Sunday 19 February 2017 | Actualizada : 2017-02-03
 
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2005 - Tan sólo en Arabia Saudí (gobierno monárquico-musulmano), China (gobierno totalitario comunista), Estados Unidos (gobierno democrático)  e Irán (gobierno islámista) murieron 2.020 personas condenadas a muerte. Durante 2005 se condenó a muerte a 5.186 personas en 53 países.

 

 

Solo en el año 2005 –en China- fueron condenados a muerte y ejecutados no menos de 3.400 detenidos. En el año 2006, fueron no menos de 5.000 detenidos, sin hablar de los desaparecidos.

1997 - Las autoridades chinas ocultan celosamente sus estadísticas letales, consideradas como «secretos de estado». Las últimas cifras fiables corresponden a 1994 (2.496 sentencias y 1.791 ejecuciones) y a 1995 (3.612 condenas y 2.535 muertes). En Estados Unidos, por aquello de las inevitables comparaciones, han muerto ejecutados 300 presos desde que se reimplantó la pena capital hace veinte años. El endurecimiento de las penas, en cualquier caso, hará cumplir los compromisos del Partido Comunista, que quiere celebrar su congreso de este año -1997- el XV de su historia- con sus ciudades «limpias de delincuentes».

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24.VIII.2007 -

 

Respecto a la Inquisición, la BBC de Londres -uno de los medios más prestigioso del mundo- emitió un documental sobre el tema. Yo pude verlo en TV cuando se emitíó hace unos años. En Internet sólo encontré el siguiente comentario del diario El País :

-----comienzo de la cita---------


LA FALSA HISTORIA DE
LA INQUISICIÓN ESPAÑOLA.
Un
programa de la BBC refuta el mito del Santo Oficio como paradigma del terror

LOLA GALÁN. Londres.
Las siniestras salas de tortura dotadas de ruedas dentadas, artilugios quebrantahuesos, grilletes y demás mecanismos aterradores sólo existieron en la imaginación de sus detractores.

Sin embargo, todavía hoy su nombre se invoca como sinónimo de represión, oscurantismo y crueldad. ¿Qué mecanismos del destino convirtieron a la Inquisición española en el más duradero ejemplo de terror? La respuesta, de acuerdo con los exhaustivos datos recabados por una nueva generación de historiadores internacionales es sencilla: el Santo Oficio se enfrentó a una gigantesca maquinaria propagandística. Los efectos de la tergiversación, promovidos por el mundo protestante gracias a la imprenta, han sido tan duraderos que todavía hoy el término inquisición o inquisidor se identifican con horror, tortura y asesinato en todos los idiomas.

Resulta paradójico que haya sido la BBC -la televisión pública británica- la encargada de reconstruir la imagen de una institución tan española. El domingo, un programa nocturno de máxima audiencia -Time Watch- mostró el verdadero rostro de un tribunal creado por los Reyes Católicos para luchar contra la herejía. Expertos de la talla de Henry Kamen, Stephen Haliczer o los profesores españoles José Álvarez-Junco y Jaime Contreras reconstruyen en el reportaje El mito de la Inquisición española el verdadero paisaje de una institución, aunque no defendible a los ojos del siglo XX, sí intencionadamente desvirtuada.

Una institución controlada por abogados reacios a aplicar la tortura y mucho menos inquisidores que sus homólogos de Francia, Alemania o Inglaterra, donde sin necesidad de un tribunal específico se asesinó tres veces más herejes, brujas o personajes más o menos excéntricos. Para el profesor de la Universidad de Illinois, Stephen Haliczer, los propios archivos de la Inquisición son elocuentes: En cerca de 7.000 casos, apenas se aplica algo parecido a la tortura en un 2%.

En 350 años de historia represiva, y mientras la leyenda habla de millones de asesinatos, la cifra real de víctimas se sitúa entre 5.000 y 7.000 personas.


A lo largo de cincuenta minutos, el programa de la BBC, coproducido por el historiador e hispanista Nigel Townson, lleva su afán de reconstrucción de la verdad histórica hasta la figura de Felipe II, auténtica bestia negra de la imaginería internacional. La política de Felipe II es perfectamente discutible.
A mí no me resulta particularmente simpático -explica en el programa el profesor Álvarez-Junco-, pero su hijo Carlos era simplemente un adolescente de mala salud que murió en un accidente. Convertirle en el paladín de la libertad como ha hecho la historia, en el joven libertador de los Países Bajos, que cae asesinado por su padre, como cuenta la ópera de Giuseppe Verdi, Don Carlos, resulta uno de los casos de injusticia histórica más sangrantes.

--------fin de la cita---------

Con respecto a Galileo -por si le interesa el tema- se recomiendo los siguientes artículos del periodista italiano Vittorio Messori:

http://www.conoze.com/doc.php?doc=3474

http://www.conoze.com/doc.php?doc=3475

http://www.conoze.com/doc.php?doc=3475

http://boards5.melodysoft.com/app?ID=SellodeDios&msg=686

 

La Iglesia no comete anomalías porque Cristo es Cabeza de la Iglesia. Las deficientes, imperfectas o malas acciones, corresponden a los hijos de la Iglesia. Puede haber actos que a los ojos de otros siglos no corresponden a nuestra sensibilidad. Un ejemplo hodierno: con el dinero de nuestros impuestos se pagan asesinatos aberrantes, como el matar legalmente a un niño indefenso en el vientre de la madre. Lo que sí ha habido hechos lamentables e ilícitos en algunos hijos de la Iglesia que, alejándose de las enseñazas evangélicas, quedaron sujetos a la prepotencia, el orgullo, la necedad y el pecado. Y entre ellos, incluidos personas de la jerarquía.  Dichos errores en algunos casos y tales faltas en otros, fueron carencias cometidas por seres humanos ‘iguales a nosotros’, y que luego, fueron aumentadas por otros con fines inconfesables.

Sin embargo, la Iglesia sigue su curso, produciendo en pocos años figuras como Juan Pablo II, la Madre Teresa de Calcuta y ahora Benedicto XVI.

Juan Pablo II defendió a rajatabla los principios fundamentales del catolicismo, amenazados por el relativismo moral característico de la post modernidad. Él tuvo un rol importante en la caída del comunismo soviético (que causó más de 100.000.000 de victimas), sin que fuera necesario disparar un solo tiro. Con la Madre Teresa se difundió el mensaje supremo del amor. Finalmente, Benedicto XVI -el teólogo más importante de los últimos 100 años- le da a la Iglesia un impulso renovado para enfrentar los problemas del mundo en este siglo XXI que recién comienza y tantos nubarrones amenazadores se perfilan al horizonte.

 

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Cuando Anaxágoras se preguntaba qué hace preferible existir a no haber nacido, respondía: “contemplar los cielos y el orden total del universo” (Aristóteles, Ética Eudemia I, 5, 1216 a 13-14). Si es propio de sabios ordenar a un fin, también lo es contemplar el orden de lo que ya ha sido ordenado, sobre todo si se trata del orden de todo el universo. De ahí que afirme santo Tomás al inicio de la Summa contra gentiles que “el sentido de sabio en su sentido pleno, se reserva para aquellos que se dedican a considerar el fin del universo, que es el principio de todo cuanto existe” (SCG I, c.1, n.2-3). Tratemos, pues, de aproximarnos entonces a la sabiduría del Doctor Común de la Iglesia para considerar el fin de un universo cuyo orden gustamos contemplar.

 

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Galileo, Newton y la mayoría de las grandes figuras científicas del pasado no sintieron que les inhibiera la creencia en un Dios creador, apuntaba Lennox. La idea de que la fe es completamente irracional es también falsa. «De hecho, la fe es una respuesta a las evidencias, no un regocijarse en la falta de evidencias», comentaba.

Por ello, Lennox advertía en contra de ver la relación entre ciencia y religión únicamente en términos de conflicto. También observaba que es un error concebir la ciencia como algo filosófica y teológicamente neutral.

La ciencia, continuaba Lennox, no debería considerarse como el único camino para descubrir la verdad, ni como la única capaz de explicar cualquier cosa. Por ejemplo, por qué existe el universo, y por qué las leyes de la física tienen una estructura va más allá de la ciencia.

 

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Galileo Galilei, que también fue sometido a un célebre proceso inquisitorio que por suerte, al menos en su caso, se concluyó con una simple abjuración.

 

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Los comienzos de la Iglesia en China: El egregio discípulo de Matteo Ricci 

Alberto Royo Mejía, el 13.06.2010 a las 11:57 PM 

 

 

La imagen representa a Matteo Ricci y a Xu Guangqi y se encuentra en la Catedral de San Ignacio, conocida tambien como Catedral Xujiahui, que los jesuitas construyeron en Shanghai en 1608 y cuya estructura actual data de 1910. Cuando la visité estaba situada a la izquierda de la entrada principal. A proposito, este año corresponde al 400 aniversario del fallecimiento de Matteo Ricci y el Vaticano lo esta logicamente celebrando.

 

PERSONAJE ILUSTRE DURANTE LA DINASTÍA MING, SE ESFORZÓ POR ACOPLAR LA FE CRISTIANA EN LA CULTURA CHINA 

 

Xu Guangqi nació en Shanghai en 1562. A la edad de 19 años, pasó la primera etapa del sistema chino de examen de servicio civil y recibió el grado de shengyuan (licenciatura). Sin embargo, no pasó el segundo grado, juren o maestría, hasta el 1597, e incluso entonces el conseguirlo fue casi un milagro. Cuando el jefe examinador ChiaoHung (1541-1620), preocupado por no poder encontrar a un candidato destacado para el “graduado número uno”, empezó a revisar los exámenes de los candidatos rechazados, sorprendiéndose al encontrar los excelentes ensayos de Xu Guangqi. Rápidamente elevado de la categoría de “no aceptado” a la posición “número uno", se convirtió en alguien bien conocido, pero le costó otros dos intentos en un período de siete años antes de pasar a la tercera etapa de jin-shi (doctorado), grado que obtuvo en 1604. A la edad de 42 años, obtenido el doctorado, estuvo por fin preparado para obtener posiciones importantes en el gobierno, cosa que ocurrió rápidamente.

 

Xu había nacido en una familia con problemas económicos. Aunque su abuelo había amasado una pequeña fortuna a través de relaciones comerciales, los terrenos de la familia habían sido saqueados por los piratas japoneses que habían atacado la zona de Shangai entre el 1551 y el 1557. La división de las propiedades de la familia entre los varios parientes llevó también a un mayor empobrecimiento. El padre de Xu se dedicaba a la agricultura y la enseñanza para llegar a fin de mes, mientras que su abuela y la madre aumentan los ingresos con el hilado y el tejido. Por pura necesidad, Xu combinó su preparación para los exámenes de la función pública con puestos de trabajo en la agricultura y la artesanía. Los rumores sobre nuevas incursiones de piratas japoneses también lo llevaron a prestar atención a los asuntos militares y estudiar los problemas de la defensa marítima. 

 

Se dio cuenta de que la dinastía Ming era diez veces más débil militarmente que la cdinastía Song (Sung o Soong, 960-1279) que había sido conquistada por los Mongoles. La cuestión de cómo hacer la dinastía próspera y fuerte absorbió una gran parte de su pensamiento. Influido por las teorías tradicionales chinas, se convenció por el año 1597 que sólo a través del énfasis en la agricultura China podría ser próspera, y sólo a través de una adecuada formación y unas fuerzas militares bien equipadas la dinastía Ming podría ser fuerte. Según contaba su único hijo, Xu Guangqi albergaba un profundo sentido de patriotismo hacia la nación china. Con su interés en la agricultura, artesanía, tecnología y artes militares, poco a poco desarrolló un espíritu científico y una actitud innovadora. Su hijo dice que Xu Guangqi regularmente investigó las fuentes antiguas y evaluó los registros contemporáneos sobre la economía nacional. Tomaba notas voluminosas y reunió información variada en materia económica.

 

A comienzos del siglo XVII, la dinastía Ming era no sólo económicamente, y militarmente débil, sino también políticamente corrupta. Las habilidades de los emperadores habían ido degenerando y los eunucos habían ido ganando poder. Los funcionarios chinos eruditos estaban preocupados y el destino de la nación se convirtió en inquietud. Algunos de ellos formaron grupos partidistas para promover las reformas necesarias, otros se refugiaron en el interés por el budismo y el taoísmo. Es así como algunos ilustrados empezaron a interesarse por el Gran Oeste (Europa), del cual el misionero jesuita Matteo Ricci (1552-1610) y sus compañeros habían traído noticias a China a partir de 1583. Fue en este clima político e intelectual que Xu Guangqi se convirtió a la fe católica. 

 

Hubo varios factores que contribuyeron a la conversión de Xu. En primer lugar, los nuevos conocimientos sobre una Europa bien gobernada atrajeron su profundo interés. En 1603, Xu estaba ya convencido que la religión católica podría complementar el confucianismo, reemplazar el budismo, y facilitar el “buen gobierno". Estaba convencido de que la nueva religión podría hacer el corazón de cada chino sincero y honrado, recreando así una sociedad noble en China. En segundo lugar, Xu admiraba el estilo de vida de los misioneros jesuitas como Ricci, Lazare Cattaneo (1560-1640), y Joao de Rocha (1566-1623). Afirmó que el estilo de vida santa de los jesuitas era comparable a la de los sabios idealizados en la literatura Confuciana a través de los siglos. En tercer lugar, Xu estaba buscando el significado de la vida y la muerte, y se encontró con que la existencia de un Dios personal cristiano le trajo la paz de la mente. En cuarto lugar, Xu estaba fascinado por la ciencia y la tecnología europeas que trajeron los jesuitas a China. Estaba particularmente interesado en la geografía occidental, matemáticas, astronomía, mecánica, hidráulica, y las artes militares. En cada uno de los campos, China tenía sus propios logros, pero se habían quedado atrás.

 

En quinto lugar, los misioneros jesuitas, bajo la dirección de Ricci, habían adoptado una política cultural de inculturación con el Confucionismo. Esta decisión había sido tomada por el respeto hacia la tradición china, y sabemos que le trajo no pocos quebraderos de cabeza al Padre Ricci en su Europa natal. Al darse cuenta de que la política de europeización adoptadas en el ámbito no tenía ningún futuro en China, la inculturación permitió el uso de la terminología tradicional china para expresar las ideas religiosas del cristianismo, lo que a su vez permitió a los conversos chino a continuar su participación en el ejercicio de los ritos tradicionales cívicos Confucianos. Este modo de hacer las cosas impresionó a los intelectuales chinos y les hizo pensar que el catolicismo y el confucionismo eran complementarios. Según Xu, la llegada de los jesuitas fue motivada por el hecho de que “se dieron cuenta de que el confucianismo también enseñaba la doctrina de servicio para el cielo y el cultivo de la mente individual.” En China, un funcionario erudito confuciano ppodía adherirse a cualquier fe religiosa siempre y cuando cumpliese con sus obligaciones sociales y políticas para con el emperador y el Estado. Por tanto, la política de inculturación cultural hizo posible que algunos funcionarios eruditos chinos, como Xu Guangqi, Li Zhizao (1565-1630), Yang Tingyun (1557-1627), llevasen a cabo los cambios necesarios dentro de la tradición china.

 

Por último, pero lo más importante, la conversión de Xu Guangqi fue posible porque ocurrió en momentos en que los chinos no tenían ningún conocimiento de primera mano acerca de Europa. Tampoco sabían nada sobre el Patronato Portugués, que fue, según palabras de George H. Dunne, la unión entre la misión y el imperialismo colonial, querido por los reyes de Portugal. Siendo un idealista, Xu estaba más o menos convencido de que existía una utopía en Europa. No conocía la realidad europea ni tenía conocimiento de la Reforma protestante que entonces estaba ocurriendo.

 

La conversión de Xu Guangqi a la fe católica fue, sin embargo, un importante capítulo en la historia de los contactos culturales entre China y Occidente. En el pasado, los escritores católicos en China y en Occidente en general han glorificado este evento inusual, pero algunos escritores chinos modernos tienden a rebajar su importancia y prefieren hacer hincapié en la preeminencia de Xu como científico y como autoridad en la agricultura. Durante su vida, Xu mismo parece haber tenido éxito en llevar a cabo su propia inculturación religiosa, es decir, en materia religiosa aceptó la fe católica romana y siguió las instrucciones de los padres jesuitas y en el ámbito de las obligaciones políticas y sociales para con el Estado, actuó como un intelectual oficial Confuciano en su servicio leal a la dinastía.

