Monday 27 March 2017 | Actualizada : 2017-03-03
 
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«Mira hacia Oriente, Jerusalén, y ve la alegría que te viene de Dios.» (Baruc 4,36) "

 

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Un truco de los amigos de un segundo Holocausto es buscar judíos –que los hay—contrarios a Israel. Como cuando el Holocausto que intentaron las izquierdas en España contra la Iglesia: algunos curas colaboraron con entusiasmo justificando a los asesinos. También lo hicieron los curas y los catolicones del PNV.  2010-08-26


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CRISTIANOS PROTEGIENDO A SUS HERMANOS JUDÍOS –



Cuanto ocurrió en Roma, Génova y Florencia sólo era la punta de un iceberg cuya extensión cubría toda Italia. - 1944


En Turín, el punto de referencia era monseñor Vincenzo Barale, que había colaborado con la Delasem. Prosiguió su labor de asistencia hasta que un judío que él había salvado fue hecho prisionero y torturado. Dio su nombre. Para monseñor Barale significó el arresto y la cárcel. Por pura casualidad no fue deportado y se salvó.


«Judíos en los conventos de Milán», titulaba a toda página el Avanguardia del 12 de agosto de 1944, órgano de las SS italianas al mando de Felice Bellotti. El 26 de febrero de 1945, cuando la guerra estaba ya en las últimas, el capitán Giovanni Brutti, comandante de la «Compañía Especial» de la «Guardia Nacional Republicana», escribía a sus superiores: «Se puede afirmar sin peligro de equivocarse que el setenta por ciento de los despreciables israelitas ha pasado por sus (del clero) largas manos para ser salvados por sus rebeldes y bandidos.»[15] Brutti se refería en particular al cardenal Ildefonso Schuster de Milán, considerado el principal enemigo de los fascistas nazis. La labor de asistencia a los judíos del cardenal Schuster comenzó en noviembre de 1938, cuando después de pocos días de la publicación de las leyes raciales, durante la homilía dominical, el arzobispo de Milán condenó la doctrina racista como «una herejía antirromana y anticristiana». «El racismo -afirmó el cardenal Schuster-niega a la humanidad todo otro valor espiritual y se convierte así en un peligro internacional no menor que el del bolchevismo.» Desde entonces hasta el fin de la guerra en 1945, los judíos perseguidos se dirigieron al cardenal, quien, junto al clero ambrosiano, intentó salvarlos a todos. La red subterránea de asistencia abarcaba la diócesis entera. En un interesante artículo publicado en Avvenire se recuerdan «el Instituto de Cesano Boscone, el edificio por donde pasaron más de doscientos judíos en fuga, la parroquia del Sacro Volta de don Eugenio Bussa, donde algunos centenares de niños encontraron un sitio seguro donde ocultarse de la furia nazi, la Casa Alpina de Motta llevada por don Luigi Re, el San Carlo y el Instituto Gonzaga, donde estaba de capellán don Carlo Gnocchi».[16]


ara el resto de Lombardía, el cardenal Schuster dirigía las peticiones de ayuda a don Paolo Liggeri. Pero el 24 de marzo de 1944, los SS alemanes cayeron sobre la casa de don Liggeri y encontraron a once judíos. Don Liggeri fue arrestado y deportado, primero a Mauthausen y después a Dachau. Sobrevivió y volvió a Italia después de la guerra.[17]


Don Piero Folli, párroco de Voldomino de Luino (Varese), medalla de oro de la Resistencia, escondía a los judíos en la casa parroquial y, con la ayuda de personas de confianza, incluso de contrabandistas que conocían la frontera, los llevaba a territorio suizo. Denunciado por un espía, fue recluido en un instituto para discapacitados en Cesano Boscone (Milán), del cual regresó al final de la guerra para morir poco después.[18]


Al menos trescientos judíos fueron salvados por el obispo de Asís, Giuseppe Placido Nicolini, quien había levantado una eficiente red de asistencia junto a don Alcro Brunacci. Este último estaba en estrecha relación con don Federico Vincenti y el arzobispo Mario Vianello de Perugia. En la capital de Umbría se salvaron otro centenar de judíos.

