Tuesday 21 February 2017 | Actualizada : 2017-02-03
 
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Es incomprensible cómo se puede tergiversar el contenido de unas sentencias históricas, cercenándolas y entresacando frases de las mismas, cuando realmente se dice todo lo contrario. Entendemos que es por mucha mala fe, o sencillamente por falta de recto estudio, límpida dedicación y sin perspectiva histórica.

 

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Ni un solo partido de izquierdas de toda Europa condenó oficialmente y de manera transparente, nunca, nunca las matanzas de judíos por parte de los Nazis.

Todo es una absurda y gigantesca cortina de humo para desviar la cuestión ante prácticamente los únicos que denunciaron abiértamente el antisemitismo: los católicos.

Mucho menos los protestantes (pocos lo hicieron a tal época), pues el nazismo triunfa especialmente en la parte protestante de Alemania.

 

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En Londres, en Inglaterra, beato Guillermo Carter, que estaba casado y, por haber publicado un tratado sobre el cisma, durante el reinado de Isabel I fue colgado y descuartizado en Tyburn por la inquisición protestante (era el año de Nuestro Señor Jesucristo 1584).

 

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P: ¿Cuáles fueron las inquisiciones más duras y letales por países?

 

R: Si se refiere a instituciones de carácter religioso, posiblemente la inquisición en Francia no ha sido superada ni por la española en la época de hegemonía europea. Si utiliza el término en un sentido figurado, cualquier inquisición fue una excursión de jesuitinas comparada con los aparatos creados por Lenin y Hitler. Y seguimos viendo las consecuencias nefastas en el castrismo, chavismo, etc. 2007, que no es el siglo XV o XVI.

 

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La Iglesia ha creado y conservado, a lo largo de los tiempos, su patrimonio histórico-artístico para ponerlo al servicio del pueblo, fundando escuelas, Universidades y preservando las Bibliotecas.


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REFLEXIONES EN TORNO A LA INQUISICION Iº

 

Archivado en Fdo.Pascual Aguirre de Cárcer – Documentos – Títulos prestados  

Por José Antonio Caballero Gracía
(Enviado por Fernando Pascual Aguirre de Cárcer)
(Publicado en “Sacerdos” 61, enero-febrero, (2006), 6-10)

 

Introducción
Es muy común oír que la Inquisición constituye una de las más grandes contradicciones de la Iglesia católica: predica el precepto del amor, mas al mismo tiempo se la acusa de haber incurrido en el fanatismo místico que ha desembocado en la intolerancia. ¿Cómo es posible, se dice, que por un lado el Evangelio predique el perdón de los enemigos, la misericordia para con los pecadores, y por otro lado la Iglesia que Cristo fundó sobre la roca de Pedro, a lo largo de su historia haya cedido paulatinamente a casos extremos de crueldad, tortura y muerte por la hoguera? ¿Por qué la Iglesia abusó de su poder, recurriendo a la injusticia en los procesos de gente que no gozaba de garantías de defensa?

Se quieren ofrecer dos ensayos sobre la Inquisición. El primero pretende abordar el tema la “Inquisición medieval” (aplicada a las herejías de los siglos XIII-XIV). El segundo habla sobre todo de la “Inquisición moderna o española” en un segundo momento (dirigida sobre todo contra los falsos conversos del judaísmo e Islam, y el protestantismo). Ambos artículos miran a contestar de modo sereno a algunas de las preguntas que se plantean así o con términos similares, y a aducir las causas que han motivado estos procesos, los efectos tenidos y el ambiente que los rodeaba.

 

¿Qué es la Inquisición? ¿Cuál es su origen?

Se trata ante todo de una técnica judicial. El término latino “inquisitio” significa “investigación”; a estos juicio se sumaron pronto otras medidas, pero siempre en el contexto de la lucha contra las herejías, de suerte que terminó por designar un tribunal eclesiástico especial que se ayudaba de la autoridad civil. No se olvide que la Iglesia tiene el deber de conservar intacto del depósito de la fe, de ser maestra de la verdad, de no permitir que dicho depósito se oscurezca o falsee. También es madre y tiene el deber de atraer a sus hijos extraviados. Lo hace de diversos modos, no sólo con la predicación y la enseñanza, sino también con la amonestación; a menudo la persona amonestada se obstina en el error, hace que la Iglesia se vea obligada a hacer recurso a las censuras. La más grave es la “excomunión”, y si la expresión de la excomunión es muy solemne se denomina “anatema”. La Iglesia tiene un poder coercitivo al aplicar estas penas, pero a ser honestos, ha sido más benigna que los poderes civiles y que los protestantes. El hecho es que varios reos civiles se hacían pasar por herejes, para evadir castigos más severos. Por otro lado, sería una gran injusticia emitir juicios precipitados sobre los indudables excesos que se dieron, sin tomar en cuenta el contexto histórico propio de los mismos. Ha de constatarse también que en la Edad Media pululaban los predicadores ambulantes en las ciudades de Europa; algunos de ellos promovían la revolución religiosa y a veces la social. Si la Iglesia se vio motivada a intervenir directamente en los procesos fue precisamente a raíz de los excesos con que obraba la legislación civil en estas circunstancias. Muchas veces era el mismo pueblo el que exigía la dureza contra el hereje y no dejaba que la autoridad competente mostrara benignidad ninguna.

