Friday 26 May 2017 | Actualizada : 2017-03-29
 
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Historia - Iglesia y la libertad - ¿O de los mártires de la persecución religiosa en España de 1936 a 1939; o del totalitarismo nazi? No está de más recordar lo que de éste escribió el judío Albert Einstein, en el Time Magazine de diciembre de 1940: «Por ser un amante de la libertad, cuando tuvo lugar la revolución en Alemania (la llegada de Hitler) miré con confianza hacia las universidades, sabiendo que siempre se habían enorgullecido de su devoción a la causa de la verdad. Pero las universidades permanecieron en silencio. Entonces miré a los grandes editores de periódicos que en ardientes editoriales proclamaban su amor por la libertad. Pero también ellos, como las universidades, se redujeron al silencio, sofocados en el curso de pocas semanas. Solamente la Iglesia se opuso plenamente a la campaña de Hitler que pretendía suprimir la verdad. Nunca había tenido un interés especial por la Iglesia, pero ahora siento por ella un gran amor y admiración, porque solamente la Iglesia tuvo el coraje y la perseverancia de defender la libertad intelectual y la libertad moral. Debo confesar que aquello que antes había despreciado, ahora lo admiro incondicionalmente». Albert Einstein


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Vicente Cárcel Ortí, historiador y sacerdote:

«El Vaticano no reconoció a los nacionales hasta 1938 porque

tenían vínculos con los nazis»

 


«La memoria histórica es importante pero no se pueden sacar hechos de hace 70 años como si fueran piedras para arrojárselas a los demás. Es una operación política absurda» - «La gente está cansada de esta manipulación»

 

Ciudad del Vaticano - El sacerdote e historiador Vicente Cárcel Ortí (Manises, Valencia, 1940) lleva meses investigando los papeles de los archivos secretos del Vaticano relativos al Pontificado de Pío XI. Los documentos, que fueron desclasificados en septiembre, ofrecen datos inéditos sobre la II República y la Guerra Civil, ya que datan del periodo comprendido entre el 6 de febrero de 1922 y el 10 de febrero de 1939. Cárcel, que vive desde hace décadas en Roma, ha escrito varios ensayos históricos sobre temas relacionados con la Iglesia. Entre ellos destaca su investigación sobre las matanzas cometidas en España por motivos religiosos durante la II República y la Guerra Civil («La Gran persecución. Historia de cómo intentaron aniquilar a la Iglesia católica»), así como una «Breve Historia sobre la Iglesia católica en España». El valenciano asegura que «la información que tiene el Vaticano no la tiene ni el presidente de Estados Unidos».


   -¿Cuáles son las principales conclusiones a las que ha llegado tras bucear en los archivos desclasificados recientemente por el Vaticano y que aportan nuevos documentos sobre el periodo de
la II República y la Guerra Civil?
   -El Vaticano no quiso reconocer de ninguna manera al bando nacional en el año 1937 porque tenían vínculos con los nazis alemanes y los fascistas italianos. El día 1 de junio del año 37 se reúnen los cardenales para evaluar el golpe militar. Reconocen que la situación tenía que explotar por un lado o por otro, pero al mismo tiempo consideran que el de la República es un gobierno legítimo. Los golpistas piden que el Vaticano reconozca su Gobierno inmediatamente, pero el Papa responde que no, que antes tienen que estudiarlo sin prisas.


   -Sin embargo, dos años después el Vaticano reconoció oficialmente el Gobierno nacional.
   -En el año 1938 la situación había cambiado radicalmente. Franco domina la mayoría del territorio nacional. El Vaticano sabía que la guerra la iba a ganar Franco. Además era el momento en el que la República derivó en un comunismo puro en el que se fusilaba a los socialistas y a los anarquistas. Era ya el totalitarismo típico de los gobiernos comunistas. En este momento el Vaticano marca las distancias con el Gobierno de Barcelona y reconoce oficialmente el de Franco, en mayo del 38. Inmediatamente después lo hicieron el resto de naciones.


   -Y los obispos españoles, ¿cuándo apoyaron abiertamente el nuevo régimen?
   -El 1 de julio del 37, un año después del comienzo de la guerra, se declararon a favor del bando nacional. A pesar de la sangría de asesinatos contra católicos, esperaron un año para posicionarse. Apoyaron el frente nacional pero sin saber qué pasaría después, ni lo que estaba pasando ya en algunos frentes, igual que nosotros no sabemos que está pasando realmente en Iraq, habrá que esperar para saber como acaba.


   -El Vaticano se encontraba entre dos fuegos.
   -El Vaticano estaba obsesionado con dos peligros: por el Este el comunismo y por el centro de Europa el nazismo. Se encuentra con un régimen que no le gusta, que es la República, que deriva al comunismo, pero que reconoce casi hasta el final. Y al otro lado se encuentra con un régimen que está naciendo y que tampoco le gusta por la ideología que muestra.
   -¿Qué dicen los documentos desclasificados sobre la persecución contra la Iglesia que se produjo en esos años?
   -El Papa sabe que hay persecución y quiere detalles. Pide informes a los obispos y éstos su vez a las parroquias. La persecución tiene momentos distintos. Empieza con quema de iglesias y conventos y acaba siendo una matanza total, una locura. Hay documentación mucho más precisa de cuando acabó la guerra, con fotos, detalles, etcétera. Eso está todo guardado, en una parte del archivo de la que me han hablado, que no está aún abierta a la documentación todavía, pero que lo estará algún día.


   -¿Hay datos que demuestren que las autoridades republicanas tenían algo que ver con la persecución religiosa?
   -El 9 de enero de 1937, Manuel de Irujo, ministro de Justicia, nacionalista vasco, muy católico, en un consejo de ministros lee un informe en el que denuncia que todo lo que está pasando en la España republicana no puede ser fruto de elementos incontrolados, como se decía entonces. Irujo dice que no es posible porque no pueden ocurrir estas cosas a espaldas del Estado. Al final de su intervención dedica una frase durísima, asegurando que si sigue así la cosa se acabará creando un estado realmente fascista.


   -¿Por qué siguió reconociendo el Vaticano la República si sospechaba que la persecución religiosa se orquestaba desde el Gobierno republicano?
   -La Santa Sede mantuvo siempre mucho respeto a
la República. Lo reconoce como Gobierno de la población española. Otra cosa es que no le gustase dicho gobierno, pero lo reconoció, porque la Santa Sede no se plantea esas cosas, sino que reconoce al que está legítimamente en el poder: es la teoría de San Pablo, que pide que se reconozcan los poderes instituidos. Estaban matando curas, frailes y quemando iglesias. Pero desde el Vaticano se ven las cosas desde arriba. La Iglesia ha sufrido muchas revoluciones y muchas persecuciones, de modo que la situación no estaba suficientemente clara como para reconocer el gobierno nacional.


   -En la conferencia que ofreció la semana pasada destacó la labor humanitaria efectuada por el Vaticano durante la guerra. ¿En qué consistió?
   -Por una parte recuperar a los niños de las zonas republicanas que fueron mandados a otros países. Durante el asedio de Bilbao unos 20 mil niños fueron llevados al extranjero. Según los republicanos, esos niños se los llevaron para evitar que los mataran los nacionales en los bombardeos. Según los nacionales, esos niños se los llevaron para educarlos en el marxismo y el comunismo, alejarlos de su familia. El Vaticano también intervino ante las autoridades nacionales para que no ejecutasen a miles de condenados a muerte y para que los condenados a muchos años de cárcel pudiesen salir antes con reducción de penas. Pero Franco no siempre escuchó las intercesiones del Papa. Pío XI sólo consiguió salvar a algunas de esas personas.


   -¿Considera necesario clarificar lo que ocurrió durante aquellos años y sacar a la luz los hechos y los asesinatos?
   -Hay que recordarlo, la memoria histórica es importante. Lo que no se pueden sacar son hechos de hace 70 años como si fueran piedras para arrojárselos a los demás. Es una operación política absurda. Hoy se están repitiendo muchos de los mismos errores que cometieron los abuelos o bisabuelos y no se dan cuenta de que esto es un boomerang, que se vuelven contra ellos. La gente está muy cansada de esta manipulación histórica. La historia la tienen que hacer los historiadores y no los políticos. Ángel Villarino – ‘ABC’ 2006-12-17

 

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Entrevista al historiador Vicente Cárcel Ortí a los setenta y cinco años del inicio de la guerra civil española


 

Víctimas y verdugos

 

Con ocasión del 75° aniversario de la guerra civil española, la revista mensual on-line «Il Consulente Re» publicó una entrevista de su director al historiador Vicente Cárcel Ortí. Ofrecemos algunos extractos .

