Thursday 27 April 2017 | Actualizada : 2017-03-29
 
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Pío MOA. La mayor contribución de Moa han sido sus investigaciones sobre el periodo que va de1933 a1936. Haefectuado un análisis realmente original y ha llegado a conclusiones que no han sido todavía refutadas. Le han denunciado, le han vetado pero no han logrado rebatir con pruebas las tesis de Moa sobre la República.

2007-

 

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sangre de mártires, semilla de cristianos

 

Los primeros siglos cristianos, aquí en Tarragona- España, ecclesia Pauli, sedes Fructuosi, patria martyrum, tuvo lugar el martirio del obispo Fructuoso y de sus dos diáconos, Augurio y Eulogio, quemados vivos en el 259 (doscientos cincuenta y nueve) d.C. en el anfiteatro romano de la ciudad.

 

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La democracia tiene sus raíces en las culturas griega y romana, el cristianismo, como continuador y preservador de esta cultura, las mantuvo y contribuyó a desarrollarla, pero como dijo Gibbon en "Declinamiento y caida del Imperio Romano" no fueron los emperadores los que descendieron a las catacumbas, sino los cristianos los que ascendieron a los palacios, es decir, que el cristianismo adoptó muchas de las estructuras jurídicas y administrativas del Imperio- incluso la división en diocésis y provincias-, así como la jerarquía cristiana asumió muchas funciones de la administración imperial, cuando esta colapsó.

 

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El historiador italiano Andrea Riccardi escribe en el libro "El siglo de los mártires" (Milán, 2000) a propósito de la persecución religiosa en España por parte de anarquistas, socialistas radicales y comunistas.

La escalada de los asesinatos fue impresiónate: desde el 18 de julio hasta el final de ese mes, las víctimas del clero ascendieron a 861; en agosto, a 2.077, con una media de sesenta muertes al día. En el otoño los asesinatos continuaron, a pesar de que su número disminuyó, y a principios de 1937 descendieron sensiblemente. (...) En este contexto los obispos decidieron firmar la carta colectiva redactada por el cardenal Goma -publicada el 1 de julio de 1937-, en la que los prelados denunciaban la persecución sufrida por la Iglesia y se manifestaban abiertamente partidarios de los "nacionales".

Sin embargo, la persecución que sufrió la Iglesia no fue una consecuencia de la carta colectiva. "La verdad -dijo el cardenal Tarancón- es que la gran matanza de sacerdotes se realizó cuando la Iglesia no se había definido, en ningún momento, por alguno de los dos bandos (...) Extrañamente todos aquellos muertos suelen atribuirse a la famosa carta colectiva del episcopado español: los rojos, en definitiva, habrían tomado represalias contra la posición adquirida por la Iglesia, pero es cierto lo contrario: la carta, de hecho, detuvo prácticamente la sangría... en realidad fue la consecuencia de aquellas muertes y no lo contrario".

 

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"La historia ha sido el campo de la imperfección humana, lo es aún y nada indica que dejará de serlo". (Víctor Massuh)

 

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 Consistorios seculares habiendo heredado Bibliotecas importantes, generalmente enriquecidas por instituciones de la Iglesia Católica, fueron destruidos (1931-1939 España) con incendios, saqueos, robos por las fuerzas republicanas durante la ‘república’. Igualmente sucedió con las profanaciones, quemamientos o violentos apoderamientos de los Cabildos eclesiásticos donde incunables, papiros y ejemplares únicos se perdieron para siempre. Quienes se llamaban defensores de la libertad y la alta cultura, una vez más, habían violado la libertad y empobrecido irremediablemente el Patrimonio histórico cultural de Europa y la Humanidad.

 

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La nueva guerra civil - Quieren imponernos de nuevo la guerra civil. Y quienes fuimos niños en ella, sin ninguna responsabilidad en la locura que envolvió a nuestros mayores, debemos alzar nuestra voz, por débil que ya sea, contra semejante monstruosidad. Recuperar la memoria histórica no puede equivaler a resucitar cadáveres que creíamos bien enterrados de uno y otro lado de las trincheras. Ni a leer de nuevo las infames excusas de quien envió a Paracuellos del Jarama a dos mil presos nacionales que allí fueron bestialmente asesinados. A los 91 años, parece que le habría llegado el tiempo de pedir perdón.

 

El mismo diario de amplia difusión donde esto fue otra vez escrito ha dedicado media página a contarnos que «la Iglesia se volcó con los golpistas». Y no lo firma, aunque mentira parezca, un libelista de cualquier rama del PCE, sino un catedrático de Historia contemporánea de una Universidad española cuyo nombre omitiremos, por piedad.

 

 

 

Don Antonio Montero, hoy arzobispo emérito de Mérida-Badajoz, publicó en 1961 una Historia de la persecución religiosa en España, que fue difícil encontrar luego, seguramente porque el autor favorecía la voluntad de olvido que iba, por fortuna, consolidando la paz. Pero fue reimpresa, tres veces, a partir de 1999; muchos querían saber. Según su estudio, en los casi tres años del choque armado, habían sido asesinados en la zona roja (era su propia denominación, como bien recordó José María García Escudero) trece obispos, 4.184 sacerdotes, 2.365 religiosos y 283 monjas.

Estas cifras no incluyen los millares de civiles que fueron paseados por confesar sus creencias religiosas. Las formas de esos crímenes fueron, a menudo, particularmente odiosas y aun repugnantes. Ante esta barbarie, la Iglesia no pudo ser neutral.

El niño de la guerra que aquí firma recuerda bien su segunda vivencia política, después de la primera que fue la llegada, zafia pero alegre (José Antonio Primo de Rivera dixit), de la Segunda República. Estaba en casa de unos primos que vivían en lo que entonces era el Boulevard madrileño cuando empezó a salir humo de la vecina iglesia de la Flor. Algunos alegres republicanos se entretenían en quemar templos y conventos, menos de un mes después de que don Alfonso se hubiera ido sin resistencia…, para evitar una guerra civil…

Roma ha sido sensible a aquellos sacrificios. Hasta hoy, 11 de los asesinados son ya santos; y nada menos que 468 han sido proclamados Beatos. La Congregación de las Causas de los Santos sigue trabajando; y seis recientes Decretos pontificios incluyen los nombres de otros 150 futuros Beatos. Muchos más están siendo investigados, con el rigor que las diócesis españolas y la Santa Sede ponen al juzgar los méritos de quien puede ser llevado a los altares. Y ha de quedar perfectamente, meridianamente, claro que ninguno de estos mártires lo fue por motivos temporales.

La Iglesia sólo exalta a cualquier grado de santidad a quienes murieron dando, con su sacrificio, claro testimonio de sus creencias religiosas. Las temporales o seculares han de ser juzgadas y valoradas por otros.

Carlos Robles Piquer 2006.07.28-Alfa y Omega. Esp.

 

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“Si ignoras lo que ocurrió antes de que nacieras, siempre serás un niño”, escribió Cicerón).

 

Tres ejemplos de falsedades construidas

 

Leyendas negras –cómo se inventan- Dicen en que las atrocidades de la izquierda las cometieron gente muy pobre y analfabeta, y, claro… (nada más lejos de la realidad: las checas fueron organizadas a conciencia por partidos y políticos que nada tenían de pobres ni de analfabetos). Interesante la intervención de Pedro Fandos, un investigador concienzudo, replicando a un comentario sobre las Trece rosas: “En la represión practicada por las izquierdas también hubo muchas “rosas”, hasta de cinco años”.

...[…]…

En Asturias, los socialistas en el poder han desplegado la habitual campaña de la “memoria histórica” sin oposición de los futuristas. Su mayor hazaña ha sido el “pozo Fortuna”, cerca de Turón. Empezaron por decir que a él fueron arrojados 20 “rojos” y ya van por los trescientos. Han hecho un monumento, organizan actos, según veo en Internet también un museo de la “memoria” sobre la represión franquista. “¿Sabes cuántos rojos fueron arrojados al pozo? Ninguno. Es todo un camelo”.

Monumento, pagado por todos, a un fraude, si tiene razón Fandos, que seguramente la tiene.

 

Recuerda el caso del barranco de Órgiva, en Granada, un osario de cabras y perros que la izquierda intentó hacer pasar por una especie de Paracuellos donde entre 2.000 y 4.000 “rojos habían sido asesinados”, surgiendo al respecto catedráticos, testigos oculares y todo lo que hiciera falta. Besteiro lo explicó muy bien: "Estáis envenenando la conciencia de los trabajadores".

Como muchos que pelean por la verdad, Fandos procede de la izquierda, no es un señorito. Está trabajando ahora conla Causa General, un volumen de información gigantesco y detalladísimo, apenas explotado, sobre las atrocidades que la izquierda quisiera borrar de la memoria de las gentes: “Es tan impresionante que no me extrañaría que el gobierno lo hiciese desaparecer”.  

18 de Diciembre de 2007 - 17:10:22 - Pío Moa

 

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Sepamos honorar con un cordial agradecimiento a esos hermanos nuestros en la fe,  que supieron ofrecer heroicamente sus vidas por defender los valores cristianos, los mismos que nosotros profesamos ahora, y morir perdonando a los mismos que les asesinaban con el grito de ¡Viva Cristo Rey¡, en sus bocas y corazones. Era en la España republicana desde el 1931-1939.

 

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. Hoy sabemos que el número real de muertos en España, entre el frente y la retaguardia y después de casi tres años de lucha entre ejércitos de más de un millón de hombres cada uno, no llegó a los 300.000.  2007.XI.22. Pío MOA.

 

 

1931/6-España - Estos mártires de la fe «no estaban en el frente luchando, sino que fueron buscados por ser cristianos, por ser curas o frailes o monjas, o seglares creyentes». «Se les pidió renunciar a su fe y ellos se mantuvieron firmes en esa fe y en su amor a Cristo», añade.
   Para el obispo, el origen de esta persecución no fue otro que el deseo de «borrar la fe y toda huella religiosa, en aras de una ideología totalitaria llena de odio contra Dios y contra la religión». Es más, monseñor Demetrio Fernández señala que se trataba de «ideas marxistas y laicistas, plasmadas en personas concretas» y que se proponían «borrar a Dios del mapa». Ante este odio, los mártires «respondieron con amor», por eso la Iglesia quiere proponerlos ahora como ejemplo «de amor, de perdón y de reconciliación», señala el obispo. Con este mismo sentido de reconciliación anuncióla Conferencia Episcopal la beatificación de estos mártires el pasado viernes, al finalizarla Asamblea Plenaria de los Obispos. Entre los mártires, se encuentran 462 religiosos, 24 sacerdotes, dos diáconos, un seminarista, siete laicos y dos obispos. 2007.

 

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Desde hace tiempo estoy intentando investigar las verdaderas causas que provocaron el inicio de la guerra civil. Desde su punto de vista, ¿cuáles fueron?

 

Lo explico en ´La guerra que ganó Franco´. Al igual que en Rusia, Finlandia o México fue la continuación de un proceso revolucionario que acabó provocando una reacción. Sin el primero, la segunda jamás se hubiera producido.

Diálogo con César Vidal tuvo lugar entre las 17:00hs. y las 18:00 del martes 12 de septiembre 2006-

 

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...[...]...

Así opinan muchos, aunque me parece excesivo. Las tendencias democráticas, por ejemplo, van creciendo en Europa desde las Cortes de León de 1188 (el primer Parlamento inglés elegido sería el de Simón de Montfort, de 1265, y la primera asamblea parecida a los Estados Generales de Francia data de 1302). Cabe argüir que la ciencia se desarrollaría luego más en los países germánicos ("occamistas") que en los latinos ("tomistas"), pero ¿hasta qué punto proviene ello de esa diferencia filosófica? ¿O quizá se produce solo una mayor aceleración de la ciencia en los países "occamistas"? O bien, ¿en qué grado están conectados los despliegues intelectuales y científicos latinos y germánicos con las respectivas opciones filosóficas? 

Por otra parte, las consecuencias de cualquier proposición general nunca siguen una dirección clara, impuesta por la lógica, y casi siempre podrían seguir otras que las realmente seguidas. Lo vemos por ejemplo en relación con el problema de los universales, cuya realidad viene a ser rechazada por la tendencia franciscana pese a su platonismo, y aceptada por la dominica pese a su aristotelismo. O en la ley natural, un concepto muy platónico defendido por los aristotélicos dominicos y rechazado por los platónicos franciscanos. 

Está también el problema de la razón, cuya utilidad en cuanto a la investigación científica ya había puesto en entredicho Ibn Hazm.

En cuanto a la Peste de mediados del siglo XIV, es curioso que en muchas síntesis de historia apenas se la mencione como un dato crucial en la historia de España. Otros autores en cambio, la consideran la clave de los desarrollos posteriores europeos, pero no es claro hasta qué punto lo último pueda ser cierto. Realmente sus consecuencias políticas no están claras, pues los procesos anteriores ya estaban en marcha antes, y en cuanto a las actitudes humanista y renacentista, pudieron muy bien haberse desarrollado sin la peste. Son algunes ejemplos que se me ocurren.

 

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ESPAÑA 1931 - Holocausto religioso y república bananera

Todavía no me he repuesto de la fuerte dosis de desmemoria histórica que recibimos el pasado viernes 1, en un programa de debate televisivo a propósito de la II República Española.

Gordos fueron los barbarismos históricos que se lanzaron pero, de todos ellos, hubo varios particularmente graves que reflejan gran falta de actualización bibliográfica, el desconocimiento de la recién desclasificada documentación por los archivos internacionales (aliados y Moscú) y el acartonamiento de algunas mentes intoxicadas por la desmemoria histórica zapateril.

Es curioso observar la sistemática ocultación que existe en los medios de comunicación españoles de los infinitos reportajes ofrecidos, por ejemplo, por la BBC, a propósito de estos temas y tras la publicación de esas dos grandes fuentes de información contenida en los archivos secretos de Sir Winston Churchill ( Churchill and the Secret Service , David Satfford. Abacus-History. 1997) y en los de Moscú en El Libro Negro del Comunismo , Stéphane Courtois. Harvard University Press. 1999). Archivos fidedignos que pulverizan todo este tocomocho de la desmemoria histórica con que Zapatero y su tropa quieren intoxicar a los españoles.

