Muchos requieren ayuda, pero ninguno es tan indefenso como el niño no nacido
Hipócrates, antes de Cristo, ya veía que el aborto no es salud sino homicidio
El aborto ha existido siempre, desgraciadamente como tantas otras formas de asesinato; mas, aunque nunca antes con la facilidad, promoción y difusión oficial que ahora. Peor aún, hoy, con la hacienda pública, se utiliza para fomentar y pagar el asesinato organizado por los aborteros. En la Roma antigua, el historiador romano Tácito se asombraba de que las mujeres judías y cristianas no quisieran abortar. 2004
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La lucha de los primeros cristianos contra la práctica del aborto
Somos muchos los que creemos que la causa de la vida no es ni eclesiástica ni siquiera estrictamente cristiana, y que desde el agnosticismo y el ateísmo, desde la simple teoría de los derechos humanos, existen, como desde el cristianismo, poderosas razones para pronunciarse por y con la vida.
Esto dicho, no sería justo dejar de reconocer que en esta lucha, la Iglesia católica ha dado la cara de manera tan valerosa como generosa, sin reclamar ningún protagonismo que siempre ha declinado en cuantos otros se han brindado a abanderar la lucha, y desinteresadamente interesada en el solo triunfo de la causa. Una causa en la que la mejor prueba de su fe, son los antiquísimos testimonios que los hombres de Iglesia han dejado desde los primeros tiempos del cristianismo.
Si bien es cierto es que no existe referencia concreta a las prácticas abortivas en los textos del Nuevo Testamento, ello no ha de ser interpretado como indiferencia de los autores canónicos, sino más bien en el sentido de que la apabullante unanimidad existente en la comunidad cristiana al respecto, hizo innecesario ningún pronunciamiento. La Evangelium Vitae de Juan Pablo II lo refiere así:
“Los textos de la Sagrada Escritura, que nunca hablan del aborto voluntario y, por tanto, no contienen condenas directas y específicas al respecto, presentan de tal modo al ser humano en el seno materno, que exigen lógicamente que se extienda también a este caso el mandamiento divino «no matarás»” (EvVit. 61).
El problema para la comunidad cristiana se plantea cuando con su crecimiento temprano y repentino, transciende el ámbito cultural judío y entra en contacto con la cultura greco-romana, donde las cosas discurren de manera bien diferente:
“Desde que entró en contacto con el mundo greco-romano, en el que estaba difundida la práctica del aborto y del infanticidio, la primera comunidad cristiana se opuso radicalmente, con su doctrina y praxis, a las costumbres difundidas en aquella sociedad” (EvVit. 61).

Didaché (Didajé - Didaxé)
Empiezan entonces los posicionamientos de los primeros autores cristianos, cosa que ocurre sin ambages ni demoras. El primero de dichos posicionamientos lo hallamos en la Didaché, texto que aunque sólo nos es conocido a través de una copia descubierta en 1875 en la Biblioteca del Hospital del Santo Sepulcro de Constantinopla, es tan antiguo que podría ser incluso anterior a los últimos textos del Nuevo Testamento. Pues bien, ya en él se dice:
“No matarás el embrión mediante el aborto, no darás muerte al recién nacido”. (Did. 2, 2).
La Epístola de Bernabé, atribuido al compañero de Pablo, que podría datar de finales del s. I o principios del II, emite un mandamiento similar:
“No matarás a tu hijo en el seno de la madre ni, una vez nacido, le quitarás la vida” (EpBer 19, 5).
La Epístola a Diogneto es un texto de alrededor del año 150 en el que su anónimo autor se dirige a un desconocido Diogneto, a quien le explica cómo son los cristianos, diciéndole de ellos lo siguiente:
“Los cristianos no se distinguen del resto de la humanidad ni en la localidad, ni en el habla, ni en las costumbres. [...] Todo país extranjero les es patria, y toda patria les es extraña. Se casan como todos los demás hombres y engendran hijos; pero no se desembarazan de su descendencia (abortos)” (Epístola a Diogneto 5, 5).
Y el Apologético de Tertuliano, uno de los grandes autores del primer cristianismo que vivió entre los años 155 y 222 aproximadamente, lo expone con meridiana claridad realizando incluso un pronunciamiento bien temprano en la historia, sobre el momento en el que, según él, comienza la vida:
“Los que los arrojan al Tíber; los que los exponen para que el hambre, los fríos y los perros se los coman ó los maten; los que procuran los abortos, no negarán que los matan: sólo dirán que les dan la muerte más benigna que los cristianos. ¿Y no es mayor crueldad entregar un niño á un perro que á un cuchillo? Que hombres mayores, á quien en la condenación dejaron elegir el linaje de la muerte eligieron por más benigna la del hierro. A nosotros no nos es lícito no solamente matar hombres ó niños, pero ni desatar aquellas sangres que en el embrión se condensan. La ley que una vez nos prohíbe el homicidio, nos manda no descomponer en el vientre de la madre las primeras líneas con que la sangre dibuja la organización del hombre, que es anticipado homicidio impedir el nacimiento. No se diferencia matar al que ya nació y desbaratar al que se apareja para nacer, que también es hombre el que lo comienza á ser como fruto de aquella semilla” (Apologeticum, 9).
