“La persona humana, la única criatura con sentido moral, establece o destruye progresivamente su carácter con cada acto que realiza. Por lo tanto, uno se convierte en persona virtuosa por el propio acto de practicar la virtud, y en persona depravada por practicar actos de vicio y corrupción”.
El aborto es la forma más brutal de maltratar a los niños.
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El niño en estado fetal, «como tal ser humano tiene sus derechos: tanto como los ancianos, como los minusválidos, los subnormales, los incurables, lo "antisociales", todos aquellos a los que la permisión del aborto pone en la lista de los futuros condenados, porque no se les va a considerar personas humanas con derecho a la vida, sino partes molestas de una sociedad que no les desea».
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Ya no pensaremos que la democracia basada exclusivamente en el número de votos sustituye a la sabiduría.
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“Una eminente forma de caridad es la actividad política vivida como servicio a la polis, a la ‘cosa pública’, en la perspectiva del bien común”. Papa Benedicto XVI – 2006.IX.30
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"La práctica generalizada del aborto es tan mala o peor que el holocausto nazi. Lo que ocurre es que se difunden pocas imágenes de los miles de fetos muertos, y el mismo aborto produce en las mujeres que abortaron una reserva absoluta a hablar de ello".
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De hecho, con el aborto es ese crimen… ¡y cada madre abortera es una asesina!
Suele impresionarnos la brutalidad del exterminio en los campos de concentración. Pero imaginemos ahora un Auschwitz sin brutalidades, torturas ni humillaciones, higiénico, con trato "humano" y hasta amistoso, donde los destinados al exterminio sufrieran su suerte sin sufrimientos innecesarios, prácticamente sin darse cuenta... ¿Mejor o peor la pesadilla?
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“Cada hombre es en sí es digno de comprensión porque en él enraíza una dignidad radical que tiene un carácter misterioso” Miguel Delibes
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“Es un máquina demasiado perfecta y reflexiva, el hombre, como para aceptar que todo se reduzca a un proceso fisicoquímico que se desarrolla dentro de un tubo de carne”. 1972 Miguel Delibes
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El niño dentro del seno materno depende de la madre pero no es la madre.
De igual forma seguirá dependiendo cuando tenga 3 meses o tres años.
«La ética que respeta al hombre es útil también para la investigación y confirma que no es verdad que la Iglesia esté en contra de la investigación: está en contra de la mala investigación, de la que es dañina para el hombre»¸ concluye el eminente doctor y Obispo don Elio Sgreccia, constatando que todos los millones destinados a investigar con células embrionarias se han convertido en un derroche. 2007.XI.
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Aborto: … En un aspecto, sin embargo, sí tienen razón los que atribuyen al factor religioso cierta relevancia en este debate, porque la primera voz que proclamó la igual dignidad de todos los miembros de la familia humana fue precisamente la del cristianismo. Ni siquiera Grecia y Roma, con sus impresionantes legados filosófico y jurídico, llegaron a la cima de proclamar la fraternidad universal, que es de inequívoco cuño cristiano. Como en aquel chalet disparatado de Mi tío, de Tati, todo comunica. Esta sociedad occidental que a sí misma se llama postcristiana, y que se alimenta del relativismo multiculturalista, tiene como uno de sus objetivos preferentes la religión en general, los monoteísmos en particular, y, muy concretamente, el cristianismo, y no oculta esa hostilidad. En este sentido, me parece que una sociedad infectada de este virus tiene especialmente difícil comprender el espanto del aborto, y por eso convive con este genocidio silencioso como si tal cosa. Con todo, creo que la sociedad española todavía no ha llegado, ni mucho menos, a un punto de no retorno, y puede recuperar su propia estima rescatando esos principios y valores que han construido nuestra civilización y nuestra historia. Por eso están tan nerviosos los heraldos de la muerte. 2008
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«"La política debe servir al hombre": Esta fórmula dice muy poco y muy confusamente si no se tiene un verdadero concepto del hombre; fórmula que, en cambio, lo dice todo, y muy luminosamente, si se posee este auténtico concepto.
El filosofismo y la Revolución antes de corromper la política, y lo mismo dígase de la economía, corrompieron al hombre.
La Iglesia, en cambio, antes de dar una política cristiana, ordenó al hombre y nos dió al cristiano.
De aquí que sea esencial indicar qué es el hombre. Porque es manifiestamente claro que no puede ser igual la concepción de la política si hacemos del hombre un simple ejemplar de la escala zoológica que si hacemos de él un ser iluminado por la luz de la razón, con un destino eterno.
Y el hombre es esto: un ser con necesidades materiales, porque tiene un cuerpo, pero sobre todo con necesidades intelectuales, morales y espirituales, porque tiene un alma inmortal.
Y esto no surge de una consideración apriorística, sino que es la comprobación de lo que observamos en nosotros mismos por el sentido íntimo, en los demás por la observación, y por la historia en todo el correr de la existencia humana ».
Julio Meinvielle
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San Pío de Pietrelcina sobre el aborto
2009.X.16- 12:03:49, por Isaac García Expósito, 221 palabras
El aborto - Un día, el padre Romero le preguntó al Padre Pío: “Padre, esta mañana le ha negado la absolución a una señora por haberse hecho un aborto. ¿Por qué ha sido tan riguroso con aquella pobre desgraciada"?.
El Padre Pío contestó: “El día en que los hombres, asustados por el estampido económico, de los daños físicos o de los sacrificios económicos, pierdan el horror del aborto, será un día terrible para la humanidad. Porque es justo aquel el día en que deberían demostrar tener horror por ello. El aborto no es solamente homicidio también es suicidio. ¿Y con los que vemos sobre el dobladillo cometer con un solo golpe uno y otro delito, queremos tener el ánimo de enseñar nuestra fe? ¿Queremos recobrarlos o no"?
“¿Por qué suicidio"? preguntó el padre Romero .
“Tú comprenderías este suicidio de la raza humana, si con el ojo de la razón, vieras ´la belleza y la alegría´ de la tierra poblada de viejos y despoblada de niños: quemada como un desierto. Entonces entenderías la doble gravedad del aborto: con el aborto siempre se mutila también la vida de los padres”.
http://infocatolica.com/blog/fidesetratio.php/0910161203-san-pio-de-pietrelcina-sobre#more5425
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En cualquier lugar donde se encuentren dos ojos que miran con paz o miedo, allí hay cualquier cosa de celeste y es necesario honorarlo y defenderlo. El aborto es un asesinato frío y una de las formas más carniceras como crueles.
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La cuestión del aborto provocado nunca ha sido pacífica en EEUU. Desde la célebre sentencia mencionada, el debate ha sido siempre, día tras día, vivo, activo, apasionado. Los pro-life y los pro-choice han protagonizado un enfrentamiento permanente. Hace pocos años la tensión alcanzó las cotas más altas cuando se tuvo conocimiento público de que algunos médicos practicaban el aborto por nacimiento parcial. El escándalo fue enorme, y el médico acusado se defendió diciendo que no comprendía por qué tanto ruido si llevaba años haciendo lo mismo y si, al fin y al cabo, no hay diferencia conceptual entre unos abortos y otros. El médico tenía razón, pero el conocimiento de un método tan brutalmente agresivo para la sensibilidad común, en una época en que todo se mueve por estímulos sentimentales, no hizo sino aumentar el escándalo y el espanto colectivo que sacudió a los americanos, que se preguntaban qué clase de sociedad homicida estaban construyendo.
Las organizaciones abortistas saben que, en efecto, no hay diferencia conceptual entre los abortos, y que unas formas más carniceras que otras no son sino cuestiones periféricas, que no van al núcleo de la cuestión. Abortar es asesinar, la ciencia lo indica, no las religiones.
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«En cuanto aceptes la voluntad de Dios, el dolor no es dolor, porque esa cruz la lleva Él». San Josemaria Escriva.
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. Intolerancia es negar esta prerrogativa.
En un sistema democrático, los representantes de la Iglesia católica y de otras religiones tienen el derecho a proponer sin por ello ser acusados de «intolerancia».
Intolerancia sería el intento de los representantes religiosos de «imponer» sus convicciones o el tratar de negarles su derecho a la libre expresión.
«La distinción entre poder espiritual y civil no comporta alejamiento, indiferencia o incomunicabilidad, sino diálogo y confrontación al servicio del auténtico bien de la persona humana».
«Laicidad no es laicismo», una expresión del Papa Juan Pablo II. «El Estado laico asegura el libre ejercicio de las actividades del culto, espirituales, culturales y caritativas de las comunidades de creyentes. En una sociedad pluralista, la laicidad es un lugar de comunicación entre las diversas tradiciones espirituales y la nación».
«Si las comunidades religiosas manifiestan reservas o proponen alternativas respecto a decisiones legislativas o disposiciones administrativas, no debe ser considerado ipso facto como una forma de intolerancia, a menos que dichas comunidades, en vez de proponer, quieran imponer sus propias convicciones y ejercer presiones sobre la conciencia de los demás. Desde el lado opuesto, sería intolerante tratar de impedir que tales comunidades se expresen del modo indicado, o denigrarlas por el simple hecho de no compartir las decisiones que son contrarias a la dignidad humana».
Una de las preocupaciones más agudas de S. S. Benedicto XVI, es «el relativismo ético --que no reconoce nada como definitivo-- no puede ser considerado como una condición de la democracia, como si fuera lo único que garantiza la tolerancia, el respeto recíproco entre las personas y la adhesión a las decisiones de la mayoría».
«Una sana democracia promueve la dignidad de cada persona humana y el respeto de sus derechos intangible e inalienables. Sin una base moral objetiva, ni siquiera la democracia puede asegurar una paz estable».
«En el pleno respeto de la libertad de expresión, se han de disponer mecanismos o instrumentos coherentes con el orden jurídico de cada país, que defiendan los mensajes de las comunidades religiosas de la manipulación y eviten la presentación irrespetuosa de sus miembros. Y tampoco faltan en los medios de comunicación actitudes intolerantes y en ocasiones incluso denigratorias respecto a los cristianos y los miembros de las otras religiones». 2005.
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La Madre Teresa de Calcuta, al recibir el Premio Nóbel de la Paz en 1979, nos dejó este mensaje: "Si aceptamos que una madre pueda suprimir al fruto de su seno, ¿qué nos queda? El aborto es el principio que pone en peligro la paz en el mundo".
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ABORTO - Aspectos legales...
JAVIER GAFO
1. Aspectos sociales y legales
Uno de los problemas más candentes en los últimos años en el debate bioético ha sido el del aborto. Es verdad que la polémica ha remitido últimamente, pero sigue siendo un tema que suscita tensas polémicas y discusiones en cuanto se aborda desde distintos planteamientos.
Como se ha afirmado repetidamente, los temas en que se implica la vida y la muerte, el comienzo y el fin de la existencia, afectan profundamente a la conciencia humana, a niveles profundos de las convicciones personales, y no es fácil abordar estos problemas en un clima reposado y racional en el que no se mezclen vivas emociones e incluso actitudes agresivas. Si siempre es difícil crear un clima de objetividad en todo debate humano, la dificultad parece incrementarse cuando se tocan estos temas que se relacionan con el comienzo y el final del existir humano.
La realidad social del aborto es indiscutiblemente muy importante en el mundo. Ya hace bastantes años que la OMS daba la cifra de 30 millones de abortos anuales realizados en todo el mundo. Ha sido una cifra frecuentemente repetida -aumentada incluso hasta los 40-50 millones-, aunque su verificabilidad no es fácil. Cuando se ha producido el debate social sobre el tema del aborto, las oscilaciones de las cifras han sido muy importantes entre los partidarios de políticas liberadoras de esa práctica -que tendían a amplificar esas cifras—y los que se oponían al aborto, que daban números muy inferiores. La experiencia parece haber probado siempre que la realidad social del aborto no era numéricamente tan importante como la que indicaban los favorables a su legalización o despenalización. En efecto, incluso con legislaciones muy liberales respecto del aborto, la realidad numérica posterior a su despenalización ha sido bastante inferior a la que se afirmaba precedentemente.