En la Edad Media la Iglesia no recurrió a los castigos duros antes de los siglos XI y XII a causa del creciente número de cátaros y al ímpetu valdense. Algunos autores indican que precisamente en 1184 nace la Inquisición con la decretal “Ad abolendam”, como culmen de la reconciliación entre Federico I Barbarroja y Lucio III (1181-1185) en la asamblea o dieta de Verona; en esa ocasión se condenó a diversos grupos heréticos como cátaros, patarinos, josefinos, pasagginos, arnaldistas y humillados o pobres de Sión y se les dejó en manos del poder secular (la así llamada “animadversione debita”: se desterraba al reo y se le confiscaban sus bienes). En tal documento se pide que los obispos visiten las parroquias sospechosas de herejía una o dos veces al año, y que se escojan tres o más testigos de buena conciencia y que bajo juramento se denuncie a los herejes ocultos. Se exige la retractación de los culpables, pero si se niegan a ello, se pide sean castigados... Sin embargo, no puede ser tal el inicio de la Inquisición, ya que no se instituye ningún nuevo tribunal.

 

Nacimiento de la Inquisición

En el occidente medieval las herejías aparecieron en un principio como fenómenos esporádicos y aislados; ulteriormente se tuvo un auge herético y antieclesiástico de carácter popular que se logró difundir vertiginosamente por Europa como rezagados epígonos de las antiguas sectas gnósticas y maniqueas, sin negar el influjo de determinados ideales de reforma, de fanatismo, o bien, de anhelos de especulación desenfrenados. Entre otros posibles motivos se pueden elencar la decadencia de la vida interior y religiosa, las ansias y acumulación de riquezas, el lujo, la mundana insensibilidad de muchos eclesiásticos, etc., de suerte que para la segunda mitad del siglo XII en Alemania, en el sur de Francia y en el norte de Italia las herejías medraron hasta el punto de constituir una verdadera amenaza civil y religiosa. Destacan a este respecto los cátaros o albigenses, que parecían tener vínculos profundos con las herejías neomaniqueas de paulicianos y bogomilas. Los cátaros pasaron de los Balcanes a tierras más occidentales de Europa, favorecidos por el comercio y a las cruzadas. Componían una iglesia secreta y bien organizada en la que primaban ásperamente el pensamiento dualista (hay un doble principio eterno del bien y del mal), el desprecio del mundo material, la negación de la realidad de la resurrección y del libre albedrío, un ascetismo severo, la hostilidad contra la Iglesia católica y una cristología de cuño doceta. El núcleo de la secta lo constiuían los así llamados “perfectos”; éstos miraban a restablecer, según ellos, el cristianismo primitivo con la predicación ambulante y el ejercicio de la pobreza; así, todos los perfectos contraían la obligación de ganar adeptos, y quien se negara a ello, pecaba gravemente; se abstenían del matrimonio y de alimentos animales que no fueran pescado. Se dice que se hacían pasar por médicos entre las familias y obligaban al enfermo a recibir el “consolamentum”; tenían grandes talleres de tejidos, de suerte que lograban influir en los aprendices que ciertamente no eran un número exiguo. Entre ellos hubo diáconos y obispos. Al estado de perfección se llegaba al cabo de un largo período de preparación, que culminaba con el bautismo en el Espíritu, único sacramento válido para ellos: se confería a los perfectos con la imposición de las manos y la entrega del padrenuestro como oración constante; el sacramento podía repetirse si el interesado caía en pecados graves. El resto de los fieles tenía para los cátaros la sola obligación de recibir antes de la muerte el consuelo necesario para salvarse.

 

La inquisición pontificia nace en febrero del año 1231. Gregorio IX opta por instituir un juez extraordinario que a nombre suyo haga la debida inquisición, juicio y castigo de los herejes. Los inquisidores pontificios se eligieron entre los frailes predicadores o dominicos, sobre todo en tierras como Francia, Italia, Alemania, Países Bajos, y los reinos de la Europa oriental, pero estuvo prácticamente ausente en tierras escandinavas (con todo, desde la muerte de Conrado de Marburgo, la inquisición se quedó suspendida en Alemania hasta prácticamente el siglo XV con motivo de la caza de brujas). En 1233 el Papa dirá que lo que le movió a esta medida fue la constatación de que los obispos se encontraban abrumados de tantas ocupaciones, que no podían llevar a cabo tales pesquisas y juicios por su propia cuenta. Por otro lado, el deseo mayor del Papa era evitar que la autoridad civil del emperador asumiera unas prerrogativas que no le competían. De hecho, Federico II era quien quería arrogárselos en sus ansias de colocarse por encima de la potestad del Papa, y de apoderarse de más riquezas; de ahí que el Papa reivindicara tales derechos para la sola Iglesia en contra de las posibles arbitrariedades civiles. De no haber actuado del Papa, todos los acusados de herejía, aun los de sospechas leves o inocentes, habrían quedado a merced de la pasión política e ignorancia de los jueces imperiales. Para protegerlos, la única medida que podía utilizar la Iglesia era juzgarlos ella misma. ¿Contra qué se les debía proteger? Se habla del salvajismo de la población amotinada, de la confiscación arbitraria de bienes, de sentencias precipitadas movidas por las urgencias del emperador, entre otros motivos.

