Friday 26 May 2017 | Actualizada : 2017-03-29
 
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La esclavitud, que aún persiste en algunos lugares del mundo, era común en las civilizaciones antiguas precristianas. Su origen está en razones de guerra (prisioneros), herencia (hijos de esclavos) o grandes delitos sociales (crímenes, violaciones, deudas, etc. ).

 

 

P: ¿Realmente se siente orgulloso de que nuestros soldados conquistaran un continente que no nos pertenecía (América), esclavizaran a la población indígena, la evangelizaran a la fuerza y asesinaran a unos cuantos millones de ellos?

 

R: Del asesinato de millones no me puedo sentir ni orgulloso ni avergonzado porque no tuvo lugar como tampoco la esclavitud de los indígenas que sí se dio, por ejemplo, en los territorios controlados por Portugal. En cualquier caso, que los hispanoamericanos renieguen de la conquista equivale a renegar de sus antepasados, no de los míos que no salieron de la Península para ir a las Indias.

César VIDAL – Dr.en historia antigua, filosofía y teología; es abogado y escritor. 2005.

 

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La cultura de la muerte –sobre todo ‘aborto’- gana terreno y la Iglesia no puede callar. Hoy se puede ciertamente comprar la tolerancia contra esta lacra con la que hubo durante siglos la esclavitud.

 

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Sobre la esclavitud. Ese pecado contra Dios y el hombre que es la esclavitud ha existido en la historia y sigue existiendo hoy (aunque fuera de la ley, por ejemplo, la trata de blancas o la utilización de menores en el comercio sexual). El mensaje cristiano -la buena noticia de Jesús- nunca ha pretendido cambiar las instituciones del mundo desde arriba, sino ante todo y con carácter previo convertir el corazón de cada uno de los hombres y mujeres de la tierra. Por eso, Pablo, en su sublime Epístola a Filemón, no condena inútilmente la esclavitud, no utiliza la demagogia de la crítica fácil, pero hace algo más importante y revolucionario: le dice al cristiano Filemón, que precisamente por ser cristiano, debe considerar al esclavo Onésimo ¡como un hermano! Eso va mucho más allá de la Ley natural e incluso de la Ley del Antiguo Testamento. Esa buena noticia -y no otra- es la única posibilidad de salvación del hombre y del mundo (Hchos. 4,12)

 

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Un serio, leal e íntegro historiador, siempre reivindica, por ejemplo, a España como “la voz de la cultura romana en Europa, el vehículo de transmisión de las raíces cristianas, el ser frontera con el Islam, el descubrimiento del derecho de gentes, ser uno de los primeros países de Europa que suprimió la servidumbre o la creación de las Cortes”. Se trata de “hitos que dejan bien clara la capital importancia que ha tenido España, portadora de unos valores profundos y un quehacer único, que han contribuido decisivamente a la grandeza de Europa y del mundo occidental”.

 

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El Presidente de la Pontificia Academia para la Vida, Arzobispo Rino Fisichella, destaca en un artículo publicado por L´Osservatore Romano que "una ciencia que quisiera experimentar con la vida humana sin sentir la necesidad de un reclamo ético se pone a sí misma fuera de juego, porque se prestaría a ser blanco de sospecha de estar al servicio de los poderosos de turno y no del bien de toda la humanidad". El artículo se publica en medio de una gran polémica por la decisión del Tribunal Supremo de Italia de permitir que se le retire la alimentación y la hidratación a Eluana Englaro, en coma desde hace 17 años

Estar al servicio de los poderosos, es crear neo-esclavos entre los siempre vencidos.

 

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1851 el 21 de mayo en Colombia se abole legalmente la esclavitud.

 

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La ignorancia es como ese laberinto o lugar formado artificiosamente

por calles y encrucijadas, para confundir a quien se adentre en él,

de modo que no pueda acertar con la salida.


La mentira ocurre que suele confundirse con la ignorancia, pero siempre es negación de la verdad. «No hay poder político más inquebrantable que el que se asienta sobre la ignorancia ciudadana. …y la burla de la inteligencia». Así, instruir a través de las escuelas, institutos educativos, universidades que a docenas creó, sin descuidar la parte sanitaria, las instituciones de la Iglesia realizaron una tarea de incalculable valor para preservar y magnificar la cultura universal. ¡La huella es indeleble en la civilización europea, evidentemente!

 

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«Y ya se hizo evidente
que hubo en ocurrencia tal,
reflexión en el cristal
y falta de ella en la gente».
Fray Benito Jerónimo Feijoo (nació en Casdemiro, aldea del obispado de Orense, el 08 de octubre de 1676 - España.

«Los ignorantes por ser muchos, no dejan de ser ignorantes. ¿Qué acierto, pues, se puede esperar de sus resoluciones?» Fray Benito Jerónimo Feijóo (Esp.1676 † 1764).

 

”Busco la verdad en sí misma.. . no pretendo ser creído sobre mi palabra, sino sobre mi prueba. Mis razones se han de examinar, no mis méritos”. Fray Benito Jerónimo Feijóo (monje benedictino español: 1676 † 1764).

 

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Sólo apegado a la eterna lozanía de la verdad: Jesucristo.

t;>Fray Benito Jerónimo Feijoo y Montenegro nació en Casdemiro, aldea del obispado de Orense, el 8 de octubre de 1676, y murió en Oviedo el 26 de septiembre de 1764. A los catorce años entró en la orden benedictina, y fue tan recta su vida y tan segura su vocación, que confesaba en su ancianidad no haber sentido un solo minuto de hastío o desabrimiento en el claustro.

Caritativo con extremo, justo, abierto, jovial, sincerísimo, las prendas del corazón no desmayaban ante las excelencias del entendimiento. Desdeñador de la corte, encerrado en su colegio de Oviedo, fueron los honores a buscarle. Fernando VI le nombró consejero real y Carlos III le obsequió con las “Antigüedades de Herculano”. Su fama desbordó las fronteras, llegó a Europa, América y hasta las colonias asiáticas.
Y el gran Benedicto XIV -saludado por Voltaire como el hombre más sabio de su siglo- honró al monje polígrafo citándolo dos veces en sus bulas.
Feijoo es de aquellos incorruptibles amadores de la verdad, pensadores positivamente libres y fuertes, igualmente desdeñosos de la novelería y de la rutina, ni miedosos de lo nuevo por lo nuevo ni enemigos de lo viejo por lo viejo: sólo apegados a la eterna lozanía de
la verdad. Lúcida la razón para ver lo justo, ardiente la voluntad para abrazarlo, intrépida la lengua para decirlo. Pero sin alharacas ni intemperancias: con la serena macicez , con el ímpetu consciente del que no quiere hacer ruido sino hacer bien; del que intenta reformas constructivas y no estériles subversiones.

Y el estilo, a la par sobrio y fértil, preciso y suelto, docto y vivaz, repartiendo sustancia en breves párrafos sin cosa amazacotada ni indigesta, redondea el hechizo de este hombre cabal.


Tratando incesantemente nuestro benedictino tan graves e infinitos asuntos; batallando contra todo abuso, preocupación y corruptela; hiriendo tantos intereses y susceptibilidades, tuvo lógicamente que padecer de la Inquisición una censura.

 

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Habla la sobrina de Martin Luther King

 

«El aborto ha causado más daño a los afroamericanos que lo que hubiera soñado el Ku Klux Klan»

 

Para Alveda King la defensa de los derechos de los no nacidos es la continuación de la lucha del Movimiento por los Derechos Civiles de los años 60.

 

Actualizado 17 diciembre 2012        

Isabel Molina / Misión 

“El aborto legal le ha causado a la población afroamericana un daño con el que el Ku Klux Klan y todos sus seguidores solo llegaron a soñar. Desde 1973, 14 millones de niños negros han sido abortados en EE UU”, aseguró Alveda King durante el Congreso Mundial de Familias que se celebró en Madrid el pasado mes de mayo.

 

Para ella, la defensa de los derechos de los no nacidos es la continuación de la lucha del Movimiento por los Derechos Civiles de los años sesenta, por la cual dieron la vida su tío, Martin Luther King Jr., en 1968, y su padre, el reverendo A. D. King, un año después.

 

“¡Qué cantidad de señales confusas le damos a nuestra sociedad hoy en día!”,se lamenta Alveda King. “Animamos a las personas a tener relaciones sexuales promiscuas, luego, cuando su pecado se torna en un embarazo, les decimos: ‘No matéis a vuestros hijos; dejad que nuestros abortorios lo hagan por vosotros’”.

 

Como madre de seis hijos vivos y dos abortados, la sobrina de Martin Luther King Jr. ha llegado a entender que si su tío viviera se dedicaría a defender los derechos de los no nacidos, pues el vientre materno se ha convertido en el lugar más peligroso para un niño de color.

 

En otras palabras, los no nacidos son las víctimas actuales de la misma segregación que ella padeció de niña. Por eso, ha dedicado sus esfuerzos para que el mundo entero vea la conexión: “La cultura global de la muerte y la cultura de racismo están trabajando juntos por un objetivo común”, afirmó durante su intervención en la sesión plenaria sobre Cultura de la vida vs. cultura de la muerte que tuvo lugar en el Congreso Mundial de Familias celebrado en Madrid a finales de mayo.

 

En los años setenta ella misma se sometió a dos abortos con los que carga en su corazón: “Uno por elección y otro que me practicaron sin mi consentimiento”, relata.

 

Todo comenzó cuando acudió a su médico privado para preguntarle por qué su ciclo no se había reanudado después de dar a luz a su primer hijo. El médico le dijo: “Usted no tiene por qué estar embarazada, veamos lo que pasa...”, y procedió a realizarle un aborto sin su consentimiento.

 

Al poco tiempo, se quedó embarazada de nuevo. En aquel entonces sufría amenazas violentas por parte del padre del bebé, y debido a la facilidad con que le habían practicado el primer aborto, no le costó demasiado decidirse a abortar a su hijo. El médico que la atendió en esta ocasión le aseguró que el procedimiento era tan sencillo como “sacarle un diente”. Al día siguiente, fue ingresada en el hospital y abortó a su bebé.

 

“Tan pronto me desperté, supe que algo iba mal. Me sentí muy vacía. Traté de hablar con el médico y las enfermeras acerca de mis sentimientos, pero me aseguraron que ‘en pocos días desaparecería el malestar’. Me mintieron”, recuerda.

 

Después de encontrar en Jesucristo el consuelo para su irreparable pérdida, ha hecho de esta vivencia su fuente de inspiración para trabajar por la cultura de la vida. Creó la fundación King for America, y coopera con otras organizaciones provida como Priests for Life, The Howard Center for Marriage and Family y The National Black Prolife Coalition. Pero dejemos que sea ella quien nos cuente cómo descubrió el nexo entre el aborto y la discriminación racial que tiñe los recuerdos de su infancia.

 

-¿Cómo le marcó la segregación racial que experimentó de niña?

-Cuando era pequeña, mi abuela me llevó un día de compras a Rich’s, una tienda con distintos departamentos. Allí, había una sala de té muy bonita, la Sala de Magnolia. Los afroamericanos (a quienes entonces se denominaba “negros”) no podíamos comer en ese restaurante. Pero había otro restaurante en el sótano, muy lúgubre, donde sí podíamos comer. Recuerdo que le pregunté a mi abuela, Mama King, por qué nosotras no éramos dignas de comer arriba, en el restaurante bonito. Ella me dijo que sí éramos dignas, pero que la gente todavía no lo entendía. Después de esa experiencia me puse muy triste, pero me alegró saber que mi tío, Martin Luther, mi padre, A. D. King, y otras personas estaban luchando por nuestra libertad.

 

-¿Qué legado recibió de su tío Martin Luther King Jr.?

-Su amor por Jesucristo y por la humanidad. Él fue un profeta de Dios y por eso pudo liderar el Movimiento por los Derechos Civiles.

 

-Su padre, el reverendo A. D. King, también luchó en el Movimiento por los Derechos Civiles, junto a su tío. ¿Qué supuso esto para su familia?

-Nuestra casa, en Birmingham, Alabama, y su iglesia en Louisville, Kentucky, fueron bombardeadas. Mi padre tuvo que acudir al amor de Dios para superar el miedo que sentía al ver amenazada la seguridad de nuestra familia.

 

-Usted explica que la lucha por los derechos civiles y el movimiento pro-aborto están intrínsecamente ligados. ¿En qué consiste este vínculo?

-En ambos casos, las personas que son oprimidas son consideradas seres humanos incompletos. Al igual que los negros no eran plenamente amparados por las leyes antes de que los derechos civiles fueran aprobados, los no nacidos hoy en día no gozan de la misma protección que cualquier otro ser humano mientras están en el vientre materno. Esto tiene que cambiar y esta es nuestra lucha. El aborto no es un derecho civil, el derecho a la vida sí lo es. Cada persona merece que se le proteja su vida, sin importar lo pequeña que sea o la etapa en que se encuentre.

 

-Cuando usted se quedó embarazada por tercera vez, acudió a Planned Parenthood. Le dijeron que si abortaba a su bebé su vida seguiría igual. Sin embargo, tras dos abortos, nunca volvió a ser la misma. ¿Cómo cambió su vida?

-Experimenté problemas médicos, me costó mucho crear un vínculo afectivo con mis hijos, y comencé a sufrir trastornos alimentarios, depresión, pesadillas, disfunciones sexuales y muchos otros problemas relacionados con el aborto. Me sentía muy enojada por los dos abortos que había tenido, y muy culpable por el aborto que yo misma había elegido. Pero gracias a la curación que experimenté en el Proyecto Raquel (Rachel’s Vinyard), y a mi aceptación del amor y el poder sanador de Jesús, he podido sanar las relaciones con mis hijos.

 

-Su madre también quiso abortarla a usted para poder continuar con sus estudios universitarios, pero su abuelo no la dejó. ¿Cómo le afectó conocer su secreto?

-Yo no sabía que mi madre me había querido abortar hasta hace poco, cuando ella le dio su testimonio a Janet Morana, en la campaña Silent No More (www.silentnomoreawareness.org), pero en ese momento ya era mucho más fácil para mí afrontarlo. Hoy en día mi madre es activista provida.

 

-¿Cuál será el punto de inflexión para acabar con el aborto en el mundo?

-Necesitamos un renacimiento del amor y el poder sanador de Dios. El aborto es un mal intrínseco y el mal solo puede ser vencido por la oración y el ayuno. Desde luego, también tenemos que poner de nuestra parte, cambiando la visión de la gente a través de la educación y cambiando las leyes a través del activismo legislativo. Creo que un día las mentiras de la industria del aborto se destaparán y la gente verá la verdad y se arrepentirá.

 

-¿Cuál ha sido su mayor logro en el movimiento provida?

-Siempre hablo del amor de nuestro Señor Jesucristo y de cómo debemos amarnos los unos a otros. Es el mismo mensaje que mi padre y mi tío quisieron transmitir. Mucha gente que me ha escuchado me dice que ha captado el amor de Dios a través de mis palabras, y ese es mi mayor logro, aunque en realidad es obra de Dios y no mía.

 

-Después de su visita a Madrid el pasado mes de mayo, ¿cuál cree que es el principal desafío para la promoción de una cultura de la vida en España?

-El mismo que en cualquier lugar del mundo: la cobertura que le dan al aborto los medios de comunicación, pues lo enfocan como un derecho que no existe. Si la cobertura incluyera todos los aspectos negativos del aborto, la gente no lo elegiría como opción. Un ejemplo es Tonya Reaves, una mujer que murió después de que Planned Parenthood le practicara un aborto D y C (por dilatación y curetaje). Los medios de comunicación prácticamente no le dieron cobertura a pesar de todos los comunicados de prensa enviados por los grupos provida pidiéndole al presidente una investigación de Planned Parenthood.

 

-¿Podría España ser líder en Europa para la protección de la vida?

-Al estar el mundo interconectado gracias a Internet, cualquier país puede desempeñar un papel fundamental para ayudar a poner fin al aborto. Por mi trabajo con distintas organizaciones provida sé que lo importante es lograr que nuestro mensaje le llegue a la gente.

http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=26555  17. XII. MMXII

 

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Una hermosa indicación de Juan Pablo II hablando de la memoria histórica: La memoria se configura como un derecho que corresponde a cada grupo humano (sociedad, Iglesia, partidos y sindicatos) para profundizar en la propia identidad, pero es esencial que esa memoria no sea selectiva y sesgada, ni intente imponer a todos una visión uniforme, sino que se desarrolle a partir de una aproximación «abierta, objetiva y científica» a los hechos.

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…[…]… «Sí que reivindicó el derecho de cada colectivo, «la Iglesia católica, una congregación religiosa, un partido político, un sindicato, una institución académica», a rememorar su historia para profundizar «en su identidad». Monseñor Ricardo Blázquez, Obispo de Bilbao-Esp. 2007.XI.

 

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Historiadores serios, responsables investigadores, sanos intelectuales deben estudiar la historia. La Iglesia universal está muy por encima de circunstancias coyunturales, y debe ser capaz de transmitir un mensaje de fe y de esperanza. La historia tiene que quedar en manos de los historiadores porque nadie tiene derecho a imponer una «verdad oficial», propia de los sistemas totalitarios. En el marco de la razón y el sentido común, el recuerdo de los antecesores -en este caso, de quienes dieron la vida por la fe ‘mártires de la Iglesia Católica’- refuerza la propia identidad y ayuda a comprender el complejo mundo en que vivimos. 2007-XI

 

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Cree que es posible adaptar la moral cristiana a los tiempos modernos como piden los teólogos progresistas, y a la vez mantenerse fiel a las enseñanzas del Evangelio?

