Thursday 23 February 2017 | Actualizada : 2017-02-03
 
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Sin embargo, antes que nadie, la Iglesia reconoció, por ejemplo, la igualdad de derechos a los indígenas de América, cuando en toda Europa prevalecían las tesis aristotélicas que negaban alma a los esclavos y a las mujeres. A estas alturas, negar que el cristianismo, con muchas más luces que sombras, constituye la base de la identidad de Europa y América es, cuando menos, una estupidez. Como lo es también negar que constituye la base de la común identidad europea, y el argumento filosófico para la mayor aportación de Europa al mundo: la democracia.

  

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Patagonia argentina.

 

Patagonia - Río Grande, ubicada al norte de la isla grande de Tierra del Fuego, se puede considerar el corazón de la tierra ona, conocida como Onaisin, Karukinka o Yark-Harvin que significa «Mi Tierra».  

En octubre de 1886, una expedición comandada por Julio Popper descubrió el Río Grande.
La instalación de la primera Misión Salesiana en 1893 es considerada como el primer antecedente de población no amerindia en la zona. Fué fundada por monseñor José Fagnano y en ella en la actualidad funciona una Escuela Agrotécnica.
Este misionero llegó a Argentina en 1875, en la primera expedición de salesianos enviados por Don Bosco, tenía 31 años.
Después de trabajar en San Nicolás de los Arrollos y en Patagones, fué designado administrador apostólico para la Patagonia meridional, Tierra del Fuego y Malvinas.
Llegó a Tierra del Fuego el 21 de Noviembre de 1886, desembarcó en la bahía de San Sebastián, recorrió la Tierra del Fuego hasta bahía Thetis, donde celebró la eucaristía el 13 de enero de 1887, bautizando a numerosa población autóctona.
Realizó numerosas exploraciones y fundó misiones para los pueblos alacalufes y onas por todo el territorio
Monseñor Fagnano es considerado como uno de los más aventureros e intrépidos misioneros salesianos.
Los onas lo llamaban «el capitán bueno».
El infatigable misionero levantó iglesias y colegios en toda la zona de su Vicariato y tras una vida, llena de sacrificios y luchas para hacer el bien, enfermo viajó a Santiago de Chile donde expiró santamente el 18 de septiembre de 1916. Tenía 72 años. Sus restos descansan en la catedral de Punta Arenas.

 

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Nadie enjuicia a los egipcios que absorbieron a los primitivos camitas y levantaron su imperio, legando a la humanidad un gran patrimonio cultural. Ni tampoco nadie enjuicia a los hebreos porque dominaron a los antiguos filisteos y cananeos de las tierras del Jordán transmitiéndonos en cambio nada menos que el monoteísmo como preciosa clave de la existencia humana. Ni que hablar de los griegos que conquistaron a los “pueblos del mar” “pelasgos” y aniquilaron la civilización cretomicenica y luego elaboraron una civilización y cultura de la que después todo el mundo se sentirá heredero, incluso la misma España por Roma y nosotros de alguna manera por España. Nadie enjuició a Roma que liquidó a Etruscos y aposentándose en sus territorios - la actual Italia-, con el tiempo nos dió una gigantesca obra jurídica aprovechada por todo el mundo. Finalmente, el enjuiciamiento se vuelve sobre los mismos aborígenes que en sus sucesivos desplazamientos invadieron tierras de otros indios, aniquilándolos o absorbiéndolos hasta hacer prevalecer al final, como los ándidos, sus técnicas y espiritualidad superior sobre comunidades anteriores[6]

 

Jorge Oscar Sulé, Iberoamérica y el Indigenismo, I. Artículo completo disponible para consulta en: http://unidosxperon.blogspot.com.ar/2010/12/la-falacia-del-indigenismo.html

 

2015.08


Purmamarca- Jujuy-Argentina, prefigura el altiplano boliviano.

   

Música barroca compuesta por los Jesuitas, los primeros colonizadores europeos y nativos Chiquitos y Moxos en los siglos 17 y 18 en las misiones en la actual Bolivia. 

 

Los jesuitas, junto a muchos europeos y nativos escribieron mas de 11000 páginas de música, y también muchas operas entre los años 1691 y 1767. Los historiadores redescubrieron estas obras durante la década del 1970’ al hacer renovaciones de las ruinas de las antiguas reducciones de los siglos 17 y 18. 

 

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Panamá: Santa María la Antigua fue decisiva en la fundación de América 

 

El historiador Alberto Osorio reitera el origen mariano de la primera diócesis en tierra firme

 

 

 

Por José Antonio Varela Vidal 

 

LIMA, 28 de octubre de 2013 (Zenit.org) - Este es un año muy especial para la Iglesia panameña y por ende, para toda la América Latina. Se celebran los cinco siglos de creación de la primera diócesis en tierra firme, que estuvo desde el inicio bajo la maternal protección de Santa María la Antigua. 

 

La historia ha sido una celosa guardiana de este vínculo especial de la Madre de Dios con las tierras americanas. Y cuando ha podido --con sus escritos, investigaciones y descubrimientos--, ha sostenido tesis e hipótesis que no hacen sino reafirmar esta filiación mariana de los creyentes de esta parte del mundo. 

 

Uno de estos historiadores ha sido el catedrático panameño Alberto Osorio Osorio, autor de numerosas obras especializadas, y que ha profundizado las investigaciones sobre los orígenes de la devoción a Santa María la Antigua. ZENIT dialogó al respecto con el doctor Osorio, quien ha ejercido también la presidencia de la Academia de Historia Eclesiástica de Panamá durante dos períodos. 

 

¿Cuál es la trascendencia de este V centenario para la historia de la Iglesia en América Latina y en Panamá?

  

-Doctor Osorio: La importancia histórica del quinto centenario de la creación de la primera diócesis en tierra firme americana estriba en la proyección pastoral de la Iglesia en el recién descubierto Nuevo Mundo. Para Panamá implica que la historia eclesiástica es un segmento de la historia general del país panameño. 

 

-¿Se sabe por qué el papa León X eligió el título otorgado a la primera catedral de Panamá en 1513, es decir Santa María la Antigua? 

 

-Doctor Osorio: El papa León X Medicis eligió el título de Santa María la Antigua porque ya existía desde 1510 en el Darién una capilla bajo esta advocación tan popular y difundida en Andalucía (España) durante el Siglo XVI. Esta capilla se convirtió en la primera catedral de tierra firme en el istmo de Panamá. 

 

Una duda al respecto, ¿debe escribirse “Santa María la Antigua” o debe llevar mayúscula, es decir, “La Antigua”? 

 

-Doctor Osorio: El artículo “la” debe ir en minúscula porque equivale a decir Santa María del Carmen o Virgen del Perpetuo Socorro, que van con minúscula también. 

 

Volviendo al origen del título, ¿hubo alguna intención de cambiarla o ha permanecido así inalterable por los siglos? 

 

-Doctor Osorio: Puedo afirmar de manera contundente que la Santa Sede nunca modificó ni alteró el título original de la titular diocesana panameña. La investigación documental que hice al respecto, en fuentes originales así lo comprueba. Esta indagación fue enviada al respectivo dicasterio para la expedición del decreto pertinente. Con ello se ha recuperado la memoria histórica de la Iglesia de Panamá. 

 

El hecho que Panamá haya sido la primera diócesis en tierra firme, ¿se convirtió acaso en un  modelo para la proyección de los primeros evangelizadores en el continente americano? 

 

-Doctor Osorio: Ya previamente a la diócesis de Castilla del Oro los misioneros estaban evangelizando en las islas del Caribe. La Iglesia en tierra firme será un punto de despegue misional no solo en el Istmo sino a otras regiones mesoamericanas. 

 

De sus investigaciones en el Archivo de Indias y en Lima, ¿qué nuevos elementos encontró para la historia del título? 

 

-Doctor Osorio: No solamente encontré en el Archivo de Sevilla y en Lima elementos referentes a la historia del título sino también en el Archivo de la Curia Metropolitana de Panamá, todos ellos en perfecta ilación cronológica desde 1513 hasta nuestros días. 

 

El pasado nueve de septiembre el arzobispo de Panamá inauguró el año del V Centenario, ¿qué aportes pueden hacer los historiadores para que los panameños y todo el continente valore más este acontecimiento? 

 

-Doctor Osorio: Los estudios y publicaciones sobre la historia de la Iglesia en Panamá son relativamente recientes. Este afán historiográfico ha repercutido no solo entre los católicos panameños sino también en la historia nacional por cuanto que la Iglesia católica aparece en los albores de la historia del país hace ya quinientos años. 

 

Finalmente, ¿en qué investigación está dedicado usted hoy por hoy? 

 

-Doctor Osorio: Aunque parezca paradójico pero no contradictorio, estoy empeñado en descubrir otra memoria histórica y es la de los judaizantes (judeoconversos) que estuvieron en Panamá durante los siglos XVI, XVII y XVIII. 

 

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Una hermosa indicación de Juan Pablo II hablando de la memoria histórica: La memoria se configura como un derecho que corresponde a cada grupo humano (sociedad, Iglesia, partidos y sindicatos) para profundizar en la propia identidad, pero es esencial que esa memoria no sea selectiva y sesgada, ni intente imponer a todos una visión uniforme, sino que se desarrolle a partir de una aproximación «abierta, objetiva y científica» a los hechos. 

 

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Historiadores serios, responsables investigadores, sanos intelectuales deben estudiar la historia. La Iglesia universal está muy por encima de circunstancias coyunturales, y debe ser capaz de transmitir un mensaje de fe y de esperanza. La historia tiene que quedar en manos de los historiadores porque nadie tiene derecho a imponer una «verdad oficial», propia de los sistemas totalitarios. En el marco de la razón y el sentido común, el recuerdo de los antecesores -en este caso, de quienes dieron la vida por la fe ‘mártires de la Iglesia Católica’- refuerza la propia identidad y ayuda a comprender el complejo mundo en que vivimos. 2007-XI 

 

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El cristianismo es directo responsable de algunos de los conceptos que hoy nos parecen irrenunciables: la dignidad y la igualdad de todos los seres humanos, y el derecho a la vida de todos y cada uno de ellos, desde el vientre materno a la muerte natural. 

 

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 CAE OTRA LEYENDA NEGRA QUE DECÍA:

  

 FUERON LOS ESPAÑOLES Y LOS MISIONEROS CATÓLICOS QUE LLEVARON NUEVAS ENFERMEDADES AL RECIÉN DESCUBIERTO CONTINENTE AMERICANO. LAS VICTIMAS ABORÍGENES NO POSEÍAN LOS ANTICUERPOS NECESARIOS A LAS NUEVAS ENFERMEDADES, POR EJEMPLO: LA TUBERCULOSIS (BASILO DE KOCH), ETC... Sobre Koch:

  

 ¡Y sin embargo, no fue así! 

 

 

´DESCUBRIMIENTO: PIZARRO Y LA TUBERCULOSIS´

  

HASTA AHORA SE HABÍA SIEMPRE SOSTENIDO QUE HABÍAN SIDO LOS CONQUISTADORES ESPAÑOLES A INTRODUCIR LA TUBERCULOSIS, CONJUNTAMENTE A OTRAS ENFERMEDADES INFECTIVAS, EN EL NUEVO MUNDO. PERO UN RECIENTE DESCUBRIMIENTO PONE FUERTEMENTE EN DUDAS TALES AFIRMACIONES. EL PROFUNDO ESTUDIO MÉDICO EN UNA SERIE DE MOMIAS PERUANAS, EFECTUADO POR CIENTÍFICOS DE LA UNIVERSIDAD AMERICANA DEL CONNECTICUT,  HABRÍA EN EFECTO ENCONTRADO EN NUMEROSOS SUJETOS LA PRESENCIA DE PROCESOS INFLAMATORIOS DE LA COLUMNA VERTEBRAL Y DE LOS PULMONES, TÍPICOS DE LA TUBERCULOSIS. LAS MOMIAS ANALIZADAS FUERON DESCUBIERTAS EN EL 1996 EN ALGUNAS GRUTAS CERCANAS A LA CIUDAD DE CHACHAPOYAS, EN EL PERÚ NOR-ORIENTAL, SITUADA A 2.300 METROS DE ALTITUD EN LA CADENA ANDINA.  SUS EDADES SALEN ENTRE EL 500 Y LOS 1.000 AÑOS AL DÍA DE HOY Y SON, POR LO TANTO, SEGURAMENTE ANTECEDENTES A LA LLEGADA YLA CONQUISTA DEL IMPERIO INCAICO DE PARTE DE LAS TROPAS ESPAÑOLAS DE PIZARRO.-

«CORRIERE DELLA SERA». DOMINGO 28 DE ABRIL DEL 2002. ITALIA
PÁGINA 18 – CORRIERE SCIENZA –

  

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Tras el descubrimiento del nuevo mundo, la gran cuestión que surgió y que los entendidos discutieron fue:  "Dime qué es un hombre. ¿Los indios tienen alma?". Hoy, recorriendo el mundo entero, ¿quién podría pretender que no se formule aún con tanta urgencia, con tanta extrañeza? Frente a los puntos de referencia que se desplazan o se esfuman, el hombre moderno titubea, duda de sí mismo, y el combate antirracista llega a un punto muerto. Este combate es como una guerra de desgaste; es, sin duda alguna, el más duro de todos los combates por los derechos del hombre.
Tiene por objeto la igualdad fundamental de todos los hombres, y constituye una especie de desafío del espíritu contra la naturaleza, puesto que en los hombres se acentúa más la diversidad que
la igualdad. Reconocer que el otro, en su diversidad, es verdaderamente igual a mí, resulta difícil y entraña innumerables consecuencias. Nada más natural que decir "todo hombre es mi hermano", y vivir esta fraternidad, sobre todo cuando la Biblia, en el relato de Caín y Abel, revela nuestro origen:  todos somos descendientes de un criminal fratricida. 


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1749, el 3 de junio en Panamá, el obispo Luna Victoria, promueve y apoya la fundación de la Universidad de San Javier, con rica Biblioteca propia.

 

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Leer N style="mso-spacerun: yes"> bien conviene el codicilo que Isabel añadió a su testamento tres días antes de morir, en noviembre de 1504, y que dice así:  

 

«Concedidas que nos fueron por la Santa Sede Apostólica las islas y la tierra firme del mar Océano, descubiertas y por descubrir, nuestra principal intención fue la de tratar de inducir a sus pueblos que abrazaran nuestra santa fe católica y enviar a aquellas tierras religiosos y otras personas doctas y temerosas de Dios para instruir a los habitantes en la fe y dotarlos de buenas costumbres poniendo en ello el celo debido; por ello suplico al Rey, mi señor, muy afectuosamente, y recomiendo y ordeno a mi hija la princesa y a su marido, el príncipe, que así lo hagan y cumplan y que éste sea su fin principal y que en él empleen mucha diligencia y que no consientan que los nativos y los habitantes de dichas tierras conquistadas y por conquistar sufran daño alguno en sus personas o bienes, sino que hagan lo necesario para que sean tratados con justicia y humanidad y que si sufrieren algún daño, lo repararen».

 

Se trata de un documento extraordinario que no tiene igual en la historia colonial de ningún país. Sin embargo, no existe ninguna historia tan difamada como la que se inicia con Isabel la Católica.

 

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La Iglesia en Panamá celebra los años de su fundación

Fiesta de Santa María La Antigua, patrona del país - conmemoración de los 500 años de la Iglesia Panameña en  2013. ?  ?El Papa León X a solicitud del Rey de España y mediante Bula "Pastoralis Officii Debiturn" creó la Diócesis de Santa María La Antigua, el 9 de septiembre de 1513, la primera de Tierra Firme de América.   ?El arzobispo de Panamá José Dimas Cedeño, siguiendo las normas dictadas por la Santa Sede, proclamó a Santa María La Antigua como Patrona de la Arquidiócesis de Panamá, el 9 de septiembre de 1999. Acto ratificado por la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, el 20 de diciembre de ese mismo año. ?  ?La Conferencia Episcopal Panameña proclamó a Santa María La Antigua como patrona de la República de Panamá, el 9 de septiembre del Año Jubilar 2000. Lo que también fue ratificado por la Santa Sede mediante documento fechado 27 de febrero del año 2001 y firmado por el cardenal Arturo Medina Estévez, prefecto de la Congregación mencionada. ?  ?Se estableció el 9 de septiembre como Fiesta de Santa María La Antigua, en todo el país con rango de Solemnidad y Misa propia.

 

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Desde Panamá, sobre la conquista de América 

 

Soy una lectora panameña de ForumLibertas. Mal hacen los que tratan de defender el Islam y su yihad poniendo la conquista española de América como algo peor. Más bien hacen gala de una vergonzosa ignorancia.

Hasta en la misma América, sin la intervención catedrática de ningún español, las opiniones están divididas. Lo curioso es que tal división es exactamente igual que en España:
los que atacan a la Iglesia Católica son también los que atacan la conquista española, y poniéndose al día, son también los mismos que rasgan vestiduras por las palabras de Benedicto XVI sobre el Islam.

La realidad es que en América hay millones y millones de indígenas que conservan su idioma por sobre el español, y los capitanes de Castilla llegaron mezclándose con las nativas.
Dudo que  los musulmanes hubiesen dejado a suficientes nativos vivos y dudo que se hubiesen reproducido con una infiel a menos que la taparan de arriba abajo.

Aquí en Panamá hay grupos indígenas que andan desnudos todavía. Los indígenas americanos  también tienen sus creencias ancestrales y sé de curas españoles que todavía a estas alturas no logran convertirlos... ¿Quedarían religiones primitivas vivas y ancestrales en un territorio conquistado por musulmanes?

Desde el Río Grande hasta
la Patagonia hay indios que están igual a como estaban las tribus nómadas del norte del África en el 100 d.C. De hecho es difícil encontrar a alguien adorando a los dioses dominantes en aquel siglo de esos pueblos en África o Afganistán o Arabia Saudita ahora en pleno siglo XXI, porque el avance del Islam no deja piedra sobre piedra, pero en América todavía los antropólogos y parecidos hacen a estas alturas de nuestros nativos sus delicias.

Una última reflexión: Cuando los españoles llegaron a América no encontraron unos pueblos salvajes y "pacíficos" (la muy equivocada tesis, lamentablemente también muy difundida, del "salvaje inocente"): encontraron pueblos muy crueles y sanguinarios.
El mal está hace milenios que está "globalizado", y nos lo advierte la misma Biblia.

LAURA BRENES. FORUM-LIBERTAS.COM 2006-10-04

 

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P: ¿Cuál es la diferencia que establece usted entre Napoleón y los conquistadores españoles de América para considerar asesino al primero y libertadores a los segundos? 

  

R: Yo no considero libertadores a los segundos ni se me pasaría por la cabeza. Eran conquistadores y punto. Lo grave de Napoleón ("un millón de muertos ¿qué es para mi?", dixit) es que no pasaba de ser un tirano que durante más de década y media sembró la destrucción y la sangre en Europa y encima tenía la desvergüenza de decir que la liberaba.

  

P: Inquisición, expulsión de los judíos de casi toda Europa, conversión forzosa o asesinato de millones de indígenas en América, negros en África o aborígenes en Australia, alianza con las monarquías absolutas primero, y con las dictaduras militares y fascistas después... realmente el cristianismo es una religión de paz y amor, ¿no cree? 

 

  

R: La abolición de la esclavitud –herencia clásica– fue realizada por cristianos siglos antes de la revolución francesa; los judíos que huían del islam se refugiaron en países cristianos durante siglos y durante el Holocausto recibieron el apoyo y ayuda de muchos cristianos; el exterminio de indígenas fue condenado por cristianos de distintas confesiones desde De Las Casas a Penn... ¿no le parece a usted que peca de ignorancia y parcialidad? ¿No cree?   

Dr. César VIDAL. historiador y filósofo - 2004.06, Esp.

  

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«Derechos humanos» 

 proclamados por la Iglesia Año 1346

  

 

«Europa» pronunciada por vez primera por

San Beda, sc. VII 

 

El historiador Luis Suárez muestra las 

 evidencias de las raíces cristianas de Europa 

  

 "Europa tiene su base en la única fuerza que es capaz de aunar la herencia cultural helénica, el derecho romano y el avance de la Ciencia: el Cristianismo". Esta es la conclusión del historiador Luis Suárez, catedrático emérito de la Universidad Autónoma de Madrid. Suárez recuerda que el progreso europeo fue posible gracias al Cristianismo. En efecto, la creación de bibliotecas en territorio europeo por Isidoro de Sevilla, fueron impulsadas gracias a los padres de la Iglesia como Benito o Alejandro Magno, quienes consideraron que el progreso se basaba en el conocimiento, no en el atesoramiento de riquezas.  

 

Además, Suárez recordó que los derechos humanos no nacieron con la revolución francesa de 1789, sino que fueron inicialmente formulados por el Papa Clemente VI, quien, en 1346, pronunció por vez primera los derechos humanos de la libertad, la vida y la propiedad. En este contexto, negar las raíces cristianas de Europa, como pretende Francia y Bélgica, en el tratado constitucional parece un intento de construir una Europa de mercaderes, en lugar de una comunidad humana. "El término Europa fue inicialmente pronunciado por San Beda el Venerable en el siglo VII para referirse al territorio en el que el Cristianismo había llegado a arraigarse",concluye Suárez. 2004-02-27 – www.hispanidad.com 

 

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Los aborígenes veneraban las estrellas de Canopo y Sirio, las más brillantes

  

  

  

 

El estudio de la astronomía de los aborígenes canarios «españoles» ha permitido a un investigador encontrarse de lleno con las tradiciones de la Virgen de la Candelaria.

F.M. / EFE/

 

CANARIAS. La astronomía de los aborígenes canarios era bastante sofisticada pues llevaban cuentas lunares, solares, siderales e incluso controlaban los eclipses, y sus estrellas predilectas eran las dos más brillantes, Canopo en Tenerife y Sirio en Gran Canaria.

El investigador José Barrios ha estudiado las matemáticas y la astronomía aborigen, así como el calendario primitivo, pues en aquella sociedad ganadera y agrícola era esencial conocer las estaciones.

Barrios observó las marcas que aparecen en las momias, las cuentas de barro de los collares y las piedras que usaban en sus quehaceres, así como la cueva pintada de Gáldar, que más que pintura es escritura si se sabe interpretar.

También logró descubrir cuestiones tan curiosas como asombrosas para la época, pues conocer el ciclo de los eclipses requiere observación, e incluso transmisión entre generaciones.

Barrios explicó que todo ello, junto a la reconstrucción del cielo histórico de Canarias, le hizo encontrarse «de lleno con las tradiciones de la Virgen de la Candelaria». 2004-10-11

 

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DIFÍCIL PODER ACUMULAR TANTA MENTIRA Y 

 DESPROPÓSITO EN POCAS LÍNEAS Y EN EL 2004.

  

 La falta de claridad no solo es dolorosa, sino además peligrosa. Se habla y se escribe con extremada irresponsabilidad. Hace falta una acumulación de pensamiento para no caer en errores que pueden ser irreparables.