 

Antecedentes

En la lucha contra la herejía se habían distinguido ya varios emperadores de la antigüedad, como Teodosio el Grande y Justiniano. El P. García Villoslada evoca que el primero en reprimir a los maniqueos había sido Diocleciano el año 287. En el 316 Constantino confiscó los bienes de los donatistas y condenó un gran número de estos herejes al destierro. De suyo, no faltaron voces en el seno de la Iglesia que se mostraran contrarias a un excesivo rigor contra los herejes. Optato de Milevi parece que defendió la pena de muerte, mas san Hilario de Poitiers decía que Dios no precisa una “adoración forzada”. San Juan Crisóstomo se mostró contrario a la pena de muerte, pero se opuso a que los herejes gozaran de libertad para la difusión de sus errores doctrinales. Tampoco san Agustín era partidario de la pena de muerte, mas con tal de salvaguardar la unidad de la fe, era partidario de una especie de coacción; asimismo, san Agustín consideraba que las penas que pudiera imponer la autoridad civil sobre los herejes bien podían ser medios conducentes a su conversión. San Isidoro de Sevilla no era favorable a la conversión de los judíos por la fuerza. San Bernardo y Gerhoch de Reichersberg se mostraron resueltamente contra la violencia. Santo Tomás de Aquino condenaba la violencia contra judíos y paganos, pero tenía por justa la ejecución de los apóstatas. Posteriormente, algunos textos de derecho germánico convinieron aun en la quema de los herejes.

En la Edad Media, algunos hechos fueron preparando de algún modo lo que ocurriría en 1231. A este respecto cabe señalar sobre todo a la secta de los cátaros. La Iglesia agotó, puede decirse, las armas pacíficas de la advertencia y de la persuasión, tras lo cual optó por recurrir al castigo grave con la ayuda del brazo secular. Desde antaño el obispo era el principal responsable del orden en su diócesis, de manera que se permitía castigar los delitos contra la religión con penas espirituales (excomunión, penitencia de la flagelación y reclusión en claustros). Posteriormente, en los siglos XI-XII las sectas fueron creciendo hasta adquirir dimensiones preocupantes, y se optó por la confiscación de bienes, el encarcelamiento, la impresión con el sello de la “infamia” y el exilio, y a petición de los laicos, la pena de muerte con la horca o la hoguera. Sabido es que en el siglo XII renace el derecho romano. Precisamente en este período es cuando tiene lugar la asimilación de la herejía al crimen de “lesa majestad” con la decretal “Vergentis in senium” de Inocencio III. En este contexto la legislación canónica del derecho penal de la antigüedad clásica que preveía el recurso a las penas físicas (exilio, confiscación de bienes), hizo suyas las medidas propias del derecho germánico, que preveía el recurso a la pena de muerte con la hoguera y la horca. En 1022 Roberto II de Francia mandó quemar a los herejes condenados por el concilio de Orleans, y en 1051 Enrique III dio la orden de ahorcar a otros en Goslar. En 1197 Pedro II de Aragón emanó severos edictos contra los herejes de su reino, amenazándoles con la hoguera.

 

Inocencio III

 

En 1198 Inocencio III sumó al procedimiento acusatorio de los herejes la búsqueda de acusadores específicos por el nombramiento de testigos o por la acumulación de cargos. El año 1208 en Toulouse cayó asesinado el legado papal Pedro de Castelnau, lo que dio origen a la “guerra albigense” (1209): tras la proclamación de la cruzada contra los albigenses por parte del Papa, Raimundo VI de Toulouse, partidario de los albigenses, formó un gran ejército con Simón de Monfort a la cabeza, que se enfrentó con las huestes de otro legado papal, el abad Arnaldo de Cîteaux. La guerra se prolongó diez años a causa de la codicia y el egoísmo de Simón, y concluyó con la paz de París de 1229. Con la derrota de los albigenses se preparó el camino para el nacimiento inmediato de la Inquisición con un sínodo celebrado en Toulouse en 1229.

