Friday 28 April 2017 | Actualizada : 2017-03-29
 
Inicio > Leyendas Negras > Miente - 2º algo queda; algunas mentiras que han prosperado; evangelistas

 

No hay poder político más inquebrantable que el que se asienta sobre la ignorancia ciudadana. …y la burla de la inteligencia.

 

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Una persona se define por como habla de sus amigos. Pero se define mucho más, se autorretrata – en su grandeza y en su bajeza, en su nobleza y en su mezquindad – sobre todo por como habla de los antiguos amigos y de sus enemigos.


 

Cada vez que nos instruimos con honestidad y apertura intelectual, podemos distinguir dónde se esconde enmascarada una mentira insidiosa. Un capítulo menos en la leyenda negra, tan falaz como voluminosa, valga la antítesis, pues no siempre una mentira se convierte en realidad, por muchas veces que se repita.... si sabemos desenmascararla, si con habilidad la descubrimos.

 

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"No se oye a ningún musulmán que pida perdón por conquistar España y estar allí ocho siglos". En el Islam no hay una figura que se pueda asimilar a la del sucesor de Pedro, pero no se conoce en ninguno de los más sobresalientes teólogos islamistas ningún pensamiento que se pueda parecer al examen de conciencia, la petición del perdón por los errores propios y el propósito de enmienda. 2006-09-24

 

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Viviendo en un mundo en el que la mayoría tiene razón, bueno, pues si conseguimos que la mayoría vote que ahora es de noche, pues es de noche, es un absurdo, claro. Nunca la mayoría ha tenido razón, es absolutamente imposible que las mayorías tengan razón. Las mayorías son las beneficiarias de lo que minorías crean. ¿Cuántos santos hay?, pocos. ¿Y cuántos sabios? Muy pocos. Pero ellos son los que tienen el deber de trabajar en beneficio de la sociedad y la sociedad recoge los buenos resultados de ello. Ahora, eso se niega: “No, la mayoría tiene razón”, bueno, pues la mayoría quiere que ahorquen al árbitro de fútbol porque ha perdido su equipo.

 

La regla de mayoría no es razón.  La mayoría no sustituye la razón.

 

El apoyo mayoritario, momentáneo, a opciones políticas que apoyan el asesinato por aborto, la manipulación genética, el reconocimiento y la potenciación de las aberraciones sexuales, la ruptura familiar y la explotación laboral, que cercena la libertad educativa y favorece la desintegración social y nacional, dentro de un marco de totalitarismo legal con ilimitación jurídica, no legitima sus acciones, aunque éstas sigan cauces legales.

 

«No basta decir solamente la verdad, mas conviene mostrar la causa de la falsedad». Aristóteles

 

Contra la manipulación histórica, el rigor de los que saben.

 

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«Una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad»; esta frase pertenece a Lenin y es citada por el doctor JOSEPH GOEBBELS que siempre ha admirado el nacional- socialismo comunista, hasta el final de su vida.

 

Miente – 2º siempre algo quedará

 

 Para acabar con el Catolicismo: un antiretrato en 10 mitos


Si el Tíber baja muy caudaloso o el Nilo muy bajo, si el cielo permanece cerrado o la Tierra se mueve, si llegan la peste o la hambruna, el grito es ‘¡Los cristianos al león!’. ¿Todos para un solo león?" Con estas palabras Tertuliano (160-255 d.C.) resumía el problema de las persecuciones anticristianas. Hoy en día el problema es el mismo. Los católicos aparecen como culpables de cualquier desastre o mal en la tierra. Como en los primeros tiempos, hoy la Cristiandad es perseguida y castigada en su carne y espíritu por todas partes. Cómo operan los prejuicios y calumnias sobre los cristianos y cómo responder a las mismas.

 

Las palabras del Santo Padre resonaron fuertes y entusiastas al recordar los principios imperecederos del cristianismo. La "Marcha del Orgullo Gay" había tenido el descaro de desfilar en la misma Ciudad Eterna para desairar al corazón mismo de la cristiandad. El Sumo Pontífice renovó en los corazones de los católicos del mundo entero las Enseñanzas salvadoras del Divino Redentor.
Aquellos principios que hacen santos, por los que testimonian los mártires, que impulsan a los misioneros, que consagran viudas y vírgenes, que mueven al heroísmo de confesores y de todos los campeones de la fe, esos mismos principios eran renovados una vez más frente a la Tumba de San Pedro. Las enseñanzas sobre la homosexualidad, el divorcio, el aborto, los totalitarismos, etc. eran repetidas con paternales palabras de S.S. Juan Pablo II.
La reacción del mundo no se hizo esperar. Siempre dispuesto a aplaudir y reconocer con alardes y galardones al Papado cada vez que Sus enseñanzas coinciden con las suyas, esta vez respondería con la saña y violencia virulenta que aplica contra la Iglesia cada vez que las Enseñanzas chocan con su espíritu y deseo. Si unas veces son aplausos, otras serán ladridos, insultos, agravios y ridiculizaciones. Una orquestada campaña tiñó los medios de comunicación de una acrimonia y purulencia inusuales. Imágenes trucadas de un Papa "insensato, fanático e inquisidor", ataques contra la doctrina y el pensamiento cristiano, burlas contra los mandamientos, deformaciones de los principios católicos y toda suerte de agresiones poblaron las tiendas de periódicos y revistas y ensuciaron el aire con transmisiones televisivas, radiales y electrónicas de un anticatolicismo revelador.


Era la explosión violenta de una campaña mucho más profunda, destructora e intimidante pero inadvertida. Es una persecución silenciosa y silenciadora. No se trata tan sólo de las masivas maquinaciones cruentas con que se persigue y asesina cristianos en el África, en el Asia o Medio Oriente. No hablamos sólo de estos cientos de millones de cristianos perseguidos y masacrados por sus creencias. De estos ya hemos dicho que nadie habla, que nadie mueve un solo dedo en su favor, que nadie organiza conciertos internacionales ni existen estrellas de cine dispuestas ha hacer algo en su favor. Para éstos no hay organismos internacionales que les recuerden y defiendan. Eso ya lo sabemos.
Hablamos de la persecución silenciosa que embriaga los medios de comunicación – ¿o deberíamos decir de difamación? – del mundo entero, del arte "vanguardista", a la política, a la cultura "pop" de la postmodernidad, al pensamiento débil y "políticamente correcto.


Cine y televisión como ejemplo delator
Sin mucho esfuerzo el católico medio ve con dolor cómo se le discrimina y ultraja en películas y series de televisión. Resulta bastante común ver que las apariciones de religiosos modernos siempre estén ligadas a la mafia, a la protección de ilegales, a la represión moral o, mucho más frecuente, a perversiones sexuales o criminales que la Sagrada Jerarquía desea ocultar.


La Iglesia siempre aparece relacionada con fanatismo, represión, intolerancia y oscurantismo. Si acaso las películas son ambientadas en momentos históricos pasados (en el futuro nunca existe Iglesia), personajes recurrentes dentro de la Iglesia serán un obispo avaro y codicioso, algún religioso lujurioso y otro represor. Si acaso se le permite a algún católico ser bueno y hasta héroe, será uno semi-hereje, muy mal mirado por los pacatos ojos inquisidores de las corruptas autoridades.


La semi-hipnotizada opinión pública es conducida así por los derroteros del prejuicio anticatólico, predisponiéndola para relacionar cualquier acción de la Esposa de Cristo en cualquiera de sus hijos, con los mitos y eslóganes anticristianos inoculados abierta y encubiertamente todos los días y por diversos medios.
Si llevásemos hasta un último análisis este problema, comprobaríamos aterrorizados que la Ciudad de Dios con que soñamos se construye en la mente del ciudadano promedio como un imperio de fanatismo, oscurantismo, represión, puritanismo calvinista, hogueras, persecución, empobrecimiento general, asfixia social y surgimiento de movimientos revolucionarios salvadores de este opresivo triunfo general de la Iglesia. ¿Cómo sino de esta manera horrible podría imaginarse el ciudadano común un mundo gobernado por la Iglesia y sus principios?


Lejano de la memoria popular el viejo principio apologético que residía precisamente en el triunfo de la Santa Iglesia y cómo ello no encerraba un peligro para el Estado y sí grandes beneficios para todos. ¿Qué mas se podría esperar si tuviésemos jueces justos y honrados, administradores eficientes y responsables, políticos honestos y compenetrados con sus representados, científicos virtuosos y amantes de la vida, profesores que por coherencia y convicción formasen almas nobles y puras, legisladores que ordenasen las naciones conforme los mandamientos y la recta justicia, un mundo, en fin, donde cada uno recibiese lo que tiene merecido y que no por lucro sino por amor de Dios fueran incentivadas y cultivadas todas las expresiones del alma humana?


En aquellos lejanos días de las persecuciones de las tiranías romanas, el cristianismo era cosa nueva y rechazada. Se decían disparates y calumnias, se deformaba grotescamente la religión de Cristo. El Santo Sacrificio del Altar era relatado como "asesinatos rituales"; por la consumición de las sagradas especies se decía que los cristianos eran caníbales; escuchaban de la "ceremonia de amor" y los acusaban de incesto y orgías rituales. Ridiculizaban la religión porque se adoraba a  un niño, un carpintero, un ignorante. Se dibujaba una burla frecuente: un crucificado con cabeza de burro. Con el tiempo, la gente comentaba como cosa cierta que los cristianos adoraban una cabeza de burro.


Con el florecimiento de eslóganes y mitos sobre los cristianos, deformaciones y prejuicios crecientes en forma e injuria, los emperadores se vieron obligados a aplastar esta temible plaga de locos terroristas e inmorales. Al acusar a los cristianos del incendio de Roma, Nerón decía que lo habían hecho "no tanto por quemar a Roma sino mas bien por el odio irrefrenable que tienen a la humanidad entera".


Hoy no es muy diferente, aún con el agravante de dos mil años de civilización cristiana, de los avances de las comunicaciones, de los aportes de las ciencias y de la historia, de la educación masiva y de la progresiva erradicación del analfabetismo.


No es raro que las mentiras esparcidas por los numerosos enemigos de la Iglesia a lo largo de estos dos milenios, sigan vigentes. Tampoco es raro que se nos vincule con crímenes y aberraciones de otros. Por eso hemos querido condensar en estos breves enunciados, los principales ataques y mitos anticristianos modernos que nunca nadie defiende. Los hemos tomado de diversos textos anticristianos y de la misma prensa. Por su recurrencia –comprobada diariamente por el lector- y virulencia, juzgamos innecesario aumentar el volumen de texto con interminables referencias bibliográficas.
Mito 1: "Los católicos son fanáticamente pro-vida: la quieren a cualquier costo, incluso a costa de la mujer"
¿Puede defenderse la vida con concesiones y excepciones? Para los partidarios de la muerte pareciera ser que sí. Y la regla de medida son sus propios intereses, egoísmos y deseos.


El compromiso con la vida que ha mostrado el cristianismo desde el principio de su historia ha sido el signo distintivo de su estirpe. El concepto mismo de "persona", la abolición de la esclavitud ya en la temprana edad media, la construcción de hospitales, las órdenes religiosas consagradas al cuidado del cuerpo y del alma son pequeñas muestras del amor a los hombres y a la vida que caracteriza a los hijos y discípulos de Cristo.


