Wednesday 29 March 2017 | Actualizada : 2017-03-03
 
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Varios expertos han corroborado que los dibujos del tratado de ajedrez del matemático Luca Pacioli son obra de Leonardo da Vinci. Escrito en torno a 1508 y perdido desde el Renacimiento, el manuscrito fue descubierto en Italia el año pasado, como informó ABC. Según el escultor y arquitecto Franco Rocco, «incluso hoy las piezas de los diagramas mantienen un aspecto futurista». 2008-03-15 ‘ABC’.Esp.

 

 

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[La Iglesia Católica y hombres de ciencia bregaban contra las supersticiones. Por ello, estaban bajo el fuego de muy malas lenguas, que les ametrallaba con noticias distorsionadas y confundía a quienes no tenían sólidas bases formativas espirituales e intelectuales].

 

De hombres, hechos, notas y acontecimientos de tal época para comprender, alumbrar e ilustrar el contexto:

 

 ...Código da Vinci o código Paccioli?:

el secreto del fraile amigo de Leonardo

 

 

Leonardo ilustraría el hallazgo del genial franciscano Luca Paccioli

Leonardo da Vinci no se dedicó a pintar cuadros con un mensaje secreto sobre la “verdad” del cristianismo sino que fue un sabio extraordinario que hizo valiosas aportaciones en el campo de la ciencia, la técnica, el arte y el pensamiento. Una mente muy bien “equipada”, como se diría en clave automovilística.

 

Además tuvo muy buenos compañeros de viaje. Tuvo el privilegio de ilustrar el libro más famoso de su amigo Luca Pacioli (1445-1517). Pacioli era un profesor universitario de matemáticas que acabaría por inscribir su nombre en letras doradas en la historia de esta disciplina.

Tras los pasos del poverello

Estando en Roma se sintió atraído por el testimonio de su compatriota Francisco de Asís y decidió incorporarse a la orden franciscana. No fue un impulso de adolescente ni el fruto de la presión familiar o social porque Luca contaba entonces con 27 años y tenía un buen trabajo junto a un noble florentino. Sin embargo no dudó en vender cuanto tenía para lanzarse a una aventura mejor: seguir a Cristo.

Su vocación no le apartó de su otra gran pasión, las matemáticas, sino todo lo contrario. Una vez hizo su profesión religiosa sus superiores le enviaron a enseñar a Perugia, donde estuvo seis años, y después a Zara, una ciudad de Dalmacia (la actual Croacia). Roma, Padua, Pisa, Florencia…

En 1496 el duque Sforza le invita a enseñar en Milán y aquello propició el encuentro entre Pacioli y Leonardo. Allí Luca escribiría el De Divina Proportione y Leonardo lo ilustraría. Juntos nos revelaron un verdadero secreto de la naturaleza, un código oculto durante centurias que al final salía a la luz: la divina proporción.

 

Italia reconoce al genial Fray Pacioli con un sello


 

¿Código da Vinci o código Paccioli?

tom-alt: auto">El secreto descubierto por Paccioli (e ilustrado por Leonardo) recibe muchos nombres distintos: número de oro (áureo), la sectio divina… Pero ¿qué entiende nuestro fraile por divina proporción? Es la proporción que existe entre los segmentos que resultan de dividir un segmento AB por un punto X interior de manera que AB/AX sea igual que AX/BX (Ver la figura).

De esta manera, si queremos saber AX para cualquier segmento AB, sólo hay que multiplicar AB por el número irracional (√5 -1)/2 cuyas primeras cifras son 0,6180339. Este problema matemático se denomina “dividir un segmento en media y extrema razón” y al segmento AX se le llama sectio divina. Los alemanes y los franceses durante la ilustración, entre muchas otras cosas, también “secularizaron” este nombre y pasaron a llamarla sección de oro.

Llegados a este punto surge la pregunta que todo matemático tiene que acabar escuchando: “esto está muy bien pero… ¿para qué sirve?”.

La sección áurea aparece en problemas de construcciones geométricas: el lado del decágono regular (polígono de diez lados) es la sección áurea de su radio.

También tiene valores estéticos: el rectángulo más “proporcionado” es el que tiene por altura la sección áurea de la base. Incluso la naturaleza parece regirse por este número. En el ser humano, la distancia del codo a la mano es la sección áurea de la longitud total del brazo y la distancia de los pies a la cintura es la sección áurea de la altura total del individuo.

Parece justificado que Paccioli le llamara la sectio divina pero él mismo en su libro da otros motivos para llamarla así: el segmento es uno sólo como Dios pero que se halla en tres términos como la Santísima Trinidad, no admite una expresión de cantidad racional como tampoco se puede definir a Dios con palabras humanas, no se puede cambiar como tampoco se puede cambiar a Dios, que es inmutable y, finalmente, es necesaria para la construcción del dodecaedro, que corresponde a los cuerpos celestes igual que Dios da el ser a los cielos.

 Después de esto el mismo Paccioli extrae trece consecuencias del principio matemático, en honor a Cristo y sus doce apóstoles.

La fe cristiana, lejos de apartar al hombre del mundo que le rodea, le estimula a preguntarse por el fundamento último de las cosas. Las verdades de fe no frenan al hombre en su búsqueda de respuestas, sino que constituyen un magnífico punto de partida desde el que zambullirse en el misterio de la Creación. 

Francesc Gómez Morales - 2006-09-27

 

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Cuando Anaxágoras se preguntaba qué hace preferible existir a no haber nacido, respondía: “contemplar los cielos y el orden total del universo” (Aristóteles, Ética Eudemia I, 5, 1216 a 13-14). Si es propio de sabios ordenar a un fin, también lo es contemplar el orden de lo que ya ha sido ordenado, sobre todo si se trata del orden de todo el universo. De ahí que afirme santo Tomás al inicio de la Summa contra gentiles que “el sentido de sabio en su sentido pleno, se reserva para aquellos que se dedican a considerar el fin del universo, que es el principio de todo cuanto existe” (SCG I, c.1, n.2-3). Tratemos, pues, de aproximarnos entonces a la sabiduría del Doctor Común de la Iglesia para considerar el fin de un universo cuyo orden gustamos contemplar.

 

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Porque la autoridad y la obediencia habían sido las dos categorías que habían regido a la institución jesuítica, en orden a un mayor servicio a la extensión del Reino de Cristo bajo la autoridad del Romano Pontífice. Por eso ha sido la que ha sufrido el golpe más fuerte cuando se han afirmado como soberanas las categorías nuevas de: democracia, iniciativa, libertad, pluralismo, profetismo, apertura a todos los horizontes, revisión de las decisiones... Las crisis pueden ser el comienzo de una nueva vida o el inicio de la muerte. El filósofo A.MacIntyre ha escrito que «las tradiciones, cuando son vitales, encarnan e incorporan conflictos continuos». Los organismos vivos crecen con crisis y sólo los minerales permanecen intactos. El problema no son las crisis sino la lucidez intelectual para afrontarlas y el coraje moral para superarlas.

 

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Hijos de la Iglesia al servicio de la Ciencia

Hallan el manuscrito de un tratado de ajedrez

perdido desde el Renacimiento

 

FEDERICO MARÍN BELLÓN MADRID.

La Fundación Palazzo Coronini Cronberg de Gorizia ha anunciado el descubrimiento de un tratado de ajedrez del matemático italiano Luca Pacioli, su manuscrito más buscado, considerado una joya del Renacimiento. El bibliófilo e historiador Duilio Contin es el autor del hallazgo de la obra, que data de finales del siglo XV o principios del XVI. Existían numerosas referencias a «Il codice degli scachi» o «Juego del ajedrez», también conocido como «Schifanoia», pero el libro, dedicado a la marquesa de Mantua, Isabella d´Este, se ha considerado perdido durante 500 años. El estudio de la filigrana del papel y el examen paleográfico dan fe de su autenticidad, avalada por el dictamen de Enzo Mattesini, profesor de Lingüística de la Universidad de Perugia y experto en la obra de Pacioli.