 

Han pasado setenta y cinco años desde el inicio de la guerra civil española: ¿es posible hoy hacer un juicio lo más objetivo posible de lo que aconteció?

 

La objetividad no existe. Todos, aunque en medida diversa, estamos condicionados por los acontecimientoe posteriores. En 1936 nadie podía prever cómo y cuándo terminaría. Y  en 1939 nadie podía conocer la historia de España hasta la mitad de los años setenta. Hace falta gran disciplina, sobriedad y humildad. Por eso frecuento los archivos: para revivir la vida diaria de aquellos años a través de despachos diplomáticos, cartas, artículos de periódicos, relaciones, apuntes, telegramas, discursos. Gracias a los numerosísimos documentos sobre la Segunda República española consultados en el Archivo Secreto Vaticano he llegado a algunas conclusiones incontrovertibles.  Hago una síntesis. En primer lugar, la

 

República en 1931 fue el producto de un golpe de Estado, blanco, sin derramamiento de sangre, pero siempre golpe de Estado. En efecto, se cambió radicalmente el sistema político monárquico, instaurando uno republicano, sin consulta popular.

 

¿Y el voto popular del 12 de abril de 1931?

Era un voto administrativo. Nadie preguntó a los electores si querían una monarquía o una república. No solo: vencieron los canditatos monárquicos.

 

Oficialmente vencieron los republicanos...

En Madrid vencieron los republicanos. El Gobierno amenazó al rey, diciendo que, habiendo vencido los republicanos en Madrid y en algunas otras ciudades, toda España era ya republicana. Una mentira: globalmente habían vencido los monárquicos. Pero Alfonso XIII se asustó, tomó el tren y se marchó, dejando el poder a un grupito de republicanos. Así nació la Segunda República.

 

En noviembre de 1933 se tuvieron elecciones políticas, que dieron la victoria al centro derecha

Muchos electores católicos reaccionaron a los primeros dos de República. La izquierda no aceptó la derrota y eso llevó a huelgas generales y violencia en las plazas. El centro derecha había vencido, pero sin mayoría absoluta. Se creó una situación de inestabilidad total, que impulsó al presidente de la República, el débil  Niceto Alcalá-Zamora, a convocar nuevas elecciones, que se celebraron el 16 de febrero de 1936 en un clima de violencia extrema. Venció el centro derecha, obteniendo la mayoría de los votos. Pero la ley electoral dio a las izquierdas la mayoría parlamentaria.  Las provocaciones ya eran incontables, también contra los católicos.

 

Y así llegamos al mes de julio

El 18 de julio se produjo el  Alzamiento, la rebelión militar. La cuestión es aún muy controvertida: no se excluye que al inicio el Alzamiento fuera para defender a la República contra la izquierda radical. No todas las guarniciones se unieron al Alzamiento, hasta el punto de que el Gobierno de Madrid subestimó la rebelión, pensando que fracasaría en pocos días. No fue así: el Gobierno entonces abrió los arsenales para armar al pueblo, perdiendo su legitimidad. Por eso, los militares constituyeron en Burgos la Junta de Defensa nacional: el 31 de julio los generales envían un telegrama al cardenal Pacelli, secretario de Estado, diciendo que son el gobierno de la nueva España, que quieren restituir los derechos y la dignidad a la Iglesia, que quieren cerrar lo que había sucedido de 1931 en adelante. La Junta pide, por ello, a la Santa Sede el reconocimiento. Al margen del telegrama hay un apunte autógrafo de  Pacelli: «Suspender».

 

Hasta mayo de 1938 la Santa Sede no reconocerá a la Junta militar, pero el i de julio de 1937 los obispos españoles publican una toma de posición neta en favor de los  «nacionales». ¿La firmaron todos los obispos?

Todos los obisós en la zona «nacional» estaban del lado de Franco. En la zona «republicana» doce fueron asesinados, los demás huyeron. Así pues, entre 1936 y 1939 en la España republicana no hay ningún prelado, salvo el obispo de  Teruel (Anselmo Polanco, beatificado en 1995) que, prisionero, será fusilado en febrero de 1939. La Carta Colectiva quiere denunciar ante el mundo la persecución anticatólica en España. En aquel momento ya habían sido asesinados 6.500 eclesiásticos y religiosos, y los obispos ya citados.  Aun estando de acuerdo con la carta, dos no la firmaron: el cardenal Vidal de Tarragona (que se hallaba refugiado cerca de Lucca) y el obispo de Vitoria, monseñor Múgica, en el exilio en Frascati. El cardenal Vidal no quería que se publicara la carta por razones de oportunidad, mientras que el obispo de Vitoria no podía olvidar que los nacionales, al entrar en Bilbao, habían fusilado a catorce sacerdotes. He encontrado las cartas que el cardenal Vidal y el obispo Múgica escribieron al entonces secretario de Estado Pacelli: deseaban la victoria de Franco, única posibilidad para  salvar a España del comunismo.

 

¿La Carta Colectiva tuvo efectos?

Sí. Al haber desenmascarado ante el mundo la realidad de la España republicana, el Gobierno atenuó la persecución.

 

En mayo de 1938 llegó el reconocimiento oficial de la Santa Sede.

Varios Estados ya habían reconocido al Gobierno nacional. Además, Francia e Inglaterra, que aún reconocían a la República, negociaban en secreto acuerdos comerciales con el Gobierno de Burgos. Los caminos de la política son misteriosos: se bombardea y al mismo tiempo se negocia con quien es bombardeado. En París estaba el nuncio Valerio Valeri (luego cardenal): inmediatamente escribió a Roma que la guerra la ganarían los nacionales, porque Franco tenía un ejército bien organizado y porque en la España nacional la vida proseguía tranquila, al contrario del caos total de las zonas republicanas. Llega el momento en que Francia e Inglaterra quieren reconocer a Franco y el nuncio lo comunica a la Santa Sede. Entretanto, desde España el cardenal Gomá logra persuadir a Pío XI y a Pacelli de que Franco no es ni Hitler ni Mussolini: ciertamente, es un militar, pero es considerado incluso republicano, no persigue a los judíos, es un católico practicante  (aunque la sinceridad de esta práctica nadie la puede juzgar). En suma, en 1938 el Papa y Pacelli dejan de lado sus dudas y se convencen a reconocer a la España nacional al máximo nivel, enviando un nuncio, Gaetano Cicognani.

 

¿Habría podido la Iglesia tomar una decisión  distinta?

Absolutamente no. ¿Puede la víctima ponerse de lado del verdugo?

 

Vengamos al famoso Radiomensaje de Pío XII a los católicos españoles  (16 de abril de 1939), dos semanas después del final de la guerra civil. En él el exsecretario de Estado, muy prudente (como se ha visto) respecto de Franco, muestra en cambio un tono entusiasta. ¿No hay discrepancia?

 

La Santa Sede, ya desde el golpe de Estado de 1931, mantuvo durante largo tiempo una actitud muy prudente ante el desarrollo de la situación. ¿Qué sucede en 1939? La guerra acaba, Franco vence: en la España católica se desencadena una euforia  incontenible.

 

¿Quiere decir que el mundo católico español, pero también el de otros muchos países  (y seguramente también buena parte de la Curia), transmitió esa euforia incluso al nuevo Papa?

En cierto momento se contagia también él: pronuncia el Radiomensaje, que suena como una adhesión entusiasta y que inaugura el mito de la España católica.

 

¿Un mito?

Siempre ha habido dos Españas: una católica y una anticatólica.

 

  Giuseppe Rusconi

7 de agosto de 2011

 

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El mayor enemigo de la fe, no es la malicia, sino la ignorancia.

 

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El acoso que se practicó contra la información y contra la opinión plural, cuando así interesó a los gobernantes, fue una característica de la II República. La política de prensa de este período fue sumamente hipócrita, pues proclamó la plena libertad de expresión, pero de inmediato la revocó. (...) El control político se llevó a cabo mediante el cierre de periódicos, secuestro político de publicaciones, multas a periodistas y censura pura y dura.

Justino Sinova (Profesor de la Universidad CEU San Pablo).

CEU: Congreso Internacional II República y Guerra Civil. Setenta años después
2006-XI.

