Jerusalén – Tiberíades - «Es el Señor» (Jn 21, 7). Esta exclamación del apóstol Juan pone de relieve la intensa emoción que experimentaron los discípulos al reconocer a Jesús resucitado, que se les aparecía por tercera vez a orillas del mar de Tiberíades.
Juan se hace portavoz de los sentimientos de Pedro y de los demás Apóstoles ante la presencia del Señor resucitado. Después de una larga noche de soledad y fatiga, llega el alba y su aparición cambia radicalmente todas las cosas: la luz vence a la oscuridad, el trabajo infructuoso se convierte en pesca fácil y abundante, el cansancio y la soledad se transforman en alegría y paz.
Desde entonces, -hace dos mil largos años- esos mismos sentimientos animan a la Iglesia. Aunque a una mirada superficial pueda parecer a veces que triunfan las tinieblas del mal y la fatiga de la vida diaria, la Iglesia sabe con certeza que sobre quienes siguen a Cristo resplandece ahora la luz inextinguible de la Pascua. El gran anuncio de la Resurrección infunde en el corazón de los creyentes una íntima alegría y una esperanza renovada.

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"La ciencia echa una mano a la Biblia"
acueducto subterráneo de Jerusalén
La prueba del carbono 14 demuestra que un acueducto subterráneo de Jerusalén fue construido en tiempos del rey Ezequías.
La polémica ha quedado zanjada. El viejo acueducto subterráneo que recorre la ciudad de Jerusalén a 52 metros de profundidad es en efecto el túnel de Siloé al que alude la Biblia y que mandó construir Ezequías, rey de Judá durante su reinado, entre los años 727-698 antes de Cristo.
Lo confirman dos Universidades
Frente a las últimas teorías que afirmaban que esta obra de perfeccionada ingeniería es posterior a aquella época, un equipo de investigadores de la Universidad Hebrea de Jerusalén y de la universidad británica de Reading ha demostrado que las excavaciones y trabajos fueron realizados alrededor de 700 años antes de nuestra era.
La prueba de datación por carbono 14 aplicada a muestras de escayolas y maderas de un fragmento del túnel, así como la de datación por uranio-torio de estalactitas que crecieron una vez perforado el canal, confirman el resultado de la investigación, publicado hoy en la revista científica “Nature”.
Es la primera vez que una estructura mencionada en el Antiguo Testamento (en este caso, en el II Libro de los Reyes y en el II Libro de las Crónicas) ha sido datada por métodos radioquímicos, basados en la desintegración de elementos radioactivos. El túnel, de 533 metros de largo, entre 0,58 y 0,65 metros de ancho y una altura que oscila entre 1,1 y 3,4 metros, fue construido sin utilizar soportes intermedios de hierro, lo que realza el valor de su ingeniería, que presenta un curso tortuoso que los expertos atribuyen a una adaptación a las formaciones rocosas perforadas.
La historia del acueducto
Ante el asedio en 701 AC de los asirios, capitaneados por Senaquerib, y el peligro de que la ciudad santa se quedara desabastecida de agua, Ezequías, que llegó al trono con 25 años a la muerte de su padre, Ajaz, pensó en cómo dar de beber a la ciudad, al tiempo que impedir que los asaltantes tuvieran acceso al agua. Para ello, el Rey Virtuoso consultó a sus sabios y mandó perforar un canal en la roca del valle de Cedrón para conducir el agua desde el Manantial de la Doncella, a las afueras de Jerusalén, hasta el otro extremo de la ciudad, en cuya desembocadura fue construida la alberca de Siloé. En estas aguas, según el Evangelio de San Juan, Jesús curó a un ciego de nacimiento.
En 1880, un niño que se estaba bañando a la salida del túnel descubrió en un fragmento de la roca una inscripción de seis líneas en hebreo, que más tarde interpretó Conrad Schick, uno de los primeros exploradores de Jerusalén. Pero el libelo, hoy en el Museo del Antiguo Oriente de Estambul, no hace referencia a la fecha de las obras, sino a algunas de las etapas por las que fueron avanzando. Con frases entrecortadas, describe el momento del encuentro de los dos grupos de trabajadores que perforaron la roca desde cada extremo del túnel y cómo las aguas iniciaron su recorrido. 2003.XI.
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Poncio Pilato fue el ejecutor, en tiempos de Jesús, del acueducto de Jerusalén, una gran obra de ingeniería y arquitectos, de la que se conservan aún algunos restos.
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Arquitecto - Traer aquí el nombre del título que adquiere el licenciado en arquitectura no tendría demasiada justificación en sí misma por cuanto que el nombre no oculta ninguna «historia», sino más bien un modelo de evolución de una palabra culta que nos llega del latín architectu(m), y éste a su vez del griego bajo la forma de arkitékton, palabra que está formada por otras dos: arki, que significa ´el primero, el principal´, y tékton, ´artesano, carpintero, constructor´, lo cual vendría a poder traducirse como ´el obrero más importante´. Sin embargo, nos parece interesante, o, al menos curioso, que la etimología popular haya hecho derivar este término de algo, que, bien mirado, tendría su lógica, aunque no se acepte como científico. Algunas personas piensan que arquitecto significa y procede de arco y techo, por ser de enorme frecuencia e importancia en la tarea de estos profesionales levantar (y mantener) esos dos elementos constructivos. Quede así constancia del caso.
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AGUA, portadora de vida - El Santuario de Serapis (Serapeo), que era probablemente una representación simbólica del Valle del Nilo, fue modificado tras el viaje de Adriano a Egipto en 130-131 d.C., durante el cual perdió la vida el favorito del Emperador, Antínoo. El Serapeo fue decorado expresamente con estatuas que representaban los cultos de Osiris (dios que muere y resurge), identificado con Antínoo divinizado, y el culto del dios alejandrino Serapis, del cual Adriano era un entusiasta defensor. Un complejo mecanismo hidráulico accionaba una fuente en forma de cascada, alimentada por una gran cisterna, que ensalzaba la crecida cíclica del Nilo, portadora de vida; encima de la fuente, se hallaba el busto de la diosa Isis-Sothis-Deméter.
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LA ARQUEOLOGÍA CONFIRMA LA EXISTENCIA
DE HERODES Y DE SU ACUEDUCTO; años 2000ca.