El manuscrito, de 48 páginas, no está firmado, pero las investigaciones han podido determinar la autoría de Fray Pacioli, uno de los grandes matemáticos de la época. El libro, dedicado íntegramente al ajedrez (se sabe que Pacioli escribió otro más general sobre los juegos), contiene partidas numerosos problemas, con finos dibujos de las piezas en rojo y negro, lo que ha llevado a pensar en la participación de un importante artista. La amistad de Pacioli con Leonardo da Vinci y el hecho de que el libro pudiera estar escrito en la época en la que ambos trabajaron juntos, a finales de 1499, desató las elucubraciones.

Una hipótesis sugerente

El historiador José Antonio Garzón -autor de «El regreso de Francesch Vicent», obra en la que demostraba que el último gran cambio en el juego de reyes, la creación de la figura de la reina, tiene origen en Valencia- destaca el descubrimiento de este «tesoro renacentista». Garzón es escéptico, sin embargo, sobre la posibilidad de que los dibujos provengan de la mano de Leonardo, «aunque en Italia ven más factible esta sugerente hipótesis».

En cualquier caso, «Il codige degli scacchi» no sólo tiene gran importancia en sí mismo, incluso sin la participación de Da Vinci, sino que además es una de las primeras obras dedicadas de forma íntegra al ajedrez moderno, el que se ha jugado prácticamente sin variaciones en los últimos cinco siglos.

José Antonio Garzón, que ha tenido acceso directo a dos páginas del manuscrito, declaró a ABC que aunque fuera una obra de 1508, como sospecha, «se trataría de uno de los primeros documentos del ajedrez moderno y, desde luego, el primero en Italia -el más antiguo, de Francesch Vicent, es español-, justo en el periodo de transición en el que convivieron ambas modalidades».

 

 

Luca Pacioli nació en 1445 y murió en torno a 1517. Estudió teología e ingresó en la orden de los Franciscanos en 1470. Impartió clases de aritmética y álgebra. Su obra más conocida es «De divina proportione». 2007-01-06

 

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A LA DIVINA PROPORCION

A tí, maravillosa disciplina,
media, extrema razón de la hermosura
que claramente acata la clausura
viva en la malla de tu ley divina.
A tí, cárcel feliz de la retina,
áurea sección, celeste cuadratura,
misteriosa fontana de mesura
que el universo armónico origina.
A tí, mar de los sueños angulares,
flor de las cinco flores regulares,
dodecaedro azul, arco sonoro.
Luces por alas un compás ardiente.
Tu canto es una esfera transparente.
A tí, divina proporción de oro.

                                Rafael Alberti - Español

 

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UN TESORO RENACENTISTA

Por José Antonio Garzón

Ante todo quiero destacar el feliz acontecimiento que supone recuperar este tesoro renacentista, hallado por el bibliófilo e historiador Duilio Contin. Durante su investigación sobre Pietro della Francesca y Luca Pacioli, Contin solicitó permiso a la prestigiosa Fundación Coronini Cronberg de Gorizia para sumergirse en su vasta biblioteca, nutrida con más de 22.000 volúmenes. Gracias a las indicaciones de la doctora Serenella Ferrari, coordinadora cultural de la Fundación, tuvo conocimiento de un manuscrito anónimo sobre el ajedrez, ignorando entonces que se trataba del libro más buscado del famoso matemático Luca Pacioli (c. 1445-1517).

El trabajo ajedrecístico de Pacioli había sido citado a menudo en documentos bibliográficos y era conocido con el apelativo «Schifanoia», teniéndose constancia de que estaba dedicado a la marquesa de Mantua, Isabella d´Este, gran aficionada al ajedrez. El manuscrito consta de 48 páginas, jalonadas con problemas o partidas, con las piezas pintadas en rojo y negro. Contin establece la hipótesis fascinante de que el artista que hizo los dibujos fuera Leonardo da Vinci, amigo y colaborador del autor, con quien se hallaba en diciembre de 1499 cuando el rey de Francia, Luis XII, invade el ducado de Milán. Los dos amigos huyeron a Mantua, obteniendo el amparo de Isabella d´Este, a quien va dedicado el texto. 2007-01-06

 

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¿Cuál es la Universidad más antigua de España?

 

Ni la de Salamanca, ni la Complutense ni la de Santiago -frutos de una Iglesia que impulsaba el saber- fueron la primera de España.

 

“¿Cuál fue la primera Universidad de España?” sería en el Trivial una buena candidata a pregunta de color marrón, que son las de literatura y cultura en este juego de preguntas. Si se hiciera a votaciones es probable que Salamanca obtuviera la mayoría, seguida de la Complutense y la de Santiago. ¿Cuál fue en realidad?

Palencia también existe

Alrededor de la Catedral de Palencia se fundó una escuela en el siglo XI. Con el paso de los años adquiriría renombre en todo los territorios reconquistados para acabar logrando un singular esplendor a finales del s. XII. Los cimientos para la que sería la primera Universidad de la historia de España estaban puestos.

De ello se percata don Tello Téllez, Obispo de la ciudad, que da un impulso definitivo a la institución educativa entre los años 1208 y 1214, preparándola para poder recibir la aprobación pontificia de Honorio III en 1221. De esta manera se convertía también en una de las primeras de Europa, después de Bolonia, París, Oxford y Monpellier.

La pena es que la vida de esta Universidad languideció en un espacio relativamente breve de tiempo, desapareciendo a finales del mismo siglo XIII.

Salamanca coge el relevo

Al rey Alfonso IX de León no le sentó bien que sus vecinos de Castilla se le adelantaran en la creación de una Universidad así que echó mano de la escuela más eminente del Reino de León para tomarla como base de la futura Universidad. Corría el año 1219 y por entonces destacaba por encima de las demás una escuela que también estaba vinculada a la Iglesia: la escuela catedralicia de Salamanca.

Fernando III el Santo compartió la misma inquietud cultural que su padre y predecesor (Alfonso IX) y confirmó el Estudio General de Salamanca en 1943. El camino quedó despejado para que la Universidad de Salamanca obtuviera una consolidación definitiva tanto del poder real (Alfonso X el Sabio en 1254) como del poder eclesiástico (Alejandro IV en 1255).

Si uno acude a la página web de la propia Universidad, ésta afirma ser “la más antigua de las universidades hispanas existentes”, es decir, la más antigua de las que existen hoy día, pero no la más antigua de todas, honor que siempre ostentará la de Palencia.

También es interesante comentar su famoso lema: “Quod natura non dat, Salmantica non praestat” (Lo que la naturaleza no da, Salamanca no lo añade). Esta sentencia ha pasado a engrosar los dichos de la sabiduría popular y en ocasiones es consuelo para los esforzados profesores cuando éstos no consiguen que sus alumnos adquieran los conocimientos necesarios.

Y muchas más hasta llegar a las 63 actuales

Entre las Universidades que uno se imagina como más antiguas está la de Santiago de Compostela. La ciudad fue un foco de cultura desde antes del 1100 gracias al prestigio de su escuela capitular (centro para la formación de clérigos vinculado a la Catedral).

Sin embargo ésta escuela no fue el embrión de la futura universidad. Un notario compostelano llamado Lope Gómez de Marzoa, con el apoyo del abad de San Martín Pinario, creó en 1495 una escuela para pobres conocida como Estudio de Gramática, instalada en unas dependencias del monasterio de San Paio de Antealtares. Éste fue la verdadera semilla que permitiría al Arzobispo de la ciudad (Alonso III de Fonseca) crear la Universidad a principios del siglo XVI.

La Universidad de Valladolid es anterior a la compostelana ya que en el 1346 obtiene del papa Clemente VI la concesión de todas las facultades salvo la de Teología. En Catalunya es Jaume II el que impulsa la creación del primer Estudio General, que fue el de la ciudad de Lleida, en 1300. Obtuvo del papa Bonifacio VIII los mismos privilegios que Toulose.

¿Y la famosa Complutense? El Rey Sancho IV de Castilla creó un Estudio General en Alcalá de Henares en el año 1293. No obstante no sería erigida como Universidad hasta 1499, cuando el Cardenal Cisneros la fundó mediante Bula Pontificia concedida por el Papa Alejandro VI. En el curso 1509-1510 ya funcionaban cinco Facultades: Artes y Filosofía, Teología, Derecho Canónico, Letras y Medicina.

Es sabido que la Universidad es uno de los motores de la sociedad española actual: lugar de investigación, de intercambio de ideas y de formación de los futuros líderes.

