Tuesday 23 May 2017 | Actualizada : 2017-03-29
 
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La ignorancia es la madre del odio;

el odio trastorna, nútrese del falso. 

El demonio es el padre de la mentira

y esta subsiste por la ignorancia.

 

 

El contexto vital determina la mentalidad de las personas. No es lo mismo haber nacido en un país que en otro, en una cultura que en otra, en una situación política o en otra. Cuando nos acercamos a personas que han nacido en otra cultura, o que vivieron hace mucho tiempo, la necesidad de conocer el contexto en que vivieron es aún mayor, porque el paso del tiempo y la distancia cultural nos separan de su mundo y nos hacen extraños a él.

 

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"Conviene no erigirse con arrogancia en juez de las generaciones precedentes, que vivieron en otros tiempos y en otras circunstancias. Es necesaria una humildad sincera para no negar los pecados del pasado y no caer en fáciles acusaciones en ausencia de pruebas reales o ignorando las diferentes circunstancias de la época", S.S. Benedicto PP. XVI –Varsovia 2006-05-25

 

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Las hipótesis, dejan de ser suposiciones cuando van demostradas -  «Muchos clérigos influyentes creían que Galileo podía tener razón, pero necesitaban más datos. Cuando Galileo –en una pirueta científico-teológica– propuso la reinterpretación de ciertos versículos de la Biblia, los teólogos pensaron –con razón– que Galileo había usurpado su autoridad». Victoria Llopis

 

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Nicolás Copérnico

 

Luis I. Amorós, el 11.06.2015 a las 11:59 PM

Infancia y años de formación

 

Mikolaj Kopernik (más conocido como Nicolás Copérnico) nació en Torun (o Thorn, como se conoce en alemán), en la región de Chelmno (también llamada Prusia Real u Oriental), en el reino de Polonia, el 19 de febrero de 1473, en el seno de una rica familia de comerciantes. Su padre provenía de una familia de mercaderes de Cracovia (aunque el apellido proviene de la región de Silesia), y su madre era hija de un rico mercader local. De sus tres hermanos mayores, uno fue agustino y otra monja benedictina. Huérfano a los diez años, fue adoptado por su tío materno Lukas Watzenrode, canónigo de la catedral de Frauenburg (Frombork en polaco) y luego obispo de Warmia, que le costeó el ingreso en la Universidad de Cracovia en 1491- bajo la dirección del matemático Wojciech Brudzeski- al advertir las notables condiciones del muchacho para el estudio. 

 

Con brillantes calificaciones, Nicolás viajó a la península italiana y cursó derecho canónico en Bolonia a partir de 1496, recibiendo la influencia de la filosofía humanista durante los años en que estudió profundamente a los clásicos, aprendiendo griego y filosofía. También fue asistente del astrónomo platónico Doménico da Novara, aunque en aquel entonces no era esta la principal de sus ocupaciones, y es de los pocos contemporáneos que no mostró jamás interés en la astrología (común entre los astrónomos).

 

Terminó una formación completísima estudiando medicina en Padua y alcanzando el grado de doctor en derecho canónico por la universidad de Ferrara en 1503.

 

Acabados sus estudios se incorporó a una canonjía de la catedral de Frombork (tomó órdenes menores, pero nunca fue consagrado presbítero), obtenida por influencia de su tío y protector Watzenrode, en cuya corte episcopal de Lidzbark (Masuria, en Prusia Oriental) pasó a residir como consejero en derecho, acompañando a su tío como asesor en las sesiones de la dieta de la Prusia Real en 1504, que trató la alineación de las ciudades prusianas junto al monarca polaco contra las pretensiones de la Orden Teutónica de recuperar aquellos territorios.

 

En 1512, su tío el obispo Lucas murió y Copérnico volvió a Frauenburg con 39 años a administrar los bienes del cabildo de Warmia. De esta experiencia vino su afición a la economía, publicando el tratado Monetae cudendae ratio sobre reforma monetaria en 1528, considerado por muchos como precursor de la ley de Gresham, y que tuvo gran seguimiento entre los responsables monetarios polacos y prusianos. También practicó sus conocimientos médicos (fue galeno personal de varios obispos de Warmia y en ocasiones consultor del médico real polaco), ocupó cargos administrativos en la ciudad gracias a su prestigio intelectual y fue un difusor del humanismo en la ciudad, mostrándose como un auténtico hombre del Renacimiento, que destacó en múltiples campos. En su torre de la ciudad registró hasta 60 observaciones astronómicas obtenidas con instrumentos rudimentarios, como el cuadrante y la esfera armilar.

 

En la ciudad ejerció también un papel político en continuidad con el de sus antepasados, siendo firme defensor de la corona polaca frente a las aspiraciones de anexión tanto de la Orden Teutónica como posteriormente del duque Alberto de Prusia en varias guerras durante esos años. Es probablemente su origen polaco uno de los condicionantes para que en la vorágine de la llamada Reforma protestante de las siguientes décadas (que golpeó con contundencia a Prusia), se mantuviese fiel católico (como todos los polacos), mientras la numerosa población alemana de la región se pasaba casi en bloque al protestantismo. 

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El giro copernicano

 

Fue a partir de 1507 cuando la astronomía se convirtió en su principal campo de estudio. Rescatando las hipótesis de los pitagóricos y Heráclides Póntico (siglo IV a.C), y repasando los datos y observaciones de astrónomos anteriores, Copérnico elaboró una primera hipótesis del sistema solar heliocéntrico. Basándose en el modelo plasmado en el Almagesto de Claudio Ptolomeo, concordaba con la idea de un universo esférico y finito. Asimismo, aceptaba que el movimiento esférico era la regla de todos los cuerpos celestes, pero difería del egipcio en que consideraba que la tierra no era el centro, y de hecho no creía que hubiese un único centro común a todos los movimientos celestes. Sus hallazgos quedaron reflejados en su monumental obra (le llevó un cuarto de siglo completarla, de 1506 a 1531) De revolutionibus orbium coelestium (De las trayectorias de las esferas celestes), considerado el punto de partida de la astronomía moderna, y en la práctica, uno de los pioneros del método científico moderno.

 

Su gran aportación fue intuir que el sistema tolemaico, que se había complicado con cada nueva observación astral hasta precisar ochenta círculos que justificasen el movimiento de siete planteas errantes, fallaba al situar la tierra en el centro. Al resucitar la teoría heliocéntrica de Aristarco de Samos (siglo III a.C) con el apoyo de los datos obtendios empíricamente con las observaciones astrales, Copérnico simplificó el sistema tradicional, dándole una mayor coherencia.

 

Las ideas novedosas de su teoría se resumían en las siguientes afirmaciones: los movimientos celestes son uniformes, circulares y eternos, compuestos de varios ciclos llamados epiciclos. El centro del universo se halla cerca del sol, alrededor del cual orbitan los seis planetas conocidos (entonces aún no se habían descubierto Neptuno y Urano) más la luna, cuyo centro de rotación, a su vez, es la Tierra. Las estrellas son objetos muy distantes y fijos (no orbitarios) y la distancia Sol-Tierra es mucho menor que la que la separa de las estrellas. La tierra tiene los movimientos de rotación (diaria), revolusión (anual) e inclinación de su eje (anual), y el movimiento retrogrado de los planetas (planetas errantes) queda explicado por el propio de la Tierra.

 

Que la tierra se moviese y no fuese fija (por tanto, el centro del universo) ya había sido teorizado por varios astrónomos del siglo anterior, como Nicolás de Orseme, Jean Buridan o Alberto de Sajonia. Copérnico manifestó asimismo su convicción de que colocando al sol como centro se expresaba impecablemente la verdadera armonía universal, salvaguardando así la perfección divina del movimiento astral: “por ningún otro camino he podido encontrar una simetría tan admirable, una unión armoniosa entre los cuerpos celestes”. Siempre creyó que las esferas cristalinas de Ptolomeo (cuya existencia nunca puso en duda) debían encontrarse en el exacto punto medio del sol, la lucerna mundi y de hecho empleaba la expresión “en este espléndido templo, el universo, no se podría haber colocado esa lámpara en un punto mejor ni más indicado”, haciendo referencia al Sol como a la lámpara que se coloca en lugar bien visible de la parábola evangélica (Lc 11, 33).

 

El problema de la teoría copernicana no era de orden astronómico, sino filosófico e incluso teológico. Al situar la Tierra como un planeta más de los que giraban alrededor del sol inmóvil (helioestatismo), chocaba con la concepción clásica (aceptada por el cristianismo) de que la bóveda celeste era inmutable y el mundo terrestre el sujeto a cambio y movimiento. La implicación metafísica de ello era impactante: el planeta tierra, en el que vivían los hombres, no era un lugar excepcional y central en la Creación divina, sino uno como otros. Es por esa razón que a esta teoría heliocéntrica se la llamó (y se le sigue llamando) “giro copernicano”, estableciendo un antes y un después del modo en que la astronomía modificó la visión de sí mismos de los hombres con respecto al universo y a su lugar en él.

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El trabajo oculto de Copérnico

 

Temeroso de que las novedosas deducciones de dicho cambio filosófico- relacionado con las teorías paganizantes pitagoricas y neoplatónicas- pudieran traerle problemas, Copérnico evitó difundir su trabajo, limitándolo a la circulación alrededor de 1514 de un manuscrito-resumen llamado De hypothesibus motuum coelestium a se constitutis commentariolus entre unos pocos astrónomos polacos con los que había compartido observaciones de eclipses, y de cuyo conocimiento en la materia y discreción no tenía dudas. Casi un siglo después, Tycho Brahe incluiría un fragmento de este manuscrito en su tratado Astronomiae instauratae progymnasmata (Praga, 1602), aunque en sí mismo no sería editado hasta 1878.

 

En 1533, el secretario papal Johann Albrecht Widmannstetter (un teólogo y filósofo humanista alemán), tuvo acceso al manuscrito, y lo presentó al papa Clemente VII y a dos cardenales, los cuales mostraron vivo interés y premiaron al teutón. Al fallecer el papa en septiembre de 1534, Widmannstetter pasó a ser secretario del también alemán obispo von Schönberg, elevado al cardenalato por el papa Pablo III en 1535, a quien habló de tal modo de Copérnico, que este le escribió en diciembre de 1536 una carta (que este incluyó en su obra) ponderando sus descubrimientos y rogándole que se los hiciese llegar, incluso costeando un escribiente que fuese a su ciudad a tomar notas para publicarlo en forma de libro.

 

Sin embargo, Copérnico, tal vez por temor a las implicaciones teológicas que su teoría podría suscitar, o bien a las objeciones que plantearan los astrónomos, se resistió a dar a conocer su obra hasta que finalmente cedió a los ruegos de su único discípulo, el astrónomo protestante, Georg Joachim von Lauchen (conocido como Rheticus).

 

Rheticus era un matemático y médico austríaco, que completando sus estudios en la universidad de Wittenberg trabó contacto con el célebre predicador protestante Phillip Melanchthon, que lo patrocinó como profesor de matemáticas en dicha universidad a partir de 1537. Su mentor le encargó un viaje de estudios en busca de famosos matemáticos y astrónomos, y al recalar en Nuremberg al año siguiente, el matemático Johannes Schöner le persuadió para que tratara de convencer a Copérnico de que le permitiese imprimir su ya famoso tratado.

 

En 1539 von Lauchen llegó a Frombork acompañado por su asistente Heinrich Zell. Fueron muy bien recibidos por Copérnico, y Rheticus se convirtió en su devoto discípulo, admirado de su saber. Del trabajo de su anfitrión escribió un resumen que envió a Schöner y se publicó en 1540 con el nombre de Narratio Prima. En 1542 editó un tratado de trigonometría escrito por el propio Copérnico. La buena acogida de este trabajo, y las constantes cartas de Rheticus presionándolo, vencieron al fin las resistencias del canónigo, y a finales de ese año Copérnico accedió a entregar el manuscrito a su amigo el obispo de Chelmno, Tiedemann Giese, para que Rheticus imprimiese el De revolutionibus en Nurenberg. La primera edición apareció en 1543.

 

Pocas semanas después, el 24 de mayo de 1543, Nicolás Copérnico falleció de apoplejía en Frombork a los 70 años de edad, desconocedor de las consecuencias que para la astronomía iba a tener su trascendental trabajo. En 2005 un equipo de arqueólogos polacos encontró sus restos enterrados en la catedral local. 

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Publicación del De revolutionibus orbium coelestium

 

La obra estaba dedicada al papa Pablo III en una larga introducción en la que justifica la importancia de la propuesta de Copérnico por la mayor exactitud de sus cálculos astronómicos y, secundariamente, de la fijación del calendario por la Iglesia (tema candente en aquellos años- había sido un asunto principal en el V Concilio lateranense de 1512 a 1517- y que concluiría en 1582 con la sustitución del calendario juliano por el más excato astronómicamente calendario gregoriano que actualmente empleamos), y estaba dividida en seis libros.

 

El primero hacía una presentación general de la teoría heliocéntrica dentro de la gran esfera universal, el segundo descibe los principios de la concepción astronómica esférica y un catálogo de las estrellas fijas conocidas, el tercero trata del movimiento aparente del sol y los equinoccios, el cuarto trata los mismos aspectos sobre la luna y sus movimientos orbitales, y los dos últimos desarrollan con detalle la explicación del nuevo sistema universal, explicando como calcular la posición de las estrellas errantes basándose en el heliocentrismo.

 

El manuscrito original iba precedido de un texto en el que Copérnico defendía que su visión heliocéntrica no iba en contra de las enseñanzas cristianas. El editor, un luterano alemán llamado Andreas Osiander, con experiencia en publicar textos teológicamente polémicos, decidió sustituirlo (sin consentimiento del autor) por un prólogo sin firma (conocido como Ad lectorem de hypothesibu huius operis) en el que el sistema copernicano se presentaba como una hipótesis matemática para mejor calcular las órbitas celestes, sin pretensión de que debiera reflejar la realidad del Universo, en contra de lo que fue el convencimiento de Copérnico. Pretendía así (y de hecho lo consiguió las primeras décadas) que la difusión del libro no se viese entorpecida por el rechazo a sus revolucionarias novedades en el campo de la astronomía y la filosofía. 

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Repercusión de la obra de Copérnico

 

El De Revolutionibus orbium coelestium fue recibido inicialmente con frialdad por la comunidad científica, hasta que en 1546 el dominico Giovanni Maria Tolosani escribió el tratado De veritate Sacrae Scripturae. En él acusaba a Copérnico de carencia de observaciones suficientes, o bien empleo exclusivo de las que apoyaban su teoría (objeciones irónicamente científicas), concluyendo que había extraído consecuencias erróneas debido al error filosófico de emplear “ciencias inferiores”, como las matemáticas y la astronomía (consideradas como tales por sus datos con frecuencia inexactos o irreproducibles) para extraer consecuencias sobre “ciencias superiores” como eran tenidas la física y la cosmología. La causa era, según Tolosani, la pobre formación del prusiano en física y lógica, que le llevaba a rescatar el pitagorismo pagano (que consideraba los elementos de fuego en el centro del universo), descartado hacía tiempo por oponerse a la razón humana y las Sagradas Escrituras. El libro del dominico, no obstante, tuvo muy escasa difusión.

 

La mayoría de universidad católicas (incluyendo La Sorbona) la consideraron sacrílega por el mismo motivo, aunque en la cátedra de astronomía de la Universidad de Salamanca era lectura recomendada en 1561 y obligatoria en 1594, lo que demuestra que en los primeros años su lectrua era optativa en la Cristiandad católica. De hecho, el escolástico agustino salmantino Diego de Zúñiga, en su obra Job Commentaria (1584), consideraba que el heliocentrismo de Copérnico no era incompatible con la fe católica, por cuanto interpretaba la centralidad universal de la Tierra en la Historia de la Salvación como alegórica y no literal.

 

Entre el protestantismo la acogida no fue mejor. El mismo Lutero condenó la obra por contradecir las Sagradas Escrituras (concretamente apeló al libro de Josué, cap 10, versículo 13). Aunque Calvino se manifestó ferviente geocéntrico en varios escritos teológicos, no hay constancia de que llegase a tratar el libro del prusiano. Otro predicador célebre, el epigramista británico John Owen, afirmaba que las conclusiones copernicianas estaban basadas en “fenómenos falibles y presunciones arbitrarias”. El propio Melanchthon consideraba absurdo el heliocentrismo de Copérnico, pese a la insistencia de su protegido Rheticus. No obstante, astrónomos reputados como John Dee, Giambattista Benedetti o posteriormente Johannes Kepler sí adoptaron su postura.

 

Se podría decir que, fieles cada una a su esencia, la teología católica rechazaba el heliocentrismo por sus resabios neoplatónicos y pitagóricos (declaradamente paganos), y la teología protestante por poner en duda la literalidad de la Revelación divina contenida en las Escrituras.

 

No obstante, el magno Concilio de Trento (1545-1563) no tocó el tema del heliocentrismo de ningún modo.

