Friday 20 January 2017 | Actualizada : 2016-12-24
 
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Se pueden entender mejor las palabras de Jesús en el Evangelio: "Lo que sale de dentro, eso sí mancha al hombre... Del corazón del hombre salen los malos propósitos; las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, injusticias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas estas maldades... hacen al hombre impuro" (Mc 7, 20 - 23. cf. Mt 15, 18-20). Hemos de observar que en el léxico del Nuevo Testamento no se le dan al pecado tantos nombres que se correspondan con los del Antiguo: sobre todo se le llama con la palabra griega "άνομία" (= iniquidad, injusticia, oposición al reino de Dios: cf., por ejemplo, Mc 7, 23; Mt 13, 41; Mt 24, 12; 1 Jn 3, 4). Además con la palabra "άμαρτία" = error, falta; o también con "όφείλημα" = deuda por ejemplo, "perdónanos nuestras deudas..."; = pecados), (Mt 6, 12; Lc 11, 4).

 

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210 años de mentiras ahora desveladas

 

La triste historia de la una celebración de triste memoria: la Revolución Francesa y el Catolicismo
La Toma de la Bastilla


La Bastilla era una bella fortaleza medieval. Hoy sería el encanto de millares de visitantes que, en Europa, hacen fila para conocer los castillos de otrora.
Es por vuelta de 1380 que ella comienza a proteger a París. Desde el inicio de su existencia hasta el 14 de julio de 1789, su último día - tal vez el más glorioso de todos - ella inspiró confianza a los parisinos.
Hacía mucho que ella era la más pacífica de las prisiones. Limpia, bien decorada: los condenados que lo deseasen podían mudarse para allá con sus criados y muebles. El gobernador, generalmente un noble de irreprochable educación, tenía la costumbre de convidar a los presos a su mesa.
Aquellos que tenían cocinero propio retribuían la amabilidad por el placer de la compañía y de la conversación: se hablaba sobretodo de filosofía y de negocios del Estado.
Tan pacífica era ella que los carceleros eran generalmente inválidos de guerra: algunos sin un brazo, otros con una pierna de palo. Nadie pensaba en huir. Cuando el fatídico 14 de julio de 1789 fue traicioneramente invadida, ella recluía apenas siete prisioneros. Era como para causar envidia a nuestras prisiones superpobladas en las cuales los motines y las condiciones de subsistencia inhumanas que cuestan tantas vidas.
¿Quiénes eran esos siete prisioneros presentes por esos días? Cuatro falsificadores, conocidísimos en la zona; un joven tarado sexual cuya familia pidiera al Rey su detención; y dos locos.
¿Cómo se dio su toma? Ante la aproximación de los invasores el gobernador Launay desarmó la guarnición y los convidó a parlamentar. Durante las tratativas, Launay y sus hombres fueron descuartizados. Su cabeza puesta en la punta de una picana fue conducida pos las calles de París. Dos soldados inválidos son ahorcados y un tercero tiene las manos mutiladas. Era la primera vez que la Bastilla veía tanta atrocidad.
Este era apenas el primer acto de una Revolución cuyas consecuencias se extienden dramáticamente hasta nuestros días.

 


A propósito de los idolatrados ´Mandamientos´ de la sociedad moderna

Derechos del Hombre y Ciudadano


El vergonzoso espectáculo que hemos presenciado durante los festejos de la Revolución Francesa de notables personales de la vida religiosa y del pensamiento pidiendo perdón, apenados, por la falta de entusiasmo de la Iglesia en aprobar la Declaración de Derechos Humanos en 1789 nos mueve a reflexionar.
¿Debemos arrepentirnos de esa reserva eclesiástica? ¿Será un signo de madurez pedir perdón e intentar enmendar el ´daño´ causado?
Al parecer, el mundo moderno interroga a la Iglesia de Cristo y le exige explicaciones por esta esta traición a la humanidad, esta inexcusable actitud ante los universales principios proclamados cuchillo en mano en la Francia revolucionaria y luego dogmatizados por la Sociedad de Naciones Unidas en 1948.
Estudiemos un poco. Las actas y planes de la francmasonería iluminista del siglo XVII y XVIII tenían ya escritos y preparada una "Declaración de derechos del Hombre" mucho antes de la ´espontánea´ revolución popular que llorando hambre y miseria se apresura a dictar una constitución y una declaración filosófica de derechos humanos antes que remediar las hambrunas que aparentemente los movían. Las masas hambrientas buscan pan, no Constituciones. Por lo tanto, esta tan ´espontánea´ como ´necesaria´ Declaración fue mucho más fruto de las logias y sociedades de pensamiento de la burguesía liberal-masónica que de un pueblo inculto, analfabeto, oprimido y hambriento.

  

Stat Crux, dum volvitur orbis: La cruz permanece firme, mientras del mundo da vueltas. Así reza el lema católico y hacia él volvemos la mirada en esta hora triste. No se trata de inmovilismo histórico o de una suerte de ´museísmo´. Es la firmeza de principios de quien sigue los pasos de Divino Maestro, de la Sabiduría Encarnada. El mundo nos exige, como desde el principio de los tiempos, adorar sus becerros de oro, adaptar la dorada senda a los cultos del momento, a las modas pasajeras, a los furores revolucionarios. Y la Iglesia permanece firme, incólume, ante la oleada de tiranos, emperadores, tiranos y dictadores, sectas, herejías y peligros de todo tipo. Ella, Esposa de Cristo y fundada sobre roca firme, a todos ellos los roció con agua bendita el día de sus respectivos funerales y así seguirá hasta la consumación de los tiempos.
Volvamos a nuestro estudio. Es de lógica elemental la necesidad de ´deberes´ para que existan ´derechos´. Así como también es necesario el conocimiento y la comprensión de las materias reglamentadas.
Pero aquí el problema también es semántico. Como cualquier historiador o estudiante de derecho podría confirmar la palabra "derecho" en el sentido que se aplica a estos mandamientos laicos no existía antes del renacimiento o incluso antes del iluminismo liberal-burgués.