Todo este dinamismo extraordinario tiene en su origen una vinculación clara e inequívoca con la fe cristiana. La justicia exige reconocerlo y no olvidar que nuestra comunidad tiene unas claras raíces cristianas, aunque nos empeñemos en “disimularlas”.

http://www.forumlibertas.com/frontend/forumlibertas/noticia. php?id_ noticia=5520&id_seccion=9

 

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Cómo los jesuitas inundaron Europa de científicos

 

Rudjer Joseph Boscovich, genial y

polifacético jesuita y hombre de ciencia

 

Jesuitas como Cristóforo Clavio, Scheiner, Kirchner, Boscovich, fueron geniales científicos y maestros de varias generaciones de hombres de ciencia.

 

La expansión de la cultura y la educación a amplios sectores de la sociedad no fue un logro de la Revolución Francesa ni de la Ilustración. En los siglos XVI y XVII surgen institutos religiosos especialmente consagrados a la enseñanza: elemental y universitaria, religiosa y profana, nada les es ajeno. La enseñanza para todos fue una iniciativa de la Iglesia.

 

En esta época florecen la Congregación del Oratorio (1613), la Congregación de las Escuelas Pías, los escolapios, fundada por San José de Calasanz (1600), las Escuelas Cristianas de San Juan Bautista de la Salle, los lasallistas, (finales del XVII) y, por encima de todas ellas, la Compañía de Jesús, fundada por San Ignacio de Loyola en 1540.

Ignacio y sus amigos

Es especialmente significativo el nacimiento de la Compañía de Jesús. La nueva Orden se origina en base a un grupo de compañeros universitarios de Ignacio, formados todos en la Universidad de París. Atienden a las nuevas vocaciones en residencias universitarias cercanas a los centros docentes: París, Padua, Coimbra, Lovaina, Colonia, Valencia entre los años 1540 y 1544.

No tardaron en impartirse clases en esos centros y, a petición del pueblo de Gandía, Ignacio y Francisco de Borja acceden a abrir el colegio de esa ciudad a todos los alumnos, fueran jesuitas o no. En sólo tres años este centro obtuvo privilegios análogos a universidades como Salamanca y París, que contaban ya con más de tres siglos de existencia. A finales de siglo los jesuitas ya contaban con 245 colegios y su General, Claudio Acquaviva, tuvo que denegar otras 150 peticiones.

Descartes: ilustre exalumno orgulloso de su colegio

Uno de los colegios de los jesuitas que se hizo más famoso en el mundo entero fue el de La Flèche, en Francia. En un solo año alcanzó el millar de alumnos, entre los que se encontraba un joven débil y enfermizo que estudiaría allí entre 1604 y 1612. Los padres jesuitas eran muy comprensivos con René Descartes y, entre otras licencias, le permitían dormir siempre una hora más que a sus compañeros. El mismo Descartes afirma: “estudié en La Flèche, que conceptúo uno de los más aventajados centros de enseñanza que tiene hoy Europa”.

Tuvo como compañero de estudios al que sería un prestigioso físico y matemático: Mersenne. Por las aulas de los centros de los jesuitas fueron pasando alumnos que figurarían en un lugar destacado de la historia de la ciencia: los matemáticos Ceva, Montuela y Bragelogne; los astrónomos Cassini, Lalande, y Wendelin; los físicos Torricelli, Bossut, Réamur y Mut; el biólogo Spallanzani y los naturalistas Leclerc Bufón, Monet de Lamarck, Gratiolet, Pitto de Tournefort, Cavanilles…

 

Atanasius Kirchner, lo mismo estudiaba microbios que jeroglíficos egipcios

(Compañía Jesús España) El Papa Benedicto XVI ha escrito una carta a Mons. Claudio Giuliodori, obispo de Macerata, Italia (ciudad natal de Ricci), con motivo del 400 aniversario del fallecimiento de este jesuita. Considerado uno de los grandes evangelizadores del cristianismo en China, en medio de sospechas y acusaciones, abrió el camino a la inculturación del mensaje cristiano.
A su vez, Matteo Ricci tuvo una gran trascendencia cultural por el diálogo que abrió entre Oriente y Occidente. Entre otras cosas, introdujo en China la teología, la filosofía, las artes y la ciencia de Europa al mismo tiempo que adoptaba las costumbres y el modo de pensar de China y daba a conocer a Europa la realidad desconocida de esta nación.
En su carta, el Papa Benedicto XVI, escribe que Matteo Ricci, «dotado de profunda fe y de extraordinario ingenio cultural y científico, dedicó muchos años de su vida a tejer un provechoso diálogo entre Occidente y Oriente, realizando al mismo tiempo una acción eficaz de arraigo del Evangelio en la cultura del gran pueblo de China. Su ejemplo sigue siendo también hoy un modelo de encuentro beneficioso entre la civilización europea y la china (...) Considerando su intensa actividad científica y espiritual, no se puede menos de quedar favorablemente impresionados por la innovadora y peculiar capacidad que tuvo de acercarse, con pleno respeto, a las tradiciones culturales y espirituales chinas en su conjunto, (...) modelo de diálogo y de respeto por las creencias de los demás, hizo de la amistad el estilo de su apostolado durante los veintiocho años que permaneció en China».
Y añade que, «a pesar de las dificultades y las incomprensiones que afrontó, el padre Ricci quiso mantenerse fiel hasta la muerte a ese estilo de evangelización, aplicando -se podría decir- una metodología científica y una estrategia pastoral basadas, por una parte, en el respeto de las sanas costumbres del lugar, que los neófitos chinos no debían abandonar cuando abrazaban la fe cristiana; y, por otra, en la convicción de que la Revelación podía valorarlas y completarlas aún más. Y precisamente de acuerdo con estas convicciones (...) planteó su clarividente labor de inculturación del cristianismo en China, buscando un entendimiento constante con los doctos de ese país». Publicado el 19 Junio 2009 - 2:07pm ww
w.religionenibertad.com



El Maestro de Matemáticas de la Europa Católica


La formación matemática de Descartes era extraordinaria y constituyó la plataforma adecuada desde la que realizar sus relevantes aportaciones a esta disciplina. En su formación tuvo especial relevancia el libro de Algebra elaborado por el P. Cristoforo Clavio, profesor del Colegio Romano (futura Universidad Gregoriana). Esta institución académica fue concebida por San Ignacio como el modelo de todos los demás colegios y por ello acudieron a él los religiosos más eximios de la Compañía. Entre ellos se encontraba Clavio.

Clavio era bávaro de nacimiento y enseñó en el Colegio Romano durante casi 45 años. El Papa Sixto V dijo de él que si los jesuitas no tuvieran otros méritos, al menos el de haber producido un Clavio les sería suficiente. Todo un elogio. Algunos historiadores no dudan en considerarlo el maestro más influyente del Renacimiento. Sus cualidades pedagógicas le permitieron escribir unos manuales de Aritmética, Geometría, Álgebra y Astronomía que se utilizarían por todo el orbe católico.

Fue el primero en utilizar dos expresiones matemáticas que hoy nos parecen elementales: el punto para separar la parte decimal de la entera y el paréntesis para agrupar operaciones. Además, Clavio tuvo un concurso especialísimo en la confección del calendario gregoriano y fue maestro de figuras tan ilustres como el jesuita Mateo Ricci, reverenciado en China, cuyas autoridades comunistas han celebrado sus aniversarios con grandes fastos.

 

Scheiner describió el funcionamiento de la retina...

y de las manchas solares

 

Con maestros así es más fácil

Pero el prestigio que alcanzó el Colegio Romano no es debido únicamente a Clavio. Hay otros profesores muy destacados.

El padre Christóforo Scheiner descubrió las manchas solares antes que Galileo (en enero de 1612; Galileo las descubrió en marzo; aunuqe es verdad que -sin saberlo ellos- se les había adelantado el astrónomo y pastor luterano David Fabricius en junio de 1611). Además fabricó el primer telescopio terrestre y realizó estudios sobre el ojo publicando "Oculus", obra en que describe correctamente que es en la retina donde se percibe la luz.

El padre Atanasius Kirchner (o Kircher), cuyo afán investigador le empujó a deslizarse por el interior del cráter del Vesubio, es el creador de la Geología Moderna. Polifacético descubridor, investigador del mundo oriental y de la medicina, fue el primero en defender que las enfermedades eran causadas por microorganismos.

