Saturday 25 October 2014 | Actualizada : 2014-10-13
 
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Los musulmanes de Oriente disponen primeramente de excelentes versiones sirias y del magisterio vivo de diversos pensadores sirio-cristianos (de la escuela nestoriana de Edesa y monofisita de Resaina, que se prestaron a colaborar con los invasores en contra de la ortodoxia bizantina) los cuales fueron invitados a la corte de Bagdad. Allí, el califa Al-Ma´mun fundó en el 832 una escuela de traductores que no sólo vertieron al árabe obras de Aristóteles (traducciones  obtenidas gracias al monaquismo cristiano que ya había traducido del griego, siendo que los musulmanes no estudiaron griego), sino las de sus discípulos y comentaristas: Teofrasto, Alejandro, Temistio, Ammonio, Porfirio, Galeno e incluso Arquímedes e Hipócrates, fundamento de la ciencia y del prestigio médico de los árabes medievales en Occidente. La labor mediadora de la escuela de Bagdad desembocará tres siglos después en la de Traductores de Toledo y, mediante ella, en todo el Occidente, promoviendo la recepción de Aristóteles en la Facultad de Artes de París, con un sentido mucho más aristotélico que el sistema del mismo Ibn Rusd (Averroes), traductor y comentarista libre de los escritos de Aristóteles, a base de intuiciones personales o de oscura genealogía esencialmente influidas de neoplatonismo (cfr. L. Cencillo, Historia de los Sistemas,; íd, Conocimiento). En el mismo siglo XII, cuando la especulación filosófica declinaba en Bagdad y se fundaba la escuela de Toledo, comienza a madurar con Avempace, Abentofail y Averroes la filosofía en Córdoba.

Sin la gran Escuela cristiana de Edesa no existe no la Escuela de Bagdad.

En el siglo V el nestorianismo 17º se unió con la filosofía de Aristóteles. La Escuela de Edessa (Siria) se convirtió en un centro de aristotelismo y nestorianismo muy famoso. El nestorianismo fue condenado por el Concilio de Éfeso (431). En el 489, el Emperador bizantino Zenón cerró la Escuela de Edessa por sus tendencias nestorianas 18º, ya que esta doctrina no podía ser enseñada públicamente dentro de las fronteras del Imperio Romano. Un gran número de nestorianos aristotélicos abandonaron Edessa y se refugiaron en la vecina Persia.

{17º La herejía de Nestorio acentúa lo humano y visible de Cristo; esto tiene afinidad con el realismo experimental aristotélico.

18º Casi en la misma fecha en que, en el 529, Justiniano cerraría la Escuela de Atenas, último baluarte del paganismo}.

 

La Biblioteca para el monaquismo cristiano, siempre fue cultura escrita y poder del saber. En un ‘armarium’ (biblioteca) sólo cupo la sabiduría enriquecedora a ser transmitida de generación en generación.

 

Este cristianismo sirio nestoriano es el asilo donde se custodiaron (en los siglos V al IX) y trasmitieron los escritos filosóficos y científicos de los griegos, y sobre todo de Aristóteles. En efecto, ellos habían traducido esas obras del griego al sirio, y le habían agregado comentarios propios. A algunas de ellas las tradujeron directamente del griego al sirio, a otras también al persa 19º.

 

{19º Recuérdese que los nestorianos sirios se habían refugiado en Persia}.

 

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Odas de Horacio, Anales de Tácito, la Eneida de Virgilio son la expresión del espíritu romano.

 

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Siendo Alfarabí (873 - 950) primer filósofo del mundo mahometano, está evidente que tenemos prácticamente un milenio, o sea: mil años de Aristóteles y cristianismo, antes del islam. Por ende, la presencia aristotélica –con sus naturales altibajos y alguna escasez, propios a diez siglos- fue transmitida esencialmente por el trabajo titánico del monaquismo eclesial de la Iglesia católica (cristianos sirios nestorianos incluidos). Las raíces griegas de la Europa cristiana dejan evidente, hasta casi finales del primer milenio, por la forma del pensamiento e inteligencia, la ausencia del islam. No existió ni hubo requisito o necesidad alguna filosófica del aporte musulmán, indiscutiblemente porque no existió antes de Alfarabí (873 - 950) primer filósofo del mundo mahometano. Bienvenido sea el fruto monacal de transcribir durante siglos altos textos filosóficos, pues permitieron la dinámica del saber filosofar a Alfarabí, un autentico pensador. Se consolidaba la Iglesia y se acumularon los primeros mil años de historia cristiana. A ese momento, la élite cultural bizantina era cristiana, pero también griega.

 

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Aristotélicos

 

En el Occidente medieval, renacentista y moderno, se produce el fenómeno histórico del aristotelismo en sus diversas orientaciones y escuelas

 

En la inmediata posteridad de Aristóteles se hace preciso distinguir entre la escuela peripatética, en sus dos periodos, y la tradición de comentaristas de sus escritos que sigue a la publicación de éstos. Ulteriormente y ya en el Occidente medieval, renacentista y moderno, se produce el fenómeno histórico del aristotelismo en sus diversas orientaciones y escuelas. La serie de comentarios que a partir del siglo I de nuestra Era se van sucediendo hasta el siglo XVII, sobre todo los de los siete primeros siglos, que constituyen una verdadera tradición ininterrumpida, son indispensables para el estudio de cualquier punto tratado por Aristóteles, pues recogen la hermenéutica más inmediata posible a las enseñanzas vivas del maestro. Son ya un fruto de la erudición y de la meticulosidad exegética del espíritu alejandrino. El primer comentador de esta tradición es Aspasio, a quien siguen Alejandro de Afrodisia, llamado el Exegeta, Porfirio (siglo III), autor de la Eisagogé, Dexipus (siglo IV), discípulo de Jámblico, Siriano (siglo V), Ammonio (siglo V), discípulo de Proclo y maestro de Simplicio, Filopón y Asclepio (los tres del siglo VI), David, cristiano como Filopón y como Elías, Olimpiodoro el Joven (siglo VI) y, por último, Esteban de Alejandría (siglo VII), profesor en la Universidad de Constantinopla. Ya en plena Edad Media prolongan esta labor Miguel de Éfeso (siglo XI), Psellos (siglo XI), Eustacio de Nicea (siglo XII), Pediásimos (siglos XII-XIII) y Sofonías (siglo XIV) en Oriente, mientras que en Occidente corre otra tradición paralela de comentaristas a partir de Boecio (siglo VI) con los musulmanes, los averroístas, Alberto de Bollstaedt, Tomás de Aquino, Bessarion (siglo XV) y Silvestre Mauro, S. J. (siglo XVII).

 

Algunos de los comentaristas antiguos pertenecían al Peripato. Todos los comentarios de los autores orientales antiguos han sido editados por la Real Academia de Prusia con aparato crítico en 23 tomos (31 vol.), dirigidos por G. Reimer (Berlín 1882-1909).

 

La escuela filosófica peripatética es constituida formalmente por Teofrasto en el 319 a. C., cuatro años después de la muerte de Aristóteles, que no había dejado una escuela propiamente dicha, sino un escaso grupo de discípulos entre los cuales los que más destacaban eran Teofrasto y Eudemo de Rodas, que tendían a dispersarse (Eudemo concretamente se irá a su patria de origen llevándose parte de los manuscritos inéditos del maestro); por eso en nombre de éste decidirá Teofrasto dar forma a una escuela propiamente tal que dirigirá hasta el 287 y reunirá gran número de discípulos (según Diógenes Laercio contó unos dos mil en vida de Teofrasto). Le sucedieron en la dirección del Peripato, Estratón, Licón, Aristón, Critolao, Diodoro de Tiro, Erimneo, etc.

 

Teofrasto de Ereso, en la isla de Lesbos, se llamaba propiamente Tirtamo, mas el mismo Aristóteles le cambió el nombre a causa de su «elocuencia divina» en Theóphrastos (372-287); fue primero discípulo de Platón y después de Aristóteles y se pronunciaba contra los sacrificios cruentos, pues según él, todos los animales están emparentados. En la doctrina de Aristóteles encontró diversas aporías que, sin embargo, no le movieron a abandonarla, sino muy probablemente a modificarla insensiblemente mediante la acentuación de los rasgos y posibilidades empiristas que la misma contenía.

 

Consta por lo menos que introdujo en el Organon la teoría de los silogismos hipotéticos y que, juntamente con Estratón, según opinión de Windelband y de Zürcher, introdujo en la Metafísica un marcado matiz fisicalista e inició un movimiento erudito conservador, sistematizando escolásticamente el pensamiento del maestro. Sólo realizó avances en materia de crítica literaria y de observación natural, seguido por Aristóxeno y por el materialista Dicearco. Se han conservado de él dos grandes tratados de Botánica descriptiva y genética (Descripción de las plantas y De las causas de las plantas), otro gran tratado de Psicología, Los caracteres, numerosos fragmentos y diversos tratados menores: Del sentido, De las piedras, Del fuego, De los vientos, De los olores, Del sudor y Acerca de las cosas metafísicas.

 

Estratón de Lámpsaco (ca. 340-268), acentúa la orientación física del Peripato, de modo que en lá Hélade prevalecerá este aspecto fisicalista y científico positivo, mientras que la tendencia metafísica arraigará en Asia Menor y en Siria y de allí pasará a los filósofos musulmanes, mientras que en Occidente dominará, hasta la recepción de la obra total de Aristóteles, el aspecto naturalista. Estratón rechaza el primer motor inmóvil, la teleología y la causalidad, y explica el proceso cósmico como los atomistas por el mero juego de fuerzas mecánicas. Rige el Peripato aproximadamente del 286 al 268 y se propone depurar a Aristóteles de todos los elementos platónicos; además niega el alma como principio vital. Fue maestro de Ptolomeo Filadelfo. Su discípulo, Aristarco de Samos, físico y astrónomo, parece anticiparse a Copérnico. En adelante esta especialización científica distinguirá a la Escuela de estoicos, epicúreos y platónicos que seguirán profesando una filosofía como saber conjunto.

 

Eudemo de Rodas, el más fiel de los discípulos de Aristóteles, según Simplicio (Phys, 411, 15), es autor de obras muy cualificadas de matemáticas y astronomía, hoy perdidas, aunque en la Ética acentúa más que Aristóteles el momento teológico.

 

Dicearco de Mesina (ca. 350-280), en Sicilia, abandona a su vez el sustancialismo del maestro, por lo menos en lo que se refiere al alma (cfr. Cicerón, Tusculanas, 1, 10, 21). También Aristóxeno de Tarento, célebre por sus conocimientos musicales, concebía el alma como la armonía de un instrumento músico. Critolao de Faselis, en Licia, sucedió a Aristón en la dirección de la escuela y participó en la célebre embajada filosófica de Atenas a Roma en el 155 a. C.

 

Andrónico de Rodas, cuyo apogeo tiene lugar hacia el 70 a. C., undécimo sucesor de Aristóteles, fue el editor de las obras del maestro, a cuyo comentario se dedicarán los peripatéticos tardíos de tiempos del Imperio, el principal de los cuales es Alejandro de Afrodisia (ca. 198-211), que sigue igualmente una orientación empirista en su exposición de la doctrina aristotélica. Asegura la primacía del singular y niega que la forma sea anterior al compuesto. Afirma que la forma anímica se disuelve con el cuerpo, mas el conocimiento espiritual se salva gracias al noûs poieticós, ya explícito en el De anima de Aristóteles; recibe de Alejandro un valor decisivo para constituir la teoría clásica del conocimiento que se proyectará sobre el pensamiento musulmán y escolástico; pero este noûs no será individual, sino común a toda la humanidad, de modo que a pesar de su concepción materialista del hombre, éste es capaz de actividad espiritual gracias al influjo trascendental del noûs.

 

Una posición marginal en el Peripato antiguo ocupa Demetrio Falereo, que intervino en la creación de la biblioteca de Alejandría, y en el Peripato tardío Boeto de Sidón, Adrasto de Afrodisia, Galeno, contemporáneo de Alejandro de Afrodisia e introductor de la cuarta figura del silogismo, y el astrónomo Claudio Ptolomeo (m. 278 d. C.), autor del sistema ptolemaico.

 

Aristotelismo medieval

 

La cultura islámica había tomado pronto un amplio contacto con la obra aristotélica, mientras el Occidente se hallaba dominado por el pensamiento neoplatónico. Boecio, con las traducciones latinas de algunos escritos del Estagirita a través del filtro de Alejandro de Afrodisia, llegó a constituir el foco de aristotelismo más poderoso de la Europa alto medieval, pero al sumergirse después en el caos racial político de comienzos de la Edad Media, su obra no tuvo sucesión inmediata, ni pudo tenerla. Los musulmanes de Oriente disponen primeramente de excelentes versiones sirias y del magisterio vivo de diversos pensadores sirio-cristianos (de la escuela nestoriana de Edesa y monofisita de Resaina, que se prestaron a colaborar con los invasores en contra de la ortodoxia bizantina) que fueron invitados a la corte de Bagdad, donde el califa Al-Ma´mun fundó en el 832 una escuela de traductores que no sólo vertieron al árabe obras de Aristóteles, sino las de sus discípulos y comentaristas: Teofrasto, Alejandro, Temistio, Ammonio, Porfirio, Galeno e incluso Arquímedes e Hipócrates, fundamento de la ciencia y del prestigio médico de los árabes medievales en Occidente. La labor mediadora de la escuela de Bagdad desembocará tres siglos después en la de Traductores de Toledo y, mediante ella, en todo el Occidente, promoviendo la recepción de Aristóteles en la Facultad de Artes de París, con un sentido mucho más aristotélico que el sistema del mismo Ibn Rusd (Averroes), traductor y comentarista libre de los escritos de Aristóteles, a base de intuiciones personales o de oscura genealogía esencialmente influidas de neoplatonismo (cfr. L. Cencillo, Historia de los Sistemas,; íd, Conocimiento). En el mismo siglo XII, cuando la especulación filosófica declinaba en Bagdad y se fundaba la escuela de Toledo, comienza a madurar con Avempace, Abentofail y Averroes la filosofía en Córdoba.

 

La escuela de Toledo traduce, además de las principales obras del Estagirita y algunos escritos desconocidos hasta entonces en Occidente, los comentarios de Alejandro de Afrodisia, Filopón, el Liber de causis (resumen de la Stoiqueiosis Teologiké del neoplatónico Proclo) que influirá extraordinariamente sobre el último Santo Tomás confiriendo un matiz marcadamente neoplatónico a sus últimas obras, y cuya consecuencia será la actitud filosófica de Eckhard (el único discípulo ilustre de Aquinas en Alemania, por mediación de Guillermo de Moerbecke), fragmentos de Plotino y las traducciones directas de la Física, la Ética, los cuatro primeros libros de la Metafísica, el tratado Del alma y el IV De los meteoros, además de gran número de obras matemáticas, astronómicas y médicas griegas y árabes, y de las obras de Alkindi, Alfarabi, Algacel, la enciclopedia de Avicena y el Fons Vitae de Avicebrón.

 

De raigambre aristotélica es la célebre disputa de los universales, suscitada por la Eisagogé de Porfirio y por el Comentario a las categorías de Boecio, en la que los dialécticos de la escuela de Abelardo (1079-1142), sobre todo su discípulo Roscelino de Compiègne (ca. 1050-1125), parecen haber sido más fieles a la tradición peripatética que sus adversarios los realistas (el más ilustre de los cuales es Guillermo de Champeaux [1070-1121] ), influidos de neoplatonismo. Los dialécticos habían sentado las bases para el aristotelismo endémico de la Facultad de Artes de París, en la que se enfrentarían, sin embargo, dos diversas tradiciones peripatéticas: la más pura, procedente de Abelardo y del influjo de la escuela de Toledo mediante Guillermo de Auvernia (m. 1249), Alfredo Anglico o de Sareshel (siglos XII-XIII), que marca el paso decisivo de la concepción platónica del alma a la aristotélica, y Alberto de Bollstaedt o Magno (autores todos ellos todavía en muchos puntos platonizantes), que desembocará en el aristotelismo tomista; y la más cargada de influjos extraños, la de los averroístas, que desde mediados del siglo XIII pontificaban en París presentando el aristotelismo en su versión averroísta como la expresión definitiva de toda filosofía y regla única e infalible para tratar toda cuestión de orden especulativo; este averroísmo latino neoplatonizante y radical fue sostenido por dos grandes pensadores, el flamenco Sigerio de Brabante y el sueco Boecio de Dacia, y a fines de siglo y comienzos del XIV el inglés Simón de Fabersham, autor de estudios lógicos, Gil de Orleáns, a quien se atribuyen unos comentarios a la Ética y André le Chapelain, autor de un tratado del amor cortesano (segunda parte del Roman de la Rose, obra de influjo decisivo en la mentalidad prerrenacentista). Sigerio de Brabante, canónigo de San Martín de Lieja, nace ca. 1235, enseña entre el 1266-77 en París, a pesar de haber sido condenado en 1270. Muere en 1284. Es autor de las Quaestiones logicales, Quaestiones naturales, Quaestiones de anima intellectiva, De aeternitate mundi y un opúsculo que ya anuncia la gran especulación sobre semiótica del XIV: Utrum haec sit vera: Homo est animal, nullo Nomine existente, además las famosas Impossibilia y un De libertate (cfr. Mandonnet, Siger de Brabant et l´averroisme latín au XIII siécle; F. van Steenberghen, Siger deBrabant).

 

Boecio de Dacia (M. ca. 1283), maestro seglar de París, que construye un sistema extraordinariamente coherente que se va remontando de causa en causa, por el intelecto, hasta el primer principio que asegura la unidad del mundo y la participación en todo bien. Además de una serie de Comentarios a los Analíticos, la Tópica, la Refutación de los Sofistas, la Meteorología y la Metafisica, es autor de un tratado De summo bono y otro De somniis y de un importante tratado de semiótica, De modis significandi.

 

Tampoco en el Renacimiento deja de estar representado el aristotelismo, que se divide en dos corrientes, la que sigue el averroísmo latino y la que supone una vuelta a las fuentes clásicas, introducidas en Italia por los refugiados bizantinos, entre otros Jorge de Trebisonda (1396-1486), seglar que asistió al Concilio de Florencia y fue secretario de Eugenio IV y Nicolás V, y en su disputa con Plethon atacó a Platón calumniosamente, llegando a decir que no sabía escribir griego; en cambio consideraba a Aristóteles como el único filósofo genuino. Jorge Scholarios, llamado Gennadio (m. ca. 1466), que comentó la Eisagogé y el Organon y escribió un libro, Argumenta pro Aristotele contra Plethon. Teodoro de Gaza (1398-1478), natural de Salónica, sacerdote que fundó una academia en Ferrara y enseñó en la Sapientiade Roma. Juan Argyropoulos (1416-1486) que enseñó en Padua, Florencia y Roma y tradujo la Física y la Ética a Nicómaco. La gran familia de los Láscaris (Juan Andrés y Constantino), que enseñaron en Milán, Nápoles, Mesina y en París y Roma respectivamente; Juan adquirió numerosos manuscritos griegos para la biblioteca de los Médicis.

 

A fines del siglo XIII profesaban el averroísmo latino introducido primeramente en Bolonia y luego en Padua, Venecia, Mantua y Ferrara, una serie de autores que culmina en Pedro Pomponazzi. Así, en Bolonia, Tadeo Alderotto, Gentile Da Cingoli, Guillermo de Varignana, Angelo di Arezzo, etc.; en Padua, Pedro de Abano, Pablo de Venecia y los tratadistas de Lógica Pedro de Mantua, Apolinar Offredi, Pablo de Pérgola, Ricci de Arezzo etc., el teatino Nicoletto Vernias (m. 1499), Marco Antonio Zimara (1460-1532), Jacobo Zabarella (1533-89), natural de Padua y profesor en esta ciudad y en Pisa; lógico, matemático y astrónomo, autor de los 30 libros De rebus naturalibus y de unos comentarios a diversos tratados de Aristóteles; contra los mismos averroístas defiende la pluralidad de entendimientos y de almas, pero sostiene la mortalidad de las mismas, aunque son iluminadas por el entendimiento divino y mediante ello reciben la inmortalidad. Agustín Nifo(1473-1546) natural de Calabria y maestro en Padua, Salerno, Roma, Nápoles y Pisa. Dirigió una edición completa de Averroes (1485-97) y comentó diversas obras de Aristóteles. Sostuvo la unicidad universal del entendimiento agente, y que las únicas sustancias verdaderamente inmortales y espirituales son las inteligencias separadas que mueven los cielos; pero después aceptó los argumentos tomistas en pro de la inmortalidad del alma, aunque no está claro si la entendía en sentido individual o como alma universal. Andrés Cesalpini (1519-1603), de Arezzo, médico de Clemente VII, profesor en Pisa y en la Sapientia de Roma, que inicia la ciencia botánica con su tratado De plantis libri XVI (1583) y es además autor de las Peripateticarum quaestionum libri V y de otras cuestiones médicas. El mundo es, según él, un organismo viviente (como en el Timeo de Platón) y Dios es el alma universal y la vida de todas las cosas, no su causa eficiente; no hay más que una inteligencia divina, pero que se multiplica en los individuos debido a la potencialidad.

