Wednesday 29 March 2017 | Actualizada : 2017-03-03
 
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Si tu intención es describir la verdad, hazlo con sencillez y la elegancia déjasela al sastre. Albert Einstein

 

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Albert Einstein – para saberlo


¿La persecución religiosa en España de 1936 a 1939; o del totalitarismo nazi? No está de más recordar lo que de éste escribió el judío Albert Einstein, en el Time Magazine de diciembre de 1940: «Por ser un amante de la libertad, cuando tuvo lugar la revolución en Alemania (la llegada de Hitler) miré con confianza hacia las universidades, sabiendo que siempre se habían enorgullecido de su devoción a la causa de la verdad. Pero las universidades permanecieron en silencio. Entonces miré a los grandes editores de periódicos que en ardientes editoriales proclamaban su amor por la libertad. Pero también ellos, como las universidades, se redujeron al silencio, sofocados en el curso de pocas semanas. Solamente la Iglesia se opuso plenamente a la campaña de Hitler que pretendía suprimir la verdad. Nunca había tenido un interés especial por la Iglesia, pero ahora siento por ella un gran amor y admiración, porque solamente la Iglesia tuvo el coraje y la perseverancia de defender la libertad intelectual y la libertad moral. Debo confesar que aquello que antes había despreciado, ahora lo admiro incondicionalmente».

 

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07.III.MMX - Manuscrito original de la teoría de la relatividad de Albert Einstein. Da oggi a Gerusalemme il manoscritto originale della teoria della relatività di Albert Einstein è esposto per la prima volta nella sua integralità. Questo documento di 46 pagine, redatto a mano, è stato presentato  al pubblico presso l´accademia israeliana delle Scienze e delle scienze umana, in occasione del suo cinquantenario. La teoria della relatività, alla base della fisica moderna, venne pubblicato nel 1916. Nel 1925 venne donato da Einstein all´università ebraica di Gerusalemme che, a sua volta, lo ha prestato all´accademia per il suo anniversario


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El credo de Einstein radicaba, según le explicó en 1929 al rabino Herbert S. Goldstein, «en el Dios de Spinoza, que se revela a sí mismo en la justa armonía del mundo, no en un dios que se preocupa por el destino y las obras de la humanidad».

 

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Albert EINSTEIN - en su juventud


Lo que Einstein opinaba sobre la Iglesia

 

Albert Einstein dijo: Siendo un amante de la libertad, cuando llegó la revolución a Alemania miré con confianza a las universidades sabiendo que siempre se habían vanagloriado de su devoción por la causa de la verdad. Pero las universidades fueron acalladas.

Entonces miré a los grandes editores de periódicos que en ardientes editoriales proclamaban su amor por la libertad. Pero también ellos, como las universidades, fueron reducidos al silencio, ahogados a la vuelta de pocas semanas.

Sólo la Iglesia permaneció de pie y firme para hacer frente a las campañas de Hitler para suprimir la verdad. Antes no había sentido ningún interés personal en la Iglesia, pero ahora siento por ella un gran afecto y admiración, porque sólo la Iglesia ha tenido la valentía y la obstinación de sostener la verdad intelectual y la libertad moral.

Debo confesar que lo que antes despreciaba ahora lo alabo incondicionalmente.

Time Magazine, 23 de diciembre de 1940


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Lo de "gravedad cero", expresión que se creía absurda, pero que tiene su sentido. Se copia el ilustrado razonamiento:

Primero debemos tener en cuenta que la gravedad terrestre en la órbita en la que se encuentra la estación espacial es, aproximadamente, un 90% de la experimentada en la superficie (el radio terrestre es de 6400 km y la estación se orbita a 360 km de altura, recordando aquello de que la gravedad es inversamente proporcional al cuadrado de la distancia, tenemos este resultado), por tanto no podemos decir que el motivo de la baja gravedad sea la distancia al planeta. La explicación de que no se sientan sus efectos es que la nave se encuentra en un fenómeno de vuelo parabólico, igual al que realizan los aviones que simulan la ausencia de gravedad, pero, a diferencia de éstos, nunca alcanza la superficie terrestre. En estos vuelos, el avión alcanza cierta altura y apaga sus motores con lo que comienza una caída libre (la trayectoria que describe es una parábola). Hasta que los motores son nuevamente encendidos el cuerpo humano deja de percibir la gravedad de la misma forma que si se encontrara en el espacio vacío, en ausencia de cualquier otro cuerpo. Albert Einstein lo denominó principio de equivalencia en su formulación de la relatividad general. Por tanto, es válida la denominación de gravedad cero para las naves en órbita, ya que ésta es la fuerza experimentada dentro de la nave por los astronautas. 2008-X-02

 

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Einstein y Dios

 

Albert Einstein, físico y matemático de origen alemán, Premio Nobel de Física por su descubrimiento de la ley del efecto fotoeléctrico, demostró matemáticamente que a las tres dimensiones del espacio físico había que añadir una cuarta dimensión: el concepto tiempo. Ayudó a su encumbramiento su teoría general de la relatividad, así como otras investigaciones sobre la teoría cinética de los gases.

Einstein ha sido considerado, a nivel mundial, según estadísticas publicadas por los medios de comunicación social, la persona más importante del siglo XX. Quien fue secretario del Secretariado para los No Creyentes de la Santa Sede, el doctor Jordán Gallego Salvadores, dominico, fue quien me entregó el testimonio, de su puño y letra, sobre la fe en Dios del gran científico Albert Einstein. Al final publicamos la referencia. El físico quiso dejar muy clara su posición respecto a su fe en Dios. Manifestó: «La generalizada opinión, según la cual yo sería un ateo, se funda en un gran error. Quien lo deduce de mis teorías científicas, no las ha comprendido. No sólo me ha interpretado mal sino que me hace un mal servicio si él divulga informaciones erróneas a propósito de mi actitud para con la religión. Yo creo en un Dios personal y puedo decir, con plena conciencia, que: en mi vida, jamás me he suscrito a una concepción atea». Albert Einstein. (Deutsches Pfarrblatt, Bundes-Blatt der Deutschen Pfarrvereine,1959, 11).

La Razón - 25 febrero 2003 - España

 

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Frases de Albert Einstein sobre la espiritualidad

 

1. Quiero saber cómo Dios creó este mundo. No me interesa este o aquel fenómeno, en el espectro de este o aquel elemento. Quiero saber Sus pensamientos; el resto son detalles.

 

2. La ciencia sin religión está coja. La religión sin ciencia es ciega.

 

3. Mi religión consiste en una humilde admiración del ilimitado espíritu superior que se revela a sí mismo en los pequeños detalles que podemos percibir con nuestra frágil y débil mente.

 

4. Cuanto más avanza la evolución espiritual de la humanidad, más seguro me parece que el camino hacia la genuina religiosidad no reside en el miedo a la vida, y el miedo a la muerte, y la fe ciega, sino a través del esfuerzo del conocimiento racional.

 

5. Todo el que está seriamente involucrado en la búsqueda de la ciencia se convence de que un Espíritu se manifiesta en las leyes del Universo ,un espíritu muy superior al del hombre, frente al cual uno con nuestros modestos poderes debe sentirse humilde.

 

6. El sentimiento religioso de los científicos toma la forma de un extasiado asombro ante la armonía de la ley natural, que revela una inteligencia de tal superioridad que, comparada con ella, todo el pensamiento sistemático y la actuación de los seres humanos es un reflejo absolutamente insignificante.

 

7. No hay forma lógica para el descubrimiento de las leyes elementales. No es sólo el camino de la intuición, que es ayudado por una sensación de orden que está detrás de la apariencia.

 

8.  La mente intuitiva es un regalo sagrado y la mente racional es un fiel sirviente. Hemos creado una sociedad que honra al sirviente y ha olvidado el regalo.

 

9. La cosa más bella que podemos experimentar es el misterio, es la fuente de todo arte y ciencia verdaderos.

 

10. Debemos tener cuidado de no hacer al intelecto nuestro dios, aquel tiene, naturalmente, poderosos músculos, pero no personalidad.

 

11. Quien se compromete a erigirse a sí mismo como juez de la Verdad y del Conocimiento es náufrago de la risa de los dioses.

