cada vez más acentuada. En 1640 se produce la Traición de Cataluña. Las instituciones catalanas, que venían resistiéndose habitualmente a todos los esfuerzos bélicos españoles contra Francia (fijaos como era la cuestión; Francia amenazaba la Cataluña del Norte, la Cataluña española y los catalanes no querían prestar soldados ni armas ni siquiera dejar que se establecieran en su territorio las tropas españolas para defender a Cataluña; ellos querían ser defendidos, pero sin que les costara nada, pero querían ser defendidos y esto da lugar a una serie de revueltas que terminan en el famoso Corpus de Sangre de 1640, donde son asesinados, de manera alevosa por facinerosos, el Virrey de Cataluña y una serie de hombres representantes del Estado Español; después de muchas indecisiones el Conde-Duque de Olivares, que era el que gobernaba, decide que hay que mandar unos ejércitos e intentar reconquistar aquello. No se les ocurre otra cosa a esta gente que ponerse de acuerdo con los franceses, Richelieu y compañía, no para buscar la independencia de Cataluña, porque hasta entonces ellos seguían sin buscar la independencia, no se les había ocurrido ser independientes, nunca lo fueron, ni siquiera en esta ocasión; sino para ponerse del lado de Francia, quedar bajo la Corona Frances; lógicamente los franceses que estaban en guerra con España, una guerra tremenda, dicen que sí y aquello nos obliga aparte de estar combatiendo en todas partes, a estar combatiendo también en Cataluña. Y en ese momento los portugueses aprovechan para independizarse. ¿Qué ocurrió? Que por la Paz de Westfalia de 1648 tuvimos que ceder, y a partir de la Paz de Westfalia de 1648 y luego el Tratado de los Pirineos de 1654 (en los que se perdió la mitad Norte de Cataluña) ganó el enemigo, ganaron los protestantes, ganaron los masones, ganaron los judíos y el resto ha sido ir ocupando militarmente las posiciones que habían ganado. Primero en los países conquistados; después derribando reyes y príncipes, descristianizando las naciones y, por último, metiéndose en la propia Iglesia, todo desde la Paz de Westfalia, esa es nuestra gran derrota. A partir de ahí, digamos que hemos sido derrotados, no sólo fuimos derrotados, sino que, encima, luego nos imponen a la Casa de Borbón con consecuencias desastrosas también, porque eso nos provoca otra guerra civil, la Guerra de Sucesión de 1705, aproximadamente, a 1714, que termina con la famosa conquista de Barcelona, que da lugar a la actual Díada (que, por cierto, aquel hecho de armas, no se hizo, tampoco, para independizar Cataluña sino que los catalanes estaban a favor del Archiduque de Austria, Carlos de Austria, incluso cuando ya él había renunciado a sus derechos sobre la Corona de España, porque había sido nombrado Emperador de Austria). De manera que, otra vez, el encabezonamiento de los catalanes, y especialmente de Barcelona, nos llevó a una Guerra que nos debilitó bastante. Sin embargo, la supresión en ese momento de las instituciones catalanas va a suponer, paradójicamente un gran desarrollo y avance para Cataluña, que, hasta ese momento, había quedado muy medievalizada económicamente, bastante fastidiada; pero la apertura de fronteras, el ir los catalanes a otros sitios a establecerse, el poder a partir de ese momento comerciar con América y con todas partes que hasta ese momento lo tenían mucho más difícil porque como ellos no querían colaborar en las empresas, los reyes decían bueno si es Castilla, la que comercie con las colonias americanas, con el Imperio Español... Y como el mercado del Mediterráneo se fue cerrando, precisamente, por el avance de los turcos, hizo que Cataluña se quedara verdaderamente atrasada y la supresión de sus fueros y libertades y derechos propios, que no se había producido en 1654 cuando, por fin, son reincorporados y sometidos a la Corona Española. Ya, entonces, habían dado motivos suficientes para haber sido suprimidas todas esas instituciones. Posteriormente, en 1714, Felipe V las suprime todas porque si va a ser para dar problemas, os quedáis sin ellas; lo que ocurre con el abuso de los fueros, costumbres y tradiciones que siendo en sí buenas y razonables, como todas las cosas, se pude hacer un abuso de ellas y eso da lugar, pues, en este caso concreto a su supresión. ¿Habéis utilizado esto para rebelaros contra la común autoridad? Bueno, pues ahora se os quita esto, porque lo habéis utilizado de esta manera contra la común unidad.

 