 

Pedro Pomponazzi (1462-1524) de Mantua, profesor en Padua y en Ferrara, y luego de nuevo en Padua como sucesor de Vernias y en Bolonia, donde compuso todos sus escritos. Su prestigio como profesor lo debe, más que a su mediocridad intelectual, a la fama de racionalismo, librepensamiento y modernidad que tal vez injustificadamente se creó en torno de él. Sobre sus obras se entabló una polémica célebre, por hallarse algunas de sus tesis en contradicción con el reciente Concilio V de Letrán. Su principal obra es el Tractatus de inmortalitate animae (1516); en ella rechaza la afirmación de los averroístas de que Aristóteles suponga la unicidad del entendimiento agente; también rechaza la tesis tomista de que Aristóteles haya defendido la inmortalidad del alma y sostiene que, según los principios del Estagirita, el alma se corrompe con el cuerpo; sin embargo, admite como dogma de fe cristiana la inmortalidad del alma, aplicando, como Boecio de Dacia, el principio de la doble verdad. Discípulos suyos son Lázaro Buonamici, Simón Porta y el sevillano Juan Montes de Oca, que enseñó durante más de 30 años Lógica en Bolonia, Pisa, Padua y Roma, y comentó, bajo el seudónimo de Juan Hispano, la Física, el De Caelo y los Parva naturalia.

 

En el norte de Europa Felipe Schwarzerd, por traducción humanística de su nombre: Melanchton (1497-1560), natural de Baden y profesor de griego, filosofía y teología en la Universidad de Wittenberg, autor de la Confessio Augustana (1530), llamado praeceptor Germaniae, sigue en general a Aristóteles, pero interpretado según criterios nominalistas. Es autor de varias obras dialécticas (Compendiosa dialectices ratio; De dialectica libri IV; Erotemata dialectices), de un Initia doctrinae phisicae y de comentarios al De Anima y a las Eticas. Muestra el influjo de Rodolfo Agrícola en la dialéctica y de Galeno en psicología. En su Discurso sobre la Filosofía (1536) afirma que es necesaria una base filosófica para la teología y que solamente Aristóteles parece acomodarse suficientemente a la Revelación y responder a las necesidades de la comunidad protestante. Tampoco le convencen los argumentos filosóficos acerca de la inmortalidad del alma.

 

Como superación de las interminables controversias entre averroístas y tomistas, recurren otros autores al estudio directo, al modo humanista, de las obras del Estagirita. El principal representante en Italia de esta corriente es Hermolao Bárbaro (1454-93), patriarca de Aquileya y cardenal, que antes había enseñado en Padua y en Venecia. Escribió un Compendium scientiae naturalis ex Aristotele (1547), de quien también tradujo la Retórica y las obras dialécticas, además de los comentarios de Temistio y Dioscorides. Acusa a Averroes de plagiario. En la misma dirección se orientan Rafael de Volterra, Leónico Tomeo y Marco Antonio Flaminio. Pero es en España donde la filosofía aristotélica va a predominar decididamente sobre el platonismo aun entre los humanistas y, por fortuna, el aristotelismo español trata de superar la polémica entre averroístas y alejandrinistas y obtener un conocimiento crítico y genuino de los textos originales.

 

El foco del aristotelismo español será Alcalá, cuya Universidad, recién fundada, carece del peso de tradiciones inertes, pero también hay aristotélicos en Salamanca (Francisco Ruiz, Sebastián Pérez, obispo de Osma, Pedro de Espinosa, Miguel de Palacios, Alonso Pérez); en Valencia, como Juan Bautista Monllor (m. ca. 1569), canónigo de Orihuela, humanista y matemático, autor de un tratado sobre los universales, De universis, unos comentarios a los Analíticos y un opúsculo, De Entelechia, que conceptúa a Aristóteles como el padre de la Filosofía y sostiene que los universales no son un mero fruto del entendimiento, aunque tampoco son entidades corpóreas, sino esencias objetivas. También son valencianos Juan Núñez, Bartolomé Pascual, Pedro Juan Monzó, Joaquín Climent, etc. Entre los catalanes, Antonio Jordana, Dionisio de Jorba, Antonio Sala, etc., y entre los aragoneses el lógico Jerónimo Monter y Pedro Simón Abril.

 

En Alcalá destaca el segoviano Gaspar Cardillo de Villalpando (1527-81), profesor de Dialectica eloquentiae philosophia y teólogo en Trento; además de una serie de comentarios a Porfirio y a Aristóteles es autor de un libro de texto, la Summa Summularum (1557), una Summa dialecticae, Interrogationes naturales, morales et mathematicae (1573) y obras de teología. Es equivocista en cuanto al ser y piensa que Aristóteles admitió la inmortalidad del alma.

 

Juan Ginés de Sepúlveda, de Pozoblanco (1490-1573), estudiante en Alcalá y en Bolonia, protegido de julio de Médicis en Roma durante 14 años y encargado por el cardenalCayetano de la revisión del Nuevo Testamento griego. Capellán y cronista de Carlos V y preceptor de Felipe II. Alabado por Erasmo, aunque era antierasmista. Traductor de Alejandro de Afrodisia y discípulo de Pomponazzi, aunque afirma la inmortalidad del alma como defendida por Aristóteles. Es autor de un tratado De fato et libero arbitrio libri III contra Lutero (1524) y de diversas obras históricas y morales. Otro autor interesante y profesor de Medicina en Alcalá, además de médico de cámara de Felipe II, es Francisco Vallés (1524-92). Sobre todos destacan los Commentaria in universam Aristotelis methaphysicam (1617-1631) de Francisco de Araújo, O. P. (1580-1664), profesor de Salamanca y obispo de Segovia; así como los Comentarios a toda la filosofía de Aristóteles de Francisco de Buena Esperanza, O. C. (1617-77), profesor de Lovaina, editados en Bruselas (1652).

 

Hasta el siglo XIX no vuelve a hacer escuela la filosofía aristotélica, fomentada por la restauración neoescolástica y por la filosofía independiente, aunque muy influida por Aristóteles y por la misma Escolástica, con Francisco Brentano (1838-1917). En la actualidad existe una intensa investigación positiva y filológicamente crítica de la obra misma de Aristóteles, mas sin otro interés sistemático o polémico que el de poner en claro lo que el Estagirita realmente pensó y las diversas etapas de su pensamiento. Los cultivadores de estas investigaciones son llamados aristotélicos, mas ello no designa una filiación ideológica determinada, es decir, una posición subjetiva, sino el objeto de sus estudios. Entre éstos son los más célebres H. von Arnim, K. Arpe, E. Bignone, Cl. Baeumker, G. Christ, W. Christ, I. Düring, H. Cherniss, M. de Corte, P. Gohlke, G. von Hertling, I. Husik, E. von Ivánka, W. Jaeger, A. y S. Mansion, F. Nuyens, J. Owen, F. Ravaisson, W. D. Ross, P. Wilpert, etc.

http://es.catholic.net/conocetufe/623/3140/articulo.php?id=40559

CDV. 08.V.MMX

 

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Miniatura del Codex Amiantinus, de tipo bizantino. El Codex Amiantinus es un Códice que data de alrededor del 600 al 700 ca. Fue manufacturado en pergamino en el monasterio de Jarrow-Wearmouth, Northumberland. Tiene un formato de 50 x 34 centímetros y consta de 1,029 hojas. Esta ilustrado con una representación esquemática del templo de Jerusalen y dos miniaturas de página completa. Es un documento mostrando la práctica de registrar y guardar datos fidedignos en los monasterios cristianos, ya siglos antes del islam.

 

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El Codex Grandior fue confeccionado a mediados del siglo VI en Calabria por encargo del secretario del rey Teodorico, aunque también se piensa que podría ser copia de un documento más antiguo escrito por San Jerónimo. El abad Ceolfirdo partió para Roma con el documento, para presentarlo como regalo al Papa Gregorio II, aunque nunca llegó a entregarlo. El manuscrito reapareció en el siglo IX en la abadía de San Salvatore, ubicado en el monte Amiato (de allí su nombre, "Amiatinus") donde permaneció hasta 1786, cuando paso a ser resguardado en la ciudad de Florencia, dentro de la Biblioteca Medicea Laurenziana. Durante más de 1200 años había sio protegido por el monaquismo cristiano.

 

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"iudex damnatur ubi nocens absolvitur" ("El juez es condenado cuando el culpable es absuelto.") Publio Siro, (85 a. C. – 43 a. C.), escritor latino de la antigua Roma. También conocido como Publilio Sirio, Publilius Syrius, Publio Sirio, Publius Syrius o Publilio Siro.

 

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P: ¿Es que Apuleyo, Ateneo, Aulo Gelio y tantos otros escritores de la Antigua Roma, eran conocidos (y estudiados, como las Odas de Horacio, Anales de Tácito, la Eneida de Virgilio ´expresión del espíritu romano´) por el monaquismo cristiano?


R: Todo indica que generalmente sí, y en muchos casos, están las pruebas dando razón, argumento e instrumento; o sea, demostrando y haciendo patente tal verdad.

 

Apuleyo, a veces llamado Lucio Apuleyo -si bien el praenomen Lucio se toma del protagonista una de sus obras, el Asno de Oro- (Madaura, 123/5 - entorno a 180) fue el escritor romano más importante del siglo II, muy admirado tanto en vida como por la posteridad. Posiblemente un bereber muy romanizado, nació en Madaura (ciudad romana de Numidia en la frontera con Getulia), en la actualidad conocida como Mdaourouch (Argelia)

Apuleyo estudió primero en Cartago y luego en Atenas, donde, entre otras materias, se familiarizó con la filosofía platónica. Se lo recuerda, sobre todo, por sus Metamorfosis, novela alegórica y picaresca, también conocida como El Asno de Oro. No se tiene la certeza de que "Lucio" haya sido su nombre: fue a partir del personaje homónimo de la novela que se le comenzó a atribuir éste. Si bien está considerado como uno de los pocos escritores originales del siglo II, existe un antecendete de esta novela, Lucio o El asno, de origen griego, atribuida a Luciano de Samósata. En tal obra el protagonista tiene el mismo nombre, y, aunque mucho menos elaborada y extensa, algunas de las aventuras narradas son parecidas. No obstante, existe una cierta ambigüedad en cuanto a la datación de esta obra, que pudiera ser una reelaboración posterior en griego; en todo caso, son obras que aparecen por la misma época.

Hombre deseoso de conocimientos, Apuleyo se adentró, además de en la filosofía, en la religión, la ciencia y la retórica. Tras ser iniciado en el culto de Isis, marchó a Roma a estudiar retórica. Más adelante, se dedicó a recorrer Asia Menor y Egipto para continuar sus estudios de filosofía y religión. En el camino desde Cartago hacia Egipto, tuvo la mala fortuna de parar en Oea (actual Trípoli), donde fue acusado de usar la magia para conseguir los favores (y riquezas) de la viuda Pudentila; en su defensa declamó y publicó un agudo discurso de -la Apología pro se liber- ante el procónsul de África Claudio Máximo y los magistrados de Sabratha, en la Tripolitania.

Otras obras suyas son: Sobre el daimon de Sócrates, Flórida, Sobre Platón y su doctrina, y también un Sobre el mundo. El Asno de Oro (o Metamorfosis) es la única novela romana que ha sobrevivido completa. Se le puede considerar antecedente de un género literario, el de la novela picaresca, en el que luego encontraremos grandes desarrollos a partir del siglo XVI (se postulan influencias, por ejemplo, en distintos episodios del Quijote). Hay algunas teorías que mantienen que la iniciación en los misterios de Isis relatada en el Asno de Oro es autobiográfica.

La labor de Apuleyo también tuvo como objetivo la difusión de la filosofía (especialmente platónica), el saber retórico y la difusión de los cultos mistéricos predominantes en el Imperio romano. De su obra como filósofo han sobrevivido sólo textos con características de traducciones, con muy poco desarrollo personal: De deo Socratis (El demón de Sócrates, en donde expone la idea de los seres mediadores entre los dioses y los hombres), De Platone et eius dogmate (Sobre Platón y su doctrina, que es un compendio de los principales conceptos de la filosofía de Platón), De mundo (Sobre el mundo, recopilación de temas científicos procedentes del Liceo aristotélico).

Con respecto a la retórica, disciplina que se creó en Grecia pero que tuvo un auge importante en Roma gracias a tratados como los de Cicerón, Apuleyó dejó la única muestra de un discurso legal: Apología o De magia pro se liber (Apología o Discurso sobre la magia en defensa propia) así como un conjunto de fragmentos discursivos: la Flórida.

 

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Ateneo (hacia 200 d. C.) es un escritor de la Grecia antigua. Por lo general se lo conoce como Ateneo de Náucratis, por haber nacido y haberse criado en esa antigua ciudad egipcia, pero poco más se sabe de su vida.

Se lo recuerda sobre todo por la colección antológica en quince libros titulada Deipnosofistas (El banquete de los eruditos), una suma de diálogos sobre una gran variedad de temas. Se trata de una valiosa fuente de información sobre el mundo antiguo, pues incluye muchos detalles sobre la vida cotidiana, la concepción de la vida y las ideas, así como pasajes de numerosas obras hoy perdidas. Probablemente la obra fuera acabada en los años inmediatamente posteriores a la muerte del emperador romano Cómodo en 192. La obra pertenece a la variedad polihistórica del género banquete, anteriormente utilizada por Platón en Banquete, por Aristóxeno y Dídimo.

 

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Aulo Gelio (en latín Aulus Gellius) fue un abogado y escritor romano del siglo II.

Aulo Gelio nació en Roma en los primeros años del principado de Adriano, posiblemente entre el 126 o 130. No se sabe con certeza su fecha de muerte. Tuvo una educación esmerada, estudiando con los mejores maestros de su tiempo, como Herodes Ático, Frontón o Apolinario.

 

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Décimo Magno Ausonio (Burdigala, actual Burdeos, 310 - † Burdeos, 395), poeta y rétor latino.

Hijo del médico Julio Ausonio, entre 320 y 328 estudió en Toulouse bajo la dirección de su tío el profesor Emilio Magno Arborio, también poeta. Vuelto a Burdeos enseñó como gramático primero y luego como rétor en diversas escuelas, para trasladarse después a Tréveris, convocado por Valentiniano I, para educar a su hijo Graciano. Allí estuvo entre los años 364 y 368. Al advenir Graciano al poder le concedió a Ausonio la prefectura de África, Italia y Galia, y más tarde el consulado. Tras la muerte de Graciano en 383, Ausonio regresó a sus propiedades junto al río Garona para dedicarse a la literatura durante una decena de años más. Desde allí envió numerosas cartas en verso y prosa a eminentes personalidades, siendo todavía recordado y admirado por todo el mundo, incluido el emperador Teodosio. Aunque cristiano, su obra se incluye casi toda en la tradición pagana, por más que se le considere un precursor la literatura latina cristiana. Su mejor alumno, Paulino de Nola, abandonó la literatura para abrazar el Cristianismo y una vida de retiro, ascetismo y caridad; Ausonio le dirigió tristes cartas pidiéndole que dejara esa vida.

 

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Babrio, o Valerius Babrius fue un poeta romano que escribió en griego fábulas entre el siglo II o III d. C.

Vivió posiblemente en Siria, pero su nomen, Valerius, era romano. En el siglo II adaptó cien fábulas de Esopo a la forma del verso coliámbico, más adecuada para la sátira, y llegaron a confundirse con las originales. En el siglo IV Aviano reelaboró cuarenta y dos fábulas de Babrio poniéndolas en dísticos.

No se conocían de él nada más que algunos fragmentos (publicados por Franz Xavier Mayer en Munich, 1816) cuando en 1843 el griego Minoides Mynas encontró en el monasterio de Santa Laura del monte Athos un manuscrito que contenía 123 fábulas. Jean François Boissonade de Fontarabie ofreció la editio princeps en París, 1844. Johann Caspar von Orelli, Karl Lachmann (este en Berlín, 1845), y Théobald Fix publicaron después ediciones críticas; Léon Boyer dio una traducción en verso francés. George Cornewall Lewis publicó en Londres, en 1859, una segunda colección atribuida a Babrio que contenía 95 fábulas nuevas y un prefacio, cuyo manuscrito fue copiado por Mynas en el monte Athos en 1857, ya que los monjes no quisieron venderlo; se discute todavía sobre si esta colección es falsa. Seis fábulas más vieron la luz gracias a P. Knoll, quien las leyó en una manuscrito de la Biblioteca Vaticana, y fueron editadas por A. Eberhard, Analecta Babriana, 1879.

 

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Censorino fue un gramático latino del siglo III. Él mismo en su obra De die natale (18.12 y 21.6) afirma que la escribe en el año 268. Además de esta obra, escribió una gramática y un tratado sobre el acento (De accentibus) que no han llegado a nosotros.

De die natale (Sobre el día del nacimiento) es un opúsculo sobre este tema dedicado por el autor a su patrono Quinto Cerelio. En la primera parte (4-14) analiza los aspectos antropológicos del nacimiento (origen de la especie, gestación, desarrollo del embrión, cálculo astrológico, duración de la gestación, relación entre música y nacimiento, periodización de la vida). La segunda parte (16-24) trata del tiempo y su división en años, meses y días. El propio autor reconoce que su obra no es original, sino fruto de su erudición, y cita entre sus fuentes a Varrón y Suetonio.

 

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Marco Tulio Cicerón (en latín Marcus Tullius Cicero, pronunciado [´mar.k?s ´tul.li?s ´ki.ke.ro:]; Arpino, 3 de enero del 106 a. C. - Formia, 7 de diciembre del 43 a. C.) fue un jurista, político, filósofo, escritor y orador romano. Es considerado uno de los más grandes retóricos y estilistas de la prosa en latín de la República romana.1 2

Reconocido como uno de los más importantes autores de la historia romana, es responsable de la introducción de las más célebres escuelas filosóficas helenas en la literatura republicana, así como de la creación de un vocabulario filosófico en latín. Gran orador y reputado letrado, Cicerón centró toda su atención en su carrera política. Hoy en día es recordado por sus escritos de carácter humanista,3 filosófico y político. Sus cartas, la mayoría enviadas a Ático, alcanzaron un enorme reconocimiento por la introducción de un depurado estilo espistolar en la literatura europea. Cornelio Nepote destacó la riqueza ornamental de estas cartas, escritas «acerca de las inclinaciones de los líderes, los vicios de los comandantes y las revoluciones estatales», que transportaban al lector a esa época.4

Constituido en uno de los máximos defensores del sistema republicano tradicional, combatió como pudo la dictadura de César. No obstante, durante su propia carrera no dudó en cambiar de postura dependiendo del clima político. Esta indecisión es achacable a su carácter sensible e impresionable, pues era propenso a reaccionar de manera excesiva ante los cambios.

 

Cicerón nace el 3 de enero de 106 a. C. en Arpinum (Arpino) - un municipio localizado a 110 kilómetros de la capital - en el seno de una familia plebeya elevada al ordo equester. El origen de su cognomen - Cicerón, que quiere decir «garbanzo» - no es claro, aunque se cree que provenía de un ancestro suyo cuya nariz tenía esa forma, o que comerciaba con este producto.

Cuando era un niño le enviaron a Roma para estudiar derecho con los más importantes letrados del momento, como Escévola. Además de derecho, maestros como Filón de Larisa o Diódoto le brindaron una sólida formación filosófica.7 Como todos los ciudadanos romanos, a los diecisiete años inició el servicio militar a las órdenes de Pompeyo Estrabón - padre de Pompeyo - durante la Guerra Social. Cuando terminó el conflicto (81 a. C.) retomó los estudios.

Haría su estreno como letrado ese mismo año con el Pro Quinctio - un problema sucesorio. En 79 a. C. pronunció el Pro Roscio Amerino, en el que había un ataque implícito al dictador Sila.8 La increíble actuación del orador, que posibilitó que Roscio resultara libre, le llevó a determinar que lo más prudente era mantenerse apartado de la ira de Sila durante un tiempo, por lo que marchó a Grecia (79 - 77 a. C.)

El primer año recibió las enseñanzas de Antíoco de Ascalón - académico ecléctico y sucesor de Filón de Larisa, muy marcado por la doctrina aristotélica y estoica - Zenón y Fedro - epicúreos - en Atenas; y entre 78 y 77 a. C del estoico Posidonio de Apamea y del retórico Apolonio Molon en Rodas.7 En Atenas trabó amistad con Ático, con quien mantendrá el contacto por correspondencia durante el resto de su vida.

Finalizado el periodo de formación retórico y filosófico retornó a la capital y se casó con Terencia. Fruto de este matrimonio nacieron Tulia - esposa de Cornelio Dolabela - y Marco.

es.wikipedia.org V.MMX

 

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Claudio Eliano o Claudius Ælianus (c. 175 - c. 235), nacido en Praeneste, fue un autor y profesor de retórica romano que tuvo su máximo esplendor durante el gobierno de Septimio Severo y probablemente sobrevivió a Heliogábalo, que murió en 222. Hablaba el griego de forma tan fluida que se le llamaba de lengua de miel (μελ?γλωττος / melíglôttos). Aunque nacido en Roma prefería los autores griegos y escribió sus obras en un griego algo arcaizante.

Sus dos obras principales tienen un considerable valor puesto que contienen numerosas citas del trabajo de autores anteriores que de otra forma se habrían perdido así como por los sorprendentes relatos de tradiciones populares que ofrecen inesperadas visiones de la forma de vida del mundo greco-romano.

De Natura Animalium (Περ? ζ?ων ?δι?τητος)

 

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Claudio Rutilio Namaciano fue un poeta galo de principios del siglo V d.J.C. Proveniente del sur de la Galia, llegó a ser prefecto en las regiones italianas de Toscana y Umbría. Su única obra conocida es el poema De reditu suo del que solo se conserva una parte. Fue escrito hacia el año 420. En el habla sobre la grandeza y el antiguo esplendor de Roma. Además se muestra muy critico con el Cristianismo.

Estilísticamente Namaciano utiliza los dísticos elegíacos con gran habilidad y pureza formal, que delatan un estudio profundizado de la poesía de la era clásica de Augusto. Utiliza un latino sorprendentemente clásico para la época, tanto con respecto al vocabulario como la gramática.