 

12. Cuando la solución es simple, Dios está respondiendo.

 

13. Dios no juega a los dados con el universo.

 

14. Dios es sutil pero no malicioso.

 

15. Un ser humano es una parte de un todo, llamado por nosotros Universo, una parte limitada en el tiempo y en el espacio. Se experimenta a sí mismo, sus pensamientos y sentimientos como algo separado del resto, una especie de ilusión óptica de su conciencia. Esta ilusión es una especie de prisión, que nos restringe a nuestros deseos personales y al afecto por unas pocas personas cercanas a nosotros. Nuestra tarea debe ser liberarnos de esta prisión ampliando nuestro círculo de compasión para abarcar a todas las criaturas vivientes y toda la naturaleza en su belleza.

 

16. Nada beneficiará la salud humana y aumentará las posibilidades de supervivencia de la vida en la Tierra tanto como la evolución hacia una dieta vegetariana.

 

17. El hombre que considera su propia vida y la de sus semejantes como carente de sentido no es solamente desgraciado, sino casi descalificado para la vida.

18. La paz no se puede mantener por la fuerza. Sólo puede lograrse mediante la comprensión.

 

19.  Sólo una vida vivida para los demás es una vida que vale la pena.

 

20. La mente humana no es capaz de comprender el Universo. Somos como un niño pequeño entrando en una enorme biblioteca. Las paredes están cubiertas hasta los techos con libros en muchas lenguas diferentes. El niño sabe que alguien debe haber escrito esos libros. No sabe quién ni cómo. No entiende los idiomas en que están escritos. Pero el niño señala un plan definido en la disposición de los libros, un misterioso orden que no comprende, pero sólo vagamente sospecha.

 

21.  Lo importante es no dejar de hacerse preguntas. La curiosidad tiene su propia razón de existir. Uno no puede dejar de estar en temor cuando contempla los misterios de la eternidad, de la vida, de la maravillosa estructura de la realidad. Es suficiente si uno trata simplemente de comprender un poco de ese misterio cada día. Nunca pierda una sagrada curiosidad.

 

22.  Lo que veo en la Naturaleza es una estructura magnífica que podemos comprender sólo muy imperfectamente, y que esto debe cubrir una persona pensante con un sentimiento de humildad. Este es un sentimiento genuinamente religioso que no tiene nada que ver con el misticismo.

 

23. La mejor emoción de la que somos capaces es la emoción mística. Aquí yace el germen de todo arte y toda ciencia verdadera. Cualquier persona a la que este sentimiento es ajeno, que ya no es capaz de asombro y vive en un estado de miedo es un hombre muerto. Saber que lo que es impenetrable para nosotros realmente existe y se manifiesta como la más alta sabiduría y la belleza más radiante, cuya forma bruta sólo son inteligibles a nuestras facultades pobres, este conocimiento, este sentimiento … que es el núcleo del verdadero sentimiento religioso. En este sentido, y sólo en este sentido, me encuentro entre los hombres profundamente religiosos.

 

24. El verdadero problema está en los corazones y en las mentes de los hombres. Es más fácil desnaturalizar plutonio que desnaturalizar el espíritu malvado del hombre.

 

25. La verdadera religión es vida real, viviendo con toda el alma, con todo lo bueno de uno y la justicia.

 

26. La inteligencia nos aclara la relación entre medios y fines. Pero el mero pensamiento no puede darnos una idea de los fines últimos y fundamentales. Para dejar en claro estos objetivos fundamentales y las valoraciones y ponerlos rápidamente en la vida emocional del individuo, me parece que precisamente la función más importante que la religión tiene para  moldear en la vida social del hombre.

NOTAS

http://www.simpletoremember.com/articles/a/einstein/

Albert Einstein. Mis ideas y opiniones. Publicado por Bon Ton. Barcelona?The Albert Einstein Archives, The Jewish National and University Library, The Hebrew University of Jerusalem, Israel.??ISBN 84-930516-3-2?páginas 32 a 47

-.- 12. VIII. MMXI

http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=17062

 

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El hombre no sólo ve; contempla, y por lo tanto se sabe trascendente.

El hombre sabe, y sabe que sabe; reza, y sabe que reza.

 

Pese a Einstein y su carta desdeñosa, la religión no es infantilismo

 

Los "nuevos ateos" hablan de la religión como "puro producto de la evolución" o "rasgo infantil" del hombre. ¿Profundizan?

Hace unas semanas se encontró una carta inédita de Albert Einstein dirigida en 1954 al filósofo alemán Eric Gutkind. En su misiva, el célebre físico alemán consideraba la Biblia como una narración infantil, y Dios, un producto de la debilidad de los hombres.

No es mi intención discutir las afirmaciones contenidas en esta carta. Dejo a otros la tarea de analizarla y comentarla a la luz de los demás escritos de Einstein para ver en qué medida sus palabras deben ser consideradas como definitivas.

Sí me parece más provechoso proponer algunas reflexiones sobre el origen de la religión en la vida del hombre, pues creo que es más interesante volver sobre esta cuestión que preguntarse sobre las creencias o convicciones de un científico que, por muy célebre y competente que sea en ámbito científico, en materia religiosa, tiene tanta autoridad como cualquier otro hombre.

En un artículo aparecido en el diario español “El País” del 20 de mayo de 2008, Mónica Salomone se pregunta, a propósito de la carta de Einstein, sobre el origen de la religión y de la idea de Dios.

Si Dios existe o no, no es una cuestión científica, afirma. Desde el punto de vista estadístico el número de personas que creen en la existencia de Dios está muy por encima de sus detractores, pero la existencia de Dios no es una cuestión de estadísticas.

Lo que la ciencia sí puede esclarecer – según ella – es el origen de la religión en la conciencia del hombre. Para ello acude a diversos científicos de renombre procurando sacar algo en limpio.

La religión, lo mismo que la cultura y la biología, es producto de la selección natural. Lo que significa que la religión – o la capacidad para desarrollarla –, lo mismo que el habla, por ejemplo, sería un carácter que da una ventaja a la especie humana, y por eso ha sido favorecido por la evolución. Así piensa E. Carbonell, uno de los profesores entrevistados en el artículo.

Esta tesis es interesante, pero, a mi modo de ver, carece de profundidad, en cuanto que reduce la religión a una mera cuestión de evolución biológica.

Es verdad que la evolución ha influido, pero la evolución, como mucho, me explicará el cómo – precisamente la dimensión de la religión, en cuanto fenómeno humano que depende de la biología –, pero no el por qué último de la religión.

Más insatisfactoria aún me parece la respuesta de Carbonell cuando comienza, según él, a “hacer filosofía”. La religión vendría a tapar el hueco ante las preguntas sin respuesta empírica que le surgen al hombre como fruto de su interacción con el medio ambiente en su proceso evolutivo.

“ Hagamos, pues, filosofía”.

Hace un par de años conversaba con el profesor Fernando Pascual, catedrático de historia de la filosofía antigua en una universidad italiana y experto en la filosofía de Platón. A fin de cuentas – le preguntaba – ¿cuál sería el argumento filosófico más fuerte para demostrar la espiritualidad del alma?

La reditio completa, me respondió sin ambages. La reditio completa, o autorreflexión, es la capacidad que tiene la inteligencia humana de volver sobre su propio acto para conocerlo, o mejor, para reconocerlo.

Todos los demás sentidos, que dependen de un órgano material (el ojo, las papilas gustativas, el oído, etc.), son incapaces de volver sobre su propio acto. El ojo ve, pero el ojo no puede ver su acto de ver, no puede ver que ve. La misma cosa ocurre con los demás sentidos que dependen de un órgano sensible. Cuando el ojo “se mira” al espejo, no está mirando su acto de ver, sino su reflejo en el cristal.

Por el contrario, el entendimiento no depende de un órgano material, no sólo conoce, sino que conoce que conoce: vuelve sobre su acto y se “da cuenta” de que lo está realizando.

El cerebro no es el órgano del entendimiento. Como mucho el cerebro presenta al entendimiento los objetos sobre los que pensará, y si él está dañado, el entendimiento no podrá “conocer” porque le faltará la “conexión” con la sensibilidad. Pero el entendimiento, precisamente porque puede volver sobre sí mismo, puede pensarse diverso y separado del cerebro, en cuanto órgano material.

Esta capacidad cognoscitiva es propia del hombre. Los animales saben, aprenden, tienen habilidades, pero no saben que saben, no saben que aprenden y no saben que tienen las habilidades que tienen.