Rudjer Joseph Boscovich, jesuita, físico, astrónomo, matemático, filósofo, diplomático y poeta, cuyo trabajo influyó en personajes de la talla de Laplace, Gauss, Euler y Jacobi, es considerado el precursor de la teoría atómica e incluso esbozó algunas ideas de la teoría de la relatividad.

Sobre los jesuitas se ha escrito muchísimo y han estado durante siglos en el punto de mira. Algunos no dudan en atribuirles algunos de los males endémicos de nuestra sociedad. Pero los hechos hablan por sí mismos y muestran la importancia que han tenido muchos de estos religiosos, como mínimo en el desarrollo de la ciencia experimental.

Francesc Gómez Morales

http://www.forumlibertas.com/frontend/forumlibertas /noticia.php?id_noticia=5801&id_seccion=9

 

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Mateo Ricci: el jesuita que fue

matemático del Emperador de China

 

Matemático, filósofo, misionero y sinólogo, incluso la China comunista recuerda con veneración al jesuita Li-Mateu.

 

La “conciencia misionera” de la Iglesia a partir del s.XVI condujo a muchos hombres a entregar su vida, a veces hasta el martirio, por esta arriesgada empresa. Muchos eran los que se enrolaban en las embarcaciones que cruzaban el Atlántico, camino del Nuevo Continente, pero no fueron menos los que, siguiendo antiguas rutas comerciales, se encaminaban hacia los lugares más recónditos del Extremo Oriente.

Este es el caso del jesuita italiano Mateo Ricci (1552 – 1610) que, habiendo manifestado a sus superiores sus deseos de ir a las misiones, fue destinado a las Indias Orientales con 25 años. Si exceptuamos las descripciones de los viajes de Marco Polo, Ricci llegaría a ser el primer sinólogo (estudioso de la cultura china).

La ciencia como instrumento evangelizador

Mateo Ricci fue alumno del P. Clavio en el Colegio Romano, aprendiendo matemáticas y astronomía de labios de uno de los mejores maestros del siglo XVI.

Una vez en tierra de misión, estando en Macao, se aplicó con esmero al estudio del chino, y tiempo después conseguía entrar en China para predicar el Evangelio. Una vez allí compuso el primer catecismo en chino de la historia.

Sus años junto al P. Clavio fueron de inestimable valor, ya que sus conocimientos de matemáticas y astronomía le hicieron ganarse el favor de los mandarines y la libertad para predicar durante un tiempo, hasta que se le expulsó.

Ricci lo siguió intentando. Consiguió llegar a presentarse ante el emperador, ataviado con el hábito de bonzo budista. Se ganó al emperador y a toda la nobleza gracias a la exposición de sus conocimientos científicos y de su fe, una fe que en todo se mostraba conforme con las enseñanzas de la ciencia. Llegar a ser el matemático de la corte le permitió actuar como evangelizador.

 

Divulgador científico de primera magnitud

Ricci y otro compañero (el español P. Pantoja) eran los únicos católicos en Pekín, la capital del Imperio Chino. Por tanto, trabajo apostólico no les faltaba a los dos.

Por eso puede resultar bastante chocante que el P. Ricci se dedicara a traducir al chino obras de matemáticas como los primeros seis libros de los Elementos de Euclides, escribiera más de 20 libros de ciencias para los chinos y construyera multitud de instrumentos como los cuadrantes solares, esferas terrestres y celestes, relojes…

Elaboró los primeros mapas de China que conoció Occidente y al mismo Emperador le demostró –y no fue poca cosa- que China no era el centro de la tierra. Recibió de los chinos el nombre de Li Ma-teu, o simplemente doctor Li.

Fue el primer europeo en entender la doctrina de Confucio y en difundirla en Occidente, al traducir al latín las Analectas del filósofo chino. De hecho, fue él quien diseñó el primer sistema de latinización del chino; así, el maestro Kung Fu-tsé llegó a ser Confucio. Y entendiendo a Confucio, Occidente empezó a entender a China.

Ricci Li-Mateu escribió varias obras destinadas a los europeos en las que explicaba los avances del gran país que lo había acogido. Algunos pragmáticos lo pueden considerar como una manera de desviarse de su fin principal, que era la evangelización, pero gracias a su acción y prestigio, abrió el camino para que muchos otros misioneros le sucedieran y continuaran su labor.

El P. Ricci no sólo llevaba su fe al Extremo Oriente, sino que se erigió él mismo en un puente a través del cual pudieran circular los conocimientos de una y otra cultura, un gran ejemplo de divulgación científica.

Pionero de la inculturación de la fe

El talante de Ricci, siempre dispuesto a establecer lazos para un enriquecimiento mutuo, no podía dejar de reflejarse en la manera en que éste trató de evangelizar china. Fue un pionero de lo que hoy se conoce como la inculturación de la fe.

Ricci adaptó las formas litúrgicas a la mentalidad de los chinos, aceptando e incorporando los ritos tradicionales de culto a los antepasados. Esto le propició una serie de desencuentros con la curia romana –Roma estaba muy, muy lejos de la corte china- que se mostró incapaz de asimilar en un primer momento las innovaciones del jesuita.

El P. Ricci tiene el mérito de haber introducido el Evangelio de Cristo de la única manera en que podía entrar en un país como China: a través de la ciencia. El P. Ricci no sólo compaginó la misión apostólica con el cultivo de la ciencia sino que fue un paso más allá: hizo de la ciencia un instrumento de evangelización.

En una escuela de líderes comunistas 

La estela de Mateo Ricci que marca su tumba en Beijing es hoy un lugar visitado y respetado. El lugar se llama Zhalan, un patio grande dentro de una escuela de formación de líderes del Partido Comunista. Destacan las estelas funerarias de Ricci y otros dos jesuitas, Schall y Verbiest, que fueron quienes levantaron el Observatorio Astronómico de los Jesuitas, en una colina junto a la Corte Imperial.

Hay en ese patio sesenta estelas de misioneros: jesuitas, franciscanos y otros, mayoría de portugueses, italianos y franceses... Ya no se encuentran allí los cuerpos, porque sus tumbas fueron profanadas hace un siglo, durante la revolución de los boxers (s.XIX). Pero el cementerio se cuida como monumento histórico importante.

Francesc Gómez Morales - 2006-09-27

 

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Fue el jesuita Mateo Ricci (1552 † 1610), quien bautizó un alto funcionario chino: Xu Guangqi. Mateo Ricci, Li Madou para los chinos

E. pbro. Mateo Ricci es uno de los poquísimos extranjeros promovidos entre los padres de la historia china. En el Millenium Center de Pekín, edificio inmenso que celebra las grandezas de la nación, en el gigantesco relieve en mármoles policromos dedicado a la historia de China, desde el primer emperador a los protagonistas del siglo XX, hay sólo dos imágenes de extranjeros, ambos italianos. Uno es Marco Polo en la corte de Kubilai Khan, el otro precisamente es Mateo Ricci, que vestido de mandarín confuciano escudriña el cielo.


A fines del pasado mes de octubre 2009, en la Universidad del Pueblo de Pekín, Mateo Ricci estuvo también al centro del interés de los estudiosos que han tomado parte en un gran congreso internacional de sinología. Es más, se le considera el iniciador de esta disciplina. Yang Huilin ha sido el promotor del congreso, vice-rector de la Universidad del Pueblo y uno de los más férreos estudiosos del cristianismo en China. Han tomado la palabra en el congreso Hans Küng, en cuanto autor de estudios sobre las religiones chinas, y el italiano Gianni Criveller, del Pontificio Instituto para las Misiones Extranjeras, con una ponencia sobre las modalidades adoptadas por los jesuitas llegados a China luego de Mateo Ricci para representar en imágenes la fe cristiana íntegramente.


El congreso de sinología se concluyó en modo emblemático: con una cena en la Ciudad Prohibida, sede del trono imperial pero también epicentro de la obra de numerosos misioneros de los siglos XVII y XVIII. Mateo Ricci, Li Madou para los chinos, está sepultado no lejos de allí.


