Tuesday 21 February 2017 | Actualizada : 2017-02-03
 
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La Edad Media guarda numerosas sorpresas a todo el que desea correr la aventura de adentrarse por sus intimidades. Siglo oscuro y ruidos de armas. Señores feudales con sus mesnadas guerreras. Castillos defensores con puentes levadizas y celadas astutas por las encrucijadas de los caminos. Invasión de los bárbaros, en una palabra, que ha preparado este precario estado de cosas y ha liquidado una cultura decadente y cansada. Brilla ahora mucho más el ejercicio de las armas que el conocer la cultura clásica. Y entre los nobles llega a ser un timbre de gloria el ser analfabeto: "El señor no firma porque es noble", terminan algunos documentos del tiempo.

 

Unknown - Ottonian, Fleury, France, about 1000–1025?Tempera colors, gold, and silver on parchment ?9 1/8 x 7 1/16 in. - MS. LUDWIG V 1, FOL. 1V

 

 Pero la ciencia no ha desaparecido. Se ha refugiado en los monasterios. La Iglesia, por los monjes sobre todo, es la gran y única educadora de los pueblos. Clérigo y letrado. son ahora palabras sinónimas. Para penetrar, pues, bien la Edad Media es preciso conocer también la vida apretada y fecunda de los monasterios. Entrar en ellas con el ánimo purificado y sereno, dócil y abierto a toda sugerencia. Descalzarse, previamente, de toda predisposición a lo complicado y vertiginoso, a las velocidades supersónicas y a las carreras contra reloj. Para sorprender mejor a aquellos hombres, enjambres de Dios elaborando, en, sus celdas, la miel dulcísima de las ciencias del espíritu para el bien de las almas.

 

Reliquary bust of Saint Yrieix French (Haute-Vienne), Church of Saint-Yrieix-la-Perche, second quarter of 13th century?Gilded silver, rock crystal, gems, glass, originally over walnut core with silver leaf and gesso on interior; 15 x 9 3/16 x 10 5/16 in. (38.1 x 23.4 x 26.1 cm)?The Metropolitan Museum of Art, New York, Gift of J. Pierpont Morgan, 1917 (17.190.352a,b)

 

Moyen Age - Nos ancêtres n´étaient pas nécessairement meilleurs que nous au point de vue moral. Ils pouvaient même manifester des faiblesses qui nous laissent croire que nous serions meilleurs. Mais ils vivaient assurément le mystère du Christ avec plus de profondeur et d´intensité que nous ne le faisons. Surtout, leur univers intérieur était tout baigné de la lumière de la foi. Le monde de la foi, pour eux, était aussi réel que le monde matériel qui les entourait. D´où une joie et une espérance, nourries par la contemplation des vérités de la foi, qui se traduisaient naturellement dans l´expression de la beauté.

 

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Dios vino en ayuda de la debilidad radical del hombre, que advierte en sí una inquietud interior, pues tiende, a veces de modo inconsciente, a algo que lo trasciende. San Agustín llegó al encuentro con Dios precisamente a través de estos senderos de la inquietud existencial, teniendo como compañeros de camino el estudio de la palabra de Dios y la oración.

 

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1347 - 1348: el 6 de mayo en Praga se funda de la Universidad Carolina, por orden y favorecida por el Obispo de la Iglesia Católica, en Praga, consecuente a la orden del Papa CLEMENTE VI QUE INSTITUYE LA UNIVERSIDAD DE PRAGA estando él en Aviñón, 26 de enero de 1347. La Universidad Carolina (en checo Univerzita Karlova y en latín Universitas Carolina) fundada en 1348 enPraga (Bohemia) actualmente en la República Checa, es la universidad más antigua y una de las universidades más prestigiosas en la Europa Central y del Este.

Siendo fundada a finales de los años de 1340, está entre las universidades más viejas en Europa y la primera universidad en Europa Central, demosstrando el empeño de la Iglesia católica en favor de la cultura y la razón.  Su sello denoa a Carlos IV, Emperador (con sus escudos de armas como el Santo Emperador romano Germánico y Conde de Luxemburgo) arrodillándose delante de San Wenceslao (al lado del Bohemio), rodeado por la inscripción, Sigillum Universitatis Scolarium Studii Pragensis (en castellano: Sello de la academia de Praga, en checo: Pe?e? studentské obce pražského u?ení).

 

 

Allá en la Edad Media —la «oscura Edad Media», que diría un analfabeto—, la enseñanza universitaria se resumía en dos ejercicios escolares fundamentales: por la mañana, cuando la mente estaba más despejada, la «lectio» o lectura de algún pasaje bíblico o patrístico; por la tarde, cuando dicho pasaje ya había sido digerido, se sucedía la «disputatio», que hoy llamaríamos debate, en la que un alumno hacía de sostenedor, proponiendo con voz resonante una «quaestio disputata» a propósito de la «lectio» matutina. Otros alumnos oponían entonces una serie de objeciones mejor o peor fundadas; y, una vez leído el resumen de tales objeciones, el sostenedor tenía que responder con la «probatio» o prueba de su tesis, en la que refutaba las objeciones previas. Así, al final de cada jornada, cuando la muchachada abandonaba las aulas universitarias, la «cuestión disputada» había sido vuelta y revuelta como un calcetín, y el entendimiento había sido probado al máximo, como la destreza de los caballeros en un torneo. Fue en estas «cuestiones disputadas» donde se hicieron famosos los limpios silogismos de un muchacho grueso y callado a quien sus compañeros apodaban «El Buey Mudo»; pero sus mugidos no tardarían en resonar en el mundo entero. Era Tomás de Aquino, el Aquinate, discípulo de Alberto ‘el Grande’

 

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Mito primero

Se trata de la supuesta ignorancia de los pueblos de Europa en materia bíblica antes de la pseudo-reforma protestante, tal y como se afirma en la lección 34 de la Sección I (pág. 5.8), donde se dice a propósito de la Edad Media, la “Edad de las tinieblas", que dicha ignorancia se debía a estar escrita la Biblia “sólo en idiomas antiguos, como el latín y el griego. La Biblia estaba sólo disponible, mayormente, en latín, y el hombre corriente de entonces no estaba más versado en latín que el operario de una fábrica de Ford en la actualidad"; y “un poco antes de la Reforma, algunos comenzaron a traducir la Biblia a lenguas europeas (…) a pesar de la terrible oposición y persecución".

 

Parece imposible mayor número de falsedades en tan pocas líneas

Vamos por partes:1) La Edad Media comienza en el siglo V d.C., a contar desde el año de la caída de Roma. En dicha época la mitad occidental del antiguo imperio romano, dominada por los bárbaros, hablaba latín y disponía de una excelente versión de la Biblia: la Vulgata de San Jerónimo; la mitad oriental del imperio, que sobrevivió hasta que los turcos conquistaron Constantinopla en el siglo XV, hablaba griego y podía leer en esa lengua tanto en Nuevo Testamento como el Viejo (este último en varias versiones, como la de los LXX); de suerte que en la Edad Media el pueblo tenía un conocimiento amplísimo de las Escrituras.

2) La Biblia se traducía a las lenguas vernáculas muchos siglos antes de la pseudo-reforma de Lutero, Calvino y compañía, pues:

a) Los santos católicos Cirilio y Metodio tradujeron la Biblia al búlgaro antiguo en el siglo IX, ¡en plena Edad Media, la “Edad de las tinieblas"! (cf. Lengua y Literatura Latinas I, autores varios, UNED, Madrid, 1986, pág. 32, e Iniciación a la fonética, fonología y morfología latinas, José Molina Yébenes, Publicacions Universitat de Barcelona: Barcelona 1993, pág. 4); así, los búlgaros podían leer la Biblia en su lengua.

b) El obispo Ulfilas (arriano, no católico), evangelizador de los godos de Dacia y Tracia, tradujo la Biblia al gótico pocos años antes de que San Jerónimo acabara la Vulgata, de suerte que cuando llegaron las “tinieblas” medievales ¡los godos podían leer la Biblia en su lengua materna! (cf. José Molina Yévenes, op. cit., pág. 5; Esteban Torre, Teoría de la traducción literaria, Ed. Síntesis, 1994, pág. 24, y UNED, op. cit., pág. 32).

c) El monje católico Beda el Venerable tradujo al anglosajón o inglés antiguo el Evangelio de San Juan poco antes de su muerte, acaecida en el año 735, o sea: ¡en plena Edad Media, “la Edad de las tinieblas"! (cf. Esteban Torre, op. cit., pág. 24).

 

d) El gran historiador Giuseppe Riciotti, autor de obras meritísimas como Vida de Jesucristo (Ed. Luis Miracle, Barcelona 1978) e Historia de Israel (Ed. Luis Miracle, Barcelona 1949), nos informa en su introducción a la Sagrada Biblia de que, en Italia, “la Biblia en lengua vulgar era popularísima en los siglos XV y XVI", y de que “desde el siglo XIII se poseen” traducciones italianas de la Biblia, aunque “se trata de traducciones parciales", es decir, aunque se trata de traducciones de los libros sagrados más memorables y accesibles, pues a nadie, excepción hecha de unos cuantos eruditos, le interesaba, p. ej., el elenco interminable y fastidiosísimo de las genealogías del libro de los Números (tomado de sì sì no no, n. 70, abril 1998, pág. 7).

e) La obra Historia de la Literatura I (Antigua y Medieval) (autores varios, UNED, Madrid, 1991, pág. 103) nos informa de lo siguiente tocante a las versiones castellanas de la Biblia:

hallamos en el siglo XIII otro grupo de obras formado por las traducciones de la Biblia que se realizaron en este periodo. Ya en la primera mitad del siglo nos encontramos con el primer texto conservado que se incluye en este grupo: la Fazienda de Ultramar. Pese a que algunos han querido retrasar su redacción hasta mediados del siglo XII, no parece, por su lengua, que fuere escrita en fecha tan temprana. No es una simple versión de la Biblia. Contiene, junto a la propia traducción (realizada, al parecer, no directamente de la Vulgata sino de una traducción latina del siglo XII efectuada sobre los textos hebreos), otra serie de materiales: descripciones geográficas, relatos tomados de la antigüedad clásica… Parece que pretende ser una especie de guía para los peregrinos que viajaban a Tierra Santa. Mediante estas traducciones de la Biblia se consiguió que personas que sabían leer en su propia lengua pudiesen recibir más directamente las enseñanzas religiosas. Las versiones eran también aprovechadas para lectura en voz alta realizada en grupos reducidos. La Iglesia española de la época no era muy partidaria de las Biblias romances, y de hecho en el Concilio de Tarragona de 1233 llegó a prohibir su lectura. Pese a ello la traducción de las Escrituras no fue abandonada, se desarrolló ampliamente a lo largo del siglo XIII y las Biblias romanceadas fueron leídas incluso por los reyes de la época“.

Está claro: mucho antes de Calvino y Lutero, el pueblo castellano leía la Biblia en su lengua. La enorme extensión de las traducciones castellanas muestran que el derecho prohibitivo del Concilio Tarraconense o no se aplicó o enseguida cayó en desuso. Dicha decisión conciliar tenía su explicación: antes de autorizar la lectura de una versión había que mirar si acaso estaba bien hecha, sin falseamientos del texto sagrado. La escasa calidad literaria de las versiones junto con el aditamento de otros materiales no era de lo más a propósito para alejar toda sospecha; pero no se persiguió a nadie por traducir la Biblia al castellano, lo cual es muy significativo.

f) ”La Edad Media presenció el florecimiento en Francia de un gran número de traducciones de la Sagrada Escritura a todas las lenguas y dialectos de Oc y de Oil [para todas las antiguas versiones francesas nos remitimos a: P. C. Chauvin, La Bible depuis ses origines jusqu’à nos jours. Se poseen algunas que se remontan al siglo XII e incluso a finales del XI. En el siglo XIII, la Universidad de París presentó una traducción de ambos Testamentos que hizo ley durante mucho tiempo. Con todo, aparecieron otras versiones francesas, particularmente en el siglo XIV. Una de ellas, la de Guyart Desmoulins, de finales del siglo XIII pero actualizada tocante al estilo, se imprimió desde 1478 en cuanto al Nuevo Testamento, y en su totalidad en 1487? (Daniel Raffard de Brienne, Traductor, Traditor. Les nouvelles traductions de l’Écriture Sainte, en la revista Lecture et Tradition, julio-agosto de 1986).

Lutero se jactaba de haber sido el primero en traducir la Biblia al alemán, pero ya el heresiarca Calvino le recordó que dicho honor no le pertenecía; en efecto, sabemos que el fraile editó en 1522 el Nuevo Testamento, y en 1532 lo restante, y que “se ha dicho de esta versión, con gran falta de verdad histórica, que era la primera versión alemana en lengua vernácula, cuando para entonces sólo en Alemania había catorce versiones en lengua erudita y cinco en lengua corriente. Además había muchas versiones parciales, como del Nuevo Testamento, de los Salmos… (cf. Janssen: Geschichte des deutschen Volkes seit dem Ausgang des Mittelalters, 8 vv., Friburgo, 1883-1893, tomo I, pág. 51)” (Francisco J. Montalbán, S.I., Los Orígenes de la Reforma Protestante, Razón y Fe, Madrid 1942, pág. 129).

g) El gran historiador Ricardo García-Villoslada nos informa también de las versiones germánicas de la Biblia antes de Lutero:

Muchos opinan que la obra principal de Martín Lutero en su vida fue la traducción de la Sagrada Escritura al idioma de su pueblo. No cabe duda que la versión vernácula de la Biblia y la divulgación de la misma, ofreciéndola como única norma de fe, jugó un papel importantísimo en la fundación y establecimiento de la Iglesia luterana. Exagerando sus méritos, por otra parte innegables, solía repetir que en la Iglesia, antes de él, nadie conocía ni leía la Biblia (Tischr. 3795 III 690; ibid., 6044 V 457 y otros muchos lugares). Hoy el lector se ríe de tan injustas aseveraciones, dictadas por la pasión. Recuérdese lo que dijimos de la lectura de la Biblia cuando Fr. Martín era novicio en Erfurt. Francisco Falk ha contado no menos de 156 ediciones desde la invención de la imprenta hasta 1520 (F. Falk, Die Bibel am Ausgange des Mittelalters [Maguncia 1905] 24). Sebastián Brant comienza su conocido poema Nave de los locos (1494) con estos versos: `Todos los países están hoy llenos de Sagrada Escritura -y de cuanto atañe a la salud de las almas-, de la Biblia’, etc. Traducciones alemanas de toda la Sagrada Escritura existían no pocas antes de Lutero, por lo menos catorce en alto alemán y cuatro en bajo alemán, sin contar las versiones parciales, salterios, evangeliarios, etc. En el siglo XIV se hizo en Baviera una traducción total, que el impresor alsaciano Juan Mentelin hizo estampar en Estrasburgo en 1466, y que con algunas modificaciones fue reimpresa trece veces antes de que apareciese la de Lutero, llegando a ser como una Vulgata alemana, según Grisar. (Puede consultarse la gran edición de W. Kurrelmeyer, Die erste deutsche Bibel [Tubinga 1903-15], 10 tomos con el texto primigenio y las correcciones de las 13 ediciones posteriores. Véase también W. Kurrelmeyer, The Genealogy of the Prelutheran Bibles, en The Journal of Germanic Philology, 3,2 [1900] 238-47; W. Walter, Die Deutsche Bibel: übersetzung des Mittelalters, Braunschweig 1889-92)” (García-Villoslada, Martín Lutero, BAC, Madrid 1976, t. II, pág. 399).

h) También se puede mencionar la traducción de la Biblia, en la Edad Media, a otras lenguas indoeuropeas, como el armenio (cf. UNED, op. cit., pág. 30 y Molina Yébenes, op. cit., pág. 4), hecha en el siglo V, ¡el siglo en que comienza la “Edad de las tinieblas"!

Con lo dicho hasta ahora es suficiente para demoler uno de los mitos de la historiografía protestante: la tremenda ignorancia sobre  la Biblia en que la malvada Iglesia Católica mantenía a los pueblos cristianos medievales.??Mito segundo

En la Edad Media “la mayoría de las personas no sabían leer ni escribir. Así que estaban `a oscuras’ por lo que respecta a toda clase de conocimiento, ya que no podía ser comunicado” (Lección 34 de la Sección I, pág. 5.8).

¡Esto es genial! ¿Dónde debió estudiar historia el autor? ¿En un cursillo televisivo de la BBC?

Veamos lo que nos dice sobre este asunto esa ciencia llamada Historia:

En la Edad Media, como en todas las épocas, el niño va a la escuela. Por lo general, es la escuela de su parroquia o del monasterio más cercano. En efecto, todas las iglesias tienen una escuela: a ello obliga el Concilio de Letrán de 1179, y en Inglaterra, país más conservador que el nuestro, todavía puede verse la iglesia junto a la escuela y el cementerio. Muchas veces son fundaciones señoriales las que garantizan la instrucción de los niños; Rosny, una pequeña aldea a orillas del Sena, tenía desde comienzos del siglo XVIII una escuela que había fundado hacia el año 1200 su señor Gui V Mauvoisin. Otras veces se trata de escuelas exclusivamente privadas; los habitantes de un poblado se asocian para mantener a un maestro que toma a su cargo la enseñanza de los niños. (…)También los capítulos de las catedrales estaban sometidos a la obligación de enseñar dictada por el Concilio de Letrán (Nota 1: En cada diócesis, dice Luchaire, aparte de las escuelas rurales o parroquiales que ya existían… los capítulos y los principales monasterios tenían sus escuelas, su personal de profesores y alumnos. La societé française au temps de Philippe Auguste, pág. 68). El niño entraba en ellas [en las escuelas] a los siete u ocho años de edad, y la enseñanza que preparaba para los estudios universitarios se extendía a lo largo de una década, lo mismo que hoy, de acuerdo con los datos que proporciona el abad Gilles el Muisit. Varones y niñas estaban separados; para las niñas había establecimientos particulares, tal vez menos numerosos, pero donde los estudios alcanzaban a veces niveles muy altos.

La abadía de Argenteuil, donde se educó Eloísa, proporcionaba el aprendizaje de la Sagrada Escritura, letras, medicina y hasta cirugía, aparte del griego y el hebreo, que introdujo Abelardo. En general, las escuelas daban a sus alumnos nociones de gramática, aritmética, geometría, música y teología, que les permitían acceder a las ciencias que se estudiaban en la Universidad; algunas incluían alguna enseñanza técnica. La Histoire Littéraire menciona como ejemplo la escuela de Vassor en la diócesis de Metz, donde al mismo tiempo que aprendían la Sagrada Escritura y las letras, los alumnos trabajaban el oro, la plata y el cobre (Nota 2: L. VII, c. 29; registrado por J. Guiraud, Histoire partiale, histoire vraie, pág. 348). (…) En esta época los niños de las diferentes clases sociales se educaban juntos, como lo atestigua la conocida anécdota que presenta a Carlomagno irritado contra los hijos de los barones, que eran perezosos, contrariamente a los hijos de los siervos y los pobres. La única distinción que se hacía era la de la retribución, dado que la enseñanza era gratuita para los pobres y de pago para los ricos. Veremos que esa gratuidad podía prolongarse mientras duraran los estudios y también extenderse al acceso al título, puesto que el ya mencionado Concilio de Letrán prohíbe a las personas cuya función era dirigir y controlar las escuelas `que exijan a los candidatos al profesorado una remuneración para que se les otorgue el título’.

Por otra parte, en la Edad Media había poca diferencia en la educación que recibían los niños de diferente condición; los hijos de los vasallos más humildes se educaban en la mansión señorial junto a los del señor, los hijos de los burgueses ricos estaban sometidos al mismo aprendizaje que el del más humilde artesano si querían atender a su vez el comercio paterno. Ésta es sin duda la razón por la cual hay tantos grandes de origen humilde: Suger, que gobernó Francia durante la cruzada de Luis VII, era hijo de siervos; Maurice de Sully, el obispo de París que hizo construir la iglesia de Nôtre-Dame, nació de un mendigo; San Pedro Damián fue porquero en su infancia, y Gerbert d’Audrillac, una de las luces más fulgurantes de la ciencia medieval, fue también pastor; el papa Urbano VI era hijo de un zapatero de Troyes, y Gregorio VII, el gran Papa de la Edad Media, de un pobre cabrero. A la inversa, muchos grandes señores son letrados cuya educación no debió diferir en mucho de la de los clérigos:Roberto el Piadoso componía himnos y secuencias latinas; Guillermo IX, príncipe de Aquitania, fue el primero de los trovadores; Ricardo Corazón de León nos dejó poemas, lo mismo que los señores de Ussel, de Baux y muchos otros; para no hablar de casos más excepcionales como el del rey de España Alfonso X” ?(Régine Pernoud, A la luz de la Edad Media, Ed. Juan Granica, Barcelona 1988, págs. 115-118).

Todo lo anterior, pura historia, nos presenta un cuadro de la Edad Media muy distinto del dibujado por la mitología protestante: la instrucción era vastísima, todo el mundo tenía acceso al conocimiento de las Escrituras, y la cultura era gratuita para los pobres (lo contrario de lo que ocurre en nuestro mundo protestantizado). ¿Dónde están, pues, las “tinieblas” medievales? Tan sólo en la mente de los mitógrafos protestantes.