 

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«La memoria colectiva no se puede fijar selectivamente. (...) No es acertado volver al pasado para reabrir heridas, atizar rencores y alimentar desavenencias», dijo Monseñor Ricardo Blázquez, Obispo de Bilbao y Presidente de la Conferencia Episcopal Española. 2007.XI.19

 

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El futuro Pío XII y la Segunda República española

 

En la Plenaria del 1º de junio Pacelli informó sobre las noticias personales que le había dado el día anterior el obispo de Vitoria, Mateo Múgica, expulsado de España por el Gobierno el 17 de mayo

 

Los cardenales miembros de la  Congregación de Asuntos Eclesiásticos Extraordinarios se reunieron cinco veces en 1931 para examinar a  fondo la compleja situación de la Iglesia en España, tras la proclamación de República. La primera plenaria se celebró el 23 de abril, para debatir sobre el reconocimiento del Gobierno provisional de la  República proclamada pocos días antes. El cardenal Pacelli  se mostró favorable, aunque la consideraba ilegítima en su origen. Los cardenales que se oponían al reconocimiento de la república decían que se trataba de un golpe de Estado. La Iglesia acató inmediatamente el nuevo régimen y se mostró dispuesta a colaborar con él por el bien común.

 

En la Plenaria del 1º de junio Pacelli informó sobre las noticias personales que le había dado el día anterior el obispo de Vitoria, Mateo Múgica, expulsado de España por el Gobierno el 17 de mayo. Según él, la “España católica” era, por desgracia, un mito, ya que la religiosidad del pueblo, a excepción de las  tres provincias vascas y Navarra, era muy escasa. Al obispo le parecía imposible de momento la restauración de la monarquía y muy difícil de cara al futuro. Nada bueno podía esperarse del Gobierno provisional, aunque había tres ministros católicos, que serían muy pronto alejados del gabinete. Todos los demás eran ateos y enemigos de la Iglesia. Nada bueno podía esperarse de las próximas elecciones para las Cortes Constituyentes, previstas para finales de junio, porque serían hechas con amenazas y violencias, sin permitir todos los ciudadanos  se manifestaran libremente. El Gobierno preparaba la expulsión de las órdenes religiosas e incitaba a los ayuntamientos que la pidieron diciendo que la exigía el pueblo.

 

La situación político-religiosa se fue complicando a lo largo del verano a causa de las inoportunas actuaciones del cardenal Segura y de las pretensiones del Gobierno, que exigía su dimisión. Por ello, el 3 y el 15 de septiembre volvieron a reunirse los cardenales para estudiar la propuesta gubernativa y tomar nuevas decisiones.  En la Plenaria se pusieron de relieve las fuertes tensiones existentes entre Segura y el nuncio Tedeschini, cuya actuación fue de nuevo censurada por algunos cardenales, a la vez que Gasparri y Pacelli  le defendieron. El “caso Segura” pudo resolverse cuando el mismo purpurado presentó la dimisión, aceptada inmediatamente por el Papa.

 

La quinta Plenaria de 1931 se celebró el 12 de noviembre para examinar las relaciones diplomáticas con la propuesta de nombrar embajador ante el Vaticano a Luis de Zulueta, rechazado en el mes de mayo. Los cardenales se opusieron a su aceptación porque hubiera sido humillante para la Santa Sede admitir un embajador al que se le había negado formalmente el placet, y cuya situación personal se había agravado ulteriormente a raíz del discurso pronunciado en las Cortes a finales de agosto, en el que criticó abiertamente a la Iglesia, cerrándose él mismo la puerta que le hubiera permitido acceder a la embajada.

 

Pacelli pedirle al Gobierno que no insistiera ulteriormente sobre un candidato que ya había sido declarado no grato y que propusiera otro más aceptable. Solo tras la respuesta del Gobierno se podría ver la forma de actuar en el futuro y  si era conveniente o no que el Nuncio continuara o quedara en Madrid un simple encargado de negocios.

 

Algunos purpurados eran partidarios de una línea más dura y enérgica frente a las pretensiones cada vez más intolerables del Gobierno, mientras que otros preferían que se negociara hasta donde fuera posible. Los primeros pedían la retirada del Nuncio, como gesto fuerte que impactaría a la opinión pública; los segundos eran favorables a mantener las relaciones diplomáticas, aunque no se hacían grandes ilusiones sobre eventuales resultados favorables a las exigencias de la Santa Sede dado el radicalismo impuesto en las Cortes por los grupos políticos más extremistas y violentos.

 

Pacelli defendió a Tedeschini, que permaneció en Madrid hasta junio de 1936, cuando regresó a Roma tras haber sido creado cardenal. Por esta razón, la Santa Sede mantuvo las relaciones diplomáticas con la República, a pesar de su enfrentamiento con la Iglesia manifestada desde los primeros días. Solamente a mediados de 1938, cuando la guerra de España se aproximaba a su fin y diversos estados habían reconocido al gobierno llamado “nacional”, quedaron cortadas dichas relaciones.

 

Los votos del cardenal Pacelli en estas congregaciones constituyen una síntesis de la problemática político-religiosa española con la que tuvo que enfrentarse la Santa Sede en pocos meses, ya que la rapidez e intensidad con que se sucedieron los acontecimientos políticos obligaron a tomar decisiones inmediatas, no siempre fáciles de aplicar.

http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=15953

10. VI. MMXI

 

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No todos los alemanes eran nazis, y muchos de ellos dieron su vida por luchar contra el dictador.

Entre ellos destacan cristianos comprometidos, que impulsados por sus creencias religiosas tenían la certeza de que el nacional socialismo era incompatible con la vivencia del Evangelio, y como resultado de ello hicieron lo que estaba en su mano para luchar contra ese totalitarismo.

En ‘Cristianos contra Hitler’ de José M. García Pelegrín (www.libroslibres.com) muestra la heroica vida de seis de ellos: el Carndenal von Galen, apodado ‘el león de Munster’ por su coraje y valentía en la denuncia de las tropelías Nazis; Kart Leisner, seminarista recluido en el campo de concentración de Dachau; Franz Jagerstatter, campesino condenado a muerte por negarse a cumplir el servicio militar y por razones religiosas; Helmuth James von Moltke, cuyo lema era ‘Intento salvar a todos’, e Irena Sendler, católica ejemplar y enfermera polaca, la única no alemana del libro, que salvo a más de 2.000 niños del gueto de Varsovia. Irena Sendler falleció el 12 de mayo de 2008, a los noventa y ocho años de edad. Los últimos veinte años de su vida los pasó en una silla de ruedas, como consecuencia de los malos tratos sufridos por la Gestapo durante la Guerra.

Irena Sendler tenía un afecto y admiración particular por su compatriota Juan Pablo II, y éste por ella. Juan Pablo II conocido también como ‘Juan Pablo el Magno’, fue beatificado en la plaza San Pedro del Vaticano el 1º de Mayo del 2011, por su sucesor: S.S. Benedicto Pont. Max. XVI.

 

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Una cruz profanada: unilateral memoria histórica en Castuera (Badajoz)


Foro Historia en Libertad 01.I.MMXI Esp.

Uno de los preceptos más perversos contenidos en la llamada Ley de memoria histórica es el que ordena: «Los órganos que tengan atribuida la titularidad o conservación de los monumentos, edificios y lugares de titularidad estatal, tomarán las medidas oportunas para la retirada de los escudos, insignias, placas y otras menciones conmemorativas de la Guerra Civil, existentes en los mismos, cuando exalten a uno sólo de los bandos enfrentados en ella o se identifiquen con el régimen instaurado en España a su término».


Debajo de la confusa redacción, se pueden extraer las consecuencias implícitas: solamente habrá memoria pública de las personas y circunstancias que se identifiquen con la República del Frente Popular.


La España del presidente Rodríguez se convierte así en émula de los tiranos romanos que aplicaban la damnatio memoriae (literalmente, condena de la memoria) para, después de haber ocupado el poder, borrar todas las huellas que pudieran recordar a su predecesores y las obras por ellos realizadas. Y la democracia española se consolida, ahora en virtud de un precepto legal, en un régimen iconoclasta, es decir en un sistema político que práctica la destrucción sistemática de testimonios de alto valor histórico y documental.


Otras veces, se prefiere recurrir a la acción directa. Es el caso de lo ocurrido en el cementerio de la localidad de Castuera (Badajoz) donde se conserva la tumba de un soldado del Ejército Nacional llamado Antonio López Romero que murió en el Hospital Militar el 6 de septiembre de 1938 como consecuencia de heridas recibidas en acción de guerra.



En las fotografías que acompañan a este artículo se puede comprobar la profanación de que ha sido objeto la cruz de esta tumba, completamente retorcida, así como la lápida que honraba la memoria del caído y de la que ha desaparecido hasta una fotografía que rescataba del olvido a este extremeño. Son las consecuencias de la siembra de odio sistemáticamente llevada a cabo desde la izquierda.