  

 (¿Por qué el autor de estas mentiras y falsedades, oculta su identidad y no presenta documentación apodíctica? Tenemos aquí la prueba de cómo se propagan las “leyendas negras” enfocadas para asentarse entre las personas menos instruidas; ...digo la mentira con aires de intelectualidad, no presento documentos serios e irrefutables y bien venga la calumnia difamatoria)... 2004-10-12

  

 12 de Octubre: a 512 años la población indígena americana se redujo un 90%

La viruela, la fiebre amarilla y la sífilis, entre otras epidemias, más las matanzas de los portugueses y españoles en su afán por adueñarse del oro y la plata redujeron la población indígena americana hasta en un 90 por ciento desde que comenzó hace 512 años la conquista del nuevo continente.
FALSO

Organizaciones no gubernamentales estiman que en la Argentina sólo sobreviven hoy entre 800.000 y 2.000.000 de nativos originarios, distribuidos en más de 800 comunidades e incluso en algunas capitales de provincia, por efectos de la migración urbana.
FALSO

A falta de un censo oficial, el gobierno argentino puso en marcha una encuesta complementaria del censo nacional de 2001 que busca arrojar datos cualitativos y que indica en principio la existencia de más de un millón de habitantes originarios en el país.
INEXACTO

Se sabe que determinadas tribus, como los pacíficos Onas de Tierra del Fuego, fueron exterminadas, en gran parte por las enfermedades europeas contra las que no habían generado anticuerpos.
FALSO

Con la llegada de los conquistadores se inició un exterminio que arrasó, en total, con 90 millones de pobladores de la región y quebró el desarrollo cultural de un mundo que, lejos de ser nuevo, fue invadido por la soberbia y el apetito imperial, sumiendo en la desolación la cosmovisión milenaria de un continente desestructurado.
FALSO

Hoy mantienen vivo su origen y su cultura entre 50 y 60 millones de habitantes de Latinoamérica, según cifras de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y otros organismos mundiales.
FALSO

En 1600, por el efecto contaminación, la densidad indígena en México ya había alcanzado el punto más bajo: entre el 10 y el 5 por ciento en relación a 1492.
FALSO

En Perú se estima que la población nativa descendió de unos 9 millones en 1533 a poco más de 500.000 a comienzos del siglo XVII, la mayor parte debido a las matanzas.
FALSO

Lo mismo pasó en Paraguay, donde las misiones jesuíticas se asentaron en la segregación de la población nativa respecto de los europeos.
INEXACTO

Los misioneros que llegaron en 1610 organizaron a los guaraníes a fin de que resistiesen a la penetración portuguesa, con lo que preservaron a unos 100.000 indígenas de la aculturación y la peste, hasta que la Compañía de Jesús fue expulsada por la corona española en 1767.
INEXACTO

También en la Argentina los nativos fueron víctimas de la peste, de la Campaña del Desierto, de los inmigrantes y de los soldados que buscaban apropiarse de sus tierras, del destierro, del mestizaje y de la desculturización, incluso bajo el "amparo" de la Constitución de 1853, que sólo se preocupó de asimilarlos y convertirlos, nunca de respetarlos como los primeros habitantes. FALSO.

Los sobrevivientes, incorporados en masa al Estado argentino como pueblos sometidos y ocupantes precarios en sus propios territorios, fueron obligados a adoptar una religión y un estilo de vida que no les era propio.
FALSO

Aunque la nueva Constitución de 1994 otorgó a los pueblos originarios en el artículo 17 del inciso 75 un número de derechos hasta entonces ignorados, sobreviven como testimonios de sociedades antiguas que no se integraron completamente a la sociedad mayoritaria. (Télam) Periódico ‘LA CAPITAL’ Rosario-Argentina 2004-10-12

 

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(¿Por qué el autor de tantas mentiras y falsedades, oculta su identidad y no presenta documentación apodíctica?) 2004-10-12 

La condición capital es la insobornable veracidad para tratar estos delicados asuntos. Cada vez que se deslizan las mentiras o se ocultan las verdades, se aumenta el riesgo de que el mundo vaya mal. En su conjunto va bastante bien; si se hace una evaluación cuantitativa de bienes y males, se ve que los primeros son predominantes; pero la inseguridad es la condición inexorable de la vida humana.

2004-10-12

 

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Si bien no han faltado en la historia errores, inclusive entre los creyentes, como reconocí con ocasión del Jubileo, esto no se debe a las «raíces cristianas», sino a la incoherencia de los cristianos con sus propias raíces. Quien aprende a decir «gracias» como lo hizo Cristo en la cruz, podrá ser un mártir, pero nunca será un torturador.
S. S. Juan Pablo II – Servus servorum Dei - 2004-10-07 – Vat.

 

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P: Inquisición, expulsión de los judíos de casi toda Europa, conversión forzosa o asesinato de millones de indígenas en América, negros en África o aborígenes en Australia, alianza con las monarquías absolutas primero, y con las dictaduras militares y fascistas después... realmente el cristianismo es una religión de paz y amor, ¿no cree?

 

R: La abolición de la esclavitud –herencia clásica– fue realizada por cristianos siglos antes de la revolución francesa; los judíos que huían del islam se refugiaron en países cristianos durante siglos y durante el Holocausto recibieron el apoyo y ayuda de muchos cristianos; el exterminio de indígenas fue condenado por cristianos de distintas confesiones desde De Las Casas a Penn... ¿no le parece a usted que peca de ignorancia y parcialidad? ¿No cree?

 

Don César VIDAL. Dr. en historia, en filosofía, en teología y es abogado. Esp.2004.06

 

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Un genocidio ful (y una figura extraordinaria: Motolinia) 

1998/05/26
es.charla.religion
 

N.  escribió:

> Miguel, en Latinoamérica se mataron entre 55 y 65 millones de indiosdurante el colonialismo (no me acuerdo de la fuente, pero podríabuscarla) español y portugués, ambos con la aprobación e inclusoparticipación de la Iglesia. Tiene gracia que se hable de explotaciónindígena después de la independencia de estos países. Por cierto, sicomparamos este número de asesinatos y la población de esa época con el
> de los asesinatos perpretados según el "Libro Negro del Comunismo" con lapoblación de la época en que se hicieron, no sabría decirte qué es más horrible.

Buen amigo, N.:
Tú no me das fuentes, pero yo sí que las voy a aportar. Y de primera mano.

Pierre CHAUNU, historiador francés protestante, bastante placeado, y que en la actualidad es catedrático emérito de La Sorbona:
 

La leyenda antihispánica en su versión norteamericana (la europea hacehincapié sobre todo en la Inquisición) ha desempeñado el saludable papelde válvula de escape. La pretendida matanza de los indios por parte delos españoles en el siglo XVI encubrió la matanza norteamericana de lafrontera Oeste, que tuvo lugar en el siglo XIX. La América protestantelogró librarse de este modo de su crimen lanzándolo de nuevo sobre la
América católica.
 

¿Te sientes a gusto en ese papel, N.? Pues te paso con otro ilustre historiador galo, Jean DUMONT:
 

Si, por desgracia, España (y Portugal) se hubiera pasado a la Reforma,se habría vuelto puritana y habría aplicado los mismos principios queAmérica del Norte ("lo dice la Biblia, el indio es un ser inferior, unhijo de Satanás"), un inmenso genocidio habría eliminado de América delSur a todos los pueblos indígenas. Hoy en día, al visitar las pocas ´reservas´ de México a Tierra del Fuego, los turistas harían fotos a lossupervivientes, testigos de la matanza racial, llevada a cabo ademássobre la base de motivaciones "bíblicas".
  

Todos esos asesinatos sólo están en tu mente. Son pura fabulación y pertenecen al acervo de iniquidades que, desde tiempo ha, baraja el discurso dominante para estrangular (con poco éxito, todo sea dicho) a la Iglesia y a un país que, con sus defectos, ha impregnado del mensaje de Cristo a todo un continente como el americano. Me refiero a España.

Qué duda cabe que se cometieron injusticias en la colonización de América. Y crímenes. También se perpetraron en la romanización y nadie en su sano juicio renegaría de esa herencia civilizadora y culta.  Pero nada de genocidios de medio pelo. Hoy todo el mundo sabe que el fallecimiento de la mitad de la población autóctona de América en los primeros años de la colonización del Nuevo Mundo se debió a causas microbianas y virales.

Ya hace algún tiempo que los expertos de la Universidad de Berkeley establecieron con detalle este proceso:  Un fenómeno comparable a la peste negra europea del siglo XIV, que vino de China y la India. Tuberculosis, pulmonía, gripe, sarampión y viruela, enfermedades desconocidas en el ecosistema americano y para cuyo freno los indios carecían de defensas inmunológicas. Muchos europeos, por su parte, sucumbieron también ante las fiebres tropicales.  El apasionado Bartolomé de las Casas, que no había oído hablar nunca de Pasteur, achacó la mortandad que produjeron los virus a la acción criminal de sus compatriotas. Recientemente, este contagio masivo y mortal se ha constatado entre las tribus secularmente aisladas de la Guayana francesa y de las regiones amazónicas del Brasil. Una curiosidad: al parecer, la costumbre de decir "¡Jesús!" tras el estornudo proviene de América. Los resfriados solían ser mortales entre los indígenas.

Un tratamiento original, científico y riguroso de este asunto lo ofrece en nuestra lengua el Prof. Dr. Francisco GUERRA en "La influenza, y no los españoles, acabó con los indios americanos" publicado en la revista El Médico, vol.32, n.159 (4-10 de octubre de 1985) y que también publicó el Consejo Superior de Investigaciones Científicas en 1988 (Misterio y Realidad, estudios sobre la enfermedad humana):
 

La población indígena americana sufrió un enorme desastre demográficotras el Descubrimiento del Nuevo Mundo en 1492. Se ha culpado de ello,sobre todo, a la viruela, pero esta enfermedad no fue introducida enSanto Domingo hasta 1518 y para entonces ya había pasado su población de1.100.000 en 1492 a apenas 10.000 en 1517. Es decir, en un cuarto desiglo había prácticamente desaparecido la población precolombina deaquella isla y las Antillas. (...) La gran mortalidad de los indios, ypreviamente de los españoles, se debe a una epidemia de influenza suinao gripe del cerdo.
 

También el prof. CÉSPEDES (Historia de América Latina, Tomo I. Alianza Editorial, 1988):
 

Los aborígenes americanos, por el hecho de haber vivido aislados,recibieron en muy pocos años el impacto combinado de todos los agentespatógenos difundidos por los buques europeos, sus cargamentos,tripulaciones y pasajeros.
 

[A mediados de 1995, el investigador de la Universidad Estatal de Nueva York Dean SNOW dio a conocer desde las páginas de la revista Science un estudio en el que afirma y fundamenta que no fueron los españoles los que introdujeron las grandes epidemias (en especial, escarlatina, tosferina, peste y viruela) que diezmaron las poblaciones indias de Norteamérica, dado que a su entender éstas enfermedades entraron 150 ó 200 años después de lo que se creía. Si el elemento clave para la introducción y el contagio de enfermedades se halla en la llegada de colonos con niños, los niños españoles , según Snow, no entraron en contacto con los indígenas que se hallaban fuera del área española. En el caso de los colonos franceses, ingleses y holandeses, esto se produjo bien entrado el siglo XVII, lo que invalida la cifra generalmente admitida de 18 millones de indígenas habitando Norteamérica (él la rebaja a apenas 2 millones), para los que ni siquiera había asentamientos suficientes. Las conclusiones del prof. Snow se basan en exhaustivos estudios hechos sobre la tribu Mohawk]
 

  

Respecto a la pretendida bendición de crímenes o cooperación en ellos por parte de la Iglesia que evangelizó América, yo toda esta propaganda la contrarresto con ejemplos reales. Uno tras otro. El otro día le tocó a frayBernardino de Ruibeira, cuando B. aventaba la acusación de esclavismo. Ahora, ajústate los machos, Niebla, le toca a Fray Toribio de Benavente, alias Motolinia. Lo evoca maravillosamente donRamón Menéndez Pidal, frente a la inconsistencia evidente de la figura del padre Las Casas.

Motolinia llegó a Veracruz, con sus compañeros de la expedición franciscana llamada de losdoce apóstoles, en mayo de 1524. Emprendieron descalzos el camino hacia la ciudad de México (veinticinco ríos en sólo dos leguas, según describió el propio Fray Toribio una etapa de su itinerario). Los indios a su paso exclamaban admirados motolinia(pobrecitos), apodo que acabó adoptando Fray Toribio. Fueron recibidos por Cortés en Tenochtitlán, quien -considerado en México como un dios- se arrodilló ante los frailes.

Motolinia se dejó imbuir de cultura indígena, aprendió sus lenguas, trató de penetrar y comprender las costumbres. Ilustraba a los indios, les hablaba desde su mentalidad, organizaba poblados, redactaba catecismos. Les defendió valerosamente de la explotación de los encomenderos, pero no montaba numeritos. Usaba de un pragmatismo realista y a la vez cristiano que fundaba sobre su propio sacrificio. Compuso su Historia de las Indias de Nueva España, en que, junto a las denuncias de los abusos se recoge la generosidad y el pulcro proceder de muchos españoles; lamenta el atraso de los indios, pero valora a su vez su capacidad de aprender y la rapidez de su inteligencia. Ejecuta, en fin, una pintura realista, pero a la vez esperanzada de la epopeya española y de la gran aventura evangelizadora en América.

Miguel Ángel.
 

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Re:
Un genocidio ful

1998/05/28

A. V. escribió:
 
> Miguel Ángel, sigues con tu técnica del "y tú mas" -que aplicas sin cesar cadavez que se sacan a colación los millones de muertos causados por la religión-.

¿¿¿¿¿Por la religión?????   A. V., tú deliras.

> Como de costumbre, te olvidas de las circunstancias históricas que marcaronlas diferencias entre ambos métodos de conquista, y que no se basabanen si España se hubiera unido a la Reforma -cosa inimaginable- o no.

Las circunstancias históricas en buena medida las hacen también los hombres. Y eso de inimaginable... ¿Por qué razón si no, les iba a caer a los hoy rehabilitados reyes Carlos I y Felipe II, en especial a este último, el secular mochuelo de intolerantes? Por su firme propósito de poner freno a los agentes propagadores de la marea reformista, que todo lo iba anegando.

> Se trata de que los anglosajones iban alli para vivir y tener su propiatierra, que rapidamente vallaban, vivir con su mujer -anglosajona también-y dedicarse a cultivar trigo o a la cria de oveja, con lo que los indios,directamente sobraban. Los españoles iban allí a sacar lo que pudieranpara llevarselo a la metrópoli y volver ellos a España si podían.

El fenómeno de los indianos, que parece que es al que tú aludes e bastante tardío en la historia de la colonización.

> Precisaban de mujeres, de trabajadores, etc., sin contar
> que el potencial demográfico de los españoles era mucho mejor.

Cualquiera diría leyéndote que los españoles tenían más prisa en llegar, besar el santo y largarse que el mismísimo Alejandro en sus conquistas asiáticas. La relación que haces no se parece en nada a la colonización española de América.

> Si tan buenos fueron los españoles, ¿por qué en
> Argentina y en Chile se cargaron a los indios?

¿Para qué te voy a refutar, A. V.? ¿para que luego hagas mutis por el foro?
Anda, no fabules y disfruta con la memorable jornada de
Pedro de Valdivia en Chile.  Por cierto ¿sabías la peripecia del asentamiento español de Real Felipe, situado en lo más inhóspito del estrecho de Magallanes?

Fundado en 1583 con finalidades estratégicas, sus pobladores no lo abandonaron ni siquiera después del apresamiento por los ingleses del alma de la expedición, el gran marino Pedro Sarmiento de Gamboa. Así, fueron muriendo uno por uno, cortados los suministros, de hambre y penurias. En 1587, un pirata inglés visitó el Real Felipe y lo bautizó como Ciudad del Hambre. Sólo uno de sus habitantes se embarcó con él. Los que aún quedaban, once hombres y tres mujeres, siguieron aguantando en su puesto hasta que no pudieron más y, tras enterrar sus escasas pertenencias, trataron de llegar al río de la Plata. Ninguno lo consiguió. Perecieron todos en el intento.

Gente así no va por la vida exterminando indios por placer. Un escritor y diplomático culto y progresista como Abel Posse, argentino por demás, definió perfectamente a los indómitos conquistadores españoles: "Una nueva estirpe de romanos".

Miguel Ángel.

 

1998/05/30

M.  escribió:

> Lo que de verdad me toca las pelotas de ti, Miguel, es tu verborreabarata cuando de hablar de monjes y misioneros se trata.Mira, santurrón; esos amigos tuyos monjes jesuitas, capuchinos, etc. Fuesendescalzos o con zapatillas de goma, fuesen a esclavizar (que lo hicieron) ocomo apostoles de la auténtica Verdad, en cualquiera de los casos fueron a
> donde no les llamaron. Fueron a lugares donde existian tradiciones,religiones, normas... CULTURA. Y las pisotearon, las destruyeron

¿Qué sabrás tú de esa cultura? Tú no te leíste de la colonización de América ni lo que decía el libro de Anaya de 6º de EGB, porque con la parte de las culturas precolombinas hiciste bolas y estuviste jodiendo al maestro cada vez que se volvía a escribir en la pizarra...

A ver si te enteras, espabilao, los pueblos de América Central estaban siendo pisoteados por el salvaje imperio azteca, cultivador de una religión sangrienta que se alimentaba de víctimas humanas cobradas a los enemigos e inmoladas a toscos y oscuros dioses. Las nuevas guerras eran emprendidas por la necesidad de más víctimas. En la época de la irrupción de los conquistadores llegaron a sacrificar hasta 80.000 jóvenes de una sola tacada en sus pirámides, que hacían las veces de altares.

A ver cómo, si no, por muy valerosos que fueran, un puñado de españoles (porque no se si sabrás que eran cuatro monos) iba a doblegar a un imperio guerrero y sangriento: pues con la ayuda inestimable de las naciones indias oprimidas.
Mira la cultureta de la que hablas:

AZTECAS:

  •  
    • La ofrenda de corazones humanos debía ser ininterrumpida, los niños eran lanzados al abismo de Pantilán, las mujeres no vírgenes eran decapitadas, los hombres adultos, desollados vivos y rematados con flechas.

INCAS:

  •  
    • Esclavizaron a los indios del sur (que resultaron ser voluntariosos colaboradores de los españoles también), a lo largo de la cordillera de los Andes .
    • Víctimas humanas estranguladas o degolladas y, aunque en menos ocasiones, se le arrancaba el corazón a la manera azteca.
    • Tenían prohibida la propiedad privada. No existía el dinero, ni el comercio.
    • Prohibida la iniciativa individual y sobre la vida privada recaía una dura reglamentación estatal.
    • Leyes eugenésicas para evitar la contaminación racial.

TODA LA AMÉRICA PRECOLOMBINA:

  •  
    • No se conocía el uso de la rueda.
    • No se conocía el uso del hierro.
    • No se sabía utilizar el caballo (que ya existía en América, ojo) y tampoco se servían de mulas ni asnos.

Imagínate en esas condiciones quién y de qué manera construía los palacios, templos, pirámides y demás.

> Esos "santos" han destruido el patrimonio cultural de etnias enteras

Menudo patrimonio. Patrimonio CULTUAL, NO CULTURAL. Aunque para ti habrá que decir kultural.

> Así que no me vengas ahora con buenas palabras de evangelización y ayuda
> a los indigenas, cuando lo que se hizo fue joderlos bien.

Jodidos iban ya (el que lo contaba...).

> Además ellos jamás pidieron ayuda a nadie.

En eso aciertas, más bien la prestaron: los oprimidos, a los españoles. Y de mil amores.

> Nota:  ¿Te has planteado tú cómo habrías actuado
> de estar en el pellejo de alguno de esos indios?

¿Has dicho "pellejo"?

AZTECAS:

  •  
    • Cuatro sacerdotes aferraban a la víctima y le arrojaban sobre la piedra de los sacrificios.
    • El Gran Sacerdote le clavaba el cuchillo debajo del pezón izquierdo, abría la caja torácica con las manos y depositaba el corazón palpitante en una copa.
    • Los cuerpos eran arrojados por las escaleras de la pirámide.
    • Al pie esperaban otros sacerdotes que practicaban una incisión en cada cuerpo desde la nuca a los talones para arrancar la piel en una sola pieza.
    • Cada cuerpo DESPELLEJADO era cargado por un guerrero que se lo llevaba a su casa para disfrutar comiéndolo con familia y amigos.
    • Una vez curtidas las PIELES, con ellas se confeccionaban las vestimentas de los sacerdotes.

[En mayo de 1993, los arqueólogos del área de Tecoaque, en el Estado de Tlaxcala (México), hallaron una ofrenda con catorce cráneos: doce de españoles, depositados en un brasero y los restantes, apartados, pues correspondían a nativos considerados traidores. Todos presentaban trepanación parietal, lo que indica que fueron sacrificados en honor a Ehécatl, dios del viento, con motivo del triunfo de los acolhuas sobre las tropas españolas a principios de 1521. Un año después del hallazgo, ya durante la cuarta fase del proyecto Tecoaque, se descubrieron restos óseos correspondientes a tres caballos y un jaguar, a escasos 50 m. del templo circular donde se encontraron los cráneos, y ocultos, debido a que, al parecer, los acolhuas quisieron esconder a Cortés lo sucedido con los hombres de Mendoza y Pánfilo Narváez. La Tercera Carta de Relación de Hernán Cortés a Carlos V ya dejaba constancia de estos hechos y de los escabrosos detalles de la ofrenda a Ehécatl, dios del viento (extracción del corazón, decapitación, separación de la piel y cocción posterior de los cráneos, exhibición en hilera de cráneos o "tzompantli", ingestión de la carne del cuerpo por parte de los guerreros y ofrenda de las pieles de los caballos en los templos de Texcoco), que el hallazgo confirma punto por punto]

Miguel Ángel.  

 

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Miguel Ángel García Olmo

 

 

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Sigue vigente el principio de que sólo delinquen y son responsables criminalmente las personas físicas. Ningún delincuente puede manchar otro honor que no sea el propio.

Hay quienes piensan que la democracia entraña el triunfo de la bondad moral y que, en ella, todos los ciudadanos, o la mayoría de ellos, son justos y benéficos. Es falso. La democracia no cancela la brutalidad ni suprime la barbarie. Por el contrario, nace más bien de la constatación de la existencia del mal. Precisamente por ello instaura los principios de la transparencia y de la libertad de expresión, y los mecanismos de limitación del poder, al que sitúa bajo permanente sospecha. Si la barbarie no fuera posible, acaso cupiera prescindir de los gobiernos y de la fuerza legítima del Derecho. Pero no es así. Si no lo es nunca, perfecta ocasión para la extensión del odio y la barbarie. Lo democracia no imposibilita la existencia de Caín; sólo impide, y no siempre, su impunidad.

 

 

Dr. Ignacio SÁNCHEZ CÁMARA. 2004.V. ESPAÑA.

 

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Responsabilidad profesional en la

 

elaboración de la información

 

 

En este momento, la mezcla de realidad y ficción, y el desconcierto, no diré yo que absoluto, pero el considerable desconcierto que reina sobre las cosas que hay que creerse y las cosas que no hay que creerse, han configurado un panorama que a los que tienen la obligación y la responsabilidad de educar a sus hijos, pequeños o adolescentes, o en la primera juventud, les inquieta.

 

Por Ramón Pi

Muchas gracias. En realidad tengo que decir que quien se inventó la tertulias fue mi mujer, no por lo que están ustedes pensando, sino por otra razón, porque José Mª García abandonó la SER para ir a fundar Antena 3 de Radio. Entonces, a la cadena SER se le planteó un problema grave, que era qué hacer a las once y media de la noche sin García, que era entonces mucho más el amo de la información deportiva que ahora, que ya es decir. Entonces, lo que se planteó a algunos de los que colaborábamos en la SER fue ir pensando algo que hacer.

La primera cosa que se nos ocurrió, entre otros, a Javier González Ferrari, a Fernando Ónega y a mí, fue que tendríamos que discurrir algún programa que tratase de cualquier cosa menos de deporte. Y en esas cavilaciones andábamos, cuando una noche, a la vuelta de una cena en casa de unos colegas, mi mujer me comentó:
No sabes lo que me gusta este tipo de cenas y esas tertulias, porque aunque ya sé que es mentira, cuando vuelvo a casa tengo la sensación de que ya me lo sé todo, porque contáis la trastienda de las cosas. Y entonces así fue como yo me dije que esto era lo que íbamos a hacer. Y empezó el género de la tertulia radiofónica, que se llamaba La Trastienda, en la que nos reuníamos varios periodistas al fin de la jornada para discutir la jugada y contar lo que nos había pasado en e1 día. Así que no voy a regatear méritos a mi mujer, porque al final se acabaría enterando y no quiero yo más problemas de los indispensables.