Hasta ahí el artículo. Os ruego que lo difundáis. Y recordad:

Que nadie os engañe con argumentos falaces; estas cosas son las que atraen el castigo de Dios sobre los rebeldes.

Efe 5,6

Luis Fernando Pérez Bustamante

2016,10.29 infocatolica.com

 

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...primeros cristianos mártires de la Iglesia Católica...

 

Los primeros cristianos se distinguieron esencialmente por su fe en Jesús muerto y resucitado, reconocido como Hijo de Dios y como Señor. De ahí que el impulso misionero de la Iglesia sólo se comprenda a la luz de esta convicción de fe.  

Sin embargo desde muy temprano surgieron propuestas distintas, que mermaban la verdad cristiana por suprimir algún aspecto del misterio de la persona de Jesús. Algunos aceptaban su condición humana pero no reconocían la divina, otros aceptaban su divinidad pero desfiguraban su humanidad. Ante ellos los padres de la Iglesia propusieron su doctrina [la enseñada por Jescristo] y procuraron dar razón de su fe para salvaguardar la transmisión íntegra del misterio anunciado por los apóstoles.

 

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“…Necesita, pues el que quiera vivir con placer, ante todo, una casa lujosa adornada como una novia, de baldosas piedras y oro y convenientemente situada, de acuerdo con los cambios de las estaciones del año... Después de eso es menester también vestidos preciosos, con que se cubran los escaños, los lechos, camas y puertas, pues entre esas gentes se viste y recubre todo, aun las cosas más inanimadas, mientras los pobres van lastimosamente desnudos. Añade los vasos de oro y plata, los graves gastos para comer faisanes y beber vino de Fenicia, que las viñas de Tiro producen abundante y caro para los ricos... Después de eso considera el múltiple cortejo que acompaña a la mesa: los que la ponen, los coperos, los despenseros, los músicos que les preceden, las cantoras, bailarinas, flautistas, bufones, aduladores... Para adquirir todo eso, ¡qué de iniquidades no se cometen con los pobres, a cuántos huérfanos no se abofetea, cuántas viudas no han de llorar largamente”. Santo de la Iglesia Católica: Asterio Amaseno - año 400 ca.

 

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Iglesia - El crecimiento constante de la Iglesia naciente durante los primeros tres siglos hasta el Edicto de Milán a comienzos del cuarto siglo, se produjo por medio del testimonio y la influencia personal de miles de cristianos y sus familias. Al correr de más siglos, los ideales cristianos puestos en práctica por las personas y las familias, fue gradualmente transformando Occidente en una forma de cultura cristiana que conocemos como la Edad Media. En nuestros tiempos, luego de la disolución gradual de dicha cultura, en parte a través de eventos históricos tales como la Reforma, la era de la Ilustración y los conflictos titánicos de ideas e ideologías de los últimos dos siglos (Darwinismo, Marxismo, Freudianismo y otros), nos toca a nosotros hacer lo mismo. El éxito parcial de estas diversas herejías e ideologías en la escena mundial se ha debido en parte al hecho que un porcentaje grande de laicos católicos durante los últimos siglos, han estado ausentes del combate en el sentido apostólico, contentos en su ignorancia y dejando que el clero y los religiosos hicieran el trabajo pesado. Padre John McCloskey – 2005.

 

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Tomás de Kempis (1380+1471), el gran escritor y místico alemán -final del medioevo-, autor de uno de los libros de espiritualidad más traducidos y leídos de todos los tiempos –«La imitación de Cristo»–.

 

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Una vez superada la desconfianza inicial, los escritores cristianos comenzaron a considerar la cultura griega como aliada, más que como enemiga, y surgieron grandes centros del cristianismo helénico en la cuenca del Mediterráneo.?Hojeando las intensas páginas de san Agustín de Hipona y de Dionisio el Areopagita, vemos que la teología y la mística cristianas tomaron elementos del diálogo con la filosofía platónica. Autores como san Gregorio Nacianceno, que estaban impregnados de retórica griega, fueron capaces de crear una literatura cristiana digna de su pasado clásico. Progresivamente, el mundo helénico se hizo cristiano y la cristiandad, en cierto sentido, se hizo griega. Luego nacieron la cultura bizantina en Oriente y la cultura medieval en Occidente, ambas igualmente impregnadas de fe cristiana y de cultura griega. No puedo menos de mencionar aquí la labor de santo Tomás, que, releyendo la obra de Aristóteles, propuso una síntesis teológica y filosófica magistral.

 

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En plena Edad Media, en torno al 1050ca. es cuando inica, como fruto de lo que venía sembrado siglos atrás –especialmente por la Iglesia-, una era de vida fresca y vigorosa. La época de las Cruzadas en defensa de los ataques, desvastaciones y ocupaciones mahometanas contra los cristianos (Tierra Santa incluida), la del alzamiento de las ciudades de los primeros estados burocráticos de Occidente, vio la culminación del Arte Románico y el comienzo del Gótico; la emergencia de la literatura vernácula con elevadísimo cultivo y talento del escribir; la intensificación de los clásicos latinos y la poesía latina además del Derecho Romano que básicamente a nuestros días rige. Gracias a los monasterios cristianos y el estudio secular de todos los filósofos griegos, quepa mencionar a Sócrates, Platón y, de modo prominente, Aristóteles, florece la filosofía griega. Roma acude al conjunto de saberes que busca establecer, de manera racional, los principios más generales que organizan y orientan el conocimiento de la realidad, así como el sentido del obrar humano. Y la Iglesia aporta la filosofía (diálogo libre entre fe y razón) –como la vibración de dos cuerdas cuerdas musicales- a la Academia. El saber filosófico eclesiástico (del lat. ecclesiast?cus, y este del gr. ), fue elaborado en el silencio de la fe y el dialogar de la razón, mas, dentro de los monasterios cristianos  de Oriente y Occidente, alcanzando su ilustración en las primeras Universidades fundadas por diligencia pontificia. Europa cristiana no desprecia los aportes del saber oriental (chinos, hindues, persas, y sus adiciones árabes), el todo siendo criticado, investigado y estudiado libremente en la Universidad medieval. Sólo el conocimiento comprobado, verificado y exacto –como en nuestros días sucede- es aceptado entonces unanimamente. Así el siglo XII deja su firma en una educación superior, en la filosofía escolástica, los sistemas jurídicos europeos, en la arquitectura magnífica y la esbetez de la escultura, en la manifestación litúrgica (del gr.) , en la poesía latina y vernácula, etc. Como en toda nueva primavera, cubierta de flores estaba Europa y, a pesar de las espinas, no menos bellos son los cultivos: espigas, Universidades, bibliotecas y escuelas, precaver la enfermedad y, lirios blancos, fomentos de virtud. ¿Acaso el peor enemigo de toda civilización no es la ignorancia, y esta no conlleva a la degradación moral y al relativismo?

 

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ALBERTO MAGNUS – SAN ALBERTO MAGNO - Alberto y la Filosofía Escolástica Más importante que el desarrollo de Alberto de las ciencias físicas, fue su influencia sobre el estudio de la filosofía y la teología. Él, más que ningún otro gran escolástico que precediera a Santo Tomás, dio a la filosofía y la teología Cristiana la forma y método el cual, sustancialmente, se mantiene hasta nuestros días. En este sentido, fue el precursor y maestro de Santo Tomás, quien lo superó, sin embargo, en muchas cualidades requeridas de un perfecto Doctor Cristiano. En el sendero que otros siguieron, Alberto compartió la gloria de ser el pionero con Alejandro de Hales (m. 1245) cuya “Suma Teológica” fue la primera escrita luego que todos los trabajos de Aristóteles fueran generalmente conocidos en Paris. Su aplicación de los métodos aristotélicos y principios al estudio de la doctrina revelada, dieron al mundo el sistema escolástico el cual dio cuerpo a la reconciliación de la razón con la fe Ortodoxa. Luego del no ortodoxo Averroes, Alberto fue el principal comentador de loa trabajos de Aristóteles, cuyos escritos estudió asiduamente, y cuyos principios adoptó para sistematizar la teología, a través de la cual de pretendió la exposición y defensa de la doctrina Cristiana. La elección de Aristóteles como maestro produjo una fuerte oposición. Los comentarios Judíos y Árabes sobre los trabajos del Estagirita, habían despertado tantos errores en los siglos XI, XII y XIII, que por varios años (1210-25) el estudio de la Física y Metafísica de Aristóteles fue prohibida en Paris. Sin embargo, Alberto, sabía que Averroes, Abelardo, Amalrico y otros habían levantado falsas doctrinas desde los escritos del filósofo; más aún, él sabía que habría sido imposible rendir la marea de entusiasmo en favor de estudios filosóficos; y así resolvió purificar los trabajos de Aristóteles, del Racionalismo, Averroísmo, Panteísmo y otros errores y, por consiguiente, precisar la filosofía pagana para servir en la causa de la verdad revelada. En esto, él siguió el canon dejado por San Agustín (II de Doct. Christi, xl) quien declaró que las verdades encontradas en los escritos de filósofos paganos debían ser adoptadas por los defensores de la fe verdadera, mientras que su opiniones erradas debían ser abandonadas, o explicadas bajo un sentido Cristiano.. (See St. Thomas, Summa Theol., I, Q. lxxxiv, a. 5.) Todas las ciencias inferiores (naturales) deben ser servidoras (ancillae) de la Teología que es la superior y la ama??(ibid., 1 P., tr. 1, quaest. 6). Contra el racionalismo de Abelardo y sus seguidores, Alberto puntualizó la distinción entre las verdades naturalmente conocibles y los misterios (ejemplo, La Trinidad y la Encarnación) las cuales no pueden ser sabidas sin la Revelación.??(ibid., 1 P., tr. III, quaest. 13). Hemos visto que escribió dos tratados contra el Averroísmo, los cuales destruyeron la inmortalidad individual y la responsabilidad individual, al enseñar que hay una alma pero racional para todos los hombres. El Panteísmo fue refutado junto con el Averroísmo cuando la verdadera doctrina de los Universales, el sistema conocido como el Realismo moderado, fue aceptado por los filósofos escolásticos. Esta doctrina fue basada por Alberto sobre la Distinción del universal ante rem ( una idea o arquetipo en la mente de Dios) in re (existente o capaz de existir en muchos individuos) y la post rem (como un concepto abstraído de la mente y comparado con los individuos de los cuales puede ser predicado)??"Universale duobus constituitur, natura, scilicet cui accidit universalitas, et respectu ad multa. qui complet illam in natura universalis" (Met., lib. V, tr. vi, cc. v, vi). A.T. Drane (Madre Raphael, O.S.D.) dá una notable explicación de estas doctrinas (op.cit. 344-429). Aunque seguidor de Aristóteles, Alberto no abandonó a Platón: "Scias quod non perficitur homo in philosophia, nisi scientia duarum philosophiarum, Aristotelis et Platonis (Met., lib. I, tr. v, c. xv). Sería errado decir que fue meramente un “simio” (simius) de Aristóteles. En el conocimiento de las cosas Divinas, la fe precede la comprensión de la verdad Divina, la autoridad precede a la razón (I Sent., dist. II, a. 10); pero las materias que pueden ser conocidas naturalmente, un filósofo no debe mantener una opinión la cual él no esté preparado a defender con la razón (ibid., XII; Periherm., 1, I, tr 1, c i). La Lógica, de acuerdo a Alberto, es la preparación de la enseñanza de la filosofía de cómo debemos usar la razón para pasar de lo desconocido a lo conocido:??"Docens qualiter et per quae devenitur per notum ad ignoti notitiam" (De praedicabilibus, tr. I, c. iv). La filosofía es o contemplativa o práctica. La filosofía contemplativa abraza la física, matemáticas y metafísica; la filosofía práctica (moral) es monástica (para el individuo) doméstica (para la familia) o política (para el estado o sociedad). Excluyendo la física, ahora un estudio especial, los autores de nuestro tiempo aún retienen la vieja división escolástica de filosofía a lógica, metafísica (general y especial) y la Ética.??VI. La Teología de Alberto En Teología, Alberto ocupa un lugar entre Pedro Lombardo, el Maestro de las Sentencias, y Santo Tomás de Aquino. En un orden sistemático, de rigurosidad y claridad, superó al primero pero es inferior a su propio discípulo ilustrísimo. Su “Suma Teológica” marca un avance mas allá de las costumbres de su tiempo en el orden científico observado, en la eliminación de asuntos inútiles, en la limitación de los argumentos y objeciones; sin embargo, aún se mantienen muchos de los impedimentos, obstáculos o piezas tambaleantes que Santo Tomás consideró suficientemente serios como para un nuevo manual de teología para uso de principiantes. – ad eruditionem incipientium, como el modesto Doctor Angélico notó en el prólogo de su inmortal “Summa”. La mente del Doctor Universalis, estaba tan llena de conocimiento de muchas cosas que no siempre pudo adaptar sus exposiciones de la verdad a la capacidad de los novicios en la ciencia de la teología. Enseñó y dirigió un pupilo que dio al mundo una exposición científica concisa, clara y perfecta y una defensa de la Doctrina Cristiana; ante Dios, por lo tanto, le debemos a Alberto Magno, la “Summa Theologica” de Santo Tomás.

 

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La cara de un ángel -restos de los frescos medievales en Getsemaní - Israel

 

Inicia el medioevo - San Agustín, profundo conocedor del corazón humano, sabe que en el fondo de la inquietud de la persona está Dios mismo, "belleza siempre antigua y siempre nueva" (Confesiones X, 27, 38). Dios se hace presente a través de múltiples signos y de muchas maneras, yendo al encuentro de su criatura sedienta de trascendencia y de interioridad. A Cristo no se llega a través de un sendero superficial, sino por el camino de la interioridad. Es san Agustín mismo quien nos recuerda que sólo penetrando en el propio centro interior de gravedad es posible el contacto con la Verdad que reina en el espíritu (cf. De Magistro 11, 38).

 

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Iglesia - San Agustín a sus fieles: «Los santos mismos no están libres de pecados diarios. La Iglesia entera dice: Perdónanos nuestros pecados. Tiene, pues, manchas y arrugas (Ef 5,27). Pero por la confesión se alisan las arrugas, por la confesión se lavan las manchas. La Iglesia está en oración para ser purificada por la confesión, y estará así mientras vivieren hombres sobre la tierra» (Sermo 181, 5,7 en PL 38, 982)

 

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Casiodoro Magno Aurelio, fue un filósofo, pensador, monje y escritor latino, consultado por los reyes y gobernantes de su época. Nació en el año 468 D.C., en Squillace y murió después de 562. Fue ministro de Teodorico el Grande. En el año 538 se retiró y fundó una orden monacal, precursora de la de San Benito (benedictinos), consagrada sobre todo a la conservación y copia de manuscritos antiguos.

 

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"Además, el alma racional tiene en sí arraigado el conocimiento de sí misma, puesto que el alma está presente a sí misma y es por sí misma cognoscible, ahora bien Dios está presente a la misma alma en grado sumo y es por sí mismo cognoscible, luego en la misma alma está arraigado el conocimiento de su Dios. Si replicas que no hay paridad, porque el alma está proporcionada a sí misma, mas Dios no es proporcionado al alma, respondo que la objeción es nula; porque, si el conocimiento exigiese necesariamente la proporcionalidad, el alma nunca alcanzaría el conocimiento de Dios, porque no puede proporcionársele, ni por naturaleza, ni por gracia, ni por gloria. Por estas razones se demuestra ser indudable para el alma humana la existencia de Dios, verdad que lleva en sí naturalmente arraigada, pues ninguno duda sino de aquello de lo que no tiene conocimiento cierto. Además, se demuestra lo mismo por una segunda vía de esta manera: toda verdad que proclama toda criatura, es verdad indudable; ahora bien, toda criatura proclama que Dios existe; luego (es verdad que Dios existe)"

 

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La libertad es algo que brota de uno mismo, complace, produce placer, y a la vez cuesta trabajo, exige esfuerzo, lleva consigo responsabilidad.

El único remedio eficaz es la apelación a la libertad de cada uno de nosotros, recordar el inolvidable verso de Cervantes: "tú mismo te has forjado tu ventura".

 

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«El derecho a la libertad de pensamiento y de expresión, sancionado por la Declaración de los Derechos del Hombre, no puede implicar el derecho a ofender el sentimiento religioso de los creyentes. Este principio vale, obviamente, para cualquier religión».?«La convivencia exige, además, un clima de respeto mutuo para favorecer la paz entre los hombres y las naciones. Además, estas formas de crítica exasperada o de escarnio de los demás manifiestan una falta de sensibilidad humana y pueden constituir, en algunos casos, una provocación inadmisible. La lectura de la Historia enseña que, por este camino, no se curan las heridas que existen en la vida de los pueblos». «Las ofensas causadas por un individuo, o por un órgano de prensa, no pueden ser imputadas a las instituciones públicas del país correspondiente, cuyas autoridades podrán y deberán, eventualmente, intervenir según los principios de la legislación nacional. Por lo tanto, son igualmente deplorables las acciones violentas de protesta. La reacción ante una ofensa no puede faltar al verdadero espíritu de toda religión. La intolerancia real o verbal, venga de donde venga, como acción o como reacción, constituye siempre una seria amenaza a la paz». Nota de la Santa Sede Vaticana 2006-02-10

 

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"Europa tiene su base en la única fuerza que es capaz de aunar la herencia cultural helénica, el derecho romano y el avance de la Ciencia: el Cristianismo". Esta es la conclusión del historiador Luis Suárez, catedrático emérito de la Universidad Autónoma de Madrid. Suárez recuerda que el progreso europeo fue posible gracias al Cristianismo. En efecto, la creación de bibliotecas en territorio europeo por Isidoro de Sevilla, fueron impulsadas gracias a los padres de la Iglesia como Benito o Alejandro Magno, quienes consideraron que el progreso se basaba en el conocimiento, no en el atesoramiento de riquezas.

 Además, Suárez recordó que los derechos humanos no nacieron con la revolución francesa de 1789, sino que fueron inicialmente formulados por el Papa Clemente VI, quien, en 1346, pronunció por vez primera los derechos humanos de la libertad, la vida y la propiedad. En este contexto, negar las raíces cristianas de Europa, como pretende Francia y Bélgica, en el tratado constitucional parece un intento de construir una Europa de mercaderes, en lugar de una comunidad humana. "El término Europa fue inicialmente pronunciado por San Beda el Venerable en el siglo VII para referirse al territorio en el que el Cristianismo había llegado a arraigarse", concluye Suárez.  2004-02-27 – Agradecemos a Hispanidad.com

 

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¿Fueron las invasiones bárbaras tan devastadoras como las vikingas o las islámicas?

 

Carlomagno, que en teoría estaba destinado a compartir la corona con un hermano suyo, gobernó en solitario, lo que le permitió controlar la totalidad de los territorios francos e incluso ampliarlos al rechazar las agresiones procedentes del este. Su obra, sin embargo, no iba a perdurar. A la muerte de su hijo Luis, el reino fue dividido entre sus tres vástagos supervivientes en virtud del Tratado de Verdún del 843. Para aquel entonces, no obstante, el sueño de un imperio cristiano había quedado anegado antes unas oleadas invasoras que sumergieron a Europa en una nueva Edad Oscura. La única excepción –sin duda notable- fue la península Ibérica, dividida en una España cristiana que resistía a los musulmanes convertida en bastión de defensa y la España sometida por el dominio árabe que estaba destilando la cultura acumulada durante siglos.

El final del siglo VIII estuvo caracterizado por la irrupción en Occidente de los denominados vikingos. El objetivo fundamental de sus expediciones era el saqueo y el pillaje, y entre sus victimas principales se hallaron los centros de cultura cristiana. La primera incursión vikinga que se conoce fue dirigida en el año 793 contra la isla sagrada de Lindisfarne, donde se encontraba asentado un importante monasterio céltico. Al año siguiente, los vikingos asolaron Jarrow y en 802 y 806 destruyeron Iona.

La Irlanda cristiana soportó incursión tras incursión hasta que en 830 los vikingos constituyeron un reino en su zona oriental, como plataforma adecuada para devastar la Bretaña occidental, Francia y España. No deja de ser significativo que la ruta seguida por los misioneros cristianos con un afán evangelizador y civilizador fuera ahora surcada por los vikingos paganos con una finalidad de botín y destrucción.  Ni Irlanda ni Northumbria lograron reponerse de aquel asalto y lo mismo puede decirse del imperio franco. En 845, los vikingos procedentes de Dinamarca remontaron el Weser y destruyeron Hamburgo. Al mismo tiempo, París fue sometida a un pavoroso saqueo y Carlos el Calvo, uno de los herederos de Carlomagno, se vio obligado a pagar un rescate. Se trató de una época nefasta para Occidente porque Roma estaba siendo atacada al mismo tiempo por los sarracenos (mahometanos) que profanaron las tumbas de los apóstoles. La única nota de esperanza –y bien limitada- eran las repoblaciones realizadas por Alfonso II de Asturias en territorio español para garantizar la perdurabilidad del territorio recuperado de manos árabes.

