Friday 28 April 2017 | Actualizada : 2017-03-29
 
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Luchar con el mismo compromiso contra el antisemitismo como contra el resto de las demás formas de violencia y discriminación de las religiones, en particular del cristianismo.

 


La Shoá«se extiende como una sombra sobre Europa y sobre el mundo entero», es «un crimen que ensombrece para siempre la historia de la humanidad».

«La enorme tragedia del holocausto es también una dramática llamada para educar, sobre todo a las jóvenes generaciones, a no ceder ante ideologías que justifican la posibilidad de "pisotear" la dignidad humana basándose en la diversidad étnica, lingüística, nacional o religiosa».

La Iglesia católica «deplora todas las manifestaciones de antisemitismo de que han sido objeto los judíos de cualquier tiempo y por parte de cualquier persona».

 

«La intolerancia y la discriminación contra los cristianos y los miembros de las otras religiones son fenómenos preocupantes, a los que hace falta poner fin con la misma determinación con que se combate el antisemitismo y la discriminación de los musulmanes».

«En efecto, sería paradójico omitir medidas concretas para garantizar a los cristianos y a los miembros de las otras religiones la libertad religiosa sin forma alguna de discriminación e intolerancia, precisamente cuando en un plan general se trata de eliminar la discriminación y la intolerancia».

«Evitar que se haga del antisemitismo, las discriminaciones de los musulmanes o de los cristianos una especie de jerarquía».

«Cada una de estas "plagas" hace que el hombre "se enferme", lo degrada y, por tanto, ha de ser "curada" con rapidez». 2005

 

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Pio XII fece quello che giudicava doveroso fare”, ha detto. “Guardiamo a cosa accadde in Grecia, a Tessalonica, dove il 96 per cento degli ebrei furono arrestati e deportati nei campi di concentramento. Lì i vescovi sia cattolici che ortodossi protestarono pubblicamente, e furono arrestati e deportati nei campi anche loro”.

Anche dalla Polonia i vescovi chiesero ripetutamente al papa di elevare una pubblica protesta contro le uccisioni di preti e suore. Ma egli non lo fece. “Dobbiamo quindi supporre che Pio XII fosse anticattolico poiché non condannò i massacri dei cattolici in Polonia?”.

 

 

judíos católicos gitanos homosexuales minusválidos...

 

Bemporad ha concluso che è estremamente difficile esprimere giudizi su Pio XII, poste le minacce estreme che dovette fronteggiare. “Non era chiaro nemmeno chi avrebbe vinto la guerera, né se la Chiesa sarebbe potuta di sopravvivere”.

Gli ha fatto eco un altro rabbino della delegazione, Moses A. Birnbaum del Plainview Jewish Center di Long Island, New York: “Non dimentichiamo che numerosi ebrei ringraziarono Pio XII dopo la guerra”.

 

«Pío XII - Linchamiento en contra; Shoah y cultura; Auschwitz LA VANDEE» 

 

 

Linchamiento Contra PÍO XII P.P.

 

ZENIT. 2002.  

«¿El linchamiento contra Pío XII? Una porquería». Quien así habla no es un integrista católico, ni un intelectual con simpatías clericales. Se trata de Paolo Mieli, uno de los más ilustres protagonistas del periodismo italiano, ex corresponsal de «La Stampa» y ex director del «Corriere della Sera» y hoy director de «RCS», la casa editorial más grande de Italia. Tiene pasión de historiador. De hecho, su último libro, que ya se ha convertido en un fenómeno editorial que lleva por título «Historia y política: Resurgimiento, fascismo y comunismo».

Mieli es judío, implacable ante la terrible tragedia del Holocausto, al que su familia tuvo que pagar un doloroso precio de sangre.

«Vengo de una familia de origen judío y he tenido parientes que murieron en los campos de concentración durante la segunda guerra mundial. Por tanto, hablo de todo esto con mucha dificultad» dijo Mieli al intervenir en Roma, el 6 de junio, en la presentación del libro «Pío XII. El Papa de los judíos» («Pio XII. Il Papa degli ebrei», Piemme, 2001), escrito por Andrea Tornielli, experto en asuntos vaticanos del diario milanés «Il Giornale».

«El libro de Andrea Tornielli --afirmó Mieli-- hace de contrapeso para alcanzar un equilibrio justo sobre ese pontífice tan discutido. Al leer el libro se puede ver que durante un largo período de tiempo fueron precisamente los judíos quienes dieron las gracias a ese pontífice por lo que había hecho durante la segunda guerra mundial».

Desde los años sesenta, sin embargo, se ha puesto en discusión su figura con la obra teatral «El Vicario», en un primer momento, y, recientemente, con la publicación del libro del periodista británico John Cornwell, «El Papa de Hitler».

Y sin embargo, «ese Papa y la Iglesia que tanto dependía de él, hicieron muchísimo por los judíos --añade el director de la editorial «RCS»--. Se calcula que algo menos de un millón, entre 700 y 800 mil judíos, fueron salvados por la Iglesia y por ese pontífice. Es un dato --de fuente judía, pues el cálculo lo hizo Pinchas Lapide-- que quizá debería preceder toda discusión sobre Pío XII. Seis millones de judíos asesinados por los nazis y casi un millón de judíos gracias a la estructura de la Iglesia y de este pontífice. Cuando se recuerda a las personas que hicieron algo para salvar físicamente a los judíos, muy pocos pueden enorgullecerse de lo que hizo la Iglesia de Pío XII».

«Se recrimina a Pío XII por no haber alzado un grito ante las deportaciones del ghetto de Roma --continuó diciendo Mieli en la presentación del libro--, pero otros historiadores han observado que nadie vio a los antifascistas corriendo hacia la estación para tratar de detener el tren de los deportados. Y, sin embargo, muchos estudios, realizados en la posguerra, demuestran que era posible hacer algo, y que es totalmente infundada la teoría, según la cual, la Resistencia no podía hacer nada por los judíos».

«Se amordaza, sin embargo, en la campaña contra Pío XII, la ayuda que ofreció la Iglesia a los judíos, una ayuda que fue incluso logística --explica el director editorial--. Quizá se olvida que toda la comunidad antifascista gozó de aquella ayuda, como puede leerse en el libro de Enzo Forcella "La Resistencia en convento" ("La Resistenza in convento")».

«Quiero decirlo con la máxima claridad --confesó Mieli--: poner las responsabilidades sobre las espaldas de Pío XII es una auténtica sinvergüencería. Pío XII no puede ser la persona a quien se le echa la culpa de algo que corresponde de manera compleja a toda la comunidad. Obviamente hablo de la comunidad que produjo el fenómeno horrendo del exterminio de los judíos, pero también de aquellos que asistieron sin reaccionar de manera adecuada. Los historiadores israelíes, por ejemplo, se preguntan por qué los judíos de Palestina fueron, por así decir, "sordos" ante lo que estaba sucediendo en Europa. ¿Por qué se dieron casos de colaboracionismo en los campos de concentración, que objetivamente facilitaron el exterminio?».

Ante la pregunta implícita sobre las razones por las que Pío XII se ha convertido en el blanco de tantos ataques, Mieli respondió: «Uno de los motivos por los que este importante Papa fue crucificado se debe al hecho de que tomó parte contra el universo comunista de manera dura, fuerte y decidida. De una manera tal que hubo que esperar treinta años, con Juan Pablo II, para que ese estilo pudiera ser retomado adecuadamente, de una manera que fue fatal para el comunismo».

Al concluir, el ex director del «Corriere della Sera» dijo: «No quiero proponer y no tengo los requisitos para proponer la beatificación de este pontífice. Sin embargo, considero que es muy poco valiente ponerle sobre las espaldas responsabilidades que no tiene. Se le ha tratado casi como si hubiera estado junto a Hitler, junto a los nazis, como si fuera el único ser en el mundo que tuvo responsabilidades en el Holocausto. Creo y lo repito que esto es algo monstruoso, aberrante, algo que tendría que acabar».

En apoyo de las tesis de Mieli, intervino también en la presentación del libro el politólogo y ex embajador italiano Sergio Romano, que no es precisamente de cultura católica, quien explicó una curiosa paradoja: en un primer momento Pío XII fue «alabado y reconocido, sobre todo por las comunidades judías, por el valor y la generosidad con que defendió y salvó a un numero elevado de judíos de las persecuciones nazis»; después, «de manera imprevista, este juicio se trastocó completamente».

Para algunos autores, después de su muerte, «Pío XII pasó de ser el bienhechor de los judíos al cómplice de Hitler a un cínico e indiferente espectador del genocidio judío».

«Existe una íntima relación --concluyó el embajador Romano-- entre el juicio sobre Pío XII y la versión histórica que se ha ido afirmando progresivamente en los últimos cuarenta años: una versión en la que el nazismo se convierte en el único mal del siglo. En la divulgación de esta versión colaboró la propaganda soviética, la opinión de la izquierda en las sociedades occidentales y la parte que el genocidio judío tuvo en la legitimación nacional del Estado de Israel durante las fases más controvertidas de su historia. Hoy, tras el final de la guerra fría, la caída del comunismo, y la apertura de los archivos soviéticos, es posible escribir la historia de una manera más objetiva y neutral, enmarcando a los protagonistas en el clima en el que tuvieron que actuar y decidir».