La primera barbaridad que se repitió constantemente en el televisivo programa fue lo de «la República legítima». ¿Legítima? ¿Desde cuándo?La II Repúblicafue una República bastarda, nacida (como la I) de una mentira y de un fraude electoral. El 14 de abril de 1931 se convocaron elecciones municipales y, por tanto, no se votaba un cambio de régimen constitucional, que es lo que vino. Y no sólo eso: en esas elecciones locales ganaron por mayoría absoluta los concejales monárquicos, pero la izquierda republicana, golpista ella, decidió hacer lo que le vino en gana y, saltándose las más elementales reglas democráticas, decidió que los votos rurales no valían y que sólo contaban los votos urbanos. ¡Olé democracia! Fue, por tanto, un acto golpista e ilegítimo dela izquierda. Deahí lo de República bastarda .

De acuerdo con el Anuario Estadístico de 1931, los concejales monárquicos elegidos fueron 26.257, frente a los concejales izquierdistas, que fueron 24.731. Fue el golpismo arbitrario del iluminado Manuel Azaña quien decidió anular los votos que le incomodaban (los rurales). E, incluso, cuando en 1933 volvió a convocar elecciones donde «se demostrase el entusiasmo republicano» (sic) ¡volvieron a triunfar los monárquicos!

El artículo 26 y 27 dela Ley Constitucionalaprobada el 9 de diciembre de 1931 amparaba las siguientes tropelías antidemocráticas: le negaba a la Iglesia católica la libertad de asociación y de enseñanza y de toda influencia social. La privaba de sus medios de vida y le negaban derechos y libertades elementales. Disolvía la Orden de los Jesuitas, suprimía las órdenes y congregaciones religiosas y se les prohibía adquirir bienes y ejercerla enseñanza. Suspropiedades fueron confiscadas y nacionalizadas, quedó abolido el culto público y se secularizaron los cementerios de las diferentes confesiones.

Imponía el control estatal sobre el proceso educativo, la escuela unificada y laica. Patrocinó las Brigadas Internacionales que eran el ejército-sóviet del genocida Stalin para implantar en España la dictadura del proletariado y el marxismo puro y duro. Patrocinaba las flagrantes notas antidemocráticas del partido de Azaña (la Izquierda Republicana) contra el Gobierno legítimo de coalición, con tres ministros de derechas cuya legitimidad le negaban. Se amordazó la prensa de marzo a julio de 1936 imponiendo la censura «derivada del estado de alarma». El Parlamento frentepopulista destituyó ilegal y antidemocráticamente en marzo de 1936 al presidente de la República, Niceto Alcalá Zamora. Se amenazó de muerte a los líderes de la derecha desde los bancos comunistas...

Finalmente el 13 de julio de 1936, un destacamento de fuerzas de orden público, flanqueado por pistoleros comunistas y socialistas, al mando del capitán Condés dela Guardia Civil, secuestró y asesinó en su domicilio al jefe de la oposición monárquica, José Calvo Sotelo, acontecimiento que colmó el vaso y desencadenó el alzamiento del general Franco el 18 de julio contra esta gran barbarie .

Hasta el mismo presidente de la República, Niceto Alcalá Zamora, en sus terribles memorias, nos habla de la tremenda degradación de esta República totalitaria y antidemocrática que inauguró la era de los holocaustos del siglo XX contra inocentes con esos más de 8.000 curas, monjas, obispos, católicos, etc., asesinados en apenas unos meses añadidos a los 5.000 asesinados en Paracuellos.

La alborotada tertulia dejó en el nicho del olvido todos estos esenciales facts , que no salieron a la luz, inventándose, en cambio, inexistentes cifras de represalias franquistas (que no están en los archivos) y poniendo, injustamente, en el mismo saco a esos inocentes mártires de la Iglesia católica (asesinados por su fe) con los milicianos y comisarios marxisto-estalinistas del Komintern muertos «haciendo su ensayo para los soviéticos en su infame objetivo de imponer en España una totalitaria dictadura comunista». por María Teresa Puerto Ferre - 2006-12-13 conoze.com

 

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«Si un pueblo olvida su historia, el futuro se lo construirán otros». Cardenal Cañizares. ESP.  XII.2006

 

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ENTREVISTA CON EL CÉLEBRE HISPANISTA NORTEAMERICANO

Stanley G. Payne: "la izquierda española no acepta perder"

Por Fernando Díaz Villanueva

 

Stanley Payne es un hombre reposado y de maneras tranquilas. A simple vista parece un turista norteamericano despistado paseando por el centro de Madrid. Lleva casi toda su vida estudiando nuestra Historia desde un lugar tan remoto como la Universidad de Wisconsin. Ha publicado 15 libros y centenares de artículos en revistas especializadas y en la prensa diaria. Aunque nadie lo diría por su aspecto, habla un español perfecto y posee un conocimiento profundo de las cosas de España. Sus argumentos son sólidos, sus juicios ponderados y se lleva mal con la enfermedad intelectual de nuestro tiempo: la corrección política.  

 

 

Señor Payne, usted es tejano de nacimiento ¿Por qué se hizo usted hispanista?, ¿qué le llamó la atención de nuestro país para fijarse en él?

 

 

Mi interés por España no surgió hasta que empecé los estudios de doctorado. A los 19 ó 20 años yo tenía muy pocos conocimientos de España y de su historia. Sabía algo de literatura española gracias a unos cursos que realicé en la universidad y poco más. Años más tarde, el verano anterior al comienzo de mi doctorado, leí dos libros que me llamaron la atención sobre España, uno británico que se llamaba “The spanish temperate” (el temperamento español) y otro sobre arte medieval español, que me gustó mucho.

 

Ya en el doctorado decidí especializarme en historia europea contemporánea y me surgió la pregunta: ¿qué país? Me decante por España, y lo hice porque sabía algo de lengua española y porque coincidí con una serie de profesores que me motivaron a ello, a convertirme en un autodidacta de la Historia de España, ya que, en aquel entonces, casi no había hispanistas, y mucho menos en los Estados Unidos.

 

Sus primeros escritos sobre España fueron censurados, tanto que hubo de publicar en París, enla editorial Ruedo Ibérico.¿Por qué le censuraban?

 

Lo hacían por razones obvias, los dos primeros libros que publiqué trataban, uno de la Falange y otro del Ejército, que eran, por aquel entonces las fuerzas dominantes en el régimen de Franco. Creo que fue inevitable pues ambos estudios eran críticos.

 

¿Por quéla Guerra Civilespañola cuenta todavía hoy con tanta repercusión internacional?, ¿es un acontecimiento tan importante en el siglo XX?

 

No creo que hoy en día tenga mucha repercusión internacional. Hay algún interés por el acontecimiento en sí pero no es lo mismo que hace 30 ó 40 años. Cuando empecé mis estudios si que había mucho interés en la guerra española, tanto por su componente político, como por el hecho de haber servido de antesala ala Guerra Mundial. Hoy, el recuerdo de la guerra se mantiene dentro de algunos grupos, pero es indudable que ha habido un declive muy grande.

De hecho, entre los hispanistas norteamericanos, la especialidad principal esla Historia Moderna, la época del Imperio español. Los especialistas prefieren el siglo de oro que la guerra civil, que hace tiempo que perdió aquella aura especial que tuvo hace 40 años.


La izquierda en España lleva más de una década utilizando la Guerra con fines electoralistas, ¿a qué cree que se debe esa anomalía?

 

 

Es un proceso complejo. Efectivamente, comenzó en la campaña electoral de 1993, cuando por primera vez Felipe González recurrió al fantasma de la guerra a pesar de que siempre había respetado el pacto dela Transición. Lohizo porque era la primera vez en 10 años en que veía peligrar el poder. En España la izquierda tiene un complejo histórico que se remonta a 1931. Desde entonces las izquierdas han tenido un complejo de superlegitimidad, como si tuviesen el derecho de gobernar, es decir, que ellos son los únicos que valen de cara al pueblo, y que los demás, los partidos conservadores, no son más que elementos decorativos que no representan a nadie. De este modo, la izquierda española no acepta el hecho de que puede perder, no acepta adversario alguno.

 

Por otro lado, en los años 90 el Ejército ya había perdido su papel preponderante en la política española y eso, que conjuraba definitivamente el riesgo de involución, motivó que la izquierda se sintiese más fuerte. No es desdeñable tampoco el factor ideológico. En los últimos 15 años la izquierda mundial ha experimentado una evolución ideológica desde el marxismo clásico hasta la ideología dominante hoy, que es la de la corrección política o el buenismo.

Por último, creo que también ha tenido que ver la cultura del victimismo, que se ha apoderado de la izquierda española. Esto se ve en su interpretación de la guerra civil en un sentido sectario y victimista.

 

 

A diferencia de otros países de Europa que padecieron dictaduras (que son casi todos), España no termina de aprender a convivir con su pasado, ¿por qué?

 

La Historia de Europa es compleja y, curiosamente, han sido los alemanes los que han sabido enfrentarse a su pasado mejor que otros europeos. Han asumido su pasado histórico y han encontrado un equilibrio democrático. En el caso español lo que yo veo es un déficit cultural cuyas raíces se hunden en la modernización tardía de España. El hecho es que, a día de hoy, la modernización de España ha sido un éxito total y, sin embargo, no se han dado los mismos efectos que en otros países de Europa.

¿Por qué? Creo que tiene que ver con muchos factores. La dictadura, por ejemplo, duró mucho más que en Italia o Alemania y hasta una fecha muy avanzada. Pero hay también otro aspecto, hay en España una cultura del adversario de parte de las izquierdas que es algo más acusada que en otros países occidentales. Ha habido una tendencia al maximalismo en la izquierda más fuerte que en países como Alemania. De cualquier modo, esta pregunta tiene tanto contenido que, para responderla, haría falta dedicarle un libro monográfico.    

 

¿Existe con respecto a otros países de Europa Occidental una “singularidad española” o nuestra historia es, a grandes rasgos, similar a la de franceses, alemanes o británicos?

 

La respuesta es que sí y que no. España es un país plenamente occidental, ha conocido siempre sus mismas instituciones: la monarquía, las Cortes, la iglesia… Sin embargo, la historia de estas instituciones, el modo de utilizarlas sí que ha sido diferente. La Historia de España está muy marcada por la invasión islámica yla Reconquista. Aeste periodo, que fue muy largo, le sucedió otro dominado por las guerras constantes y la preponderancia mundial. Estas peculiaridades no las tienen otras naciones de Europa. La religión, por su parte, se ha vivido durante siglos en España de un modo muy cerrado. Por último, la modernización fue muy lenta y llegó tarde.

Ya en el siglo XX, los movimientos revolucionarios tuvieron mucha más virulencia que en cualquier otro lugar de occidente. La efervescencia revolucionaria desembocó en una guerra civil y en una dictadura anormalmente larga en términos occidentales.

También ha tenido importancia la debilidad del nacionalismo español, es decir, el proceso de integración nacional durante el siglo XIX. Nada que ver con lo que sucedió en Francia o, incluso en Italia, que es el país más parecido a España.

 

Volviendo sobrela Guerra Civil, ¿qué habría sido de España si los militares no se hubiesen sublevado?

 

Habría durado durante algún tiempo un Gobierno de izquierdas, eso es seguro. Luego podría haber sucedido cualquier cosa. Por ejemplo, que el Frente Popular se hubiese roto como pasó en Francia, donde duró sólo un año. Otra posibilidad es que las fuerzas revolucionarias se hubiesen adueñado de la situación entregando el Gobierno a Largo Caballero, que habría tratado de llevar a cabo su revolución. Es posible también que, andando el tiempo, se hubiera desatado otra clase de guerra civil entre las izquierdas, como sucedió enla Guerra Civilreal en mayo de 1937.

 

¿La España de julio de 1936 era todavía una democracia con todas las garantías?

 

No, ya no por esa fecha. Era una democracia con la mayor parte, no todas, de sus garantías. Desde febrero, debido a la política del Gobierno frentepopulista, de no aplicar la Ley y de vulnerar la Constitución, la democracia se había devaluado. Durante aquellos meses las actividades de

los movimientos revolucionarios, las manifestaciones ilegales y la violencia generalizada ponía muy cuesta arribala vida democrática. Parael mes de julio se puede decir que ya no se vivía en una democracia propiamente dicha, sino en algo parecido a un país latinoamericano.

Era una situación sin precedentes en Europa occidental. Durante los años críticos que siguieron a la Paz de Versalles, en Alemania o en Italia se vivieron procesos revolucionarios pero, al menos, se guardaron las formas democráticas. Éstas, en la España de julio de 1936, se habían perdido. La verdad es que la rebelión militar fue un alzamiento más contra de la ausencia de democracia que contra el exceso dela misma. Sise hubiera mantenido la democracia, los militares que no eran demócratas no hubieran podido quejarse y esto habría hecho mucho más difícil el levantamiento. Lo que pasó al final es que no se recuperó la democracia con el alzamiento sino que se edificó otra clase de república

 

Setenta años después dela Guerra Civilse ha recrudecido el debate sobre la misma, ¿por qué no ha sucedido esto antes?

 

En muchos sectores culturales no hay debate sino una línea interpretativa muy sesgada y distorsionada. Lo dramático actualmente no es la abundancia de debate sino la ausencia de debate.

Lo que sí hay es un movimiento bien organizado en la izquierda para utilizar la guerra civil con fines políticos. Esto enlaza con la superlegitimación de la que hablaba antes. La izquierda se siente muy fuerte en el ámbito cultural y en el académico y demuestra su poder de este modo. Por otro lado, los comunistas, partidos como Izquierda Unida o la esquerra catalana, tienen una necesidad imperiosa de utilizar su versión de la historia como argumento político. Realmente es lo único que le queda al comunismo en términos ideológicos.

 

Pío Moa es hoy, probablemente, el historiador más polémico de España, ¿cuál cree que han sido sus principales aportaciones a la historiografía sobre el periodo que comprendela II Repúblicay la guerra?

 

Moa ha conseguido abrir el debate y llevar a cabo un análisis muy importante sobre la República y los orígenes dela Guerra Civilque es, a mi juicio, su aportación más importante. La mayor contribución de Moa han sido sus investigaciones sobre el periodo que va de1933 a1936. Haefectuado un análisis realmente original y ha llegado a conclusiones que no han sido todavía refutadas. Le han denunciado, le han vetado pero no han logrado rebatir con pruebas las tesis de Moa sobre la República.

Respecto a lo que ha escrito e investigado sobre la guerra y el franquismo yo lo encuentro más polémico.

 

La “querella de los historiadores” que está teniendo lugar actualmente en España reviste especial virulencia y no son extraños los ataques personales y las descalificaciones, al menos en lo que toca a especialistas como el propio Moa o César Vidal, ¿cómo se ha llegado a esto?

