Tuesday 21 February 2017 | Actualizada : 2017-02-03
 
Inicio > Leyendas Negras > Terrores - 1º del año 1000: otra invención protestante, milenarismo

Es difícil calificar una institución –como la Iglesia Católica que, en sus dos mil años- nos ofrece con sus bibliotecas, monasterios, universidades y archivos, nada menos que el ‘patrimonio intelectual de la humanidad’.

Ala Iglesia Católica es la comunidad religiosa más organizada del mundo; cuenta, además, con más de seiscientos [600] Universidades o Institutos superiores de investigación.

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--¿Por qué los benedictinos han tenido esta influencia tan fuerte en la arquitectura, el arte y la cultura europea?

--López-Tello: Los benedictinos, nacidos en el ocaso de la cultura romana (siglo VI), recibieron la herencia espiritual de ese mundo que sucumbía y supieron conservarla y recrearla para hacer de ella un vehículo de expresión de cómo el hombre puede hablar del Dios infinito a través de una variedad y pluralidad siempre limitada de lenguajes artísticos.

Dado que los monjes tuvieron un papel fundamental en la evangelización de Europa (por ello san Benito es el patrón principal de todo el continente), su presencia llevó a numerosas áreas del viejo mundo la posibilidad de usar las artes figurativas de un modo creativo para transmitir el Evangelio.

--Es fácil asociar benedictinos con abadías medievales, pero no con el arte moderno. ¿Es un prejuicio?
--López-Tello: Esa posibilidad expresiva no se encuentra limitada al medioevo, como muchos pueden creer, sino que, sobrepasando el barroco y los historicismos del siglo XIX, usa las posibilidades expresivas de la arquitectura, pintura, escultura o, incluso, fotografía, del siglo XX. Es un reflejo de cómo el hombre de todos los tiempos puede hablar de Dios con el lenguaje del arte. 09.I.2008

 

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Salmo 25,4-9. - Muéstrame, Señor, tus caminos, enséñame tus senderos.
Guíame por el camino de tu fidelidad; enséñame, porque tú eres mi Dios y mi salvador, y yo espero en ti todo el día.
Acuérdate, Señor, de tu compasión y de tu amor, porque son eternos.
No recuerdes los pecados ni las rebeldías de mi juventud: Por tu bondad, Señor, acuérdate de mí según tu fidelidad.
El Señor es bondadoso y recto: por eso muestra el camino a los extraviados;
él guía a los humildes para que obren rectamente y enseña su camino a los pobres.

 

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Jesucristo, ¿se equivocó al profetizar el tiempo del Fin del Mundo y de su Segunda Venida?

Responde el P. Miguel Ángel Fuentes, I.V.E.

 

Pregunta:

La Iglesia y devotos vive esperando desde hace 2000 años la inminente segunda llegada de Jesucristo; para afirmar esta idea, se separan unas cuantas frases en las cuales Jesús advierte sobre su próxima venida para que todos estemos preparados. Sin embargo en textos bíblicos proclama sobre palabras de Jesús que cualquiera diría que Jesús (o sea Dios encarnado) se equivocó. Seguramente esto hay que ´culparle´ a la urgencia apocalíptica de Mateo el evangelista que puso palabras equivocadas, mal interpretó o inclusive puede ser que eso es justamente lo que escucho decir de boca de Jesús. Mire entonces este pequeño discurso apocalíptico ´de´ Jesús, tomado íntegramente sin violar su contexto: (MATEO 24,1-34): ´Y salido Jesús, íbase del templo; y se llegaron sus discípulos, para mostrarle los edificios del templo. Y respondiendo él, les dijo: ¿Veis todo esto? de cierto os digo, que no será dejada aquí piedra sobre piedra, que no sea destruída. Y sentándose él en el monte de las Olivas, se llegaron á él los discípulos aparte, diciendo: Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del mundo? Y respondiendo Jesús, les dijo:... De cierto os digo, que no pasará esta generación, que todas estas cosas no acontezcan´ (transcribo sólo vv. 1-4 y 34). Se ve claramente que ese ¿supuesto? ´pequeño error´ de la segunda Persona de la Santísima Trinidad (considerando todos los atributos que posee Dios, entre ellas la omniciencia). Seguramente las personas allí presentes (entre ellas lo evangelistas) estaban completamente convencido de que la generación que lo escuchaba iban a presenciar el ´fin del mundo´. Por el ¿error? muchas generaciones esperaron en vano la venida del Salvador, por que no se cumplió la ´profecía de Jesús´.
¿Acaso Jesús se equivocó? ¿El evangelista se equivocó? o ¿nadie se equivocó? Muchisimas gracias por responder a mis preguntas, esperaré su respuesta con ansias. Un saludo grande. Ariel

 

Respuesta:

Estimado:

La objeción que Usted pone fue ya presentada en el siglo XIX por la llamada escuela de la ´Teoría escatológica´, o ´Tesis de la escatología consecuente´, de origen protestante liberal. Entre sus mentores hay que citar a los racionalistas W. Baldensperger, J. Weiss, W. Wrede, A. Schweitzer y A. Loisy. Puede leer, si le interesa, la argumentación y refutación de la misma en el clásico libro de Albert Lang, ´Teología fundamental´, Rialp, Madrid 1975, tomo I, p. 70 y siguientes.

Un excelente análisis de estos textos, desde el punto de vista escriturístico y apologético puede encontrarlo en L. de Grandmaison, Jesucristo, Editorial Litúrgica Española, Barcelona 1941, pp. 430-461 (se trata éste de uno de los libros más importantes que se han escrito sobre la persona y pensamiento de Jesucristo; ha sido publicado nuevamente este año 2000).

Si Usted lee bien los textos, Jesucristo responde a dos preguntas: cuándo ocurrirá la destrucción del Templo (que profetiza en Mt 24,2) y su Segunda Venida. Las dos cosas no tienen lugar en el mismo momento, pero según el conocimiento profético una es ´tipo´ (typós, figura) de la otra (antitypo). Jesucristo, pues, responde mezclando, como todos los profetas, ambas respuestas. Por eso, así como se refiere a dos acontecimientos distintos, así hay dos respuestas distintas, aunque unidas.

1) No pasará esta generación: la destrucción de Jerusalén y del Templo tuvo lugar durante la vida de la generación a la que Jesús hablaba. De hecho, según cuenta Eusebio de Cesarea, recordando estas palabras de Cristo, los cristianos de Jerusalén al escuchar hablar del avance romano cerca del año 70, huyeron a los montes y se salvaron (y extendieron la fe cristiana); en cambio, los judíos confiaron que podrían resistir y sucumbieron en el monstruoso asedio de Jerusalén o quedaron esclavizados después de él.

2) Parte de las palabras de este discurso se refiere al fin del mundo. De este dice claramente Jesús que nadie sabe ni el día ni la hora en que ocurrirá, ni siquiera los ángeles ni siquiera ´el Hijo´ (expresión ésta que significa que el Hijo no puede tomar la iniciativa de manifestarlo, como indica el término ´conocer´ que tiene un sentido práctico). Para más detalles puede ver el detallado comentario de Manuel de Tuya, ´Biblia Comentada´, B.A.C., Madrid, 1974; tomo II, págs. 514-536.

Le transcribo parte del comentario del teólogo que en Argentina más estudió el tema escatológico: ´Cristo juntó la Primera con la Segunda Profecía -y esto es una graví­sima dificultad de este paso del Evangelio- o mejor dicho, hizo de la Primera el typoo emblema de la Segunda. Los Apóstoles le preguntaron todo junto; y El respondió todo junto. ´Dinos cuándo serán todas esas cosas y qué señales habrá de tu Venida y la consumación del siglo...´. ´Todas estas cosas´ eran para ellos la destrucción de Jerusalén -a la cual había aludido Cristo mirando al Templo- y el fin del mundo; pues creían erróneamente que el Templo habría de durar hasta el fin del mundo. Hubiese sido muy cómodo para nosotros que Cristo respondiera: ´Estáis equivocados; primero sucederá la destrucción de Jerusalén y después de un largo intersticio el fin del mundo; ahora voy a daros las señales del fin de Jerusalén y después las del fin del mundo.´ Pero Cristo no lo hizo así; comenzó un largo discurso en que dio conjuntamente los signos precursores de los dos grandes Sucesos, de los cuales el uno es figura del otro; y terminó su discurso con estas dificultosísimas palabras:

 

´Palabra de honor os digo que no pasará esta generación

Sin que todas estas cosas se cumplan...