 

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El mayor extravío de la mente humana es creer algo porque uno desee que sea así. Pasteur

 

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El ideal o el proyecto más noble puede ser objeto de burla o de ridiculizaciones fáciles. Para eso no se necesita la menor inteligencia.  Alexander Kuprin

 

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"Se recurre con frecuencia a la calumnia, la mentira, el infundio, sin preocuparse de contrastar la información para comprobar su veracidad. Ello obedece a la táctica de que se sabe que una vez vertida una información negativa sobre algo o alguien, cosa que es muy fácil, demostrar la verdad requiere un gran esfuerzo y tiempo y gran parte del daño queda hecho de todas maneras."

(Jesús Sáiz Luca de Tena y Mercedes Soto Falcó)

 

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«El Papa no pone en el mismo nivel la Shoah y el aborto», afirma el cardenal Ratzinger


El purpurado alemán presenta el nuevo libro de Juan Pablo II, «Memoria e identidad»

ROMA, martes, 22 febrero 2005.- «El Papa no compara la Shoah con el aborto» ha aclarado el cardenal Joseph Ratzinger, desmintiendo acusaciones lanzadas contra el nuevo libro de Juan Pablo II «Memoria e Identidad», presentado en la tarde de este martes en Roma.

El prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe aclara que «el Papa recuerda la tentación permanente de los hombres y nos dice que tampoco nosotros somos inmunes ante la destrucción de la vida humana, pero la identificación entre Shoah y aborto es ajena al libro y a la idea del Santo Padre».

El decano del colegio cardenalicio desmontó con el texto en la mano las supuestas revelaciones que en días anteriores habían hecho medios de comunicación sobre supuestos pasajes dedicados por el Santo Padre al Holocausto judío durante la segunda guerra mundial.

El quinto libro de Juan Pablo II como Papa saldrá este martes a las librerías en once idiomas (inglés, español, portugués, francés, alemán, polaco, portugués, eslovaco, catalán, coreano y croata).

En la presentación a la prensa, el portavoz de la Santa Sede, Joaquín Navarro-Valls, también desmintió estas referencias a las Shoah en el nuevo volumen.

«En el Papa no se da ningún deseo de comparar sistemas de mal; lo que quiere es identificar las raíces del mal moral», indica.

«Si el hombre puede decidir qué es el bien y qué es el mal, entonces puede optar por aniquilar a un grupo de hombres, como ha sucedido en el pasado y como puede suceder todavía», indicó.

Durante el acto de presentación en el Palacio Colonna de Roma, Navarro-Valls subrayó que la comparación del aborto con el Holocausto «es un equívoco que no tiene ningún fundamento en el libro: el Papa lo que hace es preguntarse por las razones del mal, pero no está comparando situaciones de mal».

Concretamente, el Papa escribe que «la ley establecida por el hombre, por los parlamentos, y por cualquier otra instancia legislativa humana, no puede estar en contradicción con la ley natural, en definitiva, con la eterna Ley de Dios».

Juan Pablo II reflexiona sobre «la eliminación de millones de hijos e hijas de Israel», diciendo que «basta recordar tan sólo este evento, tan cercano en el tiempo, para ver con claridad que la ley establecida por el hombre tiene límites precisos, que no se pueden superar».

El Papa invita «al inicio de un nuevo siglo y de un nuevo milenio a preguntarse sobre algunas opciones legislativas decididas en los parlamentos de los actuales regímenes democráticos» y en particular las que han introducido el aborto.

«Los parlamentos que aprueban y promulgan semejantes leyes deben ser conscientes de que van más allá de sus propias competencias y de que se ponen en abierto conflicto con la ley de Dios y con las leyes de la naturaleza», indica.

Sobre la salud de Juan Pablo II, el portavoz del Papa ha comentado que «el Papa está mejorando y sigue lo que le aconsejan los médicos, que es un poco de calma». ZS05022211

 

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«Usted no debe decirnos lo que dijo el soldado ni ninguna otra persona, señor», respondió el Juez: «Esto no es evidencia.» 

 

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Los siguientes temas están en lengua italiana.

 

Torna l´ossessione del complotto nella polemica sulla restituzione dei bimbi ebrei salvati dai cattolici durante la guerra

 

Pio XII, Shoah e cultura del sospetto

 

La cultura del sospetto, già causa di inquinamento nella sfera della lotta politica, può produrre effetti ancor più micidiali nell’ambito della discussione intellettuale e storiografica. Applicare la logica intimidatoria del «cui prodest», quando viene pubblicato un documento inedito, inscenare un ruvido processo alle intenzioni per squalificare preventivamente chi lo divulga, non è solo indizio di una coriacea sindrome cospiratoria che avvelena la civiltà (non il bon ton , ma la civiltà) di un dibattito, ma è soprattutto, se non suonasse addirittura come una sgradevole intimazione al silenzio e all’omertà, un modo per eludere l’obbligo di una risposta agli interrogativi scabrosi che l’affiorare di nuovi documenti inevitabilmente richiede.

Stupisce, perciò, che la proposta di Alberto Melloni, sul Corriere della Sera ,di offrire alla pubblica discussione nuove testimonianze sulle controverse direttive vaticane in tema di restituzione dei bambini ebrei, salvati dalla Shoah per merito della Chiesa di Pio XII, abbia sollevato in alcuni interventi nella discussione nientemeno che il sospetto di un’indebita intromissione politico-giornalistica nel processo di beatificazione di Papa Pacelli. Non la doverosa polemica tra scuole culturali e storiografiche in sana competizione tra loro. Ma indicazioni di insani complotti, cospirazioni, «operazioni» inconfessabili. E perché mai e quali finalità occulte il sinedrio dei complottatori intenderebbe perseguire? E perché uno storico notoriamente scrupoloso e di meritato prestigio come Andrea Riccardi si è sentito in dovere, sulle colonne di Avvenire , di avanzare dubbi su «cosa ci sia sotto» la scelta di Melloni e del Corriere , alludendo al fatto che «le impellenze siano d’altro tipo, ma sicuramente non si inscrivono nell’ambito della storiografia»? Quali sarebbero queste «impellenze»? E perché non contrapporre argomento ad argomento, documento a documento, anziché esercitarsi in sconsolate invettive contro un non meglio identificato «giornalismo d’oggi»?
Peccato. Eppure non dovrebbe essere tanto inutile risvegliare con nuove testimonianze l’attenzione pubblica (a meno che non si voglia considerare la ricostruzione storica sigillata una volta per tutte) sull’atteggiamento di Pio XII e del futuro Papa Roncalli, sulla Chiesa e i veleni dell’antisemitismo ancora diffusi nella seconda metà degli anni Quaranta.


E che non sia stato inutile lo dimostrano tra l’altro le considerazioni svolte su queste colonne da Ernesto Galli della Loggia, in cui, a commento delle nuove rivelazioni sul comportamento vaticano nei confronti dei bambini ebrei, si metteva in luce come una compiuta «concettualizzazione» dell’Olocausto, una percezione consapevole della portata epocale della Shoah fossero tutt’altro che diffuse negli anni successivi alla guerra e persino dopo la scoperta della dimensione apocalittica dello sterminio del popolo ebraico. L’intervento di Galli della Loggia ha suscitato, come è ovvio, osservazioni e critiche, a cominciare da quelle, sul Corriere della Sera , espresse con civile vigore polemico da Claudio Magris e da Giorgio Israel. Ma il demone del processo alle intenzioni si è manifestato in altre reazioni, come quella di Mario Pirani, che su Repubblica ha accusato Galli della Loggia di «giustificazionismo retroattivo». Ma la parola «giustificazionismo», pericolosa e già sovraccarica di sottintesi simbolici negativi, andrebbe usata con molta cautela, se non altro perché evoca necessariamente un qualche rapporto di segreta consonanza tra il giustificatore e il giustificato: un’enormità che lo stesso Pirani non si sentirebbe di sottoscrivere nel caso di Galli della Loggia. E allora? Perché la scomunica e la tecnica della delegittimazione preventiva? Già Giovanni Belardelli e Roberto Pertici hanno arricchito sul Corriere della Sera la tesi della tardiva e sconvolgente sottovalutazione della portata dell’Olocausto nella cultura europea suggerita da Galli della Loggia. E se il primo lavoro di ricostruzione sistematica del genocidio ebraico, quello di Raul Hilberg, appare solo negli anni Sessanta, come spiegarsi che il primo studio particolareggiato sulla persecuzione antiebraica negli anni del fascismo, scritta da Renzo De Felice, abbia visto la luce nel 1962, peraltro caldeggiata, come antidoto al muro del silenzio eretto in precedenza senza che la cosa provocasse molto scalpore, dalla stessa comunità ebraica?