 

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…del conocimiento de la agronomía romana, 600 años antes del Islam…

agronomía es el conjunto de conocimientos aplicables al cultivo de la tierra, derivados de las ciencias exactas, físicas y económica - (Del gr. ?γρον?μος).

 

Lucius Junius Moderatus, de sobrenombre Columela (Gades o Cádiz principios de la Era Cristiana - Tarento, entre los años 60 y 70 d. C.). Escritor agronómico romano.

Nacido en la Bética, al igual que Séneca, del que fue amigo, estuvo un tiempo en el ejército romano y fue tribuno en Siria el año 35 d. C. Después se trasladó a Roma, donde se dedicó a la agricultura a gran escala, poniendo en práctica sus conocimientos al respecto. En la capital del imperio formó parte de los círculos sociales más elevados.

De su obra escrita nos han llegado Res rustica (Los trabajos del campo) y Liber de arboribus (Libro de los árboles). En la primera de estas obras, dividida en doce libros, e inspirándose en obras anteriores de Catón el Viejo, Varrón y otros autores latinos, griegos e incluso cartagineses, trata sobre todos los trabajos del campo en el más amplio sentido de la palabra: desde la práctica de la agricultura, la ganadería y la apicultura, hasta la cura de animales, pasando por la elaboración de distintos productos y conservas. En el libro de arboribus trata de cultivos arbustivos como la vid, hasta árboles como el olivo o los frutales, e incluso flores como la violeta o la rosa. La obra de Columela es considerada el repertorio más amplio y documentado sobre agricultura romana.

 

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Elio Donato fue un gran gramático en lengua latina del siglo IV. Fue, sin duda, el gramático más influyente de su época (como señala el título de clarissimus que le fue otorgado), si bien de su vida no se conoce mucho. Probablemente es de origen africano, enseñó también retórica y tuvo entre sus alumnos a San Jerónimo y Tirannio Rufino.

 

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Eumenio(en latín, Eumenius, nacido circa 260 como muy tarde, más probablemente entre 230 y 240) fue profesor de Retórica en Augustodunum y uno de los panegiristas latinos recogidos en la antología de discursos panegíricos Panegyrici Latini (en concreto, del Pan. Lat. IX. Incipit quintus o Pro restaurandis scholis – [Según el orden del manuscrito; por orden cronológico, su discurso se cuenta en quinto lugar]).

Eumenio nació en Augustodunum (la ciudad romana que se corresponde con la actual Autun), en la provincia romana de la Galia Lugdunense. Era de ascendencia griega pues su abuelo, que había emigrado de Atenas a Roma, finalmente se estableció en Autun como profesor de Retórica. Eumenio probablemente le reemplazó, y fue desde este puesto en Augustodunum que Eumenio llegó a convertirse en magister memoriae (secretario privado) del césar y después emperador romano Constancio Cloro, a quien acompañó en varias de sus campañas.

En 296 Constancio Cloro se propuso restaurar las famosas escuelas de Autun (las llamadas scholae Maenianae de Autun). Durante los desórdenes del siglo III en las Galias, la instrucción en las citadas escuelas había cesado, quizá debido a la falta de financiación o estudiantes, y los edificios e instalaciones habían sufrido mucho durante el sitio de la ciudad en 269. El emperador designó a Eumenio como director de las escuelas de la ciudad, permitiéndole mantener el rango de funcionario público senior y doblando su salario.

Su discurso, generalmente llamado Pro restaurandis (o instaurandis) scholis (para la restauración de las escuelas), fue entregado probablemente en 297 o 298 en el foro de la ciudad de Augustodunum o en Lugdunun ante el gobernador de la provincia de Galia Lugdunense. El propósito del discurso era el de preguntar al gobernador si Eumenio podía dedicar su sueldo (o una gran parte del mismo) para reconstruir las escuelas de Autun. En el discurso elogiaba a los emperadores (Constancio Cloro y a sus colegas de Tetrarquía) y disponía los pasos necesarios para restaurar las escuelas a su estado anterior de eficacia, haciendo hincapié en que él se proponía sostener la obra realizada a sus expensas. Con este fin, Eumenio citaba la carta imperial de Constancio Cloro donde se le concedía su puesto y su largo salario en Autun; debido a la inclusión de esta carta imperial con el nombre del destinatario, se ha preservado el del autor de este panegírico.

 

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Marco Cornelio Frontón (en latín Marcus Cornelius Fronto) (circa 100 - 170), gramático, retórico y abogado romano de la etapa altoimperial.

Nació en el seno de una familia itálica de Cirta, en Numidia (la actual Argelia). Se estableció en Roma durante el reinado de Adriano, y pronto alcanzó gran renombre como abogado y orador, hasta ser considerado sólo inferior a Cicerón. Reunió una gran fortuna, erigió magníficas edificaciones y compró los famosos jardines de Mecenas. Antonino Pío, consciente de su reputación, lo escogió como tutor de sus hijos adoptivos, Lucio Vero y Marco Aurelio.

En 142 fue cónsul durante dos meses, pero rechazó el proconsulado de Asia por problemas de salud. Sus últimos años fueron amargos por la pérdida de todos sus hijos excepto una hija. Sus talentos como orador y retórico fueron muy admirados por sus contemporáneos, algunos de los cuales formaron una escuela llamada en su honor Frontoniani, cuyo propósito era restaurar la antigua pureza y simplicidad de la lengua latina en lugar de las exageraciones de la escuela sofista griega, o de las artificialidades de los autores del siglo I, como Séneca.

A pesar de lo loable que hubiera podido ser la intención, la lista de autores admirados por su escuela no habla bien del gusto literario de Frontón. Los autores de la era Julio-Claudia (siglo I d.C) fueron muy menospreciados, mientras que a Enio, Plauto, Laberio y Salustio se les tuvo como modelos a ser imitados.

Hasta 1815, los únicos trabajos existentes atribuidos (erróneamente) a Frontón eran dos tratados gramaticales, De nominum verborumque differentiis y Exempla elocutionum (éste último perteneciente a Arusiano Mesio).

En ese año, sin embargo, Angelo Mai descubrió en la biblioteca Ambrosiana en Milán, un manuscrito palimpsesto (y más tarde, algunas hojas más en el Vaticano), en el que se habían escrito originalmente algunas de las cartas que Frontón había dirigido a sus alumnos, así como sus respuestas. Estos palimpsestos habían pertenecido al famoso convento de Santa Columba en Bobbio, y los monjes reescribieron en ellos las actas del primer Concilio de Calcedonia.

Las cartas, junto con otros fragmentos del palimpsesto, fueron publicadas en Roma en 1823. Sus contenidos no encajan con la gran reputación del escritor, pues están llenas de chismes, cotilleos, y observaciones pedantes y superficiales, muy alejadas de la profundidad y el humanismo de alguien supuestamente parejo a Cicerón. Las cartas consisten en correspondencia con Antonino Pío, Marco Aurelio y Lucio Vero, en las que el carácter de los alumnos de Frontón aparece bajo una luz muy favorable, especialmente en el afecto que ambos parecen conservar por su antiguo maestro; y cartas a amigos, especialmente cartas de recomendación. La colección también contiene tratados sobre la elocuencia, algunos fragmentos históricos y bagatelas sobre temas como la alabanza al humo y el polvo, la negligencia, y una disertación sobre Arión de Lesbos.

Su principal mérito consiste en haber preservado extractos de escritores antiguos que de otra manera se hubieran perdido.

 

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Julio Fírmico Materno (Iulius Firmicus Maternus) (nacido en Siracusa, comienzos del siglo IV d. C.) escritor y astrólogo siciliano de expresión latina de época tardoimperial

Pocos son los datos sobre él, apenas lo que puede deducirse de sus escritos. Nació a comienzos del siglo IV después de Cristo. Fue senador y por un tiempo abogado, pero abandonó la profesión a causa de los enemigos que le acarreaba y para dedicarse a los estudios humanísticos. Escribió Matheseos libri VIII y casi diez años después el De errore profanarum religionum.

Los Matheseos libri octo fueron escritos entre el 335 y el 337, según Mommsen, con el título De Nativitatibus sive Matheseos libri VIII, y fue dedicada al gobernador de la Campania Lolliano Mavorzio. Constituye el más vasto tratado de astrología de la Antigüedad, fruto de experiencias y estudios en el saber del Neoplatonismo.

El primer libro resulta interesante en cuanto que, a diferencia de los otros siete, de contenido exclusivamente técnico, contiene una verdadera y propia apología moral de la astrología, ciencia caída en sospecha y recelo inevitablemente para los cristianos, pero ampliamente practicada en el tiempo del autor por influjo de la especulación neoplatónica. Afirma que la influencia de los astros se ejercita sobre la parte divina del alma humana y que sólo un alma pura y libre de todos los pecados puede apoyarse en la astrología, disciplina que pone en constante contacto con la divinidad.

Se demuestra por la importancia de los astros en determinar la vida humana y la súplica de la historia del mundo hasta la edad de Saturno a la luz de tal principio. Y los restantes libros esparcen diversas nociones técnicas relativas a la materia, con un estilo compilativo que sin embargo rinde cuentas como síntesis de una larga tradición precedente.

Si esta primera obra mostraba ya a un autor como un alma naturalmente cristiana, no sorprende su consiguiente conversión al Cristianismo, de la cual ignoramos causa, lugar y fecha. No hay otro inequívoco testimonio que su obra apologética De errore profanarum religionum, escrita entre el año 346 y el 350.

La tradición del texto se reduce a un único testimonio: un códice Vaticano-Palatino del siglo XI acéfalo (falto del principio): la parte restante comienza reseñando los cultos naturalistas a los elementos y demostrando su absurdo. Considera después que los cultos de origen oriental que eran antaño más practicados fueron asumidos por los paganos: los Misterios de Isis, Cibeles, Mitra, el culto de los Coribantesi, de Adonis y otros. Aplica los principios de Evémero de Mesene para demostrar que todas esas divinidades no son otra cosa que hombres ensalzados después de su muerte hasta alcanzar honores celestiales y de cuyos pecados los hombres se sirvieron para justificar los propios.

Con algunas fantasías etimológicas (por ejemplo, Serapis es hecho derivar de Σ?ρρας πα?ς, "el hijo de Sara", esto es, José) intenta explicar los orígenes de algunos seres a partir de textos bíblicos. En los capítulos siguientes ofrece noticia de las frases y fórmulas usadas en los códices usados en las religiones mistéricas vinculándolas a las fórmulas bíblicas.

La lengua del autor aspira a la pureza del clasicismo, pero no se sustrae a incluir vocablos de su época, abusando bastante de la expresión retórica, el énfasis y las incursiones en la prosa poética. El uso de cláusulas métricas lo vincula a la tradición oratoria cicieroniana. El estilo de la obra reclama ser vecino del de los africanos Tertuliano y Arnobio, y recurre voluntariamente a la irrisión y el sarcasmo.

En sus obras resalta el fanatismo casi feroz con que el autor exhorta a los emperadores Constante y Constancio II a perseguir sin piedad a los secuaces de las fes paganas. Se deduce de su obra cuál debía ser el estado de ánimo en muchos cristianos, particularmente los neófitos, en el breve tiempo entre las sangrientas persecuciones de Diocleciano y el Edicto de Milán.

Hoy su obra apologética es considerada de particular interés para la historia de las religiones, ofreciendo material de primera mano y plausible sobre los cultos mistéricos practicados en Sicilia en época tardoimperial.

 

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Higino el Gromático fue un autor latino del siglo II que destacó en la época del emperador romano Trajano, el sobrenombre Gromático le viene de su profesión de agrimensor (latín gruma), denominado también del latín Hyginus Gromaticus. Se sabe muy poco de su vida. Se trata de un geógrafo, cartógrafó y matemático romano dedicado a la agrimensura y que dejó escritos en diversas ciencias. Nada tiene que ver con Cayo Julio Higino.

Es muy conocido en el arte de construir relojes solares gnomónica como uno de sus mayores divulgadores y precursores es muy famosa la frase "Advocandum est gnomonices summae ac divinae artis fulmentum".

 

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Quinto Horacio Flaco (en latín Quintus Horatius Flaccus) (Venusia, hoy Venosa, Basilicata, 8 de diciembre del 65 a. C. – Roma, 27 de noviembre del 8 a. C.), es el principal poeta lírico y satírico en lengua latina.

Es un poeta reflexivo, que expresa aquello que desea con una perfección casi absoluta. Los principales temas que trata en su poesía son el elogio de una vida retirada («beatus ille») y la invitación de gozar de la juventud («carpe diem»), temas retomados posteriormente por poetas españoles como Garcilaso de la Vega y Fray Luis León. Escribió, además, epístolas (cartas), la últimas de las cuales, dirigida «A los Pisones», es conocida como Arte poética.

Era hijo de un esclavo liberto, si bien nació cuando su padre ya gozaba de la libertad. Su padre, aunque pobre, invirtió mucho dinero en la educación de su hijo, acompañándolo a Roma donde inició sus estudios de Gramática con Orbilio y, probablemente, los de retórica con Heliodoro. A los 20 años de edad se trasladó a Atenas para estudiar griego y Filosofía en la Academia con Teomnesto, donde tomó contacto por vez primera con el epicureísmo. Horacio siempre reconoció los cuidados y el gran sacrificio que su padre hizo por él, siendo la relación con su progenitor uno de los más bellos episodios de amor filial que sobreviven del periodo clásico.

Tras el asesinato de Julio César, se unió al partido republicano, formando parte del ejército que Marco Junio Bruto preparaba en Grecia para oponerse a los triunviros Octavio y Marco Antonio, siendo nombrado tribuno militar. El ejército republicano fue derrotado en la doble batalla de Filipos (42 a. C.), en la cual, dadas sus escasas aptitudes militares, hubo de escapar para salvar así su vida. Cuando Octavio decretó una amnistía a favor de aquellos que habían luchado en su contra, Horacio decidió volver a Roma, conociendo entonces la noticia de la muerte de su padre y la confiscación de sus propiedades. Sumido en la pobreza, consiguió no obstante trabajo como escribano de cuestor, un puesto que le permitió practicar su arte poético.

Con el tiempo, Horacio fue ganando el respeto y la admiración de los círculos literarios romanos, al que pertenecían Virgilio y Lucio Vario Rufo, quienes le presentaron a Cayo Mecenas (38 a. C.), amigo y consejero de César Augusto. El emperador le brindó su protección, llegándole a ofrecer un puesto como secretario personal, si bien Horacio declinó la oferta debido a sus principios epicúreos. Mecenas llegó a convertirse en su protector y amigo personal, y obsequió a Horacio con una finca en Tiber, en las montañas Sabinas (33 a. C.), donde el poeta se retiró a redactar sus obras. Su amistad fue tal que incluso fueron enterrados el uno junto al otro.

 

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Flavio Josefo (n. ¿37 ó 38? – † Roma, 101) fue un historiador judío fariseo, descendiente de familia de sacerdotes. Su nombre originario era Yosef bar Mattityahu.

Flavio Josefo (en griego antiguo ??σηπος / I?sêpos, en hebreo ??? ?? ?????? / Yosef bar Mattityahu o Yossef ben Matityahou, es decir, hijo de Matías), historiador judío, nació alrededor del año 37 d.C, en el seno de una familia sacerdotal de Judea ligada a la monarquía de los asmoneos.

Ya desde pequeño Josefo se caracterizó por su buena memoria y su facilidad de aprendizaje, lo que le permitió desarrollar sus dotes intelectuales.

En el año 64 se trasladaría a Roma para conseguir de Nerón la liberación de algunos sacerdotes judíos amigos suyos capturados durante las revueltas judías contra los romanos, causa por la que es procesado y encarcelado. Sin embargo, pronto es liberado gracias al apoyo de Sabina Popea, esposa del emperador.

Tras su vuelta a Jerusalén, en el año 66 estalló la Gran Revuelta Judía. Fue designado por el Sanedrín de Jerusalén como comandante en jefe de Galilea, organizando su administración y defensa. Capituló en el verano del año 67, tras seis semanas defendiendo la casi inexpugnable fortaleza de Jotapata. La mayoría de sus compatriotas fueron asesinados y Josefo fue capturado y llevado ante la presencia del por entonces general Vespasiano. Ante él hizo muestras de su gran formación y predijo que pronto sería emperador, lo que le llevó a ganarse el perdón cuando se cumplió la predicción. Así, Josefo pasó a llamarse Flavio Josefo, siendo liberado en el año 69.

Josefo se unió al séquito de Tito, hijo de Vespasiano, en el año 70 en su marcha hacia Judea, siendo testigo ocular de la destrucción de Jerusalén y del Segundo templo y participando como mediador entre ambas partes.

En el año 71 viaja a Roma y, por orden del emperador, se le otorga una pensión, la ciudadanía romana bajo el nombre de Tito Flavio y una casa que fue residencia del mismo Vespasiano. Será aquí donde desarrollará su trabajo literario e histórico. Murió durante el mandato de Trajano (probablemente en el 101).

 

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Décimo Junio Juvenal (Aquino, actual Italia, 60 d. C. -Roma, 128 d. C.) fue un poeta romano, activo a finales del siglo I y comienzos del siglo II, autor de dieciséis Sátiras. Los detalles de la vida del autor son confusos, aunque referencias dentro de su texto a personas conocidas a finales del siglo I y principios del II fijan su terminus post quem (fecha de composición más temprana).

Conforme con el estilo vitriólico de Lucilio, creador del género de la sátira romana, y dentro de una tradición poética que también incluye a Horacio y Persio, Juvenal escribió al menos 16 poemas en hexámetro dactílico abarcando un conjunto enciclopédico de tópicos de todo el mundo romano. Mientras que las Sátiras son una fuente vital para el estudio de la Antigua Roma desde un vasto número de perspectivas, su forma de expresión cómica, hiperbólica hace, como mínimo, problemático el uso de las afirmaciones encontradas en ellos. A primera vista, las Sátiras pueden leerse como una crítica brutal de la Roma pagana, quizá por este motivo pervivió en los scriptoria monásticos cristianos, un cuello de botella en la conservación donde gran parte de los textos antiguos perecieron.

 

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Cayo Licinio Muciano (Siglo I D.C.) fue un político, escritor y general del Imperio romano.

Su nombre revela que había nacido como un Licinio y que fue adoptado por un miembro de la gens Mucia. Aproximadamente en 55 fue enviado por el emperador Claudio, que recelaba de su íntima relación con Valeria Mesalina, a Armenia junto a Cneo Domicio Corbulo. Bajo el reinado de Nerón recobró el favor imperial y fue probablemente designado consul suffectus en 64.

Cuando estalló la Gran Revuelta Judía en 66, Muciano era el gobernador de Siria, puesto en el que se mantuvo durante el Año de los cuatro emperadores. Cuando fracasó en su intento de sofocar la revuelta, Vespasiano fue enviado para relevarle. Tras la muerte de Galba en 69, tanto Muciano como Vespasiano declararon su lealtad al nuevo emperador Otón, pero cuando Vitelio se levantó en Germania y se apoderó del trono, Muciano persuadió a Vespasiano para rebelarse contra el nuevo emperador. Acordaron que Vespasiano permanecería en el Este para resolver los problemas en esa parte del orbe, mientras Muciano marchaba hacia Roma a través de Asia Menor y Tracia para atacar a Vitelio. Muciano entró en Roma un día tras la muerte de Vitelio y halló al hijo menor de Vespasiano, Domiciano a la cabeza del Estado, pero en cuanto llegó relevó al joven que permaneció prácticamente en el olvido hasta la muerte de su hermano Tito. Muciano se mantuvo toda su vida fiel a Vespasiano y fue recompensado con dos consulados, uno en 70 y otro en 72. Se supone que murió durante el reinado de su aliado ya que no existen referencias a su persona en los reinados de los hijos del emperador.

Fue un inteligente escritor e historiador. Realizó una recopilación de los discursos y las cartas de los romanos de la antigua República Romana, probablemente incluyendo un conjunto de actas del Senado (res gesta senatus), y fue el autor de una autobiografía, que trataba principalmente de la historia natural y la geografía orientales, a menudo citada por Plinio el Viejo.

 

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LITERATURA ROMANA

Desde Adriano hasta Rómulo Augustulo (117-476 después de J.C.) [editar]

Antes del reinado de Marco Aurelio la literatura latina ya era cosmopolita; no sólo se cultivaba en Roma sino en ciudades como Bizancio, Alejandría, Milán y en las primeras ciudades de la Galia.

Después de Marco Aurelio la literatura decae y ya no poseerá su antiguo esplendor:

La transición del paganismo expirante a la organización del Cristianismo más dominante cada vez.

La mezcla invasora de las poblaciones bárbaras conocidos con el nombre de bárbaros o extranjeras.

El gusto de la gramática sustituido al sentimiento más elevado de las bellezas literarias.

Gran parte de la poesía de esta época ha sido transmitida a partir de la llamada Anthología latina, contenida el el llamado Codex Salmasianus, así llamado por su poseedor, el humanista francés Claude de Saumaise (1588-1653, latinizado como Salmasius), que contiene la obra heterogénea de poetas latinos tal vez originales en su mayor parte del norte de África: Pentadio, Reposiano, Vespa, Osidio Geta y el anónimo Pervirgilium Veneris. Es una especie de himno en honor a Venus, a imitación del poema secular de Horacio atribuido a Floro o a Vibia Chelidon. Cabe también destacar a Lucilio con su elegante poema Sobre el Etna y a Dionisio Catón con su poema Los Dióticos.

