Wednesday 29 March 2017 | Actualizada : 2017-03-03
 
Inicio > Leyendas Negras > Lutero - 2º historia reforma augustana; Marcionismo antijudaísmo, D. Laínez

El único momento histórico en que Europa tuvo su unidad fue con la cristiandad medieval. Era la Europa católica. La cristianitas de la Europa medieval era la patria común. La reforma luterana destruyó todo esto, separó a los países y creó los nacionalismos.

Vittorio Messori; escritor, periodista, comentarista e investigador histórico. 2005.

 

 

Resulta muy difícil hablar de religión con gran parte de las sectas protestantes. Es como hablar de las vidrieras de una catedral. Para quien está dentro los vitrales arden con el sol. Pero quien está fuera sólo ve un gris monótono y emplomado. Ambos se gritarán a voces lo que ven, sin entenderse.

 

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No hay paz sin justicia, no hay justicia sin perdón. S. S. Juan Pablo II

 

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“La fe y la razón son necesarias y complementarias en la búsqueda de la sabiduría”.

«La universidad no podía existir sin la facultad de Teología, ya que hubiera quedado incompleta». «La presencia de las ciencias teológicas entre los otros campos de reflexión universitaria posibilita un intercambio válido de pensamiento».
”La fe y la razón «se encuentran en la búsqueda de la sabiduría. Se sirven de diversos instrumentos y métodos, pero
se enriquecen mutuamente en el descubrimiento de las múltiples dimensiones de la verdad».” S. S. Juan Pablo II
a una delegación de la Universidad de Silesia, en Katowice (Polonia). 2005-01-13: Italia, Roma, Vat. donde la Iglesia fundada por Cristo, tiene su sede histórica.

 

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"Las fuentes" pueden dar "frases" que hay que interpretar en el contexto y con sus consecuencias a tenor de la Historia que solo años después se pueden ver en contexto.

 

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Abriendo a los estudiosos los ‘Archivos Históricos’, la Iglesia

expone los documentos de época para estudiar y así averiguar,

por el ejercicio de las facultades intelectuales, la naturaleza,

cualidades y relaciones de las cosas. Las fábulas como las

leyendas se desmoronan en su propia ignorancia, por falta de

ciencias, letras y noticias como de honestidad intelectual.  

 

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y en la misma tierra de Lutero... años después.

 

Lutero expresaba un odio visceral a los judíos al escribir,

prended sus sinagogas o escuelas y… enterrad y tapad con basura lo que quiera que no arda, para que ningún hombre vea nunca más una piedra o ceniza de ellos... si nosotros, ahora que estamos informados, protegiéramos y blindásemos tal casa de judíos, existente justo delante de nuestras narices, en la que mienten, blasfeman, maldicen, vilifican y difaman a Cristo y a nosotros... sería lo mismo que si hiciéramos todo esto e incluso peor para nosotros, como sabemos muy bien. En segundo lugar, aconsejo que sus casas también sean peinadas y destruidas... en tercer lugar, aconsejo que todos los libros de oración y escritos Talmúdicos, en los que se enseña tal idolatría, mentiras, maldiciones y blasfemia, les sean arrebatados… en cuarto, aconsejo que se prohíba enseñar a sus rabinos en adelante bajo pena de muerte o mutilación... en quinto, aconsejo que el salvoconducto en los caminos sea completamente abolido para los judíos”.

Incluso si Lutero no se hubiera expresado de un modo tan brutal contra los judíos, el mismo reformista religioso exigía la supresión de Aristóteles de los planes de estudios de las universidades europeas, por motivos de paganismo.

 

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Una hermosa indicación de Juan Pablo II hablando de la memoria histórica: La memoria se configura como un derecho que corresponde a cada grupo humano (sociedad, Iglesia, partidos y sindicatos) para profundizar en la propia identidad, pero es esencial que esa memoria no sea selectiva y sesgada, ni intente imponer a todos una visión uniforme, sino que se desarrolle a partir de una aproximación «abierta, objetiva y científica» a los hechos.

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…[…]… «¡Sí que reivindicó el derecho de cada colectivo!, ‘la Iglesia católica, una congregación religiosa, un partido político, un sindicato, una institución académica’, a rememorar su historia para profundizar «en su identidad». Monseñor Ricardo Blázquez, Obispo de Bilbao-Esp. 2007.XI.

 

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Historiadores serios, responsables investigadores, sanos intelectuales deben estudiar la historia. La Iglesia universal está muy por encima de circunstancias coyunturales, y debe ser capaz de transmitir un mensaje de fe y de esperanza. La historia tiene que quedar en manos de los historiadores porque nadie tiene derecho a imponer una «verdad oficial», propia de los sistemas totalitarios. En el marco de la razón y el sentido común, el recuerdo de los antecesores -en este caso, de quienes dieron la vida por la fe ‘mártires de la Iglesia Católica’- refuerza la propia identidad y ayuda a comprender el complejo mundo en que vivimos. 2007-XI

 

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1507: 3 de abril - Martín Lutero es ordenado sacerdote. -


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1460: 4 de abril  en Basilea (norte de Suiza) el Papa Pío II funda la famosa universidad.


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P- ¿Qué decir de Miguel Servet, como científico y también teólogo? ¿Y qué decir que Calvino autorizó la quema dictada por las autoridades protestantes?

 

R- Como dedicado a las ciencias del cuerpo humano, fue realmente notable en el conocimiento de la circulación sanguínea; todo lo contrqario fue como teólogo, una calamidad por su incapacidad. Debido a sus herejías teológicas, el Tribunal de la Inquisición deseaba interrogarle y huye por varios países. La Inquisición protestante en Ginebra [hoy Suiza] le ubica y dicta sentencia a muerte en la hoguera, con la aprobación de Calvino. La ciudad a orillas del lago Leman que le vió arder, colocó una piedra con una placa en el mismo lugar. Europa aprendió que nunca se debe quemar a la gente por sus ideas, al menos mientras no nos impogan la ley mahometana de la ‘sharía’.

 

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Por la libertad, el saber, la razón y la fe. A propósito de universidad (y de «oscurantismo»): habrá pues un motivo si, a principios del siglo XVII, cuando Galileo tenía unos cuarenta años y se hallaba en plena actividad investigadora, había en Europa 108 universidades -esta típica creación de la Edad Media católica-, algunas más en las Américas españolas y portuguesas y ninguna en territorios no cristianos. Y también habrá una razón si las obras matemáticas y geométricas de la antigüedad (principalmente la obra de Euclides), que han constituido la base fundamental para el desarrollo de la ciencia moderna, nos han llegado sólo gracias a las copias de monjes benedictinos y, una vez inventada la tipografía, gracias a libros impresos siempre por religiosos. Alguien ha señalado incluso que, precisamente a principios de este siglo XVII, un Gran Inquisidor de España creó en Salamanca la Facultad de Ciencias Naturales, donde se enseñaba, apoyándola, la teoría copernicana... Historia compleja, como se puede ver. Mucho más compleja de la que generalmente nos cuentan. Habrá que volver sobre ello. Vittorio MESSORI

 

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….de la soberbia, Lutero, tibiezas y divisiones… - Está más que claro que la soberbia y falta de humildad de seguir al más humilde de todos, que fue Jesucristo, es lo que ha llevado a la cristiandad a partirse en mil pedazos, por supuesto por nuestro pecado, pero ya sabíamos desde el principio la banda en la que Dios mismo depositó su confianza, 11 cobardes y un traidor, no es excusa de un protestante aludir la falta de santidad de los católicos en su vida diaria para alejarse de esta, pues ya se sabe tal como juzgues serás juzgado, y fue el mismísimo Lutero el primero en encolerizarse contra una iglesia que por mucho que pese, mantuvo el mensaje de Cristo hasta sus días para que el buen señor despertara su iluminación, y después de 15 siglos apareciera la verdadera revelación.
Por sus frutos los conoceréis, y ya sabemos como se comportó Lutero con su nueva denominación y en su lucha enconada y salvaje contra la Iglesia verdadera. Solo Dios llegará a juzgar el valor espiritual de los hermanos separados, pero que bien estaríamos todos en un mismo rebaño para que todos fuéramos uno como el Padre con Cristo queríamos que fuéramos, pero claro la soberbia pasa malas pasadas para la perdición del hombre, en fin que Dios nos pille confesados.
Aprendamos a defender con argumentos y tanta humildad, la verdad de Cristo en su Iglesia, siendo la relatividad y superficialidad, el plato preferido y digerido por tantos cristianos.

 

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El 26 de octubre de 1546 se pronunció uno de los discursos más importantes, en la historia de la humanidad, sobre la libertad y la dignidad humanas. Fue el teólogo español Diego Laínez.

 

I REPÚBLICA Y DIEGO LAÍNEZ

11 de mayo de 1931

Por Alfonso García Nuño

 

En el siglo XVI, en medio de las disputas surgidas por la escisión del protestantismo, una de las cuestiones más debatidas, a raíz de las posturas luteranas, fue la relación de la gracia divina y la libertad del hombre. No se trataba simplemente de palabras –¿y cuándo las palabras humanas son simples y no tienen importancia, si con ellas pensamos y nos decimos la realidad?–; de lo que aquellos hombres debatían era ciertamente de Dios, pero también del hombre y de hasta qué punto era libre, hasta qué punto era él quien se definía en relación a Dios. Se trataba de ver si el límite de la libertad humana estaba en su salvación o, si en relación a ésta, tenía algo que decir.

 

Por eso, el 26 de octubre de 1546 se pronunció uno de los discursos más importantes, en la historia de la humanidad, sobre la libertad y la dignidad humanas. Fue el teólogo español Diego Laínez, que luego llegaría a ser Prepósito General de la Compañía de Jesús, quien con sus palabras marcaría esa sesión del Concilio de Trento, hasta el punto de que, en las actas de este sínodo, este discurso es el único que se conserva íntegro junto a las decisiones de los padres conciliares.

 

Curiosamente la propaganda de la cultura dominante de los últimos siglos machaconamente insiste en hacer pasar al Concilio tridentino como algo represor y contrario a la libertad humana, cuando en realidad fue todo lo contrario. Difícilmente se encontrarán afirmaciones más tajantes y contundentes en la afirmación de la libertad, dignidad y destinos del hombre. La lástima es que nos tragamos la propaganda y ahí está su fuerza, en nuestra irreflexión.

Procurando ser sencillo en la exposición y evitando ser simple, en aquel momento, había, grosso modo, tres posturas en juego: la de Martín Lutero, la de Girolamo Seripando y la que defendió Diego Laínez. Lutero consideraba que el pecado había afectado de tal modo al hombre que su libertad había quedado corrompida, por ello, frente a la obra de Erasmo de Rotterdam De libero arbitrio, escribió una de sus favoritas: De servo arbitrio. Para él, el hombre, aunque sigue teniendo libertad para los asuntos de la vida ordinaria, sin embargo es incapaz para decidir en orden a su destino eterno. El hombre es, según la imagen luterana, como un jumento que va a donde le lleva quien lo monta, si es Dios, llegará a la gloria eterna, si es el demonio, fracasará eternamente su vida. Por ello, Laínez resumirá la postura luterana con esta comparación: "Tú no necesitas sino creer en mí. Yo pelearé, y si tú crees en mí con toda tu alma, yo ganaré la pelea". Es decir, lo que cuentan son las obras de Cristo y el hombre se salva por la sola fe y no por sus obras.


Seripando postulaba una teoría transaccional. Las obras del hombre tienen su importancia, pero son insuficientes, al final Dios suplirá lo que le falten a éstas. Laínez, con la misma alegoría, lo resumirá así: "Te daré unas armas y un caballo; tú luchas, acuérdate de mí, y al término de la pelea yo acudiré en tu auxilio". La postura de este gran teólogo español –¿quién se acuerda hoy de él en España?– aunaba la libertad y la gracia. Es el hombre, capacitado y habilitado por la gracia, el que activamente va decidiendo su destino respecto de Dios. Éste no le suplanta ni total ni parcialmente, sencillamente lo fortalece para que sea el hombre y no Dios el que se defina con su obrar en relación a la realización definitiva de su existencia. Así resumía él mismo su postura: "Te voy a dar unas armas y un caballo excelentes, magníficos; pero tú tienes que pelear con toda tu alma".

Sin transcurrir un mes desde la proclamación de la II República, el 11 de mayo de 1931, comenzaron los incendios de iglesias y conventos con la connivencia del gobierno provisional deutero-republicano. Los ígneos liberticidas, seguramente ignorantes de esto, ese día destruyeron el sepulcro de Diego Laínez. A veces la historia tiene coincidencias sumamente significativas, hechos que, por sí mismos, retratan el momento. Los que pretendían liberar al hombre desarraigándolo, incluso por la fuerza, de lo relacionado con la gracia, destruyeron los restos de quien defendió que la gracia libera y que el que es libre es el agraciado, que Dios no esclaviza al hombre y éste, para su plenitud, no puede prescindir de Dios. Memoria histórica.

 

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P: Las famosas diatribas que Lutero lanzó contra la religión judía en Los judíos y sus mentiras, ¿no se debieron a que Lutero era de los pocos que conocía el hebreo en la Europa de la época, y por tanto pudo leer las aberraciones y blasfemias que en el odioso Talmud se lanzan contra Cristo, la virgen, y en general contra todos los goyim (especialmente cristianos)?

 

R: La diatriba de Lutero –que proponía aplicar en Alemania el ejemplo de los Reyes católicos– horrorizó a Melanchton y no tuvo efectos prácticos lo que, seguramente, fue una bendición. Dicho esto, la verdad es que la causa de su ira es comprensible porque partía, como usted dice, de la lectura de textos muy injuriosos hacia Jesús y su madre.

 

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Lutero también escribía: “Los herejes deben ser condenados sin oírlos”… fue el cuerpo y la disposición a la terrible e intolerante inquisición protestante.

 

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El propio Marín Lutero había acusado a Copérnico de ser un necio que quería

«poner completamente del revés el Arte de la Astronomía».

 

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Está demás agregar que Lutero instó a la separación de la Iglesia Apostólica y no a un mero acto de protesta (protestas ha habido muchas desde el principio del cristianismo pero nunca una incitación a rebelarse contra la autoridad apostólica, tal  como en el caso de la Reforma Alemana). 

 

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P-¿Qué hay de verdad en que Lutero abogó por la expulsión y exterminio de los judíos?

 

R-La actitud de Lutero hacia los judíos fue muy cambiante. Inicialmente, compasiva o respetuosa, después muy negativa-odiosa. Lutero leyó un escrito judío en el que se acusaba a la Santísima Virgen María de ser una prostituta que había concebido a Jesús ejerciendo su oficio. En ese momento, Lutero redactó un escrito en el que abogaba por aplicar a los judíos –literalmente– un decreto de expulsión como el promulgado por los reyes católicos, cuyo ejemplo cita expresamente. Dado que Lutero carecía de poder político el elector de Sajonia –que era protestante y era su príncipe– no le hizo ni caso. Por otro lado, el escrito fue muy criticado por personas cercanas a Lutero como el propio Melanchthon que consideraba que el ejemplo español no podía seguirse bajo ningún concepto. Es de notar que si Lutero hubiera cultivado las virtudes de la prudencia y humildad, a ejemplo de los Reyes Católicos, probablemente no hubiera llegado a diatribas tan injuriosas contra los judíos, cosa igual nunca se oyo en boca de los Reyes Católicos. 

 

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P-Guerra-sobre la teoría de la guerra justa en el cristianismo… siendo los evangelios tajantes en lo que al pacifismo se refiere, ¿no cree que la defensa de la guerra, aunque sea defensiva, consiste en una desvirtuación de los Evangelios?

 

R-El nuevo Testamento no habla expresamente de ‘guerra justa o injusta’; sí da la clave para actuar en defensa de la verdad, defensa de la justicia, defensa de la verdadera paz. El Evangelio no es en nada tajante sobre el pacifismo, al contrario: considera bienaventurado al artesano de paz, no al pacifista. El artesano de la paz contruye la pacificación con el perdón, procura la justicia, obra solo en la verdad. El pacifismo puede contener en su doctrina errores tan fatales como aceptación del comunismo, nazismo y otras hiervas que tanto mal hicieron en el siglo XX, por el hecho de ‘vivir en paz’… la paz de los cementerios como decían los romanos. En la historia de la Iglesia Católica durante 2000 años, hubo diversas tendencias solidamente defendidas, ya que la misma palabra ‘guerra’ va sujeta a cada contexto histórico, irremediablemente; y allí opera el libre albedrío con necesidad de la racionalidad y capacidad de autocontrol para escoger responsablemente. Y dentro de la Iglesia, sea por grupos marginales, sea por órdenes religiosas y otros, tuvieron posiciones a menudo opuestas. Basta ver el inicio del tercer milenio y política como cristianamente, nos encontramos con puntos de vistas diversos por corto o largo tiempo. MMVI

 

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CORRIERI DELLA SERA. SABATO 12 APRILE DEL 2003.-

 

IGLESIA. 1527 – LUTERANOS ATACAN Y SAQUEAN EN ROMA.

 

En mayo del 1527 tocó a Roma. La ciudad eterna fue puesta a sangre y fuego por los «lanzichenecchi», por los españoles y por cerca de 15.000 luteranos en su fanatismo impulsivo anti-papal. Las tropas invadieron el “burgo” matando todas las personas que encontraban. Un sacerdote, se cuenta, fue masacrado por haber rechazado de administrar la santa Comunión a un asno perteneciente a los soldados españoles. El Papa, Clemente VII, logró refugiarse en el castillo Sant’Angelo de Roma.

 

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Lutero afirmaba en referencia a los judios: "préndanle fuego a sus sinagogas y escuelas, que a sus rabinos se les prohíba enseñar bajo perdida de vida...


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LA GRAN POLONIA SIEMPRE CATÓLICA - La Polonia de los siglos XV y XVI era también un país abierto a las nuevas corrientes religiosas. Al contrario de las otras partes de Europa, aquí no llegaron a estallar guerras religiosas, los disidentes encontraban en Polonia no sólo refugio sino incluso protección por parte de los monarcas y de los magnates. El resultado de esa actitud fue el enriquecimiento de la vida cultural y científica con nuevas ideas y obras literarias, además de crear la imagen de Polonia como un país tolerante. Un destacado ejemplo de esta actitud fue la llamada "Confederación Varsoviana", firmada en 1573, que concedía a los protestantes los mismos derechos que a los católicos. El último rey de la dinastía de los Jaguelones, Zygmunt August (Segismundo Augusto), pronunció en la Dieta la famosa declaración: "No soy rey de vuestras conciencias".
No sin razón, los contemporáneos, y también las generaciones posteriores, denominaron el "Siglo de Oro" a la época de los Jaguelones, y en particular al siglo XVI.

 

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¿Por qué hablar de la cultura de la paz? Porque la cultura consiste en crear las mejores condiciones para el hombre, de modo que pueda desarrollar los componentes necesarios para la realización de su vocación. El hombre debe promover una atmósfera de paz, un patrimonio de paz.

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“En la verdad, la paz”. S.S. Benedicto XVI- MMVI.I.I.

 

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El laxismo dogmático lleva a olvidar la esencia de la dimensión escatológica de la Iglesia. En efecto, el eschaton no se refiere a una realidad futura, que se sitúa más allá de la historia. Con Jesucristo y con la efusión del Espíritu Santo, entró definitivamente en la historia y se halla presente en la Iglesia. La Iglesia misma es un fenómeno escatológico. Por tanto, la unidad, su característica esencial, no es una meta situada en un futuro lejano, ni, con mayor razón, una meta escatológica. La Iglesia es ya "una sancta Ecclesia" (ib., 4; cf. Ut unum sint, 11-14). El camino ecuménico no es un viaje hacia una meta desconocida. La Iglesia será en la historia lo que es, lo que siempre ha sido y lo que siempre será. Está en camino para realizar de forma plena y concreta su naturaleza en la vida.