 

Esto ha sucedido por la convergencia de dos procesos histórico-culturales. Uno, que se ha dado en todo occidente, es el ascenso imparable de la corrección política, que quiere imponer su versión de todas las cosas de un modo exclusivo silenciando la voz de los discrepantes. El otro, más propio de España, es el desarrollo de esta nueva cultura de izquierdas en las universidades estatales, que sonla mayoría. Estoha ocasionado que el discurso sea monolítico de izquierdas y dominado siempre por los mismos. El que discrepa se encuentra denunciado y eliminado del debate.

 

Estados Unidos, su país natal, también sufrió una guerra civil en el siglo XIX, ¿duraron tantos años los efectos como en España?

 

Los efectos son siempre más traumáticos en el vencido que en el vencedor. En este caso habría que comparar a los sureños con los republicanos. Medio siglo después, en la primera década del siglo XX, ya no había tanto interés por parte de la sociedad sureña por la guerra y se empezaba a considerar un acontecimiento histórico más. En algunos sectores sociales se mantuvo cierto resentimiento pero sin fines políticos. Yo creo que para la Guerra de Cuba, precisamente contra España, ya se había producido la reconciliación nacional. En España se llegó a algo parecido en la Transición que es cuando se dieron por finiquitadas las dos Españas.

 

Lo que, setenta años después de la guerra, no había en Estados Unidos era revanchismo por parte de los vencidos. De cualquier modo, no se trata del mismo tipo de guerra civil la española yla americana. Enla guerra entre confederados y unionistas no había grandes diferencias ideológicas a excepción de la emancipación de los esclavos y el derecho a secesión. En España se dio una modalidad de guerra civil muy ideológica, enmarcada dentro de las luchas revolucionarias del siglo XX.La de Españafue una lucha a muerte, un choque entre dos maneras de entender la civilización, casi una guerra de religiones, radical y revolucionaria que abría un abismo entre los dos bandos.

 

 

 

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-Los políticos no deben administrar la memoria histórica.
   

-¿No cree que a la derecha española se le exigen responsabilidades históricas por la Guerra Civilmientras que la izquierda nunca se ha dado por aludida? ¿No es hora que también haga un sincero mea culpa?
   -Toda la izquierda sabe muy bien, y no debería olvidarlo, que en la zona republicana se cometieron muchos crímenes y grandes errores. Las checas de Madrid, Paracuellos, la actuación de los anarquistas en Barcelona y en muchas otras ciudades son conocidas. No hablaré de número de muertos y represaliados, pero hay que reconocer que la tragedia fue para los dos lados. Hay que partir de ese hecho porque quienes conocen y vivieron aquello lo saben.
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Es triste reconocerlo, pero las cosmovisiones utópicas y optimistas siempre han terminado en terribles matanzas. Es el caso innegable del socialismo y de los nacionalismos. Lo es también dela masonería. Convencidosde que las masas –entendidas como tales las que siguen las consignas de izquierdas– o las naciones –reales o supuestas– tienen algo incomparablemente bueno en su interior, estas visiones ideológicas han terminado produciendo experimentos extraordinariamente cruentos, como los impulsados por Lenin, Stalin, Mao o Hitler.

Al fin y a la postre, ni las masas ni las naciones se comportaban según ese patrón de lo bueno y acababan siendo objeto de castigos ejemplares por negarse a actuar de acuerdo con su supuesta esencia. El Gulag, Auschwitz, la guillotina durante el Terror dela Revolución Francesa, los campos de concentración de Castro, las acciones de Pol Pot o la revolución cultural de Mao son sólo episodios que demuestran cómo el optimismo antropológico y la utopía han causado más muertes y sufrimiento que cualquier otra cosmovisión.

 

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No se ha aprendido la lección que la Historia dio, hace 70 años

 

Dieciocho de julio - La revista Humanitas, de la Pontificia Universidad Católica de Chile, a la que agradecemos la cortesía de permitirnos la reproducción, dedica su número de julio-septiembre a la guerra civil española.

 

Recogemos a continuación algunos fragmentos de tres interesantes artículos. El primero, escrito por el académico de la Historia don Luis Suárez Fernández, repasa la etapa previa a la guerra civil. El segundo, del historiador don Pío Moa, explica la falta de democracia en las organizaciones de izquierdas. El tercero, del académico de la Lengua don Luis María Ansón, se refiere a la ideología de los republicanos Se conmemoran en nuestros días los setenta y cinco años del advenimiento de la República, bajo un curioso signo de contradicción, pues España es una monarquía, a cuya legitimidad histórica es preciso atribuir la paz conseguida por medio de una transición hacia sistemas democráticos y paneuropeos. Es cierto que la República, implantada mediante elecciones municipales que dieron en el conjunto del país más votos monárquicos que republicanos, aunque éstos se impusieron en las grandes ciudades, fue recibida en España con entusiasmo como si ella fuese capaz de resolver los graves problemas sociales y económicos. Se cometió desde el primer momento un error: confundir lo que es una forma de Estado con un régimen político. De acuerdo con este planteamiento, la República era exclusivamente de izquierdas, debiendo ser las derechas eliminadas. Las cosas llegaron tan lejos que cuando, en 1933, el voto ciudadano osciló hacia la derecha, los socialistas se negaron a admitir que pudiera ésta hacerse presente, ni siquiera en uno o dos ministerios. De acuerdo con su mentalidad, indujeron a sus seguidores a tomar las armas y lanzarse a una revolución (octubre de 1934), que fracasó, entre otras razones porque había sido improvisada.

De todas formas, la contienda parecía inevitable por el nivel de odios y represalias, entre las que se incluyeron centenares de asesinatos y destrucción de iglesias. Franco, que era el más prestigioso de los generales, pidió al ministro de la Guerra que detuviera el desastre reuniéndose con los militares para buscar una fórmula de restablecer el orden y no fue escuchado. No tuvo otro remedio que elegir y escogió, siendo católico, el bando de los sublevados.

El Gobierno del Frente Popular no mostraba preocupación por el proyecto; pensaba, en buena lógica, que fracasaría, y esto le daría los medios de una represión definitiva. Contaba con medios económicos, militares y de masas más que suficientes.

De hecho, el alzamiento fracasó en la mayor parte de España. Pero se pasó a una guerra civil porque todos los elementos situados fuera del Frente Popular decidieron la resistencia. El Gobierno, además, se vio desbordado, pues, para socialistas, anarquistas y comunistas, había llegado el momento de hacer la revolución.

 

El 18 de julio de 1936 –hace setenta años–, muerto además el jefe del pronunciamiento, Sanjurjo, se inició la Guerra Civil.

Conviene no exagerar. La proporción de víctimas, en el combate o en las represalias de ambos bandos, es muy inferior a las que se producirían inmediatamente en la Segunda Guerra Mundial y en los sucesivos sistemas totalitarios. Por otra parte, esa guerra civil puso fin a la larga serie iniciada en 1808 y permitió el paso a un Estado que lograrían un desarrollo económico, jurídico e intelectual como España no había conocido. La persecución religiosa permitió también a la Iglesia ejecutar cambios hacia nuevas actitudes más abiertas en que los movimientos laicales alcanzarían mayor protagonismo.

Es muy de lamentar que la lección no se haya aprendido. A partir de los años 50, un amplio proceso de reconciliación se puso en marcha, dando de este modo la sensación de que antiguos rencores se habían superado.

Al invocar una memoria histórica que falsea los hechos, se da la impresión de que se pretende volver a los desdichados enfrentamientos que hicieron casi inevitable el 18 de julio. Alfonso XIII, suspendiendo sus funciones, había tratado de impedir el choque; fracasó en esto. Pero Franco mantuvo siempre el principio de que sólo la forma de Estado monárquica era capaz de superar los dolorosos frutos del odio. Esto es lo que niegan sus enemigos de muy distinto sesgo, volcando contra él ese mismo odio. Tal vez estemos los españoles condenados a repetir la Historia que rechazamos.

Luis Suárez Fernández

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Al Estado de las Autonomías, no es sino un paréntesis, obligado por la circunstancia política, que conviene olvidar para enlazar con la auténtica legalidad, la republicana, rota en el 36. A partir de este supuesto, tan simple como falaz, al que no le faltan corifeos de toda laya, se realizan una serie de gestos y actividades, con un apoyo nada desdeñable de medios y recursos económicos. Pero ello no se explicaría si no acompañara al desbordamiento de la Constitución del 78 y a la peligrosa fragmentación de España en naciones, realidades nacionales, etc., que se está llevando a cabo. La memoria histórica, lejos de servir a la verdad y la objetividad, lo hace a un propósito de ingeniería social montado desde el poder. Y así, en lugar de ser, como debiera, memoria total y completa, se transforma en memoria parcial y sesgada. ¡Que Dios nos coja confesados!

Manuel Bustos Rodríguez - 2006.07.28-Alfa y Omega. Esp.

 

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La supuesta lucha entre democracia y fascismo

 

Una muy voluminosa bibliografía presenta la Guerra Civil española como la lucha entre la democracia y el fascismo, entre el progreso y la reacción, entre la libertad y el oscurantismo. Sin embargo, ¿podemos llamar defensores de la libertad, etc., a los componentes del Frente Popular, es decir, a comunistas, anarquistas, socialistas, republicanos de izquierda, nacionalistas catalanes y racistas vascos? Pocos sostendrán hoy en serio que el anarquismo o el stalinismo tengan algo de demócratas, pero mucha gente tiene la errónea impresión de que los socialistas y los republicanos de izquierda sí lo eran. En cuanto a los republicanos conviene advertir de que se trataba de partidos pequeños, mal organizados y muy rivales entre sí. Una causa clave de la Guerra Civil fue que estas izquierdas no admitieron la victoria electoral de la derecha moderada en 1933, respondieron a ella con maniobras golpistas, y terminaron aliados con las izquierdas más extremistas y revolucionarias. Para ellas la democracia consistía en su propio poder, sin admitir alternancia.

Mucho peor fue el caso del PSOE (Partido Socialista Obrero Español). Largo y otros líderes, en especial Prieto, marginaron a los socialistas moderados de Besteiro, y organizaron la insurrección armada, concibiéndola, textualmente, como una guerra civil, para imponer la dictadura del proletariado. La intentaron en octubre de 1934, causando 1.400 muertos, y fueron derrotados. Ello apenas les hizo cambiar de actitud, y en 1936 volvieron a crear un proceso revolucionario.

Quedan como posibles demócratas los nacionalistas catalanes y los separatistas vascos. Los nacionalistas, vascos o catalanes, aspiraban a usar los estatutos de autonomía para, desde el poder regional, avanzar a la secesión e imponerse

radicalmente sobre la masa de población ajena a sus ideas.

Para apreciar el carácter de las izquierdas debemos atender a otro rasgo crucial de ellas: su sumisión a Stalin, el gran defensor de la democracia española, si hubiéramos de creer a la propaganda. Quienes equiparan las intervenciones de Hitler y Mussolini con la de Stalin cometen un grueso error de perspectiva, en dos sentidos. El fascismo de Mussolini había sido poco sanguinario, y Hitler no se había revelado todavía como el genocida de la guerra mundial, mientras que nadie podía dudar de la crueldad exterminadora de Stalin, cuyas víctimas sumaban ya millones.

Estas razones destruyen, en mi opinión, las pretensiones de que las izquierdas defendían la democracia.

Pretensiones realmente grotescas cuando examinamos de cerca los sucesos, pero de las que yo mismo partía cuando comencé a investigar sobre las fuentes primarias. Debe reconocerse que la larga persistencia de esta falsedad, evidentísima a poco que se reflexione en ella, su entronización en libros de Historia y discursos políticos en medio mundo, constituye uno de los logros propagandísticos más notables del siglo XX. El mérito, si así lo queremos llamar, de ese logro debe acreditarse sobre todo a los comunistas, precisamente la fuerza más antidemocrática de ese siglo.

Pío Moa – 2006.07.28-Alfa y Omega. Esp.

 

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La República como ideología - Si la República hubiera sido en España una forma de Estado neutral, como en Suiza o Estados Unidos, se habría consolidado de forma definitiva. No fue así. Para el sector más cualificado de la izquierda nacional, la República no era otra cosa que un instrumento para facilitar la revolución.

El régimen republicano se estableció en España, sin que se derramase una gota de sangre. Tuvo una adhesión popular generalizada. Ilusionó a casi todos. La opinión pública le abrió un crédito sin precedentes en la historia de España. La victoria de las derechas en las elecciones generales de 1933 viene a demostrar más claramente que

la República, para un amplio sector de la izquierda, no era una forma de Estado, sino un pretexto para facilitar la Revolución comunista. Las izquierdas no aceptan la victoria de las derechas. No se tolera que los conservadores puedan ser republicanos sinceros. El monopolio del republicanismo corresponde a la izquierda.

En 1936 se consuma lo que socialistas, comunistas y sindicatos tenían planeado y previsto desde 1931: el Frente Popular. Su triunfo en las elecciones de febrero precipita los acontecimientos. Es el prólogo a la marcha triunfal comunista, al alborozado cortejo de los puños en alto y las banderas rojas. Como en la Rusia de 1919, de 1920. Pero la clase media se revuelve.

Salvador de Madariaga explica luminosamente, en el verano de 1936, que el vencedor en la guerra será o la extrema derecha o la extrema izquierda, porque la violencia lo radicaliza todo y la moderación quedará derrotada.

Mientras las viejas canciones de guerra y amor se escuchan por los exangües caminos de España, germina en el encendido verano de 1936 una inevitable y larga dictadura. Si gana la España republicana se establecerá la dictadura del proletariado, el comunismo. Si triunfa la España nacional, se establecerá la dictadura de la clase media, el fascismo.

A esa triste situación habían sido reducidos los horizontes del pueblo español en aquel año de desgracia de 1936, sólo un lustro después de que, para evitar el derramamiento de sangre entre españoles, Alfonso XIII embarcara en Cartagena, con tantas viejas llagas todavía sin cicatrizar, camino de los robles torrenciales, de los sacudidos breñales, del despiadado exilio que le mataría pronto de nostalgia y melancolía por la patria perdida.

Luis María Ansón – 2006.07.28-Alfa y Omega- Esp.

 

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El voto de la mujer: engaños

feministas poco atinentes a la verdad.

‘Otra mentira’

 

LA celebración del septuagésimo quinto aniversario del reconocimiento del derecho de sufragio femenino me ha permitido comprobar, una vez más, cómo se adultera la verdad con fines de propaganda ideológica.