Me corresponde hablar de algo que, a pesar de la premura con la fui requerido a hablar aquí, conozco bien, porque se trata ni más ni menos que de la responsabilidad profesional en la elaboración de la información. Esto, a un periodista que es casi de la antigüedad, como el que les habla, le resulta familiar, como es natural, porque uno lleva ya unas cuantas horas meditando sobre estas cosas.

Todos ustedes conocen la historia famosa de
La Guerra de los Mundos, escenificada para la radio, que Orson Welles puso en marcha en una cadena de emisoras americanas, y que logró aterrorizar a millones de americanos porque les hizo creer que los marcianos nos invadían de verdad. Bueno, hoy no tenemos aquella ingenuidad, no hay más que ver las películas de los años 50 o de los años 40, y nos hacemos cruces de cómo nos lo creíamos todo.

Pues hoy no tenemos aquella ingenuidad, hoy tenemos otra todavía peor, otra clase de ingenuidad todavía peor. Hoy cada vez somos menos capaces de distinguir entre la realidad real y la realidad virtual. Eso es así hasta el punto de que una película de éxito ha tomado esta idea y la ha explotado con notable éxito, lo cual quiere decir que ha sabido conectar con muchos espectadores en todo el mundo. Me refiero a la película
El Show de Truman, que seguramente muchos de ustedes habrán visto. Es una película en la que un programa de televisión hace que se confundan la realidad real y la realidad virtual constantemente, las veinticuatro horas del día. Cada vez nos creemos más estas cosas, y paradójicamente cada vez nos creemos más las supersticiones astrológicas y otras idioteces por el estilo, al mismo tiempo que abrimos la boca con arrobo ante los grandes y espectaculares avances científicos, con los que los periódicos nos sorprenden casi un día sí y otro también.

En este momento, la mezcla de realidad y ficción, y el desconcierto, no diré yo que absoluto, pero el considerable desconcierto que reina sobre las cosas que hay que creerse y las cosas que no hay que creerse, han configurado un panorama que a los que tienen la obligación y la responsabilidad de educar a sus hijos, pequeños o adolescentes, o en la primera juventud, les inquieta. Eso no tiene nada de particular. Entre otras cosas, porque si un padre de familia es un buen profesional en lo suyo, y ve por la televisión u oye por la radio o lee en un periódico algo relativo a su propia profesión, comprueba, con mucha frecuencia, que la cantidad de errores y de inexactitudes que se vierten en esas informaciones sobre un tema que conoce es muy considerable. Y entonces, claro está, se estremece al pensar lo que se estará tragando respecto de asuntos que no conoce tan bien como los de su profesión.

Respecto de este asunto, lo primero que hay que decir es que el periodismo, por su propia naturaleza, es una profesión que cultiva lo inexacto, es la profesión en la que la inexactitud tiene su asiento natural. Y les voy a explicar por qué. El periodismo, por su naturaleza, tiene unos condicionamientos de tiempo y de espacio que hacen prácticamente imposible la precisión. El periodismo es lo que podríamos llamar la otra cara de la moneda de una tesis doctoral. Para hacer una tesis doctoral, un doctorando dispone de todo el tiempo que necesite; para desarrollar una materia dispone de todas las páginas que necesite, y normalmente las tesis doctorales tratan sobre un aspecto concreto de un aspecto concreto de un aspecto concreto de una especialidad científica.

El periodismo es exactamente lo contrario. Un periodista tiene que estar tocando todos los palos al mismo tiempo y tiene que tratar cosas complejas, variadas, y muchas veces con raíces muy generalistas. Pero eso sí lo tiene que hacer de hoy para mañana, si tiene suerte y trabaja en un diario, o de las siete para las ocho, si no tiene tanta suerte y trabaja en la radio o en la televisión. Eso forzosamente obliga a la inexactitud.

El que fue durante muchos años director de
The Washington Post, Ben Bradlee, publicó un artículo con ocasión de la enorme polémica que se produjo en Estados Unidos a raíz de la dimisión del señor Nixon y del caso Watergate; fue una polémica en la que la gente se preguntaba quiénes diablos eran los medios de comunicación para echar a los presidentes de la Nación, que habían sido votados por los ciudadanos electores. Entonces, el señor Bradlee decía: Miren ustedes, los periodistas somos unos tipos que sabemos muy poco de pocas cosas, pero, eso sí, las contamos con grandes deficiencias. Sin embargo, en conjunto, por algún mecanismo que todavía nadie ha podido explicar bien, en conjunto reflejamos la realidad con sorprendente exactitud. A mí me parece que eso se ajusta muy bien a la realidad. Lo que pasa es que, claro, tampoco es cosa de que cada uno se vaya con un carrito y se compre todo lo que se publica para luego hacerse una idea muy aproximada de la realidad. No se trata de eso.

¿Por qué son distintos los medios? ¿Por qué son parciales? En parte por esto que les acabo de decir, y en parte también porque la visión del mundo, la visión de las cosas, la visión de la vida, la interpretación de los hechos, contiene un componente subjetivo, inevitable, al que me referiré después, y eso hace que la presentación de los mismos hechos pueda adquirir uno u otro sesgo, según el medio en el que uno tenga acceso a esta información concreta.

Pero todo eso también es inevitable precisamente porque vivimos en una sociedad libre. Esta variedad de sesgos es propia de las sociedades libres; en las sociedades totalitarias ese fenómeno no ocurre porque, sencillamente, todos son engañados del mismo modo, en lugar de poder ser engañados de modos muy distintos.

La libertad informativa, la libertad de información, la libertad de hablar, la libertad de expresar las propias opiniones, es un presupuesto necesario para cualquier sociedad que merezca el calificativo de libre. Ya es famosa la frase, no sé si del presidente Adams o del presidente Jefferson, se les atribuye a varios, que prefieren
una sociedad con periódicos y sin gobierno, a una sociedad con gobierno y sin periódicos. Porque ése es el test de la libertad de una sociedad: si hay libertad de prensa, si hay libertad de comunicación, si hay libertad de expresión.

Ahora bien, la libertad exige la posibilidad de error, por su propia definición. Exige la posibilidad de equivocarse, la exige, tiene que ser posible equivocarse, porque si no, no estamos hablando de libertad. La libertad se puede usar bien o mal. Es común, es más común de lo deseable, la creencia de que por el hecho de actuar libremente obramos bien: eso hay mucha gente que se lo cree, aunque sea una equivocación. Ahora bien, hay que tener presente que para que pueda decirse que obramos bien, para que puede decirse que un periodista actúa bien, que actúa con responsabilidad en la transmisión de la verdad de las cosas, para que pueda decirse esto, tiene que tener la posibilidad de hacerlo mal, porque de lo contrario no hay juicio moral posible. La noción del bien y la noción del mal desaparecen en cuanto no sea optativo, en cuanto el acto de informar no sea un acto libre, y en cuanto el acto de recibir información no sea un acto igualmente libre, de preferir este medio o aquel medio, o aquel otro medio de información.

Por eso, cuando se habla de códigos éticos para los periodistas, hay que tener bastante cuidado con lo que se propone. Los códigos éticos se caracterizan porque distinguen lo que está bien de lo que está mal, de ahí el adjetivo de
éticos. Los códigos éticos determinan lo que son buena práctica o mala práctica en el ejercicio de la profesión periodística. La cuestión básica, por lo tanto, es establecer qué debe entenderse por lo bueno y qué debe entenderse por lo malo, a la hora de informar. Y hoy hay que decir que esto es muy problemático, y no sólo en el mundo de la información o de la comunicación social. Hoy, la determinación de lo que está bien y de lo que está mal, de lo que es correcto y de lo que es incorrecto, es muy problemática, porque en este momento estamos viviendo en la era de la corrección política, en la era del multiculturalismo, comentar todo lo cual nos llevaría lejísimos en el tiempo y en el propósito que nos congrega hoy aquí.

Importantes filósofos e importantes especialistas en Ética, como por ejemplo el americano Rawls, que es hoy día uno de los
budas de esta disciplina, han llegado a una tesis que está sirviendo de cimiento para todos los debates posteriores en todo el mundo. Es la tesis de la necesidad del consenso social para poder establecer lo que podríamos llamar las normas de ética cívica que distingan lo que está bien y lo que está mal, a la hora de convivir unos con otros. Este es un asunto peliagudo, complicado, que desde luego excede absolutamente estos minutos de mi intervención, pero que dejo apuntado, simplemente para señalar que no es tan sencillo como en la España de Carlos V, pongamos por caso, determinar socialmente lo que está bien y lo que está mal. No es tan fácil.

Hay una norma clásica en el ejercicio del periodismo, que ustedes también conocen y han oído citar muchas veces, que es ésta: la información es sagrada, las opiniones son libres. Y con este
vademécum sintético un periodista tiene una aguja de marear, que le obliga a respetar la veracidad a la hora de narrar los hechos y le permite toda la libertad de que su espíritu sea capaz para expresar sus opiniones.

Pero últimamente también se han formulado críticas, bastante severas, e intelectualmente bastante bien trabadas, a esta regla general, porque, como les decía antes, no hay dos percepciones iguales de los mismos hechos. Hay un componente subjetivo que es inevitable, y por eso dicen los críticos de esta regla general que hace falta también, a la hora de informar, un cierto esquema de valores morales que ayuden a interpretar el mundo y la vida, para aproximarse lo más posible a la verdad de los hechos. Pero no todos los modos de entender la vida son igualmente válidos, e incluso algunos son erróneos en su raíz y, por lo tanto, tampoco sirven para ayudar a transmitir una información veraz de los acontecimientos.

Yo no comparto del todo esta crítica. Yo sigo siendo de los convencidos de que la norma clásica, según la cual la información para un periodista es sagrada y las opiniones son libres, es una norma que sigue teniendo vigencia a la hora de establecer lo que podríamos llamar, con el anglicismo al uso, la buena práctica en el ejercicio de la profesión, la buena práctica, el buen ejercicio de la responsabilidad profesional en el periodismo.

Me encuentro entre los que creen que existe objetivamente un mayor o menor acercamiento a la verdad de las cosas, y que este mayor o menor acercamiento es perceptible por cualquiera, con independencia de la cosmovisión que albergue en su caletre. Soy de los convencidos de que en el nivel de la información sobre lo que pasa, en ese nivel, no en el de la interpretación de lo que pasa, sino en el nivel de contar las cosas que pasan, sí se puede establecer una gradación de mayor o menor acercamiento a la verdad de las cosas. Acaso no del todo, pero sí en parte más que suficiente para poder acudir confiados a los medios gestionados por profesionales responsables.

Si fuera de universal aplicación la crítica a esa norma general, se produciría una situación de imposición de un esquema de valores y de una concepción del mundo sobre cualesquiera otras a la hora de definir lo que significa la verdad de los hechos y lo que no. Y sólo cuando se lograse una completa unanimidad en estos criterios se podría hablar en serio de que la información es sagrada y las opiniones son libres, de acuerdo con el esquema de esta crítica. Lo cual nos lleva a la necesidad de tener que huir de semejante planteamiento, porque rozaría..., con lo totalitario. Habría que huir de esta visión totalitaria, con la que se concebiría la actividad profesional del periodista, pero entonces corremos el riesgo de acabar todavía peor, en el puro y simple relativismo. Y ése, a la hora de informar, es tan peligroso como el otro.

Así que los profesionales, inevitablemente, transmiten su visión del mundo también en la mera información de los hechos. Yo, durante algún tiempo, estuve haciendo un resumen de prensa para el programa de Carlos Herrera, el que ahora conduce Julio César Iglesias, en Radio Nacional de España, y ahora hago lo mismo también en Radio Nacional de España, pero los fines de semana. Le cuento a la gente (a unas horas completamente intolerables para ser un fin de semana, porque son las nueve de la mañana, toda una agresión al oyente) lo que dicen los periódicos. Y una de las cosas que me gusta hacer es contar cómo cada uno de los medios expone o presenta la misma información. Eso mismo lo estuve haciendo durante un año en el diario ABC, día tras día, y la verdad es que me parecía un ejercicio divertido y parece ser que a los lectores tampoco les acababa de aburrir del todo. Y creo que ésta es una buena ayuda para que cada cual sitúe la información en su lugar adecuado.

Bien. Hay que recordar a Ben Bradlee, hay que recordarlo de nuevo: la mayor parte de las veces no existe un ánimo deliberado de confundir, de engañar o de mentir; lo que existe es una limitación humana, y hay probablemente también ciertos prejuicios que muchas veces se intentan superar con buena fe para ofrecer la información correcta al público. Pero, claro, esto también puede sesgar las informaciones. Y hay que recordar otra vez a Bradlee cuando dice que en conjunto es como los periodistas reflejamos la realidad con precisión.

El mundo que transmiten los medios, en consecuencia, no es un mundo inventado, no es un invento. El fenómeno de la comunicación social es un fenómeno netamente interactivo; los periodistas, los medios, son espejo de la sociedad, pero también, al mismo tiempo, modelo para esa sociedad. Las cosas que se publican en los periódicos se publican porque ocurren, pero hay muchas cosas, y hay que aceptarlo así, y eso debe agudizar el sentido de la responsabilidad de los profesionales del periodismo, hay muchas cosas que se hacen porque estaban publicadas en los medios.

Hasta tal punto llega este efecto de modelo de lo que se publica en los medios que, ahora que nos acercamos a la Navidad, verán ustedes cuando vayan a cualquier tienda de juguetes, que hay juguetes que en la caja llevan impresa una de las expresiones más idiotas que se pueden imaginar. Tienen impreso
< en>como si eso mejorase la calidad del producto. Y la gente pica. Y cuando un juguete pone anunciado en TV yo les aseguro que se vende más. La frase es idiota, pero los que la pusieron desde luego no tienen un pelo de tontos, porque saben con qué se juegan el dinero. Este fenómeno, el fenómeno de modelo, el fenómeno de los medios como modelo de comportamiento, es un fenómeno que los periodistas, probablemente para escurrir el bulto, tendemos a minimizar.

Y termino ya, con una mera pincelada aplicada a lo que podríamos llamar la educación para la paz, a través de los medios de comunicación. La paz es un valor: desde el punto de vista de la percepción social, es uno de los pocos valores universalmente aceptados y uno de los pocos valores casi universalmente ignorados. Quiero decir que aquí todo el mundo dice querer la paz, pero las guerras proliferan. La paz es un valor que los medios no tienen ningún empacho en transmitir en sus editoriales, pero que les cuesta mucho transmitir en su planteamiento informativo.

Si hay que creer a Agustín de Hipona, la paz es la tranquilidad del orden, lo cual quiere decir que no toda quietud es paz y, por lo tanto, el concepto de paz es un concepto bastante más complejo y en e1 que cabe profundizar bastante más de lo que podría parecer a primera vista. No confíen ustedes gran cosa en los medios de comunicación como principal elemento educador para la paz, porque los medios de comunicación sirven muy poco para la filosofía y para la ciencia. Sirven para la divulgación, sirven para las prisas, para la inmediatez, sirven, si hay mucho talento entre los periodistas, para el seguimiento de procesos sociales, de procesos políticos o de procesos económicos, tal vez, incluso, hasta de procesos intelectuales; eso ya sería verdaderamente espectacular y, desde luego, muy infrecuente.

Por tanto, a mí me parece que la mejor contribución de los medios a la paz no puede ser otra que el amor insobornable a la verdad de las cosas, el deseo insobornable de acercarse cada vez más a la verdad de las cosas, y por parte de los profesionales, la humildad intelectual, indispensable para aceptar la realidad tal como es.

Y con eso termino mi intervención; me he pasado dos minutos, lo siento. Muchas gracias.
 
 
  

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30º Congreso de FAPACE 2000. Reflexiones para el ámbito educativo. sc@fomento.edu
Edición autorizada de arvo.net

 

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La Biblia y el sentido del Universo (I)

 

Josemaría Monforte

 

Sumario

 

I. Introducción.- II. Los relatos bíblicos sobre el origen del universo: A) El contexto cultural de los relatos bíblicos: Los comienzos de la reflexión sobre el origen del mundo.- Principales "cosmogonías" antiguas.- La revelación bíblica sobre el enigma de los orígenes.- Fondos y legados culturales que subyacen en estos relatos.- Recursos y procedimientos literarios de exposición.- 

B) Comentario a los textos del relato bíblico: La obra de la creación.- La obra de la distinción.- La obra del ornato.- La creación del hombre.- El descanso sabático del séptimo día.

C) Consideraciones sobre el contenido de los relatos bíblicos.- El Universo material, vivo y activo, busca a Dios.- El ser humano, pieza clave del Universo visible.- Las sombras del Universo y el pecado del hombre.- La restauración del Universo por Cristo.- III. Conclusión: La triple tarea de todo ser humano en el Universo: contemplar, trabajar y consagrar. La visión del Universo en los sabios y en los santos

 

I. Introducción

 

Todo creyente sabe que en la Revelación divina escrita, la primera frase que leemos al abrir la Biblia dice así: Al principio Dios creó los cielos y la tierra. El semitismo «cielos y tierra» se traduce en la lengua griega como «cosmos», es decir el universo. De los 76 libros que componen la Sagrada Escritura, en la primera línea de la primera página del primer libro (el libro de los orígenes, Génesis) se nos dice que Al principio Dios creó el universo. Por tanto, la primera cualidad del universo para un cristiano es ser "un mundo creado".

Dios crea el mundo por generosidad, para manifestar su bondad y hacer partícipes de ella a los seres. El universo viene a ser, por eso mismo, una expresión lejana, pero real, de Dios. Las criaturas son, con plena realidad, cosas: existen en sí mismas; se definen por rasgos genéricos, específicos, individuales: son tema de la ciencia. Pero aún más profundamente son signos, son tema de la fe y nos hablan de Dios. Fe y razón; razón y fe. No se excluyen, se complementan. El "maestro" divino se revela a los hombres y nos enseña su sabiduría en dos textos: el libro de la Creación y el libro de las Escrituras Santas.

En el primero, todas las criaturas son "escritos" que nos enseñan la verdad sin mentira(1). Por ser criatura de Dios, el universo es necesariamente su imagen. Toda realidad --las cosas y los seres-- expresa una idea creadora; toda realidad refleja oscuramente este carácter divino, y a este reflejo espiritual llamamos los cristianos belleza. Si todas las criaturas reflejan a Dios, llevan en sí mismas una doble analogía o correspondencia: por una parte se asemejan a Dios, y tenemos aquí la correspondencia entre el cielo y la tierra; por otra, se hallan unidas entre sí por un origen, una analogía y un fin igualmente divinos; aquí tenemos la correspondencia entre las cosas mismas. Es decir, cada una de estas realidades nos habla por sí sola, y más aún el conjunto orgánico de todas ellas: la creación está jerarquizada para que el hombre descubra mejor algo de las riquezas de Dios. Es más, el hombre es creado para dominar el universo visible y ha de llevarlo a cabo manteniendo una triple superioridad: «la prioridad de la ética sobre la técnica, el primado de la persona sobre las cosas y la superioridad del espíritu sobre la materia»(2). Sólo así se puede conservar el sentido de la trascendencia del hombre sobre el universo y de Dios sobre el hombre.

En el segundo, la Palabra de Dios se revela en las Escrituras Santas y nos da a conocer el origen del Universo --y también del hombre y del mal moral-- y su sentido para el hombre, en los tres primeros capítulos del libro del Génesis. El Dios Creador, Uno y único, Todopoderoso se nos revela con la fuerza su Palabra y pone así en la existencia todos los seres. Sobre esta verdad retornan numerosos pasajes bíblicos, mostrando cuán profundamente ha penetrado en la fe de Israel(3). No menos claros son los testimonios del Nuevo Testamento(4). En la verdad de la creación se expresa con claridad el pensamiento de que todo lo que existe fuera de Dios ha sido llamado a la existencia por El. Por tanto, como Creador, Dios está en cierto modo "fuera" de la creación y la creación está "fuera" de Dios. Al mismo tiempo, la creación es completa y plenamente deudora de Dios en su propia existencia --de ser lo que es--, porque tiene su origen completa y plenamente en el poder de Dios. También puede decirse que mediante este poder creador --la omnipotencia-- Dios está en la creación y la creación está en El. Sin embargo, esta inmanencia de Dios no menoscaba para nada la trascendencia que le es propia con relación a todo a lo que El llama a la existencia(5).

La cultura moderna está en gran parte dominada por la visión científica del Universo. Entendemos aquí por «universo» --mundo o cosmos-- la realidad que rodea y en la que vive la humanidad. El hombre de nuestro tiempo se ha dado cuenta --más quizá que en otras épocas-- de que su historia está inscrita en el centro mismo de la historia del universo. Cada vez mira con más interés y más esperanza que nunca el universo en el que está inmerso: trabaja por dominarlo y dirigirlo; tiende a hacerlo más habitable; de él saca el sustento de su cuerpo y de su alma.

La cultura actual concibe la realidad del universo con los ojos de las ciencias naturales, con la mirada de la razón; y es preciso que aprenda también a escrutar con aquella otra mirada de la fe para que no convierta este mundo en un "dios" que oculta precisamente al verdadero Dios. Tiende a considerar el universo en sí mismo, es decir, en los mecanismos de su funcionamiento físico, con independencia de su relación a Dios y, por supuesto, en función de las necesidades del hombre. Algunos llaman a este modo de ver las cosas, «cultura del poder», porque el objetivo de la vida es adquirir poder para satisfacer las «necesidades»; por tanto, el universo es visto también en función del poder del hombre: es verdadero y bueno lo que da poder, lo que sirve. La explotación científico-tecnológica del universo entra en esta cultura del poder.

El principal objetivo de estas líneas es, pues, llamar la atención sobre la urgente necesidad de restaurar desde la razón y la fe el sentido de la creación. La visión religiosa bíblica no se propone como anticientífica, si bien rechaza las "pretensiones totalizadoras" de la ciencia, entendida de esta forma "ilustrada", y se niega a adorar el poder. ¿Por qué? Porque la fe no es búsqueda de poder, sino búsqueda de sentido, del sentido y del don que se nos ofrece gratuitamente y de forma libre. La fe, una fe razonable --la razón del creyente-- que busca integrar la visión científica del universo, busca sobre todo el sentido y el valor del cosmos para el hombre en cuanto ser-en-el-mundo.

 

II. Los relatos bíblicos sobre el origen del universo

 

A) Contexto cultural de los relatos bíblicos(6)

 

Los comienzos de la reflexión sobre el origen del mundo


El origen del mundo como tema es abordado por las civilizaciones de los tiempos históricos, porque los restos que nos quedan de los tiempos prehistóricos acerca de la industria humana, de la habitación, de los conocimientos y modos de vida, etc. no son suficientes para establecer cuál fuera el pensamiento del hombre acerca del mundo. Quizá cualquier intento de reconstrucción sea más bien fruto de la imaginación que de los datos. En este breve resumen nos limitaremos a aquellas culturas y religiones que pudieron tener algún contacto con el pueblo hebreo, depositario de la revelación divina del Antiguo Testamento. Entre estas culturas se destacan como más importantes dos: la mesopotámica y la egipcia. De todas formas, la ciencia arqueológica actual nos va proporcionando de año en año nuevos datos de interés sobre otras culturas intermedias entre la mesopotámica y la egipcia
(7).