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Alrededor del año 58 de nuestra era vivían en Jerusalén varios miles de judíos creyentes, miembros de la Iglesia Católica recién fundada por Jesucristo que le ordenó ser “Católica y catolizante”. Así lo afirmaban los responsables de la Iglesia a Pablo: "Ya ves, hermano, cuantos miles de judíos son ahora creyentes y todos son fieles observantes de la Ley" (Hch 21,20).

 

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καθολικος [kazolikós (pronunciando th como en inglés, o como la z española), que significa universal]. La Iglesia es católica porque la Fe de Jesucristo es católica: universal. En los tres primeros siglos de la Iglesia, los cristianos decían "cristiano es mi nombre, católico mi sobrenombre". Posteriormente se usó el término "Católico", para distinguirse de quienes se hacían llamar cristianos, pero habían caído en herejías. Y así sellaban la universalidad de la salvación en Cristo Jesús Redentor.

Las cuatro notas de la Iglesia son las siguientes:

Unidad: Cristo Jesús fundó una sola Iglesia, que tiene un único fin, la salvación del hombre, y un único objetivo, dar gloria a Dios; por tanto, la Iglesia esta llamada a la unidad en la Fe, en el Culto y en el gobierno.

Santidad: la Iglesia, a pesar de los fallos y faltas de cada uno de los creyentes que aún peregrinan en la Tierra, es en sí misma santa pues Santo es su fundador y santos son sus fines y objetivos.

Catolicidad: con el significado de "universal" la Iglesia es Católica en cuanto busca anunciar la Buena Nueva y recibir en su seno a todos los seres humanos, de todo tiempo y en todo lugar; dondequiera que se encuentre uno de sus miembros, allí está presente la Iglesia.

Apostolicidad: la Iglesia fue fundada por Cristo-piedra angular-sobre el fundamento de Pedro- Cabeza de los Apóstoles, y constituyendo en autoridad y poder a todo el Colegio Apostólico; Pedro y los demás Apóstoles tienen en el Papa –Obispo de Roma- y los Obispos a sus sucesores, que ejercen la misma autoridad y el mismo poder que en su día ejercieron los primeros, proveniente directamente de Cristo.

Con el pontificado del Papa Dámaso (366-384) es cuando -por vez primera- se llama a la Iglesia de Roma, con sede sobre la tumba del apóstol Pedro en la colina vaticana, «Sede apostólica». Y hace 2000 años que la historia certifica la Iglesia.

 

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...guarda el depósito. Evita las palabrerías profanas, y también las objeciones de la falsa ciencia; algunos que la profesaban se han apartado de la fe.

-I Timoteo 6,20-21.

 

La paciencia de nuestro Señor juzgadla como salvación, como os lo escribió también Pablo, nuestro querido hermano, según la sabiduría que le fue otorgada. Lo escribe también en todas las cartas cuando habla en ellas de esto. Aunque hay en ellas cosas difíciles de entender, que los ignorantes y los débiles interpretan torcidamente - como también las demás Escrituras - para su propia perdición.
-II Pedro 3,15-16

Así pues, hermanos, manteneos firmes y conservad las tradiciones que habéis aprendido de nosotros, de viva voz o por carta.
-II Tesalonicenses 2,15

 

Con todo, la Tradición, según el espíritu de los dos grandes precursores del Concilio, J.A. Möhler y J.H. Newmann, no es una entidad petrificada; es una tradición viva. Es un acontecimiento en el Espíritu Santo, que guía a la Iglesia a la plenitud de la verdad, según la promesa del Señor (cf. Jn 16, 13), revelándonos sin cesar el Evangelio, que nos ha sido transmitido una vez para siempre, y haciéndonos progresar en la comprensión de la verdad revelada una vez para siempre (cf. Dei Verbum, 8; DS 3020). Según el obispo mártir san Ireneo de Lyon, es el Espíritu de Dios quien mantiene joven y vigoroso el patrimonio apostólico que nos ha sido transmitido una vez para siempre (cf. Adversus haereses III, 24, 1:  Sources chrétiennes, n. 211, París 1974, p. 472).

 

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El Concilio Vaticano II dio un notable paso adelante gracias al "subsistit in". Se quiso reconocer el hecho de que, fuera de la Iglesia católica, no sólo hay cristianos, sino también "elementos de Iglesia" (Este concepto se remonta, en el fondo, hasta J. Calvino, pero, mientras que para Calvino el término se refería a tristes residuos de la verdadera Iglesia, en el debate ecuménico se entiende en sentido positivo, dinámico y orientado hacia el futuro. Por primera vez aparece en Yves Congar como continuación de la postura antidonatista de san Agustín, cf. A. Nichols, Yves Congar, Londres 1986, pp. 101-106. Con la declaración de Toronto, en 1950, entró también en el lenguaje del Consejo ecuménico de las Iglesias) y también Iglesias y comunidades eclesiales que, aun sin estar en comunión plena, pertenecen con derecho a la única Iglesia, y para sus miembros son medios de salvación (cf. Lumen gentium, 8 y 15; Unitatis redintegratio, 3; Ut unum sint, 10-14).

Por tanto, el Concilio sabe que, fuera de la Iglesia católica, existen formas de santidad que llegan incluso al martirio (cf. Lumen gentium, 15; Unitatis redintegratio, 4; Ut unum sint, 12 y 83). En consecuencia, la cuestión de la salvación de los no católicos ya no se resuelve a nivel individual partiendo del deseo subjetivo de un individuo, como indicaba la Mystici corporis, sino a nivel institucional y de modo eclesiológico objetivo.

La noción "subsistit in", en la intención de la Comisión teológica del Concilio, significa que la Iglesia de Cristo tiene su "lugar concreto" en la Iglesia católica:  en la Iglesia católica se encuentra la Iglesia de Cristo y en ella es donde se halla concretamente (Synopsis historica, p. 439; G. Philips, o.c., p. 119; A. Grillmeier, LThK, Vat. II, vol. 1 [1966] p. 175; L. Jaeger, o.c., pp. 214-217). No se trata de una entidad puramente platónica o de una realidad meramente futura; existe concretamente en la historia y se encuentra concretamente en la Iglesia católica (cf. Declaración de la Congregación para la doctrina de la fe, Mysterium ecclesiae, n. 1; y también la Declaración Dominus Iesus, n. 17).

Entendido de este modo, el "subsistit in" asume la característica esencial del "est". Sin embargo, ya no describe el modo según el cual la Iglesia católica se entiende a sí misma en términos de "splendid isolation", sino que toma conciencia de la presencia operante de la única Iglesia de Cristo también en las demás Iglesias y comunidades eclesiales (cf. Ut unum sint, 11), aunque no estén aún en plena comunión con ella. Al formular su identidad, la Iglesia católica establece una relación de diálogo con esas Iglesias y comunidades eclesiales.

En consecuencia, se interpreta erróneamente el "subsistit in" cuando se lo considera el fundamento de un pluralismo y un relativismo eclesiológico, afirmando que la única Iglesia de Cristo subsiste en numerosas Iglesias y que la Iglesia católica es simplemente una Iglesia entre otras. Esas teorías de pluralismo eclesiológico contradicen la comprensión de la propia identidad que la Iglesia católica -como, por lo demás, también las Iglesias ortodoxas- siempre ha tenido a lo largo de su Tradición, comprensión que el mismo concilio Vaticano II quiso hacer suya.

La Iglesia católica reivindica para sí actualmente, como en el pasado, el derecho de ser la verdadera Iglesia de Cristo, en la que se encuentra toda la plenitud de los medios de salvación (cf. Unitatis redintegratio, 3; Ut unum sint, 14), pero ahora toma conciencia de ello entablando un diálogo, teniendo en cuenta a las demás Iglesias y comunidades eclesiales. El Concilio no afirma ninguna doctrina nueva, sino que motiva una nueva actitud; renuncia al triunfalismo y formula la comprensión tradicional de su propia identidad de modo realista, históricamente concreto y, podríamos decir, incluso humilde. El Concilio sabe que la Iglesia está en camino en la historia, para realizar concretamente en la historia lo que es ("est") su naturaleza más profunda.

Vat. XI.XI.MMIV


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JUAN PABLO II - 26.XI.1980

 

1. Deseo sintetizar en la audiencia de hoy el viaje pastoral que, del 15 al 19 de noviembre, me llevó a lo largo de las tierras de la República Federal de Alemania, esto es, a Colonia, Bonn, Osnabrück, Maguncia, Fulda, Altötting y Munich de Baviera. De este modo traté de responder a la invitación que, desde ya hace tiempo, me había dirigido el arzobispo de Colonia, cardenal Joseph Höffner, con ocasión del 700 aniversario de la muerte de San Alberto Magno; a su invitación se habían asociado también los cardenales de Maguncia y de Munich de Baviera, y de todo el Episcopado alemán. Quiero, pues, subrayar con gratitud que la invitación, que venia por parte de la Iglesia, estuvo acompañada también por la que me dirigió el Presidente Federal (Bundespräsident). A este propósito quiero añadir que he apreciado mucho la presencia del Señor Presidente en el momento de mi llegada y de mi partida, y también la posibilidad de mi encuentro con él, con el Canciller Federal (Bundeskanzler) y con los representantes de las autoridades estatales, la tarde del 15 de noviembre, en el castillo de Brühl.


2. El carácter y el programa estrictamente pastoral de la visita me han permitido —a pesar del breve espacio de tiempo— tocar una serie de problemas clave, ligados con la vida y con la misión de la Iglesia en Alemania. Es sabido lo antigua que es la historia del cristianismo en esa tierra situada al norte de los Alpes, en las orillas del Rhin, historia que se remonta a los antiguos tiempos romanos.

Y en este antiguo trasfondo la historia, en sentido propio, de la Iglesia en Alemania comienza plenamente ya después de las migraciones de los pueblos, precisamente esos pueblos nuevos que antes eran todavía paganos. El comienzo de la evangelización en medio de ellos está vinculado al nombre del gran misionero benedictino San Bonifacio, obispo y mártir, ante cuya tumba hemos orado juntos en Fulda, donde tuvo lugar el encuentro con toda la Conferencia del Episcopado alemán, y también con los sacerdotes, con los diáconos y los seminaristas, reunidos allí de todas las diócesis, como también con los cooperadores de la pastoral y con los representantes del apostolado de los laicos, espléndidamente organizado. Este apostolado está ampliamente abierto a las necesidades de la Iglesia y de la sociedad en los diversos países y en los diversos continentes, como dan testimonio de ello las organizaciones misioneras y caritativas de alcance mundial "Missio", "Adveniat", "Misereor". Las ofrendas, recogidas con ocasión de mi visita a Alemania, han sido destinadas a los países de Sahel, azotados por el flagelo de la sequía.


3. Desde los tiempos de San Bonifacio, esto es, desde el siglo VIII, comenzó el desarrollo de la Iglesia medieval en las tierras germánicas. Esa Iglesia, en los siglos X y XI, dio a la Sede Apostólica seis Papas; además dio muchos santos y sabios, tanto hombres como mujeres, tanto en las cortes de los emperadores como en los conventos y abadías. Uno de ellos es precisamente San Alberto, el único de los teólogos medievales al que la historia ha dado el sobrenombre de "Magno", de "Grande". Nacido en Lauingen fue, como teólogo, maestro de Santo Tomás de Aquino, y tiene grandes méritos en el problema de la armonización entre las ciencias naturales, la filosofía aristotélica, y el conocimiento que se saca de la Palabra de la divina Revelación. Obispo de Ratisbona, terminó su vida en Colonia, hace 700 años. Al tributar veneración a la memoria de este gran hijo de Santo Domingo, no se podía menos de recordar al gran Duns Scoto, que descansa también en Colonia, en la iglesia de los franciscanos: como también, en la misma iglesia, otro personaje del siglo pasado: la figura del gran pastor y activista social, rvdo. Adolph Kolping, cuya obra permanece y continúa desarrollándose en Alemania e incluso más allá de sus fronteras.

Con San Alberto Magno se abre ante nosotros una gran perspectiva histórica de la ciencia y de la cultura, en las cuales es enorme la aportación de la nación y de la Iglesia alemana, en el pasado y hoy.

Y por tanto se ha dado la óptima oportunidad de que, en la espléndida catedral de Colonia, he podido hablar a los hombres de la ciencia, reunidos en gran número, profesores y estudiantes, sobre el tema del problema fundamental de las relaciones recíprocas entre la ciencia y la fe en el contexto contemporáneo. Otro encuentro, un poco parecido, tuvo lugar el último día del viaje, en Munich de Baviera; reunió en el "Herkules-Saal" algunos millares de artistas, de hombres de la cultura y también representantes de la llamada cultura de masa, que se desarrolla con la ayuda de los instrumentos contemporáneos de las comunicaciones sociales: prensa, radio y televisión.

En el contexto del aniversario del gran teólogo del siglo XIII, evidentemente no podía faltar al menos un encuentro con los representantes de los profesores de las numerosas facultades teológicas y de los ateneos eclesiásticos de Alemania, y éste tuvo lugar en Altötting, el 18 de noviembre.


4. Caminando por las grandes rutas de la historia, llegamos al siglo XVI, cuando apareció Martín Lutero y a los tiempos de la Reforma. Precisamente en el corriente año se cumplen los 450 de la fecha, a la que se liga la famosa "Confessio augustana" (1530). Y a pesar de que los esfuerzos emprendidos entonces por mantener la unidad de la Iglesia no hayan llevado a los resultados que se esperaban, sin embargo, el aniversario de la "Confessio augustana" se ha convertido para mí en un motivo particular, para estar presente, precisamente este año, en la patria de la Reforma y buscar la ocasión para el encuentro con los representantes de la Iglesia evangélica alemana (EKD), y de las otras Iglesias y Comunidades cristianas, con las cuales la Iglesia católica está en relaciones de cooperación ecuménica. Juzgo como particularmente importante el encuentro con los representantes de la Iglesia evangélica alemana con motivo de las circunstancias históricas antes indicadas, y evidentemente también con motivo del ulterior desarrollo de toda la acción que hay que realizar por la unión de los cristianos, en la que todos nosotros vemos la voluntad de Nuestro Señor.

Este es el camino, del que no podemos volvernos atrás, sino que debemos ir siempre adelante, no desistiendo de la oración y de la conversión interior, y adaptando nuestra conducta a la luz del Espíritu Santo, que es el único que ciertamente puede hacer que toda la obra se realice conjuntamente en el amor y en la verdad. Es obra de una importancia capital para la credibilidad de nuestro testimonio cristiano: "Para que el mundo crea"..., ha pedido Cristo al Padre por sus discípulos, "para que todos sean una sola cosa" (Jn 17, 21).

Los encuentros ecuménicos han tenido lugar en Maguncia (Mainz). También se realizó en Maguncia el encuentro con los representantes de la comunidad judía, que tuvo un significado particular y una elocuencia singular.

Coronamiento pastoral de este capitulo ecuménico de todo el programa fueron también la visita a Osnabrück, la concelebración y el encuentro con la "diáspora" católica de Alemania del Norte. Una experiencia muy necesaria y cargada de significado.


5. La Iglesia en Alemania se halla ante las grandes tareas de la evangelización, vinculadas con la situación de la sociedad, dividida después de la segunda guerra mundial, en dos Estados alemanes separados Estas son las tareas típicas para esa sociedad altamente industrializada en el sentido de la economía y de la civilización y, al mismo tiempo, sometida a intensos procesos de secularización. En estas circunstancias, la no fácil misión de la Iglesia exige una particular madurez de la verdad predicada y una fuerza de amor tan grande, que sea capaz de superar la indiferencia y la ausencia efectiva de muchos en la comunidad de los creyentes.

Las experiencias de esos pocos intensos días nos permiten deducir que la Iglesia en Alemania trata de contraponer a esas crecientes dificultades la fuerza y las consecuencias prácticas de la fe de aquellos que comprenden y confiesan su cristianismo "con obras y de verdad". Precisamente esta elocuencia han tenido para mí esos encuentros, que han llevado, en cierto sentido, a dar perfil vivo a la sociedad del Pueblo de Dios. Recuerdo la Santa Misa para los esposos y las familias en Butzweilerhof, Colonia. Luego, los encuentros parecidos, por su carácter con el mundo del trabajo, durante la Santa Misa en Maguncia para recordar al obispo Ketteler, gran portavoz de la causa social. Finalmente, la Santa Misa para los jóvenes en Munich de Baviera, en Theresienwiese.

Es necesario añadir que estos encuentros litúrgicos tuvieron lugar con tiempo desfavorable, bajo la lluvia y el frío de noviembre en Colonia y Maguncia, y con el frío penetrante y con el viento en Munich de Baviera. Los participantes no sólo permanecieron en su puesto en esas difíciles condiciones atmosféricas, sino que estaban allí ya bastantes horas antes del comienzo de la Santa Misa, orando, cantando y meditando en la Palabra de Dios. Con esto han dado un particular testimonio de fe y de paciente perseverancia.

En la República Federal de Alemania hay también muchos trabajadores extranjeros, tanto cristianos como musulmanes. Los encuentros con ellos han tenido lugar en la catedral de Maguncia; estaban presentes los grupos: turco, italiano, español, croata y esloveno; y, aparte, un grupo polaco y otros. Momentos llenos de particular calor humano y de comunión fraterna y cristiana han sido dos encuentros con los fieles de la capital federal en el "Müns-terplatz" de Bonn, y con los ancianos en el "Liebfrauendom" de Munich.


6. Deseo dedicar el último punto de este recuerdo a la visita al santuario mariano de Altötting, en el territorio de Baviera (diócesis de Passau), donde habían sido invitadas sobre todo las congregaciones religiosas femeninas y masculinas, y al mismo tiempo habían ido numerosos peregrinos de diversas partes, especialmente de Baviera y de Austria. A este encuentro se refiere la oración que he escrito después del regreso a Roma.

Ciertamente el tiempo riguroso de noviembre no ha favorecido externamente la peregrinación y, sin embargo, doy gracias a Dios por haberla podido realizar, y precisamente en tales condiciones.

Y doy las gracias a todos los hombres que, de un modo u otro, han contribuido a ella y, de un modo u otro, han participado en ella. Vergelt´s Gott.

 

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Estado del hombre caído

 

El Decreto Tridentino subraya esta verdad de la salud fundamental de la naturaleza contra la tesis contraria, sostenida por Lutero (y tomada más tarde por los jansenistas).

 

1. La profesión de fe, pronunciada por Pablo VI en 1968, al concluir el "Año de la fe", propone de nuevo cumplidamente las enseñanzas de la Sagrada Escritura y de la Santa Tradición sobre el pecado original. Volvamos a escucharla:

"Creemos que en Adán todos pecaron, lo cual quiere decir que la falta original cometida por él hizo caer la naturaleza humana, común a todos los hombres, en un estado en que se experimenta las consecuencias de esta falta y que no es aquel en el que se hallaba la naturaleza al principio de nuestros primeros padres, creados en santidad y justicia y en el que el hombre no conocía ni el mal ni la muerte. Esta naturaleza humana caída, despojada de la vestidura de la gracia, herida en sus propias fuerzas naturales, y sometida al imperio de la muerte, se transmite a todos y en este sentido todo hombre nace en pecado. Sostenemos pues con el Concilio de Trento que el pecado original se transmite con la naturaleza humana ´no por imitación, sino por propagación´ y que por tanto es propio de cada uno".


2. "Creemos que nuestro Señor Jesucristo, por el sacrificio de la cruz nos rescató del pecado original y de todos los pecados personales cometidos por cada uno de nosotros, de modo que, según afirma el Apóstol, "donde había abundado el pecado, sobreabundó la gracia".

