Thursday 23 February 2017 | Actualizada : 2017-02-03
 
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En aquel viernes de primavera, en el camino que llevaba al Gólgota no se agolpaban sólo los desocupados, los curiosos y la gente hostil a Jesús. En efecto, también había un grupo de mujeres, tal vez pertenecientes a una cofradía dedicada al consuelo y a la lamentación ritual por los moribundos y los condenados a muerte. Cristo, durante su vida terrena, superando convenciones y prejuicios, a menudo se había rodeado de mujeres y había conversado con ellas, escuchando sus dramas pequeños y grandes: desde la fiebre de la suegra de Pedro hasta la tragedia de la viuda de Naím, desde la prostituta que lloraba hasta el tormento interior de María Magdalena, desde el afecto de Marta y María hasta el sufrimiento de la mujer que padecía un flujo de sangre, desde la joven hija de Jairo hasta la anciana encorvada, desde la noble Juana de Cusa hasta la viuda indigente y las figuras femeninas de la muchedumbre que lo seguía.

Así pues, en torno a Jesús, hasta su última hora, se encuentran numerosas madres, hijas y hermanas. Nosotros, ahora, nos imaginamos que están también a su lado todas las mujeres humilladas y violentadas, las marginadas y sometidas a prácticas tribales indignas, las mujeres con crisis y solas ante su maternidad, las madres judías y palestinas, y las de todas las tierras en guerra, las viudas y las ancianas olvidadas por sus hijos... Es una larga lista de mujeres que testimonian ante un mundo árido y cruel el don de la ternura y de la conmoción, como hicieron por el hijo de María al final de aquella mañana de Jerusalén. Esas mujeres nos enseñan la belleza de los sentimientos: no debemos avergonzarnos de que nuestro corazón acelere sus latidos por la compasión, de que a veces resbalen las lágrimas por nuestras mejillas, de que sintamos la necesidad de una caricia y de un consuelo.



Patrología - 0.F: Padres de la Iglesia - San Cirilo de Jerusalén (nace en el 313 ó 315 † 386).

XIII. Cristo Crucificado y Sepultado.


         Pronunciada en Jerusalén, sobre lo de “crucificado y sepultados.” La lectura es de Isaías: “¿Quién dio crédito a nuestra noticia? Y el brazo de Yahvé, ¿a quién se le reveló?” (Is 53:1). Y, en lo que sigue: “Como un cordero al degüello era llevado” (Is 53:7), etc. 1.


La cruz es la que liberó a todos los hombres

         1. En cualquier acción de Cristo se gloría la Iglesia católica. Pero el colmo de estas glorias es la cruz. Pablo, con conocimiento del asunto, dice: “En cuanto a mí, ¡Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo! (Gál 6:14). Sin duda fue admirable que un ciego de nacimiento recuperase la visión en Siloé (cf. Jn 9). Pero, ¿en qué afectaba esto a todos los ciegos del mundo? Grande es, y más allá de toda naturaleza, que Lázaro, muerto de cuatro días, resucitara Jn 11:39-44). Pero ésta es una gracia que a él sólo le alcanzó. ¿Qué tenía esto que ver con todos los que en todo el mundo estaban muertos por sus pecados? (cf. Ef 2:1 ss; cf. Rom 3:23). Es admirable que cinco panes diesen alimento, como si manase de cinco fuentes, a cinco mil hombres (cf. Mt 14:21). Pero, ¿qué es esto en comparación con los que en todo el mundo se encontraban sometidos al hambre de la ignorancia? (cf. Am 8:11). Es admirable que una mujer fuese totalmente liberada tras haber estado atada por Satanás durante dieciocho años (cf. Lc 13:10-13). Pero míranos a todos, que estamos sujetos por las cadenas de nuestros pecados. En cambio, la corona — o incluso la gloria — de la cruz iluminó a los que estaban ciegos por la ignorancia, liberó a los que estaban sujetos por el pecado y rescató a todos los hombres.


Jesús ha rescatado a todos los hombres

         2. No te asombre que haya sido redimido el orbe entero. Pues no era un simple hombre, sino el unigénito Hijo de Dios, el que moría por esta causa. Ciertamente, el pecado de un único hombre, Adán, pudo introducir la muerte en el mundo. Pero si por la caída de uno reinó la muerte en el mundo, ¿por qué no habrá de reinar mucho más por la justicia de uno sólo?2. Y si en aquel momento, a causa del leño del que (nuestros padres) comieron, fueron expulsados del paraíso (cf. Gén 3:22-24), ¿acaso los que crean no habrán de entrar ahora, por el leño de Jesús, mucho más fácilmente en el paraíso? Si el primer hombre, hecho de la tierra, trajo a todos la muerte, ¿acaso quien lo hizo de la tierra (Gén 2:7), siendo él mismo la vida (Jn 15:5 ss), no le dará vida eterna? Si Pinjás, inflamado de celo, matando al autor del delito, aplacó la ira de Dios (cf. Núm 25:7-11),Jesús, sin matar a nadie, sino entregándose a sí mismo como rescate (I Tim 2:6), ¿acaso no deshará la cólera contra los hombres (cf. Rom 1:18)?


En el absurdo de la cruz, y más siendo Jesús inocente, está la salvación

         3. Que no nos dé vergüenza la cruz del Salvador, e incluso gloriémonos en ella. Pues la palabra de la cruz es escándalo para los judíos y necedad para los gentiles, pero para nosotros es salvación (cf. I Cor 1:18-25). “Es una necedad para los que se pierden; más para los que se salvan — para nosotros — es fuerza de Dios” (1:18). Pues, como se ha dicho3, no se trataba de un simple hombre que moría en favor nuestro, sino de Dios, el Hijo de Dios hecho hombre. Pero entonces el cordero muerto, según la enseñanza de Moisés, arrojaba lejos al Exterminador4. Ahora bien, el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo (Jn 1:29), ¿acaso no liberará mucho más de los pecados? También la sangre de una oveja irracional mostraba la salud. ¿Y la sangre del Unigénito no traerá la salvación en una mayor medida? Si alguno no cree en la fuerza del crucificado, interrogue a los mismos demonios5. Y si alguien no cree en las palabras, dé crédito a las cosas claras. Son muchos los que han sido crucificados en todo el orbe, pero ante ninguno de ellos sienten pavor los demonios. Pero ante Cristo, crucificado por nosotros, se aterrorizan los demonios cuando simplemente ven el signo de la cruz, porque aquellos otros crucificados fueron muertos por sus propios pecados, pero él por los de los demás. El es “el que no cometió pecado, y en cuya boca no se halló engaño” (I Pe 2:22; cf. Is 53:9). No era Pedro quien decía esto, lo que podría despertar la sospecha de que quisiera ser grato al maestro, sino que quien lo había dicho era Isaías, que no había estado corporalmente presente (ante Jesús), pero en espíritu había previsto su venida en carne. Pero, ¿por qué aduzco sólo el testimonio del profeta? Cuenta entre los testigos al mismo Pilato, que sentenció sobre él diciendo: “No he hallado en este hombre ninguno de los delitos de que le acusáis” (Lc 23:14). Y cuando se lo entregó, lavando sus manos, dijo: “Inocente soy de la sangre de este justo” (Mt 27:24). Y hay también otro testigo de la inocencia de Jesús, el ladrón que fue primero al paraíso, que increpaba a su compañero y decía: “Nosotros con razón, porque nos lo hemos merecido con nuestros hechos; en cambio, éste nada malo ha hecho (Lc 23:41), pues tú y yo estuvimos en su juicio”7.



Realidad de la crucifixión

         4. Así pues, Jesús padeció realmente por todos los hombres. La cruz no es ninguna ficción, pues en ese caso también la redención sería algo fingido. La muerte no fue algo aparente, sino una realidad indiscutible. Si no fuese así, la salvación sería una fábula sin más. Si la muerte hubiese sido sólo aparente, tendrían razón quienes decían: “Señor, recordamos que ese impostor dijo cuando aún vivía: “A los tres días resucitar锓 (Mt 27:63). La pasión fue, pues, real: fue verdaderamente crucificado, y no nos avergonzamos de ello; fue crucificado y no lo negamos. Más bien me glorío en ello cuando lo digo. Pues si ahora lo niego, argüirá en mi contra el Gólgota que tenemos aquí tan próximo8. Argüirá en contra mía el madero de la cruz, que a trozos pequeños ha sido distribuido desde ese lugar a todo el mundo. Confieso la cruz una vez que he conocido la resurrección. Pues si no hubiese ido más allá de la cruz, tal vez no lo habría confesado y la hubiese escondido juntamente con el maestro. Pero, puesto que la resurrección ha seguido a la cruz, no me da vergüenza proclamarla9 .


Condenado sin pecado alguno

         5. Fue crucificado él, que, como todos, vivió en la carne, pero no con pecados semejantes. Pues no fue llevado a la muerte por la avidez de riquezas, pues era un maestro en la pobreza y en la renuncia a los bienes. No fue condenado por su pasión libidinosa, él que dijo claramente: “Todo el que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón” (Mt 5:28). A nadie golpeó o hirió con soberbia, sino que a quien le golpeaba le mostró la otra mejilla (5:39). Y no despreciaba la Ley, sino que la llevaba a su plenitud (5:17). No acusaba de falsedad a los profetas, pues él era el que había sido anunciado por ellos10. No defraudaba en los pagos, pues curaba sin cobrar y gratuitamente. No pecó en modo alguno ni de palabra ni de obra ni de pensamiento. “El que no cometió pecado, y en cuya boca no se halló engaño; el que, al ser insultado, no respondía con insultos; al padecer, no amenazaba...” (I Pe 2:22-23; cf. Is 53:9), que no vino a la pasión forzado, sino por su propia voluntad. Y a quien le dijo que tuviese compasión de sí mismo, le dijo aquello de: “Apártate de mí, Satanás” (Mt 16:23).


Voluntariamente fue a la pasión sin rehuirla

         6. ¿Quieres persuadirte más de que vino por voluntad propia a la pasión? Todos los demás, que ignoran su destino, mueren de mala gana, pero él predijo de su propia pasión: “El Hijo del hombre va a ser entregado para ser crucificado” (Mt 26:2). ¿Sabes por qué él, que amaba a los hombres, no rehusó la muerte? Para que el mundo no se perdiese por sus pecados. “Mirad que subimos a Jerusalén, y el Hijo del hombre será entregado y será crucificado” (vid. Mt 20:18-19). Y, por otra parte: “El se afirmó en su voluntad de ir a Jerusalén”11. ¿Deseas conocer claramente que la cruz de Jesús es gloriosa? No me oigas a mí, sino a quien así lo dice. Era Judas quien lo entregaba, lleno de ingratitud hacia quien los había invitado. Se marchó pronto de la mesa tras beber el cáliz de la bendición, pero pasó de esta bebida de la salvación a derramar la sangre del justo. “El que mi pan comía, levanta contra mí su calcañar” (Sal 41:10)12. Poco antes sus manos recibían las bendiciones (o los trozos del pan bendecido), e inmediatamente después tramaba su muerte por el dinero por el que había pactado la traición. Al ser cogido en ello y al oír lo de “Tú lo has dicho” (Mt 26:25), salió de nuevo. Después dijo Jesús: “Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre” (Jn 12:23). ¿Ves cómo sabía que su propia cruz era gloria para él?13. Si Isaías, al ser aserrado14, no cree que eso sea vergonzoso, Cristo, que muere por el mundo, ¿lo considerará un oprobio? “Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre” (Jn 12:23): no porque antes careciese de gloria. Pues había sido glorificado “con la gloria que tenía a tu lado (en frase de Jesús) antes que el mundo fuese” (Jn 17:5; cf. 17:24). Pero desde la eternidad era glorificado como Dios; ahora, sin embargo, era glorificado en la corona del sufrimiento. No perdió su vida sin que lo quisiese ni fue muerto desprovisto de su fuerza, sino voluntariamente. Escucha lo que dice: “Tengo poder para darla (la vida) y poder para recobrarla de nuevo” (Jn 10:18). Cedo ante los enemigos voluntariamente, pues, si no quisiera, no se realizaría. Llegó a la pasión por su voluntad libre, alegrándose de la obra eximia y más todavía por la corona que habría de recibir y por la salvación de los hombres. Al no avergonzarse ante la cruz, llevaba la salvación a todo el orbe. Y no era un hombre vil el que sufría, sino Dios hecho hombre luchando por el premio a su obediencia.



El Mesías sufriente, nueva enseña ante los gentiles

         7. Pero los judíos están en contra, siempre preparados para la contradicción y tardos para creer. Por eso decía el profeta que se ha leído15: “Señor, ¿quién ha dado crédito a nuestra predicación?” (Is 53:1). Creen los persas, pero no creen los hebreos. “Los que ningún anuncio recibieron de él, le verán, y los que nada oyeron, comprenderán” (Rm 15:21, tomado de Is 52:15). Y los que reflexionan sobre ello, rechazarán aquello en lo que piensan. Nos replican y dice: ¿Es que acaso sufre Dios? ¿Y no hubo fuerzas humanas mayores que la misma fuerza del Señor? Leed las Lamentaciones: quejándose de vosotros Jeremías, escribió en ellas cosas verdaderamente dignas de lamentar. Vio vuestra perdición y contempló vuestra caída. Se lamentaba de la Jerusalén antigua, pues por la que ahora existe no habrá llantos16. Aquella crucificó al Mesías, pero la presente lo adora. En las Lamentaciones se dice: “Nuestro aliento vital, Cristo el Señor, quedó preso en nuestra corrupción”17. ¿Pero acaso estoy usando expresiones imaginarias? El texto habla de Cristo el Señor, hecho prisionero por los hombres. ¿Qué sucederá entonces? Dímelo, profeta. Y responde: “¡A su sombra viviremos entre las naciones!” (Lm 4:20b). Pero señala que la gracia de la vida ya no estará en Israel, sino entre los gentiles.


Escuchar y averiguar los testimonios de la Pasión en las Escrituras

         8. Pero como ellos nos contradicen de múltiples maneras, vamos, aunque sea brevemente, a exponer, con la gracia del Señor, algunos testimonios de la pasión. Porque todo lo que atañe a Cristo ha quedado escrito: nada es ambiguo ni ha quedado nada sin consignar; todo ha quedado escrito en los testimonios de los profetas, y no en tablas de piedra, sino claramente descrito por el Espíritu Santo. Así pues, cuando oyeres el relato evangélico sobre las acciones de Judas, ¿acaso no debes prestar atención a este testimonio? Oíste que el costado de Cristo fue atravesado por una lanza. ¿No deberás examinar que también eso está escrito? (Jn 19:24-37). Oíste que fue crucificado en el huerto. ¿No deberás comprobar que eso ha quedado escrito? (Jn 19:41). Oíste que fue vendido en treinta monedas de plata. ¿No escucharás al profeta que habló de ello (cf. Mt 26:15 y Zac 11:12b). Oíste que le fue dado a beber vinagre. Aprende también dónde está esto escrito (cf.Jn 19:29 y Sal 69:22b). Oíste que el cuerpo fue sepultado dentro de una roca tapada con una piedra (Mt 27:60). ¿No aceptarás el testimonio del profeta sobre este asunto (cf. Is 53:9)? Oíste que fue crucificado entre ladrones (Mt 27:38). ¿No debes enterarte también de si eso estaba escrito18? Oíste que fue sepultado (Mt 27:59-60). ¿No deberás averiguar si en algún lugar se escribió acerca de su sepultura (Is 53:9)? Oíste que resucitó. ¿No deberás investigar si te engañamos con estas enseñanzas? Aunque “mi palabra y mi predicación no tuvieron nada de los persuasivos discursos de la sabiduría” (1 Cor 2:4). No se construyen aquí artificios sofistas19, sino que más bien se deshacen. No se trata de una guerra de palabras, que a veces se revelan inútiles, sino que “predicamos a un Cristo crucificado” (I Cor 1:23), la cual cosa había sido predicada anteriormente por los profetas. Y ahora tú, al acoger estos testimonios, séllalos en tu corazón. Pero, al ser muy numerosos y carecer ahora de más tiempo, séanos permitido en este momento que escuches algunas cosas que tienen mayor importancia. Entiende tú nuestra argumentación y tómate el trabajo de averiguar lo demás. Y que tu mano no esté tendida sólo para recibir, sino también para actuar (vid. tal vez Eclo 4:31). Dios todo lo gratifica. “Si alguno de vosotros está a falta de sabiduría, que la pida a Dios, que da a todos generosamente” (Sant 1:5), y la recibirá de él. El cual, movido por vuestras súplicas, nos conceda, a los que os hablamos, poderlo hacer y, a vosotros que escucháis, creer20.



Datos sobre la traición de Judas

         9. Busquemos, por consiguiente, los testimonios acerca de la pasión de Cristo. Hemos decidido no hacer una exposición puramente contemplativa de las Escrituras, sino más bien convencernos, mediante datos ciertos, de aquellos que creemos. Antes recibiste los testimonios acerca de la venida de Jesús21. También está escrito que caminó sobre el mar (Sal 77:20: “¡Por el mar iba tu camino!”; Job 9:8b: “Holló la espalda de la Mar”) y has recibido el testimonio de diversas curaciones. Comenzaré, pues, por el principio de la Pasión: Judas fue traidor, llegó como adversario y allí estuvo hablando de modo pacífico mientras maquinaba hostilidades. Dice de él el Salmista: “Mis amigos y compañeros se apartan de mi llaga, mis allegados a distancia se quedan” (Sal 38:12). Y también: “Sus palabras, más suaves que el aceite, son espadas desnudas” (Sal 55:22), o: “¡Salve, Rabbí!” (Mt 26:49). En ese momento entregó al Maestro a la muerte sin tener en cuenta la advertencia de quien decía: “¡Judas, con un beso entregas al Hijo del hombre!” (Lc 22:48). Es como si le reprendiera con esto: “Acuérdate de tu nombre,” pues Judas significa “confesión.” Hiciste un pacto, recibiste la plata. “¡Oh Dios de mi alabanza, no te quedes mudo!22. Boca de impío, boca de engaño, se abren contra mí. Me hablan con lengua de mentira, con palabras de odio me envuelven” (Sal 109:1-3a). Pero ya oíste23 que estaban allí incluso algunos de los principales sacerdotes y que fue maniatado ante las puertas de la ciudad. Ten en cuenta lo que dice el salmo acerca del tiempo y el lugar: “Regresan a la tarde, aullan como perros, rondan por la ciudad” (Sal 59:7-15).

         10. Escucha, pues, también acerca de las treinta monedas de plata: “Yo les dije: “Si os parece bien, dadme mi jornal; si no, dejadlo” (Zac 11:12), y lo que sigue24. A mí me debéis25 la gracia de la curación de los ciegos y de los cojos. Y es otra la que recibo: en lugar de agradecimiento, ultraje; en lugar de adoración, injuria. Ves cómo la Escritura conoció con antelación el futuro: “Ellos pesaron mi jornal: treinta siclos de plata” (Zac 11:12). ¡Oh palabra profética de literal precisión! ¡Oh sabiduría inmensa y certera del Espíritu Santo! Pues no dijo diez ni veinte, sino expresa y exactamente “treinta,” como en realidad fueron. Di también, profeta, a dónde fue a parar esta paga. El que la recibió, ¿la retendrá o la habrá de devolver? Y, después de devolverla, ¿adónde caerá él? Dice, en efecto, el profeta: “Tomé, pues, los treinta siclos de plata y los eché en la casa de Yahvé, en el horno” (Zac 11:13). Compara el Evangelio con la profecía: “Entonces Judas, ... acosado por el remordimiento, dice, ... tiró las monedas en el Santuario; después se retiró,” etc. (Mt 27:3-5).

         11. Pero intento suprimir aquí una aparente ambiguedad26. Pues quienes rechazan a los profetas argumentan que el profeta dice: “Los eché en la casa de Yahvé, en el horno” (Zac 11:13). Y el Evangelio, en cambio: “Las vieron por el Campo del Alfarero” (Mt 27:10). Pero atiende a cómo ambas cosas son verdad. Los judíos, es decir, aquellos que entonces eran príncipes de los sacerdotes, al ver que Judas se arrepentía y exclamaba: “Pequé entregando sangre inocente” (27:4), replican: “A nosotros, ¿qué? Tu verás” (ibid.). ¿Nada tiene que ver con vosotros, que lo crucificasteis? Que vea el que recibió y devolvió el dinero del crimen. ¿Y nada tendréis que ver quienes lo habéis hecho? Después dicen entre sí: “No es lícito echarlas en el tesoro de las ofrendas, porque son precio de sangre” (27:6). Vuestra boca os condena, puesto que el precio es abominable y abominable es también el crimen: si cumples la justicia crucificando a Cristo, ¿por qué no aceptas el precio? Pero nos preguntábamos: ¿Cómo es que no hay desacuerdo entre el evangelio que dice “Campo del Alfarero” y el profeta que menciona “el horno”? En realidad, no sólo disponen de horno quienes trabajan el oro ni sólo quienes trabajan con monedas, sino que también los alfareros tienen un horno para el barro. Separan la tierra más fina y la más espesa, colando la que se utilizará para separarla de los guijarros y escogiendo abundante material moldeable, lo amasan a continuación preparando así lo que se habrá de cocer. ¿De qué, pues, te asombras si el evangelio habla, con mayor claridad, del “Campo del Alfarero,” al tiempo que el profeta pronunció su profecía de modo enigmático, siendo así que las profecías se contienen a menudo en enigmas?



El juicio y los escarnios de Jesús

         12. “Entonces le prendieron, se lo llevaron y le hicieron entrar en casa del Sumo Sacerdote” (Lc 22:54). ¿Quieres saber y ver que también esto está escrito? Dice Isaías: “¡Ay de aquellos que deliberaron depravadamente entre sí diciendo: maniatemos al justo, porque nos resulta incómodo” (Is 3:9-10 LXX). Ciertamente: “¡Ay de aquellos!” Veamos esto. Isaías fue partido en dos, pero el pueblo recibió después la salud. Jeremías fue arrojado al lodo de la cisterna (38:6), pero así se curó la herida de los judíos, porque, al ser un pecado contra un hombre, era más leve. Pero los judíos no pecaron contra un hombre, sino contra Dios hecho hombre. “¡Ay de ellos!” Pero, “maniatemos al justo,” decíamos. ¿No podrá desatarse a sí mismo, replicará alguno, el que libró a Lázaro de las ataduras de una muerte ya de cuatro días? (Jn 11:39-44) y el que dejó libre a Pedro de las cadenas de hierro de la prisión (Hech 12:7). Los ángeles se encontraban dispuestos diciendo: “Rompamos sus coyundas” (Sal 2:3)27, aunque se abstienen de la violencia porque Dios quiso sufrir esto. Fue conducido también a juicio entre los ancianos (Mt 26:57). De ello tenía ya un testimonio: “Yahvé demanda en juicio a los ancianos de su pueblo y a sus jefes” (Is 3:14).

         13. Pero al interrogarle el Sumo Sacerdote, se indigna al oír la verdad (Mt 26:62-63) y uno de los peores de sus servidores le da una bofetada. Aquel rostro, que en otro momento había resplandecido como el sol (Mt 17:2), soportó que unas manos inicuas lo quebrasen, y otros se acercaban escupiendo al rostro de quien mediante la saliva había curado al ciego de nacimiento (Jn 9:6). “¿Así pagáis a Yahvé, pueblo insensato y necio?” (Dt 32:6). Y el profeta, asombrado, dice: “¿Quién dio crédito a nuestra noticia?” (Is 53:1)28. Es cosa realmente increíble que Dios, el Hijo de Dios y el brazo de Yahvé29 estén expuestos a estas cosas. Pero, para que los que se salvan no rehúsen creer en esto, el Espíritu Santo lo predice de la persona de Cristo cuando éste exclama (pues él era el que entonces hablaba y más tarde se hizo presente): “Ofrecí mis espaldas a los que me golpeaban” (Is 50:6)30. Y Pilato, una vez flagelado, lo entregó para ser crucificado (Mc 15:15): “Ofrecí... mis mejillas a los que mesaban mi barba. Mi rostro no hurté a los insultos y salivazos” (Is 50:6). Como si dijera: previendo que me habían de golpear, ni siquiera torcí la mejilla levemente. ¿Cómo fortalecería a los discípulos ante la muerte que debía arrostrar por la verdad si yo mismo me aterrorizaba por ella? Yo había dicho: “El que ama su vida, la pierde” (Jn 12:25). Si yo amase la vida, ¿cómo daría lecciones sin hacer lo que enseño? Por consiguiente, él, siendo Dios, soportó sufrir estas cosas de parte de los hombres para que nosotros los hombres no nos avergonzásemos luego de sufrir de los hombres cosas tales por su causa. Ves que estas cosas han sido ampliamente predichas por los profetas. Pero, como antes dije, muchos testimonios de la Escritura los pasamos por alto a causa del poco tiempo disponible. Pero si alguien lo investiga todo cuidadosamente, ninguna de las cosas referentes a Cristo quedará sin su correspondiente testimonio.


Jesús ante Pilatos


Ante Pilato y Herodes

         14. Maniatado llegó de Caifás hasta Pilato. ¿Acaso no estaba también esto previamente escrito? “Y, atándolo, lo llevaron como presente al rey Jarim” (Os 10:7 LXX)31. Pero alguno de vosotros argüirá molesto: “Pilato no era rey (omitiendo además bastantes otros detalles). ¿Cómo, pues, “atándolo, lo llevaron como presente al rey Jarim”? Pero lee el Evangelio: “Al oír Pilato que él era de Galilea, ... le remitió a Herodes”32. Herodes era entonces rey y se encontraba en Jerusalén (cf. Lc 23:7). Y observa la aplicada diligencia del profeta, pues dice que fue enviado en lugar de regalos, porque “aquel día Herodes y Pilato se hicieron amigos, pues antes estaban enemistados” (Lc 23:12). Era oportuno que el que había de llevar la paz a la tierra y cielo pacificase, como primeros de todos, a quienes a él le condenaban. Pues era el mismo Señor, “que reconcilia los corazones de los príncipes de la tierra” (Job 12:24)33. Acepta las precisiones y el testimonio auténtico de los profetas.


Más sobre el juicio de Jesús

         15. Admira al Señor a quien juzgan. Aceptó ser llevado por los soldados y que diesen vueltas a su alrededor mientras Pilato estaba “sentado en el tribunal” (Mt 27:19). El, que está sentado a la derecha del Padre, estaba en pie mientras era juzgado. El pueblo por él liberado de la tierra de Egipto, y tantas otras veces de otros lugares, vociferaba contra él: “¡Crucificalo,crucificalo!” (Jn 19:6). ¿Por qué así, oh judíos? Ante esto, el profeta exclama estupefacto: “¿Contra quién abrís la boca y sacáis la lengua?” (Is 57:4). El Señor mismo relata en los profetas: “Se ha portado conmigo mi heredad como un león en la selva: me acosaba con sus voces; por eso la aborrecí” (Jer 12:8). No la expulsé yo, sino que ellos me expulsaron a mí. Por eso digo consecuentemente: “He abandonado mi casa”34.


La actitud del Siervo durante el juicio

         16. Juzgado, callaba, de modo que Pilato estaba padeciendo y decía: “¿No respondes nada? ¿Qué es lo que estos atestiguan contra ti?” (Mt 26:62). No porque conociera al que estaba siendo juzgado, sino porque temía qué significado tendría para él el sueño de su mujer (Mt 27:19). Y Jesús callaba. Dice el salmista: “Soy como hombre que no oye, ni tiene réplica en sus labios” (Sal 38:15). Y, además: “Mas yo como un sordo soy, no oigo, como un mudo que no abre la boca” (38:14; cf. Is 53:7). También esto lo has oído, si recuerdas.

         17. Pero los soldados a su alrededor se burlan de él. El Señor es para ellos objeto de escarnio y de él se hace mofa. “Me ven y menean su cabeza” (Sal 109:25). Se vislumbra el reino en imagen: se burlan, pero doblan su rodilla (Mt 27:29); unos soldados lo clavan a la cruz, pero antes le colocan un manto de púrpura (27:28) y una corona sobre su cabeza. ¿De qué es, sino de espinas? (27:29). Es proclamado rey de todo por los soldados. También fue oportuno que Jesús fuese coronado en figura por los soldados, de manera que por eso dice la Escritura en el Cantar de los Cantares: “Salid a contemplar, hijas de Sión, a Salomón el rey, con la diadema con que le coronó su madre” (Cant 3:11). Aquella corona era un misterio, pues era la destrucción de los pecados y la absolución de la sentencia de condenación.


La maldición de la higuera

         18. Adán recibió la condena: “Maldito sea el suelo por tu causa... Espinas y abrojos te producirá” (Gén 3:17-18). Por eso tomó sobre sí Jesús las espinas, para deshacer la maldición; y por eso fue sepultado en tierra, para que la tierra que había sido maldecida recibiese bendición en lugar de maldición. En el momento del primer pecado, se ciñeron unas hojas de higuera (Gén 3:7). Por eso Jesús puso fin a los signos con una higuera. Pues, cuando tenía que marchar a la pasión, hirió a la higuera con una maldición (cf. Mt 24:32 ss). No se refirió a toda higuera, sino a aquella sola diciendo en imagen: “¡Que nunca jamás coma nadie fruto de ti!” (Mc 11:14): quede deshecha la condena. Y en la época en que las higueras se revisten de hojas es precisamente cuando no hay alimentos. ¿Quién ignora que en tiempo de invierno la higuera no da frutos, sino que sólo tiene hojas? ¿Es que Jesús ignoraba lo que todos sabían? No, sabe de qué va y viene buscando, aunque sin desconocer que no encontrará nada, extendiendo su maldición sólo a las hojas35.


Jeremías, imagen de Jesús despreciado

         19. Una vez que nos hemos acercado a las cosas del paraíso, admiro ciertamente la verdad de las figuras36. En el paraíso se produjo la caída, y en el huerto la salvación; del árbol vino el pecado, pero hasta el árbol37 llegó el pecado; a la tarde, cuando el Señor iba caminando, buscaron escondite (Gén 3:8), y es por la tarde cuando el ladrón es introducido por el Señor en el paraíso (Lc 23:43). Pero alguno me dirá: piensa, a ver si me puedes mostrar por los profetas el leño de la cruz, pues no asentiré si no me muestras un testimonio profético. Pues bien, escucha a Jeremías y convéncete: “Y yo que estaba como cordero manso llevado al matadero, sin saber...” (Jer 11:19). Lee, además, esta pregunta que, como dije, hace Jesús: “¿No sabéis que dentro de dos días es la Pascua; y el Hijo del hombre va a ser entregado para ser crucificado?” (Mt 26:2)38. ¿Era acaso él quien lo ignoraba? “Y yo que estaba como cordero manso llevado al matadero, sin saber...” (Jer ibid.). Pero, ¿cuál es la señal? Entiéndase a Juan Bautista cuando dice: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Jn 1:29). ¿Acaso él, que conoce los pensamientos, ignoraba los acontecimientos? ¿Y qué es lo que dijeron?: “... contra mí tramaban maquinaciones: “Queremos poner madera en su pan”“ (Jer 11:19b LXX)39. Si Dios te considera digno de ello, más tarde conocerás que su cuerpo mostraba, según el evangelio, la figura del pan. Así pues, “venid, queremos poner madera en su pan, borrémoslo de la tierra de los vivos, y su nombre no vuelva a mentarse”40. La vida no se destruye. ¿Por qué os fatigáis con un trabajo inútil? Vuestro proyecto es vano. ¡Sea su nombre bendito para siempre, que dure tanto como el sol! (Sal 72:17). Y que la vida estaba colgada en el madero, lo dice Moisés lamentándose: “tu vida estará ante ti como pendiente de un hilo, tendrás miedo de noche y de día, y ni de tu vida te sentirás seguro” (Dt 28:66). Y lo que se leyó hace poco: “¿Quién dio crédito a nuestra noticia?” (Is 53:1).