Sin embargo, aún quedaba lo peor por llegar. Hacia el 850 se desencadenó una oleada de ataques sobre Occidente que transcurriría de manera casi ininterrumpida durante medio siglo. De 855 a 862, los vikingos se establecieron en el Loira y el Bajo Sena; en 865 invadieron Inglaterra, donde los contuvo por un tiempo la resistencia de un rey que había abandonado el monasterio para defender su reino, Alfredo el Grande; en 879 asolaron el territorio carolingio del Elba al Garona; en 880 aniquilaron al ejército imperial en Luneberg. Desde ese año hasta 886, en que arrasaron París, los vikingos asolaron sin piedad las tierras carolingias saqueando colonia, Tréveris, Metz e incluso la tumba de Carlomagno en Aquisgrán. Para esas fechas, las culturas cristianas de Irlanda, Northumbria y Anglia oriental eran un recuerdo del pasado y el imperio carolingio estaba en vías de pasar ominosamente a las Historia. En ningún momento antes –ni siquiera con las invasiones germánicas de los siglos III-VI- estuvo Occidente tan cerca de verse sumergido en un caos de violencia y destrucción paganas, justo cuando el poder hegemónico en España era el del islam y cuando lo peor de las invasiones magiares ni siquiera había comenzado.

Las posibilidades de resistencia, desde luego, eran escasas. En el sur, los asturleoneses que se empañaban en continuar la Reconquista contra los musulmanes apelaban de manera continua a la liberación de sus hermanos de fe. Alfonso III (866-910), autoproclamado ‘rex totius Hispaniae’, obtuvo su victoria más relevante frente a un Mahdí musulmán que pretendía aniquilar a sangre y fuego el minúsculo reino norteño. En el centro de Europa, la alianza entre el episcopado y el rey sentaba las bases un cuarto de siglo más tarde para la efímera reconstrucción del imperio en la persona de Otón I (936-973). El ahora denominado Sacro Imperio romano-Germánico era carolingio en sus ideales, aunque no logró –salvo quizá durante el reinado de Otón III-, acercarse a su cumplimiento. Tampoco pudo contener una presión que, procedente del este y del norte, amenazaba con aniquilar siglos de cultura y civilización. De hecho, una nueva oleada vikinga lanzada sobre Occidente en las postrimerías del siglo X demostró una capacidad de destrucción muy superior a la conocida hasta entonces. La casa regia de Alfredo – que había alcanzado su culmen bajo el rey Edgardo (959-975)- desapareció, abriéndose un cuarto de siglo de calamidades en que Inglaterra se vio saqueada por los invasores norteños. En las inmediaciones del 1000 sobre el universo cristiano se cernían los peores auspicios.   

 

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Para Pablo: Su fe no es una teoría, una opinión sobre Dios o sobre el mundo. Su fe es el impacto del amor de Dios sobre su corazón. Esa fuerza fue la que movió a los monjes medievales estar enamorados de Cristo y, para proponerlo, utilizaron sobre todo el ejemplo y la reproducción de los textos bíblicos.

 

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Europa e Iglesia - ¿Subsistirán la libertad, la igualdad, los derechos, la democracia, sin los supuestos cristianos en que descansan y a los que debe la civilización europea el ser la única liberal y universalista que ha existido?. El declive del cristianismo europeo, ¿forma parte de la crisis o decadencia intelectual, moral y política de Europa o se trata de fenómenos independientes? ¿Puede ser la crisis del cristianismo una causa principal de la descivilización europea o es la descivilización de Europa la causa del marasmo a aquel? ¿Qué influencia tiene el estatismo neutral y agnóstico y en buena medida nihilista, acosado por poderes indirectos de toda laya, en la situación del cristianismo? MMVI

 

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Europa - Las viejas ideologías se han revelado ineficaces para dar respuesta a los interrogantes más profundos del hombre. El vacío dejado por las ideologías lo ocupa una razón desencantada, que no se atreve a mirar a la verdad de frente, que se contenta con soluciones parciales a los problemas del hombre, y que en definitiva no resuelven nada. En esta encrucijada histórica, el Evangelio se presenta como la única alternativa posible capaz de crear una cultura nueva que responda a las expectativas más hondas del hombre, y por tanto, devolverle la esperanza. ?La Universidad, como lugar privilegiado de creación de cultura y de forja de pensamiento, tiene una importancia estratégica para la Iglesia en esta hora. La Iglesia, que ha creado la Universidad, tiene mucho que aportar: un modelo de universidad humanista, que busque no sólo informar, sino formar; no sólo tener más, sino ser mejor; que ofrezca no sólo conocimiento, sino también sabiduría. Una universidad libre de la esclavitud de las ideologías o de la economía, capaz de abrirse al hombre concreto y al mundo.

 

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Historia - La tolerancia que emanaba de Roma hacia los judíos no siempre era respetada por muchos obispos y predicadores, que consideraban que la presencia judía no acarreaba ningún bien, y lanzaron contra los judíos toda clase de invectivas. En 1199, Inocencio III publicó la Constitutio contra iudaeis, estableciendo las normas de obligado cumplimiento para los cristianos en relación con los judíos: estancia legal en tierra cristiana, protección de personas y bienes, conservación de la fe mosaica, inviolabilidad de sinagogas y cementerios. Para la Iglesia, el judaísmo se presentaba como el depósito de la revelación de la Verdad hasta la llegada de Jesucristo y, un día, acabarían por llegar al "nuevo" Israel.

Lutero, como padre espiritual de la Alemania moderna, tiene una responsabilidad muy grave en el proceso de odio que se desarrolló contra los judíos.

 

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Una hermosa indicación de Juan Pablo II hablando de la memoria histórica: La memoria se configura como un derecho que corresponde a cada grupo humano (sociedad, Iglesia, partidos y sindicatos) para profundizar en la propia identidad, pero es esencial que esa memoria no sea selectiva y sesgada, ni intente imponer a todos una visión uniforme, sino que se desarrolle a partir de una aproximación «abierta, objetiva y científica» a los hechos.

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…[…]… «¡Sí que reivindicó el derecho de cada colectivo!, ‘la Iglesia católica, una congregación religiosa, un partido político, un sindicato, una institución académica’, a rememorar su historia para profundizar «en su identidad». Monseñor Ricardo Blázquez, Obispo de Bilbao-Esp. 2007.XI.

 

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Historiadores serios, responsables investigadores, sanos intelectuales deben estudiar la historia. La Iglesia universal está muy por encima de circunstancias coyunturales, y debe ser capaz de transmitir un mensaje de fe y de esperanza. La historia tiene que quedar en manos de los historiadores porque nadie tiene derecho a imponer una «verdad oficial», propia de los sistemas totalitarios. En el marco de la razón y el sentido común, el recuerdo de los antecesores -en este caso, de quienes dieron la vida por la fe ‘mártires de la Iglesia Católica’- refuerza la propia identidad y ayuda a comprender el complejo mundo en que vivimos. 2007-XI

 

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DISCERNIR - A todos se les pide el saber cultivar un atento discernimiento y una constante vigilancia, madurando una sana capacidad crítica ante la fuerza persuasiva de tantos medios de comunicación que no cesan de inventar, suponer o repetir ‘leyendas negras’, difamaciones o mentiras históricas… mienten sabiendo de mentir.

Los que escuchan no deben ser obligados a imposiciones ni compromisos, engaño o manipulación. Jesús enseña que la comunicación es un acto moral “El hombre bueno, del buen tesoro saca cosas buenas y el hombre malo, del tesoro malo saca cosas malas. Os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres darán cuenta en el día del Juicio. Porque por tus palabras serás declarado justo y por tus palabras serás condenado” (Mt 12, 35-37).

“Por tanto, desechando la mentira, hablad con verdad cada cual con su prójimo, pues somos miembros los unos de los otros. […]No salga de vuestra boca palabra dañosa, sino la que sea conveniente para edificar según la necesidad y hacer el bien a los que os escuchen” (Ef 4, 25.29).

 

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Medioevo - La gran figura histórica del emperador Carlomagno evoca las raíces cristianas de Europa, remitiendo a cuantos la estudian a una época que, a pesar de los límites humanos siempre presentes, se caracterizó por un imponente florecimiento cultural en casi todos los campos de la experiencia. Al buscar su identidad, Europa no puede prescindir de un esfuerzo enérgico de recuperación del patrimonio cultural legado por Carlomagno y conservado durante más de un milenio. La educación en el espíritu del humanismo cristiano garantiza la formación intelectual y moral que forma y ayuda a la juventud a afrontar los serios problemas planteados por el desarrollo científico-técnico. En este sentido, también el estudio de las lenguas clásicas en las escuelas puede ser una valiosa ayuda para introducir a las nuevas generaciones en el conocimiento de un patrimonio cultural de inestimable riqueza.

 

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Durante el luminoso medioevo...   En términos cuantitativos, las catedrales góticas son tan asombrosas como las Pirámides egipcias. Sólo en Francia, durante noventa años, desde 1180 a 1270, se vio la construcción de 80 catedrales y casi 500 abadías.

 

UNIVERSIDADES - La síntesis del saber teológico, filosófico y de otras ciencias realizada por las Universidades en los siglos XIII y XIV, en que se forma el Humanismo, es impensable sin el cristianismo.

 

Iglesia - entre 1200 y 1400 se fundaron en Europa 52 universidades, 29 de ellas a carácter «pontificias». Según orden de antigüedad, no en importancia, puesto que la de París fue la más destacada, las fechas de fundación parecen ser las siguientes: Palencia (1208-12), Oxford (1214), París (1215), Padua (1222), Nápoles (1224), Salamanca (1228), Toulouse (1229), Bolonia (1230). Valladolid fue fundada a mediados del S. XIII (1250).

 

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500 años de cultura - Los Museos Vaticanos surgieron hace quinientos años en los jardines vaticanos, cuando el Papa Julio II colocó el grupo de mármol del Laocoonte, descubierto el 14 de enero de 1506, en un viñedo cerca al Coliseo. «Se trata de un aniversario que quiere recordar la historia de siglos de cultura y de arte que los pontífices romanos promovieron con constancia y competencia, recogiendo las obras del pasado para preservarlas del olvido y de la destrucción, destinándolas a las generaciones sucesivas». ?«En momentos en que se habla de los museos como lugares de encuentro, de contacto y diálogo, de madurez y de reflexión entre religiones, culturas, experiencias y distintas concepciones del mundo, los Museos Vaticanos interpretan hoy, más que nunca y de manera ejemplar, este papel»

Por este motivo, recordó, S. S. Juan Pablo II los definía «una de las más significativas puertas de la Santa Sede abiertas al mundo». MMVI.II

 

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Medieval - El único momento histórico en que Europa tuvo su unidad fue con la cristiandad medieval. Era la Europa católica. La cristianitas de la Europa medieval era la patria común. La reforma luterana destruyó todo esto, separó a los países y creó los nacionalismos.

Vittorio Messori; escritor, periodista, comentarista e investigador histórico. MMV.

 

La síntesis del saber teológico, filosófico y de otras ciencias realizada por las Universidades en los siglos XIII y XIV, en que se forma el Humanismo, es impensable sin el cristianismo.

Quién, sino la Iglesia, a través de los monasterios, salvó la ciencia de los clásicos y la transmitió para el futuro; quién creó las universidades, sino la Iglesia; quién fue mecenas del arte y de la mejor cultura de Europa, sino la Iglesia; quién lo sigue siendo.

 

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Gracias a la Iglesia Católica, antes del 1300, había fundadas en Europa cuarenta y cuatro Universidades, en las que se forja un individuo especial dotado de cierta uniformidad: homo Scholasticus.

 

La Universidad y, de modo más amplio, la cultura universitaria constituyen una realidad de importancia decisiva. En su ámbito se juegan cuestiones vitales, profundas transformaciones culturales, de consecuencias desconcertantes, suscitan nuevos desafíos. La Iglesia no puede dejar de considerarlos en su misión de anunciar el Evangelio.

La Universidad es, en su mismo origen, una de las expresiones más significativas de la solicitud pastoral de la Iglesia. Su nacimiento está vinculado al desarrollo de escuelas establecidas en el medioevo por obispos de grandes sedes episcopales. Si las vicisitudes de la historia condujeron a la « Universitas magistrorum et scholarium » a ser cada vez más autónoma, la Iglesia continúa igualmente manteniendo aquel celo que dio origen a la institución.3 Efectivamente, la presencia de la Iglesia en la Universidad no es en modo alguno una tarea ajena a la misión de anunciar la fe. « La síntesis entre cultura y fe no es sólo una exigencia de la cultura, sino también de la fe... Una fe que no se hace cultura es una fe que no es plenamente acogida, enteramente pensada o fielmente vivida ».4 La fe que la Iglesia anuncia es una fides quaerens intellectum, que debe necesariamente impregnar la inteligencia del hombre y su corazón, ser pensada para ser vivida. La presencia eclesial no puede, pues, limitarse a una intervención cultural y científica. Tiene que ofrecer la posibilidad efectiva de un encuentro con Jesucristo.

Concretamente, la presencia y la misión de la Iglesia en la cultura universitaria revisten formas diversas y complementarias. Primeramente está la tarea de apoyar a los católicos comprometidos en la vida de la Universidad como profesores, estudiantes, investigadores o colaboradores. La Iglesia se preocupa luego por el anuncio del Evangelio a todos los que en el interior de la Universidad no lo conocen todavía y están dispuestos a acogerlo libremente. Su acción se traduce también en diálogo y colaboración sincera con todos aquellos miembros de la comunidad universitaria que estén interesados por la promoción cultural del hombre y el desarrollo cultural de los pueblos.

 

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La Iglesia "...no tiene miedo a la verdad que emerge de la historia y está dispuesta a reconocer equivocaciones allí donde se han verificado, sobre todo cuando se trata del respeto debido a las personas y a las comunidades. Pero es propensa a desconfiar de los juicios generalizados de absolución o de condena respecto a las diversas épocas históricas. Confía la investigación sobre el pasado a la paciente y honesta reconstrucción científica, libre de prejuicios de tipo confesional o ideológico, tanto por lo que respecta a las atribuciones de culpa que se le hacen como respecto a los daños que ella ha padecido". Juan Pablo II, discurso del 1 de Septiembre 1999

 

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Ignorancia de la historia - Muchos errores se cometen por ignorancia de la historia y esa ignorancia sirve también de arma tanto defensiva como ofensiva de quienes no están interesados en el conocimiento de la verdad sino en la confusión entre verdad y error, entre el bien y el mal.

 

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PASADO - El gran Montalembert escribía: «Para juzgar el pasado deberíamos haberlo vivido; para condenarlo no deberíamos deberle nada». Todos, creyentes o no, católicos o laicos, nos guste o no, tenemos una deuda con el pasado y todos, en lo bueno y en lo malo, estamos comprometidos con él.

 

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La mentira y el error están en desacuerdo con la realidad. Cuando un mundo se construye contra la realidad, ese mundo está abocado a la ruina, y mientras ésta llega va arruinando a los hombres.

 

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Historia, calumnia e ignorancia - Abundan aún los ejemplos de casos en que juzgamos y decidimos, tomamos riesgos y los hacemos correr a los demás, convencemos al prójimo y le incitamos a decidirse, fundándonos en informaciones que sabemos que son falsas, o por lo menos sin querer tener en cuenta informaciones totalmente ciertas, de que disponemos o podríamos disponer si quisiéramos. Hoy, como antaño, el enemigo del hombre está dentro de él. Pero ya no es el mismo: antaño era la ignorancia, hoy es la mentira. MMVI

 

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Anillo romano en oro, del 375.ca.contemporáneo a Agustín-

 

del inicio medioevo – año 354 + 430*

1650° ANIVERSARIO DEL NACIMIENTO DE?SAN AGUSTÍN, OBISPO DE HIPONA-ÁFRICA [TÚNEZ]

«Dilexit Ecclesiam» (amó a la Iglesia Católica).

ORACIÓN A SAN AGUSTÍN –  COMPUESTA POR JUAN PABLO II – 22.01.2004

 

¡Oh gran Agustín, ?nuestro padre y maestro!, ?conocedor de los luminosos caminos de Dios, ?y también de las tortuosas sendas de los hombres, ?admiramos las maravillas que la gracia divina ?obró en ti, convirtiéndote en testigo apasionado ?de la verdad y del bien, ?al servicio de los hermanos. ??Al inicio de un nuevo milenio, ?marcado por la cruz de Cristo, ?enséñanos a leer la historia ?a la luz de la Providencia divina, ?que guía los acontecimientos ?hacia el encuentro definitivo con el Padre. ??Oriéntanos hacia metas de paz, ?alimentando en nuestro corazón ?tu mismo anhelo por aquellos valores ?sobre los que es posible construir, ?con la fuerza que viene de Dios, ?la "ciudad" a medida del hombre. ??La profunda doctrina ?que con estudio amoroso y paciente ?sacaste de los manantiales ?siempre vivos de la Escritura ?ilumine a los que hoy sufren la tentación ?de espejismos alienantes. ??Obtén para ellos la valentía ?de emprender el camino ?hacia el "hombre interior", ?en el que los espera ?el único que puede dar paz ?a nuestro corazón inquieto. ??Muchos de nuestros contemporáneos ?parecen haber perdido ?la esperanza de poder encontrar, ?entre las numerosas ideologías opuestas, ?la verdad, de la que, a pesar de todo, ?sienten una profunda nostalgia ?en lo más íntimo de su ser. ??Enséñales a no dejar nunca de buscarla ?con la certeza de que, al final, ?su esfuerzo obtendrá como premio ?el encuentro, que los saciará, ?con la Verdad suprema, ?fuente de toda verdad creada. ??Por último, ¡oh san Agustín!, ?transmítenos también a nosotros una chispa ?de aquel ardiente amor a la Iglesia, ?la Catholica madre de los santos, ?que sostuvo y animó ?los trabajos de tu largo ministerio. ??Haz que, caminando juntos ?bajo la guía de los pastores legítimos, ?lleguemos a la gloria de la patria celestial ?donde, con todos los bienaventurados, ?podremos unirnos al cántico nuevo ?del aleluya sin fin. Amén.

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*El año 430, estando sitiada Hipona por las huestes de los vándalos de Genserico, morirá, poco antes de que la ciudad fuera completamente arrasada.? 

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Biblia - Datos sabidos, pero sorprendentes, para quien esté abierto a una comprensión correcta del hecho cristiano en la Historia: «Considerando la Ilíada, conservada en su integridad por códices copiados alrededor de quince siglos después del su composición, el Nuevo Testamento se lee íntegramente en manuscritos copiados unos tres siglos después de su realización. Además, el número de los ejemplares respectivos, íntegros y fragmentarios, se acerca a los trescientos para la Ilíada, y a casi seis mil para los escritos neotestamentarios».

 

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La Iglesia es tan bíblica como "eclesiástica" es la Biblia. - La Iglesia es notablemente lógica y notablemente bíblica: en tanto que su razón de existir, su composición, sus funciones y su papel son enseñados y defendidos por la Escritura.?La Iglesia es bíblica en tanto que enseña la doctrina cristiana basándose en la Biblia.?La Biblia es "eclesiástica": En tanto que (el N.T.) fue escrito por Apóstoles y maestros de la Primitiva Iglesia Cristiana. Es "eclesiástica" en tanto que es compilada, ordenada, traducida, preservada y difundida por la Iglesia Cristiana universal ‘católica’. Y es "eclesiástica" en tanto que reconoce y somete la interpretación de sus textos a la Iglesia, el instrumento de Dios para enseñar la fe.

 

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Escritos espirituales – medievales -

“Nadie ha subido al cielo sino aquel que ha bajado del cielo”

 

"Hoy nuestro Señor Jesucristo ha subido al cielo; suba también con él nuestro corazón. Oigamos lo que nos dice el Apóstol: Si habéis sido resucitados con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde Cristo está sentado a la diestra de Dios. Poned vuestro corazón en las cosas del cielo, no en las de la tierra. Pues, del mismo modo que él subió sin alejarse por ello de nosotros, así también nosotros estamos ya con él allí, aunque todavía no se haya realizado en nuestro cuerpo lo que se nos promete.

Él ha sido elevado ya a lo más alto de los cielos; sin embargo, continúa sufriendo en la tierra a través de las fatigas que experimentan sus miembros. Así lo atestiguó con aquella voz bajada del cielo: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Y también: Tuve hambre y me disteis de comer. ¿Por qué no trabajamos nosotros también aquí en la tierra, de manera que, por la fe, la esperanza y la caridad que nos unen a él, descansemos ya con él en los cielos? Él está allí, pero continúa estando con nosotros; asimismo, nosotros, estando aquí, estamos también con él. Él está con nosotros por su divinidad, por su poder, por su amor; nosotros, aunque no podemos realizar esto como él por la divinidad, lo podemos sin embargo por el amor hacia él.

Él, cuando bajó a nosotros, no dejó el cielo; tampoco nos ha dejado a nosotros, al volver al cielo. Él mismo asegura que no dejó el cielo mientras estaba con nosotros, pues que afirma: Nadie ha subido al cielo sino aquel que ha bajado del cielo, el Hijo del hombre, que está en el cielo. Esto lo dice en razón de la unidad que existe entre él, nuestra cabeza, y nosotros, su cuerpo. Y nadie, excepto él, podría decirlo, ya que nosotros estamos identificados con él, en virtud de que él, por nuestra causa, se hizo Hijo del hombre, y nosotros, por él, hemos sido hechos hijos de Dios.

