La mujer no es "algo" de usar y tirar. - LEO en El Confidencial Digital: "Urge respetar, proteger y valorar más a la mujer. Es un contrastado “muro de contención” afectivo y efectivo, ante cualquier problema social o económico. La mujer no es “alguien” de usar y tirar. Por lo cual, no es de recibo tanta manipulación a su costa: nueva ley del aborto, píldora del día después para adolescentes, educación ineficaz frente a la violencia doméstica, indefensión para conciliar trabajo y familia… O sea, basta ya de tanto machismo disfrazado de progre, que utiliza como escudo, o adorno, a mujeres de cuota, para quemarlas propagando barbaridades, que ni ellas mismas se creen". Adviértase que las que reciben el bombazo hormonal son la niñas no los niños, con la PDD. Los chicos tan tranquilos, a disfrutar. La "niñas" ya saben lo que se hacen, se dirá. ¡Lo desean! En la mayoría de los casos no lo saben. No se les advierte. Conocen lo que hacen pero no conocen las consecuencias de sus actos. La inmensa mayoría, no. Pensar otra cosa es pensar en un cómodo despacho decorado con pájaros y flores. No hagan encuestas ideológicas. Estudien la biología y la psicolgía de las personas concretas en suficiente número. Antonio Orozco – arvo.net 2009.V.27


"A cada uno pediré cuentas de la vida de su hermano" (Gen.9, 5)
Subhumano - En 1930, Alfred Rosenberg en Der Mythus des 20. Jahrhunderts utilizar el término Untermensh (subhumano) para referirse a aquellos que, supuestamente, se hallaban por debajo de lo humano. El término hizo fortuna y en 1933, una publicación de la SS titulada precisamente El subhumano cargó contra los judíos indicando que pertenecían a esa categoría. En 1942, la Oficina principal de la raza del III Reich distribuyó un panfleto titulado Der Untermensch (El subhumano).
El texto tuvo una tirada de 3.860.995 ejemplares en alemán y además se tradujo a otras catorce lenguas europeas más. En la obra se señalaba que “el subhumano, que biológicamente aparenta ser una creación de la naturaleza similar con manos, pies y una especie de cerebro, con ojos y una boca, es, sin embargo, una criatura completamente diferente”. A esas alturas, el método nacional-socialista resultaba obvio. Para emprender con éxito la gigantesca tarea de exterminar a millones de seres humanos, antes había que desproveerlos de su condición de tales. Apelando a la ciencia – una ciencia risible, dicho sea de paso, judíos, enfermos mentales, personas con dolencias irreversibles fueron clasificados como algo vivo, pero no humano. Una vez colocados en ese grupo, la tarea del exterminio masivo podía llevarse a cabo con total tranquilidad. Y, efectivamente, así fue. Comento todo esto no por el gusto de desplegar ante el lector algunos datos poco conocidos de la Historia del nacional-socialismo alemán, sino para indicar que estaba prácticamente convencido de que el concepto de subhumano había quedado confinado a las páginas más siniestras de la Historia hasta que esta semana tuve ocasión de escuchar a la ministra Aído* afirmando que un feto era un ser vivo, pero no un ser humano como había dejado de manifiesto la ciencia. Si en vez de escuchar semejante dislate con acento andaluz lo hubiera oído en alemán, les doy mi palabra de honor de que hubiera puesto mi mano en el fuego porque acababa de pronunciarlas un convencido miembro del partido nacional-socialista obrero alemán (NSDAP). Si la ignorancia es una eximente – y resulta más que dudoso – quizá la ministra sea inocente, pero esa circunstancia no se puede aplicar a Ángel Gabilondo, el ministro de educación. Cualquier persona decente habría respondido que las palabras de la ministra son, como mínimo, una majadería. Pero, interrogado sobre ellas, el señor Gabilondo prefirió escudarse en la frivolidad para no descalificar a su más que objetable compañera de gabinete. Para ser sinceros, no sé cuál de las conductas me parece peor, si la de una ignorante que priva a seres inocentes de su carácter humano para legitimar que se los extermine en masa sin el menor escrúpulo de conciencia o la del profesor universitario que, encaramado a una poltrona ministerial, se inhibe con una gracieta de denunciar semejante barbaridad. En el III Reich, hubo idealistas, no pocas veces semianalfabetos, dispuestos a ejecutar cualquier orden que procediera de su Führer como una señal de progreso, pero tampoco faltaron sujetos con más instrucción, ascendidos a cátedras o ministerios, que se limitaron a mirar hacia otro lado al ver cómo se expulsaba a los judíos de sus trabajos y se preparaba a la población para el baño de sangre. Se puede discutir quién tuvo más culpa del genocidio, pero sus bases quedaron asentadas cuando alguien afirmó que algunos seres humanos eran subhumanos. Por César VIDAL 2009.V.27 www.cesarvidal.com/index.php/CesarVidal/ver-blog/subhumano/
*(Aido es una ministra partido socialista española, 2009).