El hombre, por el contrario, no sólo percibe objetos, sino que además se conoce a sí mismo en el acto mismo de conocer, de percibir. Se conoce como cognoscente, como “sentiente”. Esto es la reditio completa, la autorreflexión.

Por esta capacidad única del hombre, sabemos que su acto de conocer es un acto de un ser espiritual, porque no está sometido al espacio material y por lo tanto puede “volver” (de aquí reditio) completamente sobre su acto.

Apliquemos esta doctrina a la religión. De acuerdo con Mircea Eliade, uno de los más grandes estudiosos de la historia comparada de las religiones – ni qué decir tiene que sus afirmaciones tendrán en línea de principio más peso que las de Einstein –, la religión surge allí en donde se percibe una cierta trascendencia.

La religión no surge sólo, ni exclusivamente, como fruto de la ignorancia, ante la incapacidad de dar respuestas empíricas ante los interrogantes de la vida. Esto es sólo un aspecto. Cuanto menos surgirá – al modo freudiano – como fruto de una neurosis causada por el complejo de Edipo. La religión, la dimensión religiosa, brota de la dimensión más elevada del hombre, de su inteligencia abierta a la trascendencia.

¿Qué significa que la religión surge allí donde el hombre percibe una cierta trascendencia? Significa precisamente lo que hemos estado diciendo: que el hombre entra en la dimensión religiosa con el mismo acto con que entra dentro de sí, con la autorreflexión.

Cuando un coyote aúlla a la luna, éste no realiza un acto religioso. Como decíamos, el animal no reflexiona. El coyote realiza este acto movido por el instinto, habiéndolo aprendido antes de otros seres de su especie. Aúlla a la luna, pero no sabe que lo está haciendo, y, por lo tanto, es incapaz de preguntarse por qué lo está haciendo. Aúlla y basta.

El hombre que contempla la luna – dejamos de lado, por ahora, el valor religioso universal de este acto – se encuentra en una situación radicalmente diversa a la del coyote. Él contempla la luna y, mientras la contempla, percibe, primero casi intuitivamente, que efectivamente la está contemplando. Contempla la luna y, en el mismo acto, se descubre a sí mismo como el sujeto de sus actos, como un “yo” diverso de lo que le rodea.

Se da cuenta de que es él quien contempla, y, de la luna, pasa a contemplar sus pensamientos, a vivenciar sus sentimientos, a disfrutar de la brisa fresca de la medianoche, etc. Pasa del exterior a su mundo interior. Se descubre a sí mismo como ser espiritual, como una persona que puede decir “yo”; en definitiva, como un ser trascendente. En síntesis, según la expresión de sabor agustiniano: de las cosas exteriores, a interior, y de las profundidades del interior se eleva a las realidades superiores, trascendentes.

En este instante surge la religión. Luego vendrán las preguntas sin respuesta: ¿qué hago aquí? ¿Por qué existo? ¿Cuál es el fin de mi vida? ¿Qué sentido tiene la vida, la muerte, el sufrimiento, el amor? ¿Hay Alguien detrás del firmamento? ¿Hay Algo (con mayúscula) que no muera, que no sufra, que sea inmutable en su felicidad? etc.

Dios es algo muy distinto de “una expresión de la debilidad humana”, como afirma Einstein. Si la gran mayoría de los seres humanos son religiosos, no es precisamente porque sean estúpidos e ignorantes, sino porque desde siempre creer en Dios se les ha hecho la cosa más normal del mundo, más en consonancia con su vida, independientemente de la situación existencial – de sufrimiento o de serenidad – en la que se encuentren.

Cuando Einstein escribe que la Biblia es una colección de respetables, aunque primitivas leyendas infantiles, demuestra una grande ignorancia de lo que es y ha sido la Biblia para el pueblo hebreo, al que él se sentía – como afirmaba en su carta – orgulloso de pertenecer. Bastaría darse la molestia de abrir cualquier manual de Teología fundamental para advertir de que si hay algo claro en la Sagrada Escritura, sobre todo en los primeros capítulos del Génesis, es la crítica de los mitos cananeos y la reducción de las potencias naturales – el sol y la luna, adoradas como divinidades – a simples criaturas sometidas al poder del Creador.

El lenguaje y las imágenes serán condicionadas por el contexto histórico cultural del pasado, pero el mensaje que trasmiten, es siempre válido. Por otro lado el monoteísmo bíblico es una conquista única en la historia de las religiones. Desconocer esto es como mínimo ignorancia.

Al grande Einstein, al que se le reconocerá perpetuamente por sus aportaciones científicas, se le pide, como se le pide a cualquier científico de nuestros días, la seriedad necesaria para no hablar de cosas que desconocen. Y por ciertas afirmaciones que se encuentran en los periódicos, de respetables científicos, está ignorancia se mezcla en más de una ocasión con la mala fe.

Aceptar o no el contenido que la Biblia propone implica un acto de fe. Adherirse a ella es una cuestión de convicción en la libertad. La dimensión religiosa y la existencia de Dios son otras cuestiones bien diversas.

Puedo libremente adherirme al Dios que me propone la Biblia. Nadie me puede obligar a creer que la Biblia es un libro inspirado por Dios.

Lo que no puedo hacer – es ésta una exigencia de la razón – es considerar mito infantil lo que es, lo hemos demostrado, fruto del ejercicio más elevado del entendimiento humano: su capacidad de reflexión, de volver sobre sí mismo para descubrir que todo lo que nos rodea, por su belleza y por su contingencia, por su grandeza y por su caducidad, es una invitación a elevarse, a trascender, a entrar en la esfera de la espiritualidad, a tocar y descubrir la presencia y la acción de Dios.

Será tal vez el Dios de los recuerdos infantiles (que no por ser infantiles son menos reales), pero también será el Dios matemático que rige el curso de los astros y el Dios que habla en la conciencia. Es finalmente el único Dios personal que ama y entra en diálogo con el hombre.

http://www.forumlibertas.com/frontend/forumlibertas/

Marcelo Bravo Pereira 2008-06-11

 

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Galileo y Einstein caracterizaron una época. La grandeza de Galileo es de todos conocida, como la de Einstein; pero a diferencia que el primero tuvo que sufrir mucho —no sabríamos ocultarlo— de parte de hombres y organismos de la Iglesia.

 

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Nuevos datos revelan que Einstein no fue el ideólogo de la bomba atómica

 

ANNA GRAU. NUEVA YORK.

¿Existiría la bomba atómica si no hubiera existido Albert Einstein? Durante años se ha considerado que el padre de la teoría de la relatividad lo era también de las tragedias de Hiroshima y Nagasaki. Ese sería el lado oscuro de la ciencia y del genio. Sin embargo, una nueva mirada apunta a otro reparto de responsabilidades.

Aunque se sabe que Einstein no participó directamente, o no demasiado, en el logro físico de la bomba (ese «honor» le corresponde al estadounidense J. Robert Oppenheimer), durante años se ha dado por hecho que nada de aquello habría ocurrido si Einstein no hubiera escrito al presidente Franklin Delano Roosevelt advirtiéndole del potencial bélico de la reacción nuclear en cadena.

En las portadas

Einstein siempre minimizó la importancia de esta carta. Pero en 1945 la revista americana «Time» llevó a su portada un hongo atómico bajo la célebre ecuación E = mc2. La portada de «Newsweek», otra importante publicación, reproducía directamente la cara de Einstein con la leyenda «El hombre que lo empezó todo».

Hay que situarse en la época: los Estados Unidos se debatían entre el horror y el orgullo. Que la bomba más temible de la historia fuera americana no dejaba de ser un éxito. Y un éxito personal del presidente Roosevelt, asesorado por el científico más grande de la historia, nada menos.

Sin embargo, la revista científica «Discover» desempolva ahora detalles del caso que, aunque desmienten algunas excusas de Einstein -como que él se limitara solo a firmar la carta a Roosevelt, cuando en realidad trabajó activamente en su elaboración y tramitación-, avalan la tesis central de que él no fue el verdadero culpable de aquella bomba.

No fue el primero

Para empezar «Discover» recuerda el dato sabido, aunque a menudo olvidado, de que Einstein ni siquiera fue el primero en vislumbrar las posibilidades de la reacción nuclear en cadena. La idea se le ocurrió a Leó Szilard, un físico húngaro muy amigo de Einstein, judío como él, asimismo refugiado en los Estados Unidos ante el ascenso de los nazis. «¡Nunca lo había pensado!», dicen que dijo el genio cuando Szilard y otro físico también judío y húngaro, Eugene Wigner, fueron a visitarle a su casa en Peconic para hablarle del tema.

