Sunday 26 February 2017 | Actualizada : 2017-02-03
 
Inicio > Patrología > Patrología - 10.3 Pablo su memoria, Paulo Paulus; Patripasianos;


"Estoy apunto de derramar mi sangre en sacrificio, y el momento de mi partida es inminente. He peleado el noble combate, he alcanzado la meta, he guardado la fe. Por lo demás, me está reservada la merecida corona que el Señor, el Justo Juez, me entregará aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que han deseado con amor su venida". (2tm 2, 8-10) .

 

 

+++ 

 

DE CÓMO LA IGLESIA CATÓLICA IBA ESCRIBIENDO EL NUEVO TESTAMENTO… El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya San Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El Apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).

 

+++

 

decapitación de San Pablo en Roma año 67. ca

 

Carta a los Efesios - Ef 4, 11-16 - La carta dice, con las palabras del salmo 68, que Cristo, al subir al cielo, «dio dones a los hombres» (Ef 4, 8). El vencedor da dones. Estos dones son: apóstoles, profetas, evangelizadores, pastores y maestros. Nuestro ministerio es un don de Cristo a los hombres, para construir su cuerpo, el mundo nuevo. ¡Vivamos nuestro ministerio así, como don de Cristo a los hombres! Roguemos con insistencia al Señor para que nos dé siempre un pastor según su corazón, un pastor que nos guíe al conocimiento de Cristo, a su amor, a la verdadera alegría. Amén.

 

Festividad de San Pedro y San Pablo - Para todos los que quieren caminar por los senderos de la fe, de la esperanza y de la caridad, para todos los que sienten el misterio de Cristo en la historia del hombre, unido con el patrimonio espiritual de la Sede de San Pedro, sea éste el día de la bendición y de la gracia. 29.VI.

 

+++

 

Ubi Petrus, Ibi Ecclesia - Ubi Ecclesia,

Ibi Christus -  Extra ecclesiam, nulla salus

 

 

Pedro, así como Pablo y los otros apóstoles, tuvo que recorrer un camino lento, no exento de dificultades, para seguir al Maestro. Con su respuesta de fe superó la prueba que la predicación de Cristo sobre la Eucaristía supuso para muchos de los discípulos. Sin duda la suya era una fe inicial, que llegaría a su plenitud en el momento de la Pascua. Sin embargo, el camino de la fe está lleno de sufrimientos y de amor, de pruebas y de fidelidades. Incluso Pedro llegó a conocer la amargura y la humillación de la negación, llegando a la conversión a través del arrepentimiento.

Junto al lago de Tiberíades Pedro descubre cómo Cristo resucitado se adapta a su pobre capacidad de amar y cómo podrá contar siempre con su presencia. De esto nace la esperanza y la confianza que le permitirán seguirlo hasta el final de su vida, que sellará con el martirio, crucificado en cruz invertida –aquí en Roma. Y así, él será capaz de describir la verdadera alegría e indicar la fuente dónde se puede conseguir, que es Cristo, creído y amado.

 

+++

 

Iglesia: domicilio público y sede apostólica en Vaticano - Situado cerca de la orilla derecha del Tíber, corresponde a la Colina Vaticana, el antiguo Ager Vaticanus, en el que se construyeron residencias veraniegas durante la era republicana. Calígula edificó aquí su circo privado, en el que, así como en lo jardines adyacentes, parecen haber sido martirizados los primeros cristianos.  Al norte del circo, en una carretera secundaria, se encontraba una necrópolis en la que estuvo enterrado San Pedro.  Entre los años 324 y 326, Constantino erigió sobre el lugar de la tumba del primer Papa una imponente basílica que fue reemplazada por la actual construida entre los siglos XVI y XVII.

El entero territorio del Estado de la Ciudad del Vaticano se encuentra bajo la protección del Tratado de La Haya, del 14 de marzo de 1954, relativo a la salvaguardia de los bienes culturales en caso de conflicto armado.  La Ciudad del Vaticano está reconocida por lo tanto – también en ámbito de la disciplina internacional – como patrimonio moral, artístico y cultural digno de ser respetado y protegido como un tesoro para toda la humanidad.  Desde 1984 el Estado de la Ciudad del Vaticano forma parte de la lista de lugares reconocidos como Patrimonio de la Humanidad.

 

+++

  

Es propicio ir a Roma para orar y reflexionar junto a la tumba de los Apóstoles Pedro y Pablo. Dirigir nuestra mirada hacia el mundo desde el centro de la catolicidad, meditando en el significado de la universalidad del Evangelio, que no puede excluir ninguna cultura, ninguna región de la tierra, ningún sector de la sociedad.

 

+++

 

 

San Pedro y san Pablo, considerados las columnas de la Iglesia universal. San Pedro, la "piedra" sobre la que Cristo fundó su Iglesia; san Pablo, el "instrumento elegido" para llevar el Evangelio a los gentiles. El pescador de Galilea que, superada la prueba de los días oscuros de la pasión de su Señor, deberá confirmar a sus hermanos en la fe y apacentar la grey de Cristo; el fariseo celoso que, convertido en el camino de Damasco, se transformará en heraldo de la salvación que viene por la fe.

Un arcano designio de la Providencia los trajo a ambos a Roma, para sellar con la sangre su testimonio:  Pedro, crucificado; Pablo, decapitado. El primero, sepultado al pie de la colina Vaticana; el segundo, en la vía Ostiense.

 

¡Qué grande es la elocuencia del altar central de la basílica San Pedro , sobre el cual celebra la Eucaristía el Sucesor de San Pedro pensando que, en un lugar cercano a ese altar, él mismo, Pedro crucificado, ofreció el sacrificio de su propia vida en unión con el sacrificio de Cristo crucificado sobre el Calvario, y resucitado...

 

+++

  

 

LA MEMORIA DE PABLO

Entre los primeros cristianos de Roma había discípulos de San Pablo, como atestigua la larga lista de saludos escrita al final de la Carta a los Romanos. En el Aventino vivían Aquila y Prisca -o Priscila-, un matrimonio de comerciantes que habían conocido al Apóstol en Corinto; otras personas que aparecen citadas eran de origen judío, griego o del Asia Menor: se habían desplazado a vivir en la capital del Imperio después de haber oído predicar el Evangelio a Pablo en sus lugares de procedencia.

El tono afectuoso de esos saludos refleja la fraternidad que existía entre los primeros fieles. Pese a la variedad de proveniencias y condiciones sociales -desde esclavos hasta miembros de la nobleza-, estaban muy unidos. Fueron familias que vivieron de Cristo y que dieron a conocer a Cristo. Pequeñas comunidades cristianas, que fueron como centros de irradiación del mensaje evangélico. Hogares iguales a los otros hogares de aquellos tiempos, pero animados de un espíritu nuevo, que contagiaba a quienes los conocían y los trataban. Eso fueron las primeros cristianos, y eso hemos de ser los cristianos de hoy: sembradores de paz y de alegría, de la paz y de la alegría que Jesús nos ha traído.

El alojamiento de San Pablo en Roma

En este clima de estrecha unidad, es lógico que la llegada de San Pablo a la Urbe causara entre los cristianos de Roma una explosión de alegría. Algunos le debían la fe, como hemos mencionado, y todos habían oído hablar del Apóstol y tendrían grandes deseos de conocerlo. Además, la maravillosa Carta que les había enviado en el año 57 o 58 constituía un notable motivo de gratitud. Era natural, por tanto, que quisieran abreviar la espera saliendo a su encuentro por la Vía Apia. Unos lo alcanzaron en el Foro de Apio y otros en Tres Tabernas, a 69 y 53 kilómetros de Roma respectivamente. En los Hechos de los Apóstoles se comenta que al verlos, Pablo dio gracias a Dios y cobró ánimos.