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"A cada uno pediré cuentas de la vida de su hermano" (Gen.9, 5)
Usted pensará a lo mejor que poco o nada puede alguien creyente en Dios vivo y resucitado aprender de un filósofo como Nietzsche. Pero este hombre medio loco me ayudó a ponerme frente a mí mismo y elegir con brutal sinceridad ¿sí o no a la vida? cuando quieres la vida por sí misma estas dispuesto a que el sufrimiento infinito de cada instante de tu vida se repita eternamente.
La pregunta que me recorre las mientes últimamente es ¿Porqué aquellos que están de acuerdo en matar a otros hombres lo maquillan con lo "subhumano", porqué se escudan en una bio-ética que es en realidad bio-estética?, en definitiva ¿porqué no tienen la valentía de decir sin más lo que desean, esto es, matar inocentes?
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ABORTO -
Esta vez no se trata de razones éticas, no. Esta vez voy a esgrimir sólo una cuestión muy práctica. Cuando en los años ochenta se abrió en España el debate sobre el aborto, el argumento de los proaborcionistas era (más o menos literal): “y si tu hija fuera violada, y al dar a luz peligrara su vida y el feto además fuera deforme, ¿acaso tú no la dejarías abortar?”.
Al ingenuo bienintencionado se le hacía un nudo en la garganta y respondía: “bueno, en caso tal…”. Veinte años después, con la laxa aplicación que se hace de la ley que se aprobó con ese argumento, y sin ni siquiera necesidad de alterarla en una letra, el aborto es prácticamente libre en España y se lleva por delante la vida de ciento doce mil VIDAS HUMANAS (lo dice la ciencia) cada año, -un aborto por cada cuatro partos con resultado final de vida-, entre los que casi ninguno ni eugenésico, ni terapéutico, ni producto de una violación. Y eso, sin hablar de la nueva ley que ya asoma en lontanza, cuya aportación principal consiste en que el de abortar es uno más de los derechos de la mujer, y el feto carece de derecho alguno hasta las catorce semanas de gestación. Por no tener, ni especie tiene, según pontificó alguna de las más sesudas miembras de la intelectualidad española.
Comenzamos estos días -con muy poco rigor, dicho sea de paso, que así le gusta hacer las cosas a nuestro presidente- el debate sobre la eutanasia. El argumento de los proeutanásicos, idéntico al de los proaborcionistas ochentistas: “y si tu padre estuviera sin brazos y sin piernas, ciego, sordo, mudo, loco y con insoportables dolores, ¿acaso tú no permitirías que le practicaran la eutanasia?”. Visto lo ocurrido con el aborto, ¿es tan difícil pronosticar donde estaremos en veinte años? Los dictadores de lo políticamente correcto se apresurarán a rasgarse las vestiduras (siempre lo hacen) y a callar la boca llamando “catastrofista” (también lo hacen siempre) a todo aquel que responda: en la eutanasia indiscriminada, quien sabe si no obligatoria, eso sí,llamada “terapeútica”, “preventiva”, “social”, “eugenésica”, o hasta “responsable” o “sostenible”, cualquier eufemismo será válido para justificar lo injustificable. La cuestión es: el ingenuo que aceptó una ley de aborto imaginando a su hija violada, con un monstruo en el vientre y ante un parto mortal ¿alcanzaba a aventurar veinte años después un país con ciento doce mil abortos legales, que no crece demográficamente, y con más de cinco mil quinientas parejas cada año dispuestas a dejarse hasta 15.000 Euros en adoptar fuera de España porque dentro, sencillamente, no hay niños para la adopción?