La gran cultura mesopotámica, la más antigua de las bien conocidas, tiene su origen en el octavo milenio antes de Cristo con los primeros asentamientos agrícolas en los valles del Tigris y del Eúfratres; allí, al parecer, comienza la humanidad a cultivar colectivamente, construir ciudades, regadíos, etc. y por tanto, a organizarse socialmente. El octavo milenio antes de Cristo, es, de todos modos, una fecha muy reciente en relación con los datos que tenemos de los orígenes del hombre sobre la tierra. La otra gran cultura, la egipcia, es de un ámbito geográfico distinto: el valle del Nilo. También aquí encontramos muy pronto una sociedad bien organizada, desde las primeras monarquías en el milenio quinto antes de Cristo.

Es preciso llegar al cuarto milenio antes de Cristo para encontrar documentación escrita, ya muy completa y que, por el modo de expresarse, refleja una cultura vieja, toda una historia anterior con una gran tradición que la precede. En la cultura sumeria ya están todos los elementos que forman parte de una comunidad organizada: ayuntamiento, servicio de limpieza, escuelas, templos, fuerzas de seguridad ciudadana, fuerzas de defensa contra los malechores, comercios, almacenes, etc. Y a pesar de las diversas invasiones de pueblos en la región mesopotámica, esta cultura mantiene una cierta continuidad, de modo que los pueblos invasores son asimilados por la cultura aborigen, más poderosa y desarrollada. Esta cultura originariamente sumérica irá manteniéndose siglo tras siglo durante cuatro milenios antes de Cristo, hasta las conquistas de Alejandro Magno. La cultura griega será la encargada de "hacer desaparecer" la cultura mesopotámica. Luego vendrán nueve siglos de clara supremacía de la cultura helénica, hasta que la invasión árabe, en la cuarta década del siglo VII después de Cristo, termine por imponerse a la civilización helénica(8).

En consecuencia, desde el cuarto milenio antes de Cristo se da un desarrollo doctrinal sobre el origen del mundo. La reflexión, ya desde la época sumérica, tiene un cierto carácter sapiencial, o filosófico, y florece en un género literario que se conoce comúnmente por cosmogonías. Las cosmogonías son intentos de explicación del universo. Son patrimonio común de los pueblos mesopotámicos. Se forman con los datos precientíficos de la observación de los sentidos. Hay que reconocer a los antiguos valiosísimas aportaciones en el campo de la astronomía y astrología; los llamados "magos" orientales adquirieron un reconocido prestigio en su época y es de admirar sus resultados, faltándoles instrumental y metodología como la que hoy ya tenemos. Sin embargo, hacían curiosas mezclas de observaciones experimentales y de "mitos"(9).

Los pueblos antiguos con los que Israel mantuvo relaciones --Babilonia y Egipto, fundamentalmente-- han atribuido a sus dioses el origen del mundo. Pero, mientras que todas las cosmogonías del Antiguo Oriente son al mismo tiempo "teogonías", Israel ha considerado siempre a su Dios como un ser personal, independiente de los elementos de la naturaleza, y su dueño absoluto, porque es su autor y, por tanto, ha existido antes que ellos. Esta doctrina, con la que están de acuerdo todas las tradiciones recogidas en el AT, diferencia esencialmente la concepción hebrea del origen del mundo respecto de las de los pueblos vecinos. Y, por otra parte, las semejanzas que las aproximan admiten explicación mediante influjos, directos o indirectos, por préstamos y contraposiciones entre Israel y las cosmogonías egipcias, sumérico-babilónicas o incluso fenicias.


Principales "cosmogonías" antiguas


Entre las cosmogonías egipcias, la que tenía curso entre el pueblo, en Hierápolis, consideraba a Atum, como padre de los dioses, quien sacó de sí mismo una primera pareja divina: Shu (el aire) y Tefuet (el vacío). De estos nació una segunda pareja Geb (la tierra) y Nut (el cielo), que estaban íntimamente unidos, pero que fueron separados por Shu que se deslizó entre ellos y mantiene a Nut elevado por encima de Geb. La mitología egipcia, siendo distinta de la mesopotámica, tiene también sus rasgos comunes. Egipto para los antiguos mitos locales era "un don del Nilo". El Nilo era la vida para los egipcios y sufre un proceso de mitificación. También son mitificados algunos animales, en razón de ciertas fuerzas que encuentra en ellos el hombre. Esto sucede, por ejemplo, con el buey: sin el buey no se puede arar, no se pueden realizar las principales faenas del campo. Los sacerdotes hierapolitanos imaginaron una teoría más sabia y ordenada sobre el origen del mundo. En el principio existía un Agua donde flotaban los gérmenes inertes (nenou) de todo ser; se le conocía por "las aguas nacidas de Nun", a quien se personificó con los rasgos del dios Nun, pero que era por esencia el caos inorganizado. En el Nun vivía un espíritu aún indefinido, Tun o Atum, pero que llevaba en sí mismo la esencia de las existencias futuras. Atum deseó "fundar en su corazón -espíritu- todo cuanto existe" y, por un esfuerzo de su voluntad, se levantó por encima del Agua (Nun). Desde entonces existió el sol de la misma manera que la luz, y Atum desdoblado, exteriorizado fuera del Agua Primordial, tomó el nombre de Rá, que creó a los demás dioses
(10).


Se conocen varias cosmogonías babilónicas, de las cuales la más difundida era el llamado poema de la creación Enuma elish, que data probablemente del segundo milenio antes de Jesucristo y que depende de tradiciones sumerias más antiguas. Debió ejercer influencia cultural directa o indirecta en los escritos del AT.

Este poema comienza con la descripción del caos primordial formado por las aguas del Apsú (el océano de agua dulce) y de Tiamat (el mar), que existía antes de todos los dioses: "Cuando en lo alto no se nombraba el cielo, y abajo la tierra no tenía ningún nombre -o sea, no existía-, del Océano primordial, su padre, y de la tumultuosa Tiamat, su madre, las aguas se confundían en una sola cosa. Las junqueras no estaban fijas, aún no se habían visto setos de rosales; cuando ninguno de los dioses había sido creado, cuando aún no se nombraba a ninguno de ellos, cuando no se había fijado ningún destino,... fueron creados los dioses". Tiamat molestada por los dioses, trama su pérdida en unión de su esposo Apsú. Pero éste es vencido, encadenado y, por último, muerto por el sabio Ea (la tierra). Furiosa Tiamat crea una serie de monstruos terribles para entablar la lucha contra los dioses, quienes delegan a Marduk --el dios principal de los babilonios-- para combatir en contra de ella. Marduk atrapa a su adversario en una red, la atraviesa, y, después de haber atado a los monstruos, sus auxiliares, divide su cuerpo en dos partes: "Tomó una de sus dos mitades, cubrió el cielo con ella, echó el cerrojo, colocó un portero y les ordenó que no dejaran salir a las aguas". Así fue creado el firmamento que contiene las aguas superiores. Luego fijó Marduk las dimensiones del Océano (Apsú), hizo la tierra, los astros que determinarían los tiempos sagrados y los años; y por último, el hombre, formado de la sangre de un dios muerto y creado para el culto de los dioses. En los mitos babilónicos el origen del mundo es el resultado de las luchas de los dioses. El hombre admira y mitifica las grandes fuerzas de la naturaleza.


Según dice Filón de Biblos, que pretende reproducir los datos de Sanchoniathon, los fenicios explicaban el origen del mundo --cosmogonías cananeas-- como el desarrollo inmanente de las materias y de las fuerzas contenidas en el caos primordial. No pensaban, pues, en una creación. En el principio sólo existía el viento y las tinieblas, de las que se formó Mot, que era, según unos de limo; según otros, una podredumbre de compuestos acuosos, y que, habiendo tomado la forma de un huevo, fue el origen de todas las cosas: el sol, la luna, las estrellas, las plantas, los animales y el hombre.


La revelación bíblica sobre el enigma de los orígenes


Además del enigma de los orígenes, la revelación bíblica nos orienta en otra gran cuestión: la finalidad del mundo. El mundo es una criatura, es creación de Dios y toda ella está ordenada al hombre. Esto se desprende de los mismos relatos bíblicos. Dios ha hecho todas las cosas visibles y de todas ellas nada hay superior al hombre; por tanto, la criatura humana no debe adorar a ninguna otra criatura, sino sólo a Dios. Ello resulta todavía más sorprendente frente a las nociones religiosas de los pueblos vecinos a Israel. Estos adoran a fuerzas naturales mitificadas en dioses; en la Biblia precisamente lo que se prohíbe con especial acento es la adoración a tales fuerzas.

He aquí la componente desmitificadora bíblica; y para ello se enseña que el hombre es superior a las cosas visibles, a todas. La revelación sobrenatural, al mismo tiempo que muestra una serie de verdades naturales y sobrenaturales que el hombre es incapaz de explicar o no encuentra un modo fácil de hacerlo, presenta también de modo positivo una doctrina que sirve de defensa a esas verdades frente a los errores. En efecto, los dos relatos genesíacos de la creación tienen un marcado carácter "desmitificador". Los antiguos mitos, aquellas fuerzas convertidas en dioses, no son más que criaturas de Dios hechas para el bien del hombre. Las estaciones, las lluvias, los vientos, los astros, el frío y el calor, los lagos y los ríos, etc., todo ha sido creado por Dios para el bien del hombre. El hombre es superior a todos los seres materiales(11). En resumen, no hay finalidad próxima y mayor para el mundo que el hombre. Se podría decir que la creación visible ha sido hecha por Dios con vistas al cuerpo del hombre.


La exégesis bíblica "histórico-crítica" y literaria ha hecho grandes esfuerzos por penetrar en la naturaleza de estos relatos, incluso ha intentado reconstruir el proceso de su redacción literaria
(12). Son varias las hipótesis propuestas acerca de la época en que pudo haber sido redactado el texto. Las conclusiones son diversas, pero hay coincidencias en algunas líneas. Por eso, podemos afirmar que hoy se da un "consenso" entre los críticos y estudiosos sobre amplios aspectos de los relatos de la creación del mundo por Dios.

Los descubrimientos arqueológicos han ido aportando luces nuevas sobre la interpretación de los primeros capítulos del Génesis y notoriamente sobre los dos primeros de la creación del mundo visible. No podemos olvidar que Dios ha hablado a la humanidad en momentos concretos de la Historia y con un lenguaje, el de la época, el único que se podía entender entonces. Dios ha adoptado y asumido como vehículo de la Revelación divina una cultura determinada. Lo contrario sería ciertamente absurdo: cuando se habla a un hombre concreto en términos de otra cultura, éste naturalmente no entiende. Es, pues, ésta una poderosa razón, siempre útil, para investigar la cultura y el marco geográfico donde se ha ido dando progresivamente la divina revelación.


Coinciden muchos investigadores en formular la hipótesis de que el primer capítulo del Génesis procede en su última redacción de la llamada tradición sacerdotal o Priestercodex. Se la representa por la letra P. Al dar la última redacción literaria al Pentateuco, el autor (o autores) de tal recopilación habría introducido como prólogo el texto de Gen, 1,1-2,4a, que serviría de introducción a toda la Biblia. En él se enseña fundamentalmente el origen del mundo, del hombre y de toda la creación visible. Esto sucedió, según esta hipótesis hoy muy difundida, a la vuelta del exilio de Babilonia. Se puede, pues, datar alrededor del año 450 a.C., si bien se admite que ha incorporado elementos culturales y doctrinal-religiosos muy antiguos
(13).

El texto de Gen 1 es una pieza perfecta, sabiamente construida tanto literaria como teológicamente. La síntesis histórica de la tradición P está determinada por la presencia de Dios en medio de Israel y las exigencias que de ella se derivan. Su estilo es seco, preciso y técnico, como el de un catecismo. Su exposición es fundamentalmente didáctica. El autor o autores de la tradición P escribe o escriben para que el texto sea leído, aprendido y enseñado como una catequesis que llegue al corazón y a la conciencia y sirva de referencia para la vida(14).


Las investigaciones sobre el segundo capítulo del Génesis han llegado también a un cierto "consenso" por lo que se atribuye su redacción a un autor de la época del rey David, o Salomón, poco después del año 1000 a.C. También es claro que tal relato contiene elementos doctrinales y conceptuales que proceden de tradiciones mucho más antiguas. Esta tradición recibe el nombre de Yahwista y se representa por la letra J. A la tradición J se le atribuyen como propios una serie de términos y expresiones, que constituyen un criterio adecuado para identificar los pasajes que proceden de la misma. Entre ellos, el más significativo y del que toma el nombre esta tradición, es que a Dios se le llama siempre Yahwéh. Además se usa el término "Sinaí", en lugar de "Horeb"; o la voz "cananeo" en vez de "amorreo"; y el de "Israel" en lugar de "Jacob"
(15).

El estilo literario de la tradición J tiene un claro sabor popular, rico y sugestivo, folklórico y antropomórfico. El texto está dotado de una gran penetración psicológica, que le permite descubrir y presentar con habilidad el fondo de los corazones de los personajes que van apareciendo. Destaca sobre las demás tradiciones, sobre todo, por el arte de narrar, por la riqueza de sus imágenes y por su sencillez. Gen 2(16) no sigue el esquema de los seis días de Gen 1: estamos ante otro esquema cultural distinto. Hay una mirada al entorno geográfico de los agricultores de huerta y regadío: donde no llega el agua no se produce nada. Y esto puede suceder tanto en Egipto como en Mesopotamia. No parece situarse, a primera vista, en el marco geográfico-cultural de Palestina.

Además, en Gen 2 se mezclan los nombres de Yahwéh y Elohim y esto da pie a un posible enriquecimiento de la tradición J con otra llamada Elohista. Si la tradición J se escribe en el Sur de Canáan, entre las tribus de Judá, Leví, Simeón y Benjamín, sobre la tradición E hay un amplio acuerdo en situar su origen entre las tribus del Norte de Canáan La tradición Elohista es relativamente breve para Abraham, pasa casi por alto a Isaac y dedica más espacio a Jacob, y, sobre todo, a Josué. Esta tradición E comienza con la historia patriarcal y la figura central es, sin duda, Moisés(17). La teología de la tradición E es un poco más desarrollada que la de la tradición J y su moral más depurada, por lo que aconsejan situar su composición después de la J. Una vez que los Asirios se anexionaron el Reino del Norte en el año 722 a.C., los israelitas fieles se refugiaron en Jerusalén, llevándose consigo una serie de tradiciones. Y con el fin de sellar de una manera tangible la reunificación del Norte y el Sur y proclamar su fe común en un mismo Dios y en unas mismas instituciones, se llevó a cabo --según esta hipótesis-- la fusión en una sola obra de las tradiciones de ambos reinos(18).


Los fondos y legados culturales que subyacen en estos relatos


Además de la investigación en las posibles "capas redaccionales" del texto bíblico, es preciso tener en cuenta las ideas cosmogónicas que subyacen en el relato de la creación, así como los artificios literarios --patentes-- en el primer capítulo del libro del Génesis. ¿Qué concepción del mundo se desprende de las páginas del AT? Mayor conocimiento del marco cultural de la mentalidad semita, en sintonía con el texto sagrado, nos permite entender mejor el lenguaje del hagiógrafo y penetrar en el mensaje revelado.

El AT no cuenta con una palabra para designar el mundo. Dice "el cielo y la tierra". Los hebreos se representaban el mundo más o menos como los babilonios, quienes a su vez parecen haber heredado su concepción de los sumerios. El cielo era a sus ojos como una bóveda de gran solidez. En hebreo raqui´a, procede de una raíz verbal que significa "martillar", extender a golpes con el martillo. En griego steréoma y en latín firmamentum, indica construcción sólida y rígida. El cielo era como un espejo de metal fundido, reposando sobre columnas, es decir, sobre los montes que en el horizonte parecen sostener el firmamento. La función del firmamento es separar las aguas superiores de las del abismo inferior, que formaban una sola masa en el caos primitivo. En el firmamento hay compuertas por las que Dios derrama, cuando quiere, las aguas sobre la tierra y así derramó los torrentes devastadores del diluvio. Sobre las aguas superiores están fijas las vigas que sostienen "las habitaciones superiores" que constituyen la morada de Yahwéh. Por otra parte, esta morada de Yahwéh se describe como una tienda: el cielo es la tela que Yahwéh ha desplegado para habitar en ella. Y así como los babilonios distinguían tres (o siete) cielos, los hebreos contaban también con muchos sin precisar el número: distinguían "el cielo" de "el cielo de los cielos", es decir, superior. Más tarde el judaísmo admitió tres o siete, tal vez por influencia babilónica. Pero como contrapartida de los babilonios, que hacían de cada cielo el dominio de un dios determinado, el AT proclama que "a Yahwéh pertenecen el cielo, el cielo de los cielos, la tierra y todo cuanto en ella se contiene".

La tierra es un disco inmenso que descansa sobre columnas, pedestales o fundamentos que son los montes. Estas columnas se hallan enclavadas en las aguas del océano, el abismo o tehom que se extendía debajo de ella o gran abismo, de donde brotan las fuentes, cuyas aguas le rodean, pero se ven contenidas por las barreras que Dios les ha puesto. Establecida sobre fundamentos sólidos la tierra es estable y "nunca jamás vacilará.

El mar es el elemento tumultuoso que sólo Dios puede domar(19). Yahwéh contiene sus olas mediante los diques de las cosas, para impedirle que invada la tierra firme, poniéndole puertas y cerrojos, o coloca centinelas para que le custodien como a un dragón temible (tannim). Tannim es un monstruo mitológico que se pone en paralelo con Rahab o bien con Leviatan que es "el gran tannim", o "el tannim de varias cabezas que está sobre el mar. Este monstruo es originario de Fenicia y se halla descrito en las tablillas de Ras Shamra, en idénticos términos con el nombre de Lotán. Rahab es otro tannim distinto que tiene como Tiamat sus auxiliares y parece hallarse en relación con el mar tumultuoso. Este monstruo ha sido domado por Dios al principio de la creación, pero sigue siendo peligroso: Dios le tiene rodeado de una guardia; así tuvo que vencerle en el paso del Mar Rojo y al que ha reducido al silencio. En cambio, en Ps 87,4, Rahab no es más que el símbolo de Egipto. Hay muchos críticos que estiman que se trata del equivalente hebreo del Tiamat babilónico.


No admite discusión apenas el hecho de que los poetas hebreos hayan hecho aquí algunos calcos de las mitologías babilónica y fenicia; pero han liberado estos mitos de todo carácter politeísta, ya que el mar, el abismo y los monstruos que en él habitan no son más que criaturas de Yahwéh y no sirven más que para esclarecer todavía más su grandeza deslumbradora y su omnipotencia.

La lucha entablada entre estos monstruos nefastos y Yahwéh expresa la victoria de la vida y la bendición sobre los factores de muerte y maldición. Es decir, el tehom, Rahab y Leviatan son seres de desgracia; al someterles a su ley, Yahwéh hace de ellos una fuente de bendición y de vida, porque el Océano nos trae las aguas que dan la vida: del océano superior viene la lluvia y el rocío; del océano inferior, las fuentes y los ríos. Así el tehom, de suyo terrible, se pone al servicio del mundo humano que trataba de destruir, y se puede hablar de las "bendiciones del cielo, de lo alto" y de las bendiciones del abismo --tehom-- que se extiende por debajo".

Por último, bajo la tierra de los vivos existe "la tierra donde moran los muertos". Entre los hebreos este lugar subterráneo lleva ordinariamente el nombre de sheol. Quien desciende al sheol ya no vuelve más: es un lugar de tinieblas y de polvo que se presenta como una casa: lugar donde irán a reunirse todos los vivientes, cerrada con puertas y cerrojos. A la idea que los hebreos se formaban del sheol se parece mucho la de los babilonios y la de otros pueblos antiguos. Pero mientras que la morada de los muertos es, entre los babilonios, el reino de Nergal y de la diosa Ereshkigal, entre los hebreos se halla bajo el dominio de Yahwéh al igual que la tierra de los vivos.


Recursos y procedimientos literarios de exposición


Otra prueba de que los diferentes elementos circunstanciales del relato de la creación y el orden que se ve en el mismo no tienen para el hagiógrafo valor objetivo, y de que figuran en su mente como ropaje literario, la tenemos en el empleo simbólico de los números: se trata de un esquema o modo artístico para enseñar una verdad teológica. El autor sagrado guiado por un fin pedagógico, arregla y combina un escenario sugestivo al alcance de la mentalidad de sus lectores. Puede compararse a una página de nuestros catecismos, en los que con gran sencillez se aprecia la mano de un teólogo experto.

El marco de la tradición sacerdotal en Gen 1, es artificial, simbólico, con finalidad teológica y litúrgica. Veámoslo, por ejemplo en el uso del número "diez". Dios en este relato habla 10 veces y se expresa en hebreo con la fórmula "Y dijo Dios". Y curiosamente para no rebasar esta cifra tope omite tal expresión en los días 5º y 7º de la creación, cuando Dios impone el nombre a las criaturas y las bendice. Ya dijimos que el hombre primitivo contaba con las manos y por eso, en las lenguas semíticas el número 10 es como una conclusión, una terminación. Por tanto, el uso de "Y dijo Dios" diez veces quería significar que la creación forma un todo completo.

También se ve en el número "siete". Este guarismo en la Biblia --y también en la literatura antigua del Próximo Oriente-- denota la idea de plenitud y perfección. Para indicar que se cumplió una orden divina, usa siete veces la expresión "Y hubo mañana y hubo tarde...". Siendo ocho las obras divinas era lógico que la fórmula se repitiera ocho veces, pero la omite en el quinto día. También 7 veces se lee "Y vio Dios que era bueno", que se omite en el segundo día. Siete veces da el hagiógrafo una descripción detallada de los seres creados por Dios, y emplea siete veces el verbo bará (creó).

Con la misma finalidad se introduce el número "tres". Así en los tres primeros días obra Dios sobre el caos primitivo se dan tres divisiones con el fin de preparar el espacio que debía poblar de seres creados en los tres últimos días. Distingue tres series de plantas y de animales. En los tres primeros días Dios da nombre a los seres creados y los bendice tres veces en los tres últimos días; etc. En la Biblia el número 3 significa la máxima perfección de los seres.

Además del simbolismo de los números, hay un evidente esquematismo en el relato de Gen 1. Una serie de fórmulas estereotipadas se repiten machaconamente.


Notas

Por eso Aristóteles, cuando le preguntaron dónde y cómo había aprendido tanto, respondió: «En las cosas, que no saben mentir» [Santo Tomás, Sermo V in Dom. 2 de Adventu].

Juan Pablo II, Redemptor hominis, nº 16.

Recordemos al menos algunos de ellos. Se dice en los Salmos: "Del Señor es la tierra y cuanto la llena, el orbe y todos sus habitantes; El la fundó sobre los mares" (Ps 24,1-2). "Tuyo es el cielo, tuya es la tierra, Tú cimentaste el orbe y cuanto contiene" (Ps 89,12). "Suyo es el mar, porque El lo hizo; la tierra firme que modelaron sus manos" (Ps 95,5). "Su misericordia llena la tierra. La palabra del Señor hizo el cielo… Porque El lo dijo y existió, El lo mandó y surgió" (Ps 33,5-6.9). "Benditos seáis del Señor, que hizo el cielo y la tierra" (Ps 114-115,15). La misma verdad profesa el autor de la Sabiduría: "Dios de los padres y Señor de la misericordia, que con tu palabra hiciste todas las cosas..." (Sap 9,1). Y el profeta Isaías llega a decir en primera persona la palabra de Dios Creador: "Yo soy Yahwéh, el Hacedor de todo" (Is 44,24).

Así, por ejemplo, en el Prólogo del Evangelio de San Juan se dice: "En el principio existía el Verbo... Todo fue hecho por El, y sin El no se hizo nada" (Jn 1,1.3). La Carta a los Hebreos, por su parte, afirma: "Por la fe conocemos que los mundos han sido dispuestos por la palabra de Dios, de suerte que de lo invisible ha tenido origen lo visible" (Hebr 11,3).