Una vez llegado a Roma, a mediados del año 61, le fue permitido a Pablo vivir en una casa particular con un soldado que le custodiara. Los ciudadanos romanos tenían derecho a este tipo de prisión, llamada custodia militaris, a medio camino entre la custodia libera, o libertad vigilada, y la custodia publica, o detención penal. El prisionero podía escoger una residencia, y el militar que lo vigilaba debía acompañarlo a todas horas y tenerlo atado con una cadena al salir a la calle. Según una antigua tradición, el Apóstol residió en una casa de alquiler junto a la gran curva que describe el Tíber a la altura de la Isla Tiberina. Era una zona densamente habitada, en la que vivían numerosos judíos. Según han mostrado algunas excavaciones arqueológicas, muchos de ellos eran curtidores.

Donde se encontraba esa casa, se alza la iglesia de San Paolo alla Regola, la única dedicada al Apóstol dentro de los antiguos muros de Roma. Según se entra, a la derecha, puede leerse en un arquitrabe: Divi Pauli Apostoli Hospitium et Schola, Alojamiento y Escuela de San Pablo Apóstol. En este lugar se ha encontrado un edificio de época imperial que, como otros de la zona, tenía adosado un amplio granero. Corresponde a la descripción de la casa de San Pablo que aparece en algunos documentos del siglo II; la presencia del espacioso granero explicaría cómo fue posible que, casi recién llegado a Roma, el Apóstol pudiera convocar en su alojamiento a un gran número de judíos que vivían en la Urbe para anunciarles el Reino de Dios.

El resultado de aquella larga reunión fue que algunos hebreos creyeron, pero San Pablo también encontró mucha resistencia al Evangelio. Por eso, concluyó que a partir de entonces se iba a dedicar a los gentiles, porque ellos sí escucharían el mensaje de salvación.

Durante dos años permaneció San Pablo en aquella casa, extendiendo el fuego de su fe y amor a Cristo en pleno corazón de la Roma imperial. Prisionero -o al menos sin libertad de movimientos-, sin embargo estaba convencido de que todas las cosas son para bien de los que aman a Dios, y por eso podía escribir a los filipenses: Quiero que sepáis, hermanos, que las cosas que me han ocurrido han servido para mayor difusión del Evangelio, de tal modo que, ante el pretorio y ante todos los demás, ha quedado patente que me encuentro encadenado por Cristo, y asila mayor parte de los hermanos en el Señor, alentados por mis cadenas, se han atrevido con más audacia a predicar sin miedo la palabra de Dios.

El lugar del martirio

 

El libro de los Hechos de los Apóstoles termina relatando que Pablo permaneció dos años completos en el lugar que había alquilado, y recibía a todos los que acudían a él. Predicaba el Reino de Dios y enseñaba lo referente a Nuestro Señor Jesucristo.

Todo parece indicar que al cabo de ese periodo de tiempo -el máximo previsto por la ley romana para la custodia militaris-,  San Pablo recobró su libertad y pudo dejar la Urbe para dirigirse a otros lugares. Al escribir a los romanos, años antes, ya había manifestado su intención de viajar a Hispania para predicar el Evangelio, y tal vez la puso por obra en el año 63 . De lo que escribe en sus últimas cartas -a Timoteo y a Tito- se deduce que, entre el 63 y el 66 (o 67) d.C., San Pablo viajó por distintas ciudades de Grecia y de Asia Menor. Entretanto, durante el verano del año 64 había comenzado la cruel persecución neroniana contra los cristianos de Roma, que luego se propagó a otras zonas del imperio. Posiblemente Pablo fue apresado en Tróade, ya que salió de esa ciudad sin llevar consigo ni siquiera su manto de viaje. Tras la detención, bajo la custodia de unos cuantos soldados, fue llevado de nuevo hasta Roma.

Este segundo cautiverio resultó mucho más riguroso que el anterior. Se trató de lo que el Derecho romano llamaba custodia publica, detención en la cárcel como un delincuente común. A Pablo -ya anciano y cansado- le pesa, en esta situación dura, verse alejado de sus más estrechos colaboradores. Sólo Lucas -el médico fiel- permanece a su lado, y el Apóstol escribe a Timoteo para que venga cuanto antes a Roma. Algunos de sus discípulos le habían abandonado a la hora de la dificultad, y sobre todo le duele la deserción de Demas, que le dejó por amor a la vida mundana.

Privado completamente de libertad y con el corazón herido por esas infidelidades, Pablo padecía como sólo pueden hacerlo quienes saben amar sin medida. Al mismo tiempo, su confianza total en el Señor le llenaba de ánimo, y exclamaba: Estoy sufriendo hasta verme en cadenas como un malhechor: ¡pero la palabra de Dios no está encadenada! Por eso, todo lo soporto por los elegidos, para que también ellos alcancen la salvación, que está en Cristo Jesús, junto con la gloria eterna.

Los cristianos de Roma procuraron estar cerca del Apóstol, atendiéndole en la medida en que lo permitía la persecución. San Pablo envía saludos de su parte a Timoteo, destacando los nombres de Eúbulo, Pudente, Lino y Claudia. En esos momentos, cuando escribe a su discípulo predilecto, el Apóstol ha acudido a la primera audiencia en el tribunal y ha logrado un aplazamiento de la causa. Sabe que cuenta con algunos meses de tiempo, y por eso insta a Timoteo para que se dé prisa en venir, antes del invierno. Sin embargo, Pablo no tiene dudas sobre cuál será la sentencia final: Estoy apunto de derramar mi sangre en sacrificio, y el momento de mi partida es inminente. He peleado el noble combate, he alcanzado la meta, he guardado la fe. Por lo demás, me está reservada la merecida corona que el Señor, el Justo Juez, me entregará aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que han deseado con amor su venida.

No sabemos si Timoteo llegó a tiempo para dar el último abrazo a quien él y toda su familia debían la fe. Pablo fue condenado a muerte y ejecutado diez días después de la sentencia, como establecía la ley. Por tratarse de un ciudadano romano, se le decapitó sin presencia de público y fuera de los muros de la ciudad.

El lugar del martirio de San Pablo se encuentra en lo que actualmente es el barrio del EUR, al sur de Roma. Los habitantes de la ciudad denominaban ese sitio ad aquas salvias, y allí existía un cementerio cristiano desde el siglo III, y una iglesia desde el IV o el V d.C.

En el siglo VII, el Papa Onorio I hizo construir junto a la iglesia un monasterio en el que vivían monjes provenientes de Cilicia -la tierra de San Pablo-, alabando continuamente al Señor en el lugar donde el Apóstol fue martirizado. En el siglo XI d.C. esa abadía pasó a los benedictinos, y en 1140 a los cistercienses, que la habitaron hasta que, en 1867, Pío IX la concedió a los trapenses.

En el transcurso de los siglos no han faltado visitantes ilustres a la Abadía de las Tres Fuentes: Carlomagno rezó en la antigua iglesia en la Navidad del año 800; San Bernardo, mientras celebraba la Misa un día del año 1138, tuvo la visión de una escala que llevaba hasta el Cielo; y San Felipe Neri acudió en 1550 para rezar y pedir consejo a su confesor -uno de los monjes- sobre si debía o no irse como misionero a las Indias. El monje le dijo: No vayas, Felipe, tus Indias están en Roma, y estas palabras fueron refrendadas por un suceso sobrenatural.

La tumba en San Pablo Extramuros

El cuerpo de San Pablo fue enterrado en un cementerio que se encontraba en la vía Ostiense. Los cristianos enseguida adornaron su tumba con un trofeo, un modesto monumento similar al que se puso en la sepultura de San Pedro. El presbítero Gayo habla, a finales del siglo II d.C., de los trofeos de los Apóstoles que fundaron la Iglesia de Roma, que se encuentran en el Vaticano y en la via Ostiense.

