"Laetare, Jerusalem: ¡Alégrate, Jerusalén!"
Si el Estado de Israel fuera árabe-musulmán, no existiría el conflicto de Oriente Próximo. Pero no es musulmán. Es judío. Tan judío como Jesucristo.

Jerusalén
El significado de los Lugares Santos
R. P. Lic. Carlos D. Pereira, V.E.
¡Tierra Santa...! Un nombre del todo singular, sugestivo, para designar un país, una determinada tierra, un lugar. Es tierra porque es material, palpable con los sentidos, y no es sólo una construcción edilicia, ni siquiera un Templo o una estela, es toda una extensión, una geografía, un conjunto de lugares que han conformado la morada de muchos pueblos y de naciones a lo largo de la historia. Es santa porque ha sido "visitada", bendecida, enriquecida de modo particular por Dios. Así lo creen efectivamente los fieles de las tres grandes religiones monoteístas del mundo.
El Papa Pablo VI, en su histórica visita a Tierra Santa, declaró: "esta tierra es única en el mundo por la grandeza de los acontecimientos de los que ha sido teatro"[1]. Evidentemente se está refiriendo a la tradición judeo-cristiana, de la cual depende la cultura más influyente de nuestro tiempo, y de la cual también depende la tradición musulmana en gran medida, en cuanto que ha tomado muchos elementos de la judeocristiana. En efecto, esta es la tierra a la cual Dios llamó a Abraham para que viniese a habitar en ella, prometiéndole que se la daría en posesión a su descendencia (cf. Gn 12,7) "para siempre" (cf. Gn 13,15). Este hecho da origen a la tradición hebrea y su relación con la tierra de Palestina. Después vendrán muchos otros acontecimientos que constituyen la misma esencia de la historia de Israel, como la vida de Isaac, de Jacob, la conquista de la Tierra, la residencia de los reyes y profetas. También para los cristianos y su tradición tiene importancia capital, no sólo por la conexión histórica de dicha tradición con los patriarcas y profetas del Antiguo Testamento, sino en cuanto que también aquellos se consideran "hijos de Abrabam por la Fe" (cf. Rm 4,16), y sobre todo porque esta tierra ha sido la patria terrena de Jesucristo, teatro universal de su Evangelio y de la redención del mundo.
Es por eso que el papa Pablo VI ha podido afirmar también: "Tierra donde vivieron un tiempo los patriarcas, nuestros padres en la Fe; Tierra donde resonó por tantos siglos la voz de los profetas que hablaban en nombre del Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob; Tierra, en fin y sobre todo, que la presencia de Jesucristo ha convertido para siempre en bendita y sagrada para los cristianos, y podemos decirlo, para todo el género humano"[2]
1. ¿Es posible hablar de "lugares santos"?
Existen lugares físicos de la tierra asociados de modo particular a la presencia divina. De ello nos da claro testimonio la Sagrada Escritura; así por ejemplo el Salmo 68: "¿Por qué miráis celosos, montes escarpados, al monte que Dios escogió para mansión? ¡Oh si, Yahvé morará allí para siempre!"[3]. Los lugares que gozan de una presencia especial de Dios (como los apenas mencionados, los cuales son llamados "mansión" de Dios) son considerados "santos" o "sagrados", aún cuando la presencia del Señor se extienda de modo general sobre toda la tierra (cf. Sl 65,7ss.). Así lo afirma el ,mismo Dios al dirigirse a Moisés: "No te acerques aquí; quita las sandalias de tus pies, pues el lugar en que estás es tierra sagrada"[4]
Los cristianos se reconocen como tales desde el momento en que aceptan la Filiación Divina de Jesucristo, o sea que es Hijo de Dios por naturaleza o Verbo Encarnado y por lo tanto Dios verdadero. Si hay lugares en los cuales una particular presencia histórica de la divinidad ha permitido sean catalogados como "santos", para cristianos los sitios en los que la presencia física y personal del Verbo Encarnado se dio históricamente, deben sin duda ser denominados de aquel modo. Cuentan estos lugares con una serie de ventajas respecto a otros, debidas al hecho que la presencia física del Verbo Encarnado ha sido en naturaleza humana, y por lo tanto a modo humano. Su recuerdo por lo tanto reviste el mismo tipo de características externas que puede tener cualquier sitio, en el cual uno sepa que vivió o trabajó alguna persona concreta, a quien se recuerda de modo particular. Ha sido un "hombre" el que en un ir determinado fue concebido, nació, creció y fue instruido, trabajó, vivió, predicó, y finalmente murió. Además hay toda una geografía que lo ha visto caminar, pasar de un lado al otro. Finalmente, teniendo en cuenta que estamos hablando de Jesucristo y éste es Dios, nos legó una herencia del todo particular, que ningún otro hombre podría habernos dejado; su último milagro, también asociado a un lugar sagrado. Como prueba a divinidad de su persona y doctrina, resucitó de entre los muertos al tercer día (cf. 1 Cor 15,4).
Es entonces la presencia histórica de Jesucristo la que ha convertido la geografía Palestina en "santa", como ninguna otra lo es, y que ha santificado especialmente los lugares concretos en los cuales la vida y obra de Jesús se llevó a cabo. Mas como para cristianos Jesús es una realidad histórica pero al mismo tiempo actual y "viviente", debido a su Resurrección y glorificación en el Cielo, traspasa como consecuencia la historia misma, es eternamente presente. Las realidades que han tenido vinculación histórica con Jesucristo también se transforman en realidades eternas. La santidad de Tierra Santa no es por lo tanto sólo histórica, sino que es actual, permanente; es una realidad que santifica al mismo tiempo a los que toman contacto con ella, si estos así lo quieren.
Por eso los cristianos de todo el mundo "anhelan venir al menos una vez en la vida" - según había declarado Pablo VI-. Se trata de venir a lugares en los cuales se puede tener contacto directo con la "presencia física, perenne y actual" de Jesús, de María, de los Apóstoles y de la Iglesia por Aquel fundada. Se trata de venir a encontrar presencia "viva" de Dios en un modo que no puede ser encontrada en otro lugar. Delante de dicha presencia es entonces posible orar, peregrinar, suplicar, meditar, hacer actos de piedad, adorar, venerar, encomendar intenciones particulares. Así lo hizo su santidad Pablo VI en el 1964, según sus propias palabras: "Iremos humildemente y en seguida regresaremos, haciendo un viaje de oración, de penitencia y de renovación para ofrecer a Cristo su Iglesia, para llamar a esta Iglesia única y santa hermanos separados, para implorar la divina misericordia en favor de la paz los hombres..., para suplicar a Cristo Señor por la salvación de toda la humanidad"[5]
2. Autenticidad histórica de los lugares santos
Trataremos de analizar una cuestión que hoy día tiene no poca actualidad. Efectivamente, a medida que aumenta el interés religioso y arqueológico por los lugares santos - fenómeno que se ha dado en particular en los últimos decenios con relación a lugares bíblicos, razón por la que la tierra de Palestina se ha convertido en un escenario privilegiado de dicho fenómeno- y a medida en que se han ido desarrollando estudios críticos respecto a los lugares santos y a los hallazgos allí encontrados, comienza a colocarse en el tapete la cuestión de la autenticidad de estos. ¿Son históricamente auténticos los lugares santos venerados por judíos, musulmanes y cristianos? Especialmente con relación a los lugares venerados por estos últimos es que la cuestión parece cobrar mayor relieve.
La veneración de un lugar santo se halla en estrecha relación con el acontecimiento histórico que se supone allí acaecido. De lo contrario, no se veneraría ese lugar distinguiéndolo de otros. Eso quiere decir que el recuerdo de dicho acontecimiento no es indiferente o independiente del lugar. Por algo los fieles concurren allí a venerarlo y no en otro sitio. En determinados ambientes sin embargo - lo cual se nota no poco entre muchos de los estudiosos de arqueología que actualmente realizan excavaciones en la geografía de Palestina- se da como una cierta indiferencia respecto a la importancia que pueda tener la autenticidad histórica del lugar, especialmente si este se halla en relación con la actual devoción religiosa, tanto de cristianos como de otras confesiones. Me explico; se dice por ejemplo que "no importa donde se halla producido el acontecimiento que da origen al recuerdo y a su veneración (en particular la veneración religiosa), sino lo que interesa es el recuerdo mismo y su veneración". La persona a la que escuché decir esto pretendía justificar su opinión sobre "el Belén" en el cual Jesús había nacido; este no quedaría en Judea (el Belén tradicional), sino en Galilea. No dio argumentos arqueológicos para probarlo. Según creo, no existen muchos al respecto. Por lo general, creo que este tipo de postura indiferencista nace de la necesidad más bien de negar a priori la autenticidad de un lugar santo, sin tener argumentos suficientes para ello. Para esta persona por ejemplo, la evidencia del culto cristiano desde muy antiguo en Belén de Judea - cuando tal tipo de evidencia se acepta como argumento de gran importancia para casos similares- no constituía prueba alguna, y la ausencia de todo vestigio cultual a través de la historia en la Belén de Galilea tampoco. Creemos que esta posición es netamente ideológica, y nace la mayor parte de las veces de un prejuicio antireligioso. En realidad, el recuerdo y la veneración de un acontecimiento histórico en un lugar (más allá de lo que signifique de más religiosa o personalmente) tiene sentido en la medida que el acontecimiento es históricamente auténtico, como hemos mostrado. Además, muchas veces no se pone en práctica un razonamiento que debería ser previo a cualquier juicio de valor - para ser honestos intelectualmente - y que es el siguiente: Si en el lugar santo y recordado empezó a gestarse una tal veneración religiosa que se ha mantenido a través de los siglos y que no se ha gestado en otro lugar respecto al mismo acontecimiento, desde el punto de vista de la probabilidad es más seguro que este lugar sea el auténtico. "Algo" (y algo veraz) tiene que haber hecho que la devoción al acontecimiento determinado nazca allí y no en otra parte.
La veneración que se hace de un lugar santo además, se apoya casi siempre en una determinada tradición histórica. La tradición es la que hace de puente o nexo entre el acontecimiento que se considera histórico y la actualidad. Y no se trata sólo de tradiciones orales, sino en muchos casos existen testimonios escritos. Ahora bien, para probar la existencia de personajes o hechos de la historia profana nadie exige más que el mero testimonio de documentos escritos o tradiciones orales. Aunque algunas deban ser sometidas a un examen crítico riguroso, no son excluidas en bloque. Pues bien, el mismo principio debe seguirse para las tradiciones en favor de los lugares santos. Desgraciadamente, constatamos que esta norma equitativa no es siempre respetada.
Existe en efecto, una corriente que considera la sola existencia de una tradición histórica en favor de la autenticidad de un lugar o acontecimiento santo, o la aparición de tradiciones al respecto en determinados momentos de la historia, como una prueba en contrario, o sea como una garantía de no autenticidad. Aún cuando haya de hecho tradiciones ciertamente menos atendibles que otras y alguna eventualmente no atendible, por conocerse con certeza su origen posterior, no se deberían rechazar las tradiciones por el sólo hecho de serlo. Sin embargo, es común escuchar por ejemplo, que "respecto a ciertos lugares o eventos de Tierra Santa que cuentan con una fuerte tradición en favor proveniente de época bizantina o cruzada, resulta mejor y más seguro poner en duda su autenticidad", lo cual se lleva a cabo en bloque y antes de examinar el caso concreto. Hay investigadores que son totalmente escépticos en relación a cualquier vestigio o tradición de origen "bizantino" o "cruzado", escepticismo que curiosamente no experimentan respecto a ningún otro evento o personaje de la historia profana. Nuestra impresión es que dicho escepticismo sólo parece responder a un prejuicio elaborado obviamente de antemano.
En realidad nosotros creemos que esta posición es aún más ideológica que la primera, y ciertamente más ingenua. Es justamente la tradición histórica, y la particular fuerza de su evidencia en ciertos estadios de la misma, la que permite conocer hoy día con abundante grado de certeza la autenticidad de un lugar santo. Ponerla en duda "justamente porque existe tal tradición" es un contrasentido. Es válido ciertamente contar con elementos de juicio crítico a los cuales someter dichas tradiciones, como hemos adelantado, y deducir de ese modo el grado de credibilidad para cada una (aún cuando en rigor siga siendo necesario y honesto el tenerla en cuenta al menos en cierta medida), pero no se puede generalizar para todas ellas, y mucho menos de modo superficial y acrítico, ya que respecto justamente a los lugares santos, las tradiciones históricas son atendibles en la mayoría de los casos. Son ellas precisamente las que han guiado a estudiosos y arqueólogos a interrogarse y a hallar evidencias de tipo físico en favor de su autenticidad.
La tradición histórica es entonces el "puente" necesario del cual hemos ya hablado. Gracias a ella es posible superar el agnosticismo histórico, al cual deberíamos necesariamente llegar si dicha tradición no existiera, pues los solos datos arqueológicos son insuficientes.
Es verdad que aquí hace falta hacer una salvedad, y es la siguiente: Creemos que en el caso concreto de Tierra Santa y territorios adyacentes podemos distinguir tres clases de lugares con relación a la tradición que los respalda:
- Lugares fuertemente respaldados por una tradición histórica, incluso avalada por documentos escritos, y de los cuales se sabe con abundante grado de certeza que la devoción se debe la tradición misma allí surgida. De este tipo son Belén, el Santo Sepulcro en Jerusalén, Nazaret por ejemplo.
- Lugares donde ciertamente existe el respaldo de una tradición, más ésta no se halla tan fuertemente respaldada por documentos escritos, o bien interrumpida a lo largo del tiempo, o bien dividida entre dos o más lugares. Es el caso bien conocido de Emaús por ejemplo, o el Campo de los Pastores en las vecindades de Belén.
- Lugares donde por el contrario la devoción a un episodio o narración determinada ha permitido que se estos comiencen a conmemorarse allí, aunque sin atender a la localización histórica, que muchas veces no existió, como el conocido caso de la Posada del Buen Samaritano, camino a Jericó, que recuerda una "parábola" de Cristo y no un hecho histórico, o bien la gruta de la leche en Belén, de tradición apócrifa.
Con respecto a los segundos, la arqueología y la investigación histórica tienen un gran trabajo para determinar, hasta donde sea posible, cual sea el lugar verdadero o con más probabilidades de serlo. Con respecto a los últimos, se trata en estos casos de una mera evocación donde la localización precisa del lugar pierde importancia, pero estos casos son fácilmente reconocibles y diferenciables. Esto no quita autoridad a la tradición que respalda a los primeros. Es señal de metodología incorrecta el menospreciar la tradición que respalda a estos primeros a causa de los problemas que encontramos en los otros dos tipos.
Para dicho primer tipo de lugares, - hablando sobre todo de los de tradición cristiana- la existencia de diversos estadios de la tradición, uno bizantino y uno cruzado - y en los lugares donde ha sido posible hallarlo, también de uno judeo-cristiano -concentrados sobre un mismo lugar, permite que podamos conocer la autenticidad del mismo. Es natural desde el punto de vista cristiano ver en ello un designio Providencial que tiene por objeto facilitar el conocimiento acabado de los lugares, y no ver por el contrario un obstáculo para ello.
No es objeto del presente artículo entrar en un estudio pormenorizado de los lugares santos cristianos, lo que nos excede completamente debido al gran número de ellos; sólo tomemos un ejemplo: el santuario de Belén, uno de los más reverenciados.
Existen datos históricos fidedignos que afirman que el emperador Adriano - al sofocar la segunda revuelta judía- hizo construir santuarios paganos en lugares venerados por judíos y cristianos. Lo hizo sobre la tumba de Cristo en Jerusalén, así como sobre la gruta del Nacimiento en Belén, donde instaló un "bosque sagrado" dedicado a Adonis, dios pagano de la vegetación. Así lo afirma San Jerónimo hacia el 395[6]. Además, también San Cirilo de Jerusalén hacia el 348 atestigua haber visto el lugar aún cubierto de árboles. Ahora bien, la instalación del culto de Adonis en este lugar es perfectamente lógica en la mentalidad religiosa griega y romana, si se presupone la existencia aquí de un culto anterior relacionado con el nacimiento de un dios. Creemos que es un dato importante favorable a la tradición cristiana anterior a este hecho paganizante"[7]. Por lo tanto, hay testimonios en favor de una tradición judeo-cristiana en el lugar. Existen también hallazgos arqueológicos en las vecindades de la gruta de la Natividad, como tumbas, cisternas, etc., que prueban el uso y veneración del lugar, y el testimonio escrito del apologista San Justino, quien escribe poco después del año 150 (o sea mucho antes de la época bizantina), y que da testimonio de la tradición de la Gruta de Belén"[8]
La tradición judeo-cristiana ha sido retomada en tiempos bizantinos, en los cuales se levantó la primer basílica (y en el caso de Belén también la basílica actual) y finalmente en época cruzada se levantaron nuevos edificios y se llevaron a cabo trabajos de restauración. Como vemos, los distintos estadios de la tradición permiten "seguir el rastro" de la veneración del lugar a través de la historia, y conectarse con los orígenes mismos.
También a veces se niega la autenticidad de un lugar santo contra toda una tradición y hasta contra textos bíblicos o evangélicos, basados en la interpretación que se hace de otro texto bíblico, supuestamente en contradicción con el primero. No se toma el trabajo de tratar de armonizarlos, lo cual es sin duda lo más natural y lo primero que debería ocurrírseles, sobre todo cuando es posible hacerlo sin mayores inconvenientes y si haciéndolo, la dificultad queda resuelta. Por ejemplo, J. Murphy O´Connor sostiene en una de sus obras que "los evangelios no están de acuerdo en afirmar que María y José vivieron en Nazaret antes del nacimiento de Jesús. Lucas sí lo afirma (cfr. Lc 2,4-5), pero Mateo da por sentado que fue en Belén (cfr. Mt 2)"[9]. Afirma el autor que es más probable que Mateo sea el correcto, porque José pertenecía a una familia judía (de la Judea, donde está Belén) y además porque hubiese sido más normal volver a Nazaret ante la amenaza de Herodes el Grande que huir a Egipto. Cuando Arquelao hijo de Herodes asumió el trono de Judea, José tuvo miedo de Arquelao y resolvió dirigirse a Nazaret, en Galilea, donde reinaba Herodes Antipas. Pero aquí notamos dos cosas:
- En primer lugar Mateo no da necesariamente por sentado que los esposos vivieran en Belén, sino que empieza el capítulo 2 (el único citado por O´Connor) diciendo: "Nacido Jesús en Belén de Judea" (Mt 2,1). ¿Es eso suficiente para desechar la tradición lucana sobre Nazaret, tan rica al respecto, máxime cuando no se presentan en contra de ella ningún argumento decisivo de crítica bíblica? Además es posible concordar ambos relatos, suponiendo que Mateo no menciona ciertos detalles que Lucas sí lo hace, detalles que implican el contacto con un testigo de los hechos, la Virgen María por ejemplo, que Lucas pudo haber tenido y Mateo no. El que perteneciese José a una familia judía no se opone al hecho que viviese en Galilea, donde había comunidades de judíos.