Durante la guerra don Duilio Mengozzi dio refugio en su casa parroquial del Trebbio (una comarca de Sansepolcro, provincia de Arezzo) a muchos refugiados, entre los que estaba la señora Emma Goldshmed, judía de Trieste de setenta y cinco años de edad, de viuda Varadi. La señora permaneció con don Duilio hasta el fin de la guerra mientras que sus hijos lograron llegar a Suiza con la ayuda del mismo sacerdote.[19]


También el profesor Attilio Momigliano, un personaje bastante conocido en el mundo literario, en 1944 encontró junto con su mujer refugio seguro en el hospital de Sansepolcro, pudiendo confiar en la valiente protección del director, de las monjas y del capellán don Mengozzi, que mantenía los lazos con el exterior. El matrimonio Momigliano vivió durante seis meses en una habitación del hospital, sobre cuya puerta se colgó el letrero «tifus» para descorazonar excesivas inspecciones por parte de los alemanes. Cuando el frente se acercó a Sansepolcro, don Duilio trasladó del hospital a los Momigliano y, tras alojarlos en la casa parroquial, los guió sanos y salvos más allá de las líneas alemanas.[20]

Agradecemos a por Antonio Gaspari – conoze.com  2006-10-18

Notas

[15] Annamaria Braccini y Davide Parrozzi, «Schuster e l´eresia ariana», Avvenire, 26 de febrero de 1998, p. 23.

[16] Ibídem.

[17] Susan Zuccotti, Olocausto in Italia, Arnoldo Mondadori Editare, Milán, 1988, p. 224.

[18] Domenica Zanin, Benevento, «Schindler cattolici/1», carta publicada en Avvenire el 20 de febrero de 1998, p. 26.

[19] Luigi Andreini (Arezzo), «Schindler cattolici», carta publicada en Avvenire el 19 de febrero de 1998, p. 26.

[20] Ibidem.


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Callar ante la injusticia y la mentira es hacerse cómplice de ellas. Puede entenderse tal postura en una situación en que hablar encierra grandes peligros, pero en la democracia no hay excusa. Los derechos se defienden ejerciéndolos, y la inhibición, precisamente, socava las libertades y ayuda a los demagogos.

Una voz del exterior de gran fuerza moral, sin embargo, en algunas circunstancias bien precisas, frente a totalitarismos, puede y debe callar (que no es ocultar o mentir), para no engendrar más peligro y posible victimas.

 

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Héroes musulmanes olvidados

 

Antonio R. Rubio Plo
Historiador y Analista de Relaciones Internacionales

Todo prejuicio equivale a una sentencia inapelable: nos hemos formado una opinión y no queremos conocer más hechos. Los que así piensan suelen combinar el odio con clamores de justicia.

Hace pocos días se clausuraba en Milán una exposición singular, aunque sus materiales están disponibles para actividades didácticas. Llevaba el nombre de Justos del Islam, estaba organizada por el Instituto Pontificio de Misiones Exteriores, y su originalidad residía en un tema ajeno a toda corrección política: ¿Existieron musulmanes que ayudaron a los judíos perseguidos por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial?

No sólo los hubo, sino que el Estado de Israel les otorgó el galardón de “justos entre las naciones”, concedidos a más de veinte mil personas, como el anterior Papa, Juan Pablo II o  diplomáticos que fueron los que facilitaron visados a los hebreos. Los nombres de un total de 70 musulmanes —entre los que se cuentan bosnios, albaneses, turcos, tunecinos o marroquíes— están presentes en el Museo del Holocausto en Jerusalén, pero sobre ellos se cierne toda una conspiración de silencio, en este tiempo en que los límites entre el antisionismo y el antisemitismo se hacen cada vez más difusos.

El historiador americano Robert Satloff, un experto en temas del Próximo Oriente, es actualmente el principal investigador de unos hechos que se quiere borrar de una selectiva memoria histórica. Si la deslegitimación de Israel pasa, entre otras cosas, por negar el Holocausto, no es extraño que todo elemento discordante como la existencia de Justos del Islam sea marginado, entre otras cosas porque no es una cuestión político-partidista, sino de pura y simple humanidad.

De este modo, se olvida que en tierras norteafricanas, bajo el poder de la Francia de Vichy o del ocupante nazi, se llevó centenares de los judíos a campos de concentración o se les obligó a portar la estrella amarilla. Satloff relata que en el año 1943, en plena batalla en Túnez entre los aliados y el Afrika Korps, un grupo de hebreos fugitivos fue acogido en la granja de un campesino llamado Si Alí Sakkat.

También en la ciudad costera tunecina de Mahdia, varias familias judías fueron ocultadas en la finca de una autoridad local, Jaled Abdelwahhab, que de esta forma salvó a una muchacha acosada por un oficial alemán. Y es que había campos de concentración en el norte de África: los guionistas del mítico film Casablanca no lo desconocían y ponen en boca de Strasser, el implacable comandante alemán, que sólo existían dos alternativas para un refugiado: acabar en un campo o arriesgar su vida en un lugar en que valía muy poco.

Pero las ayudas también se produjeron en tierras europeas: el rector de la mezquita de la ciudad de París salvó a más de un centenar de hebreos al proporcionarles certificados que acreditaban identidades musulmanas. Tampoco se pueden ocultar otras realidades: hubo árabes que colaboraron con los alemanes en la persecución, e incluso formaron una unidad militar que combatió contra los aliados en Túnez.