EXCAVAN UN ACUEDUCTO CONSTRUIDO POR HERODES JUNTO AL MURO DE LAS LAMENTACIONES – EXPLANADA DEL TEMPLO, CORAZÓN DE ISRAEL.
La obra, de 200 metros, suministraba agua y evacuaba la lluvia de la ciudad de Jerusalén.
Arqueólogos de la Dirección de Antigüedades de Israel han puesto al descubierto un acueducto de 200 metros de longitud cuya construcción se remonta a la época de Herodes el Grande y cuyo trazado corre paralelo al muro occidental de la Explanada del Templo, del lado del ‘Muro de las Lamentaciones’, en la ciudad vieja de Jerusalén.
La sección meridional de este acueducto, que tiene cerca de 2.000 años de antigüedad, fue excavada a principios de los años setenta (1970) por el arqueólogo Benjamín Mazar. El trabajo, que ha concluido ahora, permite seguir el recorrido del subterráneo que pasa junto al famoso muro. La existencia de esta obra fue descubierta hace 130 años por el arqueólogo británico Charles Warren. En el siglo pasado, Warren excavó una serie de puntos concretos a lo largo del acueducto, pero nunca llegó a conocer cuál era la longitud del mismo.
La construcción fue levantada para suministrar agua a Jerusalén y como conducto para evacuar el agua de la lluvia que caía en el interior de la ciudad amurallada. El acueducto se construyó debajo del pavimento de una calle que también es obra de Herodes. La profundidad de la construcción, que alcanza los 11 metros, varía mucho durante su recorrido. Entre los escritores de la Antigüedad que mencionan la existencia de este acueducto figura Flavio Josefo. El literato relata cómo, ante la invasión romana, muchos judíos buscaron refugio en este acueducto subterráneo. Los romanos encendían hogueras en los dos extremos del túnel ahogando a quienes se había refugiado en el interior.
MM.
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Parte de un espléndido mosaico encontrado en Lod, Israel en el año 1996. La totalidad del mosaico se ha podido admirar en XI.2009. Es un pavimento colorado representando pájaros, mamíferos, peces, especies florales y naves a vela como mercantiles. Se retiene que la obra hiciese parte de una villa perteneciente a una acaudalada familia en época romana. Los arqueólogos han medido, para los curiosos, las tallas de las improntas de los pies: 34, 37, 42 y 44.




Parte de un espléndido mosaico encontrado en Lod, Israel en el año 1996. La totalidad del mosaico se ha podido admirar en XI.2009. Es un pavimento colorado representando pájaros, mamíferos, peces, especies florales y naves a vela como mercantiles. Se retiene que la obra hiciese parte de una villa perteneciente a una acaudalada familia en época romana. Los arqueólogos han medido, para los curiosos, las tallas de las improntas de los pies: 34, 37, 42 y 44.
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El musulmán Saladino se apoderó -arruinando y bajo asolamiento- de Jerusalén en 1187 y, desde entonces, la peregrinación a los Santos Lugares fue una empresa casi suicida para todos los cristianos, y más aún para los cristianos negros que provenían desde Etiopía. La discriminación hacia los cristianos por ser cristianos, y a los negros por ser negros, continua evidente y violenta en el Sudán mahometano y la zona del Darfur, especialmente. 2009: la crucifixión de siete cristianos en octubre, es la evidencia dolorosa y repugnante.
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Como curiosidad, en la página "Aurora-Israel" editada por sefardíes, se menciona un estudio del cromosoma humano que da una afinidad del 85% entre judíos y palestinos.
Estos datos además se avalan con estudios históricos: en el 1012 el califa fatimí Al-Hakim obligó a convertirse al Islam a todos los judíos de Palestina. Los que así lo hicieron recibieron el nombre de "mustarabin" equivalente a nuestro despectivo "marrano", de ellos descienden la mayoría de palestinos.
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JERUSALÉN, HISTORIA I
La arqueología (v. v) es la principal fuente para el conocimiento de Jerusalén desde sus orígenes hasta David. Después de la conquista es de gran ayuda, tanto por los documentos que se han recuperado, como por la inscripción de Ezequías, las del Templo de Herodes, o las funerarias en tumbas y urnas-osarios, así como también por los restos de monumentos que resuelven o crean problemas de topografía. como el del tercer muro herodiano de Robinson, etc.
Entre las fuentes escritas la principal es la Biblia, tanto en el A. como el N. T. También son fundamentales las inscripciones: las tabletas de Tell El Amarnah (v .). el prisma de Senaquerib, y la Crónica de Nabucodonosor, entre los anales de los reyes asirios y de Babilonia; los escritos de F. Josefo (v.), especialmente la Guerra de los Judíos; y los relatos de los peregrinos, como el de Eteria (v .) o los escritos de los Padres de la Iglesia, como los de Eusebio de Cesarea o S. Jerónimo.
1. Desde los orígenes hasta la conquista de David. Auno que en J. se hayan encontrado restos cerámicos del siglo XXVII a. C. no se ha podido descubrir la instalación urbana, si la hubo, de aquella época. En cambio se han encontrado restos de la ciudad de principios del Bronce Medio (ca. 1800 a. C.), cuyo príncipe fue objeto de execración por el Faraón. Faltos de documentación escrita. y debido a que en las excavaciones esta ciudad se halla muy profunda, poco sabemos de su vida y vicisitudes. Situada sobre la colina que separa los valles del Cedrón y Tiropeón, estaba amurallada. El muro estaba construido con grandes mampuestos, que no llegaban a darle la categoría de ciclópeo. Ha sido descubierto en varios puntos, de manera que con gran probabilidad se puede considerar que su extensión llegaba a los 11 acres (casi media Ha.). Su situación estaba condicionada por la presencia de la única fuente de aguas perennes, la bíblica Gihon, hoy llamada fuente de Santa María. La fuente, sin embargo, quedaba extramuros, ya que estaba situada en el fondo del valle y unos muros que abarcaran su acceso serían de poca o nula efectividad defensiva. Algunos arqueólogos (entre ellos K. M. Kenyon, directora de las últimas excavaciones) piensan que varios de los pozos de acceso desde el interior de la ciudad a la fuente pudieran ser de esta época, para así facilitar el acceso a los habitantes en situaciones concretas, como los sitios de la ciudad. A esta ciudad hay que referir el pasaje de Gen 14: Melquisedec, el rey de Salem, es, sin duda, rey de Urusalem. Del texto bíblico parece deducirse una cierta preeminencia del rey Salem sobre todos los demás reyezuelos o jefes de familia, como Abraham (v.).