Cuando se derriban las compuertas que sirven para contenerlos, los procesos, como las aguas fieras de un pantano desbordado, se desbocan mucho más allá de lo que ningún ingenuo o moderno de cuadernillo pueda prever. A la generación que tiene hoy entre 40 y 50 años (en la cual milito), y que en consecuencia tendrá 60-70 dentro de veinte, va la advertencia: ¡ojito con lo que hacemos, que las pensiones están muy caras, y no se ve al aparato productivo muy propicio a seguir subvencionando colectivo tan antieconómico, (consumidor torpe y productor nulo), como el de los viejos (al fin y al cabo, lo que seremos en veinte años)! Y si no, que lo pregunten en Holanda, país pionero en esto de la eutanasia, y donde buena parte de los ancianos prefieren internarse en los caros asilos alemanes antes que hacerlo en los gratuitos nacionales, por miedo a que les apliquen las leyes que ellos mismos aprobaron en su día en aras de lo que entonces entendieron como “un avance más del progreso ineluctable”. 2009-VII-10
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La voz del magisterio - Aborto – No matarás - Unívoca y categórica es la ley de Dios respecto a la vida humana. Dios manda: «No matarás» (Ex 20, 13). Por tanto, ningún legislador humano puede afirmar: Te es lícito matar, tienes derecho a matar, deberías matar. Desgraciadamente, esto ha sucedido en la historia de nuestro siglo, cuando han llegado al poder, de manera incluso democrática, fuerzas políticas que han emanado leyes contrarias al derecho de todo hombre a la vida, en nombre de presuntas y aberrantes razones eugenésicas, étnicas o parecidas. Un fenómeno no menos grave, incluso porque consigue vasta conformidad o consentimiento de opinión pública, es el de las legislaciones que no respetan el derecho a la vida desde su concepción. ¿Cómo se podrían aceptar moralmente unas leyes que permiten matar al ser humano aún no nacido, pero que ya vive en el seno materno? El derecho a la vida se convierte, de esta manera, en decisión exclusiva de los adultos, que se aprovechan de los mismos Parlamentos para realizar los propios proyectos y buscar sus propios intereses. Nos encontramos ante una enorme amenaza contra la vida: no sólo la de cada individuo, sino también la de toda la civilización. SS. Juan Pablo II, Carta a las familias, 21 (1994)

«Jamás será humano si no lo es al inicio» -
«Algunos intentan justificar el aborto sosteniendo que el fruto de la concepción, al menos hasta un cierto número de días, no puede ser todavía considerado una vida humana personal»: así lo constataba el Siervo de Dios Juan Pablo II en su encíclica Evangelium vitae, de 1995, y para replicar con la sana razón asume lo que ya quedó bien claro con Pablo VI, dos décadas atrás, en la Declaración de la Congregación para la Doctrina de la Fe, de 1974, sobre el aborto provocado: «En realidad, desde el momento en que el óvulo es fecundado, se inaugura una nueva vida que no es la del padre ni la de la madre, sino la de un nuevo ser humano que se desarrolla por sí mismo. Jamás llegará a ser humano, si no lo ha sido desde entonces. A esta evidencia de siempre..., la genética moderna otorga una preciosa confirmación. Muestra que desde el primer instante se encuentra fijado el programa de lo que será ese viviente: una persona, un individuo con sus características ya bien determinadas. Con la fecundación inicia la aventura de una vida humana, cuyas principales capacidades requieren un tiempo para desarrollarse y poder actuar».