Szilard y Wigner habían sabido que los nazis estaban acaparando todo el uranio que podían en la que por aquel entonces era la colonia belga del Congo. Sumaron dos y dos y llegaron a la conclusión de que Hitler podía estar a un paso de la bomba atómica. Y decidieron que había que advertir de ello a los belgas.

Como a ellos les conocían en su casa a la hora de comer recurrieron a Einstein, entonces ya bastante famoso, respetado y profesor en Princeton. Entre los tres dieron muchas vueltas antes de llegar a la conclusión de que su primer deber era informar de sus temores al presidente de los Estados Unidos.

Cuando por fin llegaron a esa conclusión, a Einstein no se le ocurrió otra cosa que elegir como intermediario al piloto Charles Lindbergh, condecorado por Hermann Goering y firme partidario de que Estados Unidos se abstuviera de entrar en la Segunda Guerra Mundial, aparte de ilustre antisemita. Cuando se dieron cuenta del error buscaron a otro correo del zar. Pero entre una cosa y la otra se les fueron meses.

Eran los meses en que la Alemania nazi y la Unión Soviética firmaban su pacto para repartise Polonia. Einstein y sus colegas veían en los Estados Unidos la única tabla de salvación frente a Hitler. Su idea no era animar a los americanos a lanzar bombas atómicas, sino a impedir su lanzamiento desde Berlín. Pero la historia no siempre se ajusta a lo esperado.

http://www.abc.es/20080414/sociedad-ciencia/nuevos-datos-revelan-einstein_200804140318.html

 

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Metafísica y mística en Hawking

 

Stephen Hawking y Roger Penrose han demostrado conjuntamente en 1970 un teorema muy importante, referente a las singularidades en los modelos cosmológicos. Este logro les introdujo en el círculo de los clásicos de la cosmología actual, ya que desde entonces, en los trabajos que tratan de los estadios iniciales de la evolución del universo, se citan siempre las relaciones expresadas en el teorema de Hawking-Penrose. La unión en los estudios e investigaciones, en los intereses y logros, no les llevó, sin embargo, a compartir idénticas opiniones filosóficas. Los trabajos publicados por ellos en los años ochenta en el campo de la filosofía cosmológica, muestran que Hawking representa la posición cercana al positivismo; en cambio, Penrose se pronuncia claramente a favor del platonismo.

En los dos autores encontramos la expresión de la fe en la racionalidad de la naturaleza y en la racionalidad del método científico. Tal fe es un fenómeno natural en el cosmólogo. Sin su aceptación, no se podría emprender ninguna discusión acerca del universo como un todo, considerado en la perspectiva de veinte mil millones de años de evolución cósmica. No obstante, la concepción de la racionalidad es en los dos casos radicalmente diferente. Cuando en el año 1983 Hawking publicó junto con Hartle sus ideas sobre la creación cuántica del universo, las vinculó a una interpretación atea. En su opinión, si un fenómeno físico se puede describir por medio del formalismo matemático, entonces Dios resulta innecesario, y se puede hablar de su expulsión de la imagen del mundo por el desarrollo de las ciencias experimentales. En esta opinión se ve que Hawking identifica infundadamente el Dios del teísmo cristiano con el Dios de Samuel Clarke, el Dios que en las polémicas del siglo XVIII se introducía para rellenar los huecos de la ignorancia científica. El Dios de Clarke aparecía como el proverbial deus ex machina cuando en las teorías de la física no se sabía explicar científicamente cuestiones importantes. Leibniz prevenía frente a una tal teología ingenua, que remienda los huecos de la ignorancia científica mediante la hipótesis de Dios, indicando las simplificaciones, tanto metodológicas como teológicas, de esta teología. Sus oponentes decían en cambio que Dios nos deja los huecos cognoscitivos para que, gracias a ellos y a través de ellos, podamos con más facilidad descubrir su presencia en el universo; y que las fronteras del conocimiento iban a formar el terreno en donde se descubriría la presencia de Dios. Aunque en la teología actual nadie considera seriamente esta interpretación, Hawking escribe como si no existiera la correspondencia en que Leibniz critica el enfoque de Clarke.

De manera parecida a los positivistas de finales del siglo XIX, Hawking admite la posibilidad de que la física actual esté llegando a su fin y que, después de encontrar la teoría de unificación, conoceremos todas las leyes que rigen la naturaleza. En un artículo dedicado a esta problemática, titulado "¿Está a la vista el fin de la física teórica?", aprueba la posibilidad de elaborar "una teoría completa, coherente y unificada de las interacciones físicas, la cual describiría todas las posibles observaciones". Formulaciones igualmente radicales se pueden encontrar en los trabajos de muchos otros autores, quienes sugieren que la Teoría física del Todo aportará la solución científica para la totalidad de los problemas que atormentan al hombre. En las soluciones de estos autores concernientes a la futura unificación, o a la denominada Teoría del Todo (TOE, por "Theory of Everything"), aparecen aserciones categóricas de este tipo: "Por primera vez en la historia disponemos de una teoría racional y científica de toda la existencia" ("scientific theory of all existence"), gracias a la cual "todos los fenómenos naturales pueden ser puestos en un esquema descriptivo" (Paul C. W. Davies, Superforce, Heinemann, Londres 1984, 5ss).

Psicológicamente es fácil de explicar que en las generaciones sucesivas de investigadores se oigan de nuevo las nostalgias positivistas por un sistema ordenado de conocimiento, en el que para cada pregunta se pueda conseguir una respuesta inequívoca y racionalmente justificada. El racionalismo de Hawking encuentra su justificación adicional en la fascinación personal hacia las matemáticas y en la aversión hacia la mística poetizante al estilo de Capra. Ya durante sus estudios en Cambridge, el futuro creador de la física de los agujeros negros era llamado por sus colegas el "cerebro perfecto". La enfermedad posterior y las limitaciones que la acompañan favorecían que la sensibilidad se dirigiera hacia la belleza del formalismo matemático, y no hacia la percepción del misterio o de la estética de la naturaleza.


Las fórmulas metafísicas acerca de la contingencia o armonía del mundo no se dejan traducir a un lenguaje matemático, y por eso fueron consideradas como una forma de poesía de la naturaleza carente de valor cognoscitivo. La apertura básica hacia la mística de la naturaleza, característica de la ciencia actual, es considerada por él como rasgo característico de la postura intelectual de personas que, al no haber completado sus conocimientos matemáticos, prefieren refugiarse en un comentario retórico lleno de vagas generalidades (cf. Renée Weber, Dialogues with Scientists and Sages: The Search for Unity, Routledge, Londres 1986, 210). Hawking dirige acusaciones de "misticismo chapucero" no solamente a Bohm, Capra o a simpatizantes de la física "alternativa", sino que también dirige una crítica clara contra la "religión cósmica" de Einstein, junto con su componente característico que se refiere a la mística de la naturaleza. Ironías del destino: una de las paredes de su despacho universitario está adornada con una cita de Einstein, en la que el autor de la teoría de la relatividad afirma: "La más bella sensación que podemos experimentar tiene carácter místico. Ella constituye la fuerza de cada arte y ciencia verdaderos. El hombre para quien es extraño este sentimiento, en cierto sentido está muerto. Ese sentimiento, ese conocimiento, constituye la esencia de la verdadera religiosidad" (ibid., 203).

No se puede responder a las reflexiones de Einstein con la simple sugerencia de Hawking, de que su autor se escondía en la poesía porque no entendía las matemáticas. La belleza matemática de las ecuaciones de campo aparecía en la perspectiva cognoscitiva de Einstein como manifestación de una belleza más fundamental, que podemos percibir en la relación suprarracional con la naturaleza. Las condiciones biológicas han sido causa, en el caso de Hawking, de que la relación del investigador con el cosmos se quedara reducida a la componente racional. El drama de la enfermedad experimentada limitaba por necesidad la sensibilidad al aspecto estético de la naturaleza. En consecuencia, en Hawking encontramos una concepción filosófica de la naturaleza que es distinta de la de Einstein o Dirac. Además, no es fácil emplear medios eficaces para reaccionar frente a las diferencias existentes. Una valoración inequívocamente escéptica de esta situación la expresó, entre otros, Paul A. M. Dirac, quien –en una entrevista para Newsweek– puso de relieve al mismo tiempo el papel de la belleza en la ciencia: "Hay que tratar de imaginarse qué es el universo, como hacemos accesible para nosotros la belleza de un cuadro o de la música; no se puede describir. Si no se siente, hay que reconocer simplemente que nos falta sensibilidad para ello. Nadie es capaz de explicárnoslo" (H. F. Judson, "Where Einstein and Picasso Meet": Newsweek, 17-11-1980, 23).

