Monday 27 February 2017 | Actualizada : 2017-02-03
 
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VICTIMAS DEL TERRORISMO ISLÁMICO - Hay una impresión errónea muy común y es que el terrorismo va dirigido contra los judíos y los cristianos. La realidad es que ningún grupo ha sufrido la violencia islamista radical más que los propios musulmanes. Especialmente en peligro están aquellos que se atreven a hablar en favor de los valores como libertad, derechos humanos y democracia.

El terrorismo islámico teme más a los aspirantes de la democracia en el mundo mahometano que a otros en el mundo de enfrente. 2005

 

 

“Una tentación de la democracia es pretender que aquellas decisiones de un determinado parlamento se conviertan en fuente de verdad”.

 

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No hay poder político más inquebrantable que el que se asienta sobre la ignorancia ciudadana. …y la burla de la inteligencia.

 

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"No se oye a ningún musulmán que pida perdón por conquistar España y estar allí ocho siglos". En el Islam no hay una figura que se pueda asimilar a la del sucesor de Pedro, pero no se conoce en ninguno de los más sobresalientes teólogos islamistas ningún pensamiento que se pueda parecer al examen de conciencia, la petición del perdón por los errores propios y el propósito de enmienda. 2006-09-24

 

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“La defensa a ultranza de todas las tradiciones me parece un terrible error. Una cosa es el respeto por la religión y otra cumplir con las tradiciones, que son la cara más oscura de nuestras sociedades: la misoginia, la creencia ciega o la ablación del clítorís son producto de la tradición”.

 

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INQUISICIÓN ISLAMISTA – 2006 - ¿Libertad de expresión?

El diario francés Le Figaro acaba de publicar en su portada, firmado por su director, un anuncio de que, desde hace varios días, un profesor de Filosofía esta amenazado de muerte, por haber escrito en Le Figaro una tribuna muy critica sobre el Islam. El profesor ha tenido que interrumpir su docencia, abandonar su domicilio y quedar bajo protección policial. El diario considera que el papel de un periódico es facilitar a sus lectores todo cuanto pueda permitirles analizar con profundidad la actualidad, y condena con la mayor firmeza este grave atentado contra la libertad de pensamiento y expresión de un profesor cuyo nombre no cita. Se trata del profesor Robert Redeker, que da clase en Saint-Orens-de-Gameville. 2006-10-13

 

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Viruela y terrorismo biológico

 

Por Santiago Grisolía. Profesor de Bioquímica.
CON motivo de la contienda mundial sobre el terrorismo y de las amenazas y temores, se habla de tomar importantes medidas por muchas naciones y organizaciones contra la guerra biológica. Por ello, muy recientemente además de las actuales precauciones con el ántrax, se ha empezado a considerar otros agentes mucho más peligrosos tales como la viruela. Esta enfermedad estaba casi olvidada ya que la mayor parte de adultos a nivel mundial estamos vacunados contra la viruela, por tanto se creía que la enfermedad estaba dominada para siempre. Vale recordar que esta protección global se debe en gran parte a un médico alicantino, el doctor Balmis como después indicaré más en detalle y así en cierta forma compensar el que «en la era de los descubrimientos, la viruela fue introducida en América por la colonización española y portuguesa, convirtiéndose en una de las causas que hizo desaparecer numerosos pueblos indoamericanos.»

 

Debido al éxito de la vacuna contra la viruela, la organización Mundial de la Salud decidió en 1980 que la enfermedad estaba erradicada, por ello hace unos años un grupo de investigadores propusieron destruir las muestras residuales, lo que produjo acaloradas discusiones. Las únicas muestras remanentes del virus conocidas se encuentran, al parecer, en el Centro de Control y Prevención de Atlanta, Georgia, y en el Centro de Virología y Biotecnología Estatal en Novosibirsk en Siberia. Naturalmente, debido a la evidente desaparición de la viruela, todos los países decidieron acabar con la vacunación rutinaria. Por eso, si se emplease la viruela como arma terrorista, sería muy peligroso ya que, potencialmente, los jóvenes soldados y todos los niños podrían estar expuestos a esta terrible enfermedad.


De acuerdo con mi amigo el brillante historiador de medicina profesor López Piñero «la viruela era una enfermedad antiquísima en Asia oriental, mientras que en Europa no hay pruebas de su presencia hasta la Edad Media. Durante mucho tiempo, tuvo escasa gravedad, como lo demuestran, entre otras pruebas, los estudios a ella dedicados a partir del clásico tratado «Sobre la viruela y el sarampión», del persa Rhazes (siglo IX). A lo largo de los siglos XVII y XVIII se comportó en Europa como una enfermedad muy grave que producía frecuentes brotes epidémicos y era una de las principales causas de la elevadísima mortalidad infantil de la época. Afectaba a todos los estratos sociales, desde los más modestos hasta las familias reales. Muchos niños sin distinción de clases morían a causa de la viruela y, por otra parte, los que sobrevivían quedaban «marcados» por las cicatrices características de la afección.»


Por eso, no es de extrañar que el gran Andrés Piquer, máxima figura médica de la Valencia del siglo XVIII, y sus discípulos defendiesen la vacuna como método preventivo, aunque inicialmente, como con todos los nuevos descubrimientos y tecnologías se produjo una fuerte polémica. Vale recordar que a principios del siglo XVIII, Lady Wortley-Montague, esposa del embajador inglés en Estambul, introdujo la vacunación en Gran Bretaña; fueron inoculados sus hijos y, después de ensayos favorables en seis criminales, los hijos de la Princesa de Gales. El interés de la Familia Real española con la variolización, como comentaré más adelante, no es de sorprender puesto que Andrés Piquer fue, desde 1751, médico de cámara de Fernando VI.