 

A partir de 1231

La regulación sistemática de la Inquisición sólo se tuvo con Gretorio IX, con una constitución de 1231, la cual mantuvo la muerte por la hoguera y otros castigos. La forma del proceso correspondía en general a la que se seguía en los casos de alta traición. Para el año 1232 el Papa encargó con el oficio de inquisidores a las órdenes mendicantes, sobre todo a los priores dominicos de Friesach, Estrasburgo y Ratisbona. En mayo del mismo año el Papa exhortó al obispo de Tarragona a organizar la inquisición por medio de la orden de los Predicadores. En noviembre de dicho año llegó Fray Alberico a la Lombardía –norte de Italia- con el título de “Inquisitor haereticae pravitatis” (inquisidor de la maldad herética). En abril de 1233 Gregorio IX mandó más dominicos inquisidores a Francia. Una mención especial merecen los casos de Conrado de Marburgo y Roberto le Bougre: Conrado de Marburgo era originariamente Canónigo de Maguncia; al lado de Jean le Bornie, había formado una especie de tribunal itinerante que hacía de estímulo a los tribunales diocesanos para erradicar la herejía. Con el nacimiento de la Inquisición Pontificia, Conrado vio incrementados sus poderes inquisitoriales: de hecho, negó facilidades de defensa a los herejes alemanes, sobre todo luciferianos, que rendían un culto depravado al demonio; se dice que procedió muy sumariamente con ellos: si confesaban el error, tenían salva la vida, pero se les mandaba a la cárcel; si no, iban a la hoguera. Conrado tuvo un final trágico, ya que cayó asesinado el 30 de julio de 1233. Otro famoso inquisidor implacable fu Roberto le Bougre: antes de hacerse dominico, había sido cátaro. En 1235 Roberto se tornó en inquisidor pontificio para todo el reino de Francia con la exclusión de Languedoc. Se cuenta que Roberto sentenció en una semana a todos los acusados de herejía, de suerte que unos 180 acusados terminaron en la hoguera. En 1239 se le suspendió de tales funciones por sus desavenencias con los obispos del reino francés. Ulteriormente el Papa Gregorio IX estudió las acusaciones, destituyó a Roberto y lo condenó a prisión perpetua. En 1252 el Papa Inocencio IV puso a disposición de los inquisidores, como medio de prueba, la tortura, que Nicolò I había condenado como ofensa contra toda ley divina y humana.

Para el año 1260, además de investigarse los casos de herejía como los ya conocidos de valdenses y cátaros, se dio paso también a los casos de apostasía de judíos y musulmanes, así como de sacrilegios, blasfemia, sodomía, brujería o adivinación, e incluso con Juan XXII se inquirió a espirituales o joaquinistas y beguinas. En el siglo XIII se aplicó a cuantos estuvieran en contra del Papa y a favor de Federico II, y en el XIV a los cismáticos. También estos dos siglos se caracterizaron por la producción de manuales y prescripciones que ofrecían actos y consejos prácticos para los procedimientos inquisitoriales; implicaban desde recomendaciones de carácter psicológico hasta tratados sobre las opiniones heréticas y los indicios para saber erradicarlos.

 

¿Cómo se procedía?

Según parece, el procedimiento estaba precedido por una predicación inicial y seguido de otra final ante la comunidad parroquial reunida; se concedía un así llamado “tiempo de gracia” durante el cual los herejes podían autodenunciarse: en tales casos gozaban de las medidas de clemencia, mientras se iniciaba una búsqueda de testimonios. Se contaba con dos jueces y dos inquisidores o un inquisidor y un “socius”. Dicho procedimiento comportaba el encarcelamiento del acusado y su interrogatorio, y se concluía con la proclamación de las sentencias y la aplicación de las penas (éstas últimas se tenían igualmente en una reunión pública y con una predicación, y tenían carácter penitencial). Lo esencial del procedimiento no residía en la represión, sino en la persuasión y en la retractación del hereje. Tristemente ha de reconocerse que en algunas ocasiones sí se procedía con cierta precipitación como desafortunadamente ocurrió con Conrado de Marburgo en 1233, en 1245 con Pietro da Verona y en Aviñón en 1242. Con el paso de los años algunas medidas se hicieron cada vez más duras sobre todo contra los reincidentes, como el llevar cruces amarillas, el ir a santuarios de peregrinación, el encierro a pan y agua.

Para fines de la Edad Media, la Inquisición conoció una especie de mengua sobre todo con la injerencia cada vez mayor de los monarcas.

 