Serenus Sammoticus ha dejado un poema obscuro titulado Sobre las enfermedades y sus remedios que no es más que una continuación de recetas versificadas. Este autor que vivió en el siglo III d. C. según Capitolino reunió 62.000 volúmenes para su Biblioteca y Alejandro Severo le escogía para sus lecturas particulares. Muerto en un festín por orden de Caracalla y pasa por ser el autor de un poema de medicina antes citado Q. Seveni Sammonici de medicina praecepta saluberrima de 1.115 versos hexámetros y 65 capítulos comprende multitud de preceptos curativos tomado de Plinio y Dioscórides con versificación esmerada pero la latinidad se resiente de la decadencia de las Letras en la época en que se escribió. Baemer le atribuyé otro poema De tingendis capillis

Un cartaginés fue Nemesiano, que vivió en el 284 escribió tres poemas sobre la caza, la pesca y el arte naútico titulada la obra Cynegéticas .

Calpurnio Sículo, que fue secretario el emperador Caro escribió églogas y bucólicas, algunas de las cuales son atribuidas a Nemesiano; Virgilio y Teócrito fueron los principales modelos de estas composiciones frías y elegantes, desprovistas de originalidad.

En retórica destaca Ausonio, nacido en Burdeos en 309, fue profesor de elocuencia, conde, cuestor, prefecto del pretorio, cónsul, procónsul, preceptor del emperador Graciano; escribió en verso Epigramas, Efemeride, Parentalias, Epitafios, Poema sobre los doce Cesares, Ludus septem Sapientum (comedia), Idilios, Descripción de Mosela. Estas poesías, más de un polígrafo que de un poeta inspirado, contienen ingenio y ciencia, pero con poco arte.

Otro autor Festo Avieno, que no debe confundirse con el fabulista contemporáneo Aviano autor de cuarenta y dos fábulas, que murió antes del quinto siglo fue poeta geográfico y didáctico y escribió:

Una obra de geografía titulada Descripción del mundo, copia de Dionisio de Charan.

Un poema titulado Ora maritima, elegías y epistolas

Se le atribuye un resumen de la obra de Homero La Iliada

También hay que citar al poeta didáctico Severo Santo que vivió bajo el reinado de Teodosio, y escribió sobre la muerte de los bueyes, versos en que se halla con sorpresa un elogio de la religión denominada Cristianismo.

Dos autores cristianos de esta época son:

El hispanolatino Aurelio Prudencio del año 348, autor de una importante himnografía sobre los mártires y que escribió un largo poema alegórico sobre la batalla entre los vicios y las virtudes, la Psicomaquia. Escribió también contra las sectas heréticas y contra Símaco, uno de los defensores del paganismo.

San Paulino de Nola que nació en el año 353 en Galia escribió 58 poemas cuyo mayor parte son cristianos.

Entre los novelistas destaca Apuleyo que escribió su famosa Metamorfosis o El asno de oro en el cual algún erudito vislumbra contenidos neopitagóricos pero que para otros no es más que un cuadro alegórico de los desórdenes morales y de las supersticiones de la época. Otras obras suyas son las tituladas Liber de mundo y Dios de Sócrates.

En el siglo V d.J.c. hay que destacar a:

El poeta Claudiano, que unido sobre todo a Estilicón, ministro del emperador Honorio y colmado de honores, ejercitó todos los géneros desde la epopeya a la sátira; se recuerda especialmente su poema El rapto de Proserpina y sus Invectivas contra Rufino y Eutropio.

Rutilio Numanciano que escribió un libro de viaje titulado Itinerarium seu de redita.

Sidonio Apolinar, un sacerdote cristiano que publicó 24 poemas en que predomina el gusto del panegírico.

Alcimo Eedicio Avilo, arobispo de Viena en el Delfinado y el cual, es un poema en cinco cantos, de Mosaicae historiae gestis atestiguan grandes conocimientos sobre la Antigüedad.

En el siglo VI d. C. hay que destacar a los siguientes autores:

Prisciano de Cesarea que escribió una obra titulada Descripción del Universo y una obra titulada Elogio de Anastasio.

Eucheria autora de un poema de 32 versos contra un esclavo demasiado audaz.

Fortunato, poeta cristiano que vivió como cortesano educado por Santa Rodegunda de Poitiers.

En la prosa histórica hay que destacar una compilación hecha sin mucho talento bajo el epígrafe de Historia Augusta trata de la vida de los emperadores Adriano, Antonino Pío, Marco Aurelio y de los que siguieron hasta Carino.

Como autores destacados de prosa histórica hay que destacar los siguientes:

Sexto Aurelio Víctor, autor del tratado De viris illustribus Romae

Amiano Marcelino, que sirvió en la legión romana hasta el tiempo de Valentiniano II, compuso una historia que alcanza hasta 578 de Jesucristo, bajo el Título Rerum Gestarum.

Jordanes y su obra De rebus Geticis.

Sulpicio Severo, apodado Salustio cristiano autor de una Historia Sagrada .

En la elocuencia o retórica destacan los siguientes autores:

Cornelio Frontino que escribió De diferentiis vocabolorum

Apuleyo con su obra Apología que fue acusada de magia y la Florida, declamación retórica eminente.

Por otra parte los panegíricos se habían puesto de moda desde Plinio el Joven y el número de prosistas y poetas que se consagraron a este género creció bastante en este periodo destacando Ennónico que pronunció en 508 el fastuoso Elogio de Teodorico.

Entre los epistolares de este periodo después de Frontino y Marco Aurelio, debe hacerse mención de Símaco, famoso prefecto de Roma, que luchó en vano, con gran elocuencia y convicción, en pro del restablecimiento del altar de la Victoria y de los ritos paganos. Sus Cartas publicadas en diez libros fueron halladas en el siglo XIX; contienen curiosas instrucciones sobre el movimiento de los espíritus por entonces y sobre las pasiones paganas, interesadas en combatir la invasión de las ideas cristianas.

En la filosofía cristiana destacaron los siguientes autores:

San Agustín, obispo de Hipona, que nació en 354, autor de Ciudad de Dios y Confesiones.

Boecio, consejero de Teodorico I el Grande, escribió en la cárcel El consuelo de la Filosofía, sentida y elevada protesta contra las persecuciones que sufría.

Otros autores son Tertuliano, Minucio Félix , San Ciprián y Arbonio, autor de una obra contra los paganos

Lactancio cuyas Instituciones divinas son miradas con razón como uno de los monumentos más notables de la antigüedad cristiana,

San Hilario, obispo de Poriers, que se hizo notar su talento para la controversia

San Ambrosio, obispo de Milán

San Jerónimo padre la crítica y erudición cristiana, filólogo que se aplicó al conocimiento del hebreo, el griego y el latín para elaborar la primera traducción completa de la Biblia al latín, la conocida como Vulgata, y autor además de un rico epistolario y otras obras.

En matemáticas Boecio y Julio Fírmico Materno; más curiosas sus obras de este último autor por los extraños caprichos que encierran que por las discusiones de la ciencia pura.

En arquitectura civil y tratados militares destaca Frontino que mandó los ejércitos romanos en Bretaña bajo las órdenes de Domiciano y estuvo encargado de la inspección de los Acueductos de Roma que nos ha dejado una descripción de los mismos, preciosa por las numerosas instrucciones arqueológicas que contiene. Sus Estratagemas que suelen situarse entre los escritos militares no son sino un repertorio o reunión de anécdotas, en que prueba a menudo su escasa crítica.

Vegecio nos dejó la obra titulada Tratado de arte militar que dedicó al emperador Valentiniano II o Teodosio, la mejor de la Antigúedad en Occidente.

La medicina valió a la escuela de Salerno, dirigidas por los monjes de Monte Casino, una celebridad que no se ha borrado.

En economía agrícola destacó Palladio escribió el libro titulado De Re Rústica con un estilo jactancioso, con incorreccioes y palabras nuevas.

En geografía destacan los itinerarios de todo género, la cosmografía y los escritores Solino Publio, Victor y Vivió Secuester.

En derecho destacan los siguientes autores:

El emperador Adriano fue quien tuvo primero la iniciativa en la revolución habida en el Derecho Romano como promotor del Edicto Perpetuo que sustituía una marcha uniforme de procedimientos a los edictos anuales que anteriormente pronunciaban los Pretores, con la ayuda del redactor Salvo Juliano.

Bajo Septimio Severo floreció Ulpiano, célebre por su desgraciado fin y numerosos trabajos sobre derecho. También destacó Julio Paulo, consejero de Septimio Severo con 2800 fragmentos de sus obras que pasaron al Digesto con las destacadas siguientes:

Ochenta libroa Ad Edictum

Diez y ocho libros Ad Plautium

Cuatro libros Ad Netarium

Diez y siete libros Ad Sabinum, ad Vitellium, notae ad Scevolam, ad Julianum, ad Papinianum

Diez libros Ad legem Juliam ert Papiam

Veintiséis libros quastionum

Veintitrés libros responsorum y libri quinque sentetiarum

Valentiniano III hizo decidir en el Senado cuales habían de ser los rescriptos de los príncipes y los juriconsultos, cuyas opiniones habían de constituir autoridad en materias judiciales.

Teodosiano y su posterior Recopilación conocida con el nombre de Código Teodosiano, recopilación de las constituciones de los príncipes, trabajado por ocho juriconsultos con derecho civil, público y eclesiástico. Este código esta más considerado más importante que su precedente el Código Gregoriano pòr ser más completo, porque ha llegado hasta nosotros en su integridad y porque tuvo valor legal y fue compilado por orden de Teodosio II quien en el 429 d. C. instituyó una comisión con el encargo de completar el Código Gregoriano y Hermogiano mediante esta nueva recopilación de todas las constituciones imperiales publicadas después de Constantino. Otra comisión del 435 d. C. siguió el trabajo de la primera terminado el trabajo en el 438 de nuestra Era.

El emperador bizantino Justiniano I que reinó desde 527 al 565 hizo aún más, mandando a su canciller Triboriano con la colaboración de Teófilo y Doroteo, los trabajos de sus antecesores ( véase Corpus Iuris Cívili ) reuniendo en un cuerpo completo las Novelas, las Instituciones de Gayo, las Sentencias de Paulo, los Libros de Papiano de que resultaron las Pandectas o Digesto. Justiniano intentó fundir la infinita variedad de leyes romanas de los diez siglos anteriores a su reinado y es una viviente imagen del derecho clásico. El motivo fundamental de esta magna recopilación emprendida por los juriconsultos de Justiniano fue por lo siguiente:

La inmensa dificultad que el estudio del derecho y la práctica aplicación del mismo se hallaban en aquel exceso de textos diseminados a lo largo de la historia jurídica de Roma que dificultaba el estudio y aplicación del derecho clásico

La necesidad de recopilar dichas leyes reuniendo en un solo cuerpo las normas jurídicas de la historia de Roma ya viniesen de la autoridad imperial o de la labor de los juriconsultos.Esta obra de compilar las leyes romanas se realizó en tres tipos de ediciones que son las siguientes:

Ediciones glosadas.-Estas glosas derivan de la forma exegética bajo la que eran estudiadas las colecciones justinianas por los comentadores más antiguos de las leyes romanas y por los`primeros profesores de derecho de Bolonia desde Irnerio hasta Accursio.Las mejores ediciones de esta magna obra de recopilación emprendida por Justiniano son las impresas en Venecia entre los años de 1482 a 1507 por Torti, las de Contius, las de Gotofredo y la última edición glosada en lyon de Fehius en seis volúmenes en folio.

Ediciones no glosadas.-Las mejores ediciones son las de Elzevir y la impresa en Amsterdam en 1564.

Ediciones no glosadas pero con notas.-Las mejores ediciones son las de Roussard y la de Contius en nueve volúmenes y la de los hermanos Kriegel impresa en 1833.

Finalmente los compiladores y gramáticos debían encontrar naturalmente lugar y favor junto a estos emperadores positivistas y de gustos serios y enciclopédicos como fueron los siguientes autores:

Aulo Gelio autor de las Noches Áticas, obra miscelánea que contiene extractos de todas clases llenos de instrucción para los modernos.

Nonio Marcelo autor del libro De propietate sermonum

Macrobio y sus obras Estudios sobre la diferencia de las palabras griegas y latinas y Comentario al sueño de Escipión. Este célebre y gramático latino nació probablemente en Grecia o en algún lugar de influencia helenística en el siglo IV d.J.c. y fue contemporáneo de Honorio y Teodosio el Joven. Fue jefe de guardarropía y escribió otra obra titulada Los Saturnales en 7 libros; tenía un hijo para cuya instrucción compuso obras sobre muy diversas materias en forma de diálogo: Gatronomía, Agricultura, Correcciones del calendario Romano, la Historia del influjo ejercido por el Sol en las creencias Mitológicas, etc., e incluso hasta de dialéctica, obras de que abusaron muchísimo los filósofos y teólogos de la Edad Media. Escribió también un Comentarium in Somnium Scipionis o comientario al "Sueño de Escipión" que escribió Cicerón al final de su República, y también un In sunmium Scipionis libri dúo a modo de enciclopedia que resume:

Los conocimientos hasta entonces adquiridos acerca de los principales fenómenos físicos del Cielo y de la Tierra.

Disertaciones metafísicas sobre las fricciones y los sueños

Exposiciones de las doctrinas pitágoricas relativas a los números

Sidonio Apolinar, profesor de gramática, natural de Alejandría, estudió gramatica en el 335 a.J.c. y el y su hijo compusieron muchas obras en prosa y en verso para reemplazar a los autores paganos. Destaca la obra Gramática o Retórica cuyos ejemplos imitados de los más bellos pasajes de los escritores del Paganismo, se armonizaban con los preceptos y hechos del Evangelio:

Los libros históricos del Antiguo Testamento hasta el Reinado de Saul puestos en versos heroicos y divididos en 24 libros, señalados con las 24 letras del alfabeto griego

Los Cuatro Evangelios dialogados a la manera de Platón

Tragedia sobre la Pasión que se encuentra en las obras de San Gregorio Nazanceno

Un tratado sobre las diferentes edades del hombre

Treinta libros contra Juliano

Una perifrasis de los Salmos en versos hexametros

Cierra este último periodo de la literatura latina los gramáticos comentaristas como fueron los siguientes:

Servio que fue un gramático que vivió en el siglo IV d. C. Sabemos de su existencia porque Macrobio lo cita en su obra Los Saturnales y su obra principal era un Comentario sobre Virgilio alterado y compendiado por los copistas de la Edad Media que a pesar de ello es un bello tesoro para el estudio de la historia y la mitología antigua. También escribió In Secundam Donati editionem interpretatio y De ratione ultimarum syllabarum ad Aquilium liber.

Diomedes

Prisciano Carisio

Isidoro de Sevilla

Todos estos autores representan ya la decadencia y suceden siempre a las literaturas en su fenecimiento, como para criticarlas y resumirlas empobreciéndolas, sepultándolas en comentarios.

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LITERATURA ROMANA EN GRIEGO

Roma pronto conquista la Magna Grecia y otras colonias occidentales de habla griega, y en -146 se apodera de la misma Grecia. Hasta la partición del Imperio y la formación del Imperio romano de Oriente en 395, en que la literatura griega retoma su andadura independiente, parte de la literatura escrita en griego pertenece claramente a la literatura romana desde un punto de vista tanto político como cultural, sobre todo en el caso de historiadores de tema romano como:

Polibio (200 a. C. - 118 a. C.) y su Historia general

Dionisio de Halicarnaso (fallecido hacia el 7 a. C.) y sus Antigüedades romanas.

Apiano (mediados del siglo II).

Plutarco (ca. 46 - ca. 120) y sus Vidas paralelas.

El médico Galeno (131-201), el personaje más significativo de la Medicina antigua después de Hipócrates, que vivió en Roma, en la corte imperial, la mayor parte de su vida activa.

Claudio Claudiano, el poeta de la corte del emperador de occidente Honorio, escribió la mayor parte de su obra en latín, pero en griego su Gigantomaquia y algunos de sus epigramas.

La literatura del Imperio romano de Oriente constituye la literatura bizantina.

 

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Cayo Vetio Aquilino Juvenco, poeta hispanolatino del siglo IV d. C., fundador junto a Sedulio de la épica cristiana.

 

Vivió en tiempo del emperador Constantino el Grande y fue de noble ascendencia. De confesión católica, fue además presbítero y hacia el año 330 publicó el primer poema épico latino cristiano, Evangeliorum libri quattuor, una versificación bastante literal de los evangelios, sobre todo del de San Mateo, compuesta de 3219 hexámetros y repartida en cuatro libros. En el prólogo de su obra afirma su intención de cantar las hazañas salvadoras de Cristo, don de Dios a los hombres. En el primer libro narra la venida de Juan el Bautista, el nacimiento de Jesús y su actividad hasta el comienzo de su vida pública; en el segundo, los milagros y las parábolas; en el tercero, continúa con la narración de milagros y parábolas y en el cuarto termina con la pasión y resurrección de Cristo.

El estilo de este texto debe bastante a Virgilio y hay resabios de Lucrecio, Horacio, Ovidio Lucano y Estacio que demuestran que Juvenco poseía una extensa cultura poética. Sin embargo, la característica más acusada del poema es una sencillez que contrasta con la ampulosidad pagana, quizá por el afán de ceñirse escrupulosamente al texto sagrado. Se permite sin embargo el poeta deliciosas descripciones de la Naturaleza; otras veces se arriesga a comedidas interpretaciones de carácter alegórico, y utiliza una adjetivación profusa para amplificar el texto mediante procedimientos parafrásticos y abusa de la aliteración. Juvenco fue muy celebrado en la Edad Media, en la que mereció el calificativo de "Virgilio cristiano". Tras el Concilio de Nicea era necesario un poeta cristiano que contraponer en la educación cristiana al poeta latino Virgilio y el poeta hispanolatino llenó ese hueco satisfactoriamente, como demuestran los numerosos códices de su obra que han llegado hasta nosotros. San Jerónimo menciona otras obras suyas, alguna sobre el tema de los sacramentos, que no han llegado hasta nosotros. Las noticias que transmite son las siguientes:

En el tiempo de Constantino, el presbítero Juvenco puso en verso la historia de nuestro Señor y Salvador y no la mermó ni siquiera al versificar las majestuosas frases del evangelio. (San Jerónimo, Epístola a Magnum)

Juvenco, español de noble ascendencia, presbítero, compuso cuatro libros, trasponiendo los cuatro evangelios casi a la letra, en versos hexámetros, y algunas otras cosas en el mismo metro, relativas al orden de los sacramentos. Vivió en tiempos del emperador Constantino. (San Jerónimo, De viris ilustribus)

El humanista y jesuita extremeño Faustino Arévalo, expulsado de España con los demás de su orden al empezar el último tercio del siglo XVIII, hizo una edición crítica del texto en Bolonia y en Roma.

 

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Longo (griego: Λ?γγος) fue un novelista griego, autor de Dafnis y Cloe, novela pastoril o romance.

Se sabe muy poco de su vida. Se cree que vivió en la isla de Lesbos durante el siglo II después de Cristo, en la época de Adriano, que es cuando se desarrolla la novela Dafnis y Cloe. No obstante, otras fuentes señalan el siglo III o incluso el IV.

Se ha sugerido que el nombre Longo es meramente un error al traducir la última palabra del título ΛΟΓΓΟΥ ΠΟΙΜΕΝΙΚΩΝ ΤΩΝ ΠΕΡΙ ΔΑΦΝΙΝ ΚΑΙ ΧΛΟΗΝ ΛΕΣΒΙΑΚΩΝ ΛΟΓΟΙ Δ. Seiler observa que el mejor manuscrito empieza y acaba con λ?γου (y no λ?γγου) ποιμενικ?ν.

Es un escritor griego de la época romana. Si su nombre fue realmente Longo, probablemente fuera un liberto de alguna familia romana que llevase ese apellido.

 

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Marco Anneo Lucano (Hispania – Español)

Marco Anneo Lucano (en latín, Marcus Annaeus Lucanus) fue un poeta romano nacido el 3 de noviembre del año 39 d. C. en la ciudad de Corduba, capital de la Bética en Hispania. Murió el 30 de abril de 65 en Roma, Italia.

Fue nieto de Marco Anneo Séneca (Séneca el viejo) y sobrino del filósofo Lucio Anneo Séneca (Séneca el joven). Su padre, Marco Anneo Mela, pertenecía a la clase de los caballeros. Su madre, Acilia, era hija de un conocido orador. Cuando Lucano tenía ocho meses de edad, su padre se traslada con toda la familia a Roma, ciudad en la que había residido y donde su tio, el filósofo, tenía adquirida una notable fama. Sin embargo, este último tuvo que sufrir por orden del emperador Claudio, en el año 41, exilio en la isla de Córcega del que regresó en el año 49 decidido a ocuparse de la instrucción de su amado sobrino.

Lucano dio muestras de una extremada precocidad que le llevó a ser poeta laureado a una edad temprana. También exhibió una gran capacidad productiva, que se vio violentamente truncada por su muerte a los veintiséis años. Su considerable obra está compuesta, entre otros títulos, por Ilíaca, Saturnalia, Catachtho-mony y Silvas; una tragedia, Medea; 14 libretos de pantomimas concebidas para el baile; un escrito dirigido a su joven esposa, Pola Argentaria, etc. Sin embargo, hasta nosotros ha llegado únicamente su epopeya en 10 cantos sobre la guerra civil entre César y Pompeyo, que lleva el título de Farsalia.