Después del edicto del año 313, el emperador Constantino hizo construir una basílica para custodiar y venerar la tumba del Apóstol de las Gentes. El templo era de dimensiones no muy grandes, y fue ampliado a finales del siglo III con la Basílica de los Tres Emperadores, llamada así porque la empezó Valentiniano II, prosiguió los trabajos Teodosio y la terminó Arcadio. El corazón de esta segunda basílica, como sucedía en la primera, era la tumba de San Pablo. En los dos casos, el altar estaba justo encima del sepulcro.

La basílica actual fue edificada en el siglo XIX d.C., después de que un incendio destruyera la anterior en 1823. Durante las obras de reconstrucción, se desenterró la zona de la tumba y dos arquitectos hicieron algunos dibujos de su disposición. Aparte de lo que mostraban esos bocetos, más bien imprecisos, poco más se sabía de la sepultura, hasta que el pasado mes de diciembre (del año 2006) se ha hecho público el hallazgo de un sarcófago de mármol, situado en la Confessio de la basílica y del que se piensa que es aquel en el que se depositaron los sagrados restos de San Pablo. Su hechura modesta contrasta con el acabado mucho más artístico de otros sarcófagos que se encontraron a su alrededor a mediados del XIX: la diferencia de calidad puede deberse a que, sabiendo que contenía los restos del Apóstol, los emperadores prefirieron dejarlo como estaba y no sustituirlo por otro más rico. El 14 de diciembre de 2006, pocos días después de haberse anunciado el hallazgo de este sarcófago, estuvo rezando en la basílica el arzobispo ortodoxo de Atenas y de toda la Grecia. Ese mismo día había visitado al Papa en el Vaticano. Intercambiaron regalos que manifestaban el anhelo de alcanzar la unidad: una representación de Nuestra Señora como Panaghia -toda santa- y un icono con la imagen clásica del abrazo entre San Pedro y San Pablo. Ha sido la primera vez en la historia que un Primado de Grecia acude a visitar oficialmente al Papa. Sin duda, esta noticia alentadora nos habrá impulsado a rezar con fuerza por la unidad de los cristianos en este mes de enero, durante el octavario que precede a la fiesta de la Conversión de San Pablo.

 

http://www.primeroscristianos.com/tesoros_roma/memoria_ san_pablo.html

 

+++

 

Roma- "Roma tiene un influjo importante en la concepción y desarrollo del Pontificado, la Roma martirial e imperial". Por eso varios títulos la califican: "Roma mártir", "Roma artista", "Roma pecadora", “Roma cristiana”, “Roma santa”, “Roma docta” “Roma petrina”, “Roma paulina”, “Roma crucificada”, “Roma victoriosa”, “Roma evangélica”, “Roma evangelizante”, “Roma depositaria de la fe cristiana”, “Roma católica”, “Roma apostólica”, “Roma universal”, “Roma materna”, “Roma bondadosa”, “Roma protectora”, “Roma clemente”, “Roma donde guarecerse”, “Roma casa común”, “Roma, princeps urbium” (decía Horacio- Odas, 3,29),  “Roma locuta est, causa finita est” San Agustín, Sermo 131-Roma habló, la causa terminó-, “Roma communis patria clericorum” clérigos sometidos al Derecho canónico, eximidos del civil del estado, “Roma caput mundi, regit orbis frena rotundi (Lucano, Farsalia, 2, 655), Roma una ciudad llamada a ser, también en el tercer milenio [III], ‘faro de civilización’, «discípula de la verdad» (san León Magno, Tract. septem et nonaginta), y «madre acogedora de pueblos» (Prudencio, Peristephanon, carmen 11, 191); ¡“Roma eterna”! etc. Roma, al revés, significa: amor-Roma

-.-

+++

 

Iglesia Católica - Alrededor del año 58 de nuestra era vivían en Jerusalén varios miles de judíos creyentes, miembros de la Iglesia Católica recién fundada por Jesucristo que le ordenó ser “Católica y catolizante”. Así lo afirmaban los responsables de la Iglesia a Pablo: "Ya ves, hermano, cuantos miles de judíos son ahora creyentes y todos son fieles observantes de la Ley" (Hch 21,20).

 

+++

 

En la villa de Corinto, conocida -como tantas otras zonas portuarias- por la corrupción de sus costumbres, los primeros cristianos evangelizados por Pablo distaban mucho de ser perfectos. Sin embargo desde los comienzos mismos de la carta, esos cristianos reciben su título de nobleza cristiana: son llamados a vivir la santidad, es decir, la existencia nueva de los hijos de Dios a la que Jesucristo les impulsa y conduce. También nosotros somos santos, no porque seamos perfectos sino porque somos llamados a ser los testigos de la santidad de Dios en nuestras ciudades y pueblos en nombre de la Iglesia universal-católica, a la que nos unen bautismo y eucaristía.

 

+++

 

Alrededor del año 63 - SAN SIMEONE DE JERUSALÉN –  Iglesia católica OBISPO Y MÁRTIR CRUCIFICADO, seguno obispo de Jerusalén.

(‘Santiago el menor’ fue el primer obispo de la Iglesia Católica de Jerusalén + 63. Durante la destrucción de la ciudad por parte de los romanos, los representantes de esta primera Iglesia de Jesucristo, se refugiaron con otros miembros católicos, en Pella. Retornando a Jerusalén continuaron con la obra catolizante {universal} de predicar a todos, especialmente allí entre los hebreos. Durante la persecución de Trajano, Simón, según obispo de la Iglesia de Jerusalén, fue denunciado y fu crucificado; tenia cerca de 120 años, bajo Trajano Cesare y el cónsul Attico. Éste último gobernaba la Judea y siguió de persona el juicio y la ejecución, maravillándose por el coraje de Seimón, ‘en tantos días de torturas’, a las cuales siguió la crucifixión*)

 

+++

 

Tradición - El salmo 115, siempre se ha utilizado en la tradición cristiana, desde san Pablo, el cual, citando su inicio según la traducción griega de los Setenta, escribe así a los cristianos de Corinto:  "Teniendo aquel espíritu de fe conforme a lo que está escrito:  "Creí, por eso hablé", también nosotros creemos, y por eso hablamos" (2 Co 4, 13).

 

Tradiciones - Así pues, hermanos, manteneos firmes y conservad las tradiciones que habéis aprendido de nosotros, de viva voz o por carta.
San Pablo -II Tesalonicenses 2,15

Plenitudo legis in christo est.

 

+++

San Pedro con dos símbolos suyos:

el gallo y la cruz invertida, martirizado en ella.

 

Alrededor del año 64 Pedro, Obispo de Roma y mártir de la persecución de Nerón. Durante el período real y toda la época republicana, el territorio de la orilla derecha del Tíber era conocido como Ager Vaticanus y se extendía al norte hasta la desembocadura del Cremera y al sur, por lo menos hasta el Gianicolo. En época imperial, a partir del s. II d.C., se atestigua la presencia del topónimo Vaticanum que incluía una zona que corresponde, aproximadamente, a la del actual Estado de la Ciudad del Vaticano. En época romana dicha zona se hallaba fuera de la ciudad, ocupada por villas, los jardines de Agripina - madre del Emperador Calígula (37-41 d.C.) - y por amplias necrópolis ubicadas a lo largo de las principales calles. En los jardines de la madre, Calígula construyó un circo (Gaianum), más tarde reestructurado por Nerón (54-68 d.C.). A lo largo de la Via Trionfale, que desde Plaza San Pedro se dirige en dirección norte hacia Monte Mario, han sido excavados varios núcleos de tumbas. A lo largo de la Via Cornelia, que se dirigía en cambio en dirección oeste, surgía la necrópolis donde también se encuentra la tumba del apóstol Pedro, muerto durante la persecución de Nerón y sepultado en ese lugar. Su tumba fue meta de peregrinaciones y objeto de veneración desde el s. II d.C. La necrópolis fue luego sepultada durante la construcción de la basílica dedicada al apóstol según los deseos del Emperador Constantino (306-337 d.C.), y actualmente [MMVI] se puede visitar sólo parcialmente.