A continuación la Profesión de Fe, llamada también "Credo del Pueblo de Dios", se remite, como lo hace el Decreto del Concilio de Trento, al santo bautismo, y antes que nada al de los recién nacidos: "para que, naciendo privados de la gracia sobrenatural, renazcan ´del agua y del Espíritu Santo´ a la vida divina en Cristo Jesús".

Como vemos, este texto de Pablo VI confirma también que toda la doctrina revelada sobre el pecado y en particular sobre el pecado original hace siempre rigurosa referencia al misterio de la redención. Así intentamos presentarla también en esta catequesis. De lo contrario no sería posible comprender plenamente la realidad del pecado en la historia del hombre. Lo pone en evidencia San Pablo, especialmente en la Carta a los Romanos, a la cual sobre todo hace referencia el Concilio de Trento en el Decreto sobre el pecado original.

Pablo VI, en el "Credo del Pueblo de Dios" propuso de nuevo a la luz de Cristo Redentor todos los elementos de la doctrina sobre el pecado original, contenidos en el Decreto Tridentino.


3. A propósito del pecado de los primeros padres, el "Credo del Pueblo de Dios" habla de la "naturaleza humana caída". Para comprender bien el significado de esta expresión es oportuno volver a la descripción de la caída narrada en el Génesis (Gén 3). En dicha descripción se habla también del castigo de Dios a Adán y Eva, según la presentación antropomórfica de las intervenciones divinas que el libro del Génesis hace siempre. En la narración bíblica, después del pecado el Señor dice a la mujer: "Multiplicaré los trabajos de tus preñeces. Parirás con dolor los hijos y buscarás con ardor a tu marido que te dominará" (Gén 3, 16).

"Al hombre (Dios) le dijo: Por haber escuchado a tu mujer, comiendo del árbol que te prohibí comer, diciéndote no comas de él: Por ti será maldita la tierra; con trabajo comerás de ella todo el tiempo de tu vida; te daré espinas y abrojos, y comerás de las hierbas del campo. Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, pues de ella has sido tomado; ya que polvo eres, y al polvo volverás" (Gén 3, 17-19).


4. Estas palabras fuertes y severas se refieren a la situación del hombre en el mundo tal como resulta de la historia. El autor bíblico no duda en atribuir a Dios algo así como una sentencia de condena. Esta implica la "maldición de la tierra": la creación visible se hizo para el hombre extraña y rebelde. San Pablo hablará de "sumisión de la creación a la caducidad" a causa del pecado del hombre por el cual también la "creación entera hasta ahora gime y siente dolores de parto" hasta que sea "liberada de la servidumbre de la corrupción" (cf. Rom 8, 19-22). Este desequilibrio de lo creado tiene su influjo en el destino del hombre en el mundo visible. El trabajo, por el que el hombre conquista para sí los medios de sustento, hay que hacerlo "con el sudor del rostro", así pues va unido a la fatiga. Toda la existencia del hombre está caracterizada por la fatiga y el sufrimiento, y esto comienza ya con el nacimiento, acompañado ya por los dolores de la parturienta y, aunque inconscientes, por los del niño que a su vez gime y llora.


5. Y finalmente, toda la existencia del hombre en la tierra está sujeta al miedo de la muerte, que según la Revelación está unida al pecado original. El pecado mismo es sinónimo de la muerte espiritual, porque por el pecado el hombre ha perdido la gracia santificante, fuente de la vida sobrenatural. Signo y consecuencia del pecado original es la muerte del cuerpo, tal como desde entonces la experimentan todos los hombres. El hombre ha sido creado por Dios para la inmortalidad: la muerte que aparece como un trágico salto en el vacío, constituye la consecuencia del pecado, casi por una lógica suya inmanente, pero sobre todo por castigo de Dios. Esta es la enseñanza de la Revelación y esta es la fe de la Iglesia: sin el pecado, el final de la prueba terrena no habría sido tan dramático.

El hombre ha sido creado por Dios también para la felicidad, que, en el ámbito de la existencia terrena, debía significar estar libres de sufrimientos, por lo menos en el sentido de una posibilidad de exención de ellos: "posse non pati", así como de exención de la muerte, en el sentido de "posse non mori". Como vemos por las palabras atribuidas a Dios en el Génesis (Gén 3, 16-19) y por muchos otros textos de la Biblia y de la Tradición, con el pecado original esta exención dejó de ser el privilegio del hombre. Su vida en la tierra ha sido sometida a muchos sufrimientos y a la necesidad de morir.


6. El "Credo del Pueblo de Dios" enseña que la naturaleza humana después del pecado original no está en el estado "en que se hallaba al principio en nuestros padres". Está "caída" (lapsa), porque está privada del don de la gracia santificante, y también de otros dones que en el estado de justicia original constituían la perfección (integritas) de esta naturaleza. Aquí se trata no sólo de la inmortalidad y de la exención de muchos sufrimientos, dones perdidos a causa del pecado, sino también de las disposiciones interiores de la razón y de la voluntad, es decir, de las energías habituales de la razón y de la voluntad. Como consecuencia del pecado original todo el hombre, alma y cuerpo, ha quedado turbado: "secundum animam et corpus", precisa el Concilio de Orange en el 529, del que se hace eco el Decreto Tridentino, añadiendo que todo el hombre ha quedado deteriorado: "in deterius commutatum fuisse".


7. En cuanto a las facultades espirituales del hombre, este deterioro consiste en la ofuscación de la capacidad del intelecto para conocer la verdad y en el debilitamiento del libre albedrío, que se ha debilitado ante los atractivos de los bienes sensibles y sobre todo se ha expuesto a las falsas imágenes de los bienes elaboradas por la razón bajo el influjo de las pasiones. Pero según las enseñanzas de la Iglesia, se trata de un deterioro relativo, no absoluto, no intrínseco a las facultades humanas. Pues el hombre, después del pecado original, puede conocer con la inteligencia las fundamentales verdades naturales, también las religiosas y los principios morales. Puede también hacer buenas obras. Así, pues, se debería hablar de un oscurecimiento de la inteligencia y un debilitamiento de la voluntad, de "heridas" de las facultades espirituales y de las sensitivas, más que de una pérdida de sus capacidades esenciales también en relación con el conocimiento y el amor de Dios.


El Decreto Tridentino subraya esta verdad de la salud fundamental de la naturaleza contra la tesis contraria, sostenida por Lutero (y tomada más tarde por los jansenistas). Enseña que el hombre como consecuencia del pecado de Adán, no ha perdido el libre albedrío (can. 5: "liberum arbitrium... non amisum et extinctum"). Puede, pues, hacer actos que tengan auténtico valor moral: bueno o malo. Esto es posible sólo por la libertad de la voluntad humana. El hombre caído, sin embargo, sin la ayuda de Cristo no es capaz de orientarse hacia los bienes sobrenaturales, que constituyen su plena realización y su salvación.


8. En la situación en la que ha llegado a encontrase la naturaleza después del pecado, y especialmente por la inclinación del hombre más hacia el mal que hacia el bien, se habla de una "causa de excitación al pecado" (fomes peccati), de la que la naturaleza humana estaba libre en el estado de perfección original (integritas). Esta "inclinación al pecado" fue llamada por el Concilio de Trento también "concupiscencia" (concupiscentia) añadiendo que ésta perdura incluso en el hombre justificado por Cristo, por lo tanto también después del santo bautismo. El Decreto Tridentino precisa claramente que la "concupiscencia" en sí misma aún no es pecado, pero: "ex peccato est et ad peccatum inclinat" (cf. DS 1515). La concupiscencia, como consecuencia del pecado original, es fuente de inclinación a los distintos pecados personales cometidos por los hombres con el mal uso de sus facultades (los que se llaman pecados actuales, para distinguirlos del original). Esta inclinación permanece en el hombre incluso después del santo bautismo. En este sentido cada uno lleva en sí la causa de promoción al pecado.


9. La doctrina católica precisa y caracteriza el estado de la naturaleza humana caída (natura lapsa) con los términos que hemos expuesto basándonos en los datos de la Sagrada Escritura y de la Tradición. Esta está claramente propuesta en el Concilio Tridentino y en el "Credo" de Pablo VI. Pero una vez más observamos que, según esta doctrina, fundada en la Revelación, la naturaleza humana está no sólo "caída", sino también "redimida" en Jesucristo; de modo que "donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia" (Rom. 5, 20). Este es el verdadero contexto en el que se deben considerar el pecado original y sus consecuencias.

S. S. JUAN PABLO II – P.P. 08.X.1986

 

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La maternidad universal de la Virgen es una gran señal de esperanza para el camino ecuménico. Aunque muchas comunidades protestantes se han opuesto a la doctrina y culto marianos, los escritos de Lutero manifiestan amor y veneración por María, exaltándola como modelo de todas las virtudes. El estudio de su pensamiento ha despertado un nuevo interés en los protestantes y anglicanos hacia los temas de la mariología, llegando algunos a posiciones muy cercanas a los católicos.

Asimismo, la veneración por María es un elemento significativo de comunión entre católicos y ortodoxos. Aunque persistan algunas divergencias, hay que tener en cuenta la fe común en la maternidad divina de María, su virginidad perpetua, su santidad perfecta y su intercesión materna.

El Concilio Vaticano II invita a los fieles a confiar a María la unidad de los cristianos. A ella se dirige nuestra oración para que, así como al comienzo sostuvo el camino de la comunidad cristiana, con su intercesión obtenga hoy la reconciliación y la plena comunión entre los creyentes en Cristo. 12.XI.1997 Vat.

 

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al siglo: Joseph Cardenal Ratiznger-

S. S. Benedicto XVI P.P.

«uno de los pocos que conocen realmente a Lutero»

 

 


Según ha afirmado públicamente el presidente del Consejo de la Iglesia Evangélica en Alemania

ROMA, jueves, 5 mayo 2005- En un encuentro público, el presidente del Consejo de la Iglesia Evangélica de Alemania ha afirmado que el cardenal Joseph Ratzinger es uno de los pocos que conocen realmente a Martin Lutero.

Las declaraciones del prelado han sido comunicadas a Zenit por Sigrid Spath, alemana luterana, quien en ocasiones ha sido intérprete de Joseph Ratzinger, y que trabaja desde hace más de treinta años en la Curia general de la Compañía de Jesús y colabora con la Santa Sede.

La señora Spath ha revelado detalles de un encuentro público del que fue testigo presencial entre el entonces prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe y Wolfgang Huber, entonces obispo evangélico luterano de Berlín, y actualmente presidente del Consejo de la Iglesia Evangélica en Alemania.

En el debate, que tuvo lugar en octubre de 1998 en la iglesia alemana de Roma sobre la encíclica «Fides et ratio», Ratzinger reveló que ya antes de entrar a la Universidad había leído todas las obras de Lutero hasta antes de que comenzara la Reforma.

«Es decir, las reflexiones de Lutero católico», explica la señora Spath a Zenit.

«Ratzinger invitó a los presentes a volver a leer aquellos escritos, pues expresan la gran batalla que Lutero mantenía consigo mismo para vivir y acoger las enseñanzas del Dios justo y bueno», añade. «Queridos amigos protestantes, redescubrid al Lutero de aquellos años», recomendó el cardenal.

Spath recuerda que «el debate duró varias horas. El obispo Huber quedó impresionado de la intervención del prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe y comentó que Ratzinger es uno de los pocos que conocen realmente a Lutero».

Este conocimiento de Lutero por parte del cardenal hizo posible la histórica firma de la Declaración común sobre la doctrina de la Justificación, aprobada por la Iglesia católica y la Federación Luterana Mundial.

La propuesta de Declaración que se presentó en 1998 fue rechazada en algunos puntos tanto por la Santa Sede como por la Federación.

Cuando parecía que proyecto iba a fracasar, lograron superar las dificultades el obispo Johannes Hanselmann, antiguo presidente de la Federación Luterana Mundial, y el cardenal Ratzinger, gracias a su antigua amistad, que propició una reunión privada entre ellos en noviembre de 1998.

A raíz de la muerte del doctor Hanselmann, el 2 de octubre de 1999, Ratzinger reveló en una intervención pública: «tuvimos un encuentro muy importante en casa de mi hermano, en Alemania, pues parecía que hubiera fracasado el consenso en torno a la doctrina de la justificación. De ese modo, en el transcurso de un debate que duró todo un día, encontramos las fórmulas que han aclarado los puntos que todavía presentan dificultad, que no son aceptados por una u otra parte».

«Con la fórmula elaborada en aquellos días, tanto la Federación luterana como el Magisterio católico han podido reconocer que se ha alcanzado un consenso en algunos puntos fundamentales de la doctrina de la justificación. No se trata de un acuerdo global, pero con esta fórmula es posible proceder a la firma de un documento de consenso en los contenidos de fondo», aclaró.

La Declaración encontró un consenso entre luteranos y católicos en una materia, la doctrina de la justificación, que se convirtió en causa de la Reforma de Lutero. ZS05050505

 

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Abriendo a los estudiosos los ‘Archivos Históricos’, la Iglesia expone los documentos de época para estudiar y así averiguar, por el ejercicio de las facultades intelectuales, la naturaleza, cualidades y relaciones de las cosas. Las fábulas como las leyendas se desmoronan en su propia ignorancia, por falta de ciencias, letras y noticias como de honestidad intelectual.  

 

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DE LA REFORMA LUTERANA A LA CONFESIÓN AUGUSTANA

(1521-1530)  

 

I. La reforma como fenómeno de comunicación

 

Lutero no tenía conciencia de romper la unidad de la Iglesia o de introducir una doctrina nueva. Simplemente quería poner en movimiento la Reforma. Es más, entre 1518 y 1522 confesó no tener la intención de hacer una reforma; por eso Oberman ha definido a Lutero como un .prerreformador.. Él fue gradualmente tomando conciencia por la fuerza de los acontecimientos. Gradualmente el movimiento reformista fijó sus posiciones autónomas, sus fórmulas de fe características; de la reforma luterana vendrá la confesión luterana. Todo este proceso fue, en parte, mérito de Lutero; en un tiempo muy breve se formó, en torno al reformador, un grupo de seguidores y simpatizantes que reforzó la voz de su protesta.


¿Cuáles son los motivos de este proceso? Lutero y su mensaje fueron capaces de .comunicar.. El reformador llegó a usar un lenguaje y a dar respuestas precisas a las preguntas que se hacían los hombres de su tiempo. La teología luterana era antiescolástica y biblista: respondía a las aspiraciones del movimiento humanista y de aquéllos que estaban cansados de la pobreza y de la aridez del pensamiento escolástico fosilizado; por otra parte, el hecho de que se fiase de la iluminación del Espíritu más que de la mediación de la Iglesia, era una respuesta a la demanda de una fe más personal, sin mediaciones clericales.

El reformador supo actualizar una serie de iniciativas muy eficaces:

-Puso la predicación sobre una base bíblica para favorecer el acto de fe personal.

-Supo individuar en el catecismo el instrumento adecuado para la difusión popular de la fe.

-Ejecutó una reforma litúrgica tendente a purificar e interiorizar el culto.

-Promovió una oferta más general de la Biblia, hecho particularmente grato a las clases emergentes en ese momento.

-Justificó el matrimonio de los sacerdotes y puso en discusión los votos religiosos. De esta manera reclutó a gente formada doctrinalmente y que no estaba convencida de su  estado de vida.

-Apertura a los laicos, que no tenían ya una situación de inferioridad con respecto a los clérigos; podrían juzgar en materia doctrinal.


-Las clases dominantes veían con buen ojo la reforma, porque les ofrecía la posibilidad de intervenir en el ámbito religioso y gestionar los grandes bienes de la Iglesia.

-Las clases inferiores vieron positivamente la reorganización de la asistencia pública gestionada por la autoridad de la ciudad y no por los religiosos. Los campesinos, influenciados por el clima apocalíptico, interpretaron la reforma como una posibilidad de encontrar relaciones nuevas fundadas no sobre el derecho, sino sobre la solidaridad de la Biblia.

-Particularmente sensibles fueron las ciudades libres, la mayor parte de las cuales se adhirieron a la Reforma.

 

II. La imprenta

Se ha escrito que la Reforma fue hija de la imprenta .de hecho, si Erasmo, en vísperas de la Reforma, había llegado a ser un autor de fama internacional, se debía principalmente a la imprenta.. La afirmación, sin embargo, debe hacerse con cautela, pues la producción polémica de ese tiempo, ya fuera católica o protestante, favoreció la evolución de la imprenta.

La Reforma fue más hábil que la Iglesia católica en el empleo de este nuevo método. Por una parte el espíritu conservador de ciertos ambientes católicos .por motivo de su fidelidad al latín.; por otra parte, las medidas de los Estados protestantes contra las publicaciones católicas..., fueron realidades que hicieron que la Iglesia católica no llegase a tiempo a las exigencias del momento. La producción de los reformadores fue abundantísima y exitosa: A la nobleza cristiana de la nación alemana llegó a las 16 ediciones; su primera tirada fue de 4.000 ejemplares y se agotó a los cinco días[23]. En muchos casos, apenas aparecía una obra de Lutero, se reimprimía por otros editores[24].

Entre los libros más importantes para la difusión de la Reforma, la Biblia alemana de Lutero ocupa un puesto relevante. Era un instrumento esencial para probar el postulado de la .sola Scriptura.. En once semanas traduce Lutero, a principios de 1522, el Nuevo Testamento; lo hace valiéndose de la edición griega de Erasmo[25]. Más laboriosa fue la traducción del Antiguo Testamento, para la cual Lutero fue ayudado por un grupo de amigos; tardaron doce años en culminarla.


En 1529 Lutero redacta el Gran catecismo. Ilustrado por Lucas Cranach el Viejo, este catecismo fue precedido por una serie de folletos, recogidos después en el Pequeño catecismo o Enchiridion, el cual contenía las preguntas y las respuestas que ayudasen a los pastores y predicadores a enseñar lo esencial que los creyentes debían conocer.

Un género aparte de las obras es el constituido por los Flugschriften, libretos de pocos folios que afrontaban un tema, en modo polémico, provocativo, publicitario. Eran predicaciones, diálogos, sátiras sobre las prácticas de la Iglesia medieval o de ese tiempo de la Reforma. Supusieron una innovación por parte de los protestantes, dando origen, entre 1520 y 1525, a la primera campaña de imprenta. Los católicos lo entendieron tarde.

El impacto sobre los lectores fue grande. Se dio una triple especie de comunicación: por la palabra, por la vista y por la acción. Las personas alfabetizadas, a principios del siglo XVI, eran tan sólo el 5%. Sin embargo, el uso común era leer en alta voz, por lo que el influjo de los escritos se expandía. La comunicación visual, por medio de ilustraciones, fue también muy eficaz, por la facilidad en ser interpretadas .el papa aparecía como el Anticristo, mientras Lutero aparecía como un santo.. Por último, las acciones simbólicas también ejercieron su influencia, como el hecho de quemar los libros de los adversarios.

En lo que concierne a la difusión de la Palabra, tanto en el bando católico como en el protestante, hubo división respecto a si debía difundirse a todo el pueblo, o más bien reservarla a las clases más cultivadas. Por lo que concierne al uso de la censura, ésta fue usada por todos los poderes, civiles y eclesiásticos. La Iglesia católica tuvo mayor propensión a prohibir que a favorecer la producción de libros[26].

Las exigencias polémicas favorecieron la mejora de la calidad de impresión, corrigiendo los textos .aparecen los correctores de pruebas., introduciendo ilustraciones, eligiendo mejor los títulos y abandonando las obras hagiográficas o legendarias del medievo. La Reforma impuso algunos autores, estando en primer plano Lutero y Calvino, los cuales no tuvieron parangón en el campo católico.