Si è detto (Giorgio Israel) che per il rifiuto di Natalia Ginzburg, subito dopo la fine della guerra, di pubblicare Se questo è un uomo di Primo Levi non si può decentemente parlare di antisemitismo mimetizzato. Certo che no e, del resto, nemmeno Galli della Loggia si è mai sognato di sostenerlo. Tuttavia, non è per pervicacia antisemita, ma per indifferenza, insensibilità, ritrosia nell’accettare negli standard etico-culturali acquisiti (difficoltà di «concettualizzazione» appunto) la portata dello sterminio, che, come ha denunciato Alberto Cavaglion, si è dovuto attendere l’ultimo decennio del secolo per conoscere un lavoro documentalmente accettabile sulla Risiera di San Sabba. Come mai, lo ha raccontato Valentina Pisanty, il Diario di An na Frank, il testo poi trasposto in teatro che davvero ha consentito di far «passare» l’Olocausto nelle zone profonde dell’emozione pubblica mondiale, pubblicato nel 1947, in Italia è uscito soltanto nel 1954, ben sette anni dopo? Nel suo studio sugli «ebrei nell’Italia post-fascista» ( Ritrovare se stessi , Laterza) Guri Schwarz ricorda che, come Primo Levi, anche il protagonista Geo Josz di Una lapide su via Mazzini di Giorgio Bassani scoprì subito che a Ferrara nessuno voleva ascoltare ciò che gli era accaduto a Buchenwald. E, a proposito di Buchenwald, sarà il caso di registrare, come ha notato D.D. Guttenplan nel suo Processo all’Olocausto , che «nella famosa trasmissione di Edward R. Murrow da Buchenwald, nel 1945, le parole "ebreo" ed "ebraico" non sono mai pronunciate». Quella stessa Buchenwald, i cui cancelli le autorità comuniste del Dopoguerra riapriranno senza vergogna, anzi addirittura con l’entusiastica approvazione di Thomas Mann.

E, del resto, è tutt’altro che «giustificazionista» chiedersi (come ha fatto Alice Kaplan) come mai Robert Brasillach venne condannato a morte non già per aver appoggiato la deportazione degli ebrei nella Francia nazificata, ma solo per alto tradimento, circostanza «concettualmente» impensabile nei decenni successivi, all’epoca dei processi a Klaus Barbie o Maurice Papon. O come mai nessuno ha mai sentito parlare in Italia di Giorgio Perlasca, il salvatore degli ebrei di Budapest, fino ad anni recentissimi. Oppure come nessuno si sia interessato, prima che se ne occupasse meritoriamente Gabriele Nissim in Italia, della tragica sorte di Dimitar Pesev, il vicepresidente del Parlamento bulgaro che si rifiutò con grande coraggio nel 1943 di dar corso alla deportazione degli ebrei e che nel Dopoguerra verrà perseguitato dal regime comunista di Sofia senza che si levasse la voce delle proteste internazionali.

Ha scritto Enzo Traverso, nel suo recente Auschwitz e gli intellettuali (Il Mulino), che colpisce nelle Reflexions sur la question juive «l’incapacità» di Sartre «di pensare il genocidio come pure il suo silenzio nei confronti dei reduci dai campi nazisti». Un esempio lampante di scarsa «concettualizzazione» della Shoah. «Giustificazionismo» anche questo? Sordo alle prevedibili accuse di «giustificazionismo», uno storico temerario come l’israeliano Tom Segev ha scritto, nel suo sconvolgente libro Il settimo milione (Mondadori), come persino in Israele e, prima della nascita dello Stato, nello yishuv , la comunità ebraica della Palestina, fosse diffuso un «atteggiamento poco compassionevole» e finanche di «disprezzo» verso gli ebrei scampati al massacro, considerati «materiale umano scadente» rispetto all’«uomo nuovo» modellato sull’ideologia pionieristica del sionismo: «Un’immensa comunità di accattoni», «detriti umani», come si scrisse allora e come oggi si rilegge senza fiato. Così come si resta interdetti nell’apprendere dalle pagine di Segev che il «30 giugno 1942, Davar , il prestigioso giornale della Histadrut, riferì che in Europa era stato assassinato un milione di ebrei». Con un particolare: che quell’articolo era collocato di spalla, con l’aggiunta di un attacco alla «deplorevole tendenza di alcuni quotidiani a gonfiare tutte le voci catastrofiche sullo spargimento di sangue ebraico». Vale la pena chiedersi perché? È una domanda «giustificazionista» anche questa?
Pierluigi Battista – Corrieri della sera 2005.01.26

 

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Un figlio della Chiesa di Pio XII rompe il silenzio sulla sua santità


La beatificazione di papa Pacelli torna a dividere. Tra ebrei e cattolici c’è chi la rifiuta. Pietro De Marco la difende. E spiega qual è il vero miracolo compiuto da questo papa

di Sandro Magister

 

ROMA, 27 gennaio 2005 – Nei rapporti tra gli ebrei e il papato le luci si alternano alle ombre.

Un grande momento di luce è stato, il 18 gennaio, l’incontro in Vaticano tra Giovanni Paolo II e 130 rabbini ebrei di diversi paesi.

La finalità dell’incontro – voluto dai rabbini e organizzato dalla Pave the Way Foundation di New York presieduta da Gary Krupp – era di ringraziare il papa per il suo straordinario impegno nel riconciliare ebrei e cristiani e nel difendere il popolo giudaico fin da quando era giovane prete in Polonia. Dopo avergli detto “grazie” e “shalom” con accento commosso, tre rabbini hanno benedetto Giovanni Paolo II con formule in ebraico e in inglese.

La sera precedente, in una conferenza a Roma al centro Pro Unione, il rabbino Jack Bemporad del Center for Interreligious Understanding ha affrontato la questione di Pio XII e dei suoi discussi “silenzi” sugli sterminii compiuti dai nazisti.

“Pio XII fece quello che giudicava doveroso fare”, ha detto. “Guardiamo a cosa accadde in Grecia, a Tessalonica, dove il 96 per cento degli ebrei furono arrestati e deportati nei campi di concentramento. Lì i vescovi sia cattolici che ortodossi protestarono pubblicamente, e furono arrestati e deportati nei campi anche loro”.

Anche dalla Polonia i vescovi chiesero ripetutamente al papa di elevare una pubblica protesta contro le uccisioni di preti e suore. Ma egli non lo fece. “Dobbiamo quindi supporre che Pio XII fosse anticattolico poiché non condannò i massacri dei cattolici in Polonia?”.

Bemporad ha concluso che è estremamente difficile esprimere giudizi su Pio XII, poste le minacce estreme che dovette fronteggiare. “Non era chiaro nemmeno chi avrebbe vinto la guerera, né se la Chiesa sarebbe potuta di sopravvivere”.

Gli ha fatto eco un altro rabbino della delegazione, Moses A. Birnbaum del Plainview Jewish Center di Long Island, New York: “Non dimentichiamo che numerosi ebrei ringraziarono Pio XII dopo la guerra”. Gli ebrei, ha aggiunto, dovrebbero star fuori dalla discussione sulla possibile sua beatificazione.

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Invece, proprio contro la beatificazione di Pio XII si era espresso pochi giorni prima il rabbino capo di Roma, Riccardo Di Segni.

Prendendo spunto da nuovi documenti vaticani apparsi sulla stampa a proposito dei bambini ebrei ospitati negli anni della guerra da famiglie e istituti cattolici – documenti da lui definiti “terribili” – l’11 gennaio Di Segni ha detto all’agenzia Apcom:

“La Chiesa ha tutti i diritti di elevare agli altari chi ritiene opportuno. Semmai il problema diventa nostro, perché se la Chiesa beatifica non fa altro che indicare un modello di perfezione spirituale ai cristiani. Di fronte a una Chiesa che identifica come ideale spirituale un soggetto che ha avuto determinati comportamenti, noi [ebrei] possiamo, come conseguenza, anche decidere se e come dialogare”.

Negli stessi giorni, contro la beatificazione di Pio XII – avviata da Paolo VI nel 1965 – si era pronunciato anche lo storico cattolico Alberto Melloni, dell’Istituto per le Scienze Religiose di Bologna fondato da don Giuseppe Dossetti e presieduto da Giuseppe Alberigo. Ha scritto sul “Corriere della Sera" del 9 gennaio:

“Un processo [di beatificazione] non è un dogma al quale dovrebbero piegarsi preventivamente gli storici, i cattolici e soprattutto gli ebrei, per non ostacolarne lo sviluppo”.

Pio XII, a giudizio di Melloni e Alberigo, fu “un papa solitario e calcolatore, nella cui figura gli elementi politici dominano per logica interna”.

Curiosamente, però, sull’ultimo numero della rivista diretta dagli stessi Alberigo e Melloni, “Cristianesimo nella Storia”, compare un saggio di Kenneth L. Woodward che registra i giudizi unanimemente positivi su Pio XII che comparvero sulla stampa in lingua inglese dopo la sua morte nel 1958.

