Tuesday 23 May 2017 | Actualizada : 2017-03-29
 
Inicio > Temas Católicos > 1 - Iglesia 24º santa su doctrina; pecadores perdona culpa, faltas escándalos

 

La Iglesia que existe es maravillosa. Verdaderamente es la obra de Dios. Ahora bien, una cosa es la Iglesia que existe, y otra la que hubiera existido si todos se hubieran dejado regenerar por el Evangelio al 100%. Lo que vemos, aun siendo tan grandioso, no es más que la realización de una fracción del plan divino ideal.

 

En realidad, ni siquiera podemos afirmar que la diferencia que existe entre una pequeña ermita decimonónica y una gran catedral gótica, es la diferencia que existiría entre las dos realidades, la real y la ideal. Y no podemos decir eso, porque en realidad siempre podríamos imaginar una Iglesia universal mejor. Una Iglesia en la que los hombres fueran todavía mejores.

 

?Entendiendo esto, vemos que la Iglesia real es la concreción en algún grado de ese ideal. Una concreción a medio camino entre un número infinito de grados superiores, y un número infinito de grados inferiores. Amo a la Iglesia como es.

 

Pero qué distinta hubiera sido una Iglesia en la que todos sus sumos pontífices hubieran sido santos ascetas místicos. Al final, la Humanidad ha conocido el cristianismo en su versión de luz mezclada con sombras. 

 

+++


 

La Iglesia Católica es SANTA en su doctrina, en su moral, en sus medios de santificación -los sacramentos- y en sus frutos. No quiere esto decir que todos los católicos sean santos. Esto es imposible dado la libertad humana.

 

+++


 

2013 - Es de público conocimiento: en USA. ya existen hoy, más de 47.000 denominaciones cristianas. Se inventan seis títulos sectarios, sectas-grupos cada semana, planeadas por cualquiera. La Iglesia fundada por Jesucristo desde aquel año 33ca. es una, santa, católica y apostólica. “En la Iglesia del Dios viviente, columna y fundamento de la verdad” 1º Timoteo Cap.3 vers.15. Sobre la tumba del apóstol Pedro en Roma tiene su sede, siendo esto sólo un valor histórico. En Roma también está la tumba de Pablo. Ambas custodiadas por la Iglesia Católica cuya catolicidad nace en el mismo corazón de Cristo: 19: Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. 20: y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo»”. Evangelio según San Mateo cap. 28   

 

La Iglesia universal, es decir ‘católica’, fundada por Jesucristo, con dos mil años ininterrumpidos, es como un río que corre en la historia y trae continuamente al mundo el agua que mana de la única fuente que es Cristo. Es éste el significado de la apostolicidad de la Iglesia.   

 

http://www.youtube.com/watch?v=0j-S8QMoomo

 

http://www.youtube.com/watch?v=vN_UoJw-rDg

 

http://www.fernandocasanova.org/ 

 

La doctrina católica está contenida en el catecismo y el católico sintoniza, está y vive de acuerdo con ella. No haga consultas a cualquiera, vaya a las fuentes. Ésta es la fe de los católicos: así enseña el Señor: ¡El que esté sin pecado, que tire la primera piedra. (cf. Jn 8,7) A la luz de la fe no hay sólo «puros» o sólo «corruptos»: la condición humana y sus contradicciones nos unen a todos. Sólo el Padre es perfección absoluta-total. Al ser todos pecadores -siete veces al día-, pedimos los cristianos perdón. La petición de perdón y el don del perdón, igualmente debido. 
Consulte www.vatican.va/archive/catechism_sp/index_sp.html 


Si quieres aprender lo que la Iglesia Católica realmente enseña, consulta siempre el Catecismo de la Iglesia Católica: sólo allí está indefectible la Doctrina oficial de la Iglesia, ella emana de la Autoridad Apostólica. Los demás comentarios –los nuestros incluidos- son datos y pareceres. Con dolor se constatan arrogantes casos en el internet; son a veces más artificios para la verborrea, moño de presuntuosidad o altanería, que un acto de sumisión al servicio catequético de la Iglesia. La humildad pasa por poner luz, serenamente como hermanos, porque hemos sidos perdonados, como lo recuerda Benedicto XVI, con la misma sangre de nuestro Salvador, Cristo Jesús. Así lo creemos y así lo decimos. 
www.conocereisdeverdad.org


Pedro llorando sus pecados, faltas y traición a Cristo.

 

«La Iglesia no es santa por sí misma, sino que de hecho está formada por pecadores, lo sabemos y lo vemos todos», pero ésta «viene santificada de nuevo por el amor purificador de Cristo». «Dios no sólo ha hablado, nos ha querido (...) hasta la muerte de su propio hijo», S. S. Benedicto XVI – 29 Junio 2005 Festividad de San Pedro y Pablo; ambos mártires de la Iglesia católica, 64/67ca. en Roma. ITALIA.

 

+++ 

 

Iglesia -Jesucristo, al momento en que envía a los apóstoles (sabiendo que eran pecadores), a predicar el evangelio a todo el mundo, desea que su Iglesia sea universal (en griego ‘católicos’), es decir: en plena catolicidad hasta al final de los tiempos, la designa Jesucristo.

 

+++

 

¡Pero si es imposible saber cuál es la Iglesia de Cristo partiendo de los cientos de miles de nombres de las denominaciones protestantes!. Entonces, ¿cómo podremos saberlo? (En la edición de 1986 del conocido libro de referencia protestante "The Christian Source Book" -New York: Ballantine Books- se nos dice que existen más de 21,000 denominaciones y sectas, según el último recuento, y que aparecen – anualmente - unas 270 nuevas). Pues bien, la respuesta es que podremos saber cuál es la Iglesia fundada por Cristo examinando las características de una determinada iglesia. Las características que la Iglesia Católica puede ofrecer son las así llamadas "cuatro notas". UNA, SANTA, CATÓLICA Y APOSTÓLICA. Y, desde que Cristo la fundara, 2000 años de historia con domicilio físico sobre la tumba del apóstol Pedro, crucificado en cruz invertida en el 64/67ca.bajo Nerón, y enterrado a la orilla derecha del rio Tiber en la colina vaticana de la ciudad de Roma,Italia. (Allí también decapitado Pablo, murió mártir de la Iglesia Católica-Apostólica-Una y Santa).

 

+++ 

 

Señor Jesús, tú que sanabas a los enfermos y abrías los ojos a los ciegos, tú que perdonaste a la mujer pecadora y confirmaste a Pedro en tu amor, perdona nuestros pecados y danos un corazón nuevo para poder vivir en comunión perfecta.

 

+++


Creo en la Santa Iglesia católica

(del Compendio del Catecismo de la Iglesia católica: tras el , los del Catecismo completo)

147 (751-752.777.804) ¿Qué designamos con la palabra Iglesia?

Con el término Iglesia se designa al pueblo que Dios convoca y reúne desde todos los confines de la tierra, para constituir la asamblea de todos aquellos que, por la fe y el Bautismo, han sido hechos hijos de Dios, miembros de Cristo y templo del Espíritu Santo.

148 (753-757) ¿Hay otros nombres e imágenes con los que la Biblia designe a la Iglesia?

En la Sagrada Escritura encontramos muchas imágenes que ponen de relieve aspectos complementarios del misterio de la Iglesia. El Antiguo Testamento prefiere imágenes ligadas al Pueblo de Dios; el Nuevo Testamento aquellas vinculadas a Cristo como Cabeza de este pueblo, que es su Cuerpo, y las imágenes sacadas de la vida pastoril (redil, grey, ovejas), agrícola (campo, olivo, viña), de la construcción (morada, piedra, templo) y familiar (esposa, madre, familia).

 

+++

...«cuando el gallo cante tú me habrás negado tres veces»...

 

 

Pero ni el Obispo, ni el superior; ni el formador ni el director espiritual pueden suplir la responsabilidad personal de un candidato al sacerdocio. Ellos conocen y orientan según la información que de sí mismo les ofrece el formando. De ahí que el candidato al sacerdocio deba “someterse confiadamente al discernimiento de la Iglesia, del Obispo que llama a las Órdenes, del rector del Seminario, del director espiritual y de los demás formadores a los que el Obispo o el Superior Mayor han confiado la tarea de educar a los futuros sacerdotes. Sería gravemente deshonesto que el candidato ocultara” impedimentos “para acceder, a pesar de todo, a la Ordenación. Disposición tan falta de rectitud no corresponde al espíritu de verdad, de lealtad y de disponibilidad que debe caracterizar la personalidad de quien cree que ha sido llamado a servir a Cristo y a su Iglesia en el ministerio sacerdotal”.

 

+++

 

Pedro pecador - La liturgia bizantina posee expresiones diversas de absolución, en forma deprecativa, que expresan admirablemente el misterio del perdón: "Que el Dios que por el profeta Natán perdonó a David cuando confesó sus pecados, y a Pedro cuando lloró amargamente y a la pecadora cuando derramó lágrimas sobre sus pies, y al publicano, y al pródigo, que este mismo Dios, por medio de mí, pecador, os perdone en esta vida y en la otra y que os haga comparecer sin condenaros en su temible tribunal. El que es bendito por los siglos de los siglos. Amén.".

 

 

Pedro está extenuado, desanimado. Ya ha pasado la noche y el Señor dice a los discípulos, cansados de bregar y decepcionados por no haber pescado nada:  "Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis" (Jn 21, 6). Normalmente los peces caen en la red durante la noche, cuando está oscuro, y no por la mañana, cuando el agua ya es transparente. Con todo, los discípulos se fiaron de Jesús y el resultado fue una pesca milagrosamente abundante, hasta el punto de que ya no lograban sacar la red por la gran cantidad de peces recogidos (cf. Jn 21, 6).

  

“La Tradición apostólica va creciendo en la Iglesia con la ayuda del Espíritu Santo; es decir, crece la comprensión de las palabras e instituciones transmitidas cuando los fieles las contemplan y estudian repasándolas en su corazón (cf. Lc 2,19-51), y cuando comprenden internamente los misterios que viven, cuando las proclaman los obispos, sucesores de los Apóstoles en el carisma de la verdad. La Iglesia camina a través de los siglos hacia la plenitud de la verdad, hasta que se cumplan en ella plenamente las palabras de Dios” (Dei Verbum 8). Estas palabras preparan la afirmación del número siguiente. “...Por eso la Iglesia no saca exclusivamente de la Escritura la certeza de todo lo revelado. Y así se han de recibir y respetar con el mismo espíritu de devoción” (ibid. 9). Concilio Vaticano II

 

+++

 

Cuanto más profundamente comprende un hombre lo que es Dios, cuanto más sublimes se le van manifestando Cristo y su Reino, tanto más sensible es su dolor por las deficiencias de la Iglesia.

 

+++


…hay quienes afirman que los Santos Padres y Lumen Gentium decían que la Iglesia era casta y meretriz.

 

Sólo hay un santo padre, uno solo, que menciona esa expresión una sola vez, una sola. Segundo, he mirado una y otra vez Lumen Gentium, y la expresión no aparece.

 

La Iglesia es santa, ¡santa! Hay pecadores en ella, pero es santa por el que la fundó, Nuestro Señor Jesucristo. Es santa por lo que nos da: los sacramentos, la Palabra de Dios, los sacramentales, buenas enseñanzas, mantiene la ortodoxia, etc. Y es santa por todos los santos que hay en ella.?Los pecadores son como las manchas de suciedad sobre una cara hermosa. Una mujer puede ser hermosísima y tener barro sobre la piel. Por mucho barro que tenga, sigue siendo hermosísima. Lo mismo la Iglesia.?La Iglesia ES santa. En la Iglesia HAY pecadores. Del mismo modo que yo tengo vida, aunque dentro de mi cuerpo o en mi piel, haya células muertas. Pero yo tengo vida, yo estoy vivo. No estoy vivo y muerto a la vez. Por lo menos por ahora, ¡no!?Si alguna vez alguien os dice que la Iglesia es santa y pecadora, decidle que no. Que esa expresión es ajena a la Tradición de la Iglesia.

José Antonio Fortea Cucurull (Barbastro, España, 1968) es sacerdote y teólogo especializado en demonología ... 01. Nov.2012

http://www.intereconomia.com/blog/blog-padre-fortea/iglesia-no-santa-y-pecadora-20121101

 

+++

 

La Iglesia, desde el inicio, es católica,

esta es su esencia más profunda, dice Pablo.

 

“El nuevo pueblo de Dios, la Iglesia, es un pueblo que proviene de todos los pueblos. La Iglesia, desde el inicio, es católica, esta es su esencia más profunda. San Pablo explica y destaca esto en la segunda lectura, cuando dice:  "Porque en un solo Espíritu hemos sido todos bautizados, para no formar más que un cuerpo, judíos y griegos, esclavos y libres. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu" (1 Co 12, 13). La Iglesia debe llegar a ser siempre nuevamente lo que ya es: debe abrir las fronteras entre los pueblos y derribar las barreras entre las clases y las razas. En ella no puede haber ni olvidados ni despreciados. En la Iglesia hay sólo hermanos y hermanas de Jesucristo libres”. S. S. Benedicto XVI – P.P. 2005

 

+++

  

Alegría - “Alegraos en el Señor siempre; lo repito: alegraos. Que vuestra bondad sea notoria a todos los hombres. El Señor está cerca. No os inquietéis por cosa alguna, sino más bien en toda oración y plegaria presentad al Señor vuestras necesidades con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa toda inteligencia, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. Por lo demás, hermanos, considerad lo que hay de verdadero, de noble, de buena fama, de virtuoso, de laudable; practicad lo que habéis aprendido y recibido, lo que habéis oído y visto en mí, y el Dios de la paz estará con vosotros.” San Pablo en su carta a los Filipenses 4, 4-9vs.”

 

+++

  

"La historia ha sido el campo de la imperfección humana, lo es aún y nada indica que dejará de serlo". (Víctor Massuh)

 

+++


"Non praevalebunt..."

Cordial homenaje que dedicamos a Jesucristo y a su Iglesia Católica,
porque no todos los días se cumplen 2.000 años...†

 

EL PECADO EN LA IGLESIA

 

Cuanto más profundamente comprende un hombre lo que es Dios, cuanto más sublimes se le van manifestando Cristo y su Reino, tanto más sensible es su dolor por las deficiencias de la Iglesia. En esto consiste la dolorosa seriedad que mora en las almas de los grandes cristianos por debajo de toda la alegría de sentirse hijos de Dios. Sin embargo, al católico no le está permitido eludir el encuentro con dicha seriedad. No tienen valor una Iglesia de estetas, ni una construcción filosófica, ni una sociedad milenarista, sino una Iglesia de hombres; divina, ciertamente, pero formada también por todo lo que constituye lo humano, espíritu y carne, incluso tierra. En efecto, «el Verbo se hizo carne», y la Iglesia no es sino el Cristo que continúa viviendo convertido en contenido de la comunidad, en estructura comunitaria. Sin embargo, tenemos la promesa de que el trigo jamás será sofocado por la mala hierba.