Articulo de Luis Antequera en
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Aborto -
“Por lo que se refiere al problema de determinados tratamientos médicos para preservar la salud de la madre, es necesario distinguir bien entre dos hechos diferentes: por una parte, una intervención que directamente provoca la muerte del feto, llamada en ocasiones de manera inapropiada aborto “terapéutico”, que nunca puede ser lícito, pues constituye el asesinato directo de un ser humano inocente; por otra parte, una intervención no abortiva en sí misma que puede tener, como consecuencia colateral, la muerte del hijo: «Si, por ejemplo, la salvación de la vida de la futura madre, independientemente de su estado de embarazo, requiriera urgentemente una intervención quirúrgica, u otro tratamiento terapéutico, que tendría como consecuencia accesoria, de ningún modo querida ni pretendida, pero inevitable, la muerte del feto, un acto así ya no podría considerarse un atentado directo contra la vida inocente. En estas condiciones, la operación podría ser considerada lícita, al igual que otras intervenciones médicas similares, siempre que se trate de un bien de elevado valor —como es la vida— y que no sea posible postergarla tras el nacimiento del niño, ni recurrir a otro remedio eficaz” (Pío XII, Pont. Max. discurso “Frente de la Familia” y a la Asociación de Familias Numerosas, 27 de noviembre de 1951).
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«En materia de derechos humanos ‘derechos fundamentales’ (que la experiencia histórica de la humanidad indica como tales), no cabe la reciprocidad ni el voto mayoritario. La libertad religiosa, nos guste o no, es un derecho fundamental, siempre y cuando respete la dignidad suprema de cada hombre y mujer, desde el concebimiento a la muert4e natural».
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Sin embargo, la vida temporal vivida en este mundo no se identifica con la persona; ésta tiene en propiedad un nivel de vida más profundo que no puede acabarse. La vida corporal es un bien fundamental, condición para todos los demás aquí abajo; pero existen valores más altos, por los cuales podrá ser lícito y aun necesario exponerse al peligro de perderlas. En una sociedad de personas, el bien común es para cada persona un fin al que ella debe servir, al que sabrá subordinar su interés particular. Pero no es su fin último; en este sentido es la sociedad la que está al servicio de la persona, porque ésta no alcanzará su destino más que en Dios. Ella no puede ser subordinada definitivamente sino a Dios. No se podrá tratar nunca a un hombre como simple medio del que se dispone para conseguir un fin más alto.
Cuando la Iglesia protesta por el aborto, la eutanasia, la manipulación de embriones o el divorcio rápido, no lo hace porque considere que eso afecta a la comunidad católica, sino porque cree que perjudica al conjunto de la sociedad. Tampoco lo hace porque se violen principios cristianos –como ocurriría, por ejemplo, si se prohibiera ir a misa el domingo–-, sino porque se está yendo en contra de la ley moral escrita en la naturaleza humana y contra la cual no puede legislar ningún parlamento.
Por eso, del mismo modo que protesta por los casos citados, eleva su voz para condenar el terrorismo, la violencia doméstica o el racismo. No se argumenta, en estos casos con los que la mayoría están de acuerdo, con motivos cristianos, sino con los mismos, de tipo meramente humano, que se usan para rechazar el aborto o la eutanasia. Sin embargo, en unos temas se la insulta porque habla y en otros se le reprocha que no hable más claro. MMV
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El aborto es la forma más brutal de maltratar a los niños.
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Ya no pensaremos que la democracia basada exclusivamente en el número de votos sustituye a la sabiduría. De hecho, con el aborto ese crimen… ¡y cada madre abortera es asesina! Suele impresionarnos la brutalidad del exterminio en los campos de concentración. Pero imaginemos ahora un Auschwitz sin brutalidades, torturas ni humillaciones, higiénico, con trato "humano" y hasta amistoso, donde los destinados al exterminio sufrieran su suerte sin sufrimientos innecesarios, prácticamente sin darse cuenta... ¿Mejor o peor la pesadilla?
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La vida y la muerte en duro combate: vence la vida porque Tú Señor de la Vida, estás en ella, y nosotros vencemos contigo.