La salvación desde el leño de la cruz

         20. Esta figura la ilustró Moisés crucificando a la serpiente, para que quien hubiera sido mordido por una serpiente viva, al mirar la serpiente de bronce, consiguiese, por creer, la salvación (Núm 21:4-9). Y si la serpiente de bronce crucificada concede la salvación, ¿no otorgará la salvación el Hijo de Dios clavado a la cruz? Por un leño viene siempre la salvación. En tiempos de Noé, por un arca de madera se conservó la vida (Gén 7:23). Y cuando Moisés extendió su vara sobre el mar, que se retiró por reverencia hacia el que lo tocaba (Ex 14:16-21). Y si Moisés tanto pudo con su cayado, ¿será ineficaz la cruz del Salvador? Dejo a un lado, en honor a la brevedad, otras muchas figuras. Sin embargo, volvió dulce el agua en su momento (Ex 15:25), y del costado de Cristo brotó el agua en el madero (Jn 19:34)41.


Más sobre el agua y la sangre del costado

         21. El primero de los signos de Moisés es el agua y la sangre. Y este primero de todos fue el último de los signos de Jesús. En primer lugar, Moisés transformó el río en sangre (Ex 7:20) y Jesús, por último, hizo brotar desde el costado agua con sangre. Quizá a causa de las dos voces, de una parte la de quien le juzgaba, y de otra la de quienes cruelmente gritaban. O, quizá, por causa de los que creyeran o de los incrédulos. Pues mientras Pilato decía: “Soy inocente,” otros vociferaban: “su sangre sobre nosotros...” (Mt 27:24-25). Ambas cosas brotaron de su costado: el agua, quizá en referencia al juez, y la sangre teniendo en cuenta a los que gritaban. Pero también puede entenderse así: la sangre para los judíos, el agua para los cristianos. Para aquellos, insidiosos, la condenación por la sangre derramada; para ti, que ahora crees, la salvación por el agua. Nada ha sucedido en vano. Nos han transmitido los intérpretes de la Escritura42, nuestros Padres, otra explicación del asunto: en los evangelios se habla de una doble fuerza del bautismo de salvación. Una, a través del agua, que se concede a los que son iluminados43, y otra que en tiempo de persecución se da a los mártires mediante su propia sangre. Brotaron del costado del Salvador sangre y agua que confirman la gracia de la confesión hecha por Cristo44 tanto en el bautismo como en épocas de martirio. Pero también hay otra causa de aquello del costado. Principio y cabeza del pecado fue la mujer, que fue formada de un costado. Pero una vez que vino Jesús, para otorgar el perdón a la vez a hombres y mujeres, el costado fue traspasado en las mujeres con el fin de deshacer el pecado.


Gloriarse en la cruz

         22. Pero si alguien profundiza más, encontrará también otras causas, aunque baste lo dicho tanto por la escasez de tiempo como por no cansar vuestros oídos, aunque nunca se debe experimentar cansancio de oír los triunfos del Señor, sobre todo, en este Gólgota tres veces santo, pues algunos sólo oyen, pero nosotros también vemos y tocamos45. Que nadie se canse. Con la misma cruz toma las armas contra los adversarios. Haz de la fe en la cruz el estandarte contra los contradictores. Cuando tengas que discutir sobre la cruz contra los que no creen, haz antes con la mano la señal de la cruz y callará el enemigo. No te avergüences de confesar la cruz. Pues en ella se glorían los ángeles diciendo: “Sé que buscáis a Jesús, el Crucificado” (Mt 28:5). ¿Es que acaso no podías, oh ángel, decir: “Sé a quien buscáis, a mi Señor.” Pero “yo, dice sin embargo con confianza, lo he conocido crucificado.” La cruz es, pues, triunfo y no ignominia.


En el Crucificado está la salvación

         23. Por lo demás volvamos a lo que queríamos mostrar por los profetas. El Señor fue crucificado y has recibido los testimonios. Ves el lugar del Gólgota...46. Aclamas asintiendo a lo que se dice: mira de no negarlo en alguna ocasión en época de persecución. Que la cruz no sea para ti alegría sólo en tiempo de paz: ten la misma fe en época de persecución, que no ocurra que seas amigo de Jesús en tiempo de paz y enemigo en tiempo de dificultades. Ahora recibes el perdón de tus pecados y las gracias generosas del regalo espiritual del Rey. Cuando estalle la guerra, combate esforzadamente por tu rey. Jesús, que nada había pecado, ha sido crucificado por ti. ¿Y no te dejarás tú crucificar por aquel que por ti fue clavado a la cruz? No eres tú quien da la gracia, pues primero la recibiste tú. Lo que haces es devolverla pagando la deuda al que en el Gólgota fue crucificado por ti. Pero Gólgota significa “Lugar de la Calavera” (cf. Jn 19:17). ¿Quiénes pusieron, proféticamente, a aquel lugar el nombre de Gólgota, en el que Cristo cabeza padeció la cruz? Como dice el Apóstol: “El es imagen de Dios invisible” (Col 1:15) y, un poco más abajo, “El es también la Cabeza del Cuerpo, de la Iglesia” (1:18) y, a su vez: “la cabeza de todo varón es Cristo” (I Cor 11:3) y también, “es la Cabeza de todo Principado y de toda Potestad” (Col 2:10). La Cabeza padeció en el “Lugar de la Calavera.” ¡Oh nombre grande y lleno de sentido profético! Pues casi el nombre mismo te advierte como diciendo: no te fijes en el crucificado como un simple hombre. Pues es “Cabeza de todo Principado y toda Potestad.” Es “Cabeza de toda Potestad” el que ha sido clavado a la cruz y que tiene al Padre por cabeza: pues “la cabeza del hombre es Cristo... y la cabeza de Cristo es Dios” (1 Cor 11:3).


Otros detalles de la Pasión predichos por los profetas

         24. Cristo fue, pues, crucificado por nosotros. El juicio se celebró de noche y en un ambiente frío, motivo por el que encendieron unas brasas (Jn 18:18). Fue crucificado a la hora tercia (Mc 15:25). Desde la hora sexta hubo tinieblas hasta nona (Mt 27:45). Y de nuevo hubo luz desde la hora nona. ¿Acaso también estas cosas están escritas? Busquemos. Dice, pues, Zacarías: “Aquel día no habrá ya luz, sino frío y hielo (por aquello de que Pedro se calentaba). Un día único será, conocido sólo de Yahvé” (Zac 14:6-7). ¿Qué pasa? ¿No conoció acaso otros días? Pero “éste es el día que hizo Yahvé” (Sal 118:24), el de la paciencia del Señor, “conocido sólo de Yahvé; no habrá día y luego noche” (Zac 14:7). ¿Cuál es el enigma que narra el profeta? Aquel día no consta de día y noche. ¿Cómo lo llamaremos? El Evangelio lo interpreta con su narración. “No habrá día.” Pues el sol no brilló, como acostumbra, de oriente a occidente, sino que desde la hora sexta hasta la hora nona hubo tinieblas a mitad del día. Hubo, pues, tinieblas de por medio. Pero Dios había llamado a las tinieblas “noche.” Por tanto, no había distinción entre día y noche: ni la luz era total, de modo que se llamase “día,” ni podía llamarse “noche” porque todo fuese tinieblas, sino que el sol brilló después de nona. Esto lo anuncia el profeta, pues después que dijo “no habrá día y luego noche” (14:7), añade: “a la hora de la tarde habrá luz” (ibid.). ¿Te das cuenta de lo acertado de la palabra de los profetas y de la verdad de las cosas predichas?

         25. Pero, ¿quieres saber exactamente la hora en que el sol se oscureció, hora quinta, octava o décima? Díselo claramente, oh profeta, a los judíos incrédulos: ¿Cuándo se ocultó el sol? Dice, en efecto, el profeta Amós: “Sucederá aquel día — oráculo del Señor Yahvé — que yo haré ponerse el sol a medio-día” (se hicieron tinieblas desde la hora sexta), “y en plena luz del día cubriré la tierra de tinieblas” (Am 8:9). ¿Cuál es esta distribución del tiempo, oh profeta, y cuál es el día?: “Trocaré en duelo vuestra fiesta” (Am 8:10). De hecho, esto estaba sucediendo en los ácimos y en la fiesta de la Pascua (Mc 14:1). Y dice después: “Lo haré como duelo de hijo único y su final como día de amargura” (Am 8:10c). En el día, pues, de los Acimos y en la fiesta de las mujeres se lamentaban y lloraban (Lc 23:27), mientras los apóstoles, ocultos, estaban deshechos de dolor. Admirable es, pues, la profecía.


El manto y la túnica

         26. Pero, dirá alguno, dame otro signo. ¿Qué otra nota hay característica de todo esto?Jesús fue crucificado. El se servía de una túnica y de un manto. Pero los soldados se repartieron el manto tras dividirlo en cuatro partes. Sin embargo, la túnica no la rasgaron porque, partida de ese modo, para nada hubiera servido, sino que los soldados se la echaron a suertes entre ellos (Jn 19:23-24). Se reparten el manto y echan a suertes la túnica. ¿No estaba también eso escrito? Pues bien, los afanosos salmistas de la Iglesia47, que imitan a los ejércitos angélicos, lo saben y celebran a Dios con alabanzas continuas. Quienes son considerados dignos de esto, salmodien en este santo Gólgota48 y digan: “Repártense entre sí mis vestiduras y se sortean mi túnica” (Sal 22:19). Aquel sorteo fue el sorteo de los soldados.


La capa púrpura

         27. Cuando estaba siendo juzgado por Pilato, estaba vestido de rojo, lo cubrieron con un manto de púrpura (Mt 27:28). ¿También está escrito esto? Dice Isaías: “¿Quién es ése que viene de Edom, de Bosrá, con ropaje teñido de rojo?” (Is 63:1). Como queriendo decir: ¿quién es éste que es vestido de púrpura para avergonzarlo? Pues a eso suena Bosrá entre los hebreos49.

         “Y, ¿por qué está de rojo tu vestido, y tu ropaje como el de un lagarero?” (63:2). Y responde diciendo: “Alargué mis manos todo el día hacia un pueblo rebelde que sigue un camino equivocado en pos de sus pensamientos” (Is 65:2).


La cruz de Cristo y su eficacia salvadora

         28. Extendió sus manos en la cruz para abarcar los confines del mundo. Pues el lugar central de la tierra está aquí, en el Gólgota. Y no es palabra mía, sino del profeta que dice: “Autor de salvación en medio de la tierra” (Sal 74:12). Extendió sus manos humanas, con la sola ayuda de las cuales y con su mente tras ellas dio consistencia al cielo (cf. Sal 33:óa). Fueron fijadas con clavos para que, clavados al leño y aniquilados los pecados de los hombres que su humanidad llevaba cargados sobre sí, a la vez muriese el pecado y resucitásemos nosotros en la justicia50. Pues como por un hombre vino la muerte, también por un hombre vino la vida (cf. Rom 5:12-21): por un hombre, el Salvador, que padeció la muerte voluntariamente. Acuérdate de aquello: “Tengo poder para darla (la vida) y poder para recobrarla de nuevo” Jn 10:18).


El carisma profético de Israel, viña estéril, en la Iglesia

         29. El soportó estas cosas al haber venido a salvar a todos. Pero el pueblo se lo pagó de mala manera. DiceJesús: “Tengo sed” (Jn 19:28), él, que de una áspera roca les dio agua (Ex 17:1-7) y exige los frutos de la viña que plantó (Jer 2:21; Is 5:2). Pero, ¿de qué viña? Por su naturaleza, sería la que existía desde los santos Patriarcas, pero es en realidad la que, por la tentación, proviene de Sodoma la que le alcanza al Señor sediento el vinagre mediante una esponja empapada y puesta en una caña (cf. Jn 19:29). Se cumple así aquello de: “Porque su viña es viña de Sodoma y de las plantaciones de Gomorra” (Dt 32:32a)51. Y también: “Veneno me han dado por comida52, en mi sed me han abrevado con vinagre” (Sal 69:22). Ves la perspicacia de la predicción profética. ¿Y cómo fue la hiel que pusieron en mi boca? “Le daban, dice, vino con mirra” (Mc15:23). Mirra, con sabor a hiel y un poco amarga53. “¿Así pagáis al Señor?” (Deut 32:6). ¿Es esto lo que ofreces, viña, al Señor? Ya se quejaba justamente de vosotros Isaías, diciendo: “Una viña tenía mi amigo en un fértil otero” (Is 5:1)54. Y, por abreviar: “Esperó, dice, que diese uvas” (5:2). Tuve sed y quise que diese vino, “pero dio espinas55. Ya ves la corona con la que he sido redimido. ¿Qué es lo que haré después? (ch. Is 5:5): “A las nubes prohibiré llover sobre ella” (5:6). Ya no tiene nubes, es decir, ya no tiene profetas, pues es en la Iglesia donde luego han estado los profetas, como dice Pablo: “En cuanto a los profetas, hablen dos o tres, y los demás juzguen” (1 Cor 14:29). Y además: “El mismo (Cristo) dio a uno el ser apóstoles; a otros, profetas” (Ef 4:11)56. Profeta era Agabo, que se ató de manos y pies (Hech 21:10-11).


Jesús, ultrajado en la cruz, entre los dos ladrones

         Buen Ladrón: 30. Sobre los ladrones que fueron crucificados con él (cf. Lc 23:32) se ha dicho: “Con los rebeldes fue contado” (Is 53:12). Uno y otro57 fueron al principio inicuos, pero uno dejó de serlo. Pero el otro despreció las leyes hasta el final, sin humillarse para su salvación, pues estando clavado de manos, su lengua todavía blasfemaba. Los judíos movían sus cabezas injuriando al crucificado y cumpliendo lo que estaba escrito. “Me ven y menean su cabeza” (Sal 109:25; cf. Mt 27:39 ss; Lc 23:39-43). De él se hacía burla juntamente con los otros, pero uno de ellos increpaba al otro: para él coincidieron el fin de su vida y el comienzo de su enmienda. Entregó su alma y recibió, antes que otros, la salvación. Tras reprender a su compañero, dijo: “Jesús, acuérdate de mí” (Lc 23:42), mis palabras se dirigen a ti. Déjalo a él, pues están ciegos los ojos de su mente, pero “de mí, acuérdate.” No digo que te acuerdes de mis obras, pues de ellas tengo miedo. Todo hombre suele unirse amablemente a quien es su compañero de camino. Soy compañero tuyo en el camino hacia la muerte: acuérdate de mí, que soy tu compañero. No digo: ahora “acuérdate de mí,” sino “cuando vengas con tu Reino” (ibid.).


La misericordia para con el “buen ladrón”

         31. ¿Qué energía, oh ladrón, te iluminó? ¿Quién te enseñó a adorar al que había sido ultrajado y crucificado contigo? ¡Oh luz eterna, que ilumina a los que yacen en tinieblas (vid. Lc 1:79)! Oyó, desde luego, justamente: “Confia”58. No porque tus obras deban ser la base de tu confianza, sino porque ahí hay un rey dispuesto a agraciarte. Era una petición de algo muy lejano, pero la gracia llegó muy rápidamente: “Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lc 23:43), puesto que hoy has oído mi voz y no has endurecido tu corazón (Sal 94:8). Con mucha prontitud pronuncié sentencia contra Adán. Y con mucha prontitud te perdono. A él se le dijo: “El día que comieres de él, morirás sin remedio” (Gén 2:17). Tú, en cambio, hoy has dado oídos a la fe, y hoy recibirás la salvación. Por un árbol cayó él, y tú eres introducido, por medio de un árbol, en el paraíso. No temas a la serpiente, pues no te expulsará: ella ya cayó del cielo (cf. Lc 10:18). Tampoco te digo: hoy partirás, sino “confía: hoy estarás conmigo en el paraíso,” no serás rechazado. No temas a la espada de fuego (cf. Gén 3:24), pues ella es la que teme al Señor. ¡Oh gracia inmensa e inefable! No ha entrado todavía Abraham el creyente, y ya entra el ladrón. Todavía no han entrado Moisés y los profetas, pero sí entra el ladrón. Antes que tú, se admiró de esto Pablo diciendo: “Donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia” (Rm 5:20). Los que han soportado el calor (cf. Mt 20:12) todavía no han entrado, pero sí ha entrado el que llegó a la hora undécima (20:6). Nadie murmure contra el dueño, que dice: “Amigo, no te hago ninguna injusticia... ¿Es que no puedo hacer con lo mío lo que quiero?” (20:13-15). Quiere el ladrón hacer obras justas, pero la muerte le tiene preocupado. No me fijo tanto en las obras, sino que acepto tu fe. Estoy recogiendo los lirios; ven, que te apaciente en los huertos (cf. Cant 6:2). He encontrado a la oveja perdida y la llevo sobre mis hombros (Lc 15:5). Realmente cree, puesto que ha dicho: “Me he descarriado como oveja perdida (Sal 119:176). Jesús, acuérdate de mi cuando vengas con tu Reino” (Lc 23:42).


El sacerdocio definitivo y eterno de Jesucristo

         32. Acerca de este huerto conté ya a mi esposa en el Cantar de los Cantares59, diciéndole estas cosas: “Ya he entrado en mi huerto, hermana mía, novia” (Cant 5:1). De hecho, donde fue crucificado había un huerto (Jn 19:41). Y, ¿qué deduces de ahí? Que “he tomado mi mirra con mi bálsamo” (Cant 5:1), lo cual se cumple cuando bebe vino mirrado y vinagre (Jn 19:29 par.), y, después de tomarlos, dice: “Todo está cumplido” (Jn 19:30). El misterio ha llegado a su plenitud. Se ha cumplido lo que estaba escrito. Los pecados han sido disueltos, pues, “al llegar Cristo como Sumo Sacerdote de los bienes futuros, a través de una Tienda mayor y más perfecta, no fabricada por mano de hombre, es decir, no de este mundo. Y penetró en el santuario una vez para siempre, no con sangre de machos cabríos ni de novillos, sino con su propia sangre, consiguiendo una redención eterna. Pues si la sangre de machos cabríos y de toros y la ceniza de vaca santifica con su aspersión a los contaminados, en orden a la purificación de la carne, ¡cuanto más la sangre de Cristo...!” (Hebr 9:11-14). Y, por otra parte: “Teniendo, pues, hermanos, plena seguridad para entrar en el santuario60 en virtud de la sangre de Jesús, por este camino nuevo y vivo, inaugurado por él para nosotros, a través del velo, es decir de su propia carne...” (Hebr 10:19-20). Y ya que la carne, su propio velo, fue afectada por el deshonor, por eso el velo del templo, que era figura del futuro, se rasgó, según está escrito: “En esto, el velo del Santuario se rasgó en dos, de arriba abajo” (Mt 27:51). Y nada absolutamente quedó de él. Y puesto que el Señor dijo: “Se os va a dejar desierta vuestra casa” (Mt 23:38), la misma casa quedó destruida61.



Cristo se entrega al Padre

         33. Estas cosas las soportó el Salvador, “pacificando, mediante la sangre de su cruz, lo que hay en la tierra y en los cielos” (Col 1:20). Pues éramos enemigos de Dios por el pecado, y Dios decidió que era oportuno que el pecador muriese. Era, pues, necesaria una de estas dos cosas: o bien que Dios, consecuentemente, hiciese perecer a todos, o bien que con su clemencia anulase la sentencia dictada. Observa, sin embargo, la sabiduría de Dios: guardó tanto la firmeza de la sentencia como la eficacia de la bondad. Cristo, “sobre el madero, llevó nuestros pecados en su cuerpo, a fin de que, muertos a nuestros pecados, viviéramos para la justicia” (I Pe 2:24; cf. Is 53:12; 2 Cor 5:21; Rom 6:11-18). No es que careciera de valor el que por nosotros moría: no era una oveja de las que se ven, ni tampoco era sólo un hombre, ni simplemente un ángel. Era Dios hecho hombre. No era tan grande la iniquidad de los pecadores como la justicia de aquel que por nosotros moría62. No pecamos tanto como sobresalió por su justicia aquel que por nosotros entregó su vida, que la entregó cuando quiso y la recobró de nuevo cuando quiso (Jn 10:18). ¿Quieres saber cómo no entregó su vida coaccionado o forzadamente, y que no entregó su espíritu contra su voluntad? Se dirigió al Padre diciendo: “Padre, en tus manos pongo mi espíritu” (Lc 23:46; cf. Sal 31:6), por decirlo yo ahora brevemente, “y, dicho esto, expiró,” pero no se mantuvo así largo tiempo, pues rápidamente resucitó de entre los muertos.


Muerte y sepultura

         34. Se eclipsó el sol (Lc 23:44) a causa del “sol de justicia” (Mal 3:20)63, “las rocas se hendieron” (Mt 27:51) a causa de la roca inteligibles, “se abrieron los sepulcros” (Mt 27:52) y los muertos resucitaron (52b) por causa de aquel que estaba libre entre los muertos, dejó libres a los “cautivos de la fosa en la que no hay agua” (Zac 9:11). No te avergüences, pues, del crucificado, sino di tú también con confianza: “¡Y con todo eran nuestras dolencias las que él llevaba y nuestros dolores los que soportaba!.. y con sus cardenales hemos sido curados” (Is 53:4-5). No seamos desagradecidos hacia el bienhechor. Y, además: “Por las rebeldías de su pueblo ha sido herido; y se puso su sepultura entre los malvados y con los ricos su tumba” (53:8-9). Por eso dice Pablo claramente: “Que Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras, y fue sepultado, y resucitó al tercer día según las Escrituras” (1 Cor 15:3-4).



El sepulcro excavado en roca

         35. Pero queremos conocer claramente dónde fue sepultado. ¿Se construyó acaso un sepulcro? ¿Destaca del suelo como las sepulturas regias? ¿Se ha hecho un monumento con piedras adosadas unas a otras? ¿Qué se le puso encima? Hacednos, profetas, la descripción del sepulcro y decidnos dónde fue colocado el cuerpo y dónde lo habremos de buscar. Y ellos responden: “Reparad en la peña de donde fuisteis tallados, y en la cavidad de pozo de donde fuisteis excavados” (Is 51:1). Tienes en los Evangelios: “En un sepulcro excavado en la roca” (Lc 23:53), “en un sepulcro que estaba excavado en roca” (Mc 15:46). ¿Y, además, qué? ¿Cuál es la puerta del monumento? Hay, por otra parte, otro profeta que dice: “Sofocaron mi vida en una fosa y echaron piedras sobre mí” (Lam. 3:53). Yo, la “piedra angular, elegida, preciosa” (1 Pe 2:6), estoy escondido entre la piedra por poco tiempo; “piedra de escándalo” para los judíos (1 Pe 2:8) y de salvación para los que creen. Así pues, el árbol de la vida está plantado en la tierra, para que ésta, que había estado maldita, consiguiese la bendición y fuesen liberados los muertos.

 

La fuerza de la señal de la cruz

         36. Que no nos agarrote la vergüenza de confesar a un crucificado. En la frente, como gesto de confianza, hágase con los dedos la señal de la cruz, y eso para todo: cuando comemos pan o cuando bebemos, en las entradas y salidas, antes de acostarnos, al dormir y al levantarnos, cuando caminamos y cuando estamos quietos. Es una gran protección: gratuita, por los necesitados; no cuesta esfuerzo, por los débiles, y, como quiera que ha sido dada por Dios como gracia: señal de los fieles y temor de los demonios, a los que en ella “exhibió públicamente, incorporándolos a su cortejo triunfal” (Col 2:15). Pues cuando ven la cruz, les viene a la mente la imagen del crucificado. Temen al que machacó las cabezas del dragón (cf. Sal 74:14)65. Porque sea gratuito, no desprecies este signo: venera en él más bien a nuestro bienhechor.


La realidad histórica de la cruz de Cristo

         37. Y si alguna vez intervienes en una discusión y te quedas sin argumentos, que tu fe permanezca en ti inconmovible. Porque con la enseñanza que has recibido puedes reducir al silencio a los judíos por medio de los profetas y a los griegos partiendo de sus propias fábulas. Pues estos últimos adoran a los que han muerto por un rayo. Pero al aparecer el rayo, no suele caer al azar. Y si ellos no sienten vergüenza de adorar a los que Dios ha rechazado, ¿te avergonzarás tú, que has sido amado de Dios y eres hijo suyo, de adorar al que ha sido crucificado por ti? Lo que no hago, por vergüenza, es divulgar los vicios de los que ellos llaman sus dioses, y además ahora tampoco hay tiempo. Expónganlos quienes los conocen, Tápese también la boca a todos los herejes. Apártese a quien dijere que la cruz es sólo una apariencia. Debes odiar a los que dicen que Cristo fue crucificado sólo de modo fingido. Pues si ha sido crucificado sólo en apariencia, y ya que de la cruz nos viene la salvación, esta salvación no sería sino una especie de juego. Y si la cruz fuese una fantasía, también lo sería la resurrección. Y si Cristo no resucitó estamos todavía en nuestros pecados (cf. I Cor 15:17). Si la cruz es sólo imaginación, también lo es la ascensión, pero si la ascensión tampoco es más que fantasía, también lo será la segunda venida. Pero en tal caso nada tiene consistencia.



Que nadie te acuse de haber rechazado la cruz

         38. Así pues, acepta la cruz como un cimiento firme y construye sobre él el resto de la fe. No reniegues del crucificado. Pues si reniegas de él, son muchos los que te acusarán. El primero que argüirá contra ti será el traidor Judas. Pues el primero que lo entregó llegó a saber que había sido condenado a muerte por los príncipes de los sacerdotes y por los ancianos (cf. Mt 27:3). Lo atestiguan66 las treinta monedas de plata (Mt 26:15); lo atestigua Getsemaní, el lugar donde se realizó la traición (Mt 26:47 ss). No le llamo todavía “Monte de los Olivos” (Lc 22:39), en el cual oraban de noche los que estuvieron allí. Lo atestigua la luna que lucía de noche. Lo atestiguan el día y el sol que se eclipsó, pues no podía soportar el crimen de los traidores. Te acusará el fuego alrededor del cual se estaba calentando Pedro (Jn 18:18). Si niegas la cruz, te esperará un fuego eterno. Te hablo de duras realidades, para que no tengas más tarde que experimentar la dureza. Acuérdate de las espadas que caen sobre él en Getsemaní, para que no sufras tú la espada eterna. Te acusará la casa de Caifás, que, aun asolada, muestra hoy todavía el poder de quien en ella fue juzgado. El mismo Caifás se alzará contra ti el día del juicio; se levantará también el siervo que dio una bofetada a Jesús (Jn 18:22), y también los que le maniataron y le condujeron. Contra ti se alzarán a la vez Herodes y Pilatos hablando más o menos de este modo: ¿Por qué niegas a quien fue traído calumniosamente hasta nosotros y de quien honradamente no pudimos decir que hubiera pecado? (cf. Lc 23:14-15). Yo, Pilato, entonces me lavé las manos (Mt 27:24). Estarán en pie contra ti los mismos falsos testigos (cf. Mt 26:60) y los soldados que se pusieron su manto color púrpura y le colocaron la corona de espinas (Jn 19:2) y lo crucificaron en el Gólgota (19:16-18) sorteándose su túnica (19:24). Te acusará Simón de Cirene, que llevó la cruz de Jesús (Lc 23:26).


Objetos, lugares y personas que también son testigos

         39. Desde los astros te acusará el sol que se eclipsó (Lc 23:44); de las cosas terrenas, el vino con mirra (Mc 15:23), la caña, el hisopo y la esponja (Mt 27:48) y, de entre los árboles, el leño de la cruz. Y también los soldados que, como dije, le clavaron los clavos y echaron a suertes su ropa (Mt 27:35); el soldado que abrió su costado con la lanza (Jn 19:34) y las mujeres que allí estuvieron (Mt 27:55). Igualmente, el velo del templo que entonces se rasgó (27:51); El Pretorio de Pilato (27:27)67, en virtud del cual en aquel entonces fue clavado a la cruz y que es actualmente un lugar solitario. También este Gólgota santo y elevado, que se ve desde aquí y que muestra hasta el día de hoy cómo a causa de Cristo se quebraron las piedras en aquel momento (Mt 27:51)68. Próximo está también el sepulcro en el que fue colocado, además de la piedra puesta a la entrada (27:60), que hasta el día de hoy está caída junto al sepulcro. Igualmente los ángeles que entonces allí estuvieron (Jn 20:12), las mujeres que le adoraron tras la resurrección (Mt 28:9). Pedro y Juan, que corrieron hasta el monumento (Jn 20:3-4), y Tomás, que introdujo la mano en su costado y puso sus dedos en las señales de los clavos (20:27). El (Tomás) hizo esto diligentemente por nosotros: lo que tú, que no estabas allí, habías de buscar, lo encontró él, que se encontraba allí por un más alto designio de Dios.


Poder salvador de la cruz frente a todos los poderes

         40. Tienes como testigos de la cruz a los doce apóstoles, a toda la tierra y al mundo de los hombres que creen en el Crucificado. El hecho mismo de que tú estés aquí debe persuadirte del poder del Crucificado. Pues, ¿quién es el que te trajo a esta asamblea? ¿Qué soldados? ¿Con qué cadenas te trajeron? ¿Qué sentencia judicial te instó a ello? Es el triunfo salvador de Jesús, la cruz, la que atrajo a todos hasta aquí. Es esto lo que redujo a los persas a servidumbre y lo que amansó a los escitas. Es esto lo que dio a los egipcios el conocimiento de Dios en lugar de los ídolos en forma de perros y gatos y de otros múltiples errores. Es esto lo que hasta el día de hoy cura las enfermedades, pone en fuga a los demonios y deshace las imposturas de los filtros mágicos y los encantamientos.



La cruz, fuente de esperanza

         41. La cruz aparecerá en su momento con Jesús en el cielo (Mt 24:30). Delante irá el trofeo del Rey, para que los judíos, viendo al que traspasaron (Jn 19:37; cf. Zac 12:10)69 y reconociendo por la cruz al que afrentaron con la ignominia, se deshagan en lamentos. Se alzarán unas tribus contra otras y se lamentarán, pero ya no tendrán tiempo para la penitencia. Nosotros, sin embargo, nos gloriaremos vitoreando a la cruz y regocijándonos en ella, adorando al Señor, que fue enviado y crucificado por nosotros, adorando también a Dios Padre, por quien fue enviado, juntamente con el Espíritu Santo. A él sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.