Mas lo positivo son las historias de héroes musulmanes, relatadas por Satloff en su libro Among the righteous, resultado de una investigación personal por once países en busca de testimonios que sorprendieron a los hijos y nietos de aquellas personas.

Sin embargo, hay una connotación de amargura en el libro: muchos parientes de los héroes no se alegraron de conocer los hechos. Antes bien, les resultaba incómodo y deseaban que Satloff se marchara cuanto antes de sus vidas. De ahí, que la batalla del historiador de utilizar la memoria de unos gestos humanitarios para acercar a judíos y árabes se encontrara con el muro, que, por otra parte es infranqueable, de los prejuicios.

Todo prejuicio equivale a una sentencia inapelable: nos hemos formado una opinión y no queremos conocer más hechos. Los que así piensan suelen combinar el odio con clamores de justicia, algo no privativo del conflicto entre árabes e israelíes.

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Publicado en Gaceta.es, 23/02/2008

 

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Los judíos salvados junto al cuartel de las SS


«Fue el pontífice Pío XII quien nos ordenó abrir las puertas a todos los perseguidos. Si no hubiera sido por la orden del papa, habría sido imposible salvar a tanta gente.» Quien habla es sor Ferdinanda que, el 17 de marzo de 1998, recibía de la embajada israelí en Roma la medalla de Justo entre las Naciones por haber contribuido a salvar a muchos judíos durante la ocupación nazi de Roma. Sor Ferdinanda ha recibido la medalla en representación del Instituto de las Hermanas de San José de Chambéry, pero insiste en las intenciones de Pío XII y muestra, como confirmación de sus palabras, una carta del secretario de Estado, cardenal Luigi Maglione, enviada a la reverenda madre superiora el 17 de enero de 1944, en plena ocupación nazi. En la carta, el secretario de Estado escribía: «Su Santidad, paternalmente agradecida, implora sobre estos amados hijos las inefables recompensas de la divina misericordia, de manera que, reducidos los días de dolor, les conceda el Señor un sereno, tranquilo y próspero futuro. Entretanto, en signo de particular benevolencia, Su Santidad, admirado por la obra de misericordia que estas amadas Hermanas de San José de Chambéry ejercitan con comprensión cristiana, les envía a ellas y a los queridos refugiados la bendición apostólica.» Cuenta sor Ferdinanda que «todo comenzó en septiembre de 1943 cuando, con muchas dificultades, llegaron a la portería muchos señores y señoras, muchos niños y jovencitas. Eran judíos que, perseguidos y rastreados, buscaban refugio en nuestro instituto. Pío XII había pedido a todas las comunidades religiosas que abrieran sus puertas a estos hermanos perseguidos. Nuestras superioras, confiando en la Divina Providencia, con valentía y amor evangélico, acogieron a los que se presentaban. Así, poco a poco y como mejor se podía, fueron muchos los hermanos alojados y, según su número, las habitaciones, las clases, se transformaban en dormitorios y salas de estar. Recuerdo, entre otras, a Lia Levi, a la señora Ravenna, mujer de un rabino, con dos nietos, la señora Calderoni, la señora Pugliese y tantas otras de quien no se sabía el nombre porque, además de a los judíos, la casa se abrió a algunas familias de militares en peligro».


«Para evitar sospechas -cuenta sor Ferdinanda-, a los niños judíos en edad escolar se les hizo pasar por alumnos regulares. La directora les proporcionó documentos de algunos coetáneos que frecuentaban el instituto antes del estallido de la guerra. Así, las clases se desarrollaron de manera regular. Pero no podíamos estar tranquilas, estábamos siempre en peligro, porque en la cercana Villa Coen, hoy sede del Colegio Mexicano, estaba el mando de las SS. Nuestro instituto estaba en el número 260 de la Via del Casaletto, y el de Villa Coen era el 314. Nuestro jardín limita con el de Villa Coen. Hay que decir, además, que los alemanes pasaban continuamente por las cercanías de nuestro instituto, y con frecuencia venían para pedirnos usar la cocina, un salón con piano para sus tardes de diversión, o exigían platos y vasos para sus reuniones. Un capitán llamado Sigismondo venía con frecuencia para tocar el armonio de nuestra iglesia. Una vez, este capitán cogió del brazo y bromeó con Rosannina, una niña judía que teníamos con nosotros porque no estaba todavía en edad escolar. »Para evitar que descubrieran la identidad de nuestros huéspedes -explica sor Ferdinanda- nos habíamos organizado. Cada vez que los alemanes se acercaban, sor Anastasia Palombi, una rápida y atenta portera, avisaba a todos con signos y palabras acordadas. Seguía un revuelo lleno de miedo.

