Tuesday 21 February 2017 | Actualizada : 2017-02-03
 
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P: ¿Es verdad que el llamado pueblo palestino son los descendientes de tribus trashumantes expulsadas de los países árabes amigos?

R: El llamado pueblo palestino comenzó a existir como tal en 1948 – d. C. Antes de eso eran poblaciones de origen diverso a veces, efectivamente, semi-nómadas y a veces plenamente sedentarias.

L. D. DR. C.VIDAL dr.en historia antigua, filosofo. 2003-10-02

 

“las minorías son siempre las que corren el riesgo de volverse ‘chivos expiatorios’ debido a las fáciles generalizaciones y a las amalgamas simplistas que hacen revivir antiguos prejuicios y sueños de cruzadas o de jihâd”. El mundo islámico no es monolítico. La movilidad humana ha renovado las problemáticas de las convivencias. De ello se desprende una relación original, y a veces contradictoria, entre religión, cultura, Estado y ordenamiento jurídico, tanto más en cuanto que al acoger la modernidad, la democracia y la laicidad, cada país realiza una síntesis completamente contextualizada.

 

"La ciencia no explica porqué el hombre tiene deseo de conocer la verdad"

 

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Si la Iglesia mirara para otro lado y no dijera nada en cuestiones como el aborto, la eutanasia, la manipulación genética, la equiparación de las parejas de hecho con las familias o la adopción de niños por homosexuales, se libraría de una parte considerable de los ataques que sufre. Pero hay que preguntarse si, en caso de obrar así, estaría siendo fiel a Jesucristo y aportando algo valioso a la sociedad.
   Muchas veces se nos ha reprochado, algunas con razón, no haber sido más tajantes en la condena de la esclavitud o en el rechazo de la violencia en situaciones como las
Cruzadas o la Inquisición. Pues bien, hoy hay nuevas esclavitudes y nuevas torturas, que son, curiosamente, aplaudidas y defendidas por los que condenan las de antaño. La Iglesia, precisamente para no cometer los errores del pasado, tiene el deber de defender la familia y la vida. Si no lo hiciera, estoy seguro de que dentro de unos años sería acusada de no haber hablado proféticamente contra la ideología mayoritaria imperante en este momento. Y hasta es posible que se lo echaran en cara los sucesores ideológicos de los que hoy la acusan de no estar al día. Por eso tiene que actuar como lo está haciendo. Aunque se quede sola en la defensa del más débil. Aunque le cueste la persecución. Esa será su gloria y la historia terminará por reconocerlo. MM.

 

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1191, el 13 de julio los ejércitos de la Tercera Cruzada toman San Juan de Acre invadida y saqueada por los musulmanes

 

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¿Qué opinión tiene sobre el libro The egyptian civilization escrito por el británico L. Waddell, donde se sostiene que la civilización egipcia fue fundada por los sumerios y por pueblos europeos, entre otros los libios de la época (que eran blancos)? Creo que el antropólogo Coon también sostuvo esta tesis.

 

No es imposible, sobre todo cuando se examina el periodo pre-dinástico.

Dr. E historiador don C.VIDAL.2005.07.12

 

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Una hermosa indicación de Juan Pablo II hablando de la memoria histórica: La memoria se configura como un derecho que corresponde a cada grupo humano (sociedad, Iglesia, partidos y sindicatos) para profundizar en la propia identidad, pero es esencial que esa memoria no sea selectiva y sesgada, ni intente imponer a todos una visión uniforme, sino que se desarrolle a partir de una aproximación «abierta, objetiva y científica» a los hechos.

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…[…]… «Sí que reivindicó el derecho de cada colectivo, «la Iglesia católica, una congregación religiosa, un partido político, un sindicato, una institución académica», a rememorar su historia para profundizar «en su identidad». Monseñor Ricardo Blázquez, Obispo de Bilbao-Esp. 2007.XI.

 

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Historiadores serios, responsables investigadores, sanos intelectuales deben estudiar la historia. La Iglesia universal está muy por encima de circunstancias coyunturales, y debe ser capaz de transmitir un mensaje de fe y de esperanza. La historia tiene que quedar en manos de los historiadores porque nadie tiene derecho a imponer una «verdad oficial», propia de los sistemas totalitarios. En el marco de la razón y el sentido común, el recuerdo de los antecesores -en este caso, de quienes dieron la vida por la fe ‘mártires de la Iglesia Católica’- refuerza la propia identidad y ayuda a comprender el complejo mundo en que vivimos. 2007-XI

 

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Es importante «recordar al mundo que la cultura y civilización árabes no se identifican con el Islam, ya que los cristianos han jugado un papel esencial en la elaboración de lo que fue el gran Renacimiento árabe de los siglos IX y X, introduciendo el pensamiento griego en todas sus formas (medicina, matemáticas, filosofía, etc.), lo que suscitó un movimiento intelectual prodigioso, que comprendía la teología musulmana».
Además, según el experto el padre Samir Khalil Samir, S.J., director del Centro de Documentación e Investigaciones Árabes Cristianas [CEDRAC] de Beirut (el Líbano), «este movimiento permitió un auténtico intercambio entre musulmanes y cristia
nos» basado en la razón.
El objetivo del CEDRAC es «hacer conocer mejor su propio patrimonio a los mismos árabes --cristianos y musulmanes--.
Un patrimonio inmenso todavía casi inédito y totalmente desconocido, muy variado puesto que integra todas las tradiciones del Oriente cristiano: las Iglesias siríacas (caldea, siríaca, maronita), la Iglesia bizantina, la Iglesia copta y aun las Iglesias armena y latina».

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1095 – el 27 de noviembre en el Concilio de Clermont, el Papa Urbano II, frente a la invasión, ocupación, ultraje y prohibición a los cristianos de visitar los Lugares Santos de Jerusalén (Tierra Santa), predica la primera cruzada. Cuando Urbano II murió hacía dos semanas que Occidente había recuperado la libertad de Jerusalén.

1091 – Sicilia quedó enteramente libre de los musulmanes, después de una ocupación y devastación de gran parte del Patrimonio religioso cristiano y cultural de la Isla.

 

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1270 - escritura flamenca.

 

El 09 de octubre de 1238, Jaime I el Conquistador entra en Valencia, cuyos ocupantes y saqueadores árabes habían capitulado ante el asedio de los cristianos, que deseaban recuperar sus tierras.

 

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A nadie se le escapa que la gran amenaza a que se enfrenta Occidente es el Islam. Evidentemente, esto no es del todo cierto, porque hay quien piensa aún que la religión del Corán sólo predica el amor al prójimo y trata a las mujeres como las feministas desearían. Nada más lejos de la realidad: la yihad pretende exterminar a los infieles para, en las cenizas de la civilización occidental, erigir el Imperio de Mahoma. Lamentablemente, esa es la pérfida predicación de los religiosos mahometanos en las mezquitas y en el mundo dirigente islámico. MMVI

 

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ISLAM: lo que lo define es la conquista del poder mezclado con un elemento religioso. La ideología marxista hacía lo mismo, sólo que ésta rechazaba a Dios.

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Sabios no tan sabios. Otro problema serio es que la enseñanza islámica la llevan a cabo los ulemas (sabios) que en realidad son «sabios» solo en un pequeño ámbito del saber: han aprendido el Corán de memoria, han tomado los viejos dichos atribuidos a Mahoma (Sunna) y centenares de miles de respuestas jurídicas de otros imanes. Pero no han estudiado matemáticas, sociología, psicología; la Historia para ellos se limita al mundo islámico; el estudio de las religiones se hace sólo con función apologética, por si el islam es atacado. Es como si nuestros sacerdotes hubieran estudiado sólo la Biblia y además, partiendo de comentarios antiguos.

 

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Cruzadas, entre la realidad y la leyenda negra

 

No se aplaca el debate sobre el significado de las Cruzadas. También porque la distancia de final de milenio entre el Occidente y el Islam evoca escenarios sugestivos.

 

Según el conocido escritor católico Vittorio Messori, sobre las Cruzadas ha sido construida por los iluministas una «leyenda negra» «como arma de la guerra psicológica contra la Iglesia romana». Messori ha escrito en el «Corriere della Sera», el principal diario italiano, que «es, en efecto, en el siglo XVIII europeo cuando, completando la obra de la Reforma, se establece el rosario de las "infamias romanas", convertido en canónico».

 

«Por lo que se refiere a las Cruzadas, la propaganda anticatólica inventó incluso el nombre: igual que el término Edad Media, elegido por la historiografía "iluminada" para indicar el paréntesis de oscuridad y fanatismo entre los esplendores de la Antigüedad y los del Renacimiento. Por descontado que quienes, hace novecientos años, asaltaron Jerusalén, se habrían sorprendido bastante si alguno les hubiera dicho que estaban realizando lo que se llamaría "primera Cruzada". Aquello para ellos era itinerario, "peregrinación", recorrido, pasaje. Aquellos mismos «peregrinos armados» se habrían sorprendido aún más si hubieran previsto que les sería atribuida la intención de convertir a los "infieles" o de asegurar vías comerciales a Occidente o de crear "colonias" europeas en Medio Oriente...».

 

 

 

Messori revela que, lamentablemente, «en Occidente, la oscura invención "cruzada" ha acabado por apresar en el sentimiento de culpa a algunos hombres de la misma Iglesia, que no conocen como sucedieron de verdad las cosas». Además, explica Messori, «en Oriente, la leyenda se ha vuelto contra el entero Occidente: pagamos todos --y pagaremos todavía más-- las consecuencias, con el deseo de revancha de las multitudes musulmanas que piden venganza contra el «Gran Satanás». Que no es sólo Estados Unidos, sino la entera cristiandad; aquella, justo, de las "Cruzadas": ¿No son quizá los occidentales mismos quienes insisten en decir que ha sido una terrible, imperdonable agresión contra los píos, devotos, mansos seguidores del Corán?».

 

«Y sin embargo --revela el conocido escritor-- hay una pregunta que deberemos hacernos: en el marco más que milenario de las relaciones entre Cristiandad e Islam, ¿quién fue el agredido y quién el agresor? Cuando, en el 638, el califa Omar conquista Jerusalén, ésta era ya desde hacía más de tres siglos cristiana. Poco después, los seguidores del Profeta invaden y destruyen las gloriosas iglesias primero de Egipto y luego del norte de África, llevando a la extinción del cristianismo en los lugares que habían tenido obispos como San Agustín. Toca luego a España, a Sicilia, a Grecia, a la que luego se llamará Turquía y donde las comunidades fundadas por San Pablo mismo se convierten en cúmulos de ruinas. En 1453, tras siete siglos de asedio, capitula y es islamizada la misma Constantinopla, la segunda Roma. El rodillo islámico alcanza los Balcanes, y como por milagro es detenido y obligado a retroceder ante los muros de Viena. Si se execra justamente la masacre de Jerusalén en el 1099, no se debe olvidar a Mahoma II en 1480 en Otranto, simple ejemplo de un cortejo sangriento de sufrimientos».

 

Messori concluye su reflexión haciendo algunas preguntas: «Todavía hoy: ¿qué país musulmán reconoce a los otros que no sean los suyos, los derechos civiles o la libertad de culto? ¿Quién se indigna ante el genocidio de lo armenios ayer y de los sudaneses cristianos hoy? El mundo, según los devotos del Corán, ¿no está dividido en "territorio del Islam" y "territorio de la guerra", esto es, todos los lugares todavía no musulmanes que deben serlo, por las buenas o por las malas?».

 

«Un simple repaso a la historia --escribe Messori-- incluso en sus líneas generales, confirma una verdad evidente: una cristiandad en continua postura defensiva respecto a una agresión musulmana, desde los inicios hasta hoy (en África, por ejemplo, está en curso una ofensiva sangrienta para islamizar a las etnias que los sacrificios heroicos de generaciones de misioneros habían llevado al bautismo). Admitido --y probablemente no concedido-- que alguno, en la historia, deba pedir excusas a otro ¿deberán ser quizá los católicos quienes se hagan perdonar por aquel acto de autodefensa, por aquel intento de tener al menos abierta la vía de la peregrinación a los lugares de Jesús que fue el ciclo de las Cruzadas?». Zenit – 2001.

 

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“¿Cómo callar tantas formas de violencia perpetradas también en nombre de la fe?

Guerras de religión, tribunales de la Inquisición y otras formas de violación de los derechos de las personas…

Es preciso que la Iglesia, de acuerdo con el Concilio Vaticano II, revise por propia iniciativa los aspectos oscuros de su historia, valorándolos a la luz de los principio del Evangelio” S. S. Juan Pablo II a los Cardenales, 1994. VAT.

 

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Derechos - Señor del mundo, Padre de todos los hombres, por medio de tu Hijo nos has pedido amar a los enemigos, hacer bien a los que nos odian y orar por los que nos persiguen. Muchas veces, sin embargo, los cristianos han desmentido el Evangelio y, cediendo a la lógica de la fuerza, han violado los derechos de etnias y pueblos; despreciando sus culturas y tradiciones religiosas: muéstrate paciente y misericordioso con nosotros y perdónanos. Por Cristo nuestro Señor. R. Amén.

 

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SIGUE LA POLÉMICA SOBRE LAS CRUZADAS

 

 

El historiador Franco Cardini sale al paso de algunos errores


ROMA, 21 jul 1999 - La polémica sobre las Cruzadas no se aplaca.
Que en este año se celebre el 900 aniversario de la primera Cruzada se ha convertido a los ojos de una cierta publicística anticatólica un argumento para desacreditar a la Iglesia y sus enseñanzas.

 

Han aparecido artículos en los que las Cruzadas se describen como guerras santas, las masacres de los judíos que tuvieron lugar en aquella ocasión, como la antesala del holocausto. La Iglesia ha sido
acusada de haber siempre tratado de eliminar a los adversarios en nombre de la ortodoxia. «La Repubblica», el segundo periódico por difusión en Italia, ha escrito que «los francos masacraron a setenta mil personas en una mezquita», lo que debería hacer suponer que la mezquita era tan grande como un moderno estadio de fútbol.

 

Para tratar de evitar tonterías y errores, el historiador Franco Cardini, profundo conocedor de los acontecimientos medievales, ha escrito un artículo en «Avvenire» de hoy con el título «Cruzadas, no
guerras de religión».

 

El profesor Cardini explica que la interpretación de las Cruzadas como antecedentes de las guerras de religión y de las guerras ideológicas, ha sido sostenida en los ambientes iluministas. Se trata de una
polémica ampliamente malentendida y de pretexto.