1. El tema de la catequesis es, sobre todo la muerte de Jesús y su sentido. En cuanto a la estructura de la catequesis, puede tenderse en cuenta lo que se dice en la nota 20.

2. Cf. Rom 5:17: “En efecto, si por el delito de uno soló reino la muerte por un solo hombre, ¡con cuánta más razón los que reciben en abundancia la gracia y el don de la justicia, reinarán en la vida por uno solo, por Jesucristo!” El versículo forma parte de un amplio paralelismo que se establece literariamente, en Rom 5:12-21, entre Adám y Jesucristo. Para una interpretación de este pasaje, y para una interpretación adecuada del sentido del “primer hombre” (cf. I Cor 15:45), conviene tener en cuenta: a) el recurso a la figura de Adán en Rom 5:12-21, así como en I Cor 15:21-22,45-49, es un recurso literario para resaltar sobre todo el señorío del último Adán, Jesucristo, el auténtico prototipo de la humanidad en la creación (cf. Col 1:15-20) y en la resurrección (cf todo lo que es I Cor 15; cf. también Rom 8:29). b) Puesto que la reiterada mención literaria de Adán, tiene por objeto hacer resaltar la victoria de Jesucristo sobre el pecado y la muerte, es Cristo y su obra de rescate el objetivo de Rom 5:12-21, que entonces debe entenderse en el contexto de todo lo que es la carta a los Romanos, especialmente de 1:18 a 8:39. Sobre estas cuestiones me expresé con amplitud en La fuerza del Evangelio (sobre Rom), Madrid 1988.

3. En el anterior núm. 2.

4. Ex 12:23: “Yahvé pasará y herirá a los egipcios, pero al ver la sangre en el dintel y en las dos jambas, Yahvé pasará de largo, por aquella puerta y no permitirá que el Exterminador entre en vuestra casas para herir.” En este momento de la catequesis, teniendo en cuenta la alusión que a continuación se hace a Jn 1:29 (donde a Jesús se le identifica con “el cordero que quita — o “lleva,” que ambas traducciones sor posibles — el pecado del mundo”) y también las expresiones acerca del Cordero llevado al matadero, en Is 53:7 pasaje en su contexto ya ampliamente citado, Cristo es identificado como el verdadero cordero, que en su muerte, y al ser comido en el banquete pascual de la Eucaristía, libera a todos cargando sobre sí con los pecados de los hombres para que estos no queden muertos por aquellos. La afirmación de que Cristo ha muerto en favor de los hombres se convierte así también en una muerte vicaria, en lugar de los hombres, para que éstos reciban la vida.

5. Que conocen bien a Dios aunque no lo acepten.

6. “Se lo entregó para que fuera crucificado” (Mt 27:26).

7. Esta frase tiene cierta lógica dentro de las afirmaciones del buen ladrón, pero no pertenece al texto de los evangelios.

8. PG 33,775, nota 1, dice exactamente (pero no se reproduce aquí totalmente, para más detalles, vid. el texto mismo de la nota en Migne): “Que tenemos aquí tan próximo. En algún otro lugar señala que pronunció la catequesis en el mismo monte Gólgota (cat. 4, núms. 10 y 14; cat. 16, núm. 4, etc.). De hecho, la iglesia de la Resurrección había sido edificada dentro del monte Gólgota, aunque la roca misma en la cual habia sido crucificado el Señor no estaba en el terreno propio de la Iglesia. Pero no se encontraba lejos, sino “a un tiro de piedra,” como señala el autor del Itinerario jerosolimitano. Pues la iglesia había sido construida en el lugar del sepulcro.” Sin duda, esta proximidad a los escenarios reales aumenta el grafismo de las descripciones de Cirilo y da una mayor fuerza de persuasión a su estilo tan marcadamente oratorio, a veces incluso coloquial.

9. Es una afirmación, en otras palabras, de que la cruz de Cristo -como la del cristiano, en el seguimiento de Cristo- no tiene sentido sin la resurrección. En este sentido, es fundamental I Cor 15:12 ss.

10. Según Jn 1:45, Felipe comenta a Natanael tras el primer encuentro con Jesús: “Ese del que escribió Moisés en la Ley, y también los profetas, lo hemos encontrado: Jesús el hijo de José, el de Nazaret.” En general, el Nuevo Testamento, en todos sus estratos, centra en Jesús el cumplimiento escatológico de los anuncios proféticos.

11. Lc 9:51. Precisamente desde 9:51 a 18:14 presenta Lucas el camino de Jesús como un camino hacia Jerusalén, el lugar donde se han de cumplir, expresamente en la muerte y resurrección del Mesías, las promesas y las palabras de los profetas. La muerte de Jesús no es más que el cumplimiento de los designios divinos de salvación por medio de su Hijo.

12. Vid. Jn 13:18, donde Jesús aplica el versículo del salmo a Judas.

13. La cruz es la gloria de Jesús porque a través de ella entra Jesús en la gloria de la resurrección. Sobre el tema tiene interés H.U. von BALTHASAR, El misterio pascual, en: Mysterium Salutis lll, Madrid 2ª, 1980, 666-814. Sobre este trabajo, de lectura quizá algo difícil, se volverá en varios momentos en estas páginas.

14. De nuevo se menciona esta forma de martirio de Isaías transmitida por la tradición.

15. Como se dice al principio de la catequesis, ésta parte de la lectura de Is 53:1 ss, en el cuarto canto del Siervo de Yahvé.

16. El contexto evidencia que la Jerusalén “de ahora,” la nueva Jerusalén (vid. Apoc 21:2, en el marco de los caps. 21-22), es la Iglesia, imagen a su vez de la futura y dcfinitiva Jerusalén del fin de los tiempos.

17. Lament. 4,20a. En la traducción de este versículo se respeta el texto original de Cirilo. La traducción directa del hebreo bíblico, en la versión de la Biblia de Jerusalén, daría: “Nuestro aliento vital (“el espíritu de nuestra personalidad,” podría ser la traducción desde el original griego de Cirilo), el ungido de Yahvé.” La expresión Ungido de Yahvé parece referirse, literalmente, al rey Sedecías, con quien terminó la monarquía del reino de Judá. Pero en un sentido más pleno, como hace Cirilo, puede aplicarse al ungido por excelencia, Cristo. El sentido literal del “quedar preso,” que en Lam 4:20 se refiere a la detención de Sedecías (la traducción del hebreo sería “preso en sus fosas”) se traslada ahora a la afirmación de que es “nuestra corrupción” la que ha apresado a Cristo.

18. Posible alusión a Is 53:12: “Entre los rebeldes fue contado.”

19. En la época de Pablo, a la que Cirilo alude con la cita de I Cor 2:4, muy lejos ya de la época de mayor esplendor de la filosofa griega, continúa resonando la habilidad dialéctica de los sofistas, a menudo más interesados en convencer al interlocutor o al oyente de la verdad de sus afirmaciones, aunque con razonamientos a menudo inexactos. A ello se prestaba intensamente la tradición cultural helenista.

20. Han sido más bien numerosos, en el núm. 8, los datos aducidos de los Evangelios acerca de la muerte v sepultura de Cristo. Se ha procurado asimismo relacionarlos con las previsiones del Antiguo Testamento. Pero, a partir del núm. 9, se hará una enumeración muchísimo más detallada de esos mismos datos. Ello constituye prácticamente lo esential de la presente catequesis.

21. Vid. cat. 12, núms 15 y 16.

22. Esta cita sálmica parece explicarse como expresión de la queja del justo falsamente acusado o vilmente traicionado: en este sentido, imagen de la entrega de Jesús por Judas.

23. Probable alusión a alguna homilía (cf. PG 33, nota 22).

24. Las palabras de Zac 11:12 se refieren al salario recibido por Judas en pago a su traición. Zac 11:12, completo, reza: “Yo les dije: “Si os parece bien, dadme mi jornal; si no, dejadlo.” Ellos pesaron mi jornal: treinta siclos de plata.” Cf. también el v. 13 y Mt 27:3-10.

25. Estas frases, puestas ahora en boca de Jesús exprcsan su decepción ante la traición.

26. El problema que Cirilo se plantea se entiende desde el supuestp de que Zac 11:13 diga “los eché en la casa de Yahvé, en el horno.” Pero hay que tener en cuenta que otros códices hablan de “el Tesoro” y que el texto hebreo menciona “al alfarero,” con lo que se estaría en consonancia con el texto del evangelio.

27. En realidad, el sentido de Sal 2:3 parece ser el contrario: en el contexto del drama mesiánico, el peligro que acecha al justo de que sus enemigos se lancen sobre él.

28. El asombro que expresa Is 53:1, se comprende mejor, en el texto de la catequesis, ante la imagen del Siervo de Is 53: ya tantas veces aquí presentada.

29. El “brazo de Yahvé,” también en Is 53:1 y expresión del poder de Dios, manifiesta su grandeza precisamente en la debilidad del Siervo. Es decir, y de modo paradójico, el poder de Dios se manifiesta en la debilidad del Crucificado.

30. Dentro del tercer canto del Siervo (Is 50:4-1 1).

31. El nombre del rey, quizá mejor “Yareb.” Cf., en nuestras biblias, Os 10:6. En cuanto al sentido literal del texto citado por Cirilo cf. Os 5:13. Para otros detalles cf. PG 33,791, nota 1.

32. El texto evangélico citado responde así en parte a Lc 23:6, 7.

33. Aunque el texto griego citado por Cirilo no respnde bien al hebreo.

34. Cf. la mencionada homilía sobre el paralítico, núm. 12. PG 33.

35. Vid. la relación de los distintos elementos de este párrafo, las hojas de Gén 3:7, la dificil productividad de la tierra en Gén 3:17 s, y el episodio de la maldición de la higuera en Mc 1:12-14, con paralelo en Mt 21:18-19. Aparte del interés de la nota de la Biblia de Jerusalén a Mc 11:12, es importante señalar que el episodio de la maldición de la higuera, que pasa a ser higuera estéril, está en el contexto del rechazo deJesús (en Mc, entre la entrada mesiánica en Jerusalén y la expulsión de los mercaderes del templo, a lo que sigue la comprobación, en 11:20 ss, de que la higuera se ha secado). El episodio mismo, pero también su valor como imagen, son expresión del drama mesiánico: el rechazo, en el momento en que ha llegado, del Ungido de Yahvé esperado desde los comienzos de la historia de la salvación. Es este rechazo el que condena a Israel de momento a la esterilidad histórico-salvifica. Se puede remitir ahora nuevamente a Rom 9-11. Es el rechazo de Israel uno de los motivos explicativos de la muerte de Jesús.

36. En el sentido en que ya tantas veces se ha hablado del “typos,” etc.

37. Respectivamente, el árbol del paraíso y el árbol de la cruz.

38. El texto exacto de Mt 26:2 no utiliza en realidad interrogación.

39. La nota de la Biblia de Jerusalén a Jr 11:l9 recuerda concisamente que “este versículo ha sido aplicado por la liturgia cristiana a la Pasión de Cristo.” La interpretación patrística del versículo refiriéndolo a la Pasión la recuerda PG 795, nota 1. El textio hebreo no es menos explícito, pero es incluso de mayor elegancia literaria. Completo, dirá así: “Y yo que estaba como cordero manso llevado al matadero, sin saber que contra mi tramaban maquinaciones: “Destruyvamos el árbol en su vigor; borrémoslo de la tierra de los vivos, y su nombre no vuelva a mentarse”.”

40. Combinación del texto griego y hebreo en Jr 11:19b.

41. En Jn 19:34b, “... al instante salió sangre y agua,” la tradición cristiana ha visto, simbólicamente, la Eucaristía y el Bautismo como fuerzas creadoras de la Iglesia. Esta crece, a través de los sacramentos de la iniciación cristiana, del costado de Cristo atravesado por la lanza en la cruz. Cf. el siguiente núm. 21, donde Cirilo ofrece una explicación demasiado verbosa y compleja, que en último término equipara agua y sangre a bautismo y martirio respectivamente.

42. Cf. datos en PG 33,798, nota 4.

43. “iluminados”: bautizados..

44. Se refiere a la confesión de la fe.

45. Nueva alusión a que se está en el escenario mismo de los acontecimientos.

46. En este momento, por el contexto y porque se sabe que era costumbre en ciertos momentos, los oyentes irrumpen en aplausos.

47. Los “afanosos (diligentes, etc.) salmistas de la Iglesia”: la expresión es un testimonio más de la labor litúrgica de los salmistas, cuya tarea consistía en entonar salmos, bien como responsorio a las lecturas bíblicas proclamadas en las asambleas o en determinados momentos del día, con lo que se recitaba así lo que nosotros conocemos como Oficio divino. Muchas veces eran escogidos tanto entre los fieles como de los catecúmenos. Todo ello hace ver que se celebraban liturgias con todos sus elementos plenamente desarrollados. Más detalles en PC 33,803, nota 1.

48. En la iglesia donde se están impartiendo las catequesis.

49. La Biblia de Jerusalén recuerda que Is 63:1 se ha intentado a veces traducir, corrigiendo los términos “Edom” y “Bosrá” de manera que se favorezca más la interpretación mesiánica del versículo. La interpretación mesiánica de Is 63:1 es clara a la vista de Apoc 19:3.

50. Estas afirmaciones se cuentan tal vez entre las expresiones más rotundas de las catequesis sobre la eficacia salvadora de la muerte de Jesús en la cruz: Jesús, como Siervo (cf. una vez más Is 52:13-53:12), carga sobre si los pecados de los hombres para que el pecado no pueda contra ellos. Asi sucede que lo que muere es el pecado, pero el hombre tiene así la posibilidad de resucitar hecho justo. Cf. Rom 4:25 y, como realidad experimentada en el bautismo, Rom 6:3-11.

51. Cf. también los vérs. 32b-33.

52. Mt 27:34 afirma: “Le dieron a beber vino mezclado con hiel” (cf 27:48), lo que en realidad es un acto de compasión por producir un efecto algo sedante, pero siempre se ha entendido la proximidad de Mt 27:34 a Sal 69:22.

53. Cf. más abajo, núm. 32.

54. Toda la canción o parábola de la viña, en Is 5:1-7. El conjunto de la canción (cf. especialmente el v. 7) es una directa alusión a la actitud de Israel e incluso del reino de Judá. Ya se ha visto hasta ahora muy frecuentemente que las catequesis mencionan a menudo y con expresiiones fuertes el endurecimiento histórico-salvifico de Israel. El tema de la viña improductiva de Israel ha sido muy frecuente en el Antiguo Testamento, pero es retornado por Jesús en la parábola de los viñadores homicidas (Mt 21:33-46 par). Para más detalle cf. los textos bíblicos aducidos al margen de Is 5:1-2 por la Biblia de Jerusalén, así como la nota general a pie de página, ibid., a Is 5.

55. El texto de Is dice “agraces,” “agrazones” o “uvas amargas.” Se traduce aquí por espinas, respetando el texto de Cirilo, puesto que inmediatamente se hace alusión a la corona de espinas.

56. La afirmación de Cirilo se puede esquematizar diciendo simplemente: el carisma profético ha pasado a la Iglesia. Ef 2:20 señala que el conjunto de los cristianos están “edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas.”

57. Ambos ladrones.

58. Interpreta así Cirilo la primera parte de la frase deJesús al buen ladrón en Lc 23:43.

59. Vid. más abajo, cat. 14, núms. 5 y 11.

60. La expresión alude a que en el Santo de los Santos sólo podía entrar, y una vez al año, el Sumo Sacerdote judío. Cristo, en cambio, ha allanado el acceso del creyente a Dios. El tema del sacerdocio único y definitivo de Cristo, que “de una vez por todas” o “de una vez para siempre” (Hebr 7:27) ha realizado su misión es fundamental en la carta a los Hebreos.

61. Al ser rechazado Dios en su Mesías, Dios abandona el templo, lo que se indica en primer lugar en el desgarro del velo. Pero años después. en el 70 p. C., el templo sería destruido tras el largo asedio de la ciudad por los romanos.

62. Recuérdese otra vez la clara afirmación de Rom 5:20: “Pero donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia.”

63. El titulo “Sol de justicia” ha sido aplicado, litúrgicamente, a Cristo.

64. La edición de Migne remite aquí a I Cor 10:4 (“y la roca era Cristo”).

65. En su contexto, el pasaje aludido de Sal 74:14 es seguramente una alusión al paso de los hebreos por el Mar Rojo al salir de Egipto.

66. Actuarían como testigos en contra de quien renegara del crucificado.

67. El Pretorio era la residencia de los pretores o gobernadores, en este caso Pilato. Este ocupaba, cuando estaba en Jerusalén, sobre todas en funciones de vigilancia, frecuentemente la Torre Antonia, en una esquina del templo. Es el lugar donde más frecuentemente ha situado la tradición la coronación de espinas y las burlas de la soldadesca. Vid. la nota de la Biblia de Jerusalén a Mt 27:2 7 .

68. Según explica PG 33,819, nota 1, diversos Padres y escritoras eclesiásticos hablan de esta hendidura, que se siguió mostrando durante siglos a los peregrinos.

69. Utilizando también Dan 7:13, además de Mt 24:30, pero moviéndose en una perspectiva que apunta al futuro, hay que mencionar Apoc 1:7: “Mirad, viene acompañado de nubes; todo ojo le verá, hasta los que le traspasaron, y por él harán duelo todas las razas de la tierra.” Es patente aquí el sentido expreso de la escatología históricamente definitiva, asunto que se desarrollará en la catequesis XV.



IV. Resurrección y Ascensión de Jesucristo.

         Pronunciada en Jerusalén, sobre lo de “resucitó al tercer día y ascendió a los cielos, y está sentado a la derecha del Padre.” El texto de partida es I Cor 15:1-4: “Os recuerdo, hermanos, el Evangelio que os prediqué... y que resucitó al tercer día según las Escrituras...”1.


La alegría de la resurrección

         1. “Alégrate, Jerusalén y regocijaos con ella todos los que la amáis” (Is 66:10a) pues Jesús ha resucitado. “Llenaos de alegría por ella todos los que por ella hacíais duelo”2, al conocer los crímenes y delitos de los judíos. Pues el que fue deshonrado por ellos en estos parajes ha sido devuelto de nuevo a la vida. Y así como la conmemoración de la cruz aportó algo de tristeza, así la fausta noticia de la resurrección debe alegrar a los aquí presentes. “Has trocado mi lamento en una danza, me has quitado el sayal y me has ceñido de alegría” (Sal 30:12); “mi boca está repleta de tu alabanza y de tu gloria todo el día” (71:8), por causa del que, después de su resurrección, dijo; “Alegraos” (Mt 28:9). Sé que en los días pasados los que aman a Cristo estaban tristes cuando, al terminar nuestro discurso sobre la muerte y la sepultura, y sin hacer un anuncio de la resurrección, el ánimo estaba expectante para oír lo que deseaba. Pero aquél, después de muerto, resucitó “libre entre los muertos” y como libertador de los muertos. El que ignominiosamente fue coronado en su paciencia con corona de espinas, al resucitar se ciñó con la diadema de la victoria sobre la muerte.


El modo como se procederá

         2. Y al modo como hemos expuesto los testimonios relativos a su cruz, ahora mostraremos con claridad la resurrección. Partimos de lo que el apóstol dice: “...que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras” (1 Cor 15:4). Así pues, puesto que el Apóstol nos remite a los testimonios de las Escrituras, lo mejor será examinar en qué se apoya la esperanza de nuestra salvación y comprobar, en primer lugar, si las Escrituras nos hablan con precisión del tiempo de su resurrección: si ha tenido lugar en verano o en otoño o después del invierno, o en qué lugar resucitó el Salvador, y cuál es el nombre que en los profetas, hombres admirables, se atribuye al lugar de la resurrección. O si las mujeres, que lo buscaban sin encontrarlo, de nuevo se alegraron al encontrarlo de nuevo. De este modo, al leer los evangelios, sus narraciones no se considerarán como fábulas ni como poemas épicos3.


La previsión bíblica de la sepultura y resurrección de Jesús

         3. Que Jesús fue, pues, sepultado lo oísteis abiertamente en la catequesis anterior4. Dice Isaías; “Cuando ante la desgracia es arrebatado el justo, se va en paz” (Is 57:1-2)5. Pues su sepultura pacificó el cielo y la tierra6, acercando a los pecadores a Dios. Además: “Del rostro de la iniquidad es arrebatado el justo” (Is 57:1 LXX) y “se puso su sepultura entre los malvados” (Is 53:9). También está la profecía de Jacob,que dice en la Escritura: “Se recuesta, se echa cual león, o cual leona, ¿quién le hará alzarse? (Gén. 49:9b). Y es semejante este testimonio del libro de los Números: “Se agacha, se acuesta, como león, como leona, ¿quién le hará levantar?” (Núm 24:9)7. Y a menudo oísteis el salmo, que dice: “Tú me sumes en el polvo de la muerte” (22,16). Y también hemos mencionado “Reparad en la peña de donde fuisteis tallados” (Is 51:1) refiriéndonos al lugar8. Después relacionamos los testimonios de la misma resurrección.


La resurrección en Sal 16 (Hech. 2:25 as) y Sal 30

         4. En primer lugar, pues, en el Salmo 12 dice: “por la opresión de los humildes, por el gemido de los pobres, ahora me alzo yo, dice Yahvé” (12:6). Pero este testimonio es para algunos todavía dudoso, pues a menudo se levanta airado para tomar venganza de los enemigos (cf. 7:7). Acércate entonces al Salmo 16, que claramente dice: “Guárdame, oh Dios, en ti está mi refugio” (16:1). Y, más abajo: “yo jamás derramaré sus libámenes de sangre, jamás tomaré sus nombres en mis labios” (16:4), puesto que, renegando de mí, hicieron del César su rey9. Y, más abajo: “Pongo a Yahvé ante mí sin cesar; porque él está a mi diestra, no vacilo” (16:8). Y, a continuación: “Por eso se me alegra el corazón, mis entrañas retozan.” Y después: “Pues no has de abandonar mi alma al sheol, ni dejarás a tu amigo ver la fosa” (16:9a.10)19. No ha dicho “ni dejarás a tu amigo ver la muerte,” pues en ese caso no habría muerto, sino “la corrupción”11, puesto que no permaneceré en la muerte. “Me enseñarás el camino de la vida” (16:11): claramente se anuncia la vida después de la muerte. Ven ahora al Salmo 30: “Yo te ensalzo, Yahvé, porque me has levantado; no dejaste reírse de mí a mis enemigos” (Sal 30:1). ¿Qué ha sucedido? ¿Has sido liberado de los enemigos o has sido soltado para que te golpeasen? Lo dice con toda claridad: “Tú has sacado, Yahvé, mi alma del sheol” (Sal 30:4). Decía proféticamente: “No dejarás...” (cf. 16:9-10). Pero aquí, hablando del futuro como cosa ya realizada, dice: “...has sacado mi alma... me has recobrado de entre los que bajan a la fosa” (30:4). ¿En qué tiempo sucederá esto?: “Por la tarde, visita de lágrimas y, por la mañana, gritos de alborozo” (30:6). Por la tarde estaban de luto los discípulos, y por la mañana se alegraron de la resurrección.


El lugar de la resurrección

         5. ¿Quieres conocer también el lugar? Es en el Cantar de los Cantares donde dice: “Al nogueral había yo bajado” (Cant 6:11). “En el lugar donde había sido crucificado había un huerto” (Jn 19:41). Y aunque ahora, gracias a la generosidad del emperador, se encuentra magníficamente embellecid012, antes era sólo un huerto del que quedan sus vestigios y restos. “Huerto, cerrado, fuente sellada” (Cant 4:12), precisamente por los judíos, que dijeron: “Recordamos que ese impostor dijo cuando aún vivía: “A los tres días resucitaré.” Manda, pues, que quede asegurado el sepulcro...” (Mt 27:63-64). Y poco después: “Ellos fueron y aseguraron el sepulcro, sellando la piedra y poniendo la guardia” (27:66). A ellos se les dice hermosamente: “Lo(s) juzgarás en el descanso” Job 7:18 LXX). Pero ¿quién es la “fuente sellada” (Cant 4:12) o la “fuente de los huertos, pozo de aguas vivas” (4:15)? Es el Salvador, del cual está escrito: “En ti está la fuente de la vida” (Sal 36:9).


La resurrección de Cristo como “testimonio”

         6. ¿Y qué es lo que sofonías dice a los discípulos acerca de la persona de Cristo? “Dispónte, levántate de mañana, pues su racimo se ha podrido” (Sof 3:7 LXX). Se trata del de los judíos, en los que no queda uva ni racimo de salvación, pues se ha arrancado su viña. Mira cómo habla a los discípulos: “Prepárate, levántate temprano. Espera de mañana la resurrección.” Y después, según lo que sigue y el tenor mismo de la Escritura, dice: “Por eso, esperadme — dice el Señor — hasta el día de mi resurrección como testimonio” (Sof 3:8 LXX). Ves también que el profeta previó el lugar del testimonio, que había de llamarse “martyrion”13. Pues ¿por qué razón este lugar del Gólgota y de la resurrección no se llama “iglesia” como los demás, sino “Martyrion”? Es tal vez a causa de lo que dijo el profeta: “el día de mi resurrección como testimonio”.



También los hijos de Dios dispersos aceptarán la resurrección y sus señales

         7. ¿Quién es el que resucita y cuáles son sus signos? Lo dice con evidencia continuando el mismo texto profético? “Convertiré entonces la lengua de los pueblos” (Sof 3:9) como quiera que después de la resurrección tras el envío del Espíritu Santo, se dio el don de lenguas (Hech 2:4), “para que invoquen todos el nombre de Yahvé y le sirvan bajo un mismo yugo” (Sof 3:9). ¿Y qué otro símbolo se añade, en el mismo profeta, de que servirán al Señor “bajo un mismo yugo?” “Desde allende los ríos de Etiopía, mis suplicantes, mi Dispersión, me traerán mi ofrenda” (3:10). Ves que eso está escrito en los Hechos cuando el eunuco etíope llega desde los confines de los ríos de Etiopía (Hech 8:27). Las Escrituras señalan, por tanto, el momento y las circunstancias de tiempo y lugar, además de los signos que siguieron a la resurrección. Ten, pues, una fe firme en la resurrección y que nadie te aparte de confesar a Cristo resucitado de entre los muertos.


Valor profético de Sal 88

         8. Recibe también otro testimonio del salmo 88, cuando es Cristo el que proféticamente dicen: “Yahvé Dios de mi salvación, ante ti estoy clamando día y noche” (Sal 88:2) y, poco después: “Soy como un hombre acabado: relegado entre los muertos” (88:5-6). No dice “soy un hombre acabado,” sino “como un hombre acabado”: no ha sido crucificado porque le falten fuerzas, sino voluntariamente. Ni tampoco le llegó la muerte por una debilidad involuntaria. “Me has echado en lo profundo de la fosa” (v. 7). Y, ¿cuál fue la señal de esto?: “Has alejado de mí a mis conocidos”9. De hecho, huyeron sus discípulos (Mt 26:56). “¿Acaso para los muertos haces maravillas?” (Sal 88:11). Y, poco después: “Mas yo grito hacia ti, Yahvé, de madrugada va a tu encuentro mi oración” (v. 14). ¿Es que no ves cómo también se aclaran las circunstancias de tiempo tanto de la pasión como de la resurrección?


El lugar te la resurrección, en la parte exterior de la ciudad

         9. ¿Pero desde qué lugar resucitó El Salvador? Dice en el Cantar de los Cantares: “Levántate, amada mía, hermosa mía y vente” (Cant 2:10). Y en lo que sigue: “En la grieta de la roca” (2:14). Habla de la grieta de la roca, la entrada que entonces había antes de la puerta del sepulcro del Salvador15 y que estaba excavada en la misma roca, como suele hacerse en las entradas de los sepulcros. Ya no se puede ver actualmente porque, al colocar toda la ornamentación actual, se suprimió aquel abrigo. Anteriormente a la actual estructura del monumento, de magnificiencia regia, había una cavidad antes de la roca. Pero ¿dónde está la roca en la que se encontraba esa cavidad? ¿Está tal vez en medio de la ciudad o próxima a las murallas y a los extremos? ¿O en las antiguas murallas o en los antemurales? Pues dice en el Cantar de los Cantares: “En la cavidad de la roca junto al muro exterior” (Cant 2:14 LXX).


Tuvo lugar en el tiempo de la Pascua

         10. ¿En qué época resucitó el Salvador? ¿En la estación de verano o en otra? También en el Cantar de los cantares, muy próximo a lo que se acaba de citar, dice: “Porque, mira, ha pasado ya el invierno, han cesado las lluvias y se han ido. Aparecen las flores en la tierra, el tiempo de la poda ha llegado” (Cant 2:11-12a LXX). ¿Es que la tierra está ahora llena de flores y se podan las viñas? Te das cuenta de cómo dijo que el invierno había pasado. Pues cuando llega el mes Xántico16, inmediatamente viene la primavera. Pero en esta época cae el primer mes del calendario hebreo y en él se celebra la fiesta de la Pascua, que antes era en imagen y en figura, y ahora es la verdadera. Esta es la época de la creación, pues es entonces cuando dijo Dios: “produzca la tierra vegetación: hierbas que den semillas y árboles frutales que den fruto, de su especie, con su semilla dentro, sobre la tierra” (Gén I, I I). Y ahora, como ves, germina ya toda clase de hierba. Y del mismo modo que cuando entonces hizo Dios el sol y la luna, distribuyó entre ambos el curso de los días y las noches, así pocos días antes era el tiempo del equinoccio. Y entonces dijo Dios: “hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra” (Gén 1:26). Y realmente lo que recibió fue a imagen y semejanza de Dios, pero lo oscureció y entenebreció por la desobediencia. Pero en el mismo momento en que sufrió esta pérdida, tuvo también lugar la reparación. Después de ser creado el hombre, fue expulsado del paraíso por su desobediencia, pero en el mismo momento el que creyó fue introducido en él por la obediencia17. La salvación fue a la vez que la caída. Cuando “aparecen las flores... y el tiempo de la poda ha llegado” (cf. Cant 2:12 LXX).