Hace unas semanas, con motivo de la visita de la Infanta Doña Cristina para la entrega de los Premios Rey Jaime I, le recordaba que estos premios se dedican a estimular la ciencia en España pero también, y esto es muy importante, para que se haga conocer la ciencia española a nivel mundial, por eso incluimos en los jurados personalidades internacionales porque uno de nuestros grandes defectos fue y es el no estimar y hacer conocer la ciencia española, que ha sido, y es en muchas ocasiones, mejor de lo que se cree. Por eso, en la conversación con Su Alteza le comenté que un excelente ejemplo, muestra también del interés de la Corona por la Ciencia, fue la Real Expedición Filantrópica de la vacuna. En 1803, poco después de haber usado Jenner para vacunar la linfa de la viruela de la vaca, el doctor Balmis, un metódico médico de Alicante, llevó en la fragata María Pita a 22 niños del hospicio que vacunó sucesivamente; así distribuyó la vacuna de la viruela globalmente. Como hemos dicho, la viruela ha sido y es una enfermedad muy seria que afectó, como ya se ha comentado, a muchos niños que morían o quedaban marcados con cicatrices. Como de costumbre, Jenner es globalmente reverenciado, no así Balmis ni actos importantísimos como fue la Real Expedición cuando España era todavía una gran potencia mundial. Por esto, el Consejo Valenciano de Cultura publicó un libro dentro de la Serie Minor sobre Balmis. En la expedición de Balmis participaron cuatro cirujanos, cuatro enfermeros, varios practicantes y, naturalmente, los niños que eran inoculados con el producto de las póstulas de los vacunados la semana anterior y, con ello, la expedición extendió la vacuna por las Antillas, México, América Central y del Sur, Macao, Cantón, etc. También un grupo de expedicionarios encabezados por el subdirector médico Antonio Salvany la llevó a la América Meridional. Después de varias peripecias, incluida su huida a México como consecuencia de la invasión francesa, el doctor Balmis, al regresar a España, fue nombrado cirujano de Cámara por Fernando VI.


Aunque durante el primer tercio del siglo XIX la actividad científica española especialmente la posición de vanguardia de medicina y tecnología se hundió por completo, no obstante algunos grupos en la mitad del siglo hicieron grandes esfuerzos en reincorporarse a la ciencia europea. Y, así, surgió el Instituto Médico Valenciano que se convirtió durante medio siglo en una institución de gran relieve incluyendo su «Comisión de Vacunación», creada en 1851, que no sólo vacunó a miles de personas sino que organizó una red de depósitos de linfa vacunal para prácticamente toda la península y así lo remitió a varias instituciones incluyendo la Casa Real.


El problema con la viruela como arma biológica es que es relativamente fácil construir aerosoles capaces de distribuir el virus extensivamente, lo que es preocupante. Los Estados Unidos en los últimos años, y desde que el presidente Nixon renunció en 1969 a la guerra biológica, no han sido muy activos en la investigación sobre la guerra biológica. No obstante sí lo fueron durante la segunda guerra mundial. Por ejemplo, en el departamento de química fisiológica, en Madison, en la Universidad de Wisconsin, uno de mis colegas, el doctor Abrams, recibió una excelente beca por cristalizar la toxina del botulismo. La bacteria Clostridium botulinum crece en condiciones anaeróbicas en alimentos mal preparados, y produce una toxina potentísima, que puede producir la muerte con cantidades pequeñísimas del orden de una milésima de miligramo. Es de extrañar que no haya habido antes del 11 de septiembre más preocupaciones en Estados Unidos por estos potenciales agentes, ya que en Irak hacia la mitad de los años 90 encontraron laboratorios con miles de litros de toxina botulínica y creo que en alguna proporción ya estaban introducidos en cabezas de misiles. Sin duda, ahora Estados Unidos tomará precauciones. 2002.

 

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«Frente a frecuentes e injustas acusaciones de insensibilidad dirigidas a la Iglesia, es constante el apoyo que ésta ha dado a lo largo de su bimilenaria historia a la investigación para la curación de enfermedades y para el bien de la humanidad». El Pontífice Benedicto XVI especificó que, «si ha habido resistencia -y aún la hay- era y es en razón de aquellas formas de investigación que prevén la programada supresión de seres humanos ya existentes, aunque no hayan nacido» . «La historia misma ha condenado en el pasado y condenará en el futuro una Ciencia de tal tipo, no solo en cuanto privada de la luz de Dios, sino también en cuanto privada de humanidad» 2006-09-

 

«Cuando la Ciencia se aplica al alivio del sufrimiento y cuando, en este camino, descubre nuevos recursos, se demuestra dos veces rica de humanidad: por el esfuerzo del ingenio invertido en la investigación y por el beneficio anunciado a cuantos son afligidos por la enfermedad»2006-09-

El Papa no perdió la oportunidad de advertir que «frente a la directa supresión del ser humano no pueden existir compromisos ni tergiversaciones; no se puede pensar que una sociedad pueda combatir eficazmente el crimen, cuando ella misma legaliza el delito en el ámbito de la vida naciente» 2006-09.

Por último, el Pontífice aprovechó para apoyar la investigación con células madre adultas, que con sus demostrados resultados terapéuticos son «una confirmación de la validez de la constante invitación de la Iglesia al pleno respeto del ser humano desde su concepción». 2006-09- S.S. Benedicto XVI.

 

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La Biblia -con Cristo- ya no justifica ni la

violencia ni dar la muerte» ¡El no matar cristiano!

 

El Viernes Santo el Papa no predica sino que escucha, y en su homilía sobre la Pasión el padre Cantalamessa afirmó que «la violencia nos asalta y nos escandaliza. No se puede matar en nombre de Dios. Pero ¿no está la Biblia llena de historias de violencia? ¿No se atribuye a Dios la orden de exterminar ciudades enteras? ¿No prescribe Él, en la ley de Moisés, numerosos casos de pena de muerte?».


«Si hubiesen planteado a Jesús esta pregunta, probablemente habría respondido como a la del divorcio: «Por la dureza de vuestro corazón Moises os lo permitió, pero al principio no era así». También respecto a la violencia, al principio no era así. El inicio del Génesis nos presenta un mundo en el que la violencia es impensable, ni entre personas humanas ni entre hombres y animales. Ni siquiera para vengar la muerte de Abel es lícito matar».2004-04-09. VIERNES SANTO

 

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El aborto como la eutanasia, desvirtúa los fundamentos del estado de derecho; cualquier legislación que trata de justificar o despenalizar la eutanasia como el aborto, es contraria al deber primordial de todo Estado de Derecho, que es la protección de la vida, ya sea en su etapa germinal o final.