Una tendencia parece repetirse con bastante frecuencia al aprobarse una nueva ley despenalizadora o legalizadora del aborto: inicialmente, las cifras son moderadas, para comenzar con cierta posterioridad un fuerte proceso de incremento que acaba estabilizándose -incluso con reducidos descensos- al cabo de un cierto número de años. Esta situación se ha dado en USA, después de la famosa sentencia del Tribunal Supremo Roe vs. Wade de 1973. En 1975 se llegó a la cifra de 1 millón de abortos, subiendo a millón y medio en 1979, número que se mantiene aproximadamente en este nivel desde entonces. En Gran Bretaña, Francia y la antigua República Federal de Alemania se han percibido tendencias similares.
En las líneas precedentes he hecho referencia a la legalización y a la despenalización del aborto. Son dos términos frecuentemente utilizados como sinónimos, pero que no lo son en realidad. Como ya he escrito en otra ocasión: «Una acción es legal cuando se mueve dentro de los cauces legales, y el que la realiza tiene derecho a ejecutarla, incluso reclamando que se proteja el ejercicio de esa acción. La conducta o acción contraria a la ley es ilegal, pero el Estado no actúa de la misma forma ante tal comportamiento: puede limitarse a no reconocer a dicha acción efectos legales, puede imponerla una sanción administrativa (por ejemplo en las multas de tráfico), o puede tipificar tal acción como delito, imponiendo una pena o sanción, es decir, "penalizando" tal acción. Esto significa, aplicándolo al caso del aborto, que la "despenalización" del aborto no significa su "legalización". Las legislaciones que han despenalizado meramente el aborto no imponen una pena al que lo practica en las circunstancias previstas, pero aquél no es un acto que tenga validez jurídica. No se reconoce el derecho a provocar el aborto y, menos aun, que se pueda reclamar la protección de ese derecho».
En España fue aprobada la llamada «dey del aborto» el 30 de noviembre de 1983. Ante el recurso previo de anticonstitucionalidad, la ley fue llevada al Tribunal Constitucional, cuya sentencia tuvo lugar el 11 de abril de 1985. Teniendo en cuenta el fallo de esta sentencia, la ley pasó de nuevo los trámites del Parlamento y del Senado, hasta que fue aprobado el artículo 417 bis del Código Penal, que fue publicado en el BOE del 12 de julio de 1985.
Este artículo del Código Penal queda así redactado:
1. No será punible el aborto practicado por un médico, o bajo su dirección, en centro o establecimiento sanitario, público o privado, acreditado y con consentimiento expreso de la mujer embarazada, cuando concurra alguna de las circunstancias siguientes: 1ª. Que sea necesario para evitar un grave peligro para la vida o la salud física o psíquica de la embarazada, y así conste en un dictamen emitido con anterioridad a la intervención por un médico de la especialidad correspondiente, distinto de aquél por quien o bajo cuya dirección se practique el aborto. En caso de urgencia por riesgo vital de la gestante, podrá prescindirse del dictamen y del consentimiento expreso.
2ª. Que el embarazo sea consecuencia de un hecho
Lo constitutivo de delito de violación del artículo 429, siempre que el aborto se practique dentro de las doce primeras semanas de gestación y que el mencionado hecho hubiese sido denunciado.
3ª. Que se presuma que el feto habrá de nacer con graves taras físicas o psíquicas, siempre que el aborto se practique dentro de las veintidós primeras semanas de gestación y que el dictamen, expresado con anterioridad a la práctica del aborto, sea emitido por dos especialistas del centro o establecimiento sanitario, público o privado, acreditado al efecto, y distintos de aquél por quien o bajo cuya dirección se practique el aborto.
2. En los casos previstos en el número anterior, no será punible la conducta de la embarazada, aun cuando la práctica del aborto no se realice en un centro o establecimiento público o privado acreditado o no se hayan emitido los dictámenes médicos exigidos.
A ello hay que añadir la reforma prevista en el proyecto de Código Penal, en el que se añade un nuevo supuesto en que no estará penalizado: «el aborto que se haya practicado dentro de las doce primeras semanas de gestaclon para evitar riesgos para la salud o integridad física o moral de la embarazada», en el caso de que «un médico ha certificado la existencia de un estado de angustia o ansiedad y un pronóstico de riesgo para su salud de continuar adelante el embarazo, atendidas, en su caso, sus condiciones personales, sociales o familiares». Se añade además un nuevo supuesto, que ciertamente será muy poco frecuente: cuando «el embarazo sea consecuencia de inseminación artificial no consentida» por la mujer.
2. Tipos de aborto
Tanto en la literatura moral, como en la legal, suelen distinguirse cuatro tipos de abortos, que son las indicaciones legales, asumidas por las legislaciones de muchos países.
El aborto terapéutico es el realizado cuando el embarazo pone en peligro la vida de la mujer embarazada. Esta situación ha quedado prácticamente superada como consecuencia del progreso de la medicina. Quedan algunas pocas situaciones excepcionales, en las que además el feto no va a ser viable (por ejemplo el caso del embarazo ectópico, en el que la implantación del embrión no acontece en el útero, sino, por ejemplo, en las trompas). En relación con la ley española, ya hemos indicado que se incluye aquí también la indicación terapéutica, cuando hay amenaza para la salud de la mujer.
Se suele hablar de aborto ético o humanitario -desde nuestro punto de vista sería mejor hablar de aborto criminológico- cuando el embarazo ha sido consecuencia de una acción delictiva, fundamentalmente violación o relaciones incestuosas. En estos casos se ha evaluado el riesgo de embarazo en torno a un 1% de todas las violaciones.
El aborto psicosocial es el realizado por razones personales, familiares, económicas, sociales... de la mujer. Es indiscutible que esta indicación incluye el máximo porcentaje de abortos realizados en el mundo.
Finalmente, el aborto eugénico -que preferiríamos calificarlo como de indicación fetal- es el planteado cuando existe riesgo de que el nuevo ser está afectado por anomalías o malformaciones congénitas. Nos parece importante extendernos con mayor amplitud en este tipo de aborto.
Hoy el diagnóstico prenatal ha desarrollado una serle de técnicas que permiten una Importante aproximación al conocimiento del no-nacido. Las más importantes son:
- Ecografía (16 a 24 semanas).
- Estudio del líquido amniótico o de alfa-proteína materna (16 a 18 semanas).
- Análisis citogenético de las células cultivadas procedentes del líquido amniótico (15 a 16 semanas).
- Biopsia de las vellosidades coriales (9 a 11 semanas).
- Estudio de sangre fetal (18 a 22 semanas).
- Análisis genético y bioquímico de material cromosómico de las células del líquido amniótico.
- En un futuro muy próximo será posible estudiar directamente células aisladas, tomadas del blastocisto o mórula de embriones in vitre (incluso con posibilidad futura de terapia génica).
Exponemos las técnicas más utilizadas. Algunas de ellas son inocuas, mientras que otras comportan pequeños riesgos. No comporta ningún riesgo la ecografía. En el caso de la amniocentesis, las pérdidas embrionarias se sitúan entre el 0,25-0,50%, subiendo al 1,5% en la biopsia coriónica; el estudio de sangre fetal conlleva un riesgo del 1-1,5% de pérdida fetal.
La amniocentesis consiste en la extracción de una pequeña cantidad del líquido amniótico y el ulterior cultivo y estudio de las células fetales. Esta técnica permite, en torno a las 20 semanas de embarazo, un diagnóstico, en principio cierto, de cualquier anomalía cromosómica del feto (por ejemplo el mongolismo o síndrome de Down, las anomalías de los cromosomas sexuales). También permite, a través de los niveles de la alfa fetoproteína, el diagnóstico de un relevante riesgo de anencefalia o de falta de cierre del tubo neural que originará un niño nacido con espina bífida. Igualmente posibilita, por las características de la composición del mismo líquido, diagnosticar la probabilidad de enfermedades metabólicas que va a padecer el niño.
Otra posibilidad de diagnóstico prenatal es la biopsia de las vellosidades curiales, que consiste en un sencillo raspado del corión, la estructura externa del huevo, constituida por células fetales y cuyo estudio permite un diagnóstico similar de anomalías cromosómicas, que puede conseguirse, en este caso, en torno a las 12 semanas. También debe hacerse referencia a la ecografía, que a través de ondas sonoras permite conseguir imágenes del mismo feto y que ofrece un gran campo de posibilidades diagnósticas.
Además hay que añadir las nuevas posibilidades abiertas también aquí por el desarrollo de la genética, que permite, mediante técnicas complejas, que incluyen las llamadas sondas de ADN, determinar ciertas alteraciones genéticas en el embrión. La última técnica que citamos es la fetoscopia, consistente en la introducción de un aparato óptico en el interior de la bolsa amniótica, que permite la visualización directa del feto.
Además hay que citar toda una gama de agentes teratogénicos que pueden afectar a la mujer embarazada y tener una más o menos probable acción malformativa sobre el niño. El problema se planteó de forma dramática en el caso de la talidomida y ha sido continuado posteriormente por los accidentes de Seveso (Italia) y Chernobyl. Hay además una serie de enfermedades que originan una acción malformativa sobre el feto: la más citada es la rubeola, pero igualmente hay que hacer referencia a la toxoplasmosis, la sífilis... Hoy el tema se presenta con especial actualidad y dramatismo en torno al SIDA. Si la mujer embarazada es portadora del VIH, tiene una probabilidad en torno al 30% de que el niño sea asimismo portador, de los que aproximadamente la mitad desarrollarán la enfermedad y morirán antes de los dos años. A ello hay que añadir, en un cuadro realmente dramático, los niños gestados en mujeres drogodependientes y que nacen con la misma dependencia que afecta a sus madres.
Del 4 al 6% de los niños nacen con alguna malformación, de las que la mitad son leves, mientras que las restantes son graves o letales. Estas malformaciones congénitas se deben a diversos factores. En la mitad de los casos, la causa de la anomalía es desconocida. Se calcula que el 10% se deben a causas ambientales (infecciones de la madre, ingestión de fármacos durante el embarazo, fiebre...).
El 10 al 20% de las malformaciones se heredan de acuerdo con las leyes de Mendel, siendo la mayoría debida a una multiplicidad de factores (herencia poligénica o multifactorial). En los casos típicos, estas malformaciones afectan a un único órgano, como el corazón, labio leporino, fallo en el cierre del tubo neural...
La ecografía puede mostrar la existencia de defectos funcionales y estructurales y permite seguir el curso de determinadas enfermedades del feto, tal como la hidrocefalia. El diagnóstico ecográfico de la anencefalia es de gran seguridad; está creciendo el diagnóstico de las anomalías cardíacas.
El estudio de la sangre fetal y la amniocentesis se están complementando por el estudio del ADN de las células fetales. La sangre fetal puede servir para diagnosticar algunas enfermedades hereditarias (existentes en algún miembro de la familia), tales como la enfermedad de Tay-Sachs, fenilcetonuria, hemofilia, distrofia muscular, fibrosis cística y las hemoglobinopatías comunes). La alfaproteína materna es elevada en casos de falta de cierre del tubo neural; también existen posibilidades de diagnosticar la trisomía 18 ó 21. El diagnóstico prenatal no termina siempre en aborto, en caso de que sea positivo. Varios especialistas subrayan que son técnicas que salvan más vidas de las que acaban en el aborto, ya que el diagnóstico es muy frecuentemente negativo. El diagnóstico puede servir para que los padres se preparen ante el nacimiento del niño o a que se lleve rápidamente al recién nacido a un centro perinatológico. En algunos pocos casos es posible el tratamiento in útero.