Sepultado después de muerto, se aparece Jesús a los discípulos

         11. El lugar de la sepultura era un huerto, y había plantada una vid. El había dicho: “Yo soy la vid” Jn 15:1. Está colocada en la tierra para que quedase erradicada la maldición que se introdujo por causa de Adán. La tierra estaba condenada a producir espinas y abrojos. Pero de la tierra se alzó la vid verdadera para que se cumpliese lo dicho: “La verdad brotará de la tierra, y de los cielos se asomará la justicia (Sal 85:12). ¿Y que habrá de decir el que está sepultado en el huerto?: “He tomado mi mirra con mi bálsamo” (Cant 5:1). Y también: “Mirra y áloe, con los mejores bálsamos” (4:14). Pero estos son los símbolos de la sepultura, y en los Evangelios se dice: “Fueron (las mujeres) al sepulcro llevando los aromas que habían preparado” (Lc 24:1). “Fue también Nicodemo... con una mezcla de mirra y áloe” 19:39). Y también se dicen a continuación: “He comido mi pan con mi miel” (Cant 5:1 LXX). Lo amargo, antes de la pasión, y lo dulce después de la resurrección. Después, vuelto a la vida, entró por unas puertas que estaban cerradas (Juan 20:19). Pero se resistían a creer, pues creían ver un espíritu (Lc 24:37). Pero él les dijo: “Palpadme y ved” (Lc 24:39; cf. 37-41). “Meted los dedos en el agujero de los clavos” como exigía Tomás (Jn 20:24-29). Y “como ellos no acabasen de creerlo a causa de la alegría y estuviesen asombrados, les dijo: “¿Tenéis aquí algo de comer?” Ellos le ofrecieron parte de un pez asado” (Lc 24:41-42). Ahí se ve cómo se ha cumplido lo que se ha dicho: “He comido mi pan con mi miel.”


Las mujeres, rápidas al sepulcro

         12. Pero antes de entrar por las puertas cerradas, lo estaban buscando a él, esposo y médico de las almas, aquellas mujeres buenísimas y dotadas de una fortaleza viril. Llegaron aquellas bienaventuradas al sepulcro y buscaban al que ya había resucitado (cf. Mt 28,1-6). Las lágrimas les brotaban de los ojos cuando en realidad era ya momento de alegrarse y de cantar a coro por el resucitado. Vino María buscándolo, como está en el Evangelio (Jn 20:1 ss) y no lo encontró; lo oyó después de boca de los ángeles y finalmente vio a Cristo (20:11-18) . ¿Acaso no constaban ya estas cosas por escrito? Pues se dice en el Cantar de los Cantares: “En mi lecho he buscado al amor de mi alma.” Pero ¿en qué momento?: “En mi lecho, por las noches, he buscado al amor de mi alma.” María, dice, llegó “cuando todavía estaba oscuro” (Jn 20:1). “En mi lecho, por las noches, he buscado al amor de mi alma. Lo busqué y no lo hallé” (Cant 3:1). Y en los evangelios es también María la que dice: “Se han llevado a mi Señor, y no se dónde lo han puesto” (Jn 20:13). Pero los ángeles presentes deshicieron esta ignorancia diciendo: “¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo?” (Lc 24:5). No resucitó solo, sino llevando consigo a otros muertos. Pero ella no lo sabía. En referencia a ella cuando se dirige a los ángeles, dice el Cantar de los Cantares: “Habéis visto al amor de mi alma?” Apenas habíamos pasado — es decir, a los dos ángeles —, cuando encontré al amor de mi alma. Lo aprehendí y no lo soltaré” (3:3-4).



Aparición a las mujeres

         13. Después de la visión de los ángeles fue Jesús el que se anunció a sí mismo. Dice el Evangelio: “En esto, Jesús les salió al encuentro y les dijo: ‘¡Dios os guarde!’. Y ellas, acercándose, se asieron a sus pies” (Mt 28:9). Lo asieron para que se cumpliese aquello: “Lo aprehendí y no lo soltaré” (Cant 3:4). La mujer era de cuerpo débil, pero de ánimo viril. Las aguas no apagaron el amor ni lo anegaron los ríos (cf. Cant 8:7). Al que se buscaba estaba muerto, pero no se había apagado la esperanza de la resurrección. Y el ángel les dijo de nuevo: “Vosotras no temáis” (Mt 28:5). No digo que no temáis a los soldados, sino que no estéis temerosas. Sientan ellos temor, para que, instruidos por la experiencia, den testimonio y digan: “Verdaderamente éste era Hijo de Dios” (Mt 27:54). Pero vosotros no debéis temer, pues “el amor perfecto expulsa el temor” (I Jn 4:18) . “Y ahora id enseguida a decir a sus discípulos,” etc. (Mt 28:7). “Ellas partieron a toda prisa del sepulcro, con miedo y gran gozo” (28:8). ¿También esto está escrito? Dice, en efecto, el salmo segundo, enunciando la pasión de Cristo: “Servid a Yahvé con temor y regocijaos en estremecimiento ante él” (Sal 2:11 LXX). “Regocijaos,” por el Señor que ha resucitado, pero “en estremecimiento” por causa del terremoto y del ángel que apareció con el fulgor de un relámpago.


Jesús resucita, aunque el sepulcro estaba sellado y vigilado

         14. Los príncipes de los sacerdotes y los fariseos sellaron el sepulcro tras advertírselo a Pilato, pero las mujeres vieron al Resucitado. E Isaías, que conocía, por una parte, la futilidad de los sumos sacerdotes y, de otro lado, la fortaleza de fe de las mujeres, dice: “Mujeres, que venís de la visión, daos prisa, pues no hay un pueblo que tenga inteligencia” (Is 27:11 LXX). Los sumos sacerdotes están desprovistos de inteligencia, y las mujeres están mirando con sus mismos ojos19. Y cuando fueron a aquellos los soldados comunicándoles todo lo que había sucedido (Mt 28:11), les advirtieron: “Decid: “Sus discípulos vinieron de noche y lo robaron mientras nosotros dormíamos” (28:13). Correctamente lo predijo esto también Isaías hablando como por ellos: “Habladnos cosas halagüeñas, contemplad ilusiones” (Is 30:11). Pero él ha resucitado y se ha alzado, mas ellos con donativos en dinero sobornan a los soldados (28:15). Pero los soldados no necesitan convencer ahora a los actuales emperadores. Pues los soldados de entonces traicionaron a la verdad con dinero, pero los actuales emperadores edificaron esta santa Iglesia de la Resurrección de Dios Salvador, en la cual estamos y a la que embellecieron con plata y oro, ornamentándola basándose en altares también con oro, plata y piedras preciosas. “Y si la cosa llega a oídos del procurador, nosotros le convenceremos y os evitaremos complicación” (Mt 28:14). A él le persuadieron, pero no al mundo entero. ¿Y cómo es que, al salir Pedro de la cárcel, fueron condenados sus guardianes (Hech 12:19), mientras que no sufrieron castigo los que custodiaban a Jesús? En realidad, la pena a aquellos les fue impuesta por Herodes, pues no tenían excusa por ignorancia, pero estos otros, que supieron la verdad y la ocultaron por dinero, fueron respetados por los sumos sacerdotes (cf. Mt 28:15). Unos pocos judíos creyeron entonces la fábula, pero en la verdad creyó el orbe entero. Los que ocultaron la verdad quedaron sepultados en el olvido, pero los que la acogieron aparecieron a la luz pública movidos por la fuerza del Salvador. Este no sólo se alzó de entre los muertos, sino que llevó consigo también a otros muertos, de cuya persona dice claramente el profeta Oseas: “Dentro de dos días nos dará la vida, al tercer día nos hará resurgir y en su presencia viviremos” (Os 6:2)20.



Los apóstoles, testigos de la resurrección, son también hebreos

         15. Al no convencer las Sagradas Escrituras a los judíos, que no obedecen, y al contradecir ellos mismos la resurrección de Jesús, lo mejor sería hablarles así: ¿Por qué, mientras afirmáis que Eliseo y Elías han resucitado a muertos (cf. 2 Re 4:20 se; 1 Re 17:17-24) os obcecáis en contra de la resurrección de nuestro Salvador? ¿O es que a los que actualmente vivimos no nos valen los testigos de entonces? Buscad, pues, vosotros testigos de aquella época21. Si lo de aquella época está escrito, también esto está escrito. ¿Por qué aceptáis una de las cosas y rechazáis la otra? los hebreos pusieron por escrito aquellos hechos anteriores. Pero todos los apóstoles fueron también hebreos. ¿Por qué, si son judíos, no les creéis? Mateo, al escribir su evangelio, lo hizo en lengua hebrea22. Pablo, el predicador era “hebreo e hijo de hebreos” (Flp 3:5). Y los doce apóstoles eran todos hebreos. Posteriormente, los quince obispos de Jerusalén han sido, en sucesión ininterrumpida, también todos hebreos. ¿Por qué razón, pues, mientras admitís lo vuestro, creéis que se ha de rechazar lo nuestro, que ha sido puesto por escrito por hebreos de vuestra raza?


La resurrección de Jesús es mayor milagro que las obradas por Ellas y Eliseo

         16. Pero es imposible, dirá alguno, resucitar muertos. Pero Eliseo obró una y otra vez resurrecciones, tanto estando en vida (2 Re 4:20 ss) como después de su muerte (2 Re 13:21). Si creemos que un cadáver arrojado al suelo resucitó al contacto con Eliseo, que yacía allí muerto ¿no resucitó Cristo de entre los muertos? Además, resucitó aquel que estaba muerto y tocó a Eliseo, pero el que lo hizo alzarse permaneció, sin embargo, muerto, como ya estaba antes. Pero el muerto del que nosotros hablamos resucitó y resucitaron otros muchos muertos que a él ni siquiera le habían tocado: “Muchos cuerpos de santos difuntos resucitaron. Y, saliendo de los sepulcros después de la resurrección de él, entraron en la Ciudad Santa — claramente se trata de la ciudad en la que estamos23 — y se aparecieron a muchos” (Mt 27:52-53). Eliseo hizo ciertamente resucitar a un muerto, pero no consiguió dominar el orbe; Elías resucitó a un muerto, pero los demonios no se sometieron en nombre de Elías. Sin embargo, no hacemos de menos a los profetas, sino que celebramos con mayor magnificencia a quien es Señor de ellos. En realidad, no ensalzamos lo nuestro empequeñeciendo aquello, pues también aquello es nuestro. Más bien conciliamos la fe en lo nuestro con las cosas de ellos24.


Jonás, imagen de la muerte y resurrección de Jesús

         17. Pero dicen insistentemente: Es un muerto recientemente difunto que ha sido resucitado por un vivo, pero mostradnos que es posible que resucite un muerto de tres días y que sea llamado de nuevo a la vida un hombre que esté ya tres días sepultado. Pero, si buscamos una tal prueba, nos la suministra el Señor Jesús en los evangelios al decir: “Porque de la misma manera que Jonás estuvo en el vientre del cetáceo tres días y tres noches, así también el Hijo del hombre estará en el seno de la tierra tres días y tres noches” (Mt 12:40; cf.Jon 2:1). Y cuando indagamos con cuidado la historia de Jonás, es grande la semejanza con lo nuestro. Jesús fue enviado a predicar la conversión: también Jonás (1:2 es) fue enviado (a lo mismo). Pero éste, al no saber el futuro, huye: aquél, en cambio, accedió a anunciar la penitencia de salvación. Jonás dormía en la nave, y lo hacía profundamente (1:5) mientras el mar estaba encrespado por la tempestad: también, cuando Jesús se encontraba durmiendo, se encrespó el mar por determinados designios (Mt 8:24-25), para que después se reconociese el poder del que estaba durmiendo (8:27). Aquellos decían: “¿Qué haces aquí dormido? ¡Levántate e invoca a tu Dios! Quizás Dios se preocupe de nosotros y no perezcamos” (Jon 1:6). Y aquí dicen al Señor: “¡Señor, sálvanos!” (Mt 8:25). Allí decían: “¡Invoca a tu Dios!” Y aquí; “¡sálvanos!” Aquél dice: “Agarradme y tiradme al mar, y el mar se os calmará” (Jn 1:12). Este, “increpó a los vientos y al mar, y sobrevino una gran bonanza” (Mt 8:26). Aquél fue a parar al vientre de la ballena (Jon 2:1), pero éste descendió por su propia voluntad al lugar donde la muerte tragaba a los hombres. Descendió voluntariamente para que la muerte vomitase a aquellos que se había tragado, según aquello que está escrito: “De la garra del sheol los libraré, de la muerte los rescataré” (Os 13:14).

         18. Llegados a esta parte del discurso, consideremos si es más difícil que un hombre sepultado salga del suelo. ¿O acaso no se deshace y se corrompe un hombre en el vientre de un cetáceo, tragado en las vísceras cálidas de un ser vivo? ¿Quién ignora que es tanto el calor que hay en el vientre que deshace incluso los huesos que se devoran? Y Jonás, tras habitar tres días y otras tantas noches en el vientre de la ballena, ¿no estaría corrompido y deshecho? Siendo idéntica la naturaleza de todos los hombres, y no pudiendo vivir sin respirar el aire, ¿cómo pudo vivir tres días sin él? Responden los judíos y dicen: Juntamente con Jonás, cuando se agitaba en el sheol, descendió el poder de Dios. Dios daba así vida a su siervo otorgándole su poder. ¿Y no podía Dios darse ese poder a sí mismo? Si aquello era creíble, también esto lo es; y si esto no se puede creer, tampoco aquello. A mí ambas cosas me parecen igualmente creíbles. Creo que Jonás fue protegido, pues “para Dios todo es posible” (Mt 19:26). También creo que Cristo resucitó de entre los muertos. Tengo múltiples testimonios de esta realidad, tanto de las Sagradas Escrituras como del mismo Resucitado, todos válidos hasta el día de hoy: el que descendió a los infiernos solo volvió acompañado de muchos25, pues descendió a la muerte y muchos cuerpos de los santos que habían muerto fueron resucitados por él (Mt 27:52).


En el abismo, la victoria sobre la muerte

         19. La muerte quedó aterrorizada al ver que descendía al infierno alguien distinto que no estaba sujeto por las cadenas de este lugar (cf. Hech 2:24). ¿Por qué razón, guardianes del infierno, os llenasteis de pavor al verlo? (cf. Job 38:17 LXX). ¿Os invadió un temor descarado? Huyó la muerte y esa fuga delataba su temor. Acudieron los santos profetas. Moisés el legislador, Abraham, Isaac y Jacob, David y Samuel, Isaías y Juan Bautista, que dice y testifica: “¿Eres tu el que ha de venir, o debemos esperar a otro?” (Mt 11:3). Han sido redimidos todos los santos que la muerte se había tragado. Lo que debía ser es que el Rey que había sido predicado fuese en realidad el libertador de los mejores augurios. Por eso ha dicho alguno entre los justos: “¿Dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón?” (1 Cor 15:55). Es el autor de la victoria el que nos ha liberado26.


Más datos sobre Jonás como imagen de Cristo muerto y resucitado

         20. Jonás fue figura de este nuestro Salvador orando desde el vientre del cetáceo diciendo: “Desde mi angustia clamé a Yahvé y él me respondió: desde el seno del sheol grité, y tu oíste mi voz” (Jan 2:3). Estaba en el interior de la ballena, pero dice que estaba en el infierno: era figura de Cristo, que en su momento habría de descender a los infiernos27. Y poco después, hablando proféticamente con toda claridad acerca de la persona de Cristo, dice; “A las raíces de los montes descendí” (2:7). ¿De qué montes hablas si estás en el vientre de la ballena? Es que sé -dice- que soy imagen de aquél que será colocado en el sepulcro excavado en piedra. Cuando Jonás se encontraba en el mar, dice: “Descendí a la tierra” (2:7 LXX), siendo así imagen de Cristo, que descendió hasta las entrañas de la tierra (Mt 12:39-40)28. Previó también el fraude de los judíos induciendo a los soldados a mentir y diciéndoles: “Decid que lo robaron” (cf. Mt 28:13). Lo previó diciendo: “Observando cosas vanas y falsas, abandonan la misericordia para con ellos” (Jan 2:9, mejor LXX). De hecho, vino quien se compadecía de ellos, y fue crucificado y resucitó tras haber dado el don de su preciosa sangre en favor de judíos y gentiles. Ellos, sin embargo, dicen: “Decid que lo robaron,” haciendo así observancia de cosas vanas y de falsedades. De su resurrección dice también Isaías: “El que sacó de entre los muertos al gran pastor de las ovejas, en la sangre de una alianza eterna” (Is 63:11)29. Añadió lo de “grande” para que no fuese contado entre los pastores de la categoría de los anteriores.


Las apariciones del Resucitado

         21. Con todos estos datos proféticos, despiértese en nosotros la fe. Caigan los que caen por infidelidad según su capricho. Tú, en cambio, te has mantenido firme sobre la roca de la fe en la resurrección: que ningún hereje te arrastre nunca a infamar la resurrección. Pues, hasta el día de hoy, los maniqueos dicen que la resurrección del Salvador fue simulada y no verdadera. Tenemos, además, a Pablo, que escribe30: “Nacido del linaje de David según la carne” (Rm 1:3); y continúa: “...por su resurrección de entre los muertos” (1:4)31. Y, por otra parte, dirige contra ellos sus palabras diciendo: “No digas en tu corazón “¿quién subirá al cielo?” es decir: para hacer bajar a Cristo; o bien: “¿quien bajará al abismo?” es decir: para hacer subir a Cristo de entre los muertos” (Rm 10:6-7). Igualmente, en otro lugar, previniéndonos, escribe: “Acuérdate de Jesucristo, resucitado de entre los muertos” (2 Tim 2:8). Y también: “Y si no resucitó Cristo, vacía es nuestra predicación, vacía también vuestra fe. Y somos convictos de falsos testigos de Dios porque hemos atestiguado contra Dios que resucitó a Cristo, a quien no resucitó” (1 Cor 15:14-15). Y, en lo que sigue dice: “¡Pero no! Cristo resucitó de entre los muertos como primicias de los que durmieron” (15:20). “Se apareció a Cefas y luego a los Doce” (15:5). Si no aceptas la fe de uno sólo, tienes ahí doce testigos. “Después se aparecidas a más de quinientos hermanos a la vez” (15:6). Si a aquellos doce tampoco les creían, que hagan caso a estos quinientos. “Luego se apareció a Santiago” (15:7), su hermano33, primer obispo de esta parroquia34. Si este obispo tan importante vio a Jesucristo resucitado, no reniegues de la fe tú que eres discípulo suyo. Pero si dices que Santiago dio testimonio por ser hermano suyo, “en último término se me apareció también a mí” (15:8), Pablo, su enemigo. ¿Cómo poner en duda el testimonio de uno que ha sido su enemigo y ahora lo anuncia? Antes fui perseguidor (cf. I Tim 1:13) y ahora anuncio la resurrección.


Personas y objetos materiales, testigos de la resurrección

         22. Muchos son los testigos de la resurrección del Salvador. Era la noche y había luna llena, la decimosexta noche35. La roca del sepulcro que acogió a Cristo y la piedra que resistió en su cara a los judíos: esa piedra vio al Señor, la piedra que fue removida de su sitio (Mt 28:2), ella da testimonio de la resurrección estando allí tirada hasta el día de hoy. Los ángeles de Dios, allí presentes, dieron testimonio de la resurrección del Unigénito (Lc 24:4 ss). Pedro y Juan, Tomás y todos los demás apóstoles, algunos de los cuales corrieron hasta el sepulcro (Jn 20:4) y vieron los lienzos de la sepultura en los que había estado envuelto y que habían quedado allí después de la resurrección (20:6-7). Otros tocaron sus manos y sus pies y contemplaron las señales de los clavos (20:27). Y todos recibieron a la vez el soplo del Salvador y la potestad de perdonar los pecados en virtud del Espíritu Santo (20:22-23). Las mujeres que se asieron a sus pies observaron la magnitud del terremoto y el fulgor del ángel que allí estaba (28:2-5), así como los lienzos que le envolvían y que, al resucitar, abandonó allí. Son testigos también los soldados y el dinero que se les dio (Mt 28:15), el lugar, que todavía puede verse, y el santo edificio de esta Iglesia, edificada, por amor a Cristo, por el emperador Constantino, de feliz memoria, y que, como ves, está tan embellecida.



Otros testimonios de la resurrección y la ascensión

         23. También la que fue resucitada en su nombre, Tabita, es testigo de la resurrección (cf. Hech 9:40). Pues, ¿quién dejará de creer en la resurrección de Cristo, cuando su mismo nombre hizo resucitar a muertos? También el mar, como ya oíste36, es testigo de la resurrección de Jesús. Testigos son la captura de los peces, las brasas encendidas y las viandas preparadas (Jn 21:6-9). También da testimonio Pedro, que antes le había negado tres veces, pero después le confesó otras tres veces, recibiendo el encargo de apacentar las ovejas espirituales (21:15-17). Hasta el día de hoy existe el Monte de los Olivos, que muestra a los ojos de los fieles quién es el que ascendió sobre la nube y que es la puerta de la ascensión a los cielos. En Belén había descendido de los cielos, pero ascendió a los cielos desde el monte de los Olivos. Desde allí vino hasta los hombres para entablar su combate y es aquí donde es coronado tras su lucha. Tienes, pues, numerosos testigos, tienes este mismo lugar de la resurrección y tienes el lugar de la ascensión, situado, desde nuestra posición, al Oriente. Tienes como testigos a los ángeles que allí testificaron y a la nube que se elevó. Y asimismo a los discípulos que desde allí bajaron (cf. Hech 1:9-12).


La ascensión37

         24. El ordenamiento de la doctrina de la fe ya nos advertía de que habláramos también sobre la ascensión, pero la gracia de Dios dispuso las cosas de manera que ayer, que era domingo, oyeses, en la medida de nuestras fuerzas, hablar de esto. Fue porque, por gracia de Dios, las lecturas de la reunión litúrgica contenían lo referente a la ascensión de nuestro Salvador a los cielos. Lo que dijimos fue de cara a todas las personas y por causa de la multitud de fieles reunidos. Pero, sobre todo, ayer hablamos de esto pensando en ti. Queremos ver ahora si atendiste a lo que se dijo. Pues sabes que la fe enseña que creas en aquel “que resucitó al tercer día, y ascendió a los cielos y está sentado a la derecha del Padre.” Creo que recordarás lo que expusimos, aunque, sin demasiada insistencia, te haré memoria de lo que dijimos. Acuérdate de que en los Salmos está escrito claramente; “Sube Dios entre aclamaciones” (Sal 47:6). Las Potestades divinas clamaban unas a otras: “Puertas, levantad vuestros dinteles” (Sal 24:7), etc. Téngase en la mente el otro salmo: “Tú has subido a la altura, conduciendo cautivos” (Sal 68:19)33. Y acuérdate del profeta, que dice: “El que edifica en los cielos sus aletas moradas” (Am 9:6). Y todas las demás cosas que ayer se dijeron a causa de las contradicciones de los judíos.


Argumentos a favor de la posibilidad de la Ascensión

         25. Pues cuando se han opuesto, juzgándola imposible, a la ascensión del Salvador, acuérdate de lo que se dice de la traslación de Habacuc (Dan 14:33-39). Pues si Habacuc fue transportado por el ángel cogiéndolo por los pelos de la cabeza, mucho más el Señor de los profetas y de los ángeles, subiendo en una nube desde el Monte de los Olivos, pudo preparar su ida a los cielos y por su propio poder. Retén también en tu mente otras cosas semejantes, teniendo en cuenta que la grandeza es del Señor, que hace tales maravillas: aquellos eran llevados y éste es el que “todo lo sostiene” (cf. Hebr 1:3). Recuerdas que Henoc fue trasladado (Gén 5:24), pera Jesús ascendió. Recuerda las cosas que ayer se dijeron de Elías: que Elías fue tomado en un carro de fuego (2 Re 2:11), pero el carro de Cristo fueron “los carros de Dios, por millares de miríadas”; y que Elías fue tomado al Este del Jordán (2:11-15) mientras que Cristo ascendió al Este del torrente Cedrón; que aquél ascendió “como hacia el cielo” (2 Re 2:11 LXX) pero Jesús lo hizo “al cielo”; y que el primero había dicho a su discípulo que le daría dos partes de su espíritu39, pero Cristo ha concedido a sus discípulos una participación tan grande en la gracia del Espíritu Santo que no lo posean sólo para ellos, sino que también por la imposición de las manos lo otorguen a los que creen en él (Hech 8:14-17).


La gloria supereminente de Cristo

         26. Cuando hayas luchado contra los judíos y los hayas vencido con estas comparaciones, acércate entonces a la supereminente gloria del Salvador: mientras ellos son siervos, él es Hijo de Dios. Verás cuánto sobresale él al pensar que el Siervo de Cristo40 fue llevado hasta el tercer cielo. Pues si Elías llegó hasta el primer cielo y Pablo hasta el tercero (2 Cor 12:2)41, es evidente que este último consiguió una mayor dignidad. No te avergüences de tus apóstoles. No son menos dignos que Moisés ni inferiores a los profetas, sino que son buenos con los buenos y mejores que los buenos. Pues Elías fue verdaderamente tomado al cielo, pero Pedro tiene las llaves del reino de los cielos después de oír aquello: “Todo lo que desatares sobre la tierra, quedará desatado en los cielos” (Mt 16:19). Elías fue llevado al cielo, pero Pablo al cielo y al paraíso (era bueno que los discípulos de Jesús recibiesen una gracia más abundante): “Oyó palabras inefables que el hombre no puede pronunciar (2 Cor 12:4). Pero Pablo descendió de nuevo, y no porque fuese indigno de habitar en el tercer cielo, sino — tras recibir unos dones que superan la condición humana — abandonando aquel honor y tras anunciar a Cristo, para sufrir la muerte por él y conseguir la corona del martirio. El resto de esta argumentación, que ayer sostuve en la asamblea dominical, lo he pasado ahora por alto, pues para unos oyentes con inteligencia basta esta sola mención.


El Hijo está sentado desde la eternidad junto al Padre

         27. Acuérdate también de las cosas que muchas veces he dicho sobre el Hijo sentado a la derecha del Padre. Es lo que se contiene en la secuencia de las afirmaciones de la fe: “ascendió a los cielos y está sentado a la derecha del Padre.” No nos preguntemos tanto por la “razón” de este estar sentado, pues supera nuestra inteligencia. Ni nos apoyemos en aquellos que perversamente sostienen que, después de la cruz, la resurrección y la vuelta a los cielos, entonces comenzó el Hijo a estar sentado a la derecha del Padre. Pues “sentarse” no fue para él una adquisición, sino que está sentado junto al Padre por aquello que es42. El profeta Isaías, al contemplar este trono antes de la venida en carne del Salvador, afirma: “Vi al Señor sentado en un trono excelso y elevado,” etc. (6:1). Pues al Padre “nadie lo ha visto jamás” (Jn 1:18; cf. I Tim 6:16)43. A quien el profeta vio entonces era el Hijo. Y el salmista dice: “Desde el principio tu trono está fijado, desde siempre existes tú” (Sal 93:2)44. Como hay muchos testimonios de todo esto (el trono es evidentemente eterno) baste, por lo avanzado de la hora, con lo dicho.


Importancia de Sal 110:1: “Dijo el Señor a mi Señor....” Otros testimonios

         28. Intentaremos resumiros algunas de las cosas dichas sobre este tema de que el Hijo está sentado a la derecha del Padre. El Salmo 110 dice abiertamente: “Dice el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, hasta que ponga a tus enemigos como escabel de tus pies” (110:1). Cuando el Salvador confirma esto en los evangelios, señala que David no dijo estas cosas por sí mismo, sino que lo dijo por inspiración del Espíritu de Dios. Lo dice (Jesús) con estas palabras: “Pues ¿cómo David, movido por el Espíritu, le llama Señor, cuando dice: “Dijo el Señor a mi Señor, siéntate a mi diestra...” (Mt 22:43-44). Y en los Hechos de los Apóstoles, el día de Pentecostés, estando en pie Pedro con los once, y hablando a los israelitas, recuerda con las mismas palabras este testimonio del salmo 110 (Hech 2:34).

         29. Hay que traer también a la memoria algunos otros testimonios semejantes sobre el estar sentado el Hijo a la derecha del Padre. En el evangelio según San Mateo está escrito: “Os declaro que a partir de ahora veréis al Hijo del hombre sentado a la diestra del Poder...” (Mt 26:64). El apóstol Pedro escribe cosas acordes con esto, al mencionar: “...por medio de la Resurrección de Jesucristo, que, habiendo ido al cielo, está a la diestra de Dios...” (1 Pe 3:21,22). Y el apóstol Pablo escribe a los Romanos diciendo: “Cristo Jesús, el que murió; más aún el que resucitó, el que está a la derecha de Dios...” (Rm 8:34). Y, escribiendo a los Efesios, se expresa de este modo: “...conforme a la eficacia de su fuerza poderosa, que desplegó en Cristo, resucitándolo de entre los muertos y sentándolo a su diestra en los cielos” (Ef 1:19-20), además de lo que sigue. A los Colosenses les instruía de este modo: “Así pues, si habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la derecha de Dios.” Y en la epístola a los Hebreos dice: “Después de llevar a cabo la purificación de los pecados, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas” (Hebr 1:3). Y por otra parte: “¿A qué ángel dijo alguna vez: “Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por escabel de tus pies” (1,13; cf. Sal 110:1). Además: “El, por el contrario, habiendo ofrecido por los pecados un sólo sacrificio, se sentó a la diestra de Dios para siempre45, esperando desde entonces hasta que sus enemigos sean puestos por escabel de sus pies” (Hebr 10:12-13)46. Y de nuevo: “Fijos los ojos en Jesús, el que inicia y consuma la fe, el cual, en lugar del gozo que se le proponía, soportó la cruz sin miedo a la ignominia, y está sentado a la diestra del trono de Dios” (12:2).


Conclusión: esperamos a Cristo

         30. Y aunque hay otros muchísimos testimonios acerca de que el Unigénito está sentado a la derecha de Dios, estos nos son suficientes en este momento. Pero repetimos de nuevo la advertencias47 de que no ha conseguido esta prerrogativa de “estar sentado” tras su venida en la carne, sino que antes de todos los siglos el Hijo unigénito de Dios, nuestro Señor Jesucristo, posee desde la eternidad este trono a la derecha del Padre. Y el mismo Dios de todas las cosas, Padre de Cristo, y nuestro Señor Jesucristo, que descendió y ascendió (cf. Ef4:10)48 y está sentado junto al Padre, guarden vuestras almas; conserven inconmovible e inmutable vuestra esperanza en aquel que resucitó; que os levanten de vuestros pecados ya muertos hasta su don celestial; os hagan dignos de que seáis “arrebatados en nubes... al encuentro del Señor en los aires” (cf. I Tes 4:17) en el tiempo oportuno. Y mientras llega el tiempo de su segunda y gloriosa venida, inscriba los nombres de todos vosotros en el libro de los vivos sin que nunca borre después lo escrito una vez (son borrados los nombres de muchos que caen) (cf. Apoc 3:5 con Sal 69:29). Os conceda a todos vosotros creer en el que resucitó, y esperar al que bajó y de nuevo volverá sentado en lo alto (pero no vendrá de la tierra: protégete a ti mismo, oh hombre, de los impostores que habrán de sobrevenir). El está aquí junto a nosotros, fortaleciendo las actitudes de cada uno y la firmeza de su fe. Pues no debes pensar que lo que ahora no está presente en carne está por ello ausente en espíritu (cf. Col 2:5). Está aquí en medio oyendo lo que se dice de él y viendo lo que piensas en tu interior, escrutando corazones y entrañas (cf. Sal 7:11,20: Apoc 2:23). Los que ahora estén preparados acérquense al bautismo, y todos vosotros presentaos al Padre en el Espíritu Santo y decid: “Aquí estamos yo y los hijos que Dios me ha dado” (Is 8:18; cf. Hebr 2:13). A él sea la gloria por los siglos. Amén.