EL ATAQUE DE LA REVOLUCIÓN Y EL LIBERALISMO

El siglo XVIII en cierto modo es tranquilo, pero es una lánguida decadencia donde lo que va minando es la lenta penetración de los ilustrados, aquellos del siglo de las luces, especialmente en Francia, pero que poco a poco se van a hacer extensivos a España. Ya, a finales del siglo XVIII, es cuando pululan por aquí los Aranda, Floridablanca, Campomanes y demás, que una de las cosas que van a conseguir es la disolución de la Compañía de Jesús; primero la expulsan de España, también hacen lo mismo en Francia, en Portugal, en Nápoles en otros Estados, en todos los que dominaba la Casa de Borbón; que, por cierto, luego perdería la Casa de Borbón todos sus reinos como un justo castigo a su perversidad. Se prepara el terreno, por tanto, para socavar los principios en que se asentaban aquellos reinos cristianos, que estaban dejando de serlo. Se produce la Revolución Francesa, con ella se viene abajo todo el Orden Antiguo y se produce un fenómeno revolucionario y la extensión de los principios liberales. Van a llegar a España esos principios con la Invasión Napoleónica, que, aunque el pueblo español unánimemente se enfrenta a ellos, los repudia y hace una guerra heroica, esos principios están ahí y las clases dirigentes los van a ir asumiendo y van a estar presentes todo el siglo XIX; eso provoca unas guerras tremendas. Primero con Fernando VII, que es un rey indeciso, sin firmeza, sin acierto, sin luces, que es partidario de un sistema absolutista, pero que cede repetidas veces ante los otros porque no puede, no sabe hacer otra cosa. Se establece un gobierno de corte absolutista hasta 1820. De 1820 a 1823 es un Trienio Liberal, que comienza con la sublevación de Riego en Las Cabezas de San Juan (Sevilla), con son las tropas que iban a ir a América a dominar la revuelta que había de Bolívar, San Martín, O´Higgins y toda esta gente. Al producirse esta revuelta no van las tropas y se pierde América. Esta es otra de las cosas que nos hace la Masonería al alimón en América con pequeños grupúsculos en las ciudades; eran verdaderamente unos cuantos, una minoría y en España otra minoría. Pero, es el poder de las minorías. (Las minorías organizadas pueden muchas veces más que los pueblos enteros. Por eso, la necesidad de organizarse, porque hasta ese momento los Estados se sustentaban naturalmente sobre todo un edificio de un pueblo organizado en gremios, en cofradías, en instituciones, en una aristocracia, en un clero, en un Ejército, todo con la cúpula del Rey; en cuanto ese edificio se tambaleó cada individuo queda sin poder reaccionar por su cuenta, porque no hay organizaciones que lo hagan reaccionar; por eso se va a crear en el siglo XIX, por ejemplo, el Carlismo, que ya es una organización, ya es una manera de enfrentarse organizadamente a estas otras organizaciones revolucionarias, subversivas, secretas, que son las organizaciones masónicas y posteriormente, las que vendrían después de carácter anarquista, comunista y socialista hasta los partidos políticos que conocemos hoy en día. Frente a eso, si no se organiza el pueblo español, si no se organiza la auténtica tradición, los auténticos portavoces de los valores hispánicos, pues entonces no se pueden defender, porque no se puede nada individualmente, hay que asociarse, esta es una gran lección). De manera que después del Trienio Liberal hay una reacción, se vuelve a instaurar el absolutismo y a la muerte de Fernando VII se produce un pleito dinástico porque él se ha casado varias veces, no ha tenido hijo varón y quiere que su hija Isabel sea la Reina con el apoyo de los liberales que eran partidarios de esta solución; mientras que su hermano Carlos, hermano de Fernando VII, reclama sus derechos según la Ley Sálica por la cual habiendo un descendiente, un pretendiente varón, pues es preferible siempre a las mujeres; que las mujeres no deben reinar o sólamente cuando no hay absolutamente ningún varón. Bueno, pues hay sucesivas revocaciones, esto es muy discutido y no es para entrar ahora aquí en ello, de esta Ley Sálica, que si se revoca, que si se revoca la revocación y así hasta que, por fin, estalla el conflicto. Los partidarios de Carlos V van a ser, en general, todas las gentes tradicionales, el clero rural, los frailes y toda la España tradicional. Inmediatamente los gobernantes liberales atacan furibundamente a La Iglesia. Producen la Desamortización que va a ser un gran latrocinio contra La Iglesia y va a ser la desarticulación de todo el orden social español porque, como os expliqué en una lección anterior, los campesinos que no tienen tierras cultivaban las de las iglesias o cultivaban las de los monasterios o cultivaban los bienes comunales que tenían los municipios y también trabajaban los bienes de propios. Se produce un gran descalabro como consecuencia de la desamortización. Además, hay matanzas de frailes, en Madrid, concretamente en San Francisco el Grande, por Cataluña y otros sitos también hay una persecución religiosa notable. Se produce, además, la supresión de los gremios, de los fueros y frente a todo esto reacciona la España tradicional en tres guerras que va a haber durante el siglo XIX, que son las guerras carlistas. Mientras tanto, los liberales proceden a descristianizar todo lo que pueden al pueblo. Va a ser nefasto el siglo XIX porque grandes masas de campesinos van a ir a las ciudades en condiciones muy precarias en los suburbios, sin atención religiosa, desarraigados de sus familias y ambientes y aquí se va a generar una descristianización muy importante que, además, va a ser el caldo de cultivo para las ideologías materialistas, anarquistas, comunistas y socialistas. Todo esto culmina con el llamado Desastre del 98 en el cual perdemos las últimas colonias, las últimas provincias, Filipinas, Puerto Rico y Cuba, por la agresión de los Estados Unidos. España en un siglo, de ser el mayor Imperio del mundo ha pasado a ser una potencia de segundo orden sin apenas fuerza.

SIGLO XX

De todas maneras se va desenvolviendo la vida nacional con cierta tranquilidad, alterada de vez en cuando por huelgas como la de 1909, la Semana Sangrienta en Barcelona, especialmente, nos libramos de la I Guerra Mundial, lo cual fue bastante beneficioso y, después de ciertas inestabilidades y huelgas y jaleos, viene la Dictadura de Primo de Rivera, que introduce un periodo de seis años muy fructíferos de reconstrucción nacional; los políticos se cansan de esto y conspiran hasta que consiguen acabar con esa Dictadura. Se celebran unas elecciones municipales en 1931; en las grandes ciudades ganan los republicanos y el Rey Alfonso XIII se marcha. Se instaura la República, inmediatamente comienza otra vez la persecución religiosa; un mes después de la instauración del 14 de Abril del 31, el 11 de Mayo del 31, se produce la quema de conventos e iglesias que empieza en Madrid y se propaga por todo el territorio nacional, especialmente en algunas ciudades de Andalucía como Málaga. Se vuelve a prohibir la Compañía de Jesús, se vuelve a prohibir la enseñanza religiosa y se prohíbe enseñar a las órdenes religiosas, se quita el Crucifijo de las escuelas, se produce un fenómeno de lucha de clases, pobreza, enfrentamiento, intento por parte de los grupos comunistas y socialistas de hacer una experiencia parecida a la de Rusia en 1917; hay alguna reacción en 1933 cuando ganan las derechas, las izquierdas no aceptan aquello y en 1934 hacen la Revolución de Octubre del 34, hasta que el enfrentamiento es tan grande que estalla una Guerra Civil, como conocéis, en 1936 (paso muy por encima de todo eso porque son fenómenos que conocéis bien), durante la Guerra que para nosotros es una Cruzada porque, esencialmente, se defiende a Dios y a España, se defiende el sentido Tradicional de la vida, Transcendente, frente al sentido materialista, masónico, marxista de rojos y republicanos; y después de muchos hechos heroicos, de muchas víctimas y de muchos mártires se consigue triunfar. Viene el Régimen de Franco que es, otra vez, una gran etapa de reconstrucción nacional, de prosperidad material, de pacificación de los espíritus, de revitalización del espíritu religioso. Es una gran etapa benéfica en todos los órdenes. A la muerte de Franco, como él había buscado una solución en una Monarquía Católica, Tradicional, Social y Representativa después de múltiples aportaciones y pedir opinión de todos, se produce la llegada de Juan Carlos al Poder a título de Rey y éste enseguida se pone de acuerdo con los enemigos del Régimen para derribarlo junto con los que traicionan al Régimen desde dentro con perjurio, porque habían jurado todos, por Dios, defender aquel Movimiento Nacional y aquel Régimen y nos traen la democracia para insertarnos en la Europa y en el mundo democrático en línea con otros países. Eso, como consecuencia, nos ha traído, como preveíamos todos los que nos opusimos a esa Traición, un grave riesgo para la Unidad Nacional, por la proliferación, otra vez, de autonomías y separatismos que tienen su origen en el siglo XIX; antes no había habido esos fenómenos separatistas, es un decaimiento de la Riqueza Nacional, una descristianización, una corrupción de toda la sociedad en todos los órdenes como conocéis, pues es el Paro, es la Droga, el Aborto, es el Divorcio, es la pérdida de la Familia. En fin, todo lo que estamos viviendo es consecuencia de la instauración de éste Régimen con unos principios políticos totalmente contrarios a los que siempre guiaron a España para ser una Gran Nación.