A los dieciséis años, Lucano era ya autor de tres composiciones y podía declamar en latín y griego. Marchó a Atenas en un viaje de instrucción, pero tuvo que regresar pronto ante los requerimientos del propio Nerón, que le concedía por entonces toda su estima y le incluyo en su «cohors amicorum», es decir, su círculo de amigos. A los veintiún años recibió la dignidad de poeta laureado, y Nerón le honró nombrándolo augur e incluso dándole el cargo de cuestor de forma honorífica antes de haber cumplido la edad reglamentaria. Además intervino públicamente el año 60 en las Neronia, espectáculos artísticos creados por Nerón.

Pronto, sin embargo, la vesánica conducta del emperador, que era también poeta y le tenía envidia, cambió de signo para él, prohibiéndole realizar lecturas públicas, con lo que cayó en desgracia desde entonces. Los siguientes cuatro años, desde el 62 al 65, Lucano no sólo alternó sus escritos con composiciones satíricas y acusadoras contra el emperador y sus colaboradores, sino que llegó a participar activamente en la conjura de Pisón que se estaba fraguando contra el emperador.

Cuando la conspiración fue descubierta a causa de la imprudencia de alguno de los implicados, según el testimonio de Tácito y Suetonio, Lucano hubo de sufrir crueles interrogatorios, a lo largo de los cuales negó, admitió y se retractó alternativamente de sus culpas. Aunque estos testimonios no son demasiado dignos de crédito, al parecer llegó incluso a acusar a su propia madre para disminuir sus responsabilidades. Lo cierto es que, tras recibir su condena a muerte, cuya forma de ejecución fue dejada a su elección, asumió una actitud digna y, en el mejor ejemplo de estoicismo posible, se cortó las venas el 30 de abril del año 65, y expiró recitando unos versos en los que había descrito el fin de un soldado que sufría su misma muerte, versos estos que no han llegado hasta nosotros.

Sobre su vida ofrecen datos varias vitae, una de ellas compuesta por Suetonio. Su esposa Pola Argentaria guardó su recuerdo fielmente e invitó a su fiesta natalicia a los poetas Marcial y Estacio.

 

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Macrobio presentando su obra a su hijo Eustacio

 

Macrobio, escritor y gramático romano, del último cuarto del s. IV d. C., de cuyos datos biográficos poco se conoce con certeza.

El nombre que consta en latín en los manuscritos más antiguos del Comentario al Sueño de Escipión de Cicerón es el de Macrobius Ambrosius Theodosius, sin embargo existe una variación tanto en el orden de los tres nombres como en la vigencia de los mismos, dado que a veces se omite Ambrosius, otras Theodosius, e incluso ambos, aludiéndose simplemente a Macrobius.

Por otra parte, para nombrar a una persona en el Bajo Imperio era costumbre citar el último de sus nombres, con lo que existe a su vez una elevada probabilidad de que se le nombrara como Theodosius.

Sea como fuere, desde la Edad Media se le conoce como Macrobius o Macrobio, salvo alguna pequeña excepción en la que se le nombra como Macrobius Theodosius.

A partir de lo expuesto, predomina la ausencia de certeza sobre la evidencia.

Origen

Tampoco es certero su lugar de nacimiento, exponiéndose de nuevo ante la duda el recurso a la hipótesis. El único dato fidedigno, corroborado por el propio Macrobio, es que no es de procedencia latinoparlante, con lo que Italia queda descartada. Grecia tampoco es referente dada la mayor familiaridad con la literatura latina y la preferencia de citar a los autores griegos en Latín. Lo más plausible es que proceda de alguna de las provincias más latinizadas del Imperio romano: África, Sur de Italia, Hispania o Egipto.

Se le atribuye el doble título de vir clarissimus el inlustris, es decir, era de rango senatorial y había accedido a las más altas funciones del Estado.

 

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...de planetas, constelaciones, cometas, horóscopos, estrellas, astronomía...

 

Marco Manilio (Marcus Manilius), poeta latino contemporáneo de Augusto y de Tiberio.

Se desconocen los datos de su biografía. Compuso el poema más antiguo que se conoce sobre astrología y astronomía, Astronómicon o Astronómica, alrededor del año 10 d. C., que ha llegado a la actualidad bastante completo en cinco cantos o libros, el último incompleto. Es de inspiración estoica y de complicada edición a causa de la terminología técnica y la compleja trayectoria ecdótica de los manuscritos. Se dispone de una traducción al castellano (Madrid: Gredos, 1996).

Se deduce de su poema que vivió en tiempos de Augusto o Tiberio y que vivió en Roma o fue ciudadano romano. Richard Bentley suponía que era un asiático de expresión griega; F. Jacob sospechaba que era africano. Sea como fuere, su poema representa la cumbre en cuanto a didáctica astronómica se refiere.

Manilio imita frecuentemente a Lucrecio; su métrica sin embargo es más correcta y presenta su propias peculiaridades y personalidad. Julio Fírmico Materno muestra conocer la obra, aunque no la cita. El sistema astrológico de las doce casas aparece por primera vez en el poema de Manilio.

Comienza por hacer una reseña de las principales constelaciones, remontándose a sus orígenes y nombres mitológicos. Luego trata del principio del mundo, de las diversas opiniones de los filósofos sobre el particular, de los elementos y de la redondez o esfericidad de la tierra. Trata del cielo, de los astros, de los signos del zodiaco, de las constelaciones extrazodiacales y, finalmente, de la existencia de Dios, a quien confunde con el universo. Refiere también las opiniones de los antiguos acerca del engrandecimiento y naturaleza de los cometas, y considera su aparición como un signo precursor de grandes calamidades. El segundo y tercer libro los llama Julio César Escalígero isagógicos, esto es, libros preparatorios y preliminares, porque no contienen más que definiciones sin sentar doctrinas ni teorías. En ellos Manilio habla del mucho influjo que ejercen, a su entender, los astros en los cuerpos terrestres; distingue los signos del zodiaco en masculinos, femeninos, diurnos, nocturnos, anfibios y otros por el mismo estilo, reproducidos mucho más tarde por Cornelio Agripa y Jerónimo Cardano. Habla también del signo de la fortuna, y del modo de encontrarlo para echar el horóscopo: estos dos libros están atestados, con preferencia a todos los demás, de astrología más que de astronomía. En el cuarto libro trata de la acción y del influjo muy directo que ejercen los astros sobre los destinos humanos. En el quinto habla de las inclinaciones qne inspiran los astros a los mortales para dedicarse más bien a una profesión que a otra, y de la fuerza que ejercen en sus costumbres y caracteres; este libro es más curioso que los anteriores y contiene descripciones y episodios que, según afirman algunos críticos, son dignos de Virgilio.

Había dos manuscritos del Astronómicon en los siglos XI y XII, uno en el monasterio de Gembloux (Brabante), ahora en Bruselas, y otro que permanece en la biblioteca de Leipzig. El texto, desconocido para la Edad Media, fue redescubierto por Poggio Bracciolini durante uno de sus viajes, cuando tuvo que ir al Concilio de Constanza y estuvo allí en 1416 ó 1417. La editio princeps del Astronómicon fue preparada por el astrónomo Regiomontanus usando manuscritos muy corruptos; la publicó en Núremberg alrededor de 1473. Una edición crítica del texto fue hecha por el humanista Joseph Justus Scaliger (París, 1579), y tuvo una segunda edición colacionada con más y mejores manuscritos en Leiden (1600). Una edición ya bastante aceptable fue la del gran filólogo Richard Bentley en 1739. La de A. E. Housman fue publicada en cinco volúmenes entre 1903 y 1930 y es considerada hasta hoy la mejor junto a la de G. P. Goold para la Loeb Classical Library (Harvard, 1977), que incluye una buena traducción al inglés y una importante introducción. El mismo Goold publicó en la colección Teubner (Leipzig, 1998) una nueva edición con mínimos cambios respecto de su versión anterior.

 

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Marciano Capella, en latín original Martianus Capella, (siglo V d. C.), escritor enciclopédico y retórico medieval.

Se desconoce casi todo sobre este autor, salvo aquello de que sus obras ofrecen datos o indicios, de todas formas bastante imprecisos. Nacido en la localidad argelina de Madaura, fue abogado; Gregorio de Tours lo tenía por cristiano, pero un examen atento de su obra parece indicar que fue filopagano de la llamada "reacción pagana" del siglo V, adepto a un neoplatonismo que no rechazaba las prácticas neopitagóricas; escribió en Cartago la enciclopedia alegórica en nueve libros De nuptiis Philologiae et Mercurii (Sobre las bodas de Mercurio y Filología), redactada según unos entre 410 y 439 y según otros en torno al año 480; adoptó para ello la forma de sátira menipea, mezcla de prosa y verso, y en ella trata ante todo de las artes liberales, esbozando ya una división de éstas en Trivium y Quadrivium que tendrá gran fortuna en la Edad Media.

El texto conservado parece haber sufrido una revisión por parte de Securus Melior Felix, del que se poseen más datos, en 534. El argumento es el siguiente; tras la aparición de la divinidad alegórica Satura, que representa la mezcla temática y formal característica del género de la sátira menipea, el dios Mercurio informa de que ha decidido casarse y al principio piensa hacerlo con Sofía y luego con Mántica y Psique, que son descartadas por diversas razones; Apolo lo convence para que despose a la mortal Filología, y Júpiter acepta esta unión si Filología recibe la apoteosis en el cielo, a fin de ser elevada al nivel de los dioses. El libro II representa esa apoteosis: para ir más ligera en su ascensión, se va despojando de cada una de las siete artes liberales y va ascendiendo por cada una de las siete esferas, que corresponden cada una a un arte y a un libro de la obra cada uno. El libro III se ocupa de la Gramática (cuyo nombre griego es Γραμματικ?, y el latino Litteratura). El IV pone en escena la Dialéctica y el V la Retórica. Los libros III a V presentan así el trivium. Seguidamente se presenta en el VI la Geometría, en el VII la Aritmética, en el VIII la Astronomía y, al fin, la Armonía en el IX. Los libros VI a IX retoman las cuatro ciencias matemáticas que Boecio anteriormente denominó quadrivium. Esta obra fue muy estimada y leída en la Edad Media.

Su estilo parece marcado por una búsqueda del hápax y la variatio. Esta "prosa florida", a menudo inspirada, como destacan muchos comentaristas, en la de Lucio Apuleyo, y en particular en su Asno de oro, está entrecortada con pasajes versificados en los que Marciano utiliza un total de quince metros distintos con gran maestría para una época calificada comúnmente como "decadente".

 

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Mario Servio Honorato fue un gramático pagano de finales del siglo IV,1 con la reputación en su época de ser el hombre más instruido de su generación en Italia. Fue el autor de un libro de comentarios sobre Virgilio, In tria Virgilii Opera Expositio, que fue el primer manuscrito impreso en Florencia, por Bernardo Cennini, en 1471.

En las Saturnalia de Macrobio aparece como uno de los interlocutores, mostrando la alusiones en esta obra y una carta de Simmaco que era pagano.

El comentario sobre Virgilio ha pervivido en dos tradiciones manuscritas diferentes. La primera es una comentario relativamente corto, que se atribuye a Servio en la superscripción de los manuscritos y mediante otras evidencias internas. Una segunda clase de manuscritos, todos ellos procedentes de los siglos X y XI, incluyen el mismo texto en un comentario muy ampliado. Las copiosas adiciones tiene un estilo que contrasta con el original, no llevando ninguno de estos manuscritos el nombre de Servio. «El material añadido es indudablemente antiguo, fechado en una época poco alejada de Servio, y fundado en gran medida en literatura histórica y anticuaria que no se conserva. El autor es anónimo y probablemente cristiano.»2 Un tercer tipo de manuscritos, escritos en su mayor parte en Italia, da el texto central con escolios interpolados, lo que demuestra la duradera utilidad del Virgilii Opera Expositio.

El auténtico comentario de Mario Servio Honorato es en efecto la única edición completa existente de un autor clásico escrita antes del colapso del Imperio romano en Occidente. Está construida en gran parte sobre el principio de una edición moderna, basándose parcialmente en una amplia literatura crítica virgiliana, mucha de la cual sólo se conoce gracias a fragmentos y datos conservados en este comentario. Los avisos del texto de Virgilio, aunque rara vez son autorizados por los manuscritos existentes, que se remontan a la época de Servio e incluso más allá, proporcionan información valiosa sobre las antiguas revisiones y críticas textuales de Virgilio. En la interpretación gramatical del lenguaje de su autor, Servio no se eleva sobre las rígidas y alteradas sutilezas de su tiempo, mientras sus etimologías, como es natural, violan las leyes modernas del sonido y el sentido en favor de los excursos creativos.

En particular, Servio merece reconocimiento por plantar cara a los métodos alegóricos dominantes de exposición del texto. Para el anticuario y el historiador, el valor perdurable de su obra yace en su preservación de hechos de la historia, la religión, las antigüedades y el lenguaje romanos, que de no ser por él se habrían perdido. Buena parte de la erudición de Varrón y otros antiguos investigadores se ha conservado en sus páginas.

1 La educación cristiana de los siglos IV y V no dio gramáticos.

2 «Servius Maurus Honoratus», Encyclopaedia Britannica, 1911

 

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Flavio Merobaudes (latín: Flavius Merobaudes) fue un militar, rétor y poeta hispanorromano del siglo V que floreció entre los años 432 y 446. Fue distinguido por el emperador Valentiniano III y por su valido, el patricio Flavio Aecio, del que fue íntimo colaborador y al que dedicó buena parte de su obra poética, incluyendo dos espléndidos panegíricos que sólo se han conservado en parte. En 443 combatió con éxito en la Tarraconense contra los Bagaudas.

No debe ser confundido con el magister militum, cónsul y casi con seguridad antepasado suyo Merobaudes, que vivió en la segunda mitad del siglo IV.

Natural de la Bética, es probable que fuera descendiente de su homónimo el magister militum y dos veces cónsul Merobaudes, de origen franco. En el año 432 compuso un panegírico en honor del Flavio Aecio y el 30 de julio de 435 fue honrado con una estatua en el Foro de Trajano, descrita por el galo Sidonio Apolinar,1 y cuya base fue descubierta en 1813.2 Ese mismo año fue nombrado senador como recompensa por uno de sus primeros panegíricos en honor de Aecio. La inscripción de su estatua nos permite saber que era vir spectabilis (un rango elevado dentro del orden senatorial) y que desempeñó el cargo de comes sacri consistorii (miembro del consejo imperial) en la corte de Rávena.

Con ocasión de la campaña de 430 y 431 de Aecio contra los Nores y los Alamanes, Merobaudes obtuvo fama de buen comandante militar, combatiendo en los Alpes, probablemente contra los bagaudas alpinos.3 Es posible que entre 435 y 439 obtuviera el patriciado de manos del emperador oriental Teodosio II, quizá con ocasión de la visita de Valentiniano III a Constantinopla para su matrimonio con la hija de Teodosio, Licinia Eudoxia (29 de octubre de 437). En 438/439 estaba en Salona (Dalmacia, Iliria), puede que de vuelta de su viaje a Constantinopla, y allí celebró la victoria de Aecio sobre los godos en la Batalla de Mons Colubrarius (438). El primero de los panegíricos conservados fue declamado probablemente en el año 439.

En el año 443, Merobaudes sucedió a su suegro Asturio como magister utriusque militiae en Hispania, combatiendo con éxito contra los Bagaudas del valle del Ebro, en la Tarraconense, y derrotándolos en ese mismo año en Araciel (entre Corella y Alfaro). Sin embargo, fue casi inmediatamente reclamado a Italia por el emperador Valentiniano, a causa de algunas intrigas urdidas en su contra, por lo que la amenaza bagauda siguió constituyendo un problema hasta la campaña del visigodo Federico, hermano de Teodorico II, en 454. El obispo Idacio registró estos hechos en su crónica contemporánea, recordando asimismo el prestigio de Merobaudes como poeta y orador, y la erección de una estatua en su honor.4

http://es.wikipedia.org/wiki/Merobaudes  -  CDV. 08.V.MMX

 

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Minucio Félix (150-270) fue un abogado y apologista de Roma.  -- La apología que escribió (el Octavius) está escrita en forma de diálogo en el que toman parte tres personas, el autor, y dos amigos suyos: Octavio, un cristiano, y Cecilio, un pagano. Van de camino a Ostia, donde conversan los tres amigos; al pasar ante una escultura de Serapis, Cecilio da un beso al aire, y este incidente da origen a una discusión con forma de debate forense. Cecilio actúa como fiscal, llevando la acusación del cristianismo, Octavio es el defensor, y Minucio es el juez. Cecilio defiende el paganismo y ataca el cristianismo, Octavio lo refuta en tono sereno, y al final Cecilio acepta la fe cristiana, y Minucio se siente feliz. Esta apología no argumenta desde las Escrituras, además, muestra una estrecha relación de ideas y expresiones con el Apologeticum de Tertuliano. Entre Apologética y Octavio hay una relación estrecha de ideas y expresiones, una obra ha influido en la otra.

 

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Nazario (en latín Nazarius, activo en el siglo IV), fue un retórico y panegirista latino y, de acuerdo con su coetáneo Ausonio, un profesor de Retórica en Burdigala (actual Burdeos). Entre 315 y 337 aparece también mencionado en la obra Chronica Eusebii de San Jerónimo (Nazarius insignis rhetor habetur y Nazarii rhetoris filia in eloquentia patri coaequatur).

Fue el autor del cuarto panegírico (Panegyricus Nazarii dictus Constantino imperatori) de la colección Panegyrici Latini, que fue leído en Roma en 321 ante el Senado, con ocasión de las Quinquennalia, las festividades celebradas por el décimo quinto aniversario de la ascensión de Constantino I el Grande y el quinto aniversario del acceso de sus hijos Crispo y Constantino II al cargo de césar.

Este cuarto discurso es peculiar porque ninguno de los emperadores honrados estaban presentes en su entrega, y porque celebra la victoria de Constantino sobre Majencio en la batalla del Puente Milvio, en 312, evitando casi cualquier referencia a acontecimientos contemporáneos.

El anterior discurso, cronológicamente hablando (el duodécimo en el orden interno de la colección), y que también celebra la victoria de Constantino sobre Majencio, fue entregado en 313 en Augusta Trevirorum (Tréveris) y ha sido algunas veces atribuido a Nazario, pero las diferencias en estilo y vocabulario, junto con el distinguible colorido cristiano del discurso de Nazario, están en contra de tal atribución.

 

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Marcus Aurelius Olympius Nemesianus o Nemesiano es un poeta latino del III siglo d. C., nacido en Cartago.

Sostuvo una pugna poética contra el emperador Numeriano. Compuso tres poemas didácticos: las Cinegéticas, (sobre la caza) del que quedan 325 hexámetros; las Haliéuticas (sobre la pesca) y la Náutica (sobre la navegación); de estos dos últimos sólo quedan cortos fragmentos. Se le suelen atribuir las cuatro últimas églogas que acompañan a la colección de estas piezas por Calpurnio Sículo.

 

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Partenio de Nicea -  Según Suidas, fue hecho prisionero en la guerra contra Mitrídates, siendo llevado a Roma en el año 73, recobrando la libertad gracias a su talento.

Fue amigo de Cayo Cornelio Galo y conoció a Virgilio, que tradujo uno de sus versos en las Geórgica

De sus obras en prosa se conoce “los sufrimientos de amor” que es una colección de narraciones cortas relativas a aventuras amorosas que terminan en catástrofes o o metamorfosis extractadas de autores antiguos y reunidas para facilitar materiales a las composiciones épicas y elegíacas de Galo.

Como poeta compuso elegías mitológicas de las que solo se conocen los títulos; cantos elegíacos, una epístola a un desconocido y algunos poemitas en hexámetros. Casi siempre eran historias de amor y leyendas extrañas en las que abusaba de la riqueza de su léxico, viéndose en todas ellas una influencia muy sensible de los primeros alejandrinos.

 

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Pentadius, poeta latino del siglo III d. C.

Poco se conoce sobre su vida. Se presume que es el destinatario de la dedicatoria de Lactancio en sus Instituciones divinas. Nos quedan de él seis composiciones transmitidas a partir del Codex Salmasianus, así llamado porque fue propiedad del humanista francés Claude de Saumaise (1588-1653, latinizado en Salmasius): tres elegías (De Fortuna, De adventu veris y Narcissus) y tres epigramas (otro Narcissus, Chrysocome y De femina). Se encuentran en estos poemas ecos clasicistas de Virgilio, Horacio y Ovidio, y algunas reminiscencias de Catulo. De adventu veris trata sobre la llegada de la primavera. Los otros son eruditos poemas mitológicos. Su estilo es muy elegante y emplea la forma de los dísticos ecoicos, en los cuales la primera parte del pentámetro es igual a la última, por ejemplo: Sentio, fugit hiems, Zephyrisque moventibus orbem / iam tepet Eurus aquis; sentio fugit hiems.

 

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Estatua de Plinio el Joven. Tomaso y Jacobo Rodari. Santa María la Mayor. Como

 

Cayo Plinio Cecilio Segundo, conocido como Plinio el Viejo, fue un escritor latino, científico, naturalista y militar romano. Nació en Comum, la actual Como, en Italia, en el año 23 y murió en Estabia, hoy Castellammare di Stabia, el 24 de agosto del año 79.

Tras estudiar en Roma, a los veintitrés años inició su carrera militar en Germania, con una duración de doce años. Llegó a ser comandante de caballería antes de regresar a Roma, en el año 57, donde se dedicó al estudio y cultivo de las letras. A partir del año 69 desempeñó varios cargos oficiales al servicio del emperador Vespasiano. Agudo observador, fue autor de algunos tratados de caballería, una historia de Roma y varias crónicas históricas, hoy perdidas. Perteneció al orden ecuestre. Desarrolló su carrera militar en Germania, y como Procurador Romano en Galia e Hispania alrededor del 73.