Pero de aquel día y de aquella hora nadie sabe.

Ni siquiera los Ángeles del Cielo. Sino solamente el Padre´.

 

La impiedad contemporánea -siguiendo a la llamada escuela esjatoló­gica, fundada por Johann Weis en 1900- saca de estas palabras una objeción contra Cristo, negando en virtud de ellas que Cristo fuese Dios y ni siquiera un Profeta medianejo: porque ´se equivocó´: creía que el fin del mundo estaba próximo, en el espacio de su generación, ´a unos 40 años de distancia´. Según Johann Weis y sus discípulos, el fondo y mé­dula de toda la prédica de Cristo fue esa idea de que el mundo estaba cercano a la Catástrofe Final, predicha por el Profeta Daniel; después de la cual vendría una especie de restauración divina, llamada el Reino de Dios; y que Cristo fue un interesante visionario judío; pero tan Dios, tan Mesías, y tan Profeta como yo y usted.

El único argumento que tienen para barrer con todo el resto del Evangelio -donde con toda evidencia Cristo supone el intersticio entre su muerte y el fin del mundo, tanto en la fundación de su Iglesia, como en varias parábolas- son esas palabras; ´no pasará esta generación sin que todo esto se cumpla´, las cuales se cumplieron efectivamente con la destrucción de Jerusalén.

-Pero no vino el fin del mundo.

-Del fin del mundo, añadió Cristo que no sabemos ni sabremos ja­más el día ni la hora.

-Pero ¿por qué no separó Cristo los dos sucesos, si es que conocía el futuro, como Dios y como Profeta?

-Por alguna razón que Él tuvo, y que es muy buena aunque ni usted ni yo la sepamos. Y justamente quizá por esa misma razón de que fue profeta: puesto que así es el estilo profético.

-¿Cuál? ¿Hacer confusión?

-No; ver en un suceso próximo, llamado typo, otro suceso más re­moto y arcano llamado antitypo; y así Cristo vio por transparencia en la ruina de Jerusalén el fin del ´siglo´; y si no reveló más de lo que aquí está, es porque no se puede revelar, o no nos conviene.

La otra dificultad grave que hay en este discurso es que por un lado se nos dice que no sabremos jamás ´el día ni la hora´ del Gran Derrumbe, el cual será repentino ´como el relámpago´; y por otro lado se pone Cristo muy solícito a dar señales y signos para marcarlo, cargando a los suyos de que anden ojos abiertos y sepan conocer los ´signos de los tiempos´, como conocen que viene el verano cuando reverdece la higuera. ¿En qué quedamos? Si no se puede saber ¿para qué dar señales?

No podremos conocer nunca con exactitud la fecha de la Parusía, pero podremos conocer su inminencia y su proximidad. Y así los primeros cristianos, residentes en Jerusalén hacia el año 70, conocieron que se verificaban las señales de Cristo, y siguiendo su palabra: ´Entonces, los que estén en Judea huyan a los montes; y eso sin detenerse un momento´ se refugiaron en la aldea montañosa de Pella y salvaron, de la horripilante masacre que hicieron de Sión las tropas de Vespasiano y Tito, el núcleo de la primera Iglesia...´ (Leonardo Castellani, ´El Evangelio de Jesucristo´).  2009-02-22

 

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PROTESTANTISMO HISTÓRICO:

 

Ø      Luteranos, Martín Lutero (1521) Alemania

Ø      Anglicanos, Enrique VIII (1534) Inglaterra

Ø      Menonitas, Mennon Simons (1543), Alemania

Ø      Presbiterianos, Juan Knox (1560) Inglaterra

Ø      Calvinistas, Juan Calvino (1564), Alemania

 

PROTESTANTISMO MODERNO:

 

Ø      Bautistas, Juan Smith (1606) Estados Unidos

Ø      Metodistas, Juan Wesley (1791) Estados Unidos

Ø      Adventistas, Guillermo Miller (1818) Estados Unidos

Ø      Mormones, José Smith (1830) Estados Unidos

Ø      Adventistas del séptimo día, Elena White (1863) Estados Unidos

Ø      Testigos de Jehová, Carlos Russell (1876) Estados Unidos

Ø      Pentecostales, Guillermo Seymour (1904) Estados Unidos

 

Pero si es imposible saber cuál es la Iglesia de Cristo partiendo de los cientos de miles de nombres de las denominaciones protestantes!. Entonces, ¿cómo podremos saberlo? (En la edición de 1986 del conocido libro de referencia protestante "The Christian Source Book" -New York: Ballantine Books- se nos dice que existen más de 21,000 denominaciones y sectas, según el último recuento, y que aparecen anualmente - unas 270 nuevas). Pues bien, la respuesta es que podremos saber cuál es la Iglesia fundada por Cristo examinando las características de una determinada iglesia. Las características que la Iglesia Católica puede ofrecer son las así llamadas "cuatro notas". UNA, SANTA, CATÓLICA Y APOSTÓLICA. Y 2000 años de historia con domicilio ´Sede apostólica´ física sobre la tumba del apóstol Pedro, crucificado en cruz invertida en el 64/67ca.bajo Nerón, y enterrado a la orilla derecha del rio Tiber, en la colina vaticana de la ciudad de Roma,Italia. (Allí también decapitado Pablo, murió mártir de la Iglesia Católica).

 

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Terrores del año 1000: otra invención

contra la Edad Media

 

No debe creerse que existiera ninguna clase de terror milenario, ficción literaria que corresponde únicamente a tiempos posteriores.

 

(Luis SUÁREZ FERNÁNDEZ, catedrático emérito de la Universidad Complutense y uno de los mejores medievalistas vivos de España)
 

YO también piqué en la propaganda y lo he estado creyendo toda mi vida. Ahora, mientras tantos establecían paralelismos entre el año que acabamos de inaugurar y la llegada del año 1000 a la Europa medieval, me encuentro con que los cacareados terrores milenaristas que rodearon aquella efeméride de la era cristiana son pura fantasía. Con esta fabulación una vez más se ha buscado intencionadamente falsificar y tintar de negro el conocimiento de la vida cotidiana de una época tan eminentemente cristiana como es el Medievo europeo; y el origen de su invención, según los expertos, apunta al uso torcido que dieron los enciclopedistas anticlericales, así como destacados miembros de las corrientes románticas a las creaciones del Renacimiento.

En efecto, todo se montó, al parecer, a partir de un escrito de 1048 atribuido al clérigo Raúl Glaber en el que éste dejaba constancia de que, "según dicen", hubo hambrunas que abocaron al canibalismo y lluvias torrenciales en 1033 comparadas por algunos con el diluvio universal. Sin embargo, historiadores modernos como BERLIOZ y HEERS (J. Heers, La invención de la Edad Media, Crítica, Barcelona, ed. Crítica, Barcelona 1995) insisten en que «ningún documento de la época -acta oficial o crónica- menciona los espantos del inicio del segundo milenio... Autores serios ven en los decenios ´bisagra´ antes y después del año 1000 un período de calma relativa».

Por su parte, la profesora Beatriz COMELLA, de quien recuerdo haber visto anunciada una obra sobre la Inquisición española, afirma al final de su artículo "El año 1000 cumple mil años" ("Palabra", diciembre de 1999), del que he extraído las citas anteriores, lo siguiente:
 

En torno al año 1000, la Cristiandad no sufrió terrores apocalípticos ni pasó una etapa oscura. Las luces y las sombras estuvieron presentes como en cualquier período de su historia: vivió un renacimiento cultural
y abrió sus puertas a nuevos pueblos, a la vez que la Iglesia trataba de elevar el nivel moral del clero y de evitar el abuso de los poderes civiles, en una sociedad básicamente cristiana. 