 

Al espectador que haya contemplado los reportajes, infectados de topicazos y merengosidad, que a la efemérides han dedicado varios canales televisivos le habrá sorprendido comprobar que la consecución de este logro se presenta como una conquista de la izquierda; en algún caso, incluso, se ha llegado a afirmar que la derecha conspiró contra tal conquista. Los lectores de ABC han tenido ya ocasión de leer un muy bien documentado y perspicaz artículo de Alberto Lardiés donde se refutan tales apriorismos. Como «una puñalada trapera parala República» definió el socialista Indalecio Prieto la decisión parlamentaria que extendió el derecho de voto a las mujeres. Aunque, quizá, el gran debate sobre esta cuestión no se produjo en el momento de su aprobación, sino dos años más tarde, cuando se aproximaban las elecciones de noviembre de 1933.

Fue entonces, en vísperas de aquellas elecciones, cuando los partidos de izquierda más obcecadamente se pronunciaron contra el derecho recién adquirido por la mujer. Muchas fueron las voces que, desde posturas presuntamente progresistas, recomendaron despojar otra vez a la mujer española de su derecho de sufragio, por temor a que terminara votando al candidato que le impusiera su marido o le aconsejase el cura desde el púlpito. En un reportaje publicado en la revista «Crónica» unos meses antes de la elecciones, la periodista y poetisa Ana María Martínez Sagi, pionera del feminismo a quien dediqué mi libro «Las esquinas del aire», entrevista a varias mujeres adscritas a formaciones de izquierda; casi todas se pronuncian sin ambages sobre la inconveniencia del sufragio femenino. Así, por ejemplo, una militante dela Unión Socialistadeclaraba: «Es un peligro evidente el apoliticismo de las mujeres. Su abstención, no sólo posible, sino probable, influirá con preponderancia en el sentido reaccionario femenino. Un país que en el año 33 del siglo XX no tiene resuelta aún la enseñanza primaria, gratuita y obligatoria no tiene derecho a pedir al pueblo la comprensión de valores de organización civil ni política; y una sociedad que, bajo un falso barniz de europeización, deja al hombre y a la mujer en un aislamiento roto únicamente por las relaciones sexuales, no tiene tampoco derecho a pedir a sus mujeres la comprensión amplia y generosa que el camino de las ideas justas y renovadoras exige». Vamos, que la militante socialista sólo parecía dispuesta a transigir con el sufragio femenino cuando se garantizase la adhesión inquebrantable de las mujeres a la doctrina socialista. Más descarnadas resultan aún las declaraciones de una militante independentista: «La mujer, por falta de independencia ideológica, no aportará a la política ninguna nueva orientación. Sin espíritu crítico, no hay independencia de ideas. La mujer es primitiva y apasionada. Es por este motivo que acepta sin discutir las ideas políticas que el hombre quiere imponerle. El día en que la mujer comprenda que los sistemas de gobierno pueden mejorarse, transformarse incluso, sin que esto suponga atentado alguno contra aquellas verdades supremas que ella defiende, aquel día la mujer empezará a actuar conscientemente dentro de la política, y entonces habrá llegado el momento oportuno de hablar de su influencia. Ahora, no».

En las elecciones de 1933, en las que finalmente las mujeres acabarían votando, obtendría la victoriala CEDA. Inmediatamente, Indalecio Prieto, en un alarde de respeto a las reglas de juego democráticas, advirtió: «En caso de que las derechas sean llamadas al poder, el Partido Socialista contrae el compromiso de desencadenar la revolución». Acaso no lo supiera, pero acababa de infligirle ala Segunda Repúblicauna puñalada trapera mucho más feroz que el reconocimiento del sufragio femenino.

Por JUAN MANUEL DE PRADA – ‘ABC’ 2006-X.02

 

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...de la democracia y el voto, también femenino en Europa...

El voto femenino en la II República – España

 

11 de Marzo de 2009 - 08:27:02 - Pío Moa

El voto como ejercicio de democracia es un fenómeno históricamente muy reciente, pues las democracias mismas no empiezan a existir hasta muy a finales del siglo XVIII y no llegan a imponerse en todo el XIX. No debe confundirse el voto con otras formas de decisión popular ancestrales, ni tampoco con el practicado en la democracia ateniense: en ésta el pueblo (en realidad una pequeña parte de los ciudadanos libres) intervenía constantemente en la toma de decisiones, mientras que el voto en nuestras democracias se efectúa para elegir a aquellos representantes en quienes se delega la toma de decisiones, excepto en referéndums puntuales. El voto, tal como lo practicamos en el mundo actual, procede de un fenómeno social y otro ideológico: por una parte las sociedades se han vuelto mucho más pobladas y complejas en los siglos XIX y XX (ya no sería posible una democracia a la ateniense, por ejemplo); y por otra se han expandido extraordinariamente las ideas democráticas, cuya raíz se encuentra en las concepciones cristianas sobre la igualdad esencial y la dignidad del ser humano y la consiguiente limitación del poder sobre él por parte de las instituciones (en la Revolución francesa, al contrario que en la tradición anglosajona, las ideas democráticas tomaron un tinte abiertamente anticristiano, y originaron los totalitarismos del siglo XX; pero esa es otra cuestión).

Tampoco el voto como hoy lo conocemos se impuso desde el principio. A España, por ejemplo, el sufragio universal no llegó hasta 1890, es decir, hace poco más de un siglo, y no debe olvidarse que fue uno de los primeros países europeos en adoptarlo, después de Suiza, Francia y Grecia. Aquellas elecciones en España solían ser muy amañadas, un mal muy criticado pero prácticamente inevitable en las sociedades agrarias y poco alfabetizadas. Hasta entonces el voto se restringía casi siempre en función de los ingresos o del nivel educativo de los votantes. Y, por supuesto, lo ejercía exclusivamente el varón, debido al hecho de que la política siempre fue una actividad fundamentalmente masculina, a causa de la ancestral división del trabajo basada en circunstancias naturales (el hombre cazador y guerrero, la mujer recolectora y volcada en la crianza, etc.). Las ideas generales de igualdad generaron pronto la propuesta de extender el voto a las mujeres, pero éstas tardaron en interesarse en ello, apenas hubo movimientos en tal sentido y había el temor a que el ejercicio de tal derecho politizase y dividiese los hogares. En Suiza, el país más democrático del mundo en muchos aspectos, el voto femenino no ha acabado de ser admitido hasta 1990. 

Sin embargo la extensión del voto a la mujer en los países democráticos era sólo cuestión de tiempo. A lo largo del siglo XIX una proporción creciente de mujeres se incorporó al trabajo fuera de casa, y el proceso se aceleró bruscamente con motivo de la I Guerra Mundial, cuando millones de mujeres hubieron de sustituir en los puestos de trabajo a los hombres que marchaban al frente. Ello, así como la fuerza creciente de la idea de igualdad política para todas las personas, presionaba a favor del voto y demás derechos ciudadanos para la mujer. En Gran Bretaña y Usa surgieron movimientos sufragistas femeninos, que terminaron por conseguir su objetivo (en 1917 y 1920 respectivamente), aunque antes lo habían adoptado otros países sin tales movimientos: Nueva Zelanda (1893) Australia (1902), y los países escandinavos, salvo Suecia, entre 1906 y 1915. Hacia el final de la I Guerra Mundial el voto femenino llegó a Holanda y la URSS, y después a otros países europeos: Polonia, Austria, Checoslovaquia, Suecia o Francia en 1918-19. 

Conviene señalar este proceso porque una versión demagógica, pero muy extendida, contempla el voto y las libertades ciudadanas en general, y en particular las de la mujer, no como un proceso evolutivo, de acuerdo con el desarrollo de determinadas sociedades, sino como una especie de derecho absoluto y existente desde el principio de los tiempos, pero impedido durante milenios o siglos por intereses "retrógrados" o similares.

En España, la dictadura de Primo de Rivera, de 1923 a 1930, fue un período de muy rápida transformación social y económica, y las mujeres pudieron presentarse por primera vez a cargos públicos (hubo varias de ellas en la Asamblea Nacional), pero no votar todavía. Esto iba a ocurrir en 1931, con la república y como conclusión natural de la evolución anterior.

Debido a una imagen propagandística, la república ha quedado en la mente de la mayoría como un régimen traído por las izquierdas, pero lo cierto es que fue organizado e impulsado sobre todo por los políticos derechistas Alcalá-Zamora y Maura, con el propósito de implantar una democracia liberal normal. Un propósito que iba a torcerse desde muy pronto, primero por la oleada de incendios de iglesias, bibliotecas y centros de enseñanza católicos por parte de las izquierdas, y luego con la promulgación de una Constitución sectaria y no laica, sino antirreligiosa, que restringía las libertades de conciencia, asociación, etc., para el clero, limitándolo a una ciudadanía de segunda. A continuación la Ley de Defensa de la República limitó mucho más, en la práctica, las libertades reconocidas en la Constitución a los ciudadanos. Las nuevas autoridades de izquierda emprendieron, no obstante, algunas reformas de importancia, aunque no muy bien gestionadas en su mayoría. Una de esas reformas fue la concesión del sufragio a la mujer, aunque apenas existía presión popular, masculina o femenina, en ese sentido. 

Dentro de cada partido había posiciones contradictorias al respecto. La derecha católica lo veía con reticencia, por temer efectos dañinos sobre las familias, pero por otra parte le interesaba, pues esperaba que las mujeres, por lo común de tendencias más conservadoras y pacíficas, apoyaran a las derechas. A su vez las izquierdas deseaban el voto femenino, pero siempre que les viniera bien electoralmente, de lo cual desconfiaban mucho. Al final, por unas razones u otras, la mayoría apoyó la medida. No obstante, el grueso del centrista Partido Radical, dirigido por Lerroux y único partido republicano con tradición histórica relativamente larga, y con fuerza de masas, rechazaba la propuesta, al igual que ocurría con el Partido Radical Socialista, republicano de izquierdas.

Tiene el mayor interés el proceso de tramitación de la ley. La defensa y el ataque de la misma corrió a cargo especialmente de tres diputadas. Una, la lerrouxista Clara Campoamor, peroró ardorosamente a favor del sufragio femenino, pese al poco entusiasmo de su partido; y en cambio la izquierdista Victoria Kent, así como la exaltada socialista Margarita Nelken, se opusieron. Según estas últimas, la Iglesia influiría sobre el voto femenino y ellas no admitían otra influencia que la de las ideologías afines a ellas. Azaña comenta, con cierto sarcasmo: "La Campoamor es más lista y más elocuente que la Kent, pero también más antipática. La Kent habla para su canesú y acciona con la diestra sacudiendo el aire con giros violentos y cerrando el puño como si cazara moscas al vuelo. Yo creo que es una atrocidad negar el voto a las mujeres por la sospecha de que no votarían a favor de la República". Sin embargo tampoco Azaña se mostró muy partidario, y a la hora de la votación se abstuvo, retirándose oportunamente del hemiciclo. Lo mismo hizo el líder socialista Prieto.

Desde luego Prieto, un político maniobrero y poco responsable, estaba en contra. Dos años más tarde, cuando la derecha ganó por fuerte mayoría las elecciones, muchos políticos creyeron encontrar la causa de este giro político en el voto de la mujer, y el también socialista Vidarte reproduce en sus memorias este expresivo diálogo entre Prieto y Largo Caballero:

"–Si me hubierais hecho caso dejando en suspenso el voto de la mujer para otras elecciones, no tendríamos ahora problema alguno.
–Pero habríamos ido contra nuestros acuerdos y principios –le replicó Caballero.
–Nadie se hubiera dado la menor cuenta. Bastaba con decirles a unos cuantos diputados, que lo estaban deseando, que se quedaran en el café o no entraran en el salón". Era lo que él había hecho.

En sus memorias Martínez Barrio, jefe del ala izquierda del Partido Radical y masón del más alto rango, criticará amargamente a su correligionaria Clara Campoamor, acusándola también de coquetear –unilateralmente– con el régimen de Franco: "El servicio ofrecido a la República por la señorita Campoamor y los 157 diputados que la acompañaron en su desenfadada y alegre aventura, se tradujo en los bandazos electorales de 1933 y 1936. Con el voto femenino y la ley electoral del todo o nada, la República salió de Escila para entrar en Caribdis". 

¿Tuvieron fundamento esos enfoques? En apariencia sí, pues en las elecciones de 1931, sin voto femenino, la izquierda había alcanzado una mayoría aplastante. Sin embargo la apariencia queda más bien en tal, y se ha usado como argumento para ocultar hechos de mayor calado. No cabe duda de que en 1931 las izquierdas se beneficiaron de la desorganización y fragmentación de las derechas así como del impulso de las esperanzas, las ilusiones populares y la radicalización inicial de la república, mientras que en 1933 la población había experimentado los efectos de dos años de gobierno de la izquierda, y el balance distaba mucho de parecer satisfactorio a la mayoría. Además los anarquistas habían votado en 1931 a la izquierda, y se habían abstenido en 1933. El peso de sus votos fue menor del que han sostenido bastantes historiadores, pero en todo caso no dejó de ejercer una influencia. Para los anarquistas, que habían organizado varias insurrecciones reprimidas sangrientamente por Azaña, el balance del período no podía ser más nefasto: hambre, miseria, terror, deportaciones y torturas, "dos años que nunca olvidaremos" etc. Exageraban algo, pero era indudable que las violencias, el paro y el hambre habían crecido espectacularmente, mientras la reforma agraria había resultado un fracaso, la del ejército creaba tensiones innecesarias, y el estatuto catalán provocaba división de opiniones. Y contra todo ello votó en 1933 la mayoría de la población, incluyendo, por supuesto, a las mujeres.

En cuanto a las elecciones de 1936, confirman la misma idea. No conocemos los datos precisos de los comicios, porque nunca fueron publicados, pero la impresión hoy día más generalizada entre los historiadores es que derechas e izquierdas empataron prácticamente en votos. Lo cual implica que el electorado femenino también se dividió considerablemente. No hubo, por tanto, un bandazo propiamente hablando. La causa del retroceso relativo de las derechas con respecto a 1933 puede encontrarse en que su balance no fue brillante, aunque sí más positivo que en de las izquierdas del primer bienio; y también en la influencia emocional de una enorme campaña desatada por las izquierdas contra las atrocidades atribuidas a las derechas en la represión del movimiento revolucionario de octubre del 34 en Asturias. La campaña se basó fundamentalmente en simples embustes y exageraciones sin tasa, pero su persistencia y masividad, también en el extranjero, no cabe duda de que arrastraron a muchas personas a votar de nuevo a las izquierdas. Es seguro que entre esas personas hubo gran número de mujeres, acaso por el propio carácter de las denuncias sobre el supuesto terror derechista, que apelaban a la fibra más sensible de las gentes. 