Las mujeres se transformaban en monjas enfermas en la cama o en trabajadoras en la cocina. Muchas se vestían con un delantal y un pañuelo en la cabeza y hacían como que trabajaban en las labores del huerto. Estas escenas de terror colectivo se repetían también cuando sor Anna María nos advertía que en las cercanías daban vueltas patrullas alemanas para rastrear a judíos y perseguidos. Entonces, por el altavoz, se nos comunicaba: "Los hermanos de sor Guglielmina (que era alemana) se encuentran cerca de nosotros."

»Con la llegada de las tropas aliadas se terminó la guerra y también nuestra aventura compartida con los judíos. Algunos de ellos han vuelto a ver el instituto, y el 15 de noviembre de 1996, Roberto Calderoni, que era uno de los niños refugiados, acudió con dos representantes de la comunidad judía de Roma y nos entregaron un bellísimo documento en recuerdo y reconocimiento de la hospitalidad de aquellos días lejanos.»


En el documento está escrito: «Quien salva una vida es como si salvara al mundo entero», firmado por «La Comisión Judía de Roma a las Hermanas de San José en Casaletto, recordando a cuantos arriesgando su propia vida se prodigaron para salvar a los judíos de las atrocidades nazifascistas». Roma- Italia

 

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... Arturo Castellanos  fue un católico...

 

La increíble historia de Arturo Castellanos, un diplomático salvadoreño que se convirtió en héroe durante los años 40

 

Día 17/08/2011 - 11.11h

 

 

Arturo Castellanos

 

Oskar Schindler fue un empresario alemán que salvó a unos 1.200 judíos del Holocausto. Su modus operandi consistía en contratarlos para una fábrica de artículos situada en Polonia que abastecía al ejército nazi durante la Segunda Guerra Mundial. La gran pantalla se encargaría de llevarlo a la fama a través de la laureada película «La lista de Schindler», dirigida por Steven Spielberg. Pero el de Schindler no es el único caso de altruismo durante este terrible periodo de la historia. En el blog «Rescoldos en la Trébede» podemos leer la increíble hazaña de Arturo Castellanos, un diplomático salvadoreño que salvó a unos 40.000 judíos del exterminio nazi.

 

Castellanos murió hace 34 años sumido en la pobreza; su historia permanecía en el olvido hasta que en 1999 el historiador Carlos Cañas-Dinarte encontró copia de unos reveladores documentos en los archivos nacionales de San Salvador y se ordenó una investigación que concluyó con la concesión del título de «Justo entre las Naciones» por Yad Vashem en 2010.

 

José Arturo Castellanos Contreras, ése era su nombre completo, ocupó una de las jefaturas del Estado Mayor en su país hasta que el gobierno de Maximiliano Hernández Martínez lo envió a Europa en los años treinta con la misión de comprar armas. De aquel viaje no regresó porque Hernández Martínez lo veía como un rival político y prefirió nombrarlo cónsul general en Liverpool, Inglaterra. Después fue designado diplomático en Hamburgo y finalmente acabó en Ginebra, donde se hizo amigo del empresario húngaro Gyorgy Mandl, pieza fundamental de esta historia.

 

Mandl tenía ascendencia judía y para protegerlo de la amenaza nazi, Castellanos lo nombró primer secretario del consulado asignándole nacionalidad salvadoreña. Este fue el comienzo de un largo e intenso proceso de expedición de salvoconductos que se extendió a otros miles de húngaros de confesión judía, que de otra forma habrían acabado en campos de concentración alemanes.

 

Los ahora llamados «papeles de la libertad» descubiertos por el historiador Cañas-Dinarte fueron certificados de nacionalidad salvadoreña emitidos a favor de grupos familiares (aquí tienen un par de ejemplos). Entre 1942 y 1944 se llegaron a emitir al menos trece mil que amparaban hasta once personas por documento; así es como familias judío-húngaras, checas, francesas, alemanas y polacas, formaron la comunidad extranjera más numerosa de Hungría. Se calcula que fueron cerca de 40.000 humanos cuyas fotografias tuvieron la suerte de pasar por este salvadoreño.

http://www.abc.es/20110816/medios-redes/abci-holocausto-201108161155.html

 

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Mártires cristianos por salvar a los judíos


Pero no todos estos sucesos tuvieron un final feliz. Es larga la lista de sacerdotes que perdieron la vida en la labor de salvar a los judíos. El obispo emérito de Crema, Cario Manziana, fue internado en el campo nazi de Dachau. Entonces era asistente de los licenciados y universitarios de Brescia, y fue arrestado por estar de acuerdo con los jóvenes en la libre afirmación de los principios de la ley cristiana. Llegó a Dachau en 1944 y allí encontró a mil cuatrocientos eclesiásticos, la mayor parte católicos, de todas partes de Europa. Ya habían muerto mil, incluido el obispo polaco Kozal.