Un ejemplo significativo tomado de las Escrituras. Los atenienses, quienes reconocían muchos dioses --politeísmo pagano--, escuchan unas palabras de san Pablo en el Areópago sobre el único Dios Creador sin plantear objeciones. Al pasar y contemplar vuestros monumentos sagrados, he encontrado también un altar en el que estaba escrito: Al Dios desconocido. Pues bien, yo vengo a anunciaros lo que veneráis sin conocer. El Dios que hizo el mundo y todo lo que hay en él, que es Señor del cielo y de la tierra... (Act 17,23-24). Este detalle parece confirmar que la verdad acerca de la creación constituye un punto de encuentro entre los hombres que profesan religiones diversas. Quizá la verdad de la creación está arraigada de modo originario y elemental en diversas religiones, aun cuando en ellas no se encuentren conceptos suficientemente claros, como los de la Sagrada Escritura.

Para un estudio más amplio, con abundante bibliografía cfr. J.M. Casciaro-J.M. Monforte, Dios, el mundo y el hombre en el mensaje de la Biblia, Eunsa, Pamplona 1992, pp.331-389.

Así, por ejemplo, la "torre de Jericó", una torre de defensa, de almacén y de vigilancia, estuvo enterrada muchos siglos; su hallazgo arqueológico la data alrededor del séptimo milenio antes de Cristo. Es interesante este hallazgo porque no se han encontrado en la torre restos de cerámica, lo que indica que se trata de una época en la que aún no se habían dado asentamientos estables, o eran muy recientes. La cerámica sólo aparece cuando el hombre se ha establecido de un modo fijo en un lugar; los nómadas no la usaban porque era pesada y frágil, en cambio, utilizaban vasijas de cuero o incluso de algún metal, que son ligeros y no se rompen. La torre, situada en las inmediaciones de Jericó, tiene unos diez metros de altura, todo lo cual denota una cierta organización social, si bien no poseemos restos documentales de tal época.

Por poner un ejemplo, más conocido, la cultura europea ancla sus raíces en la civilización griega; los diversos pueblos que van invadiendo Europa, son asimilados por dicha cultura helénica. Los llamados pueblos bárbaros no suplantan la cultura heleno-romana-cristiana que imperaba en Europa, sino, al contrario, son absorbidos por ella. Pues bien, algo parecido había sucedido siglos antes con Mesopotamia y Egipto, las dos grandes culturas que han mantenido su personalidad e influencia, durante siglos y aún milenios sobre los demás pueblos que los invadieron.

El mito es un intento de la cultura del mundo antiguo de explicar aquello que está por encima del entendimiento, de la razón del hombre, y que transciende sus fuerzas. En la cultura mesopotámica se da un desarrollo progresivo, una proliferación de los mitos, juntamente con los datos experimentales del mundo. Esta cultura está viva en la época de los patriarcas bíblicos, Abraham, Isaac y Jacob; e incluso doce siglos después, en el periodo del destierro, diáspora y cautiverio del pueblo hebreo en Babilonia. Podemos afirmar que la cultura babilónica es heredera de la sumeria, que se mantuvo sustancialmente la misma a lo largo de todo ese gran periodo de tiempo.

A lo largo de la historia egipcia existen movimientos con concepciones religiosas mucho más puras, más espirituales. Se llegó incluso a una forma religiosa muy próxima al monoteísmo; tal es el caso del faraón Amenofis IV (1372-1354 a.C.) que intenta imponer el único culto al dios Ra o Aton. El nombre de Amón, el dios de Tebas, fue borrado de los monumentos y Amenofis IV se llamó a sí mismo "Ajenatón", es decir, "el amado por Atón".

Tanto en Gen 1,26 como en Gen 2,19 se expresa muy bien la superioridad del ser humano sobre los animales, vegetales o seres inanimados. El hombre los domina y se sirve de ellos para su propia vida. También aparecen en la Biblia los seres espirituales e invisibles con el genérico nombre de "ángeles", pero no se explica detenidamente su naturaleza y finalidad como en el caso de los seres visibles.

Antes de hacer la exposición de la historia redaccional, una observación importante. El Pentateuco --los cinco primeros libros de la Biblia--, al ser recibido tal como lo leemos hoy en el Canon de la Sagrada Escritura, como los demás escritos de la Biblia, ha sido puesto por escrito, al menos en su redacción definitiva, bajo la inspiración del Espíritu Santo. De manera que la investigación crítica de la historicidad de unas tradiciones no lleva consigo ninguna contradicción con el dogma del carisma inspirativo de los hagiógrafos. Es más, la gracia divina supone una naturaleza capaz de recibirla y el autor humano es una persona con unas características concretas de vida y de cultura. La inspiración divina debió darse en tales condiciones y por ello, el esfuerzo humano de reconstruir tales tradiciones no constituye de por sí --a menos que se haga con otra intención-- ningún atentado o peligro contra el carácter sagrado de los libros y su naturaleza sobrenatural.

La tradición P parece que se formó en ambientes sacerdotales, en Jerusalén principalmente, en la época inmediatamente posterior al Destierro. Los deportados tuvieron que soportar la tremenda crisis político-religiosa que supuso el final del Reino del Sur y que llegó a poner a prueba la supervivencia del pueblo elegido. No cabe duda del gran esfuerzo y trabajo de los deportados, que formaban la élite del pueblo, para mantener su propia identidad. Las clases sacerdotales aludidas, según los historiadores, vendrían a constituir el medio religioso cultural donde se recogieron por escrito las anteriores tradiciones.

Toda la historia sacerdotal está concebida en cuatro grandes periodos sucesivos, que sirven de trama a todo el Pentateuco: 1) Desde los orígenes hasta Noé; 2) Desde Noé hasta Abraham; 3) Desde Abraham hasta Moisés; 4) Desde Moisés en adelante.

La tradición J cubre los tres grandes periodos del Pentateuco: 1) La historia de los orígenes; 2) El periodo patriarcal; 3) El periodo mosaico. Pero donde la tradición J se muestra más original y su aportación es más importante es precisamente en el primer periodo: 1) el segundo relato de la creación (Gen 2); 2) el relato del Paraíso e historia de la caída original (Gen 3); 3) la historia de Caín y Abel (Gen 4); 4) la corrupción de la humanidad (Gen 6,1-8); 5) el relato del diluvio (Gen 6-9) (se mezcla con relatos de la P); 6) y el relato de la torre de Babel (Gen 11).

No disponemos en este artículo de espacio para tratar con cierto detalle este capítulo tan importante del Génesis. Remito al lector: cfr J.M. Casciaro-J.M. Monforte, o.c., pp. 393-462.

Si se exceptúa el uso más frecuente del nombre de Elohim, en vez de Yahwéh y algunas otras pocas expresiones propias, la forma literaria y el estilo de la tradición E no difiere sensiblemente de la tradición J, aunque le falte la viveza y el colorido de esta última. Según la hipótesis más extendida la tradición E fue puesta por escrito probablemente en la primera mitad del siglo VIII a.C.; antes de la caída de Samaria.

Además parece ser que la fusión se realizó de manera que cada tradición conservara en lo posible sus características propias, aunque debió sufrir su estructura original, especialmente la de la tradición E. Más tarde al ser fusionadas con las tradiciones Deuteronómica (D) y Sacerdotal (P) sufre de nuevo retoques y desplazamientos.

El mar (yam) se sitúa en paralelo frente al abismo inferior (tehom) en el que muchos críticos ven una referencia a Tiamat, la diosa babilónica que personifica el mar, que fue transpasada por Marduk y cuyo cuerpo seccionado en dos sirvió para formar el cielo que retiene las aguas superiores. Como entre los babilonios, y sobre todo entre los fenicios, el mar es el elemento turbulento que, aunque vencido por Dios al principio de la creación, sigue siendo peligroso y amenazador.

 

  

La Biblia y el sentido del Universo (II)

  

  

  

Josemaría Monforte

  

 

Sumario

 

I. Introducción.- II. Los relatos bíblicos sobre el origen del universo: A) El contexto cultural de los relatos bíblicos: Los comienzos de la reflexión sobre el origen del mundo.- Principales "cosmogonías" antiguas.- La revelación bíblica sobre el enigma de los orígenes.- Fondos y legados culturales que subyacen en estos relatos.- Recursos y procedimientos literarios de exposición.

B) Comentario a los textos del relato bíblico: La obra de la creación.- La obra de la distinción.- La obra del ornato.- La creación del hombre.- El descanso sabático del séptimo día.

C) Consideraciones sobre el contenido de los relatos bíblicos.- El Universo material, vivo y activo, busca a Dios.- El ser humano, pieza clave del Universo visible.- Las sombras del Universo y el pecado del hombre.- La restauración del Universo por Cristo.- III. Conclusión: La triple tarea de todo ser humano en el Universo: contemplar, trabajar y consagrar. La visión del Universo en los sabios y en los santos

 

B) Comentario al texto del relato bíblico

 

Después de estas consideraciones generales sobre los dos primeros capítulos del Génesis, pasamos a hacer un breve comentario a Gen 1. Dividimos el capítulo primero en tres apartados: la obra de la creación (Gen 1,1-2), la obra de la distinción (Gen 1,3-13) y la obra del ornato (Gen 14-31) y un epílogo final (el sábado: Gen 2,1-4).

 

La obra de la creación


El autor inspirado comienza solemnemente el relato con una afirmación general que es síntesis de todo lo que después va a describir con detalle: «Al principio creó Elohim los cielos y la tierra» (Gen 1,1).

1) Al principio: bereshit.- Señala de manera absoluta el primer instante del tiempo antes del cual no existía criatura alguna, sino sólo Dios. Los LXX (la más importante versión griega del AT) traducen por arjé , tomado el vocablo en un sentido absoluto; no dice "en el principio de algo", sino tan sólo "en el principio". Estamos ante una categoría lógica en la mente del hagiógrafo, que se sitúa al comienzo de la obra creadora, cuando las cosas aún no eran. No coincide con el significado de arjé que le da san Juan en el prólogo de su Evangelio (Ioh 1,1).

2) La acción creadora: bará´.- Este verbo hebreo, bará´, se reserva para la acción de Dios por la que produce cuanto le place con soberano poder. Si bien es verdad que la acción divina no siempre es estrictamente creadora, aquí nada hace suponer que exista una materia previa fuera de Dios(1).

3) El Dios Creador: Elohim.- A Dios Creador se le llama Elohim, forma plural del nombre Eloah, derivado del primitivo El, que en todas las lenguas semitas se relaciona con la divinidad y con las ideas de poder y autoridad. Hicimos ya una exposición sobre su origen y significado. Se trata de un plural de plenitud y excelencia y no tiene nada que ver con el politeísmo; de hecho este sujeto plural siempre se construye gramaticalmente con el verbo en singular. Es utilizado tanto por la tradición E como por la P.

4) Los cielos y la tierra: el cosmos o universo.- En la lengua hebrea, no hay un término que corresponda exactamente al kosmos griego; con la cláusula ´cielos y tierra´ se quiere designar el mundo visible en su doble manifestación de orbe terráqueo y espacio celeste. Algunos Santos Padres han querido ver en la palabra "cielos" una alusión a los ángeles, mientras que la "tierra" designaría al mundo visible. Pero nada hay en el contexto que pueda ser un indicio de esta sugerencia en la mente del autor sagrado. Se trata, pues, del universo. Así tenemos aquí anticipado el resumen de toda la obra creadora, de manera parecida a como se la concibe una vez terminada en Gen 2,1.


«Ahora bien, la tierra era yermo y vacío, y las tinieblas cubrían la superficie del Océano, mientras el espíritu de Elohim se cernía sobre la haz de las aguas» (Gen 1,2). Describe a continuación el hagiógrafo el estado en que se encontraba la tierra después de la creación de los elementos primarios y antes de la obra del primer día. Era una masa informe, desprovista de orden y vegetación, cubierta por las aguas y sumergida en las tinieblas, sobre la que se cernía el Espíritu de Dios, principio de orden, de vida, de luz y de belleza.

1) El caos y el vacío: tohú wabohú.- Los términos tohú y bohú se emplean muy pocas veces en la Sagrada Escritura. No parecen originariamente hebreas, aunque sí están recibidas en el hebreo(2). Significan que "la tierra" era un desierto en el sentido más bien adjetivo; "era desierto" o "estaba desierta", y por ello, "vacía". No había nada. La noción de que la Creación consiste en la producción de los cielos y la tierra, términos que abarcan a la totalidad de las criaturas visibles; su equivalencia sería el término griego kósmos.

El autor sagrado nos presenta el caos inicial como un magma líquido envuelto en tinieblas. De este caos serán formados el firmamento, los mares y lo seco o tierra firme. Parece que al hagiógrafo no le gusta presentar esta realidad informe y tenebrosa como obra de Dios; en cambio se goza con la radiante y solemne creación de la luz en el primer día. Pero tampoco presenta al abismo caótico como potencia mostruosa, capaz de resistir al Dios ordenador(3).

2) El abismo u Océano: tehom.- Antes de que Dios organizara el mundo, sólo reinaba confusión y desorden; la tierra era yermo y vacío y las tinieblas cubrían la superficie del tehom u Océano. Este es esa misma masa caótica o materia primordial, pero creada. El término tehom es importante desde el punto de vista de la historia del pensamiento, de la historia de la noción de "creación"(4). Ahora bien, el tehom según el relato bíblico obedecía incondicionalmente a la voluntad del Dios Transcendente, que podía reducirlo a la nada. Era una pura criatura y, por lo mismo, se hallaba en estado de dependencia total y sustancial de Dios Todopoderoso.

Al decir "la tierra era yermo y vacío..." se quiere indicar la situación inicial transitoria en el proceso de la creación. Con la alusión al mito del abismo primitivo o tehom el autor inspirado quiso afirmar de una parte la eternidad, poder y transcendencia divinas, y de otra, entregarse a una labor "desmitificadora". Al revés de lo que sucede en los relatos bíblicos, en las antiguas cosmogonías el caos primitivo es el origen de cuanto existe y precede al cosmos cronológicamente(5).

3) El Espíritu de Dios: ruaj Elohim.- Aparece ahora un hálito o virtud divina, en hebreo ruaj Elohim, el espíritu de Dios, es decir, el mismo Dios, principio amoroso de orden y de vida. No hay razón en el contexto para entenderlo como "viento impetuoso" sin más, como algunos autores proponen. Se trata de la fuerza que caracteriza la acción de Dios sobre el mundo, tanto en el orden natural como sobrenatural. La acción amorosa que se le atribuye se expresa con el participio merajefet, que tiene el sentido de "incubar" como San Jerónimo había apuntado, o más bien de "revolotear", como hace el ave sobre el nido. Es, pues, la fuerza creadora y vivificante de Dios, presentada aquí bajo la figura plástica del ave que se cierne sobre su nido; así el Espíritu de Dios revoloteaba sobre las aguas del tehom(6).


La obra de la distinción


Antes han quedado sobrepuestos, bajo la acción del Espíritu de Dios los tres elementos primitivos: la "tierra", las "aguas" y las "tinieblas". Ahora va a mencionar el hagiógrafo tres actos del divino Hacedor, en virtud de los cuales cada uno de estos elementos recibe su lugar, ordenación y nombre propio.

A través de expresiones antropomórficas se transparenta el pensamiento del autor sagrado que quiere enseñar cómo la distribución y concierto de las diversas partes del universo obedece a la acción y voluntad de Dios. En Gen 1,3-10 la acción de Dios sobre esta masa caótica tiene por objeto separar unas cosas de otras, construyendo así los tres habitáculos que habrán de ser poblados después en la obra del ornato


1) El día primero: La Luz .- «Y dijo Elohim: "Haya luz", y hubo luz. Vio Elohim que la luz era buena y puso Elohim separación entre la luz y las tinieblas. Elohim llamó ´día a la luz y noche a las tinieblas Y atardeció y luego amaneció: día uno» (Gen 1,3-5). Lo primero que hace Dios, después de crear genéricamente los cielos y la tierra, es crear la luz. "Y dijo Dios": esta expresión significa ante todo la voluntad y el mandato divino; designa también la palabra interna o idea a la que se ajusta la acción de Dios. De ahí su admirable aptitud para ser después apropiada a la Segunda Persona de la Santísima Trinidad. "Haya luz y hubo luz". Con tales palabras se pone de manifiesto la autoridad y omnipotencia divinas. Estamos ante una expresión sapiencial. Y llamamos sapiencial a todo el esfuerzo del pensamiento humano no sistematizado y, por ello, prefilosófico: es una elaboración típica de la sabiduría oriental, que no llega a sistematizar sus conocimientos como una disciplina, pero sí como capacidad del hombre para reflexionar sobre lo que ve.

Lo primero que hace Dios, como cualquiera que hace algo, es encender la luz, pues donde no hay luz no se puede hacer nada, no hay vida, nada crece. Para que Dios cree la luz le basta "hablar": crea por medio de su palabra. Los antiguos reyes orientales no trabajaban, lo que hacían era "hablar": "¡Que se haga esto! y entonces sus súbditos lo cumplían. Es impropio del rey ponerse a trabajar; lo que tiene que hacer, desde su trono, es dar órdenes. En algunas lenguas, por ejemplo, el árabe y el hebreo, los términos hablar y mandar tienen la misma raíz. En consecuencia, Dios está aquí concebido sapiencialmente como el Señor del Universo que El ha hecho; basta que pronuncie una palabra para que se cumpla(7).

Por lo demás, la tarea asignada a este primer día de la creación es la de establecer la alternancia del día y de la noche. Al decir que Dios "separa la luz de las tinieblas", el fin de esta obra de Dios es la creación de la región de la luz. "Y vio Dios que era buena". Esta aprobación divina es una afirmación de la complacencia de Dios con todo lo que va creando; ahora la luz y después los demás seres. De las tinieblas no se dice que fueran creadas, ni que fueran buenas; pero su aparición o desaparición está enteramente sujeta a la ordenación divina. "Y llamó Dios a la luz día y a la oscuridad llamó noche". Seguimos con el lenguaje sapiencial. Se dice que Dios puso nombre a las cosas para dar a entender con ello el absoluto dominio que tiene sobre todas. Era, en efecto, costumbre entre los orientales cambiar el nombre en señal de sumisión o vasallaje y Dios mismo vinculaba el cambio del nombre a la nueva misión que confería a alguien(8). "Y hubo tarde y hubo mañana: día uno". Según el cómputo litúrgico hebreo el día comenzaba en las vísperas, en la tarde, cuando el sol desaparecía en el horizonte y empezaba la noche. El día entero duraba hasta la puesta de sol del día siguiente. Se trata de un cómputo, ciertamente más sencillo que el nuestro, ya que su observación es más fácil y directa.


2) El día segundo: El firmamento.- «Dijo después Elohim: "Haya un firmamento en medio de las aguas y separe unas aguas de otras". Hizo, pues, Elohim el firmamento, puso separación entre las aguas que había debajo del firmamento y las aguas que había por encima de éste. Y así fue. Llamó Elohim al firmamento cielos. Y atardeció y luego amaneció: día segundo» (Gen 1,6-8). La obra del segundo día consiste en la separación de las aguas superiores e inferiores, mediante un firmamento que deja un espacio intermedio. Es preciso tener en cuenta todo lo que hemos dicho antes de las concepciones cosmogónicas antiguas.

Antes había separado la luz de las tinieblas; ahora separa unas aguas de otras. Sigue su obra de la distinción. La observación natural nos dice que hay unas aguas en la superficie de la tierra y otras aguas que caen de arriba. Luego hay dos tipos de aguas en esta observación "precientífica" del universo. Nuestros sentidos también nos insinúan una bóveda celeste(9). El firmamento viene a ser la pieza maestra de la arquitectura de los cielos, tal como la concebían los babilonios y sumerios. La concepción cosmológica es la de la época; no podía ser otra. No podría Dios hablar entonces en términos culturales que pueden ser los nuestros, que, además, no sabemos siquiera si son definitivos. Las aguas que hay debajo del firmamento son las de los mares, ríos y fuentes y las que hay encima del firmamento son las del misterioso Océano celestial, cuya administración se reserva a Dios. Las que en forma de vapor están suspendidas en las nubes, según las apariencias externas, parecen caer también del cielo; tanto la lluvia ordinaria como las lluvias torrenciales, dependen del arbitrio divino.

El relato de la creación no quiere decir nada acerca de cómo es el universo, aunque sí enseña que todo eso que el hombre ve (el día, la noche, las aguas de arriba, las aguas de abajo, etc.), todo lo hizo Dios. En el contexto de la cultura de la época, de las cuales los hebreos son tributarios, estos conceptos cosmológicos aludidos son datos indiscutibles. Por tanto, en estos relatos bíblicos no se pretende enseñarnos la constitución de la naturaleza física del mundo, sino salir al paso de algunas creencias de tales culturas, en las que se da el género de la "cosmogonía", muy distinto del concepto de creación tal como lo encontramos en la Biblia(10). "Y llamó Elohim al firmamento cielos". Estos cielos están separados de los otros cielos, la morada de Dios, por las aguas superiores; pero es evidente que en el pensamiento del autor sagrado el firmamento es un elemento integrante de los cielos que ya menciona en Gen 1,1.


3) El día tercero: El mar y la tierra (Gen 1,9-10).- El último acto de la obra de la distinción tiene como resultado la aparición de la tierra: "lo seco": «Dijo Elohim después: "Reúnanse las aguas de debajo de los cielos en un solo lugar y aparezca lo seco". Y así fue. Elohim llamó a lo seco tierra
(11) y a la reunión de las aguas llamó mares(12). Y vio Elohim que estaba bien» (Gen 1,9-10)(13). Esta acción divina separando las aguas inferiores de la tierra para constituir el inmenso recipiente de los mares, la describe poéticamente el Salmista, ponderando la facilidad con que el poder de Dios realizó la hazaña Las ideas cosmográficas en boga sirven de vehículo a las enseñanzas teológicas de los hagiógrafos. El mar se presenta como un elemento turbulento y peligroso que sólo el poder de Dios ha podido dominar, imponiéndole los límites a sus riberas para que no vuelvan a cubrir la tierra, encerrándolo con puertas y cerrojos, o poniéndole guardia como a un dragón temible(14).

Y juntamente con "lo seco" aparecen las plantas en el mismo día, en virtud del mandato divino: «Luego dijo Elohim: "Brote la tierra verdín, hierba germinadora de simiente y árboles frutales generadores de fruto conforme a su especie en que se contenga semilla, sobre la tierra. Y así fue. Brotó, en efecto, la tierra verdín, hierba germinadora de simiente conforme a su especie y árboles generadores de fruto en que se contiene su semilla con arreglo a su especie. Y vio Elohim que estaba bien. Y atardeció y luego amaneció: día tercero» (Gen 1,11-13). Las plantas son concebidas como un tapiz que embellece la morada de los animales y del hombre.

En realidad las plantas pueden considerarse como ornamento de la tierra, aunque más bien son parte de la misma, quizá por estar afincadas en ella con sus raíces, mientras que los "ejércitos" que forman el ornato de las diversas partes del universo están dotados de movimiento. La triple distinción de plantas --que se repite después en el mandato divino-- responde a la simple clasificación botánica de entonces fundada en la observación natural. Es decir, la hierba verde que aparentemente nace sin simiente, como por generación espontánea; las gramíneas cuyo fruto es todo de simiente, como los cereales; y, finalmente, los árboles frutales, cuyo fruto lleva dentro la semilla.

El mensaje teológico de este pasaje puede compendiarse en estas afirmaciones: 1ª) Dios comunica a la tierra la virtud de producir las plantas; 2ª) Dio a éstas la capacidad de reproducirse por la semilla; y 3ª) La actual variedad de plantas, con sus propiedades y diferencias, distribuidas en tres categorías es debido a la ordenación primera del Creador. La obra divina de este tercer día es doble, como sucederá con el día sexto. Son interesantes el paralelismo entre los días tercero y sexto, y el afán del hagiógrafo de enmarcar toda la creación en el esquema de los seis días.