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¿Por qué se asocia siempre la defensa de la vida con la derecha y la Iglesia?
«Porque, por tradición, el tema de la libertad femenina se considera un aspecto de la sociedad moderna con el que se identifican todas la fuerzas de izquierda. En las filosofías de una parte de la izquierda, el género, el ser hombre o mujer, es sólo una construcción de la cultura. Para la Iglesia, obviamente, y para aquel elemento de cultura tradicional que está en las fuerzas de centro-derecha, esto no es posible. La Iglesia se inclina más a exaltar lo específico femenino, su papel de madre, y no cree que feminidad y masculinidad sean un hecho cultural. Sobre esto se ha creado un equívoco, porque ninguno niega a la mujer su derecho a insertarse en la sociedad con igualdad de oportunidades respecto al hombre. Una mujer embarazada debe ser considerada un sujeto social privilegiado. La libertad y la igualdad no anulan la diferencia. Anularla es un gesto totalitario, no liberal. ¿Cómo se cuida el problema de una mujer que debe ser madre y también desarrollarse profesionalmente? ¿Cómo se soluciona el problema de una mujer moderna, que no puede ser cargada sola con el peso de tener y criar a los hijos? Para esto hacen falta más recursos, más ayudas a la mujer embarazada, más solidaridad, y haciendo que la mujer, en esta específica y gran función natural de concebir hijos, sea el objeto de un gran proyecto de solidaridad y de ayuda». Giuliano Ferrara, director del diario Il Foglio, un ex comunista que, para acabar con el aborto, ha fundado un partido y ha hecho huelga de hambre 2008.III
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Esto es un bebé, pequeñito y muy débil –nada poderoso ni soberbio-
pero tan humano como lo fuimos nosotros, ayer, hoy, mañana.
«Es contradictorio defender al débil y justificar el exterminio del no nacido»
‘La náusea se produce igualmente ante una explosión atómica, una cámara de gas o un quirófano esterilizado’. ¡ No al asesinato por aborto ¡
El frente de laicistas y agnósticos liberales se deben encontrar, al fin, con la respuesta de los católicos, es decir, de gentes que no consideran incompatibles la Fe y la Razón. Pascal escribía en la arena sus ecuaciones pero «veía» con el corazón. Es nuestra civilización.
«Nos escandaliza el infanticidio, pero somos capaces de admitir el aborto. La diferencia está en esa “cortina” -el seno materno- que nos permite ignorar el drama sangriento que permanece oculto». «Es necesario reconocer también el pecado de desidia de tantos católicos que se han replegado en sí mismos, renunciando a su deber de hacerse presentes en la vida pública y por el bien común». «A veces es mejor conocer el rostro del mal en toda su crudeza, para reaccionar frente a él».
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El aborto - Los que saben que ni soportamos la vista de una ejecución capital segun justicia, ¿cómo pueden acusarnos de asesinato o de antropofagia? ¿Quién de vosotros no está aficionado a las luchas de gladiadores o de fieras y no estima en mucho las que vosotros organizáis? Pero en cuanto a nosotros, pensamos que el ver morir está cerca del matar mismo, y por esto nos abstenemos de tales espectáculos. ¿Cómo podremos matar, los que ni siquiera queremos ver matar para no mancharnos con tal impureza? Al contrario, nosotros afirmamos que las que practican el aborto cometen homicidio y habrán de dar cuenta a Dios del aborto. ¿Por qué razón habríamos de matar? No se puede pensar a la vez que lo que lleva la mujer en el vientre es un ser viviente, y, por ello, objeto de la providencia de Dios, y matar luego al que ya ha avanzado en la vida; no exponer al nacido, por creer que exponer a los hijos equivale a matarlos, y quitar luego la vida a lo ya crecido. Nosotros somos siempre y en todo consecuentes y acordes con nosotros mismos, pues obedecemos a la razón y no le hacemos violencia 4.
Amar a todas las personas es el núcleo mismo de la vida cristiana. Es nuestro distintivo, la invitación, el mandato imperativo de Cristo.
Pero el amor es ordenado. Amamos a todos, pero empezando por los más próximos, los familiares, los amigos, los compañeros, y como las olas circulares que se van creando tras caer una piedra en el agua iremos ampliando a más y más. Amamos a las personas, como tales, reconociendo su dignidad, sin sumergirnos en una entrega a una genérica “humanidad”.
Casi todas las ideologías y los personajes que han amado por encima de todo a la “humanidad” se han convertido en verdugos de las personas, o, como mínimo, han permanecido indiferentes a sus necesidades, preocupaciones, sufrimientos. Y, al final, han destrozado a la propia “humanidad”.