 

El proceso a Galileo Galilei trajo de nuevo actualidad al De Revolutionibus, al ser la obra principal a la que apelaba el acusado en su defensa, y marcó la auténtica condena oficial a los postulados filosóficos que defendía la obra. En marzo de 1616, y en el marco de la condena al genial astrónomo pisano, el cardenal Bellarmino (rescatando la obra de Tolosani y asesorado por los escritos de los sacerdotes Serarius e Ingoli) logró que fuese incluido en el Índice de Libros prohibidos por “enseñar la doctrina pitagórica- falsa y completamente opuesta a la Sagrada escritura- del movimiento de la Tierra y la inmovilidad del Sol”, prohibiendo la publicación salvo que se introdujese una nota que advertía que el modelo allí presentado era puramente matemático y no pretenía representar fielmente la realidad. Las ediciones así corregidas de la obra fueron las únicas que se permitieron circular. La obra original no fue retirada del Índice hasta 1758, por órden del papa Benedicto XIV, aunque incluso entonces con ciertas reservas en las ediciones publicadas que no fueron levantadas definitivamente hasta 1835. 

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Legado

 

El trabajo astronómico de Nicolás Copérnico supuso un auténtico cambio de paradigma que dio lugar a la astronomía moderna. Aunque el propio autor aseguraba que sus deducciones expresaban la armoniosa unión de todos los cuerpos celestes, demostrando la perfecta simplicidad de la obra divina, el pensamiento escéptico ha visto en su hallazgo una de las primeras piedras de toque de la independencia de la razón (empírica) frente a la fe (en este caso proveniente de la Revelación), y el hallazgo del orden universal al margen de la Palabra de Dios. En cierto modo, y sin proponérselo, Copérnico activó el debate filosófico entre razón y fe (aspecto en el que también catolicismo y protestantismo han marchado por caminos diversos).

 

Para algunos, el gran mérito de Copérnico habría sido en realidad fungir de precursor e inspiración para el gran Galileo (otro astrónomo católico), uno de los padres de la física moderna.

 

Aparte de este legado monumental, Copérnico deja otros más anecdóticos, pero que expresan el reconocimiento hacia su trabajo.

 

La llamada iglesia episcopaliana (rama estadounidense de la Comunión Anglicana), honra a Copérnico, al igual que a Kepler, en el calendario litúrgico, concretamente el 23 de mayo.

 

En 1935 se le dio el nombre Copernicus a uno de los mayores cráteres lunares (tiene 93 kilómetros de diámetro), situado en la parte oriental del Mare Insularum.

 

En 1973 la República Federal de Alemania emitió una moneda de 5 marcos con la efigie del astrónomo, en conmemoración al quinto centenario de su nacimiento.

 

El febrero de 2010 la International Union of Pure and Applied Chemistry nombró al elemento 112 de la tabla periódica como copernicio en su honor.

2015.06.11

http://infocatolica.com/blog/matermagistra.php/1506111159-nicolas-copernico

 

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… Entonces Plutón ya no es más planeta. VIII.2006

… se equivocaría el Tribunal, la ciencia,

o éramos atrasados, o progresa el conocimiento…

Las hipótesis dejan de ser suposiciones, después de ser demostradas.

¡Y allí sigue Plutón, entonces!.

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Las etiquetas coladas con astucia tramposa y de mala intención han hecho algunas temáticas históricas algo espinosas, cuando no, muy difíciles de afrontar con limpidez y objetividad.En la muy marrullera transcripción que hacen de aquellos hechos históricos, ponderan más la mentira - complaciéndose en adulaciones con alto rédito inmediato- que molestar con la verdad. ¡Pero no es ésta la que buscan; por supuesto que no! Lo que siguen buscando, y a estas alturas nadie debiera dejarse engañar por sus charlatanerías, es una maniobra para silenciar la voz más influyente y poderosa que hoy defiendela libertad de todos. Y que la defiende a su propio riesgo –cárcel, vida y muerte- por anunciar a Jesucristo, proclamando el perdón e instruyendo a las gentes. Al contrario de quienes, desde su propio bando, intentan socavar su influencia; se llaman de los nuestros y viven haciendo el juego contrario. A la Iglesia, cuánto le deben muchos, y ¡qué poco les deben ellos a los efímeros matones!En la brumade la guerra contra la Iglesia se cuelan pifias, trampas y errores y tantas, tantas mentiras y desinformaciones. Lo grave es la incomprensión con que multitud de medios de comunicación, políticos y comentaristas abordancon insensatez el dramáticopredominio cultural del agnosticismo y del relativismocon el acoso hacia los débiles o desesperados.Ven en los indefensos una incapacidad para “saber hacer”. Quieren pensar por ellos negándoles la libertad y dignidad otorgadas por el creadora cada ser humano, imagen y semejanza de Dios."Todos los hombres —dice el Concilio—, conforme a su dignidad, por ser personas, es decir, dotados de razón y voluntad libre, (...) se ven impulsados, por su misma naturaleza, a buscar la verdad y, además, tienen la obligación moral de hacerlo, sobre todo la verdad religiosa".

 

¿Qué o quién les tiene puesta la mordaza?

 

Sepamos desenmascarar a todos aquellos que se sienten "poseedores de la verdad" (entre otros: el cientificísmo contemporáneo). Y le endilgan "precisamente esa misma actitud a la Iglesia", acusándola de su "dogmatismo" y ellos son los "dogmáticos absolutos" porque ya han definido (¡y no se nos ocurra contradecirles!), Que la realidad se agota en lo que se puede "comprobar" y por ende, todo conocimiento metafísico y de apertura a la Trascendencia, es "puro imaginario supersticioso", el regreso morbo a una época ya superada por las “luces propias del “espíritu positivo”. Además nadie, pero nadie, lo que se dice nadie, recuerda o no quiere recordar que la Iglesia ¡¡ha sido la única institución que -explícita y universalmente- ha pedido perdón por los errores y faltas en el comportamiento de algunos de sus hijos!!

 

¿De qué lado está la soberbia, entonces?

 

La Iglesia Católica es la única instituciónreligiosaen el mundo que tiene unaAcademia de Ciencias’, no sólo de índole internacional, sino de la que puede participar cualquierdoctocientífico (con o sin religión),con tal que goce no sólo de un amor desinteresado por la verdad, sino también de reconocida honestidad intelectual…  Siendo así, volvemos a repetir…y hasta el cansancio:

 

¿De qué lado está la soberbia, entonces?

 

¿Qué o quién les tiene puesta la mordaza?

 

¿De qué lado está la soberbia, entonces?

 

Desmitifiquemos a los grandes monstruos sagrados que el hombre de hoy adora, será una manera más de acercarnos desde una  razón que “no tiene miedo a la verdad” desde el mundo material hasta el Fundamento Último de todo lo real, en la necesaria e íntima vinculación entre las ciencias particulares y la Filosofía. VVV.2006.

 

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De hombres, hechos, notas y acontecimientos de tal época para comprender el contexto:

 

 

Galileo Galilei -igual que otro ferviente católico, Cristóbal Colón- convivió abiertamente more uxorio con una mujer, con la cual, sin querer casarse, tuvo un hijo varón y dos hijas. Al dejar Padua para volver a Toscana, donde tenía más posibilidades de hacer carrera, abandonó sin más (alguien sospecha también con brutalidad) a su fiel compañera, la veneciana Marina Gamba, quitándole incluso los hijos. «Provisionalmente alojó a sus hijas en casa del cuñado, pero tenía que encontrar una solución definitiva y esto no era fácil, porque, dada la ilegitimidad, no se podía pensar en un futuro matrimonio. Galileo pensó entonces meterlas a monjas. Pero las leyes eclesiásticas no permitían que chicas tan jóvenes profesaran votos, y Galileo se encomendó a altos prelados para que las dejaran entrar igualmente en convento: así, en 1613, las dos jóvenes -de trece y doce años- entraban en el monasterio de San Mateo de Arcetri y poco después tomaban los hábitos. Virginia, que tomó el nombre de sor María Celeste, pudo llevar cristianamente su cruz: vivió con profunda piedad y en activa caridad hacia sus hermanas. Livia, en cambio, sor Arcángela, sucumbió bajo el peso de la violencia sufrida y vivió neurasténica y enfermiza» (Sofia Vanna Rovighi).

En el plano personal, por lo tanto, Galileo habría sido vulnerable. Decimos «habría sido» porque, gracias a Dios, aquella Iglesia que lo llamó a presentarse delante del Santo Oficio, aquella Iglesia acusada de moralismo despiadado, bien procuró no caer en el error fácil y mezquino de mezclar su vida privada, sus decisiones personales, con sus ideas, lo único que estaba en discusión. «Ningún eclesiástico le reprocharía nunca su situación familiar. Muy diferente habría sido su suerte en la Ginebra de Calvino, donde decapitaban a los "concubinos" como él» (Rino Cammilleri).

Es una observación que vierte un rayo de luz en una situación poco conocida. Ha escrito Georges Bené, uno de los estudiosos que más conocen esta historia: «Desde hace dos siglos Galileo y su caso interesan, más que como fin, como medio polémico contra la Iglesia católica y su "oscurantismo", que obstaculizaría la investigación científica.» El mismo Joseph Lortz, católico riguroso y completamente ajeno a ese espíritu de autoflagelación de tanta actual historiografía clerical, autor de uno de los más célebres manuales de historia de la Iglesia, cita, compartiéndola, la afirmación de otro estudioso: «El nuevo mundo nace, esencialmente, fuera de la Iglesia católica, porque ésta, con Galileo, expulsó a los científicos.»

Esto no responde a la verdad. La prohibición temporal (llegada, además, y lo veremos más ampliamente, después de una larga simpatía) de enseñar públicamente la teoría heliocéntrica copernicana, es un hecho aislado: ni antes ni después la Iglesia se entrometería nunca (repetimos: nunca) para obstaculizar la investigación científica, por otra parte casi siempre llevada a cabo por miembros de órdenes religiosas. El mismo Galileo sólo fue convocado por no respetar los pactos: la aprobación eclesiástica del libro «incriminado», Diálogos sobre los dos mayores sistemas del mundo, se le había concedido a condición de que presentara la teoría copernicana como hipótesis (como también exigían los conocimientos científicos de la época, todavía inciertos), mientras que él la daba por demostrada. Pero aún hay más. Prometió adecuarse: y no sólo no lo hizo, entregando a la imprenta el manuscrito tal como estaba, sino que puso en boca del bobo de los Diálogos, cuyo nombre ejemplar es Simplicio, los consejos de moderación que le había dado el Papa, que incluso era su amigo y lo admiraba.

Cuando Galileo es llamado a Roma para disculparse, se está ocupando de muchos proyectos de investigación, además de éste sobre el movimiento de la Tierra y del Sol. Había llegado a los setenta años recibiendo siempre honores y ayudas de todos los ambientes religiosos, salvo una platónica admonición en 1616, ni siquiera dirigida a él personalmente. Después de la condena pudo volver en seguida a sus investigaciones, rodeado de jóvenes discípulos que formarán una escuela. Y pudo condensar lo mejor de su vida de estudio en los años que le quedan, en aquellos Discursos y demostraciones matemáticas sobre dos nuevas ciencias que es el ápice de su pensamiento científico.

Por otra parte, en esta época el Observatorio Vaticano -hoy todavía activo, fundado y siempre dirigido por jesuitas- consolida su fama de ser uno de los institutos científicos más prestigiosos y rigurosos del mundo. Hasta el punto que cuando los italianos llegan a Roma, en 1870, se apresuran a hacer una excepción en su programa de expulsión de los religiosos, ante todo de la Compañía de Jesús.

Así que el gobierno de la Italia anticlerical y masónica pide al Parlamento que vote una ley especial para mantener al padre Angelo Sacchi como director de por vida del Observatorio, que ya fue papal. El padre Sacchi es uno de los más importantes estudiosos del siglo, uno de los fundadores de la astrofísica, hombre de fama tan universal que de todo el mundo llegan peticiones para que los responsables de la «nueva Italia» no pongan obstáculos a un trabajo unánimemente juzgado de gran valor.

Si a partir del siglo XVII la ciencia parece emigrar primero al norte de Europa y luego al otro lado del Atlántico -es decir, fuera de la órbita de las regiones católicas-, el motivo está en la desviación del curso seguido por la propia ciencia. Ante todo, los instrumentos, muy costosos (de los que el mismo Galileo es pionero), requieren fondos y laboratorios que sólo pueden permitirse países económicamente avanzados. No precisamente la Italia ocupada por los extranjeros, ni la España en decadencia, hundida bajo su mismo triunfo.

Además la ciencia moderna, al contrario de la antigua, tiene estrechos vínculos con la tecnología, con su utilización directa y concreta. En la antigüedad los estudios científicos se practicaban por sí mismos, por el gusto del conocimiento gratuito, puro. Los griegos, por ejemplo, conocían las posibilidades del vapor de transformarse en energía, pero si no aplicaron este conocimiento a una máquina para el trabajo, fue porque no consideraban digno de un hombre libre, de un «filósofo», como era también el hombre de ciencia, dedicarse a actividades tan «utilitarias». (Una actitud, por otra parte, característica de todas las sociedades tradicionales: los chinos, que desde épocas muy antiguas fabricaban la pólvora, no la convirtieron nunca en carga para cañones y fusiles, tal como hicieron los europeos en el Renacimiento, sino que la utilizaron sólo para fines estéticos, para los fuegos de artificio en las fiestas. Y los antiguos egipcios sólo aplicaban sus extraordinarias técnicas de construcción a templos y tumbas, nunca a edificios «profanos».)

Es evidente que la ciencia, desde el momento en que se pone al servicio de la tecnología, puede desarrollarse sobre todo en países que, como los nórdicos, han conocido una muy temprana revolución industrial; que tienen -como Inglaterra y Holanda- grandes flotas para construir y utilizar; que necesitan de un equipamiento moderno para los ejércitos, infraestructuras territoriales, etc. Es decir, mientras que antes la ciencia sólo tenía relación con la inteligencia, la cultura, la filosofía y las mismas artes, a partir de la época moderna está vinculada al comercio, la industria y la guerra. En suma, al dinero.

Que es ésta -y no la pretendida «persecución católica» de la que, como hemos visto, también hablan historiadores católicos- la causa de la relativa inferioridad científica de los pueblos que han mantenido sus vínculos con Roma, también lo demuestra la intolerancia protestante, que casi nunca se menciona y que es, en cambio, fuerte y precoz. Copérnico, punto de partida de todo (y en cuyo nombre Galileo sería «perseguido») es un catolicísimo polaco. Es más, es un canónigo, que instala su rudimentario observatorio en un torreón de la catedral de Frauenburg. Su obra fundamental, publicada en 1543 -Las revoluciones de los mundos celestes- está dedicada al Papa Pablo III, también astrónomo aficionado. El imprimatur lo concede un cardenal, de aquellos dominicanos en cuyo monasterio Galileo escuchará su condena.

Pero el libro del canónigo polaco presenta un detalle singular: el prefacio es de un protestante, que se distancia de Copérnico precisando que sólo se trata de hipótesis, preocupado por las posibles consecuencias en la Escritura. La primera alarma no llega, por lo tanto, de parte católica: es más, hasta el drama final de Galileo se sucederán once papas, que no sólo no desaprueban la teoría «heliocéntrica» copernicana, sino que a menudo la alientan. El mismo pisano es acogido triunfalmente en Roma y nombrado miembro de la Academia pontificia, incluso después de sus primeras obras favorables al sistema heliocéntrico.

Es ésta, en cambio, la reacción textual de Lutero a las primeras noticias de las tesis de Copérnico: «La gente le presta oídos a un astrólogo improvisado, que trata de demostrar en cualquier modo que no gira el Cielo, sino la Tierra. Para ostentar inteligencia basta con inventar algo y darlo por cierto. Este Copérnico, en su locura, quiere desmontar todos los principios de la astronomía.» Y Melantone, principal colaborador teológico del fraile Martín, hombre generalmente muy equilibrado, se muestra aquí inflexible: «No toleraremos semejantes fantasías.»

No se trataba de amenazas vacías: el protestante Kepler, fautor del sistema copernicano, expulsado del colegio teológico de Tubinga, para huir de sus correligionarios, que lo juzgaban blasfemo como partidario de una teoría considerada contraria a la Biblia, tuvo que abandonar Alemania y refugiarse en Praga. Y es tan significativo como ignorado (al igual que demasiadas otras cosas en este asunto) que al «copernicano» y reformador Kepler le llegó una invitación para enseñar en territorio pontificio, en la prestigiosa Universidad de Bolonia.

Es siempre Lutero quien más veces repitió: «Se colocaría fuera del cristianismo quien afirmara que la Tierra tiene más de seis mil años.» Esta «literalidad», este «fundamentalismo» que trata la Biblia como el Corán (no sujeta, pues, a interpretación), caracteriza toda la historia del protestantismo, y todavía sigue en vigor, defendido por la actividad de iglesias y sectas inspiradas en la Reforma, en gran expansión en EE. UU. y otros países.