Sonrisa a la semana 26
3. El comienzo de la vida humana
En toda la discusión ética sobre el aborto hay una interrogante fundamental. Frecueutemente esa pregunta viene formulada así: «¿Cuándo comienza la vida humana en el desarrollo embrionario?», o «¿desde cuándo existe un ser humano o una persona humana?». Esta interrogante, aunque ya diremos posteriormente que debe ser matizada, es básica en el debate sobre la eticidad de la interrupción del embarazo. Las principales opiniones sobre este punto básico pueden resumirse en el cuadro adjunto:
Comienzo del derecho a la vida Fase embrionaria Día o mes
Fecundación Zigoto Primer día
Anidación Blastocito 14 días
Fin de organogénesis Feto Dos meses
Viabilidad Niño prematuro 21 semanas
Nacimiento Recién nacido
a término 9 meses
Criterios relacionales ? ?
Exponemos los argumentos en que se basan las posturas citadas:
1. La fecundación. La opinión oficial de la Iglesia católica afirma que el derecho a la vida del nuevo ser arranca desde el momento de la fecundación, es decir, desde el momento en que se constituye la realiciad biológica del zigoto o célula-huevo, resultante de la fusión del óvulo y del espermatozoide. Es importante subrayar que el proceso de fecundación no es un hecho puntual e instantáneo, sino que la singamia o unión del complemento cromosómico de las células germinales masculina y femenina dura varias horas. Esta postura es compartida igualmente por otras personas, aunque no estén incluidas dentro del campo católico.
De acuerdo con esta posición, la fecundación constituye un salto cualitativo en relación con las células germinales precedentes antes de su fusión. El zigoto resultante tiene una relevancia equiparable a la del recién nacido por las siguientes razones:
- Es una realidad biológica humana: aunque su apariencia externa sea equiparable al zigoto de otras especies animales, sin embargo, atendiendo a sus factores genéticos -a los aproximadamente 50-100.000 genes característicos de nuestra especie- hay que decir que la información genética existente en la célula-huevo es humana y solamente humana.
- En la información genética existente en el zigoto se «prefigura» el individuo humano que se va a desarrollar a partir de aquél. Indiscutiblemcnte, los factores que actúan durante el desarrollo embrionario van a jugar un papel muy importante en el troquelado del nuevo ser. Sin embargo hay que decir que cada ser humano -excepto en el caso de los gemelos monozigóticos- es un ser único e irrepetible en la historia de la humanidad y que su singularidad e irrepetibilidad está ya presente en ese zigoto del que tomó origen su ulterior desarrollo. No se trata de reincurrir en el «preformismo», la teoría científica del s. XVIII que creía que el nuevo ser estaba ya totalmente preformado en las células germinales, especialmente en el espermatozoide; teoría sostenida por los «homunculistas», en oposición a los «ovulistas»-, pero sí de afirmar quc la base genética, que tiene un básico influjo en la constitución de cada ser humano, está ya marcada desde la fecundación y que se va a mantener hasta el fin de la vida del individuo.
- En el debate sobre el aborto se ha afirmado con frecuencia que el embrión o el feto son una parte del cuerpo de la madre, de la que ésta, por tanto, puede disponer como de un apéndice. Esta afirmación es, biológicamente y con toda claridad, falsa. El nuevo ser no es una parte del organismo materno, sino una realidad biológicamente ciistinta -y que sin embargo, sorprendentemente, no es rechazada como un «cuerpo extraño»-, que muy desde el principio comienza a dirigir su propio proceso de desarrollo, sintetizando sus propias proteínas y enzimas, que son distintas de las de su madre. El nuevo ser es, durante el desarrollo embrionario, sumamente dependiente del organismo materno, pero es, al mismo tiempo, autónomo, ya que es él mismo el que dirige su propio proceso de desarrollo. Utilizando una comparación, puede decirse que el nuevo ser es «arquitecto» de sí mismo en un doble sentido, ya que posee los «planos» de lo que él mismo va a ser y organiza, mediante la síntesis de sus propias proteínas, su propio proceso de construcción; la madre le da albergue, le proporciona el «material» alimenticio y energético necesario, pero es el mismo nuevo ser el que, casi desde su misma constitución, dirige su desarrollo.
- Finalmente, se subraya desde esta postura la continuidad del proceso de desarrollo embrionario que se instaura desde la fecundación. Este proceso participa del mismo carácter de continuidad inherente a todos los procesos vitales. A los ojos de la embriología, el desarrollo embrionario aparece como un proceso continuo, en el que progresivamente se van actualizando, de forma gradual y continua, todas las potencialidades ya presentes en el zigoto; todo intento de marcar fronteras en ese desarrollo -que delimiten una fase «subhumana» de otra «plenamente humana»- suscita el interrogante sobre la artificialidad de tal frontera, ya que el proceso de desarrollo embrionario es un continuum, una vez que se ha producido el salto desde las células germinales hasta la constitución del zigoto.
2. La anidación. La fecundación acontece en el tercio superior de las trompas, y el nuevo ser comienza a avanzar por las mismas en un proceso que dura aproximadamente tres o cuatro días; finalmente penetra en el útero, en cuyo interior o lumen queda libre durante dos o tres días más. Aproximadamente una semana después de la fecundación, en la fase biológica de blastocisto, el huevo comienza a emitir unas pequeñas raicillas o villi, con las que anida o se implanta en el endometrio, en el que continuará su ulterior proceso de desarrollo. El proceso de anidación finaliza 12 o 13 días después de la fecundación. Hay autores que dan una especial relevancia a la anidación como momento significativo en el desarrollo embrionario, especialmente por dos razones relevantes:
- Hasta que finaliza el proceso de anidación se mantiene abierta la posibilidad de división del nuevo ser, dando origen a los gemelos monozigóticos idénticos. Normalmente esta división acontece antes, pero puede retrasarse hasta la finalización de la implantación (en este caso, los gemelos vendrán en la misma bolsa amniótica y compartirán la misma placenta). En sentido contrario, se da también el quimerismo, es decir, la fusión de dos embriones -que pueden ser incluso de distinto sexo- en un único embrión, por tanto, tal como ha formulado muy acertadamente Lacadena, hasta que finaliza el proceso de implantación el nuevo ser no es «ni uno, ni único», ya que puede dividirse en dos o más y, en sentido contrario, dos embriones pueden fundirse en uno solo. Esto significa que algo tan característico del ser humano como es su individualidad, el ser él y no otro, no está definitivamente determinado hasta aproximadamente dos semanas después de la fecundación.
- Toda una serie de investigaciones -últimamente de forma especial en relación con la fecundación in vitro- llegan a la conclusión de que es muy elevado el número de abortos espontáneos antes de finalizar la anidación, de tal forma que en torno al 70% de los óvulos fecundados no llegan a realizar su implantación. Más aún, varios trabajos parecen indicar que un número muy importante de estos abortos espontáneos se da en embriones cromosómica o genéticamente anómalos que, de continuar su desarrollo, estarían destinados a dar origen a un niño con graves anomalías. Esto parece significar que la anidación funciona como un «rubicón» a traves de la cual se «corrigen» los frecuentes errores que acontecen en el proceso de fecundación, y que, de esta forma, se evita un incremento del nacimiento de niños con malformaciones.
- Otros autores confieren un especial relieve a la anidación por el hecho de que la frontera de los 14 días coincide también con la constitución de la línea primitiva o cresta neural, el primer esbozo del sistema nervioso (así lo hace, por ejemplo, el Informe Warnock, al que aludiremos más tarde en relación con las nuevas técnicas de reproducción humana). También se insiste en que, con anterioridad a esa fecha, no es posible, con los métodos diagnósticos habituales, determinar la existencia de una gestación, pero creemos que los dos argumentos citados precedentemente son los que pueden poseer un especial valor.
3. Finalización de la organogénesis. El proceso de desarrollo embrionario es sumamente rápido. Hablando de una forma simplificada, puede decirse que en el primer mes de desarrollo se ponen los «cimientos» del niño que va a nacer: ya tiene una forma alargada, se ha constituido el apéndice cefálico, existe un rudimento de los ojos, del corazón, hígado, de la columna vertebral... Al finalizar el segundo mes, el aspecto externo es ya claramente humano, aunque lógicamente menos acabado que el del recién nacido: se ha constituido la cabeza con sus ojos, nariz, boca....; se han formado las extremidades; se han constituido la mayoría de los órganos internos que, en algunos casos, son ya funcionales...Precisamente para marcar esta apariencia humana y que, fundamentalmente, ha finalizado el proceso de constitución de los órganos humanos, la medicina deja de hablar de embrión y comienza a referirse al nuevo ser como feto. A partir de este momento, los siete meses restantes del desarrollo embrionario van a significar un proceso de maduración, de crecimiento en tamaño y en peso, pero ya no van a añadir algo sustantivo a esa realidad de 3 cm de tamaño que se ha formado al finalizar los dos primeros meses.
Los autores que dan relieve especial a este momento subrayan el valor antropológico de un ser cuya apariencia es ya humana y en el que están ya constituidos los órganos característicos del individuo humano. La calidad y el status humanos del nuevo ser parecen imponerse con especial fuerza a la sensibilidad cuando estamos ante un ser cuya apariencia es claramente humana.
En torno a este planteamiento hay que citar la opinióon que pone un especial relieve en el comienzo de la actividad eléctrica del cerebro del nuevo ser. Se relaciona de esta forma el inicio de la existencia de un nuevo ser humano con el final de la vida. Entre los criterios diagnósticos de muerte se ha dado un valor especial a la falta de actividad eléctrica cerebral, constatada a través de un EEG plano. De ahí que se recurra al mismo criterio para diagnosticar el comienzo del existir humano, y que únicamente cuando existe una actividad eléctrica cerebral en el nuevo ser se pueda hablar de una verdadera existencia humana. Al mismo tiempo, se subraya el valor del cerebro como el órgano más específicamente humano, ya que será el que posibilite el desarrollo de un psiquismo humano. Varios estudios afirman que el comienzo de la actividad eléctrica cerebral y la existencia de un EEG no-plano es muy temprana en el feto, de tal forma que ya existe una débil actividad en torno a los 43-45 días después de la fecundación, cuando aún no se ha alcanzado la fase fetal.
4. La viabilidad. Es la capacidad del nuevo ser de poder vivir fuera del útero, aunque sea con una especial apoyatura médica. En el campo de la perinatología se ha dado un espectacular desarrollo en los últimos 20 años, de tal forma que hoy son viables niños prematuros que no lo eran hace poco. Es éste un punto especialmente grave en la actual discusión sobre la eutanasia. En cualquier caso, cuando el feto es viable, es posible la ruptura de esa relación radical de dependencia respecto de su madre; ya no se requiere el organismo materno para que el feto pueda alimentarse o respirar. La existencia de esta nueva situación, el hecho de que el nuevo ser comience a vivir fuera del claustro materno y que comience a existir, aunque sea de una forma incipiente, como «ser social», le confieren un status ya plenamente humano y un derecho a la vida equiparable al recién nacido después de una gestación completa.
5. El nacimiento. Es la postura del Derecho Romano, para el que el derecho a la vida del nuevo ser arrancaba desde su nacimiento. En realidad, esta postura no es claramente diferenciable de la precedente, aunque podría tener especial aplicación en relación con la problemática de la asistencia que debe prestarse a los prematuros, sobre la que hablaremos más tarde en el capítulo dedicado a la eutanasia.
6. Los criterios relacionales. Existe un grupo de autores que aporta una argumentación sugerente a esta discusión. Parten de una crítica básica a los planteamientos precedentes: el de intentar delimitar la realidad humana del nuevo ser basándose en criterios estrictamente biológicos (fecundación, anidación, EEG...). Consideran que el ser humano es mucho más que sus estructuras biológicas y que, por tanto, no puede definirse por la existencia de tales estructuras, ya que sería incurrir -como dicen algunos- en un craso materialismo.