 

Según el profesor Cardini, «las Cruzadas no han sido nunca "guerras de religión", no han buscado nunca la conversión forzada o la supresión de los infieles. Los excesos y violencias realizados en el curso de
las expediciones --que han existido y no se deben olvidar-- deben ser evaluados en el marco de la normal aunque dolorosa fenomenología de los hechos militares y siempre teniendo presente que alguna razón teológica los ha justificado. La Cruzada corresponde a un movimiento de peregrinación armado que se afirmó lentamente y se desarrolló en el tiempo --entre el siglo XI y el XIII-- que debe ser entendido insertándolo en el contexto del largo encuentro entre Cristiandad e Islam que ha producido resultados positivos culturales y económicos. ¿Cómo se justifica si no el dato de frecuentes amistades e incluso
alianzas militares entre cristianos y musulmanes en la historia de las Cruzadas?».

 

Para confirmar sus tesis el profesor Cardini recuerda la contribución de San Bernardo de Claraval (1090-1153) que contra la caballería laica, como aquella del siglo XII formada por gente ávida, violenta y
amoral, propuso la constitución de «una nueva caballería» al servicio de los pobres y de los peregrinos. La propuesta de San Bernardo era revolucionaria, una nueva caballería hecha de monjes que renunciase a toda forma de riqueza y de poder personal y que incluso en la guerra aprendiese que al enemigo se lo puede incluso matar, cuando no haya otra opción, pero que no se le debe odiar. De aquí la enseñanza de no odiar ni siquiera en la batalla.

 

La Cruzada entendida como «guerra santa» contra los musulmanes, también sería según Cardini una exageración. «En realidad --subraya el profesor-- lo que interesaba en las expediciones al servicio de los hermanos en Cristo,  amenazados por los musulmanes, era la recuperación de la paz en Occidente y la puesta en marcha de la idea de socorro a los correligionarios lejanos. La Cruzada significaba
reconciliarse con el adversario antes de partir, renunciar a la disputa y a la venganza, aceptar la idea del martirio, ponerse a sí mismos y los propios haberes a disposición de la comunidad de los creyentes,
proyectarse en un experiencia a la luz de la cual, por un cierto número de meses y quizá de años, se pondría el seguimiento de Cristo y la memoria del Cristo viviente en la tierra que había sido el teatro de su existencia terrena en el culmen de la propia experiencia». Zenit

  

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Durante el luminoso medioevo - En términos cuantitativos, las catedrales góticas son tan asombrosas como las Pirámides egipcias. Sólo en Francia, durante noventa años, desde 1180 a 1270, se vio la construcción de 80 catedrales y casi 500 abadías.

 

UNIVERSIDADES - La síntesis del saber teológico, filosófico y de otras ciencias realizada por las Universidades en los siglos XIII y XIV, en que se forma el Humanismo, es impensable sin el cristianismo.

 

Iglesia - entre 1200 y 1400 se fundaron en Europa 52 universidades, 29 de ellas a carácter «pontificias». Según orden de antigüedad, no en importancia, puesto que la de París fue la más destacada, las fechas de fundación parecen ser las siguientes: Palencia (1208-12), Oxford (1214), París (1215), Padua (1222), Nápoles (1224), Salamanca (1228), Toulouse (1229), Bolonia (1230). Valladolid fue fundada a mediados del S. XIII (1250).

 

Quién, sino la Iglesia, a través de los monasterios, salvó la ciencia de los clásicos y la transmitió para el futuro; quién creó las universidades, sino la Iglesia; quién fue mecenas del arte y de la mejor cultura de Europa, sino la Iglesia; quién lo sigue siendo.

 

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La fraternidad entre los cristianos no es simplemente un vago sentimiento y ni siquiera nace de una forma de indiferencia hacia la verdad. La fraternidad está fundada sobre la realidad sobrenatural del único bautismo, que nos incluye a todos en el único cuerpo de Cristo (cfr. 1 Cor 12,13; Gal 3, 28; Col 2,12).- S. S. Benedicto XVI – P. P.

 

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HECHOS HISTÓRICOS - Se perfilan así diversos interrogantes: ¿se puede hacer pesar sobre la conciencia actual una culpa vinculada a fenómenos históricos irrepetibles, como las cruzadas o la inquisición? ¿No es demasiado fácil juzgar a los protagonistas del pasado con la conciencia actual (como hacen escribas y fariseos, según Mt 23,29-32), como si la conciencia moral no se hallara situada en el tiempo? ¿Se puede acaso, por otra parte, negar que el juicio ético siempre tiene vigencia, por el simple hecho de que la verdad de Dios y sus exigencias morales siempre tienen valor? Cualquiera que sea la actitud a adoptar, ésta debe confrontarse con estos interrogantes y buscar respuestas que estén fundadas en la revelación y en su transmisión viva en la fe de la Iglesia. La cuestión prioritaria es, por tanto, la de esclarecer en qué medida las peticiones de perdón por las culpas del pasado, sobre todo cuando se dirigen a grupos humanos actuales, entran en el horizonte bíblico y teológico de la reconciliación con Dios y con el prójimo.  

 

La identificación de las culpas del pasado de las que enmendarse implica, ante todo, un correcto juicio histórico, que sea también en su raíz una valoración teológica. Es necesario preguntarse: ¿qué es lo que realmente ha sucedido?, ¿qué es exactamente lo que se ha dicho y hecho? Solamente cuando se ha ofrecido una respuesta adecuada a estos interrogantes, como fruto de un juicio histórico riguroso, podrá preguntarse si eso que ha sucedido, que se ha dicho o realizado, puede ser interpretado como conforme o disconforme con el Evangelio, y, en este último caso, si los hijos de la Iglesia que han actuado de tal modo habrían podido darse cuenta a partir del contexto en el que estaban actuando. Solamente cuando se llega a la certeza moral de que cuanto se ha hecho contra el Evangelio por algunos de los hijos de la Iglesia y en su nombre habría podido ser comprendido por ellos como tal, y en consecuencia evitado, puede tener sentido para la Iglesia de hoy hacer enmienda de culpas del pasado.

 

La relación entre «juicio histórico» y «juicio teológico» resulta, por tanto, compleja en la misma medida en que es necesaria y determinante. Se requiere, por ello, ponerla por obra evitando los desvaríos en un sentido y en otro: hay que evitar tanto una apologética que pretenda justificarlo todo, como una culpabilización indebida que se base en la atribución de responsabilidades insostenibles desde el punto de vista histórico. Juan Pablo II ha afirmado respecto a la valoración histórico-teológica de la actuación de la Inquisición: «El Magisterio eclesial no puede evidentemente proponerse la realización de un acto de naturaleza ética, como es la petición de perdón, sin haberse informado previamente de un modo exacto acerca de la situación de aquel tiempo. Ni siquiera puede tampoco apoyarse en las imágenes del pasado transmitidas por la opinión pública, pues se encuentran a menudo sobrecargadas por una emotividad pasional que impide una diagnosis serena y objetiva... Ésa es la razón por la que el primer paso debe consistir en interrogar a los historiadores, a los cuales no se les pide un juicio de naturaleza ética, que rebasaría el ámbito de sus competencias, sino que ofrezcan su ayuda para la reconstrucción más precisa posible de los acontecimientos, de las costumbres, de las mentalidades de entonces, a la luz del contexto histórico de la época» 

 

La interpretación de la historia

 

¿Cuáles son las condiciones de una correcta interpretación del pasado desde el punto de vista del conocimiento histórico? Para determinarlas hay que tener en cuenta la complejidad de la relación que existe entre el sujeto que interpreta y el pasado objeto de interpretación 65; en primer lugar se debe subrayar la recíproca extrañeza entre ambos. Eventos y palabras del pasado son ante todo «pasados»; en cuanto tales son irreductibles totalmente a las instancias actuales, pues poseen una densidad y una complejidad objetivas, que impiden su utilización únicamente en función de los intereses del presente. Hay que acercarse, por tanto, a ellos mediante una investigación histórico‑crítica, orientada a la utilización de todas las informaciones accesibles de cara a la reconstrucción del ambiente, de los modos de pensar, de los condicionamientos y del proceso vital en que se sitúan aquellos eventos y palabras, para cerciorarse así de los contenidos y los desafíos que, precisamente en su diversidad, plantean a nuestro presente.

 

En segundo lugar, entre el sujeto que interpreta y el objeto interpretado se debe reconocer una cierta copertenencia, sin la cual no podría existir ninguna conexión y ninguna comunicación entre pasado y presente; esta conexión comunicativa está fundada en el hecho de que todo ser humano, de ayer y de hoy, se sitúa en un complejo de relaciones históricas y necesita, para vivirlas, de una mediación lingüística, que siempre está históricamente determinada. ¡Todos pertenecemos a la historia! Poner de manifiesto la copertenencia entre el intérprete y el objeto de la interpretación, que debe ser alcanzado a través de las múltiples formas en las que el pasado ha dejado su testimonio (textos, monumentos, tradiciones...), significa juzgar si son correctas las posibles correspondencias y las eventuales dificultades de comunicación con el presente, puestas de relieve por la propia comprensión de las palabras o de los acontecimientos pasados; ello requiere tener en cuenta las cuestiones que motivan la investigación y su incidencia sobre las respuestas obtenidas, el contexto vital en que se actúa y la comunidad interpretadora, cuyo lenguaje se habla y a la cual se pretenda hablar. Con tal objetivo es necesario hacer refleja y consciente en el mayor grado posible la precomprensión, que de hecho se encuentra siempre incluida en cualquier interpretación, para medir y atemperar su incidencia real en el proceso interpretativo.

 

Finalmente, entre quien interpreta y el pasado objeto de interpretación se realiza, a través del esfuerzo cognoscitivo y valorativo, una ósmosis («fusión de horizontes»), en la que consiste propiamente la comprensión. En ella se expresa la que se considera inteligencia correcta de los eventos y de las palabras del pasado; lo que equivale a captar el significado que pueden tener para el intérprete y para su mundo. Gracias a este encuentro de mundos vitales, la comprensión del pasado se traduce en su aplicación al presente: el pasado es aprehendido en las potencialidades que descubre, en el estímulo que ofrece para modificar el presente; la memoria se vuelve capaz de suscitar nuevo futuro.

 

A una ósmosis fecunda con el pasado se accede merced al entrelazamiento de algunas operaciones hermenéuticas fundamentales, correspondientes a los momentos ya indicados de la extrañeza, de la copertenencia y de la comprensión verdadera y propia. Con relación a un «texto» del pasado, entendido en general como testimonio escrito, oral, monumental o figurativo, estas operaciones pueden ser expresadas del siguiente modo: «1) comprender el texto, 2) juzgar la corrección de la propia inteligencia del texto y 3) expresar la que se considera inteligencia correcta del texto» 66. Captar el testimonio del pasado quiere decir alcanzarlo del mejor modo posible en su objetividad, a través de todas las fuentes de que se pueda disponer; juzgar la corrección de la propia interpretación significa verificar con honestidad y rigor en qué medida pueda haber sido orientada, o en cualquier caso condicionada, por la precomprensión o por los posibles prejuicios del intérprete; expresar la interpretación obtenida significa hacer a los otros partícipes del diálogo establecido con el pasado, sea para verificar su relevancia, sea para exponerse a la confrontación con otras posibles interpretaciones.

 

Para que la Iglesia realice un adecuado examen de conciencia histórico delante de Dios, con vistas a la propia renovación interior y al crecimiento en la gracia y en la santidad, es necesario que sepa reconocer las «formas de antitestimonio y de escándalo» que se han presentado en su historia, en particular durante el último milenio. No es posible llevar a cabo una tarea semejante sin ser conscientes de su relevancia moral y espiritual. Ello exige la definición de algunos términos clave, además de la formulación de algunas precisiones necesarias en el plano ético. MM.

 

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Las cruzadas, entre el mérito y el mea culpa

Los historiadores hacen una relectura en el noveno centenario –

 

En coincidencia con el noveno centenario de la primera expedición a Tierra Santa (15 julio 1099), guiada por Godofredo de Bouillon y Raimundo de Tolosa, que se concluyó con la victoriosa conquista cristiana de Jerusalén, las páginas culturales de los diarios se han llenado de artículos, se han celebrado exposiciones y congresos de estudiosos para recordar este evento.

Como es bien conocido, el asunto de las Cruzadas es controvertido y una cierta publicidad ha utilizado siempre las Cruzadas para criticar ásperamente a la Iglesia católica. Una postura que se ha hecho común y que no ha tenido nunca en cuenta los resultados de las investigaciones históricas.

Aunque los medios de comunicación presionan para que los católicos, ante el Jubileo, carguen con todas las culpas, nuevos descubrimientos históricos demuestran que el asunto de las Cruzadas fue mucho más complejo de lo que se cree. El jesuita Carmelo Capizzi, profesor de Historia Medieval en la Pontificia Universidad Gregoriana, ha escrito un artículo en el último número de «Civiltà Cattolica» en el que sostiene que: «Muy lejos de haber sido inútiles o nefastas, las Cruzadas contribuyeron a crear situaciones históricas positivas, que desembocaron en procesos internacionales todavía abiertos y de vital importancia».


El artículo critica valoraciones «demasiado superficiales sobre el evento histórico» e invita a los estudiosos a acercarse a él libres de condicionamientos ideológicos. El padre Capizzi invita a «rescatar» a las Cruzadas de la que él considera historiografía de signo laicista y por tanto fuertemente condicionada. Hubo errores, admite el padre Capizzi, pero estos no justifican la condena de las Cruzadas que, en su opinión, se deben considerar como un factor de progreso social y cultural. «Se equivocan --concluye-- quienes atribuyen a la Cruzada finalidades que ésta no se propuso jamás como, por ejemplo, la propagación de la fe a mano armada».

El artículo de «Civiltà Cattolica» es compartido por el escritor católico Vittorio Messori, que ha declarado al «Corriere della Sera» que «se olvida que en Jerusalén, cuando llegaron los musulmanes, destruyeron todas las iglesias de la cristiandad, lo mismo que hicieron en el Norte de Africa, en Turquía y en la parte de España que ocuparon durante ochocientos años».

Para el historiador Franco Cardini, los equívocos sobre este problema nacen de una visión reductiva de la historia: «Se separa el hecho militar (la Cruzada) de un contexto profundamente denso y positivo». Para valorar mejor la situación, añade Cardini, «haría falta reinsertarla en su contexto histórico con lo que muchas polémicas no tendrían razón de ser». «Por otra parte --explica el historiador medievalista-- la palabra Cruzada es una expresión moderna que se usa sistemáticamente sólo desde el siglo XVIII. Hasta entonces había términos que definían al "cruzado" pero no existía la palabra abstracta. Esto significa que, hablando de Cruzadas desde el 1700 a hoy, se ha hecho toda una serie de generalizaciones engañosas».