Curiosamente, quienes crearon el Derecho como disciplina y forjaron las bases de la cultura occidental, es decir, los griegos, romanos y la tradición legislativa judía y medio-oriental, no hablaban sino de "deberes".
Dios mismo se expresa, en el Decálogo o Mandamientos en término de los deberes de la criatura. El Antiguo y el Nuevo testamento no hablan de otra cosa que de deberes y de amores del creador, Jesús haba y alaba al siervo y al esclavo, haciéndolos modelos de perfección y santidad en la obediencia y sumisión. No hay lugar a rebeldías, reivindicaciones o exigencias del hombre. Se santifica su libertad, pero se diviniza el servicio y la obediencia. Ambos son conceptos muy distintos a los de los pontífices de la Modernidad. Toda la tradición judeo-cristiana es expresión de jerarquía, obediencia, responsabilidad y sumisión.
Es más, en Corintios hay un bello canto a la gloria del siervo: "Yo, por mi parte", escribe San Pablo, "no me he aprovechado de nada de eso; ni escribo esto para que se haga así conmigo; porque mejor me fuera morir antes que nadie me prive de esta mi gloria" (1 Cor. 9,15)
Y el San Pío X, el último papa santo (canonizado), escribe por vuelta de 1910 en carta pública a los obispos de Francia: "predicadles ardientemente sus obligaciones tanto a los potentes como a los débiles. La cuestión social estará más cerca de su solución cuando los unos y los otros , menos exigentes en sus derechos respectivos, cumplan sus deberes con mayor precisión."
Es en este punto donde brilla la imagen de María Inmaculada, Madre del Amor Hermoso y Fiel Esclava del Señor con el Fiat, el Hágase en mi Su voluntad, que en acto de humildad y servicio aplasta la cabeza altanera y orgullosa de Satanás y lo sepulta en el infierno mientras grita una y otra vez el origina Non Serviam, el No te serviré, con que se rebeló contra Dios arrastrando junto con él a los ángeles rebeldes. Rebeldía llena de liberación de deberes, de obligaciones, de servicios y de exigencia de autodeterminación, de derechos y regalías.


Esa Declaración de Derechos del Hombre que se forró en piel humana (de contrarrevolucionarios que no concordaron con la Fraternidad de los revolucionarios) es expresión de todo ese espíritu.
Para ellos y toda moral laica: ¿en qué se funda el deber y el derecho? ¿En qué radica la igualdad de los hombres? ¿por qué hay que respetar los derechos y cumplir los deberes? ¿dónde radica el fundamento de autoridad? ¿en lo que dicen los hombres a otros hombres? El irrestricto respeto a la Declaración de los revolucionarios franceses y a la Declaración de la ONU por parte de todos los regímenes y gobiernos confirma el peso y la trascendencia de esta declaración humana.
Así, todo derecho del hombre está en poder del hombre y por lo mismo queda entregado a sus caprichos, conveniencia e intereses. Los genocidas nacional-socialistas y nipones fueron juzgados en virtud de figuras jurídicas creadas para este efecto ("crimen contra la humanidad" y "crimen contra la paz") contrariando las mismas declaraciones de la ONU que prescribía que nadie puede ser juzgado por leyes establecidas con posterioridad al delito. Las leyes no son retroactivas, proclama la Declaración de Derechos Humanos y los mismos Estados pisan sus palabras y olvidan sus valores cuando, triunfantes, juzgan en tribunales conformados por ellos mismos con jueces parciales con leyes que condenaban delitos que en su momento no existían como crímenes. Una escandalosa contradicción que no levanta en nada la culpabilidad de los criminales nacional-socialistas.


En materia de derechos no cabe, para el cristiano, el reivindicar sino el respetar. Porque no se originan y terminan en el hombre sino en Dios. El fundamento radica en ser hijos de Dios, creados por amor y redimidos por Él mismo, en actos de amor gratuito e irrevocable. Por eso, y en este sentido, debemos respetar los derechos de cada hombre. Y por eso son irrenunciables y sagrados. Esta visión no solo trasciende el simple fundamento en el hombre. Los hace grandiosos y nobles y entusiasma su defensa. No estamos, en consecuencia, negando que existan esas garantías básicas.
Ante el error que se forma dictadura monolítica e indivisible no hay posturas intermedias. La visión que penetra hasta las raíces y las fuentes del error no se deja engañar por las apariencias o las promesas halagadoras. Ama el Bien y la Verdad y por lo mismo condena y rechaza el error y el mal, estén donde esté, no importando en el grado que se manifiesten.
La Iglesia, respondemos, no es miope. Tiene la vista del águila y del serafín y ve siempre más allá de lo que la vista encandilada de los hombres. La luz del Evangelio y del mismo Santo Espíritu la penetra y la ilumina y le muestra la verdad de las cosas: cómo y que son. No es la dueña de la verdad ni la inventa ni es independiente de ella. La Esposa de Cristo vela y guarda la verdad de las Escrituras Sagradas y debe actuar siempre correspondiendo el legado.
Por eso descansamos en Ella. Porque sabemos que bajo Su amparo estamos seguros y nunca faltaremos a la Verdad.