 

EPÍLOGO DE LOS HETERODOXOS

Creo que podríamos acabar con la lección que saca de todo esto Menéndez Pelayo, que es una página memorable, y que una parte de ella, creo que merece la pena que recordemos hoy, porque es verdaderamente muy bonito y como fin de la lección de Historia de España. Menéndez Pelayo en el Epílogo de los Heterodoxos, que escribe muy joven, lo termina en 1882, y, por tanto, él tenía aproximadamente veintitrés años cuando lo publica, quizás lo escribió incluso antes. Él dice que por nuestro carácter y por las tribus que había no estábamos llamados a la unidad porque, desde luego, España es muy grande y hay grandes diferencias geográficas. Dice también que debemos nuestra unidad, en principio, a Roma, pero que eso no bastaba. Continúa él de ésta manera: "Faltaba otra unidad más profunda, la unidad de la creencia, sólo por ella..."

Tras la lectura del final del Epílogo de los Heterodoxos el Jefe exclama Por el Imperio hacia Dios ¡Arriba España! contestamos ¡Arriba!, a continuación pronuncia ¡Viva Cristo Rey!, respondemos ¡Viva!.

http://perso.wanadoo.es/mce-aje/Historia%20Nacional.htm 2006-06-13

 

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‘Una de las primeras y más nobles funciones de las cosas pocas serias es de tirar una sombra de desconfianza sobre las cosas muy serias’ Chesterton.

 

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El eterno hoy de Dios ha descendido en el hoy efímero del mundo, arrastrando nuestro hoy pasajero al hoy perenne de Dios. Dios es tan grande que puede hacerse pequeño. Dios es tan potente que puede hacerse inerme y venir a nuestro encuentro como niño indefenso, a fin de que podamos amarlo. Es tan bueno que puede renunciar a su esplendor divino y descender a un establo para que podamos encontrarlo y, de este modo, su bondad nos toque, nos sea comunicada y continúe actuando a través de nosotros.

 

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La calumnia puede aparecer al inicio como algo claro, certero, pertinente y con tintas de cierto. Poco después se descubre la mentira trabajada con malévola verborrea.

 

La mentira difamatoria es una maldad camuflada hasta bajo una posible luminosa escaramuza del estilo. En realidad nunca tuvo nada que decir, solo bajeza deshonrada; revelando una superficialidad entreverada al picoteo de los necios.

 

Difamar, -tan miserable hábito- se bifurca entre mil manos que escriben huecos y turbios desprecios a la verdad.

 

Las sectas «jehovistas, mormones, bautistas y otras americanistas», tienen un especial método de infiltración, llegando a alterar la verdad histórica; con el único e indigno afán de, a través de la calumnia, desprestigiar a la Iglesia fundada por Cristo. ¡No soportan 2000 años de historia!

 

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Jesucristo, al momento en que envía a los apóstoles a predicar el evangelio a todo el mundo, desea que su Iglesia sea universal (en griego ‘católicos’), es decir: en plena catolicidad hasta al final de los tiempos, así la designa Jesucristo.

 

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LA UNIVERSALIDAD SALVÍFICA DE JESUCRISTO NACE EN ÉL, Y HACE A SU IGLESIA ‘CATÓLICA’ PORQUE SU ANUNCIO SALVÍFICO ES CATÓLICO-TOTAL-UNIVERSAL.

 

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«¿No es una arrogancia hablar de verdad en cosas de religión y llegar a afirmar haber hallado en la propia religión la verdad, la sola verdad, que por cierto no elimina el conocimiento de la verdad en otras religiones, pero que recoge las piezas dispersas y las lleva a la unidad?». Card. + Joseph Ratzinger*
Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe
Fragmento de «La Unicidad y la Universalidad salvífica de Jesucristo y de la Iglesia»

*en el siglo: Joseph RATZINGER - S.S. Benedicto PP. XVI –

 

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La Iglesia, desde el inicio, es católica,

esta es su esencia más profunda, dice Pablo.

 

“El nuevo pueblo de Dios, la Iglesia, es un pueblo que proviene de todos los pueblos. La Iglesia, desde el inicio, es católica, esta es su esencia más profunda. San Pablo explica y destaca esto en la segunda lectura, cuando dice:  "Porque en un solo Espíritu hemos sido todos bautizados, para no formar más que un cuerpo, judíos y griegos, esclavos y libres. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu" (1 Co 12, 13). La Iglesia debe llegar a ser siempre nuevamente lo que ya es: debe abrir las fronteras entre los pueblos y derribar las barreras entre las clases y las razas. En ella no puede haber ni olvidados ni despreciados. En la Iglesia hay sólo hermanos y hermanas de Jesucristo libres”. S. S. Benedicto XVI – P.P. 2005

 

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«Cada día nacen nuevas sectas y se cumple lo que dice San Pablo sobre el engaño de los seres humanos, sobre la astucia que tiende a llevar al error».

 

Al comentar la segunda lectura, de la carta a los Efesios, el Cardenal Ratzinger se ha referido a los ataques que ha recibido el cristianismo en los últimos años. «Cuántos vientos de doctrina hemos conocido en estas últimas décadas –dijo el cardenal alemán–, cuantas corrientes ideológicas, cuantas modas de pensamiento. La pequeña barca del pensamiento de muchos cristianos ha sido agitada con frecuencia por estas ondas, llevada de un extremo al otro, del marxismo al liberalismo, hasta el libertinaje; del colectivismo al individualismo radical; del ateísmo a un vago misticismo religioso; del agnosticismo al sincretismo. Cada día nacen nuevas sectas y se cumple lo que dice San Pablo sobre el engaño de los seres humanos, sobre la astucia que tiende a llevar al error. Tener una fe clara, según el Credo de la Iglesia, se etiqueta a menudo como fundamentalismo. Mientras el relativismo, es decir, el dejarse llevar» aquí y allá por cualquier viento de doctrina parece la única actitud a la altura de los tiempos que corren. Toma forma una dictadura del relativismo que no reconoce nada que sea definitivo y que deja como última medida solo al propio yo y a sus deseos. Nada más real que la descripción hecha por Ratzinger, y nada más acorde con lo que hubiera dicho Juan Pablo II.
El cardenal alemán se ha limitado a decirles a los electores del nuevo Papa lo que, posiblemente, les habría dicho Juan Pablo II Magno: que no caigan en la tentación de poner en la Sede de Pedro a alguien que no tenga la fortaleza suficiente para resistir a la «dictadura del relativismo»; que elijan a alguien –y éstas son las palabras con que concluyó la homilía– «que nos guíe al conocimiento de Cristo, a su amor, a la verdadera alegría». 2005-04-18 Inicio del Conclave – Vaticano, Roma, Italia.