La Reforma favoreció también la introducción y consolidación de las lenguas modernas, así como una lectura individual de la Biblia .sobre todo gracias al pietismo..

 

III. La revolución

El movimiento de reforma se dirigió, inevitablemente, hacia la creación de una nueva Iglesia. El edicto de Worms, que ponía a Lutero en entredicho en el Imperio y condenaba sus escritos, no fue aplicado por el príncipe elector, que, por el contrario, le tuvo escondido en el castillo de Wartburg.

Fue muy importante el período en el que el reformador estuvo recluido en este castillo. Tuvo una fuerte crisis interior, que algunos interpretan como una crisis de corte .viejo-católico. .con crisis en la castidad y dudas sobre su misión de reformador. y otros pretenden verla en un sentido más general y teológico .una especie de lucha entre Jacob y el ángel.. A esta crisis interior siguió otra exterior, debida al contraataque de teólogos católicos .Latomo, Eck, Emser, Enrique VIII., a la disidencia en el interior de la Reforma .desde Carlostadio, hasta los extremistas .fanáticos.: espiritualistas y anabaptistas. y a la guerra de los campesinos.

La actividad literaria de Wartburg fue prodigiosa, de tal manera que él mismo denomina este período como su .Patmos.. Escribió el Comentario al Magnificat, el comentario a los salmos y a los evangelios dominicales, tradujo el Nuevo Testamento y redactó una obra sobre la confesión; también escribió una obra polémica contra Giacomo Latomus .éste le había criticado sobre estos puntos: ningún hombre puede cumplir los mandamientos de Dios; el pecado permanece también después del bautismo; y la confesión es una imposición tiránica.. Otra obra importante, más que por el contenido por su significado rompedor, fue De votis monasticis, en la cual desarrolla cinco puntos: los votos van contra la palabra de Dios; van contra la fe; van contra la libertad cristiana; van contra los preceptos de Dios; van contra la razón[27].

Dado que Lutero reclamaba el Evangelio en su pureza, muchos intentaron apropiarse esta idea y extrajeron consecuencias diversas. Así en Erfurt estallaron tumultos, que terminaron con la expulsión de sesenta sacerdotes. En Wittenberg Carlostadio se pone a la cabeza de un movimiento reformador con el agustino Gabriel Zwilling .en la Navidad de 1521 reforma la liturgia de la misa, abole la elevación, introduce la ropa normal en la celebración, casa a una campesina y ataca violentamente las imágenes sagradas..

 

II. La disidencia

Lutero volvió a Wittenberg, donde afrontó dos crisis: la primera fue la provocada por la pretensión de los .fanáticos. de imponer sus ideas reformistas; la segunda fue la causada por la guerra de los campesinos. Afrontamos esta última en primer lugar.

1. La guerra de los campesinos (1525)

Sobre estos sucesos se han dado dos interpretaciones principales: por una parte, G. Franz sostiene,  aportando una gran cantidad de documentación, que esta revuelta de 1525 fue el último eslabón de una cadena de revoluciones, inspiradas en las ideas wiclyfitas y husitas, y nacidas de la discrepancia entre la autonomía personal de los colonos y un estado territorial en vías de consolidación. Por otra parte, M.M. Smirin, siguiendo a Engels, afirma que la revuelta no fue un movimiento de colonos solamente, sino que estuvo asociado a la clase ciudadana y a la Reforma; ésta, como reacción antifeudal y antirromana, quería la unificación nacional, que, favoreciendo el desarrollo del capitalismo, habría abierto la puerta a la burguesía.

El debate está abierto, pues Franz sostiene que la situación económica del momento es indescifrable .las fuentes no son del todo fiables, pues vienen de partes interesadas, cuando dicen que los agricultores gozaban de prosperidad.. Por eso, R. Wohlfeil ha refutado el término de .reforma preburguesa. para acuñar el de .conflicto sociosistémico., es decir, socio-político en el interior del sistema. Su conexión con la Reforma no puede ponerse en duda: ésta abrió la esperanza en caracteres apocalípticos de los campesiones, dándoles la base ideológica capaz de desencadenarles contra los señores.


La guerra de los campesinos se desencadenó con caracteres de particular y mayor violencia en Alemania; más que en Francia o en Inglaterra. En Alemania regía aún el régimen feudal y la servidumbre de la gleba. Los señores tendían a privatizar los terrenos comunales .bosques, tierras incultivadas: tierras muy preciadas por los campesinos, pues de ellas tomaban leña y pasto para los animales. y a transformar los pagos en especie, en dinero .esto endeudaba a los campesinos y les hacía víctimas de los usureros.; por otra parte, el cambio del derecho consuetudinario por el derecho romano no fue bien asumido por el mundo rural, faltándole elasticidad mental para asumir los cambios. Además, una serie de años malos contribuyeron a la merma de las cosechas, mientras los precios subían y aumentaba la población.

Peter Blickle sostiene que la de los campesinos fue una .Reforma campesina., o también .Revolución del hombre llano.. Para él son inaceptables el concepto marxista de revolución preburguesa o el de revolución ciega y destructiva. Fue, ante todo, una revolución. Hans Wassmund ha indicado cinco condiciones que pudieron preparar el ambiente para el estallido de la revolución:

-El momento económico: crecida económica interrumpida por un período breve, con aumento de pobreza y diferencias marcadas en la distribución de la renta.

-El momento social: rápida alternancia de grupos y clases sociales, interrupciones y apertura del ciclo en las elites.

-El momento psicológico: discrepancias entre expectativas y resultados, dando una situación de incertidumbre.

-El momento político-cultural: filosofías críticas en la sociedad y extrañamiento en los intelectuales.

-El momento político general: debilidad, incapacidad de conducir situaciones y opresión de los aparatos de gobierno.

Fue una revolución del hombre llano. El elemento especificante de esta revolución no fue sólo el de una revolución agraria. Los rebeldes querían, en última instancia, establecer unas nuevas relaciones comunitarias. Antes de 1525 los campesinos se habían organizado en landschaft o clase territorial.

Este autor habla, sobre todo, de una reforma campesina. Los insurrectos reivindican de hecho el puro evangelio, la elección del párroco por parte de la comunidad y el poder de decidir por parte de la comunidad en materia doctrinal. Como consecuencia surgiría una comunidad gobernada por el evangelio, animada por el .bien común. y por el .amor faterno.. La estructura jerárquica de la Iglesia sería abolida en favor de una comunalización de la misma.

 

La insurrección fue espontánea. Participaron también nobles, ciudadanos de clases inferiores, soldados, marginados... Comenzó en Waldshut y Stühlingen, y de la Selva Negra se extendió a la Renaria superior y central, Alsacia, Suevia, Wüttemberg, Franconia, Turingia. Salzburgo. Los campesinos comenzaron por asaltar conventos y castillos, y a mezclar reivindicaciones políticas con motivaciones religiosas.

En 1525 el peletero Sebastián Lorzer redacta los 12 artículos de los campesinos de Suevia. En el primer artículo se pedía que la elección de los pastores fuera sustraída al patronato nobiliar y confiada a la comunidad. Añadía que los párrocos explicasen el Santo Evangelio ..sola Scriptura.. sin añadidos .contra la Escolástica. y de un modo que suscitasen la fe ..sola fides... En el segundo artículo se refiere a la recogida de diezmos, la cual debía revertir sólo en la parroquia .para el sostentamiento digno de los clérigos y para la atención a los pobres.. En el tercer artículo retomaba el manifiesto de la libertad cristiana y pedía en nombre de la palabra de Dios la abolición de la servidumbre de la gleba. Seguía después una serie de peticiones, que demostraban cómo los campesinos intentaron adquirir la máxima autonomía posible en el interior del pueblo y la mayor parte de los derechos asociativos de autogestión.

Puesto que los campesinos se habían propuesto vivir el evangelio, tuvieron la posibilidad de alargar la base social de su movimiento. La protesta pasó de la reivindicación escrita a la violenta. El peor enemigo fue considerado aquél que detentaba autoridad; ésta fue la causa principal de la ocupación de aldeas y monasterios. Para imponer el evangelio, obtener el bien común y el amor cristiano, se consideró indispensable arrebatar los bienes a los religiosos, disminuir el poder político de la nobleza e, incluso, integrarla en asociaciones comunales.


Las consecuencias de la guerra fueron graves. El clima revolucionario justificó la intervención militar conjunta de católicos y .evangélicos.. Los campesinos no estaban organizados ni pertrechados para la guerra moderna. El 14 de mayo de 1525 las tropas del príncipe protestante Felipe de Assia y del duque católico Jorge de Sajonia derrotaron y masacraron a las tropas campesinas en Frankenhausen[28]. Se calcula que el total de víctimas en todos los frentes fue de 100.000 personas. Desde el punto de vista político fue abolido el poder de los campesinos. Desde el punto de vista religioso se justificó un crecido recurso al poder del Estado.

¿Cuál fue el pensamiento de Lutero respecto a estos acontecimientos? Para algunos autores fue la causa de la revuelta; para otros ocupó un papel fundamental: había criticado duramente a la Iglesia .el mayor propietario de la tierra., había puesto el evangelio como principio inspirador y había sacado a la luz el sacerdocio universal de los fieles, que para muchos constituía un fermento de liberación social. Habría ofrecido a los campesinos unas armas formidables.

En un primer tiempo, en abril de 1525, buscó la amonestación, bien de los príncipes bien de los campesinos, para la moderación. A los primeros recordó su responsabilidad, en cuanto su codicia era ciertamente la causa de la revuelta. A los revoltosos trató de explicar que no podían buscar en la Palabra de Dios la solución a problemas de carácter económico y político. La libertad cristiana era muy distinta de la social; sobre todo trató de disuadirles del uso de la violencia, que contradecía el principio de la sumisión de los súbditos a la legítima autoridad; admitía sólo la resistencia pasiva. Pero era demasiado tarde. El enfrentamiento era ya inevitable. En este punto escribe un libelo violentísimo, Contra las impías y perversas bandas de campesinos (mayo de 1525), en el que incitaba a los príncipes a castigar duramente a los campesinos, sorprendidos por tres delitos: rebelión contra la autoridad, violencia y blasfemia .en cuanto pretendían actuar conforme al evangelio..

Veía en la revuelta la obra del diablo. Todo esto le indujo a considerar que no había que dejar correr las cosas espontáneamente. Terminaba el tiempo del movimiento y comenzaba el de la organización. La Reforma pasaba de ser una obra de la comunidad a ser una obra de la autoridad.

 

2. La reforma radical .no conformistas y disidentes.

Hasta hace poco tiempo se tendía a confundir la disidencia con el anabaptismo. Sin embargo, la disidencia presenta un espectro muy amplio, que comprende varias tendencias, unidas por la oposición a la reforma de tipo luterano o zwingliano. Podemos distinguir cuatro tendencias: fanáticos .Schwärmer., anabaptistas, espiritualistas y racionalismo evangélico .o antitrinitarios..

La Reforma radical nace de las preguntas siguientes: ¿Quién tiene la autoridad de decidir qué hay que reformar y cómo hacerlo? ¿Quién puede interpretar la Sagrada Escritura? Si la interpretación de la Sagrada Escritura se confiaba a la conciencia de los fieles iluminada por el Espíritu Santo, si la autoridad de reformar competía a la comunidad local, nacía el interrogante sobre la legitimidad del disenso en el interior de las iglesias: lo que era legítimo para Lutero, ¿por qué a los otros no les era reconocido? ¿Qué autoridad tenía de más? Estos interrogantes suponía un golpe a la autoridad de los reformadores, en un momento en el que eran contestados por los católicos. Por eso es comprensible la acusación de destructivos lanzada  contra los radicales.


Los elementos comunes a los grupos radicales los podemos sintetizar en los siguientes:

-Condenaban de modo global y sin apelación a la Iglesia católica, persuadidos de que habría dejado de existir después de la época apostólica. ¿Qué sentido tenía la prudencia de Lutero y de Zwinglio?

-La caída de la Iglesia era determinada por el hecho de que se entraba en ella por el simple hecho de que el neófito nacía en un territorio. Era una Iglesia del pueblo, mas no un pueblo que se hacía Iglesia. Los cristianos entraban en este cuerpo por el bautismo de niños, que constituía una fuente de abusos y de males, pues no se elegía libre y personalmente. Esta crítica se hacía no sólo a la Iglesia católica, sino también a la evangélica.

-Los radicales, más que .reformar., querían volver a .restituir., a dar vida a la Iglesia primitiva. Pero con frecuencia dejaban ver sus tendencias innovadoras, lo cual constituía una fuente de intereses.

-Los radicales negaban cualquier recurso al Estado. Los reformadores, en cambio, después de la guerra de los campesinos, quisieron asegurar la autoridad y proceder de acuerdo con ésta. Esto, en cambio, era inaceptable para los radicales, el hecho de que fuese la autoridad civil quien decidiera en materia de fe.

-Insistían mucho sobre temas de discipulado y de regeneración. Consideraban reductiva la doctrina de la justifiación por la sola fe .favorecedora del laxismo.; propugnaban una vida más intimista, sin titubeos y con más perfeccionismo. Exaltaban la libertad del individuo animado por el Espíritu, disminuyendo mucho el pesimismo de los reformadores. Acentuando el inmanentismo, tenían una tendencia a poner en segundo plano al Cristo histórico y su obra de expiación, prefiriendo subrayar cuanto Dios cumple en el interior del hombre.

 

 

A. Los fanáticos

 

Los fanáticos debían este nombre a Lutero. Eran aquéllos que, asociados en un principio al reformador, sin embargo tomaron distancia respecto de él, permitiéndose contestarlo y superarlo por la .izquierda..

Carlostadio .Andreas Bodenstein de Karlstadt (1480-1541). fue profesor en Wittenberg. Durante la estancia de Lutero en Wartburg tomó la cabeza del movimiento. Celebró la primera misa pública evangélica en la Navidad de 1521 y, contra el parecer de Lutero que quería gradualidad, sostuvo la necesidad de proceder de modo radical. Marginado por Lutero, se retiró a Orlamünde, donde dirigió una organización sinodal democrática, suprimiendo la misa, la confesión y prohibiendo las imágenes; los laicos tuvieron gran protagonismo, gracias a la consideración que Carlostadio tuvo hacia su trabajo. Entre ellos empezó a difundirse la convicción de que el bautismo de los niños no estaba fundado en la Biblia. En polémica con Lutero, rechazó la fe ajena, la fe sustitutiva de los padrinos. En el ámbito de la teología eucarística también se enfrentó con Lutero, refutando totalmente la presencia real .«Hoc est corpus meum» indicaría .su. cuerpo, el de aquel momento histórico.. Según G.A. Benrath, con la teoría de la Gelassenheit Carlostadio se habría alejado de Lutero: retomando la teoría de la unión esponsal del alma con Dios, típica de la teología renano-flamenca, afirmaba que la unión se actuaba en la Gelassenheit, que consiste en la superación de todo aspecto creado, incluida la cruz de Cristo y la misma Biblia, para dejarse penetrar de la fuerza del Señor.

 

B. Tomás Müntzer

Tomás Müntzer (1467-1525) es un personaje contestado, controvertido, perennemente en fuga. Lutero nos ha transmitido la imagen de un hombre faccioso, sedicioso, fanático, loco, borracho, digno de ser condenado por Dios y por los hombres, .profeta perverso y sanguinario., que osó instigar a los campesinos pretendiendo «usar la espada para llevar a cabo sus empresas». Después de la ejecución de Müntzer, Lutero exclamó: «Estoy particularmente contento de la caída de Tomás Müntzer, porque quien ha visto a Müntzer, puede decir que ha visto al mismo diablo». Está clara la visión parcial de Lutero, el cual no hace reflexión sobre el pensamiento teológico del adversario.

Opuesto es el juicio de Engels, que define a Müntzer como una «figura grandiosa en torno a la cual se recoge el punto culminante de toda la guerra de los campesinos». Para Engels, Müntzer ha transmitido el genuino significado de la Reforma, en cuanto ha tratado de llevar a la práctica los ideales evangélicos en un verdadero proyecto revolucionario. Para Engels la teología no es importante sino por el hecho de ser el único lenguaje que en aquella época conocía el pueblo.


Müntzer viene también de los ambientes universitarios. Conocía la Biblia, los Padres de la Iglesia, Joaquín de Fiore. Residió en Wittenberg (finales de 1517 - inicio de 1518) y se hizo predicador evangélico. Recomendado por Lutero marchó a Zwickau, donde conoció a Nicolás Storch, que estaba convencido de que Dios entraba en relación directa con los creyentes mediante sueños y revelaciones. De aquí se derivó la idea de que bastaba la iluminación del Espíritu Santo, mientras era superfluo el estado clerical. Expulsado de Zwickau marchó a Bohemia, donde publicó el Manifiesto de Praga, en el cual critica la rapacidad del clero, su corrupción moral y su ilegitimidad, dado que los clérigos no habían puesto al .pobre pueblo. en relación con la palabra de Dios. Llegaba el tiempo de separar el grano bueno de la cizaña, constituyendo una nueva Iglesia apostólica.

No pudo hacer su proyecto en Bohemia, por lo que trató de hacerlo en otra parte. Se acercó a Allsted, donde se casó y tradujo al alemán himnos y la misa. En este momento se consumó la ruptura con Lutero. Su teología, que aparece en los escritos de este momento, está impregnada de joaquimismo; también se resiente del influjo de Tauler. Formó una secta secreta, la cual tenía como programa la redistribución de los bienes.

El 13 de julio de 1524 tiene una predicación fogosa en presencia del duque Juan de Sajonia, en la cual ataca a los .falsos profetas. .entre ellos también Lutero., critica la alianza entre clérigos y soberanos para conservar la impiedad, anuncia que el Espíritu de Cristo está en las obras. Los príncipes deberían elegir: no podían limitarse a mantener la paz, sino debían empeñarse en la difusión del evangelio, también con el uso de la espada contra los enemigos de la Palabra. Sucesivamente fue atacando más duramente a Lutero, reprochándole haber enseñado una falsa fe al pueblo. Le llamó .doctor embustero., .cuervo pérfido., .padre de las zapatillas de fieltro., .dragón vanidoso., .miserable adulador..

Viajando se convenció de que el sistema social estaba podrido y que se podía sólo confiar en los campesinos, los únicos disponibles para el cambio. En Mühlhausen llegó a instalar un consejo favorable a sus ideas, mas la esperanza que había puesto en los campesinos se deshizo. El pueblo había buscado su propio interés y no la voluntad de Dios.

Müntzer ha sido calificado de muchas maneras. Algunos lo han identificado con los apocalípticos o quiliastas, otros con los espiritualistas, otros lo han definido como un revolucionario ante litteram. Creemos que es mejor evitar clasificaciones demasiado concretas. A juicio de Paolo Ricca no fomentaba la rebelión, sino la interpretaba y la avistaba.

 

C. Anabaptismo

Es un movimiento radical que nace en Zurich en los años 1523-1524 en el grupo de los oyentes de Zwinglio. Konrad Grebel, Félix Manz, Johann Strumpf y otros soñaron con una comunidad de verdaderos creyentes, que habría podido transformar la sociedad entera sin la prudencia y el interés de Zwinglio. Si el culto a las imágenes estaba reprobado en la Biblia, ellos reprochaban al reformador zurigués no actuar en consecuencia. Ante la centralidad de la fe, consideraron que no se podía bautizar a los niños. Después de la disputa entre Zwinglio y Grebel en 1525, el consejo de Zurich decidió que los niños deberían ser bautizados entre los primeros 8 días. Los opositores, puestos en entredicho, procedieron a rebautizar a los adultos. Las autoridades municipales decidieron entonces que los obstinados en rebautizar fuesen ajusticiados por desacato (7 de marzo de 1526); el primero en sufrir la condena fue Félix Manz en Limmat (5 de enero de 1527).