- En segundo lugar, ¿es una prueba decir que debería haber huido a Nazaret en lugar de Egipto si fuese originario de Nazaret? No olvidemos que Herodes el Grande, a quien José temía, reinaba sobre toda Palestina, no sólo sobre Judea y sólo a su muerte su reino se dividió entre sus hijos. Allí Arquelao - a quien José también temía- se quedó con Judea, y Antipas en Galilea. Por eso José no volvió más a Belén (donde podría haber pensado en quedarse, ya que probablemente tenía allí parientes) sino que eligió su lugar de origen y el de María, o sea Nazaret. Contra esto podría objetarse que si bien Herodes el Grande reinaba sobre toda la Palestina sólo "había mandado matar los niños de Belén y su comarca, de dos años para abjo" (Mt 2, 16). Es verdad, pero el mismo O´Connor menciona que "era normal que los judíos miraran a Egipto como un lugar natural de refugio"[10], basados en acontecimientos bíblicos (cf. 1 Re 11,40; 2 Re 25,26; Jer 26,21 ).
También el autor afirma que Nazaret era considerado lugar de Jesús" (Mt 13,54; Lc 4,16) y que Jesús tenía allí parientes (Mt 13,55-56), "por eso Lucas asumió que José y María habrían nacido allí". Es verdad, y seguramente lo asumió con razón, pues argumentos sobraban para conocerlo con certeza.
Creemos que es necesario no tener miedo a la investigación seria respecto a la cuestión de la autenticidad. La mayoría de los lugares venerados por los cristianos gozan de tradiciones y evidencias sólidas en favor de aquella. Los argumentos que se esgrimen en contra suelen ser por el contrario falaces, incompletos y metodológicamente incorrectos. Los estudios sobre la autenticidad y la certeza de la misma no son ajenos a la devoción y piedad cristiana actuales. Por el contrario, les están íntimamente relacionados y son su natural soporte.
Según una reciente declaración oficial, los cristianos "deben además situarse delante del lugar santo, no con una lógica humana que pretende definirlo todo según lo que se ve y se produce, sino con una actitud de veneración, llena de estupor y del sentido del rnisterio"[11]. Que tengan los criterios de Fe unidos a los de la ciencia, es la única vía posible para ellos, para ser legítimos poseedores y no usurpadores del nombre que llevan.
3. Sentido general de dichos lugares
Creemos que después de todo lo dicho estamos en condiciones de dar una idea más acabada acerca del sentido general de los santos lugares. Pero para ello sea quizás mejor explicar un poco cada una de las diferentes facetas de dicho sentido general, ya que se manifiesta diversamente. Nos valemos para ello de la valiosa exposición del padre Lino Cignelli[12], quien a su vez se vale del testimonio de muchos padres de la Iglesia. La intentaremos enriquecer no obstante, con nuestros aportes personales:
Es ante todo la "patria espiritual" de los hijos de Dios:
Así se expresaba Pablo VI: "Esta tierra bendita, se ha convertido, en cierto modo, en patrimonio espiritual de los cristianos de todo el mundo, los cuales anhelan visitarla en piadosa peregrinación, al menos una vez durante toda la vida"[13] . Es "patria espiritual" porque es la cuna de nuestra existencia más auténtica como cristianos. Es "cuna" de la Iglesia, pues "es allí donde la Iglesia nació y dio sus primeros pasos sostenida por su divino fundador y guiada por su primer vicario..."[14] . Y mucho más recientemente: "Este es el mensaje espiritual de la Palestina, patria espiritual de todos los cristianos, al ser patria del Salvador del mundo y de su madre"[15] .
También los Padres son muy elocuentes en este sentido: San Jerónimo la llama "Tierra Prometida" (Epístola 129,4), "patria del Señor" y consecuentemente también de los fieles (108,10.31). San Efrén: "Patria de la nueva humanidad, en cuanto "el nacimiento del Señor de la Virgen María engendra a todos los hijos de Adán y a Adán misrno" (CSCO 187, 107-109). Para Esiquio es "la metrópoli del mundo"(ST 264,262.281).
Son lugares de gracia y lugares carismáticos:
La Sagrada Escritura nos da también testimonio elocuente de la santidad de ciertos lugares por el hecho que Dios derrama sobre ellos alguna gracia especial.
Leemos por ejemplo en 2 Co 7,15: "Mis ojos estarán abiertos y mis oídos atentos a la oración que se haga en este lugar". También hay lugares de los que se afirma están asociados a un carisma especial. Por ejemplo, el clásico caso de la piscina de Betsaida en el evangelio de San Juan, a la cual "el Ángel del Señor bajaba de tiempo en tiempo y agitaba el agua; y el primero que se metía después de la agitación del agua, quedaba curado de cualquier mal que tuviera" (cf. Jn 5,4).
Asociados a gracia y a carismas especiales, así es como ven y experimentan los creyentes los santos lugares que visitan. "La gracia, el carisma propio de los S.L. es sobre todo el paso histórico de Dios hombre, paso santo y santificador que ha dejado una huella imborrable. Los misterios, los gestos salvadores que Cristo aquí realizó tienen un valor y una presencialidad perenne; están vivos y operantes todavía hoy, y desde aquí se difunden por todas partes del mundo gracias a la Sagrada Escritura y la Liturgia"[16]. Se comprende entonces como nazca de aquí la práctica de llevarse reliquias de los Santos Lugares a la patria, o de emplear en la construcción de edificios sagrados materiales llevados de aquí, práctica documentada arqueológicamente por el P. Bagatti[17].
Lugares de la Presencia divina:
Así como en el punto anterior nos referíamos a la presencia de los "misterios de Cristo", ahora la consideración es en relación a la misma presencia divina, y en particular de Cristo Señor. Si bien toda la Creación es sacramento y teofanía, o sea signo y manifestación de Dios, la Tierra Santa lo es a título especial en cuanto "sacramento geográfico" de la presencia de Dios Salvador[18]. Ha dicho recientemente Juan Pablo II: "«Dios está presente de la misma manera en todo rincón de la tierra», pero existen «lugares sagrados» en los que el encuentro con el divino puede ser experimentado de manera más intensa"[19].
El paso del Dios - Hombre ha dejado impresa su presencia. Decía también Pablo VI a propósito de Belén: "Cristo, que vive y reina en nuestra Iglesia, se manifiesta a las gentes partiendo de este lugar, de este pesebre que señala su aparición sobre la tierra"[20]
Es precisamente esta presencia viva de Cristo la que llama y atrae hoy, como llamaba y atraía hace dos mil años. Desde siempre se viene a Tierra Santa por nostalgia de Él, para encontrarlo y participar de sus misterios, para alcanzar su plenitud de Gracia. San Jerónimo resaltaba esta presencia inefable diciendo que en Tierra Santa se camina por doquier "con Cristo a nuestro lado" (cfr. Ep. 46,13) )[21].
Lugares de la Palabra divina:
El Señor, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, ha hablado en esta tierra. Y continúa hablando desde aquí porque sus palabras son siempre actuales y válidas, "no pasarán" (cf. Mt 24,35). "De Sión saldrá la Ley y de Jerusalén la Palabra de Yahvé", dice Isaías (2,3). Efectivamente, el divino Maestro obró y enseñó aquí. Y de aquí partieron los Apóstoles con su mensaje de Salvación.
"Así es como la Palabra de Dios brota de Tierra Santa; este es naturalmente el lugar ideal para leerla y comprenderla bien, especialmente desde el punto de vista histórico- literario, fundamento, como dice San Jerónimo, del sentido espiritual (cf. Ep 129,6). De aquí el título de "quinto evangelio" dado a la patria de Jesús. Y de aquí la necesidad de visitarla con la Biblia en la mano. Cada santuario es una "memoria elocuente", un "documento viviente", como dice San Paulino (cf. Ep 49,14)[22]. Por encontrarse aquí la Palabra de Dios en su ambiente natural, es que se la puede comprender aquí mejor que en otras partes: "Aquí se aprende el método para comprender quién es Cristo. Aquí se descubre la necesidad de observar el ambiente de su morada entre los hombres; los lugares, los tiempos, las costumbres, el lenguaje, las prácticas religiosas, todo lo que sirvió a Cristo para revelarse al mundo. Aquí todo habla, todo tiene sentido".
El testimonio de los Padres también es elocuente al respecto. Citamos un hermoso párrafo, atribuido a San Jerónimo: "Como la historia griega es mejor comprendida por aquellos que han visto Atenas, y el III Libro de Virgilio por aquellos que han navegado desde Tróade a Sicilia y de aquí a Ostia, así la Sagrada Escritura será más claramente y profundamente comprendida por quienes hayan contemplado con sus propios ojos la Judea y hayan conocido los monumentos de las ciudades antiguas, no sólo los nombres, permanecidos idénticos o cambiados. He aquí por qué hemos querido someternos a la fatiga de recorrer, en compañía de los mejores eruditos hebreos, este país que está en la boca de todas las Iglesias de Cristo"[23]
4. A modo de conclusión.
Todo lo arriba dicho es más que suficiente para remarcar la importancia de los lugares santos en sus diversos aspectos. Hemos querido que estas páginas sirvan de reflexión, tanto para los que tenemos la gracia incomparable de vivir en Tierra Santa, como para aquellos que estén en condiciones de peregrinar a ella. Para los primeros, para que aprendamos a amarla cada día más, ya que amarla es participar del amor preferencial de Dios por ella, y "dichosos los que te amen", dice Tobit a propósito de Jerusalén (cf. Tob 13,15). Para los segundos, para que se animen a visitarla si aún no lo han hecho, peregrinando verdaderamente, especialmente con ocasión del gran jubileo de la Redención.
No queremos terminar sin mencionar de modo especial a los cristianos que han nacido y viven en la tierra de Jesús, verdaderos "soportes y piedras vivas". "Si su presencia llegase a faltar - como afirmaba Pablo VI-, se apagaría junto a los santuarios el calor de un testimonio viviente, y los santos lugares de Jerusalén y Palestina convertirían casi en museos"[24]. Como cristianos, no podemos dejar de recordarlos y prestarles nuestra ayuda, al menos con la oración y el reconocimiento, si no está a nuestro alcance el hacer más.
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[1] Cf. Discurso al presidente de Israel en Meggido del 5 de enero de 1964.
[2] Cf. Paolo VI, Exhortación Apostólica: Le necessità della Chiesa in Terra Santa, in Enchiridion Vaticanum,
volume 5 - Documenti della Santa Sede (1974 -1976), Bologna 121982- 157 (1974).
[3] Salmo 68 (67),17.
[4] Exodo 3,5.
[5] Cf. Pablo VI, Discurso de clausura de la 2a sesión del II Concilio Vaticano (5 / 12 / 63).
[6] Cf. Guida di Tierra Santa, a cura di C. Baratto ofm., Jerusalem - Milano (1992) 147-148. La obra de Adriano tuvo lugar entre el 134 y 135 después de Cristo.
[7] Diez Florentino, Guía de Tierra Santa, Madrid (1990) 164-165. De aquí también tomamos las referencias anteriores a los testimonios de San Jerónimo y San Cirilo. Presenta también el de Orígenes, quien hacia el 248 habla de "la cueva del pesebre".
[8] Cf., San Justino, Diálogo con Trifón, 78. El texto en cuestión lo presenta P. Cabezón Martín A. ofm., Belén, Jerusalén (1991) 78.
[9] Cf., Murphy O´Connor J., The Holy Land, Oxford (1998) 374.
[10] Id.
[11] Cf. Pont. Consejo para la pastoral de emigrantes e itinerantes, El Santuario. Memoria, presencia y profecía del Dios vivo, I, 6 (en L´Osservatore Romano, ed. española, n. 22 del 28/5/99, p. 8).
[12] Cf. Cignelli L., La Peregrinación a Tierra Santa en los Santos Padres, en TIERRA SANTA 606-7 (1979) 228-234.
[13] Cf. Exhortación Apostólica: Le necessità della Chiesa in Terra Santa, 159-, in Enchiridion Vaticanum, o.c., 171.
[14] Pablo VI, cf. Radiomensaje de Navidad (1963).
[15] Cf. El Santuario..., 18 (en L´Osservatore Romano, ed. española, n. 22 del 28/5/99, p. 1 l).
[16] Cf. Cignelli L., La Peregrinación..., 229. De aquí hemos tomado también las referencias anteriores que
hemos citado de los Santos Padres.
[17] Cf. Bagatti, El Gólgota y la Cruz, Jerusalén (1978) 53.
[18] Cf. La Peregrinación..., 23 1.
[19] De la agencia de información por Internet ZENIT, (30/6/99).
[20] La Peregrinación..., 231.
[21] Cf. La Peregrinación..., 232.
[22]Cf. Pablo VI, Discurso en Nazaret.(5/7/64).
[23] In Par. Praef.; PL 29, 423; cf. Ep 77,7ss.; 84,3; 108,26; 125, 12.
[24] Pablo VI, Sobre las crecientes necesidades de la Iglesia en Tierra Santa (1874).
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"Para salvarla de la destrucción", dice el padre Santarelli. "En la segunda mitad del siglo trece, en Palestina estaba produciéndose una violenta invasión musulmana, con la destrucción sistemática de los lugares santos cristianos. Alguien, hombres, o Ángeles, u hombres con ayuda ciertamente sobrenatural, consiguió salvar esta casita trayéndola a Italia".
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Sellos encontrados en Ir David con nombres de judíos de hace 3.000 años (réplicas). | C.Jordá
ARQUEOLOGÍA EN JERUSALÉN – V.MMX
Israel se reencuentra con su pasado más remoto en la Ciudad de David
Aunque pueda sorprendernos, la Ciudad Vieja de Jerusalén no es tan vieja o, al menos, no es su parte más antigua: el área donde el rey David creó su capital está fuera de las murallas y, desde hace ya más de 130 años, es uno de los más importantes yacimientos arqueológicos de Israel.

Una jarra de aceite de hace unos 3.200 ó 3.400 años. | C.Jordá
C.JORDÁ
Desde mediados de los años 80 la Fundación Ir David es la entidad responsable del desarrollo de estas excavaciones, se trata de una institución completamente privada y que se financia de forma independiente gracias a personas, instituciones y comunidades judías de todo el mundo.
Para conocer un poco más de su Fundación y, sobre todo, de la propia Ciudad de David hemos hablado con Oren Satil, arqueólogo y guía turístico en los propios yacimientos, que nos ha contado algunos interesantes detalles de ese lugar en el que "comenzó la ciudad de Jerusalén hace más 3.800 años".
En aquella primitiva capital "había unas murallas muy distintas de las actuales y una gran fortaleza sobre el manantial de Guihón, que puede ser considerado el inicio de la ciudad". Aún hay más tesoros: "En una de las zonas, en la parte alta y cerca del Templo, estaría lo que creemos que es el antiguo Palacio del Rey David", muy cerca del lugar en el que "años después, el hijo de David, Salomón, construyó el Primer Templo sobre la Montaña del Templo, que entonces se llamaba Monte Moriá".
Los nombres bíblicos se agolpan para hablar de lo que hoy es, aparentemente, un barrio judío más de Jerusalén (aunque la zona fue conquistada por Israel en la guerra del 67 tras haberla perdido en la del 48), por lo que las excavaciones se desarrollan solamente en terrenos de la municipalidad, "en las propiedades privadas no podemos hacer nada", esto significa que, según nos dice Oren "sólo un poco más de 20 % de la ciudad ha sido excavada hasta ahora".
Y eso a pesar de que el trabajo arqueológico se remonta a 1887, cuando "un ingeniero del ejército inglés, Charles Warren, empezó a excavar en el manantial Guihón y encontró un túnel que, por el subsuelo de la ciudad, llevaba el agua hasta el estanque de Siloé", en la otra parte de lo que entonces era Jerusalén.

Puntas de flecha - Del periodo del primer templo. | C.Jordá
Importantes hallazgos
Aunque, "casi todo lo que se encuentra son trozos de cerámica", también se han hecho grandes hallazgos en la Ciudad de David. La propia cerámica es más importante de lo que podría pensarse, "porque por su decoración y tamaño permite saber de cuándo es y también nos da información sobre la gente que vivía allí".
También se han encontrado algunos metales como "puntas del flecha de la primera destrucción de Jerusalén por los babilonios" un suceso de hace unos 2.700 años y del que la Ciudad de David ha ofrecido una buena cantidad de restos y datos.

Oren Satil nos muestra algunos de los objetos encontrados en Ir David. | C.Jordá
Tal y como en la Biblia
Sin embargo, uno de los hallazgos más llamativos en la Ciudad de David han sido unos pequeños y aparentemente poco espectaculares sellos "que se utilizaban para certificar la personalidad, por ejemplo, en documentos de compra – venta de viviendas", nos dice Oren.
Los documentos que los acompañaban se han perdido, por supuesto, pero "ya hemos encontrado unos 60 sellos grabados con nombres en hebreo y tres de ellos se corresponden con personajes que conocemos o de los que hay referencias en la Biblia". Uno de ellos, por ejemplo, "es de la época del profeta Jeremías, y fue uno de los ministros que, cuando éste profetizó la destrucción de la ciudad, quiso librarse de él y lo tiraron en un pozo para matarlo". Se trata de "Iucal, hijo de Selemías" y que aparece en el Libro de Jeremías 37:3.
"Este sello fue un gran hallazgo", nos cuenta Oren visiblemente emocionado: "Es hermoso encontrar entre la ceniza de la destrucción los nombres de personas que vivieron y trabajaron en la ciudad hace miles de años".
También se encontró "una gran inscripción en la que se cuenta como Ezequías construyó un túnel para recoger toda el agua de Jerusalén". Un hecho que la Biblia menciona en el Libro de Isaías.