La obra del ornato


Los tres habitáculos creados por Dios en la obra de la distinción van a ser poblados de seres: en el cielo las luminarias, en el mar y sobre él los peces y las aves; y en la tierra los animales terrestres y el hombre.


4) El día cuarto: Las luminarias (Gen 1,14-19).- La obra del cuarto día consiste en crear los habitantes de la morada de la luz (día primero), lo que llama Gen 2,1 "ejércitos de los cielos": «Dijo Elohim: "Haya lumbreras en el firmamento de los cielos para poner separación entre el día y la noche y que sirvan de señales para estaciones, días y años. Sean también a modo de lumbreras en el firmamento del cielo para lucir sobre la tierra". Y así fue. Hizo, pues, Elohim las dos grandes luminarias -el luminar mayor como regidor del día y el luminar menor como regidor de la noche- y las estrellas. Elohim los puso en el firmamento celeste para lucir sobre la tierra, para regir el día y la noche y servir de separación entre la luz y las tinieblas. Y vió Elohim que estaba bien. Y atardeció y luego amaneció: día cuarto» (Gen 1,14-19).

La creación de los astros por Dios, que les asigna un lugar y una función que cumplir para utilidad del hombre, implica una refutación tácita de la astrología, que practicaban los pueblos que rodeaban a Israel, en particular los babilonios. La presidencia del día y de la noche que el hagiógrafo atribuye al sol y a la luna, respectivamente, es una manera metafórica de establecer la distinción entre el día y la noche, sin la menor alusión a las divinidades solares y lunares de Egipto y Babilonia. Con un lenguaje parecido, en otros pasajes bíblicos se describe poéticamente el movimiento o influencia de los astros regulados por Dios y pregoneros de su poder y sabiduría.

El autor inspirado suprime todo fundamento a los cultos astrales(15). La misión de las lumbreras es triple: a) separar el día de la noche; o también presidir y dominar con su luz los días y noches alternativamente; b) servir de "señales" con su posición y cambios a los labradores, viajeros y navegantes; para pronosticar el tiempo; para determinar las "épocas", como las estaciones y las fiestas, los días, los meses y los años; c) y, finalmente, alumbrar la tierra haciendo así posible la actividad del hombre.

 

5º) El día quinto: Los peces y las aves (Gen 1,20-23).- La obra del quinto día se corresponde con la del segundo, porque da origen a los habitantes del espacio acuático y aéreo que resultó de la división de las aguas mediante el firmamento. «Dijo Elohim después: "que pululen(16) las aguas de animales vivientes y vuelen las aves sobre la tierra, por la superficie del firmamento de los cielos". Creó, pues, Elohim los grandes cetáceos, y todo animal viviente que bulle, pululando en las aguas, conforme a su especie, y todo volátil alado, según su especie. Y vio Elohim que estaba bien. Elohim los bendijo, diciendo: "Procread y multiplicaos y henchid las aguas de los mares y multiplíquense las aves en la tierra". Y atardeció y luego amaneció: día quinto» (Gen 1, 20-23).

Los peces y las aves son creados el mismo día, probablemente porque el hagiógrafo no quiere rebasar el esquema literario prefijado en seis días. La mención del alma "viviente" atribuida a los peces e implícitamente a las aves, señala la primera aparición de vida sobre la tierra, no siendo considerada como tal la de las plantas, nacidas de la tierra misma. Hay que hacer notar, sin embargo, que la orden de producir los peces se da aquí a las "aguas del mar", tal como antes en Gen 1,11 se encomendaba a la tierra la función de producir las plantas y después en Gen 1,24 se le encargará que produzcan los animales terrestres. Esto fue lo que indujo a San Agustín a concebir su famosa teoría de que Dios infundió a la primera materia las "rationes seminales" de todos los seres que con el tiempo habrían de existir.

Peces y aves se designan con términos generales que pueden aplicarse a todos los animales acuáticos (sheres) o volátiles (of). Y además entre los animales acuáticos se mencionan particularmente los grandes cetáceos (tannim) que son citados también en otros lugares de la Biblia. Por ser la primera vez que aparece la vida animal se introduce en la narración un elemento nuevo: la "bendición" divina concedida a los animales para su poder reproductor; quizá como réplica implícita a los cultos paganos a la fecundidad. El misterio de la virtud reproductora o la extraordinaria multitud de peces y aves se explicaría por una bendición especial de Dios, expresada por la forma intensiva del verbo bendecir (yebarek) y el correspondiente mandato divino.


6º) El día sexto: Los animales y el hombre (Gen 1,24-31).- La obra del sexto día es también doble como la del tercero y se corresponde creando los habitantes para aquel habitáculo: los animales y el hombre. «Dijo luego Elohim: "Produzca la tierra animales vivientes conforme a su especie: ganado, reptiles y fieras conforme a su especie. Y así fue (...). Y vió Elohim que estaba bien». Como de las plantas, también de los animales se dice que son producidos por la tierra, bien porque Dios comunica a ésta la fuerza apropiada, o bien porque suministra la materia de la que Dios se sirve para la formación de las diversas especies de animales.

La triple división de los animales se funda también en la observación natural sencilla y descrita con un cierto carácter utilitario: reptiles (remesh), animales domésticos o ganado (behemah; Vg: jumenta) y las bestias del campo o fieras (jayetho eres). Entre los reptiles se comprende también a aquellos animales de pies cortos que forman parte de las otras categorías.

No se dice que Dios bendijera a los animales terrestres en orden a la reproducción, o bien porque se considera extendida a estos la de los peces y aves, o bien porque esta cláusula haya desaparecido. En cambio, sí que no parece que están comprendidos en la bendición que inmediatamente después se imparte al hombre; la expresión "Y vio Elohim que estaba bien" establece una separación intencionada.


La creación del hombre


La creación del hombre, coronamiento de la obra divina, adquiere en nuestro relato una especial solemnidad, que culmina la escala de los seres creados. La síntesis teológica que hace el primer relato de la creación del hombre puntualiza el lugar que ocupa en el conjunto del universo. El relato de Gen 1, de la tradición sacerdotal (P), podría decirse que resulta más profundo y teológico que el relato de Gen 2, tanto en lo que hace referencia a la "imagen de Dios", como por la formulación de las verdades esenciales sobre el hombre. Lo analizaremos bajo los siguientes 10 epígrafes:


1º) El soliloquio inicial.- Comienza el pasaje con un soliloquio, con una deliberación solemne en la que se anuncia el propósito divino de crear al hombre: «Entonces dijo Elohim: "Hagamos al hombre a imagen nuestra, a nuestra semejanza...» (Gen 1,26). Este enunciado tiene una gran precisión desde el punto de vista antropológico. Se ha discutido mucho sobre el significado del "hagamos". Es la primera vez que Elohim habla "en plural". ¿Qué quiere decirnos con ello el hagiógrafo? Hasta ahora ha usado siempre el singular. Hay un cambio de tono indudablemente; pero hay que descartar que al autor sagrado se le haya "escapado" la adaptación monoteísta de un relato primitivamente politeísta.

Los Santos Padres vieron en este "plural" una adumbratio Trinitatis; es decir, un indicio velado de la revelación de la Santísima Trinidad. Se trataría de que ante la obra creadora divina, y en especial, del ser humano habría un "consejo divino" de la Trinidad para crearlo. Por otra parte, si Elohim lleva en este caso el verbo en plural se puede ver en esto la plenitud divina de "ser" que puede deliberar consigo mismo, como puedan hacerlo diversas personas entre sí.

La crítica moderna no aporta una solución definitiva, pero se inclina fundamentalmente por pensar que tal "pluralidad" va en la línea de dar una especial solemnidad al relato de la creación del hombre a través de un recurso literario. Puede ser, si bien, esta explicación no invalida a la que es bastante común entre los SS. Padres. En efecto, basta confrontar nuestro texto con otros pasajes bíblicos, para concluir que se trata más bien de un procedimiento literario. Este plural "hagamos" vendría a indicar una especie de consulta de Dios a su consejo o corte celestial, concebidos al modo de los antiguos reyes orientales. Esto parece formar parte de la mentalidad con la que quizás se escribió el pasaje de Gen 1,26; aunque no se impone este punto de vista, puede ser asumido.


2º) El nombre del primer hombre.- El término adam, sin artículo, es un singular colectivo y designa a la especie humana; es decir, al género humano, a los hombres. El sentido colectivo de una palabra se reconoce gramaticalmente porque el adjetivo, pronombre o verbo que lo acompañan pueden ir en plural. Esto es lo que sucede en Gen 1,26, porque el siguiente verbo viene en plural (weyyirdû; y dominen) y se lee más tarde en Gen 1,28 que Dios los bendijo. ¿Cuál es el significado etimológico de adam? Es incierto, aunque con más probabilidad parece que procede de adamah (tierra), por haber sido sacado el hombre de la tierra, por haberlo destinado Dios a trabajarla, por vivir en ella y en fin, porque volverá a ella al morir. Adam es el equivalente hebreo del homo latino, que guarda relación también con el humus, esto es, el "barro" o "polvo" de la tierra. Además adamah en su significación hebrea se refiere siempre a "la tierra de labor"
(17).

Si acudimos al segundo relato (Gen 2), donde se narra la creación de un hombre y una mujer, presentados además como la primera pareja humana de la cual procede todo el género humano (Gen 3,20), la expresión que aparece en Gen 2,5: ayn adam, ´significa "no había hombre". El AT contiene implícita una doctrina sobre el hombre, pero no sistematizada ni desarrollada especulativamente. Tampoco ofrece una psicología de corte moderno, ni siquiera del estilo de los filósofos griegos. Es, por eso, difícil presentar una síntesis de la antropología veterotestamentaria, tanto por la imprecisión de los términos -la mayoría de los cuales se emplean en varios sentidos diferentes-, como por la variabilidad de algunas concepciones, surgidas de experiencias diversas e interpretadas de un modo rudimentario, semejante a la de pueblos de cultura inferior. En consecuencia, es importante cuidarse de interpretarlos de una manera aristotélica o moderna. Sucede lo mismo con los términos basar, nefesh y ruah (cuerpo, alma y espíritu respectivamente).


3º) Los términos imagen y semejanza.- Se nos revela que el hombre es creado "a imagen de Dios", e imagen "semejante" al divino modelo. Pero no se dice expresamente en el texto en qué consiste tal "imagen". Es evidente que hay una semejanza con Dios, por puro contraste con los demás seres creados, porque el hombre tiene una "parte espiritual" que detecta enseguida la observación normal.

En un lenguaje antropomórfico la "imagen" (selem), aplicando a Dios conceptos humanos basados en cosas visibles, se refiere a que el hombre viene a ser en cierta manera como una "estatua", una "pintura o representación" visible del Dios invisible. El término "semejanza" (demut) expresa ese "algo divino" que hay en los hombres. Toda la creación nos habla de Dios. De alguna manera podemos ver a Dios a través de sus efectos en las criaturas, si bien siendo totalmente distinto de ellas. Las cosas creadas representan a Dios, aunque de un modo tan imperfecto, tan lejano, que sólo reflejan la grandeza de Dios. La creación del hombre, en cambio, explica algo más, manifiesta mejor quién es Dios; además del poder y grandeza encontramos también la sabiduría y la bondad --y otros atributos-- reflejadas de modo mucho más perfecto en la creación del hombre.

Así, la expresión "a imagen de Dios" nos traduce mejor la "espiritualidad" del ser humano, que rebasa el plano de la mera animalidad. Y la "semejanza" viene a ser como un contrapunto a un posible antropomorfismo exagerado en la noción de Dios, al que se podría llegar con sólo la palabra "imagen"(18).


4º) El hombre como «imago Dei».- Todo el relato de la creación (Gen 1) describe a Elohim como un ser personal, que actúa soberanamente, que crea, que dispone todas las cosas con sabiduría. Es preciso, pues, pensar que el hagiógrafo ve en la semejanza con Dios lo que distingue al hombre de los otros vivientes: su facultad o capacidad de pensar y de amar; es decir, aquello que lo constituye en persona. De esta manera, el hombre es representante de Dios en la tierra, es un ser "semejante a Elohim", un ser capaz de ejercer el dominio que Dios le ha otorgado sobre los animales, según el contexto próximo del pasaje. Esta semejanza con Elohim la trasmite el hombre a sus descendientes
(19).

La semejanza con Elohim es un bien permanente de los seres humanos, y la garantía que protege su vida y la hace sagrada, intangible. Porque aquel que vierte la sangre del hombre ultraja la "imagen de Dios": El mejor comentario a Gen 1,26-27 lo encontramos en los libros Sapienciales, concretamente en el Ps 8, un precioso himno a Yahwéh, el Dios Creador, cuya majestad y poder resplandecen en el cielo estrellado: Y a pesar de tanta majestad y grandiosidad divinas, no desdeña acordarse del hombre, este polvo inconsistente, que Yahwéh ha hecho apenas inferior a un Elohim; es decir, lo ha creado casi como un ser divino; le ha coronado de gloria y majestad, otorgándole los atributos del Rey divino de la Creación y de un rey humano. Además, Dios ha puesto bajo los pies del hombre todos los animales domésticos y salvajes. El débil mortal humano ha sido elevado casi a la altura de un ser divino y, desde luego, como rey visible de todos los vivientes. Y todo esto porque el hombre es la "imagen de Elohim"(20).


5º) El hombre como «imago Christi».- La imago Dei a la luz de la revelación neotestamentaria adquiere una dimensión nueva y profunda para conocer quién es el hombre. En efecto, «hemos de añadir aún algo decisivo. El camino no termina en el AT. Lo que se medita en la llamada literatura sapiencial es el último puente de un largo camino, que lleva al mensaje de Jesucristo, al Nuevo Testamento. Es aquí donde encontramos el relato definitivo y determinante del relato de la creación. Dice así: "Al principio era el Verbo, y el Verbo estaba en Dios y el Verbo era Dios... Todas las cosas fueron hechas por Él, y sin Él no se hizo nada de cuanto ha sido hecho"
(21). Juan, con plena conciencia, toma aquí de nuevo las palabras iniciales de la Biblia y relee desde Cristo el relato de la Creación para decirnos, de forma nueva y definitiva y a través de las imágenes, lo que es la palabra con la que Dios quiere conmover nuestros corazones»(22).

De hecho, en la Tradición oral, ya desde el siglo III, algunos Santos Padres interpretarán los términos selem y demut referidos no a Dios exclusivamente, es decir, no a toda la divinidad, sino en concreto a Cristo, al Verbo Encarnado: el hombre es imagen del Verbo Encarnado. Es una corriente de la Patrística antigua que luego en la época moderna se olvida en cierto modo; pero es muy interesante. Hay que tener en cuenta que Dios habla en su eternidad: para El todas las criaturas son presente. Y por ello no hay dificultad en admitir que piensa en Cristo al inspirar estos textos antiguos, aunque la Encarnación se produjera muchos siglos después. Apoyándose en el "hagamos" --ya visto-- y en la "semejanza", los SS. Padres ven esta semejanza entre el hombre y Dios en Cristo, que ha asumido el cuerpo humano.


6º) El "dominio" del hombre sobre las demás criaturas.- Volvemos de nuevo al texto «Entonces dijo Elohim: "Hagamos al hombre a imagen nuestra, a nuestra semejanza, para que dominen
(23) en los peces del mar, y en las aves del cielo, y en los ganados, y en todas las bestias salvajes y en todos los reptiles que reptan sobre la tierra» (Gen 1,26). El hagiógrafo parece suponer en este versículo la creación simultánea del hombre y de la mujer, ambos "imagen de Dios" y con igual "dominio" sobre todo lo creado. Es una forma de expresar la igualdad de derechos y deberes de ambos. En este pasaje se expresa claramente la superioridad del hombre, varón y mujer, sobre todo ser que puebla el mundo visible. Ahora no se habla (como en Gen 1,1-25) de los "elementos", de los astros o de la tierra, y sí de todos los pobladores de la tierra; es decir, de todo ser visible y viviente.

La superioridad del hombre sobre los seres visibles es obvia. En el momento en que se escribe, sin embargo, tiene mucha más importancia. Por la arqueología y por la historia sabemos que los pueblos que rodeaban a Israel, entre ellos los cananeos, se había fabricado numerosas representaciones animales a las que daban culto idolátrico: en Egipto, en Mesopotamia e, incluso, en Canaán a la llegada y establecimiento en esta última de los israelitas(24). Estos datos históricos ilustran el sentido desmitificador de Gen 1,26 contra el culto a los animales. Como ya hemos comentado al tratar de la obra de la Creación en seis días, existe ciertamente intención "desmitificadora" del autor sagrado al presentar los elementos tierra, mar, sol, astros, etc. como criaturas de Dios; por ello, es absurdo ofender a Dios, dar culto a cualquier animal. Este dominio del hombre sobre las criaturas es objeto también de la reflexión de los sabios de Israel(25).


7º) La distinción de los sexos .- Dios determinó crear al hombre y en Gen 1,27 se expresa con frase rimada la ejecución del acto deliberativo divino. Mediante el clásico paralelismo semita el hagiógrafo dice: «Creó, pues, Elohim al hombre a imagen suya, a imagen de Elohim creóle, macho y hembra los creó» (Gen 1,27). Ahora el autor sagrado emplea el verbo bara´. Este último ya fue usado al revelarnos la creación de los cetáceos, reptiles y aves (Gen 1,21). Del texto suelto no se puede precisar que se trate de la "creación de la nada" (creatio ex nihilo). Cabe la interpretación que sugiere como punto de partida una materia preexistente.

El triple uso del verbo bará, parece dar testimonio de una especial importancia e "intensidad" del acto creador. De modo parecido a lo que se narra al final de cada día de la Creación y que con la creación del hombre, aquel "Vio Dios ser bueno", se transforma en un "vio Dios ser muy bueno cuanto había hecho" (Gen 1,31). No se explica cómo Dios lo ha hecho; pero sí se nos indica que la distinción entre "macho" y "hembra" es algo divino desde el principio, creados con igual dignidad. Constituidos cada uno en unidad de espíritu y cuerpo, se diversifican entre sí por su estructura psico-fisiológica, según la marca de la masculinidad y de la feminidad(26).


8º) La bendición divina de la fecundidad humana.- Sigue el relato: «Luego Elohim los bendijo y díjoles: Procread y multiplicaos y henchid la tierra y sojuzgadla y dominad en los peces del mar y en las aves del cielo y en todo animal que vive sobre la superficie de la tierra» (Gen 1,28). La institución del matrimonio y de la familia, contenida en el misterio de la creación del hombre, parece que se debe vincular con el mandato de someter la tierra, confiado por el Creador a la primera pareja humana. El hombre llamado a someter la tierra --tenga cuidado de: someterla, no devastarla, merece respeto--, el hombre es imagen de Dios no sólo como "varón" y "mujer", sino también en razón de la relación recíproca de los sexos. Esta relación recíproca constituye el alma de la "comunión de personas" que se establece en el matrimonio y presenta cierta semejanza con la unión de las Tres Personas divinas (Juan Pablo II).

Dios bendijo a la primera pareja humana imponiéndoles el precepto de multiplicarse por reproducción sexual. Dios quiere el matrimonio, pero rechaza la poligamia, quiere que sea fecundo. Ahora bien, la creación comporta para el hombre tanto la relación con el mundo, como la relación con el otro ser humano (la relación hombre-mujer), así como también con los otros semejantes suyos. El someter la tierra pone de relieve el carácter relacional de la existencia humana. Las dimensiones "con los otros", "entre los otros" y para los otros propias de la persona humana en cuanto imagen de Dios, establecen desde el principio el puesto del hombre entre las criaturas. Con esta finalidad es llamado el hombre a la existencia como sujeto (como yo concreto), dotado de conciencia intelectual y de libertad.


9º) El alimento del hombre en los orígenes.- «Dijo también Elohim: He aquí que os doy toda planta seminífera que existe sobre la haz de la tierra entera, y todo árbol que tenga en sí fruto de árbol seminífero; os servirá de alimento. Y toda bestia salvaje, toda ave del cielo y todo cuanto serpea en la tierra, cuanto encierra en sí espíritu vital, señalo como alimento toda hierba verde» (Gen 1,29-30). Leyendo estos dos versículos parece que señala la alimentación vegetariana del hombre en sus orígenes y no carnívora. También a los animales, salvo a los peces que no menciona el texto. En el orden de la creación, las plantas, los vegetales son el único alimento del hombre y de los animales, ¿Por qué?. Para entender este texto y su significado es preciso acudir a los libros proféticos. Isaías, por ejemplo, en su escrito llamado "libro del Emmanuel" considera que en el origen del mundo había paz y ausencia de violencia, que fueron destruidas por la entrada del pecado del hombre. El pecado trajo la violencia a la Creación, la contaminó; y esta contaminación alcanzó también a los animales.

Esta tesis no halla quizá correspondencia con los datos que nos proporcionan las ciencias biológicas --por ejemplo, en cuanto a la constitución de los animales carnívoros--. De todos modos, el hagiógrafo no se plantea tales cuestiones -anacrónicas para aquella época-, sino que trata de preparar el camino para entender la situación de justicia y paz originales, así como la futura restauración que obrará el mismo Dios a través de su enviado el Mesías(27).


El descanso sabático del séptimo día


El Señor terminó su obra el sexto día y el séptimo descansó. El antropomorfismo de esta expresión, en la que nos presenta al Dios Creador como un trabajador descansando después de una semana de trabajo intenso, se acentúa aún más en Ex 31,15-17 con la recomendación hecha a Moisés por el mismo Dios. «Quedaron, pues, acabados los cielos, la tierra y todo su cortejo astral. Y habiendo acabado Elohim en el séptimo día la obra que había hecho, descansó en ese día séptimo de toda la obra hecha. Y bendijo Elohim el día séptimo, y lo declaró santo, porque en él había descansado de toda la obra que Elohim al operar habia creado. Esta es la historia de los cielos y la tierra en su creación» (Gen 2,1-4).

Al hacer el resumen de la obra de Dios en los seis días el autor sagrado habla de los cielos, la tierra y de su "ejército" o cortejo. Este nombre se aplica a todo lo que se mueve, como ya apuntamos antes, tanto criaturas animadas como inanimadas y éste es también el sentido de la expresión profética corriente de "Señor de los ejércitos". El relato del descanso divino, para quien no ha supuesto trabajo con cansancio, indica que el hagiógrafo busca una finalidad pedagógica. No se niega la acción divina constante e ininterrumpida en la conservación y gobierno del mundo, conforme a las palabras de Jesús: "Mi Padre sigue obrando y yo también obro".

Dios "bendijo y santificó" el séptimo día, el de su reposo. La divina bendición lleva consigo toda suerte de bienes y de gracias, y aquí se concreta en la misma "santificación" del día séptimo, que consiste en que Dios lo separa de todos los demás días para su culto y servicio. El hagiógrafo tiene presente la observancia del sábado: día en que todo israelita no debe trabajar, porque el Señor se lo ha reservado para sí. No se puede decir de este pasaje si la práctica del descanso sabático existía o no antes de la promulgación de la ley mosaica.


No se menciona el final del día séptimo, como tampoco se citó el comienzo del primer día, sino con la aparición de la luz. Se enlaza de este modo maravillosamente bien el reposo eterno divino con su actividad creadora en el tiempo. También el reposo del Señor es acorde con la divina complacencia, al comprobar que todas las cosas son buenas y se adecuan perfectamente a sus designios. El esquema semanal del trabajo y descanso de Dios sirve al autor sagrado para mostrar al hombre el sentido de toda su vida: un esfuerzo necesario, por un tiempo, para entrar en el descanso eterno de Dios.