Entretanto, el anabaptismo se difundía. En 1527 fueron fijados los 7 artículos de la confesión de fe de los anabaptistas .Confesión de Schleitheim., obra del ex-benedictino Machael Sattler, ajusticiado en Rottenburg poco después. El bautismo era entendido principalmente como un rito de arrepentimiento y signo del cambio de vida .art. 1.. Debían ser excomulgados cuantos caían en el error .art. 2.. La Cena era considerada como un rito de conmemoración .art. 3.. Los creyentes debían separarse del mundo, de la vida pública, de los compromisos asumidos antes de la conversión, así como del uso de las armas .art. 4.. Los ministros tenían que ser hombres íntegros, con la competencia de exhortar, leer la Escritura, enseñar, rezar .art. 5.. Los cristianos no debían defenderse con las armas y debían aborrecer los cargos públicos .art. 6.. Se prohibía el juramento .art. 7..

 

En el interior del anabaptismo se aislaron los hermanos suizos, con Hans Hut y Bartolomeo Hubmaier, enfrentados entre ellos por el uso de la espada.

 

Se distinguieron los Schewertler .hombres favorables al uso de la schwert, la espada. de los Stäbler .proclamadores de la no resistencia, y por eso llevaban el stab, el bastón.. Los huteritas, de Jakob Hutter .quemado en la hoguera en Innsbruck (1536)., practicaron una especie de comunismo. Hubmaier fue el escritor más eficaz de los anabaptistas. Afirmaba que el bautismo debe ser precedido de la escucha de la Palabra, por la conversión, y ser público testimonio de la fe profesada.

El experimento más importante fue el que se intentó hacer en Münster, ciudad de Westfalia, bajo el príncipe-obispo Franzs von Waldeck. Las ideas reformadas fueron difundidas por el predicador y ex-sacerdote Bernard Rothmann, quien se colocó sobre posiciones de corte anabaptista. Muchos anabaptistas acudieron allí, de tal manera que en las elecciones del 23 de febrero de 1534 se afirmó un consejo municipal de tendencia anabaptista. El predicador Jan Matthys, anabaptista milenarista, comenzó a predicar en la ciudad con el intento de hacer de Münster la Nueva Jerusalén. El tenor de la predicación y de la propaganda era que «los que se hacían cargo de su propia salvación debían abandonar los bienes terrenos y, junto a su mujer y sus hijos, marchar de allí para edificar su Santa Jerusalén, Sión y el verdadero templo de Salomón donde se adora al Dios eterno sin ninguna idolatría». Por esto ellos habrían recibido del tesoro divino bienes en abundancia. En cuanto esta noticia se difundió en las ciudades y pueblos circundantes, acudió tal masa de gente, atraída por el tenor de aquellas palabras y por el contenido singular de la promesa, que no sólo igualó, sino superó en gran medida el número de aquellos ciudadanos que abandonaban la ciudad.

Fueron expulsados los infieles, es decir, aquéllos que refutaban hacerse rebautizar, y se instauró un régimen de absolutismo teocrático fundado sobre la propiedad colectiva y el uso común de los bienes.

El obispo, que se había fugado, regresó con tropas numerosas y asedió la ciudad. Después de la muerte de Matthys, el gobierno fue asumido por Bockelson, que se proclamó nuevo David e instituyó la poligamia. Las noticias de Münster alarmaron a los príncipes, que mandaron refuerzos al obispo, el cual tomó la ciudad y pudo así reprimir este experimento, que precipitó a los anabaptistas al caos.

Fue el sacerdote holandés Menno Simons (1496-1591) a retomar las ideas anabaptistas en 1536. Organizó a los supervivientes en un movimiento, que más tarde sería llamado mennonita, caracterizado por la no violencia. Los mennonitas fueron llamados a Rusia, emigrando luego desde allí a los Estados Unidos. Un carácter fuertemente escatológico se tuvo entre los Quiliastas, cuyo mayor exponente fue Jan David Jorisz (1501-1556). Entre los anabaptistas hubo algunos antitrinitarios, influenciados por el pensamiento de Servet y el contacto con la Ecclesia minor de los socinianos[29].

 

Caspar Schwenckfeld (1487-1581), después de haberse alejado de Lutero, al que se había acercado en 1519, por sus ideas eucarísticas se adhirió a los grupos radicales. Buscó una religión que fuese un camino intermedio entre aquélla basada sobre las obras y la luterana, fundada sobre la imputación de la justicia. Para él la vida cristiana es un proceso de santificación.

Sebastián Frank (1499-1542) entró en Estrasburgo en contacto con Schewenckfeld y concibió una religión como hecho íntimo y espiritual. La Biblia es tan sólo una sombra de la Palabra interior, escrita en el .libro del corazón.. Es una característica de este libro que, escrito mucho antes que existiese la Escritura, los hombres, ya antes de Moisés, recibieron el conocimiento de Dios.


 

 

III. Fortalecimiento de la Reforma. La dieta de Augsburgo (1530)

 

Después de Worms la difusión de la Reforma fue favorecida por la situación política internacional, de modo particular por la ausencia del emperador de Alemania, a causa del conflicto que le oponía al papa y a Francia, así como del avance de los turcos en los Balcanes.

En la dieta de Nuremberg (1522-23) los luteranos refutaron la ejecución del edicto de Worms, pidieron la eliminación de las Gravámina .fiestas de precepto que consideraban en demasía. y la convocatoria de un concilio, libre, en tierra alemana, en el cual pudiesen participar los laicos.

En la dieta siguiente, también en Nuremberg (1524) los evangélicos encontraron un buen aliado en Carlos V, que desconfiaba de Clemente VII. La dieta declaró que los estados debían aplicar el edicto de Worms «en el límite de lo posible». Baviera propuso un sínodo alemán para resolver los problemas religiosos y disolver el nudo de los gravámenes. El nuncio papal Campeggio buscaba una solución de fuerza.

En esta situación de estallido, se forman tres ligas: Ratisbona .católicos de la Alemania del sur., Dessau .católicos de la Alemania del norte. y Gotha-Torgau .protestantes, con Felipe de Assia como cabeza.. La posición de estas últimas se vio reforzada, dado que la situación de los príncipes favorecedores a la Reforma era de ventaja gracias a la aplicación del ius reformandi en sus propios territorios.

En aquel momento las fuerzas católicas eran aún prevalentes, pero divididas. Los turcos se acercaban a Viena de modo peligroso. Las ligas de Cognac y la liga italiana constituían una amenaza en Italia y en los confines occidentales del Imperio. El papa sostenía haber sido forzado a este paso, porque estaba preocupado por la fe de la cristiandad, por la libertad de Italia y por la seguridad de la Santa Sede. El emperador respondió con mucha dureza. Invitó al papa a deponer las armas y a hacer frente común contra herejes y turcos, amenazando con la convocatoria de un concilio. No nos debe maravillar si en la dieta de Spira (27 de agosto de 1526), a cambio del apoyo contra los turcos, Carlos V renunció a la aplicación de la dieta de Worms y dejó a las conciencias de los príncipes juzgar el mejor comportamiento, «en modo de poder rendir cuenta delante de Dios, a la majestad imperial y al Imperio». Se favoreció, por tanto, a los evangélicos, que veían reconocido el principio de la territorialidad.

 

Cuando se llegó a la nueva dieta de Spira (1529), los católicos querían, al menos, impedir la difusión ulterior de la Reforma y cortar los obstáculos que se interponían en la celebración de la misa. Las medidas propuestas eran: el edicto de Worms sería aplicado en los países católicos; sería tolerato el luteranismo en los otros; en estos países, sin embargo, debían ser toleradas las minorías católicas.

Los evangélicos presentaron entonces una .protesta., sosteniendo que «en cosas que se refieren a la gloria de Dios, la salvación y la santidad de nuestras almas, cada uno debe responder y dar cuenta a Dios por sí mismo; ninguno puede excusarse refiriéndose a negocios o deliberaciones de una minoría o mayoría (...) No consentimos ni aceptamos en modo alguno, tanto para nosotros como para nuestros súbditos, la deliberación propuesta y todas aquellas cosas que son contrarias a Dios, a su santa Palabra, a nuestra buena conciencia, a la salvación de nuestras almas y también al decreto de la última dieta de Spira».

Carlos V y Clemente VII se encontraron en Bolonia, donde el papa había coronado al emperador (22 de febrero de 1530). El emperador tenía en mente dos cosas: la reforma de la Iglesia y resolver los problemas de fe que dividían Alemania.

Intentó resolver el primero por medio de un concilio, que el papa convocó, pero sin ninguna determinación. Para resolver la segunda serie de problemas, consideró suficiente convocar una dieta. En Augsburgo (1530) Carlos V invitó a los protestantes a presentar su confesión de fe. Lutero, que había sido golpeado .proscrito. por el bando de la dieta de Worms en 1521, no asistió.

El encargo de preparar la confesión fue confiado a Melanchthon. El texto intentaba «poner en claro la sustancia .católica. y, entonces, el carácter ortodoxo y cristiano de la Reforma, así cómo ésta había sido hecha en los territorios de los príncipes firmantes». En este documento de carácter .diplomático. la redacción quería demostrar: que las reformas podían ser justificadas sobre la base de la tradición .católica.; y que los luteranos se diferenciaban de los zwinglianos y de los anabaptistas. Eck había compilado un elenco de errores y difícilmente podían evitar la acusación de herejía; entonces Melanchthon añadió una primera parte sobre «artículos principales de la fe» .artículos 1-21., a la que siguió una secunda parte sobre los abusos .artículos 22-29..

 

La primera parte contiene las afirmaciones relativas a los dogmas de la Trinidad, del pecado original, de la divinidad de Cristo. Parece como si el redactor quisiera insistir más sobre los puntos de unión que sobre los de división. Quería probar que en el fondo el protestantismo no era otra cosa que un cristianismo purificado, respondiendo a la petición de reforma, que venía de lo profundo.

¿Es un documento .católico.? Se discute mucho sobre el significado de esta confesión. En la Asamblea General de la Federación Luterana Mundial de Dar es Salam (1977) se formula esta conclusión: «La Asamblea General toma nota de que teólogos de la Iglesia católica consideran como posible que su Iglesia reconozca la Confesión Augustana como una expresión particular de la fe cristiana común. Espera que este reconocimiento abra el camino a una forma de comunión entre la Iglesia católica romana y la Iglesia luterana, en la que ambas iglesias, sin renunciar a su particularidad e identidad, desarrollen una plena comunión eclesial con la Iglesia hermana».

Sin embargo hay que observar lo siguiente: ¿el irenismo es de sustancia o de forma? El artículo 24 niega haber suprimido la misa, mas sí haberla sustraído a la profanación que se inicia cuando se considera la teología del valor expiatorio y se comienza con el abuso de las misas privadas.

 

Melanchthon no habla de algunas doctrinas reformadas, como la negación del purgatorio, del poder del papa, el número de los sacramentos, el significado del sacerdocio común, la negación del sacerdocio ministerial. Lutero mismo fue muy crítico al respecto, definiendo como .diabólicos. algunos silencios de la Confesión.

Los firmantes querían que «en la dieta y en la Iglesia se abriese camino la idea de una unidad cristiana articulada, no rígidamente unánime, en la cual quedase un margen de libertad en el campo litúrgico y devocional, y un margen de opinabilidad en el campo teológico, sobre puntos secundarios o no esenciales de la doctrina común». Esto explicaría los silencios, y nos puede hacer captar el diverso modo de entender una .Confesión. cercana a protestantes y católicos.

De todos modos, es significativo que la Confesión fuese en los cauces de las tentativas de Reforma y reivindicase una legitimidad propia, justificando a los reformadores, que habrían sido animados por intenciones evangélicas y no cismáticas ni heréticas. Fue una tentativa extrema, pero fallida. Después de ella, el significado de las .confesiones. será no de puentes, sino de diques. Absolutizarán lo que divide y harán olvidar la herencia común.

[23]Todo esto favoreció la caída de los precios: la primera Biblia alemana de Estrasburgo costó, en 1466, 12 florines; sin embargo, la de Lutero costaría sólo 2 florines y 8 gruesos.

[24]Para evitar ediciones adulteradas, el mismo Lutero decidió imprimir en los volúmenes por él aprobados dos sellos de calidad.

[25]Sólo en Wittenberg fueron impresos 100.000 ejemplares durante la vida de Lutero.

[26]Hasta la mitad del siglo, sin embargo, el control de la difusión clandestina de libros en los países católicos, excepto en España, no fue muy eficaz.

[27]En esta obra reconducía su argumento por la ineficacia de las obras para la justificación. Las obras y los votos monásticos se arrogaban una eficacia, que sólo puede atribuirse a la obra de Cristo.

[28]Unas 5.000 personas cayeron, sumándose 300 decapitadas, entre ellas Müntzer.

[29]Éstos reciben su nombre de Socino, que negaba la Trinidad y la divinidad de Cristo.

 

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Relaciones entre el Antiguo y Nuevo Testamento

 

La Pontificia Comisión Bíblica ha recientemente publicado un documento llamado "El pueblo judío y sus Escrituras Sagradas en la Biblia cristiana". En nuestras próximas actualizaciones iremos presentando varios artículos sobre este importante tema. Ofrecemos hoy a nuestros lectores -por la claridad al exponer la cuestión- la presentación que hizo el Cardenal Joseph Ratzinger al documento.

 

+ Joseph Cardenal Ratzinger

En la teología de los Padres de la Iglesia la pregunta sobre la unidad interna de la única Biblia de la Iglesia, compuesta de Antiguo y Nuevo Testamento, era un tema central. Que eso no era ni de lejos un problema sólo teórico, se puede percibir palpablemente en el camino espiritual de uno de los más grandes maestros de la cristiandad, San Agustín de Hipona. Agustín había tenido a los 19 años, el año 373, una primera experiencia profunda de conversión. La lectura de un libro de Cicerón —el Hortensius, actualmente perdido— le había provocado un cambio profundo, que él mismo describe retrospectivamente: « A Ti, Señor, se dirigían mis plegarias. Empecé a levantarme, a volver hacia Ti. Cómo ardía, Dios mío, cómo ardía por levantarme de la tierra hacia Ti » (Conf. III 4,81). Para el joven africano, que cuando niño había recibido la sal que le convertía en catecúmeno, estaba claro que un retorno a Dios tenía que ser un retorno a Cristo, que él sin Cristo no podía verdaderamente encontrar a Dios. Por eso pasó de Cicerón a la Biblia. Pero allí experimentó una terrible decepción: en las difíciles prescripciones de la Ley del Antiguo Testamento, en sus complicadas y a veces también crueles historias no podía reconocer la Sabiduría a la que él se quería abrir. En su búsqueda dio con personas que le anunciaban un nuevo cristianismo espiritual, un cristianismo que despreciaba el Antiguo Testamento como no espiritual y repugnante, un cristianismo con un Cristo que no necesitaba el testimonio de los profetas hebreos. Aquella gente prometía un cristianismo de la razón pura y sencilla, un cristianismo en el cual Cristo era el gran Iluminador, que llevaba a los hombres al verdadero conocimiento de sí mismos. Eran los maniqueos.1

La gran promesa de los maniqueos se demostró engañosa, pero con eso el problema no quedaba resuelto. Agustín sólo se pudo convertir al cristianismo de la iglesia católica después de haber conocido, a través de Ambrosio, una interpretación del Antiguo Testamento que hacía transparente la Biblia de Israel a la luz de Cristo y así hacía visible la Sabiduría que él buscaba. Con ello Agustín superó no sólo el desagrado externo por la forma literaria no satisfactoria de la antigua traducción latina de la Biblia, sino sobre todo el rechazo interior hacia un libro que más parecía un documento de la historia de la fe de un pueblo determinado, con todas sus peripecias y errores, que la voz de una Sabiduría venida de Dios y dirigida a todos. Esa lectura de la Biblia de Israel, que por sus caminos históricos descubre el camino hacia Cristo y con ella la transparencia hacia el mismo Logos, la Sabiduría eterna, no sólo fue fundamental para la decisión de fe de Agustín: fue y es fundamental para la decisión de fe de toda la Iglesia.

Pero esa lectura ¿es verdadera? ¿Puede ser fundamentada y asumida aún hoy día? Desde la perspectiva de la exégesis histórico-crítica parece, por lo menos a primera vista, que todo habla en contra de ello. Así el año 1920 el eminente teólogo liberal Adolf von Harnack formuló la tesis siguiente: « rechazar el Antiguo Testamento en el siglo segundo (alude a Marción), fue un error que la gran Iglesia condenó con razón; mantenerlo en el siglo dieciséis fue un destino al que la Reforma todavía no se podía sustraer; pero, desde el siglo diecinueve, conservarlo todavía en el protestantismo como documento canónico, de igual valor que el Nuevo Testamento, es consecuencia de una parálisis religiosa y eclesiástica ».2


¿Tiene razón Harnack? A primera vista, parece que muchas cosas hablan a favor de él. Si la exégesis de Ambrosio abrió para Agustín el camino hacia la Iglesia y, en su orientación fundamental —naturalmente muy variable en los detalles—, se convirtió en fundamento de la fe en la Biblia como palabra de Dios en dos partes y sin embargo una, se podrá objetar inmediatamente: Ambrosio había aprendido esta exégesis en la escuela de Orígenes, el primero que la aplicó de modo consecuente. Pero Orígenes en eso —según se dice— sólo había trasladado a la Biblia el método de interpretación alegórica que el mundo griego aplicaba a los escritos religiosos de la antigüedad, especialmente a Homero. Por tanto, no realizaría sólo una helenización de la palabra bíblica extraña a su íntima esencia, sino que se habría servido de un método que en sí mismo no era creíble, porque en último término estaba destinado a conservar como sagrado lo que en realidad no era más que testimonio de una cultura incapaz de ser adaptada al presente. Pero la cosa no es tan sencilla. Orígenes, más que en la exégesis homérica de los griegos, podía apoyarse en la interpretación del Antiguo Testamento que había surgido en ambiente judío, sobre todo en Alejandría con Filón como adalid, la cual procuraba de modo bien original hacer accesible la Biblia de Israel a los griegos que desde hacía tiempo preguntaban, más allá de sus dioses, por un Dios que podían encontrar en la Biblia. Además, Orígenes aprendió de los rabinos. Finalmente, elaboró principios cristianos totalmente propios: la unidad interna de la Biblia como norma de interpretación, Cristo como punto de referencia de todos los caminos del Antiguo Testamento.3

Pero sea cual sea el juicio sobre la exégesis de Orígenes y de Ambrosio en sus detalles, su fundamento último no era ni la alegoría griega, ni Filón, ni tampoco los métodos rabínicos. Su auténtico fundamento, aparte de los detalles de su interpretación, era el mismo Nuevo Testamento. Jesús de Nazaret tuvo la pretensión de ser el auténtico heredero del Antiguo Testamento (de la «Escritura») y de darle la interpretación válida, interpretación ciertamente no a la manera de los maestros de la Ley, sino por la autoridad de su mismo Autor: «Enseñaba como quien tiene autoridad (divina), no como los maestros de la Ley» (Mc 1,22). El relato de Emaús resume otra vez esta pretensión: «Empezando por Moisés y por todos los Profetas, les explicó lo que en todas las Escrituras se refiere a él» (Lc 24,27). Los autores del Nuevo Testamento intentaron fundamentar en concreto esta pretensión: muy subrayadamente Mateo, pero no menos Pablo, utilizaron los métodos rabínicos de interpretación e intentaron mostrar que precisamente esta forma de interpretación desarrollada por los maestros de la Ley conducía a Cristo como clave de las «Escrituras». Para los autores y fundadores del Nuevo Testamento, el Antiguo Testamento es simplemente la «Escritura»; sólo al cabo de algún tiempo la Iglesia pudo formar poco a poco un canon del Nuevo Testamento, que también constituía Sagrada Escritura, pero siempre de modo que como tal presuponía y tenía como clave de interpretación la Biblia de Israel, la Biblia de los Apóstoles y sus discípulos, que sólo entonces recibió el nombre de Antiguo Testamento.