 

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EL QUINTO MANDAMIENTO No matarás (Ex 20, 13)

 

Habéis oído que se dijo a los antepasados: ‘No matarás’; y aquel que mate será reo ante el tribunal. Pues yo os digo: Todo aquel que se encolerice contra su hermano, será reo ante el tribunal (Mt 5, 21-22).

 

2258 ‘La vida humana es sagrada, porque desde su inicio es fruto de la acción creadora de Dios y permanece siempre en una especial relación con el Creador, su único fin. Sólo Dios es Señor de la vida desde su comienzo hasta su término; nadie, en ninguna circunstancia, puede atribuirse el derecho de matar de modo directo a un ser humano inocente’ (CDF, instr. "Donum vitae" intr. 5).

I El respeto de la vida humana

2259 La Escritura, en el relato de la muerte de Abel a manos de su hermano Caín (cf Gn 4, 8-12), revela, desde los comienzos de la historia humana, la presencia en el hombre de la ira y la codicia, consecuencias del pecado original. El hombre se convirtió en el enemigo de sus semejantes. Dios manifiesta la maldad de este fratricidio: ‘¿Qué has hecho? Se oye la sangre de tu hermano clamar a mí desde el suelo. Pues bien: maldito seas, lejos de este suelo que abrió su boca para recibir de tu mano la sangre de tu hermano’ (Gn 4, 10-11).

2260 La alianza de Dios y de la humanidad está tejida de llamamientos a reconocer la vida humana como don divino y de la existencia de una violencia fratricida en el corazón del hombre:

Y yo os prometo reclamar vuestra propia sangre... Quien vertiere sangre de hombre, por otro hombre será su sangre vertida, porque a imagen de Dios hizo él al hombre (Gn 9, 5-6).

El Antiguo Testamento consideró siempre la sangre como un signo sagrado de la vida (cf Lv 17, 14). La validez de esta enseñanza es para todos los tiempos.

2261 La Escritura precisa lo que el quinto mandamiento prohíbe: ‘No quites la vida del inocente y justo’ (Ex 23, 7). El homicidio voluntario de un inocente es gravemente contrario a la dignidad del ser humano, a la regla de oro y a la santidad del Creador. La ley que lo proscribe posee una validez universal: obliga a todos y a cada uno, siempre y en todas partes.

2262 En el Sermón de la Montaña, el Señor recuerda el precepto: ‘No matarás’ (Mt 5, 21), y añade el rechazo absoluto de la ira, del odio y de la venganza. Más aún, Cristo exige a sus discípulos presentar la otra mejilla (cf Mt 5, 22-39), amar a los enemigos (cf Mt 5, 44). El mismo no se defendió y dijo a Pedro que guardase la espada en la vaina (cf Mt 26, 52).

La legítima defensa

2263 La legítima defensa de las personas y las sociedades no es una excepción a la prohibición de la muerte del inocente que constituye el homicidio voluntario. ‘La acción de defenderse puede entrañar un doble efecto: el uno es la conservación de la propia vida; el otro, la muerte del agresor... solamente es querido el uno; el otro, no’ (S. Tomás de Aquino, s. th. 2-2, 64, 7).

2264 El amor a sí mismo constituye un principio fundamental de la moralidad. Es, por tanto, legítimo hacer respetar el propio derecho a la vida. El que defiende su vida no es culpable de homicidio, incluso cuando se ve obligado a asestar a su agresor un golpe mortal:

Si para defenderse se ejerce una violencia mayor que la necesaria, se trataría de una acción ilícita. Pero si se rechaza la violencia en forma mesurada, la acción sería lícita... y no es necesario para la salvación que se omita este acto de protección mesurada a fin de evitar matar al otro, pues es mayor la obligación que se tiene de velar por la propia vida que por la de otro (S. Tomás de Aquino, s. th. 2-2, 64, 7).

2265 La legítima defensa puede ser no solamente un derecho, sino un deber grave, para el que es responsable de la vida de otro, del bien común de la familia o de la sociedad.”

2266 La preservación del bien común de la sociedad exige colocar al agresor en estado de no poder causar perjuicio. Por este motivo la enseñanza tradicional de la Iglesia ha reconocido el justo fundamento del derecho y deber de la legítima autoridad pública para aplicar penas proporcionadas a la gravedad del delito, sin excluir, en casos de extrema gravedad, el recurso a la pena de muerte. Por motivos análogos quienes poseen la autoridad tienen el derecho de rechazar por medio de las armas a los agresores de la sociedad que tienen a su cargo.

Las penas tienen como primer efecto el de compensar el desorden introducido por la falta. Cuando la pena es aceptada voluntariamente por el culpable, tiene un valor de expiación. La pena tiene como efecto, además, preservar el orden público y la seguridad de las personas. Finalmente, tiene también un valor medicinal, puesto que debe, en la medida de lo posible, contribuir a la enmienda del culpable (cf Lc 23, 40-43).

2267 Si los medios incruentos bastan para defender las vidas humanas contra el agresor y para proteger de él el orden público y la seguridad de las personas, en tal caso la autoridad se limitará a emplear sólo esos medios, porque ellos corresponden mejor a las condiciones concretas del bien común y son más conformes con la dignidad de la persona humana.

El homicidio voluntario

2268 El quinto mandamiento condena como gravemente pecaminoso el homicidio directo y voluntario. El que mata y los que cooperan voluntariamente con él cometen un pecado que clama venganza al cielo (cf Gn 4, 10).

El infanticidio (cf GS 51, 3), el fratricidio, el parricidio, el homicidio del cónyuge son crímenes especialmente graves a causa de los vínculos naturales que destruyen. Preocupaciones de eugenesia o de salud pública no pueden justificar ningún homicidio, aunque fuera ordenado por las propias autoridades.