En este sentido dice el Apóstol: Lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo. No dice: «Así es Cristo», sino: Así es también Cristo. Por tanto, Cristo es un solo cuerpo formado por muchos miembros. Bajó, pues, del cielo, por su misericordia, pero ya no subió él solo, puesto que nosotros subimos también en él por la gracia. Así, pues, Cristo descendió él solo, pero ya no ascendió él solo; no es que queramos confundir la divinidad de la cabeza con la del cuerpo, pero sí afirmamos que la unidad de todo el cuerpo pide que éste no sea separado de su cabeza."

De los Sermones de San Agustín, obispo (Sermón Mai 98, Sobre la Ascensión del Señor, 1-2; PLS 2, 494-495) 

 

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pulsera - joya de metal oro con esmeraldas, Roma en el 375 ca.

 

Escritos espirituales – medievales -

SAN AGUSTÍN, Sermón 215, 4.

 

. "Creamos, pues, en Jesucristo, nuestro Señor, nacido del Espíritu Santo y de la virgen María. Pues también la misma bienaventurada María concibió creyendo a quien alumbró creyendo.  

Después de habérsele prometido el hijo, preguntó cómo podía suceder eso, puesto que no conocía varón. En efecto, sólo conocía un modo de concebir y dar a luz; aunque personalmente no lo había experimentado, había aprendido de otras mujeres -la naturaleza es repetitiva- que el hombre nace del varón y de la mujer. El ángel le dio por respuesta: El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso, lo que nazca de ti será santo y será llamado Hijo de Dios. Tras estas palabras del ángel, ella, llena de fe y habiendo concebido a Cristo antes en su mente que en su seno, dijo: He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra. Cúmplase, dijo, el que una virgen conciba sin semen de varón; nazca del Espíritu Santo y de una mujer virgen aquel en quien renacerá del Espíritu Santo la Iglesia, virgen también. Llámese Hijo de Dios a aquel santo que ha de nacer de madre humana, pero sin padre humano, puesto que fue conveniente que se hiciese hijo del hombre el que de forma admirable nació de Dios Padre sin madre alguna; de esta forma, nacido en aquella carne, cuando era pequeño, salió de un seno cerrado, y en la misma carne, cuando era grande, ya resucitado, entró por puertas cerradas. Estas cosas son maravillosas, porque son divinas; son inefables, porque son también inescrutables; la boca del hombre no es suficiente para explicarlas, porque tampoco lo es el corazón para investigarlas. Creyó María, y se cumplió en ella lo que creyó. Creamos también nosotros para que pueda sernos también provechoso lo que se cumplió. Aunque también este nacimiento sea maravilloso, piensa, sin embargo, ¡oh hombre!, qué tomó por ti tu Dios, qué el creador por la creatura: Dios que permanece en Dios, el eterno que vive con el eterno, el Hijo igual al Padre, no desdeñó revestirse de la forma de siervo en beneficio de los siervos, reos y pecadores. Y esto no se debe a méritos humanos, pues más bien merecíamos el castigo por nuestros pecados; pero, si hubiese puesto sus ojos en nuestras maldades, ¿quién los hubiese resistido? Así, pues, por los siervos impíos y pecadores, el Señor se dignó nacer, como siervo y hombre, del Espíritu Santo y de la virgen María."

 

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Anastasio del Sinaí (hacia 700) monje de la Iglesia Católica en Egipto?Homilía para la Transfiguración  -  

El misterio de la crucifixión es la belleza del Reino de Dios.  -     La montaña de la transfiguración es la montaña de los misterios, el lugar de las realidades inefables, la roca de los secretos escondidos, la cumbre de los cielos. Aquí se revelaron los símbolos del reino futuro; le misterio de la crucifixión, la belleza del reino de Dios, la llegada de Cristo en su segundo advenimiento lleno de gloria. Sobre esta montaña la nube luminosa cubre de esplendor a los justos; los bienes futuros se realizan ya. La nube que envuelve esta montaña prefigura la ascensión de los justos sobre las nubes; nos enseña hoy nuestro aspecto futuro, nuestra configuración con Cristo.?       Mientras Jesús estaba en medio de sus discípulos, les había explicado su reino y su segunda venida en gloria. Pero, porque ellos no estaban seguros del todo sobre lo que él les había anunciado acerca del reino, Jesús quiso que estuvieran del todo convencidos en su corazón, y que los acontecimientos presentes les ayudaran a creer a la hora de lo que iba a suceder. Por esto, en el monte Tabor les dio a contemplar esta maravillosa manifestación divina, como una imagen que prefigura el reino de los cielos. Como si les dijera: “Para que la tardanza no engendre en vosotros la incredulidad, pronto, ya mismo, os lo digo de verdad, entre los que estáis aquí hay algunos que no verán la muerte antes de ver al Hijo del Hombre venir sobre las nubes en la gloria de su Padre. (Mt 16,28) “Seis días después, Jesús tomó consigo a Pedro, Juan y Santiago y los llevó a una montaña muy alta y se transfiguró delante de ellos.” (Mt 17,2)...?       “¡Qué terrible es este lugar! ¡Nada menos que la casa de Dios y la puerta del cielo!” (Gn 28,17) Hacia ella nos apresuramos.

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Anastasio del Sinaí (?- después del 700), monje  -  Homilía sobre la Transfiguración   

«Moisés y Elías, que aparecieron con gloria, hablaban de su muerte, que iba a consumar en Jerusalén»  -       Hoy, en lo alto del monte Tabor, aparece misteriosamente la condición de la vida futura y el Reino del gozo. Hoy, de manera sorprendente, los antiguos mensajeros de la Antigua y de la Nueva Alianza, portadores de un misterio lleno de paradoja, se reúnen en el monte junto a Dios. Hoy, en lo alto del Tabor, se esboza el misterio de la cruz que, a través de la muerte, da la vida: así como Cristo fue crucificado entre dos hombres en el monte Calvario, asimismo se levanta lleno de su majestad divina entre Moisés y Elías. La fiesta de hoy nos muestra este otro Sinaí, montaña tanto más preciosa que el Sinaí por sus maravillas y sus acontecimientos: por su teofanía sobrepasa las visiones divinas figuradas y oscuras...

     ¡Alégrate, oh Creador de todas las cosas, Cristo Rey, Hijo de Dios, resplandeciente de luz, que has transfigurado a tu imagen toda la creación y la has recreado de manera maravillosa...! ¡Y alégrate tú, oh imagen del Reino celestial, santísimo monte Tabor, que sobrepasas en belleza todos los montes! ¡Monte Gólgota y Monte de los Olivos, cantad juntos un himno y alegraos; cantad a Cristo con una sola voz en el monte Tabor y celebradlo todos juntos!

 

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San Ambrosio (hacia 340-397) obispo de Milán, doctor de la Iglesia Católica?Tratado sobre el evangelio de Lucas, 7, 91-92  -  

Su reinado es indiviso y eterno.  -        “Un reino que está divido contra sí mismo no puede subsistir.” (Mc 3,26) Como se decía que él echaba a los demonios con el poder de Belzebul, príncipe de los demonios, Jesús quería por esta palabra, demostrar que su reino es indivisible y eterno. Por esto respondió a Pilato: “Mi reino no es de este mundo.” (Jn 18,36) Así, los que no ponen su esperanza en Cristo sino que piensan que los demonios son expulsados por el príncipe de los demonios, éstos, dice Jesús, no pertenecen al reino eterno...¿Cómo, si el la fe está rota, el reino dividido puede subsistir?... Si el reino de la Iglesia debe subsistir eternamente, es porque su fe es indivisa, su cuerpo único: “Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre, que está sobre todos, actúa en todos y habita en todos.” (Ef 4,5-6)?     ¡Qué locura sacrílega! Cuando el Hijo tomó la carne para expulsar los espíritus impuros y arrancar el botín al príncipe de este mundo, cuando dio a los hombres el poder de destruir el espíritu del mal, repartiendo sus despojos entre los hombres, -marca del vencedor-, algunos llaman a los demonios en su ayuda. Y, no obstante, como dice Lucas, Jesús es el “dedo de Dios” (Lc 11,20) o como dice Mateo: “el Espíritu de Dios” que expulsa a los demonios. Se comprende, pues, que el reino de Dios es indiviso como un cuerpo es indiviso, ya que Cristo es la derecha de Dios y el Espíritu Santo se puede comparar al dedo de Dios.

 

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El Espíritu Santo, intérprete de la Escritura

109 En la Sagrada Escritura, Dios habla al hombre a la manera de los hombres. Por tanto, para interpretar bien la Escritura, es preciso estar atento a lo que los autores humanos quisieron verdaderamente afirmar y a lo que Dios quiso manifestarnos mediante sus palabras (cf. DV 12,1).

110 Para descubrir la intención de los autores sagrados es preciso tener en cuenta las condiciones de su tiempo y de su cultura, los "géneros literarios" usados en aquella época, las maneras de sentir, de hablar y de narrar en aquel tiempo. "Pues la verdad se presenta y se enuncia de modo diverso en obras de diversa índole histórica, en libros proféticos o poéticos, o en otros géneros literarios" (DV 12,2).

111 Pero, dado que la Sagrada Escritura es inspirada, hay otro principio de la recta interpretación , no menos importante que el precedente, y sin el cual la Escritura sería letra muerta: "La Escritura se ha de leer e interpretar con el mismo Espíritu con que fue escrita" (DV 12,3).

El Concilio Vaticano II señala tres criterios para una interpretación de la Escritura conforme al Espíritu que la inspiró (cf. DV 12,3):

112 1. Prestar una gran atención "al contenido y a la unidad de toda la Escritura". En efecto, por muy diferentes que sean los libros que la componen, la Escritura es una en razón de la unidad del designio de Dios , del que Cristo Jesús es el centro y el corazón, abierto desde su Pascua (cf. Lc 24,25-27. 44-46).

El corazón (cf. Sal 22,15) de Cristo designa la sagrada Escritura que hace conocer el corazón de Cristo. Este corazón estaba cerrado antes de la Pasión porque la Escritura era oscura. Pero la Escritura fue abierta después de la Pasión, porque los que en adelante tienen inteligencia de ella consideran y disciernen de qué manera deben ser interpretadas las profecías (S. Tomás de A. Expos. in Ps 21,11).

113 2. Leer la Escritura en "la Tradición viva de toda la Iglesia". Según un adagio de los Padres, "sacra Scriptura pincipalius est in corde Ecclesiae quam in materialibus instrumentis scripta" ("La Sagrada Escritura está más en el corazón de la Iglesia que en la materialidad de los libros escritos"). En efecto, la Iglesia encierra en su Tradición la memoria viva de la Palabra de Dios, y el Espíritu Santo le da la interpretación espiritual de la Escritura ("...secundum spiritualem sensum quem Spiritus donat Ecclesiae": Orígenes, hom. in Lev. 5,5).

114 3. Estar atento "a la analogía de la fe" (cf. Rom 12,6). Por "analogía de la fe" entendemos la cohesión de las verdades de la fe entre sí y en el proyecto total de la Revelación.

El sentido de la Escritura

115 Según una antigua tradición, se pueden distinguir dos sentidos de la Escritura: el sentido literal y el sentido espiritual; este último se subdivide en sentido alegórico, moral y anagógico. La concordancia profunda de los cuatro sentidos asegura toda su riqueza a la lectura viva de la Escritura en la Iglesia.

116 El sentido literal. Es el sentido significado por las palabras de la Escritura y descubierto por la exégesis que sigue las reglas de la justa interpretación. "Omnes sensus (sc. sacrae Scripturae) fundentur super litteralem" (S. Tomás de Aquino., s.th. 1,1,10, ad 1) Todos los sentidos de la Sagrada Escritura se fundan sobre el sentido literal.

117 El sentido espiritual. Gracias a la unidad del designio de Dios, no solamente el texto de la Escritura, sino también las realidades y los acontecimientos de que habla pueden ser signos.

1.      El sentido alegórico. Podemos adquirir una comprensión más profunda de los acontecimientos reconociendo su significación en Cristo; así, el paso del Mar Rojo es un signo de la victoria de Cristo y por ello del Bautismo (cf. 1 Cor 10,2).

2.      El sentido moral. Los acontecimientos narrados en la Escritura pueden conducirnos a un obrar justo. Fueron escritos "para nuestra instrucción" (1 Cor 10,11; cf. Hb 3-4,11).

3.      El sentido anagógico. Podemos ver realidades y acontecimientos en su significación eterna, que nos conduce (en griego: "anagoge") hacia nuestra Patria. Así, la Iglesia en la tierra es signo de la Jerusalén celeste (cf. Ap 21,1-22,5).

118 Un dístico medieval resume la significación de los cuatro sentidos:

"Littera gesta docet, quid credas allegoria,?Moralis quid agas, quo tendas anagogia"

(Agustín de Dacia, Rotulus pugillaris, I: ed. A. Walz: Angelicum 6 (1929), 256)

119 "A los exegetas toca aplicar estas normas en su trabajo para ir penetrando y exponiendo el sentido de la Sagrada Escritura, de modo que con dicho estudio pueda madurar el juicio de la Iglesia. Todo lo dicho sobre la interpretación de la Escritura queda sometido al juicio definitivo de la Iglesia, que recibió de Dios el encargo y el oficio de conservar e interpretar la palabra de Dios" (DV 12,3):

Ego vero Evangelio non credere, nisi me catholicae Ecclesiae commoveret auctoritas (S. Agustín, fund. 5,6).

 

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BIBLIA - “Las Escrituras no se pueden interpretar solo con los instrumentos de la ciencia de la exégesis –como hacen los protestantes-, mas va leída a la luz de la Tradición del Magisterio”. “En la Iglesia, las Sagradas Escrituras, cuya comprensión crece bajo la inspiración del Espíritu Santo, y el misterio de la interpretación auténtica, dado a los apóstoles, pertenecen el uno al otro en modo indisoluble. Y entonces, allí donde la Sagrada Escritura viene separada de la voz viviente de la Iglesia, vemos que esa cae prisionera a las disputas de los expertos”.

2005-05-07 – S. S. Benedicto XVI – San Juan de Letrán.

La Tradición engendra la Escritura: “Así pues, hermanos, manteneos firmes y conservad las tradiciones que habéis aprendido de nosotros, de viva voz o por carta”.?-II Tesalonicenses 2,15

 

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Biblia – “La palabra de Dios, que es fuerza de Dios para la salvación del que cree, se encuentra y despliega su fuerza de modo privilegiado en el Nuevo Testamento. Cuando llegó la plenitud de los tiempos, la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros llena de gracia y de verdad. Cristo estableció en la tierra el reino de Dios, se manifestó a sí mismo y a su Padre con obras y palabras, llevó a cabo su obra muriendo, resucitando y enviando al Espíritu Santo. Levantado de la tierra, atrae a todos hacia Sí, pues es el único que posee palabras de vida eterna. A otras edades no fue revelado este misterio, como lo ha revelado ahora el Espíritu Santo a los apóstoles y profetas para que prediquen el Evangelio, susciten la fe en Jesús Mesías y Señor y congreguen la Iglesia. De esto dan testimonio divino y perenne los escritos del Nuevo Testamento.?Todos saben que entre los escritos del Nuevo Testamento sobresalen los evangelios, por ser el testimonio principal de la vida y doctrina de la Palabra hecha carne, nuestro Salvador. La Iglesia, siempre y en todas partes, ha mantenido y mantiene que los cuatro evangelios son de origen apostólico. Pues lo que los Apóstoles predicaron por mandato de Jesucristo, después ellos mismos con otros de su generación lo escribieron por inspiración del Espíritu Santo y nos lo entregaron como fundamento de la fe: el Evangelio cuádruple, según Mateo, Marcos, Lucas y Juan”.

Constitución Dei Verbum, 17-18 –  CONCILIO Vaticano II

 

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Creación del hombre.

BIBLIA E IGLESIA: La Iglesia es una comunidad que escucha y anuncia la Palabra de Dios. La Iglesia no vive de sí misma sino del Evangelio y encuentra siempre y de nuevo su orientación en él para su camino. Es algo que tiene que tener en cuenta cada cristiano y aplicarse a sí mismo: sólo quien escucha la Palabra puede convertirse después en su anunciador. No debe enseñar su propia sabiduría, sino la sabiduría de Dios, que con frecuencia parece necedad a los ojos del mundo (Cf. 1 Corintios 1, 23). ??La Iglesia sabe bien que Cristo vive en las Sagradas Escrituras. Precisamente por este motivo, como subraya la Constitución dogmática «Dei Verbum»,, siempre ha tributado a las Escrituras divinas una veneración parecida a la dedicada al mismo Cuerpo del Señor (Cf. «Dei Verbum», 21). Por esta razón, san Jerónimo decía con razón algo que cita el documento conciliar: la ignorancia de las Escrituras es ignorancia de Cristo (Cf. «Dei Verbum», 25). ??Iglesia y Palabra de Dios están inseparablemente unidas entre sí. La Iglesia vive de la Palabra de Dios y la Palabra de Dios resuena en la Iglesia, en su enseñanza y en toda su vida (Cf. «Dei Verbum», 8). Por este motivo, el apóstol Pedro nos recuerda que «ninguna profecía de la Escritura puede interpretarse por cuenta propia; porque nunca profecía alguna ha venido por voluntad humana, sino que hombres movidos por el Espíritu Santo, han hablado de parte de Dios» (2 Pt 1, 20). ??Damos gracias a Dios porque en estos últimos tiempos, gracias también al impulso dado por la constitución dogmática «Dei Verbum», se ha reevaluado más profundamente la importancia fundamental de la Palabra de Dios. De esto se ha derivado una renovación en la vida de la Iglesia, sobre todo en la predicación, en la catequesis, en la teología, en la espiritualidad y en el mismo camino ecuménico. La Iglesia debe renovarse siempre y rejuvenecer y la Palabra de Dios, que no envejece nunca ni se agota, es el medio privilegiado para este objetivo. De hecho, la Palabra de Dios, a través del Espíritu Santo, nos guía siempre de nuevo hacia la verdad plena (Cf. Juan 16, 13). ??En este contexto, querría evocar particularmente y recomendar la antigua tradición de la «Lectio divina»: la lectura asidua de la Sagrada Escritura acompañada por la oración permite ese íntimo diálogo en el que, a través de la lectura, se escucha a Dios que habla, y a través de la oración, se le responde con una confiada apertura del corazón (Cf. «Dei Verbum», 25). Si se promueve esta práctica con eficacia, estoy convencido de que producirá una nueva primavera espiritual en la Iglesia. Como punto firme de la pastoral bíblica, la «Lectio divina» tiene que ser ulteriormente impulsada, incluso mediante nuevos métodos, atentamente ponderados, adaptados a los tiempos. No hay que olvidar nunca que la Palabra de Dios es lámpara para nuestros pasos y luz en nuestro camino (Cf. Salmo 118/119, 105). ??…«que la Palabra del Señor siga propagándose» (Cf. 2 Tesalonicenses 3, 1) hasta los confines de la tierra para que, a través del anuncio de la salvación, el mundo entero, oyendo, crea el anuncio de la salvación; creyendo, espere, y esperando, ame (Cf. «Dei Verbum»1). De todo corazón, ¡gracias! S. S. Benedicto XVI – P.M. 2005-09-16-?ZS05091620

 

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BIBLIA: Admitimos que hubo algunos sacerdotes que sobrepasaron el límite de la prudencia al prohibir la lectura de la Biblia, no con intención de disminuir su importancia, sino para protegerla. Martín Lutero tuvo que admitir que sin la Iglesia católica él no hubiera tenido la Biblia (ver su Comentario sobre San Juan, 16). ??Por siglos, el idioma universal de la Iglesia y del mundo occidental fue el latín. En todas las misas el sacerdote leía la Biblia en este idioma. Cuando el latín dejó de ser el idioma universal en el occidente, por tradición, las lecturas de la Biblia quedaron en latín pero los feligreses tenían los misales con la traducción en su propio idioma. ??Los que piensan que antes de Martín Lutero no existían traducciones de la Biblia están equivocados. Antes de que él tradujera la Biblia al alemán, la Iglesia tenía ediciones completas o trozos de ella en 26 diferentes lenguas europeas, y en ruso. Por ejemplo, existía la Biblia Héxapla del año 240, la de Jerónimo, La Vulgata, del 390. Había además 30 ediciones de la Biblia completa en alemán antes de la ?versión de Lutero en 1534(2), nueve antes de que él naciera. Había 62 ediciones de la Biblia, autorizadas por la Iglesia en Hebreo, 22 en griego, 20 en italiano, 26 en francés, 19 en flamenco, dos en español: la Biblia ALFONSINA (de "Alfonso el Sabio", año 1280) y la Biblia De la Casa de Alba (año 1430, AT)(3), seis en bohemio y una en eslavo, catalán y checo.(4) ??La primera Biblia impresa, fue producida bajo los auspicios de la Iglesia católica- impresa por el inventor católico de la imprenta: Johannes (Juan) Gutenberg. La primera Biblia con capítulos y versículos numerados fue producida por la Iglesia católica, gracias al trabajo de Esteban Langton, Arzobispo de Canterbury, Inglaterra. A pesar de esto acusan a la Iglesia de haber intentando la destrucción de la Biblia; si hubiera deseado hacer esto, tuvo 1500 años para hacerlo. ??"Las sectas protestantes dicen que solamente la Biblia es fuente de revelación. ¿Podrían ustedes con la sola Biblia dar el capítulo y versículo donde se afirma que S. Mateo, S. Marcos, S. Lucas y S. Juan son los autores de los Evangelios que llevan su nombre y certificarlo de forma apodíctica, sin tener que recurrir a la Tradición de la Iglesia Católica?. Esto es sumamente importante, ya que más del 90 % de lo que sabemos acerca de Jesús, está en estos cuatro (4) sagrados documentos del origen del cristianismo y –siguiendo vuestra tesis-, no encontrando en la Biblia tal afirmación, no son dignos de considerarlos Palabra Divina con todas sus consecuencias." ¿Hay algún protestante que pueda responder a esta pregunta?