Monseñor Rino Fisichella, obispo auxiliar de Roma y vicepresidente de la Comisión teológico-histórica del Jubileo, ha explicado a Radio Vaticana que «el tema de las Cruzadas es complejo. No estoy de acuerdo con quienes sólo hacen de las cruzadas una lectura religiosa o una guerra santa. No olvidemos que se trata de un fenómeno que abarca cerca de 200 años de historia y no se puede reducir todo a una sola lectura religiosa. El juicio sobre las Cruzadas debe ser complejo y global, de otro modo existe el riesgo de hacer una transposición de las concepciones y las conquistas que el pensamiento ha hecho hoy y llevarlas al pasado. Ante el Jubileo, es justo que tratemos de evaluar cuáles han sido, en los hechos de nuestra historia, los aspectos positivos que han llevado progreso, que han hecho madurar la conciencia y el comportamiento de algunos cristianos y los que han sido limitadores, que no han permitido dar una visión plena y profunda de la santidad de la Iglesia».

«Las Cruzadas --afirma monseñor Fisichella-- han sido presentadas en el pasado como un enfrentamiento entre Oriente y Occidente, para decir ver quién tenía razón y quién estaba equivocado, entre quién era más fuerte y quién era más débil. Pero hoy, a la luz de la historia, de otras conquistas de la humanidad, y de la mayor conciencia que la Iglesia tiene de su historia, creo que es mejor hablar de complementariedad. No es ya un enfrentamiento entre Oriente y Occidente sino la conciencia de que los dos mundos, las dos culturas, las dos realidades tienen que conocerse e integrarse mutuamente».

 

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El historiador Franco Cardini sale al paso de algunos errores

 

La polémica sobre las Cruzadas no se aplaca. Que en este año se celebre el 900 aniversario de la primera Cruzada se ha convertido a los ojos de una cierta publicística anticatólica un argumento para desacreditar a la Iglesia y sus enseñanzas.

Han aparecido artículos en los que las Cruzadas se describen como guerras santas, las masacres de los judíos que tuvieron lugar en aquella ocasión, como la antesala del holocausto. La Iglesia ha sido acusada de haber siempre tratado de eliminar a los adversarios en nombre de la ortodoxia. «La Repubblica», el segundo periódico por difusión en Italia, ha escrito que «los francos masacraron a setenta mil personas en una mezquita», lo que debería hacer suponer que la mezquita era tan grande como un moderno estadio de fútbol.

Para tratar de evitar tonterías y errores, el historiador Franco Cardini, profundo conocedor de los acontecimientos medievales, ha escrito un artículo en «Avvenire» de hoy con el título «Cruzadas, no guerras de religión».

El profesor Cardini explica que la interpretación de las Cruzadas como antecedentes de las guerras de religión y de las guerras ideológicas, ha sido sostenida en los ambientes iluministas. Se trata de una polémica ampliamente malentendida y de pretexto.


Según el profesor Cardini, «las Cruzadas no han sido nunca "guerras de religión", no han buscado nunca la conversión forzada o la supresión de los infieles. Los excesos y violencias realizados en el curso de las expediciones --que han existido y no se deben olvidar-- deben ser evaluados en el marco de la normal aunque dolorosa fenomenología de los hechos militares y siempre teniendo presente que alguna razón teológica los ha justificado. La Cruzada corresponde a un movimiento de peregrinación armado que se afirmó lentamente y se desarrolló en el tiempo --entre el siglo XI y el XIII-- que debe ser entendido insertándolo en el contexto del largo encuentro entre Cristiandad e Islam que ha producido resultados positivos culturales y económicos. ¿Cómo se justifica si no el dato de frecuentes amistades e incluso alianzas militares entre cristianos y musulmanes en la historia de las Cruzadas?».

Para confirmar sus tesis el profesor Cardini recuerda la contribución de San Bernardo de Claraval (1090-1153) que contra la caballería laica, como aquella del siglo XII formada por gente ávida, violenta y amoral, propuso la constitución de «una nueva caballería» al servicio de los pobres y de los peregrinos. La propuesta de San Bernardo era revolucionaria, una nueva caballería hecha de monjes que renunciase a toda forma de riqueza y de poder personal y que incluso en la guerra aprendiese que al enemigo se lo puede incluso matar, cuando no haya otra opción, pero que no se le debe odiar. De aquí la enseñanza de no odiar ni siquiera en la batalla.

La Cruzada entendida como «guerra santa» contra los musulmanes, también sería según Cardini una exageración. «En realidad --subraya el profesor-- lo que interesaba en las expediciones al servicio de los hermanos en Cristo, amenazados por los musulmanes, era la recuperación de la paz en Occidente y la puesta en marcha de la idea de socorro a los correligionarios lejanos. La Cruzada significaba reconciliarse con el adversario antes de partir, renunciar a la disputa y a la venganza, aceptar la idea del martirio, ponerse a sí mismos y los propios haberes a disposición de la comunidad de los creyentes, proyectarse en un experiencia a la luz de la cual, por un cierto número de meses y quizá de años, se pondría el seguimiento de Cristo y la memoria del Cristo viviente en la tierra que había sido el teatro de su existencia terrena en el culmen de la propia experiencia».

 

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Las cruzadas, entre la realidad y la leyenda negra

 

No se aplaca el debate sobre el significado de las Cruzadas. También porque la distancia de final de milenio entre el Occidente y el Islam evoca escenarios sugestivos.

Según el conocido escritor católico Vittorio Messori, sobre las Cruzadas ha sido contruida por los iluministas una «leyenda negra» «como arma de la guerra psicológica contra la Iglesia romana». Messori ha escrito en el «Corriere della Sera», el principal diario italiano, que «es, en efecto, en el siglo XVIII europeo cuando, completando la obra de la Reforma, se establece el rosario de las "infamias romanas", convertido en canónico».

«Por lo que se refiere a las Cruzadas, la propaganda anticatólica inventó incluso el nombre: igual que el término Edad Media, elegido por la historiografía "iluminada" para indicar el paréntesis de oscuridad y fanatismo entre los esplendores de la Antigüedad y los del Renacimiento. Por descontado que quienes, hace novecientos años, asaltaron Jerusalén, se habrían sorprendido bastante si alguno les hubiera dicho que estaban realizando lo que se llamaría "primera Cruzada". Aquello para ellos era itinerario, "peregrinación", recorrido, pasaje. Aquellos mismos «peregrinos armados» se habrían sorprendio aún más si hubieran previsto que les sería atribuida la intención de convertir a los "infieles" o de asegurar vías comerciales a Occidente o de crear "colonias" europeas en Medio Oriente...».

Messori revela que, lamentablemente, «en Occidente, la oscura invención "cruzada" ha acabado por apresar en el sentimiento de culpa a algunos hombres de la misma Iglesia, que no conocen como sucedieron de verdad las cosas». Además, explica Messori, «en Oriente, la leyenda se ha vuelto contra el entero Occidente: pagamos todos --y pagaremos todavía más-- las consecuencias, con el deseo de revancha de las multitudes musulmanas que piden venganza contra el «Gran Satanás». Que no es sólo Estados Unidos, sino la entera cristiandad; aquella, justo, de las "Cruzadas": ¿No son quizá los occidentales mismos quienes insisten en decir que ha sido una terrible, imperdonable agresión contra los píos, devotos, mansos seguidores del Corán?».

«Y sin embargo --revela el conocido escritor-- hay una pregunta que deberemos hacernos: en el marco más que milenario de las relaciones entre Cristiandad e Islam, ¿quién fue el agredido y quién el agresor? Cuando, en el 638, el califa Omar conquista Jerusalén, ésta era ya desde hacía más de tres siglos cristiana. Poco después, los seguidores del Profeta invaden y destruyen las gloriosas iglesias primero de Egipto y luego del norte de Africa, llevando a la extinción del cristianismo en los lugares que habían tenido obispos como San Agustín. Toca luego a España, a Sicilia, a Grecia, a la que luego se llamará Turquía y donde las comunidades fundadas por San Pablo mismo se convierten en cúmulos de ruinas. En 1453, tras siete siglos de asedio, capitula y es islamizada la misma Constantinopla, la segunda Roma. El rodillo islámico alcanza los Balcanes, y como por milagro es detenido y obligado a retroceder ante los muros de Viena. Si se execra justamente la masacre de Jerusalén en el 1099, no se debe olvidar a Mahoma II en 1480 en Otranto, simple ejemplo de un cortejo sangriento de sufrimientos».

Messori concluye su reflexión haciendo algunas preguntas: «Todavía hoy: ¿qué país musulmán reconoce a los otros que no sean los suyos, los derechos civiles o la libertad de culto? ¿Quién se indigna ante el genocidio de lo armenios ayer y de los sudaneses cristianos hoy? El mundo, según los devotos del Corán, ¿no está dividido en "territorio del Islam" y "territorio de la guerra", esto es, todos los lugares todavía no musulmanes que deben serlo, por las buenas o por las malas?».

«Un simple repaso a la historia --escribe Messori-- incluso en sus líneas generales, confirma una verdad evidente: una cristiandad en continua postura defensiva respecto a una agresión musulmana, desde los inicios hasta hoy (en Africa, por ejemplo, está en curso una ofensiva sangrienta para islamizar a las etnias que los sacrificios heroicos de generaciones de misioneros habían llevado al bautismo). Admitido --y probablemnte no concedido-- que alguno, en la historia, deba pedir excusas a otro ¿deberán ser quizá los católicos quienes se hagan perdonar por aquel acto de autodefensa, por aquel intento de tener al menos abierta la vía de la peregrinación a los lugares de Jesús que fue el ciclo de las Cruzadas?».

Agradecemos a www.conoze.com 2007

 

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SUCESOS - Es bueno valorar acontecimientos y hechos que han sucedido en el pasado, reflexionar sobre ellos, para caminar con los talentos de la historia como bastón de guía.

 

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Historia e Iglesia - Lo que tiene lejos a ciertas personas de la Iglesia institucional son, en la mayoría de las ocasiones, los defectos, las incoherencias, los errores de los líderes: inquisición, procesos, mal uso del poder y del dinero, escándalos. Todas cosas, lamentablemente, ciertas, si bien frecuentemente exageradas y contempladas fuera de todo contexto histórico. Los sacerdotes somos los primeros en darnos cuenta de nuestra miseria e incoherencia y en sufrirla.

Los ministros de la Iglesia son «elegidos entre los hombres» y están sujetos a las tentaciones y a las debilidades de todos. Jesús no intentó fundar una sociedad de perfectos. ¡El Hijo de Dios –decía el escritor escocés Bruce Marshall-- vino a este mundo y, como buen carpintero que se había hecho en la escuela de José, recogió los pedacitos de tablas más descoyuntados y nudosos que encontró y con ellos construyó una barca –la Iglesia-- que, a pesar de todo, resiste el mar desde hace dos mil años!

Hay una ventaja en los sacerdotes «revestidos de debilidad»: están más preparados para compadecer a los demás, para no sorprenderse de ningún pecado ni miseria, para ser, en resumen, misericordiosos, que es tal vez la cualidad más bella en un sacerdote. A lo mejor precisamente por esto Jesús puso al frente de los apóstoles a Simón Pedro, quien le había negado tres veces: para que aprendiera a perdonar «setenta veces siete».

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Los peregrinos al Santo Sepulcro, en el Liber peregrinationis, de Ricold de Montcroix. Biblioteca Nacional de París

 

La Iglesia "...no tiene miedo a la verdad que emerge de la historia y está dispuesta a reconocer equivocaciones allí donde se han verificado, sobre todo cuando se trata del respeto debido a las personas y a las comunidades. Pero es propensa a desconfiar de los juicios generalizados de absolución o de condena respecto a las diversas épocas históricas. Confía la investigación sobre el pasado a la paciente y honesta reconstrucción científica, libre de prejuicios de tipo confesional o ideológico, tanto por lo que respecta a las atribuciones de culpa que se le hacen como respecto a los daños que ella ha padecido". Juan Pablo II, discurso del 1 de Septiembre 1999

 

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Precisamente en cuanto cada acto humano pertenece a quien lo hace, cada conciencia individual y cada sociedad elige y actúa en el interior de un determinado horizonte de tiempo y espacio. Para comprender de verdad los actos humanos y los dinamismos a ellos unidos, deberemos entrar, por tanto, en el mundo propio de quienes los han realizado; solamente así podremos llegar a conocer sus motivaciones y sus principios morales. Y esto se afirma sin perjuicio de la solidaridad que vincula a los miembros de una específica comunidad en el discurrir del tiempo. MM.

 

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Historia y pasado - «La dominante cultura cínica de la amnesia se mueve en la abstracción de prescindir sistemáticamente del pasado, de la realidad, de la Historia y de la tradición, lo que le confiere empero un falso carácter innovador. Es una cultura neutral en la que está ausente la imaginación creadora. Ésta se suple, justamente, con el olvido o el rechazo de la realidad y de la tradición, para que parezca nuevo todo lo que produce. Y eso explica los absurdos proyectos y programas educativos vigentes, que parten del supuesto de que toda la cultura anterior carece de valor y debe ser desechada. Trátase de una inane y pervertida reproducción de la eterna polémica entre los antiguos y los modernos en la que el Estado como tal no solía tomar parte y que, por ende, impulsaba la cultura».

 

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Historia - I.- Los contemporáneos no tenemos ninguna culpa de los males acaecidos en la Historia, por la sencilla razón de que no existíamos.

II.- ¿Por qué, pues, debemos tener y alimentar resentimientos unos contra otros si no tenemos ninguna responsabilidad de lo acontecido en la Historia?

III.- Eliminados estos absurdos resentimientos, ¿por qué no ser amigos y así poder trabajar juntos para construir globalmente un mundo más solidario y gratificante para nuestros hijos y nosotros mismos?

IV.- Es fructuoso conocer la Historia lo más posible. Pero vemos que no podemos volverla hacia atrás. Vemos, también, que si la Historia hubiera sido distinta -mejor o peor-, el devenir habría sido diferente. Se habrían producido a lo largo de los tiempos otros encuentros, otros enlaces; habrían nacido otras personas, nosotros no. Ninguno de los que hoy tenemos el tesoro de existir, existiríamos. Esto no quiere insinuar en absoluto que los males desencadenados por nuestros antepasados no fueran realmente males. Los censuramos, repudiamos y no hemos de querer repetirlos.

La sorpresa de existir facilitará que los presentes nos esforcemos con alegría para arreglar las consecuencias actuales de los males anteriores a nosotros.