 

En las actividades políticas, Xu fue miembro de dos importantes cargos de la corte imperial Ming desde 1604 hasta 1621: la Academia Hanlin, que proporcionaba servicios literarios a la corte, y al Servicio Imperial de Supervisión de la Instrucción, que dirigía la educación del heredero el trono. Estas posiciones le proporcionaron un profundo conocimiento del funcionamiento interno de la corte, pero también lo aislaron de la lucha entre facciones que se convirtió en frecuente cuando la dinastía se debilitó. Probablemente sabía que él no estuvo exento de simpatías en la corte cuando defendió a los jesuitas de las acusaciones injustificadas en 1616. Aunque tuvo que respetar el plazo obligatorio de luto de tres años desde 1607 hasta 1610 después de la muerte de su padre en 1607, sus posiciones en estas oficinas se reanudarán en 1611 con los ascensos correspondientes. También se le asignaron algunas funciones especiales: en 1611 se le pidió enseñar los clásicos confucianos a los eunucos; en 1613 sirvió como un co-examinador para el examen jin-shi, y en 1617 fue enviado a la provincia de Ninghsia para otorgar la investidura imperial a un miembro de la familia imperial.

 

Antes de regresar a Shanghai en 1607 para observar el período de duelo, Xu recibió instrucción por parte de Matteo Ricci sobre matemáticas, astronomía y teología cristiana. Un resultado de estos esfuerzos conjuntos fue la preparación de una traducción al chino de los primeros seis capítulos de los Elementos de Geometría, de Euclides que se publicó en mayo de 1607. Era el primer libro científico occidental traducido al idioma chino. Después, también realizó una traducción al chino de una obra de trigonometría. Además, Xu escribió una posdata para un libro sobre la doctrina cristiana escrita por Ricci.

 

En su camino a Shanghai a través de Nanking, Xu también invitó a Cattaneo a establecer una iglesia católica en su ciudad natal. Esta iglesia se convirtió con el tiempo en un importante centro católico en Shanghai ya en el siglo XX. Mientras tanto, Xu utilizó el período de luto a participar en empresas agrícolas: Plantó la batata, que se introdujo en China desde América, y abogó por la plantación generalizada con el fin de hacer frente a la sequía o de inundaciones. Él promovió la siembra de nabos para la alimentación también. Reconociendo que los sauces que salpicaban el paisaje sólo tenían efectos estéticos, aconsejó a los agricultores plantar un árbol de hoja perenne y árboles de bambú especial ya que ambos tenían valor económico real. Por otra parte, al descartar el mito antiguo, demostró sin lugar a dudas que el algodón podía ser plantado en el norte de China y que la industria textil podría establecerse allí y tener ganancias. Cuando le llegó la noticia de la muerte de Matteo Ricci, Xu hizo los preparativos para su regreso a Beijing (Pekín) y estuvo presente cuando cuando el ataúd de Ricci fue enterrado el 1 de noviembre 1611, en el Día de Todos los Santos.

 

Desde 1611 en adelante, Xu continuó su labor para introducir el conocimiento científico occidental y tecnológicos en China. Con la ayuda de los jesuitas, publicó en 1612 un trabajo sobre el sistema occidental de conservación de agua y riego. En ese momento, él también hizo un intento infructuoso para que el tribunal Ming contratase a los jesuitas para la reforma del calendario lunar chino, en el que se basaban muchas de las actividades agrícolas.

 

En julio de 1616, Xu fue llamado rápidamente a la capital. Fue en ese momento que un funcionario conservador en Nanjing inició la persecución y expulsión de los jesuitas. Las celebraciones privadas de la iglesia y las conversiones rápidas había fomentado las sospechas de los servicios secretos. Xu defendió con valentía a los misioneros, ofreciéndose a recibir el castigo si había algo de cierto en las acusaciones falsas. Su petición al trono, el Chang Hsueh-Pien-su (Memorial sobre Enseñanzas occidental), es el documento más importante en la historia temprana de la Iglesia Católica china. Finalmente, Xu, junto con Li Zhizao y Tingyun Yang, fueron capaces de proteger a los jesuitas que no estaban involucrados en el episodio de Nanjing.

 

Xu terminó sus años en retiro forzoso en 1628 cuando subió al trono el emperador Chong Zhen, el último de la dinastía Ming. En cinco años, Xu ascendió desde el puesto de viceministro en el Ministerio de Ritos al de Gran Secretario en el gabinete imperial y al mismo tiempo el Ministro de Ritos. A pesar de haber alcanzado gran prestigio, otros secretarios más antiguos en el gabinete imperial monopolizaban el poder político, por lo que Xu decidió concentrar sus esfuerzos en la Oficina del Calendario, del que también era el jefe. Al completar la reforma del calendario chino, desde 1629 hasta su muerte en 1633, se ganó la gratitud eterna del pueblo chino. Para dicha tarea, hizo venir a los jesuitas para ayudar. Él no sólo salvaguardó la posición de los hijos de San Ignacio en China, sino también allanó el camino para el jesuita alemán Johann Adam Schall von Bell (1591-1666) para convertirse en influyente en los comienzos de la dinastía Manchú. Extraoficialmente, todavía se hace referencia a este calendario hoy en día cuando el pueblo chino en todo el mundo celebran el Día anual de Año Nuevo lunar. 

Xu falleció el 08 de noviembre 1633 y sus descendientes continuaron activos en la Iglesia católica en China. Una pariente lejana de undécima generación fue la señora de Chiang Kai-shek (Song Meiling). 

Infocatolica.com 

 

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Un estudioso mahometano causa desastres en una biblioteca importante británica…  …de cómo el Patrimonio histórico de la humanidad, va quedando dañado para siempre…

 

Un académico iraní robó páginas de al menos 150 libros de viaje antiguos de la Biblioteca Británica

 

Un académico de origen iraní exiliado en EE.UU. comparece hoy ante un tribunal británico acusado de haberse llevado durante siete años páginas de al menos 150 libros de viaje antiguos conservados en la Biblioteca Británica.   

21 Noviembre 2008 - Londres - Efe

Farhad Hakimzadeh, de 60 años, un intelectual educado en la Universidad de Harvard y ex director de la Iran Heritage Foundation, no despertó en ningún momento las sospechas del personal de la prestigiosa institución.   
Autor de varios libros sobre los viajeros europeos por Mesopotamia, Persia y el imperio mogol en los siglos XVI y XVII y propietario de una valiosísima colección de libros de viaje, Hakimzadeh se valía de un escalpelo para cortar y luego llevarse las páginas que le interesaban.

   
Según la prensa británica, el ladrón no se limitó a la British Library sino que robó también páginas de tomos muy valiosos que se guardan en la famosa Biblioteca Bodleiana de Oxford.   

 

 

Entre ellos figuraba una «Historia de la China», en edición española, del jesuita italiano Matteo Ricchi, que viajó al país asiático en 1582 y se convirtió en el primer viajero occidental en establecerse allí.   
Otras obras en español igualmente mutiladas son la «Historia oriental de las peregrinaciones de F.M.P.», de Fernando Mendes Pinto (1620), y «Breve relación de la peregrinación que ha hecho de la mayor parte del mundo», de Sebastian Pedro Cubero.   


También resultó dañada la obra «Novus Orbis», antología de obras de Simon Grynaeus, profesor de griego en Basilea (Suiza), del que Haíimzadeh robó el grabado de un mapamundi dibujado por el artista renacentista Hans Holbein el Joven.   
Hamikzadeh sacó de la British Library un total de 842 libros, de los que llegó a mutilar al menos 150.   
La Biblioteca Británica recurrió finalmente a la policía, que acudió al domicilio del iraní, a la sazón director de la Heritgage Foundation, organización sin fines de lucro creada por él en 1995 para promover y preservar la historia, las lenguas y la cultura de Irán.   
Hamikzadeh negó en un principio tener nada que ver con el daño sufrido por los libros que había examinado en las dos bibliotecas, pero los agentes encontraron parte del material robado a lo largo de los años, cuidadosamente oculto en los libros de su colección. 2008-11-22

 

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 El daño que causó a la Biblioteca Británica es incalculable, según Kristian Jensen, jefe de su colección de libros impresos antiguos.    

«Se trata de objetos históricos que han quedado dañados para siempre. No se puede corregir lo que ha hecho. Ha puesto además en peligro muchos documentos históricos que atestiguan el temprano interés de los europeos por Oriente Medio y China», dijo Jensen.   
El académico, que huyó de su país tras la caída del Sha de Persia y es actualmente ciudadano estadounidense, se ha declarado culpable del robo de mapas, páginas e ilustraciones de diez libros de la Biblioteca Británica y otros cuatro de la Bodleiana.   
Cuando la policía registró su casa, en el barrio londinense de Knightsbridge, encontró algunos de los mapas, páginas y grabados robados intercalados entre las páginas de libros de su propiedad.   
A pesar de las cámaras de circuito cerrado de televisión y del personal de seguridad que vigila las salas de lecturas de la Biblioteca Británica, ésta no había sospechado nada hasta que en junio del 2006 un lector alertó de que faltaban varias páginas en un libro de Sir Thomas Herbert del año 1626.   
Valiéndose de los registros electrónicos, el personal de la biblioteca averiguó la identidad de todas las personas a las que se había prestado el libro dañado y examinó luego otras obras con las que hubieran podido estar en contacto.   
Así se descubrió que en otros libros de viajes de europeos por Oriente Medio y Asia que databan de la misma época aproximadamente faltaban también páginas y mapas.  

 

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De hombres, hechos, notas y acontecimientos de tal época para comprender el contexto:

 

ANTES DE GALILEO,

LA IGLESIA FAVORECE LA CIENCIA

 

 

Sello chinos de 1983 recordando la llegada de Ricci a China

 

La genialidad de Mateo Ricci fue la de entender y aprehender cuánto de la cultura china podía ser asumido como propedéutico para la fe cristiana. Él vio en el confucianismo - y no en el budismo o en el taoísmo a los que rechazaba firmemente - las tablas de aquella ley universal de la que el anuncio cristiano podía agregar su novedad inaudita. Y a este anuncio, cuando Mateo Ricci estaba en China, siguieron importantes conversaciones a niveles altos de la sociedad y de la cultura.
No ha ocurrido igual en el caso de otra gran nación y civilización del oriente: Japón

 

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PAUL XU GUANGQI, UN FUNCIONARIO IMPERIAL CHINO

 

El primer católico de Shanghai, científico y astrónomo de la dinastía Ming, podría ser santo

 

Los católicos chinos esperan que Paul Xu Guangqi, el primer católico de Shanghai, matemático, científico y astrónomo de la legendaria dianastía Ming, además de funcionario real del imperio chino, pueda ser proclamado santo junto al padre Matteo Ricci. Tradujo al chino textos occidentales sobre matemáticas, hidráulica, astronomía, trigonometría y geografía.

 

R.R./ReL 11.V.MMX

Los católicos chinos esperan que Paul Xu Guangqi, el primer católico de Shanghai, pueda ser proclamado santo junto al padre Matteo Ricci, según informa la agencia católica noticias UCA News.

 

El padre jesuita Matteo Ricci (1552-1610) y el funcionario imperial Paul Xu Guangqi (1562-1633) colaboraron en Pekín en la traducción al chino de textos occidentales sobre matemáticas, hidráulica, astronomía, trigonometría y geografía. También tradujeron clásicos confucianos al latín para introducir la filosofía china dominante en Europa.

 

El padre Ricci llegó a Pekín en 1601 y el emperador chino le permitió permanecer en la capital hasta su muerte el 11 de mayo de 1610. El pasado enero su diócesis de nacimiento, Maderata, en Italia, relanzó su proceso de beatificación con ocasión de los 400 años de su muerte.

 

Algunos católicos de Shanghai han declarado a UCA News que esperan que Xu pueda recibir también el mismo honor, puesto que su diócesis pronto empezará un proceso similar. El obispo jesuita de Shanghai, monseñor Aloysius Jin Luxian, ha incluido de hecho el nombre de «Guangqi» en muchas organizaciones diocesanas como la imprenta, el centro de servicios sociales, el centro formación, una escuela y un hogar para ancianos, informa OMPRESS.

 

Xu fue un científico, astrónomo y matemático de la dinastía Ming, y la primera vez que se encontró con el padre Ricci, en 1600, quedó impresionado por los conocimientos y la santidad del jesuita. Tres años después recibía el bautismo y tomaba el nombre de Pablo. Su familia se convirtió en la primera familia católica de Shanghai.

http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=8663

 

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Mateo Ricci: el jesuita que fue matemático del Emperador de China -  

Matemático, filósofo, misionero y sinólogo, incluso la China comunista recuerda con veneración al jesuita Li-Mateu.

La “conciencia misionera” de la Iglesia a partir del s.XVI condujo a muchos hombres a entregar su vida, a veces hasta el martirio, por esta arriesgada empresa. Muchos eran los que se enrolaban en las embarcaciones que cruzaban el Atlántico, camino del Nuevo Continente, pero no fueron menos los que, siguiendo antiguas rutas comerciales, se encaminaban hacia los lugares más recónditos del Extremo Oriente.

Este es el caso del jesuita italiano Mateo Ricci (1552 – 1610) que, habiendo manifestado a sus superiores sus deseos de ir a las misiones, fue destinado a las Indias Orientales con 25 años. Si exceptuamos las descripciones de los viajes de Marco Polo, Ricci llegaría a ser el primer sinólogo (estudioso de la cultura china).

 

Ricci descubrió que vestido de erudito le

escuchaban más que vestido de monje

 

La ciencia como instrumento evangelizador

Mateo Ricci fue alumno del P. Clavio en el Colegio Romano, aprendiendo matemáticas y astronomía de labios de uno de los mejores maestros del siglo XVI.

Una vez en tierra de misión, estando en Macao, se aplicó con esmero al estudio del chino, y tiempo después conseguía entrar en China para predicar el Evangelio. Una vez allí compuso el primer catecismo en chino de la historia.

Sus años junto al P. Clavio fueron de inestimable valor, ya que sus conocimientos de matemáticas y astronomía le hicieron ganarse el favor de los mandarines y la libertad para predicar durante un tiempo, hasta que se le expulsó.

Ricci lo siguió intentando. Consiguió llegar a presentarse ante el emperador, ataviado con el hábito de bonzo budista. Se ganó al emperador y a toda la nobleza gracias a la exposición de sus conocimientos científicos y de su fe, una fe que en todo se mostraba conforme con las enseñanzas de la ciencia. Llegar a ser el matemático de la corte le permitió actuar como evangelizador.

 

Divulgador científico de primera magnitud

Ricci y otro compañero (el español P. Pantoja) eran los únicos católicos en Pekín, la capital del Imperio Chino. Por tanto, trabajo apostólico no les faltaba a los dos.

Por eso puede resultar bastante chocante que el P. Ricci se dedicara a traducir al chino obras de matemáticas como los primeros seis libros de los Elementos de Euclides, escribiera más de 20 libros de ciencias para los chinos y construyera multitud de instrumentos como los cuadrantes solares, esferas terrestres y celestes, relojes…

Elaboró los primeros mapas de China que conoció Occidente y al mismo Emperador le demostró –y no fue poca cosa- que China no era el centro de la tierra. Recibió de los chinos el nombre de Li Ma-teu, o simplemente doctor Li.

Fue el primer europeo en entender la doctrina de Confucio y en difundirla en Occidente, al traducir al latín las Analectas del filósofo chino. De hecho, fue él quien diseñó el primer sistema de latinización del chino; así, el maestro Kung Fu-tsé llegó a ser Confucio. Y entendiendo a Confucio, Occidente empezó a entender a China.

Ricci Li-Mateu escribió varias obras destinadas a los europeos en las que explicaba los avances del gran país que lo había acogido. Algunos pragmáticos lo pueden considerar como una manera de desviarse de su fin principal, que era la evangelización, pero gracias a su acción y prestigio, abrió el camino para que muchos otros misioneros le sucedieran y continuaran su labor.

El P. Ricci no sólo llevaba su fe al Extremo Oriente, sino que se erigió él mismo en un puente a través del cual pudieran circular los conocimientos de una y otra cultura, un gran ejemplo de divulgación científica.

Pionero de la inculturación de la fe

El talante de Ricci, siempre dispuesto a establecer lazos para un enriquecimiento mutuo, no podía dejar de reflejarse en la manera en que éste trató de evangelizar china. Fue un pionero de lo que hoy se conoce como la inculturación de la fe.

Ricci adaptó las formas litúrgicas a la mentalidad de los chinos, aceptando e incorporando los ritos tradicionales de culto a los antepasados. Esto le propició una serie de desencuentros con la curia romana –Roma estaba muy, muy lejos de la corte china- que se mostró incapaz de asimilar en un primer momento las innovaciones del jesuita.

El P. Ricci tiene el mérito de haber introducido el Evangelio de Cristo de la única manera en que podía entrar en un país como China: a través de la ciencia. El P. Ricci no sólo compaginó la misión apostólica con el cultivo de la ciencia sino que fue un paso más allá: hizo de la ciencia un instrumento de evangelización.

En una escuela de líderes comunistas 

La estela de Mateo Ricci que marca su tumba en Beijing es hoy un lugar visitado y respetado. El lugar se llama Zhalan, un patio grande dentro de una escuela de formación de líderes del Partido Comunista. Destacan las estelas funerarias de Ricci y otros dos jesuitas, Schall y Verbiest, que fueron quienes levantaron el Observatorio Astronómico de los Jesuitas, en una colina junto a la Corte Imperial.