Este amor, por ser ordenado, otorga un lugar prioritario al más débil, al más necesitado. Por ello es tan importante acudir en ayuda de las personas del Tercer, del Cuarto Mundo. Y de muchos otros a quienes las estadísticas y rankings no incluyen entre los necesitados materiales pero que sufren tanto como ellos.
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Los seres humanos más pobres son los niños no nacidos, asesinados por el aborto.
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El aborto es fuente envenenada de inmoralidad e injusticia por su pretensión de calificar el aborto como un derecho que debe de ser protegido por el Estado. El derecho a la vida no es una concesión del Estado, porque éste carece de autoridad para establecer un plazo, dentro de cuyos límites la práctica del aborto dejaría de ser un atentado contra el derecho de la vida".
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Al cortar su cordón umbilical, los lazos que permanecen son los emotivos, esos que el aborto no puede cortar. Si matar hace a la humanidad peor, disfrazar este acto de bondad es perverso.
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‘Cuando una ley positiva priva a una categoría de seres humanos de la protección que el ordenamiento civil les debe, el Estado niega la igualdad de todos ante la ley. Cuando el Estado no pone su poder al servicio de los derechos de todo ciudadano, y particularmente de quien es más débil, se quebrantan los fundamentos mismos del Estado de derecho... El respeto y la protección que se han de garantizar, desde su misma concepción, a quien debe nacer, exige que la ley prevea sanciones penales apropiadas para toda deliberada violación de sus derechos’. (CDF, instr. "Donum vitae" 3).
Puesto que debe ser tratado como una persona desde la concepción, el embrión deberá ser defendido en su integridad, cuidado y atendido médicamente en la medida de lo posible, como todo otro ser humano.

ATENÁGORAS - Iglesia católica año 177 ca.
Atenágoras debió de convertirse al cristianismo después de haber seguido estudios de retórica y de filosofía: sus escritos están llenos de erudición y de los recursos estilísticos propios de los oradores y escritores de la época. Se conserva de él una Súplica en favor de los cristianos y un tratado Sobre la resurrección. La primera de estas obras fue escrita hacia el año 177 e iba dirigida a los emperadores Marco Aurelio Antonino y Lucio Aurelio Cómodo, con el intento de mostrar que las doctrinas de los cristianos eran plenamente razonables y su modo de vida inocente.
En particular se ocupa de refutar tres de las calumnias más graves de que se acusaba a los cristianos: la de que son ateos, pues no dan culto a los dioses comúnmente reconocidos; la de que practicaban el canibalismo, y la de que se entregan a uniones incestuosas. Para ello explica la naturaleza una y trina del Dios de los cristianos y la gran elevación moral de su modo de vida. El tratado Sobre la resurrección intenta mostrar la razonabilidad de esta creencia por medio de argumentos filosóficos y congruencias analógicas. JOSEP VIVES-JOSEP
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"Quien trabaja tiene poder sobre su propia obra. La materia en sí es inerte. Pilato dijo a Jesús de Nazaret tener algún poder sobre su vida.
La vida es frágil, se puede tener poder para destruirla.
Pero más grande y noble es el poder de una madre que decide colaborar con Dios para hacer que en ella crezca una nueva vida."
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«El universalismo igualitario, del que brotaron las ideas de libertad y de convivencia solidaria, es una herencia directa de la justicia judía y de la ética cristiana del amor. Esta herencia, sustancialmente inalterada, ha sido siempre hecha propia de modo crítico y nuevamente interpretada. Hasta hoy no existe una alternativa a ella.
La democracia se sustenta en unos fundamentos prepolíticos que son anteriores a ella». Benedicto XVI y Habermass -quizá los dos pensadores de mayor talla mundial- han abordado estos asuntos posteriormente en reiteradas ocasiones. 2007
Una supuesta ética laica -en otras palabras- no puede pretender ser superior a otra de tipo confesional. Este punto, sin embargo, sigue marcando una distancia difícil de salvar con el catolicismo. El pensamiento de la Iglesia entiende que la ética es dominio de la razón, mientras que a Habermass le preocupa más el consenso: hay norma moral, cuando un grupo de personas así lo entiende. Esto es peligrosísimo porque, desde el consenso, nacieron algunos de los peores males de la humanidad y el siglo XX, es elocuente muestrario. Con el consenso al aborto se pasó a la eutanasia y últimamente retornamos a la sección racial: dar derecho a la vida solo al físico perfecto, como era de esperar.