Cabe decir, en conclusión, que la concesión del sufragio femenino en los años 30 era sólo cuestión de tiempo, seguramente no mucho, a causa del desarrollo social y económico anterior; y que fue obra tanto de la izquierda como de la derecha, con mayores y más efectivas reticencias en la primera. Es probable que la mayoría de las nuevas votantes apoyaran a la derecha, pero la desproporción debió de ser poco acentuada. Con seguridad las izquierdas exageraban en sus temores, y cosecharon también una elevada proporción de votos femeninos. Las prevenciones sobre la politización y desunión familiar no parecen haberse cumplido, y la conducta más frecuente sería el voto al mismo partido por parte de ambos cónyuges. Aunque no existen estudios precisos al respecto, suena razonable la idea, opuesta a la de Martínez Barrio, de que el voto femenino contribuyó, aunque de modo insuficiente, a la estabilidad del régimen, más bien que a sus bandazos
(publicado en Iberia Vieja) 2009-III-11

http://blogs.libertaddigital.com/presente-y-pasado/el-voto-femenino-en-la-ii-republica-4568/

 

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S.S.Benecito XVI y S.M. la Reina Doña Sofia. Valencia-España VII.MMVI.

 

Apertura de los Archivos Vaticanos - Benedicto XVI ha dado indicaciones –informa Zenit– para que los Archivos Vaticanos, incluido el Archivo Secreto, abran toda su documentación sobre el pontificado de Pío XI, que abarca desde 1922 a 1939. Los investigadores acreditados podrán consultar toda la documentación en el Archivo Secreto Vaticano referida a esas fechas, lo que hará que se comprenda mejor la relación de la Iglesia con los dramáticos totalitarismos del siglo XX: comunismo, nazismo y fascismo, así como nuevos documentos de la relación de la Santa Sede con España, antes y durante la Guerra Civil española. MMVI.VII

 

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El anticlericalismo y la iconoclastía durante
la II República y la Guerra Civil española:
¿proceso de emancipación de la humanidad
o fomento inusitado de la barbarie?

 

José Manuel Rodríguez Pardo

Comunicación defendida en el XL Congreso de Filósofos Jóvenes,
celebrado en Sevilla del 22 al 25 de Abril de 2003

 

1. Introducción. Una época teñida de falsedades historiográficas

No hace mucho tiempo, el períodico El País, a raíz de una declaración del Obispado español sobre si debía pedir perdón por su colaboración con el franquismo, desató una propaganda furibundamente anticlerical. No he podido recoger las muestras completas de todos los artículos, pero algunos muy recientes no tienen desperdicio. Un ejemplo reciente es el publicado en el citado diario El País por el catedrático [sic] de Historia Contemporánea José A. Piqueras:

«Durante la Segunda República, la iglesia oficial y muchos católicos atrajeron sobre sí la ira de organizaciones y personas de la izquierda después que se hubiera mostrado beligerante frente al nuevo régimen y a sus reformas. Durante seis años alentó el repudio hacia el adversario político e ideológico y puso su influencia moral y sus medios de comunicación al servicio de las opciones más derechistas, poco o nada respetuosas con el orden constitucional y los valores democráticos.»{1}

Incluso un hispanista como Ian Gibson afirma que la Iglesia debe pedir perdón por sus acciones, a raíz de la negativa de Monseñor Rouco Varela, que abrió el proceso de beatificación de varios de los mártires de la Guerra Civil, de pedir perdón por la guerra civil:

«Yo lamento los asesinatos de los curas, porque estoy contra la pena de muerte, pero la Iglesia fue la que sembró la semilla del odio y la violencia. Tienen la obligación de pedir perdón y no son capaces. Son menos humildes que su propio jefe, el Papa; son cobardes y traicionan el mensaje de Cristo.»{2}

Lo más sorprendente del caso es que este anticlericalismo no puede ser calificado más que de una vulgar y panfletaria contrafigura de su creencia antagónica, más dogmática aún que el propio catolicismo. Contrafigura enmarcada en la tesis dogmática y divulgada entre el gran público a machacamartillo acerca de una II República española como gobierno de plenas libertades, agredido por la reacción de derechas el 18 de Julio de 1936. La Iglesia sería, en este caso particular, un cómplice de ese asalto a la democracia destruida, y por lo tanto parte responsable y criminal del inicio de la Guerra Civil.

Sin embargo, no hay constancia alguna de que los religiosos se dedicasen a sembrar odio y violencia (los que lo afirman tan sólo expresan débiles conjeturas, sin apoyo documental alguno), sino que más bien el odio sembrado contra la Iglesia durante el período 1931-1939 dejó un panorama que debería cerrar las bocas de tanto anticlerical dogmático. Si seguimos las cifras señaladas en la Historia de la Iglesia en España, durante el golpe de estado provocado por el PSOE (entre otros) en Octubre de 1934, sólo en Asturias fueron 34 los religiosos asesinados y 58 los templos destruidos. Durante la Guerra Civil, se han contabilizado 6.800 religiosos asesinados sobre una población de 30.000,{3} datos que ilustres hispanistas no han discutido.{4}

Debido a la fuerte ideologización y sectarismo existente acerca de este período en la historiografía, hemos decidido acudir a fuentes que consideramos fidedignas sobre el desarrollo de aquellos años. En concreto, partiremos de la interpretación historiográfica que ofrece Pío Moa en su trilogía sobre la II República y la Guerra Civil española.{5} En dicho contexto se comprenden mejor los fenómenos del anticlericalismo, pues la mayoría de las opciones políticas de la época eran no sólo antirrepublicanas (como el PSOE, la CNT o el PCE, golpistas en 1934) o indiferentes frente al tipo de régimen, como la coalición derechista CEDA, sino que sus comportamientos respecto a la religión eran totalmente encontrados (anticlericales furibundos los primeros; católicos los segundos). En base a este marco, vamos a investigar primero, como es natural, lo que es el anticlericalismo.

2. El término «anticlericalismo»

Afirma Julio Caro Baroja que el anticlericalismo en España, o sucesos asimilables a él, tiene un origen religioso, o al menos elaborado desde una religión determinada. Uno de los casos más destacados que cita es el de los protestantes del siglo XVI y XVII, paradigma del rigorismo y el ascetismo, a los que considera un precedente del anticlericalismo contemporáneo. Sus críticas de la vida laxa y poco relacionada con el voto de pobreza del clero católico calarán hondo en el fenómeno anticlerical, como veremos.{6}

Afirma además Baroja que el término «Anticlericalismo» es presentado de forma peculiar en los Diccionarios: «Los diccionarios de la Lengua nos dicen que el "anticlericalismo" es una "doctrina o procedimiento contra el clericalismo". Esto es mucho y es poco. Es mucho porque la palabra "doctrina" nos hace pensar en una enseñanza o instrucción, en un saber que se obtiene mediante ésta o en una opinión autorizada. El anticlericalismo puede carecer de todo esto, y lo que tenga de procedimiento es aleatorio. Una ley anticlerical del Estado puede considerarse como hija del procedimiento y de doctrina mala o buena. La quema de iglesias o la matanza de frailes, que son otras feroces expresiones del anticlericalismo, no tienen nada de lo que puede pensarse que es un procedimiento; se trata de "ejecuciones" bárbaras».{7} Sin embargo, no cabe distinguir entre «ideas sin acción» y «acción sin ideas», a la manera de Marx. Las ejecuciones bárbaras pueden ser inspiradas por doctrinas, quizá no muy elaboradas, pero doctrinas al fin y al cabo. Y de ellas habremos de dar cuenta más adelante.

Siguiendo con las curiosidades que aportan los diccionarios, hay que señalar que «la aceptación de la palabra en los diccionarios de la Academia Española es increíblemente tardía. Una exploración rápida me dio un resultado imprevisto. Pensando en términos históricos, la comencé recurriendo en primer término, al de 1843, a la novena edición. No estaba. Pero tampoco la hallé en la oncena, de 1869, ni en la duodécima, de 1884, ni en la siguiente, de 1899. Ni siquiera en la de 1925, que hace la quince. Sí en la décimosexta, de 1939, y en la décimonona, de 1970. En el Diccionario histórico de la Lengua Española, que la misma Academia empezó a publicar en 1933, aparece la palabra "anticlerical" tan sólo, ilustrada con ejemplos de Gómez de la Serna y Moreno Villa».{8}

La aceptación tan novedosa del término nos da pistas para situar el anticlericalismo dentro de unos límites bien definidos: se trata de un fenómeno de la época contemporánea desarrollado en países de gran tradición católica, como es el caso de España.{9} Sin embargo, tal fenómeno tiene unos precedentes de varios siglos atrás, como el caso de los libelos protestantes ya citados, que van acompañados de un fortísimo componente iconoclasta, tal y como sucedió en el caso de la rebelión de los moriscos del Reino de Granada, que veían a la Iglesia como la causa principal de sus desgracias: «Es muy probable, sin embargo, que, sobre todo en la mitad meridional de España, al cabo de varias generaciones el anticlericalismo de origen medieval, cristiano, y el anticlericalismo judeomorisco influyeran en la conciencia popular, cada cual por su estilo, produciendo nuevos resultados. Las explosiones de odio religioso que se dieron cuando la sublevación de los moriscos del Reino de Granada, con las consiguientes quemas de iglesias, mutilaciones de imágenes, persecución del clero, &c., se parecieron bastante a las que se han dado después, en los siglos XIX y XX, cuando la masa de ciertas ciudades y pueblos de los reinos de Andalucía y de Valencia ha tenido ocasión de revolucionarse».{10}

Estos detalles iconoclastas, que suelen acompañar al anticlericalismo español, tienen un gran interés desde el punto de vista de la Filosofía de la Religión. Para nuestro estudio nos basaremos en las concepciones que expone Gustavo Bueno en su obra El animal divino, donde señala como núcleo de la religiosidad los númenes o seres dotados de voluntad e inteligencia, desde los animales recreados en las pinturas rupestres hasta el Dios monoteísta. Sin embargo, tal filosofía de la religión incluye además un cuerpo o sostén de las determinaciones de la esencia de la religión, donde se sitúa la problemática que vamos a estudiar aquí.{11}

En nuestro caso, el cuerpo de la religión incluye a dos de los tres tipos de valores de lo sagrado que señala Gustavo Bueno, es decir, fetiches y santos. En este caso, y tomando como referencia los tres ejes del espacio antropológico{12}, se dirá que los fetiches, las imágenes religiosas, principal blanco de la iconoclastía, entran dentro de las categorías del eje radial, son una cosa, vulgarmente hablando.{13}

Sin embargo, ello no implica que estos iconos o fetiches se consideren aislados respecto a los númenes o los santos, pues la propia constitución del material antropológico que ofrece la religión es ambigua. Como ejemplo, basta considerar la hostia consagrada: para un creyente, es Cristo presente en la Eucaristía, es decir, entraría en la categoría de una persona; para un ateo, se trataría de un alimento{14} (como se dice a propósito de Vázquez de Mella, algunos, por la Eucaristía, consideraban a los católicos como «caníbales»). Y el propio Cristo puede entenderse como Dios encarnado, con lo que sería un numen; así, la hostia consagrada podría interpretarse incluso como un caso de fetichismo, como símbolo de Dios encarnado.

Por ello, estos problemas de discernimiento entre lo que es fetichismo, lo que es santo, lo que es numinoso, y también entre lo que es religioso y lo que no lo es, obligan a un fino análisis que ha de contrastarse con los fenómenos que acontecieron durante la II República y la Guerra Civil española.

2.1. El anticlericalismo en la II República y la Guerra Civil

El 11 de mayo de 1931, y sin que hubiera motivo aparente, comenzaron los incendios de edificios religiosos en toda España. Estos enconadísimos actos destructores contra la Iglesia fueron, contra lo que afirman algunos historiadores, perpetrados por grupos de militantes politizados, miembros de las organizaciones obreras y del Ateneo Republicano, y no por el «el pueblo» como suele afirmarse hoy.{15} El gobierno republicano se negó a defender a las víctimas de tales ataques, llegando incluso a atacar a quienes denunciaron esa pasividad: más de cien periódicos de orientación derechista fueron censurados.

Asimismo, el Artículo 26 de la Constitución republicana vetaba a los jesuitas y cualquier otra orden religiosa todo tipo de actividad industrial, comercio y enseñanza, permitiéndoles sólo mantener sus propiedades inmuebles, de las que en última instancia serían desposeídos al ser expulsados los miembros de la Compañía de Jesús. Con ello, los religiosos eran convertidos en ciudadanos de segunda, caracterización propia del Antiguo Régimen tan detestado por los republicanos.{16} Esta actitud resulta incomprensible si consideramos la preocupación por la mejora de la enseñanza del gobierno republicano, que incluía la hoy curiosamente denostada reválida de estudios. Lo más normal en este caso hubiera sido que se hubiera fomentado la enseñanza pública, al tiempo que se respetaban los centros de la Iglesia ya existentes.

Sin embargo, la ideología de los partidos de izquierda revolucionaria incluía como premisa irrenunciable que la religión y todas sus instituciones eran «el opio del pueblo», para decirlo al estilo de Marx, y su erradicación debía ser practicada de raíz. Cualquier avance que pudieran haber practicado los religiosos tendría que ser visto no como una muestra de progreso, sino como un intento por parte de la Iglesia de mantener sus posiciones privilegiadas, logradas por medio de engaños y de sumisión al poder.