Monseñor Manziana cuenta que: «Al confrontar espontáneamente nuestras experiencias nos sorprendimos, no sin satisfacción, de encontrar motivos comunes y análogos episodios, que directa o indirectamente nos habían merecido el castigo nazi: la defensa de los jóvenes y de los débiles, la libertad de conciencia y de palabra, la protección de los judíos.» A propósito de la defensa de los judíos, el obispo de Crema ha escrito: «¿Por qué no recordar la figura de nuestro padre Giuseppe Girotti, el valeroso biblista dominico, junto al alma de niño del padre Jean Himmelrrecih, el culto franciscano holandés, ambos encarcelados y asesinados por los nazis por haber escondido a judíos?»[12]

Entre las muchas víctimas estuvo también el joven don Aldo Mei, párroco de Fiano, que por haber ocultado a un judío fue fusilado el 4 de agosto de 1944 en Lucca. En febrero de 1944, las persecuciones racistas se intensificaron, y aun sabiendo los riesgos que afrontaba no dudó en esconder a un joven judío en su casa parroquial. La mañana del 2 de agosto los nazis irrumpieron en la iglesia y arrestaron a don Aldo. Tres fueron los motivos de imputación: haber dado refugio a un judío, haber asistido espiritualmente a los partisanos de la zona y haber escuchado Radio Londres. Fuera de la prisión, el obispo de Lucca, monseñor Torrini, estuvo tres horas ante el mando alemán sin ser recibido. Don Aldo Mei murió sin el consuelo de un hermano. 2007.I.

Notas

[12] Carlo Manziana, «Il mite padre della pace», L´Osservatore Romano della Domenica, número especial monográfico, 28 de junio de 1964, p.30.

 

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Los obispos franceses en defensa de los judíos

 

por Antonio Gaspari

Los obispos franceses en defensa de los judíos

 

Lo que ocurrió en Italia es solamente una parte de la labor de asistencia a los judíos perseguidos por los nazis que la Iglesia desarrolló en cualquier parte donde le fue posible. En Francia, por ejemplo, la contribución prestada por la Iglesia y por los católicos a la defensa de los judíos es mucho más vasta de lo que se pueda pensar.

De los documentos recogidos por el padre Michael O´Carroll[21] se extrae que doscientos mil judíos franceses se salvaron gracias a la ayuda de los diplomáticos, los funcionarios de policía y la población, pero sobre todo por las actividades de apoyo de los sacerdotes y de los religiosos católicos. En esta obra de caridad se distinguieron, en particular, el arzobispo de Toulouse, cardenal Julies Gerard Saliège, el primado de Francia y arzobispo de Lyon, cardenal Pierre Marie Gerlier, y el obispo Pierre Marie Théas de Montauban (que llegó a ser después obispo de Lourdes). Por causa de esta actividad, los nazis encarcelaron a monseñor Théas; el cardenal Saliège habría sufrido la misma suerte de no estar tan enfermo, de modo que no podía ser trasladado, y el primado de Francia, Gerlier, se salvó gracias al hecho de ser cardenal y gozar de un amplio apoyo popular.

Otros documentos recogidos por Philip Friedman[22] confirman que el clero francés se rebeló de manera decidida contra las deportaciones de judíos.

El 20 de agosto de 1942, monseñor Saliège, arzobispo de Toulouse, fue informado durante un retiro sacerdotal de que en la región del Alto Garona los judíos eran deportados en masa. Monseñor Saliège, que desde el principio había condenado el antisemitismo y desde el comienzo de la guerra había ordenado a las comunidades religiosas que acogieran a los numerosos judíos refugiados en la región de Toulouse, decidió protestar enérgicamente. Escribió una carta a los fieles para que se leyera en la iglesia durante la misa del domingo en la que, entre otras cosas, decía: «En nuestra diócesis han ocurrido escenas terroríficas en los campos de Noé y Récébédou. Los judíos son hombres, los judíos son mujeres, nada se puede permitir contra ellos, contra estos hombres, contra estas mujeres contra estos padres, contra estas madres de familia. Forman parte del género humano. Son, como muchos otros, nuestros hermanos. Un cristiano no puede olvidarlo.»[23]

El prefecto presionó para que monseñor Saliège retirase la carta, pero el arzobispo rehusó. Entonces el prefecto, tras haber consultado al gobierno de Vichy, telegrafió a todos los ayuntamientos del departamento para prohibir la lectura del mensaje, pero sólo unos pocos se sumaron a la prohibición. El texto de la carta provocó una explosión de cólera en los nazis y el entusiasmo entre los aliados.

Saliège se convirtió en un héroe nacional, pero los nazis no podían aguantar una voz crítica tal y, el 9 de junio de 1944, se presentaron en su residencia para arrestarlo. Monseñor Saliège, anciano, enfermo y con el cuerpo paralizado, no puso pega alguna. Pero la enfermera que lo atendía hizo notar a los dos oficiales la gravedad del estado de salud del arzobispo.