 

Puestos a adaptar ya lo hubieran hecho los apóstoles en el siglo I enseñando que la esclavitud, la relajación sexual o los combates de gladiadores eran fantásticos y no lo hicieron. Digo yo que sería por algo. Por cierto, relea usted los tres primeros capítulos de la carta de Pablo a los romanos y verá que sigue teniendo enorme actualidad casi veinte siglos después. Dr.César VIDAL, historiador, filósofo, teólogo, abogado;2005.05.17

 

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2006 - Más de 12 millones de personas son víctimas, en el mundo actual, de modernas formas de esclavitud. Según un informe de la OIT (Organización Internacional del Trabajo), se trata de un fenómeno que tiende a agravarse a causa de las distorsiones producidas por los procesos de globalización. Están sometidas a trabajo forzado, plaga que se concentra sobre todo en Asia, con 9.500.000 trabajadores forzados; en Iberoamérica, 1.300.000; en el África Subsahariana, 660.000. Cerca del 55% de estos nuevos esclavos son mujeres, a menudo obligadas a la prostitución, y entre un 40 y un 50% tienen menos de 18 años.

 

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La esclavitud, que aún persiste en algunos lugares del mundo, era común en las civilizaciones antiguas precristianas. Su origen está en razones de guerra (prisioneros), herencia (hijos de esclavos) o grandes delitos sociales (crímenes, violaciones, deudas, etc. ). Nadie, ni siquiera Aristóteles en sus Éticas, la consideraba como un mal deplorable. Era un hecho común aceptado por todos. La aparición del cristianismo, que proclamaba la igualdad de todos los hombres, supuso un cambio de mentalidad total, que fue dando frutos paulatinamente. Se puede decir que, a medida que han ido predominando las ideas cristianas, la esclavitud ha cedido terreno. Sólo lo ha recuperado en épocas de cierto olvido del cristianismo.

Ya desde la predicación apostólica se marca el comienzo de esta línea de redención, que se procura hacer sin violencias y atacando el mal en su raíz. Se le deja sin fundamento al enseñar la igualdad originaria y radical de los hombres ante Dios, que manda también amar a todos como a uno mismo. A este respecto es muy
significativa la Carta de San Pablo a Filemón, en la que brilla la ternura y preocupación por el esclavo Onésimo, que huye de su amo y es convertido y devuelto por el Apóstol. San Pablo no envía a Onésimo a un curso de guerrilla urbana o de terrorismo, sino que le pide que vuelva a su trabajo. A la vez, manda a Filemón -también cristiano convertido por el Apóstol- que lo reciba «no ya como esclavo, sino como un hermano amado»[21]. De esta forma se da acertada solución a un problema entonces nada fácil, sin tener que recurrir a odios y violencias.

«No duda el cristianismo, frente a la sociedad romana en que el esclavo no tiene religión, en acogerle totalmente en un plano igualitario, con lo que muestra que es posible una sociedad (...) donde no haya diferencias entre libre y esclavo. Así puede afirmar Lactancio que "para nosotros no hay siervos, sino que a éstos los consideramos y llamamos hermanos en el espíritu y consiervos en la religión"[22]. Y San Cirilo proclama que entre los Obispos, sacerdotes o diáconos hay esclavos y libres, del mismo modo que autores como San Ireneo, Tertuliano, Taciano, por citar algunos, al hacerse eco de la misma doctrina, se muestran orgullosos de haber roto una desigualdad que no podía tolerar la ley natural ni la ley de Cristo. Por lo mismo, San Gregorio Nacianceno declara incompatible la esclavitud con el cristianismo, y San Cipriano la reprueba en los cristianos como un delito (...). Espíritu y doctrina cristianos que van cuajando en realidades, como la plena participación del esclavo en las asambleas, en la vida religiosa, en los ritos y sacramentos; que lleva, incluso, a la paradoja de que el sometido y sin derechos en la sociedad civil, tenga un rango superior en la vida religiosa.

»De ahí, también, la defensa de la legitimidad del matrimonio entre los esclavos (...) y que el Papa Calixto autorice, contra la costumbre y leyes romanas, el matrimonio de libres con esclavos o libertos, así como el que en los cementerios cristianos no se haga mención de la condición de esclavos de los allí enterrados, lo que, en cambio, se hacía notar en los cementerios civiles. Añádase la llamada limosna de la libertad, considerada desde su origen en la Iglesia como la primera de las limosnas. Habla San Ignacio de Antioquía de que una parte de lo que daban los fieles era para liberar esclavos; se recogen cotizaciones en época de San Cipriano para liberar esclavos en Numidia; San Ambrosio vende con el mismo fin los vasos sagrados, no siendo éste el único caso. San Clemente Romano exalta el ejemplo de los cristianos heroicos que se sometieron a esclavitud para liberar a otros (...). Práctica y acción cristianas que se van abriendo paso en una época hostil, afianzando en el esclavo su conciencia de persona con ciertos derechos inalienables; y estos esclavos, que antes se consideraban carentes de todo derecho y forzados únicamente a obedecer, se enfrentan ahora, conscientes de sí, a las autoridades o a sus amos en defensa de su fe o de su honra»[23].

Estos avances sólo ceden, por ejemplo, con Juliano el Apóstata, emperador anticristiano y paganizante, que los perseguía. También se da un retroceso con la invasión de los pueblos bárbaros, que admitían la esclavitud, hasta que son cristianizados paulatinamente. Más tarde, con el Renacimiento y la vuelta que supuso a las ideas paganas de Grecia y Roma, se volvió a desarrollar la esclavitud. La plaga crece, sobre todo, ante las ansias de enriquecerse en las nuevas tierras recién conocidas de América. Con la trata de negros para el continente americano la esclavitud, alimentada por ideas anticristianas, alcanza unos niveles de opresión, por su falta de humanidad, sólo comparable a las épocas más duras de la antigüedad. Aquí también es el cristianismo quien toma a su cargo la defensa de los indios o de los esclavos negros. La Iglesia, «una vez más, se ve obligada a intervenir, y ya en 1462 Pío II califica la trata de "gran crimen". Paulo III, en 1537, manda al Obispo de Toledo proteger a los indios y excomulga a quienes los redujesen a esclavitud y quitasen sus bienes»[24]. Las intervenciones papales se suceden continuamente; de forma paralela los teólogos católicos desarrollan las bases del futuro derecho internacional (iniciado por Francisco de Vitoria en la Universidad de Salamanca) y los misioneros combaten esforzadamente los abusos, destacando en esta labor San Pedro Claver.

Para acabar, «aunque suprimido este lastre social tomado en su forma estricta, la conciencia cristiana, que vio siempre en él un abuso contrario a la naturaleza, protesta también contra ciertas formas que disimulan su práctica, como son todas aquellas que admiten una discriminación degradante entre los hombres, sea en función de la raza, del sexo o de la posición social. En este sentido la Iglesia recuerda que hay todavía bastante por hacer, advirtiendo hechos como los de segregaciones raciales, las discriminaciones injustas, etc.. El Concilio Vaticano II se pronuncia abierta y reiteradamente contra todas estas situaciones, proclamando la dignidad de la persona, la igualdad de todos los hombres y los derechos inherentes a los mismos como seres libres. La Encíclica Pacem in terris, de Juan XXIII, como Carta de derechos fundamentales, es el mejor exponente de esta solicitud»[25].

 

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¿Qué hay de verdad en tantas leyendas

¿Cómo Dios permite tantos errores?

 

    En los años siguientes a la Primera Guerra Mundial –cuenta José Orlandis–, un joven llamado Gétaz, que ocupaba un alto cargo dentro del socialismo suizo, recibió de su partido el encargo de elaborar un dossier con vistas a una campaña que se pretendía lanzar contra la Iglesia católica.

    Gétaz puso manos a la obra, con la seriedad propia de un político helvético: recogió multitud de testimonios, estudió la doctrina católica y la historia del cristianismo desde sus primeros siglos, y en poco tiempo logró reunir una amplísima documentación.

    El resultado que se siguió de todo aquello, sin embargo, no pudo ser más sorprendente. Paso a paso, el joven político llegó al convencimiento de que la Iglesia católica no podía ser invención de hombres.

    Dos mil años de negaciones, sacudidas, cismas, conflictos internos, herejías, errores y transgresiones del Evangelio, habían dejado a la Iglesia, si no intacta, sí al menos en pie.

    Las propias deficiencias humanas que en ella se advertían a lo largo de veinte siglos –mezcladas siempre con ejemplos insignes de heroísmo y de santidad– fueron para él un claro argumento a favor de su divinidad. Si esa iglesia no fuera divina –vino a concluir en buena lógica– habría tenido que desaparecer mil veces de la faz de la tierra.

    El desenlace de todo aquel episodio no pudo ser más distinto de lo que se había previsto: Gétaz se convirtió al catolicismo, se hizo fraile dominico, y en su cátedra del Angelicum, en Roma, enseñó durante muchos años, precisamente, el tratado acerca de la Iglesia. Sus clases tenían el interés de ser, en buena medida, como un relato autobiográfico: como el eco del itinerario de su propia conversión.

—De todas formas, la reacción de muchos otros ante las miserias de los miembros de la Iglesia es bien distinta. Me pregunto si no habría sido mejor, ya que Dios es todopoderoso, que al menos los ministros de su Iglesia hubieran estado exentos de tantos vicios...

    Comprenderás que si Jesucristo, como dices, hubiera tenido que valerse sólo de ministros total y permanentemente buenos, se habría visto obligado a estar realizando continuamente milagritos, y no parece que eso sea lo mejor. De entrada, porque tendría que estar interviniendo cada vez que una de esas personas fuera a cometer cualquier error o imperfección, y eso les privaría de la debida libertad.

    Por otra parte, aunque es cierto que a lo largo de los siglos los hombres que han compuesto la Iglesia no han estado exentos de deficiencias humanas, hay que decir que la Iglesia católica es una institución de reconocido prestigio moral en todo el mundo.

    Y aunque es verdad que ese prestigio se ve a veces empañado por las debilidades de algunos de sus miembros, habría que contar –por si alguno quisiera hacer cálculos de porcentajes estadísticos de actuaciones desafortunadas– con que hay que dividir entre casi mil millones de católicos, y casi un millón doscientos mil sacerdotes y religiosos (y eso, contando sólo los actualmente vivos).

    Para ser justos, habría que mirar un poco más a esa ingente multitud de católicos que a lo largo de veinte siglos se ha esforzado diariamente por vivir cabalmente su fe y ayudar a los demás. Y habría que fijarse en todos esos curas de pueblo que permanecen en lugares de los que ha huido casi todo el mundo. Y ver también el sacrificio de tantísimos religiosos y religiosas que han dejado todo para ir a servir a los desheredados de la fortuna, tanto en lejanas tierras de misión como en esos otros lugares, olvidados de todos, pero dramáticamente cercanos, y cuyo esfuerzo quizá sólo es observado por Dios.

 

¿Y el poderío temporal de la Iglesia?

    —Bueno, ¿y qué dices del poder temporal de la Iglesia, tan activo durante algunos siglos...?

    Antes de nada, es preciso reconocer que ha habido actuaciones y mentalidades erradas en pueblos cristianos, y que con frecuencia han caído también en ellas algunos personajes eclesiásticos. Eso es algo que a ningún cristiano le ha de costar admitir. Sin embargo, me parece que, para ser justos, conviene enmarcar el fenómeno del poderío temporal de la iglesia en sus adecuadas coordenadas históricas, valorando todos los condicionantes de cada época. De lo contrario, es fácil caer en una visión anacrónica, puesto que no se puede pretender que los hombres del siglo XVI pensaran como los hombres del siglo XX o XXI.

   La única época que no criticamos –señala Jean-Marie Lustiger– es la nuestra, porque nos parece evidente. Nuestra referencia actual es lo que a nosotros nos parece más acertado y sensato, pero basta una perspectiva de cincuenta o cien años para que salte a la vista la relatividad de esos puntos de vista, aun los considerados en aquel momento como más razonables.

    Por eso sería un anacronismo que juzgáramos una sociedad, una época anterior, desde una óptica que nos parece la ideal hoy, sin hacernos cargo del diferente marco histórico, como si nosotros estuviéramos al margen de la historia y fuéramos sus jueces.

    Hecha esta salvedad, sólo me queda insistir en que no se caiga en una visión simplista de la historia. Es triste que haya habido cobardías, errores y pecados, pero es que la vida de los hombres es una historia de pecado y de perdón de la que nadie ha quedado exento, y tampoco los hombres sinceramente creyentes y deseosos de santidad. Y eso son cosas de la vida, no de la Iglesia.

  

La historia de las misiones

—Hay bastantes movimientos críticos contra el modo en que se desarrollaron las misiones. Parece que la Iglesia lleva con esto un lastre importante.

Ha habido con esto muchos juicios sumarios y apresurados que no responden a la verdad de la historia. No pretendo disculpar los fallos, grandes o pequeños, que seguro que habrá habido a lo largo de todos estos siglos de trabajo en las misiones de tantísimas personas en tantísimos lugares del mundo. Pero hay cada vez más estudios históricos serios sobre este tema, y las nuevas investigaciones dejan al descubierto que la fe, y la propia Iglesia, realizaron una gran tarea de servicio y de protección de las personas y de la cultura frente al impulso de aplastamiento que muchas veces tuvieron los conquistadores o las potencias coloniales.

En el caso concreto de América Latina, el papa Pablo III y sus sucesores intercedieron con firmeza a favor de los derechos de los indígenas, y dictaron disposiciones jurídicas bien claras. La corona española también promulgó leyes que protegían los derechos de los nativos, y fue en aquel siglo de oro español cuando los teólogos y canonistas católicos dieron origen a la idea de los derechos humanos. Todo aquello constituyó un auténtico valladar contra el exterminio de las poblaciones indígenas, tristemente habitual en otro tipo de colonizaciones.

Esa ingente actividad misionera se transformó en un gran movimiento defensor de la dignidad y los derechos del hombre. Y si los indígenas acogieron enseguida el cristianismo fue en gran parte porque comprendieron su enorme fuerza protectora y su valor liberador (liberador también del culto que muchos de ellos habían tenido hasta entonces). Los obispos, sacerdotes y misioneros se convirtieron en los principales defensores con que podían contar los débiles y los oprimidos. Y de modo semejante a como había sucedido en la Edad Media en la vieja Europa, actuaron también como educadores, como fundadores de universidades, como desbrozadores de terrenos baldíos, como estudiosos de aquellas culturas indígenas, como promotores de formas de vida que no concluyeran con el exterminio de una raza por otra, sino con el mestizaje. Si las etnias y las culturas indígenas no desaparecieron fue debido a esa fecunda labor que hizo prevalecer los principios cristianos sobre la codicia de los conquistadores.

  

La abolición de la esclavitud

—Pero así como la defensa de los indígenas americanos tuvo desde el principio sus principales valedores en el cristianismo, no puede decirse lo mismo de la esclavitud.

Es un asunto más complejo, y habría que analizar su evolución a lo largo de la historia. En el mundo antiguo se consolidó la idea aristotélica de que algunos hombres habían nacido para ser esclavos. Esto, unido a la piedad con los prisioneros de guerra, para los que ser esclavo era mejor que la muerte, hizo que el fenómeno de la esclavitud estuviera presente en todas las civilizaciones de la antigüedad. Entre las sociedades esclavistas estaban la griega y la romana. El derecho romano, por ejemplo, consideraba al esclavo una cosa –res–, sin ningún derecho, a disposición total de su amo.

Con la llegada del cristianismo se proclama la igualdad absoluta de todos los hombres ante Dios. Sin embargo, tardará siglos en llegarse a la abolición de la esclavitud, pero el punto de partida estaba puesto ya. La Iglesia desde el principio consideró a los esclavos como personas, los admitió a los sacramentos, se preocupó de su instrucción e impulsó a los amos a tratarlos con la mayor consideración. Pese a eso, el fenómeno de la esclavitud vino a ser en todo el mundo una de las más grandes lacras sociales y una ofuscación que pervivió durante siglos y ensombreció verdades que estaban contenidas en el mensaje cristiano.

Pero la lucha contra la esclavitud
surgió poco a poco
en el seno del cristianismo,
y sólo bastante después
recibió el respaldo de otras culturas
y otros modos de pensar.

—¿No fue algo que impulsó más bien la Ilustración?

Coincidió en el tiempo, pero no siempre en las ideas. Si examinamos las páginas de la Enciclopedia –el máximo exponente de la Ilustración–, puede verse que los ilustrados no sólo no eran contrarios a la esclavitud, sino que veían como natural considerar que unas razas eran superiores y otras inferiores, y que las primeras dominaran a las segundas "por su bien, pues –afirmaba la Enciclopedia– los negros se encontrarán mejor bajo el dominio de un amo blanco en América que en libertad en África".

No resulta difícil imaginar lo que hubiera sido de esos hombres si, frente a la visión de los conquistadores, frente al pensamiento ilustrado y frente a las concepciones islámica y pagana de la esclavitud, no se hubiera alzado una recuperación del concepto cristiano acerca de la dignidad de todo hombre.