A la hora de formular semejantes valoraciones, el factor subjetivo de los sentimientos juega un papel importante. Los sentimientos difieren en cada uno de los investigadores y pueden experimentar una notable evolución en el tiempo. La naturaleza que fascinaba a Einstein con la hermosura de la descripción matemática, aparece para Hawking despojada de belleza; para Monod era sobre todo el juego cósmico del azar y la necesidad; para Leibniz o Whitehead el campo de la intrigante armonía de los acontecimientos. La unidad de interpretación, que se presenta en la comprensión de la fórmula E=mc2, desaparece en el momento que intentamos determinar los aspectos filosóficos y estéticos de la teoría de Einstein.

Los trabajos de Drees, Penrose o Davies, populares en la actualidad, mani-fiestan que al mismo formalismo matemático que describe la creación cuántica del universo, se pueden asociar interpretaciones filosóficas profundamente distin-tas de aquellas que propone Hawking. La cuestión abierta consiste en preguntar-se: ¿Cuál de las propuestas alternativas aparece como la más justificada? Induda-blemente, sería un error metodológico atribuir el mismo peso a las propuestas físicas de Hawking que a la ingenua filosofía que él asocia a estas propuestas.

…[…]…

EL DIÁLOGO CIENCIA-FE EN EL CONTEXTO DE LAS
CUESTIONES FILOSÓFICAS DE LA FÍSICA ACTUAL

Conferencia pronunciada en el Simposio La cultura y la esperanza cristiana,
en la Universidad de Sevilla, España, el 14 de marzo de 1998.

Mons. Józef Miros?aw ?YCI?SKI
Arzobispo de Lublin, Polonia.

 

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Albert Einstein: «Lo que antes despreciaba

ahora lo alabo incondicionalmente»

 

También Albert Einstein expresó su reconocimiento a la Santa Sede. En una entrevista aparecida en el Time Magazine afirmó: «Siendo un amante de la libertad, cuando llegó la revolución a Alemania miré con confianza a las universidades sabiendo que siempre se habían vanagloriado de su devoción por la causa de la verdad. Pero las universidades fueron acalladas. Entonces miré a los grandes editores de periódicos que en ardientes editoriales proclamaban su amor por la libertad. Pero también ellos, como las universidades, fueron reducidos al silencio, ahogados a la vuelta de pocas semanas.

»Sólo la Iglesia permaneció de pie y firme para hacer frente a las campañas de Hitler para suprimir la verdad.

»Antes no había sentido ningún interés personal en la Iglesia, pero ahora siento por ella un gran afecto y admiración, porque sólo la Iglesia ha tenido la valentía y la obstinación de sostener la verdad intelectual y la libertad moral.

»Debo confesar que lo que antes despreciaba ahora lo alabo incondicionalmente.»[9]

Acabada la guerra, los judíos quisieron manifestar públicamente al papa su reconocimiento, y solicitaron «el sumo honor de poder agradecer personalmente al Santo Padre su generosidad hacia ellos, perseguidos durante el terrible periodo del nazi-fascismo». La audiencia fue concedida el 29 de noviembre de 1945. Ochenta delegados de los judíos refugiados, provenientes de los campos de concentración, fueron recibidos en una sala del apartamento pontificio. El papa habló, recordando que por la ley del Sinaí y por el Sermón de la Montaña, la Sede Apostólica jamás había admitido en lo más mínimo que se pudieran aceptar las concepciones raciales «reconocidas entre las más deshonrosas desviaciones del sentimiento humano».[10]

Basándose en la documentación recogida, se puede afirmar tranquilamente que ningún pontífice en la historia de la Iglesia ha recibido tantas manifestaciones de afecto por parte de la comunidad judía como Pío XII.

Los méritos del papa Pacelli son tan conocidos que está en curso su causa de beatificación.

Para conocer mejor a un personaje que suscita tanta polémica me he dirigido al padre Peter Gumpel, relator para la beatificación de Pío XII en la Congregación para las Causas de los Santos.


El padre Gumpel es una autoridad en el campo de los procesos de beatificación. Hace 37 años que trabaja en ello. Durante diez años ha sido juez de la Congregación para las Causas de los Santos y durante once relator de la misma congregación. Ha sido profesor en la Pontificia Universidad Gregoriana y en el Pontificio Instituto Oriental, donde, entre otros, ha dado cursos de especialización para preparar a quienes en el futuro deberán trabajar para las Causas de los Santos. Por sus manos han pasado centenares de causas de beatificación y canonización.

Al tener que afrontar la relación entre la Santa Sede y los judíos durante el régimen nazi, a su excelente preparación y competencia, el padre Gumpel añade una experiencia personal. Heredero de una de las familias más importantes de Alemania, Gumpel sufrió lo indecible durante el régimen hitleriano por motivos políticos. Muchos de sus familiares fueron asesinados, su madre encarcelada, y por dos veces él mismo tuvo que huir al extranjero para no caer víctima de los nazis.

El padre Gumpel sostiene que quien «acusa a Pío XII, nunca lo hizo mientras él estaba vivo. Muchos de los que hoy atacan a Pío XII, o eran muy jóvenes o ni siquiera habían nacido cuando el nazismo cometía sus crímenes».

 

Notas

[9] Declaración de Albert Einstein publicada por Time Magazine, 23 de diciembre de 1940, p. 40.

[10] «Confortatrici ed illuminate parole del Sommo Pontefice in risposta all´omaggio riconoscente di ebrei profughi», L´Osservatore Romano, 30 de noviembre de 1945, primera página.

http://www.conoze.com/doc.php?doc=3967 2007.IV.18

 

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Descubrimos una mentira de EINSTEIN  ALBERT 

 

Las ataduras entre Einstein y Milán están ligadas a la actividad empresarial del padre, Hermann EINSTEIN, o mejor Ermanno, como resulta de la lápida en la Capilla  Palanti del Monumentale, donde están sus cenizas. Transfiriéndose en Italia, la familia Einstein había dejado Albert a continuar los estudios en Münich de Baviera, pero el joven rebelde abandonó el severo Luitpold Gymnasium y se reunió a la familia, en vía Bigli 2 donde hoy está puesta una placa. En el periodo milanese (primavera-otoño 1895, tenía solo 16 años). Alberto no frecuentó la Scuola Svizzera de vía Appiani como posteriormente dijo. Hizo, eso sí, solo el turista. (L.Be).) 2005-02.27 C.D.S. Italia.

 

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Dos miradas coincidentes y lúcidas las de Einstein y Picasso, dos hombres que, desde disciplinas aparentemente contrapuestas, avanzaron por caminos paralelos. 

 

Relativamente egocéntricos- Einstein y Picasso -

«Enormemente egocéntricos y de fuerza y encanto irresistibles». Sin embargo, Einstein y Picasso» preferían una cierta distancia emocional, lo que les convirtió en modelos de tiranía afectiva con sus mujeres. «Diosas o felpudos», decían que era el ambivalente uso que el malagueño podía hacer de las mujeres («son máquinas de sufrir», se le escuchó en alguna ocasión). Por el contrario, el escritor y amigo de Einstein ‘Max Brod’, noveló la vida del astrónomo Kepler tomando como modelo al creador de la teoría de relatividad: «Había algo incomprensible en su ausencia de emoción, y, por lo tanto, no temía nada que temer del mundo. No era capaz ni de emocionarse ni de amar». Si en Picasso sus mujeres y amantes fueron utilizadas (excepto a Françoise Gilot, según declaró ella misma) como peldaños en una ascensión sin límites (en el filme «Sobrevivir a Picasso», de James Ivory, en el que Anthony Hopkins encarna al artista, se detallan sus relaciones con Olga Koklova, Marie Therese Walter, Dora Maar, Jacqueline Roque y la propia Gilot, así como las secuelas que dejó en ellas), Einstein, con su 1,72 metros de estatura, no escondió, convertido ya en la inteligencia suprema del siglo XX, que las mujeres vinieran a buscarle en limousina a casa y «lo habitual era que la acompañante de Einstein trajera una caja de bombones para Elsa (su mujer), a la que después se despachaba». 2007-01-22-L.R.ESP.