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Cuando Mateo Ricci entró en la Compañía de Jesús corría el año 1571, en año de la batalla de Lepanto, cuando la flota cristiana detuvo el asalto de los turcos (el mahometismo islamismo) a Europa. Pero el espíritu que movió al joven jesuita no fue el de un cristianismo en estado de asedio. Todo lo contrario.


"Junto a la buena nueva cristiana Li Madou llevó a China la geometría de Euclides, la astronomía, la mecánica, la cartografía. Llevó el ´De amicitia´ de

Cicerón trascrito por él en un delicioso librito mandarín dedicado a un alto dignatario un poco confuciano, un poco animista, un poco cristianizante.


"Llevó pues la cultura de Occidente, significada en la muestra por astrolabios, planetarios, mapas geográficos de la ciudad y del imperio.


"Llevó también, naturalmente, la doctrina cristiana. Pero lo hizo usando para allanar el camino a la ciencia y la técnica, patrimonio compartido por Occidente y Oriente, y moviéndose en cada caso con mano ligera, con extraordinaria capacidad mimética, con respeto absoluto y exquisito por la cultura y por las tradiciones del país que había decidido hacer suyo.


"Se hizo chino entre los chinos, asumió también en los vestidos la iconografía del funcionario imperial, fue ceremonioso e indirecto, hiperbólico y burocrático, poético y pragmático como la costumbre y la etiqueta lo requerían.


"Si no se hubiera comportado en este modo no habría tenido los honores que la China moderna le reconoce y que nos permite colocarlo, de verdad, en las cimas de la historia.


"Una historia demasiado interrumpida, pero que hoy, en tiempos de integración fundada en el diálogo y por lo tanto en el respeto y en el conocimiento, parece más que nunca actual".


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Y así, siempre inaugurando la muestra, el obispo Claudio Giuliodori, de Macerata, la ciudad natal de Mateo Ricci, ha evidenciado la "mundialidad" de su acción:

 

"Ha diseñado mapamundis que han hecho conocer a los chinos el resto del mundo sustancialmente desconocido para ellos, evidenciando sobre estas grandes cartas geográficas los lugares más importantes de la cristiandad. Tradujo al chino libros de filosofía, de matemática y de astronomía y dio a conocer en Occidente los textos de Confucio. Estableció un diálogo intensísimo con los literatos y los hombres de cultura más ilustres de la China transformando estos coloquios en libros, con la finalidad también de que preparen el terreno para sembrar el Evangelio. Nace así el ´Verdadero significado del Señor del Cielo´ publicado en Pekín en 1603 y se explica también el extraordinario éxito del libro ´Diez Paradojas´, publicado en Pekín en 1607, en el que Mateo Ricci enfrenta en clave sapiencial los grandes temas de la vida.


"Logró así poner sólidas bases para la penetración del Evangelio y por un recíproco conocimiento entre Oriente y Occidente, entre China y Europa, entre Pekín y Roma, apareciendo una nueva fase para la historia de la humanidad no diferente a lo que ocurrió un siglo antes, en el extremo opuesto del planeta con la empresa de Cristóbal Colón"


Está en curso la cauda de beatificación de Mateo Ricci.  2009.XI


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(Compañía Jesús España) El Papa Benedicto XVI ha escrito una carta a Mons. Claudio Giuliodori, obispo de Macerata, Italia (ciudad natal de Ricci), con motivo del 400 aniversario del fallecimiento de este jesuita. Considerado uno de los grandes evangelizadores del cristianismo en China, en medio de sospechas y acusaciones, abrió el camino a la inculturación del mensaje cristiano.
A su vez, Matteo Ricci tuvo una gran trascendencia cultural por el diálogo que abrió entre Oriente y Occidente. Entre otras cosas, introdujo en China la teología, la filosofía, las artes y la ciencia de Europa al mismo tiempo que adoptaba las costumbres y el modo de pensar de China y daba a conocer a Europa la realidad desconocida de esta nación.
En su carta, el Papa Benedicto XVI, escribe que Matteo Ricci, «dotado de profunda fe y de extraordinario ingenio cultural y científico, dedicó muchos años de su vida a tejer un provechoso diálogo entre Occidente y Oriente, realizando al mismo tiempo una acción eficaz de arraigo del Evangelio en la cultura del gran pueblo de China. Su ejemplo sigue siendo también hoy un modelo de encuentro beneficioso entre la civilización europea y la china (…) Considerando su intensa actividad científica y espiritual, no se puede menos de quedar favorablemente impresionados por la innovadora y peculiar capacidad que tuvo de acercarse, con pleno respeto, a las tradiciones culturales y espirituales chinas en su conjunto, (…) modelo de diálogo y de respeto por las creencias de los demás, hizo de la amistad el estilo de su apostolado durante los veintiocho años que permaneció en China».
Y añade que, «a pesar de las dificultades y las incomprensiones que afrontó, el padre Ricci quiso mantenerse fiel hasta la muerte a ese estilo de evangelización, aplicando -se podría decir- una metodología científica y una estrategia pastoral basadas, por una parte, en el respeto de las sanas costumbres del lugar, que los neófitos chinos no debían abandonar cuando abrazaban la fe cristiana; y, por otra, en la convicción de que la Revelación podía valorarlas y completarlas aún más. Y precisamente de acuerdo con estas convicciones (…) planteó su clarividente labor de inculturación del cristianismo en China, buscando un entendimiento constante con los doctos de ese país». Publicado el 19 Junio 2009 - 2:07pm www.religionenibertad.com

  

Nicolás de Cusa, como cardenal.


 El cardenal que se adelantó a Galileo y a Da Vinci

 

Apasionado de la matemática y consejero de tres papas, Nicolás de Cusa hacía ciencia copernicana 150 años antes que Galileo y Copérnico.

 

Uno de los tópicos en historia de la ciencia es pensar que se pasa del “oscurantismo” medieval al nacimiento de la ciencia moderna de manera súbita. De la noche a la mañana surge un grupo de hombres extraordinarios que deciden darle la vuelta a nuestra manera de ver el mundo: Galileo, Kepler, Descartes… Es cierto que sus aportaciones supusieron una “revolución” pero no es menos cierto que cada uno de ellos (como todo hombre de ciencia) debe gran parte del éxito de su trabajo a sus predecesores.

 

Un “eslabón perdido” con nombre y apellidos


Existe por tanto una transición real, y no un salto abrupto, entre la manera de hacer ciencia de la Edad Media y las revoluciones de la Edad Moderna. Si tuviéramos que darle nombre y apellidos a nuestro “eslabón perdido” sin duda elegiríamos a Nikolaus Krebs, más conocido por Nicolás de Cusa. Iserloh lo describe de manera muy plástica: “está en el otoño de la Edad Media, pero también en la primavera de los tiempos modernos”.


Nació en 1401 en la ciudad alemana de Krebs (Cusa en latín). A los dieciséis años recibió la tonsura clerical y viajó por Europa estudiando gramática y filosofía, para obtener finalmente el doctorado en Derecho Canónico en Padua a la edad de 22 años. Paralelamente había nacido en él la pasión por las matemáticas y las ciencias naturales.

 

Una anécdota de su insaciable curiosidad científica la encontramos en su estancia en Colonia. Visitando la biblioteca de la cartuja encontró el Liber contemplationis de Ramón Llull, una de las figuras más eximias del medioevo hispano. No dejó escapar la oportunidad: se interesó por la obra y tomó diversas anotaciones.


Precursor del “giro copernicano”


Nicolás de Cusa mantuvo que la Tierra no era el centro del mundo y, basándose en la observación de los eclipses, que ésta era menor que el Sol y mayor que la Luna. También afirmó que el Sol, la Tierra y los demás cuerpos celestes se encuentran en movimiento y difieren en sus velocidades. También propuso la rotación terrestre como explicación al ciclo de los días. Por todo ello se le puede considerar con justicia un precursor de Copérnico. Sus intuiciones e ideas influyeron no sólo en éste sino en figuras tan ilustres como Kepler, Leonardo da Vinci y Giordano Bruno.


Un “argumento de autoridad” para Descartes


El libro más famoso de Nicolás de Cusa es “De docta ignorantia” (expresión prestada de san Agustín y san Buenaventura). En él expone una epistemología y una teología muy diferente de la tradicional. Llega a afirmar que el mundo es una imagen de Dios y su Trinidad. Partiendo de esta base postula la infinitud del espacio. Cuando más tarde Descartes proponga un espacio-tiempo infinito acudirá a Nicolás como argumento de autoridad para respaldar sus tesis.