[En un lugar impreciso cerca de la Basílica vaticana surgía el santuario de la diosa frigia Cibeles, del cual proceden numerosos altares inscritos, que más adelante tuvo que ser cerrado a consecuencia de las disposiciones promulgadas por el Emperador Teodosio contra los cultos paganos en 391 y 392. Entre los numerosos altares inscritos hallados en aquel lugar, se halla (Museos vaticanos) un ara dedicada a Cibeles y Atis, con el pino sacro de Atis, un toro y un carnero, para recordar los sacrificios realizados, y objetos de culto. En dicha ara se encuentra la fecha precisa de la dedicatoria: 19 de julio de 374 d.C.].

 

+++

 

Alrededor del año 80-90 - Los primeros sucesores de San Pedro en la sede de Roma fueron, según testimonia la Tradición, Lino (hasta el año 80) y Anacleto, también llamado Cleto (80-92) «Después de ellos, cuenta San Ireneo, en tercer lugar desde los Apóstoles, accedió al episcopado Clemente, que no sólo vio a los propios Apóstoles, sino que con ellos conversó y pudo valorar detenidamente tanto la predicación como la tradición apostólica». Fue San Clemente, por tanto, el cuarto de los Papas. Como parece querer indicar San Ireneo, este santo Vicario de Cristo fue un eslabón muy importante en la cadena de la continuidad, por su conocimiento y por su fidelidad a la doctrina recibida de los Apóstoles. Nada dicen los más antiguos escritores eclesiásticos sobre su muerte, aunque el Martyrium Sancti Clementis, redactado entre los siglos IV y VI, refiere que murió mártir en el Mar Negro, entre los años 99 y 101. Poco antes debió de redactar su Carta a los Corintios, que es uno de los escritos mejor testimoniados en la antigüedad cristiana, pues fue muy célebre y citado en los primeros siglos.

 

San Matías, apóstol (s. I) Los Apóstoles, guiados por el Espíritu Santo, eligieron a Matías de entre los testigos de la Resurrección del Señor y después de la Ascensión, para ocupar el puesto de Judas y completar el número de los Doce. Predicó el Evangelio en Etiopía y murió mártir.-

 

+++

 

Patripasianos I. Repaso General

PATROLOGIA -

 

Nombre que usó S. Cipriano (v.) para designar á los que seguían la herejía iniciada por Noeto y Práxeas, quienes, entre otras cosas, llegaban a afirmar que es Dios Padre quien se encarna, padece y es crucificado. Esta herejía trinitaria recibe también otros nombres: monarquianismo (v.), usado por Tertuliano (v.); sabelianismo, de Sabelio (v.), uno de los principales representantes; y, especialmente, modalismo, término que precisa mejor la naturaleza de este error y que, a partir del s. XIX, es el preferido de los autores (v. MODALISMO).
     
      . 1. Concepto e introducción. La Patrología (ciencia que trata de los Padres) es la disciplina teológica que estudia la vida, los escritos y la doctrina de aquellos autores de la Antigüedad conocidos bajo el nombre de Padres de la Iglesia (v.) y de aquellos otros que, aunque no se les aplica propiamente ese título de Padre, forman parte de la misma época y están relacionados con ellos: es decir, los llamados escritores eclesiásticos primitivos (v.) e incluso los herejes, puesto que entre todos ellos existen estrechísimas relaciones culturales, históricas y literarias, y además muchas veces los PP. fueron estimulados por los escritores heterodoxos en cuanto a la formulación científica y solución de los problemas doctrinales planteados. Otras obras literarias de la antigüedad cristiana, tales como los textos de la liturgia (v.), las actas de los Concilios (v.) y las actas de los mártires (v.), las vidas de santos (v. t1AGIOGRAFíA), los símbolos (v. FE ii), etc., pertenecen sólo indirectamente al campo de la Patrología, en cuanto están relacionadas también con la Tradición (v.) de la Iglesia, es decir, con la transmisión de la Revelación.


      El luterano Juan Gerhard (m. 1637) fue el primero en usar el nombre de Patrología, en el título de una obra suya: Patrologia, sive de primitivoe Ecclesiae christianae Doctorum vita ac lucubrationibus opus postumum, Jena 1653
. Pero aunque el nombre sea relativamente reciente, la idea de una historia de la literatura cristiana con una perspectiva teológica es antigua; se puede decir que comienza ya con Eusebio de Cesarea (v.) y S. jerónimo (v.).
      Junto al nombre de Patrología se usa también el de Patrística. Entre ambos hay diferencias de matiz. La Patrística considera al Padre de la Iglesia fundamentalmente en un transfondo dogmático y busca en él el testimonio fehaciente de que la Tradición (v.) de la Iglesia ha sido ininterrumpida y mantenida por todos, de modo que se encuadra con la Dogmática o con la Historia de los Dogmas. La Patrología, en cambio, estudia el Padre de la Iglesia bajo el aspecto fundamentalmente literario y coincide más con la disciplina teológica denominada Historia de la Literatura Cristiana Antigua. En la práctica, sin embargo, muchas veces los términos tienden a identificarse. El estudio de los PP. interesa no tanto por sus aportaciones u opiniones personales en el campo de la Teología o Filosofía, o de cualquier otra ciencia, sino sobre todo en cuanto testigos de la Tradición de la Iglesia. Si los PP. llaman verdad revelada a una doctrina de fe o costumbres, ello es un seguro testimonio de la tradición apostólica y funda certeza de fe, porque en su unanimidad (que no es necesario que sea absoluta) se representa la fe de la Iglesia universal (v. PADRES I, 2).
      Para el estudio de los PP. (su autoridad, época patrística y sus periodos, etc.), v. el art. PADRES DE LA IGLESIA; para su papel e importancia en la transmisión de la Revelación, v. t. TRADICIÓN. Aquí, en este art., haremos un estudio de conjunto de la Patrología (obras principales, ediciones de Padres, revistas, etc.); y en los arts. siguientes se estudiarán más detenidamente los patrólogos españoles (v. II), las colecciones de textos patrísticos (v. ni), y, finalmente, la actitud de los PP. ante la Filosofía: la llamada filosofía patrística (v. Iv).