Terrores del año 1000: otra invención contra la Edad Media

«Haced caso a este viejo incrédulo que sabe lo que se dice: la obra maestra de la propaganda anticristiana es haber logrado crear en los cristianos, sobre todo en los católicos, una mala conciencia, infundiéndoles la inquietud, cuando no la vergüenza, por su propia historia. A fuerza de insistir, desde la Reforma hasta nuestros días han conseguido convenceros de que sois los responsables de todos o casi todos los males del mundo. Os han paralizado en la autocrítica masoquista para neutralizar la crítica de lo que ha ocupado vuestro lugar. Habéis permitido que todos os pasaran cuentas, a menudo falseadas casi sin discutir. No ha habido problema, error o sufrimiento histórico que no se os haya imputado. Y vosotros, casi siempre ignorantes de vuestro pasado, habéis acabado por creerlo, hasta el punto de respaldarlos. En cambio, yo (agnóstico, pero también un historiador que trata de ser objetivo) os digo que debéis reaccionar en nombre de la verdad. De hecho, a menudo no es cierto. Pero si en algún caso lo es, también es cierto que, tras un balance de veinte siglos de cristianismo, las luces prevalecen ampliamente sobre las tinieblas. Luego ¿por qué no pedís cuentas a quienes os las piden a vosotros? ¿Acaso han sido mejores los resultados de lo que ha venido después? ¿Desde qué púlpitos escucháis, contritos, ciertos sermones? ¡Aquella vergonzosa mentira de los siglos oscuros, por estar inspirados en la fe del Evangelio! ¿Por qué entonces todo lo que nos queda de aquellos tiempos es de una belleza y sabiduría tan fascinantes? También en la historia sirve la ley de causa y efecto...».

(Léo MOULIN, ex-profesor de Historia y Sociología de la Universidad de Bruselas, profundo conocedor de la Edad Media y uno de los intelectuales más prestigiosos de Europa. Masón en su juventud, siempre se mantuvo laico, racionalista y agnóstico).

 

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Por ello justamente indicaba S. S. Pablo VI: “En la Virgen María todo es referido a Cristo y todo depende de El...; de este modo redunda en favor del Hijo lo que es debido a la Madre; y así recae igualmente sobre el Rey el honor rendido como humilde tributo a la Reina”  (Marialis Cultus, 25).

 

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La última prueba de la Iglesia

Antes del advenimiento de Cristo, la Iglesia deberá pasar por una prueba final que sacudirá la fe de numerosos creyentes (cf. Lc 18, 8; Mt 24, 12). La persecución que acompaña a su peregrinación sobre la tierra (cf. Lc 21, 12; Jn 15, 19-20) desvelará el "Misterio de iniquidad" bajo la forma de una impostura religiosa que proporcionará a los hombres una solución aparente a sus problemas mediante el precio de la apostasía de la verdad. La impostura religiosa suprema es la del Anticristo, es decir, la de un seudo-mesianismo en que el hombre se glorifica a sí mismo colocándose en el lugar de Dios y de su Mesías venido en la carne (cf. 2 Te 2, 4-12; 1Te 5, 2-3;2 Jn 7; 1 Jn 2, 18.22).

Esta impostura del Anticristo aparece esbozada ya en el mundo cada vez que se pretende llevar a cabo la esperanza mesiánica en la historia, lo cual no puede alcanzarse sino más allá del tiempo histórico a través del juicio escatológico: incluso en su forma mitigada, la Iglesia ha rechazado esta falsificación del Reino futuro con el nombre de milenarismo (cf. DS 3839), sobre todo bajo la forma política de un mesianismo secularizado, "intrínsecamente perverso" (cf. Pío XI, "Divini Redemptoris" que condena el "falso misticismo" de esta "falsificación de la redención de los humildes"; GS 20-21).

La Iglesia sólo entrará en la gloria del Reino a través de esta última Pascua en la que seguirá a su Señor en su muerte y su Resurrección (cf. Ap 19, 1-9). El Reino no se realizará, por tanto, mediante un triunfo histórico de la Iglesia (cf. Ap 13, 8) en forma de un proceso creciente, sino por una victoria de Dios sobre el último desencadenamiento del mal (cf. Ap 20, 7-10) que hará descender desde el Cielo a su Esposa (cf. Ap 21, 2-4). El triunfo de Dios sobre la rebelión del mal tomará la forma de Juicio final (cf. Ap 20, 12) después de la última sacudida cósmica de este mundo que pasa (cf. 2 P 3, 12-13).

 

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El Espíritu Santo invita a María a "reproducirse" en sus elegidos, extendiendo en ellos las raíces de su "fe invencible", pero también de su "firme esperanza" (cf. Tratado de la verdadera devoción, 34). Lo recordó el concilio Vaticano II:  "La Madre de Jesús, glorificada ya en los cielos en cuerpo y alma, es la imagen y comienzo de la Iglesia que llegará a su plenitud en el siglo futuro. También en este mundo, hasta que llegue el día del Señor, brilla ante el pueblo de Dios en marcha como señal de esperanza cierta y de consuelo" (Lumen gentium, 68). San Luis María contempla esta dimensión escatológica especialmente cuando habla de los "santos de los últimos tiempos", formados por la santísima Virgen para dar a la Iglesia la victoria de Cristo sobre las fuerzas del mal (cf. Tratado de la verdadera devoción, 49-59). No se trata, en absoluto, de una forma de "milenarismo", sino del sentido profundo de la índole escatológica de la Iglesia, vinculada a la unicidad y universalidad salvífica de Jesucristo. La Iglesia espera la venida gloriosa de Jesús al final de los tiempos. Como María y con María, los santos están en la Iglesia y para la Iglesia, a fin de hacer resplandecer su santidad y extender hasta los confines del mundo y hasta el final de los tiempos la obra de Cristo, único Salvador.

 

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…El pontificado actual, desde el primer documento, habla explícitamente del Gran Jubileo, invitando a vivir el período de espera como « un nuevo adviento ».(9) Sobre este tema he vuelto después muchas otras veces, deteniéndome ampliamente en la Encíclica Dominum et vivificantem.(10) De hecho, la preparación del Año 2000 es casi una de sus claves hermenéutica. Ciertamente no se quiere inducir a un nuevo milenarismo, como se hizo por parte de algunos al final del primer milenio; sino que se pretendesuscitar una particular sensibilidad a todo lo que el Espíritu dice a la Iglesia y a las Iglesias (cf. Ap 2, 7ss.), así como a los individuos por medio de los carismas al servicio de toda la comunidad. Se pretende subrayar aquello que el Espíritu sugiere a las distintas comunidades, desde las más pequeñas, como la familia, a las más grandes, como las naciones y las organizaciones internacionales, sin olvidar las culturas, las civilizaciones y las sanas tradiciones. La humanidad, a pesar de las apariencias, sigue esperando la revelación de los hijos de Dios y vive de esta esperanza, como se sufren los dolores del parto, según la imagen utilizada con tanta fuerza por san Pablo en la Carta a los Romanos (cf. 8, 19-22)…

TERTIO MILLENNIO ADVENIENTE
DEL SUMO PONTÍFICE JUAN PABLO II Pont.Max. AL EPISCOPADO
AL CLERO Y A LOS FIELES COMO PREPARACIÓN DEL JUBILEO DEL AÑO 2000

 

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A partir del sc. XVI, algunos grupos evangélicos, asociaciones evangélicas, sectas evangelistas, ateneos biblistas y ciertas comunidades protestantes, -para desacreditar a la Iglesia fundada por Cristo-, prefieren distorsionar, mentir y calumniar, sabiendo de utilizar criterios falsos que les empuja a mutilar o malinterpretar los hechos históricos, echando a perder esfuerzos o talentos. No hay razón alguna que pueda justificar tal pérfida deshonestidad. ¡En modo alguno podemos admitir eso!.