Nuestro hombre no dudaba en “flirtear” con el concepto de infinito, imprescindible para las matemáticas contemporáneas. De hecho fue el primero que presentó el círculo como un polígono de lados infinitos (tal como se explica hoy día).


Adelantado a Galileo en la crítica a la escolástica


En uno de sus libros Nicolás de Cusa reprocha a la Filosofía de la Naturaleza escolástica (embrión de la Física actual) su incapacidad para medir (mensurare). Afirma que todo conocimiento científico debe estar fundamentado en la medición, otorgando a la geometría un papel protagonista en la ciencia.

 

La escolástica había recogido de Aristóteles una manera de hacer ciencia muy especulativa y poco experimental, en la que se recurría frecuentemente a la autoridad de los clásicos.

 

Nicolás de Cusa proponía recurrir a la “autoridad de las mediciones”. Por ello se esforzó por mejorar aparatos de medida (el reloj, la balanza) e inventó otros como el batómetro, que sirve para evaluar rápidamente la profundidad de ríos y lagos.

 

Muchas de sus sugerencias fueron realizadas en tiempos de Galileo, casi 150 años después. Nicolás de Cusa y Galileo compartieron la misma crítica a la manera de la escolástica de enfocar la filosofía de la naturaleza y abrieron el camino a la ciencia experimental, si bien es Galileo quien normalmente se lleva todo el mérito.


Y todo ello sin dejar de ser un gran hombre de Iglesia


Nicolás de Cusa fue obispo y cardenal y un hombre de confianza para los papas Nicolás V, Eugenio IV y Pío II. Fue nombrado legado pontificio y se le encomendó una misión muy ecuménica: lograr la unión con los griegos. Otro encargo de la Santa Sede fue lograr la firma de un concordato con el Imperio Austro-Húngaro, empresa que culminó con éxito. Fue Obispo de Brixen (Alemania) y tuvo que sufrir durante todo su mandato la oposición feroz de los poderes políticos. De hecho, acabó sus días en el exilio.


La vida de Nicolás es una prueba “empírica” de que la entrega y el servicio abnegado y constante a Cristo y a su Iglesia no sólo no es un impedimento para el desarrollo de la ciencia, sino que constituye una guía y estímulo para ésta.

Francesc Gómez Morales - 2006-09-27

 

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"¿San Alberto Einstein?"; el patrón de los científicos

 

Pocos son los estudiantes de ciencias que conocen las aportaciones científicas de su patrón, San Alberto Magno.

 

Alrededor del 15 de noviembre en las facultades de ciencias de todos los países de herencia católica se conmemora la fiesta del patrono, que es San Alberto. En el campus universitario de la Diagonal de Barcelona, de los muchos actos que se celebran, sólo uno nos refiere directamente al sentido originario de la festividad: la celebración eucarística del SAFOR (Servicio de Asistencia y Formación Religiosa). Por ello no es de extrañar que la mayoría de estudiantes no sepan exactamente qué están celebrando.

La lógica consecuencia es que uno de ellos escribiera en uno de los carteles que anunciaban las fiestas: “Sant Albert… Einstein?”. Quizá en un momento de lucidez en medio de los litros de alcohol que corren en los vestíbulos de cada facultad, el buen estudiante se preguntara a qué venía todo aquello.

Es evidente que la Iglesia no ha canonizado a Einstein. Como físico está a la altura de los más grandes, como Newton y Maxwell, aunque como persona y como marido su contribución es más discutible… y si no que se lo pregunten a Mileva, su sufrida esposa.

El verdadero San Alberto

Fue un Papa contemporáneo, Pío XII (1876-1958), quien declaró a Alberto patrono de todos los que se dedican a las ciencias naturales.

San Alberto Magno nació en la ciudad bávara de Lavignan (perteneciente a la actual Alemania) hacia el 1206 y murió en Colonia en 1280. Sólo con ver las fechas y si uno se deja llevar por la famosa leyenda negra entorno al supuesto oscurantismo de la Iglesia en la Edad Media, lo más sencillo es imaginarse a San Alberto como un obispo dedicado a refrenar las desmedidas ambiciones de los alquimistas por encontrar la piedra filosofal o disuadiendo al pueblo de acudir a los astrólogos para indagar sobre el futuro.

En realidad, Alberto sí que fue obispo, en concreto lo eligieron en 1260 para ocupar la sede de Ratisbona, pero sólo “duró” dos años. Vio que no era lo suyo y prefirió volver a sus antiguas ocupaciones. Además de ser teólogo, exegeta, filósofo y predicador, también tuvo tiempo para cultivar de manera muy notable las ciencias naturales: astronomía, meteorología, zoología, botánica, medicina, agricultura…

Fue capaz de describir toda la fauna europea (necesitó 26 libros para ello) y analizó con rigor la flora alemana, con una profundidad tal que fueron necesarios varios siglos para superar lo que él dio a conocer.

Dos “pequeños” favores que le debemos a San Alberto

H.J. Sadler dijo de San Alberto en 1932: “Si se hubiera continuado el desarrollo de la ciencias de la naturaleza por el camino que había tomado San Alberto se habría ahorrado a esta ciencia un rodeo de tres siglos”.

San Alberto basó su método científico en la observación y experimentación de los fenómenos de la naturaleza. Dio mucha importancia a contrastar sus proposiciones de manera empírica, proponiendo una manera de hacer ciencia menos especulativa y más experimental.

Hay que señalar que las ciencias naturales de la época eran más bien una filosofía de la naturaleza y, por tanto, se utilizaba de manera prioritaria el método filosófico.

Hasta la aparición de Galileo tres siglos más tarde la ciencia no adoptaría firmemente el método empírico y por eso el autor citado muestra a San Alberto como un precursor de la ciencia moderna.

Por otra parte, y como es bien sabido, San Alberto fue profesor de Santo Tomás de Aquino en la Universidad de París. Los dos compartieron orden religiosa (los dos eran dominicos) y una gran pasión por la verdad. Es bonito pensar que San Alberto tuviera gran parte de “culpa” del gran legado que nos dejó su mejor discípulo.


Francesc Gómez Morales - 2006-09-27

 

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Silvestre II Pont. Max.

 

El Papa Gerberto de Aurillac,

un mártir de la ciencia

 

Silvestre II, matemático y sabio, sufrió la persecución por sus geniales ideas científicas seis siglos antes que Galileo; y quien le perseguía no era la Iglesia.

Hace unos años todo el mundo estuvo en vilo durante un tiempo ante el temido “cambio de milenio”. El efecto 2000 en la informática y los profetas de calamidades se encargaron de alimentar la frenética imaginación del pueblo. Nihil novo sub sole (Nada nuevo bajo el sol) dice la máxima latina.

 

Y es cierto. En el primer cambio de milenio la población también se aterrorizó de manera infundada. Entonces fue Silvestre II el encargado de apaciguar los miedos de sus fieles e introducirlos en el segundo milenio de la era cristiana. A los que les guste esta época y quieran enmarcar al personaje, les puede ir bien leer Cercamón, una premiada novela de Luis Racionero en la que aparece el gran papa matemático.

Un monje francés formado en Barcelona y amigo del Obispo de Vic

Gerberto de Aurillac (futuro Silvestre II) nació en Auvernia, sur de Francia, en el año 940. Estudió el Trivium (gramática, lógica y retórica) en el monasterio benedictino de su ciudad y allí se sintió llamado a abrazar el estilo de vida que propusiera San Benito cinco siglos antes. Ya siendo monje pudo viajar a la Ciudad Condal para completar su formación.

Estudió el Quadrivium (Aritmética, Geometría, Astronomía y Música) bajo la tutela del conde Borrell II, que a su vez nombró a Atón, el Obispo de Vic, su preceptor.


 

Una miniatura del Apocalipsis, del Beato de Gerona; alguna gente se asustó al acercarse el año 1000, pero no el papa Gerberto

Al corazón de Cataluña ya había llegado la ciencia árabe, con la que Gerberto entró en contacto. Esto permitió que adquiriera una sólida formación científica. Sus conocimientos iban desde la matemática y la astronomía hasta la alquimia y la música.