La arqueología y las fuentes escritas coinciden en re- velar que la siguiente ciudad de J. correspondió al Bronce Reciente (ca. 1400 a. C.). Se trata de la Ciudad-Estado regida por Abdu-Jeba, feudatario de Egipto en la época, de El Amarnah. Se conservan algunas de sus cartas; y en otras de reyezuelos de otras Ciudades-Estado de Palestina se le cita. Fiel al faraón Akenaton, pide ayuda contra la creciente presión de los Habiru y se excusa de los ataques de Gézer y Hebrón.
Las características urbanas y militares de J. en el Bronce Reciente la hacían casi inexpugnable (cfr. los 10,1 e Idc 19,12). Incluso su rey preside la coalición contra los israelitas que será derrotada por Josué (Ios 10,3 ss.). Aunque los israelitas conquistan otras ciudades-Estados del sur de Palestina (Ios 10,28-39), no logran entrar en J ., hasta que David, unificadas las tribus y aislada la ciudad de la ayuda filistea, consigue conquistarla (2 Sam 5,6 ss.).
2. Jerusalén, capital del Reino. Conquistada la ciudad con su temible fortaleza de Sión, David (v.) le cambió el nombre por el suyo propio y se instaló en ella convirtiéndola en la capital de su reino. Su situación topográfica así lo aconsejaba: suficientemente alejada, tanto de las grandes vías que recorrían la costa, como de Trans-jordania, gozaba de una mayor seguridad que las ciudades próximas a las grandes rutas. Por otra parte, J. era unión obligada entre las dos grandes tribus de Judá y casa de José, sin pertenecer a ninguna de ellas; lo que evitaba posibles suspicacias entre ambas y afianzaba la posición de David. Además, el hecho de pertenecer personalmente a éste por derecho de conquista la alejaba de estas rencillas, y permitía al rey organizar la ciudad y su población con toda libertad. Poco después David afianzó la capitalidad en J. instalando el Arca de la Alianza en la era de´ Arawnah primero y en la misma ciudad de David más tarde; a la capitalidad política se unía la religiosa, fundamental en una nación teocrática. Su proyecto de construcción del Templo (v. TEMPLO 11) para guardar el Arca hubo de ser ejecutado por su hijo Salomón, que edificó, además de éste, el palacio, adecuado a las necesidades administrativas del reino, y no pocos edificios vecinos para albergar a sus gentes y organismos de gobierno. Pero muerto éste, su hijo y sucesor Roboam (ca. 930 a. C.) perdió el dominio sobre las 10 tribus del norte y este del Jordán, que formaron el reino de Israel (v .), dejando a J. reducida a capital del pequeño reino de Judá (v .). Situada prácticamente en la frontera con el nuevo reino, J. sufrió los embates de los israelitas del norte, que en algunas ocasiones llegaron hasta sus muros y lograron penetrar en ellos. Por otra parte resultaba demasiado rica y costosa para capital de un reino diminuto. La incursión de Sesonq I obligó a Roboam a entregar los tesoros del palacio y del Templo al Faraón para liberar del asedio a Jerusalén. Las empresas comerciales e industriales de Salomón, planeadas para el gran reino, hubieron de ser abandonadas por faltas de rentabilidad. No pocos habitantes de J. abandonaron sus casas buscando medios de vida en otras ciudades, especialmente en el más pujante reino norteño de Israel. Por otra parte, la capitalidad religiosa de J. fue cuestionada muy pronto al elevar Jeroboam los santuarios de Betel (v.) y Dan a la categoría de nacionales, reinstaurando la forma de representar el escabel de Yahwéh por unos toros de oro, como había hecho Aarón al pie del Sinaí (cfr. I Reg 12,26-29; Ex 32,4 s.). Esta decadencia de J. se continúa hasta el reinado de Josafat (ca. 870 a. C.). En los años siguientes, hasta la muerte de Atalía (838 a. C.), y coincidiendo con la paz entre los dos reinos hermanos, vuelve una cierta prosperidad a J.; incluso se repite el influjo fenicio en la técnica y arte. La reconstrucción del Templo bajo la regencia de Yehoyada´ fue hecha por artistas autóctonos (2 Par 24,12 s.). Amasías, sucesor de Joás, devolvió algo del antiguo esplendor a J. con sus victorias militares hasta que, vencido por Yoacaz de Israel, el ejército enemigo entró en la ciudad y saqueó el Templo y palacio. La paz, en tiempo de sus sucesores Ozías y Jotam (785-735 a. C.), permitió la restauración y consolidación de J. especialmente en su aparato defensivo, con torres y puertas fortificadas. Es posible que los barríos Maktes y Misneh fueran edificados entonces. De nuevo peligra J. con la alianza de Damasco y Samaria contra Asiria al no unirse a ella Acaz (732 a. C.). Sitiada la ciudad por los aliados fue salvada por la intervención de Asiria, a la que se entrega Judá como reino feudatario. Cara liberación, ya que los asiríos exigen pesados tríbutos y reconocimiento de su culto en J. con el consiguiente efecto deletéreo entre los sacerdotes y pueblo judío contra la política del joven rey. Isaías (v .), cuya personalidad religiosa domina J. estos años, fomenta la esperanza de J., empobrecida y someramente asi- rizada, al anunciarla como capital de Yahwéh y su Ungido.
Ezequías, desaparecido el reino de Israel al caer Samaria (722 a. C.), constituye a J. en el centro indiscutible del culto yahwista. Apoyándose en las predicciones proféticas de Isaías, el joven rey emprende una reforma religiosa; también inicia unas campañas militares en el antiguo reino de Israel aprovechando la confusión creada en Nínive al morir Sargón II (705 a. C.) y sublevarse Babilonia. Jerusalén se llena de nuevos habitantes, sacerdotes y pueblo del antiguo reino de Israel. Se purifica el Templo de los cultos asirios y la prosperidad y alegría reinan por algún tiempo en la ciudad. Senaquerib, dominada Babilonia, marcha contra J. y la sitia. Pero Ezequías se había preparado con tiempo construyendo el acueducto que introduce las aguas de la fuente Gihon en la ciudad.