Por ello, se dio el caso de que los incendiarios se ensañaron con centros como el Instituto Católico de Artes e Industrias de los Jesuitas de Madrid, en la Calle Alberto Aguilera, «y del cual tantos beneficios recibían las clases trabajadoras».{17} Frente a los partidos revolucionarios, y tras la promulgación en 1891 de la encíclica del Papa León XIII De Rerum Novarum, la Iglesia en España había asumido una posición preponderante en la llamada cuestión social, que los propios partidos de izquierda no podían permitir, pues la consideraban de su propiedad.{18}

2.2. La iconoclastía en la II República y la Guerra Civil: algunos ejemplos

Además de lo ya relatado, resulta interesante desde el punto de vista de la Filosofía de la Religión observar que, en los ya citados asaltos del 10 de Mayo de 1931, como el de la Residencia de los jesuitas de la Calle de la Flor de Madrid, «los incendiarios prosiguen su obra destructora, cruzando por los corredores, revestidos sacrílegamente de estolas y casullas. Uno de ellos sale con un gran cuadro del Sagrado Corazón de Jesús y después de clavar un puñal en el corazón de la imagen, la arroja al fuego [...].»{19} En Sevilla, el 11 de mayo, «Ornamentos, misales, muebles y estatuas fueron hacinados en la vecina Plaza de Argüelles, y bárbaramente abrasados.»{20} «Al mediar la mañana, algunos grupos de revoltosos vagaban todavía por las calles de los barrios apartados, paseando imágenes de santos entre burlas y blasfemias, y arrojándolas al río cuando se cansaban de jugar con ellas.»{21}

También el 11 de Agosto de 1932, vencida la sublevación de Sanjurjo, se producen nuevos desmanes. En Granada, en la zona histórica del Albaicín, arde la histórica iglesia de San Nicolás: «Verdaderas obras de arte no había ninguna en la Iglesia, pero sí imágenes muy veneradas, [...]. Sacada a la calle la de San Nicolás, dispararon sobre ella para probar su puntería y la arrojaron después a un barranco inmediato.»{22} Por ello, es normal que en las elecciones de 1936 Acción Popular invocase las procesiones de Semana Santa{23} como motivo para no votar al Frente Popular. Esta exaltación del frenesí iconoclasta, para decirlo en términos de Historia de la Cruzada Española, supuso el motivo de la aversión al gobierno republicano. Quizá en otros lugares de Europa no hubiera provocado más que aversión por la falta de orden público, pero para los españoles tales actos tenían además una significación especial. Y ello porque la cultura española es esencialmente analfabeta. Es decir, en ella la escritura y la lectura no tienen excesivo peso, y sin embargo los iconos de santos y vírgenes son objeto de veneración, a diferencia de lo que suele suceder en países de tradición protestante.{24} Por lo tanto, lo que hemos de analizar es precisamente qué interés tienen para la filosofía de la religión dichos cultos, y la influencia que alcanzan.

3. Los complejos ritos católicos

3.1. El llamado «sincretismo religioso»

A cualquier persona, sin necesidad de estar versada especialmente en la Historia de las Religiones o en Antropología, no se le escapará el detalle de contemplar cómo, aun reconociendo al catolicismo como religión monoteísta, los cultos a diversos santos o vírgenes parecen contradictorios respecto a tal monoteísmo. Personajes de todo tipo, incluyendo por supuesto a historiadores{25} del período 1931-1939, han señalado tal circunstancia. De forma más negativa, otras religiones monoteístas, como las sectas protestantes o el islam, han desdeñado el catolicismo por ser presuntamente politeísta, alegando no sólo estos devaneos idólatras, sino el tema de la Santísima Trinidad, y otros muchos que no podemos aquí tocar. Sin embargo, convendría analizar serenamente y sobre el terreno estas cuestiones, siquiera mínimamente, antes de dar por sentados tales juicios.

Para este fin vamos a hacer referencia a dos ritos que analiza Julio Caro Baroja, y que precisamente conoció de primera mano durante la Guerra Civil: Las Mondas de Talavera y el Toro de San Marcos. Afirma Baroja que según el viejo refrán castellano, «En Talavera no hay Dios, ni Rey ni Semana Santa», y no porque sean los talaveranos ateos y anarquistas, sino porque el culto a la Virgen de Nuestra Señora del Prado absorbe toda la religiosidad, fiesta que relaciona con las ofrendas realizadas a Démeter en la época romana.{26}

Respecto al Toro de San Marcos, esta ceremonia se celebra sobre todo en el norte de Extremadura, zona de gran tradición taurina y de ferias ganaderas. Así, el 25 de abril, festividad de San Marcos, en la dehesa de San Benito (Plasencia) se celebra una famosa feria ganadera. Es reseñable también que hasta la distribución de los santos y sus dones animales que ofrece Ezequiel en la Biblia, es trastocada en España, por nuestra gran tradición taurina, pues si a Mateo le corresponde el Hombre, el Toro a San Lucas y el Águila a San Juan, a San Marcos en lugar de corresponderle el León le corresponde el Toro, el animal de San Lucas.{27}

Concretamente, la ceremonia de San Marcos consiste en elegir un toro de entre la ganadería, de quien se considera que «acoge» al santo y es conducido mansamente hasta la Iglesia para postrarse ante la imagen de San Marcos. Esta insólita ceremonia{28}, que Feijoo tilda de supersticiosa, tiene la peculiaridad de conducir al toro embriagado{29}, por lo que Baroja, tras aludir a la intensa romanización de Extremadura, supone el rito consagrado originalmente al dios Baco (Dionisos). Así, en las Las Bacantes de Eurípides, se dice que Penteo muere por asta de toro, que es el propio Dionisos, aunque esta explicación no le satisface del todo.{30} Aun así, tampoco se debe olvidar que en Mérida se ha verificado la existencia del culto a Mitra, el dios astado.{31}

Otro caso a reseñar es el del santoral español, que es objeto de narraciones mitológicas similares a las de los ritos paganos. Autores como Lope de Vega escribieron las llamadas «comedias de santos», donde se combinan los milagros y los símbolos religiosos con exaltaciones patrióticas o locales. A pesar de los esfuerzos de Mariana y otros por evitar estas celebraciones, siguieron arraigadas hasta el siglo XIX.{32}

Ejemplos como estos, y muchos otros, podrían dar fe de la idolatría imputada por los protestantes a los católicos. Sin embargo, frente a una visión demasiado simplista, Caro Baroja alude a una cuestión que ha ido retomando a lo largo de su vida académica para explicar estos fenómenos. Se trata del fenómeno del «sincretismo religioso». Es decir, una unión o mezcla de diferentes tradiciones culturales, de tal manera que ambas perviven en la mezcla, en mayor o menor grado. El problema que reside en la explicación de Caro Baroja, como él mismo reconoce, es encontrar un canon para analizar los diversos tipos de sincretismos.{33} Sin embargo, y ya que vuelca su interés en el sincretismo producido por religiones de sociedades imperialistas, como el Imperio Romano, han de citarse los dos hechos cruciales que Baroja considera necesarios para el fenómeno sincrético: las expansiones militares de tendencia imperialista y las empresas comerciales, en que marinos y mercaderes de lugares lejanos entre sí se relacionan de modo bastante estrecho.{34}

Tales rasgos son coordinables con la explicación que da Gustavo Bueno acerca del desarrollo de las esferas culturales. Así, el número de esferas culturales disminuye al tiempo que aumenta su complejidad, pues las culturas de carácter imperialista irán incorporando determinados rasgos de aquellas culturas que engullen.{35} Así, el catolicismo habría incorporado los diferentes ritos de los pueblos evangelizados, tanto en la vieja Europa como en el Nuevo Mundo.{36} Los valores fetichistas, los más representativos de lo sagrado en la religiosidad secundaria (debido a la sustitución de los númenes por sus representaciones corpóreas) toman en la religiosidad terciaria de las sociedades imperialistas modernas (industriales o preindustriales) una posición determinante, asegurada gracias a su alianza con los valores de lo santo.{37}

3.2. La iconoclastía y sus raíces

Sin embargo, al tiempo que la religión católica incorpora nuevos rasgos de religiosidad, tiene que hacerlos coherentes con sus dogmas. Por ello, y ante tan gran material icónico, el catolicismo mantiene una doctrina de término medio que enuncia el Padre Feijoo: los que prestan culto indebido a las imágenes, son idólatras; los que se lo niegan, herejes.{38} Al parecer, hasta Lutero dice que es la Ley de Moisés, el Viejo Testamento, y no la de Cristo, el Nuevo Testamento, la que prohibe adorar las imágenes de Dios. De lo contrario, y coherentemente, debería ser prohibida hasta la Cruz.{39}

Consecuentemente, las imágenes de la Virgen o de los santos han de ser objeto de veneración no como símbolos locales, sino como modelos de un arquetipo único. De lo contrario, se cae en la idolatría.{40} Esta situación contradictoria aparentemente conduce, como reconoce Gustavo Bueno, «hacia la defensa de la sacralidad de lo corpóreo, lo que nos sitúa en la antesala del fetichismo».{41} Situación esta que los protestantes, mucho más espiritualistas, han rechazado abiertamente: «También Cipriano de Valera [protestante español] en el tratado primero de los que publicó en 1588, sobre el Papa y su autoridad, atacó el culto a las imágenes con argumentos parecidos, considerando que hay un elemento muy materialista en él.»{42}

Este fenómeno de rechazo a las representaciones divinas se originó en el famoso iconoclasmo de Bizancio, durante el pontificado de León III (714-741), y presuntamente fue producto del fundamentalismo de capas pobres del Imperio de Oriente, o de tendencias islámicas.{43} La corriente iconoclasta surgida desde la Reforma protestante habría que situarla en un conflicto entre santos y fetiches, considerando los reformados que los católicos daban culto idólatra a las imágenes de santos.{44} Desde estas posiciones de negación del catolicismo y vuelta al cristianismo primitivo se han elaborado diversas filosofías de la religión,{45} basadas en la falsa disyuntiva entre monoteísmo y el ateísmo, como es el caso de Feuerbach: «La época moderna ha tenido como tarea la realización y humanización de Dios, la transformación de la teología en antropología, reduciéndose la primera a la segunda.»{46}

Vemos que a la vista de la percepción emic de los propios filósofos católicos, el culto a las imágenes no es sólo tolerable, sino necesario. Evidentemente, todo ello regulado para evitar la idolatría. Al fin y al cabo, la religión católica no puede sobrevivir sin mantener esos restos de religiosidad secundaria, sin los que se convertiría en puro racionalismo y se desplazaría inevitablemente al ateísmo (hace falta que existan pecadores, restos de la religiosidad secundaria, para que la Iglesia pueda sobrevivir).{47}

Sin embargo, desde una significación etic, ¿cómo podríamos considerar las críticas realizadas por los protestantes a la supuesta idolatría de los católicos? No deberíamos considerarla una lucha dada en el eje angular, entre dos tipos distintos de númenes, pues al fin y al cabo el catolicismo se había constituido como una religión terciaria por sus críticas al delirio mitológico de la religión secundaria (y sus correspondientes imágenes). En realidad, hay que ver la iconoclastía como un caso paradigmático de conflicto entre los númenes (en este caso Dios) y los santos con los fetiches, las imágenes religiosas.{48} Al fin y al cabo, los fetiches de diferentes esferas culturales aisladas pueden ignorarse (incluso las vírgenes de distintos lugares de España), pero no las concepciones monoteístas de sociedades imperialistas católicas y protestantes, como en este caso.{49}

4. Los efectos del anticlericalismo y la iconoclastía en nuestro caso particular de estudio

Habiendo llegado a este punto de nuestra argumentación, nos encontramos en disposición de explicar los motivos y las consecuencias del anticlericalismo y la iconoclastía del período 1931-1939. Para ello, hemos de dejar claros algunos detalles que suelen quedar ambiguos en la historiografía. En primer lugar, hemos de destacar que la II República fue el marco utilizado por partidos políticos obreros en su tránsito hacia otro tipo de sociedad política. Por ejemplo, el primer título de la Constitución Republicana, elaborada principalmente por ponentes del PSOE, afirmaba que España era una «república de trabajadores»,{50} en la línea de la URSS.

El propio golpe de estado de 1934 contra la legalidad republicana del PSOE, el PCE y la CNT, entre otros, entraba dentro de la perspectiva de la III Internacional comunista.{51} Aunque estos tres partidos políticos representen tres generaciones de la izquierda, señaladas por Gustavo Bueno en su último libro El mito de la izquierda, es de descatar que PSOE y PCE convergían en objetivos muy similares, que no eran otros que la colaboración con la III Internacional. Incluso la CNT anarquista estaba influida en sus métodos por la citada Internacional Comunista. Esto es, la concepción anticlerical de estas organizaciones obreras tenía como objetivo alumbrar en España el concepto de una organización social totalizadora, como la URSS.{52} Es decir, una sociedad que controla y reglamenta toda la vida del individuo, pues tiene como objetivo expandir su concepto de civilización a toda la Humanidad. Por lo tanto, para lograr su objetivo, estas organizaciones políticas tenían que acabar con todo vestigio de otra organización totalizadora que controlaba los ritos de paso, la Iglesia católica, aunque emic no la considerasen como tal.

En este sentido, cuando los historiadores interpretan que la Guerra Civil española fue provocada por un móvil religioso, están aludiendo realmente al carácter político de la religión católica. Así, la consideración de la Guerra Civil española como una Cruzada, surgida tras el fracaso del pronunciamiento cívico-republicano inicial, sumada a la Carta Colectiva del Episcopado Español de 1937 apoyando al bando franquista, su mejor obra de propaganda,{53} fue un método exclusivamente político, no religioso, utilizado por esa organización social totalizadora (la Iglesia católica) para su supervivencia en España. En este ambiente, los dos bandos enfrentados se veían a sí mismos de forma contrapuesta: como emancipadores de la Humanidad los partidarios de la URSS; como defensores de la civilización los católicos.{54}

Sin embargo, desde el punto de vista de la filosofía de la religión, lo que más nos interesa es que el ateísmo militante de estas fuerzas prosoviéticas había surgido no de la crítica directa al catolicismo, sino de la crítica a un cristianismo primitivo a la manera como lo concebían los protestantes.{55} Y más curioso aún resulta que proyectasen contra el catolicismo las ideas del cristianismo primitivo, cuando la Iglesia católica se había constituido en la gran superación y síntesis de los ritos paganos, el Derecho romano, la filosofía clásica griega y las doctrinas islámicas, entre otras corrientes.{56}

Además, en el caso de los católicos, el que la cultura española sea esencialmente analfabeta ha posibilitado el recurso de las imágenes religiosas para legitimar la absoluta ausencia de lectura, como ya citamos más arriba. Visto desde fuera, esta concepción es un infantilismo que, al mismo tiempo, gratifica a quien lo ejerce, haciéndole estar convencido de participar en una identidad trascendente, cuando esos ritos no tienen nada de trascendente (ni de sobrenatural), no tienen sentido más allá de lo que son en sí mismos.