“Per esempio – scrive Woodward – un editoriale del ‘New York Times’, oggi uno dei più impegnati forum delle critiche a [papa Eugenio] Pacelli, esaltò il papa per il suo opporsi ai nazisti [...] e ne descrisse l’intensa spiritualità”. L’unica critica che il più critico dei giornali dell’epoca, il liberal ‘The Reporter’, rivolse al papa defunto fu “d’aver trascurato di riempire i vuoti nel collegio dei cardinali”.

Woodward aggiunge che perché i giudizi su Pio XII cambiassero “bisognava aspettare altri cinque anni e la pubblicazione [nel 1963] del dramma di Rolf Hochhuth, ‘il Vicario’, generalmente considerato come l’evento che ha precipitato i mutati e largamente negativi pronunciamenti su Pacelli dei giorni nostri, almeno in alcuni ambienti”.

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Insomma, Pio XII continua a essere segno di contraddizione, dentro la Chiesa cattolica e fuori. E lo sarebbe ancor più qualora fosse proclamato beato.

Ma dietro la cortina delle polemiche, rischia di sparire il Pio XII autentico. E resta inafferrabile la sua santità.

Nella nota qui sotto Pietro De Marco – che è stato figlio della Chiesa di Pio XII – penetra oltre questo muro di incomprensione e traccia di questo papa un profilo libero dagli schemi. Libero e liberante.

Pietro De Marco, specialista in geopolitica religiosa, è professore all’Università di Firenze e alla Facoltà Teologica dell’Italia Centrale. Ha scritto questa nota per www.chiesa:

Per una valutazione di Pio XII
di Pietro De Marco


La mia formazione cristiana è avvenuta nella Chiesa di Pio XII. I miei parroci, i miei insegnanti di religione erano uomini della Chiesa di Pio XII. Non mi fu trasmesso alcun atteggiamento antisemita, a meno che non si debba ritenere che Credo, Catechismo, Messa, Vangeli lo fossero o lo siano. Ho pregato per anni ogni venerdì santo per i “perfidi Judaei”, sapendo fin da giovane che “perfidus” significa nel latino cristiano “incredulo”, rispetto al Cristo.

Il mio insegnante liceale di religione e mio direttore spirituale – mio e di tantissimi altri a Firenze – fino alla sua morte, don Raffaele Bensi, era un prete della Chiesa di Pio XII, per quanto formato al sacerdozio nei due pontificati precedenti. Egli fu prete della Chiesa di Pio XII anche nell´intensa azione di aiuto ad ebrei e uomini della Resistenza svolta durante
la guerra.

Da don Bensi ho però appreso che, con lo stesso coraggio e libertà con cui la Chiesa cercò di aiutare resistenti ed ebrei, essa intese salvare la vita anche agli uomini della parte opposta, quando sconfitti diventarono bestie cui dare
la caccia.

La Chiesa di Pio XII era ancora la Chiesa sovrana nel proprio giudizio sulla storia, nelle decisioni che investono i propri uomini, negli orizzonti di scelta ultima cui questi vengono chiamati. Può sbagliare, negli uomini come in questo o quell’atto o giudizio; ma trae capacità di giudizio e di giurisdizione dal proprio fondamento soprannaturale: e in ciò nessuna istanza diversamente fondata può sostituirla o vincolarla. Questo è il senso della sua “perfectio”, che è strettamente connessa al martirio, poiché la collisione con altri poteri – anche i più legittimi – è certa.

Aggiungo che l´umanità provata e consapevole che uscì dalla guerra e dalla sua catena di ritorsioni e massacri capiva il senso di questo illimitato e sovrano esercizio della carità (anzi del perdono) della Chiesa, per cui il giorno prima si era salvato un partigiano e il giorno dopo si volle sottrarre all´esecuzione sommaria il tedesco o il fascista. Diritto di asilo, diritto di legare e sciogliere, segno della superba e mite giustizia di Dio.

Don Bensi ci parlò con ammirazione e, insieme, distacco del libro “Esperienze pastorali” del “ribelle” don Lorenzo Milani. Ma lo stesso Milani, forse il suo figlio prediletto, era nato prete e restò sempre nella dialettica austera, difficile, virile, della Chiesa di Pio XII; non fu mai "conciliare". Anche Bensi era insofferente su mode e risonanze della stagione conciliare; ci insegnò a tenere la mente e il cuore vigili su parole d´ordine, su “svolte” e "conquiste", sempre equivoche in una tradizione religiosa.

Così, anche nella mia stagione di giovane cattolico legato ai progetti di “reformatio Ecclesiae” e molto vicino alla sinistra politica – gli anni Sessanta e Settanta, per capirci – una trascendenza non spiritualistica della Chiesa e il suo primato ultimo sulla città degli uomini sono rimasti per me dati irrinunciabili. Un primato anche “sociale”, nel senso proposto da Henri De Lubac in “Catholicisme”. La Chiesa-istituzione come forma irrinunciabile di manifestazione del Santo.

Assieme alla Chiesa-istituzione e a Roma che la rappresenta, neppure il “bianco Padre” della mia adolescenza è stato mai cancellato in me da svolte o rivolte. Il mio legame cattolico con papa Pio XII ha resistito alla prova degli anni Sessanta. L´aggressione contro di lui compiuta dal “Vicario” di Hochhuth mi parve – e mi pare ancora – spregevole; ma in verità parve così a quasi tutti, anche nel mondo cattolico progressista. Va detto, però: le persone nate come me nel periodo della guerra, se non sono state poi ideologicamente “rifatte”, conservano un ineguagliabile senso della complessità della vita quotidiana e della storia, e una insofferenza antiretorica. Anzi, conservano un senso e un bisogno di verità che poco ha a che fare con l´astratto infierire, sia venti sia sessant´anni dopo, su vicende nel frattempo diventate incomprensibili, anche quando meglio note nei dettagli.

Non si sarebbe salvato dalla riprovazione di don Bensi chi gli avesse detto che Pio XII doveva "parlare", "testimoniare", "incarnare la Parola". Il “bianco Padre” fece ciò che la sua coscienza gli ordinò: ed era la coscienza di un papa, cioè di un responsabile vero e non retorico della Chiesa universale e della salute spirituale e in quel momento fisica di tanti uomini. Pio XII volle e seppe evitare d´essere impedito di agire. Ed entro lo spazio di guida, di governo, così salvato, operò realmente per il bene di molti, credo in misura enorme.

Il confronto con Gandhi – nuovamente proposto in questi giorni – è insostenibile. La Chiesa, il popolo cristiano, non sono una nazione, non si mobilitano come una grande etnia; l´esercito tedesco di occupazione non è paragonabile alle truppe inglesi; i capi britannici non erano le SS. Papa Eugenio Pacelli non ebbe decenni davanti a sé, ma una scansione serrata di giorni ognuno dei quali poteva essere l´ultimo per il suo governo. Né Gandhi – mi arrischio a dire – ha la complessità di un santo cristiano; in lui circola dall’inizio il vangelo semplificato di Tolstoi. È insensato immaginare il papa alla testa di una manifestazione non violenta in piazza San Pietro, in un qualsiasi giorno del 1943. Tale esibizione, posto che fosse pensabile dalla mente rigorosa di Pio XII, non avrebbe sgomentato l’alto comando tedesco.

Furono invece la impenetrabile nitidezza e la capacità di governo di papa Pacelli a fermare Hitler davanti ai cancelli della Città del Vaticano. Su Hitler non potevano avere successo le parole ma lo ebbero, probabilmente, sia l’evidenza del legame tra il Vicario di Cristo – sì, il Vicario! – e il suo popolo universale, ovvero uno straordinario fatto di carisma politico-religioso, sia il timore che porre le mani sul pontefice avrebbe avuto su di lui, Hitler, una portata delegittimante, sconsacrante, non solo presso i popoli cattolici.

Insomma, l´unico fondamento e l´unico spazio di azione politica rimasto a Pio XII di fronte a Hitler era la propria persona, come “corpo del papa”, e il proprio carisma d´ufficio. Li volle e li conservò liberi e operosi, per quanto gli fu possibile. La libertà di Pacelli fu la residua “libertas Ecclesiae” e questa rappresentò, e salvò, la vita di molti.

Troppo semplice è pretendere oggi – magari chiamando a controesempio il sacrificio di padre Kolbe – che Pacelli, in quel frangente, andasse incontro al personale “martyrium”. Il martirio sarebbe stato solo una liberazione dagli oneri dell´ufficio, dall´esercizio quotidiano del carisma. Ho riletto ancora una volta l´”Assassinio nella cattedrale” di T.S. Eliot. Pubblicato e rappresentato nel 1935, non so se Pacelli lo conoscesse allora. Poco prima della morte il protagonista, Tommaso Becket, affronta le antiche tentazioni (beni indegni ma concreti, “real goods, worthless but real”, come egli dice) e le nuove, presentate all’arcivescovo dall´estremo Tentatore, se stesso. Di fronte alla tentazione ultima, quella della santità certa mediante il martirio, Tommaso esamina e sceglie il subire, ovvero il non-agire: né andare incontro né sottrarsi al martirio.