Paradójicamente, a pocos metros se glorifica a personas y situaciones vinculadas al bando derrotado, silenciando, eso sí, otros episodios no menos trágicos. Solo por citar uno de ellos, en la mañana del 22 de agosto, veinticuatro detenidos fueron montados en el tren y, al llegar a las inmediaciones del apeadero de El Quintillo, les obligaron a bajar, les hicieron varios disparos en las piernas, al caer al suelo les echaron encima leña y los rociaron con gasolina, prendiéndole seguidamente fuego y quemándolos cuando aún estaban con vida. Entre los asesinados figuraban el Párroco, Andrés Helguera Muñoz, y el primer alcalde que tuvo la República en Castuera: Camilo Salamanca Jiménez. La lista de las víctimas había sido seleccionada la noche antes en una reunión del Comité del Frente Popular que tuvo lugar en el Ayuntamiento.


Desde estas líneas hacemos un llamamiento a los responsables de este hecho para que le pongan fin. En primer lugar, no olvidando que la historia es conocimiento racional del pasado, no distorsión o selección interesada efectuada desde los intereses y presupuestos ideológicos.


Y también, restaurando a su estado original la tumba de Antonio López Romero y velando por todas las que se pudieran encontrar en semejantes circunstancias.


Porque, si algo merece respeto, es una cruz y una sepultura. Y en España, todos tenemos muertos, dignidad y memoria.

http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=13043 Apocalipsis


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¿No querían memoria histórica? Pues aquí tienen, esto es la memoria histórica, los hechos.

 

Año 846 – Invasión, saqueo, destrucción, incendios, pillajes, violaciones, etc. por parte de las turbas mahometanas (¿10.000 piratas sarracenos?), en la ciudad santa del cristianismo: ‘Roma’. Llegaron hasta la profanación de la Basílica vaticana sobre la tumba del apóstol Pedro, robando y destruyendo todo lo que pudieron.

El monasterio de Montecasino, tras pillajes, robos, crímenes, había sido destruido por los seguidores de Mahoma; saquearon las bibliotecas y destruyeron manuscritos antiquísimos, robaron y desaparecieron obras del arte sacro sobre todo las piezas en oro, plata y orfebrerías antiguas sacras y de la cultura clásica romana.

Sí, la preocupación por el robo y el odio hacia lo cristiano, impregnados de fanatismo junto a la ignorancia de los seguidores del caudillo Mahoma, les llevó a robar, destruir e incendiar antiguos papiros y códices de la biblioteca vaticana. Así, parte del patrimonio y memoria escrita de la humanidad, han quedado aniquilados para siempre... la cultura, la ciencia y la técnica quedaron heridas irremediablemente.

1090 años después: Comunistas y socialistas destruyendo el patrimonio cultural... bibliotecas, museos, etc.…

Les recordaremos que "memoria histórica" es el brutal cerco al que fue sometido Oviedo en la Revolución del 1934 y en la Guerra del 1936; Los comunistas y socialistas no escapen a la "memoria histórica": son los bombardeos que durante un año asolaron Oviedo; la voladura de la Cámara Santa y la torre de la Catedral; la quema de la Universidad y de su biblioteca, de la Audiencia y de su archivo.

Millares de libros y antiquísimos códices –conservados por la Iglesia Católica-  fueron desvastados por el fuego y algunos robados…. Innumerables obras de arte fueron destruidas con los saqueos de iglesias, además de los asesinatos de sacerdotes, religiosos y fieles católicos por el simple hecho de serlo, dentro de la mayor persecución religiosa de la historia; y un largo etcétera que todavía muchos ovetenses, con muy buena "memoria histórica" recuerdan. 2008.V.

 

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La Santa Sede y los obispos españoles salvaron miles de vidas republicanas tras la guerra civil”.

 

Entrevista al sacerdote e historiador Vicente Cárcel Ortí

ROMA, lunes, 26 mayo 2008 (ZENIT.org).- El Papa Pío XI y los obispos españoles intercedieron ante Franco por miles de republicanos condenados a muerte y lograron salvarles la vida, según el sacerdote e historiador valenciano Vicente Cárcel Ortí, autor de dos recientes libros (uno a punto de ser publicado) sobre la postura de la Iglesia ante el conflicto español.

 

Ambas obras ("Caídos, víctimas y mártires", editado por Espasa-Calpe, y "Pío XI entre la República y Franco", próximamente editado por la BAC) son el resultado de una larga investigación en el Archivo Secreto Vaticano, y aporta documentos inéditos que, según el autor, "desmienten muchos tópicos y mitos de la más dramática década de la Historia de España en el siglo XX".

 

--En una entrevista reciente a la agencia "Avan", usted relataba el caso de monseñor Olaechea, arzobispo de Valencia, que intercedió por miles de encarcelados en el Fuerte de San Cristóbal (Navarra). ¿Fue un caso singular?

 

--Vicente Cárcel: No; la noticia se centraba en el arzobispo Olaechea porque se dirigía a un público valenciano, pero la investigación no se limita a él, sino que habla de muchos más. He investigado mucho sobre Pío XI, sobre el cardenal Pacelli, sobre los nuncios y sobre varios obispos, y entre ellos está Olaechea. Esto aparece en el libro que yo acabo de publicar y al que le dedico un capítulo, pero hay muchos capítulos, es un libro muy voluminoso en el que hablo de muchos temas.

Lo que hizo Olaechea, toda su labor de intervenir para salvar condenados y gente que iban a ejecutar por motivos políticos, no sólo lo hizo él sino que lo hicieron muchos más. Casos concretos de personas concretas con nombres y apellidos no puedo referir, porque he estudiado miles de casos. Los casos concretos no se pueden estudiar porque se refieren al pontificado de Pío XII, y esa documentación todavía no se puede consultar en el Vaticano. Los casos concretos de los que hablo en mi libro se refieren al periodo de la guerra, entre 1936 y 1939, y se refieren a personas sencillas, trabajadores, padres de familia, etc. por los que el Papa y los obispos interceden ante Franco para que no sean ejecutados.

Lo que queda de manifiesto es la intervención que tuvo la Santa Sede para mitigar las penas de la guerra y para impedir que ésta prosiguiera. Don Marcelino Olaechea intervino a favor de más de 2.000 personas, yo tengo la lista con nombres y apellidos.

 

--Usted que ha estudiado ese periodo muy a fondo, tras la persecución religiosa y a punto de ganar Franco, ¿cuál es la posición de la Iglesia española? ¿Se justifica la tradicional acusación de que la Iglesia estaba alineada con el Alzamiento?

 

--Vicente Cárcel: Esa acusación es completamente falsa. La Santa Sede tardó dos años en reconocer el régimen de Franco, desde que estalla la guerra en 1936, y mantuvo relaciones diplomáticas con la República hasta 1938. Por tanto, la acusación de que la Iglesia estaba con Franco desde el principio es históricamente falsa. Respecto a los obispos españoles, tardaron un año en reconocer el levantamiento militar, y hasta prácticamente el final de la guerra no hubo un reconocimiento oficial completo por parte de la Santa Sede.

Por otro lado, hay que tener en cuenta que en esos momentos nadie sabía cómo iba a ser ese régimen ni cuantos años iba a durar, ahora sabemos que duró cuarenta años, pero eso lo sabemos ahora. Según los documentos que he estudiado en el Vaticano, en el año ‘36 nadie sabía cómo iba a terminar aquello. Por eso la Santa Sede tardó bastante en reconocer a Franco y siguió reconociendo a la República hasta casi el final de la guerra. Cuando se vio que la guerra estaba perdida y que todas las naciones empezaban a reconocer al régimen de Franco, entonces la Santa Sede lo hizo también.

En medio de todo esto hubo una serie de gestiones particulares, personales, muy discretas, casi secretas en muchos casos, ante Franco y los militares para impedir que se ejecutara a tanta gente sólo por motivos políticos, y que se liberen las cárceles o que se reduzcan las penas, porque entonces se hacían procesos militares, y esa es la documentación que yo doy a conocer en mi libro. Precisamente, la novedad de mi investigación es que aporta documentos del archivo vaticano que demuestran que la Santa Sede estuvo siempre en contra de la guerra, el Papa hizo todo lo posible para evitar la guerra, para limitar los daños de la guerra, y cuando no le hacían caso a sus peticiones de tregua, de amnistías, etc. hizo lo único que podía hacer, que era pedir clemencia para los condenados a muerte. Esa es la tesis fundamental del libro.

En algún caso concreto, el Papa pidió clemencia, y cuando la petición llegó al reo ya se le había ejecutado. Hubo el caso, por ejemplo, de un político catalán, perteneciente al partido "Unió Democrática de Catalunya" (el partido que hoy forma parte de "Convergencia i Unió"). Este político era católico, padre de cinco hijos. El Papa intercedió por él, pero cuando la petición llegó este hombre ya había sido ejecutado. Son casos que yo documento. Además, la intervención del Papa se produjo a favor sobre todo de personas humildes, no de grandes personalidades republicanas.