Como nadie ignora, un libro de historia no consiste en una simple acumulación de datos, sino en un ordenamiento de los mismos conforme a un enfoque o teoría general. Una teoría buena permite exponer la lógica interna de los datos y sucesos, sin forzarlos ni mutilarlos; con una mala ocurre lo contrario. La investigación sobre los datos desafía de modo constante a las teorías, las cuales quedan confirmadas o bien han de modificarse o desecharse.

Sin embargo nuestra necesidad psicológica de orden y comprensión nos hace aferrarnos muchas veces a teorías aparentemente omni-explicativas, a pesar de su incapacidad para integrar los datos: se prefiere mutilar estos, o prescindir de ellos antes que abandonar el orden aparente ofrecido por la teoría. Así sucede en relación a tantas fábulas que el protestantismo acarrea con su la ‘leyenda negra’ contra la Iglesia. Y sigue pasando de modo muy destacado con el marxismo. Muchos intelectuales persisten en aplicar las categorías y concepciones de Marx, Engels y sus sucesores, de forma explícita o –más frecuentemente hoy día– implícita, incluso disimulada.

Fest apuntó en su momento que, volver sobre la historia, suele ser visto como investigación si lo hace la izquierda, pero como revisionismo si lo hace la derecha.

Los cristianos debemos reconocer las faltas, negligencias, errores y culpas de nuestras acciones, y no sólo seleccionar los argumentos que nos sirvan a nuestra justificación.

Es flaqueza humana querer interpretar hechos históricos sin hacer un esfuerzo leal a fin de llegar a la mayor objetividad alcanzable con soluciones inteligentes y razonables. Aún haciéndolo con rigor, ánimo y vigor, nuestra percepción estará siempre condicionada en el marco de los actuales conocimientos y experiencias. Este condicionamiento propio de la aventura humana no nos exime de ser fidedignos, verídicos y fieles en el trato o en el desempeño con el estudio de hechos puntuales que la historia nos muestra. Comprender que otras culturas –en otras épocas, con otros lenguajes, delante de otras cuestiones de otros hombres- han hecho también sus propias afirmaciones.

El gran Montalembert escribía: «Para juzgar el pasado deberíamos haberlo vivido; para condenarlo no deberíamos deberle nada». Todos, creyentes o no, católicos o laicos, nos guste o no, tenemos una deuda con el pasado y todos, en lo bueno y en lo malo, estamos comprometidos con él.

Entonces, el buen cristiano está advertido de que es necesario conocer la historia para distinguir los hechos. El cristiano a sus hermanos advierte que es imprescindible estudiar la historia –en todas sus fuentes- para comprender el contexto histórico de los hechos. El cristiano nota que, conociendo mejor la historia, se percibe la riqueza de la Tradición, repara la grandeza del Magisterio y la magnanimidad de la salvación, -en la Escritura enseñada por la Iglesia-, desde que Cristo la fundara.

Mueren, como hijos de la mentira, los fantasmas que nos ha poblado la ‘leyenda negra’; atrapados en la misma telaraña demoníaca… Trampa viscosa, inodora e incolora como saliva de calumnia. Desorden ponderado por los aduladores de una visión sesgada de la realidad, poco atinente a la verdad, sean biblistas de intelectualidad inane o disgregadores de la unidad evangélica. Cuando no hay formación y falta la fe, aparecen los «sucedáneos patológicos».

 

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OBISPO – MAESTRO DE LA FE - «Como sucesores de los apóstoles, sois "doctores fidei", doctores auténticos que ante todo anuncian al pueblo con la misma autoridad de Cristo, la fe que hay que vivir y creer».

«Tenéis que hacer redescubrir a los fieles confiados a vuestras atenciones pastorales la alegría de la fe, la alegría de ser amados personalmente por Dios, que entregó a su Hijo Jesús por nuestra salvación», fue el consejo que dejó el obispo de Roma a los nuevos obispos.

«Como bien sabéis --añadió--, creer significa sobre todo fiarse de Dios que nos conoce y nos ama personalmente y acoger la Verdad que ha revelado en Cristo con esa actitud confiada que nos lleva a confiar en él, revelador del Padre».

«A pesar de nuestras debilidades y pecados, él nos ama y su amor da sentido a nuestra vida y a la del mundo», subrayó.

«La respuesta a Dios exige ese camino interior que lleva al creyente a encontrarse con el Señor. Este encuentro sólo es posible si el hombre es capaz de abrir su corazón a Dios, que habla en la profundidad de la conciencia», afirmó el Santo Padre.

«Esto exige interioridad, silencio, vigilancia, actitudes que os invito a vivir en primera persona y a proponer también a vuestros fieles, tratando de disponer oportunas iniciativas que ayuden a descubrir la primacía de la vida espiritual», recalcó S.S. Benedicto XVI – P. P. 2005-09-19 Castelgandolfo – It.

 

Para el Obispo, «la "lex credendi" [ley de la fe] se convierte en "lex orandi"[ley de la oración]».

 

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El lenguaje de la fe - No creemos en las fórmulas, sino en las realidades que estas expresan y que la fe nos permite "tocar". "El acto (de fe) del creyente no se detiene en el enunciado, sino en la realidad (enunciada)" (S. Tomás de A., s.th. 2-2, 1,2, ad 2). Sin embargo, nos acercamos a estas realidades con la ayuda de las formulaciones de la fe. Estas permiten expresar y transmitir la fe, celebrarla en comunidad, asimilarla y vivir de ella cada vez más.

171 La Iglesia, que es "columna y fundamento de la verdad" (1 Tim 3,15), guarda fielmente "la fe transmitida a los santos de una vez para siempre" (Judas 3). Ella es la que guarda la memoria de las Palabras de Cristo, la que transmite de generación en generación la confesión de fe de los Apóstoles. Como una madre que enseña a sus hijos a hablar y con ello a comprender y a comunicar, la Iglesia, nuestra Madre, nos enseña el lenguaje de la fe para introducirnos en la inteligencia y la vida de la fe.

 

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IGLESIA… La Apostolicidad de la Iglesia – Obispo de Roma.

Para poder poner de relieve la relación de apostolicidad y Eucaristía, se debe colocar al inicio una reflexión sobre la apostolicidad de la Iglesia. A causa de la mediación histórica de la revelación es la Iglesia en su doctrina, en su vida sacramental y en su constitución como realidad social a lo largo del tiempo y en el cambio de generaciones, idéntica, realmente con la Iglesia de todos los tiempos y de todos los lugares ; pero en especial con su origen histórico en la Iglesia primitiva de los apóstoles, es decir, del grupo prepascual y postpascual de los doce junto con los otros testigos de la resurrección y los más importantes misioneros de la Iglesia primitiva.

El origen del episcopado de los apóstoles pertenece también, según la interpretación católica, a la apostolicidad de la enseñanza y de la vida sacramental. Los obispos son, en el servicio de la dirección de la Iglesia confiada a ellos y en su testimonio autoritativo de la resurrección, sucesores de los apóstoles.

El ministerio apostólico de la Iglesia primitiva se prolonga, mediante la sucesión apostólica en el sacramento del orden, en continuidad del colegio apostólico en el colegio de los obispos, en una unidad histórica; y así la Iglesia posee un signo efectivo de su realidad apostólica.

En este sentido la constitución de la Iglesia descansa, especialmente el ministerio eclesial, en la “institución divina” (DH 101; 1318; LG 20).

El obispo de Roma es, como sucesor del apóstol Pedro, cabeza del colegio de los obispos y principio y fundamento de su unidad en la doctrina y la comunión (LG 18).

“Ustedes han sido edificados sobre el fundamento de los apóstoles” (Ef 2,20).

Bajo estas premisas y presupuestos eclesiológicos hay que considerar la relación entre Eucaristía y Apostolicidad. La Iglesia se edifica de la celebración de la Eucaristía y la Iglesia realiza la Eucaristía. Por lo cual es muy estrecha la relación entre la una y la otra (ver, EE 26).