Pacelli scelse l´agire. Ma tra lui e Becket vi è differenza. Tommaso per risarcire il sangue e il vuoto lasciato a Canterbury dalla propria, indifesa, offerta di sé agli assassini può rinviare al papa. Ma Pacelli “è” il papa, e non vi è altra istanza ordinatrice superiore a lui sulla terra.

In Pio XII si manifesta, dunque, l´eroicità di chi opera nell’estrema responsabilità, nel caso d’eccezione: è la santità della roccia, la meravigliosa santità cattolica che sgorga dalla decisione e non dall´omelia. Santità che, magari dopo il tormento, sa di non potersi arrestare al tormento e all´indecisione.

Il miracolo di Pio XII è la casa sulla roccia (Mt 7, 24) che egli conservò integra nel silenzio e in virtù del silenzio, capace perciò di ospitare e proteggere, laddove le parole l´avrebbero distrutta.

Certo, Pacelli niente ha a che fare, anche per la sua nascita aristocratica, con la “clasa discutidora” dell’invettiva celebre di Donoso Cortés. Della pericolosa vacuità della chiacchiera rivoluzionaria Pacelli aveva già avuto esperienza da nunzio in Germania, a Monaco, nel 1919.

Razionalità, incarnazione nel ruolo di guida – “pasce oves meas” –, opere: anche per tutto questo il "dolce Cristo in terra" guardò l´orrore con occhi che nella mia mente non assomigliano, per fortuna, a quelli delle reincarnazioni cristiche dostoevskiane che piacciono ai letterati. Un modello di santità né sorridente, né utopizzante, né sacrificale.

Per questo, anche, è ricchezza per noi – ed è un dono della “complexio oppositorum” cattolica – che la santità di Pio XII sia così, e che la Chiesa intenda proporcela. Sugli altari, sarà un altissimo modello di responsabilità e razionale rigore carismatici, dei quali abbiamo un tremendo bisogno.
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Per altri particolari sull’incontro del 18 agennaio 2005 tra 130 rabbini ebrei e Giovanni Paolo II, vedi la Newsletter di John L. Allen, corrispondente da Roma del “National Catholic Reporter”:
 “The Word from Rome”, January 20, 2005

 

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Un nuovo libro su Pio XII e gli ebrei. E un rabbino scrive...
Santo o diavolo? Un saggio di Antonio Gaspari documenta le buone azioni del papa. Ma anche un autorevole ebreo americano si schiera a favore

di Sandro Magíster

 

Aspettatevi presto un´altra fiammata di accuse ai silenzi di Pio XII sullo sterminio nazista degli ebrei. Il celebre regista greco Costantin Costa Gavras sta per girare un film tratto da ´Il Vicario´: il dramma teatrale del tedesco Rolf Hochhuth che nel 1963 fece esplodere per la prima volta il caso in tutta la sua veemenza.

In effetti, negli ultimi due anni sono usciti molti libri sul tema. Di qualità molto diversa. E anche di intonazioni opposte. Quelli contro Pio XII hanno fatto più rumore. Ma eccone ora un altro che aggiunge nuovi documenti e testimonianze alle ragioni del papa:

Antonio Gaspari, ´Gli ebrei salvati da Pio XII´, 2001, Roma, Logos, pagine 142, lire 24.000.

Il libro raccoglie le storie inedite di tanti eroi sconosciuti, che nel 1943, in una Roma occupata dalle armate di Hitler, rischiarono la propria vita per salvare gli ebrei. Ad esempio nascondendoli tra i malati dell´Istituto Dermopatico dell´Immacolata. Coprendoli di creme repellenti, all´arrivo delle ispezioni. E rubricandoli ´ colmo dell´ironia ´ come afflitti dal ´morbo di Kesselring´, dal nome del Feldmaresciallo delle truppe occupanti.

È un libro tutto da leggere, avvincente e sorprendente. Animato come un film neorealista a episodi. Pio XII vi appare sullo sfondo come l´ispiratore risoluto di questa imponente rete di soldarietà. Ma per capire la portata della questione, i perché delle aspre polemiche che circondano la figura di questo papa, la logica dei numerosi libri che si continuano a scrivere su di lui, ecco qui di seguito un bilancio della recente bibliografia. Scritto da un autorevole rabbino ebreo di New York, David G. Galin, e pubblicato sul numero del 26 febbraio 2001 di ´The Weekly Standard´, il più influente dei settimanali politici conservatori d´America.

Il bilancio (di cui riproduciamo i passi principali) così conclude: «Il Talmud insegna che ´chiunque salva la vita di un uomo, è messo in conto dalle Scritture come se avesse salvato un intero mondo´. Ebbene, più di ogni altro leader del XX secolo, Pio XII ha adempiuto questo detto del Talmud, quando il destino dell´ebraismo europeo era in pericolo. Nessun altro papa fu così largamente apprezzato dagli ebrei ´ ed essi non si sbagliarono. La loro gratitudine, al pari di quella dell´intera generazione dei sopravvissuti all´Olocausto, testimonia che Pio XII fu, genuinamente e profondamente, un uomo giusto».

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Da The Weekly Standard del 26 febbraio 2001:

PIO XII E GLI EBREI


di David G. Dalin

Even before Pius XII died in 1958, the charge that his papacy had been friendly to the Nazis was circulating in Europe, a piece of standard Communist agitprop against the West.

It sank for a few years under the flood of tributes, from Jews and gentiles alike, that followed the pope´s death, only to bubble up again with the 1963 debut of ´The Deputy´, a play by a left-wing German writer (and former member of the Hitler Youth) named Rolf Hochhuth.

´The Deputy´ was fictional and highly polemical, claiming that Pius XII´s concern for Vatican finances left him indifferent to the destruction of European Jewry. But Hochhuth´s seven-hour play nonetheless received considerable notice, sparking a controversy that lasted through the 1960s. And now, more than thirty years later, that controversy has suddenly broken out again, for reasons not immediately clear.

Indeed, "broken out" doesn´t describe the current torrent. In the last eighteen months, nine books that treat Pius XII have appeared: John Cornwell´s ´Hitler´s Pope´, Pierre Blet´s ´Pius XII and the Second World War´, Garry Wills´s ´Papal Sin´, Margherita Marchione´s ´Pope Pius XII´, Ronald J. Rychlak´s ´Hitler, the War and the Pope´, Michael Phayer´s ´The Catholic Church and the Holocaust, 1930-1965´, Susan Zuccotti´s ´Under His Very Windows´, Ralph McInerny´s ´The Defamation of Pius XII´, and, most recently, James Carroll´s ´Constantine´s Sword´.

Since four of these´the ones by Blet, Marchione, Rychlak, and McInerny´are defenses of the pope (and two, the books by Wills and Carroll, take up Pius only as part of a broad attack against Catholicism), the picture may look balanced. In fact, to read all nine is to conclude that Pius´s defenders have the stronger case´with Rychlak´s ´Hitler, the War and the Pope´ the best and most careful of the recent works, an elegant tome of serious, critical scholarship.

Still, it is the books vilifying the pope that have received most of the attention, particularly ´Hitler´s Pope´, a widely reviewed volume marketed with the announcement that Pius XII was "the most dangerous churchman in modern history," without whom "Hitler might never have . . . been able to press forward." The "silence" of the pope is becoming more and more firmly established as settled opinion in the American media: "Pius XII´s elevation of Catholic self-interest over Catholic conscience was the lowest point in modern Catholic history," the New York Times remarked, almost in passing, in a review last month of Carroll´s ´Constantine´s Sword´.

Curiously, nearly everyone pressing this line today´from the ex-seminarians John Cornwell and Garry Wills to the ex-priest James Carroll´is a lapsed or angry Catholic. For Jewish leaders of a previous generation, the campaign against Pius XII would have been a source of shock. During and after the war, many well-known Jews´Albert Einstein, Golda Meir, Moshe Sharett, Rabbi Isaac Herzog, and innumerable others´publicly expressed their gratitude to Pius. In his 1967 book Three Popes and the Jews, the diplomat Pinchas Lapide (who served as Israeli consul in Milan and interviewed Italian Holocaust survivors) declared Pius XII "was instrumental in saving at least 700,000, but probably as many as 860,000 Jews from certain death at Nazi hands."

This is not to say that Eugenio Pacelli´the powerful churchman who served as nuncio in Bavaria and Germany from 1917 to 1929, then as Vatican secretary of state from 1930 to 1939, before becoming Pope Pius XII six months before World War II began´was as much a friend to the Jews as John Paul II has been. Nor is it to say that Pius was ultimately successful as a defender of Jews. Despite his desperate efforts to maintain peace, the war came, and, despite his protests against German atrocities, the slaughter of the Holocaust occurred. Even without benefit of hindsight, a careful study reveals that the Catholic Church missed opportunities to influence events, failed to credit fully the Nazis´ intentions, and was infected in some of its members with a casual anti-Semitism that would countenance´and, in a few horrifying instances, affirm´the Nazi ideology.