No ya la fe en Dios Creador del hombre a su imagen y semejanza, sino la propia razón, libre de impurezas, reconoce que jamás será humano, si no lo es al inicio. Y del mismo modo ha de reconocer que jamás se respetará de veras derecho alguno, si no se respeta el primero y radicalmente básico e indispensable. Si la Iglesia ayuda y cuida como nadie al todavía no nacido y a quien lo porta en su seno materno, como atestigua el tema de portada de este número de Alfa y Omega, no lo hace en primer lugar porque tenga buenos sentimientos; lo hace esencialmente porque valora la vida humana en toda su verdad. Éste es el motivo por el que las familias que viven de la fe, que purifica y amplía la razón, abundan en hijos. No así los afectados por la cultura de la muerte hoy dominante en nuestra sociedad avanzada..., y envejecida: les falta la energía para transmitir la vida. ¿Cómo se va a transmitir lo que no se ama? Y, si se transmite, nada tiene de extraño que no se respete su verdad, su bien y su belleza auténticos. El aborto y toda clase de ofensas al ser humano están servidos, por mucho que se pretenda disfrazarlos hasta de derechos.
Juan Pablo II, en su Carta a las familias, de 1994, señala: «Nos encontramos ante una enorme amenaza contra la vida: no sólo la de cada individuo, sino también la de toda la civilización». Ya lo había proclamado, con toda fuerza, doce años antes, durante su primera Visita a España, en la madrileña Plaza de Lima: «Quien negara la defensa a la persona humana más inocente y débil, a la persona humana ya concebida, aunque todavía no nacida, cometería una gravísima violación del orden moral. Nunca se puede legitimar la muerte de un inocente. Se minaría el mismo fundamento de la sociedad». Vaticinio que la creciente cultura de la muerte, en los 27 años transcurridos desde entonces, no ha dejado de empeñarse en llevar a cabo y hoy alcanza cotas indecibles desde las mismas instancias del poder, hasta el punto de perder la legitimidad: ¿cómo puede esperar el respeto del pueblo un Gobierno que no respeta la vida?
Con su genial ironía, decía Chesterton: «Cuando se ha dejado de creer en Dios, ya se puede creer en cualquier cosa»: ahí está la irracionalidad de quien llega a negar las más elementales evidencias, precisamente al empeñarse en negar a Dios. Por eso, el Papa Benedicto XVI muestra ese lazo admirable que une la fe y la razón: «La doctrina social católica -dice en la encíclica Deus caritas est- no pretende otorgar a la Iglesia un poder sobre el Estado. Tampoco quiere imponer a los que no comparten la fe sus propias perspectivas y modos de comportamiento. Desea simplemente contribuir a la purificación de la razón y aportar su propia ayuda para que lo que es justo, aquí y ahora, pueda ser reconocido y después puesto también en práctica». Con los ojos cerrados a la verdad, no es que falte la fe, es que se resquebraja el mismo fundamento de la sociedad. Por eso, al iniciar su encíclica Evangelium vitae, Juan Pablo II hace esta «acuciante llamada a todos y a cada uno, en nombre de Dios: ¡Respeta, defiende, ama y sirve a la vida, a toda vida humana! ¡Sólo siguiendo este camino encontrarás justicia, desarrollo, libertad verdadera, paz y felicidad!» Algo que va infinitamente más allá de lo que pueda hacer cualquier poder de este mundo, «que no puede asegurar -dice Benedicto XVI en Deus caritas est- lo más esencial que el hombre afligido -cualquier ser humano- necesita: una entrañable atención personal». Se llama amor, que «no brinda a los hombres sólo ayuda material, sino también sosiego y cuidado del alma, un ayuda con frecuencia más necesaria que el sustento material». 2009.V.30 Alfa y Omega nº 643
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Contemplemos –al alba y al ocaso- siempre al Salvador que ha venido a la tierra. Es él quien, en la gran sencillez de la Nochebuena, nos ha traído la riqueza de la comunión con su misma vida divina. Él es la luz que no tiene ocaso, el centro de nuestra existencia, y nosotros, como los pastores de Belén y los Magos, que llegaron de Oriente para adorarlo, cantemos junto a toda la naturaleza.

“Miró Dios y vio cuanto había hecho y todo era muy bueno.” (Gn.2, 31)

Gracias por visitarnos
Es inevitable hacer generalizaciones cuando se realiza cualquier discurso. Sin hacerlas nadie escribiría nada excepto casuística concreta.†