Coherentes con esta visión de la dignidad humana, los hijos de la Iglesia luchan en la actualidad contra los sofismas y agresiones de los cultores de la muerte.
Para éstos, el compromiso irrenunciable es fanatismo y no poner excepciones para respetar la dignidad y el valor intrínseco de la persona humana es "defender a cualquier costo".


La Iglesia no es una "fanática" defensora de la vida. El fanatismo es ciego, irreflexivo y prejuicioso. La intransigencia en la defensa de la vida nace de la certeza de la verdad, de la comprensión acabada y reflexiva de las cosas. El cristiano ve en cada hombre un hijo de Dios llamado a la bienaventuranza eterna, en cada persona ve a Cristo. ¿Cómo podría consentir el asesinato por simple capricho o comodidad?
Lo que realmente existe detrás de esta acusación es un deseo irrefrenable que exige el fin de toda barrera u oposición a la consumación de sí mismo. Es el liberalismo más arrollador que desea eliminar incluso hasta la más pequeña memoria de su mal, el reproche más liviano. Por eso no ahorra medios ni recursos para aplastar y perseguir a la única institución en la tierra que encierra en sí todo el fundamento de la cultura de la vida. Por esto mismo no extraña ver a líderes cristianos de otras confesiones alinearse en las filas de la muerte con tal de combatir a su Enemiga jurada. Contra la Iglesia todo vale.
Mito 2: "Es escandaloso que la Iglesia condene la homosexualidad y la sexualidad, ¡con la cantidad de sacerdotes homosexuales y monjas inmorales que existen!"


Recurso último cuando ya no se puede argumentar, la falacia ad hominem siempre puede sacar de un apuro a un enemigo de la verdad. Y es que cuando no se quiere oír lo que se dice entonces queda agredir atacando a quien lo dice. Vieja táctica de los sofistas, aún hoy se utiliza descalificar a un expositor fijando en la atención en quien es y cómo es su vida y no en que dice y que puede hacer en mi vida.


La Iglesia es una organización de origen y sustento divino pero compuesta por hombres falibles y pecadores. Por eso los sacramentos son un remedio, un consuelo y una ayuda para vivir plenamente la fe.
Por otra parte, y siguiendo el argumento falaz, la cantidad de casos de pecados que pueden imputarse a los sacerdotes y religiosos es bajísimo. La enorme cantidad restante es un aplastante testimonio de la falsedad de semejante generalización. Si aplicásemos la misma falacia contra los acusadores, la situación se volvería grotesca: ¿qué coherencia podrían contraponer contra la "incoherencia" de la Iglesia? Si nos critican la moralidad y nos enrostran la inmoralidad de algunos, el valor en discusión es la moral, practicada o violada. Ahora bien, para ser coherentes en oposición a la incoherencia de la Iglesia, ¿deberían ellos mostrarse coherentemente inmorales? ¿O acaso deberían demostrar que de su parte no existen faltas o pecados y que todos los enemigos de la Iglesia son un dechado de virtud e impecabilidad?
Discutir por esos caminos sólo conduce a absurdos. La próxima vez que escuche un argumento así, concéntrese en que se discutan los principios. Sólo por ese camino llegaremos a conocer, enseñar y vivir la Verdad cristiana.
Mito 3: "No es posible defender la existencia de monasterios o conventos. Esas monjas y monjes son personas ociosas que nada hacen para construir un mundo más justo"


Materialista hasta la médula, el mundo moderno sólo puede concebir la vida en lo materia y tangible. Le son ajenas las realidades del espíritu. Por este motivo sus construcciones, sus inventos y creaciones, su música y entretenciones y todas las formas de expresión de su cultura son materialistas y consideran sólo al cuerpo. Los hombres se neurotizan por esta inanición espiritual y se vuelven locos, esquizofrénicos, tarados. En respuesta, la cultura ofrecerá pseudoreligiones espiritualistas que requieren el cuerpo para "sentir" experiencialmente las emociones de sus creencias.
En contraste, ¡qué suave y equilibrado es el espíritu cristiano! Urgidos por el amor, los cristianos construyen el reino de Dios cimentando sus bases tanto en el cuerpo como en el alma. Preocupados por las realidades superiores del espíritu, muchos varones y mujeres lo han abandonado todo para seguir al Divino Redentor en la perfección de la pobreza, de la obediencia y de la castidad. Unos siguen el camino de Marta, la hermana hacendosa de Lázaro. Otros el camino de María, la hermana contemplativa y espiritual de Lázaro. El Señor respondió en el reproche de Marta a su hermana que no le ayudaba a poner todo en orden para servir al Invitado, la misma cuestión que hoy relanza la postmodernidad: "En verdad te digo que ella ha escogido la mejor parte"


Las religiosas y religiosos de clausura ganan caudales de gracias que luego aplican los hombres y mujeres de acción en sus obras cotidianas. Los conventos y monasterios son pequeñas ciudades de Dios donde puede ser adorado, servido, consolado y amado como Él se merece, sin atender a nada más que a Él mismo. Gracias a su maravillosa existencia es que el sano árbol de la Iglesia se nutre de savia para dar los dulces frutos que ofrece al hombre.
Si el espíritu es superior a la materia, las actividades del espíritu son superiores a las que se ocupan de la materia. Metafísicamente es más alta y noble la contemplación que la acción, si bien una no anula a la otra. En el espíritu de la Iglesia, vendrán a ser como el cuerpo y el alma que unidos dan vida a los miembros de la Esposa de Cristo.
Bien quisiera el mundo que todos se sumasen a su fiebre materialista. Él no puede comprender otra realidad. A éstos responden los contemplativos: muertos para el mundo, libres de la tiranía de la moda, sólo para Dios por los hombres y la Iglesia, en Ti Señor.

 

 

 

Mito 4: "La Iglesia se enriquece con el dinero de la gente: vive de donaciones"
Crítico para las acciones y para las no acciones de la Iglesia, el espíritu del mundo siempre tiene algo que decir en su contra. Si "el ladrón piensa a todos de su condición", el anticatolicismo no puede menos que ver con ojos viciosos el augusto actual de la Maestra de la Verdad.
Si la Iglesia se aparta de los negocios del mundo y sólo se aplica a la salvación de las almas, debe vivir de las donaciones de los fieles, pues otros recursos no tiene. Si, por el contrario, viviese mezclada con los negocios del mundo, perdería sus miras espirituales y viviría preocupada de las especulaciones y lucros propios de quienes viven de los negocios. Entonces sería criticada por los especuladores como especuladora, por los negociantes como negociante, por los mundanos como mundana. Si, en fin, viviese de los dineros del Estado laico, quedaría sujeta a los vaivenes y deseos del poder político de turno, se vería manchada con política local y avergonzada esclava de las oleadas mundanas de afectos y caprichos de tiranuelos.


Ni la Iglesia se enriquece, pues sostiene innumerables órdenes y obras de caridad (que no son su principal misión), ni puede vivir de otro modo que del deber mínimo del fiel de sostener a su Iglesia. Lejos del buen cristiano la perversa costumbre mundana de la "hipersensibilidad" del bolsillo. Nosotros no mordemos a quien nos pide dinero para algo distinto a un negocio. La generosidad es una virtud santa que nos desapega de los bienes terrenos y nos prepara magníficamente para el cielo.
Mito 5: "La Iglesia debe preocuparse prioritariamente de la pobreza y problemas sociales. Sólo a esa Iglesia puedo reconocer como auténticamente cristiana"
Más allá de la eterna tentación de encerrar a la Santa Iglesia en funciones y papeles determinados, este eslogan – bastante frecuente, por cierto – presenta dos graves errores.
En primer lugar no es papel del poder espiritual preocuparse por solucionar problemas propios del poder temporal. Está en los gobiernos, administraciones y en las diversas instituciones creadas para tal efecto, el atender y remediar los problemas sociales. Ni siquiera las obras de caridad o de beneficencia pública tienen tal misión, ya que existen desde el momento en que le Estado es insuficiente o ineficiente para el cumplimiento de sus tareas de instauración del bien común. La beneficencia y caridad hacen menos duro el drama y auxilian con sus siempre escasos medios. La Iglesia no está para cumplir estas funciones. Puede, por supuesto, orientar a los hombres para conseguir de mejor forma el bien común. Pero esto pertenece, como es obvio, a la esfera espiritual.


Para no caer en el extremismo mundano que querría denunciar que la Iglesia sostiene que no debe ocuparse de los pobres y sufrientes recalcamos: puede ocuparse y lo hace admirablemente, pero no es su papel principal ni menos la obra exclusiva que la hace al menos "aceptable" para el mundo.
En segundo lugar, siempre siguen vigentes las palabras del Señor para los apóstoles cuando estos reclamaron por el frasco de esencia de nardo que derramaba la Magdalena para agradar y adorar al Redentor. A la protesta de "si lo vendiésemos, con su precio podríamos alimentar a muchos pobres", el Divino Maestro respondió: "pobres siempre tendréis, pero a Mi no me tendréis siempre". Eso puso y pone hoy en orden las cosas. No es la misión prioritaria de la Iglesia así como tampoco debe olvidarse de atender al Cristo sufriente en el prójimo. Es un equilibrio que, por su naturaleza espiritual, da mayor atención a tal aspecto, y colabora en el material en la medida de las necesidades. Pero recordemos siempre que la Iglesia centra el espíritu en lo importante: Dios mismo, Su Palabra, la Redención.


Mito 6: "¡No podemos tolerar la intromisión de la Iglesia en la vida privada de la gente! Ya basta con que reprima con su puritanismo a los católicos. ¡Hay que ver cómo vivía la gente cuando la Iglesia era más importante: rezaban de día, pecaban de noche, veían al demonio en todo, eran supersticiosos. Los puritanos y los victorianos son el mejor ejemplo"
Odiando cualquier límite para sus pasiones, la explosión liberal dirige sus armas contra la Iglesia clamando por la libertad sin límites, hasta volverla el libertinaje más aterrador. El aparataje de prensa y la "construcción del mundo" a través de Hollywood han creado una idea del "mundo antiguo" como una mezcla de superstición, de intolerancia, de obsesión sexual represora, de ver pecado en todo, etc. Los trasgresores siempre serán héroes y "mártires" a un mismo tiempo de una sociedad fanática.