Por otra parte, subrayan, con razón, la importancia de las relaciones interhumanas para que se realice el proceso de personalización, aludiendo, por ejemplo, a los llamados «niños-lobos», que no desarrollan un psiquismo ni una personalidad humana, porque les ha faltado un ambiente humano a su alrededor que les humanice y les personalice. Basándose en estos presupuestos, estos autores consideran que existe desde el principio un «ser humano», pero que no está aún «plenamente humanizado». Este salto hacia la plena humanización depende de las relaciones que entablen con él las personas que le rodean, especialmente los padres. Recurren, por tanto, para delimitar el carácter específicamente humano del nuevo ser, no a los datos biológicos, sino a «criterios relacionales», citando algunos en concreto: la aceptación, el reconocimiento del nuevo ser como humano, el que haya sido procreado intencionalmente, el que esté destinado a vivir (en relación con las técnicas de fecundación in vitro)... Algunos autores afirman que este planteamiento relacional tiene su aplicación únicamente al comienzo de la gestación -sin especificar más-, mientras otros no especifican límites cronológicos a esta forma de argumentar. Nos parece que este planteamiento, exprcsado explícitamente por un grupo de autores, existe de forma difusa en las posturas de bastantes personas en relación con el aborto: no se concede el derecho a la vida a un ser que no es aceptado por su madre, al que no se le reconoce un carácter humano>, al que no ha sido o es ahora deseado o no ha sido procreado intencionalmente...
Antes de abordar la problemática ética del aborto y en relación con las líneas precedentes, nos parece importante delimitar algunas cuestiones previas. Ante todo hay que subrayar que determinadas preguntas que se realizan habitualmente en torno a esa discusión pueden carecer de sentido: «el embrión, el feto, ¿son vida, ser humano, persona humana?. Evidentemente, la respuesta a este interrogante va a depender del contenido que incluyan los conceptos de «vida», «ser» o «persona» humana, que varía según las opiniones existentes. Nadie puede negar que la realidad biológica existente desde la fecundación, el zigoto, es indiscutiblemente humana, pero esto no significa automáticamente -como lo pretenden algunos autores- que se trate ya de un pleno ser humano cuya vida tenga que ser respetada absolutamente. En cualquier caso, toda discusión ética que se plantee en relación con el aborto debe tomar, como punto de partida, tres hechos científicamente incuestionables respecto del zigoto:
- Se trata de un ser vivo.
- Es biológicamente humano.
- Posee, en principio, la capacidad de dar origen a un recién nacido al que le atribuimos un derecho básico a la vida.
Esto nos lleva a la pregunta que, desde nuestro punto de vista, es central en todo discurso ético sobre la interrupción del embarazo: dado que atribuimos al ya-nacido un derecho básico a la vida, ¿hasta qué punto este derecho es extendible a las etapas previas del desarrollo embrionario, por qué sí y, en su caso, por qué no? Como indicábamos previamente, plantear esta discusión desde el concepto de «ser» o «persona» humanas lleva este debate a un terreno de imprecisión, ya que los conceptos de «ser humano» o «persona humana» contienen un ingrediente inevitable de incertidumbre y de ambigüedad. En la discusión pública sobre el aborto se tiende a dar un exagerado relieve a las opiniones expresadas por los biólogos o los médicos sobre el comienzo del derecho a la vida en el desarrollo embrionario. Parece como si existiese una expectativa, aunque no esté normalmente explicitada, de que son los científicos -del signo que sean- los que tienen la última palabra para aportar luz ética a toda esta discusión; como si fuesen ellos la máxima autoridad para dilucidar si estamos ante un ser humano o no. Esta pretensión carece de sentido. El biólogo o el médico nos aportan unos datos científicos neutros sobre el embrión o el feto en las diversas etapas de su desarrollo. Pero ya no es el científico, en el ámbito de su competencia, el que da juicios de valor sobre la realidad embrionaria, sino el hombre de ciencia que especula filosóficamente sobre los datos aportados por la biología o por la embriología. Repetimos que todo discurso ético sobre la problemática del aborto debe tomar, como punto de partida, las aportaciones científicas lo más completas posibles sobre el desarrollo embrionario, pero después debe instaurarse una reflexión filosófico-ética -y en su caso teológica- que esta ya fuera del ámbito estrictamente científico.
Es lo que acontece respecto del valor o status del recién nacido. Los datos médicos nos aportarán una serie de conocimientos sobre las características del nuevo ser: su sexo, peso, estado de madurez, normalidad o anormalidad... Pero la pregunta sobre el valor de tal vida humana rebasa el ámbito de competencia de la perinatología. Si afirmamos que la vida del recién nacido debe ser respetada, lo hacemos no en virtud de los datos médicos aportados por los científicos, sino basándonos en una reflexión ética, al menos implícita, que nos lleva a afirmar la inviolabilidad de tal ser. Este planteamiento es totalmente aplicable a la discusión ética sobre el aborto. Dicho concretamente, el Dr. Nathanson, ni en su época abortista ni en la antiabortista goza de una peculiar autoridad, como médico y en el ámbito de su competencia, para dilucidar la cuestión ética sobre el aborto.
4. La Biblia, la tradición de la Iglesia y el aborto
4.1. La Biblia y el aborto
La Iglesia católica es el grupo social que más se ha opuesto y se opone al aborto; algo similar puede decirse, aunque no de una forma tan marcada, respecto de las otras Iglesias cristianas. Y, sin embargo, es llamativo el constatar cómo la Biblia, el mensaje revelado, no contiene ningún texto en el que, de forma clara y explícita, se condene la práctica del aborto.
El quinto precepto del decálogo contiene el «no matarás», que ha sido utilizado también para descalificar el aborto. Pero es claro que no se refiere directamente al tema del aborto, además de que para los comentadores de la Biblia hay práctica coincidencia en afirmar que el autor del decálogo no pensaba en el aborto dentro del precepto de «no matarás». Hay un texto veterotestamentario que fue utilizado por la tradición de la Iglesia, en una traducción incorrecta, para condenar el aborto. En Ex 21,22-23 se impone la pena a un hombre que, en el curso de una reyerta, hiere a una mujer embarazada provocándole involuntariamente el aborto. La pena impuesta, en la traducción correcta de este texto, es el pago de una multa al marido de la mujer, si únicamente se provoca el aborto; si la mujer embarazada sufre además alguna lesión, se aplica al causante la ley del talión. Este texto fue incorrectamente traducido por la versión alejandrina de los Setenta, probablemente por influjo de los conocimientos médicos de la época y el pensamiento de Aristóteles: si el feto abortado carecía de forma humana, el causante del aborto queda obligado a pagar una multa, mientras que se le aplica la ley del talión si el feto ya tenía forma humana. Esta incorrecta traducción -que será la utilizada básicamente por la primera Iglesia hasta la Vulgata- tendrá su impacto en la ulterior tradición de la Iglesia. Pero subrayemos que, en la correcta traducción, únicamente se impone una multa en el caso del aborto involuntario.
Hay otro texto condenatorio del aborto en el Antiguo Testamento. En los juicios que pronuncia Amós contra las naciones limítrofes de Israel, afirma lo siguiente respecto de los amonitas: «¡Por los tres crímenes de los hijos de Amón y por los cuatro, seré inflexible! Por haber reventado a las mujeres encintas de Galaad para ensanchar su territorio» (Am 1,13). Creemos, de acuerdo con los comentarios de este texto, que tampoco puede considerarse como un texto explícitamente condenatorio del aborto; lo que parece descalificarse es el comportalniento ambicioso de los amonitas que «abrían en canal» -así se expresa alguna traducción- a las mujeras de Galaad para que no tuviesen descendencia y pudiesen ocupar fácilmente su terrltorio.
Sin embargo, aunque no existan textos explícitos que condenen el aborto, sí hay una serie de intuiciones éticas básicas en el Antiguo Testamento, que llevarán a considerar posteriormente el aborto incompatible con la fe cristiana. Habría que hacer aquí referencia a los muchos textos bíblicos que expresan el señorío de Dios sobre la vida del hombre, la condena del derramamiento de sangre del inocente, el valor del débil e indefenso a los ojos de Dios y, especialmente, varios textos veterotestamentarios en los que se presenta un cuidado y una providencia especial de Dios sobre la vida que se está gestando (que aparece en la vocación de varios profetas y, de forma bella, en el Salmo 139, 13: «me has tejido en el vientre de mi madre»).
Tampoco el Nuevo Testamento contiene ningún texto en el que se condene clara y explícitamente el aborto. En este caso, la polémica surge respecto de la condena de los pharmakeia, que hace Pablo en Gál 5,20 y que han sido interpretados como productos abortivos. Sin embargo la tendencia dominante actualmente es a considerar que el término pharmakeia alude a sustancias de acción mágica. Tal es la frecuente traducción actual: «hechicería», «magia»... La condena de estas sustancias aparece citada otras cuatro veces en el Apocalipsis (9,21; 18,23; 21,8, 22,15).
Fuente: www.mercaba.org
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Y juicio final.
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Carta del presidente de la Federación Internacional de Asociaciones Médicas Católicas
BARCELONA, sábado, 09 diciembre 2006.- Publicamos la carta a los médicos católicos de todo el mundo sobre «La relación del médico con la moral», escrita por el doctor José María Simón, presidente de la Federación Internacional de Asociaciones Médicas Católicas (F.I.A.M.C.)
* * *
Distinguidos colegas:
La relación del médico con el moralista no ha sido siempre fácil. Numerosos compañeros de distintos países piden algunas reflexiones para ayudarles a ejercer la profesión médica con seguridad moral. Uno de los requisitos de esta seguridad moral es la consulta frecuente con expertos para iluminar la conciencia profesional. Ésta, para ser eficazmente humana, debe estar bien formada y correctamente informada y debe ser frecuentemente afinada en su búsqueda permanente de la verdad. En los últimos tiempos, dada la naturaleza de las respuestas de los expertos, es bueno hacer algunas precisiones sobre la calidad y el alcance de las mismas.
LA LEY NATURAL EXISTE
La ley natural es la capacidad de la recta razón humana para conocer y adherirse a la verdad. Hay que decir que ningún profesional como el médico palpa tanto la existencia de esta ley.
Aunque la ley natural no coincide con la ley biológica, sabemos perfectamente que si minusvaloramos la fisiología humana, por ejemplo, nuestros pacientes irán mal. Nadie puede, por ejemplo, comer piedras sin transgredir las leyes de nuestro cuerpo y, por tanto, enfermar. Esto nos puede ayudar a comprender que hay también una ley que nos ayuda a valorar la dignidad humana. Todos «sabemos» que matar a un ser humano inocente está mal. O que robar está mal. Sabemos que si no consideramos al ser humano como un ser también psicológico, espiritual, familiar y social, nuestra función de transformar el sufrimiento en bienestar (los médicos somos como nazarenos, como cirineos, que ayudan a soportar el peso de la enfermedad y el dolor) no alcanzará jamás plenamente sus objetivos.
Aunque la mayoría absoluta de los habitantes del planeta Tierra creen en un Ser Supremo, resulta que, en las sociedades occidentales, muchos pensadores y creadores de opinión no creen. También a ellos podemos darles razones naturales de lo que es bueno o malo para el ser humano. Es más, a veces será con estas razones con las que percibirán lo sublime de nuestro pensar.