2269 El quinto mandamiento prohíbe hacer algo con intención de provocar indirectamente la muerte de una persona. La ley moral prohíbe exponer a alguien sin razón grave a un riesgo mortal, así como negar la asistencia a una persona en peligro.

La aceptación por parte de la sociedad de hambres que provocan muertes sin esforzarse por remediarlas es una escandalosa injusticia y una falta grave. Los traficantes cuyas prácticas usurarias y mercantiles provocan el hambre y la muerte de sus hermanos los hombres, cometen indirectamente un homicidio. Este les es imputable (cf Am 8, 4-10).

El homicidio involuntario no es moralmente imputable. Pero no se está libre de falta grave cuando, sin razones proporcionadas, se ha obrado de manera que se ha seguido la muerte, incluso sin intención de causarla.

El aborto

2270 La vida humana debe ser respetada y protegida de manera absoluta desde el momento de la concepción. Desde el primer momento de su existencia, el ser humano debe ver reconocidos sus derechos de persona, entre los cuales está el derecho inviolable de todo ser inocente a la vida (cf CDF, instr. "Donum vitae" 1, 1).

Antes de haberte formado yo en el seno materno, te conocía, y antes que nacieses te tenía consagrado (Jr 1, 5; Jb 10, 8-12; Sal 22, 10-11).

Y mis huesos no se te ocultaban, cuando era yo hecho en lo secreto, tejido en las honduras de la tierra (Sal 139, 15).

2271 Desde el siglo primero, la Iglesia ha afirmado la malicia moral de todo aborto provocado. Esta enseñanza no ha cambiado; permanece invariable. El aborto directo, es decir, querido como un fin o como un medio, es gravemente contrario a la ley moral.

No matarás el embrión mediante el aborto, no darás muerte al recién nacido. (Didajé, 2, 2; Bernabé, ep. 19, 5; Epístola a Diogneto 5, 5; Tertuliano, apol. 9).

Dios, Señor de la vida, ha confiado a los hombres la excelsa misión de conservar la vida, misión que deben cumplir de modo digno del hombre. Por consiguiente, se ha de proteger la vida con el máximo cuidado desde la concepción; tanto el aborto como el infanticidio son crímenes abominables (GS 51, 3).

2272 La cooperación formal a un aborto constituye una falta grave. La Iglesia sanciona con pena canónica de excomunión este delito contra la vida humana. ‘Quien procura el aborto, si éste se produce, incurre en excomunión latae sententiae’ (CIC can. 1398), es decir, ‘de modo que incurre ipso facto en ella quien comete el delito’ (CIC can. 1314), en las condiciones previstas por el Derecho (cf CIC can. 1323-1324). Con esto la Iglesia no pretende restringir el ámbito de la misericordia; lo que hace es manifestar la gravedad del crimen cometido, el daño irreparable causado al inocente a quien se da muerte, a sus padres y a toda la sociedad.

2273 El derecho inalienable de todo individuo humano inocente a la vida constituye un elemento constitutivo de la sociedad civil y de su legislación:

‘Los derechos inalienables de la persona deben ser reconocidos y respetados por parte de la sociedad civil y de la autoridad política. Estos derechos del hombre no están subordinados ni a los individuos ni a los padres, y tampoco son una concesión de la sociedad o del Estado: pertenecen a la naturaleza humana y son inherentes a la persona en virtud del acto creador que la ha originado. Entre esos derechos fundamentales es preciso recordar a este propósito el derecho de todo ser humano a la vida y a la integridad física desde la concepción hasta la muerte’ (CDF, instr. "Donum vitae" 3).

‘Cuando una ley positiva priva a una categoría de seres humanos de la protección que el ordenamiento civil les debe, el Estado niega la igualdad de todos ante la ley. Cuando el Estado no pone su poder al servicio de los derechos de todo ciudadano, y particularmente de quien es más débil, se quebrantan los fundamentos mismos del Estado de derecho... El respeto y la protección que se han de garantizar, desde su misma concepción, a quien debe nacer, exige que la ley prevea sanciones penales apropiadas para toda deliberada violación de sus derechos’. (CDF, instr. "Donum vitae" 3).

2274 Puesto que debe ser tratado como una persona desde la concepción, el embrión deberá ser defendido en su integridad, cuidado y atendido médicamente en la medida de lo posible, como todo otro ser humano.

El diagnóstico prenatal es moralmente lícito, ‘si respeta la vida e integridad del embrión y del feto humano, y si se orienta hacia su protección o hacia su curación... Pero se opondrá gravemente a la ley moral cuando contempla la posibilidad, en dependencia de sus resultados, de provocar un aborto: un diagnóstico que atestigua la existencia de una malformación o de una enfermedad hereditaria no debe equivaler a una sentencia de muerte’ (CDF, instr. "Donum vitae" 1, 2).

2275 Se deben considerar ‘lícitas las intervenciones sobre el embrión humano, siempre que respeten la vida y la integridad del embrión, que no lo expongan a riesgos desproporcionados, que tengan como fin su curación, la mejora de sus condiciones de salud o su supervivencia individual’ (CDF, instr. "Donum vitae" 1, 3).

‘Es inmoral producir embriones humanos destinados a ser explotados como «material biológico» disponible’ (CDF, instr. "Donum vitae" 1, 5).

‘Algunos intentos de intervenir en el patrimonio cromosómico y genético no son terapéuticos, sino que miran a la producción de seres humanos seleccionados en cuanto al sexo u otras cualidades prefijadas. Estas manipulaciones son contrarias a la dignidad personal del ser humano, a su integridad y a su identidad’ (CDF, instr. "Donum vitae" 1, 6).

La eutanasia

2276 Aquellos cuya vida se encuentra disminuida o debilitada tienen derecho a un respeto especial. Las personas enfermas o disminuidas deben ser atendidas para que lleven una vida tan normal como sea posible.

2277 Cualesquiera que sean los motivos y los medios, la eutanasia directa consiste en poner fin a la vida de personas disminuidas, enfermas o moribundas. Es moralmente inaceptable.