1. El tema de la catequesis es la resurrección de Jesucristo. Sólo al final, muy brevemente, se tocan la ascensión y el “está sentado a la derecha del Padre.” En general, la presente catequesis tiene un marcadísimo carácter apologético frente a los judíos, pero también frente a maniqueos y otros. De ahí se explica la insistencia en numerosos detalles relativos a personas, lugares, momentos y otras circunstancias. Para un lector actual es muy importante atender a la concepción cristiana del hombre que explícita o implícitamente se deriva de las palabras de Cirilo. Diversas cuestiones se irán comentando en las notas al texto. PG 33,823 VII, de cuenta de los códices utilizados.

2. Is 66:10 y su contexto se refieren primariamente a Jerusalén, dentro de un tono apocalíptico que sugiere claras actitudes de alegría y esperanza. Naturalmente, todo esto tiene mucho más sentido desde la realidad de la resurrección de Jesucristo.

3. El fuerte carácter apologético de la catequesis, señalado en la nota I, es también una defensa de carácter bastante positivo: se intenta defender, muy especialmente frente a los judíos, la realidad de Jesucristo resucitado, pero la impresión que el lector recibe no es simplemente la de que se está a la defensiva como quien está asediado por multitud de razonamientos en contra. Más bien se trata, en conjunto, de un imponente muestrario de textos bíblicos. El objetivo no es un cosido artificioso de unos textos con otros, sino hacer ver que múltiples estratos de la Escritura apuntan hacia la resurrección de Cristo, incluso en detalles nimios. Es algo parecido a lo que, por ejemplo, pretende el evangelio de Mateo cuando tantas veces señala aquello de “para que se cumpliese lo dicho por la Escritura” (o se dice lo mismo con otras expresiones semejantes). En último término, subyace aquí también la idea general -en este caso moviéndose, sin embargo, en el ámbito de la resurrección- de que la EscrItura encuentra su cumplimiento y su plenitud en Cristo, en quien todas las afirmaciones bíblicas se llenan de sentido.

4. Cat. 13, núm. 34.

5. La versión de los LXX favorece una interpretación más centrada en el hecho de la sepultura de Jesús.

6. Posible alusión a Col 1:20: “...pacificando, mediante la sangre de su cruz, lo que hay en la tierra y en los cielos.”

7. Núm 24:9 pertenece al oráculo de Balaam, llamado por el Rey Balaq, de Moab, para maldecir a los israelitas que pasan por su territorio. La interpretación del versículo (sorprendentemente de redacción muy semejante a Gén 49:9 aunque es dificil identificar con seguridad una fuente redaccional común) la realiza Cirilo en referencia clara a la resurrección: “levantar,” “alzarse.”

8. Es decir, refiriendo Is 51:1 a la roca en que estaba excavado el sepulcro de Jesús (Mt 27:60).

9. Alusión a Jn 19:15, cuando en la acusación contra Jesús la gente grita: “No tenemos más rey que el César.” Las palabras de Sal 16:4 las interpreta Cirilo como pronunciadas por Cristo -es muy frecuente en la tradición patrística entender numerosos salmos como dichos en primer lugar por Cristo, con lo que frecuentemente adquieren un sentido profético más acentuado. Así, en este caso, al señalar los acusadores de Jesús que su rey es el César romano -cuando, en realidad, odiaban la ocupación imperial- están renegando de Jesús. Es esto lo que proféticamente habría quedado dicho en Sal 16:4.

10. La Biblia de Jerusalén comenta: “El salmista ha elegido a Yahvé. El realismo de su fe y las exigencias de su vida mística piden una intimidad indisoluble con él: necesita, pues, escapar a la muerte que le separaría de él. Sal 6:6, cf. Sal, 49:16 ss. Esperanza imprecisa aún, que preludia la fe en la resurrección....” En cuanto a Sal 16:9-10, citado en el texto, es conveniente señalar, con respecto a su interpretación profética y cristológica, la mención que de él se hace en Hech 2:25-28 dentro del primer anuncio de la resurrección que recogen los Hechos, el día de Pentecostés. Con ello, la interpretación dada del salmo viene avalada por el mismo Nuevo Testamento.

11. O “la fosa” en el texto original del salmo.

12. Cirilo tiene presente aquí la basílica de la Resurrección, que con el aspecto con que podia contemplarse en la época de las catequesis provenía del emperador Constantino, que había muerto unos diez años antes.

13. “Martyrion” o “Martyrium” es, en las antiguas catacumbas romanas, el lugar que contenía los restos de los mártires allí enterrados. El juego de palabras que hace Cirilo se explica por el sentido de mártir y martirio, que etimológicamente significan “testigo” y “testimonio.” El nombre se aplica aquí también al sepulcro de Jesús.

14. Cirilo añade aquí entre paréntesis: “pues el que entonces hablaba es el que más tarde estuvo presente.” PG 33,831, nota 87, remite a Is 52:6: “Por eso mi pueblo conocerá mi nombre en aquel día y comprenderá que yo soy el que decia: “Aquí estoy”.” Sobre esta interpretación cristocéntrica de los salmos y otros textos veterotestamentarios, cf. la anterior nota 9.

15. Puesto que antes de entrar al lugar propiamente de la sepultura, existía una antecámara o vestíbulo.

16. Marzo.

17. Cf. la comparación entre la desobediencia y la obediencia del primero y del último Adán en cat. 15, núm. 31.

18. Se refiere de nuevo al Cantar de los Cantares.

19. La frase parece estar tomada de la ya mencionada homilía de Cirilo Sobre el paralítico.

20. Probablemente el texto más claro del Nuevo Testamento sobre que Jesús, en su resurrección, “arrastró,” es decir, hizo vivir la resurrección a otros muchos con ella, es Ef 4:7-11, especialmente por la utilización que se hace de Sal 68:19:

7”A cada uno de nosotros le ha sido concedido el favor divino a la medida de los dones de Cristo

8Por eso dice: “Subiendo a la altura, llevó cautivos y dio dones a los hombres” (Sal 68:19).

9¿Qué quiere decir “subió” sino que también bajó a las regiones inferiores de la tierra?

10Este que bajó es el mismo que subió por encima de todos los cielos, para llenarlo todo.

11 El mismo ‘dió’ a unos el ser apóstoles; a otros profetas; a otros, evangelizadores; a otros, pastores y maestros....”

El descenso “a las regiones inferiores de la tierra” es el descenso a los infiernos del que ya se ha hablado. Pero aquí interesa la idea de la “subida” (vv. 9 y 10) argumentada mediante la cita de Sal 68:19, cuyo contexto histórico es otro, pero que aquí se aplica a la victoria de Cristo en: “Subiendo a la altura, llevó cautivos.” Es la idea que litúrgicamente se expresa como que “en la muerte de Cristo nuestra muerte ha sido vencida y en su resurrección hemos resucitado todos” (Prefacio Pascual, Il). Al vencer la muerte y alzarse de nuevo hasta el Padre, Cristo ha llevado libres consigo a todos los cautivos del pecado y de la muerte haciendo de ellos hombres nuevos. Es el efecto de la “justificación” del pecador (cf. Rom 4:25, que describe a Cristo como “quien fue entregado por nuestros pecados (Is 53:6), y fue resucitado para nuestra justificación.” Las ideas paulinas sobre “fe,” “resurrección,” “justificación” son plenamente pertinentes en todo este contexto para completar concepciones a veces simplemente apologéticas de la resurrección. Debe tenerse además en cuenta que la resurrección deJesús no es sólo su recuperación como “redivivo.” Se trata de un Jesús que posee un nuevo principio vital y al cual todos los cristianos están llamados a ser asociados: “...Sabiendo que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más, y que la muerte no tiene ya señorío sobre él” (Rm 6:9). El componente ético que de aquí resulta para el cristiano en la vida ordinaria es, mucho más que una consecuencia lógica, una liberación del pecado y unas actitudes éticas posibilitadas por la acción de Jesucristo resucitado en el hombre (6:11; para las explicaciones detalladas de Pablo, cf. I Cor 15).

21. La argumentación es: A nosotros nos valen los testigos de la resurrección de Jesús si a vosotros os valen los testimonios de las resurrecciones que se operaron por medio de Elías y Eliseo.

22. El original del evangelio de Mateo fue escrito en realidad en arameo. Pero ésta era la lengua usualmente hablada y utilizada en tiempos de Jesús.

23. Esta observación añadida por Cirilo da a entender que se trataba de la entrada en la ciudad de Jerusalén, aunque no, como otros han interpretado a veces, de la entrada en la Jerusalén celeste tras una resurrección definitiva.

24. Cuando la catequesis afirma que Eliseo “no consiguió dominar el orbe” o que “los demonios no se sometieron en nombre de Elías” pese a los hechos de resurrección narrados, se está implícitamente diciendo algo esencial: la resurrección de Cristo no es sólo, como ya se ha indicado, “volver a vivir.” Cf. la anterior nota 20. En este sentido, la resurrección de Jesús es cualitativamente diferente de lo que son las resurrecciones de la hija de Jairo (Mt 9:18-19, 23-26 par), del hijo de la viuda de Naim (Lc 7:11-17) o de Lázaro (Jn 11:1-44), puesto que la resurrección de Cristo es definitiva y marca el comienzo de una nueva humanidad.

25. Vid. la anterior nota 20 en lo relativo a Ef 4:7-11.

26. I Pe 3:18-22 es tal vez el texto que expresa de manera más bella que el rescate de Cristo tiene como destinatarios a los hombres de todas las épocas: “En el espíritu fue también a predicar a los espíritus encarcelados, en otro tiempo incrédulos, cuando les esperaba la paciencia de Dios” (19-20a). Los vv. 20b-21 utilizan el arca de Noé como imagen del bautismo, en el que el hombre se salva de ser engullido por las aguas de la muerte. El tema del “descenso a los infiernos” sigue así, vivo en el pensamiento de Cirilo.

27. Como añadidura a lo dicho sobre el descenso a los infiernos, cf H.U von BALTHASAR El misterio pascual en: Mysterium Salutis (eds. J. FEINER y M. LÖHRER), t. III, Madrid 2ª, 1980, 738-760 (“Entre los muertos (Sábado Santo)”).

28. Cf. las notas de la Biblia de Jerusalén a estos versículos.

29. La cita se transcribe según los Setenta, pero según también el estado de algunos códices de la catequesis (cf PG 33,849, nota 3). Por otra parte, la concordancia es así perfecta con el texto aludido a continuación, Hebr 13:20: “...el Dios de la paz que suscitó de entre los muertos a nuestro Señor Jesús, el gran Pastor de las ovejas en virtud de la sangre de una Alianza eterna.”

30. Aceca del Hijo de Dios.

31. Rom 1:3-4 es importante para una comprensión en síntesis de la realidad de Jesucristo. Habla Pablo, al comienzo de la epístola, del Evangelio “3 acerca de su Hijo, nacido del linaje de David según la carne, 4 constituido Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por su resurrección de entre los muertos.” En el contexto de la catequesis interesa subrayar aquí que la vida y la actividad ministerial de Jesús son un camino o proceso en el que él alcanza la plena manifestación de su poder como Hijo de Dios cuando llega a la Resurrección (“constituido Hijo de Dios con poder”) en la unión con “el Espiritu de santidad,” en la unidad con el cual y con el Padre tiene sentido toda su existencia, que sólo en cuanto a la debilidad creatural puede ser entendida en su humanidad (“nacido del linaje de David, según la carne”). Naturalmente esto no obsta a que el Hijo de Dios ha tenido siempre la misma dignidad por generación eterna del Padre.

32. En los momentos decisivos en que se habla de que, después de su resurrección “se apareció” Jesús a los apóstoles o a otros el verbo es “ophthe” que, por ser aoristo pasivo, se debe traducir por “fue hecho ver” y, en este caso, “se hizo ver” o “se dejó ver.” Esta ligera apreciación lingüística hace ver algo importante: la iniciativa de dejarse encontrar y, en definitiva de “aparecerse” corresponde exclusivamente al Resucitado. H.U. von BALTHASAR, utilizando palabras de H. SCHLIER (que aquí se transcribirán entre comillas) lo expresó perfectamente: “Unánimemente se habla de encuentros con el Cristo vivo. “El encuentro que viven los testigos procede de él. Ese encuentro -palabra y signo, saludo y bendición, llamada, interpelación y enseñanza, consuelo e instrucción y misión, fundación de una comunidad nueva- es puro don” (hasta aquí Schlier). Como en los encuentros humanos, entran en éste también en juego los sentidos de quienes lo viven: ven y oyen, tocan e incluso degustan... Pero el acento no recae en las experiencias sensibles, sino únicamente en el objeto. Y éste, el Cristo vivo, se muestra por sí desde sí. Este es el significado del “ophthe” que aparece en textos decisivos (I Cor 15:3 ss: cuatro veces; Lc 24:34 en el encuentro con Simón; Hech 13:31; a propósito de las apariciones a Pablo, Hech 9:17, 16:9, 21:16)” (H.U. von BALTHASAR. op. cit., en nota 27, 780).

33. Primo, pariente, próximo...

34. Naturalmente “parroquia” se refiere aquí a la sede episcopal de Jerusalén. La palabra ha pasado por sentidos de mayor o menor amplitud a lo largo de la historia de la Iglesia, especialmente en la época antigua.

35. Del mes de Nisán.

36. En esta misma catequesis, a propósito de Jonás, núms. 17-18.

37. Al comienzo del presente párrafo se menciona que la catequesis fue pronunciada el día siguiente a un domingo, en el que las lecturas reflejaron la Ascensión. Se da esto como razón de que la Ascensión sólo se mencione brevemente cuando la catequesis entra en su sección final.

38. Cf. Ef 4:8. Sobre algunas implicaciones de estos pasajes cf., anteriormente, la nota 20.

39. Según la petición de 2 Re 2:9.

40. Se refiere a San Pablo. La comparación fisica de las “alturas” de los cielos sólo se entiende desde una imagen antigua del firmamento.

41. 2 Cor 12:2 “Sé de un hombre en Cristo, el cual hace catorce años -si en el cuerpo o fuera del cuerpo no lo sé, Dios lo sabe- fue arrebatado hasta el tercer cielo....” La expresión hasta el tercer cielo significa simplemente “hasta lo más alto de los cielos” y da fe de experiencias espirituales de Pablo. Es evidente que la ascensión de Jesús debe entenderse desde otras categorías: es la vuelta al Padre, de quien Jesús nunca había dejado de estar viviendo. Recuérdese la trascendencia de la expresión Abba. Pero Jesús ha vivido en la tierra “en estado de humillación,” mientras ahora — y son expresiones de la antigua teología — entra “en estado de exaltación.” La descripción de los momentos descendente (la kenosis) y ascendente, (ascensión, exaltación, glorificación) en la persona de Jesucristo alcanza en el Nuevo Testamento uno de los momentos más brillantes en Flp 2:5-11. Cf. ibid. los vv. 9-11 en cuanto a la glorificación de Cristo.

42. De nuevo se defiende Cirilo frente a una concepción “evolutiva” de la persona de Jesucristo. Cf. la nota 31.

43. La afirmación, completa, de Jn 1:18: “A Dios nadie lo ha visto jamás; el Hijo único, que está en el seno del Padre, él lo ha contado.” Colocado este versículo, además, al final del “prólogo” del cuarto evangelio, hace ver perfectamente que el cristianismo es una concepción de Dios esencialmente cristocéntrica. El cristiano encuentra a Dios a través de Jesucristo, aunque eso no excluya otras posibilidades, a distintos niveles, de encontrar a Dios.

44. Todo el salmo puede entenderse también en sentido cristológico.

45. La expresión es equivalente al ya comentado “ephápax” (por ej. en 10,10 y, antes, en 7:27, en el contexto del valor definitivo del sacrificio de Cristo: “esto lo realizó de una vez para siempre, ofreciéndose a si mismo”). El sacrificio y la muerte de Cristo, la resurrección y la glorificación junto al Padre tras la ascensión son realidades que han sucedido “de una vez por todas” porque es definitiva la victoria de Cristo sobre la muerte.

46. Se alude una vez más a Sal 110:1, insistiendo de nuevo en su interpretación cristológica.

47. Cf. supra, núm. 27.

48. Para detalles, cf. supra, nota 20.



XV. La Segunda Venida de Cristo.

         Pronunciada en Jerusalén, sobre lo de “Y ha de venir en gloria a juzgar a vivos y muertos: su reino no tendrá fin.” Y sobre el Anticristo. La lectura es de Dan 7:9 ss: “Mientras yo contemplaba: Se aderezaron unos tronos y un Anciano se sentó...” Y más abajo: “Yo seguía contemplando en las visiones de la noche: Y he aquí que en las nubes del cielo venía como un Hijo de hombre...” (Dan 7:13) además de lo que sigue1.


Las dos venidas de Cristo2

         1. Anunciamos la venida de Cristo, pero no una sola, sino también una segunda, mucho más magnífica que la anterior. La primera llevaba consigo un significado de sufrimiento, esta otra, en cambio, llevará la diadema del reino divino. Pues casi todas las cosas son dobles en nuestro Señor Jesucristo. Doble es su nacimiento: uno, de Dios, desde toda la eternidad; otro, de la Virgen, en la plenitud de los tiempos. Es doble también su descenso: el primero, silencioso, como la lluvia sobre el vellón (Sal 72:6); el otro, manifiesto, todavía futuro.

         En la primera venida fue envuelto con fajas en el pesebre (Lc 2:7); en la segunda se revestirá de luz como vestidura (cf. Sal 104:2a). En la primera “soportó la cruz, sin miedo a la ignominia” (Hebr 12:2), en la otra vendrá glorificado y escoltado por un ejército de ángeles (cf. Mt 25:31).

         No pensamos, pues, tan sólo en la venida pasada; esperamos también la segunda. Y, habiendo proclamado en la primera: “bendito el que viene en nombre del Señor” (Mt 21:9), diremos eso mismo en la segunda (cf. Mt 23:39); y, saliendo al encuentro del Señor con los ángeles, aclamaremos adorándolo: “Bendito el que viene en nombre del Señor.” El Salvador vendrá, no para ser de nuevo juzgado, sino para llamar a su tribunal a aquellos por quienes fue llevado a juicio. Aquel que antes, mientras era juzgado, guardó silencio (Mt 27:12) refrescará la memoria de los malhechores que osaron insultarle cuando estaba en la cruz y les dirá: “Esto hiciste y yo callé” (Sal 50:21) 3.

         Entonces, por razones de su clemente providencia, vino a enseñar a los hombres con suave persuasión; en esa otra ocasión, futura, lo quieran o no, los hombres tendrán que someterse necesariamente a su reinado.

         2. De ambas venidas habla el profeta Malaquías “De pronto entrará en el santuario el Señor a quien vosotros buscáis” (Mal 3:1). He ahí la primera venida. Respecto a la otra, dice así: El mensajero de la alianza que vosotros deseáis: miradlo entrar — dice el Señor de los ejércitos — . ¿Quién podrá resistir el día de su venida? ¿Quién quedará en pie cuando aparezca? Será un fuego de fundidor, una lejía de lavandero: se sentará para fundir y purgar” (3:1-3).

         Y en las líneas que siguen dice el Salvador mismo: “Yo me acercaré a vosotros para el juicio, y seré un testigo expeditivo contra los hechiceros y contra los adúlteros, contra los que juran con mentira,” etc. (3:5). Por eso, queriendo hacernos más cautos, dice Pablo: “Si uno construye sobre este cimiento con oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, paja, la obra de cada uno quedará al descubierto; la manifestará el Día, que ha de revelarse por el fuego” (I Cor 3:12-13)4.

         Escribiendo a Tito, también Pablo habla de esas dos venidas en estos términos: “Ha aparecido la gracia de Dios que trae la salvación para todos los hombres; enseñándonos a renunciar a la impiedad y a los deseos mundanos, y a llevar ya desde ahora una vida sobria, honrada y religiosa, aguardando la dicha que esperamos: la aparición gloriosa del gran Dios y Salvador nuestro, Jesucristo” (Tit 2:11-13). Ahí expresa su primera venida, dando gracias por ella; pero también la segunda, la que esperamos.

         Por esta razón, en nuestra profesión de fe, tal como la hemos recibido por tradición, decimos que creemos en aquel “que subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin.”


La actual condición del mundo pasará

         3. Vendrá, pues, desde los cielos, nuestro Señor Jesucristo. Vendrá ciertamente hacia el fin de este mundo, en el último día, con gloria. Se realizará entonces la consumación de este mundo, y este mundo, que fue creado al principio, sera otra vez renovado. Pues ya que la corrupción, el hurto, el adulterio y toda clase de pecados se han derramado sobre la tierra y una y otra vez se derrama sangre (vid. Os 4:1-2). desaparecerá este mundo presentes con el fin de que esta morada no se llene de iniquidad y para suscitar otro más hermoso. ¿Quiéres ver una demostración de esto desde la Sagrada Escritura? Oye al profeta Isaías: “Se enrollan como un libro los cielos, y todo su ejército palidece como palidece el sarmiento de la cepa, como una hoja mustia de higuera” (Is 33:4). Y el Evangelio dice; “El sol se oscurecerá, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo” (Mt 24:29). No estemos, por tanto, apesadumbrados como si sólo nosotros tuviésemos que morir, pues también mueren las estrellas, aunque quizá resurjan de nuevo. El Señor hará que los cielos se plieguen y no para hacerlos perecer sino para hacer otros más hermosos. Escucha al profeta David cuando dice: “Desde antiguo, fundaste tú la tierra, y los cielos son obra de tus manos; ellos perecen, mas tú quedas” (Sal 102:26-27). Pero dirá alguno: abiertamente declara que perecerán. Escucha cómo dice “perecerán,” pues desde lo que dice a continuación queda claro: “Todos ellos como la ropa se desgastan, como un vestido los mudas tú, y se mudan” (102:27). De modo semejante a como se dice que el hombre perece, según aquello: “El justo perece, y no hay quien haga caso” (Is 57:1), aunque se esté esperando la resurrección. Así, esperamos también como una resurrección de los cielos. “El sol se cambiará en tinieblas y la luna en sangre” (J13:4; Hech 2:20; cf. Mt 24:29). Sépanlo los que se han convertido de los maniqueos y no hagan dioses a los astros ni tampoco piensen impíamente que Cristo habrá de perder su luz algún día. Escucha de nuevo al Señor, que dice: “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán” (Mt 24:35), pues las criaturas no son del mismo valor ni tienen el mismo destino que las palabras del Señor.


Hablaremos de lo que ha de venir y de sus signos

         4. Pasarán, por tanto, las cosas visibles y llegarán las que se esperan mejores que éstas, pero que nadie busque con curiosidad cuál será el momento. Pues dice: “No os toca a vosotros conocer el tiempo y el momento que ha fijado el Padre con su autoridad” (Hech 1:7). Ni te atrevas a determinar cuándo sucederán estas cosas ni te quedes perezosamente adormecido. Pues también dice: “Estad preparados, porque en el momento que no penséis, vendrá el Hijo del hombre” (Mt 24:44; cf. 42). Pero ya que era conveniente que conociésemos las señales de la consumación y puesto que es a Cristo a quien esperamos y para que no muriésemos decepcionados y fuésemos llevados a engaño por el Anticristo de la mentira, los apóstoles, impulsados por una moción divina y de acuerdo con los sabios designios de Dios, se acercan al verdadero Maestro y le dicen: “Dinos cuándo sucederá eso, y cuál será la señal de tu venida y del fin del mundo” (Mt 24:3). Esperamos que vengas una segunda vez, pero “Satanás se disfraza de ángel de luz” (2 Cor 11:14). Ponnos, por tanto, a nosotros a buen recaudo, para que no adoremos a otro en tu lugar. Y él, abriendo su boca divina y bienaventurada dice: “Mirad que no os engañe nadie” (Mt 24:4). También vosotros, los que ahora oís, miradlo ahora a él como si lo estuvieseis viendo con los ojos de la mente y escuchadlo como quien os está diciendo las mismas cosas: “mirad que nadie os engañe.” Estas palabras os advierten a todos a que dirijáis vuestra mente a lo que se va a decir. Pues no se trata de una historia de cosas pasadas, sino de las que han de suceder, y es una profecía de lo que con certeza sucederá. Y no es que nosotros profeticemos, pues somos indignos de ello, sino que proclamamos en esta asamblea lo que está escrito y explicamos sus señales. Tú verás qué cosas de ésas ya han tenido lugar y cuáles quedan todavía por llegar. De ese modo puedes prevenirte.


Primera señal: los falsos Mesías

         5. “Mirad que no os engañe nadie. Porque vendrán muchos usurpando mi nombre y diciendo: “yo soy el Cristo” y engañarán a muchos” (Mt 24:4-5). Estas cosas se han dado ya en parte. Pues esto ya lo dijo Simón Mago, y Menandro y otros cabezas de herejes6 enemigos de Dios. Pero también otros lo dirán en nuestra época y después de nosotros.


Guerras y desastres naturales

         6. Segunda señal: “Oiréis también hablar de guerras y de rumores de guerras” (Mt 24:56). ¿Se trata, o no, de la guerra en la época actual de los persas contra los romanos por Mesopotamia? ¿Se levanta o no, “nación contra nación y reino contra reino” (Mt 24:7)?7. “Habrá grandes terremotos, peste y hambre en diversos lugares” (Lc 21:11). Esto ya ha sucedido. Y, a su vez: “Habrá cosas espantosas y grandes señales del cielo” (iba). “Velad, pues” dice, “porque no sabéis que día vendrá vuestro Señor” (Mt 24:42).


La traición y el odio como señales del fin

         7. Pero de la venida del Señor buscamos un signo propio nuestro, de la Iglesia: es decir, propio de la Iglesia, puesto que lo buscamos los que somos de la Iglesia. Pero dice el Salvador: “Muchos se escandalizarán entonces y se traicionarán y odiarán mutuamente” (Mt 24:10). Si llegas a oír que los obispos están contra los obispos, los clérigos contra los clérigos8, y que los pueblos llegan a enfrentarse unos contra otros, no te perturbes: ya lo predijo anteriormente la Escritura. No pongas tu atención en lo que ahora sucede, sino en lo que está escrito. Y aunque yo, que te estoy instruyendo, perezca, eso no quiere decir que tú hayas de ir a la muerte conmigo, sino que es preciso que el oyente llegue a ser mejor que el maestro y que el que llega el último pase a ser el primero (cf. Mt 20:16), siendo así que el Señor recibe también a aquellos que llegan a la hora undécima (Mt 20:6-7). Y si entre los apóstoles se dio la traición, ¿te asombras de que también entre los obispos se dé un odio entre hermanos? Y esta señal no sólo es entre los jefes, sino entre las masas. Pues dice: “Y al crecer cada vez más la iniquidad, la caridad de la mayoría se enfriará” (Mt 24:12). ¿Es que acaso alguno de los presentes se gloriará de que su amistad con el prójimo es sincera y sin simulación? ¿No es muy frecuente que los labios se besen, sonría el rostro y se vea la hilaridad en los ojos, mientras en el interior se maquina el engaño y planea el mal el que habla en son de paz? (cf. Sal 28:3).



Antes del fin, el Evangelio habrá sido predicado a todas las naciones

         8. Tienes también esta señal: “Se proclamará esta Buena Nueva del Reino en el mundo entero, para dar testimonio a todas las naciones. Y entonces vendrá el fin” (Mt 24:14). Y casi todo el orbe está ya lleno de la doctrina de Cristo9.


La apostasía y el Anticristo

         9. Y, ¿qué sucederá después? Dice en lo que sigue: “Cuando veáis, pues, la abominación de la desolación anunciada por el profeta Daniel10, erigida en el Lugar Santo (el que lea que entienda)” (Mt 24:15). Y, a su vez: “Entonces, si alguno os dice: “Mirad, el Cristo está aquí o allí,” no le creáis” (Mt 24:23). El odio fraterno abre paso después al Anticristo. El diablo prepara las divisiones entre los pueblos para, cuando llegue, ser acogido más favorablemente. Que no suceda que nadie de los presentes o cualesquiera siervos11 que estén en cualquier parte se sume al enemigo. Escribiendo el apóstol Pablo acerca de esto, dio un signo claro al decir:

         Primero tiene que venir la apostasía y manifestarse el Hombre impío, el Hijo de perdición, el Adversario que se eleva sobre todo, lo que lleva el nombre de Dios o es objeto de culto, hasta el extremo de sentarse él mismo en el Santuario de Dios y proclamar que él mismo es Dios, ¿No os acordáis que ya os dije esto cuando estuve con vosotros? Vosotros sabéis qué es lo que ahora le retiene, para que se manifieste en su momento oportuno. Porque el misterio de la impiedad ya está actuando. Tan sólo con que sea quitado de en medio el que ahora le retiene, entonces se manifestará el Impío, a quien el Señor destruirá con el soplo de su boca, y aniquilará con la Manifestación de su Venida.

         La venida del Impío estará señalada por el influjo de Satanás, con toda clase de milagros, señales, prodigios engañosos, y todo tipo de maldades, que seducirán a los que se han de condenar (2 Tes 2:3b- 1 Da)12.

         Hasta aquí Pablo. Ciertamente, ahora se da la defección, pues los hombres se han apartado de la recta fe: unos afirman que el Hijo es Padre y otros que ha sido llevado a la existencia desde la nada. Y en otras épocas los herejes eran claramente perceptibles, pero ahora está la Iglesia llena de herejes ocultos. Los hombres se han apartado de la verdad y sienten el afán de novedades (cf. 2 Tim 4:3-4):

         ¿Se trata de palabras artificiosamente compuestas para persuadir? Todos escuchan dulcemente: ¿son acaso palabras para la conversión del espíritu? Todos de hecho se apartan. Muchos se han apartado de las rectas doctrinas y son más propensos a elegir el mal que a aplicarse al bien. Se trata, por consiguiente, de la apostasía, y ya hay que esperar al enemigo. En parte ya comenzó a enviar sus precursores para venir él luego dispuesto a recoger el botín. Cuida, pues, de ti mismo, oh hombre, y pon a seguro tu alma. Te conjura a ti ahora la Iglesia (2 Tim 4:1) en presencia del Dios vivo (cf. 1 Tim 6:13) y te anuncia con antelación, antes de que suceda, lo que se refiere al Anticristo. No sabemos si estas cosas han de suceder en tu tiempo o han de ser posteriores a ti, pero lo mejor es que, sabiéndolas, te prevengas.