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En todo el proceso de completar el canon la lista de libros del NT entendemos mejor que fue la Biblia la que salió de la Iglesia y no la Iglesia de la Biblia. Por eso, verdaderamente no hay separación entre "Biblia" y "Tradición". La Biblia forma parte de la Tradición de la Iglesia católica. No es cuestión de fe, de historia es materia.-

La Tradición engendra la Escritura: “Así pues, hermanos, manteneos firmes y conservad las tradiciones que habéis aprendido de nosotros, de viva voz o por carta”.?-II Tesalonicenses 2,15

 

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La Iglesia primitiva siempre ‘católicaporque era y es universal’, en el siglo II, tomó tres decisiones: ante todo establecer el canon, subrayando así la soberanía de la Palabra y explicando que no sólo el Antiguo Testamento es "hai grafai", sino que, juntamente con él, el Nuevo Testamento constituye una sola Escritura y de este modo es para nosotros nuestro verdadero soberano. Pero, al mismo tiempo, la Iglesia formuló la sucesión apostólica, el ministerio episcopal, consciente de que la Palabra y el testigo van juntos, es decir, que la Palabra está viva y presente sólo gracias al testigo y, por decirlo así, recibe de él su interpretación, y que recíprocamente el testigo sólo es tal si da testimonio de la Palabra. Y, por último, la Iglesia añadió un tercer elemento:  la "regula fidei", como clave de interpretación.

La Tradición engendra la Escritura: “Así pues, hermanos, manteneos firmes y conservad las tradiciones que habéis aprendido de nosotros, de viva voz o por carta”.?-II Tesalonicenses 2,15

 

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La Edad Media y el arte cristiano  -  8. Los siglos posteriores fueron testigos de un gran desarrollo del arte cristiano. En Oriente continuó floreciendo el arte de los iconos, vinculado a significativos cánones teológicos y estéticos y apoyado en la convicción de que, en cierto sentido, el icono es un sacramento. En efecto, de forma análoga a lo que sucede en los sacramentos, hace presente el misterio de la Encarnación en uno u otro de sus aspectos. Precisamente por esto la belleza del icono puede ser admirada sobre todo dentro de un templo con lámparas que arden, produciendo infinitos reflejos de luz en la penumbra. Escribe al respecto Pavel Florenskij: « El oro, bárbaro, pesado y fútil a la luz difusa del día, se reaviva a la luz temblorosa de una lámpara o de una vela, pues resplandece en miríadas de centellas, haciendo presentir otras luces no terrestres que llenan el espacio celeste ».

En Occidente los puntos de vista de los que parten los artistas son muy diversos, dependiendo en parte de las convicciones de fondo propias del ambiente cultural de su tiempo. El patrimonio artístico que se ha ido formando a lo largo de los siglos cuenta con innumerables obras sagradas de gran inspiración, que provocan una profunda admiración aún en el observador de hoy. Se aprecia, en primer lugar, en las grandes construcciones para el culto, donde la funcionalidad se conjuga siempre con la fantasía, la cual se deja inspirar por el sentido de la belleza y por la intuición del misterio. De aquí nacen los estilos tan conocidos en la historia del arte. La fuerza y la sencillez del románico, expresada en las catedrales o en los monasterios, se va desarrollando gradualmente en la esbeltez y el esplendor del gótico. En estas formas, no se aprecia únicamente el genio de un artista, sino el alma de un pueblo. En el juego de luces y sombras, en las formas a veces robustas y a veces estilizadas, intervienen consideraciones de técnica estructural, pero también las tensiones características de la experiencia de Dios, misterio « tremendo » y « fascinante ». ¿Cómo sintetizar en pocas palabras, y para las diversas expresiones del arte, el poder creativo de los largos siglos del medievo cristiano? Una entera cultura, aunque siempre con las limitaciones propias de todo lo humano, se impregnó del Evangelio y, cuando el pensamiento teológico producía la Summa de Santo Tomás, el arte de las iglesias doblegaba la materia a la adoración del misterio, a la vez que un gran poeta como Dante Alighieri podía componer « el poema sacro, en el que han dejado su huella el cielo y la tierra », como él mismo llamaba la Divina Comedia.

 

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Cristo es –piedra angular- origen y principio de donde dimana la luz y santidad que le sirve de base, alimento y razón, a su Iglesia Católica. La Iglesia, madre y maestra, respetuosa con la verdad que Cristo le depositara hace 2.000 años, expone con detalles y datos históricos su trayectoria evangélica. Ininterrumpidamente predica a Jesucristo y las virtudes cristianas. Estas sectas (adventistas, álamos, bautistas, jehovistas, etc.)  inexistiendo durante no menos de 1.600 años, y, sin dicha trayectoria histórica, no pasan de tener algunos aviesos parlanchines. Estos, podrán ser menos honrados y veraces, pero han resultado siempre más hábiles en la manipulación y la maniobra inescrupulosa. Ricos en lisonjear, motes y requiebros, como de dividirse inventando por arte de magia, sectas y más sectas día a día.  Porque tanto da para todos: sola gracia, sola fe, sola escritura, solo Cristo, solo gloria a Dios… solo secta; ¡mala combinación la protesta con el resentimiento! ¡extraña y agria hermandad vomita quien es más etéreo que hombre cabal! Lobos rapaces que hacen -cada día- nacer nuevas sectas y se cumple lo que dice San Pablo sobre el engaño de los seres humanos, sobre la astucia que tiende a llevar al error».

 

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«La Iglesia no es santa por sí misma, sino que de hecho está formada por pecadores, lo sabemos y lo vemos todos», pero ésta «viene santificada de nuevo por el amor purificador de Cristo». «Dios no sólo ha hablado, nos ha querido (...) hasta la muerte de su propio hijo». Además, Benedicto XVI dijo estar «contento» por la presentación ayer del «Compendio» del Catecismo de la Iglesia Católica, «una nueva guía para la transmisión de la fe, que nos ayude a conocer mejor e incluso a vivir mejor la fe que nos une». «No se puede leer este libro como se lee una novela», advirtió el Pontífice, subrayando que «requiere meditarlo con calma en sus partes y permitir que su contenido, mediante las imágenes, penetre en el alma». «Espero que sea acogido de este modo y pueda convertirse en una buena guía para la transmisión de la fe», aseveró. El volumen, presentado ayer, de doscientas páginas, recoge en 598 preguntas y respuestas la síntesis de ese «Catecismo» que fue promulgado en 1992 por el Papa Juan Pablo II. El «Compendio» no ofrece añadidos ni cambios al contenido de aquel volumen de unas 700 páginas. 2005-06-29.

 

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La misión de la Iglesia tiene como fin la salvación de los hombres, la cual hay que conseguir con la fe en Cristo y con su gracia. Por tanto, el apostolado de la Iglesia y de todos sus miembros se ordena en primer lugar a manifestar al mundo, con palabras y obras, el mensaje de Cristo y a comunicar su gracia. Todo esto se lleva a cabo principalmente por el ministerio de la palabra y de los sacramentos, encomendando de forma especial al clero, y en el que los seglares tienen que desempeñar también un papel de gran importancia. Son innumerables las ocasiones que tienen los seglares para ejercitar el apostolado de la evangelización y de la santificación. El mismo testimonio de la vida cristiana y las obras buenas realizadas con espíritu sobrenatural tienen eficacia para atraer a los hombres hacia la fe y hacia Dios. Lo avisa el Señor: «Así ha de lucir vuestra luz ante los hombres, que, viendo vuestras buenas obras, glorifiquen a vuestro Padre, que está en los cielos». Este apostolado, sin embargo, no consiste sólo en el testimonio de vida. El verdadero apóstol busca ocasiones para anunciar a Cristo con la palabra, ya a los no creyentes, para llevarlos a la fe; ya a los fieles, para instruirlos, confirmarlos y estimularlos a mayor fervor de vida: «Porque la caridad de Cristo nos constriñe». En el corazón de todos deben resonar aquellas palabra del Apóstol: «¡Ay de mí si no evangelizare!» Mas, como en nuestra época se plantean nuevos problemas y se multiplican errores gravísimos que pretenden destruir desde sus cimientos la religión, el orden moral e incluso la sociedad humana, este santo Concilio exhorta de corazón a los seglares a que cada uno, según las cualidades personales y la formación recibida, cumpla con suma diligencia la parte que le corresponde, según la mente de la Iglesia, en aclarar los principios cristianos, difundirlos y aplicarlos certeramente a los problemas de hoy.?Decreto Apostolicam actuositatem, 6 – VATICANO II

 

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Si en verdad Europa aspira a defender sus principios y valores, deberá empezar por recuperar la fortaleza espiritual que impulsó su nacimiento. Hoy esos principios y valores son letra muerta, despojos zarandeados por el oleaje manso del relativismo.

Europa ha dejado de creer en su superioridad moral; y, paralelamente, ha desarrollado una suerte de apatía o desistimiento que la corrección política disfraza de «tolerancia» hacia otros valores y formas de vida.

Los terroristas islámicos, más atentos en el diagnóstico de la enfermedad que nos corroe, redoblan sus ataques porque saben que Europa se ha debilitado, porque saben que en su relativismo se esconde la semilla de la rendición. 2005.07

 

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«La dominante cultura cínica de la amnesia se mueve en la abstracción de prescindir sistemáticamente del pasado, de la realidad, de la Historia y de la tradición, lo que le confiere empero un falso carácter innovador. Es una cultura neutral en la que está ausente la imaginación creadora. Ésta se suple, justamente, con el olvido o el rechazo de la realidad y de la tradición, para que parezca nuevo todo lo que produce. Y eso explica los absurdos proyectos y programas educativos vigentes, que parten del supuesto de que toda la cultura anterior carece de valor y debe ser desechada. Trátase de una inane y pervertida reproducción de la eterna polémica entre los antiguos y los modernos en la que el Estado como tal no solía tomar parte y que, por ende, impulsaba la cultura».

 

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Inquisiciones - Los historiadores distinguen tres inquisiciones: la medieval, ejercida por los obispos locales, o por la Santa Sede con carácter puntual y esporádico (por ejemplo, la Cruzada contra los Albigenses); la española (y más tarde, por imitación, la portuguesa), creada a finales de 1400 por los Reyes Católicos con el beneplácito y bulas papales, con actuación restringida al territorio de la Corona española (y Portuguesa), o sea, también en América y en los territorios europeos (en particular italianos) dependientes de ella; y una tercera inquisición, la romana, la más moderna, fundada por el Papa Pablo III en 1542 e inspirada en el modelo centralista español, pero con ámbito teóricamente universal.

Y permanecen todas las otras ‘inquisiciones’ ejercidas por poderes - político como religioso - a ejemplo, la protestante, tan cruel en algunas zonas de Europa.

 

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Historia – Inquisición - En efecto, la imposibilidad de acceder a la totalidad de la verdad partiendo de una disciplina particular es una convicción hoy ampliamente compartida. Por consiguiente, es necesaria la colaboración entre representantes de las diversas ciencias. Además, en cuanto se afronta un asunto complejo, los investigadores sienten la necesidad de aclaraciones recíprocas, respetando obviamente las competencias de cada uno. Por este motivo, la Comisión histórico-teológica para la preparación del gran jubileo con razón ha considerado que no podía reflexionar de modo adecuado sobre el fenómeno de la Inquisición sin escuchar antes a expertos en las ciencias históricas, cuya competencia fuera reconocida universalmente.

 

La cuestión, que guarda relación con el ámbito cultural y las concepciones políticas del tiempo es, en su raíz, exquisitamente teológica y supone una mirada de fe a la esencia de la Iglesia y a las exigencias evangélicas, que regulan su vida. Ciertamente, el Magisterio de la Iglesia no puede proponerse realizar un acto de naturaleza ética, como es la petición de perdón, sin antes informarse exactamente sobre la situación de ese tiempo. Pero tampoco puede apoyarse en las imágenes del pasado transmitidas por la opinión pública, ya que a menudo tienen una sobrecarga de emotividad pasional que impide un diagnóstico sereno y objetivo. Si no tuviera en cuenta esto, el Magisterio faltaría a su deber fundamental de respetar la verdad. Por eso, el primer paso consiste en interrogar a los historiadores, a los que no se les pide un juicio de naturaleza ética, que sobrepasaría el ámbito de sus competencias, sino que contribuyan a la reconstrucción lo más precisa posible de los acontecimientos, de las costumbres y de la mentalidad de entonces, a la luz del marco histórico de la época.

Sólo cuando la ciencia histórica haya podido reconstruir la verdad de los hechos, los teólogos y el mismo Magisterio de la Iglesia estarán en condiciones de dar un juicio objetivamente fundado.

En el umbral del tercer milenio, es legítimo esperar que los responsables políticos y los pueblos, sobre todo los que se hallan implicados en conflictos dramáticos, alimentados por el odio y el recuerdo de heridas a menudo antiguas, se dejen guiar por el espíritu de perdón y reconciliación testimoniado por la Iglesia, y se esfuercen por resolver sus contrastes mediante un diálogo leal y abierto.

Confío este deseo mío a vuestra consideración y a vuestra oración. Y, al tiempo que invoco sobre cada uno la constante protección divina, os aseguro mi recuerdo en la oración y de buen grado os imparto a vosotros y a vuestros seres queridos una especial bendición apostólica. 31.10.1998 S. S. Juan Pablo II . Magno

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Se perfilan así diversos interrogantes: ¿se puede hacer pesar sobre la conciencia actual una culpa vinculada a fenómenos históricos irrepetibles, como las cruzadas o la inquisición? ¿No es demasiado fácil juzgar a los protagonistas del pasado con la conciencia actual (como hacen escribas y fariseos, según Mt 23,29-32), como si la conciencia moral no se hallara situada en el tiempo? ¿Se puede acaso, por otra parte, negar que el juicio ético siempre tiene vigencia, por el simple hecho de que la verdad de Dios y sus exigencias morales siempre tienen valor? Cualquiera que sea la actitud a adoptar, ésta debe confrontarse con estos interrogantes y buscar respuestas que estén fundadas en la revelación y en su transmisión viva en la fe de la Iglesia. La cuestión prioritaria es, por tanto, la de esclarecer en qué medida las peticiones de perdón por las culpas del pasado, sobre todo cuando se dirigen a grupos humanos actuales, entran en el horizonte bíblico y teológico de la reconciliación con Dios y con el prójimo.  

Recomendamos vivamente: EDICIONES RIALP, MADRID, Beatriz Comella:  La Inquisición española, 1998. Con este libro la autora sintetiza la historia y el funcionamiento de la Inquisición española con rasgos esenciales del contexto religioso, social y económico.

 

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Cristianismo, ¿religión europea?

 

Valores para tiempos de crisis. Aceptar el desafío del futuro es el título del último libro de Benedicto XVI, publicado en Alemania en enero de 2005, y en Francia el 23 de junio, por la editorial Parole et silence. Ofrecemos un fragmento del mismo

 

En las discusiones sobre la historia de la misión cristiana, es corriente hoy en día decir que, por medio de la misión, Europa (Occidente) impuso su religión al mundo: habría ejercido un colonialismo religioso, parte del sistema colonial en general. La renuncia al eurocentrismo debería implicar, entonces, renunciar a la actividad misionera.?Esta tesis merece, para empezar, algunas observaciones de orden histórico. Como sabemos, el cristianismo no nació en Europa, sino en Asia, en el Próximo Oriente, punto de contacto de los tres grandes continentes que son Asia, África y Europa. Un contacto que nunca fue exclusivamente geográfico; Asia Menor fue el lugar de encuentro de las corrientes de pensamiento de los tres continentes. En ese sentido, la interculturalidad forma parte del cristianismo desde sus propios orígenes. Durante varios siglos, la actividad misionera se extendió tanto hacia el Este como hacia el Oeste. El cristianismo, que tenía su cuna en el Próximo Oriente, en seguida penetró en la India; la misión nestoriana llegó hasta China, y en cuanto al número de fieles el cristianismo asiático y el europeo iban más o menos a la par. Fue la expansión del Islam la que, en gran medida, redujo la vitalidad del cristianismo en el Próximo Oriente y aisló a las comunidades cristianas de India y Asia de los centros de Siria, Palestina y Asia Menor, contribuyendo así de forma decisiva a su desaparición.?¿Puede decirse que el cristianismo se hizo europeo a partir de entonces? La respuesta es, a la vez, sí y no. En efecto, la herencia de los orígenes, que se había constituido fuera de Europa, seguía siendo la raíz vital del conjunto, y por ello seguía constituyendo la crisis y la crítica de lo puramente particular, de lo europeo. Lo que llamamos europeo no es una masa monolítica, sino que forma temporalmente y culturalmente un conjunto muy complejo y heterogéneo.?En primer lugar, hubo un proceso de inculturación en el mundo griego y romano, seguido por la inculturación en el mundo germánico, en el mundo eslavo y en los nuevos pueblos latinos. Todas esas culturas han recorrido un largo camino desde la antigüedad, pasando por la Edad Media y la Edad Moderna, hasta la Edad contemporánea. En cada etapa de la Historia, el cristianismo tenía que nacer de nuevo; y no era cada vez más que sí mismo. Puede resultar útil observar algunos ejemplos.?Podemos recordar la historia de la conversión de san Agustín: la lectura del libro Hortensius, de Cicerón, había abierto en él como una brecha de nostalgia de la belleza eterna, nostalgia del encuentro y del contacto con Dios. A causa de la educación que había recibido, estaba claro para él que la respuesta a esa nostalgia despertada por la filosofía había de encontrarse en el cristianismo. Pasó, pues, del Hortensius a la Biblia, y sufrió un choque cultural. Cicerón y la Biblia –dos mundos tan diferentes– entraron en colisión, dos culturas chocaron. «No, no puede ser eso», tal fue la experiencia de san Agustín. La Biblia le pareció pura barbarie que no podía llegar a la altura de las exigencias espirituales derivadas de la filosofía romana. Podemos considerar el choque cultural sufrido por san Agustín como la expresión sintomática de la novedad y de la alteridad del cristianismo: este último no surgió de lo propio del espíritu latino, que no obstante manifestaba una espera latente de Cristo. Para hacerse cristiano, san Agustín –el mundo grecorromano– tuvo que proceder a un éxodo, durante el cual, finalmente, le fue dado de nuevo lo que había perdido.?El éxodo, la ruptura cultural, el muere y transfórmate que implica, es el esquema fundamental del cristianismo. Su historia comienza con Abraham, que recibe esta llamada de Dios: «Vete de tu tierra, de tu patria y de la casa de tu padre» (Gen 12,1). El éxodo de Israel al salir de Egipto, auténtico acontecimiento fundador del pueblo de Israel, estaba anticipado en el éxodo de Abraham, que fue también una ruptura cultural. En la línea de la fe de Abraham, podemos decir de la fe cristiana que nadie la encuentra sencillamente como se encuentra algo que ya nos pertenecía. Es algo que irrumpe desde fuera. Y siempre será así. La venida al cristianismo no puede ser cada vez sino un nacer de nuevo. ?Romano Guardini ha subrayado un aspecto importante de este esquema fundamental del cristianismo y de la fe cristiana, que no brota de nuestra propia interioridad, sino que nos llega desde fuera. El cristianismo, la fe cristiana –dice–, no son un producto de nuestra experiencia íntima, sino un acontecimiento que, desde fuera, viene a nuestro encuentro. La fe reposa sobre la irrupción de algo –o de alguien– que nuestra experiencia nunca podría alcanzar por sí misma. Tal es el sentido de la noción de Revelación: algo que no es mío, algo que no existe en mí, viene hacia mí y me arranca a mí mismo, me arrastra más allá de mí mismo, crea algo nuevo. Este movimiento implica también la historicidad del cristianismo, que se funda en acontecimientos, no en una percepción de las profundidades de mi propio mundo interior a la que después llamaríamos iluminación. La Trinidad no es objeto de nuestra experiencia; es algo que se nos dice desde fuera y viene a nosotros como Revelación. De igual forma, la encarnación del Verbo es un acontecimiento cuya noticia no procede de una experiencia íntima. Esta venida desde fuera escandaliza al hombre en busca de autonomía y autosuficiencia; es, para todas las culturas, un escándalo. Cuando san Pablo dice que el cristianismo es un escándalo para los judíos, una locura para las naciones paganas, quiere expresar así la particularidad de la fe cristiana que, a todos, llega desde fuera. Pero precisamente esa irrupción novedosa, al atravesar el ámbito de nuestra experiencia, al sobrepasar nuestra conciencia de la identidad de las cosas, nos hace remar mar adentro, en una realidad dilatada, y nos abre de esa manera la posibilidad de unirnos unos con otros, más allá del pluralismo.