Décadas de trabajo
Aunque los primeros trabajos en la Ciudad de David se remontan a finales del S XIX, la recuperación casi definitiva del emplazamiento arqueológico empezó cuando la zona se declaró parte de un espacio protegido por su cercanía con las murallas de la Ciudad Vieja, así "se pudo empezar a excavar en todas las áreas pertenecientes a la municipalidad o a la Fundación de Tierras Judías".
Una labor en la que ha trabajado muy duro la Fundación Ir David, que financia todos los trabajos, aunque las excavaciones en sí las desarrollan "arqueólogos de las universidades de Israel, la Hebrea, de la de Haifa"... Actualmente hay "unas 60 personas" trabajando en la excavación.
El problema es que el área, al estar muy cerca de la Ciudad Vieja y prácticamente al lado del Muro de las Lamentaciones resulta extremadamente cara, por lo que no se puede trabajar más que en unos pocos espacios, como los lugares en los que se quieran levantar nuevas construcciones. Este fue el caso de "una zona cercana al manantial de Guihón" en la que se ha encontrado "la gran fortaleza que protegía la fuente de agua" y en la que "llevamos 15 años de excavación ininterrumpida".
Quizá lo más curioso es el caso de la propia oficina de la Fundación Ir David, que "estaba sobre el terreno de un gran edificio (40 metros de este a oeste) que se empezó a excavar hace 10 años y que pensamos que pueden ser los propios cimientos del palacio del propio Rey David".
Así era Jerusalén Las excavaciones están ofreciendo un montón de información sobre la Jerusalén de hace 3.000 años, aunque paradójicamente es difícil establecer datos básicos como cuánta gente vivía en ella: "Algunos arqueólogos establecen el máximo en unas 1.500 personas, otros elevan la cifra has cinco o seis mil".
Hay más, por ejemplo "fuera de la ciudad en la zona cercana al manantial había un vertedero en el que la ciudad dejaba sus restos y se han encontrado decenas de miles de raspas de pescado, lo que nos lleva a pensar en un activo comercio diario" con una costa que estaba a un día de camino.
En definitiva, en la Ciudad de David se puede ver "qué comieron, qué tenían en casa, si eran ricos o no..." los jerosolimitanos de hace más de 3.000 años.
Sin controversias Cualquier actuación en una ciudad en la que "se juntan la historia, la arqueología, la religión y la política" puede ser foco de polémicas, pero según nos dice Oren "en Ir David la sociedad israelí está de acuerdo: cada año lo visitan 500.000 personas, lo que lo hace uno de los lugares turísticos más importantes de Israel" y, por si esto no fuese suficiente, "aquellos que lo visitan suelen calificarlo como lo más importante de la ciudad de Jerusalén".
Incluso en el convulso panorama de los partidos israelíes hay acuerdo: "También los políticos, ya sean de izquierda o de derecha, vienen a visitar Ir David, nos cuenta Oren. "Los propios gobiernos, de uno u otro signo, apoyan el proyecto y los primeros ministros vienen a conocerlo y a ver qué cosas nuevas se están encontrando".
Un significado profundo Para nuestro interlocutor, más allá de su importancia histórica, la Ciudad de David tiene un significado muy profundo: "Es donde estaba la primera capital del pueblo judío como un pueblo unido, con las 12 tribus en un único estado".
Una anécdota nos puede decir mucho de este significado: entre las más de 10.000 monedas encontradas hay muchas de la época del Segundo Templo y en una del año 78 AC la inscripción en una de sus caras pone Para la libertad de Sión. Oren vuelve a emocionarse para decirnos que "encontrar eso de un judío de hace 2.000 años, cuando tenemos esa independencia que ellos soñaban... En su época era un centavo y hoy es muy valiosa y muy importante para entender la conexión de los judíos con Jerusalén".
Y es que "desde hace 3.000 años para los judíos, y también los cristianos – apunta Oren -, Jerusalén es su corazón, no importa donde estemos, rezamos, pensamos y hablamos de Jerusalén, tanto en el exilio como cuando estamos aquí". Y la Ciudad de David "es el centro de ese corazón: cuando llegas al Muro de las Lamentaciones en dos minutos estás allí, en Ir David, en el nacimiento de la ciudad". 03.V.MMX
http://www.libertaddigital.com/mundo/israel-se-reencuentra-con-su-pasado-mas-remoto-en-la-ciudad-de-david-1276391753/
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HISTORIA DE ISRAEL - el saqueo y destrucción Lugares Santos judíos y cristianos en el siglo XX.
Jerusalem durante la guerra de 1948
Por Julián Schvindlerman
Jerusalem padeció lo indecible durante la Guerra de la Independencia. Jordania, con su invasión y violencias sin cuento, se convirtió en la primera nación en atacar la Ciudad Santa durante la Era Moderna.
En el momento hubo informes de la ONU que alertaban del daño que se había ocasionado a los Lugares Santos judíos y cristianos. La mayor parte de los estragos los habían causado las fuerzas árabes, pero la ONU se abstuvo de asignar responsabilidades.
Unos años después de que terminara la guerra, el coronel Abdula al Tal, que había sido comandante de la Legión Árabe, escribió algo que resulta bien instructivo:
Yo sabía que el barrio judío estaba densamente poblado de judíos. En consecuencia, me embarqué en el bombardeo de la zona, creando acoso y destrucción.
Dos semanas después de iniciada la contienda, el barrio judío cayó, y la población sobreviviente fue expulsada –si bien hubo también varias detenciones– y las sinagogas, destruidas: de las 27 existentes en aquel momento, 22 fueron quemadas por el populacho árabe y cinco por el ejército jordano. Asimismo, 31 yeshivot y otros centros de estudios religiosos fueron arruinados. Se destrozaron objetos religiosos, se dinamitaron escuelas, se profanaron cementerios: 38.000 de las 50.000 lápidas del camposanto judío del Monte de los Olivos fueron removidas para construir con ellas caminos y letrinas. Toda esta zona fue utilizada para criar gallinas y alojar caballos. En general, la destrucción fue tan completa, que fuentes periodísticas de la época comparaban Jerusalem con Stalingrado o Berlín durante la II Guerra Mundial.
Cuando, veinte años después, soldados israelíes liberaron la parte vieja y la zona oriental de la ciudad, hallaron basura hasta el techo en la sinagoga Yohanán ben Zakay, fundada en 1267 por Nahmánides; la Hurva, construida en 1705, estaba completamente quemada; la famosa yeshivá Porat Yosef había sido volada. Los judíos protestaron ante la ONU, pero ésta ya por entonces seguía la línea de no atender demasiado a las inquietudes hebreas; en cambio, bien que urgió en 1964 a Israel a no celebrar la fiesta de Janucá en el monte Scopus para no herir la sensibilidad jordana...
Jordania creó un muro de concreto y con alambradas para impedir el acceso de los judíos a la Ciudad Vieja, con lo que el Muro de los Lamentos quedó fuera de acceso para los israelitas... y para los israelíes: es decir, que los israelíes de confesión cristiana o islámica también tenían vedada la entrada (a los cristianos sí se les dejaba en Navidad) ; y los extranjeros debían presentar certificados de bautismo. Entre los lugares importantes de la historia judía que quedaron vedados a los judíos se contaba también la Tumba de los Patriarcas, en Hebrón.
Mientras estuvo en manos árabes, Jerusalem no fue objeto de privilegio alguno. Salvo un proyecto de restauración del Domo de la Roca, en general las autoridades jordanas mostraron muy poco interés por la ciudad, y más bien promovieron a Ammán, la capital del reino, como centro político-administrativo. Hasta tal punto fue así, que instituciones oficiales árabes importantes, como el Alto Comité, fueron clausuradas o trasladadas a Ammán. Los jerosolimitanos tenían que viajar hasta la capital para solventar cuestiones como firmar un crédito bancario o contratar una línea de teléfono. Por otro lado, la radio jordana retransmitía los sermones religiosos de la mezquita de Ammán, no los de la de Al Aqsa. La residencia de la Familia Real y la sede de la primera universidad jordana se radicaron igualmente en Ammán, no en Jerusalem.
A resultas de todo ello, Jerusalem se estancó, y miles de árabes la abandonaron. La Ciudad Santa se convirtió en una localidad provinciana de segundo nivel.
Entre 1948 y 1967, ningún líder árabe –excepción hecha del rey Husein– visitó Jerusalem. Por cierto, en el documento fundacional de la OLP, de 1964, no se hace mención de Jerusalem.
Todo esto cambió a raíz de la conquista israelí de la ciudad, en la Guerra de los Seis Días. Fue entonces que se reactivó el reclamo panarabista e islámico. Hasta hoy. 2009.09
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La violenta invasión y ocupación musulmana en Palestina, destruyó alrededor del 1270 sistemáticamente todo lo que era ‘lugares santos cristianos’
Nunca los cristianos destruyeron algún lugar santo esencial a los mahometanos, ni en la Meca ni en la Medina o Jerusalén… todo lo contrario al mundo musulmán que, sistemáticamente hace con el mundo cristiano
En la casa de María
El padre Giuseppe Santarelli explica la “Casa de la Virgen” de Loreto
"La historia narra que la casa apareció de repente en este lugar en la noche del 9 al 10 de diciembre de 1294"
ROMA, martes 15 de septiembre de 2009 (ZENIT.org).- El 8 de septiembre la Iglesia celebró la fiesta litúrgica de la Natividad de María. En Italia, la fiesta reviste particular significado en el Santuario de Loreto, provincia de Ancona, donde se encuentra la "Casa de la Virgen", es decir, una pequeña construcción que, según la tradición, habría sido la vivienda, en Nazaret, en Palestina, de los padres de María, y en la que por tanto la Virgen Santísima habría nacido y crecido.
Esta casita, objeto de grandísima veneración desde el inicio de la historia cristiana, en 1291 desapareció de repente de Nazaret para aparecer, algunos años después, sobre las colinas de Loreto, donde aún se encuentra.
El hecho, naturalmente, suscitó estupor. Se verificaron en seguida prodigios de todo tipo, milagros, curaciones, conversiones, que hicieron pensar que aquella pequeña y misteriosa construcción tuviese poderes sobrenaturales. En seguida se supo que aquella casita antes estaba en Nazaret.
No encontrando explicaciones de cómo podría haber llegado a Loreto, se pensó que hubiera sido transportada por los Ángeles. En cualquier caso, la devoción en seguida fue grandísima.
Para proteger la casita se construyó un santuario maravilloso, que se convirtió en uno de los más célebres de Europa, visitado por innumerables devotos. En el transcurso de los siglos, hasta 13 papas se dirigieron en peregrinación a Loreto, el último Benedicto XVI en 2007. Juan Pablo II estuvo allí cuatro veces.
En los anales del Santuario se recuerdan los nombres de muchas personas que en vida fueron peregrinas a Loreto y que, tras la muerte, fueron proclamadas santas.
Figuran también los nombres de innumerables celebridades laicas, como Cristóbal Colón, Galileo Galilei, Vittorio Alfieri, Torquato Tasso, Mozart, Goldoni, Josué Carducci, D´Annunzio. Michel Montaigne, el filósofo y político francés, vino en peregrinación a Loreto en 1580 para agradecer a la Virgen una gracia que había recibido para su hija Leonor. Descartes, el filósofo francés del Cogito ergo sum, fue también a cumplir un voto, haciendo a pie el camino de Venecia a Loreto.
Por tanto, siempre ha sido grande la devoción de la gente por este Santuario en el que se conserva la "Casa natal de la Madre de Dios".
Pero esta expresión "casa natal de la Madre de Dios", ¿qué valor tiene? ¿Es sólo el fruto de una "tradición pía", de una "fe popular", o se apoya en razones más concretas, en documentaciones científicas?
Es una pregunta que se presenta espontáneamente, sobre todo al hombre de hoy, lleno de escepticismo. Interrogante, sin embargo, que por parte de los expertos recibe respuestas científicas increíblemente desconcertantes.
"La historia narra que la casa apareció de repente en este lugar en la noche del 9 al 10 de diciembre de 1294", dice el padre Giuseppe Santarelli, director de la institución que tiene por objetivo difundir el culto mariano y de cuidar la promoción y la decoración artística del Santuario.
"Que fuese transportada por los Ángeles no lo podemos demostrar científicamente. En cambio, hoy, tras años de estudios, de análisis, de investigaciones arqueológicas realizadas con los medios más sofisticados, estamos capacitados para afirmar categóricamente que esta casita es precisamente aquella que hasta el final del siglo decimotercero se veneraba en Nazaret como la Casa de la Virgen".
El padre Giuseppe Santarelli en un religioso capuchino, pero también un famoso hombre de ciencia. Historiador y arqueólogo de fama internacional, ha dedicado gran parte de su vida a organizar, en colaboración con otros científicos célebres, investigaciones sobre el origen de la misteriosa casita. Sus numerosas publicaciones sobre el caso hacen historia.
Y los datos científicos que proporciona son verdaderamente impresionantes y dan a entender cómo la fe "sencilla" de nuestros abuelos hacia la "casa de la Virgen" se apoya en bases solidísimas.
Hemos estado dentro del gran Santuario de Loreto. La casita de la Virgen está frente a nosotros. Paredes pobres, de piedras y ladrillos, ennegrecidas por el tiempo, frágiles por los años, con miles de parches e intervenciones realizados en el transcurso de los siglos, que atestiguan el amor y la devoción de los fieles.
"Para los no creyentes, esta es la reliquia más extraordinaria", afirma el padre Santarelli. "Por esto la llamamos la ´Santa Casa´. Entre estos pobres muros nació y vivió la Virgen, es decir, la Madre de Dios, la criatura más santa que haya existido nunca sobre la tierra. Aquí, María recibió la Anunciación del Ángel y aquí se realizó el acontecimiento más grande del universo, la encarnación de Dios".
El religioso habla en voz baja, para no molestar a los peregrinos que, arrodillados, se han recogido en oración.
"¿Ve esa inscripción en latín que está sobre la pared del fondo a la altura del tabernáculo?", me dice de nuevo el padre Santarelli. "Está escrito: Hic, Verbum caro factum est. Es decir, Aquí, en este lugar, Dios se ha hecho carne".
"Intente pensar en el significado concreto de esta frase. Dios, el creador del Universo, en este lugar, frente a estas piedras, se hizo hombre. Estas piedras han asistido al acontecimiento de los acontecimientos. Para un creyente, pensar una cosa semejante es para volverse loco. He ahí porqué esta casa constituya un patrimonio espiritual inmenso".
"¿Por qué se trajo de Nazaret a Italia?", pregunto.
"Para salvarla de la destrucción", dice el padre Santarelli. "En la segunda mitad del siglo trece, en Palestina estaba produciéndose una violenta invasión musulmana, con la destrucción sistemática de los lugares santos cristianos. Alguien, hombres, o Ángeles, u hombres con ayuda ciertamente sobrenatural, consiguió salvar esta casita trayéndola a Italia".
"Pero por qué precisamente a Italia y no a otro lugar?"
"No lo sabemos. Los antiguos historiadores, creyentes naturalmente, decían que ´por un designio providencial, la Casa de la Virgen había pasado de la tierra de Cristo a la tierra del Vicario de Cristo´". Loreto entonces formaba parte de los Estados Pontificios.
"Pero antes de detenerse en Italia, la Casa hizo etapas en otros lugares. De las investigaciones históricas resulta que en mayo de 1291 fue encontrada por algunos leñadores en un claro cerca de Tersatto, en Dalmacia (Trsat, hoy parte de Fiume, Croacia, n.d.t.). Y allí permaneció tres años y medio, y sucedieron muchos prodigios".
"Después, de repente, como había llegado desapareció. La segunda etapa fue una localidad cerca de la estación de tren de Loreto, que entonces era un bosque, y allí se detuvo algunos meses. Pasó después a la colina de Loreto, a un campo propiedad de dos hermanos, los cuales peleaban continuamente para repartirse las ofrendas que hacían los peregrinos. Y la casa, al poco, se fue de aquel campo y se detuvo en medio de un camino, propiedad del ayuntamiento, precisamente donde se encuentra ahora. De allí no se ha vuelto a mover".
"¿Qué investigaciones se han llevado a cabo para establecer que aquella casita es precisamente la misma que un tiempo existía en Nazaret?"
"Se han hecho investigaciones de todo tipo. Investigaciones de tipo histórico y de tipo arqueológico, realizadas por expertos célebre, tanto en Loreto como en Nazaret, donde la Santa Casa se encontraba antes. Todas las investigaciones han demostrado siempre que la narración de la tradición es auténtica, es decir, que la casa de Loreto es la que antes estuvo en Nazaret".
"Naturalmente, las investigaciones más importantes son las realizadas en tiempos modernos. Sobre todo las realizadas en Nazaret entre 1955 y 1960 bajo la dirección del padre Bellarmino Bagatti, uno de los más ilustres arqueólogos del siglo XX, y las realizadas en Loreto por el arquitecto Nerio Alfieri, profesor de arqueología en Bolonia".
"Las investigaciones del profesor Alfieri han demostrado que esta construcción está llena de anomalías absurdas, en claro contraste con las construcciones de la zona y también con las reglas urbanísticas vigentes en el siglo XIII. La Casa no tiene cimientos propios, y se apoya verdaderamente sobre un camino. Está construida sólo con tres paredes, las cuales, hasta una altura de casi tres metros, están hechas de piedras, y se sabe que en la zona de las Marcas no existen canteras de piedra y que todas las construcciones en aquella época se hacían de ladrillo".
"Es anómalo que la única puerta, la original, se encuentre en el centro de la pared larga, y no en la breve, como en todas las iglesias y capillas de aquel tiempo, y que esté colocada al norte, expuesta a fuertes y frecuentes intemperies, contra toda costumbre constructora local. Es anómalo también que la única ventana esté colocada al oeste, y por tanto abierta a una iluminación escasa, también aquí contra toda regla de construcción de entonces".
"Pero todas estas anomalías desaparecen si se comparan con los resultados de las investigaciones arqueológicas hechas en Nazaret. La casa de Loreto no tiene cimientos porque los cimientos están en Nazaret, donde antes se encontraba. Tiene sólo tres paredes porque estaba apoyada en una gruta excavada en la roca, con la que constituía un único bloque habitacional".
Un estudio extraordinario realizado por el arquitecto Nanni Monelli en 1982, cuando yo también estaba en Loreto, demostró que si se pudiese volver a transportar la casa de Loreto a Nazaret, coincidiría perfectamente con lo que allí se ha encontrado debajo.