 

—¿Y cuál fue el proceso de la abolición?

El inicio de la trata de esclavos a gran escala comenzó en el siglo XV en diferentes puntos de la costa africana. Durante más de un siglo, Portugal casi monopolizó ese tráfico gracias a la colaboración de los comerciantes árabes del norte de África, que ya enviaban esclavos de África central a los mercados de Arabia, Irán y la India. El descubrimiento de América llevó a otras naciones a sumarse a esa práctica tan denigrante. Ni siquiera la Revolución americana de 1776 cambió la situación, y la Constitución norteamericana admitió también la esclavitud.

La idea de abolir la esclavitud surgió en el seno del cristianismo, a medida que se fue tomando mayor conciencia de que se oponía a los principios del Evangelio. No fue una tarea fácil, ya que chocaba con intereses económicos obvios, pero finalmente, y gracias sobre todo al empeño de William Wilberforce, Inglaterra prohibió en 1807 el comercio de esclavos, y en 1833 declaró la abolición de la esclavitud en la totalidad de los territorios británicos. El único país que se adelantó fue Dinamarca, en 1792, y lo hizo también apelando directamente a valores cristianos. A lo largo del siglo XIX la esclavitud fue abolida sucesivamente en el resto de los países de tradición cristiana.

Hoy día, a pesar de las normas antiesclavistas de la legislación internacional, la esclavitud sigue siendo una triste realidad fuera de Occidente y afecta a no menos de cien millones de personas. En algunos países islámicos y budistas cuenta incluso con una cobertura legal. De no haber sido por la influencia del cristianismo, tal vez tendríamos ese mismo panorama en las sociedades occidentales.

 

Las riquezas de la Iglesia

Vittorio Messori, al comentar las frecuentes habladurías sobre supuestas riquezas vaticanas, recomienda fijarse en algunos datos, pequeños pero bastante significativos.

El presupuesto de la Santa Sede, es decir, de todo un Estado que entre otras cosas ha de sostener más de cien embajadas –nunciaturas– en todo el mundo, además de sus propios órganos de administración y de gobierno, seguridad y servicios, todo ese presupuesto es inferior a la mitad del coste que tiene el Parlamento italiano. Tan sólo los diputados y senadores que acuden a dos edificios romanos cuestan a los contribuyentes italianos más del doble de lo que cuesta todo el Estado Vaticano a la generosidad de los mil millones de católicos de todo el mundo.

 

Preocupación por los que sufren

Por otra parte, hay que decir que la influencia de la fe cristiana en la lucha por aliviar el sufrimiento humano ha sido decisiva a lo largo de la historia. Ya en el imperio romano, el cristianismo se preocupó por los débiles, los marginados, los abandonados, es decir, por aquellos por los que el imperio no sentía apenas preocupación. También dio una acogida extraordinaria a la mujer, y contribuyó a suavizar las barreras étnicas entonces tan marcadas. El cristianismo predicaba a un Dios ante el cual no cabía mantener la discriminación que oprimía a las mujeres, el culto a la violencia que se manifestaba en los combates de gladiadores, la práctica del aborto o el infanticidio, la justificación de la infidelidad masculina, el abandono de los desamparados, etc., y su influencia fue enorme.

En los siglos siguientes, el cristianismo fue también decisivo para preservar la cultura y extender la educación. Impulsó la defensa y la asistencia de los débiles y se preocupó por quienes nadie parecía tener interés. Baste citar, por poner un ejemplo, la aportación de San Juan de Dios, que fundó una orden dedicada a la atención de los enfermos mentales (verdaderos olvidados de la sociedad durante siglos); o el esfuerzo de innumerables instituciones católicas dedicadas durante siglos a atender leproserías, dispensarios, personas pobres o abandonadas, niños huérfanos, etc.

"Ahora –ha escrito Tomás Alfaro–, o en cualquier otro momento de la historia de los últimos veinte siglos, si buscamos un grupo de personas miserables, abandonadas por todos, marginadas por la sociedad, con los que nadie querría pasar una hora, es casi seguro que a su lado encontremos a alguien que se considera hijo de la Iglesia, y que hace lo que hace precisamente por ser seguidor de Cristo".

 

Ver también:

·         César Vidal, "La lucha contra la esclavitud"

·         Manuel Ordeig, "Sobre la teoría de la evolución", Palabra, IX.1997

·         Jesús Simón Pardo, "La culpa de la división de la Iglesia por el cisma de Oriente es compartida", Palabra, IX.1997

·         Alfonso Bailly-Bailliere, "Girolamo Savonarola: un fraile incómodo para su época", Palabra, IX.1997

·         Javier Paredes, "Piononadas" (sobre beatificación Pío IX), Alfa y Omega, 25.IX.2000

Gentileza de http://interrogantes.net para la BIBLIOTECA CATÓLICA DIGITAL

 

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Grecia, Atenas 420 - 400 a.C.

 

Francisco de Vitoria (1485-1546)

«Dilexit Ecclesiam» amó a la Iglesia Católica

 

Francisco de Vitoria, junto con Domingo de Soto, encabeza la renombrada Escuela de Salamanca, que teoriza sobre materia económica desde un punto de vista moral.

 

El descubrimiento de América acarreó una serie de problemas que, frente a las riquezas y poder que supuso, hubiera sido quizá más cómodo no plantear. Sin embargo, la Universidad de Salamanca supo tomar partido por la justicia en lo referente a las cuestiones morales que suscitaban los abusos de los conquistadores. Así, Francisco de Vitoria , al tener conocimiento en 1536 de las violencias cometidas durante la conquista de Perú, escribe su relección De indis, en la que declara que los indios no son seres inferiores a los que es legítimo esclavizar y explotar sino seres libres, con iguales derechos que los españoles y dueños de sus tierras y bienes.  De este modo se inició el derecho de gentes.  La primera reacción del poder, encarnado por Carlos V, es, según la leyenda, un grito airado: "¡Que callen esos frailes!". Sin embargo, la tesis de Vitoria acaba venciendo en la Corte, y en 1542 se promulgaron las Leyes Nuevas que ponen al indio bajo la protección de la Corona.

Estas fueron sus palabras - «Si los bienes se poseyeran en común serían los hombres malvados e incluso los avaros y ladrones quienes más se beneficiarían. Sacarían más y pondrían menos en el granero de la comunidad». Francisco de Vitoria

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Teólogo y jurista español del s. XVI. 1. Vida y obras. N. en Burgos, de padre alavés y madre leonesa, en 1483 o en 1492. Ingresó en 1504 en el convento dominico burgalés. En 1509 fue a estudiar Humanidades y Teología a la Univ. de París, doctorándose en 1523, año en el que regresó a España para explicar la Summa aquiniana en el Colegio de S. Gregorio de Valladolid. En 7 sept. 1526 ganó, por oposición, la cátedra de Prima Teología de la Univ. de. Salamanca, enseñando también en la escuela de misioneros que era su convento de S. Esteban. En 1544 un ataque de gota le dejó medio paralítico, y por ello se excusó de asistir al Conc. de Trento. M. el 12 ag. 1546, en su celda salmantina. Con su extraordinaria doctrina y sus nuevos métodos pedagógicos, formó una pléyade de discípulos. No sólo renovó los estudios teológicos, con una orientación humanística, sino los del Derecho Público, siendo el creador de la ciencia del Derecho Internacional y fundador de la Escuela española del XVI. Durante la vida de V. no se imprimió ninguna de sus obras, dejó no obstante numerosos manuscritos y apuntes de clase que luego han sido publicados. Pueden distribuirse en dos grupos: explicación de la obra de s. Tomás de Aquino y relectiones. Las lecciones sobre las obras de S. Tomás fueron dictadas en el siguiente orden: 1526-29, comentario a la 2-2 de la Summa; 1529-31, comentario a la la parte; t533-34, comentario a la 1-2; 1534-37, nuevo comentario a la 2-2; 1537-38, comentario a la 3a parte; 1538-39, comentario al IV Sententiarum: 1539-40, nuevo comentario a la 1 a parte de la Summa. De ellas se conservan varios códices. Los comentarios a la 2-2 de la Summa han sido publicados por Beltrán de Heredia (6 vol., Salamanca-Madrid 1932- 36); el comentario a las cuestiones De sacra doctrina, lo ha publicado C. Pozo en «Archivo Teológico Granadino» 20 (1957) 307-426.

 

Las relectiones son una especie de lecciones que resumían toda la materia del año académico o trataban algún tema de actualidad en el momento concreto. Eran desarrolladas ante todo el alumnado de la Facultad o incluso de la entera Universidad; de ahí que obligaran a una esmerada preparación, constituyendo tal vez la parte más importante de la obra de V. de entre ellas mencionemos: De potestafe civile (desarrollada en la Navidad de 1528); De matrimonio (epero 1531); De potestate Ecclesiae prior (comienzos de 1532), De potestate Ecclesiae posterior (mayo o junio 1533), De pofestate Papae et Concilii (abril-junio 1534), De Indis prior (junio 1539), De Indis posterior sive de iure belli (junio 1539). Se conservan en total 13 relectiones; han sido objeto de diversas ediciones (Lyon 1557; Salamanca 1565, Ingolstadt 1580, etc.). Modernamente han sido reeditadas por A. Getino (3 vol., Madrid 1933-35) y T. Urdanoz (Madrid 1960).

 

2. Obra teológica. a) Su empresa renovadora. M. Pelayo afirmó «De Vitoria data la verdadera restauración de los estudios teológicos en España». En la actualidad este aserto ha sido documentalmente comprobado, y se ha puesto en claro la significación de V. en el desarrollo de la Teología. Su temple renovador encontró, durante sus estudios en París, el ambiente que le hizo sentir la urgencia de la restauración de la Teología y le proporcionó los medios para llevarla a cabo. Allí, frente a la escolástica decadente del nominalismo, sus maestros Crockaert y Juan de Fenario iniciaban la restauración tomista, a la que V. se incorporó con entusiasmo. Al mismo tiempo, fue sensible a las aspiraciones del renacimiento humanista, que alcanzaban también a la Teología, trayendo consigo su renovación metodológica. Al regresar a España se enfrentó a una Teología de pocos vuelos, carente de la vida y ajena al humanismo cultural. Ante ella, buscará la revisión del método teológico, la correcta utilización de las fuentes y la preocupación por aquellos temas que interesaban especialmente a los hombres de su época. La argumentación teológica -piensa- debe ensanchar su base positiva estudiando el dato escriturístico, con ayuda de los hallazgos de la ciencia bíblica, e interpretando a la luz de los antiguos Concilios, decretos pontificios y enseñanzas patrísticas. La autoridad tiene, en Teología, la primacía ya que expresa la palabra de Dios; sobre ella, y bajo su guía, se edifica el discurso racional, que tiene una función imprescindible en la elaboración de la ciencia teológica. Con ello se opone a los excesos dialécticos del nominalismo, al abuso del recurso al magister dixit, que ahogaba antes de nacer cualquier progreso de la Teología, y al exclusivismo escriturístico de los reformadores protestantes.

 

Del interés humanista del Renacimiento, V. asume el empeño de acercarse a las cuestiones humanas, desarrollando la parte práctica de la Teología. Sale al encuentro de los hechos concretos y de las situaciones históricas de la sociedad, para examinarlos desde los principios sapienciales.

 

Con él se renuevan también los procedimientos de enseñanza: utiliza un lenguaje sobrio y claro, que contrasta con las complicaciones de la escolástica decadente. Contra las costumbres académicas en vigor, implantó el uso de la Suma reológica de S. Tomás como texto base de las explicaciones escolares, sustituyendo al libro de las Sentencias. Este hecho significó una positÍva reforma por las ventajas que la sustitución, puso orden y claridad, rigurosa trabazón sistemática y seguridad doctrinal. También a partir de su enseñanza, y por el interés que suscitó, se hizo común la costumbre de copiar en el aula las explicaciones del profesor. Con ello sus lecciones se perpetuaban y difundían, dando lugar a la formación de una numerosa escuela de discípulos, que hicieron suyas las enseñanzas del maestro. Estos continúan, sobre todo, su espíritu, ya que dan pruebas de una sana independencia de juicio, y en ocasiones retocan posiciones del maestro o formulan explícitamente lo que en él no había pasado de ser una intuición. No menos de 31 discípulos suyos ocuparán´ cátedras en la Universidad de Salamanca, siendo también muy numerosos en los demás centros de la península y en los que surgen en América. Figuras de primera magnitud: Soto, Cano, Vega. Chávez, Ledesma, Báñez, etc., continuaron y desarrollaron la obra renovadora iniciada por Vitoria.


 

b) Doctrina. Más que referirnos a puntos concretos, lo que no tendría mucho interés, ya que la importancia de V. está n,o tanto en la tesis que sostuvo, cuanto en el movimiento al que dio lugar, preferimos subrayar las constantes fundamentales de su pensamiento. S. Tomás, interpretado por Cayetano, será su inspirador y fuente principal, dentro de una flexibilidad que le permite admitir aportaciones posteriores de Escoto e incluso del nominalismo. Su espíritu abierto le hace a veces correr el riesgo de cierta indecisión y hasta de cierto eclecticismo doctrinal en cuestiones especulativas, a las que dedicó menos atención, ya que imprimió una orientación práctica a su enseñanza, centrándose en los problemas de tipo moral. El contacto con la realidad humana va a ser, en su concepción teológica, una constante que guía la selección de temas y, en ocasiones, condiciona su solución, incluso a costa del rigor lógico en ciertas cuestiones dogmáticas; como las referentes a la atrición, al aumento de la caridad, a la necesidad de la fe, etc., en que será corregido por sus discípulos. La consideración de la dignidad del hombre, en cuanto creado a imagen de Dios, dotado de dominio sobre las cosas y de connatural sociabilidad, gobierna muchas de sus enseñanzas características, en especial la de doctrina jurídica.

 

En la percepción del orden natural, debidamente discernido del sobrenatural, y con consistencia propia, se cifra el segundo principio inspirador de su teología: evitar la confusión de ambos órdenes y las consecuencias de ello dimanantes, p. ej., en lo referente a la sociedad civil y eclesiástica ya su respectiva autoridad. Al reconocer el valor de lo temporal, se opone a las tendencias teocráticas propias de algunos sectQres de la cristiandad medieval y anticipa y prepara muchos de los planteamientos posteriores.

 

Digamos, finalmente, qte la figura de V. no quedaría bien perfilada si olvidamos que, en su condición de teólogo de máximo prestigio, ejerció notable inftujo en la vida pública de la Iglesia y de la sociedad de su tiempo. Hubo de dictaminar en importantes consultas: Carlos V requirió varias veces su parecer e iniciativa, intervino en la censura de los escritos de Erasmo; promovió la tarea renovadora de la Iglesia, contribuyendo a la obra del Conc. de Trento, donde la actuación de sus discípulos suplió su personal ausencia, etc.

 

3. Obra jurídica. a) Su concepción del Derecho Internacional. V. concibió la idea del totus orbis O comunidad universal de todos los pueblos organizados políticamente, fundada en el Derecho natural y basada en el ius societatis et communicationis. Expresó los principios fundamentales del Derecho llamado a regir la comunidad internacional. Fue el primero en definir el moderno Derecho de Gentes: «quod naturalis ratio inter omnes gentes constituit vocatur ius gentium» (lo que la razón natural constituye entre todas las gentes, se llama derecho de gentes) .Cambiando el homines de Gaio por gentes o naciones, abre la vía al Derecho internacional, que no podía ser el que la razón natural estableció entre todos los hombres considerados individualmente, sino agrupados en naciones. El Derecho inter omnes gentes vitoriano es un Derecho universal pero mutable, aunque bastante fijo. Se configura como Derecho positivo, ex communi consensu omnium gentium et nationum; es obligatorio, porque sin él no podría cumplirse debidamente el Derecho natural; su autoridad dimana del «convenio virtual de todo el Orbe» : «El Derecho de gentes no sólo tiene fuerza por el pacto y convenio de los hombres, sino que tiene verdadera fuerza de ley. El Orbe todo, que en cierta manera es una república, tiene poder para dar leyes justas ya todos convenientes, como son las del Derecho de gentes». Esta «autoridad de todo el Orbe» afirmada por V. es la autoridad internacional deseada e intentada en el s. XX, la «autoridad pública universal, reconocida por todos, con poder eficaz para garantizar la seguridad, el cumplimiento de la justicia y el respeto de los derechos» , de que habla el Conc. Vaticano II (Const. Gaudium et spes).

 

He aquí la gran modernidad del pensamiento jurídico de V ., que no se limitó a concebir un sistema de Estados soberanos sometidos a las normas de un Derecho internacional de coordinación, sino que atisbó la instauración de un orden mundial al que se subordinen las soberanías estatales, y que afirmó un ius inter gentes amparador de los derechos humanos.

 

b) Su teoría sobre el Derecho de la guerra. En su relección segunda De lndis sive de Jure Belli (1539), y analizando si es lícito para los cristianos el hacer la guerra, mantuvo que su declaración pertenece al Estado, pero sólo cuando tenga justa causa: "La única y sola justa causa para hacer la guerra es la injuria recibida". Ha de ser una iniuria grave y culpable, que sea el único y último medio para reprimirla, con tal que la guerra no signifique un mal mayor para la nación y el universo entero (Relección De potestate civili). En todo caso, el príncipe ha de tener en cuenta tres reglas áureas: 1) No debe buscar ocasión ni pretextos para la guerra, sino que, en cuanto pueda, debe guardar la paz con todos los hombres; 2) Una vez estallada la guerra por alguna justa causa, se debe hacer no para ruina y perdición de la nación a quien se hace, sino para la consecución de su derecho y para defensa de la patria y con el fin de lograr la paz y la seguridad; 3) Obtenida la victoria, debe usar del triunfo con moderación, considerándose como juez entre los ofendidos y los que injuriaron; para satisfacer a los primeros con el menor daño y perjuicio para los segundos.