Conclusión

No pueden negarse los graves defectos de la Inquisición, como pudieron haber sido la aceptación de denuncias y el secreto sobre los acusadores y testigos, la no admisión de defensores, la ampliación del concepto de herejía, la tortura y la crueldad de la pena de muerte. La Iglesia ha pedido perdón por sus errores del pasado con el Papa Juan Pablo II, como ha demostrado el documento “Memoria y reconciliación. La Iglesia y las culpas del pasado”, emanado por la Comisión Teológica Internacional. Con ocasión del gran Jubileo del año 2000 se celebró un simposio internacional en el Vaticano sobre la Inquisición, del 29 al 31 de octubre de 1998. Esto ha significado que la Iglesia ha tomado muy en serio y reflexionado sinceramente en sus “errores, infidelidades, incoherencias y retrasos”, para llegar así a una “auténtica purificación de la memoria con el arrepentimiento” (Tertio Millennio Adveniente, n. 33). Por eso es necesario un juicio equilibrado y sereno sobre estos hechos, y no con conceptos de hoy día. El Papa Juan Pablo II en la carta que envió al Card. Roger Etchegaray el 15 de junio del 2004 decía expresamente que “antes de pedir perdón es necesario conocer exactamente los hechos y reconocer las carencias ante las exigencias evangélicas en los caso de que sea así”. Se ha de partir de la mentalidad de entonces y ulteriormente hacer el “mea culpa”, cosa que humildemente hizo el Papa Juan Pablo II el 12 de marzo del 2000 con motivo de la celebración litúrgica que caracterizó la Jornada del Perdón. No es correcto olvidar, por consiguiente, que en la Edad Media la unidad de la fe se consideraba el bien máximo, y por contrapartida, la apostasía era el peor delito. La Iglesia y el estado, muy unidos entre sí, se consideraban autorizados y obligados a proceder con todos los medios de la justicia de entonces, con mayor razón si algunas herejías, como la de los cátaros, ponían en peligro tanto la fe como el orden estatal y social. El hecho es que ni siquiera las confesiones protestantes se sustrajeron a este influjo en Alemania, Francia, Suiza, Inglaterra y Brasil; Calvino, Enrique VIII y Lutero mismo aprobaron estas medidas.

Agradecemos al autor 2006-11-22 Festividad de Santa Cecilia ‘patrona de los  músicos’.

http://blogs.periodistadigital.com/encristiano.php/2006/06/23/reflexiones _en_torno_a_la_inquisicion_i  

 

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Tres cosas fueron importantes a la justicia sobre todo de la Inquisición:

primero, que se compruebe la veracidad de los hechos, porque las acusaciones pueden ser también falsas; verificar la culpabilidad de las personas y asegurar el derecho de defensa a través de un proceso justo, según el contexto histórico… tan diferente al del tercer milenio, pero tan igual a hoy sigue siendo el principio jurídico fundamental.

 

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A propósito de universidad (y de «oscurantismo»): habrá pues un motivo si, a principios del siglo XVII, cuando Galileo tenía unos cuarenta años y se hallaba en plena actividad investigadora, había en Europa 108 universidades -esta típica creación de la Edad Media católica-, algunas más en las Américas españolas y portuguesas y ninguna en territorios no cristianos. Y también habrá una razón si las obras matemáticas y geométricas de la antigüedad (principalmente la obra de Euclides), que han constituido la base fundamental para el desarrollo de la ciencia moderna, nos han llegado sólo gracias a las copias de monjes benedictinos y, una vez inventada la tipografía, gracias a libros impresos siempre por religiosos. Alguien ha señalado incluso que, precisamente a principios de este siglo XVII, un Gran Inquisidor de España creó en Salamanca la Facultad de Ciencias Naturales, donde se enseñaba, apoyándola, la teoría copernicana... Historia compleja, como se puede ver. Mucho más compleja de la que generalmente nos cuentan. Habrá que volver sobre ello. Vittorio MESSORI

 

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Contra los hechos no valen más que los hechos. La frivolidad y la ridícula prepotencia con la que algunos dirigentes de grupos religiosos y sectas, como algunos mercantes bíblicos oportunistas americanistas, pretenden dar lecciones de honestidad a la Iglesia, es lamentable. Se quedan en una expresión del ridículo histórico después de repasar la memoria histórica de la Iglesia y, aprenderla de memoria, bien les valdría.

Y así se cumple el dicho evangélico de: "Por sus frutos los conoceréis". ‘Cuando se encasquilla la razón se disparan las sectas’.

 

La libertad debe fundarse en la verdad.

 

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«El Amor es un compartir mutuo que acaba  en un recuperar mutuo. Tu recuperas a Dios y El te recupera a ti». Fenecido Arzobispo Fulton J. Sheen

 

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Benedicto PP. XVI sobre los nombres de Jesús: “Nuevo Moisés” – Jesús es el profeta que cumple la promesa incumplida hasta entonces de ver el rostro de Dios - ; “Hijo del hombre” – Jesús proviene de Dios, es Dios y portavoz de la verdadera humanidad - ; “Hijo” que conoce al Padre porque está en comunión con Él; y “Yo soy”, fórmula que, en sentido solemne, se refiere al misterio divino de Jesús y en las fórmulas en las que la expresión va acompañada de imágenes (por ejemplo, “Yo soy el pan de vida”) alude a que Cristo nos da a Dios, porque Él mismo es Dios. 2007

 

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No se puede hacer una locura con la idea de alcanzar la cordura; haciendo un mal, el hombre nunca podrá alcanzar un bien.

 

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«Lejos de caer en el tremendismo pesimista de una derrota cualquiera, el cristianismo siempre ha sabido renacer de sus propias cenizas como el mejor ave fénix».