 

A propósito de universidad (y de «oscurantismo»): habrá pues un motivo si, a principios del siglo XVII, cuando Galileo tenía unos cuarenta años y se hallaba en plena actividad investigadora, había en Europa 108 universidades -esta típica creación de la Edad Media católica-, algunas más en las Américas españolas y portuguesas y ninguna en territorios no cristianos. Y también habrá una razón si las obras matemáticas y geométricas de la antigüedad (principalmente la obra de Euclides), que han constituido la base fundamental para el desarrollo de la ciencia moderna, nos han llegado sólo gracias a las copias de monjes benedictinos y, una vez inventada la tipografía, gracias a libros impresos siempre por religiosos. Alguien ha señalado incluso que, precisamente a principios de este siglo XVII, un Gran Inquisidor de España creó en Salamanca la Facultad de Ciencias Naturales, donde se enseñaba, apoyándola, la teoría copernicana... Historia compleja, como se puede ver. Mucho más compleja de la que generalmente nos cuentan. Habrá que volver sobre ello. Vittorio MESSORI

 

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Galileo, Copérnico, Tycho Brahe

 

 

 

El primer gran tratado de astronomía moderna ve ahora la luz en español

 

Cuadrante mural que Brahe construyó en la isla de Hven

 

JESÚS GARCÍA CALERO. MADRID.

Tycho Brahe no es tan conocido como Galileo o Copérnico, pero tiene tanto mérito y derecho como ellos. Nació en Dinamarca en 1546 y el Rey Federico II, su protector, le cedió una isla, la de Hven, desde donde sentó las bases de la astronomía moderna. De hecho, sin su trabajo no habrían sido posibles las leyes y teorías de Johannes Kepler o Isaac Newton. Durante más de treinta años, y con una exactitud inédita hasta entonces, el astrónomo danés fue registrando los movimientos de planetas -sobre todo Marte- y otras estrellas. Con todos esos cálculos escribió el primer tratado de astronomía moderna, Astronomiae instauratae Mechanica, o «Mecánica de la Astronomía renovada».

Uno de los pocos ejemplares de esa obra, de 1602, que se conservan en España, es el que atesora la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Ahora ha servido para que la malagueña editorial San Millán publique un facsímil primorosamente editado y numerado, que se presentará la próxima semana. Es la primera vez que se traduce al español, y el libro se presenta acompañado por un amplio estudio científico de Nicolás García Herrera, que pone en contexto la vida y las obras del astrónomo y que está prologado por el vicedirector-tesorero de la Academia de San Fernando, Pedro de Navascués.

La vida pendiente del cielo

El 21 de agosto de 1560, a los 14 años, Brahe contempló un eclipse de sol y, en 1563, observó la conjunción de Júpiter y Saturno, que se veían tan próximos que casi se confundían y que las tablas de Alfonso X del Sabio predecían con un mes de error. Desde entonces pasó toda su vida dedicado al estudio y a la invención de instrumentos que permitiesen calcular con exactitud la posición y los movimientos de los astros.

La aparición de una supernova en la constelación de Casiopea en 1572 fue una de las mayores oportunidades de poner a prueba su pericia y superar con mentalidad científica las teorías aristotélicas, entonces asentadas, de que en el firmamento no existía corrupción o generación de cuerpo alguno. El nacimiento, de hecho la muerte, de una estrella imponía otra visión.

Brahe Construyó grandes cuadrantes con precisión de hasta un séptimo de minuto de arco, y por ello diseñó y utilizó herramientas de varios metros de envergadura. Hoy no se conserva ni uno sólo de sus instrumentos. Su empeño por dominar las ciencias matemáticas y hacer más precisos sus cálculos le llevaron a alejarse de los grandes prejuicios de la época y sus predicciones le dieron pronto fama mundial.

Siguiendo la estela cometaria de ese prestigio, un joven astrónomo llamado Johannes Kepler le hizo llegar su Mysterium Cosmographicum, que tanto esfuerzo le había costado. Kepler se desesperaba tratando de demostrar que el movimiento de las esferas celestes se acomodaba a la perfecta y noble geometría de cinco poliedros. Tycho Brahe supo detectar la potencia matemática del que pronto sería su discípulo, aunque le hizo ver sus errores de método al contrastarlos con sus propios cálculos. Aquella conjunción de datos recabados durante treinta años y la capacidad matemática de Kepler fraguó los cimientos de la moderna astronomía, hizo posible las leyes del propio Kepler y, a su vez, éstas permitieron los avances de Newton.

Tycho Brahe permanece en la base de esta cadena científica que llega hasta nosotros y que cambió el modo de entender el universo. Cabe recordar que la astrónoma española Pilar Ruiz Lapuente identificó en 2004 los restos de la supernova observada por Brahe en 1752. ‘ABC. ESP. 2006-06-18

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Perdió parte de la nariz en un duelo matemático

 

Primera página de la obra de Tycho Brahe, que ahora aparece en facsímil

 

Tycho Brahe debió tener su temperamento, puesto que no se arredraba ante Aristóteles si sus observaciones desmentían al estagirita. A los 20 años, en 1566, discutió durante una fiesta con el noble danés Maderup, por cuestiones matemáticas y, tras un duelo, perdió parte del hueso nasal.

Tuvo gran influencia en la corte de Federico II de Dinamarca, que le cedió la isla de Hven, donde construyó el gran observatorio de Uraniborg. Tantas envidias despertó el trato favorable del Monarca que, a su muerte, debió buscar refugio en Wandsbaek y luego en la Praga del Emperador Rodolfo II, donde pudo concluir su gran obra.

Murió de uremia el 24 de octubre de 1601, por retener «sus aguas más allá de lo que exige la cortesía» en la fiesta de un noble, como recuerda Kepler en su diario personal. Sus últimas palabras fueron «Que no parezca que he vivido en vano». Kepler se encargó de publicar su obra en versión definitiva. ‘ABC’ 2006-06-18Esp.

 

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Reconstrucción informática del rostro de Copérnico

 

Un análisis de ADN confirma que Copérnico está enterado en Polonia

 

Hallan coincidencias genéticas entre varios cabellos encontrados en un libro del astrónomo y los restos desenterrados en 2005 en la catedral de Frombork.

 

Después de más de dos siglos de especulaciones, un grupo de investigadores polacos y suecos puso ayer punto final a la búsqueda de los restos mortales de Nicolás Copérnico, el astrónomo que hace ya casi quinientos años desplazó a la Tierra del centro del universo. Su modelo heliocéntrico se considera, aún hoy, como una de las teorías más importantes de todo el pensamiento científico occidental.

La búsqueda se acercó a su punto final ya en 2005, cuando el polaco Jerzy Gassowski, del Instituto de Arqueología de Pultusk, encontró en la catedral de Frombork (en el norte de Polonia) una serie de restos humanos que atribuyó a Copérnico, fallecido en esa localidad en 1543. Ayer, Gassowski apareció en Varsovia ante los medios de comunicación y confirmó que esos restos humanos pertenecieron sin lugar a dudas al célebre astrónomo.

Los investigadores basan su seguridad en el análisis del ADN de varios cabellos encontrados en un libro «Calendarium Romanum Magnum», de Johannes Stoeffler, que perteneció al astrónomo , y comparados después con el de un diente y un fragmento óseo de los descubiertos en el templo.

Secuencias genéticas

Los científicos identificaron las mismas secuencias genéticas, lo que constituye una prueba inequívoca de que tanto los pelos como el diente y los huesos pertenecieron a la misma persona. «Ahora tenemos la certeza de que el cráneo hallado en Frombork es el de Nicolás Copérnico», aseguraba ayer el profesor Gassowski.

Hasta ahora, el científico basaba su teoría (de que los restos de Frombork pertenecieron a Copérnico) en la existencia de un retrato del astrónomo donde éste parecía tener la nariz rota, y en el hecho de que el cráneo enterrado en la catedral tenía también el hueso de la nariz partido, además de otros rasgos en común con el retrato y que podían atribuirsele.

Sin embargo, cabía una duda más que razonable de que esos restos fueran efectivamente los de Copérnico. Ahora, el análisis genético no deja margen alguno a la incertidumbre y se pone fin a la incógnita histórica sobre el lugar en el que fue enterrado el astrónomo.

Los investigadores basan su seguridad en el análisis del ADN de varios cabellos encontrados en un libro «Calendarium Romanum Magnum»

Nicolás Copérnico, (nacido en Torun en 1473 y fallecido en Frombork en 1543), fue el primero en darse cuenta de que los planetas no giraban alrededor de La Tierra tal y como aseguraba el modelo creado por Tolomeo, sino que lo hacían alrededor del Sol. Era éste, y no nuestro planeta, el que ocupaba el centro de nuestro sistema. la Tierra, igual que los demás mundos, tampoco escapaba a esta condición de «actor secundario» y se plegaba, como uno más, a la fuerza gravitatoria de nuestra estrella particular.

Copérnico dedicó veinticinco años de su vida (desde 1507 a 1532) a perfeccionar su teoría y a plasmarla en su principal obra «De Revolutionibus Orbium Coelestium» («De las revoluciones de las esferas celestes»). A partir de ese momento, la astronomía cambió para siempre. Si la Tierra no era el centro, ¿por qué habría de serlo el Sol? se preguntaron siglos después los astrónomos. Hoy sabemos que estamos en un rincón de una de las miles de millones de galaxias del Universo.

JOSÉ MANUEL NIEVES | MADRID - Viernes, 21-11-08 – ‘ABC’ esp.

 

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Galileo Galilei.

 

Paul Poupard, La nuova immagine del mondo. Il dialogo tra scienza e fede dopo Galileo. Casale Monferrato (AL), Piemme, 1996, 163 p.

Aparecen ahora en versión italiana las contribuciones más importantes de la obra publicada en francés hace dos años (Après Galilée. Science et foi: nouveau dialogue, París, Desclée de Brouwer, 1994, 265 p.). Es un libro que mira al futuro para abordar los nuevos retos del diálogo ciencia-fe partiendo de la esperanza que da la clarificación del caso Galileo. El 31 de octubre de 1992 el Cardenal Poupard presentaba oficialmente al Papa Juan Pablo II los resultados de la Comisión especial instituida en 1981 para reexaminar el caso Galileo. Esta intervención del Cardenal Poupard da inicio al libro, seguida del discurso del Santo Padre en aquella memorable ocasión, con la cual se cierra, en cierto modo, un capítulo difícil de la historia de la Iglesia. A continuación se ofrecen una serie de artículos. El pensador ortodoxo ruso Sergej Averincev no ve en el caso Galileo una oposición ciencia-fe, sino un conflicto en el seno de la cultura de la época. Peter Hodgson considera que la ciencia moderna hunde raíces profundas en las convicciones cristianas sobre la naturaleza del mundo material (considerado bueno, racional, ordenado, etc.). El P. George V. Coyne, S.J. se detiene en las aportaciones de la teología y de la filosofía a la comprensión científica del universo que nos da la cosmología. Por último, Giuseppe Tanzella Nitti (astrofísico y profesor de teología fundamental en el P. Ateneo de la Santa Cruz) y Jean-Michel Maldamé, O.P. (del Instituto Católico de Toulouse), en la última sección del libro —titulada: «Nuevas perspectivas»— se adentran en las nuevas oportunidades de diálogo entre la ciencia y la fe.

 

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San Roberto BELARMINOI era amigo de Galileo Galilei, a quien dedicó uno de sus libros.  En 1616, se le confió la misión de amonestar al gran astrónomo; pero en su amonestación, que Galileo tomó muy bien, se limitó a rogarle que propusiese simplemente como hipótesis las teorías que no estaban todavía probadas. Galileo, sin renunciar a sus investigaciones, habría ganado mucho si se hubiese atenido a ese consejo.

 

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La ciencia moderna nace gracias al descubrimiento de un nuevo modo de acercamiento a la realidad, que se inaugura históricamente, si se quiere, con Galileo. Galileo dota a la ciencia de una metodología propia, basada en la combinación fecunda de experimentación y análisis matemático, cuyo mejor aval serán los éxitos indiscutibles con que la nueva ciencia inicia su andadura. Con las armas del método matemático-experimental, la ciencia se libera del yugo de la vieja metafísica aristotélico-tomista, que amenaza con vetar su acelerado progreso; y, en breve tiempo, logra una «victoria» arrolladora de repercusiones profundas.

Debido a su enorme influjo, la ciencia moderna engendra una filosofía moderna. Descartes intenta construir una ciencia universal, extendiendo el método matemático —perfecto, riguroso y progresivo— a todos los ámbitos del saber. Pero este intento de la filosofía de inspirarse en la nueva ciencia le acarreará amargas contradicciones. Mientras los racionalistas construyen la nueva filosofía more geometrico —destacando el aspecto matemático del método científico—, los empiristas ingleses —privilegiando el polo experimental— negarán toda legitimidad al intento de aplicar una ciencia de ideas a una ciencia de hechos. Racionalismo y empirismo son las dos caras de una misma moneda: el intento de construir una filosofía moderna inspirada en el método científico, matemático-experimental. Pero será el empirismo el que sacará a la luz las últimas consecuencias de la nueva filosofía, al poner de relieve, de forma despiadada casi, que la crítica de la metafísica clásica contenida en el racionalismo, exige, para ser coherente, la crítica de toda metafísica.

En este sentido, la penetrante crítica de Hume al principio de causalidad tiene una relevancia tan enorme que es difícil apreciarla en toda su magnitud. Hume hace saltar en pedazos el puente entre las ideas innatas y el mundo exterior que tanta fatiga le había costado construir a Descartes. Hume despierta a Kant de su «sueño dogmático». Después de Hume, la metafísica racionalista, construida a priori, según el modelo de las matemáticas, si quiere sobrevivir, tendrá que navegar en pleno idealismo.

Pero hay más. Las consecuencias de la crítica de Hume no afectan sólo a la metafísica. ¡También la ciencia se ve privada de su fundamento epistemológico! Este descubrimiento turbó a Kant de tal manera que se quedó clavado en su asiento, y, rompiendo por una vez su hábito inveterado, se olvidó de su sólito paseo vespertino. Si nuestro conocimiento de la realidad se limita a los fenómenos, ¿cómo puede la ciencia establecer leyes necesarias? Toda la filosofía crítica de Kant será una «dicea» de la ciencia, un intento de justificar filosóficamente las leyes de la física de Newton. Pero la victoria final será de Hume, que encerrará a Kant y a toda la filosofía moderna en el fenomenismo: nuestro conocimiento de la realidad se limita a los fenómenos, el noúmenon es incognoscible.

Se produce así una asombrosa contradicción en la cultura moderna: mientras la ciencia, animada por el firme convencimiento de que está desentrañando las recónditas leyes de la realidad objetiva, continúa su vertiginoso desarrollo, poniendo las bases de la civilización tecnológica actual, por otro lado la filosofía moderna, nacida de la ciencia, construida con un método que pretende ser científico, niega a la ciencia la legitimidad de su más primordial pretensión: la de ser un conocimiento válido de la realidad objetiva. De este modo, una cultura que nace precisamente de la exaltación de la ciencia —exaltación que es ilegítima en cuanto que va en detrimento de otros modos de acercamiento a la realidad, como el metafísico o el teológico— acoge (contradictoriamente) en su seno un elemento de escepticismo que, bien mirado, supone la más vil de las traiciones a la misma ciencia, porque le niega precisamente aquello que más la engrandece: el poder de desvelar la naturaleza profunda de la realidad del cosmos.

 

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1992 - Audiencia a la Academia Pontificia de Ciencias y presentación al Santo Padre de las conclusiones de la "Comisión para el estudio de la controversia tolemaico-copernicana", instituida por Juan Pablo II el 03 de junio de 1981 para "responder a las expectativas del mundo de la ciencia y de la cultura respecto al caso Galileo Galilei " (31 de octubre de 1992)

 

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LA PATRIARCAL BASÍLICA SANTA MARIA LA MAYOR - El mismo Caballero de Arpino ha dibujado en el arco de la tribuna del altar los Santos Obispos Ignacio y Teofilo, Ireneo y Cipriano. La Asunción representada en el interior. Por encima las nubes aparece María Santísima robada por el cielo. Debajo de los pies de la Madre de Dios, ha sido pintada por el autor la luna exactamente como la había revelado el telescopio de Galileo, el cual era amigo de Cardi. Los Apóstoles, algunos sentados y otros de pie, siguen con la mirada el triunfo de María Santísima que está llevando entre sus manos el cetro. La Virgen ha aplastado la serpiente y delante de Ella se abre el Empireo mientras una multitud de Angeles gira alrededor de la Madre de Jesús para festejar. De esa multitud se separa un grupo de Querubines, colocándose en forma de nube y preparados para realizar un altar con sus doradas alas; otros grupos de angeles dan su aliento para hacer sonar las trompeta; otros empiezan los cantos mientras el resto se dedican a esparcer flores. Mirando más arriba se ven una multitud de espíritus celestiales de los cuales tan sólo se puede percebir el busto del cuerpo o la cabeza. Un cupolino con seis ventanilllas funciona de linterna para la cúpula. En la parte más profunda está pintado el Eterno Padre, al cual le rodean una multitud de serafines. En la bóveda de la nave, delante de la Capilla, Juan Baglione ha diseñado Doctores y Evangelistas.