Las medidas de la casita de Loreto, y también el espesor de las tres paredes, corresponden perfectamente con las medidas de los cimientos que se encuentran en Nazaret. Las piedras con las que las paredes están construidas son las típicas de Palestina, y también los tipos de trabajo de la piedra utilizados.
"Nanni Monelli realizó investigaciones en profundidad sobre las piedras, encontrando que están trabajadas con una técnica específica de esos lugares palestinos, propia de la cultura nabatea, es decir, de un pueblo semita que habitaba en aquella zona".
Se trata de una elaboración con punzón, realizado con un utensilio llamado "ferrotondo" y "tondino", y de otra elaboración, siempre de tradición nabatea, realizada con marcas cercanas y poco profundas, realizadas con un cincel de punta. Estas técnicas son absolutamente desconocidas en el área italiana y especialmente en las Marcas.
"Yo después realicé un estudio específico sobre los grafitos aún legibles sobre las diversas piedras de la Santa Casa de Loreto. He identificado unos cincuenta y son signos que se refieren a los de los judeocristianos de Tierra Santa, y particularmente a los encontrados en Nazaret. También he descifrado una inscripción en caracteres griegos sincopados, que traducida dice: ´Oh Jesús, Hijo de Dios´, frase inicial de una oración que se encuentra escrita en la gruta que estaba aneja a la casa de María en Nazaret"
"Estos y muchos otros detalles llevan a una sola conclusión: la Casa de Loreto es precisamente aquella que hasta 1291 se encontraba en Palestina y que desde hacía 1.300 años era venerada como la Casa de la Virgen".
[Por Renzo Allegri, traducción del italiano por Inma Álvarez]
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San Esteban de Cuneo y compañeros sacerdotes monjes franciscanos, mártires de la iglesia católica. Fueron ejecutados, descuartizados y quemados; corría el 14 noviembre 1391 en una Jerusalem profanada y ocupada por los mahometanos donde no respetaron los Lugares Santos cristianos, los más queridos porque allí vivió, sufrió muerte en la cruz y resucitó el Cristo Redentor
Los santos Nicolás Tavelic, Deodato de Rodez, Esteban de Cuneo y Pedro de Narbona, sacerdotes franciscanos, murieron mártires en Jerusalén el 14 de noviembre de 1391. Procedían de distintas Provincias franciscanas: Croacia, Aquitania, Génova y Provenza, y coincidieron en la Custodia de Tierra Santa, confiada por la Santa Sede a la Orden franciscana.
Durante años estuvieron prestando servicio religioso en el convento de Monte Sión (Jerusalén), hasta que se decidieron a predicar públicamente el Evangelio a los musulmanes. Después de consultas oportunas, intensa oración y estudio, el 11 de noviembre de 1391 fueron ante el Cadí de Jerusalén y, en su presencia y la de muchos musulmanes, expusieron los textos que habían preparado, en los que explicaban y defendían la fe cristiana frente a la musulmana.
Se entabló un diálogo tenso, y fueron invitados a retirar lo que habían dicho y a convertirse al Islam. Los frailes se reafirmaron en su fe, y fueron condenados a muerte. Durante tres días sufrieron en la cárcel bárbaras torturas, y el día 14 siguiente, en la plaza pública, fueron ejecutados, descuartizados y quemados. Los canonizó, el 21 de junio de 1970, el papa Pablo VI, quien en su homilía explicó la peculiaridad del martirio de estos santos.
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Oriente Próximo (I): Historia.
Cuando encontramos noticias relacionadas con la situación en Oriente Próximo hay que recordar algunos detalles.
I. Historia.
La población de Palestina es judía desde hace más de 3.000 años y árabe-musulmana desde hace menos de 1.400 años.
Nunca ha existido ninguna nación palestina. Sin embargo, sí que han existido varias entidades históricas identificadas con Israel-Judá-Jerusalén-Palestina que, estando ubicadas siempre en el mismo lugar, no han estado nunca bajo gobierno árabe-musulmán.
Por ejemplo, el Reino de Israel que existió entre 1050 y 930 a. de J.C.. Y que, dividido, siguió existiendo como Reino de Israel entre 930 y 720 a. de J.C. y, como Reino de Judá, entre 930 y 586 a. de J.C..
Después del Reino de Judá, siguió existiendo población judía bajo el dominio de los imperios babilonio, entre 586 y 539 a. de J.C., persa, entre 539 y 332 a. de J.C., alejandrino, entre 332 y 305 a. de J.C., tolemaico, entre 305 y 198 a. de J.C., y seléucida, entre 198 y 141 a. de J.C.
Volvió a existir un reino judío, primero independiente bajo la dinastía hasmonea, entre 140 y 37 a. de J.C., y después dependiente de Roma bajo la dinastía herodea, entre 37 a. de J.C. y 44 d. de J.C. Todo vestigio de un reino de Israel terminó a causa de la represión romana de la Revuelta Judía del año 70. Entre el 6 y el 135, la provincia romana se llamó Judea. Entre el 135 y el 395 pasó a llamarse Palestina. Y entre el el 395 y el 638 pasó a formar parte del imperio bizantino.
Entre el 638 y el 1099 la población judía pasó a depender de los califatos árabe-musulmanes. Entre 1099 y 1187 existió el Reino Cristiano de Jerusalén, que dependió de los Cruzados. Entre 1187 y 1516 pasó a depender de las monarquías egipcias. Primero de los ayúbidas, entre 1187 y 1260, y después de los mamelucos, entre 1260 y 1516. Entre 1516 y 1918 el territorio del actual Estado de Israel, al igual que el de los estados de Jordania, Líbano, Siria, e Iraq, formó parte del Imperio Otomano.
Entre 1917 y 1948 estuvo bajo control británico por mandato de la Sociedad de las Naciones (1918-1946) y de las Naciones Unidas (1946-1948). El Primer Ministro laborista David Lloyd George prometió el 2 de noviembre de 1917, a través de su Secretario de Asuntos Exteriores, Arthur Balfour, que el entonces futuro Estado de Israel se ubicaría en el Mandato británico de Palestina. Sin embargo, a través de su Secretario de Estado para las Colonias, Winston Churchill, entregó en 1922 todo el territorio al Este de río Jordán, que sumaba casi el 80% del territorio bajo Mandato británico, y que era conocido como Transjordania, a los árabes. Para que hicieran con él lo que estimaran más oportuno. Y lo que estimaron más oportuno hacer con un territorio habitado mayoritariamente por árabe-palestinos fue un estado árabe que no era palestino sino hachemita.
En 1948, la ONU dividió el poco más de 20% del territorio restante en dos partes de tamaño similar, y asignó una parte a los palestinos hebreos y otra a los palestinos árabes. Si los países árabe-musulmanes hubieran aceptado este acuerdo mediante el que recibían casi el 90% del territorio bajo el antiguo Mandato británico, ahora no existiría ningún conflicto en Oriente Próximo. Sin embargo, tanto en 1947, cuando rechazaron la Resolución 181 de las Naciones Unidas, como en 2000, cuando rechazaron los acuerdos de Camp David, les pareció excesivo que el Estado de Israel ocupara menos del 0,17% de la superficie de Oriente Próximo.
El Estado de Israel existe desde 1948. Aunque la parte del territorio bajo el antiguo Mandato británico que le correspondió está formada en un 60% por desierto árido, los colonos lo hicieron florecer. Sin embargo, a pesar de las cuantiosas ayudas de la ONU a la Franja de Gaza y Cisjordania, los territorios árabe-palestinos nunca se han desarrollado. El dinero de la ayuda internacional ha terminado en las cuentas suizas de sus dirigentes político-militares para financiar el odio étnico a los judíos y el terrorismo contra el Estado de Israel.
Desde finales del s. XIX hasta el día de hoy, la población de Jerusalén, ciudad capturada por el Rey David (1037-970 a. de J.C.) dieciséis siglos antes de que naciera Mahoma (570-632), ha sido siempre mayoritariamente judía.
De los 3.000 años de historia que acabamos de contemplar, más de 1700 años corresponden a entidades históricas identificadas con Israel-Judá-Jerusalén-Palestina que, estando ubicadas siempre en el mismo lugar, aunque sometidas a múltiples variaciones de fronteras, no han estado nunca bajo dominio árabe-palestino o árabe-musulmán.2009
2009-01-22 - Miguel Serrano Cabeza |
http://religionenlibertad.com/blog/index.php?blog=31&p=2342&more=1&c=1&tb=1&pb=1#more2342
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Como curiosidad, en la página "Aurora-Israel" editada por sefardíes, se menciona un estudio del cromosoma humano que da una afinidad del 85% entre judíos y palestinos.
Estos datos además se avalan con estudios históricos: en el 1012 el califa fatimí Al-Hakim obligó a convertirse al Islam a todos los judíos de Palestina. Los que así lo hicieron recibieron el nombre de "mustarabin" equivalente a nuestro despectivo "marrano", de ellos descienden la mayoría de palestinos.
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La Ciudad de David y sus alrededores
Por el P. Carlos D. Pereira VE
Presentaremos en esta sección algunos de los recorridos de carácter bíblico- histórico que por gracia de Dios y - por especial iniciativa de nuestro Fundador- hemos comenzado a realizar aquí en Tierra Santa, donde cada rincón ha sido escenario de una especial intervención de Dios en la historia de los hombres. Ya que tenemos el privilegio - inmerecido obviamente- de vivir en esta tierra tan bendita, queremos hacer partícipes a través de estas crónicas a nuestros hermanos de las inagotables riquezas que visitando la Tierra Santa descubrimos.
Estas excursiones las hemos hecho en común algunos miembros del Instituto del Verbo Encarnado y de las Servidoras del Señor y de la Virgen de Matará. Para la redacción nos valdremos sin embargo, de algunos subsidios escritos que presenten el tema de modo más científico y riguroso. Procuraremos no obstante simplificar las explicaciones, sobre todo teniendo en cuenta que mucho de los lectores no cuentan con conocimientos de Tierra Santa ni han estado nunca en ella. Para otros, muchas de estas cosas resultarán conocidas, pero siempre constituirá una oportunidad de refrescar sus conocimientos sobre Tierra Santa, y por qué no, mantener siempre vivo su deseo de visitarla por primera vez o bien volver a ella, cosa que no hace falta subrayar cuanto valga la pena.
La CIUDAD DE DAVID y el Monte Ofel
1. Introducción
Cuando los israelitas consiguieron entrar finalmente en la Tierra Prometida después de su larga marcha por el desierto desde Egipto, comenzaron la conquista de dicha tierra capitaneados por Josué, a quien Moisés había dejado como su sucesor al morir, por encargo de Dios (cfr. Dt 34,9). Josué libró grandes batallas para la conquista de la tierra. Las más importantes fueron la de Gabaón (cfr. Jos 10,10-15) y la de las aguas de Meróm (cfr. Jos 11, 7-9), con las cuales aseguró la conquista del sur y del norte de la Tierra Prometida, respectivamente. Sin embargo, no toda la tierra fue conquistada, como la misma Biblia lo afirma. Para dar un ejemplo relacionado con los que nos toca de cerca, el texto sagrado afirma que: "los hijos de Judá no pudieron echar a los jebuseos que ocupaban Jerusalén.
Por eso los jebuseos siguen habitando en Jerusalén junto a los hijos de Judá hasta el día de hoy (Jos 15,63)".
En teoría, la ciudad jebusea estaba asignada al territorio que le tocó en suerte a la tribu de Benjamín. El texto citado hace referencia a Judá, pero no dice que los jebuseos habitaban "dentro" de los límites de dicha tribu, sino "junto a los hijos de Judá". En efecto, leemos en Josué 15,8 que "la frontera (de los hijos de Judá) subía por el valle de Ben Hinnom, por el sur del ´hombro del Jebuseo´, es decir Jerusalén, subía el límite por el oeste a la cima del monte que hay frente al valle del Hinnom, al extremo norte del valle de los Refaím.". Según dichas indicaciones, aparece bien claro que lo que hoy es conocido como primer asentamiento histórico de Jerusalén (ciudad jebusea) quedaba exactamente al norte, "tocando" la frontera de Judá pero sin entrar en ella.
Esto coincide con lo que se afirma al hablar de los límites de Benjamín: "luego bajaba hacia el extremo del monte que está frente al valle de Ben Hinnom, al norte del valle de Refaím, bajaba al valle de Hinnom por el flanco sur del jebuseo, y seguía bajando hasta Ein Roguel (Jos 18,16)". Estas indicaciones se adaptan perfectamente a lo dicho anteriormente. Queda claro que la ciudad jebusea quedaba, sin ser conquistada, dentro de los límites de la tribu de Benjamín, en el punto en que limitaba con Judá, la cual tenía sus límites "mirando" hacia Jerusalén.
2. Jerusalén y su nombre
La historia de Jerusalén comienza hace más de cinco mil años. Esto quiere decir que cuando el faraón Keops colocó en Egipto los fundamentos para la Gran Pirámide de Guiza, Jerusalén ya estaba por cumplir sus primeros ¡mil años de existencia! Esto hace de Jerusalén unas de las ciudades más antiguas del mundo,
habitadas a lo largo de su historia sin solución de continuidad.
La referencia bíblica más antigua que tenemos de Jerusalén es del período de Abraham, cuando al volver este triunfante de una campaña, le salió al encuentro el "rey de Salem" llamado Melquisedec, ofreciendo pan y vino y bendiciendo a Abraham (cfr. Gen 14,18-20). La tradición judía, inspirada en el Salmo 76,3, ha identificado "Salem" con "Jerusalén". Esto confirma que ya en aquel tiempo la ciudad era conocida con aquel nombre.
El nombre en cuestión -según aparece en Gen 14,8- es {l$ (transliterado como "shalem"). Nadie parece hasta el momento haber determinado sin dejar lugar a discusión lo que el nombre significa. Algunos estudiosos han sugerido: "fundación de Shalem" (un dios cananeo). ´Shalem´ era un dios que personificaba el crepúsculo vespertino, y cuyo santuario estaba en lo alto de la colina de Sión. Dicho nombre Shalem ha sido encontrado en las tablillas de tierra del archivo real de la descubierta ciudad de Ebla, en Siria, destruida hacia el 2250 a.C. También aparece el nombre en los textos de execración egipcios (s. XIX a.C.) y en las cartas halladas en Tell Amarna, Egipto (siglo XIV a.C.). La común raíz semítica para shalem y shalom ha dado lugar a que se lo traduzca según el significado de esta última palabra: "paz". Por lo que se traduce como "ciudad de Paz".
En las mencionadas cartas de Tell Amarna el nombre de la ciudad aparece escrito en la forma cananea Urushalim. Más tarde, los registros asirios la presentan como Urushilimu. De allí deriva el nombre "Jerusalén". Durante algunos períodos fue conocida con otros nombres, como "Jebus"; "Fortaleza de Sión"; "ciudad de David". Finalmente, el nombre antiguo de Jerusalén prevaleció.
Hemos presentado, junto con el problema etimológico, algo de la historia de los orígenes de la ciudad. Siendo fundada muy antiguamente, en el segundo milenio antes de Cristo fue conquistada y habitada desde entonces por los jebuseos, uno de los pueblos cananeos a quienes los israelitas debían expulsar para conquistar la Tierra Prometida, cuando ingresaron en ella con Josué a fines del s. XIII a.C. No obstante, como hemos visto, no pudieron conquistarla. Recién lo logrará el rey David, en el séptimo año de su reinado, alrededor del 1008 a.C., de la forma y con las características que vamos a precisar a continuación.
3. La Ciudad de David y sus secretos
El explorador inglés Lt. Warren, quien fue enviado en 1867 por la Palestine Exploration Fund a Jerusalén para realizar excavaciones arqueológicas, estaba convencido que la ciudad conquistada por David debía encontrarse en la colina del Ofel, al sur de la muralla meridional de la ciudad actual. Esta creencia de Warren sorprendía a muchos, con lo que nos queda claro como a mediados del siglo pasado existía total ignorancia acerca de la localización de la Jerusalén antigua, de los tiempos de David y de los reyes de Israel. ¿Qué es entonces el monte Ofel y como comenzó su historia desde que David se apoderó de la ciudad?
La colina que ha sido denominada algunas veces como "Ofel" se presenta como una altura de unos 600m. de largo y poco más de 120m. de ancho, encerrada entre el valle o torrente del Cedrón hacia el este y el del Tirofeón al oeste. Ambos valles confluyen en el extremo sur de la colina, de modo que esta termina casi en punta.
En dicha extremidad sur, algunos metros hacia dentro de la colina y hacia arriba, se encuentra la piscina de Siloé o Siloam.
La colina a simple vista tiene poco que ofrecer para el establecimiento de una ciudad. Dominada en tres de sus lados por alturas más elevadas que ella, con una sola fuente de agua bajo la ladera oriental, conocida como Guijón (cuya etimología es difícil de precisar: "la surgente que mana de a chorros", o bien "sifón", podríamos decir. En efecto, se calcula que su régimen es como el de un gigantesco sifón que mana una considerable cantidad de agua durante unos 30 minutos, y luego se detiene entre unas 4 y unas 10 horas. También se calcula que por sí misma es capaz de abastecer a una población de 2500 habitantes). La etimología de Ofel: "bulgo" o "protuberancia", según traducen algunos, puede dar a entender que se refiera justamente a una colina pequeña, de humilde condición, aunque la localización exacta de dicho "Ofel" es sujeto de discusión, según trataremos más adelante. Sin embargo, sobre aquella colina pequeña, se llame como sea, se levantaba la primitiva Jerusalén, la que David conquistó.
La conquista realizada por David la encontramos detallada en la Biblia, en dos oportunidades: 2 Samuel 5, 6-9; 1 Crónicas 11, 4-7. El primero de ambos relatos -del cual el segundo probablemente depende- nos dice lo siguiente: "Marchó el rey con sus hombres sobre Jerusalén contra los jebuseos que habitaban aquella tierra. Dijeron estos a David: «No entrarás aquí, porque hasta los ciegos y los cojos bastan para rechazarte» (Querían decir: no entrará David aquí). Pero David conquistó la fortaleza de Sión que es la ciudad de David. Y dijo David aquel día: «Todo el que quiera atacar a los jebuseos que suba por el canal…; en cuanto a los ciegos y a los cojos, David los aborrece». Por eso se dice: «Ni el cojo ni el ciego entrarán en la Casa». David se instaló en la fortaleza y la llamó ciudad de David. Edificó una muralla en derredor, desde el Mil-ló hacia el interior".