La Biblia y los Anales de Senaquerib coinciden en decirnos que éste no conquistó J., pero difieren en la interpretación: un milagro para la Biblia, silencio en los Anales. De la dureza del sitio sabemos por Is 36,16 ss. La sumisión a Asiria siguió hasta Josías, quien aprovechó la decadencia final del Imperio para reconquistar el antiguo reino dé Israel y constituir de nuevo a J. como la capital del yahwismo con la restauración del Templo y destrucción definitiva de los santuarios heterodoxos. La paz y prosperidad duró poco, muerto trágicamente Josías en Megiddo (ca. 609 a. C.), y pronto cayó J. en manos de Nabucodonosor (v.), que en su segunda ocupación (587 a. C.) la destruyó, quedando casi despoblada y empobrecida.
3. Después del Destierro. Amparados por el edicto de Ciro, no pocos desterrados regresaron a Palestina, y especialmente a Jerusalén. La libertad y fondos con que contaban les permitió una reconstrucción pobre del Templo, en cuyos trabajos no faltaron las dificultades, provenientes sobre todo de las pretendidas intrusiones samaritanas (538 a. C. y ss.). Casi un siglo más tarde, 444 a. C., Nehemías (v.) recibió autorización para trasladarse a J. y reconstruir sus murallas. Sin embargo, no pudo rehacer la línea de muros que aterrazaban el "Ofel y dejó el perímetro de J. más reducido. Por otra parte, no eran imprescindibles estos muros orientales que defendían el acceso a la fuente de Gihon al permanecer desviada su corriente por el acueducto de Ezequías, que continuaba en uso. Para la ciudad así amurallada, aunque con muy pocos habitantes, Nehemías promovió la inmigración desde los campos y logró repoblarla. Sus medidas económicas (entre ellas la condonación de deudas) favorecieron el desarrollo económico de pequeños comerciantes y artesanos, que repercutió en bien de toda la ciudad. Las Cartas de Elefantina (v .) permiten discernir la organización de Jerusalén. La supremacía sacerdotal era originada por la preponderancia de la vida religiosa, al no gozar de independencia política los judíos. Pero las fuentes hablan poco de esta vida religiosa, que se desarrolla intensamente durante el dominio persa.
Durante el dominio griego-egipcio (331-198 a. C.), y al principio del griego-antioqueno, J. sigue prosperando alejada de problemas políticos. Pero las costumbres y técnicas griegas se van introduciendo paulatinamente con peligro de llegar al mundo de las ideas religiosas. Las mismas familias sacerdotales se ven envueltas en los contagios helénicos, con lo que se originan reyertas entre los candidatos al sumo pontificado. J. se enriqueció con baños, estadio e incluso, con oposición de los tradicionalistas, de un gimnasio. La arqueología no ha logrado situar ninguno de estos edificios. Al estallar abiertamente la revuelta contra el poder antioqueno se refuerzan los muros de 1a ciudad y la ciudadela (acra) que defendía el Templo (165 a.C.). Al pasar de manos, J. sufrió algo en sus construcciones, pero no fue objeto de excesivas pérdidas.
Durante el dominio de los asmoneos (v.) sufrió importantes cambios. Se han podido identificar dos fases distintas de fortificaciones. Es posible que se deban ambas a Juan Hircano, antes y después de la incursión de Antíoco VI I. Ciertamente fue Hircano el primer constructor de la fortaleza que luego llevaría el nombre de Antonia en el ángulo noroeste del Templo. La entrada de Pompeyo (63 a. C.) pone fin a la dinastía asmonea. Los romanos no destruyeron el Templo, pero esclavizaron a muchos habitantes de Jerusalén.
4. En la época del Nuevo Testamento. Al subir al trono Herodes (v .) quiso engrandecer su capital. Su nombre va unido a la construcción del nuevo Templo, pero su actividad edilicia no quedó limitada a esta obra. También fortaleció las defensas de la ciudad con las nuevas torres, Antonia, Mariamme, Hípico y Fasael. La primera está perfectamente ubicada y una de las otras tres se hallaba debajo de la actualmente llamada «Torre de David». También construyó un palacio junto a la muralla occidental, defendido por las tres torres citadas, al que llegaba un acueducto. Mandó edificar un monumento de mármol a la entrada de la tumba de David, un anfiteatro y un estadio, que no han sido localizados. La prosperidad de J. bajo el dominio del rey idumeo se aprecia también por la iniciativa privada: las tumbas contemporáneas.
Algunos de los edificios o lugares de J. citados en el N. T. han sido perfectamente identificados: Calvario, Cenáculo, Cedrón, monte de los Olivos, Santo Sepulcro, Siló y sobre todo el Templo y sus aledaños. Otros lugares no han corrido la misma suerte.
Con todo, podemos formarnos una idea del aspecto y vida de J. en tiempos de Cristo. La ciudad estaba muy bien defendida con sus muros dominados por las torres construidas por Herodes en noble sillería. El NE de J. estaba dominado por la torre Antonia, que protegía el Templo, ampliado por Herodes con una obra de desmonte que lo hundía con relación a la fortaleza. La muralla se dirigía hacia el SO para unirse al antiguo muro N, llamado «primer muro» por F. Josefo, quien da el nombre de «segundo muro» al construido por Herodes para unir la Antonia a éste. El primer muro se dirigía sensiblemente hacia el O hasta la torre herodiana, hoy llamada de David. Desde allí, incluyendo el palacio herodiano con sus jardines, seguía hacia el S siguiendo la cima de la colina que domina el valle de Hinnon o Gehenna. Giraba bruscamente hacia el E al seguir la línea del valle para incluir Siloé, y desde el extremo S del "Ofel se dirigía hacia el N para unirse a la explanada del Templo, cuyo muro oriental lo era también de la ciudad. Al norte del Templo y la Antonia quedaba una zona extramuros llamada colina de Bezeta (casa del aceite), que debía de estar parcialmente poblada. En su lindero SE con el Templo se hallaba la piscina adyacente a la puerta de los ganados, con sus cinco pórticos: de forma trapezoidal y partida por un pórtico central en dos depósitos de agua muy profundos: unos 13 metros.