V.- Los seres humanos, por el mero hecho de existir -pudiendo no haber existido-, tenemos una relación fundamental: ser hermanos en la existencia. Si no existiéramos, no podríamos siquiera ser hermanos consanguíneos de nadie. Percibir esta fraternidad primordial en la existencia, nos hará más fácilmente solidarios al abrirnos a la sociedad.

VI.- Al organizar en la actualidad las nuevas estructuras sociales que se consideran oportunas para construir una sociedad más firme y en paz, es peligroso, muchas veces, basarlas sobre otras estructuras antiguas, aunque en su momento las vieran convenientes. Es más sólido fundamentar las nuevas estructuras sobre unidades geográficas humanas. Sin embargo, evitando el riesgo de que éstas se encierren en sí mismas, ya que ello desemboca, casi siempre, en desavenencias de toda índole y hasta en guerras.

VII.- El ser humano es libre, inteligente y capaz de amar. El amor no se puede obligar ni imponer, tampoco puede existir a ciegas sino con lucidez. Surge libre y claramente o no es auténtico. Siempre que coartemos la libertad de alguien o le privemos de la sabiduría, estaremos impidiendo que esta persona pueda amarnos. Por consiguiente, defender, favorecer, desarrollar la genuina libertad de los individuos -que entraña en sí misma una dimensión social corresponsable- así como su sabiduría, es propiciar el aprecio cordial entre las personas y, por tanto, poder edificar mejor la paz.

 

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Medieval - El único momento histórico en que Europa tuvo su unidad fue con la cristiandad medieval. Era la Europa católica. La cristianitas de la Europa medieval era la patria común. La reforma luterana destruyó todo esto, separó a los países y creó los nacionalismos.

Vittorio Messori; escritor, periodista, comentarista e investigador histórico. MMV.

 

Gracias a la Iglesia Católica, antes del 1300, había fundadas en Europa cuarenta y cuatro Universidades, en las que se forja un individuo especial dotado de cierta uniformidad: homo Scholasticus.

 

La Universidad y, de modo más amplio, la cultura universitaria constituyen una realidad de importancia decisiva. En su ámbito se juegan cuestiones vitales, profundas transformaciones culturales, de consecuencias desconcertantes, suscitan nuevos desafíos. La Iglesia no puede dejar de considerarlos en su misión de anunciar el Evangelio.

La Universidad es, en su mismo origen, una de las expresiones más significativas de la solicitud pastoral de la Iglesia. Su nacimiento está vinculado al desarrollo de escuelas establecidas en el medioevo por obispos de grandes sedes episcopales. Si las vicisitudes de la historia condujeron a la « Universitas magistrorum et scholarium » a ser cada vez más autónoma, la Iglesia continúa igualmente manteniendo aquel celo que dio origen a la institución.3 Efectivamente, la presencia de la Iglesia en la Universidad no es en modo alguno una tarea ajena a la misión de anunciar la fe. « La síntesis entre cultura y fe no es sólo una exigencia de la cultura, sino también de la fe... Una fe que no se hace cultura es una fe que no es plenamente acogida, enteramente pensada o fielmente vivida ».4 La fe que la Iglesia anuncia es una fides quaerens intellectum, que debe necesariamente impregnar la inteligencia del hombre y su corazón, ser pensada para ser vivida. La presencia eclesial no puede, pues, limitarse a una intervención cultural y científica. Tiene que ofrecer la posibilidad efectiva de un encuentro con Jesucristo.


Concretamente, la presencia y la misión de la Iglesia en la cultura universitaria revisten formas diversas y complementarias. Primeramente está la tarea de apoyar a los católicos comprometidos en la vida de la Universidad como profesores, estudiantes, investigadores o colaboradores. La Iglesia se preocupa luego por el anuncio del Evangelio a todos los que en el interior de la Universidad no lo conocen todavía y están dispuestos a acogerlo libremente. Su acción se traduce también en diálogo y colaboración sincera con todos aquellos miembros de la comunidad universitaria que estén interesados por la promoción cultural del hombre y el desarrollo cultural de los pueblos.

 

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"Europa tiene su base en la única fuerza que es capaz de aunar la herencia cultural helénica, el derecho romano y el avance de la Ciencia: el Cristianismo". Esta es la conclusión del historiador Luis Suárez, catedrático emérito de la Universidad Autónoma de Madrid. Suárez recuerda que el progreso europeo fue posible gracias al Cristianismo. En efecto, la creación de bibliotecas en territorio europeo por Isidoro de Sevilla, fueron impulsadas gracias a los padres de la Iglesia como Benito o Alejandro Magno, quienes consideraron que el progreso se basaba en el conocimiento, no en el atesoramiento de riquezas.

 Además, Suárez recordó que los derechos humanos no nacieron con la revolución francesa de 1789, sino que fueron inicialmente formulados por el Papa Clemente VI, quien, en 1346, pronunció por vez primera los derechos humanos de la libertad, la vida y la propiedad. En este contexto, negar las raíces cristianas de Europa, como pretende Francia y Bélgica, en el tratado constitucional parece un intento de construir una Europa de mercaderes, en lugar de una comunidad humana. "El término Europa fue inicialmente pronunciado por San Beda el Venerable en el siglo VII para referirse al territorio en el que el Cristianismo había llegado a arraigarse", concluye Suárez.  2004-02-27 – Agradecemos a Hispanidad.com

 

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Durante el luminoso medioevo - En términos cuantitativos, las catedrales góticas son tan asombrosas como las Pirámides egipcias. Sólo en Francia, durante noventa años, desde 1180 a 1270, se vio la construcción de 80 catedrales y casi 500 abadías.

 

UNIVERSIDADES - La síntesis del saber teológico, filosófico y de otras ciencias realizada por las Universidades en los siglos XIII y XIV, en que se forma el Humanismo, es impensable sin el cristianismo.

 

Entre 1200 y 1400 se fundaron en Europa 52 universidades, 29 de ellas pontificias. Según orden de antigüedad, no en importancia, puesto que la de París fue la más destacada, las fechas de fundación parecen ser las siguientes: Palencia (1208-12), Oxford (1214), París (1215), Padua (1222), Nápoles (1224), Salamanca (1228), Toulouse (1229), Bolonia (1230). Valladolid fue fundada a mediados del S. XIII (1250).

 

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Islam… ese acoso que no cesa. Que el Islam moderado alienta opciones que no sean el odio contra el quehacer de Occidente está por ahora fuera de toda duda, pero al solaparse el terrorismo islamista y cierta complicidad del Islam europeo emergen incertidumbres hondas y desesperanzadas... 2005-07-

 

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Libertad - “Vivir es sentirse fatalmente forzado a ejercitar la libertad, a decidir lo que vamos a ser en este mundo. Ni un solo instante se deja descansar nuestra actividad de decisión. Incluso, cuando desesperados nos abandonamos a lo que quiera venir, hemos decidido no decidir.” [Don José Ortega y Gasset].

 

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EN SAN PABLO, POR EJEMPLO, DICE “LA MUJER DEBE LLEVAR SOBRE LA CABEZA UNA SEÑAL DE DEPENDENCIA”...SE DEBE TRADUCIR COMO “UNA SEÑAL DE SU AUTORIDAD” PUESTO QUE LA PALABRA ORIGINAL GRIEGA, “NO TIENE EL SENTIDO NEGATIVO DE SUBORDINACIÓN SINO EL SENTIDO POSITIVO DE LA DIGNIDAD. [nada en común ni de lejos, con el concepto de sumisión mahometano].

 

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ISRAEL: hay palestinos en el parlamento israelí, ¿Quién considera posible la inversa? MMVI

 

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Tras la batalla de Hattin, Saladino ordenó el degollamiento de todos los templarios y hospitalarios.

 

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Y como los lectores no tienen por qué saber qué significa dhimmí, se lo aclaramos de modo breve y bondadoso: discriminación leonina en materia jurídica, económica y de comportamientos colectivos; negación de igualdad ante la ley y ante el estado y sometimiento sistemático a un régimen de salvajes vejaciones arbitrarias institucionalizadas; dar por buenas, en suma, sinrazones como la reciente prohibición en Irán (ABC, 20-12-2005) de la música occidental («Es necesario erradicar la música indecente y occidental de la Radiodifusión de Irán»).

 

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A inicios del siglo VIII, España era un crisol de las culturas clásica, cristiana y germánica, y se hallaba situada a la cabeza de Occidente.
La invasión islámica aniquiló totalmente esa cultura e implicó un trastorno social sin precedentes.

 

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“Falta coraje en el islam para decir que la raíz de la violencia está en unir política y religión” Samir Khalil / Jesuita egipcio, doctor teólgo e islamólogo. 2005

 

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1526 Destrucción de la mayor parte de la biblioteca de Matías Corvino, rey de Hungría, en la conquista de Buda por los turcos musulmanes.

 

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Por ley mahometana, todos los seguidores de Mahoma que se conviertan al cristianismo u otra religión, deben ser condenados a muerte, ¡obligatoriamente!

 

La idea de conquista mahometana forzosamente lleva a los musulmanes a un revanchismo oscuro, primitivo y revulsivo - anclado en formas trogloditas. MMVI.

 

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Cruzadas - «El Corán es la Constitución y el Islam la solución», gritaban en El Cairo [2005], los extremistas, pero el lema suena igual en las medinas y los zocos de cualquier país de confesión musulmana, desde Marruecos, hasta Indonesia. La pujanza de los integristas es evidente en todas partes.

Parece claro que esta situación refleja sobre todo una crisis grave de identidad en las sociedades musulmanas, alienadas por siglos de opresión y sometidas a la oscuridad de la ignorancia por parte de sus dirigentes mahometanos. Occidente puede reprocharse el no haber reaccionado antes y haber aceptado por su propia conveniencia la existencia de esas dictaduras que proporcionaban una estabilidad aparente, en lugar de favorecer la germinación de sociedades libres y abiertas entre los árabes. Ahora el problema se ha hecho evidente y no solamente plantea graves incógnitas sobre la estabilidad de países clave para nuestros intereses como es el caso de Egipto sino que ya no podemos ignorar que tarde o temprano llegará a los colectivos musulmanes que viven entre nosotros, a no ser que decidamos tomar las medidas adecuadas. Y la más importante debería ser volver a reafirmar las virtudes y los valores absolutos de la libertad y la democracia por encima de las corrientes laxas del multiculturalismo. Debemos demostrar que creemos firmemente en la superioridad de nuestros propios valores políticos y sociales y volver a hacerlos atractivos para el resto de mundo, como ha sido durante siglos. Debemos tener claro que los demócratas estamos obligados a ser tolerantes, pero sólo con los que no sean en sí mismos intolerantes, como son los partidarios de la teocracia medieval de inspiración islamista. MMVI.

 

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Una escasa aportación islámica - El islam español aguantó tanto tiempo en la península, en opinión de Vidal, por las sucesivas invasiones de oleadas integristas procedentes del Norte de África como almoravides, almohades y benimerines y, cuando surgieron los reinos de taifas, los dirigentes fueron no sólo árabes, sino andalusíes, bereberes y eslabones.

La aportación de los árabes a la cultura española fue escasa, según el autor, pues los baños, las casas y los regadíos son de origen romano y también los elementos arquitectónicos como el arco de herradura.

Dr. César VIDAL.Dr. en historia antigua,filósofo, teólogo protestante. 2004-04-09

 

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Escuelas cristianas en Tierra Santa año 1518:

laboratorios de diálogo - historia

 

Las primeras escuelas a la sombra de los santuarios
La Iglesia Católica había confiado a los franciscanos, en 1342, la custodia de los Santos Lugares. Los frailes comprenden muy pronto que éstos tendrían poca importancia sin las "piedras vivas" que son los cristianos. Surgen así, junto a los Santuarios, las parroquias y las escuelas. Por eso en la primera mitad del siglo XVI, quizás hacia el 1518, los franciscanos abren las primeras escuelas en Tierra Santa, en Belén primero y en Jerusalén después; en el siglo siguiente se abrirá otra en Nazaret.

Por Fray Artemio Vítores, ofm, vicario de la Custodia de los Santos Lugares

JERUSALÉN, sábado, 23 octubre 2004- Publicamos de Fray Artemio Vítores, ofm, vicario de la Custodia de los Santos Lugares, que será publicado en «Tierra Santa», revista bimestral de la Custodia franciscana.


"Convivencia" entre cristianos y musulmanes es una de las expresiones que más abunda en nuestro vocabulario moderno. A ella están unidas otras: "respeto, tolerancia y diálogo". A veces estos términos pierden su fuerza cuando se encuentran enfrentados a problemas reales: la prohibición del "chador" o velo islámico en las escuelas públicas francesas, la tensión causada por los atentados de los grupos fundamentalistas islámicos, la polémica ocasionada por la supuesta obligatoriedad de la clase de religión en las escuelas españolas y, más en general, la discusión la entorno al "choque de civilizaciones".

Esta situación ambivalente, conduce a algunos interrogantes fundamentales: ¿Qué educación hay que dar en las escuelas para que los seguidores de las diversas religiones se puedan integrar en la sociedad, sin que ello suponga la pérdida de su identidad, sobre todo religiosa? ¿Cómo respetar y hacer respetar los derechos fundamentales de todos, incluido el de la libertad religiosa?

A las escuelas cristianas, especialmente católicas, de Tierra Santa, acuden estudiantes de otras religiones, especialmente musulmanes. ¿Cómo se integran los no-cristianos en una institución cristiana? Presentamos aquí la experiencia educativa de los franciscanos de Tierra Santa. La razón de esta elección es sencilla: los franciscanos, por su historia e iniciativas, han sido durante muchos siglos los pioneros en éste y otros campos. Lo decía Juan Pablo II, en su Carta con motivo del 150º aniversario de la restauración del Patriarcado Latino de Jerusalén (1847-1997): los hijos de San Francisco, gracias a su sacrificio, entrega y oración, "han puesto las bases sólidas de las múltiples actividades parroquiales, educativas y caritativas que existen actualmente en la diócesis patriarcal". Es verdad que se trata de escuelas privadas y el contexto socio político es muy diverso, pero la historia siempre enseña algo.

El camino franciscano hacia una cultura para todos
Si exceptuamos la época de Solimán el Magnífico, el Imperio otomano y, más precisamente, su dominio sobre el Medio Oriente (1517-1917), fue nefasto en todos los campos. Fueron cuatro siglos en los que el afán recaudador de los gobernadores turcos no tenía límites. Su única preocupación era enriquecerse a toda costa, sin dar nada en cambio a favor de sus súbditos. El país llegó a niveles ínfimos de pobreza, de modo que la población disminuyó considerablemente. Para entender esta posición antisocial se puede citar la respuesta que dio un notable de Jerusalén a algunos visitantes occidentales que se lamentaban, entre otras cosas, del mal estado de las calles, y del poco interés por poner algún remedio. La respuesta fue: "si tengo dinero, lo empleo en comprarme una casa, un esclavo, un diamante, una hermosa yegua o una mujer". Los franciscanos tienen experiencias muy amargas en lo que se refiere a los Santuarios y la sed desmesurada de dinero de las autoridades turcas.