Esta interacción permite hablar también de la Eucaristía como “una, santa, católica y apostólica”.

El Catecismo de la Iglesia Católica aclara –como la Encíclica lo retoma- en qué medida la Iglesia puede ser llamada apostólica en un triple sentido. En primer lugar la Iglesia está apoyada sobre el fundamento de los Apóstoles. Ella descansa sobre los apóstoles, a los que Cristo mismo ha elegido y enviado como sus testigos para anunciar la fe en la buena nueva que realiza la salvación.

Del mismo modo se encuentra la Eucaristía en sus manos protectoras, porque Cristo mismo les ha confiado a ellos el santísimo sacramento y estos, por su parte, han entregado con responsabilidad a sus sucesores. Así resulta una continuidad entre el obrar de los primeros apóstoles - nombrados por Cristo-y los portadores de la autoridad apostólica, los obispos, hasta hoy. A través de todos los siglos obedecieron ellos el encargo de Cristo: “Hagan esto en mi memoria ».

La Encíclica recuerda también el segundo sentido de la apostolicidad de la Iglesia fijado por el Catecismo: “Ella guarda y transmite, con la ayuda del Espíritu Santo que habita en ella, la enseñanza, el buen depósito, las sanas palabras oídas a los apóstoles » (Catecismo de la Iglesia Católica, 857). Decisiva, a este respecto es la profunda conexión con el origen apostólico, que está más allá de tiempos y lugares.

Lo que hicieron los Apóstoles, como ellos han celebrado la Eucaristía, de acuerdo a su contenido, fue conservado a lo largo de la historia de la Iglesia. “Según la fe de los Apóstoles” (EE 27) se celebra también hoy la Eucaristía. Inclusive fue el magisterio eclesial el que ha profundizado en los dos mil años de historia, cada vez más a fondo en el misterio de la Eucaristía, y ha precisado con estos conocimientos la doctrina sobre la Eucaristía.

Terminologías e interpretaciones teológicas fueron en cierto modo apoyadas como resultado de una intensa meditación, por el magisterio, por los concilios y escritos doctrinales y encíclicas pontificias, como resultado que permite comprender, cada vez más profundamente el sublime misterio de la Eucaristía.

De singular significado es también el tercer sentido de la apostolicidad de la Iglesia y de la Eucaristía, como la presenta la Encíclica en el número 28. A semejanza de la conexión con los orígenes, que es al mismo tiempo fundamente de la Iglesia, la presencia de los primeros apóstoles aparece como presencia perdurable en la Iglesia. Ella sigue siendo instruida, santificada y dirigida por los apóstoles, por aquellos mismos que en su ministerio pastoral les suceden : el colegio de los obispos en unidad con el sucesor de Pedro, el pastor supremo de la Iglesia.

La misión pastoral de los obispos se funda sobre el colegio apostólico instituido por Cristo. Esto implica necesariamente el sacramento del orden, es decir, la serie interrumpida que se remonta hasta los orígenes, de ordenaciones episcopales válidas. “La sucesión es esencial, para que haya Iglesia en sentido propio y pleno” (EE 28).

La sucesión apostólica sirve como prueba de identidad para la auténtica transmisión de la fe. Ella es el garante para la autenticidad de la doctrina autoritativamente presentada. Con ello se menciona el criterio esencial de una transmisión autorizada de la fe, porque la interna identificación con la fe de los Padres, con la doctrina de la Iglesia y con el Papa como pastor supremo de la Iglesia, sin la sucesión sería solo un mecanismo vacío. La esencia de la sucesión (la única dotada de todo poder), se fundamenta en la aceptación íntima de la fe que cada uno ha recibido de la Iglesia y que está dotada de todo poder….

Conferencia de Mons. Gerhard Ludwig Müller
Obispo de Regensburg, Alemania
Guadalajara, México - Jueves 7 de octubre de 2004

 

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Iglesia - ¡La Iglesia fundada por Jesucristo, lleva 2.000 años siendo Madre y Maestra!“. Desde el Gólgota en Jerusalem como desde la crucifixión en cruz invertida de San Pedro en el gólgota vaticano -esa admirable colina a la derecha del rio Tiber, somos trayectoria evangélica y evangelizante: a pesar del pecado de sus apóstoles.

 

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Iglesia - No dominio, sino servicio «gratuito» es la jerarquía en la santa Iglesia Católica, apostólica y con sede romana desde Pedro muerto mártir so Nerón, crucificado cabeza abajo y Pablo decapitado, ambos mártires católicos en Roma.

 

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Iglesia - El cristianismo, como es sabido, no nació en Europa, sino en Asia Menor, en la encrucijada de tres continentes, el asiático, el africano y el europeo. Por este motivo, la interculturalidad de las corrientes espirituales de estos tres continentes pertenece a la forma originaria del cristianismo. Solo la difusión del Islam sustrajo al cristianismo de Oriente próximo gran parte de su fuerza vital, mientras echaba a las comunidades cristianas de Asia; en cualquier caso, a partir de entonces el cristianismo se convirtió en una religión europea. 2003-07-18 Cardenal + Joseph RATZINGER - Al día: S. S. BENEDICTO XVI  - P.M. - 2005

 

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Pedro - «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo» (Mt 16, 16) - Pedro, como portavoz del grupo de los Apóstoles, proclama su fe en Jesús de Nazaret, el esperado Mesías Salvador del mundo. En respuesta a su profesión de fe, Cristo le confía la misión de ser el fundamento visible en que se apoyará todo el edificio de la comunidad de los creyentes: «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia» (Mt 16, 18).

Ésta es la fe que, a lo largo de los siglos, se ha difundido en todo el mundo mediante el ministerio y el testimonio de los Apóstoles y de sus sucesores. Ésta es la fe que proclamamos hoy, haciendo memoria solemne de los príncipes de los Apóstoles, Pedro y Pablo. Siguiendo una antigua y venerable tradición, la comunidad cristiana de Roma, que tiene el honor de conservar las tumbas de estos dos Apóstoles, «columnas» de la Iglesia, les rinde culto en una única fiesta litúrgica y, al mismo tiempo, los venera como sus patronos celestiales.

2. Pedro, el pescador de Galilea, junto con su hermano Andrés, fue llamado por Jesús, al comienzo de la actividad pública, para que se convirtiera en «pescador de hombres» (Mt 4, 18-20). Testigo de los momentos principales de la actividad pública de Jesús, como la Transfiguración (cf. Mt 17, 1) y la oración en el huerto de los Olivos en la víspera de la Pasión (cf. Mt 26, 36-37), después de los acontecimientos pascuales recibió de Cristo la misión de apacentar la grey de Dios (cf. Jn 21, 15-17) en su nombre.

Desde el día de Pentecostés, Pedro gobierna la Iglesia, velando por su fidelidad al Evangelio y guiando sus primeros contactos con el mundo de los gentiles. Su ministerio se manifiesta, de modo particular, en los momentos decisivos que marcan el ritmo del crecimiento de la Iglesia apostólica. En efecto, es él quien acoge en la comunidad de los creyentes al primer convertido del paganismo (cf. Hch 10, 1-48), y también es él quien interviene con autoridad en la asamblea de Jerusalén sobre el problema de la exención de las obligaciones que imponía la ley judía (cf. Hch 15, 7-11).

Los misteriosos designios de la Providencia divina llevarán al apóstol Pedro hasta Roma, donde derramará su sangre como supremo testimonio de fe y amor al divino Maestro (cf. Jn 21, 18-19). Así, cumplirá la misión de ser signo de la fidelidad a Cristo y de la unidad de todo el pueblo de Dios.

3. Pablo, el antiguo perseguidor de la Iglesia naciente, alcanzado por la gracia de Dios en el camino de Damasco, se convierte en infatigable apóstol de los gentiles. Durante sus viajes misioneros, no dejará de predicar a Cristo crucificado, conquistando para la causa del Evangelio a grupos de fieles en diversas ciudades de Asia y Europa.