Hay en ese patio sesenta estelas de misioneros: jesuitas, franciscanos y otros, mayoría de portugueses, italianos y franceses... Ya no se encuentran allí los cuerpos, porque sus tumbas fueron profanadas hace un siglo, durante la revolución de los boxers (s.XIX). Pero el cementerio se cuida como monumento histórico importante. Francesc Gómez Morales - 2006-09-27

 

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Los comienzos de la Iglesia en China: El egregio discípulo de Matteo Ricci

 

PERSONAJE ILUSTRE DURANTE LA DINASTÍA MING, SE ESFORZÓ POR ACOPLAR LA FE CRISTIANA EN LA CULTURA CHINA

 

Xu Guangqi nació en Shanghai en 1562. A la edad de 19 años, pasó la primera etapa del sistema chino de examen de servicio civil y recibió el grado de shengyuan (licenciatura). Sin embargo, no pasó el segundo grado, juren o maestría, hasta el 1597, e incluso entonces el conseguirlo fue casi un milagro. Cuando el jefe examinador ChiaoHung (1541-1620), preocupado por no poder encontrar a un candidato destacado para el “graduado número uno”, empezó a revisar los exámenes de los candidatos rechazados, sorprendiéndose al encontrar los excelentes ensayos de Xu Guangqi. Rápidamente elevado de la categoría de “no aceptado” a la posición “número uno", se convirtió en alguien bien conocido, pero le costó otros dos intentos en un período de siete años antes de pasar a la tercera etapa de jin-shi (doctorado), grado que obtuvo en 1604. A la edad de 42 años, obtenido el doctorado, estuvo por fin preparado para obtener posiciones importantes en el gobierno, cosa que ocurrió rápidamente.

Xu había nacido en una familia con problemas económicos. Aunque su abuelo había amasado una pequeña fortuna a través de relaciones comerciales, los terrenos de la familia habían sido saqueados por los piratas japoneses que habían atacado la zona de Shangai entre el 1551 y el 1557. La división de las propiedades de la familia entre los varios parientes llevó también a un mayor empobrecimiento. El padre de Xu se dedicaba a la agricultura y la enseñanza para llegar a fin de mes, mientras que su abuela y la madre aumentan los ingresos con el hilado y el tejido. Por pura necesidad, Xu combinó su preparación para los exámenes de la función pública con puestos de trabajo en la agricultura y la artesanía. Los rumores sobre nuevas incursiones de piratas japoneses también lo llevaron a prestar atención a los asuntos militares y estudiar los problemas de la defensa marítima.

 

Se dio cuenta de que la dinastía Ming era diez veces más débil militarmente que la cdinastía Song (Sung o Soong, 960-1279) que había sido conquistada por los Mongoles. La cuestión de cómo hacer la dinastía próspera y fuerte absorbió una gran parte de su pensamiento. Influido por las teorías tradicionales chinas, se convenció por el año 1597 que sólo a través del énfasis en la agricultura China podría ser próspera, y sólo a través de una adecuada formación y unas fuerzas militares bien equipadas la dinastía Ming podría ser fuerte. Según contaba su único hijo, Xu Guangqi albergaba un profundo sentido de patriotismo hacia la nación china. Con su interés en la agricultura, artesanía, tecnología y artes militares, poco a poco desarrolló un espíritu científico y una actitud innovadora. Su hijo dice que Xu Guangqi regularmente investigó las fuentes antiguas y evaluó los registros contemporáneos sobre la economía nacional. Tomaba notas voluminosas y reunió información variada en materia económica.

A comienzos del siglo XVII, la dinastía Ming era no sólo económicamente, y militarmente débil, sino también políticamente corrupta. Las habilidades de los emperadores habían ido degenerando y los eunucos habían ido ganando poder. Los funcionarios chinos eruditos estaban preocupados y el destino de la nación se convirtió en inquietud. Algunos de ellos formaron grupos partidistas para promover las reformas necesarias, otros se refugiaron en el interés por el budismo y el taoísmo. Es así como algunos ilustrados empezaron a interesarse por el Gran Oeste (Europa), del cual el misionero jesuita Matteo Ricci (1552-1610) y sus compañeros habían traído noticias a China a partir de 1583. Fue en este clima político e intelectual que Xu Guangqi se convirtió a la fe católica.

http://www.infocatolica.com/blog/historiaiglesia.php  13.VI.MMX A las 11:57 PM, por Alberto Roy

 

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Ricci colocó el mapamundi en la parte más visible de su estudio, a fin de que no escapara a la mirada curiosa de sus numerosos visitantes, y en corto lapso se produjeron los más revolucionarios resultados. «Empezó - dice un cronista - a vacilar una fe de tres mil años; comenzó para la cultura china una nueva época ». Los chinos humildes y los mandarines que visitaban al sabio doctor Li descubrieron, en aquel mapa, que el mundo tenía una fisonomía bien distinta de la que se habían imaginado y que la China sólo formaba parte de masas geográficas y culturales que, en conjunto, la superaban en dimensiones e importancia. «Todos - escribió Ricci a sus Superiores - se formaron una idea completamente distinta de la que tenían hasta ahora de nuestros países, pueblos y, ante todo, de nuestros sabios. |La exhibición del mapa ha sido la obra más útil que en estos tiempos ha podido emprenderse en la China».

Para que la influencia de los misioneros jesuítas en la China alcanzara un carácter definitivo era necesario, como bien lo comprendió Ricci, que ella se extendiera a la Corte Imperial. Tal fue lo que se propuso Ricci con su tenacidad característica y si es verdad que la famosa anécdota del reloj, descrita por los historiadores, sirvió notablemente a este propósito, ella fue un simple episodio en el decurso de la gran empresa comenzada por Ricci y conducida a su sorprendente culminación por los jesuitas Schall, Verbiets y Martini.

 

Ricci, como es sabido, le envió al Emperador un reloj cuyo complejo mecanismo fue causa de sorpresa general en la Corte, sorpresa que se aumentó cuando la extraña maquinaria, por falta de cuerda, se detuvo, sin que ninguno de los sabios chinos pudiera explicarse el fenómeno ni poner de nuevo en marcha el reloj. Hubo entonces que llamar a Ricci, quien de esta manera pudo penetrar en el recinto de la Ciudad Sagrada, residencia del Emperador, y ganarse de manera tan completa la amistad y administración del Monarca, que poco después se le confió la educación del Príncipe heredero y se le otorgó el inusitado privilegio de ser el único mortal al que se permitía permanecer sentado en presencia del Monarca.

 

No se crea, sin embargo, que la prudencia manifestada por Ricci en la iniciación de las tareas propiamente evailgélicas, revelaba descuido o indiferencia de su parte. El gran misionero había comprendido que la propagación del catolicismo en una sociedad tan culta y orgullosa de sus tradiciones, sólo podía cumplirse a través de un gradual proceso de traducción de las grandes verdades del credo cristiano al simbolismo propio de las religiones orientales, como lo habían hecho los primeros Padres de la Iglesia en la conquista de la cultura helénica. Por inspiración de Ricci se comenzó a decir la misa en chino y no en latín, a fin de que la aguda mente de los conversos chinos pudiera captar el profundo significado del gran rito del catolicismo y Ricci consagró gran parte de su tiempo a profundizar los problemas teológicos, cuya solución habría de permitirle presentar con vestiduras orientales, familiares a la mente china, los dogmas centrales del credo católico. Ya veremos más adelante las dificultades a que debieron enfrentarse Ricci y sus sucesores cuando avanzaron audazmente en la empresa de traducir al simbolismo oriental las verdades cristianas, empresa que les ocasionó las más duras críticas en Occidente, donde no se quiso comprender que los jesuitas « estaban, incuestionablemente dice - Arnold Toynbee - haciendo lo mismo que los primeros Padres de la Iglesia y lo que todos los misioneros de cualquier religión externa han hecho en sus empresas de conquista espiritual. Mateo Ricci prestó a la cristiandad el servicio que Clemente y Orígenes le prestaron a la misma fe en Alejandría mil cuatrocientos años atrás. Clemente y Orígenes consiguieron para la cristiandad el respeto y la atención de los helenos cultivados de su tiempo por que primero se ganaron su reconocimiento como consumados filósofos helenistas Ricci, el supremo virtuoso del arte misionero cristiano, realizó el aún más grande |tour de force de tener para él un puesto en el salón de la fama del Lejano Oriente como versado conocedor de las doctrinas de Confucio».

A Mateo Ricci no se le ocultaron las dificultades que debía vencer para llevar a cabo esta innovación revolucionaria de las técnicas misioneras y en sus últimos días presintió las dimensiones y acerbía del ataque a que sería expuesta su obra y la de sus sucesores; pero la grandeza de su genio y la tensión apasionada de su fe religiosa no le dejaron desfallecer y bien pronto dio el histórico paso que habría de aproximarlo a la culminación de la gran empresa que se había propuesto llevar a cabo.

 

Los credos fatalistas, que en Occidente se manifestaron en la idea de la Predestinación, tenían en China su equivalente en las antiquísimas doctrinas de Laotsé, el gran genio religioso del ascetismo chino, para quien el logro de la felicidad humana sólo era posible si el hombre conseguía conformar su conducta al Tao, la gran ley cósmica que regía la marcha del universo, determinaba el movimiento de los astros, los ciclos de la vida y el orden majestuoso de las estaciones. De acuerdo con la doctrina sagrada del Tao - palabra que significa camino -, el hombre debía esforzarse por incorporar su trabajo y su existencia toda a la obra silenciosa del cosmos, porque sólo cuando lo conseguía le era posible alcanzar la felicidad, resultado de la armonía de su comportamiento con el orden divino del mundo.

El Estado derivaba su legitimidad de esta doctrina, por que suponía al Emperador investido, por los dioses, del encargo de gobernar al pueblo por medio de leyes que le permitieran amoldar su comportamiento al orden del Tao, de manera que su función principal de gobernante, investida de un carácter sagrado, era la de promulgar anualmente un Calendario exacto, que se publicaba en el famoso "Libro de Instrucciones para los Tiempos". Las siembras, las cosechas, las estaciones, las lluvias, etc., debían ser previstas para que la sociedad, pudiera derivar los mayores beneficios de su acoplamiento con los grandes ritmos del cosmos. El Calendario era, pues, el gran instrumento que permitía al Emperador mantener el orden, pues la obediencia de los ciudadanos a la ley del Tao se traducía en obediencia a quien había sido encargado, por los dioses, de la función de dar periódicamente el Calendario que debía regir las actividades públicas y privadas de los chinos. «Se sabía desde hacía mucho tiempo - dice un comentarista de la religión china - que el año tenía trescientos sesenta y cinco días y seis horas y que diecinueve vueltas del sol coincidían con trescientas veinticinco de la luna; y, valiéndose de clepsidras se habían determinado los tiempos de culminación de las estrellas, los de circunvalación de la luna y de los planetas más importantes. Los astrónomos chinos tenían, pues, suficiente base para pronosticar los acontecimiento celestes que habrían de ocurrir cada año, con bastante precisión. Conforme a un rito especial se editaba anualmente el nuevo Calendario. Los empleados del Tribunal Matemático iban en cortejo y traje de gala al Pabellón del Dragón y depositaban allí los ejemplares destinados al Emperador y sus esposas; en otros pabellones se depositaban en mesas rojas, los ejemplares para los príncipes y los más altos dignatarios y al fin seguía, como señal de reverencia hacia la nueva ley del año, una pro cesión solemne por todo el Palacio. En el Calendario estaban fijados exactamente todos los actos y omisiones con arreglo a puntos de vista macrocósmicos. Con letra roja se anunciaban lo días favorables y desfavorables, las horas de la labor del campo, para celebrar matrimonio, para mudarse de casa, para reparaciones de barcos, para la caza, para el pastoreo de ganado, para los entierros y para las ejecuciones ».

Durante los últimos años de la vida de Ricci, atravesó la China por una etapa de calamidades, se perdieron muchas cosechas, el hambre se extendió por extensas regiones del Imperio y hubo inundaciones de tal magnitud que la dinastía reinante se vio amenazada por la creciente desconfianza del pueblo y la efervescencia que reinaba en el país. Se comenzó a rumorar, en los palacios y en las chozas de los campesinos que el Imperio marchaba a la deriva porque la dinastía había perdido el favor de los dioses y se mostraba incapaz de señalar el camino del Tao a sus súbditos.

 

Ricci no ignoraba que muchas de las calamidades de que se culpaba al gobierno imperial tenían su origen en errores de los astrónomos chinos, cuyas prácticas rutinarias los habían conducido a fundar los pronósticos del Calendario, referentes a los tiempos, lluvias, estaciones, eclipses, etc., en cálculos astronómicos francamente errados. Con la eficaz ayuda de sus compañeros de misión, Ricci efectuó entonces las operaciones astronómicas necesarias para elaborar un nuevo Calendario y sus conclusiones resultaron, para sorpresa del Emperador y de la Corte, en franca contradicción con las que habían servido, por muchos años, de base a los pronósticos oficiales. El que algunas de las predicciones de Ricci coincidieran, de manera espectacular, con sucesos no previstos por el Tribunal Matemático del Imperio aumentaron la influencia del misionero y desde entonces se abrió paso la idea de que los sacerdotes extranjeros eran superiores a los matemáticos del Imperio y que la sagrada ley del Tao tenía en ellos mejores intérpretes.

Cuando Ricci obtuvo esta magna victoria, que situó a los jesuitas en las puertas del mismo centro nervioso del Imperio y les ofreció la posibilidad de llegar a ser los encargados de elaborar el Calendario sagrado, del cual dependía la vida social y política de China, le vino a Ricci la mortal enfermedad que le condujo a la tumba. ¡Las exequias del "Santo Doctor Li", como le llamaban familiarmente los chinos, constituyeron un verdadero acontecimiento y la conmoción que su fallecimiento produjo en el pueblo y en la Corte pusieron en evidencia la histórica labor realizada por este misionero genial, en quien se encarnaron, de manera eximia, las mejores virtudes de los discípulos de Ignacio de Loyola. Como la fastuosidad de sus exequias, sumada a la influencia de que disfrutaban los misioneros en China, dieron materia para murmuraciones y protestas por parte de los letrados y mandarines que habían sido desplazados por ellos en los últimos años, el Emperador ordenó al Primer Ministro expedir un decreto, verdaderamente inusitado en la vida oficial china, cuyo texto mostraba las dimensiones de la hazaña cumplida por Ricci: « El Maestro Li - rezaba el decreto - ha sido el primero que ha venido del Lejano Oeste a China para enseñar aquí el cristianismo. El Emperador lo ha acogido como su huésped, le ha señalado una pensión y ha pagado su entierro... Los príncipes y ministros, los virreyes, gobernadores y jefes de distrito veneran a los sacerdotes extranjeros y los toman por modelos. Vosotros, habitantes del país, ¿os tenéis quizá por más sabios que el Emperador iluminado del cielo, que los maestros y discípulos de Confucio? Creed que en el pecho de estos sabios sacerdotes del Lejano Oeste no anidan ni el apetito de la gloria ni la codicia... Os digo, pues, sabios y pueblo, que desistáis de vuestros prejuicios, venzáis toda aversión, toméis los libros de los blancos del Oeste y los estudiés a fondo. Sacaréis enseñanza de ellos y entonces os producirán repugnancia vuestros pasados errores».

 

La tarea de continuar la obra de Ricci fue asignada al Padre Adam Schall, astrónomo eminente, quien se propuso llevar a su completa realidad el sueño, apenas iniciado, do Mateo Ricci: la conquista del ´Tribunal Matemático. «Los padres - dice Fulop Miller - meditaron largo tiempo, tomaron medidas, cubrieron largas tiras de papel con cálculos de toda clase y, por fin, comprobaron que el Tribunal Matemático se había equivocado groseramente en la elaboración de los Calendarios; desde hacía mucho tiempo todos los cálculos astronómicos del Tribunal estaban errados y el Imperio del Cielo llevaba varias décadas gobernado de acuerdo con un Calendario falso. Estas afirmaciones produjeron en el Palacio consternación. Naturalmente se levantaron, por de pronto, dignos mandarines y tronaron, como guardianes de la gran tradición, contra el hecho de que los sacerdotes extranjeros se atrevieran a censurar sus viejas tradiciones; pero bien pronto el cielo mismo vino a dar razón a los jesuitas. En China se tenían los eclipses de sol como acontecimiento muy importante y el Emperador debía ser informado de ellos un mes antes y todos los altos mandarines debían reunirse en tiempo oportuno, portando las insignias de su dignidad, en el patio del Tribunal Matemático. Los jesuítas habían pronosticado para un día determinado un eclipse e indicado hasta la hora exacta del fenómeno, por más que en el Calendario oficial nada se dijera. Cuando a la hora pronosticada el disco del sol comenzó a oscurecerse; cuando todos los signatarios reunidos, respondiendo al rito fijado, se echaron al suelo, y pegaron la frente a la tierra cuando sonó por toda la ciudad el ruido de tambores y timbales, habían ganado los jesuítas la partida, porque se había evidenciado que los métodos de cálculo de los astrónomos chinos no valían nada y que el Calendario con arreglo al cual era gobernado el país resultaba falso. El Emperador ordenó en seguida, que en el porvenir el Tribunal Matemático no trabajara con arreglo a los métodos mahometanos, usados hasta entonces, sino con arreglo a los métodos europeos. El padre jesuita Adam Schall fue e encargado de llevar a cabo la reforma del Calendario...