La falta de preocupación por el bienestar de la población local se manifestó en su total desinterés por la cultura y por la educación. Según los viajeros que visitaron Jerusalén, en 1830, sólo un 3% de la población sabían leer y escribir. Aunque quizás sea exagerada esa afirmación, lo cierto es que no se conocen escuelas del Gobierno hasta el 1892; es verdad que hubo algunas escuelas ligadas a las mezquitas, pero con pocos alumnos y la enseñanza se centraba sobre todo en el estudio del Corán.

Las primeras escuelas a la sombra de los santuarios
La Iglesia Católica había confiado a los franciscanos, en 1342, la custodia de los Santos Lugares. Los frailes comprenden muy pronto que éstos tendrían poca importancia sin las "piedras vivas" que son los cristianos. Surgen así, junto a los Santuarios, las parroquias y las escuelas. Por eso en la primera mitad del siglo XVI, quizás hacia el 1518, los franciscanos abren las primeras escuelas en Tierra Santa, en Belén primero y en Jerusalén después; en el siglo siguiente se abrirá otra en Nazaret.

En estas escuelas, muy modestas y que se pueden llamar escuelas parroquiales, además de dar a los chicos una enseñanza primaria y los primeros rudimentos de la religión, se impartían lenguas, en especial el italiano y el francés, y posteriormente el turco y el inglés, además del árabe. La finalidad de la enseñanza de lenguas extranjeras no se basaba en criterios colonialistas, sino que tenía un carácter eminentemente social. Durante el período de la dominación otomana, los no-turcos, en especial los cristianos, estaban excluidos de las altas funciones del Estado y de otras ocupaciones, no podían tener propiedades y estaban obligados a pagar fuertes tributos. Para los cristianos era fundamental el estudio de las lenguas extranjeras para trabajar como intérpretes o como guías de peregrinos. Se creó así un grupo de cristianos cualificados que hizo posible también su supervivencia en circunstancias tan duras. No fue una época fácil para las escuelas, ya que los avatares políticos y la penuria económica de los franciscanos, hacían difícil cualquier proyecto. La enseñanza era gratuita y los frailes daban de comer a los niños, a mediodía. En este contexto social hay que destacar la creación en Jerusalén, en 1740, de una escuela de "Artes y Oficios", para que los cristianos pudieran ganarse la vida y sobrevivir con un trabajo digno.

Las escuelas y la conservación del cristianismo en Tierra Santa
El grupo más numeroso de la pequeña comunidad árabe cristiana de Tierra Santa eran los griegos ortodoxos. Éstos, al igual que los católicos, tenían muchas dificultades para sobrevivir en el imperio turco; a veces sólo les quedaban dos opciones: convertirse al Islam o emigrar. Los franciscanos se preocuparon también de mantener esa presencia cristiana. Y para esto era importante la escuela. Por eso, a partir de finales del siglo XVII, las escuelas de los frailes acogen también jóvenes ortodoxos. Es una prueba más del carácter universalista de los franciscanos, como se desprende de una decisión tomada el 20 de febrero de 1809 por el Consejo de Custodia de Tierra Santa: se permite la presencia de estudiantes griegos ortodoxos en las escuelas de los franciscanos, sin que tengan que abrazar la fe católica. Sólo se les exigían dos condiciones: el consentimiento de los padres y el respeto del reglamento de la escuela. Puede parecer hoy una decisión del todo normal, pero no lo era hace dos siglos. Hay que tener en cuenta que los griegos ortodoxos, quienes, según los testimonios antiguos, no tenían como preocupación fundamental la educación de los jóvenes cristianos locales, abren su primera escuela en Jerusalén sólo en 1842; y lo mismo se puede decir de los armenios ortodoxos, cuya escuela parece que ya existía en 1846.

La educación de la mujer
A partir del 1840 soplan nuevos aires de libertad en todos los territorios controlados por el Imperio turco, debido quizás a la debilidad del mismo Imperio. El Sultán Abdul Hamid promulga una constitución en la que concede amplias libertades en el campo de la educación. Los franciscanos aprovechan la ocasión para abrir nuevas escuelas no sólo en Tierra Santa, sino también en los demás países donde trabajaban: Siria, Líbano, Egipto, etc. Los frailes dan además otro paso importante: la creación de la imprenta franciscana de Jerusalén, en 1847. No fue tarea fácil, no sólo por las dificultades económicas (solucionadas gracias a la ayuda de Austria), sino sobre todo por la oposición del gobierno turco que desconfiaba de los frailes en lo que se refiere a la educación y a la cultura, prefiriendo que sus súbditos vegetasen en la ignorancia. La imprenta no sólo publicaba libros religiosos (el primer libro impreso fue un Catecismo, en árabe e italiano; fue la primera obra impresa en árabe en Palestina) y de texto, sino que ha tenido una importancia decisiva en la elevación cultural de la población árabe de Tierra Santa y, se puede decir, en la conservación de la misma lengua árabe.

En este contexto, los franciscanos ven la posibilidad de que las mujeres accedan también a la educación. En 1841 se abre la primera escuela para niñas en Jerusalén; un año más tarde se abrirá otra en Belén y en los años siguientes se irán abriendo escuelas en los lugares principales en los que trabajan los franciscanos (Beit Sahur en 1844, Acre en 1846, etc.), según el principio de que en todos los lugares tiene que haber una escuela para niños y otra para niñas, siguiendo en esto las instrucciones enviadas por carta por el Papa Pío IX en 1846. En 1856 los franciscanos crean dos orfanatos en Jerusalén, uno para niños y otro para niñas.

Para dirigir las escuelas femeninas los frailes recurren a algunas comunidades religiosas, entre ellas las hermanas de San José y las Franciscanas del Corazón Inmaculado de María. Los hijos de San Francisco se enfrentan a un nuevo reto: la extensión de la cultura a la mujer, que no debió ser fácil en el contexto de Oriente Medio y dada la posición de la mujer en la cultura no sólo musulmana, sino también judía. De hecho, la primera escuela para niñas abierta en Jerusalén por los griegos ortodoxos es del 1862, mientras que los armenios parece que ya la habían abierto en 1846; tras varios intentos, frustrados sobre todo por la oposición de los judíos radicales, sólo en 1864 se abre la primera escuela judía para niñas, y el Gobierno turco no la abrirá hasta el 1892. El proceso de emancipación de la mujer será muy largo en el mundo árabe y, en algunos campos, no ha hecho más que comenzar. Los franciscanos entienden que las religiones y las culturas deben reconocer la dignidad de la mujer y sus derechos inalienables dentro de la sociedad. Y ello no es posible sin la cultura.

En el proceso de integración de la mujer en el mundo de la cultura faltaba otro paso: las escuelas mixtas. Esto en Oriente es relativamente nuevo, pues sólo hace unos 25 años se ha iniciado en las escuelas privadas la educación mixta de chicos y chicas. Las reticencias fueron al principio muy difíciles de superar. Hoy se ha extendido a muchas escuelas, ya que cada vez se aprecia más la necesidad de recibir una educación más abierta. Y, se puede decir, que los padres prefieren que sus hijas estudien en las escuelas cristianas, pues así se sienten más seguros de ellas; y por eso, en dichas escuelas, las chicas son más numerosas: 19.413 chicas y 18.012 chicos.

Las escuelas: un servicio para todos
Las raíces de la presencia franciscana en Tierra Santa se remontan al encuentro histórico de San Francisco -"hombre de paz y artífice de la reconciliación" entre los hombres y los pueblos - con el Sultán Abdel El Kamel, en 1219, en Egipto. Fruto de ello son las recomendaciones que da a sus frailes en la Primera Regla del 1223: los hermanos que van entre los musulmanes no hagan peleas ni disputas y estén al servicio de todos. Los franciscanos a lo largo de casi 8 siglos han vivido en medio de los musulmanes en un clima de respeto mutuo y en coexistencia pacífica. Por eso, a pesar de las dificultades, los "frailes de la cuerda", como los llamaban, se ganaron el respeto de los musulmanes y de la población en general.

En los primeros años del siglo XX los franciscanos dan un paso muy importante en su visión universalista de la educación: aceptan en sus escuelas a judíos y musulmanes. No fue un paso fácil, ya que, sobre todo al principio, hubo gran oposición por parte del Gobierno turco y otros grupos radicales por miedo a que las escuelas sirvieran como centros de proselitismo. De todos modos, poco a poco, fue creciendo el número de alumnos no cristianos en las escuelas cristianas. La presencia del alumnado judío no ha sido muy extensa en el tiempo: sólo unos 20 años; pero ha tenido su importancia, ya que muchos alumnos judíos han estudiado en el "Terra Sancta Collage", un colegio – no ya una escuela – considerado como uno de los centros educativos más importante del Medio Oriente, con 450 alumnos. Por desgracia la primera guerra árabe – israelí del 1948 apagó todas las esperanzas que el Colegio de Tierra Santa había alumbrado, ya que tuvo que cerrar sus puertas a causa de la división de Jerusalén. Con todo, quizás después de muchos siglos, en el Colegio estudiaron juntos cristianos, judíos y musulmanes en un clima de tolerancia y de armonía. La presencia de estudiantes judíos ha desaparecido de las escuelas de los franciscanos, aunque suele haber algunos profesores judíos. No ha sucedido lo mismo con el alumnado musulmán, cuyo número ha aumentado considerablemente en los colegios dirigidos por los franciscanos y en otros colegios cristianos de Tierra Santa.

Las escuelas cristianas en el siglo XXI
A finales del siglo XIX comienza a crecer la población de Jerusalén y de toda Tierra Santa y, como consecuencia, se abren nuevas escuelas, tanto privadas como públicas. Además pasaron ya los siglos en los que los gobiernos consideraban la educación como algo sin interés. En el siglo XXI, no sólo el gobierno israelí, sino también el gobierno de la Autoridad Palestina ven en la educación un elemento esencial en su política. De hecho, según las estadísticas, unos 2.250.000 niños se encuentran escolarizados, de los cuales 1.200.000 en las escuelas de Israel y un poco más de un millón en las de Palestina.

Hoy los cristianos representan apenas un 2% de la población de Tierra Santa. Son sólo una gota en el agua de este inmenso océano. En este contexto es lógica la pregunta: ¿tienen sentido las escuelas cristianas, si ellas acogen apenas un 4% del alumnado de Tierra Santa? Según datos oficiales, en Israel hay 17 escuelas católicas con 21.671 alumnos – en todo el proceso educativo hasta la universidad -, de los cuales 13.576 (62,6%) son cristianos y 8.095 (37,4%) musulmanes. En Palestina hay 18 escuelas católicas con 15.764 estudiantes, de los cuales 7.271 (46.1%) son cristianos y 8.493 (53.9%) musulmanes. En toda Tierra Santa hay 15 jardines de infancia con unos 800 niños y niñas, en gran parte musulmanes. Hay también algunas escuelas dirigidas por los griegos ortodoxos, armenios, coptos y anglicanos, aunque con un número mucho menor de alumnos en comparación con las escuelas católicas. En las escuelas que dirigen los franciscanos de Tierra Santa estudian actualmente 10.600 alumnos, la mitad del alumnado que había hace unos años, ya que, en 1967, 7 escuelas con 3.495 estudiantes, fueron nacionalizadas por Siria y, en 1992, la Custodia pasó a la Provincia Franciscana de Egipto ocho escuelas con unos 7.000 alumnos.

¿Qué papel tienen hoy las escuelas cristianas, y más concretamente las escuelas dirigidas por los franciscanos? ¿Qué pueden aportar al bien de la sociedad que las otras no ofrezcan? En los últimos siglos habían aportado un valor incuestionable: acercar la cultura a todos, universalizarla. Hoy la respuesta no puede ser otra que ésta: potenciar el bien de la persona, de todas las personas, sin tener en cuenta su condición social, su sexo o su religión. Es el universalismo en la cultura o lo que San Francisco había recomendado a sus frailes: "estar al servicio de todos". Por eso, los Estatutos de la Custodia de Tierra Santa recomiendan a los frailes que "con los seguidores del Islam se busquen los espacios para defender y promover juntos, para todos los hombres, la justicia social, los principios morales, la paz y la libertad, resaltando algunos valores comunes con el Islam, como son la oración y la limosna" (Estatuto sobre el Ecumenismo, art. 10). La escuela es, sin lugar a dudas, el lugar más apropiado.

Escuelas para los más pobres
Las escuelas privadas de Tierra Santa no son, en general, una fuente de ganancias; son más bien una ruina, al menos en algunas zonas. El Gobierno israelí financia en torno al 46% de los gastos de las escuelas elementales, y hasta más de un 80% en las secundarias, según las características de las escuelas; esto vale también para las escuelas privadas. La Autoridad Palestina financia las escuelas públicas, pero no las privadas. Éstas deben sostenerse con la aportación de las cuotas de los alumnos. A veces, la situación de las escuelas privadas es dramática. Y no sólo en estos años de "Intifada", durante los cuales la mayor parte de los padres no tienen dinero para pagar los gastos escolares, al no recibir ningún salario durante varios años, sino también en los años que había más bonanza económica. El saldo pasivo de las escuelas de los franciscanos de Tierra Santa – sin contar las posibles construcciones o reparaciones - representa casi un millón de dólares al año. Por eso se comprende la angustia que atenaza continuamente a las religiosas Hijas del Calvario que dirigen el Colegio Español "Virgen del Pilar" – que acoge quizás a las niñas más pobres de Jerusalén -, pues no saben cómo pagarán a los profesores al final del mes o si les quedará algo para comer ellas, ya que no tienen ninguna ayuda oficial ni siquiera del Gobierno español.

Con todo, una de las finalidades esenciales de las escuelas de Tierra Santa es la atención especial a los pobres, "la opción por los pobres" que diríamos hoy. Es precisamente en la solidaridad y en el servicio hacia los pobres donde se manifiesta de un modo más claro el testimonio de la vida franciscana. De hecho, en las escuelas de los frailes un 30% de los estudiantes no pagan. Hoy este servicio social es absolutamente necesario: es, juntamente con la construcción de casas para los cristianos y darles un trabajo digno, el único camino para evitar que emigren de Tierra Santa.