Por tanto, una acción o una omisión que, de suyo o en la intención, provoca la muerte para suprimir el dolor, constituye un homicidio gravemente contrario a la dignidad de la persona humana y al respeto del Dios vivo, su Creador. El error de juicio en el que se puede haber caído de buena fe no cambia la naturaleza de este acto homicida, que se ha de rechazar y excluir siempre.

2278 La interrupción de tratamientos médicos onerosos, peligrosos, extraordinarios o desproporcionados a los resultados puede ser legítima. Interrumpir estos tratamientos es rechazar el ‘encarnizamiento terapéutico’. Con esto no se pretende provocar la muerte; se acepta no poder impedirla. Las decisiones deben ser tomadas por el paciente, si para ello tiene competencia y capacidad o si no por los que tienen los derechos legales, respetando siempre la voluntad razonable y los intereses legítimos del paciente.

2279 Aunque la muerte se considere inminente, los cuidados ordinarios debidos a una persona enferma no pueden ser legítimamente interrumpidos. El uso de analgésicos para aliviar los sufrimientos del moribundo, incluso con riesgo de abreviar sus días, puede ser moralmente conforme a la dignidad humana si la muerte no es pretendida, ni como fin ni como medio, sino solamente prevista y tolerada como inevitable. Los cuidados paliativos constituyen una forma privilegiada de la caridad desinteresada. Por esta razón deben ser alentados.

El suicidio

2280 Cada cual es responsable de su vida delante de Dios que se la ha dado. El sigue siendo su soberano Dueño. Nosotros estamos obligados a recibirla con gratitud y a conservarla para su honor y para la salvación de nuestras almas. Somos administradores y no propietarios de la vida que Dios nos ha confiado. No disponemos de ella.

2281 El suicidio contradice la inclinación natural del ser humano a conservar y perpetuar su vida. Es gravemente contrario al justo amor de sí mismo. Ofende también al amor del prójimo porque rompe injustamente los lazos de solidaridad con las sociedades familiar, nacional y humana con las cuales estamos obligados. El suicidio es contrario al amor del Dios vivo.

2282 Si se comete con intención de servir de ejemplo, especialmente a los jóvenes, el suicidio adquiere además la gravedad del escándalo. La cooperación voluntaria al suicidio es contraria a la ley moral.

Trastornos psíquicos graves, la angustia, o el temor grave de la prueba, del sufrimiento o de la tortura, pueden disminuir la responsabilidad del suicida.

2283 No se debe desesperar de la salvación eterna de aquellas personas que se han dado muerte. Dios puede haberles facilitado por caminos que El solo conoce la ocasión de un arrepentimiento salvador. La Iglesia ora por las personas que han atentado contra su vida.

II El respeto de la dignidad de las personas

El respeto del alma del prójimo: el escándalo

2284 El escándalo es la actitud o el comportamiento que induce a otro a hacer el mal. El que escandaliza se convierte en tentador de su prójimo. Atenta contra la virtud y el derecho; puede ocasionar a su hermano la muerte espiritual. El escándalo constituye una falta grave, si por acción u omisión, arrastra deliberadamente a otro a una falta grave.

2285 El escándalo adquiere una gravedad particular según la autoridad de quienes lo causan o la debilidad de quienes lo padecen. Inspiró a nuestro Señor esta maldición: ‘Al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le vale que le cuelguen al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos y le hundan en lo profundo del mar’ (Mt 18, 6; cf 1 Co 8, 10-13). El escándalo es grave cuando es causado por quienes, por naturaleza o por función, están obligados a enseñar y educar a otros. Jesús, en efecto, lo reprocha a los escribas y fariseos: los compara a lobos disfrazados de corderos (cf Mt 7, 15).

2286 El escándalo puede ser provocado por la ley o por las instituciones, por la moda o por la opinión.

Así se hacen culpables de escándalo quienes instituyen leyes o estructuras sociales que llevan a la degradación de las costumbres y a la corrupción de la vida religiosa, o a ‘condiciones sociales que, voluntaria o involuntariamente, hacen ardua y prácticamente imposible una conducta cristiana conforme a los mandamientos’ (Pío XII, discurso 1 junio 1941). Lo mismo ha de decirse de los empresarios que imponen procedimientos que incitan al fraude, de los educadores que ‘exasperan’ a sus alumnos (cf Ef 6, 4; Col 3, 21), o de los que, manipulando la opinión pública, la desvían de los valores morales.

2287 El que usa los poderes de que dispone en condiciones que arrastren a hacer el mal se hace culpable de escándalo y responsable del mal que directa o indirectamente ha favorecido. ‘Es imposible que no vengan escándalos; pero, ¡ay de aquel por quien vienen!’ (Lc 17, 1).

El respeto de la salud

2288 La vida y la salud física son bienes preciosos confiados por Dios. Debemos cuidar de ellos racionalmente teniendo en cuenta las necesidades de los demás y el bien común.

El cuidado de la salud de los ciudadanos requiere la ayuda de la sociedad para lograr las condiciones de existencia que permiten crecer y llegar a la madurez: alimento y vestido, vivienda, cuidados de la salud, enseñanza básica, empleo y asistencia social.

2289 La moral exige el respeto de la vida corporal, pero no hace de ella un valor absoluto. Se opone a una concepción neopagana que tiende a promover el culto del cuerpo, a sacrificar todo a él, a idolatrar la perfección física y el éxito deportivo. Semejante concepción, por la selección que opera entre los fuertes y los débiles, puede conducir a la perversión de las relaciones humanas.

2290 La virtud de la templanza conduce a evitar toda clase de excesos, el abuso de la comida, del alcohol, del tabaco y de las medicinas. Quienes en estado de embriaguez, o por afición inmoderada de velocidad, ponen en peligro la seguridad de los demás y la suya propia en las carreteras, en el mar o en el aire, se hacen gravemente culpables.

2291 El uso de la droga inflige muy graves daños a la salud y a la vida humana. Fuera de los casos en que se recurre a ello por prescripciones estrictamente terapéuticas, es una falta grave. La producción clandestina y el tráfico de drogas son prácticas escandalosas; constituyen una cooperación directa, porque incitan a ellas, a prácticas gravemente contrarias a la ley moral.