 


Atrocidad que estremece los siglos

 El Holocausto de Compiègne


El 27 de mayo de 1906, San Pío X canonizó a dieciséis monjas del Carmelo de Compiègne como mártires de la Revolución Francesa.
Las bienaventuradas padecieron toda clase se humillaciones y malos tratos, vejaciones y calumnias hasta que los tres años ultrajes y agravios concluyeron con la violenta exclaustración sufrida en septiembre de 1792. Hombres armados, ebrios y rabiosos, forzaron a las monjas a salir de su amado convento. El santo edificio fue destinado a los más repugnantes servicios.
La única razón esgrimida por los iracundos revolucionarios fue que "no hay libertad para los enemigos de la libertad"
A partir de entonces, el furor satánico se concentró sobre ellas obligándolas a despojarse de sus hábitos religiosos, vestirse como vulgares ciudadanas revolucionarias y vivir su vida en la clandestinidad, como criminales.
Durante esos dos años, las hermanas arriesgaron sus vidas reuniéndose diariamente en secreto para el rezo de la liturgia de las horas.
En 1794 son detenidas, encarceladas y guillotinadas con público escario mientras ellas subían a su pequeño calvario cantando el Laudate con uncida compenetración, no sin antes perdonar con el corazón y la verdad a sus despiadados e inmisericordes asesinos.
Gracias a documentos de la época y a los manuscritos de Sor María de la Encarnación, quien por fuerza mayor estuvo fuera de la ciudad esos días, tenemos un relato fiel de los tristes sucesos que Gertrud Von Le Fort y Georges Bernanos recrearon en La última en el patíbulo y Diálogos de Carmelitas, respectivamente.
Lamentablemente, durante la tristemente celebrada Revolución Francesa el martirio de religiosos, sacerdotes y seglares fue una cosa tan frecuente y acostumbrada que resulta imposible a la iglesia canonizar individualmente a sus hijos e hijas, por lo que se debe resignar a resaltar aquellos casos más significativos. En cuanto a los millares de mártires que permanecerán en la oscuridad de la historia Ella les suplica intercedan con el brillo de sus méritos y oraciones por sus hermanos que peregrinan en la Tierra.


La justicia histórica exige hablar de la verdad y legarla a nuestros hijos

El Silenciado Holocausto


Los católicos hemos sido, sistemáticamente, no sólo acusados de todos los males del mundo sino incluso obligados a ponernos de rodillas para pedir poedón por crímenes que no hemos cometido. Poco importa si se miente, inventa o desfigura con tal de opacar la gloria de la Iglesia.
Más aún, nos hemos acostumbrado a creer y lamentar holocaustos ajenos en los que cuando no tuvimos participación directa pecamos por omisión.
¿Y nuestras legiones de mártires? ¿Quedarán para siempre en el silencio y el olvido?
Recordemos que, en materia de martirio, existen dos clases de santos: Coram Dei, todos aquellos que mueren mártires ante Dios y que sólo Él conoce de su existencia y Coram Ecclesiam, todos aquellos que, ante la Santa Iglesia, existen como heróico testimonio de aguerrida fidelidad. Y son proclamados para todos los hombres como héroes de Cristo.
Para ser mártires debemos morir en manos del odio a la Iglesia y a la Fe. La causa que mueve al asesino debe ser este odio. No se trata de un asesinato vulgar y repudiable, debe estar siendo asesinada, de manera simbólica, la Iglesia, la fe y Sus Mandamientos y Enseñanzas. Y el mártir debe morir defendiendo esas verdades a costo de sus sangre, como himno de fidelidad y amor a su Señor.


La humanista, gloriosa y liberadora Revolución Francesa, costó a la Cristiandad más de tres mil sacerdotes asesinados, una multitud de religiosas profanadas, violadas y torturadas hasta la muerte, pueblos enteros de campesinos y labradores masacrados por oponerse a la Revolución por fidelidad a la religión. Más de un millón de víctimas sangraron en las garras revolucionarias. "No puede haber libertad para los enemigos de la libertad", gritaban con una daga en la mano y una cabeza en la otra.


Contra todo lo inventado por los historiadores revolucionarios (que escribieron las bases la fábula que actualmente se enseña en las escuelas) la reacción del pueblo francés fue más extensa, profunda y popular de los que se desea reconocer. No fue una reacción de los aristócratas y clérigos hambrientos de derechos, dinero y poder.
Si hubo reacción fue en los sectores más populares y receptivos a la devoción mariana y del cristianismo más puro y ortodoxo. Fueron, mayoritariamnete, tierras evangelizadas por el autor del Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen y la Carta Circular a los Amigos de la Cruz, el profético San Luis María Grignion de Montfort. En esos campos las promesas revolucionarias no pudieron crecer, como semillas que caían en tierra seca, porque la vida austera y virtuosa aún sobrevivía.


Los documentos desmitificadores prueban que la reacción contrarevolucionaria vino de las raíces, de las bases y fue creciendo hasta obligar a sus nobles representantes y custodios, la nobleza y el clero a acometer y defenderlos de la agresión antipatriótica y anticristiana. Los lamentables sucesos que sucedieron hablan de una nobleza que murió mártir del furor revolucionario y de otra que, vacilante, huyó al extranjero faltando a su deber.
Si hay una causa, entonces, de reacción, no es ni política ni económica, sino profundamente religiosa y de psicología popular. Y así fue no sólo en el oeste francés sino también en el bravo Tirol, en Italia y en la España que gimieron con la desdoblada Revolución.


El renombrado polemista e investigador francés Reynald Secher demuestra en su reciente libro Le génocide franco-français que una revisión de las fuentes directas de historia como son los archivos públicos aporta más que buenas sorpresas porque saca a relucir la verdad. Y esa verdad salta a la vista cuando comprueba, anonadado, cómo fueron depurados y arrancados toscamente todos los registros de lo que se considera el primer genocidio de la historia moderna.
Afortunadamente la providencia provee y fue en los archivos escondidos y conservados por particulares donde se pudo reconstruir los macabros sucesos revolucionarios.