En este sentido, los Padres de la Iglesia no crearon nada nuevo con su interpretación cristológica del Antiguo Testamento: sólo desarrollaron y sistematizaron lo que habían encontrado en el mismo Nuevo Testamento. Esta síntesis, fundamental para la fe cristiana, tenía que resultar cuestionable en el momento en que la conciencia histórica desarrolló unos criterios de interpretación para los cuales la exégesis de los Padres tenía que aparecer como no histórica y por tanto objetivamente insostenible. Lutero, en el contexto del humanismo y de su nueva conciencia histórica, pero sobre todo en el contexto de su doctrina de la justificación, desarrolló una nueva fórmula sobre las mutuas relaciones de las dos partes de la Biblia cristiana, no partiendo de la armonía interna de Antiguo y Nuevo Testamento, sino de la antítesis esencialmente dialéctica entre Ley y Evangelio, tanto desde el punto de vista de la historia de la salvación como desde el punto de vista existencial. Bultmann ha expresado de forma moderna esta posición de principio con la fórmula de que el Antiguo Testamento se ha cumplido en Cristo en su fracaso. Más radical es la propuesta citada de Harnack, que ciertamente, por lo que puedo saber, apenas ha sido acogida por alguien, pero que era perfectamente lógica partiendo de una exégesis para la que los textos del pasado sólo pueden tener el sentido que cada autor les haya querido dar en aquel momento histórico. Que los autores de siglos antes de Cristo que hablan en los libros del Antiguo Testamento se hayan querido referir a Cristo y a la fe del Nuevo Testamento aparece a la moderna conciencia histórica como muy inverosímil. Por eso con la victoria de la exégesis histórico-crítica, pareció que la interpretación cristológica del Antiguo Testamento, iniciada por el mismo Nuevo Testamento, había fracasado. Esto, como hemos visto, no es una cuestión histórica de detalle, sino que con ello se debaten los mismos fundamentos del cristianismo. Por eso queda también claro por qué nadie ha querido seguir la propuesta de Harnack de proceder finalmente a la renuncia al Antiguo Testamento, que Marción había emprendido demasiado pronto. Lo que quedaría, nuestro Nuevo Testamento, sería algo sin sentido. El Documento de la Pontificia Comisión Bíblica que aquí presentamos dice sobre ello: «Sin el Antiguo Testamento, el Nuevo Testamento sería un libro indescifrable, una planta privada de sus raíces y destinada a secarse» (Núm. 84).

Bajo este aspecto, se ve la magnitud de la empresa que asumió la Pontificia Comisión Bíblica, cuando se propuso afrontar el tema de las relaciones entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. Si tiene que haber una salida a la aporía descrita por Harnack, tiene que ser el concepto de una interpretación de los textos históricos, sostenible hoy día, que parta del texto de la Biblia aceptado como Palabra de Dios, pero amplíe y profundice el punto de vista de los estudiosos liberales. En los últimos decenios han ocurrido cosas importantes en esta dirección.

La Pontificia Comisión Bíblica presentó los resultados esenciales de estos conocimientos en su documento publicado en 1993, «La interpretación de la Biblia en la Iglesia». La comprensión de la pluridimensionalidad del discurso humano, que no está atado a un momento histórico, sino que abarca el futuro, fue de gran ayuda para entender cómo la palabra de Dios se puede servir de la palabra humana para dar a la historia en progreso un sentido que va más allá del momento presente y obtiene precisamente así la unidad de todo el conjunto. La Comisión Bíblica, identificándose con este documento suyo anterior y sobre la base de minuciosas reflexiones metódicas, ha examinado las grandes líneas de pensamiento de ambos Testamentos en sus mutuas relaciones y ha podido decir en resumen que la hermenéutica cristiana del Antiguo Testamento, que sin duda se aparta profundamente de la del Judaísmo, «corresponde sin embargo a una potencialidad de sentido efectivamente presente en los textos» (Núm. 64). Este es un resultado, que me parece muy significativo para el progreso del diálogo, pero también sobre todo para la fundamentación de la fe cristiana.


Sin embargo la Comisión Bíblica no podía en su labor prescindir del contexto de nuestro presente, en el cual el impacto del Holocausto (la Shoah) ha inmergido toda la cuestión en otra luz. Se plantean dos cuestiones principales: ¿Pueden los cristianos, después de todo lo que ha ocurrido, mantener aún tranquilamente la pretensión de ser los herederos legítimos de la Biblia de Israel? ¿Pueden continuar con la interpretación cristiana de esta Biblia, o tendrían que renunciar con respeto y humildad a una pretensión que, a la luz de lo que ha ocurrido, tiene que aparecer como una intromisión? De eso depende la segunda pregunta: La presentación de los judíos y del pueblo judío que hace el mismo Nuevo Testamento, ¿no ha contribuido a crear una enemistad hacia el pueblo judío, que ha preparado la ideología de aquellos que querían eliminar a Israel? La Comisión se ha planteado las dos cuestiones. Está claro que la renuncia de los cristianos al Antiguo Testamento no sólo acabaría, como hemos indicado, con el cristianismo como tal, sino que tampoco prestaría ningún servicio a una relación positiva entre cristianos y judíos, precisamente porque les sustraería el fundamento común. Lo que hay que deducir de los hechos ocurridos es un nuevo respeto por la interpretación judía del Antiguo Testamento. El documento dice dos cosas sobre el tema.

En primer lugar, constata que la lectura judía de la Biblia es «una lectura posible que está en continuidad con las sagradas Escrituras de los judíos del tiempo del segundo Templo y es análoga a la lectura cristiana, que se ha desarrollado en paralelismo con ella» (Núm. 22). Añade que los cristianos pueden aprender mucho de la exégesis judía practicada durante 2000 años; viceversa los cristianos pueden confiar en que los judíos podrán sacar provecho de las investigaciones de la exégesis cristiana (ibid.). Creo que los análisis presentes ayudarán al progreso del diálogo judeocristiano, así como a la formación interior de la conciencia cristiana.

La última parte del documento responde a la cuestión de la presentación de los judíos en el Nuevo Testamento. En ella se examinan minuciosamente los textos considerados "antijudíos". Aquí quisiera subrayar sólo un punto de vista que me ha parecido especialmente importante. El documento muestra cómo los reproches que el Nuevo Testamento dirige a los judíos no son ni más frecuentes ni más duros que las quejas contra Israel que encontramos en la Ley y los Profetas, es decir dentro del mismo Antiguo Testamento (Núm. 87). Pertenecen al lenguaje profético del Antiguo Testamento y, por tanto, se han de interpretar como las palabras de los Profetas: denuncian los fallos del presente, pero son siempre temporales por esencia y presuponen también siempre nuevas posibilidades de salvación.

A los miembros de la Comisión Bíblica quisiera expresarles agradecimiento y reconocimiento por su labor. De sus discusiones, mantenidas pacientemente durante varios años, ha surgido este documento que, estoy convencido, puede ofrecer una ayuda importante en una cuestión central de la fe cristiana y en la tan importante búsqueda de una nueva comprensión entre cristianos y judíos.

Roma, en la fiesta de la Ascensión de Cristo, 2001

Notas

(1) Véase la presentación de esta fase del camino espiritual de Agustín en P. Brown, Augustinus von Hippo, Leipzig 1972, 34-38 (tr. del inglés).

(2) A. von Harnack, Marcion. 1920. Reimpresión, Darmstadt 1985, pp. XII y 217.

(3) El cambio decisivo en la valoración de la exégesis de Orígenes fue debido a H. de Lubac con su libro: Histoire et Esprit. L´intelligence de l´Existence d´après Origène, Paris 1950. Posteriormente, son dignos de atención los trabajos de H. Crouzel (p.ej. Origène 1985). Un buen resumen del estado de la investigación lo ofrece H.-J. Sieben en su Einleitung zu Origenes. In Lucam homiliae, Freiburg 1991, 7-53. Una síntesis de cada trabajo de H. de Lubac sobre la cuestión de la interpretación bíblica lo da la obra editada por J. Voderholzer: H. de Lubac, Typologie-Allegorese-Geistiger Sinn. Studien zur Geschichte der christlichen Schriftauslegung, Freiburg 1999).

 

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Usted ya sabe que en toda guerra existe lo que se llama "propaganda de guerra". ¿En qué guerra no la ha habido? Pues bien: no olvide que España en el siglo XVI era la primera potencia mundial; casi todas las naciones europeas eran enemigas suyas, al mismo tiempo era la principal muralla contra el protestantismo.

La única vez que se han juntado contra una potencia el odio nacional y el religioso, los dos más grandes odios que existen.

¿Le extraña entonces que haya habido una "propaganda de guerra" proporcionada? ¿No ha oído lo que dicen hoy de los Estados Unidos todos los comunistas del mundo?

Ya puede ser una mujer todo lo honrada que se quiera, que si una lengua viperina lanza con el anónimo una calumnia contra aquella mujer, y más si es envidiada por su posición y poder, todo el mundo la señalará con el dedo y se harán comentarios maliciosos a su paso.

Que la acusen a Ud. de estafador. Tres palabras bastan. Pero el refutarlo le llenará montañas de razones, testimonios y pruebas. La acusación se lee en un momento, pero ¿quién va a tener humor para leer la defensa, sobre todo si hay animadversión contra Ud.?

Le voy a dar a Ud. una receta fácil y eficaz de demagogia: Pinte Ud. una cárcel lóbrega, por las paredes instrumentos de tortura, tres curas sentados tras una mesa, a poder ser bien gordos (es de más efecto), regodeándose en ver cómo se tortura a un hombre en el potro, o se le queman las plantas de los pies: si es una mujer, todavía tiene más efecto. Debajo un letrero: "Los horrores de la Inquisición". No se preocupe de más. Nadie va a ir a averiguar si Ud. miente o no. Llevaría mucho trabajo y estudio.

Sin embargo ahí van unas cuantas observaciones que no debe Ud. olvidar en este asunto:

Una institución, una persona hay que juzgarla dentro de la mentalidad de su época. ¿Condenaría Ud. de inculto o bárbaro a un profesor de universidad del siglo XVI porque ignoraba lo que es la electricidad, la televisión y la propulsión a chorro?

Pues bien, tenga presente que en aquella época la herejía era considerada como una conspiración contra el Estado. Estaban tan compenetrados el Estado y la religión que poner en peligro uno, era poner en peligro al otro. Tanto o más que hoy el comunismo.

¿Pruebas? En Alemania y Francia las guerras de religión duraron más de un siglo: hubo cientos de miles de muertos. La Inquisición fue creada por los Reyes de España para evitar que pasara lo mismo.

De hecho los judíos y los moriscos trataron más de una vez de que los turcos invadieran España.

No se olvide que entonces la pena de muerte se daba muy fácilmente. En 1598 sólo en la prisión de Exeter, Inglaterra, fueron ajusticiadas 74 personas, muchos por haber robado una oveja (Hamilton).

Sir James Stephen calcula que en 300 años hubo en Inglaterra 264.000 condenados a muerte por diversos delitos. Unos 800 por año (más de dos por día).

¿Sabe Ud. que muchas veces los ladrones cuando huyen gritan: "al ladrón, al ladrón", para despistar? Los protestantes se llevan las manos a la cabeza ante la "crueldad" de la Inquisición. Pues bien, ahí van unos datos sueltos sacados de historiadores serios, conocidos, casi todos protestantes.

Lutero, fundador del protestantismo: En 1525 escribe a los nobles: "Matad cuantos campesinos podáis: hiera, pegue, degüelle quien pueda. Feliz si mueres en ello, mueres en obediencia a la Palabra divina". Más de cien mil labriegos perecieron.

En Sajonia protestante, la blasfemia tenía pena de muerte. Calvino mandó quemar a Servet (médico católico que descubrió la circulación de la sangre, y a quien eliminaron por "contradecir" a la Biblia con dicho descubrimiento) y otros muchos.

En 1560 el Parlamento escocés decretó pena de muerte contra todos los católicos.

Ahí van algunos artículos del código inglés para Irlanda:

"El Católico que enseña a otro católico o protestante será ahorcado".

"Si un católico adquiere tierras, todo protestante tiene el derecho de despojarle".

"Destierro perpetuo a todo sacerdote católico; quienes lo eludan, sean medio ahorcads vivos y luego descuartizados". ¿Para qué seguir?

Las comunidades calvinistas de París, Orleans, Ruan, Lyon, Angey en sínodo general en 1559, decretan pena de muerte a los herejes.

En Alemania fueron quemadas más de 100.000 brujas. Hasta niños de siete años y ancianos moribundos. Un juez solo, quemó en 16 años a 800 brujas (un promedio de 50 personas al año).

¿No sabe Ud. que Estados Unidos debe su fundación a puritanos que huían de la persecución religiosa de Inglaterra?

Y la Inquisición española ¿qué?

No se vio libre de las ideas de su tiempo y participó de la crueldad general. Pero tenga Ud. en cuenta los siguientes puntos:

El número de protestantes condenados a muerte, desde 1520 hasta 1820 en que fue suprimida, o sea en 300 años, según el investigador protestante alemán que se especializó en este tema, Schafer, fue de 220; de ellos sólo 12 fueron quemados. Ya ve: no toca ni a uno por año. ¿Qué pasa con la imagen del inquisidor parado en frente de hileras interminables de piras con condenados? Pasa que es mentira. Les advierto lealmente que la Inquisición actuaba también contra los moriscos y judaizantes y por eso el número de víctimas fue mayor.

La Inquisición no admitía todos los tormentos que eran usuales en aquella época en toda Europa. Sólo se podían aplicar una sola vez, en presencia del médico que podía suspenderlos si el reo recibía daño en la salud. Vea Ud. en cambio lo que se daban en la famosa torre de Londres a los católicos y se quedará asustado. Fue el primer tribunal del mundo que suprimió el tormento cien años antes de ser extinguida. El investigador norteamericano Mr. G. Lea, que ha escrito una obra en varios volúmenes sobre la Inquisición dice: "La Inquisición española en general fue menos cruel que los tribunales laicos al ejecutar la tortura".

No se podía aprisionar a nadie hasta que no hubiese tales pruebas que fuese evidente el delito. Se necesitaban por lo menos siete testigos juramentados ante Notario. No se admitían denuncias anónimas.

Si se confesaban y se arrepentían antes de dar la sentencia definitiva, se les absolvía con un castigo mayor o menor según lo que hubiesen tardado.

El reo tenía derecho a presentar cuantos testigos quisiese.

El reo podía estar en la cárcel, si era casado, con su mujer; si tenía criados le podían servir.

Si era culpable, el tribunal dictaba la sentencia, que debía ser confirmada por el Tribunal Supremo, al que se podía apelar y se le entregaba al Estado, el cual se encargaba de cumplir la sentencia. Las penas eran las más usuales entonces.

Y por último, tenga Ud. presente que gran parte de las acusaciones están tomadas de un sacerdote apóstata, Juan Antonio Llorente, que fue secretario de la Inquisición (se puso de parte de los invasores franceses en la guerra de la Independencia, tuvo que huir a Francia), y que él mismo confiesa que quemó todos los datos oficiales de que se sirvió para su obra. ¡Estupendo! Que le acusen a Ud. de haber falsificado cheques, y cuando pida Ud. las pruebas incriminatorias, le conteste su acusador que las quemó... Si eran tan comprometedoras para la Inquisición ¿por qué nos las publicó?

Vayamos terminando, poco a poco, con las horribles acusaciones con que han ido manchando a la Iglesia para los bajos fines de los acusadores...

Agradecemos vivamente al autor -

www.apologetica.org


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Lutero, Agustín y los judíos

Massimo Borghesi *

 

La autoridad del obispo de Hipona es un punto de referencia esencial Para comprender el destino y la historia de los judíos en el seno de la cristiandad. Cuando es reconocida unánimemente, como sucedía en el primer milenio, permanece intacta la conciencia del misterio que significa el pueblo judío, conciencia que limita las tentaciones de marginación y las veleidades de conversiones forzadas. Dicho en términos del exégeta y teólogo catóico Heinrich Schlier “Israel no perecerá jamás ni por la impaciencia de los pueblos ni por la suya. Israel reposa sobre la paciencia de Dios”. Paciencia que al final conducirá a la salvación de “todo Israel”. Schlier, comentando a San Pablo, encuentra de nuevo idealmente la posición de San Agustín. Lo cual no carece de significado. La actualización de dicha postura, a la luz de la intolerancia moderna y de la tragedia de la Shoah, asume efectivamente un valor muy especial para la Iglesia católica y para las confesiones cristianas.

 

Reforma y antijudaísmo

 

En 1543, treinta años antes de morir, Lutero publica un ensayo, Von den Juden und ihren Lügen, publicado ahora en italiano con el título Degli ebrei e delle loro menzogne(De los judíos y sus mentiras). El libelo, de cuyos contenidos las comunidades protestantes actuales se han disociado resueltamente, es de una violencia incomparable: “Son estos judíos seres muy desesperados, malos, venenosos y diabólicos hasta la médula, y en estos mil cuatrocientos años han sido nuestra desgracia, peste y desventura, y siguen siéndolo... Son venenosas, duras, vengativas, pérfidas serpientes, asesinos e hijos del demonio, que muerden y envenenan en secreto, no pudiéndolo hacer abiertamente”.

 

La única terapia posible es una “áspera misericordia” (scharfe Barmherzigkeit), una dureza sin piedad que se traduce, al final del libelo, en “sin misericordia alguna”. Las medidas drásticas que el reformador solicita de las autoridades civiles y religiosas para limpiar Alemania de la “calamidad” judía prevén una serie de puntos. “En primer lugar, hay que quemar sus sinagogas o escuelas; y lo que no arda ha de ser cubierto con tierra y sepultado, de modo que nadie pueda ver jamás ni una piedra ni un resto”. En segundo lugar, “hay que destruir y desmantelar de la misma manera sus casas, porque en ellas hacen las mismas cosas que en sus sinagogas. Métaseles, pues, en un cobertizo o en un establo, como a los gitanos”

 

En tercer lugar, “hay que quitarles todos sus libros de oraciones y los textos talmúdicos en los que se enseñan tales idolatrías, mentiras, maldiciones y blasfemias”. En cuarto lugar, “hay que prohibir a sus rabinos –so pena de muerte- que sigan enseñando”. En quinto lugar “no hay que concederles a los judíos el salvoconducto para los caminos, porque no tienen nada que hacer en el campo, visto que no son ni señores, ni funcionarios, ni mercaderes o semejantes. Deben quedarse en casa”. En sexto lugar “hay que prohibirles la usura, confiscarles todo lo que poseen en dinero y en joyas de plata y oro, y guardarlo”. En séptimo lugar “a los judíos y judías jóvenes y fuertes, se les ha de dar trillo, hacha, azada, pala, rueca, huso, para que se ganen el pan con el sudor de la frente”.

 

A estas medidas Lutero añade la prohibición de pronunciar el nombre de Dios en presencia de cristianos. Lutero insiste varias veces en el hecho de que no hay que ser misericordiosos con los judíos. El objetivo, evidente, es hacerles la vida imposible para que se vayan. “Yo”, escribe Lutero, “he hecho mi deber: ahora que otros hagan el suyo. Yo no tengo culpas”.