 

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“Alegraos en el Señor siempre; lo repito: alegraos. Que vuestra bondad sea notoria a todos los hombres. El Señor está cerca. No os inquietéis por cosa alguna, sino más bien en toda oración y plegaria presentad al Señor vuestras necesidades con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa toda inteligencia, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. Por lo demás, hermanos, considerad lo que hay de verdadero, de noble, de buena fama, de virtuoso, de laudable; practicad lo que habéis aprendido y recibido, lo que habéis oído y visto en mí, y el Dios de la paz estará con vosotros.” San Pablo en su carta a los Filipenses 4, 4-9vs.

 

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Debido a la existencia de páginas excelentes sobre apologética y formación,  lo que se pretende desde aquí es contribuir muy modestamente y sumarse a los que ya se interesan por el Evangelio de Cristo de manera mucho más eficaz.

  

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Tomás de Kempis (1380+1471), el gran escritor y místico alemán, autor de uno de los libros de espiritualidad más traducidos y leídos de todos los tiempos –«La imitación de Cristo»–.

 

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¡Que tu conducta nunca de motivos de injustificada inquietud a la creación, de la que tu eres el rey!

 

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Si el número de tontos es infinito, que así lo enseña el Eclesiastés, ¿cómo podremos expresar la cifra total de quienes han hecho provechoso oficio de la manipulación de la memoria histórica nacional, europea o mundial?

 

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Historia - Estamos todos endeudados con el pasado porque nadie escapa a la impresión de la historia. ¿Acaso algo de la humano no me pertenece?.

La conducta de nuestros antepasados debemos afrontarla con honestidad ya que, como recordaba Cicerón, lo razonable y probo dimana de cuatro fuentes: el conocimiento, el sentimiento de comunidad humana, la magnanimidad y la tendencia a la moderación. Templanza, cordura y sensatez son exigidas por la verdad que tiene no sólo el derecho, sino la obligación de defenderse de la mentira, adquiera ésta la forma que fuere. Hay hoy penuria de historia fiable y, por el contrario, contamos con abundancia de fábulas y calumnias odiosas.

 

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Ciertamente que al juzgar la historia cometemos indefectiblemente errores.

Es humano, pero también es humano hacer todo lo posible para evitar tener que corregir el error, ya que cada uno percibe la realidad y a los demás según su propia capacidad; capacidad ésta siempre desigual la de hoy, a la del pasado y a la del mañana. Analizar con rigurosidad y exactitud permanentes.

Aprender del pasado es continuar a colmar la experiencia histórica de la humanidad. Al decir de Confucio: “aprender sin pensar es inútil. Pensar sin aprender, peligroso”. Como nos dijo Aristóteles: “lo más importante si quisiéramos llegar a la conclusión correcta es hacer la pregunta correcta”. Cuestionarnos a qué sirven conjeturas capciosas, retóricas, rumores o argumentos que no están solidamente fundamentados; saber bien  hacer un análisis moderado que busque tener la mayor objetividad posible, dando así pensamientos a continuar en caminos iluminados por la luz de nuestros días.

 

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Cada historia parcial ilustra y enriquece una historia común que cobra su pleno sentido en el marco de una historia europea y aún en el alma de una historia universal. Así pues, es necesaria una historia útil, crítica, rigurosa y siempre actualizada; moralmente neutra y políticamente desinteresada, que nos inmersa de lleno en los debates que dan sentido a la vida intelectual y nos ayudan a «comprender» la auténtica realidad en la que vivimos. Que nos lleve a la cuna del pensar participando a mejor y bien vivir, evitando conductas claramente reprochables como anómalas.

 

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Escudriñar la historia sin ignorancia ni tergiversación; presentar la historia y hechos con las debidas conexiones generales y dentro de un contexto temporal, político, social, religioso, etc. Lograremos entonces, evitar tanta deformación dejando el pasado como irreconocible; sobre todo, huyendo de esa mórbida manía de proyectar hacia la realidad o la historia, sus propias confabulaciones, fantasías, resentimientos. Sólo el mitómano crea fábulas o inventa (su) historia, donde todo es verosímil pero casi nada es verdadero. Ella es una historia ‘ininterpretable’; conducta delictiva que deshonra. Una historia incorrecta y deforme no corrige ni prepara al hombre destinado a la felicidad y a la belleza. No amonesta e inicia un proceso ulceroso y largo; infectada de mentiras y capciosidades, enferma los pueblos más indefensos.

 

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Mentiras históricas - Siembra semillas de resentimiento endureciendo el corazón y no permite instruir rectamente, causando disgusto y desazón por tanto vituperio.

No permite pasar de la ignorancia a la sabiduría, de la insensatez a la cordura, de la incontinencia al dominio de las pasiones, no amonesta ni educa.

Manía, extravagancia y despropósito en que continúan a caer los inquisidores y constructores de «leyendas negras» precisamente porque no presentan documentos fiables, irrefutables, irreprochables y con rigor «académico-apodíctico» frente a sus delirios y disparates. Con soltura y facilidad dividen la historia, presentan escritos sin la capacidad de verificación, unifican épocas consideradas esencialmente diferentes, por ejemplo: la historia política de la Europa de los siglos XVI y XVII no fue, evidentemente, la de los siglos XIV s XV, pero convertir 1453, 1492 o 1500 en rígidas líneas divisorias, hace difícil comprender el por qué de muchos acontecimientos sucedidos tras el ocaso del Medioevo. Llegase de esta manera a la esencia de la ruin manipulación informativa, puesto que, una de las necesidades más básicas para manipular no es encontrar una mentira que divulgar, sino contar con verdades útiles. El perverso requiere ser creíble, de lo contrario no contará con arrastre y no será oído. Por eso busca con afán verdades para deformarlas, exagerarlas, recortarlas y desfigurarlas hasta hacerlas irreconocibles en su sentido, pero idénticas en apariencia. Con tales procedimientos «hartos de orgullo», la difamación y calumnia son pasto de sus cortedades de alcance y de miras. Decía Karl Popper que “es imposible convencer a alguien mediante razonamientos de que cambie una convicción a la que no ha llegado mediante el razonamiento”. Los tergiversadores saben de ser manipuladores y, concientes son, que la manipulación donde mejor arraiga es en la ignorancia. Como dice Sánchez Cámara: “Resaltar los errores, propios, por otra parte, de la condición humana, y minimizar los aciertos, también, sin duda, propios de la condición humana, es una manera de tergiversar la verdad e incumplir el imperativo de veracidad que debe presidir la actividad periodística. El error puede ser disculpable; la mentira, no” (ABC-XXIII. XI. MMI.)