Vista la existencia de la «ley natural», dada su complejidad (aunque algunas normas sean bien simples) y siendo obvio que los seres humanos padecemos desde Adán serias limitaciones, nos podemos preguntar si hay alguna instancia última que interprete correctamente esta ley. Numerosos grados jurisdiccionales intermedios ayudan o perturban en la percepción de la ley. Nuestra instancia última personal es nuestra conciencia profesional personal, que será quien desencadenará las decisiones sobre los actos médicos. De hecho, cada uno con su sola razón puede llegar muy lejos en la búsqueda de la verdad. Pero existe una instancia segura, auténtica y objetiva, y por tanto útil y buena, de interpretación general de la ley, algo que nos impide cometer errores de bulto para con el ser humano y que además busca la felicidad trascendente de las personas.
Dios es el Creador del universo y del hombre. Y, como dice alguna constitución política, Dios ha hecho al hombre libre. Libre de escoger la verdad y el bien. Pero también libre de optar por el mal. La experiencia indica que bien y mal se entremezclan en un sinfín de tonalidades en el interior de nuestras estructuras sanitarias. Si el mal existe, también existe la confusión, el error. Tanto el error culpable como el no-culpable (¡contra ambos debemos combatir!). Es más, es posible que algunas personas estén especialmente empeñadas en extender la confusión. Además, el mal puede establecer verdaderas «estructuras de pecado», lugares, establecimientos o leyes que no sirvan al ser humano.
LA IGLESIA INTERPRETA LA LEY NATURAL
Nuestro Creador ha dispuesto que sea la Iglesia quien interprete de manera auténtica la «ley natural». Además, custodia todo aquello que Él mismo ha Revelado y no se halla en la naturaleza. Los seres humanos estamos en este mundo de paso y de prueba, alejados hasta cierto punto de Dios pero en absoluto dejados de su mano. En el Padrenuestro decimos «Padre nuestro que estás en el Cielo», lo cual ya indica que nosotros estamos en otro nivel, en un no-Cielo. «Venga a nosotros tu Reino» y «líbranos del mal» nos indican claramente que hay un estado mejor que puede venir y aún no ha venido plenamente y que el Creador lo puede todo. En este no dejarnos solos, disponemos del servicio que nos brinda el Magisterio de la Iglesia. La Iglesia habla con lenguaje humano (y en distintos idiomas) sobre todo lo que acontece al hombre.
Otra verdad que percibe nuestra experiencia propia e histórica es la realidad del progreso de la Medicina. Y ello independientemente de que haya habido también avances, retrocesos y asimetrías según los países y las culturas. Los seres humanos tenemos un montón de sorpresas para descubrir en la misma naturaleza y somos capaces de inventar y construir infinidad de cosas, lo que hace del vivir una experiencia apasionante y nunca acabada.
El progreso debería avanzar con las dos piernas: ciencia y ética. En los últimos años ha hecho fortuna el nombre y el contenido de una supuesta nueva disciplina, la Bioética. Personalmente creo que los médicos ya disponíamos, muchos años antes, de disciplinas equivalentes. Recientemente he leído libros de Moral médica y de Deontología profesional de principios del siglo pasado y no dejan de ser tratados de Bioética…
EL MAGISTERIO ACOMPAÑA EL PROGRESO DE LA MEDICINA
El progreso de la Medicina va también acompañado de un despliegue del Magisterio de la Iglesia. Las nuevas técnicas, los nuevos descubrimientos, interpelan a los médicos, los cuales encuentran apoyo en el Magisterio. Apoyo es seguridad. La seguridad moral es necesaria en el ejercicio de nuestra profesión. El Magisterio ilumina la conciencia profesional para que pueda ejercer en el bien, adaptándose a los tiempos y momentos de los avances. El Magisterio interviene después de considerar los datos obtenidos por las ciencias experimentales. No nos ahorra el esfuerzo de estudiar el mundo por nosotros mismos. Al contrario, nos impele a ello de hecho y de derecho.
El sentido común eclesial nos dice que, si bien todos los bautizados somos Iglesia y le aportamos nuestro granito de arena, quien ejerce el Magisterio de la Iglesia son el Papa y los obispos en comunión con él. No puede ser de otra manera. El Todopoderoso se hizo uno de nosotros y dejó unos representantes, actúa cuando quiere y como quiere, pero se adapta a la lógica inscrita por Él mismo. No razonable que cualquiera y de cualquier manera produzca Magisterio o pretenda interpretar auténticamente la «ley natural».
Así pues, cuando aparece un documento papal o episcopal sobre un tema de interés propio de la profesión, el médico católico debería mirar críticamente a la legión de teólogos moralistas que lo interpretan y reinterpretan en diversos medios de comunicación. ¡Como si el Papa no escribiera con claridad! ¡Como si los médicos católicos no pudiéramos entender por nosotros mismos! No se puede ofender la inteligencia de los profesionales ni de la población general. Ya sé que algunos teólogos tienen el respaldo de numerosas publicaciones, son profesores de universidades de prestigio desde hace años o mantienen lazos de amistad con nosotros. La emotividad puede tumbar cabezas muy bien amuebladas y, por el contrario, también hacer entender por otra vía al que no entiende por la vía de la razón.
El común de los mortales comprende el dicho que dice «donde hay patrón, no manda marinero». Esto debería bastar para acallar a quien suplanta descaradamente funciones que no le son propias.
Es capital tener en cuenta que, al igual que sucede en el caso de las apariciones o revelaciones personales, lo público en la Iglesia prima sobre las enseñanzas privadas. Así, las enseñanzas públicas de la Iglesia sobre los temas que nos afectan tienen siempre prioridad y veracidad. Las enseñanzas privadas de teólogos se tienen que poner en cuarentena siempre si contradicen el Magisterio. E incluso si parecen contradecirlo. Uno de los principios de la comunicación en la Iglesia es el de la claridad o no-contradicción. En la Iglesia no hay secretos. Las grandes verdades son públicas y claras (las tenemos en el Catecismo de la Iglesia Católica). Cuando se proclama un misterio, queda clara y es precisada su cualidad de tal.
La vida de las personas en esta tierra mira a su destino eterno. No se puede medir al hombre sólo en dos dimensiones. La tercera dimensión, la que apunta hacia arriba, es la que da el volumen a nuestras vidas.
Un caso ejemplar
Se trata de una declaración de expertos sobre la posible licitud de la transferencia de núcleo alterado a un óvulo para obtener células madre. Se alteraría de tal manera el material genético de una célula que el producto resultante de la puesta de este material en un óvulo y su activación, no daría lugar a un ser humano. Sería algo similar a la mola hidatiforme, que también proviene de óvulo y espermatozoide alterados, en este caso de forma natural.
La ejemplaridad del caso viene dada por la inteligencia de plantearse la posibilidad, por la manera de expresar prudentemente opiniones, por la sinceridad en admitir los firmantes que cada uno es experto sólo en una parcela y que no hablan en nombre de su Iglesia o entidad de trabajo; y por el hecho de que propongan empezar las investigaciones con animales.
EN LA TOMA DE DECISIONES HAY QUE ENCUADRAR EL PROBLEMA
Son muchas las ocasiones en que los médicos católicos nos encontramos frente a dilemas morales y tenemos que tomar decisiones. Por ello es importante saber distinguir entre el bien y el mal, algo que es imposible hacer al margen de la Iglesia (las cosas son como son).
En la toma de decisiones, será bueno tener en cuenta el viejo principio de «primum non nocere» (primero, no hacer daño) y el evangélico principio de «no más cargas de las necesarias». También, el de trabajar con sobreabundancia de bien. Ello nos permite ir mucho más allá al afrontar los problemas con humanidad.
Si bien no somos habitualmente responsables del mal que hacen terceras personas ni de encontrarnos trabajando dentro de estructuras de pecado, jamás debemos perder la fuerza de los ideales de la juventud, el frescor de querer cambiar las cosas por arraigadas que parezcan o el convencimiento de que nunca estamos solos.
Antes de la toma de decisiones, el médico se hace una composición de lugar ante el problema concreto. Es bueno encuadrar las cosas en sentido amplio (el «frame») y desde una sana antropología. Recuerdo aquella vez que fui invitado a un medio de comunicación de masas para un debate sobre la inseminación artificial en las parejas lésbicas. Se suponía que las distintas opiniones estarían equilibradas. Los invitados, empero, eran un activista gay, una lesbiana, un bisexual, un libertino y un heterosexual. Además, el presentador y los reportajes de apoyo estaban a años luz del pensamiento del minoritario heterosexual. Preguntada la dirección del programa por tan burda manipulación, tuve que oír que todo había sido pensado desde la más estricta paridad de opiniones…
En este caso, el encuadre del tema no es si aquel tipo de parejas tienen o no derecho a inseminarse o si hay parejas heterosexuales que maltratan a sus hijos. La perspectiva amplia puede ayudar al profesional de la fertilidad a ejercer la objeción de conciencia. Y es que lo ideal, y con lo que millones de esposos y niños son y han sido felices, es que los niños nazcan naturalmente en la familia, hombre y mujer. Es ahí a dónde hay que llevar el debate porque es ahí donde reside la realidad.
¿SE PUEDE HACER UN MAL PARA CONSEGUIR UN BIEN?
Aunque generalmente los problemas en las decisiones médicas no se suelen presentar como males que producen bienes, lo cierto es que ésta es la clave de la cuestión en numerosas ocasiones. Y el principio de jamás hacer un mal para conseguir el bien (el fin no justifica los medios) es básico.
Las decisiones médicas son actos morales. Muchas veces la rutina de la vida hace que no las veamos como tales. Quizá un día nos planteamos la moralidad de un procedimiento o protocolo, decidimos que era justo, y lo venimos aplicando si más en los distintos pacientes. Los automatismos forman parte de la naturaleza y nos ayudan a vivir sin gastar ingentes cantidades de energía mental. Sin embargo, en algunas ocasiones – no sólo en los casos extraordinarios- hay que estudiar atentamente el acto moral.
Es útil la tradicional disección del acto moral en objeto, fines y circunstancias. Un acto bueno requiere la bondad simultánea de estos tres elementos constitutivos de la moralidad de los actos humanos. Algunas veces uno tiene que aguzar el ingenio para poner cada cosa en su sitio y detectar claramente qué objeto estamos evaluando. En definitiva, de qué estamos realmente hablando.
Por ejemplo, ¿puede uno emborracharse (acto malo) para extraerse unos dientes careados (fines laudables) en unas circunstancias de ausencia de medicinas (entorno favorable al acto)? ¿no es aceptar que el fin justifica los medios o que se puede hacer un mal (emborracharse) para conseguir un bien (la salud)? La respuesta a este aparente dilema, que puede aplicarse a otros muchos casos pero no a todos, es que al acto lo hemos catalogado como «emborracharse» pero en el fondo es un acto «anestésico». El alcohol es un anestésico, aunque sea de segunda categoría. Nuestra razón práctica, con un poco de formación y de entrenamiento nos ayudará a catalogar cabalmente el acto moral.
Hay comportamientos cuya elección, por su naturaleza, siempre es errada. Por ejemplo, el caso del aborto, no se puede afirmar que sacrificar al hijo para supuestamente favorecer a la madre es un acto bueno. Se mire como se mire.
EL DOBLE EFECTO
La teoría del doble efecto está mal vista en Europa debido al desprestigio de los llamados «daños colaterales» en las guerras recientes. Uno bombardea a un enemigo y, sin pretenderlo, su acción daña a civiles inocentes. Terrible.
Sin embargo, la Medicina se sostiene en pie porque aceptamos la teoría. La quimioterapia pretende eliminar las células cancerosas a costa también de dañar células sanas. Extirpamos un útero enfermo a pesar de que la mujer quedará infértil para siempre. Vacunamos miles de niños a pesar de que alguno morirá por los efectos secundarios.
Está claro que debemos hacer todo lo posible para minimizar los efectos secundarios, igual que hay que hacer todo lo posible para evitar una guerra. En el doble efecto, no se trata de hacer un mal para conseguir el bien. El mal no se desea. Aparece como un convidado de piedra pegajoso y persistente.