No dejarse engañar

         10. Pero Cristo, el Hijo unigénito de Dios, no vendrá ya de la tierra. Si viniere alguien diciendo que ha aparecido en el desierto, no salgas (cf. Mt 24:26). Y si dicen: “Mirad, el Cristo está aquí o allí,” no lo creas (cf. Mt 24:23). No mires después a la tierra y a las profundidades, pues el Señor descenderá desde los cielos (cf. Hech 1:11) y no él solo, como antes, sino con una gran compañía, rodeado de una muchedumbre de innumerables ángeles (cf. Jud. 14). Tampoco de modo imperceptible como el rocío sobre el retoño (Sal 72:ó), sino resplandeciente como un relámpago. Pues él mismo dijo: “Como el relámpago sale por oriente y brilla hasta occidente, así será la venida del Hijo del Hombre” (Mt 24:27). Y además: “Verán al Hijo del hombre venir sobre las nubes del cielo con gran poder y gloría 13. El enviará a sus ángeles con sonora trompeta” (Mt 24:30-31), etc.


El Anticristo, producto del diablo

         11. Pero ya anteriormente, cuando estaba previsto que se encarnase y cuando se esperaba que Dios naciese de la Virgen, el diablo había retorcido previamente la realidad falseándola y sembrando astutamente, entre los adoradores de ídolos como falsos dioses, fábulas sobre paternidades y engendramientos. De este modo, si la falsedad ganaba terreno, la razón, según él (el diablo) pensaba, no encontraría la fe. Pues bien, cuando el verdadero Cristo venga por segunda vez, el enemigo14, aprovechándose de la expectación de los sencillos, sobre todo de los circuncisos, hará surgir un gran hombre, muy experto en las artes perversas de las hechicerías y los encantamientos15 y que usurpará la autoridad del Imperio romano dándose a sí mismo falsamente el nombre de Cristo. De ese modo engañará, mediante este nombre de Cristo, a los judíos que esperan al Ungido (es decir, Mesías y Cristo)16. También arrastrará a los gentiles con sus prodigios de magia y con sus engaños.


La llegada del Anticristo

         12. El Anticristo mencionado llegará cuando se hayan completado los días del imperio Romano17 y esté ya muy próximo el fin del mundo. Diez reyes de los Romanos se levantarán a la vez en lugares quizá diversos, pero reinando todos a la vez. Después de estos, el undécimo será el Anticristo18, que usurpará el poderío romano apoyándose en las artes de la magia. Humillará a los tres que reinaron antes de él (cf. Dan. 7:24), pero a los siete restantes los tendrá sujetos a su dominio. En un principio simulará, como si fuese instruido y prudente, clemencia, moderación y humanidad, pero engañará a los judíos a través de señales y prodigios falsos provenientes de engaños mediante la magia como si él hubiese sido esperado como el Cristo. Después se caracterizará por la crueldad y el crimen, de manera que superará en maldad a todos los injustos e impíos que le precedieron. Dirigirá su ánimo sanguinario, de inflexible dureza, inmisericorde y cambiante, contra todos, pero especialmente contra nosotros los cristianos. Pero después de tres años y tres meses en que habrá realizado sus planes, será quitado de en medio por la segunda venida gloriosa, desde los cielos, del Hijo unigénito de Dios, nuestro Señor y Salvador Jesús, el Cristo verdadero, el cual, haciendo perecer con el aliento de su boca al Anticristo, lo entregará al fuego eterno.


Más detalles sobre la llegada del Anticristo

         13. Pero esto lo enseñamos, no imaginándonoslo, sino desde las Escrituras que la Iglesia lee, y sobre todo basándonos en la profecía de Daniel que hemos leído antes, tal como el arcángel Gabriel la interpretó con estas palabras: “La cuarta bestia será un cuarto reino que habrá en la tierra, diferente de todos los reinos.” Los autores eclesiásticos nos han transmitido que se trata del Imperio romano. Pues el primero de los reinos ilustres fue el imperio de los asirios; el siguiente, el de los medos y los persas; el tercero, después de éstos, el imperio de los macedonios; el cuarto es el actual de los romanos. En lo que sigue, Gabriel hace esta interpretación: “Y los diez cuernos: de este reino saldrán diez reyes, y saldrá después de ellos otro que superará a todos los anteriores a él en males (Dan 7:24 LXX). No sólo se refiere a aquellos diez, sino a todos los que le precedieron. “Y derribará a tres reyes” (ibid.): de aquellos diez de antes, como es evidente. Pero si humilla, de aquellos diez, a tres, él reinará como el octavo. Y dice: “proferirá palabras contra el Altísimo” (Dan 7:25): será un hombre blasfemo, que no hará caso de las leyes, y que no habrá recibido de sus padres el reino, sino que se habrá adueñado del poder con las artes de la magia.



Utilizará a Satanás como instrumento de mentira

         14. Pero, ¿quién es éste o quién es el que realiza sus obras? Haznos de intérprete, Pablo. Su llegada, afirma, “estará señalada por el influjo de Satanás, con toda clase de milagros, señales, prodigios engañosos” (2 Tes 2:9). Con esto se refiere a que utilizará a Satanás como instrumento que actuará personalmente y por sí mismo. Pues, sabedor de que no habrá demora en su juicio, ya no presentará batalla por medio de sus ministros, como de costumbre, sino más abiertamente por sí mismo: “con todas las señales y prodigios engañosos.” Pues el que es “padre de la mentira” (Jn 8:44) hará ostentación de las obras de mentira mediante apariencias fingidas, de manera que las muchedumbres crean que ven que un muerto ha resucitado sin que sea verdad, o a los cojos andar y a los ciegos recibir la vista, cuando en realidad no se da ninguna de estas curaciones.


Dominará sobre el Templo

         15. Y dice a su vez: “El Adversario que se eleva sobre todo lo que lleva el nombre de Dios o es objeto de culto (2 Tes 2:4; cf. Dan 11:36 y, de nuevo, Apoc 13:1-8)19, hasta el extremo de sentarse él mismo en el Santuario de Dios” (2 Tes, ibid.). Pero ¿de qué templo se trata, puesto que aquél de los judíos ya fue destruido? ¡Desde luego no se refiere a este templo en el que estamos! ¿Por qué decimos todo esto? No se trata en realidad de que experimentemos complacencia en nosotros mismos. Pero si él20 ha de venir a los judíos como si fuera el Mesías y quiere ser adorado por los judíos para engañarlos más, hará gala de un grandísimo interés por el templo. Irá extendiendo la impresión de que es del linaje de David, el cual preparó el templo que Salomón había de construir. Pero entonces vendrá el Anticristo, y en el templo de los judíos no quedará piedra sobre piedra según el anuncio del Salvador (Mt 24:2)21, cuando hayan caído por hacerse viejos o al echarlos a tierra con el pretexto de nuevas construcciones, o al ser removidas todas las piedras por cualquier otra causa — y no me refiero a las piedras de fuera, sino a las de la estancia interior, donde estaban los querubines —, entonces vendrá aquel “con todas las señales y los portentos de la mentira.” Se pondrá en contra de todos los ídolos y, en los comienzos simulará humanidad, pero después dará muestras de fiereza sobre todo contra los santos de Dios. Pues dice: “Yo contemplaba cómo este cuerno hacía la guerra a los santos” (Dan 7:21). Y también en otro lugar: “Será aquel un tiempo de angustia como no habrá habido hasta entonces otro desde que existen las naciones” (Dan 12:1). Es una fiera terrible, un gran dragón para los hombres invencible, dispuesto a devorarlos. De él podemos decir muchas cosas basándonos en las Escrituras, aunque, ajustándonos a lo dicho, tendremos bastante de momento.


La persecución tendrá una duración y un límite

         16. Por ello, conociendo el Señor la fuerza de este adversario, concedió la venia a los piadosos diciendo: “Entonces, los que estén en Judea, huyan a los montes” (Mt 24:16). Pero si alguien se cree de una enorme fortaleza, como para luchar contra Satanás, manténgase firme (pues yo no desespero del vigor de la Iglesia) y diga: “¿Quién nos separará del amor de Cristo?..” (Rm 8:35 ss.). Pero los que somos miedosos, pongámonos a seguro y, llenos de confianza, dispongámonos a la lucha. “Porque habrá entonces una gran tribulación, cual no la hubo desde el principio del mundo hasta el presente ni volverá a haberla” (Mt 24:21; Cf. Dan 12:1). Pero gracias sean dadas a Dios, que ha limitado a pocos días la magnitud de esa aflicción. Dice, en efecto: “En atención a los elegidos se abreviarán aquellos días” (Mt 24:22). Entretanto reinará el Anticristo tres años y medio. Y esto no lo decimos tomándolo de los apócrifos, sino de Daniel. Pues dice: “Y los santos serán entregados en sus manos por un tiempo y tiempos y medio tiempo” (Dan 7:25; Apoc 12:14-22). Y un “tiempo” es un año, en el cual su venida se acercará sensiblemente. Pero “tiempos” son los dos años restantes de la impiedad. Todos ellos, reunidos, son tres años y el “medio tiempo” son seis meses23. A su vez dice Daniel esto mismo en otro lugar: “Oí... jurar... por aquel que vive eternamente: “Un tiempo, tiempos y medio tiempo” (Dan 12:7)24. Quizá también algunos25 han interpretado en este sentido lo que sigue: “Mil doscientos noventa días.” Y también esto: “Dichoso aquel que sepa esperar y alcance mil trescientos treinta y cinco días” (Dan 12:11-12). Por eso conviene ocultarse y huir, pues tal vez no terminaremos las ciudades de Israel hasta que venga el Hijo del hombre (cf. Mt 10:23).


Dios permitirá la persecución final

         17. ¿Quién será el bienaventurado que entonces sufrirá piadosamente el martirio por Cristo? Pues yo diría que los mártires de esa época estarán por encima de todos los mártires. Porque los mártires de tiempos anteriores sólo han luchado con hombres. Pero quienes vivan en la época del Anticristo saldrán a la lucha con el mismo Satanás en persona. Los reyes que entonces fueron perseguidores, entregaban a la muerte, pero no simulaban que ellos resucitasen a los muertos ni hacían ostentación de señales y prodigios aparentes. Pero éste (el Anticristo) provocará a la vez el terror y el engaño “capaces de engañar, si fuera posible, a los mismos elegidos” (Mt 24:24). Que a nadie de los que entonces vivan le venga a la mente este pensamiento: ¿Es que Cristo hizo algo más que éste? ¿Con qué poder hace (el Anticristo) estas cosas? Ciertamente, si Dios no hubiera querido, no lo habría permitido. El Apóstol te previene y avisa: “Por eso Dios les envía un poder seductor que les hace creer en la mentira” (2 Tes 2:1 1) (nótese que pone “envía” en lugar de “permite”), no para que encuentren excusa, sino “para que sean condenados” (2:12). ¿Cómo es que es así? “Todos cuantos no creyeron en la verdad,” esto es, en el Cristo verdadero, sino que “prefirieron la iniquidad,” es decir, el Anticristo. Estas cosas, sin embargo, las permite Dios, tanto en las persecuciones que aparecen en las diversas épocas como en aquel tiempo venidero. Y no porque no las pueda impedir, sino queriendo coronar — según su costumbre, a través del sufrimiento — a sus propios combatientes, del mismo modo que a sus profetas y apóstoles. De este modo, tras el esfuerzo de un breve tiempo, poseerán como herencia eterna el reino de los cielos. Como dice Daniel: “En aquel tiempo se salvará tu pueblo, todos los que se encuentren inscritos en el Libro” (Dan 12:1)25. Está claro que se refiere al Libro de la vida. “Muchos de los que duermen en el polvo de la tierra, se despertarán, unos para la vida eterna, otros para el oprobio, para el horror eterno. Los doctos brillarán como el fulgor del firmamento, y los que enseñaron a la multitud la justicia, como las estrellas, por toda la eternidad” (12:2-3).


Ultimas advertencias sobre el Anticristo

         18. Protégete, pues, hombre, a ti mismo. Sabes ya los signos del Anticristo. No los recuerdes sólo para ti, sino comunícalos también, sin envidia, a todos (cf.Sab 7:13). Si tienes un hijo según la carne, instrúyelo ya y adviértele. Y si engendraste a alguien por la catequesis27, haz que sea cauto y que no tome a un falso Mesías por verdadero. “Porque el misterio de la impiedad ya está actuando” (2 Tes 2:7). Me aterrorizan las guerras entre las naciones, me aterrorizan las escisiones de las Iglesias, me aterroriza el odio mutuo entre hermanos. Y estas cosas se mencionan, pero que no se hagan realidad en nuestros tiempos, aunque, entre tanto, seamos cautos. Y con todo esto es suficiente acerca del Anticristo.


La espera de la venida definitiva del Señor

         19. Pero levantemos la vista y esperemos al Señor, que ha de venir en las nubes desde los cielos. Entonces sonarán las trompetas de los ángeles. Los que hayan muerto en Cristo resucitarán primero, los piadosos que estén con vida serán tomados en las nubes y recibirán el premio a sus trabajos. Así serán también honrados en lo humano, ya que lucharon por encima de las fuerzas humanas. Como dice el apóstol Pablo, al escribir: “El Señor mismo, a la orden dada por la voz de un arcángel y por la trompeta de Dios, bajará del cielo, y los que murieron en Cristo resucitarán en primer lugar. Después nosotros, los que vivamos, los que quedemos, seremos arrebatados en nubes, junto con ellos, al encuentro del Señor en los aires. Y así estaremos siempre con el Señor” (I Tes 4:16-17).


Señales de la venidas28

         20. El Eclesiastés contempla esta venida del Señor y la consumación del mundo diciendo: “Alégrate, mozo, en tu juventud” (Ecl 1 1:9). Y en lo que sigue: “Aparta el mal humor de tu pecho y aleja el sufrimiento de tu carne” (11:10). “Acuérdate de tu Creador en tus días mozos, mientras no vengan los días malos... mientras no se nublen el sol y la luz, la luna y las estrellas, y retornen las nubes tras la lluvia” (12:1-2): mientras no se eche a perder el cordón de plata (se refiere al conjunto de los astros, cuyo aspecto es semejante a la plata) y se deshaga la flor de oro (con ello se hace referencia al sol por su aspecto áureo; las plantas son conocidas por sus flores, de las que salen radialmente sus pétalos). A la voz de las aves se levantarán y echarán la vista desde lo alto; se verá el pánico por los caminos. ¿Qué es lo que verán? Y entonces “verán al Hijo del hombre venir sobre las nubes del cielo” (Mt 24:30). “Y se lamentará el país, cada familia aparte” (Zac 12:12). ¿Y qué es lo que sucederá con la venida del Señor?: “Florecerá el almendro, estará grávida la langosta y perderá su sabor la alcaparra” (Ecl 12:15). Pero, como dicen los intérpretes, un almendro que florece señala que el invierno ya ha pasado. Lo que sucederá es que en aquel tiempo, tras el invierno, florecerán nuestros cuerpos como flor celestial. “Estará grávida la langosta” (revistiéndose de plumas) “y perderá su sabor la alcaparra” (es decir, los inicuos, semejantes a las espinas, serán dispersados).


Todo está predicho en la Escritura

         21. Ves cómo todo anuncia la venida del Señor y te das cuenta de cómo han conocido el sonido del pájaro. Veremos qué voz: “El Señor mismo, a la orden dada por la voz de un arcángel y por la trompeta de Dios, bajará del cielo” (1 Tes 4:16). El ángel lo proclamará y dirá a todos: “¡Salid al encuentro del Señor!”29. Y el descenso del Señor causará terror, David dice: “Viene nuestro Dios y no se callará. Delante de él, un fuego que devora, en torno a él, violenta tempestad,” etc. (Sal 50:3). Viene hasta el Padre, según lo que se ha leído de la Escritura, el Hijo del hombre entre las nubes del cielo (cf. Mt 24:30; Dan 7:13), mientras un río de fuego, por el que los hombres son probados, fluye ante él (cf. Dan 7:10). Si alguien tiene obras de oro, cobrará mayor brillo, pero si son como la paja y desprovistas de fuerza, serán abrasadas por el fuego (cf. 1 Cor 3:12-15)30. Y el Padre se sentará, “su vestidura, blanca como la nieve; los cabellos de su cabeza, puros como la lana” (Dan 7:9). Estas cosas están dichas al modo humano. ¿Por qué razón? Porque es rey de aquellos que no se han manchado con el pecado. Pues dice: “Así fueren vuestros pecados como la grana, cual la nieve blanquearán” (Is 1:18), lo cual es como un signo de los pecados perdonados como si no hubiesen sido cometidos. Vendrá el Señor desde los cielos en las nubes, él, que ascendió entre las nubes (cf. Hech 1:9-10) y el mismo que dijo: “Verán al Hijo del hombre venir sobre las nubes del cielo con gran poder y gloria” (Mt 24:30).


La última venida y la aparición de la cruz

         22. Pero ¿cuál es la señal de su venida, no sea que alguna potestad contraria se atreva a imitarlo? “Entonces -dice- aparecerá en el cielo la señal del Hijo del hombre” (Mt 24:30). Pero el signo verdadero y propio de Cristo es la cruz. El signo de una cruz luminosa precede al rey, mostrando al que anteriormente fue crucificado, para que, viéndolo quienes lo atormentaron y los judíos que con sus insidias lo acosaron, se lamenten unos contra otros (cf. Zac 12:10,12) diciendo: éste es el que fue abofeteado, aquel en cuyo rostro escupieron y a quien encadenaron, el que fue despreciado al ser crucificado. Dirán: “¿A dónde huiremos del rostro de tu cólera?” Pero, rodeados por los ejércitos angélicos, nunca podrán escapar. El signo de la cruz será el terror de los enemigos. Pero será la alegría para los amigos que en él creyeron, o bien lo anunciaron o padecieron por él. ¿Quién tendrá la dicha de ser contado entonces entre los amigos de Cristo? No despreciará a sus propios siervos un rey tan glorioso, que está acompañado por una corte de ángeles y estará sentado en el trono junto al Padre. Y para que los elegidos no sean confundidos con los enemigos, “enviará a sus ángeles con sonora trompeta y reunirán de los cuatro vientos a sus elegidos” (Mt 24:31). Si no abandonó a Lot.31, que era uno solo, ¿cómo abandonará a numerosos justos? “Venid, benditos de mi Padre” (Mt 25:312), dirá a aquellos que entonces serán transportados en carros de nubes y serán reunidos por los ángeles.


Será una liberación que no abandonará a nadie

         23. Pero dirá alguno de los que están aquí: “No estoy preparado o quizá en aquel tiempo me encuentre enfermo en el lecho” o, tal vez, “yo, mujer seré cogida en la cama.” “¿Seremos, pues, desechados?32. Ten confianza, pues el juez no tiene acepción de personas. No juzgará según la gloria humana y “no juzgará por las apariencias” (Is 11:3). No prefiere los eruditos a los incultos ni los ricos a los pobres. Aunque estés en el campo (cf. Mt 24:40), te tomarán los ángeles. No pienses que acogerá a los terratenientes y te dejará a ti, que eres labrador. Incluso aunque seas siervo o pobre, no sientas preocupación. El que tomó “condición de siervo” (Flp 2:7) no despreciará a los siervos. Aunque estés enfermo en el lecho, está escrito: “Estarán dos en un mismo lecho: uno será tomado y el otro dejado” (Lc 17:34). Aunque, forzado por la necesidad, te encuentres postrado en cama, seas hombre o mujer, y aunque tengas hijos o estés sentado junto a la muela (cf. 17:35) no pasará de largo junto a ti el que “abre a los cautivos la puerta de la dicha” (Sal 68:7). El que llevó a José desde la servidumbre y la cárcel al reino33, te conducirá también a ti, rescatado de tus aflicciones, al reino de los cielos. Sólo tienes que confiar, actuar y luchar con ardor34. Nada habrá sido para ti en vano. Se ha tenido en cuenta toda tu oración y tu recitación de los salmos, todas tus limosnas y todo tu ayuno, la pureza y la castidad de tu amor conyugal o la continencia que has asumido por Dios. En estos balances ocupan el primer lugar la virginidad y la integridades y resplandecerá, en ese caso, como ángel. Pero del mismo modo que las cosas alegres las oíste con gozo, oye también pacientemente lo contrario. Pues también se han tenido en cuenta tus robos y tu vida libertina. Se te han contado el juramento en falso, la blasfemia, el uso de los filtros mágicos, el hurto, el homicidio. Todas estas cosas te serán tenidas en cuenta si las vuelves a cometer tras el bautismo. Pues se borran las que se cometieron antes de él.


La muchedumbre de los testigos en el momento final

         24. Dice: “Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria acompañado de todos sus ángeles” (Mt 25:31). Date cuenta, oh hombre, de cómo entras en un juicio con muchísimos testigos. Se encontrará entonces presente todo el género humano. Piensa, por ejemplo, cuán numerosa es la nación romana. Piensa también en la muchedumbre de los pueblos bárbaros y en la que había hace cien años. Calcula cuántos habrán muerto desde hace mil años. Estoy pensando en mi interior en los que han existido desde Adán hasta el presente. Es una multitud ingente: sin embargo, es todavía pequeña en comparación con los ángeles. Estos son aquellas noventa y nueve ovejas (Lc 15:4), unidas al resto del género humano. Pues el número de habitantes se ha de calcular según las dimensiones de los distintos lugares. Toda la tierra no es más que como un punto en medio del cielo, y el cielo que la rodea contiene una muchedumbre de habitantes de acuerdo con sus dimensiones. Y los cielos de los cielos abarcan un número superior a todo cálculo. Está escrito: “Miles de millares le servían, miríadas de miríadas estaban en pie delante de él” (Dan 7:10; cf. Apoc 5:11)36. Y no porque la muchedumbre esté limitada a ese número, sino porque el profeta no ha sido capaz de expresar una multitud más amplia. Estará presente, pues, entonces Dios, padre de todos, con quien estará sentado Jesucristo, y a la vez estará presente el Espíritu Santo. A todos, con lo que hicimos, nos convocará la trompeta angélica. Por todo esto, ¿no conviene que actuemos ya con solicitud y con temor? Y no creas, oh hombre, que — incluso sin contar con el suplicio — es pequeño castigo el ser condenado ante tantos testigos. ¿Acaso no preferimos morir mil veces antes que ser condenados por los amigos?


El juicio final

         25. Sintamos, pues, pavor, hermanos, de modo que no nos condene Dios, el cual, para condenar, no tiene necesidad de pesquisas ni listas de agravios. No digas: era de noche cuando me di al libertinaje o cuando practiqué la magia o cuando hice cualquier otra cosa, y no había allí hombre alguno. Por tu conciencia serás juzgado entre “juicios contrapuestos de condenación o alabanza... en el día en que Dios juzgará las acciones secretas de los hombres” (Ro.” 2:15- 16). El terrible rostro del juez te forzará a decir la verdad o, más bien, te declarará convicto aunque no la confieses: pues serás resucitado teniendo a tu alrededor tus pecados o tus obras justas. Y esto lo declarará el juez mismos37 (Cristo es el que juzga: “Porque el Padre no juzga a nadie; sino que todo juicio lo ha entregado al Hijo” (Jn 5:22), no privándose de una potestad, sino juzgando a través del Hijo. Pues el Hijo juzga por voluntad del Padre, ya que no es uno el deseo del Padre y otro el del Hijo, sino que son uno e idéntico en ambos) ¿Qué dice, pues, el juez de si también tendrán, o no, que comparecer tus obras? “Serán congregadas delante de él todas las naciones” (Mt 25:32). Pues conviene que ante Cristo “toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos” (Flp 2:10; cf. Rom 14:11)38, “Separará a los unos de los otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos” (Mt 25:32). ¿Cómo hace el pastor la separación? ¿Acaso buscando en el libro quién es oveja y quién cabrito? ¿O no juzga, más bien, por lo que ve? ¿No señala la lana quién es la oveja y, en cambio, una piel áspera delata al cabrito? Así también tú, si has sido purificado de tus pecados, tus acciones serán después como pura lana (cf. Is 1:18); tu vestido permanecerá impoluto y siempre dirás: “Me he quitado mi túnica ¿cómo ponérmela de nuevo?” (Cant 5:3). Por tu vestido serás reconocido como oveja. Pero si se te encuentra velludo, a ejemplo de Esaú, que, con pelo áspero y de pensamiento retorcido, perdió por un alimento los derechos de primogénito y vendió su prerrogativa (Gén 25:29-34; cf. Hebr 12:16), serás colocado a la izquierda (cf. Mt 25:33). Pero lejos de ninguno de los presentes apartarse de la gracia o que por sus malas acciones sea puesto a la parte izquierda, con los pecadores.

         26. Es un juicio tremendo y hay verdaderamente lugar para el temor por las cosas que se anuncian como que han de seguir. Lo que se presenta es el reino de los cielos, pero está preparado un fuego eterno (Mt 25:41). Alguno dirá: “¿Cómo escaparemos del fuego? ¿Cómo entraremos en el Reino?” Responde: “Tuve hambre, y me disteis de comer” (Mt 25:35). Aprended el camino, pues no se trata ahora de una alegría, sino de que llevemos a la práctica lo que se dice. “Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; era forastero, y me acogisteis; estaba desnudo y me vestisteis; enfermo y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a verme” (35-36). Si esto haces, reinarás, pero, si lo pasas por alto, serás condenado. Comienza, pues, ahora ya a realizar estas cosas y persevera en la fe, no sea que, a ejemplo de las vírgenes necias, seas excluido por falta de aceite (25:10-12). No te confíes simplemente porque tienes la lámpara, sino tenla también encendida (Mt 5:16). Brille la luz tuya de las buenas obras ante los hombres, de modo que no sea blasfemado Cristo a causa tuya (cf. Rm 2:24). Vístete el vestido de la incorrupción39, brillando por tus buenas obras (cf. 1 Tim 2:10) y administra debidamente cualquier cosa que hubieres recibido del Señor para administrar (cf. Mt 25:14-30). ¿Se te ha confiado dinero? Adminístralo bien. ¿Se te ha otorgado una palabra de ciencia? Repártela cuidadosamente. ¿Eres capaz de llevar las almas de los oyentes a la fe? (cf. Hech 2:42). Hazlo diligentemente. Muchas son las posibilidades de administrar bien. Tanto como para que ninguno de nosotros sea arrojado a la condenación, sino que corramos con confianza al encuentro de Cristo, rey eterno, que reina por los siglos. Pues reina por los siglos el que juzga a los vivos y a los muertos después de que murió por los vivos y por los muertos. Y, como dice Pablo: “Porque Cristo murió y volvió a la vida para eso, para ser Señor de muertos y vivos” (Rm 14:9).


Su reino no tendrá fin

         27. Y si oyes a alguien que el reino de Cristo habrá de tener un final, lanza una maldición contra esta herejía. Pues se trata de la segunda cabeza del dragón (cf. Apoc 12:3), que recientemente se desarrolló en Galacia. Hubo quien se abrevió a decirte que, tras el fin del mundo, el que habría de reinar no sería Cristo, pero tampoco se atrevía a declarar que el Verbo habría salido del Padre41 y que a él habría de volver de nuevo, vomitando así (el mencionado) tales blasfemias para su propia perdición. Pues no oyó al Señor que dice: “El Hijo se queda para siempre” (Jn 8:35).42. No oyó a Gabriel, que dice: “Reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin” (Lc 1:33). Observa lo que se dice: Ahora los herejes enseñan en contra de Cristo, mientras que el arcángel Gabriel enseñó la permanencia perpetua del Salvador. ¿A quién, pues, debes mostrar más fe? ¿No es a Gabriel? Escucha este testimonio de Daniel.

         “Yo seguía contemplando en las visiones de la noche: Y he aquí que en las nubes del cielo venía como un Hijo de hombre. Se dirigió hacia el Anciano y fue llevado a su presencia. A él se le dio imperio, honor y reino, y todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieron. Su imperio es un imperio eterno, que nunca pasará, y su reino no será destruido jamás” (Dn 7:13-14).

         Esto es lo que debes aceptar y creer. Arroja lejos de ti lo herético. Pues has oído cosas muy claras acerca de que nunca tendrá fin el reino de Cristo.


Todo, en el Antiguo Testamento, apuntaba al Reino del Hijo

         28. Tienes también algo semejante en la interpretación de la piedra que se ha separado del monte sin la intervención de mano alguna (Dan 2:34), que es Cristo según la carne: “Y este reino no pasará a otro pueblo” (8:44). Y David, en una ocasión, dice: “Tu trono, oh Dios, permanece para siempre” (Sal 45:7 LXX)43. Y, en otro lugar: “Desde antiguo fundaste tú la tierra... ellos perecen, más tú quedas... Pero tú siempre el mismo, no tienen fin tus años” (Sal 102:26-28). Todo lo cual lo interpretó Pablo aplicándolo al Hijo (cf. Hebr 1:8-10)44.


Todos sus enemigos serán puestos a sus pies

         29. ¿Quieres saber cómo llegaron a semejante demencia quienes enseñan lo contrario a esto? Torcidamente leyeron lo que el Apóstol rectamente dejó escrito: “Porque debe él reinar hasta que ponga a todos sus enemigos bajo sus pies” (I Cor 15:25; cf. Sal 110:1), a lo que dicen: cuando sus enemigos hayan sido puestos bajo sus pies, ya no reinará más. Esto lo afirman de modo perverso y necio. Pues el que ya es rey antes de haber derrotado a sus enemigos ¿no lo será mucho más después de haberlos vencido?45.


Para integrarse todo con Cristo en el plan del Padre

         30. Está escrito aquello de: “Cuando hayan sido sometidas a él todas las cosas, entonces también el Hijo se someterá a Aquel que todo se lo sometió” (I Cor 15:28). Se han atrevido a decir también que esto significa que el Hijo ha decidido marcharse al Padre, pero (decís que) vosotros, los más impíos de todos, ¿permaneceréis como obras de Cristo eternamente, pero él, por quien vosotros fuisteis hechos junto con todo lo demás, desaparecerá totalmente? Esto es sin duda blasfemo. ¿Cómo le serán sometidas todas las cosas, destruidas o todavía íntegras? ¿O se dará el caso de que se conserven las cosas sometidas al Hijo, pero perecerá el Hijo, que se debe al Padre? Realmente aquel se someterá a éste46, no como si entonces empezase a ceder ante el Padre — pues desde la eternidad hace “siempre lo que le agrada a él” (Jn 8:29) — sino porque también entonces obedecerá. No será esto prestando una obediencia forzada, sino con la espontánea voluntad de someterse. Pues no es un criado, que se somete por la fuerza, sino que es Hijo que realiza las cosas porque así lo siente y por amor.