No han sido localizados ni la sede del Sanedrín, ni el palacio del Sumo sacerdote, supuesto que fueran dos edificios distintos. En la parte de la colina occidental que domina el Tiropeón, se muestra en el subterráneo de la Iglesia de San Pedro «in Gallicantu» unas cisternas como subterráneos del palacio del Sumo sacerdote. En sus proximidades hay una escalera que sí podría ser de la J. herodiana y permite formarse idea de cómo las calles que trepaban desde los valles hasta las cimas de las colinas habían sido convertidas en escalinatas, más o menos nobles.
En esta época gozaba J. de una relativa pax romana. Había prosperidad y trabajo para sus artesanos y comerciantes, que formaban la mayoría de la población activa.
Destacan entre ellos los gremios de albañiles y canteros que tenían trabajo asegurado en la construcción del Templo, murallas, edificios suntuosos, y casas y mercados de los comerciantes. Los escultores eran considerados como artistas al tallar capiteles y demás elementos decorativos del Templo y palacios. También se conoce a quien perforaba pozos, como cita el Talmud. Son de destacar los obreros que conservaban los servicios públicos, como el canal de Ezequías, los acueductos posteriores y los alcantarillados.
La elaboración del aceite en pequeñas almazaras, de tipo familiar, era la única industria artesanal de transformación de alimentos y, lógicamente, era próspera. Había también tejedores y alfareros, carpinteros, herreros, etc.
La situación geográfica y el carácter político-religioso de J. incidía sobre las peculiaridades de su comercio. No fue centro comercial con el exterior (las grandes rutas caravaneras quedaban muy alejadas de la ciudad), sino exclusivamente con el interior de Palestina: con Neápolis al N, Hebrón al S, y Jericó al E. La capitalidad política y religiosa atrajo el comercio de importación, especialmente de manufacturas de lujo para cortesanos y nobles, materiales para la construcción del Templo durante sus 80 años de reconstrucción. Por otra parte, incidía sobre el comercio el movimiento de peregrinos que acudían al Templo con sus necesidades y sus aportes de bienes.
Entre la clase dirigente de J. destacaban los funcionarios del palacio y los sacerdotes. Tanto en una como en otra clase había diversas clasificaciones, pero todos influían sobre el ambiente general de la ciudad. También había en J. esclavos, paganos o israelitas, dedicados a oficios más o menos ignominiosos. Pero solían ser tratados con respeto, de acuerdo con la Ley.
Muerto Herodes, y tras el breve reinado de Arquelao, la administración romana se hizo cargo de Palestina, poniendo a su frente un procurador. Pronto chocaron la idiosincrasia judía y el criterio romano del procurador. Poncio Pilato (v.) ofendió gravemente al pueblo de J. introduciendo en la ciudad santa los emblemas de Augusto, símbolos paganos para los piadosos israelitas, que se pronunciaron contra tal abuso de poder. El procurador procedió a castigar con toda la dureza de su ley a gran número de los insurrectos. Ésta no fue la única dificultad que tuvieron los procuradores. Menudearon las reyertas, basadas siempre en el orgullo nacional humillado por la presencia de los opresores extranjeros. Pero incluso estos romanos se esforzaron en embellecer Jerusalén. Pilato construyó el segundo acueducto desde las llamadas piscinas o albercas de Salomón, al sur de Belén. Este acueducto, del cual se conocen algunos fragmentos al sur de J., presenta la característica de ser subterráneo y aprovechar la teoría de los vasos comunicantes adaptándose a las peculiaridades del terreno. Pero apenas estuvo en uso, probablemente por deficiencias técnicas: por haberse introducido aire y no poder sacarlo, o por enlodamiento de algún codo.
Herodes Agripa (41-44 d. C.) quiso emular a Herodes el Grande en el embellecimiento de J., consiguiendo cambiar el aspecto de la ciudad. Amplió los muros al SO y construyó un nuevo muro, el tercero de F. Josefo, al N; por las últimas excavaciones sabemos que este muro, que tanto preocupó a arqueólogos y comentaristas, se hallaba en el mismo lugar del muro norte de la actual ciudad amurallada de Jerusalén. La ciudad se extendió hacia el N y SO, manteniendo los muros actuales en el N, o y E e incluyendo al S las dos colinas que dominan el Cedrón y la Gehenna respectivamente.
Parece ser que después de Agripa se acabó de poblar la nueva planta de J. de modo especial al norte, donde parcialmente se hallaba el barrio de Bezeta. Hoy resulta un poco difícil hacerse cargo del aspecto exterior de J. por la proximidad de los edificios a las murallas en esta zona, especialmente en las proximidades de la torre del ángulo, donde apenas se ha respetado el antiguo foso; pero, en los alrededores de la puerta llamada de Herodes, con sus zonas ajardinadas, sí es posible ver algo del efecto de las murallas del tercer muro. En tiempos de Agripa estas zonas eran o tierras de labor con algunos olivos o higueras, o pequeños bosques, entre los que aparecía alguna tumba o necrópolis, como la que al N de la puerta de Damasco se construyera la reina Elena Salama de Abiadene después de su conversión al judaísmo, hoy llamada tumba de los Reyes. En el año 70 d. C. y tras una serie de insurrecciones contra el poderío romano, las legiones imperiales, capitaneadas por Vespasiano primero y finalmente por Tito, ocuparon la ciudad después de duro asedio dramáticamente narrado por F. Josefo.
v. t.: CRONOLOGÍA 11; ISRAEL, REINO DE; JUDÁ, REINO DE; PALESTINA 111, IV.
BIBL. : B. MAZAR y A. PIMENTEL, Jerusalén, en Enc. Bibl. IV, 357-428; L. M. VINCENT, Jérusalem, en DB (Suppl.) IV,897-966; G. RICCIOTTI, Historia de Israel, Barcelona España 1945-47; L. DESNOYERS, Histoire du peuple Hébreu, II, París 1930.