 

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La libertad no es sólo un don, sino también una llamada a la responsabilidad personal. Los americanos lo saben por experiencia: casi todas las ciudades de este País tienen monumentos en honor a cuantos han sacrificado su vida en defensa de la libertad, tanto en su propia tierra como en otros lugares. La defensa de la libertad es una llamada a cultivar la virtud, la autodisciplina, el sacrificio por el bien común y un sentido de responsabilidad ante los menos afortunados. Además, exige el valor de empeñarse en la vida civil, llevando las propias creencias religiosas y los valores más profundos a un debate público razonable. En una palabra, la libertad es siempre nueva. Se trata de un desafío que se plantea a cada generación, y ha de ser ganado constantemente en favor de la causa del bien (cf. Spe salvi, 24). Pocos han entendido esto tan claramente como el Papa Juan Pablo II, de venerada memoria. Al reflexionar sobre la victoria espiritual de la libertad sobre el totalitarismo en su Polonia nativa y en Europa oriental, nos recordó que la historia demuestra en muchas ocasiones que «en un mundo sin verdad la libertad pierde su fundamento», y que una democracia sin valores puede perder su propia alma (cf. Centesimus annus, 46). En estas palabras proféticas resuena de algún modo la convicción del Presidente Washington, expresada en su discurso de despedida, de que la religión y la moralidad son «soportes indispensables» para la prosperidad política. ...[…]… SU SANTIDAD BENEDICTO XVI - South Lawn de la Casa Blanca, Washington D.C. - Miércoles de 16 de abril de 2008

 

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Lo que nunca se permitió ningún tribunal católico de la Inquisición, precisamente por ser una justicia que deseaba tener perfecto conocimiento de causa, y llegar a valorar una justa pena y de equidad posible, la más plena…hace varios siglos ya.

Mientras que hoy en el siglo XXI vemos unos ‘Jueces sustitutos’ - jueces sustitutos son simples licenciados en Derecho que ven en esta vía una oportunidad de promoción profesional prescindiendo del principio del mérito y de la capacidad.

En la edición de anteayer 22.IV, este periódico se hizo eco de uno de los graves problemas que sufre nuestra Administración de Justicia y que, sin embargo, pasa desapercibido para la generalidad de los ciudadanos. Me refiero a la existencia de los denominados jueces sustitutos, jueces que no son de carrera pero que cuentan con una previsión legal en la LOPJ para casos extraordinarios de ausencia de titular. Sin embargo, esta figura ha conseguido confundirse en el hábitat natural de los juzgados hasta convertirse en una pieza autóctona. En la mayoría de los casos, estos jueces sustitutos son simples licenciados en Derecho que ven en esta vía una oportunidad de promoción profesional prescindiendo del principio del mérito y de la capacidad, cualidades que sólo poseen quienes ganan una oposición a la carrera judicial tras años de duro esfuerzo y sacrificio. ‘ABC’ 2008-04-23

 

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Investigación amplia y profunda - Junio 2004 - La obra recoge el pensamiento de más de 50 eminentes intelectuales del mundo –algunos ni siquiera ligados directamente al mundo del catolicismo - que, tras reunirse a debatir sobre la Inquisición en un simposio llevado a cabo en 1998 en la Ciudad del Vaticano, llegaron a la conclusión de que la historia oficial nos muestra unos tribunales eclesiásticos mucho más despiadados y agresivos de lo que en realidad fueron. «Durante el siglo XVI, a causa de rumores arrojados desde los círculos protestantes, se difundió en toda Europa la falsa creencia de que los tribunales de la Inquisición fueron despiadados».

La documentación apodíctica aportada refleja que, de un total de 100.000 procesos, más de la mitad de los acusados fueron absueltos y perdonados, quedando en libertad. Muchos de ellos, sin embargo, fueron posteriormente condenados por tribunales civiles. En España, uno de los países donde más activamente trabajó la Inquisición, de las cerca de 125.000 acusadas de brujería, un total de 59 fueron ajusticiadas. En Italia, país notablemente más poblado, el número baja hasta 36; mientras que en Portugal se reduce hasta cuatro. 

   El libro hace añicos algunos de los grandes tópicos que pesan sobre la historia de la Inquisición. Así, los autores sostienen que no es cierto que la mayoría de los acusados acabasen en la hoguera, como tampoco lo es el que la mayoría de las acusaciones estuviesen basadas en declaraciones obtenidas sometiendo a los prisioneros a la tortura. Los autores de «Inquisición» coinciden en señalar que, en contra de lo que se suele pensar, la mayor parte de las condenas consistían en peregrinaciones, rezos, plegarias u otras penitencias espirituales. Otra de las grandes novedades historiográficas es el intento de explicar el fenómeno inquisitorial contextualizándolo en su época. Así, aclaran, antes de emitir un juicio moral hay que entender cosas como que durante toda la Edad Media la tortura y la pena de muerte eran prácticas habituales. 2004-06-15 Roma – Italia

 

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San Serafín de Sarov (1759-1833), monje ruso - Conversación con Motovilov