Además, los franciscanos, conscientes de la importancia de la educación superior universitaria, hemos abierto una vía más de ayuda a los jóvenes palestinos más pobres. En la actualidad la Custodia dedica cada año 307.000 $ USA. en becas para que 302 estudiantes completen su formación en las universidades de Oriente Medio. De esta manera también se favorece que en un futuro vivan y trabajen en la región.

La formación religiosa en las escuelas
Las escuelas públicas que existen en Tierra Santa, tanto judías como musulmanas, ponen el acento en la educación religiosa, ya que la religión en Oriente es un factor determinante. Es difícil separar religión y estado. En este contexto, las escuelas judías imparten educación religiosa a los judíos y, si hay en ellas alumnos musulmanes, también dan clases de religión islámica y es optativa alguna clase de religión cristiana. Por el contrario, y en general, las escuelas musulmanas, tanto de Palestina como de los demás países árabes, dan sólo educación religiosa musulmana, que tiene más de profesión de fe en el Islam que de mera cultura religiosa, y la materia de religión es evaluable para conseguir el diploma.

Los cristianos que viven en zonas donde no hay escuelas cristianas, tiene que asistir a escuelas musulmanas y se ve sometidos a presiones intolerables a nivel religioso. Como consecuencia, si un cristiano quiere recibir una formación religiosa tiene que acudir a una escuela cristiana. Hay, pues, una gran diferencia entre las escuelas cristianas y las musulmanas: sólo en las primeras se da la educación religiosa a todos los alumnos según su confesión, reconociendo así el derecho de cada persona a fortalecer su propia fe y a libertad religiosa. Aunque sólo fuera para hacer realidad el derecho de cada uno a su propia formación religiosa, tendrían sentido las escuelas privadas cristianas. Es también un modo de salvaguardar la identidad religiosa de los cristianos.

La convivencia real en los colegios entre cristianos y musulmanes
Las escuelas católicas tienen como finalidad principal la educación humana y cristiana de la juventud. Pero, al mismo tiempo, acogen en su seno no sólo a cristianos no-católicos, sino también a los no-cristianos, concretamente a los musulmanes. Actualmente su presencia representa un 40% del total del alumnado. Hay algunas escuelas, por ejemplo la del Hortus Conclusus, cerca de Belén, que tiene el 100% de musulmanes, o la de las Misioneras de la Caridad de la Madre Teresa en Gaza, que llega a un 98,1%. Entre las escuelas franciscanas, la de Jericó se acerca al 90%. La Escuela Española "Virgen del Pilar" tiene un 77,1% de chicas musulmanas. Los centros dirigidos por los ortodoxos acogen a un 85% de musulmanes y el de los Anglicanos a un 95%.

Como escuelas, tienen pues dos aspectos fundamentales: siguen los programas de educación según las directrices de la Autoridad civil del país en el que están ubicadas y, por otra parte, imparten una educación específica católica. ¿Cómo se integran lo que no son católicos y, en modo particular, los no-cristianos en este proyecto general?

Los franciscanos, desde el 1809, habían fijado las normas fundamentales para que la integración fuese real: respeto por parte de la escuela del derecho del alumno a su propia fe; respeto por parte del alumno al reglamento de la escuela. Estas condiciones valen para todos y deben ser aceptadas, por escrito, por los padres del alumno cuando éste inicia su andadura escolástica.

Respeto a la propia fe del alumno
El problema se presenta sobre todo con los musulmanes. La respuesta de las escuelas es la siguiente: la educación a la fe, o la clase de religión, vale lo mismo para un cristiano que para un musulmán. Y así, cuando los cristianos tienen sus horas de religión, en ese mismo momento un profesor musulmán enseña la religión islámica a sus alumnos. Esto no es nuevo para los franciscanos, ya que habían comenzado en Jerusalén en el curso 1957/58 para la zona Palestina (en 1964 se extendió a todas las escuelas, en parte por la imposición del gobierno jordano) y en el año en 1961 en la escuela de Acre para la zona de Israel, adelantándose así a la visión sobre la libertad religiosa que propugnaba el Concilio Vaticano II.

Es verdad que en los colegios suele haber una capilla para celebrar misa y otros actos de culto, y no hay una mezquita, pero ésta es sólo una medida de prudencia, ya que la construcción de una mezquita dentro de la escuela implicaría perder la propiedad. Una mezquita es un lugar sagrado y, en este caso y según la mentalidad musulmana, ella eclipsaría todas las demás actividades de la escuela.

Respeto al reglamento de la escuela cristiana
Una escuela cristiana tiene sus símbolos propios: crucifijo en las aulas, oración al comienzo del día, uniforme propio que puede incluir un escudo donde aparece la cruz de Tierra santa, etc. ¿Cómo se adapta un musulmán a estas particularidades cristianas? Resaltamos aquí dos aspectos que pueden resultar más impactantes: la oración del Padre Nuestro o la prohibición del "chador" o velo islámico.

En cuanto a la oración al comienzo de las lecciones, el alumno musulmán queda en respetuoso silencio o reza una oración propia de los musulmanes. Según los testimonios recogidos, los chicos y chicas musulmanas muestran mucho respeto. No olvidemos que uno de los grandes valores del Islam es la oración. Lo ideal sería que se usara una oración válida para cristianos y musulmanes. Algunos colegios ya han pensado en esta fórmula.

Puede parece más complicado la prohibición de usar el "chador" o velo islámico en las escuelas cristianas. A este problema, tal vez por la polémica de estos últimos años en Francia, se da más realce de lo que en realidad tiene. De hecho, en Jerusalén, era raro ver a una mujer musulmana con el "chador" en los años 70. Debido a la influencia de Arabia Saudita y de los grupos radicales islámicos, especialmente después del triunfo de la revolución islámica en Irán (1978-79), el velo comienza a ser un atuendo obligatorio y religioso sólo a partir de los años 80 y ahora se ha convertido en un signo de identidad islámico. Es probablemente también una reacción al mundo occidental y en especial a la ocupación israelí de los territorios de Palestina. ¿Cómo llevan las musulmanas y sus familias la imposición de no usar el velo? En general lo aceptan sin grandes problemas, quizás porque las chicas que van a las escuelas cristianas provienen de familias más liberales o porque comprenden que si no lo hacen, no pueden ir a esa escuela.

La educación en la tolerancia
Un siglo de convivencia entre cristianos y musulmanes en las escuelas de los franciscanos – sin olvidar los años de la presencia judía – nos lleva a hacer una primera constatación: es posible una convivencia real entre cristianos y musulmanes en las difícil situación de Tierra Santa.

Los testimonios de los alumnos que han convivido juntos en las escuelas ponen de manifiesto que se crea un no sólo una convivencia real y un respeto mutuo, sino que es normal la amistad entre alumnos cristianos y musulmanes. Es verdad que pueden influir otros sentimientos, como son la camaradería, tener la misma lengua y quizás los mismos sentimientos nacionalistas palestinos. Pero también es verdad que la religión no es, en este caso, un motivo de separación. Al contrario: la convivencia se prolonga también en la universidad. De hecho, los estudiantes que han convivido juntos en las escuelas cristianas, siguen siendo respetuosos y tolerantes en la universidad; los musulmanes que no han vivido con los cristianos, en general no están abiertos a la tolerancia y al diálogo con ellos. Se lo decía Juan Pablo II a los laicos reunidos en Beirut, el 30 de mayo de 1997: "compartir el trabajo, habitar en los mismos barrios, vivir una solidaridad sencilla y sincera: son aspectos, de la vida común que pueden, sin lugar a dudas, reforzar el conocimiento recíproco, la amistad, la comprensión mutua y el respeto de la libertad de conciencia y de religión".

Las escuelas cristianas son pues un modo concreto para que los cristianos, los musulmanes, y posiblemente también los judíos, puedan vivir juntos, respetándose mutuamente. La educación a la comprensión recíproca es el mejor modo de aceptar las diferencias y que sea posible la convivencia aun con esas diferencias. La escuela se convierte así en uno de los lugares del diálogo interreligioso de los creyentes de las grandes religiones monoteístas. Es, en definitiva, una contribución a la paz en Oriente Medio. La visión cristiana del hombre, que es universal e igualitaria, puede ayudar a solucionar el conflicto entre israelíes y palestinos, porque hace comprender mejor la importancia del respeto a la persona y a la vida, eliminando la tentación de la exclusión "del otro". Los franciscanos, inculcando en sus escuelas estos valores fundamentes, podemos ser hoy un puente de comunicación con el Judaísmo y el Islam. Eso es lo que quería San Francisco, llamado "vir catholicus", "hombre universal" por excelencia. ZSI04102303-Zenit

 

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La causa del terrorismo islamista es el islamismo, como la causa del terrorismo comunista es el comunismo, como la causa del terrorismo nacionalista es el nacionalismo. Ideologías todas que desandan el camino de considerar al hombre como un ser digno de derecho y que consideran que el individuo debe someterse al colectivo. Ideologías del mal.

 

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¿Qué representa mayor peligro para usted, lo que supuso el comunismo, la izquierda o el islamismo?

 

El comunismo causó más de cien millones de muertos y todavía es la causa de la opresión de centenares de millones de seres humanos. El islamismo es también opresor y lo malo es que el daño que puede hacer a Occidente no sólo están en el pasado sino también en el futuro.

Dr. César VIDAL, historiador, filósofo, teólogo protestante-2005-11-08-Esp.

 

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La Iglesia Católica es «santa» en su doctrina, en su moral, en sus medios de santificación -los sacramentos- y en sus frutos. No quiere esto decir que todos los católicos sean santos. Esto es imposible dado la libertad humana.

 

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«La Iglesia no es santa por sí misma, sino que de hecho está formada por pecadores, lo sabemos y lo vemos todos», pero ésta «viene santificada de nuevo por el amor purificador de Cristo». «Dios no sólo ha hablado, nos ha querido (...) hasta la muerte de su propio hijo», S. S. Benedicto XVI – 29 Junio 2005 Festividad de San Pedro y Pablo; ambos mártires de la Iglesia católica, 64/7ca. en Roma. ITALIA.

 

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La Iglesia una, santa, católica y apostólica». «Catolicidad significa universalidad, multiplicidad que se convierte en unidad; unidad que sin embargo sigue siendo multiplicidad».Que Dios nos guíe hacia la plena unidad de modo que el esplendor de la verdad, que sólo puede crear la unidad, sea de nuevo visible en el mundo». S. S. BENEDICTO XVI - 2005-06-29.

 

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Iglesia: Es la comunidad, la comunión (koinonia), al mismo tiempo espiritual y visible, de aquellos que acogen con fe la evangelización; comparten la misma esperanza en el Reino y participan a la misma caridad. Se entra a formar parte de la Iglesia a través del Bautismo, que sella la conversión. Principio de la comunión íntima con Dios - conocido y amado como Padre - es el Espíritu Santo: Espíritu filial de Jesucristo. El principio visible de unidad de los fieles de una Iglesia particular es el Obispo; en cambio, sobre el plano universal de la comunión de todos los fieles, el fundamento de unidad es el Romano Pontífice. Éste es el sucesor de Pedro y cabeza de la comunidad cristiana de Roma que "preside en la caridad" (San Ignacio de Antioquía). El principio sacramental de la unidad de la Iglesia es la Eucaristía: celebración memorial del misterio pascual, en donde los bautizados, unidos a sus legítimos pastores, se unen a Cristo y entre ellos, mediante los signos del pan y del vino consagrados. El Credo profesa la Iglesia una, santa, católica y apostólica. El Espíritu de Amor, donado por Cristo a su Iglesia, la transforma necesariamente en una (cf. UR 4,3) y santa (cf. LG 39,1). Así el Espíritu de Verdad la hace católica y apostólica, manteniéndola fiel a la tradición (Parádosis) de los apóstoles y a su misión de difundir, a todos los hombres y en todos los tiempos, toda la plenitud (Plêrôma) de verdad y santidad que se encuentra en Jesucristo. Esta prerrogativa de indefectibilidad se concede a la Iglesia concreta guiada por el Papa y por los Obispos en comunión con Él, en donde subsiste la única Iglesia de Cristo (cf. LG 8,2). No obstante, ésta debe purificarse y convertirse constantemente para hacer brillar, siempre mejor, la gloria de su Señor, para recuperar la plena unidad con los hermanos separados y para adquirir mayor credibilidad en su misión ad gentes (cf. AG 6;  EN 77; RM 50; UUS 23; 98).

 

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«La Iglesia no es santa por sí misma, sino que de hecho está formada por pecadores, lo sabemos y lo vemos todos», pero ésta «viene santificada de nuevo por el amor purificador de Cristo». «Dios no sólo ha hablado, nos ha querido (...) hasta la muerte de su propio hijo». Además, Benedicto XVI dijo estar «contento» por la presentación ayer del «Compendio» del Catecismo de la Iglesia Católica, «una nueva guía para la transmisión de la fe, que nos ayude a conocer mejor e incluso a vivir mejor la fe que nos une». «No se puede leer este libro como se lee una novela», advirtió el Pontífice, subrayando que «requiere meditarlo con calma en sus partes y permitir que su contenido, mediante las imágenes, penetre en el alma». «Espero que sea acogido de este modo y pueda convertirse en una buena guía para la transmisión de la fe», aseveró. El volumen, presentado ayer, de doscientas páginas, recoge en 598 preguntas y respuestas la síntesis de ese «Catecismo» que fue promulgado en 1992 por el Papa Juan Pablo II. El «Compendio» no ofrece añadidos ni cambios al contenido de aquel volumen de unas 700 páginas. 2005-06-29.