 

--Usted dice que el Papa Pío XI hizo lo que pudo para que la guerra terminara. ¿Qué tipo de gestiones realizó?

 

--Vicente Cárcel: Hizo varias gestiones, para impedir que estallara la guerra, para mediar entre Franco y los republicanos para que cesaran las hostilidades, pero los llamamientos del Papa no fueron escuchados por nadie. Aún al final, en la Navidad de 1938 (la guerra acabó en marzo del 39), el Papa hizo personalmente un llamamiento a la paz a Franco, y éste le contestó que una guerra era una guerra y que sólo podía terminar con la victoria de uno y la derrota de otro, y que por consiguiente cualquier tregua o interrupción sólo iba a servir para alargar el sufrimiento.

Todo esto, que reseño aquí brevemente, está documentado en el libro con muchos textos y datos.

 

--La persecución religiosa ¿se produjo sólo en la República o hubo también algún caso en la parte nacional, como defienden algunos?

 

--Vicente Cárcel: No, la persecución religiosa se produjo exclusivamente en la parte republicana. En la parte franquista hubo represión política, pero esto no tiene nada que ver con la persecución religiosa. Ésta tiene unas notas muy claras: destrucción de templos, de imágenes sagradas, asesinato de sacerdotes, monjas y seglares por el hecho de ser católicos, por odio a la fe. La represión política, que es otra cosa, se dio en ambos bandos.

 

--La Santa Sede, ¿sabía lo que estaba pasando en España con la persecución religiosa, a pesar de mantener el reconocimiento al Gobierno Republicano?

 

--Vicente Cárcel: La Santa Sede tenía perfecto conocimiento de lo que estaba pasando en un lado y en otro, y el Papa estaba horrorizado de los excesos de ambos bandos. En aquel momento, ante los dos males, el Papa eligió el mal menor, que entonces era Franco, porque salvó a la Iglesia de la persecución, aunque como político reprimió a los que eran del bando contrario (exactamente igual que hacían los republicanos, por otro lado). En mi libro yo documento precisamente la angustia del Papa que no sabe qué hacer, porque ve que en ambos lados hay represalias políticas. El Papa por un lado quería reconocer la legalidad republicana (aunque esa legalidad es cuestionable en cuanto se produce la revolución comunista interna), y por eso tarda tanto en reconocer a Franco.

En mi libro (el que aún no se ha publicado) se describe el proceso día a día: las preocupaciones del Papa, sus peticiones a Franco para que cesen las represalias, sus dudas al ver que era apoyado por Hitler y Mussolini, cuyas doctrinas la Iglesia consideraba paganas, etc. Al final, el Papa tuvo que optar por uno u otro, y está claro que no podía ponerse del lado de los que perseguían a la Iglesia. Además, otra cosa que no se dice es que en aquellos días el nuevo régimen fue reconocido por todos: Estados Unidos, Francia, Inglaterra... casi todo el mundo apoyaba a Franco en esos momentos.

 

--Al margen de la actuación de monseñor Olaechea, ¿cuál fue la postura del resto de los prelados españoles al terminar la guerra?

 

--Vicente Cárcel: Tanto antes como durante como después de la guerra, los obispos españoles (como muestran todos los documentos, en el Vaticano y en España) en sus intervenciones buscaban dos cosas: la reconciliación y la paz. La reconciliación era muy difícil de conseguir porque España estaba dividida en dos, y la paz se consiguió por las armas. Después de la guerra, los obispos trabajaron intensamente por la reconciliación, empezando por el cardenal Gomá, y los frutos de esa labor han llegado hasta nuestros días. Las cartas pastorales de aquellos años están ahí. Pero además hubo una serie de actuaciones concretas a favor de miles de personas detenidas, que las investigaciones están sacando ahora a la luz, y más que aparecerán en los próximos años.

 

--Si eso es lo que se sabe respecto al pontificado de Pío XI, ¿qué pasará cuando se abra el archivo del pontificado de Pío XII?

 

--Vicente Cárcel: Ésa es la cuestión. Yo he podido consultar los índices de los archivos de ese pontificado, y en ellos hay muchas actuaciones de la Santa Sede ante el régimen de Franco a favor de detenidos políticos, pero aún no podemos acceder al contenido de los documentos. La investigación es lenta, poco a poco se van reconstruyendo los hechos. ¿No querían memoria histórica? Pues aquí tienen, esto es la memoria histórica, los hechos.

 

--¿Por qué cree usted que no se le está reconociendo esa labor a la Iglesia?

 

--Vicente Cárcel: Sencillamente por una manipulación política, por una ideología. La Iglesia tiene que ser siempre atacada y criticada en todo lo que haga. Si hace cosas positivas hay que ocultarlas, y si hace cosas negativas hay que ponerlas de relieve. Se subraya que la Iglesia apoyó a Franco (pero insisto, ¿a quién podía apoyar en ese momento?) y se olvida de esa obra de reconciliación. ¡En los años ‘30, nadie ni en la Iglesia ni fuera de ella sabía que iba a ser un régimen militar que duraría 40 años! Eso se sabe ahora. Por tanto, juzgar las actuaciones de entonces con los conocimientos de ahora es absurdo.

Por Inmaculada Alvarez 2008-05-26

 

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la II República y la Guerra Civil española


Entrevista al sacerdote e historiador Vicente Cárcel Ortí
ROMA, martes, 19 diciembre 2006- Se está inyectando «mucho veneno» en el cuerpo de España: es la constatación que hace a Zenit el sacerdote e historiador español Vicente Cárcel Ortí, quien el pasado martes habló en Roma sobre los nuevos documentos del Archivo Secreto Vaticano que arrojan luz sobre la etapa de la II República Española y la Guerra Civil (1931-1939)

Cárcel Ortí ofreció una conferencia en el Centro de Estudios Eclesiásticos –ligado a la Iglesia de Santiago y Montserrat- sobre ese preciso período histórico de división en España y de persecución religiosa a la luz de nuevos hallazgos en los Archivos Vaticanos, de reciente apertura por decisión de Benedicto XVI.

Desde el 18 de septiembre la documentación relativa al pontificado de Pío XI (6 de febrero de 1922 - 10 de febrero de 1939) está a disposición de los historiadores. Cárcel Ortí ha sido el primer español que ese mismo día comenzó a examinar estos textos con el fin de publicarlos íntegramente en los próximos años en una obra, dividida en varios volúmenes, que se titulará «Documentos del Archivo Secreto Vaticano sobre la Segunda República y la Guerra Civil» (1931-1939).

Vicente Cárcel Ortí, natural de Manises (Valencia), ha sido Jefe de la Cancillería del Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica hasta el año pasado, en que se jubiló voluntariamente para dedicarse a la investigación histórica y al ministerio pastoral en una parroquia romana.

También es actualmente Vicario Episcopal para los sacerdotes valencianos residentes en Roma. Desde 1967 vive en el Colegio Español de la capital italiana.

--¿Han aportado sorpresas, estos documentos vaticanos concernientes a la historia de España y en concreto de la Iglesia?

--Carcel Ortí: Más que sorpresas, aportan datos hasta ahora desconocidos para precisar algunos puntos polémicos y discutidos, que necesitan ser aclarados y refuerzan la tesis de que la República atacó abiertamente a la Iglesia y a los católicos y de que el Vaticano aconsejó siempre moderación y prudencia para no provocar males mayores, sobre todo cuando empezó la persecución religiosa.

--Brevemente, ¿cuál era la situación de la Iglesia durante la II República, y cuál durante la Guerra Civil española?

--Carcel Ortí: La Santa Sede reconoció inmediatamente la República y pidió a los obispos y católicos en general que la aceptaran lealmente y colaboraran con ella por el bien común de todos los españoles.

La Iglesia demostró mucha paciencia al soportar la política abiertamente hostil, discriminatoria y humillante de los republicanos, que violaron el primero y fundamental de los derechos humanos, que es la libertad religiosa.

Cuando empezó la Guerra Civil, la Santa Sede siguió reconociendo la República como gobierno legítimo de España, y solamente en mayo de 1938 decidió reconocer el Gobierno nacional, aunque con muchas reservas, debido a las infiltraciones de paganismo nazi en la ideología de la Falange; pero entonces la República había perdido mucho crédito a nivel internacional. De hecho otras naciones comenzaron a reconocer el nuevo régimen y a enviar embajadores a Franco.

Los obispos tardaron exactamente un año en pronunciarse, con la carta colectiva del 1 de julio de 1937, a favor de los nacionales; pero para esa fecha ya habían sido asesinados más de cuatro mil sacerdotes y religiosos.

--Usted habla de «holocausto de sacerdotes, religiosos y católicos» entre 1936 y 1939. ¿Holocausto?