 

c) Su doctrina sobre la conquista del Nuevo Mundo. Desde la Junta de Hurgos de 1512 se venía debatiendo en España la licitud de la dominación española en América. Sobre tan magna cuestión habría de pronunciarse V ., sin intervenir directamente en la polémica lascasiana, en sus relecciones De temperantia (1537) y De lndis (1539). En esta última, tras rechazar la usucapión como título justificativo de dominio, afirma que los indios eran verdaderos dueños antes de la llegada de los españoles. Considera también títulos ilegítimos para justificar la soberanía castellana la autoridad universal del emperador, la autoridad temporal del Papa, el descubrimiento, el no recibir los indígenas el Evangelio, los pecados de los indios, la adquisición por enajenación contractual y la ordenación divina. Menciona en cambio siete títulos que justificarían la conquista española: la sociedad y comunicación natural, que comprende el derecho de peregrinación y comercio, la propagación de la religión cristiana, el impedir que los convertidos sean vueltos a la idolatría, dar un príncipe cristiano a los convertidos, evitar la tiranía y las leyes vejatorias, la elección verdadera y voluntaria y la amistad y alianza.

 

Tal es el esquema, crítico y equilibrado, de la construcción vitoriana. No consideró ilegítima la acción española en América, sino que la depuró, rechazando títulos falsos de dominio, dejando sentado el principio de la libertad e igualdad jurídica de todos los pueblos, y advirtió que aun en el supuesto de que no hubiera habido deficiencias en los títulos que originariamente movieron a la ocupación, los españoles no debían abandonar las Indias: «después que se han convertido allí muchos bárbaros, ni sería conveniente ni lícito al príncipe abandonar por completo la administración de aquellas Provincias» .Esta conclusión fue de gran importancia histórica. Cuando en 1542, ante las alegaciones de Las Casas y otros frailes, que no sólo condenaban ciertos abusos cometidos en el Nuevo Mundo, sino que opinaban que el rey no tenía derecho alguno a conquistar aquellos países y debía restituir el Perú al Inca, la doctrina vitoriana contribuyó a que Carlos V no abandonara la acción indiana.


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Francisco de Vitoria

 

Este dominico de gran inteligencia nació en Burgos en 1483. Ingresó en el convento dominicano de San Pablo de Burgos en 1505. Francisco de Vitoria completó aquí su formación humanística e hizo dos años de filosofía. Fue enviado a terminar sus estudios y completar su formación a París, al Estudio General Dominicano de Saint Jacques.

Estuvo en París 15 años, desde 1508 hasta 1523, primero como estudiante y luego como profesor. Como broche de oro de su docencia, después de superar las requeridas y duras pruebas, consigue la Licencia en Sagrada Teología y luego el doctorado. Finalizados sus estudios y su profesorado en París, los superiores hispanos le ordenaron la vuelta a su tierra.

El primer destino en la península fue el de profesor en el colegio de S. Gregorio de Valladolid, donde comienza su enseñanza en el curso 1523-1524. En 1526 es destinado Vitoria a Salamanca y gana la principal cátedra de teología de su universidad. Francisco de Vitoria trae novedades metodológicas a las aulas salmantinas.

Veinte años duró la docencia de F. de Vitoria en Salamanca (de 1526 a 1546), explicando la Suma de la Teología de Sto. Tomás. Además de las lecciones ordinarias los catedráticos salmantinos estaban obligados a dar anualmente una lección extraordinaria de dos horas ante el gremio entero universitario. Es lo que se llamaba repetición o relección. Quince fueron las relecciones pronunciadas por Vitoria, y todas ellas se conservan menos la primera y la última. Su doctrina teológico-filosófico-jurista se contiene principalmente en sus relecciones y es por éstas como ha sido conocido internacionalmente. De ahí los títulos que se le han conferido de Fundador de la Escuela Teológico-Jurídica de Salamanca y Fundador del Derecho Internacional Moderno. Vitoria es al mismo tiempo filósofo y teólogo.

 

• Los hombres no nacen esclavos sino libres.

• Por derecho natural nadie es superior a los otros.

• El niño no existe por razón de otros, sino por razón de sí mismo.

• Es mejor renunciar al derecho propio que violentar el ajeno.

• Es lícito al hombre la propiedad privada, pero nadie es propietario que no deba, a veces, compartir sus cosas… y en extrema necesidad todas las cosas son comunes.

• Al condenado a muerte le es lícito huir, porque la libertad se equipara a la vida.

• No se puede dar muerte a una persona que no haya sido juzgada y condenada.

• Toda nación tiene derecho a gobernarse a si misma y puede aceptar el régimen político que quiera, aun cuando no sea el mejor.

• Todo el poder del rey viene de la nación, porque ésta es libre desde el principio.

• Ninguna guerra es justa si consta que se sostiene con mayor mal que bien y utilidad de la nación por más títulos y razones que haya para una guerra justa.

• No es el hombre lobo para el hombre, sino hombre.

 

…[…]…

 

En las aulas de la universidad de Salamanca, Francisco de Vitoria partió de la libertad natural de los indios para establecer los cimientos de la disciplina que hoy llamamos derecho internacional.

 

Al final de sus días recibe Vitoria la invitación de Carlos V y de su hijo Felipe, para asistir como teólogo imperial al concilio ecuménico de Trento, que iba abrirse próximamente. Vitoria se encontraba muy enfermo y no pensaba más que en su preparación para la vida eterna, así que no pudo asistir.

 

Le esperaban todavía un año y cuatro meses de terribles dolores de gota. La fecha de la muerte con su hora (las diez de la mañana) nos la daba un estudiante que pasaba a limpio los apuntes del maestro y añadía: “con gran tristeza de todos”. La universidad entera de Salamanca con sus profesores y alumnos le honraron en las exequias, siendo enterrado en la sala capitular del convento, hoy “Panteón de los Teólogos”.

Texto: Hna. María Nuria Gaza. VIII. 2012

 

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Francisco de Vitoria, lo que separa y lo que une a los hombres: 1539

 

La alegoría de la guerra y la esperanza de la paz. Las pinturas representan la victoria del hombre sobre los males del mundo. Lo que separa a los hombres es la guerra, el odio, la crueldad, la venganza, la injusticia, la esclavitud. Lo que los une es la paz, la liberación de la esclavitud, el espíritu de igualdad y de concordia.

 

Código de verdades fundamentales, principios jurídicos y conclusiones morales, la conferencia de Francisco de Vitoria sobre el derecho de guerra, pronunciada en la Universidad de Salamanca el 19 de junio de 1539, es el documento más representativo de su doctrina de paz, por su perfección técnica, por su influencia histórica y por su proceso de reflexión académica sobre la política del emperador Carlos V. Su teoría de la guerra justa se integra en este código moral de paz:

 

- El concepto de paz dinámica: la paz es el fin natural de la Humanidad. Todos los hombres y todos los pueblos tienen derecho a vivir en paz. Es un fin en sí mismo, tiene un valor absoluto. Pero Vitoria no reducía la paz a simple ausencia de guerra, a pura combinación de intereses nacionales, o a frágil equilibrio de alianzas diplomáticas y militares. De acuerdo con el concepto agustiniano define la paz por la tranquilidad en el orden de la justicia y la libertad, pero en cuanto posibles. Las condiciones de paz pueden ser distintas, según sean distintas sus condiciones históricas.


- La paz esencialmente es dinámica. Y su dinamismo exige la revisión constante de opciones y actitudes; es el resultado de la justicia y de la equidad, de la moderación y de la prudencia política. Hay que saber ceder de sus propios derechos en bien de la paz, «porque muchas leyes justas en sí mismas no son convenientes en razón del bien común», no sólo del Estado sino también de la Comunidad internacional. Las leyes de la Comunitas Orbis son universales y obligan por igual a todos sus miembros con independencia de su poder, religión o cultura.


- La guerra, en cambio, no es un fin en sí misma; es justa en cuanto puede ser un medio necesario de paz; su legitimidad y validez moral deriva de la necesidad, a veces, de recurrir a las armas para defender o restablecer la justicia internacional. La guerra por naturaleza es una institución histórica sometida a las normas generales del derecho natural y de gentes. Y, en virtud de este derecho, la competencia legítima para hacer la guerra corresponde, en última instancia, a la autoridad del Orbe. Por voluntad o común acuerdo de las naciones, Vitoria preveía la posibilidad de llegar a la derogación de la guerra como medio legítimo en la solución de conflictos.
- La causa de la guerra justa trasciende los intereses privativos del monarca y aun del propio Estado, ya que dice relación al bien común de la comunidad política, y por solidaridad natural al bien común de la Comunidad del Orbe, de la que el Estado forma parte. Vitoria había excluido ya como causas de guerra la diversidad de religión, la expansión territorial del imperio y la gloria o el interés personal del Príncipe. La injuria, recibida, realizada y consumada, dice Vitoria, es la única causa justa de guerra. Se hace la guerra para castigar el crimen del agresor actualmente culpable. Es inicua, por tanto, la guerra preventiva contra un agresor meramente posible.


- Por razones de paz y por el bien común de la Humanidad reconoce, sin embargo, la legitimidad de la guerra en defensa de la patria, para el castigo de los criminales y para venganza y satisfacción de la injuria recibida. Los príncipes o Jefes de Estado tienen el deber de garantizar la paz y seguridad de sus pueblos. Vitoria reconoce a todo pueblo el derecho a su propia existencia y a vivir en paz; el derecho a defender su propio territorio y a la seguridad de fronteras. Sin embargo, «si para recuperar un territorio han de seguirse mayores males para el bien común, es indudable que el gobernante está obligado a ceder de sus derechos y aun abstenerse de recurrir a la guerra».
- En virtud de la solidaridad universal, un Estado tiene derecho a intervenir en defensa de los aliados, víctimas de la agresión injusta, cuando expresamente ellos lo pidan. En el caso, sin embargo, de que sean lesionados derechos fundamentales de las personas, lícitamente cualquier Estado puede intervenir, aun contra la voluntad de los oprimidos. Pero sólo para defenderlos y protegerlos hasta su liberación y seguridad futura.


- «Supuesto que los príncipes son quienes tienen autoridad para hacer la guerra, el primero de sus deberes consiste en no andar buscando ocasiones y pretextos para la guerra, sino desear, en cuanto puedan, vivir en paz con todos los pueblos. Porque es de extremo salvajismo buscar motivos, y alegrarse de que existan, para matar y destruir a los hombres que Dios creó y por los que murió Cristo. Por fuerza y contra su voluntad los príncipes deben sentirse obligados a acudir a la guerra».


- Vitoria reconoce la moralidad de la guerra, a condición de que la gravedad del crimen sea proporcional a la gravedad de los males que necesariamente desencadena la guerra; cuando la guerra sea un medio indispensable contra la agresión, se hayan agotado previamente los caminos posibles de solución pacífica; se utilice únicamente para garantizar la paz y la seguridad; y exista esperanza razonable de victoria, capaz de restablecer y garantizar una paz justa. No basta la justicia de la causa; es necesario también la utilidad del sacrificio.


- Los gobernantes o Jefes de Estado que se creen víctimas de la agresión están obligados a examinar diligentemente los motivos que les inducen a tomar las armas, a escuchar los argumentos y razones del adversario, y, si ellos lo piden, están obligados a celebrar congresos y conferencias para discutir cara a cara el litigio en cuestión. No basta que la guerra pueda ser legítimamente declarada por la autoridad competente del Estado agredido, no basta que esa guerra sea un medio necesario, en cuanto que no hay otro remedio para contener la agresión. No se crea que una vez estallada la guerra, ya por lo mismo todo es lícito entre los beligerantes. La potencia de las armas no legitima cualquier uso para fines políticos y militares.


- «Declarada ya por causas justas la guerra, es preciso emprenderla no para exterminio del pueblo contra el que se lucha, sino para la recuperación del propio derecho y para defensa de la patria, de suerte que de esa guerra el resultado final sea la paz y la seguridad». Nadie puede ser excusado de violar las normas del Derecho natural por cualquier razón que sea. Las autoridades subalternas y hasta los simples soldados tienen el deber se negarse a colaborar en una guerra claramente injusta.


- «Terminada la guerra se debe usar de la victoria con moderación y prudencia cristiana». Es superinicuo que pague el pueblo los delirios de sus gobernantes.
Luciano Pereña. VII. MMII.   ALFA Y OMEGA – Esp.

 

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LUCHA CONTRA LA ESCLAVITUD

 

 

César VIDAL MANZANARES.

La defensa de los indios contó con exponentes claros tanto en el seno del catolicismo como del protestantismo. No sucedió lo mismo, sin embargo, en relación con la esclavitud, otra de las grandes lacras que experimentaron un extraordinario desarrollo con ocasión del descubrimiento y colonización de nuevos mundos. De hecho, el mismo padre Las Casas llegó a considerar que la utilización de esclavos de origen africano podría paliar el triste destino de los indígenas americanos.

La lucha contra la esclavitud fue una causa que derivó de una cosmovisión bíblica, que se extendió a lo largo de varios siglos y que, de hecho, solo mucho después recibió el respaldo de ideologías distintas del cristianismo. Basta examinar las páginas de la Enciclopedia, el máximo monumento de la Ilustración, para percatarse de que los ilustrados no solo no eran contrarios a la esclavitud, sino que incluso la consideraban natural, dada la inferioridad racial de los esclavizados. Por ejemplo, en la voz "Negros, considerados como esclavos en las colonias de América", el texto dice:

Estos hombres negros, nacidos vigorosos y acostumbrados a una alimentación burda, encuentran en América dulzuras que les hacen la vida animal mucho mejor que en su país.

Desde luego, resulta más que dudoso que la esclavitud en las colonias americanas pudiera ser calificada de "dulzuras" y que la vida de los negros pudiera ser por definición calificada de animal, hasta el punto de que el hecho de ser esclavos la mejorara. Sin embargo, eso y no otra cosa afirma el citado artículo de la Enciclopedia, y no resulta mejor la descripción que aparece en relación con esta población negra:

Estos negros son idólatras, su lengua es difícil de pronunciar, saliendo la mayoría de los sonidos de la garganta con esfuerzo... Estos negros, se les llame como se les llame, hablan todos la misma lengua sobre poco más o menos.

Por si fuera poco, el ilustrado autor del artículo de la Enciclopedia indicaba que algunos negros logran superar sus defectos propios y se convierten en buenas personas cuya característica fundamental es, nada menos que, la sumisión a su dueño:


Los defectos de los negros no se encuentran extendidos de manera tan universal que no se encuentren muy buenos sujetos. Varios habitantes poseen familias enteras compuestas de gente muy honrada y muy unida a su amo.

Partiendo de esa base, no resulta extraño que se afirmara que encontrar negros buenos era un fruto más de la casualidad que de la probabilidad:

Si por azar se encuentra gente honrada entre los negros de Guinea, en su mayoría son durante todo el tiempo viciosos. En su mayor parte están inclinados al libertinaje, a la venganza, al robo y a la mentira.

Las consecuencias de semejante discurso no podían resultar más obvias. La esclavitud era censurable, pero los "salvajes" actuales habían caído tan por debajo del imaginario nivel en que se encontraba el "buen salvaje" primitivo que no cabía sino emprender su educación. Era obvio que unas razas eran superiores y otras claramente inferiores. Esa circunstancia obligaba a las primeras a dominar a las segundas por su bien. Que el resultado no podía sino ser positivo lo demostraba el que, hasta reducidos a la esclavitud, los negros se encontraran mejor bajo el dominio de un amo blanco en América que en libertad en África.

No resulta muy difícil imaginar lo que hubiera sido la suerte de estos desdichados si, frente a la visión de los conquistadores, al pensamiento ilustrado y, por supuesto, a las concepciones islámica y pagana de la esclavitud, no se hubiera alzado una recuperación del concepto bíblico acerca de esta institución. En realidad, basta con examinar lo que fue la trayectoria de la trata antes del movimiento emancipador.

El inicio de la trata se debió a los portugueses, que la comenzaron en 1444, y que unos quince años después importaban cada año poco menos de un millar de esclavos procedentes de diferentes puntos de la costa africana. Durante más de un siglo, Portugal monopolizó el comercio gracias a la colaboración indispensable de los comerciantes árabes -MUSULMANES del norte de África, que enviaban esclavos de África central a los mercados de Arabia, Irán y la India.