 

«Haced que fructifiquen durante mi viaje» -      El verdadero fin de nuestra vida cristiana es la adquisición del Espíritu de Dios; la oración, las vigilias, el ayuno, la limosna y los demás actos de virtud hechos en nombre de Cristo, no son otra cosa que medios para alcanzarla...¿Sabéis bien lo que supone adquirir plata? Pues adquirir el Espíritu Santo, es semejante.
     Para el común de las gentes, la finalidad de la vida consiste en la adquisición de plata, en
la ganancia. Los nobles, además, desean obtener honores, señales de distinción y otras recompensas por los servicios que han prestado al Estado. La adquisición del Espíritu Santo es también un capital, pero un capital eterno, fuente de gracias, parecido a los capitales temporales que se obtienen por los mismos procedimientos. Nuestro Señor Jesucristo, el hombre-Dios, compara nuestra vida  a un mercado y nuestra actividad en la tierra, a un comercio. A todos nos recomienda: «Hacedlos crecer hasta que yo vuelva», y San Pablo escribe: «Sabed comprar la ocasión, porque vienen días malos» (Ef 5,16). Dicho de otra manera: Espabilaos para obtener los bienes celestes negociando las mercancías terrestres. Estas mercancías terrestres no son otra cosa que los actos de virtud hechos en nombre de Cristo y que nos traen la gracia del Santo Espíritu.

 

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La misión del Papa es de estar al timón de la barca de Pedro, de la barca de Cristo.  «La Iglesia no es sólo una corporación como el Estado, es un cuerpo. No es una organización, sino un organismo». S.S.Benedicto Pont. Max. XVI 2008.XI.10

 

San León el Grande Pontífice 440-461) dice con razón: «Del seno del mundo entero, Pedro sólo ha sido elegido para ser puesto a la cabeza de todas las naciones llamadas, de todos los apóstoles, de todos los Padres de la Iglesia; de tal suerte que, aunque haya en el pueblo de Dios muchos pastores, Pedro, sin embargo, rige propiamente a todos los que son principalmente regidos por Cristo». Sobre el mismo asunto escribe San Gregorio el Grande al emperador Mauricio Augusto: «Para todos los que conocen el Evangelio, es evidente que, por la palabra del Señor, el cuidado de toda la Iglesia ha sido confiado al santo apóstol Pedro, jefe de todos los apóstoles... Ha recibido las llaves del reino de los cielos, el poder de atar y desatar le ha sido concedido, y el cuidado y el gobierno de toda la Iglesia le ha sido confiado».

 

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«El destino del ser humano sin su referencia a Dios no puede ser sino la desolación de la angustia que conduce a la desesperación».

Solo si se hace referencia al Dios-Amor, que se ha revelado en Jesucristo, el ser humano puede encontrar el sentido de su existencia y vivir en la esperanza, a pesar de la experiencia de los males que hieren su existencia personal y la sociedad en la que vive».
«La esperanza ayuda a que el hombre no se cierre en un nihilismo paralizador y estéril, sino que se abra al compromiso generoso en la sociedad en que vive para poderla mejorar», concluyó. S.S. Benedicto PP. XVI. 03.XI.2006

 

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Señor: cuántas veces hemos preferido también nosotros el éxito a la verdad, nuestra reputación a la justicia. Da fuerza en nuestra vida a la sutil voz de la conciencia, a tu voz. Mírame como lo hiciste con Pedro después de la negación. Que tu mirada penetre en nuestras almas y nos indique el camino en nuestra vida. El día de Pentecostés has conmovido el corazón e infundido el don de la conversión a los que el Viernes Santo gritaron contra ti. De este modo nos has dado esperanza a todos. Danos también a nosotros de nuevo la gracia de la conversión.

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Los católicos tenemos que ser más valientes que nunca y dar ejemplo de paz, perseverancia y valor. Las personas que critican a la Iglesia olvidan el papel del sacerdocio ‘evangelizante-misionero’ y la labor social de la Iglesia y debemos recordárselo. Tenemos que vivir la fe con alegría, ser más cercanos y tener más frescura. Deberíamos aprender a valorar lo sabia que es la santa madre Iglesia, porque nos lleva 2000 años de ventaja y ella fue fundada por Jesucristo que dijo:

El que a vosotros escucha, a mí me escucha” (Lc 16,10).
Conocereis de verdad.org” intenta presentar la fe cristiana para la gente sencilla, en especial para los estratos aparentemente más bajos. ¿La razón? Simple: «Son ellos quienes más necesitan conocer la alegría de Cristo».

 

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 "Obras todas del Señor, bendecid al Señor".