Aquí encontramos tres grandes errores: la libertad sin límite, la privacidad entendida según el liberalismo y el origen del puritanismo.
Comencemos por el último para iluminar a los dos primeros. Recordemos que durante los desgarrantes días de la Pseudo-Reforma iniciada por el heresiarca Lutero, Europa y la Cristiandad entera se vieron divididas. En los jirones de cristiandad "reformada", observamos en clásico ejemplo del imperio discorde y fragmentado del mal: como las pasiones se oponen en impulsos y egoísmos, la eclosión de pasiones desatadas por el orgullo y sensualidad protestante, dio origen a una infinitud de nuevas sectas acomodadas según los deseos de los congregados. Un estilo para cada vicio, podríamos decir.
La interpretación personal, literal y antojadiza de las Sagradas Escrituras, instauró un clima enrarecido en los territorios protestantes. El fanatismo y "literalismo" les llevaba a olvidar los preceptos de Cristo y a reinstaurar preceptos del Antiguo Testamento. La obsesión por encontrar al demonio en cualquier lugar menos en donde se encontraba (sus malas ideas y pasiones dominantes) les volvía supersticiosos. Comienzan las cazas de brujas, se acusaba de hechicería a toda cosa inexplicable. Mientras que la Santa Iglesia ni siquiera consideraba seriamente los cargos por sortilegios y hechizos, en los países protestantes se perseguía, cazaba y quemaba a quienquiera que pudiese coincidir con el "tipo" de bruja o hechicera. La Santa Inquisición ni siquiera procesaba, entre los cientos de casos anuales, a más de una o dos acusaciones cada cinco años. Y generalmente se absolvía por falta de pruebas.


Curiosamente la relación directa entre Inquisición y brujería es directa. Aunque los historiadores serios hayan lanzado por tierra esta estúpida idea, en la mentalidad popular persiste la imagen de la Iglesia cazando brujas. Los protestantes quedan limpios de culpas porque también caen entre las "feroces" garras de la difamada Inquisición.
Así como ocurre esto con las brujas y la superstición, sucede con el puritanismo. El orgullo y los principios gnósticos que encierra la revolución protestante llevan a un odio metafísico a todo lo material y carnal. Y como vulgar parodia, el demonio toma estos bufones suyos para realizar una mueca de castidad. Nace el puritanismo más seco. Inglaterra y algunos países nórdicos engendran en sus senos sectas protestantes del más riguroso y fanático puritanismo. De hecho, una de estas sectas es expulsada de Inglaterra y es embarcada a las tierras salvajes de Norteamérica. Ellos darán origen a los actuales Estados Unidos. En Inglaterra, tras auges y retrocesos, cobra fuerza con el isabelismo y victorianismo: ambos símbolos de obsesión por lo sexual y pecaminoso. La sociedad victoriana, tan puritana y masónica a un mismo tiempo, extiende por todos los dominios del imperio inglés esta forma asfixiante de vida.


En los países católicos no sólo no se vivió esta represión diabólica, sino que veían nacer las formas más nobles y bellas de arte que expresaban la alegría de vivir. Luis XIV encarnó por siglos un ejemplo de sociedad católica y alegre, con pasión por la vida y los dones que Dios había puesto para un recto deleite del hombre. Sin embargo, como en el caso anterior, el protestantismo queda exento de culpas en la mentalidad moderna. Siempre será la Iglesia la puritana y represora. Y si alguno puede argumentar, no ya para defender las falsas ideas, sino para manchar en algo a la Iglesia como falacia ad hominem, recordando la conducta de muchos católicos y aun de no pocos religiosos de fines del siglo pasado, recordaremos al mismo lector que la Iglesia también sufrió internamente los embates del protestantismo bajo formas disimuladas. Tal fue el caso del jansenismo, una suerte de protestantismo que envenenó a una considerable parte de Europa y de América, con sus principios encubiertamente antimarianos y de una sequedad tal espíritu que poco se diferenciaba del puritanismo protestante. Contra éste, San Luis María Grignion de Montfort y tantos otros santos emprendieron una cruzada para acabar con el error y liberar a los pueblos oprimidos por la misma. No puede por eso confundirse a la Iglesia con este error pasajero de sus hijos.


Quedan así destruidas estas imágenes y acusaciones anticatólicas. Sin embargo la idea es tan fuerte en las mentalidades hijas del liberalismo que sufrimos con dolor la idea de tener que luchar por mucho tiempo más hasta que la Verdad triunfe sobre el error interesado.
Pero no perdamos de vista el asunto que nos ocupa: aquí el centro de la cuestión es generar sentimientos de culpa en los católicos por sostener sus principios y practicar su fe. Corregir al que yerra y enseñar al que no sabe son mandamientos de la caridad. Que la Iglesia enseñe por Divino mandato a sus hijos y al mundo entero el camino de la felicidad temporal es su obligación, no una opción libremente escogida.
Puede molestar al liberal escuchar hablar de mandamientos, de moral, de dominio de sí mismo, de fuerza de voluntad, de principios eternos fundados en un Dios inmutable, infinito Bien. El católico no puede callar su fe. No impone al no creyente sus principios de salvación. Sin embargo, está en el deber de todo ser humano luchar por impedir que se cometa cualquier crimen y delito. Las campañas pro vida, las advertencias sobre la ruina para las naciones que es el divorcio, el libertinaje sexual y la pérdida del sentido de honor y moral, son acciones nobles de cuidado a los hombres. Que el liberalismo vea en el recuerdo de los principios éticos y morales una intromisión en su vida privada es un ejemplo elocuente de sus temores y apegos. ¿Por qué no quiere oír hablar de moral? ¿De qué huye? ¿A qué le teme? Deberemos cambiar nosotros las preguntas cuando se nos censure y acalle violentamente.


Mito 7: "La Iglesia es una amante del pasado, enemiga del progreso"
Hábiles manipuladores de palabras, los enemigos de la Iglesia han sabido vaciar de su contenido algunos términos para inocularles uno muy diverso. Así la palabra "progreso" no significa ya una mejora sustancial para el cuerpo y el alma. No contempla ambas esferas de la vida del hombre.
El progreso, para los enemigos de la Iglesia, significa una cosa muy distinta. En sus términos, "progreso" significa "liberarse" de la influencia de la Iglesia, apartarse de sus principios, construir un estado de cosas que tiene fiebre por negar el pecado original y erigir al individuo como "dios" absoluto. Por eso las eternas – y contradichas en sus resultados - experiencias por eliminar las enfermedades, el trabajo, el dolor, la ignorancia, la muerte y el sufrimiento hasta límites antinaturales. Por eso la creatividad puesta al servicio de las pasiones, del hedonismo, del refinamiento del placer hasta abstraernos de la realidad para construirnos mundos imaginarios donde somos dioses y nada se nos opone.
La Iglesia no es amante del pasado. La Iglesia, a diferencia del espíritu moderno, no tiene una visión de "aquí y ahora", de un presente como referencia absoluta de realidad. Para la Iglesia su historia hunde sus raíces en la creación, continúa con la historia del pueblo elegido, prosigue con el esplendor de la venida del Mesías y se extiende hasta hoy en día para continuar elevando sus ramas en el azul profundo de un futuro lleno de esperanzas.


Por esta razón la Iglesia puede exaltar como ejemplos, todos y cada unos de los momentos de coherencia social, grupal e individual. El católico tiene, como mínimo, 2.000 años de experiencia. Es en la riqueza de su pasado donde encuentra buenos ejemplos y guías firmes, no en febriles quimeras de "progreso". La Iglesia es prudente y sabe que muchas de estas utopías se han vuelto contra sus creadores y los han devorado cruentamente. La Iglesia acompaña a sus hijos como una buena madre: les aconseja, orienta, enseña y anima. Por este motivo la Santa Esposa de Cristo ni es "tradicionalista" ni es "progresista". Es eterna. No se queda anquilosada en recuerdos ni abandona todo por espejismos. Tiene la serena alegría de saberse fundada y sostenida por el mismo Dios, quien la preside y anima. Ante Ella las puertas del infierno no prevalecerán.
En cuanto al progreso bien entendido, y compréndase en esto el mejoramiento de la vida de los hombres en todos los hámbitos de su existencia en armonía con Dios, la Iglesia siempre ha sido defensora y propulsora hasta darnos el ejemplo de que universidades, hospitales e instituciones de caridad fueron creadas en su seno siempre anhelante de perfección y virtud.


Mito 8: "La Iglesia es muy cerrada, muy intransigente"; "En el fondo, el demonio y el infierno son medios de represión y de control"; "¿Qué me dice del endurecimiento del Vaticano? Yo creo que si pudiera, la Iglesia reestablecería la inquisición y quemaría a medio mundo"; "Sólo el ecumenismo es auténticamente cristiano. De hecho, es la única postura seria, aceptable y tolerable de la Iglesia"
Este grupo de errores tienen como centro común la demanda furiosa de relativismo. Para la mentalidad compulsivamente relativista, no es concebible que existan principios inconmovibles, fundados en una Verdad Eterna.
Para el católico no robar, no matar, no mentir, ser castos, honrar a Dios, cumplir con la palabra empeñada, servir a los superiores son principios que no están o pasan de moda.


La intransigencia de la Iglesia, lo hemos dicho innumerables veces, es precisamente una señal que da seguridad y convierte hombres, porque si la Iglesia no fuese de esta manera con los principios que la fundan y mudase los mismos, perdería validez y sería una caja de repercusión de las modas y pasiones del momento. Un día cree una cosa, otro la niega; un día sostiene que la salvación se encuentra en esto, mañana dirá que se encuentra en esto otro. La Iglesia ha recibido la fe de Cristo y es depositaria y Maestra de la Verdad. No puede callarla ni modificarla para contentar a las masas que claman por permisos para sus vicios.
Una cosa muy distinta es lo que quieren los relativistas. Para ellos la Iglesia nunca debe ser intransigente y debe permitirlo todo para tener así una Iglesia "a escala" de sus pasiones, que no le reproche nada, que lo deje caminar por el blando camino del error, del vicio y del pecado. Una Iglesia, en fin, que pierda completamente de vista la Vida Eterna y su misión salvadora. Tan fuerte es el peso de la Santa Iglesia en la conciencia de las gentes, en fin, que la alegría máxima para los viciosos sería vivir sus pecados al amparo de la Iglesia y merecer así la gloria eterna por ello.
Pero la Iglesia sólo es intransigente con el pecado, el vicio, la maldad y el error. La Esposa de Cristo es Madre y Arca de salvación. Nunca es ni será, por lo tanto, intransigente con el pecador. El mismo Divino Redentor actuó así. Como Puerta del Cielo, ofrece remedios y medios de salvación y santificación no sólo en las supremas enseñanzas que guarda en su santo seno sino también en el tesoro de los sacramentos. Como Dios, la Iglesia no quiere la muerte del pecador sino antes su salvación.
Testimonio de esto es la admirable labor misionera que despliega por la faz de la tierra para llevar la Bienaventuranza eterna a todos los hombres y a todas las naciones. Por ello los contemplativos ofrecen sus vidas como víctimas puras de amor.


¿Qué clase de madre sería si viendo a los asesinos merodeando y el negro abismo al que quieren arrojar a sus hijos, no les advirtiese del peligro? Probablemente los viciosos desearían suprimir de las enseñanzas de la Iglesia palabras tales como "juicio", "pecado", "infierno", "ofensa", "purgatorio", "fuego" o "condenación". Para silenciarla niegan toda la tradición de los pueblos que con diferentes conceptos expresan el recuerdo original del infierno y del cielo. Contra todo sentido común, la acusan de inventar aquello que las Sagradas Escrituras repiten constantemente y que el mismo Señor reitera una y otra vez. Los testimonios de santos y los milagros para multitudes lo reitera y aun el mismo buen sentido lo demuestra. ¿Para qué inventar tan angustiantes realidades? ¿Para aplicarse a sí misma esas preocupaciones a fin de predicar con el ejemplo? No. La Iglesia no gobierna según el mundo sino según la ley del Amor. El mundo puede proyectar en Ella, una vez más, sus vicios y costumbres, pero no por ello sus locuras deben tomarse por verdad.
De hecho, esto es lo que hacen cuando intentan gobernar por el terror a los hombres amenazando con los "terrores" de una Iglesia coherente con su misión. Consiguen, no lo negamos, aterrorizar y cerrar puertas, maldisponer a las personas a la palabra paterna del Santo Padre y de la Iglesia entera que se suma a sus esfuerzos apostólicos.