--Carcel Ortí: Ciertamente, porque estaba programada la destrucción total de la Iglesia en su conjunto, y ahí están los datos que lo demuestran.

No solamente fueron asesinados miles de sacerdotes, religiosos y católicos por motivos de fe, sino que además fueron destruidos e incendiados miles de templos, y con ellos desapareció para siempre un ingente patrimonio histórico, artístico y cultural que nunca más volveremos a ver.

El ministro republicano de Justicia, Manuel de Irujo, denunció en un Consejo de Ministros a principios de 1937 que la República se había convertido en un «régimen verdaderamente fascista porque cada día era ultrajada la conciencia individual de los creyentes por las fuerzas del poder público».

Y el profesor Domínguez Ortiz ha escrito: «La persecución a la Iglesia fue, aparte de una atrocidad, un tremendo error, y de los que más perjudicaron a la causa republicana. Por ello, no tienen razón los que hoy exigen a la Iglesia que pida perdón por ello; no tienen razón porque no es lógico que las víctimas pidan perdón a los verdugos». Se refiere al apoyo de la Iglesia a los nacionales, porque los republicanos la persiguieron a muerte.

--Ser imparcial cuando se habla de guerra, por ejemplo de la Guerra Civil española, ¿es posible y deseable?

--Carcel-Ortí: Es deseable, por supuesto, pero es muy difícil, porque cuesta mucho admitir las razones del otro.

Debemos hacer todos un gran esfuerzo, setenta años después, a pesar de la parcialidad inherente en cada persona, para reconocer que, entre tantos vicios y defectos, republicanos y nacionales también tenían algunas virtudes: la sagacidad, la valentía, el vigor y la lealtad a sus propios ideales políticos.

--Hay quien compara los años de la República española con la política hostil y discriminatoria de los católicos en la España de hoy. ¿Exageraciones?

--Carcel Ortí: Se están repitiendo puntualmente muchos de los errores que llevaron fatalmente a la división trágica de los españoles, porque no se busca la concordia sino la confrontación abierta, no la tolerancia sino el totalitarismo ideológico, no la democracia sino la partitocracia, no el respeto de las ideas y símbolos cristianos sino la ofensa permanente de los mismos. Y esto crea crispación, división.

Se desentierran muertos con fines políticos y no podemos seguir viviendo de cadáveres, que alimentan polémicas infinitas y a menudo indecentes.

El pasado es pasado. No lo liquidemos, no lo archivemos, pero no lo usemos nunca más unos contra otros, para sostener las tesis que nos gustan o nos acomodan y para condenar las que no coinciden con las nuestras o las contradicen.

La razón no estaba en una parte y el error en otra. Esta es una visión maniquea, falsa e inaceptable. Buenos y malos, valientes y cobardes militaron en uno y otro bando. Pero todo esto ya pasó y no debe repetirse nunca más.

Pero ahora se está inyectando de nuevo mucho veneno en el cuerpo de una España, que durante el quinquenio republicano dividió profundamente a los ciudadanos y, después de una guerra terrible, tras cuarenta años, no consiguió reconciliarlos.

Lo intentó la Transición, pero ahora volvemos a tener una España dividida en facciones rencorosas y litigiosas. Y así no podemos seguir viviendo. Zenit.

 

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Historia - Curioso fenómeno este de la mentira, que afecta a todos los ámbitos de la existencia. La vida cotidiana está plagada de falacias, perturbada de ‘leyendas negras’ de las que no se salvan ni las noticias de hoy, que son de actualidad, ni las de ayer, que constituyen la Historia. Las biografías de los personajes más trascendentales están salpicadas de opiniones infundadas, propagandas e imaginación con las que se rellenan los huecos que deja el conocimiento. [«Una investigación histórica, libre de prejuicios y vinculada únicamente con la documentación científica es insustituible para derrumbar las barreras entre los pueblos» Juan Pablo II, Magno].   Entonces, para conocer una historia es necesario, pero no suficiente, conocer los hechos, pues es preciso también conocer el espíritu, o si se quiere la intención que animó esos hechos, dándoles su significación más profunda. No podemos dar una respuesta ajena a la realidad histórica ni desconocer los géneros literarios, la intencionalidad de las afirmaciones y en lo posible, percibir el contexto comunitario y las palabras que nacían de ese contexto vivo. Están los que hacen uso ‘selectivo de la memoria’ que en realidad, es ‘una desmemoria’ y una forma de censurar el pasado según los caprichos o creencias. {En la disciplina histórica (como en cualquier otra) es fundamental que los conceptos utilizados guarden debida relación con las realidades que pretenden describir o significar. De lo contrario, se corre el peligro de que la historia llegue “a poblarse de fantasmas” por nuestra ignorancia, caprichos o intereses. De hombres, hechos, notas y acontecimientos de tal época para comprender el contexto:


Desigual y rica en matices fue la relación de la Iglesia con el nazismo. Las autoridades eclesiásticas realizaron numerosas advertencias contra el nacionalsocialismo (cuya ideología apenas era conocida), hasta que Hitler, tras la toma del poder en marzo de 1933, dio seguridad de no atentar contra los derechos de la Iglesia.El episcopado alemán aceptó la propuesta de un concordato por parte del Reich, presentada en el Vaticano por el vicecanciller Von Papen, católico de renombre. Su conclusión, el 20 de julio de 1933, era para Hitler un gran éxito de política exterior, tanto más cuanto que él tenía intención de interpretarlo y aplicarlo con arreglo a los principios del nazismo.El tratado ofrecía cierta garantía a los derechos eclesiásticos, pero la lucha entre las concepciones nazis y la Iglesia católica no tardó en estallar de manera pública y notoria.La tensión de las relaciones entre la Iglesia y el III Reich alcanzó su punto culminante cuando el Domingo de Ramos de 1937 se leyó en todos los púlpitos de Alemania la encíclica pontificia "Mit brennender Sorge", en la que Pío XI oponía a la renovación pagana la doctrina católica. Disuadía al clero de seguir la enseñanza de los falsos profetas. La encíclica produjo un gran revuelo en Alemania y en la opinión pública mundial.Poco después Hitle visitó Roma, devolviendo la visita oficial efectuada meses antes por  Mussolini, y, en contra de toda costumbre y protocolo, no pidió ser recibido por el Papa. Pío XI, ostentosamente, se retiró a Castelgandolfo durante los días de la visita y ordenó que se cerraran los Museos Vaticanos. En una alocución a un grupo de peregrinos dijo que no era oportuno desplegar en Roma, en el día de la Santa Cruz, el emblema de "otra cruz que no es la Cruz de Cristo".Es decir, la tensión entre la Iglesia y el Estado alemán alcanzó a lo largo de los años treinta proporciones desacostumbradas. Las Iglesias alemanas, tanto la católica como la protestante, no reaccionaron con la energía y prontitud necesarias, pero Roma durante estos años realizó gestos y proclamó su opinión con suficiente claridad.Pío XI ha sido criticado, a menudo, por no haber apoyado en Alemania al partido Zentrum y en Italia al Partido Popular. Tal vez la historia juzgue que su error consistió en invertir la política de su predecesor Benedicto XV, quien prefirió confiar en aquellos partidos políticos antes que en la buena fe de los países con los que firmaba concordatos.Toda la política exterior de Pío XI se basó en los 18 concordatos estipulados por él. Suprimiendo los partidos políticos, se quedó sólo con los concordatos. Era un argumento jurídico valioso para defender los derechos de la Iglesia, pero a menudo se convertían en papel mojado cuando se trataba con Gobiernos que no se preocupaban por mantener su palabra. Hitle encontró en las iglesias tal vez el único adversario interno que no pudo destruir ni asimilar. Después de los intentos de compromiso que culminaron en la firma del Concordato (junio 1933), buena parte del catolicismo opuso, a partir de 1934, una resistencia compacta a la ideología nacionalsocialista. Los momentos culminantes de esta oposición fueron la encíclica de 1937 y las polémicas homilías de Gallen, obispo de Westfalia.

 

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¿Cómo actuó la Iglesia ante el nazismo?

 

Haz lo que sea justo.
Lo demás vendrá por sí solo.
Goethe


La Santa Sede y el Holocausto nazi

De vez en cuando se repite la acusación de que la Iglesia católica mantuvo una actitud un tanto confusa ante el exterminio de millones de judíos durante la Segunda Guerra Mundial.

Estas críticas no comenzaron hasta 1963, cuando se estrenó una obra teatral del dramaturgo alemán Rolf Hochhuth, y desde entonces han venido repitiéndose con una notable falta de documentación histórica.