 

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2000 - "El gran problema de este fin de siglo es el hombre, y el hombre está llamado a buscar la verdad. Es necesario recuperar la búsqueda de la sabiduría".

 

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«Australia del Espíritu Santo»

Australia celebra el IV Centenario de su

bautizo y primer avistamiento.

 

TULIO DEMICHELI. MADRID.

Francisco Mellén Blanco, historiador, presidente de la Asociación Española de Estudios del Pacífico, acaba de regresar de Australia donde han comenzado los actos de conmemoración del «nombramiento» del continente (Australia del Espíritu Santo, hoy isla del Espíritu Santo o Santo) y del primer avistamiento propiamente dicho de lo que hoy llamamos Australia, «actos -explica Mellén a ABC- que están siendo organizados por la asociación «Naming Australia» en la que participan la Embajada, cuyo titular, Antonio Cosano, ha puesto mucha carne en el asador; las diversas comunidades empresariales y culturales vinculadas a España y el Gobierno de Canberra, y cuyo programa se prolongará hasta el próximo otoño». Para empezar, el presidente de Vanuatu (antes Nuevas Hébridas) inauguró el 14 de marzo un busto de Quirós.

 

 

Mallén, que es gran especialista en la historia de la Isla de Pascua, recuerda con ironía que «durante un congreso celebrado en Australia los participantes anglosajones o desconocían o no tenían clara cuál había sido la actividad descubridora española; les enseñé un mapa y señalándoles el Cabo de York, en la península de Queensland, les pregunté por el nombre del brazo de mar que la separaba de Nueva Zelanda. Uno respondió: «That´s Torres Strait». «Ya. El estrecho de Torres, ¿gran navegante inglés, supongo?», les contesté. Pues bien, ahora se cumplen cuatrocientos años de la exploración de los navegantes Fernández de Quirós, quien bautizó un enclave de las islas Hébridas como «Australia del Espíritu Santo»; y de Váez de Torres, primer avistador de Australia y que abrió una nueva ruta hacia Manila por el estrecho que lleva, precisamente, su muy británico nombre». Cuenta Mallén que el viaje realizado por Pedro Fernández de Quirós en 1605 estuvo basado en el hallazgo del archipiélago de las Salomón por Álvaro de Mendaña en 1595, viaje en el que era piloto mayor. «Con la ayuda del Papa Clemente VIII, el navegante portugués obtuvo el favor de Felipe III, que le otorgó las pertinentes cédulas reales, gracias a las cuales el virrey del Perú, Gaspar de Zúñiga, conde de Monterrey, le proporcionó tres embarcaciones, dos de ellas naos: la «San Pedro y San Pablo», capitana, de 150 toneladas, y la almiranta, «San Pedro», de 120 toneladas; y un patache de 25 toneladas, de nombre «Los tres Reyes». Quirós iba al mando de la capitana y Váez de Torres al de la almiranta».

Partió la expedición a las Islas del Poniente el 21 de diciembre de 1605. «Atravesó el archipiélago de las Tuamotu y el de las Karibati, descubriendo varias islas, prosigue Mellén, y el 3 de mayo fondeó en una bahía de una isla que Quirós primero bautizó como Cardona, en memoria del duque de Sessa (Antonio Fernández de Córdoba y Cardona, embajador en Roma), nombre que días más tarde cambió por el de Australia del Espíritu Santo, en honor de la casa de Austria y aludiendo a la mítica «Terra Australis Incognita» (inmensa isla desconocida de la que hablaban Aristóteles y Tolomeo). Espíritu Santo o Santo, como también se la llama, es la isla mayor del archipiélago de las Vanuatu antes conocido como de las Hébridas».

El 8 de junio la expedición se echó nuevamente a la vela pero un temporal separó a la nao de Quirós y ya no volvió a encontrase con las otras dos embarcaciones, por lo que Quirós se vio obligado a volver hacia la Nueva España donde arribó al puerto de Acapulco. «La «San Pedro» y «Los tres Reyes», por su parte, lograron regresar a la bahía de Espíritu Santo, aguardaron el regreso de la capitana, y por fin, tras dos semanas de espera, Váez de Torres y sus hombres decidieron seguir las instrucciones dadas por el virrey del Perú, navegar al Norte hasta los 20 grados australes, comprobar la existencia de nuevas tierras y luego marear al Norte hacia Manila».

Durante esa agitada singladura, el navegante bautizó numerosas islas, entre ellas, San Buenaventura (hoy Tabula), Dumoulin, San Facundo (Doini), Santa Clara (Mugula o Bona Bona), Embajadoras (Imuta), por citar unas pocas. A nueva Guinea la llamó Magna Margarita. En fin, dos años después de su partida de Lima, el 1 de mayo de 1607 puso rumbo a Filipinas arribando a Manila el 22 de mayo. «No caben dudas, los navegantes españoles -concluye Mellén- fueron los primeros europeos que vieron las costas del Cabo de York, y bien bautizado está el estrecho que separa Australia de Nueva Zelanda y que lleva el nombre de Luis Váez de Torres».

ABC’ 2006-06-18Esp.

 

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PAPA CLEMENTE VIII –*

En el siglo: IPPOLITO ALDOBRANDINI.


Nació en Fono, en Marzo de 1536, de una distinguida familia Florentina; murió en Roma el 5 de Marzo de 1605. Fue electo Papa el 30 de Enero de 1592, tras un tormentoso cónclave gráficamente descrito por Ranke (Geschichte der ršmischen PŠpste, 9th ed., II, 150 sqq.). En su juventud realizó excelentes avances en jurisprudencia bajo la supervisión de su padre, un renombrado jurista. A través de las etapas de abogado consistorial, auditor de la Rota y de la Dataría, fue elevado en 1585 a la dignidad de Cardenal – Presbítero con el título de San Pancracio y fue creado gran penitenciario. Ganó la amistad de los Habsburgo gracias a sus exitosos esfuerzos, durante una legación a Polonia para obtener la liberación del prisionero Archiduque Maximiliano, el aspirante vencido del trono Polaco. Durante el cónclave de 1592 fue el candidato de la compacta minoría de cardenales que estaban determinados a liberar a la Santa Sede de la prepotencia de Felipe II de España. Su elección fue celebrada con entusiasmo ilimitado por los italianos y por todos aquellos que conocían su carácter. Poseía todo lo que se necesitaba en el Vicario de Cristo. Sin culpas morales desde la niñez, en un primer tiempo se puso bajo la guía de San Felipe Neri, quien por treinta años fue su confesor. A la elevación de Clemente al papado, el anciano santo dejó este importante oficio a Baronius, a quien el Papa, sin hacer caso a sus negativas, creó cardenal, y con quien se confesaba cada noche. El fervor con el cual celebraba su Misa diaria llenaba de fervor a todos los presentes. Su asociación con el Apóstol de Roma le hizo embeberse en el espíritu del santo tan profundamente, que en él, San Felipe mismo podía haber dicho haber ascendido a la silla papal. A pesar de grandes problemas políticos que necesitaban solución, el papa primero enfocó su atención a los intereses más importantes de la Iglesia. Hizo una visita personal a todas las Iglesias e instituciones educativas y de caridad de Roma, eliminando abusos y reforzando la disciplina. A él le debemos la institución de la Devoción de las Cuarenta Horas (q.v.). Fundó en Roma el Colegio Clementino para la educación de los hijos de las clases ricas, y aumentó el número de colegios nacionales en Roma fundando el Colegio Scozzese para el entrenamiento de misioneros para Escocia. El "Bullarium Romanum" contiene constituciones muy importantes de Clemente, una muy notable denunciando los duelos y una previendo la inviolabilidad de los Estados de la Iglesia. Realizó revisiones de ediciones de la Vulgata (1598), el Breviario, el Misal, también el "Cæremoniale", y el "Pontificale".

La complicada situación en Francia presentaba dificultades no insuperables para dos hombres de estado consumados como Enrique de Navarra y Clemente VIII. Estaba claro para Enrique que, aun a pesar de sus victorias, no podría retener pacíficamente la Corona Francesa sin adoptar la Fe Católica. Abjuró del calvinismo el 25 de Julio de 1593. Estaba igualmente claro para el Papa Clemente que era su deber rechazar las hostilidades egoístas de España reconociendo las aspiraciones legítimas de Enrique, tan pronto como se convenció que la conversión de Enrique era algo mas que una simple maniobra política. En el otoño de 1595 absolvió solemnemente a Enrique IV, poniendo así punto final a la guerra religiosa de treinta años en Francia y ganando un poderoso aliado en su esfuerzo para conseguir la independencia de Italia y la Santa Sede. La amistad de Enrique fue de primordial importancia para el Papa dos años después, cuando Alfonso II, Duque de Ferrara murió sin descendencia (27 Oct, 1597), y el Papa Clemente resolvió poner las posesiones de la dinastía Este bajo la jurisdicción inmediata de la Iglesia. Entonces España y el Imperio aconsejaron al primo ilegítimo de Alfonso, Cesare d’Este, para que retara al Papa, fueron entonces impedidos de darle ayuda a Cesare por los tratados de Enrique y el ejército papal entró en Ferrara casi sin oposición. En 1598 el Papa Clemente ganó aun mas crédito para el papado al dar un tratado definitivo de paz entre Francia y España en el Tratado de Vervins y entre Francia y Saboya. También prestó valiosa asistencia en hombres y dinero al emperador en su lucha con los turcos en Hungría. Era tan implacable como Sixto V aplastando el bandolerismo y castigando la ilegalidad de la nobleza romana. Ni siquiera perdonó al joven parricida Beatrice Cenci, sobre quien tantas lágrimas habían sido derramadas. (Bertolotti, Francesco Cenci e la sua famiglia, Florence, 1879.) El 17 de Febrero de 1600, el apóstata Giordano Bruno (q.v.) fue quemado en la estaca en la Piazza dei Fiori. El jubileo de 1600 fue un testigo brillante de las glorias del renovado papado, tres millones de peregrinos visitaron los santos lugares. En 1595 se llevó a cabo el Sínodo de Brest en Lituania, por el cual una gran parte del clero y la gente Rutenos fue reincorporado a Roma (Likowski, Union zu Brest, 1094). A pesar de que Clemente, debido al ayuno constante, sufrió con la tortura de la gota en pies y manos, su capacidad de trabajo era ilimitada y su poderoso intelecto llevó todas las necesidades de la Iglesia a través del mundo. Personalmente entró en los minuciosos detalles de cada tema que le aparecía, como el divorcio entre Enrique IV y Margarita de Valois, aún más, la gran controversia entre Jesuitas y Dominicos (ver BA„EZ, MOLINA). Estuvo presente en todas las sesiones de la Congregatio de auxiliis (q.v.), pero sabiamente se contuvo de emitir un decreto final sobre el asunto. Clemente VIII murió a sus setenta años después de un pontificado de trece años. Sus restos reposan en la Iglesia de Santa Maria Maggiore, donde los Borgia, quienes sucedieron a los Aldobrandini en la línea femenina, erigieron un magnífico monumento a su memoria.

Vita Clem. VIII in LABBE AND COSSART, Coll. Conc., XXI, 1323; WADDING, Vita Clem. VIII (Rome, 1723); VON RANKE, The Roman Popes in the Last Four Centuries (1834-37); PELESZ, Gesch. der Union der ruthenischen Kirche mit Rom (WŸrzburg, 1881); ROSSI, Di una controversia tra la republica di Venezia e Clem. VIII in Archivio Veneto (1889), fasc. 74; SERRY, Hist. controv. de auxiliis (Antwerp, 1709); RƒGNON, Ba–ez et Molina (Paris, 1883); DE MONTOR, Lives of the Roman Pontiffs (New York, 1857).

JAMES F. LOUGHLIN
Traducido por Antonio Hernández Baca

 

Ginebra-Suiza [Genève-Suisse] MM.

 

*San Francisco de Sales - Obispo de Ginebra, Doctor de la Iglesia Universal, nació en Thorens, en el Ducado de Saboya, el 21 de agosto de 1567; murió en Lyon el 28 de diciembre de 1622. Su padre, Francisco de Sales de Boisy, y su madre, Francisca de Sionnaz, pertenecían a antiguas familias aristocráticas saboyanas. El futuro santo fue el mayor de seis hermanos. Su padre lo había destinado a la magistratura y lo envió a una temprana edad a los colegios de estudios superiores de La Roche y Annecy. Desde 1583 hasta 1588 estudió retórica y humanidades en el colegio superior de Clermont, en París, bajo el cuidado de los jesuitas. Estando allá empezó el curso de teología. Después de una terrible y prolongada tentación de desesperación, causada por las discusiones de los teólogos de la época sobre la cuestión de la predestinación, de la cual fue repentinamente liberado al arrodillarse delante de la milagrosa imagen de Nuestra Señora  en San Esteban de las Rocas hizo voto de castidad y se consagró a la Santísima Virgen María. En 1588 estudió leyes en Padua, en donde el sacerdote jesuita Possevin fue su director espiritual. Recibió su diploma de doctorado de manos del famoso Pancirola en 1592. Al haber sido admitido como abogado ante el senado de Chambèry, estaba a punto de ser designado senador. Su padre había seleccionado a una de las mas nobles herederas de Saboya para ser la compañera de su futura vida, pero Francisco declaró su intención de abrazar la vida eclesiástica. Una aguda lucha siguió a esto, su padre no consentiría el ver frustradas sus intenciones. Entonces, Claudio de Granier, obispo de Ginebra, por su propia iniciativa, obtuvo para Francisco un puesto en el patronato del papa. Este era el más alto cargo en la diócesis, el señor de Boisy cedió y Francisco recibió las órdenes sagradas (1593).

Desde el tiempo de la Reforma, la sede de la Diócesis de Ginebra había permanecido establecido en Annecy. Allí, con celo apostólico, el nuevo preboste se dedicó a la predicación, a atender confesiones y a las otras ocupaciones de su ministerio. El año siguiente (1594), Francisco se ofreció como voluntario para evangelizar la región del Chablais, en donde los ginebrinos habían impuesto la fe reformada, y que acababa de ser restituida al Ducado de Saboya. Allí tomó como sede de su trabajo la fortaleza de Allinges. Poniendo en riego su vida, viajó por todo el distrito, predicando constantemente; a fuerza de puro celo, sabiduría, dulzura y suavidad, logró por fin que lo escucharan. Entonces se estableció en Thonon, la ciudad principal de la región. Allí refutó a los predicadores enviados por Ginebra para oponérsele; convirtió al síndico y a varios prominentes calvinistas. Por petición del Papa Clemente VIII fue a Ginebra para entrevistarse con Theodore Beza, quien era llamado el Patriarca de la Reforma; este último lo recibió amablemente, y por un momento parecía conmovido, pero no tuvo el coraje de dar los pasos finales. Una gran parte de los habitantes del Chablais regresaron al redil (1597 y 1598). Claudio de Granier escogió entonces a Francisco como coadjutor suyo, a pesar de sus negativas, y lo envió a Roma(1599).

 

 

El Papa Clemente VIII ratifico la escogencia, pero deseaba examinar al candidato personalmente, en presencia del Sacro Colegio. El improvisado examen resultó en un triunfo para Francisco. "Bebe, hijo mío," le dijo el Papa, "de tu cisterna y de tu manantial de agua viva, y que tus aguas fluyan y se conviertan en fuentes públicas en las cuales el mundo pueda calmar su sed." La profecía había de cumplirse. A su regreso de Roma, los asuntos religiosos del territorio de Gex, dependencia francesa, le exigieron desplazarse a París. Allí el coadjutor desarrolló una amistad íntima con el Cardenal de Bérulle, Antoine Deshayes, secretario de Enrique IV y también con el mismo Enrique IV, quien deseaba "ser un tercero en esta bella amistad" (être de tiers dans cette belle amitié). El rey le hizo predicar la Cuaresma en la Corte y deseaba hacerlo permanecer en Francia; además lo exhortó a que continuara, con sus sermones y con sus escritos, enseñando a aquellas almas que tenían que vivir en el mundo, como tener confianza en Dios y como ser genuina y verdaderamente piadosos, gracias de las cuales él veía la gran necesidad.