El descubrimiento de América llevó a otras naciones a sumarse a tan vergonzosa y denigrante institución. Como ya hemos indicado, incluso los defensores de los indígenas de América no encontraron censurable -en ocasiones les pareció un remedio- el recurrir a la esclavitud de los africanos. En 1517, por ejemplo, Carlos I estableció un sistema de concesiones a particulares para introducir y vender esclavos africanos en América. A finales de ese mismo siglo, Inglaterra comenzó a competir por el derecho a abastecer de esclavos a las colonias españolas, detentado hasta entonces por Portugal, Francia, Holanda y Dinamarca. De hecho, la Paz de Utrecht, que se tradujo para España en la pérdida del territorio español de Gibraltar, significó también que la British South Sea Company consiguiera el derecho exclusivo de suministro de esclavos a estas colonias. Pero para entonces hacía ya casi un siglo que habían llegado a las colonias inglesas de América del Norte los primeros esclavos africanos, y este tráfico se incrementaría sobremanera con el desarrollo del sistema de planificaciones.

Ni siquiera la Revolución americana de 1776 cambió la situación de los esclavos. El liberalismo había podido tomar de la fe cristiana algunos de sus principios políticos esenciales, pero no estaba dispuesto a disminuir sus beneficios por razones éticas. Si la Ilustración había justificado -sobre el papel, claro está- la esclavitud, la Constitución norteamericana sentenció el triste destino de los esclavos sancionando la existencia de la institución que los mantenía sometidos a tan lamentable estado. No era extraño si se tiene en cuenta que algunos de los Padres fundadores, como Thomas Jefferson, eran pingües propietarios de esclavos.

 

El enfrentamiento con la esclavitud surgió en el seno del cristianismo y por razones enraizadas directamente en las Escrituras. Durante el siglo XVII, los cuáqueros (...) y en el siglo siguiente, los metodistas (..), hombres como William Knibb (...) y William Wilberforce, un hombre piadoso que (...) en su calidad de miembro del Parlamento, se dedicó a tareas de profundo contenido social. Así, Wilberforce -al que se llegó a denominar la conciencia del primer ministro- fomentó la educación de los necesitados y, sobre todo, desarrolló una extraordinaria labor para lograr la erradicación de la esclavitud. No fue una tarea fácil, ya que chocaba con intereses económicos obvios, pero en 1807 consiguió la prohibición británica del comercio de esclavos y en 1833 se declaró la abolición de la esclavitud en la totalidad de los territorios británicos. El único país que se había adelantado a Inglaterra en la abolición de la trata había sido Dinamarca, en 1792, y también apelando directamente a los principios contenidos en la Biblia.

A lo largo del siglo XIX la emancipación de los esclavos se convirtió en una bandera utilizada en la lucha contra el poder colonial -México abolió la esclavitud en 1813; Venezuela y Colombia, en 182 l-, pero no siempre con convicción. La explicación de este comportamiento no podía ser más obvia: el proceso de abolición chocaba con los intereses de la burguesía. De hecho, Uruguay mantuvo la esclavitud hasta 1869; España, en Cuba, hasta 1886; y Brasil, hasta 1888. Cualquiera de estos procesos emancipatorios es dudoso incluso que hubiera comenzado sin los precedentes del mundo anglosajón, puesto que fue Inglaterra la que durante el Congreso de Viena instó a las otras potencias europeas a adoptar medidas similares a las aprobadas por su Parlamento.

 

A finales del siglo XX, y a pesar de la incorporación de normas antiesclavistas en la legislación internacional, la esclavitud sigue siendo una realidad fuera de Occidente y afecta a no menos de cien millones de personas. En algunos países islámicos y budistas incluso cuenta con una existencia legal. De no haber sido por la influencia del cristianismo, tal vez ese también sería el panorama en las sociedades occidentales. Sin embargo, el triunfo de la lucha contra la esclavitud durante el siglo XIX no significó que la causa de la libertad humana quedara salvada y asegurada para el siglo siguiente. En realidad, iba a enfrentarse durante este con los peores desafíos que había experimentado a lo largo de la Historia humana, y de nuevo el papel del cristianismo resultaría esencial.

Extracto de "El legado del cristianismo en la cultura occidental",
Espasa, 2000, pp. 208-214

 

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Durante más de un siglo, Portugal monopolizó el comercio gracias a la colaboración indispensable de los comerciantes árabes –MUSULMANES del norte de África, que desde siglos, enviaban esclavos de África central a los mercados de Arabia, Irán y la India.

 

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TRAFICO DE ESCLAVOS AFRICANOS NEGROS

POR MAHOMETANOS CAPTURADOS Y VENDIDOS

 

La presencia del negro-africano en España es muy antigua, pero creció con la invasión árabe porque una gran parte de los ejércitos bereberes musulmanes, estaban reforzados con tropas de esclavos negros mahometanos, que desempeñaron un gran papel en el desarrollo de los enfrentamientos bélicos. Según la crónica Rawd al-Qirtas, escrita por un letrado de Fes en el primer tercio del siglo XIV, para la batalla de las Navas de Tolosa (1212) “el grueso del ejército se componía de 300.000 hombres; los negros {mahometanos}, que iban delante de él en la guerra y que formaban su guardia (la de Al-Nasir, el jefe), eran 30.000”. Para este autor, las mejores riquezas de los benimerines, nombre genérico dado a los invasores árabo-africanos, “eran los caballos, los camellos y los negros”.

Vese perfectamente la práctica de la esclavitud y el tráfico de esclavos por parte del poder mahometanos que esclavizaban y comercializaban a otros musulmanes.

En la relación de otras batallas que se describen en la misma crónica, como la de Santarem (1184) o la de Alarcos (1195) de signo favorable a los árabes, se hace referencia a la relevante intervención de los negros. La mayor parte de éstos se quedaron en España, muchos continuaron en su condición servil {de trabajo bajo o humilde, pero no en calidad de esclavos}, formando parte de las tropas y otros consiguieron su libertad y se instalaron en diferentes tierras cristianas o lugares liberados del yugo islámico, desempeñando alguna actividad. Ocasionalmente, aparecen en relatos literarios y en crónicas cuando protagonizan algún hecho destacable; también de forma más esporádica y rara se detecta su semblante en algún cuadro o conjunto escultórico, dando un tono de exotismo y de anécdota a toda la escena.

El
negro pasa así más o menos “desapercibido”, hasta que los portugueses comenzaron los descubrimientos africanos de la vertiente atlántica, en la segunda mitad del siglo XV. Aunque su intención primera fue el comercio del oro y de las especias, pronto se dieron cuenta de que ambos productos no eran tan abundantes como habían pensado, y, para amortizar los gastos de armadura, recurrieron al comercio de esclavos, comercio consistente en comprar y transportar al esclavo.

Tales esclavos eran capturados por hacendados negros y musulmanes en su inmensa mayoría, que hacían comercio vendiéndolos a los compradores [cristianos] e intermediarios que disponían de embarcaciones y transporte. Esto indica la enraizada práctica de la esclavitud en el mundo africano y aumentada bajo los seguidores de Mahoma que abastecían el fructífero comercio de esclavos hacia la península arábica como hacia el norte de África. Dicho comercio rendía conspicuamente si eran féminas adolescentes, y hasta niñas que servirían a los apetitos -bajo un solo hombre macho mahometano- del harem.  

 

El cronista portugués Zurara narra cómo el infante don Enrique envió durante más de doce años expediciones para sobrepasar el cabo de Bojador, y no se conseguía este objetivo; pero añade inmediatamente que “no se volvían sin honra”, porque “unos iban a la costa de Granada y otros corrían por el mar de Levante hasta que capturaban muchas presas de infieles con las que se volvían honradamente para el reino” (Crónica de Guiné, cap. VIII).

Se reglamentó el comercio, según la necesidad que había de mano servil en las tareas colonizadoras. El primer comercio oficial de esclavos africanos en Europa tuvo lugar el 8 de agosto de 1444 en Lagos (Portugal). Allí se vendieron 235 cautivos traídos en la expedición de Lanzarote: “Comenzaron los marineros a traer sus barcos y a sacar aquellos cautivos para llevarlos donde se les mandara; puestos en aquel lugar, era una cosa maravillosa ver que entre ellos había algunos de razonada blancura, hermosos y apuestos; otros, menos blancos, parecían pardos; otros tan negros como etíopes, tan desaliñados en sus caras como en sus cuerpos... parecían vivas imágenes del hemisferio más bajo” (Ibidem, cap. XXV).

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“Conocereisdeverdad.org” no se identifica necesariamente con todas las opiniones y matices vertidos por los autores en los artículos aquí publicados, sin embargo, estima que son dignos de consideración en su conjunto.

 

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La Santa Sede denuncia que un millón de niños

son vendidos cada año en todo el mundo

 

En el mercado negro se llegan a pagar 30.000 euros por los órganos de un menor asesinado

 

El hígado de un niño, al que se asesina para extraer sus órganos vitales, alcanza en el mercado negro los 30.000 euros. Cerca de 200 millones de menores de 5 años se acuestan cada noche sin apenas haber probado bocado. Además, en 25 países del mundo, 15 de cada 100 niños mueren antes de haber alcanzado esa edad por enfermedades que se curan con medicinas de muy bajo coste. Hace cuatro años, 600.000 menores de 14 años contrajeron el sida en todo el planeta. Ante estos desoladores datos, El Vaticano dio la voz de alarma ayer, Jornada de la Infancia Misionera.

 

Álex Navajas - Madrid.-
El Vaticano denunció ayer, Jornada de la Infancia Misionera, la situación de millones de niños que son explotados en todo el mundo. Esta realidad, pese a ser conocida, no deja de ser estremecedora. La Santa Sede, a través de su agencia de noticias Fides, ha revelado que un millón de niños son vendidos cada año en los mercados de la prostitución, o son comprados para engrosar las filas de los ejércitos de países destrozados por la guerra, o, lo que es más atroz si cabe, son asesinados para extraer sus órganos y venderlos a precios astronómicos. Las cifras económicas que mueve el «sector» también son desorbitadas: alrededor de 1,2 billones de dólares al año. En países como Tailandia, entre 1993 y 1995, la prostitución representaba entre el 10 y el 14 del producto interior bruto (PIB).
   Según Fides, matrimonios y parejas de naciones desarrolladas llegan a pagar hasta 50.000 euros por comprar un bebé. Y éstos son los «afortunados». El resto de niños son esclavizados, prostituidos o se les obliga a empuñar un arma. Las condiciones en las que viven, claro, son infrahumanas. Por eso, el hambre y las enfermedades hacen estragos entre ellos. 200 millones de niños de todo el planeta que no han alcanzado aún los cinco años apenas tienen qué llevarse a la boca, y el quince por ciento de ellos fallece antes de cumplir el primer lustro de vida. En 23 países del mundo, tres de cada diez niños menores de cinco años llevan consigo las marcas de la desnutrición, con las consecuencias que ello acarrea en el crecimiento y en la vida adulta.

 

La peste del siglo XXI

El sida es una de las principales causas de la elevadísima mortandad infantil en los países sudesarrollados. Sólo en el año 2000, 600.000 niños menores de 14 años contrajeron el virus, y ese mismo año, medio millón murió por la pandemia, según datos de Unicef. Cada día, 2.000 niños menores de 15 años se convierten en seropositivos, y entre ellos hay también niños que nacen ya enfermos, contagiados por la madre durante el embarazo o en el momento del parto.
   Según la asociación medica UNAIDS, el virus alcanza los porcentajes de difusión más altos en Nigeria, donde hay oficialmente 995.000 personas enfermas. En Etiopía son 989.000; en la República Democrática del Congo 927.000; en Kenia 892.000; en Uganda 884.000, y así hasta los 264.000 de Ruanda.
   En Zambia la situación se está haciendo cada vez más grave porque la epidemia se une a la pobreza endémica de la vida en los pueblos. En éste, que es uno de los países más pobres del mundo, el 80 por ciento de la población vive bajo la indigencia, y uno de cada dos niños sufre malnutrición. En algunos poblados no quedan sino pequeños huérfanos y ancianos.
   Y es que el sida también priva a muchos niños de sus padres : unos 13 millones en todo el mundo, la mayoría de ellos africanos que no han cumplido los 14 años. Y el futuro no es muy alentador: se espera que en el año 2010, la cifra de huérfanos por el sida roce los 20 millones. Pero esta plaga no es la única que diezma a los menores. Enfermedades tan sencillas y baratas de curar, como la diarrea, el tétanos, la tos ferina o la pulmonía, se llevan por delante anualmente a millones de menores.

 

Millones de niños sin educar

En el terreno de la educación, las cifras que aporta la Santa Sede son también alarmantes. 121 millones de niños en todo el mundo no están escolarizados. La mayoría (65 millones) son niñas. En países como Afganistán, el porcentaje de las menores escolarizadas sólo alcanza el 15 por ciento, frente al 42 por ciento de niños.
   Para tratar de paliar esta situación, la Santa Sede canaliza cada año 13 millones de dólares a través de la Obra Pontificia de la Infancia Misionera, con los que se financian 2.667 proyectos en 115 países de los cinco continentes. Según ha explicado el secretario general de la Infancia Misionera, monseñor Forbin Janson, en Radio Vaticano, «en Alemania, por ejemplo, con ocasión del día de Reyes, se realiza una gran campaña de recogida de fondos para los niños del mundo. Se movilizan medio millón de niños, que van de casa en casa cantando villancicos y pidiendo ayuda económica y espiritual para la infancia necesitada».2004-01-07 – L. R. ESP.

 

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La grandeza de la caridad cristiana

 

Por su parte, el catedrático de Historia de las Religiones de la Logos University, César Vidal, explicó también durante el Congreso, que el primer voluntariado cristiano "suponía una forma de vida muy superior al paganismo clásico, porque iba más allá de las palabras y se concretaba en hechos tangibles".

Vidal señaló que en los inicios de la Cristiandad "la idea de paliar el sufrimiento formaba parte de su vivencia diaria", y ha matizado que "la sociedad en la que nace el Cristianismo era magnífica en unos aspectos, pero también tremendamente despiadada con sectores como mujeres, enfermos o esclavos".

"La respuesta cristiana a estas discriminaciones causó una enorme perplejidad, ya que los cristianos tenían, a juicio de los paganos, el pésimo gusto de no desprenderse de los hijos no queridos, o de atender a los enfermos, que tenían la desagradable costumbre de contagiar sus dolencias", comentó el catedrático.

Vidal indicó que los cristianos de la época "pensaban que tenían una obligación moral de aliviar el dolor de sus semejantes, fueran o no de su misma fe", y enumeró algunos de los colectivos, tales como enfermos, esclavos, ancianos o reclusos, en los que estos primeros voluntarios centraron su labor.

Además, Vidal agregó que "las primeras casas de extranjeros, para atender al inmigrante, aparecen el seno del Cristianismo, concretamente en la parte oriental del Imperio", y, con respecto a la esclavitud, agregó que "fue la tolerancia hacia el Cristianismo la que amplió los caminos para abolir esta práctica".

Por otro lado, Vidal explicó que el Cristianismo "creó algo muy superior, en el ámbito social, al estado del bienestar, ya que no estaba limitado a fines políticamente correctos, y nadie lo aprovechaba electoralmente".

 

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Esclavitud -  

Etim.: Latín sclavus, de la reducción a la esclavitud de muchos pueblos eslavos (Europa central).


Esclavitud: La sujeción de un ser ser humano por otro. Como institución existió desde los tiempos mas antiguos.

  

Fuente: Hechos de los Apóstoles en América, José María Iraburu

Aristóteles (Política I, 2 y 5), y los paganos de la antigüedad estimaban que la esclavitud es de derecho natural. La revelación Cristiana nos enseña que el hombre ha de ser libre por ser hijo de Dios.

En el Antiguo Testamento, el pueblo judío es liberado de la esclavitud en Egipto, pero pronto descubre que es esclavo de sus propias ataduras internas. Repetidas veces buscan regresar a la esclavitud porque no  saber vivir los retos de la libertad.

El Nuevo Testamento acepta el hecho de la esclavitud imperante en la sociedad civil, pero introdujo nuevos principios de justicia y caridad que gradualmente eliminaron la esclavitud de las naciones cristianas. Cristo y solo El libera al hombre definitivamente. El Nuevo Testamento enseña que, en Cristo, todos somos hijos de un mismo Padre, con la misma dignidad, aunque según la sociedad civil unos sean libres y otros esclavos (Cf. 1Pe 2,18-19; 1Cor 7,20-24; Gál 3,26-28). La liberación en Cristo opera la liberación interior del hombre de las fuerzas del pecado ya que es el pecado la causa de toda esclavitud. (Cf. Jn 8,32.44; 1Jn 3,8; Rm 6,16; 2Pe 2,19).

La carta de San Pablo a Filemón es una exhortación sobre el trato que debe tener para con su esclavo Onésimo: "Te ruego en favor de mi hijo, a quien engendré entre cadenas (estando Pablo preso), Onésimo...  Pues tal vez fue alejado de ti por algún tiempo, precisamente para que lo recuperaras para siempre, y no como esclavo, sino como algo mejor que un esclavo, como un hermano querido, que, siéndolo mucho para mí, ¡cuánto más lo será para ti, no sólo como amo, sino también en el Señor!. Por tanto, si me tienes como algo unido a ti, acógele como a mí mismo" (Fil 10.15-17).


En la liturgia cristiana, libres y esclavos celebraban juntos; los esclavos pueden ser ordenados sacerdotes (el papa San Calixto había sido esclavo); el matrimonio de los esclavos es reconocido.


El proceso de transformación cristiana de la cultura y de sus instituciones fue lento. Es un proceso que continúa. Antes de condenar a hombres de otros siglos, hagamos examen de conciencia, ¿Como nos ocupamos nosotros de vivir el Evangelio ante la miseria de los hombres de hoy?. Recordemos que solo los santos nos presentan una vivencia profunda del Evangelio. 