Temiendo la gran popularidad de la que gozaba, los nazis renunciaron a arrestarlo.

Tras la liberación, la Resistencia judía plantó centenares de abetos en la carretera que, desde Jerusalén, lleva a Tel-Aviv, en recuerdo de los judíos que fueron salvados por el cardenal Saliège.

En septiembre de 1942 comenzaron las deportaciones de judíos también en Lyon, y el cardenal Gerlier decidió protestar públicamente. Escribió una recomendación que se leyó en todas las iglesias de la diócesis el domingo 6 de septiembre de 1942: «Las medidas de deportación promovidas contra los judíos -escribió el cardenal Gerlier- suscitan en todo el territorio de la diócesis escenas tan dolorosas que nos vemos en el imperioso y penoso deber de elevar la protesta de nuestra conciencia. Asistimos a una dispersión de las familias en la que nada se tiene en cuenta, ni la edad, ni la debilidad, ni las enfermedades. El corazón se encoge al pensar en el trato sufrido por miles de seres humanos y más todavía si se piensa cuál será su destino. No olvidamos que existe para las autoridades francesas un problema que resolver y valoramos las dificultades que nuestro gobierno tiene que afrontar. Pero ¿quién podrá echar en cara a la Iglesia que confirme, en esta hora oscura, y ante todo cuanto se nos ha impuesto, los derechos inalienables de la persona humana, el carácter sagrado de los lazos familiares, la inviolabilidad del derecho de asilo y las imperiosas exigencias de esta caridad fraterna que Cristo ha enseñado a sus discípulos? Es el honor de la civilización cristiana, y éste debe ser también el honor de Francia, no abandonar jamás tales principios...»

La declaración levantó un escándalo, la prensa filonazi pidió la cabeza del cardenal, acusado de ser un «talmudista delirante», «traidor a su fe, a su país y a su raza», a la vez que testimonios de gratitud llegaban de la Asamblea general de rabinos franceses y de los grandes rabinos de Londres y Jerusalén.

Ante la deportación de los judíos, también el obispo de Montauban, Pierre Marie Théas, ordenó a los sacerdotes de su diócesis que leyeran el siguiente mensaje: «Mis queridos hermanos: escenas de indescriptible sufrimiento y horror están teniendo lugar en nuestra tierra... En París, decenas de miles de judíos son sometidos a bárbaros tratos. En nuestro distrito hemos visto a familias divididas, hombres y mujeres tratados como bestias y deportados. Manifiesto toda mi indignación en nombre de la conciencia cristiana y proclamo que todos los hombres son hermanos, creados por el mismo Dios. Las actuales medidas antisemitas son una violación de la dignidad humana y del sagrado derecho de los individuos y de las familias. Que Dios pueda confortar y fortalecer a quienes son perseguidos.»

A causa de esta carta y de sus actividades de ayuda a los judíos, el obispo de Montauban corrió el riesgo de ser deportado, hecho que impidieron las manifestaciones de apoyo del clero y de la población.

Cartas de protesta similares fueron escritas por el obispo Delay de Marsella, por el obispo Moussaron de Albi y por el obispo Remond de Niza. Una declaración conjunta escrita por el cardenal Suhard, arzobispo de París, al mariscal Pétain decía: «Estamos profundamente afectados por los arrestos en masa y por los tratos inhumanos a los judíos prisioneros en el aeródromo de Hiver.»[24]

Notas

[21] Michael O´Carroll, Pius XII Greatness Dishonoured - a documented study, Laetare Press, Blackrock, Co., Dublin, 1980.

[22] Philip Friedman, Their Brothers Keepers, Holocaust Library, Nueva York, 1978.

[23] Jean Toulat, «Due cardinali di Francia, Due protettori degli ebrei», en Il Papa ieri ed oggi, L´Osservatore Romano della Domenica (número especial monográfico), 28 de junio de 1964, pp. 28-29.

[24] El aeródromo de Hiver se encuentra en París.

Agradecemos a conoze.com. 2006-XI-03

 

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Sin precedentes: Premio «Por los judíos en Hungría»

a un representante católico: el cardenal Erdo


BUDAPEST, domingo, 03, diciembre 2006- «Por el refuerzo del diálogo entre la Iglesia católica y la comunidad judía, y por la conservación de la memoria de los judíos asesinados durante el Holocausto y de quienes les salvaron»: es el motivo por el que se ha entregado al cardenal Peter Erdo el premio «Por los judíos en Hungría».