Cristo sobrevive en la Iglesia; pero Cristo crucificado. Casi podríamos atrevernos a formular la alegoría siguiente: las imperfecciones de la Iglesia son la Cruz de Cristo. El Ser de Cristo en su totalidad -su verdad, su santidad y gracia, su personalidad adorable-, está ligado a la Iglesia como en otro tiempo lo estuvo su cuerpo al madero de la cruz. Además, si Cristo lo quiere, la Iglesia tiene que llevar sobre sí la cruz de Aquél. No podemos desvincular a Cristo de la Iglesia.

Hemos dicho que solamente sabríamos enfrentarnos con las imperfecciones de la Iglesia, cuando cayéramos en la cuenta del sentido de las mismas. Posiblemente su sentido es el siguiente: Tienen la misión de crucificar nuestra fe, para que busquemos realmente a Dios y nuestra salvación, no a nosotros mismos. Por eso hacen siempre acto de presencia. Suele, por cierto, decirse que en el Cristianismo primitivo alcanzó la Iglesia el ideal. ¡Lean ustedes el capítulo sexto de los Hechos de los Apóstoles! Apenas había ascendido al Cielo el Señor, ya estallaba un conflicto en la comunidad primitiva. Y ¿por qué? Porque los cristianos procedentes del paganismo opinaban que los judío-cristianos recibían más que ellos en el reparto de alimentos y dinero. ¿No es esto espantoso? ¡En aquella comunidad que estaba aún empapada en los raudales de Espíritu de la fiesta de Pentecostés! Pero la Divina Escritura sabe muy bien por qué relata un hecho determinado. ¿Qué sería de nosotros si en la Iglesia fueran disminuyendo las miserias humanas? Quién sabe: tal vez fuéramos soberbios, egoístas y presuntuosos, estetas y pretendidos reformadores del mundo. No seríamos creyentes por los únicos motivos auténticos, es decir, por encontrar a Dios y hallar la felicidad de nuestras almas, sino por elaborar una cultura, por poseer una espiritualidad elevada, por vivir una vida llena de belleza espiritual. Las imperfecciones de la Iglesia hacen que todo esto sea imposible. Son la cruz; purifican nuestra fe.

Romano Guardini - SENTIDO DE LA iGLESIA
Edic. Dinor. San Sebastián, 1964, pág. 66s.

 

+++

 

IGLESIA Y JESÚS-  No podemos encontrar a Jesús sin la realidad que Él creó y en la que se comunica. Entre Cristo y la Iglesia no hay contraposición: son inseparables, a pesar de los pecados de los hombres que componen la Iglesia. Por tanto, no puede conciliarse con las intenciones de Cristo un eslogan que hace unos años estaba de moda: -Jesús sí; Iglesia no-”.
El pontífice Benedicto XVI  basó su meditación en el primer capítulo del Evangelio según san Marcos en el que se presenta el llamamiento de Jesús a los doce apóstoles. “La Iglesia -aclaró- comenzó a constituirse cuando unos pescadores de Galilea encontraron a Jesús, se dejaron conquistar por su mirada, por su voz, por su invitación cálida y fuerte: «Venid conmigo, y os haré llegar a ser pescadores de hombres»”. “Precisamente, la luz de ese Rostro se refleja en el rostro de la Iglesia, a pesar de los límites y de las sombras de nuestra humanidad frágil y pecadora”.
”El Jesús individualista es un Jesús de fantasía-añadió-. No podemos encontrar a Jesús sin la realidad que Él creó y en la que se comunica, la Iglesia”.
”Entre el Hijo de Dios, hecho carne y su Iglesia, se da una continuidad profunda, inseparable y misteriosa, en virtud de la cual Cristo se hace presente hoy en su pueblo.
Por este motivo, Jesús siempre es nuestro contemporáneo, contemporáneo en la Iglesia, construida sobre el fundamento de los apóstoles, está vivo en la sucesión de los apóstoles. Y esta presencia suya en la comunidad, en la que Él mismo siempre se nos da, es el motivo de nuestra alegría. Sí, Cristo está con nosotros, el Reino de Dios viene” concluyó el Santo Padre una intervención en la que en varios momentos dejó a un lado los papeles para explicar mejor su pensamiento.
CIUDAD DEL VATICANO- Benedicto XVI comenzó en la audiencia general de este miércoles un nuevo ciclo de catequesis dedicado a explicar. 2006-03-15

 

+++

 

AMOR A LA IGLESIA

 

Así pues, la Iglesia se funda en la misericordia de Dios, no en la fuerza de los hombres.

 

La Iglesia es la comunidad de los pecadores perdonados, "indultados", no de los perfectos.

 

Nota justamente un estudioso: "El jefe de los apóstoles ha vivido esa hora oscura, ¡el hombre de piedra ha sido tan débil y flojo! Pero en aquellos tiempos se sabía que los apóstoles no eran ni santos, ni héroes, sino sólo servidores, mandados, solamente pecadores justificados, semejantes a todos los demás hombres. Se sabía que la Iglesia no se funda sobre hombres de piedra o sobre héroes, sino solamente en Cristo, y que la caída y el pecado de los hombres de Dios no hacen sino poner en más evidencia el poder de la gracia" (G. Dehn).

Permítanme ahora una confesión personal. Hubo un tiempo en mi vida en que no lograba aceptar sino a la Iglesia de los perfectos.

Cada pequeño desgarrón en sus vestidos me escandalizaba, cada mancha me indignaba. Cada arruga en su rostro me fastidiaba. Cualquier debilidad provocaba condenas implacables por parte del pequeño juez agazapado dentro de mí.

Hoy, por suerte, estoy curado de estas pretensiones idealistas. He entendido que aquella era la Iglesia de mis sueños, no la Iglesia fundada por Cristo y sobre Cristo. He caído en la cuenta, sin hacer de ello un drama, que la Iglesia revela, pero también esconde a Dios. Lo manifiesta, pero -en ciertos momentos- lo oscurece. Lo hace presente, pero a veces nos lo aleja. Sí. La Iglesia es santa, pero hecha por pecadores.

La Iglesia nos entrega a Dios, ciertamente. Pero nos lo ofrece como envuelto en la corteza de la propia miseria, en la maraña de las propias contradicciones. En Dios no hay ni sombra, ni arruga ni mancha. La Iglesia, por el contrario, está hecha de hombres, y consiguientemente hecha de miserias, debilidades, culpas, desórdenes varios. Tiene razón A. Maillot cuando observa que los delirantes de una pureza idealista de la Iglesia son "enemigos del Reino".

He aprendido a amar y a aceptar con alegría la Iglesia tal como es. Porque yo también soy Iglesia. Y también yo tengo necesidad de ser aceptado por la Iglesia con mi peso de miserias y mis sombras. Estoy seguro de que nunca me avergonzaré de la Iglesia. Es más, le estaré siempre agradecido. Incluso por sus sombras. Porque hace resaltar la luz que viene de Otro.

ALESSANDRO PRONZATO - EL PAN DEL DOMINGO CICLO C- EDIT. SIGUEME SALAMANCA 1985.Pág. 211

 

+++

 

Pedro, así como los otros apóstoles, tuvo que recorrer un camino lento, no exento de dificultades, para seguir al Maestro. Con su respuesta de fe superó la prueba que la predicación de Cristo sobre la Eucaristía supuso para muchos de los discípulos. Sin duda la suya era una fe inicial, que llegaría a su plenitud en el momento de la Pascua. Sin embargo, el camino de la fe está lleno de sufrimientos y de amor, de pruebas y de fidelidades. Incluso Pedro llegó a conocer la amargura y la humillación de la negación, llegando a la conversión a través del arrepentimiento.

Junto al lago de Tiberíades Pedro descubre cómo Cristo resucitado se adapta a su pobre capacidad de amar y cómo podrá contar siempre con su presencia. De esto nace la esperanza y la confianza que le permitirán seguirlo hasta el final de su vida, que sellará con el martirio, crucificado en cruz invertida –aquí en Roma. Y así, él será capaz de describir la verdadera alegría e indicar la fuente dónde se puede conseguir, que es Cristo, creído y amado.

 

+++

 

 

El cardenal Cottier presenta las «Actas del Simposio Internacional "La Inquisición"».

CIUDAD DEL VATICANO, martes, 15 junio 2004- Publicamos la intervención que pronunció este martes el cardenal Georges Cottier o.p. al presentar a la prensa en el Vaticano las «Actas del Simposio Internacional "La Inquisición"» celebrado en 1998 para preparar el gran jubileo del año 2000.

* * *


Al interrogarse al inicio de su actividad sobre las tareas que le competían, la Comisión histórico-teológica del Comité para el gran jubileo del año 2000 comprendió inmediatamente la importancia de los números 33 y 36 de la carta apostólica «Tertio millennio adveniente» (1994).

Leemos: «Así es justo que, mientras el segundo Milenio del cristianismo llega a su fin, la Iglesia asuma con una conciencia más viva el pecado de sus hijos recordando todas las circunstancias en las que, a lo largo de la historia, se han alejado del espíritu de Cristo y de su Evangelio, ofreciendo al mundo, en vez del testimonio de una vida inspirada en los valores de la fe, el espectáculo de modos de pensar y actuar que eran verdaderas formas de antitestimonio y de escándalo».

«La Iglesia, aun siendo santa por su incorporación a Cristo, no se cansa de hacer penitencia: reconoce siempre como suyos, delante de Dios y delante de los hombres, a los hijos pecadores. Afirma al respecto la "Lumen gentium": "La Iglesia, abrazando en su seno a los pecadores, es a la vez santa y siempre necesita de purificación, y busca sin cesar la conversión y la renovación"».

Este mensaje había sorprendido hasta tal punto por su novedad y audacia que muchos se habían quedado desconcertados. Obliga a hacer una profundización teológica.

¿Qué significa la paradoja: la Iglesia santa comprende en su seno a los pecadores? ¿Cuál es el sentido del testimonio evangélico como dimensión de la existencia cristiana y de los comportamientos antitéticos de antitestimonio y de escándalo?

Para responder a estas preguntas, parece oportuno por tanto preguntarse qué es lo que constituye un verdadero escándalo y dónde está. El campo de investigación que se propuso a los investigadores es amplio, y forma parte de ese marco que el Santo Padre ha llamado la purificación de la memoria, pues la memoria histórica, es decir la imagen que nos hacemos del pasado, no carece de deformaciones y prejuicios.

Es obvio que una petición de perdón sólo puede afectar a hechos verdaderos y reconocidos objetivamente. No se pide perdón por algunas imágenes difundidas a la opinión pública, que forman parte más del mito que de la realidad.

No es casualidad el que la Comisión haya sido llamada histórico-teológica. La contribución de los historiadores, de hecho, era indispensable.

Un primer simposio afrontó las «Raíces del antijudaísmo en ambiente cristiano» (1997). Basándose en un fundamento histórico serio, constituyó un examen de conciencia y de reflexión por parte de teólogos de cara a una teología de Israel. Las actas fueron publicadas en el año 2000.

El volumen que presentamos contiene las «Actas» del segundo simposio internacional celebrado en el Vaticano entre el 29 y 31 de octubre de 1998 sobre la Inquisición.

Fue fundamentalmente un coloquio entre historiadores, escogidos en virtud de sus competencias científicas, teniendo en cuenta una participación de carácter internacional.

Un comité científico, compuesto por los profesores Guy Bedouelle, OP., Agostino Borromeo y Jean-Pierre Dedieu, orientó la elección de los invitados.

El profesor Agostino Borromeo, a quien doy las gracias por su trabajo, se ocupó de la publicación de las Actas. Estamos apenados por el retraso con el que sale este volumen. Se ha corrido el rumor, según el cual, la publicación había sido frenada por la oposición de alguien. Quiero desmentirla categóricamente. El retraso se ha debido a una serie de problemas de salud.

Doy las gracias sobre todo a la Biblioteca Apostólica Vaticana, representada por su eminencia el cardenal Jean-Louis Tauran, bibliotecario de Su Santidad, y por don Farina, prefecto, por haber publicado estas Actas en la prestigiosa colección «Studi e Testi» («Estudios y textos»).

Doy las gracias, además, a todos los participantes en el simposio, y a quienes colaboraron en su éxito, en particular a la señora Pierrette Rombis, quien fue una decisiva colaboradora en la presentación del simposio y en su desarrollo ordenado.

Por último, el hecho de que el Santo Padre haya enviado el mensaje leído en la apertura de esta sesión, es una prueba más del interés que siente por la iniciativa y de la importancia que le atribuye. El simposio, de hecho, se enmarca en la preparación del importante acontecimiento de la celebración litúrgica de petición de perdón, el 12 de marzo de 2000. Zenit

 

+++

 

Iglesia - Dios no abandona a su Iglesia y se cumple la promesa de Nuestro Señor: "Estaré con ustedes hasta el fin del mundo" (Mt. 28,20); y bien sabía Cristo que eloos son pecadors. Esto fastidia tanto a las sectas jehovistas, bautistas, mormones y otras miles que aparecen y desaparecen.

 

+++

 

La Iglesia Católica es «santa» en su doctrina, en su moral, en sus medios de santificación -los sacramentos- y en sus frutos. No quiere esto decir que todos los católicos sean santos. Esto es imposible dado la libertad humana.

 

+++

 

«La Iglesia no es santa por sí misma, sino que de hecho está formada por pecadores, lo sabemos y lo vemos todos», pero ésta «viene santificada de nuevo por el amor purificador de Cristo». «Dios no sólo ha hablado, nos ha querido (...) hasta la muerte de su propio hijo», S. S. Benedicto XVI – 29 Junio 2005 Festividad de San Pedro y Pablo; ambos mártires de la Iglesia católica, 64/7ca. en Roma. ITALIA.

 

+++

 

Ciertamente, la Iglesia no teme la verdad que se desprende de la historia y está dispuesta a reconocer los errores, si quedan demostrados, sobre todo cuando se trata del respeto debido a las personas y a las comunidades. Es propensa a desconfiar de afirmaciones generalizadas de absolución o condena con respecto a las diversas épocas históricas. Encomienda la investigación sobre el pasado a la paciente y honrada reconstrucción científica, sin prejuicios de tipo confesional o ideológico, tanto por lo que respecta a las culpas que se le achacan, como por lo que atañe a las injusticias que ha sufrido.