 

Pero antes de que la corrección de los anteriores cálculos pudiera terminarse, cayó sobre la dinastía de los Emperadores Ming el desastre que necesariamente tenía que originar,  según la creencia popular, un gobierno con Calendarios falsos. Las revueltas interiores no cedieron y los tártaros, en el norte y en el oeste del Imperio, las aprovecharon para una invasión de la muralla china. Nuevamente los jesuitas probaron su fiel amistad al Emperador, mostrándose tan versados en asuntos de guerra como en astronomía. Cuando ministros y generales ya no sabían como sostenerse ante el ataque de los tártaros, se dedicó el padre Schall a enseñar a los chinos el arte de fundir cañones y de instalar a toda prisa un arsenal, según la técnica europea. Bajo la dirección del padre se fundieron activamente cañones y los misioneros fueron encargados de la instrucción de las tropas que habían de servirlos. Así se pudo oponer a los tártaros un ejército chino con artillería superior y, finalmente, los enemigos tuvieron que retirarse al Otro lado de la gran muralla.

A partir de este momento los misioneros jesuítas avanzaron seguramente en la grandiosa empresa de la conquista espiritual de China, y el padre Verbiest, sucesor de Schall, pudo ver realizado el gran sueño de Mateo Ricci: sobre una colina, próxima al Palacio Imperial, se levantó el gran Observatorio Astronómico de los jesuítas en Pekín, desde el cual los misioneros cristianos, los discípulos de Ignacio de Loyola, debían actuar, en adelante, como los intérpretes autorizados de la sagrada doctrina del Tao, cuyas leyes regían toda la vida social y política de China. Al morir el padre Verbiest, «el emperador dice uno de sus biógrafos - ordenó las ceremonias solemnes del entierro, que sólo correspondían a los más altos dignatarios del Imperio. Nobles mandarines, entre ellos el cuñado del Emperador, el comandante en jefe del ejército y el comandante de Palacio, tuvieron que acompañar a caballo el ataúd. Los, cristianos de la capital y de los alrededores caminaban delante con velas encendidas y banderas; les seguían los misioneros vestidos de blanco y cerraba la comitiva el pueblo y cincuenta jinetes de la guardia imperial».

 

Tan resonantes éxitos de los misioneros jesuitas en la China fueron posibles porque ellos supieron desligarse de la política imperialista de las naciones europeas e introdujeron oportunas reformas en la liturgia católica, a fin de traducir las grandes verdades del cristianismo al ritual propio de los credos asiáticos. Fue tan profunda la influencia que llegaron a adquirir los jesuitas en la China, que ella culminé espectacularmente en la misiva enviada por el Emperador al Papa Clemente XI en la cual le solicitaba, por evidente inspiración de los misioneros, la mano de una de sus sobrinas. « A ti, Clemente - decía el Emperador al Pontífice -, el más bendito y grande de todos los Papas, señor de los Reyes de Europa y amigo de Dios... El más poderoso de todos los poderosos de la tierra, que es más grande que todos los grandes bajo el Sol y la Luna, que ocupa el trono de esmeralda del Imperio de la China, elevado sobre cien escalones de oro; que ejerce el derecho de vida y muerte sobre ciento quince reinos y ciento setenta islas, escribe esta carta con la pluma virgen del avestruz. Salvación y larga vida.

«Ha llegado la época en que la flor de nuestra real juventud haga madurar el fruto de nuestra vida en que, a la vez, el deseo de nuestros fieles súbditos se cumpla y les sea dado, para su protección, un sucesor del trono. Hemos decidido, por tanto, casarnos con una doncella hermosa y noble, que haya mamado la leche de una brava leona y de un tierno corzo. Como vuestro pueblo romano siempre ha sido patriarca de mujeres valientes, castas e insuperables, queremos extender nuestra poderosa mano y tomar una de ellas por esposa. Esperamos que sea alguna de vuestras sobrinas o la sobrina de algún otro gran sacerdote, a la cual Dios mire desde su altura con el ojo derecho... Accediendo vosotros, padre y amigo, a nuestro deseo, estableceréis alianza y eterna amistad entre nuestros reinos y vuestro poderoso país... Os declaramos que esta carta ha sido lacrada con el Sello de nuestro imperio, en nuestra capital del mundo, en el tercer día de la octava luna, en el cuarto año de nuestro gobierno».

 

El prolongado proceso de negociaciones a que dio origen, en El Vaticano, la solicitud del Emperador Chino, como la circunstancia casi concomitante de la caída de la dinastía Ming y su reemplazo por los llamados Reyes Manchúes, hizo forzoso el aplazamiento de este proyecto de alianza y acarreó a los jesuítas no pocas dificultades en Pekín. El cambio de dinas. tía les obligó a comenzar de nuevo la conquista de los núcleos gobernantes del Imperio, la cual sólo consiguieron por la extra ordinaria habilidad que demostraron como directores de las negociaciones del tratado de comercio con Rusia, en cuyo curso se revelaron los padres de la Compañía tan hábiles diplomáticos como consumados economistas. Las ventajosas condiciones que obtuvieron para la China en el Tratado, les ganaron la admiración y simpatía del Emperador manchú You-tsching y de esta manera pudieron vencer los obstáculos interpuestos por la nueva dinastía a sus tareas evangelizadoras. Quien sucedió en el trono a You-tsching, el príncipe Kieng-long, se encargó, involuntariamente, de ofrecer a los jesuítas una nueva oportunidad para aumentar su influencia en el Imperio. Por ser muy aficionado a la mecánica, Kieng-long planteó a los mineros la discusión teológica en términos científicos, declarándoles que la cultura china, en cuyo ámbito la ciencia y el dominio de la naturaleza habían avanzado mucho, no podía adoptar la religión de los pueblos "bárbaros" y atrasados de Occidente. Los jesuítas debieron, en consecuencia, enfrentarse de nuevo al orgullo de la vieja cultura china, orgullo que supo atemperar Ricci con su famoso mapa. En esta oportunidad le correspondió aceptar el reto al padre jesuita Thihauldt, a quien el Emperador desafió a que le demostrara la eficacia de la ciencia occidental; para hacerlo, el misionero no se sirvió de un mapa, como Ricci, sino que se ingenió para construir lo que hoy llamaríamos un "robot", o sea un artefacto mecánico, en la forma de un león del tamaño natural, que se movía por la acción de un mecanismo de relojería. El famoso autómata mecánico fue fabricado por el misionero en el curso de pocos meses y el Emperador se llevó un gran susto cuando un día se encontró, en el jardín del Palacio, con un león - de tamaño natural - que avanzaba hacia él. «Es verdaderamente asombroso - escribía el padre Amyot a Roma - como nuestro querido hermano Thibauldt ha sabido construir con los principios más simples del arte de relojería un autómata que representa un hallazgo portentoso de la mecánica. Hablo como testigo de vista, porque yo mismo he visto correr el animal artificial.

Este experimento espectacular indujo al Emperador Manchú a formular un nuevo desafío a los misioneros jesuítas, exigiéndoles la fabricación de un hombre mecánico capaz de caminar. Thibauldt aceptó el reto y ofreció presentar su obra para las fiestas del próximo cumpleaños de la Emperatriz. Utilizando la experiencia adquirida en la construcción del mecanismo de relojería que le dio movimiento al león mecánico, se propuso el misionero no sólo fabricar un "robot" sino varios.

«Si el padre logra esta obra de arte - escribía Amyot a Roma - no tardará el Emperador en decirle: "Ya que le has hecho andar hazle también que hable". Yo mismo he recibido de él el encargo de hacer los hombres que lleven un jarro de flores y anden con él llevo trabajando en ello ya siete meses, y necesitaré aún más de un año para terminar la obra de arte».

 

En medio de una gran expectativa llegó la fecha fijada por el Padre Thibauldt para cumplir lo prometido y las calles de Pekín fueron engalanadas para las festividades, reservándose los jesuítas la decoración de la calle Tocuming en la cual se proponían presentar el célebre espectáculo que relatan los historiadores aunque sin atribuirle la importancia que él tenía para la propagación de la fe en China. Uno de los misioneros, en su informe a Roma, describe así el triunfo que obtuvo el padre Thibauldt ante la Corte y la enorme multitud que lo presenció: «La tribuna de Gala (situada en la calle Tocuming-yoen) tenía de cada lado tres escenarios en perspectiva; al fondo había una figura vestida a la china, que tenía en las manos una felicitación escrita para la Emperatriz. Además, delante de cada escenario se pusieron estatuas chinas sosteniendo en la mano derecha una palangana de cobre y en la izquierda un pequeño martillo... Delante de la Tribuna de los espectáculos había un estanque de agua fingida con espejos, en cuya orilla había una esfera con signos europeos y chinos. En el agua se movía un ganso artificial. Todo ello entraba en movimiento por resortes escondidos y un imán que corría alrededor de la esfera y arrastraba tras de sí el ganso, de modo que marcaba la hora. A cada hora, la estatua con la felicitación escrita en sus manos avanzaba del fondo de la tribuna y se inclinaba, y acto continuo las otras seis estatuas tocaban, golpeando sucesivamente con el martillo sus palanganas de cobre. Acabada la música, la estatua con la inscripción se regresaba lentamente a su sitio».

Después de este decisivo triunfo del ingenio y la habilidad mecánica de los misioneros, pudieron los jesuitas disfrutar de amplia libertad para sus tareas evangélicas en China y siguiendo las orientaciones trazadas por el padre Ricci, avanzaron audaz mente en el proceso de orientalizar el ritual del catolicismo. No sólo aceptaron muchas de las ceremonias religiosas de los cultos chinos, sino que se hicieron algunas concesiones a la teología oriental, al traducir los textos cristianos al idioma chino. De ello es una muestra - muestra que causó gran escándalo en Occidente - su traducción de la palabra |Deus por el vocablo T´ien, que significa |Cielo. La rápida expansión del catolicismo en China fue el resultado de estas concesiones indispensables, de la misma manera que la propagación del cristianismo primitivo en el mundo clásico lo fue de las concesiones oportunas que hicieron los padres de la Iglesia a la cultura helénica.

 

En momentos en que la conquista espiritual de la China progresaba en esta forma segura y lograba espectaculares resultados, las potencias europeas que habían visto obstaculizados, por los jesuítas, todos sus esfuerzos comerciales en China, y las Ordenes rivales de la Compañía de Jesús, principalmente los dominicos y los franciscanos, comenzaron su gran ofensiva contra la obra misionera de los hijos de Loyola y sirviéndose de las concesiones que la Orden había hecho a los cultos asiáticos, asediaron al Papado y al Supremo Tribunal de la Inquisición con graves y repetidas denuncias contra los misioneros. jesuítas, en las cuales les calificaban de herejes, ocultistas, paganos y atribuían todos sus éxitos a u voluntaria y perniciosa deformación del credo católico. «Se culpaba a los padres que actuaban en la Corte de Pekín dice un historiador de la época - de haberse entregado, en su calidad de miembros del Tribunal Matemático, a la determinación de días felices y días aciagos, lo que representaba una superstición reprobable y era inadmisible. Se afirmaba que al decir la misa llevaban, en contra de todas las prescripciones eclesiásticas, un gorro según el estilo del antiguo birrete de los sabios chinos; no leían, como estaba prescrito, en lengua latina sino en lengua china, la liturgia, las misas y el breviario; en el bautizo de mujeres ponían los óleos en las ventanas de la nariz, los hombros y el pecho, con la liviana justificación de que los chinos no que rían tolerar que tocaran el cuerpo femenino manos extranjeras. Gran indignación producía en los enemigos de los jesuítas el hecho de que los misioneros permitieran a sus bautizados seguir participando en los ritos acostumbrados en honor de sus difuntos. Aquellas ceremonias de los muertos, en las cuales se quemaban tiras de papel y se ponían en mesas carne y vino para las almas de los difuntos, eran, en opinión de los dominicos y franciscanos, ceremonias paganas, cuyo ejercicio representaba un pecado para todo cristiano. Los jesuítas en cambio, no sólo permitían tales usos, sino que aún los practicaban ellos mismos ».

 

Estas denuncias, la mayor parte de las cuales eran ciertas, fueron coreadas por las principales potencias cristianas, cuyo tráfico comercial con Oriente había sido obstaculizado por los misioneros jesuítas, que, a diferencia de otras órdenes religiosas, actuaban como defensores de los pueblos del Asia, y, mientras persistió su influencia, fueron el obstáculo decisivo para la expansión del imperialismo colonial. Así se explica la completa uniformidad de la oposición que los gobiernos europeos desataron contra las Misiones jesuitas en Oriente, oposición que tuvo mayor eficacia por las objeciones de carácter teológico presentadas al Papado por las órdenes rivales de la Compañía. El Vaticano cometió entonces el histórico error, fatal para la Iglesia y la cultura de Occidente, de ceder ante las formidables presiones de que se le hizo objeto y sin atender a las brillantes defensas que presentaron los jesuitas de su tarea misional, ordenó a Monseñor Maigrot, Vicario Papal en Funkien, tomar las disposiciones del caso para poner término a aquellas actividades de los misioneros jesuítas que no encajaran dentro de la ortodoxia tradicional. El error de tales instrucciones se agravó por las peculiaridades del carácter del Vicario, uno de esos sacerdotes que habían ascendido en la carrera eclesiástica por influencias familiares y políticas y cuya ignorancia de la mentalidad oriental era de unas dimensiones que hoy todavía asombran a los historiadores. No bien llegó a Pekín, trató despectivamente a los misioneros y expidió un Edicto increíble, en el cual ponía en tela de juicio la autoridad del Emperador sobre las comunidades cristianas de China, amenazaba con excomuniones a los sacerdotes y conversos que no se sometieran a las rutinas de la liturgia tradicional y con tono altanero irrespetaba las tradiciones chinas. Los efectos de la conducta de Maigrot fueron catastróficos. El Vicario fue llamado, un tiempo después, a Palacio y al final de una vio lenta escena con el Emperador, se le expulsó del Imperio y el partido de mandarines y letrados que no simpatizaba con los jesuítas consiguió que se decretaran medidas francamente hostiles contra todas las actividades misioneras cristianas. Las tareas adelantadas durante un siglo por Ricci y sus sucesores fueron desbaratadas de una plumada por este Obispo perfumado e imprudente, a quien el Pontífice, en mala hora, confió la tarea de intervenir en el delicado litigio entre los jesuítas y las Ordenes religiosas rivales. «El cristianismo - dice el gran historiador Will Durant - perdió su oportunidad a principios del siglo XVIII, al surgir un conflicto entre los jesuitas y otras Ordenes católicas en China. Los jesuitas con su política peculiar, habían hallado fórmulas mediante las cuales podía darse forma cristiana a los elementos esenciales de la piedad china - el culto a los antepasados y la adoración del Cielo - sin atacar arraigadas instituciones ni poner en peligro la estabilidad moral de la China; pero los dominicos y franciscanos exigieron una interpretación más estricta y atacaron toda la teología y el ritual chinos como invenciones diabólicas. El ilustrado Emperador K´ang-hsi se mostraba propicio al cristianismo; confió sus hijos a preceptores jesuitas y ofreció, con ciertas condiciones, convertirse, en cristiano. Al adoptar oficialmente la Iglesia Católica la rígida actitud de los dominicos y franciscanos, K´ang-hsi retiró su apoyo al cristianismo y sus sucesores decidieron oponerse a él activamente. |En días posteriores, el voraz imperialismo de Occidente amenguó la fuerza persuasiva de las prédicas cristianas de los jesuitas y precipitó la aparición del apasionado anticristianismo de los chinos revolucionarios ».