Y lo que encontró incomodó de sobremanera a los intelectuales postmodernistas y a sus primeras figuras mundiales. Se encontraron los registros catastrales de las destrucciones materiales y de los asesinatos ordenados por París.
Fueron más de 10.000 viviendas arrasadas con violencia y rencor, de las cincuenta mil que componían la zona. Es decir, el 20% fue destruido bajo el diabólico plan y lema : "Libertad, Igualdad, Fraternidad... o muerte!" Duélanse los humanistas con esto y los ambientalistas (que se consideran sus herederos intelectuales) con la cifra aterradora: casi ningún animalito fue salvado de las fauces revolucionarias que lo degollaron todo para ahogar en sangre el catolicismo popular que se rebelaba contra la anticristiana revolución. Ningún cultivo quedó a salvo, porque la orden era destruirlo todo sistemáticamente.
Los campesinos no tenían armas ni medios para enfrentar al ejército y sin embargo debieron resistir a los brutos armados con orden de exterminarlo todo y matar de hambre al que, escondiéndose, haya sobrevivido. En palabras del ahora vitoreado general Carrier: "no nos hablen de humanidad hacia las fieras de la Vendée: todas serán exterminadas. No hay que dejar vivo un sólo rebelde"


Las heroicas fuerzas cristianas resistían y combatían con armas anticuadas e impotentes. Eso componía la pobre pero gloriosa "Armada Católica" que marchaba, ufana y segura, bajo nobles estandartes con el Sagrado Corazón y encima la Cruz y el lema "Dieu et le Roy".


Westermann, general jacobino, escribe tras la orgía de sangre y terror a sus correligionarios adoradores de la diosa Razón, la diosa Libertad y la diosa Humanidad (de las iglesias fueron arrancadas las imágenes sagradas y fueron puestas en su lugar estas diosas, como toda cruz fue arrancadas y en su lugar fueron plantados los árboles de la Razón) con tono triunfal: "¡La Vendée ya no existe, ciudadanos republicanos! Ha muerto bajo nuestra libre espada, con sus mujeres y niños. Acabo de enterrar a un pueblo entero en las ciénagas y los bosques de Savenay. Ejecutando las órdenes que me habéis dado, he aplastado a los niños bajo los cascos de los caballos y masacrado a las mujeres, así que no parirán más bandoleros. no tengo que lamentar ni un prisionero. Lo he exterminado a todos"


En París los amigos de la libertad no fueron menos elocuentes y entusiastas al responder elogiando la diligencia puesta en "purgar completamente el suelo de esta raza maldita". Son los mismos que, en contra de toda Declaración de Derechos Humanos y defensa de la Justicia ante la supuesta tiranía de un rey pacífico, en boca de Dantón confiesan no querer juzgar al Rey, sino querer matarlo. Ésa es la justicia revolucionaria que decapita al monarca por la aplastante diferencia de un dudoso voto (361 a favor, 360 en contra). Robespierre no es más suave: "Ustedes no son jueces, no hay que hacer ningún proceso. Decapitar al rey es una medida indispensable para la salud pública" De los regicidas 74 morirán degollados con el paso del tiempo.


Los genocidas rusos o alemanes palidecen de inocencia y bondad ante esto. Sin embargo, quien públicamente defendiese sus ideales sería condenado por hacer propaganda terrorista. la revolución Francesa, sin embargo se celebra internacionalmente con alegrías y elogios.


¿Cuánto le costó a Francia esta aberración? Las cifras más conservadoras nos hablan de más de 120.000 personas en un territorio de 10.000 kilómetros: por lo menos un 15% de su población total. Proporcionalemnte, si trasladamos a la actualidad el crimen, tendríamos más de ocho millones de franceses masacrados con esa brutalidad. La Primera Guerra Mundial (para Francia la más sangrienta de las guerras modernas) le costó apenas un millón de hijos.
Como costos material, aparte de la ruina económica y política, la Cristiandad también tuvo muchísimo que sufrir. Y con ella la Humanidad. Además de la pérdida de los tesoros de muchísimas bibliotecas eclesiásticas (que resguardaban joyas del patrimonio helénico, romano, medioriental y medieval) lamentamos la destrucción vandálica del que fuera el mayor claustro del mundo: Cluny (hoy sólo queda un ala de él), la quema de Claraval (quien sabe que habrá sido de las reliquias de San Bernardo), la ruina de Longchamp, de la abadía de Lys, de los conventos de Saint-Germain-des-Prés, de Montmartre, de Marmoutiers, de la catedral de Mâcon, de la de Boulogne-sur-Mer, de la Sainte Chapelle de Arras, del castillo de los Templarios em Montmorency, de los claustros de Conques y de otras invaluables y numerosas obras de incomparable belleza y antigüedad.


¿La Santa Iglesia celebrando la Revolución? Troyes, por ejemplo, sufrió quince iglesias destruidas y Beauvais doce, Châlons siete... la desoladora lista podría ocupar hasta límites incalculables. No debemos olvidar que ningún, por pequeño y recóndito que fuese quedó a salvo del furor infernal. Nada quedó, prácticamente, que no fuera invadido, profanado y saqueado. El oscurantismo real, no el mito carente de fundamento, atardecía la vieja Europa. Avignon contempló, impotente, cómo el palacio papal era invadido por revolucionarios espumeantes de odio que alimentaron por días una inmensa hoguera con las preciosas obras de arte que lo ennoblecían. Muebles irremplazables y una selectísima pinacoteca sucumbieron a la Revolución libertadora. Lo poco que se salvó fue hollado y pisoteado por otro tirano: Napoleón. Con él, siglos de cultura y belleza de toda Europa desaparecieron para siempre.


Mientras meditamos en eso desfilan ante nuestros ojos los padres de las SS, las chekas y las KGBs contemporáneas, luciendo botas hechas de pieles curtidas de los campesinos de la Vendée para los oficiales, finos y suaves guantes hechos de mujeres por tener la piel más aterciopelada y lavándose con el jabón fabricado con centenares de cadáveres hervidos para extraer grasa y jabón.


Si las entidades judías y el proceso de Nüremberg confirmaron que el jabón de judíos atribuidos a los nazis es apenas un mito sin sentido y sin correspondencia con la realidad, entonces tenemos el origen del horrible salvajismo.


El "Matrimonio republicano" (procedimiento macabro que consistía en amarrar a los prisioneros laicos y religiosos y ahogarlos con horquetas en los ríos utilizando barcos especialmente construidos para estos fines) es, incontestablemente, el antecedente de los gulags y de las cámaras de gas modernas, tanto como el uso de materiales químicos para asfixiara  la población y envenenar sus aguas u adelanto para los criminales modernos.