Vencidos los enemigos, no acabará el Reino de Cristo

         31. Pero preguntémosles el alcance que tiene el “hasta cuando” y el “hasta que.” Utilizando estas expresiones47, intentará como desde muy cerca, destruir el error. Al decir aquello de “hasta que ponga a sus enemigos bajo sus pies” se atrevieron a decir que ello significa su fin, que el reino eterno de Cristo tiene en realidad límites y no temieron poner con sus palabras limitaciones a su infinita potestad. Algo del mismo estilo se puede leer en el Apóstol: “Pero reinó la muerte desde Adán hasta Moisés” (Rm 5:14). ¿Acaso los hombres morían hasta entonces y nadie murió ya después de Moisés? ¿No hubo ya muerte después de la Ley? Ves que la palabra “hasta” no significa que el tiempo se acabe. Lo que Pablo quiere indicar es que, aunque Moisés fue un hombre justo y admirable, no obstante, la sentencia de muerte pronunciada contra Adán le alcanzó a él y a quienes le siguieron. Ello sucedió aunque no pecasen de un modo semejante a Adán al incumplir la prohibición de comer del árbol.


“Hasta” (1 Con 15:25) no significa que el Reino de Cristo tenga un final

         32. Oye, además, otra frase semejante: “Hasta el día de hoy, siempre que se lee a Moisés, un velo está puesto sobre sus corazones” (2 Cor 3:15). ¿Es que acaso el “hasta el día de hoy” se extenderá sólo hasta Pablo, y no más bien hasta el momento actual y hasta la consumación última? Pero Pablo dice a los Corintios: “Hasta vosotros hemos llegado con el Evangelio de Cristo”... y “esperamos, mediante el progreso de vuestra fe... extendiendo el Evangelio más allá de vosotros” (2 Cor 10:14-16). Claramente ves que el hasta no designa un tope, sino que se refiere a algo que después continúa. ¿Cómo debes entender, pues, aquello de “hasta que ponga a los enemigos”? En el mismo sentido como se expresa el mismo Pablo en otro lugar: “Exhortaos mutuamente cada día mientras dure este hoy” (Hebr 3:13), es decir, siempre y continuamente. Pues, así como no se debe hablar de un comienzo de los días de Cristo (cf. Hebr 7:3) no soportes tampoco que se hable del fin de su reino. Pues “reino eterno es su reino” (Dan 3:100 LXX)49, como está escrito.


Conclusión

         33. Y otras muchas cosas podrían decirse, basándose en la Sagrada Escritura, sobre el reino de Cristo que nunca por los siglos tendrá fin. Sobre ello tengo suficientes testimonios, pero, por lo avanzado del día, me doy por contento con lo dicho. Pero tú, que estás escuchando, adora sólo a aquel rey y evita todo error herético. Si la gracia de Dios lo permite, todo lo demás que atañe a la fe se os explicará en su momento. Y el Dios de todas las cosas os guarde, acordándoos de las señales de la consumación del mundo y sin dejaros vencer por el Anticristo. Oíste los signos del que ha de venir en su plenitud. Oíste las pruebas del verdadero Mesías, que ha de venir manifiestamente de los cielos. Huye del Mentiroso, espera al que es el Verdadero. Has sido instruido en el camino en el que, al ser juzgado, serás encontrado a su derecha (cf. Mt 25:34). “Guarda el depósito” (I Tim 6:20)50 acerca de Cristo, realizando con decoro buenas obras, para que obtengas el Reino de los cielos, manteniéndote en pie con confianza ante el juez. Por quien y con quien sea gloria a Dios con el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén,


1. El argumento de la catequesis es, pues, evidente; los cristianos esperan una segunda y definitiva venida de Cristo. Esta venida última es para el cristiano un motivo de seguridad y esperanza. El tema queda, sin embargo, siempre descentrado cuando, al interpretar de un modo inadecuadamente literal el lenguaje apocalíptico acerca de las señales precursoras del fin del mundo, se intenta -como ha sucedido a veces- explicar que en cualquier presente de la Iglesia y de la humanidad se están dando esas señales precursoras. Igualmente se hace más que problemática la identificación del “Anticristo” con el Imperio romano, y en general toda excesiva concreción de las circunstancias del fin de la historia. El deseo y la esperanza de que el Señor venga (cf. Apoc 22:20), sentimiento esencial del cristiano, no pueden convertirse en un examen de la página de sucesos más atento a comprobar lo mal que los hombres hacen las cosas que al anhelo de una renovación última en Cristo de todo lo creado.

2. Por razones de oportunidad se utiliza, en este párrafo 1, y en parte del 2 y el 3 la traducción que aparece en la edición española de la Liturgia de las horas, t. I, Madrid, Coeditores Litúrgicos, 1984, pp. 132-134 (Domingo I de Adviento). Se le han añadido sin embargo, las citas bíblicas.

3. Más exacto parecería traducir con interrogante: “Esto has hecho tú ¿y he de callarme?”

4. El contexto de este pasaje se extiende hasta I Cor 3:15; “139b Y la calidad de la obra de cada uno la probará el fuego. 14Aquel, cuya obra, construida sobre el cimiento, resista, recibirá la recompensa. 15Mas aquel cuya obra quede abrasada sufrirá el daño. El no obstante, quedará a salvo, pero como quien pasa a través del fuego.” Aunque no se refiere directamente al purgatorio, todo el pasaje de I Cor y los párrafos de la catequesis de Cirilo en los que estamos se mueven dentro del ámbito judicial, y en I Cor 3:15 se ha querido ver con frecuencia una alusión al tema del purgatorio.

5. “Este mundo presente” (ho kósmos houtos) parece hacer referencia al mundo en su actual situación, pero excluye una “desaparición” total del mundo y del universo, Cf. PG 33,874, nota 8, que de manera imprecisa relaciona la cuestión con el teólogo Orígenes.

6. Todo el episodio de Simón Mago, la admiración que despertaba su posterior conversión inicial y su actua- ción ambigua están descritos en Hech. 8:9-25. Por otra parte, históricamente son más importantes otras pretensiones nacionalistas o mesiánicas de otros personajes judíos. Hech 5:36-37 menciona los casos de Teudas y Judas el Galileo, citados también por el historiador Flavio Josefo. Ambos parecen haber actuado en los comienzos del siglo 1. Más importante es la rebelión encabezada por BarKoshebá, entre los años 132-135, que también adquirió tintes pretendidamente mesiánicos.

7. De acuerdo con lo dicho en la nota 1, y a la vista de la experiencia histórica, el cristiano actual sería muy cauto a la hora de identificar ninguna guerra con la guerra del final de la historia humana.

8. Dentro de lo compleja que ha sido siempre la historia doctrinal de la Iglesia, ya en la época de Cirilo existía una experiencia abundante de dicha complejidad. Las luchas hablan llegado a su punto culminante en la controversia arriana. Puesto que en el arrianismo es la interpretación de la realidad de la persona de Cristo lo que estuvo en juego, es posible que, teológicamente, nunca haya existido un momento de mayor gravedad en la Iglesia, quizá ni siquiera en las escisiones posteriores de Oriente y de Occidente.

9. En la práctica, la predicación del Evangelio a todas las naciones es, como señal del fin de los tiempos, mucho más dificil de concretar de lo que puede parecer a primera vista. Es evidente que el “universo mundo,” la oikouméne que Cirilo contempla y que en la época del Imperio romano se admite como tal, es mucho más limitada que lo que han dado a conocer los descubrimientos geográficos de la historia posterior. Por otra parte, los cambios de época en la civilización siempre dejan el mundo como por “explorar” y cambiar de nuevo. Por eso es necesario, una y otra vez, en distintas épocas de la historia, proceder siempre a una nueva evangelización.

10. Cf. Dan 11:31: “De su parte surgirán fuerzas armadas, profanarán el santuario-ciudadela, abolirán el sacrificio perpetuo y pondrán allí la abominación de la desolación.” Cf. 12:11. Vid. supra, cat. 4, núm. 15. Debe tenerse en cuenta que lo que es en Mateo el discurso escatológico de Jesús combina literariamente el anuncio de la ruina de Jerusalén -que, por obra del ejército romano, tuvo lugar el año 70- con el anuncio del fin de la historia humana. La Biblia de Jerusalén lo explica perfectamente en una nota general al comienzo de Mt 24.

11. Siervos del Señor.

12. Ante la dificultad, por espacio, de reseñar aquí todos los elementos que subyacen a este denso y dificil pasaje de 2 Tes, hay que remitirse de nuevo a las excelentes notas al pie de página de la Biblia deJerusalén, especialmente a 2 Tes 2:4 de la que, al menos, merece la pena destacarse que este versículo describe al “Impío” y al “Adversario” como “el adversario de Dios, decrito aquí en términos inspirados en Dn 11:36 (donde se trata de Antioco Epifanes). En la tradición cristiana, influida por Daniel, este adversario recibirá el nombre de Anticristo, cf, I Jn 2:18; 4:3; 2 Jn 7.” Todo este lenguaje, apocalíptico y misterioso, aparece con toda su fuerza en pasajes posteriores del Nuevo Testamento, como Apoc 13 (también inspirado en Dn 7) y 17:10-14. Este pasaje, unos doscientos cincuenta años anterior, como todo el Apocalipsis, a las catequesis de Cirilo, expresa, en toda su crudeza, la oposición entre la Iglesia y el mundo del Imperio romano del siglo I. Los “diez reyes” mencionados en 17:12 son interpretados posteriormente por Cirilo con una presunta y excesiva precisión. Sin embargo, de todo esto hay algo cierto y esencial, la oposición que para el cristiano siempre existirá entre la Iglesia y el espíritu del mundo, el cual también, como “la abominación de la desolación,” siempre tenderá a introducirse en aquélla.

13. El estilo apocalíptico parece estar inspirado en Dn 7:13-14:

“13 Yo seguía contemplando en las visiones de la noche:

y he aquí que en las nubes del cielo venía

como un Hijo de hombre.

Se dirigió hacia el Anciano

y fue llevado a su presencia.

14 A él se le dio imperio, honor y reino

y todos los pueblos, nacionesy lenguas le sirvieron.

Su imperio es un imperio eterno, que nunca pasará,

y su reino no será destruido jamás.”

El velado lenguaje de Daniel da a entender en la expresión “Hijo de hombre” -más allá de su sentido literalmente primario: simplemente “hombre- una concepción supereminente de éste y que se ha de manifestar en los últimos tiempos. Es decir, es la imagen del hombre que se ha de manifestar en la parusia de Cristo, en el instante de su última venida. Sin embargo, desde Jesucristo, y de un modo análogo a como ocurría por otra parte con los cantos del Siervo de Isaías, se manifiesta la que habrá de ser la realidad de la última condición humana, escatológica. Pero ello se cumple en primer lugar en Jesús, a quien se le ha de dar “imperio, honor y reino, y todos los pueblos naciones y lenguas” le habrán de servir.

14. De nuevo, el diablo.

15. Sobre esto irá dando la catequesis detalles en los núm. 12 y 14.

16. Recuérdese una vez más que “Mesías” y “Cristo” significan “Ungido.”

17. La insistencia en afirmar que el fin del mundo vendrá tras la caída del Imperio, históricamente errónea, puede interpretarse a través de lo dicho anteriormente en nota 12. Tal vez el afán de precisión se debe a una cierta admiración por muchos de los Padres de la solidez de la civilización romana. Esto es más comprensible a partir del cese de las persecuciones en el segundo decenio del siglo IV. Muy a gusto en la cultura y en la civilización clásicas parecieron encontrarse a menudo hombres de la talla de Basilio el Grande, Gregorio Nacianceno y Gregorio Niseno, en Oriente y, en Occidete, Ambrosio y Agustín.

18. El texto se mantiene todavía en una interpretación literal de Apoc 17:12 (y su contexto): “Los diez cuernos que has visto son diez reyes (cf Dan 7:24 ss.) que no han recibido aún el reino; pero recibirán con la Bestia la potestad real, sólo por una hora.” En Apoc 17:9-10, se decia mencionando las siete cabezas de la Bestia: “Son también siete reyes: cinco han caído, uno es y el otro no ha llegado aún.” A 17:9 comenta la Biblia de Jerusalén: “Siete emperadores romanos, el sexto de los cuales reina actualmente. Siete es una cifra simbólica de totalidad. Juan no se pronuncia sobre el número y la cronología de los emperadores.” Lo único que es cierto es que Cristo -en el ambiente creado por la catequesis- es, por su venida definitiva, que espera el fiel, la única esperanza segura en medio de la hostilidad del mundo pagano en la época de las persecuciones. Toda esa temática es básica en la interpretación del Apocalipsis.

19. “...sobre todo lo que lleva el nombre de Dios o es objeto de culto.” Cirilo añade aquí entre paréntesis, como en nota: “comoquiera que habrá de odiar incluso a los ídolos.”

20. El Anticristo.

21. Algunos Padres (cf. PG 33,889-890, nota 3) interpretaron la palabra de Jesús en Mt 24:2 sobre la futura ruina total del templo como si sólo fuese a cumplirse plenamente en el fin del mundo. Así se entenderían las presentes afirmaciones de la catequesis Históricamente, tras la destrucción del año 70, se produjo un nuevo expolio de las ruinas en la época de Juliano el Apóstata.

22. Es muy interesante el contexto, ya mencionado, de Apoc 12:14, que abarca todo el cap. 12, sobre la Mujer, figura de la Iglesia (y de María) y el Dragón. Todo el capitulo expresa la dificil situación de la primitiva Iglesia en medio del Imperio. A Apoc 12:15 (“Entonces el Dragón vomitó de sus fauces como un río de agua, detrás de la Mujer, para arrastrarla con su corriente”) comenta la Biblia de Jerusalén: “Satanás va a lanzar el Imperio romano, como un río, cf Is 8:7-8, para amargar a la Iglesia, cf. Apoc 13.”

23. Sobre los “tiempos” como años, cf, Dan 4:13; Apoc 11:2-3. Cf. los “tres años y seis meses” en que se cifra la duración de la sequía en tiempos de Elías (Lc 4:25 en referencia a I Re). Es como una especie de duración estándar que se atribuye a los tiempos de dificultad o de persecución.

24. El ambiente de persecución queda reflejado en el resto del versículo: “...y todas estas cosas se cumplirán cuando termine el quebrantamiento de la fuerza del Pueblo santo.” Dan 12:7 es en gran parte retomado y aplicado a la Iglesia por Apoc 10:5-7.

25. Expresamente puede hablarse de Hipólito, Jerónimo y Teodoreto (cf. PG 33,894, nota 5).

26. Se vuelve a sugerir la idea de una elección. Cf., aunque en medio de abundantes expresiones figuradas, Ex 32:32-33, Sal 69:29; Lc 10:20 Apoc 20:12. Aparte observaciones hechas anteriormente, es interesante recordar que el Vaticano II favoreció la idea de que la Iglesia es pueblo elegido de Dios. Señaló el concilio que “la Iglesia es en Cristo como un sacramento o señal e instrumento de la íntima unión con Dios y de la unidad de todo el género humano” (Const. sobre la Iglesia, núm. 1). En este mismo documento, el cap. II, Sobre el pueblo de Dios, especialmente el núm. 9 (“Nuevo pacto y nuevo pueblo”) también favorece esta idea.

27. Nueva alusión clara a que, entre los oyentes, no sólo se encuentran catecúmenos, sino también bautizados que pueden estar ejerciendo el oficio de catequistas.

28. Cirilo realiza aquí una combinación de algunos fragmentos de un poema del Eclesiastés con su propia capacidad literaria y otros versiculos de Mt y Zac para exponer las señales cósmicas de la venida del Señor. En todo esto, el hecho seguro que el cristiano aguarda es la consumación final de la historia. Las circunstancias cósmicas externas pueden ser unas u otras y, lógicamente, no pertenecen a la sustancia del mensaje. Todas las explicaciones entre paréntesis se encuentran de ese modo en el texto de la catequesis.

29. Posiblemente hay aquí, de la parábola de las diez vírgenes, una alusión a Mt 25:6: “¡Ya está aquí el novio! ¡Salid a su encuentro!”

30. Cf. anteriormente, núm. 2, nota 4.

31. El sobrino de Abraham. Tras la destrucción de Sodoma y Gomorra, ciudades en las que Lot ha pasado por momentos dificiles (cf, por ejemplo, Gén 19:4 ss.) el v. 29 menciona que Dios “puso a Lot a salvo de la catástrofe, cuando arrasó las ciudades en que Lot habitaba”

32. En estas frases, probable alusión a Lc 17:34-35.

33. La acción de Dios en José ha sido evocada en la cat. 8, núm. 4.

34. Quedarse sólo en la literalidad de las imágenes empleadas por los evangelios para describir el día final seria empobrecer el mensaje cristiano acerca de la consumación definitiva. No se trata, en efecto, de ofrecer ninguna especie de reportaje anticipado acerca de cómo se habrán de desarrollar los acontecimientos del final de la historia humana, sino de expresar un motivo de esperanza cierta en la liberación definitiva.. Por eso, en el Nuevo Testamento se emplea a menudo la palabra redención (etimológica y semánticamente “rescate”) para expresar la actuación de Dios con los justos al final de la historia humana. Cf., especialmente, Rom 8:18-25. Vid. Ef 4:30.

35 “Integridad” es, en el lenguaje ascético clásico, sinónimo de virginidad.

36. Apoc 5:11, inspirado en Daniel, se enmarca dentro de la gran liturgia en torno al Cordero degollado y triunfante, al que han sido entregados los destinos del mundo y al que se asociarán “los que vienen de la gran tribulación” y “han lavado sus túnicas y las han blanqueado con la sangre del Cordero” (7:14). Sobre todo esto, en el lenguaje que le es característico, cf Apoc 4-16. La descripción de la Jerusalén celeste, en Apoc 21-22.

37. Rompiendo un poco el hilo de la redacción, el texto de la catequesis añade en este momento, entre paréntesis y como si fuese una nota el texto que sigue.

38. Flp 2:10, en el contexto de 2:6-11, quizá tiene inmediatamente un origen litúrgico, aunque con raíz bíblica en Is 45:23.

39. Es una exhortación frecuente a los catecúmenos. Cf. PG 33,907, nota 1, que remite a las Constituciones apostólicas, a Gregorio Nacianceno y a Juan Crisóstomo.

40. Es tal vez una referencia al obispo Marcelo de Ancira, que participó en Nicea y murió a edad muy avanzada hacia el año 374. Diversos escritores eclesiásticos, sínodos y obispos lo acusaron o exculparon de subordinacionismo, sin que en Marcelo o en sus discípulos aparezcan con claridad las distinciones de personas en Dios en el sentido que después ha llegado a ser clásico. Lo de “su Reino no tendrá fin” fue añadido precisamente, en contra de los discípulos de Marcelo, en el Símbolo nicenoconstantinopolitano del 381. Cf los párrafos 29-32, con sus notas.

41. El Hijo, engendrado por el Padre antes de todos los siglos. El recto equilibrio conceptual a la hora de exponer lo que puede decirse sobre la vida intratrinitaria de Dios fue una de las máximas preocupaciones teológicas de la Iglesia del siglo IV, especialmente entre los Padres de habla griega.

42. La cita de Juan es muy interesante en su contexto, que abarca al menos 8:31-36, en que Jesús, en su discusión con los judíos -aunque aquí parece hablar propiamente “a los judíos que hablan creído en él” (8:31)- vincula su propia persona (en relación con el Padre) con su misión liberadora (31b-32).

43. Esta versión de los LXX, que también es acorde con el texto hebreo, refuerza la interpretación mesiánica del salmo ya aludida.

44. No es ninguna dificultad el hecho de que otra vez, como ha sido frecuente en la tradición eclesiástica, se atribuya a Pablo la autoría de Hebr. En cuanto al contenido, es importante la concentración cristocéntrica que, en su interpretación, realiza Hebr 1 5-14 refiriéndose a Sal 2:7; 2 Sam 7:14; Dt 32:43; Sal 97:7, 104:4; 45:7-8; 102:26-28 y 110,1. Con ello una vez más se afirma, adecuadamente, que la palabra de la Escritura en el Antiguo Testamento apunta en último término hacia Jesucristo, el Primogénito enviado al mundo (cf. Hebr 1:6 y Col 1:15 ss.)

45. En realidad, la resurrección, ascensión y parusia de Cristo (con el envio constante a la Iglesia, entre ascensión y parusía, del Espiritu) hacen entender de un modo nuevo la historia humana, cuyo sentido es: Cristo, Hijo de Dios, pero que ha estado en el origen de toda la creación (en el fondo, Jn 1:1-3 y Col 1:15-20 son complementarios) se ha sentado tras su muerte, resurrección y ascensión, en el trono junto al Padre. Lo que resta, “cuando hayan sido sometidas a él todas las cosas” (I Cor 15:28), es que también el Hijo se someta “a Aquel que todo se lo sometió” (cf. ibid.). El objetivo de la historia es, pues, Cristo y, por Cristo, al Padre. Vid. todo lo que es I Cor 15:23-28. Pero de todo esto se ha de hablar posteriormente. Cirilo aborda la cuestión ya en el próximo párrafo 30.

46. “Se someterá” es traducción exacta de “hypotaguésetai.” Cuando, en la frase anterior, se ha traducido “el Hijo, que se debe al Padre” una traducción más literal seria “el Hijo, sometido al Padre” o, mejor, “colocado bajo el Padre” (“hypotassómenos to Patri”). No debe ser esto expresión de lo que en ocasiones se ha llamado “subordinacionismo” como si el Hijo fuese un ser inferior al Padre, sino que indica que el Hijo sólo se integra “en su puesto” dentro de los designios divinos.

47. Tomadas, según se ha visto, de I Cor 15:25 y Sal 110:1.

48. El “Nacido del Padre antes de todos los siglos”

49. Según la distribución de otras versiones, Dan 3:33, en cualquier caso, parece que tras el Cántico de los tres jóvenes.

50. La idea de “depósito” es característica de las epístolas de Pablo a Timoteo y Tito. La exhortación a “guardar el depósito” expresada con unas y otras palabras (ch I Tim 1:4-6; 2 Tim 1:12-14; 2:2; 3:14; Tít. 2:1) y que es en principio de origen jurídico (puesto que el “depositario” es simplemente quien guarda y hace llegar integro a sus destinatarios lo que se le ha confiado la hace Pablo precisamente cuando siente interés de que se mantenga la obra que ha realizado a través de su predicación. Cuando Cirilo de Jerusalén cita I Tim 6:20 en un sentido semejante, manifiesta la preocupación que siempre han expresado la Iglesia y la tradición cristiana de que el cristianismo se mantenga integro y sin adulteraciones. Es el motivo por el que uno de los criterios más importantes para una renovación cristiana y eclesial es siempre la vuelta a las fuentes.



XVI. El Espíritu Santo (I).

         Pronunciada en Jerusalén sobre: “Y en el Espiritu Santo, Paráclito, que habló por los profetas.” La lectura se toma de I Cor 12:1-4: “En cuanto a los dones espirituales no quiero, hermanos, que estéis en la ignorancia....” Y, más adelante: “Hay diversidad de carismas, pero el Espiritu es el mismo” (12:4), etc. 1.


Introducción

         1. Verdaderamente necesitamos de la gracia espiritual para hablar del Espíritu Santo, aunque nunca estaremos a la altura de la cuestión, pues es imposible. Intentaremos, sin embargo, exponer con naturalidad lo que sacamos de ello en la Sagrada Escritura. En los Evangelios se habla de un gran temor cuando Cristo dice abiertamente: “Al que diga una palabra contra el Espíritu Santo, no se le perdonará ni en este mundo ni en el otro” (Mt 12:32)2. Y hay que temer seriamente que alguien, al hablar por ignorancia o por una mala entendida piedad, se gane la condenación. Cristo, juez de vivos y muertos, anunció que un hombre tal no obtendrá el perdón. Y si alguien le ofende, ¿qué esperanza le queda?


Hablaremos de lo que sobre el Espíritu Santo se dice en la Escritura

         2. Es necesario el don de la gracia de Jesucristo, tanto para que nosotros hablemos adecuadamente como para que vosotros oigáis con inteligencia. Pues la inteligencia penetrante no es necesaria sólo para los que hablan, sino también para los que oyen, de modo que no suceda que éstos oigan una cosa y torcidamente entiendan otra. Hablaremos, pues, nosotros del Espíritu Santo sólo lo que está escrito y, si algo no está escrito, que la curiosidad no nos ponga nerviosos. Es el mismo Espíritu Santo el que habló por las Escrituras: él dijo de sí mismo lo que quiso o lo que pudiéramos nosotros entender. Así pues, digamos las cosas que fueron dichas por él, pues con lo que él no dijo no nos atreveremos.


Presente ya desde antiguo, es igual en dignidad al Padre y al Hijo

         3. Hay un solo Espíritu Santo Paráclito. Y del mismo modo que hay un solo Dios Padre, y no hay un segundo Padre, y sólo un Hijo unigénito, que no tiene ningún otro hermano, así existe un solo Espíritu Santo, y no existe otro Espíritu Santo que sea igual en honor a él3. Es, por tanto, el Espíritu Santo, la máxima potestad, realidad divina e inefable. Pues vive y es racional, santificador de todas las cosas que Dios ha hecho por Cristo. El ilumina las almas de los justos. El está también en los profetas y también está, en la nueva Alianza, en los Apóstoles. Odieseles a quienes tienen el atrevimiento de aislar la acción del Espíritu Santo. Pues hay un solo Dios Padre, Señor de la antigua y de la nueva Alianza. Y un solo Señor, Jesucristo, que profetizó en la antigua y ha venido en la nueva. Y un sólo Espíritu Santo que anunció por los profetas a Cristo y que, después que Cristo llegó, lo mostró4.


Ni se habla de tres dioses ni deben separarse Padre, Hijo y Espíritu Santo

         4. Por tanto, nadie separe la antigua de la nueva Alianza: que nadie diga que uno es allí el Espíritu, mientras que aquí lo es otro diferente5, pues ofende así al mismo Espíritu Santo, a quien se tributa honor juntamente con el Padre y el Hijo y que queda, en el bautismo, incluido dentro de la Santa Trinidad. Pues el mismo Hijo unigénito de Dios dijo claramente a los apóstoles: “Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” (Mt 28:19)6. Nuestra esperanza está puesta en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. No anunciamos tres dioses. Callen, pues, los marcionitas7, porque, juntamente con el Espíritu Santo, por medio de un único Hijo, predicamos un único Dios. La fe es indivisa y la piedad es inseparable8. Ni separamos la Santísima Trinidad, como hacen algunos, ni hacemos, como Sabelio, una confusión9. Sino que reconocemos piadosamente a un Padre único, que nos envió un Salvador, el Hijo, Reconocemos a un Hijo, único, que prometió que enviaría desde el Padre al Paráclito (cf. Jn 15:26). Reconocemos al Espíritu Santo, que habló por los profetas y en Pentecostés descendió sobre los apóstoles en una especie de lenguas de fuego (Hech 2:3), en Jerusalén, en la iglesia de los apóstoles, la de arriba10. Aquí tenemos toda clase de prerrogativas. Aquí Cristo y el Espíritu Santo descendieron de los cielos. Y era muy conveniente que, del mismo modo que las cosas que se refieren a Cristo y al lugar del Gólgota las decimos en el mismo Gólgota, así también hablásemos del Espíritu Santo en la iglesia de arriba. Pero puesto que el que allí descendió participa de la gloria del que aquí fue crucificado, por eso es en este lugar donde hablaremos del que allí bajó. El culto piadoso no admite separación.


Expondremos las herejías

         5. El propósito es, pues, decir algunas cosas sobre el Espíritu Santo. No, desde luego, exponer detalladamente su persona11, pues es cosa imposible, sino señalar, acerca de él, diversas aberraciones de algunos para que no seamos, ignorándolas, arrastrados por ellas. También queremos delimitar los caminos del error para que avancemos por un camino real. Y si examinamos con cautela algo de lo que ha sido dicho por los herejes, caiga de nuevo sobre sus cabezas, pero permanezcamos inmunes, tanto nosotros los que hablamos como vosotros que escucháis.

         6. Pues los más impíos herejes en todas las materias afilaron también su lengua en contra del Espíritu Santo atreviéndose a decir cosas infames, como escribió Ireneo en sus libros Contra las herejías12. Algunos no temieron decir que ellos mismos eran el Espíritu Santo. El primero de los cuales es Simón, al que los Hechos de los Apóstoles llaman “Mago.” Una vez expulsado, no dudó en enseñar tales cosas13. Los llamados “gnósticos” son también impíos y han dicho otras cosas en contra del Espíritu, y asimismo han hablado perversamente los valentinianos14. Pero el criminal Manes se atrevió a decir de sí mismo que era el Paráclito enviado por Cristo. Según los profetas o el Nuevo Testamento, ha habido quienes se imaginaban que unos y otros eran el Espíritu Santo. Su error — o más bien su blasfemia — son muy grandes. A tales hombres, por tanto, ódialos y huye de los que blasfeman contra el Espíritu Santo, para los cuales no hay remisión. ¿Cómo te vas a unir a los que carecen de toda esperanza, tú que ahora has de ser bautizado también en el Espíritu Santo? Si al que se une a un ladrón y realiza correrías con él se le somete a suplicio, ¿qué esperanza habrá de tener quien se enfrenta al Espíritu Santo?


Contra los marcionitas y los gnósticos

         7. Odiese también a los marcionistas, que separaron del Nuevo Testamento las palabras del Antiguo. El primero de ellos fue Marción15, hombre alejadísimo de Dios, que afirmó la existencia de tres dioses. Al ver insertados en el Nuevo Testamento los testimonios de los profetas acerca de Cristo, los suprimió para privar al Rey de estos testimonios16. Odiese a los que ya mencionados gnósticos, como a ellos les gusta llamarse, pero que están llenos de ignorancia17. Hicieron sobre el Espíritu Santo afirmaciones que yo no tendría ahora el atrevimiento de recordar.


Contra los montanistas

         8. Odiese a los de la Frigia inferior y a Montano y sus dos profetisas, Maximila y Priscila 18. Pues Montano, fuera de sí y delirante — y no hubiera dicho lo que dijo si no hubiese estado loco —, se abrevió a proclamarse a sí mismo como el Espíritu Santo. Hombre muy abyecto, baste decir, por respeto a las mujeres que aquí están, que estaba cubierto de toda impureza y lascivia. Habiendo ocupado Pepusa, un lugar muy pequeño de Frigia al que dio el falso nombre de Jerusalén, degollaba a los hijos pequeños de algunas mujeres despedazándolos en banquetes criminales. Por este motivo hasta tiempos recientes, en que la persecución se ha ido calmando, estábamos nosotros bajo sospecha de estos crímenes. La razón es que los montanistas, aunque falsamente, eran llamados con nuestro mismo nombre de cristianos. Como digo, se atrevió a llamarse a sí mismo Espíritu Santo, a pesar de rebosar impiedad y crueldad y estar sujeto a una imperdonable condena.