 

Notas

1. Eco de la interpretación más común entre los judíos son las palabras de la madre de los Macabeos (cfr. 2 Mach 7,28), si bien este texto había sido redactado unos tres siglos después del de Gen 1. Jamás se usa bará´ para una obra humana; tiene siempre como sujeto a Dios. El verbo bará´ expresa que el mundo es fruto de la omnipotencia divina. Aparece 47 veces en la Biblia (en sus formas qal y nifal) siempre para expresar una acción divina.

2. El sentido de tohú es discutido. Los LXX traducen por aóratos (invisible), por lo que el sentido literal sería "la tierra era invisible". Sin embargo, esta invisibilidad parece que viene de las tinieblas y por eso, algunos exegetas se inclinan por "oscuridad". De todas formas, la interpretación más común hoy día es identificar tohú y yermó; es decir, una tierra sin vegetación, desierta. El significado de bohú tampoco es seguro, si bien hay aquí un cierto consenso entre los filólogos: se inclinan por "algo vacío". Los LXX traducen por ekataskeúatos (informe, sin orden).

3. En contra de la interpretación de Gen 1,1 en sentido absoluto, como una afirmación general de la creación del mundo por Dios, algunos autores consideran el término bereshít en estado constructo y puntúan el actual bará´ como si fuera un infinito constructo: beró. Este matiz filológico permite hacer otra lectura de Gen 1,1-2 con diverso sentido: "Al principio de crear Dios los cielos y la tierra, la tierra estaba desierta y vacía, y las tinieblas eran sobre la haz del abismo, y el espíritu de Dios revoloteaba sobre la haz de las aguas; entonces dijo Dios: Hágase la luz". Si bien esta versión dispone de apoyo gramatical, tiene menos posibilidades que la traducción tradicional, que ya adoptan los LXX.

4. No parece que su origen sea hebreo, sino más bien acádico. Corresponde al tiamtú o mar primitivo que cubría toda la tierra, personificado en el poema babilónico de la Creación (Enuma Elish) bajo la forma de Tiamat o Tiahamat. Tiene este término la misma raíz que tehom. No importa la vocalización, sino la raíz consonántica, porque en los idiomas semíticos las vocales pueden cambiar fácilmente. Un reflejo de esta concepción del tenebroso Océano primitivo se advierte en el Ps 104,6-9.

5. Para los egipcios este Océano caótico primoridal es un elemento primitivo; para los babilonios es una fuerza mítica indomable. También en el libro del Génesis se encuentra la idea del origen acuático, pero no se halla la lucha entre el Creador y el monstruo del caos personificado. Es más, en la presentación bíblica, el caos es, como hemos dicho, una criatura impotente, inerte y sin vida.

6. Tanto los términos que emplean los LXX (epeféreto) como la Vulgata (ferebatur) expresan este pensamiento. En otros pasajes de la Sagrada Escritura, "el Espíritu de Dios" se traduce por "el aliento de su boca", en paralelismo con el de "su palabra"; por ejemplo en Ps 32,6-9. La Sagrada Tradición -los Santos Padres y la Liturgia- ha visto en el Ruah Yahwéh a la Tercera Persona de la Santísima Trinidad. Esto ha de entenderse no en el sentido de que este misterio haya sido revelado explícitamente en Gen 1,2 u otros pasajes del AT, sino que a la luz de la Revelación cristiana aparezcan ésta y otras expresiones veterotestamentarias como un anticipo velado y un esbozo providencialmente trazado para preparar al pueblo elegido para la suprema manifestación de la vida íntima de Dios en la doctrina trinitaria.

7. La literatura judía postbíblica dice que Dios crea las cosas por medio de su Palabra. La Palabra de Dios es creadora. Y allí entronca, después, el NT para explicar la revelación trinitaria. San Juan tomará de la tradición judaica el concepto de LOGOS, la Memrá, que encontramos en las traducciones arameas de la Biblia, las que leían en las sinagogas palestinenses en tiempos de Cristo y los Apóstoles. Después de hacer la lectura del texto hebreo, como la gente más inculta no conocía esa lengua -era como el latín en el Renacimiento- se hacía la traducción al lenguaje vulgar, el arameo, parecido al hebreo aunque distinto. Estas traducciones que intentaban aclarar las dificultades que podrían tener los oyentes.

8. Sin embargo, esto no quiere decir que el nombre mismo de "día" o "noche" sea de origen divino. Es sólo una manera de dar a entender que la estabilidad de la naturaleza se debe a Dios, que es el único dueño y soberano de todas las cosas --creaturas-- y al nombrarlas los hombres no hacen sino cumplir las ordenes divinas.

9. El término hebreo raquí´a , el firmamento, es concebido como una superficie dura: la raíz raquí´a significa la acción de moldear metales a golpes. La solidez que las versiones antiguas (LXX: steréoma; Vg: firmamentum ) y algunos otros textos bíblicos le atribuyen, corresponde a su destino de mantener separado el Océano celestial del terrestre: "en medio de las aguas".

10. Recordemos que en los relatos cosmogónicos extrabíblicos, el mundo actual es producto de las luchas entabladas entre unos y otros dioses. En la tradición mesopotámica encontramos una multitud de relatos, con diversos matices, de esas luchas entre los dioses, mitificación de las fuerzas de la naturaleza. Si se han mitificado el sol o la luna o el viento o las tormentas es porque se trata de fuerzas superiores al hombre, que no puede dominar.

11. En Gen 1,10, por ejemplo, la palabra erets (tierra) se usa en contraposición al mar, mientras que en Gen 1,1 designaba junto con los cielos el universo y, en cambio en Gen 1,2 hacía referencia a la masa caótica inicial.

12. El nombre dado al océano: yammin (mares) es un plural intensivo; porque también se usa en singular yam con el mismo sentido.

13. Dios manda reunirse las aguas que "están debajo de los cielos" en "un lugar único" según el TM (Texto hebreo masorético). Quizá en vez de maqom (lugar) puede leerse con los LXX miqueweh, es decir, "reunión" (eis sinagogén mía) indicando la formación de una masa única de agua de la que emerge como un islote la tierra, "lo seco", que en hebreo se escribe en femenino con significado de neutro: hayyabashah.

14. Como en los mitos babilónicos y fenicios el Océano (yam y tehom) está representado por los monstruos Rahab y Leviatam, la serpiente fugitiva y tortuosa de muchas cabezas. Pero tales monstruos son también criaturas de Dios, cuya grandeza y poder ponen de manifiesto, quedando convertidos por la victoria divina en fuentes de vida y de bendición para los hombres.

15. El primer día Dios había producido la luz (´or), en el cuarto crea los focos de esa luz; es decir, las lumbreras (me´oroth), el sol, la luna y las estrellas. El vocablo me´oroth significa "receptáculos" de luz, y no fuentes de luz propia: son como faroles que encierran una porción de aquella luz-sustancia creada el primer día. Según una concepción egipcia, los astros estaban atados al firmamento con una cadena. Nada más opuesto a la concepción bíblica que los llama "ejércitos" en razón de su movimiento. También otros textos bíblicos mencionan expresamente el curso del sol y de la luna.

16. Los antiguos intérpretes entienden el verbo ishretsu en sentido causativo, es decir, "hagan pulular las aguas reptil de alma viviente y volátil (que) vuele sobre la tierra". En esta hipótesis la creación conjunta de peces y aves en el mismo día pudiera reflejar la opinión, existente en el mundo griego, de que las aves proceden del agua.

17. En la tradición judía y cristiana, "adán" está empleado como un nombre propio, no genérico, entre otras cosas porque adam, aunque en hebreo significa hombre, sólo aparece en el relato de creación, Adán está tomado, pues, como un individuo, concretamente, el primer hombre. Por tanto, aunque en el texto este término tenga un sentido colectivo, el autor sagrado piensa más en una pareja primitiva que en un grupo de hombres o parejas. La indeterminación de la palabra adam viene subsanada en parte por otra afirmación posterior: "macho y hembra los creó".

18. La versión de los LXX traducen por eikon y homoiosis a selem y demut respectivamente; es decir, el hombre es una imagen de Dios y algo semejante a El. Penetrar en una interpretación más a fondo de lo que esto quiere decir no es nada fácil, ya que el eikon, por ejemplo, no puede tomarse sólo de manera física; esto es claro, porque la noción de Dios en el AT nunca va ligada a un cuerpo. Por eso, cuando se dice que el hombre es "un eikon de Dios" es preciso superar una concepción puramente material. Por el contrario, el término homoiosis no presenta en este sentido dificultad alguna; viene a restar fuerza, a moderar la interpretación excesiva que podría darse a eikon.

19. «Este es el libro de la genealogía de Adám. En el día en que Elohim creó a Adam, a imagen divina lo hizo. Varón y hembra los creó y bendíjolos y los llamó con el nombre de Adam (Hombre) en el día de crearlos. Adam llevaba de vida 130 años cuando engendró un hijo a imagen suya, a su semejanza, al cual puso por nombre Set. Y fueron los días de Adam después de haber engendrado a Set 800 años, y engendró a hijos e hijas. Resultaron, pues, todos los días que Adam vivió 930 años; luego murió» (Gen 5,1-5).

La misma idea de Gen 1,26-27 vuelve a ser objeto de reflexión en el libro de Eclesiástico: En este texto se da a entender que la imagen de Dios se refiere principalmente al poder que Dios dió al hombre sobre los animales. El libro de la Sabiduría relaciona la semejanza con Dios con la inmortalidad bienaventurada, porque el hombre estaba predestinado a la felicidad original y la echó a perder por "envidia del diablo": "Porque Dios creó al hombre para la inmortalidad y le hizo imagen de su mismo ser, pero por envidia del diablo se introdujo la muerte en el mundo, y tienen experiencia de ella los que son de su ámbito" (Sap 2,23-24).

Jn 1,1ss

J. Ratzinger, En el principio creó Dios (Consecuencias de la Fe en la Creación), Edicep, Valencia 2001, pp. 28-29.

El verbo "dominar" viene en plural, tanto en el texto hebreo (weyyirdu) como en el griego de los LXX (arjétosan), lo que nos confirma el sentido colectivo del término adam.

En efecto, los cananeos tenían una agricultura técnicamente muy avanzada; era un pueblo rico y culto; desde luego, mucho más rico y culto que el pueblo elegido a su llegada a la Tierra Prometida. La agricultura cananea estaba entramada con los cultos idolátricos, en concreto, los cultos a la fertilidad. Se han encontrado esculturas de animalillos que se veneraban religiosamente -sobre todo la serpiente-. La prohibición que encontramos en el Decálogo de no hacer "imágenes" de Dios -recordemos el conocidísimo pasaje del becerro de oro en el libro del Exodo- responde a la situación que encuentran cuando llegan a Palestina, donde se dan otras representaciones idolátricas como la serpiente.

En el libro de la Sabiduría se recoge una oración de Salomón que dice así: "Dios de los padres, y Señor de la misericordia, que todo lo hiciste con tu palabra, y con tu sabiduría formaste al hombre, para que domine sobre las cosas creadas por tí, y gobierne el mundo con santidad y justicia, y haga juicio con rectitud de alma: concédeme la sabiduría..." (Sap 9,1-4). Y poco después, en una breve síntesis de la historia humana entre Adán y Moisés, se lee: "Esta (la sabiduría) conservó hasta el final al primer formado, padre del mundo, creado solo, lo liberó de su caída; y le dio fuerza para dominarlo todo" (Sap 10,1-2).

Al final de Gen 1,27 aparecen por vez primera referidos al hombre los términos netamente fisiológicos de zacar (macho) y nequebah (hembra). La declaración sobre la diversidad de sexos en el adam que Dios había creado debe considerarse como una explicación del vocablo adam y como un anticipo de lo que luego se lee en Gen 1,28. Los dos sustantivos zacar y nequebah , con los que se indica que la especie humana formada por Dios constaba de individuos con distintas funciones sexuales, es porque va encaminada tal diversidad a la reproducción de la misma especie humana.

Dios enviará la salvación y para ello volverá a restaurar aquella paz y justicia originarias, consecuencia directa del pecado: "Entonces morará el lobo con el cordero y el leopardo con el cabrito se echará; y el ternero y el leoncillo pacerán juntos, y un niño podrá conducirlos. Vaca y osa pastarán juntos, se tumbarán sus cachorros; y el león como una res vacuna comerá hierba" (Is 11,6-7). Esta descripción expresa con singular fuerza poética la paz que traerá el Mesías; y, por tanto, la desaparición de la violencia, que alcanza hasta el reino animal. Luego el autor sagrado expresa más bien una situación de felicidad primitiva, de paz y de justicia. ¿Qué pudo ocurrir en los orígenes? Hay que tener en cuenta dos cosas. Una primera respecto al pecado: fue anterior a la multiplicación del género humano (biológicamente no parece posible que el hecho pueda ser comprobado). Y en segundo lugar, esta cuestión carece de importancia desde una perspectiva teológica, a no ser la ya indicada de la paz y justicia originales.

 

  

La Biblia y el sentido del Universo (III)

  

  

  

  

Josemaría Monforte

 

Sumario

 

I. Introducción.- II. Los relatos bíblicos sobre el origen del universo: A) El contexto cultural de los relatos bíblicos: Los comienzos de la reflexión sobre el origen del mundo.- Principales "cosmogonías" antiguas.- La revelación bíblica sobre el enigma de los orígenes.- Fondos y legados culturales que subyacen en estos relatos.- Recursos y procedimientos literarios de exposición.

B) Comentario a los textos del relato bíblico: La obra de la creación.- La obra de la distinción.- La obra del ornato.- La creación del hombre.- El descanso sabático del séptimo día.

C) Consideraciones sobre el contenido de los relatos bíblicos.- El Universo material, vivo y activo, busca a Dios.- El ser humano, pieza clave del Universo visible.- Las sombras del Universo y el pecado del hombre.- La restauración del Universo por Cristo.- III. Conclusión: La triple tarea de todo ser humano en el Universo: contemplar, trabajar y consagrar. La visión del Universo en los sabios y en los santos

 

C) Consideraciones sobre el contenido de los relatos bíblicos

 

El Universo material, vivo y activo, busca a Dios


La creación material no está petrificada en una inmovilidad muerta: el universo es algo vivo y pleno de actividad que se encamina hacia su fin. Es un movimiento y una aspiración a Dios. La criatura más humilde ha sido creada a la vez para dar gloria a Dios y para alcanzar su propia perfección, dos fines que constituyen una realidad idéntica. En toda su actividad, la naturaleza alaba a Dios, ya que esta es un clamor y un deseo dirigidos a Dios. El Antiguo Testamento irá desarrollando en temas magníficos las grandes semejanzas divinas que llenan la creación: la luz, que es el vestido de Dios y el resplandor de su faz; el agua, que brota en el desierto, como la gracia en las almas sedientas; los vientos y las tormentas, mensajeros del Dios poderoso; el árbol enraizado cabe las aguas vivas, como el justo en Dios, etc.

El mundo es una inmensa aspiración a Dios por el impulso que lo arrastra a su perfección propia. Porque Dios llama a todas las cosas a la existencia, a la vida, a 1a actividad. No llama desde fuera, sino desde dentro; no las llama con palabras, sino formando los seres, dándoles estructura y orientándolos a su fin. Podríamos decir que llama al agua del torrente haciéndola brotar del glaciar, y saltar sobre las rocas para incoar al sol deslumbrante su canción. Llama a la rosa abriendo sus pétalos de púrpura que derraman el perfume que da vida a los dioses. Llama al pájaro soltándole al vuelo para picotear y cantar a su manera en universal sinfonía. Las criaturas responden a esta llamada. Se entregan al impulso que las arrastra, desarrollan la actividad que las apremia y, por esta feliz docilidad, lo que ellas anhelan es su perfección propia: para el agua, correr; para la rosa, florecer; para el pájaro, cantar. Con mayor profundidad aún, lo que desean y hallan sin saberlo en esta expansión de su ser, es a Dios mismo(1).


El ser humano, pieza clave del Universo visible


La perspectiva bíblica sobre el universo es precisamente la del sentido y valor del cosmos para el hombre. El creyente no se considera "amo del mundo", sino que se autocomprende como "guardián" del universo en cuanto realidad dotada de sentido. De ahí también que el universo clame especialmente por el ser humano. Hoy comprendemos mejor que antaño cómo todo ha sido creado para el hombre. Un gran número de ciencias, dedicadas a la historia de la vida, nos invitan a concebir el universo como un inmenso viviente que poco a poco alcanza la organización más perfecta, en el sistema nervioso, en la capacidad cerebral y en la conciencia. Todo se orienta hacia el hombre.

Poniendo en manos de Dios el sentido último de las cosas, la fe le quita a la ciencia --y al poder del hombre al que sirve--, sus pretensiones totalizantes. Más aún, la visión sugerida por la ciencia es afirmada como verdad religiosa en el Génesis, al dividir la obra creadora en tres etapas: elementos, seres vivos, hombre; y al llamar al hombre «fruto maravilloso de la tierra y obra propia de las manos divinas», rey de la creación. Él, en efecto, está íntimamente unido a la naturaleza en el orden vital, moral y religioso. Forma con ella un todo orgánico que encuentra su sentido y su perfección en la gloria de Dios.

Mas solo él puede, con plena conciencia, con el conocimiento y el amor, llevar el mundo hacia Dios dándole gloria. Así pues, está unido a la naturaleza para dominarla y perfeccionarla. Es el animal que domina(2), mas para servir y rendir homenaje. De este modo es verdaderamente rey y sacerdote de la creación. En suma, el mundo desea y llama al hombre para poder unirse con su Señor. La naturaleza aparece como la gran criatura fraternal que, a la vez, ayuda y anhela, que únicamente puede sosegarla, dándole un alma y una voz para honrar a su Dios.

 

 

 


Las sombras del Universo y el pecado del hombre


Un dato entre otros muchos de la experiencia cultural del ser humano. Todas las literaturas desde tiempos antiguos nos transmitan --genialmente orquestadas-- las llamadas contradictorias de una misma creación, unas veces a la embriaguez sensual, carnal, panteísta; otras veces a la pureza, la alegría, y la alabanza de Dios. Para unos, la naturaleza misma es una inmensa incitación al placer y al amor carnal y, para otros, es maternal, respira pureza y canta a Dios a pleno pulmón. ¿Cuál es la razón de semejante dualidad? La naturaleza creada recitará siempre la lección dionisíaca y la lección cristiana, porque lleva en sí esta doble posibilidad y porque pertenece al hombre actualizar la una o la otra, liberando o descarriando la creación, al mismo tiempo que se perfecciona o se mutila a sí mismo.

La naturaleza y el hombre forman un todo, que es el universo. Sin embargo, la creación --lo mismo que el cuerpo-- se vuelve opaca, resistente y tentadora para el hombre. En su mayor parte, en lugar de revelar a Dios, le oculta. Hace más difícil el esfuerzo, en vez de facilitarlo, y su misma belleza se convierte en tentación maléfica para nuestras concupiscencias. Pero todo ello, a su pesar y contra sus tendencias íntimas; todo porque el pecado del hombre ha trastornado la hermandad y la concordia. Por el pecado del hombre se encuentra afectada y a la deriva. El Génesis lo advierte al subrayar en el relato de la caída originaria(3) la sorda hostilidad que el pecado estableció entre el hombre y la naturaleza: dos miembros del universo en adelante mal avenidos. Por ti será maldita la tierra; con trabajo comerás de ella todo el tiempo de tu vida. Te dará espinas y abrojos y comerás de las hierbas del campo. Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra...(4).

Todos los aspectos luminosos de la creación, de los que antes hablábamos, son reales y radican en su esencia, pero aun aquí se infiltran las sombras y a veces las tinieblas que se derivan de su estado de naturaleza caída. Pero también encontramos claridades desconocidas, originadas por la Redención. Esta es la luz de la fe, claridad para los creyentes. El aspecto trágico del universo ha sido puesto de relieve por San Pablo en aquel texto célebre y difícil de su Carta a los Romanos: Porque el continuo anhelar de las criaturas ansía la manifestación de los hijos de Dios, pues las criaturas están sujetas a la vanidad, no de grado, sino por razón de quien las sujeta, con la esperanza de que también ellas serán libertadas de la servidumbre de la corrupción para participar en la libertad de la gloria de los hijos de Dios. Pues sabemos que la creación entera hasta ahora gime y siente dolores de parto, y no solo ella, sino también nosotros...(5). Repetimos que aquí no hay ninguna enseñanza de orden físico o científico, sino únicamente de orden espiritual y religioso. San Pablo insiste en la esclavitud que el pecado del hombre impuso a la criatura, sometida a la «vanidad», al mal uso, a esfuerzos inútiles, tentativas absurdas, entregada a la «corrupción», a las empresas viciadas y criminales para el ser humano.

Si despojamos a este panorama de su carácter «dramático», nos queda la afirmación del vínculo necesario entre el estado del hombre y el del cosmos. El cosmos no tiene sentido sino desde el hombre, que es su resumen y prototipo. Cuando el hombre cometió el primer pecado, se resintió --aunque no llegó a romperse-- la unión entre el alma y el cuerpo y, por lo mismo, la que existe entre el hombre y el universo se encuentra descabalada y en continuo peligro de quiebra. El alma no domina ya su cuerpo con el mismo vigor que antes, ni señorea la prolongación de su cuerpo, que es el mundo, con la misma fuerza avasalladora(6).

 

 

  

La restauración del Universo por Cristo


Del mismo modo que el cuerpo no está sometido como debía al alma, así el universo tampoco se sujeta al hombre. Mientras el alma no recobre por la gracia el poder de transformar su cuerpo, el mundo no alcanzará su liberación. Esta unidad, que puede parecernos arriesgada
(7), está garantizada por la tradición(8). El alma, el cuerpo y el mundo nos ofrecen una terrible continuidad y un campo propicio para los estragos del pecado. Pero también para las compensaciones de la gracia, Cristo vino para salvar al mundo: se hizo hombre como nosotros, y por su encarnación --Dios con alma y cuerpo-- se apropia los elementos espirituales y corporales del universo. El pecado del hombre acarreó el desconcierto y la ruina de todas las cosas.

La venida de Dios hecho carne, su renovación y restablecimiento; la bendición de Dios, presente y activa en Cristo, devuelve al hombre y a las cosas su sentido espiritual y su aspecto divino(9). Cristo, en efecto, vuelve a tomar las criaturas para revelarnos su misterio: Yo soy la luz que ilumina a todo hombre que viene a este mundo...; Yo soy la fuente que salta hasta la vida eterna...; Yo soy la vid que hace circular la savia en los sarmientos». Y para decirnos su nombre, acude a esta bella imagen que cierra casi la Revelación: Yo soy la Estrella brillante, la Estrella de la mañana(10). El cristiano puede contemplar las estrellas y abismarse en su belleza; porque son una imagen, un llamamiento de esa estrella que verá un día, ese día en que la Estrella de la mañana brille en su corazón(11).

Cristo vino para reavivar el progreso del mundo y no para detenerlo. La Redención está realizada solo en principio, en germen y en esperanza. Sobre la tierra se halla en estado de primicia, de iniciación y promesa. Nada hay definitivo ni perfecto. Especialmente lo material y corpóreo no ha encontrado su verdadera transfiguración. El bien y el mal operan en la creación lo mismo que en el hombre bautizado. Por eso puede explicarse el clamor que la creación dirige al hombre. Pide su liberación: ser rescatada y redimida cada día, transformada definitivamente, al mismo tiempo que el hombre sea plenamente hijo, libre y glorioso. Porque así ella, también libre, dócil y transparente, no será más que un medio de alabanza en manos de los hijos de Dios.