El filósofo alemán Ernst Wolfgang Böckenförde señala que: «el concepto de derechos humanos sólo se explica en la historia de una fe, en la que el hombre ha sido creado a imagen y semejanza de Dios». 2007
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Algunos datos jurídicos. En la sociedad antigua, en Grecia y en Roma, el aborto y el infanticidio estaban en parte, permitidos y socialmente tolerados. Esa forma de aceptación se basaba en la autoridad absoluta del padre sobre los hijos. Sin embargo, había significativas excepciones. El juramento hipocrático incluye un rechazo del aborto. La Lex cornelia (hacia 85 a. C.) tiene en cuenta las penas de los que trabajan con venenos, incluyendo las sustancias abortivas. Septimio Severo (193-211) trata el aborto como un “crimen extraordinario” y la mujer que aborta es condenada al exilio. En el mundo judío, dice el historiador Flavio Josefo, “la ley ordena educar a todos los niños, y prohíbe que la mujer se provoque un aborto; una mujer culpable de ese delito es una infanticida porque destruye un alma y disminuye la raza” (Contra Apion, II, 202).
8.- Prevalenciendo en la sociedad cristiana que el aborto se considera un asesinato y se castiga como un crimen. Hasta el siglo X, la penitencia aplicada se limita a los diez años, aunque los libros penitenciales varían. El de Teodoro, arzobispo de Canterbury (668-690) dice que antes de los 40 días de desarrollo, la penitencia será de un año o incluso menos; después de ese tiempo, aumentará a tres años. Los cánones irlandeses (hacia 675) distinguen entre la destrucción del fluido material de un niño (tres años y medio de penitencia) y la destrucción de la carne y el espíritu (siete años y medio a pan y agua, en continencia). Según el conocimiento científico de época, se emplea la distinción entre “feto formado” y “no formado”. A principios del siglo X, circulan algunas colecciones de derecho canónico que recogen materiales de tipo privado. El abad Regino de Prüm (hacia el 900) incluye un precepto llamado si aliquis (si alguien, a causa de las palabras iniciales) que considera como homicidas a todos los que hicieran algo contra la generación o concepción. Regino incluye también un precepto que gradúa la penitencia, según el feto tenga más (o menos) de 40 días y esté “animado” o no {denota esta postura el saber del momento}. El Decreto de Graciano (hacia 1140), que habría de tener mucha influencia posterior, excluye que el aborto del feto no animado (no formado) sea asesinato. Lo mismo hará Tomás de Aquino, por considerar que la animación (infusión del alma racional) no tiene lugar en el momento de la concepción, sino después. Sin embargo, Tomás de Aquino enseña que el aborto es (en cualquier caso) un grave pecado, contrario a la ley natural (In IV Sent., dist. 31), tal como enseña la Iglesia hoy día.
El derecho civil sigue los pasos del derecho canónico. En el siglo VI entre los visigodos se condena con pena de muerte a quien suministre un abortivo. La mujer es azotada, si es esclava, y degradada, si es noble. En el siglo VII, el código de Chindasvinto castiga con pena de muerte, o al menos a ceguera, a quien provoca un aborto o al marido, si lo ordena o permite. En Francia, en la época de los Borbones, se condena a la horca a los médicos, cirujanos y comadronas que provocan el aborto. En 1791, con el racionalismo y la revolución, se reduce la pena a 20 años de prisión. El código de Napoleón de 1810 castiga el aborto con prisión por “un tiempo limitado”. En Austria, bajo el emperador José II, se quita la pena de muerte en el año 1787 y lo mismo sucede en otros países de la Europa occidental (También Ver G.Grisez, El aborto, Ed. Sígueme, Salamanca, 1972, 285-408).
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Los Primeros Cristianos contra el Aborto
Ejemplos para el cristiano del siglo XXI
Por Luis Fernando Pérez Bustamante, revista ARBIL
Todos los Padres de la Iglesia y los primeros apologistas y maestros cristianos hablaron a favor de la vida y gracias a su influencia el aborto y el infanticidio fueron gradualmente desapareciendo de Europa.
Para cualquiera que tenga un mínimo de sensibilidad humana es claro que una de las plagas más infecta, desastrosa e inmunda de nuestra sociedad en pleno siglo XXI es el aborto. La Iglesia Católica, así como la mayoría de las iglesias y comunidades eclesiales separadas de ella, condena sin paliativos la aniquilación de seres humanos en el seno de sus madres. Dado que la Biblia apenas habla específicamente del aborto, aunque obviamente hay indicios muy claros de que las Escrituras consideran que el feto es una vida humana (p.e Jueces 16,17; Salmo 22,9-10; Lucas 1, 15-16 y 41-44; Galatas 1,15), es importante que estudiemos lo que creían los primeros cristianos acerca de este tema. Su testimonio es unánime y no deja lugar a dudas en la condena del aborto. La Didajé, que pudo haber sido escrita incluso en el siglo I, es quizás el primer testimonio patrístico en el que se introduce
dicha condena: "He aquí el segundo precepto de la Doctrina: No matarás; no cometerás adulterio; no prostituirás a los niños, ni los inducirás al vicio; no robarás; no te entregarás a la magia, ni a la brujería; no harás abortar a la criatura engendrada en la orgía, y después de nacida no la harás morir."(Didajé II).