El respeto de la persona y la investigación científica

2292 Los experimentos científicos, médicos o psicológicos, en personas o grupos humanos, pueden contribuir a la curación de los enfermos y al progreso de la salud pública.

2293 Tanto la investigación científica de base como la investigación aplicada constituyen una expresión significativa del dominio del hombre sobre la creación. La ciencia y la técnica son recursos preciosos cuando son puestos al servicio del hombre y promueven su desarrollo integral en beneficio de todos; sin embargo, por sí solas no pueden indicar el sentido de la existencia y del progreso humano. La ciencia y la técnica están ordenadas al hombre que les ha dado origen y crecimiento; tienen por tanto en la persona y en sus valores morales el sentido de su finalidad y la conciencia de sus límites.

2294 Es ilusorio reivindicar la neutralidad moral de la investigación científica y de sus aplicaciones. Por otra parte, los criterios de orientación no pueden ser deducidos ni de la simple eficacia técnica, ni de la utilidad que puede resultar de ella para unos con detrimento de otros, y, menos aún, de las ideologías dominantes. La ciencia y la técnica requieren por su significación intrínseca el respeto incondicionado de los criterios fundamentales de la moralidad; deben estar al servicio de la persona humana, de sus derechos inalienables, de su bien verdadero e integral, conforme al designio y la voluntad de Dios.

2295 Las investigaciones o experimentos en el ser humano no pueden legitimar actos que en sí mismos son contrarios a la dignidad de las personas y a la ley moral. El eventual consentimiento de los sujetos no justifica tales actos. La experimentación en el ser humano no es moralmente legítima si hace correr riesgos desproporcionados o evitables a la vida o a la integridad física o psíquica del sujeto. La experimentación en seres humanos no es conforme a la dignidad de la persona si, por añadidura, se hace sin el consentimiento consciente del sujeto o de quienes tienen derecho sobre él.

2296 El trasplante de órganos no es moralmente aceptable si el donante o sus representantes no han dado su consentimiento consciente. El trasplante de órganos es conforme a la ley moral y puede ser meritorio si los peligros y riesgos físicos o psíquicos sobrevenidos al donante son proporcionados al bien que se busca en el destinatario. Es moralmente inadmisible provocar directamente para el ser humano bien la mutilación que le deja inválido o bien su muerte, aunque sea para retardar el fallecimiento de otras personas.

El respeto de la integridad corporal

2297 Los secuestros y el tomar rehenes hacen que impere el terror y, mediante la amenaza, ejercen intolerables presiones sobre las víctimas. Son moralmente ilegítimos. El terrorismo, que amenaza, hiere y mata sin discriminación es gravemente contrario a la justicia y a la caridad. La tortura, que usa de violencia física o moral, para arrancar confesiones, para castigar a los culpables, intimidar a los que se oponen, satisfacer el odio, es contraria al respeto de la persona y de la dignidad humana. Exceptuados los casos de prescripciones médicas de orden estrictamente terapéutico, las amputaciones, mutilaciones o esterilizaciones directamente voluntarias de personas inocentes son contrarias a la ley moral (cf DS 3722).

2298 En tiempos pasados, se recurrió de modo ordinario a prácticas crueles por parte de autoridades legítimas para mantener la ley y el orden, con frecuencia sin protesta de los pastores de la Iglesia, que incluso adoptaron, en sus propios tribunales las prescripciones del derecho romano sobre la tortura. Junto a estos hechos lamentables, la Iglesia ha enseñado siempre el deber de clemencia y misericordia; prohibió a los clérigos derramar sangre. En tiempos recientes se ha hecho evidente que estas prácticas crueles no eran ni necesarias para el orden público ni conformes a los derechos legítimos de la persona humana. Al contrario, estas prácticas conducen a las peores degradaciones. Es preciso esforzarse por su abolición, y orar por las víctimas y sus verdugos.

El respeto a los muertos

2299 A los moribundos se han de prestar todas las atenciones necesarias para ayudarles a vivir sus últimos momentos en la dignidad y la paz. Deben ser ayudados por la oración de sus parientes, los cuales cuidarán que los enfermos reciban a tiempo los sacramentos que preparan para el encuentro con el Dios vivo.

2300 Los cuerpos de los difuntos deben ser tratados con respeto y caridad en la fe y la esperanza de la resurrección. Enterrar a los muertos es una obra de misericordia corporal (cf Tb 1, 16-18), que honra a los hijos de Dios, templos del Espíritu Santo.

2301 La autopsia de los cadáveres es moralmente admisible cuando hay razones de orden legal o de investigación científica. El don gratuito de órganos después de la muerte es legítimo y puede ser meritorio.

La Iglesia permite la incineración cuando con ella no se cuestiona la fe en la resurrección del cuerpo (cf CIC can. 1176, 3).

III La defensa de la paz

2302 Recordando el precepto: ‘no matarás’ (Mt 5, 21), nuestro Señor pide la paz del corazón y denuncia la inmoralidad de la cólera homicida y del odio:

La cólera es un deseo de venganza. ‘Desear la venganza para el mal de aquel a quien es preciso castigar, es ilícito’; pero es loable imponer una reparación ‘para la corrección de los vicios y el mantenimiento de la justicia’ (S. Tomás de Aquino, s. th. 2-2, 158, 1 ad 3). Si la cólera llega hasta el deseo deliberado de matar al prójimo o de herirlo gravemente, constituye una falta grave contra la caridad; es pecado mortal. El Señor dice: ‘Todo aquel que se encolerice contra su hermano, será reo ante el tribunal’ (Mt 5, 22).

2303 El odio voluntario es contrario a la caridad. El odio al prójimo es pecado cuando se le desea deliberadamente un mal. El odio al prójimo es un pecado grave cuando se le desea deliberadamente un daño grave. ‘Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial...’ (Mt 5, 44-45).