Joseph Cardenal Ratzinger, traducción del francés de Teresa Martín- 2005-10-21 [al día S.S. Benedicto P.P. XVI.]

 

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IGLESIA - Experta en humanidad, la Iglesia ha estado siempre interesada en todo lo que se refiere al hombre y a la mujer. En estos últimos tiempos se ha reflexionado mucho acerca de la dignidad de la mujer, sus derechos y deberes en los diversos sectores de la comunidad civil y eclesial. Habiendo contribuido a la profundización de esta temática fundamental, particularmente con la enseñanza de S. S. Juan Pablo II Pont.Max., la Iglesia se siente ahora interpelada por algunas corrientes de pensamiento, cuyas tesis frecuentemente no coinciden con la finalidad genuina de la promoción de la mujer. MM.

 

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Una sociedad sin valores profundos es pasto para todo género de sectas y violencias.

 

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Iglesia - Cristo es –piedra angular- origen y principio de donde dimana la luz y santidad que le sirve de base, alimento y razón, a su Iglesia Católica. La Iglesia, madre y maestra, respetuosa con la verdad que Cristo le depositara hace 2.000 años, expone con detalles y datos históricos su trayectoria evangélica. Ininterrumpidamente predica a Jesucristo y las virtudes cristianas. Estas sectas (adventistas, álamos, bautistas, jehovistas, etc.)  inexistiendo durante no menos de 1.600 años, y, sin dicha trayectoria histórica, no pasan de tener algunos aviesos parlanchines. Estos, podrán ser menos honrados y veraces, pero han resultado siempre más hábiles en la manipulación y la maniobra inescrupulosa. Ricos en lisonjear, motes y requiebros, como de dividirse inventando por arte de magia, sectas y más sectas día a día.  Porque tanto da para todos: sola gracia, sola fe, sola escritura, solo Cristo, solo gloria a Dios… solo sectas y más sectas; ¡mala combinación la protesta con el resentimiento! ¡extraña y agria hermandad vomita quien es más etéreo que hombre cabal! Lobos rapaces que hacen -cada día- nacer nuevas sectas y se cumple lo que dice San Pablo sobre el engaño de los seres humanos, sobre la astucia que tiende a llevar al error».

 

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Protestantismo - Si vamos a la raíz de lo que origina estos desacuerdos [con evangélicos diversos protestantes y evangelistas], vemos que ocurren cuando cada persona al estar convencida de que su interpretación de la Biblia es la correcta, simplemente la del otro es una herejía. Para este tipo de Iglesias y personas que no aceptan que lo que la Biblia dice “puede” ser diferente a los que ellos interpretan, nunca será posible reconocer que la otra parte puede tener argumentos bíblicos para pensar lo que piensa, y nunca buscará conciliar diferencias como lo hacían los primeros cristianos en la Iglesia primitiva (Hechos 15) deliberando unidos en Concilio.

Mientras la Iglesia Católica siempre ha seguido el modelo bíblico y ha tomado sus decisiones en conjunto y dichas decisiones han sido acatadas por los fieles, para las iglesias protestantes las decisiones tomadas por la Iglesia en concilio son “palabras de hombre”, les importa “un pepino” y se ven obligadas a reinterpretar todas las Escrituras una y otra vez, generación tras generación, basándose en la interpretación humana de su fundador. Cosa que es mucho peor porque es la interpretación de un individuo versus la interpretación de la Iglesia entera.

Scoth Hann un Ex–pastor presbiteriano ahora convertido a la Iglesia Católica resume esto en una frase que dice: “Mientras los protestantes están discutiendo el menú, nosotros estamos disfrutando el banquete”.

Por eso dice la Escritura:

“Pero, ante todo, tened presente que ninguna profecía de la Escritura puede interpretarse por cuenta propia; porque nunca profecía alguna ha venido por voluntad humana, sino que hombres movidos por el Espíritu Santo, han hablado de parte de Dios.” 2 Pedro 1,20-21

“Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos.»” Mateo 16,17-18

 

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El protestantismo y la imprenta, junto con otras condiciones históricas, van a ocasionar en el libro cristiano cambios muy profundos. De una parte, los libros se van a multiplicar rápidamente, y de otra, el libre examen subjetivista va a erosionar notablemente el aprecio por la Tradición eclesial y por el Magisterio apostólico, colocando a los teólogos por encima de los pastores en la determinación y predicación de la fe cristiana.

En el mismo campo católico, vemos con alarma que a partir del XVI no pocas veces la mediocridad cuantitativa va prevaleciendo sobre la excelencia cualitativa, y que cualquier Despertador de conciencias dormidas, o cosa semejante, alcanza a veces mayor difusión que las obras de un San Juan de la Cruz. Cuando exploramos las bibliotecas importantes de estos siglos, en conventos o universidades, nos quedamos abrumados al ver la cantidad de piadosa morralla allí acumulada desde la invención de la imprenta. Encontramos también en ellas, sin duda, las obras excelentes, pero están semiocultas en la abundancia de la vulgaridad. Se hace patente ya un cambio muy marcado con respecto a las bibliotecas antiguas. Ahora la cantidad predomina sobre la calidad. La calidad está perdida entre la cantidad.

 

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El termino "evangélico" es un termino que adoptaron algunas sectas protestantes [metodistas, bautistas, presbiterianos, etc.] al concluir una propia conferencia, en la ciudad de Panamá en el año de 1906, donde se dieron cuenta del escándalo que producía seguir llamándose cada uno por su nombre, [pentecostales, testigos, adventistas, episcopales, metodistas, bautistas, etc., etc., etc]; complicando con ello a los Latino-Americanos en su proyecto de proselitismo, que veían con sospecha la variedad y la diversidad de doctrinas y creencias entre los protestantes que invadían nuestras tierras desde los USA.

Es como decir "gillette" para denominar una navaja de rasurar; "shampoo" para denominar el liquido con el cual se lava el cabello. ¡Una secta para cada gusto!.

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"Las sectas protestantes dicen que solamente la Biblia es fuente de revelación. ¿Podrían ustedes con la sola Biblia dar el capítulo y versículo donde se afirma que S. Mateo, S. Marcos, S. Lucas y S. Juan son los autores de los Evangelios que llevan su nombre y certificarlo de forma apodíctica, sin tener que recurrir a la Tradición de la Iglesia Católica?. Esto es sumamente importante, ya que más del 90 % de lo que sabemos acerca de Jesús, está en estos cuatro (4) sagrados documentos del origen del cristianismo y –siguiendo vuestra tesis-, no encontrando en la Biblia tal afirmación, no son dignos de considerarlos Palabra Divina con todas sus consecuencias." ¿Hay algún protestante que pueda responder a esta pregunta?

 

Dice Tomás de Aquino que omnis error ex superbia causatur (todo error tiene por causa la soberbia)

 

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Protestantismo - Desgraciadamente, lo que el ‘protestantismo’ ha hecho es exaltar y tratar como algo sagrado al rebelde y disidente juicio privado considerándolo como un dogma de fe, y las consecuencias de esto se han hecho manifiestas. ¡No funciona! La Enciclopedia Cristiana Mundial (Publicación de la Universidad de Oxford, 1983) estima que hay mas de 20,000 denominaciones en existencia, y la aplastante mayoría de ellas – todas excepto por un puñado de ellas – han sido creadas en los últimos 500 años y son denominaciones Protestantes. Ese es el fruto de la doctrina de juicio privado. ??Podemos ver, desde nuestro punto de observación 500 años después de la Reforma, las consecuencias devastadoras de esta doctrina, como actúa como un martillo para machacar y hacer trizas a las iglesias haciéndolas más y más pequeñas con el pasar del tiempo. Sin embargo, las gentes de aquel tiempo debieron haber podido prever estas consecuencias, y de hecho así lo hicieron. Los Católicos de aquel periodo abiertamente predijeron el caos; mismo que ahora ha florecido en el mundo Cristiano, y los Reformistas mismos vieron lo que pasaría. Los Reformistas por eso tomaron medidas para mitigar esta situación y desacelerar el número de denominaciones que estaban siendo creadas.

¿Y las humanas doctrinas de los predicadores protestantes con esas sectas que se multiplican como hongos parasitarios? [sectas bautistas –norte y sur- tenemos no menos de 19].¡Que muchos viven a costa ajena y sin mayores escrúpulos! Sí, con mucha charlatanería... y Biblia bajo el brazo.

 

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Biblia - Un libro histórico -como son Los Evangelios por ejemplo- merece credibilidad cuando reúne tres condiciones básicas: ser auténtico, verídico e íntegro. Es decir, cuándo el libro fue escrito en la época y por el autor que se le atribuye (autenticidad), cuando el autor del libro conoció los sucesos que refiere y no quiere engañar a sus lectores (veracidad), y, por último, cuando ha llegado hasta nosotros sin alteración sustancial (integridad).

 

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Sabios no tan sabios. Otro problema serio es que la enseñanza islámica la llevan a cabo los ulemas (sabios) que en realidad son «sabios» solo en un pequeño ámbito del saber: han aprendido el Corán de memoria, han tomado los viejos dichos atribuidos a Mahoma (Sunna) y centenares de miles de respuestas jurídicas de otros imanes. Pero no han estudiado matemáticas, sociología, psicología; la Historia para ellos se limita al mundo islámico; el estudio de las religiones se hace sólo con función apologética, por si el islam es atacado. Es como si nuestros sacerdotes hubieran estudiado sólo la Biblia y además, partiendo de comentarios antiguos.

 

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Tradición y libertad - La tradición occidental desde las antiguas Atenas, Jerusalén y Roma, no se ha movido entre la represión o la descarga del impulso, sino que ha peleado por la libertad interior, que pasa por el dominio de sí, pues sin ésta difícilmente el hombre puede hablar de libertad, ya que no se trata simplemente de la ausencia de coacción externa, sino de capacidad para poder determinarse en orden al bien.

 

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San Sebastián-mártir de la Iglesia Católica

 

SAN LORENZO –  PROTO-DIÁCONO DE LA IGLESIA ROMANA

Don Francesco Moraglia  - Profesor de teología sistemática  - Génova - it.

La historia de la Iglesia nos ha entregado grandes figuras de obispos y presbíteros que han contribuido a ilustrar en el plano teológico y pastoral el significado profundo del ministerio ordenado. Para el episcopado destacan, entre otras, la figura de Ireneo, Agustín, Winfrido-Bonifacio, Bartolomé de Las Casas e Ildefonso Schuster; para el presbiterado adquieren importancia, en la época moderna y contemporánea, Felipe Neri, Juan María Vianney, Juan Bosco, Pedro Chanel y Maximiliano Kolbe. También el ministerio diaconal adquiere contornos más claros si se lo considera a la luz de las figuras de los grandes diáconos. Es el caso, por ejemplo, del mártir Lorenzo, protodiácono de la Iglesia romana que, con Esteban y Felipe, es ciertamente una de las más famosas de la antigüedad.

El diaconado considerado en sí mismo como ministerio permanente no finalizado al presbiterado, decae en occidente después del siglo V –hasta esa fecha era una institución floreciente–, porque a partir de esa época los presbíteros comienzan a sentirse mayormente implicados en la actividad pastoral y de este modo, el primer grado del sacramento del orden es reducido a una simple etapa para llegar al grado sucesivo, a saber, el presbiterado. Entonces se puede comprender fácilmente cómo es que la institución diaconal, en el plano de la reflexión teológica y de la praxis pastoral, haya permanecido inhibida, casi fosilizada.

Ante esta situación, ya en el siglo XVI, trató de reaccionar el concilio de Trento, pero sin éxito. Se debió esperar hasta el concilio Vaticano II, en al segunda mitad del siglo XX, para ver restablecido el diaconado "como un grado particular dentro de la jerarquía". Y después de esta afirmación, el texto de la constitución dogmática Lumen gentium, también en el n. 29, especifica: "Con el permiso del Romano Pontífice, se puede conferir este diaconado a hombres de edad madura casados o también a jóvenes idóneos, pero para éstos hay que mantener como obligatoria la ley del celibato"" (EV, 1/360).

Pablo VI, en su carta apostólica Sacrum diaconatus ordinem (del 18 de junio de 1967), reafirma que el orden del diaconado "... no debe ser considerado como un puro y simple grado de acceso al sacerdocio; sino que él, insigne por su carácter indeleble y su gracia particular, enriquece tanto a aquellos que son llamados a él y pueden dedicarse ‘a los misterios de Cristo y de la Iglesia’ de manera estable" (EV, 2/1369).

Ya el solo hecho de que en la Iglesia latina el diaconado no se haya puesto en práctica en su forma permanente por un período tan largo –quince siglos–, deja intuir que en el plano de la reflexión teológica y de la praxis pastoral es necesario recuperar el tiempo perdido a través de una reflexión amplia por parte de toda la comunidad eclesial. En efecto, el diaconado permanente constituye un importante enriquecimiento para la misión de la Iglesia.

Obviamente, el restablecimiento del diaconado permanente, autorizadamente solicitado por el último concilio, no puede dejar de producirse en armonía y continuidad con la antigua tradición. Muy significativas son las palabras de la Congregación para la educación católica y de la Congregación para el Clero, en la reciente declaración conjunta (del 22 de febrero de 1998), que se encuentra al inicio de las Normas fundamentales para la información de los diáconos permanentes y del Directorio para el ministerio y la vida de los presbíteros. Estas palabras resultan clarificadoras y sirven para futuras orientaciones. En ellas se dice: "es la entera realidad diaconal (visión doctrinal fundamental, consecuente discernimiento vocacional y preparación, vida, ministerio, espiritualidad y formación permanente) que postula hoy una revisión del camino de formación recorrido hasta aquí, para llegar a una clarificación global, indispensable para un nuevo impulso de este grado del Orden sagrado, en correspondencia con los votos y las intenciones del concilio ecuménico Vaticano II" (Normas fundamentales para la formación de los diáconos permanentes, Directorio para el ministerio y la vida de los diáconos permanentes. Ciudad del Vaticano 1998, pág. 7).

 

Reanudando cuanto se ha dicho acerca de las grandes figuras de obispos, presbíteros y diáconos que han ilustrado e influido en el ministerio ordenado, determinando su comprensión más profunda, resulta coherente detenerse en la figura del diácono Lorenzo, que con sus vicisitudes personales impulsó a volver a pensar en este grado del ministerio ordenado que, a causa de los acontecimientos históricos mencionados anteriormente, todavía hoy espera ser comprendido plenamente y valorizado. Se trata de dar nueva linfa a un ministerio diaconal entendido como ministerio permanente capaz de expresarse con mayor fecundidad en la vida de la Iglesia.

Las vicisitudes personales de san Lorenzo, archidiácono de la Iglesia de Roma, han llegado hasta nosotros a través de una antigua tradición ya divulgada en el siglo IV. Esta tradición acogida por la Iglesia también ha sido acogida por los textos litúrgicos.

Los hechos más conocidos del martirio de Lorenzo están descritos, con lujo de detalles, en la Passio Polychronii (los actos del martirio de Lorenzo) de la que tenemos tres redacciones (siglos V-VII). Que en este relato existan elementos legendarios es un dato de hecho si bien algunas noticias que aquí se presentan también las conocemos por testimonios precedentes, como el de san Ambrosio en el De Officiis (cf. PL XVL 89-92).

Comencemos, con el intento de ampliarlas, por las breves notas referidas para la fiesta del mártir que –según la Depositio martyrum (del año 354)– se festeja el 10 de agosto. He aquí las expresiones del misal romano: "Lorenzo, famoso diácono de la Iglesia de Roma, confirmó con el martirio en la persecución de Valeriano (258) su servicio a la caridad, cuatro días después de la decapitación del Papa Sixto II. Según la tradición, ya divulgada en el siglo IV, soportó intrépidamente un martirio atroz en la parrilla, después de haber distribuido los bienes de la comunidad a los pobres que consideraba verdaderos tesoros de la Iglesia". Estas notas concluyen recordando que el nombre de Lorenzo también lo menciona el canon romano.

De este modo, la Iglesia, en sus textos litúrgicos oficiales, hace suya cuanto refiere la antigua tradición que, sin embargo, conoce versiones diferentes. Aquí no deseamos afrontar las hipótesis que recientemente ha planteado la crítica historiográfica que se inclinaría a trasladar la fecha del martirio de Lorenzo al inicio del siglo IV y a caracterizar su figura con líneas diversas de las tradicionales. Por ejemplo, Lorenzo no habría sido español sino romano. A este propósito, el prefacio de la misa XII del Sacramniario leoniano lo presenta como civis romano. Pero, como anota Paolo Toschi, todos estos nuevos estudios, "no excluyen a priori la posibilidad de que en Roma existiera una verdadera tradición, expuesta con evidentes ornamentos retóricos por parte de san Ambrosio acerca de la trágica captura y muerte de san Lorenzo, precisamente por medio del fuego, suplicio que sabe que se infligió en la época de Valeriano, a san Fructuoso y a los diáconos Eulogio y Augurio en Tarragona. Por otra pare, el verbo animadvertere utilizado en el decreto de persecución en la tradición de Cipriano puede referirse también a otras formas de ejecuciones capitales además del ‘degüello’" (Bibliotheca Sanctorum, vol. ... 1539).

Aceptamos aquí el dato de la tradición tal como lo refieren los textos litúrgicos, limitándonos a proponerlo de modo más articulado.

De este modo, Lorenzo habría nacido en España, en Osca, pequeña ciudad de Aragón que surge en las laderas de los Pirineos. Siendo joven fue enviado a la ciudad de Zaragoza para completar sus estudios humanísticos y teológicos. Aquí conoció al futuro Papa Sixto II –originario de Grecia– que enseñaba en lo que en aquella época era uno de los centros de estudios más conocidos. Y entre aquellos maestros, el futuro Papa era uno de los más famosos y apreciados.

Lorenzo, por su parte, que un día se convertiría en el jefe de los diáconos de la Iglesia de Roma, sobresalía por sus dotes humanas, por la delicadeza de su ánimo y por su inteligencia. De este modo, se instauró entre el maestro y el alumno una comunión y una familiaridad que con el pasar de los tiempos aumentó y se consolidó. Mientras tanto también aumentaba para ambos el amor por Roma, centro de la cristiandad y ciudad sede del Vicario de Cristo. Por esta razón, siguiendo un flujo migratorio entonces muy vivaz, dejaron España por la ciudad en la que el apóstol Pedro había puesto su cátedra y dado su testimonio supremo. De este modo el maestro y el alumno, precisamente en Roma, en el corazón de la catolicidad, pudieron realizar su ideal de evangelización y misión hasta llegar a la efusión de la sangre. Cuando el 30 de agosto del año 257 Sixto II subió al solio de Pedro –por un pontificado que habría durado menos de un año–, inmediatamente y sin dudar quiso junto a sí a su antiguo discípulo y amigo Lorenzo, a quien le encargó el delicado cargo de protodiácono.

En fin, los dos sellaron su vida de comunión y amistad muriendo a manos del mismo persecutor, separados sólo por pocos días.

De la muerte del Papa Sixto II tenemos noticias en una carta de san Cipriano, obispo de Cartago. Cipriano, hablando de la situación de gran incertidumbre y estrechez en que se encontraban las Iglesias a causa de la creciente hostilidad hacia los cristianos, escribe: "El emperador Valeriano envió al senado a su rescripto con el cual decidió que los obispos, los sacerdotes y los diáconos sean ajusticiados...". Y el testimonio de Cipriano continúa: "... Os comunico que Sixto ha sufrido el martirio con cuatro diáconos el 6 de agosto, mientras se encontraba en la zona del cementerio. Las autoridades de Roma tienen como norma que cuantos son denunciados como cristianos deban ser ajusticiados, mientras sus bienes son confiscados en beneficio del erario imperial" (Carta 80; CSEL 3, 839.840).

El cementerio al que alude el santo obispo de Cartago es el de Calixto, donde Sixto fue capturado mientras celebraba la sagrada liturgia y donde fue sepultado tras sufrir el martirio.

En cambio, del martirio del diácono Lorenzo tenemos el testimonio de particularmente elocuente de san Ambrosio en el De Officiis (1 41, 205-207), reanudado por Prudencio y san Agustín, y después por san Máximo de Turín, san Pedro Crisólogo, san León Magno y, en fin, por algunas fórmulas litúrgicas contenidas en los Sacramentales romanos, en el Misal Gothicum y en el Ormionale Visigótico (Bibliotheca Sanctorum, vol. ..., 1538-1539).