La Iglesia, lejos de desear condenar, se desvive por convertir y hacer amar a Dios. Sus esfuerzos miran la felicidad de los hombres ya desde la presente vida. La amenaza con esa Inquisición que los propagandistas anticristianos deformaron en las memorias e inventaron para el presente es un vulgar intento de manipular y apartar a las almas del camino de salvación. Culpables en sus conciencias, se adelantan en culpar a la Iglesia de hacer eso con el mundo.
Por esta razón es que una vez más vemos cómo vacían y rellenan palabras. Es lo que sucede con el ecumenismo. En lugar de hablar del verdadero ecumenismo, esto es, del esfuerzo apostólico de la Santa Iglesia que dialoga con el mundo y sus creencias para revelarles la verdad plena que ellos han ido - en el mejor de los casos - desarrollando en partes, para los enemigos de la Iglesia, el ecumenismo viene a ser una suerte de renuncia, una claudicación de todos sus principios. El ecumenismo que aplauden resulta ser una petición de perdón por todo lo que cree y una aceptación sin discusiones de los errores, creencias, visiones y costumbres heréticas o paganas. Si tiene aplausos del anticatolicismo, es porque este "ecumenismo" no es más que el relativismo más traidor y disolvente.

 

 

 

Antes de partir, el Dulce Redentor nos dejó un mandato: "Ite et docentes omnes gentes", id y predicad a todas las naciones. Si Él es el Camino, la Verdad y la Vida; si quien no está con Él está contra Él, si quien con Él no siembra, desparrama... ¿podemos olvidarlo todo para agradar al mundo y obedecer a sus reclamos? Lo auténticamente cristiano es escuchar, seguir y servir a Cristo, Sus mandatos y enseñanzas porque en Él y sólo en Él encontramos la salvación. Lo auténticamente cristiano será arder de amor y caridad y recorrer toda la tierra enseñando con alma y vida la Buena Nueva.


Mito 9: "La Iglesia desprecia a quienes no son parte de Ella, mire nada más eso de extra ecclesia nula salus [fuera de la Iglesia no hay salvación] Esa "exclusividad" es anticristiana pues Cristo no lo dijo"
Desprendida del mito anterior, esta acusación la reservamos aparte por su ridiculez y sin sentido. El principio de San Agustín, "No existe salvación fuera de la Iglesia", ya había sido pronunciado antes por San Cipriano con estas palabras: "Quien no tiene a Dios por Padre no puede tener a la Iglesia por Madre". Si consideramos por un momento que el pecado, el error, el mal o la herejía significan la perdición eterna, veremos cuanta luz y amor arrojan estos dos principios.
El principio de no-contradicción nos dice que una cosa no puede ser y no ser a un mismo tiempo y bajo un mismo punto de vista. Uno no puede salvarse mintiendo tanto como diciendo la verdad, robando como siendo honrado, quebrantando la Ley como cumpliéndola. Es absurdo.


Esta visión de la Iglesia nace de la certeza de haber sido fundada por el Mesías esperado, por el Divino Redentor. En Ella depositó el Señor la Verdad salvadora y a Ella le confió la tarea de enseñar a los hombres Su Amor y Santa Justicia que otorga a cada uno premio eterno o castigo eterno según sus obras.
La Iglesia, en fin, ve en el otro una persona con dignidad, nunca una suerte de animal o de hijo de Satanás como el protestantismo vio en sus colonias.
¿Cómo puede despreciar a quienes no pertenecen a Ella? La Iglesia no es un grupo de "iniciados" esotéricos que desprecian a los "ignorantes" ni peca del orgullo exclusivista de las sectas. La Santa Iglesia envía misioneros por el mundo entero, reza y pide gracias para que todos los hombres conozcan la luz. Si despreciara, no se explica la Nueva Evangelización, el celo misionero, el apostolado cotidiano y extraordinario que le caracteriza y distingue entre cualquiera de los credos con que se le compare.


Mito 10: "Ser tradicionalista es ser cismático"; "Lefebvrismo y tradicionalismo son la misma cosa (...) todos están excomulgados", "Grupos de poder como el Opus Dei son sectas peligrosas"
Anticipándonos al último golpe que pueden dar los enemigos de la Iglesia contra quienes la defiendan sin excepciones, postergamos hasta el final este mito que carece tanto de sentido como de fundamento.


Diremos en primer lugar que hay diferencia entre tradicionalismo e inmovilismo histórico. El tradicionalismo resguarda y protege esas bellas instituciones sociales, costumbres y hábitos de vida que han ido naciendo en el seno del cristianismo y que resultan ser formas de expresión de la fe en los distintos campos de la actividad del hombre. El inmovilismo histórico, en cambio, sólo ve en estas costumbres una suerte de "piezas de museo", descontextualizadas de la fe y mentalidad que las inspiraron. Ama lo antiguo por el sólo hecho de ser antiguo. El tradicionalismo, por lo tanto, no es incompatible con el verdadero progreso. El inmovilismo histórico es paralizante, idealiza el pasado, lo descontextualiza y se queda fijo en éste o aquel aspecto del problema contemporáneo creyendo encontrar la respuesta en éste o aquel otro aspecto del pasado. Corta, así, el flujo de la historia y el desarrollo de la fe que anima la sangre fresca de la Cristiandad y de la humanidad.
Ser tradicionalista, por lo tanto, no tiene nada que ver son ser cismático. De hecho no pocas veces el cisma se produce porque quien se aparta de la Cátedra de Pedro lo hace por inmovilismo histórico. Pero en el caso que nos ocupa, esta afirmación se fundamenta en la identificación del lefebvrismo con el tradicionalismo y el consecuente "cisma" con que se le relaciona.


Respecto al lefebvrismo y a este supuesto cisma o excomunión, diremos que para quien sigue con atención los acontecimientos de la Iglesia, no es extraño sostener que ni el investigador más audaz encontrará ningún documento que hable fehacientemente sobre excomunión o cisma, porque no existen tales sentencias aplicadas sobre la Sociedad Sacerdotal San Pio X. Podrá encontrar, probablemente, la declaración del Cardenal Gantin, Prefecto de la Sagrada Congregación de los obispos, quien declaraba en 1988 que quienes seguían el cisma de Mons. Lefebvre quedaban automáticamemte excomulgados, aludiendo el cánon 1364 § 1: "Un acto cismático entraña automáticamente la excomunión". Con esto hacía referencia a la ordenación de obispos consagrados en junio de 1988 por el Arzobispo. Esta ordenación contó con el acuerdo de la Santa Sede, pero ésta desaprobó la elección de los candidatos de Lefebvre. Por lo tanto, la ordenación procedió con desobediencia a la Santa Sede.


El Cardenal Castillo Lara, Presidente de la Pontificia Comisión para la Interpretación Auténtica del Derecho Canónico, aclaró pocos días después (7 de octubre de 1988, para "La República"), que "el acto de consagrar un obispo [sin la autorización del Papa] no es en sí un acto cismático" y que por eso "no puede ser castigado con la excomunión"
En otras palabras, es necesario que se haga otra cosa, por ejemplo, crear una propia jerarquía. Esto sí sería un acto cismático. Lefebvre tuvo el cuidado de decir en la consagración: "yo consagro estos obispos para que la Fraternidad Sacerdotal que he fundado continúe. Ellos tomarán el lugar de los otros obispos. No quiero hacer una Iglesia paralela". Por lo mismo, no está presente en su espíritu ni en el acto, el cisma. Ahora bien, es un acto de desobediencia y los obispos y sacerdotes, repito con las palabras del Cardenal Cassidy, "están ilícita, pero válidamente consagrados". Esto porque no es el hecho de consagrar un obispo lo que crea un cisma. Lo que engendra el cisma es darle a ese obispo una misión apostólica, cosa que en este caso no ha ocurrido.


Ahora, como bien sabe el lector, ni el Concilio Vaticano II ni el Santo Padre han prohibido ni suprimido la Misa en latín. Esto por causa de que no existe ninguna ordenación ni decreto que la suprima y que el Papa San Pio V, en sus palabras solemnes, declaró que esta misa será válida hasta el fin de los tiempos.
Respecto al estatuto canónico de los laicos que siguieron a Lefebvre y a la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, es el parecer de los canonistas y teólogos que han estudiado el caso, que no están excomulgados porque sean cismáticos ya que el Vaticano nunca dijo que lo estuvieran. Canónicamente hablando, Lefebvre no es culpable de ningún acto cismático que caiga bajo el golpe del Derecho Canónico. Es culpable, eso sí, de un acto público de desobediencia al Papa. Ahora bien, este acto de desobediencia fue realizado de manera tal que se beneficia con una cláusula de la ley que le permite no estar automáticamente excomulgado (latæ sentenciæ) por este acto. Es decir, que el Vaticano nunca ha dicho que ellos se hallan vuelto cismáticos, y por lo tanto excomulgados.


En consecuencia, es lícito asistir a sus Misas y sacramentos. De hecho, cuando en Hawaii, el 1 de Mayo de 1991 Monseñor Ferraro excomulgó a los fieles de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, Roma declaró que esta decisión "carece de fundamento y por lo mismo, de validez". Monseñor Joseph Ratzinger, Cardenal Prefecto de la Congregación de la Doctrina para la Fe, el 28 de junio de 1993 anuló esta tentativa de excomunión: "Luego de examinar el caso, sobre la base de las leyes de la Iglesia, no aparece que los hechos a los cuales se hace alusión en el decreto antes citado, sean actos formalmente cismáticos en el sentido estricto del término, porque estos no constituyen el delito de cisma; y por eso, esta Congregación juzga que el Decreto del 1 de Mayo de 1991carece de fundamento y en consecuencia de validez"
La masiva concurrencia de adherentes de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X a Roma por ocasión del Jubileo proclamado por el Santo Padre ha reencendido la cuestión. Recordemos que existen dos corrientes dentro de esta Fraternidad: quienes sostienen que la Santa Sede está vacante, y por lo tanto se manifiestan en rebeldía y desobediencia (o al menos ignoran) al Santo Padre. Esto es manifiestamente erróneo, por condiciones expuestas en el artículo "¿Puede un Papa caer en herejía o en error?". Otra rama reconoce al Santo Padre y por lo tanto no tendría problemas. Por lo mismo, si bien es lícita la asistencia a sacramentos, debe observarse el peligro de exponerse a enseñanzas contrarias al sentir y vivir de la Iglesia Una y Universal.