El segundo de los textos bíblicos citados es similar al primero. Sólo agrega el desafío que propuso David a los suyos, diciendo: "El primero que ataque al
jebuseo, será jefe y capitán. Subió primero Joab, hijo de Sarvia, y pasó a ser jefe" (cfr. v.6).
Hay dos interrogantes que aparecen en el texto del segundo libro de Samuel. El primero, ¿cuál es el canal al que David hace referencia? El segundo, ¿qué es el Mil-ló? Nos vamos a detener a explicar más el primero, que está relacionado con nuestra visita. Sobre el segundo haremos una mención solamente.
La Biblia de Jerusalén nos presenta el v.8 de 2 Samuel 5 como incierto, en el sentido de no saber a ciencia cierta a que se está haciendo referencia. Sin embargo, los hallazgos arqueológicos permiten dar mucha luz para la interpretación de dicho versículo. En efecto, "canal" traduce la palabra hebrea sinnor (aquí transliterada).
Todo parece indicar un túnel que bajando desde el interior de la ciudad, permitía llegar a la fuente de Guijón, y tomar agua de la misma. Recordemos que Guijón era y es la fuente principal de los alrededores. Era común que las ciudades cananeas contaran con un sistema de galería que le permitía tomar el agua desde la fuente (que solían estar fuera de las murallas) y llevarla al interior. En época de sitio, el abastecimiento de agua quedaba asegurado.
Se puede visitar dicho lugar en la ciudad de David. Hoy día se conoce como Warren´s Schaft (o pozo de Warren) en honor al explorador que lo descubrió, a quien hemos ya citado. Sin embargo, aún habiéndolo descubierto, el lugar no fue limpiado ni desenterrado totalmente hasta la década de los años 1980, haciéndose el lugar accesible a los visitantes, previo pago de un billete de ingreso.
Una escalera conduce desde la moderna entrada hasta la planta inferior, en donde nos encontramos con una cámara a bóveda de cañón formada por ladrillos opus recticulatum. Una construcción de ese tipo refleja un origen herodiano. Ello implica que fue usado el sistema siglos más tarde, probablemente en época de Cristo. Luego se prosigue por una galería descendente, de un metro y medio de ancho y unos 50 o más de largo, hasta llegar al pozo propiamente dicho, cavado en la roca. Desde la boca del pozo puede escucharse el ruido del agua, que aún corre abajo, por el túnel llamado de Ezequías -del cual hablaremos después- pero a pocos metros de la fuente de Guijón (de hecho, la primera parte de dicho túnel es anterior a Ezequías mismo, y es lógico que este haya aprovechado dicha construcción anterior, para comenzar desde allí su túnel). La boca del pozo tiene unos 2 metros de diámetro, pero se va estrechando a medida que desciende. La profundidad del mismo es de 13 metros. Por dicho agujero se cree que Joab tomó la ciudad en el año séptimo del reinado de David, aproximadamente año 1008 a.C. De hecho, "David reinó sobre Israel cuarenta años; reinó en Hebrón siete años; reinó en Jerusalén treinta y tres años" (1 Re. 2,11).
Continuando nuestra marcha, desde la puerta de ingreso del Warren´s Schaft sendero abajo hacia la fuente de Guijón, llegamos a uno como especie de cráter o gran agujero sin rellenar a nuestra izquierda. Mirando hacia el punto del agujero más lejano a nosotros, podemos distinguir los bloques de piedra de dos antiguos muros, los que claramente se diferencian de las estructuras de retención - formadas por piedras más pequeñas- construidas por los arqueólogos. Se trata de la muralla jebusea datada como del s. XVIII a. C. por la expedición arqueológica liderada por Katheline Kenyon. Según los informes brindados, la muralla de origen jebuseo fue reutilizada por David al conquistar la ciudad, probablemente reforzándola y reparándola. A eso se refiere seguramente el texto sagrado cuando dice que edificó la muralla (cfr. 2 Sam 5,9). Es posible distinguir en este punto un ángulo de la misma muralla y una especie de fortificación cuadrada junto a él. Posiblemente sirvió de torre, ya que siempre se halla este tipo de estructura en los lugares en los cuales existían torres. Eso implica que muy probablemente en este lugar existió una puerta, lo cual es lógico. Teniendo en cuenta que se trata de una muralla exterior, era natural que existiese una puerta en el punto más cercano a la fuente de agua. La muralla está localizada en la posición justa: A mitad de camino y de altura aproximadamente, entre el Warren´s Schaft y la fuente de Gijón, lo cual prueba que los habitantes de la ciudad podían sacar agua por el pozo de Warren, sin salir a la fuente ni atravesar la muralla. En tiempo de sitio el abastecimiento quedaba asegurado.
Las expediciones fijaron el límite de la ciudad jebusea a unos 18m. al norte del punto en el cual nos encontrábamos -aunque después se determinó que debían agregarse 50m. en dirección norte-, lo cual prueba que la ciudad conquistada por David fue un modesto asentamiento, de unos 380m. o 430m. de largo por unos 120 de ancho. No está mal para una ciudad del tiempo. Se calcula que podía albergar hasta unos 2000 habitantes.
Ahora bien, ¿qué hay acerca del Mil-ló? Se han propuesto varias soluciones: Ante todo, su origen parece venir de la raíz hebrea male: que significa "llenar", "rellenar". En base a dicho significado, se han sugerido respuestas:
- En primer lugar, la Biblia también refiere que Salomón construyó el Mil-ló (cfr. 1 Re 9,15). Este Mil-ló mandado a construir por el hijo de David ha sido identificado como el terraplén con el cual unió las colinas del Ofel y del Moriah (monte este último donde construyó el Templo). No sólo fue un terraplén, sino que unió ambas colinas rellenando el espacio entre ellas, sobre el cual probablemente construyó su palacio. En este caso, el sentido de "rellenar" aparece evidente.
- Con respecto a David, no hay evidencia que hiciese un trabajo del género, pero se ha descubierto algo interesante que puede explicar la utilización del vocablo.
En efecto, en el año 1978 las excavaciones realizadas por el arqueólogo Y. Shiloh permitieron sacar a la luz el Parque Arqueológico de la Ciudad de David, al cual se accede desde la calle que sigue el curso del torrente Tyropheón, bajando desde la actual muralla hacia el sur, después de superar un estacionamiento de vehículos y una escuela árabe. Entre los restos encontrados en el mismo es dable observar algunas casas, una serie de estructuras escalonadas en piedra, y algunos pequeños fragmentos de muralla en direcciones norte-sur y este-oeste. Estas murallas fueron datadas como del siglo XIII a.C. Todo parece indicar que fueron usadas como fundamento y base para dos grandes terrazas sobre la cual se asentó la acrópolis (parte más importante) de la ciudad jebusea. A esto se haría referencia con el Mil-ló: los rellenos de piedra necesarios para construir dicha acrópolis. El texto de 2 Sam 5,6-9, tal como lo hemos citado, no dice que David construyó el Mil-ló sino que "desde allí hacia el interior reforzó la muralla". El Mil-ló ya existía. El hecho que se construyese sobre terrazas superpuestas no nos debe parecer extraño. Una vista desde el punto donde nos encontramos hacia las "actuales casas" del barrio árabe de Silwan, sobre la ladera opuesta del torrente Cedrón, nos da una idea de como la ciudad de David debía lucir a quien la miraba desde la actual "maison de Abraham", por ejemplo.
El mismo David construyó no obstante algo parecido. De hecho, las estructuras escalonadas en piedra a las cuales hemos hecho mención han sido datadas como del siglo X a.C. (el siglo durante el cual David tomó la ciudad). Los arqueólogos piensan que David construyó dichas estructuras como fundamento para el palacio real, que según se calcula, estaba edificado sobre las mismas, quedando bien en lo alto de la ciudad. Esto daría fundamento a otra posible traducción del texto bíblico, según la cual David no sólo utilizó sino "construyó" el Mil-ló.
El parque arqueológico se completa con algunas casas, como la llamada "casa de Ahiel", cuyo nombre se deduce en base a una inscripción cerámica encontrada en la misma. La casa de Ahiel se apoya sobre una de las estructuras escalonadas, a la cual a su vez se la rellenó en parte. Los arqueólogos han dejado para exposición sólo el costado occidental de la casa con dos pilares en pie que servían para sostener el techo. Una pequeña escalera en piedra ubicada más al sur servía quizás para acceder al piso superior. En una pequeña habitación, una piedra cóncava con un agujero al medio fue hallada, y se piensa estaba ubicada sobre lo que se calcula era un "pozo negro" de 2m. de profundidad. Esto no podía ser más que el retrete. Estando en las cercanías del palacio real, quizás se trataba de la casa de un noble o de alguien del personal de aquel.
Los objetos de cerámica encontrados y el tipo de construcción permiten datar esta casa como del s. VII a.C. Quizás se haga referencia al reinado de Ezequías o algo inmediatamente posterior, lo cual no es raro. Muchas nuevas construcciones fueron encaradas por dicho rey, movido por circunstancias externas, como tendremos oportunidad de ver.
Hacia la derecha de nuestra visual, el parque permite aún visualizar una estructura llamada la "habitación quemada". Allí, las puntas de flechas halladas en el piso como los restos de madera carbonizada de lo que constituía el cielo raso permite darnos una idea de la encarnizada resistencia puesta por los habitantes de la ciudad contra Nabuzardán, el general babilonio que destruyó "el Templo, el palacio real y todas las casas de Jerusalén" (cfr. 2 Re 25,9) en el año 586 a.C.
Excursus: El nombre "Ofel".
Habíamos dicho con anticipación que nos proponíamos hacer un paréntesis para explicar la polémica o más bien las distintas posturas respecto al nombre "Ofel", y dar un justificativo de nuestra elección al respecto.
La famosa y célebre guía de Acquistapace- Galbiati define el Ofel de la siguiente manera: "El Ofel (708-630 m sobre el nivel del mar), bien delimitado por el Cedrón al este y por el Tirofeón al oeste, termina en la confluencia de dos valles; es la parte más baja de la ciudad y el lugar sobre el cual surgió Jerusalén. La configuración geográfica del terreno ha llevado a la ciudad a extenderse siempre hacia el norte, pues era la zona separada por valles y depresiones menos profundas. Es este el lugar más rico e interesante para la arqueología y la historia".
Los autores reconocen que existe "un uso impropio del nombre", según el cual el mismo es utilizado "para indicar toda la zona comprendida entre el muro del Templo (al norte) y la piscina de Siloé (al sud), delimitada al este por el Cedrón y al oeste por el valle del Tirofeón". Para dichos autores, el uso "propio" del nombre viene de tiempo atrás, y se utilizaba para significar "la colina que estaba situada al sud del Templo, donde surgía la antigua ciudad jebusea llamada "fortaleza de Sión", la misma que posteriormente recibió el nombre de Ciudad de David. La colina estaba separada del monte Moriah (sobre el cual hoy día se encuentra la explanada del Templo) por una hondonada que Salomón mandó rellenar (cfr. Mil-ló: "relleno")" (manda confrontar las referencias bíblicas 1Re 9,15 y 2 Sam 5,9).
Según pues este esquema, el Mil-ló es un terraplén artificial que une dos montes, el Ofel y el monte del Templo o monte Moriah (sin perjuicio que designe también otra cosa, las "terrazas" de las que hemos hablado). De modo tal que el nombre Ofel queda reservado sólo para una de las colinas, aquella más al sur, sobre la cual se levantaba la ciudad jebusea y más tarde la de David.
La otra interpretación se asemeja más a la que los autores han dado en llamar impropia, pues supone que Ofel es justamente dicha hondonada o terraplén relleno (para ellos "Mil-ló" indica sólo el conjunto de las terrazas sobre las cuales las casas de la ciudad de David se sostenían o bien el muro de sustentación. Según una interpretación de 2 Sam 5,9 podría llegar a traducirse Mil-ló como "terraplén"). Así por ejemplo interpreta la guía hebrea de Wager Eliyahu, para quien "el área identificada como Ofel es la que se hallaba entre la ciudad de David y el monte del Templo durante el período del primer Templo". Así parecen interpretar hoy día las autoridades arqueológicas israelíes oficiales, ya que al área de excavaciones anexas a la pared sur del muro del Templo, la han bautizado como parque arqueológico del Ofel. La altura del Ofel en este caso, es de 720m sobre el nivel del mar (comparados con los 734m del monte del templo).
Lejos de ser expertos en esta discusión, creemos que el fundamento más importante de esta última interpretación se basa en una posible lectura del texto bíblico de
Nehemías 3,27. Según esta, Ofel "no sería toda la ciudad de David sino sólo una parte de ella", la que coincide con el terraplén relleno, según la interpretación más corriente. Por el contrario, el argumento más fuerte para suponer que Ofel sea el nombre de la colina donde se levantaba la ciudad jebusea es el etimológico, ya que como hemos adelantado, el nombre significa "colina, bulgo o protuberancia". Y también por razones etimológicas y por el razonamiento antes expuesto, podemos considerar que el terraplén relleno entre ambas colinas ha recibido el nombre de Mil-ló. Nosotros nos inclinamos por esta última interpretación y creemos que este argumento etimológico deba ser tomado en consideración de modo especial. "Colina" con toda probabilidad haya sido el nombre de la colina original y no de un territorio rellenado. Por otra parte, las diferentes lecturas que se hacen de Neh 3,27 y de 2 Cro 27,3 no son concluyentes. Aunque repetimos, no somos expertos en el tema y dejando abierta la posibilidad para una eventual corrección de nuestra posición en el futuro, nos inclinamos por llamar Ofel a la colina original donde se erigió la ciudad de David.
4. Un paseo por la historia
Hemos dado ya un panorama histórico de la primitiva Jerusalén, desde los tiempos cananeos hasta su conquista por David. En el momento en que confeccionábamos este artículo, nuevas noticias al respecto aparecieron en el ambiente arqueológico israelí.
En efecto, según recientes excavaciones, las construcciones adyacentes a la fuente de Guijón serían partes de un articulado y complejo sistema hídrico, de origen cananeo, fabricado unos 800 años antes de la conquista de la ciudad por David, o sea alrededor del 1800 a.C. El conducto de Warren que se creía fuese parte del sistema hídrico, que permitía sacar agua desde dentro de la ciudad -como hemos visto- sería sólo una fisura natural. Las excavaciones recientes, en cambio, habrían descubierto un túnel que costeaba el conducto y que llegaba desde el interior de la ciudad al fondo del torrente, no lejos de la surgente. Quizás este era el famoso sinnor utilizado por el general de David, Joab, para tomar la ciudad. Haya sido el uno o el otro, no cambia substancialmente las cosas. Existía un conducto (o quizás hasta dos) por el cual Joab pudo subir y tomar la ciudad. La misma fuente de Guijón se encontraba probablemente fortificada con torres y murallas constituidas por pesadas piedras, y que formaban parte de la muralla de cinta. Probablemente la ciudad de David era de grande el doble de lo que se pensaba hasta ahora.
Estos recientes hallazgos y la interpretación realizada por los protagonistas de los mismos no contradicen en absoluto lo que hemos presentado. El túnel por el que
se tomó la ciudad (según el relato bíblico) existe y lo mismo la ciudad cananea con su complejo sistema hídrico. Que la ciudad haya sido el doble de cuanto se pensara hasta ahora tampoco cambia fundamentalmente las cosas.
Ahora bien, la historia continúa. David reinó en total cuarenta años, siete sólo para la tribu de Judá, desde Hebrón, y treinta y tres para todo Israel, desde Jerusalén (cfr. 1 Re 2,11-12). Lo sucedió su hijo Salomón, quien reinó también cuarenta años (cfr. 1 Re 11,42). La obra más grandiosa de Salomón fue la construcción del Templo sobre la colina o monte Moriah (que pasó así a llamarse "monte del Templo"). La construcción de dicho templo permitió a Israel contar con un santuario ya no móvil, sino estable, centro del culto nacional y meta de peregrinaciones.
Luego de la muerte de Salomón, el reino se dividió en dos, a raíz de una mala decisión de su hijo Roboam (rey de Israel a la sazón) que suscitó una rebeldía. Diez
de las doce tribus se declararon independientes, y fundaron el llamado reino de Israel o del norte, con capital Samaría. Las otras dos tribus, Benjamín y Judá, fundaron el llamado "reino de Judá" o del sur, con capital Jerusalén (cfr. 1 Re 12,12-20). Esta situación se prolongó aproximadamente desde el 930 a.C. hasta el 721. En ese año, el reino del norte cayó bajo las armas asirias. Su capital Samaría fue destruida y la población desterrada mayoritariamente a Nínive. Sólo quedó el reino de Judá. Es durante dicho período cuando suceden acontecimientos de gran relieve concernientes a la ciudad de David, la que ahora nos interesa.
Si caminamos por el valle desde la fuente de Guijón hacia el sur, siguiendo el derrotero del torrente Cedrón, transitaremos por una calle del barrio árabe de Silwam (cuya raíz etimológica es la misma de Siloé). A poco de andar, veremos hacia la derecha la roca del Ofel, y unas aberturas que proceden del interior. Señalan sin duda las desembocaduras del "canal de Acaz", canal construido para llevar agua de la fuente de Guijón hacia los "jardines del rey", en el valle. El agua se recogía en la llamada piscina inferior, hacia la extremidad de la colina del Ofel pero fuera de la misma, cerca de la confluencia de los torrentes Hinnom y Cedrón. Esta piscina inferior se secó con el paso de los siglos, existiendo actualmente en su lugar un pequeño huerto. En las proximidades de este lugar tuvo lugar la famosa profecía de la Virgen - Madre, que el profeta Isaías dirigió al rey Acaz: "Entonces Isaías dijo: ¡Escuchad, casa de David! ¿No os es poco tentar a los hombres, que tentáis incluso a mi Dios? El Señor mismo os dará por eso la señal: ¡He aquí que la Virgen grávida da a luz, y le pondrá por nombre Emmanuel!" (Is 7,13-14).
Este canal de Acaz no obstante, dejaba indefensa la ciudad en caso de asedio, pues era fácilmente aprovechable por los sitiadores. La posibilidad de un sitio de la ciudad pareció aproximarse en el reinado del hijo de Acaz, el rey Ezequías. Efectivamente, el poderío del imperio de Asiria había crecido sobremanera. Salieron los asirios a la conquista de los reinos occidentales; el sirio y luego el reino de Israel. Pusieron sitio a Samaria y destruyeron la ciudad, enviando toda su población deportada a Media (alrededor del 721 a.C.). Mientras se desarrollaban dichos acontecimientos, era previsible que Ezequías pensara que sería la próxima víctima de los reyes asirios. Además, mucha gente del reino del norte emigró ante el peligro, y vinieron a establecerse en el reino del sur, especialmente en Jerusalén.