Que los católicos no celebremos la Revolución Francesa y aún tengamos reservas respecto sus ideales y su historia no sólo es explicable: es exigible.

 

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ANTES DE AUSCHWITZ, LA VENDÉE, Francia

Los cristianos ‘raza maldita’

 

Dejar morir de hambre a los que, por haberse escondido, hubieran sobrevivido.

 

Las memorias jamás reivindicadas de tres mil curas asesinados, de cientos de religiosas violadas y torturadas hasta morir y de decenas de campesinos descuartizados por no querer renunciar a su religión toca directamente a la misión pastoral del Papa y al encargo recibido del mismo Cristo de confirmar a sus hermanos. Cada vez más historiadores hablan de este acontecimiento como el primer genocidio de la historia moderna. En él, tus jacobinos pusieron en práctica lo que se puede considerar un ensayo general de Endlösung o ´Solución Final´.

 

Entre la multitud de persecuciones ilustradas de católicos (Tirol, Italia...) que siguieron a la Revolución Francesa, la Vendée destaca por su resistencia indómita. La razón de esta fidelidad a la Iglesia hasta el tormento y la muerte se debe a que había sido la tierra de las prédicas de San Louis-Marie Grignion de Montfort, santo apreciadísimo por Juan Pablo II, y que probablemente acabe pronto convertido en doctor de la Iglesia. Esto, a la retroprogresía francesa que escribe sus recuerdos del mayo del 68 desde las alfombras de Ispahan de los despachazos del BNP le termina de sacar de quicio.

 

Nada de aristócratas y clero que incitan al pueblo a defender sus privilegios. Fue un levantamiento popular, que forzó a los titubeantes clérigos a tomar partido y produjo la salida de incógnito de muchos nobles temerosos de comprometerse. Rebelión religiosa frente al feroz volterianismo ideológico que se imponía a sangre y fuego desde París. Una insurrección en defensa del cristianismo, que constituye un hecho único en la historia por sus proporciones y el alcance de su represión.

 

Todo esto lo ha sacado a la luz Reynald Secher. Lo ha hecho gracias a un descubrimiento fundamental: no toda la documentación había podido ser purgada o depurada. En efecto, gran parte de ella se encontraba en manos de particulares (como si confiaran en que algún día la Historia les haría justicia). Secher pudo incluso acceder a la documentación catastral oficial donde se consignaba la destrucción material sistemáticamente perpetrada: diez mil de cincuenta mil casas, casi todo el ganado muerto y el campo arrasado. Dentro del frío plan de exterminio elaborado meticulosamente en París se incluía la siguiente disposición: dejar morir de hambre a los que, por haberse escondido, hubieran sobrevivido.

 

Ya sabéis el contenido de las arengas del general Carrier:
 

No nos hablen de humanidad hacia esas fieras de la Vendée: todas serán exterminadas. No hay que dejar vivo a un solo rebelde.
 

También es digna de reseñar la contestación del Comité de Salud Pública de tus sueños al general Westermann, "vencedor" de aquella destartalada Armada Católica:
 

Debe purgar completamente el suelo de la libertad de esta raza maldita.
 

La Vendée ya ha sido vengada con el descubrimiento de su verdad. Los 140.000 judíos franceses deportados hacia la muerte durante la II Guerra Mundial ya han sido vengados. Los cientos de miles de muertos sumariamente juzgados y ejecutados en las represalias de la posguerra ya han sido vengados. Los masacrados de Argelia ya han sido vengados. Está naciendo una nueva Francia. De la otra, polvorienta y casposa, sólo quedan cuatro pirados que se devanan entre ilusorias "injerencias internas" de un Papa que se dispone a celebrar ¡el bautismo de Clodoveo (451-511)!

" STAT CRUX, DUM VOLVITUR ORBIS "
(La cruz permanece firme, mientras el mundo da vueltas)
Lema cartujo.

 

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Rectificar

 

Está en lo cierto el dicho que asegura que es de sabios rectificar
Por Ferrán Blasi i Birbe

Una de las manifestaciones de la sabiduría popular es la de mostrar los inconvenientes de aquello que, con imagen bovina o taurina, se expresa con la frase «meter el cuerno en un agujero», y no solamente porque, a veces, si el interesado se empeña, luego se hace difícil sacarlo de allí, sino por el hecho de que, cuando ha quedado bien encajado en ese lugar no lo puede arrancar aunque quiera.

Y esto puede ocurrir a todos los niveles. Si sucede a alguien del común de la gente, es probable que otro que esté cerca -un compañero, un maestro, un hermano, el padre o la madre- le asista en esa operación, a menudo difícil, y le ayude a reconocer que se ha equivocado y a rectificar y, si es necesario, a deshacer un paso que se ha podido dar en falso.

Pero si la víctima de aquel accidente, voluntario o involuntario, es una persona que está en un nivel más elevado y tiene responsabilidades, por su valía o por su cargo -como puede ser el director de un medio informativo, un empresario, una autoridad de cualquier orden-, la reparación se hace difícil, ya que los demás no se atreven a contradecirle, a hacerle una advertencia o a expresarle otro parecer, que tal vez está más de acuerdo con la realidad de las cosas, y aquella persona -quizá por una excesiva seguridad en ella misma o por el temor a provocar una crisis de autoridad- no pedirá consejo o tenderá a rechazar el que espontáneamente se le ofrezca.

Por contraste con estas actitudes, por desgracia hoy tan corrientes, yo recuerdo a menudo la enseñanza vivida, con la experiencia propia y ajena, de un hombre de Dios, que hablaba de «la alegría de rectificar», de «decir me he equivocado» y de la conveniencia de presentar excusas y aun de pedir perdón, haciendo notar que esta manera de comportarse no tiene nada de deshonroso, porque errar es propio de la limitación de la condición humana y además, muchas veces, la posición que se ha adoptado, o la opinión que se ha formado, tienen relación con unas circunstancias concretas, que después han podido variar, y la solución buena las ha de tener en cuenta pues depende de ellas.