A la muerte de Claudio de Granier, Francisco fue consagrado Obispo de Ginebra (1602). Su primer paso consistió en instituir instrucciones catequéticas para los fieles, tanto jóvenes como adultos. Estableció prudentes regulaciones para guía de su clero. Cuidadosamente visitó las parroquias dispersas en las escarpadas montañas de su diócesis. Reformó las comunidades religiosas. Su bondad, paciencia y suavidad se convirtieron en algo proverbial. Tenía un inmenso amor por los pobres, especialmente por aquellos de familia respetable. Su alimentación era sencilla y lo mismo eran sus vestiduras y su casa. Prescindía completamente de lo superfluo y vivía con la mayor economía, para poder así proveer más abundantemente a las necesidades de los menesterosos. Escuchaba confesiones, daba consejos y predicaba incesantemente. Escribió innumerables cartas (principalmente cartas de dirección espiritual) y encontró tiempo para publicar las numerosas obras que se mencionan más adelante. En unión con Santa Juana Francisca de Chantal fundó ((1607) el Instituto de la Visitación de la Santísima Virgen, para mujeres jóvenes y viudas que, sintiendo el llamado a la vida religiosa, no se sienten con suficiente fortaleza o les falta la inclinación para someterse a las austeridades corporales de las grandes órdenes religiosas. Su celo se extendía más allá de los límites de su propia diócesis. Predicaba los sermones de Cuaresma y de Adviento que todavía son famosos: los pronunciados en Dijon (1604), en donde por primera vez se encontró con la Baronesa de Chantal; en Chambéry (1606); en Grenoble (1616, 1617, 1618), en donde convirtió al Mariscal de Lesdiguières. Durante su última estadía en París (noviembre 1618 a septiembre 1619) tuvo que subir al púlpito cada día para satisfacer los piadosos deseos de las multitudes que acudían a escucharlo. “Nunca,” decían ellos, “se han predicado sermones tan santos y tan apostólicos.” Allí se puso en contacto con todos los eclesiásticos distinguidos de la época y en particular con San Vicente de Paúl. Sus amigos trataron esforzadamente de inducirlo a permanecer en Francia, ofreciéndole inicialmente la acaudalada Abadía de Santa Genoveva y luego el cargo de Obispo Coadjutor de París, pero él rehusó todo y regresó a Annecy.

En 1622 tuvo que acompañar a la corte de Saboya en su viaje a Francia. En Lyon insistió en ocupar una pequeña habitación pobremente amoblada en una casa que pertenecía al jardinero del Convento de la Visitación. Allí, el 27 de diciembre, le sobrevino una apoplejía. Recibió los últimos sacramentos e hizo su profesión de fe repitiendo constantemente las palabras: “¡Hágase la voluntad de Dios! ¡Jesús, mi Dios y mi todo!” Murió al día siguiente, a los 55 años de edad. Acudieron inmensas muchedumbres a visitar sus despojos, y la gente de Lyon estaba ansiosa de conservarlos en su ciudad. Con mucha dificultad pudo llevarse su cuerpo de regreso a Annecy, pero su corazón fue dejado en Lyon. Un gran número de favores milagrosos han sido alcanzados en su tumba en el Convento de la Visitación de Annecy. Su corazón, en tiempos de la Revolución Francesa, fue llevado por las monjas de la Visitación de Lyon a Venecia, en donde es venerado actualmente. San Francisco de Sales fue beatificado en 1661 y canonizado por Alejandro VII en 1665; fue proclamado Doctor de la Iglesia Universal por el Papa Pío IX en 1877.

La siguiente es una lista de las obras principales del santo Doctor:

1. Controversias, folletos que el celoso misionero distribuía entre los habitantes del Chablais, cuando esta gente no se aventuraba a venir a escuchar su predicación. Ellas constituyen una completa prueba de la fe católica. En la primera parte, el autor defiende la autoridad de la Iglesia y en la segunda y tercera partes, las reglas de fe que no eran observadas por los ministros heréticos. La primacía de San Pedro es ampliamente vindicada.

2. Defensa del Estandarte de la Cruz, una demostración de la virtud

Ÿ        De la Verdadera Cruz

Ÿ        Del Crucifijo

Ÿ        Del Signo de la Cruz

Ÿ        Una explicación de la Veneración de la Cruz.

3. Introducción a la Vida Devota, una obra cuyo objeto era conducir a “Filotea”, el alma viviente en el mundo, por los caminos de la devoción, es decir, los de la verdadera y sólida piedad. Cada uno debería esforzarse por ser piadoso y “es un error, hasta herejía” sostener que la piedad es incompatible con cualquier estado de vida. En la primera parte, el autor ayuda al alma a liberarse de toda inclinación o afición al pecado; en la segunda, le enseña cómo unirse a Dios por medio de la oración y los sacramentos; en la tercera, la ejercita en la práctica de la virtud; en la cuarta, la fortalece contra la tentación; en la quinta le enseña cómo formar sus resoluciones y perseverar. La Introducción, que es una obra maestra de psicología, moral práctica y sentido común, fue traducida a casi todos las lenguas mientras el autor vivía y desde entonces ha pasado por innumerables ediciones.


4. Tratado del Amor de Dios, una obra de gran autoridad que refleja perfectamente la mente y el corazón de Francisco de Sales como gran genio y como gran santo. Contiene doce libros. Los primeros cuatro nos entregan una historia o, más bien, explican la teoría del amor divino, su nacimiento en el alma, su crecimiento, su perfección y su marchitamiento y aniquilación; el quinto libro muestra que este amor es doble, el amor de complacencia y el amor de benevolencia; el sexto y el séptimo tratan del amor afectivo, que se practica en la oración; el octavo y el noveno tratan del amor efectivo, es decir, la conformidad con la voluntad divina y la sumisión a sus dictados. Los últimos tres libros resumen lo precedente y enseñan cómo aplicar en la práctica las lecciones allí enseñadas.


5. Conferencias Espirituales, conversaciones familiares sobre las virtudes religiosas dirigidas a las Hermanad de la Visitación y coleccionadas por ellas . Encontramos allí ese sentido común práctico, agudeza de percepción y delicadeza de sentimiento que eran características del Santo enérgico y de corazón amable.

6. Sermones. Estos están divididos en dos clases: Aquellos que compuso previamente a su consagración como obispo y cuyo texto completo él mismo escribió; y los discursos que pronunció cuando ya era obispo, de los cuales, como regla, sólo se conservan los esquemas y sinopsis. No obstante, algunos de estos últimos fueron copiados in extenso por sus oyentes. Pío IX, en su Bula en que lo proclamaba Doctor de la Iglesia, llama al Santo “El Maestro y Restaurador de la Elocuencia Sagrada”. Él es uno de aquellos que a comienzos del Siglo XVII formó la bella lengua francesa; él fue precursor y preparó el camino de los grandes oradores sagrados que estaban por aparecer. Él habla de una manera simple, natural y desde el corazón. Para hablar bien sólo necesitamos amar bien, era su máxima. Su mente estaba imbuida de las Sagradas Escrituras, las cuales comenta y explica y aplica prácticamente, con no menos precisión que gracia.

7.  Cartas, en su mayor parte cartas de dirección espiritual, en las cuales el ministro de Dios se hace a un lado y enseña al alma a escuchar a Dios, el único verdadero director. El consejo dado está adaptado a todas las circunstancias y necesidades de la vida y a todas las personas de buena voluntad. Mientras que trata de ocultar su propia personalidad en estas cartas, el santo se nos da a conocer e inconscientemente nos descubre los tesoros de su alma.


8. Un gran número de tratados y opúsculos muy preciosos.

Migne (5 vols., quarto) y Vivés (12 vols., octavo, París) han editado las obras de San Francisco de Sales. Pero la edición que podemos llamar definitiva fue publicada en Annecy en 1892 por el benedictino inglés, Dom Mackey: un trabajo notable por su ejecución tipográfica, la crítica brillante que establece el texto definitivo, la gran cantidad de materiales hasta entonces inéditos y el interesante estudio que acompaña a cada volumen. Dom Mackey publicó doce volúmenes. El padre Navatel, S.J. Ha continuado este trabajo.

Podemos hacer aquí una breve recapitulación de la enseñanza espiritual contenida en estas obras, sobre las cuales la Iglesia ha dicho: “Las obras de Francisco de Sales, llenas de doctrina celestial son una luz brillante en la Iglesia, que señala a las almas una vía fácil y segura para alcanzar la perfección de una vida cristiana” (Breviarium Romanum, 29 de enero, lect. VI.). Hay dos elementos en la vida espiritual: Primero, una lucha contra nuestra naturaleza inferior; segundo, la unión de nuestras voluntades con Dios; en otras palabras,  penitencia y amor. San Francisco de Sales mira principalmente hacia el amor. No quiere decir que descuida la penitencia, la cual es absolutamente necesaria, sino que desea que ella sea practicada a partir de una motivación amorosa. Requiere la mortificación de los sentidos, pero se apoya ante todo en la mortificación de la mente, de la voluntad y del corazón. Él requiere que esta mortificación interior sea incesante y esté siempre acompañada del amor. El fin a alcanzar es una vida de fidelidad amorosa, simple, generosa y constante a la voluntad de Dios, vida que no es otra cosa que nuestra obligación actual. El modelo propuesto es Cristo, a quien debemos mantener siempre ante nuestros ojos. “Estudiaréis su talante y realizaréis vuestras acciones como Él lo hacía” (Introd., 2a Part. Cap. I). Los medios prácticos para llegar a esta perfección son: recordar la presencia de Dios, la oración filial, una recta intención en todas nuestras acciones, y frecuente acudir a Dios por medio de jaculatorias y aspiraciones interiores piadosas y confidentes.

Además del Instituto de la Visitación, que él fundó, el siglo XIX ha visto el surgimiento de asociaciones del clero secular y de laicos piadosos al igual que varias congregaciones religiosas, formadas bajo el patronato del santo Doctor. Entre ellas podemos mencionar los Misioneros de San Francisco de Sales, de Annecy; los Salesianos, fundados en Turín por San Juan Bosco, especialmente dedicados a la educación cristiana y técnica de niños de las clases más pobres; los Oblatos de San Francisco de Sales, establecidos en Troyes (Francia) por el Padre Brisson, quienes tratan de hacer realidad en la vida religiosa y sacerdotal el espíritu del santo Doctor, tal como lo hemos descrito y como él lo transmitió a las monjas de la Visitación.

MACKEY, OEuvres de St François de Sales (Annecy, 1892-); CHARLES-AUGUSTE DE SALES, Histoire du Bienheureux François de Sales (2a. ed., París, 1885); CAMUS, Esprit de S. François de Sales (2a. ed., París, 1833); y en Collection S. Honore d´Eylau (París, 1904); Vie de S. François de Sales por HAMON (París); PÉRENNÈS (París); DE MARGERIE (Paris); STROWSKI, St. François de Sales (París); Annales Salesiennes en Revu Mensuelle (París, 1906, etc.). MACKEY ha realizado traducciones al inglés de las cartas: Letters to Persons in the World, y Letters to Persons in Religion (Londres); también ha publicado notables artículos: St. Francis de Sales as an Orator (Londres) y St. Francis de Sales as a Director en Am. Eccl. Rev. (1898).

RAPHAEL PERNIN
Transcrito por Frank O´Leary
Traducido por Jorge Lopera Palacios

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La Iglesia impulsa la ciencia para el apogeo y auge de la verdad.

 

 

*CLEMENTE VIII - 1592-1605 d.C.

 El cardenal Hipólito Aldobrandini, florentino, figuraba en último lugar en la lista de "papables" presentada por el embajador de España. A pesar de que se había erigido contra el nepotismo cuando cardenal, dio la púrpura a su sobrino Cinzio y Pedro Aldobrandini, al que hizo secretario de Estado; los dos supieron dar a sus cargos una prestancia indiscutible que se avenía a la nueva mentalidad de la época.

   Las cosas en Francia evolucionaban lentamente. Enrique de Navarra conseguía victorias sin importancia, y colocado entre España y el Vaticano, no lograba estabilizar la situación. Un embajador francés fue enviado a Roma, pero el Papa no podía confiar en las promesas de un hereje. El 23 de julio de 1593, Enrique abjuró el calvinismo y el Papa le retiró la excomunión, no sin dificultad, ya que había motivos para dudar de la sinceridad de Enrique IV y para tener una reacción en El Escorial. La conversión de Enrique fue beneficiosa para la paz europea y volvió a crear el equilibrio entre España y Francia y a poner fin a las guerras religiosas en Francia. Debido a la directa intervención de Clemente VIII y de su legado, la paz entre los dos países rivales fue firmada en Vervins el 2 de mayo de 1598.

   Felipe II reconocía a Enrique IV como rey de Francia. El 13 de abril de 1598 había sido sancionado por el rey el edicto de Nantes, que garantizaba la libertad de conciencia y de culto en todo el reino, lo que permitió a los hugonotes continuar no sólo como Iglesia, sino también como partido legal dentro de la organización oficial del estado francés. Esta excesiva libertad otorgada a un partido que era de la oposición (mientras en los demás países de Europa el que no profesaba la fe de su soberano era castigado con la muerte o con el exilio) no dejará de producir sus efectos algunos decenios más tarde, cuando la lucha entre católicos y protestantes vuelva a encenderse. En 1603 Enrique IV permitió el regreso de los jesuitas, a los que había expulsado del reino, después del atentado de uno de sus alumnos contra el rey (1594).

   Una de las mayores preocupaciones de Clemente VIII fue la de organizar una cruzada contra los turcos, que amenazaban otra vez el Occidente. El emperador Rodolfo II de Austria, el más directamente amenazado por los infieles, recibió la ayuda del Papa, pero las tropas imperiales y pontificias sufrieron varias derrotas ante el temible enemigo. Enrique IV se negó a participar en la cruzada, prefiriendo la alianza con los turcos, que garantizaban a los franceses ventajas comerciales dentro de su vasto Imperio.

   La última esperanza de recobrar a Inglaterra a la muerte de Isabel fue desbaratada por Jacobo I, su sucesor, hijo de María Estuardo. Una vez en el trono, Jacobo persiguió a los católicos. Lo mismo sucedió en Suecia, donde Segismundo Wasa, elegido rey de Polonia y al que correspondía la corona de Suecia, hubiera tenido que llevar una política estrechamente relacionada con el Vaticano. Pero Wasa fue vencido y tuvo que regresar a Polonia. Suecia siguió protestante. En cambio, en Polonia, la hábil política de los jesuitas convenció a la minoría rutena a aceptar la unión con Roma, conservando su antiguo ritual y respetando las condiciones de la unión religiosa establecidas por el Concilio de Florencia de 1439.

   Una controversia sobre los efectos de la gracia divina estalló en 1588, cuando un jesuita español, Luis Molina, profesor de la Universidad portuguesa de Evora, publicó un libro en latín titulado "Sobre la concordancia del libre albedrío con los dones de la gracia". Sostenía Molina que la gracia otorgada por Dios no se vuelve eficaz hasta el momento en que es aceptada por el libre albedrío, y que, de este modo, la obra de la santificación no es más que el resultado entre la cooperación simultánea entre Dios y el hombre, entre la gracia y la libertad. Los dominicos contestaron afirmando que Dios sólo gobierna nuestra libertad y decide sobre nuestras acciones, de manera que no hay concordia, sino integración en el orden de la Providencia. La controversia tomó proporciones, y el Papa se vio obligado a instituir, en 1597, la Congregación De auxiliis, con el fin de apaciguar la polémica y decidir sobre el asunto. Clemente era partidario de la tesis dominica, que coincidía con la tradición tomista, pero no pudo asistir al desenlace de la controversia, puesto que falleció en 1605. Paulo V puso fin a las discusiones, prohibiendo cualquier publicación sin el permiso del Santo Oficio y de la Inquisición.

   Dos trágicos acontecimientos amargaron los últimos años del Pontífice. El primero fue el proceso de Giordano Bruno, antiguo monje dominico, que fue ocndenado y quemado en la hoguera el 17 de febrero de 1600. Bruno había nacido en Nápoles, había abandonado a los dominicos, había tenido contactos con los calvinistas en Ginebra y con los ambientes anglicanos en Inglaterra. Volvió al contienete y defendió sus tesis en Venecia y en París. Sus principales obras, redactadas en forma de diálogos, fueron escritas en Londres entre 1583 y 1585. El panteísmo está basado en la idea de que el hombre no es más que la expresión de lo universal, o sea, de la misma sustancia divina, que es infinita como el universo. La idea de la trascendencia desaparece, y la creación consiste, en cambio, en un proceso necesario de Dios que por ella se revela. Ideas que volverá a sostener Spinoza. La teología es, por consiguiente, una ciencia, ya que el objeto de la misma es el universo, es decir, Dios. Condenado por sus tesis, primero en Venecia, luego en Roma, murió rechazando el Crucifijo. Su muerte no desencadenó ninguna protesta entre sus contemporáneos, pero fue utilizada, siglos más tarde, por los enemigos de la Iglesia, que hicieron de Bruno un héroe de la libertad de pensamiento.
 
   Cuando los partidos laicistas consiguieron el poder en Italia, hacia fines del siglo XIX alzaron monumentos a Giordano Bruno en muchas ciudades italianas, una de ellas en Roma, el Mercato dei Fiori, donde el apóstata había muerto.

   El otro trágico proceso fue el de Beatriz Cenci, que fue explotado por la literatura de todos los tiempos. Beatriz pertenecía a una antigua familia romana, la de los Crescencio y de Juan X. Maltratada y perseguida por su padre, la que fue llamada "el ángel del parricidio" por el poeta Shelley, hizo asesinar al jefe de la familia, de acuerdo con su hermano Giacomo y con su suegra. Fue condenada y ejecutada, junto con su hermano. Su desgracia sigue obsesionando a los escritores. Antonin Artaud escribió un drama sobre el caso de los Cenci, y el norteamericano Frederic Prokosh le dedicó recientemente una novela.