Es la primera vez que, en el año 5767 del calendario judío, tal reconocimiento se dirige a un representante de la comunidad católica –apuntaron conjuntamente la archidiócesis de Esztergom-Budapest y el diario católico húngaro «Magyar Kurír» el lunes-.
Confiere este galardón anualmente la Federación de las Comunidades Judías en Hungría (Mazsihisz).
«Es un hecho sin precedentes –afirmó su presidente, Péter Feldmájer-, pero creo que toda vía positiva debe ser emprendida».
«No tenemos una tarea más importante que la de poner modelos positivos ante la sociedad», añadió.
Por su parte, el cardenal Erdo recordó que el premio es para toda la Iglesia, a través de su persona.
El retorno al propio pasado y la búsqueda común de la verdad pueden tener una influencia beneficiosa y curativa en la sociedad, observó igualmente.
Arzobispo de Esztergom-Budapest (Hungría), primado de Erseki Hivatal, presidente de la Conferencia Episcopal del país y recién nombrado presidente del Consejo de las Conferencias Episcopales de Europa (CCEE), el cardenal Erdo es actualmente el purpurado más joven del Colegio Cardenalicio.
Recientemente ha impartido una conferencia junto al rabino jefe emérito József Schweitzer sobre el significado de la Pascua. También ha publicado un libro bajo el título «Fe, moral y ciencia» junto a Schweitzer y el presidente de la Academia de las Ciencias Szilveszter Vízi E.
El galardón también se ha otorgado a Erika Plankó, del Ministerio de Justicia, por sus actividades determinantes en la creación de un sistema de resarcimiento y su compromiso en el proceso de resarcimiento comunitario de los judíos.

 

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Señor: cuántas veces hemos preferido también nosotros el éxito a la verdad, nuestra reputación a la justicia. Da fuerza en nuestra vida a la sutil voz de la conciencia, a tu voz. Mírame como lo hiciste con Pedro después de la negación. Que tu mirada penetre en nuestras almas y nos indique el camino en nuestra vida. El día de Pentecostés has conmovido el corazón e infundido el don de la conversión a los que el Viernes Santo gritaron contra ti. De este modo nos has dado esperanza a todos. Danos también a nosotros de nuevo la gracia de la conversión.

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Los católicos tenemos que ser más valientes que nunca y dar ejemplo de paz, perseverancia y valor. Las personas que critican a la Iglesia olvidan el papel del sacerdocio ‘evangelizante-misionero’ y la labor social de la Iglesia y debemos recordárselo. Tenemos que vivir la fe con alegría, ser más cercanos y tener más frescura. Deberíamos aprender a valorar lo sabia que es la santa madre Iglesia, porque nos lleva 2000 años de ventaja y ella fue fundada por Jesucristo que dijo:

“El que a vosotros escucha, a mí me escucha” (Lc 16,10).
“Conocereis de verdad.org” intenta presentar la fe cristiana para la gente sencilla, en especial para los estratos aparentemente más bajos. ¿La razón? Simple: «Son ellos quienes más necesitan conocer la alegría de Cristo».

 

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“Cuando Pedro, lleno de audacia, anda sobre el mar, sus pasos tiemblan, pero su afecto se refuerza...; sus pies se hunden, pero él se coge a la mano de Cristo. La fe le sostiene cuando percibe que las olas se abren; turbado por la tempestad, se asegura en su amor por el Salvador. Pedro camina sobre el mar movido más por su afecto que por sus pies...  No mira donde pondrá sus pies; no ve más que el rastro de los pasos de aquel que ama. Desde la barca, donde estaba seguro, ha visto a su Maestro y, guiado por su amor, se pone en el mar. Ya no ve el mar, ve tan sólo a Jesús.  San Agustín (354-430), obispo de Hipona (África del Norte) y doctor de la Iglesia”.  Sermón que se le atribuye, Apéndice nº 192; PL 39, 2100


Jesús sentado la mesa con los fariseos -     

El Creador del mundo, eterno e invisible, dispuesto a salvar a todo el género humano que, desde el inicio de los tiempos, se arrastraba y estaba sometido a las duras leyes de la muerte, «en estos tiempos que son los últimos» (Heb 1,2) se ha dignado hacerse hombre..., y, en su clemencia, rescatar a aquellos que su misma justicia había condenado. Para demostrar cual es la profundidad de su amor hacia nosotros, no sólo se hizo hombre, sino hombre pobre y humilde, y «siendo rico, por vosotros se hizo pobre, para que vosotros, con su pobreza, os hagáis ricos» (2Co 8,9). De tal manera se hizo pobre por nosotros que ni tan sólo tuvo dónde reclinar su cabeza: «Las zorras tienen madrigueras y los pájaros nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene dónde reclinar la cabeza» (Mt 8,20).
     Es por eso que él aceptaba ir a las comidas a las que se le invitaba, no por el gusto inmoderado de las comidas, sino para mostrar que había llegado la salvación y suscitar en ellos la fe. En ellas y a través de sus milagros, llenaba de luz a los invitados. En ellas, incluso los sirvientes que, ocupados, estaban en el interior, escuchaban su palabra de salvación. En efecto, nunca menospreció a nadie, nadie era indigno de su amor  puesto que «te compadeces de todos, Señor, y no odias nada de lo que has hecho» (Sb 11,24).
     Para llevar a cado su obra de salvación, el Señor entró, pues, un sábado en casa de un fariseo notable. Los escribas y fariseos le observaban para poderle recriminar pues si curaba a un hidrópico, le podían acusar de violar la Ley y, si no le curaba, podían acusarle de falta de compasión y de debilidad...  A través de la luz de su purísima palabra de verdad, vieron pronto desvanecerse todas las tinieblas de su mentira.