En el caso del llamado aborto terapéutico o en el eugenésico, para que quedase claro que aquí no hay doble efecto y que a quien se combate primero es al embrión, el mismo Juan Pablo II afirmó que jamás se puede legitimar la muerte de un inocente.
En el caso del aborto indirecto, si bien es lícito tratar a una madre aunque esperemos el efecto secundario de la muerte del embrión o feto, algunas personas nos han dado la solución a problemas morales por rebosamiento de bien. Tal es el caso de la doctora Gianna Beretta, que se negó a un tratamiento para no perjudicar su embarazo. Ella murió y su hijo vive.
EL MAL MENOR
Se ha puesto de moda hablar del mal menor como si fuera algo deseable. Pero no. Resulta que jamás se puede hacer un mal, por menor que sea o se considere. El mal siempre es malo. La teoría del mal menor no se refiere a hacer sino a tolerar. El mal menor lo decide un tercero o terceros sin que nosotros intervengamos. Tenemos que tolerar ciertos males porque no somos Quijotes que deban arremeter contra todo y además el ser humano es libre incluso para utilizar mal esta libertad. Nuestra obligación es la de nunca hacer el mal. Siempre hacer el mayor bien posible. A lo que no debemos acostumbrarnos es a tolerar los males infligidos a inocentes. ¡Nunca son estos males menores!
LA COLABORACIÓN CON EL MAL
Tal como está el mundo, nos tenemos que plantear a menudo si evitamos colaborar con aquellas personas y estructuras que atentan contra la dignidad del ser humano. Aunque puedan encontrar a otros que colaboren con el mal, que nos nos encuentren a nosotros. Que no nos sea imputable a nosotros y, si es posible, que intentemos conducir las situaciones por sendas rectas.
En algunas ocasiones tendremos dudas, especialmente si la colaboración es remota. La colaboración remota, aunque sea efectiva, no nos es imputable si no la deseamos. Es bueno evitar el escándalo y no contaminarnos. Pero no nos podemos aislar en una burbuja de cristal y dejar de ser buen fermento en el mundo que nos rodea.
LIBERTAD Y SEGURIDAD MORAL
El médico católico dispone de una amplia libertad para ejercer su profesión. Estamos dotados de inteligencia y debemos hacerla a rendir al máximo. Por otra parte, la seguridad de que estamos actuando correctamente (seguridad moral) puede alcanzarse con una mínima formación ética, asintiendo al Magisterio y consultando algunos casos con colegas seniores o con algún sacerdote de buena doctrina. Miles de médicos en todo el globo ejercen diariamente con la tranquilidad de actuar bien.
Los médicos católicos tenemos grandes modelos en los que fijarnos. Ellos no han hecho más que identificarse de forma perfecta con quien es el principio de la ética: Christus medicus. San Lucas, san Cosme, san Damián, san Peppino Moscati, santa Gianna Beretta, san Ricardo Pampuri, el beato Pere Tarrés, el beato László Batthyány-Strattmann, y muchos más, nos han precedido y se han convertido en los gigantes de la Medicina. Curiosamente, muchas veces los pacientes les veneran más que nosotros mismos los médicos…

En todo caso debe quedar bien claro que un cristiano no puede jamás conformarse a una ley inmoral en sí misma; tal es el caso de la ley que admitiera en principio la licitud del aborto. Un cristiano no puede ni participar en una campaña de opinión en favor de semejante ley, ni darle su voto, ni colaborar en su aplicación. Es, por ejemplo, inadmisible que médicos o enfermeros se vean en la obligación de prestar cooperación inmediata a los abortos y tengan que elegir entre la ley cristiana y su situación profesional. Porque nadie tiene derecho a matar la vida más inocente.
ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE TEMAS CONCRETOS
Los preservativos
El «affaire» de los preservativos para evitar el contagio del sida o los embarazos no deseados es otra de las cosas que trae de cabeza a los médicos católicos activistas. Pero no debemos dejarnos llevar a territorios que no son los nuestros. La sexualidad es uno de los dones del matrimonio y dentro de éste se expresa al máximo. Los católicos, en el matrimonio, vivimos a tope la sexualidad. La sexualidad fuera del mismo, entre varones o poligámica no forma parte de nuestra antropología. No se puede acusar a la Iglesia de difundir el sida (casi siempre se olvidan de las otras 29 enfermedades de transmisión sexual) cuando predica abstinencia, fidelidad y espera. Esto es útil para evitar enfermedades o embarazos adolescentes. Pero la finalidad primordial de la castidad no es antiepidémica sino promocionar la virtud y proporcionar felicidad.
Es evidente que los médicos católicos, que sirven en un mundo en el que hay de todo y en el que muchas veces las mismas estructuras sanitarias están pervertidas, se encontrarán con personas que querrán seguir practicando la poligamia secuencial o la homosexualidad. No será cándido, en un entorno de buena relación médico-paciente, presentarles nuestras propuestas. Si la persona insiste implícita o explícitamente en continuar con sus prácticas, el médico le hablará de la «barrera»más o menos imperfecta que es el preservativo, sin presentarlo, y menos recomendarlo, como un bien. Y, por último, si la persona resulta infectada, lo tratará con cariño y profesionalidad.
Es importante tener en cuenta que no es misión de la Iglesia el promover parches para que el ser humano siga ejercitando conductas incorrectas. Ni en lo posible debemos permitir que los medios de comunicación nos utilicen para promover conductas indignas.
Hay conocimientos científicos que no se obtienen leyendo las secciones de ciencia de los medios. Así, saber que los hermafroditas existen, que el síndrome del post-aborto es frecuente y doloroso o que los homosexuales pueden muchas veces cambiar, se aprende en publicaciones especializadas o de la boca de maestros experimentados.
Es bueno siempre tener en mente la sana antropología a la vez que pensar que los mass media comprenden mejor lo simple, se ven obligados a poner titulares impactantes y raramente pueden hacer bien un debate moral.
La eutanasia: no es lo mismo morirse que que te maten
A un enfermo terminal no se le puede dejar desasistido, no podemos encarnizarnos con él y no podemos matarlo. Lo único digno que podemos hacer es proporcionarle unos cuidados paliativos de calidad. Estos deben tener en cuenta las dimensiones biopsicosocial, espiritual y familiar de la persona. Es por esta senda por la que hay que avanzar.
La eutanasia mata la libertad: se trata de una supuesta decisión libre que hará que la persona ya nunca más tome decisiones libres. Ni siquiera la tan humana decisión de rectificar. La eutanasia, su popularización o despenalización, se sitúan en el lado oscuro de la profesión, la promocione quien la promocione.
Son frecuentísimos los casos de consultas sobre la proporcionalidad o no de los tratamientos en los terminales. La Medicina no puede negar nunca la hidratación, la nutrición, la higiene, la oxigenación, los medicamentos básicos. Recientemente, un anciano presentó una insuficiencia cardiaca y el comité de ética de su hospital recomendó sólo un tratamiento con mórficos, en espera de su muerte. Pero el médico que le atendía resolvió el caso con un diurético, oxígeno y digoxina. El verdadero sabio fue el médico de a pie.
Los anticonceptivos orales
Los seres humanos hemos sido creados expresamente incompletos por Dios. El varón necesita de la mujer para realizarse y la mujer necesita del varón también para ser feliz. Es más, varón y mujer necesitan también a los hijos para completar su plenitud en la familia. Los esposos tienen todos los hijos que pueden mantener y educar. El número de hijos depende de muchos factores y debería aderezarse con la generosidad. Las familias numerosas son una alegría para la sociedad y para la Iglesia. En mi opinión personal, prescindir del otro sexo sería antinatural en el ser humano maduro, salvo que se transforme en un bien sobrenatural, como sucede con el celibato por el Reino. Desde luego, existen causas de fuerza mayor o imponderables que hacen que una persona no pueda completarse con una pareja.
El acto sexual sostiene una pulsión tal que a nadie deja indiferente y siempre tiene consecuencias. Une a hombre y mujer de una manera incomparable. Su realización debe darse en un contexto de madurez, compromiso y exclusividad: el matrimonio. El varón y la mujer se lo dan todo al otro, incluida la capacidad de generar nuevas vidas humanas. Esto es bueno.
Existen momentos en que, objetivamente, por motivos médicos, sociales, familiares, la responsabilidad de los padres les lleva a evitar un nuevo nacimiento. La posibilidad de ello ya está prevista en la «ley natural». La mujer sólo es fértil unos pocos días al mes. Los métodos naturales de regulación de la fertilidad (Billings, sintotérmicos, etc.) permiten utilizar estos periodos infecundos para que los esposos sigan manteniéndose en comunión con las relaciones sexuales y con ellas superen la malsana atracción de otras carnes.
El Papa Pablo VI, en la encíclica Humanae vitae, advierte que los médicos y el personal sanitario debemos considerar como propio deber profesional el procurarnos toda la ciencia necesaria en este campo para poder dar a los esposos que nos consultan sabios consejos y directrices sanas que de nosotros esperan con todo derecho.
Los anticonceptivos violentan varios derechos humanos: el derecho a la vida (en los casos de píldora abortiva o del día siguiente), el derecho a la salud (tienen efectos secundarios, a diferencia de los métodos naturales), el derecho a la educación (la gente tiene derecho a conocer su propia fertilidad) y el derecho a la igualdad entre los sexos (la carga anticonceptiva suele recaer siempre sobre la mujer).
En julio de 2005, la Agencia internacional para la investigación sobre el cáncer (Lyon, Francia), de la Organización Mundial de la Salud, informó de la carcinogenicidad de los anticonceptivos orales de estrógenos y progestágenos combinados, basada en las conclusiones de un grupo de trabajo internacional «ad hoc». Fueron clasificados como carcinógenos del Grupo 1.
Lamentablemente, queridos colegas, hoy por hoy no somos capaces de proporcionar métodos naturales a todos aquellos que los necesitan. Las bajas tasas de fecundidad en países de mayoría católica (España, Italia), junto con el bajo conocimiento de estos métodos, nos indican que muchos esposos utilizan los métodos artificiales. Si tenemos en cuenta que se trata de países relativamente ricos, no se puede decir tampoco que sean especialmente generosos con el número de hijos. Aquí tenemos un reto inmenso. No debemos jamás apagar la antorcha encendida en favor de los naturales.
Por desgracia, la contracepción no es el único reto de la Medicina y de la sociedad. Tampoco somos capaces (ni nosotros ni el conjunto de las naciones en general) de proporcionar medios contra la desnutrición, la malaria o la transmisión vertical del sida. Tenemos los conocimientos y algunos medios pero no podemos ponerlos al alcance de los necesitados. No falta trabajo, pues.
Sin juzgar a los esposos que utilizan anticonceptivos artificiales – nuestro oficio no es el de juzgar- no debemos jamás olvidar este deber profesional de ofrecer los medios naturales y de disuadir de los artificiales. Es signo de progreso comprender bien a la naturaleza y ayudarla en lo posible. El mundo está inacabado. Tenemos un trabajo que hacer. Y, cuando lo hacemos, el progreso se nota.
El aborto provocado
¿Hay algo peor que arrancar a un hijo del vientre de su madre? ¿Se puede explicar a un niño de cinco años el aborto procurado? La mujer que pierde a un hijo en un aborto espontáneo, ¿no llora como si hubiera perdido a un hijo? ¿Hacemos los médicos todo lo posible para transformar el sufrimiento de unos padres con problemas en el embarazo en alegría y gozo? El médico católico ejerce la opción preferencial por las madres. Ni exclusiva, ni excluyente, pero preferencial.
El evolucionismo
Sabemos muy poco del comienzo físico de la especie humana. Sin caer en el cientifismo, habrá que esperar décadas hasta que la ciencia nos ilumine más sobre ello. No se sabe ni cómo ni cuando una especie pasa a otra, si es que ello sucede. Gran parte de lo escrito sobre esta materia es provisional e incompleto.