But to make Pius XII a target of our moral outrage against the Nazis, and to count Catholicism among the institutions delegitimized by the horror of the Holocaust, reveals a failure of historical understanding. Almost none of the recent books about Pius XII and the Holocaust is actually about Pius XII and the Holocaust. Their real topic proves to be an intra-Catholic argument about the direction of the Church today, with the Holocaust simply the biggest club available for liberal Catholics to use against traditionalists.

A theological debate about the future of the papacy is obviously something in which non-Catholics should not involve themselves too deeply. But Jews, whatever their feelings about the Catholic Church, have a duty to reject any attempt to usurp the Holocaust and use it for partisan purposes in such a debate´particularly when the attempt disparages the testimony of Holocaust survivors and spreads to inappropriate figures the condemnation that belongs to Hitler and the Nazis.

[...]

It is true that during the controversy over ´The Deputy´ and again during the Vatican´s slow hearing of the case for his canonization (ongoing since 1965), Pius had Jewish detractors. In 1964, for example, Guenter Lewy produced The Catholic Church and Nazi Germany, and, in 1966, Saul Friedländer added ´Pius XII and the Third Reich´. Both volumes claimed that Pius´s anti-communism led him to support Hitler as a bulwark against the Russians.

As accurate information on Soviet atrocities has mounted since 1989, an obsession with Stalinism seems less foolish than it may have in the mid-1960s. But, in fact, the evidence has mounted as well that Pius accurately ranked the threats. In 1942, for example, he told a visitor, "The Communist danger does exist, but at this time the Nazi danger is more serious." He intervened with the American bishops to support lend-lease for the Soviets, and he explicitly refused to bless the Nazi invasion of Russia. (The charge of overheated anti-communism is nonetheless still alive: In ´Constantine´s Sword´, James Carroll attacks the 1933 concordat Hitler signed for Germany by asking, "Is it conceivable that Pacelli would have negotiated any such agreement with the Bolsheviks in Moscow?´´apparently not realizing that in the mid-1920s, Pacelli tried exactly that.)

In any case, Pius had his Jewish defenders as well. In addition to Lapide´s ´Three Popes and the Jews´, one might list ´A Question of Judgment´, the 1963 pamphlet from the Anti-Defamation League´s Joseph Lichten, and the excoriating reviews of Friedländer by Livia Rotkirchen, the historian of Slovakian Jewry at Yad Vashem. Jeno Levai, the great Hungarian historian, was so angered by accusations of papal silence that he wrote ´Pius XII Was Not Silent´ (published in English in 1968), with a powerful introduction by Robert M.W. Kempner, deputy chief U.S. prosecutor at Nuremberg.

In response to the new attacks on Pius, several Jewish scholars have spoken out over the last year. Sir Martin Gilbert told an interviewer that Pius deserves not blame but thanks. Michael Tagliacozzo, the leading authority on Roman Jews during the Holocaust, added, "I have a folder on my table in Israel entitled ´Calumnies Against Pius XII.´ . . . Without him, many of our own would not be alive." Richard Breitman (the only historian authorized to study U.S. espionage files from World War II) noted that secret documents prove the extent to which "Hitler distrusted the Holy See because it hid Jews."

Still, Lapide´s 1967 book remains the most influential work by a Jew on the topic, and in the thirty-four years since he wrote, much material has become available in the Vatican´s archives and elsewhere. New oral-history centers have gathered an impressive body of interviews with Holocaust survivors, military chaplains, and Catholic civilians. Given the recent attacks, the time has come for a new defense of Pius´because, despite allegations to the contrary, the best historical evidence now confirms both that Pius XII was not silent and that almost no one at the time thought him so.

In January 1940, for instance, the pope issued instructions for Vatican Radio to reveal "the dreadful cruelties of uncivilized tyranny" the Nazis were inflicting on Jewish and Catholic Poles. Reporting the broadcast the following week, the Jewish Advocate of Boston praised it for what it was: an "outspoken denunciation of German atrocities in Nazi Poland, declaring they affronted the moral conscience of mankind." The New York Times editorialized: "Now the Vatican has spoken, with authority that cannot be questioned, and has confirmed the worst intimations of terror which have come out of the Polish darkness." In England, the Manchester Guardian hailed Vatican Radio as "tortured Poland´s most powerful advocate."

´ÊAny fair and thorough reading of the evidence demonstrates that Pius XII was a persistent critic of Nazism. Consider just a few highlights of his opposition before the war:

´ÊOf the forty-four speeches Pacelli gave in Germany as papal nuncio between 1917 and 1929, forty denounced some aspect of the emerging Nazi ideology.

´ÊIn March 1935, he wrote an open letter to the bishop of Cologne calling the Nazis "false prophets with the pride of Lucifer."

´ That same year, he assailed ideologies "possessed by the superstition of race and blood" to an enormous crowd of pilgrims at Lourdes. At Notre Dame in Paris two years later, he named Germany "that noble and powerful nation whom bad shepherds would lead astray into an ideology of race."

´ÊThe Nazis were "diabolical," he told friends privately. Hitler "is completely obsessed," he said to his long-time secretary, Sister Pascalina. "All that is not of use to him, he destroys; . . . this man is capable of trampling on corpses." Meeting in 1935 with the heroic anti-Nazi Dietrich von Hildebrand, he declared, "There can be no possible reconciliation" between Christianity and Nazi racism; they were like "fire and water."

´ The year after Pacelli became secretary of state in 1930, Vatican Radio was established, essentially under his control. The Vatican newspaper L´Osservatore Romano had an uneven record, though it would improve as Pacelli gradually took charge (extensively reporting Kristallnacht in 1938, for example). But the radio station was always good´making such controversial broadcasts as the request that listeners pray for the persecuted Jews in Germany after the 1935 Nuremberg Legislation.

´ÊIt was while Pacelli was his predecessor´s chief adviser that Pius XI made the famous statement to a group of Belgian pilgrims in 1938 that "anti-Semitism is inadmissible; spiritually we are all Semites." And it was Pacelli who drafted Pius XI´s encyclical Mit brennender Sorge, "With Burning Concern," a condemnation of Germany among the harshest ever issued by the Holy See. Indeed, throughout the 1930s, Pacelli was widely lampooned in the Nazi press as Pius XI´s "Jew-loving" cardinal, because of the more than fifty-five protests he sent the Germans as the Vatican secretary of state.

To these must be added highlights of Pius XII´s actions during the war:

´ His first encyclical, ´Summi Pontificatus´, rushed out in 1939 to beg for peace, was in part a declaration that the proper role of the papacy was to plead to both warring sides rather than to blame one. But it very pointedly quoted St. Paul´´there is neither Gentile nor Jew´´using the word "Jew" specifically in the context of rejecting racial ideology. The New York Times greeted the encyclical with a front-page headline on October 28, 1939: "Pope Condemns Dictators, Treaty Violators, Racism." Allied airplanes dropped thousands of copies on Germany in an effort to raise anti-Nazi sentiment.

´ In 1939 and 1940, Pius acted as a secret intermediary between the German plotters against Hitler and the British. He would similarly risk warning the Allies about the impending German invasions of Holland, Belgium, and France.

´ In March 1940, Pius granted an audience to Joachim von Ribbentrop, the German foreign minister and the only high-ranking Nazi to bother visiting the Vatican. The Germans´ understanding of Pius´s position, at least, was clear: Ribbentrop chastised the pope for siding with the Allies. Whereupon Pius began reading from a long list of German atrocities. "In the burning words he spoke to Herr Ribbentrop," the New York Times reported on March 14, Pius "came to the defense of Jews in Germany and Poland."

´ When French bishops issued pastoral letters in 1942 attacking deportations, Pius sent his nuncio to protest to the Vichy government against "the inhuman arrests and deportations of Jews from the French-occupied zone to Silesia and parts of Russia." Vatican Radio commented on the bishops´ letters six days in a row´at a time when listening to Vatican Radio was a crime in Germany and Poland for which some were put to death. ("Pope Is Said to Plead for Jews Listed for Removal from France," the New York Times headline read on August 6, 1942. "Vichy Seizes Jews; Pope Pius Ignored," the Times reported three weeks later.) In retaliation, in the fall of 1942, Goebbels´s office distributed ten million copies of a pamphlet naming Pius XII as the "pro-Jewish pope" and explicitly citing his interventions in France.

´ In the summer of 1944, after the liberation of Rome but before the war´s end, Pius told a group of Roman Jews who had come to thank him for his protection: "For centuries, Jews have been unjustly treated and despised. It is time they were treated with justice and humanity, God wills it and the Church wills it. St. Paul tells us that the Jews are our brothers. They should also be welcomed as friends."

As these and hundreds of other examples are disparaged, one by one, in recent books attacking Pius XII, the reader loses sight of the huge bulk of them, their cumulative effect that left no one, the Nazis least of all, in doubt about the pope´s position.