Tras el suceso del 88 se fundó una rama de lefebvristas llamada Fraternidad Sacerdotal San Pedro. Estos están reconocidos plena y públicamente por la Santa Sede y son iguales en todo al resto de los seguidores salvo en la adhesión al Papado que ellos sí practican correctamente.
Por lo tanto y como vemos, ser tradicionalista no es ser lefebvrista ni ninguna de las dos "modalidades" resulta ser cismática.


Sobre las acusaciones de sectas dentro de la Iglesia ejemplificadas por el Opus Dei, no requerimos extendernos tanto. El Opus Dei es una Prelatura personal perfectamente conforme al derecho canónico, con plena unión al Santo Padre. El mismo Papa ha depositado numerosos e importantes cargos y funciones a sus miembros. Muchas de sus costumbres han sido tradición viva de la Iglesia aunque resulten chocantes para muchos que nacieron y crecieron en el abandono de las misas. Otras han sido fruto de la inspiración que el Espíritu Santo otorga a los nuevos carismas. Ni tiene estructura ni comportamiento de secta, por lo que resulta ignorante acusación la que se le lanza.


El igualitarismo extremo desearía que no existiesen carismas ni vocaciones, que todo se fundiese en una sola masa amorfa e indistinguible a suerte de las asambleas protestantes. Pero la Iglesia es como un gigantesco árbol de pimienta. En sus extensas ramas se anidan pájaros de distintas especias, costumbres y plumajes. Ellos construyen sus nidos con alturas, profundidad y formas distintas. Todos ellos caben en el árbol, todos son hijos de la Santa Iglesia. Bien puede un pájaro no desear el nido del otro, ni sus formas ni plumaje, pero no por eso le expulsa del árbol por ser distinto. Esto se aprecia bellamente en la extraordinaria diversidad de carismas de órdenes religiosas nacidas a lo largo de 2.000 años de historia. Es tan rica su diversidad, son tan generosos sus impulsos y visiones, sus fundadores y santos son tan distintos entre sí y a un mismo tiempo tan prototípicamente católicos. Dios se refleja en sus criaturas y en los grupos de criaturas. La infinita magnificencia del creador no puede limitarse a una masa gris y homogénea.


Los gritos del igualitarismo quieren apagar esta riqueza y variedad. Aquí reside la esencia de la agresión junto con la violencia que desatan sus pasiones que claman por la aniquilación de la Santa Iglesia en su espíritu y verdad.
El listado podría continuar enumerando mitos y más mitos. Originalmente nuestro trabajo contempló 163 diferentes mitos lanzados para desfigurar al catolicismo. Hemos tomado sólo los 10 más genéricos y representativos.
Sabemos que el sentido último es, como en las primeras persecuciones, apartar a las personas de la Fe católica y respaldar las acciones cruentas contra la Esposa de Cristo. Por eso es nuestro deber de estado denunciar y trabajar por la construcción del Reino de Dios en la Tierra para que todos los hombres se salven por el conocimiento de la perfecta y viva ortodoxia.


Mientras tanto, sabemos ya que como en el caso del Convento de Carmelitas de Auschwitz, por el que se han hecho movilizaciones internacionales para expulsarlas y obligarlas a retirar la cruz que recuerda a los millares de católicos que padecieron las persecuciones del nazismo y que allí mismo testimoniasen con su muerte su amor a Cristo, como el es el caso de San Maximiliano Kolbe, siempre se culpará a los católicos de las más perversas intenciones. En esta persecución puntual, "es una muestra de la intención católica de intentar deshebraizar el lugar, en palabras de la directora del periódico judío de mayor tirada de Italia, quien aprovechó de anunciar nuevas movilizaciones "para expulsar a las monjas de Auschwitz" que, por cierto, están en ese lugar desde mucho antes de que Hitler azotara esas tierras.(1ª)


Se cuenta que el ministro de la policía de Napoleón, Joseph Fouché, ante cualquier caso que se le presentaba daba la misma orden a sus investigadores: "Cherchez la femme!", buscad a la mujer. Estaba completamente convencido de que detrás de cualquier affaire, había una mujer como inspiradora o cómplice. A la simple vista de la leyenda negra que tejen los medios de comunicación, el arte moderno y la cultura postmoderna, parece que las fuerzas del mundo han cambiado la orden: "Cherchez le catholique!" Suceda lo que suceda, la culpa siempre es y será de un "católico".MM.-


(1ª) MMI. Tenemos información que en tal lugar existe hoy una discoteca con espectáculos de los más inmorales. 


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Verdades a medias - Toda verdad para ser tal ha de ser completa y ésta como las monedas, siempre tiene dos caras que se complementan. Para apreciar su autenticidad, hay que fijarse en las dos. Si no lo hacemos corremos el riesgo de aceptar monedas falsas o verdades a medias.

 

Es preciso que todos busquemos la verdad completa en todo lo que oigamos, leamos o hablemos. De ese modo “la verdad nos hará libres”.

 

En el tema religioso se dan abundantes verdades a medias. Al oírlas o leerlas se precisaría su PERO correspondiente para no quedarse, como suele suceder, en MEDIAS VERDADES. Sin ánimo de ser exhaustivo enumero algunas, a título de ejemplo :

- “El cristiano ha de ser progresista”…Sí, pero también conservador de lo esencial.

-“Hay que cambiar las estructuras injustas”…Sí, pero también el propio corazón.

-“Es necesaria la oración comunitaria”… Sí, pero también la personal.

-“La fe es lo importante”…Sí, pero también las obras.

-“Lo importante en la Iglesia es evangelizar”…Sí, pero también sacramentalizar.

-“Hay que luchar por la libertad de todos”.. Sí, pero también por la responsabilidad de todos. MMVI.

 

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A partir del sc. XVI, algunos grupos evangélicos, asociaciones evangélicas, sectas evangelistas, ateneos biblistas y ciertas comunidades protestantes, -para desacreditar a la Iglesia fundada por Cristo-, prefieren distorsionar, mentir y calumniar, sabiendo de utilizar criterios falsos que les empuja a mutilar o malinterpretar los hechos históricos, echando a perder esfuerzos o talentos. No hay razón alguna que pueda justificar tal pérfida deshonestidad. ¡En modo alguno podemos admitir eso!.

Como nadie ignora, un libro de historia no consiste en una simple acumulación de datos, sino en un ordenamiento de los mismos conforme a un enfoque o teoría general. Una teoría buena permite exponer la lógica interna de los datos y sucesos, sin forzarlos ni mutilarlos; con una mala ocurre lo contrario. La investigación sobre los datos desafía de modo constante a las teorías, las cuales quedan confirmadas o bien han de modificarse o desecharse.

Sin embargo nuestra necesidad psicológica de orden y comprensión nos hace aferrarnos muchas veces a teorías aparentemente omni-explicativas, a pesar de su incapacidad para integrar los datos: se prefiere mutilar estos, o prescindir de ellos antes que abandonar el orden aparente ofrecido por la teoría. Así sucede en relación a tantas fábulas que el protestantismo acarrea con su la ‘leyenda negra’ contra la Iglesia. Y sigue pasando de modo muy destacado con el marxismo. Muchos intelectuales persisten en aplicar las categorías y concepciones de Marx, Engels y sus sucesores, de forma explícita o –más frecuentemente hoy día– implícita, incluso disimulada.

Fest apuntó en su momento que, volver sobre la historia, suele ser visto como investigación si lo hace la izquierda, pero como revisionismo si lo hace la derecha.

Los cristianos debemos reconocer las faltas, negligencias, errores y culpas de nuestras acciones, y no sólo seleccionar los argumentos que nos sirvan a nuestra justificación.

Es flaqueza humana querer interpretar hechos históricos sin hacer un esfuerzo leal a fin de llegar a la mayor objetividad alcanzable con soluciones inteligentes y razonables. Aún haciéndolo con rigor, ánimo y vigor, nuestra percepción estará siempre condicionada en el marco de los actuales conocimientos y experiencias. Este condicionamiento propio de la aventura humana no nos exime de ser fidedignos, verídicos y fieles en el trato o en el desempeño con el estudio de hechos puntuales que la historia nos muestra. Comprender que otras culturas –en otras épocas, con otros lenguajes, delante de otras cuestiones de otros hombres- han hecho también sus propias afirmaciones.

El gran Montalembert escribía: «Para juzgar el pasado deberíamos haberlo vivido; para condenarlo no deberíamos deberle nada». Todos, creyentes o no, católicos o laicos, nos guste o no, tenemos una deuda con el pasado y todos, en lo bueno y en lo malo, estamos comprometidos con él.

Entonces, el buen cristiano está advertido de que es necesario conocer la historia para distinguir los hechos. El cristiano a sus hermanos advierte que es imprescindible estudiar la historia –en todas sus fuentes- para comprender el contexto histórico de los hechos. El cristiano nota que, conociendo mejor la historia, se percibe la riqueza de la Tradición, repara la grandeza del Magisterio y la magnanimidad de la salvación, -en la Escritura enseñada por la Iglesia-, desde que Cristo la fundara.

Mueren, como hijos de la mentira, los fantasmas que nos ha poblado la ‘leyenda negra’; atrapados en la misma telaraña demoníaca… Trampa viscosa, inodora e incolora como saliva de calumnia. Desorden ponderado por los aduladores de una visión sesgada de la realidad, poco atinente a la verdad, sean biblistas de intelectualidad inane o disgregadores de la unidad evangélica. Cuando no hay formación y falta la fe, aparecen los «sucedáneos patológicos».

 

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La luz que brilló en Navidad durante la noche, iluminando la cueva de Belén, donde permanecen en silenciosa adoración María, José y los pastores, hoy resplandece y se manifiesta a todos. La Epifanía es misterio de luz, simbólicamente indicada por la estrella que guió a los Magos en su viaje. Pero el verdadero manantial luminoso, el "sol que nace de lo alto" (Lc 1, 78), es Cristo.

 

"Si no aprendemos a limitar drásticamente nuestros deseos y demandas y subordinar nuestros intereses a criterios morales, nosotros, la humanidad, sencillamente nos desgarraremos, ya que los peores aspectos de la naturaleza humana sacarán a relucir sus colmillos; en las circunstancias cada vez más complejas de nuestra modernidad, el imponernos límites a nosotros mismos es la única senda que verdaderamente hará posible nuestra preservación," afirmaba Solyenitsin 1993

 

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Cristo llamó al demonio: padre de la mentira 

 

Algunas mentiras que han prosperado

 

Por Arturo Robsy

 

Hay unas mentiras de ambiente, que se han ido añadiendo y pregonando en los dos últimos siglos, siempre en incremento. Se trata de añadir a verdades filosóficas, psicológicas, políticas y científicas, un elemento más, dado también como verdad, para dificultar la comprensión del mundo

 

El pecado original, el que motiva la expulsión del paraíso, sea verdad o alegoría, surge de la mentira de la serpiente y concluye con el intento de Adán y Eva de engañar nada menos que a Dios. Como la mentira es una forma clara de falsificar el mundo, Dios les echa de ese mundo perfecto.