La amniocentesis
Como sabéis, salvo casos escepcionalísimos, la amniocentesis se realiza para provocar el aborto en caso de que se sospeche una malformación fetal. Así, como está práctica no se hace en bien del feto y de la madre, no se puede considerar un acto médico correcto.
La reproducción artificial
El médico puede y debe ayudar a los esposos infértiles, pero no puede sustituirlos. Este principio es muy útil para comprender que, a pesar de la popularidad de las técnicas llamadas de «reproducción asistida», no podemos ceder a las tentaciones fáciles y lucrativas. Todos los esfuerzos deben concentrarse en mejorar los estudios de fertilidad de las parejas y en tratar lo tratable, que es mucho. Dada la fijación que muchas clínicas tienen para con la fecundación in vitro, será bueno explicar a los esposos que no es función médica sustituirlos, que las amniocentesis se hacen casi siempre para abortar a los hijos defectuosos, que se eliminan embriones sobrantes a menudo, que se congelan hijos.
Los ginecólogos católicos son los héroes de la Medicina de hoy. Su cuidado y promoción son prioridad alfa para las asociaciones de médicos católicos y para la F.I.A.M.C. Los generalistas y otros especialistas también pueden aportar sabios consejos en cuestiones de fertilidad.
El respeto por el embrión. Las células madre
Sinceramente creo que la postura más coherente con los conocimientos que tenemos sobre el embrión es su escrupuloso respeto desde la concepción. Y la postura que más problemas evita. Nuestra coherencia reluce cuando defensores de ballenas y focas, detractores de la pena de muerte, activistas por los derechos humanos, filántropos de distintas especies, aceptan la destrucción del embrión sin pestañear (siempre con fines terapéuticos, claro).
La concepción dura un tiempo, pero el proceso ya está desencadenado y el respeto por la integridad del embrión comienza mucho antes: comienza con el respeto por la unión de hombre y mujer, evitando concepciones in vitro. Los seres humanos no debemos introducir caos en el bios.
Parangonando el principio del evangelio de san Juan, podemos decir que al principio existe el mensaje genético, y el mensaje genético está en vida y el mensaje genético es la vida. Cuando existe un mensaje genético humano completo, expresable y que se expresa de manera continua, coordinada y gradual, imparable si no es por factores externos adversos, allí existe un ser humano único e irrepetible que se debe respetar. Viene a nosotros y los suyos (nosotros) debemos reconocerlo y recibirlo.
Ya se comprende que, aunque cualquier célula, por ejemplo de nuestra piel, contenga el mensaje genético humano completo, no se trata ella misma de un ser humano. La expresión de ese mensaje, que es parcial, hace que no se trate de un ser humano. ¡Es el óvulo fecundado el que ya está actuando como humano! Al principio, somos mensaje único e irrepetible rodeado de algunas membranas, ARN, reservas de energía y otros servicios. Hasta ahora, ningún investigador ha «creado» vida. Los seres humanos sólo somos capaces de transmitirla, correcta o incorrectamente..
Las células madre embrionarias están para dar lugar al embrión. Y las células madre adultas están para regenerar tejidos. Así de sencillo.
En sentido estricto, el ser humano no tiene derecho a la vida. La vida es un regalo que recibimos. Antes de existir no éramos nada y por tanto no éramos sujeto de derechos. ¡A lo que tenemos derecho es a que otro ser humano no nos quite la vida!
Queridos colegas:
Nuestra profesión es quizá la más admirada del mundo y aquella de la que más esperan las gentes. Yo os recomiendaría que no dejarais jamás de estudiar, que tuvierais presente la promesa y la oración del médico (www.fiamc.org ), que no cayerais en la tentación de venerar al dios Mammón (el dinero) y que considerarais la posibilidad de aportar colegas a las asociaciones de médicos católicos ya existentes.
Cordialmente,
José María Simón
1 de diciembre de 2006
PS/ Agradezco a Mons. Maurizio Calipari, asistente eclesiástico de la F.I.A.M.C., los consejos que me ha dado para dar a esta carta su versión definitiva. Aunque se hallan bajo la supervisión de la Jerarquía, el Código de Derecho Canónico da una amplia autonomía a las Organizaciones Internacionales Católicas como la que presido. La F.I.A.M.C. es de Derecho público en la Iglesia universal, y por tanto «habla y actúa en nombre de la Iglesia». Se trata de una clara señal de confianza eclesial en los laicos.
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Lo público y lo privado
No pueden disociarse las dos vertientes de la vida humana, porque ambas brotan de su esencia, y ambas se implican. Esto vale para todas las facetas de nuestra vida.
Por Josep-Ignasi Saranyana
Las responsabilidades morales afectan tanto al ámbito privado como al público. Es una consecuencia inmediata de la naturaleza social del hombre, como lo señaló Aristóteles hace dos mil quinientos años. No pueden disociarse las dos vertientes de la vida humana, porque ambas brotan de su esencia, y ambas se implican.
Esto vale para todas las facetas de nuestra vida: vida sexual y familiar; vida profesional, religiosa y política. No puede romperse la unidad de la persona, ni su interconexión con el círculo de sus relaciones sociales, tanto más amplio, cuanto más alta es la responsabilidad de cada uno. Por ello, es muy complicado definir los respectivos límites: dónde y cuándo comienza la repercusión pública de la autonomía privada.
Se ha dicho que la religión sólo afecta (o debe afectar) a la vida privada; que hay dos morales (pública y privada) distintas e independientes; y que al político no se le pueden pedir responsabilidades por su vida privada. Si las cosas fuesen así, sería muy complicado determinar las responsabilidades sociales de los propios actos. No habría manera de punir la alevosía, la predeterminación, la pasionalidad de un asesinato, la imprudencia, la inadvertencia, la ignorancia de la ley, etcétera.
El ámbito sobrenatural tampoco escapa a este principio. La Iglesia lo ha entendido siempre así, incluso en el orden metahistórico. Lo sanciona el dogma de la comunión de los santos. Además, la apoyatura bíblica es indiscutible.
¿Por qué algunos, pues, se empeñan en sostener que la iniciativa privada de los políticos es de su exclusiva incumbencia y que no puede ser juzgada públicamente? Nada hay en la conducta de los políticos que no repercuta en la paz social. Por ello se someten a una continua valoración por parte de los ciudadanos, especialmente en las convocatorias de elecciones.
Es innegable que esto es estresante y que puede acabar con la salud de los políticos; pero, está contemplado en el desarrollo de su oficio, y se retribuye con la paga y los honores debidos. Periódicamente, los ciudadanos de a pie tenemos la obligación de ejercer ese control. El próximo domingo, jornada de elecciones, es uno de los días previstos.
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(*) Profesor de Teología. - Universidad de Navarra
7 de marzo de 2004. - Arvo Net, 13.03.2004
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Somos culpables- Mataderos infantiles - Pero si la comisión a mansalva de abortos es un crimen abyecto, mucho más abyecta aún resulta la anuencia sorda de una sociedad capaz de convivir con ese oprobio. Llegará el día en que las generaciones venideras, al asomarse a las fosas comunes del aborto, se estremezcan de horror, como hoy nos estremecemos de horror ante las matanzas de los campos de exterminio. Sólo que las cifras del aborto serán, para entonces, mucho más abultadas y estremecedoras. Aquellas hecatombes del pasado fueron, además, perpetradas a espaldas de la sociedad; la hecatombe del aborto se perpetra con la complicidad tácita de la sociedad, que prefiere volver el rostro a otro lado cuando se trata de defender la vida más inerme, que incluso acepta el aborto como un remedio benéfico. Denunciar esta barbarie, genocida en el más puro sentido de la palabra, se ha convertido en motivo de proscripción y desprecio; lo progresista es acatar la barbarie, bendecirla o al menos transigir cínicamente con ella, como si la barbarie fuese algo que no nos atañe, como si el aire que respiramos no estuviese infectado con sus efluvios malignos. Pero aquí los únicos efluvios que los progresistas persiguen son los del tabaco. Algún día nuestros hijos escupirán sobre nuestras tumbas, asqueados del tamaño de nuestra abyección. Mientras tanto, en los mataderos infantiles se sigue trabajando a destajo. 2006.XI.
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Tenemos una idea muy reductiva y jurídica de persona que genera mucha confusión en el debate sobre el aborto. Parece como si un niño adquiriera la dignidad de persona desde el momento en que ésta le es reconocida por las autoridades humanas. Para la Biblia persona es aquél que es conocido por Dios, aquél a quien Dios llama por su nombre; y Dios, se nos asegura, nos conoce desde el seno materno, sus ojos nos veían cuando éramos aún embriones en el seno de nuestra madre. La ciencia nos dice que en el embrión existe, en desarrollo, todo el hombre, proyectado en cada mínimo detalle; la fe añade que no se trata sólo de un proyecto inconsciente de la naturaleza, sino de un proyecto de amor del Creador. La misión de San Juan Bautista está toda trazada, antes de que nazca: «Y tú, niño, serás llamado profeta del Altísimo, pues irás delante del Señor para preparar sus caminos...».
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"El aborto no es una cuestión religiosa, sino moral y jurídica".
El catedrático de Filosofía del Derecho de la Universidad de La Coruña, Ignacio Sánchez-Cámara, en un artículo firmado hoy en el periódico ABC, da una argumentación jurídica contra la propuesta del Gobierno de ampliar la ley del aborto vigente y afirma que "el aborto no es una cuestión religiosa, sino moral y jurídica".
"No enfrenta a los católicos y a quienes no lo son, sino a posiciones divergentes en cuanto a la naturaleza y los límites de la protección de la vida humana. Por lo tanto, en torno a su valor y dignidad. No es un asunto de sacristías y catequesis, sino que afecta al cimiento moral de la sociedad", sostiene.
Respecto a la valoración moral del aborto, el catedrático la define como "clara y gravemente negativa", pero plantea la cuestión desde el punto de vista jurídico.
Para empezar, Sánchez Cámara recuerda que la actual legislación "califica el aborto como delito y excluye la aplicación de la pena en tres casos", pero dada "su aplicación permisiva, bordeando en muchos casos, si no traspasando, el fraude de ley" el filósofo considera que "podría hacer más aconsejable su limitación, o al menos, la lucha contra el fraude, que su ampliación".
Según el pensador, "el problema jurídico reside en determinar si se trata de un asunto de conciencia que debe ser decidido por cada cual sin intervención de los poderes públicos o si se trata de un asunto que afecta al orden público y a los fundamentos de la convivencia".
En este contexto, afirma que "la proscripción del aborto no es asunto de fe" y que "otra cosa es que la doctrina moral de la Iglesia católica haya sido, y siga siendo, contundente".
"Existen normas que obligan a los católicos, y sólo a ellos, en cuanto tales. Por ejemplo, la obligación de asistir a la Misa dominical. Imponerla a toda la sociedad sería lesivo para la libertad religiosa (y para el sentido común). Pero nadie rechaza o discute la conveniencia de castigar el homicidio porque lo repudie la Iglesia católica", precisa.
En este sentido, Sánchez Cámara cree que no se debe "limitar el derecho de la Iglesia a pronunciarse sobre la legitimidad de un Gobierno que apruebe esas medidas, ya que esa capacidad no se discute a otras instancias sociales".
Para el catedrático, la argumentación contra el aborto "apela a la concepción compartida de los derechos humanos y, en especial, del fundamental derecho a la vida".
Por esto, "la consideración del aborto como un derecho (de la mujer) o la legalización de la producción de embriones destinados a la destrucción, aunque sea con fines sanitarios, contradicen el estatuto del derecho a la vida y la protección jurídica del embrión reconocida por el Tribunal Constitucional. Entrañan una violación del derecho a la vida y una subversión radical de nuestro sistema jurídico", sostiene.