Cuando son demostradas por una seria investigación histórica, la Iglesia siente el deber de reconocer las culpas de sus miembros y pedir perdón a Dios y a los hermanos por ellas. Esta petición de perdón no debe entenderse como ostentación de fingida humildad, ni como rechazo de su historia bimilenaria, ciertamente llena de méritos en los campos de la caridad, de la cultura y de la santidad. Al contrario, responde a una irrenunciable exigencia de verdad, que, además de los aspectos positivos, reconoce los límites y las debilidades humanas de las diferentes generaciones de los discípulos de Cristo.

 

+++

 

Desde el comienzo, Dios había puesto en el corazón de los hombres los preceptos de la ley natural. Primeramente se contentó con recordárselos. Esto fue el Decálogo. (S. Ireneo, haer. 4, 15, 1).

Aunque accesibles a la sola razón, los preceptos del Decálogo han sido revelados. Para alcanzar un conocimiento completo y cierto de las exigencias de la ley natural, la humanidad pecadora necesitaba esta revelación:En el estado de pecado, una explicación plena de los mandamientos del Decálogo resultó necesaria a causa del oscurecimiento de la luz de la razón y de la desviación de la voluntad. (S. Buenaventura, sent. 4, 37, 1, 3).

Conocemos los mandamientos de la ley de Dios por la revelación divina que nos es propuesta en la Iglesia, y por la voz de la con ciencia moral.

 

+++

 

«Es necesario estar en guardia ante la pretensión de constituirse arrogantemente en jueces de las generaciones precedentes, que han vivido en otros tiempos y circunstancias. Hace falta una sinceridad humilde para no negar los pecados del pasado, sin caer en fáciles acusaciones en ausencia de pruebas reales o ignorando las diferentes pre-comprensiones de entonces». S.S. Benedicto PP. XVI –Varsovia Polonia - 2006-05-25

 

+++

 

La Iglesia es el Cuerpo de Cristo. Por el Espíritu y su acción en los sacramentos, sobre todo en la Eucaristía, Cristo muerto y resucitado constituye la comunidad de los creyentes como Cuerpo suyo.

La Iglesia es este Cuerpo del que Cristo es la Cabeza: vive de El, en El y por El: El vive con ella y en ella.

La Iglesia es la Esposa de Cristo: la ha amado y se ha entregado por ella. La ha purificado por medio de su sangre. Ha hecho de ella la Madre fecunda de todos los hijos de Dios.

La Iglesia es el Templo del Espíritu Santo. El Espíritu es como el alma del Cuerpo Místico, principio de su vida, de la unidad en la diversidad y de la riqueza de sus dones y carismas.

"Así toda la Iglesia aparece como el pueblo unido `por la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo´ (San Cipriano)" (LG 4).

 

+++

 

Iglesia – “Cada cual mira a la Iglesia según el estado de su propio corazón: Unos ven en la Iglesia solo pecadores y la condenan. Otros miran a sus santos con la esperanza de llegar a ser como ellos. Prefiero mirar a los santos, sabiendo que, de pecadores que eran, Cristo los transformó en hombres nuevos. Esa es la grandeza incomparable de la Iglesia”. Pbro. Jordi Rivero

 

+++

 

Iglesia - San Agustín a sus fieles: «Los santos mismos no están libres de pecados diarios. La Iglesia entera dice: Perdónanos nuestros pecados. Tiene, pues, manchas y arrugas (Ef 5,27). Pero por la confesión se alisan las arrugas, por la confesión se lavan las manchas. La Iglesia está en oración para ser purificada por la confesión, y estará así mientras vivieren hombres sobre la tierra» (Sermo 181, 5,7 en PL 38, 982)

 

+++

 

Historia e Iglesia - Lo que tiene lejos a ciertas personas de la Iglesia institucional son, en la mayoría de las ocasiones, los defectos, las incoherencias, los errores de los líderes: inquisición, procesos, mal uso del poder y del dinero, escándalos. Todas cosas, lamentablemente, ciertas, si bien frecuentemente exageradas y contempladas fuera de todo contexto histórico. Los sacerdotes somos los primeros en darnos cuenta de nuestra miseria e incoherencia y en sufrirla.
Los ministros de la Iglesia son «elegidos entre los hombres» y están sujetos a las tentaciones y a las debilidades de todos. Jesús no intentó fundar una sociedad de perfectos. ¡El Hijo de Dios –decía el escritor escocés Bruce Marshall-- vino a este mundo y, como buen carpintero que se había hecho en la escuela de José, recogió los pedacitos de tablas más descoyuntados y nudosos que encontró y con ellos construyó una barca –la Iglesia-- que, a pesar de todo, resiste el mar desde hace dos mil años!
Hay una ventaja en los sacerdotes «revestidos de debilidad»: están más preparados para compadecer a los demás, para no sorprenderse de ningún pecado ni miseria, para ser, en resumen, misericordiosos, que es tal vez la cualidad más bella en un sacerdote. A lo mejor precisamente por esto Jesús puso al frente de los apóstoles a Simón Pedro, quien le había negado tres veces: para que aprendiera a perdonar «setenta veces siete».

+++

 

Un tema fundamental, unido a la idea de la culpa y ampliamente presente en el Nuevo Testamento, es el de la absoluta santidad de Dios. El Dios de Jesús es el Dios de Israel (cf. Jn 4,22), invocado como «Padre santo» (Jn 17,11), llamado «el Santo» en 1 Jn 2,20 (cf. Ap 6,10). La triple proclamación de Dios como «santo» en Is 6,3 retorna en Ap 4,8, mientras que 1 Pe 1,16 insiste en el hecho de que los cristianos deben ser santos «porque está escrito: vosotros seréis santos, porque yo soy santo» (cf. Lev 11,44-45; 19,2). Todo esto refleja la noción véterotestamentaria de la absoluta santidad de Dios. Sin embargo, para la fe cristiana la santidad divina ha entrado en la historia en la persona de Jesús de Nazaret: la noción véterotestamentaria no se ha visto abandonada, sino desarrollada, en el sentido de que la santidad de Dios se hace presente en la santidad del Hijo encarnado (cf. Mc 1,24; Lc 1,35; 4,34; Jn 6,69; Hch 4,27.30; Ap 3,7), y la santidad del Hijo está participada por los «suyos» (cf. Jn 17,16-19), hechos hijos en el Hijo (cf. Gál 4,4-6; Rom 8,14-17). No puede darse, sin embargo, aspiración alguna a la filiación divina en Jesús mientras no se dé amor al prójimo (cf. Mc 12,29-31; Mt 22,37-38; Lc 10,27-28).


Este motivo, decisivo en la enseñanza de Jesús, se convierte en el «mandamiento nuevo» en el evangelio de Juan: los discípulos deberán amar como Él ha amado (cf. Jn 13,34-35; 15,12.17), es decir, perfectamente, «hasta el fin» (Jn 13,1). El cristiano, por tanto, está llamado a amar y a perdonar según una medida que trasciende toda medida humana de justicia y produce una reciprocidad entre los seres humanos, que refleja la existente entre Jesús y el Padre (cf. Jn 13,34s; 15,1-11; 17,21-26). En esta óptica se da un gran relieve al tema de la reconciliación y del perdón de las ofensas. A sus discípulos Jesús les pide estar siempre dispuestos a perdonar a cuantos les hayan ofendido, así como Dios mismo ofrece siempre su perdón: «Perdona nuestras deudas así como nosotros perdonamos a nuestros deudores» (Mt 6,12.12-15). Quien se halla en grado de perdonar al prójimo demuestra haber comprendido la necesidad que personalmente tiene del perdón de Dios. El discípulo está invitado a perdonar «hasta setenta veces siete» a quien le ofende, incluso aunque éste no pidiera perdón (Mt 18,21-22).


Jesús insiste sobre la actitud requerida de la persona ofendida respecto a sus ofensores: ella está llamada a dar el primer paso, cancelando la ofensa mediante el perdón ofrecido «de corazón» (cf. Mt 18,35; Mc 11,25), consciente de ser ella misma pecadora ante Dios, quien jamás rechaza el perdón invocado con sinceridad. En Mt 5,23-24 Jesús pide al ofensor «ir a reconciliarse con el propio hermano, que tenga algo contra él», antes de presentar su ofrenda sobre el altar: no es agradable a Dios un acto de culto llevado a cabo por quien no quiera reparar primero el daño causado al propio prójimo. Lo que cuenta es cambiar el propio corazón y mostrar de manera adecuada que se quiere realmente la reconciliación. El pecador, no obstante, en la conciencia de que sus pecados hieren al mismo tiempo su relación con Dios y con el prójimo (cf. Lc 15,21), puede esperarse el perdón solamente de Dios, ya que solamente Dios es siempre misericordioso y dispuesto a cancelar los pecados. Éste es también el significado del sacrificio de Cristo, que de una vez para siempre nos ha purificado de nuestros pecados (cf. Heb 9,22; 10,18). Así, el ofensor y el ofendido son reconciliados por Dios en la misericordia suya, que a todos acoge y perdona.


En este cuadro, que podría ampliarse mediante el análisis de las cartas de Pablo y de las cartas católicas, no hay indicio alguno de que la Iglesia de los orígenes haya dirigido su atención a los pecados del pasado para pedir perdón. Lo cual puede explicarse por la fuerte conciencia de la novedad cristiana, que proyecta a la comunidad más bien hacia el futuro que hacia el pasado. No obstante, se encuentra una insistencia más amplia y sutil, que atraviesa el Nuevo Testamento: en los evangelios y en las cartas la ambivalencia propia de la experiencia cristiana se halla ampliamente reconocida. Para Pablo, por ejemplo, la comunidad cristiana es un pueblo escatológico, que vive ya la «nueva creación» (cf. 2 Cor 5,17; Gál 6,15), pero esta experiencia, hecha posible por la muerte y resurrección de Jesús (cf. Rom 3,21-26; 5,6-11; 8,1-11; 1 Cor 15,54-57), no nos libra de la inclinación al pecado, presente en el mundo a causa de la caída de Adán. Como resultado de la intervención divina en y a través de la muerte y resurrección de Jesús, hay ahora dos escenarios posibles: la historia de Adán y la de Cristo. Ambas discurren la una al lado de la otra y el creyente deberá contar sobre la muerte y la resurrección del Señor Jesús (cf., p. ej., Rom 6,1-11; Gál 3,27-28; Col 3,10; 2 Cor 5,14-15) para ser parte de la historia en la que «sobreabunda la gracia» (cf. Rom 5,12-21).


Una tal relectura teológica del acontecimiento pascual de Cristo muestra cómo la Iglesia de los orígenes tenía una conciencia aguda de las posibles deficiencias de los bautizados. Se podría decir que el entero corpus paulinum llama a los creyentes a un reconocimiento pleno de su dignidad, aun contando con la conciencia viva de la fragilidad de su condición humana: «Cristo nos ha liberado para que permanezcamos libres; manteneos, pues, firmes y no os dejéis oprimir nuevamente bajo el yugo de la esclavitud» (Gál 5,19). Un motivo análogo puede hallarse en las narraciones de los evangelios. Emerge incisivamente en Marcos, donde las carencias de los discípulos de Jesús son uno de los temas dominantes de la narración (cf. Mc 4,40-41; 6,36-37.51-52; 8,14-21.31-33; 9,5-6.32-41; 10,32-45; 14,10-11.17-21.50; 16,8). El mismo motivo retorna en todos los evangelistas, aunque se halle comprensiblemente difuminado. Judas y Pedro son, respectivamente, el traidor y el que reniega de su Maestro, si bien Judas llega a la desesperación por la acción cometida (cf. Hch 1,15-20), mientras que Pedro se arrepiente (cf. Lc 22,61s) y llega a la triple profesión de amor (cf. Jn 21,15-19). En Mateo, incluso durante la aparición final del Señor resucitado, mientras los discípulos lo adoran, «algunos todavía dudaban» (Mt 28,17). El cuarto evangelio presenta a los discípulos como aquellos a los cuales se les ha otorgado un amor inconmensurable, a pesar de que su respuesta esté hecha de ignorancia, deficiencias, negaciones y traición (cf. 13,1-38).


Esta constante presentación de los discípulos llamados a seguir a Jesús, que titubean al abandonarse al pecado, no es simplemente una relectura crítica de los orígenes. Los relatos se hallan planteados de tal modo que se dirigen a todo discípulo sucesivo de Cristo que se halle en dificultad y contemple el Evangelio como la propia guía e inspiración. Por otra parte, el Evangelio está lleno de recomendaciones a portarse bien, a vivir un nivel más alto de compromiso, a evitar el mal (cf., p. ej., Sant 1,5-8.19-21; 2,1-7; 4,1-10; 1 Pe 1,13-25; 2 Pe 2,1-22; Jud 3-13; 1 Jn 1,5-10; 2,1-11.18-27; 4,1-6; 2 Jn 7-11; 3 Jn 9-10). No hay, sin embargo, ninguna llamada explícita, dirigida a los primeros cristianos, a confesar las culpas del pasado, si bien es ciertamente muy significativo el reconocimiento de la realidad del pecado y del mal en el interior del pueblo llamado a la existencia escatológica, propia de la condición cristiana (se piense sólo en los reproches contenidos en las cartas a las siete Iglesias del Apocalipsis). Según la petición que se encuentra en la oración del Señor, este pueblo invoca: «Perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo deudor nuestro» (Lc 11,4; cf. Mt 6,12). Los primeros cristianos, en fin de cuentas, manifiestan ser bien conscientes de poder comportarse en manera no correspondiente a la vocación recibida, no viviendo el bautismo de la muerte y resurrección de Jesús, con el cual habían sido bautizados.

 

+++

Pedro, apóstol de la Iglesia Católica, enterrado en la colina vaticana,

a la derecha del rio Tiber - Roma, Italia.

 

Historia, perdón reconciliación - El compromiso por la verdad abre el camino al perdón y a la reconciliación. Surge una objeción ante la conexión indispensable entre el compromiso por la verdad y la paz: las diferentes convicciones sobre la verdad dan lugar a tensiones, a incomprensiones, a debates, tanto más fuertes cuanto más profundas, son las convicciones mismas. A lo largo de la historia, éstas también han dado lugar a violentas contraposiciones, a conflictos sociales y políticos, e incluso a guerras de religión. Esto es verdad, y no se puede negar; pero esto ha ocurrido siempre por una serie de causas concomitantes, que poco o nada tenían que ver con la verdad y la religión, y siempre porque se quiere sacar provecho de medios realmente irreconciliables con el puro compromiso por la verdad y con el respeto de la libertad requerido por la verdad. Por lo que concierne específicamente a la Iglesia católica, ella condena los graves errores cometidos en el pasado, tanto por parte de sus miembros como de sus instituciones, y no ha dudado en pedir perdón. Lo exige el compromiso por la verdad.