La realidad, en cambio, es que las más contundentes y tempranas condenas del nazismo en aquellos años provinieron precisamente de la jerarquía católica. Y si no fueron más contundentes aún fue por los difíciles equilibrios que hubieron de hacer para denunciar los abusos de Hitler sin poner en peligro la vida de millones de personas. Nunca dejaron de combatir y condenar los atropellos nazis. Pero tenían las manos atadas: pronto comprobaron que cuando arreciaban sus denuncias, las represalias nazis eran mucho mayores.

Un breve repaso histórico

Adolf Hitler fue nombrado Canciller alemán el 28 de enero de 1933. Su partido, el nacionalsocialista, estaba en minoría, pero Hitler tardó solo tres días en convocar nuevas elecciones. Con una mayoría absoluta por escaso margen, los nazis aprobaron una ley de plenos poderes. Un año después, el 2 de agosto de 1934, fallecía el presidente alemán, mariscal Hindenburg. Tan solo una hora después, se anunció que se unificaban los puestos de presidente y canciller en la persona de Hitler. Se convocó un plebiscito para ratificar la medida, y gracias a la poderosa maquinaria de propaganda nazi en manos de Goebbels, el 19 de ese mismo mes el pueblo alemán votó afirmativamente por abrumadora mayoría y Adolf Hitler se convirtió en amo absoluto de Alemania.

Desde 1930, tanto Pío XII como la jerarquía católica alemana mostraron su preocupación por las consecuencias del pensamiento nazi. Los obispos redactaron cartas pastorales con ocasión de las elecciones, recordando los criterios morales sobre el voto y las ideas que resultaban inaceptables para un católico. No puede decirse que los católicos recibieran con indiferencia esas declaraciones, pues el gran ascenso nacionalsocialista se registró sobre todo en las zonas de mayoría protestante.

Poco después del triunfo nazi de 1933, los obispos alemanes publicaron otra carta colectiva del episcopado que hablaba con enorme claridad sobre cómo los principios nazis de la sangre y de la raza conducían a injusticias gravemente contrapuestas a la conciencia cristiana. También enviaron un mensaje al gobierno, manifestando la repulsa unánime del episcopado católico ante esos atropellos.

Ante esto, Hitler pensó que sería más práctico intentar abrir una brecha entre los obispos alemanes y la Santa Sede. Esta fue una de las razones por las que vio con buenos ojos la posibilidad de firmar con la Santa Sede un concordato.

En la Santa Sede acogieron bien la idea del concordato, pues pensaban que era mejor intentar entenderse con los regímenes hostiles a la Iglesia, como se había demostrado, por ejemplo, con ocasión de la reciente república española. La Iglesia no se hacía muchas ilusiones con ello, pero consideraba que al menos serviría de referencia para denunciar previsibles abusos que cometieran las autoridades alemanas, y quizá así mitigarlas. Es difícil calibrar hasta qué punto sirvió para lograr ese objetivo, pero no parece que fuera muy desacertado aquel concordato de 1933 si se tiene en cuenta que sigue hoy todavía vigente.

El gobierno nazi incumplió el concordato desde el primer momento y hostigó a la Iglesia de diversos modos. Organizó, por ejemplo, una campaña de desprestigio con varios procesos amañados contra personalidades eclesiásticas.

En enero de 1937 se desplazaron a Roma, con la máxima discreción, los principales representantes del episcopado alemán (los cardenales Bertram, Faulhaber y Schulte, y los obispos Preysing y von Galen), para solicitar una nueva intervención pontificia que condenara formalmente el nazismo. De ahí nacería la encíclica “Mit brennender sorge“ (Con ardiente preocupación), que hubo de ser introducida en el país de modo clandestino y fue leída el domingo 21 de marzo de 1937 en los 11.000 templos católicos alemanes. Fue un aldabonazo enorme. La denuncia de la ideología y la conducta nazis era clarísima: racismo, divinización del sistema, etc. No faltaban referencias a lo que hoy se denominaría “culto a la personalidad”.

Nunca el régimen nazi recibió en Alemania una contestación semejante a la que se produjo con la ”Mit brennender sorge“. Al día siguiente, el órgano oficial nazi, “Volskischer Beobachter“, publicó una primera réplica a la encíclica que, sorprendentemente, fue también la última. El ministro alemán de propaganda, Joseph Goebbels, advirtió enseguida la fuerza que había tenido esa declaración y, con el control total de prensa y radio que ya tenía por esas fechas, decidió que lo mejor era ignorarla completamente.

—Pero en Austria me parece que la actitud de la jerarquía católica no fue tan firme...

Cuando Hitler invade Austria en marzo de 1938, aquella anexión –el “anschluss“–, fue en general bastante bien recibida, por la inestabilidad que sufría Austria y por la imagen que el régimen alemán había logrado adquirir con la activa propaganda nazi.

En ese ambiente de euforia, Hitler, que era austriaco de nacimiento, llegó a Viena y se entrevistó con el cardenal Innitzer, del que logró con engaño una desafortunada declaración del episcopado austriaco en que se le daba la bienvenida y se ensalzaba el nacionalsocialismo alemán.

Enseguida vio lnnitzer que había cometido un grave error, y añadió una nota aclaratoria. Como era de suponer, la propaganda nazi aireó la declaración, pero omitiendo toda referencia a esa nota aclaratoria. Innitzer fue llamado a Roma y a los pocos días publicó una rectificación mucho más contundente. Solo después fue recibido por Pío XI, pues hasta entonces no había querido hacerlo. La respuesta nazi fue ignorar la rectificación, suprimir las organizaciones juveniles católicas, la enseñanza de la religión y hasta la Facultad de Teología de lnnsbruck. El palacio arzobispal de lnnitzer fue asaltado y arrasado por las juventudes hitlerianas.

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La acción más prudente y eficaz

—¿Y no debían haber formulado condenas aún más públicas y explícitas de lo que fueron?

Con el estallido de la guerra, el régimen nazi se radicalizó. Las grandes deportaciones y el exterminio programado de los judíos comenzó en la segunda mitad de 1942. Están apareciendo ahora numerosos documentos que prueban que los gobiernos aliados estaban bastante bien informados de esas atrocidades, y que la Santa Sede hizo tenaces y continuos esfuerzos para oponerse a todos esos terribles atropellos. El aparente silencio de la Santa Sede durante una etapa de la guerra escondía una acción cauta y eficaz para evitar en lo posible esos crímenes.

Las razones de tal discreción están explicadas claramente por el propio Papa en diversos discursos, cartas al episcopado alemán y deliberaciones de la Secretaría de Estado. Las declaraciones públicas solo habrían agravado la suerte de las víctimas y habrían multiplicado su número. No puede perderse de vista que las declaraciones podían ser contraproducentes y hacer que los nazis radicalizaran más aún sus posturas, como pronto se comprobó. Por ejemplo, cuando la jerarquía católica de Ámsterdam se quejó públicamente en 1942 del trato que se daba a los judíos, los nazis multiplicaron las redadas y las deportaciones, de modo que al final de la guerra habían sido exterminados el 90 % de los judíos de la capital holandesa.

Por ese motivo se prefirió la protesta por vía diplomática, que fue muy intensa. Los esfuerzos se encaminaron a procurar salvar vidas e influir ante los países satélites de Hitler para que impidieran a las SS alemanas actuar impunemente en su territorio. Se consideraba lo mas práctico, y una visión retrospectiva parece confirmarlo, pues así se salvaron cientos de miles de vidas.

En Italia, y en menor medida en Francia, muchos judíos se salvaron gracias a la protección de eclesiásticos católicos, y en Roma, Pío XII participó personalmente en esa labor. También en Rumania los estragos habrían sido mucho mayores sin las gestiones que realizó, entre otros, Mons. Roncalli, futuro Juan XXIII y entonces delegado apostólico en Turquía. En otros países la Iglesia no pudo conseguir demasiado, pero lo intentó con todos los medios a su alcance. De hecho, cuando terminó la guerra, entre los pocos a quienes las organizaciones judías podían manifestar su agradecimiento figuraba la Santa Sede y unas cuantas personalidades e instituciones de la Iglesia católica, empezando por el propio Papa Pío XII.

Fueron muchos los cristianos que arriesgaron su vida para salvar personas de raza judía. El hecho de que algunos no lo hicieran pudo ser una muestra de poco espíritu cristiano, pero también es verdad que no es fácil hacer un juicio moral retrospectivo sobre lo que los demás debían haber hecho bajo las condiciones extremas de un Estado totalitario como el nazi.

Las actuaciones diplomáticas del Papa o la jerarquía católica pudieron ser más o menos afortunadas en aquella coyuntura política concreta. La Iglesia, al acercarse a este o a otros momentos de su historia, no tiene inconveniente en reconocer ante el mundo los errores que hayan podido cometer algunos de sus miembros, pero junto a la petición de perdón hay que poner empeño por conocer lo que realmente sucedió.