En la Epístola de Bernabé, escrita en la tercera década del siglo II, se llama hijo al feto que está en el vientre de la madre, se prohíbe expresamente el aborto y se le equipara al asesinato: "No vacilarás sobre si será o no será. No tomes en vano el nombre de Dios. Amarás a tu prójimo más que a tu propia vida. No matarás a tu hijo en el seno de la madre ni, una vez nacido, le quitarás la vida. No levantes tu mano de tu hijo o de tu hija, sino que, desde su juventud, les enseñarás el temor del Señor." (Ep Bernabé XIX,5) y "Perseguidores de los buenos, aborrecedores de la verdad, amadores de la mentira, desconocedores de la recompensa de la justicia, que no se adhieren al bien ni al juicio justo, que no atienden a la viuda y al huérfano, que valen no para el temor de Dios, si no para el mal, de quienes está lejos y remota la mansedumbre y la paciencia, que aman la vanidad, que persiguen la recompensa, que no se compadecen del menesteroso, que no sufren con el atribulado, prontos a la maledicencia, desconocedores de Aquel que los creó, matadores de sus hijos por el aborto, destructores de la obra de Dios, que echan de sí al necesitado, que sobreatribulan al atribulado, abogados de los ricos, jueces inicuos de los pobres, pecadores en todo." (Ep Bernabé XX, 2).
El primer apologista latino Minucio Félix, llama parricidio al aborto en su obra Octavius de finales del siglo II: "Hay algunas mujeres que, bebiendo preparados médicos, extinguen los cimientos del hombre futuro en sus propias entrañas, y de esa forma cometen parricidio antes de parirlo." (Octavius XXXIII).
El apologeta cristiano Atenágoras es igualmente tajante en su consideración sobre el aborto cuando escribió al Emperador Marco Aurelio: "Decimos a las mujeres que utilizan medicamentos para provocar un aborto que están cometiendo un asesinato, y que tendrán que dar cuentas a Dios por el aborto... contemplamos al feto que está en el vientre como un ser creado, y por lo tanto como un objeto al cuidado de Dios... y no abandonamos a los niños, porque los que los exponen son culpables de asesinar niños" (Atenágoras, En defensa de los cristianos, XXXV).
Los testimonios se multiplican por doquier. Así leemos en la Epístola a Diogneto que los cristianos: "Se casan como todos los demás hombres y engendran hijos; pero no se desembarazan de su descendencia (fetos)" (Ep a Diogneto V,6).
Tertuliano condena el aborto como homicidio y reconoce la identidad humana del no nacido: " Es un homicidio anticipado impedir el nacimiento; poco importa que se suprima el alma ya nacida o que se la haga desaparecer en el nacimiento. Es ya un hombre aquél que lo será." (Apologeticum IX,8).
Ya en el siglo IV San Basilio va incluso más allá al llamar asesinos no sólo a la mujer que aborta sino a quienes proporcionan lo necesario para abortar, lo cual sería perfectamente aplicable a quienes fabrican o prescriben la píldora abortiva: " Las mujeres que proporcionan medicinas para causar el aborto así como las que toman las pociones para destruir a los niños no nacidos, son asesinas" (San Basilio, ep 188, VIII).
San Jerónimo trata la situación de la mujer que muere mientras procura abortar a su criatura: "Algunas, al darse cuenta de que han quedado embarazadas por su pecado,
toman medicinas para procurar el aborto, y cuando (como ocurre a menudo) mueren a la vez que su retoño, entran en el bajo mundo cargadas no sólo con la culpa de adulterio contra Cristo sino también con la del suicidio y del asesinato de niños. " (San Jerónimo, Carta a Eustoquio).
Quizás el texto más dramático en relación al aborto sea un párrafo que aparece en el libro apócrifo conocido como Apocalipsis de Pedro. El libro seguramente es de origen gnóstico, lo cual supone que no debemos considerarlo del mismo valor que las citas anteriores, pero he decidido copiar este pequeño párrafo como muestra de hasta qué punto la condena del aborto estaba presente incluso entre los heterodoxos de los primeros siglos: "Muy cerca de allí vi otro lugar angosto, donde iban a parar el desagüe y la hediondez de los que allí sufrían tormento, y se formaba allí como un lago. Y allí había mujeres sentadas, sumergidas en aquel albañal hasta la garganta; y frente a ellas, sentados y llorando, muchos niños que habían nacido antes de tiempo; y de ellos salían unos rayos como de fuego que herían los ojos de las mujeres; éstas eran las que habían concebido fuera del matrimonio y se habían procurado aborto.".(Ap Pedro 26).