La petición de perdón y el don del perdón, igualmente debido - porque para todos vale la advertencia de Nuestro Señor: “¡el que esté sin pecado, que tire la primera piedra!” (cf. Jn 8,7) - son elementos indispensables para la paz. La memoria queda purificada, el corazón apaciguado, y se vuelve pura la mirada sobre lo que la verdad exige para desarrollar pensamientos de paz. No puedo dejar de recordar las iluminadoras palabras de Juan Pablo II: “No hay paz sin justicia, no hay justicia sin perdón” (01 enero 2002).

El compromiso por la paz abre camino a nuevas esperanzas. Es como una conclusión lógica de lo que he tratado de ilustrar hasta ahora. ¡Porque el hombre es capaz de verdad! Lo es tanto sobre los grandes problemas del ser, como sobre los grandes problemas del obrar: en la esfera individual y en las relaciones sociales, en el ámbito de un pueblo como de la humanidad entera. La paz, hacia la que debe y puede llevarla su compromiso, no es sólo el silencio de las armas; es, más bien, una paz que favorece la formación de nuevos dinamismos en las relaciones internacionales, dinamismos que a su vez se transforman en factores de conservación de la paz misma. Y sólo lo son si responden a la verdad del hombre y a su dignidad. Y por esto no se puede hablar de paz allá donde el hombre no tiene ni siquiera lo indispensable para vivir con dignidad. Pienso ahora en las multitudes inmensas de poblaciones que padecen hambre. Aunque no estén en guerra, la suya no se puede llamar paz: más aún, son víctimas inermes de la guerra. Vienen también espontáneamente a mi mente las imágenes sobrecogedoras de los grandes campos de prófugos o de refugiados –en muchas partes del mundo– acogidos en precarias condiciones para librarse de una suerte peor, pero necesitados de todo. Estos seres humanos, ¿no son nuestros hermanos y hermanas? ¿Acaso sus hijos no vienen al mundo con las mismas esperanzas legítimas de felicidad que los demás? Mi pensamiento se dirige también a todos los que, por condiciones de vida indigna, se ven impulsados a emigrar lejos de su País y de sus seres queridos, con la esperanza de una vida más humana. Ni podemos olvidar tampoco la plaga del tráfico de personas, que es una vergüenza para nuestro tiempo. Lunes 9 de enero de 2006 – S.S. Benedicto P.P. XVI

 

+++

 

Historia y pasado - «La dominante cultura cínica de la amnesia se mueve en la abstracción de prescindir sistemáticamente del pasado, de la realidad, de la Historia y de la tradición, lo que le confiere empero un falso carácter innovador. Es una cultura neutral en la que está ausente la imaginación creadora. Ésta se suple, justamente, con el olvido o el rechazo de la realidad y de la tradición, para que parezca nuevo todo lo que produce. Y eso explica los absurdos proyectos y programas educativos vigentes, que parten del supuesto de que toda la cultura anterior carece de valor y debe ser desechada. Trátase de una inane y pervertida reproducción de la eterna polémica entre los antiguos y los modernos en la que el Estado como tal no solía tomar parte y que, por ende, impulsaba la cultura».

 

+++

 

Iglesia - Es la comunidad, la comunión (koinonia), al mismo tiempo espiritual y visible, de aquellos que acogen con fe la evangelización; comparten la misma esperanza en el Reino y participan a la misma

caridad. Se entra a formar parte de la Iglesia a través del Bautismo, que sella la conversión. Principio de la comunión íntima con Dios - conocido y amado como Padre - es el Espíritu Santo: Espíritu filial de Jesucristo. El principio visible de unidad de los fieles de una Iglesia particular es el Obispo; en cambio, sobre el plano universal de la comunión de todos los fieles, el fundamento de unidad es el Romano Pontífice. Éste es el sucesor de Pedro y cabeza de la comunidad cristiana de Roma que "preside en la caridad" (San Ignacio de Antioquía). El principio sacramental de la unidad de la Iglesia es la Eucaristía: celebración memorial del misterio pascual, en donde los bautizados, unidos a sus legítimos pastores, se unen a Cristo y entre ellos, mediante los signos del pan y del vino consagrados. El Credo profesa la Iglesia una, santa, católica y apostólica. El Espíritu de Amor, donado por Cristo a su Iglesia, la transforma necesariamente en una (cf. UR 4,3) y santa (cf. LG 39,1). Así el Espíritu de Verdad la hace católica y apostólica, manteniéndola fiel a la tradición (Parádosis) de los apóstoles y a su misión de difundir, a todos los hombres y en todos los tiempos, toda la plenitud (Plêrôma) de verdad y santidad que se encuentra en Jesucristo. Esta prerrogativa de indefectibilidad se concede a la Iglesia concreta guiada por el Papa y por los Obispos en comunión con Él, en donde subsiste la única Iglesia de Cristo (cf. LG 8,2). No obstante, ésta debe purificarse y convertirse constantemente para hacer brillar, siempre mejor, la gloria de su Señor, para recuperar la plena unidad con los hermanos separados y para adquirir mayor credibilidad en su misión ad gentes (cf. AG 6;  EN 77; RM 50; UUS 23; 98).

 

A la experiencia del amor gratuito de Dios (cf. Lc 6,35) y preferencial por los pecadores (cf. Lc 15; 19,1-10) debe responder el agradecimiento humano del saberse beneficiado de un don no merecido (cf. la pecadora perdonada Lc 7,36-50). Tal reconocimiento se difunde hasta la conversión y la reparación del mal cometido (cf. Zacarías, Lc 19,8). El pecado más grave es precisamente la falta de percepción del don gratuito recibido (cf. el siervo despiadado, Mt 18,23-35). Al contrario, si ya el AT había intuido la belleza de la gratuidad: (cf. Si 7,33-34: "La gracia (cháris) de tu dádiva llegue a todo viviente, ni siquiera a los muertos rehuses tu gracia. No te rezagues ante los que lloran, y con los afligidos muéstrate afligido"), tanto más el NT propugnará el amor sin condiciones: "Si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis (cháris)? Pues también los pecadores aman a los que los aman. Si hacéis el bien a los que os lo hacen a vosotros ¿qué mérito tenéis? ¡También los pecadores hacen otro tanto! Si prestáis a aquellos de quienes esperáis recibir, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a los pecadores para recibir lo correspondiente. Más bien, amad a vuestros enemigos; haced el bien y prestad sin esperar nada a cambio (mêden apelpízontes); y vuestra recompensa será grande, y seréis hijos del Altísimo, porque él es bueno con los ingratos y los perversos" (Lc 6,32-35). En concreto esto se manifiesta en el perdonar como se ha sido perdonados y beneficiando a todos, sin distinción, sin ninguna acepción de persona (cf. St 2,1ss). Forma parte de la gratuidad evangélica también el "malgastar" las cosas más preciosas para el Señor, como hizo la mujer de Betania (cf. Mc 14,4) y como en la tradición ininterrumpida de la Iglesia lo hacen las personas consagradas (cf. VC 104).

 - El amor por la verdad exige que se mencione también el lado oscuro de la gratuidad. Corruptio optimi pessima. Así como la gratuidad evoca la libertad, la iniciativa y la sobreabundancia en el bien, así la gratuidad del mal, el odio, la crueldad, el sadismo son una respuesta trágica del perverso giro del más grande amor. Se encuentra en esto un signo inequívoco de la existencia del demonio ("me han odiado sin razón [dôrêan]", Jn 12,25).

 

+++

 

Carta a los Efesios - Ef 4, 11-16 - La carta dice, con las palabras del salmo 68, que Cristo, al subir al cielo, «dio dones a los hombres» (Ef 4, 8). El vencedor da dones. Estos dones son: apóstoles, profetas, evangelizadores, pastores y maestros. Nuestro ministerio es un don de Cristo a los hombres, para construir su cuerpo, el mundo nuevo. ¡Vivamos nuestro ministerio así, como don de Cristo a los hombres! Roguemos con insistencia al Señor para que nos dé siempre un pastor según su corazón, un pastor que nos guíe al conocimiento de Cristo, a su amor, a la verdadera alegría. Amén.

 

Festividad de San Pedro y San Pablo - Para todos los que quieren caminar por los senderos de la fe, de la esperanza y de la caridad, para todos los que sienten el misterio de Cristo en la historia del hombre, unido con el patrimonio espiritual de la Sede de San Pedro, sea éste el día de la bendición y de la gracia. 29.VI.

 

+++

 

«La Iglesia -de hombres pecadores- no es santa por sí misma, sino que de hecho está formada por pecadores, lo sabemos y lo vemos todos», pero ésta «viene santificada de nuevo por el amor purificador de Cristo». «Dios no sólo ha hablado, nos ha querido (...) hasta la muerte de su propio hijo». Además, Benedicto XVI dijo estar «contento» por la presentación ayer del «Compendio» del Catecismo de la Iglesia Católica, «una nueva guía para la transmisión de la fe, que nos ayude a conocer mejor e incluso a vivir mejor la fe que nos une». «No se puede leer este libro como se lee una novela», advirtió el Pontífice, subrayando que «requiere meditarlo con calma en sus partes y permitir que su contenido, mediante las imágenes, penetre en el alma». «Espero que sea acogido de este modo y pueda convertirse en una buena guía para la transmisión de la fe», aseveró. El volumen, presentado ayer, de doscientas páginas, recoge en 598 preguntas y respuestas la síntesis de ese «Catecismo» que fue promulgado en 1992 por el Papa Juan Pablo II. El «Compendio» no ofrece añadidos ni cambios al contenido de aquel volumen de unas 700 páginas. 2005-06-29.

 

+++

 

Baste recordar los perdones* que Juan Pablo PP II – Magno, pidió públicamente por las faltas de la Inquisición, como por tantos otros comportamientos de algunos miembros de la Iglesia.No recuerdo que la Reina Isabel II haya hecho lo mismo por las muertes de jesuitas sumergidos en aceite hirviendo que perpetró Isabel I, su antecesora en el trono y en la jefatura de la Iglesia anglicano-protestante de Inglaterra. Ni que los presbiterianos y otros credos protestantes que vienen de Calvino, hayan pedido perdón –entre otros- por Juan Servet, a quien su fundador hizo quemar vivo, negándole el perdón. MM.

*Perdones que los católicos repiten e insistirán a inicio de cada Santa Misa).

 

+++

 

Los Apóstoles y sus sucesores, heraldos del Evangelio - Dispuso Dios benignamente que todo lo que había revelado para la salvación de los hombres permaneciera íntegro para siempre y se fuera transmitiendo a todas las generaciones. Por ello Cristo Señor, en quien se consuma la revelación total del Dios sumo, mandó a los Apóstoles que predicaran a todos los hombres el Evangelio, comunicándoles los dones divinos. Este Evangelio, prometido antes por los Profetas, lo completó El y lo promulgó con su propia boca, como fuente de toda la verdad salvadora y de la ordenación de las costumbres. Lo cual fue realizado fielmente, tanto por los Apóstoles, que en la predicación oral comunicaron con ejemplos e instituciones lo que habían recibido por la palabra, por la convivencia y por las obras de Cristo, o habían aprendido por la inspiración del Espíritu Santo, como por aquellos Apóstoles y varones apostólicos que, bajo la inspiración del mismo Espíritu, escribieron el mensaje de la salvación.

Más, para que el Evangelio se conservara constantemente íntegro y vivo en la Iglesia, los Apóstoles dejaron como sucesores suyos a los Obispos, "entregándoles su propio cargo del magisterio". Por consiguiente, esta sagrada tradición y la Sagrada Escritura de ambos Testamentos son como un espejo en que la Iglesia peregrina en la tierra contempla a Dios, de quien todo lo recibe, hasta que le sea concedido el verbo cara a cara, tal como es (cf. 1 Jn., 3,2).

 

+++

 

Roma- "Roma tiene un influjo importante en la concepción y desarrollo del Pontificado, la Roma martirial e imperial". Por eso varios títulos la califican: "Roma mártir", "Roma artista", "Roma pecadora", “Roma cristiana”, “Roma santa”, “Roma docta” “Roma petrina”, “Roma crucificada”, “Roma victoriosa”, “Roma evangélica”, “Roma evangelizante”, “Roma depositaria de la fe cristiana”, “Roma católica”, “Roma apostólica”, “Roma universal”, “Roma materna”, “Roma bondadosa”, “Roma protectora”, “Roma clemente”, “Roma donde guarecerse”, “Roma casa común”, “Roma, princeps urbium” (decía Horacio- Odas, 3,29),  “Roma locuta est, causa finita est” San Agustín, Sermo 131-Roma habló, la causa terminó-, “Roma communis patria clericorum” clérigos sometidos al Derecho canónico, eximidos del civil del estado, “Roma caput mundi, regit orbis frena rotundi (Lucano, Farsalia, 2, 655), ¡“Roma eterna”! etc.   Roma, al revés, significa: amor-Roma

-.-

Cuando el primer Vicario de Cristo llegó a Roma, los cristianos la identificaban como la otra “Babilonia la grande”, la ciudad construida sobre siete colinas (Apocalipsis 17,9); era la capital de los nuevos opresores idólatras, metrópoli grande, lujosa y pecadora (14,8;17,5;18,1ss), con un gran poder político, militar y económico. No menos corrompido era su emperador Nerón César (54-68), nombrado por San Juan en el libro de las revelaciones como la Bestia, el 666, que es un número de hombre (13,18). Ahora bien, en el año 64 el maniático monarca mandó a incendiar la ciudad, metiéndole la culpa a los cristianos, que eran considerados como una secta judía, hostiles a la sociedad pagana, y acusados de rendirle tributo a Jesucristo en vez que al emperador y a sus ídolos. El historiador romano Tácito narra como a los cristianos se les colocaba pieles de animales para ser devorados por los leones y los mastines en el circo, o untándoles grasa de cerdo para ser luego amarrados a los postes en los jardines imperiales o en la Vía Apia, como antorchas humanas en la noche.(17) cumpliendo así la célebre frase de Tertuliano: “la sangre de los mártires es semilla para nuevos cristianos” (18) (comparar con Apocalipsis 18,24).
 