Su intensa actividad no impidió al «Apóstol de los gentiles» hacer una amplia reflexión sobre el mensaje evangélico, confrontándolo con las diferentes situaciones que encontraba en su predicación.

El libro de los Hechos de los Apóstoles describe el largo itinerario que, desde Jerusalén, lo lleva primero a Siria y Asia Menor, después a Grecia y, por último, a Roma. Precisamente aquí, en el centro del mundo entonces conocido, corona con el martirio su testimonio de Cristo. Como él mismo afirma en la segunda lectura que acabamos de proclamar, la misión que le confió el Señor consiste en llevar el mensaje evangélico a los paganos: «El Señor me ayudó y me dio fuerzas para anunciar íntegro el mensaje, de modo que lo oyeran todos los gentiles» (2 Tm 4, 17).

4. Según una tradición ya consolidada, en este día, dedicado a la memoria de los apóstoles Pedro y Pablo, el Papa impone a los arzobispos metropolitanos, nombrados durante el último año, el «palio», como signo de comunión con la Sede de Pedro.

Por tanto, es para mí una gran alegría acogeros a vosotros, amados hermanos en el episcopado, que habéis venido a Roma de diversas partes del mundo para esta feliz circunstancia. Deseo, asimismo, saludar a las comunidades cristianas encomendadas a vuestro cuidado pastoral: están llamadas a dar, bajo vuestra sabia dirección, un valiente testimonio de fidelidad a Cristo y a su Evangelio. Los dones y carismas de cada comunidad son riqueza para todos, y confluyen en un único canto de alabanza a Dios, fuente de todo bien. Ciertamente, entre esos dones, uno de los principales es el de la unidad, bien simbolizada con esta imposición del «palio».

5. La aspiración a la unidad entre los cristianos se pone de relieve también por la presencia de los delegados del patriarca ecuménico de Constantinopla, que han venido para compartir la alegría de esta liturgia y venerar a los Apóstoles patronos de la Iglesia que está en Roma. Los saludo con deferencia y, por medio de ellos, saludo al patriarca ecuménico Bartolomé I. Los apóstoles Pedro, Pablo y Andrés, que fueron instrumentos de comunión entre las primeras comunidades cristianas, sostengan con su ejemplo y su intercesión el camino de todos los discípulos de Cristo hacia la unidad plena.

La cercanía del jubileo del año 2000 nos invita a hacer nuestra la oración por la unidad (cf. Jn 17, 20-23) que Jesús elevó al Padre la víspera de su pasión. Estamos llamados a acompañar esta súplica con signos concretos que favorezcan el camino de los cristianos hacia la comunión plena. Por este motivo, he pedido que en el calendario del año 2000, en la vigilia de la fiesta de la Transfiguración, se introduzca, según la propuesta de Su Santidad Bartolomé I, una jornada jubilar de oración y ayuno. Esta iniciativa constituirá una expresión concreta de nuestra voluntad de compartir las iniciativas de los hermanos de las Iglesias ortodoxas y, a la vez, de nuestro deseo de que ellos compartan las nuestras.

Quiera el Señor, por intercesión de los apóstoles Pedro y Pablo, que se intensifique en el corazón de los creyentes el compromiso ecuménico, para que, olvidando los errores cometidos en el pasado, todos lleguen a la unidad plena que quiso Jesús.

6. «El Señor me libró de todas mis angustias» (Estribillo del Salmo responsorial). En su misión apostólica, san Pedro y san Pablo tuvieron que afrontar dificultades de todo tipo. Sin embargo, lejos de debilitar su acción misionera, fortalecieron su celo en beneficio de la Iglesia y para la salvación de los hombres. Pudieron superar todas las pruebas porque su confianza no se basaba en los recursos humanos, sino en la gracia del Señor, quien, como recuerdan las lecturas de esta solemnidad, libra a sus amigos de todos los males y los salva para su Reino (cf. Hch 12, 11; 1 Tm 4, 18).

Esa misma confianza en Dios debe sostenernos también a nosotros. Sí, el «Señor libra de todas las angustias». Esta certeza debe infundirnos ánimo frente a las dificultades que encontramos al anunciar el Evangelio en la vida diaria. Que san Pedro y san Pablo, nuestros patronos, nos ayuden y nos obtengan el celo misionero que los hizo testigos de Cristo hasta los confines del mundo entonces conocido.

Orad por nosotros, san Pedro y san Pablo apóstoles, «columnas» de la Iglesia de Dios.

Y tú, Reina de los Apóstoles, a quien Roma venera con el hermoso título de Salus populi romani, acoge bajo tu protección al pueblo cristiano encaminado hacia el tercer milenio. Apoya todos los esfuerzos sinceros que se realizan para promover la unidad de los cristianos y vela por el camino de los discípulos de tu Hijo Jesús. Amén.

SOLEMNIDAD DE LOS APÓSTOLES SAN PEDRO Y SAN PABLO

HOMILÍA DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II - Martes 29 de junio de 1999

 

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Por otra parte, desde el inicio de la Evangelización americana, la Iglesia emitió una palabra enérgica, que parece que de propósito se esconde. El Papa Paulo III, asumiendo aportaciones desde Nueva España, el 2 de junio de 1537 declaró a favor de los indígenas: “verdaderos hombres que son... no están privados ni hábiles para ser privados de su libertad ni del dominio de sus cosas, más aún, pueden libre y lícitamente estar en posesión y gozar de tal dominio y libertad y no se les debe reducir a esclavitud... capaces de la fe cristiana... se acercan a ella con muchísimo deseo” (Bula Sublimis Deus).

 

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Juan Taulero (hacia 1300-1361) monje católico, dominico- de Estrasburgo
Sermón 9

 

“Mujer ¡qué grande es tu fe! (Mt 15,28)


         “Ten piedad de mí, Señor, Hijo de David!” (Mt 15,22) Es un grito, una llamada de una fuerza inmensa... Es un gemido que viene como de un abismo sin fondo. Supera en mucho la naturaleza, es el Espíritu Santo mismo que profiere en nosotros este gemido (Rm 8,26)... Pero Jesús dice: “Dios me ha enviado sóo a las ovejas perdidas del pueblo de Israel.” (Mt 15,24) y “No está bien tomar e pan de los hijos para echárselo a los perrillos.” (Mt 15,26)... No podía poner a prueba a la mujer con más fuerza, ni ahuyentarla con más vehemencia.
         Ahora bien ¿qué hizo la mujer rechazada de esta manera? Se dejó decir y se humilló ella misma hasta lo más hondo. Llegó hasta el extremo de la humildad, del abismo. Con todo, mantuvo la confianza y dijo: “Esto es cierto, Señor, pero también los perrillos comen las migajas que caen de la mesa de sus amos.” (Mt 15,27)
        ¡Oh, si vosotros también supierais penetrar realmente hasta el fondo de la verdad, no por comentarios muy sabios ni por palabras muy altisonantes, ni con los sentidos, sino yendo al fondo de vosotros mismos! Ni Dios, ni otra criatura alguna podría  anihilaros si permanecéis en la verdad, en la confianza humilde. Podríais padecer afrentas, menosprecios y burlas, resistiríais en la perseverancia, os humillaríais más todavía, animados por una confianza ilimitada, y aumentaría más y más vuestro celo. Todo depende de esta actitud y el que llega aquí ha vencido. Sólo estos caminos llevan de verdad, sin obstáculo alguno, hasta Dios. Pero, permanecer así en esta gran humildad, con perseverancia, con una seguridad entera y verdadera, como esta mujer pobre, no es de muchos.

 

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Evangelio de san Juan habla de «tres obstáculos para el hombre: la concupiscencia de la carne, la concupiscencia de los ojos y la soberbia de la vida» y reza para destruir «el poder de las ideologías, para que los hombres puedan reconocer que están entretejidas de mentiras» y para que «el muro del materialismo» no «llegue a ser insuperable». El Cardenal Ratzinger despliega una visión crítica de la labor de ciertos miembros de la Iglesia: «¡Cuánta suciedad en la Iglesia y entre los que, por su sacerdocio, deberían estar completamente entregados a él! ¡Cuánta soberbia, cuánta autosuficiencia!», escribió el purpurado para la novena estación del Vía Crucis, la tercera caída de Jesús. 2005-03-25 Viernes Santo – Colina vaticana, Roma- Italia.