A deeper examination reveals the consistent pattern. Writers like Cornwell and Zuccotti see the pope´s 1941 Christmas address, for example, as notable primarily for its failure to use the language we would use today. But contemporary observers thought it quite explicit. In its editorial the following day, the New York Times declared, "The voice of Pius XII is a lonely voice in the silence and darkness enveloping Europe this Christmas. . . . In calling for a ´real new order´ based on ´liberty, justice, and love,´ . . . the pope put himself squarely against Hitlerism."

So, too, the pope´s Christmas message the following year´in which he expressed his concern "for those hundreds of thousands who, without any fault of their own, sometimes only by reason of their nationality or race, are marked down for death or progressive extinction´´was widely understood to be a public condemnation of the Nazi extermination of the Jews. Indeed, the Germans themselves saw it as such: "His speech is one long attack on everything we stand for. . . . He is clearly speaking on behalf of the Jews. . . . He is virtually accusing the German people of injustice toward the Jews, and makes himself the mouthpiece of the Jewish war criminals," an internal Nazi analysis reads.

[...]

In assessing what actions Pius XII might have taken, many (I among them) wish that explicit excommunications had been announced. The Catholic-born Nazis had already incurred automatic excommunication, for everything from failure to attend Mass to unconfessed murder to public repudiation of Christianity. And, as his writings and table-talk make clear, Hitler had ceased to consider himself a Catholic´indeed, considered himself an anti-Catholic´long before he came to power. But a papal declaration of excommunication might have done some good.

Then again, it might not. [...] Holocaust survivors such as Marcus Melchior, the chief rabbi of Denmark, argued that "if the pope had spoken out, Hitler would probably have massacred more than six million Jews and perhaps ten times ten million Catholics, if he had the power to do so." Robert M.W. Kempner called upon his experience at the Nuremberg trials to say (in a letter to the editor after Commentary published an excerpt from Guenter Lewy in 1964), "Every propaganda move of the Catholic Church against Hitler´s Reich would have been not only ´provoking suicide,´ . . . but would have hastened the execution of still more Jews and priests."

This is hardly a speculative concern. A Dutch bishops´ pastoral letter condemning "the unmerciful and unjust treatment meted out to Jews" was read in Holland´s Catholic churches in July 1942. The well-intentioned letter´which declared that it was inspired by Pius XII´backfired. As Pinchas Lapide notes: "The saddest and most thought-provoking conclusion is that whilst the Catholic clergy in Holland protested more loudly, expressly, and frequently against Jewish persecutions than the religious hierarchy of any other Nazi-occupied country, more Jews´some 110,000 or 79 percent of the total´were deported from Holland to death camps."

Bishop Jean Bernard of Luxembourg, an inmate of Dachau from 1941 to 1942, notified the Vatican that "whenever protests were made, treatment of prisoners worsened immediately." Late in 1942, Archbishop Sapieha of Cracow and two other Polish bishops, having experienced the Nazis´ savage reprisals, begged Pius not to publish his letters about conditions in Poland. Even Susan Zuccotti admits that in the case of the Roman Jews the pope "might well have been influenced by a concern for Jews in hiding and for their Catholic protectors."

One might ask, of course, what could have been worse than the mass murder of six million Jews? The answer is the slaughter of hundreds of thousands more. And it was toward saving those it could that the Vatican worked. The fate of Italian Jews has become a major topic of Pius´s critics, the failure of Catholicism at its home supposedly demonstrating the hypocrisy of any modern papal claim to moral authority. (Notice, for example, Zuccotti´s title: ´Under His Very Windows´.) But the fact remains that while approximately 80 percent of European Jews perished during World War II, 80 percent of Italian Jews were saved.

In the months Rome was under German occupation, Pius XII instructed Italy´s clergy to save lives by all means. (A neglected source for Pius´s actions during this time is the 1965 memoir ´But for the Grace of God´, by Monsignor J. Patrick Carroll-Abbing, who worked under Pius as a rescuer.) Beginning in October 1943, Pius asked churches and convents throughout Italy to shelter Jews. As a result´and despite the fact that Mussolini and the Fascists yielded to Hitler´s demand for deportations´many Italian Catholics defied the German orders.

In Rome, 155 convents and monasteries sheltered some five thousand Jews. At least three thousand found refuge at the pope´s summer residence at Castel Gandolfo. Sixty Jews lived for nine months at the Gregorian University, and many were sheltered in the cellar of the pontifical biblical institute. Hundreds found sanctuary within the Vatican itself. Following Pius´s instructions, individual Italian priests, monks, nuns, cardinals, and bishops were instrumental in preserving thousands of Jewish lives. Cardinal Boetto of Genoa saved at least eight hundred. The bishop of Assisi hid three hundred Jews for over two years. The bishop of Campagna and two of his relatives saved 961 more in Fiume.

Cardinal Pietro Palazzini, then assistant vice rector of the Seminario Romano, hid Michael Tagliacozzo and other Italian Jews at the seminary (which was Vatican property) for several months in 1943 and 1944. In 1985, Yad Vashem, Israel´s Holocaust Memorial, honored the cardinal as a righteous gentile´and, in accepting the honor, Palazzini stressed that "the merit is entirely Pius XII´s, who ordered us to do whatever we could to save the Jews from persecution." Some of the laity helped as well, and, in their testimony afterwards, consistently attributed their inspiration to the pope.

Again, the most eloquent testimony is the Nazis´ own. Fascist documents published in 1998 (and summarized in Marchione´s ´Pope Pius XII´) speak of a German plan, dubbed "Rabat-Fohn," to be executed in January 1944. The plan called for the eighth division of the SS cavalry, disguised as Italians, to seize St. Peter´s and "massacre Pius XII with the entire Vatican´´and specifically names "the papal protest in favor of the Jews" as the cause.

A similar story can be traced across Europe. There is room to argue that more ought to have been attempted by the Catholic Church´for the unanswerable facts remain that Hitler did come to power, World War II did occur, and six million Jews did die. But the place to begin that argument is with the truth that people of the time, Nazis and Jews alike, understood the pope to be the world´s most prominent opponent of the Nazi ideology:

´ As early as December 1940, in an article in Time magazine, Albert Einstein paid tribute to Pius: "Only the Church stood squarely across the path of Hitler´s campaign for suppressing the truth. I never had any special interest in the Church before, but now I feel a great affection and admiration because the Church alone has had the courage and persistence to stand for intellectual truth and moral freedom. I am forced thus to confess that what I once despised, I now praise unreservedly."

´ In 1943, Chaim Weizmann, who would become Israel´s first president, wrote that "the Holy See is lending its powerful help wherever it can, to mitigate the fate of my persecuted co-religionists."

´ Moshe Sharett, Israel´s second prime minister, met with Pius in the closing days of the war and "told him that my first duty was to thank him, and through him the Catholic Church, on behalf of the Jewish public for all they had done in the various countries to rescue Jews."

´ÊRabbi Isaac Herzog, chief rabbi of Israel, sent a message in February 1944 declaring, "The people of Israel will never forget what His Holiness and his illustrious delegates, inspired by the eternal principles of religion, which form the very foundation of true civilization, are doing for our unfortunate brothers and sisters in the most tragic hour of our history, which is living proof of Divine Providence in this world."

´ In September 1945, Leon Kubowitzky, secretary general of the World Jewish Congress, personally thanked the pope for his interventions, and the World Jewish Congress donated $20,000 to Vatican charities "in recognition of the work of the Holy See in rescuing Jews from Fascist and Nazi persecutions."

´ In 1955, when Italy celebrated the tenth anniversary of its liberation, the Union of Italian Jewish Communities proclaimed April 17 a "Day of Gratitude" for the pope´s wartime assistance.

´ On May 26, 1955, the Israeli Philharmonic Orchestra flew to Rome to give in the Vatican a special performance of Beethoven´s Seventh Symphony´an expression of the State of Israel´s enduring gratitude to the pope for help given the Jewish people during the Holocaust.

This last example is particularly significant. As a matter of state policy, the Israeli Philharmonic has never played the music of Richard Wagner, because of his well-known reputation as "Hitler´s composer," the cultural patron saint of the Third Reich. During the 1950s especially, the Israeli public, hundreds of thousands of whom were Holocaust survivors, still viewed Wagner as a symbol of the Nazi regime. It is inconceivable that the Israeli government would have paid for the entire orchestra to travel to Rome to pay tribute to "Hitler´s pope." On the contrary, the Israeli Philharmonic´s unprecedented concert in the Vatican was a unique communal gesture of collective recognition for a great friend of the Jewish people.

[...]

The Talmud teaches that "whosoever preserves one life, it is accounted to him by Scripture as if he had preserved a whole world." More than any other twentieth-century leader, Pius fulfilled this Talmudic dictum, when the fate of European Jewry was at stake. No other pope had been so widely praised by Jews´and they were not mistaken. Their gratitude, as well as that of the entire generation of Holocaust survivors, testifies that Pius XII was, genuinely and profoundly, a righteous gentile.