V. VILAR HUESO
Cortesía de Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991
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IMPORTANCIA DEL AGUA – Arroyo de Gihón-
Monte Sión, Ofel, y el Fuerte de Antonia
Un resumen del libro de Ernest L. Martin:
“Los Templos de que Jerusalén se Olvido”
Por Robert Martin
Josefo da una perspectiva diferente del Templo de lo que es aceptado por la mayoría de los historiadores de hoy. Esto puede ser debido a la desconfianza hacia Josefo por los Judíos por el hecho que él se rindió a los Romanos durante el asalto de Jerusalén. En realidad, él estaba tratando de salvar a su pueblo de los eventos de destrucción y terror que vendrían inevitablemente sobre ellos por su resistencia continuada. Desgraciadamente, la capitulación de Josefo hacia los Romanos causó que muchos dentro de la comunidad Judía lo ven como un traidor, y con eso lo han despedido como un historiador.
Sin embargo, Josefo estaba totalmente consciente de los rasgos cardinales del Monte del Templo: Fue construido directamente sobre el Arroyo subterráneo de Gihón, y habían cuevas dentro de su área subterránea. Estos rasgos también fueron vistos por Aristeas de Egipto 300 años antes de Josefo y confirmado por el historiador Romano Tácito (115 d.C.), quien citó testigos que estaban en Jerusalén antes del año 70 d.C.
Josefo nos informa que el Monte Sion, la Ciudad de David, fue la primera ciudadela protegiendo el Monte del Templo, del sur. Después, Juan Hyrcanus (Maccabeos) construyó un palacio al norte del Monte del Templo llamado Baris. Los príncipes Hasmoneanos usaron este palacio, y después, Herodes el Grande lo convirtió en una ciudadela. Él la renombró el Fuerte de Antonia, en honor a Marco Antonio. Con gran esfuerzo, Herodes construyó el Fuerte de Antonia en una área cerrada muy grande para guarnecer una Legión Romana entera junto con su personal auxiliar.
Josefo Entendía el Simbolismo del Arroyo de Gihón
El Arroyo de Gihón era el único arroyo natural de agua pura dentro de cinco millas de distancia de Jerusalén en cualquier dirección. Agua pura era un requisito indispensable para los rituales esenciales del Templo. Debido a este arroyo de agua pura, el Templo era un microcosmo del Huerto de Edén. (Unos de los ríos que fluyeron en el Huerto de Edén era el río Gihón). El agua de Gihón era simbólica al agua de vida. Ofel y el Arroyo de Gihón son sinónimos.
El Arroyo de Gihón estaba casi un cuarto de una milla sur de la Cúpula de la Roca que existe hoy. No existen cuevas o arroyos en la vecindad de la Cúpula de la Roca de hoy. Esta información es crucial en determinando el lugar correcto del Monte del Templo.
Josefo estaba totalmente consciente del simbolismo que involucraba el Arroyo de Gihón y el Trono o sea el Lugar Santísimo del Dios Todopoderoso, algo que los hombres sabios del Judaísmo han ignorado.
El Lugar del Monte Sión, Ofel, y el Fuerte de Antonia
Josefo entendió que el sitio original del Monte Sion (realmente era un montón de tierra) se localizaba en el tercio del sur del cumbre sudeste. Aquí fue donde David había construido su ciudad, y fue conocida como la “Ciudad Baja” de Jerusalén. Los límites de la Jerusalén de David y Salomón estaban entre el Valle de Cedrón al este y el Valle de Tiropeon al oeste, con ambos valles uniéndose al extremo sur del cumbre del sudeste. El Valle Tiropeon se pobló gradualmente mientras Jerusalén creció hacia el oeste durante el tiempo del Rey Uzías. En la última parte del segundo siglo a.C. los Maccabeos poblaron este valle excesivamente, y fue conocido como la “Ciudad Alta.”
El Valle de Hinom estaba al oeste inmediato en el extremo sur del montón oeste donde une los Valles de Cedrón y Tiropeon al pie del cumbre sudeste. En el tercio del sur de este cumbre habían dos montónes de tierra: Sion y “Ofel” (significa literalmente, “monte jorobada”). Del sur al norte, los dos montónes de tierra juntos eran apróximadamente 400 yardas en longitud. La distancia del cumbre del Monte Sion al cumbre del Monte Ofel era más de 200 yardas. Este cumbre continúo ascendiendo hacia el norte del Monte Ofel donde un afloramiento de piedra estaba descatándose, que, hoy, se llama la Cúpula de la Roca. La Cúpula de la Roca se localiza sobre 600 yardas al norte del cumbre del Monte Sion y 400 yardas del cumbre del Monte Ofel.
El Monte del Templo se construyó en el Monte Ofel sobre el Arroyo de Gihón subterráneo de la cual debajo habían numerosas cuevas del subsuelo. Desde este monte, el Agua de Vida para los servicios del Templo estaban inmediatamente disponible. Era renombrado por su pureza (agua dulce) sobre cualquier otro arroyo de la región entera.
Escribiendo sobre esto, Josefo declara, “Ahora en el lado norte del Templo se construyó una ciudadela (el Fuerte de Antonia) cuyas paredes eran cuadradas y fuertes y de firmeza extraordinaria. Los reyes de la dinastía Hasmoneana, que también eran sumo sacerdotes antes de los tiempos de Herodes, la llamaron “la Torre.” Josefo nos informa adicionalmente que “el Fuerte de Antonia dominó el área del Templo.” Esta fortaleza guardaba la seguridad del Templo, la ciudad de Jerusalén y la propia fortaleza.
Del norte, era imposible uno poder ver el Templo porque el Fuerte de Antonia ocultaba la vista y no se podría ver. La colina en que la Torre de Antonia estaba de pie era el punto más alto de los tres montónes de tierra (Sion, Ofel y el Fuerte de Antonia) en el lado norte del cumbre sudeste.
Durante la dinastía Hasmoneana, la torre de Baris fue extendida para volverse en el Fuerte de Antonia. Unió la nueva ciudad Bezeda y con eso más aun obstruio el Monte del Templo del norte de Jerusalén. Un acueducto que venía de Belén proporcionó el Fuerte de Antonia con agua que se guardó en 37 cisternas para la Décima Legión y su personal de apoyo, que numeraron apróximadamente 10,000 hombres.