   A fines del siglo XVI, el príncipe de Valaquia, Miguel el Valeroso, se levantó contra los turcos y, después de vencerlos en Caluganeri, reunió a los tres principados rumanos en un solo reino.

   Obras importantes fueron realizadas bajo el pintificado de Clemente VIII. Taso, protegido por Cinzio Aldobrandini, vivió en el Vaticano, donde escribió su poema religioso sobre la creación del mundo. Giacomo della Porta terminó la construcción del Palacio del Vaticano en 1596. El cardenal César Baronio, confesor del Papa, escribió gran parte de su historia de los Papas. En 1594 fue inaugurado y consagrado el nuevo altar pontifical bajo la cúpula de San Pedro.

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*PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATÓLICA DEL PERÚ DIRECCIÓN ACADÉMICA DE RELACIONES CON LA IGLESIA COMISIÓN ACADÉMICA ARQUIDIOCESANA DEL IV CENTENARIO LA IGLESIA DE LIMA DE 1598 SEGÚN SANTO TORIBIO DE MOGROVEJO SERIE: TESTIGOS DE LA CULTURA CATÓLICA SANTO TORIBIO: IV CENTENARIO

HECHO EL DEPÓSITO LEGAL EN LA BIBLIOTECA NACIONAL DEL PERÚ N° 2006-1365 DONACIÓN: DOS SOLES

 

PRESENTACIÓN Entre las numerosas cartas escritas por Santo Toribio, publicamos ésta de importancia excepcional y que dirige al Papa Clemente VIII. Un acucioso periodista no habría formulado tan puntuales preguntas sobre la Lima y el Perú de finales del seiscientos. Nadie tampoco estaba en mejores condiciones de responder que el segundo arzobispo, quien afirma que por su “propia persona” ha “andado y caminado más de cinco mil doscientas leguas, muchas veces a pie, por caminos muy fragosos y ríos, rompiendo por todas las dificultades, y careciendo algunas veces yo y la familia, de cama y comida, entrando a partes remotas de indios cristianos”. Nadie como él conoce la realidad, tanto por la calidad de los informes recibidos de las autoridades civiles y religiosas como por la visita sosegada y directa. Fue un conocimiento vivo que lo llevó no sólo a contabilizar la gente y su patrimonio, sino a poner remedio directo, tanto en lo físico (levanta hospitales, escuelas, puentes…), como en lo humano (les habla en su lengua y se cerciora de que los doctrineros también lo hagan; vela por sus derechos; convive con los naturales, con los españoles, con los criollos, mestizos, afroperuanos…) y en lo espiritual (bautiza, confirma, administra la comunión, ordena sacerdotes y hasta obispos). La carta se convierte en una suerte de retrato del Perú. Por la misma desfilan las instituciones civiles y religiosas, los pueblos y las ciudades, los sacerdotes y religiosos, los conventos y monasterios, las parroquias y las doctrinas, las cofradías y los hospitales, la universidad de San Marcos y los colegios, las procesiones y sus imágenes, los concilios y sínodos convocados y celebrados, las rentas y los diezmos, y hasta la cuenta detallada de su administración por la que conocemos que de su propio peculio entregó a los más pobres y necesitados “ciento cuarenta y tres mil trescientos cuarenta y cuatro pesos y cuatro reales”. Publicamos también una carta previa al mismo Papa y que contextualiza su “relación y memorial”. José Antonio Benito

*CARTA AL PAPA CLEMENTE VIII Santísimo Padre. En conformidad del Motu Proprio de la Santidad de Sixto VI, de feliz recordación, en que se ordena a los Prelados den cuenta y razón a los Sumos Pontífices de todo el Oficio Pastoral y de todas las cosas, que en cualquier manera pertenecieren al estado de sus Iglesias, para la disciplina del Clero y Pueblo, y salud de las almas, que les están encargadas, atendiendo a la merced y gracia perpetua, que a instancia y suplicación mía Su Santidad me hizo, de que pudiese visitar por procurador, y señalase, en esta Corte Romana, persona que en mi nombre visitase el Templo de los santos Apóstoles, en razón de la mucha distancia que hay en estas partes, para no poder irse, como consta por las Cartas, que en su nombre me escribieron los cardenales Montalvo y Jerónimo Mateo, a 28 y 10 de junio de 1591. Y asimismo a la que Vuestra Santidad me hizo, de que Alejandro Pusiñano visitase Limina Apostolorum y fuese admitido para esto, y que dentro de cuatro años, enviase Relación, del estado de mi Iglesia, según me escribió en nombre de Vuestra Santidad el Cardenal Mateo, en 19 de diciembre de 1596, cuyas copias de cartas van con ésta, a lo cual he acudido con mucha diligencia y cuidado en todas las ocasiones que se han ofrecido, enviando poder; y tengo aviso y testimonio de haberse hecho la visita en mi nombre, los años de 1584, 1595, 1586, 1588, 1591, 1592, 1595 de que he tenido sumo contentamiento. Todo lo cual, si no se me concediera y se me denegara, cadenas y grillos, no fueran bastantes para impedirme la prosecución de tan santo viaje, rompiendo todas las dificultades que hubiera y no poniéndoseme cosa por delante, como tan observante de los mandatos apostólicos y obediente a ellos y la razón a ello obliga. Los años pasados despaché Relación de lo susodicho, dejando cumplir con la obligación, y ahora, ofreciéndose esta oportunidad de la Flota, he querido hacer lo mismo, sin esperar más dilación, ni todo el tiempo de los dichos cuatro años. Y, aunque, por el Motu Proprio, parece satisfacerse de mi parte, en hacerse la visita de diez en diez años, he encargado a las personas a quienes he enviado el poder, como son los Procuradores Generales de las Órdenes, que residen en esa Corte Romana, y a otras, hagan, prosigan y continúen la dicha visita cada un año, para que no haya descuido alguno, y lo tengan en la memoria, y en todo se haga lo que convenga, y se descargue la conciencia y Dios Nuestro Señor se sirva. La Relación y Memorial de todo lo que está dicho, va con ésta, firmada de mi nombre. Guarde Nuestro Señor a Vuestra Santidad mucho y felices años, para gran bien de toda la Cristiandad, con copioso aumento de sus divinos dones. De los Reyes del Perú, en 14 días del mes de abril de 1598. Turibius, Archiepiscopus Civitatis Regnum. RELACIÓN Y MEMORIAL QUE SE ENVÍA A SU SANTIDAD2 POR EL ARZOBISPO DE LOS REYES DE LAS PROVINCIAS DEL PERÚ, DON TORlBlO ALFONSO MOGROVEJO, EN CONFORMIDAD DEL MOTU PROPRIO, DE LA SANTIDAD DE SIXTO QUINTO DE FELIZ RECORDACIÓN, EN QUE SE ENCARGA Y ORDENA, QUE LOS PRELADOS DEN CUENTA Y RAZÓN A LOS ROMANOS PONTÍFICES, DE TODO EL OFICIO PASTORAL, Y DE TODAS LAS COSAS QUE EN MANERA ALGUNA, PERTENECIEREN AL ESTADO DE SUS IGLESIAS, PARA LA DISCIPLINA DEL CLERO Y PUEBLO, Y SALUD DE LAS ALMAS, QUE LES ESTÁN ENCARGADAS 1 Sixto V: 1585-1590 Su nombre brilla en la cúspide de la linterna de la cúpula de San Pedro; de pequeño guardó cerdos. Félix Peretti nació en 1521, fue franciscano desde los 9 años. En 1566 fue general de la Orden y en 1570 cardenal. San Pío V le eligió como confesor. Fue elegido papa el 24 de abril de 1585. En poco tiempo su mano de hierro frenó la bancarrota y eliminó el bandidaje. En 1588 se crearon 15 congregaciones para mejorar la administración eclesial. Exige que cada obispo vaya a Roma a dar cuenta periódica de su diócesis. Se corona la basílica de san Pedro con la cúpula de Miguel Ángel. Mejoró notablemente el Vaticano. 1590: Noviembre 8, Los Reyes. Al Papa Sixto V sobre entrada de mujeres seglares en monasterios de monjas. (ASV, Nunzziatura di Portogallo, vol.6, f.5r; VR II 479-80) 2 Clemente VIII: 1592-1605 Hipólito Aldobrandini era un notable jurista. Su apoyo al convertido rey francés Enrique IV debilitó la posición respecto al rey español Felipe II. Gran éxito del Año Santo de 1600 con un millón de peregrinos y donativos para las finanzas papales, debilitadas por las fastuosas representaciones del Papa. En 1599 fue decapitada ante el castillo de Santángelo Beatriz Cerici y Giordano Bruno. Protegió a los poetas y músicos. A él se deben la capilla y la sala Clementina, la sala del consistorio y la restauración de la basílica de Letrán. Fue caritativo y piadoso. 1598: Abril 14: Al Papa solicitando breve para poder nombrar visitadores (AVU, XXIX. Del Archivo Vaticano.Relat. Dioces. Sac.Cogr.Concilii). Abril 14. La incluye Bernabé de Cobo, S.I. Historia de la fundación de Lima L.II, c.37, y ALP, pp.116-117. 1599 Abril, 28, Lima. Al Papa Clemente VIII sobre el Seminario de Lima (Archivum Congregationis Concilii: Limana 1603, A5/B10/C9, ff.339r-339v; VRV II, 478-9

1. Después que vine a este Arzobispado de los Reyes de España, por el año de ochenta y uno, he visitado, por mi propia persona, y estando legítimamente impedido por mis visitadores, muchas y diversas veces, el distrito, conociendo y apacentando mis ovejas, corrigiendo y remediando, lo que ha parecido convenir, y predicando los domingos y fiestas a los indios españoles, a cada uno en su lengua, y confirmando mucho número de gente, que han sido más de seiscientas mil ánimas a lo que entiendo y ha parecido, y andado y caminado más de cinco mil doscientas leguas, muchas veces a pie, por caminos muy fragosos y ríos, rompiendo por todas las dificultades, y careciendo algunas veces yo y la familia, de cama y comida, entrando a partes remotas de indios cristianos, que de ordinario traen guerra con los infieles, adonde ningún Prelado ni visitador había entrado. 2. He ejercitado el Pontifical, ordenando muchas y diversas veces, a las personas que ha parecido convenir, y consagrando Obispos y gran cantidad de aras, dejando proveídas de ellas a las iglesias por donde pasaba, y asimismo, cálices, y bendecido muchos ornamentos, y consagrado los santos óleos cada año, como está ordenado, y otras muchas cosas concernientes al dicho oficio. 3. He celebrado dos Concilios Provinciales. El uno el año de ochenta y tres, en el cual se hicieron muchos decretos, y un catecismo mayor y menor, confesionario y sermonario, hecho todo en tres lenguas, la una española, y las dos de indios, para diferentes obispados y tierras donde corren; y una instrucción de Visitadores y Arancel Eclesiástico, y forma de las censuras generales, el cual Concilio fue a probado por la Santidad de Sixto Quinto, y mandado guardar y ejecutar por el Rey Don Felipe. 4. Y el otro Concilio el año de 91, el cual despaché a España, para que se aprobase por Vuestra Santidad con cartas mías y hasta ahora no he tenido aviso del recibo, y tengo convocado para otro. 5. He hecho, asimismo, otros Sínodos Diocesanos, los años de 82, 84, 85 y 86, y los años de 88, 90, 92, 94 y 96, y convocado para otro de dos en dos años, usando de la gracia v privilegio, que la Santidad de Gregorio XIII, me concedió por el tiempo que yo viviese, haciendo Concilios Provinciales, de siete en siete años, y los Sinodales de dos en dos. 6. Tengo muchos ministros para que lo pongan todo y lleven a debida ejecución, el Provisor de esta ciudad, y Vicarios de otras provincias, y dado comisión a los curas de las doctrinas, señalándoles y ordenándoles, las penas que han de imponer a los transgresores, dándoles comisión para ello, acudiendo en esta parte a lo proveído por el Santo Concilio Provincial, celebrado en esta ciudad de los Reyes, el año de 67, en que está mandado así se haga y cumpla, que los Obispos den comisión a los curas de indios, en la forma que está referida. 7. Tengo asimismo nombrados otros jueces en esta ciudad, para mejor expediente de los negocios que hubiere. Hay en esta ciudad santo oficio de la Inquisición, donde asisten dos inquisidores, Virrey y Audiencia Real y Alcaldes de Corte y Ordinarios de la ciudad, y Cabildo todo para ejecución de la justicia. 8. Tiene este arzobispado diez Obispos sufragáneos, que son el del Cuzco, el de las Charcas, el de Quito, el de Panamá, el de Tucumán, el del Paraguay, el de la Imperial, el de Santiago de Chile, el de Nicaragua y el de Popayán. Aunque la Majestad del Rey Don Felipe, me escribió mucho tiempo ha, deseaba se aplicase, al arzobispado el nuevo reino de Granada, pidiéndome enviase mi consentimiento para efecto de suplicar a Vuestra Santidad tuviese por bien se hiciese y se aplicase, en razón de haber pocos Obispos sufragáneos en aquel reino, para celebrar, Concilios Provinciales, y estar distante de este arzobispado, trescientas leguas, y no más de ochenta del reino, hasta ahora no he sabido haya tenido efecto, ni se haya concluido, aunque he hecho muchas diligencias sobre ello, escribiendo a Madrid y otras partes, y he estado con

cuidado de saberlo, y lo estoy si se ha hecho mudanza en ello. 9. Hay en esta ciudad una Universidad general, donde se leen Cánones y Leyes, Teología y Artes, y la lengua de los indios, para lo cual está señalado un catedrático en ella, y otro doctor asimismo, que la lee en esta Iglesia Catedral. 10. Hay tres colegios, uno llamado Santo Toribio, donde está el Seminario, fundado en conformidad del Santo Concilio de Trento y Provincial, otro en la Universidad, llamado el Colegio Real, y otro en la Compañía de Jesús, todos con sus hopas [sotanas] y becas y diferentes colores las becas, donde se ejercitan en letras, virtudes y recogimiento. 11. Hay en esta Iglesia Catedral, cinco dignidades: Deán, Arcediano, Chantre, Maestrescuela y Tesorero, y diez Canónigos, tres Racioneros, y los más de ellos son graduados y muy doctos doctores, maestros y licenciados, cuatro curas, los tres graduados, dos sacristanes, Mayordomo y Secretario Contador, y pertiquero y cuatro acólitos, un organista y capilla de canto de órgano muy buena, y ocho capellanías dotadas, y una capilla de Nuestra Señora de Copacabana, que está en el cementerio de la Iglesia, de mucha y grande devoción, donde concurre mucho número de gente, y se han hecho muchos milagros. 12. Conforme a la erección de este arzobispado, ha de haber en esta Iglesia Catedral, cinco Dignidades, diez Canónigos, seis Racioneros y seis medios Racioneros, seis Capellanes, seis acóÍitos; dos curas y sacristán, pertiquero y Mayordomo y Secretario, y hasta ahora no se ha acabado de cumplir el número de todo, sino poco a poco se va haciendo, conforme la renta va creciendo, y conforme la [Regla] Consueta de esta Santa Iglesia ha de haber seis muchachos para el coro, y seis para el servicio de la Iglesia. 13. Ha venido estos días cédula de su Majestad el Rey Don Felipe, para que de las prebendas que fueren vacando o estuviesen vacas, se provean cuatro prebendas: la una, doctoral, otra magistral, otra de penitenciaría y otra de Escritura, lo cual luego se pondrá en ejecución y se publicará; y que lo mismo se haga y cumpla en los obispados de Charcas, Cuzco y en las demás iglesias Catedrales donde hubiese comodidad. 14. La renta de los diezmos conforme a la erección de este arzobispado, está dividida y repartida en cuatro partes: la una para el Prelado, la otra para los Prebendados y demás ministros de la Iglesia Catedral, las otras dos partes se hacen nueve partes, las cuatro lleva el Cura, y la octava parte de las cuatro, el sacristán, las dos partes lleva su Majestad, las otras tres partes llevan las iglesias y hospitales por mitad. La renta de los diezmos suele ser de sesenta y sesenta y cuatro mil pesos ensayados, conforme los años van creciendo o disminuyendo, y el salario de los seis acólitos se paga a costa de los Prebendados, y los otros del servicio de la Iglesia, a costa de la fábrica. 15. Hay tres parroquias en esta ciudad, la una de San Sebastián, donde hay dos curas, otra de Santa Ana, donde hay un cura, otra de San Marcelo con otro cura, y en estos curatos hay diversas capellanías. 16. Hay tres monasterios de monjas, el uno de la Encarnación, son canónigas seglares de la Orden de San Agustín, tiene ciento setenta y cuatro monjas profesas y novicias, hermanas y donadas; tiene de renta once mil pesos corrientes. Otro de la Concepción de la Orden de Santa Clara, tiene ciento cincuenta monjas profesas y novicias, hermanas y donadas; tiene de renta veinte ocho mil pesos corrientes. Otro de la Santísima Trinidad, de la Orden de San Bernardo; tiene treinta y seis monjas profesas y novicias, hermanas y donadas; tiene de renta cuatro mil quinientos pesos corrientes, y otros tres mil que se cobran trabajosamente. Todos los cuales monasterios están sujetos al Ordinario. 17. Fúndase otro monasterio de monjas [Santa Clara], el cual tiene ya acabada la Iglesia, muy suntuosa y muy buena con dos coros, alto y bajo y con rejas muy fuertes, y se va cercando de