 

Es una absolución cargada de desgraciados presagios. Lutero, como padre espiritual de la Alemania moderna, tiene una responsabilidad muy grave en el proceso de odio que se desarrolló contra los judíos. Las páginas siniestras de su panfleto, sus palabras indefendibles, justifican la llamada a capítulo que hizo en el proceso de Núremberg el nazi Julius Streicher, para el cual el doctor Martín Lutero “hoy estaría seguramente en mi lugar en el banquillo de los acusados”. Una acusación confirmada por William Shirer, uno de los más ilustres historiadores del nazismo, así como, indirectamente, por el hecho de que “hoy los escritos polémicos de Lutero contra los judíos no aparecen en ninguna de las ediciones en alemán contemporáneo”.

En verdad –supuesto que fueran necesarios otros elementos para juzgar mal a Lutero- estas páginas son vergonzosas.

 

Más allá de Agustín y la pax cristiana del primer milenio

 

La postura de Lutero, que sólo parcialmente puede explicarse con los prejuicios antijudíos de su época, es aún más significativa porque se aleja de un escrito anterior del autor, Dass Jesus Christus ein geborener Jude sei (Jesucristo nació judío) de 1523, que ya en su título indica una actitud no hostil hacia los judíos. En este texto se explica la desconfianza judía ante el cristianismo a partir de los límites de la cristiandad que, cerrada y hostil con el pueblo hebreo, no ha manifestado el rostro compasivo de Jesucristo. Anteriormente, en febrero de 1514, durante la controversia sobre la destrucción de los libros judíos que atormentó al mundo alemán de la primera mitad del siglo XVI, Lutero declaró que era contrario a la prohibición del Talmud.


La “tolerancia” del joven Lutero dependía de su fidelidad a la Escritura. Como se deduce de una carta que escribió a Georg Spaltin en febrero de 1524, los teólogos de Colonia no podían impedir, mediante la destrucción de sus libros, que los judíos ofendieran a Cristo y a los suyos, porque ya lo habían predicho los profetas y estaba contenido en la Escritura. La presencia de la sinagoga, incluso después de la Iglesia, aparece como un misterio que los cristianos deben tener presente sin pretender resolverlo a nivel político. Las motivaciones luteranas, como ha señalado Adriano Prosperi, tienen una clara orientación agustiniana. Prosperi, en la introducción a la traducción italiana de Von den Juden und ihren Lügen, muestra que el último Lutero, rompiendo con su postura inicial, se “distancia de la exégesis agustiniana”, exégesis que había permitido la convivencia de judíos y cristianos en el primer milenio. “Agustín”, dice Prosperi, “había justificado la permanencia histórica de la religión hebrea como función providencial de testimonio de la verdad frente a los que negaban –paganos, herejes- la continuidad de la tradición bíblica veterotestamentaria en la Iglesia cristiana. Pero había puesto dos condiciones a esta permanencia: la primera, que los judíos no debían ser maltratados o matados por su culpa originaria (el “deicidio”); la segunda, que los judíos serían los últimos en convertirse al final de los tiempos. Uniendo el pasaje del Salmo 58, 15 con el de Génesis 4, 15, había puesto en relación la supervivencia de los judíos como pueblo unido por una religión a la de Caín después del asesinato de Abel. La “marca” que Dios había puesto sobre Caín para que nadie lo matara había sido puesta también sobre los judíos: esa señal, según Agustín, era su religión. Al lado de esta función protectora de la “marca” colocada sobre los judíos, Agustín continuaba la interpretación paulina del Salmo 58, 15: convertentur ad vesperam: los judíos estaban destinados a ser los últimos que se convertirían al final de los tiempos, in fine mundi. De este modo, “de la espera apocalíptica de la conversión final y del significado providencial atribuido a la presencia judía, se derivaba para los judíos la garantía del libre ejercicio de su religión”.

 

La opinión de Prosperi coincide aquí con la de León Poliakov para el cual, según “el más ilustre padre de la Iglesia, Agustín”, se debía “proteger la vida y el culto de los judíos, como “pueblo testigo de la crucifixión”, para dar testimonio así de la verdad del cristianismo y del error del hebraísmo. Después, en el transcurso de los siglos, la Iglesia romana trató de proteger a los judíos, que, por su parte, consideraron a los pontífices como su última posibilidad. Pero, es cierto que la situación de los judíos durante la Edad Media no fue ni uniformemente pacífica ni uniformemente trágica. No cabe duda de que fue oscurecida por acusaciones y graves matanzas, pero también es cierto que vivieron con relativa concordia con los cristianos y ejercieron (menos la agricultura) los mismos oficios que estos”.

 

Esta tolerancia caracterizó, según Poliakov, el Occidente latino. “Por el contrario, la Iglesia griega ortodoxa, que no había canonizado a San Agustín, rechazó su doctrina. Debido a esto, los primeros zares se negaron a admitir judíos en sus tierras y cuando, en el siglo XVIII, la Rusia imperial se anexionó al oeste algunos territorios poblados por judíos, estos fueron sometidos a severas leyes excepcionales”.

 

Tanto para Prosperi como para Poliakov, la autoridad de Agustín constituye un punto de referencia esencial para comprender el destino y la historia de los judíos en el seno de la cristiandad. Cuando dicha autoridad es reconocida unánimemente, como sucedía en el primer milenio, permanece la conciencia del misterio que significa el pueblo judío, conciencia que limita las tentaciones de marginación y las veleidades como conversiones forzadas. Como escribe Lucie Kaennel: “Hasta el siglo XI la integración de los judíos con la población cristiana occidental y con el mundo árabe español no presenta grandes dificultades. Las comunidades judías gozan de la protección de los soberanos. Mercaderes judíos aseguran las relaciones indispensables entre la cristiandad de occidente y el mundo islámico; entre las varias comunidades religiosas reina una relativa tolerancia”. Entre los siglos XI y XIII el judaísmo se convierte en el punto ideal de encuentro entre la cristiandad latina y las grandes corrientes del pensamiento antiguo y árabe-islámico, dando su aportación decisiva a la cultura medieval. Son los tiempos de Judá Leví  (1075-1141) y de Moseh ben Maimón, conocido con el nombre de Maimónides (1135/38-1204), el más grande pensador judío de la Edad Media. En 1290 los judíos son expulsados de Inglaterra, en 1308 de Francia; es el comienzo de un proceso que culmina en 1492 con su expulsión de España. No es fácil explicar el porqué de este “cambio radical respecto al camino marcado por Agustín”. Amos Funkenstein lo atribuye a la orientación racionalista de la nueva filosofía y al mayor conocimiento del Talmud que hacía que los judíos modernos parecieran “herejes” respecto al deposito veterotestamentario. Con estos hechos caían los vínculos que había puesto Agustín para la tutela del colectivo judío.

 

La cristiandad, que cierra filas en torno a la “revolución pontificia” de los siglos XII y XIII, parece menos la Iglesia peregrina, la civitas Dei agustiniana, que el reino consumado. El ansia de purificación que la anima se traduce, en el externo, en una lucha continua con el imperio, los herejes, los no cristianos. En el transfondo está el presagio de que el tiempo del mundo se acerca a su fin. “La Iglesia renovada”, dice Joaquín de Fiore, “está entrando en la edad del Espíritu”, la época final de la historia. También Lutero comparte esta visión apocalíptica; también para él ha sonado la hora decisiva en la lucha por o contra el Evangelio. A partir de este concepto toma forma su concepción del adversario, judío, papista, turco, pagano, hereje.. Si esto es verdad, el antijudaísmo moderno, un aspecto que no ha sido suficientemente señalado, encontraría una clave explicativa en la tensión apocalíptica que, a partir de la Edad Media, invade los espíritus. De aquí la ruptura con la tradición agustiniana –Joaquín de Fiore contra Agustín de Hipona- para la cual la civitas Dei y la civitas hominis permanecen perplexae hasta el final. Dicha ruptura trae, por consiguiente, el ultimátum que se les da a los judíos: convertirse o irse del mundo “cristiano”.

 

Ecclesia spiritualis.  Marcionismo y antijudaísmo

 

El prejuicio antijudío en la modernidad sigue dos caminos. Uno es volver a lo antiguo contra lo moderno representado por la tradición judeo-cristiana. Es el camino del neoclasicismo alemán que adopta la forma de regreso al paganismo helenista en sus valores y divinidades, y que culmina en Friedrich Nietzsche. Esta corriente, cuya expresión radical es la mitología nacionalsocialista, es manifestada en el pensamiento de Walter Otto y de Martin Heidegger.

 

El otro camino que sigue el sentimiento antijudío es el que se desarrolla a partir de un “cristianismo espiritual” basado en la antítesis entre Nuevo y Antiguo Testamento, entre el amor y la ley. Una antítesis que recuerda la postura de Marción que Agustín había contrastado idealmente oponiéndose al maniqueísmo. En la época moderna, la posición marcionita es un aporte de la Reforma en la medida en que la nueva Ecclesia spiritualis ve en los judíos a los representantes de la ley entendida como autojustificación. “Lutero ve en ellos a la Iglesia carnal, espejo negativo para la Iglesia espiritual que imagina. El peligro que representan va mucho más allá del ámbito judío. Muchos cristianos se jactan de su propia justicia, practican una religión hecha de ceremonias y ritos exteriores”. De este modo el judío se convierte en criterio de comparación, negativo, para establecer la verdadera religión. Para Lutero, el judío, al igual que el católico, persigue la autojustificación mediante las obras de la ley frente a la doctrina evangélica que requiere la justificación mediante la gracia de Dios. Con ello une el “legalismo” romano, “papista”, con el judío. El catolicismo es un “cristianismo judío”, mundano, que ha olvidado la justificación mediante la gracia. Frente a este cristianismo “carnal”, está el “espiritual” restaurado por la Reforma. Podemos ver que esta contraposición no se halla sólo en los reformadores, también está presente en los humanistas. Para Erasmo de Rótterdam, que demuestra en sus escritos una hostilidad antijudía profundamente arraigada hasta el punto de alegrarse por la expulsión de los judíos de Francia, la antítesis  entre judaísmo y cristianismo es antítesis entre la carne y el espíritu, entre una ritualidad exterior y una fe interior.

 

Es la misma contraposición que, con nuevas formas, hallamos en la Ilustración, para la cual al deísmo como verdadera religión (interior, racional, universal) se oponía la fe judía (exterior, legalista, particular) basada en la escandalosa pretensión de la elección divina y en la “esclavitud” de la ley. Desde este punto de vista no debe sorprender, aunque puede resultar difícil de aceptar, la hostilidad que una parte notable de ilustrados siente contra el judaísmo. El resentimiento antijudío es una constante en el padre de la tolerancia, Voltaire, y en Gibbon, Reimarus, Kant. Como escribe Elena Loewnthal “todos han sido antisemitas: laicos y religiosos, reformadores y conservadores, reaccionarios y revolucionarios. Ilustrados, ateos. El antisemitismo debe mucho a estos “aportes transversales”, el exterminio nazi encontró también legitimación y apoyo en el hecho de que los Voltaire, los Lutero, los Kant, etc., no mostraron particular simpatía por el pueblo elegido y disperso”.

 

Es interesante señalar que este carácter transversal no es casual, sino el resultado consecuente de la “religión pura” que ven en el judío al anti-tipo, el modelo de una fe exterior, política, particularista, carnal. Se trata de antisemitismo gnóstico que lee a la luz de Marción la dialéctica luterana entre Ley y Evangelio, Antigua y Nueva Alianza. Es lo que aflora en los escritos juveniles de Hegel, llenos de furor antijudío, y también en una parte considerable de la llamada teología liberal, cuyo objetivo era “liberar” al cristianismo de cualquier posible dependencia veterotestamentaria. Jacob Taubes en Die Politische Theologie des Paulus ha captado muy bien esta directriz de pensamiento en la obra del teólogo protestante Adolf von Harnack, cuya reflexión, y no por casualidad, se ocupó grandemente de la figura de Marción. Fue el padre de Harnack, Theodosius, el que en un ensayo sobre Lutero releyó el binomio Ley-Evangelio en términos decididamente marcionitas.Este planteamiento, seguido por su hijo, llevaba al rechazo del elemento veterotestamentario. Este rechazo era, según Taubes, “el secreto del protestantismo alemán liberal que, en 1933 no fue capaz de superar la prueba”. 

La Iglesia e Israel

 

El ideal apocalíptico de una Iglesia de puros que llegan a la época final de la historia, ideal que con formas heréticas y utopistas recorre la modernidad, no puede tolerar lo que el teólogo y exegeta católico Heinrich Schlier, en una estupenda conferencia de 1939, llama el misterio de Israel, misterio fundado en el hecho de que tampoco después de la Iglesia “Dios retira su promesa a este pueblo”. Esto significa que “Israel no perecerá jamás ni por la impaciencia de los pueblos ni por la suya. Israel reposa sobre la paciencia de Dios”. Paciencia que al final conducirá a la salvación de “todo Israel”.

 

Schlier, comentando a San Pablo, encuentra de nuevo idealmente la posición de San Agustín. Lo cual no carece de significado. La actualización de dicha postura, a la luz de la intolerancia moderna y de la tragedia de la Shoah, asume efectivamente un valor muy especial para la Iglesia católica y para las confesiones cristianas.

 

La existencia judía es, ante todo, una admonición para la Iglesia, que le recuerda que es peregrina, civitas Dei en el sentido agustiniano: todavía no es la plenitud del Reino. Como escribe Franz Rosenzweig a Eugen Rosenstock: “Nosotros somos el monumento que continuamente os hace ver vuestro todavía no.

 

La Iglesia, en segundo lugar, necesita de Israel, como pueblo auténtico que vive la Alianza con Dios en la historia, para no ceder a la tentación (gnóstica) de la Ecclesia spiritualis (Joaquín de Fiore, Lutero) contra la que combatieron Papas, obispos y fieles católicos. Según Alain Besançon esta es la lección que detecta Vladimir Soloviev en su Los judíos y la cuestión cristiana, escrito tras la promulgación en 1882 de las leyes antisemitas en Rusia. La reflexión sobre Israel le permite a Soloviev entrever que la religión no es un mensaje, sino una historia; y ni siquiera es “evolución”, o esquema historiosófico, sino que se lee en hechos no repetibles, que han sido vividos por un pueblo elegido en una región concreta, en un tiempo determinado, con sus idiosincrasias irreductibles”.

 

Con esto Soloviev se desembaraza de la herejía marcionita presente en el sublime tolstoiano, así como en el patetismo de Los Hermanos Karamazov o de El Idiota. Análogamente a Soloviev, también el poeta católico Charles Péguy, según el teólogo católico Hans Urs von Balthasar, ha visto en Israel el modelo del point d´intersection entre el tiempo y lo eterno. “El hecho de que Jesús era judío, solidario con su pueblo, con el destino de los judíos, es para Péguy el punto de partida del justo equilibrio entre spirituel et charnel (temporel).

 

La Iglesia, por último, como Iglesia peregrina y al mismo tiempo arraigada en la historia, no puede por menos que reflejarse en el destino peculiar de Israel, pueblo humillado y ofendido, al que no se le ha ahorrado ningún dolor del mundo. Todo esto asume un significado particular después de la experiencia indecible de la Shoah. Como ha escrito monseñor Luigi Giussani: “El Holocausto se ha convertido en pedagogía para todos los cristianos; al ser un estigma doloroso e injusto, la cultura judía más ferviente propone la Shoah como un tema cardinal también para toda la humanidad, como debe ser”. Para la Iglesia esto significa tener conciencia, dramática, de que “el esfuerzo de ser fiel en la espera de Dios se traduce también como cruz en la vida de los creyentes”.

 

La conciencia de estos tres factores, por los cuales la Iglesia es itinerante en el mundo, arraigada en la historia, marcada por el madero de la cruz, aclaran la importancia de la figura y de la realidad de Israel para la Iglesia. “Nosotros”, afirmaba Pío XI oponiéndose a las leyes raciales de Hitler, “somos espiritualmente judíos”. La afirmación de este gran Pontífice atestigua la conciencia de “misterio” de Israel, conciencia que se ha perdido en los vericuetos de la modernidad, de sus utopías y sus aberraciones.

 

Fuente: Revista Internacional 30Días.


* Dr. en Filosofía. Catedrático de Filosofía de la Religión en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Perugia (Italia), Así mismo, imparte clases de Estética, Ética y Teología filosófica en la Pontificia Facultad Teológica “S. Buenaventura”, recientemente ha tomado la cátedra “filosofía y cristianismo” en el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum. Entre sus obras publicadas destacan: La figura di Cristo in Hegel, (1983), Romano Guardini. Dialettica e antropología (1990), L´etá dello Spirito in Hegel. Dal Vangelo “storico” al Vangelo “eterno” (1995), Posmodernidad y cristianismo. ¿Una radical mutación antropológica? (1997), y recientemente, Memoria, evento, educazione (2000). Colaborador de las revistas 30Días, Il Nuovo Areopago, COMMUNIO. Revista Católica Internacional de Teología.

[1] M. Lutero, Degli ebrei e delle loro menzogne, introducción de A. Prosperi, Turín, 200.

[2] Op.cit, p. 200.

[3] Op.cit. p. 187

[4] Op.cit. p. 188-189.

[5] Op.cit. p. 190

[6] Ibidem.

[7] Op.cit. p. 192.

[8] Op.cit. p. 195.

[9] Op.cit. p. 214.

[10] Op.cit. p. 215.

[11] Op.cit. p. 222.

[12] L. Kaendel, Luther étail-il antisémite?, Ginebra, 1997, p. 21.

[13] W. L. Shirer, The Rise and Fall of the Third Reich: a History of Nazi Germany, New York, 1960, p. 236. En la traducción alemana (Colonia, 1961) el pasaje sobre Lutero ha sido omitido.

[14] D. Garrone, introducción a L. Kaendel, op.cit., p. 15.

[15] A. Prosperi, introducción a: M. Lutero, cit., p. XXXVII.

[16] Ibid.

[17] Op.cit., p. XIX.

[18] L. Poliakov, introducción a: AA. VV, Historie de l´antisémitisme 1945-1993, Paris, 1994, p. 7.

[19] Op.cit., 7-8

[20] L. Kaennel, cit., p. 29.

[21] A. Prosperi, introducción a: M. Lutero, cit., p. XXII.

[22] Cfr. A. Funkestein, “Basic Types of Christian Anti-Jewish Polemics in the Later Middle Ages”, en Viator, 2 (1971), pp. 373-382.

[23] Cfr. H. Oberman, Wurzeln des Antisemitismus. Christenangst und Judenplage im Zeitalter von Humanismus und Reformation, Berlín, 1981; A. Agnoletto, La tragedia dell´Europa cristiana nel XVI secolo. Dalla giudeofobia di Lutero agli umanisti Jonas e Melantore, Milán, 1996.

[24] A. Prosperi, cit., p. XXXII. Sobre el tema, es de utilidad Cfr. G. Kisch, Erasmus´Stellung zu Juden und Judentum, Tubingen, 1969.

[25] Cfr. AA.VV., Judentum im Zeitalter der Aufklärung, Bremen-Wolfenbütel, 1977.

[26] Voltaire, Juifs, Paris, 1997.

[27] E. Loewenthal, L´illuminismo rovesciato, Milán, 1997. p. 23.

[28] M. Borghesi, L´etá dello Spirito in Hegel. Dal Vangelo “storico” al Vangelo “eterno”, Roma, 1995, p. 169 ss.

[29] A. von Harnack, Marcion. Das Evangelim vom fremden Gott. Eine Monographie zur Geschichte der Grundlegung der katholischen Kirche, Leipzing, 1921.

[30] Th. Harnack, Luthers Theologie des Paulus, Munich, 1993, p. 116.