Contra los maniqueos19

         9. A éste hay que añadir, como anteriormente se dijo, al muy impío Manes, el cual acumuló los vicios de todas las herejías. Siendo él mismo el más profundo abismo de perdición y reuniendo en sí los delirios de todos los herejes juntos, elaboró y propagó el más reciente de los errores. Se abrevió a decir también que él era el Paráclito que Cristo había prometido que enviaría. Y puesto que el Salvador, prometiéndolo, decía a los apóstoles: “Por vuestra parte permaneced en la ciudad hasta que seáis revestidos de poder desde lo alto” (Lc 24:49). ¿Qué, pues? ¿Acaso, cuando ya habían muerto hacía doscientos años, estaban esperando a Manes los apóstoles para ser revestidos de poder? ¿Quién tendrá la osadía de decir que no se llenaron ya del Espíritu Santo? Pues está escrito: “Entonces les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo?” (Hech 8:17). ¿Es que no sucedió esto antes de Manes, y muchos años antes de él, cuando el Espíritu Santo descendió el día de Pentecostés?

         El poder del Espíritu no se compra por dinero.


De nuevo, el caso de Simón

         10. ¿Por qué se condenó a Simón Mago? ¿No fue porque, acercándose a los apóstoles, les dijo: “Dadme a mí también este poder para que reciba el Espíritu Santo aquel a quien yo imponga las manos” (Hech 8:19). Pues no dijo: “Dadme a mí también una participación en el Espíritu Santo,” sino poder, de modo que pudiese vender a otros algo que no se puede comprar y que él mismo no había conseguido20. Ofreció dinero (8:18) a unos hombres que tenían el propósito de no poseer nada21, a pesar de haber visto a quienes ofrecían las ganancias de las cosas vendidas poniéndolas a los pies de los apóstoles (cf. Hech 4:34-35). Y no pensaba que quienes pisaban con sus pies las riquezas entregadas para alimentar a los pobres nunca pondrían un precio al poder del Espíritu Santo. ¿Y qué es lo que dijeron a Simón?: “Vaya tu dinero a la perdición y tú con él; pues has pensado que el don de Dios se compra con dinero” (8:20). — ”Eres otro Judas, que esperaste vender la gracia del Espíritu.” Si, por tanto, Simón, que quería conseguir el poder (del Espíritu) es entregado a la perdición, ¿de cuánta impiedad no será reo Manes, que se jactó de ser él mismo el Espíritu Santo? Odiemos a los hombres dignos de odio. A los que Dios deja a un lado, dejémoslos. Con toda confianza, digamos también nosotros acerca de los herejes: “¿No odio, Yahvé, a quienes te odian? ¿No me asquean los que se alzan contra ti?” (Sal 139:21). Pues existe una enemistad laudable, según está escrito: “Enemistad pondré entre ti y la mujer, y ente tu linaje y su linaje” (Gén 2:15). En realidad, la amistad con la serpiente produce la enemistad con Dios y la muerte.


La promesa del Espíritu de vida

         11. Sea suficiente lo dicho acerca de estos expulsados. Pero ahora volvamos a la Sagrada Escritura, y bebamos agua de nuestras vasijas y de la fuente de nuestros pozos (cf. Prov 5:15). Bebamos del agua viva “que brota para vida eterna” (Jn 4:14). “Esto lo decía refiriéndose al Espíritu que iban a recibir los que creyeran en él” (7:39). Observa lo que dice: “El que crea en mí (no de un modo simplista y lánguido, sino), como dice la Escritura (con lo que te está remitiendo al Antiguo Testamento): “De su seno correrán ríos de agua viva” (7:38)22. No se trata de ríos perceptibles por los sentidos y que irrigan, en un sentido simple y vulgar, la tierra que contiene espinas y leños, sino de los que infunden luz a las almas: “Sino que el agua que yo le dé se convertirá en él en fuente de agua que brota para vida eterna” (4:14). Es otra clase de agua, que vive y que brota: brota sobre los que son dignos de ella.


El Espíritu reparte sus dones entre todos

         12. ¿Y por qué ha dado el nombre de agua a la gracia del Espíritu? Porque todas las cosas constan de agua, ya que el agua es la que hace las plantas y los animales; porque desde los cielos desciende el agua de las tormentas. Siempre cae del mismo modo y de la misma forma, aunque son multiformes los efectos que produce: una única fuente riega todo el huerto. Y una única e idéntica tormenta desciende sobre toda la tierra, pero se vuelve blanca en el lirio, roja en la rosa, de color púrpura en las violetas y en los jacintos, y diversa y variada en los distintos géneros de cosas. De una forma existe en la palma y de otra en la vid, pero está toda ella en todas las cosas, pues (el agua) es siempre la misma y sin variación. Y, aunque se mude en tormenta, no cambia su forma de ser, sino que se acomoda a la forma de sus recipientes convirtiéndose en lo que es necesario para cada uno de ellos. Así el Espíritu Santo, siendo uno y de un modo único, y también indivisible, distribuye la gracia “a cada uno en particular según su voluntad” (cf. 1 Cor 12:11). Y del mismo modo que un árbol seco produce brotes al recibir agua, así también el alma pecadora, cuando por la conversión ha sido agraciada por el don del Espíritu Santo, produce los racimos del Espíritu Santo. Y aunque él es uno y único, obra sin embargo, por voluntad de Dios y en nombre de Cristo, efectos múltiples: se sirve de la lengua de uno para la sabiduría e ilustra la mente de otro con el don de profecía; a éste le concede el poder de expulsar demonios y a aquel el don de interpretar la Sagrada Escritura; de alguno fortalece la temperancia23 y a otro le enseña lo referente a la misericordia24; a otros les enseña a ayunar o a soportar los ejercicios de la vida ascética; a otros, a despreciar las cosas del cuerpo, y hay a quien prepara para el martirio. El es diverso en cada uno, pero nunca es distinto de sí mismo. Como está escrito: “A cada uno se le otorga la manifestación del Espíritu para provecho común. Porque a uno se le da por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu; a otro, fe, en el mismo Espíritu; a otro, carismas de curaciones, en el único Espíritu; a otro, poder de milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversidad de lenguas; a otro, don de interpretarlas. Pero todas estas cosas las obra un mismo y único Espíritu, distribuyéndolas a cada uno en particular según su voluntad” (I Cor 12:7-11).25


Diversos sentidos de la palabra “espíritu

         13. Pero puesto que acerca del Espíritu Santo, con un nombre único y común, se han dicho muchas cosas diversas en la Sagrada Escritura y puede temerse que alguien las confunda por ignorancia por no saber a qué espíritu se refiere lo que allí está escrito, es preciso señalar ciertas características seguras del Espíritu al que la Escritura llama Santo. Pues así como Aarón es llamado “cristo”26 y también David, Saúl y otros son llamados “cristos,” y sin embargo es único el verdadero Cristo, así también, una vez que se atribuye la denominación de “espíritu” a diversas realidades, es estupendo ver a quién se llama, por algún motivo peculiar, Espíritu Santo. Pues son muchas las cosas que se llaman “espíritu,” pues un ángel es llamado “espíritu,” se llama “espíritu” a nuestra alma y al viento que sopla se le llama “espíritu”27. También una gran virtud es llamada “espíritu” y es denominada “espíritu” una acción impura. Incluso el Demonio, el Adversario, es llamado “espíritu.” Cuídate, pues, cuando oigas estas cosas, de que, por la semejanza de la denominación, no confundas una cosa con otra. Pues de nuestra alma dice la Escritura: “Su soplo exhala, a su barro retorna,” y del alma dice a su vez: “Que modela el espíritu del hombre en su interior” (Zac 12:1)28. Y de los ángeles dice en los Salmos: “Que hace a sus ángeles espíritus y llama de fuego a sus servidores”29. Y del viento dice: “Tal el viento del Este que destroza los navíos de Tarsis” (Sal 48:8). Y además: “Como el árbol es agitado por el viento en el bosque.” Y: “Fuego y granizo, nieve y bruma, viento tempestuoso, ejecutor de su palabra” (Sal 148:8). Y de la buena doctrina dice el Señor mismo: “Las palabras que os he dicho son espíritu y son vida” Un 6:63), es decir, son espirituales30. Pero el Espíritu Santo no es algo que se exhala hablando con la lengua, sino alguien vivo31, que nos concede hablar con sabiduría, siendo él mismo el que se expresa y habla.


El Espíritu Santo sugiere, habla y enseña

         14. ¿Quieres darte cuenta de cómo crea palabras y habla? Felipe, por revelación de un ángel, bajó por el camino que llevaba hasta Gaza, cuando llegaba el eunuco. Y dijo el Espíritu a Felipe: “Acércate y ponte junto a ese carro” (Hech 8:29). ¿Ves cómo el Espíritu habla al que le oye? Y Ezequiel dice así: “El espíritu de Yahvé irrumpió en mí y me dijo: “Di: Así dice Yahv锓 (Ez 11:5). Por otra parte, “dijo el Espíritu Santo” a los apóstoles, que estaban en Antioquía: “Separadme ya a Bernabé y a Saulo para la obra a la que los he llamado” (Hech 13:2). Ves al Espíritu que está vivo, que segrega y que llama, y que envía con poder. Y Pablo dice: “Solamente sé que en cada ciudad el Espíritu Santo me testifica que me aguardan prisiones y tribulaciones” (20:23). El es el que santifica a la Iglesia, su auxiliador y su maestro, el Espíritu Santo maestro, del que dijo el Salvador: “Os lo enseñará todo,” y no dijo sólo “os lo enseñará,” sino también “os recordará todo lo que yo os he dicho” (Jn 14:26). Pues no son unas las enseñanzas de Cristo y otras las del Espíritu Santo, sino claramente las mismas. De las cosas que habían de suceder dio Pablo testimonio con anterioridad, para que, mediante un conocimiento previo, el ánimo se sintiese más firme. Y estas cosas se os han dicho por aquella sentencia: “Las palabras que os he dicho son espíritu” (Jn 6:63), de modo que no pienses que éste (el Espíritu) es sólo algo que nosotros decimos, sino doctrina sólida.


El diablo, espíritu del mal y de pecado

         15. Con la palabra “espíritu” se denomina también al pecado, como ya dijimos, pero por otra razón contraria, o sea, según dicen: “con un espíritu de fornicación se extraviaron” (Os 4:12 LXX). También se le llama espíritu, espíritu inmundo, al demonio, pero con ese adjetivo de “inmundo.” Pues a cada espíritu se le da un añadido, que designa una característica propia. Si se dice “espíritu” al alma humana, se le añade “del hombre” (I Cor 2:11). Si se dice acerca del viento32, se habla de “viento de borrasca” (Sal 107:25). Cuando designa al pecado, dice “espíritu de fornicación.” Si se refiere al demonio, le llama “espíritu inmundo,” para que sepamos de qué se habla particularmente en ese caso y no creas que se está hablando del Espíritu Santo. ¡Ni hablar! Pues este nombre de “espíritu” es nombre general y común, y lo que no tiene un cuerpo espeso y denso es llamado, de un modo genérico, espíritu. Pero puesto que los demonios no poseen tales son llamados “espíritus.” Pero hay espíritus muy diversos. Pues el demonio impuro, cuando se introduce en el alma del hombre (y Dios libre de este mal a todas las almas tanto de los que están aquí como de los ausentes), llega como un lobo tragando sangre y dispuesto a devorar lanzándose contra la oveja. Es una llegada muy cruel, y muy grave para el que la sufre. La mente se oscurece con una densa niebla. Es un ataque injusto de alguien que invade una propiedad ajena, pues se esfuerza en abusar, haciendo violencia (Mc 9:17-18), de un cuerpo ajeno sirviéndose de él como si fuese propio. Hace caer a quien se mantiene en pie, emparentado como está con aquel que cayó del cielo (cf. Lc 10:18); enreda la lengua y retuerce los labios; en lugar de palabras, arroja espuma. El hombre se sume en tinieblas y, cuando el ojo está abierto, el alma no ve nada a través de él. Lleno de miseria, el hombre se convulsiona lleno de temor ante la muerte. Realmente los demonios son enemigos de los hombres y los maltratan suciamente y sin misericordia.

         La fuerza y la iluminación otorgadas por el Espiritu Santo

         16. No es tal el Espíritu Santo. ¡Lejos de vosotros este pensamiento! Pues, al contrario, aquí estamos en el terreno del bien y de la salvación. En primer lugar, su venida tiene lugar en la mansedumbre y con suavidad, y se le percibe con esa suavidad y con fragancia, pues su yugo es muy ligero. Avisan de su llegada los rayos brillantes de luz y de ciencia. Viene con los sentimientos de una auténtico protector. Viene a salvar, sanar, enseñar, advertir, fortalecer, consolar y a iluminar la mente: en primer lugar, la de aquel que le acoge y, después, sus obras y las de los demás. Y del mismo modo que quien estaba en tinieblas anteriormente, al mirar luego al sol, de repente recibe la luz en su ojo corporal y distingue lo que antes no veía con claridad, así es aquel que ha sido considerado digno del don del Espíritu Santo: se ilumina su ánimo y, colocándose más allá de lo humano, ve ahora lo que ignoraba. Postrado su cuerpo en tierra, su alma contempla los cielos como en un espejo. Como Isaías, ve “al Señor sentado en un trono excelso y elevado” (Is 6:1). Contempla, como Ezequiel, al que “estaba sobre la cabeza de los querubines” (Ez 10:1). Ve, como Daniel, a “miles de millares” y “miríadas de miríadas” (Dan 7:10). Siendo como hombre poca cosa, ve el principio y el fin del mundo, y discierne el transcurso de los tiempos y la sucesión de los reyes. Y no es que esto lo haya aprendido, pero es un verdadero proveedor de luz. Un hombre puede ser encerrado entre paredes, pero la fuerza de su conocimiento se extiende ampliamente hasta contemplar incluso lo que otros hacen.


El poder que da el Espíritu de discernir lo oculto

         17. Pedro no estaba presente cuando Ananías y Safira vendieron sus posesiones. Pero estaba presente por el Espíritu, y dijo: “¿Cómo es que Satanás llenó tu corazón para mentir al Espíritu Santo?” (Hech 5:3). No era acusador ni tampoco testigo. ¿De dónde había llegado a conocer el hecho? “¿Es que mientras lo tenías no era tuyo, y una vez vendido no podías disponer del precio? ¿Por qué determinaste en tu corazón hacer esto?” (Hech 5:4). Un hombre iletrado, Pedro, supo por la gracia del Espíritu lo que ni siquiera los mismos sabios de los griegos habían llegado a conocer. Un ejemplo semejante tienes también en Eliseo. cuando había curado gratis la lepra de Naamán, Guejazí33 se cobró una paga, cobrándose el valor de un trabajo de otro, y colocó el dinero recibido de Naamán en un lugar oscuro (cf. 2 Re 5:20 ss). Pero las tinieblas no son oscuras para los santos (cf. Sal 139:12)34. Pues, después de vuelto, le pregunta Eliseo (así como Pedro: “Dime, ¿habéis vendido en tanto el campo?” (Hech 5:8): “¿De dónde vienes, Guejazí?” (2 Re 5:25). Y no lo decía porque no lo supiese, sino deplorándolo. Has venido de las tinieblas y te irás en tinieblas. Has vendido la curación de un leproso y la herencia de la lepra te acompañará (cf. 2 Re 5:27). Yo he cumplido — dice el mandato de quien me dijo: “Gratis lo recibisteis; dadlo gratis” (Mt 10:8). Pero tú has vendido la gracia; recibe el salario de tu venta. ¿Y qué le dice Eliseo?: “¿No iba contigo mi corazón...?” (2 Re 5:26). Yo estaba limitado por mi propio cuerpo, pero el espíritu que Dios me dio veía incluso las cosas lejanas y me mostraba con claridad las cosas que sucedían en otras partes. Ves de qué modo no sólo suprime la ignorancia, sino que incluso da conocimiento infuso, y ves cómo el Espíritu Santo ilumina las almas.


También a los profetas iluminaba el Espíritu Santo

         18. Hace casi mil años que vivió Isaías. Contempló a Sión como una pobre tienda de campaña. Sin embargo, la ciudad todavía estaba en pie embellecida por gran cantidad de plazas públicas y revestida de su dignidad. Está dicho, no obstante: “Sión será un campo que se ara” (Miq 3:12), preanunciando lo que se ha realizado en nuestros días. Observa la exactitud de la profecía, pues dice: “Ha quedado la hija de Sión como cobertizo en viña, como albergue en pepinar, como ciudad sitiada” (Is 1:8). Y realmente está este lugar ahora lleno de pepinares. ¿Acaso no ves cómo el Espíritu Santo ilumina a los santos?35. Que la semejanza de la denominación no te arrastre a otras cosas. Mantén en cambio, lo que es exactamente la verdad.

         El Espíritu, que sugiere la castidad y la pobreza voluntarias, protege al hombre y le da sus dones

         19. Si en alguna ocasión, cuando estés descansando, te vienen pensamientos acerca de la castidad o la virginidad, es él quien te esta instruyendo. ¿No sucede con frecuencia que una joven, ya dispuesta para la consumación del matrimonio, no accede porque él36 le sugiere la virginidad? ¿Es que no ocurre con mucha frecuencia que un hombre conspicuo en la vida pública desprecia las riquezas y la dignidad instruido por el Espíritu Santo? ¿O que muchas veces un joven, viendo una figura grácil cierra los ojos para no ver y escapar de la deshonra? ¿Por qué crees que eso sucede? El Espíritu Santo ha instruido la mente del hombre, siendo tantos en el mundo los deseos de la avaricia, hay cristianos que siguen la pobreza voluntaria. ¿Por qué razón? Por el mandato interior del Espíritu Santo. Es una realidad preciosa el Espíritu santo y bueno. Debidamente somos bautizados en el Padre, en el Hijo y en el Espíritu Santo. Con su cuerpo lucha el hombre con muchos y fieros demonios37. Y a menudo es contenido y dominado por las palabras de súplica un demonio al que muchos no podían retener con cadenas de hierro. Un simple soplo del exorcista se convierte en fuego contra el enemigo invisible. Tenemos, por tanto, de parte de Dios un auxiliador y protector, gran maestro de la Iglesia y gran luchador en favor nuestro. No sintamos temor ante los demonios ni ante el diablo, pues es más grande el que lucha por nosotros: simplemente abrámosle las puertas, pues “va por todas partes buscando a los dignos” (cf. Sab 6:16)38 y buscando a quién regalar con sus dones.


La fortaleza del Espíritu Santo en las dificultades

         20. Pero se le llama Paráclito porque consuela, fortalece con sus exhortaciones y nos ayuda en nuestra debilidad39, “pues nosotros no sabemos cómo pedir para orar como conviene; mas el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables” (Rm 8:26), es decir, ante Dios, como se ve por el asunto mismo. A menudo alguien, víctima de injurias por causa de Cristo, padece injustamente el desprecio. Amenazan el martirio y los tormentos por doquier: el fuego y la espada, las bestias y el precipicio. Pero el Espíritu Santo sugiere: “Espera en Yahvé” (Sal 27:14), hombre. Es poca cosa lo que te sucede, pero es grande lo que se te dará. Tras padecer un tiempo breve, estarás eternamente en compañía de los ángeles. “Los sufrimientos del tiempo presente no son comparables con la gloria que se ha de manifestar en nosotros” (Rm 8:18). El Espíritu describe al hombre el reino de los cielos, le muestra el paraíso de las delicias, y los mártires, presentes a la vista de sus jueces pero ya en el paraíso en cuanto a su energía y su poder, pueden así despreciar la dureza de lo que ven.


El Espiritu permite dar testimonio en favor de Jesús

         21. ¿Quiéres saber cómo con la fuerza del Espíritu Santo dieron los mártires su testimonio? El Salvador dice a los discípulos: “Cuando os lleven a las sinagogas, ante los magistrados y las autoridades, no os preocupéis de cómo o con qué os defenderéis, o qué diréis, porque el Espíritu Santo os enseñará en aquel mismo momento lo que conviene decir” (Lc 12:1-12). Pues es imposible padecer el martirio por dar testimonio de Cristo si no se sufre con la fuerza del Espíritu Santo. Pues si “nadie puede decir “Jesús es Señor!” sino con el Espíritu Santo” (1 Cor 12:3), ¿quién dará la vida par Jesús si no es en el Espíritu Santo?


Ilumina a todos los cristianos de cualquier condición y de cualquier pueblo

         22. Grande, omnipotente en sus dones y admirable es el Espíritu Santo. Piensa cuántos estáis sentados aquí, cuántas almas somos. El Espíritu actúa de modo adecuado a cada uno. Está en medio de todos y ve la situación de cada uno. Ve también el pensamiento y la conciencia, y también lo que hablamos y a lo que damos vueltas en nuestra mente. Grande es esto que acabo de decir y, sin embargo, es todavía poco. Quisiera que consideraras, iluminando él tu mente, cuántos son los cristianos de toda esta parroquia y cuántos los de toda la provincia de Palestina. Amplía también tu mente desde esta provincia a todo el Imperio de los romanos y vuelve desde él tu mirada al mundo entero: los pueblos de los persas y las naciones de la India, los godos y los sauromatas, los galos y los hispanos, los moros, los africanos, los etíopes y otros de los que ni los nombres conocemos: son muchos, en efecto, los pueblos cuyos nombres no han llegado siquiera a nuestro conocimiento. Mira a los obispos de cualesquiera pueblos, a los presbíteros, los diáconos, los monjes, las vírgenes y los laicos, y observa quién es el que los rige, preside y les concede sus dones. Cómo, en todo el mundo, a uno le regala el pudor, a aquél la virginidad perpetua, a éste el afán de dar limosna, a otro el interés por la pobreza y a otro, en fin, la capacidad de poner en fuga a los espíritus enemigos. Y así como la luz, con un solo rayo, todo lo ilumina, así también el Espíritu ilumina a los que tienen ojos. Por tanto, si alguno se queja de que no se le da la gracia, no acuse al Espíritu, sino a su propia incredulidad.

 

Angeles, potestades y todas las criaturas necesitan del Espíritu

         23. Ves el poder que ejerce en el mundo entero. Que no se quede tu mente a ras del suelo, sino asciende a lo alto: sube en tus pensamientos hasta el primer cielo y contempla los muchísimos miles de ángeles que allí están. Si puedes, sube con el pensamiento a mayor altura: contempla los arcángeles y contempla a los espíritus, mira las virtudes, los principados, las potestades, los tronos y las dominaciones40. Dios ha dado al Paráclito como prefecto, maestro y santificador de todos ellos. Necesitan de él Elías, Eliseo e Isaías entre los hombres. Y entre los ángeles, Miguel y Gabriel. Ninguna de las cosas creadas le iguala en honor. Pues todas las clases de ángeles y todos los ejércitos juntos carecen de paridad e igualdad con el Espíritu Santo. A todos ellos los cubre y oscurece la potestad sumamente buena del Paráclito. Si alguno de ellos es enviado a realizar un ministerio41, escruta incluso las profundidades de Dios, como dice el Apóstol: “El Espíritu todo lo sondea, hasta las profundidades de Dios. En efecto, ¿qué hombre conoce lo íntimo del hombre sino el espíritu del hombre que está en él? Del mismo modo, nadie conoce lo íntimo de Dios, sino el Espíritu de Dios” (I Cor 2:10-11)


En unión con el Padre y el Hijo, el Espiritu Santo reparte sus dones

         24. El, en los profetas, anunció a Cristo; él actuó en los apóstoles; él, hasta el día de hoy, sella las almas en el bautismo. El Padre se da al Hijo, y el Hijo comunica de sí mismo al Espíritu Santo42. Es el mismo Jesús, no yo, quien lo dice: “Todo me ha sido entregado por mi Padre” (Mt 11:27). Y del Espíritu Santo dice: “Cuando venga él, el Espíritu de la verdad,... El me dará gloria, porque recibirá de lo mío y os lo anunciará a vosotros” (Jn 16:13-14). El Padre, a través del Hijo y juntamente con el Espíritu, lo da todo. No son unos los dones del Padre, otros los del Hijo y otros los del Espíritu Santo. Pues una es la salvación, una la potestad y una la fe, único es Dios Padre, único es su Hijo y único es el Espíritu Santo Paráclito. Y bástenos saber estas cosas. No indagues afanosamente la naturaleza o la sustancia. Pues, si es algo que se hubiese escrito, lo diríamos. Pero no nos atrevamos con lo que no ha sido escrito. Para nuestra salvación nos basta saber que existen el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.


Sobre los setenta ancianos que ayudaron a Moisés

         25. Este Espíritu descendió, en tiempo de Moisés, sobre los setenta ancianos. (Pero que la amplitud del discurso, carísimos, no os cause tedio. El mismo del que hablamos nos dé fuerza a cada uno de nosotros, a los que hablamos y a los que oís.) Este Espíritu, como decía, descendió sobre aquellos setenta ancianos que estaban bajo Moisés. Pero esto te lo digo para probar que todo lo conoce y todo lo obra como quiere. Fueron seleccionados setenta ancianos. “Bajó Yahvé en la nube y le habló. Luego tomó algo del espíritu que había en él y se lo dio a los setenta ancianos” (Núm 11:25). Y no fue dividiendo al Espíritu, sino que cada uno recibió algo de su gracia, distribuida según su capacidad y su potestad. Los presentes eran de hecho sesenta y ocho, y profetizaron, pero no estaban Eldad y Medad. Pero para que quedase claro que no era Moisés el que concedía nada, sino que era el Espíritu el que obraba, también profetizaron Eldad y Medad, que habían sido llamados, pero no habían acudido (cf. Núm 11:26-30).


El mismo signo de la imposición de las manos para la antigua y la nueva Alianza

         26. Se asombró de ello Josué, hijo de Nun, sucesor de Moisés, y acercándose a Moisés le dice: “¿Has oído que Eldad y Medad están profetizando?” Fueron llamados y no vinieron. “Mi señor Moisés, prohíbeselo” (11:28). Pero él le dijo: No se lo puedo prohibir, pues es una gracia celestial. No se lo impediré, pues también yo tengo esa gracia. No creo que tú hayas dicho esto movido por la envidia. No te consumas de celo por mí porque ellos hayan profetizado mientras tú todavía no profetizas. Aguarda un tiempo: “¡Quién me diera que todo el pueblo de Yahvé profetizara porque Yahvé les diera su espíritu!” (11:29). Proféticamene añadió lo de “porque les diera su espíritu.” Pues ciertamente tampoco lo ha dado ahora, y tú no lo tienes todavía. Entonces, ¿no lo tuvieron Abraham, Isaac, Jacob y José? ¿Es que acaso no lo tuvieron los que vivieron antes de él? Sin embargo, es muy claro aquello de “cuando Dios les diera su espíritu,” que es como si dijera: a todos. Y, no obstante, el don de la gracia es ahora privado y restringido, mientras que entonces se había derramado y abundaba. En realidad, se quería decir lo que nos habría de suceder en Pentecostés, pues también él descendió entre nosotros. Pero también anteriormente había descendido sobre muchos. Pues está escrito: “Josué, hijo de Nun, estaba lleno del espíritu de sabiduría, porque Moisés le había impuesto las manos” (Dt 34:9). Ves el mismo signo en todas partes, en la antigua y en la nueva Alianza. En tiempo de Moisés se concedía el espíritu por la imposición de manos. A ti, que serás bautizado, ha de venir la gracia. No te digo de qué modo ni te anticipo el momento43,


Presencia del Espíritu en personajes de la antigua Alianza

         27. El vino también a todos los justos y profetas. Me refiero a Enós, Henoc, Noé y los demás, Abraham, Isaac y Jacob. Que también José tuvo el espíritu de Dios (cf. Gén 41:38), es algo que ya había descubierto el mismo Faraón. Ya oíste acerca de Moisés y de las cosas admirables que hizo por el Espíritu. También lo tuvieron el fortísimo Job y todos los santos, aunque no mencionemos ahora los nombres de todos. El fue el que, en la construcción del Tabernáculo llenó de sabiduría a Besalel y a sus hábiles compañeros (Ex 31:1-6).

         28. En la fuerza de este Espíritu, según lo que tenemos en el libro de los Jueces, fue juez Otoniel (Juec 3:10), se vio fortalecido Gedeón (6:34) yJefté consiguió la victoria (11:29). Débora, mujer, entabló batalla (4-5) y Sansón, cuando todavía obraba con justicia y no contristaba al Espíritu, realizó cosas superiores a las fuerzas humanas44. En los libros de los Reyes encontramos claramente, acerca de Samuel y David45, cómo profetizaban en el Espíritu Santo y eran jefes de profetas. Y a Samuel se le llamaba “vidente” (I Sam 9:9-11). Pero David dice elocuentemente: “El espíritu de Yahvé habla por mí” (2 Sam 23:2). Y, en los Salmos: “No retires de mí tu santo espíritu” (51:13). Y a su vez: “Tu espíritu que es bueno me guie por una tierra llana” (143:10). Y, como tenemos en las Crónicas, con el Espíritu Santo fueron agraciados Azarías, bajo el rey Asá, y, bajo Josafat, Yajaziel (2 Cró 15:1; 20:14). Y también Zacarías, que fue lapidado (2 Cró 24:20-21; cf. Mt 23:35 ss). Y Esdras dice: “Tu Espíritu bueno les diste para instruirles” (Neh 9:20)46. Acerca de Elías, el que fue tomado, y de Eliseo, ambos portadores del Espíritu y realizadores de cosas admirables, es cosa clara -aunque ahora lo pasemos por alto- que estuvieron llenos del Espíritu Santo.

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V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi.

R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti mundum.


la barca de la Iglesia que Cristo fundó, triunfará…, portae inferi non praevalehunt) (Matth. 16,18) las puertas del infierno no prevalecerán, le dijo Cristo a su Iglesia Católica - «Duc in altum» (Lc 5,4) dijo Cristo al apóstol Pedro en el Mar de Galilea 


“La ecología del hombre es anterior a la ecología de la naturaleza”. Benedicto PP. XVI. 2009.


gracias por venir a visitarnos

Tentaciones del sacerdote «pastor» Más numerosas que las anteriores, son las tentaciones referidas a la función de pastores de los sacerdotes: «Falta de autoestima»; «desconfianza hacia la Providencia de Dios»; «necesidad de purificar nuestros criterios»; «falta de oración "apostólica"»; «vanidad»; «miedos que nos paralizan»; «falta de método»; «falta de cuidado personal»; «impaciencia» y la tentación de «los prediclectos de Cristo y los nuestros».

En este campo, el obispo donostiarra pone el acento en el peligro de que la autoestima de los sacerdotes dependa «del grado de éxito cosechado en nuestros proyectos y no tanto del valor del tesoro que llevamos entre manos». También el riesgo de desbaratar la riqueza de las diversas «sensibilidades» con «ideologías» no purificadas. Otro de los flancos por los que el sacerdote puede ser tentado es el de la falta de oración apostólica, esto es, de no ser «testigos del mensaje que anunciamos» además de ser «maestros».

Monseñor Munilla no deja de señalar también que «en ocasiones, el miedo al fracaso nos lleva a no arriesgar», que los presbíteros pierden eficacia en su labor «por acusa de una forma desordenada de trabajar». Del mismo modo, el prelado asegura que también, debido a la soledad, muchos sacerdotes descuidan su alimentación, su descanso y hasta su aseo personal.  II.MMX † 

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).