Incluso cuando el rey de Asiria empezó a sitiar y a apoderarse de algunas ciudades del reino de Judá (cfr. 2 Cr 32,1), mayor cantidad de gente aún buscó refugio en Jerusalén. Esto motivó varias cosas, siendo la primera la ampliación de las murallas para proteger los nuevos barrios que se habían formado (según el parecer común, la ciudad se había extendido sobre el valle del Tirofeón, había tomado algunos sectores en la altura del oeste, es decir el monte Sión, y también una porción hacia el norte. Restos de dicha muralla han sido descubiertos en el barrio judío de la actual ciudad vieja).
Pero la obra más importante de Ezequías fue sin duda la construcción de un canal interior, llamado hoy "túnel de Ezequías", desde la fuente de Guijón hacia la piscina de Siloé, construida (se duda si por el mismo Ezequías o si existía anteriormente), en el extremo sur de la colina del Ofel pero sobre la misma (por eso es también llamada piscina o alberca superior, en contraposición a la que antes hemos nombrado), quedando dentro del recinto amurallado, y de la cual se podía extraer el agua que por el túnel venía de la fuente. La fuente fue cegada para que los sitiadores no pudiesen aprovecharse de ella, y el antiguo canal de Acaz desactivado. Las referencias bíblicas para la construcción de dicho túnel las tenemos en 2 Cr 32,30 y 2 Re 20,20.
El túnel posee de largo 550m, tiene un metro de ancho en la base, angostándose hacia arriba. Es de alto 4m en la parte más elevada, achicándose considerablemente hacia el centro. Esto se explica fácilmente, pues fue excavado desde las dos extremidades, norte y sur, por dos grupos distintos de trabajadores.
El recorrido es muy irregular, siguiendo los distintos plegamientos o formaciones rocosas. Los grupos se encontraron a mitad de camino. Para recordar el evento se colocó en dicho punto una lápida escrita en hebreo con caracteres antiguos, similares a los fenicios. Un fragmento notable de esta inscripción fue hallado en el 1880 y transportado al museo de Estambul, donde se encuentra actualmente.
El sitio que tanto temía Ezequías contra Jerusalén finalmente no se produjo. Senaquerib, rey de Asiria, estaba sitiando Laquis (cfr. 2 Re 18,14.17), envió desde allí emisarios para intimar a Ezequías a la rendición. El episodio del diálogo entre los emisarios del rey y los representantes de Ezequías está íntimamente vinculado con la piscina de Siloé, pues se produjo en la vecindad de la muralla, "junto al acueducto de la alberca superior" (cfr.2 Re 18,17ss). Pero Ezequías se volvió humildemente hacia Dios, pidiendo ayuda. El campamento de Senaquerib fue milagrosamente destruido, y aquel, volviendo a su patria, encontró la muerte en manos de sus hijos (cfr. cap. 19 de 2 Reyes).
Los reyes que sucedieron a Ezequías no obstante, no fueron justos a los ojos de Dios, con excepción de Josías. Algunos de ellos fueron sumamente pérfidos, como Manases, quien llegó incluso a sacrificar a su hijo (cfr. 2 Re 21,6). Esto motivó la cólera de Dios contra Judá y Jerusalén. La ciudad fue sitiada finalmente por los caldeos, quienes la destruyeron en el 586 a.C., llevando su población deportada a Babilonia. Evidencia de esta destrucción puede verse, según los arqueólogos, sobre el Ofel, en los ya mencionados restos de la "casa de Ahiel", y también la conocida como "casa de la Bula" y "habitación quemada", todos restos visibles hoy en el ya referido parque arqueológico de la ciudad de David.
5. Conclusión
La historia secular de Jerusalén es también nuestra historia como cristianos, llamados a habitar un día la Jerusalén del Cielo. Hay secretos de Jerusalén que muchas veces no se visitan, pero son igualmente importantes. Nuestra intención ha sido ilustrar al lector un poco sobre algunos de ellos, como son los de la antigua "ciudad de David", primer asentamiento de Jerusalén. Esperemos, pese a nuestra pobreza de medios y experiencia, haber hecho alguna contribución al respecto. Sepan disculparnos la falta quizás de mayor claridad y la ausencia de ilustración. De todos modos, seguirá siendo cierto que para subsanar estas fallas, nada mejor que venir a Jerusalén y recorrerla personalmente. Si los hubiésemos interesados aunque sea un poco en dicha empresa, nuestro objetivo estaría de sobra cumplido.
El grafico siguiente, muestra la Ciudad de David (enmarcada por la línea de puntos). Al norte, los autores localizan el monte Ofel y sobre el mismo, el Monte del Templo, delimitados por la línea en negro (Notar que esta demarcación del Ofel no sigue nuestra opinión, sino aquella que coloca el Ofel come un monte al norte de la ciudad de David, no dentro de la misma ciudad).
A izquierda de la ciudad de David, del Ofel y del Templo, el gran sector marcado por la línea de guiones (que figura como The Machtesh y The Mishneh) son los barrios occidentales, construídos en tiempo del rey Ezequías. La línea (de guiones) en sí misma indica el muro perimetral construido por Ezequías. El perímetro superior (en gris), señala las actuales murallas de Jerusalén.
En el recinto de la ciudad de David pueden verse dos pequeños acueducto (dos pequeñísimas líneas punteadas). Comienzan al norte, en la fuente de Guijón. El de más a la derecha es el denominado canal de Acaz, que bordeaba la ladera oriental del Ofel y poseía pequeñas desembocaduras destinadas a regar los jardines del rey, sobre el valle del Cedron (hacia la derecha). El otro es el "túnel de Ezequías", que desemboca en la piscina di Siloé (el pequeño recinto sombreado que se ve bajo la ciudad de David). Ambos conductos nacen de la fuente de Guijón (la piscina de Siloé queda comprendida en los nuevos muros hechos por Ezequías). La piscina de la derecha (sobre el mismo torrente Cedron) se la llama piscina del Rey, discutiéndose sobre su verdadera localización.
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El judaísmo y el cristianismo son las dos únicas religiones monoteístas, ya que el islam, más que una religión, es una doctrina totalitaria ideada para someter (islam significa sumisión) a las gentes a los dictados de sus dirigentes, quienes no forman un cuerpo jerárquico ni organizado.Cada imán predica por libre y no hay una ni una correlación ni una unidad de criterio sobre los contenidos del corán. Es como un paganismo monoteísta.
Sin embargo, judaísmo y cristianismo, aún compartiendo algunos principios, están contrapuestas mayormente, ya que aquélla se dirige a un sólo pueblo, que espera la llegada de un liberador de estilo militar, un caudillo que les libere de sus problemas en este mundo, mientras que ésta, se dirige no a un sólo pueblo, sino a todos, a cualquier persona que quiera voluntariamente adoptar la fe cristiana, proponiendo la salvación espiritual, no terrenal, como objetivo fundamental.
La fe se propone, no se impone, como dijo el Papa.
Pero, a pesar de estas diferencias fundamentales, judaísmo y cristianismo, comparten algunos principios muy importantes, que les hace estar en el mismo bando ante algunos planteamientos y desafíos, como son la defensa de la libertad individual, de la propiedad privada, de la democracia y de los derechos humanos.
Sin duda, estos principios les hacen estar en la vanguardia de la civilización, del progreso y de la seguridad mundiales, articulándose como defensoras e inspiradoras de nuestra forma de vida.
El principal enemigo con que ambas religiones se enfrentan, dentro del propio mundo occidental, son las ideologías de izquierda (fanatismos de izquierda, más bien), el materialismo marxista y el ateísmo, presentados por socialistas y comunistas como fuentes del progreso y de las libertades (de las libertades de ellos, naturalmente), planteamientos dirigidos a convertir a los ignorantes, amorales y aborregados, en miembros de un colectivo antirreligioso y usurpador, mediante la violencia revolucionaria, de los bienes y derechos de otros. La propia falta de capacidad analítica de sus seguidores, de valorar moralmente sus ideas y actos, permite una retroalimentación y pervivencia de esas ideologías, ya que, quien no ve razones morales ni prácticas en su pertenencia a un colectivo, tampoco las encuentra para determinar su salida de él.
Estas características, la incultura, la falta de criterio (y la intención de sus dirigentes en que esto siga siendo así) y un rencor ilógico contra otros, los creyentes judíos o cristianos, o contra los más adinerados, propias de los colectivos dominados por esos fanatismos, y alimentado por sus líderes revolucionarios musulmanes y de la izquierda, manipuladores y verdaderos usurpadores de las voluntades, son los elementos de unión entre el islam y el socialismo/comunismo. Hay muchos elementos de conflicto, irreconciliables y antagónicos, entre ambas ideologías, pero hoy no importan si se tiene un enemigo común.
El enemigo común siempre ha sido un elemento catalizador de alianzas, incluso entre entidades enemigas entre sí. El nazismo y el comunismo firmaron un pacto de no agresión para poder actuar, mientras durase, a su capricho en áreas, en principio, no disputadas entre ambos. Hoy, en España, los nacionalistas, enemigos de la unidad de la patria, se dividen entre los de extrema izquierda y de extrema derecha, incluso dentro de cada región, trabajando codo con codo en la desmembración del enemigo común. Si consiguiesen su objetivo independentista y secesionista se encontrarían, dentro de cada región, con un nuevo enfrentamiento, esta vez entre ellos mismos, lo que les llevaría a una nueva lucha, seguramente mucho más cruel y definitiva, de aniquilamiento mutuo.
Lo que es cierto a todas luces es que el bien se halla en permanente estado de desafío por el mal. Que prevalezca uno u otro está siempre en nuestras manos, en nuestras actitudes y en lo que estemos dispuestos a hacer para defender la permanencia del bien sobre el mal.
Tenemos muchos más elementos en nuestras manos para asegurarnos la victoria que nuestros enemigos, como son la fe religiosa, la superioridad moral e intelectual y la inteligencia, para poder usarlas correctamente y hacer lo que tengamos que hacer oportuna y eficazmente. Pero hemos de tener una actitud firme y no dudar ante los desafíos. Éste es nuestro reto.
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como Pedro y Pablo, afrontar mares y romper confines anunciando a Cristo.
Libertad religiosa y libertad de expresión son derechos humanos fundamentales. Esto implica que en la sociedad deben existir espacios para expresiones fundamentalistas de fe, aunque esto lleve a sectarismos y divisiones.
Ahora bien, el terrorismo en nombre de Dios es una ofensa a todos los credos, porque es violencia contra Dios. El antídoto al fundamentalismo puede ser solamente una interpretación más auténtica de las Sagradas Escrituras. La Iglesia debe seguir manteniendo el equilibrio entre tolerancia y verdad.
La globalización del desasosiego y de la desesperación requiere la globalización de la salvación y de la esperanza. Los líderes religiosos están llamados a un ministerio de paz y de reconciliación. MMVIII
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La Peregrina Egeria
En el siglo IV hubo una mujer, llamada Egeria, (como queda testimoniado por Valerio --abad de Bierzo-- en una epístola dirigida a sus monjes a mediados del siglo VII), que guiada por el Señor recorrió a lo largo de tres años los distintos lugares por donde pasó el pueblo de Israel, el lugar del nacimiento, la pasión y la resurrección de Nuestro señor Jesucristo y los sepulcros de innumerables santos mártires para hacer allí oración y encontrar motivo de edificación. Sobre todo, el Calvario y el Santo Sepulcro eran meta de innumerables peregrinos (a la izquierda el Santo Sepulcro tal como se lo ve actualmente).
Se sabe que ella fue peregrina y que en su viaje estuvo por los países que forman el Oriente próximo: Asia menor, Siria, Palestina y Egipto, gracias a un manuscrito, hallado en Italia, en el año 1884. A raíz de diversos estudios que se hacen después de este magnífico hallazgo, tenemos muchos datos acerca de la vida y del viaje que ella realiza, a pesar que lamentablemente se han perdido algunas hojas.
Aquí solo daré a conocer algunos detalles sobre la vida de esta peregrina, y sobre el manuscrito, dejando para más adelante los lugares y santuarios que ella recorrió (Jerusalén, Monte Nebo, el Sinaí, etc.) y la riqueza de la liturgia utilizada en Jerusalén, en el siglo IV.
El país: es Marius Ferotín, monje benedictino francés, que después de confrontar varios datos acerca del lugar de nacimiento de ella, concluye que su patria, es un lugar comprendido dentro de la “ Provincia Gallaecia”, que pertenecía a Roma. Esta provincia era muy grande por lo cual no se puede dar un lugar preciso de donde ella nació y vivió.
No obstante si fue pariente del emperador Teodosio (como lo demuestran algunos documentos) podría haber vivido en Cauca (actualmente llamada Coca, provincia de Segovia) y su vida religiosa debió llevarla a cabo en algunos de los centros de Asturias o de León, en las que piadosas jóvenes consagraban a Dios su virginidad, llevando vida ascética.
La familia: si no era familiar del emperador Teodosio, al menos eran conocidos, esto se comprueba porque Egeria encontró en los lugares donde fue, el apoyo de grandes personajes, monjes, clérigos y obispos que se ofrecían para mostrarle los lugares que quería conocer.
Teodosio nació en Cauca en el 347, hijo del conde Flavio Teodosio. Acompañó a su padre en las guerras de Gran Bretaña, el Ilirico y África, después de la muerte de su padre en el 377, estuvo alejado de los cargos públicos.
Es el emperador Graciano en el 378 quien lo asocia al imperio dándole el cargo mayor en la dignidad militar. En el 370 le encarga el gobierno de Oriente. Desde fines de este año, hasta el año siguiente, emprende su viaje hasta la ciudad de Constantinopla, haciéndose bautizar en Tesalónica.
Los comienzos del viaje: se puede suponer entonces que ambos viajaron juntos con un numeroso acompañamiento desde el NO de España, pero con distintos objetivos; Teodosio para defender el imperio contra los invasores y Egeria para venerar los distintos santuarios situados en Palestina y visitar los monasterios de Siria y Egipto. Después de abandonar su tierra natal, atravesarían la Galia meridional, hasta llegar al Ródano, luego por el N de Italia, embarcándose en Aquileya o en algún otro puerto por el Adriático.
Aquí se separarían, él para luchar contra los bárbaros, mientras que ella seguiría por mar hasta Constantinopla, en este lugar aprovecharía a estudiar el griego para hablar con la gente que vivía en esta capital y para entenderse con los que encontraría a lo largo de su viaje, para más tarde emprender su peregrinación a los lugares santos.
Sobre el manuscrito: lo más probable es que el códice que contiene el Itinerario de Egeria fuese escrito en latín en el S XI, en el monasterio benedictino de Monte Casino, y se conservase aquí durante varios siglos.
En el año 1650 no es contado entre los libros de la biblioteca del monasterio, recién en 1788 se encuentra este códice en Arezzo, en el monasterio de las santas Flora y Lucila. En el año 1810 suprimido este monasterio por orden de Napoleón, el códice es llevado a la “Confraternità dei laici”, (en la misma ciudad) es aquí donde se lo encuentra en 1884.
El itinerario fue escrito en pergamino, mide 262 x 171 mm, y además de contener lo de Egeria, que ocupa 22 hojas, se encuentra en la primera parte 15 hojas que contienen el “Tratado de los misterios y los himnos de San Hilario”
División del manuscrito: está dividido en dos partes, la primera parte describe los viajes de Egeria, la segunda parte la liturgia de Jerusalén en el siglo IV.
Al manuscrito le faltan hojas pero es imposible determinar cuantas: el original, que posiblemente fue el que tuvo el abad Valerio, no pudo ser hallado nunca a pesar de los esfuerzos por encontrarlo. Es por las cartas que él escribe comentando sobre el manuscrito y los detalles que pone, que se sabe que éste que se tiene ahora, esta incompleto.
Aspectos del itinerario: leyéndolo uno se da cuenta que ella leía la Biblia en cada lugar que visitaba, (cita 80 veces el AT y 20 el NT.). Si bien es cierto que en ese entonces no era tan sencillo viajar con una Biblia, sin embargo se ve que ella siempre la llevaba consigo.
Posiblemente la que utilizó haya sido en griego, ya que es posterior la traducción al latín que hace San Jerónimo. También queda de manifiesto que conocía los lugares, su historia y que le eran familiares, lo que muestra que había estudiado acerca de ellos.
Era costumbre que aquellos que pasaban por Tierra Santa, hicieran representaciones gráficas de los lugares, edificios y personas con las que ellos habían tenido contacto. Gracias a estos se han podido conocer, sobre todo monumentos, que hoy día han desaparecido o han sido transformados. En el original Egeria también debió haber hecho esto, porque ella misma pone: “como veis”, es una lástima que esos gráficos se hayan perdido.
Cada lugar es descrito minuciosamente y con detalles preciosos, lo mismo sucede cuando escribe acerca de la liturgia de Jerusalén. Todo esto nos hace pensar en la importancia que tenía para ella, el estudio de cada uno de los lugares por donde peregrinó, acompañada con la palabra de Dios, para meditar en su corazón las verdades conocidas.
Como dice el abad Valerio en la carta antes mencionada, cuanto más instruida estaba en la santa doctrina, tanto más sentía encendido su corazón en la llama de un deseo santo inenarrable. Leyendo, pues, con gran avidez todos los libros del Antiguo y Nuevo Testamento y cuanto halló escrito sobre los lugares de los más señalados santos en diversas partes del mundo, provincias, ciudades, montes y desiertos, parte, solícita, en viaje y aunque su peregrinación durará muchos años, recorre sin embargo, todos esos lugares con el auxilio de su Señor.
Al ir en busca del remedio para su alma, ha dado a muchas almas un ejemplo admirable para seguir a Dios.
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La Peregrina Egeria: los Santuarios en Tierra Santa
(tercera parte)
Hna. María de Roncesavalles
En el tiempo de Egeria había en Jerusalén cinco grandes santuarios importantes: El Cenáculo, el Santo Sepulcro, Getsemaní, la Ascensión y la Iglesia de Eleona.
El Cenáculo en el monte Sión: Una tradición antigua e ininterrumpida nos asegura de la autenticidad del Cenáculo. Cuando en el año 70, Jerusalén fue destruida por el emperador Tito, esta zona de Sión quedo intacta, porque estaba instalada en ella, “la legio Fretensis decima”, que había ayudado a Tito.