 

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Dos miradas coincidentes y lúcidas las de Einstein y Picasso, dos hombres que, desde disciplinas aparentemente contrapuestas, avanzaron por caminos paralelos.

 

 

Dos hombres y un destino


Una biografía paralela explora las similitudes entre Picasso y Einstein en su hallazgo de una nueva visión de arte y ciencia
? La formulación de la teoría de la Relatividad y «Las señoritas de Avignon» coincidieron en el tiempo-

Manuel Calderón

madrid- Dos figuras marcaron el siglo XX, Enstein y Picasso, desde disciplinas aparentemente contrapuestas (digamos que representadas por la razón y el genio irracional), pero que ahora se ven como formas de la misma expresión. Ni el que formuló la teoría de la relatividad estaba tan lejos del que cambió el rumbo del arte para no volver a ser nunca más el mismo, ni el padre del cubismo era ajeno a las nuevas formulaciones de la geometría que dejaba atrás la euclídea. De ambos puede trazarse una biografía paralela, con similitudes que van más allá de la anécdota (por ejemplo, su prolífica y tortuosa relación con las mujeres), como así ha hecho el historiador de la ciencia y la filosofía en la University College de Londres Arthur I. Miller en «Enstein y Picasso. El espacio, el tiempo y los estragos de la belleza» (Tusquets Editores). Ambos integraron arte y ciencia en una misma actividad cuyo objetivo fue cambiar la visión del mundo, como así sucedió. «Picasso y Enstein creían que el arte y la ciencia son medios para explorar mundos que escapan a la percepción, a las apariencias», escribe Miller, y los dos empezaron a explorar sus investigaciones sobre el tiempo y el espacio a la vez.
   Einstein elaboró la primera parte de la teoría de la relatividad en 1905, año en el que Picasso estaba embarcado en descubrir una nueva manera de pintar, en el cubismo, y en realizar el cuadro que abrió el arte hacia un punto de no retorno, «Las señoritas de Avignon». Incluso su taller tenía más que ver con un laboratorio: «El estudio del pintor debe ser un laboratorio. En él no se hace arte como un mono, sino que se inventa. Pintar es un juego del esprit», le confesó a André Warnod en 1945.
   Los «carnets» de Picasso sobre «Las señoritas de Avignon», un verdadero libro de bitácora de cómo el artista construyó una visión cuatridimensional del espacio, relatan sobre el papel cómo no todo era ímpetu y genialidad, sino que había recibido también la lección de Henry Poincaré a través de su amigo Maurice Princet, un matemático miembro de la «bande à Picasso» y asiduo del taller de Bateau Lavoir en Montmatre, también conocido como el «matemático del cubismo» y conocedor de las teoría sobre el tiempo y la simultaneidad.


   Expresión geométrica
   En 1904, Einstein leyó la traducción alemana de «La ciencia y la hipótesis», de Poincaré, en el que especulaba sobre una cuarta dimensión y un concepto teosófico, la «visión astral»: ver la representación verdadera y absoluta del objeto para poderlo ver en todos sus ángulos, al punto que son irreconocibles. Así, podremos entender por qué Picasso representó a las cinco mujeres de su célebre cuadro como una pura expresión geométrica en progresión hacia el infinito. Picasso, dice Miller, nunca aceptó ni esta influencia, aunque estaba bien argumentada en artículos de la época -incluso anota el nombre de Princet en un «carnet», al que, por cierto, le arrebató la novia, como no podía ser menos-, ni tan siquiera en su descubrimiento del arte africano (a pesar de las numerosas fotos que guardaba en su taller una vez visitado el museo de Trocadero) y del ibérico. Después de todo, Poincaré le ofreció unas ilustraciones geométricas de sus formulaciones matemáticas similares a lo que luego aparecería en sus cuadros. Sin embargo, fue su amigo el escultor Manolo Hugué quien recordaba, en 1910: «Picasso hablaba mucho entonces de la cuarta dimensión e iba de un lado a otro con los libros de matemáticas de Henri Poincaré». También conocía los rayos X y cómo hacer visible lo que está más allá de lo visible. Picasso comprendió, como quedó luego plasmado en «Las señoritas...» y metódicamente registrado en los «carnets», que las diferentes perspectivas debían mostrarse simultáneamente en el espacio. Arthur I. Miller sostiene que así surgió el cuadro que inauguró el arte del siglo XX.


   Unidos por la soledad
   Paralelamente, Albert Einstein, estaba inmerso en reflexiones filosóficas dentro del grupo de amigos de la Academia Olimpia, quizá, sostiene Miller, para dar las mismas respuestas que el cubismo: «La teoría de la relatividad, al igual que el cubismo, es una profunda respuesta tanto a los cambios registrados en el ambiente filosófico y científico como a impresionantes innovaciones tecnológicas». Las derivaciones psicológicas y sociales de sus hallazgos fueron similares. Si Einstein escribió que «vivo en esa soledad dolorosa de la juventud, pero deliciosa en los años de madurez», Picasso declaró la «increíble soledad» de los años de «Las señoritas...». Miller se pregunta por qué Einstein y Picasso dieron esos pasos en ciencia y arte y no otros artistas mejor situados en sus trabajos, como Lorentz y Matisse. No duda en justificarlo porque se trataban de dos hombres «oportunistas, dispuestos a aprovecharse de cualquier pista que proporcionaban las corrientes intelectuales en las que nadaban». Picasso atendió a las lecciones sobre la representación simultánea de la imagen. Einstein se despojó del pensamiento decimonónico que atenazó a Lorentz. 2007-01-22-

 

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El Papa Benedicto PP XVI vuelve en este mensaje, una y otra vez, a una idea que considera clave: tenemos que encontrar un punto de partida común para todos, creyentes y no creyentes. Ese punto de partida es la ley natural, lo que el Papa llama la «gramática» escrita por Dios en el corazón del hombre. «La paz -afirma el Pontífice- necesita que se establezca un límite claro entre lo que es y no es disponible», pues de lo contrario hasta el propio concepto de persona, como el de «derechos humanos» se relativiza, se debilita. 2007.I.01

 

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Necesidad de Dios - Don Miguel de Unamuno contó la vivencia que un día le tocó vivir. Fueron momentos de sufrimiento… Concretamente la esposa de Don Miguel estaba enferma. Llamaron a un eminente médico. «Mientras el médico, en la habitación, hacía una valoración de la enfermedad de mi esposa..., yo, paseando nervioso por el pasillo... invocaba con el corazón... a Aquel que tanto... yo había negado... con mi mente…».
   Leonardo da Vinci afirmaba: «Cuanto más oscuro está el cielo astronómico… más claras y brillantes se ven las estrellas». El dramaturgo, Eugene Ionesco, durante una entrevista, manifestó: «No es cierto que hoy sean pocos los que buscan a Dios. Las personas lo buscan siempre. Quizá lo buscan en los ídolos de la canción, del deporte, de la política, del terrorismo… No es posible una sociedad sin Dios… No sé si, desde mi pobre fe, puedo decir que creo en Dios... pero sí sé -con seguridad- que Dios me falta». Es aquello que dice Osuna: «La ruptura de Dios... no suprime la necesidad de Dios». Mauriac, escritor católico francés, Premio Nobel de Literatura, confesaba: «Donde hay un corazón humano que sufre..., allí pone Cristo su morada». Y añadía: «Dios no da una respuesta… a nuestras preguntas llenas de ansiedad… Dios, Cristo, se da a sí mismo».
Agradecemos A: J.M. Alimbau - 2007-I-03 Esp.L.R.

 

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¿POR QUÉ EXISTE EL MAL? ¿ES QUÉ DIOS LO CREÓ?

  

 

Al parecer...

Un profesor universitario retó a sus alumnos con esta pregunta.

 

      —¿Dios creó todo lo que existe?

 

        Un estudiante contestó valiente:

 

        —Sí, lo hizo.

 

        —¿Dios creó todo?

 

         —Sí señor, respondió el joven.

 

        El profesor contestó:

 

        —"Si Dios creó todo, entonces Dios hizo el mal, pues el mal existe y bajo el precepto de que nuestras obras son un reflejo de nosotros mismos, entonces Dios es malo.