Bienaventurado Guerrico de Igny (hacia 1080-1157), abad cisterciense

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"Obras todas del Señor, bendecid al Señor".

 

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Salmo 96,1-5.Canten al Señor un canto nuevo, cante al Señor toda la tierra;
canten al Señor, bendigan su Nombre, día tras día, proclamen su victoria.
Anuncien su gloria entre las naciones, y sus maravillas entre los pueblos.
Porque el Señor es grande y muy digno de alabanza, más temible que todos los dioses.
Los dioses de los pueblos no son más que apariencia, pero el Señor hizo el cielo…

 

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Tierra nueva y cielo nuevo - Ignoramos el tiempo en que se hará la consumación de la tierra y de la humanidad. Tampoco conocemos de qué manera se transformará el universo. La figura de este mundo, afeada por el pecado, pasa, pero Dios nos enseña que nos prepara una nueva morada y una nueva tierra donde habita la justicia, y cuya bienaventuranza es capaz de saciar y rebasar todos los anhelos de paz que surgen en el corazón humano. Entonces, vencida la muerte, los hijos de Dios resucitarán en Cristo, y lo que fue sembrado bajo el signo de la debilidad y de la corrupción, se revestirá de incorruptibilidad, y, permaneciendo la caridad y sus obras, se verán libres de la servidumbre de la vanidad todas las criaturas, que Dios creó pensando en el hombre.

Se nos advierte que de nada le sirve al hombre ganar todo el mundo si se pierde a sí mismo. No obstante, la espera de una tierra nueva no debe amortiguar, sino más bien aliviar, la preocupación de perfeccionar esta tierra, donde crece el cuerpo de la nueva familia humana, el cual puede de alguna manera anticipar un vislumbre del siglo nuevo. Por ello, aunque hay que distinguir cuidadosamente progreso temporal y crecimiento del reino de Cristo, sin embargo, el primero, en cuanto puede contribuir a ordenar mejor la sociedad humana, interesa en gran medida al reino de Dios.

Pues los bienes de la dignidad humana, la unión fraterna y la libertad; en una palabra, todos los frutos excelentes de la naturaleza y de nuestro esfuerzo, después de haberlos propagado por la tierra en el Espíritu del Señor y de acuerdo con su mandato, volveremos a encontrarlos limpios de toda mancha, iluminados y trasfigurados, cuando Cristo entregue al Padre el reino eterno y universal: "reino de verdad y de vida; reino de santidad y gracia; reino de justicia, de amor y de paz". El reino está ya misteriosamente presente en nuestra tierra; cuando venga el Señor, se consumará su perfección.

 

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“Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones” Biblia. Evangelio según San Lucas Cap.1º vs. 48. La Iglesia, hace XXI siglos fundada por Tu Hijo, te alaba, ¡Oh Madre plena de dicha y felicidad!

VERITAS OMNIA VINCIT - LAUS TIBI CHRISTI.

 

 

De verdad: ¡Gracias por venir a visitarnos y por pregonarnos!

 

Recomendamos: “Cómo Pío XII salvó a los judíos de los nazis”. *Por David G. Dalin, intelectual y rabino judío.

Los detractores del Papa Pacelli, ignoran o eliminan el estudio iluminador, "Roma y los judíos" de Pinchas Lapide, cónsul general de Israel en Milán, que se había encontrado con muchos judíos italianos que sobrevivieron al Holocausto. Lapide documenta cómo Pío XII favoreció la salvación de al menos 700 mil judíos de manos de los nazis. Otro cálculo eleva la cifra a 860 mil. Aporta también Dalin otros autorizadísimos estudios de autores judíos

* David G. Dalin, rabino judío, es profesor de Historia y Ciencias Políticas en la Ave Maria University de Naples, Florida. Previamente, fue profesor asociado en la Universidad de Hartford. Rabbi Dalin es autor o co-autor de varios libros. Sus artículos y críticas han aparecido en la American Jewish History, en Commentary, Conservative Judaism, First Things, the Weekly Standard, y en la American Jewish Year Book.

Es licenciado por la Universidad de California en Berkekey, y obtuvo su máster y doctorado por la Brandeis University y su ordenación rabínica en el Seminario Teológico judío de América-

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).