Su extraordinaria valía no pasó desapercibida ni al Papa Juan XIII ni al Emperador Otón II. Fue maestro en la escuela catedralicia de Reims, ciudad de la que llegaría a ser Obispo, abad del monasterio de Bobbio y, antes de ser nombrado Sumo Pontífice, Obispo de Rávena.

Las “extravagantes ideas” del nuevo Papa

Gerberto fue uno de los científicos más brillantes de su época. Sus colegas acudían a él para solventar problemas científicos incluso cuando ya había sido nombrado Papa. Algunos hicieron correr ignominiosas leyendas sobre Gerberto, al que acusaban de haber pactado con el diablo a cambio de gozar de poderes mágicos.

Como matemático fue el primero que introdujo el sistema numérico indoarábigo. Expuso las ventajas de éste con respecto a la numeración tradicional romana con las letras I, V, X, L, C, D, M. No tuvo éxito con su propuesta, que acabaría imponiéndose doscientos años más tarde.

En Europa se decía “¿A qué viene esta moda de escribir las cantidades con signos árabes? ¡Eso es cosa del diablo! Las cifras romanas son cristianas y hace siglos que se usan en la Iglesia, mientras que las arábigas vienen de infieles y no se pueden aceptar”.

Toda su autoridad papal no le sirvió para implantar el sistema numérico que utilizamos hoy día. Tampoco le valió su autoridad para librarse de tremendas habladurías surgidas a raíz de sus reformas eclesiásticas. Se hizo creer a los fieles que Satanás se llevaría su alma cuando muriera y que el mismo Papa había mandado trocear su cuerpo al morir para que el demonio no se apoderara de él.

El mito duró casi siete siglos hasta que el Vaticano decidió abrir su sepulcro en el 1648 para acabar con la leyenda. Se encontraron a Silvestre II, con su mitra en la cabeza y las manos cruzadas sobre un cuerpo entero y casi intacto.

Las contribuciones del Papa científico

Además de difundir las cifras árabes, Gerberto también popularizó el uso del astrolabio, que es un instrumento astronómico. Se expandió por todo el mundo latino desde Catalunya y fue Gerberto quien describiera su modo de utilización en su Liber de utilitatibus astrolabii.

También fue el primero en adoptar el uso del ábaco (de origen sarraceno como el astrolabio) y escribir unas reglas para su uso.


Silvetsre II difundió el astrolabio entre la Cristiandad

Astrolabio de Muhammad al-Naqqas (año 1079, Al-Ándalus)


Su pasión por la música le hizo capaz de proyectar la construcción de un órgano a vapor en la catedral de Reims. También inventó diversas máquinas hidráulicas así como una tabla de cálculo y un primitivo reloj de péndulo.

A todo esto hay que añadir su buen trabajo como líder religioso y político. Silvestre II fue, sobre todo, el gran organizador de la Iglesia en Polonia y en Hungría. Cuando el caudillo de los húngaros, Esteban, se convirtió al catolicismo, el papa le coronó rey. Era el año 1000.

No todos los mártires de la ciencia son Galileo y Bruno

Existe la falsa creencia de que el desarrollo de las ciencias es debido a la “sangre” vertida por ciertos mártires del saber como Galileo Galilei o Giordano Bruno. También se atribuye a la Iglesia el papel de perseguidora del saber racional y se la considera la principal fuerza contra la que tuvieron que batallar los defensores de la verdad científica. Silvestre II nos demuestra la falsedad de estas tesis.

Seis siglos antes que Galileo y Bruno, él ya tuvo que sufrir la incomprensión y la persecución por causa de sus ideas científicas. Y su oponente no fue precisamente la Iglesia, ya que él mismo fue Obispo y más tarde Papa.

Es propio de la condición humana el miedo ante lo desconocido y lo novedoso. El ser humano prefiere la seguridad de lo “malo conocido” que las promesas de lo “bueno por conocer”. Ya se sabe que el miedo nos hace actuar en ocasiones de manera irracional y de ese ataque no se escaparon Galileo y Bruno, pero tampoco todo un Papa como Silvestre II.


Francesc Gómez Morales - 2006-09-27

 

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Cómo la Iglesia inventó las universidades

 

Digan lo que digan las novelas tipo Código Da Vinci, la universidad no fue creada por librepensadores enemigos de la religión.

 

¿Quién inventó la Universidad? Parece la pregunta rencorosa de un estudiante angustiado por los exámenes. Pero la cuestión tiene más calado de lo que a simple vista parece. Influenciados por los best-sellers y la falta de cultura actual, más de uno podría atribuir el mérito a “científicos librepensadores” de la Edad Media, que pretendían liberar al pueblo de la superstición y la ignorancia, a intelectuales que no querían someterse a los estamentos religiosos. La realidad es distinta: también apasionante, pero sin extrañas conspiraciones.

Las escuelas monásticas y las escuelas episcopales

A partir del siglo IX, con el florecimiento de la vida monástica, empiezan a surgir escuelas cobijadas en los monasterios. Se trata de una institución docente para formar a sus monjes, aunque en bastantes lugares se añade una escuela exterior que recibe otros estudiantes.

La lista de las escuelas monacales de prestigio es interminable: Jarrow, York, San Martín de Tours, San Gall, Corbie, Richenau, Montecasino…

Paralelamente los Obispos y los cabildos crean en las ciudades centros docentes similares a las que ya funcionaban en los monasterios. Cobran importancia sobre todo desde el siglo XI.

Estas escuelas, llamadas episcopales, nacen a la sombra de las catedrales. Las de más renombre son las de Reims, Chartres, Colonia, Maguncia, Viena, Lieja…

Tanto las escuelas monásticas como las episcopales comparten un mismo programa de estudios: la enseñanza de las siete artes liberales: el trivio (gramática, retórica y dialéctica) y el cuadrivio (aritmética, geometría, astronomía y música).

Estudio General y Universidad

Hacia el siglo XII empiezan a enseñar maestros que no están vinculados a ninguna escuela monástica o episcopal determinada y nace el fenómeno de la “movilidad” estudiantil (el preludio de los hoy famosos erasmus). Los centros pasan a ser promovidos directamente por los Papas y los Reyes.

Paulatinamente se sustituyen las escuelas monásticas por estos nuevos centros a los que se les denomina Studium Generale (estudio general). El adjetivo general indica que están abiertos a estudiantes de todas las nacionalidades y que se imparten todas las disciplinas científicas.

Fueron los Studium Generale de más competencia los que se convirtieron en universitas (universidades). El documento más antiguo en el que aparece la palabra universitas con este significado es del papa Inocencio III e iba dirigido al Estudio General de París.

Toda universidad admitía estudiantes y maestros de las distintas naciones y aspiraba a dar títulos que fueran universalmente valederos. Esta necesidad de universalidad hace que se recurra a autoridades universales como los papas y reyes para que expidan las “licencias”.

Este hecho lleva a los historiadores a afirmar que “hay pocas universidades en cuya partida de nacimiento no se encuentre un documento pontificio o por lo menos la intervención de un delegado de la Santa Sede”.

Las primeras universidades

El primer centro de Estudio General que recibió el permiso para expedir licencias (convirtiéndose por tanto en Universidad) fue la de Bolonia en 1158 y procedía de la anterior escuela eclesiástica. Ésta a su vez se originó como fusión de la escuela episcopal y la teológica del monasterio camaldulense de San Félix.

El canciller de la escuela episcopal de Nôtre Dame auspició la formación de la segunda de las universidades, la de París. Esta fue la mayor y más famosa de todas y por sus aulas pasaron figuras como San Alberto y Santo Tomás de Aquino entre muchos otros.

Un grupo de estudiantes ingleses formados en París se instalaron en las escuelas monacales de Oxford y organizaron los estudios como en su Universidad de origen. El papa Inocencio IV le privilegia con una carta de 1254. Fue el nacimiento de una Universidad cuya fama perdura hasta el día de hoy: la Universidad de Oxford.

Agradecemos al autor -

Francesc Gómez Morales www.forum.libertas.com 2006-09-27


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Simón responde: "Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos pescado nada; pero, en tu palabra, echaré las redes" (Lc 5, 4-5).