 

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Historia y obligaciones - Todos estamos obligados a informarnos amplia y correctamente, enterarnos bien antes de escribir, principio básico para todo escritor. Ser atento y de recta conciencia para no manipular y tanto menos calumniar. Saber que manipular la información es rara vez alterarla, y es casi siempre omitir en parte la verdad del facto e ignorar el contexto. Texto sin contexto, es puro pretexto. Fray Luis de León decía: “Para hacer el mal, cualquiera es poderoso.”

No nos dejemos seducir por lo que dijo Pepita que se lo dijo fulano que encontró una fotocopia en la cesta universitaria -bajo el polvo de la sospecha; eso es un modus operandi residual, carente de evidencia e inteligencia.

Un libro histórico merece credibilidad cuando reúne tres condiciones básicas: ser auténtico, verídico e íntegro. Es decir: cuándo el libro fue escrito, en la época y por el autor que se le atribuye (autenticidad), y cuándo el autor conoció los sucesos que refiere y no quiere engañar a sus lectores (veracidad), y, por último, cuándo-cómo ha llegado hasta nosotros sin alteración sustancial (integridad). Para ser honesto hay que ser veraz, sin mezquindad. Ese es y debe ser siempre el deber del historiador como de quien publica un texto histórico, si es que está movido por la verdad y no por ganar dinero.

Debe explicar el pasado intentándolo con el esfuerzo nunca terminado de la investigación y con el uso de los métodos más adecuados a ella. Por otra, contribuir a la mejora de la sociedad donde vivimos para que, al ser más consciente de ella misma y de su historia, evite las percepciones erróneas y los prejuicios, que tanto daño ha hecho ya. Dice don Miguel Ángel Ladero Quesada, de la Real Academia de la Historia: “...Hemos de llevar el pasado, sin faltar al recuerdo, a su propia situación de tiempo ya fenecido, evaluando lo más correctamente que podamos su influencia o herencia en el presente. Sólo así se construirá con cierta libertad el futuro, pero, para conseguirlo, hay que acabar con las falsificaciones de la Historia”.

 

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Infamia e historia - apliquemos en efecto, el mismo rasero y tal vez convengamos en que la historia de la infamia es –como sugirió Borges- universal y de ella no se salva nadie. El hecho de que algunas veces a lo largo de la historia la verdad se haya alzado con aires o con hechos de intolerancia, e incluso que en su error haya llegado a llevar hombres a la hoguera, no es culpa de la verdad sino de quienes no supieron entenderla. Todo, hasta lo más grande, puede degradarse. Es cierto que el amor «malentendido» puede hacer que un insensato cometa un crimen, pero no por eso hay que abominar del amor, ni de la verdad, que nunca dejarán de ser raíces que sostienen la vida humana.

“El ideal o el proyecto más noble puede ser objeto de burla o de ridiculizaciones fáciles. Para eso no se necesita la menor inteligencia” (A. Kuprin).

 

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Iglesia difamada - Cómoda y descansadamente estos últimos tiempos se difama y calumnia «con descaro y osadía y gran ahínco», a la Iglesia Católica. La intolerancia es hija del miedo, si no de la presunción. No pueden imputarse a la Iglesia las aberraciones que se vio obligada a denunciar y condenar: sería tanto como responsabilizar al Ministro de Justicia de todos los delitos que castiga el Código Penal; delitos que pueden cometer hasta los mismos altos miembros de la Corte Suprema.

S.S. Juan Pablo II en mayo del pasado año decía: “En el vasto mar de la historia, la Iglesia no tiene miedo de los desafíos y las insidias que encuentra en su navegación, si mantiene firme el timón en la ruta de la santidad, hacia la que la ha orientado el «gran Jubileo».-

 

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Cuando el hombre occidental, olvida los valores que le conformaron en la cristiandad, vuelve a retomar los primitivos ídolos y divinidades del Becerro, Marte y Venus (el dinero, la violencia y el instinto) como referencias vitales.

Es verdad que, a pesar de la fragilidad del barro ya manifestada en la negación de Pedro, la santidad de la Iglesia no ha dejado de resplandecer nunca en sus santos, lo cual sigue siendo uno de los motivos de credibilidad y uno de los argumentos apologéticos más poderosos. Pero desgraciadamente –como en la parábola del trigo y la cizaña (Mt. 13,24-30)- en la viña del Señor está también presente el pecado. Los santos padres se referían a la Iglesia como la imagen audaz de la casta meretriz. Por su propio origen histórico y por sus tendencias innatas, la Iglesia es una «ramera», procede de la Babilonia de este mundo; pero Cristo –como en la preciosa parábola de Ez 16- la lavó y la convirtió de «ramera» en esposa. Desde entonces, en ella viven siempre en tensión la debilidad humana y la fuerza de Dios; y esto incluso en sus representantes más preclaros. Con razón el Concilio Vaticano II hizo suya una fórmula que Gisbert Voetius, teólogo calvinista de estricta observancia, pronunció en el Sínodo de Dordrecht (1618-1619):  «Ecclesia semper reformanda» (LG 8c).

Ese arsenal de viejos errores en conductas humanas, no ha impedido de manifestar la verdad de Cristo a sus fieles durante veinte siglos. Negar el saldo moral positivo del balance, la enorme contribución de la Iglesia a la causa de la civilización, y que por cada dignatario depravado ha habido millares de hombre buenos y sabios, sería un agravio a la verdad histórica. Una historia teratológica inficiona y embarga el futuro de la humanidad generando diversas esclavitudes; manipulados así, otros piensan en nuestro lugar.

 

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El saber, historia e Iglesia - La Iglesia católica honrando deberes auténticos y en defensa del saber y la libertad del pensamiento, fundó precisamente escuelas, primero unidas a las catedrales, luego convertidas en universidades para que desaparezcan derechos falsos y para que el hombre no haga interpretación del mundo en esquemas con clave de poder sobre los demás. Aquí está el quid del escarnio en el ataque histórico contra la Iglesia: la fuente del saber estorba al falaz.

La historia manoseada siempre es apta-útil a la intolerancia y el totalitarismo.