      2. Patrólogos y obras principales de Patrología. La Historia Ecclesiastica de Eusebio de Cesarea (v.) es la fuente principal en cuanto a la Antigüedad. Si bien no trata directamente de los autores cristianos que le precedieron, contiene un caudal inapreciable sobre éstos y sus escritos hasta el punto que algunos datos sólo gracias a él los conocemos. El primero en componer un catálogo detallado de los escritores cristianos antiguos fue S. Jerónimo (v.); es el De viris illustribus (a. 392). Consta de 135 artículos y da noticias incluso de los mismos evangelistas como de escritores judíos (Filón, Flavio Josefo, etc.). Se admite comúnmente que en cuanto a la forma depende de Suetonio, y en cuanto al contenido de Eusebio; adolece de ciertas lagunas y equivocaciones en cuanto datos o noticias originales.
      El catálogo de S. Jerónimo fue continuado bajo el mismo título por Genadio (v.) de Marsella (ca. 480); consigna a autores que vivieron a fines del s. v y añade un total de 97 a 98 noticias, quizá algunas interpoladas. Finalmente, continúan la obra de Genadio, mostrando un interés particular por los escritores españoles, tanto S. Isidoro de Sevilla (m. 636; v.) como su discípulo S. Ildefonso de Toledo (m. 667; v.). En Bizancio, merece atención el patriarca Focio (m. ca. 891; v.) cuyo Myriobiblion o Biblioteca (PG 103 y 104) archiva 279 notas de obras o autores que él mismo había leído y que únicamente nos son conocidas por dicho documento.
      Se puede afirmar que el Medievo no descuida la historia de la literatura cristiana. Merecen ser citados el Catálogo de Ebedjesu, metropolita de Nísibe (que lo escribe en 1298) y cuya publicación la encontramos en Assemani (Bibliotheca orientalis, III,1) y el De scriptoribus ecclesiasticis (a. 1494) del abad Juan Tritemio (en PL 213,959 ss.). En Occidente, tanto Sigberto de Gembloux (m. 1112) con su De viris illustribus (PL 160,547 ss.) como Honorio de Autun (ca. 1122) con el De luminaribus Ecclesiae (PL 172,197 ss.), en lo que respecta al periodo patrístico, tienen su fuente en S. Jerónimo y en Genadio. Por tanto, la utilidad e importancia de tales obras se refiere sobre todo a las partes en que tratan a autores de su época.
      En el s. XVI tiene lugar un gran resurgimiento de los estudios patrísticos. A ello contribuyó el Conc. de Trento (v.), que dio origen a un movimiento teológico encaminado a poner de relieve el carácter tradicional de lo definido en los textos conciliares. Como consecuencia, entre el s. XVI y XVIII aparecen obras de información general sobre los Padres, se inician ediciones y colecciones y se escriben obras de teología positiva patrística (v. MODERNA, EDAD III, 5 ss.).
      Entre las obras sobre literatura cristiana antigua citadas más a menudo conviene resaltar las siguientes: 1) la deL. ´S. Le Nain de Tillemont, titulada Mémoires pour servir á l´histoire ecclésiastique des six premiers siécles, París 1693-1712, 16 vol.; 2) la del benedictino O. R. Ceillier, Histoire générale des auteurs sacrés et ecclésiastiques, París 1729-63, obra que fue reeditada de 1858 a 1869; 3) la de L. E. Du Pin, Nouvelle bibliothéque des auteurs ecclésiastiques, París 1686-1714, la cual, quizá por su matiz galicanista y por su irrespetuoso lenguaje, fue incluida en el índice de libros prohibidos; 4) la de W. Cavé, Scriptorum ecclesiasticorum historia litteraria. Londres 1688, y que fue completada por H. Wharton en 1689, Oxford 1740-43; 5) y, finalmente, la de Fabricius, Bibliotheca graeca, seu notitia scriptorum veterum graecorum, reeditada por J. Chr. Harlez en Hamburgo 1790-1800. En toda esta época no faltaron las obras de autores protestantes que se vieron obligados a ocuparse de los PP. con la finalidad de poder defender su posición teológica.
      Durante los s. XIX y XX se puede constatar un resurgir de los estudios acerca de esta materia. Conviene recordar las obras de: J. A. MShler, Patrologie, Ratisbona 1840; J. Virschl, Lehrbuch der Patrologie und Patrístick, Mainz 1881-85, 3 vol.; Fessler-Jungmann, Institutiones Patrologiae, Insbruck 1890-96, 2 vol., obra ésta valorada sobre todo en lo que respecta al estudio que hace de los PP. del periodo último de la Patrística (ss. v-VII); O. Bardenhewer, Patrologie, 3 ed. Friburgo Br. 1910, y Geschichte der altchristlichen Literatur, 5 vol., Friburgo Br. 1913-32; H. Kihn, Patrologie, 2 vol., Paderborn 1904-08; H. Jordan, Geschichte der altchristlichen Literatur, Leipzig 1911; A. Harnack, Geschichte der altchristlichen Literatur bis Eusebius, 3 vol., Leipzig 1893-1904; G. Krueger, Geschichte der altchristlichen Literatur in den ersten fahrhunderten, Friburgo Br. 1895, y el suplemento publicado en 1897; I. Tixeront, Mélanges de patrologie et d´histoire des dogmes, París 1921; H. Lietzmann, Christliche Literatur, Leipzig 1923; F. Cayré, Précis de Patrologie, 2 vol., París 1927-30 (ampliado con Historia de la teología en 1950-55); E. I. Goodspeed, A History of early christian literature, Chicago 1942; U. Mannucci, Istituzioni di patrologia, ed. de A. Casamassa en Roma 1948-50; B. Altaner, Patrologie, 2 ed. Friburgo 1950 (trad. esp., 5 ed. Madrid 1962); y, finalmente, J. Quasten, Patrology, 3 vol., Utrecht-Bruselas 1950, 1953 y 1960 (2 ed. esp. Madrid 1968 ss.).
      En estos siglos, el campo se va deslindando un tanto y aparecen estudios que tratan sobre literatura griega, o latina u oriental.
      Las obras principales con respecto a la Patrística griega son: K. Krumbacher y A. Ehrhard, Geschichte der byzantinischen Literatur, 2 ed. Munich 1897, 37-218; P. Batiffol, La Littérature grecque: Bibliothéque de 1´enseignement de Phistoire ecclésiastique. Anciennes littératures chrétiennes, 3 ed. París 1901; O. Stáhlin, Die altchristliche griechische Literatur, en W. v. Christ Geschichte der griechischen Literatur, 2 vol., 6 ed. Munich 1924, 1105-1500; J. M. Campbell, The Greek Fathers, Londres 1929; H. v. Campenhausen, Griechische Kirchenváter, Stuttgart 1955; y M. Pellegrino, Letteratura greca cristiana, Roma 1956.
      De entre las obras especiales sobre Patrística latina conviene hacer notar las siguientes: P. Mouceaux, Histoíre littéraire de 1´Afrique chrétienne depuis les origines jusqu´á L´invasion arabe, 7 vol., París 1901-23; Id., Histoire de la littérature latine chrétienne, París 1924; R. Pichon, Études sur 1´histoire de la littérature latine dans les Gaules, París 1906; P. de Labriolle, Histoire de la littérature latine chrétienne, París 1924; U. Moricca, Storia delta letteratura latina cristiana, Turín 1925-34; L. Salvatorelli, Storia della letteratura latina cristiana, dalle origini alla metá del VI secolo, Milán 1936; J. de Ghellinck, Littérature latine dumoyen áge, 2 vol., París 1939; M. Pellegrino, Letteratura latina cristiana, Roma 1957; y H. v. Campenhausen, Late¡nische kirchenvüter, Stuttgart 1960.
      Finalmente, algunos estudios especiales sobre Patrística oriental: A. Baumstark, Die christlichen Literaturen des Orients, 2 vol., Leipzig 1911-14; Id., Geschichte der syrischen Literatur, Bonn 1922; J. B. Chabot, Littérature syriaque, París 1935; I. Ortiz de Urbina, Patrologia Syriaca, Roma 1958; E. Cerulli, Storia della letteratura etiopica, Milán 1956; J. Karst, Littérature géorgienne chrétienne, París 1934; N. Akinian, Untersuchungen zur Geschichte der armenischen Literatur, Viena 1938; G. Bardy, Les premiers temps du christianisme de langue copie en Égypte, en Mémorial Lagrange, París 1940, 203-216; y, por último, G. Graf, Geschichte der christlichen arabischen Literatur, 5 vol., Roma 1944-53.