Nunca estará de más reflexionar sobre cómo pudo producirse aquella barbarie nazi, y observar que no fue la crueldad aislada de un grupo de desaprensivos, sino la proyección política de toda una serie de ideas que venían gestándose en la mente europea (no solo alemana) desde más de un siglo antes. Eran teorías materialistas, biologistas, romántico-hegelianas y nihilistas, que configuraron un estilo y un núcleo neopaganos cuyas manifestaciones más salvajes fueron las ideologías nazi y comunista.

 

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Pío XII combatió apoyo al nazismo siendo

 cardenal, afirma historiador alemán

 

ROMA, 23 Sep. 2006-ACI).- Los documentos que van saliendo a la luz pública de los archivos vaticanos, recientemente abiertos para su investigación, demuestran que el entonces Cardenal Eugenio Pacelli, que luego se convertiría en Pío XII, defendió a los clérigos que se opusieron al régimen nazi y censuró a los sacerdotes que expresaron su admiración por Adolfo Hitler.

Según explicó el historiador alemán Hubert Wolf a Associated Press, los documentos archivados en el Vaticano muestran que el entonces Cardenal Pacelli, cuando ejercía la labor de Secretario de Estado bajo el pontificado de Pío XI, era su apoyo en la lucha contra el nazismo y el fascismo. "El Papa solo daba su bendición y decía: ‘nuestro Secretario de Estado encontrará una solución’", afirmó Wolf al referirse a los primeros documentos que pudo revisar; entre los que hay escritos fechados desde 1922 hasta 1939.

El historiador alemán pudo apreciar, entre otros, los documentos que prueban la fuerte oposición al nazismo del Arzobispo de Chicago en 1937, Cardenal George Mundelein. Los escritos muestran un diálogo del Cardenal Pacelli y otros diez purpurados respecto a la posición que el Vaticano debía tomar por las protestas del régimen hitleriano contra las declaraciones del purpurado norteamericano. Fue el Cardenal Pacelli quien decidió salir en defensa del Cardenal Mundelein cuando dijo que éste había ejercido su derecho a la libertad de expresión en su diócesis, lo que no agradó a las autoridades alemanas.

Otros documentos ya revisados son los que detallan el apoyo mostrado por el Cardenal Theodor Innitzer de Viena al anexo de Austria a Alemania. Fue entonces el Cardenal Pacelli quien respondió a esta situación convocando al purpurado vienés a Roma, lo que originó que este último se retractara.

 

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¿Cómo puede la Iglesia ser luz para el mundo en el campo de la moral, después de haber padecido tantos casos de error moral en su seno?


El que haya pecado en los hombres que formamos la Iglesia no quita para nada el testimonio de los mártires. Sólo en el siglo XX hemos tenido 36 millones de mártires. Son los que expresan el grado más alto de la humanidad y la verdad del hombre, que es sencillamente decir que Dios es el que llena el corazón del hombre. Más allá de los escándalos, está ese testimonio martirial, hombres y mujeres que viven desde Jesucristo el amor de Dios. 2003-12-14 MURCIA. ESP. Alfa y Omega nº280

 

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todo lo abandonó Pedro para seguir a Cristo en su Iglesia, una, santa, católica y apostólica

 

"Mirad. Noche y día mi alabanza es incienso que sube hacia el cielo. Silencio y desierto rodean mi vida, trabajo y plegaria la llenan...Donde mi espíritu reposa lleno de renovada alegría. Mirad, no tengo ni esposa ni hijos, muros encierran mi celda; mas abre en mí la puerta del Paraíso. No doy testimonio con palabras, pero mis voces aturden al mundo. Dialogar no es mi ocupación: Dios me encadena a su silencio. Para nada más sirves ya, en la Cartuja hoy, si Él te da la vocación".

Un monje

 

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No prevalecerán – lo anunció Jesucristo -  Ningún poder, terreno o espiritual, podrá apagar la luz de la palabra de Dios ni destruir la Iglesia de los mártires y de los santos. «Yo estaré con vosotros hasta el fin del mundo». Sagrada Escritura.

 

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La era de la Iglesia empezó con la « venida », es decir, con la bajada del Espíritu Santo sobre los apóstoles reunidos en el Cenáculo de Jerusalén junto con María, la Madre del Señor. Recuerda, pues, que has recibido el signo espiritual, el Espíritu de sabiduría e inteligencia, el Espíritu de consejo y de fortaleza, el Espíritu de conocimiento y de piedad, el Espíritu de temor santo, y guarda lo que has recibido. Dios Padre te ha marcado con su signo, Cristo Señor te ha confirmado y ha puesto en tu corazón la prenda del Espíritu (S. Ambrosio, Myst. 7,42).

 

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Dejémonos de vacíos y engañosos cantos a la solidaridad con feministas, ecologistas… Que las personas tenemos sexo afortunadamente y el género pertenece a las cosas. Vivamos en caridad y bondad para ayudar a la fémina; seamos respetuosos de una ecología que pueda cantar armoniosa –junto a nos-, a toda la obra del Creador. Y no habremos elevado la mentira a la complicidad del momento.

 

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En la taciturna cotidianidad se descubre la fascinante trascendencia del ser humano, que, ayudado por el Espíritu, es capaz de encontrar la grandeza milagrosa en los pequeños detalles. El camino para coronar una cumbre se cubre con pasos cortos y largos, y todos son necesarios para alcanzar la meta. Todos podemos hacer algo como cristianos en la vida pública: desde el padre de familia que concilia trabajo y vida familiar, hasta los responsables de grandes organizaciones que movilizan a cientos de personas en pos de los valores de la doctrina social de la Iglesia. Y todos, sin excepción, estamos llamados a la oración.

 

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«Iglesia católica» Hacia los años 90 e inicios del 100 (siglo II) el nombre de católicos (la expresión «Iglesia católica» aparece por vez primera en Ignacio de Antioquía) está difundido por todas partes para designar a los miembros de la Iglesia «grande» y diferenciarlos de las comunidades menores de los herejes.

Κα8ολικος [kazolikós (pronunciando th como en inglés, o como la z española), que significa universal].

En los tres primeros siglos de la Iglesia, los cristianos decían "cristiano es mi nombre, católico mi sobrenombre". Y así se usó el término "Católica", para distinguirse de quienes se hacían llamar cristianos, pero habían caído en herejías.

«Katholikós, en griego clásico, era empleado por los filósofos para indicar una proposición universal: ahora es para indicar donde se realiza esa humanísima unidad, ‘el Evangelio’ predicado por la Iglesia desde hace 2000 años, generadora de esa mirada que abraza al mundo: el amor de Cristo siempre Katholikós.

 

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"Obras todas del Señor, bendecid al Señor".-

«La crisis medioambiental es un desafío moral». La preocupación primaria de la delegación vaticana es por tanto la de subrayar «la importancia de captar el imperativo moral subyacente, por el que todos, sin excepción, tienen una gran responsabilidad en la defensa del medio ambiente». Este deber, prosiguió el arzobispo, no debe ser considerado en oposición al desarrollo pero no tiene tampoco que «ser sacrificado en el altar del desarrollo económico».  Dado que la cuestión medioambiental está directamente relacionada con otras cuestiones fundamentales, constató, la consecuencia es que las necesarias «soluciones solistas» son todavía más difíciles de encontrar. «Mientras tratamos de encontrar el modo mejor de defender el medio ambiente y lograr el desarrollo sostenible, debemos también trabajar por la justicia en las sociedades y entre las naciones», observó el prelado.

 


 

Muchas gracias por distinguirnos con vuestra visita.

 

La Iglesia testimonia el Evangelio por los caminos del mundo, ¡por eso es católica!; desde que Cristo la fundara, hace dos milenios. ¡Y nadie puede contra ella!

“El que a vosotros escucha, a mí me escucha” (Lc 16,10).

Si la presencia de Cristo es la que hace sentirse de veras en casa, es precisamente porque impulsa la libertad del cristiano más allá de los muros de la casa, pues es consciente de que el horizonte de su casa es el mundo.

 

Compendio del Catecismo de la Iglesia católica: ¿por qué no lo sabemos? La fe de los sencillos - Una síntesis fiel y segura del Catecismo de la Iglesia católica. Contiene, de modo conciso, todos los elementos esenciales y fundamentales de la fe de la Iglesia. 2005. ¡No falte en el bolsillo de cada cristiano para aprenderlo!

Creer, celebrar, vivir y orar, esta y no más es la fe cristiana desde hace 2000 años, enseñada por la Iglesia Católica sin error porque Cristo la ilumina y sólo Él la guía.

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).