 

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La misión de la Iglesia tiene como fin la salvación de los hombres, la cual hay que conseguir con la fe en Cristo y con su gracia. Por tanto, el apostolado de la Iglesia y de todos sus miembros se ordena en primer lugar a manifestar al mundo, con palabras y obras, el mensaje de Cristo y a comunicar su gracia. Todo esto se lleva a cabo principalmente por el ministerio de la palabra y de los sacramentos, encomendando de forma especial al clero, y en el que los seglares tienen que desempeñar también un papel de gran importancia. Son innumerables las ocasiones que tienen los seglares para ejercitar el apostolado de la evangelización y de la santificación. El mismo testimonio de la vida cristiana y las obras buenas realizadas con espíritu sobrenatural tienen eficacia para atraer a los hombres hacia la fe y hacia Dios. Lo avisa el Señor: «Así ha de lucir vuestra luz ante los hombres, que, viendo vuestras buenas obras, glorifiquen a vuestro Padre, que está en los cielos». Este apostolado, sin embargo, no consiste sólo en el testimonio de vida. El verdadero apóstol busca ocasiones para anunciar a Cristo con la palabra, ya a los no creyentes, para llevarlos a la fe; ya a los fieles, para instruirlos, confirmarlos y estimularlos a mayor fervor de vida: «Porque la caridad de Cristo nos constriñe». En el corazón de todos deben resonar aquellas palabra del Apóstol: «¡Ay de mí si no evangelizare!» Mas, como en nuestra época se plantean nuevos problemas y se multiplican errores gravísimos que pretenden destruir desde sus cimientos la religión, el orden moral e incluso la sociedad humana, este santo Concilio exhorta de corazón a los seglares a que cada uno, según las cualidades personales y la formación recibida, cumpla con suma diligencia la parte que le corresponde, según la mente de la Iglesia, en aclarar los principios cristianos, difundirlos y aplicarlos certeramente a los problemas de hoy.
Decreto Apostolicam actuositatem, 6 – VATICANO II

 

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Historia - «Conocer y profundizar el pasado de un pueblo es afianzar y enriquecer su propia identidad. ¡No rompáis con vuestras raíces cristianas! Sólo así seréis capaces de aportar al mundo». S. S. Juan Pablo II – Madrid. 2003.05

 

Visión objetiva: Con frecuencia en los análisis históricos se peca de falta de objetividad por juzgar con valores actuales los sucesos del pasado. Esto no significa relativizar el juicio valórico de los sucesos, sino extirpar ciertos moralismos actuales que no son reales, que suponen una "moral" moderna y postmoderna que juzga enloquecidamente las cosas. Desde una perspectiva objetiva tenemos que condenar sin reserva los errores ocurridos en l período analizado, pero sin rasgar vestiduras por la "monstruosa" noticia del descubrimiento y civilización europea en América, maldiciendo la hora en que se produjo al estilo del cuestionado activista verde Jacques Cousteau quien declaró en 1992 que la llegada de la Colón a América "fue un desastre peor que la lluvia de meteoritos que acabó con los dinosaurios en la prehistoria".

Aquí la premisa tribalista de "cada uno en su tierra sin invadir otra" queda desvanecida por el absurdo ante el dinamismo y realidad de la historia. Toda civilización es el fruto de una mezcla frecuentemente nada pacífica. La misma epopeya del Pueblo de Dios suponía conquistar una tierra prometida ocupada por tribus locales. Los mismos europeos provienen de invasiones y nuevas invasiones que mezclaron sus sangres e hicieron nacer las distintas culturas que dan alma al Viejo Mundo.

 

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Sabios no tan sabios. Otro problema serio es que la enseñanza islámica la llevan a cabo los ulemas (sabios) que en realidad son «sabios» solo en un pequeño ámbito del saber: han aprendido el Corán de memoria, han tomado los viejos dichos atribuidos a Mahoma (Sunna) y centenares de miles de respuestas jurídicas de otros imanes. Pero no han estudiado matemáticas, sociología, psicología; la Historia para ellos se limita al mundo islámico; el estudio de las religiones se hace sólo con función apologética, por si el islam es atacado. Es como si nuestros sacerdotes hubieran estudiado sólo la Biblia y además, partiendo de comentarios antiguos.

 

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Historia - Es preciosa la homilía de Benedicto XVI en la apertura del Sínodo sobre la Eucaristía, con su diagnóstico certero sobre el mundo moderno: “queremos poseer el mundo de manera ilimitada, Dios nos estorba y hacemos de Él una simple frase devota, o lo desterramos de la vida pública… Pero donde el hombre se convierte en el único dueño del mundo y en propietario de sí mismo, no puede haber justicia”. Varios medios han tildado esta afirmación, tan evangélica y tan realista, de apocalíptica, cuando se trata de una lectura inteligente de la historia del mundo, y especialmente del siglo que acabamos de dejar atrás. Es una advertencia especialmente adecuada para esta hora que nos toca vivir, aunque provoque sarpullido a los bienpensantes de turno. 2005-10-10

 

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Una sociedad sin valores profundos es pasto para todo género de sectas y violencias.

 

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Cristianismo, ¿religión europea?

 

Valores para tiempos de crisis. Aceptar el desafío del futuro es el título del último libro de Benedicto XVI, publicado en Alemania en enero de 2005, y en Francia el 23 de junio, por la editorial Parole et silence. Ofrecemos un fragmento del mismo

 

En las discusiones sobre la historia de la misión cristiana, es corriente hoy en día decir que, por medio de la misión, Europa (Occidente) impuso su religión al mundo: habría ejercido un colonialismo religioso, parte del sistema colonial en general. La renuncia al eurocentrismo debería implicar, entonces, renunciar a la actividad misionera.
Esta tesis merece, para empezar, algunas observaciones de orden histórico. Como sabemos, el cristianismo no nació en Europa, sino en Asia, en el Próximo Oriente, punto de contacto de los tres grandes continentes que son Asia, África y Europa. Un contacto que nunca fue exclusivamente geográfico; Asia Menor fue el lugar de encuentro de las corrientes de pensamiento de los tres continentes. En ese sentido, la interculturalidad forma parte del cristianismo desde sus propios orígenes. Durante varios siglos, la actividad misionera se extendió tanto hacia el Este como hacia el Oeste. El cristianismo, que tenía su cuna en el Próximo Oriente, en seguida penetró en la India; la misión nestoriana llegó hasta China, y en cuanto al número de fieles el cristianismo asiático y el europeo iban más o menos a la par. Fue la expansión del Islam la que, en gran medida, redujo la vitalidad del cristianismo en el Próximo Oriente y aisló a las comunidades cristianas de India y Asia de los centros de Siria, Palestina y Asia Menor, contribuyendo así de forma decisiva a su desaparición.
¿Puede decirse que el cristianismo se hizo europeo a partir de entonces? La respuesta es, a la vez, sí y no. En efecto, la herencia de los orígenes, que se había constituido fuera de Europa, seguía siendo la raíz vital del conjunto, y por ello seguía constituyendo la crisis y la crítica de lo puramente particular, de lo europeo. Lo que llamamos europeo no es una masa monolítica, sino que forma temporalmente y culturalmente un conjunto muy complejo y heterogéneo.
En primer lugar, hubo un proceso de inculturación en el mundo griego y romano, seguido por la inculturación en el mundo germánico, en el mundo eslavo y en los nuevos pueblos latinos. Todas esas culturas han recorrido un largo camino desde la antigüedad, pasando por la Edad Media y la Edad Moderna, hasta la Edad contemporánea. En cada etapa de la Historia, el cristianismo tenía que nacer de nuevo; y no era cada vez más que sí mismo. Puede resultar útil observar algunos ejemplos.
Podemos recordar la historia de la conversión de san Agustín: la lectura del libro Hortensius, de Cicerón, había abierto en él como una brecha de nostalgia de la belleza eterna, nostalgia del encuentro y del contacto con Dios. A causa de la educación que había recibido, estaba claro para él que la respuesta a esa nostalgia despertada por la filosofía había de encontrarse en el cristianismo. Pasó, pues, del Hortensius a la Biblia, y sufrió un choque cultural. Cicerón y la Biblia –dos mundos tan diferentes– entraron en colisión, dos culturas chocaron. «No, no puede ser eso», tal fue la experiencia de san Agustín. La Biblia le pareció pura barbarie que no podía llegar a la altura de las exigencias espirituales derivadas de la filosofía romana. Podemos considerar el choque cultural sufrido por san Agustín como la expresión sintomática de la novedad y de la alteridad del cristianismo: este último no surgió de lo propio del espíritu latino, que no obstante manifestaba una espera latente de Cristo. Para hacerse cristiano, san Agustín –el mundo grecorromano– tuvo que proceder a un éxodo, durante el cual, finalmente, le fue dado de nuevo lo que había perdido.
El éxodo, la ruptura cultural, el muere y transfórmate que implica, es el esquema fundamental del cristianismo. Su historia comienza con Abraham, que recibe esta llamada de Dios: «Vete de tu tierra, de tu patria y de la casa de tu padre» (Gen 12,1). El éxodo de Israel al salir de Egipto, auténtico acontecimiento fundador del pueblo de Israel, estaba anticipado en el éxodo de Abraham, que fue también una ruptura cultural. En la línea de la fe de Abraham, podemos decir de la fe cristiana que nadie la encuentra sencillamente como se encuentra algo que ya nos pertenecía. Es algo que irrumpe desde fuera. Y siempre será así. La venida al cristianismo no puede ser cada vez sino un nacer de nuevo.
Romano Guardini ha subrayado un aspecto importante de este esquema fundamental del cristianismo y de la fe cristiana, que no brota de nuestra propia interioridad, sino que nos llega desde fuera. El cristianismo, la fe cristiana –dice–, no son un producto de nuestra experiencia íntima, sino un acontecimiento que, desde fuera, viene a nuestro encuentro. La fe reposa sobre la irrupción de algo –o de alguien– que nuestra experiencia nunca podría alcanzar por sí misma. Tal es el sentido de la noción de Revelación: algo que no es mío, algo que no existe en mí, viene hacia mí y me arranca a mí mismo, me arrastra más allá de mí mismo, crea algo nuevo. Este movimiento implica también la historicidad del cristianismo, que se funda en acontecimientos, no en una percepción de las profundidades de mi propio mundo interior a la que después llamaríamos iluminación. La Trinidad no es objeto de nuestra experiencia; es algo que se nos dice desde fuera y viene a nosotros como Revelación. De igual forma, la encarnación del Verbo es un acontecimiento cuya noticia no procede de una experiencia íntima. Esta venida desde fuera escandaliza al hombre en busca de autonomía y autosuficiencia; es, para todas las culturas, un escándalo. Cuando san Pablo dice que el cristianismo es un escándalo para los judíos, una locura para las naciones paganas, quiere expresar así la particularidad de la fe cristiana que, a todos, llega desde fuera. Pero precisamente esa irrupción novedosa, al atravesar el ámbito de nuestra experiencia, al sobrepasar nuestra conciencia de la identidad de las cosas, nos hace remar mar adentro, en una realidad dilatada, y nos abre de esa manera la posibilidad de unirnos unos con otros, más allá del pluralismo.

Joseph Cardenal Ratzinger, traducción del francés de Teresa Martín- 2005-10-21

 

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La persona, fin en sí misma, no de sí misma

 

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"El viento de la soberbia arrastra toda virtud. La humildad es la base de las buenas obras". (S. Agustín).

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«La historia es el testimonio de los tiempos, la luz de la verdad, la vida de la memoria, la maestra de la vida y nuncio de la antigüedad». Cicerón

 

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Vocación: Dios es quien llama, y el hombre es el convocado. La llamada es siempre a amar, es decir, a servir, y también a hacer rendir los talentos. Está en la naturaleza del hombre este deseo de conocer y responder a la vocación, deseo que tiene implicaciones también sociales: una sociedad en la que los hombres no pueden ejercer aquello a lo que se sienten llamados será muy defectuosa, como detectaba ya Platón en La República.

 

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"Es más fácil desintegrar un átomo que un pre-concepto" - Albert Einstein.

 

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Un libro histórico -como son los evangelios por ejemplo- merece credibilidad cuando reúne tres condiciones básicas: ser auténtico, verídico e íntegro. Es decir, cuándo el libro fue escrito en la época y por el autor que se le atribuye (autenticidad), cuando el autor del libro conoció los sucesos que refiere y no quiere engañar a sus lectores (veracidad), y, por último, cuando ha llegado hasta nosotros sin alteración sustancial (integridad).

 

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BIBLIA: Admitimos que hubo algunos sacerdotes que sobrepasaron el límite de la prudencia al prohibir la lectura de la Biblia, no con intención de disminuir su importancia, sino para protegerla. Martín Lutero tuvo que admitir que sin la Iglesia católica él no hubiera tenido la Biblia (ver su Comentario sobre San Juan, 16). 

Por siglos, el idioma universal de la Iglesia y del mundo occidental fue el latín. En todas las misas el sacerdote leía la Biblia en este idioma. Cuando el latín dejó de ser el idioma universal en el occidente, por tradición, las lecturas de la Biblia quedaron en latín pero los feligreses tenían los misales con la traducción en su propio idioma. 

Los que piensan que antes de Martín Lutero no existían traducciones de la Biblia están equivocados. Antes de que él tradujera la Biblia al alemán, la Iglesia tenía ediciones completas o trozos de ella en 26 diferentes lenguas europeas, y en ruso. Por ejemplo, existía la Biblia Héxapla del año 240, la de Jerónimo, La Vulgata, del 390. Había además 30 ediciones de la Biblia completa en alemán antes de la 
versión de Lutero en 1534(2), nueve antes de que él naciera. Había 62 ediciones de la Biblia, autorizadas por la Iglesia en Hebreo, 22 en griego, 20 en italiano, 26 en francés, 19 en flamenco, dos en español: la Biblia ALFONSINA (de "Alfonso el Sabio", año 1280) y la Biblia De la Casa de Alba (año 1430, AT)(3), seis en bohemio y una en eslavo, catalán y checo.(4) 

La primera Biblia impresa, fue producida bajo los auspicios de la Iglesia católica- impresa por el inventor católico de la imprenta: Johannes (Juan) Gutenberg. La primera Biblia con capítulos y versículos numerados fue producida por la Iglesia católica, gracias al trabajo de Esteban Langton, Arzobispo de Canterbury, Inglaterra. A pesar de esto acusan a la Iglesia de haber intentando la destrucción de la Biblia; si hubiera deseado hacer esto, tuvo 1500 años para hacerlo. 

En todo el proceso de completar el canon la lista de libros del NT entendemos mejor que fue la Biblia la que salió de la Iglesia y no la Iglesia de la Biblia. Por eso, verdaderamente no hay separación entre "Biblia" y "Tradición". La Biblia forma parte de la Tradición de la Iglesia católica. 

 

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CATOLICIDAD: La finalidad de la misión es una humanidad transformada en una glorificación viva de Dios, el culto verdadero que Dios espera: este es el sentido más profundo de la catolicidad, una catolicidad que ya nos ha sido donada y hacia la cual, sin embargo, debemos avanzar siempre de nuevo. Catolicidad no sólo expresa una dimensión horizontal, la reunión de muchas personas en la unidad; también entraña una dimensión vertical: sólo dirigiendo nuestra mirada a Dios, sólo abriéndonos a él, podemos llegar a ser realmente uno. Como san Pablo, también san Pedro vino a Roma, a la ciudad a donde confluían todos los pueblos y que, precisamente por eso, podía convertirse, antes que cualquier otra, en manifestación de la universalidad del Evangelio. Al emprender el viaje de Jerusalén a Roma, ciertamente sabía que lo guiaban las palabras de los profetas, la fe y la oración de Israel.