      3. Principales ediciones de textos patrísticos. En la edición de los textos patrísticos a lo largo de la historia, se suele distinguir tres momentos: el s. XVI, los s. xv11 y XVIII y el s. XIX.
      El primero es el de las ediciones llamadas princeps hechas por hombres del humanismo (v.) renacentista tales como Erasmo, Froben, etc. Algunas de ellas han adquirido el valor de manuscritos por haberse extraviado los originales en éstas reproducidos. El segundo lo forman las ediciones de dichos siglos realizadas principalmente por los benedictinos de S. Mauro, por los jesuitas y los oratorianos. Y, finalmente, el que ve aparecer las nuevas ediciones debidas en gran parte a los últimos descubrimientos y a la mayor posibilidad de publicación.
      La primera de las grandes colecciones de textos patrísticos tiene por autor al canónigo Marguerin de la Bigne (m. 1589), Bibliotheca Sanctorum Patrum, 9 vol., París 1575-79 (v. 111, 2). Merecen también especial mención las ediciones de A. Mai, Scriptorum veterum nova Collectio e Vaticanis codicibus edita, 10 vol., Roma 1825-38; Id., Spicilegium Romanum, 10 vol., -Roma 1839-44; Id., Nova Patrum Bibliotheca, 7 vol., Roma 1844-54; las dos ediciones de J. B. Pitra, Spicilegium Solesmense complectens Sanctorum Patrum scriptorumque´ ecclesiasticorum anecdota hactenus opera, selecta e grecis orientalibusque e latinis codicibus, 4 vol., París 1852-58, y la Analecta sacra spicilegio Solesmensi parata, 4 vol., París 1876-84. Pero la edición que en la práctica ha suplementado a todas es la de J. P. Migne (v.), con su monumental Patrologiae cursus completus (v. 111, 3).
      A pesar de todas las críticas de que ha sido objeto la Patrología de Migne, lo cierto es que su edición es una obra fundamental que seguirá siendo insustituible durante mucho tiempo. Se han hecho laudables esfuerzos por editar obras semejantes a la de Migne, abarcando todos los textos y escritos de los Padres y antiguos escritores cristianos, y mejorando críticamente los mismos. En primer lugar, por parte de los editores del Corpus scriptorum ecclesiasticorum Latinorum, Academia de Viena 1866 ss., del que han aparecido más de 76 vol. En segundo lugar, por los de Monumenta Germaniae historica, Auctores antiquissimi, 13 vol., Berlín 1877-98. También el de los del Die griechischen christlichen Schriftsteller der ersten drei fahrhunderte, Academia de Berlín desde 1897; han aparecido unos 52 vol. Y, finalmente, el realizado por los monjes que publican el Corpus christianorum seu nova patrum collectio, cura monachorum abbatiae S. Petri Steenbrugis, París 1953 (v. 111, 4).
      Hay además grandes ediciones de las obras de autores orientales. Enumeramos: 1) Patrologia syriaca de R. Graffin, publicada en París, durante los años 1894-1926, 3 vol. 2) Patrologia orientales de R. Graffin y de F. Nau, también publicada en París 1907 ss.; han aparecido 36 vol.; los distintos textos orientales van acompañados de la correspondiente traducción latina, francesa o inglesa. 3) Corpus scriptorum christianorum orientalium publicado en París 1903 ss. y continuado en Lovaina-Washington, por J. B. Chabot, J. Guidi, H. Hyvernat, B. Carra de Vaux, J. Fourguet y, en la actualidad, por R. Draguet; la colección comprende siete series, que se distinguen por el color de las cubiertas: scriptores aetíopici, arabici, armeniaci, coptici, iberici, syri y subsidia; ya han aparecido 329 vol. (v. ii1, 4).
      Existen grandes colecciones que contienen a la vez textos patrísticos y estudios críticos, de entre las que citamos: 1) Texte und Untersuchungen zur Geschichte der alchristlichen Literatur, publicado en Leipzig 1882 ss. por O. Gebhardt, A. Harnack, C. Schmidt y E. Klostermann. 2) Texts and Studies. Contribution to Biblical and Patristic Literature de J. A. Robinson, Cambridge 1891-1952. 3) Y Studi e Test¡, Publicazioni della Biblioteca Vaticana, Roma 1900 ss.


      4. Traducciones principales de textos patrísticos. La llevada a cabo por la Biblioteca de Autores cristianos, Madrid 1949 ss., bajo los auspicios de la Univ. Pontificia de Salamanca; Sources Chrétiennes, der. H. de Lubac y J. Daniélou, París 1942 ss.; The Fathers of the Church, ed. R. 1. Deferrari en Nueva York 1947 ss.; la Bibliothek der Kirchenvüter. Eine Auswahl patristicher Werke in deutscher Uebersetzung, de O. Bardenhewer, Th. Schermann, C. Weyman, Kempten 1911-30; y la publicada por P. Ricaldone, Corona Patrum Salesiana. Sanctorum Patrum Graecorum et Latinorum opera selecta, addita interpretatione vulgar¡, Turín 1934 ss. (v. t. 111, 5-6).
      5. Centros, Congresos y revistas de Patrología. Centros. Por el momento existen solamente dos: 1) Pontificio Instituto de Estudios Orientales, de Roma fundado por Benedicto XV con el motu proprio Orientis Catholici del 15 oct. 1917; 2) Instituto Patrístico «Augustinianum» fundado por Paulo VI el 4 mar. 1970. El primero a cargo de los padres jesuitas y el segundo bajo la tutela de los padres agustinos.
      Congresos. Desde 1951 viene celebrándose, cada cuatro años, en Oxford, el Congreso Internacional de Estudios Patrísticos; a él acuden especialistas de todo el mundo para discutir sobre cuestiones relativas a los temas patrísticos. Los trabajos leídos en el congreso son publicados en la colección Texte und Untersuchungen zur Geschichte der altchristlichen Literatur, de la Akademie-Verlag, de Berlín.
      Hay que hacer notar que desde el 22 sept. 1969 se han celebrado dos Coloquios Internacionales sobre Gregorio de Nisa. El primero de los cuales en Chevetogne, organizado por Le Centre de Recherche sur PHellénisme tardif de la Sorbona; y el segundo organizado por el prof. H. Dórries en Freckenhorst (be¡ Miinster) durante los días 18-23 sept. 1972.
      Revistas. Entre ellas pueden reseñarse: a) Orientalia Christiana periodica, del Instituto Oriental de Roma, fundada en 1935, de aparición semestral. b) Augustinianum, del ya mencionado Instituto Patrístico, fundada en 1961 y que aparece cada cuatro meses. c) Vigiliae Christianae, fundada en Amsterdam en 1947, con una periodicidad trimestral. Y d) Vetera Christianorum del Instituto de Literatura Cristiana Antigua de la Univ. de Bar¡ (Italia); aparece desde el 1964 con uno o dos números por año.
     
      V. t.: III; PADRES DE LA IGLESIA.

IBÁÑEZ IBÁÑEZ.

BIBL.: Además de la citada en el texto: 1. MADOZ, Un decenio de estudios patrísticos en España (1931-40), «Rev. Española de Teología», 1 (1941) 9´19´-962; 1. ORTIZ DE URBINA, Un decenio di studi patristici, «Civiltá Cattolica», 1 (1941) 296-305; B. ALTANER,PATRISTICA Y PATROLOGIA IIDer Stand der patrologischen Wissenschaft und das Problem einer neuen altchristlichen Literaturgeschichte, en Miscellanea Mercati, 1, Roma 1946, 483-520; J. MADOZ, Segundo decenio de estudios sobre patrística española (1941-50), en Estudios Onienses ser. 1, 5, Madrid 1951; M. PELLEGRINO, Un cinquantennio di studi patristici in Italia, «Scuola Cattolica», 80 (1952) 424-452; U. DOMÍNGUEZ DEL VAL, Cuatro años de bibliografía sobre patrística española (195154), «Rev. Española de Teología», 15 (1955) 399-444; W. SCHNEEMELCHER, Bibliographia Patristica, Berlín 1959 ss. Esta colección dedica un volumen por año a partir de 1956.