San Epifanio, palestino que vivió en Jerusalén por varios años, en sus escritos, dice que en el año 117 cuando Adriano, llegó a Jerusalén de paso a Egipto, halló la ciudad y el templo destruidos por Tito, excepto algunas casas, entre ellas la que contenía “la pequeña Iglesia de Dios”, en el monte Sión, donde se había establecido la guarnición de Tito.
Es la Iglesia que conoció Egeria, pero ya agrandada, probablemente por Cirilo de Jerusalén siendo ya obispo. En sus escritos nombra a ésta “en este mismo lugar donde ahora se halla la iglesia en Sión”.
Iba varias veces al año el obispo con todo el pueblo, y allí practicaban varios actos litúrgicos.
Esta Iglesia agrandada comprendía dentro la sala alta o Santo Cenáculo, fue destruida por los persas en el 614 y reconstruida magníficamente por los cruzados a principios del s XII con el nombre de Santa María de Sión.
Recién en el año 1335 entró en poder de los franciscanos, le habían cedido la propiedad los piadosos reyes de Nápoles, Roberto y Sancha de Mallorca que lo habían comprado unos años antes. Pero solo quedaban ruinas de la Iglesia, ya que había sido muchas veces invadida, pero el Cenáculo se conservaba bastante bien, solo un poco deteriorado. Ellos se encargaron de la reparación y lo conservaron por más de dos siglos, hasta que fueron arrojados de él por los turcos de Constantinopla a mediados del siglo XVI.
El Cenáculo fue la primer Iglesia del mundo cristiano, llamado con razón “ Mater omnium ecclesiarum”, madre de todas las Iglesias.
En el testimonio de Egeria no se encuentra ningún recuerdo del rey David y tampoco de su sepulcro aunque más tarde se celebraría allí una synaxis (reunión de fieles para celebrar la fiesta o conmemorarla) en honor de David.
El Santo Sepulcro Constantiniano: La fuente principal, de valor inestimable, que se posee acerca de los edificios construidos por el emperador Constantino, en el lugar de la muerte, sepulcro y resurrección de Jesucristo, es la que nos ha dejado Eusebio de Cesarea, en su obra “de Constantini vita”, ya que él fue testigo ocular y estuvo muy ligado al emperador.
1- Origen de los edificios Constantinianos.: En el año 325, se celebró en Nicea de Bitinia el primer concilio ecuménico, que duró dos meses, convocado y presidido por el mismo emperador Constantino. Tenía por objeto procurar la unidad de la Iglesia, condenado el arrianismo y también fijar la fecha de la celebración de la Pascua.
Antes de regresar a su diócesis Macario, obispo de Jerusalén, solicitó al emperador autorización y la obtuvo para hacer desaparecer el Capitolio y templo de Júpiter que Adriano había erigido en el centro de la ciudad y que cubrían los lugares santos.
Lo obtuvo fácilmente porque Constantino había dado un decreto exigiendo de los paganos la restitución de las iglesias cristianas confiscadas por ellos y los lugares consagrados por la sepultura de los mártires.
Macario, con la ayuda de las autoridades de la ciudad hizo demoler los edificios que cubrían los lugares cristianos desescombrando todo hasta lo más profundo.
Cuando llega al año siguiente, Elena, madre del emperador, ya se había llegado hasta el hoyo o cisterna en la que fueron arrojados los instrumentos de la crucifixión; pues a ella se le atribuye el hallazgo de la Cruz.
Cuando Constantino supo del hallazgo, escribió a Macario para felicitarlo haciéndole saber la orden dada a Draciliano, viceprefecto del pretorio, y al gobernador de Palestina, acerca de los edificios que debían construirse en aquellos lugares santos:
“Constantino Vencedor, Máximo, Augusto a Macario: Es tan grande la gracia de nuestro Salvador, que no hay palabras para narrar este milagro. Pues el monumento de su sacratísima pasión, oculto bajo tierra durante tantos años, sólo vino a la luz después de desaparecido el enemigo de todos (la muerte de Liciano) y de recobrada la libertad por sus siervos: cosa que supera toda admiración; pues aunque todos los sabios del mundo, reunidos en consulta, se propusieron decir algo acerca de la excelencia del monumento, creo que no podrían decir ni la mínima parte... solo quisiera decirte que mi principal deseo es que... aquel lugar sea adornado con un hermoso monumento.
Conviene, pues, que tu prudencia disponga y cuida todo lo necesario para la obra; de modo que esta basílica no sólo sea la más bella de cuantas existen,
sino que supere a las mejores construcciones de todas las ciudades. En cuanto al edificio y la decoración de sus muros, te hago saber que he encargado de ello a nuestro amigo Draciliano, viceprefecto del pretorio, y al gobernador de la provincia.
Nuestra piedad les ha ordenado que sean enviados inmediatamente los artistas y obreros y cuanto sea necesario a la obra, según tu prudencia les indicará. En cuanto a las columnas y mármoles, busca todo lo que creas más precioso y útil a la vista, y procura escribírnoslo, para que sabiendo por tu informe su cantidad y calidad, podamos hacer llevar de todas partes los materiales que creamos serán necesarios; porque es justo que el lugar más ilustre del mundo sea adornado según lo merece.
Quisiera saber tu opinión acerca del techo de la basílica: si quieres que sea artesonado, o con otra ornamentación. Si se hace artesonado, podrá adornarse con oro... que Dios te guarde, querido hermano”
Los arquitectos de estas admirables obras son: Zenobio y Eustato.
2- Descripción: De Oriente a Occidente se hallaban en este orden: Martirio, Atrio interior, Anástasis y al SO del martirio la Cruz.
La Basílica del martirio comenzaba en la calle principal de Aelia, el Cardo Maximus, unos escalones elevaban su nivel sobre el de la calle; tres puertas, la central mas grande que las laterales, se abrían en la fachada y daban acceso a un atrio a Cielo raso de 25 metros desde la fachada, rodeado de galerías cubiertas y en el centro una fuente. A continuación, tres puertas daban acceso a la Basílica, de cinco naves, la central era más amplia.
Una escalera cerca del altar bajaba al lugar donde fue hallada la Cruz, hoy llamada de Santa Elena y entonces formando la cripta del Martirio. En el ábside se hallaba el trono episcopal y detrás la escalinata del presbiterio adornada con doce columnas en honor de los doce apóstoles. Encima de las naves laterales corría una línea de galerías, espléndidamente adornadas.
Esta Iglesia del martirio servía de catedral al obispo y de parroquia a los fieles de Jerusalén.
Detrás de ella, se abría un ancho atrio a cielo raso y rodeado de galerías por sus tres lados, cubiertas para proteger a los fieles de la lluvia y del sol. Este atrio recordaba el huerto de José de Arimatea, que en el se había excavado su sepulcro nuevo.
En el ángulo SE del atrio había una roca de unos 4 ó 5 metros más alta que el nivel del suelo que la rodeaba, y en su cima fue colocada una cruz, adornada de piedras preciosas y cubierta con una especie de dosel contra vientos y el sol, porque también se encontraba a cielo raso.
Este lugar Egeria lo llama “Cruz: ante crucem y post crucem”. Al oriente de ésta, había una capilla, en donde algunos días se celebraba un acto litúrgico.
En la parte más occidental se encontraba la Anástasis, en el centro, se abría el antro, la gruta sepulcral, esto era el Santo Sepulcro.
La cúpula que la cubría estaba sostenida por columnas monolíticas con capiteles corintios, algo maltratadas por los persas en el 614 y enteramente arrasadas por el mahometano califa Hakim en el año 1009 y sustituidas por otras columnas y pilastras en la reconstrucción de Constantino Mónomaco en el año 1048.
Esta cúpula constantiniana aparece en el mapa de Mádaba en color amarillo y el techo del martirio en rojo.
Algunos han pensado que la Anástasis fue construida después porque no se habla expresamente de ella en la dedicación, pero si Constantino manifestó su deseo de rodear el Santo Sepulcro de un espléndido santuario, esto quiere decir que todos los edificios fueron construidos simultáneamente.
Dice Eusebio en sus escritos “ante todo adornó aquella gruta sagrada, por ser la cabecera de toda la obra... y la decoró, con columnas riquísimas y el mayor adorno”
Y Cirilo de Jerusalén, diez años más tarde, dice “El vestíbulo, que precedía la cámara sepulcral (llamado hoy capilla del ángel) desapareció al edificar la Anástasis; pues fue cortado para dar lugar a la armoniosa construcción actual. Pero la piedra que cerraba el sepulcro se encuentra hoy junto al mismo sepulcro”
Los materiales (columnas y mármoles) que servían para la construcción de estos edificios debían ser buscados y enviados a los arquitectos desde varias partes distintas, así se lo había dicho el emperador al obispo. Quizá mucho del material utilizado fue llevado desde la espléndida Cesarea de Herodes, donde era abundante, o tal vez de la Sebaste herodiana de Samaria o de otros grandes monumentos helenísticos y romanos de Palestina, Siria y Transjordania.
Una idea de la belleza de estas columnas monolíticas de la Anástasis constantiniana, pueden dárnoslas las columnas que adornan el interior de la mezquita de Omar en Jerusalén, ya que muchas cosas fueron quitadas de los lugares cristianos por el califa Hakim en el 1009.
Estos edificios constantinianos (llamados así por la orden dada por el emperador para su construcción) que eran: Martirio, Cruz y Anástasis, estaban incluidos en un períbolo rectangular de unos 132 metros de largo por 38 de ancho. Tenían dos amplios corredores a ambos lados de la basílica, servían estos, para que sin entrar en ella estuviesen comunicados directamente con la Anástasis por dos puertas.
La dedicación de estos edificios se hizo el 14 de septiembre del 335 y duró la fiesta por espacio de una semana.
El obispo Máximo, (331-347) sucesor de Macario, trasladó su sede desde el monte Sión a el martirio, donde en el ábside había una serie de asientos para el obispo y los presbíteros que lo acompañaban.
La Iglesia de la gruta en el monte de los Olivos: Al mismo tiempo que empezaron los trabajos en el sepulcro, otro grupo de trabajadores comenzaba con los edificios en Belén y en el monte de los olivos.
Eusebio es quien atribuye a Santa Elena la iniciativa para la construcción en este monte “la madre del emperador, ennoblecía con grandes edificios en el monte de los Olivos el recuerdo de la subida del Salvador al cielo, construyendo sobre la altura, cerca de la cima de la montaña, el edificio sagrado de una iglesia y un lugar de oración en honor del Salvador, el cual gustaba detenerse en ese lugar: allí, en la gruta misma donde la historia verídica asegura que el Salvador de todos inició a sus discípulos en sus misterios ocultos”
El edificio se compone de un atrio, el cuerpo de la Basílica, baptisterio, y en el ábside el altar, en el lugar mismo de la gruta venerada por haber estado allí el Salvador.
Por muchos siglos este santuario quedó en el olvido, recién en el año 1910 y 1911 se hicieron excavaciones que dan a conocer restos del santuario y han permitido trazar un plano del mismo.
Desde la segunda mitad del S XIX se conoce este santuario con el nombre del Pater Noster.
El lugar de la Ascensión: Desde antes del s IV se veneraba en el monte de los Olivos, un lugar que recordaba la subida del Salvador a los cielos.
Egeria le da a este lugar el nombre de “Inbomon”, es decir “el lugar”, ya que ella no nombra ninguna iglesia, quizá habría algún monumento que recordaba este hecho(Mc.16,19)
La iglesia de forma octogonal fue construida por Poemenia, noble dama pariente del emperador Teodosio, ella llego a Jerusalén en el año 394.
La Basílica de la Natividad en Belén: Este lugar fue venerado por cristianos desde los primeros tiempos, atestiguado esto por Justino, escritor palestino, en el siglo II.
Este lugar fue profanado, en tiempo de Adriano, había allí un bosquecillo y un templo en honor de Adonis. Constantino y su madre mandaron a construir una Basílica para honrar lugar tan sagrado. Comenzando los trabajos al mismo tiempo que los del Santo Sepulcro, en el año 325.
Los samaritanos en el año 527, en su rebelión contra el imperio, arruinaron un poco el lugar, pero fue reconstruida por Justiniano poco tiempo después.
En el año 1934 se hicieron excavaciones que permitieron descubrir parte del pavimento constantiniano, visible todavía en parte.
La Iglesia de los pastores: Llamada también, campo de los pastores, en árabe “Kanisat al rua”.
Se halla a un poco más de un kilómetro al oriente de Belén, en la llanura que se extiende al pie del pueblo de Beit Sahur. Es en este lugar donde los ángeles se les aparecieron a los pastores y les anunciaron el nacimiento del Salvador (Lc. 2,8)
No se sabe con exactitud el año en que fue fundada esta Iglesia, pero ya existía cuando Egeria estuvo aquí.
Fue destruida por los samaritanos en el año 529 durante su sublevación en Palestina, quedando sólo, cubierto por las ruinas, el pavimento, descubierto en las excavaciones de 1972.
En la misma época los samaritanos arruinaron también muchas Iglesias, entre ellas la de la Natividad, reconstruida después por Justiniano, seguramente fue él quien mandó reconstruir la Iglesia de los pastores.
Excavaciones en esta Iglesia: Cuando en el año 1972 se hicieron las excavaciones arqueológicas los resultados fueron muy buenos, ayudando a verificar la autenticidad del lugar.
Fue excavada y estudiada la gruta y capilla subterránea, que data del siglo IV, llamada “Sagrada gruta natural”, la “Iglesia de la gruta”, que data del siglo V, y la Basílica que data del siglo VI; pues es la reconstrucción de la Iglesia destruida por los samaritanos.
Lo que mejor se conservó fue la Iglesia de la gruta, es de la primera época bizantina y el más antiguo edificio cristiano del lugar, es rectangular y mide 11 por 15 metros, fabricada enteramente dentro del área de la gruta. El pavimento era de mosaico, pero solo se conserva una pequeña parte.
De la Iglesia superior solo se conserva el pavimento, que perteneció a la Iglesia anterior a la basílica del siglo IV. En este pavimento se encuentra la siguiente inscripción de estilo bizantino “Acuérdate de tu siervo Lázaro y de todas sus ofrendas. Amén” indicaría quien fue el que hizo esto, posiblemente un presbítero indígena, por su nombre.
Los franciscanos fueron dueños de esto desde el siglo XVI, hasta que en el año 1820 fueron sacados del lugar y entregado esto, a los griegos.
Su nueva capilla, ocupa las ruinas del monasterio agrícola fundado por el abad Marciano en el 454, donde se detenía San Teodosio en sus visitas a Belén desde el suyo de Dor Dosi.
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La Peregrina Egeria (segunda parte): crónica de su viaje
Hna. María de Roncesvalles
Presentamos a continuación una crónica del viaje de Egeria: los distintos lugares a donde fue, los caminos escogidos, y el tiempo que utilizó para ello. En la próxima presentación veremos la descripción de algunos de los santuarios y la liturgia de Jerusalén.
Cuando Egeria llegó a la ciudad de Jerusalén, en el 381, ésta distaba mucho de ser igual a la del tiempo de Jesús, hasta el mismo nombre de la ciudad había desaparecido, se usaba más el de Aelia Capitolina.
Historia de la ciudad de Jerusalén (132-381)
Desde el 132 al 135 el pueblo judío se había levantado en armas contra Roma por segunda vez. En el 134, Roma toma la capital y un año después el emperador “Aelius Hadrianus” construye una nueva ciudad y le pone el nombre de Aelia Capitolina, pero corrientemente se la llamaba Aelia.
Ésta estaba dividida en dos partes separadas:
1- al norte: vivía el elemento civil, principalmente los veteranos que habían tomado parte en las luchas.
A su vez estaba dividida en 4 grandes barrios por dos amplias arterias. Una iba desde el N al S y formaba el cardo maximus, desde la puerta de Sión, hasta la puerta de Damasco. La otra de O a E, el decumanus, desde la ciudadela o Torre de David hasta la entrada o explanada del templo.
El quadrivium era la intercesión entre el cardo maximus y el decumanus, y cerca de éste se hallaba el foro y el capitolio, y en otras partes de la ciudad, las termas, el teatro y el circo, elementos esenciales en toda ciudad o colonia romana.
En la gran explanada del templo judío, destruido por el emperador Tito (año 70) se encontraba el templo de Zeus o de Júpiter.
2- Al sur: los soldados de “la legio X fretensis”, ellos formaban la guarnición de la colonia y el territorio.
Cuatro eran las puertas que daban entrada a la ciudad, tres de ellas visibles todavía, la de Jaffa, Damasco y la del arco del Ecce Homo.
Eusebio de Cesarea atestigua que Adriano se mostró tolerante con los cristianos, pero no así con los judíos que tenían prohibida la entrada a Jerusalén.
De a poco fue aumentando el número de los cristianos, celebrando sus reuniones religiosas en el cenáculo (monte Sión) junto al cual residían sus obispos.
Cuando vino la paz Constantiniana y sobre todo con la construcción del Martyrium y de la Anástasis (325-335) el obispo Máximo trasladó su residencia a Jerusalén; fue en este tiempo donde pudo organizarse la Iglesia aquí y por medio de la catequesis convertir más gentiles al cristianismo.
La Jerusalén cristiana de Egeria.
Vivió en esta ciudad por tres años, ya la mayoría eran cristianos y con su jerarquía bien establecida.
1- El obispo y su clero: el obispo era Cirilo, cuya sede dependía de la metropolitana de Cesarea marítima.
Entró a la vida monacal muy joven, fue ordenado diácono en el 330 por su obispo Macario y presbítero por el nuevo sucesor Máximo. Se encargó de la catequesis predicando a los catecúmenos de la Aelia capitolina.
Fue elegido obispo de Jerusalén en el 350 y después de haber sido destituido y desterrado tres veces por el arriano Acacio, vuelve definitivamente a su sede en el 379, al ser elegido Teodosio como emperador. En el 381 asiste al concilio general de Constantinopla. Muere en el 386.
Será él quien se encargue de la atención espiritual de Egeria mientras se encuentra aquí.
El clero diocesano de Jerusalén era ya numeroso, en la descripción que ella nos hace de los variados actos litúrgicos encontramos:
-presbíteros que predican frecuentemente.
-que sirven de intérpretes cuando predica el obispo en griego.
-que asisten al obispo en las celebraciones mas solemnes.
-diáconos que rodean al obispo durante la ceremonia de la adoración de la cruz.