En esta misma persecución fue hecho prisionero el apóstol Pedro en la cárcel mamertina, y luego
crucificado boca abajo en un acto de humildad, cerca al circo romano, en la colina vaticana. Aquí fue enterrado por sus seguidores en un cementerio contiguo; se decía que una pared de color rojo marcaba el lugar. Treinta años después el Papa San Anacleto construía un oratorio donde los fieles se reunían. También se encuentra el testimonio del Papa San Clemente Romano, quien escribió una carta contemporánea del evangelio de San Juan (90 d.C.), en la que narra la muerte gloriosa del pescador de Galilea.(19) En el siglo II, San Ignacio de Antioquía, San Papías, San Clemente de Alejandría, Tertuliano, el obispo Dionisio de Corintio y el llamado canon moratoriano; confirman el martirio de los príncipes de la iglesia “Pedro y Pablo” en Roma.(20) De los relatos no cristianos resalta la crónica de Celso al emperador Adriano (117-38), quien asegura que el nombre de Pedro gozaba de popularidad en la capital del imperio.(21) A principios del siglo III San Ireneo, obispo de Lyon, escribe la lista de los obispos de la Ciudad Eterna, en la que dice que “después de los santos apóstoles (Pedro y Pablo) hubieran fundado la iglesia, pasó a ocupar el episcopado romano Lino (mencionado por San Pablo en 2Timoteo 4,21), y después le sucedió Anacleto y tras éste Clemente (Romano), quien conoció en persona a Pedro”. (22) En el año 251, San Cipriano llama a la iglesia romana como “la silla de Pedro y la iglesia principal” (23). Igual opinión tiene en el siglo IV el historiador eclesiástico, Eusebio de Cesarea, basado en documentos del siglo II.(24)
 
En cuanto a las pruebas arqueológicas del sepulcro de Pedro, se tienen noticias antes que se construyera la basílica que lleva su nombre, por el emperador Constantino en el siglo IV, exactamente encima de la tumba del santo apóstol, en donde los primeros cristianos celebraban la eucaristía y enterraban en las paredes y en el suelo de las galerías a los mártires, incluyendo varios Papas (siglos I-IV). A principios del siglo XIX, las catacumbas del Vaticano fueron identificadas en su totalidad, y a finales del mismo siglo se descubrió la cripta de los Papas con los epitafios del siglo III, de Ponciano, Fabiano, Cornelio y otros. En el Vaticano se encuentran además los restos de muchos Papas de los tiempos modernos, como los cuerpos incorruptos de San Pío X y del Beato Juan XXIII, que están expuestos a la veneración pública. Asimismo, en las excavaciones efectuadas en 1915 en la gruta de la basílica de San Sebastián, se halló un muro cubierto con invocaciones a los apóstoles Pedro y Pablo, donde sus reliquias fueron llevadas por un tiempo, debido a las persecuciones del emperador Valeriano (253-60).
 
Desde el año 1941 se realizaron nuevas investigaciones en las catacumbas del Vaticano por orden del Papa Pío XII, el grupo estaba conformado por cuatro expertos del instituto pontificio de arqueología cristiana. Encontraron pinturas, mosaicos con símbolos de los inicios de la iglesia como el pez, la paloma, el ancla y el cordero; figuras de Cristo y escenas bíblicas, imágenes religiosas, monedas, tumbas de cristianos y paganos. En el año 1958 bajo el pontificado de Juan XXIII se dio la noticia que los arqueólogos habían dejado al descubierto un grueso muro de color rojo, al lado hallaron varias cajas de plomo llenas de restos de diferentes personas y animales domésticos. En una de las cajas se verificó por pruebas de laboratorio los huesos de un hombre robusto entre los 60 y 70 años de edad, del siglo Primero de nuestra era; los mismos fueron identificados plenamente por Pablo VI en 1968, como las “reliquias de San Pedro”, que ya habían sido mencionadas en el año 200, por el clérigo romano Cayo, como el “trofeo” del Vaticano.(25) Los huesos del apóstol fueron depositados en una capilla debajo del altar mayor de la basílica de San Pedro, y permanecen visibles en una urna con un cristal.
 
En otra basílica romana “San Pedro in Vincoli”, se conservan según se cree las Cadenas con que ataron al santo apóstol en Jerusalén, y que fueron encontradas en una peregrinación por Eudoxia, esposa del emperador Teodosio II. Una parte de dichas Cadenas quedaron en Constantinopla, y algunos eslabones fueron enviados a Roma. Posteriormente, el Papa San León el Grande, unió milagrosamente estos eslabones con otros que se conservaban de la preciada cadena.
 
Por otra parte, de la permanencia de San Pablo, aparece constatada al final del libro de los hechos de los apóstoles, en la epístola a los romanos, y en la segunda carta a Timoteo; cuando estaba preso en la misma cárcel mamertina, aquí en una de sus celdas se puede observar la columna en la que se dice que fueron atados los dos santos. El apóstol de los gentiles por ser ciudadano romano fue decapitado en la periferia de la ciudad. La tradición cristiana asegura que la cabeza del santo mártir dio tres vueltas sobre la tierra, y en cada punto brotó una fuente; es por eso que este lugar es conocido como “tre fontane”. La tumba de este otro príncipe de los apóstoles está en la basílica de San Pablo Extramuros, edificada también por Constantino el Grande. La iglesia se mantuvo en su forma original hasta 1823, fecha del incendio que la destruyó, siendo consagrada nuevamente en 1854. En las paredes de su interior se exhiben los Retratos de los 263 Papas sucesores de San Pedro. Igualmente, en la basílica de San Juan de Letrán, construida por el mismo emperador, es la catedral oficial del romano pontífice, y recibe el título de “iglesia madre de la cristiandad”. Aquí reposa desde hace mil años las cabezas de los santos apóstoles, en dos relicarios de oro en una urna debajo del altar mayor. Hay otra reliquia de San Pedro, la mesa donde se cree celebraba la misa en las catacumbas. Esta basílica a lo largo de su historia ha estado expuesta a terremotos, saqueos e incendios; y por eso ha sido restaurada en varias ocasiones.
 
 La Iglesia Católica celebra el martirio de San Pedro y San Pablo el 29 de junio del año 67, esta es una de las fiestas religiosas más antiguas y solemnes del calendario litúrgico. En el siglo IV se acostumbraba oficiar tres misas el mismo día; una en la basílica de San Pedro, la segunda en San Pablo Extramuros, y la tercera en las catacumbas de San Sebastián. 

 

+++

 

 

Iglesia es madre - Dirigida por el Espíritu Santo, la Iglesia, como madre, no cesa de exhortar a sus hijos a la purificación y a la renovación para que brille con mayor claridad la señal de Cristo en el rostro de la Iglesia. Con humildad lo hace, sabiendo del pecado de sus miembros.

 

+++

 

El Magisterio de la Iglesia no es una opinión, sino el referente de nuestra fecundidad apostólica. En la apostolicidad de la Iglesia estamos unidos a Cristo en su Magisterio que es ‘universal como su Iglesia ‘catholikós’. A pesar de las faltas, erorres y terribles pecados de sus apóstoles; situación esta ya conocida por su fundador: Jesucristo.  

 

+++

 

La Iglesia católica –que también es de este mundo– puede y debe muchas veces  proclamar su punto de vista a un asunto que no es dogmático, ni tampoco afecta al Depósito de la Fe; pero a la luz de la Doctrina Social de la Iglesia, considera que puede ofrecer un juicio sobre una cuestión que afecta para bien o para mal a millones de personas. En tales casos, no emite la Iglesia una declaración dogmática, ni tan siquiera un magisterio vinculante para el pueblo católico –en el que legítimamente se puede discrepar–, pero argumenta los bienes que resultan de una convivencia conjunta ante ciertas leyes discriminatorias, injustas, amorales y éticamente perversas, o impregnadas de fanatismo sea este religioso, político o militar. Leyes que son capaces de tener a las personas, las sociedades o al mundo en estado de ansiedad e inseguridad; leyes tejidas de un nihilismo que corrompe las costumbres buenas, sobornan el orden, la paz y sano estado habitual de las cosas

 

+++

 

Iglesia - El crecimiento constante de la Iglesia naciente durante los primeros tres siglos hasta el Edicto de Milán a comienzos del cuarto siglo, se produjo por medio del testimonio y la influencia personal de miles de cristianos y sus familias. Al correr de más siglos, los ideales cristianos puestos en práctica por las personas y las familias, fue gradualmente transformando Occidente en una forma de cultura cristiana que conocemos como la Edad Media. En nuestros tiempos, luego de la disolución gradual de dicha cultura, en parte a través de eventos históricos tales como la Reforma, la era de la Ilustración y los conflictos titánicos de ideas e ideologías de los últimos dos siglos (Darwinismo, Marxismo, Freudianismo y otros), nos toca a nosotros hacer lo mismo. El éxito parcial de estas diversas herejías e ideologías en la escena mundial se ha debido en parte al hecho que un porcentaje grande de laicos católicos durante los últimos siglos, han estado ausentes del combate en el sentido apostólico, contentos en su ignorancia y dejando que el clero y los religiosos hicieran el trabajo pesado. Padre John McCloskey – 2005.

 

+++

 

Ministerio petrino  - Pedro, en nombre de los Apóstoles, fue el primero en profesar la fe: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo» (Mt 16, 16). «Esta es la tarea de todos los sucesores de Pedro: ser el guía en la profesión de fe en Cristo, el Hijo de Dios vivo. La cátedra de Roma es, ante todo, cátedra de este credo. Desde lo alto de esta cátedra, el Obispo de Roma debe repetir constantemente: Dominus Iesus, ‘Jesús es el Señor’».

Pedro, una vez convertido, debía confirmar a sus hermanos. Eso mismo hace el titular del ministerio petrino: «debe tener conciencia de que es un hombre frágil y débil, como son frágiles y débiles sus fuerzas, y necesita constantemente purificación y conversión. Pero debe tener también conciencia de que del Señor le viene la fuerza para confirmar a sus hermanos en la fe y mantenerlos unidos en la confesión de Cristo crucificado y resucitado».

El Señor confirió a Pedro y, después de él, a los Doce, los poderes y el mandato de atar y desatar. Parte esencial de esta misión es la potestad de enseñar, simbolizada en la cátedra donde se sienta el obispo de Roma para dar testimonio de Cristo.

Esta potestad de enseñanza asusta a muchos hombres, dentro y fuera de la Iglesia. Se preguntan si no constituye una amenaza para la libertad de conciencia, si no es una presunción contrapuesta a la libertad de pensamiento. No es así. El poder conferido por Cristo a Pedro y a sus sucesores es, en sentido absoluto, un mandato para servir. La potestad de enseñar, en la Iglesia, implica un compromiso al servicio de la obediencia a la fe. El Papa no es un soberano absoluto, cuyo pensamiento y voluntad son ley. Al contrario: el ministerio del Papa es garantía de la obediencia a Cristo y a su Palabra. No debe proclamar sus propias ideas, sino vincularse constantemente a sí mismo y la Iglesia a la obediencia a la Palabra de Dios, frente a todos los intentos de adaptación y alteración, así como frente a todo oportunismo (7-V-2005).

El servicio de la potestas docendi –y, análogamente, de la potestas regendi et sanctificandi – que el Papa ejerce no se limita a la explicación fiel de la Palabra de Dios, sino que pasa también por la obediencia a la fe de la Iglesia, porque, en su ministerio petrino de decidir y enseñar, el Papa está unido a la gran comunidad de la fe de todos los tiempos y a las interpretaciones vinculantes surgidas a lo largo del camino de la Iglesia peregrinante. La potestad de enseñanza es, por lo tanto, una potestad de obediencia y un servicio a la verdad.

+++

 

"Afortunadamente, el cristianismo, a diferencia de las ideologías, tiene siempre una doctrina buena, cierta y definitiva que le permite rectificar los errores prácticos en los que pueden incurrir algunos de sus miembros: el Evangelio". Beatriz Comellas.

 

+++

 

Iglesia – de hombres pecadores. Por desgracia, en el seno de la Iglesia, que está constituida por hombres, no faltan los pecadores, sobre todo cuando no se vive el precepto de la caridad, que es esencial y es el primero para un cristiano. De este modo se produce un antitestimonio de Jesucristo. La muchedumbre inmensa de los mártires testifica con su sangre la fidelidad de la Iglesia a Jesucristo, porque, aunque haya en ella pecadores, es a la vez una Iglesia de mártires, es decir, de cristianos auténticos, que han practicado su fe en Cristo y su caridad hacia los hermanos, incluidos los enemigos, hasta el sacrificio, no sólo de su vida, sino también con frecuencia de su honra, habiendo tenido que soportar humillaciones tremendas, entre otras la de ser tachados de traidores y farsantes.

Faltas del pasado - No podemos ocultar que muchos que profesaban ser discípulos de Jesús han cometido errores a lo largo de la historia. Con frecuencia, ante problemas graves, han pensado que primero se debía mejorar la tierra y después pensar en el cielo. La tentación ha sido considerar que, ante necesidades urgentes, en primer lugar se debía actuar cambiando las estructuras externas. Para algunos, la consecuencia de esto ha sido la transformación del cristianismo en moralismo, la sustitución del creer por el hacer. Por eso, mi predecesor de venerada memoria, Juan Pablo II, observó con razón: «La tentación actual es la de reducir el cristianismo a una sabiduría meramente humana, casi como una ciencia del vivir bien. En un mundo fuertemente secularizado, se ha dado una “gradual secularización de la salvación”, debido a lo cual se lucha ciertamente en favor del hombre, pero de un hombre a medias, reducido a la mera dimensión horizontal. En cambio, nosotros sabemos que Jesús vino a traer la salvación integral»[Enc.Redemptoris missio.]

S.S. Benedicto PP XVI: MMVI.

 

+++

 

Petición de perdón - Para concluir, quisiera haceros partícipes de una reflexión, que me interesa particularmente. La petición de perdón, de la que tanto se habla en este período, atañe en primer lugar a la vida de la Iglesia, a su misión de anunciar la salvación, a su testimonio de Cristo, a su compromiso en favor de la unidad, en una palabra, a la coherencia que debe caracterizar a la existencia cristiana. Pero la luz y la fuerza del Evangelio, del que vive la Iglesia, pueden iluminar y sostener, de modo sobreabundante, las opciones y las acciones de la sociedad civil, en el pleno respeto a su autonomía. Por este motivo, la Iglesia no deja de trabajar, con los medios que le son propios, en favor de la paz y de la promoción de los derechos del hombre. En el umbral del tercer milenio, es legítimo esperar que los responsables políticos y los pueblos, sobre todo los que se hallan implicados en conflictos dramáticos, alimentados por el odio y el recuerdo de heridas a menudo antiguas, se dejen guiar por el espíritu de perdón y reconciliación testimoniado por la Iglesia, y se esfuercen por resolver sus contrastes mediante un diálogo leal y abierto. 31. X. 1998 S.S. Juan Pablo II – Magno

 

+++

 

En tiempos pasados, se recurrió de modo ordinario a prácticas crueles por parte de autoridades legítimas para mantener la ley y el orden, con frecuencia sin protesta de los pastores de la Iglesia, que incluso adoptaron, en sus propios tribunales las prescripciones del derecho romano sobre la tortura. Junto a estos hechos lamentables, la Iglesia ha enseñado siempre el deber de clemencia y misericordia; prohibió a los clérigos derramar sangre. En tiempos recientes se ha hecho evidente que estas prácticas crueles no eran ni necesarias para el orden público ni conformes a los derechos legítimos de la persona humana. Al contrario, estas prácticas conducen a las peores degradaciones. Es preciso esforzarse por su abolición, y orar por las víctimas y sus verdugos.