Y tanto mejor hoy en un mundo que se ha hecho pequeño por la rapidez con que la información  viaja de un extremo al otro, su difusión y la transmisión de las ideas es también inmediata y fácil por lo que se puede hablar de globalización del pensamiento; y aún es mayor el enorme peligro que corremos con las mentiras construidas. Dado que no es un disparate decir que los medios de comunicación son actualmente para muchos los principales educadores inspirando comportamiento, estilos de vida y maneras de comprender el mundo y el hombre, tanto mayor debe ser nuestra atención a la verdad, al estudio y análisis para que el hombre no deje de pensar por si mismo y no sea pensado desde fuera. La televisión, la radio, la prensa, Internet se convierten así en las primeras instancias morales, dictan lo que está bien y lo que está mal, lo feo y lo bello, lo que debe hacerse y permitirse y lo que no. Se acaba viviendo a base de unas pocas ideas o tópicos que se repiten hasta la saciedad sin que nadie los someta a un análisis riguroso para averiguar de donde vienen, a qué intereses o intenciones responden y si responden a la verdad. Se descapacita a desarrollar el espíritu crítico. Sin fundamento en los principios con mejores y muchas posibilidades, pueden convertir las falsedades históricas en armas contra la Iglesia, como desgraciadamente está ocurriendo con demasiada frecuencia. Raro es el día que pasa que no veamos en alguno de estos medios cómo la Iglesia, sus ministros o sus declaraciones son objeto de visiones desmesuradas o mentiras manifiestas. Ya Cristo anunció a sus discípulos que serían perseguidos como difamados, hecho que a lo largo de la historia nunca ha dejado de ocurrir. La diferencia con el pasado es que hoy al producirse esta persecución y ataques con los instrumentos mediáticos modernos, tienen una resonancia mucho mayor pues llegan rápidamente a todo el mundo y a todas partes. Utilizando fórmulas sensacionalistas y de escaso contenido y rigor se crea con mucha facilidad un estado de opinión pública errónea y contraria a la Iglesia que posteriormente es muy difícil de corregir. Y esto una y otra vez contribuye eficazmente a denigrar y a poner bajo sospecha a la Iglesia cada vez que surgen cuestiones que la atañen directa o indirectamente. Una cosa es el disentir o la crítica razonada y otra es el sectarismo y la tendenciosidad.

 

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Pseudo-historiadores - Por ser miembros de la Iglesia no podemos ni debemos callarnos o permitirlos. La estrategia utilizada por los pseudo-historiadores como los adictos a las falacias y suposiciones contra la Iglesia es negarle el derecho a defenderse, y cuando lo hace se la tacha de victimismo, de cultivar la cultura de la queja, o de repetición de tics extemporáneos.

En definitiva se ridiculiza su derecho a defenderse, lo que no se hace con ninguna otra institución. Parten de unas posiciones que presuponen la culpabilidad de la Iglesia a la que se exige todo tipo de explicaciones; raramente se disculpan y nunca piden perdón. Se arrojan el derecho absoluto de establecer lo que está bien y lo que está mal en contra de la opinión de la Iglesia. Se erigen en jueces infalibles sin aceptar ninguna infalibilidad, resolviendo muchas veces las cuestiones más arduas por medio de juicios sumarísimos. Niegan que la Iglesia pueda tener sus propias normas y se autotitulan «tolerantes» y pregoneros del respeto. Ponen en tela de juicio la doctrina de la Iglesia, frecuentemente en base a declaraciones de personas de cierta popularidad que no están en posición de poder opinar con un mínimo de conocimiento de causa, y no dejan sino entrever su profunda ignorancia sobre las cuestiones religiosas tratadas. Como en el campo de la doctrina se carece de argumentos serios para ir contra la Iglesia, se recurre a la ironía, la burla, el sarcasmo, el descrédito, el desprecio y la desacralización. En Internet como también en la televisión, con una absoluta falta de respeto a la sensibilidad religiosa de muchas personas, se trata de forma frívola y superficial a personas de la jerarquía de la Iglesia, o temas específicamente religiosos; y cuando se les ocurre «con la posibilidad de hacer dinero», presentan escritos sin saber resolver el problema de dónde y cuando fue escrito el documento, es decir, ni saben datarlo ni localizarlo, careciendo de cualquier metodología hasta para hacer una distinción entre escritura libresca y escritura documental, entre saber leer y saber transcribirlo; cuánto mas vago e impreciso, mejor para desacreditar. Se niegan a considerar que la Iglesia deba opinar sobre cuestiones temporales. Se pretende relegar la fe y la doctrina católicas, así como la práctica de la religión, a la esfera de lo privado, eliminándolas lo más posible de la esfera pública. Parecería un intento de hacerla volver al tiempo de las catacumbas. Favorecen la diatriba contra la Iglesia en forma de apoyo a los que disienten abiertamente contra ella, ya sean personas individuales o movimientos sociales. Usan sistemática asociación de lo que peyorativamente llaman nacionalsocialismo o con el franquismo, o sistemas políticos de los más variopintos que fueren. Se ignora o se silencia el martirio diario de miembros de la Iglesia que son asesinados, por el solo hecho de ser católicos y promover la justicia, la paz, el perdón.

Identifican progreso con permitir el aborto, la manipulación genética, el desprecio de la vida humana en estado embrionario, la eutanasia hacia personas que ya no producen y sólo son causas de gastos y molestias, matrimonios entre homosexuales, ordenación de mujeres, equiparación de las parejas de hecho a las formas de familia tradicional...etc y tachar de reaccionaria la postura de la Iglesia que manifiesta su disconformidad con ellas.

 

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Historia, labor e Iglesia - Se practica la cicatería en el elogio o se trata de negar  el reconocimiento de la labor positiva de la Iglesia a favor de los más desfavorecidos, en educación, con los enfermos, abandonados, en la promoción de los valores sociales y económicos y en la defensa a ultranza de todos aquellos valores en los que se asienta la dignidad humana. Se hace uso de una calculada ambigüedad a la hora de tratar determinados temas que tienen que ver con la Iglesia. Se da una de cal y otra de arena, manifestando como un temor a ponerse completamente de parte de ella, quedando de manifiesto la tibieza evangélica tan frecuente en los medios cristianos de hoy. Tomar la excepción, el pecado o error de algunos como la norma general dentro de la Iglesia y que sólo dentro de la Iglesia católica pueden existir tales desviaciones humanas, etc. Se hipertrofian deliberadamente las excepciones. Coger un tema que perjudique a la Iglesia y apurarlo hasta el límite en artículos, editoriales, entrevistas. Se recurre con frecuencia a la calumnia más pérfida, la mentira, el infundio, sin preocuparse de contrastar la información para comprobar su veracidad. Ello obedece a la táctica de que se sabe que una vez vertida una información negativa sobre algo o alguien, el daño ya está hecho; además, estando publicado en un libro y a la vez en Internet, hacer creer que es cierto, indubitable e indefectiblemente. Una forma de ataque más sutil que los habituales pero de mayores efectos a la larga, es denigrar de forma indirecta la estética tradicional de la Iglesia. Si las ideas de Belleza y Bondad fueron consideradas siempre como un reflejo de la Belleza y Bondad divinas, ahora se procura eliminar esta inspiración sustituyéndola por el feísmo gratuito e intrascendente o recurriendo a tácticas esperpénticas. Un ejemplo reciente lo tenemos en el supuesto rostro de Jesús confeccionado por un sedicente antropólogo y que los medios de comunicación se apresuraron a publicar.