 

+++


Pablo de Tarso, el último de los Apóstoles, llamado por Jesús resucitado a ser el Apóstol de los pueblos paganos, evangelizó y fundó numerosas comunidades cristianas por la región oriental del Imperio Romano. Expresó su deseo ardiente de viajar a Hispania y por ello pidió a los cristianos de Roma ayuda tanto económica como de posibles colaboradores en esta misión.

 

Pablo estaba convencido que una vez el Evangelio de Cristo fuese predicado por las tierras occidentales del Imperio se cumpliría la promesa que está escrita en el Evangelio de Marcos 13, y llegaría el final de los tiempos, la venida gloriosa de Cristo y con ella la salvación definitiva del universo.

 

Antes de realizar este viaje final en su misión de ser el Apóstol de las Naciones, Pablo tuvo que llevar la colecta de sus iglesias a la Iglesia madre de Jerusalén como un signo de comunión. Cuando llegó a Jerusalén los judíos lo acusaron de una revuelta en el Templo y lo entregaron a las autoridades romanas para que fuese juzgado. Pablo, haciendo uso de sus derechos como ciudadano romano, pidió ser juzgado por un tribunal romano.

 

Por ello lo enviaron a Roma donde estuvo viviendo en una casa bajo vigilancia. Así termina la historia de Pablo en el libro de los Hechos de los Apóstoles. Pero, ¿qué pasó después? Parece que haya un gran silencio desde el año 62 hasta el año 64/67, es decir, desde su estancia en Roma pendiente de un juicio hasta su muerte martirial. Pocos autores nos dan noticias sobre la vida de Pablo en estos últimos años de su vida.

 

En el año 2008 el Instituto Superior de Ciencias Religiosas San Fructuoso ya organizó un Congreso titulado "Pablo, Fructuoso y el cristianismo primitivo en Tarragona (siglos I-VIII)" en el que ya se empezó a investigar sobre esta cuestión, también bajo la dirección del exegeta Dr. Armand Puig. En ese congreso la Dra. Heike Omerzu apuntó la posibilidad de un exilio de Pablo en algún lugar desconocido, ya que según el código penal romano, cuando se agotaba el plazo para realizar los juicios, el exilio podía ser una solución.

 

Esta práctica fue aplicada para otros conocidos judíos en los primeros siglos, como el caso de Herodes Antipas que fue exiliado a una ciudad de la Galia o en alguna ciudad de Hispania en el año 39 d.C, y en el año 6 d.C, Arquelao, hijo de Herodes el Grande fue deportado a Vienna, una ciudad de la Galia. Esta posibilidad de un exilio de Pablo estaría confirmada también por la Primera Carta de Clemente, un escrito del siglo I, en el cual se nos dice que Pablo fue exiliado y que predicó el Evangelio hasta el extremo occidental. La hipótesis del exilio o de la deportación pareció en el año 2008 una buena pista para seguir investigando.

 

La solución para las autoridades romanas de deportar o exiliar a un judío-cristiano problemático llevándolo a algún sitio desconocido podía ser una buena medida para sacarse el problema de encima. El lugar del exilio tenía que ser pues secreto para evitar que el exiliado se reuniese de nuevo con sus adictos y crease nuevos problemas. Pablo fue una figura controvertida en el cristianismo primitivo. Su predicación del Evangelio a los paganos creó muchas reticencias entre las comunidades formadas por judío-cristianos. Tuvo algunos problemas con el Apóstol Pedro y sobretodo con Santiago, jefe de la comunidad judeo-cristiana de Jerusalén. En sus mismas cartas Pablo escribe que fue preso unas siete veces, cinco veces recibió los treinta y nueve azotes, fue apedreado, flagelado tres veces, etc. Ciertamente era un hombre celoso, luchador por la causa de Cristo y por ello su vida resultó problemática para muchos.

 

Parece extraño que los autores antiguos no nos hayan dejado demasiadas noticias sobre el martirio de Pedro y de Pablo en Roma. Armand Puig piensa que tanto Lucas en los Hechos de los Apóstoles como otros escritores cristianos de las últimas décadas del siglo I y principios del sc. II, intentan eludir cuestiones espinosas en relación a los emperadores que podrían suscitar sospechas y reticencias contra la comunidad cristiana, ya duramente castigada en la persecución de Nerón durante los años 65-68 d.C. Por ello, por razones de sentido común y de crear una pacífica convivencia que permitiese desarrollar una buena estrategia misionera, era mejor silenciar quienes fueron los culpables del martirio de los dos grandes Apóstoles Pedro y Pablo.

 

También podríamos pensar que la culpa del martirio de los dos Apóstoles vino de alguna traición dentro de la misma comunidad de cristianos o causada por posibles enfrentamientos entre cristianos provenientes del judaísmo y cristianos provenientes del paganismo. Si así fuese, sería normal que los escritores de los primeros siglos silenciasen esta "vergüenza" de una nueva traición que viene de dentro de la Iglesia a semejanza de la traición de Judas. De hecho, la Iglesia celebraba la fiesta del martirio de Pedro y Pablo en días diferentes, y llegado el siglo III los juntó en un mismo día. ¿Fue ello el signo de una reconciliación? ¿Un lavado litúrgico para alejar para siempre aquella mancha que suponía una posible traición en el seno de la Iglesia?

V. 2013

 

+++

 

 

 

 

La Iglesia, consciente de su misión en el mundo, no cesa de proclamar el amor misericordioso de Cristo, que sigue dirigiendo su mirada conmovida hacia los hombres y los pueblos de todos los tiempos.

 

+++


La Iglesia católica no es de los hombres, es de Dios y aquí es donde duele: representa la belleza, la verdad, la bondad, la trascendencia de Dios y, aunque está hecha por hombres, no ha sucumbido en estos más de veinte siglos. A los hombres, lo que les ofrece es una versión moral de la existencia y un conjunto de senderos con norte claro para no desorientarse. ¿Por qué? Porque –queramos reconocerlo o no– el suceso de la manzanita de Eva ha dejado herida –no muerta– la naturaleza del hombre. Quizá sea éste el origen de los ataques a la Iglesia católica y a sus instituciones: no querer aceptar que el hombre debe ser sanado con un tratamiento eficaz –por cierto, muy radical, porque afecta a la totalidad del ser humano–, y recetado por los representantes de Dios en la tierra. Y en esa receta mágica se contempla cómo vivir con dignidad, porque estamos hechos a imagen y semejanza de Dios; cómo ser feliz a través de la familia; cómo entender que es más importante ser que hacer o tener; o cómo morir con dignidad de hijo de Dios, entre otras numerosas afirmaciones o vibraciones positivas.
¿Por qué es tan difícil conseguir una convivencia pacífica, basada en el respeto a la libertad de las conciencias, que no es lo mismo que libertad de conciencia? Porque el cristianismo va a la raíz de las cosas, no postula soluciones aguadas, ni banaliza los problemas, ni, mucho menos, trivializa la verdad... Al contrario, ofrece alternativas exigentes, pero basadas en el amor que Dios nos tiene, y con el que podemos afrontar todo aquello que nos parezca un escollo u obstáculo insalvable. Por eso, existen minorías minoritarias incapaces de asumir esta realidad, y, en lugar de respetarla o pasar olímpicamente, se revuelcan, atacan, buscan cómplices, y hacen daño. Lo mejor es ignorarlas, no hacerles propaganda, no colaborar con la mentira y dejar que transcurra el tiempo, ése que coloca las cosas y personas en su sitio.