 

La tarea de reivindicar la histórica obra de los jesuitas, sistemáticamente calumniada, correspondió al más grande de los historiadores del siglo XX, a Arnod Toynbee, quien en sus obras monumentales "Study of History" y "Civilization on Trial" hizo justicia, finalmente, a la tarea cumplida por los hijos de Loyola para incorporar la China a la comunidad universal católica, no como una zona de plantaciones coloniales sino como un pueblo soberano, respetable por su cultura milenaria y que podía hacer parte de la vida espiritual de Occidente sin perder su fisonomía ni tener que sacrificarse a la voracidad de la plutocracia cuyas piraterías económicas y financieras legitimó Calvino. «En China - dice Toynbee - los prospectos del catolicismo fueron obstruidos por la acción de un poder foráneo, aunque en este caso el poder que intervino, con tan desastrosos resultados, fue de carácter eclesiástico. La acción fatal fue la negativa, de parte del Vaticano y sus representantes, a permitir a los misioneros jesuitas en China que prosiguieran su labor de traducir el credo católico al lenguaje de la filosofía y el ritual del Lejano Oriente. Este veto le infirió un golpe mortal a la propagación de la católica en China, porque el proceso de traducción cultural y religiosa es una de las condiciones indispensables para la propagación de cualquiera "alta religión" foránea... En la sociedad afiliada al Lejano Oriente, a final del siglo XVII y en el siglo XVIII de la era cristiana, los misioneros jesuitas causaron una, verdadera tormenta cuando, en su anhelo de traducir las doctrinas de la cristiandad a términos familiares para los conversos chinos, emplearon la palabra china "T´ien" que significa Cielo, para traducir el vocablo latino Deus. En 1693 el Vicario General del Papa en la provincia de Fukien, Obispo Maigrot, promulgó un edicto prescribiendo que Deus no debía entenderse con el significado de la palabra china T´ien - Cielo - sino que debía traducirse con la frase T´ien Chum, que significa Señor del Cielo. El edicto del Obispo Maigrot fue confirmado por Decreto del Pontífice. Clemente XI y los prospectos del catolicismo en China fueron comprometidos más allá de toda posible rehabilitación, cuando en diciembre de 1706 el Obispo Maigrot recibió orden de comparecer ante el Emperador K´ans-hsi y fue despedido y expulsado del Imperio por su impertinente pretensión de discutir con el Hijo del Cielo (El Emperador) el significado del vocablo chino T´ien, aunque fue convicto, en su coloquio con el Monarca, de ignorar completamente la filosofía cínica y desconocer hasta el lenguaje chino. Algunas de las concesiones de los jesuítas a los credo orientales no podían menos de espantar a las mentes latinas, |las cuales no habían sido compelidas, por el reto y las exigencias de la vida y el trabajo misionero, a enfrentarse al problema decisivo de distinguir las esencias sacrosantas de la Cristiandad de sus accidentes locales y temporales de carácter sirio, helénico u occidental. La ignorancia del Vaticano y su falta de imaginación fueron perdonables y quizá, aún inevitables, pero esas faltas veniales de la cabeza y el corazón resultaron desastrosas pata las perspectivas del catolicismo en Asia, porque ellas tuvieron el efecto de herir profundamente las susceptibilidades chinas, que los jesuítas procuraron siempre no ofender... Inicialmente y por cerca de doscientos años nuestros enérgicos antepasados occidentales llevaron a cabo la valerosa tentativa de propagar por el mundo nuestra herencia cultural, incluyendo en ella su núcleo religioso y su corteza externa tecnológica. En ello no se equivocaron, porque la Cultura un "todo", cuyas partes son interdependientes y exportar corteza sin el grano es tanto como provocar la irradiación de los electrones satélites del átomo, con prescindencia de su núcleo. Entonces sobreviene la explosión. |Desafortunadamente, a mediados del siglo XVII y en el siglo XVIII de la éra cristiana, pasó algo que, me aventuro a profetizar, va a aparecer, en retrospecto, como uno de los eventos claves de la historia occidental, no bien esa historia pueda ser vista en perspectiva, como una parte de la historia de la Humanidad... Ese evento decisivo fue la concomitancia del fracaso de los misioneros jesuítas en el Asia con el éxito de la Royal Society. (El símbolo del imperialismo inglés). Los jesuitas fracasaron en convertir a los chinos y a los hindúes no obstante que tenían el dominio y el secreto del arte misionero, porque cuando llegó el momento decisivo ni el Papa, ni el Hijo del Cielo, ni los brahmanes lo tenían. Porque los contemporáneos - católicos y protestantes - de los trágicamente frustrados misioneros jesuitas llegaron a la peligrosa conclusión de que una religión, dividida y discutida, en cuyo nombre se venía librando la inconclusa guerra de los cien años, era un elemento inoportuno e innecesario de nuestra herencia cultural. ¿Por qué no llegar, se preguntaron, a un acuerdo tácito para terminar las guerras de religión, acabando con la religión misma, a fin de concentrar todas las energías humanas en la aplicación de la ciencia física a los problemas de orden práctico, aspiración ésta que no ocasionaba controversias y prometía ser muy lucrativa? Este cambio de rumbo del progreso occidental ocurrió en el siglo XVII y tuvo enormes consecuencias; la civilización occidental se extendió como un incendio voraz alrededor del mundo, pero .no se propagó en su totalidad, sino que se limitó a exportar su corteza tecnológica, desprovista de todas sus esencias espirituales... Su más obvio ingrediente fue la técnica, pero el hombre no puede vivir solamente de técnica... Las civilizaciones del pretérito fueron creadas y usufructuadas por una escasa minoría sofisticada, que acampaba sobre las espaldas de un campesinado neolítico se campesinado ha sido el último y poderoso durmiente que el Oeste ha despertado. Aunque el despertar de esa inmensa, pasiva e industriosa masad la humanidad ha sido lento, el proceso ha ido ganando en intensidad... Su despertar sólo es cuestión de tiempo y cuando esto ocurra, los números comenzarán a hablar ».

 

Ya comenzaron a hablar; ya despertaron, como lo preveía Toynbee, las enormes multitudes del Lejano Oriente, largamente oprimidas por las plutocracias calvinistas. Una dramática conmoción revolucionaria, que tiene uno de sus epicentros en la China, se levanta hoy como una inmensa marejada contra nuestra cultura, porque en el siglo XVIII se rechazaron las soluciones que hubieran permitido construir un nuevo tipo de relaciones entre Oriente y Occidente. Como entonces se prefirieron las nefastas prácticas del imperialismo protestante, la ideología revolucionaria de Lenín vino a ocupar, finalmente, el gran vacío que dejó el fracaso de los jesuítas en el Este. sólo resta esperar que no sea demasiado costoso el precio que habrá de pagar Occidente por el histórico error que le indujo a tratar de convertir al mundo en una gran factoría colonial de los mezquinos negociantes que Calvino convirtió en Elegidos de Dios.

 

Nos hemos visto precisados a hacer este largo relato de la batalla que de dos siglos se libró entre el espíritu de Loyola y el espíritu de Calvino, porque esa batalla forma el marco dentro del cual adquirieron su fisonomía característica las famosas Misiones Jesuítas de la América Española. Vamos, pues, a asistir a los desarrollos del trascendental experimento socialista que realizaron los hijos de Loyola en el Nuevo Mundo.

 

http://www.lablaa.org/blaavirtual/historia/cseii/cseii02b.htm

 

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la tierra en cuarto creciente  - MMX

 

Matteo Ricci, un gigante de la ciencia y de la fe

Iniciativas culturales en el IV centenario de la muerte del famoso jesuita

 

Por Antonio Gaspari

ROMA, lunes 18 de enero de 2010 (ZENIT.org).- Entre las iniciativas culturales y religiosas del año 2010, destacan las relativas a la celebración del cuarto centenario de la muerte, en 1610 de Matteo Ricci, el famoso jesuita que marcó la historia de la cultura y de la misión en China, y a quien la revista American Life ha colocado entre los cien personajes más influyentes e importantes del segundo milenio.

En la jornada del jueves 14 de enero más de cien Embajadores ante la Santa Sede visitaron la gran exposición “En las cumbres de la historia. P. Matteo Ricci (1552-1610) entre Roma y Pekín”, dirigida por el profesor Antonio Paolucci y alojada en el Vaticano, en las salas del Brazo de Carlomagno.

Un éxito particular está teniendo un libro y una película con el título Matteo Ricci. Un gesuita nel regno del drago (Matteo Ricci, un jesuita en el reino del dragón), dirigidos por Gjon Kolndrekaj y publicados por la RAI - ERI.

En la dedicatoria que abre el libro, el director italiano de origen kosovar, Gjon Kolndrekaj, escribe: “Esta obra está dedicada a todos aquellos misioneros que en silencio anuncian la verdad, obrando el Bien Común en las diversas culturas y civilizaciones”.

 

Recorrer la historia de Matteo Ricci es como vivir una fantástica aventura.

Nacido en Macerata el 6 de octubre de 1552 de una familia noble e importante, Matteo fue formado como literato y religioso en la escuela de los jesuitas.

A su formación humanística se añadía la sólida componente matemática, astronómica, cartográfica y científica, gracias a las enseñanzas del padre Cristoforo Clavio.

Fascinado por Oriente, apenas ordenado, Matteo navegó hacia la misión en China en 1582. Tras años de estudio de la lengua, de las costumbres y de la cultura china, el joven jesuita gozó de la estima y de la confianza de la clase culta china, hasta el punto de ser introducido en la Corte Imperial de Wanli.

Matteo Ricci era culto y carismático, asombró a la corte imperial con su ánimo bondadoso, con su ciencia y con su fe.

Demostró a los chinos que la tierra era redonda, dibujó el mapa del mundo entonces conocido, construyó relojes mecánicos, tradujo por primera vez obras occidentales al chino.

Tradujo al mandarín muchos tratados fundamentales para la ciencia occidental, como los primeros seis libros de los “Elementos de Euclides” y el “Manual de Epicteto”.

En 1584 escribió un breve catecismo, el primer libro impreso por extranjeros en China.

De estas fechas dataría también su composición del gran Mapamundo en lengua china, cuya sexta edición fue querida por el mismo Emperador en 1608.

En el Mapamundo se representan los continentes y las islas hasta entonces descubiertas ofreciendo, en línea con la tradición china, las anotaciones de las noticias históricas junto a las principales localidades.

Matteo Ricci además, compuso y publicó el primer trabajo sinológico de la historia: un pequeño diccionario portugués-chino.

En 1595 escribió el “Tratado sobre la amistad”; en 1607 tradujo ye imprimió las “Diez paradojas”; en 1603 se imprimió el escrito “Genuina noción de Dios”, con el que el padre Ricci demostraba la existencia de Dios, explicaba la inmortalidad del alma y confutaba el monismo panteísta y la metempsicosis, entonces muy difundidas entre los chinos cultos.

Importantes también los escritos compuestos compuestos para los occidentales, como sus “Cartas” y su informe “De la entrada de la Compañía de Jesús”.

Su obra era tan impresionante que el Emperador le concedió el permiso de fundar una iglesia (sostenida a expensas del erario público) y, admitiéndole a menudo en la corte, le introdujo en el círculo de los mandarines, los más importantes funcionarios imperiales.

Cuando murió en 1610, la comunidad cristiana china fundada por él contaba con 500 convertidos, de los cuales 400 sólo en Pekín. Entre estos sobresalían figuras de primer plano en la vida social, cultural y política china, además de algunos parientes del Emperador.

Zhang Xiping, profesor de lengua china y literatura cristiana en la Universidad de Pekín y miembro de la Academia de Ciencias Sociales de China, explica que “la opinión de Ricci fue apreciada por los sabios chinos, tanto que hasta inicios de la dinastía de los Qing, el catolicismo se divulgó libremente en toda China, se construyeron más de sesenta iglesias y más de doscientos misioneros evangelizaron en China”.

El padre Matteo Ricci recibió el más alto reconocimiento para un extranjero, es decir, el privilegio imperial de un terreno de sepultura en la capital, en la que hoy es la School of Beijing Municipal Committee.

La tumba del jesuita italiano se encuentra hoy dentro del Cementerio de Zhalan, junto al Colegio Administrativo de Pekín (Beijing Administrative College), situado en las cercanías del Templo de las Cinco Pagodas, en la periferia noroeste de la ciudad.

Monseñor Claudio Giuliodori, obispo de Macerata y presidente de la Comisión Episcopal para la cultura y las comunicaciones sociales de la Conferencia Episcopal Italiana, en la introducción al docufilm de Kolndrekaj escribe: “el padre Matteo Ricci es un gigante de la cultura y de la fede. Dotado de extraordinarias dotes intelectuales, se ha demostrado un verdadero genio de la inculturación, a través de la cual supo abrir el camino al diálogo entre Oriente y Occidente, y a la evangelización de China”.

En el mismo libreto, el padre Federico Lombardi, S.J., Director de la Sala Stampa de la Santa Sede, subraya que, cuando el 11 de mayo de 1610 moría Matteo en Pekín, la comunidad cristiana en China estaba bien establecida y la fama de Ricci era grande también en la corte imperial, tanto que el emperador, a petición de los hermanos de nuestro misionero, concedió un lugar para su sepultura. Nunca había sucedido antes que un extranjero fuera sepultado en territorio chino, y esto demuestra cuánto se estimaba y honraba a Ricci”.

“Conocí la figura de Matteo Ricci en 1976, con ocasión de un viaje mío a Pekín, con mi maestro Joris Evans – explicó a ZENIT Gjon Kolndrekaj –. Desde entonces decidí dedicarme a la figura de este gran misionero italiano al que los chinos llamaban Li Madou”.

“Tras haber dedicado años de mi carrera a la profundización de las temáticas relativas a las tres religiones monoteístas – prosigue el autor del libro y de la película – dedicarme a la figura de Ricci, misionero católico y científico italiano, que entró en relación con la filosofía y el pensamiento occidental, era algo que me fascinaba”.

“Espero que este trabajo – concluye Gjon – contribuya a dar a conocer la figura y las obras de Matteo Ricci no sólo para los iniciados en su obra, sino también y sobre todo al gran público”.

La historia de Matteo Ricci ha tocado también la imaginación de los Pontífices.

El papa Juan Pablo II dijo de él: "el padre Matteo Ricci estaba justamente convencido de que la fe en Cristo no sólo no habría traído ningún daño a la cultura china, sino que la habría enriquecido y perfeccionado... la figura y la obra del padre Ricci parecen asumir hoy una gran actualidad para el pueblo chino, embarcado como está en un proceso de modernización y de progreso”.

Y añadió: “el padre Matteo Ricci comprendió y apreció plenamente la cultura china desde el principio, y su ejemplo debería servir de inspiración a muchos.

Benedicto XVI, en la carta enviada el 6 de mayo de 2009 a monseñor Claudio Giuliodori escribió: “Matteo Ricci, dotado de profunda fe y de extraordinario ingenio cultural y científico, dedicó largos años de su existencia a tejer un diálogo provechoso entre Occidente y Oriente llevando a cabo al mismo tiempo una penetrante acción de enraizamiento del Evangelio en la cultura del gran pueblo chino”.

“Su ejemplo – añadía el Pontífice alemán – permanece también hoy como modelo de encuentro provechoso entre la civilización europea y la china”.

“Matteo Ricci – concluía – fue un obediente ministro de la Iglesia e intrépido e inteligente mensajero del evangelio de Cristo”.

La diócesis de Macerata ha preparado activamente las celebraciones para el cuarto centenario de su muerte (1610 – 2010), con la publicación de una agenda y de un calendario, con una obra teatral, la proyección del docufilm de Kolndrekaj, un congreso internacional para marzo y otra decena de encuentros.

 

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Matteo Ricci, el misionero jesuita que evangelizó China

Se celebra el IV centenario de la muerte de un maestro de la ciencia y la fe que marcó la historia de la cultura y la misión en China

 

Carlota Falcó Vich  2010- I.20

El Papa Benedicto XVI le ha señalado como el “modelo de encuentro provechoso entre la civilización europea y la china”. Asimismo, la revista American Life lo considera uno de los cien personajes más influyentes e importantes del segundo milenio. Matteo Ricci, el jesuita que llevó la cruz al gigante asiático, es ahora homenajeado, cuatro lustros después de su muerte.

Más de cien embajadores ante la Santa Sede han visitado la exposición ‘En las cumbres de la historia. P. Matteo Ricci (1552-1610) entre Roma y Pekín’. Asimismo, el libro y la película Matteo Ricci. Un gesuita nel regno del drago (Matteo Ricci. Un jesuita en el reino del dragón), esta última dirigida por Gjon Kolndrekaj, han tenido un éxito particular.

 

Matteo Ricci y Li Madou fueron la misma persona. El primero, un joven fascinado por Oriente que navegó hacia la misión en China. Y el segundo, por invitación del mismo Emperador, uno más en la Corte de los mandarines.

 

De Macerata a Pekín

 

Nacido en 1552 en la italiana ciudad de Mascerata, en el municipio de Marcas, fue hijo de una familia noble e importante. Instruido como literato y religioso en la escuela de los jesuitas y gracias al padre Cristoforo Clavio, a su formación se le añadieron conocimientos de matemáticas, astronomía, cartografía y ciencia, según recuerda el portal de noticias Zenit.

 

En 1582, su fascinación por Oriente le hizo navegar hacia China. Y tras el estudio de la lengua, las costumbres y la cultura, el joven jesuita gozó de la estima y la confianza de la clase culta china, hasta el punto de ser introducido en la Corte Imperial de Wanli.

 

Sus aportaciones científicas y literarias

 

Matteo Ricci aportó grandes conocimientos de ciencia a la cultura china. En este sentido, demostró a los chinos que la tierra era redonda, dibujó el mapa del mundo como era conocido entones, construyó relojes mecánicos y tradujo, por primera vez, obras occidentales al chino.