tapias muy altas donde ha de haber un cuarto muy grande, pared en medio, para las mujeres que pidieren divorcio, en el entretanto que se determina y fenece la causa y después de acabada, si hubiere de haber divorcio para que estén recogidas y no anden con sus libertades fuera; y asimismo para que se puedan recoger allí las mujeres mozas e hijas de algunos que van a partes lejanas, y no saben donde dejar sus mujeres e hijas, y puedan estar los padres y maridos con contentamiento, viendo que quedan en parte segura, y para las mujeres que hubieren vivido mal y quisieren recogerse a vivir bien, está hecha una reja grande que sale a la misma Iglesia del Monasterio, por donde puedan oír cada día misa. Está en ese Monasterio una imagen de Nuestra Señora de la Peña de Francia, de mucha devoción para el pueblo, adonde ocurre mucho número de gente y clérigos a decir muchas misas. Fundó este Monasterio un hombre llamado Francisco de Saldaña, y dio toda su hacienda que valdría doce o catorce mil pesos, y se obligó a servirle todos los días de su vida sin salario, diciendo que quería ser esclavo del Monasterio, y que si fuera clérigo que serviría toda su vida de capellán sin salario. Y su Majestad el Rey Don Felipe habiéndosele dado noticia de esto por mi parte, me escribió que como quiera que esta obra fuese tan en servicio de nuestro Señor y beneficio de la República, se lo agradeciese de su parte, y le ayudase y favoreciese, asimismo escribió a su Virrey le diese tierras e indios, para el servicio de él, y se ha juntado mucha limosna de españoles, indios y otras personas con gran fervor y caridad. Y de los indios se habrá juntado de limosna dos mil cabalgaduras poco más o menos, y mucha plata, ropa y maíz, ganado y trigo con tanta caridad, que yo he quedado admirado, yéndome muchos a buscar para dar limosna diciendo que querían hacer bien por sus almas, que si en particular se hubiera de escribir, era menester mucho tiempo, y admiraría, y se darían muchas gracias a Dios, de ver y entender la voluntad y ánimo con que estos indios ofrecían la limosna y la inclinación tan santa que han tenido, cómo se han de seguir tantos y tan buenos efectos de este Monasterio y esta es obra de Dios. Él la favorece y tiene de su mano. Entiendo que las monjas que en él entraren, serán de San Francisco, y han de ser sujetas al Ordinario conforme la voluntad del fundador y función. 18. Hay cinco monasterios, de Santo Domingo, donde hay ciento cuarenta frailes, tiene más de treinta mil pesos de renta, según tengo relación. Otro de San Francisco donde hay ciento seis frailes, y aunque no tienen renta determinada, de sacristía y limosnas que recogen tiene veinte mil pesos. Otro de San Agustín, tiene ciento veinte frailes, tiene de renta doce o catorce mil pesos. Otro de Nuestra Señora de las Mercedes donde hay sesenta frailes, tiene de renta diez y seis mil pesos. Otro de la Compañía de Jesús, donde hay setenta religiosos, tiene de renta veinte y cinco mil pesos, y en todos religiosos graves y doctos, los cuales se ocupan en ayudarme a la labor de los frutos de esta viña del Señor a mí encomendada. Hay otro Monasterio de Descalzos que está fuera de la ciudad, que tiene ocho frailes, es de mucha devoción y edificación. 19. Hay seis hospitales donde se curan los enfermos con gran caridad, uno es de Santa Ana donde se curan los indios enfermos; otro de San Andrés donde se curan los españoles; otro del Espíritu Santo donde se curan los pobres hombres de la mar, y no otros; otro el San Diego donde los convalecientes que salen de San Andrés se curan; otro que llaman de San Lázaro de mal incurable; otro de la Caridad donde se curan mujeres pobres. 20. Hay muchas cofradías de españoles, negros e indios, adornadas con muchas indulgencias, la del Santísimo Sacramento que está en Santo Domingo y acude a la administración del Viático de esta Iglesia Catedral y demás parroquias con lo necesario que es menester, y cuando sale el Santísimo Sacramento van once clérigos con sobrepellices y estolas de carmesí, que llevan las varas del palio, pendón y mazas de plata con gran cantidad de cera. En la cofradía de las Ánimas que está en la Iglesia Mayor, se dicen más de seis mil misas cada año, y se da de limosna al sacerdote ocho reales cada vez que dice misa. Hay una cofradía de la Caridad, en la cual se casan cada año veinticuatro doncellas pobres, y se les da para su casamiento, veinticuatro pesos de a nueve reales, y un hermano de la dicha cofradía que pide limosna para los pobres vergonzantes, que se llama Vicente Rodríguez, hombre de mucha caridad y buen cristiano, ha repartido desde el año ochenta y cuatro hasta el

noventa y siete, ciento cincuenta y tres mil quinientos noventa y tres pesos y seis tomines de a nueve reales el peso. En el monasterio de San Francisco está fundada otra cofradía de Nuestra Señora de la Concepción, la cual casa cada año doce doncellas pobres y da a cada una seiscientos ducados de dote. La cofradía de las cárceles que está fundada en una de las capillas de ellas, da de comer, cada día, a todos los pobres de todas las cárceles, y por su turno se escogen de treinta hombres, dos que solicitan y procuran los negocios de los pobres presos; tienen letrado para ello y procurador. Hay otra de la clerecía que llaman la Cátedra de San Pedro, tiene cuidado de regalar y curar los clérigos pobres y enfermos, dan todo lo necesario para su sustento a los sacerdotes pobres, entierra a los difuntos de la dicha cofradía con mucha pompa y se hace muchos sacrificios por ellos, lo cual es de mucha utilidad y provecho. 21. El miércoles, jueves y viernes santos salen cinco procesiones de diversas vocaciones de penitentes, la una se dice de Nazarenos que sale de Santo Domingo y salen mucho número de hombres en forma de penitentes, todos con cruces grandes en hombros; otra que sale del propio monasterio que se llama de la Veracruz sale el jueves por la noche y van en ella más de cuatrocientos penitentes; otra la propia noche de San Francisco, en la cual salen quinientas cincuenta personas, disciplinándose; otra de San Agustín a devoción del Santo Crucifijo de Burgos, cuyo retrato tienen, lleva más de ochocientas personas disciplinándose. Otra el viernes en la noche que llaman la Soledad de Nuestra Señora, sale de la Merced, es muy devota procesión, salen más de mil personas disciplinándose, y sacan todas las insignias de la pasión, va con gran silencio. Otra sale de San Agustín la mañana de la Resurrección. 22. En conformidad de lo proveído por el Santo Concilio de Trento en que se ordena que en el entretanto que se hace Concilio Provincial, se ordenen algunas constituciones y ordenanzas, nombrándose algunas personas, unos de parte del Prelado y otros de parte del Cabildo de la Iglesia Catedral, que hicieron algunas constituciones que se llama Consueta de esta Santa Iglesia de esta ciudad de los Reyes para el buen régimen y gobierno de ella conforme a la consueta del Arzobispado de Granada que ha sido y es de mucho provecho y utilidad. 23. Hay cinco villas en el Arzobispado, la una llaman Ica con dos curas y otros clérigos que hay y asisten y un Vicario y tres monasterios de frailes, de San Francisco, San Agustín y la Merced y un hospital. La otra se llama Cañete con un cura y Vicario, y un monasterio de frailes de S. Francisco y un hospital. Otra llamada Chancay con un cura y Vicario, y un monasterio de frailes de San Francisco y un hospital. Otra villa nueva llamada Carrión con un cura y Vicario. Otra llamada Santa con dos curas y el uno de ellos Vicario, y un hospital. Otra llamada Saña con cuatro curas, el uno de ellos Vicario, y dos monasterios de frailes, de San Francisco y San Agustín, con dos parroquias. 24. Hay cuatro ciudades, la una llamada Trujillo con cuatro curas, y el uno de ellos Vicario, con tres parroquias y cuatro monasterios de frailes, de Santo Domingo, San Francisco, San Agustín y la Merced, y un monasterio de monjas de la orden de San Francisco sujetas a ella, y un hospital. Otra ciudad de Huánuco, con cuatro curas, el uno de ellos Vicario; y dos parroquias y un hospital y cuatro monasterios de frailes, franciscanos, dominicos, agustinos y mercedarios, y se trata de fundar un monasterio de monjas. Otra ciudad de Chachapoyas, con dos curas, y el uno Vicario, y dos parroquias, y dos monasterios, de San Francisco y de la Merced, y un hospital. Otra ciudad de Moyobamba, con un cura y Vicario, donde están fundadas unas capellanías, y entre otras, una de las Ánimas, que desde su fundación tiene doscientas vacas y cien yeguas, para que del multiplico de ello, digan misas, la cual se hizo y fundó, estando yo visitando aquella ciudad, y animé a ello para que se concluyese, y un hospital. En estas villas y ciudades hay muchas capellanías, y cofradías y muchas indulgencias, y asimismo en esta ciudad.

25. Hay muchas doctrinas que tienen los frailes, que son ciento veintidós, poco más o menos. Hay de clérigos ciento dieciocho, poco más o menos, y con sus hospitales. El salario para la doctrina de los clérigos y frailes, se saca de los tributos que dan los indios a sus encomenderos, y asimismo a fábrica que se dan a las iglesias. Para los hospitales contribuyen los indios tributarios con un tomín que es real y medio. En estas doctrinas de frailes hay tres monasterios, de frailes de San Francisco, y otros cinco de agustinos y dominicos que están fuera de las dichas villas y lugares. 26. Hay un puerto junto a esta ciudad, que se dice el Callao, que tiene un cura y Vicario de españoles e indios, tiene tres monasterios de San Francisco, Santo Domingo y San Agustín, y una casa de la Compañía de Jesús, con su iglesia, y hay capel1anías y cofradías. 27. Acerca de los frailes que están en estas doctrinas, recibí años ha la declaración de los cardenales intérpretes del Santo Concilio de Trento, entre otras en que se resuelve que los frailes que están en las doctrinas, se dice vivir extra claustra, y poder ser corregidos y castigados en conformidad de lo proveído por el Santo Concilio de Trento, por los Ordinarios; y asimismo, recibí un despacho o breve ejecutorial de cierto juez apostólico, que con mucho rigor mandaba se cumpliese y ejecutase lo ordenado y declarado por la dicha congregación de los cardenales acerca de lo susodicho, y otras cosas de que asimismo tuve declaración, ordenando que si alguna persona se sintiese agraviado pareciese dentro de un año en Roma ante dicho juez, o quien le sucediese, con apercibimiento de, que pareciendo o no pareciendo, se procedería a hacer Justicia, y habiéndose notificado el dicho ejecutorial a los Prelados de las órdenes que tenían frailes en las doctrinas, apelaron y suplicaron del dicho ejecutorial y se envió todo a esa Corte Romana, por orden mía, al juez que lo despachó, para que visto todo, proveyese lo que conviniese en cumplimiento de lo que la congregación de los cardenales y de lo que el juez había proveído, y hasta ahora no he tenido acuse ni respuesta de lo que se ha hecho, haciendo más de cuatro años que lo despaché, poco más o menos y la copia de lo que yo consulté con la dicha congregación y la respuesta suya, y carta que se me escribió acerca de esto, y envío en este pliego a que me remito. Será de mucho momento llevar a debida ejecución la dicha declaración y ejecutorial para el bien y utilidad de los naturales, porque no pudiendo proceder contra los frailes que están en doctrinas y saliendo con lo que pretenden, será ocasión de no saber el Prelado cómo viven y cómo acuden a lo que están obligados, teniendo tratos y contratos, y compeler a los indios a ofrecer por fuerza y a tener sementeras y otras granjerías, ocupando a los indios en ellas contra su voluntad y que hacer castigos indebidos a los dichos indios y de no tener los Concilios provinciales y sinodales de este arzobispado, ni catecismo, ni sermonario, ni confesionario, hecho por el Concilio Provincial que está ordenado se tenga por los curas, y de hacer ausencias de sus doctrinas y de no administrar los santos sacramentos y otras muchas cosas que pueden ocurrir, y ofrecerse aunque no se haya de presumir tal cosa de ellos, por tener como tengo a los religiosos en buena opinión y es razón tenerse por todos. U. S. será servido poner la mano en ello, mandando se cumpla y guarde con mucho rigor la declaración de la congregación de los cardenales y ejecutorial, de manera que los frailes que estuviesen en las doctrinas, puedan ser visitados, corregidos y castigados por los Ordinarios, en cuanto al oficio de curas y administración de los santos sacramentos, asimismo de moribus et vita, pues se dice, vivir extra claustra, conforme a la dicha declaración; para que de esta manera se allanen y reconozcan a los Ordinarios y se les descargue la conciencia, y Dios Nuestro Señor se sirva y se haga el fruto que se pretende y cesen las dichas ocasiones; y asimismo importaría mucho que U.S mandase por su breve, no pudiesen administrar los santos sacramentos los frailes de las doctrinas ni de las otras partes, sin licencia y consentimiento del Ordinario, guardándose en esta parte lo proveído por el Santo Concilio de Trento, sin embargo de los privilegios que tuvieren en contrario. 28. Hay en esta ciudad noventa y cinco sacerdotes, fuera de los curas, y treinta de Evangelio, y otros treinta de Epístola, fuera de otros muchos de menores órdenes, que padecen de mucha necesidad por no haber doctrinas que darles, en razón de estar ocupadas por frailes, muchas de ellas, como está dicho atrás, que ha de ser causa de ir con mucho tiento en hacer órdenes, como

lo he hecho hasta ahora, porque no se vean en necesidad ni anden mendigando. 29. En las condenaciones que he hecho en las visitas, no se ha aplicado ninguna cosa para mí ni llevado nada, y a los indios que se han confirmado no he consentido que me ofrezcan candelas ni plata, ni traigan vendas, sino de mi hacienda se han puesto las candelas y vendas, que todo ello me valiera mucha cantidad, en razón de tanto número de indios, como se ha hecho bien de ver y de dar a entender, deseando todos los naturales tengan mucho contentamiento y no entiendan se les lleva algo por la administración de los santos sacramentos. 30. De mi hacienda se ha distribuido de limosnas después que entré en este arzobispado, hasta ahora ciento cuarenta y tres mil trescientos cuarenta y cuatro pesos y cuatro reales desde el año 84 hasta el 97, fuera de otras que se han repartido, a Dios sean dadas las gracias, por quien sólo esto se hace, en edificación de los prójimos, procurando darles buen ejemplo y animándolos a lo mismo. – TORlBIO, Arzobispo de la ciudad de los Reyes. – Ante mí, Diego Morales, Notario Público.

http://www.arzobispadodelima.org/santos/storibio/pdf/iglesialima

1598.pdf 2006-06-18  2006-06-18 Agradecemos la fonte.

 

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HISTORIA - Para adentrarse en la época de la gran gesta hispánica [1492-1592] y analizar la magnitud del descubrimiento, es necesario penetrarlo estudiando el contexto histórico; solo así podremos llegar a un discernimiento moderado y con el sentimiento sano del deber o de una conciencia objetiva. Con este objetivo presentamos tantos temas y acontecimientos -aparentemente- en discontinuidad.

 

Para no caer en el anacronismo, es necesario tener la humildad y la inteligencia de leer los hechos del pasado no con las categorías mentales de hoy, más, dentro el marco histórico temporal en que se efectuaron. 

 

Al igual que ocurre con cualquier otra expresión de la mente humana, quizás la objetividad plena es imposible, pero lo que se le pide a cualquier intelectual honrado es que, cuando menos, haga el esfuerzo de buscarla, tenga la valentía de acercarse serena y responsablemente al mayor grado de objetividad histórica posible.

 

¿Quién ignora, que son innumerables las personas de uno, y otro sexo, a quienes contiene, para que no suelten la rienda a sus pasiones el temor del qué dirán? Este temor ya no subsistirá en el caso de que no haya murmuradores en el mundo, que son los que dicen, los que hablan, y aun los que acechan los pecados ajenos. Luego esos innumerables de uno, y otro sexo, faltando el freno de la infamia, o descrédito a que los expone la murmuración, desenfrenadamente se darán a saciar sus criminales pasiones.

 

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SUCESOS - Es bueno valorar acontecimientos y hechos que han sucedido en el pasado, reflexionar sobre ellos, para caminar con los talentos de la historia como bastón de guía.

 

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El rostro de la Madre del Redentor

(Lectura: capítulo 19 del evangelio de san Juan, versículos 25-27)

1. El Concilio al afirmar que a la Virgen María "se la reconoce y se la venera como verdadera Madre de Dios y del Redentor" (Lumen gentium, 53) señala el vínculo que existe entre la maternidad de María y la redención.