Y respecto a esa cultura analfabeta, es de destacar que muchos autores intentan explicar la furia iconoclasta como un ataque a la Cultura, por parte de los republicanos y organizaciones obreras afines, auténticos bárbaros alejados de todo concepto de civilización. Sin embargo, tales afirmaciones carecen de sentido.{57} Al fin y al cabo, los mismos que celebraban o participaban activamente en los incendios y destrucciones de imágenes, eran los mismos que podían arrebatar de las manos las obras sobre la URSS o cualquier otro libro de inspiración similar, que no es menos cultura que un Cristo de Ribera o Zurbarán.

Es más, y precisamente por esto, hemos de destacar que esta iconoclastía, solidaria del arte desacralizado, no implica la eliminación del fetichismo. ¿Quién no podría ver en los lectores del realismo socialista de Máximo Gorki, auténtico escritor «de culto», o en el culto a la personalidad de Lenin y Stalin una forma, aunque desacralizada, de fetichismo? El espectacular crecimiento de la cultura extrasomática en las sociedades industriales propicia que, lo que antes era la veneración a las imágenes y santos, se convierta ahora en la veneración a la cultura, en el mito de la cultura como algo trascendente y dignificador, concepción a la que no escapaban los destructores de imágenes.{58}

Por ello, no podía ser la cultura o su destrucción el motivo del frenesí iconoclasta de las organizaciones obreras. Las causas hay que buscarlas en la insuficiencia de sus concepciones sobre la religión católica, que como vimos no es equiparable al cristianismo primitivo, al que resulta estúpido y simple atacar a finales del siglo XVIII, en el siglo XIX, o incluso en el siglo XX o el XXI, como pretenden aquellos estudiosos que señalan la falsedad del catolicismo mediante alusiones a la vida del Jesús histórico. Tales autores intentan sembrar fruto en terreno ya baldío.

Así, cuando los movimientos revolucionarios hijos de la Ilustración y las corrientes marxistas criticaban al catolicismo, en realidad criticaban a un fantasma, pues sus concepciones de la religión como una «impostura de los sacerdotes», al estilo ilustrado, o como «opio del pueblo», al estilo de Marx, eran en realidad elaboraciones al calor de formas de culto protestantes. Por eso, como cuenta F. Borkenau, las críticas de los partidos obreros a la Iglesia copiaban los panfletos protestantes que acusaban de laxitud de costumbres a los religiosos católicos;{59} reclamación paradójica, ya que grupos como los anarquistas reclamaban una moral más laxa, y no podían sino ver a ese clero de vida relajada como una avanzadilla de sus pretensiones. Precedentes de esta tendencia en los anarquistas también podríamos encontrarlos en la obra del socialista utópico Fernando Garrido, denominada ¡Pobres Jesuitas! , y acompañada curiosamente de la Monita secreta, el título que atribuían a sus injuriosos libelos los protestantes.

Los revolucionarios, al no poder asimilar las pautas del catolicismo y criticarlas adecuadamente, hubieron de recurrir a las mismas críticas de los libelos protestantes del siglo XVI contra el catolicismo. Paradójicamente, unos grupos políticos ateos y anticlericales basaban sus reivindicaciones en formulaciones realizadas por individuos religiosos. De haber sido otro su repertorio, no se entiende entonces cómo las prédicas y la furia revolucionaria se orientaran preferentemente sobre los curas y dejaran marginados, paradójicamente, a los burgueses.{60}

Por lo tanto, el gran problema de los revolucionarios fue su ignorancia respecto del enemigo al que se enfrentaban, y la poca previsión de lo que sucedería cuando los ataques a los símbolos y ritos religiosos se produjesen. Pensando que se encontraban ante el fantasma del cristianismo primitivo, ante el simple opio del pueblo marxiano y la simple disyuntiva entre el monoteísmo y el ateísmo, no sospechaban que los creyentes contemplasen, desde su perspectiva emic, actos de barbarie ante tanta iconoclastía, y que ello condujese a una resistencia masiva de aquella media España que, en palabras de Gil Robles, se resistía a morir.

5. Conclusión

Concluimos por tanto que, frente a lo que pudiese pensarse en aquella época, no es incompatible la filosofía materialista y una visión sacralizada del mundo. Frente a posiciones que explican lo santo a partir de mecanismos psicológicos o etológicos vulgares (en la línea de Freud o de Skinner) y los fetiches a partir de resultados que el análisis químico pertinente pueda ofrecernos, «la educación en los valores de lo sagrado, desde la perspectiva del materialismo filosófico, tendría que ser entendida, a lo sumo, como educación crítica, es decir, ante todo, destructora de cuantas interpretaciones místicas, metafísicas o teológicas suelen envolver a esos valores. Pero esta educación crítica no tiene por qué interpretarse como desacralizadora en el sentido "ilustrado" habitual del término. [...] Pero no para presentar la ignorancia bajo la forma de una profunda sabiduría. La educación en lo sagrado, en el fondo, tal como nos es dado entenderla, se reduciría a la educación misma en el ignorabimus, que acaso no sea otra cosa sino la educación en la docta ignorancia».{61} Es más, nos atreveríamos a ir más allá y afirmar que más dañina aún puede ser esta iconoclastía si sus principales instigadores favorecen a potencias extranjeras que intentan engullir a España.

Notas

{1} El País, (Edición de Valencia)12/03/2001. En Miguel Ángel García Olmo, «Reflexión de un 14 de Abril –en el 70º Aniversario de la II República Española–». Disponible en http://www.hottopos.com/notand8/magolmo.htm

{2} Ibidem.

{3} Tal y como reconocen Antonio Montero Moreno, Historia de la Persecución Religiosa en España, 1936-1939. BAC, Madrid 1999 y Vicente Cárcel Ortí, «La Iglesia en la II República y en la guerra civil (1931-1939)» en Historia de la Iglesia en España, vol. V. B.A.C, Madrid 1979, págs. 331-394.

{4} Así por ejemplo, Gabriel Jackson, en La república española y la guerra civil. Crítica, Barcelona 1976, pág. 459, da por correctas las cifras de Montero Moreno.

{5} Los orígenes de la guerra civil española, Los personajes de la república vistos por ellos mismos y El derrumbe de la segunda república y la guerra civil, editados en Encuentro, Madrid 1999, 2000 y 2001.

{6} Julio Caro Baroja, Introducción a una Historia Contemporánea del Anticlericalismo Español. Istmo, Barcelona 1980., págs. 85 y ss. Ver también el término «Monita secreta» en el Diccionario apologético de la fe católica, Tomo 2. Sociedad Editorial de San Francisco de Sales, Madrid 1890, cols. 2335-2339. Disponible en filosofia.org/enc/dac/monita.htm

{7} Julio Caro Baroja, op. cit., pág. 241.

{8} Julio Caro Baroja, op. cit., págs. 241-242.

{9} Julio Caro Baroja, op. cit., pág. 242.

{10} Julio Caro Baroja, op. cit., pág. 57.

{11} Gustavo Bueno, El animal divino, Pentalfa, Oviedo 1996, págs. 107-115.

{12} «Sobre el concepto de "espacio antropológico"», en El Basilisco, 5 (1ª época) (1978); págs. 57-69.

{13} Gustavo Bueno, «Los valores de lo sagrado: númenes, fetiches y santos», en María Isabel Lafuente Guantes (comp.), Actas del Congreso Los valores en la ciencia y la cultura. Universidad de León, León 2001, pág. 417. Disponible en filosofia.org/aut/gbm/2000val.htm

{14} Gustavo Bueno, El animal divino. Pentalfa, Oviedo 1996, pág. 346.

{15} Pío Moa, Los personajes de la república vistos por ellos mismos, págs. 189 y ss.

{16} Ver Luis Sánchez Agesta, Derecho constitucional comparado, 5ª Ed. Servicio de Publicaciones de la Universidad de Madrid, Madrid 1973, págs. 462-465.

{17} Joaquín Arrarás, Historia de la Cruzada Española, Vol. I. Ediciones Españolas, Madrid 1939, pág. 313.

{18} «Pero, si bien la Iglesia no atravesaba su mejor momento en la II República, suponerla, entonces o en el siglo XIX, compuesta fundamentalmente por curas guerrilleros y monjitas místicas, distorsiona la realidad. No era desdeñable ni mucho menos su labor asistencial, muy extensa y de enorme valor en un país que no conocería la seguridad social hasta la época franquista; o su esfuerzo de promoción de trabajadores mediante la formación profesional (un objetivo de la "quema de conventos" de mayo de 1931, fueron las escuelas salesianas y jesuitas)» Pío Moa, El derrumbe de la segunda república y la guerra civil, págs. 173-174.

{19} Cruzada, Vol. I, pág. 311.

{20} Cruzada, pág. 325.

{21} Cruzada, pág. 328.

{22} Cruzada, pág. 519.

{23} Como ejemplo podemos nombrar el siguiente: «Sevillano: ¿Te acuerdas de los años que estuviste sin SEMANA SANTA? Pues prepárate a no tenerla nunca si entran las izquierdas. ¡No ves que son laicos...y enchufistas!». Javier Tussell, Las elecciones del Frente Popular, Vol. 2. Cuadernos para el Diálogo, Madrid 1971, págs. 373 y ss. Tampoco se debe olvidar el robo de la famosa Cruz de Caravaca en 1934, con motivaciones iconoclastas, pues sólo se sustrajo el lignum crucis, dejando olvidadas sus joyas (Cruzada, Vol. II, 1940, pág. 30). Durante la Guerra Civil, el Monumento al Sagrado Corazón de Jesús, situado en el Cerro de los Ángeles (Getafe), fue fusilado [sic] y posteriormente dinamitado (aún hoy se conserva el original destruido, habiendo sido reconstruido en otro lugar cercano). Así, al pie de la foto del monumento destruido se dice: «El monumento al Sagrado Corazón de Jesus, en el Cerro de los Ángeles, destrozado por las hordas», &c. (Cruzada, Vol. VII, 1943, pág. 76).

{24} Señala Julio Caro Baroja en Las formas complejas de la vida religiosa. Akal, Madrid 1978, pág. 108 que: «Cuando, por ejemplo, el maestro Juan de Ávila escribía a cierto prelado de Granada acerca de lo que creía que se debía hacer en su diócesis, para adoctrinar a la gente de los pueblos, indica que consideraba útil que los predicadores y misioneros llevaran no sólo rosario, cartillas y libros devotos, como los de Fray Luis de Granada, sino también "algunas imágenes del santo crucifijo y Nuestra Señora, y San Juan, para que les diesen a los pobres", poniéndoles algunas imágenes en las casas... Y añade: "Y los pueblos han menester todas estas salsas para comer su manjar: rosarios, imágenes han de ser muchas; y los ricos cómprenlos de las ciudades". He aquí una idea "mínima", podríamos decir, acerca del valor religioso de las imágenes. No sólo la de Cristo».

{25} Así Hugh Thomas, en su obra ya clásica La Guerra Civil Española, Tomo I. Grijalbo, Barcelona 1976, pág. 70, Nota 2, señala lo siguiente: «Las mujeres españolas son mucho más religiosas que los hombres, un signo más de la posición femenina dominante en la iglesia, expresada por el papel atribuido en España a la Virgen María, tan exagerado que roza con la mariolatría».

{26} Julio Caro Baroja, Ritos y Mitos equívocos. Istmo, Madrid 1989, pág. 66.

{27} Caro Baroja, Ritos..., págs. 77 y ss.

{28} «No he podido registrar ninguna otra costumbre española semejante a la descrita. Es insólito el caso de que un animal vivo represente a un santo, y aquí no cabe duda de que el toro es una representación de San Marcos». Caro Baroja, Ritos..., pág. 99.

{29} Feijoo, «Toro de San Marcos», en Teatro Crítico Universal, Tomo Séptimo, Discurso VIII. Disponible en filosofia.org/bjf/bjft708.htm

{30} Caro Baroja, Ritos..., págs. 103-110.

{31} Alfonso Fernández Tresguerres, Los dioses olvidados. Caza, toros y filosofía de la religión, Pentalfa, Oviedo 1993, pág. 108.

{32} «No puede imaginarse que había de ocurrir otra cosa en un país con un temperamento no sólo religioso, sino también artístico, en el que el hombre, Dios, santo o pecador ocupa el lugar que ocupa en la esfera de las representaciones y en particular en la de las representaciones plásticas, visuales». Julio Caro Baroja, Las formas complejas de la vida religiosa. Religión, sociedad y carácter en la España de los siglos XVI y XVII. Akal, Madrid 1978, pág. 106.

{33} Julio Caro Baroja, Reflexiones nuevas sobre viejos temas. Istmo, Barcelona 1990, págs. 193 y ss.

{34} Julio Caro Baroja, Reflexiones..., pág. 194.

{35} Gustavo Bueno, El mito de la cultura, Prensa Ibérica, Barcelona 1996, pags. 187 y ss.

{36} Situación que es defendida por Baroja con lógicos argumentos: «En lo único que quiero insistir es en que la cristianización de los ritos, sea el que sea su origen, ha sido muchas veces mal interpretada por teólogos e historiadores dogmáticos que han visto en ella una especie de apartamiento y adulteración de las verdades del cristianismo; este proceso, los protestantes lo dan como propio de las sociedades católicas y tratan de él, en consecuencia, con despego y desprecio». Ritos ..., pág. 76.

{37} Gustavo Bueno, «Los valores de lo sagrado», págs. 423-435.

{38} «La virtud de la Religión, que prescribe el culto de las Sagradas Imágenes, está constituida entre dos extremos viciosos, o dos vicios extremamente opuestos, uno que les presta un culto indebido, otro que les niega todo culto. Aquél es propio de los Idólatras, éste de los Herejes. Los Católicos estamos en el medio justo. Pero los Herejes, para cuyos ojos lo negro es blanco, y lo blanco negro, nos colocan entre los Idólatras». Benito Jerónimo Feijoo, «Sobre la recta adoración y devoción de las imágenes», en Adiciones a las Obras del Padre Feijoo, Discurso I, §. I, 1. Disponible en http://filosofia.org/bjf/bjfvad1.htm

{39} Feijoo, ibidem.

{40} Feijoo, op. cit., §II, 16.

{41} Gustavo. Bueno, «Los valores de lo sagrado», pág. 431.

{42} Julio Caro Baroja, Las formas complejas..., págs. 108-109.

{43} Gustavo Bueno, «Los valores de lo sagrado», pág. 431.

{44} Gustavo Bueno, «Los valores de lo sagrado», pág. 432.

{45} «El culto a Dios, tal como lo concebían hombres como Calvino, no permitía concesión alguna en relación con las imágenes. Cualquier imagen era una profanación, una consecuencia de aberraciones del hombre y una expresión de paganismo. Representar a Dios, puro sacrilegio. Calvino tuvo una especie de iconoclastía que quedó en su iglesia y que –como es sabido– ha producido en ciertos países una clase de beatería popular tan extremada como la que produce en otros la iconolatría». J. Caro Baroja, Las formas complejas..., pág. 123.