Todos esos testimonios en contra del aborto tienen un doble valor para nosotros en las circunstancias que nos toca vivir en nuestro tiempo. Por una parte deben servirnos de aviso para que bajo ningún concepto nos acomodemos a un estado de opinión en nuestra sociedad cada vez más favorable a la aceptación del aborto como algo normal. Hacer tal cosa sería ir justo en la dirección opuesta a la que tomaron nuestros antepasados en la fe. Ellos ni se callaron ni fueron tibios a la hora de condenar esa lacra. Por otra lado, debemos ser sinceros y reconocer que vivimos en un mundo donde gran parte de lo más abominable del paganismo antiguo, el aborto y la profusión de todo tipo de amoralidad sexual, no sólo ha resurgido con fuerza sino que ha conseguido "legitimarse" socialmente echando sus raíces incluso en las
legislaciones de nuestros países. La Iglesia, hoy igual que ayer, alza su voz contra esta infamia. Podría decirse que Juan Pablo II, paladín de la cultura de la vida y por tanto enemigo declarado de la cultura de la muerte que impera en nuestra sociedad, ha llevado la condena del aborto casi hasta el nivel de dogma de fe en la Encíclica Evangelium Vitae: "Por tanto, con la autoridad que Cristo confirió a Pedro y a sus Sucesores, en comunión con todos los Obispos -que en varias ocasiones han condenado el aborto y que en la consulta citada anteriormente, aunque dispersos por el mundo, han concordado unánimemente sobre esta doctrina-, declaro que el aborto directo, es decir, querido como fin o como medio, es siempre un desorden moral grave, en cuanto eliminación deliberada de un ser humano inocente. Esta doctrina se fundamenta en la ley natural y en la Palabra de Dios escrita; es transmitida por la Tradición de la Iglesia y enseñada por el Magisterio ordinario y universal.".
Nadie pues que se precie de tener el nombre de cristiano y el apellido de católico, puede justificar, aprobar, legislar o colaborar, por activa o por pasiva, con el aborto. Es nuestro deber como cristianos combatir en la guerra por salvar a millones de inocentes. Ellos no tienen voz, no tienen fuerza para oponerse a quienes desean asesinarlos. Seamos nosotros la voz y la fuerza que, como en el pasado, venza la batalla por la vida, por la esperanza y por el amor hacia toda criatura humana desde u concepción. - Luis Fernando Pérez Bustamante
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Pedro está extenuado, desanimado. Ya ha pasado la noche y el Señor dice a los discípulos, cansados de bregar y decepcionados por no haber pescado nada: "Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis" (Jn 21, 6). Normalmente los peces caen en la red durante la noche, cuando está oscuro, y no por la mañana, cuando el agua ya es transparente. Con todo, los discípulos se fiaron de Jesús y el resultado fue una pesca milagrosamente abundante, hasta el punto de que ya no lograban sacar la red por la gran cantidad de peces recogidos (cf. Jn 21, 6).
Descansen en paz †
200 NIÑOS NO NACIDOS CADA DÍA SOLO EN ESPAÑA
MUEREN TODOS LOS DÍAS EN ESPAÑA
ANTES DE PODER VER LA LUZ DEL SOL.
SON ABORTADOS: ELIMINADOS
D.E.P.
descansen en paz
Las Asociaciones Pro Vida de toda España, los Centros de Acogida a la Vida, el Partido Familia y Vida, la Asociación de Víctimas del Aborto y todos aquellos que sabemos que la vida comienza en el mismo momento de la concepción.
ROGAMOS una oración por sus almas
Nadie celebrará ninguna misa por ellos en ninguna parroquia. Nadie enterrará a estos difuntos en ningún cementerio. Nadie les visitará en ningún tanatorio. Sus cuerpos irán a parar a la investigación, a la fabricación de cosméticos o al cubo de la basura.
2005
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San Benito propuso en el capítulo IV de su «Regla», exhortar a sus monjes a «no anteponer nada al amor de Cristo».
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El Paraíso de Dios es el corazón del hombre
"Deliciae meae esse cum filiis hominum(Prov. VII, 31). El paraíso de Dios es, en cierto modo, el corazón del hombre.
¿Dios os ama? Amadlo. (...)