 

+++

 

La Iglesia está extendida por los cinco continentes; pero la catolicidad de la Iglesia no depende de la extensión geográfica, aunque esto sea un signo visible. La Iglesia era Católica ya en Pentecostés; nace Católica del Corazón de Cristo. Ahora, como entonces, extender la Iglesia a nuevos ambientes y a nuevas personas requiere fidelidad a la fe y obediencia rendida al Magisterio de la Iglesia. Desde hace dos mil años, Jesucristo quiso construir su Iglesia sobre una piedra: Pedro, y el Sucesor de San Pedro en la cátedra de Roma es el Vicario de Cristo en la tierra. Hemos de dar gracias a Dios porque ha querido poner al frente de la Iglesia un Vicario que la gobierne en su nombre. En estos días hemos de incrementar nuestra plegaria por el Romano Pontífice y esmerarnos en el cumplimiento de cuanto disponga.
San Pablo, a quien el Señor mismo llamó al apostolado, acude a San Pedro para confrontar su doctrina: “subí a Jerusalén para ver a Cefas, escribe a los Gálatas, y permanecí a su lado quince días”. (I,18).

 

+++

 

2000 - A lo largo de los siglos, la Iglesia, bajo la guía de sus pastores, ha vivido en el mundo como misterio de comunión. Las palabras de San Pablo: “la gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros”, manifiestan que el don gratuito del amor del Padre en el Hijo se realiza y expresa en la comunión actuada por el Espíritu Santo. Gracia, amor y comunión, son aspectos diversos de la única “economía” de la salvación, que hace de la Iglesia “un pueblo  congregado por la unidad”.

Esta comunión, que se nutre del Pan eucarístico y se expresa en las relaciones fraternas, es verdaderamente la Buena Noticia; el don precioso que nos hace sentir acogidos y amados en Dios. La Iglesia, Pueblo reunido en el nombre de la Trinidad, se revela así como una maravillosa creación de amor, hecha para acercar a Cristo a los hombres.

 

+++

 

Quién, sino la Iglesia, a través de los monasterios, salvó la ciencia de los clásicos y la transmitió para el futuro; quién creó las universidades, sino la Iglesia; quién fue mecenas del arte y de la mejor cultura de Europa, sino la Iglesia; quién lo sigue siendo.

 

 - Cómo sintetizar en pocas palabras, y para las diversas expresiones del arte, el poder creativo de los largos siglos del medievo cristiano? Una entera cultura, aunque siempre con las limitaciones propias de todo lo humano, se impregnó del Evangelio y, cuando el pensamiento teológico producía la Summa de Santo Tomás, el arte de las iglesias doblegaba la materia a la adoración del misterio, a la vez que un gran poeta como Dante Alighieri podía componer "el poema sacro, en el que han dejado su huella el cielo y la tierra", como él mismo llamaba la Divina Comedia.

 

+++

 

La síntesis del saber teológico, filosófico y de otras ciencias realizada por las Universidades en los siglos XIII y XIV, en que se forma el Humanismo, es impensable sin el cristianismo.

 

La Iglesia católica porque es universal, siembra la Europa, y la América recién descubierta, con el saber y la universalidad de la ciencia en las ‘universidades’.

 

+++

 

Gracias a la Iglesia Católica, antes del 1300, había fundadas en Europa cuarenta y cuatro Universidades, en las que se forja un individuo especial dotado de cierta uniformidad: homo Scholasticus.

 

La Universidad y, de modo más amplio, la cultura universitaria constituyen una realidad de importancia decisiva. En su ámbito se juegan cuestiones vitales, profundas transformaciones culturales, de consecuencias desconcertantes, suscitan nuevos desafíos. La Iglesia no puede dejar de considerarlos en su misión de anunciar el Evangelio.

La Universidad es, en su mismo origen, una de las expresiones más significativas de la solicitud pastoral de la Iglesia. Su nacimiento está vinculado al desarrollo de escuelas establecidas en el medioevo por obispos de grandes sedes episcopales. Si las vicisitudes de la historia condujeron a la « Universitas magistrorum et scholarium » a ser cada vez más autónoma, la Iglesia continúa igualmente manteniendo aquel celo que dio origen a la institución.3 Efectivamente, la presencia de la Iglesia en la Universidad no es en modo alguno una tarea ajena a la misión de anunciar la fe. « La síntesis entre cultura y fe no es sólo una exigencia de la cultura, sino también de la fe... Una fe que no se hace cultura es una fe que no es plenamente acogida, enteramente pensada o fielmente vivida ».4 La fe que la Iglesia anuncia es una fides quaerens intellectum, que debe necesariamente impregnar la inteligencia del hombre y su corazón, ser pensada para ser vivida. La presencia eclesial no puede, pues, limitarse a una intervención cultural y científica. Tiene que ofrecer la posibilidad efectiva de un encuentro con Jesucristo.

Concretamente, la presencia y la misión de la Iglesia en la cultura universitaria revisten formas diversas y complementarias. Primeramente está la tarea de apoyar a los católicos comprometidos en la vida de la Universidad como profesores, estudiantes, investigadores o colaboradores. La Iglesia se preocupa luego por el anuncio del Evangelio a todos los que en el interior de la Universidad no lo conocen todavía y están dispuestos a acogerlo libremente. Su acción se traduce también en diálogo y colaboración sincera con todos aquellos miembros de la comunidad universitaria que estén interesados por la promoción cultural del hombre y el desarrollo cultural de los pueblos.

 

+++

 

Universidad, Iglesia: La Biblioteca es una institución que, con su existencia misma, testimonia el desarrollo de la cultura. En efecto, está constituida por un tesoro de obras escritas, en las que el hombre manifiesta su creatividad, su inteligencia, su conocimiento del mundo y de los hombres, así como su capacidad de autodominio, de sacrificio personal, de solidaridad y de trabajo en favor del desarrollo del bien común (cf. Centesimus annus, 51). Se trata de una colección de libros, organizada sistemáticamente, en la que a los antiguos manuscritos e incunables se han añadido libros nuevos y periódicos. En conjunto constituye un signo elocuente de la unidad de las generaciones que se han sucedido, formando, a través de la variedad de tiempos y cuestiones, un patrimonio común de cultura y ciencia. MM.

 

+++

 

"Obras todas del Señor, bendecid al Señor".-

“¡Señor, dueño nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra!” (Sal 8, 2).

 

+++

 

Dios creó el mundo para manifestar y comunicar su gloria. La gloria para la que Dios creó a sus criaturas consiste en que tengan parte en su verdad, su bondad y su belleza.

 

+++

 

María: "No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios: concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande y será llamado Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará eternamente sobre la casa de Jacob y su Reino no tendrá fin. (Lucas 1:30-33) "

 

 

Por venir a visitarnos, nuestro agradecimiento.

 

La Iglesia testimonia el Evangelio por los caminos del mundo, ¡por eso es católica!; desde que Cristo la fundara, hace dos milenios.

El que a vosotros escucha, a mí me escucha” (Lc 16,10).

Si la presencia de Cristo es la que hace sentirse de veras en casa, es precisamente porque impulsa la libertad del cristiano más allá de los muros de la casa, pues es consciente de que el horizonte de su casa es el mundo-global-universalidad-catolicidad.

 

 

Recomendamos vivamente: La vida cotidiana de los primeros cristianos
’Adalbert G. Hamman’
Trad.
Manuel Morera - Ediciones Palabra, 1999 - Colección Arcaduz - 294 pág.

Iglesia católica, sus casi 300 antes de Constantino - En ese salto que va de "Hechos de los Apóstoles" a esa "iglesia oficial y corrupta" que algunos protestantes y neo-gnósticos sitúan en el 325, con Constantino, pasan unos 250 años de vida cotidiana, de los que sabemos bastantes cosas; las suficientes, al menos, para desmontar historietas neopaganas, gnosticoides y demás morralla en la estela de El Código da Vinci y otras revisiones fantasiosas de los evangelios apócrifos. 2006

+

Imprimir   |   ^ Arriba

'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).