2304 El respeto y el desarrollo de la vida humana exigen la paz. La paz no es sólo ausencia de guerra y no se limita a asegurar el equilibrio de fuerzas adversas. La paz no puede alcanzarse en la tierra, sin la salvaguardia de los bienes de las personas, la libre comunicación entre los seres humanos, el respeto de la dignidad de las personas y de los pueblos, la práctica asidua de la fraternidad. Es la ‘tranquilidad del orden’ (S. Agustín, civ. 19, 13). Es obra de la justicia (cf Is 32, 17) y efecto de la caridad (cf GS 78, 1-2).

2305 La paz terrenal es imagen y fruto de la paz de Cristo, el ‘Príncipe de la paz’ mesiánica (Is 9, 5). Por la sangre de su cruz, ‘dio muerte al odio en su carne’ (Ef 2, 16; cf Col 1, 20-22), reconcilió con Dios a los hombres le hizo de su Iglesia el sacramento de la unidad del género humano y de su unión con Dios. ‘El es nuestra paz’ (Ef 2, 14). Declara ‘bienaventurados a los que construyen la paz’ (Mt 5, 9).

2306 Los que renuncian a la acción violenta y sangrienta y recurren para la defensa de los derechos del hombre a medios que están al alcance de los más débiles, dan testimonio de caridad evangélica, siempre que esto se haga sin lesionar los derechos y obligaciones de los otros hombres y de las sociedades. Atestiguan legítimamente la gravedad de los riesgos físicos y morales del recurso a la violencia con sus ruinas y sus muertes (cf GS 78, 5).

Evitar la guerra

2307 El quinto mandamiento condena la destrucción voluntaria de la vida humana. A causa de los males y de las injusticias que ocasiona toda guerra, la Iglesia insta constantemente a todos a orar y actuar para que la Bondad divina nos libre de la antigua servidumbre de la guerra (cf GS 81, 4).

2308 Todo ciudadano y todo gobernante están obligados a empeñarse en evitar las guerras.

Sin embargo, ‘mientras exista el riesgo de guerra y falte una autoridad internacional competente y provista de la fuerza correspondiente, una vez agotados todos los medios de acuerdo pacífico, no se podrá negar a los gobiernos el derecho a la legítima defensa’ (Gs 79, 4).

2309 Se han de considerar con rigor las condiciones estrictas de una legítima defensa mediante la fuerza militar. La gravedad de semejante decisión somete a ésta a condiciones rigurosas de legitimidad moral. Es preciso a la vez:

– Que el daño causado por el agresor a la nación o a la comunidad de las naciones sea duradero, grave y cierto.

– Que todos los demás medios para poner fin a la agresión hayan resultado impracticables o ineficaces.

– Que se reúnan las condiciones serias de éxito.

– Que el empleo de las armas no entrañe males y desórdenes más graves que el mal que se pretende eliminar. El poder de los medios modernos de destrucción obliga a una prudencia extrema en la apreciación de esta condición.

Estos son los elementos tradicionales enumerados en la doctrina llamada de la ‘guerra justa’.

La apreciación de estas condiciones de legitimidad moral pertenece al juicio prudente de quienes están a cargo del bien común.

2310 Los poderes públicos tienen en este caso el derecho y el deber de imponer a los ciudadanos las obligaciones necesarias para la defensa nacional.

Los que se dedican al servicio de la patria en la vida militar son servidores de la seguridad y de la libertad de los pueblos. Si realizan correctamente su tarea, colaboran verdaderamente al bien común de la nación y al mantenimiento de la paz (cf GS 79, 5).

2311 Los poderes públicos atenderán equitativamente al caso de quienes, por motivos de conciencia, rehúsan el empleo de las armas; éstos siguen obligados a servir de otra forma a la comunidad humana (cf GS 79, 3).

2312 La Iglesia y la razón humana declaran la validez permanente de la ley moral durante los conflictos armados. ‘Una vez estallada desgraciadamente la guerra, no todo es lícito entre los contendientes’ (GS 79, 4).

2313 Es preciso respetar y tratar con humanidad a los no combatientes, a los soldados heridos y a los prisioneros.

Las acciones deliberadamente contrarias al derecho de gentes y a sus principios universales, como asimismo las disposiciones que las ordenan, son crímenes. Una obediencia ciega no basta para excusar a los que se someten a ella. Así, el exterminio de un pueblo, de una nación o de una minoría étnica debe ser condenado como un pecado mortal. Existe la obligación moral de desobedecer aquellas decisiones que ordenan genocidios.

2314 ‘Toda acción bélica que tiende indiscriminadamente a la destrucción de ciudades enteras o de amplias regiones con sus habitantes, es un crimen contra Dios y contra el hombre mismo, que hay que condenar con firmeza y sin vacilaciones’ (GS 80, 4). Un riesgo de la guerra moderna consiste en facilitar a los que poseen armas científicas, especialmente atómicas, biológicas o químicas, la ocasión de cometer semejantes crímenes.

2315 La acumulación de armas es para muchos como una manera paradójica de apartar de la guerra a posibles adversarios. Ven en ella el más eficaz de los medios, para asegurar la paz entre las naciones. Este procedimiento de disuasión merece severas reservas morales. La carrera de armamentos no asegura la paz. En lugar de eliminar las causas de guerra, corre el riesgo de agravarlas. La inversión de riquezas fabulosas en la fabricación de armas siempre más modernas impide la ayuda a los pueblos indigentes (cf PP 53), y obstaculiza su desarrollo. El exceso de armamento multiplica las razones de conflictos y aumenta el riesgo de contagio.

2316 La producción y el comercio de armas atañen hondamente al bien común de las naciones y de la comunidad internacional. Por tanto, las autoridades tienen el derecho y el deber de regularlas. La búsqueda de intereses privados o colectivos a corto plazo no legitima empresas que fomentan violencias y conflictos entre las naciones, y que comprometen el orden jurídico internacional.