 

En las escuelas existe un grave prejuicio contra la Iglesia. No se menciona en los textos el hecho de que a partir del siglo IV, cuando la Iglesia adquirió su propia libertad, su influencia logró que se fuera generalizando la liberación de los esclavos. Fue al comienzo de la Edad Media, bajo la autoridad de la Iglesia, que prácticamente desapareció la esclavitud por primera vez en la historia y súbitamente reaparece al principio del siglo XVI, o sea con el retorno del paganismo del Renacimiento.

Traducen la palabra siervo -servus- (de la Edad Media) por esclavo. Contradicen formalmente la historia del derecho y de las costumbres que evocan, pero se quedan tan tranquilos... La realidad es que no hay punto de comparación entre el servus antiguo, el esclavo, y el servus medieval, el siervo, ya que el primero era una cosa y el segundo un hombre» (Régine Pernaud dedica el capítulo V de su libro ¿Qué es la Edad Media? 126-127).

  

Referente a los términos siervo-cautivo-esclavo

Advierte José Luis Cortés López, refiriéndose a los términos, que «estas tres palabras que hoy día pueden parecer sinónimas, debieron tener acepciones diferentes, pero en los documentos no aparecen bien delimitadas por lo que pueden originar errores de interpretación» (La esclavitud...16). Por lo que a los autores escolásticos se refiere, cuando ellos hablan de la condición del servus, hay que entender en principio que están hablando de los siervos medievales, no de los esclavos del mundo pagano antiguo o contemporáneo. Es significativo en esto que precisamente «la palabra esclavo se va imponiendo abrumadoramente y en gran cantidad de documentos del siglo XVI» (18). Predominó desde entonces el término esclavos porque eran conscientes de que se trataba de una categoría distinta de los siervos medievales.


Sobre la doctrina de la esclavitud

Los teólogos y juristas cristianos, y entre ellos Santo Tomás, estiman que la servidumbre «no podía existir en el estado de inocencia» (STh I,96,4), como tampoco existía el vestido. La servidumbre, servitus, «no fue impuesta por la naturaleza, sino por la razón natural para utilidad de la vida humana. Y así no se mudó la ley natural sino por adición» (I-II,94, 5 ad3m), como sucedió con el vestido. Por eso «la servidumbre, que pertenece al derecho de gentes, es natural en el segundo sentido, no en el primero» (II-II,57, 3 ad2m; +S. Buenaventura, S. Antonino de Florencia, Vitoria, Báñez, Sánchez, Lessio, Suárez, etc.).


En algunas circunstancias la servidumbre puede ser incluso «no sólo lícita, sino también fruto de la misericordia», como cuando ella conmuta una pena de muerte o por ella se libra a la persona de una opresión mayor (Domingo de Soto, Iustitia et iure IV,2,2). Este aspecto penal de la servidumbre es claro en Santo Tomás, para el que «la servidumbre es una cierta pena determinada, que pertenece al derecho positivo, pero procede del natural» (In IV Sent. lib.IV, dist. 36, 1 ad3m).


Causas de la esclavitud

Las principales causas legítimas de la servidumbre o de la esclavitud eran la guerra, la sentencia penal y la compraventa, y todavía en 1698 estas tres -iure belli, condemnatione et emptione- eran consideradas como lícitas en la Sorbona (+Cortés López, 38).


La guerra, siempre, claro está, que fuera justa, podía y solía producir esclavos lícitos, pues mediante ella los prisioneros, por un tiempo o para siempre, quedaban cautivos bajo el dominio del vencedor, y como sucede hoy en las cárceles, despojados de importantes libertades civiles.


La sentencia penal por graves delitos también podía reducir a esclavitud lícitamente, viniendo a ser entonces una pena semejante a la cárcel perpetua, aunque normalmente mucho más benigna.


La compraventa podía, en fin, dar lícito origen a esclavos, siempre que se cumplieran ciertas exigencias: mayoría de edad del vendido, beneficio real para él, etc.


Ésta venía a ser la mentalidad europea sobre la esclavitud que tenían los laicos y religiosos en las Indias del siglo XVI, y aún duró mucho tiempo. Y era ésta también la mentalidad de los indios de América. Ellos también tenían esclavos por compra, por castigo penal o por guerra -aunque en muchas zonas lo más común era que los prisioneros de guerra fuesen sacrificados-. Y así en los mercados indígenas los esclavos eran comprados normalmente para el servicio o para ser sacrificados y comidos (F. Hernández, Antigüedades de México, cp.11.). Bernardino de Sahagún precisa que en el tianguis azteca, concretamente, el traficante de esclavos era el «mayor y principal de todos los mercaderes» (Historia X,16).

La esclavitud no ha desaparecido, aunque en muchos lugares no se le llama por su nombre.

 

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La esclavitud de indios en América

 

En los primeros años de la conquista de América, «los españoles legitimaban la esclavitud del mismo modo que lo hacían los indígenas. En el caso español se trataba de una institución practicada por todos los europeos y los musulmanes entre sí y con los africanos, y desde luego representaba un derecho de guerra reconocido universalmente y que sólo la Corona interrumpió con los indios americanos cuando dispuso prohibirla» (Esteva Fabregat, La Corona española y el indio americano 175-176).


Hernán Cortés, por ejemplo, cuando se disponía a conquistar la región de Tepeaca, después de la Noche Triste, le escribía a Carlos I con toda naturalidad: «Hice ciertos esclavos, de que se dio el quinto a los oficiales reales»... De ellos se ayudaban los conquistadores como guías, porteadores y constructores, y a veces incluso como fieles guerreros aliados. El problema moral de conciencia por entonces -como en los tiempos de San Pablo- no se planteaba, en modo alguno, sobre el tener esclavos, sino sobre el trato bueno o malo que a los esclavos se daba.


Así las cosas, «si los indios coincidían con los combatientes españoles en cuanto a considerar legítimo el derecho a tener esclavos a los que les hacían la guerra, la Iglesia y la Corona tuvieron que empeñarse no sólo en una lucha ideológica con los diversos grupos y culturas indígenas, sino que también se vieron obligados a convencer a sus propios españoles acerca de que el indio debía ser una excepción en lo que atañe a esclavitudes y servidumbres. Ambos, indios y españoles, tuvieron que ser reeducados en función de la confluencia de una nueva ética: la que se fundaba en el cristianismo y en la igualdad de trato entre cristianos» (Esteva 167).


En este sentido, «lo que aprendieron [los indios] de los españoles fue precisamente el protestar contra la esclavitud y el tener derecho a ejercer legalmente acciones contra los esclavistas» (168). Y éste, como veremos, fue ante todo mérito de la Iglesia y de la Corona.

Como es natural, el empeño por cambiar la mentalidad de indios y españoles sobre la esclavitud de los naturales de las Indias hubo de prolongarse durante varios decenios, pero se comenzó desde el principio. En efecto, los Reyes Católicos iniciaron el antiesclavismo de los indios cuando Colón, al regreso de su segundo viaje (1496), trajo a España como esclavos 300 indios de La Española, y le obligaron a regresarlos de inmediato, y como hombres libres.

Alertados así sobre el problema, los Reyes dieron en 1501 rigurosas instrucciones al comendador Nicolás de Ovando, en las que insistían en que los indios fuesen tratados no como esclavos, sino como hombres libres, vasallos de la Corona. Recordaremos aquí brevemente las acciones principales de la Iglesia y la Corona para la liberación de los indios.


Por parte de la Iglesia, el combate contra la esclavización de los indios vino exigida tanto por misioneros como por teólogos y juristas. La licitud de la esclavitud, según hemos visto, estaba por entonces íntimamente relacionada con la cuestión gravísima de la guerra justa, y ésta con el problema de los títulos lícitos de conquista, como ya vimos brevemente más arriba (53-56). Pero, en referencia directa a la esclavitud de los indios, hemos de recordar, por ejemplo, el sermón de Montesinos (1511), la enseñanza del catedrático salmantino Matías de Paz (1513), la carta de fray Juan de Zumárraga, primer obispo de México, al virrey Mendoza; la carta de los franciscanos de México al Rey, firmada por Jacobo de Tastera, Motolinía, Andrés de Olmos y otros; las intervenciones de Las Casas; las tesis de la Escuela de Salamanca, encabezada en esta cuestión por Diego de Covarrubias y Leyva, contra Sepúlveda, apoyadas por Soto, Cano, Mercado, Mancio, Guevara, Alonso de Veracruz (+Pereña 95-104); y poco más tarde las irrefutables argumentaciones del jesuita José de Acosta, apoyadas en buena medida en Covarrubias.


Por parte del Estado, recordaremos primero las numerosas y tempranas intervenciones antiesclavistas de altos funcionarios reales, algunas de las cuales ya hemos referido más arriba (45-47). Núñez de Balboa, por ejemplo, en 1513, escribe al Rey desde el Darién, quejándose del mal trato que Nicuesa y Hojeda dan a los indios, «que les parece ser señores de la tierra», y que una vez que se hacen con los indios «los tienen por esclavos» (Céspedes, Textos 53-54). En 1525, a los cuatro años de la conquista de México, don Rodrigo de Albornoz, contador de la Nueva España, escribe también al Rey, denunciando que con la costumbre de hacer esclavos «se hace mucho estrago en la tierra y se perderá la gente de ella y los que pudieran venir a la fe y dominio de V. M., si no lo mandare remediar luego y que en ninguna manera se haga sin mucha causa, porque es gran cargo de conciencia» (+Castañeda 65-66). Unos diez años más tarde, don Vasco de Quiroga, oidor real en México, refuta uno tras otro con gran fuerza persuasiva todos los posibles supuestos legítimos de esclavización de los indios, en aquella Información en derecho de la que ya dimos noticia (208-209). «Naturalmente, estos autores no intentan negar el derecho de cautiverio, fruto de la guerra, sino conseguir una excepción con los indios americanos» (Castañeda 66; +68-88, 125-136).


La Corona hispana, atendiendo estas voces, prohibe desde el principio la esclavización de los indios en reiteradas Cédulas y Leyes reales (1523, 1526, 1528, 1530, 1534, Leyes Nuevas 1542, 1543, 1548, 1550, 1553, 1556, 1568, etc.), o la autoriza sólamente en casos extremos, acerca de indios que causan estragos o se alzan traicionando paces -caribes, araucanos, chiriguanos-. En 1530, por ejemplo, en la Instrucción de la Segunda Audiencia de México, el Rey prohibe la esclavitud en absoluto, proceda ésta de guerra, «aunque sea justa y mandada hacer por Nos», o de rescates (+Castañeda 59-60).

Pero también llegaban al Rey informaciones y solicitudes favorables a la esclavitud de los indios, formuladas no sólo por conquistadores y encomenderos, sino también por religiosos dominicos y franciscanos, que, al menos en algunos lugares especialmente bárbaros, «aconsejaron la servidumbre de los indios», contra la primera idea de los Reyes Católicos (López de Gómara, Historia gral. I,290).


Pedro Mártir de Anglería, en una carta de 1525 al arzobispo de Cosenza, refiere: «El derecho natural y el canónico mandan que todo el linaje humano sea libre; mas el derecho romano admite una distinción, y el uso contrario ha quedado establecido. Una larga experiencia, en efecto, ha demostrado la necesidad de que sean esclavos, y no libres, aquellos que por naturaleza son propensos a vicios abominables y que faltos de guías y tutores vuelven a sus errores impúdicos. Hemos llamado a nuestro Consejo de Indias a los bicolores frailes Dominicos y a los descalzos Franciscanos, que han residido largo tiempo en aquellos países, y les hemos preguntado su madura opinión sobre este extremo. Todos, de acuerdo, convinieron en que no había nada más peligroso que dejarlos en libertad» (+Cortés 38).


Los españoles de Indias aducían contra la prohibición de la esclavitud «varias razones, y al parecer, de peso: que los hombres de armas, no viendo provecho en conservar la vida de sus prisioneros, los matarían; que siendo el sistema de hueste el usual de la conquista, y siendo los esclavos parte fundamental y a veces única del botín, nadie querría embarcarse en nuevas guerras contra los indios; que si impedían los rescates se cerraban las posibilidades de que muchos indios conocieran el cristianismo y abandonaran la idolatría; que los indios, viendo que sus rebeliones no podían ser castigadas con el cautiverio, se estaban volviendo ya de hecho incontrolables» (Castañeda 60). Todas estas presiones teóricas y prácticas explican que la Corona española, a los comienzos, quebrase en algún momento su continua legislación antiesclavista, como cuando en 1534 autoriza de nuevo el Rey, bajo estrictas condiciones, la esclavitud de guerra o de rescate.


Pero inmediatamente vienen las reacciones antiesclavistas, y entre ellas quizá la más fuerte la del oficial real don Vasco de Quiroga: «Diré lo que siento, con el acatamiento que debo, que la nueva provisión revocatoria de aquella santa y bendita primera [1530] que, a mi ver por gracia e inspiración del Espíritu Santo, tan justa y católicamente se había dado y proveído, allá y acá pregonado y guardado sin querella de nadie, que yo acá sepa»... (+Castañeda 118). Las Leyes Nuevas de 1542, y las que siguen a la gran disputa académica de 1550 entre Las Casas y Ginés de Sepúlveda, reafirmaron definitivamente la tradición antiesclavista de la Iglesia y la Corona. Así en 1553 ordena el Rey «universalmente la libertad de todos los indios, de cualquier calidad que sean», y encarga a los Fiscales proceder en esto con energía, «de forma que ningún indio ni india deje de conseguir y conservar su libertad».

Por lo demás, «la persecución de que se hizo objeto a quienes practicaban la esclavitud de los indios se fue generalizando a medida que se acentuaba el papel de la Iglesia en Indias, y a medida también que la Corona española aumentaba sus controles funcionarios sobre los españoles» (Esteva 184). Esta persecución comenzó muy pronto, y no eximió tampoco a los poderosos, como vimos ya en el caso de Colón, o podemos verlo en el de Hernán Cortés, que en el juicio de residencia de 1548, fue acusado de tener trabajando en sus tierras indios esclavos de guerra o rescate, a los que se dio libertad.

1492, 1550... En aquel dramático encuentro de indios y españoles, es evidente que los indios, mucho más primitivos y subdesarrollados, en un marco de vida moderna absolutamente nuevo para ellos, vinieron a ser el proletariado de la nueva sociedad que se fue desarrollando, con todo los sufrimientos que tal condición social implicaba entonces -no mayor, probablemente, a los que, por ejemplo, se daban en el XIX durante la revolución industrial entre los mismos ingleses, o a los que en el XX se experimentan en los suburbios y lugares más deprimidos de América-.


La esclavitud, en las Indias hispanas, desde el comienzo, cedió el paso a la encomienda, con el repartimiento de indios, y ésta institución no tardó mucho en verse sustituída por el régimen de las reducciones en pueblos. En todo caso, es preciso reconocer que, ya desde 1500, al abolir la esclavitud de los indios, «la Corona española se adelantaba varios siglos a la abolición de la esclavitud en el mundo» (Pereña, Carta Magna de los Indios 106).

 

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Pedro Claver y Juana Corberó, campesinos catalanes, tuvieron seis hijos, pero solo sobrevivieron Juan, el mayor, y los dos mas pequeños, Pedro e Isabel. El padre apenas podía firmar su nombre, pero era un hombre trabajador y buen cristiano. La infancia de Pedro quedó oculta para la historia como la de tantos santos, incluso la de Nuestro Señor. Trabajaba en el campo con su familia.

Pedro se graduó de la Universidad de Barcelona. A los 19 años decide ser Jesuita e ingresa en Tarragona. Mientras estudiaba filosofía en Mallorca en 1605 se encuentra con San Alonso Rodriguez, portero del colegio. Fue providencial. San Alonso recibió por inspiración de Dios conocimiento de la futura misión del joven Pedro y desde entonces no paró de animarlo a ir a evangelizar lo territorios españoles en América.

Pedro creyó en esta inspiración y con gran fe y el beneplácito de sus superiores se embarcó hacia la Nueva Granada en 1610. Debía estudiar su teología en Santa Fe de Bogotá. Allí estuvo dos años, uno en Tunja y luego es enviado a Cartagena, en lo que hoy es la costa de Colombia. En Cartagena es ordenado sacerdote el 20 de Marzo de 1616.


Al llegar a América, Pedro encontró la terrible injusticia de la esclavitud institucionalizada que había comenzado ya desde el segundo viaje de Colón el 12 de Enero de 1510, cuando el rey mandó a emplear negros como esclavos. Se trata de una tragedia que envolvió a unos 14 millones de infelices seres humanos. Un millón de ellos pasaron por Cartagena. Los esclavos venían en su mayoría de Guinea, del Congo y de Angola. Los jefes de algunas tribus de esas tierras vendían a sus súbditos y sus prisioneros. En América los usaban en todo tipo de trabajo forzado: agricultura, minas, construcción.

 

Cartagena por ser lugar estratégico en la ruta de las flotas españolas se convirtió en el principal centro del comercio de esclavos en el Nuevo Mundo. Mil esclavos desembarcaban cada mes. Aunque se murieran la mitad en la trayectoria marítima, el negocio dejaba grandes ganancias. Por eso, las repetidas censuras del papa no lograron parar este vergonzoso mercado humano.