{46} L. Feuerbach, «Principios de la filosofia del futuro», 1 en Principios de la filosofía del futuro y otros escritos. PPU, Barcelona, 1989, pág. 78. Ya antes un autor considerado como materialista y ateo, Tomás Hobbes, afirmaba en su Leviathan. Alianza, Madrid 1992, pág. 497 que «Otro residuo del paganismo es la adoración de las imágenes, cosa que no fue instituida por Moisés en el Antiguo Testamento, ni por Cristo en el Nuevo; tampoco fue adoptada por imitación de los gentiles, sino que éstos la conservaron cuando se convirtieron a Cristo».

{47} Gustavo Bueno, Cuestiones cuodlibetales sobre Dios y la religión. Mondadori, Barcelona 1989, pág. 445.

{48} «El conflicto [entre númenes y fetiches] alcanzó su máxima tensión cuando, a la vez, los valores sagrados fetichistas constituían obras de arte, y de arte considerado como el más refinado; porque entonces, el conflicto entre el elemento religioso o numinoso de lo sagrado, y el elemento corpóreo-fetichista conduciría al proyecto radical de una desacralización del arte. Una desacralización que no estaba impulsada desde una perspectiva racionalista, que buscase secularizar los valores estéticos, sino desde una perspectiva religiosa. Es así como resultará que el proceso de desacralización religiosa del arte se convirtió en el implacable, por no decir fanático movimiento religioso que conocemos como iconoclastia. La desacralización religiosa del arte puede llegar al límite, en la forma de una propuesta de "liquidación" del arte mismo». Gustavo Bueno, «Los valores de lo sagrado», págs. 429-430.

{49} Gustavo Bueno, «Los valores de lo sagrado», pág. 428.

{50} Luis Sánchez Agesta, Ibidem.

{51} Pío Moa, Los orígenes de la guerra civil española. Encuentro, Madrid 1999.

{52} «La Iglesia extiende su interés a los más variados e íntimos aspectos de la conducta no sólo en el templo, sino en la familia, en la vida íntima. El Estado soviético pretendió, a su modo, orientar según un nuevo estilo la totalidad de los aspectos de la conducta del ciudadano: su moral, el arte, la religión, &c. Lo que se dice del Estado soviético puede extenderse, acaso aún más, a ciertas organizaciones políticas –partidos políticos– cuyos militantes tienen la impresión de estar sujetos no ya a un con-junto de compromisos parciales, sino a un compromiso totalizador, en cuanto que afecta a todos los aspectos de su conducta profesional, privada, estética, moral, &c.». Gustavo Bueno, El papel de la filosofía en el conjunto del saber. Ciencia Nueva, Madrid 1970, págs. 33-34.

{53} Ver José Manuel Cuenca Toribio, La guerra civil de 1936. Espasa Calpe, Madrid 1986, pág. 222. Para estudiar la génesis del término Cruzada en la Guerra Civil es interesante consultar el artículo de Maximiliano García Cordero, OP, «Cómo surgió la idea de Cruzada en la Guerra Civil», en Razón española, 116 (noviembre-diciembre 2002); págs. 277-304. Disponible en galeon.hispavista.com/razonespanola/r116-cru.htm

{54} «El país se polarizó, los revolucionarios consideraban a los conservadores un rebaño de necios y serviles manipulados por una oligarquía privilegiada y explotadora, una barrera para la liberación integral del ser humano; los conservadores veían en sus adversarios una masa embrutecida y embaucada por jefes sin escrúpulos, dominados por la envidia y el resentimiento y lo bastante enloquecidos para sacrificar la civilización en aras de unas ambiciones quiméricas». Pío Moa, El derrumbe, págs. 30-31.

{55} Caro Baroja señala con acierto que Los filósofos alemanes del siglo XVIII y XIX criticaron de forma anacrónica al cristianismo por su imagen de los santos atormentados. Para el antropólogo español esta interpretación es excesiva, tan excesiva como oponer el paganismo griego al cristianismo primitivo ¡en 1790 o 1820! (Las formas complejas..., pág. 115).

{56} «La sociedad cristiana primitiva no tenía la complejidad de la sociedad medieval tardía, ni había elaborado como ésta una enorme cantidad de conocimientos técnicos y de tradiciones de origen muy distinto, de suerte que el arte cristiano –como otros elementos de la religión– llega a ser un producto obtenido en un inmenso crisol. Una consecuencia de "novedades" sucesivas, en suma. Y estas "novedades" cuando llegan al momento más crítico es cuando los protestantes vuelven al viejo ataque». Caro Baroja, Las formas complejas..., pág. 123.

{57} «Desmintiendo la falsa imagen de gran parnaso cultural que tantos difunden de este régimen, la furia iconoclasta que desató a lo largo de los nueve años en que se mantuvo convierte en anécdota la destrucción de los budas de Bamiyan a manos de los taliban afganos que tanto nos ha horrorizado». Miguel Ángel García Olmo, op cit. También historiadores como Pío Moa mantienen tales concepciones, aunque sin profundizar en exceso en ellas.

{58} Gustavo Bueno, El mito de la cultura, págs. 117-139 y Cuestiones cuodlibetales, págs. 269-271.

{59} Como afirma en numerosos lugares de su obra El reñidero español, Península, Barcelona 2001.

{60} Pío Moa, Los personajes de la república vistos por ellos mismos, págs. 388-389.

{61} Gustavo Bueno, «Los valores de lo sagrado», págs. 434-435

El Catoblepasnúmero 17 • julio 2003 • página 16

http://www.nodulo.org/ec/2003/n017p16.htm  2006.VIII.04

 

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¿QUÉ ES EL MARTIRIO? - El Papa Benedicto XVI envió recientemente una carta

Martins, Prefecto de la Congregación para las Causas repasaba algunos puntos de interés. Entre ellos, la misiva martirio.

El Papa explica que son mártires aquellos que «sangre, libre y conscientemente, en un acto supremo de su fidelidad a Cristo, al Evangelio y a la Iglesia». Benedicto que hay nuevas circunstancias para el martirio: «Aunque martirio sigue siendo el mismo, y tiene en Cristo su fuente cambiado los contextos culturales del martirio y las estrategias que cada vez trata de manifestar de modo menos explícito cristiana o a un comportamiento relacionado con las simula diferentes razones, por ejemplo, de naturaleza Para reconocer un martirio «es necesario recoger la disponibilidad al martirio, como el derramamiento aceptación por parte de la víctima, pero también es necesario o indirectamente, aunque siempre de modo moralmente perseguidor. Si falta este elemento, no existirá un verdadero doctrina teológica y jurídica perenne de la Iglesia». MMVI

 

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 600 MÁRTIRES. - El pasado mes de junio 2006, el Papa Benedicto XVI autorizó la promulgación de los Decretos de 149 Causas de mártires durante la Guerra Civil española, 148 religiosos y una seglar.

En el mes de abril, Benedicto XVI ya había aprobado la promulgación de 59 Decretos.

El Papa Juan Pablo II reconoció el martirio de 473 perseguidos durante esos sangrientos años de la historia de España.

Ha habido un total de nueve ceremonias de beatificación de mártires de la persecución religiosa durante la Guerra Civil, todas ellas con Juan Pablo II. La más numerosa se celebró en 2001 y fueron beatificadas 233 personas.

Aún quedan 963 Causas pendientes, que están en proceso de estudio. 2006-07-28

 

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El Misterio eucarístico -sacrificio, presencia, banquete- no consiente reducciones ni instrumentalizaciones; debe ser vivido en su integridad, sea durante la celebración, sea en el íntimo coloquio con Jesús apenas recibido en la comunión, sea durante la adoración eucarística fuera de la Misa. Entonces es cuando se construye firmemente la Iglesia y se expresa realmente lo que es: una, santa, católica y apostólica; pueblo, templo y familia de Dios; cuerpo y esposa de Cristo, animada por el Espíritu Santo; sacramento universal de salvación y comunión jerárquicamente estructurada.
Ecclesia de Eucharistia, n. 61

 

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“La contemplación de la Eucaristía debe animar a todos los miembros de la Iglesia, en primer lugar a los sacerdotes, ministros de la Eucaristía, a reavivar su compromiso de fidelidad. Sobre el misterio eucarístico, celebrado y adorado, se funda el celibato que los presbíteros han recibido como don precioso y signo del amor indiviso hacia Dios y hacia el prójimo”. En la Homilía de la Clausura del Sínodo de los obispos y del Año de la Eucaristía (23.X.2005) el papa Benedicto XVI –P.M. pronunció esas palabras.

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Nada perturba tanto la vida humana como la ignorancia del bien y el mal.
Cicerón

 

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Recuerda lo que San Policarpo decía de San Juan que, cuando escuchaba a alguno decir herejías, Juan se tapaba los oídos. No es malo tomar ese ejemplo en estos tiempos en que los charlatanes de tantas sectas nos quieren vender sus herejías.

 

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Toda persona tiene derecho a la libertad religiosa (...) de tal manera que, en materia religiosa, ni se obligue a nadie a obrar contra su conciencia, ni se le impida que actúe conforme a ella en privado y en público, solo o asociado con otros.
Concilio Vaticano II

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Un gran hombre demuestra su grandeza por el modo en que trata a los que son o tienen menos que él.

 

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El mundo no está amenazado por las malas personas, sino por aquellos que permiten la maldad. Albert Einstein. Físico estadounidense de origen alemán.

 

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Siempre que alguien afirma que dos más dos son cuatro, y un ignorante le responde que dos más dos son seis, surge un tercero que, en pro de la moderación, la tolerancia y el diálogo, acaba concluyendo que dos más dos son cinco".

 

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La laicidad está para asegurar a libertad religiosa, y no para imponer la ausencia de religiosidad. Jesús Sanz Rioja

 

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Por la calle del "ya voy", se va a la casa del "nunca".
Miguel de Cervantes Saavedra. Escritor español.

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Los perezosos siempre hablan de lo que piensan hacer, de lo que harán;
los que de veras hacen algo no tienen tiempo de hablar ni de lo que hacen.
J. W. Goethe. Escritor alemán.

 

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El genio comienza las obras grandes, mas sólo el trabajo las termina.
J. Joubert

 

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La vida tiene una historia muy larga, pero cada individuo tiene un comienzo muy preciso: el momento de su concepción. Jérôme Lejeune

 

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No daré veneno a nadie aunque me lo pida, ni le sugeriré tal posibilidad.
Juramento de Hipócrates

 

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Glorificación de Dios, Señor y Creador

El salmo 148, que ahora se ha elevado a Dios, constituye un verdadero "cántico de las criaturas", una especie de Te Deum del Antiguo Testamento, un aleluya cósmico que implica todo y a todos en la alabanza divina.
Un exegeta contemporáneo lo comenta así:  "El salmista, llamándolos por su nombre, pone en orden los seres:  en el cielo, dos astros según los tiempos, y aparte las estrellas; por un lado, los árboles frutales, por el otro, los cedros; en un plano, los reptiles, y en otro los pájaros; aquí los príncipes y allí los pueblos; en dos filas, quizá dándose la mano, jóvenes y doncellas... Dios los ha establecido, atribuyéndoles un lugar y una función; el hombre los acoge, dándoles un lugar en el lenguaje, y, así dispuestos, los conduce a la celebración litúrgica. El hombre es "pastor del ser" o liturgo de la creación" (Luis Alonso Schökel, Trenta salmi:  poesia e preghiera, Bolonia 1982, p. 499).   Sigamos también nosotros este coro universal, que resuena en el ábside del cielo y tiene como templo el cosmos entero. Dejémonos conquistar por la alabanza que todas las criaturas elevan a su Creador.

 

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‘CHECAS DE MADRID: LAS CARCELES REPUBLICANAS AL DESCUBIERTO’

Lengua: CASTELLANO
Encuadernación: Tapa blanda bolsillo
ISBN: 9788497931687  - Colección: BEST SELLER DEBOLSILLO
Nº Edición:1ª  - Año de edición:2004 - Plaza edición: BARCELONA - ESPAÑA
Polémico y riguroso estudio sobre un período convulso y de gran crueldad. La instauración de la represión por parte de las fuerzas progresistas durante
la República Española. Análisis del proceso revolucionario que le dio lugar, iniciado a finales del siglo XIX, y que alcanza sus mayores victorias en 1931 y 1936, con el exterminio como arma de poder.


Recomendamos vivamente: ‘Historia de la Inquisición en España y América’ – El conocimiento científico y el proceso histórico de la Institución (1478-1834). Obra dirigida por don Joaquín PÉREZ VILLANUEVA y Bartolomé ESCANDELL BONET. Es una elevada tarea historiográfica con planteamientos científicos, bases documentales, tratamiento y lenguaje actuales. Y:

La inquisición española - Editorial: BAC- Centro de estudios inquisitoriales- Madrid-España. Autora:(Comella Beatriz.- Rialp, Madrid) Breve-óptimo libro.

 

La Inquisición – la institución, quizás más polémica de cuantas han existido –porque el formidable proceso de secularización moderna la fue convirtiendo paulatinamente en una de las muestras de la mentalidad pretérita más incomprensibles para nuestra sociedad, de valores normativos antitéticos a los de aquella lógica histórica, y porque, por otra parte, ha sido siempre el arma preferida para la batalla ideológica contra determinadas realidades históricas-, no había sido objeto de una Historia amplia, por parte de los españoles, desde la obra del afrancesado José Antonio Llorente, aparecida en los primeros lustros del siglo XIX.

 

Recomendamos vivamente:

1ª) LEYENDAS NEGRAS DE LA IGLESIA. Autor Vittorio MESSORI – Editorial “PLANETA-TESTIMONIO” 10ª EDICIÓN – Óptimo libro para defenderse del cúmulo de opiniones arbitrarias, deformaciones sustanciales y auténticas mentiras que gravitan sobre todo en lo que concierne a la Iglesia.

 2ª) NUEVE SIGLOS DE CRUZADAS. Autor el argentino-español Luis María SANDOVAL PINILLOS – Editorial CRITERIO-LIBROS. Idóneo para denunciar o aclarar invenciones contra la Iglesia, como para hacer, junto a una necesaria crítica, una apología sin complejos del derecho que asistía a los cristianos de defenderse.


¡Es mejor ser creyente que sapiente! † 

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).