La mentira figuró entre los pecados mortales por alguna razón y, más todavía, por existir desde lo remoto una tendencia hacia ella. No se miente por filantropía sino por egoísmo y ese egoísmo nos lleva a deformar el mundo, a hacer menos accesible la verdad a quien la busca y a crear, y, por lo tanto, a cercenar la libertad al grito de ¡Libertad!, normalmente para quitar independencia al ciudadano y para ganar poder y/o dinero.

La mentira será mayor o menor según su extensión: siempre será mentira, pero si llega a muchos más destinatarios será mayor y más peligrosa. Del mismo modo que cada mentira da lugar a otras, convirtiéndose en el soporte de una cadena de falsedades que crece sin descanso.

Algunas mentiras extensas :

Hay unas mentiras de ambiente, que se han ido añadiendo y pregonando en los dos últimos siglos, siempre en incremento. Se trata de añadir a verdades filosóficas, psicológicas, políticas y científicas, un elemento más, dado también como verdad, para dificultar la comprensión del mundo. Si nosotros - los ilotas - conociéramos ese mundo por completo, tan bien como los señores de la mentira, no podrían dirigirnos y hacer de nosotros unos esclavos satisfechos. Vean en USA como la gente vive en medio de una verdadera guerra civil en las ciudades, asustada y perseguida por pandilleros, mafiosos, vendedores de droga, policías corruptos y políticos del todo separados del patriotismo. Pero aquella gente no lo comprende así y, tan pronto como tiene oportunidad, repite el tópico de ser los EE.UU. la Patria de la Libertad, que para eso tienen la estatua correspondiente

En general, mentiras conocidas y reconocidas, destinadas a ser soporte de otras nuevas, pues cada mentira influye en las siguientes inevitablemente, son

El Sufragio Universal: no por votar, sino porque se hace creer que las mayorías no pueden equivocarse. Voz populi, voz Dei. Pero se debe a un error de base que ya señalaba Sócrates a algunos sofistas en aquella Atenas razonable más que racional: la larga batalla entre sofía (sabiduría, lo que se sabe seguro) y doxá (opinión, lo que se piensa de algo o alguien sin saberlo realmente, lo que hace de la doxá más un sentimiento que una idea. Batalla encendida desde hace más de dos mil quinientos años y que parte de dos posturas que no hemos superado aún y que no podemos sintetizar en una sola: «El ser es. El no-ser no-es», de Parménides, que permite creer que las cosas son y, por lo tanto, que hay verdad. La otra postura irreductible es «Todo cambia, todo fluye. Nada es», de Heráclito, que al afirmar que no nos podíamos bañar dos veces en el mismo río, porque el agua ya no sería la misma, negaba la verdad y lo volvía todo apariencia: «Todo se dispersa y se recompone de nuevo» Platón trata de conciliar la verdad con el cambio aparente del mundo mediante el Mito de la Caverna, pero el daño ya estaba hecho. Y a ese daño, a ese no-ser del ser, se apuntan personas como Rousseau y, en general, los liberalistas de toda condición.

Mentiras relacionadas con el sufragio universal: Que todas las ideas son respetables. Que hay tantas verdades como personas o, al menos, como partidos: tú verdad y mi verdad. Que el voto es un derecho humano, completamente natural y necesario para la libertad. Que la libertad consiste en ser representado por Partidos. Que la voluntad individual puede ser representada por otro (ni la memoria, ni el entendimiento ni la voluntad de alguien son representables por otra persona). Que la verdad puede depender del número de personas que crean en algo: aquello que cree la mayoría es la verdad. La libertad de pensamiento (librepensadores se les llamó un tiempo) cuando el pensamiento, para serlo, no puede ser libre sino someterse a las normas de la lógica y a la experiencia de la historia; sólo se puede aplicar esa libertad a quépensar y no a cómo hacerlo. Y, por último, en los días previos a unas elecciones, siempre se nos muestran aspectos, perspectivas de una cosa o persona, de una idea o tradición: su cáscara. Quien no define una cosa, una idea o a una persona, seguramente está mintiendo. >

-Los Tres Poderes de Montesquieu: dentro de esa misma línea, la de no creer en la verdad de las cosas sino en su cambio, Secondat cree posible (y convence de ello) que el Poder tenga partes y que reciba nombres distintos según el ámbito en que se ejerce. Así es como, hoy, todos creen que hay tres poderes: Ejecutivo, Legislativo y Judicial. Y, además, que son independientes. Bastaría con preguntar a un gobernante decidido a ser veraz para volver a saber lo que siempre supieron Egipcios, Griegos, Romanos, Medievales y Modernos: el poder es indivisible o no es poder, es decir, u obliga a la existencia de un verdadero poder por encima de los tres mencionados. No es ya que las leyes se hagan a propuesta del Ejecutivo y el legislativo se reduzca a aprobar o desechar la ley. Se trata también de que NUNCA en la humanidad se han cumplido todas las leyes, y ahora, menos todavía. El presunto estado de derecho, donde todos estamos sometidos a las mismas leyes, es falso de toda falsedad y lo vemos siempre con políticos delincuentes, con terroristas y con financieros... Y, frente a lo que vemos con toda claridad, la mentira gasta miles de millones en negarlo. El Poder es Uno y, por lo tanto, absoluto. Si se disimula este hecho que puede observarse a simple vista, es para mantener una apariencia de libertad y hasta de participación de los ciudadanos en las decisiones sociales o nacionales, lo que le convierte en esclavo que se cree libre y, por lo tanto, fácil de conducir. En un tiempo el poder único fue la Iglesia, después de los reyes y emperadores, que lo recibían de la Gracia de Dios. Ahora el poder verdadero, el silencioso, el que no se ve pero conforma el mundo entero, su economía, su paz, su guerra, su historia... todo, es el llamado Nuevo Orden, pero no radica, como algunos creen en el presidente de los Estados Unidos, que es un subordinado poderoso. Pero subordinado. Pero el único y verdadero poder que no necesita de la mentira ni del disimulo, es la Fuerza.

De hecho fue la fuerza, la fuerza física, luego servida por una arma, el origen de toda idea de poder. Esa fuerza real, además de las armas, tuvo después el pensamiento, la inteligencia, el método para vencer a otros poderes semejantes de otros grupos humanos.

Mentiras relacionadas con el Poder o con los tres poderes abundan mucho. En general, si le alude a los Tres Poderes más de lo normal, podemos estar seguros de que nos mienten, porque en un estado de «democracia liberal», las formas y medios de información son un claro poder, hasta el punto se que han bautizado como Cuarto Poder. Pero hay otros, como el dinero que para a esos medios, las sociedades secretas, las religiones, las Internacionales, las Multinacionales... Y esto es de dominio público y tan evidente que el que pretenda insistir en los tres poderes está mintiendo sin duda, es decir, negando lo que sabe de sobras. Por supuesto que en este campo del poder entran asuntos como la «ecología», ya mito inatacable, el crecimiento cero y la negación de lo único que es poder real en este mundo: hombres armados. Ejércitos. Soldados. Quienes reducen, desarman, empequeñecen y calumnian a los ejércitos saben por qué lo hacen: miedo.

Míster Darwin: Mientras que al ciudadano o súbdito se le hacía depositario de la soberanía nacional, pero con la obligación de entregarla a representantes, se trabajaba en otro campo necesario y complementario: había que quitar de las mentes varios conocimientos ancestrales: reyes de la Creación, hijos de Dios a su Imagen y Semejanza, seres con alma insuflada, capaces de distinguir el bien del mal y respetuosos con los antepasados y hasta con sus usos.

Había y hay que convencer al hombre de su escala animal, aunque eso se haga en contra de lo evidente, de lo que se ve, desde nuestra capacidad de comunicación hablada y más aún escrita, de nuestra permanente agresividad que no coincide, como en las demás especies, con el celo. El celo permanente de la mujer, con permanente presencia de tetas, también caso único, con la percepción ordenada del tiempo, con la creatividad y tantas otras cosas, como la propia religión.

Ahora mismo los interesados han convertido en noticia mundial que algunos monos saben contar hasta nueve, es decir que tienen facultades aritméticas. También algunos elefantes saben subirse a una bola guardando el equilibrio, y lo único que significa es que han sido adiestrados, amaestrados.

En colegios, institutos y universidades se da como verdad demostrada lo que no es más que la «TEORÍA de la Evolución», un supuesto sin demostrar y que, además, choca con la ley de conservación de las especies. Se trata de negar la esencial diferencia del hombre con la naturaleza y de convencernos de que somos animales mejor dotados, pero animales y arrebatarles la confianza en su alma, en la vida tras la muerte y la propia dignidad de ser humano. ¿Por qué? Muy sencillo: es mucho más fácil engañar al que no cree en nada que al que cree.

La única demostración es otra teoría: que el paso de miles y millones de años cambia las especies, cuando, hasta la fecha, sabemos que sólo el hombre ha podido modificar, por cruces e injertos, y ahora con manipulación genética a los demás seres. Eso y el encuentro de huesos fosilizados que pueden pertenecer a primates extintos: también podrían decir -si se atrevieran a seguir jugando con estas imprecisiones- que descendemos del extinto pájaro Dodo.

Pero hay más: la mentira se extiende en ondas concéntricas como las que forma una piedra al caer en un estanque. Y del Darvinismo salieron, por ejemplo, las leyes de la materia marxistas y antes, la visión casi mecánica del pensamiento a cargo de la Dialéctica de Hegel, que se refería a las ideas, mientras Marx hablaba del hombre y de la historia: la historia, un nombre que hemos puesto a la ordenación temporal de los acontecimientos, en manos de esta gente se convertía en un ente capaz de razonar y decidir la dirección de su movimiento.

También del Darvinismo, y en olas concéntricas, surgen los Romanticismos, el intento de romper con toda la estética y todo el orden anterior, y los Vitalismos, como el de Nietzsche, elementos que llegaron a intoxicar en parte a una de nuestras mentes más lúcidas: José Ortega y Gasset que, al identificar al hombre como el individuo y la circunstancia que vive, se adhirió al relativismo, que es un paso más del darvinismo, aplicado primero a la física por Einstein (sin verdadera demostración: es una teoría) y luego a la filosofía.

Las mentiras que han surgido del darvinismo son muy numerosas y sólo se han impuesto por la repetición exagerada y por la desaparición de un hecho básico: «no decir que se trata de una teoría». Desde el superhombre de Nietzsche, al romanticismo (no hablo de novelas rosa); del presunto orden de la historia trabajado por Marx y su correligionario Freud (en Tótem y Tabú) donde se dice que la evolución hacia el progreso de la humanidad ha sido constante y por lo tanto es imparable: La primera clase dominante fueron los sacerdotes; después, los reyes, después los propietarios, los patronos y, por último, lo serán los obreros, los que no son dueños de los medios de producción. Así se profetizaba la llegada a la sociedad comunista (eso sí, después de pasar por la dictadura el proletariado). Para Freud, en cambio, que acepta que la historia se mueve hacia el progreso, la cosa empieza más atrás, en la familia convertida en tribu donde el macho dominante era, claro está, el padre de los jóvenes que un día, en todo el mundo, asesinaron al padre: de ahí el pecado original y la prohibición universal del Incesto.