 

Asimismo, el que fuera conocido por Li Madou, tradujo al mandarín muchos tratados fundamentales para la ciencia occidental como los seis primeros libros de los Elementos de Euclides y el Manual de Epicteto.

  

En 1584, Ricci escribió el primer libro impreso por extranjeros en China, un breve catecismo. Además, compuso y publicó un pequeño diccionario portugués-chino, el primer trabajo sinológico de la historia.

 

El evangelismo de Li Madou

 

El misionario evangelista escribió el Tratado sobre la amistad y tradujo las Diez paradojas. En 1603, se imprimió Genuina nación de Dios, con la que el jesuita demostraba la existencia de Dios, explicaba la inmortalidad del alma y confutaba el monismo panteísta y la metempsicosis.

 

Fueron muy importantes también los escritos dirigidos a los occidentales como Cartas y De la entrada de la Compañía de Jesús.

 

La obra de Matteo Ricci fue tan impresionante que el Emperador le concedió el permiso de fundar una iglesia. Asimismo, fue introducido en el círculo de los mandarines, los más importantes funcionarios imperiales.

 

Zhang Xiping, profesor de lengua china y literatura cristiana en la Universidad de Pekín y miembro de la Academia de Ciencias Sociales de China, ha manifestado que “la opinión de Ricci fue apreciada por los sabios chinos, tanto que hasta inicios de la dinastía de los Qing, el catolicismo se divulgó libremente en toda China. Asimismo, ha explicado Xiping, “se construyeron más de sesenta iglesias y más de doscientos misioneros evangelizaron China”.

 

 

Voces de aclamación

 

El papa Juan Pablo II expresó que el padre Matteo Ricci estaba “justamente convencido de que la fe en Cristo no sólo no habría traído ningún daño a la cultura china, sino que la habría enriquecido y perfeccionado”. “El padre Ricci comprendió y apreció plenamente la cultura china desde el principio y su ejemplo debería servir de inspiración a muchos”, añadió Juan Pablo II.

 

Benedicto XVI también se ha pronunciado y ha escrito: “Matteo Ricci, dotado de profunda fe y de extraordinario ingenio cultural y científico, dedicó largos años de su existencia a tejer un diálogo provechoso entre Occidente y Oriente llevando a cabo al mismo tiempo una penetrante acción de enraizamiento del Evangelio en la cultura del gran pueblo chino”. En conclusión, el Papa ha manifestado que el jesuita “fue un obediente ministro de la Iglesia e intrépido e inteligente mensajero del evangelio de Cristo”.

 

El padre Matteo Ricci es un gigante de la cultura y de la fe. Dotado de extraordinarias dotes intelectuales, se ha demostrado un verdadero genio de la inculturación, a través de la cual supo abrir el camino al diálogo entre Oriente y Occidente y a la evangelización de China”, ha explicado, recientemente, el obispo de Macerata y presidente de la Comisión Episcopal para la cultura de las comunicaciones sociales de la Conferencia Episcopal Italiana, monseñor Claudio Giuliodori.

 

La diócesis de Macerata, ciudad natal del misionero, ha preparado una serie de celebraciones para el cuarto centenario de su muerte: la publicación de una agenda y de un calendario, la representación de una obra teatral, la proyección del docufilm del director Gjon Kolndrekaj y la realización de un congreso internacional previsto para el mes de marzo, entre otra decena de encuentros. http://www.forumlibertas.com/frontend/forumlibertas/noticia.php?id_noticia=16013

 

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espléndido como rarísimo plato Ming en perfecto estado- MMVIII

 

IV centenario de la muerte del padre Matteo Ricci, de la Compañía de Jesús, que tuvo lugar en Pekín el 11 de mayo de 1610. 

El jesuita Matteo Ricci, que nació en Macerata el 6 de octubre de 1552, dotado de profunda fe y de extraordinario ingenio cultural y científico, dedicó muchos años de su vida a tejer un provechoso diálogo entre Occidente y Oriente, realizando al mismo tiempo una acción eficaz de arraigo del Evangelio en la cultura del gran pueblo de China. Su ejemplo sigue siendo también hoy un modelo de encuentro beneficioso entre la civilización europea y la china.
Por tanto, me uno de buen grado a cuantos recuerdan a este generoso hijo de vuestra tierra, ministro obediente de la Iglesia e intrépido e inteligente mensajero del Evangelio de Cristo. Considerando su intensa actividad científica y espiritual, no se puede menos de quedar favorablemente impresionados por la innovadora y peculiar capacidad que tuvo de acercarse, con pleno respeto, a las tradiciones culturales y espirituales chinas en su conjunto.
Efectivamente, esa actitud caracterizó su misión, orientada a buscar la posible armonía entre la noble y milenaria civilización china y la novedad cristiana, que es fermento de liberación y de auténtica renovación dentro de toda sociedad, dado que el Evangelio, mensaje universal de salvación, está destinado a todos los hombres, cualquiera que sea el contexto cultural y religioso al que pertenezcan.
Además, lo que ha hecho original y -podríamos decir- profético su apostolado, fue seguramente la profunda simpatía que sentía por los chinos, por su historia, por sus culturas y tradiciones religiosas. Baste recordar su Tratado sobre la amistad (De amicitia Jiaoyoulun), que obtuvo gran éxito desde su primera edición en Nankín en 1595. Este paisano vuestro, modelo de diálogo y de respeto por las creencias de los demás, hizo de la amistad el estilo de su apostolado durante los veintiocho años que permaneció en China. La amistad que ofrecía era correspondida por las poblaciones locales precisamente gracias al clima de respeto y estima que trataba de cultivar, preocupándose por conocer cada vez mejor las tradiciones de la China de ese tiempo.
A pesar de las dificultades y las incomprensiones que afrontó, el padre Ricci quiso mantenerse fiel hasta la muerte a ese estilo de evangelización, aplicando -se podría decir- una metodología científica y una estrategia pastoral basadas, por una parte, en el respeto de las sanas costumbres del lugar, que los neófitos chinos no debían abandonar cuando abrazaban la fe cristiana; y, por otra, en la convicción de que la Revelación podía valorarlas y completarlas aún más. Y precisamente de acuerdo con estas convicciones, el padre Ricci, como habían hecho los Padres de la Iglesia en el encuentro del Evangelio con la cultura grecorromana, planteó su clarividente labor de inculturación del cristianismo en China, buscando un entendimiento constante con los doctos de ese país.

 

 

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Benedicto XVI: Matteo Ricci amó a la Iglesia y al pueblo chino

Telegrama del Papa a un congreso sobre el misionero en Italia

ROMA, lunes 8 de marzo de 2010 (ZENIT.org).- El padre Matteo Ricci nutrió siempre un profundo amor por la Iglesia y por el pueblo chino. Es lo que recuerda Benedicto XVI en un telegrama enviado al congreso internacional “Ciencia, razón, fe. El genio del padre Matteo Ricci”, celebrado en Macerata, Italia, con motivo de los 400 años de la muerte del misionero jesuita.

En el mensaje, firmado por el cardenal Tarcisio Bertone, secretario de Estado vaticano, leído durante las tres jornadas de estudio concluídas este sábado, el Papa expresa “vivo aprecio por la significativa manifestación, encaminada a dar a conocer la extraordinaria obra cultural y científica del padre Matteo Ricci, noble hijo de esta tierra, como también su profundo amor a la Iglesia y el celo por la evangelización del pueblo chino”.

En una carta enviada el mes pasado siempre a monseñor Claudio Giuliodori, obispo de Macerata, con motivo del inicio de las celebraciones del IV Centenario de Ricci, el Papa subrayó del jesuita la “innovadora y peculiar capacidad” de “buscar la posible armonía entre la noble y milenaria civilización china y la novedad cristiana”.

El Papa destacó la “estrategia pastoral” del jesuita, que permaneció en China 28 años, y la “profunda simpatía que nutría por los chinos, por su historia, por su cultura y tradición religiosas”, que “convirtió en original, y podríamos decir, profético su apostolado”.

Nacido en Macerata el 6 de octubre de 1552, el futuro “Apóstol de China” entró a los 18 años en la Compañía de Jesús en Roma, madurando muy pronto una auténtica vocación misionera.

En 1557, pidió ser destinado a las Misiones de Oriente y a tal fin partió para Portugal, etapa de preparación al apostolado oriental; embarcado en Lisboa con 14 hermanos de congregación, el 13 de septiembre de 1578 llegó a Goa, India, donde estaba sepultado san Francisco Javier.

Pasó algunos años en tierra india, enseñando materias humanísticas en las escuelas de la Compañía, antes de la ordenación sacerdotal recibida en Cochín, lugar en el que celebró la primera Misa el 26 de julio de 1580.

En tanto, se acercaba el momento del nuevo destino: el visitador de las Misiones de Oriente Aessandro Valignano pidió al padre Ricci que se trasladara a Macao para estudiar la lengua china y prepararse a entrar en China, entonces impenetrable a los extranjeros.

La tan esperada entrada tuvo lugar el 10 de septiembre de 1583. El padre Matteo y el compañero Michele Ruggiere llegaron a Zhaoqing, donde empezaron a construir la primera casa y la primera iglesia, terminada en 1585. La pequeña comunidad jesuita se trasladó luego a Shaozhou, Nanchang y Nankín, para entrar finalmente en Pekín el 14 de enero de 1601.

Bien acogido por el emperador Wanli de la dinastía Ming, el padre Ricci fue elevado al rango de mandarín, recibido en la corte del Celeste Imperio, acogido por altos funcionarios civiles y militares. “Hacerse chino con los chinos”: este fue el innovador método de evangelización del padre Ricci, que supo adaptarse a los usos y tradiciones locales para estar más cercano a quienes anunciaba el Evangelio.

La vía de la “inculturación” elegida por el jesuita, unida a la práctica incansable de la caridad, supo dar sus frutos, con las conversiones tanto de importantes dignatarios como de exponentes de categorías modestas, impactados por el gran respeto del misionero por el confucianismo y por el patrimonio cultural chino.

Gran admiración suscitaron también los conocimientos científicos de Ricci, que llevó a China la matemática y la geometría de Occidente, junto a las grandes aportaciones del Renacimiento en el campo de la geografía, la cartografía y la astronomía.

Además de enseñar en lengua china numerosas materias científicas y humanísticas, dejó un gran número de escritos, como el “Tratado sobre la amistad”, el “Mapamundi chino”, el tratado “Genuina noción del Señor del Cielo”, “Síntesis de la doctrina cristiana”, “Cristiandad en China”, “Comentarios” y “Cartas desde China”, contribuyendo de modo decisivo a la fundación de la moderna sinología y a la difusión del conocimiento de Occidente en China y en todo Oriente.

“Li Madou” –el nombre chino del padre Ricci- murió en Pekín el 11 de mayo de 1610. Derogando la tradición de no permitir la inhumación en China de los extranjeros, el emperador concedió un terreno para su sepultura, como máximo tributo a su ciencia y su amor por los chinos.

Traducido del italiano por Nieves San Martín

 

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Rudjer Joseph Boscovich, genial y

polifacético jesuita y hombre de ciencia

 

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El cardenal que se adelantó a Galileo y a Da Vinci

 

Nicolás de Cusa, como cardenal.

 

Apasionado de la matemática y consejero de tres papas, Nicolás de Cusa hacía ciencia copernicana 150 años antes que Galileo y Copérnico.

 

Uno de los tópicos en historia de la ciencia es pensar que se pasa del “oscurantismo” medieval al nacimiento de la ciencia moderna de manera súbita. De la noche a la mañana surge un grupo de hombres extraordinarios que deciden darle la vuelta a nuestra manera de ver el mundo: Galileo, Kepler, Descartes… Es cierto que sus aportaciones supusieron una “revolución” pero no es menos cierto que cada uno de ellos (como todo hombre de ciencia) debe gran parte del éxito de su trabajo a sus predecesores.

 

Un “eslabón perdido” con nombre y apellidos


Existe por tanto una transición real, y no un salto abrupto, entre la manera de hacer ciencia de la Edad Media y las revoluciones de la Edad Moderna. Si tuviéramos que darle nombre y apellidos a nuestro “eslabón perdido” sin duda elegiríamos a Nikolaus Krebs, más conocido por Nicolás de Cusa. Iserloh lo describe de manera muy plástica: “está en el otoño de la Edad Media, pero también en la primavera de los tiempos modernos”.


Nació en 1401 en la ciudad alemana de Krebs (Cusa en latín). A los dieciséis años recibió la tonsura clerical y viajó por Europa estudiando gramática y filosofía, para obtener finalmente el doctorado en Derecho Canónico en Padua a la edad de 22 años. Paralelamente había nacido en él la pasión por las matemáticas y las ciencias naturales.

 

Una anécdota de su insaciable curiosidad científica la encontramos en su estancia en Colonia. Visitando la biblioteca de la cartuja encontró el Liber contemplationis de Ramón Llull, una de las figuras más eximias del medioevo hispano. No dejó escapar la oportunidad: se interesó por la obra y tomó diversas anotaciones.


Precursor del “giro copernicano”

 


Nicolás de Cusa mantuvo que la Tierra no era el centro del mundo y, basándose en la observación de los eclipses, que ésta era menor que el Sol y mayor que la Luna. También afirmó que el Sol, la Tierra y los demás cuerpos celestes se encuentran en movimiento y difieren en sus velocidades. También propuso la rotación terrestre como explicación al ciclo de los días. Por todo ello se le puede considerar con justicia un precursor de Copérnico. Sus intuiciones e ideas influyeron no sólo en éste sino en figuras tan ilustres como Kepler, Leonardo da Vinci y Giordano Bruno.

 

 

Atanasius Kirchner, lo mismo estudiaba

microbios que jeroglíficos egipcios

 


Un “argumento de autoridad” para Descartes

 


El libro más famoso de Nicolás de Cusa es “De docta ignorantia” (expresión prestada de san Agustín y san Buenaventura). En él expone una epistemología y una teología muy diferente de la tradicional. Llega a afirmar que el mundo es una imagen de Dios y su Trinidad. Partiendo de esta base postula la infinitud del espacio. Cuando más tarde Descartes proponga un espacio-tiempo infinito acudirá a Nicolás como argumento de autoridad para respaldar sus tesis.

 


Nuestro hombre no dudaba en “flirtear” con el concepto de infinito, imprescindible para las matemáticas contemporáneas. De hecho fue el primero que presentó el círculo como un polígono de lados infinitos (tal como se explica hoy día).

 

 

Scheiner describió el funcionamiento de la retina...

 

y de las manchas solares

 

 

 

Adelantado a Galileo en la crítica a la escolástica


En uno de sus libros Nicolás de Cusa reprocha a la Filosofía de la Naturaleza escolástica (embrión de la Física actual) su incapacidad para medir (mensurare). Afirma que todo conocimiento científico debe estar fundamentado en la medición, otorgando a la geometría un papel protagonista en la ciencia.

 

La escolástica había recogido de Aristóteles una manera de hacer ciencia muy especulativa y poco experimental, en la que se recurría frecuentemente a la autoridad de los clásicos.

 

Nicolás de Cusa proponía recurrir a la “autoridad de las mediciones”. Por ello se esforzó por mejorar aparatos de medida (el reloj, la balanza) e inventó otros como el batómetro, que sirve para evaluar rápidamente la profundidad de ríos y lagos.

 

Muchas de sus sugerencias fueron realizadas en tiempos de Galileo, casi 150 años después. Nicolás de Cusa y Galileo compartieron la misma crítica a la manera de la escolástica de enfocar la filosofía de la naturaleza y abrieron el camino a la ciencia experimental, si bien es Galileo quien normalmente se lleva todo el mérito.


Y todo ello sin dejar de ser un gran hombre de Iglesia


Nicolás de Cusa fue obispo y cardenal y un hombre de confianza para los papas Nicolás V, Eugenio IV y Pío II. Fue nombrado legado pontificio y se le encomendó una misión muy ecuménica: lograr la unión con los griegos. Otro encargo de la Santa Sede fue lograr la firma de un concordato con el Imperio Austro-Húngaro, empresa que culminó con éxito. Fue Obispo de Brixen (Alemania) y tuvo que sufrir durante todo su mandato la oposición feroz de los poderes políticos. De hecho, acabó sus días en el exilio.


La vida de Nicolás es una prueba “empírica” de que la entrega y el servicio abnegado y constante a Cristo y a su Iglesia no sólo no es un impedimento para el desarrollo de la ciencia, sino que constituye una guía y estímulo para ésta.

Francesc Gómez Morales - 2006-09-27

http://www.forumlibertas.com/frontend/forumlibertas/noticia.php?id_noticia=6456#

 

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"¿San Alberto Einstein?";

el patrón de los científicos

 

Pocos son los estudiantes de ciencias que conocen las aportaciones científicas de su patrón, San Alberto Magno.