Acostumbraos a hablarle de tú a tú, familiarmente, con confianza y amor, como a un amigo vuestro, el más querido que tenéis y que más os ama.
Y si es un gran error, como he dicho, tratar con Dios con desconfianza (...) mayor error será pensar que conversar con Dios sea aburrido y amargo.
No, no es verdad: Non ... habet amaritudinem conversatio illius, nec taedium convictus illius [pues no causa amargura su compañía, ni tristeza la convivencia con ella] (Sab. VIII, 16)
Preguntádselo a las almas que lo aman con amor verdadero, y os dirán que en las penas de sus vidas no encuentran nada mejor ni de más alivio que conversar amorosamente con Dios.
No es que se requiera de vosotros una aplicación continua de vuestra mente por la que os olvidéis de todos vuestros deberes y de vuestras distracciones.
Lo único que se os pide es que, sin descuidar vuestras ocupaciones, hagáis a Dios lo que hacéis en ocasiones a aquellos que os aman y a los que vosotros amáis.
Vuestro Dios está siempre junto a vosotros, es más, dentro de vosotros: In ipso... vivimus, et movemur, et sumus (Act. XVII, 28).
No hay portero para quien desea hablarle; es más, a Dios le gusta que le tratéis con confianza.
Tratad con El de vuestros asuntos, de vuestros proyectos, de vuestras penas, de vuestros temores, y de todo lo que os pertenece.
Hacedlo sobre todo, como he dicho, con confianza y con el corazón abierto, porque Dios no suele hablar con el alma que no le habla; ya que no estando habituada a tratar con él, entenderá poco su voz cuando le hablará.
El, sin esperar que vayáis a él, cuando deseáis su amor se os anticipa y se os presenta, trayendo las gracias y los remedios que necesitáis. No espera sino que le habléis para demostraros que está a vuestro lado y está dispuesto a escucharos y a consolaros (...).
Nuestro Dios habita en el alto del cielo, pero no duda en entretenerse día y noche con sus hijos fieles y comparte con ellos sus divinas consolaciones, de las que una sola de ellas supera todas las delicias que el mundo puede dar, y solo quien no las prueba no las desea: Gustate et videte quoniam suavis est Dominus (Ps. XXXIII, 9)". De las “Opere Ascetiche” de San Alfonso María de Ligorio, (CSSR, Roma 1933, Vol. I, pp. 316-318).
Oración - Jesús mio, ten piedad de mi. Yo te ofrezco éste mi corazón ingrato, pero arrepentido. Si, mi Redentor, me arrepiento sobre todo de averte despreciado. Me arrepiento y te amo con toda el alma. Si, mi Salvador, mi Dios, yo te amo, te amo. Y te ruego, recuérdame tú mismo, siempre, cuánto has sufrido por mi, para que yo no me olvide de amarte nunca más. (de S. Alfonso M. de Ligorio).
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"Obras todas del Señor, bendecid al Señor".-
¡Gloria y alabanza a ti, Santísima Trinidad, único y eterno Dios!
San Juan Crisóstomo (†14 de septiembre de 407) meditando el libro del Génesis, guía a los fieles de la creación al Creador, que es el Dios de la condescendencia, y por eso llamado también «padre tierno», médico de las almas, madre y amigo afectuoso. Une a Dios Creador y Dios Salvador, ya que Dios deseó tanto la salvación del hombre que no se reservó a su único Hijo. Comentando los Hechos de los Apóstoles propone el modelo de la Iglesia primitiva, desarrollando una utopía social, casi una «ciudad ideal». Trataba de dar un rostro cristiano a la ciudad, afrontando los principales problemas, especialmente las relaciones entre ricos y pobres, a través de una inédita solidaridad.
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Debido a la existencia de páginas excelentes sobre apologética y formación, lo que se pretende desde aquí es contribuir muy modestamente y sumarse a los que ya se interesan por el Evangelio de Cristo de manera mucho más eficaz.
Compendio del Catecismo de la Iglesia católica: ¿por qué no lo sabemos?
La fe de los sencillos - Una síntesis fiel y segura del Catecismo de la Iglesia católica. Contiene, de modo conciso, todos los elementos esenciales y fundamentales de la fe de la Iglesia. 2005. ¡No falte en el bolsillo de cada cristiano para aprenderlo!
Creer, celebrar, vivir y orar, esta y no más es la fe cristiana desde hace 2000 años, enseñada por la Iglesia Católica sin error porque Cristo la ilumina y sólo Él la guía.
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† Seguir a Jesús es apropiarnos de sus criterios, de sus actitudes y de su conducta, fieles en toda su doctrina, sirviendo a nuestro tiempo. †