 

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Marcus Fabius Quintilianus: La murmuración se parece al humo porque se disipa pronto, pero ennegrece todo lo que toca.

 

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"La conciencia vale por mil testigos." Quintiliano, nació en Hispania-30ca.+90ca.d.C.

 

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Señor: parece que tomas por obligación, desde las primeras páginas del evangelio, repetirnos una y otra vez: “No quiero la muerte del pecador sino que se convierta y viva.” (Ez 18,23) O Dios, Padre de misericordia, nos quieres decir que hay esperanza y gracia incluso para los culpables, irremediablemente envilecidos, los más desgraciados, los más manchados por la culpa. Los que a los ojos de los hombres son los más despreciables y hundidos, son para ti nobles y agraciados a tus ojos. Que se arrepienten, que digan como David: “He pecado.” (2S 12,13) Tú abres generosamente los tesoros de tu gracia para estas almas que el mundo da por perdidas y que tú has reencontrado, regenerado, purificado, embellecido. Ningún favor tuyo les es negado, ninguna grandeza les es inaccesible.

 

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Cecilia Böhl de Faber, cuyo seudónimo para sus obras literarias era el de «Fernán Caballero» afirmaba: «La fe en Dios, además de ser la primera de las virtudes teologales, es el mayor de los consuelos».
   Publio Siro (siglo I a.C.), poeta latino, decía acertadamente: «Quien pierde la fe... no puede perder más».
   San Gregorio Magno, uno de los cuatro doctores de la Iglesia de Occidente, decía: «Los que tenemos en el cielo un Testigo de nuestra vida, no tenemos por qué temer el juicio de los hombres».

 

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Eliminar la calumnia de nuestra lengua, evitar toda acción que pueda causar daño a nuestro hermano, no difamar a los que viven a nuestro lado cada día.

 

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Iglesia – “Cada cual mira a la Iglesia según el estado de su propio corazón: Unos ven en la Iglesia solo pecadores y la condenan. Otros miran a sus santos con la esperanza de llegar a ser como ellos. Prefiero mirar a los santos, sabiendo que, de pecadores que eran, Cristo los transformó en hombres nuevos. Esa es la grandeza incomparable de la Iglesia”. Pbro. Jordi Rivero

 

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Iglesia - San Agustín a sus fieles: «Los santos mismos no están libres de pecados diarios. La Iglesia entera dice: Perdónanos nuestros pecados. Tiene, pues, manchas y arrugas (Ef 5,27). Pero por la confesión se alisan las arrugas, por la confesión se lavan las manchas. La Iglesia está en oración para ser purificada por la confesión, y estará así mientras vivieren hombres sobre la tierra» (Sermo 181, 5,7 en PL 38, 982)

 

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Historia e Iglesia - Lo que tiene lejos a ciertas personas de la Iglesia institucional son, en la mayoría de las ocasiones, los defectos, las incoherencias, los errores de los líderes: inquisición, procesos, mal uso del poder y del dinero, escándalos. Todas cosas, lamentablemente, ciertas, si bien frecuentemente exageradas y contempladas fuera de todo contexto histórico. Los sacerdotes somos los primeros en darnos cuenta de nuestra miseria e incoherencia y en sufrirla.
Los ministros de la Iglesia son «elegidos entre los hombres» y están sujetos a las tentaciones y a las debilidades de todos. Jesús no intentó fundar una sociedad de perfectos. ¡El Hijo de Dios –decía el escritor escocés Bruce Marshall-- vino a este mundo y, como buen carpintero que se había hecho en la escuela de José, recogió los pedacitos de tablas más descoyuntados y nudosos que encontró y con ellos construyó una barca –la Iglesia-- que, a pesar de todo, resiste el mar desde hace dos mil años!
Hay una ventaja en los sacerdotes «revestidos de debilidad»: están más preparados para compadecer a los demás, para no sorprenderse de ningún pecado ni miseria, para ser, en resumen, misericordiosos, que es tal vez la cualidad más bella en un sacerdote. A lo mejor precisamente por esto Jesús puso al frente de los apóstoles a Simón Pedro, quien le había negado tres veces: para que aprendiera a perdonar «setenta veces siete».

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"Por qué pertenezco a la Iglesia"

 

Podemos pensar en la iglesia católica comparándola con la luna: por la relación luna-mujer (madre) y por el hecho de que la luna no tiene luz propia, sino que la recibe del sol sin el cual sería oscuridad completa. La luna resplandece, pero su luz no es suya sino de otro. La sonda lunar y los astronautas descubrieron que la luna es solo una estepa rocosa y desértica, como montañas y arena, vieron una realidad distinta a la de la antigüedad: no como luz. Y efectivamente la luna es en sí y por sí misma lo desierto, arena y rocas. Sin embargo, es también luz y como tal permanece incluso en la época de los vuelos espaciales.

¿No es ésta una imagen exacta de la Iglesia? Quien la explora y la excava con la sonda, como la luna, descubrirá solamente desierto, arena y piedras, las debilidades del hombre y su historia a través del polvo, los desiertos y las montañas. El hecho decisivo es que ella, aunque es solamente arena y rocas, es también luz en virtud de otro, del Señor.

Yo estoy en la iglesia porque creo que hoy como ayer e independientemente de nosotros, detrás de nuestra iglesia vive su iglesia y no puedo estar cerca de Él si no es permaneciendo en su iglesia. Yo estoy en la Iglesia porque a pesar de todo creo que no es en el fondo nuestra sino suya.

La Iglesia es la que, no obstante todas las debilidades humanas existentes en ella, nos da a Jesucristo; solamente por medio de ella puedo yo recibirlo como una realidad viva y poderosa, aquí y ahora. Sin la Iglesia, Cristo se evapora, se desmenuza, se anula. ¿Y qué sería la humanidad privada de Cristo?

Si yo estoy en la Iglesia es por las mismas razones porque soy cristiano. No se puede creer en solitario. La fe es posible en comunión con otros creyentes. La fe por su misma naturaleza es fuerza que une. Esta fe o es eclesial o no es tal fe. Además así como no se puede creer en solitario, sino sólo en comunión con otros, tampoco se puede tener fe por iniciativa propia o invención.

Yo permanezco en la Iglesia porque creo que la fe, realizable solamente en ella y nunca contra ella, es una verdadera necesidad para el hombre y para el mundo.

Yo permanezco en la Iglesia porque solamente la fe de la iglesia salva al hombre. El gran ideal de nuestra generación es uno, sociedad libre de la tiranía, del dolor y de la injusticia. En este mundo el dolor no se deriva sólo de la desigualdad en las riquezas y en el poder. Se nos quiere hacer creer que se puede llegar a ser hombres sin el dominio de sí, sin la paciencia de la renuncia y la fatiga de la superación, que no es necesario el sacrificio de mantener los compromisos aceptados, ni el esfuerzo para sufrir con paciencia la tensión de lo que se debería ser y lo que efectivamente se es.

En realidad el hombre no es salvado sino a través de la cruz y la aceptación de los propios sufrimientos y de los sufrimientos mundo, que encuentran su sentido liberador en la pasión de Dios. Solamente así el hombre llegará a ser libre. Todas las demás ofertas a mejor precio están destinadas al fracaso.

El amor no es estético ni carente de crítica. La única posibilidad que tenemos de cambiar en sentido positivo a un hombre es la de amarlo, trasformándolo lentamente de lo que es en lo que puede ser. ¿Sucedería de distinto modo en la Iglesia?
Conferencia-Testimonio, Alemania (1971) Joseph Ratzinger, 1971 – al día S. S. Benedicto XVI – P.M.