 

+++

En la Sajonia protestante, la blasfemia tenía pena de muerte, la Inquisición española te sometía a una pequeña penitencia por el mismo delito. Calvino mandó quemar a Servet (médico eminente que descubrió la circulación de la sangre, y a quien eliminaron por “contradecir” a la Biblia con dicho descubrimiento) entre otros motivos.

Lutero también escribía: “Los herejes deben ser condenados sin oírlos”… fue el cuerpo y la disposición a la terrible e intolerante inquisición protestante.

 

+++

 

P: ¿Cuáles fueron las inquisiciones más duras y letales por países?

 

R: Si se refiere a instituciones de carácter religioso, posiblemente la inquisición en Francia no ha sido superada ni por la española en la época de hegemonía europea. Si utiliza el término en un sentido figurado, cualquier inquisición fue una excursión de jesuitinas comparada con los aparatos creados por Lenin y Hitler.

 

+++

 

"Llama la atención la apatía, la lenidad, el sospechoso silencio ante los atentados contra la fe cristiana. Parece que el cristianismo, y más específicamente la Iglesia Católica fundada por Jesucristo, puede ser atacada con impunidad".

 

+++

 

Iglesia - ¡La Iglesia fundada por Jesucristo, lleva 2.000 años siendo Madre y Maestra!“. Desde el Gólgota en Jerusalem como desde la crucifixión en cruz invertida de San Pedro en el gólgota vaticano -esa admirable colina a la derecha del rio Tiber, somos trayectoria evangélica y evangelizante: a pesar del pecado de sus apóstoles.

 

+++

 

Iglesia - No dominio, sino servicio «gratuito» es la jerarquía en la santa Iglesia Católica, apostólica y con sede romana desde Pedro muerto mártir so Nerón, crucificado cabeza abajo y Pablo decapitado, ambos mártires católicos en Roma.

 

+++

 

Iglesia - El cristianismo, como es sabido, no nació en Europa, sino en Asia Menor, en la encrucijada de tres continentes, el asiático, el africano y el europeo. Por este motivo, la interculturalidad de las corrientes espirituales de estos tres continentes pertenece a la forma originaria del cristianismo. Solo la difusión del Islam sustrajo al cristianismo de Oriente próximo gran parte de su fuerza vital, mientras echaba a las comunidades cristianas de Asia; en cualquier caso, a partir de entonces el cristianismo se convirtió en una religión europea. 2003-07-18 Cardenal + Joseph RATZINGER - Al día: S. S. BENEDICTO XVI  - P.M. - 2005

 

+++

Tras una noche de dura fatiga sin ningún resultado, Jesús invita a Pedro a remar mar adentro y a echar de nuevo la red. Aun cuando esta nueva fatiga parece inútil, Pedro se fía del Señor y responde sin dudar: «Señor, en tu palabra, echaré la red» (Lc 5,4). La red se llena de peces, hasta el punto de romperse. Hoy, después de dos mil años de trabajo en la barca agitada de la Historia, la Iglesia es invitada por Jesús a «remar mar adentro», lejos de la orilla y las seguridades humanas, y a tirar de nuevo la red. Es hora de responder de nuevo con Pedro: «Señor, en tu palabra, echaré la red».

 

Jesucristo tiene el poder de perdonar los pecados

 

1. Unido al poder divino de juzgar que, como vimos en la catequesis anterior, Jesucristo se atribuye y los Evangelistas, especialmente Juan, nos dan a conocer, va el poder de perdonar los pecados. Vimos que el poder divino de juzgar a cada uno y a todos —puesto de relieve especialmente en la descripción apocalíptica del juicio final— está en profunda conexión con la voluntad divina de salvar al hombre en Cristo y por medio de Cristo. El primer momento de realización de la salvación es el perdón de los pecados.

Podemos decir que la verdad revelada sobre el poder de juzgar tiene su continuación en todo lo que los Evangelios dicen sobre el poder de perdonar los pecados. Este poder pertenece sólo a Dios. Si Jesucristo —el Hijo del hombre— tiene el mismo poder quiere decir que Él es Dios, conforme a lo que el mismo ha dicho: “Yo y el Padre somos una sola cosa” (Jn 10, 30). En efecto, Jesús, desde el principio de su misión mesiánica, no se limita a proclamar la necesidad de la conversión (“Convertios y creed en el Evangelio”: Mc 1, 15) y a enseñar que el Padre está dispuesto a perdonar a los pecadores arrepentidos, sino que perdona Él mismo los pecados.

 

2. Precisamente en esos momentos es cuando brilla con más claridad el poder que Jesús declara poseer, atribuyéndolo a Sí mismo, sin vacilación alguna. El afirma, por ejemplo: “El Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar los pecados” (cf. Mc 2, 10). Lo afirma ante los escribas de Cafarnaum, cuando le llevan a un paralítico para que lo cure. El Evangelista Marcos escribe que Jesús, al ver la fe de los que llevaban al paralítico, quienes habían hecho una abertura en el techo para descolgar la camilla del pobre enfermo delante de Él, dijo al paralítico: “Hijo, tus pecados te son perdonados” (Mc 2, 5). Los escribas que estaban allí, pensaban entre sí: “¿Cómo habla éste así? Blasfema. ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios?” (2, 7). Jesús, que leía en su interior, parece querer reprenderlos: “¿Por qué pensáis así en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil: decir al paralítico: Tus pecados te son perdonados, o decirle: levántate, toma tu camilla y vete? Pues para que veáis que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar los pecados —se dirige al paralítico—, yo te digo: Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa” (2, 8-11). La gente que vio el milagro, llena de estupor, glorificó a Dios diciendo: “Jamás hemos visto cosa igual” (2, 12).

Es comprensible a admiración por esa extraordinaria curación, y también el sentido de temor o reverencia que, según Mateo, sobrecogió a la multitud ante la manifestación de ese poder de curar que Dios había dado a los hombres (cf. Mt 9, 8) o, como escribe Lucas, ante las “cosas increíbles" que habían visto ese día (Lc 5, 26). Pero para aquellos que reflexionan sobre el desarrollo de los hechos, el milagro de la curación aparece como la confirmación de la verdad proclamada por Jesús e intuida y contestada por los escribas: “El Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar los pecados”.

3. Hay que notar también la puntualización de Jesús sobre su poder de perdonar los pecados en la tierra: es un poder, que Él ejerce ya en su vida histórica, mientras se mueve como “Hijo del hombre” por los pueblos y calles de Palestina, y no sólo a la hora del juicio escatológico, después de la glorificación de su humanidad. Jesús es ya en la tierra el “Dios con nosotros”, el Dios-hombre que perdona los pecados.

Hay que notar, además, cómo siempre que Jesús habla de perdón de los pecados, los presentes manifiestan contestación y escándalo. Así, en el texto donde se describe el episodio de la pecadora, que se acerca al Maestro cuando estaba sentado a la mesa en casa del fariseo, Jesús dice a la pecadora: “Tus pecados te son perdonados” (Lc 7, 48). Es significativa la reacción de los comensales que “comenzaron a decir entre si: ¿Quién es éste para perdonar los pecados?” (Lc 7, 49).

4. También en el episodio de la mujer “sorprendida en flagrante adulterio” y llevada por los escribas y fariseos a la presencia de Jesús para provocar un juicio suyo en base a la ley de Moisés, encontramos algunos detalles muy significativos, que el Evangelista Juan quiso registrar. Ya la primera respuesta de Jesús a los que acusaban a la mujer: “El que de vosotros esté sin pecado, arrójele la piedra primero” (8, 7), nos manifiesta su consideración realista de la condición humana, comenzando por la de sus interlocutores, que, de hecho, van marchándose uno tras otro. Démonos cuenta, además, de la profunda humanidad de Jesús al tratara a aquella desdichada, cuyos errores ciertamente desaprueba (pues de hecho le recomienda: “Vete y no peques más”: 8, 11), pero que no la aplasta bajo el peso de una condena sin apelación. En las palabras de Jesús podemos ver la reafirmación de su poder de perdonar los pecados y, por tanto, de la trascendencia de su Yo divino, cuando después de haber preguntado a la mujer: “¿Nadie te ha condenado?” y haber obtenido la respuesta: “Nadie, Señor”, declara: “Ni yo tampoco te condeno; vete y no peques más” (8, 10-11). En ese “ni yo tampoco” vibra el poder de juicio y de perdón que el Verbo tiene en comunión con el Padre y que ejerce en su encarnación humana para la salvación de cada uno de nosotros.

 

5. Lo que cuenta para todos nosotros en esta economía de la salvación y del perdón de los pecados, es que se ame con toda el alma a Aquel que viene a nosotros como eterna Voluntad de amor y de perdón. Nos lo enseña el mismo Jesús cuando, al sentarse a la mesa con los fariseos y verlos admirados porque acepta las piadosas manifestaciones de veneración por parte de la pecadora, les cuenta la parábola de los dos deudores, uno de los cuales debía al acreedor quinientos denarios, el otro cincuenta, y a los dos les condona la deuda: “¿Quién, pues, lo amará más?” (Lc 7, 42). Responde Simón: “Supongo que aquel a quien condonó más”. Y El añadió: “Bien has respondido... ¿Ves a esta mujer?... Le son perdonados sus muchos pecados, porque amó mucho. Pero a quien poco se le perdona, poco ama” (cf. Lc 7, 42-47).

 

La compleja psicología de la relación entre el acreedor y el deudor, entre el amor que obtiene el perdón y el perdón que genera nuevo amor, entre la medida rigurosa del dar y del tener y la generosidad del corazón agradecido que tiende a dar sin medida, se condensa en estas palabras de Jesús que son para nosotros una invitación a tomar la actitud justa ante el Dios-Hombre que ejerce su poder divino de perdonar los pecados para salvarnos.

6. Puesto que todos estamos en deuda con Dios, Jesús incluye en la oración que enseñó a sus discípulos y que ellos transmitieron a todos los creyentes, esa petición fundamental al Padre: “Perdónanos nuestras deudas” (Mt 6, 12), que en la redacción de Lucas suena: “Perdónanos nuestros pecados” (Lc 11, 1). Una vez más Él quiere inculcarnos la verdad de que sólo Dios tiene el poder de perdonar los pecados (Mc 2, 7). Pero al mismo tiempo Jesús ejerce este poder divino en virtud de la otra verdad que también nos enseñó, a saber, que el Padre no sólo “ha entregado al Hijo todo el poder para juzgar” (Jn 5, 22), sino que le ha conferido también el poder para perdonar los pecados. Evidentemente, no se trata de un simple “ministerio” confiado a un puro hombre que lo desempeña por mandato divino: el significado de las palabras con que Jesús se atribuye a Sí mismo el poder de perdonar los pecados —y quede hecho los perdona en muchos casos que narran los Evangelios— , es más fuerte y más comprometido para las mentes de los que escuchan a Cristo, los cuales de hecho rebaten su pretensión de hacerse Dios y lo acusan de blasfemia, de modo tan encarnizado, que lo llevan a la muerte de cruz.

7. Sin embargo, el “ministerio” del perdón de los pecados lo confiará Jesús a los Apóstoles (y a sus sucesores), cuando se les aparezca después de la resurrección: “Recibid el Espíritu Santo, a quienes perdonareis los pecados les serán perdonados” (Jn 20, 22-23). Como Hijo del hombre, que se identifica en cuanto a la persona con el Hijo de Dios, Jesús perdona los pecados por propio poder, que el Padre le ha comunicado en el misterio de la comunión trinitaria y de la unión hipostática; como Hijo del hombre que sufre y muere en su naturaleza humana por nuestra salvación, Jesús expía nuestros pecados y nos consigue su perdón de parte del Dios Uno y Trino; como Hijo del hombre que en su misión mesiánica ha de prolongar su acción salvífica hasta la consumación de los siglos, Jesús confiere a los Apóstoles el poder de perdonar los pecados para ayudar a los hombres a vivir sintonizados en la fe y en la vida con esta Voluntad eterna del Padre, “rico en misericordia” (Ef 2, 4)

En esta infinita misericordia del Padre, en el sacrificio de Cristo, Hijo de Dios y del hombre que murió por nosotros, en la obra del Espíritu Santo que, por medio del ministerio de la Iglesia, realizó continuamente en el mundo “el perdón de los pecados” (cf. Encíclica Dominum et Vivificantem), se apoya nuestra esperanza de salvación Miércoles 7 de octubre de 1987

 

+++

 

Iglesia misionera - Durante la reunión que celebramos los capellanes de aeropuertos en Loreto, del 25 al 27 de abril de 1995, una asistente francesa, manifestó que la Iglesia debía de pedir perdón por la pobreza que existe en el tercer mundo. Mons. Sergio Sebastiani, entonces Secretario General del Jubileo 2000, que desarrollaba una ponencia, y que había trabajado muchos años en Mozambique, le contestó: “Usted y yo sí que debemos pedir perdón por lo que no hacemos, pero no la Iglesia.Puedo asegurarle que en Mozambique está el cuarto o el quinto mundo y hay muchísimas zonas a las que no llegan los organismos internacionales ni las ‘ongs’. Allí sólo he encontrado sacerdotes, monjas, religiosos y religiosas, que comparten la pobreza, el hambre y las enfermedades con los nativos”.

 

+++

 

La vida cristiana no es solamente una vida entre cristianos. Hace falta un profundo respeto hacia todas las personas, cualquiera que sea su creencia o ideología. Un "discípulo" de Cristo es uno que aprende continuamente, como el propio nombre indica. Es uno que está dispuesto a dialogar en serio con los demás, y a descubrir los elementos de verdad que cada planteamiento contiene. Jutta Burggraf

  

+++

 

«La mentalidad fundamentalista se reconoce en la propensión a meter en el mismo plano lo principal y lo secundario, dando una importancia desproporcionada a elementos marginales. El mal que los fundamentalistas sienten el deber de combatir es siempre un mal cuyos culpables son siempre los otros». Card. Cottier. 2004.