Cayo Plinio Segundo fue miembro de la clase social de los caballeros romanos (eques), ya que su padre pertenecía al orden ecuestre, y su madre era hija del senador Cayo Cecilio de Novo Como. Su padre lo envió a Roma y confió su educación a uno de sus amigos, el poeta y general P. Pomponio Segundo. De él adquirió Plinio el deseo por aprender, que conservó durante toda su vida. Dos siglos después de la muerte de los Gracos, pudo admirar algunos de sus manuscritos autógrafos en la biblioteca de su preceptor, de quien redactó más tarde una biografía. Plinio menciona a los gramáticos y retóricos Remio Palemón y Aurelio Fusco en su Naturalis Historia (xiv. 4; xxxiii. 152) de los que fue sin duda su alumno. En Roma, estudió botánica en el jardín de Antonio Castor y conoció los antiguos árboles-lotos en los terrenos que habían pertenecido en su día a Craso. Asimismo, pudo contemplar la vasta estructura edificada por Calígula (XXXVI. III) y probablemente asistió al triunfo de Claudio en Britania. Bajo la influencia de Séneca, llegó a ser un estudiante apasionado de la filosofía y la retórica y comenzó a ejercer la profesión de abogado.

En el año 47 participó, a las órdenes de Corbulón, en la campaña militar contra Germania, donde tomó parte en la construcción de un canal entre el Rin y el Mosa. Como joven comandante de caballería (praefectus atae), redactó un ensayo (perdido) sobre las técnicas de combate a caballo (De iaculatione equestri).

En Galia y en Hispania, aprendió el significado de un buen número de palabras célticas. Observó los lugares relacionados con la invasión romana en Germania; las causas de las victorias de Druso y soñó que el vencedor le conminaba a transmitir sus hazañas a la posteridad (Plin. Epp. iii. 5, 4). Su sueño le incita a relatar la historia de todas les guerras entre Romanos y Germanos.

Durante el mandato de Nerón, vivió principalmente en Roma donde asistió a la construcción de la Domus Aurea de Néron después del gran incendio del año 64 (XXXVI. 111).

Entre tanto, completa los veinte libros de su Historia de las guerras germánicas, única obra de referencia citada en los seis primeros libros de los Anales de Tácito (1. 69).

Dedicó mucho de su tiempo a temas como la gramática y la retórica. Studiosus, es un trabajo detallado sobre la retórica que fue seguido por los ocho libros de De Dubii sermonis (67).

Bajo el principado de su amigo Vespasiano, se reincorporó al servicio del estado como procurador en la Galia Narbonense (70) y en la Hispania Tarraconense (73). Visitó también la Provincia Belga (74). Durante su estancia en Hispania, se familiarizó con la agricultura y las minas del país. Luego visitó África (VII. 37). A su regreso a Italia, aceptó un cargo de Vespasiano, quien le consultaba antes de dedicarse a sus ocupaciones oficiales. Al final de su mandato, se consagró esencialmente a sus estudios (Pun. Epp. III. 5, 9).

Completó una Historia de su Tiempo en 31 libros, que tratando desde el reinado de Nerón hasta el de Vespasiano, no quiso que se publicara hasta después de su muerte (N. H., Praef. 20). Esta obra es citada por Tácito (Ann. XIII. 20, XV. 53; Hist. III. 29) y tuvo influencia sobre Suetonio y Plutarco.

Casi llegó a terminar su gran obra Naturalis Historia, una enciclopedia en la que Plinio reúne una gran parte del saber de su época. Este trabajo había sido planificado bajo la dirección de Nerón. Las informaciones que recoge llegan a ocupar no menos de 160 volúmenes, cuando Larcio Licino, el legado pretor de la Hispania Tarraconense, intenta en vano comprarlos por el equivalente a más de 200 000 £ (valor estimado en 2002). Dedicó esta obra a Tito Flavio Vespasiano en el año 77.

Poco después es nombrado por Vespasiano prefecto de la flota romana en Misenum (Miseno).

El 24 de agosto de 79, cuando se produce la erupción del Vesubio que sepultó a Pompeya y Herculano, se encontraba en Miseno. Queriendo observar el fenómeno más de cerca y deseando socorrer a algunos de sus amigos que se encontraban en dificultades sobre las playas de la bahía de Nápoles, atravesó con sus galeras la bahía llegando hasta Stabies (hoy Castellamare di Stabia), donde murió, probablemente asfixiado, a la edad de 56 años.

La erupción ha sido descrita por su sobrino Plinio el Joven, de ahí que en la vulcanología antigua se haya denominado erupción plínica a la erupción violenta de un volcán con proyección en altura de materiales pulverizados formando un penacho con figura de sombrilla.

El relato de sus últimas horas es contado en una interesante carta que su sobrino y heredero, Plinio el Joven, dirige, 27 años después de los hechos, a Tácito (Epp. VI. 16). También envió, a otro corresponsal, un informe sobre los escritos y el modo de vida de su tío (III. 5) :

Comenzaba a trabajar al salir el día.... No leía nada sin hacer un resumen porque decía que no había libro, por malo que fuese, que no contuviera algún valor. Estando en casa, sólo excluía la hora del baño para estudiar. Cuando viajaba, y había sido descargado de otras obligaciones, se consagraba únicamente al estudio. En una palabra, consideraba como perdido el tiempo que no podía dedicar al estudio. » El único fruto de su incansable labor que ha llegado a nuestros días es su Naturalis Historia que fue utilizada como referente durante varios siglos por innumerables alumnos.

Como muchos de los hombres cultos de principios del Imperio romano, Plinio es adepto del estoicismo. Está ligado a su más noble representante, Publio Clodio Thrasea Peto, y recoge también la influencia de Séneca.

Este estoico, que se entrega al estudio de la naturaleza, y cuya moral le enseña a ser grato a los demás, busca sin cesar, en su obra literaria, ser benéfico e instruir a sus contemporáneos (Praef. 16, xxviii. 2, xxix. I).

Fue también influenciado por el epicureísmo, el academicismo y la renaciente escuela pitagórica. Pero su visión de la naturaleza y de los dioses es esencialmente estoica. Según él, es la debilidad de la humanidad la que encierra la deidad bajo formas humanas mancilladas de faltas y de vicios (ii. 148). La divinidad es real; es el alma del mundo eterno, dispensando sus beneficios tanto sobre la tierra como sobre el sol y las estrellas (ii. 12 seq., 154 seq.). La existencia de la divina Providencia es incierta (ii. 19), pero la creencia en su existencia y en el castigo de los pecados es saludable (ii. 26); y la recompensa de la virtud consiste en la elevación a la divinidad de los que se asemejarían a un dios haciendo el bien por la humanidad (ii. 18, Deus est mortali juvare mortalem, et haec ad aeternam gloriam via). Es malo indagar sobre el futuro y violentar la naturaleza recurriendo a las artes mágicas (ii. 114, xxx. 3); pero la importancia de los prodigios y los presagios no debe ser rechazada (ii. 92, 199, 232).

La visión que Plinio tiene de la vida es sombría; ve a la raza humana hundida en la ruina y la miseria (ii. 24, vii. 130). Se entrega a declamaciones contra el lujo y la corrupción moral, tan frecuentes (como las de Séneca) que acaban por cansar al lector; y su retórica florece prácticamente contra los inventos útiles (como el arte de la navegación) a la espera del buen sentido y del buen gusto (xix. 6).

Con el espíritu de fiereza nacional del romano, combina la admiración de las virtudes que han integrado la República y su grandeza (xvi. 14, xxvii. 3, xxxvii. 201). No elude los hechos históricos desfavorables a Roma (xxxiv. 139), e incluso cuando el alaba a los miembros eminentes de las familias romanas distinguidas, es libre de la parcialidad de Tito Livio por la aristocracia. Las clases agrícolas y los viejos señores del orden ecuestre (Cincinato, Manio Curio Dentato, Serrano y Catón el Viejo) son para él los pilares del Estado; y se lamenta amargamente del declive de la agricultura en Italia (xviii. 21 et 35, latifundia perdidere Italiam). Incluso para la Historia de los comienzos de Roma, prefiere seguir a los autores anteriores a Augusto; sin embargo, ve al poder imperial como indispensable para el gobierno del imperio y saluda el salutaris exortus de Vespasiano (xxxiii. 51).

Al final de su trabajos literarios, como único romano que ha escogido como tema la integridad del mundo de la naturaleza, implora la bendición de la madre universal sobre toda su tarea.

En literatura atribuye el lugar más alto a Homero y Cicerón (xvii. 37 seq.) y coloca en segundo lugar a Virgilio.

Dedica un profundo interés a la naturaleza y a las ciencias naturales, estudiándolas como habían sido abordadas por el mundo romano. A pesar de la poca estima que en su época se tenía a este género de estudios, se esfuerza siempre para estar al servicio de sus conciudadanos (xxii. 15).

La envergadura de su obra es completa, siendo una enciclopedia de todos los conocimientos y las artes tanto aquellos que están ligados a la naturaleza como los que atraen sus materias. Con este objeto, estudia todo lo que de autoridad tiene sobre estos temas y no olvida citar sus fuentes. Sus índices auctorum suelen ser las autoridades que el mismo ha consultado (aunque esto no sea exhaustivo), a veces estos nombres representan los autores principales sobre el tema, que no son conocidos sino en forma subsidiaria. Reconoce con franqueza sus deudas con todos sus predecesores en una frase que merece ser proverbial (Praef. 21): est enim benignum, ut arbitror, et plenum ingenui pudoris fateri per quos profeceris. Por el contrario, no tiene el carácter o el tiempo para indagar sobre sí mismo.

Es evidente que quien pasa todo su tiempo en leer, escribir y compulsar los extractos de sus predecesores, no puede dejar de tener un pensamiento independiente para una observación experimental paciente de los fenómenos naturales. Pero esta curiosidad científica para los fenómenos de la erupción del Vesubio que dirigen su vida de estudio infatigable e incluso le conducen a su fin prematuro, y toda la crítica que se puede hacer a sus defectos de omisión queda desarmada por el candor de su confesión en su prefacio : nec dubitamus multa esse quae et nos praeterierint; homines enim sumus et occupati officiis.

Su estilo traicionó una influencia de Séneca. Apunta menos a la claridad que al epigrama. Está lleno de antítesis, preguntas, exclamaciones, tropos, metáforas y otros manierismos de la época julio-claudia. La forma rítmica y artística de la frase es sacrificada por una pasión por el énfasis que espera hablar del sujeto al final del periodo. La estructura de la frase es también a menudo errática e inconexa. Se nota también una utilización excesiva del ablativo absoluto, y frases en ablativo son con frecuencia puestas en aplicativo para expresar la opinión del autor sobre un enunciado que precede inmediatamente, por ejemplo : xxxv. 8o, dixit (Apelles)...uno se praestare, quod manum de tabula sciret tollere, memorabili praecepto nocere saepe nimiam diligentiam.

Hacia la mitad del siglo III, un resumen de las partes geográficas de la obra de Plinio fue realizado por Solino, y al inicio del siglo IV, los pasajes sobre medicina fueron reunidos en los Medicina Plinii. A comienzos del siglo VIII, Beda el Venerable poseía un manuscrito de toda la obra. En el siglo IX, Alcuino envió a Carlomagno un ejemplar de los primeros libros (Epp. 103, Jaffé); y Dicuil reunió extractos de las páginas de Plinio para su Mensura orbis terrae (c. 825).

Los trabajos de Plinio fueron tenidos en gran estima en la Edad Media. El número de manuscritos que nos quedan es alrededor de 200, pero el más interesante de entre los más antiguos, el de Bamberg, sólo contiene los libros xxxii à xxxvii. Robert de Cricklade, superior de Saint Frideswide en Oxford, dirigió al rey Enrique II un Defloratio que contenía nueve volúmenes de selecciones tomadas de uno de los manuscritos de esta clase. Entre los manuscritos más antiguos, el codex Vesontinus, que se encontraba en otro tiempo en Besançon (siglo XI), fue separado en tres partes, apareciendo una en Roma, otra en París, y la última en Leiden (donde existe también una transcripción del manuscrito total).

Plinio se interesó especialmente en la fabricación de papiros (xiii. 68-38) y en las diferentes clases de tintas de púrpura (ix. 130) mientras que su descripción del canto del ruiseñor es un ejemplo elaborado del carácter espléndido de su prosa (x. 81 seq.)

Se pueden ver estatuas de los dos Plinio en postura sedente, revestidos del hábito de los eruditos de los años 1500, en la entrada principal de la catedral de Como.

Las anécdotas de Plinio el Viejo sobre los artistas griegos inspiraron a Vasari los temas de los frescos que aun decoran las paredes de su antigua casa en Arezzo.

 

Lamentablemente, de su obra sólo se ha conservado la Historia Natural (Naturalis Historia) en 37 libros, fruto de la información recogida de más de 2.000 libros. En ella recopila importantes conocimientos científicos de la antigüedad que abarcan la botánica, la zoología, la mineralogía, la medicina y la etnografía.

El libro X está dedicado a las aves y se inicia con el estudio sobre el avestruz. Plinio lo considera como el punto de paso de las aves a los mamíferos. Aborda el estudio de numerosas especies y se detiene particularmente sobre las águilas y otras rapaces como los gavilanes.

Si bien toma prestados numerosos pasajes de Aristóteles, su obra es inferior y los relatos más fabulosos cohabitan con los de hechos más realistas.

 

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Cayo Plinio Cecilio Segundo, en latín Caius Plinius Caecilius Secundus, (Como, Italia, 62 - Bitinia, 113 aprox.), conocido como Plinio el Joven, fue un abogado, escritor y científico de la antigua Roma.

Era sobrino de Plinio el Viejo, considerado como el mejor naturalista de la antigüedad. Siendo niño Plinio perdió a sus padres, quedando bajo la tutela de Lucio Verginio Rufo (un influyente general del ejército romano). Posteriormente fue adoptado por su tío Plinio el Viejo, quien lo mandó a estudiar a Roma, con profesores como Quintiliano y Nices Sacerdos. Comenzó la carrera de leyes a la edad de 19 años, creciendo su reputación en este campo muy rápidamente. Plinio, siendo un hombre honesto y moderado, fue ascendiendo por el cursus honorum (cargos administrativos civiles y militares de la República):

Fue flamen Divi Augusti (sacerdote del culto al Emperador) en 81, luego decemvir litibus iudicandis (algo equiparable a un juez de lo civil), tribuno militar en Siria (donde conoció a los filósofos Artemidor y Eúfrates), sevir equitum Romanorum (jefe de un escuadrón de caballería) en 84, quaestor imperatoris y questor urbano entre 89 y 90. Fue nombrado tribuno de la plebe en 91, pretor en 93, prefecto (primero de las finanzas del ejército y luego del templo de Saturno), y cónsul suffectus en 100. Entró en el colegio de augures por elección, supervisor del río Tíber y finalmente legatus (embajador) en el Imperio de Bitinia, donde se supone que murió. Se puede decir que su carrera es un resumen de todos los cargos públicos más importantes en Roma, y en efecto Plinio contribuyó a la organización del Imperio en mucho de sus campos.

De sus numerosas cartas (las Epistulae) se deduce su carácter moderado. En una de ellas se dirigió al emperador Trajano y le explicó el procedimiento que seguía para encargarse de las personas a quienes se acusaba de profesar el cristianismo... un procedimiento que el emperador aprobó. A los que negaban que fueran cristianos se les ponía en libertad cuando, como dijo Plinio, “habían repetido la invocación que yo había hecho a los dioses, ofrecido incienso y vino a tu imagen [la de Trajano] [...] y, además, maldecido a Cristo”. Se ejecutaba a los que resultaban ser cristianos. Trataba al cristianismo como una superstición incómoda y se sorprendía del gran número de denuncias anónimas que se recibían en este campo. Trajano le respondió apoyando su actitud, pero ordenándole que no diera curso a las denuncias anónimas.

Plinio se casó en tres ocasiones, pero no tuvo ningún hijo. Sólo de su tercera mujer, Calpurnia, habla con cierta emoción en sus cartas. Era bastante rico y poseía algunas villas en Italia. Las dos que tuvo en su ciudad natal, Como, las llamó Tragedia y Comedia.

 

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Cneo Pompeyo Trogo fue un historiador galo-romanizado del siglo I a. C., perteneciente a la tribu de los vocontios de la Galia Narbonense. Trogo cobró renombre durante la época de Augusto y es casi contemporáneo con Livio.

Su abuelo sirvió bajo las órdenes de Cneo Pompeyo Magno en la guerra en Hispania contra Quinto Sertorio. El nombre de Pompeyo le vino al ser adoptado por Pompeyo como agradecimiento a sus servicios. Su padre sirvió a las órdenes de Julio César como secretario e intérprete.

Al parecer Trogo poseía conocimientos enciclopédicos. Siguiendo el ejemplo de Aristóteles y Teofrasto escribió libros acerca de la naturaleza, de los animales y las plantas. Parte de la gran obra de Plinio el Viejo, Naturalis Historiæ se basa en los apuntes de Trogo.

Su principal obra, llamada Historiae Philippicae (Historias Filípicas) está estructurada en cuarenta y cuatro libros, y se llama así en honor al fundador del Imperio Macedonio, Filipo II, que es el tema central de la narración. La obra habla de las partes del mundo que fueron conquistadas por Alejandro Magno y sus sucesores. Trogo comienza su trabajo hablando del legendario Nino, fundador de Nínive y termina en 9. Justino escribió el epítome del trabajo perdido de Trogo y una serie de resúmenes de sus libros. El último relato recogido por Justino habla de la recuperación de las águilas perdidas frente a los partos (20 a. C.). La etnografía y geofrafía características de la obra del historiador, confirieron a la misma una injustificada reputación como obra universal, a pesar de que nunca fue tal la intención de Trogo.

Trogo no menciona la historia de Roma hasta que la República entró en contacto con Antigua Grecia y Oriente. Los escritos del historiador están basados en los trabajos de diversos historiadores griegos de la Antigüedad, como Teopompo, Éforo, Timeo o Polibio. Es probable que Trogo no reuniera la información procedente de estos historiadores por sí mismo, sino que ya ésta había sido compilada en un libro por algunos griegos (probablemente Timagenes de Alejandría).

Su idea de como redactar la historia es más cerrada y menos retórica que la de Salustio y Livio, a los que acusa de poner en boca de los personajes de sus historias discursos que ellos mismos habían escrito. Su gran obra se perdió y sólo Justino poseyó parte de ella que cita en su epítome. Parte de la misma ha sido citada por historiadores como Flavio Vopisco, Jerónimo de Estridón y Agustín de Hipona. A pesar de estar en su mayoría perdida, la obra se considera como una autoridad en la historia antigua de Oriente.

Trogo trambién es autor de los llamados Prólogos, un sumario redactado con posterioridad a las Historiae.

 

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San Próspero de Aquitania o Próspero Tirone, (en latín: Prosper Tyro); (Limoges, 390 - 455) fue discípulo de San Agustín y primer continuador de la crónica universal iniciada por San Jerónimo.  Si bien Próspero era laico, participó activamente en las principales controversias religiosas de la época y trabajó para el papa León I. Entre sus obras teológicas se cuentan Adversus Ingratus (contra el pelagianismo), Pro Augustino Responsiones (una defensa de San Agustín) y De gratia Dei et libero arbitrio (una polémica contra Juan Casiano).   Escribió también una importante crónica histórica, el Epitoma Chronicon, que cubre los años 379-455. En esta crónica, crucial para el conocimiento de la época, Próspero cubre con mayor detalle que otros cronistas medievales los eventos políticos. Entre estos eventos se cuentan las invasiones de Atila a Galia (451) e Italia (452). La obra fue proseguida por Víctor de Tunnuna.  También se le adjudica la recopilación del Indiculus Caelestini una colección de respuestas del Magisterio católico (sea de Papas como de concilios africanos) sobre el semipelagianismo. 1:Cf. AMANN, Dictionnaire de théologie catholique, París 1950.

 

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Publio Nigidio Fígulo (Roma, 98 a. C. c. - 45 a. C.) erudito, filósofo y gramático romano.

Nació en una familia plebeya, como delata su cognomen, figulus, que significa "vasallo" y deriva de la rotación de la tierra. Fue tribuno de la plebe en el 59 a. C. y le nombraron pretor en el 58 a. C. Amistó con Cicerón y ostentó cargos en Asia Menor en el 52 a. C. Acumuló allí gran cantidad de conocimientos y reinstauró y divulgó el Neopitagorismo al volver a Roma; conoció gran fama como erudito y sobre todo como astrólogo y adivino, en especial mediante la llamada brontomancia o adivinación por el ruido de los truenos. Durante la guerra civil entre Julio César y Pompeyo se granjeó el favor de este último. Impulsado al exilio por César en el 46 a. C., cuando volvía a Roma gracias a la intercesión de su amigo Cicerón, murió: en el (45 a. C.), como recuerda Suetonio.  Se considera a Fígulo un exponente del eclecticismo erudito de origen alejandrino, a la manera de Marco Terencio Varrón. Además, promovió el Neopitagorismo en Roma, que mezcló con elementos órficos y motivos mágicos y astrológicos de origen oriental. Dos siglos después de su muerte, Aulo Gelio lo comparó con Varrón, considerando a ambos los mayores eruditos de aquella época.   Nigidio Figulo fue citado por Apuleyo en su Apología, 42 y por San Agustín de Hipona en De civitate Dei, V, 3. Aunque todas las obras propias de Fígulo se han perdido, se conoce su pensamiento a través de las referencias a él que hacen Séneca, Aulo Gelio, Servio y Macrobio, que citan los siguientes títulos suyos.