Ningún Afloramiento de Roca Asociada con el Templo
No hay ninguna referencia en las Sagradas Escrituras o cualquier fuente histórica secular que describe un afloramiento natural de piedra localizada al punto más alto del cumbre o colina que era asociada con el Monte del Templo. Esto incluye los sitios del piso del Templo, el Lugar Santísimo y el Altar de Ofrendas Quemadas.
El Altar de Ofrendas Quemadas se usó formalmente como un suelo para trillar. Está bastante claro que el suelo de trillar era un área nivelada encima del Monte Ofel, no una formación irregular de piedra encima de un cerro.
Salomón construyó la pared del este del Templo que alcanzó hacia arriba de la base en el lado del este de la colina. La fundación se construyó debajo del suelo del Valle de Cedrón , y la pared visible empezó del fondo del valle y se extendía hacia arriba trescientos codos (450 pies). La cima de la colina y un terraplén artificial que Salomón había construido a lo largo del Valle de Cedrón fue completamente llenado con cascote y piedras grandes conocidas como milo. El milo llenaba este terraplén hasta que alcanzaban la cima del Monte Ofel, 300 codos--apróximadamente 40 a 45 pisos de altura--sobre el suelo del Valle de Cedrón, extendiendo más la plataforma del Templo hacia el este. Como visto del Monte de los Olivos en el este, el área del Templo parecía como un rascacielos moderno con una plataforma enorme de 150 por 450 pies.
Salomón no construyó ningunas paredes en el norte, oeste, o los lados del sur. Sin embargo, en el curso de tiempo esta área alta se agrandó, rellenando algunas de esas áreas y adjudtando la colina de su base al suelo del Valle de Cedrón en el este y el Valle Tiropeon en el oeste. Sus lados del sur y norteños se extendieron hacia el oeste sobre el cumbre entre los dos Valles de Cedrón y Tiropeon. La última fundación del Templo se formó como un cubo, y el área encima del Monte del Templo era una plataforma cuadrada perfecta.
Salomón construyó su palacio y vestíbulo de juicio un poco sur del Templo. Esta era el área del Monte de Sion y la ciudad de David, en cual la ciudad de Jerusalén se evolucionó. En el segundo siglo a.C., el Monte de Sion se niveló durante el tiempo de Simón el Hasmoneano, un poco al sur del Monte Ofel. Después de ese tiempo el Monte del Templo no se ocultó del sur por la elevación más alta del Monte Sion.
El Arroyo de Gihón
El Monte del Templo tenía un arroyo natural con un suministro ilimitado de agua que venía debajo del Lugar Santísimo. Las referencias bíblicas requieren una fuente de agua que sea asociada con el Templo y su función. El Arroyo de Gihón es referida numerosas veces en el libro de los Salmos y por los profetas.
Durante el tiempo de David y Salomón, el Arroyo de Gihón proporcionó el Estanque de Siloé y le daba agua al Valle de Cedrón. Hacia el fin del octavo siglo a.C. el Rey Ezequías construyó un túnel para proporcionar agua subterránea del Arroyo de Gihón para el lado oeste de Jerusalén (II Crónicas 32:30). Ezequías construyó este túnel porque él estaba esperando un ataque contra Jerusalén por Senaquerib, el rey de Asiria.
Antes del año 70 d.C. los Judíos se acostumbraron a menudo usar la palabra”Siloé” para describir el sistema entero del Arroyo de Gihón--el Estanque de Siloé, el túnel subterráneo de Ezequías y los canales hacia el Valle de Cedrón. (Los cristianos no usaron el nombre “Gihón” sino continuaron usando “Siloé” para describir esta red de agua incluso en nuestros tiempos modernos).
Es muy significante que la pura agua del Arroyo de Gihón bajo el Monte del Templo se dirigía cerca del asiento del Lugar Santísimo, simbólico del asiento del trono del Dios Todopoderoso. La descripción de Juan del trono de Dios en el libro de Apocalipsis muestra un río de agua que viene saliendo debajo del trono: “Después me mostró un río limpio de agua de vida, resplandeciente como de cristal, que salía del trono de Dios y del Cordero” (Apocalipsis 22:1).
La Destrucción del Templo Predicho
Miqueas profetizó sobre la destrucción del Templo (Miqueas 3:9-12): “Oíd ahora esto, jefes de la casa de Jacob, y capitanes de la casa de Israel, que abomináis el juicio, y pervertís todo el derecho; que edificáis a Sión con sangre y a Jerusalén con la injusticia [iniquidad]. Sus jefes juzgan por cohecho, y sus sacerdotes enseñan por precio, y sus profetas adivinan por dinero. Y se apoyarán en el Señor, diciendo: ¿No está el Señor entre nosotros? No vendrá mal sobre nosotros. Por tanto, a causa de vosotros Sion será arada como campo, y Jerusalén vendrá a ser montes de ruinas, y el monte de la casa como cumbres de bosque.”
Jesús confirmó esta profecía como los escritores de los evangelios muestran: Mateo 24:1-2 y Marcos 13:1-2: “Saliendo Jesús del templo, le dijo uno de sus discípulos Maestro, mira qué piedras, y que edificios. Jesus respondiendo, le dijo, ¿Ves estos grandes edificios? No quedara piedra sobre piedra, que no será derribada.”
Lucas 19:43-44: “Porque vendrán días sobre ti, cuando tus enemigos te rodearán con vallado, y te sitiarán, y por todas partes te estrecharan, y te derribaran a tierra, y tus hijos dentro de ti, y no dejarán en ti pierda sobre pierda, por cuanto no consiste el tiempo de su visitación.”
Lucas 21:5-6: “Y a unos que hablaban de que el templo estaba adornado de hermosas piedras y ofrendas votivas, dijo: En cuanto a estas cosas que veis, días vendrán y que no quedará piedra sobre piedra, que no sea destruida.”
Las paredes del Fuerte de Antonia tenían 60 pies de altura. Dentro de estas paredes, los edificios y los heceses se construyeron en una plataforma nivelada. En las cuatros esquinas de las paredes habían torres. Tres de esas torres eran de 75 pies de altura, y la torre sudeoeste era de 105 pies de altura. Esta torre más alta pasó por alto la corte del Templo entera al sur del Fuerte de Antonia.