 

La ecología de la paz

Además de la ecología de la naturaleza, según Benedicto XVI, hay una ecología que -siguiendo un personal pensamiento de Juan Pablo II- llama humana, y que a su vez requiere una ecología social.
«La Humanidad, si tiene verdadero interés por la paz, debe tener siempre presente la interrelación entre la ecología natural, es decir, el respeto por la naturaleza, y la ecología humana». De hecho -constata el Papa-, « toda actitud irrespetuosa con el medio ambiente conlleva daños a la convivencia humana, y viceversa». Por eso, el Mensaje pontificio considera que se da «un nexo inseparable entre la paz con la creación y la paz entre los hombres. Una y otra presuponen la paz con Dios». En este sentido, la poética oración de san Francisco de Asís, el Cántico del Hermano Sol, es para el Pontífice «un admirable ejemplo, siempre actual, de esta multiforme ecología de la paz».
El ejemplo más claro de la importancia de esta ecología de la paz, en estos momentos, es, según el Papa, el problema, cada día más grave, del abastecimiento energético. «En estos años -constata el Pontífice-, nuevas naciones han entrado con pujanza en la producción industrial, incrementando las necesidades energéticas. Eso está provocando una competitividad ante los recursos disponibles sin parangón con situaciones precedentes. Mientras tanto, en algunas regiones del planeta se viven aún condiciones de gran atraso, en las que el desarrollo está prácticamente bloqueado, motivado también por la subida de los precios de la energía».
«¿Qué será de esas poblaciones? ¿Qué tipo de desarrollo, o de no desarrollo, les impondrá la escasez de abastecimiento energético? ¿Qué injusticias y antagonismos provocará la carrera a las fuentes de energía? Y ¿cómo reaccionarán los excluidos de esta competición?», se cuestiona el Santo Padre. «Son preguntas -responde- que evidencian cómo el respeto por la naturaleza está vinculado estrechamente con la necesidad de establecer entre los hombres y las naciones relaciones atentas a la dignidad de la persona y capaces de satisfacer sus auténticas necesidades. La destrucción del ambiente, su uso impropio o egoísta y el acaparamiento violento de los recursos de la tierra, generan fricciones, conflictos y guerras, precisamente porque son fruto de un concepto inhumano de desarrollo». Por eso -explica al terminar de ilustrar este desafío de la paz-, «un desarrollo que se limitara al aspecto técnico y económico, descuidando la dimensión moral y religiosa, no sería un desarrollo humano integral y, al ser unilateral, terminaría fomentando la capacidad destructiva del hombre». 01.01.2007 ‘Día mundial de la Paz’, como cada primer día de Enero.

 

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“Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones” Biblia. Evangelio según San Lucas Cap.1º vs. 48. La Iglesia, hace XXI siglos fundada por Tu Hijo, te alaba, ¡Oh Madre plena de dicha y felicidad!

VERITAS OMNIA VINCIT - LAUS TIBI CHRISTI.

 

 

De verdad: ¡Gracias por venir a visitarnos y por pregonarnos!

 

MANUEL II: DIÁLOGO CON UN MUSULMÁN. Áltera (Barcelona-España), 2006; 154 páginas. Prólogo de JON JUARISTI.

El Papa y el islam

Por Gorka Echevarría Zubeldia

[un libro que recomendamos vivamente]

 

Recomendamos vivamente:

1º Jesús de Nazaret – Al siglo Joseph Cardenal Ratzinger ‘Benedicto XVI’. 2007

2º ‘CÓMO LA IGLESIA CONSTRUYÓ LA CIVILIZACIÓN OCCIDENTAL’. Ninguna institución ha hecho más para dar forma a la civilización occidental que la Iglesia Católica, y en modos que muchos de nosotros hemos olvidado o nunca sabido. Como la Iglesia construyó la civilización occidental es una lectura esencial para redescubrir esta relegada verdad. De un modo senillo y muy atractivo. 2007.

Autor: Thomas E. WOODS Jr.-Editorial: CIUDADELA. 

3º Título: Europa y la Fe’. Editor: Ciudadela Libros. Autor: Hilaire Belloc.
Páginas: 237 - ISBN: 978-84-96836-23-5 -

En esta obra se trata con un realismo histórico apabullante el tema de Europa y su relación con la fe católica. No se debería desconocer este ensayo histórico admirable en que su autor explica cómo la Iglesia católica ayudó a salvar a Occidente, en las Edades oscuras, preservando lo mejor de la civilización griega y romana, y cómo los europeos, todavía hoy, nos beneficiamos de instituciones sociales y de forma políticas de indudable origen católico como los Parlamentos. Es muy posible que no se haya escrito una mejor visión de conjunto de la civilización occidental que este libro.

4º ‘Jesús de Nazaret’ – ‘Benedicto XVI’. 2007;al siglo: Joseph Cardenal Ratzinger

5º ‘El Libro negro de las nuevas persecuciones anticristianas’, Thomás Grimaux es el autor - Favre, 160 páginas. Valeurs Actuelles, 2008 -. Todo un acierto.

5º ‘LA LEYENDA NEGRA’, de PHILIP W. POWELL (1913-1987), publica la editorial Áltera en su colección ‘Los Grandes Engaños Históricos’. 2008 –

 

Ojos para mirar el mundo con amor 
Manos para partir y compartir el pan. †

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).