Sobre astronomía y filosofía pitagórica: De exitis, De auguria privata, De somnis, De dis.

Sobre ciencia natural: De animalibus, De vento, De terris.

Sobre Gramática: Commentarii gramatici.

 

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Publio Terencio Afro (Publius Terentius Afer), más conocido como Terencio, fue un autor de comedias durante la república Romana. Desconocemos la fecha exacta de su nacimiento, pero según Suetonio, murió en 169 a. C. a la edad de treinta y cinco años. Sus comedias se estrenaron entre 170 y 160 a. C. A lo largo de su vida escribió seis obras, de las cuales todas se han conservado. En comparación, su predecesor Plauto escribió alrededor de 130 obras y actualmente solamente disponemos de los textos de veintiuna de ellas.

Terencio, de origen beréber, nació como esclavo romano (tomó su nombre del senador Terencio Lucano, en cuya casa sirvió como esclavo), pero fue manumitido dadas sus extraordinarias cualidades. Se supone, por su edad aproximada y su apodo Afer ("el africano"), que nació en Cartago.

Como Plauto, Terencio adaptó obras griegas de la última época de la Comedia ática. Él fue más que un traductor, como han confirmado los descubrimientos modernos de antiguas obras griegas. Sin embargo, las obras de Terencio utilizan un escenario ´griego´ más convincente en lugar de romanizar la situación: las convenciones de la época impedían que los sucesos ´frívolos´ tuvieran lugar en Roma.

Terencio trabajó duro para escribir en un Latín conversacional, y la mayor parte de los estudiosos que se esfuerzan en leerlo en el ´vernáculo´ consideran que su estilo es particularmente agradable y directo. Elio Donato, maestro de San Jerónimo, es el comentarista de Terencio más antiguo conocido. Su popularidad durante la Edad Media y el Renacimiento está atestiguada por la gran cantidad de manuscritos que contienen sus obras o parte de ellas; la estudiosa Claudia Villa ha estimado que existen 650 manuscritos que contienen su obra posteriores al año 800. La autora medieval Hroswitha de Gandersheim argüía que había escrito sus obras para que sus monjas no malgastasen su tiempo leyendo a Terencio.

La primera edición impresa de las comedias de Terencio data del año 1470 en Estrasburgo, mientras que no existe constancia de puestas en escena de sus obras hasta 1476, año en el que se representa en Florencia Andria.

Una frase en la comedia Hecyra de su colaborador musical Flaccus es lo único que nos queda de toda la música romana antigua.

Andrya (166 BC)

Hecyra (La suegra, 165 BC)

Heautontimorumenos (El atormentador de sí mismo, 163 BC)

Eunuchus (161 BC)

Phormio (161 BC)

Adelphoe o Adelphi (160 BC)

 

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Quinto Aurelio Símaco (Quintus Aurelius Symmachus; ~340 - 402) fue un escritor y estadista romano.

De noble familia romana fue educado en la Galia, amigo de Ausonio y un buen conocedor de la literatura grecolatina, ocupó importantes cargos dentro de la administración imperial bajo Valentiniano II, fue prefecto de Roma en 384 y cónsul en 391.  En 387, durante la invasión de Italia por parte de Magno Clemente Máximo, se mostró partidario de éste llegando a pronunciar un panegírico en su honor por desgracia perdido, por lo que tuvo que ser perdonado por Teodosio I tras la derrota del emperador.  Es conocido por sus “Relaciones” (“Relatio”) que escribió cuando ocupaba el cargo de prefecto, y por ser uno de los principales componentes del partido pagano durante el Bajo Imperio, al favorecer el mantenimiento de los cultos y costumbres de la religión tradicional romana. Por ello entró en una ferviente polémica con San Ambrosio en ocasión del asunto de la restauración del Altar de la Victoria en la curia del Senado Romano.

 

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Tirannio Rufino de Aquileya fue un escritor y exégeta cristiano de la antigüedad. Nació en 345 en Concordia (en el Véneto oriental, junto a Aquilea) y murió en Mesina (Sicilia) en 41

Estudió en Roma donde conoció a San Jerónimo. Marchó después a Aquilea para ser bautizado en 370, después de haber recibido instrucción cristiana del más tarde obispo Cromacio y de los diáconos Jovino y Eusebio. Acompañó a la noble romana Melania a Egipto, en donde visitó a los monjes del desierto de Nitria (Palestina). En Alejandría, frecuentó las clases de Dídimo el Ciego quien lo aficionó a Orígenes; conoció a Juan y a Teófilo futuros obispos de Jerusalén y patriarca de Alejandría respectivamente. En 380, encuentra a Melania en Jerusalén e ingresa en el monasterio del Monte Olivete. Juan de Jerusalén lo ordenó sacerdote en 390. Por esos años, San Jerónimo había fijado su residencia en Belén. En 397 tuvo lugar el primer incidente entre Rufino y San Jerónimo: Epifanio, obispo de Salamina, subió a Jerusalén para refutar el origenismo contra Juan de Jerusalén; apoyado por Rufino, Epifanio encontró ayuda en San Jerónimo. Lo que San Jerónimo había siempre aprobado era a Orígenes exégeta, no dogmático.

Rufino vuelve a Occidente y en la cuaresma de 398 publica su traducción al De principiis de Orígenes y la de la apología de Orígenes hecha por Pánfilo. En la primera, no dudó presentar a Jerónimo como seguidor y admirador del alejandrino. San Jerónimo se apresuró a publicar una nueva traducción del De principiis que, a diferencia de la de Rufino, conservaba literalmente los pasajes del original, que no dejaban de causar escándalo en Roma. El papa Anastasio (398-401) pidió cuentas a Rufino sobre el apoyo que prestaba a la doctrina de Orígenes, para lo cual le envió Rufino su obra Apología ad Anastasium Romanae urbis episcopum. Rufino marchó entonces a Aquileya con ocasión de la muerte de su madre. Aquí se encontró con Pauliniano, hermano de Jerónimo. Se dirigió luego a Roma y en compañía de Melania y otros familiares fueron a Pineto y luego a Sicilia. Como escritor es bastante limitado.

Sus obras conservadas comprenden cinco trabajos principales y otros menores, como apoyo a otros escritores. Éstas son:

De benedictionibus Patriarcharum, en la que demuestra predilección por la exégesis origenista (PL 21,293336)

Commentarium in Symbolum Apostolorum, en la que aparece por vez primera el Símbolo Apostólico en latín

Apologia in Hieronymum, en la que explica su propia posición y echa en cara a Jerónimo su interés apasionado por los clásicos

Apologia ad Anastasium, en donde defiende su ortodoxia, puesta en duda. Escribió también De adulteratione librorum Originis y dos libros como continuación de la Historia de Eusebio (hacia 325-395). Sus cartas se han perdido.

La actividad literaria de Rufino aparece, sobre todo, en su modalidad de traductor; de Orígenes tradujo, además del De principiis, 17 homilías sobre el Génesis, 13 sobre el Éxodo, 16 sobre el Levítico, 28 sobre los Números, 26 sobre Josué, 9 sobre Jueces, 9 sobre el libro de los Salmos 36-38; tradujo el prólogo, 3 libros y parte del cuarto del Comentario sobre Cantar de los Cantares y 10 libros del Comentario a la epístola a los Romanos. De San Basilio tradujo las Reglas y 9 homilías; 9 también de Gregorio Nacianceno; el diálogo de Adamancio; las Recognitiones Clementinae cuyo texto original se ha perdido; la Historia Eclesiástica de Eusebio; las sentencias de Sexto, que comprenden 451 proverbios; y, finalmente, la Historia Monachorum.

 

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Rutilio Tauro Emiliano Paladio, también llamado simplemente Paladio, fue un escritor y agrónomo romano del siglo IV. No se conocen detalles de su vida. Sin embargo, parte de su obra ha llegado hasta nuestros tiempos.

La obra de Paladio se centra fundamentalmente en la economía agrícola. Su tratado y almanaque sobre agricultura en 14 libros, conocido como "Opus agriculturae", o "Geoponicas", es una compilación que aborda con gran detalle cuestiones sobre los cultivos (en particular, el olivo y la vid), sobre ingeniería (construcciones rurales, acueductos), sobre cuidado del ganado y sobre mejoras en la producción de vinos y quesos. Sus textos son interesantes para conocer la vida romana en general, y en particular las actividades y prácticas agrícolas de su tiempo. El tratado está mayormente escrito en prosa, salvo el libro XIV, "De Insitione" ("De los injertos"), escrito en verso elegíaco.

Es el último de los llamados agrónomos, escritores latinos que trataron la agricultura desde el punto de vista económico, como Catón el Viejo, Varrón, Columela, Plinio el Joven y Apiano Alejandrino

Su obra sirvió de referencia para muchas prácticas agrícolas europeas al menos hasta el siglo XIV.

 

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Busto de Séneca, parte de una doble herma (Antikensammlung Berlin)

 

Lucio Anneo Séneca (Latín: Lucius Annæus Seneca), llamado Séneca el Joven (Córdoba, 4 a. C.- Roma, 65) fue un filósofo romano conocido por sus obras de carácter moralista. Hijo del orador Marco Anneo Séneca, fue tutor y consejero del emperador Nerón.

 

Aunque su familia era oriunda de Corduba, en la Bética, (Hispania) no existe ningún documento que permita afirmar con seguridad que nació en dicha ciudad. Sin embargo, la tradición ha situado su nacimiento en Corduba en torno al año 1 (se barajan tres posibles fechas para su nacimiento, los años, 1, 4 y 5 e.v.), y es así que, sobre todo en el mundo hispanoparlante, Séneca ha sido considerado como nacido en la moderna Córdoba. El padre de Séneca, Marco Anneo Séneca, era un procurador imperial que se convirtió en una auténtica eminencia de la retórica, el arte de la oratoria y del debate. Además de Lucio, Marco tuvo otros dos hijos que a su manera también alcanzaron cierta relevancia: el primero, Novato, más conocido como Galión, fue el gobernador de Acaya que declinó ejercer su jurisdicción sobre San Pablo, y lo envió a Roma; el segundo, Mela, aunque menos ambicioso, fue un hábil financiero famoso por ser el padre del poeta Lucano, que, por tanto, era sobrino de Lucio Séneca. De toda la vida de Lucio Séneca previa al año 41 d. C. no se sabe gran cosa, y lo que en general se sabe es gracias a lo que el propio Séneca dejó por escrito en sus obras. Sea como fuere, es claro que provenía de una familia distinguida, perteneciente a la más alta sociedad hispana en una época en que la provincia de Hispania estaba en pleno auge dentro del Imperio romano.

Parece ser que pasó los primeros años de su vida en Roma bajo la protección de la hermanastra de su madre, su tía Marcia. Se dice que en ese tiempo vivió con humildad en una habitación en el piso de arriba de un baño público, algo probablemente falso ya que Marcia era una persona acaudalada. Durante este tiempo, parece que fue entrenado en retórica e introducido en el estoicismo por el filósofo Átalo. Marcia estaba casada con un équite romano que en el año 16 fue nombrado gobernador de Egipto por el emperador Tiberio. Séneca acompañó al matrimonio a Alejandría, en Egipto, donde adquirió nociones de administración y finanzas, al tiempo que estudiaba geografía y etnografía de Egipto y de la India, y desarrollaba su interés por las Ciencias Naturales, en las que, a decir de Plinio el Viejo, destacaría por sus conocimientos de geología, oceanografía y meteorología. Por influjo de los cultos místicos orientales que existían en Egipto, al principio demostró una cierta inclinación hacia el misticismo pitagórico enseñado por Sotión, y los cultos de Isis y Serapis, que por aquel entonces ganaban gran número de adeptos entre los romanos. No obstante, posteriormente se inclinó hacia el estoicismo, filosofía que adoptaría hasta el fin de sus días. Su formación, pues, fue muy variada, rica y abierta: además de formarse en Egipto, parece ser que ya en Roma había estudiado gramática, retórica y filosofía; es posible, además, que viajara en algún momento a Grecia para continuar formándose en Atenas, algo muy común entre los patricios de su tiempo. Sea como fuere, dejó escrito haber estudiado con Sotión, un filósofo ecléctico-pitagórico, con el estoico Átalo y con Papirio Fabiano. Más adelante, fue amigo íntimo del cínico Demetro, prueba del carácter abierto y tolerante que siempre lo caracterizaría.

 

Séneca siempre tuvo una salud enfermiza, especialmente debido al asma que padecía desde su infancia. Tanto es así que llegó a escribir que lo único que le impedía suicidarse era la incapacidad de su padre de soportar su pérdida. En el año 31, Séneca volvió a Roma donde, a pesar de su mala salud, su origen provinciano y provenir de una familia comparativamente escasa en influencias, fue nombrado Cuestor, iniciando así su cursus honorum, en el que pronto destacó por su estilo brillante de orador y escritor. Para cuando, en el año 37, el emperador Calígula sucedió a Tiberio, Séneca se había convertido en el principal orador del Senado, levantando la envidia y los celos del nuevo y megalómano César, el cual, de acuerdo con el historiador Dión Casio, ordenó su ejecución. Según el mismo historiador, fue una mujer próxima al círculo más íntimo de Calígula la que consiguió que éste revocara las sentencia al afirmar que Séneca padecía de tuberculosis y pronto moriría por sí mismo. A consecuencia de este incidente, empero, Séneca se retiró de la vida pública.

En el año 41, a la muerte de Calígula y la entronización de Claudio, Séneca, que continuaba siendo una persona relevante dentro del estamento político romano, fue de nuevo condenado a muerte, si bien la pena se le conmutó por el destierro a Córcega. Las causas de esta condena aún hoy se ignoran: la sentencia oficial lo acusaba de haber cometido adulterio con Julia Livilla, hermana de Calígula, hecho bastante improbable; más probablemente, se ha apuntado que la esposa de Claudio, la célebre Valeria Mesalina, lo consideraba peligroso ahora que Calígula había muerto; no en vano Séneca debía de ocupar un gran prestigio como orador y probablemente ser uno de los líderes del Senado ahora que Calígula había desaparecido, de manera que el riesgo de que promoviera la reinstauración de la República podría parecerle excesivo.

Su exilio en Córcega duró 8 años. Durante ese tiempo escribió un ensayo de consolación a su madre Helvia, a raíz de la muerte de su padre Marco, y que destaca por propugnar actitudes estoicas muy diferentes a las que, por ese mismo período, se muestran en la Consolación a Polibio, nombre de uno de los libertos imperiales de Claudio y que ostentaba un gran poder e influencia sobre el emperador. En esta carta, que probablemente nunca estuviera destinada a publicarse, se muestra abyectamente adulador buscando el perdón imperial.

El destierro duró hasta el año 49, cuando, tras la caída de Mesalina, la nueva esposa de Claudio, la también célebre Agripina la Menor, consiguió para él el perdón imperial: se le llamó a Roma y, por indicación de la misma, se le nombró pretor en la ciudad. El favor imperial no acabó ahí, pues en el año 51, a instancias, de nuevo, de Agripina, se le nombró tutor del joven Lucio Domicio Ahenobarbo, futuro Nerón, y que era hijo de un matrimonio anterior de Agripina. Tan drástico cambio en su suerte se debió, según el historiador Tácito, a que Agripina, aparte de buscar un tutor ilustre para su hijo, creía que la fama literaria de Séneca haría que la familia imperial ganara en popularidad, además de considerar que un Séneca agradecido y obligado a ella serviría como un importante aliado y un sabio consejero en los planes de alcanzar el poder que ella albergaba para su hijo Nerón.

En el año 54, el emperador Claudio murió (según la mayoría de las fuentes históricas, envenenado por la propia Agripina), y su hijastro Nerón subió al poder. Aunque no hay evidencia alguna de que Séneca estuviera involucrado en el asesinato de Claudio, sí que se mofó del viejo emperador en su obra satírica la Apocolocyntosis divi Claudii ("Calabazificación del divino Claudio"), en la que éste, al ser deificado, acaba, tras una serie de vicisitudes, como un mero burócrata en el Hades. Con la subida al poder del joven Nerón, que por aquél entonces contaba con 17 años, Séneca fue nombrado consejero político y ministro, junto con un austero oficial militar llamado Sexto Afranio Burro.

 

Platón, Séneca, y Aristóteles en una ilustración medieval (c. 1325–35).

 

Durante los ocho años siguientes, Séneca y Burro, que todos los historiadores romanos consideraron como las personas de mayor valía e ilustración del entorno de Nerón, gobernaron de facto el imperio romano. Dicho período destacaría, a decir del propio emperador Trajano, por ser uno de los períodos de mejor y más justo gobierno de toda la época imperial. Su política, basada en compromiso y diplomacia más que en innovaciones e idealismo, fue modesta pero eficiente: se trató en todo momento de refrenar los excesos del joven Nerón, al tiempo que evitaban depositar gran poder real en manos de Agripina. Así, mientras Nerón se dedicaba, siguiendo las instrucciones de Séneca, a un ocio moralmente "aceptable", Séneca y Burro se hicieron con el poder, en el que promovieron una series de reformas legales y financieras, como la reducción de los impuestos indirectos; persiguieron la concusión (la corrupción de los gobernadores provinciales); llevaron a cabo una exitosa guerra en Armenia, que instituyó el protectorado romano en aquel país y se mostró, a la larga, fundamental para la salvaguarda de la frontera oriental del imperio; se enviaron, a instancias de Séneca, expediciones para dar con las fuentes del río Nilo... Vale notar que ni Burro ni Séneca ocuparon, durante este período, cargo constitucional alguno, más allá del de senadores, por lo que ejercieron el poder desde detrás del solio imperial, como meros validos y consejeros del joven césar, que al parecer tenía en alta estima a su tutor.

Sin embargo, conforme Nerón fue creciendo, comenzó a desembarazarse de la "benigna" influencia de Séneca, de tal forma que, al mismo tiempo que el ejercicio del poder iba desgastando al filósofo, comenzaba a perder influencia sobre su pupilo Nerón. Éste, que había demostrado una naturaleza cruel y vitriólica al hacer asesinar a su hermanastro Británico, pronto comenzó a escuchar los consejos de gentes de la peor ralea de la sociedad romana, meros arribistas que, como Publio Sulio Rufo, vieron una oportunidad para desplazar a Séneca del poder. Fue este Rufo el que, en el año 58, acusó a Séneca , absurdamente según Tácito, de acostarse con Agripina, dando origen a una campaña de desprestigio en la que el filósofo fue acusado de crímenes tan peregrinos como el de deplorar el tiránico régimen imperial, extravagancia en sus banquetes, hipocresía y adulación en sus escritos (fue en este momento cuando salió a la luz la carta al liberto Polibio), usura, y, sobre todo, excesiva riqueza. De hecho, la riqueza de Séneca en este período alcanzó la categoría de proverbial, cuando el poeta Juvenal habla de los grandes jardines del inmensamente rico Séneca. Es probable que la inmensa riqueza del filósofo propiciaran su caída frente a Nerón, el cual no toleraría que un particular pudiera hacerle sombra en ese aspecto.

En el año 59, la antiguamente gran valedora de Séneca, Agripina, fue asesinada por Nerón, marcando el inicio del fin de Séneca. Aunque posiblemente no estuvieran involucrados, Séneca y Burro tuvieron que llevar a cabo una campaña de lavado de imagen pública del emperador a fin de minimizar el impacto que pudiera tener el crimen: Séneca escribió la famosa carta al Senado en la que justificaba a Nerón explicando cómo Agripina había conspirado en contra de su hijo. Este hecho ha sido muy criticado con posterioridad, y ha sido germen frecuente de las acusaciones de hipocresía contra Séneca. Cuando, en el año 62, Burro murió (probablemente asesinado según algunos), la situación de Séneca en el poder se volvió insostenible, al haber perdido buena parte de su capital político y de sus apoyos. La campaña de desprestigio, además, le privó de la cercanía del emperador, el cual, rodeado de aduladores y arribistas como Tigelino, Vitelio o Petronio, pronto comenzaría a hablar de desembarazarse de su viejo tutor.

Así, ese mismo año Séneca pidió a Nerón retirarse de la vida pública, y ofreció toda su fortuna al emperador. El retiro le fue concedido tácitamente, aunque la fortuna no le fue aceptada hasta años después. De esta manera, Séneca consiguió retirarse de la cada vez más peligrosa corte romana, y comenzó a pasar su tiempo viajando con su segunda esposa, Paulina, por el sur de Italia. Al mismo tiempo, comenzó a redactar una de sus obras más famosas, las "Cartas a Lucilio", auténtico ejemplo de ensayo, en las que Séneca ofrece todo tipo de sabios consejos y reflexiones a Lucilio, un amigo íntimo que supuestamente ejercía como procurador romano en Sicilia. Esta obra serviría de ejemplo e inspiración a Michel de Montaigne en la redacción de los Ensayos.

 

Aun así, Séneca no consiguió desembarazarse del todo de la obsesiva perversión de su antiguo pupilo. Según Tácito, parece ser que en sus últimos años Séneca sufrió un intento de envenenamiento, frustrado gracias a la sencilla dieta que el filósofo había adoptado previendo un ataque de este tipo. Sea como fuere, en el año 65 se le acusó de estar implicado en la famosa conjura de Pisón contra Nerón. Aunque no existieran pruebas firmes en su contra, la conjura de Pisón sirvió a Nerón como pretexto para purgar a la sociedad romana de muchos patricios y caballeros que consideraba subersivos o peligrosos, y entre ellos se encontraba el propio Séneca. Así pues, Séneca fue, junto con muchos otros, condenado a muerte víctima de la conjura fracasada.