En efecto, la misión hacia todo el mundo también forma parte del anuncio de la antigua alianza: el pueblo de Israel estaba destinado a ser luz de las naciones. El gran salmo de la Pasión, el salmo 21, cuyo primer versículo "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" pronunció Jesús en la cruz, terminaba con la visión: "Volverán al Señor de todos los confines del orbe; en su presencia se postrarán las familias de los pueblos" (Sal 21, 28). Cuando san Pedro y san Pablo vinieron a Roma, el Señor, que había iniciado ese salmo en la cruz, había resucitado; ahora se debía anunciar a todos los pueblos esa victoria de Dios, cumpliendo así la promesa con la que concluía el Salmo.
Catolicidad significa universalidad, multiplicidad que se transforma en unidad; unidad que, a pesar de todo, sigue siendo multiplicidad. Las palabras de san Pablo sobre la universalidad de la Iglesia nos han explicado que de esta unidad forma parte la capacidad de los pueblos de superarse a sí mismos para mirar hacia el único Dios.

El fundador de la teología católica, san Ireneo de Lyon, en el siglo II, expresó de un modo muy hermoso este vínculo entre catolicidad y unidad: "la Iglesia recibió esta predicación y esta fe, y, extendida por toda la tierra, con esmero la custodia como si habitara en una sola familia. Conserva una misma fe, como si tuviese una sola alma y un solo corazón, y la predica, enseña y transmite con una misma voz, como si no tuviese sino una sola boca. Ciertamente, son diversas las lenguas, según las diversas regiones, pero la fuerza de la tradición es una y la misma. Las Iglesias de Alemania no creen de manera diversa, ni transmiten otra doctrina diferente de la que predican las de España, las de Francia, o las del Oriente, como las de Egipto o Libia, así como tampoco las Iglesias constituidas en el centro del mundo; sino que, así como el sol, que es una criatura de Dios, es uno y el mismo en todo el mundo, así también la luz de la predicación de la verdad brilla en todas partes e ilumina a todos los seres humanos que quieren venir al conocimiento de la verdad" (Adversus haereses, I, 10, 2).

La unidad de los hombres en su multiplicidad ha sido posible porque Dios, el único Dios del cielo y de la tierra, se nos manifestó; porque la verdad esencial sobre nuestra vida, sobre nuestro origen y nuestro destino, se hizo visible cuando él se nos manifestó y en Jesucristo nos hizo ver su rostro, se nos reveló a sí mismo. Esta verdad sobre la esencia de nuestro ser, sobre nuestra vida y nuestra muerte, verdad que Dios hizo visible, nos une y nos convierte en hermanos. Catolicidad y unidad van juntas. Y la unidad tiene un contenido: la fe que los Apóstoles nos transmitieron de parte de Cristo.

Hemos dicho que catolicidad de la Iglesia y unidad de la Iglesia van juntas. El hecho de que ambas dimensiones se nos hagan visibles en las figuras de los santos Apóstoles nos indica ya la característica sucesiva de la Iglesia: apostólica. ¿Qué significa?

El Señor instituyó doce Apóstoles, como eran doce los hijos de Jacob, señalándolos de esa manera como iniciadores del pueblo de Dios, el cual, siendo ya universal, en adelante abarca a todos los pueblos. San Marcos nos dice que Jesús llamó a los Apóstoles para que "estuvieran con él y también para enviarlos" (Mc 3, 14). Casi parece una contradicción. Nosotros diríamos: o están con él o son enviados y se ponen en camino.

El Papa san Gregorio Magno tiene un texto acerca de los ángeles que nos puede ayudar a aclarar esa aparente contradicción. Dice que los ángeles son siempre enviados y, al mismo tiempo, están siempre en presencia de Dios, y continúa: "Dondequiera que sean enviados, dondequiera que vayan, caminan siempre en presencia de Dios" (Homilía 34, 13). El Apocalipsis se refiere a los obispos como "ángeles" de su Iglesia; por eso, podemos hacer esta aplicación: los Apóstoles y sus sucesores deberían estar siempre en presencia del Señor y precisamente así, dondequiera que vayan, estarán siempre en comunión con él y vivirán de esa comunión.

La Iglesia es apostólica porque confiesa la fe de los Apóstoles y trata de vivirla. Hay una unicidad que caracteriza a los Doce llamados por el Señor, pero al mismo tiempo existe una continuidad en la misión apostólica. San Pedro, en su primera carta, se refiere a sí mismo como "co-presbítero" con los presbíteros a los que escribe (cf. 1 P 5, 1). Así expresó el principio de la sucesión apostólica: el mismo ministerio que él había recibido del Señor prosigue ahora en la Iglesia gracias a la ordenación sacerdotal. La palabra de Dios no es sólo escrita; gracias a los testigos que el Señor, por el sacramento, insertó en el ministerio apostólico, sigue siendo palabra viva.

Con esto no queremos olvidar que el sentido de todas las funciones y los ministerios es, en el fondo, que "lleguemos todos a la unidad en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios, al hombre perfecto, a la medida de Cristo en su plenitud", de modo que crezca el cuerpo de Cristo "para construcción de sí mismo en el amor" (Ef 4, 13. 16).

En este momento de la historia, lleno de escepticismo y de dudas, pero también rico en deseo de Dios, reconocemos de nuevo nuestra misión común de testimoniar juntos a Cristo nuestro Señor y, sobre la base de la unidad que ya se nos ha donado, de ayudar al mundo para que crea. Y pidamos con todo nuestro corazón al Señor que nos guíe a la unidad plena, a fin de que el esplendor de la verdad, la única que puede crear la unidad, sea de nuevo visible en el mundo.

El evangelio de este día nos habla de la confesión de san Pedro, con la que inició la Iglesia: "Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo" (Mt 16, 16). He hablado de la Iglesia una, católica y apostólica, pero no lo he hecho aún de la Iglesia santa; por eso, quisiera recordar en este momento otra confesión de Pedro, pronunciada en nombre de los Doce en la hora del gran abandono: "Nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios" (Jn 6, 69). ¿Qué significa? Jesús, en la gran oración sacerdotal, dice que se santifica por los discípulos, aludiendo al sacrificio de su muerte (cf. Jn 17, 19). De esta forma Jesús expresa implícitamente su función de verdadero Sumo Sacerdote que realiza el misterio del "Día de la reconciliación", ya no sólo mediante ritos sustitutivos, sino en la realidad concreta de su cuerpo y su sangre.

En el Antiguo Testamento, las palabras "el Santo de Dios" indicaban a Aarón como sumo sacerdote que tenía la misión de realizar la santificación de Israel (cf. Sal 105, 16; Si 45, 6). La confesión de Pedro en favor de Cristo, a quien llama "el Santo de Dios", está en el contexto del discurso eucarístico, en el cual Jesús anuncia el gran Día de la reconciliación mediante la ofrenda de sí mismo en sacrificio: "El pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo" (Jn 6, 51).

Así, sobre el telón de fondo de esa confesión, está el misterio sacerdotal de Jesús, su sacrificio por todos nosotros. La Iglesia no es santa por sí misma, pues está compuesta de pecadores, como sabemos y vemos todos. Más bien, siempre es santificada de nuevo por el Santo de Dios, por el amor purificador de Cristo. Dios no sólo ha hablado; además, nos ha amado de una forma muy realista, nos ha amado hasta la muerte de su propio Hijo. Esto precisamente nos muestra toda la grandeza de la revelación, que en cierto modo ha infligido las heridas al corazón de Dios mismo. Así pues, cada uno de nosotros puede decir personalmente, con san Pablo: "Yo vivo en la fe del Hijo de Dios, que me amó y se entregó a sí mismo por mí" (Ga 2, 20).

Pidamos al Señor que la verdad de estas palabras penetre profundamente, con su alegría y con su responsabilidad, en nuestro corazón. Pidámosle que, irradiándose desde la celebración eucarística, sea cada vez más la fuerza que transforme nuestra vida. S. S. BENEDICTO XVI – P.P.
  2005-06.29 - ZS05070104

 

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Fe, verdad y tolerancia - Está muy extendida la pretensión de que la convivencia entre culturas exige (al menos, de la europea) la asunción del relativismo, y que la paz entre las religiones requiere el abandono de su pretensión de expresar la verdad. Se va difundiendo cada vez más la convicción de que sólo renunciando la fe cristiana a sus pretensiones de ser la verdad puede el cristianismo reconciliarse con la modernidad. ¿Es posible o deseable seguir manteniendo hoy día la pretensión de ser la verdad absoluta? ¿Cómo puede compaginarse esta pretensión con la búsqueda de la paz entre las religiones y entre las culturas? El libro de Ratzinger, hoy Benedicto XVI, contiene un esclarecedor planteamiento de estas preguntas y una excelente respuesta. La libertad no puede consistir en la destrucción de la verdad, sino que, por el contrario, es la verdad la fuente y la condición de la libertad. Y también de la paz. La aparente paradoja se desvanece si comprendemos que la verdad y el amor son idénticos. Ésta es, según Ratzinger, la suprema garantía de la tolerancia. 2005-08-23 Por IGNACIO SÁNCHEZ CÁMARA

 

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"Obras todas del Señor, bendecid al Señor".

 

Alégrese la madre naturaleza
con el grito de la luna llena:
que no hay noche que no acabe en día,
ni invierno que no reviente en primavera,
ni muerte que no dé paso a la vida;
ni se pudre una semilla
sin resucitar en cosecha.

 

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“Cuando contemplo el cielo, obra de tus manos, 
la luna y las estrellas que has creado, 
¿qué es el hombre para que te acuerdes de él, 
el ser humano, para darle poder? 
Lo hiciste poco inferior a los ángeles, 
lo coronaste de gloria y dignidad”(Ps. 8).   

 

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Dijo Dios: «Produzca la tierra animales vivientes según su especie: ganados, reptiles y bestias salvajes según su especie». Y así fue. Dios hizo las bestias de la tierra, los ganados y los reptiles campestres, cada uno según su especie. Vio Dios que esto estaba bien. Gen. 1, 24-25

 

La naturaleza canta las glorias del Creador y el hombre sepa gozar en armonía con todo lo creado.

 

¡Hoy la tierra y los cielos me sonríen
hoy llega hasta el fondo de mi alma el sol
hoy la he visto... la he visto y me ha mirado
Hoy creo en Dios!

 

¡Que tu conducta nunca sea motivo de injustificada inquietud a la creación, en la que tu eres el rey!

 

El ecologismo espiritual nos enseña a ir más allá de la pura «protección» y del «respeto» de la creación; nos enseña a unirnos a la creación en la proclamación de la gloria de Dios.

 

«La belleza podrá cambiar el mundo si los hombres consiguen gozar de su gratuidad» Susana Tamaro – católica, escritora - 2004.12.

 

¡Oh galaxias de los cielos inmensos, alabad a mi Dios porque es omnipotente y bueno! ¡Oh átomos, protones, electrones! ¡Oh canto de los pájaros, rumor de las hojas, silbar del viento, cantad, a través de las manos del hombre y como plegaria, el himno que llega hasta Dios!»

 

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Señor Jesús, queremos recoger la lección de S. Francisco que aprendió de la Iglesia.
Como él queremos verte en tus obras y a través de ellas llegar a Ti.
Que todo el universo sea para nosotros un cántico de alabanza en tu honor.
Que a través de nuestras buenas obras, los demás también Te glorifiquen y juntos construyamos esa fraternidad universal, de la cual el mundo entero está necesitado. AMÉN.

 

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«Las catástrofes naturales nos sitúan en la verdad. A pesar de tantos progresos, no estamos en grado de poder gobernar la realidad en su totalidad. No encontramos respuesta a estos hechos porque hemos perdido el sentido de la grandeza de Dios»

 

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‘Si la técnica no se reconcilia con  la naturaleza, ésta se rebelará’ 12 nov.2000 S. S. Juan Pablo II - Magno

 

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«Decálogo católico» sobre ética y ambiente

 

Presentado por el Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz- ROMA, 08.11.2005  expresa la enseñanza –síntesis- de la doctrina social de la Iglesia católica sobre el ambiente.
 
1) La Biblia tiene que dictar los principios morales fundamentales del designio de Dios sobre la relación entre hombre y creación.

2) Es necesario desarrollar una conciencia ecológica de responsabilidad por la creación y por la humanidad.

3) La cuestión del ambiente involucra a todo el planeta, pues es un bien colectivo.

4) Es necesario confirmar la primacía de la ética y de los derechos del hombre sobre la técnica.

5) La naturaleza no debe ser considerada como una realidad en sí misma divina, por tanto, no queda sustraída a la acción humana.

6) Los bienes de la tierra han sido creados por Dios para el bien de todos. Es necesario subrayar el destino universal de los bienes.

7) Se requiere colaborar en el desarrollo ordenado de las regiones más pobres.

8) La colaboración internacional, el derecho al desarrollo, al ambiente sano y a la paz deben ser considerados en las diferentes legislaciones.

9) Es necesario adoptar nuevos estilos de vida más sobrios.

10) Hay que ofrecer una respuesta espiritual, que no es la de la adoración de la naturaleza.

 

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VERITAS OMNIA VINCIT

LAUS TIBI CHRISTI.

 

 

Gracias por venir a visitarnos

 

Recomendamos vivamente: ‘Guía políticamente incorrecta del islam (y de las Cruzadas)’. Por Robert Spencer

Dos ejemplos entre tantos:

– Las mujeres son inferiores a los hombres, y deben ser gobernadas por éstos: "Los hombres tienen autoridad sobre las mujeres porque Alá los ha hecho superiores a ellas" (Corán, 4: 34).

– Indica a los maridos que golpeen a sus esposas desobedientes: "Las mujeres virtuosas son las verdaderamente devotas, que guardan la intimidad que Alá ha ordenado que se guarde. Pero a aquellas cuya animadversión temáis, amonestadlas, y luego dejadlas solas en el lecho; luego pegadles" (4: 34).

 

Puede ser que individualmente algunos los musulmanes respeten y honren a las mujeres, pero el islam no lo hace.

 

Autor: Joseph Ratzinger – S.S. BENEDICTO XVI

La fraternidad de los cristianos” Joseph Ratzinger Ediciones ‘sígueme’

“Verdad, valores, poder” Joseph Ratzinger. Editorial Rialp

“Principios de moral cristiana”         98 p.p.     6,00 € editorial EDICEP

“Evangelio, catequesis, catecismo”  80 p.p.     4,75 € “

“La eucaristía, centro de vida”        170 p.p.  10,00 € “

“En el principio creó Dios”              128 p.p.    7,25 € “

“La provocación del discurso sobre Dios”  - Editorial TROTTA

“Dios y el mundo” Editorial Galaxia Gutenberg

 

¡Laudetur Iesus Christus!

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).