Está en lo cierto el dicho que asegura que es de sabios rectificar, sobre todo si los que han sido perjudicados por algún error teórico o práctico no son precisamente otros sabios -que quizá ya se darían cuenta de lo que ha sucedido-, sino la gente de la calle.

www.arvo.net  2003-06-20

 

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Razón y malicia

 

Lo distintivo de la especie humana es el potencial uso de la razón. El logos puede equivocarse cuando trata de averiguar la naturaleza de las cosas y sus correlaciones internas y externas. Estos fracasos se explican, no por constitutiva impotencia del logos, sino porque opera sobre información deficiente o insuficiente. La imposibilidad de manejar todos los datos convierte en ideal inalcanzable la pretensión de un conocimiento verdadero y cabal de toda la realidad. El cosmos se presenta como inagotable a la experiencia humana y, por tanto, siempre problemático y abierto para la razón. La historia de nuestra especie es un proceso de racionalización de los conocimientos, que ha ido alcanzando niveles cada año más elevados y a ritmo creciente.

Pero el logos no sólo puede equivocarse acerca del ser de las cosas, sino también acerca del deber de cada uno. La prueba de este fracaso es que por doquier unos hombres tienen la impresión de que otros les hacen mal. Es universal la convicción de que hay que regular las conductas mediante la educación persuasiva y la coacción colectiva a fin de posibilitar una convivencia ordenada y pacífica. Dejadas las razones personales a los dinamismos egoístas, desembocarían en una situación similar al supuesto estado de naturaleza.

¿No es contradictorio que el logos argumente a favor del mal?

En primer lugar, no se trata de un logos universal, sino de la razón de cada uno puesta al servicio de una personal voluntad egocéntrica. El mal que hacemos a otros o a nosotros mismos no nace de una razón incapaz de definir el deber, sino de una información parcial acerca de lo que estimamos nuestro personal bien. El logos no cesa de actuar razonablemente cuando el criminal planifica su fechoría. Lo que acontece es que no se le ha sometido la cuestión de qué es lo bueno en general, sino la de cómo alcanzar el objetivo que el agente estima que en aquel momento es bueno para uno mismo. La razón puede servir al mal porque está originariamente subordinada a la voluntad. Los fracasos del logos práctico no son una consecuencia de su propia incapacidad, sino de su dependencia del arbitrio personal. Cuando la actividad de la razón es imperada, su orientación depende del mandato recibido.

En la preparación tecnológica de una guerra moderna hay cantidades ingentes de razón invertida en útiles bélicos. En el despliegue de una contienda actual tambien hay enormes dosis de racionalidad estratégica. Incluso es verdad que los grandes enfrentamientos colectivos han sido estímulo de alguno de los mayores avances de la ciencia aplicada y aún de la ciencia pura; la energía nuclear es un obvio ejemplo. Y, sin embargo, la violencia colectiva es uno de los mayores males de la Humanidad.
El espectáculo de la Historia con sus organizadas crueldades masivas ¿no desahucia al logos? En modo alguno. Los artilugios que permitieron el triunfo de Occidente en la llamada «guerra fría» son auténticos monumentos de racionalidad. Pero la previa existencia del enfrentamiento colectivo no era la consecuencia de una ecuación mal desarrollada, ni de una errónea ley científica, ni de una falsa moral, sino de una voluntad de poder anterior y, de hecho, dominadora de cualquier argumentación lógica.

Lo que falla en el animal racional no es la racionalidad pensante, sino la animalidad volente. La malicia no está en el correcto raciocinio, sino, eventualmente, en el objetivo que previa y extrínsecamente se le ha impuesto.

El logos es astuto, pero no malvado. La malicia reside en la decisión de hacer prevalecer el supuesto bien personal pese al efectivo mal ajeno. La razón sólo es necesariamente moral cuando se le encomienda la genérica determinación del bien de la especie humana, tarea minoritaria y severa.

Razón Española nº92 - 2003-06-09

 

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Razón y razonadores

 

Lo exclusivo y propio del hombre actual es la razón y, privado de ella, se convertiría en una bestia aunque conservara la columna vertebral erguida y las manos libres. Ciertos disminuidos psíquicos demuestran que el factor hominizador es el logos y no los demás caracteres somáticos. La razón es la frontera más decisiva de todo el árbol de la vida: a un lado los inferiores y dominados, del otro el superior y dominador.

Pero en el área racional no impera la homogeneidad igualitaria, sino diferencias estratificadoras. Unos razonan poco y mal, mientras que otros razonan más y mejor. Dentro de nuestra especie lo que cualifica a cada individuo es su quantum de logos, su densidad razonadora. Todos humanos; pero unos más que otros.

La función de la razón es el conocimiento de la realidad mediante el establecimiento de relaciones entre las partes y el todo. Y porque el pensamiento racional va unido a la palabra, el logos es capaz de objetivar el conocimiento, acumularlo y conservarlo a pesar de la muerte de los individuos. Así la gran prótesis cultural con que se robustece la especie humana trasciende a la caducidad de las generaciones y logra permanecer y perfeccionarse. Pero esta capitalización de conocimientos, que es lo más valioso de la Historia, no es una labor colectiva y popular, sino individual y selecta.

La vanguardia razonadora es una exigua minoría. Entre centenares de millones de seres, sólo unos pocos han incrementado verdaderamente el caudal de conocimientos. El proceso de los saberes, desde la física hasta la lógica, se apoya en unos pocos nombres. La ingente muchedumbre que permanece como espectadora o usuaria de ajenas invenciones constituye una especie de gran comparsa colectiva en la ejecución de la Historia. Demasiados figuramos en esa grey anónima y gris cuya racionalidad es más pasiva que activa. Todos los hombres normales somos constitutivamente racionales, pero sólo ciertos egregios son estrictamente razonadores.