 

 

Cualquiera que hable de que la historia no retrocede, de que la materia tiene leyes innatas, de que la historia evoluciona (sin que evolucione el hombre; a la vista está) siguiendo un plan, cualquiera que diga o crea que el correr de los años es progreso, cualquiera que diga ser progresista (porque cree en esta mecánica automática e imposible), miente si es inteligente o comulga con ruedas de molino si no lo es. Cualquier alusión a los objetivos de la historia (normalmente presentados como inevitables) o a su fin (Fukuyama) será siempre una mentira, una herramienta contra la libertad de pensamiento (la libertad sobre qué pensar, no sobre cómo) y a favor del inmovilismo más nefasto. De hecho, la Imposición del Liberalismo en más de medio mundo, se ha hecho por la fuerza en muchas ocasiones y si se quiere extender a todos y que todos permanezcamos encuadrados en democracias liberales, es sencillamente porque es el sistema más eficaz para la explotación del hombre y la conducción de su pensamiento. No es el famoso «Menos malo de los sistemas» sino el más cómodo para el poder.

Llegados a ese sistema menos malo, o más perfecto, ahí hay que detenerse y, en consecuencia, apartar cualquier nueva idea social o filosófica, exterminándola si es necesario, para que el mundo ya no cambie más. Esto, que es liberalismo, es también marxismo: alcanzada la Gran Sociedad, la sociedad comunista donde todos seremos iguales, el proceso dialéctico parará y habremos llegado al paraíso sobre la tierra. Y, sobre todo, que los verdaderos intelectuales (y no los de pago) se aprendan la lección y no piensen novedades. De hecho este mundo emergente está consagrado al no pensar: de ahí la mentira reinante al amparo de la Libertad de Expresión, porque la mentira es una anti-idea, un antipensamiento.

Pero quedan algunos que ven, que quieren salir de la oscuridad. La misma Emma Bonino, comisaria Europea, mujer de partido, que ha visto más que muchos, ha llegado a declarar que «En este final de siglo estamos volviendo a la barbarie», lo que es muy fácil de probar: si no podemos seguir hacia adelante en nuestra historia, forzosamente nos hemos de volver hacia atrás. Suponer que todo cambio social es positivo y conduce al progreso, algo tan típico de los marxistas y de muchos liberales, en una mentira mesiánica y marxista que el mismo marxismo contradice: su progreso ha consistido en doscientos millones de muertes violentas y muchas naciones en ruina y caos, en inmoralidad y pobreza. Y son las ideas, como dijo un pensador español, las que mueven a los pueblos: por eso se proponen cada día más concepciones falsas que sólo sobreviven por la repetición y por la mímesis, ese impulso humano de imitación de lo predominante hoy. En otras palabras: la mentira también es la transmisión de teorías como verdades y lo racional (lógica) substituido por lo sentimental.

Don Sigmundo Freud:

Aún ahora, a punto de celebrarse el siglo del psicoanálisis, se siguen prodigando las alabanzas al Doctor Freud, más en los medios de comunicación que en la comunidad científica: Algunos de sus discípulos, como Jung o Adler, tuvieron otros puntos de vista, pero eso ha trascendido menos que el gran anzuelo que Freud, hombre inteligente, puso a toda la humanidad, bien cebado con sexo.

Es evidente que Freud no pudo demostrar nada y que su psicoanálisis quedó como teoría, pero no como una más. Los poderes verdaderos la ensalzaron , la exportaron, la repitieron como verdad indiscutible: el corazón del hombre - resumamos - está dividido entre una tendencia a la vida (Eros) y otra a la muerte (Thánatos o Azánatos). Freud, con visión práctica, llevó la lucha de clases al interior del alma.

Y todavía hizo algo más grave (no digo ni mejor ni peor, sólo grave), considerar y enseñar que el hombre desconocía sus propios sentimientos sobre algo y hasta sus propios pensamientos para el mundo en que vivía. Levantó, antecedente del muroi de Berlín, una muralla entre nuestro conocimiento consciente y nuestro inconsciente que, normalmente, no solía estar de acuerdo con nuestra consciencia y llegaba a bloquear la personalidad entera, sumiéndola en la enfermedad.

Como decían los viejos médicos ateos del siglo pasado, y Maurois los describe bien, «hemos abierto a toda clase de hombres y no hemos encontrado el alma.» Desde Freud, se han abierto millones de personas y tampoco han localizado su subconsciente, ese depósito, generalmente malvado, de envidias, frustraciones, odios y tendencias a lo brutal.

Si a un hombre se le convence, muy científicamente, de que no se conoce, de que lo más importante de sí mismo, sentimiento y razón, yace enterrado en lo más profundo, censurado por nuestra propia educación. Nos hizo desconocidos ante nosotros mismos y quien no se conoce, quien cree que está siempre pisando terreno resbaladizo, es un firme candidato a hombre engañado, a hombre dispuesto a dejar de serlo.

Inútil decir, naturalmente, que desde esos presupuestos, el Dr. Freud no podía más que ser un darwinista, un convencido de la evolución que, también sin pruebas, había ido añadiendo capas y capas de conciencia sobre un cerebro caprichoso y sólo atento a la satisfacción inmediata de sus necesidades: el cerebro primitivo. Sólo la educación, y especialmente la religiosa, con su concepto de pecado, nos mantenía en cierto estado de civilización. Si bien, desde que estas teorías alcanzaron fama mundial, el crecimiento de la delincuencia ha sido exponencial, y muchas familias y sociedades han enseñado, han predicado, que el hombre no es culpable de nada, sino su subconsciente malvado. Aún hoy quedan psicólogos que echan la culpa a la sociedad de los conflictos individuales del comportamiento, a los padres achacándoles la consolidación de dos complejos que han hecho fortuna: el Complejo de Edipo (celos del niño hace el padre, por su madre) y el de Electra, envidia del pene por parte de la niña.

Lo más importante es, sin embargo otra cosa: Freud y sus seguidores, niegan pues el libre albedrío y la voluntad humana. Quien lo crea, será pasto de la mentira.

Romanticismo:

El Romanticismo, movimiento no sólo estético o literario, sino filosófico que coge de lleno a Nietzsche, a Schopenahuer, a Marx, a Engels y a tantos otros, ha ido cambiando de nombres pero no de propósitos: el nacionalismo es romanticismo, el idealismo alemán es romanticismo, el naturalismo es romanticismo, la obsesión por la libertad antes que por la justicia es romanticismo. Del mismo modo que unos suponían capacidad de pensamiento a la Naturaleza, otros, los idealistas y sus seguidores, se la concedían al pueblo: una personalidad, unas ideas... Pero el pueblo, ese concepto moderno, sólo puede tener otra cosa: tradiciones.

Su grito, Tempestad y Empuje, indica la decisión de romper con el mundo anterior, con el mundo sujeto a normas precisamente para no quedar sujeto a tiranías. Pan y norma se dijo en España. Norma Justa. Romántica es la revolución industrial y romántico es el sindicato de clase, y el modernismo, y el simbolismo, y el expresionismo, y el abstracto, el tachismo, el impresionismo: siempre hay un mismo objetivo: separar al hombre de las edades y de los códigos de valores anteriores, sustituir la convivencia por la llamada "libertad", que llega a considerarse un derecho en vez de lo que es: una condición sine qua non del individuo, de cada uno, y no serán igualmente libres el filósofo y el carpintero, el Político y el militar. Hoy "libertad", al pasar de la persona a la sociedad, se ha convertido en sinónimo de mentiras que se vienen aceptando como inevitables: votar a partidos, abortar, insultar al pasado, endeudarse, vivir con promiscuidad, soberanía compartida, respeto a lo no respetable, y esas consecuencias como la huida a través de la droga, la delincuencia cada vez menos castigada, la representación de la voluntad (potencia de cada alma), la substitución de la esperanza por el consumismo, de las películas por las matanzas, etcétera.

Y el peor de sus errores y defectos: la extensión de una idea material y hedonista de la felicidad, hoy basada en la posesión de personas y cosas y en la ejecución sin cortapisas de su voluntad de cada momento. Base todo del consumismo, que quita felicidad en lugar de darla y vuelve muy insatisfactorias las satisfacciones.

Hace relativamente poco que he podido comprender la postura de algunos (como los que se enzarzaron a golpes en el estreno de Cronwell, de Víctor Hugo) ante el Romanticismo. No se trata de una de sus grandes y deslumbrantes ideas sino de cortas reflexiones que a veces pasan inadvertidas en las primeras lecturas de historia o la cita de un verso, hasta que la edad y tu proximidad al arte, te han preparado para lo que también dijo otro filósofo español: que las ideas y los sentimientos son los que mueven a los pueblos. Añado que unas veces hacia adelante y otras hacia atrás.

Antes de volver a encontrar esto, me vi explicando a mi hijo, que apenas si sabía el grito «sturm und drang» que el romanticismo había intentado y conseguido, a lo largo de nada menos que dos siglos, luchar contra la norma, suponiéndola injusta siempre, contra la moral cristiana, contra la fe y hasta contra el decoro. El nudismo, presentado como una libertad más, es eso.

Le decía que no se comprendía este fenómeno artístico (literario, poético, político, pictórico, musical, etc...) sin sus bases anteriores a la eclosión, sin un Rousseau (Russo con grafía francesa) que afirmaba que la sociedad esclavizaba al hombre y que las mayorías tenían tal capacidad que eran infalibles en sus opiniones, sobre todo al votar. No demostraba nada, pero lo decía, aunque en este caso, la omnisciencia de las masas es no sólo indemostrable sino falsa: las masas anulan la inteligencia individual y se convierten, automáticamente, en seguidoras de algo, sea verdad o mentira. Hagamos un axioma: «Lo que hace rugir a las masas en un mitin, siempre es mentira», como también lo es cualquier tendencia que trate de la desintegración del arte y del mundo.

Es decir que el Romanticismo se siembra con el enciclopedismo y prende en una cierta juventud poética que busca libertad precisamente en la norma literaria; luego en la pictórica y, los no artistas, dicen buscar la libertad en la política. En cualquier caso se trata de romper por completo con el mundo anterior. La revolución Francesa hasta se inventa nuevos calendarios y la alocada religión de la Diosa Razón, a la que levantan templos. Pero no es la diosa Razón la del Romanticismo sino el "haz lo que quieras" sin el verbo que ponía antes San Agustín: "Ama y haz lo que quieras".

La vida se devalúa, la muerte se hace hermosa. Lo trágico se exagera hasta lo inconcebible. Es digno de leerse «Don Álvaro o la fuerza del sino» del Duque de Rivas, porque parece una parodia, sobre todo en lo que dice el moribundo don Álvaro, reclamando que se abra el infierno.

Pero hay algo más que la «coincidencia» de servir ideológicamente al liberalismo, y es que el Romanticismo rompe la normal evolución de los estilos, especialmente en pintura, en música y en literatura: Renacimiento (y sus etapas), Isabelino, Barroco más Rococó( no muy asumido el rococó en España), neoclásico (con sus tres unidades) y Romántico. pero el Romántico, desde aquellos cosacos a los que Espronceda animaba a destruir Europa mientras conspiraba contra el rey a los catorce años, ha ido evolucionando, presentado nuevas caras (con otros nombres, pero siempre alegando la libertad absoluta del hombre) como el naturalismo, las vanguardias en general, el simbolismo, el Modernismo, la propia novela de la Berza española, hasta llegar a las últimas películas de psicópatas y cubos de sangre, o de guerra, sin que se puedan confundir con ningún género épico.