(Il testo integrale dell´articolo lo trovate in
The Weekly Standard del 26 febbraio 2001)

 

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ANTES DE AUSCHWITZ, LA VENDÉE, Francia

Los cristianos ‘raza maldita’

 

Dejar morir de hambre a los que, por haberse escondido, hubieran sobrevivido.

 

Las memorias jamás reivindicadas de tres mil curas asesinados, de cientos de religiosas violadas y torturadas hasta morir y de decenas de campesinos descuartizados por no querer renunciar a su religión toca directamente a la misión pastoral del Papa y al encargo recibido del mismo Cristo de confirmar a sus hermanos. Cada vez más historiadores hablan de este acontecimiento como el primer genocidio de la historia moderna. En él, tus jacobinos pusieron en práctica lo que se puede considerar un ensayo general de Endlösung o ´Solución Final´.

 

Entre la multitud de persecuciones ilustradas de católicos (Tirol, Italia...) que siguieron a la Revolución Francesa, la Vendée destaca por su resistencia indómita. La razón de esta fidelidad a la Iglesia hasta el tormento y la muerte se debe a que había sido la tierra de las prédicas de San Louis-Marie Grignion de Montfort, santo apreciadísimo por Juan Pablo II, y que probablemente acabe pronto convertido en doctor de la Iglesia. Esto, a la retroprogresía francesa que escribe sus recuerdos del mayo del 68 desde las alfombras de Ispahan de los despachazos del BNP le termina de sacar de quicio.

 

Nada de aristócratas y clero que incitan al pueblo a defender sus privilegios. Fue un levantamiento popular, que forzó a los titubeantes clérigos a tomar partido y produjo la salida de incógnito de muchos nobles temerosos de comprometerse. Rebelión religiosa frente al feroz volterianismo ideológico que se imponía a sangre y fuego desde París. Una insurrección en defensa del cristianismo, que constituye un hecho único en la historia por sus proporciones y el alcance de su represión.

 

Todo esto lo ha sacado a la luz Reynald Secher. Lo ha hecho gracias a un descubrimiento fundamental: no toda la documentación había podido ser purgada o depurada. En efecto, gran parte de ella se encontraba en manos de particulares (como si confiaran en que algún día la Historia les haría justicia). Secher pudo incluso acceder a la documentación catastral oficial donde se consignaba la destrucción material sistemáticamente perpetrada: diez mil de cincuenta mil casas, casi todo el ganado muerto y el campo arrasado. Dentro del frío plan de exterminio elaborado meticulosamente en París se incluía la siguiente disposición: dejar morir de hambre a los que, por haberse escondido, hubieran sobrevivido.

 

Ya sabéis el contenido de las arengas del general Carrier:
 

No nos hablen de humanidad hacia esas fieras de la Vendée: todas serán exterminadas. No hay que dejar vivo a un solo rebelde.
 

También es digna de reseñar la contestación del Comité de Salud Pública de tus sueños al general Westermann, "vencedor" de aquella destartalada Armada Católica:
 

Debe purgar completamente el suelo de la libertad de esta raza maldita.
 

La Vendée ya ha sido vengada con el descubrimiento de su verdad. Los 140.000 judíos franceses deportados hacia la muerte durante la II Guerra Mundial ya han sido vengados. Los cientos de miles de muertos sumariamente juzgados y ejecutados en las represalias de la posguerra ya han sido vengados. Los masacrados de Argelia ya han sido vengados. Está naciendo una nueva Francia. De la otra, polvorienta y casposa, sólo quedan cuatro pirados que se devanan entre ilusorias "injerencias internas" de un Papa que se dispone a celebrar ¡el bautismo de Clodoveo (451-511)!

" STAT CRUX, DUM VOLVITUR ORBIS "
(La cruz permanece firme, mientras el mundo da vueltas) -Lema cartujo.

 

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Hoy en día se persigue y fustiga a los católicos con impunidad escandalosa. Y se les condena a tener que aceptar ‘en silencio y de manos atadas’ toda calumnia, injuria y sospecha. No sea que además de todas sus afrentas se les acuse de prepotentes por replicar conforme al derecho de toda persona a defender su honra.

 

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Es difícil calificar una institución –como la Iglesia Católica que, en sus dos mil años- nos ofrece con sus bibliotecas, monasterios, universidades y archivos, nada menos que el ‘patrimonio intelectual de la humanidad’.

La Iglesia Católica es la comunidad religiosa más organizada del mundo; cuenta, además, con más de seiscientos [600] Universidades o Institutos superiores de investigación.

 

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La misión de la Iglesia su orden de Cristo, es anunciar la salvación a la ‘nación’ de los pobres, marginados, excluidos y manipulados, primeramente.

 

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--¿Por qué los benedictinos han tenido esta influencia tan fuerte en la arquitectura, el arte y la cultura europea?

--López-Tello: Los benedictinos, nacidos en el ocaso de la cultura romana (siglo VI), recibieron la herencia espiritual de ese mundo que sucumbía y supieron conservarla y recrearla para hacer de ella un vehículo de expresión de cómo el hombre puede hablar del Dios infinito a través de una variedad y pluralidad siempre limitada de lenguajes artísticos.

Dado que los monjes tuvieron un papel fundamental en la evangelización de Europa (por ello san Benito es el patrón principal de todo el continente), su presencia llevó a numerosas áreas del viejo mundo la posibilidad de usar las artes figurativas de un modo creativo para transmitir el Evangelio.

--Es fácil asociar benedictinos con abadías medievales, pero no con el arte moderno. ¿Es un prejuicio?
--López-Tello: Esa posibilidad expresiva no se encuentra limitada al medioevo, como muchos pueden creer, sino que, sobrepasando el barroco y los historicismos del siglo XIX, usa las posibilidades expresivas de la arquitectura, pintura, escultura o, incluso, fotografía, del siglo XX. Es un reflejo de cómo el hombre de todos los tiempos puede hablar de Dios con el lenguaje del arte. 09.I.2008

 

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Cristus vincit, Cristus regnat, Cristus imperat

 

"Obras todas del Señor, bendecid al Señor".-

Caminad mientras tenéis luz,

antes que os envuelvan las tinieblas.

Caminad.

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El Señor es la esperanza

de la vida y el dolor

y su amor es la palabra

que ilumina el corazón.

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“Levántate, Jerusalén, brilla de alegría

porque llega tu luz y la gloria del Señor resplandece sobre ti”.

 

 

 

Por venir a visitarnos, os agradecemos.-

Benedicto PP XVI: 2008.I.01 ‘Día mundial de la paz’ como cada primero de enero. Familia humana: comunidad de paz’ lema 01 enero para el 2008. 40 aniversario de la celebración de la primera Jornada Mundial de la Paz (1968-2008) ‘la celebración de esta Jornada, fruto de una intuición providencial del Papa Pablo VI’.-

Anno Domini 2008 - Mane nobiscum, Domine! ¡Quédate con nosotros, Señor!.

En el frontispicio de todas las iglesias de los jesuitas, en innumerables libros, en los anuncios de sus disputationes y en sus programas catequéticos, campea siempre el lema que resume lacónicamente los fines de la Orden: O.A.M.D.G. (Omnia ad maiorem Dei gloriam: «todo a mayor gloria de Dios»).

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Recomendamos vivamente:

1º ‘Jesús, el Evangelio de Dios’ Edibesa - editorial. Es, sin lugar a dudas, una obra madura de un experimentado pastor y teólogo y un libro oportuno sobre Jesucristo, el protagonista de máxima trascendencia y de permanente actualidad. 2008.-

2º ‘Identidad cristiana’ - La bandera del logos - Coloquios universitarios - Autor: Antonio Aranda (ed.) - Editorial: EUNSA – 2008 - Estamos en el tiempo de la dialéctica: Logos frente a ideología; palabra frente a sistema; razón frente a voluntad de pasión, de sentimiento, de poder público y privado; realidades básicas frente a necesidades sometidas a la pulsión freudiana. Benedicto XVI ha asumido una responsabilidad histórica, en un mundo en que la palabra debe recuperar su dignidad básica, siempre en relación con la realidad y en referencia con el pensamiento. Uno de los problemas acuciantes del pensamiento cristiano, y de la necesaria pregunta por la identidad, es lo fragmentario y lo especializado. La praxis existencial de un cristiano, y de una institución cristiana, es la de la contribución a que los demás descubran la importancia de mantener una relación positiva con la verdad.

3º Jesús de Nazaret– al siglo, Joseph Cardenal Ratzinger: ‘Benedicto XVI’. 2007

Ser cristiano’- al siglo, Joseph Cardenal Ratzinger: ‘Benedicto XVI’- dedicó «a Romano Guardini, con gratitud y admiración». Editor: Desclée De Brouwer.

‘Te ergo, quaesumus tuis famulis subveni, quos pretioso sanguine redemisti’, ‘Socorre, Señor, te rogamos, a tus hijos, a los que has redimido con tu sangre preciosa’.+

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).