 

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Ataques, historia e Iglesia – El mentir orquestadamente avanza en la impunidad de sus ataques. Es clara la gran pasividad de los católicos ante todos estos hechos que de una manera progresiva se han ido instalando en nuestra vida cotidiana. Nos hemos acostumbrado a convivir con ellos y muchas veces los observamos hasta en clave de humor. No nos damos cuenta de que con nuestra falta de reacción nos hacemos culpables de que los fundamentos cristianos sobre los que se ha ido tejiendo nuestra historia y cultura con sus gestas heroicas y tragedias, con sus aciertos y equivocaciones, con sus épocas de esplendor y decadencias, van siendo minados. Se nos sustrae el alma de nuestra cultura y quedamos impasibles ante la consecuencia de su inevitable decadencia y las repercusiones que ello trae. Pareciera que domina una actitud de resignación ante lo que se considera inevitable o de obligado tributo que habría que pagar al progreso de nuestras sociedades aconfesionales en las que al final parece que todo vale. Y la paradoja es que precisamente en unas sociedades saturadas por la variedad de medios de comunicación, y de canales para hacer llegar a la opinión pública nuestra voz, los católicos permanecemos en gran parte mudos, facilitando la impunidad de estas agresiones constantes. Es claro que los medios de comunicación social protagonizan un constante bombardeo contra la concepción cristiana de la vida y del hombre cuando promueven esta política de ataques más o menos directos contra la Iglesia. Contribuyen al establecimiento de una atmósfera cada vez más contraria a los valores del humanismo cristiano, y a la acentuación de ese vacío existencial que amenaza al hombre de hoy, y que es origen de tantas lacras en las nuevas generaciones tales como las drogas, la promiscuidad sexual, el alcohol, las enfermedades mentales, la incapacidad para mantener la fidelidad conyugal, la lealtad...etc.

Como cristianos tenemos pues que ser conscientes de la trascendencia que supone nuestra  pasividad ante estos hechos. Si queremos de verdad sociedades más justas, y libres donde el hombre pueda desarrollarse plenamente como tal y creemos que en el mensaje de salvación cristiano está la clave que así sea, no podemos asistir inermes a los ataques a nuestra religión y a nuestra Iglesia, vengan de donde vengan. Si estos ataques permanecen impunes es responsabilidad de todos el que así sea. Y si no miremos a otras sociedades o grupos de creyentes. Sin elogiar posturas extremas, ¿qué pasa cuando un medio de comunicación social se mete contra los judíos o musulmanes? La reacción suele ser contundente social y económicamente y la retractación por parte de quien ha hecho el ataque, inmediata.

 

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Anticatolicismo - Si se declara delito el antisemitismo ¿por qué no también el anticatolicismo o el ataque a otra religión cualquiera? No se puede confundir la tolerancia y el respeto a otras creencias con la indefensión y la falta de exigencia de respeto a las propias. Debemos reaccionar debidamente con prudencia y caridad; eso no quita de recurrir a la aplicación de la legislación vigente por medio de oportunas denuncias; rechazar los medios hostiles a la Iglesia, negándoles nuestra audiencia y seguimiento, así como las marcas comerciales que los patrocinan. Como conclusión pedimos ante tantas agresiones enunciadas: conocimiento a fondo de la situación denunciada; reacción valerosa y oportuna ante ellas; búsqueda del criterio justo, con la humildad suficiente para corregir los propios errores y dejarse inspirar siempre por el máximo precepto evangélico: IN OMNIA CHARITAS.

 

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Es deber indeclinable de la Iglesia iluminar las realidades temporales con la luz del Evangelio y abogar para que sus hijos (es decir, todos y cada uno de los bautizados) tenga la oportunidad de conocer cuál es la opinión de la misma sobre determinadas materias. Asimismo es deber de la Iglesia ayudar a que los católicos tengan la posibilidad de vivir en una sociedad donde esos valores sean respetados y favorecidos recurriendo a los medios lícitos a los que cualquier ciudadano puede apelar y abogando para que esos valores sean tenidos en consideración por las leyes estatales. No parecería justo negarle a la Iglesia la posibilidad de expresarse libremente cuando todas las otras confesiones e instituciones –aún las civiles- que componen la sociedad lo pueden hacer. 

Por supuesto que nada de esto quita ni busca quitar la libertad que en definitiva tiene cada persona a la hora de decidir, sino sólo ilustrar y guiar hacia lo que se ve que es un bien a ser respetado por todos.

 

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San Juan Crisóstomo (hacia 345-407) obispo de Antioquia y Constantinopla, doctor de la Iglesia Católica - Homilías sobre San Mateo

 

“Perdónanos nuestra ofensas, como nosotros perdonamos a los que nos ofenden.” (Mt 6,12) -      Cristo nos pide dos cosas: condenar nuestros pecados y perdonar los de los otros; hacer lo primero a causo de lo segundo, que será más fácil, porque el que recuerda sus propios pecados será menos severo para su compañero de miseria. Y perdonar no sólo de boca sino desde el fondo del corazón, para no volver contra nosotros mismos el hierro con qué atravesamos al otro. ¿Qué daño te puede hacer tu enemigo que fuera comparable al que tú te infliges tú mismo?...Si te dejas arrastrar por la cólera y la indignación serás herido no por la injuria que el otro de hace sino por el resentimiento que hay en ti.
      No digas, pues: -me ha ultrajado, me ha calumniado, me ha hecho mucho daño.- Cuanto más hablas del mal que te ha hecho, tanto más demuestras que te ha hecho bien, ya que te propicia la ocasión de purificarte de tus pecados. Así, cuanto más te ofende, tanto más te da oportunidad de obtener de Dios el perdón de tus faltas. Porque si queremos, nadie nos podrá perjudicar. Incluso, nuestros enemigos, de esta manera, nos hacen un gran bien... Considera, pues, las ventajas que te resultan de una injuria sufrida con humildad y mansedumbre.

 

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«Bendito seas, Padre, (...) porque has revelado los secretos del Reino a la gente sencilla» (Aleluya).

Dios manifiesta su sabiduría y revela sus planes de salvación a la gente sencilla. ¡Cuántas veces lo experimentamos en nuestro trabajo diario! ¡Cuántas veces el Señor elige caminos aparentemente ineficaces para realizar sus providenciales designios de salvación!

¡Bendito seas, Padre, porque revelas a la gente sencilla la sabiduría divina y misteriosa, que ha permanecido oculta, y has predestinado antes de los siglos para nuestra gloria! (cf. 1 Co 2, 7).

Ayúdanos a buscar siempre y únicamente tu sabia voluntad. Haz que seamos instrumentos de tu amor, para que caminemos sin cesar en tu ley. Abre nuestros ojos, para que descubramos las maravillas de esta ley; danos inteligencia para que la observemos y cumplamos con todo nuestro corazón. Amén.