Josefo escribió que el Fuerte de Antonia se construyó encima de y alrededor de un afloramiento de piedra a la cúspide del cumbre. Hoy, una mezquita está sobre esta formación de piedra conocida como el Cúspide de la Roca. Completado por Abdul el-Malik en el año 691 d.C., la mezquita cubre el resto de esta piedra que está descartándose pero ocupa solamente un fragmento muy pequeño del área de la superficie entera de la plataforma de 36 acres artificial que los Romanos construyeron.
El Fuerte de Antonia y la Legión Romana
Una Legión Romana tenía 5,000 tropas de infantería y con ellos 5,000 personal de apoyo. Había 833 personal militar por cada acre dentro del Fuerte de Antonia.
La guarnición Romana era el rasgo dominante de Jerusalén, un recordatorio continuo para los Judíos de la supremacía de Roma. Además, siendo cuatro y medio tiempos más grande que el área del Monte del Templo, el Fuerte de Antonia era algo intimidante y por consiguiente en una herramienta exitosa de guerra sicológica para asegurar la conformidad Judía a la autoridad Romana.
Las muchedumbres que se congregaban en el Templo durante los Días Santos eran vigiladas por 2,000 tropas Romanas. Para prevenir desorden y alboroto entre los Judíos, ellos se estacionaban en un andador de 45 pies de ancho construido sobre las cuatro columnatas que rodearon las tierras del Templo. Durante las fiestas Judías, habían tres rotaciones de guardias, un total de 6,000 soldados, cada día.
La Descripción de Josefo de las Columnatas
Las columnatas entre el Templo y el Fuerte de Antonia se extendían alrededor del borde exterior de la plataforma entera del Monte del Templo. Estas columnatas se cubrieron con unas carreteras de 45 pies. Las carreteras de las columnatas era el punto de ventaja de cual las tropas Romanas pudieron guardar las entradas y salidas del Templo así también dándole la habilidad de poder vigilar el área interior de la corte (con la excepción del interior del Templo). Además, la carretera sobre las columnatas les dio acceso instante al área del Templo desde el Fuerte de Antonia. El puente de las dobles columnatas que conectaba al Templo con la Fuerte de Antonia era de un stade (600 pies). Josefo describió dos columnatas como carreteras militares que eran una parte integra del Templo. Estas dos columnatas se dirigían del sur (la esquina del oeste) de la pared del Fuerte de Antonia a la puerta en el norte (la esquina del oeste) la pared del Monte del Templo. Llamada la Puerta de Tadi, esta pared norteña no se usó por el público general sino sólo por la Legión Romana.
Los Romanos eran muy astutos en la ingeniería militar, y construían sus fortificaciones con esta ventaja. Ellos entendían muy bien que la clave para controlar a Jerusalén era manejar y controlar el Monte del Templo. La protección del Fuerte de Antonia era su posición dominante sobre el Monte del Templo.
http://www.cbcg.org/studies_templo.htm 2007-06-16
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Una homilía griega del siglo 4º - Inspirada en el Tratado sobre la Pascua, de San Hipólito de Roma (?-hacia 235), presbítero y mártir
“Yo os digo”: La Ley antigua llega a su plenitud a través de Aquél que da la Ley nueva - La Ley dada por Moisés es una compilación de enseñanzas variadas e imperativos, una colección, útil para todos, de lo que es conveniente hacer en esta vida, y un reflejo místico de lo que es habitual en la vida celestial: una antorcha y una lámpara, un fuego y una luz, réplicas de las luces de allá arriba. La Ley de Moisés era el itinerario de la piedad, la regla de las costumbres honestas, el freno al primer pecado, el esbozo de la verdad futura (Col 2,17)… La Ley de Moisés era, para la piedad, un maestro y para la justicia, una guía, para los ciegos un a luz y para los insensatos una prueba, para los niños un pedagogo y para los imprudentes una amarra, para los duros de cerviz una brida y para los impacientes un yugo que constriñe.
La Ley de Moisés era el mensajero de Cristo, el precursor de Jesús, el heraldo y el profeta del gran Rey, una escuela de sabiduría, una preparación necesaria y una enseñanza universal, una doctrina llegada a su hora y un misterio temporal. La Ley de Moisés era un resumen simbólico y enigmático de la gracia futura, anunciando en imágenes la perfección de la verdad futura. A través de los sacrificios anunciaba a la Víctima, por la sangre, a la Sangre, por el cordero, al Cordero, por la paloma, a la Paloma, por el altar, al Gran Sacerdote, por el Templo, la estancia de la divinidad, por el fuego del altar, la plena “Luz del mundo” (Jn 8,12) que desciende de lo alto.
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† «Duc in altum» (Lc 5,4) dijo Cristo al apóstol Pedro en el Mar de Galilea.

"Obras todas del Señor, bendecid al Señor".-
“¡Señor, dueño nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra!” (Sal 8, 2).
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Dios creó el mundo para manifestar y comunicar su gloria. La gloria para la que Dios creó a sus criaturas consiste en que tengan parte en su verdad, su bondad y su belleza.
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“Contemplando la creación, llegamos al conocimiento de la Trinidad como una sola sustancia. Captamos un solo Dios: Padre, de quien somos, Hijo, por quien somos, Espíritu Santo, en quien somos. Principio al cual recorremos; modelo que seguimos, gracia que nos reconcilia” San Antonio de Padua (hacia 1195 + 1231),
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María: "No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios: concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande y será llamado Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará eternamente sobre la casa de Jacob y su Reino no tendrá fin. (Lucas 1:30-33) "
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Una guía de lectura para descifrar el libro sagrado - Autor: Francisco Varo – MMVI. Marzo - Editorial: Planeta Testimonio
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(Necesidad de la investigación histórica).
Vicente BALAGUER, Doctor en Teología y en Filología, profesor de Sagrada Escritura en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra. Imparte habitualmente cursos sobre los Evangelios y sobre la interpretación de la Biblia. Editorial Eunsa – Astrolabio/Religión -
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Si aceptamos que la belleza nos toque íntimamente, nos hiera, nos abra los ojos, entonces redescubrimos la alegría de la visión, de la capacidad de acoger el sentido profundo de nuestra existencia 21 XI 2009 Benedicto PP XVI. †