 

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Iglesia y tradición - “El que os escucha a vosotros me escucha a mí; y el que os rechaza a vosotros me rechaza a mi; y el que me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado. Biblia – Evangelio según S. Lucas-10- v.16

 

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Salmo 96,1-5.Canten al Señor un canto nuevo, cante al Señor toda la tierra; canten al Señor, bendigan su Nombre, día tras día, proclamen su victoria. Anuncien su gloria entre las naciones, y sus maravillas entre los pueblos. Porque el Señor es grande y muy digno de alabanza, más temible que todos los dioses. Los dioses de los pueblos no son más que apariencia, pero el Señor hizo el cielo…

 

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Tierra nueva y cielo nuevo - Ignoramos el tiempo en que se hará la consumación de la tierra y de la humanidad. Tampoco conocemos de qué manera se transformará el universo. La figura de este mundo, afeada por el pecado, pasa, pero Dios nos enseña que nos prepara una nueva morada y una nueva tierra donde habita la justicia, y cuya bienaventuranza es capaz de saciar y rebasar todos los anhelos de paz que surgen en el corazón humano. Entonces, vencida la muerte, los hijos de Dios resucitarán en Cristo, y lo que fue sembrado bajo el signo de la debilidad y de la corrupción, se revestirá de incorruptibilidad, y, permaneciendo la caridad y sus obras, se verán libres de la servidumbre de la vanidad todas las criaturas, que Dios creó pensando en el hombre.

Se nos advierte que de nada le sirve al hombre ganar todo el mundo si se pierde a sí mismo. No obstante, la espera de una tierra nueva no debe amortiguar, sino más bien aliviar, la preocupación de perfeccionar esta tierra, donde crece el cuerpo de la nueva familia humana, el cual puede de alguna manera anticipar un vislumbre del siglo nuevo. Por ello, aunque hay que distinguir cuidadosamente progreso temporal y crecimiento del reino de Cristo, sin embargo, el primero, en cuanto puede contribuir a ordenar mejor la sociedad humana, interesa en gran medida al reino de Dios.

Pues los bienes de la dignidad humana, la unión fraterna y la libertad; en una palabra, todos los frutos excelentes de la naturaleza y de nuestro esfuerzo, después de haberlos propagado por la tierra en el Espíritu del Señor y de acuerdo con su mandato, volveremos a encontrarlos limpios de toda mancha, iluminados y trasfigurados, cuando Cristo entregue al Padre el reino eterno y universal: "reino de verdad y de vida; reino de santidad y gracia; reino de justicia, de amor y de paz". El reino está ya misteriosamente presente en nuestra tierra; cuando venga el Señor, se consumará su perfección.

 

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La posesión y el poder son las dos grandes tentaciones del hombre, que se hace prisionero de su propiedad y pone en ella su alma. Quien, aun siendo poseedor, no puede permanecer pobre y no reconoce que el mundo está en manos de Dios y no en sus manos, ha perdido una vez más aquella niñez sin la cual no hay acceso al Reino.

 

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Cada día se producen 250 defunciones por aborto en España convirtiéndose en la principal causa de mortalidad en dicho país.

Y es que cuando la principal causa de mortalidad es el aborto, leer escritos de ciudadanos preocupados, exigiendo responsabilidades, por que un perro cachorro ha sido atropellado por un coche, es para ponerse a temblar. ¿Qué está fallando en nuestra sociedad que estamos perdiendo la sensibilidad por la dignidad humana? Estoy en contra del maltrato a los animales, no obstante, no preocuparse por la principal causa de mortalidad humana y si por la muerte de un perro abandonado, demuestra que estamos invirtiendo los valores.  MMVI.

 

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¿Cuántos mosquitos has matado hoy?

¿Cuántos insectos –en las últimas 24 horas- han muerto por utilizar tu automóvil?

¿Cuántos perros, gatos han muerto hoy a causa del ferrocarril?

¿Cuántos pájaros han muerto hoy en las turbinas del avión?

¿Y los animales muertos electrocutados en los cables eléctricos extendidos para  favorecernos con energía y luz?

¡Defendamos la vida humana, respetemos la naturaleza pero no invirtamos los valores! Primero el ‘hombre’ y su libertad para el bien, usando la razón. 

 

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También la transfiguración sucede en la contemplación de la creación. Dios ha escrito dos libros: uno es la Escritura, el otro la creación. Uno está hecho de letras y palabras, el otro de cosas. No todos conocen y pueden leer el libro de la Escritura, pero todos, también los iletrados, pueden leer el libro que es la creación. Está abierto de par en par a los ojos de todos.

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¡Gloria al Jesucristo, base y fundamento de su Iglesia!

¡Buenaventura eres Tú, Oh María, Madre de mi Maestro!

 

“Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones” Biblia. Evangelio según San Lucas Cap.1º vs. 48. La Iglesia, hace XXI siglos fundada por Tu Hijo, te alaba, ¡Oh Madre plena de dicha y felicidad!

 

“Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones” Biblia. Evangelio según San Lucas Cap.1º vs. 48. La Iglesia, hace XXI siglos fundada por Tu Hijo, te alaba, ¡Oh Madre plena de dicha y felicidad!

 

VERITAS OMNIA VINCIT

LAUS TIBI CHRISTI.

 

 

Por venir a visitarnos, os agradecemos.-

Benedicto PP XVI: 2008.I.01 ‘Día mundial de la paz’ como cada primero de enero. Familia humana: comunidad de paz’ lema 01 enero para el 2008. 40 aniversario de la celebración de la primera Jornada Mundial de la Paz (1968-2008) ‘la celebración de esta Jornada, fruto de una intuición providencial del Papa Pablo VI’.-

Anno Domini 2008 - Mane nobiscum, Domine! ¡Quédate con nosotros, Señor!.

En el frontispicio de todas las iglesias de los jesuitas, en innumerables libros, en los anuncios de sus disputationes y en sus programas catequéticos, campea siempre el lema que resume lacónicamente los fines de la Orden: O.A.M.D.G. (Omnia ad maiorem Dei gloriam: «todo a mayor gloria de Dios»).

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Recomendamos vivamente:

1º ‘Jesús, el Evangelio de Dios’ Edibesa - editorial. Es, sin lugar a dudas, una obra madura de un experimentado pastor y teólogo y un libro oportuno sobre Jesucristo, el protagonista de máxima trascendencia y de permanente actualidad. 2008.-

2º ‘Identidad cristiana’ - La bandera del logos - Coloquios universitarios - Autor: Antonio Aranda (ed.) - Editorial: EUNSA – 2008 - Estamos en el tiempo de la dialéctica: Logos frente a ideología; palabra frente a sistema; razón frente a voluntad de pasión, de sentimiento, de poder público y privado; realidades básicas frente a necesidades sometidas a la pulsión freudiana. Benedicto XVI ha asumido una responsabilidad histórica, en un mundo en que la palabra debe recuperar su dignidad básica, siempre en relación con la realidad y en referencia con el pensamiento. Uno de los problemas acuciantes del pensamiento cristiano, y de la necesaria pregunta por la identidad, es lo fragmentario y lo especializado. La praxis existencial de un cristiano, y de una institución cristiana, es la de la contribución a que los demás descubran la importancia de mantener una relación positiva con la verdad.

3º Jesús de Nazaret– al siglo, Joseph Cardenal Ratzinger: ‘Benedicto XVI’. 2007

Ser cristiano’- al siglo, Joseph Cardenal Ratzinger: ‘Benedicto XVI’- dedicó «a Romano Guardini, con gratitud y admiración». Editor: Desclée De Brouwer.

‘Te ergo, quaesumus tuis famulis subveni, quos pretioso sanguine redemisti’, ‘Socorre, Señor, te rogamos, a tus hijos, a los que has redimido con tu sangre preciosa’.

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† San Pablo, Obispo de la Iglesia Católica: “No eres tú quien sostiene la raíz, sino la raíz la que sostiene a ti” (Rom 11,18).

Grüß Gott 

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).