  

+++

 

Los Apóstoles y sus sucesores, heraldos del Evangelio - Dispuso Dios benignamente que todo lo que había revelado para la salvación de los hombres permaneciera íntegro para siempre y se fuera transmitiendo a todas las generaciones. Por ello Cristo Señor, en quien se consuma la revelación total del Dios sumo, mandó a los Apóstoles que predicaran a todos los hombres el Evangelio, comunicándoles los dones divinos. Este Evangelio, prometido antes por los Profetas, lo completó El y lo promulgó con su propia boca, como fuente de toda la verdad salvadora y de la ordenación de las costumbres. Lo cual fue realizado fielmente, tanto por los Apóstoles, que en la predicación oral comunicaron con ejemplos e instituciones lo que habían recibido por la palabra, por la convivencia y por las obras de Cristo, o habían aprendido por la inspiración del Espíritu Santo, como por aquellos Apóstoles y varones apostólicos que, bajo la inspiración del mismo Espíritu, escribieron el mensaje de la salvación.

Más, para que el Evangelio se conservara constantemente íntegro y vivo en la Iglesia, los Apóstoles dejaron como sucesores suyos a los Obispos, "entregándoles su propio cargo del magisterio". Por consiguiente, esta sagrada tradición y la Sagrada Escritura de ambos Testamentos son como un espejo en que la Iglesia peregrina en la tierra contempla a Dios, de quien todo lo recibe, hasta que le sea concedido el verbo cara a cara, tal como es (cf. 1 Jn., 3,2).

 

+++

 

La Iglesia proclama el perdón - El perdón es la exigencia suprema de Jesús en el Sermón del Monte, pero, sobre todo, responde y nace de la experiencia de Dios como amor, que nos introduce en la lógica del amor gratuito y desinteresado, que nos saca de la reciprocidad interesada, que rompe el círculo de la violencia, que inaugura algo realmente nuevo.
El perdón es un ofrecimiento que parte de la víctima, que toma la iniciativa, que va más allá de las exigencias de la justicia y, por tanto, no es comportamiento exigible estrictamente, pero sí es un comportamiento humanizador y sanante. Pero el perdón requiere ser aceptado, exige el arrepentimiento. El perdón ofrecido puede caer en el vacío y no lograr su objetivo, que es, en última instancia, la reconciliación, el reencuentro entre personas. Y no sé que es más difícil: perdonar o aceptar el perdón.

  

+++

  

El peor de los silencios es el que se guarda ante la mentira, pues tiene un enorme poder de disolver la estructura social. Un cristiano no puede callar ante manipulaciones manifiestas. La cesión permanente ante la mentira comporta la deformación progresiva de las conciencias.

 

+++

 

PERFECCIÓN ES ALABAR A DIOS Y SERVIR AL PRÓJIMO - El divino Maestro y Modelo de toda perfección, el Señor Jesús, predicó a todos y cada uno de sus discípulos, cualquiera que fuese su condición, la santidad de vida, de la que Él es iniciador y consumador: «Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto». Envió a todos el Espíritu Santo para que los mueva interiormente a amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente y con todas las fuerzas, y a amarse mutuamente como Cristo les amó. Los seguidores de Cristo, llamados por Dios no en razón de sus obras, sino en virtud del designio y gracia divinos, y justificados en el Señor Jesús, han sido hechos por el Bautismo, sacramento de la fe, verdaderos hijos de Dios y partícipes de la divina naturaleza, y, por lo mismo, realmente santos. En consecuencia, es necesario que con la ayuda de Dios conserven y perfeccionen en su vida la santificación que recibieron. El Apóstol les amonesta a vivir «como conviene a los santos», y que, como «elegidos de Dios, santos y amados, se revistan de entrañas de misericordia, benignidad, humildad, modestia, paciencia, y produzcan los frutos del Espíritu para la santificación». Pero como todos caemos en muchas faltas, continuamente necesitamos la misericordia de Dios y todos los días debemos orar: «Perdónanos nuestras deudas».
Es, pues, completamente claro que todos los fieles, de cualquier estado o condición, están llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad, incluso en la sociedad terrena. En el logro de esta perfección empeñen los fieles las fuerzas recibidas según la medida de la donación de Cristo, a fin de que, siguiendo sus huellas y hechos conformes a su imagen, obedeciendo en todo a la voluntad del Padre, se entreguen con toda su alma a la gloria de Dios y al servicio del prójimo. Así, la santidad del pueblo de Dios producirá abundantes frutos, como brillantemente lo demuestra la historia de la Iglesia con la vida de tantos santos.
Constitución Lumen gentium, 40 - VATICANO II

 

+++

 

¿Es necesario hablar de teología moral, hoy? - No solamente es necesario, es urgente. La moral es el actuar del hombre nuevo, del hombre en verdad, del hombre conforme a la dignidad con la que Dios le ha creado y redimido en Jesucristo. Solamente desde la moral habrá un mundo nuevo. Por eso es urgente y apremiante, sobre todo en un mundo tan deshumanizado donde el hombre vive de espaldas a Dios, como si Dios no existiera.

 

¿Cómo puede la Iglesia ser luz para el mundo en el campo de la moral, después de haber padecido tantos casos de error moral en su seno? - El que haya pecado en los hombres que formamos la Iglesia no quita para nada el testimonio de los mártires. Sólo en el siglo XX hemos tenido 36 millones de mártires. Son los que expresan el grado más alto de la humanidad y la verdad del hombre, que es sencillamente decir que Dios es el que llena el corazón del hombre. Más allá de los escándalos, está ese testimonio martirial, hombres y mujeres que viven desde

Jesucristo el amor de Dios. 2003-12-14 MURCIA. ESP. Alfa y Omega nº280

 

+++

 

La solidaridad en la Nueva Alianza - 52. En el Nuevo Testamento, la encarnación del Hijo de Dios es la expresión más grande de la solidaridad del Dios de Alianza con la humanidad pecadora (cf. Jn 1,14). La Buena Nueva predicada por Jesucristo no anula la Ley y los Profetas en ninguna de sus partes y, sobre todo, conserva intacto el imperativo del amor a Dios y al prójimo (cf. Mt 5,17; Mc 12,28-34). En efecto, Jesús predica la Buena Nueva, llamando a la conversión. Sus bienaventuranzas se refieren a pacíficos, pobres, puros de corazón y perseguidos por causa de la justicia (cf. Mt 5,3-11). La exaltación de formas concretas del ejercicio de la misericordia adquiere relevancia escatológica: en la parbola del juicio final el interrogatorio del Juez se centra sobre la amor a los más pequeños (cf. Mt 25,31-46). En la enseñanza de Jesús, el buen samaritano es propuesto como modelo de comportamiento solidario, por su caridad en relación al prójimo (cf. Lc 10,29-37). En la naciente comunidad cristiana se insiste en la fraternidad y se promueven formas concretas de solidaridad y comunión de bienes (cf. Hch 2,42-45; 2 Cor 8,7-15). El cristianismo primitivo concibe la unidad del amor de Dios y del prójimo como una exigencia fundamental de la fe (cf.1 Jn 4,20) y, al mismo tiempo, considera tal mandamiento como la plenitud de la ley (cf. Rm 13,8-10).

 

+++

 

Historia – Inquisición - En efecto, la imposibilidad de acceder a la totalidad de la verdad partiendo de una disciplina particular es una convicción hoy ampliamente compartida. Por consiguiente, es necesaria la colaboración entre representantes de las diversas ciencias. Además, en cuanto se afronta un asunto complejo, los investigadores sienten la necesidad de aclaraciones recíprocas, respetando obviamente las competencias de cada uno. Por este motivo, la Comisión histórico-teológica para la preparación del gran jubileo con razón ha considerado que no podía reflexionar de modo adecuado sobre el fenómeno de la Inquisición sin escuchar antes a expertos en las ciencias históricas, cuya competencia fuera reconocida universalmente.

 

La cuestión, que guarda relación con el ámbito cultural y las concepciones políticas del tiempo es, en su raíz, exquisitamente teológica y supone una mirada de fe a la esencia de la Iglesia y a las exigencias evangélicas, que regulan su vida. Ciertamente, el Magisterio de la Iglesia no puede proponerse realizar un acto de naturaleza ética, como es la petición de perdón, sin antes informarse exactamente sobre la situación de ese tiempo. Pero tampoco puede apoyarse en las imágenes del pasado transmitidas por la opinión pública, ya que a menudo tienen una sobrecarga de emotividad pasional que impide un diagnóstico sereno y objetivo. Si no tuviera en cuenta esto, el Magisterio faltaría a su deber fundamental de respetar la verdad. Por eso, el primer paso consiste en interrogar a los historiadores, a los que no se les pide un juicio de naturaleza ética, que sobrepasaría el ámbito de sus competencias, sino que contribuyan a la reconstrucción lo más precisa posible de los acontecimientos, de las costumbres y de la mentalidad de entonces, a la luz del marco histórico de la época.

Sólo cuando la ciencia histórica haya podido reconstruir la verdad de los hechos, los teólogos y el mismo Magisterio de la Iglesia estarán en condiciones de dar un juicio objetivamente fundado.

En el umbral del tercer milenio, es legítimo esperar que los responsables políticos y los pueblos, sobre todo los que se hallan implicados en conflictos dramáticos, alimentados por el odio y el recuerdo de heridas a menudo antiguas, se dejen guiar por el espíritu de perdón y reconciliación testimoniado por la Iglesia, y se esfuercen por resolver sus contrastes mediante un diálogo leal y abierto.

Confío este deseo mío a vuestra consideración y a vuestra oración. Y, al tiempo que invoco sobre cada uno la constante protección divina, os aseguro mi recuerdo en la oración y de buen grado os imparto a vosotros y a vuestros seres queridos una especial bendición apostólica. 31.10.1998 S. S. Juan Pablo II . Magno

-.-

 

Se perfilan así diversos interrogantes: ¿se puede hacer pesar sobre la conciencia actual una culpa vinculada a fenómenos históricos irrepetibles, como las cruzadas o la inquisición? ¿No es demasiado fácil juzgar a los protagonistas del pasado con la conciencia actual (como hacen escribas y fariseos, según Mt 23,29-32), como si la conciencia moral no se hallara situada en el tiempo? ¿Se puede acaso, por otra parte, negar que el juicio ético siempre tiene vigencia, por el simple hecho de que la verdad de Dios y sus exigencias morales siempre tienen valor? Cualquiera que sea la actitud a adoptar, ésta debe confrontarse con estos interrogantes y buscar respuestas que estén fundadas en la revelación y en su transmisión viva en la fe de la Iglesia. La cuestión prioritaria es, por tanto, la de esclarecer en qué medida las peticiones de perdón por las culpas del pasado, sobre todo cuando se dirigen a grupos humanos actuales, entran en el horizonte bíblico y teológico de la reconciliación con Dios y con el prójimo.  

 

Recomendamos vivamente: EDICIONES RIALP, MADRID, Beatriz Comella,

La Inquisición española, 1998. Con este libro la autora sintetiza la historia y el funcionamiento de la Inquisición española con rasgos esenciales del contexto religioso, social y económico.

 

+++

 

La Iglesia católicano es de los hombres, es de Dios y aquí es donde duele: representa la belleza, la verdad, la bondad, la trascendencia de Dios y, aunque está hecha por hombres, no ha sucumbido en estos más de veinte siglos. A los hombres, lo que les ofrece es una versión moral de la existencia y un conjunto de senderos con norte claro para no desorientarse. ¿Por qué? Porque –queramos reconocerlo o no– el suceso de la manzanita de Eva ha dejado herida –no muerta– la naturaleza del hombre. Quizá sea éste el origen de los ataques a la Iglesia católica y a sus instituciones: no querer aceptar que el hombre debe ser sanado con un tratamiento eficaz –por cierto, muy radical, porque afecta a la totalidad del ser humano–, y recetado por los representantes de Dios en la tierra. Y en esa receta mágica se contempla cómo vivir con dignidad, porque estamos hechos a imagen y semejanza de Dios; cómo ser feliz a través de la familia; cómo entender que es más importante ser que hacer o tener; o cómo morir con dignidad de hijo de Dios, entre otras numerosas afirmaciones o vibraciones positivas.
¿Por qué es tan difícil conseguir una convivencia pacífica, basada en el respeto a la libertad de las conciencias, que no es lo mismo que libertad de conciencia? Porque el cristianismo va a la raíz de las cosas, no postula soluciones aguadas, ni banaliza los problemas, ni, mucho menos, trivializa la verdad... Al contrario, ofrece alternativas exigentes, pero basadas en el amor que Dios nos tiene, y con el que podemos afrontar todo aquello que nos parezca un escollo u obstáculo insalvable. Por eso, existen minorías minoritarias incapaces de asumir esta realidad, y, en lugar de respetarla o pasar olímpicamente, se revuelcan, atacan, buscan cómplices, y hacen daño. Lo mejor es ignorarlas, no hacerles propaganda, no colaborar con la mentira y dejar que transcurra el tiempo, ése que coloca las cosas y personas en su sitio.

 

+++

 

Jesús escucha la oración - 2616 La oración a Jesús ya ha sido escuchada por él durante su ministerio, a través de los signos que anticipan el poder de su muerte y de su resurrección: Jesús escucha la oración de fe expresada en palabras (el leproso: cf Mc 1, 40-41; Jairo: cf Mc 5, 36; la cananea: cf Mc 7, 29; el buen ladrón: cf Lc 23, 39-43), o en silencio (los portadores del paralítico: cf Mc 2, 5; la hemorroísa que toca su vestido: cf Mc 5, 28; las lágrimas y el perfume de la pecadora: cf Lc 7, 37-38). La petición apremiante de los ciegos: "¡Ten piedad de nosotros, Hijo de David!" (Mt 9, 27) o "¡Hijo de David, ten compasión de mí!" (Mc 10, 48) ha sido recogida en la tradición de la Oración a Jesús: "¡Jesús, Cristo, Hijo de Dios, Señor, ten piedad de mí, pecador!" Curando enfermedades o perdonando pecados, Jesús siempre responde a la plegaria que le suplica con fe: "Ve en paz, ¡tu fe te ha salvado!".

San Agustín resume admirablemente las tres dimensiones de la oración de Jesús: "Orat pro nobis ut sacerdos noster, orat in nobis ut caput nostrum, oratur a nobis ut Deus noster. Agnoscamus ergo et in illo voces nostras et voces eius in nobis" ("Ora por nosotros como sacerdote nuestro; ora en nosotros como cabeza nuestra; a El dirige nuestra oración como a Dios nuestro. Reconozcamos, por tanto, en El nuestras voces; y la voz de El, en nosotros", Sal 85, 1; cf IGLH 7).

 

+++

 

La Iglesia con la filosofía, ciencia y razón. -la ciencia como instrumento y sagacidad- La Iglesia con la investigación científica.