Finalmente, Sánchez Cámara considera que "la creciente aceptación social del aborto es uno de los más graves síntomas de la perturbación moral de nuestro tiempo", si se tiene en cuenta que "el aborto entraña la eliminación de una vida humana" y que "la protección de la vida humana es uno de los fines fundamentales del Derecho".2004-06-02 - 13,40 hs. España
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La ley y la calle - En debates televisivos, tertulias radiofónicas y algunos escritos se da como irrebatible un sofisma muy pobre: la ley no puede ignorar la realidad, no puede vivir de espaldas a la calle. Y así, por ejemplo, se legaliza el aborto, y las parejas de hecho, porque son realidades sociales, que están ahí. El argumento no puede ser más flojo. La ley ha de ser espejo de conductas y no al revés.Si la ley se inspirase en la realidad social, tendríamos que legalizar la droga, puesto que hay gente que se droga. Si nadie respeta la velocidad máxima en carretera –puedo dar fe–, suprimamos los límites de velocidad. Si existe el fraude fiscal –desde tiempo in-memorial las escrituras de pisos se hacen por un precio inferior– legalicemos el fraude fiscal, porque también es una realidad social.
¿Hace falta seguir? El sofisma, como se ve, es fácil de desmontar, pero hay que detenerse a analizarlo. La ley debe estar arriba, brillar y orientar conductas, no en el suelo, al ras de calle, mezclada con la basura, donde pierde todo su rango.
Miguel Soto Pardo. MMI
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Y están tantas sectas que apoyan el crimen del aborto...
“¿Cómo es posible imaginar un consejo o una confederación mundial cristiana, en la que cada uno de sus miembros pueda, hasta en materia de fe, conservar su sentir y juicio propio aún estos contradigan al juicio y sentir de los demás?... Entre tan grande diversidad de opiniones, no sabemos cómo se podrá abrir camino para conseguir la unidad de la Iglesia, unidad que no puede nacer más que de un solo magisterio, de una sola ley de creer y de una sola fe de los cristianos... De esa diversidad de opiniones es fácil es fácil el paso al menosprecio de toda religión, o "indiferentismo", y al llamado "modernismo", con el cual los que están desdichadamente inficionados, sostienen que la verdad dogmática no es absoluta sino relativa, o sea, proporcionada a las diversas necesidades de lugares y tiempos, y a las varias tendencias de los espíritus, no hallándose contenida en una revelación inmutable, sino siendo de suyo acomodable al a vida de los hombres... Porque la unión de los cristianos no se puede fomentar de otro modo que procurando el retorno de los disidentes a la única y verdadera Iglesia de Cristo, de la cual un día desdichadamente se alejaron; a aquella única y verdadera Iglesia que todos ciertamente conocen y que por la voluntad de su Fundador debe permanecer siempre tal cual EL mismo la fundó para la salvación de todos... No puede adulterar la Esposa de Cristo; es incorruptible y fiel. Conoce una sola casa y custodia con casto pudor la santidad de una sola estancia... Vuelvan los hijos disidentes, no ya con el deseo y al esperanza de que La Iglesia de Dios vivo, la columna y el sostén de la verdad, abdique de la integridad de su fe, y consienta los errores de ellos, sino para someterse al magisterio y al gobierno de ella...” [“Mortalium Animos”, ¿cómo fomentar la verdadera unidad de los cristianos?, de S.S. Pió XI, 1928]
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Cuiden de sí mismos y de todo el rebaño en el que el Espíritu Santo les ha colocado como Obispos [“episkopos”]: pastoreen la Iglesia del Señor, que ÉL [Jesucristo] adquirió con su propia sangre. 29Sé que después de mi partida se introducirán entre ustedes lobos voraces que no perdonarán al rebaño [y querrán acabar con La Iglesia]. 30De entre ustedes mismos surgirán hombres que enseñarán doctrinas falsas [deformarán la sana doctrina cristiana] e intentarán arrastrar a los discípulos tras sí. 31Estén, pues, atentos, y recuerden que durante tres años no he dejado de aconsejar a cada uno de ustedes noche y día, incluso entre lágrimas.” [San Pablo - Hechos Cap. 20]
«La historia no está en manos de potencias oscuras, del azar o de opciones humanas» S. S. Benedicto XVI P.P.
«Ante el desencadenamiento de energías malvadas, ante la irrupción vehemente de Satanás, ante tantos azotes y males, se eleva el Señor, árbitro supremo de las vicisitudes de la historia».
«Dios no es indiferente ante las vicisitudes humanas, sino que penetra en ellas realizando sus "caminos", es decir, sus proyectos y sus "obras" eficaces».
«Esta intervención divina tiene un fin preciso: ser un signo que invita a todos los pueblos de la tierra a la conversión. Las naciones deben aprender a "leer" en la historia un mensaje de Dios».
Para S. S. Benedicto XVI «la aventura de la humanidad no es confusa y carente de significado, ni está sometida a la prevaricación de los prepotentes y perversos» y, de hecho, «existe la posibilidad de reconocer la acción de Dios en la historia».
El Concilio Ecuménico Vaticano II, en la constitución pastoral «Gaudium et spes», invita al creyente «a escrutar, a la luz del Evangelio, los signos de los tiempos para ver en ellos la manifestación de la acción misma de Dios».
«Esta actitud de fe lleva al ser humano a reconocer la potencia de Dios que actúa en la historia, y a abrirse así al temor del nombre del Señor», «temor» que no es «miedo», sino «el reconocimiento del misterio de la trascendencia divina».
«Gracias al temor del Señor no se tiene miedo del mal que irrumpe en la historia y se retoma con vigor el camino de la vida», repitiendo las últimas palabras de Jesús sobre la tierra: «¡Ánimo! yo he vencido al mundo».
Papa Juan XXIII, solía repetir: «el que cree no tiembla, pues el que cree no debe tener miedo del mundo ni del futuro».
S. S. Benedicto XVI P.P. 2005-05-11 – Vat. Roma – Italia
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Cuando nació el cristianismo en la primera mitad del siglo I hubiera sido difícil imaginar qué pasaría de ser un reducido movimiento judío. Sin embargo, ofreció esperanza a sectores sociales como las mujeres, los esclavos, los desposeídos o los enfermos. Durante la Edad Media, creó la Universidad y sentó las bases de la revolución científica. En el siglo XVI la Reforma proporcionó el concepto de libertades políticas, la recuperación del papel del individuo o la necesidad de controlar públicamente al poder mediante resortes democráticos. Durante los siglos siguientes combatió la esclavitud, defendió a los indígenas y apuntó hacia los peligros de un capitalismo salvaje o de la utopía marxista. Así fue modelando un ámbito de justicia y libertad a lo largo de la Historia.
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…como Pedro y Pablo, afrontar mares y romper confines anunciando a Cristo… «Duc in altum» (Lc 5,4) dijo Cristo al apóstol Pedro en el Mar de Galilea.
“Las Escrituras no se pueden interpretar solo con los instrumentos de la ciencia de la exégesis –como hacen los protestantes-, mas va leída a la luz de la Tradición del Magisterio”. “En la Iglesia, las Sagradas Escrituras, cuya comprensión crece bajo la inspiración del Espíritu Santo, y el misterio de la interpretación auténtica, dado a los apóstoles, pertenecen el uno al otro en modo indisoluble. Y entonces, allí donde la Sagrada Escritura viene separada de la voz viviente de la Iglesia, vemos que esa cae prisionera a las disputas de los expertos”.
2005-05-07 – S. S. Benedicto XVI – San Juan de Letrán.
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Razón de la Encarnación: No dejar que el hombre fuese asediado por el pecado y entregado a la muerte
"Ya que es claro que el Creador del universo es providente hacia sus criaturas, aparece indudable e impugnable la razón de la Encarnación del Salvador. Ya que convenía a quien había diseñado el universo y había dado el ser a las cosas que no eran no dejar perecer la raza de los hombres, por la que había preparado todas las cosas que se ven. La tierra de hecho es el lugar donde viven, y tienen el cielo como techo; el aire, y el mar, los ríos y las fuentes y los fragmentos de las nubes y los rocíos y las auras, y además las plantas – las fructíferas y las infructíferas - y los animales – terrestres y alados y acuáticos y anfibios - y la infinita especie de las hierbas y las minas de los metales están al servicio del género humano; y todavía, el sol y la luna y la multitud de los astros, dividiendo el tiempo, lo distribuyen en partes iguales, y uno ilumina el día y llama al trabajo, y el otro, junto con los astros, tiene en suerte el trabajo de iluminar la noche. El Señor del Universo no considera justo dejar que aquél, por el que todas las cosas han sido hechas, fuese acechado del pecado y entregado como prisionero a la muerte. Y por ello el vistió la forma humana y cubrió la naturaleza invisible con la visible, y la visible la custodió sin pecado y conservó intacta la escondida; de hecho ni ésta participó de las pasiones de la carne, ni la carne participó de las manchas del pecado. [...] Así, cuando quiso dar a todos los hombres un remedio saludable, no se sirvió, como sus ayudantes, de los Ángeles o Arcángeles, ni del cielo emanó una voz sonora e adecuada a todos los hombres, sino que del útero de una virgen se construyó un habitáculo humano y de allí salió fuera, visto como un hombre y adorado como Dios, generado de la sustancia del Padre, antes del principio de los siglos, y tomando de la virgen el elemento visible, siendo al mismo tiempo nuevo y eterno."
Teodoreto, Curación de las enfermedades de los paganos (cfr. VI, 74–78)
Oración - Señor, haz que yo te busque invocándote, y te invoque creyéndote, porque tu anuncio nos ha llegado. Te invoca Señor mi fe, que me has dado e inspirado mediante tu Hijo hecho hombre, por obra de tu Mensajero.Conf. 1,1.
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La Iglesia, desde el inicio, es católica, esta es su esencia más profunda, dice Pablo.
El nuevo pueblo de Dios, la Iglesia, es un pueblo que proviene de todos los pueblos. La Iglesia, desde el inicio, es católica, esta es su esencia más profunda. San Pablo explica y destaca esto en la segunda lectura, cuando dice: "Porque en un solo Espíritu hemos sido todos bautizados, para no formar más que un cuerpo, judíos y griegos, esclavos y libres. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu" (1 Co 12, 13). La Iglesia debe llegar a ser siempre nuevamente lo que ya es: debe abrir las fronteras entre los pueblos y derribar las barreras entre las clases y las razas. En ella no puede haber ni olvidados ni despreciados. En la Iglesia hay sólo hermanos y hermanas de Jesucristo libres. S. S. Benedicto XVI – P.P. 2005
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«El cosmos creado ha sido confiado por Dios al ser humano» - En un libro sagrado, muy querido para millones de creyentes, se lee que, en el comienzo de los tiempos, Dios creó el universo en todos sus maravillosos aspectos: el cielo, la tierra, el mar y, al final, creó al hombre como rey de este cosmos, confiándolo a sus cuidados. Es la narración del Génesis.
La visión de la Iglesia católica, y de la Santa Sede en particular, sobre los problemas que se debaten aquí, se inspira en esas páginas de la Biblia. Permítanme que, por un breve momento, recordemos estas páginas que pertenecen al patrimonio de la humanidad. Ellas nos dicen que el cosmos creado ha sido confiado por Dios al ser humano, que ocupa un lugar central en el mundo, para que lo gobierne con sabiduría y responsabilidad, respetando el orden que Dios ha establecido en su creación (cf. Juan Pablo II Discurso a la Pontificia Academia de las ciencias, 22 de noviembre de 1991, n. 6).
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«Nada envalentona más la audacia de los malos que la debilidad de los buenos» León XIII,
Enciclica Sapientæ Christianæ †