 

Alrededor del 15 de noviembre en las facultades de ciencias de todos los países de herencia católica se conmemora la fiesta del patrono, que es San Alberto. En el campus universitario de la Diagonal de Barcelona, de los muchos actos que se celebran, sólo uno nos refiere directamente al sentido originario de la festividad: la celebración eucarística del SAFOR (Servicio de Asistencia y Formación Religiosa). Por ello no es de extrañar que la mayoría de estudiantes no sepan exactamente qué están celebrando.

La lógica consecuencia es que uno de ellos escribiera en uno de los carteles que anunciaban las fiestas: “Sant Albert… Einstein?”. Quizá en un momento de lucidez en medio de los litros de alcohol que corren en los vestíbulos de cada facultad, el buen estudiante se preguntara a qué venía todo aquello.

Es evidente que la Iglesia no ha canonizado a Einstein. Como físico está a la altura de los más grandes, como Newton y Maxwell, aunque como persona y como marido su contribución es más discutible… y si no que se lo pregunten a Mileva, su sufrida esposa.

El verdadero San Alberto

Fue un Papa contemporáneo, Pío XII (1876-1958), quien declaró a Alberto patrono de todos los que se dedican a las ciencias naturales.

San Alberto Magno nació en la ciudad bávara de Lavignan (perteneciente a la actual Alemania) hacia el 1206 y murió en Colonia en 1280. Sólo con ver las fechas y si uno se deja llevar por la famosa leyenda negra entorno al supuesto oscurantismo de la Iglesia en la Edad Media, lo más sencillo es imaginarse a San Alberto como un obispo dedicado a refrenar las desmedidas ambiciones de los alquimistas por encontrar la piedra filosofal o disuadiendo al pueblo de acudir a los astrólogos para indagar sobre el futuro.

En realidad, Alberto sí que fue obispo, en concreto lo eligieron en 1260 para ocupar la sede de Ratisbona, pero sólo “duró” dos años. Vio que no era lo suyo y prefirió volver a sus antiguas ocupaciones. Además de ser teólogo, exegeta, filósofo y predicador, también tuvo tiempo para cultivar de manera muy notable las ciencias naturales: astronomía, meteorología, zoología, botánica, medicina, agricultura…

Fue capaz de describir toda la fauna europea (necesitó 26 libros para ello) y analizó con rigor la flora alemana, con una profundidad tal que fueron necesarios varios siglos para superar lo que él dio a conocer.

 

 

Sarcófago del santo en el convento dominico alemán de Sant Andreas

 

 

Dos “pequeños” favores que le debemos a San Alberto

H.J. Sadler dijo de San Alberto en 1932: “Si se hubiera continuado el desarrollo de la ciencias de la naturaleza por el camino que había tomado San Alberto se habría ahorrado a esta ciencia un rodeo de tres siglos”.

San Alberto basó su método científico en la observación y experimentación de los fenómenos de la naturaleza. Dio mucha importancia a contrastar sus proposiciones de manera empírica, proponiendo una manera de hacer ciencia menos especulativa y más experimental.

Hay que señalar que las ciencias naturales de la época eran más bien una filosofía de la naturaleza y, por tanto, se utilizaba de manera prioritaria el método filosófico.

Hasta la aparición de Galileo tres siglos más tarde la ciencia no adoptaría firmemente el método empírico y por eso el autor citado muestra a San Alberto como un precursor de la ciencia moderna.

Por otra parte, y como es bien sabido, San Alberto fue profesor de Santo Tomás de Aquino en la Universidad de París. Los dos compartieron orden religiosa (los dos eran dominicos) y una gran pasión por la verdad. Es bonito pensar que San Alberto tuviera gran parte de “culpa” del gran legado que nos dejó su mejor discípulo.

 

Francesc Gómez Morales - 2006-09-27

[Ratisbona, ciudad de la que fue Obispo durante dos años San Alberto y famosa por la cátedra de S.S. Benedicto XVI].

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Para el cristianismo medieval, conocer la geometría

 era conocer cómo Dios creó el mundo

 

El Papa Gerberto de Aurillac,

un mártir de la ciencia

 

Silvestre II, matemático y sabio, sufrió la persecución por sus geniales ideas científicas seis siglos antes que Galileo; y quien le perseguía no era la Iglesia.

Hace unos años todo el mundo estuvo en vilo durante un tiempo ante el temido “cambio de milenio”. El efecto 2000 en la informática y los profetas de calamidades se encargaron de alimentar la frenética imaginación del pueblo. Nihil novo sub sole (Nada nuevo bajo el sol) dice la máxima latina.

 

Y es cierto. En el primer cambio de milenio la población también se aterrorizó de manera infundada. Entonces fue Silvestre II el encargado de apaciguar los miedos de sus fieles e introducirlos en el segundo milenio de la era cristiana. A los que les guste esta época y quieran enmarcar al personaje, les puede ir bien leer Cercamón, una premiada novela de Luis Racionero en la que aparece el gran papa matemático.

Un monje francés formado en Barcelona y amigo del Obispo de Vic

Gerberto de Aurillac (futuro Silvestre II) nació en Auvernia, sur de Francia, en el año 940. Estudió el Trivium (gramática, lógica y retórica) en el monasterio benedictino de su ciudad y allí se sintió llamado a abrazar el estilo de vida que propusiera San Benito cinco siglos antes. Ya siendo monje pudo viajar a la Ciudad Condal para completar su formación.

Estudió el Quadrivium (Aritmética, Geometría, Astronomía y Música) bajo la tutela del conde Borrell II, que a su vez nombró a Atón, el Obispo de Vic, su preceptor.

 

Una miniatura del Apocalipsis, del Beato de Gerona; alguna gente se asustó al acercarse el año 1000, pero no el papa Gerberto

 

Al corazón de Cataluña ya había llegado la ciencia árabe, con la que Gerberto entró en contacto. Esto permitió que adquiriera una sólida formación científica. Sus conocimientos iban desde la matemática y la astronomía hasta la alquimia y la música.

Su extraordinaria valía no pasó desapercibida ni al Papa Juan XIII ni al Emperador Otón II. Fue maestro en la escuela catedralicia de Reims, ciudad de la que llegaría a ser Obispo, abad del monasterio de Bobbio y, antes de ser nombrado Sumo Pontífice, Obispo de Rávena.

Las “extravagantes ideas” del nuevo Papa

Gerberto fue uno de los científicos más brillantes de su época. Sus colegas acudían a él para solventar problemas científicos incluso cuando ya había sido nombrado Papa. Algunos hicieron correr ignominiosas leyendas sobre Gerberto, al que acusaban de haber pactado con el diablo a cambio de gozar de poderes mágicos.

Como matemático fue el primero que introdujo el sistema numérico indoarábigo. Expuso las ventajas de éste con respecto a la numeración tradicional romana con las letras I, V, X, L, C, D, M. No tuvo éxito con su propuesta, que acabaría imponiéndose doscientos años más tarde.

En Europa se decía “¿A qué viene esta moda de escribir las cantidades con signos árabes? ¡Eso es cosa del diablo! Las cifras romanas son cristianas y hace siglos que se usan en la Iglesia, mientras que las arábigas vienen de infieles y no se pueden aceptar”.

Toda su autoridad papal no le sirvió para implantar el sistema numérico que utilizamos hoy día. Tampoco le valió su autoridad para librarse de tremendas habladurías surgidas a raíz de sus reformas eclesiásticas. Se hizo creer a los fieles que Satanás se llevaría su alma cuando muriera y que el mismo Papa había mandado trocear su cuerpo al morir para que el demonio no se apoderara de él.

El mito duró casi siete siglos hasta que el Vaticano decidió abrir su sepulcro en el 1648 para acabar con la leyenda. Se encontraron a Silvestre II, con su mitra en la cabeza y las manos cruzadas sobre un cuerpo entero y casi intacto.

Las contribuciones del Papa científico

Además de difundir las cifras árabes, Gerberto también popularizó el uso del astrolabio, que es un instrumento astronómico. Se expandió por todo el mundo latino desde Catalunya y fue Gerberto quien describiera su modo de utilización en su Liber de utilitatibus astrolabii.

También fue el primero en adoptar el uso del ábaco (de origen sarraceno como el astrolabio) y escribir unas reglas para su uso.

 

 Silvetsre II difundió el astrolabio entre la Cristiandad

Astrolabio de Muhammad al-Naqqas (año 1079, Al-Ándalus)

Su pasión por la música le hizo capaz de proyectar la construcción de un órgano a vapor en la catedral de Reims. También inventó diversas máquinas hidráulicas así como una tabla de cálculo y un primitivo reloj de péndulo.

A todo esto hay que añadir su buen trabajo como líder religioso y político. Silvestre II fue, sobre todo, el gran organizador de la Iglesia en Polonia y en Hungría. Cuando el caudillo de los húngaros, Esteban, se convirtió al catolicismo, el papa le coronó rey. Era el año 1000.

No todos los mártires de la ciencia son Galileo y Bruno

Existe la falsa creencia de que el desarrollo de las ciencias es debido a la “sangre” vertida por ciertos mártires del saber como Galileo Galilei o Giordano Bruno. También se atribuye a la Iglesia el papel de perseguidora del saber racional y se la considera la principal fuerza contra la que tuvieron que batallar los defensores de la verdad científica. Silvestre II nos demuestra la falsedad de estas tesis.

Seis siglos antes que Galileo y Bruno, él ya tuvo que sufrir la incomprensión y la persecución por causa de sus ideas científicas. Y su oponente no fue precisamente la Iglesia, ya que él mismo fue Obispo y más tarde Papa.

Es propio de la condición humana el miedo ante lo desconocido y lo novedoso. El ser humano prefiere la seguridad de lo “malo conocido” que las promesas de lo “bueno por conocer”. Ya se sabe que el miedo nos hace actuar en ocasiones de manera irracional y de ese ataque no se escaparon Galileo y Bruno, pero tampoco todo un Papa como Silvestre II.

Francesc Gómez Morales - 2006-09-27

 

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¿Código da Vinci o código Paccioli?:

el secreto del fraile amigo de Leonardo

 

Leonardo ilustraría el hallazgo del genial franciscano Luca Paccioli

Leonardo da Vinci no se dedicó a pintar cuadros con un mensaje secreto sobre la “verdad” del cristianismo sino que fue un sabio extraordinario que hizo valiosas aportaciones en el campo de la ciencia, la técnica, el arte y el pensamiento. Una mente muy bien “equipada”, como se diría en clave automovilística.

Además tuvo muy buenos compañeros de viaje. Tuvo el privilegio de ilustrar el libro más famoso de su amigo Luca Pacioli (1445-1517). Pacioli era un profesor universitario de matemáticas que acabaría por inscribir su nombre en letras doradas en la historia de esta disciplina.

Tras los pasos del poverello

Estando en Roma se sintió atraído por el testimonio de su compatriota Francisco de Asís y decidió incorporarse a la orden franciscana. No fue un impulso de adolescente ni el fruto de la presión familiar o social porque Luca contaba entonces con 27 años y tenía un buen trabajo junto a un noble florentino. Sin embargo no dudó en vender cuanto tenía para lanzarse a una aventura mejor: seguir a Cristo.

Su vocación no le apartó de su otra gran pasión, las matemáticas, sino todo lo contrario. Una vez hizo su profesión religiosa sus superiores le enviaron a enseñar a Perugia, donde estuvo seis años, y después a Zara, una ciudad de Dalmacia (la actual Croacia). Roma, Padua, Pisa, Florencia…

En 1496 el duque Sforza le invita a enseñar en Milán y aquello propició el encuentro entre Pacioli y Leonardo. Allí Luca escribiría el De Divina Proportione y Leonardo lo ilustraría. Juntos nos revelaron un verdadero secreto de la naturaleza, un código oculto durante centurias que al final salía a la luz: la divina proporción.

 

¿Código da Vinci o código Paccioli?

El secreto descubierto por Paccioli (e ilustrado por Leonardo) recibe muchos nombres distintos: número de oro (áureo), la sectio divina… Pero ¿qué entiende nuestro fraile por divina proporción? Es la proporción que existe entre los segmentos que resultan de dividir un segmento AB por un punto X interior de manera que AB/AX sea igual que AX/BX (Ver la figura).

 

 

 

 

De esta manera, si queremos saber AX para cualquier segmento AB, sólo hay que multiplicar AB por el número irracional (?5 -1)/2 cuyas primeras cifras son 0,6180339. Este problema matemático se denomina “dividir un segmento en media y extrema razón” y al segmento AX se le llama sectio divina. Los alemanes y los franceses durante la ilustración, entre muchas otras cosas, también “secularizaron” este nombre y pasaron a llamarla sección de oro.

Llegados a este punto surge la pregunta que todo matemático tiene que acabar escuchando: “esto está muy bien pero… ¿para qué sirve?”.

La sección áurea aparece en problemas de construcciones geométricas: el lado del decágono regular (polígono de diez lados) es la sección áurea de su radio.

También tiene valores estéticos: el rectángulo más “proporcionado” es el que tiene por altura la sección áurea de la base. Incluso la naturaleza parece regirse por este número. En el ser humano, la distancia del codo a la mano es la sección áurea de la longitud total del brazo y la distancia de los pies a la cintura es la sección áurea de la altura total del individuo.

Parece justificado que Paccioli le llamara la sectio divina pero él mismo en su libro da otros motivos para llamarla así: el segmento es uno sólo como Dios pero que se halla en tres términos como la Santísima Trinidad, no admite una expresión de cantidad racional como tampoco se puede definir a Dios con palabras humanas, no se puede cambiar como tampoco se puede cambiar a Dios, que es inmutable y, finalmente, es necesaria para la construcción del dodecaedro, que corresponde a los cuerpos celestes igual que Dios da el ser a los cielos.

 Después de esto el mismo Paccioli extrae trece consecuencias del principio matemático, en honor a Cristo y sus doce apóstoles.

La fe cristiana, lejos de apartar al hombre del mundo que le rodea, le estimula a preguntarse por el fundamento último de las cosas. Las verdades de fe no frenan al hombre en su búsqueda de respuestas, sino que constituyen un magnífico punto de partida desde el que zambullirse en el misterio de la Creación.

 

Francesc Gómez Morales - 2006-09-27

 

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¿Cuál es la Universidad más antigua de España?

 

Ni la de Salamanca, ni la Complutense ni la de Santiago -frutos de una Iglesia que impulsaba el saber- fueron la primera de España.

 

“¿Cuál fue la primera Universidad de España?” sería en el Trivial una buena candidata a pregunta de color marrón, que son las de literatura y cultura en este juego de preguntas. Si se hiciera a votaciones es probable que Salamanca obtuviera la mayoría, seguida de la Complutense y la de Santiago. ¿Cuál fue en realidad?

Palencia también existe

Alrededor de la Catedral de Palencia se fundó una escuela en el siglo XI. Con el paso de los años adquiriría renombre en todo los territorios reconquistados para acabar logrando un singular esplendor a finales del s. XII. Los cimientos para la que sería la primera Universidad de la historia de España estaban puestos.

De ello se percata don Tello Téllez, Obispo de la ciudad, que da un impulso definitivo a la institución educativa entre los años 1208 y 1214, preparándola para poder recibir la aprobación pontificia de Honorio III en 1221. De esta manera se convertía también en una de las primeras de Europa, después de Bolonia, París, Oxford y Monpellier.

La pena es que la vida de esta Universidad languideció en un espacio relativamente breve de tiempo, desapareciendo a finales del mismo siglo XIII.

Salamanca coge el relevo

Al rey Alfonso IX de León no le sentó bien que sus vecinos de Castilla se le adelantaran en la creación de una Universidad así que echó mano de la escuela más eminente del Reino de León para tomarla como base de la futura Universidad. Corría el año 1219 y por entonces destacaba por encima de las demás una escuela que también estaba vinculada a la Iglesia: la escuela catedralicia de Salamanca.

Fernando III el Santo compartió la misma inquietud cultural que su padre y predecesor (Alfonso IX) y confirmó el Estudio General de Salamanca en 1943. El camino quedó despejado para que la Universidad de Salamanca obtuviera una consolidación definitiva tanto del poder real (Alfonso X el Sabio en 1254) como del poder eclesiástico (Alejandro IV en 1255).

Si uno acude a la página web de la propia Universidad, ésta afirma ser “la más antigua de las universidades hispanas existentes”, es decir, la más antigua de las que existen hoy día, pero no la más antigua de todas, honor que siempre ostentará la de Palencia.

También es interesante comentar su famoso lema: “Quod natura non dat, Salmantica non praestat” (Lo que la naturaleza no da, Salamanca no lo añade). Esta sentencia ha pasado a engrosar los dichos de la sabiduría popular y en ocasiones es consuelo para los esforzados profesores cuando éstos no consiguen que sus alumnos adquieran los conocimientos necesarios.

Y muchas más hasta llegar a las 63 actuales

Entre las Universidades que uno se imagina como más antiguas está la de Santiago de Compostela. La ciudad fue un foco de cultura desde antes del 1100 gracias al prestigio de su escuela capitular (centro para la formación de clérigos vinculado a la Catedral).