 

        El estudiante se quedó callado ante tal respuesta y el profesor, feliz, se jactaba de haber probado una vez más que la fe cristiana era un mito.

 

        Otro estudiante levantó su mano y dijo:

 

        —¿Puedo hacer una pregunta, profesor?.

 

        —Por supuesto, respondió el profesor.

 

        El joven se puso de pie y preguntó:

 

        —¿Profesor, existe el frío?

 

         —¿Qué pregunta es esa? Por supuesto que existe, ¿acaso usted no ha tenido frío?

        El muchacho respondió:

 

        —De hecho, señor, el frío no existe. Según las leyes de la Física, lo que consideramos frío, en realidad es ausencia de calor. "Todo cuerpo u objeto es susceptible de estudio cuando tiene o transmite energía, el calor es lo que hace que dicho cuerpo tenga o transmita energía. El cero absoluto es la ausencia total y absoluta de calor, todos los cuerpos se volverían inertes, incapaces de reaccionar, pero el frío no existe. Hemos creado ese término para describir cómo nos sentimos si no tenemos calor.

 

      
 —Y, ¿existe la oscuridad?, continuó el estudiante.

 

        El profesor respondió:

 

        —Por supuesto.

 

        El estudiante contestó:

 

        —Nuevamente se equivoca, señor, la oscuridad tampoco existe. La oscuridad es en realidad ausencia de luz. La luz se puede estudiar, la oscuridad no, incluso existe el prisma de Nichols para descomponer la luz blanca en los varios colores en que está compuesta, con sus diferentes longitudes de onda. La oscuridad no. Un simple rayo de luz rasga las tinieblas e ilumina la superficie donde termina el haz de luz. ¿Cómo puede saber cuán oscuro está un espacio determinado? Con base en la cantidad de luz presente en ese espacio, ¿no es así? Oscuridad es un término que el hombre ha desarrollado para describir lo que sucede cuando no hay luz presente.

 

        Finalmente, el joven preguntó al profesor:

 

        —Señor, ¿existe el mal?.

 

         El profesor respondió:

 

        —Por supuesto que existe, como lo mencioné al principio, vemos violaciones, crímenes y violencia en todo el mundo, esas cosas son del mal.

 

        A lo que el estudiante respondió:

 

         —El mal no existe, señor, o al menos no existe por sí mismo. El mal es simplemente la ausencia de Dios, es, al igual que los casos anteriores un término que el hombre ha creado para describir esa ausencia de Dios. Dios no creó el mal. No es como la fe o el amor, que existen como existen el calor y la luz. El mal es el resultado de que la humanidad no tenga a Dios presente en sus corazones. Es como resulta el frío cuando no hay calor, o la oscuridad cuando no hay luz.

 

        Entonces el profesor, después de asentir con la cabeza, se quedó callado.

 

        El nombre del joven era, al parecer, Albert Einstein.

www.recreos.net 2004-03-08

 

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Cerebro y mente

 

La ciencia nos sorprende cada día con nuevos descubrimientos. Avanza a pasos agigantados en el conocimiento de ese microcosmos impresionante que es el hombre; y sin embargo el campo de investigación lejos de disminuir se amplía de día en día.

Por Antonio Orozco Delclós


En el número de junio de 2004 de la revista Investigación y Ciencia, R. Douglas Fields, profesor de la Universidad de Maryland, escribe una interesante artículo en el que recoge la historia contada por Mr. Albert Driving, en un libro de reciente aparición. Se trata de la historia de Thomas Harvey, patólogo que, en 1955, realizó la autopsia de Albert Einstein:


«Concluida su tarea, decidió llevarse el cerebro del genio a casa. Allí, flotando en el interior de un recipiente de plástico, permanecería 40 años. En varias ocasiones, Harvey repartió finos cortes del cerebro a científicos y seudocientíficos de todo el mundo, quienes estudiaron el tejido en busca de pistas que explicaran la genialidad de Einstein. Cuando Harvey llegó a los ochenta, colocó lo que quedaba del cerebro en el maletero de su Buick Skylark y cruzó el país para devolvérselo a la nieta de Einstein.

Uno de los científicos que examinaron cortes del preciado cerebro fue Marian C. Diamond, de la Universidad de California en Berkeley. No encontró nada especial en el número o el tamaño de las neuronas. Sin embargo, en el córtex de asociación, responsable de la cognición de alto nivel, halló una cifra elevadísima de las células de la glía: una concentración mucho mayor que la del promedio de su encéfalo.

¿Mera rareza? Quizá no. Cada vez existen más pruebas que sugieren que las células gliales desempeñan un papel mucho más importante del que se ha venido suponiendo. Durante decenios, los fisiólogos dirigieron su atención hacia las neuronas, consideradas fundamentales para la comunicación cerebral. A la glía, en cambio, pese a superar en número a las neuronas en una proporción de nueve a uno, se le atribuía sólo una labor de mantenimiento: transportar nutrientes desde los vasos sanguíneos hasta las neuronas, mantener un buen equilibrio iónico y proteger de los agentes patógenos que consiguen eludir el sistema inmunitario. Con el sostén de la glía, las neuronas se hallarían libres para comunicarse entre sí a través de las sinapsis y establecer una red de conexiones que nos permiten pensar, recordar y saltar de alegría.»

 
Termina el largo artículo con este párrafo:

Se dibuja así un panorama excitante y prometedor: más de la mitad del cerebro, inexplorada durante medio siglo, puede encerrar una valiosa información sobre el funcionamiento de la mente. Con todo, los neurobiólogos prefieren actuar con cautela y no precipitarse en la asignación de un nuevo protagonismo a la glía.


La ciencia nos sorprende cada día con nuevos descubrimientos. Avanza a pasos agigantados en el conocimiento de ese microcosmos impresionante que es el hombre; y sin embargo el campo de investigación lejos de disminuir se amplía de día en día. Se adquieren certezas, no sólo se proponen conjeturas. Las hipótesis se suceden unas a otras y el científico va de asombro en asombro. Y quienes nos interesamos por sus resultados nos admiramos tanto de la capacidad de conocer como de lo conocido. Es una maravilla ver cómo cosas tan menudas producen unos efectos tan inmensos en la persona concreta que somos cada uno de nosotros.

Alegría da saber que hay unas células que hacen posible la alegría. Estoy contento y doy saltos de alegría. Lo agradezco a las hasta ahora por mí ignoradas «células de la glía». Agradezco que haya quienes las han descubierto con sus funciones. Agradezco que las haya sobre todo a quien las ha concebido en su eternidad, al «Artista» de esa maravillosa vida que circula por los intrincados circuitos eléctricos del cerebro humano, que permiten pensar, recordar, pensar que pienso y recordar que recuerdo, gozar y gozar de mi gozo. Como suele decir la doctora Natalia López Moratalla, la ciencia no puede descalificarse a sí misma descartando de su argumentación la causalidad sustituyéndola por la casualidad. Por eso, desde este microcosmos, cada día más admirable, por más conocido en sus sorprendentes entresijos, la mente no puede por menos que elevarse a su Creador.

«Cerebro y mente», forman en el microcosmos humano una unidad maravillosa, sin que por ello se confundan, como no se confunden cuando nos deleitamos con un concierto de Bethoveen para piano, el piano, la partitura, el pianista y Bethoveen. Unidad y diferencia, inmanencia y trascendencia, no son términos excluyentes. Física y metafísica, ciencia empírica y ciencias del espíritu, todas tienen algo que decir. Nos alegrará que no se ignoren entre sí, que se hablen, que se esfuercen en entenderse; que sin confundir planos y niveles, encuentren notas armónicas, de modo que todos podamos escuchar sosegadamente - en concierto de múltiples instrumentos bien afinados -, la melodía fascinante de la unidad y pluriformidad de la Creación.