Después de haber tomado conciencia del papel materno de María, venerada en la doctrina y en el culto de los primeros siglos como Madre virginal de Jesucristo y, por consiguiente, Madre de Dios, en la edad Media la piedad y la reflexión teológica de la Iglesia profundizan su colaboración en la obra del Salvador.

Este retraso se explica por el hecho de que el esfuerzo de los Padres de la Iglesia y de los primeros concilios ecuménicos, al centrarse en el misterio de la identidad de Cristo, dejó necesariamente en la sombra otros aspectos del dogma. Sólo progresivamente la verdad revelada se podrá explicitar en toda su riqueza. En el decurso de los siglos la mariología se orientará siempre en función de la cristología. La misma maternidad divina de María es proclamada en el concilio de Éfeso, sobre todo para afirmar la unidad personal de Cristo. De forma análoga sucede con la profundización de la presencia de María en la historia de la salvación.

2. Ya al final del siglo II, san Ireneo, discípulo de san Policarpo, pone de relieve la aportación de María a la obra de la salvación. Comprendió el valor del consentimiento de María en el momento de la Anunciación, reconociendo en la obediencia y en la fe de la Virgen de Nazaret en el mensaje del ángel la antítesis perfecta a la desobediencia e incredulidad de Eva, con efectos benéficos sobre el destino de la humanidad. En efecto, como Eva causó la muerte, así María, con su sí, se convirtió en causa de salvación para sí misma y para todos los hombres (cf. Adv. haer. 3.22 4: SC 211, 441). Pero se trata de una afirmación que no desarrollaron de modo orgánico y habitual los otros Padres de la Iglesia.

Esa doctrina, en cambio, es sistemáticamente elaborada por primera vez, al final del siglo X, en la Vida de María, escrita por un monje bizantino, Juan el Geómetra. Aquí María está unida a Cristo en toda la obra redentora, participando, de acuerdo con el plan divino, en la cruz y sufriendo por nuestra salvación. Permaneció unida a su Hijo "en toda acción, actitud y voluntad" (Vida de María, Bol. 196 f. 122 v.). La asociación de María a la obra salvífica de Jesús se realiza mediante su amor de Madre, un amor animado por la gracia, que le confiere una fuerza superior: la más libre de pasión se muestra la más compasiva (cf. ib. Bol. 196, f. 123 v.).

3. En Occidente, san Bernardo, muerto el año 1153, dirigiéndose a María, comenta así la presentación de Jesús en el templo: "Ofrece tu Hijo, Virgen santísima, y presenta al Señor el fruto de tu seno. Para nuestra reconciliación con todos ofrece la hostia santa, agradable a Dios" (Sermo 3 in Purif., 2: PL 183, 370).

Un discípulo y amigo de san Bernardo, Arnaldo de Chartres, destaca en particular la ofrenda de María en el sacrificio del Calvario. Distingue en la cruz "dos altares: uno en el corazón de María; otro en el cuerpo de Cristo. Cristo inmolaba su carne; María, su alma. María se inmola espiritualmente en profunda comunión con Cristo y suplica por la salvación del mundo: "Lo que la Madre pide, el Hijo lo aprueba y el Padre lo otorga" (De septem verbis Domini in cruce, 3: PL 189, 1.694).

Desde esa época otros autores exponen la doctrina de la cooperación especial de María en el sacrificio redentor.

4. Al mismo tiempo, en el culto y en la piedad cristiana, se desarrolla la mirada contemplativa sobre la compasión de María, representada significativamente en las imágenes de la Piedad. La participación de María en el drama de la cruz hace profundamente humano ese acontecimiento y ayuda a los fieles a entrar en el misterio: la compasión de la Madre hace descubrir mejor la pasión del Hijo.

Con la participación en la obra redentora de Cristo, se reconoce también la maternidad espiritual y universal de María. En Oriente, Juan el Geómetra dice de María: "Tú eres nuestra madre". Dando gracias a María "por las penas y los sufrimientos padecidos por nosotros", pone de relieve su afecto maternal y su calidad de madre con respecto a todos los que reciben la salvación (cf. Discurso de despedida sobre la dormición de la gloriosísima Nuestra Señora Madre de Dios, en A. Wenger, L´Assomption de la T.S. Vierge dans la tradition byzantine, 407).

También en Occidente la doctrina de la maternidad espiritual se desarrolla con san Anselmo, que afirma: "Tú eres la madre (...) de la reconciliación y de los reconciliados, la madre de la salvación y de los salvados" (cf. Oratio 52, 8: PL 158, 957 A).

María siempre es venerada como Madre de Dios, pero el hecho de ser nuestra madre confiere a su maternidad divina un nuevo rostro y a nosotros nos abre el camino para una comunión más intima con ella.

5. La maternidad de María con respecto a nosotros no consiste sólo en un vínculo afectivo: por sus méritos y su intercesión, ella contribuye de forma eficaz a nuestro nacimiento espiritual y al desarrollo de la vida de la gracia en nosotros. Por este motivo, se suele llamar a María Madre de la gracia, Madre de la vida.

El titulo Madre de la vida, que ya usaba san Gregorio de Nisa, lo explicó así Guerrico d´Igny, muerto en el año 1157: "Ella es la Madre de la Vida de la que viven todos los hombres: al engendrar en sí misma esta vida, en cierto modo regeneró a todos los que la vivirían. Sólo uno fue engendrado, pero todos nosotros fuimos regenerados" (In Assumpt. I, 2: PL 185, 188).

Un texto del siglo XIII, el Mariale, usando una imagen atrevida, atribuye esta regeneración al "parto doloroso" del Calvario, con el que "se convirtió en madre espiritual de todo el género humano"; en efecto, "en sus castas entrañas concibió, por compasión, a los hijos de la Iglesia" (Q. 29, par. 3).

6. El concilio Vaticano II, después de haber afirmado que María "colaboró de manera totalmente singular a la obra del Salvador", concluye así: "Por esta razón es nuestra Madre en el orden de la gracia" (Lumen gentium 61), confirmando, de ese modo, el sentir eclesial que considera a María junto a su Hijo como Madre espiritual de toda la humanidad.

María es nuestra Madre: esta consoladora verdad, que el amor y la fe de la Iglesia nos ofrecen de forma cada vez más clara y profunda, ha sostenido y sostiene la vida espiritual de todos nosotros y nos impulsa, incluso en los momentos de sufrimiento, a la confianza y a la esperanza.

 

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Kerigma. (Del gr. κ?ρυγμα, proclamación).1. m. Rel. En la religión cristiana, anuncio de Jesús, el Salvador, que se hace a los no creyentes.2. m. Rel. Contenido sustancial de la buena nueva de salvación, la muerte y resurrección de Cristo, fundamento de la fe cristiana.

 

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Símbolo. (Del lat. simb?lum, y este del gr. σ?μβολον).1. m. Representación sensorialmente perceptible de una realidad, en virtud de rasgos que se asocian con esta por una convención socialmente aceptada.2. m. Figura retórica o forma artística, especialmente frecuentes a partir de la escuela simbolista, a fines del siglo XIX, y más usadas aún en las escuelas poéticas o artísticas posteriores, sobre todo en el superrealismo, y que consiste en utilizar la asociación o asociaciones subliminales de las palabras o signos para producir emociones conscientes.3. m. Ling. Tipo de abreviación de carácter científico o técnico, constituida por signos no alfabetizables o por letras, y que difiere de la abreviatura en carecer de punto; p. ej., N, He, km y $ por Norte, helio, kilómetro y dólar, respectivamente.4. m. Numism. Emblema o figura accesoria que se añade al tipo en las monedas y medallas.5. m. ant. santo (? nombre que servía para reconocer fuerzas como amigas o enemigas).~ algébrico.1. m. Letra o figura que representa un número variable o bien cualquiera de los entes para los cuales se ha definido la igualdad y la suma.~ de la fe, o ~ de los Apóstoles.1. m. credo (? oración)

 

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Canon. (Del lat. canon, y este del gr. καν?ν).1. m. Regla o precepto.2. m. Catálogo o lista.3. m. Regla de las proporciones de la figura humana, conforme al tipo ideal aceptado por los escultores egipcios y griegos.4. m. Modelo de características perfectas.5. m. Prestación pecuniaria periódica que grava una concesión gubernativa o un disfrute en el dominio público, regulado en minería según el número de pertenencias o de hectáreas, sean o no explotadas.6. m. Percepción pecuniaria convenida o estatuida para cada unidad métrica que se extraiga de un yacimiento o que sea objeto de otra operación mercantil o industrial, como embarque, lavado, calcinación, etc.7. m. Decisión o regla establecida en algún concilio de la Iglesia católica sobre el dogma o la disciplina.8. m. Catálogo de los libros tenidos por la Iglesia católica u otra confesión religiosa como auténticamente sagrados.9. m. Parte de la misa, que empieza Te ígitur y acaba con el paternóster.10. m. Libro que usan los obispos en la misa, desde el principio del canon hasta terminar las abluciones.11. m. Der. Cantidad que paga periódicamente el censatario al censualista.12. m. Der. Precio del arrendamiento rústico de un inmueble. Canon conducticio.13. m. Der. Cantidad periódica pagada a la Administración por el titular de una concesión demanial.14. m. Impr. Caracteres gruesos equivalentes al cuerpo de 24 puntos.15. m. Mús. Composición de contrapunto en que sucesivamente van entrando las voces, repitiendo o imitando cada una el canto de la que le antecede.16. m. pl. derecho canónico.17. m. pl. irón. Conjunto de normas o reglas establecidas por la costumbre como propias de cualquier actividad. Torear según LOS cánones. Visitó a todos los directivos de la empresa, como mandan LOS cánones.~ de superficie.1. m. Ingen. canon (? percepción pecuniaria que grava una concesión minera).~ de vertidos.1. m. Cantidad abonada para compensar los perjuicios causados al medio ambiente por una instalación.gran ~.1. m. Impr. Grado de letra de imprenta, la mayor que se usaba.

 

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Ágape. (Del lat. ag?pe, y este del gr. ?γ?πη, afecto, amor).1. m. Comida fraternal de carácter religioso entre los primeros cristianos, destinada a estrechar los lazos que los unían.2. m. banquete (? comida para celebrar algún acontecimiento)

 

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El mundo visible - Dios mismo es quien ha creado el mundo visible en toda su riqueza, su diversidad y su orden. La Escritura presenta la obra del Creador simbólicamente como una secuencia de seis días "de trabajo" divino que terminan en el "reposo" del día séptimo (Gn 1, 1-2,4). El texto sagrado enseña, a propósito de la creación, verdades reveladas por Dios para nuestra salvación (cf DV 11) que permiten "conocer la naturaleza íntima de todas las criaturas, su valor y su ordenación a la alabanza divina" (LG 36).

338 Nada existe que no deba su existencia a Dios creador. El mundo comenzó cuando fue sacado de la nada por la palabra de Dios; todos los seres existentes, toda la naturaleza, toda la historia humana están enraizados en este acontecimiento primordial: es el origen gracias al cual el mundo es constituido, y el tiempo ha comenzado (cf S. Agustín, Gen. Man. 1, 2, 4).

Toda criatura posee su bondad y su perfección propias. Para cada una de las obras de los "seis días" se dice: "Y vio Dios que era bueno". "Por la condición misma de la creación, todas las cosas están dotadas de firmeza, verdad y bondad propias y de un orden" (GS 36, 2). Las distintas criaturas, queridas en su ser propio, reflejan, cada una a su manera, un rayo de la sabiduría y de la bondad Infinitas de Dios. Por esto, el hombre debe respetar la bondad propia de cada criatura para evitar un uso desordenado de las cosas, que desprecie al Creador y acarree consecuencias nefastas para los hombres y para su ambiente.

La interdependencia de las criaturas es querida por Dios. E1 sol y la luna, el cedro y la florecilla, el águila y el gorrión: las innumerables diversidades y desigualdades significan que ninguna criatura se basta a sí misma, que no existen sino en dependencia unas de otras, para complementarse y servirse mutuamente.

341 La belleza del universo: el orden y la armonía del mundo creado derivan de la diversidad de los seres y de las relaciones que entre ellos existen. El hombre las descubre progresivamente como leyes de la naturaleza que causan la admiración de los sabios. La belleza de la creación refleja la Infinita belleza del Creador. Debe inspirar el respeto y la sumisión de la inteligencia del hombre y de su voluntad.

La jerarquía de las criaturas está expresada por el orden de los "seis días", que va de lo menos perfecto a lo más perfecto. Dios ama todas sus criaturas (cf Sal 145, 9), cuida de cada una, incluso de los pajarillos. Pero Jesús dice: "Vosotros valéis más que muchos pajarillos" (Lc 12, 6-7), o también: "¡Cuánto más vale un hombre que una oveja!" (Mt 12, 12).

El hombre es la cumbre de la obra de la creación. El relato inspirado lo expresa distinguiendo netamente la creación del hombre y la de las otras criaturas (cf Gn 1, 26).

Existe una solidaridad entre todas las criaturas por el hecho de que todas tienen el mismo Creador, y que todas están ordenadas a su gloria:

Loado seas por toda criatura, mi Señor,
y en especial loado por el hermano Sol,
que alumbra, y abre el día, y es bello en su esplendor
y lleva por los cielos noticia de su autor.

Y por la hermana agua, preciosa en su candor,
que es útil, casta, humilde: ¡loado mi Señor!

Y por la hermana tierra que es toda bendición,
la hermana madre tierra, que da en toda ocasión
las hierbas y los frutos y flores de color,
y nos sustenta y rige: ¡loado mi Señor!

Servidle con ternura y humilde corazón,
agradeced sus dones, cantad su creación.
Las criaturas todas, load a mi Señor. Amén.

 

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"Obras todas del Señor, bendecid al Señor".

 

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Todo el universo, para quien tiene fe, habla de Dios Uno y Trino. Desde los espacios interestelares hasta las partículas microscópicas, todo lo que existe remite a un Ser que se comunica en la multiplicidad y variedad de los elementos, como en una inmensa sinfonía. Todos los seres están ordenados según un dinamismo armónico que podemos analógicamente llamar «amor». Pero sólo en la persona humana, libre y racional, este dinamismo se hace espiritual, se convierte en amor responsable, como respuesta a Dios y al prójimo en un don sincero de sí. En este amor el ser humano encuentra su verdad y su felicidad. S.S. Benedicto XVI. 2006-06-11

 

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Y San Agustín: “Interroga a la belleza de la tierra, interroga a la belleza del mar, interroga a la belleza del aire que se dilata y se difunde, interroga a la belleza del cielo… interroga a todas las realidades. Todas te responden: Ve, nosotras somos bellas. Su belleza es una profesión (‘confessio’). Estas bellezas sujetas a cambio, ¿quién las ha hecho sino la suma Belleza (‘Pulcher’), no sujeto a cambio?” (serm. 241,2).

33. El hombre: Con su apertura a la verdad y a la belleza, con su sentido de bien moral, con su libertad y a la voz de su conciencia, con su aspiración al infinito y a la dicha, el hombre se interroga sobre la existencia de Dios. En estas aperturas, percibe signos de su alma espiritual. La “semilla de eternidad que lleva en sí, al ser irreductible a la sola materia” (GS 18,1; cf. 14,2), su alma, no puede tener origen más que en Dios.

 

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Dios creó el mundo para manifestar y comunicar su gloria. La gloria para la que Dios creó a sus criaturas consiste en que tengan parte en su verdad, su bondad y su belleza.

 

 

 

 

 

 

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Recomendamos vivamente:

Título: ¿Sabes leer la Biblia? Una guía de lectura para descifrar el libro sagrado - Autor: Francisco Varo – MMVI. Marzo - Editorial: Planeta Testimonio

 

 

 

Recomendamos: Título: Repensar la ciencia
Autor: Natalia López Moratalla - Editorial: EIUNSA
 

 

 

Recomendamos vivamente:

1ª) LEYENDAS NEGRAS DE LA IGLESIA. Autor Vittorio MESSORI – Editorial “PLANETA-TESTIMONIO” 10ª EDICIÓN – Óptimo libro para defenderse del cúmulo de opiniones arbitrarias, deformaciones sustanciales y auténticas mentiras que gravitan sobre todo en lo que concierne a la Iglesia.

 2ª) NUEVE SIGLOS DE CRUZADAS. Autor el argentino-español Luis María SANDOVAL PINILLOS – Editorial CRITERIO-LIBROS. Idóneo para denunciar o aclarar invenciones contra la Iglesia, como para hacer, junto a una necesaria crítica, una apología sin complejos del derecho que asistía a los cristianos de defenderse.

 3ª) AL-ANDALUS CONTRA ESPAÑA – LA FORJA DEL MITO. Autor Serafín FANJUL – Editorial SIGLO VEINTIUNO DE ESPAÑA EDITORES. Apto para deshacer los tópicos, falsedades y supercherías de diverso género sobre la herencia islámica y convivencia de cristianos en el suelo peninsular.

 

 

Una democracia sin valores degenera en dictadura encubierta. Benedicto XVI 

“A un mundo mejor se contribuye solamente haciendo el bien ahora y en primera persona, con pasión y donde sea posible”». «Deus caritas est» - Encíclica de Benedicto P.P. XVI - MMVI - +

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).