 

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De la carta de san Clemente primero, Obispo de Roma - Pont. Papa [años 88-97ca.Roma], a los Corintios - (Caps. 19, 2-20, 12: Funk 1, 87-89)

 

Dios ha creado el mundo con orden y sabiduría
y con sus dones lo enriquece

 

No perdamos de vista al que es Padre y Creador de todo el mundo, y
tengamos puesta nuestra esperanza en la munificencia y exuberancia del don de la paz que nos ofrece. Contemplémoslo con nuestra mente y pongamos los ojos de nuestra alma en la magnitud de sus designios, sopesando cuán bueno se muestra él para con todas sus criaturas.

Los astros del firmamento obedecen en sus movimientos, con exactitud y orden, las reglas que de él han recibido; el día y la noche van haciendo su camino, tal como él lo ha determinado, sin que jamás un día irrumpa sobre otro. El sol, la luna y el coro de los astros siguen las órbitas que él les ha señalado en armonía y sin transgresión alguna. La tierra fecunda, sometiéndose a sus decretos, ofrece, según el orden de las estaciones, la subsistencia tanto a los hombres como a los animales y a todos los seres vivientes que la habitan, sin que jamás desobedezca el orden que Dios le ha fijado.

Los abismos profundos e insondables y las regiones más inescrutables obedecen también a sus leyes. La inmensidad del mar, colocada en la concavidad donde Dios la puso, nunca traspasa los límites que le fueron impuestos, sino que en todo se atiene a lo que él le ha mandado. Pues al mar dijo el Señor: Hasta aquí llegarás y no pasarás; aquí se romperá la arrogancia de tus olas. Los océanos, que el hombre no puede penetrar, y aquellos otros mundos que están por encima de nosotros obedecen también a las ordenaciones del Señor.

Las diversas estaciones del año, primavera, verano, otoño e invierno, van sucediéndose en orden, una tras otra. El ímpetu de los vientos irrumpe en su propio momento y realiza así su finalidad sin desobedecer nunca; las fuentes, que nunca se olvidan de manar y que Dios creó para el bienestar y la salud de los hombres, hacen brotar siempre de sus pechos el agua necesaria para la vida de los hombres; y aún los más pequeños de los animales, uniéndose en paz y concordia, van reproduciéndose y multiplicando su prole.

Así, en toda la creación, el Dueño y soberano Creador del universo ha querido que reinara la paz y la concordia, pues él desea el bien de todas sus criaturas y se muestra siempre magnánimo y generoso con todos los que recurrimos a su misericordia, por nuestro Señor Jesucristo, a quien sea la gloria y la majestad por los siglos de los siglos. Amén.

 

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De los sermones de san Atanasio, obispo de la Iglesia Católica [años 295-373], contra los arrianos - (Sermón 2, 78. 79: PG 26, 311. 314)

 

Las obras de la creación, reflejo de la Sabiduría eterna

 

En nosotros y en todos los seres hay una imagen creada de la Sabiduría eterna. Por ello, no sin razón, el que es la verdadera Sabiduría de quien todo procede, contemplando en las criaturas como una imagen de su propio ser, exclama: El Señor me estableció al comienzo de sus obras. En efecto, el Señor considera toda la sabiduría que hay y se manifiesta en nosotros como algo que pertenece a su propio ser.

Pero esto no porque el Creador de todas las cosas sea él mismo creado, sino porque él contempla en sus criaturas como una imagen creada de su propio ser. Ésta es la razón por la que afirmó también el Señor: El que os recibe a vosotros me recibe a mí, pues, aunque él no forma parte de la creación, sin embargo, en las obras de sus rnanos hay como una impronta y una imagen de su mismo ser, y por ello, como si se tratara de sí mismo, afirma: El Señor me estableció al principio de sus tareas, al comienzo de sus obras.

Por esta razón precisamente, la impronta de la sabiduría divina ha quedado impresa en las obras de la creación para que el mundo, reconociendo en esta sabiduría al Verbo, su Creador, llegue por él al conocimiento del Padre. Es esto lo que enseña el apóstol san Pablo: Lo que puede conocerse de Dios lo tienen a la vista: Dios mismo se lo ha puesto delante. Desde la creación del mundo, sus perfecciones invisibles son visibles para la mente que penetra en sus obras. Por esto, el Verbo, en cuanto tal, de ninguna manera es criatura, sino el arquetipo de aquella sabiduría de la cual se afirma que existe y que está realmente en nosotros.

Los que no quieren admitir lo que decimos deben responder a esta pregunta: ¿existe o no alguna clase de sabiduría en las criaturas? Si nos dicen que no existe, ¿por qué arguye san Pablo diciendo que, en la sabiduría de Dios, el mundo no lo conoció por el camino de la sabiduría? Y, si no existe ninguna sabiduría en las criaturas, ¿cómo es que la Escritura alude a tan gran número de sabios? Pues en ella se afirma: El sabio es cauto y se aparta del mal y con sabiduría se construye una casa.

Y dice también el Eclesiastés: La sabiduría serena el rostro del hombre; y el mismo autor increpa a los temerarios con estas palabras: No preguntes: «,,Por qué los, tiempos pasados eran mejores que los de ahora?» Eso no lo pregunta un sabio.

Que exista la sabiduría en las cosas creadas queda patente también por las palabras del hijo de Sira: La derramó sobre todas sus obras, la repartió entre los vivientes, según su generosidad se la regaló a los que lo temen; pero esta efusión de sabiduría no se refiere, en manera alguna, al que es la misma Sabiduría por naturaleza, el cual existe en sí mismo y es el Unigénito, sino más bien a aquella sabiduría que aparece como su reflejo en las obras de la creación. ¿Por qué, pues, vamos a pensar que es imposible que la misma Sabiduría creadora, cuyos reflejos constituyen la sabiduría y la ciencia derramadas en, la creación, diga de sí misma: El Señor me estableció al comienzo de sus obras? No hay que decir, sin embargo, que la sabiduría que hay en el mundo sea creadora; ella, por el contrario, ha sido creada, según aquello del salmo: El cielo proclama la gloria de Dios, el firmamento pregona la obra de sus manos.

 

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¿Dedico algunos minutos a contemplar lo bello en la naturaleza?. ¿La reconozco como obra amorosa del Creador?. ¿Yo mismo me reconozco como obra del corazón y de las manos de Dios?. ¿Le doy gracias a Dios?. ¿Cuántas veces elevo mi corazón a Dios con jaculatorias de loas y gratitud?

 

 

Gracias por venir a visitarnos

 

Recomendamos vivamente:

Título: ‘Históricamente incorrecto. Para acabar con el pasado único’.
Autor: Jean Sévilla - Editorial: Ciudadela

 

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).