El Romanticismo, pues, lejos de irse agotando (y lo está, y en un camino sin salida) ha ido aumentando el tono, lo tenebroso, el gusto por la matanza, la presunta y dogmática busca de la felicidad, que acaba en divorcio o en adulterio, el aborto, el amor convertido en sexo y pornografía... el nudismo, la homosexualidad como opción libre. ¿Qué más «libertades» que rescatar le quedan?

No se ha muerto como el Barroco (que en España algo sí pervive) o el neoclásico. Ha vivido mucho más de lo que predecía su fuerza vital, y es sencillamente porque ha pasado a ser la herramienta del liberalismo político, un mecanismo que estimula los bajos del hombre, las maldades del hombre: el comunismo, claro, se basaba en el Romanticismo, en luchar por los pobrecitos parias de la tierra. El Ecologismo hace otro tanto. Y hasta las ONG, a las que no hay que quitar méritos.

Pero el Romanticismo debió morir hace cien años y se conserva con vida y cambiante, lo que indica que grandes fuerzas lo usan contra la población y para substituir el amor al prójimo por la filantropía débil y estética. Si vive es que es útil para muchos poderes o, mejor, para el Poder. ¿Como elemento de corrupción? Sí, y como método para acelerar los cambios en la sociedad, que ya no evoluciona a su ritmo sino contra su propia evolución.

El Romanticismo es una de las grandes herramientas del Inmovilismo Liberal, de eso que Fukuyama ha llamado el Final de la Historia. Un final que, afortunadamente, es un delirio y no una verdad.

Pero ese romanticismo que no muere provoca una contradicción interna en la persona, lo fracciona entre dos posiciones, muy repetidas ambas, y que convierten el espíritu en el campo perfecto para que la mentira prenda: ¿Cómo reconocer la mentira con el alma partida?

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Arturo Robsy – Agradecemos al autor – Revista Arbil Nº 99 – MMV. XII

http://www.arbil.org/99robs.htm

 

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Fe, verdad y tolerancia - Está muy extendida la pretensión de que la convivencia entre culturas exige (al menos, de la europea) la asunción del relativismo, y que la paz entre las religiones requiere el abandono de su pretensión de expresar la verdad. Se va difundiendo cada vez más la convicción de que sólo renunciando la fe cristiana a sus pretensiones de ser la verdad puede el cristianismo reconciliarse con la modernidad. ¿Es posible o deseable seguir manteniendo hoy día la pretensión de ser la verdad absoluta? ¿Cómo puede compaginarse esta pretensión con la búsqueda de la paz entre las religiones y entre las culturas? El libro de Ratzinger, hoy Benedicto XVI, contiene un esclarecedor planteamiento de estas preguntas y una excelente respuesta. La libertad no puede consistir en la destrucción de la verdad, sino que, por el contrario, es la verdad la fuente y la condición de la libertad. Y también de la paz. La aparente paradoja se desvanece si comprendemos que la verdad y el amor son idénticos. Ésta es, según Ratzinger, la suprema garantía de la tolerancia. 2005-08-23 Por IGNACIO SÁNCHEZ CÁMARA

 

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LA IGLESIA DEFENDIENDO LA MUJER AFRICANA: Según el dossier de Fides, los primeros que se opusieron a las mutilaciones genitales femeninas fueron – hacia los años 1600 - los jesuitas del siglo XVII. Sin embargo, el problema no se afrontó seriamente por los europeos hasta inicios del siglo XX. [2005.08.22]

 

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“El sábado santo, cuando con la muerte de Jesús se hizo la oscuridad más completa sobre este mundo, solo quedó encendida la esperanza de María.” [Catalina de Siena (+ 1380)]

 

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Estamos inmersos en un proceso tan vertiginoso, y en el que se mezclan tal cúmulo de intereses, que existe el gran peligro de falta de perspectiva y de reflexión. Nos limitamos a debatir cuestiones muy concretas como, por ejemplo, la clonación, cuando en realidad necesitamos centrarnos en la totalidad del proceso No podemos caer en la tentación de quedarnos en debates periféricos e intrascendentes, cuando lo que está en juego en la propia naturaleza humana La persona en ningún modo puede ser tratada como un “producto” o un objeto, sino como un ser con dignidad propia. La vida humana tiene un valor inconmesurable y sagrado. Y en este punto no cabe debate alguno. MMV.

 

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«Cuando digo a un joven: mira, allí hay una estrella nueva, una galaxia, una estrella de neutrones, a cien millones de años luz de lejanía. Y, sin embargo, los protones, los electrones, los neutrones, los mesones que hay allí son idénticos a los que están en este micrófono (...). La identidad excluye la probabilidad. Lo que es idéntico no es probable (...). Por tanto, hay una causa, fuera del espacio, fuera del tiempo, dueña del ser, que ha dado al ser, ser así. Y esto es Dios (...). «El ser, hablo científicamente, que ha dado a las cosas la causa de ser idénticas a mil millones de años-luz de distancia, existe. Y partículas idénticas en el universo tenemos 10 elevadas a la 85a potencia... ¿Queremos entonces acoger el canto de las galaxias? Si yo fuera Francisco de Asís proclamaría: ¡Oh galaxias de los cielos inmensos, alabad a mi Dios porque es omnipotente y bueno! ¡Oh átomos, protones, electrones! ¡Oh canto de los pájaros, rumor de las hojas, silbar del viento, cantad, a través de las manos del hombre y como plegaria, el himno que llega hasta Dios!» Por Enrico Medi  2005.

 

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Beato Gerric d’Igny (hacia 1080-1157) monje cisterciense de la Iglesia Católica - Tercer sermón para el Adviento, 2; SC 166, pag. 123 

 

“Un centurión del ejército romano se le acercó suplicándole...” (Mt 8,5) 
   ¡O verdadero Israel, estate preparado para salir al encuentro del Señor! No sólo estate a punto para abrirle cuando llame a la puerta sin sal alegremente a su encuentro mientras esté todavía lejos, y con plena confianza ante el día del juicio, pide de todo corazón que venga su reino.... Que tu boca pueda cantar: “Mi corazón está firme, Dios mío, mi corazón está firme.” (Sal 56,8)....
      ¡Y tu Señor, ven a mi encuentro, yo que te voy buscando! Porque, a pesar de todos mis esfuerzos no me podré levantar hasta ti si tú no te inclinas, me tiendes tu derecha ya que es obra de tus manos. (cf Job 14,15) Sal a mi encuentro y ve que no hay impiedad en mí. Y si encuentras en mí un camino de maldad que yo desconozco, apártalo de mí y ten misericordia de mí, condúceme por el camino eterno,(cf Sal 138,24) es decir, Cristo, ya que él es el camino por donde llegar a la eternidad, sendero inmaculado y morada de los santos.

 

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La esperanza en el bien, aunque sea incomprendida y suscite oposición, al final llega siempre a una meta de luz, de fecundidad, de paz. S. S. Benedicto XVI – 2005.08

Es lo que recordaba san Pablo a los Gálatas: «El que siembre en el espíritu, del espíritu cosechará vida eterna. No nos cansemos de obrar el bien, que a su tiempo nos vendrá la cosecha, si no desfallecemos» (Gálatas 6, 8-9).

 

Una reflexión de san Beda el Venerable (672/3-735) sobre el salmo 125 en la que comenta las palabras con las que Jesús anunciaba a sus discípulos la tristeza que le esperaba y al mismo tiempo la alegría que surgiría de su aflicción (Cf. Juan 16, 20).

Beda recuerda que «lloraban y se lamentaban los que amaban a Cristo cuando le vieron apresado por los enemigos, atado, llevado a juicio, condenado, flagelado, ridiculizado, por último crucificado, atravesado por la lanza y sepultado. Gozaban sin embargo quienes amaban al mundo…, cuando condenaban a una muerte vergonzosa a quien les resultaba molesto sólo con verle. Se entristecieron los discípulos por la muerte del Señor, pero, al recibir noticia de su resurrección, su tristeza se convirtió en alegría; al ver después el prodigio de la ascensión, con una alegría aún mayor alababan y bendecían al Señor, como testimonia el evangelista Lucas (Cf. Lucas 24,53). Pero estas palabras del Señor se adaptan a todos los fieles que, a través de las lágrimas y las aflicciones del mundo, tratan de llegar a las alegrías eternas y que, con razón, ahora lloran y están tristes, pues no pueden ver todavía al que aman y, porque mientras están en el cuerpo, saben que están lejos de la patria y del reino, aunque estén seguros de llegar a través de los cansancios y las luchas al premio. Su tristeza se convertirá en alegría cuando, terminada la lucha de esta vida, reciban la recompensa de la vida eterna, según dice el salmo. “Los que sembraban con lágrimas cosechan entre cantares” » («Homilías sobre el Evangelio» - «Omelie sul Vangelo», 2,13: Colección de Testos Patrísticos, XC, Roma 1990, pp. 379-380).

 

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"Obras todas del Señor, bendecid al Señor".-

Señor, dame una buena digestión

y, naturalmente, algo que digerir.

Dame la salud del cuerpo

y el buen humor necesario

para mantenerla.

 

Dame un alma sana, Señor,

que tenga siempre ante los ojos

lo que es bueno y puro

de modo que, ante el pecado,

no me escandalice,

sino que sepa encontrar el modo

de remediarlo.

 

 

 

Gracias por venir a visitarnos

 

Recomendamos: “INTRODUCCIÓN AL CRISTIANISMO”*, por Joseph RATZINGER, al día S. S. Benedicto XVI. ¿Qué es el cristianismo? Responder a esta pregunta constituye el objetivo fundamental de este libro. Para ello, nada mejor que centrarse en uno de sus textos fundamentales, el credo, en el que la comunidad cristiana ha sintetizado su fe y a través del cual la proclama cada vez que lo recita. Siendo un texto que se quedó fijado en los albores del cristianismo, se hace necesario, por una parte, entender bien qué se quiso decir y cuáles fueron el contexto y el trasfondo en los que nace. Pero, por otra parte, por ser expresión viva de la fe, ha de ser sometido a una constante reinterpretación, para que sus fórmulas sean inteligibles a los creyentes de cada momento histórico. El equilibrio entre la fidelidad a algo recibido en el seno de la Iglesia y la actualización de su contenido es una exigencia que atañe no sólo a la teología, sino a la vida de la fe de todo creyente. Joseph Ratzinger ha sabido responder a este reto, prestando especial atención a los problemas que la cultura moderna ha planteado a la fe. *Ed. SIGUEME.

Recomendamos: “DIOS Y EL MUNDO Joseph Ratzinger. Ed. Galaxia Gutemberg-

† Benedicto XVI: «Hay quien habiendo decidido que ‘Dios ha muerto’, se declara él mismo ‘dios’». 2008-X.05 †

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).