Es vana la pretensión de interpretar los comportamientos de los hombres desde la perspectiva de la razón porque la inmensa mayoría, ni piensa ni obra razonablemente. Por eso, la mentira es políticamente más eficaz que la verdad, el mito más popular que el argumento, y el sentimiento más compartido que el raciocinio y la verificación experimental.

La división más decisiva de la Humanidad no es entre blancos y de color, ni entre explotadores y explotados, ni entre varones y mujeres, ni entre genios y mediocres, sino entre razonadores y sentidores. Ningún hombre encarnado puede ser un razonador puro, pero cabe aproximarse a ese ideal. El prototipo es el científico, el que incrementa el acervo de conocimientos respetando el principio de no contradicción y depurando y sistematizando los datos experimentales. A lo largo de milenios, millones de individuos en las zonas más primitivas de nuestro planeta no han enriquecido ni en un adarme el capital cognoscitivo de la Humanidad. Unos cuantos en momentos estelares han protagonizado los grandes saltos, por ejemplo, ciertos griegos del siglo IV a C.

Los sofistas y demagogos tienden a calificar de cultura cualquier ocurrencia humana. Pero una cosa es lo folklórico y otra lo estrictamente científico, una cosa es lo pintoresco y otra la innovación verdadera. El número de razonadores se ha incrementado en proporción casi geométrica durante el siglo que ahora expira, y hay áreas de la vida humana, como la salud, que no han cesado de racionalizarse y de progresar; pero restan campos inmensos apenas roturados por el logos, como la política práctica porque modelos institucionales y prejuicios ideológicos lo impiden tenazmente. Estamos aún lejísimos del sapiente soberano de los diálogos platónicos, de la política positiva comtiana, o de la logoarquía que deberá sustituir al arbitrismo.

Desde el Renacimiento, la razón pura avanza mucho más velozmente que la razón práctica, estacionada y, en nuestro tiempo, incluso regresiva. Ese profundo desajuste, esa divergencia, esa parcial involución es el gran problema intelectual del siglo XXI. Superávit empírico y déficit ético. Hay un extraño y suicida pudor de la élite razonadora para ocuparse del deber. Pero el objeto de la razón es el ser y también el bien.

¿En qué proporción soy sentidor o razonador? La respuesta da la medida de la hominidad. Un número quizá aún más importante que el cociente intelectual porque no es el del logos en potencia, sino en ejercicio. Valoremos según la genuina pauta del hombre.

Razón Española - 2003-06-09

 

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Los cristianos en la Iglesia fundada por Jesucristo, concebimos la nueva evangelización como el testimonio de la belleza del cristianismo que hemos encontrado. Todos nuestros gestos, desde los pequeños y cotidianos a los grandes,  no tienen otro objetivo que dar testimonio de Cristo, de la vida nueva que nace de la relación con Él. El cristianismo es fácil, es para todos, basta ceder al atractivo de su belleza cuando uno lo encuentra. Por eso, no tienen nada que hacer quienes lo combaten. Se puede derrotar un cristianismo reducido a ética, pero no un cristianismo que sucede como un acontecimiento que apasiona por su belleza. Ningún poder de este mundo podrá evitar que el cristianismo resurja siempre por su belleza totalmente correspondiente al deseo del corazón humano.
   – Benedicto XVI comentó que el objetivo de la Jornada Mundial de la Juventud 2005 Köln-Alemania, era «mostrar a los jóvenes lo bonito que es ser cristianos, ya que existe la idea difundida de que los cristianos deben observar un inmenso número de mandamientos, prohibiciones, principios, etcétera, y que por lo tanto el cristianismo es, según esta idea, algo que cansa y oprime la vida y que se es más libre sin todos estos lastres».

 

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"En ti he puesto mi esperanza, guárdame Señor del eterno mal y concédeme la redención, por tu gran y profunda bondad que nunca me abandona".

 

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San Francisco de Asís (1182-1226) fundador de los frailes menores
Primera Regla 17

 

“No soy digno de que vengas a mi casa.” (Lc 7,6) -        Por el amor de Dios, suplico a todos los hermanos, --los que predican, los que oran, los que trabajan con sus manos, clérigos y laicos--, de crecer en la humildad en todo, de no gloriarse vanamente, de encontrar su gozo o enorgullecerse interiormente por las buenas palabras y las buenas acciones que Dios dice o cumple a veces en ellos o a través de ellos. Según la palabra del Señor: “No os alegréis que los espíritus se os sometan.” (Lc 10,20) Estemos plenamente convencidos: no tenemos nada más que nuestras faltas y pecados. Alegrémonos más bien en las pruebas cuando hemos de soportar, en el cuerpo o en el alma, toda clase de tribulaciones en este mundo por amor de la vida eterna.
        Hermanos, guardémonos de todo orgullo y de toda vana gloria. Guardémonos de la sabiduría de este mundo y de la prudencia egoísta. El que es esclavo de sus tendencias egoístas pone mucho interés en preparar discursos, pero pone poco interés en pasar a las obras. En lugar de buscar la religión y la santidad interior del espíritu, desea una religión y una santidad exteriores bien visibles a los ojos de los hombres. De ellos dice el Señor: “Os lo digo en verdad, ya han recibido su paga.” (cf Mt 6,2) En cambio, aquel que es dócil al espíritu del Señor quiere humillarse por ser egoísta, vil y bajo en esta carne. Se ejercita en la humildad y en la paciencia, en la pura simplicidad y en la paz verdadera del espíritu. Desea siempre y por encima de todo el temor filial de Dios, la sabiduría de Dios y el amor de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo.

 

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‘UT IN OMNIBUS GLORIFICETUR DEUS’ - «Cristo ayer y hoy / Principio y fin / alfa y omega / suyo es el tiempo / y la eternidad / a Él la gloria y el poder / por los siglos de los siglos» (Cirio en Vigilia Pascual).