Pero, mientras la creación esté esperando y gimiendo, permanece para nosotros ambigua. Caída y redimida, permeable al pecado y a la santidad, está entregada sin defensa al corazón del hombre. Su sentido y función dependen de la elección de la libertad espiritual. El mundo cambia de aspecto según el hombre mire con ojos purificados por la gracia o empañados por el mal; según obedezca a las fuerzas espirituales profundas, indestructibles, o a los instintos carnales que le tiranizan con demasiada frecuencia; según respire en una atmósfera de pecado o en la paz de Dios. El hombre encuentra en el mundo lo que él es y lo que busca. Incluso, a veces, lo que su voluntad no quiere buscar y su apetito indócil añora(12).

 

III. Conclusión

 

La triple tarea de todo ser humano en el Universo


Con estos presupuestos y antes estas realidades, tratamos de concluir haciéndonos esta pregunta: ¿cuál es --o debe ser-- la postura ante el universo de todo ser humano, y en particular del cristiano? En la contemplación capta su belleza y su fealdad porque está herida por el pecado, y como creyente el cristiano trata de comprender la redención obrada por Cristo para ofrecerla a Dios. El hombre sigue siendo el «rey» y el «sacerdote» de la creación. Como rey debe dominarla y orientarla hacia Dios; como sacerdote debe consagrarla a Dios. Toda su actividad debe estar empeñada en esta tarea, que se desarrolla en tres ámbitos:


1º) En primer lugar, en la realidad santa que nos rodea, el hombre debe descubrir el sentido inteligible, el sabor espiritual, la belleza venida de arriba. Es la actividad de contemplación, que es en sí misma un fin. Al encontrar la huella de Dios escondida en todas las cosas, y darle un nombre y una voz, el cristiano perfecciona interiormente al universo. Pero no se trata de pensar, con un espiritualismo desencarnado, que el cristiano observa la creación como una especie de signo abstracto de la presencia de Dios. Las cosas atesoran liberalidad creadora, ser y valor. El cristiano debe reconocer la belleza del Universo, bajo todos sus aspectos, en toda su profundidad.

Para empezar, contemplará la realidad sencilla como real y existente, dotada de esa belleza propia que le confiere su propia existencia. Con todos los elementos deliciosos, sabrosos y abundantes que ella encierra, con la gracia misteriosa que está unida a la menor partícula de ser y al menor detalle, con la sublimidad sagrada que emana del bosque, de las montañas y del mar(13). Y en esta perspectiva, la atención maravillada hacia todo lo real es perfectamente cristiana, y todo cuanto sirve para traducirla genialmente debe ser para nosotros motivo de alegría.

También podemos contemplar la realidad como algo cercano y fraternal, es decir, como una fuente o un eco de nuestras emociones, como una imagen de nosotros, ya que es hija del mismo Padre, como una llamada al llanto y a la alegría; como una invitación a expresar por ella nuestra vida interior La fraternidad es tan profunda entre estas dos criaturas del mismo Dios, que toda el alma humana está en resonancia --espontáneamente-- con toda la creación. He aquí por qué la naturaleza ha hablado siempre a los hombres de su vida, de su muerte, de sus amores, de sus miserias, de su fragilidad e inconsistencia ante el Infinito.

Finalmente, el cristiano puede contemplar la realidad como una huella divina, como un reflejo directo y una llamada apremiante de Dios. La creación es, en este plano, una revelación natural de Dios, conforme a la palabra de San Pablo: Desde la creación del mundo, lo invisible de Dios, su eterno poder y su divinidad son conocidos a través de las criaturas salidas de sus manos(14).


2º) Además, todo hombre, cada ser humano debe modelar el universo, debe «cuidar y cultivar» --trabajar-- el jardín en el que Dios le puso
(15). En el hombre, ciertamente, la actividad de su vida interior es más profunda que su actividad organizadora. Por eso, la tarea contemplativa --fin-- es más profunda que la actividad del trabajo --medio-- . Dios, sin embargo, confía el universo al hombre para que grabe en él su impronta, para que le dé una figura y un aspecto humanizados, para que lo perfeccione integrándolo en su vida. Reconocer a Dios no sólo en el espectáculo de la naturaleza, sino también en la experiencia de nuestra propia labor, de nuestro esfuerzo(16). Una buena parte de la actividad humana está consagrada a esta tarea: la que aquí hemos llamado actividad organizadora, cuya función propia es comprender, organizar y dominar el mundo en orden a su excelencia.

Pero lejos de quedar aprisionado por las técnicas que descubre, ha de inventarlas para la realización de sus fines espirituales. El cristiano trabaja con vistas a extraer las energías o riquezas del mundo, a eliminar de la tierra las malas raíces y las espinas, a penetrarla con ideas y resultados inteligibles, a hacer de ella un himno jubiloso. Bajo este aspecto, el hombre es verdaderamente homo faber. El trabajo de cultivo, cuyo esfuerzo milenario hace florecer las mieses y las viñas; el trabajo de organización que, mediante carreteras, puentes y diques, convierte la tierra en instrumento dócil para toda empresa humana; el trabajo de transformación que, mediante la electricidad, el avión, la radio, capta las energías invisibles..., son otros tantos esfuerzos por los cuales el hombre humaniza el universo y lo hace a los ojos de Dios más bello que antes.

«Las criaturas no humanas presentan un valor instrumental respecto al hombre, en cuanto que están ordenadas a su fin. Pero poseen un valor intrínseco y, bajo Dios, absoluto, en cuanto que son una parte inviolable de la creación misma. Responsabilidad del hombre es descubrir y respetar en el uso de las criaturas, el equilibrio entre su valor instrumental y su valor intrínseco. Lo cual es una cuestión de recta creencia, sabiduría y percepción espiritual»(17). Por ser útil y bello, el trabajo tiene un admirable sentido humano, y por eso podemos explicarnos el nacimiento de una espiritualidad del trabajo, en que la energía lúcida, el vigor ingenioso, el entusiasmo por la obra perfecta pueden emplearse a fondo.


3º) El cristiano, en fin, no solo contempla la creación y la modela, sino que la consagra a Dios. Para esto ha sido creada. Es tan bella que en su presencia no tenemos libertad de elección: o la adoramos o la entregamos a Dios. La función última y suprema del hombre es hacerla volver al Señor, adorando a través de ella al que la ha creado y llenado de sí. ¡Benditas sean todas las cosas que han salido de las manos de Dios y son para Él! (Benedicite omnia opera Domini Domino). En realidad, este retorno se realiza por Cristo. Él está en el origen de la creación como su modelo. Él la ha redimido y la ha hecho permeable a la gracia. Él la utiliza para llevar su vida a sus hermanos y la consagra a Dios por medio de la Eucaristía. El hombre es el sacerdote del Creador en el Universo. No es esta una ficción poética. Es una verdad rigurosa, ya que por Cristo todos los seres vuelven a Dios, aun la misma creación material
(18).

Podríamos precisar más aún este tema. El universo, herido por el pecado y salvado por Cristo, retorna a Dios en la Santa Misa, centro del culto cristiano. El pan y el vino son los frutos de la tierra y del esfuerzo humano; representan la creación entera y el trabajo de los hombres. Fueron precisos muchos sudores y fatigas a lo largo de los días para hacer germinar las espigas y los racimos y poder con ellos fabricar el pan y el vino. Todo trabajo humano se encuentra, de este modo, resumido, ofrecido y santificado, en la Eucaristía. La contemplación cristiana del universo toca en este punto su límite.

La santidad de la creación se nos hace presente por el pan y el vino, que han de cambiarse en Cuerpo y Sangre del Señor quien permanece presente entre nosotros bajo velos materiales. Velos reales y consistentes, pues las especies conservan la virtud de alimentar y calmar la sed. Velos transparentes, pues únicamente subsisten y se nos manifiestan por obra de Cristo. De este modo, cuando nuestros ojos descansan en la sagrada hostia, contemplamos la tierra en sus velos reales y apariencias verdaderas, mediante las cuales Dios se nos trasluce.

Más aún: al convertirse el pan y el vino en Cuerpo Sangre de Cristo, no sólo son santificados, sino que se vuelven santificantes. Nos comunican el principio de toda vida y santidad. Misterio admirable y, al mismo tiempo, encantador. La pesada, opaca y peligrosa materia ha cesado ya de truncar nuestras esperanzas. Ante nuestros ojos se espiritualiza, se transforma en su Creador, llega hasta Dios lo mismo que la humanidad. Se convierte, por eso, en camino por el que los seres humanos ascendemos hasta Dios.


La visión del Universo en los sabios y en los santos


Todo el universo es, pues, un inmenso libro vital e inagotable donde las cosas se nos manifiestan mutuamente y nos manifiestan a Dios. Pero este libro permanece misterioso. Las ideas divinas están encarnadas en una materia que las expresa y las vela al mismo tiempo
(19). En consecuencia, la creación es un libro que requiere una recta interpretación para alcanzar el verdadero sentido de la existencia humana.

Este libro lo pueden y deben leer e interpretar todos los seres humanos y es competencia sobre todo de los sabios y filósofos, si bien los destinatarios privilegiados podríamos decir que son los poetas y los santos. ¿Por qué? Porque es típico de los poetas adivinar lo espiritual en lo sensible; lo peculiar de los santos es, en cambio, contemplar con ojos de niño la obra de su Padre, admirando en su belleza el amor y el poder del Señor(20). En dos planos diferentes y de profundidad distinta, aunque correspondientes entre sí, el poeta y el santo trabajan fraternalmente. Por esto es tan fácil al santo ser poeta, y por eso, igualmente, la Biblia es, a la vez, Palabra de Dios y resplandeciente poesía.

Dicho de otra manera, se puede considerar a las criaturas bajo dos aspectos: como cosas o como signos. En el primer caso, nos orientamos por el camino del conocimiento filosófico y reflexivo, técnico y riguroso. Lo esencial es que, si algo existe, existe Dios. Importa poco el punto de partida. En todo caso, el más depurado será el mejor. La metafísica clásica aparta la mirada de los rasgos que nos deslumbran y están sujetos a mudanza, para no retener sino la existencia inteligible. El problema no está en el espectáculo, sino en el análisis de la creación, que debe terminar en una razón suficiente, en una plenitud absoluta que llamamos Dios. Este conocimiento es inalterable e indispensable en su esfera. Pero en su forma rigurosa y científica está reservado a los sabios, que pueden valorar su alcance.

En el segundo caso, en cambio, se trata de un conocimiento mucho más espontáneo, y simple: es más bien en mirar la creación que analizarla. El hombre posee, en efecto, lo que podríamos llamar instintos espirituales, que lo hacen capaz de aspirar a los más altos valores: verdad, bondad y belleza. Y aún posee un instinto que sintetiza y trasciende a todos los demás, que le hace aspirar hacia Aquel que es, a la vez, la Verdad, la Bondad y la Belleza: este instinto fundamental es el instinto religioso. Gracias a él, Dios se instala en el horizonte del pensamiento humano como algo presentido y anhelado. El menor contacto puede, por consiguiente, revelárnoslo.

En el "espectáculo" de las cosas creadas, el hombre reconoce, confusa, pero seguramente, la mano del Creador. El mar, los bosques, las montañas le hablan de Dios con su inmensidad, su poder y su pureza. Y lejos de ser una ocupación peligrosa o un pasatiempo tolerado, la consideración de las criaturas es en la Iglesia un método tradicional de unión con Dios. Baste citar un maestro, que fue, a la vez, místico, teólogo y poeta, San Juan de la Cruz, el cual nos ha trazado la senda de este retorno hacia Dios(21).

¿Cómo extrañarnos de que un poeta cristiano haya cantado, a su vez, al espíritu y al agua, poniendo de relieve algunos de los símbolos que en ella abundan: el espíritu, la gracia, las lágrimas penitentes y hasta el hombre transfigurado por Dios? Santa Teresa, por ejemplo, veía en el agua el modo de explicar su alma: «No hallo cosa más a propósito para declarar algunas de espíritu que esto de agua; y es, como sé poco y el ingenio no ayuda, y son tan amiga de este elemento, que he mirado con más advertencia que otras cosas»(22). En realidad, este conocimiento depende, normalmente, del estado del alma. La educación puede desarrollarlo o paralizarlo, y solo produce sus frutos ciertos en el alma de mirada pura, la cual solamente puede conseguirse mediante la humildad, la pureza y el desprendimiento(23). Es necesaria toda una ascética para llegar a conseguirla. Por eso, el vulgar turista jamás conocerá la alegría del alpinista que alcanza la cumbre agotado por el esfuerzo, el sol y la sed; perdido entre las nieves silenciosas y el cielo luminoso, escucha las alabanzas puras que la tierra canta a su Dios. Pero más aun que el esfuerzo, es necesario el don de Dios, una gracia que esclarezca el alma y las cosas, las ponga en comunicación y las haga hablar --fraternales-- de su único Señor(24).

El sentido y futuro de nuestra existencia terrena solo lo podremos mantener si no perdemos la creación; es muy difícil contestar a dónde vamos si no sabemos de dónde venimos, de la misma manera que no sabríamos qué hacer si desconocemos quiénes somos.

 

Notas

1. Cfr Santo Tomás de Aquino, Contra gentes, III, cap. 24. Se lee en la Escritura santa: «Los astros brillan en sus atalayas, y en ello se complacen. Dios los llama y ellos contestan: henos aquí. Lucen alegremente en honor del que los hizo» (Ba 3, 34- 3).

2. San Gregorio de Nisa: In verba «Faciamus...», PG 44,264.

3. Cfr. Gen 3.

4. Gn 3,17-19.

5. Rm 8,18-23.

6. Cfr Santo Tomás de Aquino, S. Th. I, q. 96, a.2.

7. Cfr Ibid. S. Th. I, q. 65, a.1.

8. Oigamos, por ejemplo, a San Juan Crisóstomo: «La creatura será liberada de la esclavitud de la corrupción, es decir, no será ya más corruptible; pero esta liberación acompañará a la transformación de tu cuerpo. Lo mismo que al hacerse corruptible tu cuerpo, la creación también se corrompió; cuando tu cuerpo se vea libre de ella, la creación será participe de tu triunfo y te seguirá de nuevo» [In Rom 14,5: PG 60,530; San Agustín, Civ. Dei: 14,2].

9. En las aguas del Jordán, por ejemplo, que bañaron al Señor y, recibieron ese día el derecho de servir para el bautismo [San Ambrosio], Cristo santificaba y reorientaba toda la creación hacia Dios: «Sale de las aguas levantando consigo al mundo y ve abrirse los cielos que Adán había cerrado para sí y para toda su descendencia» [San Gregorio, Orat., 39,16: PG 36,352]. Todo esto no es más que el comienzo y la esperanza.

10. Cfr Apc 22,16

11. 2 Pe 1,20.

12. En una profunda página, Guardini ha notado, a propósito del agua, la ambivalencia de la creación: «Esta ambigüedad demoníaca del agua, tan fuertemente expresada en el ritual de la bendición, la ha sentido cada uno de nosotros: en el flujo incesante de un gran río, en el profundo remolino, en el sordo rumor líquido. El agua es a la vez dulce y terrible, cristalina y enigmática, origen de vida y de muerte. En ella se encuentra el Maligno, lo mágico, lo fascinante y pagano. Quien no ha experimentado este contraste desconoce la naturaleza. La liturgia lo conoce bien y sabe que en la naturaleza anidan las mismas potencias que en el alma. Lo satánico vive en las cosas y antes de que sirvan para Dios deben ser purificadas de antemano. El espíritu maligno y pagano debe ser arrojado de ellas. La liturgia esclarece el misterio de la ambigüedad profunda de la naturaleza y la potencia de sus fuerzas elementales, a cuyo respecto la gran cuestión consiste en saber en qué manos están. Por aquí vemos cuán pocos señores y soberanos somos de nosotros mismos y que en lo más profundo de la esencia de todo ser creado bulle la dependencia de un rector... Con relación a las cosas, la misión de la liturgia es conducirlas del dominio del mal al del bien, de la mano del príncipe del mundo a la del Padre. De este modo, del agua, del elemento pernicioso y peligroso que nos produce a veces el escalofrío de la angustia, nace el elemento límpido y puro, «útil, precioso y casto». Pura y purificante, fecunda y fecundante, el agua ha llegado a ser el símbolo de la vida sobrenatural» [El Espíritu de la Liturgia, p. 70].

13. Este gusto por los seres, por lo real, por la vida, es perfectamente cristiano. San Francisco de Asís lo poseía en grado extraordinario. No se evadía hacia el sentido abstractamente religioso de los seres creados, sino que penetraba en su valor individual y se unía a su dicha infinita de poder existir Cantaba al sol, «hermoso y radiante»; al agua, «útil, humilde, preciosa y casta»; al fuego, «hermoso y alegre, poderoso y fuerte». Cada una de estas criaturas, por su ser y por su variedad, constituían para él una imagen y una palabra de Dios y, por consiguiente, se le veía regocijarse de tal manera interior y exteriormente ante los seres creados, que, cuando los tocaba o miraba, su espíritu parecía estar en el cielo y no sobre la tierra.

14. Rm 1,20.

15. Cfr Gen 2,7.

16. Cfr Beato Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, Rialp, Madrid, 1973, nº 49

17. J. Morales, El Misterio de la Creación, Eunsa, Pamplona 1994, p. 326.

18. Es una verdad tradicional en la doctrina cristiana. Ya San Ireneo la desarrolló con admirable realismo, presentando la Eucaristía como el sacrificio de las primicias, por el que se opera el retorno de la creación hacia Dios. Citemos algunos fragmentos de ese espléndido pasaje: «Cristo ordenó a sus discípulos ofrecer a Dios las primicias de sus criaturas, no porque Él tenga necesidad de ellas, sino para que sus discípulos no sean ineficaces ni ingratos. Por lo cual tomó el pan, que forma parte de la creación, dio gracias y dijo: Esto es mi Cuerpo. De igual modo manifestó que el cáliz --parte de nuestro mundo creado-- era su propia Sangre, enseñándonos que esta era la oblación del Nuevo Testamento, anunciada por Malaquías... Debemos, pues, presentar a Dios nuestras ofrendas y en todo manifestarnos agradecidos a nuestro Creador, ofreciéndole --con palabras sinceras y verdadera fe, con firme esperanza y ardiente caridad-- las primicias de sus criaturas.

Solamente la Iglesia ofrece al Creador esta ofrenda pura, presentándole con reconocimiento alguna de sus criaturas. Los judíos no la ofrecen, pues sus manos se encuentran empapadas en sangre y no han recibido al Verbo, que es la ofrenda de Dios. Tampoco las sectas heréticas, pues algunas dicen que el Padre no es el Creador, y al ofrecerle lo que ha sido creado para nosotros, le muestran ávido y deseoso de lo que no le pertenece. Otros dicen que todo ha sido creado por causa de la caída, de la ignorancia y de la pasión, los cuales, al ofrecer a Dios los frutos de la caída, de la ignorancia y de la pasión, pecan contra el Padre, pues le injurian más que aquellos que nada le ofendan. ¿Cómo creerán ellos que este Pan, sobre el que recae la acción de gracias, pueda ser el Cuerpo del Señor y que el cáliz contenga su Sangre, si no reconocen al Señor como Hijo del Creador del mundo, es decir, su Verbo, por quien los árboles fructifican, los manantiales fluyen, la tierra da primero la hierba, después la espiga y, en fin, la plena madurez del trigo en ella?... Presentárnosle, pues, nuestras ofrendas, no porque Él tenga necesidad de ellas, sino para glorificar su dominio universal y santificar sus criaturas» [Adversus haereses, IV,17: PG 7,1023 y 1026-29].

19. Llegan a nosotros, no como una voz clara, sino, decía San Gregorio, como un murmullo [Morale, V,29: PL 75,707].

20. En el cielo como «el trono de Dios», y en la tierra como «el escabel de sus pies» como se lee en Mt 5, 34-35.

21. El alma que ama a Dios le busca en las criaturas, las interroga; es decir, considera en ellas la obra de su Creador, se alegra de esta huella de Dios y, finalmente, «en la viva contemplación y conocimiento de las criaturas, echa de ver el alma con gran claridad, haber en ellas tanta abundancia de gracias y virtudes y hermosura de que Dios las dotó, que le parece estar todas vestidas de admirable hermosura natural, derivada y comunicada de aquella infinita hermosura sobrenatural de la figura de Dios, cuyo mirar viste de alegría y hermosura el mundo y todos los cielos...» [Cántico espiritual, canción V]. Toda esta belleza no conduce sino a herir el alma y hacerla desear con mayor anhelo la vista del mundo.

22. Cfr. Moradas, IV,2. San Cirilo de Jerusalén ha desarrollado el tema evangélico del agua y de la gracia: «¿Por qué el Salvador llama agua a la gracia del Espíritu? Porque mediante ella han sido constituidos todos los seres. El agua fertiliza la hierba naciente, difunde la vida. Del cielo viene el agua de las lluvias; cae siempre de la misma manera, pero obra de diferentes modos. Una sola fuente regaba el Paraíso. Una sola y misma lluvia cae también sobre el mundo y se hace blanca en la azucena, roja en la rosa, oscura en la violeta y en el lirio, diferente y variada en todas las especies. Distinta en la palmera que en el viñedo. Sin embargo, constituye el todo para todas las cosas. La lluvia es de esencia única e idéntica a sí misma. No cambia para caer de un modo diferente en los diversos lugares, sino que se adapta a los seres que la reciben, siendo para cada uno lo que más le conviene. Del mismo modo, el Espíritu Santo, que es uno y de esencia indivisible, distribuye a todos la gracia según su voluntad» [catec. 16,12: PG 33,933].

23. La humildad, porque se trata de salir al encuentro de Dios, y Dios no se descubre más que a los humildes. Las criaturas no revelan su secreto sino a los que se abren para recibirlo. La pureza, pues solo ella puede clarificar nuestra mirada, iluminar nuestros ojos, hermanar con Dios nuestro corazón y, como consecuencia, hacernos transparentes a la irradiación divina. Y el desprendimiento, ya que buscar la posesión de las criaturas de un modo egoísta las rebaja, aprisiona y oscurece y, por ello, las cosas no tienen ya para él gusto ni luminosidad. La verdadera visión de la naturaleza se adquiere mediante una vida austera, de fatiga y trabajo.

24. Antes hemos citado el texto de Guardini sobre la «ambigüedad demoníaca» del agua. Sin embargo, para el alma purificada, el agua es una cosa muy distinta: un instrumento, una imagen, una de las criaturas más expresivas de Dios. Tertuliano escribió, casi sin quererlo, las alabanzas del agua, a propósito del bautismo: «En el principio creó Dios el cielo y la tierra. La tierra era invisible y sin estructura, y las tinieblas cubrían el abismo, y el Espíritu Santo descansaba sobre las aguas. Ahí tienes, hombre, el motivo para respetar primeramente la antigüedad de las aguas. Ellas constituyen la sustancia primordial. Mira también su dignidad, pues son el reposo del Espíritu divino, más hermosas que todos los demás elementos. No había más que tinieblas informes, sin el adorno de los astros, un inmenso abismo, una tierra en desorden, un cielo deshabitado. Tan solo el agua, materia siempre perfecta, graciosa y simple, pura en sí misma, se extendía a los pies de Dios, digna de ser su triunfal carroza. ¿Por qué admirarnos de que Dios haya ordenado el mundo por medio del agua, madre de la armonía? [De Baptismate, 2: PL 1,1202].

 

 

"Obras todas del Señor, bendecid al Señor".-

«Las catástrofes naturales nos sitúan en la verdad. A pesar de tantos progresos, no estamos en grado de poder gobernar la realidad en su totalidad. No encontramos respuesta a estos hechos porque hemos perdido el sentido de la grandeza de Dios»

 

 

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Por qué no soy musulmán. Ibn Warraq. Ediciones del bronce. 


«La Iglesia llama a la resistencia dondequiera que se mande hacer el mal»

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).