Primero Ambrosio se explaya sobre el encuentro y sobre el diálogo entre Lorenzo y el Papa, después alude a la distribución entre los pobres de los bienes de la Iglesia y, en fin, menciona la parrilla, instrumento de suplicio, remarcando la frase con que el protodiácono de la Iglesia de Roma se dirige a sus torturadores: Assum est (...) versa et manduca (cf. Bibliotheca Sanctorum, vol. ..., col. 1538-1539).

Y precisamente del texto ambrosiano del De Officiis (cap. 41, nn. 205-207), conmovedor por su intensidad y fuerza expresiva, tomamos como referencia a san Ambrosio cuando se expresa con las siguientes palabras:

205. "... san Lorenzo ... al ver a su obispo Sixto que era conducido al martirio, comenzó a llorar no porque se lo enviaba a la muerte, sino porque iba a sobrevivir a él. Entonces comienza a decirle en voz alta: "¿Adónde vas, padre, sin tu hijo? ¿Adónde te apresuras a ir, oh santo obispo, sin tu diácono? Jamás ofrecías el sacrificio sin el ministro. Por tanto, ¿qué te ha disgustado de mí, oh padre? ¿Piensas que soy indigno? Comprueba al menos si has elegido un ministro idóneo. ¿No quieres que derrame la sangre junto a ti aquel al que has encomendado la sangre del Señor, aquel al que has hecho partícipe de la celebración de los misterios sagrados? Ten cuidado, que mientras se alaba tu fortaleza, no vacile tu discernimiento. Despreciar al discípulo es un daño para el maestro. ¿Acaso es necesario recordar que los hombres grandes y famosos vencen con las pruebas victoriosas de sus discípulos más que con las propias? En fin, Abraham ofreció a su hijo, Pedro envió antes a Esteban. También tú, oh padre, muestra en tu hijo tu virtud; ofrece a quien has educado, para alcanzar el premio eterno en gloriosa compañía, seguro de tu juicio".

206. Entonces Sixto le respondió: "No te dejo, no te abandono, oh hijo; sino que tendrás que afrontar pruebas más difíciles. A nosotros, porque somos viejos, se nos ha asignado el recorrido de una carrera más fácil; a ti, porque eres joven, te corresponde un triunfo más glorioso sobre el tirano. Pronto vendrás, deja de llorar: dentro de tres días me seguirás. Entre un obispo y un levita es conveniente que exista este intervalo. No habría sido digno de ti vencer bajo la guía del maestro, como si buscaras una ayuda. ¿Por qué quieres compartir mi martirio? Te dejo toda mi herencia. ¿Por qué exiges mi presencia? Los discípulos que todavía son débiles preceden al maestro, los que ya son fuertes y, por tanto, ya no tienen necesidad de enseñanzas, deben seguirlo para vencer sin él. Así también Elías dejó a Eliseo. Te encomiendo la sucesión de mi virtud".

207. "Entre ellos se libraba una competición verdaderamente digna de ser combatida por un obispo y un diácono: ver quién debía sufrir primero por Cristo. Dicen que en las representaciones trágicas los espectadores aplaudían animadamente cuando Pilade decía que era Oreste, y Oreste afirmaba que, efectivamente, era Oreste, para impedir que Pilade fuera muerto en su lugar. Pero ellos no habrían tenido que vivir, porque ambos eran reos de parricidio: uno por haberlo cometido, y el otro por ser su cómplice. En nuestro caso el único deseo que impulsaba a san Lorenzo era el de inmolarse por el Señor. Y también él, tres días después, mientras se burlaba del tirano, era quemado a fuego lento sobre una parrilla. ‘Esta parte ya está cocida, dijo, gírala y come’. Con esa fuerza de ánimo vencía el ardor del fuego" (San Ambrosio, De Officiis, libri tres, Milán, Biblioteca Ambrosiana, Roma, Città Nuova Editrice 1977, pp. 148-151).

 

Según el testimonio de san Ambrosio, el diácono se caracteriza por ser:

1) la persona que, constituida sacramentalmente al servicio de la ofrenda (diaconoía), vive su ministerio diaconal expresando en la martyría –supremo testimonio dado por Cristo– el sentido teológico del servicio de la caridad, a través de la acogida de ese amor-caridad superior que es el martirio; 2) la persona que, en virtud del vínculo estructural que lo une sacramentalmente al obispo (primer grado del orden sagrado), vive la "comunión eclesial" mediante un servicio específico al epíscopo, precisamente a partir de la Eucaristía y en relación con ella; 3) la persona que, como consecuencia del sacramento, es decir, en cuanto insertado en el primer grado del orden sagrado, se dedica al servicio de una caridad integral y exhaustiva y que, por eso, no es únicamente una solidaridad humana y social, y así manifiesta el carácter más típico de la diaconía.

Examinemos estas características a continuación, comenzando por:

1) El diácono se presenta como aquel que, constituido sacramentalmente en el servicio de la ofrenda (diaconía) vive su ministerio diaconal expresando en la martyría –supremo testimonio dado por Cristo– el sentido teológico del servicio de la caridad, a través de la acogida de ese amor-caridad superior que es el martirio.

Si la característica principal que identifica al diácono en sí mismo y en su ministerio es ser ordenado por el servicio a la caridad, entonces la martyría –testimonio hasta la efusión de la sangre– debe considerarse como expresión de un amor-caridad más grande, o sea el servicio de una caridad ilimitada. Por tanto, el ministerio de la caridad a la que el diácono está destinado mediante la ordenación no se detiene en el servicio de la Eucaristía, o como se decía una vez con leguaje catequístico, a las obras de misericordia corporales o espirituales, sino que el servicio diaconal de la caridad debe realizarse en la entrega incondicional de sí, hasta la imitación de Cristo, el testimonio fiel por antonomasia (cf. Ap 1, 5; 3, 14).

En el caso de Lorenzo –explica Ambrosio– "el único deseo que lo impulsaba era el de inmolarse por el Señor" (cf. San Ambrosio, De Officiis, I, 41, n. 207). De este modo, mediante el testimonio dado ante sus perseguidores, es evidente que el ejercicio del ministerio diaconal no se identifica aquí con el servicio al prójimo, reducido sólo a las necesidades materiales; puesto que precisamente en ese gesto que expresa un amor más grande por Cristo y que lleva a donar la vida, Lorenzo hace que también sus verdugos puedan hacer realmente "cierta experiencia" del Verbo encarnado que, al final, es el destino personal y común de todo hombre. Este es el servicio teológico de la caridad a la que cada diácono debe tender o, al menos, estar disponible.

Pero esto no significa que el diácono agote en su ministerio el testimonio de la caridad que es, y permanece siempre, vocación y misión de toda la Iglesia. Más bien se desea afirmar que, en virtud de la ordenación, el diaconado lleva en sí, de modo sacramental específico, la "forma Christi" para el servicio de la caridad; es decir un "ejercicio ministerial" de la caridad que se pone en práctica con respecto a Cristo y a los hermanos y que puede llegar a requerir también el don de sí mismo, hasta el sacrificio de la vida. Entonces resuenan claramente las palabras que Lorenzo dirige al obispo Sixto: "En fin, Abraham ofreció a su hijo, Pedro envió antes a Esteban. También tú, oh padre, muestra en tu hijo tu virtud; ofrece a quien has educado, para alcanzar el premio eterno en gloriosa compañía, seguro de tu juicio" (San Ambrosio, De Officiis, I, 41, n. 205).

De todas maneas, es útil reafirmar que el testimonio de un "amor-caridad" más grande, por parte de quien es ordenado, precisamente para el servicio de la caridad, jamás eximirá a la Iglesia-Esposa de ofrecerse a Cristo-Esposo en el don de la "martyría" en el que, más allá de toda reticencia y ambigüedad, se manifiesta el valor absoluto y la unión inseparable que la "verdad" y la "caridad" asumen en la vida del discípulo del Señor (cf. 1 Co 13, 4-5; Flm 4, 15).

A este propósito conviene releer el texto de la Lumen gentium, 42, en el parágrafo que afirma: "Por el martirio, el discípulo se hace semejante a su Maestro, que aceptó libremente la muerte para la salvación del mundo, y se identificó con él derramando su sangre. Por eso la Iglesia considera siempre el martirio como el don por excelencia y como la prueba suprema del amor. Aunque se conceda a pocos, todos, sin embargo, deben estar dispuestos a confesar a Cristo ante los hombres y a seguirlo en el camino de la cruz en medio de las persecuciones que nunca le faltan a la Iglesia" (EV, 1/398).

Ahora –a pesar de la heroica llamada universal a la caridad– un hecho es indiscutible: en la Iglesia existe un específico "ministerio ordenado", es decir de los hombres sacramentalmente constituidos para el servicio de la caridad;

 

2) El diácono se presenta como la persona que, en virtud del vínculo estructural que lo une sacramentalmente al obispo (primer grado del orden sagrado), vive la "comunión eclesial" mediante un servicio específico al epíscopo, precisamente a partir de la Eucaristía y en relación con ella:

Esta es la otra característica que se deduce del coloquio entre Sixto y Lorenzo en el cementerio de Calixto. El diálogo pone de manifiesto cómo precisamente en el nexo sacramental que une al diácono y a la epíscopo, el diácono se presenta como "hombre de comunión" exactamente a través del servicio específico al obispo; y además, este servicio se realiza concretamente en el fiel cumplimiento de lo que el epíscopo en virtud de la plenitud del sacerdocio y del gobierno que tiene sobre su Iglesia –siempre en comunión con el obispo de Roma–, requiere a su diácono según las necesidades y las urgencias eclesiales.

En fin, en el ministerio del diácono, todo tiene como punto de referencia el altar, en cuanto en la Iglesia cada cosa, comenzando por la caridad, tiene su origen en la Santísima Eucaristía. Al respecto, he aquí el punto en el que el testimonio de Ambrosio se hace particularmente significativo: "... Lorenzo ... al ver a su obispo Sixto que era conducido al martirio, comenzó a ... decirle en voz alta: "¿Adónde vas, padre, sin tu hijo? ¿Adónde te apresuras a ir, oh santo obispo, sin tu diácono? Jamás ofrecías el sacrificio sin el ministro... ¿No quieres que derrame la sangre junto a ti aquel al que has encomendado la sangre del Señor, aquel al que has hecho partícipe de la celebración de los misterios sagrados?" (San Ambrosio, De Officiis, 1.41, n. 205 ...).

La comunión y el afecto entre el obispo y el diácono, que se manifiestan en la dependencia común y en el lazo común a la Eucaristía, expresan una visión eclesial profundamente teológica que va más allá de las concepciones que humillan y disminuyen a la Iglesia-Esposa a la mera dimensión política y sociológica, equiparándola, de hecho, a una de las tantas instituciones humanas. Por esta razón es necesario liberarse de toda perspectiva laicista que ineluctablemente lleva a perder o a comprometer el sentido y la fuerza regeneradora del Misterio. Porque se corre el riesgo de ver tanto en el Papa, como en los obispos, en los presbíteros y en los diáconos, otros tantos grados de una burocracia infinita similar a la de la administración pública y destinada como ésta a vigilar sobre un vago orden de conjunto.

El encuentro entre el Papa Sixto y el diácono Lorenzo nos invita, si fuera el caso, a cambiar ese punto de vista y descubrir en el corazón de la Institución-Iglesia, siempre indispensable, y de las estructuras eclesiales, igualmente necesarias, la realidad viva y vivificante de la gracia que las anima y, al mismo tiempo, nos invita a descubrir el nexo teológico que las vincula a Cristo, único, verdadero Epíscopo, Presbítero y Diácono. Por otra parte, ya en el Nuevo Testamento –en la Carta a los filipenses (cf. 1, 1) y en la primera Carta a Timoteo (cf. 3, 1-13)– encontramos asociados el obispo y el diácono. Y a continuación su estrecha relación la reafirma la Traditio Apostolica –principio del siglo III, Hipólito de Roma–, donde la gracia conferida al diácono con el rito de la ordenación es definida "simple servicio del obispo", sin ningún sacerdocio. Pocos años después –a mediados del siglo III, en Siria–, la Didascalia de los Apóstoles presenta al diácono como "servidor del obispo y de los pobres".

En fin, la relación que une estructuralmente al diácono y al obispo se expresa hoy de manera transparente a través de la liturgia de la ordenación. En efecto, en este ceremonial a diferencia del de la ordenación de los obispos y de los presbíteros, el gesto de la imposición de las manos lo realiza únicamente el obispo que ordena para indicar, precisamente, el vínculo característico y singular que une al diácono y al obispo.

 

3) el diácono se presenta como la persona que, como consecuencia del sacramento, es decir, en cuanto insertado en el primer grado del orden sagrado, se dedica al servicio de una caridad integral y exhaustiva y que, por eso, no es únicamente una solidaridad humana y social, y así manifiesta el carácter más típico de la diaconía.

Asimismo, Ambrosio en su testimonio nos presenta a Lorenzo como aquel que, en virtud del sacramento recibido, está plenamente entregado al servicio de la caridad en una situación concreta: la Roma imperial del siglo III, mientras arrecia la persecución; y en esa coyuntura, Lorenzo es llamado a realizar, ante la comunidad eclesial y el mundo, gestos concretos destinados a transformarse en otros tanto signos de amor-caridad de Dios, o sea de esa caridad de la que proviene todo y hacia la cual todo se encamina; y precisamente en este servicio, el diácono expresa el ministerio típico de su diaconía que consiste, precisamente, en el servicio de la caridad cumplido en virtud del mandato sacramental; en suma, una animación que se refiere a la Iglesia o a los sectores de la vida eclesial y que se presenta según los caracteres de la catolicidad (kat’olon= según la totalidad, sin excluir nada); la aspiración de este servicio es la totalidad de los hombres sin excepción; el contenido, un bien que responda a todas las expectativas del hombre –espíritu, alma y cuerpo (cf. 1 Ts 5, 23)– excluyendo toda parcialidad y todo carácter unilateral.

Además, en el texto ambrosiano hay una alusión que ayuda a la reflexión: Sixto, ya prisionero, encomienda a Lorenzo, el primero de sus diáconos, la entera Iglesia y se la deja por espacio de tres días: "... A nosotros, porque somos viejos, se nos ha asignado el recorrido de una carrera más fácil; a ti, porque eres joven, te corresponde un triunfo más glorioso sobre el tirano. Pronto vendrás, deja de llorar: dentro de tres días me seguirás. Entre un obispo y un levita es conveniente que exista este intervalo..." (San Ambrosio, De Officiis, n. 206). Lorenzo, en esos tres días, y como diácono, con espíritu de servicio y de obediencia a su obispo –ya arrancado definitivamente a su pueblo–, deberá ocuparse de la Iglesia, de modo que administrará por última vez los bienes de la Esposa de Cristo y lo hará con un esto que encierra la fuerza de una definición y que dice que en la Iglesia todo está finalizado y tiene valor a partir del servicio de la caridad, realidad destinada a permanecer también cuando todo en este mundo haya pasado (cf. 1 Co 13, 8).

A quien mira desde lejos, de modo superficial, este gesto puede parecer exclusivamente relacionado con las necesidades materiales y el tiempo presente. En efecto, se trata sólo de la distribución de bienes materiales y de los pobres. En realidad, el acto que realiza Lorenzo, con espíritu de fidelidad a la misión recibida del obispo y al ministerio eclesial en que se ha constituido, es un acto que lo proyecta y con él proyecta a toda la Iglesia –que le ha sido encomendada hasta el martirio– más allá de la historia, en la escatología, o sea en el "tiempo" y en el "espacio" en que Dios manifiesta la plenitud de su caridad y de su amor.

De este modo, el diácono Lorenzo, ministro ordenado de la caridad, lleva a cumplimiento la tarea que se le había encomendado, no sólo en cuanto sigue a su obispo en el martirio, sino porque a través del gesto con el que dona a los pobres todos los recursos de la comunidad –expresados aquí por los bienes materiales–, manifiesta que en la Iglesia cada cosa tiene valor y está orientada a la caridad si se convierte en servicio a la caridad, si puede transformarse en caridad.

Y este servicio –como recuerda la primera carta a los tesalonisenses (cf. 1 Ts 5, 23)– no sólo se extiende al "cuerpo", sino también al "espíritu" y al "alma", lo que se hace evidente con toda claridad en esa oración que –según la Passio Polychronii– el santo diácono quiso rezar por la ciudad de Roma antes de extenderse sobre la parrilla.

 

Y la ciudad, que le atribuía la victoria definitiva sobre el paganismo, lo eligió como su tercer patrono y celebra su fiesta desde el siglo IV, como segunda fiesta en orden de importancia después de la de los santos apóstoles Pedro y Pablo y elevando, en honor de este santo diácono en la antigüedad y el medievo, treinta y cuatro iglesias y capillas, signo tangible de gratitud hacia aquel que, fiel a su ministerio, había sido entre ellos un verdadero ministro y servidor de la caridad.

Ahora, al término de estas reflexiones sobre el ministerio del "diaconado" entendido sobre todo en su forma "permanente", podemos decir:

 

1) es necesario saber mirar con espíritu crítico todas esas perspectivas –a decir verdad ya superadas– que, de hecho, interpretan y presentan el diaconado como un ministerio que conduce a la clericalización de los laicos y al laicismo de los clérigos, llegando incluso a debilitar la identidad de ambos.

2) El diácono, que se distingue de los obispos y del presbiterio en cuanto no es ordenado "ad sacerdotium, sed ad ministerium", constituye un grado auténtico de la jerarquía y no se lo debe entender como simple acceso al sacerdocio.

3) el diácono está habilitado al servicio de la caridad en estrecha dependencia con la Eucaristía y la atención privilegiada de los pobres, tanto en el servicio de las misas (obras de misericordia corporales), como en el servicio de la palabra (obras de misericordia espirituales) y permaneciendo abierto al servicio de un amor-caridad más grande: el martirio.

En fin, la institución del "diaconado permanente" representa un importante enriquecimiento para la Iglesia y su misión también con vistas a la nueva evangelización que el Santo Padre pide para el inicio del tercer milenio de la era cristiana. Precisamente la belleza, la fuerza y el heroísmo de figuras de diáconos como san Lorenzo ayudan a descubrir y comprender mejor la peculiaridad del ministerio diaconal.

 

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Iglesia - El cristianismo, como es sabido, no nació en Europa, sino en Asia Menor, en la encrucijada de tres continentes, el asiático, el africano y el europeo. Por este motivo, la interculturalidad de las corrientes espirituales de estos tres continentes pertenece a la forma originaria del cristianismo. Solo la difusión del Islam sustrajo al cristianismo de Oriente próximo gran parte de su fuerza vital, mientras echaba a las comunidades cristianas de Asia; en cualquier caso, a partir de entonces el cristianismo se convirtió en una religión europea. 2003-07-18 Cardenal + Joseph RATZINGER - Al día: S. S. BENEDICTO XVI  - P.M. - 2005

 

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Cultura – escuelas y universidades

San Buenaventura (1221 -1274)en este texto expone el tema de la existencia de Dios como algo indudable para el alma humana. Con la caída del Imperio Romano y la invasión de los pueblos bárbaros, la sociedad europea se sumió en una oscuridad casi total. Sólo en la Iglesia se conservó la cultura greco - romana. La conversión al cristianismo de los pueblos bárbaros y la aparición de los monasterios, son los dos hechos que determinan la mentalidad medieval como una época teocéntrica. La existencia de Dios y su Ley, iluminan y dan sentido a toda la ciencia y filosofía medieval.

La filosofía escolástica que empieza a enseñarse primero en los monasterios y luego en la universidad, tiene como objetivo fundamental, no buscar la verdad, sino entender la verdad ya dada por la revelación. La filosofía es un medio para extender la fe, la filosofía es ancilla theologiae.

 

Toda la cultura medieval se desarrolla en las escuelas monacales. Según los valores de la sociedad medieval, el hijo primogénito se destina a la guerra, a ser caballero y a realizar los ideales de la caballería. El segundo se ofrecía a Dios, era oblato. Estos niños oblatos iban a la escuela monacal, aprendían a leer y a escribir, dos cosas absolutamente necesarias para la oración, que consistía en algunos momentos del día en la lectura de la Sagrada Escritura, de los Santos Padres como San Agustín e incluso de otros filósofos antiguos; mientras un monje leía, los demás copiaban; gracias a este trabajo se han podido conservar muchas obras de la antigüedad. La regla de San Benito ora et labora transformó los campos enseñando los cultivos y la sociedad europea a través de la cultura cristiana.

 

Con el tiempo empiezan a ir a las escuelas otros niños, aunque no lleguen a ser monjes. Éste es el origen del oficio o mester de clerecía, el oficio de enseñar.

Desde la muerte de San Agustín en 430, hasta el llamado Renacimiento carolingio a finales del siglo VIII, sólo destacan algunas figuras importantes, Boecio (524), ministro del rey ostrogodo Teodorico, San Isidoro de Sevilla (636), figura egregia en la España visigoda, autor de las Etimologías o nombres de Cristo.