 

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Si la Iglesia mirara para otro lado y no dijera nada en cuestiones como el aborto, la eutanasia, divorcio, la manipulación genética, la equiparación de las parejas de hecho con las familias o la adopción de niños por homosexuales, se libraría de una parte considerable de los ataques que sufre. Pero hay que preguntarse si, en caso de obrar así, estaría siendo fiel a Jesucristo y aportando algo valioso a la sociedad.
   Muchas veces se nos ha reprochado, algunas con razón, no haber sido más tajantes en la condena de la esclavitud o en el rechazo de la violencia en situaciones como las Cruzadas o la Inquisición. Pues bien, hoy hay nuevas esclavitudes y nuevas torturas, que son, curiosamente, aplaudidas y defendidas por los que condenan las de antaño. La Iglesia, precisamente para no cometer los errores del pasado, tiene el deber de defender la familia y la vida. Si no lo hiciera, estoy seguro de que dentro de unos años sería acusada de no haber hablado proféticamente contra la ideología mayoritaria imperante en este momento. Y hasta es posible que se lo echaran en cara los sucesores ideológicos de los que hoy la acusan de no estar al día. Por eso tiene que actuar como lo está haciendo. Aunque se quede sola en la defensa del más débil. Aunque le cueste la persecución. Esa será su gloria y la historia terminará por reconocerlo.

 

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El irracionalismo actual no es otra cosa que el desarrollo de la irracionalidad que lleva en sus entrañas todo racionalismo. El irracionalismo no es la simple irracionalidad, sino la tesis de que en el saber todo da lo mismo. ¡He aquí las sectas!

 

"Erit enim tempus cum sanam doctrinam non sustinebunt sed ad sua desideria coacervabunt sibi magistros prurientes auribus, et a veritate quidem auditum avertent ad fabulas autem convertentur" (2 ad Thimoteum 4, 3-4).

 

"Pues vendrá un tiempo en que no soportarán la sana doctrina, sino que de acuerdo con sus pasiones se rodearán de maestros que halaguen sus oídos, y apartarán, por una parte, el oído de la verdad, mientras que, por otra, se volverán a los mitos". San Pablo que, con otros miembros de la Iglesia Católica, también escribió la Biblia.

 

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La persona, fin en sí misma, no de sí misma.

 

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"El viento de la soberbia arrastra toda virtud. La humildad es la base de las buenas obras". (S. Agustín).

 

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«La historia es el testimonio de los tiempos, la luz de la verdad, la vida de la memoria, la maestra de la vida y nuncio de la antigüedad». Cicerón

 

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Vocación: Dios es quien llama, y el hombre es el convocado. La llamada es siempre a amar, es decir, a servir, y también a hacer rendir los talentos. Está en la naturaleza del hombre este deseo de conocer y responder a la vocación, deseo que tiene implicaciones también sociales: una sociedad en la que los hombres no pueden ejercer aquello a lo que se sienten llamados será muy defectuosa, como detectaba ya Platón en La República.

 

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"Es más fácil desintegrar un átomo que un pre-concepto" - Albert Einstein.

 

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Un libro histórico -como son los evangelios por ejemplo- merece credibilidad cuando reúne tres condiciones básicas: ser auténtico, verídico e íntegro. Es decir, cuándo el libro fue escrito en la época y por el autor que se le atribuye (autenticidad), cuando el autor del libro conoció los sucesos que refiere y no quiere engañar a sus lectores (veracidad), y, por último, cuando ha llegado hasta nosotros sin alteración sustancial (integridad).

 

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In Memoriam   - “A la Humanidad que a esta hora parece perdida y dominada por el poder del mal, del egoísmo y del miedo, el Señor ha decidido darle en ofrenda Su amor que perdona, reconcilia y abre el ánimo a la esperanza. Es  amor que convierte los corazones y regala la paz  ¡Cuánta necesidad tiene el mundo de comprender y de abrigar la Divina Misericordia”. Juan Pablo II Magno + 2005.04.02

 

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Dios confió los animales a la administración del que fue creado por él a su imagen (cf Gn 2, 19-20; 9, 1-4). Por tanto, es legítimo servirse de los animales para el alimento y la confección de vestidos. Se los puede domesticar para que ayuden al hombre en sus trabajos y en sus ocios. Los experimentos médicos y científicos en animales, si se mantienen en límites razonables, son prácticas moralmente aceptables, pues contribuyen a cuidar o salvar vidas humanas.

  

Por venir a visitarnos, nuestro agradecimiento.

Anno Domini 2007 - "In Te, Domine, speravi; non confundar in aeternum!".

Mane nobiscum, Domine! ¡Quédate con nosotros, Señor!

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El mundo, visto a través de Dios, es fraterno y hermoso, hasta en la hermana muerte, se disfruta en su voluntaria privación. Es el arte de la posesión en Dios, el arte de poseer la tierra con esa extraña lógica de los santos que es su tener y no tener: no teniendo nada, no deseando nada, se posee de verdad todo, siendo libre de las cosas se señorea alegremente el universo.-
¡¡¡ paz y bien !!! Paix et bien!!! frieden und guten! Pace e bene! Peace and godness! “El que a vosotros escucha, a mí me escucha” (Lc 16,10).

"Marana tha, ven, Señor Jesús" (Ap 22, 20).

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In Obsequio Jesu Christi.

 

Recomendamos vivamente: Al caer de la tarde - es un ramillete de reflexiones al hilo de la liturgia de Adviento, que escribe Cristina González Alba para la colección Hablar con Jesús, de la editorial Desclée De Brower. El hilo conductor es despertar y empezar a caminar, con la mirada puesta en Jesús de Nazaret.

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Recomendamos vivamente: MI QUERIDA IGLESIA SANTA Y PECADORA - Decía José Luis Martín Descalzo que «nuestros pecados manchan tan poco la Iglesia como las manchas al sol». En este espíritu ha escrito Mariano Purroy Mi querida Iglesia, santa y pecadora (Edibesa), una mirada positiva y realista sobre los pecados de los cristianos y el perdón de Cristo.

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).