Año 1597 – San José de Calasanz fue el gran impulsor de la educación sobre todo de los pobres, el fundador de la primera escuela pública ‘absolutamente gratuita’ de Europa; además escuela abierta a todos sin excepción, sin condiciones  ni miramientos de sexo, edad, conducta civil, posición social, política o religiosa. En el 1597 nacían las escuelas Pías en la iglesia de Santa Dorotea, del Trastévere romano, y ochenta años más tarde los hijos espirituales de san José de Calasanz abrían las puertas de su primer colegio español en Barbastro.

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Todas las escuelas son públicas, están las estatales y las no estatales. Siempre y cuando las no estatales estén abiertas a todos los ciudadanos. En esta categoría no entran las ‘escuelas islámicas’ o ‘madrazas’ donde, por racismo religioso, son exclusivas a los mahometanos. Se entiende por escuela: establecimiento público donde se da a los niños la instrucción primaria y respetando los derechos humanos donde toda vida humana es sagrada desde el vientre materno.


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“La fe tiene necesidad de la razón para no caer en la superstición. La razón tiene necesidad de la fe para no caer en la desesperación”. S.S. JUAN PABLO PP. II.


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No dominio, sino servicio «gratuito» es la jerarquía en la santa Iglesia Católica, apostólica «fundada por Cristo Jesús»; con sede romana desde Pedro muerto mártir bajo Nerón, crucificado cabeza abajo y Pablo decapitado, ambos en Roma.

 

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Es oportuno hacer notar a los lectores que los que se oponen a la infalibilidad papal tienen en general la idea de que es una infalibilidad cuasi-divina. No es así, la infalibilidad que esta doctrina reclama, es muy limitada y NO incluye la posibilidad de revelar NUEVAS doctrinas, tan solo de ampliar el entendimiento del depósito apostólico de la fe. [Es el progreso de la verdad que Cristo prometió a su Iglesia con el Paráclito]

Lo anterior es una gran verdad: Se niega un dogma por que, o se entiende mal o se desconoce por completo.

He aquí como el Sagrado Concilio Vaticano I, en la sesión IV, Constitución Dogmática Pastor aeternus, capítulo 4, define, bajo inspiración del Espíritu Santo, el dogma:
Por esto, adhiriéndonos fielmente a la tradición recibida de los inicios de la fe cristiana, para gloria de Dios nuestro salvador, exaltación de la religión católica y salvación del pueblo cristiano, con la aprobación del Sagrado Concilio, enseñamos y definimos como dogma divinamente revelado que:

"Así el Espíritu Santo fue prometido a los sucesores de Pedro, no de manera que ellos pudieran, por revelación suya, dar a conocer alguna nueva doctrina, sino que, por asistencia suya, ellos pudieran guardar santamente y exponer fielmente la revelación transmitida por los Apóstoles, es decir, el depósito de la fe....


El ‘Romano Pontífice*, cuando habla ex cathedra, esto es, cuando en el ejercicio de su oficio de pastor y maestro de todos los cristianos, en virtud de su suprema autoridad apostólica, define una doctrina de fe o costumbres como que debe ser sostenida por toda la Iglesia, posee, por la asistencia divina que le fue prometida en el bienaventurado Pedro, aquella infalibilidad de la que el divino Redentor quiso que gozara su Iglesia en la definición de la doctrina de fe y costumbres. Por esto, dichas definiciones del Romano Pontífice son en sí mismas, y no por el consentimiento de la Iglesia, irreformables. De esta manera si alguno, no lo permita Dios, tiene la temeridad de contradecir esta nuestra definición: sea anatema."

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* Obispo primus inter-pares’

 

La intervención del carisma de infalibilidad se da sólo en circunstancias concretas. Según la definición del Concilio Vaticano I, la tarea del Papa no es manifestar nuevas doctrinas, sino conservar, exponer y defender lo que ya está contenido, si bien de manera implícita, en las verdades reveladas, objeto de fe. Y la Revelación se cumplió con la muerte del último apóstol. En esta exposición fiel de la fe de los apóstoles, la asistencia del Espíritu Santo es absoluta y garantiza la infalibilidad de las definiciones. El Papa no declara infalibles sus ideas u opiniones personales. Hay definiciones infalibles sólo en materia de fe y de moral. Si, por ejemplo, el Papa hace un diagnóstico sobre un problema que atañe a la cultura o a la política, la infalibilidad, por supuesto, no tiene nada que ver. En el mudable flujo de las circunstancias históricas, una decisión que puede parecer oportuna, algún tiempo después quizá puede dejar de serlo. Algunos deducen que la Iglesia se contradice. Pero la mayor parte de las veces se ve el deseo de los pastores de descifrar eso que también La Pira, después del Papa Juan y el Concilio, llamaba los signos de los tiempos.

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El cristiano se identifica [debería] por completo, en la pobreza y fragilidad, con las mismas actitudes y sentimientos de la Virgen María en el Magnificat, y con las de aquel salmo que dice: «No pretendo grandezas que me superan, acallo y modero mis deseos como un niño recién amamantado en brazos de su madre».

 

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Como le corresponde a un auténtico cristiano, debe trabajar sirviendo a la fe en Jesucristo, que entraña siempre unidad, integración y vertebración entre los hombres, amor como base de la convivencia entre las gentes y los pueblos. Difundiendo la verdad que nos hace libres y se realiza en el amor; defendiendo al hombre y sus derechos fundamentales; denunciando la injusticia y el fanatismo, pero convencido que Dios es amor y que todo hombre es hijo de ese mismo Dios. En esa razón no entran los ingredientes nihilistas, neomarxistas, laicistas y relativistas.MMVI

 

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"Obras todas del Señor, bendecid al Señor".-

Dios confió los animales a la administración del que fue creado por él a su imagen (cf Gn 2, 19-20; 9, 1-4). Por tanto, es legítimo servirse de los animales para el alimento y la confección de vestidos. Se los puede domesticar para que ayuden al hombre en sus trabajos y en sus ocios. Los experimentos médicos y científicos en animales, si se mantienen en límites razonables, son prácticas moralmente aceptables, pues contribuyen a cuidar o salvar vidas humanas.

 

 

Gracias de la visita y por pregonarnos

 

La fraternidad entre los cristianos no es simplemente un vago sentimiento y ni siquiera nace de una forma de indiferencia hacia la verdad. La fraternidad está fundada sobre la realidad sobrenatural del único bautismo, que nos incluye a todos en el único cuerpo de Cristo (cfr. 1 Cor 12,13; Gal 3, 28; Col 2,12).-

S. S. Benedicto XVI – P. P.


Siete libros sin imposturas ni ocultamientos:

España Frente al Islam - De Mahoma a Ben Laden -Dr.hist.César VIDAL-Ediciones

‘La esfera de los libros’.

Roma dulce hogar. De protestantes, nuestro camino al catolicismo. Ed. Rialp

Leyendas negras de la Iglesia. Vittorio Messori. Ed. Planeta+ Testimonio.

Nueve siglos de cruzadas. Luis María Sandoval. Ed. Criterio-Libros.

Por qué no soy musulmán. Ibn Warraq. Ediciones del bronce.

‘Islam para adultos’ Autor: Antonio López Campillo. Prólogo del doctor César VIDAL -Editorial ‘Adhara publicaciones’ 2005.

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‘MANUEL II: DIÁLOGO CON UN MUSULMÁN’. Áltera (Barcelona-España), 2006;

154 páginas. Prólogo de JON JUARISTI.

El Papa y el islam

Por Gorka Echevarría Zubeldia

[un libro que recomendamos vivamente]


1º ‘El Libro negro de las nuevas persecuciones anticristianas’, Thomás Grimaux es el autor - Favre, 160 páginas. Valeurs Actuelles, 2008 -. Todo un acierto.

2º ‘LA LEYENDA NEGRA’, de PHILIP W. POWELL (1913-1987), publica la editorial Áltera en su colección ‘Los Grandes Engaños Históricos’. 2008 – Como también:

‘LEYENDAS NEGRAS DE LA IGLESIA’. Autor Vittorio MESSORI – Editorial “PLANETA-TESTIMONIO” 10ª EDICIÓN – Óptimo libro para defenderse del cúmulo de opiniones arbitrarias, deformaciones sustanciales y auténticas mentiras que gravitan sobre todo en lo que concierne a la Iglesia.

Grüss Gott. Salve, oh Dios.

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).