[31] Taubes, op.cit. p. 124

[32] H. Schlier, Die Zeit der Kirche, Friburgo-Basilea-Viena, 1962, p. 389.

[33] Op.cit., p. 390.

[34] F. Rosenzweig, Gesammelte Schristen, I, The Hague, 1979, p. 111.

[35] A. Besançon, La falsification du Bien. Soloviev et Orwell, Paris, 1985, p. 64.

[36] H. U. von Balthasar, Herrlichkeit. Eine theologische Ästhetik, vol. II/2, Laikale Stile, Einsiedeln, 1969, p. 381.

[37] Fundador del movimiento católico Comunión y Liberación, con reconocimiento pontificio.

[38] L. Giussani, Nosotros somos judíos, en Revista 30Días en la Iglesia y el mundo, no. 1, enero de 1999, págs. 76-77.

[39] Ibid.

 

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DISCURSO DE JUAN PABLO II PRONUNCIADO ANTES LOS PARTICIPANTES DEL SIMPOSIO SOBRE “LAS RAÍCES DEL ANTI-JUDAÍSMO EN LOS AMBIENTES CRISTIANOS”

 

Roma 31 de octubre al 2 de noviembre  1997

 

Señores cardenales, queridos hermanos en el Episcopado, queridos amigos:

 

          1. Me complace recibiros en el curso de vuestro encuentro sobre las raíces del antisemitismo. Saludo especialmente al Sr. cardenal Roger Etchegaray, Presidente del Comité del Gran Jubileo del año 2000, que preside vuestras trabajos. Os agradezco a todos el haber consagrado estas jornadas a un estudio teológico de gran importancia.

 

          Vuestro coloquio se inscribe en la preparación del Gran Jubileo para el cual he invitado a los hijos de la Iglesia a hacer balance sobre el pasado milenio, y especialmente de nuestro siglo, en el espíritu de un necesario “examen de conciencia”, a las puertas de lo que debe ser un tiempo de conversión y de reconciliación (Cf.Tertio millennio adveniente, nn. 27-35).

 

          El propósito de vuestro simposio es la correcta interpretación teológica de las relaciones de la Iglesia de Cristo con el pueblo judío, a las que la declaración conciliar Nostra Aetate puso las bases y sobre las que, en el ejercicio de mi magisterio, he tenido personalmente la ocasión de intervenir en varias ocasiones.  De hecho, en el mundo cristiano  -no digo por parte de la Iglesia en cuanto tal- han circulado durante mucho tiempo erróneas e injustas interpretaciones del Nuevo Testamento relativas al pueblo judío y a su supuesta culpa, engendrando sentimientos de hostilidad respecto a este pueblo. También contribuyeron a adormecer muchas conciencias, de modo que, cuando se extendió por Europa la ola de persecuciones inspiradas por un antijudaísmo pagano, que, en su esencia era al mismo tiempo un anticristianismo, junto a cristianos que hicieron de todo para salvar a los perseguidos hasta arriesgar su vida, la resistencia espiritual de muchos no fue la que la humanidad tenía el derecho de esperar de parte de los discípulos de Cristo. Vuestra lúcida mirada sobre el pasado, con vistas a una purificación de la memoria, es particularmente oportuna para mostrar claramente que el antisemitismo no tiene ninguna justificación y es absolutamente condenable.

 

          Vuestros trabajos completan la reflexíón realizada especialmente por la Comisión para las Relaciones religiosas con el Judaísmo, reflexión que desembocó, entre otras, en las Orientaciones del 1 de diciembre de 1974 y en las Notas para una correcta presentación de los judíos y del Judaísmo en la predicación y la catequesis de la Igelsia Católica del 24 de junio de 1985. Aprecio el hecho de que la investigación de carácter teológico realizada por vuestro Simposio esté presidida por un gran rigor científico, en la convicción de que servir a la verdad es servir a Cristo mismo y a su Iglesia.

 

          2. El Apóstol Pablo, como conclusión a los capítulos de la Carta a los Romanos (Caps. 9-11), en los cuales nos aporta una luz decisiva sobre el destino de Israel según el plan de Dios, hace resonar un canto de adoración: “¡ Qué Abismo de la riqueza, de la sabiduría y de la ciencia de Dios!”. En el alma ardiente de Pablo este himno es un eco del principio que acaba de enunciar y que constituye en cierto sentido el tema central de toda la epístola. “Pues Dios ha encerrado a todos los hombres en la desobediencia para tener de todos misericordia” (Ibid. II, 32). La historia de la Salvación, incluso cuando sus avatares nos parecen desconcertantes, está guiada por la misericordia de Aquel que ha venido a salvar lo que estaba perdido. Sólo una actitud de adoración ante las insondables profundidades de la Providencia amorosa de Dios permite vislumbrar algo de lo que constituye  un misterio de la fe.

 

          3. En el origen de este pequeño pueblo situado entre dos grandes imperios de religión pagana que lo eclipsaban con el resplandor de su cultura, está el hecho de la elección divina. Este pueblo es convocado y conducido por Dios, Creador del cielo y de la tierra. Su existencia no es, pues, un mero hecho de naturaleza ni de cultura, en el sentido en que por la cultura el hombre despliega los recursos de su propia naturaleza. Es un hecho sobrenatural. Este pueblo persevera a pesar de todo porque es el pueblo de la Alianza y porque, pese a las infidelidades de los hombres, el Señor es fiel a su Alianza. Ignorar este dato primordial es seguir la trayectoria de un marcionismo contra el cual la Iglesia bien pronto reaccionó con energía, consciente como era de su vínculo vital con el Antiguo Testamento, sin el cual el mismo Nuevo Testamento queda falto de significado. Las Escrituras son inseparables del pueblo y de su historia, que conduce al Cristo  Mesías prometido y esperado, Hijo de Dios hecho hombre. La Iglesia no cesa de confesarlo cuando en su liturgia recupera día a día los salmos, así como los cánticos de Zacarías, de la Virgen María y de Simeón (Cf. Ps 132, 17; Lc 1,46-55; I, 68-79; 2, 29-32).

 

          Por ello, quienes consideran meros hechos culturales contingentes que Jesús fuera judío y que su ambiente fuera el mundo judío -hechos que a su juicio podrían ser reemplazados por otra tradición religiosa sin que la persona del Señor perdiera su identidad- no sólo desconocen el significado de la historia de la salvación, sino que, más radicalmente, atacan a la verdad misma de la Encarnación, haciendo imposible un concepto auténtico de inculturación.

 

          4. De todo lo dicho podemos sacar unas conclusiones que sirvan de orientación a la actitud del cristiano y a la labor del teólogo. La Iglesia condena con firmeza todas las formas de genocidio, así como las teorías racistas que las inspiran y que pretenden justificarlas. Podría recordarse la encíclica de Pío XI Mit brennender Sorge (1937) y la de Pío XII Summi Pontificatus (1939); este último recordaba la ley de la solidaridad humana y de la caridad hacia todo hombre, cualquiera que sea el pueblo al que pertenezcan. El racismo es, pues, una negación de la identidad más profunda del ser humano, persona creada a imagen y semejanza de Dios. A la malicia moral de todo genocidio se añade, con la Shoah, la malicia de un odio que ataca el plan salvífico de Dios sobre la historia. La Iglesia se sabe ella misma amenazada por este odio. La doctrina de Pablo en la carta a los Romanos nos enseña qué sentimientos fraternos,  arraigados en la fe, debemos abrigar hacia los hijos de Israel (cf. Rm 9,4-5). Subraya el Apóstol: “en atención a los patriarcas” Dios los ama, ese Dios cuyos dones y llamada son irrevocables (cf. Rm II, 28-29).

 

          5. Estad ciertos de mi gratitud por la labor que estáis realizando en un tema de gran alcance y en el que estoy particularmente interesado. De esta manera contribuís a la profundización del diálogo entre católicos y judíos, de cuya renovación en los últimos decenios nos alegramos.

 

          A vosotros y a vuestros allegados os expreso mis mejores deseos, impartiéndoos de todo corazón mi bendición apostólica.

 

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Marción (280-374d.C.) nació en Asia Menor y fue a Roma en el año 140 d.C. donde se unió a la Iglesia. Cayó bajo la influencia de los Gnósticos. Sus herejías fueron combatidas por muchos Padres de la Iglesia y en el año 144 fue excomulgado. Estableció entonces su propia Iglesia con una organización y ritos similares a la Iglesia Romana haciéndose su rival. Según su principal doctrina, el Dios del amor revelado por Jesucristo es muy diferente del Dios de la ley revelado en el Antiguo Testamento. El cristianismo, según el, no es el cumplimiento del judaísmo sino su reemplazo. En vez de "la Ley y los Profetas", Marción propuso "El Evangelio y los Apóstoles". Para lograrlo, de todas las Escrituras escogió el Evangelio de Lucas radicalmente editado y diez de las cartas de Pablo. Este canon propuesto por Marción aceleró los esfuerzos de la Iglesia Católica por establecer su propio canon de las Escrituras. Al rechazar al Dios Creador del AT, Marción rechazó también la creación. Enseñó que la materia y el cuerpo son cosas malas. Practicaba un ascetismo riguroso y mal fundamentado. Llegó a negar que Jesús tuviese un cuerpo real. Marción quiso prescindir del Antiguo Testamento so pretexto de que el Nuevo lo habría hecho caduco. (Cf. Catecismo 123) El Catecismo enseña que "El Antiguo Testamento es una parte de la Sagrada Escritura de la que no se puede prescindir. Sus libros son libros divinamente inspirados y conservan un valor permanente porque la Antigua Alianza no ha sido revocada. En efecto, ´el fin de la economía antigua era preparar la venida de Cristo, redentor universal. Aunque contienen elementos imperfectos y pasajeros, los libros del Antiguo Testamento dan testimonio de toda la divina pedagogía del amor salvífico de Dios" -Cat 121 (Citado de http://www.corazones.org/diccionario/marcionismo.htm)

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Marcionismo: Es una variante del gnosticismo, que tiene como jefe a Marción, el cual, expulsado por sus ideas, de la comunidad romana, fundó una Iglesia separada que se llamó, por su nombre, marcionismo y duró hasta el siglo V. Según la doctrina de Marción, el Antiguo y el Nuevo Testamento son otra de dos diversos principios: el Antiguo Testamento procede del Dios de la justicia, creador de este mundo, mientras que el Nuevo procede del Dios de la bondad. Bajo el imperio del primero, la humanidad vivió como oprimida por la Ley y fue castigada con severidad; el Dios bueno tuvo, entonces, compasión de la humanidad y salió de su silencio enviando al Redentor. Jesucristo apareció a semejanza de un hombre para inaugurar el reino de la misericordia y del amor; no nació de la Virgen ni sufrió ni murió según la carne. Lo que sucedió en su muerte fue un acto de ira o rabia del Dios malo que para vengarse de la derrota sufrida revolvió los cielos e hizo crucificar al redentor que había tomado la semejanza de hombre. En cuanto a la ética, Marción era intransigente; no admitía el matrimonio, prohibía la carne y el vino. Contra el marcionismo lucharon Teófilo de Antioquía, Melitón de Sardes, Justino e Ireneo, pero el que llevó más a fondo la lucha fue Tertuliano. Tuvo Marción algunos discípulos; entre los más famosos se cuenta Apeles, rico en fama y fortuna, que de Alejandría pasó a Roma, donde hizo pasar por virgen y profetisa a una meretriz que iba detrás de él. En compañía de Filomena, Apeles se dedicó a hacer prosélitos; escribió las Revelaciones en las que cuenta las visiones proféticas de su Filomena, y los Silogismos. Su doctrina se distingue de la de Marción en cuanto niega el dualismo gnóstico y vuelve al monismo. O sea: existe un solo Dios eterno, necesario, omnipotente, bueno, creador de los ángeles. A un ángel rebelde debe atribuirse la creación de este mundo. En cuanto a las almas, defiende la doctrina platónica de la preexistencia; ellas, según esta doctrina, habrían sido arrojadas del cielo a la tierra y encerradas forzosamente en un cuerpo. En cuanto a Cristo, Apeles sostiene que Cristo tuvo un verdadero cuerpo, pero que este cuerpo se quedó en los cielos durante su estancia en la tierra.


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«Despierta, oh hombre, y reconoce la dignidad de tu naturaleza. Recuerda que fuiste hecho a imagen de Dios; esta imagen, que fue destruida en Adán, ha sido restaurada en Cristo. Haz uso como conviene de las criaturas visibles, como usas de la tierra, del mar, del cielo, del aire, de las fuentes y de los ríos; y todo lo que hay en ellas de hermoso y digno de admiración conviértelo en motivos de alabanza y gloria del Creador» (LEON MAGNO, Sermón 7 en la Navidad del Señor, 2.6; LIT HOR VIERNES V T.O.)

 

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La Enciclopedia francesa, vademécum de la ilustración, recordaba que Europa era un continente pequeño, pero el faro del mundo debido a su cultura, su historia, su arte y, "sobre todo", su religión{la Iglesia Católica fundada por Jesucristo - Dios nuestro}

 

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Pedro deja su barca parta seguir en la barca del Mesías: Cristo Jesús

 

"Se recurre con frecuencia a la calumnia, la mentira, el infundio, sin preocuparse de contrastar la información para comprobar su veracidad. Ello obedece a la táctica de que se sabe que una vez vertida una información negativa sobre algo o alguien, cosa que es muy fácil, demostrar la verdad requiere un gran esfuerzo y tiempo y gran parte del daño queda hecho de todas maneras."  (Jesús Sáiz Luca de Tena y Mercedes Soto Falcó)

 

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Hoy en día se persigue y fustiga a los católicos con impunidad escandalosa. Y se les condena a tener que aceptar ‘en silencio y de manos atadas’ toda calumnia, injuria y sospecha. No sea que además de todas sus afrentas se les acuse de prepotentes por replicar conforme al derecho de toda persona a defender su honra.

 

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"Obras todas del Señor, bendecid al Señor".-

“¡Señor, dueño nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra!” (Sal 8, 2).

La belleza de la naturaleza nos recuerda que Dios nos ha encomendado la misión de "labrar y cuidar" este "jardín" que es la tierra (cf. Gn 2, 8-17).

 

 

Danos, Señor, la inquietud del corazón que busca tu rostro. Protégenos de la oscuridad del corazón que ve solamente la superficie de las cosas. Danos la sencillez y la pureza que nos permiten ver tu presencia en el mundo. Cuando no seamos capaces de cumplir grandes cosas, danos la fuerza de una bondad humilde. Graba tu rostro en nuestros corazones, para que así podamos encontrarte y mostrar al mundo tu imagen.

 

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Por venir a visitarnos, nuestro agradecimiento.


Anno Domini 2007 - "In Te, Domine, speravi; non confundar in aeternum!".

Mane nobiscum, Domine! ¡Quédate con nosotros, Señor!

"Marana tha, ven, Señor Jesús" (Ap 22, 20). - In Obsequio Jesu Christi.

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«Cristo es, en todas las cosas, el Todo de todas las partes» Malebranche.

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«Dios es el Señor de todas las almas y, para cada uno, Señor de todos los días». Marta ROBIN. Châteauneuf-de-Galaure. 1930.

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¡¡¡ Paz y bien !!! Paix et bien!!! frieden und guten! Pace e bene! Peace and godness!

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Las ilustraciones que adornan un expuesto, no son obligatoriamente alusivas al texto. Estando ya públicas en la red virtual, las miramos con todo respeto y sin menoscabo debido al ‘honor y buena reputación de las personas’. De allí, hayamos acatado el derecho a la intimidad, al honor, a la propia imagen y a la protección de datos. Tomadas de Internet, las estampas, grabados o dibujos que adornan o documentan este sitio web ‘CDV’, no corresponden ‘necesaria e ineludiblemente’ al tema presentado; sino que tienen por finalidad –a través del arte- hacer agradable la presentación. Tributamos homenaje de sumisión y respeto a todas las personas, particularmente cuyas imágenes aparecen publicadas, gracias.-

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CDV” intenta presentar la fe cristiana para la gente más sencilla (catequistas, etc.), en especial para los estratos aparentemente más bajos. ¿La razón? Simple: «Son ellos quienes más necesitan conocer la alegría de Cristo».-

Debido a la existencia de páginas excelentes sobre apologética y formación,  lo que se pretende desde ‘CDV’ es contribuir muy modestamente y sumarse a los que ya se interesan por el Evangelio de Cristo de manera mucho más eficaz. ‘CDV’ Gracias.-

In Obsequio Jesu Christi.

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Recomendamos vivamente:

1º Jesús de Nazaret – Al siglo Joseph Cardenal Ratzinger ‘Benedicto XVI’. 2007

2º ‘CÓMO LA IGLESIA CONSTRUYÓ LA CIVILIZACIÓN OCCIDENTAL’. Ninguna institución ha hecho más para dar forma a la civilización occidental que la Iglesia Católica, y en modos que muchos de nosotros hemos olvidado o nunca sabido. Como la Iglesia construyó la civilización occidental es una lectura esencial para redescubrir esta relegada verdad. De un modo senillo y muy atractivo. 2007.

Autor: Thomas E. WOODS Jr.-Editorial: CIUDADELA. 

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Recomendamos: ‘Desafíos cristianos de nuestro tiempo’, editado por Rialp. El autor, sacerdote, repasa algunos de los problemas más habituales a los que se enfrentan los cristianos hoy. Toca, por ejemplo, la cuestión del evolucionismo y el creacionismo para explicar de qué manera son complementarios, apoyándose en el magisterio de los distintos Papas. Otro tema de actualidad que no soslaya es la presencia del mal en el mundo. Y tampoco evita el cómo enfrentarse al dolor y a la muerte.  En opinión del autor, «la crisis del amor constituye el mar de fondo de las tormentas que agitan las aguas del Primer Mundo», y corresponde a los cristianos retomar el mandamiento nuevo del Señor. El laicismo intransigente en que vivimos anima a tomar ejemplo de los mártires y a hacernos presentes en la vida pública. 2007

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: ‘Inquisición’  historia crítica - Autores: Catedrático e historiador ‘Ricardo García Cárcel’ y la licenciada en Historia por la Universidad Autónoma de Barcelona-España ‘Doris Moreno Martínez’, investigadora. (Editado por Ediciones Temas de Hoy. Esp.). Cerca de doscientos años después de que Juan Antonio Llorente redactara su clásica ‘Historia crítica de la Inquisición’, los autores de este libro han querido escribir una nueva historia crítica del Santo Oficio, elaborada con la intención de huir del resentimiento, del morbo, los sectarismos, pero con fiel memoria –racional y sentimental- de las victimas de aquella institución, que fue muchas cosas al mismo tiempo: tribunal con jurisdicción especial, empresa paraestatal, instrumento aculturador, símbolo de representación y de identificación ideológica, arma en manos de otros poderes, poder en sí mismo. En este libro se examina la poliédrica identidad de la Inquisición y se responde a muchas preguntas que han inquietado a los historiadores: ¿por qué y para qué se creó el Santo Oficio?. ¿Por qué duro tanto? ¿Fueron los inquisidores hombres o demonios? Los procedimientos penales de la Inquisición ¿fueron normales o excepcionales?. ¿Cuántas víctimas hubo?. ¿Fue la Inquisición culpable del atraso cultural español respecto a Europa?. ¿Gozó de la complicidad o del rechazo de la sociedad?.

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5º: ‘LEYENDAS NEGRAS DE LA IGLESIA’. Autor Vittorio MESSORI – Editorial “PLANETA-TESTIMONIO” 10ª EDICIÓN – Óptimo libro para defenderse del cúmulo de opiniones arbitrarias, deformaciones sustanciales y auténticas mentiras que gravitan sobre todo en lo que concierne a la Iglesia.

In Obsequio Jesu Christi.

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).