Sobre la muerte de Séneca, el historiador Tácito cuenta que el tribuno Silvano fue encomendado para darle la noticia al filósofo, pero siendo aquél uno de los conjurados, y sintiendo una gran vergüenza por Séneca, le ordenó a otro tribuno que le llevara la notificación del César: de un patricio como Séneca se esperaba no que decidiera esperar a la ejecución, sino que se suicidara tras recibir la condena a muerte. Cuando Séneca recibió la misiva, ponderó con calma la situación y pidió permiso para redactar su testamento, lo cual le fue denegado, pues la ley romana preveía en esos caso que todos los bienes del conjurado pasaran al patrimonio imperial. Sabiendo que Nerón actuaría con crueldad sobre él, decidió abrirse las venas en el mismo lugar, cortándose los brazos y las piernas. Su esposa Paulina le imitó para evitar ser humillada por el emperador, pero los guardias y los sirvientes se lo impidieron (otras fuentes afirman que realmente se suicidó, aunque Suetonio afirma que vivió hasta el principado de Domiciano). Séneca, viendo que su muerte no llegaba, le pidió a su médico Eustacio Anneo que le suministrase veneno griego (cicuta), el cual bebió pero sin efecto alguno. Pidió finalmente ser llevado a un baño caliente, dónde el vapor terminó asfixiándolo, víctima del asma que padecía. Al suicidio de Séneca lo siguieron, además, el de sus dos hermanos y el de su sobrino Lucano, sabedores de que pronto la crueldad de Nerón recaería también sobre ellos.

El cuerpo de Séneca fue incinerado sin ceremonia alguna. Así lo había prescrito en su testamento cuando, siendo rico y poderoso, pensaba en sus últimos momentos.

Séneca es uno de los pocos filósofos romanos que siempre ha gozado de gran popularidad, (al menos en la Europa continental; en el mundo anglosajón no ha sido hasta el siglo XX cuando la figura de Séneca ha sido rescatada del olvido), como lo demuestra el hecho de que su obra haya sido admirada y celebrada por algunos de los pensadores e intelectuales occidentales más influyentes: Erasmo de Rotterdam, Michel de Montaigne, René Descartes, Denis Diderot, Jean-Jacques Rousseau, Thomas de Quincey, Dante, Petrarca, San Jerónimo, San Agustín, Lactancio, Chaucer, Juan Calvino, Baudelaire, Honoré de Balzac... todos mostraron su admiración por la obra de Séneca; aparte de la de Cicerón, la obra de Séneca era una de las mejor conocidas por los pensadores medievales, y como quiera que muchas de sus doctrinas son compatibles con la idiosincrasia cristiana, los padres de la Iglesia como San Agustín lo citan a menudo, Tertuliano lo consideraba un saepe noster, esto es, a menudo uno de los nuestros, y San Jerónimo incluso lo incluyó en su Catálogo de Santos. Durante la Edad Media, de hecho, surgió la leyenda de que San Pablo había convertido a Séneca al cristianismo, y que su muerte en el baño era una suerte de bautismo encubierto. La supuesta conversión al cristianismo de Séneca fue un tema recurrente durante el Bajo Imperio romano y la Edad Media, formando parte de La leyenda dorada, e incluso aparecieron varias cartas espurias entre Séneca y San Pablo en las que intercambian puntos de vista doctrinales; en una de ellas, fechada en el siglo III ó IV, incluso se relata el Gran incendio de Roma, aunque probablemente Séneca se hallaba fuera de la ciudad en ese tiempo. Por otro lado, su obra Naturales Quaestiones, tratado de Ciencias Naturales alabado ya por Plinio el Viejo, fue durante la Edad Media la obra de referencia inamovible en los asuntos que abordaba; sólo Aristóteles tuvo más prestigio en ese campo.

Además, la influencia de Séneca se deja ver en todo el Humanismo y demás corrientes renacentistas. Su afirmación de la igualdad de todos los hombres, la propugnación de una vida sobria y moderada como forma de hallar la felicidad, su desprecio a la superstición, sus opiniones antropocentristas,... se harían un hueco en el pensamiento renacentista. Erasmo de Rotterdam, por ejemplo, fue el primero en preparar una edición crítica de sus obras (1515), y la primera obra de Calvino fue una edición de De Clementia, en 1532. Robert Burton lo cita en su Anatomía de la Melancolía, y Juan Luis Vives y Tomás Moro lo tenían en alta estima, haciéndose eco de sus ideas éticas. En la obra de Montaigne, los Ensayos, las referencias a la obra de Séneca son constantes, tanto en forma como en opiniones, muchas de las cuales son comunes en ambos pensadores; por ejemplo, la justificación del suicidio como forma de evitar una muerte peor es análoga en los dos. Formalmente, muchos ensayos de Montaigne se asemejan a la estructura desarrollada por Séneca en sus Cartas a Lucilio (planteamiento de un tema, pero no de una tesis al respecto, un desarrollo más o menos lineal añadiendo ejemplos, pero evitando digresiones, y una conclusión final sobre el tema planteado que se deduce de todo lo anterior) que se han visto como un antecedente claro al ensayo moderno. Y aunque las ideas presentadas por Séneca no pueden ser consideradas como originales ni sistemáticas en su exposición, su importancia es capital a la hora de hacer asequibles y populares muchas de las ideas de la filosofía griega.1: Moses Hadas. The Stoic Philosophy of Seneca, 1958. 1.

 

En la actualidad, su obra ha caído en un cierto olvido propiciado por el moderno abandono del estudio de las lenguas y disciplinas clásicas. Sin embargo, sigue sorprendiendo por la vigencia y asequibilidad de muchas de sus ideas y la facilidad de lectura y claridad con que se muestra en las traducciones vernáculas de su obra: las Cartas a Lucilio han sido comparadas a un libro de autoayuda, y de hecho, a raíz de la película Gladiator, tanto éstas como las Meditaciones de Marco Aurelio fueron reeditadas con gran éxito en el mundo anglosajón.

 

Luca Giordano, La muerte de Séneca (1684).

 

Desde sus inicios, Séneca abrazó el estoicismo, sobre todo en su vertiente moral, y toda su obra gira en torno a esta doctrina, de la que llegó a ser, al menos en la teoría, uno de sus máximos exponentes. Sin embargo, aunque en su obra se presenta siempre como un estoico, ya en su propio tiempo fue tachado de hipócrita, al no ser capaz de vivir según los principios que propugnaba en su obra. En efecto, a lo largo de toda su vida fue acusado de haberse acostado con mujeres casadas, y si bien es cierto que muchas veces dichas acusaciones no eran más que meras calumnias, en muchos casos parece ser que estaban bien fundadas. Además, la estrecha relación con los excesos de Nerón demuestran las profundas limitaciones de sus enseñanzas en cuanto a la templanza y la autodisciplina propias de un estoico. Igualmente, no se explicarían que un verdadero estoico escribiera las cartas que desde su destierro en Córcega envió a Roma rogando, de la forma más servil y humillante, por su perdón. En su Calabacificación de Claudio ridiculizó algunos comportamientos y políticas del emperador Claudio que cualquier estoico hubiera aplaudido, demostrando que colocaba sus principios al servicio de Nerón, al denostar a Claudio al tiempo que proclamaba que Nerón sería más sabio y longevo que el legendario Néstor. En esta obra presenta una crítica hacia la deificación de los humanos, poniendo como claro ejemplo el caso de Claudio y aprovechando la ocasión para criticarlo y ridiculizarlo. La carta al Senado justificando el asesinato de Agripina ha sido siempre vista como algo imperdonable, y de gran bajeza moral; ante otros actos de Nerón, como el asesinato de Británico o la repudiación de su primera esposa Octavia, Séneca siempre guardó un silencio que muchos han visto como cobardía e incluso aquiescencia. Las acusaciones de corrupción que acompañaron a su gobierno, que bien pudieran sostenerse si se atiende a la fabulosa fortuna que hizo en ese período, serían una prueba más de la incapacidad de Séneca para llevar a la práctica los principios estoicos que tanto admiraba.

Sin embargo, hay que hacer notar que la inmensa mayoría de las acusaciones que se vertieron contra Séneca fueron hechas bien por opositores políticos en vida del filósofo, por lo que su validez debe tomarse con cautela, o con mucha posterioridad a la muerte del mismo, de manera que muy posiblemente las debilidades de Séneca fueran en realidad mucho menores que las que en apariencia fueron. Sea como sea, Séneca ha pasado a la posteridad como uno de los más tristes ejemplos de un hombre que falló en vivir según sus propios ideales.2: Robin Campbell. Introduction to Letters from a Stoic, 1969.

 

Las obras que nos quedan de Séneca se pueden dividir en cuatro apartados: los diálogos morales, las cartas, las tragedias y los epigramas. La filosofía de Séneca se diluye en estas obras. No escribió una obra sistemática de filosofía; su pensamiento filosófico, sus ideas estoicas, se expresan a lo largo de toda su obra y llenan el comentario de todas las situaciones.

Los diálogos son 11 obras morales conservadas en un manuscrito de la Biblioteca Ambrosiana. Si se exceptúa el conocido con el nombre de Sobre la ira, son relativamente cortos. El largo diálogo Sobre la ira está dedicado a su hermano Novato, que le había pedido que le escribiera sobre el modo de mitigar la ira.

En el exilio escribió el tratado Sobre la providencia, dedicado a Lucilio Hijo. De su exilio es también el diálogo más delicioso y el más lleno de detalles personales, que escribió a su madre: De la consolación a Helvia. Junto al tratado Sobre la providencia hay que colocar el De la constancia del sabio, escrito probablemente después del año 47. Vuelto a las tareas de gobierno redacta el diálogo Sobre la brevedad de la vida, escrito con toda probabilidad en el año 55. A su suegro Paulino le dedicó el diálogo La vida bienaventurada, una curiosa defensa de su forma de vida de filósofo estoico.

Durante el período de retiro de la vida política escribió un libro de Cuestiones naturales, dedicado a Lucilio, que trata de fenómenos naturales, y donde la ética se mezcla con la física.

Escrita en prosa y verso, pero aislada de sus demás obras, como caso único está el Apocolocyntosis, una sátira feroz de la deificación de Claudio, con crítica política y malicia personal.

De toda la obra poética de Séneca sus diez tragedias son el fruto de una actividad creativa, independiente, que ejerció a lo largo de su vida, pero especialmente en el periodo intermedio de la educación de Nerón. Diez tragedias han llegado hasta nosotros; aunque una es dudosa en la atribución, Hércules Oetano, y otra, Octavia, ciertamente es apócrifa.

 

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Mosaico con el poeta latino Virgilio junto a Clío, musa de la Historia, y Melpómene, musa de la Tragedia. Museo nacional del Bardo, Túnez; hallado en Sousse. Siglo III d. C.

 

Publio Virgilio Marón1 (Andes, actual Pietole, cerca de Mantua, en la Región X, Venetia, hoy Lombardía italiana, 15 de octubre de 70 a. C. – Brundisium, actual Brindisi, 21 de septiembre de 19 a. C.), más conocido por su nomen, Virgilio, fue un poeta romano, autor de la Eneida, las Bucólicas y las Geórgicas. En la obra de Dante Alighieri, La Divina Comedia, fue su guía a través del Infierno y del Purgatorio.

Formado en las escuelas de Mantua, Cremona, Milán, Roma y Nápoles, se mantuvo siempre en contacto con los círculos culturales más notables. Estudió filosofía, matemáticas y retórica, y se interesó por la astrología, medicina, zoología y botánica. De una primera etapa influido por el epicureísmo, evolucionó hacia un platonismo místico, por lo que su producción se considera una de las más perfectas síntesis de las corrientes espirituales de Roma.

Fue el creador de una grandiosa obra en la que se muestra como un fiel reflejo del hombre de su época, con sus ilusiones y sus sufrimientos, a través de una forma de gran perfección estilística.

Hijo de campesinos, Virgilio nació en Andes, una aldea próxima a Mantua, en la región italiana de Venetia et Histria. Recibió una esmerada educación y pudo estudiar retórica y poesía gracias a la protección del político Cayo Mecenas (de éste proviene el término "mecenas" aplicado a quienes protegen y estimulan las artes). Sus primeros años los pasó en su ciudad natal, pero al llegar a la adolescencia se trasladó a Cremona, Milán y Roma para completar su formación. En Roma se introdujo en el círculo de los poetae novi. A esta época pertenecen sus primeras composiciones poéticas, recogidas bajo la denominación de Apéndice Virgiliano.

Llegó a Nápoles en el 48 a. C. para estudiar con el maestro epicúreo Sirón. Por entonces estalló la guerra civil tras el asesinato de César, lo que afectó a Virgilio, quien incluso vio peligrar su patrimonio. Pasó gran parte de su vida en Nápoles y Nola. Fue amigo del poeta Horacio y de Octavio, desde antes de que éste se convirtiera en el emperador Augusto.

Entre el año 42 a. C. y el 39 a. C. escribió las Églogas o Bucólicas, que dejan entrever los deseos de pacificación de Virgilio en unos poemas que exaltan la vida pastoril, a imitación de los Idilios del poeta griego Teócrito. Aunque estilizados e idealizadores de los personajes campesinos, incluyen referencias a hechos y personas de su tiempo. En la famosa égloga IV, se canta la llegada de un niño que traerá una nueva edad dorada a Roma. La cultura posterior encontró aquí un vaticinio del nacimiento de Cristo.

Entre el 36 a. C. y el 29 a. C., compuso, a instancia de Mecenas, las Geórgicas, poema que es un tratado de la agricultura, destinado a proclamar la necesidad de restablecer el mundo campesino tradicional en Italia.

A partir del año 29 a. C., inicia la composición de su obra más ambiciosa, la Eneida, cuya redacción lo ocupó once años, un poema en doce libros que relata las peripecias del troyano Eneas desde su fuga de Troya hasta su victoria militar en Italia. La intención evidente de la obra era la de dotar de una épica a su patria, y vincular su cultura con la tradición griega. Eneas lleva a su padre Anquises sobre sus hombros y su hijo Ascanio de la mano. En Cartago, en la costa de África, se enamora de él la reina Dido, quien se suicida tras la partida del héroe. En Italia, Eneas vence a Turno, rey de rútulos. El hijo de Eneas, Ascanio, funda Alba Longa, ciudad que más tarde se convertiría en Roma. Según Virgilio, los romanos eran descendientes de Ascanio, y por lo tanto del propio Eneas. El estilo de la obra es más refinado que el de los cantos griegos en los que se inspiró.

Había ya escrito la Eneida, cuando realizó un viaje por Asia Menor y Grecia, con el fin de constatar la información que había volcado en su poema más famoso. En Atenas se encontró con Augusto y regresó con él a Italia, ya enfermo. A su llegada a Brindisi, pidió al emperador antes de morir que destruyera la Eneida. Augusto se opuso rotundamente y no cumplió la petición, para gloria de la literatura latina.

 

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Incunable de 1490 de los Epigramas. Mediolani: Udalricus Scinzenzeler.

 

Marco Valerio Marcial, Marcus Valerius Martialis en latín (Bílbilis —actual Calatayud—, 1 de marzo de 40 – ibídem, 104), fue un poeta latino, en la Hispania Tarraconense. Alrededor del año 64 d. C. marchó a Roma para terminar sus estudios jurídicos con la protección de Séneca, pero la caída en desgracia de éste y su suicidio le dejaron desamparado y su pobreza le obligó a sobrevivir de forma bohemia e itinerante como cliente de diversos patronos la mayor parte de los 35 años que pasó allí. Se ganó sin embargo la amistad de los mayores escritores de ese tiempo, Plinio el Joven, Silio Itálico, el también satírico Juvenal y el gran rétor Marco Fabio Quintiliano, que también era hispanorromano. De la misma manera trabó amistad con el poeta gaditano Canio Rufo, un temperamento afín al suyo. Poco a poco favorecido por los emperadores Tito y Domiciano, a quienes dedicó interesados elogios, estos le nombraron miembro del orden ecuestre y ganó diversos honores, entre ellos la exención de los impuestos que habían de pagar los que no tenían hijos, esto es, el ius trium liberorum. Sin embargo, sus sucesores Nerva y Trajano se olvidaron de él y hubo de retornar a Bílbilis y aceptar allí el regalo de una propiedad campestre por parte de una admiradora; la vuelta a la vida rural era uno de sus grandes sueños. Allí marchó el año 98 d. C. para pasar su vejez y murió seis años después. Era la vida que ansiaba, como escribió en unos celebérrimos versos muy citados a su amigo Tulio Marcial:

Las cosas que hacen feliz, / amigo Marcial, la vida, / son: el caudal heredado, / no adquirido con fatiga; / tierra al cultivo no ingrata; / hogar con lumbre continua; / ningún pleito, poca corte; / la mente siempre tranquila; / sobradas fuerzas, salud; / prudencia, pero sencilla; / igualdad en los amigos; / mesa sin arte, exquisita; / noche libre de tristezas; / sin exceso en la bebida; / mujer casta, alegre, y sueño / que acorte la noche fría; / contentarse con su suerte, / sin aspirar a la dicha; / finalmente, no temer / ni anhelar el postrer día

Lib. X, ep. 47.

http://es.wikipedia.org/wiki/Marco_Valerio_Marcial   08.V.MMX

 

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“reconocer y valorar la belleza de la creación como un preámbulo del nuevo cielo y la tierra nueva, vislumbrada en el segundo libro de Pedro y en el Apocalipsis”

 

gracias por venir a visitarnos

 

Roguemos al Señor para que las mujeres que están pensando en abortar acepten la Luz de la Vida para sus hijos y no las tinieblas de la muerte y para que la Ssma. Virgen María, ejemplo de acogida a la vida, acompañe como verdadera Madre a todas las que están enfrentando tales decisiones (sean éstas propias o de seres queridos).  CDV 08.V.MMX  

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'JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO'
Evangelio según San Lucas, Cap.3, vers.1º: El año decimoquinto del reinado del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba la Judea, siendo Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Felipe tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene…

Crucifixión de San Pedro: fue crucificado al revés cabeza abajo - Pergamino con San Pedro en cruz invertida, de Maguncia- Alemania; entre el 900 y el 1000ca. - Museo Diocesano de la Catedral Maguncia (Mainz) Alemania - Pedro en su cruz, invertida. ¿Qué significa todo esto? Es lo que Jesús había predicho a este Apóstol suyo: "Cuando seas viejo, otro te llevará a donde tú no quieras"; y el Señor había añadido: "Sígueme" (Jn 21, 18-19). Precisamente ahora se realiza el culmen del seguimiento: el discípulo no es más que el Maestro, y ahora experimenta toda la amargura de la cruz, de las consecuencias del pecado que separa de Dios, toda la absurdidad de la violencia y de la mentira. No se puede huir del radicalismo del interrogante planteado por la cruz: la cruz de Cristo, Cabeza de la Iglesia, y la cruz de Pedro, su Vicario en la tierra. Dos actos de un único drama: el drama del misterio pascual: cruz y resurrección, muerte y vida, pecado y gracia.

La maternidad divina de María – Catecismo de la Iglesia
495 Llamada en los Evangelios 'la Madre de Jesús'(Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como 'la madre de mi Señor' desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [Theotokos] (cf. Concilio de Éfeso, año 649: DS, 251).
La virginidad de María
496 Desde las primeras formulaciones de la fe (cf. DS 10-64), la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido absque semine ex Spiritu Sancto (Concilio de Letrán, año 649; DS, 503), esto es, sin semilla de varón, por obra del Espíritu Santo. Los Padres ven en la concepción virginal el signo de que es verdaderamente el Hijo de Dios el que ha venido en una humanidad como la nuestra:
Así, san Ignacio de Antioquía (comienzos del siglo II): «Estáis firmemente convencidos acerca de que nuestro Señor es verdaderamente de la raza de David según la carne (cf. Rm 1, 3), Hijo de Dios según la voluntad y el poder de Dios (cf. Jn 1, 13), nacido verdaderamente de una virgen [...] Fue verdaderamente clavado por nosotros en su carne bajo Poncio Pilato [...] padeció verdaderamente, como también resucitó verdaderamente» (Epistula ad Smyrnaeos, 1-2).

El acontecimiento histórico y transcendente – Catecismo de la Iglesia
639 El misterio de la resurrección de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas como lo atestigua el Nuevo Testamento. Ya san Pablo, hacia el año 56, puede escribir a los Corintios: "Porque os transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se apareció a Cefas y luego a los Doce: "(1 Co 15, 3-4). El apóstol habla aquí de la tradición viva de la Resurrección que recibió después de su conversión a las puertas de Damasco (cf. Hch 9, 3-18).
El sepulcro vacío

640 "¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado" (Lc 24, 5-6). En el marco de los acontecimientos de Pascua, el primer elemento que se encuentra es el sepulcro vacío. No es en sí una prueba directa. La ausencia del cuerpo de Cristo en el sepulcro podría explicarse de otro modo (cf. Jn 20,13; Mt 28, 11-15). A pesar de eso, el sepulcro vacío ha constituido para todos un signo esencial. Su descubrimiento por los discípulos fue el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección. Es el caso, en primer lugar, de las santas mujeres (cf. Lc 24, 3. 22- 23), después de Pedro (cf. Lc 24, 12). "El discípulo que Jesús amaba" (Jn 20, 2) afirma que, al entrar en el sepulcro vacío y al descubrir "las vendas en el suelo"(Jn 20, 6) "vio y creyó" (Jn 20, 8). Eso supone que constató en el estado del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 5-7) que la ausencia del cuerpo de Jesús no había podido ser obra humana y que Jesús no había vuelto simplemente a una vida terrenal como había sido el caso de Lázaro (cf. Jn 11, 44).