2004. www.arvo.net

 

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Ciencia, fe… y razón

 

 

 

 

Si la vida son dos días –reza la canción del último anuncio que promete sustanciosas ganancias en el bombo de la suerte–, ponle ilusión y alegría». Se oye a todas horas, como un soniquete simpático que, por lo que se ve, cumple a las mil maravillas su objetivo: hacer dinero. De un modo lúdico y, aparentemente, inocuo se ha evitado el peligroso uso de la razón. ¿Cómo es posible ilusionarse y alegrarse, de un modo razonable, si la vida, realmente, tuviera fecha de caducidad? No es precisamente ilusionante, para quien se tiene por ser racional y libre, lo que decían ya los antiguos escépticos de la vida: «Comamos y bebamos –es decir, vivamos alocada e instintivamente, sin pensar–, que mañana moriremos». Quienes no estamos dispuestos a dimitir de la racionalidad, si la vida fueran de veras dos días, no podemos por menos que reconocer la evidencia de la cruda afirmación de Sartre: «El hombre no es más que una pasión inútil»; es decir, una ilusión sin cumplimiento, incapaz de alcanzar alegría alguna verdadera. Ni racionalidad alguna, ni tampoco ciencia alguna, ni fe alguna verdaderas. ¿No dijo acaso san Pablo, con toda rotundidad, que si no hay resurrección, si la vida son dos días, vana es nuestra fe y aún estamos en nuestros pecados?

 

 

 

La ciencia, como la vida entera, deja de tener sentido alguno si no responde a esa exigencia de eternidad que constituye el ser mismo de todo hombre y mujer; es decir, la exigencia de la fe, el reconocimiento de que sólo el Infinito puede llenar el deseo infinito que somos todos y cada uno de los seres humanos; de tal modo, que la fe, lejos de presentarse como algo para gentes iletradas o antiguas, como una especie de anacrónico añadido de la vida, se muestra como la primera y más fundamental exigencia de la razón. Bien claro lo ha dejado el Papa Juan Pablo II en su espléndida encíclica Fides et ratio, luminosa respuesta a la más oscura tragedia de nuestro tiempo: «la separación, el divorcio –en palabras ya de su antecesor Pablo VI– entre la fe y la vida».

 

 


El tema de portada de este número, la ciencia y la fe, y sus mutuas relaciones, no es en absoluto algo abstruso para grandes genios, teóricos de la filosofía y la teología, sino para la gente de la calle, para todos y cada uno de los seres humanos, que caminamos y vivimos, como muestra el dibujo que ilustra este comentario, acompañados de esa sombra que bien puede significar el reflejo del Sol infinito cuya imagen constituye la entraña misma de toda vida humana, por el hecho de serlo, desde el instante mismo de su concepción; no así para hombres y mujeres empujados ciegamente por la falsa ilusión y la alegría irracional de premios millonarios destinados a pudrirse en sólo dos días, «breves instantes de emoción, ¡y eso en el caso de que ésta no se haya consumido ya en la desilusión del mismo primer instante!», como ha escrito, el pasado 24 de diciembre, Luigi Giussani en el diario italiano Avvenire, a propósito de la Navidad, mostrando que «sin Cristo es imposible la alegría».

 
La ciencia y la fe, como todo aquello que conforma y teje la vida entera de los hombres y de los pueblos, la educación y la política, el valor de la familia y de la nación, la construcción europea y un orden internacional que sirva de verdad a la paz y a la libertad, no será más que esa pasión inútil que decía Sartre si le falta la primera y más esencial exigencia de la razón: la vida eterna que nosotros no podemos jamás darnos a nosotros mismos. Sin este horizonte de eternidad, no sólo la vida, y con ella la ciencia, no avanza, sino que se desprecia hasta su completa destrucción. ¿Acaso puede llamarse avance la multiplicación imparable de los abortos, la eutanasia, la manipulación y destrucción de embriones humanos, el comercio de niños, y hasta de sus órganos? Es oportuno, ciertamente, evocar esa radical pregunta de Jesús que no pierde en absoluto actualidad: «¿De qué me sirve estar muy sano y nadar en la abundancia del dinero si me pierdo a mí mismo?» El auténtico progreso de la ciencia, y de todas las realidades humanas, exige, como su primera y más indispensable necesidad, no perder la razón; o sea, recuperar la esencialidad de la fe, que, ¡mira por dónde!, nos permite afirmar con certeza que la vida no son, precisamente, dos días. 
2004-01-26

 

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Sócrates es mi amigo, pero soy más amigo de la verdad. Aristóteles

Los hechos no dejan de existir solo porque sean ignorados. T. H. Huxley

El que busca la verdad corre el riesgo de encontrarla. Manuel Vicent.

El hombre es el ser que necesita absolutamente de la verdad y, al revés, la verdad es lo único que esencialmente necesita el hombre, su única necesidad incondicional. José Ortega y Gasset...

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"Los cristianos viven con los otros, pero no como los otros".

 

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"Vuestra severidad es útil porque asegura nuestra tranquilidad, nuestra intercesión es útil porque templa vuestra severidad" San Agustín

 

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Para conocer la bondad de una acción, además de considerar el acto propiamente dicho, hay que ver también la finalidad que se pretende.

 

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Es bueno valorar acontecimientos y hechos que han sucedido en el pasado, reflexionar sobre ellos, para caminar con los talentos de la historia como bastón de guía.

 

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la barca de la Iglesia que Cristo fundó, triunfará…, portae inferi non praevalehunt) (Matth. 16,18) las puertas del infierno no prevalecerán, le dijo Cristo a su Iglesia Católica - «Duc in altum» (Lc 5,4) dijo Cristo al apóstol Pedro en el Mar de Galilea 

 

“Las Escrituras no se pueden interpretar solo con los instrumentos de la ciencia de la exégesis –como hacen los protestantes-, mas va leída a la luz de la Tradición del Magisterio”. “En la Iglesia, las Sagradas Escrituras, cuya comprensión crece bajo la inspiración del Espíritu Santo, y el misterio de la interpretación auténtica, dado a los apóstoles, pertenecen el uno al otro en modo indisoluble. Y entonces, allí donde la Sagrada Escritura viene separada de la voz viviente de la Iglesia, vemos que esa cae prisionera a las disputas de los expertos”.

2005-05-07 – S. S. Benedicto XVI – San Juan de Letrán.

 

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...El Señor aborrece los labiosmentirosos, y se complace en los que dicen la verdad Prov.12-,22.

 

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“El cariño de Dios nos sostiene en el desierto de la Historia” Juan Pablo II Magno

 

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La comunidad cristiana de Roma está estrechamente ligada a Pedro, pero ciertamente este apóstol no es su fundador. Generalmente se suele fechar la llegada de Pedro en el año 42, siendo su ‘primer Obispo’. Muere en el 64ca. en cruz invertida; fue  enterrado en el pequeño cementerio pagano-cristiano encontrado sobre el montículo vaticano.

 

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"Obras todas del Señor, bendecid al Señor".-

“¡Señor, dueño nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra!” (Sal 8, 2).

 

La belleza de la naturaleza nos recuerda que Dios nos ha encomendado la misión de "labrar y cuidar" este "jardín" que es la tierra (cf. Gn 2, 8-17).

 

En el Magnificat María nos habla también de sí, de su glorificación ante todas las generaciones futuras: «Ha puesto sus ojos en la humildad de su sierva. Por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada. Porque el Poderoso ha hecho obras grandes en mí». De esta glorificación de María nosotros mismos somos testigos «oculares». ¿Qué criatura humana ha sido más amada e invocada, en la alegría, en el dolor y en el llanto, qué nombre ha aflorado con más frecuencia que el suyo en labios de los hombres? ¿Y esto no es gloria? ¿A qué criatura, después de Cristo, han elevado los hombres más oraciones, más himnos, más catedrales? ¿Qué rostro, más que el suyo, han buscado reproducir en el arte? «Todas las generaciones me llamarán bienaventurada», dijo de sí María en el Magnificat (o mejor, había dicho de ella el Espíritu Santo); y ahí están veinte siglos para demostrar que no se ha equivocado.

 

Su fe indefectible que sostuvo la fe de Pedro y de los demás Apóstoles, durante más de dos mil años, siga sosteniendo la de las generaciones cristianas, aquella y siempre misma fe. Reina de los Apóstoles, ruega por nosotros. Amen ¡Gracias!

 

 

 

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‘LEYENDAS NEGRAS DE LA IGLESIA’. Autor Vittorio MESSORI – Editorial “PLANETA-TESTIMONIO” 10ª EDICIÓN – Óptimo libro para defenderse del cúmulo de opiniones arbitrarias, deformaciones sustanciales y auténticas mentiras que gravitan sobre todo en lo que concierne a la Iglesia.

 

 

LA LEYENDA NEGRA’, de PHILIP W. POWELL (1913-1987), publica la editorial Áltera en su colección ‘Los Grandes Engaños Históricos’. 2008 –

In Obsequio Jesu Christi. 

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).