2317 Las injusticias, las desigualdades excesivas de orden económico o social, la envidia, la desconfianza y el orgullo, que existen entre los hombres y las naciones, amenazan sin cesar la paz y causan las guerras. Todo lo que se hace para superar estos desórdenes contribuye a edificar la paz y evitar la guerra:

En la medida en que los hombres son pecadores, les amenaza y les amenazará hasta la venida de Cristo, el peligro de guerra; en la medida en que, unidos por la caridad, superan el pecado, se superan también las violencias hasta que se cumpla la palabra: ‘De sus espadas forjarán arados y de sus lanzas podaderas. Ninguna nación levantará ya más la espada contra otra y no se adiestrarán más para el combate’ (Is 2, 4) (GS 78, 6).

 

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Nosotros los cristianos no llegamos a un grado de bondad y madurez espiritual de la noche a la mañana; nuestra vida es un continuo caminar. Incluso en los tramos rectos, he encontrado lugares con niebla tan densa que he tenido que seguir adelante creyendo que Jesús iba conmigo guiándome... Me di cuenta de que cuando me acercaba a Jesús despojada de toda pretensión, con espíritu de necesidad, lista para escucharlo y recibir lo que EL tuviera para mí, EL me había encontrado ya en mi punto de mayor necesidad... Cuando el futuro nos parece tenebroso y desolado, con EL todo se transforma en una vida nueva llena de gozo.” [Catherine Marshall (encontrarnos con Dios)].

 

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Pidamos a Dios que nunca, ni cristianos ni musulmanes, pongamos a Dios al servicio de nuestros intereses políticos o de clase. A Dios se le adora, se le da gracias y se le ama.
El objetivo de la esperanza es Dios. Dios trabaja los corazones de los hombres, nos pide dar testimonio de su amor y lo ha hecho la Iglesia en distintas circunstancias.

 

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La Iglesia es universal porque Cristo le ordenó ser global - católica – universal.

Siendo en el 64/67ca. crucificado S.Pedro en cruz invertida, primer obispo de Roma, somos historia ‘Italia-Roma-Vaticano’ bien documentados desde hace 2000 años:

«Pero yo puedo mostrar los trofeos de los apóstoles. Pues si deseas ir al Vaticano o al camino de Ostia, verás los trofeos de aquellos que fundaron esta iglesia».

Fuente: Historia Eclesiástica, de Eusebio de Cesarea, tomo I. Editorial CLIE

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(Palestina, c. 265- id., 340) Escritor y prelado cristiano griego. Favorito del emperador Constantino, fue elegido obispo de Cesarea en 313 e intervino en las luchas entre ortodoxos y arrianos. Llevado por su espíritu conciliador, se enfrentó varias veces con Atanasio. Fundó la historiografía eclesiástica, fijó las bases de la cronología hasta 323 en su Crónica y escribió una historia del cristianismo hasta esa fecha. Es autor también de dos obras apologéticas: Preparación evangélica y Demostración evangélica.

 

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El alma cristiana es sana y generosa, agradecida y leal. A nadie desprecia, ni siquiera desecha a los pecadores, sabe que el odio engendra las tinieblas y que, al detestar a los enemigos, es a menudo a los hermanos a quienes se desprecia – saepe fratem odisti, et nescis.

 

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El neopaganismo no niega frontalmente a Dios, simplemente lo domestica invirtiendo los términos: dios es mi imagen y semejanza.

En nuestros días parece verdadera la intuición de Pascal al constatar que el hombre que deja de creer en Dios, no es que deje de creer, sino que cree en todo. No cree que su vida esté segura en manos de Dios, pero sí en la eficacia de un amuleto o la conjunción de los astros, que las cartas del tarot encierran el secreto de su vida futura… Los dioses paganos pueden ser cómodos y confortables pero no parecen ser muy fiables a juzgar por las precauciones que hay que tomar con ellos. 2005

 

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La Iglesia Católica es historia desde Cristo fundara su única Iglesia hace 2000 años.  Para constatarlo sólo se requiere honestidad intelectual, quedando fuera y lejos los charlatanes, cantamañanas o fantasiosos sectarios* océanos de necedad, nacidos del polifacético protestantismo y que continúan aparecer cinco (5) semanalmente sólo en U.S.A. Pero ninguno de ellos, ‘mahometanos incluidos’ con pruebas apodícticas no logran remontarse hasta Cristo Jesús. 2004.*(Testigos de Jehová, Bautistas al menos hay 19, y un largo etc.)

 

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Bello es el rostro de la luz abierta

sobre el silencio de la tierra;

bello hasta cansar mi corazón, Dios mío.

Así mi voluntad, así mis ojos

se levantan a ti; dame temprano

la capacidad de comprender el día.

Despiértame, Señor, cada mañana

hasta que aprenda a amanecer, Dios mío,

en la gran luz de la misericordia.

 

Por venir a visitarnos, os agradecemos.-

Benedicto PP XVI: 2008.I.01 ‘Día mundial de la paz’ como cada primero de enero. Familia humana: comunidad de paz’ lema 01 enero para el 2008. 40 aniversario de la celebración de la primera Jornada Mundial de la Paz (1968-2008) ‘la celebración de esta Jornada, fruto de una intuición providencial del Papa Pablo VI’.-

Anno Domini 2008 - Mane nobiscum, Domine! ¡Quédate con nosotros, Señor!.

En el frontispicio de todas las iglesias de los jesuitas, en innumerables libros, en los anuncios de sus disputationes y en sus programas catequéticos, campea siempre el lema que resume lacónicamente los fines de la Orden: O.A.M.D.G. (Omnia ad maiorem Dei gloriam: «todo a mayor gloria de Dios»).

 

Recomendamos vivamente:

Título: ‘Históricamente incorrecto. Para acabar con el pasado único’.
Autor: Jean Sévilla - Editorial: Ciudadela

 

Recomendamos: Título: ‘Buscando a Dios’
Autor: Esther de Waal - Editorial: Sígueme

 

Recomendamos: Título: ‘Repensar la ciencia’
Autor: Natalia López Moratalla - Editorial: EIUNSA

 

Recomendamos vivamente: “Sinceridad y Fortaleza” por José Antonio GALERA. Patmos Libros espirituales-Ediciones RIALP S.A. Madrid-España

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).