Pedro no podía cambiar el sistema. Pero si había mucho que se podía hacer con la gracia de Dios. Pero hacía falta tener mucha fe y mucho amor. Pedro supo dar la talla. En la escuela del gran misionero, el padre Alfonso Sandoval, Pedro escribió: "Ego Petrus Claver, etiopum semper servus" (yo Pedro Claver, de los negros esclavo para siempre". Así fue. San Pedro no se limitó a quejarse de las injusticias o a lamentarse de los tiempos en que vivía. Supo ser santo en aquella situación y dejarse usar por Jesucristo plenamente para su obra de misericordia. En Cartagena durante cuarenta años de intensa labor misionera se convirtió en apóstol de los esclavos negros. Entre tantos cristianos acomodados a los tiempos, el supo ser luz y sal, supo hacer constar para la historia lo que es posible para Dios en un alma que tiene fe. A pesar de su timidez la cual tubo que vencer, se convirtió en un organizador ingenioso y valiente. Cada mes cuando se anunciaba la llegada del barco esclavista, el padre Claver salía a visitarlos llevándoles comida. Los negros se encontraban abarrotados en la parte inferior del barco en condiciones inhumanas. Llegaban en muy malas condiciones, víctimas de la brutalidad del trato, la mala alimentación, del sufrimiento y del miedo. Claver atendía a cada uno y los cuidaba con exquisita amabilidad. Así les hacia ver que el era su defensor y padre.

 

Los esclavos hablaban diferentes dialectos y era difícil comunicarse con ellos. Para hacer frente a esta dificultad, el padre Claver organizó un grupo de intérpretes de varias nacionalidades, los instruyó haciéndolos catequistas.


Mientras los esclavos estaban retenidos en Cartagena en espera de ser comprados y llevados a diversos lugares, el padre Claver los instruía y los bautizaba. Los reunía, se preocupaba por sus necesidades y los defendía de sus opresores. Esta labor de amor le causó grandes pruebas. Los esclavistas no eran sus únicos enemigos. El santo fue acusado de ser indiscreto por su celo por los esclavos y de haber profanado los Sacramentos al dárselos a criaturas que a penas tienen alma. Las mujeres de sociedad de Cartagena rehusaban entrar en las iglesias donde el padre Claver reunía a sus negros. Sus superiores con frecuencia se dejaron llevar por las presiones que exigían se corrigiesen los excesos del padre Claver. Este sin embargo pudo continuar su obra entre muchas humillaciones y obstáculos. Hacia además penitencias rigurosas. Carecía de la comprensión y el apoyo de los hombres pero tenia una fuerza dada por Dios. 

 

Muchos, aun entre los que se sentían molestos con la caridad del padre Claver, sabían que hacia la obra de Dios siendo un gran profeta del amor evangélico que no tiene fronteras ni color. Era conocido en toda Nueva Granada por sus milagros. Llegó a catequizar y bautizar a mas de 300,000 negros.

En la mañana del 9 de Septiembre de 1654, después de haber contemplado a Jesús y a la Santísima Virgen, con gran paz se fue al cielo.

 

Beatificado el 16 de Julio de 1850 por Pío IX.

Canonizado el 15 de Enero de 1888 por León XIII junto con Alfonso Rodriguez.

El 7 de Julio de 1896 fue proclamado patrón especial de todas las misiones católicas entre los negros.

El papa Juan Pablo II rezó ante los restos mortales de San Pedro Claver en la Iglesia de los Jesuitas en Cartagena el 6 de Julio de 1986.

Su fiesta se celebra el 09 de Septiembre.

 

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La esclavitud ha sido un fenómeno presente en casi todas las sociedades, épocas y continentes. Si nos remontamos al siglo V y VI A. D. en Grecia donde los esclavos trabajaban en talleres produciendo mercancías que posteriormente eran intercambiadas en el comercio. Durante el imperio Romano se construyo un sistema esclavista del cual se cree dio forma al proceso esclavista en las Américas.

En la edad media, las tribus germánicas, los pueblos musulmanes, del mediterráneo y algunos reinos africanos se dedicaban al comercio de esclavos como parte de sus economías. Según algunos textos de la época nos habla de una tribu europea de la zona eslava que se dedicaba al comercio de hombres y de la cual proviene la palabra Esclavo.


Según los historiadores, la esclavitud moderna se inicia con el descubrimiento de América, un negocio prospero manejado especialmente por los ingleses, españoles, portugueses y holandeses. Nunca se sabrá a ciencia cierta cuantos esclavos fueron capturados, raptados, transportados, comprados, vendidos y forzados a realizar actividades contra su voluntad. Se tienen datos estimativos, que para algunos son bastante conservadores, como el estudio de Herbert Klein, que calcula entre 15 a 20 millones de esclavos.


Los esclavos que llegaron a América Latina entre 1533 y 1640 provenían de Senegal, Guinea, Gambia, Cabo Verde, Sierra Leona, Congo y Angola. Entre 1640 y 1740 se comercializó con personas provenientes de Benin. En los registros de puertos de embarque del siglo XVII se encuentra la presencia de mozambiqueños.

 

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Existen algunos principios elementales de acción de la Naturaleza que resultan tan extendidos, sencillos y lógicos que los entiende hasta un perfecto ignorante en esas cuestiones, como es mi caso. Uno de esos principios es el que establece que una flor cortada de sus raíces por muy hermosa que pueda resultar está condenada a marchitarse y a morir en un plazo relativamente corto de tiempo. Guste o no, sin recibir la savia nutricia que las raíces han obtenido de la tierra, la flor está irremisiblemente perdida. En buena medida creo que el lamentable destino de esa flor está pendiendo desde hace décadas sobre la sociedad en la que vivimos. Si bien se mira las declaraciones de derechos humanos, las tablas de derechos de las constituciones occidentales, las proclamas contra el racismo y tantos y tantos documentos donde el ser humano intenta distanciarse de las fieras reflejan una serie de valores que serían

incomprensibles sin una referencia al cristianismo. Ni siquiera se puede apelar a la cultura clásica como su origen por la sencilla razón de que esa cultura, admirable por tantas razones, profesaba pasión por los juegos en los que se derramaba sangre humana, consideraba más que justificado el abandono de criaturas recién nacidas y defendía la esclavitud como una institución indispensable para la estabilidad social. Lo sepan o no, los que vocean consignas en pro de la justicia, de la defensa de los pobres y desvalidos y de la tolerancia; los que se manifiestan en contra del racismo y de la explotación, no están sino haciéndose eco de principios de origen cristiano.

Sin embargo, una flor sin raíces no puede persistir. O nuevamente nuestra sociedad occidental se injerta en la corriente que la ha convertido en lo que es o está condenada a perecer en medio de una ciénaga que proclama que la visión relativa está por encima de cualquier consideración ética. Si esta segunda opción emerge triunfante lo que nos esperará será una sociedad neo-pagana en la que se dispondrá despreocupadamente de la vida de los no-nacidos, de los niños y de los ancianos; en la que se instaurarán formas de esclavitud encubierta y en la que la familia se verá sometida a ataques aún más contundentes que aquellos que ha venido sufriendo en las últimas décadas. Aunque puede que ya hayamos visto sus primeros huertecillos en la Holanda de los tulipanes, esa sociedad no va a ser precisamente un jardín de rosas.

Dr. César Vidal, historidador, filósofo.

 

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Por Germán Yanke

Resulta seguramente una osadía exigir a un autor que va ya por el centenar de libros publicados que se supere cada vez que entrega uno nuevo a las prensas. Afortunadamente no hace falta hacerlo con César Vidal porque se encarga él mismo de la tarea con tanta meticulosidad como entusiasmo, y buena prueba de ello es su Lincoln que acaba de aparecer avalado, además, con el premio Las Luces. Si es merecido el galardón, el verdadero premio al esfuerzo del historiador y novelista es, sobre todo, el de los lectores.

No he leído toda la obra de César Vidal -entre otras cosas porque escribe a más velocidad de la de mi lectura-, pero son ya muchos sus libros con los que he disfrutado y aprendido. De todos ellos, Lincoln me parece el mejor.

Tiene muchas virtudes esta biografía de uno de los más famosos presidentes norteamericanos y no es desde luego la menor el estilo literario de Vidal.

Que haya sonoros nombres que compartan o hayan compartido sillones en las Academias de la Lengua y de la Historia me parece un modo de disimular, y mal, que el ensayismo español contemporáneo, y la producción biográfica e histórica, tiene, en general, poco que ver con la buena literatura. Saber mucho de algo, en el caso de que realmente se sepa, no lleva implícito saber contarlo y merece la pena destacar la simbiosis de una cosa y la otra cuando se produce. Lincoln es un libro muy bien escrito, con un ritmo envidiable y un estilo personal elegante en el que la eficacia del historiador no queda empobrecida por la dejadez literaria y la grandiosidad de algunos de los rasgos de la vida del biografiado no hace nunca caer en la tentación de una orquestación exagerada de las palabras.

Sin duda se debe a este acierto, acreditado en tantos libros anteriores, el hecho de que César Vidal consiga presentarnos a Lincoln no como un icono frío y distante de los avatares de la historia de los Estados Unidos, sino como un hombre de carne y hueso. A lo largo de las páginas de esta biografía se puede seguir la vida del personaje. Aún más, se puede acompañarle. Si no se le puede "ver", salvo en las pocas fotografías que acompañan al texto, se puede, leyéndolo, saber cómo se movía, cómo eran previsiblemente sus gestos , cómo reaccionaba ante los grandes acontecimientos de la política y las pequeñas cuitas de la vida diaria, qué principios regían su existencia, cuándo dudaba y cuándo se mostraba firme y convencido, aunque tuviera que oponerse por ello a todo lo que le rodeaba. No cae sobre Lincoln la maldición de Chesterton acerca de aquellos textos sobre un personaje ante los que el lector, al terminarlos, no sabe cómo camina.

Y el hombre que ha elegido Vidal para su investigación y su libro resulta apasionante. Apasionante en su versión pública -el gran demócrata antiesclavista que muere asesinado- y en su versión privada, en la que la amargura de muchas circunstancias, casi constantes, fue siempre acompañada de un afán de lucha y de superación hercúleo. Y en la mezcla de una y otra: una religiosidad profunda que no resta un ápice de interés y responsabilidad personal en su trayectoria civil y política, y una familia que está en el vértice de muchos dolores y complicaciones. El biógrafo parece saberlo todo sobre Lincoln, pero el lector, que no necesita todos los datos, consigue conocerle

Esta biografía, además, contiene una enseñanza que considero de vital importancia en toda circunstancia y, en concreto, en la que vive España hoy.

Y no se trata sólo de la vida ejemplar de Lincoln, sino también, y fundamentalmente, de su papel político en la guerra de secesión. La unidad que buscaba -asunto en el que se compendian sus éxitos y sus derrotas, su propia muerte- tenía un contenido, no era una cuestión meramente formal. La secesión, en definitiva, suponía la esclavitud, el rechazo a su concepción de que todos los hombres eran iguales y poseedores de derechos inalienables, y la destrucción de la democracia. La causa de Lincoln era la causa de la libertad.
Dr. César
Vidal Lincoln Acento Editorial, Madrid, 2002

 

César VIDAL, El legado del cristianismo en la cultura occidental, col. "Espasa hoy", Espasa Calpe, Madrid 2000), he tenido acceso a algunas de las vergonzosas afirmaciones que la Enciclopedia ´regala´ a quien consulta la voz "Negros": 
  «Estos hombres negros, nacidos vigorosos y acostumbrados a una alimentación burda, encuentran en América dulzuras que les hacen la vida animal mucho mejor que en su país». «Estos negros son idólatras, su lengua es difícil de pronunciar, saliendo la mayoría de los sonidos de la garganta con esfuerzo... Estos negros, se les llame como se llame, hablan todos la misma lengua sobre poco más o menos». «Los defectos de los negros no se encuentran extendidos de manera tan universal que no se encuentren muy buenos sujetos. Varios habitantes poseen familias enteras compuestas de gente muy honrada y muy unida a su amo». «Si por azar se encuentra gente honrada entre los negros de Guinea, en su mayoría son durante todo el tiempo viciosos. En su mayor parte están inclinados al libertinaje, a la venganza, al robo y la mentira».

 

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El libro que encendió una guerra - Harriet Beecher Stowe sólo quería demostrar la injusticia de la esclavitud. Pero su «Cabaña del tío Tom», publicada hace 150 años, fue el acicate del abolicionismo y clave en el estallido de la Guerra de Secesión. Hoy todavía se la critica por crear unos personajes insufriblemente resignados

Dr. CÉSAR VIDAL

 

Cuentan que mientras millares de vidas se perdían en los campos de batalla de Estados Unidos durante la Guerra de Secesión que entre 1861 y 1865 enfrentó a los estados esclavistas del Sur con los abolicionistas del Norte, el presidente Abraham Lincoln mantuvo una entrevista con la esposa de un predicador llamado Calvin Stowe. Antes de empezar a charlar el político miró risueñamente a la mujer y dijo: «De modo que es usted la mujercita que ha provocado el estallido de esta guerra...».

La anécdota seguramente sea apócrifa, pero sirve para indicar sin exageración alguna la fama y el impacto que había provocado en la sociedad norteamericana un libro firmado por la señora en cuestión: Harriet Beecher Stowe. Su título era La cabaña del tío Tom y el próximo miércoles se cumplen 150 años de su publicación.

Ciertamente, con una venta de más de 10.000 ejemplares durante la primera semana posterior a su publicación, la novela estaba destinada a convertirse en el libro de más éxito del siglo XIX con la única excepción de la Biblia.

Y
es que, en buena medida, aquel libro y su autora representaban un producto paradigmático de la cultura evangélica norteamericana.H. B. Stowe había nacido el 14 de junio de 1811 en Litchfield, en el estado de Connecticut, en el seno de la familia de un pastor congregacionalista llamado Lyman Beecher.

El reverendo Beecher compendiaba en su persona el ardor evangelizador con la actividad social. Por eso en 1820, cuando se discutía si Misuri debía entrar en la Unión como estado esclavo o libre, el reverendo Beecher abrazó la segunda opinión y comenzó a predicar desde su púlpito sermones abiertamente antiesclavistas. Se identificaba así con una tradición protestante que iba desde los cuáqueros de George Fox a los metodistas de John Wesley.

El pastor Beecher tuvo 11 hijos que compartieron su fe evangélica y su compromiso social. De hecho, algunos llegaron a alcanzar cierta notoriedad por su entrega a diversas obras de beneficencia.

Su hija Catharine, por ejemplo, fundó diversas escuelas dedicadas a instruir a las mujeres, preteridas en buena medida de los esfuerzos educativos. Otra hija llamada Isabella se convirtió en una convencida activista del sufragio femenino. Pero entre todas ellas era Harriet la llamada a tener más fama.

En apariencia, la vida de Harriet no correspondería al retrato contemporáneo tipo de una mujer emancipada. Madre de siete hijos, nunca dejó de ser un ama de casa abnegada que procuraba que todas las cosas estuvieran en su punto y a su tiempo. Es más, nunca pareció sentirse a disgusto en absoluto con esa forma de vida ni se recató de señalar que las tareas más elevadas a las que podía aspirar una mujer eran las de ser una piadosa esposa y madre. Lo cual no quería decir que esas circunstancias tuvieran que reducirla a la inmovilidad social.

Tras casarse con el pastor Calvin Stowe, la familia se trasladó a Cincinnati, al suroeste del estado de Ohio, donde nacieron sus siete hijos y donde Harriet tuvo su primer conocimiento de la esclavitud.

Cincinnati
se encontraba situada entre los estados sureños, donde la esclavitud era legal, y los norteños, donde estaba prohibida.Por ello era un enclave privilegiado para las actividades del Ferrocarril Subterráneo, una organización clandestina fundada por los cuáqueros que ayudó a varios miles de esclavos a escapar de sus amos y a llegar al Norte, donde podían vivir en libertad.

Seguramente, el Ferrocarril Subterráneo nunca amenazó la existencia de la esclavitud. Pero algunos de sus protagonistas, como el cuáquero Levi Coffin, provocaban las iras más encendidas de los nacionalistas sureños.

Las historias y testimonios de esclavos fugados, por tanto, eran algo cotidiano en Cincinnati. Una noche, la señora Rankin, una amiga de Harriet, fue testigo de cómo una pobre esclava huida intentaba llegar al territorio libre saltando sobre los témpanos de hielo que flotaban en la superficie de un río. El suceso conmovió profundamente a Harriet y acabaría convertido en uno de los episodios más famosos de La cabaña del tío Tom.

El detonante para su redacción, sin embargo, fue la Ley del Esclavo Fugitivo, promulgada en 1850 por las presiones de los nacionalistas sureños. Su texto permitía reclamar a los esclavos fugados incluso después de que éstos hubieran llegado a los estados libres del Norte.

OBRA DE DENUNCIA
Aquel mismo año, los Stowe se habían mudado a la ciudad norteña de Brunswick, en el estado de Maine, y Harriet decidió denunciar los males por los que pasaban los alrededor de tres millones de esclavos que se estima que existína entonces ante una sociedad que pensaba que, a fin de cuentas, se trataba de un problema que sólo afectaba a los estados del Sur.