Sin embargo ésta escuela no fue el embrión de la futura universidad. Un notario compostelano llamado Lope Gómez de Marzoa, con el apoyo del abad de San Martín Pinario, creó en 1495 una escuela para pobres conocida como Estudio de Gramática, instalada en unas dependencias del monasterio de San Paio de Antealtares. Éste fue la verdadera semilla que permitiría al Arzobispo de la ciudad (Alonso III de Fonseca) crear la Universidad a principios del siglo XVI.

La Universidad de Valladolid es anterior a la compostelana ya que en el 1346 obtiene del papa Clemente VI la concesión de todas las facultades salvo la de Teología. En Catalunya es Jaume II el que impulsa la creación del primer Estudio General, que fue el de la ciudad de Lleida, en 1300. Obtuvo del papa Bonifacio VIII los mismos privilegios que Toulose.

¿Y la famosa Complutense? El Rey Sancho IV de Castilla creó un Estudio General en Alcalá de Henares en el año 1293. No obstante no sería erigida como Universidad hasta 1499, cuando el Cardenal Cisneros la fundó mediante Bula Pontificia concedida por el Papa Alejandro VI. En el curso 1509-1510 ya funcionaban cinco Facultades: Artes y Filosofía, Teología, Derecho Canónico, Letras y Medicina.

Es sabido que la Universidad es uno de los motores de la sociedad española actual: lugar de investigación, de intercambio de ideas y de formación de los futuros líderes.

Todo este dinamismo extraordinario tiene en su origen una vinculación clara e inequívoca con la fe cristiana. La justicia exige reconocerlo y no olvidar que nuestra comunidad tiene unas claras raíces cristianas, aunque nos empeñemos en “disimularlas”.

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Cómo los jesuitas inundaron Europa de científicos

 

Jesuitas como Cristóforo Clavio, Scheiner, Kirchner, Boscovich, fueron geniales científicos y maestros de varias generaciones de hombres de ciencia.

 

La expansión de la cultura y la educación a amplios sectores de la sociedad no fue un logro de la Revolución Francesa ni de la Ilustración. En los siglos XVI y XVII surgen institutos religiosos especialmente consagrados a la enseñanza: elemental y universitaria, religiosa y profana, nada les es ajeno. La enseñanza para todos fue una iniciativa de la Iglesia.

 

En esta época florecen la Congregación del Oratorio (1613), la Congregación de las Escuelas Pías, los escolapios, fundada por San José de Calasanz (1600), las Escuelas Cristianas de San Juan Bautista de la Salle, los lasallistas, (finales del XVII) y, por encima de todas ellas, la Compañía de Jesús, fundada por San Ignacio de Loyola en 1540.

Ignacio y sus amigos

Es especialmente significativo el nacimiento de la Compañía de Jesús. La nueva Orden se origina en base a un grupo de compañeros universitarios de Ignacio, formados todos en la Universidad de París. Atienden a las nuevas vocaciones en residencias universitarias cercanas a los centros docentes: París, Padua, Coimbra, Lovaina, Colonia, Valencia entre los años 1540 y 1544.

No tardaron en impartirse clases en esos centros y, a petición del pueblo de Gandía, Ignacio y Francisco de Borja acceden a abrir el colegio de esa ciudad a todos los alumnos, fueran jesuitas o no. En sólo tres años este centro obtuvo privilegios análogos a universidades como Salamanca y París, que contaban ya con más de tres siglos de existencia. A finales de siglo los jesuitas ya contaban con 245 colegios y su General, Claudio Acquaviva, tuvo que denegar otras 150 peticiones.

Descartes: ilustre exalumno orgulloso de su colegio

Uno de los colegios de los jesuitas que se hizo más famoso en el mundo entero fue el de La Flèche, en Francia. En un solo año alcanzó el millar de alumnos, entre los que se encontraba un joven débil y enfermizo que estudiaría allí entre 1604 y 1612. Los padres jesuitas eran muy comprensivos con René Descartes y, entre otras licencias, le permitían dormir siempre una hora más que a sus compañeros. El mismo Descartes afirma: “estudié en La Flèche, que conceptúo uno de los más aventajados centros de enseñanza que tiene hoy Europa”.

Tuvo como compañero de estudios al que sería un prestigioso físico y matemático: Mersenne. Por las aulas de los centros de los jesuitas fueron pasando alumnos que figurarían en un lugar destacado de la historia de la ciencia: los matemáticos Ceva, Montuela y Bragelogne; los astrónomos Cassini, Lalande, y Wendelin; los físicos Torricelli, Bossut, Réamur y Mut; el biólogo Spallanzani y los naturalistas Leclerc Bufón, Monet de Lamarck, Gratiolet, Pitto de Tournefort, Cavanilles…

El Maestro de Matemáticas de la Europa Católica

La formación matemática de Descartes era extraordinaria y constituyó la plataforma adecuada desde la que realizar sus relevantes aportaciones a esta disciplina. En su formación tuvo especial relevancia el libro de Algebra elaborado por el P. Cristoforo Clavio, profesor del Colegio Romano (futura Universidad Gregoriana). Esta institución académica fue concebida por San Ignacio como el modelo de todos los demás colegios y por ello acudieron a él los religiosos más eximios de la Compañía. Entre ellos se encontraba Clavio.

Clavio era bávaro de nacimiento y enseñó en el Colegio Romano durante casi 45 años. El Papa Sixto V dijo de él que si los jesuitas no tuvieran otros méritos, al menos el de haber producido un Clavio les sería suficiente. Todo un elogio. Algunos historiadores no dudan en considerarlo el maestro más influyente del Renacimiento. Sus cualidades pedagógicas le permitieron escribir unos manuales de Aritmética, Geometría, Álgebra y Astronomía que se utilizarían por todo el orbe católico.

Fue el primero en utilizar dos expresiones matemáticas que hoy nos parecen elementales: el punto para separar la parte decimal de la entera y el paréntesis para agrupar operaciones. Además, Clavio tuvo un concurso especialísimo en la confección del calendario gregoriano y fue maestro de figuras tan ilustres como el jesuita Mateo Ricci, reverenciado en China, cuyas autoridades comunistas han celebrado sus aniversarios con grandes fastos.

Con maestros así es más fácil

Pero el prestigio que alcanzó el Colegio Romano no es debido únicamente a Clavio. Hay otros profesores muy destacados.

El padre Christóforo Scheiner descubrió las manchas solares antes que Galileo (en enero de 1612; Galileo las descubrió en marzo; aunuqe es verdad que -sin saberlo ellos- se les había adelantado el astrónomo y pastor luterano David Fabricius en junio de 1611). Además fabricó el primer telescopio terrestre y realizó estudios sobre el ojo publicando "Oculus", obra en que describe correctamente que es en la retina donde se percibe la luz.

El padre Atanasius Kirchner (o Kircher), cuyo afán investigador le empujó a deslizarse por el interior del cráter del Vesubio, es el creador de la Geología Moderna. Polifacético descubridor, investigador del mundo oriental y de la medicina, fue el primero en defender que las enfermedades eran causadas por microorganismos.

Rudjer Joseph Boscovich, jesuita, físico, astrónomo, matemático, filósofo, diplomático y poeta, cuyo trabajo influyó en personajes de la talla de Laplace, Gauss, Euler y Jacobi, es considerado el precursor de la teoría atómica e incluso esbozó algunas ideas de la teoría de la relatividad.

Sobre los jesuitas se ha escrito muchísimo y han estado durante siglos en el punto de mira. Algunos no dudan en atribuirles algunos de los males endémicos de nuestra sociedad. Pero los hechos hablan por sí mismos y muestran la importancia que han tenido muchos de estos religiosos, como mínimo en el desarrollo de la ciencia experimental.

Francesc Gómez Morales

http://www.forumlibertas.com/frontend/forumlibertas /noticia.php?id_noticia=5801&id_seccion=9

 

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Las verdades parciales, fragmentarias, pueden parecer duras, difíciles de entender, comprender o asimilar, pero la Verdad es siempre luminosa: es la Luz, y la Luz es Vida y la vida es Sabiduría y la Sabiduría es Amor. Desde ella se comprende que toda verdad es un bien que conduce a la vida plena. Juan Pablo II solía utilizar con insistencia la expresión «verdad del hombre», «verdad del mundo», «verdad de Dios», verdad, en fin, de lo que fuera tema de su discurso. Toda verdad conduce a la Verdad Primera, y desde la Verdad Primera se puede volver a contemplar las verdades segundas y entonces se ven con una nueva dimensión, con una nueva belleza, en plenitud de sentido. Conocer y amar no son actividades independientes. El amor a la verdad es, en muchos casos el único recurso para discernir, e identificar –con la mano en el corazón- al padre de la mentira y a la Palabra de la Verdad. Humildad y amor se confabulan en el encuentro luminoso de la Verdad fascinante.

 

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Porque la verdadera catolicidad es pluriforme: ‘unidad en la multiplicidad y multiplicidad en la unidad’ S. S. Benedicto XVI – P. P.

 

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La fraternidad entre los cristianos no es simplemente un vago sentimiento y ni siquiera nace de una forma de indiferencia hacia la verdad. La fraternidad está fundada sobre la realidad sobrenatural del único bautismo, que nos incluye a todos en el único cuerpo de Cristo (cfr. 1 Cor 12,13; Gal 3, 28; Col 2,12).-

S. S. Benedicto XVI – P. P.

 

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 Alegría y generosidad - I. Los planes de Dios no coinciden generalmente con los nuestros, con los que proyectamos en la imaginación, con aquellos que fabrica la vanidad o el egoísmo. Los planes divinos, formados desde la eternidad para nosotros, son los más bellos que nunca pudimos imaginar, aunque algunas veces nos desconcierten. Jesús nos invita a dejar libre el corazón para llenarlo todo de Dios, y nuestra alegría es fruto de la generosidad, de responder a las sucesivas llamadas que a cada uno en su estado dirige Cristo que pasa. La vida se llena de gozo y de paz en esa disponibilidad absoluta ante la voluntad de Dios que se manifiesta en momentos bien precisos de nuestra existencia; quizá ahora mismo. Una vez que alguien ha sentido posarse sobre él la mirada del Señor, ya nunca la olvida, ya no es posible vivir como antes: a Jesús se le sigue o se le pierde.

 

 

«Duc in altum» (Lc 5,4) dijo Cristo al apóstol Pedro en el Mar de Galilea. Sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Aleluya (Mt 28,20). †

 

II. Nosotros nos entristecemos cuando nos negamos a entregar nuestra libertad a Dios, como en la parábola del joven rico del Evangelio de hoy (Mateo, 19, 16-22) Libertad que, si no nos sirve para llegar a la meta, a Cristo que pasa por nuestra vida, de poco habrá de servirnos.  La tristeza nace en el corazón como una planta dañina cuando nos alejamos de Cristo, cuando le negamos aquello que de una vez, o poco a poco, nos va pidiendo, cuando nos falta generosidad. Puede haber enfermedad, puede haber cansancio, pero la tristeza del corazón es distinta; en su origen encontramos siempre la soberbia y el egoísmo. “Hay que saber entregarse, arder delante de Dios como esa luz que se pone sobre el candelero, para iluminar a los hombres que andan en tinieblas; como esas lamparillas que se quedan junto al altar, y se consumen alumbrando hasta

gastarse” (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Forja)  

 

III. La tristeza hace mucho daño al alma, un alma triste está a merced de muchas tentaciones. ¡Cuántos pecados han tenido su origen en la tristeza! ¡Cuántos ideales ha roto! “Luz, para que investigues en los motivos de tu tristeza” (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, Camino) Siempre podemos crecer en alegría, si estamos buscando seriamente al Señor en lo que cada día nos sucede, en la oración, en el empeño por mantener la presencia de Dios.

 

Examinemos nuestra generosidad con los demás, y nos preguntamos:   ¿me preocupo excesivamente de mí mismo, de mis cosas, de mi salud, de mi futuro, de mis pequeñeces? Muchas personas pueden encontrar a Dios a través de nuestra alegría. Santa María, Causa de nuestra alegría, ruega por nosotros.

 

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Filosofía socrática - Tiempos de sofistas: En tiempos de argumentaciones sofísticas y predominio de la retórica y el halago a las masas sobre la verdad (acaso lo sean todos los tiempos), nada tan pertinente como volver al viejo sabio que nada sabía, a Sócrates, a la meditación sobre su vida y muerte. Especialmente, a la imperecedera Defensa que escribió Platón. La filosofía no sólo es necesaria para la vida, sino que es la verdadera vida, la vida correcta. Y puede aprenderse. Ella convierte todo en pregunta, pero niega que los muchos, en cuanto muchos, piensen. Busca ante todo la excelencia. ¿Hay entendidos en la excelencia humana, como los hay en las demás artes? La filosofía es la tensión (no la improbable posesión) hacia la Sabiduría absoluta. Al fin, Sócrates nos revela la existencia de dos morales, dos formas de vida, incluso dos políticas: una busca halagar a los muchos; la otra, obrar siempre bien. Y ya sabemos cuál fue la opción y el destino de Sócrates, magistralmente expuestos por Miguel García-Baró. El pensar es una tarea moral, santa. Por IGNACIO SÁNCHEZ CÁMARA – 2005.

 

El camino mas corto y seguro para vivir con honor en este mundo es ser en realidad lo que aparentamos. Todas las virtudes humanas se incrementan y fortalecen. SOCRATES.

 

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Autenticidad. La palabra "autenticidad" es una palabra evidentemente de origen helénico – y en griego, otra palabra es estlom. Estlom es una palabra que ha quedado confinada a la lengua: es interesante porque actualmente la palabra está ocupada, diríamos, por la idea de etimología. La etimología es el origen verdadero de las palabras; es naturalmente lo que muestra de dónde proceden las palabras que se usan en una lengua determinada, en el presente. Pero originariamente no es solamente esto: hay textos remotísimos, incluso homéricos, en que aparece la palabra estlom como "lo verdadero". Hace ya muchísimos años, yo encontré unos textos en Hesíodo, en la Teogonía de Hesíodo, en la cual se hace una contraposición: las musas dicen: sabemos decir cosas falsas, pero también cuando queremos podemos decir cosas verdaderas. Y en Homero se habla de palabras falsas semejantes a las verdaderas. Y más: alguna vez he dicho que la ontología se podría llamar etimología; sería el logos, la ciencia, de lo auténtico, de lo verdaderamente auténtico. Pero, claro, la palabra ya está ocupada por la lingüística y no podemos usarla más que, diríamos un poco entre comillas y para explicar simplemente su origen.

 

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El Papa arranca de la constatación ya realizada por Galileo Galilei de que la materia lleva en sí una estructura matemática, que es el fundamento de las modernas ciencias naturales. El hecho de que la materia está estructurada de un modo inteligente, es lo que permite al hombre comprenderla y remodelarla activamente. Aquí se basa la amistad original entre la fe en la creación y el desarrollo de la ciencia, contra lo que propala tanta burda propaganda. Hay una correspondencia elocuente entre la estructura de la materia y la razón del hombre, porque ambas  proceden del mismo Espíritu creador. Esta certeza racional que la Iglesia ha custodiado desde su origen (y que coincide también con la fe de Israel expresada en la Biblia) implica una tarea y una responsabilidad: dado que esa estructura racional de lo creado lleva en sí una orientación ética, el hombre no puede alterarla a su antojo. Sí puede, y en eso consiste su responsabilidad como administrador de la creación, "remodelarla activamente" respetando su ordenamiento intrínseco. En resumen, el Papa invita a todos a escuchar el lenguaje de la creación porque éste expresa el querer de Dios, que es Razón creadora y al mismo tiempo es el Bien en persona. Benedicto PP. XVI. Obispo de Roma MMVIII.XII.

 

  

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Recomendamos vivamente: ANTROPOLOGÍA DEL HECHO RELIGIOSO- Autor: José María Barrio Maestre, (Rialp, Madrid 2006) . El libro  pone de relieve la influencia positiva que ha tenido la religión en el desarrollo de la civilización humana; incluye un debate Ratzinger-Habermas.

 

Recomendamos vivamente: ‘Historia de la Inquisición en España y América’ – El conocimiento científico y el proceso histórico de la Institución (1478-1834). Obra dirigida por don Joaquín PÉREZ VILLANUEVA y Bartolomé ESCANDELL BONET. Es una elevada tarea historiográfica con planteamientos científicos, bases documentales, tratamiento y lenguaje actuales. Y:

La inquisición española - Editorial: BAC- Centro de estudios inquisitoriales- Madrid-España. Autora:(Comella Beatriz.- Rialp, Madrid) Breve-óptimo libro.

 

Recomendamos: Título: ‘Buscando a Dios’
Autor: Esther de Waal - Editorial: Sígueme

 

Recomendamos: Título: ‘Repensar la ciencia’
Autor: Natalia López Moratalla - Editorial: EIUNSA

 

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No se puede hacer una locura con la idea de alcanzar la cordura; haciendo un mal, el hombre nunca podrá alcanzar un bien. † 

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).