Para combatir la ignorancia y supersticiones, siempre la Iglesia estuvo con el conjunto de conocimientos obtenidos mediante la observación y el razonamiento, sistemáticamente estructurados y de los que se deducen principios y leyes generales. Así pues, con el don evangélico de la fe, esperanza y caridad, expresó su discurso a fin de obtener actos de discurrir el entendimiento. Pero atenta a no caer en una fe desmedida o valoración excesiva respecto a rozar en una ‘superstición de la ciencia’; con todo, sumisa al Santo Espíritu como fuente y término de la esperanza humana. [La Iglesia y hombres serios de ciencia –ayer como hoy- bregaban contra las supersticiones. Por ello, estaban bajo el fuego de muy malas lenguas, que les ametrallaba con noticias distorsionadas y confundía a quienes no tenían sólidas bases formativas espirituales e intelectuales].

 

+++

 

Inquisiciones - Los historiadores distinguen tres inquisiciones: la medieval, ejercida por los obispos locales, o por la Santa Sede con carácter puntual y esporádico (por ejemplo, la Cruzada contra los Albigenses); la española (y más tarde, por imitación, la portuguesa), creada a finales de 1400 por los Reyes Católicos con el beneplácito y bulas papales, con actuación restringida al territorio de la Corona española (y Portuguesa), o sea, también en América y en los territorios europeos (en particular italianos) dependientes de ella; y una tercera inquisición, la romana, la más moderna, fundada por el Papa Pablo III en 1542 e inspirada en el modelo centralista español, pero con ámbito teóricamente universal.

Y permanecen todas las otras ‘inquisiciones’ ejercidas por poderes – político, regio o  religioso - a ejemplo, la protestante, tan cruel en algunas zonas de Europa, particularmente en Alemania.

 

+++

 

San Pedro y san Pablo, considerados las columnas de la Iglesia universal. San Pedro, la "piedra" sobre la que Cristo fundó su Iglesia; san Pablo, el "instrumento elegido" para llevar el Evangelio a los gentiles. El pescador de Galilea que, superada la prueba de los días oscuros de la pasión de su Señor, deberá confirmar a sus hermanos en la fe y apacentar la grey de Cristo; el fariseo celoso que, convertido en el camino de Damasco, se transformará en heraldo de la salvación que viene por la fe.

Un arcano designio de la Providencia los trajo a ambos a Roma, para sellar con la sangre su testimonio: 
Pedro, crucificado en cruz invertida; Pablo, decapitado. El primero, sepultado al pie de la colina Vaticana; el segundo, en la vía Ostiense.

 

¡Qué grande es la elocuencia del altar central de la basílica San Pedro , sobre el cual celebra la Eucaristía el Sucesor de San Pedro pensando que, en un lugar cercano a ese altar, él mismo, Pedro crucificado, ofreció el sacrificio de su propia vida en unión con el sacrificio de Cristo crucificado sobre el Calvario, y resucitado...

 

+++

 

Como tampoco hoy -ni dentro de 500 años- podemos poner en tela juicio el gran valor de la ‘democracia’, porque haya policías corruptos, existan jueces pervertidos, sectas embusteras o hijos que esclavizan a sus padres. De allí, para combatir tales desvíos, la Iglesia promovió siempre el alto saber, educando en las diversas ciencias a sus presbíteros. Luego estos, sea en torno de sus parroquias en medio del y con el pueblo llano o en las escuelas superiores de los monasterios, estudiaban y enseñaban para que sepan lograr todos en común la virtud, ampliar el entendimiento, usar la inteligencia, procurar la justicia, dar testimonio cristiano. MM.

 

+++

 

“Las doctrinas centrales del cristianismo fueron capaces de inspirar y sostener relaciones sociales y organizaciones atractivas, liberadoras y eficientes”. Fueron las doctrinas de la Iglesia las que permitieron que el cristianismo se encontrara “entre los movimientos de revitalización más formidables y de mayor éxito en la historia”. Con los cristianos aparece un Dios que, de hecho-algo nunca visto hasta entonces-, se preocupa por todos los seres humanos, que los ama con locura y que pide y espera de sus seguidores un amor semejante entre ellos y fuera de ellos, incluso a sus enemigos y a quienes no les entienden. La Buena Nueva del cristiano,  era dos veces buena y nueva, pues al dar a la humanidad un Dios amoroso y misericordioso daba también a los hombres y a las mujeres su auténtica humanidad.

 

+++

 

MEDITACIÓN

A veces la vida se asemeja a un largo y melancólico sábado santo.
Todo parece haber terminado, se diría que triunfa el malvado, que el mal es más fuerte que el bien.

Pero la fe nos hace ver a lo lejos, nos hace vislumbrar la luz de un nuevo día más allá de este día.
La fe nos garantiza que la última palabra la tiene Dios: solamente Dios.

La fe es verdaderamente una lamparilla, pero es la única que ilumina la noche del mundo:su llama humilde se funde  con las primeras luces del día: el día de Cristo Resucitado.

La historia, pues, no termina en el sepulcro, sino que brota en el sepulcro:así lo prometió Jesús,
así fue, y así será.

 

ORACIÓN

Señor Jesús, el Viernes Santo es el día de las tinieblas, el día del odio insensato, el día de la muerte del Justo.
Pero el Viernes Santo no es la última palabra:la última palabra es la Pascua, el triunfo de la Vida, la victoria del Bien sobre el mal.

Señor Jesús, el Sábado Santo es el día del vacío, el día del miedo y del desconcierto, el día en que todo parece haber terminado.

Pero el Sábado Santo no es el último día: El último día es la Pascua, la Luz que se enciende de nuevo,
el Amor que derrota todos los odios.

Señor Jesús, mientras se concluye nuestro Viernes Santo y se repite la angustia de tantos Sábados Santos, danos la fe inquebrantable de María para creer en la verdad de la Pascua; danos su límpida mirada para ver los reflejos que anuncian el último día de la historia: «un cielo nuevo y una tierra nueva» ya comenzada en ti, Jesús Crucificado y Resucitado. Amén.

 

+++

 

«La belleza podrá cambiar el mundo si los hombres consiguen gozar de su gratuidad» Susana Tamaro – católica, escritora - 2004.12.

 

+++

 

Jesucristo, al momento en que envía a los apóstoles a predicar el evangelio a todo el mundo, desea que su Iglesia sea universal (en griego ‘católicos’), es decir: en plena catolicidad hasta al final de los tiempos, así la designa Jesucristo.

 

+++

 

La universalidad salvífica de Jesucristo, hace a su Iglesia ‘católica’ porque su anuncio salvífico es universal

 

 

+++

 

«¿No es una arrogancia hablar de verdad en cosas de religión y llegar a afirmar haber hallado en la propia religión la verdad, la sola verdad, que por cierto no elimina el conocimiento de la verdad en otras religiones, pero que recoge las piezas dispersas y las lleva a la unidad?». Card. + Joseph Ratzinger
Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Fragmento de «La Unicidad y la Universalidad salvífica de Jesucristo y de la Iglesia»

 

+++

 

El eterno hoy de Dios ha descendido en el hoy efímero del mundo, arrastrando nuestro hoy pasajero al hoy perenne de Dios. Dios es tan grande que puede hacerse pequeño. Dios es tan potente que puede hacerse inerme y venir a nuestro encuentro como niño indefenso, a fin de que podamos amarlo. Es tan bueno que puede renunciar a su esplendor divino y descender a un establo para que podamos encontrarlo y, de este modo, su bondad nos toque, nos sea comunicada y continúe actuando a través de nosotros.

 

 

+++

 

‘Una de las primeras y más nobles funciones de las cosas pocas serias es de tirar una sombra de desconfianza sobre las cosas muy serias’ Chesterton.

 

+++

 

La calumnia puede aparecer al inicio como algo claro, certero, pertinente y con tintas de cierto. Poco después se descubre la mentira trabajada con malévola verborrea.

 

La mentira difamatoria es una maldad camuflada hasta bajo una posible luminosa escaramuza del estilo. En realidad nunca tuvo nada que decir, solo bajeza deshonrada; revelando una superficialidad entreverada al picoteo de los necios.

 

Difamar, -tan miserable hábito- se bifurca entre mil manos que escriben huecos y turbios desprecios a la verdad.

 

Las sectas «jehovistas, mormones, bautistas y otras americanistas», tienen un especial método de infiltración, llegando a alterar la verdad histórica; con el único e indigno afán de, a través de la calumnia, desprestigiar a la Iglesia fundada por Cristo. ¡No soportan 2000 años de historia!

 

+++

 

Iglesia, cuna de Jesús - "Desde hace dos mil años la Iglesia es la cuna en la que María deposita a Jesús y lo confía a la adoración y a la contemplación de todos los pueblos" (cfr. Bula Incarnationis Mysterium, nº 11).

 

+++

 

“El hecho de que millones de personas compartan los mismos vicios no convierte esos vicios en virtudes; el hecho de que compartan muchos errores no convierte éstos en verdades; y el hecho de que millones de personas padezcan las mismas formas de patología mental no hace de estas personas gente equilibrada.” [E. Fromm]

 

+++

 

El mensaje bíblico - El cuidado de la creación

22. La primera página de la Biblia relata la creación del mundo y de la persona humana: « Creó, pues, Dios al ser humano a imagen suya: a imagen de Dios le creó; macho y hembra los creó » (Gn 1, 27). Palabras solemnes expresan la tarea que Dios les confía: « Sed fecundos y multiplicaos y henchid la tierra y sometedla; mandad en los peces del mar y en las aves de los cielos y en todo animal que serpea sobre la tierra » (Gn 1, 28).

La primera tarea que Dios les encomienda —es evidente que se trata de una tarea fundamental— se refiere a la actitud que deben tener con la tierra y con todos los seres vivientes. « Henchir » y « dominar » son dos verbos que se pueden malentender con facilidad e incluso pueden parecer una justificación de ese dominio despótico y desenfrenado que no se preocupa por la tierra y por sus frutos y hace estragos con ella a su propio favor. En realidad « henchir » y « dominar » son verbos que, en el lenguaje bíblico, sirven para describir la dominación del rey sabio que se preocupa por el bienestar de todos sus súbditos.

 

El hombre y la mujer tienen que cuidar la creación, para que ésta les sirva y para que esté a disposición de todos y no sólo de algunos.

23. La naturaleza profunda de la creación es la de ser un don de Dios, un don para todos, y Dios quiere que se quede así. Por eso la primera orden que Dios da es la de conservar la tierra respetando su naturaleza de don y bendición, y de no transformarla en instrumento de poder o motivo de conflictos.

El derecho-deber de la persona humana de dominar la tierra nace del hecho de ser imagen de Dios: corresponde a todos y no sólo a algunos la responsabilidad de la creación. En Egipto y en Babilonia este privilegio era sólo de algunos. En la Biblia, en cambio, el dominio pertenece a la persona humana por ser tal y, por lo tanto a todos. Es más, es la humanidad conjuntamente la que se debe sentir responsable de la creación.

Dios deja al hombre en el jardín para que lo labre y lo cuide (cf. Gn 2, 15) y para que se alimente de sus frutos. En Egipto y en Babilonia el trabajo es una dura necesidad impuesta a los hombres en beneficio de los dioses: en realidad, en beneficio del rey, de los funcionarios, de los sacerdotes y de los terratenientes. En la narración bíblica, en cambio, el trabajo es algo para la realización de la persona humana.

 

La tierra es de Dios quien la ofrece a todos sus hijos

24. El israelita tiene el derecho de propiedad de la tierra, que la ley protege de muchas formas. El Decálogo prescribe: « no codiciarás la casa de tu prójimo, su campo, su siervo o su sierva, su buey o su asno: nada que sea de tu prójimo » (Dt 5, 21).

Se puede decir que el israelita se siente verdaderamente libre y plenamente israelita sólo cuando posee su parcela de tierra. Pero la tierra es de Dios, insiste el Antiguo Testamento, y Dios la ha dado en herencia a todos los hijos de Israel. Se debe por lo tanto repartir entre todas las tribus, clanes y familias. Y el hombre no es el verdadero dueño de su tierra sino que es más bien un administrador. El dueño es Dios. Se lee en el Levítico: « La tierra no puede venderse para siempre, porque la tierra es mía, ya que vosotros sois para mí como forasteros y huéspedes » (25, 23).

En Egipto la tierra pertenecía al faraón y los campesinos eran sus esclavos y de su propiedad. En Babilonia había una estructura feudal: el rey entregaba las tierras a cambio de servicios y de fidelidad. No hay nada parecido en Israel. La tierra es de Dios que la ofrece a todos sus hijos.

 

25. De ahí derivan varias consecuencias. Por un lado, nadie tiene el derecho de quitar la tierra a la persona que la cultiva, en caso contrario se viola un derecho divino; ni siquiera el rey puede hacerlo.(16) Por otro lado, se prohibe toda forma de posesión absoluta y arbitraria a propio favor: no se puede hacer lo que se quiere con los bienes que Dios ha dado para todos.

Sobre esta base la legislación ha ido añadiendo, impulsada siempre por situaciones concretas, muchas restricciones al derecho de propiedad. Algunos ejemplos: la prohibición de recoger los frutos de un árbol durante los cuatro primeros años (cf. Lv 19, 23-25), la invitación a no cosechar la miés hasta el borde del campo y la prohibición de recoger los frutos y las espigas olvidados o caídos, porque pertenecen a los pobres (cf. Lv 19, 9-10; 23, 22; Dt 24, 19-22).

A la luz de esta visión de la propiedad se entiende la severidad del juicio moral expresado por la Biblia sobre los abusos de los ricos, que obligan a los pobres y a los campesinos a ceder sus fundos familiares. Los Profetas son los que más condenan estos abusos. « ¡Ay, los que juntáis casa con casa, y campo con campo anexionáis! » grita Isaías (5, 8). Y su contemporáneo Miqueas añade: « Codician campos y los roban, casas, y las usurpan; hacen violencia al hombre y a su casa, al individuo y a su heredad » (2, 2).

 

 

 

Gracias por venir a visitarnos

  

Recomendamos vivamente: MI QUERIDA IGLESIA SANTA Y PECADORA - Decía José Luis Martín Descalzo que «nuestros pecados manchan tan poco la Iglesia como las manchas al sol». En este espíritu ha escrito Mariano Purroy Mi querida Iglesia, santa y pecadora (Edibesa), una mirada positiva y realista sobre los pecados de los cristianos y el perdón de Cristo.

 

Recomendamos El libro: FE, VERDAD Y TOLERANCIA [el cristianismo y las religiones del mundo] por Joseph RATZINGER, al día: S.S. Benedicto XVI; ed. SÍGUEME

 

 

 

 

Imprimir   |   ^ Arriba

'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).