2- La vida monacal: había en esta diócesis y en todo el oriente cristiano, una vida ascética intensísima, tanto eremítica como cenobítica, practicada por numerosas personas.
Cuando Egeria llegó a Constantinopla, pudo constatar esta vida ascética en la capital del Imperio, así también en Jerusalén, sobre todo la vida cenobítica.
En el monte de los olivos conoció y mantuvo estrecha amistad con Melania la Anciana, que acababa de fundar junto al santuario de la ascensión un monasterio con cincuenta monjas y una hospedería para peregrinos y enfermos. Cerca de éste uno fundado por Rufino de Aquileya, para monjes, también muy numeroso.
Uno de sus ideales al emprender el viaje había sido ver y ponerse en contacto con estas personas santas, que llevaban como ella vida monacal.
No se sabe exactamente el género de vida que llevaban ella y sus compañeras, pero queda demostrado que era una vida piadosa y consagrada a Dios. Aunque vivían en comunidad no estaban sujetas a clausura, en el sentido que hoy se le da a esta palabra, podían salir libremente de su casa o monasterio y comunicarse con el mundo. Con ellas había vivido, y por el trato respetuoso y a la vez familiar y sumamente cariñoso, parecería que ella hubiese sido la superiora.
Los viajes de Egeria
La primer parte en la que ella describe seguramente el viaje desde su tierra natal hasta Constantinopla y de aquí a Jerusalén y a otros lugares dentro de Egipto no ha sido encontrada, comienza la descripción estando ya en el Sinaí, por eso los datos son tomados de lo que escribe el monje Valerio y Pedro Diácono acerca de los viajes que ella realizó.
Viaje a la Nitria y la Tebaida.
Debió emprender el viaje, después de haber estado en Jerusalén para la cuaresma y pasar allí las fiestas de Pascua y Pentecostés del año 382.
Los monasterios y eremitorios que ella iba a visitar se hallaban, unos en el delta y otros en la Tebaida (alto y bajo Egipto)
El viaje de ida parece que fue por mar, lo más probable es que halla sido desde Cesarea marítima hasta Alejandría, visitando los monasterios a lo largo del Nilo. El viaje de vuelta sería desde Tebas a Pelusio, siguiendo la gran vía que las unía, así visitaría seguramente varios lugares del Éxodo, que luego volverá a visitar más despacio a su regreso del Sinaí.
En Alejandría se detendría algunos días, no solo para estudiar la vida monástica que estaba muy activa ahí, sino también para conversar con personas que llevaban esta vida.
En el uadi Natrun, este valle es una depresión del desierto líbico. Distante de Alejandría unos 80 km, al SO, aquí se establecieron en el siglo IV varios eremitas y
monjes, contribuyendo con su ejemplo y su actividad literaria al aumento del cristianismo en Egipto, su fundador fue Amun.
Hacia el O de este uadi, en el desierto de Skete, había varios monasterios en una misma región, llamados en conjunto lauras.
Para llegar a Tebas pudo haberlo hecho por tierra o por el Nilo, contempló sin duda los innumerables y majestuosos monumentos egipcios de los faraones que había en el trayecto desde el Cairo hasta Tebas: las pirámides de Guiza, Menfis y Saqqara; los grandes templos de Tebas, Lúqsor y Kárnak.
En Fustat (Cairo viejo) existía probablemente una capilla de los coptos, con la tradición de que había sido refugio de la Sagrada familia en su huida a Egipto.
En Fau, había un gran convento fundado por San Pacomio, donde los monjes de todo Egipto se reunían dos veces al año. Cerca también se encontraba el lugar llamado Tabennisi, con el primer monasterio fundado por él, en el año 320.
En todos estos monasterios se hablaba el copto, llamado saídico o del Alto Egipto, solo algunos monjes sabían el griego.
Viaje al Sinaí
Egeria dice que el viaje de Jerusalén al Sinaí se hacia en 22 jornadas, aquí estuvo varios días, a su regreso pasó por los lugares del éxodo, eso demuestra que tardó en regresar. Calculando así los días se supone que tardó en todo el viaje unos dos meses, y que lo emprendió a principios de noviembre del 383, después de celebrar en Jerusalén del 14 al 21 de septiembre, las fiestas de las Encenias o dedicación de los edificios Constantinianos del santo sepulcro y lo terminó como ella nos dice a comienzos del 384, porque celebró la fiesta de la Epifanía, el 6 de enero en la ciudad de Arabia (capital de la provincia del mismo nombre).
Debe haber salido por mar desde Cesarea marítima hasta Pelusio, capital de la Provincia Augustámnica (el emperador Constantino dividió Egipto en 6 provincias).
Además de la actividad comercial y militar ésta era una ciudad episcopal muy poblada y activa, se encontraban cerca de ella muchos monasterios.
La ciudad estaba situada a unos 50 km. al oriente de la actual Port Said y canal de Suez, fue muy importante durante todo el período romano y bizantino.
Desde aquí se dirigió a Cylsma, unidas por una vía comercial y militar.
Clysma quedaba a unos 5 km de Suez, era una fortaleza ptolemaica, que había sucedido a un puesto más antiguo de época faraónica. Cuando Egeria estuvo,
formaba un puerto importante de comercio con las Indias y ciudades del mar Rojo y de la Arabia.
De Clysma, a solo 12 km al SE por un camino desértico, se encontraban las fuentes de Moisés, un oasis con fuentes de agua fresca y abundante vegetación.
Desde Ain Musa (nombre en árabe), llegaron caminado después de tres días a Mará. Aquí Moisés convirtió el agua amarga en dulce echando un madero en el agua (Ex.15, 22-25)
Bastante más alejado de este lugar llegaron a Elim, (también llamado uadi Gharandel) identificado con el de la Biblia “Había doce fuentes de agua y setenta palmeras y acamparon allí junto a las aguas” (Ex.15,27)
Siguiendo su marcha llegaron hasta Farán, distante del Sinaí 50 km. Farán fue en la época bizantina sede episcopal.
Aquí en lo alto de una colina, junto a numerosas ruinas de monasterios e iglesias, veneran los beduinos el lugar donde Moisés oraba durante la batalla contra Amaleq (Ex.17,8-10).
Desde el uadi Feiran se llega después de varias horas de marcha a caballo o camello a un lugar llamado el-bab (la puerta), y por este a un desfiladero el Naqb el-Haua a 1505 m. sobre el nivel del mar.
El Sinaí: dice Egeria que “a los viajeros les eran mostrados los lugares bíblicos por donde iban”, seguramente por los anacoretas de Farán que les acompañaban, pasado el desfiladero de Naqb el Haua se encontraba un valle amplísimo, siguiendo este valle se llega hasta el convento de los cuarenta (deir el arbain) a 1170 mtrs. de altura, aquí se recuerda los cuarenta monjes degollados por los sarracenos.
Se hallan al pie del monte de Moisés, pasan la noche en algunas de las ermitas para subir bien temprano hasta la cima del Yabal Musa a 2992 m. de altura. Oyen Misa, y contemplan el hermoso panorama.
Van bajando al monte Horeb, con el recuerdo de Elías, y poco después llegan al lugar donde Aarón y los setenta ancianos esperaban a Moisés. En el pie del monte, se encuentra el lugar de la zarza ardiente(Ex.3,1-5).
Emprende su regreso pasando por distintos lugares, Gessen, Etham (Ex13,20) Pithom (Ex.1,11) Arabia y Ramesses; la primera era el nombre de una de las provincia de Egipto en el Delta Oriental, también el de su capital. La segunda es la ciudad de donde parten de Egipto los hebreos (Ex.12,17). Fue restaurada por Ramsés II(1292-1225 a.C) el más grande de los faraones. Tathnis (Tafnis) y Pelusio, aparece la primera en la Biblia (Jer.2,16; Jer 43,8-9)
El monte Nebo: Realiza este viaje atraída por el recuerdo de Moisés, parte de Jerusalén en compañía de un presbítero, varios diáconos y monjes, llegan a Jericó después de haber caminado unos 30 km., siguen hasta el Jordán al lugar tradicional por donde pasaron los israelitas conducidos por Josué.
De aquí se dirigen a la ciudad de Livias y desde aquí, al Monte Nebo, gebel el-neba (en árabe) a 808 metros de altura, desde donde Moisés vio la tierra prometida (Dt.32,48-50 y 43,1)
Al país de Job: Es animada a realizar este viaje por unos monjes que le relatan acerca de la patria de Job.
Parte desde Jerusalén y tardan 8 días en llegar a Carneas, antes llamada Dennaba, y ahora llamada ciudad de Job. Como el viaje es largo se detienen en Siquem, actual Nablus, luego continúan hacia el Oriente, al Jordán, antes de llegar al río hay un hermoso valle y en el hay una Iglesia que recuerda el encuentro de Melquisedec con Abraham (Gen.14,17-20). Llegan por fin a Carneas, donde se veneraba el sepulcro de Job.
Viaje de regreso a Constantinopla
Después de haber visitado todos los lugares santos durante tres años, vuelve a su tierra natal, pasando por lugares que ya había conocido y otros que le eran nuevos.
No se sabe con precisión el camino de regreso que tomó, pero se puede suponer que para llegar hasta Antioquía, lo hizo por mar, porque no nombra ninguna ciudad por la que hubiera pasado.
Sale pues de Cesarea marítima y llega hasta Antioquía, como Edesa no quedaba muy lejos, se determina a ir y a otros partes de la Mesopotamia, para poder ver a los monjes que se encontraban allí y rezar en el sepulcro de Santo Tomás.
Egeria llega el 19 de abril, hacía más de 10 años que había muerto allí San Efrén, diácono. No lo conoció personalmente pero pudo escuchar los himnos que el mismo había escrito, durante la liturgia cantada alternando dos coros. Eran de temas muy variados escritos en la lengua materna siríaca.
Ese mismo día visitó la Iglesia y el sepulcro de Santo Tomás que se encontraban en dos lugares diferentes.
De Harán a Antioquía; queda a unos 38 km al SSE de Edesa, llega el 23 de abril, en la vigilia del santo del lugar, San Helpidio, festejando así con todos los monjes que venían para ese día. La Iglesia había sido construida en lo que fue la casa de Abraham. Fue visitando con el obispo de la ciudad todos los lugares que tenían relación con los lugares bíblicos.
De Antioquía a Constantinopla: Se encontraría en Antioquía con el obispo, llamado Melecio, que había asistido al concilio de Constantinopla, estaban también aquí, los presbíteros Flaviano y Elpidio.
Después de varias jornadas llega a la ciudad de Tarso, patria del apóstol San Pablo, donde probablemente conoció al obispo Diodoro.
Visita el sepulcro de Santa Tecla, que quedaba a tres días de allí, antes de llegar, en uno de los monasterios, se encuentra con una amiga suya, “de cuya vida todos daban testimonio en oriente, la santa diaconisa llamada Marthana”, a la que había conocido en Jerusalén. De allí van al sepulcro, aquí están dos días, vuelve a Tarso, y se queda en la ciudad tres días.
El mismo día que parte de Tarso llega a la mansión de Mansocrenas, donde murió de fiebre el emperador Constancio el 3 de noviembre de 361.
Sigue el mismo camino que llevó al ir a Jerusalén por las provincias de Capadocia, Galicia y Bitinia, hasta llegar a Calcedonia “en este lugar -dice ella- me detuve por el famoso sepulcro de Santa Eufemia, que desde antiguo me era ya conocido”.
Al día siguiente pasa el mar y llega finalmente a Constantinopla, dando gracias a Dios por haberle concedido ir a Jerusalén, ver lo que deseaba y volver de nuevo a Constantinopla.
Dice que tenía también el deseo de pasar a Asia y venerar en Efeso el sepulcro de San Juan evangelista y otros lugares, no dice nada de la Virgen en Efeso, una prueba más a favor de su sepultura en Jerusalén.
Con mucha insistencia le repetía a sus hermanas ”viva o muerta” lo que parece indicar que no se sentía bien, tan largo había sido el camino, con tantos sacrificios, que su salud estaría resentida.
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Papa Benedicto XVI
Audiencia general del 27•9•2006 - Junto a la tumba del Apóstol Pedro. Vat.
Santo Tomás quiere seguir a Cristo donde sea que vaya y comprender todo lo que dice - Cuando Jesús, en un momento crítico de su vida, decidió ir a Betania para resucitar a Lázaro, acercándose de esta manera, peligrosamente, de Jerusalén (cf Mc 10,32), Tomás dijo a sus condiscípulos: «Vayamos, nosotros también, a morir con él» (Jn 11,16. Su determinación de seguir al Maestro es verdaderamente ejemplar y nos da una preciosa enseñanza: revela su total disponibilidad de adherirse a Jesús, hasta identificarse con su suerte y querer compartir con él la prueba suprema de la muerte. En efecto..., cuando los evangelios emplean el verbo «seguir», es para significar que donde se dirige Jesús, también allí debe ir su discípulo. La vida cristiana se define, pues, como una vida con Jesucristo...: morir juntos, vivir juntos, estar en su corazón como él está en el nuestro.
Una segunda intervención de Tomás se nos narra en la última Cena. Jesús, prediciendo su inminente partida, anuncia que va a preparar un lugar para sus discípulos a fin de que también éstos puedan estar donde él se encuentre. Y les precisa: «Para ir adonde yo voy ya sabéis el camino» (Jn 14,4). Es entonces cuando Tomás interviene diciendo: «Señor, si no sabemos dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?»... Sus palabras dan ocasión a Jesús de pronunciar la célebre definición: «Yo soy, el Camino, la Verdad y la Vida» (Jn 14,6). Es, pues, a Tomás a quien se ha hecho por primera vez esta revelación, pero es válida para todos nosotros y por todos los tiempos...
Al mismo tiempo, esta pregunta nos confiere el derecho, por así decir, de pedir explicaciones a Jesús. A menudo, no lo comprendemos. Tengamos la valentía de decir: «No te comprendo, Señor, escúchame, ayúdame a comprender». Así, con esta sencillez, que es la verdadera manera de orar, de hablar a Jesús, expresamos nuestra pobre capacidad de comprender y, al mismo tiempo, nos ponemos en la confiada actitud de los que esperan la luz y la fuerza de parte de aquel que nos la puede dar.
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† «Duc in altum» (Lc 5,4) dijo Cristo al apóstol Pedro en el Mar de Galilea.
Benedicto XVI, cuando era conocido como Joseph Ratzinger, en la conferencia titulada “¿Por qué permanezco en la Iglesia?” dijo que “Por eso una iglesia, una comunidad que se hiciese a si misma, que estuviese fundada sólo sobre la propia gracia, sería una contrasentido. La fe exige una comunidad que tenga poder y sea superior a mí y no una creación mía ni el instrumento de mis propios deseos”.
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la aurora y el ocaso del sol, momentos religiosos típicos en todos los pueblos, ya convertidos en sagrados en la tradición bíblica por la ofrenda matutina y vespertina del holocausto (cf. Ex 29, 38-39) y del incienso (cf. Ex 30, 6-8), representan para los cristianos, desde los primeros siglos, dos momentos especiales de oración.
Dice C. S. Lewis, en su Mero cristianismo, que “La felicidad que Dios concibe para Sus criaturas más evolucionadas es la felicidad de estar libre y voluntariamente unidas a Él y entre sí en un éxtasis de amor y deleite comparado con el cual el amor más arrobado entre hombre y mujer en este mundo es mera insignificancia, Y para ello deben ser libres”.
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"Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor" (Dn 3, 57). Este cántico, tomado del libro de Daniel, que la Liturgia de las Horas nos propone para las Laudes del domingo en las semanas primera y tercera, tiene una dimensión cósmica. Y esta estupenda plegaria en forma de letanía corresponde muy bien al dies Domini, al día del Señor, que en Cristo resucitado nos hace contemplar el culmen del designio de Dios sobre el cosmos y sobre la historia. En efecto, en él, alfa y omega, principio y fin de la historia (cf. Ap 22, 13), encuentra su pleno sentido la creación misma, puesto que, como recuerda san Juan en el prólogo de su evangelio, "todo fue hecho por él" (Jn 1, 3). En la resurrección de Cristo culmina la historia de la salvación, abriendo las vicisitudes humanas al don del Espíritu y de la adopción filial, en espera de la vuelta del Esposo divino, que entregará el mundo a Dios Padre (cf. 1 Co 15, 24). "Obras todas del Señor, bendecid al Señor".

Es vuestra visita la que nos honora y agradecemos.
Quepa claro: "hablamos no solo para comunicarnos, sino para distinguirnos". Por lo mismo, nos vestimos no solo para evitar el frío, sino para reafirmar nuestra personalidad. Publicamos porque creemos en la verdad y solo ella nos hace libres.
Pedimos disculpas por los errores que tantas veces cometemos. No son por mala voluntad, ni por ignorancia, sino por no saber. No está mal recordar que una cosa es la ignorancia (= no saber lo que a uno no se le alcanza) y la nescencia (= no saber lo que uno debería saber).
‘Apud Dominum misericordia et copiosa apud Eum redemptio’
Jesús misericordia : Kyrie eleison. Christe eleison. Kyrie eleison.
¿Por qué repetimos y recomendamos algunos libros? - No responde esta habitual insistencia a ningún imperativo ni legal, ni moral, ni de compromiso alguno. El único compromiso es el del servicio a la conformación de una cultura católica que hoy es más necesaria que nunca.
Recomendamos vivamente:
1º Título: LA BIBLIA COMENTADA POR LOS PADRES DE LA IGLESIA
Antiguo Testamento 10:Proverbios, Eclesiastés, Cantar de los cantares
J. Robert Wright (encargado del volumen)Ciudad Nueva Madrid 2008-533 páginas
2º Título: ‘Europa y la Fe’. Editor: Ciudadela Libros. Autor: Hilaire Belloc.
Páginas: 237 - ISBN: 978-84-96836-23-5 -
En esta obra se trata con un realismo histórico apabullante el tema de Europa y su relación con la fe católica. No se debería desconocer este ensayo histórico admirable en que su autor explica cómo la Iglesia católica ayudó a salvar a Occidente, en las Edades oscuras, preservando lo mejor de la civilización griega y romana, y cómo los europeos, todavía hoy, nos beneficiamos de instituciones sociales y de forma políticas de indudable origen católico como los Parlamentos. Es muy posible que no se haya escrito una mejor visión de conjunto de la civilización occidental que este libro.
3º Título: ‘Cristo y el tiempo’ - La Historia, como historia de la salvación -
Autor: Oscar Cullmann - Editorial: Cristiandad -
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