Fue así como Harriet Beecher Stowe entregó al Dr. Bailey, el director del National Era, una publicación antiesclavista, los primeros capítulos de La cabaña del tío Tom. Bailey gustó del material y ofreció pagar a Harriet 300 dólares por 40 entregas que se extenderían de 1850 a 1851.

El argumento que provocó un entusiasmo inmediato entre los lectores era sencillo. Un anciano negro llamado Tom era vendido por su amo de Kentucky a Augustine St. Clair, un propietario de Nueva Orleans, para saldar deudas. St. Clair es un amo compasivo y tanto él como su hija Eva se comportan bien con Tom.

Sin embargo, la situación cambia drásticamente cuando St. Clair y Eva fallecen y todos sus esclavos son vendidos para satisfacer a sus acreedores. Tom pasa a formar parte del patrimonio de Simon Legree, un plantador de algodón que lo trata con crueldad y que acaba matándolo a latigazos justo antes de que pueda ser recomprado por el hijo de su primer amo.

En paralelo a la peripecia de Tom, la novela presenta algunos personajes secundarios que sirven para dar una panorámica más completa de la esclavitud. Posiblemente el más llamativo sea Eliza, que consigue escapar de la esclavitud.

La
obra, en buena lógica, debería haber pasado casi inadvertida, porque el medio que la publicaba era muy minoritario, pero la conmoción que ocasionó en sus primeros lectores llegó a tal grado que muy pronto los ejemplares usados del National Era se convirtieron en un verdadero objeto de la codicia de los lectores.

Cuando en 1851 concluyó la publicación de la novela, un editor de Boston llamado J. P. Jewett se ofreció a editarla bajo forma de libro en dos volúmenes. Fue así como vio la luz en marzo de 1852.

El éxito resultó entonces verdaderamente sensacional. No sólo en EEUU. La obra saltó a Europa y Asia, convirtiéndose en un extraordinario best-seller en más de 60 idiomas. En 1857, las ventas ya habían sobrepasado el medio millón de ejemplares considerando sólo los vendidos legalmente. La cifra de copias pirata resulta incalculable incluso hoy en día.

A pesar de ello, Harriet Beecher Stowe sólo cobró los derechos de autor de las ediciones estadounidenses. Y tampoco percibió un céntimo de los Tomitudes, objetos que, supuestamente, se inspiraban en personajes y episodios de la novela.

Se
trataba sólo del inicio. Pronto aquel libro que nunca estaría descatalogado fue objeto de una adaptación teatral que vieron millones de personas. Buena parte de la población de EEUU fue consciente a través de ella del sufrimiento inherente a una institución que separaba a los maridos de las mujeres y a los hijos de los padres para venderlos como si fueran animales y someterlos a un maltrato que incluía el uso frecuente del látigo.

Por supuesto, los nacionalistas sureños reaccionaron ferozmente.En los años siguientes se acusó a Harriet Beecher Stowe de no haber viajado nunca al Sur, de desconocer de primera mano la situación de los esclavos e incluso de adolecer de una gazmoñería pietista.

ANÉCDOTAS REALES
La verdad era que la obra en su conjunto es acentuadamente equilibrada y rehúye el presentar a todos los propietarios de esclavos como a monstruos reconociendo incluso que entre ellos podía haber gentes bondadosas. Pero no por ello dejaba de mostrar que la esclavitud era una vergüenza moral que abocaba a terribles abusos psicológicos, físicos y sexuales.

Por otra parte, buena parte de las anécdotas recogidas en la novela tenía una base real en las experiencias de esclavos que la autora había conocido personalmente o que había escuchado de colaboradores del Ferrocarril Subterráneo.

El éxito y el eco de la obra fueron innegables. Sin embargo, aquellos años no resultaron fáciles para Harriet Beecher Stowe.A la tragedia de la Guerra Civil que estalló en 1861 cuando los nacionalistas sureños decidieron independizarse para conservar sus privilegios sin excluir la esclavitud se sumaron las muertes de cuatro de sus hijos y el pesar por lo que consideró lentitud de Lincoln para decretar la emancipación de los esclavos.

A pesar de ello, la escritora no dejó de trabajar incansablemente.Entre 1862 y 1884 Harriet escribió un libro por año aproximadamente con un éxito más que regular.

Después de su muerte, en 1896, vendrían las críticas a La cabaña del tío Tom, en ocasiones muy duras. En primer lugar se censuró su carácter acentuadamente cristiano que llegaba al punto de convertir al tío Tom en mártir que perdona a su asesino. Si tal énfasis había obtenido gran apoyo en 1852, a finales del siglo XIX los personajes y el tono de la novela eran tachados de insoportablemente santurrones.

Curiosamente, fueron los activistas negros de los años 60 del siglo XX los que se volvieron con más aspereza contra el clásico que tanto había hecho por extender la causa de la emancipación.Para colectivos como los Panteras Negras o los Musulmanes Negros, los personajes de la obra padecían una resignación insufrible en lugar de armarse para combatir la opresión.

En
algunos círculos la expresión Tío Tom se convirtió en un grave insulto referido a los que no tenían agallas para enfrentarse con la discriminación racial y las injusticias. Lo políticamente correcto oscurecía así el análisis histórico de una obra que, en su tiempo, había resultado decisiva en la ayuda a la liberación de los esclavos. La Historia tiene, no pocas veces, estas absurdas paradojas.

 

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ANIVERSARIO / JOHN WESLEY, FUNDADOR DEL METODISMO

300 años del predicador de Bush

Dr. CÉSAR VIDAL.

 

Influyente. El martes 17 de junio se celebrará el tercer centenario del nacimiento del predicador John Wesley. Trabajador infatigable, Wesley fue el padre del metodismo, una corriente religiosa que marcó la Historia de Inglaterra y de EEUU y que ha sido abrazada por personajes como el general Grant, jefe del Ejército de la Unión en la Guerra de Secesión americana, los hermanos Wright, inventores del avión, el dirigente nacionalista chino Chiang Kai-Shek, la cantante de jazz Nina Simone o el hoy presidente de EEUU, George W. Bush.

En 1737, cuando había superado ya holgadamente las tres décadas de vida, nadie hubiera puesto en duda que John Wesley era un total y absoluto fracasado. Nacido el 17 de junio de 1703 en Epworth, Inglaterra, decimoquinto hijo de los 19 que tuvieron el reverendo Samuel Wesley y su esposa Susana, John pareció destinado a la clerecía casi desde la infancia. En la universidad de Oxford formó un grupo de jóvenes que se dedicaban a la oración y a la lectura de la Biblia y que no tardaron en recibir motes como las santas polillas o los metodistas. Cuando, en 1735, marchó como misionero anglicano a Georgia (Norteamérica), todo parecía presagiar un brillante porvenir eclesiástico.

Los resultados, sin embargo, no pudieron ser más deplorables.No sólo no encontró oídos para su predicación entre los indígenas sino que, además, los blancos lo consideraron frío y aburrido.La situación llegó a un límite cuando la mujer de la que Wesley estaba enamorado decidió casarse con otro. Al poco tiempo, el mal ambiente se había extendido de tal forma que sus superiores consideraron más prudente repatriarlo.

A pesar de ello, no todas las experiencias de aquellos años habían sido inútiles. En el viaje de ida hacia América, el barco en que viajaba sufrió una tempestad que provocó el pánico. Sólo un pequeño grupo de viajeros permaneció inaccesible al temor.Pertenecían a la iglesia protestante de los Hermanos moravos y durante el temporal, para pasmo de sus compañeros, se dedicaron a cantar himnos con una presencia de ánimo envidiable.

Sorprendido por su actitud, Wesley se acercó a tan peculiares pasajeros para que le explicaran la causa de su comportamiento.Uno de ellos le preguntó si creía que Cristo había muerto por él. Wesley respondió -de manera ciertamente ortodoxa- que creía que Cristo había muerto por el género humano. Entonces, el moravo sonrió para decir: «Mr. Wesley, no le pregunto si cree que Cristo murió por todos, sino si cree que murió por usted». Cuando meses después, en 1738, Wesley se encontraba en una reunión de los Hermanos moravos en Londres y escuchó la lectura del prefacio del Comentario a la Epístola a los Romanos de Lutero, lo comprendió todo y experimentó una suerte de conversión a la manera de las de Pablo de Tarso, Agustín de Hipona o Martín Lutero.

Este descubrimiento cambiaría de manera radical la vida del fracasado misionero. A partir de ese momento, Wesley comenzaría a predicar a lo largo y a lo ancho del territorio británico su mensaje sencillo pero de enorme impacto y que en la práctica se traducía en un cambio de vida. A la sazón, el consumo de alcohol era una plaga que azotaba de manera especialmente cruel a las clases más desfavorecidas.La predicación de Wesley no sólo arrastró a decenas de miles de ingleses a dejar la bebida sino también la práctica del maltrato doméstico, la haraganería o la delincuencia. Los entonces llamados en son de burla metodistas no sólo iban a la iglesia. Fundamentalmente, su conversión era reconocida por que implicaba el abandono de hábitos como la mentira, la deshonestidad o la pereza.

Los inicios del movimiento fueron difíciles y Wesley fue apedreado más de una vez. En 1739, la iglesia anglicana le negó el permiso para predicar en el interior de los templos, pero la prohibición sólo sirvió para que Wesley comenzara a dar sus sermones al aire libre, una curiosa novedad que se ha podido ver repetidas veces en las películas del oeste.

Desde luego, la capacidad de trabajo de Wesley -que se levantó durante 60 años a las cuatro de la mañana sin faltar un solo día- era realmente extraordinaria. Llegó a predicar hasta en ocho lugares distintos en el mismo día y a recorrer una media anual de 8.000 millas a lomos de caballo, animal que le servía no pocas veces de escritorio. Por otro lado, carecía de cualquier rasgo que lejanamente pudiera parecerse al interés económico.Ya en vida donó el producto de sus múltiples escritos para obras piadosas y solía repetir a menudo: «Si al morir tengo 10 libras, podéis llamarme ladrón».

Falleció en 1791, y para entonces sus seguidores superaban la cifra de 70.000 en Inglaterra y un número algo menor en EEUU.Pero no era eso lo más importante. El metodismo -que acabó separándose de la iglesia anglicana- había afectado de tal manera a la sociedad inglesa que en las siguientes décadas obtuvo éxitos como la abolición de la esclavitud, la reforma penitenciaria o la aparición de sindicatos. Si Inglaterra se vio libre de fenómenos como la Revolución Francesa se debió a la revolución espiritual iniciada por Wesley.Frente a los intentos utópicos que ensangrentarían el continente en las siguientes décadas, Wesley había planteado una visión centrada en la conversión a Cristo y, social y políticamente, en un reformismo que llevara al progreso sobre principios como el esfuerzo personal, el trabajo, el ahorro, la honradez y la defensa de los débiles.

 

JOHN WESLEY (1703-1791)

Fue el decimoquinto de los 19 hijos de un reverendo inglés. / Hasta 1738 su vida personal, profesional y espiritual fue un fracaso. / Recorría casi 13.000 kilómetros al año predicando, a veces hasta en ocho lugares distintos el mismo día. / Consiguió que decenas de miles de ingleses dejaran la bebida y su influencia fue vital para abolir la esclavitud.

 

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Una biografía excepcional



César Vidal - Editorial Acento

 

Lo que presente en sus páginas César Vidal es un tratado pormenorizado a propósito de la convicción. Tras el disfraz de la biografía del decimosexto presidente norteamericano, el autor esconde el objetivo de mostrar la belleza de un hombre de principios. Tener ideas vagas, adosar unas a otras, moverse con tres o cuatro lugares comunes resulta fácil y cómodo, pero navegar en la quebradiza patera de la convicción es el horizonte más genuinamente humano al que podemos aspirar. Y Abraham Lincoln fue un hombre de convicciones. Esto no significa solamente que fuera una persona con ideas claras, porque las convicciones no se muestran en el retiro inmaculado de un despacho sino cuando manchan de sangre el albero de lo cotidiano y se topan con lo que llamamos la cruda realidad. Y Lincoln vivió circunstancias dificilísimas y pruebas que ríete tú de las subidas al K2.

En lo tocante a la esclavitud se mantuvo abolicionista por principio en circunstancias en las que lo políticamente correcto era la aceptación de aquella situación que llevaron a cabo los ingleses en el último cuarto del siglo XVII, al ver que el cultivo de tabaco exigía una mano de obra abundante. Allí se pusieron los colonos, a importar esclavos africanos. Con tal precedente, en enero de 1837 se aprobaron unas resoluciones en las que se afirmaba que la convicción abolicionista era de por sí una amenaza o un peligro. Pues ya Lincoln, que tenía 28 añitos, fue uno de los contadísimos políticos que votaron en contra de las resoluciones. Eso, un hombre de principios. Cuando oímos a Bush aquello de Dios bendiga a América, sabemos que en sus labios suena a coletilla falaz, porque la fe le sirve como herramienta de unidad nacional, como ya hicieran Napoleón o Constantino. Sin embargo, en Lincoln el asunto religioso era el bread and butter de su orden del día. "Díganle - habla de su padre moribundo - que se acuerde de volver los ojos y de confiar en nuestro Hacedor, que es grande, bueno y misericordioso y que no lo abandonará en ninguna situación, por difícil que sea. Se entera de la caída de un gorrión y conoce los cabellos que tenemos en la cabeza". Y cuando se buscan soluciones para salvar la secesión del país, hubo políticos frívolos que plantearon la necesidad de aglutinar a la nación en torno a un objetivo común, como provocar una guerra con algún país extranjero. Una irresponsabilidad que distaba enormemente de los planteamientos de Lincoln.

La biografía es espléndida se mire por donde se mire. Además, viene acompañada de un análisis, incorrectísimo políticamente hablando, de La cabaña del tío Tom y una sucinta cata histórica a los orígenes del Ku Klux Klan.

Dora Rivas- ALFA Y OMEGA.ES.

 

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P: ¿Cómo es posible que se justificara la esclavitud de los negros, incluso por personas que, por ejemplo, respetaban a los indios centro/sudamericanos como personas con derechos inviolables? Yo no lo puedo entender.

 

R: Se lo tendría que explicar fray Bartolomé de las Casas que era uno de los que sostenía tan peregrina tesis o Voltaire que hizo una fortuna personal con el tráfico de negros. Generalmente, se racionalizaba la contradicción señalando que los negros eran seres más fuertes que los indios e inferiores a los blancos a los que la esclavitud podía incluso beneficiar al sacarlos del salvajismo africano... al menos así lo afirmaba la Enciclopedia.- Dr. CÉSAR VIDAL. 2003-10-21 LIBERTAD DIGITAL

 

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Todo aquello que te gustaría cambiar de un mundo demasiado cruel, empieza por cambiarlo en tu propia casa, en tu corazón, ahora.

 

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Pedro todo abandona en su lago de Tiberíades y va en pos del llamado de Cristo 


Benedicto PP. XVI: «La verdad se demuestra a sí misma en el amor».

 

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«El amor a Dios genera mártires, no violencia».

«Una gota de santidad —decía Gounod— vale más que un océano de genio. Al santo no le añade ni le quita nada ser guapo o feo, docto o iletrado. Su grandeza es de un orden distinto».

 

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Bajo el influjo de la tradición litúrgica y profética, el tema de la sabiduría se enriquece con una profundización singular, llegando a empapar toda la Revelación. De hecho, tras el exilio se comprende con mayor claridad que la sabiduría humana es un reflejo de la Sabiduría divina, que Dios “derramó sobre todas sus obras, y sobre toda carne, según su liberalidad” (Eclo 1, 9-10). El momento más alto de la donación de la Sabiduría tiene lugar con la revelación al pueblo elegido, al que el Señor hace conocer su palabra (Dt 30, 14). Es más, la Sabiduría divina, conocida en la forma más plena de que el hombre es capaz, es la Revelación misma, la “Tora”, “el libro de la alianza de Dios altísimo” (Eclo 24, 32).

 

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"Obras todas del Señor, bendecid al Señor".-

El séptimo mandamiento exige el respeto de la integridad de la creación. Los animales, como las plantas y los seres inanimados, están naturalmente destinados al bien común de la humanidad pasada, presente y futura (cf Gn 1, 28-31). El uso de los recursos minerales, vegetales y animales del universo no puede ser separado del respeto a las exigencias morales. El dominio concedido por el Creador al hombre sobre los seres inanimados y los seres vivos no es absoluto; está regulado por el cuidado de la calidad de la vida del prójimo incluyendo la de las generaciones venideras; exige un respeto religioso de la integridad de la creación (cf CA 37-38).

 

Por venir a visitarnos, nuestro agradecimiento.


Anno Domini 2007 - "In Te, Domine, speravi; non confundar in aeternum!".

Mane nobiscum, Domine! ¡Quédate con nosotros, Señor!

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El mundo, visto a través de Dios, es fraterno y hermoso, hasta en la hermana muerte, se disfruta en su voluntaria privación. Es el arte de la posesión en Dios, el arte de poseer la tierra con esa extraña lógica de los santos que es su tener y no tener: no teniendo nada, no deseando nada, se posee de verdad todo, siendo libre de las cosas se señorea alegremente el universo.-
¡¡¡ paz y bien !!! Paix et bien!!! frieden und guten! Pace e bene! Peace and godness!
“El que a vosotros escucha, a mí me escucha” (Lc 16,10).

"Marana tha, ven, Señor Jesús" (Ap 22, 20).

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In Obsequio Jesu Christi.+


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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).