A finales del siglo VIII y principios del IX, se produce un resurgimiento de la actividad cultural, gracias a la visión de Carlomagno, que comprendió la importancia de la cultura para la prosperidad de un pueblo, y la unión entre la autoridad suprema de Dios, y la autoridad política. Para ello ordenó y favoreció la creación de escuelas que fueron de tres clases:

 

Escuelas monacales, principalmente en los monasterios benedictinos, que tenían dos secciones, la escuela interna para los monjes y la escuela externa para los seglares, para aquellos que no iban a ser monjes.

Escuelas episcopales o catedralicias, en las sedes episcopales y en las catedrales. También con dos secciones: la eclesiástica y la seglar.

Escuelas palatinas, en la Corte de los Reyes. El mismo Carlomagno fundó la escuela palatina de Aquisgrán, donde se llevó como maestro al inglés Alcuino de York, célebre por su erudición.

 

En estas escuelas se fomenta la filosofía y ciencia medievales. De ahí el nombre de Filosofía escolástica. Poco a poco estas escuelas fueron desarrollándose, destacando con el transcurso del tiempo, la de York, en Inglaterra; la de Fulda en Alemania; las de París, Reims, Tours, Bec, Cluny y Chartres en Francia.

 

París se convirtió en un centro importantísimo de la cultura y de la filosofía europea; ya en el siglo XI había tres escuelas, la de Nuestra Señora, la de Santa Genoveva y la de Saint - Germain des Prés, a las que en el siglo XII se añadió la de San Víctor; de todas ellas surge ya en el siglo XIII la Universidad de París, la Sorbona.

Las universidades, universitas magistrorum et scholarum, son estudios generales, que responden al deseo de universalizar la sabiduría de las diferentes escuelas, como unión de profesores y alumnos. El método pedagógico - didáctico era el de la lectio y la comentatio. El profesor (al igual que el monje en el monasterio) lee las obras de los antiguos filósofos (algunas obras de Platón, como el Timeo; de Aristóteles parte de la Lógica, las traducciones de Boecio de las obras de Porfirio y Aristóteles; algunos escritos de Cicerón, Sénca y Lucrecia; las obras de los Padres de la Iglesia, especialmente San Agustín y el Pseudo - Dionisio), y después las comenta. Cada alumno toma sus apuntes, y al final del curso comienzan a aparecer los Manuales - libros hechos a mano - que contienen los temas tratados; así aparecen las Sumas, como la Suma Teológica de Santo Tomás. A lo largo del curso escolar, también tenían lugar las Disputatio, cuestiones problemáticas que se debatían acaloradamente y donde había posiciones enfrentadas o dialécticas, que dieron origen al método escolástico del Sic et non.

 

Las materias impartidas eran por un lado las artes liberales, que comprendían:

l. El trivium, triple vía, integrada por la Gramática, Retórica y Dialéctica.

2. El quadrivium, la cuádruple vía, integrada por la Aritmética, Geometría, Música y Astronomí.

 

También estudiaban algo de Cosmología, semejante a las Ciencias de la naturaleza.

En la cúspide de los estudios, estaba la Filosofía, y por último como el saber más importante la Teología, como estudio y conocimiento de Dios era el valor fundamental de la sociedad y de la universidad. Alcanzar el grado de Maestro en Teología, era el título de mayor prestigio.

 

La filosofía escolástica tiene a lo largo de la Edad Media, tres períodos. El de formación que va desde el siglo IX al siglo XII. El de apogeo que abarca el siglo XIII, donde aparecen los pensadores más importantes como Santo Tomás, San Alberto Magno, San Buenaventura etc., y el periodo de transición a la filosofía moderna.

Las causas del apogeo de la filosofía escolástica se debieron en una gran parte a la ingente labor de la Escuela de Traductores de Toledo, en la España musulmana, gracias a estas traducciones al árabe y al latín, se conocieron todas las obras de Aristóteles, que en un principio fueron acogidas con recelo. Fue mérito de Santo Tomás de Aquino, el integrarlas en la filosofía cristiana. También fueron muy importantes las universidades que divulgaron y extendieron los conocimientos. Por último el gran impulso de la filosofía y teología medievales, lo dieron la creación de las dos órdenes mendicantes dominicos y franciscanos. En su afán de vivir con plenitud la pobreza evangélica, se centraron en el estudio de la filosofía y de la teología; todos los grandes pensadores de esa época son dominicos (S. Tomás) o franciscanos (San Buenaventura).

 

En los tres periodos de la filosofía escolástica, el tema fundamental de las discusiones disputatio, y de las Sumas, sigue siendo el tema de Dios, principalmente el problema de la fe y de la razón, de la Teología y de la Filosofía, ya que la filosofía es un medio para profundizar en la fe.

 

En esta polémica surgen tres posturas:

1. Los dialécticos; creen que la fe debe ser analizada y demostrada por la razón, como Juan Escoto Erígena, Berengario de Tours etc.

 

2. los antidialécticos, sostienen que la única sabiduría es la que da la fe, y la postura anterior es mero orgullo o soberbia de la razón humana. La filosofía es en todo el sentido de la palabra, sierva de la teología Philosophia ancilla Theologiae. Representantes importantes son Lanfranc de París y Pedro Damiano.

 

3. Una postura intermedia es la que sostiene por primera vez en el siglo XI, Gerberto de Aurillac y que continúa Santo Tomás en el siglo XIII. Fe y razón son distintas, son dos caminos que confluyen a un mismo mar de la Verdad. Ambas proceden de Dios, por tanto si la razón funciona bien, no puede llegar a conclusiones opuestas a las de la fe. La Filosofía y la Teología son saberes distintos que se complementan. La Filosofía alcanza algunas verdades de la fe, como la existencia de Dios y la inmortalidad del alma. La Teología, amplía nuestro conocimiento de Dios a través de la Revelación, por ejemplo Dios es Trinidad.

En resumen la Filosofía ayuda a la Teología demostrando algunas de las verdades reveladas, preámbulos de la fe*, y viendo la racionalidad de otros misterios de fe, como la Trinidad. Estas verdades no son irracionales sino suprarracionales.

Por su parte, la Teología ayuda a la Filosofía, aportando nuevos conceptos filosóficos, como el de creación del mundo o el de la dignidad de la persona humana en el orden moral.

Agradecemos al autor - http://www.selectividad.tv/S-2006-02-18

 

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El extremo oriental del Mediterráneo está sembrado de anacoretas en el siglo V y VI. El más conocido y popular de todos ellos es Simeón, llamado más tarde el Estilita. Nació en Sisán a finales del siglo IV, entre los límites de Cilicia y Siria. Tiene cuando es niño el común oficio de pastor. Es cristiano y su saber contiene lo poco que pudieron enseñarle sus padres. Una nevada le impide salir con el ganado y es la ocasión que Dios le propone; va a una iglesia ese día y el sacerdote -un anciano- está predicando las Bienaventuranzas que él no llega a comprender muy bien; pero pregunta para conocer su camino. Tiene unos catorce años; es buena edad para ser generoso.

 

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Oxford, vinculado durante siglos a la historia de Inglaterra, originó en el medievo la contribución intelectual de teólogos como Duns Escoto y la subversión eclesiástica de predicadores como Juan de Wiclef. Lugar de la ciencia, ha sido por largo tiempo ámbito de la fe y de batallas por la fe. Oxford representa la ciudad santa del Anglicanismo, y recuerda también el movimiento de renovación religiosa de 1833 que lleva su nombre. De allí salió el converso John Newman para iniciar su vida en la Iglesia.

 

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la inquisición protestante fue sangrienta  y tantas veces: sumariales sin posibilidad de investigación o defensa

 

El Renacimiento y la Reforma han configurado el individuo occidental moderno, que no se siente agobiado por cargas externas, como la autoridad meramente extrínseca y la tradición. Hay muchos que sienten cada vez menos la necesidad de «pertenecer» a las instituciones (pese a lo cual, la soledad sigue siendo en gran medida un azote de la vida moderna), y no se inclinan a dar a las opiniones «oficiales» mayor valor que a las suyas propias. Con este culto a la humanidad, la religión se interioriza, de manera que se va preparando el terreno para una celebración de la sacralidad del yo; en el plano del análisis histórico, se cultiva el caldo del relativismo atenuando las responsabilidades importantes. Lo que importa señalar aquí y ahora es que, en ciertas prácticas de algunos grupos protestantes y la masonería en general, gustan recurrir constantemente a la mentira, a la desfiguración de los hechos quitándoles del contexto, o insisten recurrir llana y repetitivamente «sin vergüenza alguna» a las conocidas ‘leyendas negras’.

 

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Verdades – Dogma: El gran Orígenes hablaba de la “akoluthia ton dogmaton”, la concatenación o encadenamiento de los dogmas, para expresar que no se podía alterar una verdad sin que el resto de verdades (dogmas) dejara de sufrir en alguna dimensión. Lo mismo sucede con la categoría del amor. Alterada en alguna de sus dimensiones el resto queda también alterado. Benedicto XVI ha emprendido, pues, una tarea de gigante: presentar la riquísima hondura del amor en todas sus dimensiones de modo que el hombre de hoy pueda entenderse a sí mismo en plenitud y lograr la felicidad que anhela su corazón». MMVI

 

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Islam- matanza de frailes franciscanos en Marrakech- sc.XIII

 

“A un mundo mejor se contribuye solamente haciendo el bien ahora y en primera persona, con pasión y donde sea posible”». «Deus caritas est» - Encíclica de S.S.  Benedicto P.P. XVI - MMVI

 

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El hombre es el único entre todos los seres animados que puede gloriarse de haber sido digno de recibir de Dios una ley: animal dotado de razón, capaz de comprender y de discernir, regular su conducta disponiendo de su libertad y de su razón, en la sumisión al que le ha entregado todo. (Tertuliano, Marc. 2, 4). 

 

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“Den y se les dará”

Fco. José Arnaiz S.J. – MMV.XII

La historia moderna ha demostrado hasta con excesiva claridad que el verdadero éxito de los pueblos no está en los gobiernos -sobre todo absorbentes y sobrecargados de funciones-, sino en una sociedad civil orgánica, dinámica, bien estructurada, sabia, responsable y creativa.?En una sociedad así el elemento clave es el ser humano. Pero no un grupito privilegiado sino todos. Al menos la inmensa mayoría.?El individuo concreto, que por culpa propia o ajena no es positivo y constructivo, se torna necesariamente carga y rémora para todos. Mayor carga y mayor rémora a medida que el número de tales individuos crezca y se amplíe.?Al no estar restringido el genio y la habilidad a un grupo privilegiado de la humanidad, es evidente que cuantas más cabezas piensen y organicen, más corazones se enardezcan con la virtud y el bien, y más manos se muevan diestramente en un conglomerado humano, mayor será el orden, la organización, la producción, el rendimiento, la riqueza, el bienestar y la paz.?El saber, sin embargo, el hacer cualificado y eficiente y la superación humana no son un resultado connatural del ser humano. Es el fruto de una fuerte inversión en él. Inversión de tiempo, personas, conocimientos, aprendizajes, experiencias y por supuesto dinero.?Japón fue el ejemplo espectacular en nuestro tiempo. Perdida la guerra, destruida su industria y oscuro el horizonte, Japón apostó valientemente por el fortalecimiento del recurso humano, consciente de que el verdadero tesoro de un pueblo es el cerebro y corazón de sus hijos e invirtió abundantemente en la formación y capacitación excelentes de sus niños y niñas y de sus jóvenes. ¿Resultado? En 1945 su renta per cápita era de 20 dólares. En 1967 de mil. En 1970 de 1.800 y en 1980 de 12.000 por encima de los Estados Unidos.?No hay duda que una de las raíces profundas del subdesarrollo de América Latina y de su dificultad de despegue está en la debilidad y precariedad del recurso humano.?Enfrentar este problema en los países rezagados no es sólo deber de los que rigen los destinos de los pueblos -los gobiernos- son incompetentes, insuficientes o miopes en esta responsabilidad.?La creación, entonces, de Fundaciones privadas con este objetivo arguye no sólo responsabilidad cívica sino sagacidad y visión.?Es mucho más rentable gastar abundantemente en formar y capacitar seres humanos; en elevarlos y potenciarlos que sostener después, sin beneficio alguno, un peso muerto de incapacitados, inempleables y proclives o metidos en toda clase de delitos.?En cambio, del ingenio y destreza adquirida de todos los que componen una sociedad o pueblo surge la producción abundante, la riqueza, el bienestar y la paz de esa sociedad de la que todos salen beneficiados. Surge así la verdad del dicho: “Den y se les dará”.?Hay otro fenómeno en nuestro mundo moderno, que no es justo olvidarlo: gente con legítimas aspiraciones de superación personal y profesional o técnica, pero sin posibilidad real de acceso a la financiación formal, que necesitan de medios económicos para arrancar y consolidarse; organizaciones beneméritas de increíble generosidad y entrega, pero que se sienten frenadas o languidecen por no poder desplegar toda su potencialidad por carencia de recursos económicos; y necesidades básicas, insuperables para sus fuerzas que repercuten gravemente en todas las dimensiones de la vida en los que las padecen.?Es aquí también donde las Fundaciones de ayuda o apoyo deben volcar sabiamente su generosidad y solidaridad.?En un período histórico de grandes brechas entre pueblos ricos y pobres, y nacionalmente entre grupos extensos debatiéndose en la pobreza y aun miseria y grupos disfrutando de la mayor opulencia, providencialmente se han ido multiplicando las Fundaciones de apoyo y ayuda al desarrollo integral. Este hecho arguye y prueba creciente sensibilidad socios de los individuos de los individuos y de pueblos y toma de conciencia de la necesidad imperiosa de la solidaridad.?Han contribuido a ello eficazmente los poderosos Medios de Comunicación Social que nos han metido por ojos y oídos dantescos cuadros de la humanidad actual.?El sentido globalizante de nuestro planeta, que se ha ido imponiendo poco a poco, ha favorecido también la multiplicación de instituciones de apoyo o ayuda. La ha favorecido también la búsqueda e integración de bloques supranacionales camino de una integración total, que es intuición y consecuencia de que objetivamente es mínimo lo que nos separa a los individuos y a los pueblos en comparación de lo que nos une e identifica.?Disgregados y, mucho más, enfrentados nos empequeñecemos y destruimos. Uniéndonos y fundiéndonos nos potenciamos y agigantamos.?La humanidad, siendo múltiple y diversificada, es una y necesariamente vinculada entre sí. La solidaridad no es otra cosa que la percepción sentida de la real dependencia de unos con otros y de la interrelación ineludible de todos los seres humanos.?Un común origen, naturaleza y destino nos une aunque después nos diferenciemos en realidades secundarias. El ser humano sin los que le rodean y precedieron no es viable. Y cuanto más uno sea y posea mayor es su deuda con los demás, pues es más lo que de ellos ha recibido. Y naturalmente cada uno será más y poseerá más, cuantos más sean y más posean los que le rodean.?El ser humano nace, crece, se desarrolla y perfecciona gracias al auxilio de los demás. Favorecer, engrandecer y enriquecer al prójimo es favorecer, engradecer y enriquecerse a sí mismo.?Hay quienes raquíticamente tienen la falsa concepción de que todo el dinero adquirido por ellos es para su exclusivo disfrute. Lamentablemente estos individuos olvidan su compromiso con la sociedad a la que tanto deben y sin la cual no serían lo que son ni tendrían lo que tienen. Olvidan gravemente su responsabilidad y las obligaciones con el desarrollo y perfección progresiva de los que le rodean: y olvidan su responsabilidad y obligaciones con la naturaleza que, sabia y hábilmente dominada por el ser humano, debe ser puesta al servicio de toda la humanidad.?El fin, según esto, de todo capital bien adquirido es no sólo atender a las necesidades y conveniencias propias sino también, al mismo tiempo, compartirlo, sobre todo con los necesitados, e invertirlo productivamente para aumentar la riqueza disponible y crear nuevos puestos de trabajo en un mundo crecientemente marcado por el desempleo. Uno de los grandes dramas actuales.?Un acaudalado comercio puertorriqueño, de origen asturiano, fundador del Auxilo Mutuo de la isla vecina, dijo no hace mucho una impresionante verdad con ribetes de aforismo: “El dinero que demos a los demás, sobre todo a los necesitados y marginados, será el que hará que disfrutemos con satisfacción y gozo el dinero que reservemos para nosotros mismos”.?Es evidente que no raras veces en el amasamiento de ciertos caudales o fortuna ha andado por medio el inicuo expolio ajeno, quedando de este modo la justicia y la equidad mal heridas.?Una manera de devolver la salud y brillo a la noble justicia y equidad o más en general, de volver a distribuir la riqueza lograda con mayor equidad es destinar honestamente partes notables de nuestras disponibilidades económicas a favor de los demás, a favor del desarrollo integral del pueblo en que estamos insertos y de la comunidad de pueblos a la que indefectiblemente pertenecemos.?Me viene a la mente y memoria un pasaje evangélico. ?Había oído hablar de Jesús de Nazaret y sentía una gran admiración hacia él. Era de espíritu muy alto pero muy bajo de estatura. Vivía en Jericó. Era muy rico y se llamaba Zaqueo. ?De improviso oyó que el Maestro, Jesús de Nazaret venía a Jericó. Corrió y para verlo mejor se subió a las ramas de un árbol. Al pasar por debajo de él, Jesús levantó los ojos y , clavándoles en él, le dijo: Zaqueo, baja de ahí pues quiero que me recibas en tu casa. Zaqueo bajó y fue rápidamente a su casa. ?Ya en ella, al entrar Jesús, Zaqueo, emocionado le dijo: Señor, la mitad de mis bienes se la voy a dar a los pobres. Y si defraudé a alguno le voy a devolver cuatro veces más. ?Jesús lo miró fijamente y le dijo: “Zaqueo, hoy ha entrado la salvación a tu casa” (Lc 19, 1-10).

MMV. XII

 

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Una democracia sin valores degenera en dictadura encubierta. Benedicto XVI

 

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 “A un mundo mejor se contribuye solamente haciendo el bien ahora y en primera persona, con pasión y donde sea posible”». «Deus caritas est» - Encíclica de Benedicto P.P. XVI - MMVI

 

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el crepúsculo da un aire de misterio al ambiente –

Y el hombre se dirige a Dios en la plegaria

 

«Jesús debe ser el centro de nuestros pensamientos, debe ser el argumento de nuestro hablar, y debe ser el modelo de nuestro vivir». Benedicto PP. XVI. Obispo de Roma 29.06.2008

 

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la barca de la Iglesia que Cristo fundó, triunfará…, portae inferi non praevalehunt) (Matth. 16,18) las puertas del infierno no prevalecerán, le dijo Cristo a su Iglesia Católica - «Duc in altum» (Lc 5,4) dijo Cristo al apóstol Pedro en el Mar de Galilea 

 

Entre las religiones cristianas, originadas en la Reforma Protestante están: la Luterana (fundada por Lutero), la Reformada (por Calvino), la Presbiteriana (por John Knox). Luego fueron fundadas la Anglicana (por Enrique VIII), la Bautista (por John Smith), de donde se derivan las Evangélicas. Existen muchas, muchas más sectas y asociaciones, todas fundadas por hombres, y en gran parte de origen americano. Ninguna fundada por Cristo, siendo sólo la Iglesia Católica a la que Cristo le prometió –hace 2000 años- asistencia hasta el final de los tiempos.

 

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En el cielo encontramos a los cantores del universo estelar: los astros más lejanos, los ejércitos de ángeles, el sol y la luna, las estrellas lucientes, los "cielos de los cielos" (cf. v. 4), es decir, los espacios celestes, las aguas superiores, que el hombre de la Biblia imagina conservadas en cisternas antes de derramarse como lluvias sobre la tierra. El aleluya, o sea, la invitación a "alabar al Señor", resuena al menos ocho veces y tiene como meta final el orden y la armonía de los seres celestiales:  "Les dio una ley que no pasará" (v. 6).  ?La mirada se dirige luego al horizonte terrestre, donde se desarrolla una procesión de cantores, al menos veintidós, es decir, una especie de alfabeto de alabanza, esparcido por nuestro planeta. He aquí los monstruos marinos y los abismos, símbolos del caos acuático en el que se funda la tierra (cf. Sal 23, 2), según la concepción cosmológica de los antiguos semitas.  El Padre de la Iglesia san Basilio observaba:”Ni siquiera el abismo fue juzgado despreciable por el salmista, que lo acogió en el coro general de la creación; es más, con su lenguaje propio, completa también él  armoniosamente  el himno al Creador" (Homiliae in hexaemeron, III, 9: PG 29, 75). 

 

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Libros recomendados - Autor: Joseph Ratzinger – S.S. BENEDICTO XVI

 

La fraternidad de los cristianos” Joseph Ratzinger Ediciones ‘sígueme’

“Verdad, valores, poder” Joseph Ratzinger. Editorial Rialp

“Principios de moral cristiana”         98 p.p.     6,00 € editorial EDICEP

“Evangelio, catequesis, catecismo”  80 p.p.     4,75 € “

“La eucaristía, centro de vida”        170 p.p.  10,00 € “

“En el principio creó Dios”              128 p.p.    7,25 € “

“La provocación del discurso sobre Dios”  - Editorial TROTTA

“Dios y el mundo” Editorial Galaxia Gutenberg 

"Estote fortes et pro catolica fide alacriter et strenue pugnate"

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).